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El cine de M. Night Shyamalan

El director de El sexto sentido (ver cartel clásico grande en este mismo número) se dispone a recuperar presencia y peso en la cartelera a nivel comercial completando con su nuevo largometraje una inesperada trilogía que comenzó en El protegido. Astuta maniobra para sacarse de la chistera una franquicia que puede devolverle el lugar que comenzó a perder con La joven del agua y luego agravó con la que es considerada hasta el momento como su peor película y aquella a la que los críticos y espectadores le encuentran menos sentido de pertenencia a su filmografía, Airbender (El último guerrero), una entretenida y a ratos visualmente espectacular empanada argumental que muchos señalan como su principal fracaso, aunque repasando recaudaciones no salió tan mal parado de este proyecto en el que se jugó toda su carrera, apostando fuerte –150 millones de dólares, el presupuesto más abultado de toda su filmografía–, consiguiendo algo más de 131,5 millones de dólares de recaudación en Estados Unidos y un total en todo el mundo de casi 320 millones de dólares.

Un rasgo en común que tienen sus películas con la filmografía de su admirado Steven Spielberg, que como él comenzó a rodar películas en la infancia con una cámara de Super 8 que consiguió a través de sus padres, ambos médicos, (su padre quería que fuera médico y continuara la profesión familiar, su madre sin embargo le apoyó para que siguiera su deseo de dedicarse al cine), es el papel central de la inocencia representada por la infancia en la mayor parte, si no en todas, de sus películas. De un modo u otro y desde su despegue en El sexto sentido, los niños de su cine viven en puzles de extrañamiento y sirven en el papel de puente entre lo inquietante y lo cotidiano, siendo el ejemplo más extremo de esa tendencia la personalidad de Hedwig del antagonista de Múltiple interpretada de forma memorable por James McAvoy.

Etiquetado como director de historias “raras” y en muchos aspectos prisionero de su empeño en proporcionar a estas un final sorprendente, Shyamalan se ha visto claramente condicionado en su carrera por las exigencias derivadas de                  

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