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IMPRONTAS

DE

MULTITUD

Dossier

TONI NEGRI

ÍNDICE

Contexto político

2

Cronología

7

Trayectoria política de Toni Negri

9

Itinerario de Toni Negri

11

La Fractura del Orden Global

16

¿Qué hacer hoy con el "Qué hacer"? Es decir: el cuerpo del

General Intellect

55

"Derecha e izquierda en la era posfordista"

75

La multitud y la metrópoli

78

Reportaje a Toni Negri

84

La compleja organización del mercado mundial

96

La primera crisis del posfordismo

102

Reapropiaciones del espacio público

105

Mutación de actividades, nuevas formas de organización

o del proletariado al hombre-máquina

114

Infinito de la comunicación / finitud del deseo

118

Imperio, multitud, éxodo

121

Il libri del rogo

125

EL EXILIO

138

ARTE Y MULTITUDO

165

El tren de Finlandia (1983)

189

Por un nuevo modelo de representación política

191

Entrevista en El Viejo Topo

198

Toni Negri entrevistado por la Revista Herramienta

205

Sobre Nietzsche

210

Crisis del Estado-crisis

212

La primera crisis del posfordismo

225

Ocho tesis preliminares para una teoría sobre el poder

constituyente

228

Crear una nueva izquierda en Italia (i)

239

La reacción imperialista sobre el Imperio. Entrevista a

Toni Negri

247

Entrevista del Nouvel Observateur a Toni Negri

252

Entrevista a Antonio Negri. Oponiéndose al Imperio

255

Pensar en el vacío

261

El trabajo en la Constitución

264

HISTORIA DEL COMUNISMO

321

"El siglo XX casi no ha existido"

331

OBRAS DE TONI NEGRI (SELECCIÓN)

335

Contexto político

El contexto político de la biografía de Toni Negri (1959-1985)

1959: Inicio de la experiencia política vinculada a la creación por parte de Raniero Panzieri de una revista teórica en los medios de la izquierda socialista y sindical: los Quaderni Rossi (Cuadernos Rojos).

Junio de 1962: Primera «huelga salvaje» en la fábrica Fiat de Turín. Enfrentamientos de Piazza Statuto, donde es saqueada la sede del sindicato amarillo socialdemócrata. Comienzo del ciclo de luchas de los obreros inmigrados del sur de Italia.

1963-1966: Escisión de los Quaderni Rossi. Mario Tronti, Romano Alquatii, Sergio Bologna y Antonio Negri entre otros crean un periódico político de intervención: Classe Operaia (Clase Obrera). Comienza el obrerismo italiano.

1966: Disolución del movimiento creado alrededor de Classe Operaia sobre la cuestión de la organización obrera; escisión entre los obreristas, entre los que apuestan por una renovación del PCI y los que plantean una organización distinta del movimiento obrero tradicional. Negri se sitúa entre los segundos.

1967: Formación del primer grupo obrero Potere Operaio (Poder Obrero) de Venecia, en el que participa Negri.

1968:

trotskistas.

Movimiento

estudiantil.

Desarrollo

de

los

Otoño de 1968: «Mayo caliente», en Italia.

grupos

tercermundistas,

maoístas,

Otoño de 1969: Renovación de las negociaciones colectivas, marcado por importantes luchas obreras y por los movimientos de ocupación de casas. Fundación de los grupos nacionales Potere Operaio, y después Lotta Continua.

12 de diciembre de 1969: Strage di Stato (Masacre de Estado); unas bombas colocadas por fascistas, y manipuladas por los servicios secretos Italianos que practican la «estrategia de la tensión» (sólo se sabrá unos años más tarde), explotan en la estación de Milán, matando a varias personas. El anarquista Pietro Valpreda es acusado y encarcelado dos años, injustamente.

1970-1972: Desarrollo del movimiento de los delegados de empresa. Nacimiento de las confederaciones unitarias de sindicatos.

1971 Fundación de las Brigate Rosse a partir del movimiento estudiantil de la izquierda católica de la Universidad crítica de Trento, y de antiguos miembros de las organizaciones juveniles del PCI. Primera aparición de las Brigate Rosse en las luchas, en la fábrica Pirelli de Milán.

Primavera de 1973: Semana de luchas en la fábrica Fiat de Turín, con la ocupación y paralización del establecimiento.

Verano de 1973: Disolución del grupo Potere Operaio en el congreso de Rosolina. Negri y muchos otros militantes de las ciudades del norte de Italia abandonan la organización y proponen «partir de cero sin retroceder». Inicio de la Autonomía Obrera.

Primavera de 1974: Aparición en Milán del periódico político Rosso, en el que colabora Negri, y que se convierte en el punto de referencia más importante de la Autonomía Obrera en el norte de Italia.

Septiembre de 1974: Al año del golpe de Estado en Chile, Enrico Berlinguer anuncia la estrategia del Compromiso histórico, que excluye la posibilidad de un Gobierno de unidad de la izquierda en Italia al no contar más que con el 51 % de votos de mayoría.

Otoño de 1974: Luchas por la autorreducción de las tarifas eléctricas. Movimiento de ocupación de casas en el barrio de San Basilio en Roma.

1975-1977: Desarrollo de los movimientos sociales, culturales y políticos que emanan de la Autonomía. Aparición de los movimientos de los jóvenes proletarios en las grandes ciudades. Disolución del grupo extraparlamentario Lotta Continua cuyo leninismo es cuestionado, sobre todo por parte de los grupos feministas y de los autónomos de los colectivos de barrio. Alteración de los principios mediante la introducción de reglas de excepción en el sistema judicial italiano.

1976: Aparición de Radio Alice, primera radio libre italiana.

Primavera de 1977: Eclosión del movimiento de los Emarginati (Marginados) en todas las ciudades italianas. Los movimientos culturales postsesentayochistas conocen una expansión sin precedentes. Manifestaciones, violentos enfrentamientos en Bolonia, presentados como «el escaparate del Compromiso histórico». Tras la muerte de un militante de extrema izquierda, grandes manifestaciones en toda Italia. Frecuente aparición pública de armas (la P38). Lama, secretario general de la CGIL es expulsado de la Universidad de Roma por el movimiento. Ruptura radical, cuando los lazos no se habían roto nunca del todo desde 1968-1969. de los movimientos sociales y de la extrema izquierda extraparlamentaria con el PCI.

Septiembre de 1977: Concentración internacional contra la represión, en Bolonia, en respuesta a un llamamiento de intelectuales franceses.

1978: Situación de bloqueo en el plano institucional. Exasperación de las luchas sociales. Multiplicación de los grupos armados (NAP, Prima Línea). Explosión del terrorismo.

16 de marzo de 1978: Secuestro de Aldo Moro, hombre clave de la Democracia Cristiana, el día de la investidura del primer Gobierno que desde finales de 1947 se beneficiaba del apoyo explícito del Partido Comunista y de la Democracia cristiana Mueren cinco hombres de la escolta. El cuerpo de Moro será hallado en un coche, a mitad de camino entre las sedes de los dos grandes partidos políticos italianos, la DC y el PCI.

1978-1979: Crisis de la Autonomía Creciente hegemonía de las Brigate Rosse sobre el movimiento. Comienzo del caso del 7 de abril. 7 de abril de 1979: Negri es detenido en Milán por el juez Calogero, magistrado de Padua. Es acusado de ser el jefe de una

organización única, que comprende un brazo político (la Autonomía Obrera) y un brazo armado (las Brigadas Rojas). Unas 30 personas son detenidas al mismo tiempo.

8 de abril de 1979: Negri es objeto de un nuevo mandato de detención emitido por el ministerio fiscal de Roma. Se le acusa de ser el organizador del secuestro y asesinato de Moro, así como de «insurrección armada contra los poderes del Estado».

14 de abril de 1979: Negri es trasladado de Padua a la cárcel de Rebibbia, en Roma. Junio de 1979: Sesenta y un delegados autónomos de la fábrica Fiat de Turín son despedidos mediante un procedimiento judicial (acusación de violencias), a pesar del Código de trabajo.

Septiembre de 1979: Negri es trasladado a la cárcel especial de Fossombrone, en la provincia de las Marche.

Noviembre de 1979: Negri es trasladado a la cárcel especial de Palmi, en Calabria.

17 de diciembre de 1979: Primera ley Cossiga (entonces presidente del Consejo), que

prolonga de seis a once años el máximo de la detención preventiva autorizada en caso de delitos de terrorismo, y concede la impunidad a los «arrepentidos».

21 de diciembre de 1979: Como consecuencia de la «confesión» de Fioroni, el primer

arrepentido, condenado en primera instancia a 28 años de prisión por secuestro y asesinato, se desata la segunda gran ola represiva contra la Autonomía. Negri recibe una auténtica avalancha de mandatos de detención, y es acusado de 17 homicidios.

Marzo de 1980: Negri es trasladado a la prisión especial de Trani, en las Puglie.

Otoño de 1980: Apogeo de la ofensiva terrorista. Cientos de detenciones en Milán y en otras ciudades del Norte tras las «confesiones» de otro arrepentido. Marco Barbone, asesino del periodista Tobagi. Segunda Ley Cossiga, que refuerza la legislatura a favor de los «arrepentidos».

Diciembre de 1980: Revuelta en la prisión de Trani, acompañada por el secuestro de un alto magistrado a manos de las Brigadas Rojas. Negri y sus compañeros son acusados de ser los organizadores, y no serán absueltos hasta 1985.

Enero de 1981: Traslado de Negri a la prisión especial de Roma.

Febrero de 1981 La confesión de Fabrizio Peci, miembro de la dirección estratégica de las Brigadas Rojas, es hecha pública, había sido realizada a comienzos de 1980. Se conoce mejor la estructura de la organización; tras las revelaciones de Peci la organización terrorista sufre un primer desmantelamiento serio.

Febrero de 1981 Orden de aplazamiento del juicio contra Negri por insurrección armada contra los poderes del Estado ante el tribunal de Roma. Si por un lado se beneficiará de un «no ha lugar» en el proceso Moro, por otro recibirá, a lo largo de 1982, toda una serie de envíos a juicio en Milán, Turín, Padua, Perugia, por diversos delitos de grupo armado. Es

además perseguido en Reggio Emilia y en Ancora por otro homicidio, el de Alceste Campanile, del que será absuelto en 1985.

Enero de 1982: Secuestro en Padua del general americano Dozier, que trabaja para la OTAN. Dozier es puesto en libertad por la policía. Detención de Antonio Savasta, organizador del secuestro, que se «arrepiente» de inmediato. Sus confesiones provocan el segundo desmantelamiento de las Brigadas Rojas.

Verano de 1982: Traslado de los acusados del 7 de abril a la prisión normal de Rebibbia, mientras que un documento firmado por 51 detenidos acusados de «terrorismo» toma postura a favor del abandono de la lucha armada.

24 de febrero de 1983: Comienzo del proceso del 7 de abril en Roma. El mismo día

comienza también un proceso contra Negri y sus compañeros en Milán. La defensa

consigue la suspensión del proceso de Milán.

2 de mayo de 1983: Comienza el interrogatorio de Negri. 20-23 de junio de 1983: Nuevos mandatos de detención de la magistratura de Padua y de Perugia contra Negri y sus compañeros.

25-26 de junio de 1983: Elecciones políticas generales en Italia. Negri es elegido diputado en Milán, Roma y Nápoles, por las listas del Partido Radical.

1

de junio de 1983: Suspensión del proceso.

8

de julio de 1983: Protegido por la inmunidad parlamentaria, Negri sale de la cárcel.

12 de julio de 1983: Apertura oficial de la legislatura. Comienzo del procedimiento

parlamentario en tomo a la autorización para la privación de la inmunidad parlamentaria

contra el diputado Negri.

14 de septiembre de 1983: Inicio del debate en sesión en la Cámara. Negri lee su

intervención.

19 de septiembre de 1983: Negri pasa a Francia.

20 de septiembre de 1983: La Cámara de los diputados vota la autorización inmediata de

retirada de la inmunidad parlamentaria contra el diputado Negri, por 300 votos contra 293. Los diez diputados del Partido Radical, por cuyas listas Negri había resultado elegido, se abstienen.

26 de septiembre de 1983: Se reanuda el proceso del 7 de abril en Roma. Negri es juzgado

en rebeldía. Primavera de 1984: Carlo Fioroni, principal testigo de la acusación contra Negri, con el que jamás se ha encontrado durante toda la instrucción, no se presenta a declarar. En respuesta a las interpelaciones parlamentarias sobre el pasaporte que le ha sido concedido por la presidencia del Consejo de entonces (Spadolini), se alega que pertenece desde ahora a los servicios secretos italianos. Desaparece así el testigo nº 1

Junio de 1984: Juicio de primera instancia de la Audiencia de Roma, que condena a Negri a 30 años de prisión.

1985: Negri es absuelto en el proceso por el homicidio de Alceste Campanile, así como en el proceso por la revuelta de Trani y el secuestro del juez d’Urso. Primavera de 1985: Inicio de los procesos de Padua y de Milán contra la Autonomía y contra Negri.

REVISTA ANTHROPOS: ANTONIO NEGRI, UNA TEORÍA DEL PODER CONSTITUYENTE (MONOGRÁFICO) Nº 144

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Cronología

1933: Antonio Negri nace en Padua (Italia).

1950: Durante la adolescencia fue militante de la GIAC (Gioventú Italiana di Azione Cattolica), como Umberto Eco y otros intelectuales italianos.

1954: Se inscribe en el PSIUP (partido que se integraría posteriormente en el PSI) de Padua, que poseía la mayoría de] movimiento obrero, en virtud de la gran concentración industrial de la zona. En el mismo año recibe una beca para estudiar en La Sorbona donde sigue cursos de Alquié, Gurvitch, Bachelard, Merleau-Ponty, Hyppolite. En el Istituto Croce de Nápoles estudia con Chabod y Garin. También cabe resaltar los estudios en Alemania con Bloch y otros. en las Universidades de Tubinga, Friburgo, Heidelberg, Hannover, Munich y Francfort.

1956: Se licencia en Filosofía por la Universidad de su ciudad natal con una tesis sobre el historicismo alemán. También ejerce de director de la revista Il Bó, órgano de expresión de los estudiantes de la Universidad de Padua.

1957: Profesor «assistente» de Filosofía de] Derecho en la Facultad de Jurisprudencia; profesor en Ciencias Políticas.

1958: Obtiene la plaza de profesor («libero docente») de Filosofía del Derecho en la Universidad de Padua.

1959: Es elegido concejal municipal por el PSI. Se convierte en editor del Il Progresso Veneto, la revista del PSI véneto.

1963: Cuando el PSI realiza su primera coalición con la DC, para formar un gobierno de centro-izquierda, abandona el partido. Negri junto a su mujer Paola Meo y Massimo Cacciari organizan seminarios sobre Das Kapital para los obreros del complejo industrial de Porto-Marghera.

1967: Se convierte en catedrático de Teoría del Estado en la Facultad de Ciencias Políticas de Padua, y en director del Instituto de Ciencias Políticas de Padua, donde dirige algunas importantes investigaciones para el CNR (Centro Nazionale della Ricerca).

1972: Director de la colección «Materiali Marxisti» de la Editorial Feltrinelli.

1977: A causa de unas investigaciones judiciales en el Instituto de Ciencia Políticas se ve obligado a marchar de Italia, pasando a ser encargado de curso en la Universidad de París VIII (Jussien), y en la École Normale Supérieure, junto a Louis Althusser. Aclarada la situación retorna a Italia.

1979: El 7 de abril es detenido junto a 67 componentes de la Autonomía, entre los cuales, el profesor Ferrari-Bravo, bajo la aplicación de las leyes de emergencia

1983: Es elegido diputado por el PRI (Partito Radicale Italiano) y sale de la cárcel gracias a la inmunidad parlamentaria. Poco tiempo después el Parlamento le levanta dicha inmunidad, y Negri se fuga a Francia. Miembro del College International de Philosophie.

1992: reside en París, totalmente indocumentado, donde enseña Ciencia Política en la Universidad de París VIII, y ha fundado una revista llamada Future antérieure. Ha realizado algunas investigaciones para diversos ministerios en Francia, también colabora habitualmente con el periódico español El Mundo. El gobierno francés tolera su presencia pero se niega a tramitarle el permiso de residencia. Negri tiene pendientes varios juicios y una condena perpetua por delito de opinión («subversión contra el Estado»), determinado sin más pruebas que la interpretación de sus escritos y las declaraciones de un arrepentido, irregularidades denunciadas por Amnistía Internacional. Todos los condenados en el juicio del 7 de abril se encuentran ya fuera de prisión.

1997: En julio regresa a Italia donde es encarcelado de nuevo en la prisión de Roma.

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Trayectoria política de Toni Negri

De manera complementaria a la labor teórica que Negri realizaba en la Universidad, fue dirigente y militante de diversos grupos políticos que pertenecían al movimiento de la nueva izquierda italiana. Entre los 767 que se han llegado a censar. Negri perteneció a una línea política del marxismo llamada «obrerismo», que se articuló históricamente como un fenómeno de masas (sobre tres millones se calcula que tuvo la llamada «arca dell’autonomia», en un momento en que el PCI contaba con un millón de afiliados), a través de diversas organizaciones.

1) Quaderni Rossi: el grupo nació en tomo a la revista homónima, fundada por Rainiero Panzieri, líder dela corriente de izquierda del PSI y director del Mondo Operaio. Con él se creó un foro de debate muy innovador con grupos de diversas ciudades italianas. El grupo se dedicó especialmente a la investigación, practicando una sociología militante, mediante la renovada metodología de la inchiesta operaia, que implicaba un análisis detallado de la organización del trabajo y una inmediata intervención táctico-política. A partir de un escrito titulado «Agli operai della FIAT» en 1961, donde se criticaba a los sindicatos, la organización sufre la primera escisión con la salida del grupo de los «sindicalistas» (Foa, Garavini, Pugno). Posteriormente, a partir de los hechos de Piazza Statuto de Torino en 1962, donde por primera vez los trabajadores se rebelan contra los sindicatos destruyendo la sede de la UIL, el grupo formado por Negri, Tronti y Asor Rosa, que materializaba la alianza entre el grupo de los llamados «políticos» o «entristas»(provenientes del PCI como Tronti), y el grupo de los «sectarios» o «salvajes»(provenientes del PSI como Negri), cree que ha llegado el momento de intervenir de manera directa en las luchas. De este análisis discrepará tanto Panzieri como el grupo de los «sociólogos» (Lanzardo, Rieser, Sechi), para quienes toda intervención resulta prematura. Al año siguiente la corriente crítica dará lugar a una nueva organización «Classe Operaia».

2) Classe Operaia: Es la primera revista de intervención directa en las luchas obreras de las fábricas. Forman parte Tronti, Negri, Cacciari, Asor Rosa, Bologna, Alquati, Berti,Ferrari- Bravo, entre otros. Se constituyen grupos de intervención en las zonas de Milán, Génova, Mestre, Padua, Bolonia y Módena. Dentro del grupo pronto surgieron las diferencias. Por un lado, la línea de los antiguos «entristas» como Tronti proponían el «uso obrero del PCI» con la intención de modificar su política hacia comportamientos más «obreristas», y por otra, el grupo de Negri y los véneto- emilianos, que sostenían que la intervención directa en la organización del trabajo era directamente antagónica respecto a las instituciones históricas del movimiento obrero. La escisión se produciría en 1967: Tronti y su grupo fundarán la revista Contropiano, en cambio el resto se disolverá en diversas organizaciones menores.

3) Contropiano: Revista puramente teórica fundada por Cacciariy Tronti. Negri llegó a colaborar en los dos primeros números, después de lo cual rompió toda colaboración. Cacciari y Tronti empezaron a trabajar exclusivamente en el seno del PCI.

4) La Classe: Fue una revista de corta vida pero que realizó una excepcional y potente labor de organización y comunicación entre las luchas obreras (el autunno caldo) y las protestas estudiantiles.

5) Potere Operaio: Esta es la primera organización obrerista de masas que se estructura a nivel nacional. Entre las anteriores organizaciones y ésta hay un salto cualitativo enorme, marcado por una orientación neoleninista. Desarrollaron la experiencia de los Comités Unitarios de Base (de fábrica), los Comités Políticos Obreros y las Asambleas Autónomas. Tuvo una cierta proyección política en Francia y Alemania. En 1972 las fortísimas contradicciones internas entre los diversos sectores, especialmente del «veneto» liderado por Negri y el «romano» hegemonizado por Piperno. En 1973 la fractura es definitiva. Negri fundará la «Autonomia Operaia», a partir de una opción de gestión de la espontaneidad de las luchas sociales, en cambio Piperno junto con Morucci crean el FARO, según una opción militarista que pronto derivaría en terrorismo.

6)Autonomia Operaia: Fundado por Negri y la corriente «paduana» de «Potere Operaio»,tenía en Rosso su órgano de expresión e intervención. Se abandona definitivamente el fabriquismo, su acción se realiza no sólo en el ámbito productivo sino en aquél no inmediatamente productivo. El grupo intenta organizar políticamente la figura política del obrero social, tácticamente anticipada por las luchas. Por tanto, sin dejar de intervenir en los fuertes conflictos de la FIAT, se promociona la autoriduzione como forma inmediata de comunismo, de apropiación del valor de uso en una práctica de autovalorización de clase. De esta manera, se trabaja en todos los aspectos sociales:

vivienda, ocio, paro, servicios sociales, transporte público, hospitales, escuela. Las huelgas de estos años son menos dañinas en lo económico (no se pierden tantas horas de trabajo como en los años sesenta),pero fatales en lo social, pues cuentan con la máxima implicación de personas. La organización de la lucha social implica una violencia difusa a nivel de masas que el Estado detendrá con el proceso político del 7 de abril.

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Itinerario de Toni Negri

Michael Hardt (1)

En una entrevista de 1980, en la que Michel Foucault sopesaba el papel público de los intelectuales en la sociedad contemporánea, pensó en el ejemplo de Toni Negri: «Claro que no estamos en un régimen que envía a cultivar arroz a los intelectuales, pero, por cierto, dígame, ¿ha oído hablar de un tal Toni Negri?, ¿acaso no está en la cárcel en calidad de

intelectual?»(2).

Por un lado, los comentarios de Foucault apuntan al hecho escandaloso de que un país democrático como Italia, que aprecia la libertad de expresión y de pensamiento, pueda condenar a alguien como Negri por su papel como intelectual. Por otro, sin embargo, tal vez lo más interesante de la observación de Foucault sea que Negri presenta un ejemplo anómalo como intelectual. En efecto, Negri ha creado un modelo poderoso y original de ser un intelectual público y político en las últimas décadas del siglo XX.

Si uno se limitara a seguir las crónicas periodísticas, la biografía de Toni Negri podría pasar

por un guión de Hollywood, lleno de aventura, escándalo, intriga, revuelta, encarcelamiento y fuga. En particular, en la prensa italiana Negri ha sido acusado de todo tipo de delitos intelectuales, desde haber sido un «mal maestro» a corruptor moral de la juventud. No cabe duda de que pocas vidas intelectuales presentan una trayectoria similar,

y pocas han cosechado tal grado de celebridad, atractivo y tragedia debido a sus

actividades intelectuales. Sin embargo, si consideráramos las cosas solo desde la perspectiva de los mass media y del espectáculo comprenderíamos bien poco de la sustancia intelectual y política del itinerario de Negri durante los últimos cuarenta años. En efecto, su vida se presenta como una aventura, pero una aventura colectiva de auténtico compromiso intelectual y político.

La anomalía de la trayectoria de Negri como intelectual se remonta a principios de los sesenta y a su estelar carrera académica en la universidad de Padua, en la que empieza a ejercer de profesor titular a una edad extraordinariamente temprana en el campo de la Dottrina dello Stato, una especialidad italiana que se ocupa de la teoría jurídica y constitucional. Siempre se consideró comunista, pero no ingresó en ningún momento en el PCI. De hecho, ya en los años sesenta su trabajo abordaba una crítica de las posiciones comunistas y socialistas europeas desde un punto de vista obrero y de izquierda. Un prolijo

estudio de 1964, Il lavoro nella costituzione, constituye el centro de su evolución intelectual durante este periodo. En este estudio, Negri reconoce el papel fundamental del trabajo en la constitución de las sociedades democráticas liberales: tanto en los términos de la constitución formal (por ejemplo, el texto de la constitución italiana comienza declarando que «Italia es una república democrática basada en el trabajo») como en los términos de la constitución material de la sociedad y de la producción social. El trabajo se ve incorporado

al Estado del bienestar a medida que es incorporado al capital. Desde este punto de partida,

Negri desarrolla una crítica marxista del Estado y del capital que involucra a su vez de manera central una crítica del trabajo. Es aquí donde podemos reconocer de forma más clara la separación de la línea política tradicional comunista y socialista del periodo por parte de Negri. La izquierda oficial celebraba y afirmaba el trabajo como medio hacia la liberación, o incluso como la liberación misma. Antes que una liberación del trabajo, Negri

defendía una liberación del trabajo. El trabajo mismo es un régimen disciplinario que debe ser impugnado y destruido por los obreros.

Uno de los rasgos característicos del compromiso de Negri que se remonta a estos primeros años consiste en que para él los proyectos intelectuales siempre implican una actividad colectiva y cooperativa. Inclusive la formación de conceptos es una actividad de grupo; durante una serie de años un amplio grupo de intelectuales desarrollarán en conjunto una batería de conceptos siguiendo líneas de articulación diferentes pero coordinadas. A principios de los sesenta se unió al colectivo editor de los Quaderni Rossi, una revista que representó el renacimiento del marxismo en Italia fuera del área del partido comunista. El armazón filosófico desarrollado en el ámbito de la revista pasó a conocerse como «obrerismo» (operaismo), y uno de sus conceptos centrales era el «rechazo del trabajo», que no remitía a un rechazo de la actividad creativa o productiva sino más bien a un rechazo del trabajo dentro de las relaciones de producción establecidas. El otro corazón conceptual del operaismo implicaba un proyecto de autonomía de la clase obrera respecto al capital así como a las tradicionales estructuras representativas y estatales, sindicatos y partidos incluidos. La actividad política práctica de Negri en la década de los sesenta culminó con su participación en Potere Opéralo. En muchos aspectos, Potere Operaio era característico de los grupos surgidos al calor de 1968 en toda Europa y en los Estados Unidos. Como sucedió con organizaciones similares en otros lugares, el grupo supuso la fusión entre movimientos estudiantiles radicales y obreros externos y críticos con los partidos políticos y los sindicatos. En particular, Potere Operaio aspiraba a poner en práctica los conceptos de rechazo del trabajo y de autonomía de la clase obrera que Negri y otros teorizaban.

En el siguiente periodo de su actividad intelectual, Negri y sus colegas fueron más allá de los paradigmas del 68. En los años setenta, la obra de Negri continuó concentrándose en el trabajo y en la crítica del Estado, pero el principal emplazamiento del análisis se desplazó al exterior de los muros de la fábrica. Al principio, Negri y sus colegas centraron sus análisis en la clase obrera (por la cual entendían los obreros varones de la fábrica industrial), pero en este momento desarrollaron una idea más amplia de proletariado que pretendía hacer referencia a todos aquellos cuyo trabajo está dominado y explotado por el mando del capital. Concibieron sus análisis como una salida de la fábrica hacia la sociedad. En este periodo, Negri desarrolló una teoría del «obrero social», que trataba de aferrar la nueva figura subjetiva de la producción social y la rebelión. En efecto, este proyecto intelectual puso en cuestión la división conceptual planteada por las concepciones marxistas tradicionales acerca del trabajo productivo e improductivo o el trabajo productivo y reproductivo, así como las divisiones políticas tradicionales entre obreros asalariados, no asalariados y parados. La principal consecuencia teórica de estas teorías fue el reconocimiento de la capacidad de rebelión de todas las diferentes figuras de la producción social, de todo el proletariado en sentido amplio. El trabajo teórico de Negri culmina en este periodo con Marx más allá de Marx, una reinterpretación de la obra marxiana que la prolongaba más allá de los límites de la visión y la época de Marx.

Tras la disolución de Potere Operaio en 1973, Negri participó en lo que vino a conocerse como Autonomia Organizzata, una red difusa de organizaciones locales de toda Italia. Autonomia se oponía firmemente a la idea de un partido de vanguardia y de una dirección centralizada, planteando en cambio la autonomía de los grupos locales. Negri insistía en que la organización política debía plantearse de manera continua el problema de la centralización y la democracia. En las anteriores revoluciones comunistas, la gestión del

poder a cargo de un partido centralizado acabó estrangulando la organización proletaria de los poderes, lo que puso fin a la revolución. En este sentido, Negri abogaba por Autonomia como antipartido, una red de organizaciones políticas abiertas y descentralizadas.

A su vez, en este periodo y partiendo de este mismo terreno de luchas sociales, se formaron

los grupos terroristas italianos como las Brigadas Rojas. Todo el horizonte de la actividad

política en Italia se volvió más complejo y violento desde finales de los años setenta, los llamados «años de plomo». No cabe duda que podemos distinguir entre prácticas políticas terroristas y noterroristas, y es importante hacerlo, tan importante como reconocer que el periodo presentaba un marcado continuum de uso de la violencia, tanto contra la propiedad como contra determinados sujetos. Las manifestaciones de masas cobraban un carácter más violento a medida que se endurecía la represión policial contra las mismas. Negri se opuso continuamente a los grupos terroristas y defendió en su lugar otras formas de intervención política.

Tras el secuestro y asesinato de Aldo Moro, destacado dirigente de la Democracia Cristiana, en 1978, el gobierno italiano promulgó una serie de medidas de emergencia y redobló sus esfuerzos policiales contra los grupos políticos terroristas y no terroristas por igual. El 7 de abril de 1979, Negri es detenido junto a numerosos exmiembros de Potere Operaio. El fiscal sostenía que esa organización era el origen de la violencia política de los años setenta y que Negri era el líder secreto de una vasta constelación clandestina de organizaciones terroristas -por más que sus esfuerzos de organización política fueran encaminados en la dirección contraria y hacia modelos más descentralizados-. Las medidas de emergencia permitieron que Negri, junto con miles de personas, permaneciera en prisión preventiva durante años sin cargos firmes ni fecha de juicio. Cuando, cuatro años más tarde, Negri fue juzgado las acusaciones originales de ser el cerebro de las organizaciones terroristas habían sido desestimadas. En su lugar, los jueces le procesaron basándose en gran medida en sus escritos, considerándole responsable «moral» y «objetivo».

En 1983, mientras se celebraba su juicio, Negri fue elegido diputado por el Partido Radical y excarcelado inmediatamente. En el parlamento defendió los derechos de los presos políticos

y se opuso a las medidas de emergencia utilizadas por el gobierno para procesarles.

Amnistía Internacional denunció a su vez la irregularidad de los encarcelamientos y juicios. Sin embargo, solo unos meses después la Cámara de Diputados votó a favor de retirarle la

inmunidad parlamentaria y devolverle a la cárcel. En ese momento, en vez de volver a la cárcel, Negri huyó en barco a Francia, donde permanecería exiliado los catorce años siguientes. Los juicios continuaron sin su presencia y fue condenado en rebeldía.

Sin duda, la cárcel y el exilio impusieron duras condiciones a Negri. La cárcel supuso duras penas físicas, pero el exilio, lo que tal vez fuera aun peor, le separó de los contextos intelectuales y políticos en los que siempre había trabajado. No obstante, Negri hizo de necesidad virtud. Este tercer periodo de su producción intelectual contiene algunas de sus contribuciones filosóficas más importantes, desde su célebre estudio sobre Spinoza, escrito en la cárcel, hasta su impresionante estudio del concepto de «poder constituyente», que se ocupa principalmente de Maquiavelo y los periodos revolucionarios en Inglaterra, Estados Unidos, Francia y la Unión Soviética. En cierto modo, uno podría decir que el proyecto central del pensamiento de Negri durante todo este periodo consistió en reunir (o acaso revelar las resonancias entre) el pensamiento político del operaismo italiano con la nueva filosofía francesa de autores como Michel Foucault, Gilles Deleuze y Félix Guattari. De esa

forma, por ejemplo, el proyecto operaista de rechazo del trabajo se encuentra con la idea foucaultiana de resistencia a la sociedad disciplinaria y con la concepción de las líneas de fuga de Deleuze y Guattari. Qué duda cabe, a resultas de ese encuentro todos estos conceptos aparecen transformados. Así, recibimos una nueva versión de la filosofía «posestructuralista» claramente comprometida políticamente. No obstante, Negri continuó las líneas de pensamiento que recorren su obra. En el trabajo de colaboración que hemos llevado a cabo conjuntamente, nos centramos en los cambios recientes de las prácticas del trabajo y del mando capitalista, extendiendo la tradición de la crítica del Estado a las condiciones de la posmodernidad. En la actualidad, ultimamos un libro sobre el Imperio que articula las lógicas culturales, políticas y económicas del orden mundial contemporáneo.

El gobierno francés se opuso repetidamente a las peticiones de extradición de Italia, con independencia del partido en el poder, pero lo impreciso de sus condiciones de residencia le impedían intervenir políticamente. No obstante, se las arregló para introducirse en el ambiente intelectual parisino. En los años ochenta comenzó a enseñar en la Universidad de París VIII (Saint Denis) y en el Collège International de Philosophie. Y, una vez más, una revista hizo las veces de mecanismo generador de un empeño intelectual colectivo. Negri ha sido el motor central de la revista Futur antérieur, que comenzó a publicarse a principios de los años noventa y reunió en un proyecto coherente a una amplia coalición de la izquierda francesa, a menudo dividida por diferencias sectarias. En torno suyo logró construir en París una enorme y articulada máquina de colaboración e intercambio intelectuales.

En el verano de 1997, después de catorce años en París, Negri decidió abandonar el medio intelectual parisino y volver a Italia y, por tanto, a la cárcel. Su principal objetivo ha sido instar al gobierno italiano a encontrar una solución política colectiva para esos cientos de personas que, como él, permanecen exiliados o en la cárcel por sus actividades políticas en los años setenta. El parlamento estudió dos de tales soluciones: un indulto, una conmutación que rebajaría los años suplementarios de pena para los delitos políticos, que los equipararía a delitos comunes; y una amnistía que permitiría el retorno a la vida civil italiana de todos los exiliados y encarcelados. Negri piensa que, habida cuenta de los recientes cambios en el gobierno italiano y de la futura integración de Italia en la nueva Europa, es hora de pasar la página de las actividades políticas y la represión de los años setenta. A su vez, la concesión del premio Nobel a Darío Fo, quien, al igual que Negri, jugó un importante papel contestatario en la izquierda radical italiana en los años setenta, tal vez sea una señal de que ha llegado el momento de dejar atrás el conflicto de aquellos años y reconocer claramente los logros intelectuales que durante mucho tiempo se han visto oscurecidos por anteojeras ideológicas.

El segundo motivo de la vuelta de Negri es el redescubrimiento de una vida política propia en Italia. Un rasgo característico del modelo de intelectual que nos ofrece consiste en la búsqueda constante de una vida radical en sintonía con los tiempos. Tras el largo y fructífero paréntesis del medio parisino, en la actualidad aspira a reinventar el modo de intervención política radical del que pudo gozar con anterioridad. Recordando los diversos cambios de su pensamiento y de su vida, uno percibe el valor que ha demostrado en numerosas ocasiones, dejando a un lado las comodidades de su vida y volviendo a empezar desde la nada, desde una posición de pobreza. Resulta extraordinario que hoy, con 65 años de edad, tenga la energía para reconstruir una vida radical y un proyecto político colectivo

desde cero. Son muchos los intelectuales radicales de los años sesenta que se han instalado cómodamente en el gobierno, la universidad o en el mundo de los negocios. En comparación, Negri es una anomalía y un modelo. No ha seguido siendo un radical de los años sesenta (celosamente conservado en hielo) ni ha abandonado sus aspiraciones políticas; más bien ha cambiado con los tiempos, tratando siempre de reinventar el papel del intelectual público y político. En cada periodo Negri ha tratado de descubrir las posibilidades revolucionarias del presente.

Louis Althusser dijo en una ocasión: «Un comunista nunca está solo». Lo cual nos indica un segundo rasgo característico de la figura del intelectual que nos ofrece Negri. Su actividad intelectual siempre es colectiva y colaboradora, siempre va en busca de la intervención social y política. Esta es la razón por la cual cuando decide asumir un grave riesgo personal o una posición de pobreza nunca adopta una figura ascética. La naturaleza colectiva y colaboradora del proyecto político asegura siempre que no se trata de un proyecto de renuncia sino de alegría, una aventura alegre de intervención política e intelectual. Es éste el modelo del intelectual radical que Negri ofrece a nuestra época.

Notas

(1) Michael Hardt enseña en la actualidad Romance Studies en la Duke University, Durham, NC. Ha colaborado estrechamente con Toni Negri desde principios de los años noventa, participando asimismo en la redacción de la revista Futur antérieur. Fruto de su colaboración con Negri son los estudios Labor of Dionysius (1994) y el reciente Empire (2000). (N. del E.)

(2) Michel Foucault, Le philosophe masqué, en Dits et écrits 4, Gallimard, Paris, 1994, p. 105.

La Fractura del Orden Global

Toni Negri

Ahora el poder mundial no se reparte con nadie. La América de Bush liquida socios y aliados. Pero en esta falla puede insertarse la cuña del movimiento antiliberal

Tras la Guerra Fría pareció que la única superpotencia restante podría organizar el Imperio. El debate giró sobre cómo lo haría, si de un modo soft (blando) o hard (duro), si multilateralmente o unilateralmente, si utilizando y transformando las estructuras internacionales existentes o desbaratándolas y construyéndolas de nuevo. Basándose en el sentido común y teniendo presente las tradiciones del constitucionalismo y del internacionalismo, la mayor parte de los observadores, con un realismo voltaireano, pensó que la administración americana había tomado por el primer camino, el del desarrollo continuo de las instituciones mundiales a fin de transformarlas en estructuras del gobierno mundial. Las preocupaciones que nacían en este frente surgían de las apreciaciones realistas acerca del desarrollo del gran movimiento no-global, del que se sentía la creciente oposición al neoliberalismo convertirse en bandera de diferentes estratos de la población mundial.

Pero las cosas no marcharon de este modo. Habiendo tenido la fortuna de acceder al poder, la administración Bush tomó, súbitamente tras el once de septiembre, la vía de la organización unilateral del orden global. En los primeros meses la atención de la administración se enfocó en la construcción del escudo espacial; al mismo tiempo, gran parte de las transformaciones propuestas por la ONU para formar normativas globales adecuadas a nuevo orden del mundo fueron rechazadas y liquidadas por la administración Bush (desde las convenciones ecológicas al reordenamiento de la justicia penal internacional). Tras el 11 de septiembre este comportamiento se acentuó. La lucha contra el terrorismo se transformó, con reaccionario realismo, en teoría y práctica de la guerra preventiva.

A la ilusión de una constitución imperial que, en el respeto a la multiplicidad de acciones y de intereses, pudiese comenzar a configurar un nuevo orden mundial (por cierto, no revolucionario, sino sólo correspondiente a la exigencia de una democracia mínima en los intercambios de mercancías y opiniones), la administración Bush opuso dispositivos de intervención, de represión, de guerra, e, incluso peor, nuevos criterios de justicia (Guantánamo y la Corte de Guerra) y de democracia (la nation-building [construcción de la nación] confiado a los generales del ejército norteamericano y a los Ganleiter [Comisionados] locales), que no es posible dejar de referir a los peores ejemplos del imperialismo del siglo diecinueve y del totalitarismo del veinte.

En este punto se ha dado la fractura. No simplemente entre los vértices del poder imperial y los movimientos antiliberales globales, sino también entre la administración Bush y otras potencias estatales, nacionales y continentales.

La división entre los intereses por la construcción unilateral del orden global y la voluntad multilateral de construcción constitucional del Imperio se ha afirmado con violencia. Recurriendo a una imagen fácil pero eficaz, se puede decir que la constitución imperial representa una síntesis de gobierno monárquico, representación aristocrática y expresión

democrática. Ahora bien, la administración Bush intenta excluir de gobierno imperial no sólo a la fuerza democrática (como era natural dado la naturaleza reaccionaria de aquel grupo de poder), sino también a la aristocrática. Francia, Alemania, Rusia, China, por hablar sólo de los países que más expuestos han quedado en la actual fractura internacional, no son ciertamente expresiones de la revolución democrática de las multitudes: son más bien sólidos agregados, antiguos o muy recientes, de intereses capitalistas nacionales y/o multinacionales. La fractura que, después de Seattle y el nacimiento del movimiento anti global, se había establecido entre el eje vertical de la relación entre quienes mandan y quienes obedecen, entre quienes explotan y quienes son pobres y explotados, se complica de este modo con una nueva variante, esta vez sobre el eje horizontal de la relación entre potencias aristocráticas. La administración Bush pretende dominar la fractura del orden mundial con el unilateralismo de su propia iniciativa, no haciéndose cargo de la “Vieja Europa” ni de las potencias asiáticas dominadas por la “nueva” aristocracia.

¿Hay contradicciones materiales o contratendencias políticas al cuadro unilateralista que se viene definiendo y su consiguiente fractura? Hay una, esencial. La administración Bush no posee los medios para su propia política. El mercado mundial se halla muy integrado como para que un monarca pueda gastar dinero en guerras sin contar con el apoyo de las aristocracias mundiales. Y en cuanto al pueblo americano, no está dispuesto a dar un solo dólar para las aventuras de la administración Bush. Su patriotismo se detiene justamente antes de tocar su billetera. La administración Bush, por otra parte, es muy corrupta y famélica como para poder conceder algo de la riqueza que está acumulando: en todo caso, no prontamente. A pesar del malestar de los aliados y de los adversarios de la política imperialista y unilateral de la administración americana, debemos sin embargo advertir que la fractura persistirá en el mediano plazo. A la cuestión del financiamiento de la guerra se le agregan, en efecto, otras cuestiones centrales: la construcción de Europa y la fuerte competencia del Euro al Dólar que los Estados Unidos no pueden soportar; la consolidación política y militar de la nueva Rusia que amenaza la estrategia bélica americana; el despegue de la economía china que pronto competirá en todos los mercados mundiales; la conquista de una cierta autonomía de los gobiernos democráticos de los países de América Latina que ya rechazan masivamente el Consenso de Washington.

Hemos dicho que la fractura que se verificó, después de Seattle, sobre el eje vertical del dominio mundial, entre las multitudes y el Imperio, se multiplicó sobre el eje horizontal de la relación entre potencias capitalistas, divididas ante la perspectiva de la construcción de un gobierno imperial. Hemos también reconocido que esta fractura es por largo tiempo. Debemos ahora preguntarnos cómo el movimiento de Seattle, de cuya costilla ha nacido el movimiento pacifista mundial, se está moviendo y cómo deberá moverse en el interior de la nueva fractura entre la administración Bush y las potencias aristocráticas europeas y asiáticas. Cómo se está moviendo resulta evidente: ha tomado la fractura del orden mundial entre las grandes potencias como una buena noticia. Y no nos confundamos. Si el gesto de ruptura de Chirac y Schroder ha sido apreciado, nadie ha buscado alianzas con aquellos gobiernos, impregnados en este mismo período de fuertes políticas de seguridad, crueles como nunca, y/o del desmantelamiento del Welfare [Estado de Bienestar]. Cualquiera de nosotros, en el movimiento, sabe que antes o después, las aristocracias imperiales alcanzarán un acuerdo con la monarquía americana. Pero antes o después: he aquí el problema. El interés del movimiento de los movimientos es que la fractura permanezca

abierta lo más posible, y que, en este período, sea posible consolidar no sólo al movimiento, preservándolo de ataques violentos y repentinos, no sólo las alianzas que él ha estrechado con diversos sectores de la sociedad (desde la Iglesia Católica a importantes grupos sindicales), no sólo la simpatía política que atraviesa a amplios estratos de la población europea: un largo período de fractura permitiría abrir y desarrollar acciones comunes de la sociedad civil y de los movimientos, para derrotar y de todos modos debilitar la política de la administración Bush. Y además del ejemplo en el terreno de la construcción europea donde esta coincidencia de intereses entre la aristocracia y los movimientos puede ser verificada, de igual modo está pasando en América Latina alrededor de la iniciativa del gobierno brasileño de Lula y coincidentemente con las indicaciones tendientes a resolver la guerra civil argentina. Pero, sobretodo, un largo período de fractura le permite al movimiento global antiliberal desarrollar organización, extender las redes, formar nuevos movimientos y hacer interactuar a los existentes.

El movimiento de los movimientos, en su doble figura, pacifista y antiliberal, es constituyente. Pero los procesos constituyentes con difíciles, previenen condiciones que raramente se dan en la historia política. Hoy la nueva fractura mundial ofrece al movimiento una condición excepcional. Desde 1948, desde hace más de cincuenta años, las fuerzas revolucionarias, las multitudes, no han tenido la posibilidad de reabrir el juego político en forma mundial, de escoger no una táctica de supervivencia sino una estrategia de transformación radical y de democracia absoluta. Hoy, por todas partes, están dadas algunas condiciones decisivas. La nueva fractura podría, por aquellas razones intempestivas que el proceso de la lucha de liberación está acostumbrado a considerar, revelarse como una gran ocasión. El golpe de estado de George W. Bush sobre el Imperio ha desconcertado profundamente a la máquina de dominación capitalista, y, con toda probabilidad, los movimientos no son ajenos al hecho de que el cerebro capitalista se haya vuelto loco. Pero han terminado los tiempos en los cuales se podía contentar diciendo “¡bien excavado, viejo topo!”. Hoy, en la fractura, la ocasión constituyente de los movimientos debe comenzar a producir un programa político antiliberal y anticapitalista; debe comenzar a construir instituciones de la democracia absoluta de las multitudes; debe, en suma, poner en movimiento un proceso en el cual paz y justicia vivan conjuntamente. El problema ya no será en el mediano plazo disfrutar de la fractura desde el punto de vista del movimiento sino, a partir de esto, y sólo de él, construir el porvenir.

Publicado en Global Magazine Nº 2

Traducción: Eduardo Sadier / Buenos Aires, Argentina / Junio 2003

Toni Negri

Il libri del rogo. Castelvecchi Editora & Comunicazione srl. Roma, 1997.

Crisis del estado planificador Comunismo y organización revolucionaria [1974]

1. El antagonismo de la tendencia según Marx: actualidad de su análisis.

Casi al final del "capítulo del dinero" de los Grundisse (1) Marx dice que para conquistar el arco entero del discurso el orden de la argumentación deberá transcurrir desde el análisis del equivalente monetario a la definición de relación de producción, a la articulación interna de la producción, a su reasumirse del Estado, en fin al estudio del mercado mundial -ámbito en que la dialéctica de la parte y la totalidad llega a mostrarse como un después donde todas las contradicciones se ponen en movimiento y emerge la violencia destructiva de la crisis, "síntoma general de la superación de la premisa e impulso a la asunción de una nueva forma histórica". Estas indicaciones del período a atravesar son asumidas como fundamentales en la metodología marxista: ellas permiten al análisis desarrollarse correctamente sobre el plano del materialismo histórico y afrontar el problema de la crisis, del Estado y consecuentemente -para nosotros sumamente importante- el de la organización, como elemento de crítica de la economía política. Y permite hacerlo en una perspectiva dentro de la cual la prepotencia del desarrollo de la tendencia conduce el análisis no sólo a fijar algunos elementos teóricos generalísimos, sino también a determinar el pasaje particular, significativamente próximo a lo que mano a mano propone la vivencia actual del desarrollo capitalista desde el punto de vista obrero.

Del resto, ya el curso de la discusión marxista del problema del dinero, en los Grundisse, muestra como indistinguible el nexo entre la crítica de la categoría económica "dinero" y la propuesta política revolucionaria. En el dinero, en su génesis, ya desde el inicio de la tendencia, aparece el desarrollo de una insuprimible contradicción: en primer lugar, la contradicción que está implícita en la doble existencia de la mercancía, cuando esta, "una vez, como producto determinado, contiene idealmente (de manera latente) su valor de cambio en la forma de existencia natural", mientras una segunda vez se presenta "como valor de cambio manifiesto (dinero), el cual se deshizo de todo vínculo con la forma de existencia natural del producto" (2). Esta contradicción lógica se hace tendencia histórica plena.

La necesidad del cambio y la transformación del producto en puro valor avanzó en la misma medida que la división del trabajo, o sea con el carácter social de la producción. Pero la misma medida en que esto último se desarrolla, se desarrolla el poder del dinero, o sea la relación de cambio se fija como un poder externo al productor e independiente de él. Lo que originariamente se presentaba como medio para promover la producción, deviene una relación extraña al productor. En la misma proporción en que el producto deviene dependiente del cambio, parece devenir independiente de ellos, y parece crecer el abismo entre productos en cuanto tales y productos en cuanto valores de cambio (Lineamenti, I, p.

83)

Entonces, "no es el dinero el que produce esta antítesis y contradicciones, y sobretodo el desarrollo de estas contradicciones y antítesis que produce el poder aparentemente trascendental del dinero" (3): de hecho la contradicción que el dinero registra es la que hay entre el valor del trabajo como equivalente general del cambio de mercancía, y las condiciones de la producción social dominada por el capital -de un lado dinero como determinación y medida particular del valor de la fuerza del trabajo vendida en el libre mercado, por el otro, opuesto a esta, el carácter social de la producción de la que el capital se ha apropiado y que ha transmutado en una potencia suya sobre el trabajo social, totalidad del movimiento social haciéndose independiente, poder hecho autónomo y por sobre los individuos. En este punto se dan las condiciones formales de la crisis.

Porque la cambiabilidad de la mercancía existe por fuera de la misma mercancía como dinero, ha devenido algo diferente a ella, extraño a ella; con lo que debe ser comparada, de la cual es sobretodo desigual; entretanto la equiparación misma viene a depender de condiciones externas, deviniendo entonces casual. (Elementos, I, p 85, y también pág 153,

155.)

En este punto esta abierta la posibilidad del Estado como gestor de esta casualidad, como detentador de la violencia que debe estabilizar la unidad y la estabilidad del progreso capitalístico de desarrollo sobre, contra las contradicciones. Todavía, la discusión puede parecer muy formal ("Más aún, antes de dejar este problema será necesario corregir la manera idealista de exponerlo, la cual da la impresión que se trata de puras determinaciones conceptuales y de la dialéctica de estos conceptos" (4)) En realidad esta primera expresión del análisis marxista del dinero, más que ser formal, es limitada; esto en cuanto que solo toca un momento determinado de la función del dinero en la sociedad del capital: detrás de la "manera idealista" de la exposición se ve la variación progresiva de la función del dinero frente a la modificación de las relaciones de producción en un estadio en que la dialéctica privatista entre costos de producción y valor general del trabajo social no está todavía resuelta. El dinero funciona esencialmente de mediador entre costo de la fuerza de trabajo y valor del trabajo social, de indicador del equilibrio del poder capitalista sobre esta relación, de alusión formal al funcionamiento de la ley del valor sobre un mundo del trabajo no más materialmente homogéneo, y en razón de eso su función vive de algún modo en la misma contradicción que determina, la circulación a pesar de todo parece mejorada en la relación de producción (donde la valorización unilateral de la crisis de circulación es siempre de nuevo comparada en las páginas de los Grundisse). Y aunque cuando Marx pasa "a considerar el dinero en su tercera determinación, esto es en la función de medida, la de ser el medio de cambio universal y por lo tanto la realización de los precios de las mercancías" (5), cuando esto es definido "el dinero como representante material de la riqueza" (6), esta determinación de su análisis es definida con precisión: "es el mundo de la riqueza privada, de la concurrencia capitalista que Marx tiene frente a sí, y el dinero "como materia general de los contratos" y "Edén de la democracia burguesa de la propiedad "igualdad y libertad son respetadas en el cambio basado en el valor de cambio:

el cambio del valor de cambio es la base productiva, real de toda igualdad y libertad" (7).

Sin embargo la tendencia rompe la determinación de la referencia a la época capitalista, referencia sobre la que se funda el análisis marxista: la radicalidad de la crítica irrumpe al descubierto. Lo que es resaltado al inicio es rebatido enseguida: del análisis del equivalente monetario se debe pasar a la definición de relaciones de producción. Ahora, desde este punto de vista, la primera ruptura que la tendencia opera en la confrontación de la determinación capitalista de la época dada ya está dentro de las consideraciones del dinero como representante de la riqueza. Cómo es eso? "Si se considera la producción en su totalidad", dice Marx, "lo misma relación del dinero es una relación de producción" (8), es una relación de producción porque la relación del dinero interpreta, en todas las determinaciones del ciclo del capital, el trabajo asalariado como base y elemento esencial de la producción, es relación de producción porque el cambio entre dinero y trabajo asalariado es total (9). Desde este punto de vista, "sobre la base del trabajo asalariado, la acción del dinero no es disolvente, sino más bien productiva" (10) Pero si el dinero se presenta el mismo como función productiva, ahora la totalidad abstraída de la existencia del dinero debe articularse de un modo radical con el desarrollo del modo capitalista de producir,

ahora esta totalidad deberá mano a mano emanciparse de su función de medición y de mediación general del mercado y su función productiva referirse a una totalidad de trabajo social homogénea, compacta y presente: el dinero no deberá ejercer más funciones de mediación entre costos de producción y valor general del trabajo sino solamente y directamente función de la producción social, reproducción de la relación de trabajo asalariado sobre esta dimensión global. La función productiva del dinero imprimirá al desarrollo del modo capitalista de producir la señal de una furiosa voluntad de liberarse de una manifestación mediadora y referir la propia capacidad de dominio sobre el trabajo asalariado fuera del pequeño engaño del mercado, dentro de la dimensión de una sociabilidad general en la cual el dinero, en el final del inicio de la historia capitalista, tiene súbitamente la demanda.

He aquí la tendencia. Pero hoy la tendencia se ha hecho realidad, está presente. El capital financiero ha empujado al trabajo a superar el resto de respeto que era inherente al valor general del trabajo social, el capital planificado ha mostrado que sólo sobre esta base material es posible el desarrollo capitalista. El carácter social de la producción se ha impuesto dentro del modo capitalista de producir. Por tanto ahora, "sobre la base del valor de cambio, el trabajo viene puesto como trabajo general solamente mediante el cambio", solamente como trabajo asalariado (11). El tiempo de trabajo como elemento cuantitativamente y cualitativamente determinado es diferente, como tiempo de trabajo y como división del trabajo, se dispersa en la máquina social de la producción de mercancías (12), el trabajo inmediato deja de ser, como tal, base de la producción (13) -por tanto ahora el dinero opone a la sociabilidad de la producción la apropiación capitalista de la mercancía. De aquí el problema del dinero deviene directamente el problema de la nueva y radical crisis del dominio capitalista sobre el modo de producción: el dinero es la forma de un dominio sobre el modo social de producir que, en la medida en que la producción se socializa es "en una palabra, el desarrollo del individuo social que se presenta como el gran pilar de la producción y de la riqueza" (14)- ha perdido toda razón funcional de ser que no sea violencia de clase. La ley del valor como ley de la recomposición social del trabajo se ejercita toda sobre este terreno de arbitrariedad y de casualidad. Arbitrariedad y casualidad no más referidas a disfunciones dialécticas de la circulación del dinero e imputables a su duplicidad naturalmente contradictoria, sino que provienen del antagonismo radical de una función de dominio, de una extrañeza potente y enemiga ya no más recuperable en funciones de mediación, ya no más reajustable al proceso de desarrollo, ya no más sustitutiva del desarrollo social. En la forma del dinero el capital, que aunque ha creado las condiciones de la producción social, muestra ser la barrera fundamental al ulterior desarrollo de las fuerzas productivas.

Aquí viene ahora la nueva impostación que debe asumir el problema del Estado en la crítica de la economía política, porque la ruptura de la relación entre dinero y desarrollo muestra la misma figura de la democracia burguesa, de la igualdad y de la libertad como momento obsoleto. Funcional en el mundo del cambio, íntima articulación de todo esto, libertad-igualdad-democracia permanecen ahora solo como apariencia -apariencia no de una mistificación simultánea al interior del mundo del cambio, sino propuesta sobre la disolución de la relación real de cambio- mistificación de la mistificación, segunda potencia de la apariencia. El despotismo capitalista exalta su figura sobre la caducidad de la función del dinero como mediación de la anarquía de la producción, el Estado como órgano técnico del dominio exalta la monstruosidad de su función en la completa desarticulación de la

razón del desarrollo. No es más tampoco el garante de la libertad burguesa: y en ese mismo "ser libre", en el sentido que su poder es casual y arbitrario, es como sólo puede ser quien mismo cree reconocer en el fetiche mismo una función que no existe más. Es únicamente odio, desesperada voluntad de supervivencia de clase. "Lo que se ha dicho de la máquina, vale también para la combinación de la actividad humana y para el desarrollo de las relaciones humanas" (15).

El "capítulo del dinero" sigue pues la tendencia destinada a mostrar al dinero -después de haber mediado la figura privatista del proceso general de producción- como índice de un antagonismo que, sale dialécticamente del cambio, puesto como su función y su mediación general. Se exaspera ahora en la relación irresoluble, violentamente crítica, entre socialización de la producción y arbitrariedad de su representación en términos de medida, de equivalencia, de representatividad. La misma dialéctica de la relación del capital es la que está rota: el dinero ahora no se representa más como momento de relación de clase sino cuando esto representa la cara escindida, irresoluble, antagonista de la voluntad capitalista de dominio. Es decir, representa el último resultado de una relación que, desarbolándose, no pudo más que conducir a la separación. A pesar de lo que querían los "socialistas", que la utopía señalara al dinero como mediación exacta y representación del trabajo social. "Es un deseo tan piadoso como tonto que el valor de cambio no se desarrolle en capital o que el trabajo que produce el valor de cambio no se desarrolle en trabajo asalariado!"

2. Un registro mistificado. El "economista "y la destrucción del concepto de capital.

La tendencia descripta por Marx en el "capítulo del dinero" encuentra hoy alguna correspondencia mistificada en el plano de la ideología. Son en primer lugar los estudios burgueses de la economía política tomando la madurez de la tendencia a la que transcriben en la falsa conciencia de su teoría; y son también en segundo lugar toda la serie de posiciones que emergen en el ámbito del movimiento revolucionario y que trajeron conclusiones inexactas y peligrosas en la confusa percepción del desarrollo capitalista. En ambos casos la tendencia es tomada como resultado, como situación consolidada y extrema, más que como movimiento, -siguiendo una metodología de descripción del desarrollo a través de grandes imágenes extremas, que hoy son constantes. Detengámonos por ahora en las posiciones de los economistas. Para los economistas el registro, la verificación en negativo de la realización de la tendencia descripta por Marx, a propósito del dinero, por el desarrollo capitalista entero, devino en la siempre extrema experiencia del fracaso del progreso keynesiano. La tentativa de regular la circulación, el ciclo, el proceso total del capital interviniendo sobre los elementos en lucha y controlar la mediación, prefigurándola así continuamente, tuvo en buena parte su espacio a través de la presunción clásica que tendía a "estabilizar de golpe solamente la unidad sin la diferencia, la afirmación sin la negación" (17). El "falso proceso al infinito" de la circulación estaba siendo desplazado y recompuesto a partir del control sobre los elementos que lo componían. Y con eso estaban siendo en efecto eliminados una serie de posibilidades de crisis y la necesidad de recurrir a una violencia de recomposición que bajase desde lo externo a restablecer la unidad del ciclo. Verdaderamente era el dinero apareciendo como la figura intermedia que Marx presenta: elemento de propulsión a la socialización de la producción, función productiva y a la vez equivalente general, relación resultante entre instrumento de medida del trabajo e instrumento de control del desarrollo. La contradicción de su naturaleza había funcionado todavía una vez más positivamente para el capital. Pero esta recomposición "socialista" estalla hoy. La apariencia de la ruptura está dada por la irreductibilidad de la clase operaria

a devenir sujeto de este desarrollo, por el permanente emerger del "trabajo asalariado que quiere en sí la autonomía", que se pone como tal (18). La realidad de la ruptura se da al realizarse la tendencia del desarrollo, por cuanto compete a la fuerza del trabajo totalizadora, a su constituirse -por el desarrollo capitalista mismo -en individuo social unificado y compacto.

El proyecto keynesiano de los economistas estalla en este punto: preveía el control y la incitación al desarrollo entre proporciones dadas. El control era la otra cara de la medida, - como enseñaba el "capítulo del dinero" (19), el "socialismo" no incidía en la ley proporcional que desciende desde la ley del valor para configurar el movimiento social entero, -más bien podía darse sólo como uso de la diferencia para la unidad, de la calificación para la igualdad. Deviniendo reaccionario, el socialismo debe producir las condiciones de la propia existencia. La réplica, en su lugar, es que en el movimiento real la socialización del sujeto proletario se negaba a fijarlo, contraponía las condiciones de la producción al comando del capital. Y ahora cuando el esfuerzo de los economistas para eliminar la "irracionalidad" de la crisis de circulación parecía premiado, el fruto no podía ser degustado, no más crisis de desproporción entre los elementos del ciclo, sino desproporción -pura y simple- de clase obrera y capital; no más dialéctica que recondujese la diferencia (de todos modos producida) a la unidad, sino diferencia antagonista, unidad contra unidad.

La miseria de la ideología sigue a la crisis. Del fracaso del proyecto keynesiano el economista desarrolla una conciencia sólo negativa, o cuando menos exasperada. El emerger de una clase trabajadora socializada y masificada lo conduce a negar el concepto de capital. Eso deviene, por bien que se desarrolle, una "parábola", es la incapacidad de determinarse como estructura homogénea, la "representación indirecta de la realidad que no reproduce los particulares de la estructura", aunque siempre puede reflotarse -es el funcionamiento clásico del capital-la propiedad fundamental, en particular en una relación determinada, con la fuerza del trabajo. De ninguna otra manera puede ser una parábola:

porque en efecto ninguna propiedad fundamental es lícito atribuírsela más al capital mientras el conjunto de elementos que lo componen no sólo revela una total heterogeneidad de tejido, no sólo que no se estabiliza en una relación fija con la fuerza de trabajo, sino que su totalidad se revela contradictoria en su composición orgánica; la relación entre trabajo muerto y trabajo vivo es determinada de manera unívoca en el ritmo tecnológico, pero el beneficio si es liberado de estas condiciones.

¿Pero decir esto no es implícitamente admitir la realización de la tendencia? ¡Qué lejos de denunciar lo impracticable de la "contabilidad" del concepto capital!, el economista debiera plegarse al reconocimiento de la verificación de un proceso social de revolución en las condiciones de producción, revolución persuadida de la relación entre obreros y capital: la "libertad" del capital, es sólo la mistificación de una derrota súbita en la lucha de clases, la tan sufrida "libertad" del capital en el pensamiento de los "economistas" es sólo el reconocimiento que la llamada "independencia" de la variable fuerza del trabajo es insuprimible.

Heterogeneidad de la composición del capital, indeterminación de la relación técnica entre extracción de valor trabajo y beneficio, crisis del concepto de composición orgánica. Verdad, Marx ya escribía más de cien años atrás:

"En la misma medida en que el tiempo de trabajo -la mera cantidad de trabajo- es puesta por el capital como único elemento determinante, el trabajo inmediato y su cantidad desaparece como principio determinante de la producción -de la creación del valor de uso-

y se reduce a una proporción exigua pero cualitativamente un momento ciertamente

indispensable, pero subalterno, respecto al trabajo científico general, a la aplicación de la

ciencia natural de un lado, y (en relación con ella) la productividad general derivando de la articulación social en la producción totalizadora por el otro -productividad general que se "

presenta como don natural del trabajo social

(Lineamenti, II, p. 394).

Por consiguiente, en el mismo momento que el trabajo se igualaba materialmente y se socializaba, se presentaba plenamente para el capital la necesidad de emancipar de su

comando sobre el proceso de valorización, de asumir la propia libertad -de encontrarse en

la más terrible soledad -delante de la fuerza del trabajo unificada. Pero Marx añadía "El

capital trabaja en la propia disolución como fuerza dominante de la producción"(20). Mientras tanto, los economistas sacan provecho de esto para la apología de la libertad del capital, renuevan las ilusiones -pero en la medida que es eficaz para la represión, no importa el absurdo de un nuevo fascismo -de un desarrollo capitalista desenganchado de la lucha de clase obrera y como quiera que sea de la fuerza de trabajo totalizadora, reivindicando en definitiva la sobredeterminación del capital sobre el sistema como regla material del desarrollo mismo. Del keynesianismo han sufrido sólo el fracaso sin aprender la causa del mismo, de la libertad del capital comparten la rabiosa voluntad de supervivencia. La relación del capital es, desde este punto de vista, puramente externa, mera relación de fuerza, progreso del control general a partir del nivel centralizado de la disponibilidad del dinero, diseño subjetivo de organización y de dominio Y a esta perspectiva subjetiva de los economistas las otras ciencias humanas dan su modesto pero útil contribución (en tal modo la recomposición enciclopedista a lo Galbraith de la teoría de la sobredeterminación capitalista sobre el sistema la encontramos por sus repugnantes oficios algo que no da mucho trabajo en ser citado) >br> De aquí la interpretación y la lectura de la crisis.

De la disolución ideológica del concepto de capital, de la composición orgánica, de la relación entre lucha y desarrollo, deviene finalmente una última definición que es la de Estado. La totalidad de poder atribuida al capital encuentra en la fuerza su atribución más funcional. Funcional: porque en esa forma sobre un sujeto potente puede dar vuelta la garantía que la posibilidad de la libertad, el vaciamiento de las determinaciones del capital corra el riesgo de fracasar, porque sólo la imputación subjetiva que el Estado permite garantiza la maniobra del desarrollo que el economista quiere fundar en términos externos a la relación del capital. Funcional, pues, respecto a la expectativa, de esta atribución: pero hasta que punto real, efectiva? Las contradicciones señalan el camino de una ciencia del capital que quiere destruir la necesidad de su opuesto, y al querer desentenderse de la lucha se multiplican las contradicciones en la medida que más abstracto deviene el referente de la acción.

El Estado, esa infinita potencia, apropiado en la medida en que se muestra como esencia no

dialéctica del desarrollo, tiene una existencia tan puntualmente eficaz como totalmente subordinada a la serie de las innumerables contingencias del enfrentamiento.

Su autonomía y libertad son en realidad la de los instrumentos, y no la de los fundamentos. Esto no quita la especificidad del rol cubierto por el Estado, no disminuye la capacidad de

acción lúcida -y tanto menos de la represión compacta- que él puede poner en acto en el desarrollo, no disminuye la riqueza de su articulación: sobretodo no olvida la función totalizadora de conciencia y guía colectiva que el Estado puede ejercer por el capital -y que eficazmente ejerce. Pero concedido todo esto, la ideología de los economistas de todas maneras no resucita para convencer: al interior de la liberación de la composición orgánica el capital muestra sobretodo su precariedad. El subjetivismo del economista muestra más que nunca el límite que lo aflige: y eso registra el decurso de la tendencia marxista, pero sólo para soportarla, para verla actuar.

3. Una consecuencia inconclusa: los "subjetivistas" y la contradicción como catástrofe

Nos acercamos al centro de nuestro problema que es el de la organización obrera revolucionaria. Ahora, una forma inmediata y no concluida de sacar consecuencias de la realización de la tendencia marxista se amplía en el actual debate sobre la organización. Si el capital, se dice, rompe la relación orgánica que lo fuerza a la lucha, se ha terminado la dialéctica positiva -desde su punto de vista- que el Estado tenga éxito en indicar la conflictividad social, presenta al Estado, en vez de como promotor del desarrollo, como productor de crisis, por fin la lucha obrera encuentra que el nivel sobredeterminado de la dialéctica social se fija deviniendo Estado -por lo tanto la temática de la organización debe romper con una tradición agotada que lo ve como mera transposición de la definición de la composición orgánica, debe hacer estallar los nexos que ligan la forma del proceso de trabajo y la emergencia de clase, debe en su lugar -positivamente- impregnarse sobre la construcción de una vanguardia política extraña a lo intrínseco de la composición determinada de la clase obrera, de toda política, y de toda protesta al ataque directo al Estado y a la preparación militar que lo acompañe.

Un paso adelante y dos atrás, se decía en un tiempo. En realidad el paso adelante es el de la crítica -que recorre vigorosamente esta posición -la de la teoría de la organización así como fue elaborada y practicada, de manera continuada, entre la segunda y la tercera internacional. En ese ámbito el problema de la organización era localizado a partir de la determinación de la composición del capital y de la clase obrera que entonces era: la organización del obrero profesional como eje fundamental del modo de producción capitalista, como articulación esencial del proceso de valorización y de explotación -por tanto del proceso revolucionario. Por estar en los Grundisse "Capítulo del dinero" la composición de clase está ahora verificada desde la posibilidad de hacer funcionar el dinero como medio entre el valor del trabajo en la prestación individual y la producción de valor de cambio, y como mecanismo de equivalencia general y por lo tanto de control pleno del sistema. La ley del valor funciona ahora como elemento dinámico del sistema. De aquí una teoría de la organización que ve su referente fundamental en el operario profesional, y define el proceso de recomposición política como proceso que inviste la estructura organizativa del trabajo y no da siquiera cuenta de la de la eminencia de la función productiva, aquí la ideología del trabajo domina como programa el progreso entero organizativo y lo define como progreso "socialista".

¿Cuales son las profundas diversidades tácticas que han caracterizado estas singulares posiciones? Es decir -de Kautsky a Luxemburgo, de Lukacs a Gramsci- es difícil reconocer las variantes del programa socialista. En efecto el análisis objetiviza el referente fundamental en el operario profesional, la recomposición organizativa prefigura el socialismo, que la ideología del trabajo reflejada, (en los términos que ha "reflejado" del

marxismo, reflejado como relevamiento y transformación), no solo en la determinación de la composición de clase sino identificándose con la crítica desfasada, descartando lo fundamental que -en esa situación- el socialismo representaba respecto a las condiciones generales del dominio capitalista. Desde este punto de vista el modelo de organización propuesto resultaba revolucionario incluso cuando identificaba el nexo democracia- socialismo como arma de oposición a un capital no planificado y definía la dictadura del proletariado como la forma más alta de democracia, -de funcionamiento político de la ley del valor.

La crítica de este modelo de organización está ubicada previamente al "subjetivismo" organizativo de hoy. La objetividad de la composición política del proletariado, se observa, fue destruida -absorbida y destruida- en el Estado capitalista surgido en la crisis del 29. La respuesta capitalista a la revolución de Octubre, al movimiento de unificación, no sólo ha quitado la misma posibilidad del modelo organizativo, destruyendo la figura del obrero profesional como figura eminente del proceso laboral, sino que la respuesta capitalista ha incluso puesto en acto una operación de contención dinámica de la lucha de la nueva figura del obrero masa, ahora producido. El fin de toda posibilidad de fundar la recomposición organizativa sobre la relación orgánica que liga clase y capital.

Es en este punto donde todavía a nosotros nos parece que al paso adelante le siguieron los dos pasos atrás, y sobre todo oblicuos. ¿Por qué, de hecho, opinar que el justo reconocimiento del agotamiento de un modelo organizativo, la conciencia de la superación de una cierta proporcionalidad y materialidad determinante de la composición de clase que desplaza a su centro al obrero profesional, anulando al mismo tiempo el concepto de composición orgánica, -es paralelamente renunciar a la posibilidad infinita que la toma actual del concepto, que un "análisis determinante de la clase" pudiera ofrecer? Cierto, el concepto de composición orgánica es puesto nuevamente en discusión, y eso no es indiferente a sus contenidos. Pero no se puede arrojar al niño al agua sucia."Ma non si púo abbutar al bambino con la acqua porca" >br> Aquí moviéndose en tal sentido los "subjetivistas" se asimilaron a los "economistas" burgueses, extrajeron de la realización de la tendencia marxista consecuencias catastróficas, exasperadas e incorrectas.

La sensación que de la crítica justa del modelo de organización socialista se siguen deducciones erradas se registra pero transitando otra serie de problemas relativos a la organización. En el cuadro de referencia del modelo de la segunda y de la tercera internacional la articulación entre dirección y movimiento encontraba en el análisis de la composición política de clase un sostén y una justificación: aunque desde este punto de vista el requisito para que la organización se modelase sobre la materialidad de la composición de clase estaba dado. De hecho la dirección política del proletariado repetía respecto al movimiento el dualismo que el movimiento per se presentaba entre la masa de obreros profesionales (gestores del modo de producción y detentadores de la ideología del trabajo) y la masa proletaria. La mayor y la menor exterioridad de la dirección respecto al movimiento -contenido en el ejemplo de la polémica entre Luxemburgo y Lenin- lejos de representar una alternativa al modelo general, era -cuando no fuese interpretado, como de hecho no lo era, en términos ideológicos- su confirmación, dependiendo de hecho esta mayor o menor mezcla de exterioridad esencialmente del grado de homogeneidad obtenido por los simples proletariados nacionales: indudablemente más alto -siempre para permanecer en el ejemplo- en Alemania que en la Rusia de entonces. Todo confluía pues en dar al modelo socialista de organización, una indudable consistencia en la composición

social del proletariado Como reaccionaron nuestros subjetivistas a la caducidad, así también con las condiciones generales del modelo incluida la posibilidad de una relación material del discurso sobre las articulaciones de la organización? Reaccionaron teorizando el más absoluto dualismo entre espontaneidad de la masa proletaria unificada y subjetividad revolucionaria, entre la autonomía obrera y los objetivos de la organización. Paradojalmente el concepto de exterioridad subjetiva de la organización es retomado en la teoría más rigurosa del modelo organizativo socialista, de igual manera que hoy en día en nombre del rechazo a sostener la mediación de la relación orgánica del capital, de la estructura política de la clase. Es una suerte de leninismo sin las condiciones estudiadas por Lenin en "El desarrollo del capitalismo en Rusia" -base fundamental de toda su práctica. Es subjetivismo, el "tercermundismo", el "estudiantismo", que hoy se califica como "proletario" y se refiere a la realidad de una socialización sin precedentes del modo de producción y de la extraordinaria masificación de la lucha, sin saber todavía atravesar la especificidad material, interior a este pasaje histórico, sin saber entonces ligar a la voluntad de organización la eficacia del programa.

De modo tal que el problema debe ser enteramente desplazado y repropuesto en el plano teórico. Retornamos a los Grundisse, retornamos a la tendencia, a la definición marxista de la ruptura de la dialéctica entre socialización máxima del proletariado como trabajo asalariado y absoluta exterioridad del capital como detentador del comando sobre el trabajo. Qué cosa significa ahora la realización de la tendencia de Marx? Es quizás esto, la realización de la simple emergencia de una necesidad inevitable? O es, de otra manera, una regla histórica privada de contenido determinado, una norma de traspaso de cultura que no envejece? Ni lo uno ni lo otro. La realización de la tendencia es en Marx la emergencia de una necesidad de masa-objetiva en cuanto la objetividad está constituida en la realización de masa de la subjetividad animada, articulada con la determinación específica que el desarrollo capitalista está -en esta relación- forzado a recoger. Realización de la tendencia significa ahora victoria del movimiento dialéctico en la medida que en ello la especificidad de una situación histórica está madura en la relación, y la relación será destruida, con un sujeto histórico. La coherencia del discurso marxiano aparece en la verificación de todas sus premisas metodológicas: la entera Einleitung de los Grundisse (25) es la demostración. La tendencia es ese mismo movimiento, movimiento de una relación específica y sólo en esta especificidad encuentra su génesis y su destrucción: la tendencia a la crisis del capital como crisis del modo de producción ante las condiciones del trabajo, la totalidad del comando capitalista ante la totalidad de la sujeción obrera es un movimiento que tiene una prehistoria inmediata -toda determinada- es una desembocadura que solo dentro de la relación plena se determina. Romper esta dialéctica, pone el problema de la destrucción del orden existente fuera del movimiento que crea la condición fundamental -la aparición del individuo social proletario- y determina un dualismo suicida: debe la teoría terminar vaciándose, se abre la ceguera de la práctica. No se ataca el subjetivismo porque la subjetividad no tendría un después en la tendencia marxista: al contrario se lo ataca porque se separa de aquella subjetividad que recorre toda la tendencia marxista, pero como subjetividadad corporizada, dialéctica, calificación de la misma individualidad histórica, concretamente, específicamente, construida en esta fase del desarrollo capitalista. Vale la pena en este punto -se crea allí el espacio- recorrer la historia reciente del marxismo occidental para ver como, de la crítica del "diamat", del bruto materialismo del determinismo soviético devino una alternativa dualística, emergió una reserva teórica, incapaz de religar la tendencia dentro de la participación de la lucha activa de clases, como

lucha de clases pura y simple en acto. Desde allí se la condena a la impotencia, a la asunción del terrorismo como la única forma posible de lucha, es un comportamiento recurrente, porque tomando nota de una teoría subordinada quiere oponer una teoría libre. Pero libre de qué cosa? Subordinada a qué cosa? Libertad y subordinación, de la teoría como de la práctica, se dan sólo en la tendencia, en el movimiento, en la especificidad de la lucha de clases que construye materialmente la destrucción del orden de cosas existente. Ahora desde el punto de vista de la temática de la organización, lo que importa no es la realización de la tendencia como dato, como estado, como resultado; lo que importa es su realizarse como actividad. De aquí la ilusión de cualquier forma de subjetivismo que suponga la tendencia como resultado y se apreste de manera simplista al ataque al poder:

solo en abril de 1917 se pudo escribir la Tesis de Abril.

De aquí la necesidad de traer nuevamente al análisis, la discusión y la práctica sobre el problema de la organización, todo dentro del movimiento material. Es verdad que, en el proceder en este terreno, gran parte de los resultados de la tradición son tirados a la basura. Es verdad que, el uso de las viejas categorías de la crítica de la economía política para el problema de la organización es asfixiante: de otra forma el cambio de contenido y de referentes no puede sino modificar el mismo andamiaje teórico de las categorías que se asumieron. Pero este es el único camino que podemos recorrer. No el acortar camino.

4.Trabajo (abstracto) como sujeto revolucionario: la base del programa comunista y la apropiación proletaria.

Queremos entonces demostrar que el comunismo es actual, que todo pasaje intermedio está quemado; que la lucha de clases se dirige directamente e inmediatamente contra el Estado. Pero debemos demostrarlo al interior del movimiento de la tendencia porque este método tiene importantes consecuencias en la definición del modelo organizativo, sobre el nexo entre programa y organización. Este es el significado del materialismo dialéctico: saber relacionar; y aún nutrir el análisis real del crecimiento del sujeto histórico revolucionario, y no sólo las cuestiones generales.

Volvemos por esta razón a la tendencia, así como está descripta en el "capítulo del dinero" de los Grundisse. ¿En qué consiste la contradicción fundamental y en que sentido se realiza su movimiento? Marx distingue dos momentos. El primero es el que el trabajo simple es puesto desde el principio como trabajo particular: para retomar la esfera del dinero este trabajo debe ser mediado por la generalidad; y es el dinero mismo el que cumple esta operación. La contradicción existe, entre trabajo particular y generalidad del dinero, pero es contradicción superada, el dinero es una función productiva. "En el segundo caso se cambia el presupuesto mismo; o sea es presupuesta una producción social, la sociedad como base de la producción. El trabajo simple es puesto desde el principio como trabajo social. Entonces "su producto no es valor de cambio". En el segundo caso el carácter social de la producción es presupuesto, y la participación en el mundo de los productos, en el consumo, no es mediada por el cambio de trabajo o de productos del trabajo recíprocamente, independientemente. Es mediado por las condiciones sociales de producción entre las cuales se encuentra el individuo."

Aquí aparece la contradicción fundamental, o bien se hace antagonista la función del dinero, se sobredetermina su función -de otra manera mediadora, real, productiva- respecto al desarrollo de la fuerza productiva.

Querer transformar por lo tanto el trabajo simple (o bien su producto) inmediatamente en dinero, en valor de cambio realizado, significa determinarlo inmediatamente como trabajo general, o sea es negar tener en cuenta las condiciones bajo las cuales debe ser transformado en dinero y en valor de cambio, y de las cuales depende el intercambio privado. La exigencia puede ser satisfecha solamente con la condición que no sea puesta otra vez. El trabajo, sobre la base del valor de cambio, presupone que ni el trabajo simple ni su producto sean inmediatamente generales; que se obtenga esa forma solamente a través de una mediación objetiva, a través de un dinero diferente.(Elementos I, pág 116-118)

Hemos visto como el capital, en la larga historia de su desarrollo entre manufactura y gran industria, ha recorrido y quemado la primer fase descripta. Después de la gran crisis del ´29 se abre la segunda en que, equivocadamente, desde un principio se intenta hacer funcionar el dinero, el control capitalista del valor de cambio general, sobre la ambigüedad o contradicción ahora reconocida que la relación presenta.

Hoy finalmente encontramos la segunda fase de manera totalmente desplegada, en la medida en que en la mistificación de la contradicción, los elementos de continuidad mistificada respecto al pasado resultan agotados. "Esta relación económica -el carácter que el capitalista y el obrero tienen, de ser extremos de una relación de producción- deviene tanto mas plenamente y adecuadamente desarrollado cuanto más el trabajo pierde todo carácter artesanal." (26). Y hoy el trabajo no sólo se constituye materialmente como base general sino que se muestra como tal.

Que el valor de uso que se contrapone al dinero puesto como capital, no es este o aquel trabajo, sino trabajo puro y simple, trabajo abstracto, absolutamente indiferente a toda determinación particular, pero capaz de toda determinación. La sustancia particular de la que está constituido un capital determinado debe corresponder naturalmente el trabajo como trabajo particular; pero debido a que el capital en tanto tal es indiferente a toda particularidad de su sustancia, en tanto la abstracción de toda su particularidad, el trabajo que se le contrapone tiene en sí la mismísima totalidad y la mismísima abstracción. (Elementos, I, pág. 280).

Pero insistamos sobre el pasaje que hoy se da, en la segunda de las fases descriptas por Marx: veremos de hecho una serie de importantes consecuencias relativas al movimiento de la tendencia. A fines de 1929 -es el momento en que en respuesta a la acción revolucionaria socialista y de octubre se pasa a la producción de masa como medio para destruir las condiciones de la organización obrera (el año 1929 es el reconocimiento y el asumir de este estado del movimiento real)- en el 29 por consiguiente la producción es puesta ahora en el trabajo general. El carácter social de la producción hace posible desde el principio un producto general, social. Pero que el nuevo pasaje, se haya, dado se debe al agotamiento de la mistificación que siguió al 1929. Es el reconocimiento de los trabajadores de la relación, nuevamente estabilizada desde el llano, entre clase obrera y dinero como horizonte del control, el equivalente general del valor de cambio, como algo puramente aparente. Marx preveía en estos términos este decisivo pasaje:

El obrero, si la cooperación le permite mercadear y competir con el capitalista, mide sus pretensiones en la ganancia del capitalista pretendiendo una cuota determinada del plusvalor que el mismo ha creado; por lo que la proporción deviene un momento real de la vida económica misma. Además la lucha entre las dos clases -que se instaura

necesariamente con el desarrollo de la clase obrera -la proporción de la distancia recíproca, expresada en el salario mismo como proporción, adquiere una importancia decisiva. La apariencia del cambio desaparece con el modo de producción basado en el capital (Lineamenti, II, p.258).

Pero entonces la tendencia comprende desde antes el movimiento del sujeto histórico revolucionario y descubre, imputándolo a la caducidad de la mistificación del valor de cambio, el pasaje de la lucha del salario a la lucha por la apropiación (sobre este tema volveremos de todas maneras). Pero entonces, si este reconocimiento tiene lugar, suspende entonces toda mistificación sobre el socialismo; el socialismo no es posible como no es hoy posible relación alguna que no sea meramente antagonismo entre trabajo y valor de cambio, más todavía, su utopía puede funcionar solamente como ha funcionado brevemente después del ´29, como control ideológico capitalista del antagonismo que emergió.

En lugar de, sobre esta base unificada del trabajo asalariado y sobre este reconocimiento de la apariencia infame del cambio, el comunismo es necesario como producto y a la vez subversión del estado de cosas presente: la "prostitución general se presenta como una fase necesaria del carácter social de la disposición, capacidad, habilidad y actividades personales" (27), la tendencia opone "la libertad individual, fundada sobre el desarrollo universal de los individuos y sobre la subordinación de su productividad colectiva, social, como su patrimonio social" (28).

El análisis de la contradicción fundamental que la tendencia mueve y lleva a resolver, no considera solamente los aspectos cualitativos -la caducidad es la de la diferencia cualitativa- del trabajo: el constituirse de la unidad del trabajo asalariado es un aspecto que inviste incluso los aspectos cuantitativos de la prestación de trabajo, los disuelve e induce en su propósito una serie de nuevos antagonismos -como ya hemos recordado- Lo fundamental:

es que las anotaciones son leídas -porque implícitamente y explícitamente fueron referidas- en relación a la disolución de la división del trabajo.

En la medida que se desarrolla la gran industria, la creación de la riqueza real viene a depender menos del tiempo de trabajo y de la cantidad de trabajo empleado que de la potencia de los agentes que fueron puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, y que a su vez -esta su powerful effectiveness- no está minimamente en relación al tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, pero depende en vez del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología o de la aplicación de esta ciencia a la producción (Elementos, II, p. 400)

Sobre el ritmo de la reducción del tiempo de trabajo, la ciencia se incorpora al trabajo productivo inmediatamente "la invención deviene una actividad económica y la aplicación de la ciencia a la producción inmediata un criterio determinante y apremiante para la producción misma" (29).Y por eso ahora, sobre la base de estas condiciones, es que la "riqueza real se manifiesta -y esto es el signo de la gran industria- en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, Como (ya antes) la desproporción cualitativa entre el trabajo reducido a pura abstracción y la potencia de producción que él vigila" (30). La contradicción que no consigue -en primer lugar y en general porque el capital, ante este proceso, de un lado "tiende a reducir el tiempo de trabajo a un mínimo mientras, por el otro, pone el tiempo de trabajo como única medida y

fuente de la riqueza"; en segundo lugar y de manera más específica (es la ley de la productividad del trabajo) porque el capital "disminuye el tiempo de trabajo en la forma de tiempo de trabajo necesario para incrementarlo en la forma de tiempo de trabajo superfluo - en medida creciente -la condición (cuestión de vida o muerte) de necesario." (33), esta contradicción entonces, es posible, impregnándose de las consecuencias del proceso de abstracción del trabajo. De nuevo de hecho la contradicción revela a la clase trabajadora como sujeto histórico de la tendencia, y lo muestra no sólo como actividad antagonista, como posibilidad de subversión: lo muestra como mundo y subjetividad nueva que deviene construyéndose de manera social, comunista. En primer lugar como actividad antagonista.

De un lado el capital recurre a toda la fuerza de la ciencia y de la naturaleza, como a las combinaciones sociales y las relaciones sociales, a fin de hacer posible la creación de la riqueza (relativamente) independientemente del tiempo de trabajo empleado en ella. Del otro lado intenta medir la gigantesca fuerza social así creada con la medida del tiempo de trabajo, e impregnarle los límites que son necesarios para conservar como valor el valor ya creado. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales -ambos lados del desarrollo del individuo social- figuran para el capital sólo como medios, y son sólo medios para producir sobre su limitada base. Pero en realidad son las condiciones para hacer saltar por el aire esta base (Elementos fundamentales, II, p. 402.

En segundo lugar como actividad reconstructiva, como posibilidad real y presente del comunismo.

El trabajador no es más el que introduce el objeto natural modificado como miembro intermedio entre el objeto y él mismo, sino el que introduce o inserta el proceso natural, que él transforma en un proceso industrial, como medio entre sí mismo y la naturaleza inorgánica, de la cual se apodera. Él se coloca junto al proceso de producción, en vez de ser el agente principal. En esta transformación no es ni el trabajo inmediato, ejecutado por el mismo hombre, ni él tiempo que él trabaja, sino la apropiación de su productividad general, su comprensión de la naturaleza y el dominio sobre ella a través de la existencia del cuerpo social -en una palabra es el desarrollo del individuo social que se presenta como el gran pilar de sostén de la producción y de la riqueza. El fruto del tiempo de trabajo ajeno, sobre el que se apoya la riqueza de hoy se presenta como una base miserable respecto a esta nueva base que se desarrolla en el tiempo en que está siendo creada la gran industria misma. Apenas el trabajo en forma inmediata deja de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y debe dejar de ser su medida, y es cuando el valor de cambio debe dejar de ser la medida del valor de uso. El plusvalor de la masa ha dejado ser la condición del desarrollo de la riqueza general, así como el no trabajo de unos pocos ha dejado de ser la condición del desarrollo de la fuerza general de la mente humana. Con esto la producción basada sobre el valor de cambio se derrumba, y el proceso de producción material inmediato viene a perder entonces la forma de la miseria y del antagonismo. Toma su lugar el libre desarrollo de la individualidad, y entonces por tanto no es necesaria la reducción del tiempo de trabajo para crear plusvalor, sino en general la reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al que corresponde la formación y el desarrollo artístico, científico, etc., de los individuos gracias al tiempo devenido libre y a los medios creados para todos. (Elementos Fundamentales, pág 401-402)

Es en este punto, en este nivel de maduración y de expansión de la tendencia, que reconocemos como real, que se impone una primer conclusión en mérito al problema de la

organización revolucionaria en su relación con la determinación -teórica en sentido marxista y leninista- de la composición de clase. Si entonces el cambio de fuerza de trabajo no es más lo que deviene -con determinación cuantitativa y con especificidad cualitativa- al interior del proceso del capital, y en lugar de un intercambio de actividad, determinada como bisagra y meta social, es el presupuesto mismo de la producción social y la sociabilidad la base de la producción; se termina el trabajo singular y es puesto desde el inicio como trabajo social. El producto mismo de todo el trabajo no puede ser representado como valor de cambio, ni siquiera en la forma simple de la medición proporcional entre trabajo general y control general sobre sí mismo. Trabajar ya es una participación inmediata en el mundo de la riqueza. Reconocer esto es proponer a la organización un contenido necesario del programa, es establecer una tarea teórico-práctica a desarrollar en el terreno de la apropiación directa como reconocimiento práctico de las condiciones sociales de la producción. El contenido de masa del proyecto de organización obrera, en la misma medida en que se extiende en la figura entera del trabajo abstracto, se determina en torno al programa de la apropiación social directa de la riqueza social producida.

La apropiación obrera y su reconocimiento práctico, -es la revelación práctica que el desarrollo de la fuerza productiva encuentra una barrera en la apropiación capitalista de la riqueza, y junto a esto un nuevo sujeto histórico revolucionario puede hoy imputar a sí mismo la tarea de hacer florecer la propia lucha, en las características mismas de la propia existencia, el comunismo.

5. La crisis del Estado-planificador: la gran empresa como articulación de la tendencia y sujeto del antagonismo del punto de vista del capital

La tendencia promueve un desarrollo que es en primer lugar contradictorio, y de ahí en más antagonista. Contradicción y antagonismo implican la existencia del sujeto de relación que se da así: hemos visto como viene emergiendo cada vez más claramente el sujeto histórico proletario. Ahora es el momento de dirigir la atención al otro sujeto, al capital, para ver como -dentro de la tendencia-se mueve, como se desarrolla su acción, porque la tendencia, ante todo se abre, si se cierra. En la tendencia la acción de clase es progresiva, la del capital regresiva. Ambos son señalados por el hecho que se ha entrado en una fase nueva y original de lucha entre las dos clases: este hecho califica el horizonte estratégico de la lucha. Pero, contemporáneamente, es sólo en la determinación de los choques que resaltamos el pasaje táctico, la especificidad, la determinación que el discurso debe tener antes que nada presente.

Entonces, en este nivel de desarrollo de la tendencia, cuál es la respuesta del capital? Ya hemos aludido a las posiciones de los “economistas”. Por eso la crisis del Estado construido a partir del 1929, por eso la ruptura de la proporción determinante en la división de la riqueza social contra la prepotencia de la nueva figura de clase, que nos conduce a retener que cualquier relación orgánica entre clase y Estado -como representante colectivo de los capitalistas- no puede darse más. A la crisis del estado planificador no pudo seguirle otra cosa que una relación completamente libre en la determinación del equivalente general del valor, completamente desarticulada de la composición orgánica del capital y así el estado está feliz de no tener que intervenir sobre el proceso laboral social al interior del cual: la escisión entre trabajo y comando sobre el trabajo esta completamente realizada. El estado no podrá representarse de otra forma que no sea la de estado-crisis, el gestor de la libertad del uso del comando por la supervivencia del capital. "Desvalorización general y

destrucción del capital”, desvalorización general que se extiende, en la crisis general, hasta

la misma fuerza de trabajo viva" (32), éstas son las líneas de las cuales -relación de fuerza

mediante que lo permita- no les parece a los “economistas" se puedan alejar, dando por descontando al mismo tiempo que la permanencia de la crisis es una condición normal del desarrollo capitalista y de una adecuada función del Estado. En esta línea teórica, como ya se ha mencionado, se funda una tendencia subjetivista en mérito al problema de la organización revolucionaria, que insiste consecuentemente sobre la necesidad de disociar radicalmente el proyecto organizativo de la definición de la composición política de clase. Pero esta posición representa, como se ha visto, por bien que vaya, una verdad parcial. Es verdad: que en forma inmediata el uso de la crisis como desvalorización se extiende hasta el valor de la fuerza del trabajo, tal el camino principal que debe recorrer el capital -y esto nadie puede negarlo. Y menos ahora: cuando no se puede siquiera rechazar la afirmación de tendencia que "progresivamente el mundo objetivo de la riqueza, mediante el trabajo mismo como fuerza extraña, se expande de frente al trabajo y adquiere una existencia siempre más extensa y más plena; de modo tal que relativamente, o sea en relación al valor creado o a las condiciones reales de la creación del valor, la subjetividad indigente de la de la fuerza de trabajo viva representa un contraste cada vez más crudo" (33) Pero esta posición subjetivista no significa renunciar al reclamo mucho más potente que es el de comunismo en acto en el movimiento real? El mecanismo capitalista de la crisis no protege unilateralmente el desarrollo del capital, empujando con este fin a la desvalorización del valor de la fuerza de trabajo. Al contrario, "la destrucción de valor y de capital que se verifica en períodos de crisis coincide o mismo es sinónimo de un desarrollo general de la fuerza productiva" (34). Simultaneidad de crisis y de reestructuración, tentativa -en el mismo momento en que se altera la proporción entre trabajo necesario y plusvalor "o, if you please, entre los diversos momentos del trabajo objetivado y del trabajo vivo" (35)- de restablecer otra relación, de reproponer niveles de composición orgánica favorables al capital. Se podría objetar que, en el nivel actual de la tendencia, detrás de la relación de fuerzas que hoy determina la crisis, una determinada simultaneidad de crisis y de reestructuración puede funcionar por la mera mistificación. Pero es la mistificación que

modela al capital, por estar dirigida a la mistificación, menos eficaz? Vale la pena replicar a los “subjetivistas" que de esta manera criticamos, con el aforismo leninista “Va in luido en

la parvenza (schein) toda la riqueza del mundo y negamos la objetividad de la parvenza"

(36) En realidad es adecuado dentro de la eficacia de la respuesta capitalista -o if you please

de la mistificación capitalista- que el antagonismo tendencial puede devenir -a lo menos- explosivo, y es confrontando con este camino del capital que la instancia comunista de la masa proletaria pudo hacerse potencia subversiva. Dentro de la determinación de esta relación, dentro de su contingencia y su especificidad, los patrones pueden encontrar su nuevo concepto de capital, los proletarios una nueva práctica de partido.

Y en efecto, los patrones están construyendo el nuevo concepto de capital. La más amplia

experiencia que se nos ofrece a la teoría, es la habitual lucha de los trabajadores: sólo a

partir de esta -la conciencia, si no la ciencia, del capital lo reconoce- la innovación teórica y

la renovación del domino político son posibles. “Capitalizar la revolución" era el titular del

“Times" hace un tiempo. La reflexión y la práctica consiguiente se centran, en las causas de la crisis actual para superarla, para contenerla -además de utilizarla y reprimir como siempre el domino de la relación que el capital realiza. ¿Cómo se dio entonces, la crisis del Estado Keynesiano construido a partir de 1929? El estado de las proporciones determinadas ha llegado a su fin ante la masificación de la lucha, al extenderse la demanda del salario -ha

llegado a su fin en el enfrentamiento que le oponía el trabajo abstracto unificado como práctica colectiva en la respuesta de una elevación del valor del trabajo necesario. Esto ha producido la eliminación de las proporciones determinadas entre trabajo necesario y plusvalor, que -traducido en términos de valor de cambio- se llama inflación. Con la inflación la crisis del sistema se hizo antes que nada crisis del Estado; porque al estado se le atribuía el rol hegemonizador, equilibrador y promocionador, en la secuencia empresa- estado-plan. La fábrica se subordinaba al Estado que garantizaba las condiciones fundamentales del funcionamiento del sistema -y del sistema de fábricas en primer lugar. Por medio del Estado el valor de cambio encontraba una garantía para valer como ley general de reproducción de las condiciones productivas. Pero este mecanismo no ha funcionado. Está roto, a partir que la fábrica vino a investir toda la sociedad, la ley que el Estado debía garantizar. Aquí en la lucha masificada del obrero masa, el trabajo se desenganchó del valor del trabajo. En esta situación el estado puede garantizar una relación proporcional general, y esto es la vigencia de la ley del valor del trabajo, solo a través de un dinamismo reformista medido en las proporciones de las que es garante. Cuando en lugar de eso, el reformismo, bajo la presión operaria, desborda de los diques fijados, deviene un elemento ulterior de disolución, perturbador del correcto funcionamiento de la ley del valor de cambio mismo.

Ahora es parte del juego aceptar la situación determinante del desenganche del trabajo de la ley general del valor. Sobre esta conciencia se ejercita la voluntad capitalista de reestablecer una relación hegemónica. De principio a fin, la determinación final de la tendencia se subsume al capital; la separación que está implícita en el valor de cambio se hace explícita en términos más extremos, el capital se hace inmediatamente y solamente “comando sobre el trabajo ajeno" (37). El desenganche entre trabajo y del trabajo-valor de cambio, una vez aceptado y hecho propio por el capital conduce a esta conclusión: el comando como tal , el comando generalizado sobre el trabajo, deviene no solo -como siempre ha sido- motivo de calificación general del capital, sino elemento de existencia, de supervivencia -al fin y al cabo de determinación específica para la época histórica dada. Una segunda consecuencia es, sobre estos presupuestos, inmediatamente madurada: y es la inversión de la secuencia Estado-plan-empresa. En caso que el estado hubiera cubierto el rol hegemónico, representando y garantizando la equivalencia en el movimiento de factores, la caducidad de la norma de equivalencia subordina la función del Estado respecto

a la de la empresa (en la forma dominante que hoy asume, que es la de la empresa

multinacional). A nivel del mercado mundial, el Estado-crisis se presenta hoy como crisis del “Estado Nacional" respecto a la forma de la empresa -de empresa multinacional- del comando capitalista. En caso que el Estado haya ordenado todas las condiciones de la

producción social, el ataque obrero lo desvaloriza e impone a la conciencia capitalista la entrega de la única condición que no puede entregar: el comando de empresa en la extracción de plusvalor. Así al neomercantilismo y dirigismo keynesiano es seguido por los nuevos economistas americanos, en nuestro duro ataque a las tradiciones reformistas y la pesada insistencia en la política selectivamente incentivadora; así, chez nous el fin de la temática del reformismo se mezcla sobre la proclamada afirmación -que tanto sabemos le gustaba a Marx: “la empresa es la base del Estado" (Glisenti); así en el nivel internacional, en paralelo con el fin del keynesianismo en la política interna, se derrumbó Bretton Woods

y los acuerdos entre Estados sobre el equivalente general, liberando de tal modo para la

empresa multinacional una función de tracción y de comando general en el desarrollo.

El capital alcanza su más alto desarrollo cuando las condiciones generales del proceso social de producción no son creadas descontándolas del rédito social, de los impuestos públicos, - de dónde, es el rédito y no el capital que figura como fondos de trabajo, y el obrero, por ser obrero asalariado libre como cualquier otro, todavía desde el punto de vista económico se encuentra en una relación diferente, a la del capital en cuanto capital (Elementos, II, pág

171.)

Pero el proyecto capitalista hoy no interpreta sólo la fuerza del impacto obrero sobre la estructura del estado planificado: intenta interpretar la forma, la figura en la que se ha desarrollado, la figura del obrero masa. Interpretarla para asumirla y distorsionarla. La fluidificación de todos los momentos del ciclo productivo representa la faz positiva del proyecto capitalista, la reestructuración verdadera y propia -con contemporáneo aumento de la productividad de la fuerza de trabajo singular y del trabajo social (38). La tentativa de reinsertarse al interior de esta masa de mecanismos de división del trabajo ahora totalmente ligados a la participación en el comando de empresa, representa la faz negativa, reaccionaria del proyecto capitalista. De este modo el complejo horizonte político del capital alcanza el nivel del proceso del trabajo y la urgencia de dominio general sobre el desarrollo articulando la tentativa de determinar en una nueva forma la composición orgánica del capital. Así se da un concepto puramente político, de articulación entre masificación de la producción y función del comando dentro de ella. La sobreabundancia del capital -fruto de la emergencia obrera masificada- ha quemado la posibilidad de determinar la composición orgánica como relación entre tiempo de trabajo y la productividad diversa entre las diversas ramas de la división del trabajo. El aplanamiento del trabajo debe ahora tener como correlación la permanencia de la forma del valor del trabajo, la forma del comando capitalista, la forma del comando de fábrica sobre toda la sociedad. Desde este punto de vista la empresa -como fábrica- se confirma como concepto del capital producto de los patrones, adecuado a sus exigencias de hoy, como categoría específica del capital en la fase que atravesamos de relación de fuerzas entre las clases. Desde este punto de vista la combinación dispuesta relativa a la compleja fluidificación del trabajo sobre el ciclo entero de producción y a la selección de las funciones de imperio al interior del ciclo mismo -es todo lo que se llama automatización- conquista un rol en la historia del desarrollo capitalista que puede ser parangonado al del taylorismo y del fordismo en los años 20: entonces masificación contra la base profesional de la organización obrera, hoy participación selectiva contra la base masificada de la organización obrera.

Es el momento de extender algunas anotaciones concluyentes incuso sobre este argumento. De todo esto resulta que el capital -en forma alternativa, o mejor, en concomitancia con el uso de la crisis- en este nivel de la tendencia intenta capitalizar la revolución, mistificando la emergencia del trabajo abstracto como sujeto masificado en una composición fluida y aplanada del trabajo productivo, dentro de la cual la única emergencia resultante y calificante es la de la empresa, de la reproporción sobre todo el trabajo social de la norma del comando del trabajo de fábrica. Esta es la vía que el capital toma al seguir la causa que ha determinado el despedazamiento del estado-Plan, al interpretar y controlar el movimiento de clase que ha destruido el Estado keynesiano del año 1929. Si este es el tipo de línea impuesto -en la dialéctica de la relación entre las clases en lucha- al capital, resultan confirmados los motivos de polémica en la confrontación de toda impostación subjetivista del problema de la organización obrera revolucionaria. La necesidad de la organización política comunista de los obreros y de los proletarios para la insurrección, es tan urgente y

en un todo relevante para que un análisis de la tendencia tenga motivaciones más radicales que una elección “voluntarista”. Subvertir la articulación capitalista del comando sobre el trabajo social que se ejercita a partir y a través de la empresa constituye por el contrario la tarea táctica primaria de la organización revolucionaria: sin la dilucidación de esta función específica, el mismo empuje macizo comunista de la masa corre el riesgo de ser anulado en la represión (no en la de los jueces, sino en la material del sistema), de modo de no producir efectos inmediatos de organización.

Comenzamos diciendo que no bastaba seguir la capacidad de ruptura de la tendencia, que era necesario tomar la especificidad del comportamiento y del proyecto de los sujetos del antagonismo. Ahora cuenta el análisis del comportamiento del adversario de clase, comienza a configurarse el problema, el pasaje determinado que la organización revolucionaria de los obreros debe cumplir: gestión de la apropiación social de parte de la masa, junto a la ruptura del sostén político, del símbolo teórico, la función de arrastre del capital hoy en día, de la empresa. El problema nace del hecho que no se trata de dos temas, sino de uno solo: de mover a todos los trabajadores masa contra la fábrica, desencadenar todo el trabajo abstracto contra la forma del valor de cambio, de nuevo contra la fábrica. Este es hoy el tema de la organización obrera en relación al problema de la composición orgánica del capital.

6. Reflexiones interlocutorias sobre algunas objeciones de método: la tendencia, la ciencia y la práctica

Un breve paréntesis metodológico, en este punto. Dos objeciones fueron alzadas en otro tiempo contra el tipo de razonamiento que llevamos adelante aquí: uno, el del economicismo, es decir el confiarse al determinismo de la tendencia postulando una traducción inmediata de esa realidad (esto es desarrollando la especificidad determinante que la realidad presenta y la forma específica de dominarla); la otra objeción, complementaria, es la del idealismo, esto es el subjetivizar la articulación polar de la tendencia, individualizar contradicciones y antagonismos -olvidando con esto la serie de operaciones prácticas que ninguna individualización determinada -organizativa- implica:

que el idealismo se haga espontaneísmo.

La práctica ha hecho justicia con estas objeciones. Por tanto cerraríamos con ellos, si no fuese que -al responderle- podremos profundizar nuestro punto de vista. Veamos la primera. Para responderla es necesario aclarar que es la tendencia. La tendencia no es en nuestro caso una ley que recorre, necesaria e ineluctablemente, la realidad: la tendencia es un esquema general, que, a partir del análisis de los elementos que componen una situación histórica, se establece sobre ella como definición de método, de orientación, de directiva para la acción política de masa.

La tendencia es la previsión determinada relativa a la dialéctica material que desarrollarán los hechos que así son comprendidos. La tendencia es la explicitación práctico-teórica del punto de vista obrero en una época histórica determinada. En este sentido la tendencia puede, al describirla, definir que la contradicción es un camino opuesto al que recorre el determinismo económico: la tendencia puede ir de lo simple a lo complejo, de lo concreto a lo abstracto, para conquistar un horizonte teórico pleno y adecuado dentro del cual simplicidad y concreción de los elementos de los que ha partido el discurso adquirido se significan.

Lo concreto es concreto porque es síntesis de muchas determinaciones, por tanto unidad de muchas piezas. Por esto, el pensamiento mismo se presenta como proceso de síntesis, como resultado y no como punto de partida, aunque ese sea el punto de partida efectivo y por consiguiente el punto de partida de la intuición y de la representación. Por la primer vía la representación concreta se ha volatilizado en una determinación abstracta; por la segunda la determinación abstracta condujo a la reproducción del concreto en el camino del pensamiento (Elementos fundamentales, I, p.27).

Por consiguiente al presentarse como método rígido y determinista, el procedimiento de la tendencia representa una aventura de la razón en su encuentro con la complejidad de lo real, y la razón acepta el riesgo de esta aventura: la verdad de la tendencia está de hecho en su verificación. Otra que economicismo! Después de haber descripto este método Mao anota: "De este modo nos alejamos del materialismo pero, rechazando el materialismo mecanicista, defendemos el materialismo dialéctico" (39). En efecto toda la inversión de la dialéctica hegeliana en los clásicos, de Marx, Lenin y Mao, se resuelve en un proceso de descomposición del horizonte determinista, en la tentativa de relacionar dentro de la crítica de la economía política el análisis de la complejidad de lo concreto -por tanto la traducción práctico-política de la previsión teórica es en última instancia el poner en este nivel el problema de la organización. Se nos ha acusado entonces, lo que sería más correcto, que de economicismo, de estar todavía queriendo resolver el problema de la organización; que se nos acusa lo aceptamos críticamente, impregnando el trabajo para resolverlo, en el movimiento. Si se verifica la validez del método de la tendencia en la práctica de la organización, incluso la segunda de las objeciones que ha menudo se ha rebelado contra el método -el idealismo, el espontaneismo- se hace menor.

El asumir la polaridad de la tendencia, de sus contradicciones y la posibilidad de transformarla en antagonismo, en proceso revolucionario y en iniciativa insurreccional, no constituye de hecho un procedimiento hipostático en la confrontación de la realidad analizada, es sino el presupuesto de cualquier análisis que se quiera significativo. La verdad objetiva al principio no es tal. Se construye en la lucha, por la lucha, por la transformación de la práctica. El análisis marxista determina la realidad contra la que se dirige imponiendo desde el inicio el punto de vista de clase como esquema operativo de parte del trabajador, como intención revolucionaria: es un acto de fuerza en la confrontación de lo real, su verdad y el resultado, es a partir de la voluntad política del resultado que el análisis se vuelve hacia atrás: consecuentemente "la anatomía del hombre es la clave para la anatomía del mono" (40). Sólo una praxis así determinada se permite constituir una objetividad para nosotros significativa: "La verdad es un proceso. De la idea subjetiva el hombre llega a la verdad objetiva a través de la praxis” (41). No se trata de un proceso indeterminado, sino de una práctica determinada. Escribe Lenin, y repite Mao: "La práctica es superior al conocimiento (teórico) ya que en ella está no sólo la dignidad de lo universal, sino también la dignidad de la realidad inmediata" (42). Se nos ha querido acusar, pero no se ha acusado de subjetivismo a la teoría -ya que esta es una característica del materialismo dialéctico "como reconocimiento abierto que eso sirve al proletariado" (43) sino de no haber caracterizado que tanto de realidad inmediata de esta nuestra práctica constituye la organización. Pero en este terreno, y para este fin trabajamos.

Es a partir de estos presupuestos que el análisis de la tendencia descubre el pasado -como presupuesto fijado- los antagonismos objetivos que hoy el punto de vista de clase quiere exaltar, y el pasado verifica, los mecanismos de control, de recomposición de una dialéctica

de capital que hoy el punto de vista de clase quiere destruir. La existencia de la clase obrera

es producción continua de antagonismo determinado.

La época de la historia de la clase obrera es señal de la emergencia de un antagonismo

específico, y es en torno a esto que se desarrolla la lucha, y es en torno a esto y en función de la explosión revolucionaria que se construye la organización. Así como en el período de

la Segunda Internacional el antagonismo específico era entre el control obrero del proceso

valorativo y la posesión capitalista del modo de producir, así como en el período entre las dos guerras -y a fines de los años sesenta- el antagonismo específico era entre masificación de la fuerza-trabajo y proporción determinada de su control en el plano del capital - contradicción del salario- así hoy el antagonismo específico es entre constitución plena de la clase obrera en individualidad política y la forma fábrica del dominio capitalista, entre voluntad comunista de la masa y comando de empresa.

Desde este punto de vista, la feliz paradoja del método se ilustra de nuevo. Vale decir que lo que quería ser un comportamiento determinista y economicista, persiguiendo a la tendencia, sus contradicciones y el antagonismo específico en ella presente, se ha invertido verdaderamente: el cuadro constituido de la dialéctica entre voluntad comunista de la masa

y forma de comando de la empresa, de hecho, cualquier elemento de valor, cualquier

momento sociológico de definición relativa a la colocación de los elementos viene disolviéndose en lo político que domina y subordina lo social. Esto acontece al interior del proceso tendencial que la lucha de clases, la incesante dialéctica que la caracteriza, ha producido. Y este dominio de lo político sobre lo social podemos verificarlo como un tejido sobre el que ejercitar una redefinición, en parte ya esbozada, de una categoría fundamental del análisis marxista: que el capital naturaliza el comando de empresa, se desengancha del valor y se realiza en el plano de relación de fuerza; la composición orgánica se da como relación de factores no más en forma intrínseca sino políticamente sobredeterminados. Cuál es entonces, el contenido de la nueva forma de categoría científica del análisis marxista - también en esto sigamos las indicaciones de los clásicos.

La actividad del hombre que se ha hecho un cuadro objetivo del mundo transforma la realidad externa, de allí anula la determinación (= transforma esto y aquello de su aspecto, de su cualidad) y de este modo le saca el trato de velo, de exterioridad y de nulidad, y le rinde existencia en sí y por sí (= objetivamente verdad) (Lenin, Cuadernos filosóficos, pp. 212-

213).

La tendencia es por tanto el horizonte de un sujeto que se produce dentro de un cuadro determinado, dentro de este cuadro determinado se pone en relación y, sobretodo, en este proceso se transforma a sí mismo y con ello al cuadro de referencia. La lucha de la clase trabajadora es el medio y el motor de esta transformación, junto a la objetividad sobre la que se aplica, contra la que se mueve y la subjetividad misma que representa.

La lucha del proletariado y las masas populares revolucionarias para la transformación del mundo implica la realización de las siguientes tareas: transformación del mundo objetivo y

a un tiempo transformación del propio mundo subjetivo, transformación de la propia

capacidad cognoscitiva, transformación de los nexos entre el mundo subjetivo y el mundo subjetivo (Mao Tse Tung, Escritos selectos, I, pág 382).

Ser dentro de este proceso es la condición fundamental para ubicar el problema de la organización, desarrollar la tendencia a fin de proclamarla en primera persona, hacer vencer el proyecto que ella contiene, y resolver el problema de la organización y organizarse.

Una última anotación. Cuanto de lo dicho sirve para aclarar el punto de vista de lo que se mueve, no es seguro para resolver el problema planteado. Esto sería idealismo puro y simple! Aunque aún sirve -si no a resolver- seguro a delinear la solución en términos correctos, a proponer un estilo de trabajo que debe corresponder del principio al fin a una exigencia fundamental: la de desarrollar la temática de la organización, de su programa - incluso del programa y de la iniciativa más fuerte y dura- el contacto y la simbiosis con el movimiento de masas. Y esto vale sobretodo para el problema del tiempo del trabajo revolucionario. Sobre estos presupuestos el problema del tiempo no es confiado a la previsión teórica de un cierto contrato determinado, a la expectativa de algún futuro, ni de una coyuntura que depende de una relación externa a la relación de clase. El tiempo del proceso de organización y el del proceso revolucionario pueden ser identificados al interior de la relación con el movimiento de masa que tiene éxito en determinar. Cualquier otra expectativa, cualquier otra entrega es sólo oportunista. Acelerar o retrasar el tiempo, es responsabilidad revolucionaria y basta.

7. Contra el comando de empresa: la organización de la insurrección en la nueva composición de la clase trabajadora.

Volvamos al problema de la organización sobre la base del resultado de la precedente indagación relativa a la nueva composición del capital. Como a menudo se ha repetido, para nosotros es fundamental la verificación de la "objetividad" de nuestro discurso -tener éxito al implantar un discurso sobre la organización que responda al proyecto programático, por consiguiente a la determinación de la relación entre voluntad de subversión y realidad de la cosa por subvertir. Andaremos mucho más en la consideración de las posiciones que normalmente, tradicionalmente aparecen en las discusiones entre marxistas acerca del problema de la organización: no abandonaremos la llave de la relación entre organización y composición del capital porque eso da a la teoría el soporte negativo de un fundamento real a invertir -la determinación del capital como adversario directo, sujeto del antagonismo-, y el soporte positivo de un referente construido en el mismo desarrollo capitalista, colocando en la composición del capital, el soporte del proletariado como sujeto revolucionario respecto a la determinación de una relación material.

Ahora, en lo que respecta al programa, hemos ya insistido previamente sobre el tema de la gestión de masa de la apropiación. La apropiación y la propia calificación del comportamiento de clase contra el estado del desvalor, del comando de empresa, es ahora como antes era la autonomía en la propia calificación del comportamiento de clase contra el Estado-plan, el de las proporciones generales determinadas entre trabajo necesario y plusvalor producido. La apropiación es el revelarse de una nueva figura de sujeto histórico revolucionario, es el trabajo abstracto hecho generalidad e individualidad conjuntamente, reconocimiento que la forma de la producción pasa siempre más de la contradicción al antagonismo con la fuerza social de la producción. El programa -dentro de esta composición de clase-debe ahora desarrollarse en el terreno de la apropiación generalizada, de la gestión de masa, la conexión a la riqueza social reconocida como propia. En esto se expresa el individuo social de la producción que reconoce en el modo actual de producción

un traje muy ajustado a las propias posibilidades, el comunismo es la única realidad adecuada a la propia emergencia. Desde este punto de vista, los cuadros de la organización revolucionaria son todos los que han alcanzado este nivel de conciencia y a que a partir de éste son promotores, guías, provocadores de la acción de masas para la apropiación. Desde este punto de vista la acción para la apropiación es el terreno normal, continuo, inmediato sobre el que se ejercita el programa, el horizonte de la constelación de acciones tácticamente eficaces en la recomposición de una revuelta general y masificada.

Dicho esto, todavía, se toca sólo un elemento del discurso. Como se ha visto, la especificidad de la situación no consiste sólo en el emerger de la figura proletaria masificada sino también en la relación que se extiende entre esta emergencia y la forma de empresa de la explotación. Tratándose del primer nivel, no sólo la organización peca por ceguera estratégica y por ineficacia conclusiva, sino sobretodo -como siempre cuando la dialéctica cojea- se expone a toda la trampa del reformismo y consecuentemente del oportunismo al propio interior. Ciertamente la apropiación es en sí un elemento contradictorio con la forma capitalista del dominio sobre el modo de producir: pero no habíamos ya visto la forma de empresa del capital desarrollarse precisamente como capacidad de hacerse insignificante, de diluirse en el tiempo, de recuperar la propia dialéctica circular y mediar -al límite, de destrucción de la crisis- el individuo social proletario? Hoy el mismo reformismo del movimiento obrero tradicional puede en ciertos casos imputarse esta “buena fe”, en términos marxistas, esta falsa conciencia.

El segundo problema fundamental del programa revolucionario es entonces el de la estimación correcta de la relación entre proletarización y forma de empresa del dominio capitalista sobre el modo de producir. Y en este nexo, sobre este intercalarse de motivos el capital proyecta y forzosamente rige la propia supervivencia, es sobre la composición política de capital que solamente puede ejercitarse la voluntad de revolución. Si se pelea de hecho con la sobredeterminación política que muestra el control sobre el movimiento unificado del proletariado, con la especificidad de esta, la organización no se da como organización revolucionaria. Decir esto es reconocer todavía una vuelta a la naturaleza de la empresa como función de arrastre del modo de producción capitalista en una situación en la que el equivalente general entre fuerza de trabajo pasada y plusvalor producido no se da más. La relación -pura y efectiva- no puede atenerse más a proporciones determinadas:

es una relación fundada en la violencia de la empresa, en el uso de la crisis, sobre una calculada reestructuración continua.

Es claro: la violencia constituye la normalidad de la relación entre los hombres, e incluso constituye la llave del progreso de las fuerzas productivas. Lo que se denuncia no es esta normalidad de la violencia: es el hecho que en la forma de empresa del dominio capitalista la violencia ha perdido hoy razón intrínseca "natural" (la "naturalidad" es siempre un producto de la fuerza histórica.) La violencia de empresa es acaso lo contrario: es la forma irracional de perdurar de un valor de cambio impuesto a las relaciones sociales dentro de las cuales las condiciones de la relación de cambio han disminuido. Y es la forma inteligente de esta irracionalidad, desesperada en su contenido y a la vez racional en la forma de su eficacia. La empresa, sus movimientos inteligentes: este es el enemigo a golpear, este es el adversario contra quien, en momentos singulares, contra cuyas operaciones singulares, se capacita toda la rabia proletaria y la esperanza comunista. El ataque contra el Estado- empresa se capacita repitiendo la forma en la cual la empresa desarrolla su control de clase:

en forma inteligente y puntual, repitiendo en la organización revolucionaria la eficacia de la

forma de fábrica de la iniciativa capitalista. Toda acción espontánea, semiespontánea u organizada de apropiación es por eso transformada en acción de ataque militante contra el dominio que el capital reproduce a través de respuestas puntuales y determinadas.

Hacer madurar el proceso organizativo en este sentido, continuamente, es el pasaje programático debido a la actual composición política del proletariado. A una perspectiva tendiente a refigurar y a constituir la acción operaria del ciclo -como retrocediendo a la experiencia teórica de frente al Estado planificado-se debe ahora sustituir una acción acorde para arrastrar cada una de las emergencias proletaria contra el momento eminente de la represión capitalista en la forma de la empresa. El ciclo no va más porque es incompatible con el desarrollo en la forma de la empresa, el control se ejerce -por decir así- no sobre el horizonte del conjunto del movimiento de clase, en su continuidad y complejidad, sino en una mediación que es mediación dinámica, por tanto se ejercita verticalmente, contra toda emergencia de movimiento, puntualmente. El programa no puede ahora tener, desde el punto de vista operario, horizonte propio sobre el que desarrollarse, no puede confiarse a un crecimiento orgánico: el programa debe en su lugar pagar en intensidad lo que pierde en extensión, en densidad lo que no reencuentra en complejidad. Ver la insurrección no como el último, sino como primer paso del proceso revolucionario no es por consiguiente la referencia veleidosa e intelectualizada a la tesis extremista de la Tercer Internacional, es en su lugar lúcida y correcta revelación teórica de la nueva composición orgánica del capital, es práctica de un nivel subversivo adecuado a la forma de comando sobre el modo de producción. La insurrección es el razonamiento de un punto de vista materialista y dialéctico de frente a la dispersa irracionalidad de la represión del valor de cambio sobre el individuo proletario recompuesto.

En este punto es necesario afrontar un nuevo problema. Después de haber visto el contenido del programa, estrechamente conectado a este se presenta el tema de la forma de la organización. El programa, implantado sobre la composición política de la clase, tiene como se ha visto una polaridad de masa y de vanguardia; la mediación de esta polaridad, el pedido de acción de apropiación de masa pueden ser positivamente encauzados hacia momentos insurreccionales, consiste esta su especificidad para el período revolucionario que estamos atravesando. La forma de la organización debe responder a esta polaridad, a este dualismo de elementos que componen el programa. La vanguardia debe saber interpretar y conducir la voluntad de apropiación de masa contra la empresa, contra el comando de fábrica sobre la clase. Estos dos momentos no puede ni ser separados ni ser confundidos: ambos deben estar presentes en el movimiento pleno jugando roles específicos y recomponiendo la acción insurreccional guiada de la vanguardia. Cuidado con la separación de los dos momentos: la acción de la vanguardia se vacía, la de los organismos de masa es ciega. Pero también es peligrosa la confusión de los dos momentos:

el de vanguardia y el de la masa unificada. En forma diversa a lo que aconteció en el período que precede inmediatamente a lo que estamos viviendo, esto es decir el período que ha visto la lucha de clase operaria apuntar y vencer sobre el salario, bajo la constelación del Estado-planificador (en ese caso la vanguardia no podía más que ser confusa al movimiento de masa, no podía más que corresponder a la dimensión sobre la cual se desarrolla el control capitalista), ahora la dualidad de funciones aparece como necesidad de manera clarísima. Por otro lado la división de estas dos funciones no puede introducir elementos de separación y de recíproca extrañeza; sobretodo de carácter temporal, en un antes o un después cronológico o aún lógico. La simultaneidad de esta función

revolucionaria y la respectiva simultaneidad de la función productiva y represiva del capital. Por consiguiente, una vanguardia militante que sepa establecer una relación efectiva con la nueva organización de masa, que sepa centralizar y promover el movimiento pleno hacia la apertura insurreccional. Ciertamente, el proceso real de organización, es sobretodo la fase de transición que estamos atravesando, y un uso rígido del modelo corre el riesgo -como siempre- de llegar a ser oportunista. Como siempre: porque la lucha de clases es más rica que cualquier modelo y es la única maestra de la que aceptamos aprender. En particular, hoy, el acelerador de la iniciativa subjetiva corre deprisa sobre la vía de la centralización y de la formalización organizativa de la vanguardia; la vía real es - en tales casos- la de la liberación de la vanguardia subjetiva del nivel preconstituido de autonomía y de espontaneidad de clase que, luego de haber sido fundamentales en la lucha del salario, corren ahora el riesgo de devenir sofocantes. Sobre estos elementos, contra todo el oportunismo que sobre estos problemas es posible advertir, está abierta una dura y persistente batalla. Pero se debe agregar en seguida que otro peligro a demás de este debe tenerse presente, en el proceso de organización, y es el del subjetivismo como el atenerse en cada punto a la dinámica interna de la composición política del proletariado. En esta jungla de la fábrica social la vanguardia puede hoy en su lugar construir focos de lucha insurreccional en torno a los cuales la masa de los explotados se reúnan. Esta posibilidad se organiza: la vanguardia que lucha de manera inteligente y puntual contra la empresa social del capital encuentra en la organización de masa su referente y su sostén.

En este sentido reconquistamos hoy muchos de los elementos que definieron la estructura del partido leninista revolucionario. Reconquistamos, en particular, la articulación entre vanguardia y masa, entre partido y organización de masa, como el elemento fundamental del programa y de la forma de la organización; y conjuntamente como la secuencia simultánea de la alternativa. Pero si el ´17 vive la milicia de los nuevos cuadros revolucionarios como formidable verificación de la verdad del método marxista en esa fase histórica -hoy nuestro leninismo es nuevo, en el sentido de más profundo, es nuevo en la medida en que busca la verificación de un nuevo análisis de un nuevo proyecto sobre nuestra, actual composición de clase.

De hecho la articulación organizativa se ubica no dentro de las contradicciones del desarrollo, sino dentro del antagonismo entre proletariado constituido en clase unificada y vigor disperso de la ley del valor contra él. La articulación organizativa toma el ritmo alterno del pedido de la masa a la apropiación y del ataque de vanguardia a la acción inteligente de la empresa. No por el trabajo, no por el salario, sino contra el trabajo: así se constituye la articulación positiva de la nueva organización revolucionaria.

8 “Riqueza" e “indigencia" del proletariado en la dialéctica revolucionaria.

El gran rol histórico del capital es el de crear el plusvalor, este trabajo superfluo desde el simple punto de vista del valor de uso, de la pura subsistencia, y su función histórica es plena cuando, de un lado, las necesidades son desarrolladas de forma tal que el plustrabajo al lado del trabajo necesario deviene él mismo una necesidad general, caracterizando las mismas necesidades individuales; en tanto del otro lado, la laboriosidad general -mediante la rigurosa disciplina del capital a través de la cual han pasado las sucesivas generaciones- ha devenido una posesión general de la nueva generación. Su función histórica está realizada cuando la laboriosidad, mediante el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, que el capital en su ilimitada manía de enriquecimiento y en las condiciones en que eso

solamente puede realizarse, fuerza constantemente a ir hacia delante. Está hasta tal punto maduro que, por un lado, la posesión y la conservación de la riqueza general exigen un tiempo de trabajo inferior para la sociedad entera, y por otro la sociedad laboriosa enfrenta científicamente el proceso de su progresiva y siempre mayor rica reproducción; y es entonces cuando cesa el trabajo por el cual el hombre hace lo que puede dejar hacer a las

cosas en su lugar. Por lo cual, en este punto, se puede decir que el capital es al trabajo como

el dinero es a la mercancía. Si uno es la forma general de la riqueza el otro es la sustancia

que tiene por fin el consumo inmediato. Pero en su incesante tensión contra la forma general de la riqueza, el capital empuja al trabajo hasta el límite de sus necesidades naturales y de tal modo crea los elementos materiales para el desarrollo de una individualidad rica y dotada de aspiraciones universales, la producción no menos que el consumo. El trabajo de esta individualidad, por eso no se presenta más como trabajo, sino como desarrollo integral de la actividad misma, en la cual la necesidad natural en su forma inmediata desaparece, porque a la necesidad natural ha sido sustituida por una necesidad históricamente producida. Por eso el capital es productivo, o sea es una relación esencial al desarrollo de la fuerza productiva. Eso cesa de ser así sólo cuando el desarrollo de esta fuerza productiva encuentra una barrera en el capital mismo (Elementos, I, pp. 317-318, y aún II, pp. 575-577).

Esta página es como un compendio completo del resultado del discurso marxiano sobre la

tendencia. Es todo cuanto hemos visto: de la alusión directa del dinero a la producción, a la definición del antagonismo producto del desarrollo capitalista, de la descripción de la emergencia del nuevo sujeto histórico proletario a la conclusión sobre la necesidad de la revolución y del comunismo. Pero hay una cosa más sobre la que vale la pena insistir ahora,

y es la definición cualitativa del nuevo sujeto histórico. Sobre la cualidad del sujeto

proletario se basan de hecho algunos conceptos para nada irrelevantes en el debate sobre la

organización.

Ahora, la cualidad del nuevo sujeto proletario es definida en Marx siguiendo dos ejes de análisis: el crecimiento de las necesidades y por tanto la recualificación del sujeto en el consumo, y el aumento de la productividad del trabajo y por tanto un nuevo concepto de trabajo productivo. Por tanto considerando el primer argumento, Marx insiste de manera extremadamente extensa sobre la expansión de las necesidades históricas, sobre la superación de los límites naturales del consumo en el desarrollo del contenido de la riqueza real (44). La producción de riqueza, por parte del capital induce -del punto de vista material-"el desarrollo universal de la fuerza productiva" por medio de "una revolución permanente de las premisas existentes" (45); "el capital ha capturado el progreso histórico

para ponerlo al servicio de la riqueza" (46). "El resultado es: el desarrollo tendencial y en

La base

potencia universal de las fuerzas productivas de la riqueza general como base

como posibilidad de desarrollo universal del individuo y el desarrollo real de los

individuos a partir de esta base

(47). La nueva definición de la riqueza deviene entonces

no simplemente el resultado, sino más bien la base de nuevos resultados: el proceso alcanza aquí el ápice de la contradicción e impone la posibilidad de invertirse; "Es necesario que el desarrollo pleno de las fuerzas productivas haya devenido una condición de la producción, no que determinadas condiciones de producción sean puestas como límite del desarrollo y de las fuerzas productivas" (48). El segundo complejo de argumentos, relativos al aumento de la productividad del trabajo humano aclara mucho más la nueva calificación del nuevo sujeto histórico, su basilaridad y la apropiación tendencial que eso ejerce en la

confrontación de toda la riqueza producida (como fuerza productiva agenciada). "La universalidad del individuo como universalidad pensada o imaginada, pero universalidad de sus relaciones reales e ideales. Es cuando, incluso, comprende su misma historia como posesión, y ciencia de la naturaleza (y se resuelve alternativamente en poder práctico sobre ella) como su meta real. El proceso de desarrollo mismo puesto como su presupuesto." (49) Es dentro de esta base, así prepotentemente impuesta para exigir la supresión de la organización capitalista del trabajo y del trabajo mismo en tanto ligado todo a la primera -y por tanto dentro de esta base la riqueza (el desarrollo de la fuerza productiva) que deviene la potencialidad máxima del desarrollo- pero ahora como inversión revolucionaria. Una última, bellísima página, como ilustración de todo esto.

La economía efectiva, el ahorro, consiste en un ahorro de tiempo de trabajo

ahorro se identifica con el desarrollo de la productividad. No se trata de ninguna manera de renunciar al disfrute, sino en desarrollar la potencia, la capacidad de la producción, y por tanto la capacidad en cuanto medios de disfrute. La capacidad de disfrute es la condición para disfrutar, o sea su primer medio, y esta capacidad es el desarrollo de un talento individual, es productividad. El ahorro del tiempo de trabajo equivale al aumento del tiempo libre, o sea del tiempo dedicado al desarrollo pleno del individuo, desarrollo que a su vez reacciona, como máxima productividad, sobre la productividad del trabajo. Eso puede ser considerado, desde el punto de vista del proceso de producción inmediato, como producción de capital fijo; este capital fijo es el hombre mismo. por otra parte que el mismo tiempo de trabajo inmediato no pueda permanecer en antítesis abstracta al tiempo libre -como se presenta desde el punto de vista de la economía burguesa- se entiende por sí. El trabajo no puede devenir juego, como quería Fourier, al cual le corresponde el gran mérito de haber indicado como objetivo último la supresión no de la distribución sino del modo de producción mismo en su forma superior. El tiempo libre -que es el tiempo de ocio para la actividad superior- ha transformado naturalmente a su poseedor en un sujeto diverso, y es en este ropaje de sujeto variado que él entra luego en el proceso de producción inmediato. El cual es, en conjunto, disciplina, considerado al hombre que deviene, y ejercicio, ciencia experimental, ciencia materialmente creativa y objetivándose, considerado en relación al hombre devenido, en cuya cabeza existe el saber acumulado de la sociedad pero en tanto se desarrolla el sistema de la economía burguesa, se desarrolla por tanto su negación, que se constituye en resultado último. Por ahora tenemos que hacer aún con el proceso de producción inmediato. Si consideramos la sociedad burguesa en sus grandes líneas, como resultado último del proceso social de producción, aparece siempre la sociedad misma, o sea el hombre mismo en sus relaciones sociales Todo esto que tiene una forma definida, como producto, etc., se presenta solamente como un momento, momento transitorio, de este movimiento. El proceso de producción inmediato se presenta aquí sólo como un momento. Las condiciones y las objetivaciones del proceso son ellas mismas en igual medida momentos de él, y su sujeto es solamente, el individuo en las relaciones recíprocas que esa reproducción también produce ex novo. Es su peculiaridad el incesante proceso del movimiento, el cual se renueva a sí mismo, y al mundo de la riqueza que es creado. (Elementos, II, pp. 408-411).

pero este

En que forma entonces y en que medida esta calificación del nuevo sujeto histórico juega, y en que forma entonces debe jugar en la perspectiva de la organización revolucionaria? La respuesta a este interrogante es tanto más importante en cuanto la experiencia de masa de la emergencia y la imposición del nuevo sujeto histórico ya ha presentado el propósito de

alguna alternativa. Vale decir que en tal posición el relieve de la nueva cualidad del sujeto histórico ha incentivado comportamientos prefigurados, ha empujado experiencias individuales de liberación -y ha verdaderamente encontrado espacio una propaganda de masa sobre el tema “vivir el comunismo”, con el consiguiente ambiente popular y subcultural. Ahora, nada es más lejano de la hipótesis marxista de la tendencia como un comportamiento prefigurado. En eso la especificidad antagonista de la emergencia del sujeto proletario se reduce: la emergencia de esta riqueza de la fuerza productiva es de hecho vista, de manera idealista, como actuación, realización orgánica, no como potencia que hace brotar-por decirlo en terminología marxista -la contemporánea, terrible “indigencia" del proletariado. Estas posiciones debieran tender a configuras una perspectiva de felicidad individual en la lucha de liberación, una jugada de la lucha revolucionaria que es solamente ignorancia de las reales dimensiones dialéctica del proyecto. Ya lo hemos recordado: si la conciencia del crecimiento del nuevo sujeto revolucionario no se acompaña de la monstruosidad del vigor de la ley de cambio - inmotivada, abstracta- contra el movimiento real, no se da el concepto de la organización revolucionaria. Junto a la prefiguración jubilosa se alinea solamente el oportunismo, y junto al feliz enlentecimiento del crecimiento orgánico del movimiento de masa como revelación del desarrollo del nuevo sujeto histórico, se ve sólo la posibilidad del reformismo. De nuevo, como otras veces en la historia del pensamiento marxista, se prefiere la sociedad al Estado, lo sociológico a lo político, lo ideal al o real. Y si este procedimiento es en general incorrecto, es el populismo (que siempre ha funcionado en este sentido) presagio de reformismo, y hoy en particular, en la especificidad del domino político del capital, semejantes comportamientos son doblemente peligrosos: se mistifica de hecho el programa con la forma de la nueva organización.

El significado de la emergencia del nuevo sujeto histórico, de su riqueza y la experiencia de masa de todo eso, son en su lugar vistos dentro de la dialéctica real de la organización, fuera de toda tentativa de prefiguración y de toda fuga individual en el sentido de la liberación. Verdad, que esta experiencia aporta enormes contribuciones al discurso y a la práctica de organización; en el sentido que este elemento nuevo de la composición de clase obrera deja afuera una productividad revolucionaria siempre incluida y siempre nuevamente explosiva. Calificando esta nueva figura de clase Marx insiste continuamente en su potencialidad: es la clase obrera como potencia, como posibilidad continua de revuelta, como capacidad de repetir incesantemente su ataque al poder. La productividad revolucionaria de la clase obrera por sí misma, soportando la explotación capitalista por siglos: no está dispuesta a venderse por un plato de lentejas, con la sucia propuesta de ilusionarse libre dentro del capital. El placer que ella busca es el placer del poder, no el estímulo de la ilusión. La clase se sabe entonces infinitamente productiva, en el único sentido en que el trabajo puede ser productivo no para el capital, no como su potencia, sino como potencia de clase, como no capital -ídem- trabajo revolucionario, repetición continua,

a partir de este verdadero poder, del ataque al capital, invención permanente de las formas

de lucha y de organización. Es en este sentido y sólo en este sentido, que el revelarse de la nueva calidad del sujeto histórico proletario deviene valioso para la organización: es un pulsar vivo de la relación entre masa y organización el que es “prefigurado”, es la

posibilidad siempre abierta -y siempre apremiante de la organización- de promover el

choque insurreccional. La organización debe calificar de esta manera el flujo de información

y demandas que se mueven en sus articulaciones. Hoy el único “placer" real de la clase es

en su relación con su organización, y en el enfrentamiento con el aparato odioso del poder

capitalista. Así la organización vive ahora -en un nivel de clase determinado y maduro- el período histórico de la destrucción del capital y del trabajo, el período de la creación del comunismo.

Una última anotación. Es en este punto oportuno volver al concepto marxista de trabajo productivo para ver como debe soportar la misma metamorfosis de muchos otros conceptos en el curso del desarrollo capitalista y de la maduración de la tendencia; para ver cuando incluso aunque esto no se deba, como es probable, dar hoy una definición enteramente política, fuera de toda posibilidad de determinación inmediata en el proceso laboral, sino es dentro de la sobredeterminación capitalista del ciclo y su desarrollarse como antagonismo.

9. Nuestra tarea inmediata

Colocar, en este punto del discurso, el problema del funcionamiento del nivel institucional (sindicato, estado nacional, etc.) en el interior de la relación entre trabajadores y capital aporta ventajas para la argumentación extremamente amplias. Baste para eso una alusión, de todos modos necesaria, de la nueva función que el nivel institucional viene a ejercer y a las modificaciones de estructura que las instituciones soportaron. Ahora, la mutación fundamental y específica sobre la cual es necesario insistir, consiste en la definitiva caducidad de toda relación de autonomía relativa de las instituciones respecto a la empresa, a su comando. Veamos como y porqué, insistiendo en dos de ellas sobre las que más hemos puesto la mirada: sindicato y Estado nación. Ambas instituciones son están de hecho involucradas en la Crisis del Estado-Plan de manera significativa. Ambas encontraron la caducidad de la posibilidad de regir la relación, ordinaria y proporcional, entre lucha y desarrollo, el fin de su rol de autonomía relativa respecto a la singular determinación de empresa. La misma cara de intermediación entre los hechos sobre los cuales -de manera mistificada pero no menos efectiva- se regía el funcionamiento de estas instituciones se redujo: para el sindicato desaparece, entonces la función de intermediación en la venta de la fuerza de trabajo, aunque la función de agente institucional del plano de referencia de la gestión de la repartición de la riqueza total; en tanto el Estado Nación reduce hoy en día su posibilidad, por cuanto relativa y parcial, de poder garantizar dentro de límites nacionales fijos el desarrollo de la permanencia de la relación entre hechos.

La sobredeterminación del comando de empresa destruye todo fundamento relativo de estabilidad, de continuidad y de coherencia en el funcionamiento de las intermediaciones sindicales y estatales: lo destruye en la medida en que quita todo fundamento efectivo a la medición de hechos que no sean la sobredeterminación del mismo comando de empresa. La crisis política continúa y persigue, desde este punto de vista, la existencia misma de las instituciones, su rol se cubre de una precariedad que puede refigurar y permitir la más diversas y contradictorias salidas. Este es el precio que el capital debe pagar por la conquista de una libertad de disposición sobre el movimiento pleno, -libertad que deviene en esta perspectiva principio de indeterminación para la figura estable de la existencia capitalista.

Pero nuestro discurso puede ir más a fondo. Esta precariedad en el funcionamiento de las instituciones del Estado revela de hecho la situación extrema en la que el mismo capital se encuentra en la relación que le impone la lucha de la clase trabajadora. El proceso que tenía al inicio la clase trabajadora entera dentro del capital, ve hoy a todo el capital dentro de la

clase trabajadora. La precariedad de la existencia de las instituciones del capital, el agotarse de sus funciones de mediación derivan precisamente de esta colocación. La separación entre táctica y estrategia del capital, hasta ahora evidente sólo en las situaciones de crisis aguda, tiende a devenir la condición normal de la existencia del capital: ligado a la táctica, como razón de empresa, en la crisis del “socialismo”, de su proyecto estratégico. Este pasaje del Estado-plan al Estado-crisis es -dada la simultaneidad de crisis y reestructuración incluso dentro del Estado-empresa- es un hecho, y esta es la situación dentro de la cual la organización de clase debe moverse.

Y es evidente como en este punto se rechaza, en el modo más rotundo, cuanto vienen

sosteniendo algunos incurables optimistas del punto de vista de clase. Ellos sostienen que,

es verdad la definición de la inversión de la relación entre capital y clase trabajadora, y le sigue un tiempo de espera para la invención de nuevas formas de uso operario del capital.

Como si la subordinación capitalista a la lucha de la clase trabajadora no fuese voluntad en

la sobredeterminación de la realidad, no fuese violencia tanto más libre y feroz cuanto más

independencia de clase trabajadora viene revelándose. Cuando decimos Estado-crisis, capital-crisis es justo que nuestro acento caiga sobre la crisis, en la debilidad de los patrones, sobre la definitiva ruptura entre táctica y estrategia; pero debemos aún recordar que Estado y capital permanecen como tales, que su función es la de revolver la irremediable relación de fuerza en represión y destrucción. Un Kornilov está siempre contra la revolución -y no está dicho que sea siempre derrotado.

Ni la insistencia en la urgencia de tareas organizativas puede parecer, en esta situación,

inquietud o veleidad subjetiva. No lo es no sólo porque el insistir de la voluntad capitalista de rebalsar es inminente, no lo es sólo porque la tendencia misma muestra en la estructura

la

emergencia de un choque violentamente propuesto, irresoluble por cuanto contenible: no

lo

es sobretodo porque el mecanismo de la lucha revela en la voluntad operaria el ansia de

posesión de un instrumento de subversión adecuado a la desesperada voluntad de supervivencia del capital. Veamos de nuevo esta lucha obrera y proletaria, como la habíamos mirado en los años de crecimiento de la autonomía: veremos que de la derrota no nace la resignación, sino siempre un mayor odio contra los patrones y todo el aparato que los representa. Pero este odio, esta voluntad positiva de apropiación, esta complementaria y continua reproposición de acción siempre más centrada contra la organización capitalista de la sociedad como fábrica irracional, todo esto reclama -la misma composición de clase es

localizada necesariamente- la organización, esto es la capacidad de oponerse a la organización capitalista del poder la articulación trabajadora de la subversión. La relación entre masa y vanguardia es prefigurada en la expresión repetida, diferenciada y violenta de

la

propia acción de las masas. El movimiento de masas de la lucha de clases indica no sólo

la

urgencia sino el modelo mismo de organización = posibilidad para la vanguardia de

encauzar el movimiento contra el poderío efectivo del poder.

Dentro de este proceso la insurrección está a la orden del día. Decimos “insurrección" y no “revolución": lo que interesa hoy es golpear continuamente la iniciativa puntual que el capital opera para la rotura del frente proletario unificado. Aquí no vive ninguna ideología de la derrota y del sacrificio liberador de la vanguardia. Vive en su lugar la conciencia de la estructura efectiva del capital y las verdaderas necesidades de la clase trabajadora. La revolución es el proceso dentro del cual se realiza la permanencia de una respuesta violenta, violentamente organizada, contra el Estado de los patrones. La precariedad de la estructura de empresa del dominio capitalista vuelta organización en lo insostenible de la

relación, en disolución de la capacidad de iniciativa política, el verdadero cerco propio de un poder capitalista ya no sólo irracional sino aún estúpido. En este sentido por consiguiente decíamos “insurrección" y no “revolución”, porque la revolución es la recomposición de un proceso que ha, con su fuerza, destruido un aparato entero de poder. Y lo decíamos incluso contra toda la ideología de una fase retrasada y de masa del movimiento, contra la teoría de la “guerrilla de fábrica”: en un cambio como el de la manufactura a la gran industria.

Poner entonces en acción todos los mecanismos que permitieron a la organización realizar estas metas es nuestra tarea inmediata. El análisis sobre el que nos basamos es el de clases, de Marx, de Lenin, de Mao; no se ve espacio en nuestra organización para la inquietud y la veleidad; estamos dentro del movimiento de masa conociendo científicamente (esto es prácticamente) la composición y la voluntad. Frente a nosotros tenemos el Estado y su violencia, tenemos la irracionalidad de un poder que exalta en el valor de cambio, en la explotación, en la crisis su esencia. Tenemos presente la complejidad del movimiento del proceso revolucionario las modificaciones de clase que lo sostienen y definen su naturaleza. Por segunda vez para nosotros es actual "Lenin en Inglaterra ”.

Apéndice.

Quizás sea oportuno agregar una indicación sobre la fuente y la propuesta de algunos temas sobre los cuales una ulterior profundización de la indagación parezca por fin estar madura. Se trata de indicaciones mínimas y elementales, sea por cuanto se refiere a la parte bibliográfica y a la profundización temática de la discusión, más que a otra lectura personal alrededor de estos problemas -las creemos- de todos modos útiles para permitir un inicio de discusión sobre las tesis sostenidas en este ensayo. En particular los señalamientos tendrán que ver someramente en torno a estos títulos.

a) crítica del neomarxismo. b) Desarrollo teórico del discurso de la organización.

a) Crítica del neomarxismo. El discurso sobre la crisis del Estado-plan mueve a registrar no

sólo los lo fenómenos histórico políticos conexos a esta crisis (51) sino también a registrar las relaciones paralelas entre crisis histórica del desarrollo capitalista y crisis teórica de la ciencia burguesa del capital. Para determinar estos nexos ha sido necesario recorrer preliminarmente algunos momentos del desarrollo de la discusión científica que toma la

más advertida escuela revisionista hoy existente: la escuela de Cambridge.

La apertura de la Escuela de Cambridge, a partir del desarrollo y de la crítica interna de las premisas keynesianas, de la recuperación del pensamiento de los “clásicos”, de una relectura “ricardiana" de la obra de Marx, ha apuntado esencialmente a demoler dos momentos fundamentales de la teoría marxista: el concepto de capital y el concepto de salario. Subordinadamente vino a atacar el concepto de composición orgánica del capital ya disolver el problema de la transformación del valor en precio.(52)

En todo caso la operación ha sido conducida siguiendo una aproximación homogénea: se trató de concebir una relación más allá de todo medio de valor, de disolver teóricamente el nexo que liga internamente producción de capital y explotación(53). La indeterminación en que derivaba, por cuanto protege la definición material de la relación de poder (técnico y político) inherente al concepto de capital, determinó que la relación de “explotación"

permaneciera en la esfera de distribución. El correcto registro de la tendencia concluye en la barrera histórica del valor y realiza el ataque a la clase trabajadora en forma mistificada y los problemas teóricos y estratégicos que se derivan, la dramática paradoja de la explotación en ausencia de una medida “racional" de su grado, el liberarse del fetichismo capitalista como potencia “tout court”, fue tranquilamente negado a favor de una alternativa política que reinstaura el equilibrio “socialista" a nivel de mera distribución, por fuera de la urgencia proletaria de destruir la relación de producción del capital. La que es una condición terminal dentro del desarrollo de al lucha de clase trabajadora, la que, al límite extremo de la subsunción real del trabajo en el capital, puede llamarse, "supresión formal del trabajo en el capital”, viene a hacerse pasar por supresión real. Mientras que al contrario la explotación capitalista se ha acentuado en el mundo de la producción al extinguirse la ley del valor, esto resulta ahora más irracional e implacable: pero esto, los lúcidos teóricos de Cambridge, cerrados en su plácido “lorianismo”, no pueden ni quieren ver. La eliminación de la explotación en el sistema capitalista es para ellos un problema sin sentido, porque la ley del valor, como ley de la explotación, no está para ellos -en la continuidad de su dominio- extinguiéndose sino que simplemente no existe. En este punto la explotación capitalista puede a lo sumo ser registrada en la desigualdad de réditos entre las diversas partes del cuerpo social: por consiguiente el socialismo es simplemente redistribución del rédito, que equivale a medida del desarrollo. Pero en este punto como ha sido subrayado por los sintetizadores académicos de la economía política -la revisión del marxismo en realidad no es otra cosa que prolongar, sea por importantes correcciones metodológicas y sociológicas, el viejo equilibrio marshaliano: donde antes había mero automatismo hoy se pone equilibrio “voluntario" en la democracia y en el orden. El acostumbrado sentido común y la buena voluntad de todos los proudhonianos! Tras lo cual yace la mistificación de los motivos sobre los que realmente se rige la “voluntad" política del capital, y el alineamiento en la línea de un comando que se emancipa siempre por encima de los márgenes residuales progresivos del desarrollo económico. La crisis del desarrollo económico es lo que ha terminado, bajo los golpes de lucha de la clase trabajadora, la barrera del valor deja a la teoría económica siempre más suspendida en el vacío de la apologética.

Una profundización de la búsqueda es obviamente auspiciosos en torno a estos temas. Se trata, de un lado, de reconstruir completamente la trayectoria del pensamiento económico del marginalismo al neomarxismo cambridgeano; se trata del otro lado de mostrar como buena parte de la teoría “socialista" (los revisionistas de cátedra a lo Lange a lo Dobb) es reabsorbida dentro de este desarrollo, y por tanto elaborar dentro de la crítica de la teoría económica una propia y verdadera “crítica del socialismo" Se trata en fin de tomar el pasaje de la teoría económica como función burguesa de la lucha contra la clase trabajadora y como diseño de una estabilidad fundada sobre la destrucción de la clase revolucionaria.

b) Desarrollo teórico del discurso sobre la organización. Más interesante y fructífero puede ser la profundización de la discusión sobre la teoría de la organización. En particular creemos que algunos elementos, ya esbozados en este ensayo, pueden ser retomados y largamente desarrollados.

1. Nuestra percepción es que la teoría de la organización va referida en términos siempre más precisos y directos dentro de la crítica de la economía política, a través del análisis de la composición política de la clase trabajadora. Se trata de nuevo del problema de lo que ha mutado dentro de la clase trabajadora, se trata de comprender la consecuencia que la caída

tendencial de la barrera histórica del valor determina en la composición política de la clase trabajadora misma. El análisis de las clases, y de la clase trabajadora en particular, desarrollándose dentro de la lucha en los años Sesenta es así repropuesta compl