TORRES RODRIGUEZ, C., 1980.

La tragedia del
monte Medulio y su ubicación. Rev. Gallaecia, Nº 6.
Universidade de Santiago de Compostela.

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LA TRAGEDIA DEL MONTE MEDULIO Y SU UBICACION
Por Casimiro Torres Rodriguez

Tal vez sería preferible aplicar al Medullo las palabras que Celso Emilio apli¬
ca a la poesía (Autopoética): «Deixalo na sua impoluta maxestade, envolto no
misterio, que nunca nos será dado desvelar na sua totalidade». Pero la historia
se nutre de realidades pasadas y trata de desvelarlas, aun a trueque de que se
mancille su hondo sentido poético.
Antes de entrar en materia tengo que empezar por rectificar mi opinión sosteni¬
da hace muchos años.
Influido por la del gran investigador alemán Dr. D. Adolfo Schulten, quien en
su admirable libro: Los Cántabros y Astures y su guerra con Roma, lo sitúa en el
Monte de San Julián, yo también lo situaba en este monte. Pero un estudio más
completo me ha llevado a abandonar esta opinión (1). De los varios montes, que
ofrecen la posibilidad dé identificación con el Monte Medulio de Floro y Orosio,
el Aloya o S. Jilián, en mi humilde opinión, es el que ofrece menos probabilidad.
El despiste de Schulten tal vez surgió de haber interpretado mal las palabras
de Orosio: «ulteriores Galaecia partes...» como la parte occidental de la Galicia
actual, siendo así.que con esta fras'e Orosio designa habitualmente toda la Galicia
actual (2). Este error lo llevó a Imaginar que la conquista romana empezó por la
parte oriental, y por tanto, que Tuy y sus contornos, entre ellos el Monte Aloya,
tendría el carácter de conquista epilogal; o sea que fue conquistado al final de la

campana de Galicia.

I

t

C

Lám. H. a: Anelo n* 2, das Illas Cíes, (escala apron, 1:2). b: entalle n* 2 das Illas Cíes (escala aprox. d:
Anelo da Lanzada (escala aprox. 1:2).

Pero siguiendo las fuentes literarias, no cabe la menor duda de que la Comarca
Tudense fue lo primero que conquistaron los romanos; quizás ya en tiempo de
Décimo Junio Bruto, pero con toda seguridad en tiempo de César, o sea en el ano
60 a.C.
Además el hecho de haberse constituido a Braga, como base de operaciones,
según afirma el propio Schulten, y corrobora BalII, es un exponente de que las tro¬
pas romanas siguieron la marcha Iniciada por Bruto y por César, o sea del paso
del Mino, quizá a la altura de Tuy en frente del Castellanum Tydae, del que habla
Pllnlo, como de origen griego, levantado sobre el Monte Aloya, tal vez para vigi¬
lar el paso del río (3).
El hecho de constituir a Bracara como base de operaciones da pié para supo¬
ner que se Inician de Occidente a Oriente, en movimiento envolvente, para arrin¬
conar a los rebeldes en el Monte VIndio, en donde con la ayuda de las nevadas
invernales, no sería dlficil obligarlos a la rendición, o al exterminio.
Seria inconcebible suponer que se eligiese a Braga, como base de operacio¬
nes, en el caso de que éstas comenzasen por el Padornelo, o, el Cabrero.
(1) Torres Rodríguez, Caaimlro. 0alíela en les Querrás Cántabras en Extensión Universitaria
Compoatelana, Boletín de la Universidad, 1948, p. 18 y as. Schulten Adolfo: Los Cántabros y Astures y
su Querrá con Roma, p. 147 y sa. El monte que él llama de San Julián , corrientemente se le llama Aloya.
(2) Orosio, Paulo. Hlstorlarum adversum paganos llbrl septem, VI, 21, 5. Torrea Rodríguez,
Caaimlro; La Galicia Romana y la Qallcla actual, en «Cuadernos de Estudios Gallegos», XXVI, 1953.
Flórez, Enrique E.S. XV, p. 60 dice: «Antlatlo y Flrmlo domaron las últimas partes de Galicia con gran¬
des y graves guerras.. pues, como en su tiempo comprendía esta Provincia todas las Asturias y Cordille¬
ras de los Monteado Cantabria, con razón podía titular partes últimas de GeUclaa las que están más allá
de Ponferrada».
(3) Pllnlo Segundo, Cayo. N.H. IV, 112. Schulten, Adolfo. Los Cántabros... p. 163 y 176. Balll,
Alberto, Bracara Augusta y el Conventos Bracarus en «Cuadernos del Seminarlo de Estudios Cerá¬
micos de Sargadelos», 16, p. 47.

.

110

111

Por otro lado era natural partir de la zona conquistada y sumisa a la no con¬
quistada. No cabe duda de que César, conquistó la ciudad de Galicia llamado Bri¬
gando (Coruña), y por tanto, hay que suponer que también conquistó la zona cos¬
tera occidental, por donde tuvo que pasar. De suerte que es evidente que la cam¬
paña de Galicia partió de Occidente hacia Oriente; o sea de la zona costera a la
montañosa del Interior.
Va hemos dicho que Cayo Furnio debió de emprender su marcha por la ori¬
lla Izquierda del Miño, paralela a la de Cayo Antistio que siguió por la margen de¬
recha, ambos remontando la corriente hasta la confluencia del Miño y el Sil (Peares). Aquí cambiaron de rumbo: Cayo Antistio siguió por las márgenes del Miño
y Cayo Furnio por las del Sil (4).
La tarea de Cayo Furnio debió de ser dura y peligrosa en extremo y le serían
aplicables con toda exactitud las palabras de Orosio: magnis gravlbusque bellls...
con graves y duros combates en un terreno cubierto de matorrales con hirientes
espinas, de enormes precipicios y estrechos desfiladeros, de profundidad abis¬
mal y de abundantes y espesas selvas. Tales se encuentran eij la Sierra de San
Mamed, Cabeza de Manzaneda, Montañas del Bollo y de Valdeorras, estriba¬
ciones de la Sierra Segundera, etc.
Delante de sus huestes irían los fugitivos de los duros combates menciona¬
dos con sus mujeres y sus hijos y con los ganados que pudieran transportar.
Así lo hicieron en otras ocasiones, como los de la Sierra de la Estrella, que
trataron de huir al otro lado del Duero, y los de Bergldum que huyeron hacia el
Monte Vlndlo.
Estos pueblos de las montañas y valles, que se hallan en la cuenca del Sil:
tiburos, cigurros, bíbalos, etc. se refugiaron en el Monte Medulio, en donde
fueron arrinconados y cercados por las huestes de Cayo Furnio y posiblemente
también por las de Lucio Carislo que habian partido de Astorga.
La accidentada zona que Cayo Furnio tuvo que recorrer hizo que llegase a
este punto epllogal con algo de retraso en comparación con las fuerzas, que ha¬
bía conducido por el Norte de Galicia, primero Cayo Antlstlo y después Paulo
Fabio Máximo, y que habían tomado Bergidum (Cacabelos) casi sin lucha; con
las que posiblemente cooperó Agripa con desembarcos estratégicos.
Por este motivo los fugitivos de los duros combates con las tropas romanas se
encontraron, con que se les había cortado la retirada y la posible fuga hacia el
Monte Vindio, o Cordillera Cantábrica; de suerte que se vieron obligados a de¬
fenderse hasta morir en el Monte Medulio.
La resistencia heróica comparable a la de Sagunto, o Numancla, la cuentan
los dos historiadores romanos Floro y Orosio; ambos casi con las mismas pala¬
bras, como corresponde a lo que han bebido en la misma fuente, que fue Tito Llvlo, cuyo original se ha perdido.
Floro dice así: «En último lugar el asedio del Monte Medulio, al que rodeaba
un foso de XV millas sin interrupción vigilado constantemente por la presencia de
soldados romanos.
Cuando los bárbaros se dieron cuenta de su extrema situación a porfía se apre¬
suraron a buscar la muerte en medio de banquetes, por el fuego, el hierro y el
veneno, que allí se obtenía de los árboles vulgarmente llamado tejos, previa la
operación de exprimir las plñotas.

(4) Torrea Rodríguez, Casimiro. La Conquista Romana de Galicia, en «Cuadernos del Semina¬
rio de Estudios Gallegos de Sargadelos», 16, 1976, p. 26y 27.

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Así la mayor parte se libraron de la servidumbre, que a la sazón se considera¬
ba peor que la muerte por aquellos indómitos luchadores» (5).
La narración de Orosio dice asi:
«Además las partes ulteriores de Galicia, que abundantes en montanas y sel¬
vas llegan hasta el Océano, las conquistaron los legados Antlstlo y Furnio, des¬
pués de grandes y duros combates. Pues asediaron el Monte Medulio, que se le¬
vanta junto al rio Mino, en el que se había refugiado una gran multitud de hom¬
bres; excavando un foso de quince millas enderredor, completaron el cerco. Cuan¬
do aquella turba de hombres recios y fieros se percató de que no podrían aguan¬
tar el asedio, ni podían competir en la lucha por evidente inferioridad, se deci¬
dieron por el suicidio voluntario por miedo a la esclavitud. Así casi todos a porfía
por el fuego, el hierro y el veneno se dieron muerte» (6).
Poco cabe añadir a esta narración sinóptica de Floro y Orosio tomada con se¬
guridad del Libro XXXV, o siguientes, de las Décadas de Tito Livio, que se han
perdido.
Hay ciertos matices diferenciales; Floro detalla que el veneno empleado fue
obtenido a base del árbol llamado tejo (taxus), bastante frecuente en la floresta
gallega norteña. Schulten precisa más, dice que se puede obtener de las piñotas, que este árbol produce (7).
Orosio precisa el detalle geográfico de que se yergue a la orilla del Miño;
con lo que viene a decir que se asienta en Galicia, o en sus fronteras; lo cual viene
a dar un mentís a los que han pretendido ubicarlo en Asturias, o Cantabria.
Por tanto queda patente por la descripción de Floro y Orosio que en el Mon¬
te Medulio se concentró una gran multitud de gentes torbas y fieras, incapaces
de continuar la lucha con los romanos, por la desigualdad de armas, y menos,
de someterse. Saltando ríos y breñas y cruzando de montaña en montaña llega¬
ron allí presas de la desesperación y del odio.
Los romanos no se atrevieron a reducirlos por las armas, optaron por cercar¬
los y rendirlos por hambre. Hicieron un foso de 15 millas en derredor, unos 25
kilómetros; o sea unas cinco horas de camino, con sus correspondientes empali¬
zadas, zarzos, torres de alarma, etc. para impedir la fuga, como solían hacerlo
los romanos. Las tropas romanas permanecían vigilantes, para evitar el aprovi¬
sionamiento, o la huida. Cuando vieron que era imposible escapar, y que su des¬
tino era la esclavitud, o la muerte, y ver morir de hambre a los suyos, se decidie¬
ron al suicidio colectivo por medio del fuego, de la espada, y del veneno, que ob¬
tenían, no de las bayas, sino de las piñas, o pinochas que cría el tejo (taxus), y
que cocidas dan veneno mortal. Cinco horas de camino eran precisas para reco¬
rrer el foso, que los rodeaba. De modo que hay que calcular que fue crecido el nú¬
mero de los que sucumbieron. Por distintos senderos habían huido a la muerte,
que ahora a porfía trataban de acelerar. Sus cuerpos vigorosos habían luchado y
causado terror a los legionarios romanos; pero el hambre y la miseria los había
convertido en espectros harapientos.
Se habrán repetido las escenas, que cuenta Aplano de las madres bracaren(5) Floro, Lucio Anneo: Rarum Romanorum Epitoma, it, 33. 50. Aunque con la palabra último
lugar simplemente pudo expresar Floro el orden de la narración, y asi lo Interpreta Schulten, O.C.
p. 137. Sin embargo es muy probable que el asedio del Monte Meaulio y su tragedia tuviera lugar des¬
pués de la conquista de Bergldum y de Araeellum, e inclusive después de la conquista del Monte Vlndlo llevada a cabo por Cayo Antistio Vetus. La narración de Orosio parece dar un fuerte apoyo a esta
suposición. En este caso se explica que toda esperanza de tuga ulterior se desvaneciera.
(6) Orosio, Paulo: Hlstorlerum... VI, 21, 7-9.
(7) Schulten, Adolfo. Loa Cántabros... p. 148.

113

esculpió el Artista de Pérgamo del Galo Moribundo, que antes dió
muerte a su mujer; duelos mortíferos, como los celebrados a la muerte de Virlato.
En fin, el Medulio es la cumbre de la heroicidad de una raza, que defiende
su Independencia y libertad.
No sabemos el nombre de un Jefe, que haya dirigido la resistencia; de suerte
que esta heróica hazaña hay que atribuirla a todo y solo el pueblo gallego: todos
a una; como en la batalla del Duero. Con estos dos broches de heroísmo se en¬
cierra la historia de la Independencia de Galicia.
Tal vez hoy se considere desproporcionada y absurda esa resolución deses¬
perada. Pero tengamos en cuenfa que el benigno y clemente Augusto, como
dice Floro, a los que se entregaban les exigía rehenes, que respondían con su
cabeza del cumplimiento de las condiciones; a la mayor parte se les vendía como
esclavos; a los más resignados se les obligaba a trasladarse de las montanas y
residir en las llanuras, o sea a renunciar para siempre a su independencia.
Cuando la resistencia era larga, las condiciones eran mucho más duras (8).
La historia de Galicia romana empieza y termina con dos episodios sangrien¬
tos: la batalla del Duero y la tragedia del Monte Medulio. El Duero y el Miño
se tiñeron con sangre abundante de los defensores gallegos. El fuego calcinó
los cuerpos y bienes y sus cenizas se esparcieron por entre las breñas y tojales.
Menos mal que de tanta tragedia, como del grano de trigo corrompido, brota
la espiga futura, asi brotó la civilización traída por aquellas águilas romanas ho¬

sés; las que

micidas.

Sobre un bosque sagrado incendiado, o talado surgió un campamento prime¬
ro y luego una ciudad, la ciudad de Lugo, capital del Convento Jurídico.
La tierra gallega se vitalizó con nuevas vías y puentes, y en los centros, o mer¬
cados, indígenas se levantaron los foros, centros comerciales y de administra¬
ción de justicia. Los cabos y costas marítimas se festonaron con monumentos In¬
signes, para pregonar la gloria de Augusto, como las «Aras Sextlanas» y las To¬
rres del Oeste. En Brlgancia, hoy La CoruAa, se levantó la Torre de Hércules
por un arquitecto lusitano de Coimbra, que perpetuó su nombre al pié de una es¬
tátua, en taqúese venera a Augusto en formada Marte.
Desaparecido el Idioma celta, y quizá otros anteriores, por la acción de Roma,
se Implantó el latín, lengua madre del actual idioma gallego, que habla de pre¬
parar y hacer fácil la total evangellzaclón de Galicia y su desarrollo cultural (9).
Con la conquista del Monte Medulio se completa la conquista de Galicia, que
debió de tener lugar a finales del arto 26 a.C. puesto que, como dice Floro, re¬
cibió la noticia de la toma de Aracelium y del Monte Medulio Augusto, cuando
aun se hallaba en Tarragona, que personalmente le comunicaron los legados
Antlstlo y Furnlo (10).
En esta misma fecha se rindieron los refugiados en el Monte Vindio, y Carlslo fundó para los veteranos, que hablan tomado parte en la campana la colonia
Emérita Augusta, hoy Mérlda. como atestigua S. Isidoro» (11).

Floro, Lucio Anneo; Rerum Romanorum Epitome, II, 33, 52.
Torres Rodríguez, Casimiro. La Conquista Romana de Galicia, en «Cuadernos del Seminarlo
de Estudloa Cerámicos de Sargadelos», 18, 1976, p. 29 y 30.
(10) Floro, Lucio Anneo. Rerum Romanorum Epitome, II, 33, 51.
(11) Isidoro, San. DIvi laldorl Hlapalenala Epíacopl Etymologlarum liber, I, 81, p. 378. Emarltam
Caesar Augustus adlflcavlt, poatquam Lualtenlam et quasdam Oceanl Insulas ceplt. Augusto fundó
Mérlda deapuéa de haber conquistado la Lusitania y algunas Islas del Océano. No olvidemos qua en
la Lusitania va Incluida Galicia, según la división de 27 a.C.

(8)
(9)

114

UBICACIÓN DEL MONTE MEDULIO

A nadie se le oculta que no es tarea fácil su localización. Orosio, que es el
que más precisa, dice lacónicamente: «Meduiium Montem Minio Flumlni Immlnentemi» el Monte Medulio, que se levanta junto a la orilla del Miño. Dos cosas
podían adelantarse con seguridad: que estaba junto al Mino; y, por tanto dentro,
de Galicia. Que estaba junto al Mino lo dice claramente; que estaba en Galicia
se deduce también, porque el Miño corre siempre bañando tierra gallega.
Sin embargo aun en estas afirmaciones, que parecen apodícticas, cabe la am¬
bigüedad y la duda; porque en los historiadores y geógrafos antiguos el Miño
se identifica con el Sil, el cual, sf bien corre con su mayor parte por Galicia, o sea
por la Galicia actual, nace en las montañas de León y corre por territorio leo¬
nés antes de su penetración en Galicia.
A esta confusión han dado pie los nombres comunes: sil y minium, que sig¬
nifican igual en el idioma latino. Ambos significan el limo, o lodo, de color rojo,
que se usaba como colorante, al decir de Flórez (12).
Holder dice que el nombre de sil, sills, significa el ocre, y cita las palabras
de Vitrublo (7,4,4,) en las que se aprecia la identidad de significado entre minium
y sil: Cunéis siiaceis, seu miníaceis, interposítais (13).
Vitrubio da Igual significado a la palabra derivada de sil que a la derivada de
minium, como puede observarse en el texto citado por Holder, en el que se equi¬
para el significado de siiaceis y el de miniaceis, ambas palabras derivadas, de
sil según Ernout, la primera, y la segunda evidentemente de minium, que, según
este autor, significa vermilion, cinabre, o sea ocre, que es un óxido de hierro hi¬

dratado» (14).
Estos dos nombres comunes pasaron a nombres propios por su aplicación res¬
pectiva a los ríos Sil, que invariablemente lo lleva hoy; y al Miño, que según Jus¬
tino, «de la gran producción de minio, en Galicia, recibió el nombre el vecino río
Miño» (15). San Isidoro también a la misma etimología. «Mineus fluvius Gallaeciae nomen a colore pigment! sumpsit; qui in eo plurimum invenitur» (16).
El río Mino, rio de Galicia, toma el nombre del color del lodo, pigmentado que
abunda mucho en él.
SI estos dos nombres latinos comunes sil y minium son sinónimos y ambos sig¬
nifican el ocre, óxido de hierro hidratado, o bióxido de hierro y de manganeso,
usado en pintura, no hay razón para negar que hayan conservado idéntica sino¬
nimia, cuando han pasado a la categoría de nombres propios; aunque con el tiem¬
po designen ríos distintos, o sea los actuales Miño y Sil.
No es cuestión de averiguar aquí si éstos dos nombres son genuinamente la¬
tinos. Parece que minium es sin duda castizamente latino; no es tan seguro que lo
sea el nombre sil, puesto que ya el escritor Ausonlo decía: «Sitne peregrin! vex
nominis an Latiil sil» ¿Es la voz sil un nombre extranjero, o latino? (17).

(12) Flórez, Enrique. E.G., XV, p. 40. «Is proprle llmua est rubrll colarla, quae Inter pigmenta utlmun. A nade que el gramático Ausonlo duda al ea una palabra propiamente latina. Sitne peregrlnl vox
nemlnlaan Latll Sil?
(13) Holder, Alfred. Celtlscher Sprachachatz, If, col. 1645: «SU, la, f. der das berggalb. Vitrublo
7, 4, 4, Cuneta siiaceis Interposals*.
(14) Ernout, A et Melllet, A. Dlctlonnelre Etymologlque de la Lengua Latine, pp. 618 y 940.
(15) Justino: Bravlarlum XLIV, 3, 4, «Galeclae autem portio Amphllochi dlcunlur. Reglo cum aeris
ac plumbi uberrima turn et mlnll, qued etlam vlclno flumenl nomen dedil».
(16) Isidoro, San. Etym. XIII, 21 , 32.
(17) Décimo Magno Ausonlo. Technopaegmon, XV, 7. en MGH, Berollnl, 1883. Edit. Schenk!.

115

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i!

Desde luego cabe afirmar que los geógrafos antiguos dan el nombre de Miño
ai Sil. Estrabón dice así: «Lo mismo pasa con el Balnis, llamado por otros Mi¬
nion, el mayor de todos los ríos de Lusitania; navegable en unos ochocientos es¬
tadios. Po8idonlo dice que nace en el país de los cántabros» (18).
Al poner su nacimiento en el país de los cántabros, no cabe duda que se refie¬
re al Sil; puesto que, si en verdad no es rigurosamente exacto que el Sil nazca
en el país de los cántabros, mucho menos lo es que nazca el Mirto. Porque Perta
Rubia, en donde nace el Sil puede incluirse en la Cordillera Cantábrica, pero no
la Sierra de Meira, en donde nace el Mirto, que está a más de cien Kilómetros al
Occidente de Perta Rubia.
Ptolomeo también pone el nacimiento del Mirto al Este de Galicia en el terri¬
torio de los astures.
De ahí que historiadores de gran prestigio sostengan la opinión de que el Sil
llevó el nombre de Mirto (19).
Monteagudo afirma: «...contra la opinión de Müller, Schulten y otros autores,
ya no hay duda acerca de la Identidad del Minius de Ptolomeo con el actual Sil (20).
Es de suponer que el actual Mirto, llevó este nombre. También es cierto que
el Mirto llevó otro nombre tal vez el primitivo, que nos ha conservado Posidonio;
este nombre es Bainis (21).
La raíz bai, que entra en otros nombres, como Baltls, Betls; balea, volca, velga
vega, parece ser de origen ibérico, o al menos, prerromano. Monteagudo supo¬
ne que esta misma raíz entra en Aquls Balnis (22).
De suerte que no serla absurdo suponer que el gran rio de Lusitania, que a
la sazón Incluía Galicia, de que habla Estrabón, o sea el Mirto, en su desembo¬
cadura llevó el nombre de Bainis.
El nombre de Mirto, o de Sil, se debió al color rojo amarillento del limo, que
arrastran sus aguas.
Como ambos vienen a significar lo mismo, se les pudo aplicar ambos nombres
al Mirto y al Sil.
De los dos el Miño es genuinamente romano, y la circunstancia de pasar por
la ciudad de Lugo, capital de uno de los Conventos Jurídicos de Galicia, hizo que
este nombre prevaleciese, e inclusive que se impusiera a los otros nombres del
río.
Sin embargo es muy de tener en cuenta lo que dice el adagio corriente: el Mi¬
rto lleva la fama y el Sil lleva el agua; y lo que dice Flórez: «...pues viendo el río
que corta al otro diéramos el nombre de Mirto al que es cortado, por ser este el
que recibe, y el otro el que entra, y por tanto pierde su nombre... hay algunos fun¬
damentos para decir que el Sil fue el que llamaron Mirto los antiguos» (23).
Nos hemos permitido esta disgresión en apoyo de que el Monte Medulio pue¬
de identificarse con el que hoy lleva el nombre de Las Medulas, que corta el Sil
al Sur de Ponferrada (León); puesto que la más fuerte objeción que se hace con¬
tra la identificación del Medulio con las Médulas la constituyen las palabras de
Oroslo: Minio fluminl immlnentem, que se yergue sobre el río Mirto, por lo cual

(18) Estrabón, III, 3, 4.
(19) Flórez, Enrique. E.S. XV, p. 39.
(20) Monteagudo García, Luis. Galicia en Ptolomeo, p. 620, «Cuadernos de Estudios Gallegos»,
VIH, 1947.
(21) Posidonio, en Estrabón, III, 3, 4.
(22) Monteagudo García, Luis: Galicia en Ptolomeo, p. 619.
(23) Flórez. Enrique, E.S. XV, p. 40.

116
l

son varios y prestigiosos investigadores los que opinan que debe localizarse en
las proximidades del Miño actual.
Pero, sin dejar de reconocer la fuerza de esta objeción, entendemos que ofre¬
ce grandes probabilidades la ubicación en las Médulas, por las siguientes ra¬
zones:
a) La resistencia en el Monte Medulio tuvo el carácter de operación eptlogal; circunstancia que se da en las Médulas, monte en el que geográficamente
termina el panorama gallego y empieza el castellano-leonés. Las Médulas topo¬
gráficamente vienen a ser las puertas de Galicia, como puede apreciarse al via¬
jar desde Astorga a Galicia.
Por tanto las huestes gallegas, que huían con sus familiares y enseres para
unirse en coalición con astures y cántabros, no podrían pasar adelante, so pena
de caer prisioneros de las tropas romanas, que avanzaban desde Asturica (Astorga).
Tuvieron que buscar en las Médulas el último refugio; puesto que las tropas
romanas, que avanzaban desde Asturica, le cortarían el paso en su retirada, con
el fin de llegar y resistir en el Monte Vlndio en unión con los astures / cántabros,
al cual al decir de Floro, antes llegarían las aguas del Océano, que las águilas

romanas.
El movimiento envolvente de las columnas de Furnio les habrían empujado
hasta las Médulas.
b) El mismo nombre Médulas parece conservar el de Medulio; y, si bien
no se levanta sobre las márgenes del Mirto, lo hace sobre las del Sil. De ahí que
geógrafos como Abrahan Ortelo, el gran cartógrafo de Felipe II, en su mapa
dedicado a Arias Montano, ponga el Monte Medulio al Sur de Ponferrada, corta¬
do por el Sil. Los historiadores Flórez y Masdeu allí lo sitúan también (24).
El geógrafo e historiador actual Fraguas y Fraguas también lo sitúa en las
Médulas (25).
Murgula dice que se podrá localizar cuando se localice el foso construido por
los romanos, como ocurrió con el de Aiesla en Francia. Esta circunstancia no de¬
jarla de ser una gollería afortunada. Pero en el presente caso sería imposible,
porque el monte, que hoy se denomina las Médulas, como a continuación dire¬
mos, fue derruido totalmente, y deshecho por medio de arrugias y corrugos por
los romanos.

c) Otra de las razones que acabamos de apuntar; o sea la destrucción del
Monte Medulio en la configuración, que tuvo cuando resistieron en él los contin¬
gentes gaiáico8.
Sabido es que Roma, tal vez recelosa del prestigio heróico de los defensores
de su libertad, tenía por norma la destrucción dejas ciudades, que habían resis¬
tido a su dominio. Numancia, Cartago y Corinto son conocidos ejemplos de su ha¬
bitual proceder.
(24) Flórez, Enrique. E.G. XV, p. 40. Masdeu, Francisca. Historio Critica da España, Vil, p. 15.
Abraham Ortello: Parergon alvo Vetarla Geographlae aliquot Tabulae. Híspanlas Vetarla Deaerlptio.
Summo Theologo Ono. Benedicto Arlae Montano... Colonias Agriplnae 1578. «e dirá que Oroslo, his¬
toriador y geógrafo gallego, sabría distinguir bien entre el Mino y el Sil. Pero se comprueba que Oroslo
toma ios datos de autores anteriores en este caso del libro XXXV de Ulvlo Solo los hechos que ¿I pre¬
senció son originales.
(25) Fraguas y Fraguas, Antonio. Informaclin verbal.

117

En la misma guerra Cantábrica fueron destruidas, precisamente por su va¬
lentía en resistir Aracilium y Atica. Se dan algunos casos de excepción, como el
de Cinginia en tiempo de Bruto, y el de Lancia, que Carisio prohibió destruir,
pero, como excepción que destacan los historiadores, confirman la regla. Pues
sabemos que Furnio en la sublevación cántabra del arto 22 a.C. puso sitio, incen¬
dió y destruyó los castros que habian resistido.
Roma no podia dejar incólume aquel monte que, para tomarlo, no pudlendo
hacerlo por asalto, tuvo que recurrir al asedio y al duro y pesado trabajo de ex¬
cavar un foso de quince millas enderredor para que el cerco fuera total.
Si el monte hubiera de continuar erguido seria un monumento perenne de la
heroicidad de los gallegos, cosa intolerable para el orgullo romano.
De ahí que el monte cuyos restos removidos son los actuales Médulas, fue,
quizá después de incendiado, deshecho y derruido por los romanos. Furnio, cuan¬
do fue nombrado legado de Cantabria en el año 22 a.C. empleó la misma táctica
de asedio hasta obligar al suicidio y al incendio de los castros, a los que habian
resistido (Dión Casio, III, 2, 6).
Se objetará que efectivamente la destrucción del monte, predecesor de las
Médulas, se llevó a efecto por los romanos, pero fue para obtener el oro, u otros
metales, que encerraba en sus entrañas.
Es Indudable que los romanos por medio de las arrugias y los corrugos, cu¬
yos procedimientos tan clara y documentadamente explica Isidoro Millán, destru¬
yeron la montaña, que hoy, como tierra rojiza y estéril, se ofrece a los ojos del ob¬
servador. No nos resistimos a trascribir sus propias palabras: «una arrugia era...
el tipo de laboreo inicial de un yacimiento de oro mediante galerias que, acome¬
tiendo un monte desde la base, le horodaban, para una vez retirados los punta¬
les, provocar su ruina... El corrugue era un canal de lavado por el que traían
las aguas, desde las cumbres de las montañas y a distancias, a veces de 150 ki¬
lómetros, para que arrastrasen, despeñándose sobre la zona de las arrugias, la
masa Inmensa de tierras derruidas y, llevándose el barro y la ganga quedase só¬
lo el material pesado y los pedruscos y, en sucesivos arrastres y lavados, se de¬

i
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cantase al fin el oro.

Una arrugia era, por tanto, una galeria de perforación, mientras que un coy arrastre de aguas (26).
Desde luego es indudable que los romanos canalizaron un rio desde el Monte
Teleno, situado al Oeste de Astorga y con el formaron los corrugos, que disolvie¬
ron el Monte de las Médulas. Posiblemente practicaron previamente las arrugias,
para derrumbarlo.
También es posible que de él sacaran oro y otros metales. Sin embargo este
objetivo, tal vez primordial, no excluye el que también quisieron hacedlo desapa¬
recer y procurar su destrucción. El orgullo romano no podía tolerar quo se levan¬
tase incólume pregonando la heróica hazaña del pueblo gallego, que supo mo¬
rir antes que someterse a la esclavitud.
Esta nuestra opinión de identificar el Medulio con las actuales Médulas, no
quiere decir que descartemos la posibilidad de otras identificaciones. Asi ya
Huerta lo Identificó con el Medeio, en laLimia. Forreras lo sitúa en uno de los Mon¬
tes de León más al Norte.
Especialmente digna de consideración es la opinión de Vázquez Seljas, que
rruguB era un canal de recolección

(26) Millán González Pardo, Isidoro: Galeco Tufa/és» hozador jabalí, y otras voces emparentadas
Ementa, XLI. 1973, p. 133. Véase: Monumentos españoles. Catálogo de los decla¬
arrugia, corrugue
rados histórlco-ar uticos. CpnrHm Superior de Investigaciones Científicas, II, Madrid, 1954, p 159.

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cita en su apoyo la de Amor Meilán. Por fin bien conocida es la de Schulten. Sin
embargo con todo mi respeto para tan eminentes Investigadores, me inclino por
la localización en las actuales Médulas. En cada una de ellas se encuentra algún
fallo, que me obliga a rechazarla. Asi la localización de Huerta en el Monte Mede¬
io, en la Llmia, ofrece el inconveniente de que no está cerca del Sil, ni del Miño.
La de Forreras que no hay rastro toponímico, ni arqueológico. La de Vázquez Seljas, que me parece la más aceptable de todas ellas, puesto que Castro de Rey
está sobre el Miño, también adolece de que no ha dejado rastro toponímico, ni
hay señales de que haya existido foso, a pesar de la conservación Intacta de la es¬
tructura de su superficie. Tampoco se encuentra en situación terminal (27).
Finalmente la ubicación de Schulten en el Monte San Julián, corrientemente
llamado Aloya, se funda en la errónea interpretación de las palabras de Orosio
de la frase ulteriores Gallaeciae partes, que él supone la parte extrema occiden¬
tal de Galicia, cuando Orosio sencillamente expresa la Galicia actual y el Norte
de Portugal. Por tanto lejos de poder entenderse que la toma del Monte Aloya
y de Tuy tuvo carácter epilogal, por el contrario tuvo carácter inicial, puesto que
fue conquistado ya probablemente en tiempo de Décimo Bruto, pero con seguri¬
dad en tiempo de César en el 60 a.C. Por lo cual es de suponer que por allf empe¬
zara la campaña de la conquista de Galicia llevada a cabo por las fuerzas concen¬
tradas en Braga.
También puede despistar a Schulten la frase de San Isidoro: Emeritam Cae¬
sar Augustus aediflcavlt, postquam Lusitaniam et cuasdam Oceanl Insulas ceplt (28).
César Augusto edificó Mérida, después de haber conquistado la Lusitania y
algunas islas del Océano. Quizá estas palabras le indujeron a pensar que lo últi¬
mo que se conquistó fue la Lusitania y la Galicia costera con las Islas. Pero no
tuvo en cuenta que en la partición administrativa de España, que tuvo lugar en
el año 27 a.C., y que naturalmente estaria en vigor el año 26, Galicia entera, como
tierra ignota, se consideraba un apéndice de la Lusitania, en cuyo caso la conquis¬
ta de Lugo y del interior de Galicia caía dentro de la denominación de Lusitania (29).
La posterior provincia de Lusitania estaba ya conquistada y romanizada y re¬
cibió el titulo de piaet felixpor la ayuda prestada en esta campaña.
Con todo he de confesar que la ubicación del Monte Medulio no alcanza valo¬
ración apodíctica; tampoco se trata de una simple conjetura, sin ningún funda¬
mento serio y cientifico. No cabe decir con sorna que el «Medulio tenga ruedas
y se pueda llevar de un sitio a otro».
El Monte de las Médulas tiene muchas probabilidades de haberse empapa¬
do con sangre y con lágrimas de desesperación de las huestes gallegas y de ha¬
berse esparcido sus cenizas y sus huesos calcinados por breñales de tejos y urces.
Podemos repetir las palabras de Murguia: «É posible que algún día poidan
tamén os noso fillos decir: Veleiqui as espadas con que aqueles valentes monta¬
ñeses se quitaron a inútil vida por non sufrir a afrontosa escravitude que lies es¬
peraba e non presenciar a da patria. Saberemos entonces, cal foi o lugar en que
se consumou tan cruente sacrificio en aras de unha libertada cara os homes de
ánimo erguido».
(27) Huerta y Vega, Francisco Manuel. Anales del Reino de Galicia, p. 74. Ferraras, Juan- Synnoals Histórica Chronotóglca da España, I, p. 225. Vázquez Seljas, Manuel: Lugo balo el Imperio Ro¬
mano, p. 8 y ss. Schulten, Adolfo: Los Cántabros... p. 147 y ss.
(28) Isidoro, San. Etimologias, XV, 1
(29) Torres Rodrlguez
Límites geográficos de Qai/cia en ios siglos IV y Vt p. 370-371,
en «Cuadernos de Estudios

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Sin embargo tenemos que replicar que la localización en las Médulas está
exenta y bien disculpada de que no se puedan hallar en dicho Monte las espadas,
aun en el más pequeño pedazo, puesto que el monte fue totalmente derruido y
despojado de todo metal. Dice Blázquez: «Los acueductos utilizados en las explo¬
taciones mineras se conocen ya tallados sobre roca, ya sobre muros, que se si¬
guen a lo largo de 40 kilómetros» (30).
Cualquiera de las otras localizaciones mencionadas no admiten igual discul¬
pa. En todos los montes que hemos mencionado, como posibles localizaciones
del Medullo, podrían subsistir algunos restos que según Murgla darían pie firme
a la investigación histórica; y, dada la circunstancia de que su estructura no ha
sufrido grandes variaciones, no serla Imposible, que algún hallazgo tuviera lu¬
gar; especialmente podría haber dejado huellas el foso de 15 millas circulares y
de gran profundidad. Por tanto la carencia de todo resto positivo disminuye, o
anula su probabilidad. Cosa que no puede exigirse en las Médulas por la demoli¬
ción de que fue objeto; por tanto se puede sostener, como probable su Identifi¬
cación.
Desde luego podemos dejar sentado que el Medullo no tuvo, ni tiene rue¬
das; en cambio tiene que tenerlas la Investigación histórica, cuando escasean los
datos seguros; o, mejor que ruedas, tiene alas de mariposa, que vaga de flor en
flor en busca de la verdad.
Pero con toda verdad puede afirmarse que el Duero tenido de sangre y el Medulio empapado de sangre y lágrimas, como broches encierran el período de la
resistencia gallega a la conquista romana y un perenne ejemplo histórico de he¬
roicidad de un pueblo en masa. Ni el Duero, ni las Médulas están dentro de los
límites de la Galicia actual; pero tampoco las Termópllas estaban dentro de las
fronteras de Esparta y Atenas; sin embargo la resistencia de Leónidas allí fue con¬
siderada como una de las más herólcas y memorables hazañas.
Santiago a 17 de Octubre de 1979

MUSAS CONTRA PIERIDES, INSECTOS CONTRA PAJAROS
Por José Carlos Bermejo Barrera

Es un hecho bien conocido dentro del conjunto de la mitología griega que el
coro de las Musas necesita afirmarse periódicamente a través de un enfrenta¬
miento agonal con otros coros o con cantores aislados, para así poder subsistir (1).
Recientemente Claude Caíame (2) ha mostrado su disconformidad con esta afirma¬
ción, al indicar que los coros divinos no poseen ninguna motivación cultural y que
por lo tanto los dioses no necesitan llevar a cabo ningún tipo de acto ritual para
mantener el orden de su grupo social en sus distintos aspectos. Por nuestra parte
nos proponemos llevar a cabo a continuación el análisis de uno de los muchos ago¬
nes realizados por las Musas, aquel en el cual se enfrentaron a las Piérides, con
el objeto de demostrar en primer lugar que el canto de su coro cumple una fun¬
ción ritual que lo hace Indispensable para el mantenimiento del poder real, tanto
a nivel divino como humano, y por otra parte que ese mismo canto posee una na¬
turaleza especial, que lo diferencia de todos aquellos q\ie fueron interpretados
por los distintos rivales de las Musas.
En el desarrollo del presente trabajo nos desenvolveremos a dos niveles, por
una parte a un nivel m (tico-personal, en el que las Musas y las Piérides se enfren¬
tan como dos grupos de mujeres, divinas y humanas, y por otra parte a un nivel
zoológico en el que ambos grupos de personajes se enfrentan como diversos
insectos frente a varios pájaros Insectívoros.
Según Antonlno Liberal (Metamorfosis, IX) (3), Zeus se unió a Mnemoslne
en Pieria cuando un rey de este nombre, Pferos, reinaba en Emathia. Pleros
era aytóchthon (4) y tenía nueve hijas, que compitieron en un agón con las Mu¬
sas que tuvo lugar en el Monte Helicón. Cuando cantaban las emathidas todo se
ensombrecía y nadie prestaba atención, pero cuando lo hacían las Musas, el Cielo,
los astros, el mar y los ríos se quedaban quietos para escucharlas. En esta oca¬
sión el propio monte Helicón comenzó a hincharse y a amenazar con llegar al cie¬
lo, razón por la que Poseidón dio orden al caballo Pegaso para que lo cocease,
hecho esto el monte obedeció, pero en compensación surgió una fuente en el lu¬
gar donde había recibido el Impacto. Tras el agón, las Piérides, que habían canta¬
do los hechos de Tifón y su ataque a los dioses (5), se ven convertidas en nueve
pájaros: kolymbás, íygx, kegchrís, kíssa, chloris, akalanthís, nessa, pipo, drakontfs (6).
En una tradición que recojo Pausanlas (7), el mito de las Piérides aparece mez¬
clado con los mitos de las propias Musas y con el de Lino. Dice Pausanias que Pie¬
ro era un macedonlo que llegó a Tespias y estableció allí el culto de las nueve Mu¬
sas (antes habría solamente tres). Este cambio de número pudo deberse a dos ra(1) Sobre los agones de las Musas vid.: W.F. OTTO: Ole Musen und der gottllche Ursprung dai
Singana und Sagena (Darmstadt, raed, 1961), y sobre ellos y los agones en general: Ingomar WEILER:
Dar Agon Im Mythoa. Zur Elnstellung der Qrlechan zum Wettkampl, Darmstad, 1974.
(2) Lea Choeura de /eunea Hiles en Drice archa!que, I, Morphologle, fonctlon rellgleuae et socíalo, Roma, 1977, p. 173.
(3) El mito se halla recogido también en Ovidio: Metamorfosis, V. 256 sa.
(4) Ant. Lib. Mel, IX, 4.
(5) Según Ovidio, Met., V, 320/331
(6) Antonlno Liberal: Mat., IX, 15/16.
(7) Pausanlas: IX, 29, 1/9.

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Biézquez, José María. Historia Económica de le Híspanla Romana, p, 94. Madrid, 1978.

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