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Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

 

Titulo Original:

 

The W

eb that has no We

aver

 

C hínese Medicine

Primera Edición:

Noviembre 1995

 

Primera Reimpresión:

 
 

Junio 1998

Copyright ©

Ted J. Kaptchuk

© 1995 para la edición en castellano, Los Libros de la Liebre de Marzo

Traducción:

Femando Pardo

£; de la traducción

L os Libros de la Liebre de Marzo

Cubierta y maquetación:

Bom Design Grup, S.A.

Fotomecánica:

Imprés, S.L.

Impresión:

To rres & Associats, S.L.

Depósito Legal:

B-45395-95

ISBN

84-87403-19-0

LOS LIBROS DE LA LIEBRE DE MARZO, S.L.

Apartado de Correos 2215 E - 08080 Barcelona

Fax. (93) 431 71 95

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

ÍNDICE

A

7

P rologo a la Edición

9

1 8

In

20

CAPITULO 1 Medicina Oriental y Occidental Dos Modos de Ver, Dos Modos d e Pensar

 

(y los patrones del paisaje de la naturaleza y el cuerpo)

...........................

2

7

CAPITULO 2 Las Sustancias Fundamentales:

 

Q i, Sangre, Jing, Shen y los Fluidos

(o los ingredientes fundamentales de la vida humana)

..................................................

56

C APÍTULO 3 L os Órganos del Cuerpo:

 

E l Paisaje Armonioso

(y sobre anatomía

y su ausencia)

.......................................................................

71

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

CAPITULO 4

L os Meridianos:

L a Urdimbre y la Trama

{sobre acupuntura y herbología)………………………………… …………………………97

..

CAPITULO 5

Orígenes de la Desarmonía:

Tiempo Tormentoso

(o cuando la causa no es una causa)………………………………… …………………

..

...

135

CAPITULO 6

L os Cuatro Exámenes: Signos y Síntomas

(y Aristóteles y Lao Tzu reconsiderados)

..........................................................................

156

CAPIT ULO 7

L os Ocho Patrones Principales:

Los Rostros del Yin y del Yang

(L a composición y textura básica de los patrones)…………………………………

......

194

CAPÍTULO 8

Los Patrones del Paisaje del Cuerpo

(L os detalles de la escena clínica)...............................................................................217

CAPITULO 9

L a Medicina China como Arte

(o sobre diagnóstico y tratamiento)……………………………………………………………258

C APITULO 10

Una Trama sin Tejedor -y el Monte Sinaí

 

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

A

PÉNDICES

A . Las Fase de la Enfermedad: Una Serie de Escenas

 

279

  • B. Órganos Yang en Desar

285

C . Patrones y Quejas

290

  • D. Pulsos..............................................................................................

Revisión de los

316

E . Patrones Chinos y Algunas Enfermedades Occidentales Comunes………….…

......

340

Los Órganos

  • F. Curiosos..............................................................................................

358

G

. Una Nueva Mirada al E

xamen de Observación.....................................

 

360

  • H. Las Cinco Fases (WuX

ing) ..............................................................

366

  • I. Bibliografía Histórica: Eslabo

nes en la Cadena de Trasmisión

 

380

BIBLIOGRAFÍA SELECTA.........................

........

388

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

En memoria de Ted Gold, mis abuelos,

y familiares que murieron por

la Santificación del Nombre.

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

Agradecimientos

Mi

agradecimiento

a

Michael

Steinlauf,

mi

más

antiguo

amigo,

que

se

hizo

cargo

de

una

serie

de

deslavazadas

conferencias

y

las

hizo

inteligibles.

Sin

la

ayuda

literaria

de

Michael

este.

manuscrito

podía

haberse

quedado

 

tranquila-

me nte

en

chino.

Harvey

Blume,

mi

más

antiguo

compadre,

cuyas

iluminacio-

nes poéticas y filosóficas están desperdigadas a lo largo del libro.

Su

huella

es

particularmente

evidente

en

sus

explicaciones

de

Hegel

y

Aristóteles.

Dan

Bensky,

mi

condiscípulo

en

Macao,

que

compartió

mis

estudios

y

contribuyó

con

valiosísimas

ideas,

labor

redacción

y

críticas

al

manuscrito.

 

Margaret

Caudill,

mi

mentor

y

colaborador

medico

que

hLzo

críticas

al

texto

y

me

pro-

porcionó

estabilidad.

Gretchen

Salisbury,

por

ser

mi

editora,

y

por

la

enorme

tarea

llevada

a

cabo

para

que

el

libro

cogiera

forma.

Randy

Barolet,

mi

colega

en

la

enseñanza,

que

me

ayudó

en

su

redacción.

Liz

 

Coffin,

June

Nusser

y

Kendra

Crossen

por

su

paciente

labor

de

redacción

y

corrección.

Barbara

Huntley,

quien,

con

su

diseño,

transformó

un

manuscrito

poco

 

convencional

en

un

libro.

Satya

Ambrose

por

las

ilustraciones.

Natalia

Muina

por

su

asis-

tencia

editorial

y

el

Jing

que

me

ayudó

a

poder

escribir

la

obra.

Francesca

Loporto

por

sus

críticas

y

el

don

del

Espíritu.

Kiiko

Matsumoto

por

su

erudi-

ción

sobre

la

arqueología

de

los

textos

de

las

dinastías

pre-Tang.

Andy

Gamble,

María

Tadd,

y

Jon

Koritz

por

su

ayuda

en

el

desarrollo

de

la

idea.

Paúl

y

Andy

Epstein

que

colaboraron

en

la

redacción.

Paúl

Parker

y

Mark

Epstein

por

sus

críticas

y

colaboración.

Noah

Weinberg

 

por

su

ayuda

a

la

hora

de

establecer

las

estrategias

básicas.

Jonathan

Lieff

por

sus

consejos

médicos

y

espirituales.

Wendy

Pomerantz

por

su

ayuda

editorial.

Fred

Klarer

y

Ken

DeWoskin

por

sus

sugerencias

de

traducción.

NancyTrichter

por

ser

mi

agen-

te literario y fuente constante de aliento. Cody por ser Cody. Lieb Scheiner, E.

7

Ted J. Kaptchuk

 

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

V.

Walter

y

Steven

Klarer

por

colaborar

en

la

investigación.

 

Marsha

Wooif,

Joyce

Singer,

Savitri

Clark,

Paúl

Shulman,

Richard

Michael

Zucker,

Walter

Torda,

Chou

Man-xin

g,

Sekyo

Nam,

Martha

Katz,

Liu

Yun-Hua.

Glovanni

Maciocia,

Ellen

Pearim

an,

Janet

Generaüi

y

Susan

Zimelis

por

su

apoyo.

Los

amigos,

acupuntores,

doctores,

 

osteopatas,

terapeutas,

sanadores

y

estudian-

tes

que

asistieron

a

mis

conferencias

en

Inglaterra

y

Australia

 

y

me

plantea-

ron

muchas

 

preguntas

que

me

ayudaron

a

centrar

la

obra.

Los

estudiantes,

la

facultad

y

la

administración

de

 

la

New

England

School

ofAcupunture,

que

me

proporcionaron

un

entorno

para

escribir

y

enseñar.

 

Mis

maestros

de

medici-

na

tradicional

china,

por

su

desprendimiento,

en

particular

Yu

Jin-Niang,

Xie

Zh

ang-Cai,

Ling

Ling-Xian,

Ch

en

Yi-Qing,

y

Yuan

Bain

-Hong.

Mis

pacientes,

que

me

enseñaron

tantas

cosas,

en

particular

que

el

esfuerzo

de

escribir

este

libro

era

algo

más

que

un

asunto

literario

o

erudito.

Mi

madrina

adoptiva,

Lam

Pui-Yin,

cuya

pureza

me

mantuvo

física

y

espiritualmente

a

lo

largo

de

la

difí-

cil

época

de

la

escuela

de

medicina.

Mis

padres

y

hermana,

cuya

amor

me

sigue acompañando.

 
 

Los

editores

de

la

versión

castellana

del

libro

agradecen

la

colaboración

y

sugerencias técnicas del Dr . Valeriano Nieto Martín en la traducción del texto.

8

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

Prólogo a la Edición Española

La Medicina Como Arte

En

plena

era

de

la

información

 

y

superadas

las

distancias

geográficas,

el

arte

de

curar

practicado

tradicionalmente

en

China

se

va

extendiendo

 

por

Occidente

sin

dejar

por

ello

de

ser

un

enigma.

Para

acercarnos

a

la

Medicina

Tradicional

China

no

tan

sólo

tenemos

que

desplazarnos

por

el

espacio,

 

sino

también por el tiempo. Desarrollada sobre las

 

mismas

bases

desde

tiempos

inmemoriales,

su

antigüedad,

-para

algunos

todavía

sinónimo

de

caduco-

infunde

respeto

y,

sobre

todo,

indica

que

se

trata

de

la

más

experimentada

de

las

medicinas.

Por

ello

la

medicina

es

el

fruto

de

la

tradición

china

que

mejor

resiste el paso del tiempo.

 

Toda

medicina

es

producto

de

una

cultura

y

está

firmemente

enraizada

en

el

modo

de

pensar

y

sentir de un

pueblo.

No

es

posible

trasplantar

los

conoci-

mientos

médicos

de

una

civilización

a

otra

sin

que

pierdan

parte

o

toda

su

efi-

cacia.

La

medicina

china

no

se

deja

trasladar

sin

su

contexto,

ni

tampoco

 

tra-

ducir literalmente.

Además

el

idioma

chino

no

admite

la

creación

de

nuevas

palabras. Los caracteres chinos representan una

memoria

de

cuatro

mil

 

años,

pe ro

el

sentido

de

 

los

ideogramas

se

nos

va

haciendo

borroso

a

medida

 

que

retrocedemos

en

el

tiempo,

lo

que

contribuye

a

hacer

apenas

descifrables

tex-

tos

que

ya

en

su

época

tenían

amplios

significados,

con

franjas

abiertas

a

la

libre

interpretación.

 

Esta

ambigüedad

 

explica

que

un

mismo

texto

original

pueda

dar

pie

a

versiones

tan

dispares.

En

consecuencia

para

aplicarla

a

per-

sonas

que

viven

en

otras

coordenadas

culturales,

y

para

convertirla

en

herra-

mienta

útil

para

solucionar

los

problemas

del

hombre

de

hoy,

es

imprescindi-

ble una clara comprensión de su método.

9

Ted J. Kaptchuk

 

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

Los

primeros

pasos,

en

especial,

entrañan

una

cierta

dificultad.

Los

conte-

nidos

de

esta

medicina

son

de

difícil

transcripción.

Reflejan

una

forma

 

de

pen-

sar

ajena

a

nuestra

cultura.

Nosotros

escribimos

sonidos,

los

chinos

 

se

expre-

san

con

imágenes.

Los

diccionarios

no

üenen

correspondencias

 

con

sus

ideo-

gramas,

ya

que

los

conceptos

son

tan

distintos

como

la

lógica

que

los

enlaza.

El

lector

se

topa

con

continuas

referencias

a

unos

elementos

naturales:

el

''fuego"

y

el

"agua",

la

"madera"

y

el

"viento"

que

además

se

describen

en

tér-

minos

de

polaridad

mediante

los

intra ducibies

Yin

y

Yang.

El

lenguaje

parece

hermético,

accesible

sólo

a

los

iniciados;

deja

perplejo

a

quien

 

simplemente

se

int eresa

por

el

tema

y

alimenta

el

escepticismo

del

simple

curioso.

 

Es

opaco

para

quien

parte

de

una

formación

científica,

es

decir,

para

buena

parte

de

los

lectores occidentales.

 

La

medicina

china

 

no

tiene

términos

estandarizados

 

con

un

significado

específico,

sino

que

habla

por

analogía

a

fenómenos

naturales

perceptibles

directamente

y

se

expresa

a

través

de

las

palabras

de

uso

corriente,

lo

que

difi-

culta

su

traducción

a

un

idioma

occidental.

Para

diferenciar

los

términos

fami-

liares

de

los

conceptos

de

la

medicina

china

se

buscan

formas

arcaicas,

se

intenta

huir

de

 

las

connotaciones

médicas

modernas

 

(Patrones

 

por

Sín dromes)

y

se

diferencian

con

mayúsculas

términos

como

Riñon,

Moco,

Humedad,

si

bien

para

ser

del

todo

rigurosos

deberían

también

 

subrayarse

Energía,

Materia,

Causa,

Efecto,

Bueno,

Malo,

Salud,

Dolor,

Emoción

...

las

tra-

ducciones

de

los

textos

chinos

deberían

estar

llenas

de

mayúsculas

aunque

quizás

seria

mejor

simplemente

que

el

lector

tuviera

en

cuenta

que

en

una

cul-

tura

tan

distinta

todos

los

conceptos

y

las

palabras

que

los

soportan

tienen

necesariamente

connotaciones

distintas.

Sin

embargo

tener

al

alcance

de

la

mano

los

frutos

de

un

saber

médico arraigado

en

la

más

remota

 

antigüedad

justifica el esfuerzo para descifrar los aparentes enigmas.

 

Nos

cuesta

creer

que

un

diagnóstico

útil

actualmente

sea

el

mismo

que

se

emitía

en

tiempos

de

Hipócrates

y

que

el

tratamiento

aplicado

hoy

siga

siendo

un

remedio

ancestral

introducido

quizás

hace

tres

mil

años

por

un

sabio

ere-

mita. Nos cuesta concebir una forma de entender

el

cuerpo

humano

 

que

hace

posible

describir

ligeros

estados

de

subsalud

y

sistematizar

y

com unicar

la

sutil

acción

de

innumerables

sustancias

de

nuestro

entorno

 

natural

 

sobre

el

organismo.

Nos

resulta

difícil

imaginarnos

a

nosotros

mismos

 

englobados

en

una

vasta

cultura

con

una

escritura

común,

en

la

que

los

más

antiguos

maes-

tros

son

clásicos

de

referencia

obligada,

en

la

que

cada

época

ha

sumado

a

este

legado

las

aportaciones

de

sus

propios

Galenos,

Avicenas,

Harveys

y

Virchows; una antigua cultura en la que los médicos siempre fueron letrados

10

Ted J. Kaptchuk

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

y su práctica diaria fue un cedazo sólo permeable a los mejores procedimientos.

Sin

embargo,

una

sociedad

opta

por

una

medicina

no

tanto

por

su

eficacia

como

por

su

concordancia

con

los

valores

dominantes.

Asi,

a

pesar

de

que

ni

los

más

acérrimos

partidarios

de

la

medicina

científica

encuentran

hoy

útiles

los

tratamientos

de

principio

de

siglo,

las

clases

 

dirigente s

que

sucedieron

al

últim o

emperador

manifestaban

tal

admiración

por

todo

lo

occidental,

que

en

1914

el

ministro

responsable

del

tema

comunicó

 

a

los

médicos

tradicionales

su

intención

de

abolir

la

Medicina

China

y

promover

una

campaña

para

aca-

bar

con

sus

legendarios

remedios.

Esta

desconfianza

acentuó

su

incipiente

decadencia/ u

 
 

La

llegada

de

la

modernidad

desestabilizó

una

medicina

fundamentada

en

el

equilibrio.

No

está

en

su

naturaleza

el

enfrentarse,

el

competir.

Tanto

la

medicina china en general como

el

médico

chino

 

en

particular,

son

como

el

eje

de

la

rueda:

éste

ha

de

permanecer

fijo

en

el

centro

para

poder

generar

el

movimiento

armónico.

Al

adoptar

una

actitud

defensiva

este

eje

se

desplazo

y

puso

fin

a

la

gran

diversidad

de

modos

de

entender

las

teorías:

s e

unificaron

cri terios,

se

cerraron

filas

en

torno

a

escuelas

que

organizaban

sólidamente

sus

conocimientos

y,

en

consecuencia,

se

acabó

con

la

efervescencia

que

ani-

maba el saber médico.

 
 

Los

ideólogos

marxistas,

devotos

del

Progreso

y

de

la

Ciencia,

llegaron

a

afirmar

que

la

Medicina

Tradicional

China

no

era

más

que

"porquería

acumu-

lada

durante

milenios"

(2)

y

no

fue

hasta

1954,

cinco

años

después

de

consti-

tuida

la

República

Popular,

cuando

dejó

de

ser

considerada

por

el

poder

como

una

"reminiscencia

feudal",

y

se

la

equiparó

oficialmente

a

la

medicina

cientí-

fica.

No

tan

solo

se

la

equiparó,

sino

que

fue

conformada

a

su

imagen

y

seme-

janza.

Aparecieron

Academias

y

Hospitales

de

Medicina

Tradicional

China

que

la

pulieron

y

la

fueron

liberando

de

sus

aspectos

más

"idealistas"

y

"ana-

crónicos"

dando

lugar

a

una

única

versión

oficial,

compendio

racional

de

teo-

ría y praxis.

 
 

La

legitimidación

de

la

práctica

de

su

medicina tradicional

ha

repercutido

muy positivamente en la asistencia sanitaria china y en su difusión por

Occidente,

aunque

esta

adaptación

a

los

valores

del

nuevo

modelo

social

tuvo

un alto coste. La Revolución

Cultural

uniformizó

también

la

medicina.

La

téc-

nica sustituyó al arte, los médicos-sanadores se convirtieron en funcionarios

(1) Unschuld. Paúl Ulrich- Medicine m China. A History of Ideas. University of California Press. 1985.

(2)

Ta

n Chuang (1941).

11

Ted J. Kaptchuk

 

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

y

los

maestros

pasaron

a

ser

catedráticos.

En

la

versión

burocrática

apenas

si

se

reconoce

el

antiguo

arte

de

curar.

La

mirada

del

funcionario

-formado

en

el

materialismo

dialéctico

y

atento

a

su

posición

en

el

escalafón-

no

se

puede

confundir

 

con

la

del

sabio,

expresión

de

ta

experiencia,

la

intuición

y

la

medi-

tación. ¿Qué queda de aquella medicina ligada al arte y a la filosofía?

 
 

Este

 

proceso

es

más

evidente

en

medios

científicos

occidentales

que

pre-

tenden

 

reducir

las

tradiciones

médicas

a

unas

cuantas

prácticas

validadas

científicamente,

así

como

separarlas

del

resto,

que

seguiría

siendo

supersti-

ción

y

error.

En

vez

de

abrir

y

enriquecer

la

mentalidad

moderna

con

las

per-

cepciones

que

nos

llegan

de

la

antigüedad,

se

tiende

a

abordar

la

Medicina

Tradicional

China

con

una

mentalidad

dentifista.

Pero

éste

es

un

acerca-

miento

infructuoso dado que

no

se

puede

reducir

la

cualidad

a

la

cantidad,

las

imágenes

a

figuras

geométricas,

la

experiencia

al

experimento,

la

intuición

al

cálculo

estadístico.

La

ciencia

no

puede

abarcar

las

sutilezas

del

pensamiento

chino

y

de

poco

nos

sirve

en

medicina

una

realidad

minimizada

a

lo

que

puede

ser medido o pesado. La sabiduría rebasa ampliamente los límites de la ciencia.

 

La

Medicina

China

no

es

lo

que

fue.

Sin

embargo

su

espíritu

se

conservó

más

en

la

periferia

de

la

República

Popular

donde

la

población

china,

aunque

sometida

a

la

influencia

directa

del

mundo

y

de

la

medicina

moderna,

solía,

salvo

emergencias,

optar

por

los

tratamientos

tradicionales.

En

las

superpo-

bladas

Hong Kong,

Macao

yTaiwan,

pude

encontrar

médicos

competentes

-y

también

 

muchos

otros

no

tan

expertos-

en

los

más

discretos

rincones

de

cual-

quier

edificio

anónimo,

en

el

mercado

o

en

la

herboristería.

Los

más

sencillos

poseían

unos

conocimientos

pragmáticos

salpicados

de

medicina

popular;

los

más

modernos

rotulaban

su

minúscula

consulta

con

un

"Centro

o

Instituto

Internacional

"

y

tenían

un

panel

luminoso

para

examinar

los

huesos

y

las

articulaciones

de

los

pacientes,

homenaje

a

la

poderosa

medicina

capaz

de

ampliar

su

visión

más

allá

de

sus

sentidos.

No

importaban

demasiado

las

con-

clusiones

que

pudieran

sacar

de

las

radiografías

ya

que

estos

datos

en

nada

iban

a

cambiar

ni

el

diagnóstico

ni

el

tratamiento.

El

chino

es

un

pueblo

emi-

nentemente

práctico

y

no

se

entretiene

examinando

lo

que

no

tiene

arreglo,

sino que se centra en recuperar la función en la

medida

que

lo

permite

la

lesión y la vitalidad del paciente.

 
 

Un

pequeño

apartamento

de

poco

más

de

veinte

metros

cuadrados

en

el

corazón de Kowioon, tres camillas, una pequeña mesa bajo una estantería

ati-

borrada de

libros,

armarios

con

hierbas

medicinales,

moxas,

agujas,

y

en

una

esquina, tras una cortina, cuatro butacas que, salvo en el periodo de Año

12

Ted J. Kaptchuk

 

ME

DICINA CHINA Una trama sin tejedor

.

Nuevo,

solían

ocupar

pacientes

esperando

 

su

turno.

A

pesar

de

lo

abarrotado

del

lugar,

todos

se

sentían

honrados

por

la

presencia

de

ese

médico

extranje-

ro

que

apreciaba

su

cultura;

a

pes ar

de

mi

torpeza

de

bárbaro

curioso

fui

aco-

gid o con gran cordialidad. La entrevista con los enfermos era cortés y breve;

 

el

buen

médico

recoge

gran

cantidad

de

 

información

antes

de

que

el

paciente

empiece

a

hablar.

Los

datos

más

importantes

para

el

diagnóstico

aparecen

paralelos

al

curso

de

la

conversación:

tono

de

voz,

color

y

expresión

de

la

cara,

el movimiento

...

y

para

acabar,

la

observación de la lengua y

 

la

lectura

del

pulso.

Y

así

un

paciente

tras

otro,

el

aprendiz

responde

a

las

preguntas:

¿qué

pasa? ¿y

que

harías?

¿qué

haría

la

medicina

científica

en

este

caso?

Lentamente

aprende

a

orientarse

mediante

el

continuo

contraste

 

de

sus

obser-

vaciones

con

las

del

experto

y,

al

mismo

tiempo,

el

comparar

el

resultado

de

los

tratamientos

de

acupuntura

y

moxas

o

de

las

prescripciones

de

hierbas

medicinales

chinas

con

la

previsible

evolución

de

estos

enfermos

tratados

con

la

moderna

farmacología

y

la

cirugía,

le

hace

apreciar

cada

día

 

más

esta

anti-

gua forma de entender la medicina.

 

El

mediodía

no

interrumpía

mi

relación

con

el

médico

chino,

solo

se

exten-

día

a

un