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Martín: El niño rico que tiene tristeza

“Hay algo peor que asaltar un banco: fundarlo”


De “La ópera de los tres peniques”
Bertolt Brecht

Pobre Martín, está triste, ¿cuál será la causa de su tristeza?, pues a simple vista lo tiene
todo: fama, dinero (mucho, muchísimo) una carrera brillante, reconocimiento
internacional.
Pero con todo, Martín está triste; Martín sufre del “síndrome de la imprevisibilidad”,
una afección de sesgo melancólico que lo hace extrañar los tiempos en que todo era
previsible:

-Era previsible calcular cuántas fábricas iban a cerrar por día


-Era previsible calcular cuántos trabajadores perderían sus trabajos por día
-Era previsible calcular cuántos argentinos caerían en la indigencia por día
-Era previsible calcular cuántos jóvenes morirían en las incomprensibles protestas

Todo eso añora Martín, el niño prodigio, rico e insatisfecho. Hoy el país en el que le ha
tocado nacer se ha vuelto absolutamente imprevisible:

-No se puede calcular cuántos más niños argentinos accederán por día a la asignación
universal
-No se puede calcular cuántos más canales y radios comunitarias se habilitarán por día
-No se puede calcular cuántos más argentinas y argentinos accederán a sus jubilaciones
con fondos garantizados por el estado
-No se puede calcular cuánto más sólida estará la economía argentina a pesar de la
furiosa crisis desatada por los amiguitos ricos de Martín.

Que, por ejemplo, sea previsible el cálculo del precio del papel que pagarán todos los
medios gráficos, es apenas una mínima certeza que no alcanza a mitigar la aciaga
sensación que provoca el torrente de imprevisibilidad.

Martín vivió siempre enamorado de la belleza del número, de su previsibilidad, de su


condición mensurable. Lo que es curioso y salta a primera vista, sin ser un pitagórico, es
que tanto los números que Martín adora por su supuesta previsibilidad como los que
detesta por su supuesta imprevisibilidad, son de la misma naturaleza, y por tanto, ambos
igualmente medibles.

Entonces, retomo la pregunta inicial, ¿por qué está triste el niño Martín?. Bueno, no sé,
vislumbro que a esta altura la causa de su afección sólo será abordable
terapéuticamente, como todo síndrome.

Nosotros, los militantes del campo popular, poco sabemos de eso.

Marcelo Fernández Portillo