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Movimiento negro. identidad)' territorio

se cambie; los padres terminan por tener que hacer reuniones para hablar sobre el A.T 55. La comunidad misma empieza a generar ya entender supropia dinámica, y se afloja el yugo. La Ley abre posibilidades, pero nada hay asegurado sin movilización de la gente *.

Texto preparado por Jesús Alberto Grueso. con base en cuatro horas de entrevista grabada en Cali, en septiembre de 1993.

®

IDENTIDAD Y ETNICIDAD

Peter Wade

IN1RODUCCION

En este ensayo distingo tres momentos históricos en la formación de identidad negra, o "afrocolombiana", como se suele denominarla en ciertos círculos intelectuales y de los movimientos sociales Estos "momentos" coexisten con los más recientes y son el de su desenvolvimiento. El primer "momento" incluye la época colonial y gran parte de la" eDublicana: bajo estos regímenes, la identidad negra tuvo una muy tenue \ oficial -a diferencia de la esclava-, y era difícil plantearla \\ concepto, debido a la ideología de la democracia racial y al Ilanquearniento", que amenazaban con fragmentar la solidaridad de la \ negra. El segundo momento considera el surgimiento reciente de movimien- que reivindican la cultura y la identidad negra, y se tipifica de alguna en la ideología del cimarronismo, que maneja la figura del l'Ilarrón como símbolo de la resistencia. .EI tercer momento es aún más reciente, y empieza con el proceso de :"-:forma constitucional que llevó al establecimiento de un diálogo entre movimientos negros -existentes y nuevos- y el Estado; esto dio resultado una tercera representación de la identidad negra, que se en algunos aspectos importantes al modelo de la identidad indí-

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gena, creada también a través de un diálogo entre el Estado y los grupos indígenas, pero con una trayectoria histórica mucho más larga.

Las imágenes del negro y del indígena hasta 1950

Las imágenes del negro y la'del indígena han evolucionado de formas muy distintas en las representaciones de las identidades nacionales latinoamericanas. Esto no se debe simplemente a la discriminación que sufren los negros, pues los indígenas también la sufren, sino al hecho de que desde el principio de la época colonial la identidad del indígena ha sido objeto de reflexión intelectual e institucionalización burocrática, cosa que no sucedió con la identidad negra (Wade, 1993a, 1993C, Friede- mann, 1984, Ameha, 1992). Los indígenas encajan en las estructuras de la alteridad en una forma ! particular: pueden tomar el rol del' Otro con facilidad. Aunque las , organizacionesindígenás reclaman derechos ciudadanos para sus comu- nidades, es mucho más probable que en términos culturales se mire a éstas como grupos fuera de la sociedad nacional. Una parte de su

identidad, en alguna medida institucionalizada, consiste en tener culturas

y lenguajes diferentes, y de hecho parte de sus reclamos como ciudadanos

reivindica el derecho de mantener estas diferencias dentro de la nación colombiana (derecho concedido oficialmente en la nueva Constitución de 1991). Para la antropología, la gente indígena en Colombia es encasi- llada como el Otro con mucho más facilidad que la gente negra. Esta condición es, por supuesto, una espada de doble filo. Los indígenas pueden ser objeto de estudio y de medidas especiales; pero también pueden ser objeto de un racismo violento y xenofóbico, que logra convertir estas medidas en pura retórica.jAmbos mos de la espada han dado a los indígenas •una ubicación específica frente al Estado y a la sociedad mayor, a nivel nacional e internacional, que contribuye a legitimar sus reclamos y a 'conseguir financiación para sus organizaciones. La clara existencia de la categoría "indígena", y su condición como lugar del Otro en la nación, han sido base para una movilización políticade los indígenas que se ha acelerado desde los años 60 (Findji, J992, Gros, 1991). La "invisibilidad" (Friedemann, 1984) de la gente negra crea una situación distinta, que se debe a la conjunción de dos factores:

Por un lado, la identidad del negro no ha recibido la misma atención

institucional por parte del gobierno, tanto colonial como post-colonial,

o de la élite intelectual (Wade, 1993C, Friedemann, 1984). La gente negra ha sido considerada más bien como parte de la creciente población

Identidad y etnicidad

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mezclada, en la cual se basa la idea de la nacionalidad colombiana: al negro se le puede llamar ciudadano como a cualquier otro. Por otro lado, la herencia negra ha sido percibida por las élites nacionales, y por gran parte de las poblaciones no negras, como una marca de inferioridad aun más estigmatizada en algunos aspectos que la herencia indígena. La visibilidad de la gente negra se pierde entre ideologías del blanqueamiento, que desprecian lo negro (y lo indígena), y afirmaciones sobre una pretendida homogeneidad nacional mestiza, que retóricamente incluye a los negros como ciudadanos pero que, del mismo modo, les niega un estatus específico como objeto de la discri- minación racial. La particularidad de esta posición consiste, entonces, en la posibilidad de incluir y al mismo tiempo excluir a la gente negra (Stutzman, 1981, Wade, 1991, 1993a, Whitten, 1981). y esta condición también ha dificultado la movilización política.

Gente negra y gente indígena en la reforma constitucional de 1991

La situación esbozada arriba ha sufrido cambios significati vos durante el último lustro. La gente negra y la negritud se han convertido en tema de debate público; las comunidades negras son ahora objeto de atención oficial e intelectual, y las organizaciones negras han incrementado sus ' actuaciones con voz y voto en la arena pública reivindicando el derecho a la autonomía cultural, tal como lo hacían los indígenas desde los años 60. A la vez, en mi concepto, la identidad negra ha empezado a tomar la forma de la identidad indígena, al menos con relación al Estado: dada la no institucionalización de la identidad negra, que data de la época colonial, no es de extrañarse que esta transformación esté sucediendo. En esta sección, analizaré el desarrollo del movimiento negro en Colombia, indicando los cambios en la forma como se ha concebido la identidad negra. La organización negra en Colombia se remonta a los años 60 cuando, \ inspirado por el movimiento negro en los EEUU y el Caribe, y por la ; independencia de varios países africanos, se crearon en las ciudades unas 'pocas asociaciones, a menudo pasajeras, bajo la dirección de estudiantes ypersonas educadas! .

En el sentido más amplio, el movimiento negro. entendido como la movili- colectiva de personas o comunidades que se auto-identifican como negras y en pos del mejoramiento material y social o del reconoeinúento cultural. empezó en

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Con la imagen de la negritud que promovían, estos grupos miraban Al mismo tiempo, de la misma ideología empezaban a tener

acogida en otros países. El símbolo del cimarrón se empleaba en Jamaica•

donde una organización llamada Abeng (nombre de una trompeta Cuerno

hac¡a afuera, hacia los EEUU y Africa: individuos como Martin Luther .King, Malcolm X y Leopold Senghor eran y siguen siendo héroes. Las

l . imágenes eran poderosas pero, al mismo tiempo, se referían a una historia

y unas experiencias negras distintas de las colombianas: la clasificación más cIara de blancos y negros de los EEUU, la segregación oficial, los "Iynchings".

La historia del mestizaje en Colombia había creado un panorama nacional muy distinto, en el cual era difícil fomentar el nacionalismo negro. Estos grupos permanecían pequeños, y no contaban con mucha financiación ni influencia (GutiérrezAzopardo, 1980, Wade, 1993b, 1995). De esta pequeña cuna formativa surgió una ideología de la identidad negra que, al tener matices más latinoamericanos, se adaptó mejor a la situación colombiana. Podemos denominarla "cimarronismo". Fue ex- puesta originalmente por la organización Cima.IT6ñ (fundad3:en 1982) y, como muchos de quienes participaron en la reivindicación de la identidad

negra se formaron en los círculos de esta organización, la ideología llegó

tener una influencia amplia. El cimarronismo se inspira en la imagen

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() tocada por los guerreros cimarrones del Siglo XVIII) se fundó en 1969. durante el auge del movimiento "Poder Negro" en la isla (Nettleford. 131); en Brasil, desde los años 70, el "quilombismo" se nutría de la imagen del quilombo o palenque (Nascimento, 1980); y en Haití, en 1968, Duvalier había erigido un monumento que conmemoraba el marron inconnu o cimarrón desconocido, aunque obviamente los propósitos' de Duvalier encajaban en un contexto político muy distinto (Nicholls, 1979: 229). Como ideología, el címarronismo en Colombia se dirige a toda las personas negras que se identifican como tales. Se dirige también a .' quienes tienen ascendencia negra pero no se identifican como negros:

los llama a que se reconozcan como tales o a que simpaticen con el

de la historia según la cual

. movimiento. Se crea así una representación

todos los que tienen raíces negras han heredado algo común: la esclavÍ- .tud, la discriminación racial, y la lucha contra una y otra. La ideología / los invita a seguir luchando tal como lo hicieron sus ancestros. Claro está que esta representación de la historia es parcial: sólo algunos esclavos eran cimarrones, y los palenques tenían relaciones con la sociedad colonial que no se pueden caracterizar como de simple lucha contínua (Fals Borda, 1979, Friedemann, 1980, Wade, 1993a: 87). La historia en esta ;-. ideología funciona como bandera para movilizar a la gente, pero hasta· finales de los 80 pocos se acogían a esta bandera.

Tal paradjgma de la identidad negra cambió con la reforma constitu- cional de'l§9l, así como con las negociaciones y discusiones que la antecedieron. La reforma fue resultado del "proceso deJ:mz", iniciado varios años atrás-con efprop6sito de desmpvifiwajas fuerzas guem_ ál mismotiémpo puso sobre la mesa la posibilidad de plantear la etnicidad y la multiculturalidad. Las organizaciones indígenas tenían la mayor influencia en este campo, pero las comunidades negra§ también se hicieron presentes. El contexto para esta presencia negra fue el conjunto de acontecimien- tos que se venían dando en la región del Pacífico del país, explotada en la época colonial para la extracción aurífera, y habitada en la actualidad principalmente por gente negra descendiente de esclavos traídos a Amé- rica para la explotación de las minas. Los blancos se afincaron muy poco en la región, y la población negra conforma quizás el 90% del total, si l;>ien hay un número apreciable de indígenas. El Pacífico es también una de las regiones más pobres de Colombia, ,!j posee una mínima infraestructura, así como tasas altas de mortalidad

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l del cimarrón, o esclavo fugitivo, y en el palenque, pueblo fortificado, construído y defendido por los cimarrones en la época coloniaF. Estos eran más bien escasos en los EEUU, y podían simbolizar la experiencia latinoamericana -o caribeña- con más facilidad. Además, los cimarrones

y los palenques evocaban imágenes de personas y comunidades negras, ( en vez de naciones negras, mientras conservaban la idea·de la resistencia guerrera, que era atractiva en los movimientos norteamericanos. La presencia en Colombia del Palenque de San Basilio, un pueblo único, palenque de antaño cuyos habitantes conservan la memoria de su pasado ilustre y hablan un idioma criollo particular, servía como símbolo potente de esta representación de la identidad negra (Friedemann y Patiño 1983).

Colombia hace 400 años, cuando 105 esclavos escapaban y establecían palenques. Conti- nuó durante toda la Colonia con la lucha cotidiana para alcanzar la libertad, comprada o conquistada, e influyó también en la revolución republicana y la abolición de la esclavi·

tud. Varios investigadores han mostrado cómo a veces las luchas regionales de clase, por ejemplo en el Valle del Cauca o en la Costa Atlántica, tenían importantes matices raciales (Delpar, 1981, Fals, Borda 1984, Mina, 1975, Taussig, 1980). La protesta negra, pues,lejos de ser algo nuevo, tiene profundas raíces históricas (Andrews, 1m).

2. Véase Mosquera (1\185) para una descripción de la ideología del cimarrorusmo.

Para detalles sobre los cimarrones y los palenques véanse, por ejemplo, Price (1979). y

Friedemann y Patiño Rosselli (1983).

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y analfabetismo (Cifuentes, 1986, Wade, 1993a). En el último lustro, y como parte de su política general de apertura económica, el Estado ha vuelto sus ojos hacia la región con el propósito de abrirla y tener mejor acceso a la cuenca del Pacífico, visto éste como centro geopolítico mundial del futuro. Entre otros proyectos, se planean la terminación de la carretera PanamerÍcana, la construcción de un nuevo puerto internacional y la apertura de un nuevo canal inter-oceánico, (como ya se vió en este volumen). Mientras tanto, se e:;tán construyendo vías carreteables de penetración en la región y ha aumentado en forma notable la inmigración de colonos, blancos y ml!stizos, del interior del país, quienes siempre han mantenido una pequeña presencia a efectos de monopolizar el comercio. La extracción de recursos naturales, sobe todo la madera y el oro, también se ha intensificado (Barnes, 1993,

1994).

Un resultado de estos cambios ha sido el incremento en la tensión inter-étnica entre las comunidades negras e indígenas de la región. Desde . antes de la emancipación de los esclavos, en 1851, la gente negra ha ido colonizando las partes bajas de los ríos, empujando a los indígenas hacia sus cabeceras. Las relaciones entre los grupos no se caracterizan por hostilidad ni violencia, pero tampoco están libres de tensión. Las barreras étnicas que separan a los indígenas de los negros tienen cierta claridad, pero están mediadas por la trata, et compadrazgo, el intercambio de servicios, y uno que otro matrimonio. Las comunidades negras están más ligadas a la economía capitalista, a través de la minería y el corte de madera. y a la administración regional: a menudo actúan como medio de acceso para los indígenas a estas esferas (Friedemann, 1977, Whitten,· 1986; ver capítulo respectivo en éste volumen). A medida que se intensificaba la explotación de los recursos naturales, sectores de población negra empezaban a invadir territorios de las comunidades indígenas en busca de madera y oro, y se generaban conflictos con éstas. Al mismo tiempo, las organizaciones indígenas que se venían movilizando desde los 60, y que tenían apoyo internacional, solicitaban la creación de más resguardos, algunos de ellos en la región del Pacífico. Ya que la tenencia de la tiena por parte de las comunidades negras nunca se ha reconocido en términos legales, ni existían títulos para la mayoría de sus tienas, algunos de los nuevos resguardos abarca- ban tierras donde existían asentamientos de comunidades negras, aumen- tando así las posibilidades de conflictos inter-étnicos. Sin embargo, la Iglesia había estado apoyando la creación de organizaciones campesinas -tanto para las comunidades negras como para las indígenas- y, con el propósito de resolver estos conflictos

Identidad y etnicidad

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.

antes de que estallaran, empezó a buscar formas de intermediar. Se organizaron encuentros entre, por ejemplo, la Organización Regional de Emberás y Waunanas del Chocó (OREWA) y la Asociación Campesina del río Atrato (organización negra). Los procesos, en el caso del Chocó, culminaron con la conformación de la Asociación Campesina del San Juan, que representaba tanto a las comunidades negras como a las indígenas (Wade, 1993b).

La alianza ibaainfluíren la Asamblea Constituyente. No se eligió ningún candidato négro'como deiegado de la Asamblea, ya que los candidatos negros de la región eran políticos tradicionales o personas con poca experiencia política y sin apoyo económico; en cambio las organizaciones indígenas, que contaban con más apoyo nacional e internacional, y con más experiencia, lograron elegir dos delegados indígenas, uno de los cuales -Francisco Rojas Birry- re- presentaba la alianza inter-étnica y recibió los votos de muchas personas negras (Arocha, 1992). De hecho, la alianza resultó ser un poco frágil durante los debates en la Asamblea acerca de los derechos de los grupos étnicos (Arocha, 1992, 1993b, 1995). Comenta Arocha que la Asamblea fue "dominada por la visión asimétrica y excluyente de la identidad histórico-cultural diferenciada, como una condición tan sólo alcanzada por los indios" (Arocha, 1992: 45). Sin embargo, esta alianza no era la única voz que abogaba en favor de las comunidades negras. Se habían formado otros grupos de p.resión:

ellos, se destaca la llamada Coordinadora de Comunidades Negras, más tarde conocida como Organización de Comunidades Negras la cual muchas personas tenían una formación asíCmñó la participación de académicos, como Jaime.AIKbl!.YJ'!ln-ª_de Friede- mann. A pesar de esta presencia, en la Constitución que se promulgó el

artículos que se referían indistinta-

: mente a los pueblos indígenas y a los grupos étnicos, como si fueran expresiones equivalentes 3 ; referente a las "comunidades negras" sólo se .obtuvo la inserción del Artículo Transitorio55:-- ------.-

de julio' de 1991 figuraban varios

El proceso llevó a que, previo estudio por parte de una comisión .al que el Gobierno creó, se expidiera una ley que reconoce a las

Los llamados "raizales" del archipiélago de San Andrés, es decir, Jos grupos que hablan inglés y tienen una historia más cercana a la de las Antillas inglesas de Colombia. se reconocieron en algunos contextos como grupo étnico: por en un documento "De los pueblos indígenas y grupos étnicos", escrito por dos a la Asamblea, Orlando Fals Borda y Lorenzo Muelas (segundo delegado Véase Fals Borda y Muelas (1992).

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comunidades negras, "que han venido ocupando tierras baldías en las

zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico, de acuerdo (lon sus prácticas tradicionales de producción, el derecho a la propiedad colectiva sobre las áreas que habrá de demarcar la misma ley". Esta ley debió establecer "mecanismos para la protección de la identidad cultural y los derechos de estas comunidades, y para el fomento de su desarrollo económico y social". Finalmente, se abrió la posibilidad de que el artículo se aplicara a otras comunidades que presentaran "similares condiciones". No me detendré en los detalles del largo proceso de negociación que tuvo lugar dentro de la Comisión Especial creada por el gobierno, y que reunió representantes de las comunidades negras de la región del Pací- fico, oficiales del gobierno y otros particulares (véase Arocha, 1992, Sánchez, Roldán y 1994, Wade, 1993b; Grueso, Rosero y Esco- bar, 1996). Por fin agosto de 1993, fue firmada por el Presidente de la República.Én ella se reconoce a las comunidades negras

como "un gro""'p<?

en el texto), y se considera la definición de la tenencia de la tierra para

negras Ley excluye el control comunitario sobre los recursos naturales (excep- tuando los bosques), los subsuelos, los parques nacionales, las zonas de importancia militar y las áreas urbanas; tradicionales de producción que se garan- ticé]ipersiSfenciaac19irecursas no menciona las prácticas de produccióri de otras-personas en la zona). La Ley también contiene medidas para mejorar la educación (que debe responder a las particula- ridades culturales de las comunidades negras), la capacitación, el acceso al crédito y el bienestar de las comunidades negras; la participación de las comunidades en estos campos se garantiza a través de representantes de las comunidades que integrarán diferentes consejos y corporaciones encargados de la planeación del desarrollo; se crea también la Dirección de Asuntos para Comunidades Negras, adscrito al Ministerio de Gobier- no. Finalmente, la Ley establece una circunscripción especial para elegir dos miembros de las comunidades negras a la Cámara de Repre- sentantes. La Ley 70 implica una imagen de

comunidades

ubicadas sobre los ríos de la zona del Pacífico. La

étnico" (aunque tan sólo en una frase que no se repite

la

imageruieJa.identidadin.!ijgéna. Según la Ley, la cultura y la sociedad

negras tienen varios elementos·que las definen (Artículo 2):

i) la comunidad negra, definida como "el conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia, comparten

la

del cimarronismo, y q'Je

. Identidad y etnicidad

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una historia y tienen sus propias tradiciones y costumbres dentro de la relación campo-poblado, que revelan y conservan conciencia de identi- . dad que las distinguen de otros grupos étnicos"; ii) la colectiva de la tierra, definida como "el asentamiento

y ancestral de comunidades negras en tierras para su uso

colectivo"; histórico

¡ii) las prácticas tradicionales de producción, que son las actividades negras"; económicasque.'fian-tifilizado consuetudinariamente las comunidades

iv) la misma región del Pacífico.

Además se da a las comunidades negras de la región estatus oficial

baldías, a pesar de la ocupación contínua, en

de

muchos casos por más de un siglo.

tierras

Esta representación implícita refleja en muchos sentidos la imagen de . la sociedad indígena en Colombia: la comunidad establecida y ancestral, la tierra comunal, las prácticas de producción que se remontan a la antigüedad. El énfasis está en el arraigo ancestral. Las comunidades negras deberán encargarse de la protección del medio ambiente, tal como se espera de los indígenas. Y, lo mismo que ocurre con la movilización mdígena, el enfoque principal es la tierra o el territorio. ,,/ La diferencia contundente· se da en términos de la-limitación del

a

aplicable a

.1fcomuDlaades negms.en, otras partes, deLpaísque.-presentan iguales \f'cOJKiidones; pero es díficil imaginar cuáles podrían llenar estos requisi- y queda claro que el objeto principal de la Leyes el litoral del ,,""·Pacífico. Así, quedan excluídas las demás comunidades negras del país y se socava por completo la idea del grupo étnico como entidad nacional diaspórica. Otra diferencia es la calificación de la población negra de región como invasora, mientras por otra parte se reconoce a los ""Indígenas derechos originales sobre la tierra.

ít·,·, El hecho de que la representación oficial de la identidad negra haya

f?rma

s,orprende, si se

el

por

orgamzaclOnes lOdlgenas, la IgleSIa (cuya experiencia ha SIdo más todo con las comunidades indígenas) y el mismo Estado en la fórmulación del Artículo Transitorio y la Ley correspondiente, aunque preciso recordar que las mismas organizaciones negras también :aron un papel importante. El Estado estaba dispuesto a hacer algunas concesiones a las organi- ( iones negras en una zona de gran interés para el desarrollo económico ¡vo. Sin embargo, o precisamente por ello, prefería utilizar un odeJo de negociación con minorías étnicas que ya existían y se cono-

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cían. La Iglesia y las organizaciones indígenas ayudaron a mantener tal modelo, y las organizaciones negras -al menos las que se involucraron en el proceso de la Comisión Especial- estaban dispuestas a aprovechar las posibilidades que se presentaran. Vale la pena anotar que, según indica- ciones recientes, existe la voluntad en algunos sectores del movimiento negro -por ejemplo en la Organización de Comunidades Negras- de empujar los límites implícitos de la Ley 70 más allá del Pacífico. Una manera de hacerlo quizá sería demostrar ciertas cultura-

 

.

les entre comunidades negras del Pacífico y otras comunidades (sobre

I

todo las de migran tes del mismo Pacífico, pero sin excluir a otras). Pero· ampliar el ámbito de la Ley 70 será una lucha difícil, pues el texto dice que se puede aplicar a otras comunidades "en condiciones similares", lo que significa que deben ser comunidades rurales, ribereñas y en tierras baldías.

Movimiento social, Ley 70 e identidad cultural

En mi opinión, la Ley representa un avance importante, ya que ha

. lanzado la problemática de la negritud

a la arena pública, ha reducido

la "invisibilidad" de la gente negra, ha puesto en tela de juicio el mito

de la democracia racial que aún está vigente (y que irónicamente se refuerza ahora con las concesiones que el Estado ha hecho para las comunidades negras e indígenas), y abre el debate sobre la identidad

nacional y la multiculturalidad. Sin embargo, hay que recordar que a través de ella se arrincona la identidad negra en una sola región del país,

y

se la obliga a seguir un modelo indígena. Mientras el cimarronismo

 

.

invita a la gente negra a hacer una elección positiva de la identidad, la

Ley impone una definición que excluye gran parte de Ip que conforma

la

identidad negra en el país; por ejemplo, los negros de la costa atlántica

o

del Valle del Cauca, quienes viven en las ciudades del interior o en

las urbes del Pacífico. Hay que reconocer que ser negro no supone sólo ser un agricultor rural que vive en los ríos de la región del Pacífico: también es ser, por ejemplo,

un pescador que vive en las playas de la costa atlántica, o una trabajadora asalariada que vive en Medellín. El hecho es que la cultura negra en Colombia está fuertemente regionalizada, y que cada región -el Pací- fico, el Atlántico, el Valle, etc.- tiene una historia distinta en términos de la forma de la escla vitud, el mestizaje y la economía: ésto implica que, aunque hay experiencias e intereses en común, también haya una

Identidad y ernicidad

\

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dad arraigada. El problema, entonces, es cómo fomentar lo que hay en común sin aplanar la variedad4. En un nivel más teórico -y no por eso menos importante_ es necesario analizar lo que implican tanto el movimiento negro, basado en menor o mayor grado en la ideología del cimarronismo, como la repre- sentación de la cultura negra contenida en la Ley 70. La Ley, con su énfasis en el arraigo histórico y ancestral, comparte algo con el cimarro-j nismo, que también apela a la historia para construir la imagen de luchai .

y resistencia: una y otro tienden a construir la identidad negra desde unjl)

mirada puesta en el pasado.

_ Las perspectivas elaboradas por estudiosos ingleses y norteameri- canos, si bien se refieren a contextos distintos al colombiano, pueden ser útiles aquí. Por ejemplo, dice Stuart Hall:"¿Es que se trata sólo de descubrir lo que la experiencia colonial enterró, sacando a la luz las continuidades que ella suprimió? ¿O se trata de una práctica distinta:

no el descubrimiento de la identidad, sino la producción de la misma T' (1992: 24). Sigue el mismo autor: .

"Las identidades culturales tienen un origen, tienen una historia. Pero, como todo lo que tiene historia, ellas sufren transformaciones continuas. Lejos de estar eternamente fijadas en un pasado esencializado, están sujetaS al 'juego' continuo de la historia, la cultura y el poder. Lejos de estar basadas en la mera 'recuperación' del pasado, que está esperando que lo descubran y que una vez descubierto nos daría un sentido eterno de seguridad en nosotros mismos, las identidades son los nombres que damos a los diferentes modos en que estamos dispuestos por,' y nos disponemos en, la narrativa del pasado (1992: 31)."

La Ley 70, Yen menor grado el cimarronismo, se basan en el "descu- miento" y la defensa del pasado para construir la identidad negra. Pero necesita también crear nuevas fonnas de identidades nacionales _y ¡onales-- que, aunque se anclan en el pasado, apuntan hacia el La tendencia estatal al afrontar la protesta minoritoria -cuando la suprirne- es a hacer algunas concesiones, creando una burocracia absorber las peticiones. El efecto buscado es mantener el status qua, moldear la protesta de acuerdo con las estructuras organizativas y

4. Sin embargo, es grato anotar que la variedad de la realidad negra no se desconoce

completo en otros medios. La prensa ha publicado varios artículos sobre la gente de la costa atlántica (por ejemplo, El Universal, 31 diciembre 1993, p. SAl, y el lQcumentaI "Travesías", de la programadora oficial Audiovisuales. sobre la población del país, también incluyó la región del Atlántico.

y etnicidad

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Identidad

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de atribuír a un

-el

culturales existentes. Por lo tanto, es importante no sólo cuestionar la

"esencialismo"

acto

Desde esta perspectiva el

y univocal- .

esencial, fija

existentes sino, a la vez, retar la

grupo de personas oa una persona una identidad

exclusión de un grupo de las estructuras

se iba convertiendo en un pecado intelectual, pues se decía que todas las

Íllisma constitución de las estructuras; no sólo pensar en incluir a la gente

identidades son parciales y que tampoco se pueden reducir los intereses

sino, también, reimaginar la

negra e indígena en la nación colombiana

étnica, racial, de clase

variados de muchas personas a una sola identidad

misma nación.

algunos círculos, sobre todo en los EEUU,esta visión de

a construir una

70 como el cimarronismo tienden

En

o de género.

la Ley

Tanto

la parálisis política,

pues

ser negro es ser agricultor

alguna manera empezaba

a amenazar con

imagen

en la multiplicidad de posiciones sociales y de

esencial

ser negro es tener el espíritu

cuanto más se insiste

, rural de la región del Pacífico; o

identidades, menos se puede nombrar a determinados grupos de perso-

durante el último lustro, la

de la resistencia cimarrona. Ahora bien,

trae consigo la posibilidad

nas, ya que cualquier acto de identificación

tendencia en la teoría social que sirve como marco para entender las . identidades colectivas ha sido deconstruir la idea de identidades fijas y

'f.}!

de la esencialización. Sin embargo, es importante tener en cuenta los

I

problemas del esencialismo al tratar a la vez de facilitar la posibilidad

de identidades y las diferen-

homogéneas, para enfocar la multiplicidad

de la actividad política, entendida en una forma ampliaS.

cias internas.

de las identidades colectivas

post-moderna de la fragmen-

Ahora bien, algunas representaciones

No quiero quedar en la mera celebración

social de minorías étnicas y raciales,

teóricas recalcan algunos

que forman parte de la movilización

tación y la pluralidad, pero estas perspectivas

en Colombia cómo en otras partes del mundo, tienden a esencializar

empieza por criticar .

y

puntos importantes. La tendencia post-modernista

se construye una imagen de lo negro que

"meta-narrativas" de la teoría social tradicional, entre las

homogenizar. Por ejemplo,

las grandes

los mismos

tiende a ser univocal: toda la gente negra tiene básicamente

de la modernización, según la

cuales se destaca, primero, la perspectiva

"los

intereses, y ocupa la misma posición subjetiva ante el adversario;

hacia el modelo social democrático

y

cual todo el mundo va lentamente

están representados como categoría homogénea que tiene un

capitalista, donde las identidades se conformarán alrededor de los prin-

negros"

carácter esencial.

segundo, la perspectiva

mar-··

cipios de la ciudadanía y el consumismo;

negras, quienes

Esta tendéncia ha sido criticada por las feministas

la lucha de clases tiende a sobreponerse

a otras

xista, según la cual

o de Inglaterra implícita-

dimensiones de conflicto social y, por tanto, a constituir la identidad

veían que el movimiento negro de los

EEUU

mente excluía a las mujeres negras, de manera similar a como el movi-

de la identidad, como

social dejando en segundo plano otros principios

por mujeres blancas de clase

miento feminista, dirigido principalmente

objeta que

el género, la etnicidad, la raza social, etc. El post-modernismo

Otros grupos que se

(Hooks,

media, tendía también a excluírlas

1981).

principalmente

y propagadas

por

construídas

sido

han

teorías

estas

identificaban como negros también se sentían excluídos de la definición

cultural occidental, y que es imposible

hombres blancos de formación

o norteamericano:

y aplastante, aunque vale

el

contexto

del

europeo

homogenizante

reducir el mundo a una visión homogenizante

en

negro

negros de herencia mixta, por ejemplo, o negros homosexuales

de los grandes teóricos del post-modernismo

6•

la pena anotar que algunos

la teoría social ya

como señalé más arriba,

En un nivel más general,

occidental

también son hombres blancos de formación

Como dicen Bailey y Hall:

estaba criticando las tendencias esencialistas.

en el nuevo

todos modos, estas ideas han tomado mucho impulso

De

círculos

que, con raíces en determinados

campo de los estudios culturales

se opone a la idea de que una persona

"El pensamiento post-estructuralista

de gente antillana o

académicos ingleses (pero con mucha participación

nace con una identidad fija; que todas las personas negras, por ejemplo.

de ascendencia antillana), adoptaron una actitud crítica ante el marxismo

y fundamental, que es lo mismo

y

tienen una identidad negra esencial

era imposible reducir

Vieron

postura radical.

que

abandonar

sin

su

estructurales

identidades étnicas, raciales o de género, a determinaciones

amplia, pero

más

de clase, y optaron por darles una cabida teórica mucho

Bailey

5. Para una discusión de estos temas, véanse Antbias y Yuval-Davis

(1993),

como había sido

como algo fijo o evidente,

sin tomar estas identidades

Gilroy

(1987: 39. 1993).

Cross y Keitb

(1993: 21-24),

Donald y Rattansi

(1992),

Hall

(1992),

se trataba

la tendencia en la teoría social hasta ese entonces. Al contrario,

167-70).

Young

(1990:

cápitulos

y 3).

Hooks

2

(1991:

1992b),

(19923,

de

a través

construídas

Critical decade: black

fueron

identidades

de la revista Ten.s, vol.

entender cómo

2(3),

estas

6. Véase el número especial

de

in the

80s.

nhotoDrnnh"

prácticas y discursos variados.

\

!

296

Peler Wade

nunca 'cambia. Se sugiere que las identidades son flotantes, que la signi- ficación no está fija y no representa la verdad universal para todos y para siempre, y que el sujeto está construído por medio del inconsciente en el deseo, la fantasía y la memoria" (1992: 20).

Volviendo al caso colombiano, se puede ver cómo la representación encubierta de la identidad negra que aparece en el AT 55 tiende hacia el

esencialismo: los negros son agricultores rurales en la región del Pacífi- co. La representación de la identidad negra como espíritu esencial de resistencia cimarrona puede correr el mismo riesgo (aunque en los folletos y boletines de la organización Cimarrón se reconoce la variedad de la población negra en Colombia y la posición particular de la mujer negra)'. Pero en un país donde la población negra del Valle, de la costa atlántica, de la costa pacífica, y de las ciudades del interior, tiene i trayectorias históricas y condiciones de vida bastante distintas, es de

de la

. Encontrámós un dilema. Por un lado, para ser efectiva en términos de la movilización de la gente, la representación de la identidad tiende a empleár símbolos resonantes y emotivos que encajan dentro de un discurso esencialista de identidades supuestamente auténticas y funda- mentales. Sobre todo para una población dominada, que ha vivido la fragmentación subjetiva y objetiva durante siglos, la necesidad de crear la unidad colectiva parece fundamental. También cuando se trata de promulgar leyes referentes a minorías étnicas se al esencialismo en la construcción de una categoría legal, que puede ser un "objeto" legislativo. Por otro lado, la esencialización y la homogenización con- llevan los problemas ya mencionados: tendencia a desconocer la varie- dad de intereses y posiciones subjetivas de las personas a las cuales se pretende representar; tendencia a mantener el mismo discurso etnocen- trista dominante al sólo invertir las oposiciones, por ejemplo entre blanco y negro, sin cuestionarlas. . En cierto sentido, el dilema preocupa sólo a los intelectuales. La práctica cotidiana del activista político a menudo no abarca estos proble- mas del esencialismo. Pero, como hemos visto, el dilema se vuelve importante cuando los que se sienten excluídos también reivindican su

Udentidad

¡primera' importancia evitar una representación homogenizante

.

7. También vale)a pena destacar que, en conversaciones recientes con Juan de Dios

Mosquera, Secretario Nacional de la Organización Cimarrón, éste recalca el becbo de

que Ja revindicación del negro no se basa en el mero hecbo de ser negro sino en la percepción de una comunidad de intereses con otras personas.

Identidad)' etnicidad

"

I.Y¡

identidad, como en el caso de las mujeres negras frente al movimiento negro en los EEUU. Entonces el problema apunta a buscar una manera de concebir la identidad colectiva de forma que no resulte excluyente pero que sea capaz de movilizar a la gente. Quizás una salida del dilema se encuentre en un énfasis sobre el contexto político de la identificación étnica personal: una persona puede identificarse con el movimiento negro en Colombia porque percibe que responde a intereses que compar- te con otra persona en un momento y un contexto social determinados. La identificación como "negro" no tiene obligatoriamente que darse, porque esa persona está descubriendo una identidad que siempre ha existido pero que ha sido olvidada o desconocida; esa identificación, puede ser algo nuevo, algo creado y no sólo recuperado. En este sentido, no se trata de identificarse con el movimiento negro tan sólo porque unQ

no una identificación natural. En las

palabras de Kobena Mercer, escritor y crítico inglés !3e ascendencia mezclada:

Es. una identificación polftica y

"Lo importante de la manera en que [los negros] nos expresamos durante el último decenio no fue que expresamos una identidad ya plenamente consti- tuída., separada y distinta, que ya existía, sino que a través de una variedad de prácticas construÍlnos una comunidad electiva de los que se sentían juntos, bien fuera por medio de organizar talleres y fiestas, movilizar estructuras políticas, escribir poemas o hacer películas." (1992: 33).

Ahora bien, la idea de una comunidad electiva formada alrededor de talleres, fiestas, poemas y películas puede parecer demasiado débil; puede hasta desconocer la realidad histórica que vivieron los africanos y sus descendientes en el Nuevo Mundo. Es cierto que no se puede expresar una identidad "plenamente constituída" por medio del acto de "descubrir" una identidad esencial histórica ubicada en el pasado. Hall tiene razón cuando dice que hay que crear nuevas formas de identidad, pero también tiene razón cuando afirma que todas las identidades tienen historia. El anti-esencialismo puede ir demasiado lejos si se desconoce lo que Gilroy denomina "the changing same" (la continuidad cambiante; ver Gilroy 1993: capítulo 3): es decir, hay que reconocer que, por más variedad que exista entre diferentes sectores de la población negra en Colombia, también existe cierta continuidad histórica dentro de esa variación, que puede ser una parte de la identidad negra emergente, no como una esencia exclusiva sino como un elemento que define ciertos

'1

')

l.

'"

298

Peta Wade

· intereses y sentimientos que una persona que se auto-identifica como •negra puede tener en común con otra persona que se identifica de modo ·igual.

CONCL:USION

En los tres momentos que se han esbozado en este ensayo la Ley 70 es un paso importante, no sólo porque abre la posibilidad de establecer derechos sobre la tierra (y quizás también un territorio) -aunque falta ver hasta qué punto esto sucederá- sino también porque abre nuevas vías para reflexionar sobre lo que es la identidad negra y lo que es la nación colombiana. El reto es construir una identidad negra que sea efectiva en términos de movilizar a la gente, pero que sea flexible en términos de no crear barreras contra la identificación personal de indivi- duos con el movimiento negro. La pluralidad de identidad no conlleva necesariamente la fragmentación política; antes al contrario, son las definiciones exclúyentes de la identidad las que crean la fragmentación política. pues se van formando muchos grupos no sólo distintos sino también opuestos, intolerantes y conflictivos, y es ésto lo que socava el poder del movimiento social.

MOVIMIENTOS SOCIALES Y RELACIONES INTERETNICAS

.,.t

INTRODUCCION

Mauricio Pardo

En las páginas que siguen se hará referencia a las relaciones entre los distintos segmentos étnicos de la población de la llanura selvática superhúmeda del Pacífico, es decir, entre afrocolombianos, indígenas Embera y Wounan, y los sectores blanco-mestizos. Las relaciones entre estos grupos sociales han estado marcadas desde el comienzo por la intervención exógena, primero por la empresa colo- nial, que trajo esclavizados alos africanos, y luego en la era republicana por agentes económicos y políticos. En este artículo se hará una sucinta relación de los elementos más sobresalientes, ájuicio del autor, de las relaciones interétnicas regio- nales. siempre en el marco de la intervención de las operaciones capitalistas y de la acción del Estado en tanto factores claves para el acceso a recursos y territorio, a su vez objeto primordial de la nego- ciación interétnica. La información de la que se deriva este escrito proviene de unos treinta meses de estadías del autor, a partir de 1981 y en distintas épocas, en diferentes comunidades indígenas y afroco- lombianas del. Pacífico colombiano. La primera parte del artículo trata sobre las peculiares ideas sociaJes de los sectores dominantes en Colombia, y explora las implicaciones de