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Estimado seor o seora: Mi nombre es ____ y me dirijo a usted pues tengo un importante mensaje que mostrarle.

Recientemente ha sufrido usted la prdida de un ser querido, quiz este pasando una mala temporada, pues no estamos hechos para afrontar tal situacin. Como persona creyente que soy me siento motivado a explicarle ciertos pasajes bblicos que han curado las heridas de personas que han pasado por situaciones parecidas. Hace un momento apuntaba la idea de que no estamos hechos para afrontar la muerte, eso est en conexin con lo que el libro de Gnesis dice, pues Dios nos creo para vivir y disfrutar eternamente de la Tierra hecha un paraso. Cuando Adn y Eva perdieron ese maravilloso regalo, por su desobediencia, tambin nos dejaron un legado inmerecido, la enfermedad, la vejez y la muerte. Sin embargo, el propsito de Dios no ha cambiado, de alguna manera ellos lo aplazaron, tiempo que Dios utiliz para resolver el problema. Fue Jehov Dios, quien envi a su Hijo Unignito, Jesucristo, para rescatarnos del pecado y la muerte mediante su sacrificio. El evangelio de Juan en el capitulo 3, versculo 16 dice: "Porque tanto am Dios al mundo que dio a su Hijo unignito, para que todo el que ejerce fe en l no sea destruido, sino que tenga vida eterna." Puesto que ejercer fe en el sacrificio produce vida eterna, Qu esperanza habr para los seres queridos que han muerto?. La resurreccin del propio Hijo de Dios, es una garanta por la cual Dios quiere devolver la vida a nuestros seres queridos, y con ella la oportunidad de ser felices de nuevo, a pesar del doloroso legado de nuestros primeros padres. Cuando Jess estuvo en la tierra dijo estas bonitas palabras llenas de esperanza, registradas en las Santas Escrituras: En Juan 5:28, 29: 28 No se maravillen de esto, porque viene la

hora en que todos los que estn en las tumbas conmemorativas oirn su voz 29 y saldrn, los que hicieron cosas buenas a una resurreccin de vida, los que practicaron cosas viles a una resurreccin de juicio. 30 No puedo hacer ni una sola cosa por mi propia iniciativa; as como oigo, juzgo; y el juicio que yo dicto es justo, porque no busco mi propia voluntad, sino la voluntad del que me envi.
Esta maravillosa esperanza la resurreccin, nos proporciona alivio para sobrellevar los difciles momentos que sin duda usted est pasando. Y Para su consuelo Adjunto en la carta ms informacin sobre esta reconfortante enseanza. Atentamente