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reportaje

Viaje a
lade
Ciudad
los
Césares
Durante los últimos cuatro siglos, conquistadores españoles, frailes,
profesores, marinos, nazis esotéricos, montañistas y ufólogos han
buscado la Ciudad de los Césares en un remoto punto de la Patagonia
chilena. Fuimos al valle deVodudahue atraídos por el mito del oro
y la inmortalidad. Esto fue lo que encontramos. Te x t o y f o t o s : R o b e r t o F a r í a s
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d
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espués de muchas horas de viaje en avión, en kilómetros hacia el interior y llega casi al límite con Argentina.
bus, mortificaciones, oleaje, temporales de Creyó que era el paso transoceánico del mito. Desde su relato,
terror y dificultades varias, salto por fin de un la búsqueda se centró en el Comau y el Vodudahue.
pequeño barco y pongo pie en el verde valle de –Y las tres cascadas también existen acá –continúa Rehbein.
Vodudahue al encuentro de Jaime Rehbein, el Miden como noventa metros de altura. Las descubrió en su
último porfiado colono que corta por la mitad las inmensas tie- cuarto viaje, en 1785, fray Francisco Menéndez (rector del Semi-
rras de Tompkins, y le suelto de sopetón: nario Jesuita de Castro, quien murió a manos de los tehuelches
–¿Ha visto la Ciudad de los Césares? buscando la ciudad). Hizo dos cruces con troncos de alerce para
Me mira como a un trastornado. Pero a su vez, es como si le indicarlas. Todavía se pueden ver allá arriba. He ido dos veces.
pusieran play a su no tan viejo (43 años) grabador de recuerdos. ¡Yupi! –pienso–. Ya vamos concretando.
–Ja, ja. ¡Sabía que algo así lo traía por aquí! Nadie viene acá sin Supuestamente, dicen las crónicas, las cúpulas y los techos
una causa. de la ciudad serían de oro y plata macizos. Con una gigantesca
Es que a Vodudahue, aunque se parece al bello paisaje del film campana que, de llegar a ser tañida, se escucharía en el mundo
Secretos de la montaña, no llegan turistas. entero. Y sobre quienes llegan a encontrar la ciudad cae el
Está apenas a cien kilómetros al sur de Puerto Montt y es uno olvido de lo vivido: “Aún cuando la ande pisando, ningún via-
de los puntos más angostos de Chile: 48 kilómetros desde el jero la hallará jamás, porque una densa bruma la hace invisible
mar hasta la frontera, pero es también uno de los más inaccesi- a los ojos extraños” se lee en la Relación sobre el descubrimiento
bles. Para entrar hay que atravesar el fiordo Comau, un angosto de la Ciudad de los Césares, de Nicolás Mascardi, de 1650, también
canal marítimo con cumbres que caen a pique al mar como igle- devuelto finado por los tehuelches de la pampa.
sias góticas. Nada se puede construir en sus orillas: ni casas, ni En las 45 noches despejadas que registra Vodudahue como
caminos. Lo poco que hay cuelga de peñascos. Pinochet soñó promedio anual, muchos han creído ver luces espectrales. Fenó-
alguna vez construir un puente gigante para cruzarlo y dar con- menos celestes inexplicables. Dicen haber escuchado campanas
tinuidad a la Carretera Austral, pero fue imposible. Los transbor- ensordecedoras. Tambores tribales. O haber vivido situaciones
dadores pasan frente a la entrada del canal y los turistas sólo ven extrañas que cambiaron sus vidas para siempre.
el estrecho callejón, amenazante y oscuro. Sesenta kilómetros al Testimonios desde 1600 hasta hoy. ¿Por qué ahí?
fondo, unos cuernos nevados, coronados de nubes, parecen el –¡No sé..! –dice Rehbein. ¿Pensaba que yo tenía la respuesta?
lugar ideal para un castillo de Drácula.
Lo peor es que algunos creen verlo.
Y no se trata precisamente de la casa de Douglas Tompkins, el
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actual dueño de todo el fiordo. Sino de “algo” indescriptible que
El último colono
desde 1619 hasta ahora ha movido a decenas de expedicionarios, Jaime Rehbein vive todo el año en Vodudahue. Sus 480 hectá-
soldados españoles, frailes, jesuitas, profesores, marinos ale- reas cortan la entrada a las tierras de Tompkins como una cuña
manes, nazis esotéricos, ufólogos y místicos tipo Elqui a buscar triangular, precisamente ahí donde el valle se interna en las
en ese pequeño y escondido punto de la inmensa Patagonia el escarpadas montañas. Otros tres parientes de Jaime son dueños
viejo mito de la Ciudad de los Césares: la ciudad repleta de oro de pequeños predios junto al río; su cuñado Oscar Barril, su
donde se supone que se establecieron incas prófugos de los primo Alejandro y su propio hermano, Luis Rehbein. Vienen por
españoles que tendrían el secreto de la inmortalidad. épocas a parcelas junto al río.
–Lo que me pregunto –dice Rehbein por fin– es ¿por qué justa- El denso río Vodudahue se desenrolla desde las cumbres como
mente acá? ¿En este puntito de toda la Patagonia? una serpiente verde hasta el mar. En su orilla hay pequeñas pra-
Pensé que él tendría la respuesta. deras. A doce kilómetros de allí, en Riñihue, Douglas Tompkins
Una docena de crónicas de los conquistadores, la primera de instaló su casa personal, donde vive con Kris McDivitt.
Francisco César, en 1521 –quizás de ahí el nombre–, fue armando A tres mil pesos la hectárea, Tompkins compró las 90 mil de los
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el mito de una ciudad oculta en un valle de altura, flanqueado fundos Vodudahue, Porvenir y La Horqueta, que llegan desde el
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por una triple cascada, al que se llega por una lengua de mar que mar hasta el mismísimo límite con Argentina. Se suman a otras 300
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atraviesa la cordillera. Cien años después creyeron encontrar el mil hectáreas que cortan en dos la Patagonia. Una mancha de tierra
lugar en Palena. continua, si no fuera por el colono porfiado que se niega a vender.
En 1619, en busca de la ciudad por orden de la Corona, el Se las vendería –dice Jaime Rehbein–. Pero en 2,5 millones de
capitán español Diego Flores descubrió el fiordo Comau, que casi dólares. El multimillonario lo encuentra caro.
cruza la cordillera. Y el río Vodudahue, que es navegable catorce Pero las 480 hectáreas del colono son claves para Tompkins,
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LAS 480 HECTÁREAS DEL COLONO JAIME REHBEIN (en la foto) CORTAN LA ENTRADA A LAS
TIERRAS DE TOMPKINS PRECISAMENTE AHÍ DONDE EL VALLE DE VODUDAHUE SE INTERNA EN LAS
ESCARPADAS MONTAÑAS. EL PADRE DE JAIME, EWALT, EXPLORÓ LA ZONA MACHETE EN MANO EN
BUSCA DE LA CIUDAD DE LOS CÉSARES. DICE QUE una vez ESCUCHÓ CAMPANADAS.

porque están justo a la entrada del mágico cajón. Así que están contemplativo que puede pasar horas meditando bajo la colosal
en un tira y afloja de años. pared de granito frente a su casa. Es un agricultor culto, centrado,
Hace dos, Rehbein empezó a ver un helicóptero que se inter- solitario, informado, que votó por Piñera, aunque no niega los
naba en febrero en la cordillera, día tras día. Pensó : “Oh, no, de avances de la Concertación.
nuevo vienen por lo mismo”. Se sentó a esperar, como esos viejos –Ha visto algo raro. ¿Alguna luz, alguna nave, vestigios,
del Oeste en su mecedora, a que llegaran a preguntarle la misma signos..?– le insisto.
idiotez sobre la Ciudad de los Césares, como hago yo ahora. Pero –Uh... De nuevo con lo mismo. Salgamos a la terraza, mejor
luego supo de qué se trataba. –dice.
–Era el helicóptero del crucero Atmosphere, que lleva multi- La noche está estrellada. En Vodudahue llueve a baldazos 320
millonarios a pescar con mosca y a esquiar a los altos del Vodu- días del año, aunque las noches de verano son cálidas y tem-
dahue (tierras de Tompkins) por tres mil dólares el día. Un heli- pladas. Casi celebran cuando ven la luna.
cóptero rojo. –Ewalt Rehbein, mi padre –suelta de pronto Jaime en la oscu- 057
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Rehbein piensa que es gracioso que lleguen los hombres más ridad– me contó que una vez escuchó campanadas al interior del
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ricos del mundo –así ha dicho el propietario del buque, Andrés valle, en 1935. También casi lo pica el bichito del mito: con otros ale-
Ergas, que son sus clientes– al lugar donde todos buscan una manes construyó a pala una senda para explorar el interior. Les fal-
inmensa fortuna en oro. taron doce kilómetros de selva para llegar al límite con Argentina.
–Los césares son ellos– dice Rehbein. Poco tiempo después, en 1947, Miguel Serrano, el escritor y
El colono no es un místico, ni un ermitaño. A lo más es un líder nazi, recorrió la zona. Ferviente creyente de la Ciudad de
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los Césares, relató su búsqueda en el capítulo “Quién me llama del río Vodudahue. Despejó a fuerza bruta el bosque nativo e
en los hielos” del libro Por mar y tierra. Cerca de Vodudahue creyó hizo lo que hoy son praderas como de campo de golf donde el
encontrar vestigios idiomáticos tallados sobre rocas, apenas empresario tiene sus casas privadas.
unas marcas extrañas, que serían de una raza pura originaria de Oyarzún, un tipo escéptico y racional, confiesa que recibió la
América. Sus delirantes visiones insuflaron nuevos aires a una orden de Tompkins de explorar el interior de las montañas bajo
cantidad de feligreses suyos que han continuado hasta hoy una un extraño contrato: “Todo hallazgo mineral, arqueológico o de
búsqueda más bien poética. algún otro tipo, sería propiedad del mandante de la expedición”.
En 1984, el montañista y primer hombre en cruzar longitudi- Entre 1994 y 1997 hizo tres viajes de semanas, brújula en mano,
nalmente Campos de Hielo, el francés Marc Roqueferre, atravesó hacia los valles cordilleranos. Junto a Carabineros de frontera;
los valles superiores del Vodudahue siguiendo los relatos de los con Jaime Rehbein y también solo, acompañado únicamente de
primeros exploradores de la Ciudad. En 1988 Ricardo Astorga rea- Mota, su perro. “Era joven e inocente, estaba en mi elemento, así
lizó dos exploraciones río arriba en busca de alguna energía mís- que no me pregunté mayormente por qué el empeño del gringo
tica. En los 90, un grupo de diez profesores argentinos estuvo a en explorar el Vodudahue tan a fondo. En puro comprar las pri-
punto de morir cruzando desde Argentina en busca de algún ves- meras fotos satelitales se gastó una millonada”.
tigio. No encontraron nada, pero redescubrieron la triple cascada Una noche de exploración, en medio de los inmensos picos
que vio fray Menéndez. En 1999, Mauricio Purto escaló las mon- nevados, ocurrió.
tañas y grabó un capítulo sobre la infructuosa búsqueda de la El cielo estaba claro, pero nublado. El perro se escondió horro-
Ciudad de los Césares en su programa Cumbres de Chile. Un grupo rizado. En la montaña de enfrente, a tres kilómetros de distancia,
neonazi argentino llamado Delphos exploró también el valle de pronto...
andino el año 2000 siguiendo el mito. Sumando los viajes que ha Su mujer, Carolina Gallardo, lo para en seco:
hecho toda una gama de esotéricos, ufólogos y anticristos que –¡No sigas! No le cuentes a nadie.
no dejaron firma, las exploraciones hacia el misterioso Vodu- Qué diablos.
dahue superan la docena. –Vi un gigantesco tubo que se elevó hasta las nubes y desapa-
Pero como ocurre siempre con lo inasible, cuando se busca reció. Una cosa rarísima, bien podría ser una nave, no sé.
con más empeño, menos se encuentra. Tiempo después sucedieron una seguidilla de cosas extrañas
que no quiere detallar. Vio luces en el cielo, oyó ruidos. Tras una
© noche de pesadilla, aunque él y su mujer eran una pareja diag-
Los viajes de Pablo nosticadamente infértil, concibieron en Vodudahue al primero
de tres hijos.
Pablo es un apóstol de apellido Oyarzún. Predica el cuidado
–Era tanta nuestra alegría que hicimos una cena para anun-
del medio ambiente, la naturaleza y es un pequeño empresario
ciarle a Doug y Kris que Carolina estaba embarazada. Pero a
de áreas verdes en la Décima Región. Hace quince años exploró el
Tompkins se le descompuso la cara. Me dijo: “¡Me has traicio-
Vodudahue a punta de machete hasta la alta montaña en busca
nado! ¡Tenía otros planes para ti!”. Estaba como loco. Kris tra-
de depósitos subterráneos de agua y construyó el primer mapa
taba de calmarlo. Nunca supe qué le pasó, ni qué planes tenía.
para Douglas Tompkins, cuando el estadounidense compró las
¿Me despidió por tener un hijo? ¿Iba contra su filosofía de la
90 mil hectáreas del valle en 1994.
sobrepoblación mundial? Nunca lo supe. Como sea, Joaquín –su
–¿Tompkins también buscó la Ciudad de los Cesares?
hijo–, fue lo mejor y lo único que nos trajimos de Vodudahue.
–No estoy seguro. El gringo era tan hermético... Pero
–Sólo de vez en cuando recuerdo esa etapa y me miro en el
Tompkins se obsesionó con el Vodudahue –dice Pablo ahora, que
espejo –dice Pablo– para ver si tengo alguna cicatriz de abducido
por primera vez habla de su ex patrón– gastó en esas tierras cuatro
o algo por el estilo. Ja, ja.
veces lo que invirtió en los otros fundos: un esfuerzo gigante.
–Y Joaquín, ¿tiene algo especial?
Vodudahue estaba abandonado. La selva había borrado las
–Claro, un talento genial para la pelota. ¡De otro planeta!
058 huellas de los colonos alemanes que explotaron la madera a
comienzos del siglo XX.
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Oyarzún llegó con 25 años en el verano de 1993-94, recién


salido de la escuela agrícola Adolfo Matthei, de Osorno, a aplicar
El encuentro con el piloto
la ecología profunda de Mr Douglas con un ejército de treinta tra- Buscando historias sobre el Vodudahue, antes de partir al
bajadores, dos barcazas, motosierras y bulldozers, aplanadoras valle, seguí muchas pistas falsas hasta dar con una persona en
y retroexcavadoras, para abrir sendas y praderas hacia el interior Puerto Montt. Un constructor civil y piloto amateur de 58 años.
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EL MITO DICE QUE se llega A La CIUDAD DE LOS CÉSARES por UNA LENGUA DE mar QUE ATRAVIESA
LA CORDILLERA, en un lugar flanqueAdo por TRES CASCADAS. ESTO SE CUMPLE AL PIE DE LA
LETRA EN EL REMOTO VALLE DE VOdudahue EN LA PATAGONIA. PABLO OYARzúN HA eXPLORADO
LA ZONA. dice que allí vio un tubo gigantesco que desapareció entre las nubes.

Lo guié hasta un café y le solté a bocajarro que sabía lo que había –Nos juramos que nunca contaríamos lo que nos pasó. Sólo
visto en Vodudahue. eso puedo decir.
Palideció. –¿Algo malo?
En enero del año 86 practicaba vuelo sobre la zona de los –No, no. Algo muy raro, demasiado para ser contado.
fiordos con dos amigos. En un momento, los instrumentos de la Le mostré un mapa pero no quiso verlo. Tenía los ojos llenos
avioneta enloquecieron. de lágrimas.
–¡Hasta el reloj de la bencina! Durante un minuto. Miramos Y eso que la cuenta la pagué yo.
hacia abajo y vimos una enorme construcción cúbica que res- Nos despedimos y se perdió en Puerto Montt.
plandecía en un altiplano y se fundía con la nieve. En Vodudahue le cuento estos testimonios a Jaime Rehbein a
Dieron varias vueltas e identificaron las coordenadas en un ver si le exprimo algo más.
mapa. En febrero, con mejor clima, volvieron por tierra. –He oído cosas parecidas –me dice–. Una vez a mi hermano y
–Fue un viaje penoso. Cerros escarpados. Verticales. Nos a mí nos siguió desde el cielo una luz en el camino, por el valle,
abrimos paso con machete. En tres días estábamos muy cerca de sólo eso. He estado años acá y nunca he visto algo extraño. Acá
las coordenadas. abajo (en el valle), nunca.
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Al hombre se le quebró la voz. De regreso a la civilización, acodado en la borda del barquito
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–Vimos una enorme construcción. Gigante. Del tamaño de como un viejo marino, siento el bamboleo del mar como una
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varias canchas de fútbol. Nada conocido. Cúbica. Lisa. De pronto, mano que se despide de un viaje pésimo. No encontré nada. No
el cerro donde estaba se abrió y la construcción desapareció. vi nada.
Dijo que casi fueron tragados en un sismo junto a la mole y Me duermo viendo alejarse los colosales muros escarpados.
que los tres salvaron su vida de milagro. Pero algo más les ocu- Más tarde suena la sirena y despierto con un intenso presenti-
rrió. Algo que lo atraganta; no pudo continuar. miento: volveré. ©

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