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¡TENGAN ÁNIMO!

Ivone Molinaro Ghiggino

Recordemos:
El mar revuelto, violento…
No llovía, pero el viento feroz impedía al pequeño barco avanzar sobre las aguas, ahora plomizas,
del lago Genesaret, tan grande que era llamado también de Mar de Tiberíades…
Los apóstoles remaban inútilmente, tratando de llegar a Cafarnaum.
Y los apóstoles temían: estaban realmente preocupados frente a la situación, deseando la presencia
del Maestro que los animaría, los reconfortaría…
Pero Jesús se mantenía unido a ellos por el corazón…
Desde lejos, en oración, los veía en su tela mental, debatiéndose entre las enormes olas…
¡Y fue hasta ellos!
Después del susto inicial de verlo caminando sobre las aguas – llegaron a pensar que era un
fantasma – le suplicaron ayuda y amparo.
Primero, la lección de la fuerza de la fe, que permitió que Pedro – cuando le pidió a Jesús que lo
ayudase a llegar hasta Él – también levitase, andando sobre las aguas del lago.
Después, la lección de cuando la fe no es robusta, con Pedro hundiéndose debido al miedo que
sintió.
Sin embargo, el Maestro lo levantó, le habló sobre la importancia de la fe y entró en el barco.
Ante el temor de todos, repitió lo que les dijera antes, cuando se aproximó de ellos: “!Tengan
ánimo! Soy yo”.
Magníficamente, le ordenó al mar que se calmase y al viento, que se callase…
Así, nuevamente la armonía, la belleza de la naturaleza, la confianza soplando en los corazones con
ánimo…

!Entonces, Hermanos!
“¡Tengan ánimo!”
Si las borrascas surgen naturalmente, de improviso, prudentemente tomemos las medidas
precautorias, pero mantengamos en nosotros la energía de la fe, porque Jesús siempre viene a nosotros,
sea en los momentos de alegría, pero, principalmente, en los de desaliento.
Recordemos, entonces, las enseñanzas de nuestro Hermano Mayor y de sus Enviados de Luz – que
siempre nos amparan – y conservemos el coraje de la sabiduría del amor, porque dificultades y dolores
serán ultrapasados y nuevamente la armonía y la belleza se restablecerán ante la confianza soplando en
los corazones…
Seamos perseverantes en la tarea que nos tocó, recordando que el acaso no existe: ¡Es un
“pseudónimo” de Dios cuando Él no quiere estampar su firma!
La luz del Bien, invencible, ilumina e iluminará siempre el camino del trabajador que sigue
decididamente en dirección al Maestro.
¡Confiemos y obremos como verdaderos cristianos!
¡Tengamos ánimo!
¡Mucha paz!

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