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[osep Fontana LA HISTORIA DESPUÉS DEL FIN DE LA HISTORIA CRÍTICA

[osep Fontana

LA

HISTORIA

DESPUÉS DEL FIN

DE LA HISTORIA

CRÍTICA

--

JOSEP FONTANA

LA HISTORIA DESPUÉS DEL FIN DE LA H ISTORI A

Hetle xio n es acerca de la situación actual de la ciencia histórica

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¿ El fin ele la h ist oria? ¿O tal ve z el de la ciencia históri -

el primer sentido. esta expresión se ha pu~tO de

de W1 articu lo de Francis Fu ku-

yama publicado en 1989. cuya fama se debe ame todo a

la o rquestaeión que para su o:1itusión organizó la Jc bu :\1.

Olio Foundation. una insutuci óu nonearcerícana que

viene an ualmente millones de dotares para favorecer un viraje a la derecha en la enseñanza de las ciencias secta- les.' Reconven ido posteriormeme en un libro. su amplifi·

cación ha servido para po ner rruU en evidencia su vacíe- dad: se trata nmptemenre de una reetaeorací ón mas de la

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moda como cc nsecuencia

tesis de HeSel que cc mem plaba

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8 LA HlSTOlUA DESPUEs DEL nx DE LA WSTOlUA

petidamente desde que Kojé'.'e las volvió a poner

lad ón en los años trein ta, mezclad as

ah ora con

en circu - gotas de

:-.Ii CI 1.Sche pa ra c ompone r lo que se ha calific ado de «l ibro

de rezos hegeliano » pa ra el conservadurismo noneameri·

cano, mientras un critico se pregunta:

~Por qué un a obra

de tan evidente mediocridad ha obtenido tanta atención

pública?

¿ Por qué un editor ha podido emplear tanta

energía y capital para lanzar un libro tan pueril ~ de tan

escaso imerés?>•.' En el segundo semído c-o, cuando menos. en unafor. ma am i:rigua que Ull"pliea el - primero y, sobre todo. el

segundo-oenccmramos.Ia espresí ón como titulo de una

secuencia de aniculos pub iicados en la mista br:iIanic.aHil".

tory Today, que se inició con uno de Christopher H iIl titula-

do ,, ¡,Funerales prematuros?», donde. refiriéndose 11. tópicos

como «la muerte del marxismo» o «el fin dela historia»,

vez los habiwnes del T= Mundo no •

Las re fieltiones que expongn en este pequeño vorumen no tienen la pretensión de resolver el problema -o, roe· joníos pro blemas-e, sino que aspira n. simp lemente, a eyu -

dar a q uienes se interesan por el estudio de la historia. y muy en especial a quienes se ded ican a su ense ñanza, a

a finnaba que

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estén tan seguros de que la historia se ha}'ll acabado

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EL ns DE LA HISTORIA

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orie ntarse en el Iabe rtntc de corrientes que ha venido a reemplazar aquel mapa tan claro de nuestro territo rio que

hace pocos añ os solla dividirse en dos o tres cont inente s:

, la ac adémica co nserva do ra y al gu-

na supuesta «terc era via» , como la escud a <;le Ias.~"na/es. El punto de pa rtida de esta reflexi ón debe ser el traca- so de las expectativas que se habian de positado en formas elementales y catequisticas del marxismo como alte rnati- va a la enseñanza y la investigación tradicionales. A quie - nes piensan que este es. simpiemente, una consecuencia del

hundimiemo politi<:o y económico de los paises del Este europeo y de la Un ión Sovi éuca -cestc es. a quienes con - funden el cuno de la histOriacon el de la ciencia lti5uirica-, les conviene recordar que ya hace much o que quienes no s dedicamos a enseñar habíamo s descubierto, por nu estra cuenta, que reemplazar la vieja histo ria de rece s y batallas por la no-tan-nueva de los modos de producció n no nos

habia permiudc mejorar y hacer más

reales de los alumnos

y de su medio, ~.que nos estábamos planteando eStOS pro- blemas mucho a ntes de que se produjera la reciente olea-

da «revisionista».

jo. aproxi mándolo a 10$

1a hí srorta te m arn sla

vivo nuestro t raba-

prob lemas

No entraré ah ora en el análisis d e las razo nes que ex. plican el triunfo, primero. y el previsible hundimleuw. ¿es·

pu és, de l «marxis mo cat equí stico», porque lo Que me

pongo es, precísameore. examinar Qué ha pasa do después del jif4' por lo cual comenzaré a partir del mismo fraca -

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10 LA IIIH ORlA DfS P[ffiS DEL FtN DE LA !l ISTORIA

\ 0 , ya que ha sido el descrédito de unos esquemas

tales Que prc pcrci cnaban a muchos historiadores un mar-

co de

do al estado de desorient ación presetne. No se habí a llegado entre nosotros a ext remos de sus-

Abim acl G uzmán ,

el llam ado «presidente GOluaJO» de Sendero Lum inoso. Quien, según me contaba n Quiene. habían sido sus díscí- puros en la Universidad de Hu amanga. en Ayacucho, les

e nseftaba Qu e no habí an de

lectualmente ningun prob lema Que se les pla.nteaSe,.inclu-

so en su vida cotidiana, puesto Que leyendo atentamente

las ob ras d e

encontrarían en algún lugar la respuesta que necesitaban .

pensió n del senti do común co mo el de

elemen-

referencia para situar su trabajo lo Que ha cond uci-

p reocu parse por resolver inte-

tarx. Engels, Lenin, Stalin y Mao k

-lUng

Pero si esto resulta grotesco. Y puede tranquilizarnos

no ha ber

prácticas Que se consideraban no rmales y admitidas ent re

nosotros, como las discusiones escolistica.s acerca de la re- vorcccn burguesa - un concepto, por cíerto, Que no se ha-

llará como tal en las ob ras de

elementos con que la historicgraña burguesa del siglo XIX qu iso com poner una legitim ació n de la socicdad que esta- ba cons truyendo-e. na cen de la misma raíz y son igual -

mente ajenas a la el homb re que en

escribir el volumen segun do d e El capual has ta Que con-

c1u)'C$C la crisis eco nc míca que estaba atravesando Gran

Bretaila, porque necesitaba reaj ustar el análisis teórico eco- servando el curso actua l de los acon tecimientos»." Lo

forma de co ncebir la historia qu e tenía 1879 afirmaba Que no podía. acabar de

llegado a tanto. co nviene 00 echar en oívídc.que

Iarx , y Que procede de los

00 echar en oívídc.que Iarx , y Que procede de los EL FIN DE LA HISTORIA
00 echar en oívídc.que Iarx , y Que procede de los EL FIN DE LA HISTORIA

EL FIN

DE LA HISTORIA

II

cual viene a ser exacta mente lo co ntrario de lo que hada n los cultivadores de nuestro «marxismo ortodoxo», que hu- bieran denunciad o al Marx de lSi 9 como un vulgar posi- tivista . ESle pseudomarxísmo - para entendem os emplearé en

lo sucesivo «marxismo

tas fo rmas escolásticas, y «marx lano» y «ma rxismo c ri ti-

y para aquellas

co » para el pensamiento personal de Marx

tendencias Que lo reflejan mis fielmente-, que ha sido de-

nunciado por su reducción al «cienu ñsmo»," implicaba

y «marxista» pa ra referirme a es-

una utilización petrificada. tosíjízadora, de los con ceptos marxian os (COn trecuenc ía de la sim ple !erminolo gia, y no siempre bien entendi da)q ue se ha calificado corno una for- ma de Ietietusmo, reclamando la vu elta a uoa considera-

propia de

ció n «hinónca» d e los conceptos, q ue es la

Marx.' cuya capacidad para repensar y conegir los esque-

mas. incluso algu nos que se consideran erroneameme como

inte¡rantes de una. parte fija)" esencial

resulta evidente del CSl udio de sus re ñec c

ruso

superado la visión unilineal de la historia que el «marxis-

posterior codificó en la sucesión única de le» modos de producción.

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de su «sistema

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LA IllSTO KlA DESP UÉS DEL FIN DE LA HJSTOI\lA

Frente a est a reivindicació n posible 'f lógica del pen sa- miento marxi ano - ent endido como un método 'f no como

un sistema de inre rpeeraclón completo 'f cerrado- encon-

tramos en un pasado inmediato intentos de recuperar el marxismo ortod oxo sobre nuevas bases. como el de Cohen" -e-ccr ura el que se dirige esencialmente la cr itica de Derek Sayer citada ameriormente-. o el más reciente

de

forma de razo namiento a la grosera irracionalidad del in-

finito numero de ITiticos que se limitan

casode los regimenes del Este europeo «demuesua» la ca-

ducidad del pensamiento marxian o - lo cua l es tan

conereme co mo sos tene r que la cris is d e las cajas de a ho-

rro norteamericanas

Adam Smith- o contra los casos. toda,ía más pimores· ce s, qu e se o frecen alegremente a " superar» lo que ni si- qu era comprenden, integnindo lo dentrO de nuevos sísre - ma; generales de pensamiento (o de algo que tiene tales

a repetir que el fra-

Wri¡ ht , Levine y Scber.u que tratan de o po ner alg una

de

muestra» la caducidad del de

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Pero de lo que qu iero hablar. como he dicho al princi- pio, no es del método de Marx (este es. del método «mar- xían o»¡ JI' de lo que q ueda de útil en él desp ués de los fero- ces inten tos de desguace a que hemos asistido. sino de la situación de desconcierto que ha producido este hundimie n- 10 de una vieja fe, q ue ha dado luga r a so rprendentes co n- versiones JI' que ha dejado desamparados a muc hos de los que se sestenian arrimados a las andaderas del marxismo carequisrico, a quienes vemos vagando como almas en pena. buscando un nuevo arrimo. sin encontrar otro catecismo equ ivalente qu e les devud'<1 la .i eja co nfianza y la perdí- da alegria. dedicados a probar con ca da una de las nuevas modas que aparecen en el mercado. Hay que eomenzar aclarando qu e la pnmera reacción que suele suscitar la crisis de una fe es generalmente el es- cep ticismo. Lo cual slgl1lfica, en este caso, la desconfían - za an te cualqu ier plan teamie nto teórico. que puede muy

bie n trad ucir$e en fonn as d e positivi sm o e nrna.scarad:1.s de posmodemidad, en un eclecticismo superficial o en una

sensació n de que lo que necesitamos es cambiar

con fre-

cu encia el bagaje metodológico, renovándolo de cea las modas de cada temporada.

aCtlerdo

Eso no ha sucedido ahora por primera vez, Algo se-

mejanre les ocu rrió. por ejemplo, a quienes habían como panido la visión de la sociedad Yd el hombre del nazis mo. Q uienes se enfrentan hoy a un producto imclectual en a pa-

riencia tan abstracto como Losdos ClJ-er¡J(Md~ "" de Kan-

torowtcz.'! diffcilmente adhinarán que ene tratado de

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14 LA H ISTOR IA DES PUÉS

D EL fiN

D E LA HISTOR I

«teología polít ica» es el fruto del desengaño de un hom-

bre Que, siendo profesor de la Universidad de Frank furt,

en 1933, y previendo su próxima expulsión de ella, po r el hec ho de ser de origen jud ío, esc ribía a l mi ni SI ro de Edu-

cación de Prusia:

Creia que alguien como )'O. que me alisté YOlumario

191 4. que he combatido. durante la guerra

en agosto de

y despues de ella. contra los polaco. en Powan. COntra

1 insw rección nparuquisu (n Berlín)' co ntra la repliblí·

ca soviftica en \tunlch. no hab.a de t(rner ,= despojado

que por

los escmcs que be publicado sobre el emperador Federico

de Su eat¡o a e.tusa de su ~ndenciajudía: creí

1I Hohenstauíen na n=itaria garantí

~

ni pre-

sente, pal1I demosrrar mi> sentimientos en favor de una Ale·

man i

al;1l1ud fundamenta.Jmenleen¡usiasu. bacia un Reieb diri·

mucho más allá de ll lc,

gido en un 'lelltido n:lcion¡lj ib

~ rienadl en un semtdc nacional; creia que mi

llIud comun. d<1ermin

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por los aconlecirnieruos."

De modo semejante podemos pensar que el escepucis- mo a Dte la interpretación del texto propugnada por Pau l

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EL fiN

DE LA IIJSTQIl.IA

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de Man tiene mucho que ver con su amargo despertar de una cierta fe en el nazismo que la publicación de sus arti-

cu los periodísticos en los años de de Bélgica ha puesto en evidencia,

y de cualquier posibüidad de "deco nstrucción"."

El hundimiento del entorno ideológico en que se sos- tenia nuestro mundo puede dar también, en otros contex -

desconfianza. C itaré, pa ra te -

mar un ejemp lo que escojo deliberadamente de un campe muy distinto, a parentemente ajeno a la historia, el esruer -

zo de an.iIisis del leng uaje Y del discurse realizado por el grupo de Oulipo, baj o la mspiracón de Ra~mood Queneau. Que me parece Que tiene mucho Que ver con la cnsis pro- "

Cuando uno se enfrenta a la obra literari a de Georg es Pe-

rec, y en especial a Lo

.\fode d 'emptoi: o a sus maca -

vocada en

tos. resultados parec idos d e

la ocupación aleman a más allá de toda d uda

Francia

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LA HISTORIA DESl' UÉS DEL FIN DE LA lIISTORlA

bados jJ jOllrs, debe recordar que su fundamento es esen- cial rnente aurobtcgra fico. Sólo que un a biogra fía como la

de

ver

cuatro abuelos. igualmente deportados, no podí a en - causarse ni por los caminos de la historia académica -<lue

sus

suya. qu e se inicia en la infancia con el absurdo hor ror

m uertos a su mad re, recluida en Auschwitz, y a tres d e

aciedad ha sa-

tir izado agudameme-c-' ni por los de la narración con- venciona l. ¿Có mo verter en estos marcos. que presuponen

la aceptación de la raci onalidad de l sistema establecido. y

en especial de sus valores morales y sociales

vital semejame~"

una eeoenencía

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EL RETORNO A LA HISfORIA NARRATIVA:

UN INDICADO R DE PRO BLEMAS Y UNA fA LSA SOLUCiÓN

H e citado precüamen te la narración . Un a de las mo- dalid ades de huida más frecuentes, y elementales., de quie- nes preiecden escapar del contagio de la recria es la que se define a sí misma como un intento de recuperar la his- toria narrativa, ~tada como una forma erposíriva neu- tra . lim pia de carga ideológica." El estudio que Hayden Wh ite ha dedicado al d.istUnO narrativo y a la representa-

ción histórica muestra que la narraci ón no es sólo un a lrfor-

ma», sino que implica un co ntenido. puesto que está íetí- mamente relacionada con el impulso por identificar la

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re lidad con el sistema social ~i8ente. Analizando una de las variantes aparentemente mas neutras

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con el sistema social ~i8ente. Analizando una de

las variantes aparentemente mas neutras de narradón. como son los anal« y las crónicas medievales, Hayden White nos

m uestra la carga «moralizante» q ue encierran. Asi, la

nica de Din c Ccmcagni, escrita entre 1310 y 1312, nos

sema

te en Florencia:

ere .

pre.

el co ntras te entre un orden idea l y la anarquía vigen_

Los i1CQmecimiemO<l que le rc¡istnn en la narra<;ion

aparectn como .oaJn en la medid,. en que pertenecen a

un orden de cotincm:ia moral. al igual que den

su sig-

ni fica d o de "' c olocación e n Qt c O rdcll. Los a<;orn~n _

l OS obtienen Un IU J a. en l.1 nana.:i ón que alen i~ua S u lea.

~ dad en "" m edida e n q ue rondu~"n al "f" blec;;,,~ nto del

s;slml a socu l,'"

Algo semejante, aunque de farola lamcmablemente me- nos co m prensible, se expresa en un lib ro de San de Caben

sobre la «recodificación de la historia académica"," que

wbae ha calificado como «el primer análisis semiológicc

Pero la jerga de Cchen va de qu e resurten fiables los

del discurso historiográ fico ».

tan lejos que no estoy s.eguro

esfuerzos que he hecho por traducir una de sus aflrmecío- nes fi nales. a guisa de co nclusión . Elünico merito de mi intento de versión . en lodo caso, sera el de reproducir la co nfusión que el texto origin a! ha producido en mi, dejan-

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EL RE1"OR NO A LA HISTORIA SARIlATTVA

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dome con la sensación de q ue habia en él unas ideas váli- d3.'l que percibía oscllram eme. sumergidas en la niebla de unos neologismos innecesarios:

lo que he argum entado -di ce

C oh en_ n q ue CUan·

narraci ones OOn el fi n

do los lrist oriaoor es sin t etizan s us

de hacerlas legible, por un «publico oducado modio», la·

les si mesi s r eesrabillzan re giSllm y formas de si ~ nos d el

di5curw scmalllizadOl

ccn-enídcs en IólJlcos y .ognili-

vo s, y llenos

ya de cornranos semamícos . Slalul, id.o Jo _

gia

modales, simO'U"ia. ccnnadcecees

ap ropi.ada.s>o y fal_

pensamient o. Los hinoriadores trabajan sobre

,ignifieaciones -discurso- ya acabado. ya id.oJogizado.

y sus 8Clm colccth"Os son delernú nadm por el mamen;- miento del privilegio del historiador. que la forma de na- rración [5101")'J es compatible con cualquier modo de com-

prensión. polO es lrascendente al pensamienro critico."

so

Una forma peculi ar de hist oria narrativa. que tiene mu- chos puntos de contacto con Otras ccrríemes, co mo con

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20 LA HISTORIA DESPUÉS DH

FlN

DE

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HISTORIA

el estudio d e las «mentalidades», es la llamada «microhis- tena », cultivada y teorizada sobr e lodo en Italia, en las

páginas de la revista Quaderr uslOrici, y que tiene un o de sus representantes más caracterizados en Carla G inzburg. La «micro histo ria » a la ital iana, que ha alcanzado éxitos

literarios tan resonantes co mo nos. del propio Ginz burg, o El

de N. Z, Davi s. pretende identificar estos ensayos sobre acontecimientos que no pasan de antedatas (stO!')' más que hlStOry), con investigaciones de más fune. que exploran ca-

sos individ ua\e$. pero que los sinian en un comerte, y cuy¡¡ pretensi ón es la de prevenirnos contra la falsa univenali- dad de las reglas con que se 10$ interpreta habitualmen-

te.'"

los de

y hasta pretenden apropiarse no mbres y obras como

el de El q ueso y los gusa- tl'torno de Mamn Guerre.

E.

P. 'rb c mosc n.

La \udad es que las teorizaci ones con que se intenta legitimar este genero histórico-literario no resultan

co nvince nt es"" y que a lo que parece co nducir el « méto-

do detectivesco a la Sherloc k Holmes

que propugnan 10$

microhistoriadores

cs a El nombrr de la rosa de Um-

berta Eco, y no siem pre con

Otros historiadores han defendido el retorno a la na- rracó n como una posible solución a la companimentación

la misma garra narrativa.

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IOir 1 ()qi;jo tif Eo llaItimo<e. Tb< JoIlm • EL ItET ORNO A LA HJ.lTORlA NARRATfVA

EL ItET ORNO A LA HJ.lTORlA NARRATfVA

21

de la investi gación histórica en segmentos especializados, que ha llevado a una situación en que nos va faltando, cada vez más, la visión de conjunto. En la misma medida en que aumenta el caudal de info rmación que poseemos sobre un segm ente determin ado del pasado. disminuye el conocí-

miento q ue

rri torio. La nar ración podría ser una solución del proble·

ma U1n sólo en casos elem entales. en q ue la sucesión de un O$ acoruectrmentos maso me nos homogéneos - poli ticos

o biográficos. por ejemplo- pueda servir de hilo conduc-

tor; pero sólo en ellos. Porque la solución a este problema no reside en limitamos a volver a una aplicación lineal

y ordenada. sino que requiere la elaboración de un nuevo

tipo de sín tesis que integre de manera coherente los dato s de la historia poliúca, social Ycultural, sin olvidar. por otro lado, que sus protagomlilaS son siem pre seres humanos." El mero regreso a la forma narrativa tradicional resulta ser una faba soluci ón a un problema al que hay que enfren- tarse asumiéndolo en tod a su com plejidad: el de la necesi- dad de recuperar un a visión global. lo que exige plantear seriamente el análisis de los criterios de ordenación que han de definir esta g1oba.lizaciÓn. P're$mtar la narració n como una alternativa a 10$ «su·

es o una equivocación o una trampa . Y

hablo de trampa por a1runO$ casos en que parece claro que

inocenc ia no es oportuna, como el de Si-

temas teóricos

los especialistas tienen de la totalidad del te-

la suposició n de

m OD Schama. Schama debe IiU prestigio a cadémico a un libro sobre «la cultura ho land esa en la edad de o ro»,»

l' .

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22 LA HI STO RIA DES PUÉS D EL fi N" DE LA HIsTOIllA

que es un ingenioso lumbrar al lector con

mo ntaje de erudición cap az de des- informaci ones cu riosas sobre las más

diversas cuestiones -la cárcel , de reforma a negocio: la

diflcuhad de definir Holanda, la pa tria y el término durch,·

el tra tamiento de la pobreza y la vagancia: la limpieza; los

tulipa nes como moda

es difícil que se pueda obtener una interpretación de la cul -

tura holandesa como fenómeno global. Para Dennis Smrth, el éxito de público del libro se debe a que proporcionó a los norteamericanos «un modelo optimista para podere$

hegemónico¡ amenazados

es analizar una obra que. al cabo. es imeli geme y está bien escrua. sino segui r los libros posteriores de su autor, para observar su eectución metodológica. El siguteme paso de Schama fue Cili::;,ms: A chronide

01 Ihe Frr!nch ~/ ulion, de nde su contribución a la «re- visión» de la Revolución francesa con.sistió en explicar his-

to rias

y como negocio, etc.-, pero del cual

,'"

pero lo q ue me interesa no

personales, reduciendo el ap arato erudito a un mi-

nimo, que no siempre re$ulta suficiente para jusuflcar sus afirmaciones. Y el punte de llegada de esta evolución ha sido su último libro. Dead Cl'rtainlies (Urn.·arruruetispe-

cularioflS),'" donde se dedica a

crimen. que a penas lim en una tenue relación entre si. aña-

diendo elementos de ficción -<le nov

lidad para «resol"'C'N dos enigmas

general Wolfe en el campo de bat alla de Q uebec en 1759

y un asesin ato en Harvard. en el siglo XIX. Que Schama pre-

los de la r ea- la muerte del

contamos un a m uerte y un

e ta -; a

hísi órícos:

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q(_~ ,~f'olitJ. l9?1.

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11>< • • "df'Od A. 1("""' . 1991.

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lt ETORI; O A LIt. Ill STO RlIt. NARRATIV A

2l

renda con estos procedimientos aumentar sus ventas al gran público e-a unque la verda d es que las dos hístortas que

cuenta so n más bien aburrida s y está n escritas con escasa

¡ r acia -" es licito. Pe ro no lo es, y m enos aú n p or part e

de quien

en el pasado criticó la «pt gmeizació n» (¡sic !) de

la esca la

utilizada por

los « microhistO fiado res» italianos,

de Ci-

polla. tratar de esconder esta búsqueda de mas lectores y mayores venw lr.U una supuesta teorización que, dividien-

do el campo de la hístoria eurre los partidarios de un Tuci-

dides preciso y

eactc y un H eródolo «ávido de chismes»

refirié ndose a l Chi I1Jp~ i /TU/elli a JI·(onte L

po?

y poco fiable -lo cual dem uestra. además, escasa fami- liaridad con los estudios sobre H eródoto publicados en y poco las Wtim.u décadas -e, concluye que " plantearse preguntas y las Wtim.u décadas -e, concluye que " plantearse preguntas y

relatar narraciones no necesitan ser, según pienso, formas -

mut uamente excluyentes de representación histórica, la que tendríamos con ese npc de retorno a la narra-

uva seria. simplemente, una hisroria que vuelve a ser, como en un pasado que crearnos superado, un simple cuento a

narrar,

Si, por lo menos. esruviesemos seguros deque este cuen-

to no es mas que una fonna de entretener a los mucha-

y de que es

siempre inocente, podríamos tranquilizarnos. Pero cuan-

chos en la clase y a los

recto res en sus casas.

do vemos que Gertrude H immelfarb, que hace pocos

atlas

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24

LA HISTORIA DESPUÉS DEL FIS

DE LA HISTORIA

se dedicaba a estudiar el problema de la pobreza, reclama aho ra «"IRa historia hech a de grandeza y miseria, de he- roísmo y maldad , de acontecimientos protagonizados por hom bres y mujeres extraordinarios antes Que por fuerzas

soci ales

era lo Que sostenía el manual de historia

i mpe rsonale s»," nos resulta dificil olvidar QUC

algo semej ante de Españ a con

transformar la enseñanza para

pretendia el franqu ismo adecuar la a la ho ra del

el qu e, en 1939.

fascismo:

La historia Q

comO_llD cuentO marll\'iUoso. pero un

c ue nlO en q ue IOdo C'S ver da

d.

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1'1:0 1 1T1lQ<!iOWl, heroi~05 Y nnoóonan'Q que ,d icn:

Por l;¡ hisloria K

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lo ocurrido en cada paÍ.l Y cómo

fueron IUS ~

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hicieron en su vida allo notable e imponame."

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personajel. lllás ilus-

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, jo, SootoDd«. lo>ontlO 0 < E;¡Mll\L 1919. p 7. LA ILUSiÓN CIENTIFISTA Hay oua modalidad

LA ILUSiÓN CIENTIFISTA

Hay oua modalidad de huida tal \e1. mas común, 'f po-

que el escepticismo metodológico

siblememe mas da tlina.

11eva

a buscar el a uxilio de o tras ciencias sociajes, menos con- ttO'IUtidas que la histori a y con un mayor pre:;tigio acadé-

m ico. para suplir co n SUi métodos la pérdida del viejo ins-

trumental analitico en el que ya no se sigue confiando. Le que ocurre es que esta huida hacia la ciencia no es nu eva, y nos obliga a tomar el fenómeno con cierta dís- tancia en el tiempo para hacer mas ~plicable su ncree-

m ien to actual. En un primer

la ilusión engendrad a por la

Cn lre u nas disciplinas generalizadoras. ca paces de llegar a

como la bísrorta. a aspirar a semejame

perfección. El complejo de inferi oridad de los historiado- res se vio wdavia aumentado por el fero z a taque de Pop- per en LA miseria del hisroricismo, en especial a partir de 19~7.cuando lo sinl~izó en un juego de «cinco proposi- cio nes», CIJ)'3. elementalidad tenia la vinud de hacerlo f¡j,·

mo mento su origen reside en vieja distinción neokannana

(o su hijo círecro, el esc apismc narranvoj , y es l a q ue

fonnu lar leyes, y las que. obligadas,

Umiun.c a lo individual, no pued en

16

u.

lliSTO RlA DESP UÉS DEL fl¡';

DE

I

A

HISTORIA

di

de elltende r hasta por los más to ntos -c-cuíenes, cuan -

do pueden hincarle el diente a un «mensaje filosónco

como éste, que les permi te enfre ntarse sin inh ibiciones a colegas más imaginativos y mejor documentados, se afe- rran a él con empeñe y perse-.l:rancia- y que, astutamen- te, salva ba de la condena final a otros ca mpos de "teoría socio lógica" e-por eje mplo, las teorías economícas-; q ue

podJan ser som etidas a veríücacíón.» y llegó al paroxis-

mo con la querella dese ncadenada en 1959 po r el ensa yo de C. P. Snow so bre «Las dos cult uras y la revolución cíen- ttficn». C uando, al térmi no de la déca da de los setenta,

Daniel 8e H hacía un balance de las ciencias sociales desde

la segun da guerra m undial , que incluía un cuadro de «in-

novaciones básicas de 1900 a 1965», la historia 110 ap are- cia pan nada en sus paginas: habia sido expulsada delcam - po de las ciencias sociales por la espada flamígera de los

ángeles guardianes Mientras tanto,

de

pues

ceeuar y del Este que el nazismo habia desplazado y que

no encontraban tampoco acogida en el dogmatismo de un

10$ e:ltiliadO$ d e Europa

la cultu ra mundial-enriq uecida intelectualmente des-

de l pensam iento «cie ntffico-social».» en una Fran cia que se semía el centro

d e 194 ~ por el contacto con

J]

1'- 1

Poppor. J.,;,m"""" d>rI

J,l.

D. lIdI. W

Madno. AIIanD

1971. po. 11.

dup'<á de ~ ~ o do ' u."" '".",¡,

Madli<I. AUa.ou . JY8-I. El proptO Bdl. oo. Omt>orlo, '«O ROCIa que .100 princi-

IOCW<o o. I~ o 197\)01u.bian "nido qu.

I"'lto •• on<t. ,_

,., ,oe"r"adoo

n&nl'

do ", ~lJcida<l .""ndolo

¡>/i' lo. w,o oci. ¡>owo n

~d o '"~

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, ha.:¡o 198G IP· I>I¡, lo 'ul! no <I,j . d ,

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m<n« , ott<> ¡>ata u no . ' i<oci ••. ¡Ol mo va " o ,um·

q u e o ¡ . >Q u it,. b an

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m• • •o.Ian,,, al ocupu"'"

do ia oeonom;". lo q

di« C. l.i

CI~ i• .

LA lu;sró s CfESTIFISTA

27

marxb mo ofICial =-:ierótíco--, los jóvenes izquierdistas ini - ciaban su ruptura fonnal con el marxismo. El viraje de 19 ~6, dirá Dcsse, «es l a au tentica hora n atal de l esrrucru- ralismo como fenómeno intelectual que to ma el relevo del

marxis mo». Hay pa ra ello

timismo de la liberación, que se ha expresado en la Iilo-

sofia e:Ustem:ialista, lo reemplaza una relación cese ncan-

tada con

rechazo del fusron císmo y condu jo a una reacción clenn- flsta (a un a fán por a proximarse a las «ciencias du ras», imitand o sus método s), q ue tu vo una co nsecuencia, lógi-

ca aunque tal vez inesperada -

al gun o, q ue ha ya s ido d eterminante en su inicio - ,

la de ver có mo po r pri mera vez se les abrian a ros jo ve nes

« re novado res» las puertas de la ciud adela académi ca -e se les facilitaba la difusión de un mensaje que. una vez hueo

pasado el «malen tend ido de 1968»," se m

me nte asimilable po r el orden establecido (o menos epeñ-

groso

De las secuelas de estas dos corrientes -ambas hoy en franca decadencia-e- se alimenta todavía ese «cíentifismo»

unas razones cejenves:

al op-

la

historia». "

Este dese ncanto

pro pició

un

y que no pretendo, en mod o

q ue fue

-cló perfecta-

que el esp an tajo marxista). "

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ftuo;Qil Oou.o. Hismon""

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0.1 ."" i.i;,mo ,u io, , q u< "" o <lu,," ¡>O"",O"" ' om

no O. nW d. dil ni<lo<l. "unque iIUolm<llr. e_ plejOl. do e,."

Didi., E,ibon. Mi<:MI rou <a.it (/916-I~ 'I.!'IIrl,. Flamm""'rt. 1989 (h•• un.

,oe,.nl< '

~, po,;eiÓfl poli,;,.

0_

18 LA HISTORIA DESPuEs DEL fUi

DE LA HISTORIA

que sirve de refugio para hísrc n edc res y «científicos so- ciales» desorientados . No importa que los resultados de

muc hos de estcs «trasplan tes

todos aíencs bro de Cario

ma s q ue injertos, de ee-

den resultados irreievames o risibl es. Un li - M . Cipolla que muchos han Querida enten-

d el co mo UD di ~rtimento, es forzándose en no e nterarse

de lo q ue tiene de denunctadel pKudoo;;ientinsmo de bue-

na parte

de nuestra historia académica," nos permite

acercamos lúcidam ente a los grotescos frutos de esta des-

viaci ón . Cipolla nos presenta dos caros: un o. que se supo-

ne corresponder a un trabaj o de historia económica me-

dieval, sobre la importancia del comercio de.ías especias; I el segundo, de canicter más bien sociológico, sobre las re·

En los dos

glas fu ndamentales de la est upidez humana

ejemplos les razonamientos si¡uen caminos semejantes a los que poclriamos encontrar en amenos q ue aparecen nc r- malmen te en muchas publicaciones «sen as» actuales, pero los resu ltados finales a q ue conducen son grotescamen te cómicos. Quienes crean que esro no es lIIás que parodia, DO han de hacer oua 005a que ccm rastarlc con ejemplos reales. Co mo un libro reciente -edebidc, ad emás, a un in~tiga­ dor de prest igio. K. N. Chaudhuri , cuyas aportaciones no pueden en modo algun o menospreciarse- que les permi- tira advertir hasta qué punto está fundamentada la carica- tura que hace Cipclla." Al amontonamiento de elemen - tos tomados de la semiótica y del análisis de l discurso -de

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1'l9O.

LA ILUSIÓN CIE S t1FlSTA

préstam os d e Lév i-St rauss, Derri da, G reimas, Ja l:obson,

añade el autor un «h allazgo» propio: la

a plicación a la historia de la «recna de co njuntos». que

le permite recurrir a nuevos, y aun más pm tigiosos. prés - tamOS de Cantor. Wang , H ilbcn , Gódel, etc lo que signi - fica, como se ve, una doble co raza de «ciencia». Chaud-

no mé todos cuan tita tivo s o d e modelos expncnos. co mo lo s cllometras -en este libro apenas hay series de cifras, gra- flcos o estailisúcas-, sino mediame la adopción de los con- ceptcs más elcmenr.ales de la recría de conjuntos. como par- le de una «nueva visión» que, en su aplicación co ncrela .

sólo cond uce a resultados triviales o disparatados. Respecto de l concepto de «número cardinal», por ejemplo, se nos

dice q ue para apl icarl o no

ta co n comprobar la «corresponcencta» entre distintas co- lecciones de objetos: así, la afirmación ' la clase está llena'

requiere

les

, les, q ue se puede veri ficar co n la mirada.

Fcucault, etc.-

huri «maremanza» la historia.

a través del

uso de

es preciso contar. sino que bu -

la

co rrespond encia entre dos núme ros cardina-

el numero de sillas y el numero de personas presea-

En esta obra -ailadc_, el ronccpro de cardinaJjdad es usado ¡lll.'"a. identificar un grupo de jeme COn una r.li-

aión. cuh ura O civiliución

suJmán'. ' hindú', 'ja vant:. ' o 'chino' implican la existen- cia de principios por lO! cuales todos los miembros del

remun. Asi las palabru ' mu_

rcspccti"O co nju mo lOS a l c onjunto s ín

pueden reconoc. n e co mo pcn enm on_ oxc o pc ió n . '"

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II1STORlA DESPuES DEL FTS DE LA JfiSTORIJ.

La inutilidad de este d entifismo resulta más paté tica aún cuando nos damos cuente de qu e el afán por imitar mecánicamente los melodos de otras disciplinas responde a C(lDcepciones de la ciencia completamente superad,". El

uni verso int electual popperiano en que la ciencia era iden-

tificada co n la ca pacidad de pr«lecir hace uempc que se

ha venido abajo." Seme jante OOllcepción pertenec e al vie -

jo mundo del determinumo lapla ciano, Yno a una fisio;a que se basa en las matemáticas dd caos y opera con obje-

I 105 fractales." Estamos ante'Ic que UD cíeauñcc ha llamado la terce- ra revolución científica. que suceceria a la primera -la de

I Galileo y Newton-

la de la reíanvidad

y a la segunda -

y la mecánica cuámica-e- para establece r la física de la com-

I plejidad ." E l determ inismo Yla inj ustificad a fe en la ca- pacidad predictíva de la ciencia correspondían a UlI mu n- do de abstraccio nes. pero no se ajustan al de la realidad

la experimentamos." Para decirlo con pala -

tal corno he

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'Iu.

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G<diso , 1991: 1

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1991. eu:.

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TIlO Are<:dI'. oChooo lIO<l """,pIco;"Y". Lib<T. 1. p . II wn

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11'. 299l

LA ILUSIÓN CIENTIFISTA

JI

bras de ll ya Prigegine: " Hemos lle gado a u n nuev o ni\~ l de ~omprensión en el Que la raci o n al i dad no se ident ifica

la "certeza", ni la probabilidad con la "Igno-

rancia" Y. lo mismo qu e ha estallado la ima gen lactacana del co smos. lo ha hecho el orden.do esq uema de la ecojucíó n de los seres vivos que enc.jaba a l. perfección entre este mundo ñs¡co detenninist.a." po r un lado. y la visión li·

neer de la historia co mo un ascenso cc nnau ado de la bar- barie a! progrese, que hercd.amos hace dos siglos del opti- mismo burgués y Que eomiem.a a ser ho ra de arrinconar,"

Hemos de aban-

donar el mito del "cc ncctmíenrc cc mptero" qu e ha cese- sionado a la ciencia occ idental du rante tres siglos» y acep- tar que la diferencia entre las llamadas ciencias du ras y las blanda.> es mucho menor de lo que pensábamos." O, como ha dicho Tito Ar ecctu. (fel movimiento desde un úni- co punto de vista a una multiplicidad de puntos de vista

ya con

Es también Prigogine quien nos dice:

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32

LA mSrORIA DESPUES DEL FIN DE LA HISTORIA

legñimos viene a significar algo así como la revolución co- pernicana en comparación con el monocentnsm o del sis- lema ptolemaico: rectifica los viejos desacuerdos entre las "dos c ultur as" JI vuelve a a brir un área de férti l debate in- terdisciplinar»

dicen que

que sentíamos ant e JI nos inciran a qu e

debatamos co n ellos los problemas que nos son comunes, aban donando nue:suos comp lejos de infer ioridad , ¿qué j U$-

t ificación p uede tener que sigamos imitando lo misrnoque ello s t ratan de reemplazar JI m ejorar?, ¿o qu e traspasemo s

sociales », que ni disponen de auten-

ncas leyes generalizado ras, ni son capaces de predecir más Que s upuestos muy elem e n tales JI casi siempre en cc nd r,

ce nes fijadas con tantas restricciones que 10$ hacen esca- samente representativos de la realidad? Es fácil comprobar esta fragilidad en el caso de la eco- nomía, una de las disciplinas que ha llegado a ejercer ma- )'or seducción sobre los his toriadores descarriados, por lo c ua l le d edi ca ré alguna ate oción i ndi \oiduali2ada.

esta fe a otras

Si son su s mismos cultivadores quienes nos

hem os de perder el respeto r<"Vereneial las c iencias s upues tam e n te más duras

ciencias

las c iencias s upues tam e n te más duras ciencias L \ «C LlO
las c iencias s upues tam e n te más duras ciencias L \ «C LlO

L \ «C LlO METRfA»

resu lta un ejemplo privilegiado del

problema general del c encñsm c, es porque en ninguna oua

man ifestación de éste han llegado los historiadores tan le- jos en su voluntad de const ituir una disciplina indepen- diente. que to maría de la reon a económica convencional

t odo el aparat o met od ológico JI

cas propiamente históri cas para recoger los datos que so- mete a an áfu is. Recuérdese: la vi eja JI ta jant e propuesta de Peter Temín de eotender . la historia económica co mo una form a de economia nroclásica aplicada>t.-

Con tod o, una apIoración mas completa erigiría prestar

una ate nción paral ela. a otras versiones cieenñsras, como

la socioloJÍa histórica -no lo ha go. en

es tarea que lulián Casanova ha nevado a cabo sarisfaeto-

rtam eme en un libro recieme-c-," o a 10$ problemas que

56 10 acudiría a las recnr-

Si la

cliometria»

este caso. porque

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3 4

~A HISTORIA DESPUES D EL f l N D E ~A HlSTORlA

pla ntean las influencias de la antropología, que van desde

Jo mejor de u na determinada emohistoeia, hasta lo s exce- sos de qu ienes acaban abando nando el estudio de la reatí- dad social y reemplazándol o por el de los ,ímbolos, sin hacerse cargo de la necesida d de combi nar am bos planos.

no seria, probableme nte, mur distinto

al que utilizaré para ocuparme de la clio metrta, de modo

en matices y se recargaría,

a cam bio. de citas bibliográ ficas . A primera vista parece que lo Que debe justificar la d i-

visió n entre la t>roflomic histo')' tbistcrta ecoeomrca j y la

ser la d e los

coíeu vcs Que cad a una de estas disciplin as se p ropone. ~ ro no es así. La paradoja aparece con toda claridad cuando

, recaltñcaci ón cientí fica , quienes defi enden la formaliza- ció n econ ómica extrema," mientras los e1:onomislas «p u- fOS )' duros. reclaman una historia eco nómica capaz de ayudar a corregir los excesos de abstracción en Que está cayendo la teoría econémíca -y esta demanda viene de culli\ adores de la disciplin a de tanta categoria como K.

1. Arrow o R. E. Solow-," y los cultivadores de la his-

ávidos de

El camino a seguir

que el análisi s tan sólo ganaría

hl$lorlcal ecoflo mics (economía «histo rica ») ha de

índo le del utillaje t eórico

em pleado.)' la naturaleza

se ve que suelen ser etseoríaccres «conversos

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LA «CLJOMETRtA>'

35

torícat economía, como C ha rles P. Kindleberger, le piden

esta dis ciplina una visión «historicista» y nos advierten de Que «m uchos modelos económicos son plausibles y re-

a

sultan

ad ecuad os en determinadas circunstancias; el pro-

blema

co nsiste en sa ber hasta Qué punto son generales».

Kindleberger rehúsa, en principio. hablar de «predicción», porque considera Que en model os de equilibrio general, con monto nes -Ia l vez centenares-e- de variables, resulta de- masiado difícil, probablemente imposible, «estar seguro de que las diversas variables independien tes de una funció n dada han sido especificadas cuídadosameme en la prime- ra ocasión y reproducidas en la segunda»."

En su incapacidad para. situar «históricameOle» su pro- pia evolución . los cliómet ras no se han dado cuenta. sin

duda , de que con su intento de mantener a la historia eco-