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LA PUERTA AL UNIVERSO

“Una persona cabal, es aquella que se sabe diferente a todas las demás, ya que cabal es justamente la antítesis de vulgar”

Cosecha propia

Dedico este libro a la memoria de alguien que yo desgraciadamente no conocí. Se trata de una persona de las muchas que murieron en nuestra guerra civil, que antes de ser fusilado (independientemente del bando al que perteneciera, pues las ejecuciones se sucedían tanto de un lado como del otro), dijo:

  • - “Todo me lo quitaréis, pero hay algo que me llevo”

Le preguntaron qué era, y él contestó:

  • - “MI MIEDO”.

¡PROHIBIDO PENSAR!

La intención de “esto”, que dicho sea de paso, pretende ser un

libro, es la de ayudar a todos mis compañeros de fatigas (a todos vosotros), a hacer más llevadero esto de vivir. En esencia, espero que resulte un libro “útil”, y ojalá ayude a todo aquel que lo lea, a encontrar su propio camino.

Prohibido

pensar,

en

sí,

es

obviamente una utopía,

afortunadamente eso, hoy por hoy no es posible. El título de este

capítulo es sencillamente una estratagema, un ardid. A la gente, hoy en día, eso de tener que pensar le pilla como ¡Muy lejos¡ Viven inmersos en esta sociedad salvaje, que les absorbe todo su tiempo (su Vida). De

manera que te encuentras con que te dicen, “¡Oye, mira, que ya pensaré

mañana! ¡Que es que ahora mismo tengo mucha prisa! Por supuesto esto resulta tremendamente contraproducente.

La Vida es algo que se encuentra “dentro” de nuestra cabeza, y no

fuera, como en un principio puede parecer. Todo eso que aparece ante nuestros ojos, en realidad, ¡No está ahí!; digamos que vendría a ser como una proyección de nuestro cerebro, como si se tratara de algo virtual (eso que hoy día está tan de moda). ¡Sí, sí, tú lo estás viendo!, pero donde está seguro, y de donde no se escapa, es de ahí dentro (aunque sé que suena muy raro, la verdad es que no sé muy bien porque, pero lo cierto es que hasta aquí, por ahora, llega todo el mundo). Así pues, si resulta que la Vida se encuentra dentro de tu cabeza, y tú esta, no la haces servir, lo que en realidad estás haciendo es ¡No vivir! Por lo tanto pensar es sencillamente eso, ¡Vivir! Llegado este punto, podríamos redefinir la célebre frase del gran René Descartes, en:

“Pienso, luego Vivo”

Bien pues precisamente lo que la gente hace hoy en día es eso, no pensar, no vivir. Digamos que a la Sociedad de Consumo no le interesa que la gente piense, el hecho de pensar es inversamente proporcional al hecho de consumir. De este modo mientras menos utilice la gente las neuronas, más consumirá (de forma que cada vez querrán más y más, pues no en vano el consumismo es una droga más, ¡Y de las duras!). Esto vendría a explicar el espectáculo que aparece ante nuestros ojos, verdaderos autómatas, gente corriendo de acá para allá, como gallinas

sin cabeza. El problema reside en que de alguna manera, “se juntan el hambre, con las ganas de comer”, porque la gente obviamente tiene

problemas -todo el mundo, por el mero hecho de estar vivo los tiene-, pero en vez de afrontarlos, lo que hace es que cierra los ojos para dejar de verlos -la táctica del avestruz-. Aunque claro, tarde o temprano tienen que volver a abrirlos, porque insisto, esto está montado así, y no hay ninguna otra forma de vivir, que no sea esta, pensar. Con lo cual se encuentran con que el problema, ya no solamente sigue estando ahí, sino que además, ¡Se ha agravado!, porque ellos no han hecho nada por

arreglarlo, ni por supuesto va a venir nadie a “sacarles las castañas del fuego”.

Hay una canción de Serrat que dice: “prefiero hacer a pensar”, sin

embargo esto no es matemáticamente posible, ya que el pensamiento debe de ir siempre, por delante de la acción. Y esta ley es sagrada, pues

en el momento que deja de cumplirse, la persona pasa a ser automáticamente, y valga la redundancia, un simple robot, ¡Un robot de carne y hueso!

Así pues, y por triste que pueda parecer, la realidad es que hoy en día eso de pensar, ¡Pues como que no se estila!, ¡Vamos que no está de moda! Y sin ánimo de dramatizar, os puedo asegurar que la cosa está bastante chunga, porque yo al menos no encuentro gente que piense. Sin embargo, no renuncio a la posibilidad de encontrar “Vida Inteligente” en

este planeta (soy muy cabezota), supongo que ¡Haberlos hay los! (¿Espero?). De todas formas, como se suele decir:

“No hay mal que por bien no venga”

Porque estoy completamente convencido de que ya “hemos tocado fondo”, es decir que más para bajo ya no podemos ir. La maquinaria mental de la gente está completamente “agarrotada”. Cuando algo no se

usa acaba por oxidarse, y eso es lo que ahora mismo les sucede a los

cerebros de la gente. Vendrían a ser como aquellos coches que llevan

mucho tiempo sin usarse, que luego les cuesta horrores volver a funcionar. Sin embargo yo no renuncio a volver a ponerlos en circulación. Y para ello lo que hago es que les sacudo directamente en el cerebro unos “electro-chocs”, para tratar de estimular y reanimar su maltrecha “materia gris”, y devolverlos de esta forma a la Vida. Como

ya advertí, el título de este capítulo está puesto con toda la idea. ¿Porque

“Prohibido Pensar”?, pues porque las personas somos como los niños pequeños, cuando nos prohiben algo es cuando realmente queremos hacerlo. Y lo que yo hago es provocar a ese niño, que todos llevamos

dentro para, como vulgarmente se dice, “llevármelo al huerto”. ¡Eso sí!,

de forma completamente altruista, ya que es por su propio bien.

Porque insisto, la aventura -la Vida-, no consiste en irse a la selva a liarse a dar machetazos, ¡No!; la aventura se encuentra única y exclusivamente, dentro de ese mundo por descubrir, que es nuestra mente. Debo confesar que particularmente, pensar es “mi deporte favorito”(digamos que disfruto más que un gorrino en un charco), y

realmente es un ejercicio que no me representa ningún esfuerzo. De hecho lo mío es verdadera pasión -pasión por vivir-, digamos que mi cerebro está en constante movimiento, de acá para allá, y no para quieto ni atado. De manera que siempre anda buscándole los tres pies -e incluso los cuatro- al gato, y sacándole punta a todo. Pero es que pensar (vivir),

es precisamente eso. Porque por otra parte, pensar no es divagar, o sea

no es decir: “Pues mañana tendría que ir a comprarme tal cosa, para después quedar con fulanito e irnos a tal o cual sitio”, ¡No!, eso no es

pensar, ¡Eso no es nada! Pensar es construir, es coger 1 y 1, sumarlos, y ver que te da 2. ¡Eso es pensar! Pensar es buscar, es cuestionarse algo, es dibujarse una interrogante, preguntarse ¿POR QUÉ?, ¿Por qué esto? o ¿Por qué aquello? Una interrogante siempre es un caminito que coges, y que sin duda, te ha de llevar a algún sitio. En la Vida todo debe de tener una correspondencia, un motivo, ya que nada es porque sí, por lo tanto todo tiene que tener una razón, un sentido, y una explicación lógica. Y vivir consiste simplemente en eso, en indagar, en discurrir, en discernir, en seguir esos caminitos y ver a donde nos conducen. No en vano, de hecho:

“Pensar (Vivir) es la responsabilidad de todo ser humano”

Afortunadamente mi oficio de taxista, me ha permitido tener tiempo para hacer lo que más me gusta, pensar. De forma que ya he tomado muchos caminitos, que lógicamente me han llevado a muchos y variopintos lugares. Lugares que nadie ha visitado todavía, y que a través de este libro os iré desvelando. Pero para que entendáis mejor esta idea de los caminitos, os pondré un ejemplo. Cuando el gran Albert Einstein dijo aquello de que:

“El hombre solo utiliza el diez por ciento de su capacidad mental”

Lo cierto es que a mí desde un principio esta afirmación me chocó muchísimo, digamos que había algo ahí que no me acababa de cuadrar, de modo que un buen día, se me vino una pregunta a la cabeza: ¿Cómo podía el amigo Einstein conocer ese dato?, es decir ¿Cómo podía saber,

si era el 10 %, el 13’6%, o el 9’5%? o dicho de otra forma ¿Con que lo

medía? Tomé pues ese caminito para ver a donde me llevaba, y mi sorpresa fue descubrir que en realidad, ¡NO lo sabía! Una persona inteligente se puede reír de un tonto, lo contrario resulta más complicado, y Einstein era uno de los más inteligentes que había. De

hecho era tan inteligente que realmente ¡Se estaba “riendo” de Toda la

Humanidad! (de todos nosotros), porque lo que el bueno de Einstein estaba haciendo no era una valoración cuantitativa, sino cualitativa.

Vamos que en realidad nos estaba diciendo (con perdón de nuestros simpatiquísimos amigos):

“¡Pero que burros que sois!, ¡Que no pensáis!”

Einstein era un físico, ¡No un neurocirujano!, y además era un pragmático, un cachondo mental (yo tengo un póster suyo en mi

habitación de esos en los que aparece con la lengua fuera). Se conoce que el tipo pensó: “Sí yo digo esto, esto va a ir a misa, porque como lo he dicho yo”, de forma que un buen día, muy sutilmente, lo dejó caer.

¡Pero eso¡, no

fue más

que un experimento, solo pretendía poner a

prueba nuestras neuronas, aunque desde luego el pobrecillo debió

llevarse un buen chasco.

Pero si es que al parecer, hoy en día la gente tiene ¡Hasta miedo de pensar! (de vivir), ¡Como si fuera algo malo! Sí, el típico comentario

que acostumbran a hacerte es: “No, pero es que si piensas mucho, tampoco es bueno”. Pero esto no es así, porque lo único que no es bueno es “no pensar”. Además, pensar mucho es imposible, porque la Vida es

un camino infinito, siempre hacía delante, de manera que ¡No te lo vas a acabar! Por lo tanto en realidad “pensar mucho” (vivir mucho), es lo que hay que hacer.

Era también Einstein quien decía que él, para estudiar (para realizar su trabajo), solo necesitaba una hoja en blanco, un lápiz, y su violín (ya que esta era su afición). Porque él ya había llegado al final de su camino, allí hasta donde sus antecesores habían llegado; sin embargo sabía que tenía que continuar ese camino hacía adelante, sabía que tenía que seguir investigando.

De manera que podéis estar tranquilos, porque por mucho que penséis, no os vais a “pasar de largo”, sino que por el contrario siempre os quedará camino por delante. De hecho, la palabra “imposible”, también hemos de empezar a olvidarla porque lo cierto es que “TODO”

en esta Vida, puede ser perfectamente posible. En realidad lo que sucede

con esta palabra es que hacemos un mal uso de ella, deberíamos

sustituirla por “inconcebible”. Que una cosa no la concibas, no implica

que no pueda llegar a ser. Además la palabra imposible resulta super- negativa, es como cerrar la puerta a algo, con lo cual lo único que

conseguimos es limitarnos más aún, cuando como ya sabemos la Vida es

un camino infinito, es decir sin límites, por lo tanto lo que nosotros

necesitamos es “estar abiertos”. Y tres cuartos de lo mismo sucede con

la palabra “Utopía”, porque insisto, “Todo puede ser perfectamente posible”, ¡Hasta la cosa más inverosímil!, de manera que hemos de ir

desterrando poco a poco toda esta negatividad. En realidad se trata de una simple cuestión de información. Digamos que tú no entiendes (concibes) algo porque te falta eso, una información básica.

Por ejemplo, cuando nuestros abuelos vieron por primera vez un televisor, no comprendían como habían conseguido meter a la gente allí dentro. Ellos no habían tenido una educación adecuada, para poder

llegar a digerir aquello, y lo que en realidad les ocurría es que les faltaba eso, una información. Del mismo modo, solo que al revés, tendríamos el hecho de que muy probablemente, de aquí a unos años, será algo

habitual que los jóvenes en los institutos estudien la “Teoría de la Relatividad” de Einstein. De esta forma podríamos establecer la máxima de que:

“Todo es sencillo”

Porque en realidad

todo es una cuestión

de ir “asimilando” y

acumulando información (cultura). De hecho, el cerebro humano funciona exactamente igual que un ordenador. La cultura, la información, no son más que eso, datos, “megas”, de manera que mientras más megas vas almacenando en el disco duro, más capacidad tienes a la hora de sintetizar, y almacenar nuevos megas, que a su vez van aumentar, de forma uniformemente acelerada, la potencia de tu PC.

Y aunque contado así tal vez pueda dar un poco de “vértigo” (de

miedo), la verdad es que no debéis tener ningún miedo a la velocidad, al

menos mientras la Vida siga siendo infinita. Porque como dice una canción de Joaquín Sabina, aquí puedes “pisar el acelerador” a fondo, que no hay limite de velocidad, y tampoco se corre el menor riesgo de estrellarse (vamos que no necesitas air-bag), sino que más bien se trata de todo lo contrario, lo que realmente puede resultar altamente contraproducente, es ¡No pisarlo!

Porque, insisto, “Todo puede llegar a ser perfectamente posible”, por lo

tanto cualquier persona puede llegar a hacer cualquier cosa que se proponga (que se le meta entre ceja y ceja), por ella misma y sin la

ayuda de nadie. Aristóteles:

“Dadme un punto de apoyo y moveré el Mundo”

Pues en realidad, se trata simplemente de saber donde hay que meter la palanca (de poseer una información), para que aquello se mueva. Como dice mi madre: “Más vale maña que fuerza”, ya que definitivamente la inteligencia es algo que siempre le ganará la partida a la fuerza.

Por lo tanto esta máxima debe de ser a partir de ¡Ya!, nuestra referencia -no en vano el camino de la Fuerza también es equivocado, de manera que hemos de ir poco a poco abandonándolo-, porque insisto, lo positivo es estar abierto a todo, y a todas las posibilidades, y no cerrar nuestras puertas a nada. Por esta razón se hace necesario que cambiemos

el “chip”, de manera que empecemos a perder esos miedos absurdos, y

completamente injustificados, que no conducen a nada. Y teniendo siempre muy clara esa idea de que las cosas no son “difíciles”, sino “desconocidas” -porque con la información adecuada todo puede resultar perfectamente posible y comprensible-, poner en marcha el PC, e ir asimilando y nutriéndolo de datos.

En definitiva, se trata de lo que vengo diciendo desde un principio,

de darle caña a la “materia gris”, y de perder ese “miedo a volar” (a

vivir), porque

como

podéis

ver

pensar

(Vivir),

no

tiene

contraindicaciones, ni efectos secundarios, sino que por el contrario,

resulta un ejercicio “sanísimo”, ya no solamente por el hecho de ser lo que nos alimenta, nos forma y nos hace “crecer” como seres humanos, sino que el “bien estar” que genera es beneficioso para el organismo en general, porque está comprobado que el estado anímico, repercute fisiológicamente en la persona. De hecho, ¡Es bueno hasta para el cutis!,

sí porque posee un potente “efecto rejuvenecedor”, ya que no en vano se trata del mejor “antioxidante” que hay, hoy por hoy en el mercado.

A modo de broche, me gustaría acabar con una cita nuevamente, como no, del genial Albert Einstein, que aunque todavía no tengo muy claro, si encaja bien aquí, o no, lo cierto es que es tan bonita que pienso se podría colocar en cualquier sitio. Y dice así:

“La belleza vive solamente en los ojos de quienes la contemplan”

TEORIA DE LA DIFERENCIACIÓN

Dice un refrán sueco:

“Los jóvenes van en grupos, los adultos van en parejas, y los viejos van solos”

Sin la menor duda, el autor de esta frase nos está incitando, de forma descarada, a reflexionar. Nos está invitando a seguir un caminito. Y la pregunta que de alguna forma nos empuja a hacernos es: ¿A qué obedece tal actitud?

Las personas a lo largo de este espacio de tiempo llamado Vida, lo único que podemos aprender, es a conocernos a nosotros mismos. Ya que ciertamente nunca podrás llegar a conocer a nadie tan bien como a ti mismo, es más, de hecho mientras no te conozcas a ti mismo, difícilmente podrás conocer a nadie más. De esta forma, y sin animó de

ponerme algebraico, podríamos decir que, “conocerse a uno mismo, es en realidad, conocer a los demás”.

Sin embargo resulta que paradójicamente, la forma de conocerme a mí mismo es a través de los demás, porque conocerse a uno mismo en

realidad no es más que “diferenciarse” de los demás, o lo que vendría a

ser lo mismo, “distanciarse” de los demás. De esta forma, mientras más

te conozcas a ti mismo, más distancia habrá entre tú y los demás. Y esta vendría a ser la explicación del refrán anterior; el conocimiento de sí

mismo que el viejo ha ido adquiriendo a lo largo de su Vida, ha ido aumentando la distancia entre él y los demás, de forma que esta ya le resulta, prácticamente, insalvable.

La gente, cuando les explico todo esto, me tachan de solitario, pero

la verdad es que no hay nada más lejos de la realidad. De hecho, la

realidad es que todos somos “solitarios en potencia”, pues el mero hecho

de ser únicos, genuinos, e inimitables, nos hace, al mismo tiempo que

todos estemos “solísimos”, en nuestros respectivos “mundos”. El viejo

del caso anterior simplemente ha ido descubriendo una distancia, pero en realidad esa distancia ya existía cuando nuestro viejito era joven, solo que él la ignoraba. Pero si yo conozco una distancia, por muy grande que esta sea, estaré siempre menos solo que otro que no sea consciente de su soledad, pues yo al menos trataré de salvarla. Por lo tanto yo de solitario no tengo nada, en todo caso sería, todo lo contrario. Por otra

parte lo cierto es que uno puede estar solísimo, a pesar de estar rodeado de gente (de hecho las ciudades están llenas de solitarios).

Así pues, ciertamente podemos afirmar que todos somos únicos, inimitables, diferentes y genuinos. Y efectivamente todos somos

afortunadamente, esencialmente “raros” (especímenes en peligro de

extinción). Pero:

¿Qué es lo que nos hace a todos, distintos de todos?

Este curioso concepto de “unicidad”, es el que a la vez hace que todos tengamos “Un” determinado destino. Porque de hecho ambas cosas guardan una estrecha y extraña relación. Cuándo decimos que cada persona es un mundo no decimos, dos, ni tres, sino ¡Uno!, uno determinado. Determinado justamente porque es exactamente de una determinada forma, por lo tanto se puede definir. Y lógicamente se

puede definir porque tiene un “fin”, o lo que vendría a ser lo mismo, un

Destino. Es decir que no tiene tres, ni cuatro, sino uno, ¡Uno solo!

Dice mi madre que había una vez uno vendiendo gustos, pero que no consiguió vender ninguno, porque todo el mundo tenía el suyo (es

decir uno determinado). Todos vamos siempre buscando “algo” en los

demás, constantemente. Buscamos una determinada persona, que tenga unas, no menos, determinadas características. Sin embargo lo que

ninguno de nosotros “sospechamos” es que lo que en realidad vamos

buscando es ¡A nosotros mismos! Me explico; tú sabes lo que vas

buscando, sabes que esa persona debe ser así, así, así, así y así. Pero lo que no sabes es que en realidad, tú eres el que eres así, así, así, así y así. Es decir que tú eres exactamente igual (en esencia), que esa persona a la que andas buscando, y a la que si se tercia, algún día encontrarás. Es lo

que se ha dado en llamar las “Almas Gemelas”.

¡Sí! ¡He utilizado la palabra ALMA! (porque de hecho esta es la

“clave” del asunto), y soy consciente de que a pesar de que viene

perfectamente reflejada en los diccionarios, hoy día (en pleno siglo

XXI), resulta una palabra más que “tabú”. Pues aunque bien es cierto que no estamos en la Edad Media, donde por mucho menos de lo que aquí expongo, ya me habrían pegado fuego, a la gente la palabra Alma le

sigue “tirando para atrás”. Desde siempre al hombre le ha tirado para

atrás todo lo que desconocía. En los tiempos de Colón, por ejemplo, se pensaba que los barcos se precipitaban por un abismo, al llegar a lo que

ellos imaginaban, eran los confines de la Tierra, y que al parecer también estaba poblado por una serie de monstruos marinos, etc. O sin necesidad de ir tan lejos, hoy en día tendríamos por ejemplo el tema de

la Muerte; tema de lo más “tabú” (sobre todo para la sociedad de

consumo en la que estamos inmersos). La gente teme todo lo que desconoce, pero esto no implica absolutamente nada, porque al igual que Colón encontró un maravilloso continente tras aquellos confines malditos: ¿Quién sabe lo que nos aguarda a nosotros tras esa frontera natural que es la Muerte? (donde por otra parte, todas las experiencias que la gente manifiesta haber tenido, en lo que podríamos llamar el umbral de la muerte, parecen haber resultado de lo más placenteras).

Retomando el tema, como vengo diciendo, a pesar de todo

la palabra “alma” viene perfectamente reflejada en esos “Libros

Sagrados” nuestros, a los que llamamos diccionarios. Y realmente es digna de admirar la osadía con la cual, los que fabrican los

diccionarios se aventuran a definir esta palabra. He recopilado algunas

de las definiciones de la palabra “alma”, según nuestras “Sagradas

Escrituras”:

  • - Según la Real Academia de la Lengua Española:

“Sustancia espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, que informa al cuerpo humano y con el constituye la esencia del hombre”.

  • - Otra:

“Coprincipio, juntamente con el cuerpo, del ser viviente, fuente de sus operaciones vitales y sustrato permanente en medio de los cambios del

ser vivo”.

La verdad es que para mí todo esto está más que bien, ¡Está genial!, vamos que me parece de lo más interesante. Sin embargo hay algo que no puedo dejar de preguntarme, y es; ¿Cómo pueden definir algo de lo que no tienen constancia? Porque el cuerpo es algo bien tangible, pero ¿Y el alma? La respuesta es simple. Sencillamente,

¡No pueden! Digamos que van dando “palos de ciego”, e insisto,

realmente es digna de admirar su osadía, pues son conscientes de que algo tienen que decir, porque la existencia del alma es algo prácticamente obvio, algo que hoy en día solo un necio sería capaz de poner en duda. Con lo cual, en realidad sencillamente están demostrando tener una inteligencia poderosa. Porque realmente las definiciones, a mi parecer, son de lo más interesantes y acertadas, aunque obviamente son conceptos muy primarios y poco definidos. De manera que yo voy a tratar de acabar de darle cuerpo a algo, por otra parte, tan abstracto. Mi hipotética teoría sería que lo que nos hace a todos distintos de todos, es precisamente eso, el ALMA.

El Alma sin ser prácticamente nada, vendría a serlo TODO. Digo prácticamente, porque el alma físicamente hablando es algo que tiene un peso y un volumen casi despreciable, pues estaríamos hablando de números infinitesimales, porque como toda energía, el alma está

compuesta por fotones o cuantos. Pero definitivamente, el alma es “Algo

Físico”, por lo tanto, perfectamente determinable. De hecho ya se han realizado experimentos, en los cuales se ha podido comprobar como en

el preciso momento de expirar el cuerpo, se sucedía una “pequeñísima”,

casi despreciable, perdida de peso.

Pero claro, ¿A quien le puede interesar todo eso? es decir, ¿Quién

puede estar interesado en saber que tal vez pueda tener algo metido, “por

ahí dentro”? Algo que lógicamente, ¡Él no controle! En una de las

definiciones anteriores habla de coprincipio, es decir de algo que coexiste, que covive y que cohabita con, y en nosotros. Si os fijáis,

estamos hablando en ¡Tercera persona!, o lo que es lo mismo, ¡De un tercero!, sin embargo está perfectamente descrito porque el alma es algo

completamente “independiente” de nosotros. O dicho de otra forma,

algo sobre lo que nosotros no ejercemos ningún control (vamos que va a su bola), porque obviamente, no se encuentra en nuestra mente. Bien pues el alma vendría a ser precisamente eso, el inquilino que ocupa el piso que sería nuestro cuerpo. Antes cuando he hablado de las almas gemelas, he dicho que nosotros vamos buscando algo en los demás, pero

en realidad no somos nosotros sino “ellas”, las que van buscando a su

homónima.

Así pues el alma

es lo que nos hace únicos, “especiales”, y

maravillosos. Es lo que nos forja un determinado carácter, o sea lo que nos determina, lo que nos delimita, en definitiva lo que nos define, o

dicho de otra forma, lo que nos da un “fin”, o lo que vendría a ser lo

mismo, un Destino (por supuesto, predestinado). El alma es por tanto, lo que hace que podamos estar limitados en el tiempo, teniendo un

principio y un final, ya que sin ella no existiría eso que nosotros

llamamos “tiempo” (algo que por otra parte, yo particularmente, soy

incapaz de imaginarme).

Era por la Edad Media cuando el hombre ostentaba el cetro y el trono del Universo, y creía que todo giraba entorno al él, sin embargo a lo largo de la Historia, poco a poco hemos ido perdiendo esa hegemonía, ese lugar privilegiado, hasta la fecha de hoy en la que realmente hemos

sido relegados a minúsculas partículas prácticamente despreciables. Con lo cual, ¿Quien te dice a ti que, hoy por hoy (con lo vendidos que estamos todos), no tengan hasta nuestro destino controlado? (Particularmente yo he llegado a un punto en mi vida en el que ya me lo creo absolutamente todo). Decía John Lennon:

“La Vida es aquello que nos ocurre mientras nosotros estamos empeñamos en hacer otros planes”

En realidad la idea no es tan descabellada como en un principio parece, porque decir que el alma es independiente de nosotros, es tanto como decir que los hombres no somos dueños de nuestro destino. Es decir, no es más que tratar de contestar la pregunta por excelencia: ¿Soy yo realmente el dueño de mi destino?, o vamos, ¡Para nada! Insisto, yo al menos no soy tan ingenuo, y ciertamente pienso que las personas somos, como decía aquella canción, simples marionetas (con toda nuestra soberbia). Sé que todo esto suena a “ciencia-ficción”, pero todos conocéis aquel dicho de que:

“La realidad supera a la ficción”

Bien pues a lo largo de este libro podréis comprobar como, no solamente la supera, sino que puede llegar a ridiculizarla.

Mi hipotética teoría entonces sería que “alguien” controla

nuestros destinos por medio de ese mecanismo de la naturaleza, llamado

“alma”. Y que por supuesto, ya no solamente todo está perfectamente

predestinado y controlado, sino que además repetimos constante y

continuamente (una y otra vez), la misma Vida, es decir que esto que estáis viviendo ahora mismo, lo habéis vivido en otras Vidas, siempre

igual. Todas estas conjeturas están basadas en “algo” que todo el mundo ha experimentado alguna vez, y que los franceses denominan el “deja vu” (lo ya visto, lo ya vivido). Este fenómeno tendría esta explicación, digamos que vendrían a ser como “Parpadeos en la Eternidad”. De todas

formas

más

adelante

misterioso tema.

volveremos

a recalar en este apasionante y

Retomando el hilo anterior, el alma, aparte de limitarnos en el

tiempo, y hacernos partícipes de este maravilloso invento llamado Vida, tendría la función de hacernos ¡Soñar!, ¡VIVIR! Porque como decía Calderón la Vida es eso, ¡Soñar!, ¡Ilusionarse! Y en realidad la

“ilusión”, sin ser nada, también vendría a serlo “Absolutamente Todo”,

porque ¿Qué sería de nosotros sin la Ilusión? Bien pues la encargada y artífice de generarnos esa ilusión (y de darnos de esa forma la Vida), no

es otra que nuestra desconocida, e íntima amiga.

Otra de las definiciones anteriores nos dice que el alma es capaz de “entender, querer y sentir”. Y realmente es así porque las personas no sentimos con el corazón, como hasta la fecha tópicamente

se viene creyendo, sino que lo que nos hace sentir, o sea Vivir, (“Siento

luego existo”), es precisamente eso, nuestra alma. Lo que sucede es que

claro, como el alma no saben lo que es, nos dicen que sentimos con el

corazón, pero el corazón es un músculo cuya única función es mover la

sangre. Y la mente tampoco siente, pues no es más que un ordenador sin voluntad. Lo que nos filtra los sentimientos para que nuestro cerebro los pueda digerir, es precisamente eso, el alma. Por ejemplo, la música, ese maravilloso lenguaje universal de sentimientos que todo el mundo entiende, lo entiende gracias a que posee un alma que, digámoslo así, traduce el mensaje al cerebro. Sin embargo, nosotros jamás podríamos llegar a fabricar un robot que entendiese la música, porque para ello

tendría que sentirla, y esto le resultaría imposible, al carecer de “alma”.

El alma es como podéis ver, algo la mar de útil y versátil. Pero tal vez, de todas sus funciones la más importante sea la que ya hemos visto de hacernos a todos diferentes, de todos, es decir la de hacernos únicos e irrepetibles. Pero, ¿Cómo lo consigue? es decir ¿Cómo funciona ese mecanismo al que llamamos alma? Las personas tenemos una serie de

límites (llamémoslos “piedras”) que vamos descubriendo a lo largo de nuestra vida, a medida que vamos “pegándonos” contra ellas. Pues

según dicen:

“No vemos la piedra hasta que no nos pegamos el porrazo”

Todos conocemos los códigos de barras, cuya función es la de

etiquetar y delimitar un producto. Bien pues el alma vendría a ser el

código de barras de las personas. Donde las barras serían las “piedras”

(los límites). Piedras que lógicamente, cada uno tenemos en lugares distintos, con lo cual para localizarlas necesitamos realizar una tarea de

investigación “individual”. Y conocerse a uno mismo consiste

precisamente en averiguar donde se encuentran esas “piedras”, esos

límites.

Dicen que “genio y figura hasta la sepultura”, ¿Por qué?, pues justamente por eso, porque tú tienes UN determinado carácter que JAMÁS vas a poder cambiar (muy a tu pesar). Ya que las susodichas

“piedras” son inamovibles. Así pues es el “inquilino” el que nos marca y

nos condiciona ese determinado carácter. Sin embargo el hecho de convertirnos en seres genuinos, únicos, inimitables, magníficos, maravillosos, etc, etc, etc, le redime.

Aunque por otra parte, el hecho de ser únicos, extraordinarios y

“especiales”, nos sirve de bien poco si realmente no sabemos, ¿EN

QUE? Está claro que todos somos diferentes de los demás, pero si no sabemos en que diferimos, no nos sirve de nada. Como se suele decir es,

“Como él que tiene un tío en “Grana”, que ni tiene tío ni tiene na”. Por

lo tanto, por nuestro bien necesitamos conocernos a nosotros mismos, es decir diferenciarnos, conocer nuestro código de piedras (vamos aquel

con él que nos ha tocado tener que “jugarnos las habichuelas”). En

definitiva, necesitamos “comprendernos”.

Reza un proverbio chino:

“Conocer a los demás es sabiduría, pero conocerse a uno mismo es sabiduría Superior”

Particularmente yo admiro la cultura china, pues se trata de una cultura milenaria cargada de sabiduría, de la cual pienso, tenemos mucho que aprender (a mí los chinos me caen fenomenal, son gente que

siempre sonríe, lo cual creo es de agradecer). Y si la medida de las frases estuviera en función de la cantidad de información que en ellas se encierra y se sintetiza, podríamos decir que nos encontramos ante una

“gran” frase.

Dice “conocer a los demás es sabiduría”, conocer los defectos de los demás es sabiduría, sin embargo “conocerse a uno mismo es sabiduría “superior”, reconocer los propios defectos sería sabiduría

superior (lo típico del que ve la paja en el ojo ajeno pero no ve la viga en

el suyo). Sin embargo el hecho de tener defectos nos hace que a la vez también tengamos virtudes, a partes iguales, a modo de balanza. Y a esto es a lo que se refiere nuestra frase, porque si realmente es complicado reconocer nuestros propios defectos, lo que ya a “todos” nos resulta prácticamente imposible, es reconocer nuestras virtudes. Los seres humanos somos demasiado críticos, para con nosotros mismos, de forma que las virtudes sólo nos las ven los demás, nosotros somos incapaces de vérnoslas. Por lo tanto reconocer esas virtudes, sería lo que realmente

implicaría una sabiduría “Superior”. Sabiduría que como ya sabemos, se

encuentra dentro de cada uno de nosotros, ¡NO FUERA! Por lo tanto

hay que buscar ¡Ahí! Y como se suele decir:

“Todo el que busca, encuentra”

Pues en realidad conocerse a uno mismo no es más que

comprenderse a uno mismo, o lo que vendría a ser lo mismo, “Quererse

a uno mismo”. Lo cual obviamente resulta algo clave y fundamental

para poder comprender (querer) todo lo que nos rodea. Así pues, el arte de conocerse a uno mismo consistiría en saber desnivelar siempre la

balanza del lado de las virtudes, tratando en lo posible de evitar nuestros

dichosos defectos, y potenciando al máximo nuestras “cualidades”. En definitiva, tratando de que “aquel” que ya todos conocemos, no nos la

juegue (como casi siempre), siendo nosotros los que nos aprovechemos sacando lo mejor de él.

Por otra parte, esta condición de “Unicidad” nuestra, es un regalo

que la naturaleza nos da, ya que esto viene a ser lo que constituye la base

de toda cultura, “la Variedad”. Y además es lo que hace que todos

tengamos algo que aprender, de Todos. Ciertamente las culturas se alimentan pues de las “diferencias”, y lo que una persona puede aportar a enriquecer una cultura, no es más que el “grado de diferenciación” a la que ésta haya llegado (el grado de auto-conocimiento que ésta posea).

Porque realmente lo único que la persona puede aportar es aquello en lo que difiere, pues en lo que es igual no comporta nada nuevo. Por lo tanto

la riqueza cultural de un País sería la suma del “grado de diferenciación”

de todos los que lo constituye. Decía John Lennon en una canción;

“Yo solo creo en mi mismo”

Y realmente debe de ser así, porque se “ES” individualmente, ¡No

colectivamente! El valor absoluto de un colectivo depende de la suma de los valores absolutos de sus individuos. O dicho de otra forma, un individuo puede existir sin un colectivo, sin embargo un colectivo no es nada sin individuos.

Bien pues el “grado de diferenciación” es lo que nos hace eso,

individuos, es decir individuales, autónomos, en otras palabras lo que

nos hace ¡Libres! Porque no en vano el “grado de diferenciación” de una

persona está estrechamente ligado a su “grado de Libertad”. De hecho

mi teoría de la diferenciación viene a decir que;

“Mientras mayor sea el grado de diferenciación de una persona, mayor será su grado de Libertad”

A continuación os explicaré algo que yo he vivido, y que estoy seguro, servirá para ilustrar y esclarecer definitivamente esta idea, y de paso sintetizar todo lo que hasta ahora hemos hablado, a modo de

resumen.

Yo he nacido y me he criado en una gran ciudad (Barcelona), pero lo cierto es que jamás entendí la ciudad. Con lo cual tenía siempre un “handicap”, y era que claro como la mayoría de la gente vivía en la ciudad, de alguna forma eso quería decir que, ¡Debía de ser lo normal!,

por lo tanto obviamente, el “raro”(el defectuoso), ¡Debía de ser yo! Esta

era una piedra contra la que una y otra vez me pegaba, y que por supuesto no veía. Sin embargo un buen día (ya pasados los 30), ¡La Vi!,

y comprendí eso, ¡Que yo no era “raro”!, ¡Que si para mi todo aquello

no tenía sentido, pues no tenía sentido, y punto! Es decir, comprendí que mi Vida la tenía que vivir YO, como YO quisiera, porque lo cierto es que nadie iba a poder vivirla por mí.

En otras palabras, comprendí que si 5 millones de personas (que aprox. viven en Barcelona), querían vivir todas juntas, ¡Pues muy bien!,

¡Que lo hicieran!, pero que yo no tenía que hacerlo. Es decir que si 5

millones de personas decidían de repente, “tirarse a un pozo”, yo no tenía que ir detrás y tirarme también. Porque a pesar de que la “inercia”

que puede representar una masa de 5 millones de personas, puede resultar realmente fuerte, mi criterio debe de permanecer siempre por encima del de 5, del de 50, del de 5.000, y del de todos los millones que me pongan por delante, básicamente porque ninguno de ellos va a poder vivir la Vida por mí (y viceversa).

Pero claro, si tú le dices a la gente que a ti la ciudad no te gusta (aunque lo correcto sería decir que no la entiendes), ¡Ya te miran mal!,

sí porque piensan: “¡Este!, ¡Este es un revolucionario, que no quiere

estar donde están los demás! Pero como ya digo, a mí lo que la gente

piense, sencillamente me tiene sin cuidado, entre otras cosas porque yo he descubierto eso, que la gente, ¡No piensa! (son como borreguitos).

En resumen, que yo soy yo, y los demás, son los demás (y como se suele decir, ¡Esto es lo que hay!). Ya que afortunadamente soy un ser autónomo, independiente y autosuficiente, en definitiva, un ser

¡Completamente Libre! Lo que por otro lado, como ya dije, no implica

que sea un asocial (un solitario), sino que más bien se trata de todo lo contrario, porque como vimos: “Conocerse a uno mismo, es conocer a los demás” (además si así fuera sencillamente no estaría escribiendo

esto).

Es aquello de que para vivir con los demás, primero tienes que aprender a vivir solo. Realmente la gente se piensa que porque esté rodeada de gente, va a estar menos sola. De hecho las ciudades están llenas de solitarios, que sencillamente no saben nada de sí mismos, porque paradójicamente, su miedo a la soledad, su miedo a diferenciarse (a conocerse), les lleva a este círculo vicioso y enfermizo, del que difícilmente podrán salir. De forma que, por triste que pueda sonar, estas personas nunca podrán llegar a ser libres.

Así pues la Vida, de alguna forma nos empuja a tener que coger ese camino, a tener que diferenciarnos, - realizarse en realidad no es más

que eso, diferenciarse- y el hecho de no hacerlo, puede resultar, sencillamente “letal”. Porque de hecho el “grado de diferenciación” de una persona, en realidad no es más que su “grado de integridad”, y la

integridad de una persona, ¡Lo es absolutamente todo! Es su diferencia, su misterio, su mundo propio e íntimo, su vergüenza, o lo que vendría a

ser lo mismo, “su desnudez”.

Decía el gran, el descomunal, Antoni Gaudí -¿Qué queréis? Hem de fer país, la terra tira- que:

“Original es volver al Origen”

Yo lo he desglosado y sintetizado un poco más y a derivado en lo siguiente:

“La Vida no es un camino de ida y vuelta, en realidad se trata de un camino de vuelta, al Origen”

¡PAIS, PAIS!

Los motivos que me han empujado a tener que embarcarme en esta “Odisea Literaria”, son puramente turísticos. Digamos que es la forma que he encontrado de acercaros y de daros a conocer los distintos y diferentes lugares con los que de forma circunstancial, de un tiempo a esta parte, he venido topándome, y que realmente he considerado lo suficientemente importantes como para tener que estar aquí “dándoos la barrila”. Porque no en vano, se trata de parajes “completamente vírgenes”, que el ser humano todavía no ha pisado. Bien pues de todos

ellos, tal vez el más raro y exótico (y por tanto también el más complicado de explicar), sea el que a continuación os expondré. Este

peculiar y singular “descubrimiento”, no es otro que el hecho de que un

buen día yo llegué a comprender que un País, lejos, ¡Muy lejos de ser!, como nos enseñaban en el colegio, un trozo de Tierra, en realidad no era

más que un “Conjunto de Personas”.

De modo que tras realizar una sencilla regla de tres, comprendí que yo en realidad, ¡Era Mi País! ¡Sí, un trocito muy pequeñito!, pero un trozo al fin y al cabo. Es decir comprendí que yo no era español, sino que más bien lo que era, era España (una cuarenta millonésima parte). O que yo no era catalán, sino que yo lo que era, era Cataluña (Una seis millonésima parte). Sé que esto suena rarísimo pero lo cierto es que es así. Por lo tanto tenemos que, sintetizando y comprimiendo esta idea al máximo, nos quedaría la siguiente ecuación matemática:

YO

=

MI PAIS

No sé como andaréis de matemáticas, pero pienso que aunque el concepto es algo nuevo, y porque no, extraño, tampoco hace falta ser el Einstein para entenderlo. De todas formas pondré un ejemplo que aunque también os sonará raro, seguro que acabara de aclararos la cosa.

Veréis, imaginemos por un momento, en un alarde de imaginación, que unos extraterrestres secuestraran a todo el País Vasco. Si después nosotros allí, instaláramos, por ejemplo, a todo Albacete, ¿Aquello ya no sería el País Vasco?, ¿NO? No porque el País Vasco se encontraría viajando por algún lugar del Universo.

La Tierra es igual en todas partes, lo único que constituye el País son las personas, y su indumentaria (su cultura). La tierra es tierra allá donde vayas, es homogénea, pero nuestro egoísmo y materialismo nos hace decir que aquello es nuestro. Sin embargo la tierra no es de nadie. En todo caso sería como una casa de alquiler, donde por mucho tiempo que tú llevaras allí, aquello nunca terminaría de ser tuyo.

Esto que puede parecer algo trivial, es sin embargo, mucho más importante de lo que en un principio parece, pues se trata de conceptos demasiado importantes para caer en este tipo de ambigüedades. Y si

volvemos nuevamente a nuestros “Libros Sagrados”, a buscar la raíz del

problema, podremos constatar como el ser humano, afortunadamente es un ser imperfecto. Porque si abrimos el diccionario y buscamos País, País nos lleva a Nación, y en Nación nos pone algo más o menos así:

“Conjunto de habitantes de un país regido por el mismo Gobierno”

¡Bien!, hasta aquí perfecto. Pero a continuación pone: “Territorio que ocupa dicho País”. ¡ERROR! ¡Eso no puede ser!, ¡Una de dos!, ¿O se

trata de un conjunto de personas, o de un pedazo de Tierra?, ¡Pero nunca

las dos cosas!, porque insisto, eso nos lleva a la confusión de algo que debe quedar perfectamente diferenciado. Ya que por otra parte, el hecho de habitar un territorio es algo totalmente circunstancial, que sencillamente pienso, deberíamos adjuntar a la definición de Nación:

“Conjunto de personas que pueden, o no, habitar un determinado territorio”.

Por lo tanto debemos rectificar este error, de forma que en nuestro

caso a lo que nosotros llamamos “España”, en realidad deberíamos de

denominarlo “Territorio Español”. Y por el contrario, cuando nos referimos a nosotros utilizando la expresión: yo soy “español” en realidad deberíamos decir: yo soy “España”. Morfológicamente

hablando, eso sería lo correcto, porque aquí el Sustantivo somos nosotros, mientras que el territorio no es más que un adjetivo.

Aunque en realidad, eso de decir que el País es el territorio, no deja de ser una forma de eludir responsabilidades. Por lo tanto resulta más cómodo mantener esta situación indefinida y ambigua. Sin embargo el no afrontar las responsabilidades, a la larga siempre acaba siendo contraproducente. Porque de hecho:

“No hay Libertad, sin Responsabilidad”

Esto es algo que uno constata cuando ¡por fin! se emancipa, y se va del

nido familiar (cuando “echa a volar”). Ya que realmente hasta que no

tienes responsabilidades no sabes lo que es la Libertad (la Vida). Porque

la Vida en sí misma implica una Responsabilidad. De esta forma, si queremos que nuestro País sea realmente Libre, tenemos que empezar a asumir esa realidad de: Yo =(soy)= Mi País. En resumen, tenemos que

dejar de “hacer el paripé”.

Decía Jhon Fitzgerald Kennedy a su parroquia:

“No os preguntéis qué puede hacer América por vosotros, sino qué podéis hacer vosotros por América”

Aunque yo andaba en pañales cuando le asesinaron, era una persona que particularmente me inspiraba confianza y simpatía, y esta celebre frase nos demuestra que además era un tipo sumamente inteligente. Ya que lo que en realidad estaba diciendo Kennedy era: “Pensad que podéis hacer vosotros, por vosotros mismos”. Esta es la base de la ecuación, Yo = Mi País, porque todo, absolutamente todo debe de empezar por ahí, por uno mismo (por ti).

Por ejemplo, si yo quiero que mi País sea solidario, yo debo de empezar por ser solidario; si quiero que sea comprensivo y justo, yo debo ser comprensivo y justo; si quiero que sea prospero, yo debo de empezar

a prosperar; si quiero que sea íntegro, yo debo de ser íntegro, etc, etc,

etc. Y todo esto además debo hacerlo de forma “Individual”, es decir

independientemente de que los demás lo hagan, o no. Pues lo cierto es que el hecho de que los demás no lo hagan, no me quita responsabilidad

a mí. (Si, sería aquello de, “El uno por el otro, la casa sin barrer”).

Porque realmente, cuando entiendo esa máxima de que YO soy MI PAIS, automáticamente comprendo también que yo soy el único responsable directo de todo, absolutamente todo lo que sucede en mi

País (puesto que Yo soy mi País). La cosa es bien sencilla, tenemos dos

ecuaciones matemáticas: Si “Yo = Mi País”, y a la vez “Yo = Responsable de Mí mismo”, al igualar las dos ecuaciones, nos queda lo siguiente:

“Yo = soy = Responsable de Mi País”

Esto es ¡Pura Matemática!, pues vuelvo a insistir en que se “es” individualmente, de manera que un conjunto se forma de individuos, no al revés. De esta forma la integridad de un País (su valor absoluto), sería igual a la suma de las integridades (los valores absolutos) de sus individuos. De todas formas, para todos aquellos que no sintáis pasión por las matemáticas, utilizaré una parábola que estoy seguro, os acabará de aclarar esta idea.

Pongamos que un País vendría a ser como un “Gran bloque de pisos” donde el político, sería el “Presidente de la escalera”. ¡La gente

hoy día, se piensa que él responsable del estado en que se encuentra la

escalera es el político, (el presidente)! Y no solo eso, sino que además, ¡Se piensan que es él que tiene que venir a solucionar los problemas de la comunidad, (la escalera)! ¡Vamos, como si fuera una especie de

“super-man”! ¡Pero no!, el político es una persona de “carne y hueso”, como todos nosotros. Y por supuesto, ni es responsable de nada, ni tiene que solucionar nada, porque su función se limita a realizar una gestión.

¿Quién debe entonces solucionar los problemas de la escalera? Bien, imaginemos, por ejemplo, que debemos de pintar la escalera, (más que nada por aquello de la higiene). ¡El político no puede venir y pintarme la escalera!, ¡No tiene Autoridad!, (de hecho no puede hacer absolutamente nada sin el respaldo del vecindario), ¡Pero!, ¿Por qué no tiene Autoridad?, respuesta, porque no tiene Responsabilidad. ¿Cómo se procede entonces ante este o cualquier otro problema que pueda surgir? Bueno lo normal suele ser convocar una reunión de vecinos, en la cual se debate y se concreta el tema en cuestión. Y cuando finalmente se

llega a un acuerdo, se le dan las instrucciones pertinentes al “presidente” de lo que “todos”, democráticamente por mayoría, han decidido. Tras lo

cual el presidente simplemente se limita a acatar y a obedecer esas ordenes. Así pues el presidente no es más que eso ¡un mandao¡, porque los responsables de todo, ¡absolutamente todo!, lo que sucede en la escalera, son todos y cada uno de los vecinos que la constituyen.

Llegado pues este punto, quisiera aprovechar para romper una lanza en favor de la “maltrecha” figura del político, y reivindicar su labor. Porque la política, esa palabra que tanto detestamos, no es más que eso, ¡Problemas!, todos los problemas que una comunidad genera por el mero hecho de serlo. ¿Pero quien quiere problemas? ¡Yo no eh!

Bien pues esta gente se “echa a las espaldas” los problemas de todos los

demás. Y los demás se lo agradecemos de la forma que todos sabemos,

“echando pestes” sobre ellos.

Así pues, de esta forma podemos establecer que definitivamente,

un País es un “Conjunto de Personas”. Bien pues este conjunto a su vez

estaría compuesto, por otros dos grandes sub-conjuntos. A saber, los de izquierdas, (o liberales), y los de derechas, (o conservadores), porque

como veremos más adelante eso que está tan de moda del “centro”, en

realidad no es más que un camelo (también habría un último conjunto

que serían aquellos que no tienen muy claras sus ideas, sin embargo

como este es un “conjunto vacío”, sencillamente lo omitiremos).

Tengo que confesar que yo, por suerte o por desgracia, pertenezco

al primero de estos dos grupos. De alguna forma a mí me han educado y me han criado en una cultura de izquierdas, y supongo que por esta

razón he llegado a “tachar” a una persona, sencillamente por el hecho de

ser de derechas (por sistema). Sin embargo, afortunadamente un buen

día comprendí que eso en realidad no era más que un “prejuicio” más.

Los prejuicios, son los que no nos dejan ser libres. Son un pesado lastre

que todos vamos arrastrando, porque sin duda alguna:

“Un hombre sin prejuicios, es un ser Libre”

Y tal vez, de la amplia gama de prejuicios que existen (racial, sexual, social, etc), el prejuicio político sea el peor de todos.

A mí de siempre me han gustado las comedias, y recuerdo que ya de joven me leí todos los libros de “Don Camilo”. Era divertidísimo ver como el genial Guareschi satirizaba el mundo de la Política, a través de

sus dos personajes principales; el cura fascista “Don Camilo” y el alcalde comunista “Pepone”. Desde fuera, el autor nos hacía ver que a

pesar de sus diferencias, en realidad, los dos eran iguales. Muy sabiamente, el bueno de Guareschi venía a recordarnos que por encima de todo, (incluso de los ideales políticos), está siempre eso, la Humanidad.

Y lo que yo comprendí un buen día, no fue más que esto, que en realidad la izquierda y la derecha eran lo mismo. Se trataba de diferentes caras de una misma moneda. Por ejemplo, en nuestro caso podriamos decir que no hay dos Españas (nunca las hubo), del mismo modo que nunca ha habido dos Francias o dos Italias, simplemente se trata de dos mitades, de una misma cosa.

La cosa funciona así, yo me identifico claramente con la gente de

izquierdas, es más pienso como una persona de izquierdas, y por supuesto creo que lo que yo pienso es lo correcto y lo mejor para mi País. Pero curiosamente, resulta que al de derechas le sucede exactamente lo mismo, es decir, piensa como una persona de derechas, y además piensa que su forma de pensar es la correcta, y que sin duda, lo que él piensa, será lo mejor para su País. ¿Qué diferencia hay entre ambos? Ninguna, ¿Quién de los dos tiene la Razón? Evidentemente la razón, como se suele decir, solo tiene un camino. Sin embargo ninguno de los dos la posee en exclusividad, porque afortunadamente, ninguno de los dos somos perfectos.

La Democracia vendría a ser una “gran balanza” con sus dos platillos, el “izquierdo” y el “derecho”, y para que la cosa vaya bien, esa

balanza tiene que estar equilibrada. La Historia esta demostrando que

cuando esa balanza se desnivela, por la Fuerza (Dictaduras), hacia uno

de los dos lados, la Democracia, (la Libertad) se va a la

.De forma

....... que cuando el régimen es de derechas, todos los de izquierdas, ¡Al exilio!, y por el contrario cuando el régimen es de izquierdas, todos los de derechas, ¡A fuera!, ¿Por qué?, porque la Democracia es precisamente eso, aceptar que haya alguien que piense diferente que tú,

o lo que es lo mismo, aceptar el hecho de que “tú no eres perfecto”. Por

lo tanto siempre tienes que tener alguien al lado que en un momento dado te pueda decir: “Perdona macho, pero aquí la estás cagando”, y por supuesto tú siempre debes de estar dispuesto a aceptarlo, porque estas

son las “reglas del juego”. Esta sería básicamente la razón por la cual el

“centro”, no puede existir jamás, porque esa persona privilegiada estaría

en posesión de la “verdad absoluta”, sencillamente ¡Sería Perfecta!, y

eso como ya sabemos, hoy por hoy, no parece posible.

Por otra parte también solemos caer en el error de asociar el término Libertad a las izquierdas (liberales), sin embargo esto no es así, porque la Libertad no es ni muchísimo menos, patrimonio de la izquierda, vamos ¡Qué no la tiene en exclusividad! De la misma forma

que tampoco es cierto, el tópico ese de que el termino “fascista”, deba ir

ligado obligatoriamente a las derechas, el “fascismo” puede ser también

tranquilamente, de izquierdas. Porque fascismo es precisamente eso, imponer tus propias ideas, ¡Por la fuerza! En definitiva Fascismo es sencillamente, lo contrario de Democracia.

De manera que en el momento que se utiliza la Fuerza, automáticamente se pierde la Democracia, la Razón. Esto podemos constatarlo de forma clara y rotunda si analizamos la máxima expresión

de la Fuerza que existe, “la Guerra”. La guerra de por sí ya es absurda, pero quizá lo más ilógico que pueda haber en un País, sea una “guerra civil” (como la nuestra). Porque si te paras a pensar, resulta que tú estás

tratando de acabar con el otro, ¿Por qué?, porque piensa diferente que tú. ¡Claro! Porque tú lo que quieres es que, ¡Todo el mundo piense como tú! Lo mires por donde lo mires, es algo completamente absurdo. Porque en

realidad el fascismo, no es más que eso, el absurdo, “la sinrazón”.

Por otra parte, lo cierto es que tampoco tiene mucha lógica el

hecho de decir; ¡Todos los de izquierdas son buenos!, y ¡Todos los de

derechas son “malos”! (o viceversa). En todo caso, y como se suele decir; “habrá de todo como en botica”. Habrá de derechas buenos y de derechas “malos” (por llamarlos de alguna manera, porque como

veremos más adelante esto de la maldad es algo muy relativo), y de

izquierdas buenos y de izquierdas “malos”. Por lo tanto mi hipotético “enemigo”, (con esta palabra sucede exactamente lo mismo que con la

anterior) no sería el de derechas, sino que en todo caso sería el de

derechas “malo” y el de izquierdas “malo” (aunque tal vez la palabra “defectuoso”, fuese más adecuada).

De esta forma se puede dar el caso de que yo siendo de izquierdas, pueda tener mi mejor amigo que sea de derechas, (y de hecho afortunadamente tengo grandes amigos de derechas). Un ejemplo muy bueno de lo que vendría a ser un País -en este caso el nuestro-, llevado a la mínima expresión, lo encontraríamos en la genial y entrañable pareja de humoristas -aunque desgraciadamente ya nos abandonaron- que

formaban, Tip y Coll. Luis Sánchez Polac, “Tip” era de derechas, pero

¡Muy de derechas!, mientras que Jose Luis Coll era de izquierdas, pero

que, ¡Muy de izquierdas! -de los míos-. Sin embargo entre ellos no eran amigos, no, ¡Eran mucho más que hermanos!

Por otra parte a mí el de izquierdas no me aporta nada nuevo,

porque lo que “enriquece”, es lo que difiere, lo diferente (la variedad).

Por lo tanto, en realidad, del que siempre tendré algo que aprender, será del de derechas (y viceversa). Ya que realmente, como somos las mitades de una misma cosa, nos complementamos, de forma que lo que a uno le falta lo tiene el otro. Porque en realidad, ¡La Perfección que existe!, la Perfección sería esa unión que formamos los dos juntos, el

“Equilibrio de la Balanza”, la Democracia, o lo que vendría a ser lo

mismo, La Libertad.

Y si la Libertad resulta algo “vital” para todos nosotros, para el

conjunto de una Nación, lo es todavía más. Porque un País es algo

abstracto, algo que para nada es “rígido”, ni “hermético”, ni cerrado,

sino que por el contrario, como algo “vivo” que es, tiene un movimiento

a lo largo de la Historia, un Destino. Esto es algo que apreciamos claramente, con solo echar una ojeada al mapa político Europeo actual. Ciertamente vemos como las fronteras cambian a una velocidad casi de vértigo. Porque en realidad, las fronteras de un País se hallan

“únicamente” en el corazón (alma) de todas y cada una de las personas

que lo constituyen. Por lo tanto definir un País como un “Conjunto de Personas”, tampoco es del todo correcto. Pues lo cierto es que un País, es algo, bastante más abstracto, aún (si cabe). En realidad, un País es

sencillamente eso, un sentimiento, un “sentimiento común”.

Lo que a la vez, hace que también resulte más complicado, aún si cabe, tratar de explicarlo. Por ejemplo, yo no soy español (España), sino que en realidad lo que sucede es que ¡Me siento español! De alguna manera, yo me identifico con un grupo de gente, que tiene una determinada cultura, una determinada lengua y un determinado carácter. Pero la nacionalidad de una persona es eso, ¡Un sentimiento! Porque lo que provoca el movimiento de las fronteras son los sentimientos de la gente que habitan ese territorio. Por lo tanto en realidad se trata

simplemente de una cuestión de sentimientos (amor y desamor). De esta

forma podemos ver como los países se unen y se separan, como si de

grandes “matrimonios sociales” se tratase.

A los países les sucede exactamente igual que a las personas (no en vano estamos hechos del mismo material), y así como hay matrimonios que funcionan, también los hay que acaban divorciándose. Cuando dejamos de querer a alguien a veces es por motivos justificados, pero otras veces no, porque como ya vimos, los sentimientos son algo que ni siquiera nosotros mismos podemos controlar. De modo que nos encontramos con que las circunstancias que influyen en el movimiento de las fronteras, no están en absoluto definidas, pues se trata de una

cuestión de amor, y como se suele decir “El amor es ciego”. De esta

forma podemos encontrarnos con el caso de países que teniendo la misma lengua y culturas muy parecidas, no llegan nunca a compenetrarse (a comprenderse), por el contrario, curiosamente encontramos países donde convergen lenguas y culturas radicalmente diferentes, y sin embargo, ¡Se quieren! Pues ya sabemos que esto del amor va así.

Teniendo pues en cuenta este dato, para mantener una convivencia pacífica, cabria reivindicar, con más fuerza si cabe, el derecho de autodeterminación de los pueblos, como algo “sagrado” (por pequeño que éste pueda ser). Y defender ese derecho de los pueblos a ser dueños de su propio destino, el derecho a la Democracia (a la mayoría, 51%), en definitiva, el derecho a la Libertad.

Aunque de todas formas lo que realmente nos va a garantizar esa Paz, es el hecho de que empecemos a afrontar y asumir nuestras propias

“responsabilidades” para con todo, individualmente. Paz es sinónimo de

Libertad, y de Democracia, de forma que en todo momento yo debo poder sustituir e intercambiar dichas palabras, sin variar un ápice el contexto y el significado de la frase. Con lo cual si efectuáramos dicha operación en la frase que anteriormente vimos, obtendríamos el siguiente resultado:

“No hay Paz, sin Responsabilidad”

Por lo tanto, podríamos establecer que la Paz, es decir el Equilibrio, la Armonía, es en realidad una simple cuestión de responsabilidad, o mejor

dicho, de “irresponsabilidad”.

SABER, O NO SABER

A pesar de que este libro en un principio puede parecer de filosofía, lo cierto es que esta es una ciencia que yo jamás he llegado a concebir. Recuerdo que ya en el Instituto nunca llegué a aprobar ni un solo examen. Creo que el profesor me tomó manía, aunque ciertamente, tengo que confesar que tal vez, la manía fuera mutua. Sin embargo afortunadamente el tiempo me ha enseñado que de alguna forma, mi manía estaba justificada, porque realmente la filosofía como ciencia, como algo sistemático, no tiene ningún sentido. En realidad se trata de un intento fallido del ser humano, de hacer con el pensamiento, lo que suele hacer con todo lo demás, es decir ¡Controlarlo!

El hombre de alguna manera, trata de “encajonar el pensamiento”,

pero por suerte, esto no va a poder adulterarlo con su afán de orden, porque el pensamiento es, y será siempre, ¡Libre! Como dice Aute:

“El Pensamiento no puede tomar asiento”

Por otra parte, no se puede ir enseñando a la gente, como debe o como no debe pensar, porque todo el mundo tiene que tratar de buscar su propia filosofía, su propia verdad (su diferencia), independientemente.

Para mí la filosofía, en realidad debería llamarse, “Historia del Pensamiento”, y estudiarse como una rama más de la Historia (ya que la Filosofía, como la Historia, es algo que siempre estará “por hacer”), pero ¡Jamás! como una ciencia, más o menos exacta.

Esto es algo que el gran Sócrates ya en su día puso en evidencia cuando, después de pasarse toda su Vida dedicada al pensamiento, llegó a la conclusión que todos conocemos, y dejando, de alguna manera, a

todos sus compañeros filósofos, “con el culo al aire”, soltó aquello de:

“Yo solo sé, que no sé nada”

Esta frase, en apariencia, tan simple y tan sencilla en su forma, es sin embargo tremendamente “rica” en su contenido, pues a pesar de

todos los estudios que se han podido llegar a hacer de ella, aún esconde

multitud de “enigmas”, en su interior. De modo que si os dignáis a acompañarme, os mostraré tan fabulosos “tesoros”.

Hasta hace poco, yo estaba convencido de que las personas se dividían en tres grandes grupos. A saber:

  • - Los que se pasan (los listos)

  • - Los que no llegan (los tontos)

  • 1 Y la gente “normal”

(este grupo bastante más reducido)

Sin embargo el tiempo me ha enseñado que estaba equivocado, porque la cosa se simplifica aún más, y en realidad la Humanidad se divide solamente en dos grandes grupos:

1º) Los que saben

2º) Los que no saben

Digamos que son

dos

grandes

conjuntos,

y

no

existe ninguno

intermedio, de modo que, o estás en uno, o estás en el otro, ¡Una de

dos!, ¿O sabes?, ¿O no sabes? Serían como dos grandes “círculos viciosos”, donde uno vendría a ser el bueno y el otro el “malo”. Es muy

sencillo, el primero diría:

“Yo sé, por lo tanto, no tengo que aprender, puesto que ya sé”

Mientras que el segundo (el bueno) vendría a ser lo mismo, solo que al revés, y diría:

“Yo

no

sé,

por

lo

aprendiendo?”

tanto,

¿que

estoy

haciendo,

que

no

estoy

Entonces, insisto, en medio ¡No hay nada!, esto es muy simple, insisto, o

estás en uno, o estás en el otro. Aquí ¡No hay tu tía!, porque como se

suele decir “El movimiento se demuestra andando”, y el mero hecho de

que la persona no esté estudiando, es un claro síntoma de eso, ¡de que ya

sabe!

Esto además resulta muy fácil de demostrar, ya que realmente es

algo que “cae por su propio peso”, porque todo el que te diga a ti: ¡Yo

sé!, en realidad no tiene ni puñetera idea. El sabio jamás te dirá eso, porque para poder aprender todo lo que sabe, lo primero que tuvo que aprender fue precisamente eso, ¡Que no sabía! Y por supuesto tampoco te dirá; ¡No, pero es que yo sé un poquito!, porque es lo suficientemente humilde como para saber que jamás llegará a aprender todo lo que se

puede llegar a saber, ya que la Vida es un camino infinito, siempre hacía delante, por lo tanto el sabio que es consciente de esta realidad, sabe que siempre será un “aprendiz en potencia” (un necio). Según los diccionarios un sabio es “aquel que tiene sabiduría” (desde luego no se

han matado), sin embargo yo daría una definición más escueta, y diría que:

“Sabio es todo aquel que sabe, que no sabe”

Tengo un amigo que dice que sabio es aquel que cuando habla, los demás lo entienden. Bien, como podéis ver la celebre frase: “Solo sé, que no sé nada”, tiene más “miga” de lo que parece. No en vano es la que yo he dado en llamar, “La Lección de la Vida”, porque realmente, es lo “único” que vas a aprender en esta Vida (todo lo demás viene por añadidura). Pero ni siquiera el propio Sócrates era consciente de la trascendencia de lo que había descubierto, porque esto que casi parece una tontería, es en realidad:

El auténtico “fin” de la Vida, lo que le da sentido

Dicho de otra forma, el bueno de Sócrates se fue de este mundo sin saber que, él en realidad, ¡SÍ! había aprendido la Lección de la Vida.

Particularmente, yo conseguí aprender esta “Lección” a los 30 años

(edad crítica). Hasta entonces era alguien que ya lo sabía todo, y que por lo tanto, no podía aprender nada, porque a mí nadie me iba a enseñar nada. (Vamos que a mí, ¡No me la daba nadie!). Sin embargo gracias a una serie de circunstancias que me hicieron “abrir los ojos”, pude llegar a comprender que en realidad ¡Yo no sabía absolutamente nada!, porque no es que a mí no me la diera nadie, sino que lo que sucedía era que en realidad, ¡A mí me las daban todas en el mismo lado!

Supongo que todos hemos pasado por ahí, todos hemos sido jóvenes y creíamos que ya lo sabíamos todo. Cuando eres joven, tú eres muy pequeño y el Mundo es muy grande. Esto de alguna forma, hace

que nos encerremos en nosotros mismos (en ese otro mundo nuestro), cerrando, “a cal y canto”, la ventana que da hacía el mundo exterior (hacía la Vida). Pero lo cierto es que esta aptitud es muy peligrosa, y a la larga puede resultar contraproducente, porque la Vida esta ahí para algo, ¡Para vivirla! De hecho, que Tu Vida comience, o no, depende única y exclusivamente del tiempo que tardes en “abrir esa ventana” (en aprender “la Lección”). Y por triste que pueda parecer, ahí gente que se

muere sin haber abierto su ventana, sin haber vivido.

La

culpa

de

todo

esto,

se

debe

básicamente,

a

una

“mala

educación”, a una educación equivocada. Porque el “fin” de la educación, no debe de ser el de que el niño sepa el “Teorema de Pitágoras” (y que conste que no tengo nada contra Pitágoras, al contrario

adoro las matemáticas), sino que en realidad se trata de que aprenda la

“Lección de Sócrates”. De alguna forma hemos de inculcarles y contagiarles, ese “ansia por saber” que tenemos los que ¡Sí! hemos

aprendido esta Lección.

Porque la Vida en realidad, como decía Camarón de la Isla es “Un

montón de tiempo”. Y con el tiempo (con la Vida), solo se pueden hacer

dos cosas; una, tirarlo (que es lo que yo estuve haciendo hasta los 30), y

dos, “ocuparlo” (que es lo que hago ahora). Si te paras a pensar, la cosa

en realidad no tiene perdida, porque lo cierto es que no tienes ningún otro camino. Yo a partir de los 30, empecé a encontrarme con amigos que hacía tiempo que no veía, y pude comprobar como todos ellos habían hecho algo con sus Vidas, uno era abogado, el otro músico, etc. Supongo que esto de alguna manera me hirió en mi amor propio, porque de alguna forma yo me preguntaba a mí mismo, ¿Y yo que soy? Dicen que:

“La enfermedad del ignorante, es ignorar su propia ignorancia”

Afortunadamente, fue entonces cuando tomé conciencia de eso, de mi propia ignorancia. El caso es que cuando, ¡por fin! eres consciente de tu falta de cultura, lógicamente lo que quieres es ¡Aprender! De manera que poco a poco vas abriendo esa ventana, por donde la Vida, muy

sabia, acaba abriéndose paso, entrando a borbotones, empapando y llenando de ilusión (de Vida), hasta el último de rincón de tu ser. Y de

esta forma tan curiosa pasas del círculo vicioso “malo”, al bueno.

Entonces, y solo entonces, es cuando realmente puedes afirmar, que

verdaderamente tu Vida “ha dado comienzo” (es algo sencillamente

alucinante, doy fe).

Lo más bonito y lo más grande de esta Vida es “saber”. Saber lo que sea, cualquier cosa, desde freír un huevo, hasta la “Teoría de la Relatividad” de Einstein. El mejor amigo del hombre es el libro (sobre

todo del hombre pobre), porque la cultura no solamente es lo que nos forma y nos construye como persona, sino que en realidad, es lo único que verdaderamente poseemos. Los bienes materiales son efímeros, de

manera que de la noche a la mañana los puedes perder, y quedarte “con

una mano adelante y otra atrás”. Sin embargo el saber, es algo que nada ni nadie te podrá quitar, y que sin duda te será de gran ayuda a la hora de

tener que volver a empezar de cero. En definitiva, el saber es nuestro verdadero Patrimonio.

Y si el saber y la cultura es lo que ayuda a los individuos a vivir, aplicando el concepto de País del tema anterior, tenemos que la suma de los conocimientos de todos los individuos que forman un País, será lo que va a hacer que esté salga adelante. A este cúmulo de conocimientos es a lo que hoy en día llamamos la Tecnología. Porque la Tecnología de un País, contrariamente a lo que la gente se piensa, no son los electrodomésticos, ni los coches, ni las maquinas en general, sino que se trata simplemente de los conocimientos que sus gentes tienen almacenados en sus respectivos cerebros. Es decir la Tecnología es el

“hecho” de saber como se fabrican esos electrodomésticos, coches, etc.

En definitiva, la Tecnología ,que es la capacidad y la potencia de un

País, no es más que información, porque en realidad la información es el poder. Es más, podríamos ir un poco más lejos y afirmar que:

“La información es la Evolución”

En fin, como veis esto del saber, ¡Es la leche!, porque realmente todas sus connotaciones son buenas. Pero es que además resulta la mar de práctico, sí, porque lo puedes almacenar en cualquier sitio. De todos es sabido aquello de que:

“El saber no ocupa lugar”

De manera que por mucho que sepas, no te va a crecer la cabeza, pues su capacidad de almacenaje es “ilimitada”. Esta cualidad es la que permite que la persona se vaya enriqueciendo, en la medida que va acumulando

sabiduría, porque, insisto, sin duda alguna, saber es el “tesoro” más

grande que el ser humano pueda poseer.

Pero para empezar a amasar tan “singular” fortuna, primero hay que pasar, inexorablemente, “por el tubo”. A modo de tributo, tienes que

darle tu brazo a torcer a la Vida (que es la que realmente es sabía), y

seguir el camino que ella te marque, porque:

“La Vida (La Naturaleza), es sabía”

Vamos, ¡Que sabe lo que se hace! En cualquier caso, es ella la que ha

montado todo este “tinglado”. Porque nosotros, nos guste o no, no

pasamos de ser meros espectadores, que estamos aquí como aquel que dice, ¡A verlas venir! (completamente vendidos). Como ya vimos, hace tiempo que el hombre perdió su hegemonía (su trono) dentro de lo que

es lo que es el conjunto del Universo, y la realidad ha ido poco a poco,

relegándonos a nuestro lugar. De manera que ha pasado de ser el “rey” del Universo (el centro), a ser literalmente el “último mono”. Porque lo cierto es que nosotros, por nosotros mismos, no somos más que eso, “un cero a la izquierda”.

Por lo tanto, insisto, tu Vida depende, única y exclusivamente del tiempo que tardes en asumir y en aceptar esta sólida y aplastante realidad. En definitiva, del tiempo que tardes en abandonar y en corregir esa actitud prepotente y arrogante, que como podéis ver no conduce a nada, porque ciertamente se trata de algo completamente irreal (falso).

Sin embargo, corregir (rectificar), no resulta tarea fácil, porque según reza el dicho;

“Rectificar es de sabios”

Por lo tanto es algo que “solo” le está reservado a los sabios. Y

realmente rectificar, retroceder (dar marcha atrás), es algo que solo puede hacer el sabio, porque el necio ¡No retrocede jamás! De esta

forma tropieza una y mil veces con la misma “piedra”, sin llegar nunca a

verla, porque no es capaz de reconocer, eso, ¡Qué se está equivocando! (ni por supuesto ¿dónde?). Ya que eso para él sencillamente, ¡No es posible!, porque él, ¡Ya sabe! De manera que siempre serán los demás los equivocados, y los que tengan algo que aprender.

Lo cierto

es

que

todos

conocemos

a gente

así.

De

hecho

las

ciudades están llenas de gente que eso, ¡Ya lo sabe todo! (la Ciudad en

sí misma, es pura prepotencia, porque en realidad se trata de un

“desafío” del hombre a la Naturaleza). Pero en realidad son unos “infelices en potencia”, que viven inmersos en ese “circulo vicioso”

(malo), que no les aporta nada. No en vano esta situación, a la larga

puede resultar tremendamente peligrosa, porque una persona “infeliz” es potencialmente una persona enferma.

Por otra parte esta gente que “Ya sabe”, tristemente podríamos decir que ya ha llegado al final de “algo”. Cuando la Vida en sí misma

es un viaje, y por lo tanto lo que a mí me interesa es la gente que como

yo, ¡No sabe nada!, porque de alguna forma son “compañeros de camino”. De hecho lo primero que uno entiende cuando ¡por fin!

aprende esa trascendental lección, es que al menos no está solo, ¡Vamos

que no es el único!, porque aquí todos estamos en el mismo barco, todos somos aprendices en potencia. En definitiva que aquí ¡Nadie sabe

absolutamente nada! De manera que todos somos “arrieros” en este

camino infinito que es la Vida, el cual hemos de recorrer. Pero claro, para poder emprender este viaje, primero tienes que ser consciente precisamente de eso, de que ¡Hay un camino por recorrer!

Aunque por otro lado, lo cierto es que para comenzar esta travesía no hay una edad establecida, porque como dice mi madre: “El saber no tiene edad”, por lo tanto: “Nunca es tarde, para aprender”. Y

ciertamente, de esta forma nos encontramos con casos muy curiosos de abuelos que con 80 años, de repente se ponen a estudiar una carrera. Pero claro, ¿Nadie se ha preguntado nunca, que hace esa persona en la Universidad? Es decir ¿Por qué está estudiando a su edad? Bien pues la respuesta que nos encontramos resulta tan singular, como obvia, porque la realidad es que esa persona está en la Universidad con 80 años porque

ha visto algo, que no supo ver ni con 20, ni con 30, ni con 40, ni con 50, ni con 60, ni con 70 años. Digamos que ha necesitado todo ese tiempo,

para llegar a comprender “algo”. Bueno pues de alguna forma, esta sería la prueba, “FEACIENTE e IRREFUTABLE”, que vendría a ratificar el hecho de que en la Vida, ¡Hay “algo” por ver! Porque lo que nuestro viejito en realidad ha acabado por aprender, no es otra cosa que “La

Lección de la Vida”, o sea que él sencillamente, ¡NO SABÍA!

Así pues podemos afirmar que alguien a aprendido “la Lección de la Vida” cuando es él mismo él que voluntariamente, y de forma no forzada, es decir sin estar condicionado por nada, ni por nadie, decide adentrase en tal o cual materia. En otras palabras cuando no va contra su voluntad, sino que lo hace “por su propio pie”.

De todas formas, en realidad este vendría a ser nuestro “sino”,

porque de alguna manera, el hombre está destinado a tener que aprender

de sus propios errores, de hecho esta es la forma en que la Humanidad ha venido evolucionando. Porque detrás de cada Gran Descubrimiento, se esconden innumerables fracasos, es decir mucho trabajo y mucho esfuerzo (que me lo digan a mí que estoy sudando tinta para escribir esto). Por lo tanto, es importantísimo potenciar en la medida de lo posible, esa “capacidad de rectificar” que tenemos los seres humanos, es decir potenciar nuestra “capacidad de aprender”, en definitiva, nuestra “capacidad de acertar”.

Por otra parte no en vano, el aprender (el saber) en realidad es lo

que nos da la Libertad, lo que nos hace ¡Libres! Un analfabeto es una persona limitada (encerrada). Pues de hecho el saber es lo que nos forma

(es decir lo que nos “crea”), porque ciertamente si vamos un poco más lejos podríamos decir que: “Lo que sabemos, en realidad es lo que somos” (ingeniero, médico, músico, albañil, etc, etc, etc.). Por lo tanto si

no sabes nada, sencillamente, no eres nada. Así pues, si aplicáramos aquí, aquella cita famosa del gran William Shakespeare (chespir), del:

“Ser, o no ser

.........

”,

tras realizar una pequeña reconversión nos

quedaría de la siguiente forma:

“Saber, o no Saber,

......

e ahí la cuestión”

Moraleja

“AQUEL QUE SABE, QUE NO SABE NADA, YA LO SABE TODO”

2

E = m . c

LA MATEMÁTICA DE LA VIDA

En la vida todo es físico, todo es real, todo es vida -la química es física a una escala menor, y la física cuántica menor aún-. Y todo forma parte de una sola cosa -algo así como una película en la que todos estamos metidos- de manera que todo está interrelacionado con todo y todo tiene una solución, una correspondencia, una lógica- insisto, ¡una!- y la matemática es el pegamento, el loctite que liga ese entramado misterioso. De manera que en la medida que encontramos esas misteriosas relaciones, lo hacemos crecer, lo entendemos y evolucionamos.

Recuerdo que en el instituto llegaba un momento en el que nos hacían elegir entre ciencias o letras. Yo, que a esa edad no tenía conciencia de nada, muy sabiamente ya me decanté por una opción que llamaban “letras mixtas”; Literatura, Latín y Matemáticas -las mates son mi debilidad, aunque la verdad es que siempre las arrastraba- Particularmente creo que este es uno de los errores más grandes de la humanidad, porque como vengo diciendo todo está relacionado con todo, y por separado pierde todo su sentido. Por lo tanto hemos de ser capaces de relacionar cualquier tipo de materia; no sé, matemática con poesía, música con economía, gastronomía con filología o como se suele decir, la velocidad con el tocino. Por extraño que pueda parecer matemáticamente esas relaciones deben existir.

Yo dejé los estudios, como tanta gente, a los 18 años. Sin embargo, como podéis comprobar, soy un matemático -En realidad en la vida todo son matemáticas, son problemas que tienen una solución, incógnitas que tienes que despejar, pero mientras estás vivo lo único que haces es eso, resolver problemas-. Sí, no tengo título pero tampoco lo necesito, porque

una cosa es la información que tu tienes almacenada en el disco duro, y otra muy diferente es como juegas e interrelacionas toda esa información. Pensar no es almacenar datos en el disco duro, no, se trata simplemente de relacionar esos datos entre sí -como si se tratará de un puzzle- porque insisto si no eres capaz de ligarlos, no te sirven de nada. Así pues, esa sería la Verdadera Inteligencia, una inteligencia natural.

De esta forma es como he conseguido cuadrar y finiquitar todo mi trabajo con la ecuación de Einstein:

2

e = m . c

Sí porque cogiendo ese camino tabú del alma salen todos los números, todo se ordena. El cuerpo es lo que nos limita en el espacio, sin embargo la vida es cartesiana, ya que se trata de una relación espacio-tiempo. Bien pues el alma sería la variable que nos falta. Sería un instrumento, como el cuerpo -aunque bastante más pequeño-. Instrumentos que lógicamente tienen dos funciones distintas. Sobre una gráfica tendríamos el eje X (espacio-cuerpo) y el eje Y (tiempo-alma):

 

|

X (espacio-cuerpo) |

|

VIDA

| _____________ Y (tiempo-alma)

Como ya dije anteriormente el alma es algo que cohabita con y en nosotros, y por lo tanto de alguna forma nos determina un carácter, nos define, es decir, nos da fin. Lógicamente nos da fin porque antes nos ha dado un principio, osea que es lo que nos limita en el tiempo, y hace que tengamos un destino- por supuesto, predestinado- Pero igual que sin el

cuerpo no existiría el espacio, sin el alma no existiría el tiempo -las dos cosas a cual más inconcebibles por separado, por eso son inseparables y deben de ir juntitas-

Naturalmente esta teoría chocaba con la realidad científica establecida. El alma sería una energía y como tal estaría compuesta de fotones, o sea estaríamos hablando de materia, es decir de una variable X. Sin embargo los científicos no le reconocen esta propiedad al fotón, y sostienen que su masa es nula.

Lógicamente si los fotones tenían masa nula esta teoría se caía o mejor dicho, se desvanecía como la masa del fotón. Así pues, con estos argumentos, me dirigí un día al Museo de la Ciencia de Barcelona a ver una exposición sobre la teoría de la relatividad de Einstein que realizaba un físico de la Universidad Autónoma, más o menos de mi edad. Lo cierto es que el hombre estuvo brillante porque hizo una exposición a nivel doméstico, clara y concisa, que hasta yo conseguí entender. Al final la gente realizo una tanda de preguntas y alguien preguntó precisamente eso, que si los fotones tenían masa. Él, obviamente contestó que no, que eran energía pero que carecían de masa. Cuando todos marcharon, yo me acerqué a él, le expliqué mi hipótesis y al final le comenté:

“Eso de que los fotones tienen masa nula no puede ser; primero, porque tumba toda mi teoría, y segundo, porque si los fotones tuvieran masa nula la ecuación de Einstein -omnipresente en todo el acto- ¡no se cumpliría! Si multiplicamos la velocidad de la luz al cuadrado por cero,

nos da 0”

Atendió muy amablemente a todo lo que le iba diciendo pero tenía prisa, le di un manuscrito y se fue sin darme una respuesta concreta. Al cabo de unos meses busqué información sobre él en internet y conseguí su teléfono. Lo llamé para tratar de entrevistarme con él, pero me dijo que mi trabajo era más bien filosófico. “Sí, pero ¿y lo de la masa?” le advertí yo; entonces por fin me explicó que en realidad no es que fuera 0

sino que se trataba de una indeterminación, de un 0/0. Yo en ese momento no sabía de que me estaba hablando -aunque después recordé los limites aquellos que tanto me hicieron sudar en su día- entonces le contesté; “Bueno pues si tú continuas en tus trece de que los fotones tienen masa nula no podemos continuar porque este es el caballo de

batalla ”. De modo que los dos colgamos el teléfono. Esa noche en el taxi yo iba dándole vueltas al asunto, la cabeza me iba a mil por hora.

Todo mi trabajo se tambaleaba y necesitaba imperiosamente encontrar la explicación, la lógica, la salida ¡Y la encontré!

Al día siguiente le escribí el siguiente e-mail:

¡EUREKA!

Perdona que te vuelva a molestar pero es que es super-importante. Como te puedes imaginar he estado reflexionando sobre nuestra conversación de ayer. Una de las leyes de la termodinámica dice que

“la energía no se crea ni si destruye, se transforma”. Lo que viene a

decir esta ley es que la luz se cristaliza, cambia de estado, se solidifica. Pero obviamente para solidificarse tiene que tener algo. Te puedo asegurar que si los fotones tuvieran masa nula ya no solamente no existiría el alma, sino que no existiría nada de nada, ni tu, ni yo. Tú me hablabas de una indeterminación, de un 0/0. De acuerdo, nosotros no

tenemos los medios matemáticos para poderlo determinar, pero una cosa es que la masa sea indeterminada y otra muy diferente es que sea nula, o sea 0.

Me he puesto a darle vueltas a la ecuación de Einstein y estrujándola un poco más he tropezado con dos leyes universales nuevas. Sí, me he dado cuenta de que ya no solamente no puede ser 0 la masa, sino que ¡la velocidad tampoco! De hecho en la vida no hay nada que tenga movimiento 0, en los sólidos más sólidos los átomos se están moviendo,

hay una vibración. Por lo tanto ninguna de las dos variables pueden ser 0 porque entonces todo se desintegraría en la NADA, en el Origen (antes del Big-Bang).

En tu exposición comentaste que si consiguiésemos atravesar la frontera de la velocidad de la luz lo que sucedería es que entraríamos como en otra dimensión. Efectivamente porque la velocidad de la luz y el 0 son los Límites de la Realidad, de la Vida, de esta Dimensión. La masa y la aceleración son inversamente proporcionales. El fotón es infinitamente pequeño, tan pequeño que puede viajar a la velocidad de la luz, pero obviamente su masa no puede ser nunca 0 porque entonces ya no sería nada, no sería real ¿Cómo puede viajar a ninguna velocidad si no es nada? Así pues de la ecuación de Einstein se deducen dos leyes universales:

1ª Todo es Materia (todo es física, todo es Realidad, todo es Vida).

2ª Toda esa materia está en movimiento.

Pero es que la Vida es eso materia en movimiento. De hecho la famosa

ecuación e = m . c 2 no es nada más que “la Ecuación de la Vida”.

Espacio-tiempo, es decir, masa en movimiento -el tiempo existe porque en la base algo está en movimiento(fotón) - Y la podríamos formular tranquilamente de la siguiente forma:

Vida (energía) = Espacio (masa) . Tiempo (velocidad)

Espacio-tiempo (cuerpo-alma). Si eliminas una de las dos automáticamente eliminas la otra, porque las dos van ligadas (2 en 1, ya que es completamente inconcebible tratar de entenderlas por separado) De hecho eso es precisamente lo que pasa en la muerte. La variable tiempo (alma) pasa a valer 0, el cuerpo muere y la Vida termina, 0.

Además todo

esto es muy fácil de demostrar. Midiendo

el

peso de

cualquier animal (ánima) en el momento de expirar, se tiene que producir una perdida de peso, infinitesimal ¡Sí! pero peso, es decir MATERIA.

Todo comienza con el famoso "Big-Bang" que no es más que un estallido de Luz. Toda esa energía fue cambiando de estado, enfriándose y solidificándose, hasta crearse lo que hoy conocemos como Universo. Nuestro concepto de Vida debe revisarse porque en realidad ¡Todo cuanto percibimos es Vida! -es decir, masa en movimiento- De hecho se están realizando experimentos con algo que llaman "acelerador de partículas" son una especie de tubos donde trabajan con partículas elementales- que más o menos consiste en introducir dos partículas por dos conductos distintos y hacerlos chocar. Se convierten en partículas aún más pequeñas, pero duran muy poco, y finalmente todo desaparece. Efectivamente, esto tiene esa explicación, esa lógica. El fotón es la parte de materia más pequeña, ya no se podría desintegrar más. Al chocar uno con otro ¿qué sucede? Pues que se para, que anulan las velocidades-el movimiento- 0, lógicamente la ecuación no se cumple, y sencillamente se desintegran en el Origen.

Así pues, todo proviene del mismo sitio, de la luz. Y aunque suene metafórico podemos afirmar que en realidad todo es luz. Sin embargo había un cabo suelto que no conseguía descifrar

¿Qué misterio se escondía detrás de la mecánica cuántica?

Para los que no esteis muy duchos en la materia la mecánica cuántica no es más que lo que los físicos se encuentran al adentrarse en la materia, es

decir como trabaja la materia en su estado más elemental.Yo estaba

convencido de que la vibración de los átomos el movimiento- debía de tener algo que ver con la mecánica cuántica, con el tiempo, con la variable Y. Pero lo cierto es que no acababa de verlo, y me decía a mi

mismo; “en cuántico lo entienda .....

un chiste malo-

La propiedad del fotón, de la luz, es que es algo que oscila tan rápidamente que en realidad es como si estuviera en dos sitios a la vez, o sea algo que está pero que no está ¿Cómo se come eso? Tengo que reconocer que está ha sido la incógnita que más me ha costado despejar, todo un desafío a la lógica, a la matemática. Aunque en realidad era sencillo, porque lo cierto es que lo tenía en las narices. ¡Claro! esa es la esencia de nuestra mágica ecuación, e =m.c2, ¡masa en movimiento!, es decir, más de lo mismo. Digamos que la mecánica cuántica en realidad no es más que la Vida llevada a su mínima expresión.

La matería tiene dos dimensiones; la tangible o determinada, -que es como nosotros la conocemos- y la intangible o indeterminada-que es el estado primitivo de la materia, pues recordar que en realidad no hay nada que permanezca- El fotón y el electrón son primos hermanos, (yo tengo unas placas solares que convierten los fotones en electrones) los físicos no le reconocen la materia al fotón pero sí al electrón. Digamos que el fotón es la parte de materia más pequeña que existe, por lo tanto es la materia prima, vamos que son los ladrillos de la vida. Lo primero que existió fue el fotón, y de ahí se creo todo los demás, protón, neutrón, átomo, etc.

De esta forma, si como yo digo todo proviene de la luz todo es luz- las propiedades cuánticas se tienen que manifestar también en la Vida. Y efectivamente, las matemáticas no fallan el fotón es algo, eso, que está en dos sitios a la vez, pero que no está en ninguno, por eso los números nos dicen que es una indeterminación, un 0/0. Pero si el fotón no tuviera masa, es decir no existiera, tampoco nosotros existiríamos.

En realidad todo cuanto percibimos es masa transcurriendo a través del

tiempo (Si observáis cualquier objeto, pensad que si consiguiéramos neutralizar el movimiento de sus átomos, desaparecería en nuestras narices). Pero ¡Cuidado! Nosotros también entramos dentro de ese juego, e igualmente somos materia en continuo movimiento. Aunque eso sí, materia consciente, porque nosotros SI podemos observar ese movimiento. ¡Claro! en realidad el presente es eso, algo que está, pero que no está. Algo que se nos va de las manos, pues el tiempo no se puede detener ¡Ahí tenéis la prueba!

Y si hacemos el ejercicio de tratar de concentrarnos en esa millonésima de segundo que continuamente se nos escapa y que sería el presente - ¡Probarlo!- veréis como llega un momento en el que llegas literalmente a marearte sin tomar ningún tipo de estupefaciente-

¡Alucinante! ¿Verdad? Sin embargo esto tampoco está carente de lógica, ahora entenderéis porque nos sucede eso. He desarrollado una teoría aunque en realidad es más una sospecha- que aunque en un principio pueda resultar descabellada, a medida que te vas adentrando en ella va cogiendo más cuerpo y sentido. Yo creo que lo que hay detrás de la Vida es la Conciencia. Sería lo que quedaría al eliminar lo que es físico, es decir el cuerpo, ¡cuidado! y el alma -de hecho la misma palabra lo dice con-ciencia, es decir lo que está al lado de la ciencia pero que no es, eso, físico- La conciencia es el origen, la que lo origina todo (vamos, la que manda). Leí un libro de una persona que hablaba de viajes astrales, de hecho fue la primera persona que yo escuché mencionar la palabra conciencia, con propiedad o sea, con conciencia-. El libro se llama “La muerte lúcida” de Paloma Cabadas.

Ella tiene capacidad para realizar estos viajes y viene a decir que en realidad todos los hacemos y que cuando dormimos lo que sucede es que desconectamos del cuerpo y del alma, lógicamente- es decir que nos salimos del espacio-tiempo. E igualmente cuando despertamos lo que sucede es que la conciencia se acopla de nuevo (cuerpo y alma son vehículos que utiliza la conciencia para crear el espacio-tiempo) Tiene su lógica, ¿Verdad? No, la mente no genera la conciencia, es la

conciencia la que utiliza la mente, -el cuerpo-

Bien pues, como ya dije anteriormente, mi teoría dice que ya no solamente todos nuestros movimientos están controlados, sino que además repetimos una y otra vez el mismo guión, la misma película. Fue justamente leyendo este libro cuando me di cuenta de algo que es tan alucinante como evidente. En algún lugar ponía; “Si el pasado ya pasó y el futuro está por llegar”, y yo le añadí; “¡Claro! el presente es la Eternidad”.

¡Siempre vivimos en el presente! Esta teoría la baso en varías cosas. Primeramente en algo que los franceses llaman el dejà vù lo ya visto, lo ya vivido- que es algo que todo el mundo experimenta a lo largo de su vida. Sí, es aquello que dices; esto tengo la sensación de que ya lo he vivido. Efectivamente porque serían como parpadeos en la Eternidad; claro que tienes la sensación, como que lo repites una y otra vez. El presente es eterno ¡siempre está ahí! nosotros lo que hacemos es pasar por encima, como si fueran los fotogramas de una película. Digamos que en ese fotograma siempre tienes esa sensación. Igualmente esto explica el caso de los videntes yo lo he podido comprobar- Lo que sucede es que igual que nosotros tenemos deja vus en el presente, a esta gente le vienen imágenes flashes del pasado y del futuro de la persona. Hay también una teoría metafísica, corroborada por los científicos, que dice que el Big-Bang está estallando constantemente, solo que ellos vienen a decir que vamos a vivir infinitas vidas. Desgraciadamente eso no puede ser porque esa unicidad nuestra nos lo impide ya no seriamos nosotros- el alma nos define, nos da la vida, pero a la vez nos encarcela en un destino. Además, de ser así, la matemática dejaría de ser exacta.

En un programa de televisión, de estos medio exotéricos, hablaban del famoso túnel y de la luz que dicen que ve la gente que ha estado en ese umbral de la muerte. Al final alguien decía que cuando nacemos también vemos un túnel y una luz. Y hay es cuando a mi se me acabó de encender, valga la redundancia, la Luz. Claro, cuando morimos lo único que hacemos es volver a nacer y volver a repetir el mismo rollo, solo

que como no sabemos lo que nos sucederá pues es igual.

La Realidad no es más que aquello que nos unifica a todos, aquello en lo que todos estamos de acuerdo, es decir aquello de lo que somos conscientes. Porque al final, como ya he dicho, la palabra clave de todo este apasionante misterio llamado Vida es esa, Conciencia. Cada uno de nosotros somos pequeñas sucursales conectados a una Conciencia Central, una Conciencia Total, que sería algo parecido a lo que hasta la fecha hemos denominado Dios, y que insisto, es lo que hay detrás del espacio-tiempo, del cuerpo y del alma, de la Vida que comenzó con aquel famoso Big Bang. En realidad toda la matería está conectada a ese ordenador central el hecho de tener un movimiento, hace que tenga un principio y un final-

Pero como he dicho la Conciencia es algo que nosotros no podemos concebir, es decir algo que la ciencia no puede explicar (no podemos entender nada que no esté dentro del espacio-tiempo). El alma y el cuerpo son instrumentos que la Conciencia utiliza para crear la vida (espacio-tiempo) pero la gran pregunta es ¿Por qué utiliza esos instrumentos? La respuesta es obvia, ¡porque los necesita! Porque sin ellos no habría nada, estaríamos como antes del Big-Bang. Por lo tanto ¿Qué hay detrás de la muerte? ¿Cielo? ¿Infierno? No, detrás del espacio- tiempo solo puede haber una cosa, más espacio-tiempo, más Vida, Vida Eterna, Vida Infinita.

Entonces esta sería la explicación del ejercicio que anteriormente realizábamos cuando nos concentrábamos en la millonésima de segundo que continuamente se nos escapa. Si os fijáis, en realidad lo que estábamos tratando de hacer era asomarnos al presente, o lo que vendría a ser lo mismo, a la Eternidad, y lógicamente eso marea al más pintao.

Bien, como podéis comprobar, la Vida es algo volátil y efímero, algo que se nos va de las manos, algo que está, pero que no está. En realidad, como decía Calderón de la Barca, la Vida es un sueño, un sueño infinito.

EL JUEGO DE LA VIDA

La Vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Calderón de la Barca. Yo lo llevo un poco más lejos, y digo: “La Vida es ilusión, y la ilusión, ilusión es”. La Vida no es más que eso, ilusión, ¡Pura Ilusión! También solemos decir que: “de ilusión también se vive”, sin embargo esto no es del todo correcto, porque no es que “también” se viva de ilusión, sino que de “ilusión”, es de lo ÚNICO que se vive. Ya que sino tienes

ilusión, sencillamente, estás muerto.

Por otro lado, reza: “ Y los sueños, sueños son”, es decir “ y la ilusión, ¡Ilusión es!”, en resumen, que es algo que te tienes que crear tú mismo, ya que como sucede con tantas otras cosas en la vida, nadie puede hacerlo por ti, tienes que hacerlo tú solito.

Hay una parábola de la Biblia que yo, sin ser católico (ni de ninguna otra religión), llego a comprender a la perfección. Se conoce que andaba un buen día Jesucristo por una playa, y alguien le preguntó que como conseguiría llegar a ser feliz, y Jesucristo cogiendo una caracola del suelo, le dijo: “Para llegar a ser feliz, tienes que ser capaz

de meter toda la arena de esta playa, dentro de esta caracola”. No sé

vosotros, pero la verdad es que yo lo entiendo con una claridad pasmosa. Y no solamente eso, sino que además me parece una forma tremendamente sencilla, de explicar algo extremadamente complicado,

de modo que sin lugar a dudas, Jesucristo debió de ser una persona “muy inteligente”.

Y ya digo, yo no solamente soy capaz de meter toda la arena de esa playa dentro de la caracola, sino que a mí, ¡Aún me sobraría muchísimo

sitio! Es aquella ilusión de “niño pequeño”, de la que nos habla el gran Antoine de Saint Exúpery, en su entrañable “Principito”, que jamás debemos de perder. Porque la Felicidad es justamente eso, “esa ilusión”

que TÚ te creas. En resumen, la Felicidad, es sencillamente, la Ilusión.

Sin embargo, aunque la felicidad es algo abstracto; del mismo modo que en el ejemplo anterior Jesucristo se hacía valer de una caracola, la Vida, para ayudarnos en esa ardua tarea de ser felices, se presenta ante

nosotros, como un “gran escaparate” lleno de cosas materiales (las cuales, “siempre” hemos de tener en cuenta son el “vehículo”, no el fin).

Y de entre todas esas cosas, hay “una” que, por así decirlo, es la nuestra, ¡Pero solo hay una!, ¡No hay dos! ¿Por qué? Básicamente por aquello de

que tú tienes “UN” gusto determinado, ¡No tienes dos! Es muy simple,

si te ponen una mesa llena de pastelitos, siempre habrá uno que te gustará más que el otro. Bien pues aquí pasa igual, aquí ahí algo que te

atrae sobremanera, por encima de todo lo demás, y por supuesto te hace

que “te ilusiones” (a la vez que te “llena”, y te forma como persona). Es lo que la gente hemos dado en llamar “La Vocación”. En definitiva, lo

que te hace “Feliz”. Entonces la cosa es bien sencilla, “El Juego de la Vida” consiste en averiguar que es lo quieres de entre todas esas cosas, y

cogerlo, así de simple.

Por otra parte, el estado natural de la persona es el trabajo, como dice mi madre, “el trabajo nace con la persona”. Según ella (que es licenciada en “ciencias del populacho”), desde el momento que llegas a

este mundo ya tienes que trabajar (tienes que mamar). De esta forma ciertamente podríamos afirmar que el trabajo es algo intrínseco al ser humano. ¡Vamos que es lo suyo!, o sea, ¡Lo Natural! De hecho la felicidad debe de ir siempre acompañada de un trabajo, hasta el punto que la falta de éste, incluso puede resultar contraproducente. Con lo cual, si tenemos en cuenta que la mayor parte de tu Vida te la vas a pasar trabajando, si consigues encontrar tu vocación, el contexto negativo que todos tenemos de la palabra trabajo cambia radicalmente, pues pasa de ser un suplicio, a convertirse en un placer.

En la Vida como vimos, hay dos tipos de personas, los que son

felices (los que han encontrado “eso” que les hace felices), y los que no

lo son (los que, por una u otra razón, no lo han encontrado). Porque aunque el Juego de la Vida es tremendamente sencillo, la verdad es que no deja de ser un juego, y como en todo juego, aquí se gana, o se pierde.

Recuerdo que cuando era pequeño (que nunca dejé de serlo, al contrario creo que yo salí defectuoso de fábrica, porque el caso es que cada día soy más niño), miraba las caras de la gente mayor, y en la mayoría de lo casos, no me gustaba lo que veía. En aquellos rostros yo veía frustración y desasosiego, cuando la Vida es algo, ¡Extremadamente Bello! Y realmente me resulta muy triste, pensar que pueda haber alguien que pase por ella, sin haberla llegado a entender, y a vivir, de la única forma posible, o sea ¡Apasionadamente! Supongo que esta es la verdadera razón por la cual me hallo en estos momentos,

metido en este “berenjenal literario”, pero en la medida que pueda

remediarlo me sentiré, plenamente satisfecho.

Por otra parte en la Vida nada “es porque sí”, de manera que todo

tiene un motivo, un sentido y una razón de ser. Lo que trato de decir es

que el “escaparate” ese, no está ahí para hacer bonito, sino que si está

ahí, ¡Es por algo! Aquí nos volvería a ser útil el ejemplo aquel del viejito que estaba en la Universidad, de un capítulo anterior. La pregunta que nos hacíamos, era ¿Por qué aquel viejito estaba en la Universidad con 80 años? Y la respuesta era que estaba en la Universidad con 80

años porque había visto algo que no había podido ver ni con 70, ni con 60, ni con 50, ni con 40, etc. Pero lo que nuestro viejito había

descubierto, en realidad no era más que “su camino”. Por fin había

encontrado aquello que, de entre todas las cosas del escaparate, estaba destinado para él.

Espero

que

este

ejemplo

os

ayude

a

comprender

mejor

la

trascendencia del asunto en cuestión, y os aclare un poco más esa idea de que aquí ahí “una tarea por hacer”. Bien entonces vamos a “meternos

en harina”. Hay una frase que dice:

“El que sabe lo que quiere, ¡Ya lo tiene!”

Porque lo realmente difícil, es llegar a saberlo. Y la dificultad de saber

lo que se quiere, estriba básicamente en que “Nadie nos lo puede decir,

pues es algo que solo nosotros sabemos”. Ya que lo que a mí puede hacerme ilusión, a ti igual, no te dice nada (básicamente por lo de que cada uno tiene un gusto determinado). Por lo tanto nuevamente volvemos a toparnos con el tema de la Unicidad.

De forma clara y un tanto sospechosa, vemos como nuevamente

aparece el tema “tabú” y molesto del destino, el tema de la

predestinación de nuestras vidas (a modo de robots). No en vano existe

una extraña y misteriosa relación entre esa correspondencia, también

“única” (es decir en el hecho de que haya “Una” cosa destinada para ti, que también eres “Uno”). De esta forma, en realidad volvemos a toparnos con la importancia de “Conocerse a uno mismo”. Así pues, del mismo modo que dicen que: “Todos los caminos llevan a Roma”, éste

parece devolvernos una y otra vez (y lo que te rondare morena), al mismo sitio. Porque no en vano el grado de auto-conocimiento que tú tengas (el grado de diferenciación), será directamente proporcional, a la posibilidad de que algún día llegues a encontrar eso que andas buscando, “Tu Camino” -Tu Destino-

Entonces resulta que, paradójicamente, nuestro principal obstáculo para llegar a saber lo que queremos, somos nosotros mismos. Pero como ya sabemos, en realidad no hay nada difícil, pues sencillamente se trata de una falta de información. Y aquí, como no, también sucede lo mismo, porque de alguna forma cuando nos obligan a tener que elegir lo que queremos, andamos todos perdidos dando tumbos, pues sencillamente, adolecemos de esa información propia vital (adolescencia), y realmente no sabemos absolutamente nada, de nosotros mismos.

Los que realmente saben lo que quieren a esas edades, son “cuatro” -el típico caso del médico, o del músico-. Gracias a una especie de “Don” o de “Gracia”, esta gente conoce su camino a una edad muy

temprana. Hay “algo” que les hace ver de forma clara y descarada, lo que quieren de entre todas las cosas del escaparate. ¡Y eso!, como “ya saben lo que quieren”, sencillamente, ¡Ya lo tienen! Con total seguridad, se limitan simplemente a cogerlo. Y por supuesto, se olvidan de “todo lo demás”. Porque esta es la ventaja de hallar “por fin” lo que uno quiere;

primero, que de alguna forma te relajas, porque ya no tienes esa presión que te agobia, y segundo, que dejas de perder tu tiempo con todo lo

demás, y vas directamente “al grano”, al meollo de la cuestión.

Sin embargo, hay algo que esta gente ignora, y es la tremenda

suerte que tienen, porque “eso” que a ellos les resulta tan fácil de ver, los demás mortales, hemos de irlo descubriendo, “a pulso”. ¿Qué como es “a pulso”?, pues de alguna manera tienes que ir probándolo todo un

poco, e ir viendo por ti mismo, si aquello te dice algo, o no.

Y

a

este

cúmulo

de experimentos

(en

los

cuales tú

eres

el

“conejillo de indias”), es a lo que se le ha dado en llamar, “la experiencia”. La cual te va a dar el auto-conocimiento (la auto- información), que necesitas. En definitiva lo que te va ha hacer, “saber de que pie cojeas”. Este periodo de auto-conocimiento funciona así, de manera que aquí ¡No se escapa nadie! pues todo el mundo tienen que

“pasar por el aro”, e ir encontrando sus “piedras” (sus límites), a medida

que va tropezándose con ellas.

Digamos que la Vida está montada así, ya que por otra parte ésta tiene su propia velocidad, de modo que por más que tú quieras correr,

ésta no varía. Como dice mi madre (la catedrática): “En la Vida todo viene rodado”, pues realmente todo necesita un tiempo mínimo “de cocción”, pero efectivamente, a su debido tiempo, todo llega. Y aunque

ciertamente resulta muy difícil saber lo que se quiere con 15, con 20 y hasta con 25 años, a partir de los 30 la cosa empieza a aclararse mucho, ¡Muchísimo! En parte porque uno ya comienza a conocerse más a fondo,

y a la vez porque sucede “algo” que a continuación explicaré, pero que

solamente podréis llegar a entender, aquellos que como yo, ya no vayáis a cumplir los 30.

Imaginemos, a modo de parábola, que la Vida vendría a ser como ir en un tren, el cual va siempre una velocidad constante. Dicen que hay una “Tercera edad”, pero, ¿Por qué hay una “Tercera edad”? Respuesta, porque hay una primera y una segunda, ¿No? Bien pues la primera vendría a ser la que transcurre entre los 0 y los 30, la segunda entre los 30 y los 60, y la tercera entre los 60 y los 140 (más o menos). La primera vendría a ser una etapa de aprendizaje de uno mismo, la segunda sería lo que es la Vida en sí (cuando uno ya tiene las cosas claras), y la tercera, ya os lo diré cuando llegue (¿Sí es que llego?). Bien, pues de los 0 a los 30 el tren va, como ya hemos dicho a la misma velocidad, y claro, como aquello está en movimiento, tú vas mirando hacía delante, pues realmente imaginas que llegarás a alguna parte, con lo cual no prestas atención al paisaje que la Vida, a través de las ventanillas, va ofreciéndote. Sin embargo, a los 30 (justamente a los 30, es decir no a los 27, ni a los 29, ni a los 32), el tren este, que insisto, siempre ha ido a la misma velocidad, de repente empieza a aminorar la marcha, hasta llegar a un punto en el que se para, en seco. Lógicamente tú no te esperas que aquello se vaya a parar, y como llevas una inercia de unos 30 años, sencillamente, sigues corriendo. Y aquí es donde entraría realmente la inteligencia de cada uno, para saber analizar lo que sucede, y darse cuenta de que aquello, ¡Esta Parado!, para obviamente, dejar de correr. Particularmente a mí esto me sucedió a los 31, es decir comprendí lo que un año antes había sucedido. Sin embargo los hay que siguen y siguen corriendo, hasta los 60, que imagino será cuando el tren se ponga otra vez en marcha, para coger ya “velocidades de vértigo”.

¡Sí, sí!, ¡El tren está detenido!, ¡Aquí hay NOVEDADES!, aquel viejo tren que tú siempre conociste en movimiento, de repente, a parado sus motores y permanece completamente inmóvil. Pero, ¿Qué significa que el tren esté parado?, significa que el tiempo está detenido. ¡Que no hay tiempo!, o mejor dicho, que el tiempo no corre. Matemáticamente podríamos decir que la variable tiempo X, sería igual a 0, es decir que sí hay tiempo pero su valor seria eso, 0. ¡Esto es sencillamente, Alucinante! (como ya os he comentado, los que aún no halláis llegado a

esta fecha mágica, no malgastéis vuestra valiosa “materia gris”, porque

difícilmente podréis llegar a entenderlo).

Sin haber llegado, al parecer, a “ningún sitio” (ningún destino),

aquello de repente se ha parado. Lógicamente, llegado este punto es

cuando empiezas a comprenderlo “todo”, y entiendes que aquello es justamente, el “Final del Trayecto”, y que por lo tanto, ya has llegado a

tu destino. Porque eso que tienes a tu alrededor y a lo que antes no prestabas prácticamente atención, ¡ES LA VIDA! (Vamos, ¡Qué lo tenías en las narices!).

Y aquí sí que podemos decir que ya, ¡No hay tu tía!, porque la Vida aparece “omnipresente”, vayas a donde vayas, y mires a donde

mires. La Vida, ¡Ya esta ahí! La Vida pura y dura (la de los 30 a los 60). Una vez que te das cuenta de esta realidad, y ya digo, por tu propio pie, te detienes, todo aparece ante ti -ahora si-, de forma clara y nítida. Entre otras cosas porque las imágenes ya no están en movimiento. Y no solo eso sino que como ya he dicho, como tampoco tienes nada mejor que hacer, sencillamente te dedicas a pasear por todas partes, comprobando

el género “in situ”. Lo que hace que todo te resulte aún más nítido y

transparente si cabe. De esta forma, empiezas a saber, por fin, lo que quieres -y lo que no quieres-. ¡Es genial! Doy fe.

De todas formas, el Juego de la Vida, como juego que es, implica un cierto riesgo, es decir se gana o se pierde (aunque este riesgo es solo aparente). Y realmente llega un momento en la Vida, en el que uno tiene

que empezar a tomar decisiones. Bueno pues es precisamente entonces, a partir de esa fecha mágica de los 30 años, cuando podríamos decir que el juego ya ha empezado, porque eso, la Vida ¡Ya esta ahí!, ahora ya si,

“en serio” (esta exclamación siempre debe ir entre comillas). Con lo cual

te encuentras con el gran dilema, es decir, ¡Qué tienes que elegir!, vamos, ¡Qué tienes que eliminar!

Porque elegir significa justamente eso, tener que renunciar a algo. Sin embargo, insisto, la Vida te empuja a ello, porque lo que está claro

es que “No lo puedes tener todo”. Por lo tanto tienes que empezar a “definirte” (a aclararte). Y si no lo haces, lo que se te pasará será “el

tiempo”. De forma que ya no tendrás 30, ni 40, ni 50, sino que tendrás 60 (o más) y un buen día te preguntaras: ¡Anda! ¿Y yo que era lo que

quería de todo lo que hay aquí? Pues aún tendrás el escaparate “llenito”

de cosas, ya que estarás en el mismo sitio que estás ahora, solo que para

entonces, como se suele decir, “se te habrá pasado el arroz”.

Sin embargo, aunque el tiempo apremia, de todos es sabido que las prisas no son buenas consejeras. De esta forma nos encontramos con el

caso de algunos que creyendo saber que es lo suyo, lo cogen del escaparate con esa pretensión y se vuelcan por entero a ello. Pero con el paso del tiempo, se dan cuenta de que, ¡Para Nada!, aquello era lo que ellos andaban buscando. Con lo cual comprenden que su elección había sido precipitada, ¡Muy precipitada! Pues aunque, “el saber no ocupa lugar” (y siempre les va a servir), son conscientes de que no han

proyectado sus fuerzas en la dirección adecuada. De manera que la cosa al final resulta tremendamente contraproducente, porque igual que dicen

que: “el gato escaldado del agua fría huye”, a esta gente luego les cuesta

horrores tener que enfrentarse nuevamente al “escaparate” (a la Vida)

para seguir buscando eso que creían haber encontrado.

También los hay que, a pesar de las circunstancias, y tras una ardua tarea, consiguen entrever lo que quieren, antes de que el tren llegue a detenerse. Estos son realmente “los inteligentes” -ante los cuales, yo me descubro-. Sin embargo, la inmensa mayoría acaban conformándose con cualquier cosa, sin haber encontrado lo que querían, digamos que se

acomodan. Y eso es precisamente, “lo último” que hay que hacer, ya que

eso puede significar, vuestra perdición.

Porque insisto, en la Vida no hay nada difícil, todo es cuestión de información. De algún modo, en la Vida pasa un poco como con las matemáticas, el problema matemático más complicado, una vez que conoces los “trucos” -las llaves-, solo es cuestión de aplicarlos coser y cantar-. Bueno pues el Juego de la Vida, como no, ¡También tiene su

truco!, y una vez que uno lo conoce, la cosa ya resulta, “pan comido”.

El truco para llegar a saber que es lo que quieres es muy simple. Saber lo que quieres es realmente complicado, porque es una sola cosa

de entre todas las que hay allí, sin embargo saber lo que NO quieres, es bastante más sencillo, porque son muchas más cosas (todas las demás).

De manera que el truco consiste simplemente en ir “eliminando” todo lo

que no quieres. Al principio parece que hay muchas cosas, pero ya veréis como poco a poco, la cosa se irá aclarando cada vez más. Hasta que finalmente os quedaran solamente 4 o 5 cosas, de las cuales al final

os tiene que quedar 1 sola. Y ¡Voila!, aquello será, con una seguridad del 100% (vamos por narices), lo que andabais buscando. Es un poco laborioso, pero ya digo, tremendamente eficaz. Porque lo que es para ti, JAMÁS podrás descartarlo, ya que antes de desecharlo dudarás (aunque en realidad no llegarás nunca ni a tocarlo, simplemente lo descubrirás al final, dirás ¡Anda mira lo que se ha quedado aquí!). Insisto, es imposible

que lo elimines porque eso está destinado para ti, es tu “fin” (tu destino).

En resumen que la cosa no tiene perdida. Es como aquel Juego del 1,2,3 (que todos conservamos en la memoria), donde había que eliminar siempre algo, pero con la salvedad de que aquí el “premio bueno” nunca lo vas a eliminar, y siempre te quedará al final. Por lo tanto, el Juego de la Vida es sencillísimo (un juego de niños), pues lo único que tienes que hacer para ganar es eso, ¡Jugar!

En fin, como podéis comprobar, aquí en realidad no se corre el menor riesgo, aunque eso si, hay un plazo máximo de tiempo para todos los participantes (aproximadamente unos 90 años).

El día en que murió la última abuela que me quedaba (yo tenia 32 años) comprendí que mi abuela no había muerto, sino que mi abuela, en realidad, ¡Ya estaba muerta!, lo único que había pasado había sido un día. Mi abuela ya había cubierto un ciclo (tenía 87 años), vamos que, ¡Ya estaba lista! Aquello me hizo comprender que mi Vida, ¡Era entonces! (o sea, ¡YA!), y que por lo tanto no tenía que esperarme a los 80 para vivirla, sino que por el contrario, debía empezar a vivirla desde

ya,

con

toda la intensidad que

me fuera posible. Devorando cada

momento y cada instante que ésta me ofreciese, pues no podía permitirme el lujo de perder ni un solo segundo más de mi Vida.

Llegado este punto, y teniendo en cuenta toda esta nueva información, cabría reflexionar y replantearse todo el tema de la educación, desde la más tierna infancia, porque aquellos viejos que yo veía desalentados y desanimados (desilusionados), en realidad no eran más que el fruto de una educación incorrecta (o sencillamente de la ausencia de ésta). La función de la educación (el fin), como ya vimos, no

tiene que ser que el niño sepa el “Teorema de Pitágoras”, sino que de lo que se trata es de inculcarle el “ansia por saber” que nosotros tenemos, y

encaminarlos de la forma más sutil posible, a que aprendan la única

Lección que la Vida les va a enseñar, la ”Lección de Sócrates”.

Yo mismo, sin ir más lejos, soy también el fruto de una mala educación. De hecho educar a un niño para mí debe de ser lo más complicado de esta vida (sobre todo si es el propio). El problema reside en que tú ya conoces las piedras porque has ido descubriéndolas a fuerza

pegarte con ellas y sabes donde están, pero claro, tú no puedes decirle al niño, ¡Niño que hay ahí una piedra! (porque el niño lo que va a hacer es irse derechito hacía ella). De alguna forma tu trabajo consiste en que el niño llegue a intuir las susodichas piedras. Es aquello que te decían

cuando eras pequeño de: “Niño que la Vida es muy dura, estudia que sino vas a ser un desgraciado como tu padre”. Claro lógicamente el niño piensa: “Bueno pues no será tan malo ser un desgraciado, cuando mi

padre lo es”. Pero es que además, eso no es así, porque la Vida no es dura, la Vida es muy bonita, pero claro, “Hay que saber vivirla”, y para

ello resulta vital una correcta educación. Por lo tanto, debemos de

reconsiderar también la importancia de la figura de ese que hoy en día llamamos maestro, y al que yo particularmente preferiría denominar

“educador”.

De alguna forma la Vida se asemeja al crecimiento de un árbol, como tú ese árbol no lo hayas plantado bien, va a crecer torcido, y si no

te preocupas de irlo guiando, cuando llegue a la edad adulta habrá quedado torcido, y eso sí que ya no va haber quien lo enderece. Por lo tanto, de lo que se trata es de que de ahora en adelante, los árboles nuevos vayan creciendo lo más derechito posible. Porque a un niño no se le puede “Imponer” la educación (de hecho no se le puede imponer absolutamente nada). Todo lo que le impongas a un niño lo va a aborrecer de mayor. Y esto es precisamente lo que les sucedía a nuestros viejecitos, que de niños les habían impuesto el estudio (la Vida), con lo cual lo único que en realidad consiguieron fue eso, hacerles aborrecer, La Vida (o lo que es lo mismo quitarles la ilusión, ¡Ya ves tú que salvajada!).

En cualquier caso, a unas malas, te encuentras, con que como yo, luego tienes que corregir un error que han cometido otros, y eso os puedo asegurar que no es para nada, fácil. ¡Porque si ya resulta difícil corregir los propios! ¡No digamos ya los ajenos! En fin, como podéis ver la cosa es más “seria” (comillas) de lo que parece, sin embargo eso es precisamente lo que hay que tratar de evitar, pues la educación debe de ser en todo momento, divertida y agradable (y por consiguiente, interesante). Más que nada porque, así es la Vida.

Por supuesto todo esto debe hacerse con suma cautela, porque como ya hemos visto las prisas no son buenas. Hay una historia que se cuenta de un rey medieval que solía decirle a su paje:

“¡Vísteme despacio, que tengo prisa!”

Ya que antaño los reyes llevaban innumerables prendas, de forma que si se equivocaban debían de comenzar de nuevo. Bien pues esta debe de

ser la filosofía y la “máxima” de la Vida, porque la forma de avanzar en

todos, absolutamente todos los campos, es paradójicamente esta, ¡Ir despacio!

Pero es que la educación es además, una ardua y delicada tarea que debe realizarse con más cuidado y delicadeza, aún si cabe. Porque

insisto, lo importante no es la velocidad a la que niño pueda ir adquiriendo conocimientos, sino que lo único que verdaderamente importa es que el niño, por él mismo (pues él es el único que posee esa información), vaya encontrando el sentido hacía donde tiene que dirigir

sus pasos, y de este modo, vaya encarándose hacía lo que más adelante va a ser, su Vida. Por lo tanto lo importante no es a la velocidad a la que pueda crecer el árbol, sino que lo único que realmente importa es que lo

haga en la dirección correcta, es decir, ¡Que no se “tuerza”! (¡Por nada

del Mundo!).

EL ANTICONSUMISMO (O EL PLACER DE DAR)

En una noche de esas “bohemias”, que todos alguna vez hemos tenido, alguien en la barra de un bar, sin saber muy bien a santo de qué (pues realmente no habíamos entablado ningún tipo de conversación),

me comentó: “En la Vida el que lo da todo, se queda sin nada”. La

verdad es que a mí aquello me sonó de una forma horrible, ¡Monstruosa! Creo que tal vez sea lo más terrible que haya podido llegar a escuchar jamás.

Afortunadamente el tiempo me ha enseñado que eso no era así, y que aquella persona estaba cuando menos equivocada (mal informada), pues sin duda había sido víctima de una educación desacertada y errónea. Decía El Mahatma Gandhi:

“Lo que tú des, se te devolverá multiplicado por cinco”

Esto suena mejor ¿No? Pero es que además es así, porque las personas somos “generosas”, ¡Tremendamente generosas! Sin embargo también tenemos un lado egoísta, que es él que nos pierde. Los seres humanos tenemos dos partes claramente definidas y contrapuestas. Por un lado somos “humanos” y somos generosos, insisto, ¡Muy generosos! Pero por

otra parte tenemos también un lado “animal”, porque lo cierto es que no

dejamos de ser animales, aunque eso sí, racionales (salvo alguna que otra excepción). Este lado animal nuestro, es lo que hemos dado en

llamar el “egoísmo”. Yo tengo dos gatos y cuando les echo algo de comida, el que consigue hacerse con ella, la defiende “con uñas y dientes”, como si en ello le fuera la Vida. Es el instinto animal de

supervivencia (el egoísmo). Y aunque nosotros, hace ya algunos años que nos bajamos de los árboles, lo cierto es que en este sentido, no

hemos avanzado mucho que digamos.

Bien pues la “Sociedad de Consumo”, en la que todos estamos

inmersos (y la cual nos consume, valga la redundancia, a todos), está

construida sobre ese lado animal que los seres humanos poseemos.

Digamos que “el Egoísmo” serían “los cimientos”, los pilares sobre los que se erige y se sustenta la “Sociedad de Consumo”. Veréis, la

“Sociedad de Consumo” te dice básicamente que: “Sí tú posees, serás

feliz”. Pero, ¿Qué te está diciendo en realidad? Lo que realmente te está diciendo es: ¡Tú, piensa en ti!, después, ¡En ti!, más tarde, ¡En ti!, y si

sobra algo, pues ¡Para ti también! Pero, ¡Ni se te ocurra pensar en los demás! Nada, Tú ¡Para ti!, ¡Para ti! y ¡Para ti!

Esto es lo que “fomenta” y desarrolla la “Sociedad de Consumo”, ¡el egoísmo puro y duro! Y esta “Realidad Animal” es la que impera en el Mundo actualmente, abanderada por nuestros amigos “los yanquis” (el Imperio “de turno”), con su Dios “Todopoderoso”, al que rinden

devotamente culto, el dólar $ (pues por otra parte es lo único que

tienen). De manera que podemos decir que todos los “males” que

aquejan a la Humanidad hoy día, tienen su raíz aquí. No se puede

fomentar el “Egoísmo” y la “Humanidad” al mismo tiempo, ya que estos

son términos contradictorios. De esta forma, difícilmente veremos por ejemplo, a la Coca-Cola haciendo una campaña por el hambre en el

Mundo, ya que esto sería ir en contra de su filosofía de mercado, y

fomentaría el otro lado de la persona, el humano, el “solidario”.

No, este modelo de Sociedad que nos están intentando vender no es como podéis ver, ni muchísimo menos, perfecto. Basta con echarle un vistazo al Mundo para comprender que esto es un desastre con mayúsculas. Ahí cosas que al menos a mí me dejan perplejo, por ejemplo: ¿Cómo pueden pagar 6.000 millones por un cuadro, cuando hay gente que se está muriendo de hambre? ¿O por una joya (un cacho piedra)? ¿O que le estén pagando millonadas a gente por darle patadas a una pelota, o por encestarla en una canasta, o por darle con un palo, para meterla en un agujero? ¿O que hagan películas de miles de millones?

(que luego claro está, la gente va a ver). A mí la verdad me resulta sencillamente ¡Alucinante!, y así podría estar enumerando infinidad de cosas que, eso, ¡Están Mal!, pero para no extenderme me limitaré a

exponer la que a mí me resulta más “irracional” de todas, y que resume a

la perfección la gravedad del asunto en cuestión.

Sí porque todo esto se queda en minucias, con la llegada de la Navidad. Resulta que llega Navidad, y la gente se vuelve literalmente,

“Loca”. Pierden por completo los papeles y se ponen a consumir de forma “salvaje”, realizando excesos de todo tipo (bueno el caso es que

todos lo hacemos). ¡Es una auténtica Locura! Bien, como ya he comentado, yo no soy católico (aunque estoy educado en esa religión),

pero si te paras a “pensar” fríamente, resulta que estamos celebrando que

nació “alguien” que precisamente predicaba que, ¡Eso no había que

hacerlo!; (pues si mal no recuerdo, Jesucristo decía que había que darle de comer al hambriento, de beber al sediento, y tal y tal, ¿No?). Bien,

quiero decir, ¿Cómo puedes estar celebrando tú de esa forma (con los atracones que nos metemos), ese día, cuando hay gente que se está muriendo de hambre en el Mundo? ¡Cuidado!, yo no digo que no se celebren las cosas, pero ¡No seas tan hipócrita de celebrar eso, de esa forma! ¿No? ¿No sé?, celebra por ejemplo que ha ganado tu equipo de fútbol, o cualquier otra cosa, ¡Pero, por el Amor de Dios (Dios en general)!¡Eso No!, ¡Que la cosa clama al Cielo! ¡Que se nos tendría que caer la cara de Vergüenza!

Pero bueno, como ya digo el problema reside ahí, en el

“consumismo”, puro y duro. Sin embargo encuentro que la Iglesia

debería ser la primera en tomar cartas en el asunto y decir: ¡Señores, hasta aquí hemos llegado! ¡Aquí no se celebra nada más hasta que

tengamos los “deberes hechos”! ¿Qué deberes? Pues sencillamente, que

no muera UNA sola persona más de hambre en el Mundo. Entonces lo celebraremos, ¡Y por todo lo alto!, porque además tendremos motivos

para hacerlo.

En fin, como podéis ver aquí está todo, “manga por hombro”. Sin

embargo todo esto se puede superar y además fácilmente, porque para

eso tenemos nuestra máxima de que, “Todo es sencillo”. Yo colaboro

con una ONG apadrinando a una niña. Es muy poca cosa, 18 euros al

mes. “Un granito”, que a mí por otra parte no me supone nada, pero si

todo el mundo pusiera su correspondiente granito, la cosa sería “coser y

cantar”. Y que conste que yo no digo como decía Jesucristo, ¡Déjalo todo y vente conmigo! Es decir yo no te digo que no pienses en ti, lo único que te digo es que si tú ya has comido, pienses un poquito en los que no han tenido tanta suerte. ¡Nada!, con muy poquita cosa se puede hacer muchísimo. Por otra parte eso de Yo, Yo, Yo, y ¡Siempre Yo!, No

puede ser bueno, porque lo bonito en la Vida es dar y recibir, una cosa equilibrada ¿No?, sí aquello de:

“Hoy por ti, y mañana por mí”

¡Es lo suyo! Pero claro para llegar hasta aquí primero hemos de sacar a la gente del consumismo salvaje en el que se hayan inmersos. Y para ello, hemos de empujar la balanza por ese lado opuesto, hasta conseguir que la cosa quede más o menos equilibrada. Debemos pues potenciar al

máximo eso, la “Solidaridad” (la Humanidad).

Ya que por otra parte, a toda esta gente en realidad, de alguna forma ¡Les están vendiendo la moto! Porque cuando ¡Por fin! (después de no pocos sacrificios), consiguen tener el micro-ondas, la televisión de 50 pulgadas, y el DVD, un buen día se dan de bruces con la realidad, y descubren que a pesar de todo eso: ¡NO SON FELICES! Con lo cual se dan cuenta de eso, ¡De que les han estafado!

Las personas para poder vivir, debemos cubrir unas necesidades físicas mínimas, y el “Consumismo” lo sabe y se aprovecha de esta circunstancia. La “Sociedad de Consumo” juega con esa variable “x” de

cosas físicas que tú necesitas (o crees que necesitas). Variable que yo he

dado en llamar la “Variable de la Felicidad”. Por supuesto lo que a la

“Sociedad de Consumo” le interesa es que esta variable sea cada vez más grande, para que la gente consuma cada vez más y más. De forma

que poco a poco vayan creándose nuevas necesidades. Sumergiéndolos

así, cada vez más en su propio egoísmo, hasta llegar, a límites ciertamente enfermizos. Porque lo que realmente le interesa a la

“Sociedad de Consumo”, es que la gente piense, ¡Lo menos posible!

(como ya vimos el hecho de “pensar” es inversamente proporcional al de “consumir”), de forma que pueda controlar su voluntad, para acabar

convirtiéndolos en eso, simples autómatas (enfermos).

La “Sociedad de Consumo”, nos tiende sus redes postrando ante

nosotros un sin fin de apetitosos manjares, que realmente resultan un

“cebo” demasiado llamativo hasta para “el más pintado”. Porque lo

cierto es que todos más tarde o más temprano (y él que esté libre de

culpa que tire la primera piedra), acabamos cayendo en la trampa. Pero insisto, lo único que consiguen las cosas materiales es desviarnos de nuestros verdaderos objetivos. Del mismo modo que las mitológicas sirenas desviaban con su canto (y sus encantos), a los marinos para hacerlos naufragar, las cosas materiales nos despistan y nos desorientan, desviándonos de nuestro destino, hasta el punto de poder llegar a

hacernos “naufragar”.

A continuación explicaré un caso verídico, que me sucedió a mí, porque creo que ilustra a la perfección este tema, ya de por sí tan delicado. A día de hoy yo soy taxista, y hará cosa de unos siete u ocho años, llevaba a un par de personas, y durante el trayecto, iba escuchando como el más joven de los dos le iba dando instrucciones al segundo. Una vez dejamos a este último en su casa, el otro me informó que debía llevarlo hasta Valldoreix (una zona residencial de las más caras de Barcelona), y me preguntó que si no me importaba que se sentara conmigo delante. Emprendimos el viaje, y él me empezó a contar su Vida, resultó que además aquel día era su 29 cumpleaños. Me explicó que provenía de una familia humilde, que había salido de la mili, como

se suele decir, “con una mano adelante y otra atrás”. Lo suyo era como

el cuento de la lechera, pero hecho realidad. Había empezado con negocios pequeños, y con un poco de suerte y, eso sí, muchísima ambición (ya que no dejaba de trabajar ni los domingos), había

conseguido llegar a ser el dueño una agencia inmobiliaria y de no sé cuantas cosas más que me estuvo enumerando por el camino. El caso es que yo, que por aquel entonces (debía tener unos 25 años) no pensaba ni muchísimo menos como pienso ahora, le hice el siguiente comentario, y

le dije: “¡Macho!, pues yo con todo lo que tú tienes, lo pulo y ¡A Vivir!”. Pero él, para mi sorpresa me contestó: “¡NO!, ¡Porque yo quiero MÁS!”.

Esta persona había caído, sin ni tan siquiera sospecharlo, en las garras del “Consumismo”. Pues así como él se tenía por un triunfador,

muy lejos de serlo, en realidad no era más que una pobre víctima, un

“infeliz en potencia”. Sí porque ya siempre querría MÁS. Cuando

tuviera 500 millones querría 2000, cuando tuviera los 2000 querría, pues no sé, ¡Barcelona entera!, cuando hubiera conseguido Barcelona, ya querría Europa, luego ya vendría el Mundo, y por último sería el Universo, lo cual le resultaría imposible, pues es infinito. Por lo tanto, ¡NUNCA conseguiría llegar a ser feliz! Es aquel tópico de que:

“No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”

frase que yo he estrujado, y sintetizado aún siguiente:

más, hasta dejarla en lo

“El que no necesita nada, ya lo tiene TODO”

¿Dónde estaría el límite de la Felicidad? O dicho de otra forma, ¿Cuánto necesitarías tú para ser feliz? Llegado este punto podríamos establecer la

siguiente relación matemática: “La “Variable de la Felicidad” “X” es inversamente proporcional a la posibilidad de que algún día llegues a encontrarla”. Esto es ¡Pura Matemática!, y las matemáticas ¡No fallan!

Todos conocemos la célebre frase de que:

“El Dinero NO da la Felicidad”

Cuando dicen “dinero”, obviamente se refieren a todo lo con él se puede

conseguir, a todo LO MATERIAL, lo físico (sexo, drogas, lujo, etc.). El caso es que la frase lo dice muy clarito, pues te dice que: ¡NO DA! No

dice, “que igual la de un poquito”, ¡No, no!, tajante y rotundamente te

está diciendo ¡que NO!, ¡Que no la da!, ¡Nunca y bajo ningún concepto!, vamos ¡QUE NO! La frasecita ya nos está alertando de que ese no es el

camino correcto. Pero claro, esto es muy fuerte, porque ya no solamente

es que “no la de”, sino que lo gracioso es que además, ¿Te la quita?

Así es, esta es la cruda realidad. Las cosas materiales como vimos,

son “el vehículo” para conseguir la Felicidad, pero nunca “la meta”. ¡No, desengáñate!, tú no vas a ser feliz por el hecho de “poseer”.

Primero por que si así fuera el Mundo sería un auténtico Kaos (o sea, aún más), y segundo porque, afortunadamente La Vida, que es muy sabía, lo tiene ya todo controlado, de forma que la felicidad debe ir siempre acompañada de un trabajo, de un esfuerzo. Porque del mismo

modo que vimos que no existe “la Libertad sin Responsabilidad”; podríamos decir que, “No existe la Felicidad sin el Trabajo”. Las cosas

por sí solas no nos van ha hacer felices, tenemos que poner siempre

“algo” de nuestra parte. Por ejemplo; yo estudio música y hace poco me

compré un piano. Yo por el hecho de tener un piano en el comedor de mi

casa no voy a ser feliz. Sin embargo si yo con mi esfuerzo, consigo

llegar a tocar alguna pieza, ¡Eso SÍ puede llegar a hacer que yo me sienta

“feliz” y realizado conmigo mismo! Todo esfuerzo está acompañado de una recompensa, y esa recompensa, es la felicidad. Esa felicidad que le están vendiendo a la gente, no es auténtica, la auténtica hay que ganársela a pulso, y buscarla constante e incesantemente, cada minuto de nuestras vidas. Porque la felicidad, como algo abstracto que es, se puede sentir, ¡Pero NUNCA, “poseer”!

En realidad, cuando decimos que nos “sentimos” felices, ya lo estamos dejando claro. Y si analizamos literalmente el significado de la palabra felicidad, esta idea nos va a quedar aún mucho más nítida y

definida. He estado buscando en los “Libros Sagrados” y la cosa no

acaba de estar del todo clara, pues lo cierto es que he encontrado definiciones varias, sin embargo todas ellas coinciden en comenzar

diciendo que es: “Un estado de ánimo”. Efectivamente, eso es la

felicidad, ¡Un estado de ánimo!, o lo que vendría a ser lo mismo, ¡Un

estado del ánima!, o sea ¡Del “Alma”! Con lo cual, una vez más, volvemos a toparnos con la “dichosa” palabrita. Por lo visto, parece ser que por mucho que nos obstinemos en no querer entrar “en vereda”,

todos los caminitos que cogemos, terminan llevándonos, una y otra vez, inexorablemente al mismo sitio.

Bien pues si la felicidad es un “estado de ánimo/ del ánima/ del alma”, el alma es algo que NO se alimenta de cosas materiales. Por esa regla de tres simple, “lo material” (lo físico) No da la felicidad. Pero claro aquí no falta nunca el iluminado que te dice: “No, no la da, pero ayuda”, Pero ¡No, no!, “ayuda” significa ¡Que SÍ que la da!, y una de

dos ¿O la da o no la da? Es muy sencillo, yo simplemente te doy una información y te advierto: ¡EH, que por ahí NO se va! ¡Que ese NO es el camino!, pero tú me dices bueno ya lo sé pero de todas formas voy a seguir adelante, pues nada hijo, ¡Sigue, sigue! pero te vas a esmorrar.

De esta forma nos encontramos con que, si alimentar el cuerpo es importante, alimentar el alma resulta ya, ¡Algo Vital!, porque es lo único que puede llegar a darnos la felicidad. Sin embargo así como el cuerpo puedes llegar a alimentarlo sin necesidad de trabajar algunos-, el alma resulta ¡Imposible! Esta sería básicamente la razón por la cual estos últimos, que consiguen vivir sin trabajar, no logran nunca llegar a ser

felices, pues adolecen de esa sana costumbre que todos conocemos, “el

trabajo” -¡Que manera de blasfemar!-. Ya vimos que el trabajo, era algo “Natural”. Por consiguiente esta gente que no trabaja, lleva una vida anti-natural, es decir equivocada, porque todo lo que va en contra de la Naturaleza, tarde o temprano resulta contraproducente.

Así pues tenemos que ahora, no solamente hay que trabajar para alimentar el cuerpo, sino que también tenemos que hacerlo para

alimentar el alma. Por lo tanto el hecho de encontrar el trabajo que sirva para alimentar las dos cosas a la vez (tu vocación), cobra todavía más importancia si cabe, ya que si lo encuentras, “habrás matado dos pájaros de un tiro”. Llegado este punto y con el permiso de los académicos,

pienso que sería conveniente redefinir la palabra felicidad como:

“Estado de ánimo que el ser humano experimenta al ejecutar una obra u acción”.

Y si ya para nosotros la palabra alma, y todo lo que esta conlleva,

resulta una palabra “tabú” (pues es algo que desconocemos), dentro de la “Sociedad de Consumo” aún lo es más, digamos que está “terminantemente prohibida”. Primero porque a esta última no le

interesa que la gente pueda llegar a pensar que un día de estos va a tener

que irse para “el otro barrio”, y por lo tanto puedan de alguna manera,

empezar a cuestionarse la idea de dejar de consumir, salvajemente. Y segundo, porque el alma es algo que no necesita ir al “Corte Ingles”.

Bien, hasta ahora hemos visto “como” se abastece el alma, sin embargo aún no hemos visto “de qué” se alimenta. El alma como algo abstracto que es, se nutre de cosas lógicamente, abstractas. Su dieta está esencialmente compuesta de sentimientos (amor), y de belleza. Por lo tanto, debemos de canalizar nuestras fuerzas para; por un lado aprender a saber reconocer toda la belleza que la vida, en sí misma, tan celosamente encierra; y por otro lado, fomentar y educar nuestros sentimientos, es decir aprender a sentir, en definitiva a “amar”, o lo que vendría a ser lo mismo, a “dar”. Porque justamente:

“Amar, es Dar”

Como dice una canción de Fito Paez, “Dar, es Dar”, ya que se trata de algo completamente “altruista” y “solidario”. Pues realmente él que consigue llegar a dar, lo hace de la única forma posible, es decir sin

esperar nada a cambio y libre de todo “egoísmo”. En resumen, tenemos

que aprender a “DAR”. Y aunque, insisto, ¡No es fácil!, en la Vida todo

es cuestión de práctica (costumbre).

Porque lo bonito en la Vida es eso, dar y recibir. Y el caso es que, de alguna forma a todos nos gusta que nos den cosas. Sin embargo, os

puedo asegurar que “el placer de dar”, no tiene ni punto de comparación,

con el de recibir. Enseguida lo vais a ver.

En realidad, eso de que el dinero no da la felicidad, tampoco es del todo cierto. Sí porque, reconciliándome con aquel a quien nuestro

entrañable Quevedo llamaba “Poderoso Caballero” (Don Dinero), debo

decir, que todo depende del uso que a este se le dé. Como ya os

expliqué, yo colaboro con una ONG apadrinando a una niña de Bolivia. Aunque para mí es muy poca cosa, pues solamente son 21 euros al mes, para ellos en cambio representa muchísimo, porque supone prácticamente una quinta parte de lo que el padre de esta niña gana mensualmente. Esta organización se encarga de recoger a los niños en escuelas, donde no solamente los educan, sino que también reciben una atención médica, mínima. Desde el primer momento te envían una foto de niño/a con sus datos, y una dirección donde contactar. Después, durante el año te van enviando dibujos que la niña realiza en las aulas. Bien pues yo ya llevo 3 años, y la Navidad pasada me llegó un belén dibujado por la niña (que se llama Sonia). Y como es muy divertido he creído conveniente adjuntarlo aquí:

Como veis es un belén típico boliviano. Bien, pues detrás del dibujo venía el siguiente escrito:

Como veis es un belén típico boliviano. Bien, pues detrás del dibujo venía el siguiente escrito:

Como veis es un belén típico boliviano. Bien, pues detrás del dibujo venía el siguiente escrito:

Lo cual de forma muy sutil, venía a decir sencillamente que la niña, ¡Ya

sabía escribir! Os puedo asegurar que la “Alegría” que yo sentí, al

comprender que gracias a mi pequeñísima aportación, aquella niña había conseguido aprender a escribir, resulta algo difícil, muy difícil de describir. Pero de lo que sí estoy completamente seguro, es de que esta,

sin duda, ha sido la Vida.

mejor inversión que he podido hacer en toda mi

Pues por otra parte, así como una persona sana era una persona “sin odio”, una persona sana es igualmente una persona “sin egoísmo”, es decir alguien que básicamente “DA”, y que da en el sentido más “amplio” de la palabra. De manera que podemos decir que todo aquel

que “No Da”, es en realidad una persona enferma. De hecho este es el

caso de los ricos. Porque el rico es rico, justamente por eso, porque ¡No Da! Por lo tanto podemos decir que los ricos son gente igualmente

“enferma”. Están enfermos de la peor de las enfermedades, ¡la Ambición!, ya que como vimos, viven “presos” en su propio egoísmo.

E, insisto, aunque pueda parecer contradictorio, ellos son las auténticas víctimas de la Sociedad de Consumo, que en realidad no es otra cosa que un “sistema operativo”, un windows,. Sí, sí, no es más que eso, una forma de operar, de vivir. Y si nos detenemos a analizar su estructura, podremos comprobar que se trata de un orden arcaico, medieval y por supuesto, completamente obsoleto.

La Sociedad de Consumo son unos escalones, unos peldaños que tú no te puedes saltar. Aquí abriré un paréntesis para explicaros una anécdota que me sucedió en el taxi. De esto hará unos 14 años, llevaba un pasaje que me iba diciendo que él no tenía un duro pero que a su hijo le había comprado un porsche uno de segunda mano que aún así le había costado un millón y medio de las antiguas pesetas y yo para mi pensé; “pues vaya tontería porque el porsche a tu hijo le va a durar un mes”.

Porque como os decía esos peldaños no te los puedes saltar a la torera, de manera que para tener un coche de 20 millones necesitas tener la vida el estatus- de una persona que esté en ese escalafón social, porque si no, el coche se te come a ti, y no solamente te tiran otra vez para atrás, sino que igual te bajan 2 o 3 escalones de golpe.

Obviamente todo el mundo lo que trata es escalar esos peldaños- en una búsqueda errónea de la felicidad- pero lo que nos encontramos al llegar

al último escalón es a 2 o 3 que están tratando de subir ¡al otro escalón!, porque, insisto, detrás de la Sociedad de Consumo ¡No hay Nada! Es decir, no está gobernado por nada, ni por nadie. ¡Es una Trampa! Un abismo al cual nos empuja ese lado animal y salvaje nuestro, el egoísmo.

Pero no solamente se cierne esa espada de Damocles sobre nuestras cabezas, no, aquí hay más miga de lo que parece, porque todo lo que envuelve a la Sociedad de Consumo, todas sus connotaciones, son negativas. La evolución lo que hace es acercarnos los bienes materiales, sin embargo evolucionar no es almacenar cosas materiales sino que en realidad se trata de almacenar conocimientos, información. Pero la gente, de forma natural, lo que hace eso, amasar fortunas, almacenar

cosas (casas, tierras, yates, etc

...

)

Les cambian su tiempo por cosas, y

todo ese potencial, todo ese tiempo, se pierde .Lo único que hace es frenar nuestra evolución, hasta el punto de que hoy día está todo completamente estancado. Como ya dije anteriormente, yo no me encuentro gente que piense.

Aquí habría que matizar todavía más ¿que es pensar?, porque no es cualquier cosa, son palabras mayores. Yo suelo decir que esto de pensar es un defecto, una tara que traía ya de fábrica. Creo que debí de darme un golpe de pequeño, o algo pasó por ahí arriba Algún tornillo se me aflojo. El caso es que me siento como el tuerto en el país de los ciegos, pero por supuesto no ceso en mi búsqueda. Obviamente cuando en el taxi hago esta observación, la gente me dice: ¡Hombre, yo sí pienso! Tras lo cual yo le hago una prueba para comprobar que realmente es así. Pero a día de hoy todavía estoy esperando que alguien me la pase. Me sucede como al autor del Principito, cuando enseñaba su dibujo de la boa que se había tragado un elefante, la gente lo único que veía era un sombrero.

Bien, cuando digo nadie, es nadie, y nadie es mucha gente. En mi taxi he llevado todo tipo de personas; arquitectos, ingenieros, médicos, físicos, no sé, gente con tres carreras, catedráticos de universidad, y nada, que si quieres arroz Catalina. Lógicamente el catedrático me dice; ¡Yo soy

catedrático, yo sí pienso! Y yo esperanzado le lanzo mi pregunta; Sí, pues dime ¿qué has pensado? Pero tras un instante, lo más que hacen es sonreír y decirme; ¡claro, es que así, en frío! No, el catedrático tampoco ha pensado, lo único que ha hecho ha sido almacenar datos en su disco duro, y lo que en realidad tiene es una empanada mental, un empacho de datos. Lo que ha hecho ha sido tirar de lo que otros ¡Sí han pensado! Pero él no tiene nada suyo, en definitiva, no ha pensado nada.

Afortunadamente pensar es un ejercicio completamente libre, y por supuesto no tiene ninguna relación con estudiar almacenar datos-.

“Pensar es el camino para saber, sin embargo saber no tiene nada que ver con pensar”

Está increíble propiedad hace que podamos encontrarnos con alguien que, sin saber ni leer ni escribir piense más que un catedráticopor ejemplo un pastor-. Porque no se trata de meter datos, sino que si tú tienes dos datos ya son más que suficientes. Pensar es jugar con esos dos datos. Como ya advertí, todo está unido, conectado, y pensar es sencillamente encontrar esas conexiones misteriosas. Así pues, capacidad de pensar tiene todo el mundo ¿Por qué? Pues porque todo el mundo es diferente y hay algo que solamente va a poder ver él, y eso, y solamente eso es pensar. Porque pensar es sencillamente eso, ¡ser diferente!. Por lo tanto otra vez volvemos a encontrarnos con la importancia del grado de diferenciación. Toda la información que tenemos hoy en día es porque ha habido gente que se ha diferenciado, que ha pensado.

En fin como podéis ver ¡Todo está mal! desde la base. Nuestro sistema educativo es un desastre, con mayúscula. Nosotros le damos importancia a la información, pero en realidad esa información es efímera porque desde el momento que se descubre ya está muerta. El caso del catedrático no es más que un espejo de la sociedad de consumo. Lo que hace con la información es lo mismo que hacen con el dinero, alardear. Digamos que el catedrático estaría en el último escalafón, y ya, no

solamente él no aporta nada nuevo sino que lo que hace este sistema jerárquico es negar a los que están por debajo de él. ¡Negar todo ese potencial! En definitiva, negar la diversidad, la diferencia, o lo que es lo mismo. la Evolución.

Pero ¿Por qué yo no me encuentro gente que piense? Pues precisamente por eso, porque hoy la gente no se pregunta ¿por qué? Pensar es preguntarse porque y a la sociedad de consumo no le interesa que la gente piense - ¿Para que quiero yo el DVD si no tengo tiempo de ver la tele? No, no te puedes parar, tienes que ir a comprarlo porque la vecina

lo tiene-. El problema esta en la base y es que no nos educan para pensar sino para tener, para poseer (un coche, una casa, una carrera, etc) La pregunta que la gente se hace hoy día es ¿Cómo? -Como me compro la televisión de plasma, como me arreglo el piso, como me cambio el

coche, como me voy de vacaciones, como subo en el trabajo, etc esa es la explicación literal de lo que sucede.

.......-

y

Recuerdo que alguien me comentó una vez; “Si es que de los institutos ya salen capados” – no digamos ya de las Universidades- y realmente es así porque lo que hacen es repetir un error. El fin de la educación no es introducirle datos al niño en el disco duro. La única función de la educación es la de que el niño encuentre su camino, o sea su diferencia. Y para ello lo que debemos de trabajar es la ilusión, el entusiasmo, la diversidad, o sea, la diversión, algo, como veremos mas adelante, de una importancia vital.

En realidad, y aunque no lo parezca, los datos hacen la función de los bienes materiales -en resumen que es más de lo mismo- y por supuesto debemos darles el mismo trato, porque insisto, la única información importante es la que está por descubrir. Decía Cristóbal Colon que él fue feliz justo antes de descubrir América.

En fin, como podéis comprobar estamos rodeados y acosados por las cosas materiales. Sin embargo las cosas materiales son necesarias. Todo

es necesario, pues todo tiene su función. Como dice mi madre, “De todo quiere Dios un poco”. De hecho para mi no hay nada malo, ni prohibido, todo en su justa mesura es beneficioso, del mismo modo que todo en exceso puede resultar nocivo. Lo que quiero decir es que no se trata de coger ahora y ponerse a hacer vida de anacoreta, No, lo que tenemos que hacer es coger el toro por los cuernos y aprender a gestionar y ordenar todas esas cosas, todo ese cúmulo de información.

Y aunque la tarea, a primera vista, pueda resultar ardua y compleja donde las haya, para algo tenemos nuestra máxima de que en realidad todo es sencillo. Yo tengo una fórmula que hasta la fecha me ha dado resultado que a modo de remedio casero vendría a decir que:

Lo justo es suficiente

Realmente hemos llegado a un punto en el que de alguna forma se ha perdido la esencia de las cosas,-lo esencial, o sea la función- Yo he vivido una época muy diferente a la actual. Tengo 41 años. Recuerdo que en mi casa, solo teníamos un televisor en blanco y negro, que cada vez que se le iba la imagen teníamos que levantarnos a darle un golpe - supongo que muchos teníais la misma marca de televisor-. Pero en casa éramos seis, y aunque realmente carecíamos de muchas cosas había algo que no faltaba nunca, y era la Alegría. La Alegría que pueda existir en cualquier familia de cualquier parte del mundo, por pobre que esta sea. Y eso es precisamente, lo que hoy en día no hay. ¡Si, tenemos de todo! pero nos falta lo esencial, “la Alegría”. Porque la Alegría -la Ilusión- es algo que el dinero, Nunca podrá comprar.

EL CAMINO DEL MAHATMA

Decía el Mahatma Gandhi, persona a la que yo admiro profunda y devotamente, y cuyo legado y figura alguien se ha encargado de “ningunear” -por todo lo que esta representa-:

“No hay camino para la Paz, la Paz es el camino”

-tú no puedes luchar para conseguir la Paz, lucha y Paz son términos contradictorios-. A esta frase tan bonita y a la vez tan sencilla en su forma, le sucede exactamente lo mismo que a la anterior que vimos de Sócrates, es decir que es tremendamente rica en su contenido -puede que incluso más-.

Si analizamos la frase nos damos cuenta de que sencillamente es ¡Rotunda! Ya que Gandhi nos lo deja todo bien clarito, porque dice: “es

el camino”, o sea, ¡El único camino! En la Vida todo tiene una razón,

una explicación, y por lo tanto, todos los problemas tienen una solución, una salida, un camino. Pero, ¡Tienen una solución!, ¡Nunca dos! Básicamente porque como todos sabemos:

La Razón -la Verdad-, sólo tiene un camino”

Aunque actualmente conocemos otro camino, que sería el de la Fuerza, pero una vez más vemos como este camino es equivocado. Ya que en realidad la Fuerza, es justamente, el antónimo de la Razón. Por lo tanto la Razón y la Fuerza nunca pueden ir juntos, ya que son caminos opuestos. De esta forma podemos establecer que siempre -y siempre quiere decir eso, ¡Siempre!- que se utiliza la Fuerza, automáticamente se pierde la Razón. ¡Es así de simple! de hecho, y aunque pueda parecer tópico, eso es lo que sucede. Nosotros mismos cuando nos referimos a alguien que por la razón que sea cruza esa frontera, y llega al extremo de

utilizar la Fuerza -la violencia-, solemos decir: “Esta persona a perdido el Juicio” -o sea la Razón-, así que en realidad ya lo estamos diciendo, porque una persona que pierde el juicio no es más que alguien cuya mente se desordena.

La violencia es el síntoma de que algo no funciona correctamente. Cualquier tipo de violencia, porque lo cierto es que esta se puede manifestar y camuflar de muchas maneras, por ejemplo discutir -eso que hoy en día parece tan normal-. Discutir en realidad no deja de ser un acto de violencia, y por supuesto inútil.

A continuación os explicaré una anécdota que me sucedió en el taxi -donde realmente tengo que reconocer que he aprendido

muchísimas cosas- que sin duda me sirvió para aprender una de las lecciones más importantes de toda mi Vida. Resulta que iba con un cliente que acababa de subir al taxi, y el caso es que yo, que soy de poco aguantar, había tenido una pequeña discusión con el cliente anterior, de

forma que iba comentándole a éste último: “¡Es que cuando tú ves que tienes razón, pues claro, te cabréas!”, a lo que él -que por cierto era un actor catalán más o menos de mi edad, o sea jovencísimo-, me comentó:

“No, porque si tú ya sabes que tienes razón, ¿Para que te cabréas?”, tras

lo cual yo, aparte de quedarme sencillamente, ¡Alucinado!, tuve que acabar por reírme de mí mismo.

Utilizar la violencia implica además “Salirse del Camino”, es decir equivocarse, errar. Sin embargo y según reza el dicho:

“Errare humanum est”

Por lo tanto el problema no es que alguien pueda llegar a equivocarse, porque esto es hasta cierto punto algo normal -al menos mientras el hombre continúe siendo un ser imperfecto-. Lo que ya sí que resulta completamente irracional y absurdo, es contestar a una equivocación con otra equivocación. Porque así como la primera, puede llegar a ser eso, hasta cierto punto comprensible, la que ya no está en

absoluto justificada, es la segunda, pues se sale por completo de toda lógica. Por lo tanto, ¡La que realmente mata es la segunda! De aquí saldría el dicho ese famoso, que yo he bautizado como “La Ley del Pacifista”, que dice que:

“Dos no se pelean -discuten-, si uno no quiere”

Negar una sola vez la posibilidad de que otro pueda hacerlo mil y una, es tanto como negar la posibilidad de que tú algún día también puedas llegar a equivocarte -o sea otra equivocación-. Con lo cual lo único que consigues es agravar más aún la situación. Porque si a un error le sumas otro, lo que en realidad tienes son dos errores, o lo que es lo mismo, uno el doble de grande -es tan absurdo como tratar de apagar un fuego con gasolina-.

La violencia genera más violencia. Efectivamente, nuestra reacción inmediata y espontánea ante la violencia es responder con más violencia. Y aunque en un principio pueda parecer algo aparentemente natural, si analizamos escrupulosa, fría y matemáticamente la situación nos damos cuenta de que no tiene lógica alguna. Así pues, abriré aquí un paréntesis para escudriñar y analizar científica y detenidamente este comportamiento, porque esos instantes, esas décimas de segundo son importantísimas para nuestra existencia, ya que se trata de un momento clave, ¡VITAL!.

De alguna forma la violencia es el virus que altera y descodifica todo nuestro sistema.Digamos que desordena nuestra mente y nos crea un conflicto interno, un enfrentamiento entre nuestras dos esencias. Ante nosotros aparecen claramente divididos los dos caminos, el animal y el humano. Por momentos nuestra mente el camino de la razón- se bloquea, y precisamente ese desorden hace que instintivamente tomemos el camino equivocado. Son instantes decisivos en los cuales necesitamos de toda nuestra capacidad intelectual, de toda nuestra sabiduría para

poder analizar correctamente la situación y tener plena conciencia de lo que está sucediendo, para no caer en la trampa. La vida nos pone a prueba, nos tiende su muleta y nosotros -allá que nos vamos- le entramos al trapo. Sí, sí, ya sé que es todo un handicap, ¡una auténtica prueba! una encrucijada, pero precisamente ahí es donde debemos demostrar nuestra condición humana y saber controlar la situación.

Si tú te sales del camino porque el otro se ha salido, en realidad lo único que consigues es que los dos os salgáis del camino. Tú lo que tienes que hacer es tratar de que el otro vuelva al camino, pero sin utilizar la violencia. Y esto es precisamente lo que Gandhi tenía claro como la luz del día. Sabía a ciencia cierta que no podía en ningún momento abandonar ese camino

El Camino de la “No Violencia”

Pero paradójicamente resulta que es del que hoy día nos vamos distanciando cada vez más. Porque todo lo que pasó aquel fatídico once de septiembre en Nueva-York, nos da el “Grado de Violencia” real que hay en el Mundo. Ya que aquello no era más que eso ¡Violencia en estado puro! En realidad aquello fue un ¡Golpe de Estado!, ¡Un Golpe de Estado a toda la Humanidad! Fue una piedra contra la que “todos” tuvimos que pegarnos. Aquellos aviones en realidad no se estrellaron contra las torres gemelas, ¡No!, aquellos aviones se estrellaron contra la conciencia de todos y cada uno de nosotros, ¡Contra la conciencia de toda la Humanidad! -de todas formas yo estoy convencido de que aquí igualmente, también hemos tocado fondo-.

Aquel día pudimos comprobar como el modelo “consumista” que los americanos nos habían estado vendiendo, no era ni muchísimo menos, perfecto. Porque aquello era un claro síntoma de que algo fallaba, y de que en realidad el Mundo, ¡No estaba bien! Aquí en la Tierra estamos limitados, es decir disponemos de un numero x de bienes materiales, por lo tanto podemos decir que existen países muy ricos -

como por ejemplo los E.E.U.A-, por la sencilla razón de que hay otros

sumidos en la pobreza más absoluta. Por lo tanto una cosa es consecuencia de la otra -es pura matemática-. Y esto es realmente lo que sucede, porque los problemas que aquejan al Mundo, residen precisamente hay, en el desequilibrio que el consumismo -el egoísmo-, genera. Es aquello de lo que nos hablaba nuestro Premio Nobel Jacinto

Benavente, en “Los intereses creados”. Porque el Imperialismo en realidad no es más que eso, “egoísmo” elevado a la máxima potencia.

A lo largo de la Historia los Imperios siempre han tenido “mecanismos” -tejemanejes-, que les permitieran “tener la sartén por el mango”, controlar la situación -vamos, aprovecharse de los demás-. Y por supuesto los americanos no podían ser menos, porque como ya digo

el dinero no crece en los árboles. ¿Cómo controlan los americanos la sartén de la economía mundial?, Muy fácil, por mediación de eso que

todos conocemos como el “Oro negro”. ¡El Petróleo!, ahí es donde

reside todo su poder. Porque aunque el petróleo es de los árabes, las petroleras, que son las que realmente hacen el negocio -los intermediarios-, son americanas.

Esta es la mercancía con la cual nos dominan a todos. Porque de hecho trafican con ella, del mismo modo que lo haría cualquier narcotraficante. Primero crean una dependencia, es decir montan el

negocio, y después buscan “camellos” para que le vendan el género. Bien pues estos “camellos”, que les hacen el “trabajo sucio”, son nada más y nada menos que los “gobiernos” de todos los países, de los que

nos llamamos civilizados. Los americanos son muy listos, por eso están donde están. Pero ¿Cómo se las ingenian? Muy fácil, les venden la mercancía muy barata -el litro de gasolina le sale al gobierno a unos 25 ctms de euro, aprox-. Ellos ya saben que después el gobierno lo va a revender por el triple o el cuatriple, pero eso a ellos no les importa

porque lo que les interesa es “largar” su producto. De esta forma además

se aseguran, por un lado, que siempre van a estar pidiéndoles más, y por

otro lado saben que si sale alguna “energía alternativa” que pueda

hacerles sombra, van a ser los propios gobiernos los que se van a

encargar de ocultarla. De manera que ellos no tienen que hacer absolutamente nada, con lo cual el negocio les resulta redondo. Los

gobiernos de donde pueden “sacar tajada”, es del “dinero negro”, porque

hoy día los presupuestos están super-controlados, y saben que hay no

pueden “meter la mano”, sin embargo el “pastel” que supone los billones

con b, que generan los impuestos sobre el precio del petróleo, es demasiado suculento, ¡Hasta para el más honrado de los gobiernos!

Bien pues este es el “chanchullo” que tiene montado esta gente. De todas formas, lo cierto es que cada vez se les “ve más el plumerillo”, ya

que lógicamente son los únicos que se niegan a firmar tratados por el medio ambiente, porque como os podéis imaginar, aquello va completamente en contra de sus intereses. De hecho la realidad es que a ellos les importa bien poco contaminar, porque son un pueblo sin

historia, sin integridad, en definitiva “sin conciencia”.

Con el siguiente ejemplo lo acabareis de ver más claro. Resulta

que, como seis meses antes de que entrara en vigor el “euro”, sucedió

una cosa puntual. Durante un par de semanas, los americanos aguantaron

la producción de petróleo, con lo cual el precio del barril se disparó, de forma que tenías a todos los gobiernos de toda Europa (y del Mundo

entero), locos tratando de controlar “la inflación”, obviamente les resultaba imposible, porque la realidad es esa, que “dependemos absolutamente del Petróleo”. La consecuencia directa fue que el euro

comenzó a bajar en picado en los mercados bursátiles. Sin embargo el dólar no hacía más que subir, ¿Qué curioso no? Cómo ya digo, fue una

cosa totalmente puntual, es decir, ¡Provocada! Los americanos nos tienen miedo, saben que a nosotros no nos pueden controlar como hacen con los países tercermundistas, y de alguna forma lo que trataban de hacer era, darnos un toque de atención para que nos quedara bien clarito quien es él que manda aquí.

Bueno y por las cumbres por el tercer mundo ¡Ya es que ni asoman la cabeza!, pues eso sí que ya sería, “tirar piedras sobre su propio tejado”. Porque insisto, la pobreza de éstos es consecuencia directa de su

tremenda riqueza. En fin, de esta forma, y mirándolo todo desde este prisma, se nos hace más fácil entender el panorama mundial actual. Por una parte tendríamos que el petróleo es el causante de forma descarada, del “cambio climático”, y de todos los desastres que éste ocasiona (que lógicamente siempre acaban cebándose con los más pobres), y por otra

parte vemos como el “consumismo” es el culpable del desequilibrio tan brutal que hay en el Planeta. De hecho, el término “tercer mundo”, en sí

mismo ya resulta graciosísimo, y sencillamente tendría que darnos Vergüenza utilizarlo, ¡Como si realmente hubiera tres mundos! No señores míos, ¡Solo hay uno!

Y los responsables directos de todo, absolutamente todo lo que sucede en él, somos justamente nosotros, porque nosotros en realidad somos el Mundo. Pues de algún modo el Mundo vendría a ser como un País de Países. De manera que para este caso nos volvería a servir la parábola del edificio, de capítulos anteriores, ya que el Mundo sería igualmente un edificio un poco más grande que el anterior, donde los responsables continuarían siendo los mismos, los habitantes del bloque. Por lo tanto, podemos decir que los responsables, de todo lo que le sucede en nuestro Mundo.

Así pues, se trata simplemente de que empecemos a asumir y a

afrontar “individualmente”, nuestras responsabilidades para con todo. Y

comencemos de esta forma, a tomar el timón de lo que sería el conjunto de la nave, para tratar de enderezar el rumbo. Pues realmente hemos de dar un giro de 180 º. Empezando por ejemplo, por dejar de utilizar la energía contaminante y nociva que nos proporciona el petróleo, porque está visto que ese camino también es equivocado, por lo tanto es algo que no tiene futuro, con lo cual lo único que en realidad está haciendo es retrasarnos. Una vez leí algo que me hizo mucha gracia, que decía:

“En el Mundo hay dos cosas que son Universales, el hidrogeno, y la estupidez”

Y eso, a parte de hacerme reír, me hizo meditar, de manera que llegué a

la siguiente conclusión: “Sí el hidrogeno es Universal, eso es más que un indicio de que probablemente sea la energía que se utilizará para desplazarse por el Universo" -una cuestión de lógica-. Por lo tanto se trata de avanzar por ese otro camino que, como ya digo, muy probablemente sea el correcto. De hecho ya se van haciendo cosas con el hidrogeno -y con otras energías alternativas-, solo que no se promocionan por la razón que ya sabemos. Yo me he documentado y he podido comprobar que ya existen coches que funcionan con algo que viene a llamarse “Pilas de Hidrogeno”, que alcanzan los 140 km/h, que resultan como 10 veces más económicos, y que por supuesto no

solamente no contaminan, sino que además son “ecológicos”, porque al

reaccionar con el oxígeno de la atmósfera, expulsan vapor de agua, de manera que van regándolo todo, haya por donde pasan. Sencillamente, ¡Genial!, porque el agua (H2O), es la base (el principio) de la Vida.

De hecho la Ecología será algo de vital importancia en el futuro. Porque cada vez nos va quedando más claro, el hecho de que todo lo que va contra natura, a la larga resulta tremendamente perjudicial. De

manera que de ahora en adelante hemos de ir siempre “de la mano” de la

Naturaleza, y por supuesto no caer nunca en el error de pensar que alguna vez nosotros podamos llegar a ser más inteligentes que la propia Naturaleza. Pues nosotros siempre tendremos algo que aprender de ella, porque lo cierto es que nosotros mismos provenimos y formamos parte de ella. Por lo tanto hemos de tener siempre presente nuestro pasado, y no olvidarnos nunca de donde venimos.

Por otra parte, lo cierto es que la Tierra es “generosa”, de modo

que hay suficiente para todos -vamos que no nos lo acabamos-. Por lo tanto debemos empezar también a abandonar ese camino peligroso y

enfermizo del egoísmo -consumismo-, pues como hemos visto, ya no solamente no conduce a nada sino que además, puede ser altamente perjudicial. Porque precisamente el egoísmo es lo que no nos deja evolucionar. La evolución lo que hace es acercarnos los bienes materiales, pero evolucionar no es almacenar cosas materiales, sino que en realidad se trata de almacenar conocimientos, información. Este

componente hace que nos diluyamos y nos quedemos por el camino. De esta forma, si el egoísmo es lo que nos detiene, por eliminación tendríamos que:

“La Solidaridad es la Evolución”

Por lo tanto hemos de tratar siempre de “huir” de lo material. Y

para ello nada mejor que fomentar precisamente, todo lo “no material”, todo lo que no sea físico, lo abstracto. Buscando siempre la “esencia” de

las cosas, es decir lo verdaderamente importante.

Debemos redescubrir y potenciar cosas tan importantes, como por ejemplo la música. La música es importantísima, de hecho, ¡La música

está en la Vida! Por lo tanto resulta algo fundamental y básico, porque se

trata del Lenguaje Universal, es decir aquel que se entiende en “todo” el

Universo -la Armonía Cósmica-, solamente por esta razón todo el

mundo debería de conocerlo. Pero es que además, la música es un lenguaje mágico, que ordena los sonidos que hay en la Vida, y los

reconvierte en sensaciones, en “sentimientos”. Porque en realidad se

trata de eso, de un “lenguaje de sentimientos”, y justamente de eso es de lo que básicamente se nutre nuestra “alma”, que es la que realmente

debemos de alimentar. Por otra parte, así como hoy en día se piensa que la música es algo, digamos poco práctico, lo cierto es que no hay nada más lejos de la realidad, porque está comprobado que ésta estimula y desarrolla la imaginación del niño -también del niño adulto-. De hecho ya vimos como hasta el propio Einstein, decía que él “necesitaba” su violín para trabajar.

Pero si educar es una tarea ardua y delicada, re-educar resulta ya algo completamente imposible -el árbol ya no lo puedes enderezar- Por lo tanto es importantísima la figura del educador, ya no sólo para asentar, solidificar y cimentar en las generaciones venideras esas bases vitales, esos pilares humanos, sino para que a la vez, desde la diversidad y por supuesto la diversión, este sepa más tarde encontrar su propio camino, su función, su finalidad -su fin- dentro de lo que sería el

conjunto del Mundo. Porque así como vimos que la mente humana

funciona exactamente igual que un PC, podríamos decir que el Mundo vendría a ser como un gigantesco ordenador (PC), cuya potencia equivaldría a la suma de todos los mini PC que lo componen. De ahí la

importancia de una buen puesta a punto de ese “motor”, que es la mente

humana.

Educar, en realidad no es más que eso, programar, proyectar. Por lo tanto se trata de poner en marcha toda esa maquinaria, toda esa capacidad, para proyectarla en una misma dirección. Y por supuesto

necesitamos todos los PC funcionando “a toda pastilla” si queremos llegar a algún sitio. Pero eso, es importantísimo que sean “todos”,

porque lo que enriquece es lo que difiere, aquello que cada uno pueda

aportar desde su “diferencia”, es decir aquello que solo él “puede ver”. Pues así como vimos que el “grado de diferenciación” era lo que le daba

la Libertad a las personas, teniendo en cuenta que el Mundo en realidad

no es más que un “Enorme Conjunto de Personas”, podemos decir que aumentar el “grado de diferenciación” de cada cual, individualmente, es

en realidad, aumentar la potencia del conjunto de ese gigantesco ordenador.

Pero para poder avanzar es importantísimo -además de nuestra condición humana- que tengamos siempre muy clara esa máxima de que, valga la redundancia, siempre vamos a ser “aprendices potencia” - eternos alumnos- y de esta forma perder ese miedo absurdo a pensar. Porque en realidad, como hemos visto, pensar no es más que “evolucionar”. Un revolucionario es alguien que re-evoluciona, es decir alguien que acelera ese proceso, en definitiva, es sencillamente alguien

que piensa. Así pues de alguna forma, en este sentido “todos” hemos de

ser revolucionarios, y pisar el acelerador neuronal ¡A fondo!, para canalizar toda esa energía, y comenzar a avanzar de forma uniformemente acelerada, por ese camino que el Mahatma Ghandi nos mostró, el camino de la Razón, el camino de la Humanidad

el Camino de la Conciencia

LA PUERTA AL UNIVERSO

Una vez leí algo que decía:

La inteligencia está al lado del sentido del humor

Efectivamente, el sentido del humor no es más que eso, ¡Inteligencia! Inteligencia en estado puro. -Dicen que Gandhi era una persona con mucho sentido del humor, es decir muy inteligente- Sin embargo y a pesar de que llevamos toda la vida conviviendo con el, como veréis a continuación, en realidad nos encontramos ante un perfecto desconocido. De alguna forma nos resulta algo natural y cotidiano, y precisamente esto es lo que hace que pase completamente desapercibido.

El sentido del humor no es más que la capacidad de saberse reír de uno mismo, o lo que es lo mismo, aceptar esa aplastante y humana realidad de que ninguno de nosotros somos perfectos. Por lo tanto, una vez más nos volvemos a encontrar en el mismo sitio de siempre, nos volvemos a topar con la unicidad. Como ya sabemos todo debe de empezar por uno mismo, así pues para poder reírte de algo o de alguien, primero tienes que empezar por ahí, por ti. Y por supuesto para eso es básico el nivel de auto-conocimiento que tengas.

El sentido del humor es nuestra válvula de escape, nuestro pequeño salvavidas en la inmensidad de este océano. Porque ¿qué sería de nosotros sin ese poderoso sentido? Nos aburriríamos como ostras ¿que sentido tendría la Vida? Ninguno. Así pues tras despejar esta incógnita nos damos cuenta de que en realidad:

El sentido del Humor es el sentido de la Vida

La vida es eso, la alegría. Reír es vivir. Como ya vimos, en la vida solo hay dos tipos de personas, los que son felices y los que no lo son. Son

dos círculos viciosos, el positivo y el negativo. La felicidad es la meta, el fin y la responsabilidad de todo ser humano, ya que se trata de una tarea individual. Hay un dicho que dice:

Si quieres ser feliz ¡se lo!

Nada más sencillo. En realidad es un talante, una filosofía ante la vida. Si tú no quieres ser feliz, jamás lo serás. Como dice mi padre mi padre - que hasta ahora no había aparecido, y es un tipo único y genuino- en la vida hay que estar jodido pero contento”. Sí, porque si no estás contento estás dos veces jodido -si te cabreas después te tienes que descabrear, o sea que tienes que dar dos viajes- Pero además ¿qué sería de nosotros sin la famosa Ley de Murphy? Imaginaros por un momento que todo nos saliera bien, que siempre que quisiéramos algo lo tuviéramos. Además de ser también algo aburridísimo, resultaría completamente demencial.

Por lo tanto en la vida solo tienes esas dos opciones, pasártelo bien o pasarlo mal. Como dice mi madre, “no se puede estar en misa y repicando” o “estar en el caldo y en la tajá”. Y realmente aquí tampoco hay punto intermedio, es decir, o eres feliz, o no lo eres. Son dos caminos que aparecen ante nosotros y lógicamente no podemos transitar por los dos a la vez. Por lo tanto ser feliz es una decisión individual. La de aceptar, o no, esa bendita imperfección nuestra.

Cuando naces te cuelgan un “no” y vas con el no a todas partes. Como se suele decir, el no ya lo tienes. La vida es por lo tanto buscar el “si”, y el si es eso, reír. Aunque en realidad el camino ese de la negatividad, no es otra cosa que el camino del pataleo. Es una cosa de niños chicos, o sea una falta de madurez. Esa gente que va por la vida con esas caras largas lo único que hacen es ejercer su derecho absurdo al pataleo. Sin embargo la táctica del pataleo solamente funciona durante los primeros años de nuestra vida cuando aún no somos conscientes de nada tus padres de cogen en brazos y te consuelan, pero una vez que creces ya no te coge nadie

¡Pero como puedes tomar te la vida en serio! es absurdo ¡Si la vida ya es seria! los problemas ya vienen solos. Se trata de torearlos, no de ir a buscarlos. De esta forma podemos constatar que el pataleo en realidad no es más que un acto de inconsciencia, de inmadurez. Porque paradójicamente la actitud más seria ante la vida es precisamente esa, no tomársela en serio. En resumen, que:

La seriedad no es seria

Ciertamente el sentido del humor y la conciencia están estrechamente ligados. El sentido del humor es lo que nos diferencia del resto del reino animal. Evolucionar no es más que el hecho de tomar conciencia de la realidad, de lo que vives. Por lo tanto si tenemos en cuenta que el sentido del humor es el sentido de la conciencia, igualmente podemos afirmar que el humor es el sentido el camino- hacía la evolución. Y realmente es así, la educación es la suma de la diversidad, de la diversión, por lo tanto esta tiene que estar siempre presente. Aprender debe ser siempre sinónimo de diversión. El sentido del humor y la educación han de ir siempre de la manita. El niño debe de aprender sin darse cuenta, sin forzarlo. El humor, la inteligencia, es lo contrario de la fuerza - como ya vimos algo completamente inútil y contraproducente- por lo tanto es el camino correcto, el buen camino. Es el lenguaje universal. El que lo unifica todo y sin duda el destino de la humanidad.

Habro aquí un paréntesis para hablaros de una conferencia a la que acudí hace unos dos años y que se titulaba La Expansión de la Conciencia. Hablaron básicamente de un cambio de conciencia en la Humanidad en el año 2012 que habían vaticinado las culturas mayas. Busqué por internet información y me encontré mil historias catastrofistas sobre el fin del mundo (meteoritos, cambio de polaridad del planeta, etc).

Una Nueva Era o una nueva conciencia- en realidad no es nada más que una nueva información (y esa información es la que yo aporto, que poco a poco se ira confirmando y verificando) eso sí, muy importante pues rompe esquemas. Por ejemplo la teoría heliocéntrica de Nicolás

Copérnico. Pero el cambio solo será en nuestra percepción de la realidad. Efectivamente cuando Copérnico demostró que el hombre no era el centro del universo, llegó el fin de aquel mundo -hasta entonces plano- y se abrió ante nosotros un nuevo camino. Y esto es ante lo que nosotros nos encontramos, algo completamente nuevo.

Como vengo diciendo, estamos atrapados en el presente, que es eterno e indeleble. Revisando los escritos originales de la profecia maya, leí algo que entendí a la primera. Hablaban de ¡La Muerte del Ego! Como ya hemos visto, las personas tenemos dos esencias claramente definidas y opuestas. Tenemos el lado humano, que es el evolutivo, pero también tenemos el lado animal, que es el no-evolutivo, el que constantemente nos frena, y que nosotros hemos dado en llamar; el Egoismo.

Hay una película titulada “Atrapado en el Tiempo” que los que la hayais

visto os ayudará a entender la transformación tan espectacular que

estamos a punto de vivir. Sí, ¡el día de la marmota! Pues bien, la Humanidad, como una sola cosa, como un bloque, va a dar un giro de

180º, como

el

Bill

Muray en

la

peli

pasa de ser la persona más

egocéntrica y repelente del mundo, a ser la más encantadora y solidaria-

,El sistema operativo que todos utilizamos, la sociedad de consumo, está más que obsoleto-le quedan dos telediarios- y ahora sencillamente vamos a cambiar de sistema operativo. En realidad el problema para poder ver un mundo sin egoismo, no está fuera de nosotros como puede parecer- sino que está en nuestro interior, en el disco duro. La cuestión es que cuando tu le metes al ordenador “mundo sin dinero” –el dinero es el reflejo del egoismo humano- claro, sale humo, se cuelga la pantalla, en definitiva se crea un conflicto de sistema. Todos estamos programados y tenemos una misión que cumplir que es; ser ricos. Lógicamente si no hay dinero, no puedes cumplir tu misión. En realidad es nuestro propio egoismo lo que no nos deja ver un mundo sin dinero (mientras más egoista seas, menos lo vas a ver) Por otro lado, es como si hubieramos vivido en los tiempos de Copérnico en aquel mundo plano- y alguien viniera a decirnos que la Tierra no es plana que es redonda,

nos costaría dios y ayuda llegar a ver un mundo redondo, porque estaríamos condicionados en que es plano. Aquí pasa igual, siempre hemos vivido con el dinero (con el egoismo) Pero bueno ya veréis como el mundo es redondo.

Bien, volviendo con nuestro desconocido amigo, nos damos cuenta de que lo único que nos queda para hacer frente a esta nueva realidad es eso, el sentido del humor (es lo único que no te pueden quitar) Además esta nueva información nueva era- es universal. Es decir que las culturas que puedan haber por el resto del universo, hace mucho tiempo que descubrieron todo esto. Nosotros estamos pasando por los mismos pasos que ellos pasaron. Primero que vieron; pues que su planeta no era el centro del universo. Más tarde alguien como Einstein encontró esa ecuación E = m . c2 , que insisto, es universal, y más tarde alguien como yo, la entendió. Ellos hace mucho tiempo que cambiaron de sistema operativo, funcionan sin violencia, sin egoismo el egoismo es lo que genera la violencia- y tienen un sentido del humor superdesarrollado, pensad que llevan trabajándolo desde entonces, vamos, el chiquito de la Calzada es un muermo comparado con ellos.

Definitivamente el humor es el arma mas poderosa y terrible que existe, es el arma que desarma, y su influjo es sencillamente, letal (ya vimos en el ejemplo de Tip y Coll como ni siquiera los ideales políticos podían nada contra el) Cuando tú consigues hacer reír al otro lo dejas sin argumentos, fuera de juego, lo desnudas, lo desarmas, -en realidad lo que haces es cambiarlo de camino- porque en el mundo mágico de la risa no hay espacio para otra cosa que no sea eso, la vida.

Pero ¿dónde radica su poder? Aprovechando el contexto y haciendo un símil con el “arma” andaluza, volveré a recalar ,como no, en el tema tabú que tanto nos molesta del alma. Porque para poder entender esas propiedades mágicas del humor tenemos inevitablemente que tomar de nuevo ese camino.

Así como la violencia lo que hace es desordenar nuestra mente, la risa,

al igual que la música, tienen el efecto contrario, es decir la capacidad de ordenar nuestra mente. ¡Es el antídoto de la violencia! Recuerdo que en mis inicios en el mundo del taxi pasé por momentos difíciles, de trafico y caos. Verdaderas odiseas, tanto externas como internas. Pero cuando la cosa se ponía fea yo tenía un método infalible, que siempre me funcionaba. Me ponía un cd de Silvio Rodríguez cantautor cubano- y me dedicaba a sentir la música. Y cuando yo conseguía sentir aquelloes decir, conectar con el alma me encontraba a mi mismo y me decía; “¡eh! Que no me he perdido, que estoy aquí”. Bien, pues con el humor sucede algo parecido. Son como unas cosquillas que el alma a través del intelecto percibe y que de forma automática lo pone todo en su sitio. Te desbloquea el disco duro, te cuadra, te ordena el coco de golpe.

La risa es la mejor garantía de salud que tenemos. La persona que ríe es básicamente una persona sana. El humor es el mejor termómetro de la mente, la señal inequívoca de que el ordenador funciona correctamente. La risa es una fuente de salud. Reír es sanísimo. Está científicamente comprobado que es muy beneficiosa para el organismo en general. Mejora el colesterol, aumenta la oxigenación de la sangre y del cerebro y masajea un montón de músculos internos. Pero lo más importante de todo es que segrega unas hormonas vitales para el ser humano. La dopamina, que es un inhibidor del dolor, y la serotonina que es la hormona de la felicidad, de la alegría. Se ha podido comprobar en el análisis a suicidas como estos estaban a cero de serotonina. Lógicamente, se convierten en presas fáciles de esa enfermedad tan actual, la depresión. La alegría, la ilusión, es la gasolina de la vida, así que, eso, a fabricar serotonina, en cantidades industriales.

Bien como podéis comprobar, nuestro íntimo y desconocido amigo es una auténtica caja de sorpresas. Pero si seguimos indagando y rebuscando en sus entrañas veremos como aún nos queda algo importantísimo en el fondo. Porque en realidad hacer reír no es más que un acto de generosidad, de solidaridad, de humanidad. La persona que es feliz hace felices a los demás. Se olvida de si mismo y libre de todo egoísmo se dedica a dar, o sea , a amar. Aquí se vuelve a comprobar lo

que es el placer de dar. Porque si que te hagan reír es agradable, la alegría de conseguir hacer feliz al otro no tiene punto de comparación.

Hacer reír es por lo tanto amar. El sentido del Humor es en realidad el sentido del Amor, en definitiva y como ya dije anteriormente, el Sentido de la Vida. El Camino del Universo es una Sonrisa