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23787850 Garcia Canclini Nestor ores y Ciudadanos

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Tal vez ayude a entender los desafíos actuales de la pluriculturalidad
en el desarrollo latinoamericano, distinguir dos de sus modalidades:
a) Por un lado, existe la multietnicidad. b) Por otro, la multicultu-
ralidad surgida de las formas modernas de segmentación y organi-
zación de la cultura en sociedades industrializadas.
La importancia de la multietnicidad se hace más visible en las
rebeliones y movilizaciones indias. Pero su complejidad es insosla-
yable en la vida diaria: muchas ramas de nuestra economía no
pueden desarrollarse sin la participación de ^s 30 millones de
indígenas que viven en América Latina. Estos grupos poseen terri-
torios diferenciados, lenguas propias (cuyos hablantes aumentan en
algunas regiones) y hábitos de trabajo y consumo que los distinguen.
La resistencia de cinco siglos de los aymarás con unos dos millones
y medio de personas, los mapuches con unos 700 mil, los mixtéeos
con más de medio millón, los mayas, los nahuas y quichés con casi
dos millones cada etnia, y los aproximadamente diez millones de
quechuas, los mantienen como partes fundamentales de Chile,
Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México.
No faltan estudios sobre lo que representa esta multietnicidad en
los procesos de modernización e integración. Al volverse más pro-
blemática la noción misma de modernidad y evidenciarse que los
modelos metropolitanos de desarro?,r

> "c son mecánicamente apli-
cables en América Latina, pierde fuerza la concepción de la historia
que veía a las tecnologías modernas como antagónicas de las tradi-
ciones no occidentales. De ahí que se preste más atención al papel a

152

CONSUMIDORES Y CIUDADANOS

veces positivo de las diversidades culturales en el crecimiento eco-
nómico y en las estrategias populares de subsistencia; se acepta que la
solidaridad étnica y religiosa puede contribuir a la cohesión social,
y que las técnicas de producción y los hábitos de consumo tradicio-
nales sirven como base de formas alternativas de desarrollo.1
En algunas sociedades obtienen consenso políticas multicultura-
les que reconocen modos diversos de organización económica y
representación política. Algunos ejemplos: los programas de etno-
desarrollo aplicados en varios países latinoamericanos, la legisla-
ción que garantiza la autonomía de los indígenas en la Costa
Atlántica nicaragüense y las reformas jurídicas sobre cuestiones
étnicas que actualmente se gestionan en México son indicios de un
pasaje parcial del indigenismo paternalista a modalidades más au-
togestivas. Pero esos ensayos de reformulación no se cumplen sin
resistencias de élites racistas, que siguen viendo a las culturas
indígenas como residuos anacrónicos o simples supervivencias de
interés folclórico y turístico. Por otra parte, muchos grupos indíge-
nas se niegan a integrarse, ni siquiera en sociedades pluralistas,
porque consideran que las etnias son "naciones en potencia", uni-
dades políticas enteramente autónomas.2
Estos conflictos se intensifican en tanto la política económica
neoliberal, al acentuar en la última década la pobreza y la margina-
ción de los indígenas y mestizos, agrava la migración y el desarraigo,
los enfrentamientos por tierras y por el poder político. Los conflic-
tos interculturalés y el racismo crecen en muchas fronteras nacio-
nales y en todas las grandes ciudades del continente. Nunca ha sido
tan necesario como ahora elaborar políticas educativas, comunica-
cionales y de regulación de las relaciones laborales que fomenten
la convivencia democrática interétnica. En algunos países, como

1

Lourdes Arizpc, "Pluralismo cultural y desarrollo social en América Latina: elementos
para una discusión", en Estudios Sociológicos, vol. II, núm. 4, México, enero-abril, 1984.
Rodolfo Stavenhagen y Margarita Nolasco, Política cultural para un país multiétnico, Méxi-
co, Universidad de las Naciones Unidas, 1988.

2

Guillermo Bonfil Batalla (comp.), Hacia nuevos modelos de relaciones interculturalés,
México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993.

POLÍTICAS MULTICULTURAI.ES E INTEGRACIÓN POR EL...

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Perú y Colombia, el deterioro de las condiciones económicas cam-
pesinas y urbanas es uno de los principales soportes de los movi-
mientos guerrilleros, de las alianzas entre luchas campesinas y
narcotraficantes, y de otras explosiones de desintegración social. El
fundamentalismo aislacionista de algunos movimientos étnicos o
paraétnicos, como Sendero Luminoso, exaspera las dificultades de
cualquier proyecto de integración. En Estados Unidos la reestruc-
turación de las condiciones laborales y el creciente racismo agudi-
zan la represión a los migrantes latinoamericanos, contradiciendo
las tendencias integrativas de los acuerdos de libre comercio.
Pero pese a los estallidos sociales con que sigue presentándose la
interculturalidad, su problemática no puede entenderse sólo en
términos de antagonismo entre dominantes y subalternos. Así como
existen cambios promisorios en las políticas de algunos gobiernos,
están surgiendo en grupos indígenas nuevos modos de relacionar
sus tradiciones con la modernización.
Algunos movimientos actuales que reclaman enérgicamente su
autonomía cultural y política exigen a la vez que se les integre de un
modo pleno al desarrollo moderno. Se apropian de los conocimien-
tos, los recursos tecnológicos y culturales modernos. Combinan
procedimientos curativos tradicionales con la medicina alopática,
siguen técnicas antiguas de producción artesanal y campesina a la
vez que usan créditos internacionales y computadoras. Buscan cam-
bios democráticos autónomos en sus regiones y una integración
igualitaria en las naciones modernas. Los campesinos guatemalte-
cos, mexicanos y brasileños envían por fax informes sobre violación
de derechos humanos a organismos internacionales; indígenas de
muchos países usan videos y correo electrónico para transmitir su
defensa de formas alternativas de vida.
Al menos en estos casos, las dificultades de la integración socioe-
conómica no parecen deberse principalmente a la incompatibilidad
entre lo tradicional y lo moderno. Los fracasos de las políticas
globalizadoras derivan de la falta de flexibilidad de los programas
de modernización, la incomprensión cultural con que se aplican y,
por supuesto, la persistencia de hábitos discriminatorios en institu-

154

CONSUMIDORES Y CIUDADANOS

ciones y grupos hegemónicos.3

Las reformas del Estado, que se
limitan a desregular servicios y subordinar responsabilidades públi-
cas a intereses privados, están haciendo muy poco por abrir la
gestión social a los múltiples estilos de vida y a las variadas formas
de participación requeridas por los sectores marginados.

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