Você está na página 1de 3

“JUANA DE ARCO SE DIVIERTE”

(Título de la nota que enmarca el reportaje publicado en la revista


“Marcha”, Año I, Nº 4, 28 de agosto de 1986)

Ana María Giacosa nació en Jujuy, en el Ingenio Ledesma, que recuerda como
asiento de la “Ledesma Sugar State and Refining Company”, en una casa de factoría
con puertas y ventanas verdes, con la infaltable tela metálica para que no entre la
fauna menuda del trópico, con altas veredas techadas donde aparcaban los indios
que venían a la zafra sobre una calle de palmeras que desembocaba en la “sala”:
Residencia donde vivía el dueño del Ingenio -Heinrich Wollmann- y circulaba
innumerables gringos con trajes de hilo de Irlanda, cascos de corcho y el vaso de
whisky en la mano.
Dos veces candidata a gobernadora “y con escasas posibilidades de que la tercera
sea la vencida”, según dice la periodista, autora de un libro agotado, profesora de
Historia, miembro de la Junta Nacional del FIP, Secretaria Adjunta del Sindicato de
Amas de Casa de Salta y Convencional Constituyente del FIP en el Frente Justicialista
(una de las 18 mujeres sobre un total de 155 convencionales).

Marcha: En estos momentos, las figuras femeninas de la escena política son


pocas y bien conocidas. Hemos querido ampliar el espectro, y entrevistarla a Ud.
A.M.G.: Gracias señor periodista, a condición que no me pregunte cuán larga es mi
vida, y esos datos que tienen la costumbre de preguntarles a las mujeres.
Marcha: Vayamos a lo más reciente. Su actuación como Convencional
Constituyente en Salta, tenemos referencias, fue contradictoria con su bloque y
hasta escandalizante. Reivindicó la vigencia de la Constitución de 1949, execró a
Borges, votó por la contribución al sostenimiento del culto católico en el texto
constitucional y provocó incidentes cuando trató el tema de la mujer.
A.M.G.: Le voy a contestar por partes. Reivindiqué la Constitución de 1949 como un
acto de consecuencia política. Mi partido fue el único que se pronunció por ella cuando
la consulta de Bignone en el 82. Se encargó muy bien de resaltar que fuimos los únicos,
los “únicos locos”. Pedí fuera reconocida como el último texto constitucional legítimo y
vigente hasta la sanción de la nueva Constitución. En Salta la Constitución de 1949 fue
derogada por un decreto firmado por Martínez de Hoz, Julio César Saguier, Germán
López, entre otros. Un decreto de un golpe de Estado derogó una Constitución
sancionada y promulgada democrática y legítimamente. ¿Qué le parece ignorar ese
hecho? Lo que no pensé es que iba a quedar tan sola. Yo esperaba ser parte de la marea,
no la ola principal.
Marcha: ¿Y lo de Borges? ¿No le parece mucha responsabilidad haber sido
quizá la última persona que lo descalificó en un ámbito de decisiones, como una
Asamblea Constituyente, con taquígrafos y a escasos días de su muerte?
A.M.G.: Yo no execré a Borges. Me opuse a que el bloque adhiriera al homenaje en
frío a Borges, que se había ido a Ginebra. Soy adicta a Borges poeta y, en menor
medida, adicta a la ginebra. Pero el Bloque Justicialista no era el ámbito ni la ocasión
para rendir homenaje a quien no ahorró epítetos para el peronismo, el pueblo peronista y
sus jefes, como don Jorge Luis. Aún tengo grabado en mis oídos (aparte de la cinta) lo
que me dijo Borges en un reportaje que le hice para la revista Mujeres sobre Eva Perón:

1
“Obcena”.Su nombre no debía ser pronunciado, lo mismo que en las familias decentes
del sur de los Estados Unidos estaba tácitamente prohibido nombrar a Lincoln después
de la guerra de secesión. Con esta vivencia resistí al embrujo del poema “Conjetural”,
que el convencional y amigo que propuso el homenaje, leyó íntegramente ante el
azoramiento del cuerpo de taquígrafos. Cuando me repite que no me lo perdonará
nunca, me siento tentada de decirle que lo más probable es que en el Diario de Sesiones
brillará más el poema transcripto que mi humilde intervención.
Marcha: ¿Cómo es que intervino para fundamentar el sostenimiento del culto
católico? No me diga que fue una posición de Bloque, porque sabemos que hubo
libertad de conciencia, como en el debate sobre el divorcio y varios estuvieron en
contra… Convengamos en que no era una posición que podía esperarse de un
partido como el suyo, que se dice de izquierda. ¿No ha quedado lo que se dice
“escrachada”, fuera del siglo?
A.M.G.: Tal vez Ud. desde aquí lo ve como un tema secundario, de fácil definición
para quien no es lo que se dice una católica militante, que tiene formación laica y para
quien la religión, el culto, no han sido problemas fundamentales. Pero este debate
dividió a la ciudadanía salteña adentro y afuera del recinto. Fue la sesión más “caliente”
y más larga que recuerdo. Podría decirle que esa cláusula estaba en la Constitución
Provincial del 49, pero eso sería parte de la argumentación. En política no hay libre
vuelo de la conciencia individual, sino desafíos concretos a los que hay que responder a
veces más rápido de lo que sería de desear. La polarización de fuerzas, el tono de los
discursos, y la memoria, me decidieron a argumentar a favor del sostenimiento del culto
católico en la provincia, bajo la metralla de alusiones a la libertad, a la libertad de
cultos, a la igualdad, al siglo XXI. Todo esto me era más propio que lo que sostuve.
Pero, al margen de posturas legítimas, lo entreví como parte de la gran ofensiva para
quebrar nuestra identidad, debilitar la raíz común, ridiculizando el credo mayoritario
con sus manifestaciones populares. En otro momento, no lo hubiera visto así. Pero
ahora, bajo la sombra del FMI, que tiñe todo con sus dictados, recordé a Teodoro
Roosevelt, a Rockefeller, al garrote, afirmando la necesidad de quebrar la unidad
religiosa con el predominio del culto católico en América Latina para ejercer su
dominación. Sentí el peso de los desfoliadores, de los contaminadores de ríos y aires a
escala mundial, erigidos en apóstoles de la ecología. De los carniceros del mundo,
armados hasta los dientes, embaucando con sus palomas de la paz, de los ridiculizadores
del islamismo en nombre de la modernidad, de las Malvinas. Será por eso que ningún
discurso me evocó al gorro frigio. Tuve conciencia de nosotros con nuestra carga, y de
los otros con la suya: siempre queriendo aliviarnos de lo que no nos pesa, para
encajarnos un bulto mayor que los alivie a ellos, los Roosevelt de todos los tiempos.
Bajo encendidos –y a veces impecables- discursos, sentía latir la pugna entre los
“misachicos” de mi pueblo, con su violín, su bombo y sus hombres, mujeres y niños que
recorren decenas de kilómetros bajo la lluvia o el sol llevando en anda sus altares, y los
prolijos Testigos de Jehová, con sus bicicletas, sus templos ascéticos y su Dios que no
admite flores de papel (aunque gastan un millón de dólares mensuales para nosotros en
su Sede Central). Dos personificaciones para dos mundos. Uno debilitado y a la
defensiva; el otro, fuerte y agresor. Y pertenezco al primero. No me corresponde
acentuar su debilidad, su despersonalización cultural y nacional, sino salvaguardar todo
aquello que reafirme su fuerza y su identidad. ¿O es que el modesto apoyo que
tradicionalmente da una municipalidad a una fiesta patronal –inescindible de la vida
comunitaria de nuestros pueblos- atenta contra la libertad de cultos? ¿Es que se piensa
derivar ese dinerillo al pago de la deuda externa? Creo que hice bien en resistir los
cantos de sirena de mi formación agnóstica y asumir -con todos los riesgos- la voz

2
callada del pueblo que me sentó en la banca. Algunos me “escracharon”, pero muchos
más me apoyaron. En general mi actuación me valió el apodo de “Juana de Arco”.
Siempre en la hoguera.
Marcha: Pero se supone que estaba legislando para el siglo XXI…
A.M.G.: El siglo XXI tendrá mucho que ver con el siglo XX. El futuro es una
esperanza inevitable; pero está siendo usado como un fantasma para huir del presente.
Según la prédica del gobierno nacional tenemos que entrar urgente, compulsivamente a
la “modernidad”. Hay que comprar robots y computadoras, aunque quede un tendal de
desocupados, porque –Ud. sabe- “los japoneses no esperan”. Esta prisa me recuerda el
chiste de la señora aquella que se apuraba en tejer el pulóver antes que se acabe la lana.
Las grandes potencias que nos quieren “modernos” a toda costa para enchufarnos sus
obsolescencias , no vacilaron cuando las Malvinas, en legitimar un resabio colonial del
pasado. Los pueblos condenados por las grandes potencias a vivir en la sujeción del
pasado, los que poseen un fuerte sustrato religioso, se pronunciaron junto a nosotros por
un presente de libertad y de dignidad nacional. ¿Quién puede enumerar con certeza los
componentes que serán anacrónicos en el siglo XXI? ¿No ha lanzado la cansada Europa
un S.O.S en defensa de su identidad cultural, ante el avance de la cultura de la
hamburguesa y la Coca? ¿No están estudiando arquitectos franceses una vuelta al
adobe? Es una cuestión de caminos. Debemos encontrar el nuestro, desentrañar nuestra
realidad y nuestras posibilidades. Eso sería “moderno”, ya que no lo hemos hecho antes
en gran escala. Vale para todo, incluida la religión.
Marcha: Vamos a su actuación en lo que se refiere a la mujer en la
Constitución.
A.M.G.: Debo decir que las mujeres de la UCR, el F.J y el partido renovador (Ulloa)
aprobamos un despacho unánime en la Comisión de Mujer y Familia. A poco de andar,
el término “mujer” se bajó de la estantería. Cuando se trató el Sistema Electoral
propuse, para el punto que trataba de los electores, se hablara de ciudadanos y
ciudadanas; ya que las mujeres con derechos políticos se llaman ciudadanas. Lo somos
desde 1947, aunque la Constitución de 1949 no haya registrado el término. Era una
reparación, y su inclusión pondría a la nuestra a la altura de constituciones “modernas”.
Todos los antecedentes constitucionales , los argumentos jurídicos y semánticos fueron
incinerados en brevísimo debate, donde los convencionales no se lucieron en la
negativa. No era posible porque complicaba todo. ¿No se había usado siempre
“ciudadano” para designar a todos? ¿Para qué cambiar y crear complicaciones? A la
hora de la votación éramos ocho las voluntades embarcadas en la loca propuesta de
llamar a las ciudadanas por su nombre en el texto constitucional; tres de ellas,
masculinas. Las mujeres de la UCR no votaron a favor, por decisión de su bloque. Pero
la coincidencia primera de las mujeres se manifestó en la sesión siguiente, cuando todas
nos constituimos en bloque simbólico. En nombre de todas, rendí un homenaje a los tres
varones justos y visionarios que levantaron la mano.
Marcha: Quisiera preguntarle su opinión sobre la ecología y el pacifismo
(déjeme ser moderno) ¿Se anotaría entre “Los Cien que quieren seguir viviendo?
A.M.G.: Anóteme entre los 30 millones que queremos seguir viviendo.

FIN DEL REPORTAJE