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Diccionario Enciclopedico de Educación

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Los movimientos del docente como investigador han generado el surgimiento de una nueva
forma de comprensión de los procesos de mejora. Perspectiva cimentada en un colectivo
encargado no sólo de promulgar el cambio, sino de generar un proyecto permanente de
formación profesional. En la investigación –acción crítica, este movimiento se enriquece en
la medida que, los docentes actuando en colectivo, actúan y refuerzan las innovaciones o
iniciativas. Pero hay algo más: la investigación –acción crítica además de pretender un
proceso pedagógico como formas racionales justas y democráticas, asume una posición de
teoría educativa en el que los cambios se hacen desde las bases y no de los expertos que
investigan desde afuera. “Los investigadores externos sólo opinan sobre una determinada
situación; pero no son los que deciden”90

. No se puede hacer investigación –acción desde
afuera, sin poseer el sentido de pertenencia, sin participación en un movimiento cuya razón
de ser sea la emancipación.

Kemmis (Australia, 1987) denominó a este movimiento como comunidad autorreflexiva,
cuyo objetivo básico es eliminar el activismo e incluir la crítica permanente, a partir de la
indagación. La comunidad autorreflexiva es un colectivo que no necesariamente está
reunido cada semana; es un proyecto crítico e ideológico que responde al cambio a partir de
la implantación de los procesos democráticos. “La comunidad autorreflexiva establecida
en la investigación –acción no se ocupa únicamente de transformar su propia situación, ya
que se ve asimismo forzada a enfrentarse con las limitaciones no educacionales impuestas
en la educación”91

.

Esta dialéctica entre lo educacional y lo no educacional fija la atención del colectivo en la
educación entendida en su totalidad y en sus relaciones con aquella estructura social que
está más allá de la educación. “El grupo queda invitado a considerar, no sólo el dominio de
su propia acción, sino también el de la acción educativa como parte de un dominio social
más amplio… No es únicamente un proceso que refleje la historia o reaccione ante ella,
sino que postula una profesión formada por investigadores educacionales activos que se
contemplan así mismos como agentes de la historia y que tienen el deber de expresar
mediante su propia acción considerada sus juicios prácticos acerca de los cambios
necesarios en educación: es decir, mediante su praxis”92

90

Cfr. J. C. Escobar. Un curriculum para la emancipación. Editorial VIDA. El Salvador, 2003. Pág. 135.

91

Cfr. W. Carr – S. Kemmis. Teoría crítica de la enseñanza. Editorial Martínez Roca. España, 1988. Pág. 220.

92

Ibidem.

226

La investigación –acción crítica suministra un método para poner a prueba las prácticas
educativas y mejorarlas, así como para basar las prácticas y los procedimientos de la
enseñanza e investigaciones y conocimientos teóricos organizados por los docentes. En
términos generales, la investigación –acción crítica ofrece criterios para la evaluación de la
práctica en relación con la comunicación, la toma de decisiones y las tareas de la
educación. En este sentido, proporciona un enfoque por medio del cual es posible lograr el
desarrollo de una base teórica y de investigación para la práctica profesional.

Un rasgo clave de toda profesión es el compromiso para con el bienestar de la gente. En
educación sería con los estudiantes como el papel educativo de la escuela, la universidad en
relación con los padres de familia y la sociedad en general. Las comunidades
autorreflexivas responden a este rasgo, pues el dar cuentas representa el nivel de impacto de
los procesos de mejora o de transformación. Esto significa que, una comunidad tipificada
de esta manera, no sólo es un colectivo para la mejora, sino para el desarrollo y, en esto
radica, la plataforma de los procesos llevados a cabo por los investigadores de la acción.

Toda profesión ha de tener derecho a formular juicios sobre sus prácticas, libre de
influencias externas y no profesionales y, es sobre esta consideración, que las comunidades
autorreflexivas desarrollan una práctica profesional basados en una ciencia concretamente
educativa. Esto entreteja la promoción de una participación conciente de los estudiantes y
de toda la comunidad educativa en la toma de decisiones acerca del curriculum y, de ser
posible, en la conducción de las actividades educativas. Tal como señala Carr, la libertad de
profesión existe dentro de un marco de referencia comunitario y, por tanto, hay que ubicarla
dentro de determinados valores e intereses de los diversos actores del proceso educativo.

Las comunidades autorreflexivas revierten el sentido de la prerrogativa individual y, al
hacerlo, están en condiciones de responder a lo que demanda la mayoría. “La sociedad
demanda maestros profesionales, no simplemente técnicos instructores”93

. Esta tesis
adquiere preponderancia cuando la comunidad autorreflexiva la hace suya y, a partir de su
aprehensión, luchará para que la totalidad sea la que intervenga en la formación de docentes
y no el reduccionismo al que han estado sometidas la mayoría de las profesiones.

Finalmente, la comunidad autorreflexiva al proveer una organización de grupos de
desarrollo crítico con el objeto de investigar las prácticas educativas de las instituciones,
organizan redes de investigación que permiten el desarrollo crítico de la práctica. Con ello
se logra diseminar los principales hallazgos o cambios producidos por la innovación o
limitaciones generadas por las mismas condiciones del investigador o del centro educativo.

“La profesión debería considerar prioritario el fomento de estas redes investigadoras”94

93

Cfr. W. Carr. Una teoría para la educación. Hacia una investigación educativa crítica. Editorial Morata.

1999. Pág. 67.

94

Op cit. Carr –Kemmis. Pág. 232.

227

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