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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

Mt 18-25

(Vol. 111)

Ulrich

Luz

EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

Mt 18-25

111

ULRICHLUZ

EDICIONES SÍGUEME SALAMANCA

2003

Cubierta diseñada por Chnstlan Hugo Martm

Tradujo Manuel ülasagastl Gaztelumendl sobre el ongmal aleman Das Evangeüum nach Matthaus (Mt 18-25)

©

Benzlger Verlag GmbH, Zunch und Braunschwetg 1997

©

Neuklrchener Verlag des Erztehungsverems GmbH, Neuklrchen Vluyn 1997

iD

Ediciones Slgueme S A V , 2003 CI Garcla Tejado, 23 27 - E 37007 Salamanca I España Tlf (34) 923218203 Fax (34) 923 270 563 E mall edlclones@slgueme es www slgueme es

ISBN 84-301-1497-1 (vol IlI) ISBN 84-301 12146 (obra completa) DepÓSito legal S 1 672 2003 Impreso en España I VE Impnme Graficas Varona S A Pohgono El Montalvo, Salamanca 2003

A la antigua Escuela superior de la Iglesia en Leipzig ya la Facultad de teología de la Universidad Károly Gáspár de Budapest, que me honraron por el comentario a «Mateo» con el título de doctor «honoris causa» antes de haberlo concluido

CONTENIDO

Prologo

 

11

ObservaclOn preltmmar sIglas

15

BlbllOgrafla

17

 
  • B) El du;curso sobre1a cOffiumón (18, 1-35)

21

 

Huml1dad y solidandad con los pequeños (18, 1-20)

25

  • a) El fundamento cambIar hacIa 10 pequeño (18, 1-5)

26

  • b) AdvertencIa sobre las «trampas» (18, 69) 36

  • c) La busqueda de los descarnados (18, 10-14)

45

  • d) De la correcclOn fraterna y de la oraclOn (18, 15-20)

61

 

2

El perdón (18, 21-35)

90

 
  • a) Perdon sm limItes (18, 21s)

90

  • b) El deudor Implacable (18, 23-35)

94

 

Resumen Pnnclplos baslcos del dIscurso sobre la comUlllon

111

El sentido actual del dIscurso sobre la comUlllon

114

 

C)

Cammo de Jerusalen (19,

1-20,34)

 

123

 

l

DIvorcIo y renuncIa al

matnmolllO (19, 1-12)

124

  • 2 y los

Jesus

lllños (19,13-15)

 

156

  • 3 y

Jesus

el Joven nco (19

16-30)

162

  • 4 Los Jornaleros de la vIña (20, 1-16)

187

  • 5 Jesus anunCIa de nuevo su paslOn (20

17-19)

211

SufnmIento y

  • 6 serVICIO (20, 20-28)

213

  • 7 Los dos CIegos (20, 29 34)

224

V

Jesus en Jerusalen (21,1-25,46)

231

  • A) Ajuste de cuentas de Jesus con sus adversarIos (21, 1-24,2)

233

 

l

El pnmerdIa de Jesus en Jerusalen (21, 117)

236

2

El segundo dIa de Jesus en Jerusalen las parabolas polemIcas (21, 18-22, 14)

264

a)

La hIguera seca (21, 18 22)

265

  • b) a Juan BautIsta (21, 23 32)

El «no»

 

272

  • c) Un nuevo relato de la VIña Los vlñadores perversos

(21,33-46)

286

  • d) El banquete nupcial del hIJO del

rey (22, 1-14)

304

  • 3 Las controverSIas de Jerusalen (22, 15-46)

331

  • a) El tnbuto al Cesar (22, 15-22)

 

332

  • b) La resurreCClOn de

los muertos (22, 23 33)

343

  • c) Los grandes preceptos (22, 34-40)

 

353

  • d) La cuestlOn del HIJo de DaVId (22, 41 46)

374

  • 4 El discurso de las denuncias contra letrados y fanseos (23, 1-24,2)

380

  • a) Contra la hIpocresla y la tItulomama (23, I 12)

385

  • b) Las siete denuncIas (23, 13 33)

 

412

  • 1 La pnmera denuncIa (23, 13)

417

  • 2 La

segunda denuncia (23, 15)

421

  • 3 La tercera denuncIa (23, 16-22)

423

  • 4 La cuarta denuncia (23,

23s)

429

  • 5 La qumta denuncia (23, 25s)

 

435

  • 6 La sexta denuncIa (23, 27s)

442

  • 7 La septIma denuncIa (23,29-33)

444

Excursus Los letrados y los fanseos

458

  • c) El JUICIO sobre Israel (23, 34-39)

475

I

El JUICIO sobre esta generaclOn (23,3436)

475

2

El dIcho

sobre Jerusalen (23, 37-39)

487

  • d) Jesus abandona el templo (24, 1s)

 

499

Resumen Ideas fundamentales del dI~curso de las denuncIas

501

El sentIdo del dIscurso de las denuncias hoy

512

B) El dISCurSO del JUICIO (24,

3-25,46)

519

  • 1 El tiempo fmal y el fm

(24, 3-31)

522

  • 2 Las ultImas exhortaCIOnes a la comumdad (24, 32-25, 30)

568

  • a) La hora se aproXIma (24, 32-35)

 

568

  • b) NadIe conoce el momento del fm (24, 36-41)

574

  • c) Pnmera paraba la de la VIgIlanCIa elladron (24, 4244)

582

  • d) Segunda parabola de la VigIlanCIa el mayordomo (24, 45 51)

590

  • e) Tercera parábola de la VigIlanCIa las muchachas (25, 1 13)

599

f)

La parabola de los talentos (25, 14-30)

631

  • 3 El JUICIO universal (25, 31-46)

659

Resumen y excursus La Idea del JUICIO en el evange]¡o de Mateo

696

Sobre el sentIdo del discurso del JUICIO hoy

705

PRÓLOGO

Ha tardado algo más de lo que había previsto y ha salido más grueso de lo que quería, pero aquí está el tercer volumen. Sus lec- tores observarán que sólo llega hasta el capítulo 25. Así que habrá un cuarto volumen. No es ningún inconveniente: el tercer volumen tiene ya su peso teológico propio en el debate con Israel y en la idea del juicio. El cuarto volumen que seguirá, mucho más breve, tendrá a su vez su peso especifico: tratará de tender un puente en- tre exégesis e historia del arte, que es quizá la parte más impor- tante en la historia de la influencia de la pasión de Jesús. Al escribir este volumen he tenido que afrontar la experiencia, no siempre grata, de identificarme con «mis» textos. En el sermón de la montaña, el texto y el exegeta podían ser sin dificultad un so- lo corazón y una sola alma. En el discurso de las denuncias del capítulo 23 me siento desolado como exegeta ante el texto y desea- ría a veces que ese capítulo no figurase en la Biblia. Muchos tex- tos que abordan el juicio «según las obras» me producen un sen- timiento de horror y una profunda resistencia a asociar el llanto y rechinar de dientes con el Dios en quien creo; pero tengo a la vez el presentimiento de que esta idea dolorosa y atroz del juicio pue- de ser necesaria para que los hombres nos enteremos de que no somos los amos del mundo. La historia de la influencia cobra es- pecial importancia en esos textos, y a mí me ha ayudado a afron- tar el problema que plantean y no evadirme en lafilología o la his- toria. He sentido también constantemente el peligro de hacer más fáciles y manejables unos textos «antipáticos» recurriendo a có- modas soluciones exegéticas, y el deseo íntimo de hacer con ellos una faena de aliño y salir por la tangente. Esto ocurre en la cele- bración litúrgica y ocurre en las clases de religión; pero la histo- ria de la influencia enseña que esos textos nos acompañan y nos marcan aunque los silenciemos, eludamos o disculpemos. Debe-

mas afrontarlos y no esquivarlos. Es lo que he intentado. Los ata- jos y las soluciones simples nunca dan resultado al final. Digan lo que digan ustedes, lectores míos, sobre mis propuestas exegéticas y hermenéuticas, espero que se percaten de que mi esfuerzo y el suyo son necesarios en este punto. El que se adentre en este tercer volumen verá que la palabra «lectores» aparece más a menudo que en el segundo y, sobre todo, que en el primer volumen. Esto tiene sus razones: he aprendido con más claridad que antes que son los lectores los que van for- mando el sentido de un texto, y que pueden hacerlo de diferentes modos. La historia de la influencia de un texto no es sino la suce- sión de nuevas y distintas lecturas, convertidas en historia. El tex- to que desencadenó tales lecturas es una realidad que está ahí y se puede describir, y su autor, «Mateo», intentó perfilar claramente su texto antes de entregarlo a los lectores. No obstante, la capaci- dad de influencia de su texto consiste muchas veces en que no es- tá del todo perfilado, y sus lectores pueden añadirle algo suyo. Por eso es también importante lo que en el texto queda abierto. En el prólogo al segundo volumen invité a aquellos de mis lec- tores que estudiaran a fondo todo el volumen, de la A a la Z, a es- cribirme una carta o una tarjeta postal; yo les enviaría gratis el tercer volumen. Esa invitación tenía un objetivo didáctico. Yo que- ría dejar claro que un libro narrativo como es un evangelio debe leerse de cabo a rabo, y que eso había que hacerlo también, al me- nos como intento, con un libro tan grueso y pesado como es un co- mentario. El éxito de la propuesta fue sorprendente para mí, y me desbordó; ¡he recibido ya más de setenta cartas de personas que han estudiado a fondo el segundo volumen! No contenían sólo oportunas listas de erratas, sino también preguntas, impresiones, críticas y experiencias en torno al comentario. ¡Muchas gracias! ¡Ahora sé, alfin, para quién escribo (y que escribo para alguien)! Que ustedes me hayan escrito, y lo que me han escrito, ha sido muy importante para mí, y le ha venido muy bien a mi trabajo (aunque por razones de tiempo no he podido contestar a la mayo- ría de las cartas). Me alegro de poder cumplir mi promesa. Para este tercer volumen vale lo mismo: si lo han estudiado a fondo de la A a la Z, me escriben, por favor (U. Luz, Marktgasse 21, CH- 3177 Laupen), y recibirán gratis el volumen final, espero que en tres años.

Resta el capítulo de reconocimientos. El primero es, de nuevo, para los colegas del grupo de trabajo sobre Mateo, aquí en Berna. Hemos debatido a conciencia en nuestras sesiones todos los textos del comentario, y los miembros del grupo los han desmenuzado en los aspectos estilísticos, exegéticos, hermenéuticos y teológico- fundamentales. Muchas ideas, materiales, rectificaciones y hasta borradores de texto proceden de ellos. Yo soy de las personas que apenas son capaces de escribir de un tirón textos coherentes y de calidad. Sin Marianne Kappeler, Manuela Liechti-Genge, Moisés Mayo rdomo-Ma rín, Pascal Mosli, Lukas Mühlethaler, Christian Münch, Christian Riniker, Cicco Rossi y Olaf Wassmuth, el co- mentario no sería lo que es. Debo agradecer de corazón, una vez más, a los editores y colegas del «Evangelisch-katholischer Kom- mentar zum Neuen Testament» (EKK) por su lectura crítica del

manuscrito: Pau! Hoffmann, Joachim Gnilka y

Rudolf Schnacken-

burgo Isabelle Noth y Clemens Thoma leyeron algunas partes del manuscrito y las enriquecieron con observaciones críticas. Volker Hampel, de Neukirchener Verlag, repasó el texto con increíble ri- gor y lo dejó casi perfecto. Moisés Mayordomo-Marín se ocupó de la corrección de pruebas. Isabelle Noth y Mischa Lurje reproduje- ron montones de inaccesibles artículos de revista. Nuestros biblio- tecarios han sido incansables en el acopio de bibliografía. El Schweizerischer Nationalfonds puso a mi disposición la ayuda de dos estudiantes, chico y chica. La editorial y la Breklumer Drucke- rei Manfred Siegel cuidaron el libro ejemplarmente. Por último, un triple reconocimiento especial, el mismo, en sus dos terceras partes, que en el segundo volumen, lo que indica que no se trata aquí de contingencias, sino de fundamentos de vida. El primero es, de nuevo, a mi esposa y mis hijos ya adultos. ¿ Qué se- ría de mí, qué sería de mi trabajo sin ellos? El segundo, a mis es- tudiantes de Berna, que tuvieron que aguantar tanto mi presencia como mi ausencia en un año largo de investigación. Sin sus estí- mulos y preguntas, pero también sin su presencia puntual, mi vida y mi trabajo quedarían sin contenido. El tercer reconocimiento fi- gura en la dedicatoria. El hecho de que esos honores por un co- mentario a Mateo aún inacabado llegasen de la ex República De- mocrática Alemana y de Hungría, me alegró especialmente en mi condición de viejo trabajador fronterizo.

Laupen, septiembre de 1995

OBSERVACIÓN PRELIMINAR SIGLAS

  • 1. Observación

En referencias a bibliografía y elencos bibliográficos al comienzo del segundo volumen y del presente, se añade el número de volumen. Ejemplos: Strecker, Weg: monografía mencionada en el elenco biblio- gráfico de vol.l; Levine, Dirnensions (vol. I1): monografía mencionada en el elenco bibliográfico del vol. I1; Davies-Allison II (vol. III): segundo volumen del comentario a Mateo de Davies-Allison, mencionado en el elenco bibliográfico del vol. III.

2.

Siglas

DBTEL

  • D. L. Jeffrey (ed.), A Dictionary of Biblical Tra-

EG

dition in English Literature, Grands Rapids 1992 Evangelisches Gesangbuch, Gütersloh-Bielefeld-

FN

Neukirchen- Vluyn 1996 Filología Neotestamentaria, Córdoba 1988ss

Garda M.

  • F. Garda Martínez, Textos de Qumrán, Madrid

1993

Readings

Readings. A New Biblical Commentary, Sbeffield

1993ss

RKG (Suiza)

Gesangbuch des evangelisch-reformierten Kir- che n der deutsch-sprachigen Schweiz, ed. 1952

Schneemelcher, P, IP

  • W. Schneemelcher, Neutestamentliche Apokry-

phen 1. Evangelien, Tübingen 51987; II. Aposto- lisches, Apokalypsen und Verwandtes, Tübingen

Sokoloff, Dictionary

51989

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Ararnaic of the Byzantine Period, Ramat Gan

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BIBLIOGRAFÍA

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  • 2 Comentarlos a Mateo desde 1800

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  • 3 Monografías y artículos sobre Mateo

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  • - Matthew m HIstory InterpretatlOn, Influence and Effects, Mmneapo- lis 1994

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d)

Otros estudIOs

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Gundry, R H, Mark

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(GThA50)

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B

EL DISCURSO SOBRE LA COMUNIÓN (18,1-35)

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  • 1 Puesto en el evangelIO El cuarto dISCurSO del evangelIo de

Mateo es el más breve ComIenza en forma ImperceptIble el dIá- logo con los dIScípulos (v 1-4) es amplIado con aclaracIOnes adI-

cIOnales de Jesús a su dISCurSO I A dIferenCIa de

los restantes dIS-

cursos precedIdos de mtroduccIOnes (cf 5, 1s, 10, 1 5a, 13, 1-3a,

  • 1 Eso no autonza

a conSiderar, con Thompson * 16, la pencopa del Impuesto

del templo (17, 24-27) como pnmera seCClOn del cap

18

El texto 18, 1 comienza

con una nueva mtroducclOn y nuevos mterlocutores los dlsclpulos

23, 1), los lectores no esperan un dISCurSO extenso de Jesús des- pués de 18, 1-4 No es fácIl conocer lo que mOVIó al evangelIsta a mtercalar aquí un dISCurSO La secuenCIa bellamente compensada de los tres anuncIOS de la pasIón de Mc aparece perturbada con la msercIón del dISCurSO A dIferencIa, Igualmente, de los restantes dISCurSOS, el presente no está claramente conectado en la composI- CIón con el relato que lo engloba Hay que decIr ante todo, aunque es ObVIO, que Mateo qUIsO escnbIr cmco dIscursos de Jesús a eJem- plo del Pentateuco, este es un pnncIpIo básIco de estructuracIón, al que Mateo somete su refundICIón del evangelIo de Marcos Las razones para mtercalarlo Justo en este lugar son qUIzá sobre todo externas la seCCIón narratIva, que comenzó con 13, 53, es ya más extensa que cualqUIer otra seCCIón narratIva antenor en el evange- lIo de Mateo, ya es «hora» de ofrecer un dISCurSO Marcos había añadIdo en este lugar a dos perícopas narratIvas (9, 33-40) una compOSIcIón de sentencIas, la ocaSIón para mtercalar un dIscurso era favorable El texto 19, 1 crea, además, una cesura narratIva Je- sús va a abandonar GalIlea defIllltIvamente, la multItud del pueblo estará de nuevo Junto a él

Mt omIte la perícopa del exorcIsta mdependIente (Me 9, 38 40) El texto no encaja, por el tema, en un contexto que aborda las relaCIOnes m- ternas de la comumdad Mt había recogIdo, además, Mc 9, 40 en 12,30,

en verSIón mversa Parece que la perícopa tampoco le encajaba en el con- temdo, ya que Mateo había utIlIzado en 7, 22 el epIsodIO del exorCIsta m-

dependIente

para descnbIr a los falsos profetas 2 La nOCIón de igleSia en

Mc 9, 38-40 es qUizá demaSiado abierta para Mt 3 Mt pudo omitir el tex- to Me 9, 41 porque había recogido ya elloglOn en 10,42 4 , además, el cap 18 no trata de la acogida a los radicales itmerantes, smo de las relaCIOnes mternas de la comumdad ElloglOn de la sal (Me 9, 49s) es omitido por Mt porque empleo ya en 5, 13 la verSión Q del mIsmo dicho

  • 2 Estructura La estructura del dISCurSO es dIfíCIl de defmu

Son pOSIbles factores de artIculacIón

a) la mterrupcIón narratIva

  • 2 En Mt 7, 22 Y Mc 9, 38s son comunes tOO (aw) DVO[,lun (aol!) Om[,lOvlU (EX~UAAELV), tOO DVO[,latl (Ol!VU[,llV, nOlElv)

    • 3 Cf por eJempio Pesch* (Matthaus), 62 (Mc 9, 38-40 es «demasiado tole-

rante»), Schwelzer, Matthaus, 110 (Mt se defiende en 7, 22s, 24 11 s contra los fal sos profetas y nunca habna Sido tan abierto con los extraños a la comumdad)

en v 21s, b) la mención de ~aOlAELa'tWV oUQavwv (v. 1.3s.23), c) CIertas palabras clave que encadenan las perícopas, pero no deter- mman todo el discurs0 5 : Jtm6Lov (v. 2-5), EV IlÉOQl (v. 2.20), ovo- Ila (v. 5.20), EI¡; 'tWV IlLXQwv TO'Ú'tWV (v. 6.10.14), Ó Jta't~Q 1l01J Ó EV oUQavoi:¡; (v. 10.14; cf. 19.35), Eáv (v. 12-19) (11 veces)6, aqJlr]- IlL (v. 12.21.27.32.35), állaQ'távw (v. 15.21) y MEACPÓ¡; (v. 15.21. 35), así como d) los versículos afmes 6 y 10 (escándalo o despre- CIO de los «pequeños»), 10 Y 14 (proximIdad de los pequeños al Padre) y 14 Y 35 (segundo término de una comparación con el Pa- dre celesttal). No hay ninguna división en la que se puedan mtegrar todos los posIbles factores de arttculación.

Se han propuesto.

  • a) una dIvIsIón en dos partes. Cabe entonces colocar la cesura entre

los v 20 y 21 (relmcIO narrattvo)7 o entre el v. 14 y el v 15 (artIculacIón

de contemdo tras una seCCIón sobre los «pequeños» sIgue aIra sobre los «hermanos» )8;

  • b) una dIVIsIón en tres partes. La pnmera trata entonces de la humll-

dad ante los pequeños (v 1-9), la segunda, del perdón (v. 10-22); la terce- ra se trata de una parábola (v 23-35)9 En todas las dIvISIOnes queda claro que Mt no qmere unas cesuras ne- tas, hay sIempre palabras clave que sobrepasan la seCCIón Versículos ex- plíCHOS de tranSICIón son los v 21 s, que hacen referencIa a los v. 12-14 y SIrven a la vez de mtroduccIón a los v. 23-35

El reIll1CIO narrattvo con la pregunta de Pedro (v. 21) es, a mI JUICIO, el factor de diVIsión más claro: la parte de discurso que vie-

  • 5 Las palabras clave han Sido lOvestlgadas con especial ngor por Vaganay* Él

ve detrás de Mt 18/ Mc 9 una versión aramea pnmlgema cuya correlación sólo

conservaron en parte las versIOnes gnegas La tesIs no se ha afianzado en el debate

  • 6 Con correspondencias más acusadas aún, que muestran los numerosos pa-

raleh,mos YEvrJ1:m (v 12s), axouon (v 15s), nagaxouon (v 17 [2 veces]) y

lír¡orJ1:E / AUOr¡l:E (v 18)

  • 7 Por ejemplo, Thompson*, 239s, 244 (parte diSCipular - parte petnna), Ra- dermakers, 235s

    • 8 Esta es la diVISión mas frecuente Ha Sido lOfluyente Pesch* (Matthaus),

15s, 50, que encontro en Mt 18 «dos fragmentos dldactlcos» «sobre el verdadero valor de los mños y 'pequeños'» y sobre la «verdadera fraternidad» En forma SI- milar dlVlden Gmlka 11 (vol 11), 119s, Palle, 247, 252, Davles-Alhson 11 (vol III),

750ss

  • 9 DIfiere algo Tnllung, Hausordnung*, 19-65, Id, Israel, 106 tras la «exI- gencia fundamental» siguen tres «exigencias sueltas» en v 6-1415-2021-35, al-

ne a continuación, v. 22-35, Invita a los miembros de la comumdad al perdón. Menos clara es la estructura de la primera parte del dis- curso: a la escena introductona con el niño pequeño (v. 1-5) siguen dos perícopas que tratan del comportamiento con otros miembros de la comunidad: no hay que causarles el menor «escándalo» (v. 6- 9), Y es necesario el perdón (v. 10-14). La regla de excomunión que sigue luego, v. 15-18, asume por una parte los v. 6-9, pero se mantiene por otra, a la luz de los v. 12- 14, bajo el signo del perdón. Los dos versículos finales (19 y 20) subrayan la dimensión «verti- cal»: hablan de la relación de los discípulos con el Padre y con el Señor exaltado, y ponen así un acento especial en este discurso que, por lo demás, trata sobre todo de la dimensión «horizontal» de la comunión. No son, sin embargo, meros apéndices: aquí no re- suena sólo el tema fundamental del Enmanuel (cf. 1, 23)10, sino también el tema básico del sermón de la montaña que es la escucha de las oraciones (cf. 6, 7s; 7, 7-11). Los v. 19s son, pues, centra- les ll . En mitad del discurso, la mirada se vuelve hacia «arriba»; Mateo habla de la presencia de Dios prometida a la comunidad. La función de los versículos clave 19s en este dIscurso es similar a la de los versículos 24s en Mt 10. Jesús se dirige a los discípulos (v. 1-3.1O.12.18s.35) o a Pedro, que los representa l2 (v. 21s). La regla de excomunión formulada en segunda persona de singular (v. 15-17) va incluida claramente en la interpelación a todos los discípulos. Estos son los sujetos primarios de identificación para los lectores. El discurso no sugiere que el evangelista quisiera dirigirse a lectores especiales, como los diri- gentes de la comunidad, por ejemplo13.

3. Fuentes. Mateo procede en el discurso lo mismo que en los capítulos 10; 13; 23; 24s: a un segmento del evangelio de Marcos

10

Cf vol

1, l45s

  • 11 Gmlka

Cf sobre todo Rossé* y

creto» del diSCurso

11 (vol 11), 120 el v 20 es el «núcleo se·

  • 12 11, 6l2s

Cf el excurso de vol

  • 13 Para KIlpatnck, Orzgms, 79, y Jeremlas, Parábolas, 49s, Mt 18 es una

«amplIa mstrucclón para los dmgentes de la comumdad», tesIs rechazada, con ra- zón, casI unámmemente No hay m en el contexto de la parte pnnclpal (16, 21-20, 34) m en el dIscurso mismo mdlclo alguno de que las palabras no vayan dmglda~ a todos los mIembros de la comumdad MartÍnez* defiende la tesIs de que, desde 10, 1-4, los discípulos son los Doce y representan a los dmgentes de la comumdad Pe- ro el lenguaje mateano es sIempre el mIsmo antes y después de 10, 1-4

(Mc 9,33-3742-47 = v 1-9) añade Q y su fondo especIal De la

fuente de los logza toma Q 17, 1-4 = v 6s 15 22 La parábola del admmIstrador sm entrañas (v 23-35), y presumIblemente tambIén la parábola de la oveja perdIda (v 12s), VIenen del fondo especIal,

el evangelIsta los conOCIÓ, a mI JUICIO, sólo por tradIcIón oral

14

  • 4 Tema Los exegetas no se ponen de acuerdo sobre el tema del dISCurSO Hablan generalmente de «dIscurso de la comum-

dad»15, con el «orden de la comumdad» por tema 16 Tnllmg*

habla

de un «reglamento de la casa de DIOS»17 Gundry pone por título «fratermdad en la IglesIa»18 A dIferencIa del pnmer dIscurso ecle- slOlógIco en cap 10, donde el encargo mISlonal de la IglesIa, es de- CIr, la relaclOn de la IglesIa con el mundo, constItuía la línea dIrec- tnz, este segundo dISCurSO ecleslOlógICo trata de la solIdandad en la cornumdad y de la salvaguarda de la comumón Por eso yo he puesto por título «dISCurSO sobre la comumón»19, y espero haber encontrado así el denomlllador común de las dos seCCIOnes pnnCI- pales del capítulo

HumIldad y solzdarzdad con los pequeños (18, 1-20)

La estructura de esta pnmera seCCIón no es transparente Habla pnmero de Jtmeha (v 2-5), luego de ¡lLXQOL (v 6-14) y flllalmente de aOEAqJOL (desde v 15) La pnmera seCCIón, v 2-5, es una ense- ñanza general, yo la conSIdero como una especie de declaracIón de pnncIplOs que es Importante para todo el dIscurso Desde v 5 do- mlllan las lllterpelaclOnes Pero las personas lllterpeladas parecen cambIar los v 6s van dIrIgIdos a los tentadores, los v 8s a los que están en pelIgro de tentaCIón y los v 10-14 al resto de la comum- dad Mas dIfícIl aún es señalar la tendencIa báSIca de la seCCIón los v 6-9 15-18 parecen tratar de la dIstancIa que debe guardarse frente a los pecadores, los v 5 10-14, Y luego 21s, de su acogIda

  • 14 Cf mira,46s 97s

  • 15 Sand 363 Schnackenburg 11 (vol 11), 167 cf Fabns,381

  • 16 Grundmann 411

  • 17 TItulo de lIbro SIn embargo la Idea de la IglesIa como una casa o templo

-Importante en otros lugares del nuevo testamento- no figura en Mt, salvo 16 18

  • 18 358 Cf Gmlka 11 (vol II) 119 «de los pequeños y los hermanos»

¿Cómo relacionar ambas cosas? ¿Hay en la sección una progresión racional de ideas o hay simplemente dos líneas diferentes de pen- samiento que se yuxtaponen? El texto da pocos puntos de apoyo sobre la secuencia lógica de sus distintas secciones. Da la impre- sión, más bien, de que su autor, Mateo, alinea distintos fragmentos de las fuentes que tratan de la convivencia en la comunidad, lo que hace algo insatisfactoria su interpretación. La cuestión del nexo de la distancia y la exclusión con la acogida y el perdón es el proble- ma más importante de la sección. Sólo la interpretación puede aclararlo.

  • a) El fundamento: cambiar hacia lo pequeño (18, 1-5)

Bibliografía: Crossan, J. D., Kingdom and Children: A Study in the Apho- ristic Tradition: Sem 29 (1983) 75-95; Dupont, Béatitudes Il, 161-215;

Id., 'Euv fl~ o'tQUq.¡ij'tE XUt yÉvTJm~'E w~ 'tu ;r¡;wbíu (Mt lB, 3), en Id., ElU-

des (Il), 940-950; Leivestad, R., TAIIEINO~ - TAIIEINO<l>PQN: NT 8 (1966) 36-47; Lindars, B., John and the Synoptic Gospels: A Test Case:

NTS 27 (1981) 287-294; Mül1er, P, In der Mitte der Gemeinde. Kinder im

Neuen Testament, Neukirchen-V1uyn 1992; Patte, D., Jesus' Pronounce- ment about Entering the Kingdom like a Child: A Structural Exegesis:

Sem 29 (1983) 3-42; Pryor, J. w., John 3,3.5. A Study in the Relation of John's Gospel to the Synoptic Tradition: JSNT 41 (1991) 71-95; Robbins,

  • V. K., Pronouncement Stories and Jesus' Blessing of the Children: Sem

29 (1983) 43-74; Schnackenburg, R., Grosssein im Gottesreich. Zu Mt 1B, 1-5, en Schenke, Studien (vol. Il), 269-282; Stegemann, W., Lasset die Kinder zu mir kommen, en W. Schottroff-W. Stegemann (eds.), Traditio- nen der Befreiung. Sozialgeschichtliche Bibelauslegungen 1, München 1980,114-144; Weber, H. R., Jesus and the Children, Geneve 1979; Wen- ham, D., A Note on Mark 9, 33-42/ Matt 18, 1-61 Luke 9, 46-50: JSNT 14 (1982) 113-118.

Más bibliografía** sobre el discurso de la comunidad, cf. supra, 21.

1 En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el reino de los cielos?». 2 El llamó a un niño, lo puso en medio de ellos 3 y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así, pues, quien se abaje como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí».

Análisis

  • l Estructura El discurso comienza con un apotegma los discípulos

formulan una pregunta (v 1), Jesús realIza pnmero una acción simbólIca (v 2) y da una respuesta que amplía fmalmente en una alocución extensa (v 3-20) La verdadera respuesta de Jesús está en el v 4, cuya frase fmal contesta exactamente la pregunta del v l El v 3 aparece, por eso, como preparación Jesús hace referencia a su aCCIón simbólIca y dice en una fra- se «amén» algo que los discípulos no hablan preguntado Desde el v l hasta el v 4 mcluslve, hay unajr/a formalmente muy completa' El v 5 sorprende un tanto, los mvestIgadores discuten SI forma parte de esta sec- ClOn o ya de la sigUIente Pero con el v 6 comienza un tema nuevo el de los «escandalos», tamblen es nueva la palabra clave ¡.tLXQOl La estructu- ra del v 5 y del v 6 es simIlar, pero los dos versículos no son paralelos en el contemdo Por eso es mejor, a mi JUICIO, asociar el v 5 a los v 1-4 y considerarlo como un anexo a la respuesta de Jesús dada en v 4 Mt que- da así en la distancia previa de Mc

  • 2 Fuente La fuente es Mc 9, 33-37 Esta perícopa de Mc consta de dos jr/as los v 33-35 son la pnmera, con mtroducclón complIcada, y for- malmente con la respuesta de Jesús, que no corresponde exactamente a la pregunta de los discípulos Los v 36s son una segundajría, no del todo completa, que presupone a los discípulos como destmatanos, pero no los nombra Consta de una acción simbólIca y un dicho gnómico Mt rehízo

totalmente el texto de Mc Fundió las dos jrías de Mc en un solo apoteg-

ma 2 , sacnfIcando casI

totalmente la pnmerajría (Mc 9, 33-35)3 La mtro-

ducclOn mateana es casI totalmente redacclOnal 4 Los discípulos formulan en Mc sólo una pregunta general al maestro Jesús La mtroducclón de Mc a la segunda}na, v 36, la adopta Mt casI IIteralmente 5 Entre ella y el lo- glOn de Jesus Mc 9, 37 (= v 5) mtercala los v 3s, que forman el verdade- ro nucleo de su apotegma

  • I Yo defInO la XQLa con Crossan*, 77-80 y RobbIns*, 48-51, partiendo de la

retonca antigua (cf QUIntllIano, Inst Orat 1, 8, 4), como una sentencia (o acclOn)

formulada en forma expresiva, que e~ pronunciada por una persona hlstónca y era utilIzada en la enseñanza Las]nas simples se podlan ampliar en la enseñanza de dlferente~modo~, como la modulaclOn dialogal o novelada Para deSignar una]na ampliada utilizo aqUl la palabra «apotegma»

  • 2 Mt 18, 1-5 no es, pues, hlstóncamente la amplIaCión de una ]na, SInO la cOmbInaClOn de dos]nas

    • 3 La IntroducclOn de Mc, presumiblemente redacclOnal, v 33s, es algo torpe

Mt reproduClra el lag IOn Mc 9, 35 dos veces más (20, 26s, 23, 11) en forma similar

  • 4 Cf vol 1,57 sobre EXfLV1'] + wQa, JtQOOEQXOfWL, AEYrov, aQa, paOLAELa TWV oUQavwv

Una comparación con Lc 9, 46-48 revela una sene de mznar agree- ments llamativos la omisión de Mc 9, 33-34a 35 y de EvayxuALOUf-lEVO~ aUTO de Mc 9, 36b, así como la comcldenCla positiva ó~ EUV ()E~1']TaL JtaL()LOV (Mt 18, 5 / Lc 9, 48) Para la explicación hay que señalar que el

breve apotegma Mc 9,33-35 podría

ser una formación redacclOnal 6 , mien-

tras que para el segundo apotegma Mc 9, 36s hay que suponer más bien una tradición previa a Mc Mt y Lc recordaban sm duda la tradición oral y abreviaron el texto de Mc Mt suele omitir las mamfestaclOnes emotivas

de Jesús 7 Que detrás del ó~ Eav antepuesto

slga mmedlatamente el verbo,

es normal en Mt y en Lc 8 También es una prueba de redaCCión mdepen- diente en los dos grandes evangelistas el que tanto Mt como Lc salvaran la pesadez de la doble iría de Mc, pero formulando la verdadera respues- ta de Jesús al debate de los dlsclpulos en pasajes dlstmtos (Mt 18,4, Lc 9, 48c)9 La simple hipótesIs de las dos fuentes, sm recurnr a otra reelabora- clón, es por tanto lo que mejor explica aquí el texto lO El problema de crítica IIterana más difíCil que presenta la sección es el de la procedencia de los v 3s Hay dos hipótesIs contrapuestas Una de ellas" sostiene que el versículo es una asunción redacclOnal de Mc 10, 15, versículo omitido más adelante por Mt La otra'2 sostiene que el versículo representa la versión más antigua de un laglOn difundido en el cnstIamsmo pnmltIvo 13 , y no depende de Mc En favor de la pnmera tesIs está la fuer- te elaboraCión redacclOnal del lag IOn por Mt'4, también le cuadra la ver- sión parenétlca del lag IOn En favor de la segunda hipótesIs cabe señalar que las otras vanantes paleocnstIanas delloglOn no hablan, como Mc, de

  • 6 Mc utilIzo elloglOn IradlclOnal 10, 43s para crear un apotegma breve, co

rrespondlente a su Idea baslca del segUimiento en la paSión, cf Gmlka, Marcos 11,

116, Luhrmann, Mk (1987, HNT 3), 16Ss

  • 7 Cf Mc

1,4111 Mt 8,311 Lc 5, 13, Mc 3, 511 Mt 12, 131/ Lc 6, 10, Mt 7,

3411 Mt 15,30, Mc 10,2111 Mt 19, 211/ Lc 18,22

  • 8 Mt, 21 veces, Le, 9 veces

  • 9 Lc 9, 48c es Independiente de Mt 18,4 (frente a Wenham*, 113s, que pos- tula una tradlclon comun

    • 10 Cf U Luz, Korreferat zu W R Farmer,

The Mmor Agreements of Mat

thew and Luke agamst Mark and the Two Gospel Hypothesls, en Strecker, Agree

ments (vol IlI), 217s, contra Ennulat, Agreements (vol IlI), 214 217 La utIlIza-

ClOn de Mt por Lc es Inveroslmll, porque Mt 18, 3s falta en Lc

  • 11 Gundry, 360, TnllIng, Israel, 108, sobre todo Dupont, Beatitudes II, 168-

171

  • 12 LIndars*, Schwelzer, 235, Davles-Alhson 11 (vol IlI), 756s

  • 13 Cf In 3, 3 5, EvTom 10g 2246, Hermas slm 9, 29 = 106, 3

  • 14 Cf vol 1,57, baJO Uf-LTlv [AEYúJ úf-L1v), EUV, YLVOf-LaL ÓJ~, dOEQX0f-LaL EL~ tTlv

~UOLAELUV tOOV oUQuvoov Nuestro verslculo esta formado sobre el modelo del v 5, 20, Igualmente redacclOnal Mas difICil es OtQuq.JiítE, que en Mt aparece otras 2 ve- ces en forma redacclOnal (siempre aonsto paSIVO), pero no, como aqUl, con slg mfIcado metafonco El plural ÓJ~ tU naLbLU se ajusta a la InterpelaCión a los dls- clpulos

«aceptación del remo de DIOS», y en ese punto se aproximan más a Mt

que a Mc l ) En Mc la,

15, a diferencia de Mt 18, 3, no se advierte una ela-

boraCión redacclOnal; Mc se encontró probablemente con elloglOn en su

forma actual y lo msertó en su perícopa de la bendición de los mños (Mc 10, 13s 16) Resumiendo: Mt puede (no necesariamente) haber empleado, en lugar de Mc la, 15, otra vanante delloglOn sobre «hacerse mños» co- nocida por transmisión oraP6 Yo conjeturo aquí que Mc la, 15 represen- ta en la hlstona de la tradición la versión más antigua delloglOn que ha

llegado a nosotros 17

Es relativamente fácil ponerse de acuerdo sobre el v 4 elloglOn es una vanante abreviada de 23, 12 II Lc 14, 11 El v. 4b vuelve redacclOnal- mente sobre la pregunta de los discípulos en v 2 18

Explicación

«En aquel momento» es uno de los enlaces temporales frecuen- tes en Mateo, que sugieren el flujo ininterrumpido de la narraCión, sin necesidad de un nexo directo con lo que antecede (cf. 3, 1; 12, 1; 14, 1) Como en 13,36; 24, 3, los discípulos se acercan a Jesús y formulan una pregunta que se convierte en punto de partida de un diSCurso bastante extenso. Mt omitió la descripción de Mc de la diS- puta de los discípulos; no le interesa que la pregunta de los diScí- pulos tenga una ocasión especial, y tampoco presentar a los dis- cípulos como pecadores o marcados por una falsa vanaglona 19 Ellos formulan una pregunta general que se convierte para Jesús en

  • 15 ASI P Jouon, Notes phllologlques sur les évanglles RSR 18 (\928) 347s

JeremIas, Teología, 185, sostIene que OTQUqJfjTE 1tUL YEVTjO'ÍtE se corresponden con el IteratIvo hebreo :m¡¡ + verbo, y que podría ser un semItIsmo en el sentIdo de «volver a ser mño» La concIenzuda crítIca de Dupont* (Etudes) ha mostrado, Slll embargo, que e~ta tesIs es errónea casI con segundad, porque :::l,ilJ nunca es tradu-

CIdo en los LXX con OTQEqJW, y sus eqUIvalentes semítIcos nunca tIenen el slgm- fIcado de «de nuevo»

  • 16 La lllVeStIgaclón de Pryor* llega a una conclusIón sImIlar

  • 17 Mt 18, 3 es claramente redaccIOnal, las dos verSIOnes Joámcas (¡,llldepen-

dIentes de Mt?) 3, 3 5 están marcadas por la teología del bautIsmo En Mc 10, 15 aparece la l3uOLAELU como puro don, lo que se ajusta a las bIenaventuranzas ongl-

nales (Lc 6, 20s) Mt, en cambIO, adoptó y reelaboró qUIzá una versIón ya etIzada delloglOn, de nuevo en forma semejante a la de sus bIenaventuranzas (5, 5 7-9)

  • 18 Sobre o'Úm¡; antepuesto, cf Schenk, Sprache, 386, sobre ÓOTL¡;, oiív, <Íl¡;,

vol 1, 57s 'Q¡; TO ltm6LOV mUTO une el dIcho tradICIonal con el contexto

  • 19 La qJLA060l;LU de los apóstoles (TeofIlacto, 337) no es el problema pnncl-

pal de Mt Le preocupa menos aún la postenor pregunta de los exegetas de SI los apostoles habían estado en pecado mortal (Maldonado, 359)

ocasión de un discurso fundamentaFo. No hay que buscar por tan- to, a lo que parece, una situación concreta especial en la comuni-

dad que hubiera dado pie a Mateo para su cuarto discurso de Je-

SÚS 21

. Los discípulos preguntan básicamente quién es el mayor 22 en

el reino de Dios. MÉyw; implica la idea de rango y dignidad; los

«grandes» de un reino son los gobernadores y ministros

23

. No sa-

bemos aún si la pregunta de los discípulos se refiere a su rango presente (como en Marcos y Lucas) o a su rango en el reino de los

cielos venidero. Sólo la respuesta de Jesús en v. 3 pondrá en claro que lo segundo está en primer plan0 24 . Jesús no contesta la pregunta de momento. Hace algo sorpren- dente: llama a un mño y lo coloca en medio de los discípulos. Lue- go inicia una solemne declaración. Tampoco contesta con ella la pregunta de los discípulos. Estos habían preguntado en términos generales; pero la respuesta de Jesús es una interpelación directa:

«Si no cambiáis y os hacéis como niños

». Ahora está en cues-

... tión, de pronto, su propia vida. La respuesta de Jesús tiene la for- ma, especialmente grata a Mateo, de un dicho sobre «entrar en el reino de los cielos». También esto es importante. La pregunta por los mejores puestos en el cielo no está en debate de momento; el mero «entrar en el reino de los cielos» presupone un cambiO radi- cal en la vida corriente. La palabra «cambio» no es en Mt un tec- nicismo por «conversión»25; pero tiene peso, porque es insólito en su significado metafórico. Jesús exige de sus discípulos un «giro» radical. «Hacerse como niños» es sin duda una forma de existencia muy diferente de la normal. «Hacerse como niños» es una parado- ja, pues el que ya no es niño, mal puede volver a serlo. Hay que ha-

  • 20 "AQu puede figurar en una pregunta que denve lógicamente de lo antenor,

pero la partícula puede tener Igualmente la mera función de «hacer la pregunta más

Viva», cf Bauer, Wb 6 s V 2

Y 24, 45.

  • 21 Es una tesIs básica de Thompson* especialmente los v 5-9 muestran, a su

entender, que el evangelista se dmge a una «dJvlded commumty»

  • 22 Comparativo en lugar de superlatiVO, dicho en lenguaje popular: BI-Debr-

Rehkopf §§ 60244

23

Cf

Est !O, 3, I Mac 7, 8

  • 24 Esto se corresponde con la acentuación del carácter futuro del remo de los

cielos en Mt, cf vol 11, 458s. La pregunta de los discípulos es la misma que hace la madre de los Zebedeos en 20, 21 Y enlaza con la Idea comente en el Judaísmo sobre la dIVersidad de rango en el más allá, cf BJlI 1, 249s, IV, 1131 s, 1138-1140, Dalman, Worte, 92-94 Mt conoce esa misma Idea, cf 5, 19; 11, 11

cer, por tanto, algo ImposIble, totalmente contrano a lo que es po-

sIble por

naturaleza 26 ¿Qué se qUlere slgmÍlcar?

Historia de la influencia

El texto no dIce lo que es especialmente caracterÍstlco de los «mños» No es de extrañar por eso que, en gran medIda, cada épo- ca haya aphcado a nuestro texto su propIa Idea de lo que es un m- ño Sorprende que en caSI toda la hIstona de la exégesIs parezca predommar una grave alteracIón del sentldo del texto Los exege- tas no suelen preguntar cómo son los mños Generalmente leen el texto como SI dIjera «Haceos como buenos mños» Los SIgUIentes ejemplos mdIcan cómo han representado los dIversos tlempos al mño «Ideal»

Es frecuente destacar la mocenCla 27 , la dulzura 28 y la slmphcldad 29 Los mños -a diferencia de los apóstoles- «no son cunosos, no aspiran a la glona efímera, no son orgullosos, están exentos de maldad y de nvahdad, ambición, dlsenslOn y pasión voluntana»3o Según HIlano, «siguen al

padre, aman a la madre, no saben desear el mal al prÓJimo, no se afanan por la nqueza, no son descarados, no odian, no mienten, creen lo que se les dice y conSideran verdadero lo que oyen» 11 Los mños que no han he- cho expenenclas sexuales se ven en gran medida hbres de «paSIOnes, fla

quezas y enfermedades del alma», dice el asceta Ongenes 32

«No llevan la

contrana, no discuten con los maestros, antes bien aceptan la enseñanza

con ganas de aprender», dice BasIl10 33 Lutero señala

que un mño acepta

los castigos de sus padres 3 4, Zwmgho, que los mños no guardan rencor por mucho tiempo (,la venganza es propia de la autondad l )35 Calvmo su- braya la modestia de los mños, que es precIso Imltar 36 , Brenz, que los m-

  • 26 S Klerkegaard, Emubung 1m Chnstentum I1I/4, trad por H Wmkler,

Koln Olten 1951, 250 «Ser mño , SI se es realmente, es muy facI1, pero volver a

serlo

es lo decIsIvo»

  • 27 Jerommo, 156s, Leon Magno, Sermo 37, 3 = BKV 1154,183

  • 28 Leon Magno, Ibld

  • 29 Juan Cnsostomo 58, 2 = PO 58, 568s, Erasmo (AdnotatLOnes), 94

  • 30 EutImlo Zlgabeno, 497

  • 31 Hllano, 18, 1 = SC 258, 74

  • 32 13, 16 = OCS Ong X, 220

  • 33 BaSIlio Reg Brev, n o 217 = trad por K S Frank, St OttIlIen

  • 34 II 588 =sermon de 1533

  • 35 334

1981, 311

ños confían en sus padres 37 , Olshausen, su falta de pretensIOnes 38 Para Goethe, en los mños están «los gérmenes de todas las vIrtudes, de todas las fuerzas»39 Zmzendorf señala que un mño qUIere tomar el pecho de su madre y ser llevado por ella, Igualmente Cnsto lo tomará en brazos y des trUIrá todo lo que en él es mdoblegable 40 Poetas líncos mVItan en cancIO- nes a ser «pIadosos y alegre~ como mños», o amman a la comumdad «Seamos mños, no nos peleemos en el cammo»41 Mt 18, 3s fue un texto muy Importante para León TolstOl «Descubre en los mños la orIgmalIdad humana del amor al prÓjImO tal como lo entIende Jesús», los mños son -prevIamente a cualqUIer edu<::aclón- dechados de mocenCla y de amor En ellos está la esperanza, ellos «no dlstmguen entre las personas propIas y las aJenas»42 Para Franz Rosenzwelg, los mños encarnan la confIanza en el futuro, la esperanza 43 Alguno~ ejemplos, para tennmar, de la exégesIs del SIglo XX se tra- ta de «no ser pretencIOsos, como no lo son los mños»44 Los mños buenos son «docIles et confIants, lIs acceptent d'etre mstrUIts et d'obélr»45 El m- ño «sabe» de «su pequeñez» y la acepta 46 Un mño esta «abIerto a apren- der nuevas cosas» y «agradece la proteccIón y amparo que los mayores y más fuertes pueden ofrecerle»47 Los nIños son nIños modelo de sus pa- dres en la hIstOrIa de la exégesIs, rara vez recuerdan los exegetas que los mños reales pueden ser muy dlferentes 48

 

37

596

38

557

39

DIe LeIden des Jungen Werther (Buch 1, Am 29 Jumus), en Id, Werke IV,

 

Frankfurt 1979, 28

 

40

11221129

41

EG 482,5 (M C1audlUs, Der Mond 1st aufgegangen), EG 393, 7 (G Ters

teegen, Kommt Kmder, lasst uns gehen)

 

42

Pnmera CIta, de una reseña de C Munch, segunda CIta, de L TolstOl, Abre

ge de l' Evanglle, trad yed por N Welsbem, Pans 1969, n° 844 En el tema de la recepclOn de Mt 18 por To1stOl es fundamental, sobre todo, la novela ResurrecclOn, cf mfra, 93 Para Mt 18, 3s son de especIal ImportancIa dos relatos que llevan co-

mo lema nuestro texto «Wer hat recht?», en L TolstOl, Spate Erzahlungen, trad alem yed por J Hahn, Stuttgart, 1976, 195-216, Y el esplendIdo relato corto DIe Kmder smd kluger als dIe Alten, sobre los adultos que se pelean y los mños que re anudan el Juego mmedlatamente despues de un mCldente tonto, en L To1stOl, Sam- thche Erzahlungen m 5 Banden, ed por G Drohla, Frankfurt 1990, vol III, 428

430

 

43

La estrella de la redenclon, Salamanca 1997, 339s

44

Klostermann, 148

45

Lagrange,347

46

Schmewmd, 196

47

Schwelzer,236

48

Muchos exegetas ven a los mños mas negatIvamente, pero por razones

dogmatIcas porque tampoco los mños estan lIbres del pecado ongmal (en Muscu- lus, 442s, por ejemplo)

La hlstona de la lllterpretaclón muestra la facilIdad con que las lllterpretaciOnes se dejan determlllar por las Ideas que los dIversos autores tIenen de los mños, y en espeClalla frecuencia con que se mfiltran en este texto los Ideales patnarcales en educacIón, Slll que lo advIertan los exegetas Estos ven en la expresIón «como mños» un espaciO en blanco que ellos gustan de llenar desde su relacIón

con los mños

Hemos de preguntar, frente a ellos, SI el texto qUIe-

re eso realmente, o SI no presupone una nocIón muy clara del «m-

ño»

Interesa, pues, conocer las connotaciOnes que el texto presu-

pone en los lectores de la época

Explicación

Hay que partIr del esclarecedor v 4 El punto de comparacIón entre los mños y los dIscípulos se defllle con el verbo 'taJtELVOW (abajar) La pnmera aSOCIaCIón que tIenen aquí los lectores es la de la pequeñez de los mños 'tUJtELV0C; puede slgmflcar «pequeño», pero el slgmflcado pnnclpal de la raíz verbal 'tUJtELVO- es el de «baja pOSIcIón» El «baJO» es el lllslgmflcante, carente de poder, débil y que VIve en malas condIciOnes Hemos de partu del slgm- flcado hteral para lanzar una muada al entorno de la época

Es Importante recordar aqUI la mala sItuaclOn socIal de los mños en la antlguedad no eran hombres SUI genens, SInO unos seres Inmaduros (vYJ- mOL) y por educar, es deCIr, aun-no-adultos 49 TambIén el JudaIsmo valo raba a menudo negatIvamente a los mños, IncapacItados para el JUIClO «DormIr por la mañana, VInO a medlOdIa, la charla con mños y pasar el tiempo en las casas de los Ignorantes, embrutece a los hombres» (Ab 3, 11 )50 Las palabras :n:al¡; y :n:moLOv pueden sIgmfIcar tambIen, como se sa- be, «esclavo», lo cual expresa algo de la posIclOn JurídIca de los mños, que estaban baJO la autondad IlImitada de sus padres 51 El punto de com paraClOn para nuestro loglOn es, pues, de entrada la pequeñez fIsIca, pero luego tambIen la debIlIdad y la mala posIclOn SOCIal de los mños

Los dIscípulos que se parecen a los mños son, por tanto, pe- queños, lllsIgmflcantes y débiles Algo de ello se expresa en lo que

  • 49 Muller*

162

  • 50 Cf en textos JUdlOS la frecuente tnada «sordomudos, defiCientes mentales,

menores de edad» ('Er 3,2 BQ 4 4 6,24) «mujeres esclavos menores de edad»

(Sch'q I

3

Suk 2

8, 3,

10)

sigue, cuando, según Mateo, los mIembros «pequeños» de la co- munidad caen en una «trampa» (v. 6-9) o se extravían y quedan desamparados como una oveja perdida (v. 12s). Ahora bien, Mateo habla en v. 4 de una baja posición elegida libremente (TUJtELVÓJOEL ÉmJTóv). ¿Qué quiere decir esto? El nuevo testamento suele tradu- cir la raíz TUJtELVO- por «humildad». Esto no es adecuado en Ma- te0 52 La raíz TUJtELVO- expresa globalmente el estado de baja po- sición, no sólo su afirmación interna, que es la humildad. El mero TUJtELVÓ~ rara vez significa en el griego usado por los judíos de la época y en el griego neotestamentario «humilde»53, sino «bajo». Pero nuestro texto se refiere precisamente, como la frase gnómica «a quien se abaja, lo encumbrarán» (23, 12), tanto a lo exterior co-

mo a lo interior 54 Hacerse voluntariamente

bajo significa, en su-

ma, invertir los criterios anteriores mentalmente y en la práctica, y

orientarse hacia «otro orden» y nuevos criterios 55 La «baja posi- ción» de los discípulos abarca también la actitud interna de la «hu- mildad», pero es mucho más que una actitud que permanece dentro:

la «baja posición» ha de practicarse 56

Se exterioriza, por ejemplo,

en la «acogida» amistosa de los niños (v. 5), en el amor fraterno a los «pequeños» (v. 10-14), en la disposIción ilimitada al perdón (v. 21s), pero sobre todo en la renuncia a los honores jerárquicos (23,

8-10) Y en el servicio (20, 26-28; 23, lI). Ese género de vida es el

que tiene la promesa del reino de

los cielos 57

El V. 5 presenta un enlace débil. "Ev JtmÓLov TOLOiiLo apunta al v. 2 más que al v. 3s; hace referencia a la acogida de un niño real.

  • 52 Lo que sigue, en enmienda parCial de vol n, 297s

  • 53 Lelvestad*, 43, 46 mencIOna sólo TestG 5, 3 Y la glosa cnstlana TestD 6,

9 La «vertiente mterna» de la baja posIción, la humildad, la había caractenzado es- pecialmente el evangelista (11, 29) con el añadido l:fi xUQ~ÍLq. La~ cartas del nue-

vo testamento lo sustituyen por l:UJtELVÓCPQúlV o l:UJtELVOCPQOoúvlj

  • 54 Lc los refiere en 14, 11 al orden de rango en el banquete, en 18, 14, a la

humildad del recaudador ante DIOS Los documentos rabímcos LevR 1, 5 (105c = BIII 1,774, de Hlllel), 'Er 13b, 35 (de la escuela de HIIlel), AbothRN 11, Derek Erest Zuta 9 (todos en BIII 1, 921), destacan el aspecto mtenor del abaJamiento, la

modestia y la humildad

  • 55 M Machovec, Jesus fur Athelsten, Stuttgart 1972, 119

  • 56 Cuando Musculus señala que «humllItas non tolla offlcla», de suerte que

un dueño de esclavos sólo tiene que transfonnar su espíntu (ammum), eso está en la perspectiva de la doctnna de la Refonna sobre los dos remos, mas no en la pers-

pectiva de Mt

  • 57 El v 4b retoma la fonnulaclón comparatlvlsta del v 1 Eso mdlca que Mt

no rechaza la Idea Judía de los diferentes puestos en el Cielo Pero, a la mversa, el

A dIferencia de 10,40, donde el contexto hace pensar en la hospi- talidad con los radicales Itinerantes, aquí queda sin decidir si se pIensa en la hospitalidad con los niños desarraigados y huérfanos o, en sentIdo figurado, en la «acogida», también, de aquellos niños que tienen un hogar 58 El v. 5 es, de un lado, una primera concre- ción parenética de lo que significa «abajarse», a saber, una llama- da a la solidaridad y al amor. El que se hace «bajo» como un niño se hace, por tanto, capaz de comunión. Pero el v. 5 es, de otro lado, una promesa. Cnsto mismo sale al encuentro en los niños. El v. 20 hablará aún más claro de la presencia de Cristo en la comunidad, y el pasaje 25, 31-46 desarrollará la idea de la presencia de Cristo en las personas «pequeñas».

Resumen

El evangelista comienza su cuarto discurso como había comen- zado ya el sermón de la montaña, concretamente las bienaventu- ranzas, remodeladas por él en línea ética: con las «exigencias» del ser cristIan0 59 Tales exigencias incluyen un criterio de valoración totalmente nuevo. Ser cristiano significa invertir los criterios mun- danos: la grandeza a la que hay que aspirar no consiste en el poder, la mf1uencia, el dinero, etc., smo en abrazar la baja posición, el desprecio, la pobreza, la humildad y el servicio. Hay que orientar- se en una dIrección diferente de la que rige entre los jefes de los pa- ganos (20, 25) o entre los fariseos (23, 6S)60. Las concreciones de la «baja posICIón» que dan los otros textos del capítulo muestran que, para Mateo, están en primer plano la capacidad de comunión, el

paralelIsmo de «entrar en el reino de los cielos» (v 3) y «ser el mayor en el reino de los cielos» (v 4) demuestra que eso no le Interesa mucho

  • 58 Pero no se trata de la acogida de nIños «metafóncos», por ejemplo, de los

desatendldo~ en la comUnIdad, o de «'average' ChnstIans» (Bonnard, 268, Gundry,

261 [cita], France, 271) I1mlÍLa es en el NT mera interpelaCión, y nunca una de- signación directa de miembros de la comUnIdad

  • 59 TnllIng (Hausordnung)**, 19, Rossé**, 63

Kahler**, 142s subraya, con

razón, el carácter aXIOmátIco del v 4, pero no se trata ahí de la «autocomprensión» de los cnstIanos

  • 60 Los fanseos pasan a ser en Mt el tIpo negativo Exegetas postenores tIpi-

ficaron esto en fonna aún más negativa, por ejemplo cuando, según Schlatter, <<la aspiraCión a ser 'grande' penetró toda la espmtualIdad palestina» (543) Esa gene- ralIzaCión tendría que descalIfIcarse desde los propIOs documentos de Schlatter

(545)

perdón y el amor Se trata, para él, de que la comumdad VIva y en- cuentre su fIgura a partIr de la «pequeñez» Los dIscípulos habían preguntado en el v 1 por el más grande en el remo de los cIelos, pero Jesús les señala, como mostrará todo el capítulo, la conducta fraterna, desde la perspectIva de lo «baJo» Esa «baja posIcIón» lI- bremente elegIda tIene luego la promesa del remo de los cIelos El texto no dIce en qué consIste tal promesa, Mateo se lImIta a repe- tIr en el v 4 la formulacIón de la pregunta de los dIscípulos

b) Advertencia sobre las «trampas» (18, 6-9)

BiblIOgrafía

Humbert, A , Essaz d'une théologle du scandale dans les

Synoptlques

Blb 35 (1954) 1-28, Mateas, J ,AnálisIs semantlco de los

lexemas LKANAAAIZQ/LKANAAAON FN 2 (1989) 57-92, Mlche1, O, ~LXQOC; XLA , en ThWNT IV, 650-661, Sch1osser, J , Lk 17, 2 und die Lo- glenquelle SNTU A 8 (1983) 70-78, Stahhn, G, OXUVbUAOV XLA, en ThWNT VII, 338-358 Más blbhografía** sobre el discurso de la comumdad, cf supra, 21

  • 6 «En cambio, al que hace caer a uno de esos pequeños que creen en mí, más le convendría

que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo sepultaran en el fondo del mar.

  • 7 ¡Ay del mundo porllas 'trampas'!

[Es] irremediable que se den las 'trampas', pero ¡ay de [aquellaF persona por quien viene la 'trampa'!

  • 8 Si tu mano o tu pie te pone en peligro,

córtatelo y tíralo; más te vale 3 entrar manco o cojo en la

vida

que ser echado al fuego eterno con dos manos o dos pies.

  • 9 si tu ojo te pone en peligro, sácatelo y tíralo; más te vale entrar tuerto en la vida que ser echado con los dos ojos al horno de fuego».

y

  • l En lugar de gemtlvo causal, Mt adopta una formula semltlZante (

~ ,'x

1~), cf Ap 8, 13, los documentos, en Schlatter, 549 BI-Debr-Rehkopf § 176, l

  • 2 Es muy dIfIcIl saber SI Ecrnv y EXELVúJ forman parte del texto

Análisis

  • 1 Estructura El v 6 tIene la mIsma mtroducclón que e15 Parece ml- CIar, no obstante, algo nuevo la nueva palabra guía que UnIfIca las cuatro sentencIas sIgUIentes es OXUVbUALl;ELV (tres veces, además del tnple oxuvbuAOV) En él se habla, además, de los «pequeños», ya no de los nI- ños La seCClOn consta de cuatro sentencIas Los v 6 y 8s contIenen las «lmprecaclOnes»4, mtroducldas con una oracIón de relatIvo o condICIonal, segUIda de ImperatIvo Los v 8s se amplían con una frase comparatIva Estos dos logw, que aparecían ya en 5, 29s, estan construIdos en estncto paralelIsmo El v 7 carece de una estructura clara No es posIble estable- cer un nexo lógICO entre las sentencIas de los v 6-9 No es flUIdo, sobre todo, el tránSIto del v 7 al v 8s

    • 2 Fuentes Aparecen al trasfondo Mc 9, 42s 4547 para los v 6 8s, y

Q 17, 1b para el v 7 La redaCCIón mateana no sIempre resulta clara El texto de Mc aparece extremadamente abrevIado por Mt, que refundIó en uno los dos logw sobre la mano y el pIe (Mc 9, 43 45) En el v 6 (= Mc 9, 42), XQElluo1'tñ Y xu'wJtovtLo1'tñ podrían ser redacclOnales 5 , esto no es demostrable por vía lInguístIca para de:; EllE, nI para el smgular EV 1:0 JtE- AUYEL 6 Schlosser* dIO probabIlIdad, con un análISIS CUIdadoso, a la hIpó- tesIs de una vanante Q para elloglOn Mc 9, 42, varIante que subyace en Lc 17, 2, pero no hay nIngún mdlclO de su mfluencla en Mt La hIpóteSIs explIcaría, con todo, el hecho de que el evangelIsta haga uso en el v 7 del versículo Q 17, 1, que le antecede mmedIatamente La mvectI va semítIca contra el mundo en el v 7a es obra, presumIblemente, de Me En el v 7c, Mt amplIó el texto Q sIguIendo a Mc 14, 21 (cf Mt 26, 24) con 1:0 av1'tQffiJtep (EXELvep) Las otras deSVIaCIOnes respecto a Lc 17, lb son dIfí- CIles de enJUICIar En los v 8s, la versIón Q de 5, 29s 8 mfluye sobre todo en las partes mtroductonas (EL bE XELQ oou OXUVbUALl;EL OE, EXXO'IjJOV UlJt[O]V XaL ~UAE aJto 00'Ü) La redUCCIón de las tres sentencIas de Mc a dos se corresponde tamblen con el texto Q Son mateanos uLffivLOe:; y 1:0'Ü

  • 4 Sobre la forma, cf G F Snyder, The Tobspruch In the New Testament NTS 23 (1976-1977) 117-129 Las ImprecacIOnes comienzan en hebreo con ::,~ o n'~ La IntroducclOn condiCional y la comparaclOn no son parte constitutiva del genero

    • 5 Cf 14,30,22,49

    • 6 La expreslOn, umda al gemtIvo ,fje:; 1taAaoolle:;, ademas de ser SIngular en el

nuevo testamento, solo aparece dentro de la literatura antigua en eSCrItos depen dientes de Mt Pero en textos JudlOs, donde t:mS'El es un prestamo usual, ofrece al- gunos ejemplos de combInaclOn K~" O,~S'El: cf Jastrow, s v O,~S'El, y Krauss,

Lehnworter Il, 444 La expreslOn, pues, es afín en arameo y, por eso, plaUSible en el SIrIO Mt

  • 7 Tal hl potesls, SIn embargo, es difícil de demostrar en el aspecto IIngUlstICO

solo xoo¡.¡oe:; es mateano, ano es frecuente en Mt, cf vol 1, 57s

Jt1)(>0<;9 Mt abrevia, ademas, el texto de Mc el contemdo, desaparece

el V

Mc 9, 48, superfluo en

Explicación

6-9

La seCCIón sIgUIente es sumamente dIfícIl Fue elaborada a fon- do por Mateo, que no logró SIn embargo Insertarla SIn estrIdenCIas en una suceSIón de Ideas EspeCIal dIficultad crea el aparente cam- bIO de destInatarIos los v Ss van dmgIdos a personas que están amenazadas por la tentacIón, por tanto, en la termInología del v 6, a los «pequeños» El SIgUIente v 10 Interpela a personas que po- drían menosprecIar a estos pequeños Los v 6s no contIenen una InterpelacIón dIrecta, se deja a cuenta de los lectores IdentIfIcarse con unos u otros ¡,Son de los «pequeños que creen en mí», de los potencIalmente seducIdos? Entonces oyen los v 6s, prImarIamen- te, como consuelo aquellos que qUIeran hacerlos caer, se exponen a la InVectIva de DIOS e Irán al JUICIO 1,0 son de los potencIales se- ductores? Entonces el texto es prImarIamente una advertencIa pe- sa sobre ellos la amenaza del JUICIO Es dIfíCIl, además, el tránsIto de los v 1-5 al v 6s ¡,son los «pequeños» los «mños» del v 5? En el aspecto hnguístIco es perfectamente posIble 10 Pero ¡,por qué cambIa entonces la expresIón? 1,0 el v 4s asume !1lXQOL de forma que los «pequeños» son aquellos que se han abajado como un m- ño? No está claro, de todos modos, por qué al comIenzo del «dIS- curso de la comumón» haya que hablar de seduccIón ¡,Qué tIene que ver eso con el «abaJarse»? El razonamIento es, pues, frágIl en extremo Mateo no parece haber acertado a someter las tradICIOnes recogIdas en esta seCCIón a un esquema propIO sufICIentemente claro QUIzá por eso abrevIó tan radIcalmente Mc 9, 42-50

  • 6 Las palabras fInales del versículo, el verbo axuvouALsElV y el sustantIVO aXUVOUAOV, son dIfícIles de traducIr a nuestras lenguas El slgmfIcado báSICO de OXUV6UAOV es «trampa»

En el helemsmo

aparece rara vez en sentIdo figurado, pero es frecuente en los LXX El

  • 9 AtwvwC; aparece sIempre en Mt asocIado a ~wT] o a JtuQ, sobre YEEvva tOU

JtlJQOC;, cf

5, 22

  • 10 «Pequeño» puede slgmfIcar «mño» tanto en gnego como en hebreo, cf

Bauer, Wb 6 s v IV, 652, 37ss

fll'XQOC;

I b, Jastrow, s v

l~P, O

Mlchel, fll'XQOC; 'XtA, en ThWNT

verbo causal OXUVOUAL~W no consta fuera de los LXX A Mateo le gusta la raíz oxuvOUA-, porque da un colon do bíblico a su lenguaje. Los testI- momos veterotestamentanos evocan aún con relatIva frecuencIa el sIgm- ficado básIco de «trampa» como Imagen; pero la estela de la Imagen se ha desvanecIdo a veces totalmente Eso ocurre en el nuevo testamento cuan- do oxáVOUAOV va lIgado a ntíQu, entonces es correcto tradUCIrlo por tro- pIezo (escándalo), pero el radIcal contIene mucho más de lo que sugIere esta traducCIón algo que destroza la VIda de una persona o del pueblo de DIOS 1l A veces se opta por la traduccIón «seduCCIón», pero es mcorrecta, porque el lenguaje popular evoca la Idea de la sedUCCIón sexual, que los textos bíblIcos no contIenen en pnmer plano l2 Por eso yo he elegIdo la tra- dUCCIón lIteral, «trampa» y la expreSIón afín «hacer caer», aunque la Ima- gen de la trampa no aparezca explíCIta en mngún pasaje mateano y, Justo por eso, esta tradUCCIón suene mucho más extraña para los lectores de hoy que las palabras OXáVOUAOV y OXUVOUAL~W, famIlIares por la BIblIa a los lectores del evangelIo de Mt.

Mateo aSOCIa a menudo el verbo axuv<'>uAL1;w con el «no» a Je- sús (11, 6; 13,57; 15, 12; 26, 31.33) Y la deserCIón de la fe (13, 21; 24, 10) Parece obvio que incluya también aquí la indUCCIón a la apostasía de la fe l3 , sobre todo cuando califica a los «pequeños» como «los que creen en mí». La apostasía de la fe no es en Mateo, simplemente, la adhesión a una doctrina errónea, sino que se ma- nifiesta en hechos concretos que son contrarios a la voluntad de Dios (cf. 7, 21-23)14. Los lectores pensarán en la seducción al pecado, que tiene pa- ra el seductor unas consecuencias tan desastrosas que le conven- dría más ahogarse en alta mar con una gigantesca rueda de molIno al cuello l5 La «piedra de molino mOVIda por un asno» es la piedra supenor -generalmente de basalto- de un molino grecorromano tl-

  • 11 Cf por ejemplo Jos 23, 12s, Jue 2, 3, Sal 105,36 LXX, Os 4, 17, Sab 14,

11

  • 12 En este sentIdo, solo Eclo 9, 5, SalSal 16,7

  • 13 Por ejemplo, Stahhn*, 351,15, Humbert*, 10, Grundmann, 416, Schnac-

kenburg 11 (vol 11), 169, cf Thompson**, 119 Cf L M WhIte, CriSIS Manage-

ment and Boundary Mamtenance, en Balch, HlStory (vol I1I),226 la palabra apa-

rece en Mt a propÓSito de las fronteras de la comumdad respecto al Judaísmo, o a ProPÓSito de la apostasía

  • 14 Por eso, los OXUV6UAU de 13,41 son los «facmerosos de la ImqUldad»

  • 15 El proceso de Sócrates, Platón, Ap 24b c, ofrece una analogía real sm pos-

tular por ello una relaCión con Mt 18, 6ss Sócrates, condenado a muerte como fal-

so maestro que seduce (bwcpf}¡,LQW) (mdIcacIón de C Munch)

rada por un asno o caballo o, también, por un esclavo. TIene la for- ma de un doble embudo: el embudo supenor recoge el grano; el m- feriar se apoya en la pIedra comforme que hace de base; en la par- te central suele ser más estrecho, y su forma evoca un reloJ de are- na, o una gola o collar. La piedra supenor de un molino se llama en griego OVO~J6. Ahogarse en lo profundo del mar con una piedra de molino como peso es una Imagen hiperbóhca para expresar un fi- nal espantoso, del cual no hay escapatona. La imagen es pertmen- te porque, de un lado, la piedra de molino era corriente como me- táfora para expresar una carga pesada ' ? y, de otro, la sumerSIón de malhechores era una forma de ajusbciamIento que se practicaba en algunas ocaslOnes l8 . La imagen apunta al juicio fmal: ¡ese destmo cruel es todavía mejor de lo que le espera al «tramposo» el últImo día! No queda exphcada aún la expresión «uno de estos pequeños que creen en mí». Mateo la encontró en Mc 9, 42; le parecIó tan Importante que la reprodUJO varias veces en su evangelio (lO, 42; 18,6.10.14; cf. 25, 40.45). No era una expresión fija para referir-

se a los crisbanos1 9 La pregunta más espinosa es

si «estos peque-

  • 16 HeslqUlo s v = Schmldt III, 209 Ó aVúlTfQo~ AL1'}O~ TO'Ü flUAOU, a diferen-

cia de la flUAT], la piedra de molino mfenor Pollux, Onom 7, 19, 10, 112 habla del

6vo~ aAf'túlV = asno = flUAOVLXO~ (P Lond, 335, 7 en

Moult-Mill s v flUAO~) Hay

descnpclOnes de tales molinos en Dalman, Arbelt III, 230-235, con IlustraCión 52,

Krauss, Archaologle 1, 95 97, Marquardt, Pnvatleben II, 421-423

  • 17 Lo más afín son Ap lS, 21 y Qld 29b = Bill 1, 77S «Una rueda de moli-

no al cuello [= luna mUjer']' /.,y se va a ocupar él de la torá?» Mas lb Id lS El katapontlsmos aparece como castigo o venganza para tiranos (Plutarco, Mor [II] 257D, PoliblO 2, 60, S), como pena espeCialmente cruel (Suetomo, Aug 67, DlOdoro Sículo 14, 112, Josefo, Ant 14,450) o pena por un delito grave (DIO- doro Sículo 16, 35) El cadáver quedaba msepulto, de ahí que la pena fuese consI- derada tanto por judíos como por gnegos como una suerte espeCialmente barbara

  • 19 La expresión aparece como denommaclOn para los mIembros de una co-

mumdad en el Apocalplsls gnóstico de Pedro (NHC VIl) y en el segundo Apoca- lipSIS de Santiago (NHC V) E Schwelzer, Chnstzanlty ofthe ClrcumcIsed and Ju dmsm of the Unclrcumclsed, en R Hamerton-Kelly-R Scroggs (eds), Jews, Greeks and Chnstwns FS W D Davles, Leiden 1976, 247s, y Stanton, Gospel (vol III), 273s, parecen suponer una contInUidad SOCIOlógICa entre la comumdad de Mt y la del ApPetr gnóstico también allí aparece una comumdad de los «peque- ños», de onentaclón ascética y antIjerárqUlca Sm embargo, la contmUldad entre Mt y ApPetr no es SOCIOlÓgica, SInO literana el autor gnóstico utiliza el evangelio ecle- Sial Mt, arremete contra los dmgentes de la gran IgleSia y espera ganarse a los «pe- queños» (NHC VII, 7S, 20, 79,19, SO, 1 11), es deCir, a los cnstIanos ecleslales en gañados temporalmente por sus dmgentes (lbld , SO, 1-15) (K Koschorke, Die Po- lemlk der Gnostlker gegen das klrchllche Chnstentum, 1975 [NHS 12], SO-S3) De

ños»

son un grupo especial de la comunidad 20 , o la expresión se re-

fiere

a todos sus miembros 21 En 10, 42, el sentido era antitético a

«profetas» y «justos»; los pequeños se distinguían de ellos, y no de- signa un grupo especial de cristianos 22 En este pasaje, los lectores desentrañarán mejor el sentido a partir de los v. 3s: los «pequeños que creen en mí» son los discípulos que se han «abajado» como un niño y por eso son tan valiosos a los ojos de Dios que llegarán a ser los más grandes en el reino de los cielos. La expresión es, pues, una fórmula programática de lo que son y deben ser los cristianos. Del mismo modo que, en su condición de «pobres de espíritu» (5, 3), los miembros de la comunidad son humildes y dichosos al mis- mo ti emp0 23, en su condición de «pequeños» son insignificantes a los ojos del mundo, pero, como mostrarán de nuevo los v. 10-14, infinitamente relevantes a los ojos de Dios. De ahí deriva también una respuesta a la cuestión de si «pequeños» designa aquí a todos los cristianos o se refiere a un grupo especial: «pequeños» son to- dos los cristianos de la comunidad en tanto que aceptan esa insig- nificancia y la practican en forma de humildad y amor. No todos, por tanto, son «pequeños», pero todos pueden llegar a serlo. Cuan- do el evangelista repíte tres veces la expresión en este capítulo (v.

6.10.14), quiere recordar a los lectores que deben orientarse bási- camente hacia abajo y no hacia arriba: no deben querer «ser gran- des» como los profetas y los justos, por ejemplo (la, 41), ni como los rabinos, padres y maestros (23, 8-10), sino pequeños como ni- ños. Estos pequeños por libre elección son infinitamente impor- tantes a los ojos de Dios. Por eso -no porque sean especialmente lábiles como cristianos «ordinarios»- es tan perverso el intento de seducirlos.

modo similar, 2 ApSant ve a los «pequeños» como gnóslicos potenciales (NHC V,

54,26ss)

  • 20 Zahn, 568 habla de una especial «clase de discípulos», Légasse**, 83-85

aplIca el térmmo, a la luz de 10, 42, a los cnslianos ordmanos, que sólo creen en Jesús, Roloff, Klrchenverstandms (vol I1I), 342, a <<los miembros simples, seden- tanos, de la comumdad»

  • 21 En el segundo caso, TOiv lWJTEUÓVTWV d~ E[tE es una adición atnbuliva que

aclara la expresión TOiv [tLxQOiv TOUTWV En el pnmer caso, mucho más difícil Im-

guíslicamente, habría que entender TOiv müTEUOVTWV d~ E[tE como gemlivo partl- livo «estos pequeños entre los que creen en mí» Su slgmf¡cado en Mc 9, 42 es muy difícil de establecer con segundad

  • 22 11, 210

Cf

vol

  • 23 Cf

Cf

vol

1, 288s

también v~mOL en 11, 25

  • 7 Volvemos a la pregunta inicial: ¿quiénes son los destinatarios del v. 6? No parece que la mayoría de los lectores del evangelio de Mateo leyeran el versículo como una advertencia 24 ¿Quién de los posibles lectores del evangelio que creen en Jesús y se dejaron guiar por él hacia el camino de la «baja posición» podrá identi- ficarse con la tdea de poner «trampas» a un fiel? Más bien, el versículo habrá consolado a los lectores que se sienten «peque- ños»: sus seductores acabarán mal el día del juici0 25 . El V. 7 pare- ce confirmar esta interpretación. El evangelista refuerza lo dicho a su comunidad con una doble invectiva 26 Los oxáv6ut van refe- ridos siempre, en el evangelio de Mateo, a las personas. Mateo piensa en aquellos que ponen en peligro al mundo que acogió la semilla sembrada por el Hijo del hombre, ese mundo que es su rei- no (13,38; 28, 18). La Iglesia es, para Mateo, parte del mundo, que es a su vez el reino del Hijo del hombre: el mundo no es malo en sí, pero hay en él malas personas que el Hijo del hombre apartará y aniquilará un día (13, 40-43). El pasaje 24, 10-12 clarifica un po- co el pensamiento de Mateo: se refiere a los falsos profetas cuya venida anuncia Jesús y contra los que previno ya a la comunidad en 7, 15-23 27 Esas «trampas» llegan necesariamente porque en el

...

u

  • 24 Así mterpreta J Roloff, DIe Klrche 1m Neuen Testament, 1993 (GNT 10),

147s. Mt adVierte a los radicales Itmerantes, cuya vIsión él mismo comparte am-

phamente, para que no e~candahcen a los cnstlanos sedentarIOs

  • 25. En todo caso, el texto en su estructura profunda contiene una «trampa» no

detectada qUlzá por Mt No define cuándo la sedUCCión de otro cnstIano se con- VIerte en «trampa» pehgrosa para su Vida Algunos lectores recordarían a la luz del sermón de la montaña que una sola palabra ofenSiva contra el hermano puede lle- var al horno de fuego (5, 21s) ¡Es fácil que un cnstlano ponga a otros en ese tran- ce' En este sentido, los lectores cnstlanos sensibles y atentos pueden leer el texto como una advertenCia Pero Mt no se refiere con el térmmo úxávl\uf.u a esos lec- tores, smo a los pseudoprofetas que él nunca mterpela directamente, cf mfra n 27

  • 26 Cf vol n, 453 (sobre 13,41) Y 640 (sobre 16,23)

  • 27 Se ajusta a esto el hecho de que los V 6s ~e formulan en tercera persona;

tampoco hay una mterpelaclón dlrecta a los seductores m a los profetas en 7,15-20 Y 24, 11 Thompson**, 120 supone que, en tiempo de Mt, «the scandal was an ac- tual problem» Schwelzer**, 110 estima que había en la comumdad mateana «gru- pos progresistas y conservadores»' mcorpora al texto la SItuaclón de Rom 14s y 1 Cor 8-10 Pesch (Matthaus)**, 32 plensa en los pobres de una comumdad urbana que se sienten cohIbidos en la Cena del Señor, como revela 1 Cor 11, 17 ss Gundry, 362 sabe que la comumdad mateana tenía unos dmgentes «antmomístlcos». Sólo sabemos, en reahdad, que las «trampas» no representaban para Mt una de las po-

Sibles actitudes cnstIanas, de suerte que él pudIera discutIr con sus defensores, co- mo hacía Pablo con los «fuertes» Formaban parte de las fuerzas del mal en las pos- tnmerías

tIempO flllal, preVIO a la vemda del HIJO del hombre, el mal se des- bordará, según creenCia apocalíptica No sabemos más, por des- gracIa, sobre la sItuacIón concreta a la que se refmó el text0 28 La conclusIón del versículo remacha la advertencIa el «ay» delJUlclO recaerá sobre los seductores

Historia de la influencia y resumen

Tomás de AqUino escnbló una bella quaestzo «de scandalo»29 que Sirve para poner de reheve lo pecuhar de nuestro texto Dlstm- gue cUidadosamente entre las seducclOnes que llevan a un pecado mortal y las que llevan a un pecado vemal, como tambIén entre se- ducclOnes mtenclOnadas y las que provoca una persona sm culpa suya No es casual que este texto de Mt sea prácticamente Irrele- vante en ese escnto de santo Tomás Sorprende tambIén hasta qué punto las reflexlOnes de exegetas postenores sobre la necesidad de los axuv6uAU se alejan de Mateo argumentan, por ejemplo, en lí- nea antropológIca dIcIendo que las fuerzas mahgnas forman parte de la condiCIón humana, slmplemente 30 , o hablan de lo mevltable, al menos, de los pecados vemales, mcluso para los Justos RemIten

a la hbertad humana

3l

o a la pedagogía dlvma 32 Se preguntan có-

mo es pOSIble eVItar los escándalos SI resulta que son necesanos 33 Parece que Mateo no hace tales conslderaclOnes No dlstmgue entre los UXUV6UAU y las seducclOnes menos graves Sólo le lllte- resa prevemr a los dIscípulos contra cualqUler lllcltaclón al mal Como en otros textos, tampoco aquí conoce mediaS tmtas Para él no hay pecados vemales ante la voluntad del Padre, que es de va- hdez mcondlclOnal, m seducclOnes vemales Su hbro rezuma una gran sen edad ética Esta sen edad responde a una Idea radIcal de la voluntad mcondlclOnal de DlOs, como ocurre en las antítesIs del sermón de la montaña, por ejemplo La senedad va asoCiada a la perspectiva del mmmente JUiClO del HIJO del hombre, en el que só-

  • 28 Cf sobre los seudoprofetas, vol 1, 564s e mfra, 545s

29

STh II12 q

43

  • 30 Ongenes 13,23 = OCS Ong X, 242s

  • 31 LapIde 347

  • 32 «Los escandalos nos hacen ser mas vIgJ!antes cautos, prevIsores» (Juan

Cnsostomo 59, 1 = PO 58, 575)

lo habrá un sí o un no, la partIcIpaCIón en el banquete celestIal del hIJO del rey o el llanto y rechmar de dIentes (cf 22, 11-13) La do- ble mvectIva que Jesús lanza en v 7 tampoco es la mvectIva del fI- lántropo celestial que llora sobre su mund0 34 , smo el «ay» antIcI- pado del Juez umversal Mateo qUiere, pues, sacudIr las conCIenCIas de los cnstIanos con una senedad radIcal ¿No son las reflexIOnes antropológIcas y pedagógIcas dlferencladoras de exegetas postenores más humanas que su perspeCtiva en blanco y negro? Para Mateo hay en el mun- do, por lo VIstO, un mal absoluto Pero ¿cabe defmlr y acotar tan unívocamente ese mal como eXIge aquí Mateo?

Explicación

8s A la advertencIa sobre los seductores agrega Mateo, sIgUiendo su fuente Mc, una advertencIa dIrecta a los mIembros de la comu- mdad, los potenCialmente seduclbles ReItera los logla de la ampu-

tacIón de la mano y el oJo, que ya menCIOnó en 5, 29s, después de la segunda antíteSIS Pero el uso que hace aquí de ellos dIfIere del que hacía allí mIentras Mt 5, 29s, contmuando en la estela de la se- gunda antíteSIS, preVIene contra la seduccIón sexual, parece que for- mula aquí, más bIen, una mVltaclón a los «pequeños» para que se

aparten prudentemente de las personas que qUieren destruIr

su fe 35

PrÓXImos a la aplIcacIón de Mt 5, 29s son los paralelIsmos rabím- cos, que relacIOnan la mano y el oJo con los pecados sexuales 36 , pe-

ro nuestro pasaje tIene más aflmdad con los paralelIsmos helenís- ticos que comparan el apartamIento radIcal de los malos amIgos, o del mal en general, con un médIco que, a veces, tiene que amputar mIembros del cuerp037 El hecho de que la hIpérbole de la amputa-

  • 34 Cf TeofIlacto, 337

  • 35 Es frecuente la mfluenCla de la mterpretaclOn de Ongenes, que en 13,24

= GCS Ong X, 245s combma nuestro pasaje con la Idea paulIna del cuerpo de Cns to (1 Cor 12) Hay que pensar entonces en la excomumon de miembros de la co- mumdad (asl Klostennann sobre el pasaje, Pesch [Matthaus**], 32, Sand, 368s)

  • 36 Bln 1, 302s Matenal adiCIOnal en J D Derrett, Law In the New Testa

ment SI scandahzavent te manus tua abscmde Illam (Mk 9, 42) and Comparatlve Legal Story, en Id, Studles m the New Testament 1, Leiden 1977,4-31

  • 37 H Koester, Mark 9, 4347 and Qumtlhan 8, 3,75 HThR 71 (1978) 151-

153, remite al conocido slmll de Qumtlhano sobre el medico oblIgado a amputar miembros enfermos del cuerpo QUlntlhano 10 aphca a los malos amIgos y panen-

Ción conecte con hechos reales --condena de adúlteros o dehncuen- tes 38 , por una parte, la práctIca médica, por otra- mcrementa la fuerza de las imágenes y la vehemencia de la exhortación No es fácl1 mtegrar la seCCión en el conjunto del cap 18 ¿Qué tIene que ver con el «abajamIento» de los v 3s, que VIene a ser el programa del capítulo? ¿Cómo puede enlazar con lo que sigue? La amputación de los mIembros se ajusta, más que nada, a la exco- mumón del hermano impemtente de 18, 17, pero casa mal con la búsqueda de la oveja perdida en los v 12-14, y peor aún con la m- vitación a perdonar setenta veces siete en los v 21s Se diría que hay en este capítulo dos melodías diferentes que no armOlllzan en- tre sí Su relación segmrá ocupándonos aún

c) La búsqueda de los descamados (18, 10-14)

BlbllOgrafla Aral, S , Das Glelchnzs vom verlorenen Schaf - eme tradl- tlOnsgeschlchtllche Untersuchung AJBI 2 (1976) 111-137, BIShop, E F

F, The Parable ofthe Lost or Wanderzng Sheep Mt 18, 10-14, Luke 15, 3-7 AThR 44 (1962) 44-57, Catchpole, D, Em Schaf, eme Drachme und em Israellt Die Botschat Jesu m Q, en J Degenhardt (ed ), Die Freude an Gott unsere Kraft FS O B Knoch, Stuttgart 1991, 89 101, Cramer, W, Mt 19, 10b mfruhsyrzscher Deutung OrChr 59 (1975) 130-146, Derrett, J D M, Fresh LIght on the Lost Sheep and the Lost Com NTS 26 (1979- 1980) 3660, Dupont, J ,La parabole de la brebls perdue (Mt 18,12-14, Le 15, 4-7), en Id , Etudes 11 (vol 11), 624-646, Id , Les ImpllcatlOns chrzs- tologlques de la parabole de la brebls perdue, en Ibld , 647 666, Gregg,

R C, Ear/y Chrzstlan VarzatlOns on the Parable ofthe Lost Sheep

DDSR

41 (1976) 85-104, Henng, J , Un texte oublze Matthleu 18, 10, en Aux sources de la tradltlOn chretlenne FS M Goguel, Neuchatel-Pans 1960, 55-102, Merklem, Gottesherrschaft, 186-192, Orbe, A, Parabolas evan- gelzcas en san 1reneo 11, 1972 (BAC), 117-181, Petersen, W, The Parable of the Lost Sheep m the Gospel of Thomas and the Synoptlcs NT 23 (1981) 128-147, Schmder, E, Das Glelchnzs vom ver/orenen Schafund seme Redaktoren Kalros 29 (1977) 146 154, SlmonettI, M, Due note sull'angelologla Orzgenzana 1 Mt 18, 10 nell'mterpretaZlOne di Orzgene RCCM 4 (1962) 165 179

Más blbhografIa** sobre el diSCurso de la comumdad, cf supra, 21

tes En la tradlclOn socratIca se compara la amputaclOn de una parte del cuerpo por

el medico con la ehmmaclOn de lo IrracIOnal Jenofonte, Mem 1, 2, 55 Platon, Symp 205c Anstoteles Eth Eud 1235a, cf Sexto Sen! 13, 273 (ed por H Chad- Wlck 1959) Mas documentos para este slmll en vol 1,373, n 50

38

Cf vol

1 372, n

46

10

«Cuidado con mostrar desprecio a un pequeño de esos,

porque os digo que sus ángeles están viendo sienlpre en el cie- lo el rostro de mi Padre celestial l

  • 12 ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ove-

jas y que una se le extravía; ¿no deja las noventa y nueve en el monte para ir en busca de la extraviada? 13 Y si llega a encon-

trarla, os aseguro que ésta le da más alegría que las noventa y nueve que no se han extraviado.

  • 14 Pues lo mismo: es voluntad de vuestr0 2 Padre del cielo

que no se pierda ni uno de esos pequeños».

Análisis

  • 1 Estructura Los dos v 10 y 14, que hablan de «unO de esos peque- ños» y del «Padre del Cielo», enmarcan la breve parábola de la oveja per-

dida Sobre esas dos expresIOnes clave se establece el en!¡lce de la sección con su contexto (cf v 6 19 35) La parábola misma, a diferenCia de la pa- rábola de Lc 15,4-7, no es un episodio narrado, smo un argumentatonum Consta de dos oracIOnes condiCIOnales mtroducldas con la partícula euv

A la pnmera slgue en el v 12 una pregunta retónca que 10'& lectore1> tlenen

que contestar, a la segunda, en el v 13, una tesIs en forma de afIrmaclOn

solemne Al comienzo de la parábola figura una pregunta a los lectores «¿Qué os parece?» La «parábola» es, pues, un diálogo del autor con sus

lectores ImplíCitos, cuyo asentimiento solicita 3 La

palabra guía es el tn-

uvua1'tm

pie Jtt Después de la afirmaCión solemne en el v 13, sorprende

..

la aplicaCión en el v 14 ya no habla de la alegría del pastor, el v 14 pa-

rece apuntar más a la conducta del pastor, descrIta en el v 12, que a su alegría

  • 2 Fuentes El dicho conclusIvo, v 14, es sm duda redacclOnal 4 Así lo mdlca la dificultad del tránSito desde el v 13, que trata de la alegría del

  • 1 El v 11, recogido en la IradlClOn OCCidental y blzantma ~«el HIJo del hom- bre ha venIdo a salvar lo que estaba perdldo»- comclde aproxlJ¡1adamenle con Lc

19, 10 Y armOnIza en el conlenIdo con la parabola tradicIOnal de la oveja perdida, pero es sm duda secundario a la luz de la cntlca textual El v 11 figura tamblen en Mt heb (Howard, Gospel [vol 11], 89) un claro mdlclo de lo tardlO que es

  • 2 ¿Hay que leer en el v

14 flOU o ÚflWV? Aunque la variante flOU está muy

bien atestiguada en B y e, los paralelos v 10 y 35, ambos coil flOU, sugieren la

adaptaclOn secundan a de un

úflWV ongmal

  • 3 Tnlhng la cahfica de «mashal breve», que es formalmente afm a 5, 14b-16,

12, 11 33s, 15, 13s

  • 4 Cf vol 1, 57 sobre OÚT(J)~,1'tEAT]flU, ÉflJtQOO1'tEv JtUTT]Q Ó EV oUQuvoI~, flL-

pastor por la oveja rescatada, al v. 14, ya que este versículo fmal no hace referencIa a la alegría, smo al esfuerzo del pastor Mucho menos claro es el v 10 aunque algunos exegetas conjeturan aquí una redaccIón mateana 5 hay algunos elementos no mateanos 6 Por eso yo postulo, con la mayoría, que Mt combmó elloglOn tradIcIOnal (v. lOb), a través del v lOa redac- clOnal, con la seCCIón sobre los «pequeños» La parábola de la oveja perdIda, v 12s, la recogen tambIén Lc 15,4-7 Y EvTom lag 107 ¿FIguraba en Q? Mt Y Lc tIenen en común lo funda- mental de la exposIcIón (Mt IS, 12, Lc 15,4) Y la menCIón de la alegría por la oveja encontrada, supenor a la alegría por las noventa y nueve (v 13, Lc en la aplIcacIón v 7) La peculIandad lucana más Importante es el relato pormenonzado el pastor encuentra la oveja, se la carga en los hom- bros, llega a su casa, reúne a amIgos y vecmos y los mVlta a compartIr su alegría (Lc 15, 5s) La mItad real aparece en Lc formulada de modo total- mente dlstmto de Mt IS, 14, pero es tambIén redacclOnal Lc hace del te- ma de la alegría, que Mt sólo msmúa en el v 13, el tema central, y lo for- mula en su estIlo personal, como alegría en el cIelo por un solo pecador que se arreplente 7 Las peculIandades de Mt no son todas fácIles de JUZ- gar además del v 14 conclusIvo, es redaccIOnalla mtroducclón -d úrJIv boxe¡;8 Es mateano el verbo JtAaváo[laL (en lugar de UJtOAAV[laL) en el v 12s, que no sólo se ajusta en el contemdo a la remterpretaclón de Mt, smo tambIén al lenguaje bíblIc0 9 Probablemente es mateana la formulacIón del texto como argumentatonum, con las numerosas oracIOnes-Eav en IS, 12-17 QUIzá tambIén ta oQTJ es redacclonal, el gIro es frecuente en la LXXIO Lo más dIfícIl es saber SI la VIva descnpClón de la conducta y la alegna del pastor es un adorno lucano secundano o hay aquí un recorte de Mt Yo me mclmo por la segunda tesIS las abrevIacIOnes de Mt son la consecuenCIa de su reformulacIón del texto A dIferencIa de la mayoría de los exegetas 11, yo opmo que es más ongmal la narraCIón pormenonzada

,

  • 5 ASI Gundry, 364 Son redacclOnales ÓQUtE [.trI (9, 30, 24, 6, en los Papiros,

cf Moult MIli 455, BI-Debr-Rehkopf § 461, I Yn 2), EV OUQUVOLe; (cf 5,45, 12,

50,18,14,19,21), YUQ, AEYW ÚflLV, nQoawnov, naL1']Q, cf vol 1,57s

  • 6 En Mt son smgulares la expreslOn Ola JtUVTOe; (1 105 veces I en los LXX) y

la Idea de los angeles personales que ven el rostro de DIOS (cf mfra, 51s) La vISión

del rostro de DIOS es una Idea bíblica, cf E

VI, 773, 35

774, 30

Lohse, JtQoawJtov xú, en ThWNT

  • 7 Son lucanos flETuvoew/flETuvOLU, áflUQTWAOe;, XQfLUV EX€LV

  • 8 Cf 17,25,21,28,22, 17 42, 26, 66

  • 9 Vol 1, 57s IIAuvua'itm aparece asocIado

a JtQO~UTOV en los LXX

  • 10 'EJtL TU OQ1'], 28x en los LXX refendo a ovejas, especIalmente Jer 27, 6

(JtQo~Utu UJtOAWAOTG EyeV1']1't1'] Ó AUOe;

EJtL tU oQ1']), Ez

34, 610

13

16

II

Por ejemplo Harnack, Spruche, 65s, Bultmann, HIstOria de la tradICIón SI

noptlca, 230, Schulz, Spruchquelle, 387s, Weder, Glelchmsse (vol I1I), 172 (el nú-

cleo mas antiguo abarca lo fundamental de Lc 15,4 + Mt 18, 13), N

Pernn, Re-

de los v 5s, no típIcamente lucana en ellenguaje l2 Queda por saber SI la parábola figuraba en Q Las cOIllCldenClas hnguístlcas entre Mt y Lc se

refIeren casI úmcamente a formulacIOnes que son necesarIas desde la es- tructura báSIca de la narracIón No es posIble Illcardlllar Illequívocamen- te el texto en Q, m desde Mt m desde Lc En Q habría figurado la parábo-

la, presumIblemente, junto con la de

la dracma perdlda 13 , y Mt habría

omItido la segunda El argumento más usual, a saber, que la dracma, a dI- ferencIa de la oveja, no se puede descamar y por eso Mt no podía aphcar la parábola de la dracma a mIembros descamados de la comumdad l4 , tam- poco es muy sóhdo a Mt le Illteresa sobre todo la busca de lo perdIdo, y esto lo hubIera Ilustrado muy bellamente la mUjer de la parábola Resu- mIendo, yo conjeturo que Mt y Lc deben este matenal parabóhco, con Ill- dependencIa mutua, a la tradIcIón oral

  • 3 HIstoria de la tradICIón y origen (,Ayuda el EvTom lag

107 a la

reconstruccIón del texto onglllano? Allí la parábola es una parábola del remo de DIOS, la oveja que se extravIó es «la oveja más grande» El Ev- Tom no descnbe la alegría del pastor y de los veclllos por la oveja resca-

tada (Lc 15, 6), la parábola concluye ponderando el esfuerzo y el gran amor del pastor a la oveja Cabe refenr el pastor a Cnsto, que busca al gnóstico extraVIado en el mundo de la matena l5 El EvTom omIte Lc 15, 6, esto permIte al narrador gnóstIco Ir derecho al corolarIO el amor del Redentor al gnóstIco Pero, de corresponder esto a la forma onglllal de la parábola, habría que buscar un nuevo argumento para ella (,Hablaría del amor de DIOs a las ovejas perdIdas de su pueblo IsraePI6 Eso resulta

dlscovermg the Teachmg of Jesus, 1967 (NTL), 99, Dupont (Parabole)*, 638, Merklem, Cottesherrschaft, 188, Jacobson, Cospel (vol I1I), 225s (pero Jacobson

contempla la poslblhdad de que el estllo de la pregunta retonca sea secundano) El argumento más difundido en favor del caracter secundarIO de Lc 15, 6 es que el v 6 se ajusta a la parabola paralela de la dracma perdida, pero no a la de la ovep per dlda, porque el pastor hubiera llevado pnmero la oveja al rebaño, y no a su vIvien- da (así Légasse**, 57, Catchpole*, 93, Dupont [Parabole J, 637) Es un argumento muy endeble, a mi JUICIO (,por qué no puede el pastor habitar cerca de su rebaño o Ir pnmero a casa con la oveja?

  • 12 Con Luhnnann, Redaktlon, 115, Lambrecht, Treasure (vol I1I),43s

  • 13 Catchpole*, 91 s

  • 14 Por ejemplo, Catchpole*, 91s, Jacobson, Cospel (vol I1I),227

  • 15 O al gnostlco que busca su verdadero ser, oculto en el mundo, cf Schrage,

Verhaltms (vol I1I), 196

  • 16 ASI Petersen* la oveja máXima es el pueblo de Israel, el más quendo de

DIOS Pero unos lectores famlhanzados con la Blbha, que en la palabra «ovejas» evocan de IOmedlato a Israel, dlflcllmente pueden hacerse a la Idea de que las 99 ovejas sean los pueblos paganos (,Por qué, ademas, había de ser precisamente Is- raella úmca oveja extraViada? AraJ*, 130s conjetura que el estrato más antlguo de la parábola sólo abarcaba Lc 15,4, y entiende la parábola a partIr de la actIVIdad de Jesus en Israel

comphcado, considero mas probable que la alegría del pastor, que marca la segunda parte tanto del relato mateano como del lucano (Mt v 13, Lc v 5s), forme parte de la concluslOn ongmal de la parábola La verSlOn mas antigua de la parabola esta, pues, qUizá mejor conservada en Lc 15,4-6 Es muy probable que se remonte hasta Jesús

Explicación

Jesus La exphcaclón de su sentldo ongmal tendrá que hacerse

en una doble reflexlón Pnmero, el símJ1 de las ovejas y de los bue- nos y malos pastores procede del repertono de lmágenes bíbhcas, que eran bien conocidas de todos los oyentes de Jesús Este utlhza metáforas convenc1Onales, destmadas a formar unas aSOCiaC1Ones muy determmadas las «ovejas» evocan a los miembros del pueblo

de D1Os,

Israel 17 , los «pastores»

son sus dmgentes polítlcos y reh-

glOsos18, o tamblén D10s mlsmo como guía del pueblo y de sus dlS- tmtos mJembros 19 Ez 34, 1-16 presenta una especJal afmldad con

la parábola, habla ese pasaje de los malos pastores de Israel, que se apaclentan a sí mlsmos mlentras las ovejas se extravían en los montes y nadie las busca Frente a ellos promete D10s ser el pastor de Israel, buscar a las ovejas descarnadas y hacerlas pastar en los montes de IsraeFo Segundo, es dlfícJ1 entender la parábola de Je- sús mdependlentemente de su envío al pueblo de IsraeF1 La pará- bola no se hmltaba, desde luego, a enunClar una verdad general, como «el reencuentro causa alegría», o una verdad teológlca, como

17

Cf por ejemplo I Re 22, 17, ls 13, 14,40, 11,53,6 Jer 31,30,50, 6s, Zac

11,4-17

13 7, Sal 79, 13,95,7,100,3

Y vol II,

131, n

21

18

Cf por eJemplo Is 44,28, Jer 3, 15,23,1, 50, 6, Mlq 5 4, Zac 10,2,11,5,

13,7

19

Del pueblo Gn 48,

15,49,24, ls 40, 11 Jer 31, 10, Ez 34 12, Sal 80, 2,

cf Sal 79 13 95, 7, 100,3, de mdlVlduos Sal 23, I 3, cf Sal 119, 176

20

Queda aun por saber hasta que punto pudo msplrarse tamblen Jesus, al ele

glr el tema concreto en relatos antenores es Importante, sobre todo, una leyenda sobre MOlses que busca un cabnto extraviado del rebaño de Jetro (ExR 2 [68b] en 8111 II 209 cf Derrett*, 43, parece que la leyenda no es conocida aun por FIlon m por Josefa) Cf ademas la parabola del ammal que escapa del rebaño de un boyero al campamento de un propletano no IsraelIta (GnR 86 [55b] = 8111 1,785) Mas dls

tante es la parabola de las ovejas desaparecidas PesK 2, 8 = Thoma-Lauer, Glezeh nzsse 1 (vol II), 115 No es posible fijar una cronologla exacta en todos los casos

21

665

Lo subraya, sobre todo, Dupont (Parabole)*, 638-646, Id (lmplzeatlOns)*,

la que enuncia «el amor de DIOS a cada uno de los pecadores»22.

Pretendía más bien hacer comprender a los oyentes la «significa- tion du comportement de Jésus»23: detrás de la acción de Jesús es- tá DIOS, el buen pastor que se alegra muy especialmente por los ex- traviados de Israel cuando se dejan impresionar por el mensaje de Jesús sobre el reino de Dios 24 . La pregunta «quién de vosotros» busca el asentimiento de los oyentes: Jesús compara su conducta

con la de un pastor que, obviamente 25 , busca una oveja perdida

... detrás es visible la imagen del Dios de Israel, al que la Biblia cali- fica de buen pastor de su pueblo. La aplicación lucana en 15, 7 no

y

pierde, por tanto, la intención original de la parábola, y la situación biográfica especial que Lc le atribuyó en 15, ls -Jesús defiende su actividad frente a los fariseos- expresa correctamente la relación entre la parábola y su narrador.

Mateo: La historia de la tradicIón y la historia de la interpreta- ción son un ejemplo modélico de cómo los diferentes enfoques permiten descubrir nuevas posibilidades de sentido. El evangelis- ta Mateo acentúa la parábola en línea parenética: el subrayado no está ya «en la alegría del pastor, sino en la ejemplaridad de su bús- queda»26. La conducta de los miembros de la comunidad debe ajustarse a la conducta del pastor. Al servicio de este nuevo acen- to están el v. 10 introductorio, la pregunta retórica (v. 12) y la nue- va aplicación en el v. 14.

  • 10 «Cuidado con mostrar desprecio a un pequeño de esos»: xu'tu- <pQoveLv, «despreciar», es un verbo relativamente abierto; puede

    • 22 Juhcher, Glelchmsreden n, 331, cf. Manson, Saymgs, 284

    • 23 Dupont, (ImpllcatlOns)*, 665

24. Cf Catchpole*, 99

  • 25 La parábola no pretende, por tanto, descrIbIr la conducta «utter1y fooltsh»

de un pastor (así Pernn, Redlscovermg, 100 Hare [vol I1I),212) Esta ImpresIón nace de que el texto no cuenta nada de lo que el pastor hIzo con las 99 ovejas res-

tantes, nI dIce que las llevase prImero a un redIl (cf Blshop*, 49s) o que hubIera pedIdo su guarda a otros pastores (cf Jeremlas, Parábolas, 164) Pero no hay que extrañarse de ello las parábolas narran en forma breve y ehmman los detalles m- necesarIOS El pastor puede haber llevado sus ovejas a un redIl, obvIamente, Justo entonces se observa la falta de una oveja Para los fmes de la parábola, sm embar- go, ése es un detalle melevante Por lo demás, la pregunta mtroductorIa «¿qUIén de vosotros (Lc 15,4) deja sobreentender que todo pastor cabal se comporta co- mo descrIbe la parábola

tener los matices de «tratar con menosprecio» o «despreocupar- se»27. A dIferencIa del v. 6, los lectores no pueden identIficarse ya con los «pequeños», sino que son interpelados como posibles me- nospreciadores de los pequeños. ¿Son, pues, los «pequeños» -a di- ferencIa del v. 6, pero como en 10, 42- un grupo especial entre los cristianos 28 , a saber, los despreciados, los desconocidos, los incul- tos, los no fortalecIdos en el espíritu 29 , los neófitos 30 , o la gente sen- clIla, como el público al que interpeló Juan Crisóstomo, su público urbano: «el herrero, el sastre, el agricultor» ?31. Sí Y no. La indeter- minación de los personajes que encuentran los lectores forma par- te de la estrategia del texto, que va dirigido a la comunidad. Entre los lectores puede haber alguien que desprecie a otros miembros de la comumdad si ocupa, por ejemplo, un puesto importante en ella como dirigente. Otros carecen de prestancia en la comunidad porque son «pequeños» socialmente o no ocupan un cargo relevan- te, o han elegido la pequeñez (v. 3s); pueden sentirse despreciados. Para ellos vale la promesa -aun sin ser mencionados directamente- de que sus ángeles «ven el rostro» de Dios. «Ver el rostro de Dios» es una expresión que procede quizá del lenguaje cortesan0 32 , pero se introdUjO ya en el lenguaJe religioso y cultual de la Biblia 33 Ex- presa una especial familiaridad con Dios, vetada normalmente a los humanos. El v. IOb insiste así en la advertencia a los menos- preciadores de los «pequeños» y es, a la vez, un consuelo para es- tos, infinitamente más valiosos ante Dios.

  • 27 No es SInónImo de o'XavoaAL~(J), SInO mucho menos fuerte

  • 28 No pueden refenrse a nIños en el sentIdo del v 5 Tras el cambIO de naL-

ola a [tL'XQOL en los v 5s, no es pOSIble tal InterpretacIón, se puede contemplar, SI

acaso, como una versIón premateana (apenas reconstnllble) del v 10 Pero tal In- terpretaCIón estuvo difundida, sobre todo, en época postenor a la Reforma Enton- ces se entendIÓ el texto en el sentIdo de los ángeles custodIOS de los nIños Lutero conSIdera bueno y necesano que se predIque sobre el ángel protector de la InfanCIa, que vIste de blanco y se sIenta al borde de la camIta del nIño ([Evangehen-Ausle- gung] n, 606s) Desde la pos-Refonna, el texto pasó a ser tambIén un argumento en favor del bautIsmo de Infantes (así en BullInger, 175A, Brenz, 599, más reCIente, Hénng*, IOls)

  • 29 EpISCOpIUS, 112

  • 30 Teodoro de Heraclea, n o 105 = Reuss 86

  • 31 Juan Cnsóstomo, 59, 4 = PG 58, 579

  • 32 Sobre la vIsIón del rostro del

rey, cf

2 Re 25, 19 LXX, Est 1, 14, 4, 11

  • 33 Cf por ejemplo Gn 32, 31 (Penuel); Ex 33, 20 23 (MOIsés no puede con-

templar el rostro de DIOS), Sa141, 3 LXX (en el templo), 104,4 (en sentIdo relI- gIOSO general, con OLa navl:ó<;)

La Idea del ángel protector, que va aquí ImplíCita, tiene sus pecuhan- dades frente al Judaísmo de la época La Idea de un ángel protector que acompaña al ser humano en su vida evoca un conjunto de creencias muy difundidas y es afm, por ejemplo, a la Idea persa de 10sfravashls'4, la Idea romana del gemus 35 y la Idea gnega del OaLflWV que aSiste a la persona 36 En el área cultural bíbhco-Judía es relativamente antigua la creencia en án- geles protectores no aSignados a mdlvlduos, a menos que sean personajes especiales e Ilustres 3 ? La Idea de un ángel protector mdlvldual para cada persona se difundió pnmero en el Judaísmo rabímco, pero estos ángeles se mueven normalmente en la tierra y no pertenecen precisamente a la Jerar- quía angéhca supenor, la de los «ángeles de presencia» que, según la tra- dición, son los umcos que ven a DlOs 38 El puente hacia la concepCión del texto sobre los ángeles de cada persona que residen en el Cielo, es la Idea de que estos ángeles suben ocaslOnalmente al Cielo para llevar a DlOs no- ticias de sus protegidos o súphcas en su favor, o la Idea de que estarán presentes en el último día 39 La concepCión del texto no es, por tanto, en modo alguno una creenCia Judía cotidiana, pero tampoco hay que buscar una oposIción expresa entre ella y el pensamiento Judí0 40

  • 34 Cf G Wldengren, DIe RehglOnen [rans, 1965 (RM), 21 24

  • 35 Cf K Latte, Romlsche RehglOnsgeschlchte, 21960 (HKAW V/4) 103-107

  • 36 De especial Importancia Platon, Phaed 107d, Resp 617d-621b, Menan-

dro,fragm 550 (CAF III), el estOIco Marco Antomo, 5, 27, VlSlOn de conjunto M P NI1sson, Geschlchte der grzechlschen RehglOn n, 21961 (HKAW), 210-213

  • 37 Sal 91, 11-13, mas documentos en Gmlka n (vol n), 131, angeles de m-

dividuos concretos Gn 24, 740,48, 16 (Jacob), LlbAnt 59, 4 (David), Tob 5, 4ss 22 (Rafael en casa de Toblt), TestJos 6, 7 (Abrahan), TShab 17, 2s (136) = BllI

1,781 (angel protector del Justo en el viaJe)

  • 38 Henet 100, 5 (guardianes de los Justos), Shab 119b, Tg J I sobre Gn 24, 7,

Chag 16a (dos angeles servidores acompañan al ser humano), Tanch 99a (exegesls de Sa191, 11), Mldr Qoh 10,20 (49b) (]erarqUla de los angeles protectores queru bm, serafm, solo el serafm esta ante DIOS, estos y otros documentos en BI11 1, 781- 783) Documentos segun los cuales los angeles servidores no ven a DIOS ofrece BllI 1, 783s Sobre los oficIos de lo~ angeles protectores, cf BI11 III, 437-439 Tes- tAd 4 establece la JerarqUla completa de los angeles los angeles protectores per sonales son los m[¡mos, los «tronos, querubmes y serafmes», los que ven a DIOS

En el nuevo testamento, Hch 12, 15 Y Heb 1, 14 presuponen la eXistencia de ange les protectores

  • 39 VltAd 33 (mientras los angeles de Adan y Eva estaban adorando a DIOS en

el Cielo, Satanas aprovecho la ocaslOn de ~u ausenCia), Bar gr 12s (los angeles traen

cestos en el JUICIO fmal con las obras de Justos e mJustos), Hen esl 19, 4, larga re- cemlOn (1os angeles mdlvlduales anotan por escnto las obras de los humanos «en presencia del Señor») Matenal rablmco en BI11 III, 439

  • 40 Segun BI11 1,783 YO Mlchel, [1LXQO~ KtA ,en ThWNT IV, 653, n 15, esa

es una tesIs que aparece a menudo en los comentanos Le precede, por lo demas, otra tesIs en la hlstona de la mterpretaclOn ya Calov, 344s polemiza con Grotms n, 83, que remltIa a Ideas Judla~ sobre los angeles

Historia de la influencia

El v 10 posee una hIstona de la mfluencIa mteresante Llegó a ser un locus classlcus de la teología cnstIana sobre los ángeles, y el argumento bíblIco en favor de la creenCIa cnstIana en el ángel de la guarda personal

10

La ereenClQ en los angeles protectores estuvo tan difundida en la Igle- sia antigua como entre los Judíos, gnegos Y romanos No surglO de textos como Mt 18, 10 o Hch 12, 15, pero estos contnbuyeron a reforzarla y le- gitimarla secundanamente La opmlón común, cuya base bíblica pnnClpal fue probablemente Mt 18, 10, es que a cada mdlvlduo le acompaña desde el nacimiento su ángel protector persona1 41 Más mfrecuente es la creen- cia de que eso ocurre a partir del bautIsm0 42 , y de que los ángeles acom- pañantes son dos, uno bueno y otro mal0 43 Es mteresante -y nada mate- ana- la opmlón de Orígenes según la cual tan sólo los «pequeños», cuya alma es aun Imperfecta, tienen un ángel CUStodIO, «a los más perfectos los ayuda DIOS mlsmo»44 Las angelologías cláSicas de DlOmslO Areopagita y Tomas de Aqumo no dan nmgún relieve, o sólo secundano, al texto San- to Tomás se mteresa pnmordIalmente por los seres celestiales como tales, su eXistencia y naturaleza, y sólo en segundo plano habla de sus ofiCIOS con respecto a los humanos cree, como los rabmos, que los ángeles pro- tectores pertenecen al orden de los ángeles mfenores 45 El cuadro cambia sólo con los reformadores Lutero no pone en duda la eXistencia de los án- geles protectores, pero SI la creencia catolIca de que los ángeles supeno- res no se ocupan de la gente humIlde 46 Calvmo duda, en cambIO, de que Mt 18, 10 permita conclUir que cada persona tiene su ángel de la guarda proplO47 E~to hiZO que los reformados desecharan casI unámmemente, ya en el Siglo XVII, la Idea del ángel de la guarda mdlvldua1 48 , los luteranos

  • 41 Por ejemplo, Opus lmperfectum, hom 40 = 854, DlOmslO Cartujano, 205,

Maldonado 361, desde el naCImIento Jerómmo, 159, Tomás, STh 1, q 133, a 4

  • 42 Ongenes 13, 27 = GCS Ong X, 254

  • 43 Id

Hom

In Luc

35, 3 = GCS Ong IX, 197s, cf

Henn

mand 6, 2, 1 = 36,

  • 44 24,3 = GCS Ong VII, 231s

Hom In Num

  • 45 3, ad

STh 1, q

113, a

1

46

«QUlza ven el rostro del Padre sm mterrupclOn y cUIdan no obstante del m-

_ no, que esta SUCIO y humedo, y del sIervo que emancIpa a Rebeca para Isaac Ca-

lentadores de habItacIOnes y baños y mñeras son los ángeles de DIOS» ([Evanghen Auslegung] II, 609 = Predlgt von 1531), cf Loewemch, Luther, 241

  • 47 II, 95, con envIo a otros pasajes bíblIcos, cf tamblen 1nst 1, 14,7 Pero

tamblen Cayetano se muestra esceptIco sobre los angeles de la guarda mdlvldua- les (segun Knabenbauer II, 122)

la sigUieron mantemendo más tI emp0 49 Durante la IlustraclOn se Impuso una mterpretaclOn slmbolIca del pasaje 50 En el lenguaje actual, los «an geles custodIOs» se han Ido desvaneciendo, al menos en el norte de Euro- pa, de predommlO protestante, han pasado a ser una mera expresión para hablar a los mños El Catecismo de la Iglesia católzca no solo afirma la eXistencia de los ángeles como una «verdad de fe», smo también la del ángel de la guarda mdlvlduaj5' Cabe preguntar, en todo caso, SI no nos hallamos hoy, mcluso en la Europa septentnonal, en los mlCIOS de un movimiento mverso Un mdlclO de ello es el «boom» de la relIgIOsidad esoténca, que ha suscitado una nueva atención a la Idea de los angeles y del ángel de la guarda «Los án- geles representan un lazo de umón entre la realIdad humana y la dIVma Aparecen caractenzados como seres espmtuales y lummosos, creados por DIOs Los ángeles protectores ocupan un puesto especial Además de pro- teger a la persona, fomentan su desarrollo espmtual y su capaCidad de co- nocimiento, sm restnnglrle el lIbre albedrío»52

Queda claro que la Idea del ángel custOdIO mdlvldual cuenta con un testImomo bíbhco en Mt 18, 10 Queda Igualmente claro para mí que esa Idea hunde sus raíces en una Imagen del mundo perteneclente al pasado Yo estImo que una mterpretaclón actual de Mt 18, 10 debe hmltarse a tomar en seno el contemdo real expre- sado en el lenguaJe de la época la especIal cercanía de DlOS a los «pequeños», los de baja pOSICIón y los menosprecIados Una mter- pretaclón actual debe renunCIar a Ideas concretas sobre los ángeles protectores, porque esa Idea no es hoy congruente

degger y F TurettInllmpugnan la Idea en clara polemlca antlpapal, mlenlras el coc- celano Ilustrado J Braun (Selecta Sacra 1,1770, § 141) ofrece ya una agna po- lemlca contra los «superstllIos!»

  • 49 La tesIs de los angeles protectores espeCiales fue defendida, segun Th

Mahlmann y J Baur, hasta mediados del Siglo XVIII, el pnmero en Impugnarla claramente es J G Walch, Eznlellung zn dIe dogmatlsche Cottesgelehrthell, 21757,

VII § 21

  • 50 Sobre los IniCIOS, cf supra, n 48 Paulus 11, 650 lo aplica a las personas

que se ocupan de los mños, cf tamblen de Wette, 108 Escntores SlflOS aplicaron ya slmbolIcamente los angeles de Mt 18, 10, segun Cramer*, al Espmtu santo (Afraates) o a las oracIOnes de los pequeños (Efren) En todo caso, lo que subyace en esto no son las dificultades Inherentes a la Idea de los angeles, SInO el deseo de tomar en seno la InvlSlbllIdad de DIOS

  • 51 CateCIsmo, titulo del n° 328, sobre angeles protectores, n o 336, sobre Mt n° 329 337

18, 10, cf

  • 52 De una relaclOn de Mananne Kappeler y Pascal Mosh Cf G Schlwy, Der

Celst des neuen Zeztalters, Munchen 1987, espec 56ss, T L Taylor, Warum Engel

fiegen konnen

Lzchtvolle Kontakte mil unseren Schutzgelstem Munchen 1990

Mateo agrega otro argumento para prevenir contra el desprecio de los «pequeños»: su versión de la parábola de la oveja perdida. El acento se desplaza: en lugar de los «pequeños» (v. 10), Mateo habla de las ovejas «descarriadas». El verbo JtAuváo¡.taL aparece claramente diferenciado de aJtóAAlJo'fraL. Este designa la pérdida definitiva de la salvación; el primero, un mal comportamiento con Dios 53 que puede acarrear esa pérdida, pero no necesariamente 54 En el conjunto de todo el capítulo, los lectores pensarán con pre- ferencia en las personas que han sucumbido al oxávOuAOV del pe- cado (v. 6). La fórmula introductona ·d ú¡.t1v 00XE1 invita a los lec- tores a dar una respuesta propia. La parábola consta en Mt de dos oraciones argumentativas con la partícula Eáv, dotadas, cada una, de su peso propio. La primera destaca el comportamiento del pas- tor: este deja el resto -en correspondencia con el valor infinito de los «pequeños»- y sale en busca de lo extraviado. La formulación EO.V yÉVYI1:Ut 'tLVL av'frQwJt<p, con la pregunta retórica siguiente, in- vita a los lectores a participar en el relato: ¿dónde y con quién han de comportarse como el «hombre» con su rebaño? Nada indica que sólo cIertos lectores, los dirigentes por ejemplo, puedan ser inter-

pelados 55 Pero el texto mateano refuerza a la vez

las asociaciones

12s

con el texto bíblico de Ez 34 56 El pastor no es, pues, un simple modelo humano de conducta recta en la comunidad, sino que de- trás de él está Dios, que busca a los descarriados de su pueblo. La segunda oración-Eáv, v. 13, deja traslucir a su vez las experiencias de los lectores: la «recuperación» de un hermano descarriado es in-

  • 53 La Blblta y el Judaísmo apltcan el verbo JtAUVUW con frecuencia, en sen-

tido figurado, a Israel en relaCión con Yahvé, la Idolatría o la veneraCión de las Imá- genes (H Braun, úuváw XTA. , en ThWNT VI, 236, 11ss, 45ss, 239, 7ss), el JU-

daísmo, a menudo, en referenCia al período prevIO al fm (Ibld , 242, lOss, cf Mt 24,4s II 24)

llls»

54

Alberto Magno, 673

«Erran s OVIS non est

perdlta, sed est m vla perdltio-

  • 55 Resulta seductora, obviamente, la Idea de que en la Imagen del pastor se

aluda especialmente a los «pastores» de la comullldad (cf. Brown**, 135) «Pas- tor» fue en el cnstialllsmo pnmltlvo un nombre funCIOnal metafónco muy frecuen- te para deSignar a los dmgentes de la comullldad, como los presbíteros (cf Hch 20, 28, Ef 4, 11, 1 Pe 5, 2) No sabemos SI en la comumdad mateana hubo dmgentes que se Identificaran especialmente con la funCión del pastor. Lo úmco seguro es que tanto la advertenCia formulada en térmmos generales, v 10, como la parábola del pastor no Iban dmgldas sólo a eventuales responsables de la comumdad

  • 56 'Ex~rl1;llow n1 Jtgo~U1:U f-lOU (v. 10);

TO JtAUVWf-lEVOV (v

16), cf

v

46

EJtL TU ogll 'Ioga1íA (v 13), ~IlTlloW

cierta; por eso la oración comienza con la condicional Eav yÉv'Y]- 'tm 57 La alegría del pastor es en realidad un elemento sobrante an- te la aplicación parenética del v. 14. ¿Es una sobreinterpretación el presumir que algunos lectores que conocían la versión tradicional de la parábola y evocaban además, por la afinidad con Ez 34, al Pastor celestial, pensaran también aquí en Dios, que se alegra de los pecadores rescatados? La parábola no es, a mi juicio, unidi- mensional en Mateo, sino que posee tonos concomitantes 58

  • 14 El vector dominante de la interpretación mateana es, sin em- bargo, de tipo parenético. Esto salta a la vista en la aplicación re- formulada, de fuerte sabor semita, del v. 14, donde Mateo no habla de «beneplácito» del Padre celestial, como en 11, 26, Y como hu-

biera correspondido a una expresión judía frecuente 59 , sino

de la

«voluntad» del Padre celestial 6o Como el Padre del cielo no quie-

re que ninguno de esos «pequeños» pierdan su vida (cmó"''Y]'tm) en el juicio final, los miembros de la comunidad son llamados al amor, al perdón y a la recuperación de los perdidos. Y como los «pequeños», en toda la sección (18, 6-14), no son un grupo de cris- tianos especial, aislable sociológicamente, el texto implica también la idea de que nadie está seguro, en principio, de no descarriarse nunca. Pero también esta implicación forma parte de los tonos con- comitantes de la sección, lo mismo que la idea del perdón divino.

Historia de la influencia

12-14 Esta parábola tuvo una variada historia de la influenCia en la Iglesia antigua 61 Hay que mencionar toda la gnosis cristiana, para la cual el pasaje fue un texto clave (a). La interpretación alegónca, que se impuso posteriormente, surgió en el curso de la recepción y

  • 57 Thompson**, 164

58. Por eso es demaSIado umhnealla posIcIón de Strecker, Weg, 149, cuando

afIrma que <<la eXIgencIa de Jesús tampoco se refIere aquí a un perdón antICIpado de DIOS», cf tambIén ¡bid, n 2.

  • 59 vol. n, 277, n

Cf

57

  • 60 La «voluntad» del Padre tIene sIempre en Mt un sentIdo étIco, en referen-

cIa a 10 que DIOS eXIge al hombre y no en referenCIa a lo que DIOS hará Este sen-

tIdo queda reforzado con la partícula Ef.tJtQoath:v, que Mt entIende muy claramen- te con el slgmficado de JtQo

  • 61 Gregg* ofrece una breve vIsIón panorámIca sobre la era premceana, Orbe*

anahza más amplIamente los pnmeros documentos

condena de la mterpretación gnóstIca (b). La mterpretación pare- nética, cuyo pnmer representante es Mateo, desempeñó por lo ge- neral un papel subordmado en la hermenéutIca eclesial (c).

  • a) La mterpretaClón gnóstlca Los padres de la Iglesia atnbuyeron ya

a Simón Mago, elevado más tarde a «hereSiarca», una mterpretaclón de esia parábola Helena, aquella prostItuta de Tiro que era la encarnaCIón de la Madre ongmana, del «pnmer pensamiento» caído en la matena, ha- bía sido la oveja perdida y Simón Mago fue su salvador, el buen pastor6 2 Afín a esta mterpretaclón es la de los valentImanos, que vieron en la ove- Ja perdida la Ajamot, es decir, la sabiduría caída desde el pleroma dlvmo en la matena IllfenOf Ella es a su vez la madre de los gnósticos, y prefi- gura su camm0 63 El gnóstico Marcos utIlIza los números de las parábolas de la dracma perdida y la oveja perdida para hacer una compleja especu- laCión numénca que tiene como premisa, a mi JUICIO, que las 99 ovejas re- presenian el pleroma celestIal, y la oveja descarnada, el eón caído en la matena 64 El EvTom log 107 no conCIerta mal con esto SI se entIende por la «oveja más grande» el gnóstico descarnado y conduCido por Cnsto al conOCimiento Los gnósticos aplIcan así la parábola, en sentido alegónco, a la suerte de la humamdad o al drama de la salvación, que es representa- do por Cnsto, el redentor, de un lado, y por la parte del pleroma dlVIllO ca- ído en la matena, de otro

  • b) La mterpretaClón alegÓrica de la 19lesla Algunos temas funda-

mentales de la mterpretaclón ortodoxa aparecen ya en Ireneo. el pastor es

el Lagos, su descenso de los montes es su encarnaCión, y la oveja perdi-

da, su propia cnatura, como dice Ireneo frente a los gnóstIcos

65

TertulIa-

no subraya, en línea antIdoceta, que la oveja descarnada y encontrada se salva Juntamente con su cuerp066 En Orígenes aparecerán todos los ele- mentos báSICOS de la mterpretaclón cláSica de la Iglesia el buen pastor es el Redentor, las ovejas son toda la «creación raCIOnal», y las 99 dejadas en el monte son los ángeles, la oveja salvada en el «valle de lágnmas» es la humamdad descendiente de Adán La bajada del pastor desde los mon-

tes (<<ex Tnmtate descendIt») es la encarnaclón 67 Esta Illterpretaclón se

  • 62 I, 24, 2, Hlpóhto, Re! 6,

Ireneo, Haer

19

  • 63 Ireneo, Haer 1,8,4

  • 64 Haer 1, 16, 1 Difieren algo las especulacIOnes numéncas en Ireneo, Haer

2,24,6 Y en Ev Ver NHC I 31, 35-32,16 la oveja perdida es aquI el gnóstIco caí-

do, cuya recuperación hace que las 99 alcancen el número pleno y <<Justo»

  • 65 Ireneo, Haer 3, 19,3, EPld, 33

100

  • 66 De carms resurrectlOne, 34, ls = CSEL Tert nI, 73s

G

67

Ongenes, Hom

In Gn

CS Ong VII,

184, Cels 4, 17

2,5 = GCS Ong VI, 34, cf

Hom

In Num 19,4=

repIte, con pequeñas vanacIOnes, a través de toda la hlstona de la Inter- pretaclón 68 No dIfIere fundamentalmente de la InterpretacIón gnóstIca En ambos casos, la parábola pasa a ser la expresIón del drama sotenoló- gICO, en ambos, todo IndIVIduo puede conSIderarse oveja descarnada, de suerte que la parábola se conVIerte para cada uno en el encuentro con el Redentor que salva

  • c) La Interpretación parenétlca Su fundamento es una lectura que al-

gunos exegetas proponen como alternativa a la antenor las CIen ovejas no hay que refenrlas a todas las «cnaturas raCIOnales», SInO a los humanos el número 99 desIgna a los justos, y la oveja descarnada, a los Injustos 69 Esta InterpretaCIón permIte lueg(') las aplIcaCIOnes parenétIcas dIrectas Orígenes, a los dmgentes de las comumdades «Tú eres pastor (pastor es),

ves la oveJIta Inocente del Señor exponerse a pelIgros y colgar sobre abIS- mos (,no corres tras ella? (,No queremos segUIr el ejemplo del Maestro- pastor?»?O La Dldaskalía se dmge a los ObISpOS, que están revestIdos «del rostro de Cnsto», y los InVIta a preocuparse por todos, por los que no han pecado y por los pecadores?! El texto Interpela a todos los mIembros de la comumdad, según Juan Cnsóstomo, que lo utilIza tambIén contra la codICIa, elemento determInante de la conducta n Teodoreto resume toda la pnmera parte del capítulo -hacerse como un mño, no dar escándalo a nadie y buscar al débil y mlserable- en una frase «Nadie puede conten- tarse con su propIa salvaclón»?3 En la dIsputa del SIglo III sobre la aco- gIda de los lapsI, el texto cobró una relevancIa hlstónca CIpnano se re- mIte a él para JustifIcar su deseo de readmItIr en la IgleSIa a los «caídos» «MIentras el Señor abandonó las 99 sanas y buscó la descarnada y ex- hausta y, al encontrarla, la cargó sobre sus hombros, (, vamos nosotros, no sólo a dejar de buscar a los desfalleCIdos, SInO Incluso a rechazar a los que vuelven?»?4 El montamsta TertulIano, que necesIta defenderse tambIén contra InterpretacIOnes SImIlares, expenmenta, en cambIO, dIfIcultades con el texto Sale del atolladero remItIendo a la SItuaCIón hlstónca en tIempo de Jesús este sólo podía hablar de la acogIda de los paganos, no

  • 68 Algunos ejemplos entre muchos Jerómmo, 160 (con referencIa a Flp 2,

6s), Apohnar de Laodlcea n o 89 = Reuss 28, Hllano, 18,6 = SC 258, 80, Grego- no Magno, Hom 34,3 = PL 26, 1247s, Pedro de Laodlcea, 204 (¡Flp 2, 6 1 ), Pas-

casIO Radberto, 615s, CnstIán de Stave1ot, 1409, Anselmo de Laon, 1407 (F1p 2, 6s), DlOmslO bar SahbI, 299

  • 69 Como vanante en Jerommo, 160, Tomas de Aqumo (Lectura), n o 1511,

Maldonado, 363, LapIde, 350, Jansemo, 164

  • 70 Hom In Jos 7,6= GCS Ong VII, 333s

  • 71 6 (= Achehs Flernrnmg, 27), 7 (= Achehs-F1ernmmg, 32s, cIta 33)

  • 72 59, 7 = PG 58, 582, 584

  • 73 En Cramer, 146

de la readml sIOn de los cnstlanos, porque en su tiempo no habla aún cns- tlanos 75

d) Nuevos acentos La mterpretaclón moderna quedó fijada báSica- mente en los carriles tradicIOnales Rara vez se reflejan los nuevos cono- cimientos teologlcos en la mterpretaclón Esto queda patente en Lutero, para el cual la parábola pasa a ser la expresión figurada de la doctnna so la gratza «La oveja perdida somos nosotros La oveja no puede salvarse sola La oveja no busca al dueño, smo que el dueño busca a la oveja El cordero, Cnsto, se carga la oveja en los hombros aSI y no al reves El ha de cargar con la oveja, que lo tiene así todo resuelto no camma sobre sus patas, smo con los pies del pastor»76 Para la teología liberal, la parábola es expresión del nucleo de la predicación de Jesús «El Padre-DIOs es eo ¡pso mlsencordIOso», para él, «el valor mfimto del alma tndlvldual cons- tituye el punto de vista supremo»77

Resumen

Una vez más se ha desarrollado amplIamente el potencial de sentido de un texto bíblico a lo largo de la hIstona de la mterpre- tacIón ¿Es errónea alguna de estas exégeSIS? ¿Hay que deCIr «no» a alguna aplIcaCIón en VIsta del sentido ongmal? La respuesta es dIfícIl Ya el nuevo testamento muestra dIversas POSIbIlIdades de matices en la parábola ongmana La parábola contenía ya en Jesús una referencIa a su propIa actiVIdad, referencIa que tuvo más tarde un desarrollo de gran nqueza en la mterpretacIón cnstológIca del pastor El aspecto parenétIco, que fue de especIal ImportancIa pa- ra Mateo, no se opone nI en Mateo nI en la hIstona postenor de la mterpretacIón, a la Idea del amor de DIOS NI hay por qué desechar totalmente las mterpretacIones gnósticas del texto Cierto que no es neotestamentana la estncta dISOCiaCIÓn entre los «montes» del pleroma celestial y el valle de lágnmas del mundo maten al, en el que se extraVIó la ove]a 78 , pero cabe señalar, por otra parte, que to-

  • 75 Pud

7 = BKV 1/24, 396s De modo muy dlferenle habla mterpretado an-

tes el texto el catohco Tertuliano en De paemtentla, 8 = BKV 1/7,240

  • 76 E Mulhaupt (ed), D Martm Luthers Evangehen Auslegung III, Gottm-

gen 41968 227s (sermon de 1524 sobre Lc 15)

  • 77 Holtzmann, Theologle 1, 220s, 229s Citas 221, 230

  • 78 La~ especulaCIOnes gnostIcas con los numeros tampoco encuentran mngun

~espaldo en el texto La contraposlclOn entre 1 y 99 es, en sentIdo JUdlO, una para-

raslS tIplca de lo «poco» y lo «mucho», cf Bill

1, 784s

da la interpretación eclesial que descubre el texto como una des- cripción alegórica del misterio de la redención de la humanidad adámica, descansa sobre los hombros de la gnosis. Precisamente, la exégesis cristo lógica y alegórica de la Iglesia debe muchos de sus conocimientos más importantes a la «herejía» gnóstica. Se observa constantemente cómo fue interpretado el texto des- de la idea de Cristo de que partía el exegeta respectivo y, a la vez, desde la totalidad del testimonio bíblico. Mateo contempla a Cris- to soberano del mundo que da a la comunidad los preceptos de Dios. En la interpretación de la Iglesia antigua, sobre todo la orien- tal, el punto de partida era el Cristo encamado de Flp 2, 6s 79; en Lutero, el Redentor que lleva la oveja perdida a hombros sin con- dición alguna 80 . En esta línea, los comentaristas leyeron la parábo- la de forma que ellos mismos quedaban implicados en ella, sea co- mo parte de la humanidad adámica materializada en la oveja, o por identificación directa con la oveja, como en Lutero. La parábola llegó a expresar de ese modo la experiencia básica de la propia fe. Se podría cuestionar, a lo sumo, la legitimidad de la interpreta- ción parenética del propio Mateo. ¿No queda postergada en exceso la referencia a la conducta de Jesús, hasta resultar la parábola de-

masiado normativa?81. No

lo

creo. La parénesis matean a lleva a

que los miembros «pequeños», «descarriados», puedan vivir real- mente en la propia comunidad el amor de Dios que los busca. Y

lleva también a que los miembros de la comunidad que buscan a los «pequeños» descarriados no puedan hacerlo con la secreta arro- gancia de los «grandes», exentos de error, infalibles poseedores de la verdad. Dentro de una Iglesia que fundamentalmente es corpus permixtum, sólo puede haber «pequeños» y perpetuamente insegu-

ros. De tal conocimiento puede brotar el amor, que es el fruto de la

interpretación verdadera

de un texto bíblic0 82 .

Otra cuestión es saber cómo se compagina la llamada mateana al perdón y a la acogida con el carácter perfeccionista de su comu- nidad (cf. 5, 20.48). Sorprende que el «perfeccionista» Mateo pa- se a ser el mejor apoyo del «liberal» Cipriano y no del «perfeccio- nista» Tertuliano. ¿Hay en Mateo dos tendencias contrapuestas?

  • 79 Cf

supra, n

675

  • 80 Cf

supra, n

76

  • 81 Weder, Glelchmsse, 176

La lOvitación a perdonar Viene a destrulf la senedad de la eXigen- ~iamoral? Estamos ante la pregunta teológica fundamental de es- te capítulo mateano Se concretará ya en la sIgUiente perícopa ¿có- mo puede Mateo, que encarece a los mIembros de su comumdad la dISPOsicIón a perdonar SlO límItes, declf sí al castIgo eclesIal, del que él mIsmo habla en los V 15-17?

d) De la correcclOnfraterna y de la oraClOn (18, 15-20)

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  • 15 «Pero si tu hermano peca contra tjl,

ve y házselo ver a solas entre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano.

  • 16 Si no te hace caso, toma contigo uno o dos, para que 'cualquier asunto se resuelva en presencia de dos o tres testigos'.

  • 17 Si no les hace caso,

díselo a la comunidad. y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, sea para ti como el pagano o el recaudador.

  • 18 Os aseguro que

todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo,