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Un Nuevo Sistema Operativo Social y Económico

Un Nuevo Sistema Operativo Social y Económico

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Propuestas para un nuevo sistema operativo social y económico con refuerzo de los procomunes, recapitalización y mayor innovación social y una democracia 3.0 con el estado como plataforma pública y abierta.
Propuestas para un nuevo sistema operativo social y económico con refuerzo de los procomunes, recapitalización y mayor innovación social y una democracia 3.0 con el estado como plataforma pública y abierta.

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Escuela de Verano de UGT | 2010

Un nuevo sistema operativo social y económico
Juan Varela Periodista y consultor de medios. Director de Mediathink Consultores. Autor del blog Periodistas21.com

Ecosocialismo, cibersociedad, innovación social y cuarto sector. Son los posibles ejes y pilares de desarrollo para la sostenibilidad y una democracia 3.0: más participativa, abierta y que aproveche a fondo las ventajas y desafíos de la tecnología. Vivimos el reto de reinventarnos como sociedad. El capitalismo corporativo ha demostrado su incapacidad de asegurar el futuro de una sociedad orientada a lograr el mayor bienestar de sus miembros. A evitar las grandes desigualdades que están en el origen de la mayor parte de los conflictos sociales, económicos y políticos, y excluyen a tantas personas de los beneficios del desarrollo. Movimientos como el ecologismo, el software libre, el trabajo en red, el ciberactivismo y la colaboración social en internet –como la de los participantes en Wikipedia o en tantas redes y servicios sociales- vuelven a demostrar el poder de la participación, el conocimiento y la tecnología para realizar tareas y lograr objetivos imposibles tanto para los particulares como para la mayoría de instituciones o empresas. Pero también para hacerlo sin pensar en un rendimiento económico y personal inmediato. Grupos de personas se unen para realizar tareas inasumibles individualmente. Y lo hacen en busca de bienes comunes, de beneficios para todos y para cada uno de ellos sin exigir una rentabilidad económica particular. Invierten en bien común, en futuro y en beneficios sociales. Y lo hacen además haciendo lo que más les gusta y para lo que están preparados por su educación y habilidades. Con procesos, iniciativas e ideas abiertas a la participación y pensadas para ser compartidas, porque la unión de los esfuerzos y conocimientos de muchos es mayor que la suma de la capacidad y poderes individuales. La máxima fundamental de todos estos movimientos tecnológicos y del conocimiento es que cuanto mayor desarrollo, cuanto más eficientes sean y mejor funcionen los sistemas y herramientas comunes, más posibilidades de desarrollo personal y empresarial, más facilidad para crear nuevas herramientas, servicios, contenidos y aplicaciones. La vieja tragedia de los comunes enunciada por Garrett Hardin, invertida para convertir lo de todos en el mejor ecosistema para el beneficio de la sociedad y de cada uno. Un desarrollo que al mismo tiempo impulsa la innovación en el sector privado al estimular y exigir la oferta de productos y servicios de mayor valor añadido, con mayor eficiencia y una mejora en los costes, la gestión y la distribución, como han demostrado las iniciativas de

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Muhammad Yunus, el inventor de los microcréditos, en Bangladesh y sus empresas sociales en colaboración con empresas como Danone o Nokia. La clave del desarrollo de la cultura, la ciencia y la innovación en una sociedad del conocimiento es poner a disposición de los ciudadanos los sistemas y plataformas necesarios para conseguir el mayor avance social, cultural y económico. Dotar a los ciudadanos de las redes necesarias para asegurar la cobertura social imprescindible para orientar su actividad a conseguir mayores beneficios para todos.

Reducir la desigualdad es la tarea principal. Cuanta menor desigualdad social, económica y de conocimiento, mayores son las oportunidades de que unas personas se reconozcan con otras y emprendan tareas comunes en una identidad democrática. En el eje de ese objetivo está dotar a los ciudadanos del máximo de bienes comunes, de aquellos que reúnen dos características: son otorgados, constituyen la herencia común de una sociedad, y son compartidos, pertenecen a todos y nadie debería tener el poder de privatizarlos. Son los procomunes (commons): los bienes que pertenecen a todos, a la colectividad de unos mismos intereses, comprometida con su enriquecimiento y legado, y que aprovecha esos bienes en una cadena de valor para crear otros. En definitiva, esos bienes de los que todos somos usuarios, clientes y accionistas. Los procomunes son bienes materiales --como la naturaleza, los espacios públicos y los elementos fundamentales para la supervivencia del ecosistema-- y bienes inmateriales como las ideas y el conocimiento, que permiten el desarrollo de la cultura y la ciencia, pero también la sociedad y sus instituciones.

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En esa característica de propiedad común, rentable para todos, reside también el eje de sus problemas. La causa está en la distinta naturaleza y funcionamiento de los dos principales sistemas operativos en los que vivimos: la democracia, nuestro sistema operativo político; y el capitalismo, el sistema operativo económico único desde la caída del Muro de Berlín. La democracia es un sistema abierto y público, donde todos están representados. Es fácil de infectar por el poder económico y las ideas emanadas de su influencia, sobre todo cuando se aleja de la política y los objetivos comunes para simplificarse hasta la caricatura con el economicismo y la idea de que no caben alternativas. La democracia maneja procomunes: los recursos públicos, las instituciones, las leyes, los servicios públicos, etc. y busca (o debería hacerlo) el bien común. El capitalismo es un sistema cerrado y privatizado, donde unos pocos concentran el poder y la decisión. Su objetivo es el beneficio privado, el de los accionistas y gestores de las empresas. Codicia la riqueza de todos, los procomunes, para convertir el máximo de bienes, productos y servicios en privados y así aumentar su rentabilidad para unos pocos. El capitalismo ha pasado de la escasez de capital para crear y desarrollar negocios a una abundancia donde el problema no es ya mejorar y expandir la economía productiva, sino cómo conseguir mayores beneficios. Una gran parte del capital y sus recursos de gestión e innovación no está dedicada a la producción de bienes y servicios, sino a asegurar la máxima rentabilidad del capital. Ese mecanismo ha exagerado el expolio de los bienes de todos y ha conducido a la mayor crisis económica de los últimos años, que aún estamos sufriendo. Pero, ¿pueden entenderse y colaborar capitalismo y democracia para aumentar el bienestar común? La respuesta a menudo es que sí. Pero la experiencia muestra los límites de la regulación política y social frente a la codicia económica ilimitada. Sólo si el objetivo principal del sistema operativo de la democracia olvida el reduccionismo económico y se vuelve a situar a la persona y a la sociedad en el centro del proceso se asegura la lucha por el bienestar público e individual de todos. La sociedad está obligada a innovar y reinventarse con orientación social para conseguir la mayor participación, colaboración y beneficios para todos. Una sociedad innovadora es la capaz de desarrollar nuevos sistemas y herramientas para asegurar la cohesión social, proteger y garantizar los procomunes, reducir la desigualdad y dotar a los ciudadanos de los conocimientos y destrezas necesarios para aprovechar las oportunidades y responder a los desafíos. La condición del éxito de las modernas sociedades es su capacidad para inventar, desarrollar y adoptar los nuevos códigos y los nuevos sistemas operativos.

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Como dice el filósofo Daniel Innerarity1, “las sociedades innovadoras consiguen aunar el capital humano con sistemas educativos de calidad, con sistemas de políticas públicas y entornos institucionales que premian las nuevas y buenas ideas”. Son sociedades capaces de responder a los desafíos complejos y a los ritmos vertiginosos de la innovación tecnológica, científica y económica con políticas para estimular y aprovechar la innovación y evitar la exclusión. En definitiva, asegurar el saber y el conocimiento, además de los servicios públicos y sociales necesarios para estimular la innovación y ampliar el acceso de los ciudadanos a sus beneficios. En el centro de ese proceso de impulso de la sociedad innovadora está la reinvención de los sistemas operativos utilizados en las instituciones, las organizaciones, las empresas, etc. Para mejorar el funcionamiento de la sociedad y la economía es imprescindible no trabajar sólo sobre los efectos, sino cambiar el código, el sistema operativo que rige cada una de las áreas en crisis o cuestionada por los cambios modelos y paradigmas productivos, económicos, sociales, de consumo y de conocimiento. Esa reingeniería precisa una nueva redefinición del espacio y los bienes públicos, pero también de los modelos de propiedad y producción hacia la economía P2P (según el clásico ensayo de Michel Bauwens), basada en la participación en el conocimiento y los bienes compartidos; el capitalismo 3.0 de Peter Barnes y sus derechos y gestión de los procomunes; la sociedad del protocolo, reseñada por David Brooks, donde los grupos de instrucciones necesarios para las aplicaciones de cada campo social o económico se convierten en bienes más valiosos que los físicos; o la globalización inteligente promovida por la Rockefeller Foundation y los nuevos modelos de filantropismo empresarial nacidos sobre todo en los Estados Unidos. Modelos económicos y sociales donde el beneficio propio no atenta ni conspira contra los intereses comunes, sino que se empeña en la creación de riqueza, valores, nuevos productos y servicios, y en la innovación social y económica. Modelos sostenibles ligados a valores sociales y éticos donde los métodos, el conocimiento y la tecnología empresarial y de la globalización se utilice para mejorar el bien común, con proyectos sin ánimo de lucro, orientados a obtener y mantener los recursos necesarios para lograr sus objetivos sociales y comprometidos con la escalabilidad y el desarrollo sostenible. Donde el objetivo principal no es maximizar el beneficio de los accionistas, sino sostener la actividad profesional y social de sus impulsores. Negocios sociales como han sido definidos por Muhammad Yunus: “Una clase de negocios dedicados a resolver problemas sociales, económicos y medioambientales”2.

El elemento clave para la reprogramación de esos sistemas es el fortalecimiento de los procomunes, los bienes de todos cuyo uso y desarrollo permite crear mayor riqueza y sostenibilidad, tanto en los proyectos públicos como en los privados. Los procomunes tradicionales agrupaban los bienes comunes en tres grandes ámbitos:
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Daniel Innerarity, Ander Gurrutxaga ¿Cómo es una sociedad innovadora? Innobasque 2009. Muhammad Yunus. Building Social Business. PublicAffairs 2010

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La naturaleza: el aire, el agua, los espacios naturales, las costas, etc., pero también el ADN, el genoma, los animales, las plantas y todos los seres vivos; los recursos naturales como los bosques, los ríos, los lagos, el mar; y los recursos minerales o para la producción de energías sostenibles como el viento, el sol, etc. Los bienes comunes o públicos: el espacio público, las ciudades, las vías públicas, las instituciones sociales, los centros cívicos, las leyes, los estándares, las medidas, pero también las instituciones abiertas y creadas y pensadas para el uso ciudadano, de las universidades o las bibliotecas a los mercados. El conocimiento: la cultura y la ciencia: el lenguaje, la filosofía, la religión, la física, la medicina o la electrónica y todas las creaciones colectivas, de las artes y la música a las matemáticas o el software libre, que con la colaboración de muchos se crean, crecen y permiten a otros seguir participando, creando y aumentando conocimiento y valor. Junto a esos tres dominios debemos incluir los servicios públicos. Entre ellos, los más importantes y universales son la sanidad, la educación, la atención a la dependencia y la lucha contra la exclusión social (la pobreza, la marginación, el paro de larga duración, etc.) Y reforzar el dominio público inmaterial: todos los contenidos, datos, conocimientos, productos y servicios financiados con dinero público y que deberían redundar en beneficio de toda la sociedad. En la sociedad del conocimiento la clave es el saber y los elementos necesarios para su desarrollo y distribución. A diferencia de los bienes físicos, los intelectuales no son ni limitados ni se extinguen por su uso y difusión, sino que ganan más valor y utilidad. El gran desafío de hoy es crear la red necesaria para una sociedad donde el conocimiento y la innovación son la prioridad porque aseguran la mejor combinación de capital humano, social, científico, tecnológico, cultural y económico. Los servicios sociales, la cultura, la ciencia y el conocimiento pertenecen a los procomunes. Es un ecosistema de servicios, contenidos y conocimiento que sólo existe, tiene valor y es útil cuando es empleado, difundido y mejorado por la sociedad. Si no se distribuyen y comparten pierden valor, bien porque no son útiles para la sociedad, porque quedan confinados al disfrute privativo de unos pocos o porque excluyen de sus beneficios a la mayoría. En la economía de la abundancia ya no es la escasez y la falta de acceso lo que indica el valor de los bienes, sino su difusión, su capacidad y atractivo para ser compartidos entre más personas y su potencial de movilizar y animar la participación. Para el manejo de la abundancia es necesario un nuevo sistema operativo donde el bienestar social y el desarrollo inteligente determine y oriente la actividad principal del Estado y las instituciones y organismos públicos, la sociedad y los emprendedores sociales. Un cambio de modelo cultural y de actitud para superar el excesivo consumismo, animado por los años de crecimiento económico y dinero barato, para apostar por un crecimiento inteligente, sostenible y social, donde los servicios básicos y el bienestar social sean la plataforma universal sobre la que se construye una sociedad creativa y productora de valor añadido en todas sus actividades.

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Reconstruir la economía implica avanzar hacia una nueva sostenibilidad: social, económica y medioambiental, tal como ha sido definida por la Fundación Ideas:

Sostenibilidad económica, para que las generaciones futuras tengan más activos que pasivos. Para alcanzarla, es necesario aumentar la renta per cápita, mejorar la productividad, aumentar la calidad de la educación y del sistema de formación profesional, y generar un elevado volumen de empleo para niveles de cualificación medios y altos. Sostenibilidad social, para que las generaciones futuras tengan más oportunidades que la generación presente. Para ello hay que mejorar la distribución de la renta, lograr una plena cobertura del sistema de dependencia, o fomentar la conciliación familiar y la racionalización de los horarios laborales. Sostenibilidad medioambiental, para que dejemos a las generaciones futuras un entorno natural igual o mejor que el actual. Debemos reducir las emisiones contaminantes, y lograr una mayor eficiencia en la utilización del agua, el suelo y otros recursos naturales. La lucha contra el cambio climático y la protección del medioambiente abren, además, nuevas oportunidades de empleo en la economía española. Lograr esta sostenibilidad implica conseguir una serie de objetivos cuantitativos que implican una fuerte reestructuración de la economía. Los expertos de la Fundación Ideas los han agrupado en una serie de objetivos cuantitativos para un nuevo modelo en 2025.

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Un modelo que requiere una agenda plurirreformista denominada de las 4Rs: Renovación empresarial. Aumentar en un 50% la tasa de creación de empresas, aumentar en un 100% la inversión empresarial en I+D+i. Recapitalización laboral. Una tasa de crecimiento de la productividad del trabajo en torno al 2%, una tasa de temporalidad igual a la media europea, un modelo de incentivos que combine la estabilidad laboral con la movilidad interna y externa de los trabajadores: estabilidad, movilidad, calidad y productividad. Reestructuración del sector público. Un Estado Dinamizador; esto es, un Estado internamente dinámico en su funcionamiento y externamente dinamizador de los agentes económicos y sociales. Acelerar el proceso de incorporación de las nuevas tecnologías al funcionamiento de la Administración, y garantizar la integración total de los servicios, en muchas ocasiones desconectados entre los diferentes niveles territoriales. Reorientación del sector financiero. Recuperar la normalidad en el flujo de crédito al sector privado, consolidar su posición de liderazgo mundial y transformar su modelo de negocio para financiar menos actividad inmobiliaria y destinar recursos financieros a las actividades emprendedoras, creativas e innovadoras de los nuevos sectores productivos. A esas 4Rs como elementos principales de una estrategia para asegurar la sostenibilidad y el desarrollo, debe sumarse el refuerzo de los procomunes y la recapitalización social para asegurar una sociedad innovadora y del conocimiento. • • • Una sociedad donde las personas disfrutan de los elementos y capacidades básicas para afrontar en las mejores condiciones los desafíos del mundo actual. Donde se desarrollan espacios interactivos de aprendizaje –social, cultural, económico y laboral- con amplia disponibilidad de cultura libre de dominio público. Donde el tejido del Estado del bienestar establece una red social sostenida por servicios públicos que aseguren la sostenibilidad necesaria para reducir las desigualdades y el riesgo de exclusión social, además de mejorar los derechos sociales y económicos de la ciudadanía.

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Los datos, la información y el conocimiento –cultural, científico, etc.- de dominio público son la herramienta para el desarrollo y el crecimiento de los ciudadanos y de las iniciativas personales y colectivas. La publicación digital de esos datos por el Estado y los organismos públicos permite crear aplicaciones de realidad aumentada y utilizarlos a través de las nuevas tecnologías para la gestión del territorio, los recursos y la vida diaria. Con la publicación digital y el acceso abierto a la información pública se abren mayores posibilidades para la participación y el control democrático a través de aplicaciones de uso sencillo –web, móviles, wikis, etc.-, pero además se facilita el desarrollo económico y de nuevas tecnologías. Es una barrera contra la corrupción y el despilfarro de los recursos públicos, pero además facilita la gestión de los ciudadanos y las empresas, ejerciendo un poder dinamizador tanto interno –en la Administración- como externo. Los principios fundamentales de ese gobierno abierto deberían ser: Comunicación. Usar las nuevas tecnologías para comunicarse con los ciudadanos, tanto en procedimientos administrativos como de otra índole, con canales de diálogo permanente. Transparencia. Acceso con las menores restricciones legales a los datos, informes y decisiones de la Administración. Participación. Hacer accesibles y reutilizables los datos públicos a través de portales y herramientas digitales fáciles de usar: un Google de la Administración, muy necesario en el Estado autonómico. Domino público. Devolver a los ciudadanos lo que es suyo. Liberar de derechos de propiedad la información pública y los contenidos de todo tipo pagados con fondos públicos. Responsabilidad y servicio público. Los ciudadanos deben poder identificar a los funcionarios públicos y exigir su responsabilidad informativa. Rendición de cuentas. Publicación y acceso a las cuentas públicas y cómo se gestionan. Debate legislativo. Permitir el debate y voto consultivo de los ciudadanos a proyectos de ley antes de su tramitación parlamentaria. Accesibilidad y neutralidad tecnológica. Eliminar las barreras para acceder y compartir la información pública. Es la fórmula de la democracia 3.0: datos + gobierno abierto + tecnología = más transparencia, mejor política. Los servicios públicos y los derechos universales de ciudadanía deben ser la plataforma que asegure a los ciudadanos la protección necesaria contra la exclusión y la pobreza. El objetivo es asegurar las oportunidades y la cobertura social en la base de la pirámide, para quienes más los necesitan, y aumentar gradualmente los servicios y su calidad. Una recapitalización social que apoye a los ciudadanos cuando más lo necesitan y en todas las actividades y prestaciones necesarias para mejorar su capacidad personal, social, laboral, etc.

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En España la mayor parte de los servicios sociales son prestados por el sector público, con muy poca participación del sector privado y las fundaciones y ONGs. La iglesia es el otro proveedor tradicional a través de la educación y la caridad, fundamentalmente. Existe un enorme espacio para el desarrollo de iniciativas del cuarto sector. Servicios y prestaciones públicas y sociales sin ánimo de lucro, gestionadas con dinamismo y que respondan a los retos de una sociedad en constante cambio y desarrollo. Servicios sociales que vinculen a administraciones, empresas, colectivos sociales y ciudadanos en el desarrollo de plataformas de cobertura y desarrollo social que redundan en beneficio de todos.

Fuente: Fundación Ideas 2010 Áreas como la educación –temprana, medioambiental, tecnológica y de la sociedad de la información, científica, cultural, etc.-, el mantenimiento y gestión del territorio y los ecosistemas, la dependencia y los cuidados de larga duración, la atención y asistencia a domicilio -tanto a mayores como a niños, dependientes, etc.-, las ayudas a las familias y a los colectivos sociales, la lucha contra la pobreza y la exclusión, etc. todavía tienen un enorme potencial de crecimiento. Gran parte de esas nuevas áreas de cobertura y desarrollo de servicios sociales son el ámbito adecuado para la innovación abierta y participativa, los emprendedores sociales y la gestión colectiva. Su financiación depende de los recursos públicos, pero también del desarrollo de nuevos productos financieros –finalistas o de incentivos y desgravaciones para donantes- y de la gestión y aprovechamiento del dominio público, cuyas tasas e impuestos para su utilización privada y comercial deberían redundar en la financiación de las actividades sociales.

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¿Es suficiente la economía para conseguir estos objetivos? La respuesta es no. Necesitamos un nuevo sistema operativo social y económico para que los usuarios, los ciudadanos, a través de diferentes programas y aplicaciones (objetivos y tareas concretas), gestionen, se entiendan y utilicen los recursos que constituyen el hardware y el software de la sociedad y la economía. Esa apuesta por la innovación social es la mejor estrategia para superar las limitaciones de un pensamiento conservador, economicista y conformista. Una cultura donde el consumismo desplaza a los valores y a la lucha por una sociedad más justa y con mayores oportunidades para todos. Vivimos en una sociedad de la información donde la tecnología, la ciencia y el conocimiento son más importantes que nunca para el desarrollo. Una sociedad en red donde la transparencia, la capacidad de los ciudadanos de trabajar y colaborar, de compartir y participar, es mayor que nunca gracias a las herramientas que facilitan la gestión, publicación y distribución de todo tipo de información y contenidos. Una sociedad donde gracias a la tecnología las innovaciones y los desafíos se expanden con la mayor rapidez. Tanto que a menudo los sistemas tradicionales, las estructuras sociales, la política, las regulaciones, etc. son demasiado lentas para adaptarse. Y lo peor no es el retraso en la adaptación, sino la asunción de hábitos pasivos y consumistas respecto al uso de la tecnología y su potencialidad para mejorar el entramado social, cultural y económico. El economista y premio nobel Joseph Stiglitz ha avisado que el estado nación, el centro de poder de los últimos siglos, desde el advenimiento de la modernidad, ha sido superado por la aceleración de las transformaciones económicas, originadas principalmente por el impulso tecnológico. Hasta el punto de que “la globalización económica ha sobrepasado la globalización política”. Daniel Innerarity, uno de los filósofos españoles que más ha abundado en las nuevas características de la política cree que “los estados son demasiado lentos en relación a la velocidad de las transacciones globales. La formación, la política y el derecho no aguantan el ritmo del mundo globalizado”. El resultado es una despolitización de la sociedad en el sentido de que todo parece dominado por la medida del mercado y la visión más economicista de la sociedad. Pero existen alternativas basadas en la reducción de las desigualdades y en la rentabilidad social, más allá de los beneficios económicos. Es el antídoto contra lo que se ha llamado la patología del capitalismo: la destrucción de la naturaleza, el aumento de la desigualdad y su fracaso para aumentar la felicidad de los ciudadanos. Sobre todo cuando esa felicidad se considera como algo más que pasión consumista. La sociedad española ha avanzado enormemente en los últimos años. Las rentas han crecido y la desigualdad es a veces menos perceptible en un sistema de hiperconsumo, pero nuestro ratio de desigualdad es todavía del 5,4 entre el 20% de la población con renta más alta y el

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20% de la más baja (Eurostat, 2008), por encima del 4,9% de la UE-15, del 4,8% de los 21 e incluso de la tasa del 5% si se toma el ratio de los 27 países de la UE.

España ha conseguido reducir la desigualdad entre 1997 y el año 2000, pero no lo suficiente. La crisis y el impacto del desempleo, especialmente el de larga duración, vuelven a poner en peligro la cohesión social.

Si se analiza en términos comparativos, el riesgo de pobreza todavía es grande en España, un 20% frente a una media de la Europa de los 15 del 16% y del 17% con los 27 países miembros. Pero además, España es uno de los países en los que menos se han aprovechado las transferencias de capital europeo para reducir ese riesgo: un 4% menos que la Europa de los 15, según los datos de Eurostat.

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Otro de los grandes déficits de la sociedad española es la educación. A pesar de los avances de los últimos años, la educación temprana, la secundaria y la formación profesional, y los estudios universitarios y de doctorado no están todavía al nivel de los países de nuestro entorno ni al de las necesidades demandadas por la sociedad del conocimiento en un mundo competitivo.

La formación continúa siendo uno de los déficits en el entorno laboral, como muestra el gráfico de la Fundación Ideas, mientras la Comisión Europea ya defiende un crecimiento inteligente, una economía basada en el conocimiento y la innovación, para la que impulsa la lucha contra el abandono escolar temprano, del 30% en España frente a un 16% de media

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europea, y que la Comisión quiere reducir hasta el 10% en 2020. La estrategia de crecimiento inteligente europeo aboga por alcanzar el 40% de universitarios en ese año. Uno de los elementos fundamentales de esa nueva estrategia es la educación 2.0: la alfabetización digital desde la escuela y la transformación de la educación en un sistema abierto, con mayor participación de alumnos, docentes y familias. Un sistema donde las tecnologías de la información sirvan no sólo para familiarizar desde edad temprana a los alumnos con la tecnología, sino para usar sus capacidades dinámicas, sociales y de innovación y crear un espacio interactivo de aprendizaje permanente. Un sistema basado en las cuatro Cs de la escuela 2.0: comunicarse, compartir, colaborar, confiar más allá de los proyectos de digitalización de las aulas. Un sistema que evite crear tecnodependientes gracias al uso de software libre y contenidos con derechos liberados para la educación (como los del Proyecto Agrega3). Materiales creados por la comunidad educativa, de dominio público para todas aquellas obras sufragadas con becas y subvenciones, y la reforma del servicio universal de telecomunicaciones para conectar con banda ancha todos los centros educativos públicos (lo mismo que otros centros públicos como bibliotecas, archivos, espacios cívicos, etc.) Educación 2.0 son profesores con redes, blogs, wikis y herramientas digitales para crear, reunir y utilizar material para sus clases. Docentes animados a olvidarse de los derechos de autor de los textos escolares y preocupados por crear materiales multimedia a cambio de recompensas profesionales y económicas en un sistema de evaluación continua. Y junto a la alfabetización digital, un esfuerzo en I+D para aumentar la inversión, especialmente la empresarial, todavía muy alejada de los volúmenes de los grandes países europeos y de las economías más innovadoras.

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http://www.proyectoagrega.es

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Un esfuerzo que lleva aparejado un cambio en el modelo industrial, pero sobre todo un fuerte cambio cultural y empresarial para primar la innovación y los procesos y productos de valor añadido en todas las actividades económicas. Un sistema expandido de innovación donde la creatividad vaya más allá de la economía y la tecnología, donde los mecanismos de innovación se apliquen a todos los ámbitos sociales y culturales para resolver los problemas de las sociedades complejas con respuestas imaginativas que contribuyan a reforzar la inteligencia colectiva, la interconexión y los lazos de solidaridad entre sus miembros.

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Para hacer frente a estos problemas se necesita una sociedad con mayor inversión en innovación, especialmente en innovación social, con una plataforma de servicios y contenidos públicos y abiertos capaces de fomentar la creatividad y aumentar la productividad y eficacia de la sociedad al tiempo que forman una red social contra la pobreza, la exclusión y los déficits históricos de nuestro país. Lo que requiere construir una nueva economía más innovadora, con mayor inversión en I+D y fundada en industrias y servicios de valor añadido. Y una política orientada a identificar las áreas prioritarias para la innovación social; animar y apoyar a los emprendedores sociales capaces de enfrentarse a los problemas con nuevas visiones y métodos; conectar individuos, comunidades e instituciones a través de nuevas herramientas y técnicas; fijar los incentivos necesarios; hacer escalable y promover la adopción de los proyectos exitosos, y atraer, reunir y generar los recursos económicos y tecnológicos necesarios.

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En definitiva, convertir el Estado en una plataforma para la prosperidad y el bienestar social. Un sistema operativo donde más allá de las funciones clásicas, el Estado se convierte en una plataforma política, social y económica donde los procomunes se convierten en el ecosistema sobre la que se desarrolla la iniciativa de individuos, comunidades, empresas e instituciones. Un sistema político inteligente y abierto, en busca de capital social y de aumentar la participación ciudadana para mejorar el bienestar social. Donde ciudadanos, comunidades, sector público y privado desarrollan instituciones, infraestructuras, contenidos, productos y servicios de forma complementaria para aumentar el valor de la plataforma y su eficacia. El Estado tiene la responsabilidad de sostener y fortalecer los procomunes, los bienes de todos, también de los ciudadanos futuros, y gestionarlos de forma abierta y sostenible. Con orientación social para los servicios públicos y la ampliación del dominio público en busca de beneficios comunes y buscando la rentabilidad social en la explotación de esos bienes –físicos o inmateriales- por las empresas y los ciudadanos en busca de lucro privado. Junto a esa gestión, el Estado debe hacerse más transparente y dinámico hasta convertirse en un gobierno abierto donde se publiquen y compartan el máximo de datos públicos y se hagan transparentes todos los procesos de la administración y la legislación. Incorporar las tecnologías de la información y la comunicación para agilizar y mejorar la política y la gestión pública, aumentar su papel de conexión entre las demandas sociales y los emprendedores que pueden satisfacerlas; orientar los servicios públicos a los resultados e incorporar al cuarto sector (organizaciones híbridas entre las empresas y las ONGs), a las propias comunidades y a los emprendedores sociales en su oferta. En ese nuevo sistema operativo de mayor innovación social, más tecnología y una sociedad más interconectada y solidaria es importante la aparición de dos nuevos actores: el emprendedor social y el cuarto sector. Emprendedor social es una persona que crea y desarrolla soluciones para conseguir objetivos y fines sociales aplicando la disciplina de los negocios y de la innovación. Lidera el cambio atendiendo a la responsabilidad económica, social y medioambiental, los tres ámbitos de la sostenibilidad citados anteriormente. El cuarto sector lo forman organizaciones innovadoras cuyo objetivo es maximizar el beneficio social, no el beneficio financiero. Pueden tener ánimo de lucro o no, pero sus objetivos principales son integrar los propósitos sociales con métodos empresariales y de negocios con el objetivo de maximizar el valor para sus accionistas y trabajadores. Organizaciones híbridas que sobrepasan los límites entre el tercer sector (ONGs, organizaciones sociales sin ánimo de lucro) y las empresas comerciales. Su motivación principal es hacer un mundo mejor, más sostenible y con mayor rentabilidad y posibilidades para las actividades que a menudo quedan fuera de la capacidad o intereses del sector público y el privado.

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Son organizaciones dedicadas a generar recursos que permitan sostener su actividad y objetivos en las mejores condiciones posibles para sus accionistas, profesionales y clientes. La intención no es el lucro, sino alcanzar y sostener sus objetivos, orientados a la igualdad y equilibro social, la sostenibilidad, prosperidad económica y el sostenimiento del medio ambiente. Atributos del cuarto sector: • • • • • • • • • Propósito social. Un compromiso de desarrollo social auténtico en toda la estructura de la organización. Métodos empresariales. Pueden desarrollar cualquier actividad empresarial consecuente con su propósito social y con las responsabilidades de los accionistas. Propiedad inclusiva. Los derechos de propiedad se reparten de forma equitativa entre los accionistas de acuerdo con su contribución a la actividad y los objetivos. Gobernanza. Se comparte información y control entre los potenciales accionistas. Transparencia en el negocio y los resultados Compensación justa. Tanto para empleados como para accionistas y participantes de acuerdo con sus contribuciones. Retornos razonables. Se recompensa a los inversores según límites razonables que protegen la capacidad de la organización de conseguir sus fines. Responsabilidad social y medioambiental. Se compromete a mejorar de forma continua su desempeño social y medioambiental a través de toda su red. Transparencia. Se compromete a una evaluación completa y precisa que reporte su actividad e impacto social, medioambiental y financiero. Recursos protegidos. Este tipo de organización puede fusionarse con otras o adquirirlas siempre que la entidad resultante mantenga también su carácter social. En caso de disolución, los recursos permanecen dedicados a propósitos sociales y no deben utilizarse para ganancias privadas de cualquier persona más allá de los límites razonables de compensación.

Ejemplos: proyectos de software libre, Lonxanet, SocialBid, Oxfam, etc.

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El cuarto sector puede desempeñar un papel esencial en la ampliación y redefinición del Estado del Bienestar, al tiempo que ayuda a reestructurar el sector público para ampliar y desarrollar los servicios sociales para la recapitalización social.

El mayor instrumento para la sociedad en red es un nuevo servicio público de acceso y contenidos digitales. Un instrumento para garantizar a los ciudadanos el acceso universal a los servicios públicos y comunes de la sociedad de la información y sustituir el viejo servicio público de radiodifusión: la radiotelevisión pública. Ese servicio público digital debería ofrecer un acceso universal y gratuito a internet con una oferta y desarrollo de contenidos públicos, sociales y de dominio público. A través de esa red, los ciudadanos tendrían acceso a todos los servicios públicos (urgencias, salud, educación) y de administración electrónica, a los contenidos y servicios de la

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radiotelevisión pública (estatal, autonómica y local), a los contenidos y materiales digitalizados de todo el sistema público de cultura y ciencia (bibliotecas, archivos, actividades culturales y científicas, centros de investigación, etc.) y a todas aquellas iniciativas sin ánimo de lucro cuyo objetivo sea ofrecer a los ciudadanos contenidos y servicios de dominio público. Un sistema de acceso y contenidos gestionado como un procomún de la era digital. Con una definición de red pública, multiplataforma, de servicio y dominio público, participativo y abierto, con contenidos ciudadanos elaborados por y para prosumidores: consumidores y productores a los que se puede dotar de plataformas y herramientas donde desarrollar contenidos públicos y dotarlos de visibilidad y organización, y con gestión sostenible, independiente y transparente. Ese nuevo servicio público digital debería sustituir al de radiotelevisión, cambiar el concepto del servicio universal de telecomunicaciones y el uso de las tasas del espectro radioeléctrico, utilizadas ahora para financiar a las administraciones y a RTVE con el cambio en su financiación. El servicio público de contenidos debería ser además el motor de la innovación, la creación y la comunicación de la cultura, la ciencia y los contenidos sociales más allá del interés de las empresas por ellos. Elementos para la definición de ese nuevo sistema operativo social y de servicio público para estimular, desarrollar, sostener y facilitar la participación ciudadana abierta y la mejora de una sociedad más transparente, formada y solidaria. Una plataforma social donde se asienten las bases para el logro de un crecimiento inteligente, sostenible e integrador como el propuesto como objetivo por la Estrategia Europea para 2020.

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