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Ana Rodríguez Gueimonde

5º Filoloxía Hispánica

Comentario de la secuencia cuadragésimo novena de Tiempo de


silencio: “Y venían los guardias maternales, […] Desde que yo vengo, y
hace mucho de eso, todos han salido.”

La presente secuencia forma parte de la novela titulada Tiempo de Silencio, obra


de Luis Martín-Santos publicada en el año 1962. Este autor forma parte de la llamada
Generación del Medio Siglo. Su obra inicia el experimentalismo narrativo en las letras
españolas. En Tiempo de silencio emplea un lenguaje narrativo totalmente novedoso sin
renunciar a la denuncia social.
En concreto, la secuencia cuadragésimo novena se incluye dentro la cuarta parte
de la obra, parte en la que se narra la detención de Pedro. Este personaje había sido
detenido por ser sospechoso de la muerte de Florita, hija del Muecas a la que Pedro
practicó un aborto. Así, se encuentra recluido en un calabozo y es vigilado por varios
guardias a lo largo de casi setenta y dos horas.
Martín-Santos lleva a cabo en esta secuencia una de las técnicas que caracteriza
su narrativa: presentar una realidad vulgar mediante un enfoque enaltecedor y
mitificador. Por una parte, se alude a un espacio negativo en el que Pedro se encuentra:
“húmedo urinario”, “(haciéndole abandonar el cuchitril lóbrego del calabozo […])”. Por
otro lado, se presenta a los guardias de la prisión como seres amables y educados que se
preocupan por los presos. Así, se les califica de “maternales”, pues “cuidaban” de
Pedro, y de “compasivos socorredores”. Además, se alude al carácter violento de los
guardias al decir que muchos de ellos habían sido boxeadores y, sin embargo, el
narrador los enaltece diciendo que tenían un “noble aire romano”. Asimismo, el guardia
encargado de trasladar a los presos desde las celdas a las duchas aparece tratado como
un ser mágico y divino capaz de transportarlos a una realidad superior donde las duchas
aparentan ser un balneario. También el personaje “ancianísimo” que se ocupa de repartir
la comida a los presos aparece como un gran sabio con conocimientos matemáticos.
Esto contrasta con el tratamiento despectivo que se le da al joven ayudante, del que se
dice que era “un mocito de aire amariconado”.
Cabe notar que el tratamiento enaltecedor de la realidad se lleva a cabo, como se
verá más adelante, a través del lenguaje, pero también mediante las referencias a la
mitología y a la antigua Roma. Así, los pasillos de la prisión son el “enrevesado
vericueto cretense”, es decir, la prisión es como el laberinto cretense construido por el
rey Minos. Además, los guardias poseen “un noble aire romano de boxeadores
retirados” y el encargado de acompañar a los presos a las duchas es “el mágico de las
catacumbas”, pues les traslada desde los lóbregos calabozos al mundo divino que
representan las duchas.
Por otra parte, cabe notar que Martín-Santos emplea en Tiempo de silencio la
narración omnisciente, tal como ocurre en esta secuencia. Dicho narrador incluye en su
discurso intervenciones en estilo directo de los guardias que le sirven para ejemplificar
sus descripciones, como por ejemplo: “[…] y le decía: «Pida usted lo que quiera»,
siempre que no fuera más que una cerilla encendida o ir a orinar.”; “Y si le decía:
«Gracias», el guardia contestaba: «Nada de eso; para eso estamos»”. También emplea el
estilo indirecto: “Y venía otro guardia, ya en edad de ser padre de preso y explicaba
como le había hecho la operación un cirujano […] e indicaba hasta qué punto aquello le
había dejado como vaciada la cabeza […]”.
La omnisciencia del narrador es lo que permite presentar el ambiente carcelario
a través de un lenguaje enaltecedor y culto y de referencias mitológicas. Este contraste
entre la realidad y la técnica empleada para describirla da lugar a ciertas ironías.
Precisamente, es a través de la ironía como mejor se consigue poner de relieve la baja
condición de la realidad y lograr un efecto crítico.
Producto de la intención irónica son el barroquismo de la sintaxis, la hinchazón
retórica y la riqueza lingüística.
En primer lugar cabe notar que su discurso está construido mediante estructuras
anafóricas. Todos los párrafos, excepto dos, comienzan con la conjunción copulativa y:
“Y venían los guardias maternales […]”; “Y venía el guardia cualquiera […]”; “Y si le
decía […]”; “Y venían otros y otros guardias […]”; “Y venían otros dos acompañando
[…]”; “Y venían guardias […]”; “Y venía otro guardia […]”; “Y venía el mágico de las
catacumbas […]”; “Y venían los guardias consoladores […]”. También se observan
estructuras paralelísticas como: “quien era cobrador de recibos del Gas, quien cobrador
de una Mutua recreativa; quien cobrador de un alto Club de campanillas”.
Además, abundan las construcciones coordinadas copulativas: “Y venía el
guardia cualquiera al que le tocaba cuidarle y se asomaba al ventanillo y le decía […]”,
“Y venía otro guardia, ya en edad de de ser padre de preso y explicaba cómo le había
hecho la operación un cirujano famoso y mostraba la cicatriz e indicaba hasta qué punto
aquello le había dejado como vaciada la cabeza y el dolor que sentía todavía a los
cambios de tiempo y cuando aprietan mucho los servicios y cómo […]”. De este modo
el discurso se va concatenando y se obtiene largos párrafos sólo con las pausas que
suponen las comas. Destaca también el quinto párrafo por su longitud y por estar
construido por oraciones subordinadas sustantivas, adjetivas, causales, de gerundio,
finales y coordinadas copulativas: “Y venían otros dos acompañando a un ancianísimo
que repartía rancho, el que, a causa de la fatiga de sus piernas, ejecutaba esta operación
sentado en una silla baja, colocando el caldero humeante entre sus rodillas temblonas,
introduciendo el cucharón con un solo movimiento cada vez hasta el fondo, para coger
siempre, con sabiduría secular, la cantidad precisa, matemáticamente idéntica y dejarla
caer en la escudilla[…]”.
Asimismo, abundan las enumeraciones de adjetivos o sustantivos que sirven
para caracterizar a los guardias: “Y venían guardias especialmente robustos,
especialmente desarrollados, prematuramente encanecidos […]; “Y venían los guardias
maternales, anchos, gordos, altos, […] cajas de cerillas, pitillos, libretitas con apuntes
misteriosos, fotografías de sus hijas, kilométricos de ferrocarril […]”. En este último
caso las enumeraciones se intercalan entre el sujeto y el predicado de una oración: “Y
venían los guardias […] y le socorrían con palabras de hombre”.
Por otra parte, Martín-Santos crea el neologismo “duchero”, que era el
encargado de trasladar a los presos a las duchas y, como ya se ha comentado, es tratado
como un ser divino con poderes sobrenaturales. También emplea varios sufijos
diminutivos en palabras como “libretitas”, “ventanillo” o “mocito” y un sufijo
aumentativo –ísimo en la palabra “ancianísimo” para poner de relieve la elevada edad
de este hombre al que se presenta como un sabio.
Asimismo, se usa un eufemismo para referirse a un guardia, pues en vez de decir
que es viejo se dice que ya estaba “en edad de ser padre de preso”.
Es sobre todo el uso de un léxico culto y de unas expresiones cultas lo que más
contribuye a contraponer el tono elevado del discurso frente a la realidad miserable. Así,
se observa el uso de léxico científico, sobre todo relativo a la Medicina, como
“cirujano” o “cefalalgias”. Abunda también el léxico culto como: “orinar”, “urinario”,
“secular”, “secundado”, “robustos”, “imperiosa”, “sanguinolentas”, “catacumbas”,
“insólito”, “hilos virginales”, “pulían voluptuosamente”, “superficies corporales”. Esto
se contrapone con un léxico coloquial, aunque menos abundante: “gordos”, “rodillas
temblonas”, “amariconado”, “cuchitril”, “cachos”.

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