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Revista Línea Imaginaria, Año 2, Nº 3 - Junio 2007. pp.

75-89
Revista de Investigación de Estudios Sociales y de Frontera
Núcleo Interdisciplinario de Estudios Regionales y de Frontera.
Universidad Pedagógica Experimental Libertador-Venezuela

Hannah Arendt: Reflexiones en torno a la idea de Poder y Política.


Hannah Arendt: Reflections around the ideas of Power and Politics

Lino Latella Calderón


Universidad Católica Cecilio Acosta
Facultad de Filosofía y Teología
Maracaibo-Venezuela

Resumen

El siguiente trabajo se propone llevar a cabo un conjunto de reflexiones orientadoras sobre la


naturaleza del poder y sus consecuencias en el hacer de la actividad política. Nos basamos en una crítica
de la idea tradicional del poder, a la vez que asumimos el modelo de la teoría política de Arendt como
soporte para la interpretación de los factores que inciden en la condición humana y para el análisis crítico
del panorama actual de la política y el estado presente de degradación de los valores morales y políticos
de la civilización occidental.

Palabras Clave: poder, acción, coerción, espacio público, Arendt.

Summary

The objective of the following work is to realize a series of reflections that will give an
orientation about the nature of power and its consequences on the political activity. The work is founded
on the criticism to the traditional idea of power, and at the same time, we assume the model of Arendt’s
political theory as a support to interpret the factors that have influence on the political conditions of the
human being and on the critical analysis of the actual political and state scene, as degraders of the moral
and political values of the Occidental civilization.

Key words: power, action, coercion, public space, Arendt.

1. Introducción

El término poder hace alusión a la capacidad de algo o de alguien para producir determinados
efectos o resultados. Pero cuando hablamos del poder en el ámbito comunitario o político, pensamos en
la posibilidad de cualquier hombre de actuar en lo público; de entender los asuntos de la cosa pública
como aquellos que tienen lugar dentro de un espacio plural del mutuo aparecer de los unos ante los otros,
un espacio interactivo en el que el exhibirse de los seres humanos es recíproco. Tradicionalmente esta
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posibilidad de entender el poder queda trastocada en la forma del dominio del hombre sobre el hombre,
es decir, en aquel supuesto derecho, objeto de la filosofía política, que adquieren algunos de gobernar o
mandar sobre los otros, practicándose este poder como forma de fuerza, coacción, o determinación.
En las reflexiones que siguen quisiéramos introducir algunos elementos del pensamiento de
Hannah Arendt que nos ayuden a analizar la naturaleza y las características del poder en la vida social y
cultural. Porque Precisamente su pensamiento en torno al poder político se aparta de la tradición
filosófica y sociológica de todos los conceptos políticos, todos más o menos comprometidos con aquel
que desde Platón se ha convertido en lugar común: la convicción según la cual, allí donde hay política
está vigente una relación asimétrica entre el que manda y el que obedece; que por otra parte, interpreta el
poder y la violencia como un binomio inseparable, hasta el punto de que se considera la violencia como
una manifestación del poder. El poder Arendt lo interpreta como consenso, como acuerdos,
coordinación, su naturaleza se expresa en el tejido pluralista de una política participativa. Generalmente
se ha creído que en la política lo que se busca es una forma de poder expresada como coerción. La
reflexión de Arendt puede ser interpretada como el esfuerzo fijo y constante de separar y desembarazar el
concepto del poder del concepto de la violencia, la coerción o el gobierno. Considera que el poder es una
potencialidad presente en todos los seres humanos que son libres. El poder es aquello que aparece y se
otorga dentro de la pluralidad natural y consistente de toda reunión humana, y se basa precisamente en
dicha pluralidad en aras de la consecución de fines que son comunes.
Se podría considerar como novedosa, tal vez, utópica está idea de poder frente a su
interpretación tradicional basada en la coerción y la fuerza. Veremos como estos últimos elementos son
los que despojan del auténtico poder a los actores de la escena pública; una política fundada en el poder
arendtiano significa que la potencialidad de cada ser humano pueda ser desarrollada mediante la acción.

2. El Poder ante la Coerción y el Dominio.

¿En qué consiste pues, el poder, cuando la esfera pública cobra existencia al reunirse la gente
para actuar? Veamos lo que dice Arendt:

El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras
no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para
velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y
destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades.
(Arendt, 1993:223)
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Visto así el poder se convierte en el factor cardinal de la vida y del desarrollo del espacio público
y es lo que mantiene su existencia en el tiempo, otorgando razón de ser a su realidad. Nace, al igual que
todo espacio de aparición, del vivir juntas las personas, y su único requisito es el permanecer unidos. La
potencialidad del poder consiste en actuar juntos los seres humanos, lo que hace posible toda la riqueza,
desarrollo y efectividad de la acción.
El poder desaparece en el preciso momento en que se dispersan los hombres, cuando esto ocurre
se distorsiona el sentido y la finalidad de las organizaciones y los sistemas políticos. Poseyendo un
carácter potencial, experimentado en la acción conjunta, el poder propuesto por Arendt se opone
radicalmente a la fuerza, que se comprende como el atributo natural de un individuo que se mueve en el
aislamiento, ejemplo de esto es la tiranía de uno solo sobre el resto de su grupo. La efectividad y la
maravilla del poder está en descubrir y mantener la esfera pública de los asuntos humanos donde antes
imperaba la coerción y la fuerza. El poder tiene la capacidad de establecer nuevas relaciones, es creador
de una red intersubjetiva de ideas y juicios que identifica a los sujetos políticos y permite su revelación
como libertades que se mueven dentro de una dinámica que asemeja el espíritu de cada individuo al
espíritu de la polis, nos convertimos en una polis, somos una polis en el momento en que praxis y lexis
conforman la condición del hacerse de la política en todos sus espacios posibles.
La fuerza, en sí misma, no tiene argumentos contra el poder del que hablamos, su alternativa
frente al poder es la violencia, que uno o algunos ejercen contra sus semejantes cuando se hacen de los
medios para ejercerla:

Bajo las condiciones de la vida humana, la única alternativa al poder no es la fortaleza


(...) sino la fuerza, que un solo hombre puede ejercer contra sus semejantes y de la que
uno o unos pocos cabe que posean el monopolio al hacerse con los medios de la
violencia. Pero si bien la violencia es capaz de destruir el poder, nunca puede
convertirse en su sustituto. De ahí resulta la no infrecuente combinación política de
fuerza y carencia de poder, impotente despliegue de fuerzas que se consumen así
mismas, a menudo de manera espectacular y vehemente pero en completa futilidad, no
dejando tras sí monumentos ni relatos, apenas con el justo recuerdo para entrar en la
historia. (Arendt, 1993:225)

Nunca la fuerza puede ser el equivalente del poder, mucho menos presentarse como sustituto
alternativo. La tiranía, por ejemplo, genera una impotencia general porque contradice la condición
humana de la pluralidad, impide el desarrollo de una verdadera polis como organización política, separa a
los hombres, impone el silencio y destruye el espacio de aparición al que potencialmente pertenecemos
todos.
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Se ha afirmado que la política va detrás del poder como expresión del control y del dominio.
Arendt considera en cambio, que el poder es un prerrequisito para la acción, es condición de la auténtica
política y todos los hombres y mujeres lo poseen naturalmente. La esencia del poder es el resultado de lo
que se produce en diálogo en aras de la consecución de fines comunes. Desde la visión de Arendt no es el
poder, por lo tanto, lo que ha tergiversado el sentido de la auténtica política, sino una especie de
actuación que podemos denominar como coerción y que se ha ejercido a través de los mecanismos
institucionalizados bajo el dominio arbitrario de sistemas o grupos.

El poder: corresponde a la capacidad humana no sólo de actuar sino de actuar en


concierto. El poder no es nunca propiedad de un individuo; pertenece al grupo y
existe sólo mientras éste no se desintegra. (Arendt, 1970:41)

Pero hay que reconocer que existe siempre la tentación de ver el poder en términos de
mando y obediencia y, por lo tanto, igualar poder y violencia en una discusión acerca
de lo que es sólo un caso especial de poder; esto es, el poder gubernamental. (Arendt,
1970:44)

Como factor de la riqueza interior de cada ser humano, el poder debe ser un fin en sí mismo, y
debe estar orientado a la acción en común dentro de una praxis humana con el propósito de aplicarse en
el espacio público-político no deformado por mecanismos de control instrumental. La política propuesta
por Arendt es siempre una acción libre que requiere del espacio de aparición en el cual los hombres se
reúnen y actúan de manera concertada descubriendo el poder que la pluralidad humana les otorga a todos
por igual.

3. El Espacio Público para el Ejercicio del Poder

El desarrollo de la política en la esfera pública no puede crearse de una vez y para siempre; las
instituciones que representan el estado y la sociedad civil son solamente algunas de las condiciones
previas de la política, son el marco o escenario para el espacio de aparición, pero sin el encuentro de los
seres humanos están vacías e inermes. Por sí mismas no garantizan el desarrollo de una comunidad
pluralista y participativa; a lo más pueden dar la sensación de que existe un sistema de instituciones
garantes de un orden, que la mayoría de las veces es la expresión de la coerción estatal que asegura
legalmente la disciplina y obediencia de todos aquellos grupos que disienten.
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La política plural y participativa sólo aparece cuando los individuos se identifican con los
asuntos públicos más que con sus propios intereses privados; haciendo posible así un marco de vida que
trasciende lo meramente dado. Esto ocurre cuando surge el espacio de aparición, demostrando que la
verdadera naturaleza de la política y lo más elevado de la condición humana, consiste en el diálogo
intersubjetivo que acepta como condición necesaria el respeto de la alteridad, de modo que todos los
seres humanos puedan introducir cambios estructurales dentro de relaciones de convivencia.
La política dentro de un espacio común se da cuando el “yo” aparece dentro de la perspectiva del
otro, siendo percibido como un nosotros; es aquí donde se produce la realidad de un universo
intersubjetivo. En este sentido, hablar de interacción humana, constituida como un entrelazamiento de
perspectivas permite no sólo la emergencia del otro, sino el surgimiento de un tejido común que se
traducirá en la posibilidad de que se adopten y se comprendan los diferentes puntos de vista implicados
en la acción. Esto supone, siguiendo el concepto de poder de Arendt, una identificación de los
ciudadanos que permita el logro de acuerdos mutuos para los fines de la acción; oponiéndose este
comportamiento a su identificación como sujetos que sólo defiendan intereses individuales dentro del
sistema político.
Esta concepción del poder y de la política procura la contrastación de diversos y disímiles
puntos de vista en el movimiento de los asuntos humanos; esto se produce a través del discurso y la
acción, aquellos factores de la condición humana que hacen posible la vida en comunidad y pluralidad.
La preocupación mayor en Arendt es descubrir la significación que tiene la dimensión política de la vida
para el ser humano. A través de la política y su instrumento la acción propone a cada individuo asumir la
responsabilidad de su propia existencia, a liberarse de toda forma de alienación y conformismo con el
sistema de cosas imperante, que de otra manera, nos obligaría a adaptarnos y a sucumbir al imperio de las
fuerzas y controles que nos son extrínsecos. La afirmación de una libertad mediante los instrumentos del
poder potencial y la acción intersubjetiva sólo puede plasmarse, a través, de la lucha contra las formas de
poderes dominantes y alienantes, produciéndose así un proceso de recuperación del sentido de la
existencia sobre la base de posibles y nuevos espacios de aparición públicos.
De modo que debemos comprender y aceptar que en la política aunque se plantea una distinción
singular de cada uno de los individuos, todos tienen iguales derechos al reconocimiento y a la solidaridad
respecto de sus necesidades e intereses particulares.
La base de la esfera pública está en el intercambio libre y pluralista entre los ciudadanos y en los
acuerdos que ellos logran, lo que origina un poder legítimo, que se contrapone al histórico ejercicio
procedimentalista del aparato gubernativo de carácter egoísta y coercitivo.
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La política se basa sobre un hecho: la pluralidad humana". La condición humana se afirma por la
equivalencia del vivir, es decir, del hecho de ocupar un lugar en el mundo que es siempre más viejo que
nosotros y que nos sobrevivirá, y del inter homines esse, es la pluralidad apareciendo específicamente
como "la condición per quam de toda vida política". "La pluralidad es la ley de la tierra" Vivir es
entonces para el hombre estar en medio de sus semejantes, en el seno de una polis y dejar de estar entre
los hombres es sinónimo de muerte. Describe la acción como la única actividad correspondiente a la
condición humana de la pluralidad, la única actividad que esta filósofo introduce directamente en
relación a los hombres. La política es entonces esencialmente acción, puesta en "relación", es decir, que
el objeto de la política es el mundo y no el hombre. En La condición humana, Arendt opone el mundo, la
tierra y la naturaleza: para que haya mundo, es necesario que existan no solamente las "producciones
humanas", los "objetos fabricados por la mano del hombre, sino que es igualmente necesario que existan
las "relaciones entre los habitantes de este mundo hecho por el hombre", las cuales no podrían reducirse a
las relaciones estrechas del trabajo. La misma vida del ermitaño en el desierto no podría concebirse sin la
existencia de un mundo que atestigüe la presencia de otros humanos.
Para Arendt el mundo propiamente llamado humano es este espacio cuya ley sería la pluralidad;
el mundo es lo que está entre nosotros, lo que nos separa y nos une. Lo propio de la pluralidad es la
acción, actuar es inaugurar, hacer aparecer algo por primera vez en público, añadir algo propio al mundo.
La libertad es posible entonces en la acción, ser libre y actuar es una y la misma cosa.
La política, antes que los decretos y discursos de carácter proselitista, emerge de la pura
capacidad de iniciar cosas que animan e inspiran a las actividades humanas. La libertad exige
instituciones jurídicas y políticas apropiadas, incluyendo un poder judicial independiente y una
universidad libre, por ejemplo. El individuo pierde libertad cuando se masifica, pero también cuando se
aísla en su vida privada. Solamente en la "polis" se adquiere, dice Arendt, "la facultad de ver realmente
las cosas desde diferentes lados". Es la marca de identidad de un pensamiento abierto y pluralista "la
capacidad de pensar poniéndose en el lugar de cualquier otra persona".
Este es un pensamiento que apela al sentido común, y que está inserto en la perspectiva de la
historia política vivida por la autora, la historia signada por los totalitarismos en la primera mitad del
siglo XX y por la ruptura de una tradición de valores y referencias que solo opera mediante la irrupción
de algo completamente nuevo, como lo fue el terror del sistema totalitarista, la forma de política capaz de
anular por completo la esfera pública.

4. Las Diversas Esferas de la Condición Humana.


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Se puede ubicar la propuesta arendtiana a la luz de una fenomenología política cuyo propósito es
investigar las actividades humanas desde la perspectiva de la experiencia. Arendt muestra una gran
preocupación por todo lo que aparece; por todo lo que es nuevo, un fenómeno no es algo aislado, sino
que presenta una faz compleja dado su relación con otros fenómenos.
Sus categorías como el poder y la acción, abren una perspectiva crítica sobre la modernidad y
sus fundamentos políticos y sociales, con un alcance que llega hasta nuestra situación contemporánea, en
la que especialmente su reflexión nos permite una visión reveladora o descubridora de las diferentes
instancias o estructuras de la realidad humana; lo cual en Arendt implica primordialmente redescubrir el
espacio de aparición de la política como la esfera privilegiada de la condición humana. Esta es una
posibilidad que ha dado vigencia y que acerca a muchos estudiosos de teoría política a su pensamiento.
¿Qué importancia revisten los sistemas políticos de sociedades como las nuestras? ¿Qué significa la
democracia y la libertad en el mundo contemporáneo?
En los análisis y las consideraciones de Arendt encontramos recursos para responder a estas
preguntas. En muchos sentidos, y a pesar de la distancia que nos separa de su experiencia como sujeto de
la polis, sus reflexiones son espejo para mirar o interpretar lo que pasa hoy en día en el mundo de la
política, de la economía, de las naciones, en momentos en que se ha desarrollado una forma de vida
basada en el crecimiento económico y la riqueza material, dando pie a una instrumentalización acelerada
de lo humano sometido a modelos ideológicos que se imponen sobre las iniciativas libres de individuos
creadores.
Para Arendt vivimos las circunstancias de un mundo que ha confundido y trastocado las distintas
esferas de la condición humana como son la labor, el trabajo y la acción respectivamente en su orden
jerárquico ascendente, actualmente es fácil corroborar, si fundamos nuestra observación en la teoría
arendtiana, que prácticamente todo trabajo se realiza a la manera de la labor sólo para obtener el básico y
necesario sustento. Por otra parte, el producto final del artificio humano que lo constituye la infinita
variedad de objetos duraderos, con los cuales desarrollamos nuestra vida en el mundo, y por los cuales
existe un mundo humano definido por sus propiedades específicas, ha desaparecido casi por completo, en
razón del consumo desenfrenado que impone el industrialismo moderno como modelo único de
actuación humana.
Esta vertiginosa carrera humana del consumo exige el agotamiento y la desaparición de todo lo
producido, con lo cual el trabajo del “homo faber” se transforma en labor. Después de su consumo todo
producto es inmediatamente reemplazado por un nuevo objeto que tendrá que ser consumido a su vez.
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De esta manera, la labor y el “animal laborans” ascienden al primer plano de las actividades
humanas. El análisis arendtiano del mundo contemporáneo demuestra que hoy en día todo se hace en
función de la supervivencia de la especie animal humana. Su enfoque sobre la modernidad nos permite
ver que todas las actividades y posibilidades humanas han sido reducidas a los peores aspectos de la
esfera del animal laborans, tan denigrada en su teoría.
Por su parte la acción política se ha convertido en un hacer y fabricar, perdiendo su carácter
revelador y creador de historia. Arendt ve una modernidad degradada y desequilibrada que inflige
diversos males a la condición humana.

5. Un Modelo de Pensamiento para la Democracia

Estas conclusiones de Arendt pueden parecernos pesimistas y lo son. Pero podemos insistir en los
aspectos más relevantes de su teoría en los que se halla el auténtico sentido y propósito de su reflexión; a
saber, redescubrir permanentemente la condición humana, la posibilidad de revelar una perspectiva nueva
en la dirección de los acontecimientos humanos. Su pensamiento se abre a la posibilidad de enfrentar
nuestra situación presente desde los recursos de sus originales parámetros. El más importante valor
teórico de Arendt consiste quizás en su fenomenología de la acción, entendida como esa capacidad de
convocar la aparición de lo inesperado, de que lo impredecible se deje ver en el mundo. Las
circunstancias nunca pueden determinarse absolutamente.
Así, cada uno de nosotros representa algo nuevo y distinto, con lo cual se garantiza un continuo
temporal que puede dar vida y desarrollo al espacio político de aparición de todos los seres humanos.
Las ideas de Arendt contienen una base material relevante para contribuir con una nueva ciencia
política basada en la acción, en la pluralidad y en la existencia de un mundo fenoménico en cuya
experiencia se revelen en su justa medida, las diversas estructuras de la condición humana.
Siguiendo la teoría arendtiana, es posible la promoción de una pluralidad de poderes que se
organicen en una poliarquía. Se trata de desarrollar un espacio público participativo a partir de los
instrumentos que el sistema democrático liberal sea capaz de rescatar. Este sistema ha producido una
desigualdad prácticamente insalvable entre los ciudadanos cuando se trata de intervenir en la política.
Los mecanismos eleccionarios de escogencia universal de los representantes no son más que una forma
instrumentalizada para permitir que la mayoría gobernada seleccione una élite gobernante totalmente
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divorciada del reconocimiento de los otros a su libre derecho de participación activa. Contrariamente,
una democracia que sea basamento para la construcción de un auténtico espacio político debe facilitar la
intervención en las decisiones a grupos de todo tipo y no sólo los políticos, sino también los
empresariales, los sindicales, los profesionales, grupos de trabajadores, campesinos, indígenas y todas las
agrupaciones minoritarias que por ser tales, no encuentran cabida en el escenario del poder y sus formas
de repartición.
Lo importante es abrir caminos para el reconocimiento de todos los seres humanos que viven en
el mundo y que hacen del espacio preciso en el que habitan una oportunidad para descubrir el mundo en
toda su novedad y originalidad, a través de la acción.
La unión de la acción y el discurso permitirá seguir hablando de una vida humana en su más
auténtica especificidad, y la comunidad, es decir, los otros, son los que posibilitan nuestros comienzos.
La acción requiere de la cooperación de los otros en su papel político como iniciadores de nuevas
acciones. Sin la esfera pública se difuma la fuente de toda realidad humana, sin el espacio de aparición
quedamos privados de toda libertad, que políticamente hablando es lo mismo que aparición.

6. A modo de conclusión

Nada de esto ocurre en el panorama político de las sociedades del llamado mundo libre; hemos
presenciado una evolución desarrollista del modo de vida que ha impuesto la instrumentalización y
automatización de todos los procesos e incluso de los hábitos y costumbres humanas, barriendo los
vestigios de antiguas tradiciones. En su momento, Arendt vislumbró el desarrollo de un devenir que
trastocaba los valores más genuinos de la tradición política occidental. Hoy nosotros quizás podemos
decir que formamos parte de un mundo tecnológico de consumo, en el que los procesos de la labor
arrasan con las otras instancias del hacer y del actuar humanos, dejando, al parecer, sin posibilidades, las
esperanzas de una renovación de la esfera pública.
En niveles más prácticos tendríamos que plantear la urgencia de una radicalización del principio
de participación democrática que conlleve a implementar el carácter universal del derecho a participar en
la esfera pública. Por ende todas las instituciones políticas deben proceder a una modificación en el
sentido de la amplitud que les permita la aplicación del derecho de participación por parte de todos los
ciudadanos.
Las funciones que desempeñan las instancias burocráticas y los esquemas de los partidos deben
ser sometidas y reemplazadas por el poder comunicativo de la deliberación y el consenso. Todo esto
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implica una práctica de la virtud y de las responsabilidades cívicas, donde el surgimiento del sentido del
diálogo y de la persuasión constituyan el marco de la acción intersubjetiva de los ciudadanos en su
relación con el ordenamiento institucional de lo político.
No podemos dejar de reconocer que las propuestas del modelo arendtiano resultan utópicas para
un mundo en el que los factores estratégicos dominan todos los ámbitos de la acción humana. Pero
precisamente en el carácter utópico del pensamiento arendtiano reside su pertinencia como propuesta que
incide realmente en la comprensión crítica de nuestra contemporaneidad; en su definición de lo político
como auto-organización, discusión y poder colectivo, que no deja de chocar con las condiciones sociales,
culturales y políticas del siglo XX y lo que va del nuevo siglo. De ahí que sus formulaciones nos
ofrezcan la posibilidad de descubrir planteamientos de normatividad a través de los cuales podemos
indagar las condiciones que debería cumplir una sociedad para ser llamada democrática.

Referencias

- ARENDT, Hannah, (1993), La Condición Humana, Barcelona, Ediciones Paidos.


- ARENDT, Hannah, (1970), Sobre la Violencia, Editorial Joaquín Mortiz, México.
- FORTI, Simona, (2001), Vida del Espíritu y Tiempo de la Polis, Ediciones Cátedra, Madrid.
- KOHN, Carlos, (1999), “Ética de la Liberación y Poder Comunicativo: La Praxis de la Libertad en la
Filosofía Política de Hannah Arendt” En: Cuadernos de Filosofía Política, Ética y Pensamiento
Filosófico Latinoamericano, Año 1, Volumen 2. Universidad de los Andes, Mérida.