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BIBL¡OIECA NAC¡ONAL

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@ BRAVO Y ALLENDE EDITORES, 1990 Inscripción N" 74.994

Derechos exclusivos reseflados para rodos los países

ISBN 9s6 - ?003 - 0s - 9

Sb te¡minó de imprimir esra ia edición

en los talleres de EDITORIAL UNMRSITARIA

San Francisco 454, Santiago de Clhile

en el mes de maIzo de 1990

ÍMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE

Juun Rivuno

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RELIGION

Y

DARWINISMO

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La Bancarrota de Ia Teología

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RELIGION

Y

DARWINISMO

ENSAYO

.1 ii

Bravo y Allendc Editores Limitada

Casilia N" 6104 - 22

S¿ntiago - Chilc

1990

INDICE

l. ¿Qué hacer con las r-eliquias?

1l

2- Las etapas de la experiencia religiosa y sus

paradojas en el mundo social

15

  • 3. El neoda¡winismo contra el a¡gumento del Diseñado¡ Cósmico

  • 4. Los grandes argurnentos por la existencia de Dios

25

28

  • 5. Los obstáculos contra el argumento darwi- nian o

36

  • 6. Exposición del argumento neodarwiniano 58

  • 7. ¡Ateísmo ad portasl

b. Los memes y su evolución

cultural

  • 9. De Ia

co¡exión de las causas a la conexión

de los hnes

10. De Dios: Que no existe

Bibliograffa

75

88

l

l

I

127

137

YcrtLkt ¡trtr ttttu

plu)te ¿c gu¡jatros,se observa quc é,s tos tto esl¿tr dispersos al azar. Lr¡s más pequenos f¡endcn a ocupdr una

.franja; Ios mós grandes otras. Así,

los gu¡jaüos lrun sido elegidos, orde-

nados, seleccíc,ttados. {Jna fr¡bu que

v¡viara cerca de la playa podría ma-

ruvillarse de esta evidencia de elec, cirjtt u ordenamiento y desarro¡.lar utr m¡to pa.re dar cuenta de é1, dtri- buyéndolo a un Gra Espíritu ctt cl

cielo cott tnente pulcra y senl¡do dcl

orden. Podctnos

sonreir, super¡()reJ,

qnte esta superstíción y cxplicar

que el arreglo fuc realmente lrccho

por las fuerzas ciegas de la física -en este caso, la acción de las olas-

Ias ola, ¡to lipnen prcp¿.)r¡tos nt ¡n

tenciones, ni mente pulcra, ni men fe

ninguna. No hacen más que impul-

sar las piedras por delante; y las

grartdes y las pequeñas responden

de modo diferetúe q este impulso,

de tnanera que van a situarse en d¡,

ferentes niveles de la playa. Una pe-

queña cantidad de orden lta resulta- do del desorden; y n¡nguna mente

lo planeó-

(Richard Ddwkins, Thc Blind Watch- nraker)

l. ¿Qué hacer con las reliquias?

Muchas veces las cosas no se hacen sólo por falta de

un pequeño impulso. Un impulso que no es más que una proporción insignificante de todo el esfuerzo re- querido para hacerlas, pero que tiene Ia cualidad del

fulminante del obús o de la chispa del motor a explo-

sión. Así ocurre también al escribir. En una novela de

Camus -en La Peste, c¡eo recordar hay un perso-.

naje que lleva años tratando de escribi¡ una novela.

Tiene una teoría: que basta con acertar con la frase

inicial y la novela irrumpe como una descarga hasta

completarse ente¡a. Tiene también este personaje una

gaveta llena de hojas en que ha ensayado el comienzo

de su novela sin dar con él todavía_ Por la facha tan dispar que presentan aquí y allá

estos pequeños impulsos, ni siquiera hay que decir

que si son principios, comienzos, puntos de pa¡tida,

no se parecen en nada a los de la geometrÍa,

según la

enseña Euclides, la metafísica según la enseña Descar- tes o la mecánica según la enseña Newton. Además,

de tal mane¡a difieren unos de otros que se tienta uno

de concluir que se puede empezar por cualquier parte

y que el servicio que cualquier parte presta para cG.

menzar le viene de la idiosincracia del que la emplea, de la circunstancia en que se encuentra y hasta de cosas más difíciles de asir todavÍa como el estado de

ánimo, el fastidio, el entusiasmo, la desesperación.

El eslado de cosas al que me refiero con este

exordio de chispas y lulminantes tiene que ver con mi

interés en hacer algo con unas notas que he estado to- mando sobre el llamado "Argumento Teológico de la Existencia de Dios" y el estado en que se encuentran

las cosas a su ¡especto despues de aparecer ei libro de

Riclrard Dawkins The Blind 14atcltmaker. Hace tiem-

po ya que leo y releo el argumerto neo-darwinista de

este penetrante y lúcido escritor. Tanto tiempo que ya no me queda nota que toma¡ sino que me estoy

mirando las tomadas, preguntándome por qué no em- piezo a escribir lo que me propongo.

De pronto se presenta el pequeño impulso. Se

trata de una anécdota que se refiere en una grabación que escucho por segunda vez. La rehe¡e un amigo

muy amable y admirado que dejé en Chile, al que co- nocí y con el que nos asistimos mutuamente con las

consolaciones de la filosofía en el "Campo de P¡esos Políticos Melinka", que la Armada de Chile mantuvo

en 1os pdmeros anos de la dictadura en las afueras del

pueblito costero de Puchuncaví.

Mi amigo, mientras

graba para mÍ, se encuentra con otros tan queridos como é1. Conversan entre ellos, graban para mí su conversación. Ellos hablan en Santiago;yo escucho.en

Suecia. Pero todo resulta tan vivo que no me cuesta

imaginarme entre ellos allá en la lejana patria.

El papa Juan Pablo 11, yiajero incansable, políti-

co hábil y maestro de relaciones públlcas ha visitado

t2

Chile hace unas semanas y el evento ha causado tal revtlelo en todos los ámbitos, tal es el núme¡o de en-

tusiastas del Papa que salen de todas partes a su en- cuentro, que no les queda a mis amigos más que pre-

guntarse si es cierto como todos ptoclaman que Dios

ha muerto, no sea más que por un minuto, si hubo

nunca en el pasado o hay en el presente siquiera un

gato que no sea católico en toda Latinoamérica, si no es Dios más bien a tal punto generoso y tolerante,

pródigo en nombres, apa¡iciencias y preferencias co-

mo para colmar los corazones todos, desde la viejecita

que ora, marginal y fervorosa, en un rincón de la Re-

coleta F¡anciscana hasta el teólogo que se pavonea

euca¡ístico en las cátedras encumbradas de la Univer-

didad Católica, hasta el ateo que labora en bla¡rca co-

tona entre sus probetas en los subsuelos de la misma

Unive¡sidad o el activista de las células clandestinas del partido de la Teología de la Liberación.

Comentando estos hechos- mi amigo no sorpren-

dc a los otros. Ni tiene intenciones de sorprenderlos.

Mient¡as sirven su tacita de té con su dedal de pisco, les cuenta de un sacerdote amigo suyo que oficia en una parroquia de Avenida Independencia. Refiere que

lo visitó hace unos días. Mientras habla, veo en mi

memoria los t¡aseros de la iglesia de los Sac¡amentinos

y la miseria expuesta

al débil sol de iunio en torno de

los viejos buses que suben a Colina. Estuvo paseando

y convenando con este sacerdote y el azar los llevó a

un relica¡io: huesos de sa¡tos, astillas de la sagrada

cruz, cilicios de anacoretas, cenizas de má¡tires, ca-

bellos milagrosos y polvorientos.

¿Qué

se hace con

esto? pregunta mi amigo, y estoy viendo en mi imagi-

nación el relicario, negro y feo depósito de despojo y

hedumbre. El sace¡dote no tiene empacho en respon-

der: "Yo estoy por que boten toda esta basura. pero,

¡ahl la tiene usted!"

La pregunta que mi amigo hacía contemplando

ese montón asqueroso de maravillas también se puede

hacer después de escuchar toda esta historia:

¿eué

se

hace con esto? Así, mi comienzo se t¡a¡sfo¡ma. Como

cuando le dan a uno

-de

mal que 1o miran el espina-

zo del pollo y se pregunta, cuchillo y tenedor en ristre:

¿Y esto, por dónde 1o agarro?

Así, pues,

¿qué

me ocurre? Me ocurre algo que

es muy propio de ciertos hlósofos y que le dan muy mala fama a la filosofía. Pero, así y todo, a pesar del

riesgo de que me confundan con tales personas, voy a

decir lo que me ocurre. Dalí, en un reportaje que

escuché años atrás hecho a este pintor, dice al que lo

entreyista: "No, no soy buen pintor-

¿Sabe

por qué?

Porque soy muy inteligente." Corrijámosle su inmo- destia: Muy inteligente para buen pintor. Inmediata- mente se piensa en Hamlet. No; inmediatamente yo

pienso en Hamlet. Vean qué dice Fortimbrás: que de

reinar hubiera

sido un gran ¡ey, lo que no es cierto.

Demasiado inteligente Hamlet para buen rey. Lo que

lleva también, inmediatamente, a Platón que decía

que los filósofos deben reinar.

filósolbs de los

fos para reinar!

gunos preferirían

¡Qué

cosas dicen los

hlósofos! ¡Qué yan a servir los filóso-

¡Demasiado inteligentes! Aunque al- decir otra cosa, De Dalí, de Hamlet,

de los filósofos. A muchos filósofos les ocuffe como en esa figura

tan graciosa de Platón sobre las guindas. Cogen una

que trae otra consigo que trae otra consigo que trae

ot¡a consigo. ¿Por cuál empezat?

Yo veo a

mi lector fastidiado con fulminantes,

chispas, espinazos de pollo y ahora

¡guindas! ¿,No

¡Vaya

con

la pri-

será este el famoso banquete de Platón?

un principiantel

¡Que

empiece de una vez con

mera guinda que agarró!

2. Las etapas de Ia experiencia religiosa y sus paradojas en el mundo social

La primera guinda que aga[o en la historia clel sacer- dote partidario de vaciar el relicario en el tarro de la

basura es el sacerdote mismo

..

bre? Sabe que las reliquias son,

¿eué vida llevará el po-

primero que nada en

los tiempos que correnr fetiches que rebajan la iglesia

a las alturas de la brujería. Luego, como si fuera poco,

falsificaciones que dejan su oflcio en el mismo niyel

que el de los charlatanes que a esa misma hora están desen¡rolla¡rdo sus culebras y vendiendo la pomada

cúralotodo en Ia Plaza de los Artesanos. Más todavía:

sabe que hay cientos de miles de seres que creen en esas falsiflcaciones, que no alcanzan en su corazón

para más religión que la de los cha¡latanes y los brujos.

No sólo lo sabe: no tiene ningún problema en recono-

cerlo y repudiarlo ante el amigo que lo visita. Un día

de éstos, cuando no aguante

más, se lo va a g¡itar a

todos sus beatos desde cl púlpito-

¿O

esroy exageran-

do? Después de todo, hasta los místicos tienen que

preocuparse del puchero. En algunaparte leíunaforis-

l5

gías. Pero, ni siquiera es congruente con la histoda de la

religión. Mejor quizás: a veces, el desarrollo ,magia.

animismo, totemismo, etc, es congruente con el de- sarrolio individual. Por ejemplo: un pequeño que co-

mienza sacando la mano al doblar la esquina para no

atropellar al ángel de la guarda y te¡mina de

viejo dis-

putando con otros viejos sobrc las relaciones del libre

rlbedrío y Ja gracia de loi cielos. Otras veces, el desa-

rrollo es congruente con el desarrollo de la historia.

Por ejemplo: las reformas de la religión a t¡avés de la historia y debidas al látigo acerado de la ciencia. Otras

todavía como un desa¡rollo social. por ejemplo: los

cambios de la religión dentro de una misma sociedad al subir por sus jerarquías.

Mi tercera guinda (comienzan a engarz a¡se tantas

que tengo ya que elegir) podría ser la religión como

desar¡ollo en este último sentido, como desa¡¡ollo so-

cial. De un desa¡rollo individual acaso no tendríamos,

que asonbrarnos.

¿Cómo podría un.niño tener una

que no fuera una experiencia

(xpcriencia religiosa

pueril? ¿Cómo un adolescente otra que una experien- cia adolescente? De un desar¡ollo histórico ya no po-

d¡íamos hacernos cuentas con tanta sencillez. Porque, ¿qué diremos de todos esos desventurados seres que

hicieron su experiencia religiosa adorando piedras,

animales o ríos? El consuelo lo podríamos tener me-

diante u!] parangón entre la vida individual v la ..

vida

hislur¡ca". Pero.'siendo esla operación purrr"nt. ,.- tórica, se puede replicar que los consuelos de paran-

gones no son más que parangones de consuelos.

El caso de un desarrollo de la religión que no es elemento de un desarrollo individual o un desarrollo

mo sobre los sacerdotes: que resuelven los problemas matedales propios resolviendo los espidtuales ajenos. Todo esto seguramente, no es novedad para na-

die. ¡Vaya con la guinda que agarró usted! ¡Si se la

conoce al dedillo desde los comienzos de la Iglesial La

ineludible separación entre la élite de los pocos sabi-

hondos y la masa de los muchos ignaros. Siempre 1o

supo y lo aceptó la Iglesia. Siempre lo supieron y aceptaron todos. Bajo todos los respectos y en rela-

ción a todas las doctdnas. Los muchos llamados, los pocos elegidos. Las doctrinas esotéricas para los suti-

les, los cuentos fabulosos para los tontos. Así, pues,

la guinda que sigue!

¡ensaye

No demora en asomar la que sigue. Es un tantín más grande, más luminosa. Se refiere a los grados, etapas, fases, rromentos, capítulos (frases no faltan)

de la experiencia religiosa. Lo vemos veni¡. Las reli-

quias no son más que el humilde comienzo de la

religión- l\{ientras la cjencia no trajo consigo la noción de progreso, todas las esfe¡as de la vida social estaban

eslagnadas, encerradas en círculos. Los caníbales emn

los caníbales y los católicos, los católicos. Con Ia

noción de progreso

-porque

no es lo mismo comuni-

ca¡se por correo a caballo que por co¡reo inalámbrico-

todas las cosas comenzaron a disponerse en etapas. Los católicos también se comÍan a la gertte, sólo qLle

transubstanciada. Así, la experiencia religiosa aparece como un desar¡ollo, un avance, un prog¡eso. Se dice:

magia, animismo, totemismo, politeísmo

...

y estas

cosas no están aparte: son etapas, fases momelttos de

un desa¡rollo. Pero, este desarrollo no es congruente con el desarrollo illdividual. Aunque se hacen analo-

histórico sino que se produce, por ejemplo, yendo por

la ciudad de un barrio a otro (desde las "animitas" de

Barrancas a los "¡etiros espi¡ituales" de Los Domíni- cos), eso ya es cosa más difícil de reducir. Ni las ana-

loglas más flojas sirven aquí.

Podemos retroceder y con la imaginación dar

un vistazo a la expresión de nuestro sacerdote cuando

ante el relicario de esa parroquia suya respondió: "Yo

estoy por que boten esta basura, pero

¡ahí

la tiene

usted!" Por esto que dijo podemos imaginar la expre-

sión de su cara, ¿verdad? Leer allí alguna clave sobre

los enigmas de eso que llamamos aquí desarrollo so-

cial de la religión. Si, letrados como nos gusta perna-

necer, desconfiamos de lo escrito en las páginas de

una cara, podemos contentarnos con las palabras del sacerdote, podemos dar un vistazo al "pero" que em-

plea hablando de la basura que hay en el relicario en

vez de gstar en el basurero.

La palabra "pero" es conjunción, es deci¡, une

dos sentencias; pe¡o, además, es conju ción adversati-

va, es decir, -como reza nllestra real gxamática enla-

za dos perídos ent¡e los que hay oposición o contrarie- dad. Dice más nuestra gramática: que esta conjunción

"une dos oraciones entre las que hay cierta oposición,

pero no incompatibilidad". Podría dejarse más en

claro la naturaleza del "pero" así: el "pero" es un

caso especial del "y": es el "y" que conjuga cláusulas que en cierta medida se oponen. Me parece que en esto consiste toda ia lógica del

"pero". ¿Basta para que miremos con inteligencia en la cara de nuestro sacerdote mientras da expresión a

su "pero"? Atendamos al contenido de su "pero".

l8

Hay dos sentencias o cláusulas. Si contprenrlemos

-simplificando las cosas nocioltes como las cle f-eti-

chismo,

totemismo, animismo,

magia,

en el concepto

concepto) y si

"o*L

supe

"^p."_

ores, en_

de reliquias (o enlazadas todas por este

conside¡amos el repudio de las reliquias

sión de

nociones religiosas dife¡entes,

tonces, el "pero" de nuestro sacerdote se aclara y ya podernos leer con más faciljdad lo que está escrito en

su semblante.

La real gramática

dice que entre las cláusulas que

cierta oposición, p"ao ,.,o in_

¡cuántas guindas saldrían

al análisis de ll palabra

hay tientpo ni

hay que con_

coordina el "pero" ha¡,

compatibilidad. De paso,

del cesto si nos aplicárantos

"cie¡ta" de la cita hecha! pero. no

competencia para tamaña dedicación y

centrarse en el ¡ostro de nuestro sacerdote_ prime¡o

que nada: ¿Puede un rostro expresar la incompatibili_ dad, ia contradicción?

En Lrna parte escribí sob¡e Lrn gato

salvaje que se

acercó a nti ventana inte¡ior de estudiante pobre. Me

miraba el mísero minino con ojos cle liera y cle hant_ bre. Andaba en los huesos. Co¡ro dice el pueblo: por

¡espeto al cuero no se le caían.

Fuí a la cocina y traje

un trozo de carne fiambre que encontré. Abrí la ven-

tana y traté que tomara Ia carne de mis manos. como

gato decente. Se acercaba y se alejaba. Se acercaba más, olía, anagaba con una mano. pero más allá de

un punto no pasaba. No cuesta explicarse las cosas:

en su alma de gato crecía y se agitaba la oposición en_

t¡e el hambre y el tenor. FinalmeDte,

rompio lo que

parecía un lírnite, y se acercó todavía. pero desde su nueva posición no alcanzaba la car[e, y dc allí sí que

no avanzaría. Tenía la boca llena de saliva, adelantaba inútil la ma¡ro. La desesperación le vibraba en los lo- mos, en las orejas. Se balanceab¿, giraba, volvía dán-

dose ánimos. Pero del límite ¡1o pasaba. Finalmente, soltó un inaullido estridente. Esta histo¡ia tengo que

haberia contado más de una vez a mis alunnos de In-

troducción a la Filosofía. recomendándoles que pen-

saran en clla y no dejaran de darle vueltas, porque

el

hecho ne parecía ilustrativo de lo que es dialéctica: el

conflicto y la resolución de las cosas contlictivas en

una síntesis esta vez en un nraullido dcsgarrador.

Quede constancia aquí de que el minino se llevó su

came de todas maneras.

René Thom, en 1972, y E. C. Zeeman después,

l.ran publicado hen¡osos trabajos con vistas a instituir una "matemática de catástrol'es". Se trata de una ma- temática, dice Zeeman "especialmente aplicable allí donde fue¡zas que cambian gradualmente producen

efectos súbitos". Dice también que "a menudo llanra- mos catástrofes a tales efectos, porque ruestra intui-

ción de la continuidad de las fuerzas subyacentes tor-

na la discontinuidad de los efectos inesperada, lo que da lugar a este nombre". EI primer ejemplo que toma Zeeman se parece al de nuestro minino. Se trata del miedo y la ira como

factores conflictivos, "Un incremento de la irá causa

un aumento en Ia agresión: un incremento del miedo

causa una disminución de la agresión. Pero, ¿qué ocu-

rre si incrementamos ambas cosas, ira y miedo?

"No

cuesta ver que el triunfo de una matemática de catás-

trofes significaría un avance enorne en el intento de

establecer los fundamentos de las ciencias sociales. La

en conflicto y que no obstante entran todos en Ia uni- dad de una expresión.

Esto en lo que respecta al rost¡o de nuestro sa-

cerdote . ¿Y qué en lo que respecta

deci¡ a la

a su discurso -es

medida en que su competcncia lingriÍstica

sabe hacerse cargo del conflicto? Ya lo vimos: el hom- bre tecurre al "pero". El "pero", el "sin embargo", el

"no obstante", "aún cuando", "con todo" y cien

otras expresiones de parecida función son instnlmen-

los verbales de poder. El scmblante, con su sistena de mú:culos, penrrite que convivan cn un rnrsnro so¡n¿r impulsos incompatibles. El "pero". el "no obstante"

son fórmulas lingüísticas qúe logran la coexistencia de luerzas que dejadas cada una a su principio chocarían

destruyéndose. Escúchese el períoclo ¡etórico de un

político dividido en dos cláusulas por un "sin embar-

go" y se Iendri un,'¡ernplo Jc r'ncirrro y un cimi(nto

de dos fuer¿as opuestas, antagónicas, cont¡aaias me-

diante el yugo dc una clave verbal. "Yo estoy porque

boten toda esta basura, pero, ¡ahí la tiene usted!" Con

nuestro sacerdote, la retórica ha llegado a un extremo:

por decirlo así, deja que la oposición se desencadene

con toda su fuerz a.

Pero, ¿debemos

decir que habiendo aquí -entre

la superchería y las formas espirituales de la religión-

oposición, no se llega todavía a la incompatibilidad?

Una cosa pod¡ía decirsc (siquiera decirse) sin quién la

refutara: si de verdad se llegara a la incompatibilidad, las reliquias estarÍan en la basu¡a. Peto, no lo están- Aún más: el que sostiene que debieran estarlo es

quien se desempeña como su custodio y conservador.

eyección. Zeeman, con vistas a establecer una relación

matemática en los sentimientos y la conducta de un

perro trabajado al mismo tiempo por la ira y el temo¡

-operación

en la

combinada que encontrarros a cada ¡ato

naturaleza y que, por más que se disfrace, ador-

ne y dulcifique, ostá presente a cada rato en el mundo

de las relaciones sociales considera dos signos -uno

de ira, otro de temo¡- que ha indicado Lorenz en sus

estudios sobre la agresión; con 1a ira, abre el perro la

boca des[uda los dientes en proporción; con el ¡nie- do, va plagando hacia at¡ás las orejas tanbién de

acuerdo a la intensidad del sentinliento-

¿Consideraremos una dinámica así, reflejada en

un rostro y operando por dentro y manifestándose

por fuera en eso que llamamos expresión?

¿lrá

así, de

detalle a detalle en el rostro, de detalle a detalle en el

cerebro una operación unívoca, exacta, pasible siquiera

en pdncipio de fonnulación matemática?

¿Y

quó de-

cir del desenlace mismo, la catástrofe -huirá el perro,

o atacará? Uno no sabe. Hasta puede ir a dar a un ma-

nicomio de perros, Pero, en fin, catástrofe o no catástrofe, el siste-

ma muscular del rostro sabe affeglárselas y se las arre-

gla a cada rato con los conflictos del alma humana los conflictos de impulsos, afectos, ideas y valores.

Creo recordar que Hegel divide en tres partes el rostro l.rumano. Habría que dividirlo en muchas más. Mien-

tras más consideramos, más asombroso ¡esulta cso

que nombramos expresión del ¡ostro hurnano: porque

siempre hay unidad de expresión, por muchas que

sean las partes expresivas y po¡ numerosas que sean las ideas, emociones, impulsos, afectos, etc. que estén

dialéctica

con toda su adecuación y profundi-

-que

dad no ha logrado consolidar una percepción inteli-

gente de los hechos sociales

-sería

prácticamente de-

salojada por un método objetivo, luroso y exacto.

Catástrofes en este sentido de resolución catastrófica,

de síntesis catastrófica de opuestos, las hay por todas

partes, en la naturaleza, en la historia, en la sociedad, en la vida individual. Que haya una racionalidad, una lógica y hasta una matemática de las catástrofes pue- de también ponerse en el favo¡ de las intuiciones ordi-

narias. "El punto de no retorno",

"la gota que llena el

vaso", "la paciencia que se acaba", "la tensión que no

se aguanta más" y también "el compromiso", "el ca-

mino intermedio", "el cambio en la relación de las

fuerzas sociales" y muchas otras expresiones de esta

especie revelan la intuición de un elemento funda- mental matemático, calculable, computable er todo

orden de fenómenos en que el conflicto ¡esulta el fac-

tor relevante. La intuición también nos dice que el carácter y complejidad de los conflictos reales hace

más que difícil aprehenderlos en términos matemáti-

cos. En la realidad millones y millones de conflictos

están ¡evolviéndose en todos los niveles: en nuestro

entorno personal, familiar, social, histórico, la ¡esolu-

ción de mil cont¡adicciones se despliega evidente ante nuestros ojos. Pero la maquinaria intema de la resolu-

ción no ya su matemática, su lógica es asunto que fue¡za las cosas en ot¡o nivel de intelección.

Todo esto lo echo como en un paréntesis consi-

de¡ando el ¡ostro de nuestro sacerdote cuando miran-

do un montón de basura tiene que avenir esa certeza

con un juicio que reputa sagrada y milagrosa toda esa

¿Cómo se resuelve en términos sociales esta oposj-

ción entre fomras dif'erentes de experieucia religiosa

-animismo, fetichismo, revelación, misticisn.to. etc.?

Las épocas de refonna son casos de rcsolucióll catas-

trofal. Las cosas opuestas (por ejemplo. la misericor-

dia de Dios y la dispensa de indulgencias) se aproxi- man peligrosamente, tanto que ya no pueden convivir

no sólo en un ce¡ebro, no sólo en un discu¡so retóri- co, sino tampoco en la comunidad de la iglesia. Cuan- do no es así, 10 opuesto conyive en términos de prin-

cipios extrareligiosos. Lo que religa no es religión,

Cuando se lee: "Bienaventurados los pobres de espí¡itu, porque de ellos es el ¡eino de los cielos,' le

parece al lector o¡dinario que aquí está el lugar para

los que se inclinan ante un clavo, besan un pie de

bronce o piden perdón por sus pecados a una estatua

de yeso. Pero, los que entienden de escritos evangéli-

cos nos dicen que no, que los pobres de espíritu no

son los "pobres en captación espiritual" sino que se

t¡ata de las personas que por su "larga postración eco-

nómica y social sólo tienen confianza en Dios". (Da-

vid Hill: Gospel of Mathiew, p. I l0) Si es así, no que-

daría más que señalar la congruencia de estas dos

especies de pob¡es; y si no, la inclusión de la segunda

especie en la primera. Porque quierres se encuentran

en la postración indicada son pobres también en "cap-

tación espiritual", aunque no siempre sea el caso de

que los pobres en captación espiritual sean pobres a la

letra-

O podemos considerar la famosa primera bien-

aventu¡anza como expresión de una experiencia reli-

glosa -un misterio teologal, dicen algunos- y no un

lerna político (doctrinario, ideológico). En ese caso,

no habrían cambiado las cosas en el plano del conflic-

to, la oposición (y la eventual catástrol'e). Ahora. no es un demagogo el que dice "bienaventurados los po-

bres", sino un teólogo. Pero, igual de igual: una enor, rrre mayoría va a llegar al cielo sin sabe¡ mucho, poco

o nada de intríngulis teológicos, si¡ro aferrándose con las dos manos a un clavo, r.rn pie de bronce o un mono

dc yeso pjntado como <i fuera Dios mismo.

3. El neodarwinístno contra el argumento del

Díseñador Cósmico.

Pero es ot¡a la guinda que aparece

aho¡a. El sacerdote

pa¡tida o de echar las reliquias a la basura dice su "pero" sin ninguna tensión en el rost¡o, sin ninguna resolución dolorosa de oposiciones en su mente. A él

no le va a. venir un Diderot, un Voltai¡e con sus críti-

cas del clero y la iglesia, sus denuncias de la imbeci-

lidad y estafa sin nombres combinadas en los ritos, celebraciones. procesione¡. comu ir iones. ascensiones,

etc. de Ia iglesia romana.

El está de regreso de esta crí-

tica. ¿No dice ta¡nbién Voltaire que lo esencial y va-

lioso de las religiones positivas es la noción de un Dios

único, un Ser Supremo, un comandante de la moral.

la civilización, 1a humanidad y que no clebemos con-

fundir este núrcleo de selttido de Ia religión natural, la

religión verdadera, con las fábulas y las patrañas de la gerte \rllgar alentada por la canalla del clero? Bien: é1

dice lo mismo. El tarnbién es Voltaire. ¿Dónde está el

problema? El es uno de los hombres encumbrados en 'taptación espiritu¿1". Los partidarios <le las reliquias

son grupo dislinto. Cierto, estos fonnan la inmensa

mayoría. Cierto también: los encumbrados en "capta-

ción espiritual" son los pastores, los encargados del

rebaño que forma la enonne mayotía de pobres de

espíritu. Ningún problema: la iglesia es tal articula- ción política, la articulación política de un conglome- rado (simplificando aquí, puesto que la "captación

esplritual" no es la misma cuando se recorre el espec- tro social y cultural, yendo desde las poblaciones mar-

ginales al Bario Alto o desde las t¡ibus del Africa

Central a las unive¡sidades de Lovaina u Oxford). El

congloruerado no es conglomerado sino una yuxtapo- sición de conglomerados. La iglesia asume la coordi-

nación inteligente de estas partes. No hay conflicto

eltre éstas mientras no se las mezcle. no se las con- funda, no se las identifique. No se quiera pasar de la

una a la otra sin hacerse cargo de las diferencias. El "pero" gramatical aparta las partes que coordina. El

discurso inteligente hace lo mismo. La sociedad

...

la metrópoli, recorran sus bar¡iosl Difícil decir

¿la política,la economía, la biología, la Iglesia, ha establecido el orden de la ciudad. Se pare-

¡vean

quién

Dios?

ce a la unidad expresiva del semblante, Los pobres de espíritu, ¡qué bien distribuidos están! Los encumbra-

dos en "captación espiritual" no pueden estar mejor.

Aunque no se vea todavía, todo esto nos sirve

para ir entrando en terreno. Se trata de echar un vista-

zo al estado de cosas sob¡e un argumento en favor de

la existencia de Dios

modo, el argumento

-gros,so

que se basa en las manifestaciones y prodigios de la

?,(,

sos. Puede verse lo mismo hablando de medallas, cru-

cifijos, amuletos, efigies que los creyentes en mayoría enorme reye¡encian; o también, valiéndose de los ri-

tos, rezos, conmemoraciones, milagros, leyendas, mi- tos, prodigios y apariciones. Todo esto produce en el conglomerado de los hombres religiosos la misma divi-

sión. No cuesta mucho probar su realidad, encontrar

gente como el sace¡dote de nuestra anécdota que pro-

pone echar las reliquias

a la basura y de un envión lle-

ya¡ a los milagreros tramposos a la cárcel y a los yisio-

narios psíquicos al manicomio. Lo que Dostoyewski arguyeJ con la mira puesta en otro resultado

-que

si

volviera Jesús al mundo 1o cogería la lnquisición

y lo

encarcelaría, 1a leyenda del Gran Inquisidor- en