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Jaque Mate a la Doctrina Judaizante de la Iglesia.-RODOLFO PLATA LÓPEZ-

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LA TRASCENDENCIA HUMANA Y LA SOCIEDAD PERFECTA

JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA.

DE OPTIMO REPUBLIQUE STATU DE INSULA UTOPÍA RODOLFO PLATA LÓPEZ

PORTADA: Grabado perteneciente a la primera edición de: “De optimo reipublicae statu de que nova insula Utopia” (1516), obra del pensador y político inglés Tomás Moro, prosa satírica de carácter social y político, creó con ella una nueva palabra (utopía: sociedad perfecta que existe solo en proyecto) y un género literario y filosófico. Su invención de una república ideal se enmarca en el humanismo renacentista de su época. ® Derechos Reservados por el Autor SEP- INDAUTOR REGISTRO PÚBLICO 03-2006—112412291700-01l y otros registros anteriores y posteriores Es voluntad del autor declarar esta obra patrimonio cultural de la humanidad; y por ello de antemano se denuncia la nulidad de las cláusulas de adhesión que violen nuestra voluntad irrevocable de otorgar gratuitamente el permiso para traducir y editar la obra completa e inalterable en todos los idiomas y países, a todas las instituciones, organismos y organizaciones, públicas, políticas, gremiales o altruistas que deseen promoverlo o distribuirlo, y nuestra anuencia a que las bibliotecas públicas lo presten e impriman foto copias a sus afiliados, y las escuelas, institutos y universidades lo usen como texto de consulta. Y solo nos reservamos los derechos de autor para usos comerciales.

DEDICATORIA: A mis hijos Rodolfo Miguel, León Felipe y Luis Alonso, por la entereza, confianza y amor con que enfrentaron los rigores de la austeridad y las difíciles pruebas que nos deparo el destino durante los veinticinco años que me dedique tiempo completo a elaborar este estudio. Y mi profundo agradecimiento a Rudy por trasformar un burdo manuscrito en un obra

aceptable, y el muchísimo promoverlo en la web.

tiempo

dedicado

a

JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA Índice Introducción 1: Objeto de la crítica a las utopías ensayadas 2: Procedimiento a seguir al criticar la doctrina judaizante de la Iglesia: 3: Breve crítica al profetismo judío del Antiguo Testamento 4: crítica a la cristología de Sn Pablo, a fin de hacer objetiva la desviación del judeo cristianismo hacia la ecumene abrahámica 5: La crisis de la post modernidad 6: Imperativos que justifican y exigen urgentemente un nuevo enfoque del cristianismo, a efecto de actualizarlo, renovarlo y enfrentar con éxito la crisis de la modernidad 7: El complot contra la Iglesia 8: La labor judaizante de la Iglesia posconciliar

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La importancia capital de la crítica a la doctrina judaizante de la Iglesia, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para darnos cuenta de la felonía moral que cometió San Pablo en sus epístolas al mutilar la naturaleza humana de Cristo __privando a la humanidad de la posibilidad del hombre de alcanzar la trascendencia y la sociedad perfecta siguiendo la vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo__ para convirtir en religión el movimiento cristiano inicialmente laico, con el fin de que los judíos cristianos siguieran siendo Israel y los cristianos no judíos siguieran a Israel sin darse cuenta, a fin de hacer de Israel la principal de las naciones. INTRODUCCIÓN La gran relevancia que actualmente tiene esta crítica, radica en la urgente necesidad formular un cristianismo laico para remediar el divorcio entre la filosofía y la religión judeo cristiana que desde hace veinte siglos ha propiciado el raquitismo y falta de vitalidad del alma occidental, a causa de la separación entre la fe y la razón promovida por la cristología judaizante de San Pablo y la enjundia del pueblo judío en su esfuerzo por conservar su fe, sus tradiciones y hacer realidad las directrices supremaciítas de sus ancestros. La cristología de San Pablo, es el punto de partida y eje rector y de la religión judeo cristiana y la doctrina de la Iglesia; lo cual evidencia la importancia toral de escudriñar las fuentes y motivaciones que llevaron a san Pablo a formularla para convertir el movimiento cristiano inicialmente laico, en religión, si queremos vislumbrar la posibilidad y necesidad de cambiar su orientación el cristianismo, a fin de actualizarlo para poder enfrentar con éxito el islam, el judaísmo, el ateismo, las corrientes de la nueva Era y el nihilismo que amenazan con sofocar el mensaje universal de Cristo. Y en este momento crítico, en el que el judaísmo esta apunto de derrumbar las defensas de la Iglesia convirtiéndola en una escuela bíblica Noeajida y Europa esta a punto de ser islamizada, nos encontramos ante la disyuntiva de tener que escoger entre la universalización del mensaje de Cristo formulando un cristianismo laico VS permitir la judaización total del cristianismo haciendo de Cristo un profeta más de Israel (un testigo más de Jehová). Esta problemática, es el objeto de la siguiente crítica a la cristología de Pablo. 1: Objeto de la crítica a las utopías ensayadas La crítica a las utopías ensayadas tiene por objeto señalar las desviaciones, que han impedido alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta que los teóricos y los místicos plantearon, a fin de establecer los cursos de acción a seguir para corregir las desviaciones y disolver los obstáculos generando voluntades revolucionarias inquebrantables ansiosas del cambio. El pensamiento crítico es un proceso de pensamiento metódico enmarcado científicamente, estructurado con hechos, criterios, principios y procedimientos universalmente aceptados. Que aplicados al análisis de problemáticas y controversias, generan conclusiones ciertas que permiten dictaminar correctamente un asunto y prescribir acciones correctivas. Convirtiendo la crítica en un manifiesto que convoca a la lucha generacional y un plan de acción revolucionaria, para corregir sin dilación los errores o desviaciones encontrados.
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La relación entre la fe y la razón, la ciencia y la religión, los valores y la educación, se enmarca en el fenómeno espiritual de la transformación humana, porque se trata de lograr transformaciones buenas y convenientes para si mismos y la sociedad, mediante la enseñanza y el aprendizaje. En el devenir histórico de la humanidad, el fenómeno espiritual de trasformación humana, ha sido abordado por educadores, médicos, psicólogos, psiquiatras y terapeutas, místicos y teóricos, formulando los diferentes aspectos de la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo, y sus jornadas y metas descritas metafóricamente por los poetas místicos del Islam; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Tópicos de la transformación y el desarrollo humano que demarcan y deslindan el camino ecuménico por el que transita a humanidad en afán de sanar las enfermedades del alma y la mente, y nos permiten salir del subdesarrollo espiritual recorriendo cada una de las jornadas y metas que recorren los místicos en su transito por el camino del desarrollo espiritual. El deslinde objetivo del camino ecuménico necesariamente nos lleva a criticar la doctrina judaizante de la Iglesia. El análisis objetivo de la triada preteológica nos proporciona los elementos suficientes de juicio para criticar el profetismo judío: Toda religión verdadera tiene su origen en la tríada pre teológica integrada por: 1) la descripción neutra de las experiencias extáticas del encuentro cercano con Dios o fenómenos espirituales que se caracterizan por ser genéricos, unitarios y trascendentes; 2) Las teorías y las doctrinas o enseñanzas sapienciales a que dieron lugar las explicaciones del encuentro cercano con Dios que se caracterizan por ser instructivas, ilustrativas y edificantes, o de las transformaciones trascendentales que se suscitaron en los iluminados que emergieron de la experiencia extática con la imagen refleja de Dios en su persona; 3) las terapias o enseñanzas sapienciales a que dieron lugar la aplicación practica de la teoría y la doctrina que originaron las explicaciones racionales; las cuales tienen la virtud de sanar el cuerpo, la mente y el espíritu, induciendo transformaciones buenas y convenientes para si mismos y la sociedad en los creyentes que las siguen. La triada preteológica y las cualidades características de lo Real o espiritual, reflejas en sus integrantes de la triada preteológica, nos ayudan a discernir lo que es o no es espiritual. Vg. Los redactores bíblicos sacralizaron el pacto del Sinai, acto Constitucional de Israel, como nación entre las naciones, aduciendo voluntad divina. Sustituyendo: 1º “La descripción neutra de las experiencias extáticas del encuentro cercano con Dios o lo Divino” por “la narración de los hechos ancestrales de los patriarcas, reyes y jueces de Israel considerados sagrados; lo cual es evidente por la ausencia de las cualidades características inherentes a los fenómenos espirituales: (genéricos, unitarios y trascendentes)”. Engaño que quedó al descubierto gracias a la ignorancia de los redactores bíblicos que los llevó confundir, fenómenos naturales que no pudieron explicar, con fenómenos sobre naturales, que acontecieron en encuentro cercano con Dios o lo divino que experimentaron los patriarcas, los profetas, los reyes y jueces de Israel 2° “las prescripciones terapéuticas para sanar el alma, el cuerpo y la mente de los creyentes” por “ las prescripciones sagradas de la vida civil y religiosa del pueblo de Israel, a fin de gobernar al pueblo e incitarlo a la guerra sagrada contra los pueblos gentiles y sus instituciones, por voluntad divina, y sin escrúpulo alguno hacer de Israel la primera de las naciones”. Origen a una falsa religión judeo cristiana que transforma a los creyentes judíos en depredadores y a sus seguidores cristianos en tontos útiles al servicio de Israel. Estos elementos objetivos de juicio __no solo rebasan las
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especulaciones de teólogos y filósofos, permitiendo darnos cuenta de la incongruencia de los dogmas producto de la imaginería que estructuran la teología de lo absurdo judeo-cristiana. Origen de las incongruencias alojadas en nuestra estructura mental que norman nuestro comportamiento compulsivo y nos mantienen con el alma truncada o subdesarrolla, impidiéndonos alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta. 2: PROCEDIMIENTO A SEGUIR AL CRÍTICAR IGLESIA: LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA

• Enmarcando la disertación ecuménica, en el fenómeno de la trasformación humana abordado por los místicos y teóricos que han formulado la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo, y sus jornadas descritas metafóricamente por los poetas místicos del Islam; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología: logoterápia), congruencia que da certidumbre a nuestros juicios de valor. • Enmarcando la crítica en: “el deslinde del camino ecuménico demarcado por los universalismos que sustancian la doctrina y la teoria de la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla raza, a fin de hacer objetiva la desviación del cristianismo hacia la ecumene Abrahamica (demarcada por los convencionalismos de lo que solo es sagrado para de Israel”: su territorio, su pueblo, sus ancestros, Jerusalén, el templo, y el libro de Israel), propiciada por Sn Pablo al trasformar en religión, el movimiento cristiano inicialmente laico, para que los hijos de Israel seguidores de Cristo siguieran siendo Israel, y los gentiles cristianos ayudaran a Israel a llegar a ser la principal de las naciones. Y para perpetuar el error, Sn Pablo separó la fe de la razón: (1ª Corintios I, 17 al 27). Convirtiendo en paradoja el cuestionamiento sobre la relación entre la fe y la razón, planteado por los helénicos en el Areópago cuando Sn Pablo fue a evangelizarlos, lo cual ha mantenido perpleja a la humanidad en espera de una respuesta satisfactoria • Enmarcando la disertación jurídica en la revisión del diferendo pontificio {opuesto a la sentencia dictada por Cristo [Mateo XXIII, 1 al 35] en su crítica a la utopía judía señalando como reos de castigo eterno a los seguidores de la doctrina (el ethos) y la conducta (el pathos) de Israel -VS- la honorable opinión de Su Excelencia Juan Pablo II señalando a Israel como hermano mayor en la fe} a la luz de los hechos bíblicos e históricos; para demostrar que sigue vigente el ad quem recurrido y el diferendo es una apostasía mayor tendente a judaizar el cristianismo • Dejando al descubierto las implicaciones educativas, judiciales, morales y religiosas del latrocinio de tracto continúo en que incurren las iglesias y organizaciones religiosas al encubrir tendenciosamente el error fundamental; así como el interés jurídico y competencia del Estado para conocer y juzgar este relevante asunto, en razón del severo daño moral causado a la sociedad. • Convocando el emplazamiento a juicio de las Iglesias y organizaciones religiosas tendenciosas, a efecto de corregir el error fundamental. En primera instancia ante el tribunal de la razón, en segunda instancia ante el tribunal de la ley. Y en tercera instancia en el estrado revolucionario de la justa indignación pública expulsando de las Iglesias a los sacerdotes y pastores fideístas renuentes a corregir el error fundamental; tal como lo hizo Cristo cuando expulsó del templo a los mercaderes de la fe.
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3: BREVE CRÍTICA AL PROFETISMO JUDÍO DEL ANTIGUO TESTAMENTO. La relación entre la fe y la razón expuesta parabólicamente por Cristo al ciego de nacimiento (Juan IX, 39), nos enseña la necesidad de hacer un juicio justo de nuestras creencias utilizando el raciocinio para indagar “si es verdad o es mentira” que los textos bíblicos son palabra de Dios, a fin de disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad. Lo cual nos exige criticar el profetismo judío o revelación, enmarcado la crítica en el fenómeno espiritual de la trasformación humana y, las ciencias y técnicas que nos ayudan a desarrollarnos espiritualmente. Abordados por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, conceptualizadas por los filósofos griegos y la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo, la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las respuestas que la ciencia ha dado a los planteamientos trascendentales: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, ). Utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla rasa, a fin de deslindar y hacer objetivo lo “que es” o “no es” del mundo del espíritu. Método o criterio que nos ayuda a discernir objetivamente __La evidencia de la verdad o la falsedad del profetismo judío, se encuentran discerniendo objetivamente los elementos de la triada pre teológica (la fenomenología, su explicación y su aplicación). Vg. la interpretación onírica de los sueños de Dios del patriarca Abraham inducidos por el deseo intenso y obsesivo de riqueza y descendencia incontable, que es opuesto al despego de las cosas materiales que orienta a los místicos; es por ello, que la respuestas del dios de Abraham son alucinaciones contestatarias de los deseos del patriarca, y no tienen nada que ver con el mundo del espíritu. El antagonismo entre las directrices de la reflexión existencial del devenir de Israel entre las naciones que orienta el pensamiento de los profetas bíblicos y talmúdicos –VS- la reflexión de la vida después de la vida o existencia eterna que orienta el pensamiento existencial de los místicos (las moradas celestiales; la salvación o la condena eterna, a causa de nuestra obras). El encuentro cercano descrito por Moisés en la zarza ardiente describe el fuego fatuo; el pie del rayo que pasa por el altar erigido por Moisés en el Monte Horeb, describe un fenómeno meteorológico; el redactor bíblico del pacto del Sinaí, toma como presencia de Dios el fenómeno metereológico de relámpagos y truenos que anuncia que se avecina una tormenta, para santificar el mito fundacional de Israel, como nación entre las naciones, por voluntad divina. Santificando sus ancestros, su pueblo, su territorio, Jerusalén, el templo y la Torah; descripciones que no corresponden al encuentro cercano expresado por Cristo al experimentar la común unión: “El Padre y Yo, somos una misma cosa”. Descripción que coincide con la descrita por los místicos iluminados. Las leyes de la guerra dictadas por Moisés en el Deuteronomio, causales del despojo, exterminio y sometimiento de las doce tribus cananeas y del actual genocidio del pueblo palestino, son opuestas a la doctrina de la no violencia enseñada por Cristo. El perfil racista, rapaz, criminal y genocida serial de Israel en su devenir entre la naciones que han promovido las directrices ancestrales de sus patriarcas y profetas (las leyes de guerra dictadas por Moisés, la ley del talión, el canto de Lamec,,) < es opuesto al perfil de humanidad perfecta que Cristo trató de inculcar a sus seguidores cuyos rasgos fueron elevados a bien aventuranzas en el Sermón del Monte> __Discernimiento que nos aporta las suficientes pruebas objetivas de juicio que nos dan la certeza que el profetismo judío o revelación bíblica, es un semillero del mal OPUESTO A LAS ENSEÑANZAS DE CRISTO Y POR LO TANTO, NO ES PALABRA DE DIOS

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4: CRÍTICA A LA CRISTOLOGÍA DE SAN PABLO, A FIN DE HACER OBJETIVA LA DESVIACIÓN DEL JUDEO CRISTIANISMO HACIA LA ECUMENE ABRAHÁMICA La importancia capital de la crítica a la doctrina judaizante de la Iglesia, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para deslindar objetivamente el camino ecuménico. Y darnos cuenta de la felonía moral que cometió San Pablo en sus epístolas al desviar el movimiento cristiano inicialmente laico, hacia la ecumene Abrahámica. Cambiando la __objetividad de los hechos y enseñanzas de Cristo hombre narrados en los Evangelios, como ejemplo para motivarnos a practicar el altruismo, el misticismo y el activismo social intensos, requeridos para alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta __ por la subjetividad de la explicación teológica para seguir a Cristo resucitado, practicando la el culto, el rezo, el rito y la lectura bíblica. Convirtiendo en religión, el movimiento cristiano inicialmente laico, con el fin de que los judíos cristianos siguieran cumpliendo la ley de Israel o Torah, y los cristianos no judíos siguieran a Israel sin darse cuenta. Privando a la humanidad de la posibilidad del hombre de desarrollarse espiritualmente siguiendo las jornadas y metas del camino ecuménico que siguen los místicos a fin de alcanzar el perfil de humanidad perfecta o trascendencia humana cuyos rasgos elevó Cristo a bienaventuranza eterna. Entre los sicarios más exaltados del sanedrín enviados por los príncipes de la Sinagoga para perseguir y exterminar, por el delito de blasfemia, a los judíos seguidores de Cristo dispersos en las provincias grecorromanas, destacaba Pablo por su radicalidad; quien al darse cuenta de gran cantidad de gentiles que se unían a ese movimiento, ideó reencausarlo para que los judíos cristianos siguieran siendo Israel, conservando su religión, tradiciones ancestrales y leyes; y los gentiles cristianos ayudaran a Israel alcanzar la supremacía sobre todas las demás naciones. Atribuyendo los motivos de su conversión a la experiencia de Cristo resucitado camino a Damasco, para poder unirse y encausar a la secta cristiana como dirigente; con tanta o más autoridad que la de los apóstoles; arguyendo que ellos fueron escogidos por Jesús hombre, en cuanto que él fue escogido por Cristo resucitado; por ello Pablo reconoce ser un mentiroso y arguye: Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador? (Romanos 3,7) Pablo no conoció al Jesús terreno, justificando asi que excluyera el mensaje universal de Cristo a los hombres, en su cristología. A él “se le apareció” el Resucitado, cosa que Pablo repite varias veces (Gal 1, 11-16; 1 Cor 9, 1; 15, 8; 2 Cor 4, 6) y de la que Lucas, en los Hechos, presenta tres relatos detallados (9, 1-19; 22, 3-21; 26, 9-18). Esto ya da idea de la importancia de la experiencia de Cristo resucitado que Pablo trasmitió a su colaborador más cercano (Lucas quien fue enviado por los sabios alejandrinos a dar fe de la trascendencia humana de Cristo). En las epístolas de Pablo pronto se advierte su afán de resaltar la divinidad de Cristo. Por lo consiguiente, el punto de partida para estudiar la cristología de Pablo, es el hecho trascendental de “Cristo resucitado”; soslayando la importancia genérica de “la trascendencia humana patente en Cristo”; es decir que cristología de Pablo es más que nada una teología de Cristo. Porque omite los hechos Jesús, narrados en los Evangelios, y lo que esa información representa: “El conocimiento objetivo del Jesús humano”, para privilegiar el Cristo “el conociendo subjetivo de la divinidad de Cristo. Es por ello, que Pablo no mostró ningún interés por los hechos de Cristo narrados en los evangelios, como fuente de su cristología, sino que utilizó como fuente y directriz, el cumplimiento de las profecías narradas en el Pentateuco.
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El propio Pablo arguye que: fue el Dios de Cristo resucitado quien lo escogió como apóstol; y por ello, “para formular su cristología: omitió los discursos y hechos de Cristo hom,re, ni consultó a los apóstoles escogidos por Jesús hombre, ni a ninguno de sus seguidores; tampoco viajó a Jerusalén para indagar en el lugar de los hechos, los testimonios de la vida, ejemplo y enseñanzas que se suscitarón en la vida pública de Cristo; en lugar de esto se fue a Arabia, de donde volvió de nuevo a Damasco” (Gal 1, 16-17). Pablo llega a confesar que el conocimiento de Cristo “según la carne” no le interesa (2 Cor 5, 16), una afirmación dura que, por más que se intente suavizar, en definitiva viene a decir que la “existencia terrena” de Jesús no entraba en el ámbito de sus cristología. Esta confesión en primer lugar, nos hace caer en la cuenta que la conversión de Pablo, en el camino a Damasco, no fue una “conversión” el sentido propio y de esa palabra, sino una misión encomendada a él, por el Dios de Israel, revelada en el camino a Damasco, en su experiencia de Cristo resucitado. Es por ello, que Pablo no se aplica a si mismo el adjetivo de converso sino el de iluminado por el Dios de Israel a fin de llevar el mensaje de Cristo a los pueblos gentiles. Y por lo consiguiente siguió creyendo en el Dios en el que siempre había creído y viviendo la religión judía en la que había sido educado. Por ello, cuando Pablo habla de Dios, no se refiere al Dios hecho hombre en la persona de Cristo, sino que se refiere al Dios de Abrahán y a las promesas hechas a sus descendientes (Gal 3, 16-21; Rom 4, 2-20). Y es precisamente a partir de esa experiencia, que elabora su cristología, arguyendo: “cuando Aquél que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles...” (Gal 1, 15-16). Esto hace evidente que el punto de partida de la teología de Pablo, no es Jesús hombre, sino el Cristo exaltado por el Dios de Israel. Lo cual significa que la cristología de Pablo arranca de una convicción determinante: “no conocemos a Dios desde Jesús, sino que conocemos a Jesús, desde Dios”. Por tanto, “no es Jesús el que nos explica a Dios, sino que son las Sagradas Escrituras dictadas por Dios las que nos explican quién es Jesús”. Para Pablo, pues, lo que el judío cristiano ha de dar por conocido es el Dios de Israel, en tanto que el desconocido es Jesús humano. Dicho de otra manera, la cristología de Pablo no modifica sustancialmente el tradicional conocimiento de Dios que podía tener cualquier israelita o incluso cualquier creyente seguidor de la Torah. Porque el problema religioso fundamental, para Pablo, no está en explicar a Jesús para conocer a Dios, sino en reconocer y comprender los designios de Dios, a través de Jesús. El inconveniente estriba en que Pablo no percibe que “en Jesucristo, Dios mismo se ha definido de una forma enteramente nueva”; y que la humanidad de Cristo es inseparable de su condición divina. La ceguera de Pablo a la unidad indisoluble de la naturaleza humana y la naturaleza divina patente en Cristo, o trascendencia humana de Cristo; es el error fatal de la cristología de Pablo que priva a la humanidad del mayor legado de Cristo. Es decir; que la cristología de Pablo es la de un Cristo mutilado de su humanidad. Mutilando la universalidad del mensaje de Cristo, al dejar de lado la trascendencia humana patente en Cristo, para encausarlo hacia la ecumene Abrahámica. Ya que, para Pablo el cristianismo es –un apéndice del judaísmo- que explica a Cristo como cumplimiento de las profecías ancestrales en un intento de impedir que los seguidores de Jesús dejaran de ser Israel, incumplieran la ley, la religión y las tradiciones ancestrales. De esta manera Pablo convirtió el mensaje universal de Jesús sobre la trascendencia humana, en un mensaje sobre la salvación por medio de la fe, para que los judíos cristianos siguieran cumpliendo la ley, la religión y las tradiciones judías …(Mateo XXII,1). Y desde el momento en que, como ya he dicho, Pablo no conoció al Jesús terreno, de condición humana, puesto
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que sólo conoció al Cristo resucitado de condición divina; desde ese momento Pablo quedó imposibilitado para entender la divinidad del hombre en Jesús de Nazaret y, la importancia capital de la trascendencia humana patente en Cristo; y en última instancia, para entender a Dios, el Dios que se nos reveló en Jesús. Que sólo puede ser conocido desde la encarnación de Dios en Jesús, divinizándolo. Ahora bien, si Pablo estuvo siego a la unión indisoluble de Dios con el hombre, en la humanidad de Jesús de Nazaret; el conocimiento divino de Cristo que aporta Pablo a en su cristología, desecha la piedra clave de la estructura de la doctrina de Cristo, sustituyéndola por la doctrina de la salvación por medio de la fe. De ahí que la cristología de Pablo, no solo dificulta el entendimiento de Cristo hombre, esbozado en la cristología de los sinópticos sino sobre todo dificulta la difusión de la paideia griega de Cristo propuesta por el apóstol Felipe a los sabios alejandrinos para enriquecer con la vida, ejemplo y enseñanzas, de Cristo la paideia griega a fin de alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Lo más nefasto ha sido, como se ha expuesto; es que las ideas de Pablo expuestas en sus Epístolas, fueron determinantes en la formulación de la doctrina de la Iglesia surgida de los concilios de Nicea y Calcedonia. Señalando el hecho histórico de que las Epístolas de Pablo se escribieron entre los años 50 al 57 D. C; mientras que los evangelios sinópticos no aparecieron hasta la década de los 70. Esto quiere decir, que en la Iglesia primitiva se difundieron las reflexiones de Pablo, expuestas en su cristología, unos 20 años antes que los evangelios sinópticos de los hechos de Cristo hombre, fueran escritos. O sea, en la iglesia primitiva se conoció mucho antes la “condición divina” del Cristo resucitado, que la “condición humana” del Jesús histórico. Por eso no es exagerado afirmar, que Pablo mutiló al cristianismo de su significado trascendental y universalidad, a fin de adecuarlo a las Sagradas Escrituras con planteamientos subjetivos, que al apartar la fe de la razón, convirtió el judeo cristianismo en religión basura. Lo que importa ahora es comprender las consecuencias que se siguieron, precisamente para la cristología, de este desplazamiento de la objetividad de hechos de Cristo narrados en los evangelios “Cristo histórico”, hacia la subjetividad de “Cristo glorioso”, encadenado a la teología judía. Cuando este centro prescindió de la encarnación de Dios en Jesús y se fijó fundamentalmente en la glorificación de Jesús en Dios, el cristianismo ganó en exclusivismo y particularidad, lo que perdió en humanidad, trascendencia y universalidad genérica. Por eso se comprende que la cristología de Pablo como directriz del ethos, el pathos y futuro judeocristiano, tenga su raíz en el cielo y no en la tierra (1 Cor 15, 40-49; 2 Cor 5, 1-2; Ef 1, 10; Fil 3, 19-20). Dejando las cosas de este mundo, a disposición de intereses mundanos. Intereses justificados, además, con el pretexto de que nuestro centro no está en “lo terreno”, sino en “lo celestial”; argumento que esgrimen los mercaderes de la fe para manipular y explotar a los creyentes aduciendo voluntad divina. Manipulación que se puede constatar repasando algunas de las grandes cuestiones teológicas que son piezas fundamentales de la cristología de Pablo. Se ha expuesto, con toda razón, que Pablo fue el hombre clave que le dio un giro nuevo y definitivo al cristianismo. En cuanto que consiguió hacer de un movimiento laico judío, una “religión de los gentiles inseparable de la religión judía”. El movimiento cristiano, inicialmente laico, convertido en un movimiento religioso judeo cristiano, se difundió entre los gentiles en todas las provincias del Imperio Romano. Porque fue por medio del mensaje de Cristo cómo se llegó a una auténtica in culturación de la religión judía en el mundo de cultura helenista. Más aún, mediante Pablo, lo que era una “secta disidente” judía llegó a ser una religión
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universal, por medio de la cual Oriente y Occidente se entrelazaron estrechamente, asfixiando la doctrina de la trascendencia humana ilustrada y enseñada por Cristo, y formulada por la filosofía griega. Sin duda alguna fue una felonía de Pablo cercenar la universalidad el mensaje de Cristo particularizándolo para expandir la influencia del pueblo judío en el mundo greco romano. Nunca podremos dimensionar el daño moral que ocasionó a la cultura de greco romana, la nefasta influencia judía que tuvo este proceso de divulgación universal del movimiento religioso judeo cristiano, al asfixiar el cristianismo laico, adoptado por los sabios alejandrinos después de que el apóstol Felipe les comunicara el mensaje universal de Cristo, para enriquecer la educación de la paideia griega. Esta felonía moral, tuvo un precio muy alto. Ante todo, porque, como bien se ha dicho, “si se quería preservar la universalidad del mensaje de Cristo, tenía que evitarse cimentar su doctrina en la promesa del Dios particular de los ancestros de Israel, y asentarse en la experiencia genérica del fenómeno espiritual de la transformación humana abordado por místicos y teóricos que han formulado la doctrina y la teoría de la trascendencia humana y la sociedad perfecta. En este proceso, el emperador Constantino y San Pablo tuvieron una influencia decisiva para institucionalizar y socializar el judeo cristianismo en el Imperio greco romano. Pero lo consiguieron a base de “obnibular el radicalismo judío” que se advierte y se expresa con fuerza en no pocos textos del Antiguo Testamento ¿Esto no quiere decir, que Pablo mutiló el Antiguo Testamento, cercenando las directrices criminales y genocidas seriales dictadas por el Dios a los ancestros de Israel, ni la guerra santa contra los gentiles y sus instituciones, con la “sana” intención de hacerlo más aceptable a los pueblos de las provincias greco romanas ?; sino que utilizo los retórica para que pasaran desapercibidos). Uno de los puntos más ásperos que era evadir la responsabilidad de Israel en el crimen de Cristo, y Pablo lo solventó formulando la doctrina de la redención humana arguyendo que Cristo murió en la Cruz para redimir a la humanidad de sus pecados. Igual de ásperos eran los textos de odio contra los gentiles escritos en el Pentateuco (Mata al que ofrezca sacrificios a otro dios que no sea Yahvé. Éxodo 22:19 y Deuteronomio 13, 6). La limadura de estas asperezas fue tarea de muchos exegetas entre los que destaca Filón de Alejandría, que logró obnubilar los textos de odió contra los gentiles proponiendo el Alegorismo. Dejando de lado el sentido literal de los textos bíblicos a fin de buscar su significado oculto a manera de los oráculos griegos. No se trata de que Pablo mutilara el Evangelio de Jesús. Abrogó la doctrina de Cristo sobre la salvación eterna por obras de un Dios remunerativo, y la sustituyó por la salvación por fe, y la de la predestinación, a fin de resguardar las directrices racistas, rapaces, criminales y genocidas seriales dictadas por los ancestros de Israel. Directrices que dejó vigentes arguyendo que los judíos seguidores de Cristo son el nuevo Israel, y los gentiles, hijos adoptivos del patriarca Abraham. Como ya se señalado el problema está en que Pablo no conoció al Jesús terreno; y por consiguiente es objetivo que las apariciones de Cristo a sus seguidores, fue el punto de partida - y eje toral de la cristología que Pablo formuló para reencausar el cristianismo laico hacia la religión judía; convirtiéndolo en la religión judeo cristiana. Ahora bien, desde el momento en que Pablo no conoció al Jesús de este mundo, sino al Señor del otro mundo, desde ese momento, Pablo no se sintió vinculado a los hechos de la vida, ejemplo de Cristo narrados en los Evangelios, sino vinculado a su experiencia trascendente de Cristo resucitado Pablo. Y precisamente porque nos trasciende a todos, por eso mismo resulta más manejable y adaptable a las más diversas doctrinas y especulaciones subjetivas, y apartarse
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de los hechos de Cristo, la objetividad y la razón. De esta manera El Señor “trascendente” de Pablo podía ser visto sin especial dificultad como el Señor “universal”. El problema está en que esta “universalidad” se alcanzó a costa de ocultar la “trascendencia humana” que se palpa en el Jesús de los evangelios. En la cristología de Pablo, la fe se relaciona directamente con “lo religioso” y con “la especulación teológica”. Cimentando la fe en la “justificación” que Dios concede al pecador. Lo cual explica por qué el pecado, como poder de perdición, “aparece en el centro del pensamiento” de Pablo. De ahí que la fe, según el apóstol Pablo, está íntimamente relacionada con el misterio de la “salvación” definitiva realizada por Dios mediante Jesucristo. Salvación de la que el ser humano participa por la “justificación” que el hombre alcanza por su fe. Esto explica por qué la fe se nos presenta, en los escritos de Pablo, casi siempre en conexión con la “justificación” que Dios concede al hombre pecador (Rom 1, 17; 3, 22. 25. 26. 30; 4, 16; 5, 1, etc; Gal 2, 16. 20; 3, 7. 9-12, etc; Ef 2, 8; 3, 12, etc). Esto explica igualmente, que el discurso de la fe, no se entienda a partir de situaciones concretas de la vida ejemplo y enseñanzas de Cristo, sino teniendo como modelo a Abrahán que creyó en Dios y en el cumplimiento de Sus promesas de satisfacer los deseos del patriarca de procrear una numerosísima descendencia que avasallara a todos los pueblos del mundo, y su reino, poder y riqueza no tendrá fin, a cambio de su fidelidad al Dios de Israel. Por eso, en la mentalidad de Pablo, el padre o modelo de todos los creyentes es precisamente Abrahán (Rom 4, 16-17). Y si es que relacionamos esta fe con Jesús, Pablo la entiende como fe en Cristo o en el Hijo de Dios, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 16; cf. Fil 1, 29). Lo que supone que vivir la fe, significa mantener la condición de “hombre justificado” hasta el final, hasta el alcanzar el logro de la esperanza definitiva (Gal 5, 5). En la escuela bíblica, al leer los hechos narrados en el Antiguo y el Nuevo Testamento, enseguida se advierte la tensión y el contraste existente entre __las directrices racistas, criminales y genocidas seriales que los redactores del Antiguo Testamento imprimieron en los relatos de los patriarcas, profetas, reyes y jueces de Israel__ y las directrices de amor, fraternidad y solidaridad universal que los evangelistas imprimieron al redactar los hechos de Cristo. Tensión amortiguada por Pablo en su cristología. En efecto, mientras que, para Pablo, la fe es una experiencia que expresa la vinculación del pueblo judío con el Dios de Israel, y para Jesús (tal como lo presentan los sinópticos), la fe es una experiencia que expresa la vinculación inmanente y trascendente del hombre con Dios. Se trata, pues, de dos formas de entender la fe que se ven, no sólo como experiencias distintas, sino sobre todo contrapuestas, unidas por Pablo en su cristología, en la que lo humano pasa a un segundo término, si no es que se desentiende de ello, porque el centro de su pensamiento está puesto en la religión de Israel vinculando a Cristo con en el cumplimiento de las profecías de los ancestros de Israel. Por el contrario, para Jesús, la fe expresa la convicción del hombre de su trascendencia, lo cual vincula al hombre con lo trascendente. Inicialmente, el impulso primordial del hombre es la satisfacción de sus necesidades básicas (casa, vestido, sustento, seguridad, matrimonio y descendencia). Satisfechas las necesidades básicas, este impuso primordial lleva al hombre a esforzarse para satisfacer sus necesidades sociales (identidad, pertenencia, reconocimiento y poder). Y en la madures del hombre, el impulso primordial lleva al hombre a esforzarse por satisfacer sus necesidades superiores o espirituales. Y desde el principio hasta el final del desarrollo físico, mental y espiritual del hombre; el hombre busca el modo de trascender sus limitaciones físicas, mentales y espirituales. La necesidad de trascender,
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es el impulso primordial genérico que da origen a la reflexión y la especulación, cuyo fruto son las doctrinas de la religión y las teorías de la ciencia, debido a su doble naturaleza material y espiritual (problemática abordada por la mitología griega en la historia del centauro Quirón; que siendo médico, al auscultar una herida que recibió en una batalla, descubrió que no podía sanar su herida, debido a que debajo de su piel existía otra naturaleza espiritual también herida, y consecuentemente la terapia debería avocarse a sanar lo físico y lo espiritual ); lo cual hace objetiva la articulación entre la sanación del cuerpo, la mente y el alma. Y es por ello, los sinópticos describen a Cristo en sus evangelios como médico de almas y cuerpos. La gran mayoría de los hechos de Cristo en los Evangelios narran las curaciones milagrosas de enfermos: la salud de un paralítico (Mc 2, 1-12 par), la curación de la hija de Jairo y de la mujer que padecía hemorragias (Mc 5, 21-43 par), el caso del ciego Bartimeo (Mc 10, 46-52 par), el del siervo del centurión romano (Mt 8, 6-13 par), la hija de la mujer cananea (Mc 7, 24-30 par), la devolución de la vista a dos ciegos (Mt 9, 27-31), la curación de los diez leprosos (Lc 17, 11-19). En todos estos casos, es la fe de los enfermos la que actúa como fuerza curativa. Las expresiones en este sentido son inequívocas: “tu fe te ha salvado” (Mc 2, 5; Mt 9, 2; Lc 5, 12); “viendo la fe que tenían” (Mc 2, 5 par); “no temas, solamente cree” (Mc 5, 36 par). Es más, la relación entre la fe y la salud de los enfermos es tan fuerte, que donde Jesús no encuentra fe, no pude curar a los pacientes (Mc 6, 5-6). La cristología de Pablo explica trata de la interpretación de la salvación, del pecado y de la religión. Por lo que se refiere a la salvación, Pablo la entiende como realidad sobrenatural y trascendente: “El evangelio es poder de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1, 16). Pablo habla aquí de la salvación definitiva y última, la salvación “escatológica”, que consiste en la justificación concedida por Dios (Rom 10, 10; cf. 13, 11). Y aunque es verdad que Pablo habla, en algún caso, de la salvación como un bien que se refiere al tiempo presente (2 Cor 1, 10), lo normal es que la entiende como una experiencia de solución definitiva en el “más allá” (Fil 1, 19). En lo que se refiere al pecado, la tesis central que plantea Pablo, en la carta a los romanos, es que “Jesús el Mesías murió por los pecadores”, es decir, “murió por nosotros cuando éramos pecadores”. Y así es como Dios “nos salvará por él del castigo” (Rom 5, 6-11). Pablo, por tanto, entiende la salvación como “salvación del pecado”. Y, mediante tal salvación, liberación también de la cólera divina y del consiguiente castigo (Rom 5, 9-10). La idea que tiene Pablo, sobre la relación del ser humano con Dios, se centra en el problema de cómo aplacar a Dios ofendido y, en consecuencia, cómo encontrar una salvación que está fuera de este mundo. En el fondo, es la misma mentalidad que se manifiesta en el himno de acción de gracias del sacerdote Zacarías, el padre del Bautista, cuando bendice a Dios porque concede a su pueblo “el cocimiento de la salvación por medio del perdón de los pecados” (Lc 1, 77). La “salvación”, para la mentalidad religiosa de los israelitas de aquel tiempo, era salvación del “pecado”. Es la mentalidad de la que, sin duda, estaba imbuido Pablo. La teología de los sinópticos, en cuanto se refiere a la salvación, es distinta. Porque es salvación “para toda carne” (Lc 3, 6; cf. Is 40, 6), es decir, para todo lo humano, lo frágil, lo débil de este mundo. De ahí que Jesús pudiera decir a una mujer pecadora: “tu fe te ha salvado” (Lc 7, 50). Como a Zaqueo le aseguró que la salvación había entrado en su casa, precisamente en casa de un hombre odiado por el pueblo (Lc 19, 9), y que era motivo de escándalo por el sólo hecho de que Jesús fuera a hospedarse en su casa (Lc 19, 6).
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Por último, si hablamos de la relación entre “fe” y “religión”, es claro que Pablo entiende la fe como la respuesta del creyente al kerigma, la predicación cristiana. Así, en Rom 13, 11; 1 Cor 3, 5; 2 Tes 1, 10. Pero, sobre todo, en el conocido texto de 1 Cor 15, 1-18, donde Pablo insiste en que la fe no es sino la aceptación del mensaje anunciado, en el que la resurrección ocupa el puesto central. En los evangelios, sin embargo, la fe no tiene nada que ver con un cuerpo de doctrina previamente aceptado. Por eso Jesús elogia la fe de personas que ni siquiera eran israelitas, ni por tanto podían tener las mismas “creencias” religiosas que un judío practicante. Es el caso del centurión romano (Mt 8, 5-13 par), de la mujer cananea (Mt 15, 21-28) o del leproso samaritano, que, siendo un disidente de la religión “oficial”, es elogiado precisamente por su fe (Lc 17, 19). Ahora bien, si Pablo entendió y vivió la fe de forma muy distinta a como la entendió y la vivió Jesús, eso quiere decir obviamente que la cristología de Pablo difiere, en cuestiones muy fundamentales, de la cristología que presenta el Evangelio. Está claro, que el problema de la fe se plantea (y se resuelve) desde puntos de vista muy distintos, en el caso de Pablo, por una parte, y en la mentalidad de los sinópticos, por otra. Pablo ve la fe como una convicción religiosa, en tanto que Jesús (según los sinópticos) entiende la fe como una convicción humana en las potencialidades del alma para trascender las enfermedades, el dolor y el sufrimiento, las limitaciones de los sentidos y de la mente, y la muerte. Trascendencia humana, que no depende del culto, ni el rito, ni el dogma; solo de la práctica intensa de la virtud y el amor misericordioso o altruismo a fin de alcanzar la trascendencia humana o salvación eterna. Cuando Jesús habla de la fe, se refiere a la confianza y la convicción que deben tener todos los que sufren los rigores del destino que encontraran el remedio sus enfermedades y sufrimiento, sanado su alma. Es por ello, que cuando Jesús habla de la “sanación”, encontramos frecuentemente la fórmula: “tu fe te ha salvado” (Mc 5, 34; Mt 9, 22; Lc 8, 48; cf. Mc 10, 52; Mt 8, 10. 13; 9, 30; 15, 28; Lc 7, 9; 17, 19; 18, 42). La paz sea contigo, es la palabra de que Jesús dirige a los enfermos y excluidos a quienes ha sanado. Para Jesús, según lo presentan los evangelios sinópticos, la “salvación” que produce la fe es, ante todo, “liberación del sufrimiento” que lleva consigo la enfermedad o cualquier limitación de la dignidad humana. Estamos, pues, ante dos concepciones distintas de la fe. Dos formas de experimentar el problema de Dios, y la relación con Él, que constituyen el paradigma de la fe. Porque, al hablar de la fe, tanto Pablo como los sinópticos presentan dos formas distintas de manejar la los elementos de la triada pre-teológica. En relación al tratamiento del primer elemento de la triada pre teológica, Pablo en sus epístolas, omite la descripción neutra de los hechos de Cristo hombre, narrada por los sinópticos en los Evangelios, prescindiendo de la objetividad de lo que es la trascendencia humana de Cristo, describiendo su acción y potencialidades aquí y ahora, para centrarse en la dignidad y acción divina de Cristo resucitado, para explicarlo teológicamente; es decir en relación a la vida eterna. En relación al tratamiento de segundo elemento pre teológico, los sinópticos omiten toda explicación, dejando que los hechos de Cristo aquí y ahora expliquen por si solos la trascendencia humana de Cristo y su significado para la humanidad. El apóstol Juan da una explicación mística de Cristo, evidenciando la importancia de la vida espiritual aquí y ahora. En relación al tercer elemento pre teológico o aplicación práctica, los sinópticos resaltan la importancia de la salvación por obras predicada y ejemplificada por Cristo hombre, centrada en la práctica intensa del altruismo, el misticismo y el activismo social, a fin de alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta. En oposición a la salvación eterna por obra predicada por Cristo, los
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sinópticos y los místicos, Pablo prescribe la salvación por fe, en afán de alentar a su pueblo a luchar para hacer realidad las promesas que el Dios de Israel hizo a sus ancestros y semillas, predestinados a la salvación por designio divino; y el apóstol Juan prescribe el misticismo o imitación de Cristo hombre para sanar el cuerpo, la mente y el alma. El apóstol Felipe utiliza los hechos de Cristo, narrados en los evangelios, para ilustrar a los sabios alejandrinos promotores de la educación en la paideia griega, lo que es la trascendencia humana y que es lo que hace el hombre cuando la ha alcanzado, a fin de motivar a los jóvenes a practicar la virtud. Hay una relación estrecha entre la doctrina (ethos) y la conducta (pathos) de sus seguidores que explica los diferentes modelos de ser y actuar. La iglesia siguiendo a San Pablo, adoptó el ethos y el pathos de los fariseos y los sacerdotes de Israel, que presumían de justos y despreciaban a los demás (Lc XVIII, 9 al14). Para los sinópticos el relato de los hechos de Cristo, tiene como objeto mover a los creyentes a llevar una vida, digna y abnegada al servicio de sus semejantes, imitando a Cristo. Los místicos renunciando a la riqueza material, el poder y sus placeres, se apartan del mundo, practican las disciplinas asestas para armonizase de alma, mente y cuerpo, a fin de alcanzar la paz interna o nirvana, antesala de la iluminación que Cristo elevó a bien aventuranza eterna, porque el que muere para este mundo vive para Dios. Lo cual, nos introduce al centro del fenómeno espiritual de la transformación humana acotado por la emergencia inesperada de la espiritualidad anunciando el inicio de nuestro recorrido por la noche oscura de nuestra existencia que conduce a la extinción inexorable de nuestro ego actual o muerte mística, a fin de dar lugar a una nueva de ser o renacimiento espiritual, prescrito por Cristo a Nicodemo, cambiando drásticamente nuestro egoísta ethos y pathos viejo por un nuevo ethos y pathos, más espiritual íntegramente con nuestro entorno biológico y social. Recorrido que antes de su culminación nos desequilibra psicológicamente y nos hace sufrir terriblemente al no comprender lo que nos sucede. Muchos psicólogos y psiquiatras, toman la emergencia inesperada del fenómeno espiritual de la transformación humana, como una patología neurótica cuya causa puede encontrarse mediante el psicoanálisis, y tratarse prescribiendo sedantes psicotrópicos para mitigar la histeria y el sufrimiento, impidiendo la culminación de este fenómeno espiritual. Los sacerdotes interpretan el delirium tremens y el sufrimiento que provocan los estados alterados de la mente en este doloroso transe, como una prueba divina o una posesión satánica; y en vano tratan de ayudar a mitigar el sufrimiento de sus seguidores durante el recorrido involuntario por la noche oscura con rituales, rezos y sitas bíblicas. Lo único que puede ayudar a mitigar y resignarnos a aceptar el dolor y sufrimiento que se da durante este recorrido involuntario, es que alguien nos explique la causa y desenlace de este fenómeno espiritual, para saber que no estamos locos como llegamos a creer. Lo cual resalta la importancia de la doctrina budista de la auto transformación para evitar el sufrimiento durante las crisis existenciales, que tiene como máxima: TRANSFORMATE TI MISMO, TRANSFORMANDO TU MENTE. En ciertas circunstancias las crisis individuales, dan lugar a las crisis colectivas. I,5: LA CRISIS DE LA POST MODERNIDAD. Nos encontramos, definitivamente, ante una crisis extrema individual y colectiva, que ha provocado la crisis del Estado, la Iglesia, la sociedad y sus instituciones. Y en ésta crisis actual, la pregunta clave que nos hacernos es ¿cómo afrontar los problemas derivados de nuestra época post modernista? ¿Cómo afrontar la crisis de valores? ¿Cómo afrontar el nihilismo resultante? Porque la post modernidad implica la posibilidad de destrucción de
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todos los valores e instituciones tradicionales; ya no hay costumbres, credos, devoción, dogmas, fundamentos, instituciones, ideologías, liturgias o ritos, seguros que queden al margen de esta posibilidad. La post modernidad supone ser post cualquier cosa conocida. Es una reconstrucción, un proceso de deshacer; supone un cambio de identidad, no solo personal, familiar, social, nacional, continental, mundial, religiosa; asi se habla abiertamente de Eurabia ante la posibilidad de islamizarnos, es decir de que en un futuro Europa dejara blanca y cristiana; lo mismo sucede en Norteamérica; lo cual supone la destrucción del nacionalismo, del patriotismo, aún más, supone el cambio de la identidad occidental, fruto de un mundo globalizado. La desvalorización supone un vaciamiento de sentido, un nihilismo significativo, aquello que ya vaticinaba Nietzsche. El postmoderno sabe que no hay mañana, no hay futuro, o mejor aún, que el mañana es el hoy, que el futuro es el presente. La post modernidad ya ha acabado con el consuelo metafísico, con el consuelo religioso y finalmente con el consuelo científico, las ciencias ya no son garantía de nada, como dice Prigogine: (El fin de las certidumbres: “ya no es admisible la idea de una realidad dada”). Lo importante de esta cuestión, ES QUE NOSOTROS HACEMOS LA REALIDAD. Tenemos que manejar el cambio, orientándonos hacia un futuro ideal, ya esbozado para evitar que el destino nos alcance sin un proyecto seguro. La post modernidad es, en definitiva, nihilista. El nihilista está condenado a dar vueltas, su mal consiste en su continua insatisfacción, un no poder amar a nadie ni a nada, una agitación sin objeto, un ser sin sentido, o mejor aún, un sinsentido siendo, un ser que consiste en ser siempre proyecto inacabado, búsqueda incesante de aquello que no se puede encontrar. Nietzsche auscultó el alma cristiana, y descubrió que el malestar de nuestro tiempo no estaba el individuo sino en la civilización occidental enferma y decadente. Y diagnosticó la patología actual de nuestra sociedad: la indeferencia hacia la religión, y exclamó ¡Dios ha muerto! La teología y moral judeo cristiana son cuestionadas en tanto implican juicios valorativos/morales. Y señaló que la solución para sanar el alma cristina, no es desarrollar una terapia tendente a adaptar el individuo una sociedad decadente, sino renovar las creencias y valores morales judeo cristianos causales de la decadencia de la sociedad. E inició la lucha redentora del cristianismo contra el tradicionalismo judeo cristianismo, a fin de actualizar la doctrina milenaria de la Iglesia, que por su anacronismo y ex temporalidad, es la causa de la severa crisis de la Iglesia y de la perdida de la fe. El reto es superar el nihilismo de la sociedad actual formulando un cristianismo que se pueda vivir y practicar, no en y desde lo religioso y lo sagrado, sino en y desde cristianismo laico, la pluralidad y el sincretismo, resaltando la importancia genérica de la trascendencia Cristo, y sus enseñanzas como ilustración de la praxis para alcanzarla. Y para poder lograrlo tenemos que actualizar la teología, la cristología y la liturgia, enmarcadas en la doctrina y la teoría de la Trascendencia humana, conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las respuestas que la ciencia ha dado a los planteamientos trascendentales: (psicología, psicoterapia, logoterapia, desarrollo humano, etc.). Sincretismo religioso expresado por Raimon Panikkar, para explicar su sincretismo y pluralidad: «Me marché cristiano, me descubrí hindú y regresé budista, sin haber dejado de ser cristiano»; a fin de hacer objetivos tanto <las identidades o universalismos integrantes de la triada pre teológica, origen de todas las religiones {la fenomenología (descripción neutra del fenómeno espiritual), la explicación (mágica o racional) del fenómeno y las cusas que lo provocan, y la aplicación terapéutica para sanar el alma de la sintomatología observada y propiciar trasformaciones convenientes para si mismo
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y la sociedad, mediante prácticas terapéuticas que armonizan el cuerpo, la mente y el espíritu} que demarcan el camino ecuménico por el que transita la humanidad hacia su desarrollo espiritual> que sustentan el carácter universal del mensaje de Cristo al mundo, como <la desviación del judeo cristianismo hacia la ecumene Abraham-ica demarcada por los convencionalismos de lo que solo es sagrado para Israel {su pueblo, su territorio, Jerusalén, su templo, sus: leyes, historia, tradiciones y costumbres contenidas en la Torah}, que sustentan el carácter racista de la religión judía, fundamento de la conducta (criminal y genocida serial) de Israel desde los tiempos bíblicos hasta la actualidad, a fin de, sin escrúpulo alguno, hacer de Israel la principal de las naciones, directriz supremaciíta que orienta el activismo internacional judío>. La desviación del cristianismo hacia la ecuméne Abrahamica se debe a que el mensaje y la vida de Cristo, desde su origen ha sido históricamente preservado y controlado por la Iglesia judía (la Iglesia primitiva, cuando todos en la asamblea eran judíos) que, con el paso de los años y por virtud de un lento proceso, terminó por constituirse en la Religión de Occidente, preservada y difundida por la Iglesia cristiana de occidente y oriente donde la asamblea y los ritos se realizan entre cristianos no judíos). Por lo que nos relatan los evangelios, podemos afirmar con seguridad que Cristo no pensó fundar una Iglesia. Ni pensó fundar una nueva Religión, sino iniciar un movimiento laico a partir de lo que él vio y vivió en el judaísmo del siglo primero. Prueba de ello, es explicita en su diatriba contra el puritanismo hipócrita de los sacerdotes y escribas de la sinagoga __ya que a pesar de que condena la opresión de los príncipes de la Sinagoga que se enriquecían imponiendo al pueblo por fuerza de ley pesadísimas cargas fiscales con pretexto del culto. Y condena el judaísmo, diciendo; ¡Hay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas!, que andáis girando por mar y tierra tratando de convertir a los gentiles; y después de convertidos, con vuestro ejemplo y doctrina los hacéis reos del infierno, dos veces más que ustedes__ Pide al pueblo judío obediencia a los mandatos de los pontífices; diciendo “Los sacerdotes, escribas y fariseos, están sentados en la cátedra de Moisés; luego entonces, practicad y haced todo lo que os dijeren; pero no moldeéis vuestra conducta con la suya, porque ellos dicen lo que debe hacerse y no lo hacen”; lo cual nos permite aclarar, “que una cosa es la nacionalidad judía de Cristo, y otra cosa la religión judía; y si Cristo a pesar de ser judío repudio la religión judía, los no judíos seguidores de Cristo no tenemos porque seguir la Torah Judía; es decir que los no judíos seguimos a Cristo no por ser judío, sino a pesar de ser judío”. Lo cual fue ratificado por Cristo, diciendo: “Tengo también otras ovejas que no son de este rebaño, las cuales debo Yo recoger, y oirán mi voz; y de todas se hará un solo rebaño y un solo pastor”. (Jn X, 16). Los judíos y los cristianos grecorromanos podemos caminar juntos siempre y cuando respetemos nuestras identidades y nuestras religiones, lo cual garantiza que haya paz en el tránsito común; y por ello, los grecorromanos debemos permitir que los judíos sigan siendo judíos y, los judíos deben abstenerse de inculcarnos sus tradiciones y creencias, para someternos a su imperio, pero nunca ha sido así. A pesar de que el cristianismo nació como un movimiento laico de ideales universales, y que han transcurrido dos milenios de lucha entre los que pretenden judaizar el cristianismo y los que pretenden helenizarlo, la batalla continua; por lo que es pertinente señalar, que “No, nos interesa convertir a los judíos ortodoxos al cristianismo, ni persuadir a lo judíos cristianos (si es que los hay) que dejen de seguir al judaísmo; lo que nos interesa __es entronizar el helenismo cristiano o cristianismo laico en los pueblos no judíos, abrogando de nuestra fe el profetismo judío. Aportando los elementos de juicio necesarios para hacer objetiva la bondad de nuestro intento. Y por ello, debemos remitirnos a los orígenes del cristianismo, a fin de indagar las fallas que cometimos
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al ensayarlo. Señalando que San Pablo era un fanático fariseo que exaltado perseguía y exterminaba a los judíos seguidores de Cristo por blasfemos; hasta que los rabinos se dieron cuenta que un gran numero de los gentiles se unían al cristianismo, y decidieran que en lugar de exterminar a los judíos cristianos, podían beneficiarse haciendo que los llevaran de la mano a la conquista de los pueblos gentiles; por ello instruyeron a San Pablo para que infiltrara a los cristianos aduciendo haber sido llamado por Cristo resucitado y los sujetara a la sinagoga, a fin de saquearlos y someterlos sin que se dieran cuenta; y por ello unieron los Evangelios con el Libro de Israel como si fueran una misma cosa, siendo contrarios. Es obvio que las tensiones entre el judaísmo y el cristianismo, desaparecerían, si la Sinagoga dejara de intervenir en los asuntos y la doctrina de la Iglesia, permitiendo que los cristianos no judíos, nos separemos del Libro de Israel. Desde luego los esbirros de la Sinagoga nunca van a permitirlo, pues utilizan el Libro de Israel como mordaza para saquear y someter a los pueblos cristianos. Lo grave, es que en este momento los esbirros de la sinagoga parecen estar apunto de ganar la batalla final __abrogando los esfuerzos de los padres de la Iglesia por estructurar la doctrina milenaria conforme a la razón, fruto de los Concilios que se realizaron a fin de dirimir las controversias de la fe que se suscitaron en el transcurso de los siglos__ restableciendo la ortodoxia judía de la Iglesia primitiva o Era común, cuando todos en la Asamblea era judíos, a fin de convertir las Iglesia en sinagogas, los pastores y sacerdotes en rabinos, y los creyentes cristianos en ciervos de los judíos. [Moral de esclavos que promueven las Iglesias de la Reforma Luterana]. El problema radica en que no estamos adiestrados a diferenciar con certidumbre: <lo que es del mundo del espíritu>, <lo que es del mundo de la mente>, y <lo que es del mundo de los sentidos>, debido a los dogmas de la fe que nos impiden desarrollar nuestro espíritu criticó. Y por ello, la crítica a la utopía cristiana no solo se centra en las cuestiones teóricas de la filosofía, la teología, y la metafísica, sino que las aborda objetivamente la sociología de la religión y la historia, debido a las implicaciones sociales de nuestras creencias. Es decir, no solo aborda las disertaciones teológicas, la educación en los valores, el misticismo y la terapia espiritual, enmarcados en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana; sino que aborda la historia del cristianismo y la cuestión judía desde la Era común hasta nuestro tiempo. Debido a que las ideas prevalecientes condicionan a los individuos a partir del momento histórico en que nacen, haciendo que el mundo sea un condicionante natural, concreto y objetivo que cambia con el devenir, sin ser una condición inquebrantable. Lo cual resalta la importancia genérica de luchar por el cambio de ideas entre generaciones, a fin de rectificar lo que este mal, y corregir el rumbo o trayectoria catastrófica que sigue la humanidad. La disertación y resolución de la controversia entre “la fe -VS- la razón”, deja al descubierto __tanto las semillas del bien (las virtudes que integran el perfil de humanidad perfecta o bien aventuranzas prescritas por Cristo a sus seguidores para disolver el egoísmo y alcanzar el perfil de humanidad perfecta necesario para alcanzar la sociedad perfecta donde no haya ni oprimidos ni opresores), como las semillas del mal contenidas en el Libro de Israel, que enaltece anti valores como si fueran valores dictados por Dios, para sin escrúpulo alguno hacer de Israel la principal de las naciones; engendrando en el corazón de sus seguidores: la codicia, el crimen, el despojo, egoísmo, la hipocresía, la mentira, la soberbia y la venganza__ Convirtiendo el judeo cristianismo en religión chatarra al suprimir la parte espiritual y sustituirla por ritos, ceremonias, cantos, símbolos y gestos espectaculares. Cambiando el eje de la reflexión existencial de la existencia antes y después de esta vida, por la existencia y pre-eminencia de Israel entre las naciones.
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Después de dos milenios de haberse iniciado en el Areopago el dialogo “la fe -VS- los de la razón” donde los esbirros de la sinagoga han acaparado el uso de la palabra y silenciando los argumentos de la razón, imponiendo el pensamiento único mediante el autoritarismo, los mandatos de silencio y obediencia; amenazas de excomunión, expulsión de iglesias o institutos donde imparten sus cátedras los religiosos que difieren del dogma o que se atreven a criticar el autoritarismo pontificio, acusándolos de herejía, brujería o pactos con el diablo, etc. Reanudaremos el debate donde toda la humanidad participa __bien sea como interlocutores o como espectadores__ por que es un asunto no resuelto que interesa a los individuos, pueblos y naciones cristianas. Comenzando por señalar los elementos relevantes de juicio que nos permiten comparar los planteamientos, los procedimientos, los fines y los medios sujetos a un procedimiento de análisis de comprobada eficacia que oriente y ordene las ideas, los hechos históricos y los protagonismos acontecidos en cada una de las esferas del pensamiento relacionados con la paradoja planteada. Haciendo objetivas las identidades y antagonismos, las congruencias e incongruencias, los paralelismos y las desviaciones en diferentes planos y escenarios; a fin de volver al sendero del desarrollo espiritual señalado por Cristo, después de dos mil años de haberlo dejado, al desviarnos por el camino de los convencionalismos sagrados de Israel que fragmentan la concepción del mundo y la hermandad entre los hombres por cuestiones de ideología, raza y religión. Ha llegado la hora de confrontar argumentos de la fe y de la razón en el Tribunal instalado en el Areópago, a fin de concluir el dialogo paradigmático. Y por consiguiente la crítica a la utopía judeo cristiana y al profetismo judío, comienza por el deslinde del camino ecuménico por el que camina la humanidad hacia el desarrollo espiritual. Utilizando como marco científico, el fenómeno espiritual de la transformación humana y los principios universales del conocimiento filosófico y espiritual, para deslindar el camino ecuménico. Haciendo objetivas las identidades tras la diversidad de creencias para abrir fronteras entre los hombres de buena voluntad, y las desviaciones que separan a la humanidad por cuestiones de raza, costumbres, religión o ideología y la dividen en oprimidos y opresores, aduciendo voluntad divina. Lo cual nos permite visualizar a la hora de realizar un análisis aquo de la utopía cristiana, los errores y los obstáculos que nos han desviado del camino para alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Señalando lo bueno y lo malo que hay en las creencias, las doctrinas y las ideologías que estructuran el judeo cristianismo que profesamos. Confrontándolas con la realidad o praxis que nos permite pasar de las ideas a los hechos y de los hechos a las ideas para rectificarlos. Ajustándolos conforme a la razón, tendente a alcanzar el ideal que nos propusimos. Una vez deslindado el camino ecuménico, podemos diferenciarlo de los convencionalismos sagrados de Israel que demarcan objetivamente la desviación del cristianismo hacia la ecumene Abraham-ica. Formulada por los redactores bíblicos a fin de enajenar, manipular, saquear, someter o exterminar a sus seguidores gentiles (goyins: bestias humanas) mientras los conducen hacia el precipicio de la perdición eterna Todo lo cual nos obliga a señalar las implicaciones educativas, jurídicas, morales, religiosas y sociales, que nos llevan a promover la lucha por el cambio de ideas entre generaciones <<las generaciones educadas en los mitos judeo cristianos, y la generación educada en una religión místico científica o helenismo cristiano>>. A efecto de reivindicar la dignidad humana liberando al cristianismo de las mordazas de la fe que desde hace dos milenios ataron los esbirros de la sinagoga para mantener a los pueblos cristianos en un estado de indefensión semejante al de las cosas que existen para ser manipuladas, para así poder saquearlos y someterlos sin que se den cuenta. Por ello nos sentimos obligados a pasar del análisis aquo
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de la utopía cristiana, a asumir el papel de fiscal de la verdad aportando los elementos de juicio necesarios que ayuden a dirimir la litis propuesta. El punto de vista aquo garantiza que el análisis de fondo de la crítica sea neutro; es decir que no existe nada personal que nos predisponga a favor o en contra de alguna de las partes que intervienen en el litigio (el helenismo cristiano y el judeo cristianismo.), a fin de encontrar la verdad en marcando la litis científicamente y utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual, para deslindar la verdad; lo cual dará como fruto un tratado ecuménico interreligioso que rebasa a la ecumene inter-eclesiástica y a la ecumene Abraham-ica, actuales. Por ello es importante, conjuntar el budismo, el cristianismo, el helenismo, el hinduismo y el sufismo, en una concepción genérica o ecuménica que unifique la ciencia y la religión. Es decir, se trata de que tanto la ciencia como la religión sumen esfuerzos haciendo una crítica teológica desde un punto de vista de la razón metódica, basado en la aplicación practica del fenómeno espiritual de la transformación humana con objeto de sacar a la humanidad del estancamiento espiritual donde ha caído, induciendo y promoviendo el cambio de las ideas prevalecientes mediante nuevos puntos de vista. El problema radica no solo en proporcionar a los creyentes las herramientas necesarias para discernir con juicio justo la Teología y enseñarles como usarlas; si no también esclarecer los mecanismos de la transformación humana, enseñándoles las técnicas y disciplinas, tanto científicas como místicas requeridas para alcanzar el máximo desarrollo espiritual, a fin de alentarlos a practicar las virtudes opuestas a sus rasgos negativos. Ya que la trascendencia humana no depende únicamente del conocimiento sino de la comprensión de los mecanismos psíquicos de la transformación prescrita por Cristo a Timoteo a fin de renacer con una nueva personalidad integralmente relacionada, basados en la praxis de la introspección profunda, el diagnostico de las carencias de nuestro perfil interior, y la prescripción terapéutica de los rasgos negativos de nuestra personalidad que hay que cambiar, mediante el ejercicio de las virtudes opuestas a nuestros defectos. Para ir de las ideas a los hechos y de los hechos a las ideas, pues no puede haber transformación sin un seguimiento de la terapia prescrita para constatar su efectividad La lucha redentora del cristianismo grecorromano contra el judeo cristianismo planteada por Nietzsche, nos lleva a abordar la lucha por la titularidad de la cátedra de Cristo impartida y formulada por San Pedro y San Pablo, para instruir la doctrina de Cristo a los cristianos judíos obligados a seguir y respetar la ley de Israel y las tradiciones judías; y por ello, en la cultura occidental moderna, ha caducado la estructura judía de la doctrina milenaria de la Iglesia, provocando la severa crisis actual, a causa de que en occidente la asamblea de los fieles no se realiza entre judíos sino entre greco romanos; y consecuentemente la cátedra y discurso de la Iglesia requiere de una estructura adecuada a la civilización, costumbre, cultura, leyes y gobierno de la sociedad occidental moderna. Y al caducar la vieja estructura de la cátedra formulada por San Pedro y San Pablo, la actual titularidad de la cátedra de Cristo y el gobierno de la Iglesia, no puede estar en manos de un pontífice seguidor de Pedro y San Pablo que impida una nueva reformulación del cristianismo sin judaísmo, a fin de universalizar el mensaje de Cristo, modernizando la estructura de la doctrina milenaria de la Iglesia conforme a la razón, enmarcada en el fenómeno espiritual de la transformación humana. Aquí hay un conflicto muy grande de intereses a causa del poder y el dinero que con lleva la titularidad de la cátedra de Cristo y el gobierno de la Iglesia. Conflicto cuyo interés jurídico, rebasa la estructura jerárquica y gobierno de la Iglesia, y se sitúa en la sociedad occidental
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heredera de la cultura greco romana, verdadera propietaria de los bienes de la Iglesia; y por ello, en primera instancia debe resolverse colegiada y democráticamente, en un Concilio entre la fe y la razón que abrogue el judeo cristianismo y entronice el helenismo cristiano. En segunda instancia, ante los tribunales judiciales, a fin de reivindicar los bienes de la Iglesia a sus legítimos dueños, expulsando de las Iglesias al clero judeo cristiano, dando posesión de los recintos sagrados a las organizaciones altruistas cristianas. En tercera instancia en el estrado revolucionario de la indignación pública que resuelva lo que no pudieran resolver los Tribunales de la razón y de la Ley, a causa del severo daño moral a la sociedad provocado por los emisarios del pasado que impiden la actualización del cristianismo. Durante el siglo XX hemos encontrado algunas respuestas filosóficas a la crisis de la modernidad, que podríamos enmarcar en dos grandes corrientes: el existencialismo y el neopositivismo. El existencialismo se percata del nihilismo existente, de la caída de todos los valores, y el vacío resultante del mismo, el mundo tal y como lo entendíamos se ha derrumbado. La respuesta que se mantiene desde las tesis existencialista supone una conversión, una conversión hacia la desesperación, un aceptación de la angustia existencial, de la nausea. En definitiva, propone la aceptación sin tapujos del sin sentido de la existencia. La aceptación de que lo único que tiene valor es la propia existencia sin dirección alguna. El fundamento de toda tesis existencialista es la base de una conciencia desgraciada, escindida, destruida, tras la crisis de los valores surge el sentimiento trágico, el carácter trágico de la vida, dado que el único valor es la existencia, y la existencia no tiene ningún sentido, la vida es vacía. El existencialismo cristiano recoge la tensión existente entre el hombre hedonista y el hombre religioso, entre individuo y Dios, mostrando el abismo insalvable, sintiendo, de nuevo, el sentido trágico de la existencia humana. Esta visión pesimista es atemperada en algunas propuestas, como la de Sastre: (El existencialismo es un humanismo), pero nunca deja atrás ese halo de pesimismo, ese afrontar la existencia sin en esos puntos de referencia que servían como faro en nuestro viaje vital. Por su parte el neopositivismo acepta las limitaciones de la razón, aceptan sus límites, y propone un uso restringido de la misma. La nueva ciencia, la nueva razón, está vacía de preguntas fundamentales, no da respuestas existenciales a las cuestiones que el hombre se plantea, posee un talante marcadamente anti metafísico. Esta nueva ciencia es una ciencia huérfana de fundamentación última, pero si antes esto suponía un escándalo inaceptable, basta recordar los esfuerzos kantianos o newtonianos por fundar una ciencia segura y universal, ahora ésta nos parece un posición coherente, nos estamos habituando a la crisis de fundamentos. Así nos hallamos ante la tríada actual, nuestra época es una época no solo postmoderna, sino también post existencialista, post metafísica y post tradicional. Heidegger sostenía que la razón es el adversario más obstinado del pensar, y afirmaba que la única salvación de la skepsis, es ir más allá de la metafísica y de la ontología, hacia una especie de mística, poética, o mitología estética, que recorre los nuevos caminos del pensar. Pero si ya la metafísica, basada en fundamentos puramente abstractos, era difícilmente asumible ¿qué podemos decir de esta nueva meta-metafísica? ¿Cómo asumir este nuevo camino que Heidegger propone? Así se nos abrían dos caminos por recorrer, o bien el camino propuesto por Heidegger, hacia un pensar poético, o bien lanzarnos hacia el vacío del escepticismo. Nuestra sociedad, optó por la segunda, casi obligada ante la dificultad del planteamiento heideggeriano, y el nihilismo profundizó aún más sus raíces. Junto a esas dos posiciones mencionadas, existencialismo y neopositivismo, podríamos incluir lo que Aranguren: (Implicaciones de la Filosofía en la vida contemporánea), denomina
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pensamiento intelectualista que se compondría de una serie de posiciones filosófica que suponen una reafirmación del papel de la razón, y vislumbran una posible salida al callejón en el que nos encontramos. Así el auge de la filosofía husserliana, que representa la confianza en una razón que se auto limita objetivos metafísicos, más allá de las consideraciones estrictamente personales, como la fenomenología de autores como Merleau-Ponty o Ricouer, suponen resultados a este respecto realmente apreciables. Incluso las actividades del grupo de Oxford, o la filosofía de Zubiri, suponen intentos interesantes por salir de la vía muerta en la que nos hallamos. Todos ellos tienen en común la recuperación de la razón, pero desde un uso moderado de la misma, dentro de sus límites. Desde estas posiciones se replantea, asimismo, el problema metafísico desde unas nuevas coordenadas, supuestamente nuestra época no dispone de un sistema metafísico, por lo tanto, en el mejor de los casos, tendrá que ir construyéndolo. Ahora bien, ¿cómo emprender el camino hacia un sistema metafísico, siendo la nuestra una época marcadamente anti metafísica? No podremos iniciarlo desde posiciones religiosas, ni tampoco sobre el pensar poético que proponía Heidegger. Las abstracciones se han vislumbrado como inútiles en este camino, será preciso sustentarse sobre problemas concretos, sobre la ciencia positiva (MerleauPonty, Zubiri), sobre análisis fenomenológicos (el mismo Merleau Ponty), o sobre el desarrollo humano de Roger y el grupo de Oxford, solo así será posible poder ir reconstruyendo, poco a poco, una nueva y modesta metafísica. La fabricación de enormes sistemas metafísicos es sentida como algo vacío y vacuo. En esta línea señala Ryle que el desprestigio de los grandes sistemas filosóficos coincide con el apaciguamiento del fuego teológico (RYLE, G: El concepto de lo mental). La gente ya no se ocupa de teología, y por esa misma razón tampoco se interesa en cuestiones metafísica. Por ello la filosofía actual no guía a nadie, no predica, es ajena a la teología, e incluso a la política, se ha hecho excesivamente microscópica. Es un hecho que esta forma de intelectualismo, tan modesta, puede suscitar el desprecio de los racionalistas, pero ¿qué es más racional y más razonable, reconocer nuestra incapacidad para explicarlo todo y aceptar nuestros modestos avances en el proceso de racionalización, o intentar sobrepasar los límites de la razón hasta el infinito? Tras la destrucción originada por la crisis, nuestra labor inmediata debe ser la de reconstruir. Para ello será preciso tener un proyecto conforme a un plan. Y dicha construcción deberá “hacerse con tiento, al ritmo que la obra pida” I,6: IMPERATIVOS QUE JUTIFICAN Y EXIGEN URGENTEMENTE UN NUEVO ENFOQUE DEL CRISTIANISMO, A EFECTO DE ACTUALIZARLO, RENOVARLO Y ENFRENTAR CON EXITO LA CRISIS DE LA MODERNIDAD Respecto a la actual crisis de la fe, la Iglesia y el cristianismo, puede decirse que el consenso es total. Hay diferencias en cuanto a su interpretación y a su significado, pero no, en cuanto a su realidad. Son muchos los indicios que lo atestiguan: 1: La deserción de grandes multitudes, a causa del nihilismo generalizado de nuestra sociedad. 2: La lucha intestina entre “conservadores -VS- modernistas”. 3: El conflicto entre “la Iglesia -VS- el Estado”. 4: El conflicto entre “el clero -VS- la sociedad secular y laica”. 5: La lucha intestina entre las Iglesias __Entre los imperativos impostergables podemos citar 1: La necesidad de evitar la muerte anunciada de la Iglesia y el cristianismo. 2: La necesidad de anular la creciente judaización del Cristianismo. 3: La necesidad de impedir la creciente islamización de Europa. 4: La necesidad de actualizar el cristianismo enmarcando las enseñanzas de Cristo en el fenómeno espiritual de la transformación humana a fin de resolver la controversia entre “la fe -VS- la razón”. 5 La necesidad de enfatizar el carácter universal del mensaje de Cristo,
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cristianizando las corrientes de la Nueva Era. Entre los imperativos morales se encuentra la necesidad de 1: El derecho a ser educados en la verdad y los valores supremos de la trascendencia humana y la sociedad perfecta que nos desarrollan espiritualmente y nos permiten alcanzar la supra humanidad, y no en los convencionalismos sagrados de Israel que truncan nuestro desarrollo espiritual e impiden alcanzar la sociedad perfecta, aduciendo falazmente que son valores dictados por Dios. Todo lo cual hace patente la necesidad un nuevo enfoque o reformulación del cristianismo, porque la religión tal como la hemos conocido, ha entrado en crisis al no resistir los embates de la modernidad, a causa del progreso científico que pone entredicho las explicaciones fantásticas de la religión, perdiendo su credibilidad. Son varias causas las que hacen crisis. Señalaremos algunas remitiéndonos únicamente a la religión cristiana en Occidente en donde se hace evidente que la doctrina milenaria esta fuera de época y de cultura. En la prehistoria la religión había dado respuesta a los fenómenos que se dan en cosmos, la naturaleza, el hombre, la vida en el más allá y de todo lo que aparecía como trascendente: origen y sentido de las cosas y del universo, sentido de la historia y del ser humano, fuente del comportamiento moral, explicación de la vida y de la muerte, postulación de una vida eterna, atribuyéndolos a la acción y voluntad divina; así es como se han configurado las religiones teístas. Recurriendo a una supuesta revelación religiosa y al autoritarismo pontificio para imponer como dogmas y ley obligatoria sus explicaciones teológicas inaceptables para el hombre y mujer modernos. Es por ello, que la religión de creencias se había configurado como antropología espiritual, epistemología, cosmología, moral y visión de la historia. Pero estas diferentes configuraciones de la religión de creencias, son precisamente las que han entrado en crisis; por ello las iglesias están vacías. Porque para el hombre y mujer modernos, las explicaciones bíblicas de las mismas resultan increíbles. Y no es, porque al ser humano actual no tenga en gran estima la religión en su especificidad, sino porque la explicación de los fenómenos que se dan en el cosmos, la naturaleza y el hombre, que postula la religión de creencias como palabra de Dios, son fenómenos naturales cuyas explicaciones y aplicaciones para el bienestar de la humanidad, son competencia de la ciencia, y por ello, tienen que ser científicas, no de fe. La manera tradicional de ser y de funcionar de la religión de creencias fue convincente durante siglos e incluso milenios, pero ya no lo es más. La moral judeo cristiana que parecía llamada a permanecer religiosa para siempre, al ser compatible con la revelación y el dogma, ha dejado de serlo para convertirse en competencia filosófica, argumental, procedimental y, por lo tanto, científica; ya que en la modernidad, ninguna moral puede reivindicar ser a priori la correcta, menos aún apoyándose en la autoridad de una revelación. Hoy la moral que necesitamos, tiene que ser coherente con la realidad; es decir debe ser construida a partir de la misma realidad de un mundo globalizado, tan plural y diversa en sí y en sus interpretaciones, que sea aceptada genéricamente, al ser atea, incluyente, laica, secular y sincretista, en sus visiones, retos y opciones (Vg. Los derechos humanos); y todo ello en un proceso de prueba y error, como cualquier otro conocimiento de naturaleza interpretada y aplicada. La ciencia actual, al derrumbar las concepcioness bíblicas de la cosmología, antropología, concepción de la historia y de la moral, propios de la cultura primitiva hebrea, sobre los cuales la religión en sus contenidos y funciones se montaba y articulaba, e incluso con muchos de los cuales se identificaba; explicaciones e interpretaciones de la doctrina elevados a dogmas, también se cayeron con ellos. Este es el fenómeno al que estamos asistiendo actualmente. Es una crisis en la naturaleza de los contenidos bíblicos, en sus interpretaciones, en su estructura y en su realidad, al no ser aceptables para el hombre
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moderno; o sea en el fondo, es una crisis de la religión de creencias concebida como revelación y, por lo tanto, aceptada acríticamente; en pocas palabras, es una crisis de la religión como creencias. Por creencia normalmente se entiende la aceptación acrítica de enunciados bíblicos sin comprobar si son ciertos, debido a que supuestamente son mandatos divinos que fueron escritos, inspirados y revelados por Dios. Esta es la religión que ha entrado en crisis al ser desacreditadas las palabras atribuidas a Dios; y es lo llevo a Nietzsche a exclamar ¡¡Dios ha muerto!! lo cual implica directamente un acontecimiento actual, implica la negación de las ideas, las normas, los principios y los fines. En definitiva, la negación de todos los valores. El derrumbamiento del reino de valores, del mundo metafísico, del mundo del hombre moderno. No solo es el progreso de la ciencia lo que ha contribuido a la crisis actual. La transformación de la cultura ha dejado sin el soporte adecuado de credibilidad a la religión. En la cultura actual en todo lo que son valores, la experiencia es la fuente de acreditación y validación, pero el judeo cristianismo no es presentado como tal. Aquí hay una explicación de la crisis en términos de una transformación cultural, así como de su superación. No hay experiencia de lo religioso sin experiencia del mundo espiritual, hay que redescubrirlo para poder conectar convincentemente la religión con la experiencia espiritual. Atrás queda el mito como forma de pensar, con su empirismo y sus tabúes, y lo que se abre por delante es un pensar consciente, reflexivo y crítico, en categorías de totalidad y de universalidad y, por consiguiente genérico. El producto de este pensar y de la nueva conciencia, conforma de un abanico de enfoques y opciones que pueden ser de naturaleza religiosa, cósmica, metafísica, filosófica, científica o terapéutica, enmarcados en el fenómeno de la transformación humana, donde éstos se estructuran en la doctrina y teoría de la trascendencias humana y la sociedad perfecta. Esto le permite a los nuevos enfoques, liberarse del espacio y apoderarse del tiempo, adquiriendo de esta manera una vocación y una capacidad universales, vinculadas a una conciencia nueva de ser y de situarse en el cosmos, en el mundo y en la historia. Identificados como corrientes de la Nueva Era por su carácter humanista, laico, sincretista y terapéutico, y porque se estructuran y configuran como elementos de la triada preteológica: fenomenología o descripción neutra de la experiencia, explicación o razonamiento de la experiencia, y aplicación terapéutica de la experiencia. Por su parte, las religiones deístas, siguieron permaneciendo vinculadas a sus referentes míticos, mágicos y empíricos arraigados en sus viejas tradiciones, cultura e ideología particular, que tienden a olvidarse al paso del tiempo para dar paso a una cultura y civilización universal en un mundo globalizado e intercomunicado por la web. Es decir, también podemos explicar la crisis de la religión como un choque de culturas, entre la cultura primitiva hebrea y la cultura occidental moderna. Cuyo efecto transformador significó una auténtica revolución cultural que marcó un antes y un después, un auténtico parte aguas en las religiones del mundo, al que Jaspers se refiere con la expresión «tiempo-eje» similar al parte aguas, antes y después de Cristo. En pocas palabras, para la religión organizada esta comenzando una nueva transformación vinculada a un nuevo «tiempo-eje» a causa del choque de civilizaciones y culturas que se da en la modernidad. Así, nos damos cuenta que la religión que está en crisis es la religión anquilosada en las tradiciones ancestrales judías y el fundamentalismo radical; y por ello no es susceptible de transformación. Aquí es conveniente señalar, que: El cristianismo puro es susceptible de trasformación debido a que el mensaje de Cristo es universal y eterno; es decir que puede enmarcarse en diferentes contextos, en diferentes culturas, en diferentes modelos, paradigmas, y religiones; de todas maneras permanece inmutable, porque es genérico y universal; por ello, pudo injertarse al
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judaísmo, crecer junto a la cizaña judía, mantenerse en el oscurantismo judío privado de la luz de la razón, sin asfixiarse, cegarse o morir. Y puede soportar la luz de la razón, y enmarcase en el helenismo, el hinduismo, el budismo, el sufismo. Soportar el cambio de paradigmas, y crecer y desarrollarse en el ateismo, el empirismo, el escepticismo, el desarrollo humano, el racionalismo, el humanismo, el misticismo, la nueva Era, la modernidad, la post modernidad y el sincretismo; el reto para los cristianos es avocarnos a ello separándolo del judaísmo. Con respecto a la existencia de la crisis se puede decir que el consenso es total entre los estudiosos de lo religioso. Hay diferencias en cuanto a su interpretación y a su significado, pero no en cuanto a su realidad. Muchos fenómenos así lo reflejan. Señalaremos algunos remitiéndonos únicamente a la religión cristiana en Occidente: En una de sus catequesis semanales trasmitidas a través de los medios, el Papa, Juan Pablo II, declaró que el infierno no podía ser interpretado como lugar sino como el estadío mental en el que deviene el ser humano que se condena. La noticia tuvo sin duda un impacto liberador por su efecto de catarsis: ¡por fin!, la máxima autoridad de la Iglesia Católica reconocía públicamente algo que muchos de sus fieles hace años habían cuestionado. Aunque tarde, la noticia tenía un efecto liberador, porque la Iglesia, tuvo que aceptar la conclusión a la que por su cuenta ya había llegado la ciencia moderna; lo cual es evidencia que las Sagradas escrituras y la doctrina de la Iglesia, no son infalibles, sino que pueden ser sometidas al juicio de la razón, a fin de indagar que tan sólidos son los cimientos de la fe. En otras palabras, lo que hizo crisis no fue el contenido dogmático, sino el fideísmo bíblico y la ortodoxia judía; es decir la autoridad escatológica de las Sagradas Escrituras. De ahí la celebración de la noticia. Más arriba hablábamos de paneles enteros de contenidos que se derrumban como naipes.. ¿Se podrá medir el efecto en cadena de una declaración de este tipo?, a otras interpretaciones tenidas en su tiempo por verdades de fe y así transmitidas les puede esperar, si no les ha ocurrido ya, la misma suerte. Ya entonces se extrajo una conclusión inmediata: si el infierno no es lugar, el cielo tampoco. Pero sobre todo, ¿se podrá calcular el efecto de pérdida de credibilidad en la misma función de la autoridad religiosa? Porque aquí es donde se manifiesta principalmente la crisis. El que conocimientos queden superados, mueran y desaparezcan, es cosa de todos los días. Las noticias en este sentido cada día, por lo esperadas, lo son menos. Lo que aquí la modernidad cobra, es la caída de un conocimiento impuesto y mantenido autoritariamente. Si la autoridad que dogmáticamente se legitima entra en crisis, y del mismo modo toda institución igualmente legitimada, por ejemplo las mismas iglesias, ¿extrañará que suceda lo que está ocurriendo: la crisis en la pertenencia a las mismas, la selección personal de las propias creencias reteniendo unos elementos y rechazando otros, la indiferencia creciente frente a sus mensajes, y una actitud progresiva de increencia? Los mencionados son otros tantos comportamientos normales, predecibles, y todos ellos apuntando al mismo síndrome: un malestar creciente con las verdades religiosas propuestas dogmática, autoritariamente. Hace crisis lo que no es específico en la religión. Hacen crisis los contenidos de tipo dogmático y hacen crisis todos los contenidos religiosos que sean y se expresen como mágicos y míticos. Porque todos ellos, en la medida en que apelan a la autoridad de las Sagradas Escrituras para que se les otorgue credibilidad, en el fondo están renunciando a su especificidad, a la experiencia como fuente de validación, para ubicar su competencia en el dominio de la ciencia y sin guiarse por los criterios y exigencias de ésta sino recurriendo siempre a la autoridad. Esto es lo que sucede también con los contenidos morales cuando en
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su pretensión de verdad apelan a referentes únicos y excluyentes, por ejemplo a verdades y normas que serían objetivas y válidas para siempre. Todo ello ante el temor de caer en un relativismo moral. La crisis en la religión no es obra, pues, del positivismo científico o, mejor dicho cientificista. Es obra de su pérdida de especificidad y de su anacronismo. Lo que cuestiona el desarrollo del pensamiento científico, es el error cometido por la religión: su pretensión frecuente de ser científica, objetiva y empírica, en el mismo nivel de la ciencia. Así, el infierno como lugar no cayó porque ahora la ciencia lo pueda explicar. Ella no lo puede explicar. Cayó precisamente en la medida en que se le pretendió explicar como un lugar, como una realidad física y bajo un modelo físico, siendo un estado mental y espiritual, alterado o perturbado. Esto es lo que cayó. En este sentido la función que cumple la ciencia con respecto a la religión, es impulsar ésta a que descubra su campo, su dominio y su especificidad, y recordarle que su lenguaje es siempre simbólico, nunca material, por así decirlo. La ciencia más bien está ayudando indirectamente a la religión a redescubrirse a sí misma mostrándole teórica y prácticamente cuáles no son sus competencias. Hace crisis todo lo que es y funciona como no real, como dogmático, y por lo tanto, como autoritario y excluyente. Así sucede cuando lo que son expresiones propias y legítimas de una tradición religiosa, y por lo tanto se proclaman como monopolio de verdades únicas, desconociendo así que todas las grandes tradiciones religiosas tienen, expresadas de diferente manera, las mismas grandes enseñanzas, el mismo camino, donde se transita en actitud de sincero aprendizaje, unos de otros, y para ello en continuo diálogo y a partir de un reconocimiento de la igualdad de principio que asiste a todas las grandes tradiciones, los derechos humanos y la igualdad de genero. Valores que constituyen progresiva evidencia para el hombre y mujer modernos, de la extemporalidad de la doctrina y el discurso de la Iglesia. Hace crisis lo mágico en la religión. Hace crisis la oración y el culto entendidos y practicados como un ruego a Dios para que resuelva nuestros problemas, y no como un trabajo sobre nosotros mismos para llegar a ser lo que pedimos. De nuevo, esa oración es mágica; se desacredita a sí misma tan pronto aflora a nuestra mente y a nuestros labios. Pretende convertir en mecánica y en intencional algo que pertenece a otra ontología: una ontología que a decir verdad no tiene ontología porque, sencillamente, es. Quien descubre que la espiritualidad no tiene nada de mágico ni de mecánica, no puede reconocerse en esa idea y práctica de la oración, porque con razón la siente como un bloqueo, un impedimento para implicarse verdaderamente en el camino espiritual. La vida espiritual no es pedir que Dios haga o que mueva a otros para que ellos hagan, es ser y hacer uno. La religión hace crisis cuando, queriendo dirigirse al hombre y a la mujer de hoy, lo hace en una matriz cultural, en unos valores y en unas categorías, que no son de hoy, que respondieron a otras culturas, a otros seres humanos, a otras evidencias, a otros tiempos. Buena parte de la teología cristiana lo sabe, es consciente de esta crisis, pero no acierta, o no tiene el valor, en enfrentarla a cuerpo limpio: la única manera de hacerlo. De ahí un sentimiento de malestar creciente en el interior de la propia teología, de los propios teólogos. Este malestar trasciende, el ya de por sí real, ante la falta de libertad institucional para investigar. Nace de los propios compromisos del teólogo o del estudioso de lo religioso, con lo que él cree que es la religión. De todas maneras, aún con limitaciones, se están dando en estos años, como era de esperar; interpretaciones de la crisis; interpretaciones que por lo valiosas que son, es importante conocer.
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Hace crisis la religión como sistema moral. Lo que el hombre y mujer modernos han descubierto, es que ellos tienen que construir su moral. Obviamente, siempre teniendo en cuenta la realidad y su realidad como seres humanos, personales y sociales; pero la tienen que construir. No existe una moral ya construida, revelada o equivalente, descubierta y fundada por una filosofía objetiva de una vez para siempre. La realidad lleva en su entraña, exigencias morales; por eso es un referente obligado, que no lleva en sí misma la moral como un modelo simplemente a seguir. No existe una moral «natural» y «perenne». Concebir la realidad como si llevara en sí misma impresa este modelo, es incluir en la realidad, desde la pura concepción de las cosas; esto es, desde el puro comienzo en el proceso de alumbramiento de una moral, algo más que no es la realidad. De esta manera se introduce un factor distorsionante: una aceptación de una normal moral en virtud de algo que no es moral, porque no emana de la realidad como en sí misma es, sino en virtud de la autoridad y de la imposición. Y de nuevo tenemos el rechazo No porque el hombre y mujer modernos no sean morales sino, al contrario, porque al menos en la construcción de su moral no pueden ser inmorales, porque en algo tan real y tan llamado a ser verificado en la realidad, como es el correcto actuar, no pueden recurrir a principios no verificados, de autoridad (Nietzsche: Más allá de la moral). Cuando moral y religión coinciden como dos dominios dogmáticos, como que se agigantan sus efectos distorsionantes; y el rechazo por parte del ser humano moderno no puede ser mayor, traduciéndose en increencia e indiferencia. Ante lo que percibe como anacronismo y prepotencia dogmática, es quizás la mejor manera que tiene de defenderse; lo cual nos permite explicar la crisis de la religión como un conflicto de intereses entre los que se oponen al cambio y los que luchan por el cambio de enfoque del cristianismo; es decir entre los que defienden la judaización del cristianismo y los que luchan por helenización del cristianismo laico. El conflicto de intereses, tiene un mar de fondo; por un lado esta el interés de lo judíos cristianos de preservar sus tradiciones y dar cumplimiento a las directrices ancestrales, a fin de hacer de Israel la principal de las naciones; por el otro lado esta el interés del cristianismo laico greco romano, de preservar su cultura y tradiciones siguiendo a Cristo como hombre, ejemplo de lo que es la trascendencia humana y su doctrina como praxis para alcanzarla. Lo importante es vislumbrar el futuro ¿qué tendencia va a triunfar? el judeo cristianismo o el helenismo cristiano, ¿Que religión es la que estructuralmente hablando va a surgir?, ¿la mismas pero reciclada?, o una nueva religión universal. Esta es la cuestión: ser parte del cambio, renovándose; o oponerse al cambio y caducar. La decisión es muy importante por que esta en juego la muerte de la Iglesia y el cristianismo. En efecto, la religión que está en crisis, es la religión montada sobre los convencionalismos sagrados de Israel; es decir, la religión fundamentada en el escenario fantástico del pacto del Sinaí. Mito constitutivo de Israel a fin de unir y gobernar las doce tribus en un solo pueblo, y sin escrúpulo alguno hacer de Israel la principal de las naciones, por mandato divino. Por el contrario, la que no está en crisis, es la religión fundamentada en el altruismo, el misticismo y activismo social intensos instruidos y ejemplificados por Cristo, en los Evangelios. Es la religión que muchos autores llaman del «conocimiento silencioso» al que se llega ejercitando el altruismo, el misticismo y el altruismo intensos, a fin de disolver nuestro ego centrismo que nos impide trascender las imperfecciones que nos mantienen sub desarrollados espiritualmente. ¿Por qué de conocimiento silencioso? Porque este conocimiento no opera mediante conceptos, representaciones ni discursos, sino, al contrario, por una introspección profunda mas allá de nuestros sentidos físicos, contenidos mentales conscientes y sub conscientes y razón, hasta alcanzar la supra conciencia; y para esto se requiere armonizarnos de alma, mente y cuerpo mediante la práctica intensa de las disciplinas místicas a fin de aquietar nuestra mente y
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alcanzar la paz interna o nirvana antesala de la iluminación que Cristo elevó a bien aventuranza. Esta experiencia es fruto de un mecanismo psíquico de respuesta a nuestras problemáticas intensas, y puede surgir de diferentes profundidades de nuestro inconsciente individual, colectivo o meta consciente. Por ello puede adoptar las formas más variadas, teístas y no teístas, monoteístas y no monoteístas, religiosas y profanas. Su validez no está en las formas que puede adoptar la vivencia psíquica o espiritual, sino en sus contenidos y los fenómenos psíquicos y espirituales que se dan en el vidente y su entorno en el momento de la experiencia, de la que sale o emerge trasformado. Evidencia palpable de la realidad de la experiencia mística; pero la descripción neutra de la vivencia y sus contenidos, su explicación y aplicación terapéutica; así como las transformaciones a que da lugar, deben ser analizadas y criticadas porque revelan su naturaleza y validez aportando los elementos de juicio que nos permiten discernir el bien o el mal, la coherencia o la incoherencia que hay en ella. Consecuentemente no todas las experiencias místicas son buenas ni convenientes, debido a que surgen de diferentes profundidades de nuestra conciencia guiados por las problemáticas intensas o líneas de pensamiento que las indujeron. A causa de lo cual, es posible analizar y criticar la conducta de los videntes, las problemáticas intensas que las indujeron, así como la descripción neutra de las vivencias, su explicación y su aplicación; no solo como fuente de conocimiento de los mecanismos de respuesta interna a las problemáticas que nos aquejan, para ayudarnos a curar las heridas internas de alma, mente y cuerpo que nos hacen sufrir, sino para criticar el profetismo judío. La comprensión de los fenómenos espirituales que se dan en los estados alterados de conciencia, para sanar el alma de sus heridas profundas, y propiciar trasformaciones convenientes para si mismo y la sociedad, mediante prácticas terapéuticas que armonizan el cuerpo, la mente y el espíritu. Son interés primordial del misticismo: budista, cristiano, hinduista, sufí, la filosofía clásica y moderna y la psicología clínica. El conocimiento interior que se obtiene al experimentar los diferentes planos de nuestra existencia, permite que paulatinamente emerjan las potencialidades del espíritu, Por ser infinitas sus posibilidades, es necesario difundir inculcar y promover las técnicas místicas y, las técnicas clínicas y psicoterapéuticas requeridas. Es evidente que se necesita una técnica y un adiestramiento remoto para inducir experiencias benéficas para si mismos y los demás; y sino se tienen o ejercitan intensamente esas técnicas, es difícil conseguir las experiencia; excepto en los estados alterados de conciencia, donde no solo se dan inesperada e involuntariamente; sino que es difícil contener las tremendas erupciones del inconsciente para impedir el daño que provocan en el sujeto que las experimenta, inmerso en los estados alterados de concienciencia provocados por la paranoia, la histeria, el delirium tremens y la posesión diabólica, cuyas vivencias incoherentes, alucinantes y aterradoras, y no contienen el bien, la belleza o la justicia. Son notables __la vivencia de la tentación de Cristo en el desierto, y transfiguración de Cristo presenciada por los apóstoles, narradas en los Evangelios. La vivencia de Farón de Egipto, provocada por su preocupación intensa del hambre de su pueblo, ante la sequía. Las visiones de Jose Smith del Dios Padre, Cristo y el angel Moroni, narradas en libro de Mormon, provocadas por el cuestionamiento intenso de ¿Cuál es, la verdadera iglesia?. Y la visión de Juan Diego de la Virgen de Guadalupe provocada por el deseo intenso de la curación de su tio Bernardino y el temor de ser asesinado en su diario peregrinaje por la sierra de Guadalupe__ por hacen evidente la emergencia de vivencias provocadas por un mecanismo de respuestas a nuestras problemáticas intensas.
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En contraste el conocimiento fruto del éxtasis, refleja la armonía, la belleza, la bondad, la paz, la sabiduría y la justicia inherentes al bien en todas sus facetas. Es creativo, edificante, instructivo, ilustrativo, sapiencial, terapéutico y sus posibilidades son infinitas, pues revela los grandes enigmas del universo. La iluminación o sabiduría interna que resuelve las problemáticas existenciales a través de la experiencia del espíritu, como la común unión de todos los seres y cosas del universo existencial, la vida después de la vida, las moradas celestiales, o las últimas causas de los fenómenos que se dan en la naturaleza. Son conocimiento y experiencia puros, gratuitos, totalmente desinteresados, no egocéntricos, no dualistas. Es el conocimiento fruto de la contemplación o camino interior, conocido como iluminación, revelación, sabiduría interna, presente en todas las religiones. A él se hace referencia en éstas cuando se habla del «ojo de la contemplación» (oculus contemplationis) u «ojo del Espíritu» «sabiduría interna», como contrapuesto al «ojo de la carne» (oculus carnis) y al «ojo de la mente» (oculus mentis). Haciendo evidente la importacia de la iluminación de Buda que se dió como respuesta a su búsqueda intensa de la solución del sufrimiento humano. Esta es la religión experimental de nuestro interior, llamada a emerger de la crisis; religión antigua como vemos, y a la vez profundamente nueva, capaz de resistir, la crisis actual, porque no tiene nada de creencia. Al no ser creíble la religión de creencias, ésta es la única religión coherente con la nueva cultura y la nueva sociedad, que viven del conocimiento. No solamente es posible y ha existido desde siempre sino que, hoy, es la única forma de religión creíble, vista ésta desde la modernidad. Es por ello que la nueva estructura del cristianismo, tiene como condición __para no ser más de lo mismo, una simple repetición de los intentos anteriores para judaizar el cristianismo, iniciados en la Era común cuando en las asambleas todos eran judíos con objeto de que los seguidores de Cristo siguieran siendo Israel, y los no judios ayudaran a Israel a llegar a ser la principal de las naciones. Y que continuó a través del tiempo a medida que los pueblos no judíos fueron admitidos en las asambleas, y perduró aún después de que los judíos desaparecieran de las asambleas, y las asambleas fueran realizadas y presididas por no judíos. Intentó repetido por la Reforma luterana que se hizo en afán de devolver la pureza de la fe a los tiempos de la Iglesia antigua. Y vuelto a reintentar por la Iglesia Conciliar en afán de actualizar el discurso de la Iglesia a los tiempos modernos, pero sin criticar el profetismo judío en aras del ecumenismo y el dialogo inter religioso con el judaísmo__ enmarcarse en el fenómeno espiritual de la transformación humana a efecto de lograr transformaciones en los creyente buenas para si mimo y la sociedad, y sirva de terapia para sanar los conflictos del alma cristiana, utilizando las enseñanzas de Cristo, las pautas del análisis e interpretación de la psicología, y las técnicas prescritas por misticismo y la psicoterapia. En efecto: la angustia existencial provocada por los conflictos del alma al no encontrar la salida a los laberintos mentales que ha construido, la hacen presa del miedo, el dolor, el duelo y los automatismos que nos impelen a actuar inconscientemente provocados por la neurosis compulsiva (Paul Sartre: La Nausea). Ciertamente en la incertidumbre anida el miedo que nos hace sufrir en lo profundo del alma, provocando un dolor interior cuya causa parece imposible descifrar y un estado de duelo, de malestar e insatisfacción permanente y continuo. Y como en la caja de Pandora una vez abierto el inconsciente, emerge incontenible el dolor de las heridas profundas trasformadas en traumas psicológicos, tras haber sido por largo tiempo reprimidas, pero en el fondo subsiste la esperanza de trascender el dolor, el sufrimiento, los traumas y disfunciones mentales, renaciendo nuevamente como el ave fénix que renace de sus cenizas. Ya que el sufrimiento y duelo profundo, son la génesis de un
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nuevo y feliz estado de ser o renacimiento, confirmando lo expuesto por Cristo en el sermón del Monte “Bien aventurados los que sufren, por que ellos serán consolados”. Pero no lloramos tanto la partida de alguien o algo que necesitamos, amamos y sentimos como parte de nosotros mismos, como la ruptura de nuestro modo de vida, la “partida” de algo que fuimos y nunca más volveremos a ser. Lloramos por el derrumbe de nuestra estructura interna de valores que nos sostenían al movernos el piso o cimiento de nuestra vida. Sufrimos porque estamos en una situación poco agradable, entre algo que se fue y algo que no acaba de emerger ante nosotros; porque ya no podemos ser, ni vivir como antes, pero tampoco de golpe podemos vivir y ser otra cosa nueva, aunque éste es el reto. Algo así es lo que está sucediendo con la religión. Al menos así lo perciben las propias instituciones religiosas, que generalizan este sentimiento hablando de «crisis de fe, crisis de las Iglesias». Aunque, a decir verdad, no solo son las Iglesias, el clero, la fe y valores de los creyentes lo que está en crisis, son los textos bíblicos y sus interpretaciones, las doctrinas y dogmas que conforman la estructura de la religión como un todo, lo que está en crisis. La crisis actual es de contenidos, no de personas; es de concepción, no de fidelidad. Crisis que repercute en la pérdida grave de credibilidad de que los textos bíblicos sean palabra de Dios, estén escritos o estén inspirados por Dios; haciendo peligrar el mensaje y doctrina de Cristo y el cristianismo. Por lo que refiere a ciertos aspectos se tiene la impresión de estar asistiendo a un verdadero seísmo. Contenidos enteros que tiempos atrás fueron evidentes y aceptados como tales, hoy son rechazados, son letra muerta. La letra muerta no pueden ser preservada en nuestro corazón ni en nuestra mente; al paso del tiempo se descompone y apesta, esto produce mucho dolor y sufrimiento que se expresa en neurosis, psicosis e histerias persistentes. De ahí la sensación real de duelo que experimentan la Iglesias y los creyentes desde hace tiempo. Aquí, como cuando alguien ha visto roto su proyecto de vida, el dolor es porque ya no se puede vivir como antes, con la mismas expectativas y metas, con los mismos valores y experiencias, con las mismas seguridades. Todo esto se colapsó. Ya no se puede vivir bajo de ellos. Se podría decir que se puede vivir sin la compañía de quien partió; lo que no se puede, es vivir sobre las seguridades sobre las que se vivía, antes de colapsarse la estructura de la fe. Las iglesias sufren, porque ya no pueden transmitir su mensaje tan confiadamente como lo hacían antes. Y cuanto más insisten en sus intentos por trascender la crisis, es más fuerte el rechazo, y mayor la frustración de las Iglesia, clérigos y creyentes. Ante una situación así, hay que enfrentar el duelo encausándolo. No hay otra alternativa. Hay maneras diversas de hacerlo. Una manera es ignorándolo. Se toma como un accidente y se intenta vivir, como si nada ha pasado, como si todo sigue siendo válido. Falta definitivamente algo o alguien que era parte nuestra, pero se actúa o se intenta actuar como si el antiguo modo de vida, modo de ser, permaneciera inalterable. Hubo un accidente que nos cercenó internamente, pero en el fondo nada ha cambiado. Todo sigue igual, con el mismo futuro por delante. Aquí no hay encauzamiento del duelo; lo que hay es un intento por reforzar las seguridades que entraron en crisis, fingiendo que no ha pasado nada que todo sigue igual, ignorando la realidad. Otra manera de enfrentar la ruptura, es intentando dar cabida a la nueva experiencia, pero siempre dentro de la vieja estructura doctrinal, ya caduca. Se llora por un tiempo, se siente la ausencia. Como se percibe más que antes la propia fragilidad y la del propio proyecto, se someten a terapia las partes más débiles; se descubre y acoge la sensibilidad de otras; se echa mano de ciertos sucedáneos, llámense éstos modernización de: los ritos, la liturgia, los sacramentos y el discurso; sustituyendo __el misterio y la solemnidad, el misticismo, los altares, la iconografía, el incienso, la velas, los cantos
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gregorianos, los himnos y la música sacra, que acompañaba la representación sacramental de la vida, enseñanzas, pasión y muerte de Cristo__ con gesticulaciones espectaculares. Convirtiendo la asamblea de los fieles, en una tertulia religiosa; haciendo participar a lo fieles en una coreografía rítmica amenizada por cánticos juveniles; pero, como decíamos, la vieja estructura judeo cristiana sigue siendo la misma. Aquí sin duda no hay proceso del duelo; se han reciclado los valores y actitudes que más hacían sufrir, pero no se dejó emerger la Iglesia nueva que podía haber brotado desde hace dos mil años, siguiendo solo a Cristo sin seguir a Sn Pablo ni al Antiguo Testamento, pilares de la nosiva doctrina judaizante de la Iglesia. Hay una tercera manera de encausar el duelo, de enfrentar la ruptura de seguridades y valores pasados, y es la de tocar fondo y dejar que emerja, crezca, desarrolle y de fruto, un cristianismo nuevo, universal; cuyos valores fundamentales son opuestos a los valores sagrados del judaísmo que acríticamente hicimos nuestros en afán de seguir fielmente la tradición judeo cristiana. Son los valores supremos de la trascendencia humana y la sociedad perfecta inherentes a la dignidad humana, los que nos dan la oportunidad de renovar el cristianismo explicando científicamente a Cristo y su doctrina, y la oportunidad de vivir algo realmente nuevo. Y para que esto se realice, es mejor derrumbar la caduca doctrina que amenaza con venirse abajo, que evitar que se derrumbe apuntalando la vieja estructura de la doctrina medieval judeo cristiana. Se trata de reiniciar el cristianismo, desde antes de la iglesia primitiva, cuando el movimiento cristiano no era religión sino un movimiento laico, ya que ni Cristo y sus apóstoles eran sacerdotes; y esto se logra formulando un cristianismo sin judaísmo abrogando el Antiguo Testamento de nuestra fe. Esto no significa el final del cristianismo, ni de la Iglesia, ni de los sacerdotes cuya misión específica es resguardar y propagar el mensaje de Cristo; solo significa la renovación del cristianismo a fin de reivindicar las Iglesias de Occidente y Oriente a sus legitimas dueños, los cristianos no judíos herederos de la cultura greco romana; y por ello, es necesario expulsar el judeo cristianismo de las Iglesias y a los emisarios de la Sinagoga, entronizando el helenismo cristiano laico en la cátedra de Cristo. Desde luego que los emisarios de la Sinagoga no van a permitirlo sin oponer una resistencia radical e intransigente, debido a que la Sinagoga es la beneficiaria del status quo, y cuentan como aliado la resistencia al cambio que se da en nosotros mismos. El temor a nacer de nuevo, del que hablo Jesús a Nicodemo en el Evangelio (Jn III, 3-7), es muy grande, y muy comprensible. Nadie cambia el paradigma que sustenta su vida por otro, hasta que no esté convencido y hasta necesitado de la eficacia del cambio. El dolor por la pérdida o ruptura, hace temer ante lo nuevo, que todavía no existe, ni ha mostrado la bondad y la seguridad que teníamos en el pasado roto. Cristo nos increpó a no tener miedo ante la tormenta de la vida, asegurándonos que siempre estará con nosotros hasta el final de los tiempos. De ahí lo impropio de la tendencia al parche y al remiendo contra la misma advertencia de Cristo (Mc II, 21-22): no echar remiendos nuevos en vestidos viejos ni el vino nuevo en odres viejos. Y es que si se sigue utilizando el viejo entramado judío que se rompió, y se volverá a romper al no poder resistir a la embestida de la crisis de la modernidad. Las iglesias desoyendo a Cristo, tienden una y otra vez al parche y al remiendo. Esta actitud es explicable, y para reforzar su enseñanza sobre la renovación, Cristo nos ilustro otro ejemplo, la envasar el vino nuevo en odres nuevos, porque los odres viejos no resisten la fuerza de la fermentación del vino nuevo; la de una religión sin religión fincada en un misticismo universal. La religión nueva es un auto descubrimiento y experiencia de nuestra estructura interna, cuyas posibilidades permanecían ignoradas por nosotros y que en la crisis bien elaborada, como en
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el proceso de duelo, puede emerger. Por ello, algunos autores cristianos ven en este momento de la historia la ocasión providencial para que el cristianismo redescubra su dimensión espiritual experimentándola, nosotros calificaríamos este momento como doblemente providencial: porque es el momento no sólo para que las religiones redescubran su dimensión espiritual y la valoren, lo que vendría a resultar en la segunda manera de elaborar el duelo, sino para que redescubran lo que en sus testigos y maestros son: conocimiento, no creencia; algo profundamente diferente. Respecto al oscurantismo religioso que impone por la fuerza de la Ley lo que no acepta la razón, ni el sentido común, aduciendo falazmente mandato divino, palabra de Dios, etc. Cristo señaló que nadie enciende una candela para ponerla en un lugar escondido ni debajo de un celemín; sino sobre un candelero para que los que entren vean la luz (Lucas XI,33). Mantener la doctrina de Cristo en el oscurantismo judío cristiano, impidiendo difundir Su mensaje universal a la luz de la razón para que la trascendencia humana refleja en Cristo ilumine a toda la humanidad, no solo es una grave apostasía sino un delito de lesa humanidad. Casus belli contra el oscurantismo, sus pontífices, emisarios y beneficiarios, a causa del grave daño moral a la humanidad al impedirle alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta. “Así que no los temáis, porque nada hay encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse”. (Mateo X, 26). Es oscurantismo: 1. Negarse a actualizar el cristianismo criticando el profetismo judío aduciendo falazmente que fue revelado por Dios, apostatando la enseñada de Cristo sobre la necesidad del juicio justo revelada al ciego de nacimiento, a fin de disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad. 2. Aducir que pontífice de la Iglesia, es representante aquí en la Tierra de Dios o de Cristo, por mandato divino, para entronizar su autoridad y voluntad sobre gobierno y autoridades civiles; la jerarquía y el gobierno de la Iglesia, individual y colegiada; abrogando la lección de Cristo dada a sus seguidores sobre la soberanía de la humildad sobre el poder y la autoridad, lavándole los pies a sus apóstoles, con el propósito de que no avasallaran a sus seguidores. Aducir voluntad divina para: 3. Negar los derechos y prestaciones laborales que otorga la Ley Federal de Trabajo a los empleados y trabajadores de las instituciones y empresas, a fin de esclavizar a sacerdotes, religiosos y laicos consagrados.; negándoles el sacramento del matrimonio para imponerles el celibato. 4. Violentar los derechos humanos de las religiosas consagradas, negándoles el derecho a ser sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales y pontífices, de acuerdo a sus conocimientos, espiritualidad, experiencia, inteligencia y sabiduría. I,7: Complot Contra La Iglesia En los preparativos del Concilio Vaticano ll, rabinos y masones conspiraron para derrotar a la Iglesia, infiltrando directrices preconciliares, ideadas para finalizar la judaización el cristianismo. Las implicaciones judaizantes post Conciliares alcanzaron su clímax en los pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, causando la oposición de los sedevacantistas que desconocen los cambios modernistas tratando de evitar la abrogación sutil de los dogmas de la divinidad de Cristo, la divina Trinidad, la Nueva Alianza, los Evangelios y Cánones antisemitas fruto de los concilios organizados para defender a la Iglesia de los eternos ataques de la Sinagoga, a fin de exonerar a el pueblo judío del crimen de Cristo y convertir a la Iglesia Católica en una escuela bíblica portavoz de la moral natural dictada por Dios a Noe (noeajida) para gobernar a las bestias humanas (goyins: los pueblos no judíos).
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La táctica sutil elevada a dogma de fe, empleada por Juan Pablo II para derribar las defensas de la Iglesia contra los ataques de la Sinagoga, opinando ante los medios que “los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe” (siendo enemigos acérrimos del cristianismo desde la Iglesia primitiva hasta nuestros días), a merita la revisión jurídica del diferendo pontificio __{opuesto a la sentencia dictada por Cristo [Mateo XXIII, 1 al 35] en su diatriba contra el puritanismo hipócrita de los sacerdotes y escribas de la Sinagoga señalando como reos de pena eterna a los seguidores de la doctrina judía (ethos: religión racista) y la conducta (pathos criminal y genocida serial) de Israel. A la luz de los genocidios seriales bíblicos e históricos cometidos por el pueblo judío, a fin de determinar la vigencia del ad quem recurrido}__ que decidirá la victoria o derrota del judaísmo sobre el cristianismo y, la trascendencia o la involución de la humanidad. Tanto la apelación como la posterior beatificación de Juan Pablo II, son directrices dictadas por la Sinagoga para culminar la labor judaizante intra iglesia ejercitando el autoritarismo pontificio para imponerlas. Y ante la oposición de los padres de FSSPX a los cambios modernistas de la Iglesia post conciliar, los barones de la banca mundial judía representados por Wolfgang Tírese en la resiente entrevista con el Cardenal Kart Koch, pidieron a Benedicto XVI que durante las negociaciones entre la fraternidad sacerdotal Sn Pio X y la Santa Sede se exigiera a los lefebvristas la aceptación de la encíclica “Nostra Aetate”, que marca la posición de la Iglesia ante los judíos. Haciendo evidente la subordinación apostata de la Iglesia postconciliar a las directrices de los príncipes de la sinagoga y el gobierno mundial judío, y la traición a Cristo y a la Iglesia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, jefes de los conjurados; por ello, apelamos la beatificación de Juan Pablo II, y exigimos la abdicación inmediata de Benedicto XVI. I,8: La labor judaizante de la Iglesia posconciliar La Iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de la necesidad de actualizar la doctrina y el discurso de la iglesia para adecuarlos a los tiempos modernos, a fin de renovar la Fe y la Iglesia, según las exigencias de la dignidad del hombre, llamado a trascender sus propias limitaciones materiales, físicas y mentales, renovando las viejas estructuras del pensamiento que nutren la doctrina de la Iglesia a fin de perfeccionarla y enriquecerla con los avances de las ciencias humanas para poder ayudar a los fieles y la sociedad a alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta siguiendo las directrices espirituales prescritas por Cristo; tal como manifiesta Juan Pablo II en su libro "Signo de Contradicción”. Y a la luz del Concilio Vaticano II, intenta finiquitar la contienda histórica entre fe y ciencia, modernizando su doctrina y constitución. Invitado a los estudiosos cristianos a colaborar con su esfuerzo a realizar este cambio (Henri Lefbvre: Introducción a la modernidad); paradójicamente no son los teólogos sino los libre pensadores cristianos los que pueden lograr el cambio, ya que "La humanidad se encuentra hoy en una nueva Era de su historia, caracterizada por cambios profundos y acelerados, que inciden sobre el modo de pensar y reaccionar ante las cosas y los hombres (cambio de paradigmas). Podemos hablar de una auténtica transformación social y cultural que influye también en la vida religiosa" (GS, 4). "Una nueva mentalidad científica modifica el ambiente cultural y las maneras de pensar, vinculadas al peso de las ciencias. Estamos pasando de una concepción fantástica y estática, a una concepción científica, dinámica y evolutiva del orden cósmico, de donde surge una tan grande complejidad de problemas que están exigiendo la búsqueda de nuevos análisis y nuevas síntesis (Cfr. GS, 5) "Este cambio de mentalidad y estructuras exige revisar todo lo que hasta ahora se consideraba un bien. Las instituciones, las leyes, los
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modos de pensar y sentir heredados del pasado ya no siempre parecen adaptarse bien al actual estado de cosas" (Cf. GS, 7). La experiencia demuestra que la armonía entre la cultura y la formación cristiana, por una serie de causas contingentes, no siempre avanza sin dificultad. Estas dificultades no acarrean necesariamente un daño a la vida de la fe; más aún, pueden excitar las mentes a una más cuidadosa y más profunda inteligencia de ella. Pero el problema no radica por completo en la estructura medieval de la Iglesia sino en el cimiento oscurantista construido por San Pablo al separar la fe de la razón. Desde luego que ese cimiento es intocable por el temor de derrumbar por completo no solo la doctrina de la Iglesia sino la Iglesia misma (Benedicto XVI: Fe, razón y encuentro). La abrogación del Antiguo testamento y la absurda teología fideísta, garantizaría a los gentiles cristianos, el fiel desempeño de la Iglesia como Madre y Maestra, sin la ingerencia de los esbirros de la Sinagoga, que obstaculicen su misión a fin de perfeccionar la fe, si queremos llegar a ser semejantes a Cristo mediante la practica del altruismo, el activismo social y el misticismo, intensos. Porque después de dos milenios el judeo cristianismo __no solo ha sido incapaz de ayudarnos a alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta trasformando a sus seguidores en hombres de humanidad perfecta__ sino que debido a las incoherencias alojadas en el Antiguo Testamento y al truncamiento de la teorización de la doctrina milenaria de la Iglesia, induce transformaciones no deseables entre los fieles, y por ello reina la incredulidad, la estulticia y la deshumanización generalizada, en los pueblos cristianos. Paradójicamente la renovación posconciliar __que es sobre todo renovación de la Fe, a fin de adecuar el discurso de la Iglesia a los tiempos modernos, y propiciar un cambio de visión (liturgia, ritos, dogmas, usos y costumbres) que genere un cambio de actitudes en los creyentes__ siendo un acierto, también es una apostasía que contradice la infabilidad de la Iglesia (Juan Pablo II: Signo de contradicción). Ya que, que para algunos teólogos ortodoxos, es apostasía la acertada opinión ecuménica de Juan Pablo II, señalando la existencia de semillas de verdad universales en todas las religiones, al contradecir el dogma de la Universalidad de la Iglesia como única y verdadera, fuera de la cual no hay salvación (Basilio Méramo: Las herejías de Juan Pablo II). Haciendo objetiva la necesidad de un cambio drástico, que abrogue los dogmas que impiden el cambio del judeo cristianismo hacia el helenismo cristiano, a fin de terminar estructurar la fe conforme a la razón, quitando de nuestra fe el Antiguo Testamento por ser la letrina sagrada que contamina el cristianismo y que amenaza derrumbar la doctrina milenaria de la Iglesia. Por que: el Reino de Dios no se encuentra dentro de los edificios de piedra o madera o en los libros sagrados escritos por el hombre sino dentro de si mismo, y se hace presente en cada acto de amor, bondad, caridad, justicia, sabiduría, sacrificio y virtud, hacia nuestro prójimo y el mundo que nos rodea, para poder transformarlo en el Reino de Dios. Por ello, no debemos oponernos ni temer a derrumbar la estructura judeo cristiana de la Iglesia que amenaza con venirse abajo. La Iglesia prevalecerá por que surgirá de sus cenizas con una nueva estructura helénica cristiana que nos permita comprender el fenómeno espiritual de la transformación humana, para poder auto transformarnos de orugas en mariposas, dicho metafóricamente, ganando los siguientes beneficios: 1) Se abrogarían: el Antiguo Testamento, los dogmas judaizantes y la reforma protestante; separando el judaísmo del cristianismo. 2) Se concluiría la helenización del cristianismo sacralizando la doctrina y la teoría de la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Silenciada durante dos milenios, a causa de la intransigencia radical de la ortodoxia judía. 3)
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Se conciliaría la fe -VS- la razón, finiquitando la lucha intestina entre conservadores y modernistas. 4) Se privilegiaría la práctica intensa del altruismo, el misticismo y el activismo social sobre la práctica piadosa, privilegiando a la Iglesia espiritual de San Juan sobre la Iglesia material de San Pedro. Unificando todas las Iglesia en una sola. 5) Salvando a la Iglesia de su destrucción, dando cumplimiento a la promesa que nos hiciera Cristo, que doctrina prevalecería hasta el final de los tiempos. 6) Lo cual nos permite percatarnos de la importancia de la defensa de la Iglesia como guardiana y difusora de la doctrina de Cristo y preservadora de la cultura helénica cristiana. Hecho señalado por el historiador Anold Toynbee: Estudio de la Historia. Ya que atacar a la Iglesia -sin o con- razón se ha convertido en el deporte de moda de propios y extraños, ilustrados e ignorantes, gratificado con el aplauso y regocijo de la sinagoga y sus esbirros. Sin tomar en cuenta que el fracaso de una civilización, es el resultado de su incapacidad para responder a retos morales y religiosos más que a desafíos económico sociales o medioambientales. Porque esta de por medio “la trascendencia o la involución humana” (Publius Ovidio: Metamorfosis) y por ende “la sociedad perfecta o la barbarie” que posibilitan o imposibilitan la solución de los desafíos que nos depare el destino. Desde luego que la secularización ha permitido traspasar a las universidades el legado helenista de las ciencias y las humanidades, pero carente de virtud; y se corre el peligro de no completar la transmisión de las cuestiones espirituales debido al materialismo, nihilismo y snobismo que reina en los campus, en las sociedades científicas y en las fundaciones educativas. Pero sobre todo, porque en la sociedad judeo-cristiana reina la estulticia sobre la razón, y es genérica la ausencia de verdaderos valores. A finales del siglo XIX, la reanudación del dialogo paradigmático del Areópago propuesta por los rabinos al gran Maestre de la Logia Gran Oriente de Francia James Darmestteter, con el aparente fin de adecuar la doctrina de la Iglesia a los tiempos modernos, a condición de no criticar el profetismo judío. Es una estrategia para atacar sutilmente la doctrina milenaria de la iglesia provocando la lucha intestina y la auto destrucción de la Iglesia, a fin de terminar de judaizar el cristianismo. Meta que están a punto de lograr los rabinos auspiciando la rebelión de los filósofos y teólogos seguidores de la corriente modernista, que luchan contra la oposición al cambio de dogmas, la liturgia, el rito y tradiciones milenarias defendidos por los conservadores fideístas, que han recurrido al autoritarismo pontificio en su afán de resguardar intacta la doctrina milenaria de la Iglesia. En este conflicto fraticida todos los interlocutores llámense conservadores, modernistas o autoridad jerárquica, solo han sido marionetas de la sinagoga; y en justicia, no podemos estar a favor o en contra de alguna de las partes, sino que debemos esforzarnos por restablecer el orden entre los interlocutores para salvar el cristianismo de su derrota ante el judaísmo. Es por ello, que no debemos oponernos al cambio para adecuar la doctrina de la Iglesia a los tiempos modernos; a condición de que este cambio sea para fortalecer el cristianismo, no para destruirlo, como esta aconteciendo. Meta que es imposible de lograr, a menos que critiquemos el profetismo judío que da sustento a la doctrina de la Iglesia que no es defendible. Es decir, una vez que se critique el profetismo judío, y se corrija del error fundamental del cristianismo quitando, de nuestra fe el Antiguo Testamento, podrá adecuarse el discurso y la doctrina de la Iglesia a los tiempos modernos sin destruirla; ya que la doctrina de la Iglesia cimentada en la vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo es inobjetable, mas no así las interpretaciones alegóricas del profetismo judío que se acordaron en los Concilios con el fin de que tuviera sentido para los que no somos judíos, los designios supremaciítas del Dios de Israel expresadas por boca de los profetas con el fin de conquistar a los pueblos gentiles, las cuales dieron lugar a los cánones anti judíos. Lo cual nos permitirá reencontrar el sendero del desarrollo espiritual, que nos llevará alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta; causa que justifica
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las acciones a tomar para que de inmediato se corrija el error fundamental, fincando responsabilidades a los representantes de la iglesias fideístas renuentes a corregirlo, y a los teólogos modernista renuentes a criticar el profetismo judío y sus frutos, no solo por el daño moral severo a la sociedad, sino el daño a la democracia y a la soberanía de las naciones al colaborar a realizar los planes supremaciítas de Israel. Días antes de celebrarse el Concilio Vaticano II, en un documento titulado Complot contra la Iglesia, un grupo de obispos y cardenales conservadores de la Curia romana denunció ante el Colegio Conciliar el último intento de Israel por judaizar el cristianismo en contubernio con los teólogos y filósofos modernistas encargados de impulsar la discusión en el Concilio de temas tendentes a abrogar de la doctrina de la Iglesia el antisemitismo teológico y los dogmas sobre la divinidad de Cristo. Tomando como pretexto el afán de retornar la iglesia a la pureza del cristianismo primitivo, y adecuar el discurso de la Iglesia a los tiempos modernos, promoviendo la designación de nuevos cardenales filo judíos, a fin de entronizar en la cátedra de San Pedro una estirpe judaizante. Lo cual convertirá las Iglesias en Sinagogas, los sacerdotes y pastores en rabinos, y los cristianos en vasallos de los judíos. Los acontecimientos posteriores evidencian que a pesar de la denuncia del complot, los conspiradores cripto y filo judíos ganaron; y en vista de que ha pasado invertida la abrogación de la doctrina formulada por los Padres de la Iglesia para estructurar racionalmente la fe cristiana sobre las ideas del alma, la moral y el misticismo expuestas por los filósofos helénicos los académicos del renacimiento italiano, los post renacentistas; los autores de la Ilustración; los planteamientos existenciales de la filosofía moderna; las respuestas que la ciencia ha dado a los planteamientos del desarrollo humano y de la psicología terapia. Y lo mismo sucede en todos los otros campos del saber sobre las artes, las ciencias, el cosmos, el derecho, la historia, la literatura, las matemáticas, la medicina, el misticismo, la moral, la música, los oficios, la poesía, la política y la retórica que tienen como cimiento las ideas primigenias de la cultura helénica. Y ante la aberrante pretensión de los rabinos de sustituir la plataforma del humanismo helenista por la plataforma del pacto de Sinaí, como cimiento donde se desplanta el pasado, el presente y el futuro de la humanidad, falsificando la realidad; no hay mejor remedio que un cambio radical en la doctrina de la Iglesia que nos libere para siempre de los amarres que mantienen a los cristianos atados al nefasto y oscurantista Libro de Israel. El aparato propagandístico montado por los esbirros de la Sinagoga, en los estrados de la oficina de prensa del Concilio Vaticano II, aseguró el triunfo de los conjurados. Propiciando las implicaciones judaizantes de Nostra Etate. Después del Concilio los conjurados promovieron un alud de eventos internacionales y pronunciamientos judaizantes que culminaron en el Sínodo de Renania. Intensificando la actual lucha intestina entre teólogos conservadores y modernistas, promovida sutilmente por los esbirros de la Sinagoga para dividir la Iglesia y destruirla. Atacando la autoridad del Pontífice de Roma cada vez que sus laudos favorecen o perjudican __tanto a modernistas que luchan por el cambio de dogmas sin criticar el profetismo judío; y por ello, califican de oscurantistas y autoritarios los laudos pontificios opuestos al cambio__ como a los conservadores o tradicionalistas que se oponen al cambio sin haber criticado el profetismo judío, que es la manzana podrida que hay que quitar primero antes de hacer cualquier cambio en la doctrina de la Iglesia; y por ello califican de apostatas los laudos pontificios a favor del cambio. El dogma de la infabilidad de la Iglesia, fue decretada colegiadamente a efecto de ir estructurando racionalmente la doctrina de la Iglesia, y conciliar mente resolver las numerosas contradicciones contenidas en el Libro de Israel. Desgraciadamente la infabilidad de la Iglesia, es opuesta al dogma de la infabilidad
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de la Biblia; lo cual ha sido el foco perpetuo de grandes seísmos, fruto de luchas internas dentro de la Iglesia, entre las Iglesias y entre los Estados cristianos ante los ataques externos que nunca cesan. Esta es la razón por la cual la nueva teología surgida inmediatamente después del Concilio Vaticano II, aparentemente es dialogante con el laicismo institucionalizado que caracteriza al hombre y mundo contemporáneos; así intuyeron los teólogos de la primera mitad del siglo XX, lo que habría de ser la teología en el futuro, atenta a los problemas de la humanidad y a las relaciones de unos pueblos con otros por encima de sus creencias. Tal como lo expone la encíclica Gaudium et spes, que ha despertando la conciencia de que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo, sino que les impone el deber de hacerlo (GS 34,3). La motivación a esta teología le viene dada del mensaje cristiano que no espera pasivo el Reino, sino que implica la transformación del mundo, a fin de que ya se realice en la tierra, la sociedad perfecta o reino de Dios que promete el Evangelio. Hay que señalar que el problema principal de la teología se sitúa en la relación “teoría-práctica”, es decir, entre los postulados de la fe y la praxis social. Quedarse en la pura teoría es quedarse en un estadio precrítico, por eso, solucionar los problemas que existen en la relación fe y práctica social, es uno de los principales objetivos de la nueva teología expuesta en Gaudium et spes. Cuando los teólogos modernistas ponen el problema central teológico en un nuevo modelo de la relación fe, la ciencia y el activismo social; lo que están diciendo es que el misticismo, la ciencia y el activismo social, son un compromiso genérico que pertenece a la enseñanza y ejemplo de Cristo. Ya que el misticismo implica el conocimiento de si mismo mediante el ejercicio de las potencialidades ocultas __que la ciencia describe, explica y aplica__ para aliviar a los enfermos de alma, mente y cuerpo. Es por ello que la fe cristiana no puede desvincularse del compromiso social a fin de alcanzar la sociedad perfecta encausando las sinergias de los movimientos sociales que se han dado en su devenir histórico (G. Gutiérrez, Teología de la liberación, J. J. Tamayo: Para comprender la teología de la liberación). El objetivo de la nueva teología va más allá de lo meramente antropocéntrico, puesto que se propone unir la ciencia y la religión, y desarrollar la orientación social y política del pueblo cristiano, hacia la emancipación de los pobres y el alivio del sufrimiento ajeno, promoviendo el altruismo intenso y la justicia social dentro de las democracias. Es preciso advertir que los esbirros de la Sinagoga utilizan la teología de liberación para promover los movimientos subversivos comunistas pervirtiendo el mensaje social de Cristo, convirtiendo la doctrina social de la Iglesia en doctrina marxista y la acción social de la Iglesia en acción revolucionaria y movimientos armados. De ahí que su principal impulsor J.B. Metz pida a los teólogos que no se limiten a destacar la dimensión antropológica de la teología y que insistan en los postulados de la escatología bíblica {Parte de la teología que trata de las fases finales de la vida humana (enfermedades terminales, vejez, muerte, dolor, desesperación, incertidumbre, sufrimiento, postración, los estados alterados de la mente, etc.), por eso se ocupa del consuelo, la esperanza, el duelo, el perdón, etc; y su relación con las finalidades o últimos fines (el desarrollo humano, la trascendencia humana, la sociedad perfecta, el surgimiento del fenómeno espiritual de la transformación humana, el renacimiento, la resurrección, el juicio final, la vida después de la vida, etc.)} que se refieren siempre a la vida en el mundo en relación a la vida eterna (J.B.Metz: Teología del mundo); a fin de que en esos momentos álgidos, encontrar las repuestas de los interrogantes que nos atormentan.
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La reciente trilogía Encíclica sobre la caridad, la esperanza y la verdad, son sintomáticas de un pontificado intimidado por los continuos e intensos ataques de propios y extraños, contra la Iglesia, la doctrina milenaria y la autoridad pontificia, que son promovidos encubiertamente desde la Sinagoga; lo cual explica la timidez de Caritas in veritate al promover los valores mínimos de la ley natural y la convivencia social para barnizar de humanista el modelo socio económico actual __dejando de lado los valores máximos de la trascendencia humana y la sociedad perfecta que fundamentan la enseñanza de Cristo y, promueven la justicia social y el desarrollo espiritual de la humanidad mediante la práctica intensa del altruismo, el misticismo y el activismo social__ coadyuvando a realizar la pretensión de los rabinos de que la Iglesia abrogue la doctrina de Cristo, y se convierta en escuela bíblica portavoz de la moral natural dictada por Dios a Noe (noeajida) para gobernar a las bestias humanas (los pueblos no judíos. V.-CONCLUSIÓN. Se convoca a los pueblos cristianos a promover el emplazamiento a juicio de las Iglesias y organizaciones religiosas tendenciosas, a efecto de corregir el error fundamental, En primera instancia ante el tribunal de la razón, en segunda instancia ante el tribunal de la ley. Y en tercera instancia en el estrado revolucionario de la justa indignación pública expulsando de las Iglesias a los sacerdotes y pastores fideístas renuentes a corregir el error fundamental; tal como lo hizo Cristo cuando expulsó del templo a los mercaderes de la fe. UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MÉXICO POR MI RAZA, HABLARÁ EL ESPÍRITU. RODOLFO PLATA LÓPEZ E mail: humanismosecularcristiano@gmail.com Face book/ humanismosecularcristiano .

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