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Correggio, Noli me tangere, Museo del Prado, Madrid EN BL ACTO DE PARTIR Un episodio del evangelio de Juan es particu- larmente apropiado para ofrecer el ejemplo de ‘ese surgimiento con el que coexiste un desvane- cimiento. No es una parabola pronunciada por Jestis, es una escena de la parabola general que Forman su vida y su misiOn. En esta escena, él ha- bla, interpela y se va. Habla para decir que esté alli y que se va enseguida, Habla para decir que no esti alli donde se cree que estd, que esté ya en ‘otra parte, estando sin embargo muy presente: aqui, pero no aqui. Al otro le incumbe compren- der. Al otro, ver y oft. Este episodio se conoce con el titulo Noli ‘me tangere, en particular en la pintura, donde ha sido tratado con mucha frecuencias mucha menos, sin embargo, es evidente, que los gran- des episodios candnicos de la Anunciacién o Ia Cucifixién, ¢ incluso menos que el de Emais, ‘con el que esti relacionado'. Es sin duda el tini- 1. Esti también relaionado con el de Tomis tocando las 2 co scuadro» que recibe su titulo de unas pala- bras pronunciadas (a veces, es cierto, pero muy raramente, un pintor ha preferido titular, como Rembrandt, Cristo y Maria Magdalena en el se- pulero, situando por otra parte el instante de la escenia muy ligeramente antes de la palabra noli: queriendo tal vez evitar 0 desplazar el motivo del tocar). Otras palabras de Jestis (0 de otros personajes), aunque habiendo accedido también al estatuto de cita ejemplar y sintagma estereoti- pado (como «iZaqueo, bajal» o «iL4zaro, levn- tate!»), no han Hlegado sin embargo a ser titulos de escenas y luego de motivos pict6ricos. Noli ‘me tangere, en cambio, ha llegado tan lejos que se puede decir «un Noli me tangere» como se dice ‘«una Resurreccién» 0 «una Cena de Ematis», Mas ain, la f6rmula (éc6mo designarla?, es mas que una expresi6n sin ser una frase...) ha conocido la fortuna de ser retomada a veces a guisa de titulo para obras sin relacién manifesta con la escena ‘evangélica, igual que una planta tiene el honor Iagas de Jess: pero no me es posible evaluar el nimero de cuadros consagradosa cada episodio. La diferencia en las ca ‘idades remit tanto ala importaniateoligica oespctual de las esenas como asurepercusion ene orden figuativo, oa lo «que apelanointerperan de Is pint, Pero ene caso concreto del Nolime tango puede iterveni embien una ambighedad sensible dele que hablaremos agu, reference I connors- «iin sensual dela escena y del persone de Maela Magdalena. 2. Como sucede, por ejemplo, con una etlebre obea de teao de lipino José Rizal, igaalmente vad ala pantalla 22 de llevar su nombre’. ‘No tratemos de explicar inmediatamente este destino tan favorable, que ademés y sin duda es uno de los menos préximos a lo religioso que cabe imaginar para unas palabras evangé Noli me tangere —eNo me toques»— evoca una icién de contacto, se trate de sensualidad ‘ode violencia, un retroceso, una huida amedren- tada o piidica, pero nada que ofrezca en princi pio un caracter propiamente religioso 0 sagrado, todavia menos teoldgico o espiritual, en tanto la mencién de esas palabras no esté acompaiiada de su referencia expresa al contexto en el que y etenada como sical a como con varias ntlciones Us arastascomremporsncos (Armin, Seed Alavi o Sam Tylor ‘Wood, entre otros) an io de relatos de abso seals (Ma Se), na plc de aoges Rivet (ue Nol me ange rojo tambien coreografia (Ch, Vincent) am poems de Wate fora Ana Bolenay hasta dvilas de excados de armas 0 08 Ender secesionizts en 1860 inca el nombre de on gt de rus En la mecicina de aes, fue eanbien el nombre de ‘fers fumores que mis vat no tocar sno se podlareainar So abla cor por miedo a esimulrs actividad, Pos fx te dl Evangaioe han dinado tnt, Inc ela puede ncotaren vn cicno de Vier de Tide Adam, Merle, aya heroina os una mujer galate, que comienta as Sa Setaparicin de Maile us ues micron Ia srt legancia des ventas oscars ss aie enn de nl me tage {Go eum ala misc, vain ants Tp 82) 3 Tmptione ol tagee, na varied del aii de las pation Galsaingce), plans gue resconan al com tac La pation ml tanger pinde sella cuando sel 2B Juan las escribié, Parece mas bien, en este caso, ‘como sino se tratara ante todo de unas palabras. sacadas del Evangelio, sino mas bien de unas pa- labras que el Evangelio hubiera recogido de otra parte, de la lengua comiin; un poco a la manera en que retoma historias comunes (un viiiador, tun joven impetuoso, un viajero victima de un asalto) para convertirlas en parabolas. «No me toques» no constituye una formacién lingiistica notable, ni responde a ninguna clase de idiolecto. Pero es una frase que tiene valor por si misma como indicacién de un contexto al menos difuso. Mientras que una frase homé- loga como «no me hables» queda en suspenso a la espera de un contexto («necesito silencio», ‘0 «no quiero oirte», o «no te creeré>, 0, por el contrario, «ya te he entendido»), «no me toques» se sinfa necesariamente al menos en un registro de advertencia ante un peligeo («me harias daito> © ste haré dato», «pondrias en juego mi integ dad» o «me defenderé»). Para decirlo en pocas palabras y haciendo un juego de palabras —dif cil de evitar—, «no me toques» es una frase que toca*, que no puede no hacerlo, incluso aislada de todo contexto. Enuncia algo del acto de tocar en general, 0 toca el punto sensible del tacto: ese * Para respetar el juego de palabra se taduce literal mente el francés touche: toca, peo cambién llama a aten ‘inno valet sigiicasvamentes(N. de los) 24 punto sensible que el tocar constituye por exce- lencia (es, en resumidas cuentas, «el» punto de lo sensible) y lo que en él forma el punto sensible. Ahora bien, ese punto es precisamente el pun- to en que el tocar no toca, no debe tocar para ejercer su toque (su arte, su tacto, su gracia): el punto o el espacio sin dimensién que separa lo ‘que el tocar retine, la linea que separa cl tocar de lo tocado y por tanto el toque de sf mismo. Si la cultura y el arte se han apoderado de esta frase, ¢s por tanto sin duda retomando del Evangelio algo que este allio habia buscado fuera de él, en esa separaciGn intrinscca al acto de tocar, en ese borde con borde infranqueable ‘que ha hecho también del tocar, como ha sefia- lado Freud, un elemento fundamental del tabti cn tanto que estructura constitutiva de la sacra- lidad. Lo intocable —cuya més Hamativa repre- sentaci6n es, para nuestros ojos de occidentales, la figura del paria hindGi— esta presente en todas partes alli donde existe lo sagrado, es decir, el re- 4A. Tova esta problemétca del tocar ¢s evidentemente eudora del talajo de Jacques Derrida en Le Touche, Jean-Luc [Nancy (Galilee, Pris, 2001); en exe libro, por owa pate, el Episodio del Noli me tangere se menciona en el curso de una rocaci del pape del tato en general en la Ieyenda risa, ‘rocauia insite en una elacign com la euesién que yo habia ‘Scoominado sdeconstruccin del ersianismon,cuestion que Derrida pretende tocar con una distancia eséptcao rabinica «que no deserpero de reducir agen alguna medida. SE Totem y tab I, 2, 25 tiro, la distancia, la distincién y lo inconmensu- rable, con la emocién que los acompafia (0 que los constituye). Es notable que Edipo —otra figura inaugural, con Jestis, de nuestra (de)sacralidad occidental, si no su otra figura, incluso su doble, por excelen- cia—, cuando se aleja hacia el bosquecillo cerca de Colono, donde desaparecers, dice a aquellos ‘que le siguen: «Venid, sin tocarme...» ‘Ahora bien, en cierto sentido, nada ni nadie ¢s intocable en el cristianismo desde el momento en que el propio cuerpo de Dios se da a comer y beber. Que diversos rituales, sobre todo catélicos y ortodoxos, hayan participado de las ordenan- a8 religiosas mas ordinarias disponiendo pro- hibiciones de tocar, o de tocar sin precauciones Purificadoras, no impide que su pensamiento 0 su moci6n esencial no proceda de aquella orden. En cierta forma, por el contrario, el cristianismo habra sido la invenci6n de la religién del tacto, de lo sensible, de la presencia inmediata al cuer- po y al corazén. En ese sentido, la escena del Noli me tangere seria una excepci6n, un hapax tcol6gico. O bien exigiria pensar conjuntamente, en un modo oximorénico 0 paradéjico, las dos 6, Séloces, Epo en Cofono,v. 1544 (feces emplea cl verbo pan, més aro y menos wizado en rosa se hapto, Sel que ego hablremos; ef endo del segundo se sta mis fen el regio del -ligar o wincalat, el del primero ene rey tro del sfotar oeeseegar) 26 palabras Hoc est corpus meum y Noli me tange- te: y, tal ver, €8 en efecto de esta paradoja de lo aque se trata, [Ahora bien, lo que es propiamente excepcio- nal en esta escena, considerada en el conjunto del relato evangélico, es la siguiente caracteristi- ca: aqui, Cristo rechaza expresamente el acto de tocar su cuerpo resucitado. En ningiin otro mo- ‘mento Jesiis prohibe ni rechaza que se le toque. Aqui, en Ja maana de Pascua, y en el momento de su primera aparicién, impide o previene el gesto de Maria Magdalena. Lo que no debe ser tocado es el cuerpo resucitado. Podemos tam- bién entender que no debe ser tocado porque rno puede serlo: no es tocable, Esto no significa, sin embargo, que se trate de un cuerpo aéreo 0 inmaterial, espectral 0 fantasmagorico. La conti- ruacién del texto, sobre la que volveremos més tarde, mostrara que ese cuerpo es tangible. Pero aqui no se presenta en tanto que tal. O, més bien, se sustrae a un contacto al que podria prestarse. Su ser y su verdad de resucitado estén en esa sustraccién, en esa retirada que es lo tinico que da la medida del toque del que se debe tratar: no tocando ese cuerpo, tocar su eternidad. No llegando al contacto de su presencia manifiesta, acceder a su presencia real, que consiste en su partida. Enel original griego de Juan, la frase de Jesis es: Mé mou haptou. En un uso como éste, el ver- 7 bo haptein —stocar»— puede igualmente tener el sentido de sretener», «detener>. Cristo no quiere ser retenido, pues se va: lo dice enseguida, todavia no se ha reunido con el Padre, y marcha hacia él. El tocar, el retener, seria adherirse ala presencia inmediata, ¢ igual que eso seria creer en el tocar (creer en la presencia del presente), sera faltar al acto de marcharse segiin el cual el toque y la presencia vienen a nosotros. Sélo asi la sresurreccién» encuentra su sentido no religioso. Lo que para la religin es nuevo co- mienzo de una presencia, portadora de la certeza fantasmatica de una inmortalidad, revela aqui no ser otra cosa que la partida en la cual la presencia se sustrae en verdad, portando su sentido en fun- cin de esa partida, Como viene, se va: es decir, ‘que no estd en el sentido en que una cosa esta puesta en presencia, inm6vil, idéntica a si misma, disponible para un uso o un concepto. La «rest rrecci6n» es la surreccién, el surgimiento de lo indisponible, de lo otro, y del acto de desapare- cer en el cuerpo mismo y como el cuerpo. No es tun juego de magia, sino lo contrario: el cuerpo muerto permanece muerto y es él el que hace el wvacfo» del sepulcro, pero el cuerpo que més tarde la teologia lamaré -gloriosé> (es decir, brillando con el brillo de lo invisible) revela que es el vaciamiento de la presencia. No, 1 trates de apoderar- te de un sentido de esta vida finita, no trates de 28 tocar ni de retener lo que esencialmente se aleja y,alejandose, te toca por su misma distancia (en los dos sentidos de la expresiGn: te roca desde y con su distancia) como lo que, al frustrar defini- tivamente tu espera, hace surgir ante ti para ti, quello mismo que no surge, aquello de To que la surreccién o la insurreccién es una gloria que no responde at mano tendida y la aparta. Pues su brillo no es otra cosa que el vacio de la tumba. E] «zesucitado» no mediatiza lo uno pot lo otto: expone («revela») cémo es el ausentarse mismo, cl alejamiento mismo al que no se puede pensar cn tocar, puesto que es él, y sélo él, quien nos toca en lo més vivo: en el punto de la muerte. Lamuerse no esti, aqut, «vencida» en el senti- do que la religién se apresuraa dara esta palabra. Esta desmesuradamente extendida, se sustrae a la limitacion del solo fallecimiento. El sepulero vacio ilimita la muerte en la partida del muer- to, Este no esté «muerto» de una vez por todas: ‘muere indefinidamente, es aquel que no cesa de partir. Aquel que dice: «No me toques», pues su presencia es la de una desaparicién indefinida- mente renovada o protongada. No me toques, no ‘me retengas, no pienses cogerme ni alcanzarme, ‘pues parto hacia el Padre, es deci todavia y siem- pre hacia la fuerza misma de la muerte y me alejo en ella, me fundo con su brillo nocturno en esta ‘mariana de primavera. Parto ya, no soy mas que ‘en esta partida, yo soy el que parte del acto de 29 partir, mi ser consiste en esa partida y mi palabra es ésta: «Yo, la verdad, parto» Para tetminar, si Jests dice que parte «hacia el Padre», esto significa que parte absolutamen- te: el «padre» (con o sin maytiscula: el griego no la prescribe aqui) no es ningéin otro que el au- sente, el retirado, precisamente opuesto a «mis hermanos», los presentes, aquellos a los que la mujer puede y debe ir a buscar. Parte hacia el ausente, hacia el distante: él se ausenta, retrocede a esa dimensidn de la que slo llega la gloria, es decir, el brillo afiadido a la presencia, el resplan- dor de un exceso sobre lo dado, lo disponible, lo establecido. Si él ha podido decir: «Quien me ha visto a mi, ha visto al Padres, este tltimo no «otro ni esta en otra parte, sino que es, aqui y ahora, lo que no se ve y sin embargo brilla, lo ‘que no esté en la luz sino detras de ella. Por eso «sta gloria no brilla mas que en tanto es recibida y ttansmitida: «Mas todos nosotros que, con el rostro descubierto, reflejamos como en un espe- jo la gloria del Sefior, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez mas gloriosos; asi €s c6mo actia el Seftor, que es el Espiritu” » La resurreccién no es un retorno a la vida. Es la gloria del seno de la muerte: una gloria os- 7%. 2Covintios 3,18. 30 ccura cuya ifuminacién se confunde con la tinie- bla del sepulcro. En lugar de lo continuo de la vvida pasando por la muerte, se trata de lo dis- continuo de otra vida en o de la muerte. Si Jesiis habia dicho, cuando el episodio de Lazaro: «Yo soy la resurrecciéne', significaba con ello que la resurreccién no es un proceso de regeneracién (Gemejante al de mitologfas como las de Osiris 0 Dioniso), sino que consiste, o mas bien que tiene Ingar en la relacién con aquel que dice: «Yo soy la resurreccién>. La continuacién del versfculo afirma: «El que cree en mi, aunque muera vivi- ap, Creer en él, estar, por tanto, en la fe, no es creer que puede haber regeneracién del cadaver: ‘es mantenerse con firmeza en la seguridad de una forma de estar ante la muerte, Esta «forma de estar» constituye propiamente la anastasis, la eresurrecciOn», es decir, la elevacién o el levan- tamiento («insurreccién> es también un sentido posible del término griego). Ni regeneraci6n, ni reanimacién, ni palingenesia, ni renacimiento, ni reviviscencia, ni reencarnaci6n: sino el levan- tamiento, la elevacién o el levantarse en tanto 8, Juan 11,25. Agunos manuseritosafaden oy lavidax (ceo eimi be anata bai be 20) 9." El término hebreo gi, que indica levantamiemo ‘oa clevacion, figura en fextos en los que se anuncia un pen ‘omieno judo de le eresuerecién, 9 es ded de donde viene fl wso dela palabea anastsis, asf como del verbo eeio, de Sentidocercano, 31 que verticalidad perpendicular a la horizontal dad del sepulcro; no dejindolo, no reduciéndolo a la nada, sino afirmando en él la forma de estar (por tanto también la reserva) de un intocable, de un inaccesible. Este levantamiento no es un «rclevo» en el sentido dado a esta palabra por Derrida para tra- ducir la Aufhebung hegeliana: no lleva la vida suprimida a la potencia de una vida superior. No dialectiza ni mediatiza la muerte: hace que se cleve en ella la verdad de una vida, de toda vida en tanto que es mortal y de cada vida en tanto que es singular. Verdad vertical, inconmensurable con el orden horizontal en el que la vida muerta se resuelve en pedazos de materia. Inconmensu- rable, pues, también, con toda representacién de tun paso a otra vida: con la resurreccién no hay ya muertos que vivan en un reino de sombras, tampoco almas en pena vagando ante un Leteo!”, En el episodio de Lazaro, el muerto sale de Ja tumba liado en sus bandas de tela y envuelto en el sudario: no es una escena de un film fancis- tico, es una parabola de la posicién erguida que se levanta en el seno de la muerte. No una erce~ in —ni en un sentido félieo ni en un sentido ‘monumental, aunque esos dos sentidos podefan 10. La compaacion de resucitado com wn expecta» es ‘scasional en algunos textos apocifs (pr ejemplo, la Eptolaa las apastoles, 11) pro rata, yest aasente del corpus cannico, 32 ser retomados y trabajados en este contexto— sino un tenerse-en-pie delante de y en la muerte. ‘Algo consuena aqu‘ con el herofsmo trégico del morir de pie»"', igual que con la vida que se mantiene en la muerte del espirita hegeliano"™. La diferencia que se introduce sin embargo —una diferencia muy tenue, dificil de precisar— se debe a que la anastasis no es 0 no proviene de si, del sujeto propio, sino del otro: le viene del otro, © bien depende del otro en él; 0 también, es en lel levantamiento del otro. Es el otro el que se Jevanta y quien resucita en mf muerto. Es el otro quien resucita por mi, més que el que me resus ta, En otras palabras: «yo he resucitado» no sig nifica una accién que yo haya realizado, sino una _ pasividad sufrida o recibida, «He muerto» (la fase imposible) y «he resucitado» dicen lo mis- mo, la misma pasividad y la misma pasién, igual ‘que para decir «he muerto» seria necesario haber _/ 11, No se tata slo de la imaginera de la bravura gue rer, sino del hecho de gue la muerte tga es siempre una muerte en pi, ex dei, volentsy no como culminacion de un Proceso marbide: cl hombre sgolpeado ose gopea, la mujer fe cele Hay que recordario? Anigona es encetrada viva et Dis, con Henan en la cueva que debe convertreen ss tumba, es colada como la encuentra Crete cuando se rteacta de Imasiad tarde desu condens 12, sLa vida dl espa o es la vida que se asusta ante Ja muerte y se conserva pura dela decreptad e al conteario ‘quella qu ls soportay se conserea en ella Phivomenaloge ‘dees, oie, Pats 1991, p48) 33 resucitado» como lo entiende la representacién de una religién de prodigios naturales. Pero la coincidencia de los dos enunciados testimonia la imposibilidad de que la muerte, lo mismo que Ja vida, sea simplemente idéntica a sf misma y contemporinea de si: ni muerto ni vivo, no hay simplemente mas que un presente, Pero siempre tuna presentacién del uno al otro, hacia el otro 0 en el otro: la presentacién de una partida. En una palabra: dos sentidos que se vuelven indisociables en nuestra expresién el levanta- miento del cuerpo. 34