I

f

Torres Rodríguez, C. (1982). La Galicia romana. Fundación Pedro Barrié de la Maza. A Coruña. pp. 25-30
21

Es el cónsul Décimo Junio Bruto el que, al terminar su
mandato anual por el año 138 a. C., viene a España, como pro¬
cónsul de la Provincia Ulterior, a sustituir a Quinto Servilio
Cepión y a obligar a los lusitanos a cumplir lo pactado. Posi¬
blemente se le exigió al ejército lusitano rendido su ayuda para
la pacificación de la Lusitania, y luego en premio se le dieron
tierras y la ciudad de Valencia.
Por tanto, en el año 137 a. C. Décimo Junio Bruto co¬
mienza la campaña de sumisión de la Lusitania. Tiene como
norma atacar a las ciudades, y no comprometerse en la lucha
de montaña, que le resultaría difícil y peligrosa. Cuerdamente
se percataba que, al atacar las ciudades, en donde se hallaban
sus mujeres y sus hijos, los templos, los sepulcros y los hogares,
los hombres acudirían a defenderlas y sería más fácil vencer¬
los ".
Todo sucedió como lo había previsto; las ciudades resistie¬
ron; las propias mujeres se aprestaron a defenderlas y los hom¬
bres acudieron en su ayuda. Con todo no le fue difícil someter
treinta ciudades; puesto que, como hemos dicho, habían sido
derrotados sus mejores guerreros alistados en las huestes de Viriato y habían aceptado el pacto de sumisión. Hombres y mu¬
jeres vencidos huían a las montañas; pero Bruto les permitía
regresar y seguir viviendo en sus ciudades.
El trato benigno que daba a los vencidos contribuía a que
muchos aceptaran la sumisión. Es posible que este trato benig¬
no lo hiciera en consideración a las huestes de Viriato.
Llegó con sus conquistas hasta la línea del Duero que ser¬
vía de límite entre la Lusitania y Galicia y en donde terminaba
la Lusitania 12.
En las cercanías de este río se dio una gran batalla, en la
que Décimo Junio Bruto tiene que enfrentarse con los galaicos,
o gallegos, que vienen en auxilio de los lusitanos, y, al ser de¬
rrotados, la guerra cambiará de signo; o sea, su fundamento ju¬
rídico; en vez de guerra de pacificación y sumisión, que se apo¬
ya en el tratado concertado por Tántalo y su ejército, en ade¬
lante se vincula al casus belli, que plantea la intervención de los
galaicos; por tanto tendrá el carácter de guerra de castigo y de
conquista l3.
Aplano» Ibérica, LXX1, 301.
Plinio Segundo, Cayo» Naturalis Historia, IV, 112 y 113.
(13) Mommsen, Teodorot» fíumische Geschichtle, 111, 341.
(11)

(12)

L.\ GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

25

Sin embargo no se puede asegurar que la guerra de Déci¬
mo Junio Bruto, que surge a raíz de esta batalla, tenga exclusi¬
vamente carácter vindicativo, o de represalia; ni siquiera que
este fuera su móvil principal. Tal vez se intentó con no menor
intención aliviar la situación de las tropas romanas que comba¬
tían contra los vaceos de la Meseta y contra Numancia, y pri¬
varles a éstos de la ayuda de lusitanos y galaicos.

2. La batalla del Duero

No cabe la menor duda de que Décimo Junio Bruto libró
contra los galaicos una sangrienta batalla, de gran importancia
histórica no sólo para Galicia, cuya historia en ella comienza,
sino para el mismo Imperio Romano.
Con ella se abren las puertas de la conquista romana de
Galicia, hecho de indudable trascendencia histórica, y fue san¬
grienta en extremo, hasta el punto de que el poeta Ovidio llega
a decir que la tierra hispánica se empapó de sangre.
Pero también lo fue para el Imperio Romano. Son muchos
los escritores que la mencionan, o aluden a ella. El mismo Bru¬
to la valoró al recibir el sobrenombre de Galaico. Facilitó la
conquista de la Galicia Cismiñota, y evitó que los galaicos acu¬
diesen en ayuda de los pueblos de la Meseta, o sea, de la región
palentina y de Numancia. Por último, dejó abierto el camino
para las futuras campañas de César y de Augusto.
Entre los escritores greco-romanos, que aluden, o la rela¬
tan, merecen especial mención: Orosio, Floro, Ovidio, Estrabón, Apiano, Plutarco, Livio, en el papiro de Oxyrhincho,
Ampelio, Veleyo Patérculo, Eutropio, Próspero de Aquitania,
etc. u
Los que más detalles han transmitido, dentro de su habi¬
tual esquematismo, son Orosio, Ovidio y Floro, y, aun entre és¬
tos, Orosio ocupa el primer lugar. Por lo cual vamos a transcri¬
bir sus palabras: «Entre tanto Bruto en la España Ulterior de¬
rrotó a 60.000 galaicos, que habían acudido en auxilio de los lu(14)

Orosio Paulo» Hisloriarum adeversum paganoi libri septem, V, 5, 12. Ovidio Masón, Publio: Fastos, VI, 12. Floro Lucio Anneot Historia Romana, II, 17, 22. Estrabón» Geo¬
grafia, 111, 3, 2. Apiano Alejandrino, LXXII, 304. Plutarco, Vidas Paralelas: III, 21,
3. Papyrus Oxyrhlnchi Musei Brilannici, n.° 660. Ampelio, Lucio: Liber Memorialis,
XIX, 4. Eutropio» flreDiWum, IV, 19, 1. Veleyo y Patérculo» Historia Romana, XLVll, 7; Próspero Tirón de Aquitania» Epitoma Chronicom, p. 402, ed. M. G. II. AA. 1,
1892.

r
26

CASIMIRO milIUiS IIODHIGL EZ

sítanos, en lucha muy dura y difícil a pesar de haber consegui¬
do cercarlos por sorpresa y valiéndose de estratagema. En esta
batalla 50.000 fueron los muertos, 6.000 los prisioneros, según
se refiere; unos pocos pudieron huir» ls.
Aunque Orosio no señala expresamente el lugar de la mis¬
ma, se deduce de sus palabras que fue en la orilla izquierda del
Duero; pues dice que los galaicos, o gallegos, habían venido en
auxilio de los lusitanos, o sea, que los gallegos habían entrado
en la Lusitania en ayuda de los lusitanos atacados por Bruto.
Ahora bien, según Plinio, el Duero dividía a los lusitanos de los
galaicos, y en el Duero comenzaba la Lusitania. Orosio tendría
esta misma concepción geográfica 16.

Por tanto los galaicos para penetrar en la Lusitania tenían
que atravesar el Duero, para lo cual, según Estrabón, usaban
barcas de cuero. Por consiguiente, la batalla debió de darse a la
orilla izquierda de este río, en donde Bruto logró embolsarlos y
derrotarlos. Orosio señala el año, pues dice que se dio durante
el consulado de M. Emilio Lépido y C. Hostilio Mancino, cuyo
consulado tuvo lugar el 617 U. C., o sea, el 137 a. C.
Ovidio precisa aún más la fecha, pues la coloca el día 9 de
junio; en el mismo día en que se celebraban las fiestas vestales,
en honor de la diosa Vesta, y la recuperación de las enseñas ro¬
manas perdidas por Craso, con la victoria de Ventidio Basso
sobre Pacoro, general de los partos, entre el Orantes y el Eufra¬
tes, que tuvo lugar el mismo día en tiempos de Antonio y Au¬
gusto l7.
La batalla, según Orosio, fue sangrienta para los mismos
romanos, puesto que la califica como dura y difícil; pero lo fue
más para los gallegos.
Las pérdidas de los galaicos, o gallegos, fueron cuantiosas:
50.000 muertos, 6.000 prisioneros. Sólo 4.000 pudieron evadir¬
se. Estas cifras suelen considerarse exageradas por la mayoría
de los historiadores. La exageración en las cifraB de muertos
il».: Orosio, Paulo! Hisloriarum adversum paganos libri septem, V, S, 12. Edil. Za ngemeister. Tcubner, 1889. / alera Brutus in ulteriore Hispania LX milia Gallaecorium,qqui Lusilanis auxilio veneran!, aspérrimo bello el difjicili, quamvis incautos circunvenusset, oppres-

sit; quorum in eo proelio L milia occisa, sex milia capia referunlur; pauci fuga evaserunl.
e
i 1 6 1 Plinio Segundo, Cayoi Naturalis Historia, IV, 112 y 113. Estrabón, III, 3, 7.
117.: Orosio, Paulo! Oc. V, 4, 19, Ovidio Nasón, Publiot Fastos VI, 12. Lp fecha del 9 de
junio es uceptuda por M (Inzer, RE, XI (1918) ¡unios, 57, 1023. Sin embargo Giraud,
Félixt Mitología Romana, p. 27, Barcelona. Edil. Labor, 1962, pone la fiesta Vtslalia, el
7 de junio.

1

.

LA GALICIA HOMA.NA

27

suele ser corriente en Orosio y en las fuentes históricas de don¬
de toma los datos; en el presente caso tal vez de Valerio Antias
a través de Tito Livio, en los que se hallan similares exagera¬
ciones. Solían hacer los cómputos según cálculo visual, sin es¬
crupuloso recuento.
No obstante hay que convenir que en este pasaje la exage¬
ración parece más patente. Incluso Orosio, con la frase referuniur — según referencias — , como observa Blanco Freijeiro, pa¬
rece indicar cierta desconfianza en relación con la exactitud de
las cifras anotadas IB. Aunque también puede aludir a referen¬
cias orales tradicionales, dado que él era precisamente oriundo
de la comarca bracarense y podía haber escuchado tradiciones
orales referentes a la catastrófica derrota.
Desde luego constituye la más seria objeción el hecho de
que se dice que los citados muertos y prisioneros fueron de los
galaicos. Ahora bien, si entendemos por galaicos exclusivamen¬
te la tribu que llevaba ese nombre, parece inaceptable la cifra
de 50.000 muertos y 6.000 prisioneros. Los galaicos, según
Cuevillas, vivían en el valle medio del Lirnia y en parte de los
valles del Homen y del Abeldela l9. Según Plinio los calaicos
eran un grupo étnico de los varios que se integraban en el Con¬
vento Jurídico Bracarense, entre los que se destacaban, ade¬
más de los brácaros, los bíbalos, coelernos, calaicos, equasos, límicos y querquernos. En su conjunto poseían 24 ciudades, o
grupos étnicos, y figuraban como tributarios 285.000 20. De
suerte que si dividimos dicha cantidad de contribuyentes entre
las 24 ciudades, o grupos citados, corresponderían a los galai¬
cos 11.875 contribuyentes. Por tanto no podrían los calaicos
reunir un ejército de 60.000 combatientes. De ahí que Schulten
opine que se trata de los muertos durante toda la campaña lu¬
sitana 2I.
Sin embargo, Orosio dice: in eo proelio, en aquella bata¬
lla; por tanto debe entenderse más bien que se trata de una ba¬
(

IB)

(19)

Blanco Freijeiro, Antonio! Monumentos romanos de la conquista de Galicia, p. 97 ; en

La Romanización de Galicia, «Cuadernos del Seminarlo de Estudios Cerámicos de
Sargadclos", La Coruña, 1976.
López Cuevillas, Florentino! La Civilización Celia en Galicia, p. 65. También se ex*

tendiun por las sierras de Jurés, Peneda y Laboreiro.
Plinio Segundo, Cayoi N. H. 111, 28. Tranoy, A.« >1 propos des Callaeci de Pline, en
Brararu Augusta, 1977, p. 228.
(21) Schulten, Adolfoi Fontes Htspaniae Antiquar, V, pp. 140 y 139.
(20)

í
211

talla determinada y sangrienta en extremo 22 No puede referir¬
se a toda la guerra lusitana, en cuyo caso Orosio no tenía por
qué mostrar asombro de que se hubieran causado tal número
de muertos y prisioneros. Tampoco estaría justificado el hecho
de que Bruto recibiese el sobrenombre de Galaico. Pero, sobre
todo, no se recordaría en una fecha determinada, como lo hace
Ovidio, el 9 de junio, coincidente con la fiesta de las Vestales y
con el señalado aniversario de la recuperación de las insignias
romanas perdidas por Craso y recuperadas con la victoria, que
hemos mencionado, de Ventidio Basso sobre los partos.
La explicación más obvia es que ante el peligro, que indu¬
dablemente amenazaba a su independencia, si Bruto pasaba el
Duero, por constituir este río su mejor defensa natural, acudie¬
ron de la Galicia Trasmiñota, y aun de la Galicia entera, gru¬
pos de voluntarios, cuyo auxilio pidieron los lusitanos. Entre
éstos se destacaron los galaicos, como más previsores y más de¬
cididos, quienes por medio de las hogueras y emisarios anunciaron el peligro, que amenazaba a todas las restantes tribus de
Galicia, y lograron que éstas respondieran a su llamada angus¬
tiosa con la aportación de todos los que podían portar armas.
Este conjunto, como da a entender Orosio, al aplicarles la cali¬
ficación de incautos, luchó con ciego coraje y decisión valiente,
pero sin pericia militar, o, como hemos dicho en otra publica¬
ción pelearon «todos a una» 23.
Así se explica el hecho de que un ejército romano que no
pasaría de 15.000 hombres diese muerte a 50.000 y cogiese a
6.000 prisioneros.
Sólo pudieron salvarse con la fuga 4.000. Sin embargo el
hecho de que Bruto, en el día de su triunfo en Roma, prefiriese
el sobrenombre de Galaico, al de Lusitano, u otro cualquiera, es
una prueba de que supo apreciar en alto grado la valentía de
los gallegos.
Por otro lado, el hecho también de que dicho General ro¬
mano no encontrase resistencia armada en su campaña desde
el Duero hasta la desembocadura del Miño, también constitu¬
ye una prueba fehaciente de que Galicia respondió con gene¬
rosa aportación al llamamiento de los lusitanos, hasta tal pun(22)

(23)

L_

LA GALICIA HOMAN A

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Orosio, Paulot Oc. V, 5, 12.
Rodriguez, Casimiro) La Conquilla Romana de Galicia en la Romanizo
Galicia. «Cuadernas de Estudios Cerámicos de Sargadelos», XVI, p, 15.

Jorres

29

todos los que pudieran portar armas, aun a true¬
que de dejar sin defensa su territorio en manos de mujeres y ni— _ y tener que acudir al miedo supersticioso, como último re¬
=nos,
curso de su ingenio, para detener a los romanos en el río Limia.
También aboga en favor de la gran importancia de esta
batalla y de que las cifras dadas por Orosio no sean tan exage¬
radas como se les suele tachar, la circunstancia de haber cons¬
truido en Roma un templo en honor de Marte, en cuyo frontis¬
picio hizo grabar los versos de su amigo L. Acio, pues no sabe¬
mos que Bruto hubiese ganado otra batalla de tan sangrientas
proporciones y de tan ventajosas consecuencias 2\
Bruto astutamente dejó que los gallegos pasaran el Due¬
ro; tal vez después los fue empujando por la orilla izquierda
hasta su desembocadura; en junio, fecha de la batalla, las
aguas del Duero son muy caudalosas por el deshielo de la nieve
de las montañas, lo cual dificultaría todo intento de fuga.
Posiblemente ya cerca del Océano los consiguió acorralar
y casi aniquilar. Con lo que logró dos objetivos: primero un cosus belli, o pretexto de guerra, para seguir adelante su campa¬
ña; en segundo lugar, el aniquilamiento de toda resistencia ar¬
mada, dado que Galicia había puesto enjuego todos sus recur¬
sos bélicos en esta batalla.
En su marcha costera, o sea, a la vera del mar Atlántico,
los ríos eran el principal obstáculo y sobre todo el caudaloso
Duero; también lo fue el Limia, aunque en menor escala, y el
Miño, límite norteño de su campaña. De ahí que supongamos
que la batalla se dio en la orilla izquierda del Duero y en lugar
próximo a su desembocadura. No parece aceptable la opinión
de que tuviera lugar en la toma de la ciudad de Braga, inexis¬
tente, a la sazón, como ciudad, y dudosa como oppidum, pues
como su nombre indica Bracara Augusta debe a Augusto su
nombre y su fundación. Los brácaros ofrecerán resistencia y
tratarán de cortar sus provisiones al regreso de su expedición.
Si la batalla del Duero fue importante para el Imperio Ro¬
mano, lo fue mucho más para Galicia, puesto que con esta es¬
pecie de bautismo de sangre recibe su nombre actual toda la
lo de enviar a

(21)

del Largo Argentina, Roma, 1930, p. 45. Blanco Freijeiro, Antonio» Monumentos ro¬
manos de la Conquista de Galicia, en Cuaderno» del Seminario de Estudios Cerámi¬
cos de Sargadelos, 16, p. 98.

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:»o

CASI Ml HO TORRES HODIUGLLZ

Región Gallega y toda ella abre las puertas a la cultura romana, o sea, a la cultura universal. Décimo Junio Bruto de ella re¬
cibió el sobrenombre de Galaico, con lo cual vino a valorar el
heroico comportamiento de los gallegos en esta batalla.
3. El paso del río Limia

Aniquilados los contingentes de fuerzas gallegas, que ha¬
bían acudido en masa en auxilio de los lusitanos y en previsora
defensa de su propia independencia, Bruto, como buen estrate¬
ga, trató de sacar todas las ventajas anejas a la victoria obteni¬
da y a la derrota causada a los gallegos.
No existía impedimento jurídico que prohibiese el avance
sin permiso del Senado; puesto que los galaicos habían provo¬
cado el casas belli, o sea, habían dado motivo a la justa repre¬
sión, ésta correspondía al propio procónsul romano.
Tampoco existían fuerzas de reserva que pudieran opo¬
nerse a la campaña de castigo, o de conquista; porque tal vez
habían acudido a la batalla todos los hombres aptos para la
guerra. Esto no quiere decir que la campaña iba a reducirse a
un simple paseo militar, puesto que como dice Apiano: «tenien¬
do siempre que combatir recorrió muchas tierras, exigiendo re¬
henes a los que se sometían.» 25.
No obstante, la resistencia armada no fue importante. En
cambio, al llegar al río Limia, los soldados romanos se encon¬
traron con otro tipo de resistencia.
No teniendo recursos a qué apelar, el ingenio gallego trató
de detener las armas romanas por medio del temor supersticio¬
so. Se extendió la noticia entre los legionarios romanos de que
las aguas del Lethes, o Limia, como las del Letheo, río de los
infiernos, producían el olvido del pasado, de sus familias, de BU
patria, de su vida anterior, y, además, causaban la muerte.
Esta conseja supersticiosa se reforzaba con la leyenda de
un suceso que recoge Estrabón: de que los túrdulos de Andalu¬
cía llegaron a la comarca de Limia, se olvidaron de su patria y
se asentaron en esta región 26.
(25) Aplano Alejandrino! Ibérica, LXX, 3.
(26) Estrabón i ill, 3, 5. El lento, según la traducción de A. G. Bellido, « España y los
es¬
pañoles hace dos mil años...», dice asi: «Estos los célticos emprendieron
con los tuordouloi una campaña, y dicen que pasado el rio Limia desertaron; y como tras la reyerta ad\ míese la muerte de su jefe, permanecieron allí dispersos, lo que hizo que a
este rio se le

llamase también Lelhes>.

1

Li

LA GALICIA ROMANA

31

Este mismo temor supersticioso puede apreciarse en el
cronista Hidacio, del grupo étnico de los límicos, Obispo de

Chaves, quien en los últimos años de su vida, o sea, hacia el
468 d. C., al ver desaparecido el apoyo romano, busca en los te¬
rrores de la superstición el medio de contener los abusos de los
suevos. También se valieron los campesinos gallegos de idénti¬
co recurso contra los abusos de los Señores en la Edad Media.
Lejos de causar hilaridad esta superchería, desmoralizó de
tal manera a las tropas romanas, que se negaron a seguir ade¬
lante. Ni siquiera los portaestandartes se atrevieron a cruzar el
rto. Fue preciso que el propio Bruto arrebatara el estandarte a
un abanderado, y, yendo delante, lo atravesara, y fuera lla¬
mando uno por uno por su propio nombre a cada uno de los sol¬
dados de las primeras filas, para que se decidieran a atravesar¬
lo. La acción de pasar el Limia, si bien de poca monta, en frase
de Masdeu, le dio gran fama y prestigio entre sus soldados, y la
referían como la más memorable del procónsul Bruto 27.

La línea del Miño, etapa final de la campaña
Prosiguió con facilidad su marcha victoriosa hasta el
Miño. Desde luego caminaba a corta distancia de la costa y
quizá a la vista de las naves, que le seguían con víveres y per¬
trechos.
Parece haberlo cruzado cerca de su desembocadura por
dos razones. La primera por lo que dice Estrabón: «En su de¬
sembocadura hay una isla con dos muelles, a los que pueden
arribar los barcos... Aquí terminó la expedición de Bruto.» M.
García Bellido opina que se trata de la isla de Canosa, o la
Airiño do Pasaxe, frente a Santa Tecla, «donde se alzan toda¬
vía las importantes ruinas de un castro coetáneo de Estrabón»
29 Sin embargo, tal vez se refiere a la península de La Guardia,
en la que se levanta el monte de Santa Tecla y que tiene un
puerto y se asienta en la falda de eBte monte la actual villa de
La Guardia.
La palabra griega vfjóos- tiene tntre los clásicos helenos,
además del significado de isla, el de península 30. La segunda, es
por lo que dice Floro: «Recorrió vencedor el litoral del Océano,

4.

Masdeu, Francisco! Historia Critica de España, 11, 274, p. 362.
Estrabóm 111, 3, 4.
(29) García y Bellido, Antonio! España y los españoles hace dos mil años, según la Geogra¬
fia de Strabón, III, 3, 4, nota 182, p. 129.
(30) Sófocles! Edipo en Colono, 675.

(27)
(28)