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Porte pagado. Publicación periódica. Registro: DGC Núm. 053 0785. Características: 328351703.

Autorizado por SEPOMEX
Impreso para la CNEP por cortesía de Editorial Progreso, S.A. de C.V.
Naranjo 248, Col. Sta. Ma. La Ribera, Deleg. Cuauhtémoc, México, D.F., 06400, Tel. 1946-0620
Porte pagado. Publicación periódica. Registro: DGC Núm. 053 0785. Características: 328351703. Autorizado por SEPOMEX
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Naranjo 248, Col. Sta. Ma. La Ribera, Deleg. Cuauhtémoc, México, D.F., 06400, Tel. 1946-0620
SÉPTIMA ÉPOCA NÚMERO 28 ENERO-FEBRERO 2008
Revista
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EDITORIAL
EN EL FRENTE
• Notas para una teología de la educación
• Retos de la escuela cristiana en
un mundo globalizado
• Educación católica en la parroquia
LA PASTORAL DE LA
EDUCACIÓN CATÓLICA
a) Escuela de tiempo completo
b) Componentes de un proyecto educativo
integral
c) El proyecto pastoral colegial
VOCES
• 60% de las familias no solucionan sus
problemas cotidianos. Entrevista con el
Lic. Salvador Villalobos, Director General del
Consejo de la Comunicación
LOS ESPECIALISTAS OPINAN
• Educar es sembrar esperanza
Calle de Pitágoras 923,
Col. Narvarte Pte.
Delegación Benito Juárez
C.P. 03100, México, D.F.
Tels. 55 23 41 71 • 55 43 72 55
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Región XI. Oriente
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Región XII. Oaxaca
Lic. Martín Eloy Jiménez López
Región XIII. Chiapas
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Región XIV. Sureste
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Editora
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Colaboradores
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Asistente
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Diseño
LDG Elima Montero Amores
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COMITÉ EDITORIAL
Lic. Giampiero Aquila Coltro
Lic. Sergio Paz Huicochea
Nuestra portada:
Día de la familia 2008:
Todos tenemos una cita
1er. Seminario Interamericano de Educación Católica
Una profunda refexión sobre nuestra misión
Número 28 - SÉPTIMA ÉPOCA ENERO - FEBRERO 2008
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Fue el título de una hermosa película. Así de inspirador es, en una institución educativa, el esfuerzo de elaborar,
redactar y difundir en la comunidad el “proyecto educativo”; y lograr el compromiso de sus integrantes para alcanzar
los grandes ideales y estrategias que plantea.
Los criterios fundamentales que se requieren dieron la pauta para las conferencias del “Primer Seminario
Interamericano de Educación Católica”, que celebramos el pasado mes de octubre: “quién educa, cómo edu-
ca, para qué educa, dónde educa”, fueron el punto de partida para seleccionar las conferencias y las refexiones
compartidas.
Hoy, los educadores enfrentamos una situación muy diferente de aquella en la que fuimos educados. De una
sociedad “cristiana” hemos pasado a otra “postcristiana”, de la comunicación escrita (libros) a la visual e instantá-
nea (móvil) y de todo el día; de la sociedad autoritaria a la democrática; de agentes educativos formales: Iglesia,
familia y gobierno, a la educación espontánea donde todos educamos y todos nos educamos; de propósitos
individualistas a compromisos sociales, de educarnos sólo durante unos años a la educación de toda la vida.
La convicción de que nuestra misión viene de la esencia del hombre, que consiste en formar integralmente
a la persona, que encontramos al Dios del amor y de la salvación en el ejercicio de nuestra tarea, que formar a
todo el hombre y a todos los hombres es la misión del mismo Jesús, el Maestro.
Y la conciencia de que requerimos un nuevo tipo de conducción didáctica, de formación, de participación en
el aprendizaje; una pastoral educativa kerigmática, la conjunción de esfuerzos entre la escuela y la parroquia, la
promoción de una auténtica calidad educativa, el aprovechamiento educativo de los medios y de la tecnología
de la comunicación, la atención a los procesos fundamentales de construcción de la persona y de reconstrucción
de la familia, entre otros.
Los participantes en el Seminario concluyeron, entre otras expresiones:
✓ La urgente necesidad de actualizar nuestra comprensión del mundo educativo, sus implicaciones y compro-
misos.
✓ La impostergable tarea de revisar nuestro “modelo educativo” para no seguir educando para un mundo que
ya no existe.
✓ La fuerza dinamizadora de la pastoral que provendría de la mutua colaboración entre parroquias y escuelas.
✓ El indispensable trabajo con las familias rotas o en proceso de descomposición, para lograr que atiendan su
misión indeclinable: educar cristianamente a sus hijos.
✓ La gran valía de pertenecer a los organismos que promueven y facilitan el dinamismo de la escuela católica,
que brindan la oportunidad de comparar, refexionar juntos y trabajar unidos por conseguir la evangelización
a través de la educación.
✓ La fuerza educadora de la comunidad educativa verdaderamente integrada, que es testimonio de la realidad
de la vida cristiana.
✓ La trascendencia de cambiar los paradigmas de éxito individual y académico por el servicio cualifcado a los
demás como meta de la vida.
✓ La fuerza del educador que transforma su acción porque la anima con una fe gigantesca y una ardiente cari-
dad y una inmensa esperanza.
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La elaboración teológica debe partir donde Dios mis-
mo ha querido revelarse: el ser-humano, mismo que es la
única criatura que se nos presenta como la posible alteri-
dad de Dios.
La consideración sobre el ser humano sólo es válida
para la teología y para la educación cuando se aboca a la
persona concreta, histórica, a aquella que debe ser guiada
a la plenitud de su propia realización en Cristo Jesús. Así,
la refexión sobre el ser-humano concreto como receptivi-
dad de revelación salvífca debe guiarse hacia una interio-
rización que culmine en una autocomprensión
1[2]
.
En la autocomprensión, el ser humano concreto se
descubre en un proceso constante hacia una meta, en un
continuo movimiento en el tiempo y en el espacio… que
desencadena una tensión cuyo equilibrio podrá ser logra-
do acertadamente tan solo a través del mismo proceso
educativo: este equilibrio será siempre momentáneo, por-
que el peso y el paso del tiempo pone a cada persona en
desequilibrio, por ello hay desarrollo.
Lugar teológico
El ser-humano, situado en el espacio e inmerso en el tiem-
po, es un ser social que se descubre como persona en
relación con los demás. Este se caracteriza por un máximo
de complejidad físico-química, que lo ata a un tiempo y
a un lugar, a una serie de relaciones y circunstancias, que
lo harán único e irrepetible. Así pues, cada ser humano es
una historia y como tal, habrá de construirse, compren-
derse y crecer.
Sin embargo, ni su situación en el espacio ni su in-
mersión en el tiempo tienen realidad para él, si no es a
causa del máximo desarrollo psíquico, que lo constituye
en cumbre de la vida y que funciona en el plano de la

conciencia y de la libertad El ser-humano se descubre a
sí mismo sólo en la captación de aquello que le rodea, se
vuelve persona cuando se relaciona consigo mismo, con
los otros y con lo otro.
Es el llamado a ser persona que brota del “ser-huma-
no-que-es-un-TÚ”, que despierta el anhelo de poseer lo
-dado que es un-tú- capaz de generar la dinámica del
amor; y que devela la propia soledad al hacer al YO
consciente de su propia limitación ante la radical imposi-
bilidad de poseerlo, sintiéndose, sin embargo, de alguna
manera poseído por él al sentirse en su llamado como
“un-ser-para-él”.
Ante estos descubrimientos, el ser-humano histórico
busca lo que es él mismo en profundidad, porque el sen-
tirse llamado e impedido a la vez, es fuente de asombro,
en particular cuando descubre en su derredor una mul-
titud de seres humanos que son un posible “TÚ”, que lo
llama, y que no obstante su llamado, concluye frecuente-
Dr. Luis Benavides Ilizaliturri
1. Condensado de la Ponencia del Dr. Benavides, presentada durante el Seminario Interamericano de Educación Católica, México, octubre 2007.
Dr. Luis Benavides Ilizaliturri
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mente en indiferencia. Debido, principalmente, a una falta
de refexión, a una incapacidad de cuestionamiento per-
manente, debido, en sí, a una serie de preconceptos que
no somos capaces de analizar, sino que tomamos como
fjos, defnitivos e inamovibles, a la larga, generamos una
serie de prejuicios y fetiches de los que no somos capaces
de librarnos. Es ahí, cuando la educación deberá empujar
hacia la constante búsqueda de la verdad, la verdad como
un diálogo continuo con la realidad, con nuestra necesi-
dad de estudiarla. De otra manera, al hallarse insertado en
una multitud despreocupada del llamamiento de los posi-
bles TÚ, el ser-humano experimenta su propia soledad en
medio de una masa despersonalizante.
Desde la limitación hacia
la autorealización
La verdad no es estática, y debemos, como parte de la invi-
tación teológica, poner en duda lo que creemos defnitivo.
Sólo así, la refexión sobre la historicidad del ser humano
concreto da pie para auto reconocerse a cada individuo
como una historia que es él mismo: ni más ni menos que
su historia personal. Historia hecha de tiempo personal y
de una sucesión de encuentros consigo mismo, con los
otros y con “lo otro”, que concatenados en una compleja
realidad, hacen de cada persona un ser único e irrepetible,
con su bagaje del pasado, su fugaz presente y un futuro
que siempre es anhelo de ser más, aunque en ocasiones
el ser esté supeditado al tener.
Esta historia que es cada persona se compone de
“tiempos compartidos” con otros, que tejen una historia
común, pero que, para que no sean amarres que inmo-
vilizan, hacen referencia a una libertad de decisión sobre
el futuro, libertad que se realiza como una asunción de la
propia situación histórica y que para ser tal exige la inte-
gración de lo que se ha sido. Quien reniega de su haber
sido reniega por lo mismo de su libertad; quien reniega
de su determinación, reniega de su posibilidad de ser.
Teniendo en cuenta los elementos que lo re-
velan como persona ante sí misma, la persona se
descubre como responsable de cuanto la rodea en la
medida en que puede realizar en ello y con ello su
propio “estar-en-el-mundo”. Este proceso integrador es
propiamente la educación.
La persona, como ser social en el mundo, se realiza
como tal cuando integra y da el valor signifcativo a aque-
llo que integra. Ahora bien, su ser en el tiempo implica
que la integración del “entorno” no pueda ser defnitiva
ni meramente pasiva, es decir, que no basta la integración
como mera asunción, sino que se precisa que se provo-
quen modifcaciones entre los sujetos y los objetos que se
estudian de la realidad, transformando así el entorno de
un simple lugar de estancia o de ejercicio, en una verda-
dera extensión de su mismo ser.
La integración supone en cierto sentido el dominio y el
conocimiento, los cuales busca afanosamente mediante la
ciencia (el saber) y la técnica (el saber hacer). La ciencia le
proporciona el medio de descubrir el sentido y la relación
de las cosas, a través de las ciencias matemáticas, que, lleva-
das a profundidad, organizan y conectan las cosas entre sí,
y el conocimiento que de ellas se puede obtener en cuatro
categorías: cantidad, dimensión, orden y forma. Por su par-
te, las ciencias históricas revelan a la persona el sentido de
los acontecimientos y su infuencia en su propio entorno.
Pero el conocimiento como tal, que proviene de la visión e
interpretación de “su mundo”, de la cultura misma, es, en
defnitiva, lo que le permite realizarse a través del saber.
La persona, no contenta con el dominio adquirido con
su saber y su saber hacer, puede sentirse impulsada ha-
cia deseos que rebasan sus propias limitaciones, entonces,
toda su actividad creadora comporta una apertura hacia
la infnitud.
Las limitaciones que pretenden encerrar al ser-humano
en su propio entorno, ya sean sociales, materiales, tempo-
rales o personales, son un auténtico reto. La insaciabilidad
radical se manifesta entonces como una imperiosa necesi-
dad de autotrascendencia, y de esta necesidad surgen dos
fuerzas poderosas que concretamente deben integrarse: el
deseo que se presenta a la persona como un “tener sin
tener” que se experimenta en relación temporal como un
vivir en presente lo por-venir, como un poseer el futuro y el
amor que da la posibilidad de “ser otro sin serlo”.
La revelación
La Sagrada Escritura nos muestra la posibilidad del ser-hu-
mano para dominar las criaturas en el hecho de que Adán
imponga nombres. Este dominio hace al ser-humano res-
ponsable del cosmos, y capaz de “labrar su inmortalidad”.
El ser humano ‘es’ en la posibilidad de hacer y ser con
otros y ese es un llamado a trascender. Así pues, el ser
humano es el lugar teológico de la educación. Educar se
trata de conocer al ser humano que podemos ser, a través
del planteamiento de nuevas y más sólidas teorías, pues
pensemos que toda teoría, desde el punto de vista epis-
temológico está integrada por: Un Anuncio, es decir, lo
que una realidad debería ser… Y por Una Denuncia, qué
es lo que falta para así sea. Y si lo refexionamos, así es la
Revelación, y así se alcanza la Salvación.
De esta forma, el constante mejoramiento económi-
co, social y cultural mediante el dominio de la materia no
se da por el desarrollo mismo, sino es la respuesta “hu-
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mana” a un llamado. Pero como este llamado trasciende
las posibilidades mismas del ser-humano, éste no puede
encerrarse en el solo desarrollo inmanente que se conten-
ta con un determinado orden social, económico y político,
sino en aquel perfeccionamiento que ciertamente supone
un cierto orden social, pero que es inmanente-trascenden-
te y concluirá con una siempre creciente humanización
del cosmos y del ser-humano mismo, a pesar de todos
los fracasos y retrocesos, como un futuro perfecto que no
provendrá defnitivamente de los esfuerzos humanos sino
de la donación graciosa de Dios.
De esta suerte, todo aquello que contribuye a hacer
más digna la habitación del ser-humano en el cosmos, no
simplemente debe alentarse, sino que tiene un carácter
salvífco que realiza más y más la imagen de Dios en el
ser-humano.
Pero para poder entendernos como seres humanos
insertados en el tiempo, la fgura de Cristo debe hacerse
presente. Cristo como alfa y omega, como Dios que envía
a su Hijo a insertarse en el tiempo humano, a ser humano,
a verse como humano, para hacer su propia historia. Así,
la historia que es cada persona se inserta en este Cristo,
Señor de la historia, de manera que con la fe cada cual
pueda descubrir:
• En su haber-sido descubre su propia subsistencia y las
maravillas de ternura, consuelo, o amargura y soledad
por las que el futuro se ha hecho presente.
• En su poder-ser experimenta su propia consistencia
que resulta del llamado constante del futuro que lo
abre hacia la eternidad.
• En su estar-siendo comprueba su pequeñez, su NO-
YO causado por su NO-RESPUESTA al llamado del
futuro, por su cerrarse sobre sí mismo, por su detener-
se e instalarse en una determinada situación.
Como vemos, toda la historia y todos los entornos se ha-
cen interdependientes y la integración personal que cada
uno realice de ellos modifca a las personas y a las cosas,
la historia y el cosmos, de acuerdo con la luz que guíe la
integración. Cristo nos ha enseñado que esta integración
no es posible más que en la entrega de sí.
Para que la entrega sea auténtica y redunde verdade-
ramente en benefcio de la historia de la humanidad, debe
el ser-humano labrar más y más la imagen divina que
lo constituye dueño y señor del universo, cooperando al
descubrimiento y desarrollo de todo el universo.
Pero la revelación le hace también consciente de que
la perfección del universo no se realiza si con ella no se al-
canza también la perfección social, como aspecto integral
de la imagen de Dios, que es el ser-humano: la evolución
del cosmos sólo es posible socialmente.
Sólo en una sociedad en la que se descubra y respete
la dignidad de la persona humana será posible estable-
cer lazos auténticos de amor y comprensión. En ella, las
mismas limitaciones personales son factores de cohesión.
Pero el ser-humano concreto es un ser en evolución y
crecimiento constante, de ahí que su inserción en la socie-
dad debe ser gradual. El papel educativo ha de tender a
la progresiva formación social y política que disponga a la
persona a ser tal, a través de su donación conciente y ge-
nerosa al servicio de los demás y a la búsqueda constante
del bien común.
De esta formación resultará una responsabilidad de
cada persona por la sociedad y por el desarrollo armónico
de todo el universo. Responsabilidad que le permitirá re-
formar las estructuras anacrónicas, cambiar de mentalidad
y transformar los hábitos de vida, enderezándolo todo a
responder comunitariamente al llamamiento del amor.
Hacia una refexión teológica
siempre renovada
Sí es verdad que todo proceso educativo encaminado a
hacer presente una visión personal y colectiva estructura-
da como futuro, es un acto de liberación de las limitacio-
nes que la sociedad, la materia y la historia misma le im-
ponen, y a la vez un camino para alcanzar felicidad, debe
reconocerse la autenticidad de su valor como presencia
“histórica” de Dios, pues si la educación busca:
• El desarrollo armónico de todas las potencialidades del
ser humano;
• El aprendizaje de la convivencia humana cifrada en:
◆ El respeto a la dignidad de la persona humana;
◆ El respeto a la integridad de la familia;
◆ La convicción del interés general;
◆ El fomento del sentido de fraternidad entre todos
los hombres;
◆ La igualdad ante la ley sin privilegios de raza,
religión, grupos, sexo o individuos.
◆ La solidaridad internacional en la justicia y la
independencia.
• El constante mejoramiento económico, social y cultural
del pueblo.
Cumplido este empeño, los procesos educativos son
cristianos aunque se afrme por respeto a la libertad de
creencias que la educación “será laica y, por tanto, se
mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina reli-
giosa”. Porque la presencia de Cristo en nuestra historia
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nos invita a una educación capaz de hacernos aprender a
renunciar defnitivamente a cuanto endurece el corazón y
encierra al ser-humano en sus limitadas posibilidades, y a
promover el desarrollo humano hasta que alcance la es-
tatura de Cristo, mediante la aceptación plena del don de
Dios que abundantemente ha sido derramado en nues-
tros corazones.
La educación es un proceso permanente y vitali-
cio que tiene por objeto la transformación refexio-
nada de nuestro sistema de relaciones, individual y
colectivamente, al interior de los diversos ámbitos
de convivencia. La transformación de este sistema de
relaciones se convierte en el lugar, en el espacio, donde
Dios se hace presente en nuestra historia: como acto
creador permanente y salvífco. Ordenar nuestra vida
individual y colectiva en este sentido, es una labor edu-
cativa que exige compromiso y solidaridad:
a) La educación tiene un compromiso ineludible con la
historia salvífca de su Iglesia, de su gobierno, de su
pueblo.
b) La reconstrucción de la historia: somos para reestruc-
turarla y valorarla en función de una realidad que vaya
más allá de lo que sucede al interior de los sistemas
educativos escolarizados, aislándonos de la historia
del resto de la población y por lo mismo incapacitán-
donos para anunciar en ella la Buena Nueva del Dios
Encarnado en todos los ámbitos donde viven nuestros
estudiantes, sus padres, los gobernantes, los presta-
dores de servicios, los generadores de recreación, los
comerciantes...
c) La jerarquización de nuestros problemas inmediatos
para estudiarlos y enfrentarlos con los recursos con
los que contamos para resolverlos, y aquellos con los
que nos gustaría contar para resolverlos. Sólo así es
posible descubrir que los recursos con los que conta-
mos son nuestras fortalezas, y aquéllos con los que nos
gustaría contar son nuestras debilidades. En nuestras
fuerzas descubriremos que Dios está con nosotros, que
nos ama como somos... pero que nos quiere como po-
demos ser.
d) Una refexión así emprendida nos llevará a cuestio-
narnos si no resolvemos estos problemas, ¿cómo esta-
rá nuestra institución educativa dentro de cincuenta
años? Si lo hacemos con sinceridad, el panorama re-
sultará verdaderamente desastroso. De seguir hacien-
do más de lo mismo, negaríamos que Dios está con
nosotros.
e) Estas refexiones nos pueden abrir el corazón para si-
tuamos colectivamente en una visión del Mundo que
la utopía del evangelio nos demanda. Si hacemos activa
nuestra esperanza, veremos en nuestra acción educati-
va un futuro feliz, donde la acción evangelizadora será
el pivote transformador de la sociedad.
f) Con visión asentada en el Padre nuestro: Que tu Reino
Venga… El pan de mañana dánoslo hoy, podremos
descubrir cómo, apoyándonos en lo que sí tenemos, en
nuestras fuerzas, en ese amor sin medida que el Señor
ha derramado en nuestros corazones, con el impulso
de la esperanza, con alumnos, exalumnos, padres de
familia, vecinos, escuelas ofciales que nos circundan y
nos respetan, unidos en Iglesia, mucho podemos hacer
para transformar nuestra sociedad desde “ya”.
g) Porque la esperanza es la virtud teologal que nos per-
mite hacer presente el futuro, hacer que el Reino de
Dios venga a nosotros. La vida evangélica es una re-
lación que busca ser armoniosa entre nosotros y en el
resto del mundo, del universo, de la vida: porque es
lugar de Encarnación.
Esto nos coloca en una perspectiva ética. No de una ética
casuística centrada en el egoísmo individualista de la “pro-
pia perfección”, sino en la vía amplia del actuar por amor,
tal como el mismo Maestro lo resumió ante el doctor de la
ley (cf. Mt 22, 37-40) y el Apóstol lo concluye en su carta
a los Romanos: “El AMOR es la plenitud de la ley”.(Rm
13,9-10) Por tanto, nuestro plan de acción habrá de tomar
en cuenta que debemos educar para que:
• La Tierra, Casa del Hombre sea un lugar digno. En
nuestras manos está el cuidado de la creación.
• La Creación está orientada educativamente a la Encar-
nación, a la búsqueda de la persona como historia.
• El ejercicio de las virtudes fundadas en valores como
base de nuestros juicios
• Las virtudes propias de la Ley de la Encarnación: Justi-
cia, Paz y Vida, Prudencia, Fortaleza y Templanza como
meta.
El Pte. de la CNEP, Dr. Manuel Velasco Arzac inaugura el Primer Seminario
Interamericano en la Ciudad de México
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“El siglo XX se cierra con grandes convulsiones
en los consensos que han creado y sostenido el
sistema educativo como institución moderna;
el mundo educativo está en plena mutación
y solicita cambios, tanto en el paisaje organizativo
como en la residencia mental de sus agentes.”
Para hacer frente a los retos del nuevo milenio con-
viene consignar y promover mejores prácticas educativas,
pues nos encontramos ante un mundo que ha cambiado
radicalmente en menos de 100 años. Estos cambios, en
muchos sentidos, han provocado que el ser humano su-
ponga que puede vivir por sí mismo, sin la bondad de
Dios, y en medio de una gran soberbia, ha perdido los
valores fundamentales para la vida en comunidad.
Ante esta situación, la escuela con una misión cris-
tiana enfrenta cuatro retos principales que deberán ser
planteados al interior de cada institución y que deben
ser atendidos con prontitud, pero también con compro-
miso, sabiduría y fe. Así pues, es necesario tener siempre
presente que la “misión” del educador cristiano consiste
en presentarse como SIGNO visible del Dios vivo en el
mundo de la enseñanza.
Enseñar en la escuela católica supone haber hecho
previamente una síntesis dialéctica entre el fenómeno y el
sentido, entre la realidad y su signifcado desde Dios, en
relación con el área correspondiente; es vivir de acuerdo
con esa síntesis y comprometerse a enseñarlo en el aula.
La escuela católica debe siempre ser concebida por
sus promotores como espacio o ámbito de evangelización
antes que como lugar de comunicación de saberes cultu-
rales. Nuestro ejemplo, nuestra capacidad de refexión, de
generar autoridad y de brindar conocimiento con amor
hace al mundo de la educación un campo privilegiado
para promover la inculturación del Evangelio (...)
Debe hacerse un esfuerzo especial para potenciar la
identidad católica de las escuelas, las cuales fundan su na-
turaleza específca en un proyecto educativo que tiene su
origen en la persona de Cristo y su raíz en la doctrina del
Evangelio (E.N. 24)
Los Cuatro Retos
Al inicio del siglo XXI, contamos con 210 mil escuelas ca-
tólicas en el mundo, en donde educamos a 44 millones de
alumnos. Esta enorme responsabilidad nos plantea hacia
el frente dos perspectivas: formar a esta amplia comu-
nidad en la integralidad y el amor, pero además, seguir
creciendo, seguir con nuestra misión evangelizadora. La
escuela católica tiene hoy plena signifcación (quizá más
que nunca) solamente si es capaz de volver a lo sustancial
de sus orígenes: Hacer en educación lo que no hace nadie
y como no lo hace nadie.
P. Ángel Astorgano, sdb.
Secretario General de la Ofcina Internacional de Educación Católica, (OIEC).
La escuela con una misión cristiana enfrenta cuatro retos principales.
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En un contexto que a veces es más violento que ar-
mónico, un sistema más orientado a la comercialización
de la persona que a su dignifcación, una sociedad más
hambrienta de poder que de amor, y una angustia gene-
ralizada, que tiene como origen nuestra falta de fe, son
grandes obstáculos a vencer, que implican retos determi-
nados para nuestras instituciones:
1. La Identidad
Para recuperar nuestro valor, nuestra fuerza y nuestra ca-
pacidad de hacer comunidad debemos presentarnos con
una identidad sólida y valiente.
Es necesario construir una escuela que verdaderamen-
te refeje su misión y su visión de la vida, que no trabaje
con un doble discurso, en el que aunque trate de mostrar
su fe y su creencia, la guarde bajo llave para no generar
molestias entre las autoridades o los no creyentes. Una
escuela con identidad cristiana debe mostrar su amor a
la vida, su fe y su verdad, sin menoscabo del respeto que
debe a quienes puedan pensar diferente.
Romper con la escuela como espacio únicamente de
aprendizaje es hacerla una institución viva, cuya comuni-
dad sea realmente integrada por personas humanas, dig-
nas y participativas, que cuenten con la escuela como un
espacio de convivencia para compartir, para crecer y dar,
para servir y servirse entre sí y a otros.
Toda la capacidad del educador cristiano debe ponerse
en juego para ser Signo; capacidad que va a depender del
“encuentro con su Señor”.
2. La Calidad
Para dar respuesta a la gran necesidad que tiene el mundo
de personas dignas y comprometidas con su comunidad
debemos trabajar con calidad probada, que nos ayude a
recuperar la confanza que el terreno educativo ha perdi-
do, al menos en nuestro país.
Entendida como la capacidad de responder con efca-
cia al proyecto educativo evangélico, empleando procesos
de mejora integral.
Debemos entender que la calidad en materia educativa
es una búsqueda incesante de alcanzar la perfección, pero
también debemos reconocer con humildad que siempre
podemos mejorar.
Jamás, como humanos, debemos perder de vista que no
somos perfectos, sino perfectibles, y que es compromiso cris-
tiano y es deber de toda persona, la constante superación.
P. Angel Astorgano
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3. La Interculturalidad
En un mundo intolerante, irrespetuoso y violento, debe-
mos luchar por fortalecer los lazos sociales, debemos hacer
vínculos entre todos los hombres y mujeres del mundo.
La escuela cristiana debe, como Jesús, aceptar las di-
ferencias y evitar los prejuicios.
En una sociedad pluricultural, replantear la interven-
ción educativa en línea intercultural.
Con atención educativa prioritaria a las “diferencias”.
El respeto es un valor muy importante.
4. La Presencia de los Laicos
Hacer persona es hacer comunidad, formar personas es
hacer cadenas de cooperación, de trabajo, de servicio y de
solidaridad. La formación integral de las nuevas genera-
ciones no es trabajo de los religiosos nada más, tampoco
de los maestros, que por sí solos no conseguirán nada…
Y aunque la familia es la gran formadora ética y moral,
tampoco por sí misma podrá lograr que los hijos sean
íntegros. La cooperación de todos en la formación de los
niños y jóvenes de México y del mundo es un trabajo de
todos, que compete e involucra a cualquier persona, pero
que es obligación ineludible del cristiano comprometido,
pues comprende que es un servicio que implica hacer lle-
gar a otros el mensaje de amor y fe a los más jóvenes.
Sólo si el amor de Dios vive en ellos, el mundo conser-
vará la esperanza.
Una escuela que integra a todos sus educadores en
una comunidad.
Cuanto más diferenciado y original es un proyecto,
mayor debe ser la cohesión del equipo.
Bases para el quehacer de la escuela cristiana
Educar al valor de la vida
La acción educativa es el terreno fecundo para:
• Orientar hacia la acogida de la experiencia humana en
su globalidad.
• Dar un sentido capaz de compensar la banalización del
cuerpo y expresar la belleza según el deseo de Dios.
• Presentar el valor del amor conyugal y la familia.
Educar para la convivencia
• Sobredosis de emotividad pero falta de sentimientos.
• La fragilidad relacional que vivimos difculta la supera-
ción de los confictos y lleva a situaciones dramáticas.
• Se exige una mediación entre educación y comunicación.
• La “educomunicación”.
Educar para la solidaridad y el servicio
• Ser conscientes de la responsabilidad con los demás
que son hermanos y hermanas de una gran familia: la
familia de los hijos de Dios.
• Los jóvenes que comprenden esta visión, orientados
así, evitan caer en las redes de los nacionalismos ra-
dicales y los fundamentalismos, y dirigen su interés y
dedicación hacia los que más lo necesitan.
Conclusión
• Compartir una visión, un proyecto educativo, en con-
tacto con los que están cerca de la toma de decisiones
que afecten a los jóvenes.
• Potenciar nuestra formación permanente en diálogo
con la realidad actual.
• Vivir el mundo de los jóvenes, “ocupados y preocupa-
dos por ellos”.
• Ser educadores de la fe por el testimonio y la propuesta
de itinerarios de acompañamiento.
• Mostrar la riqueza de los intercambios intergeneracio-
nales, sugiriendo nuevas formas de convivencia y en-
cuentro
Convencidos de la necesidad de nuestra misión, debemos
replantear con ilusión y esperanza nuestros Proyectos
Educativos
ALGUNOS DATOS
Escuela católica en el mundo:
44 millones de alumnos
AFRICA: 9.500.000 Alumnos
AMERICA: 14.000.000 Alumnos
ASIA: 10.000.000 Alumnos
EUROPA: 9.000.000 Alumnos
OCEANIA: 800.000 Alumnos
210.000 escuelas
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…De los documentos de la Iglesia podemos sugerir
un rico bagaje de contenidos sobre todo a propósito de
la enseñanza religiosa en la escuela, considerando las am-
plias posibilidades de relación entre la Iglesia y el estado,
desde las realidades concordatarias hasta aquellas en que
educar en la Escuela Católica es una indulgente concesión
que algunos gobiernos otorgan no sin daño de la demo-
cracia que dicen proteger y asegurar…
En este sentido, revisemos una página muy clara de
Juan Pablo II:
“Al lado de la familia y en correlación con ella, la
escuela ofrece a la educación en la fe posibilidades
no despreciables. En los países, siempre más rara-
mente, en que es posible dar una educación en la fe
al interno del contexto escolástico, es un deber de la
Iglesia el darlo en el mejor modo posible. Esto se re-
fere antes que nada –como es evidente- a la escuela
católica; ¿meritaría ella tal nombre si relevando un
nivel de enseñanza en las materias profanas, ella
mostrara, con fundados motivos, una negligencia, o
una desviación, en impartir una educación propia-
mente religiosa? Pero yo pienso más bien, en la es-
cuela no confesional y en la escuela pública. Expreso
el vivísimo auspicio que respondiendo a un bien cla-
ro derecho de la persona humana y de las familias
y en el respeto de la libertad religiosa de todos, sea
posible a todos los alumnos católicos el progresar
en su formación espiritual con el contributo de una
enseñanza religiosa que dependa de la Iglesia, pero
que, según los países, pueda ser ofrecido por la es-
cuela, o en el cuadro de un entendimiento con los
poderes públicos acerca de los horarios escolásticos,
si la catequesis tiene un lugar solamente en la pa-
rroquia o en otro centro pastoral. En efecto, también
donde existen difcultades objetivas, por ejemplo,
cuando los alumnos son de religiones diversas, con-
viene disponer los horarios escolares en modo de
consentir a los católicos profundizar la propia fe y
su experiencia religiosa, bajo la guía de educadores
cualifcados, sacerdotes o laicos”

Sobre la escuela y la pastoral educativa o la educación
católica en las parroquias es oportuno remitirse a los
siguientes documentos:
• “Gravissimum Educationis” del Concilio Vaticano II (GE);
• “La escuela católica” (19 de marzo de 1977) de la Con-
gregación Vaticana para la Educación Católica;
• “La escuela católica hoy en Italia” (25 de agosto de
1983) de la Conferencia Episcopal Italiana;
• “Declaración” (18 de febrero de 1984) de la misma
Conferencia Episcopal Italiana en ocasión de la frma
del concordato entre la Santa Sede e Italia;
• “La enseñanza de la religión católica en las escuelas del
Estado” (23 de septiembre de 1984) de la presidencia
de la CEI; y
• “La enseñanza de la religión católica en las escuelas
públicas” (14 de diciembre de 1985), en el ámbito eu-
ropeo pero con perfl italiano también, entonando el
tema en el entendimiento entre el Cardenal Poletti y
el Ministro Falcucci.
De todos estos documentos se puede extraer un tema
que nos pone delante de una realidad: cómo hacer en
la Parroquia para acercar a la niñez y a la juventud a
Cristo, cómo hacer crecer en la Parroquia aquel germen
P. Walter Guillén Soto, sdb. Presidente del Consejo de la CIEC
1. Catechesi Tradendae 69
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que han recibido en el bautismo y que la catequesis de
iniciación a la confesión y a la primera comunión han
alimentado. El tal argumento después viene a ser: cómo
hacer en la Parroquia para ayudar a hacer crecer en la
fe nuestras jóvenes generaciones, cómo salvaguardarlos
del veneno ideológico relativista y de la mentalidad co-
rriente, cómo recuperar aquellos que tan tempranamen-
te se han alejado de la fe, de la práctica sacramental, en
fn, de la Parroquia.
La situación que se vive en los países de América
Latina en particular, y del mundo en general es que se
sufre de una cierta crisis de identidad en nuestra vida
cristiana, no tanto por los principios que permanecen in-
mutables, cuanto por las expresiones concretas y vitales
que supone dar a nuestro testimonio, a nuestro empeño,
a nuestras elecciones; esta crisis es advertible sobre todo
a nivel cultural.
Las difcultades objetivas que enfrentamos para edu-
car en la fe, no diversas de las experimentadas por las
generaciones pasadas son:
- La difcultad propia del mensaje cristiano, que no es
una mercadería de verdades discutibles o elegibles tipo
opcional, sino que con sus severas exigencias pone, a
quien recibe el mensaje, delante de constantes respon-
sabilidades y coloca al anunciador en la necesidad de
una fdelidad y práctica indeclinable,…
- El Evangelio no es una doctrina, no es una flosofía, no
es una propuesta política, no es la fantasía de un paraí-
so terrestre…
- Si hay por tanto una materia que exija, y hoy más que
nunca, una cuidadosa preparación, el soporte de toda
la técnica de la comunicación y la transmisión, de todos
los subsidios de difusión, de toda la habilidad de los
profesores y de todo el celo de los párrocos, esta es la
religión. Es en este sentido que la Iglesia actualmente
enfoca el tema de la evangelización y la catequesis y a
ello impulsa a los Obispos y a los Párrocos.
Pero también, hoy enfrentamos difcultades que po-
dremos llamar contingentes porque están remitidas a
nuestros días:
- El caos de la escuela que va desde la escasez de las
estructuras al retraso de los métodos y los programas;
- El secularismo imperante…
- El rechazo de la autoridad y de todo principio de auto-
ridad de parte de las masas juveniles que, con frecuen-
cia son hábilmente amaestradas e instrumentalizadas.
Se entiende como propia la transmisión del mensaje de
la fe, que es fundada sobre la autoridad de Dios reve-
lante. Un planteamiento así, teológicamente correcto,
resiente totalmente de esta atmósfera.
- La separación de las masas juveniles de las buenas
tradiciones religiosas de nuestros países con una pro-
paganda que no da tregua, sobre todo mediante el
permisivismo moral, público y disfrazado.
A lo anterior sumemos el hecho de que nuestro modo
de “hacer escuela de religión”, digámoslo claramente,
no ha hecho honor a la materia y no sólo no ha dado
aportes efcaces al respecto, en cierto modo ha agravado
la situación la escasa calidad en el desenvolvimiento de la
materia en sí, haciendo faco favor al tema y convirtién-
dose en materia prima de críticas acerbas de parte de los
laicistas de profesión.
Un último elemento a relevar es que, entre nosotros,
la escuela católica no parece ofrecer con altura una au-
téntica y profunda formación católica. Como ha escrito
Juan Pablo II en su momento, que no basta la etiqueta de
“católica” para convertir una escuela en verdaderamente
tal y como tal verdaderamente formativa. Pues como dice
el documento conclusivo de Aparecida “…la educación es
“católica si los principios evangélicos se convierten para
ella en normas educativas, motivaciones interiores y, al
mismo tiempo, en metas fnales”

. Y dice también: “de-
bemos rescatar la identidad católica de nuestros centros
educativos por medio de un impulso misionero valiente
y audaz, de modo que llegue a ser una opción proféti-
ca… promover la formación integral de las personas…
teniendo su fundamento en Cristo… identidad eclesial y
cultural… excelencia académica… solidaridad y caridad
con los más pobres… participación de los padres de fa-
milia… formación de docentes…”

.
- Debemos estar convencidos que el sujeto de la pastoral
escolástica es toda la comunidad eclesial. Si faltase este
sujeto global, corporativo, faltaría un apoyo fundamen-
tal y natural. El párroco, cualquier párroco, en esto debe
estar en la primera línea…
- También la así llamada “escuela católica” debe ser
parte de las preocupaciones, de los intereses, de la
corresponsabilidad de toda la comunidad cristiana y
2. V Conferencia General del CELAM. Aparecida, Brasil. No. 335
3. Ídem, No. 337
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de sus pastores (aquí, a mi juicio, hay tanto
que inventar todavía…).
- Partiendo del natural derecho de los padres a
educar en la fe a sus hijos, la Parroquia garan-
tiza de manera programada y sistemática, la
educación en la fe, como un humilde servicio
al hombre, como parte integrante de nuestra
misión y como un bien necesario para la sal-
vación integral de la persona...
- La enseñanza de la religión, sea como asigna-
tura, como materia dentro del pensum esco-
lar, o como un contenido optativo co-progra-
mático y extracurricular, debe ser integrado
a la enseñanza catequística impartida en las
parroquias que debería atender a todas las
fases de las edades pero en modo particular a
la juvenil.
- En este contexto, los católicos, la comunidad cristiana,
sacerdotes, profesores de religión, las “madres cate-
quistas”, sea en la escuela católica, sea en la escuela
pública, deberían relucir por sus méritos evidentes,
por su cualifcación profesional, pedagógica, pastoral.
Por tanto, en torno a la escuela y desde la Parroquia,
repitamos, todos los cristianos, familias, comunidad
local, Diócesis, sacerdotes educadores, pastores de
almas, docentes cristianos, alumnos, deberían ser un
solo cuerpo. Únicamente así podrán hacer sentir su
voz, intervenir en los escaños de las decisiones, hacer
sentir el peso de la verdad que ellos portan consi-
go. En esta acción concordada y solidaria, el párroco,
cualquier sacerdote, debe ser el animador excelente,
convencido, generoso.
Como maestros y formadores tomemos siempre en
cuenta que:
- La religión no es una materia escolar a la par de las
otras, antes bien, es una vida que transmitir, un testi-
monio fuerte que ofrecer continuamente, también más
allá de la escuela;
- Una profesión como la del educador de la fe no se im-
provisa, la del catequista no se improvisa, la homilía
dominical no se improvisa… Requieren dotes, prepara-
ción y constante puesta al día. La “materia” de religión
tiene todas las difcultades, todas las exigencias de otras
materias y más todavía, tiene las otras derivantes de la
difcultad señalada arriba; si la pedagogía, la psicología,
la sociología, las ciencias de la educación, valen para las
otras asignaturas, con mayor razón deben ser emplea-
das para la religión”...
- Será necesario, y lo será cada vez más, si las cosas van
como van, que los laicos, los más disponibles y prepa-
rados, nos vengan a dar una mano. El párroco… debe
dejarse ayudar y complementar en su misión con los
aportes valiosos de los laicos, sobre todo si estos son
educadores.
- Si es importante para el Párroco su cualifcación co-
mo sacerdote, debe serlo también su capacidad como
maestro de la fe, pero la cualifcación más necesaria es
la del testimonio.
… La escuela si es atendida debidamente desde la pastoral
se convierte en un precioso laboratorio de vida cristiana,
en fermento de apostolados, en territorio propicio para
promover un voluntariado con marcado acento vocacio-
nal, se convierte en una cantera de “buenos cristianos y
honrados ciudadanos”. Por eso un párroco que maneja
adecuadamente un alto nivel de IP, de Inteligencia Pasto-
ral (como lo dice José María Bautista), y logra un liderazgo
espiritual en la escuela, acompañando la experiencia de
la fe desde la pastoral escolar (como lo dice José Antonio
Solórzano Pérez OP), colaboradores de FERE en España,
estará asegurando un exitoso camino de renovación de
la vida parroquial, no al margen de la escuela, no contra la
escuela, no indiferente a la escuela, sino desde la educa-
ción. Y, como termina el Salmo, termino yo: “El que obra
así, nunca fallará” (Sal 14, 5).
El P. Walter Guillén Soto comentó que la parroquia debe acercar a la niñez y a la juventud
a Cristo.
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Introducción
Proponer el marco orientador de la pastoral que debe caracterizar a la escuela católica es un imperativo que nin-
guna escuela, que se diga católica, debe dejar de lado o dar por sentado, pues supone una profunda refexión sobre
nuestra misión evangelizadora, sobre la identidad que hemos de dar a nuestras instituciones. La formación que hemos
de brindar va más allá de llevar a cabo acciones religiosas en fechas específcas o en dar clases de moral. Debe ser
un trabajo que forme una cultura determinada, a través de una declaración y un instrumento para el diálogo con las
diversas instancias eclesiales. Un proyecto de educación católica no se debe limitar a describir lo que ya se viene ha-
ciendo, sino que impulsados por la misión recibida de la Iglesia, se desea señalar caminos por donde avanzar, a riesgo
de parecer utópicos en ocasiones…
El marco de la pastoral escolar es la escuela, en el más
pleno sentido de la palabra; no sólo como lugar de apren-
dizaje, sino como ámbito de vida,... favorece la formación
en las diferentes facetas de la persona y la interrelación
entre los individuos a muy diferentes niveles. Supera el
concepto reduccionista de clase o ámbito académico; y
desborda el programa ofcial de asignaturas. Tiende a
convertirse en “escuela de tiempo completo” (EC 24),
a fn de conseguir su fnalidad, que es la educación inte-
gral del individuo.
En sentido estricto, se llama pastoral a la dinámica
del proceso evangelizador que la Iglesia realiza con los ya
bautizados. En un sentido más amplio, hace referencia a
los destinatarios actuales de la escuela católica: los creyen-
tes, los “alejados”, y también los no creyentes.
… La escuela católica entra de lleno en la nueva evan-
gelización propugnada por Juan Pablo II, … que intenta
llegar a las raíces de la persona y de la cultura. Origina,
* H. Jesús Triguero Juanes, fms
* Doctor en Educación . Universidad Nacional de Madrid. España. Magíster en Administración Educacional. Pontifcia Universidad Católica de Chile. Presidente Na-
cional de FIDE-CONFIDE. Chile. Consejero de la CIEC – Cono Sur
H. Jesús Trigueros Juanes, fms.
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para ello, una pastoral esencialmente misionera, que se
desarrolla en dos vertientes concurrentes: pastoral de
conversión, dirigida a formar la identidad cristiana de
las personas; y pastoral de creación de la comunidad
eclesial, desde las pequeñas comunidades que se inser-
tan activamente en la sociedad, como fermento capaz de
evangelizar y crear nueva cultura.
En toda escuela, el proyecto educativo debe estar in-
tencionalmente dirigido a la promoción total de la perso-
na; también en la escuela católica. En ésta, lo que defne
su proyecto es “su referencia a la concepción cristiana de
la realidad” (EC33). En el proyecto educativo de la escuela
católica Jesucristo es el fundamento: El revela y promueve
el sentido nuevo de la existencia y la transforma, capa-
citando al hombre a vivir de manera divina, es decir, a
pensar, querer y actuar según el Evangelio.
En la medida en que este proyecto va siendo asimilado
por todos los miembros de la comunidad escolar, aunque
sea en grado diverso, “los principios evangélicos se con-
vierten en normas educativas, motivaciones interiores y al
mismo tiempo metas fnales” (EC 34)…
Hacia un proyecto educativo integral
La estructura escolar, como cualquier otra estructura, no
es neutra: transmite opciones y valores según la inten-
cionalidad de quienes la animan. En la escuela católica,
las estructuras responden a una intención evangelizado-
ra. No es posible, por tanto, hablar de escuela católica sin
referirse a la comunidad cristiana que le da el espíritu;
sin ésta, aquélla sería una estructura sin vida: al menos,
sin vida cristiana. Hemos de aclarar varios términos que
frecuentemente se emplean indiscriminadamente, con
poca ventaja para la pastoral de la escuela católica…
(Ver cuadro).
Podemos defnir la escuela como el conjunto orgá-
nico de estructuras educativas necesarias para llevar a la
práctica un proyecto educativo integral en determina-
dos niveles evolutivos de la persona. Cuando este pro-
yecto educativo asume una intención global clara-
mente evangelizadora y desde una perspectiva eclesial,
entonces hablamos de escuela católica.
Pero a su vez, este proyecto educativo evangelizador
sólo se sostiene si está apoyado e impulsado por una co-
munidad cristiana. Por tanto, el concepto escuela católi-
ca nos remite invariablemente a un doble fundamento: el
proyecto educativo que la justifca, y que se apoya a su
vez, en la comunidad cristiana que detenta esta misión
eclesial. Si alguno de los dos fundamentos falla, la escuela
católica se reduce a una estructura sin espíritu, bautizada
con un título que no le corresponde.
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La comunidad cristiana que anima la pastoral de una
escuela católica no se identifca, normalmente, con la co-
munidad educativa, aunque esté relacionada e incluso in-
tegrada en ella. Entre ambas puede establecerse una gran
correspondencia: El laico católico testigo de la fe en la
escuela, dice que: “La comunidad educativa debe as-
pirar a constituirse en la escuela católica en comunidad
cristiana, es decir, en verdadera comunidad de fe” (LCT
41)…. Así, la pequeña comunidad cristiana presente en la
comunidad educativa es garante del proceso de fe que se
realiza en la escuela.
Como toda otra escuela, y más que ninguna otra,
la escuela católica debe constituirse en comunidad que
tienda a la transmisión de valores de vida (EC 53). Ofre-
ce y experimenta un modelo de sociedad que el mundo
necesita a toda costa si quiere sobrevivir. Es, precisamen-
te, en relación a este concepto comunitario y alternati-
vo de escuela, donde la comunidad cristiana justifca su
existencia en el ámbito escolar. Ella aporta a la escuela
el signo de la Encarnación: Dios presente en lo humano.
La comunidad cristiana se sitúa dentro de lo específco
de la escuela: la transmisión de la cultura, la maduración
de la persona; y lo revela como lugar en el que Dios se
manifesta.
Cada uno de los que participan en la comunidad, en
cuanto están animados por la fe, viven y manifestan el
ministerio de forma complementaria a los otros, pero con
diferentes características, según su propia identidad: el
religioso y religiosa, desde su consagración de célibe
en comunidad; el laico, desde su vida más en contacto
con las realidades seculares y, probablemente desde su
matrimonio; el sacerdote, desde lo peculiar de su mi-
nisterio sacerdotal, puesto al servicio del ministerio de la
educación cristiana.
El Proyecto Educativo del colegio es una explicitación de la propuesta pedagógica que identifca y caracteriza a una
comunidad educativa y que se manifesta en un ideario institucional, una misión, un marco teórico doctrinal, la
lectura del medio situacional en el que dicha comunidad se inserta y un marco operativo que constituye la utopía
instrumental para una mejor organización del centro educativo. No es una utopía llena de ilusiones irrealizables, ni un
documento elaborado por el equipo directivo entre cuatro paredes, ni tampoco una respuesta a las exigencias del mo-
mento. Debe ser, entre otras cosas: una sucesión de ideas y objetivos sustentados en la realidad y factibles a mediano y
largo plazo, el resultado de la participación de los ejes de la comunidad educativa, es decir: padres, alumnos, docentes,
dirección y fnalmente tiene que ser un compromiso con la función educativa y una manera de cooperar con el logro
de los objetivos educacionales.
El proyecto está integrado por:
a) El ideario es un conjunto de convicciones profundas y opciones fundamentales, que manifestan la identidad de un
centro educativo tanto en su vida interna como en sus relaciones con el mundo exterior.
b) La misión es el objetivo central y el propósito más importante por el que trabajan y se esfuerzan los componentes
de una comunidad educativa; expresa lo que se pretende lograr en el ideario y enfatiza aquello que distingue a un
centro educativo de otro.
c) El marco teórico doctrinal corresponde a la etapa flosófca de toda institución. Es un referente de principios y
valores educativos, que fundamentan la actuación de los miembros en la comunidad educativa, con vistas a una
efectiva visualización práctica de los objetivos de la educación del centro.
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d) El marco situacional viene a ser el resultado del estudio del medio circundante local, provincial y nacional, a fn
de tomar conciencia, como centro educativo, de los hechos más signifcativos que confguran la realidad del colegio:
fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades.
e) El marco operacional expresa la utopía instrumental del centro educativo y determina quiénes son las personas
y cuáles son sus funciones para hacer realidad una renovación actualizada del colegio. Ofrece mecanismos organi-
zativos operacionales: organigrama, manual de funciones, manual de procedimientos, para que dicho proceso de
renovación sea asumido en forma participativa y corresponsable por todos los integrantes de la comunidad.
e) El Plan de Acción adquiere su signifcado cuando se concretizan, en proyectos viables, las prioridades tomadas por
el centro educativo.
El Proyecto Educativo de un centro escolar cumple con las siguientes fnalidades: defne la identidad del colegio, da
coherencia a la acción de los miembros de la comunidad educativa, facilita la identifcación personal con la institución,
explicita los objetivos y referentes valóricos, permite reorientar la gestión individual y grupal, sirve como referencia par
la admisión de nuevos componentes y actualiza la fnalidad del Colegio.
El Proyecto Pastoral tiene como fnalidad el promover
el itinerario cristiano dentro del Proyecto Educativo. Por
tanto, lo más característico del Proyecto de Pastoral es la
dirección que imprime a todo el proceso educativo, las
líneas de fuerza que impulsan y orientan dicho proceso,
haciéndolo avanzar como acción evangelizadora, garanti-
zando la coherencia de la acción educativa con el Carácter
Propio del centro educativo.
Debe considerar los diversos niveles de importancia
de la acción de la Iglesia, según el grado de proximidad
y de acuerdo con su signifcado respecto al fn último de
la Iglesia misma. Así distinguimos tres niveles operativos
que pueden ser diferenciados del siguiente modo:
a) El nivel del compromiso fundamental al servicio del
Reino de Dios. El primer rasgo esencial que caracteriza
la tarea de la Iglesia consiste en subrayar el hecho de
que ésta no existe para sí misma sino al servicio de un
proyecto divino que supera con mucho los límites de
la realidad y de la acción eclesial: el proyecto del Reino
de Dios. La venida del Reino de Dios, esta “utopía del
corazón humano”, constituye el anhelo supremo y el
punto de referencia de toda actividad en la Iglesia.
b) El nivel de las funciones o mediaciones eclesiales
para la actuación del Reino de Dios: El ideal del Reino,
del que la Iglesia constituye un germen y un comienzo,
se hace presente y visible en el mundo en cuatro for-
mas fundamentales de presencia eclesial:
* Como Reino realizado en el amor y en el servicio fra-
terno (signo de la diaconía)
* Como Reino vivido en la fraternidad y en la comunión
(signo de la koinonía)
* Como Reino proclamado en el anuncio liberador del
Evangelio (signo del kerigma)
* Como Reino celebrado en ritos festivos y liberadores
en la liturgia (signo liturgia)
c) El nivel de los agentes y condicionamientos persona-
les e institucionales. En este punto se encuentran todas
aquellas exigencias de personas, estructuras y orga-
nizaciones necesarias para que la comunidad eclesial
pueda llevar a cabo sus funciones esenciales, como vi-
sibilidad histórica del proyecto del Reino. Todas las ac-
tividades que tienen relación con este nivel personal y
organizativo son también parte integrante del conjunto
de la praxis eclesial, e inciden de un modo muy relevan-
te sobre el signifcado global de la labor de la Iglesia en
cuanto servicio del Reino de Dios en el mundo.
La acción pastoral de la escuela católica se desarrolla
en varios niveles, atendiendo a la situación en que se en-
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cuentran los diferentes destinatarios respecto a la fe, pero
también a las diversas facetas en que ha de madurar la
personalidad. De forma un tanto convencional podemos
representar los niveles del proceso evangelizador de la
escuela católica como tres círculos concéntricos, a cuyo in-
terior sólo se accede pasando por los más externos. Cada
uno de ellos expone y profundiza una propuesta, no una
imposición. Debe contar con la libertad de la persona,
para acogerla o rechazarla, pues el acto de fe es respuesta
del hombre libre a la Palabra de Dios.
Primer círculo: personalización o “pedagogía del
umbral”. El objetivo de este primer círculo se centra en
hacer pasar de una situación previa de pasividad en el
mundo a una situación crítica y activa: la persona se sitúa
en el mundo críticamente (aprende a leerlo y a descubrir
su signifcado) y activamente (viviendo según unos valo-
res). Es la propuesta de un modo de ser y de estar en el
mundo, es decir, el estilo cristiano ante la vida, la sociedad
y Dios mismo. Descubre, ante todo, el valor de la persona,
no aisladamente sino en referencia a los otros. En el pro-
ceso de evangelización, este nivel tiene ya sentido en sí
mismo, pues la personalización es el primer efecto de la
Buena Nueva. Al mismo tiempo, es pedagogía del um-
bral, en cuanto que pone al hombre en camino: lo educa
en aquellas dimensiones que le permiten profundizar en
su propio misterio hasta llegar al umbral de la fe.
Tres aspectos o “sectores” han de tenerse en cuenta
para una adecuada personalización:
1. Educar en valores: la escuela católica desarrolla
una pedagogía de los valores que se fundamenta en la
prioridad al respeto al otro, la solidaridad responsable, la
creatividad y la interioridad, según la inspiración evangé-
lica del amor cristiano. Educando en los valores y para los
valores, la escuela “forma al hombre desde dentro, lo libera
de los condicionamientos que pudieran impedirle vivir ple-
namente como hombre” (EC 29).
2. Educar en la esperanza o educar para la utopía
es cultivar expectativas, preparar hombres que se nieguen
a aceptar la realidad actual como única realidad posible y se
empeñen en su transformación. Educar en la esperanza
es educar en el valor de la vida, su signifcado y su destino,
el sentido del más allá, la superación de las estructuras, la
capacidad de mejorar el presente. Desde este sector de la
pedagogía del umbral, la escuela católica… debe mos-
trar que el hombre no se completa sino sobrepasándose
y abriéndose a Dios, y que “el mensaje cristiano no aparta
a los hombres de la edifcación del mundo ni los lleva a
despreocuparse del bien ajeno; sino que, al contrario, les
impone como deber el hacerlo” (GS 34.3).
3. Educar para la búsqueda que supone: desarrollar
la capacidad de preguntarse, y no sólo de aprender; desa-
rrollar la capacidad crítica y transformadora, y no sólo de
integrarse en el sistema; desarrollar la apertura al Misterio,
descubrir el sentido sacramental de la vida y del mundo,
en lugar de proponer un descubrimiento científco pero
opaco de la realidad. Todo lo que es propio de este primer
nivel debe ser programado desde el Proyecto Educativo,
del Proyecto Curricular y del Proyecto Pastoral.
Segundo círculo: el diálogo fe-cultura. Dos tareas, se
imponen en este nivel:
1. Evangelización de la cultura: La escuela católica
proporciona las claves y el discernimiento humano y cris-
tiano para que el saber, unido a las destrezas y a los
valores, adquiera sentido y signifcación, y se transforme
así en cultura, capaz de estructurar el pensamiento de la
persona. En la práctica, es una tarea delicada y discreta,
pero irrenunciable, que ha de concretarse en cada área
de contenidos. El riesgo de la escuela católica actual está
en descuidar esta tarea de evangelización de la cultura, y
refugiar su identidad en un plan de actividades religiosas.
Su primer problema no es el de la propuesta de la fe, sino
el de la transmisión de una cultura abierta a las dimen-
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siones espirituales y religiosas, a perspectivas cristianas y
evangélicas.
2. Inculturación de la fe: es la propuesta del sen-
tido cristiano del mundo, del hombre y de la historia, la
exposición de las claves cristianas de interpretación de las
experiencias vitales del alumno, el anuncio del Mensaje
de Salvación. La aportación principal de la enseñan-
za religiosa escolar al proceso de educación de la fe
consiste en la formulación racional cultural de la identidad
cristiana, y la posibilidad de integrar el saber religioso entre
el conjunto de saberes humanos como un elemento crítico
y direccional.
Tercer círculo: la catequesis explicita de iniciación;
que se defne como un proceso de conversión a Cristo
que culmina con la plena incorporación a la comunidad
cristiana y se manifesta en el compromiso vital por el Rei-
no de Dios. El núcleo de este tercer círculo se encuentra
en el grupo de profundización en la fe, donde se desarro-
lla el proceso catecumenal, y donde convergen o toman
consistencia todos los otros elementos catequísticos. Por
supuesto, el proceso no está sujeto al ámbito académico
de los cursos escolares, sino que se prolonga más allá de
la estancia del alumno en el colegio, hasta enlazar con
otras estructuras eclesiales que faciliten la vivencia y el
compromiso de la fe: las comunidades parroquiales, para
la gran mayoría; para algunos, las comunidades consa-
gradas, movimientos y sociedades de tipo apostólico, la
propia comunidad cristiana del centro educativo, etc.
Criterios para la colaboración escuela - parroquia.
1. Tanto la parroquia como la escuela católica son institu-
ciones para la obra evangelizadora de la diócesis. Am-
bas han de realizar este servicio con un espíritu sincero
de colaboración, respetando la naturaleza e identidad
propia de cada una de ellas.
2. Parroquia y comunidad cristiana escolar están direc-
tamente implicadas en la Iniciación cristiana, por sus
respectivas misiones en la diócesis. A la parroquia le
corresponde la primera responsabilidad en la Iniciación,
labor que puede ejercer por sí misma o a través de las
comunidades relacionadas con ella.
3. Cuando los destinatarios son comunes, ha de buscarse,
por encima de cualquier competencia, el mayor bien
para ellos, procurando la coordinación y complemen-
tariedad de acciones, y la mayor efcacia a partir de las
posibilidades reales de cada comunidad.
4. La elaboración de los planes de acción pastorales han
de ser fruto de la mutua comunicación y entendimien-
to entre los diversos agentes implicados…
Para que la escuela católica se integre en la iglesia lo-
cal es necesario que haya una voluntad decidida, por
parte de la comunidad cristiana de la escuela católica,
de integrar su labor dentro de la pastoral de conjunto de
la Iglesia local. En la práctica, requiere que los respon-
sables locales estén en relación con los organismos co-
rrespondientes a nivel de diócesis y parroquia, e incluso
que se participe activamente, pues lo más valioso será la
colaboración de las personas en acciones que estén en
relación con el propio carisma; por ejemplo, apoyando
decididamente las escuelas de catequistas, o los grupos
cristianos de profesores, o los catecumenados de jóvenes
y de adultos.
Finalmente, es necesario que desde la escuela se
establezcan lazos de conexión con las instituciones
eclesiales a las que han de incorporarse los jóvenes
una vez terminada la vida escolar: ocasiones concre-
tas de encuentro entre los alumnos (sobre todo de los
grupos cristianos) con sus respectivas parroquias, con la
diócesis, con movimientos juveniles eclesiales
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Por tercer año consecutivo se ce-
lebrará el Día de la Familia, un esfuerzo
de la sociedad civil para fortalecer a la
célula básica de la sociedad.
El Consejo de la Comunicación, la
voz de las empresas y de la sociedad
civil participativa de México, fue la insti-
tución encargada de presentar esta ce-
lebración como propuesta a las autori-
dades nacionales y a la fecha se encarga
de coordinar las actividades de difusión
sobre este festejo, sin embargo, para
el director del Consejo el Lic. Salvador
Villalobos, el Día de la Familia: “es un día
de la sociedad, de las escuelas de las personas, de todos,
no es una celebración del Consejo, no es una actividad
de nosotros o para nosotros, tampoco es un día para co-
mercializarlo o para fomentar el consumo; es un día para
consolidar todos los esfuerzos que las familias han hecho
para mejorar, para comunicarse, para integrarse”.
Así pues, la Revista CNEP platicó con Salvador Villa-
lobos, quien realmente se ha comprometido con la causa
de la familia mexicana y que con gran entusiamo invita
a todos los miembros de la sociedad a fortalecer a esta
importante institución social.
REVISTA CNEP, (RC): ¿Qué logros se han tenido des-
pués de tres años de celebrar el Día de la Familia?
SALVADOR VILLALOBOS, (SV): Hemos ido crecien-
do, hemos logrado que en muchos lugares se den impor-
tantes movilizaciones el primer domin-
go de marzo, día en que se festeja a la
familia, por ejemplo, en Durango se or-
ganizó la caminata del día de la familia y
se congregaron 100 mil personas.
Sin embargo, ahora se trata de dar
un mensaje, se trata de que si ya logra-
mos juntar a la gente con motivo de la
familia, ahora les hagamos pensar, les
hagamos refexionar en la importancia
que tiene la familia para cada uno…
Uno es lo que su familia es, uno se mue-
ve, se motiva, hace o no por su familia,
y eso no lo debemos olvidar… Así que
ahora buscamos no sólo reunir a las fa-
milias, queremos que se comprometan
de verdad con su comunicación, con su integración, que-
remos que los padres y madres se comuniquen con sus
hijos, y viceversa…
RC: ¿Por qué parece que la familia ahora se está debilitan-
do como institución?
SV: Por muchos factores, el estrés, los problemas del tra-
bajo, la complicación en la que se ha convertido la vida
moderna…
Hay ahora un crecimiento de una cultura falsa, una
cultura que no apoya la vida, que no se interesa por los
valores, por la persona… una cultura de la muerte, que
lastima a la familia y que se esfuerza por desintegrarla…
Y ha tenido éxito… Algunos países tienen índices de des-
integración muy elevados, como es el caso de España.
En México, sabemos que el 60% de las familias no
resuelven sus problemas cotidianos, sólo los dejan pasar.
Entrevista con el Lic. Salvador Villalobos, Director General del Consejo de la Comunicación.
Lic. Salvador Villalobos
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Los miembros de las familias no hablan sobre sus valores
o sobre sus difcultades o intereses, simplemente no se
comunican correctamente y no se conocen.
Esto es alarmante pues entonces los padres no pueden
guiar a sus hijos. Las personas están viviendo solas, sin
vínculos.
RC: ¿Qué es lo difícil de esto?
SV: Lo difícil es que la gente se haga conciente de cómo
está su familia, que todos sepamos que es trabajo de to-
dos trabajar por la familia…
Cuando nosotros llegamos a las empresas y les deci-
mos, ‘Oye, fíjate que en la familia se aprenden los valores
y la gente aprende la forma de relacionarse, de sentir y
de amar”, nos dicen ‘¡Ay! ¡Qué bonito!’… Pero entonces
tenemos que ponernos a investigar y a mostrar con es-
tudios contundentes por qué la familia es importante y
entonces les podemos decir ‘¿Sabes que el 5 por ciento
de tus empleados no vino a trabajar hoy por problemas
familiares?’ y eso incide en la productividad de la empresa
y llamamos su atención…
RC: Entonces ¿ustedes han hecho ya varios estudios con
respecto a la familia y la sociedad?
SV: Sí, en efecto, primero hicimos uno sobre la familia en
México y sus problemas y ahí aprendimos mucho sobre
la situación actual que viven las familias. Los problemas
que tienen y encontramos que uno de los confictos más
importantes que debe atenderse es el de la falta de comu-
nicación. Este año nuestra campaña nuevamente trata de
hacernos refexionar sobre la importancia de la comuni-
cación, sobre el tiempo efectivo que dedicamos a hablar
con nuestros hijos.
El estudio indicaba que antes la comunicación era del
padre a la madre y de la madre a los hijos, ahora esto se
ha modifcado, en muchos casos para bien, pero juegan
ya un importante papel las nuevas tecnologías, ahora yo
le digo más veces a mi esposa que la amo a través de
mi celular que en persona. Y eso es bueno, también po-
demos chatear con los hijos y enviar mails a los abuelos,
pero no debemos dejar de lado el contacto personal.
Cuando nosotros pedimos fotos a la gente sobre la
familia todas muestran a personas tocándose, abrazán-
dose… Buscando el apapacho…
RC: ¿Sabes que apapacho quiere decir ‘abrazo que cura’?
SV: Pues fíjate que importante entonces es… La gente
lo necesita… Un estudio que nos envió el DIF asegura
que una de cada cuatro personas en México no se siente
apreciada por su familia…
RC: Eso es muy grave… Lo mismo que la falta de comu-
nicación entre padres e hijos que ustedes han puesto al
descubierto en sus campañas…
SV: Pero es real… Contamos con estudios que nos ha
compartido el DIF, en donde nos dicen que del 100 %
de las familias mexicanas, sólo el 40 % cuenta con reglas
claras. De ese 40% solo la mitad tiene establecidas con-
secuencias claras para las faltas. Así que nadie en México
obedece las reglas, porque no hay claridad en ellas desde
la familia.
La familia es una institución formadora, en ella se ad-
quiere la disiciplina, los valores. Los jóvenes piden reglas
y no parece que se las estemos dando, por eso debemos
ayudar a las familias a ser mejores.
Estamos invitando a todos los actores sociales a apoyar
a la familia, a ayudar a los padres a aprender a ser mejores
padres… Y es que no sabemos cómo hacerlo… De he-
cho podría decirte que no tenemos por qué saberlo, pues
nuestros hijos viven en momentos y situaciones diferen-
tes a las que nosotros vivimos. Necesitamos guías…
RC: ¿Qué puede hacer la escuela para apoyar a la familia?
SV: Mucho, yo diría que es fundamental su participación
pues las escuelas son lugares donde los hijos pasan mu-
cho tiempo, y a veces los padres sólo enviamos a los hi-
jos y ya, nos desentendemos. La escuela debe llamarnos,
debe convocarnos y hacernos partícipes de lo que en ella
sucede.
Las escuelas con Talleres para Padres hacen un mag-
nífco esfuerzo, que sabemos que es complicado, pero
que les conviene… ¿Sabes por qué? Porque una escue-
la con familias integradas es una escuela con mejores
resultados.
Ahora las escuelas invierten mucho en tecnología pues
es necesario para hablar de calidad, de estar a la vanguar-
dia… Pero deben invertir en formar a los padres, en darles
apoyo…
RC: ¿Cómo pueden apoyar las escuelas a los padres?
SV: Como decía, con talleres para padres, que no son un
gasto, se puede recuperar la inversión y hasta ganar con
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ella, pues las familias que quedan a gusto con una escuela
la recomiendan… Y puede ser que los niños que ahí estu-
diaron, al convertirse en padres, lleven ahí a sus hijos…
Es necesario contar con servicios de consejeros, tera-
peutas o incluso sacerdotes o religiosos que ayuden a las
parejas… Hay que buscar que los padres de familia que
están en nuestra comunidad recuerden lo que es el ma-
trimonio… Yo acabo de vivir una renovación matrimonial
en el taller para padres de la escuela a donde acuden mis
hijos, y fue muy bonito, muy motivante…
Estos talleres permiten que los padres de familia en-
cuentren a otros padres que pasan por los mismos proble-
mas, por situaciones iguales, y así comparten experiencias,
comprenden que no están solos y se apoyan…
Igual es necesario capacitar a las maestras y maestros
de grupo, para que cuando detecten cambios o bajas
en los niños, puedan ayudarlos. Los niños que cambian
su conducta o bajan su rendimiento están refejando un
problema, y el problema no es sólo de ellos, es de su
familia. La familia debe contar con la escuela para resol-
ver el problema de los hijos y tal vez el de los padres…
Por eso creemos que los profesionales de la psicología, de
la familia y del espíritu deben también estar cerca de las
escuelas.
También debemos tomar en cuenta que si tenemos
familias armónicas tendremos mejores alumnos, con me-
jores resultados.
RC: ¿Será posible probar esto?
SV: Eso estamos intentando… Este año vamos a presen-
tar un nuevo estudio que relaciona integración – desin-
tegración familia vs. Rendimiento escolar. El estudio lo
hicimos tomando como base los resultados de la Prueba
ENLACE, debido a que esta prueba es nacional. Se aplicó
una encuesta a las familias de las mejores escuelas y de
las peores. Están por darnos los resultados, pero podemos
aventurarnos y decir que las familias más integradas ayu-
dan más a sus hijos en los estudios.
Muchos estudios ya señalan que los hijos de padres
que inician un proceso de divorcio empiezan a bajar su
rendimiento académico…
RC: ¿Por qué es tan importante que una sociedad se
encargue de sus familias, de fortalecerlas y de que sean
armónicas?
SV: Porque nos conviene… Un niño solo, maltratado o
que crece con violencia o sin buena comunicación, un
niño sin la formación en valores que da la familia, es
un delincuente en potencia, una persona que no va a ser
productiva, una persona que se va drogar o se que va a
tener problemas de salud. Va a ser el que te asalte maña-
na o el que se convierta en un problema.
Tan sólo debemos pensar que en 50 por ciento de
los hogares en México una vez a la semana hay gritos o
violencia, y entonces entenderemos por qué nuestra so-
ciedad se ha vuelto tan complicada.
Por eso insistemos que a las empresas les convie-
ne apoyar a sus empleados a resolver sus problemas
familiares, pues eso incide en la productividad de los
empleados.
A las escuelas también les conviene, como ya vimos,
pero la escuela además, es el lugar que la sociedad ha
diseñado para aprender, para guiar, para acompañar, es
un lugar de servicio… Y más la escuela católica, que por
su inspiración se ocupan de formar personas dignas, más
humanas. Ellas pueden ayudar a los padres si en verdad
lo planean.
Por eso pedimos su apoyo, pues sabemos que tienen
el conocimiento y la fuerza para hacerlo.
RC: ¿Qué podemos esperar del Día de la Familia?
SV: Que sea la culminación de un tiempo de trabajo y de
refexión, en donde todos tratamos de mejorar a nuestra
propia familia, de mejorar nuestra comunicación.
Por eso quiero decirles que el Día de la Familia es de
ustedes, de las escuelas, de las personas, de las empre-
sas, de la sociedad mexicana. Nosotros, como Consejo
de la Comunicación nos encargamos de hacer ruido, de
promover este fortalecimiento de las familias, pero no
sabemos qué se necesita para hacer mejores familias,
no sabemos qué se necesita para que haya más partici-
pación, para que el entusiasmo se contagie, para que la
gente refexione.
Ponemos a sus órdenes todas nuestras herramientas y
nuestras habilidades para apoyar los esfuerzos que cada
escuela, cada empresa o cada municipio haga para que
nuestras familias se unan, y estamos dispuestos a trabajar
y a investigar y difundir todo lo que hemos aprendido,
pero en la sociedad está la última palabra; en cada uno
está el poder de transformar a su familia.
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“Nada debe parecer imposible de cambiar”
Bertolt Brecht
Entre agosto y noviembre del año 2006 y con moti-
vo de hacer un trabajo de campo para una investigación,
me encontré compartiendo jornadas completas en las
salas de profesores de una docena de escuelas secun-
darias de la ciudad de Córdoba. Como el trabajo era a
partir de encuestas sobre adicciones, el intercambio con
los docentes era esperable. Sin embargo el motivo del
trabajo resultó ser un disparador para conocer cuál era la
postura con que cada docente asumía su rol. Dos frases
resumen las que más llamaron mi atención: “los chicos
refejan lo que son las familias, cuando llegan a nosotros
ya no podemos hacer nada” y “sólo necesitan que sea-
mos carceleros, no maestros.” Casi al mismo tiempo, una
suplencia en una escuela ubicada a escasos kilómetros de
la capital de Córdoba, zona rural, me sorprendió con co-
mentarios de colegas en esa misma línea: “No te esfuer-
ces, ellos no estudian, su suerte ya está echada” y “¡Ah!
no podemos sancionarlos, ni reprobarlos.” Finalmente
allí estaban ellos, los chicos, preguntándome, después de
más de medio año de horas libres en la materia...“Seño,
¿para qué nos sirve aprender esto?”
Ante tantas cuestiones y afrmaciones también yo
comencé a preguntarme... ¿Desde dónde y para qué edu-
camos en una sociedad que se dice plural, donde las inter-
pretaciones sobre la misma realidad -que sirven de mar-
co para nuestras prácticas pedagógicas- varían según los
enfoques éticos y antropológicos en los que nos posicio-
namos? Pero la pregunta real resultaba ser más personal
y sencilla, ¿desde qué actitud educamos?
Arribamos a estos interrogantes descubriendo dos ex-
tremos que se vislumbran en las prácticas docentes, “es-
perar” y “desesperar”, términos que como sabemos no se
dan por separado, sino que se suceden pendularmente en
la tensión de dichas prácticas. Dos defniciones que en-
contramos en Gabriel Marcel como “amar” y “capitular”.
Partiremos de esta última, porque refeja lo que disparó
nuestra refexión.
“Capitular, en el sentido estricto del término, no es sólo,
y quizá no es en absoluto, aceptar la sentencia emitida, o
reconocer lo inevitable como tal. Es declararse derrotado
en presencia de esa sentencia... Es en el fondo, renunciar a
seguir siendo uno mismo, estar fascinado por la idea de la
propia destrucción hasta el punto de anticipársele”.
1
El opuesto: “Amar a un ser es esperar de él algo inde-
fnible, imprevisible; es a la vez darle en cierto modo el
medio por el cual podrá responder a esa espera. Sí, por
paradójico que pueda parecer, esperar es, en cierto modo,
dar...”
2
Entendemos que el acto de enseñanza-aprendizaje
no está ajeno al mundo, la tensión que hoy desafía a los
docentes, tanto como a los alumnos, nos pone en estre-
cha relación con las problemáticas sociales. Entre ellas, la
violencia en todas sus formas, desde la negligencia buro-
Por: Ana Cristina Pepe

*

1.
*
Licenciada en Filosofía, Miembro del Instituto Emmanuel Mounier Argentina.
1. G. MARCEL: Prolegómenos para una metafísica de la esperanza, Ed. Nova, Buenos Aires, 1944, p. 42. 2. Idem, p. 55.
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crática estatal hasta el maltrato físico y psicológico, resulta
ser el espacio cotidiano de muchos niños y jóvenes. Pero
por este mismo contexto, la escuela se ha convertido en
algunas comunidades en el único y último ámbito don-
de es posible reconocer y adquirir valores. Entonces este
“acto de enseñanza-aprendizaje” puede volverse un acto
de justicia.
Hoy más que nunca el conocimiento signifca poder y,
si en nuestro caso, se pone al servicio de una búsqueda
continua por igualar oportunidades, es la posibilidad de
“construir la equidad en contextos multiculturales”, como
afrma A. Bishop, pero para esto es necesario pensarla
nuevamente como un “proceso”, de “naturaleza social,
humano y esencialmente interpersonal”.
3

Si acordamos que el propósito de la educación es
mucho más que transmisión de conocimientos, porque
se orienta al desarrollo de la identidad que permite a los
sujetos que se responsabilicen de sus actos, nos encon-
tramos, como docentes en una posición privilegiada, y a
la vez comprometedora. Entonces la indiferencia o el ais-
lamiento, actitudes comunes como las que expusimos al
comienzo y que sirven para evadir nuestra responsabili-
dad, nos pueden servir también para el reconocimiento y
análisis de las prácticas, ya que nuestras actitudes son las
herramientas directas que ofrecemos a los alumnos para
su formación. Como indica la sabiduría popular “un ejem-
plo vale más que mil palabras”. Y ejemplos hay muchos, y
en todas direcciones...
Organización y transmisión del conocimiento, apren-
dizaje y enseñanza, convivencia, articulación de necesida-
des y recursos en favor de la equidad, es algo de todo lo
que muchos docentes logran en la interacción escolar, en
fn, lo que en muchos docentes también sintetiza la frase:
“hacer un mundo mejor”. Sin embargo...“No se hace un
mundo mejor si nuestro interior está mal”.
4
Esta enunciación de Carlos Díaz nos pone a tiro de lo
que debiera ser una rutina en nuestro trabajo docente: re-
visar nuestro interior. No basta pensar en el sustento teó-
rico ni en el metodológico, si no albergamos la esperanza
de interactuar con los alumnos, para que ellos decidan, en
el momento oportuno, qué quieren ser y cómo quieren
contribuir a la construcción de este mundo. Esto se trans-
mite desde una postura vital crítica frente a nuestras pro-
pias capacidades, habilidades y juicios, no desde la práctica
repetitiva y ajena, que no sólo cierra el tiempo y las posibi-
lidades del alumno, sino también de nosotros, los docentes,
que “desesperados” ya no formamos parte de la alternati-
va, sino que reproducimos en las aulas el mismo mundo
individualista y mercantilista. Cada uno conoce el motivo
que lo lleva a ser docente, y más, como adulto, no puede
desconocer la responsabilidad que conlleva trabajar en la
brecha de un presente que abre o cierra posibilidades al fu-
turo. Revisar nuestras prácticas no nos hace invulnerables,
sin embargo, la fragilidad es parte de la condición humana,
tanto como la creatividad y la confanza que posibilitan las
relaciones comprometidas con los otros.
J. C. Tedesco hace referencia a un dinamismo que
debe existir a la hora de pensar en educación: “Formar
3. A. J. BISHOP: Enculturación matemática. Desde una perspectiva cultural. Ed. Paidos, 1999, s/d. Cap. 1: “Hacia una manera de conocer”, p. 31.
4. C. DIAZ: Filosofía de la razón cálida, Editorial Mounier, Córdoba, 2005, p. 23.
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para utilizar los mayores espacios de libertad y para cons-
truir su propia identidad, reconociendo la del otro, supone
articulaciones distintas entre escuela y familia, medios de
comunicación, empresas e instituciones políticas, así como
articulaciones distintas entre lo básico y lo cambiante en el
desarrollo de la personalidad.”
5

Esto supone tiempo y capacitación, por lo que pode-
mos encontrarnos con nuevos-viejos interrogantes, ¿qué
sentido reviste la capacitación docente, inicial y perma-
nente, sin una resignifcación del ofcio docente?, ¿qué
hacer ante el desprestigio que el rol del docente tiene
en muchos ámbitos, como el estatal, familiar, y hasta de
los mismos pares?, que como vimos, se suman a este de-
rrotero. Comencemos por casa, resignifquemos nuestra
labor primero en nosotros mismos, confando que este
posicionamiento se contagiará a otros, para luego trascen-
der a la comunidad. Son numerosos los ejemplos de redes
comunitarias que en nuestro país y en Latinoamérica han
cambiado la realidad de miles de jóvenes, por supuesto
no de un día para otro, pero para que existan estos pro-
cesos se necesitan personas comprometidas en el tiempo,
y esto nos corresponde primero como adultos y mucho
más como docentes. Vidas-testimonios son escuelas que
andan, y si aun dudamos recordemos que muchos de
nosotros hemos seguido esta vocación contagiados por
algún docente que durante nuestros años de estudios
acompañó y encauzó nuestro crecimiento.

En síntesis, nos sentimos comprometidos en la forma-
ción de personas libres y, por ende, responsables y críti-
cas, que pueden descubrir su originalidad, y de ese modo
tomar una postura frente a los comportamientos masif-
cados que proponen como estilo de vida la globalización.
Y para ello, como docentes, debemos arriesgarnos a vivir
los valores que reclamamos en la sociedad, como decía
Gandhi: “Debemos ser el cambio que deseamos ver en
el mundo”. En este sentido e interpretando la defnición
de Marcel, amar es esperar, esperar es donar tiempo y
donar tiempo es ¡darnos! Esta actitud que está presente
en muchísimos docentes hace posible el doble milagro
que es la escuela, es decir, tanto la transmisión de una
herencia cultural, como la posibilidad concreta de dejarse
transformar por lo nuevo.
5. J. C. TEDESCO: El nuevo pacto educativo. Educación competitividad y ciudadanía en la sociedad moderna. Grupo Anaya, Buenos Aires, 1995, pág. 102.