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Rector: I>r. Ir.SACIO C11,\\·u
Secrct111io General: Dr. Ronr.1no L. ;\[ A:o.-nu .A i\follSA
Director de l'11blicacio11cs: I.ic RuuíN Bos!FAZ N11:\o
  l>E F.STl!lllOS FILOSÓfºICOS
Colecció11: CUADERNOS
Director: EDUARDO GARcf!\ MÁ YNEZ
Secretario: BtRNABt NAVARRO
Consejero: Ro1mtT S. HARTMAN
CUADERNO 21
ROBER T BLANCHÉ
,,.
LA AXI01v1ÁTTCA
Tr:1d11cci611 de
FEDERICO ÜSORJO ALTÚZAR
Revisada por
BERNADÍl N 1\VAllRO
CENTRO DE ESTUDIOS FILOSOFICOS
UNIVERSIDAD Nt,\CIONAL AUTONOMA DE MF.XICO
1965
Titulo original :
L' Axiomatique
{Pi= Univcrnu ua de Fr2ncc.
z• cd. Puts, 19)9)
Primen cdia6o en cspanol: 1965

Derechos reservados conforme a b ley
_j t :¿
1965, Un1>as1d•d Nacional Autónom2 de México
Ciudad Umvmit2ri.1, Mé-oco 20, D. F.
CLASIF ·  
AOQ.: 1881) 04
-
ECONOMJA
SISTEMA:¿; x SG <é
• ,
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTóNOMA DE ME:XICO
Dirección Cenera! de Publicaciones
lmpteso y hecho en México
Prin t•d dJld marU 111 ¡\f cxico
1
l
¡Oh, matcm;\tic-.is sevcr:is!,
}O no os he olvidado desde
que vuestras sabias lcccio·
ncs, m:ís dulces que J.1 miel,
se infiltraron en m1 corazón
como una onda rcfrcsC0111·
te. . llabia en mi espíritu
algo \-ago, un no se qué es·
peso como el humo; pero
supe frJnc¡ucar religiosa-
mente las gradas que con-
ducen a vuestro altar, y
\'Osotras habéis disipado ese
velo oscuro como el viento
disipa :i la niebla. YosotrJS
hahcis puesto, en su Jugar,
una frillldJd excesiva, un:i
pmdcnc1a eonsumadil y
una 16gicil impbcable.
Les chants de Maldoror
Q .. 188004
l. LOS DEFECTOS DEL APARATO EUCLIDIANO
S l. Introd11cció11 ge11m1l. La geometría cl ásica, b.1jo l:t for-
ma que Je dio Eucliclcs en sus El1.m1e11tos, pasó durant e 11111cl10
tiempo por un 111oclclo insuperable, y aun clífícílmente ígua-
lablc, ele teoría dcductirn. Los términos propios ele 1.1 teoría
jam;'1s se introduecn en el la sin ser eldiniclos; l;1s proposicio-
nes jamás se adelantan sin ser demostradas, a cxecpcilm el e
un pcc¡uetio 111í mcro ele entre ellas que se enuncian en prum:r
lugar a título de pri11 cí pi os: la demostración no puede. en
efecto, remontarse al infinito r debe si n eluda reposar
algunas proposiciones primeras, pero se ha tenido c11icl .1do
en elegirlas de tal manera, <1uc 110     ninguna duela a
su respecto en 1111 espíritu sano. Aunque todo lo que se afirma
sea cmpírica111e11t c 'crdadcro, no se im oca a Ja C'l:pcricncia
como justificación: el geómet ra no procede sino por via de-
mostrativa, no funda sus pruebas sino sobre lo c¡ 11 c ha
cstablccíclo antcri ormcntc, conform:\ndosc con las so fa s le} es
de la lógica. Así, cada teorema se encuentra unido por 1111.1
rclacibn necesaria a las proposici ones, ele las cuales se dccl11cc
como consccm:ncía, ele suerte c¡uc, paso a p.1so, se constituye
una red ;1pretacla en donde, directa o inclircctamcntc, todas
las proposiciones comunican entre sí. El conjunto fonna
un sistema cid c11.1l no se poclrí:t distraer o modificar una parte
si n comprometer el todo. Así, "los griegos razonaron con toda
Ja cxactitnel posible en lJS m.1tcm.iticas y dejaron al género
humano 111 ocldos del arte de demostrar".
1
Con ellos, la geo-
metría clt.: j6 de ser una colección ele recetas prácticas o, c11anclo
más, de rnunciados empíricos, para llegar a ser una ciencia
racional. De ahí el papel pedagógico privilegiado que desde
l lz111nz, Nounaux auil, 1v, u, 13.
8 LOS OLH.CI OS 01:1 Al' Alv.TO [UCLIDIANO
entonces 110 ha dcjaclo clc rcconocúscle. Si se la hace cstucliar
a los uiii os, es menos para cnsciiar algunas vcrcladcs que para
cliscipl inar el espíritu, consider:mdo c111c su pr;íetica da y des-
arroll a el hábito del r;11011amicnto riguroso. Como escribe L.
Brunsch\'icg: "Euclides, para las 1111111crosas generaciones <¡ue
se han nutrido de su sust:mci;i. ha sido <¡11izi1 menos 1111 pro-
fesor cle geomctrfa <]ne un prof<:sor de lógic:1."
2
Y la expresión
more geo111etrico ha \'cnido a s1g11ific:i r more logico.
No obstante, ha parecido cada \ 'CZ mejor que, si la geo-
metría euclidiana habfa seguido siendo durante mucho tiem-
po el ejemplo más cumplido que se pudiera citar de una teoría
dcductÍ\71, el aparat o lógico <JUC la sostenía no era en modo
alguno irreprochable. Algunas de estas imperfecciones habían
sido ad\'ertidas muy pronto, pero no fue sino hasta el si-
glo XLX, cuando se midió la distancia que subsistía entre la
exposición tradicional y una teoría deductiva ideal. U no de
los rasgos que distinguen mejor a las matemáticas desde
esta época, es en efecto un acrecentamiento del afán
de rigor lógico. Examinada así con una se\'cridad nuc\'a,
la deducción geométrica clásica se rc\'claba clcfectuosa en
muchos puntos. Se hicieron esfuerzos por rcctif1c:1rla y !J pre-
sentación axiomática de la teoría fue el resultado. Suscitada
principalmente por una reflexión sobre la deducción geo·
métrica, se desprende, por lo demás, precisamente en ral.Ón
de su carácter lógico r formal, del contenido geométrico, }'
puede así ser practicada sobre una teoría deduc!lrn cualquiera.
Un sistema axiomático -se dice también: una teoría axioma·
tizada o, más bre\'cmcnte, una axiomática- es, pues, la fonna
acabada que toma, hoy, una tcorí:i deductiva. En manera
alguna es aquel sistema quimérico con el que sofiaba Pascal
para espíritus sobrehumanos, en donde se definirían todos l?S
términos y demostrarían todas las proposicionc.'S, si no un sis·
téma en donde sean totalmente explieít:idos los términos no
definidos y las proposiciones no demostradas, sicnclo esta·
blecidas estas últimas como simples hipótesis, a p:irtir de l,as
cuales las proposiciones del sistema pueden construi rse segun
reglas lógiC2S perfecta y expresamente determinadas.
2 La ''ªf>u dr l.t phil°'°phie n111t/1l motiq11r, ap. v1, i 9.
IS rl\OOUCCIÓS Ct NEllAL
9
Un método parece gratuito cu:111do se ignora cn.iles razones
Jo han impuesto. Para hacer comprender b función de la
axio111:ític:i, lo mejor es, pues, exponer en primer lug;i r las
insuficiencias a las que se propone poner remedio ( capí·
tulo 1). Pero se duda con wdm de c¡ue ella haya
surgido perfecta de un solo golpe. Las c"tigcncias <le rigor que
la habían hecho nacer fueron a su n:z como exasperadas por
su uso, y rcc:iyerou sobre ella par;¡ impclcrla siempre más
lejos en el ca1111110 en donde se había empc.1i:ido. Siu que
sigamos estas transformaciones cu rn detalle histórico, será
ncccs:irio al menos distinguir grandes etapas en su dcscn-
rnlvimiento, de bs cuales la primera se sitúa ;¡ fines de
siglo ( 11 ) . la scg11n<l;1 comien7.a hacia 1920 ( capí-
tulo 111 ). En fin, se mtentará mostrar el alcance de tal mé-
todo, tanto por su uso propiamente científico (capítulo 1v),
como por sus implicaciones filosóficas (capítulo v) .
S 2. Los postulados. La primera COS3 que atonncntó a los
lectores de Euclides :imigos del rigor, fue la intern:nción <le
los postulados. Lo que molestó en primer lugar, no eran pro-
piamente los tres postulados que figuran a la caba.a de los
Elcme11tos, al lado de las definiciones y de los axiomas, r que
tienen un carácter operatorio 111uy general, con la única mira
de anunciar c1uc uno se permiti rá construcciones con la regla
y el compás. Pero, después de haber la cadena de
sus deducciones. ocurre dos veces que en el
mismo de una demostración y para l:is ncc:s1dadcs de esta,
in\'Oca una proposición muy particulJr, que pide se le otorgue,
sin poder justificmla de otra manera que por una suerte de
llamado :i Ja evidencia intuiti\·;1. 1\ sí es como, para demostrar
su proposición 29, necesi ta admitir que, por un punto fuera
de una recta, no pJS:I más que uua paralcb a esta_ recta.
La si111ctrb aparent e entre la propos1oon que   que
por un punto pasa al menos. p;iralcla, que
establece por una (teorema de Y
que enuncia que pasa un;J a lo s111110 (postulado_ de •
bacía más escandalosa aún la asimetría de las 1ushficac1ones.
El postulado de las paralelas sobreve_nía así c?mo un csla·
ºbón cxtraiio al sistema, como un expediente dcstmado a llenar
JO LOS llEFECros Jll:. L Al'AllAl O EUCl.IOIANO
una laguna en el cncaclcnamicnto lógico. A los ojos ele los
geómetras, tenía el ele teorema empírico, cuya
m> era pucst.a en cuesllon, pcr_o

<¡uc:clah,
1
por clcscubnr. sabios alqandrmos, arahcs y mucl cnws
se aplicaron succs1,·amc1.1te a ello, pero siempre el análisis
rerclaba que las prctcmhclas se fm
1
elalm
1
en
otra suposici?n, que n.my frccw . .: ntcmcntc <111celaha
11nphc1ta: no se hab1a hecho smu cambiar ele postul ado. Se
cómo el fracaso ele. demostraciones dirt·ctas sugirió
la idea de una clcmostrac1011 por el almmlo, y cómo a su vez
el fracaso las cl_emostraciones por _el absurdo terminó pron-
to, por una 111\'crs1ón del punto de ' 1sta, en la comtitución de
fas primeras geometrías llamadas no-euclidianas.
El alcance epistemológico ele estas nuerns teorías es consi-
derable. En p:1rllcular, han contribuido granelcn1cntc a des-
plazar el centro de intcró de b geomet ría especulativa, trans-
portándolo del contenido hacia la estructura, de la ,·crdacl
de las proposiciones aisladas h;icia las coherencia
mterna del sistema tot al. La suma <k los ;Í11"ulos de un tri·
ángulo ¿es igual, inferior o superior a dos rectos?
De tres casos co_ncebiblcs, un gcométra ant iguo habría res-
pondido que el pnmcro era \-crdaclero, los otros dos falsos.
Para un moderno, se trata ahí de tres teoremas distintos, que
no se excluyen mutu:uncntc sino en el interior de un mismo
sistema, scgÍln que el 11{1111cro de las paraldas sea postulado
o inferiorª a uno, y que aun se toleran en un
Mstema <!eb1htado }: más general, donde el n\Ímero de para·
lelas posibles se dc1c en suspenso. El que la experiencia en
nuestra escala verifique una, y solamente una, de estas tres
no c?nciernc sino a la utilización práctica de
la c1cnc1a, no a la ciencia pura y desinteresada.
La idea aparecida así con ocasión de la teoría ele las para·
lelas, elche naturalmente cxtcnclcrsc al conjunto de los postu·
lados. Vemos entonces disociarse los dos aspectos ele la ver·
geométrica, hasta ahí íntimamente mczclaclos en una
urnón sorprendente. Un teorema de geometría era a la \'CZ
ª El lcorcmJ, mencionado en la pásina precedente, que establece 13 cxis·
t:n:ia de la paralela, ¡:ostul3 <¡ne se puede prolongar 11113 l l 'CIJ md: finidJ.nrn·
1,, lo que es pcn111tido rccha1.1r.
IN'l l\OOUCCIÓN Gl'.Nl(llAJ, 11
1111 i11 for111e sobre las cosas y nna construcción del espíritu,
1111:1 ley de foica y 1111a pic1 ..a de 1111 sistema lógico, una ver·
dad de hecho y u11a n:rclacl de razó11. De cst·as parejas para·
d6jicas, l.1 gco111ctria tc.:6rica alw1clo11a ahora decididamente
el pri111 c.: r cl e111c11 to, que remite a );1 geometría aplicada. Ya
110 hay, p.ira los teoremas, ,·crcl;1d y por deci r así
at6111ic.1 : s11 vcrd;icl es sol:1111e11t c su í11tcgraci611 al sistema
y por C'>O alg1111os cutre ellos pueclcn
ig11alt 11 c.: 11 tc 5<.:r con tal que se lus refiera a sistemas
el ifc:rc11 tcs. En rnanto a los sistema\ 111 is111os, ya no cucs·
ti6n para ele \'c:rdacl o fa lsedad, sino en el sent ido ló"ico
ele la cohC' rcucia o el e la contradicción interna. Los principios
que los i111p<J11 c.: n so11 simples hipótesis, en la acepción matc-
111:ítica el e: este término: 5on solament e puestos, y no afirma·
dos; no 50n como las co11 jcturas del físico, si110
situados más all;í ele lo verdadero y lo falso, como una decisión
o una com·c11ciú11. La \'erel.1cl matemática tom;i un c·ar{1c·
ter global: la ele un.1 ,·asta implicación, en donde Ja con-
junción ele todos los principios constituye el antcccclcntc, y
la ele tocios los teoremas, el consecuente.
En la interpretación tradicional, la dcmostr:1ción matcmÚ·
tica era categórica y apodíctica. D::cía: siendo estos pri ncipios
absolntamc:ntc tal proposición, que deduzco ele
ellos, es por vercl,1dcra también. Ari stóteles Ja
El s1l og!s1110 ele lo necesario. Ahora dice solamente
S! Se pone, tal conjunto de principios,
he aqm l_as que, formalmente, result an de ahí.
La no reside m_as <1ue en el lazo lógico que une las
  se ha ret1rado de las proposiciones mismas.
L1 matcmallca ha llegado a ser, SC"Ílll b c.-.;prcs
1
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J 1v ·
U
• t ¡ · , · b < e 1en,
n srs e11w 11¡1okt1co-decl11ctivo.
S 3: L1ts f iµurds-, E11 Euclides, el postulado de las paralelas
hacia a, la mh11c16!1 un llamado explícito, pero apa·
c:xccpc1onal. rc.1liclacl, ha siclo im·ocada a todo
o ele las y Poincaré podía decir justa·
1'.1cntc que, en_ es;! \'asta construcción donde los anti uos no

mng_un defecto lógico, tocias las piezas deben
.1 .1 mtu1c1on. un sentido inda era s1' 1
, • • • n cm )ilfgo m:ís
12 LOS DEFECTOS Dlli. APARATO EUCLIDIANO
manifiesto: las figuras mismas lo declaran. Pero el texto no
lo dice expresamente en modo alguno; hace ercer que las fi-
guras no están ahí sino como simples auxiliares del razona-
miento, las cuales duplican en ciert a form:1 l:t dcmostraci6n
lógica mcdrante una 1Justraci611 semible. sin serle
sablcs. No hay nada de ello: suprimid la figura, trazada o
imaginada, y la demostración se viene ahajo. No vayamos
más lejos de la primera proposición de Euclides, que es un
problema: wnstmir un tri;í ngulo cc¡uil.i tcro sobre un
de recta dado AB. Se trazan dos cír('ul os ele radio Afl, uno
con ¡\ como centro, otro con B: el punt o de i11tcrsccció11 /\1,
cuya distancia a A o a B es del radio i\13, sed el tercer
vértice buscado. !\las, para c¡mcn 110 \'C o no se representa
mentalmente la figura, la demostración es clcficicnte: ¿cómo
sabe uno que los dos c1rculos se cortan? L1 existencia del
punto /\f ha sido mostrada, no dcmo.strada. . .
Se ha discutido mucho para saber s1 la cons1derac1ón de las
figuras era esencial a la especulación geométrica. Si las demos·
traci oncs geométricas cl ásicas son tomadas como. ,modelos,
entonces es verdad que la intuición -conte111plact0n y aun
construcción- debe intervenir ahí. Tal era, se sabe, una ele las
tesis que Kant puso como base de Críticc1. Que se dé a
un filósofo, decía, el concepto del tn:'i ngulo: por mucho <¡ue
lo analice, considere Jos conceptos más clcmentalcs. ele
línea recta, del ángulo, del número 3, jam:í s al11
la propiedad ele que Ja suma de ms ángul os sea igual a dos
rectos. Ouc se someta ahora la cuestión al geómetra: éste
un triángulo, prolonga uno de Jos   ctcét.cra,
y llega al re5ultado por una cadena ele razon:11111entos
constantemente por la int uición. Tesis análogas han mio. re·
tomadas por Courno.t, y, l?ajo una forma

da por los matemáticos 111tt1Lc101mtas co11te111pornncos. 1 er
es ' posible otra eonclusí6n: si se picm;i que el ll amado a la
'6 ¡uescnta
intuición es una falta en una co11struce1 n c¡ue se
como lógica, entonces uno se propondr{1 corregir métodos
cl:isicos de demostración para substituir b inhHcrón por
equivalente intelectual. Le es muy necesario, por Jo dcmas:
con las nnevas geomctrlas, cuyos espacios ya no se dejan e:
151
representar en la intuición.
l .A.\ f'l CUllAS
13
Cuando se debe recurrir ::i las fignras, es evidentemente por·
c¡ue di cen a los OJOS cm:n c¡uc el texto, que se duige a fa sola
intel igencia, sohrccnt icnde. La fuerz;i de la intuición es tal,
que aun su :111sencia no se nota. Por ejemplo, no hace apcn:is
sino un siglo <1ue se ad\'ittió que en ninguna p.nte Euclides
enunció la proposición siguiente que no de ja mr cml:r.irgo de
utilizar: si una recta tiene dos puntos en un plano, está eon·
tenida cu él completamente. En las cxposicio11es clásicas de
gcomctrÍJ, un :nr:í lisis atento descubre así un gr.in número
ele proposiciones implícit::is. En primer lugar, las proposi·
cioncs ele existencia. L1 posibil idad de construirla en la in·
tuicitrn prueba scgurJmcnte c¡ue la noción de la cual se trata
no em uch-e cont radicción, pero es un.1 prueba de hecho.
no una justrficación racional. Después. las proposiciones que
se refieren a la congruencia y que est:.U implicadas en divcrs;is
oper.1cioncs, a las cuales se entrega mcntalmeute el geómetra:
por c1empl o, regresar una figura para hacerl a coincidir con su
propio trazo. Los Elc111c11tos no e111111cian exprt-samcnte más
que una sola proposición de esta naturalcr,a. que colocan
pot lo dcm:ís entre los axiomas. ;\ lcncionc111os aím propo-
siciones c¡ue enuncian propiedades topológic:1s, es decir, que
conciernen al orden y a l.1 continuidad, inclcpcndicntemcnte
de toda eonsidcració;1 de ángulos y de métnca. ' Euclides y
sus sucesores, hasta el últ imo siglo. rcgulanncnte en
silencio estas propiedades, ut ilió ndolas no obstant e a cada
paso, porque b visión ele l.1 .figura las sugería
Es claro c1ue un método ngnroso 110 puede pcrmrhrse es.te
recurso permanente a la intuición. c¡ue todas las,
dades supuestas sean c111mciaclas ba10 l.1 exphc1ta ele
proposiciones: las que se demuestren. ser.In :ifrrmaclas como
tcmcmas, las otras ir:\11 a aumentar el m'unero de los pos·
tu lados.
S -J. L<n 1txi o11ws. Al lado de los se colocan tr:idi·
cionalmente, para com plctar los pr111 c1p1os de la geomctrl:t.
• Co111iJ cmnos 1111J ligur• cu•lquicn tu 1aJ• sobre "·"ª hoja . de  
que ic pucdJ coml>Jr y n liu r: son l•s proprcdJJn Je IJ figura
que pcnnanccm   pnr ejemplo, tsla : de CUJ lrc> pnntm srtwdos so-
bre 11112 cul\a cn11 li11t13 abicrlu, si C a l;I cnlre A y D y sr B a l.l cnlte A
y e, ClllOll('CS B ul:I entre ¡\ y n .
H
l.OS m:n :c ros Dt:L ..... ARA ro EUCLIDIANO
los   son otro 110111hre para las "nociones cornu-
nc.s de Euchdc:s, y las definiciones. ¿Se justifica este orclcna-
m1cnto desde el punt o de ' ista lógico?
La scpar.acilin. los aximnas y los postulados quedó
a mcn.udo mclcc1sa. hecucnt c111cnt c, las dos palabras mismas
han s1<lo, y son aún, tomad.is indifcrcnkmcntc la nna por
la ot ra: como prueba, el nombre 111ismo ele Ja axio111ática,
que se. llamaría, ,sin .duda. m:1s justamente un.1 post111:1t ica.
Los editores ele Euclides que han vuel to a poner a la cabeza
de los Elc111c:11tos las propiedades que Eucl ides había postu·
lado en el cmso de sus demostraciones, las han colocado,
unas veces a continuación de las "peticiones" otras veces a
cont inuación de las ' "nociones comunes". En la medida en
que se lo distingue del postuhldo, el axioma cm uclve en pri·
mcr lugar 1.1 idea de una evidencia intelectual. l\ lientras el
postulado es una sintética, cuya contradictoria,
dificil o imposible de imaginar, pcr111 ancce no obstante conce·
biblc, el axioma sería una proposición analítica que cons·
tituiría un absurdo negar. Además, funcionaría como un prin·
cipi:o puramente forn1.1l, regulando los p.1sos del razonamiento,
pero sin llevarle, contraria111cnte a los otros principios, ali-
mento alguno. Estas dos ideas se unen en Ja tesis, largo tiem-
po . prop:igacla - pero jam;Ís justificada por un anúl isis pre-
ciso- , qne hada de los axiomas simples especificaciones de
leyes lógicas, aplicadas a la cantidad.
Ahora h:en, l:i noción de evidencia despierta cada n:z más
y más la clcl matemático. El sentimiento de Ja
evidencia es cngai1oso r su dominio varía scgi'm el tempera-
mento intelectual de cada uno. Si uno quisicr.1 apoyarse en él,
los espíritus intuitirns pedirían sin duda que se suprimiera
m:ís de una demost ración, menos C\'idcntc para ellos <JUC el
teorema que se supone tal cl cmostraeión justifica. Otros, al
contrario, más   rehusarían reconocer tal axioma CO·
mo incondicionalmcn te necesari o. Y es verdad que ;1 lg1111os
de los axiomas de Eucl ides h:i n sufrido, en Ja matcm;itica
  una suerte de degradación: por ejemplo, el c¡ue
enuncia que el todo es mayor que Ja parte, no vale, en un
LAS n GUJ\AS
¡;
cierto   m;Í\ <¡ne para los conj1111tos finitos, )' podría
aún servir, como h.1 \ 11gericlo, para defi nir tales conjuntos;
cu e'>te sent ido y.1 no es 1111.1 proposición ;m:i lítica, es n11a <:011·
\·e11ciún que dcli1111ta 1111 cH:rto campo y a la cu.11 el espíritu
no est.í e11 111a11cr.1 alg1111.1 l'or lo dcm:1s, el papel que
\e ha hecho jugar a l.1 e\ idc11ci:i durante largo tiempo, está
ligado al ideal ele 1111a mak m.ítica cat<:gúrica, en donde lo
<JllC no cst:í demostrado. debe sin e111b.1rgo. de alguna manera,
exhibi r tít ulos en orden a la verdad. Ello se afina en una
co11cepción l11 potéti co·dcducti v;1, ccntrad.1 en la idea de cohe-
rencia lógic:i mús bien que en l.1 de verdad absol uta. 1\I poner
así en el pri111cr plano ),1 idea el e sistema. se impone reducir
al mínimo las prop,rncioncs inclcpc11dientes. Pero. sí 11110
esfuerza así por demostrar los axiomas. es dentro de nn
muy difere11t e al que inspirab:i a Leibniz cuando
formulaba la misma exigencia. Porque no se trata ya de rcdu·
cirios a proposic1011es icléntic:1s a fin de hacer resplandecer su
evidencia, trata simplemente de reducir al mínimo la base
del sistema. dehi cndo aparecer los principios, ele donde clcdu·
cir:ln Jos axiomas, intuiti\'amcutc menos evidentes que ellos.
Estas \':Jlcn sobre tocio, es cierto,
para la verdad material ele las proposiciones. } pierden su
fuerza aplicadas :i principios formales y reguladores. l'cro, SO·
brc este punto. la tcorí:i c1:1sica carece atín de claridad. Pone
los axiomas en una situación intermedia entre las proposi·
cioncs lógicas y las proposiciones geométricas: reguladores
como las primerns, se refieren a la cant idad como las scgnn·
das. Pero, o bien se puede obtenerlas aplicando los principios
de la lógica a las primcr:1s nociones matcm:íticas. y en tal
c:1so es necesario hacerlo y borrarl:is del número de las pro·
posiciones primeras de l.i geometría, para contarlas como
de lógica aplicada. O bien son rebeldes a tal
reducción y resistencia 111anificst:1 su carácter <le pos·
tulados. Conviene. pues, disociar los axiomas. de manera que
una parte pase a Jos postubdos y b otra caiga fuera de la
el $CUtido cu que mayor <¡uc" se cnhcnde romo '"t iene una
potcuciJ 1uprnor 3" (v. S 26, nota), el O\iOl113 dcj3, en efecto. de valer
par.t lui conj11uto1 inf111itus - en donde, no obltantc, d todo "conhcnc
tvn una J c111J1la", a IJ parte.
16
LOS DEFI:cros DEL APARATO EUCLIDIANO
gcornctria. Ya, no ha?rá lugar para ellos entre los principios
de la gcomctna, al 111vcl y al lado de los postulados.
S 5. Las defi11icio11es. Jl.!cnos aún se necesita contar las clcfi·
nicioncs entre los principios. llay ahí 11n error lógico
que un mstante de reflexión basta para disipar.
Se ¡ushfica el recurso a proposiciones primeras im ocando
la irnposib1lidacl de demostrar tocio. i\hor.1 bíen, las mismas
razones que Yalcn ¡n1ra la demostración, valen evidentemente
para la definición. Se define 1111 término mediante otros tér-
minos, éstos a su vez mediante otros, de suerte que, p.ira
evitar la regresión al infinito. es necesario sin duda detenerse
en algunos términos no dcfmidos, así como las demostraciones
deben apoy;irsc sobre algunas proposiciones no demostradas.
Estos términos irrccluct1bl cs constituyc11, par.1 retomar mu
comparació11 de Russell, una sncrtc ele 3lfabcto geométri co:
sirYcn para dclctrc;Jr, es decir, entran como clcmcntos para
componer las definiciones, pero ellos mismos inclcfinibks.
Estos indefinibles son los que conviene enunciar a la cabeza
de 1.1 teoría deducti\'a, y no las definiciones. Estas ínter\'cn-
drán ulteriormente, para substituir por un término nue\'O
más simple una expresión construida, directamente o por
definiciones intermedias, con la ayuda de tém1inos primeros
- exactamente como intervícnen las demostraciones para jus-
proposiciones nucrns con la ayuda de las proposiciones
primeras.
0
También las "definiciones" iniciales ele Encliclcs no tienen
de definiciones m:ís que la apariencia. Se rcclnccn a simples
descripciones empíricas, comparables a las que ciaría un die·
cionario, que tuviera por objeto dirigir el espíritu hacia la
noción de que se trata. Son propiamente desig11acio11cs. Por
eso es por lo que casi no satisfacen a la función que parece
asign;írsclcs : enunciar las propiecl.iclcs fundamentales. las que
se utilizarán a fin de obtener de ahí todas las otras, en las pro·
posiciones en donde figurad el término definido. Euclides cldi·
ne la línea recta: la que descansa igualmente sobre sus
Hcr6n la substituye por la definición siguiente, en ap;mcnc1a
G E·sta an.1logb funcion 11 entre definición )" dcmostución fue 11111y bien
sc!lalada por l'Ascu , en su fr3gmcnto (De l"csplit ¡;éo1111Ítríquc ).
LAS Dtt'INICIOSl
1
S 17
más clara: el camino m;ís corto entre dos puntos Leibniz
ad,·icrtc con ra1ón c¡uc l.1 mayor parte de los teoremas que se
apoyan sohrc l.1 recta 110 utifüan ni •.ma m otra de
pwpicc1.1des. Por 1111 lado. tales pues, .
f
inas Y JlOr otra JJartc, disfr.1za11 auscnc1J de prop?s1c1oncs
' . . . 1 ' ·1 . . lj)IO esta c¡ue
que c111111cian las prop1cdac es 1111 es, por. c¡cn :
cxplicar{111 111[1s tarde los editores de dos


encierran 1111 espacio. Esta cutre las. prop1c<l.1tes
cnunciad.1s en la pscu<lo·dcfinición y las e
tiv·1111cntc utilizaclas luego, constituye una falta fra\c,
hac.:c nacer una sospcch.1 sobre l.l iclcnticbd < e a no-
¿qué uos asegura que la ele la cual
remas es ciertamente aquella 1111sma que se pecha a a
eión iutroclucir? . . . . ·
De
1111·1 nnuera g•cncral, lr•Í tcsc de falsas m1-
• · · · · lt · bs expos1c10ncs
ci·ilcs
0
de \'Crdaderas dcf1111c1011(-S u cnorcs, · · .
1
de geometría cometen con e d
de ncscnt:ir como aparentemente sunplcs ormu .1s 01
1 1 . • dos cmmeiados ele n.1 tur;1lcza muy
se com nna11 en ... . · · · . · · 1 da
. . . uo iosiciún v nna dcnommacon; } sm (u .
d1fcrc11tc, '!1}·
1
l ) ·
1
:,, . de h tesis propagada durante

los principios.
• ' btcudrhn tod:i su substancia. ca a
de donde los

.
1
·, es
1
• f
1
·,,ura plana terminada
1 f
. · . , 15 le Ene ic es· circu > " o • .
<e m1c1011 e .
1
·
1
, cct·is que la mirn en un cierto
por una línea tal T'c/
0
< as

igi;·iles entre sí. Significa dos
punto interior a a ignra .
1
'r
1
·,,
11
ra ¡)lana ¡>or mu linea
I
Q
0
-·blc tcnmn:ir un. o • • .
cosas: es P si . 1 n· '" se llamar.í "círculo" una hgnr:i
recta tal qne · · · • ctcetc .' d - .
1
¡ que
5
¡
11
eluda sctÍ:t nüs pcr·
tal. Este segundo cm111c\1 o ]: '"definiciónº'. puesto que el
tincnte rcser\'ar . el nom irc. <_\crción- no concierne sino al
primero es
111
"'. '
1
t·c ningún nuevo coutenido
1
. . ·11iort·1 ngnros.uncn . '
cngu;i1c, } nn • :
1
. . lccisión
0
una convcnc1on que
a Ja cit-ncia . . ',S   < ior tanto, justificarse por su
abrevia el d1scnrso, que P
1
e
1
: 1 e ver con Ja vcrd;id. No se
cl
· 1 1 uo tiene na< ,1 qu . . "ó
como 1c .1< . pero b"t . -. ente afirmar b propos1c1 n
. ·el • uno ·u 1 r.1r1.11n , 1
sigue que pue " ·
1 1

0
f·ils·i v b·ii ·o este titu o.
l
. · . ' lh es \'Cr< ac cr.. • • " · ·
corrcsponc 1c11tc: .iquc • .
1
. . s ulteriores. Por tanto, s1 se
f 1
. !acles 0 contr.1< 1cc1011e , . . .
6 ucutc <e \Cr< • l 111 nado implícito a Ja mt111c1 n,
descarta como madecua<
0
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LOS Dt:fl'CI OS Ol:l. Al'AKAíO l .UCI mlAN(J
es ncccsJno dcmostrar!J co1110 tcorcm.1 o como
post11h1do. . . ,
Li utih<l.id <l e esta cxigc11c1J t.111to mejor
1
<lcfmiciün reúne h.1jo 1111 mismo temuno un nínncro
SI a · l }
Or
de i>roi>icdadcs hctcrogcm:.1s: en no >.1sta <1uc
IJIJI . . .
cacia una sea es ncces.mo que: en con11mto St\lll mtc-
gmbks. 5
1
uno no se ascgur.1 de su

se
1

a cometer lo que S:icchcn clcnunu.1 como cn or t e t 1111.
ción t·omplcj:i": co1110 si >º ddn111 un poliedro
rcgul.u que turicrJ por car.is hcx.1gonos.
S 6. Dcmostració11 )' l'arccc :isí_ que en el Jlllnlo
de partid.1 de un.1 tco11.1 p.ua satisfacer
3
lJs exigencias dchcrJn f1gur.1r no los tres
"principios" trad1c1onalcs. dd 1111c10m:s. a\10111as y  
sino proposiciones no dc11wstra<las - que lla111ara1_1 .m<h·
fcrcntcmcnt c o postulJdos- y térmmos 110 cld1111dos:
y todo d trabajo ulterior comtsllr:Í cn constrmr :i partir de
áhí proposiciones nuc\'aS, justific:1_das por 111cdio de
tracioncs v de términos nttcrns, fl)a<los por medio de dcf1111-
cioncs. Demostración y dd inieión. tales rnn. pues, las dos
operaciones fundamentales n'.cdiant_e .las que se una
teoría dcducti1·a. Pero, ¿a que co1t d1c1011cs debe s.1ltsfaccr una
buena demostración, unJ buena dcfmieión? Eso depende del
fm c¡ue se asigne a estas operae1oncs y, tambitn sobre este
punto, las exposiciones cl.1sicas de geomet ría a , me-
nudo de cbnd.1d. P Jrcccn proponerse en fonn:i snnultane:i
dos cosas <l1fcrcntcs, y qnc 110 concilian
Sin duda, b confusión es aquí menos imputable :1 Euclides
mismo que al l.1rgo uso pedagógico que se h:i hecho de su
obra. Pero tiende también a ese rasgo de la geometría clásic:i
de pretender unir la verdad material de las proposiciones
y la \ Crdad formal de su cnca<lcn:uniento, la exactitud empí-
rica y el ngor lógico.
Si se pone en prímer plano la verdad del contenido,
ces la dcmostr:ición y la definición llegan a ser simples
para establecerla. El papel de la definición será hacer concebir
exactamente el de los términos que componen las
proposiciones, r el de la demostración, hacer admit ir la verdad
'
.,
l
1"
.
Y Dftl Nl CIÓN 19
ele éstas. Dcfi111c1ón y dcmostr.1ción depemkn entonces,
propiamente liablaudo, de la rc.:tórit'.I; su fnnct(m es C\cnci.11·
mente psicolúgic.1: pulagúg1ca o did.'rctic.1. En l.t otra lnpó·
tesis, por el contrario, 11 0 tienw m:ís c¡ue 1111,1 l11nc1(111 lógica:
reunir todos los l'érnuno\ r todas propos1ciom:s en 1111
co11 1unt o sistc111.í t1co. AlmrJ l11cn, es claro. en prin1cr lugM,
c¡ue las dm exi!;et1c1.1s, cfic1c11ci.1 (l\ICOli>¡;1c:1 ) 11gor 16g1eo,
tir.tn a e11 luego, que t.1n pronto co1110
se vint ul .1 uno a l.1 prnncra. el \ótl or de 1111.1 ck111 ostr aciún o
de una dcl n11c1ón se n1ch·e rclati10, y aun clublc111cntc rcl.1-
lt\'O: una dc111ost r.1ciún u un:i dcfmic16n no es más hucna o
111ala, es sol.1111ent c 111cjur o menos bue11.1 <Jite otra; ) esta
rnahdacl, :1 su 'e1., varía según d lector o el oyente. l'eclagó·
gic:nnentc, l.t buena dcf1111dón, la bue11.1 dcmostrnción. es la
qne d alumno compremlc. Eso puede ll c,·ar le jos. !'.ira el
mito, l.1 \ Cr<ladcra dcfinició11 de la d1pse no o la qne aprcuclc
de mcmori.1, smu .tlgo como: u11 círculo 111<IrgcJúo; la burna
dc111ostr:icici11 no es l.i q11e cscnbe en su cmdemo. es l:i fi gur.1
que la acomp.1i1J. Si sol.miente la hucna de111ostr.1c1ón es d
argumento chc:1z, ¿dónde se clctendr.i uno? Es rnnoc;da J.1
:inécdota de aquel preceptor pr111c1pcsco <1uc, tem11nados 103
recmsos, llegó sin embargo. a h.1ccr admitir sn teorema
mando por último, imtado: ¡Scfl or mío, os doy m1 pJlabra
de honor!
Parece que, entre los matemáticos mismos, las dos funciones
no siempre h.111 estado cbramcnte d1sociad.1s. S1 no, se com-
prendería mal que algunos hayan compartido el asombro qne
provoca, en el profano, m.ís de una dcmostracicin de Eucli-
des : ¿por qué afanarse en pcrsnJdimos por un razonamiento
difícil de cosas de las c1uc estamos ele antemano perfecta·
mente seguros o incluso en demostrar lo m:\s evidente por lo
menos evidente? La Lógim de Port-Royal cucut.1 entre los
"dckctos <111c se cncncnt r.m de ordinario en el método ele los
geómetras" el de "probar cosas que no tienen 11cccsid:1d de
pruebas". Alg1111os busc:1!1 explicaciones y cxrnsas, como hace
Clairnut: r "Que Euclides se tome la molestia de demostrar
que dos circulos que Se cort:m no tienen cJ mismo Centro )'
T EUm<uls dt • 1; cit•do por F. Co:<nrn, 1.4 ¡¡JomJlr:c
ti lt probltm• de r ••/>«'C· t . U, p. H l.
20
LOS DEFCCTOS DEL APARATO l:UCLIDIANO
uc un tri.íngulo encerrado en otro ia smnn de sus lados
q • e ucii:• que la ele los lados del triangulo en d cual cst:í
nus p qdo·
11110 110
se sor¡)fcndcr.í de ello. Este geómetra tenía
cnccrra · . . ¡ 1 1
·ciiccr a sofistas obstmatlo\, que 1ac.:1.111 ga a e e recita.
que com • · · · 1
z.ir las YerdJdCS más C\idcntcs; cr.1     que .1 gco-
t
· t
11
,.
1
er" "ntonccs como l:t log1ca. el :111x1ho ele razo11a-
n1c na '·' .... ' . 1 '' 7 •
micntos en fonna, para cerrar la boca .ª la e 1ic:ana. Y , <?Ja1.
. t ,
1
-
1
,tlc· "!,ero !ns cosas h:m cambiado ele.: aspecl·o. 1 odo
r.m " " · 1 1 · l l ·
razon:nniento que recae sobre lo que e. )UCn senlH o e
de antemano, nene a ser hoy pura pl:rdida y n<> es
sino p:1ra );¡ \ Cr<la<l y d1sgu.star a los lectores .. La
misma concepción hmdJmc·ntal .dcl papel la
en el filósofo Schopcnhaucr quien. .111<l11lgcntc, 1uz.ga
franc.uncnte "absurdo" d método de b1cltdes y m;m(a
ele substituir b mtuición por el discurso: es como s1 un hom·
brc, díce, se cortara las dos piernas a fin de caminar con
muletas.
Sin embargo, el "absurdo" mismo que se ahí
·no debería hacer sospech:ir que uno se cqm' oca qmza sobre
fas intenciones ele Euclides? Que se pueda, como hace Pascal,
mirar el razonamiento gcométnco como un 111ocl.clo dc_I
de convencer, parte él mismo del arte de persuadir, no 1mph-
ca que tal sea su función primera y esencial. En efecto, sabe-
mos que muchas de las proposiciones de Euclides
cidas antes de él y casi no hay duda de que ha} an sido adnu-
tidas como , crdadcras por todos los expertos. Pero faltaba
organizarlas lbg1camcntc, unir las unas a las otras por una red
tupida. Aparentemente es lo que quiso hacer y, en todo caso,
lo que realmente hizo Euclides. Y tal es sin duela el pro-
pbsito cada vez más y m.ís decl arado del matcm:i hco.
la época de Cla1raut, las cosas han "cambiado de aspecto
un:i vez m:ís. "En el sistema de todos los juicios verdaderos,
escribía ya Dolzano reina una eonc.xión objetiva, indepcn·
diente del hecho contingente ele que la conozcamos ele
objctírn; por ella ciertos juicios son el funcl:uncnto de otros. '
Desprender estas conexiones objctirns, tal parecía. en aclclan·
te. el verdadero fin de la demostración en una teoría dcdue·
• Philo1opl1ic dn i\fot/ocoruttik, 1810; ciudo por CAVAILLis, Métbodc
<nÍ011141íquc ti formolismc, pp.
l
01 MOHltAelÓN Y 0U' INIC1ÓS 21
t;l'a. Al mismo tiempo <111e J.1 certich11nbre snhjctiv:i, se clej:1
a un l.1clo J.1 verel.ul 111.1tcrial ele las proposiciones, y Ja mate·
m:ític:1 se conviert e en hipotético el cdncltva. Desde priucipios
del siglo x1x, C!.ta scp.1r.1ción cu trc l.1\ cnncepeioncs de la
e1c11c1.1 y de J.1 matc111:'ttilas, habia sefialada,
con 1111.1 claridad pcrfect.1, por 1111 f1l ósufo hoy ya olv1claclo,
victima cid dcscrúhto en que c;i)Ó 1.1 l'M:ucb cscoccs.1. "En
malc.:m:í ticas, scital aha D11galcl Stcwart, " 1111c\ tros razonamien-
tos .. . no ticm:n por fin constatar rcrc/m/cs acerca ele existen·
c1.1s rc.1Jn, smn detc.: r111 mar la fili :1ci<Ín lógica ele bs wnsc·
c¡uc se elcril .111 de una /1ip6tcs1\ ciada. Si, p.11tienelo
ele esta lnp<ilcsis. r:mm:unos con exaetitnd, l'S 111:111if1csto
que n.1cl.1 podría faltar a 1.1 cviclcnc1a del resultado; pu<:l. 1,, -s te
resultado se limita a aíir111ar un enlace ncccsano entre la
y la conclusión . . . De estas proposiciones no se
puede decir c¡uc son rnrde1dcras y fa/s115, al menos cn el sentido
en que se les llama proposiciones rclatt1·.1s a los hechos . . .
Cuando se dice de estas proposieaoncs que las unas son \ ' Cr·
dadcr11s, las otras (<lisas. estos epítetos se refieren úmca111ent e
a sn conexión con los d11t11, 110 a su rclacibn con cosas actual·
mente existentes o a acont ecimientos futuros ."
Asi como la demostración l',tcila entre una función psico-
lógica ( detcnninar el asentimiento) y un:i función lógica
( orga1111.ar las proposiciones en sistema ). asimismo l:i dcfini-
c1611 se instala un.is \ Cccs en el pl.mo del pensamiento, otras
en el del discurso. ) muy a mcnuclo pretende hacer a la 1·c-t
lo uno y lo otro. Apunta, como su nomhre lo sugiere, a dcli·
mit ar la comprensión ele una idea, pero también a establecer
una equi valencia lógica entre un término 1111cl'o y un conjunto
ele términos anteriormente introelucidos: el medio viene a ser
un 1111c1·0 fin, <(lle a mcnuclo se aiiadc al primero sin borrarlo.
De ahí 1mJ íluctnaci6n <1ne se obscr\'a hasta en la matemá-
tica t·asi·co11tc111porá11ca. Recordemos solamente las bml:ts de
l'oincaré la clcfinición del número 1 en la aritmética
si111holi1acla de l.1 escuela de Peauo: "Definición cminentc-
111cntc propia, dice con ironía,
10
para dar una idea del número
t Hbnrn:s .¡,. lo pl111owphic Je l"ci/ml hun1ai11, \'OI. u, \SI), lud. de
l. l'usn, pp. 106·7. El oulor 01 quien iubray•
10 Sdt11cc et mi 1/10Jf, p. 168.
22
J.OS DEFECIOS Dr.L AP.\RATO LUCLlDIAl'O
1
.
1
sonas <¡uc
1
·amás hubieran oído hablar de éll"
1ª as pcr d l ét 1 ' ·
U d los
P
nmcros bcncf1c1os e m o< o ax1omat1co
noc · 11 t ' '
· d' · . cst·is confusiones. d1soc1ant o a rna cm:11tc.1 pura,
ser.1 is1p.1r · ¡· 1 · ¡ 1
· · (
1113
¡ )' J·• nn tcmátic;i ap 1ca< .1, c1c11e1;1 < ". o real·
c1cnc1a or , " · . •
' s >r•·ci"ltllClltc obliaJmlo a tomar claramente partido
o, lll:I 1 >• ' " • '
y a escoger entre J.1s dos ele 1111a 1111sma kona  
máttca, según que uno se en ella por la coherencia
lógic.'l 0 por la verdad cmpmca.
1 1
)
11 . LAS PRli\ IERAS
S /. Nacimiento de la r.. lic11tras IJ geometría pre·
tendía medi:rnte sm proposiciones cmetiar \'crdadcs, l.1 form.1
racional dada a la prcscntac1ón de 1.1 ciencia podia aparecer
como una especie de lujo intelectual. Sic11do entonces cons1-
derado el enc:1dena111iento lógico como 1111 medio p:ira alean·
:r..;1r proposiciones \'Cr<bckras, o para hacerlas :1ccpt:ir de los
dcm:ís según una especie de argumcntac1ó11 retórica ex pwr·
et eran tolerablc1> algunos defectos de
rigor. desde el momento en que l.1 mt11ic1ón venia. como me-
dio auxiliar, a suplirlo: el resultado era alc;inzado, la seguridad
<le l.1 ciencia no cr:i comprometida. No sucede ya lo mismo
cuando. como imita :ihora l.1 pluralicl;id de l.1s geometrías.
uno se desintcrcs:1 de la \'Crclacl mate11.1I del contenido, para
l1accr reposar la \'alidcz de una gcomctri.1 sobre la annadura
lógica. Entonces, la menor ins11f1ciencia hace dcsplom.use el
edificio: recurrir a la intuición, es \'lolar la regla del juego.
Otra razón impelía en el mismo sentido aun a :iquellos
que continuaban ligando la primera i111port;111cia a )J \'Crdad
extrínseca de las proposiciones: l:t dcsconha111.1 acrecentada
<¡ue s11scitab:1 la intuición espaci:il. La historia entera de la
geometría atestigua una tendencia constante :i restringir cach
,·cz más su dominio y a acrecentar otro tanto las exigencias
lógicas. Pero en el siglo x1x, con IJ "aritmctización del análi-
sis", el mo\'imicnto tomó una considerable, a la
c¡ue el surgimiento de geometrías rebeldes a la intuición no
podía sino contribuir. Sep:uaciones sorprendentes se mani-
festaron así entre las sugestiones falaces ele la intuición y las
enscfia11z..1s indubitables de la demostración. Tal proposición.
de la que todos se creían seguros, re\'élasc errónea; tal otra,
LAS l'lllMl:.111\S
que habriamos dcsC:1rtado si n titube.u es, si n embargo, susccp-
!lblc de prucb:i. Para no citar sino dos ejemplos memorables:
110
es , crda<l que a una currn continua se puccl,1 tra1ar sic
111
.
pre una tan&cntc   no es falso <(lle una eur\'a.
linea sm :mchura. pueda culmr tocia la supcrf1e1e de un cua-
drado (Pea no) .
Es l'asch quien, en 1882, intentó l.1 primera axiomat iz.
1
.
c
1
ón de b geometría. Si su solución presenta muchas i111pcr-
fcccioncs. debidas c.:n parte al hecho de <(UC el autor conscrYa
la actitud del empirismo al menos planteó clar:1111cn-
tc el problema : "Para que 1:1 gcomet rra llegue a ser \crcl,1 clc-
rJmcntc una cic11c1a clc.:<lucti\'.1. es necesario que la manera
como se sacan las consecucne1as sea en todas p.1rtcs imlcpcn·
diente del sentido ele los conceptos geométricos, como debe
serlo ele b s figur.1s; sólo deben tomarse en consiclcr01c1ó11 las
relt1cío11cs cstJbleciclas por l.1s prop-0sieioncs (que hacen ofi·
cio ele definiciones) entre los conceptos geométricos. Dur:1n·
te la deducción puede ser comc111cntc} útil pensar en Ja sig-
nificación de los conceptos gco1Úétri cos pero esto
no es en manera alguna necesario; de suerte que precisamente
se hace necesario cuando se manifiesta una laguna en la de·
ducción y (cuando no se puede suprimir esta laguna modifi·
cando el razonamiento) en la insuficiencia de las proposicio·
nes im oc:icbs como medios <le prueba."
11
lle aquí, pues, las condi ciones fundamentales a las que,
para ser verdaderamente rigurosa, debe satisfacer una c.xpo·
sieión deductiva:
l. Que sean enunciados explícitamente los términos pri-
meros, con ayuda de los cuales se propone uno definir
todos los otros;
2. sean enunciadas explícitamente las proposiciones
pnmcras, con ayuda de las cuales se propone uno de-
mostrar todas las otras;
3. que las relaciones enunciadas entre los tém1inos prime·
ros sean puras relaciones lógicas, y penrnmczcan inde·
pendientes del sentido concreto que se pueda dar a los
términos;
11
M. PAsc1r, Vorlerungcn übtr ncure Ccomclric, 1882, p. <>S .
j
1 .
i
¡
1
1
DE U AXIOMÁ'I JCA
25
4. que sólo estas rdae1ones intcl\·c11g01 n en las demostracio-
nes, inclcpcndie11lc111 cntc dc.:I sent ido de los tfoninos (lo
que prnliíbe, c.:n p:1 rl1cul.ir. lo111ar prcstJdo algo a )J con·
sideraci6n ele las f 1guras ).
S S. A11terioriclacl ele 1111 sistc111t1. L1S establecidas asi
por l'asd1 co111 porla11 una d1sti11ción clara entre los tém1ino:;
o f>rof>i<1s al sistc111a 01x iomatu.1do y los que le
son l'.1g1camcnte Si se t rata. por c:¡cmplo. de geo·
mctr1.1, los. tém11nos propiamente gcométri cm que f1gura11 en
las pm11er.1s 110 p11t•dcn C\'Hkntcmcntc fom1ar
propos1c1oncs mús que s1 cst:in unidos entre ellos por otras
palabras, que tengan una función lógica, tales como: el, y,
todo, 110 . es 1111 • • •• si .. . e11to11ccs. c.:tcétcr.1. Jg11:1 lmcntc. las
demostraciones no h:iccn fümado sólo a l.1s proposiciones del
sistema, porque, para integrar éstas en demostraciones, es ne·
ccsario reglas lógicas de encaclcnamicnto. por ejem·
pi?, aphcar l.1 regla de l.1 trm1S1tirid:icl de l.t impliC:1ción (si
a b )'si. b implica a c. entonces a implica a e). Un
conocurncnto - s1 no teórico, al menos operatorio- de la ló·
gica, pues. se presupone aquí. En rclac1611 a ]:¡ ciencia :tsí
axio111ati1.:1da, b lógica se llama e111terior.
Adcm;ís de b lógica, un sistema geométrico presupone or-
clinari:imcnte la aritmética. l';ira definir 11n trifogulo, es nc-
ccsano empicar el número tres; p.Ha demostrar que la suma
ele sus ángulos ,-.1Ic dos rectos, es necesario admitir la ,·;ilidcz
ele los teoremas aritméticos acerca de la adición. De una
manera general. se ll:imar-.í :111tcnorcs a un sistcm;i axiomá-
tico todos los conocimientos a los que ese sistema hace, así,
llam:1do. Se notará guc, si 11na ;l'l: iomátic;1 se presenta como
un mtema pur:t111cnte fomul, los conocimientos de que tic·
ne nccesidJd p:ua constituirse son, ellos mismos, nociones
entendidas en la plenitud de su sentido y tesis tom:idas en
su verdad 111:1 !erial.
Este recurso a conocimientos anteriores, sobre todo si no
está expresamente dcclar:1do, repugna al espíritu de la axio-
111{1 tica, c¡ue se impone como ley explicitarlo todo, si n pre-
suponer 11ada. Se puede naturalmente atenuar esto obligán-
dose a enumerar, al principio de una axiomática, las ciencias
Z6
LAS l'RIXtrll.\ S
que se presupone. Pero esta no basta de
nin!!Ún modo para resolver los d1hc1lcs problemas que sur-
gen"" aquí, y cuy.a consideración dct,en11i11 a11tc p.ua los
dcs:mollos ulteriores de la axiom.tt1ca. 1 articularmcnte: ¿se
podrá, como sugiere en scgu.1da el aH1.1 de pmc1A1 lógica,
hacer remontar 1.1 ax10111at11.:1c16n de la e1cnc1.1 hasta un pun-
to Ílltimo. de la geometría .1 la ari tmétic.1. de la arit mética a
Ja Jógtca. a modo de . absorber lm h.1sta ahí
utihzados como antc:norcs -y que por cons1gmentc perma-
necen exteriores- a Ja axiomática. } a ehmmar así tocia pre-
suposición intmti\ ,1? O .l>1en, los clemrntalcs
de lógica y aun ele ¿no scn:m
uttliz..1dos, a título operatorio. en J,1 construccmn de las ax10-
mátic;is Jóaicas y ari t111éticas' Es dificil. scíiabb.1 Poíncaré
"enunciar frase sin poner en ella un nombre de número,
o al menos la palahrn ,·,arios, o al menos una palalm1 en plu-
ral''. ,; El antmétaco o el lógico 1111111cm sus proposiciones y
sus teoremas, cmml<1 el número de sus nociones primeras. Lo
que es verdad de las nociones ari tméticas rnlc, con ma)Or ra-
zón, para las nociones lógicas.
No es siempre facil, por otra parte reconoce:r exactamente
la frontera entre las nociones propi.1s a una ciencia y las que
le son anteriores. Leemos, por ejemplo,
13
en un libro de geo-
metría: "La recta a /Jasa por el punto A." El tcrmmo pasa
¡mr aparentemente es del vocabulario geométrico; pero ya que
se puede evitarlo diciendo: "El punto A pertenece a Ja recta
a" y que la pertenencia de un individuo a una clase ( consi-
derándose la lmca como 1111a clase ele puntos ) es un.1 noción
lógica, el término pasa por debe ac¡uí ser contado entre los
tém1inos lógicos. Leemos, m3s lejos. las dos frases siguientes:
"Si un punto está dado fuera de un plano, ctcctcra" y: "Si
un punto está dado fuera de una superficie esférica. etcétera."
¿En dónde clasificar la expresión fuera de? En el primer caso,
se enuncia simplemente que el punto 110 pcrtc11ecc al plano:
es, pues, un término lógico. Pero en el segundo, se quiere
decir algo más: no solamente que no pertenece a la superfi-
12 11. i'otNCAlt , Scinice ti mithO<h, p. 166.

13
Los ejemplos que ugucn cstln tomados de PADO.\, L4 déduc·
lne. Rev. de 1\tilaph. d de /\lordt, nov. 1911, pp. 830-31.
1
1
1
f
1
1
!
1
f
AN' l J'l\ IOIUDAO [)[( UN SISl' l( M,\
27
cíe de la esfera. si no, adc111{1s, <¡ue no está situado en el í11 te-
rior de ésta: el 111 imro tér111i110 debe, por tJnto, ser mirado
ac111 i como prop1.1111c11lc geométrico.
Se pocli.1 c.recr que l:i e1111111eraei6n separadJ de los ténninos
pri111cros <le 1111 \l\ ICma era M1 pcrfl11a, ya que estos térmÍ·
\011 l \,1ct;1111cnlc los que se cnc11entra11 en proposiciones
pr1111cr:1,. De hecho, en las primeras axiomátic-.1s, no se toma-
h.1 c.'lí t.1 prccJ11c16n. " dif1cnltad <¡uc hay algunas
' eccs en reconocer. en I.1s proposiciones, cu.'tlcs son tC:nni·
nos propios de la teoría, impone, comprende, dar la lista
exacta de ellos.
S 9. lrrdcf í11ibles e í11dcmostrablcs. Sistemas equí1·alcrites. Uno
ele los rasgos que car:1ctcri1A1n 111,ís ,·isiblcmentc l:i puesta en
forma ax1om;\tica ele una teoría deductiva. cs. se ha visto,
<1.11e se   y cnunci.1r ahi expresa y cxhaus-
hv:uneutc los 111dcf1mblcs y los indemostrables de la teoría.
Scmej:wtc fúrmula rcd;una, emhargo, si no correcciones,
al menos co111cntar10s intcrprctati, os.
En primer lugar, no es lógicamente indispensable que la
totalidad de los tfonmos funcbmcntalcs y de los postulados
sea presentada en hloque desde el principio de la teoría. y ago-
tada antes que eo111icnce11 las dcfi11ic1oncs v las demostracio-
nes. Pucsto .. quc la tcori:i axiomatizada 1111 ci erto grado
de tal proccdin.1icnto arriesgari:i entorpecer la
cxpos1c1ón, sm mnguna vent:11a lógica. En este caso. a mcnu-
se preferible proceder por grados succsl\·os, y no
mtro<lue1r sn10 a 111cd1da de las ncccsid.1dcs, sea aisladJmcnte,
sea por grupos, l.1s nue\·as nociones fund.1mcntalcs. con los
postulados que les cunespondcn: a condición. bien entendi-
do, de que la cosa sea hecha siempre ele modo explíci to. Rc.s ta
el que la mención de los términos no definidos y de las pro-
14 S111 JuJJ h•bl1 tJmbifo. en • difcrcno J de • entre Jos
té11111110> y propo\lci.,nn 1111 cfcct o de ese cunow rctudo en L> tcorll
de lo• llnnmoi , dd •tttc hemos \'3 cnronludo unJ mJn1fC$tJción en el lii·
bito ><culJr Je <unlJr 1,. cld1111<i onc• entre los princip1ns. P.\DO.\ obscrn
'2 Clic 1>ropós1to <JllC, " >< dupunc dodc hJtc mucho hmipo de Ja ¡>JIJbra
tmuc:i fxut11la1lo, pJrJ dcs1gnJr l2s Plll1""ÍC1011cs no.Jcinostrad:u, no se ha
111\·cnl•tlo 11111 1.ilJb,. p11J los 16111i110\ 110.cJefin1dos: pues cst• 11ltinu e•·
presión cr• l•n puco cmplC'Jd,1 que no se hJhía cons1dcudo nettuno abre-
' iarl.1. La p•bb11 l<orc111a, a '3 qnc bll• una rorrcspond1entc p:113
nar 101 t<r111111os tlcfm1d11•. se 111cslJ1IJ 3 una an.llog:i .
28
1.AS AXIO:O.IÁTICAS
t 1
1s debe preceder siempre a la de lo_
. . no demos rae .• ' \\ \ r· . .
pos1c1oncs . . s que clcri,•m ele e os por <e 1111c1on
• . s ,. propos1c10nc .
termino . . .
11
este sentido relatl\'o es como merccrn
0
dcmostrne1ón. ) e
11
:idos prnneros. . ¡ . . .
ser am
1 1
.
5
prim<'ro y co111ic11:0. las < e 111dcf 1111-
Así .como bs

deben tampoco ser sino en
ble e     . , )Oí eso se tiende cada \ c7. mas, para 110
un sentido relatl\O) .l.oc·ici·o· ii .
1
C\'itarbs. Un termino no es
a utri cqm\ · • • ·
' ro Josición
110
es indc111ostrahlc. smo en el
indehmbk. una Pt 1 cstrncturado ele un:i cicrt.1 manera. )
interior de
51
.
5
ci.na
1
HC el objeto de una definición o de
pueden

\nodifica con\'eni entcmcnte las bases
una dcnwstracion.dsi .
5 51
·cui¡ire el ei ·cmplo de la geometría
d 1
· t
3
Cons1 cremo .
e s_1s cm · , de ninoún modo in1pos1blc demostrar en
cuchd1ana. N
1
° les
1
Jas"¡
1
iralchs· en Jugar de demostrar
JI e
l postn a< o < e · · · '. · ¡ ·: \ . J
e :\ . b suma de Jos angu\os e e un t n.mgn o ' a e
por su mecho ; toda figur.1 se puede hacer corresponder
dos o q . e de ma mtud cualquiera. o que por todo
una puede trazar una recta que corla
punto mtcnor ba un •. e- t1'r .. \ orden v se demostrará \a uni·
d
) los asta 111\·er " ' , 1
sus os :ic ' 1 1 t como 11ost11lado una u otra <e
'd d de la para e ª
0
" J ·6 d 1
c1 a . . s la e cce1 n e os
'Jt as propos1c10ne . " •
1
u mi , ue se instituirán como fundament_a es
tcnmnos la tcona q , b' en h lista de los térmmos
l
.b Snn¡¡\cmcntc un e.un 10 •
es • re. . . , b. o correspondíen te en los post u·
;elaciones entre esos térmi_nos.
a os. ) . .
1
habla de un sistema
Es necesario, pues, v1g1lar, cuan< o se '. ' l l 'ªJabra
dcducti\'o que no se confundan dos acepc1011es (.e a I 1<>
' ¡ · y pro11os1c10nes <1ue
sistema· el con¡º unto de as noe1oncs . . .
· . d t l
0
cu:il orgam1Á1c1on
componen. primiti\'<lS )' den va y a • \'do en el pri·
lógica que es posible darle. Un sistema, e_ntenc i sent·1cio·
mcr sentido, se presta siempre a una multitud de pre '
r 1 1
an
3
lu¡;la cou lo que se
u csoicu 1t•h1n1 puso en pcr ccta ."!· po ·l t":lr.lctcr rcbtivo, pJr3
hab!J ¡a reconocido respecto <le propo5icioncs. e · 1( ·c:imcntc. la
una noción, de ser pumcu Se notará sin cmhar¡;o que

en
1
cJ;1ción
rcbción de 3ntmori1bd de una propos1cilm
0
de
1
1111
6
1
1
e•. ·c·n v:ihdos
. . ·¡· t l< S r< Cll , , •
roo otro es 3rb1tra11•. C)l) no s1;n1 1c:i que O< ' la de )'.UC-'L
La ida de un 0tdcn n•tunl de uoooncs \ 3scrcmncs. <!HC J'" acíorud d1s·
l[11s11, no h• perdido todo '1lor. s1 • apuntJ a nn or en r '
tinsu1do de un 01dcn sobmcntc lógico.
f
l
}
1: IN111:111os·1 lt.\111,ES 29
ncs es, para usar una compar;ición de Nico<l, se·
mej:inlc a 1m poliedro. \ usceplihle de dcsc:111s:1r sobre v:irias
ba5es d1fcrc11lcs en el segundo sen·
ticlo ele la pabhra. se ll aman cc¡uím/c11lcs. Así, todas
las reconstrucciones axio111:1tica5 de la gcometriJ cuclidianJ
son cquiv.1lc11tc:s, que cont icncn, en el fondo, d mis·
1110 eo11j11nto de lérminm y proposic1011es: lo c¡11e difiere es
sol:1111rntc Ja repartición de éstos en }' deri\',u.los.
gencr.tlmcnte, y t;11nhiln 111;is precisamente: dos siste·
mas ele proposiciones cqm\'alcntcs s1 cualquier propost·
ción del 11110 se puede dcmostr:1r con la sola ayuda de las pro·
posiciones del otro. y recíprocamenle; dos sistemas de términos
sou equivalcnl es, si lodo térmi110 del uno se puede definir con
la sola 3} uda de los términos del otro, ) rcciproc:unente.
S 10. Las clefi11iciom:s /JOr El estatuto Jógi<'o ele
los post u lacios es cl.iro: no son afirmados .i títul o de ' erd;idcs
generatrices de otras \·crcl.1dcs, si no simplemente puestos a
título ele hipótesis, tales que permit en deducir un coujunto
dacio de propmicionc.s. o ele las c11:1lcs 11110 M.: propone 111\'CS·
tigar que comcencncias implican. Y se sabe que no es en ma·
ncra alguna necesario que las proposiciones se.111 \ crda<ler:is
conocidas como tales, p.1ra que se pueda razonar correctamen·
te sobre ellas, siendo );t \'alidez de 1111 razon:imicnto indepen-
diente ele la ,·erclad de s11 contcniclo. L:t coudición ele los tér-
minos primeros p:irecc m:ís cmb:ir.llosa. l'orqne, si se pnccle
hacer abstracción ele la ' erd:id de l:ts proposiciones sobre las
que se opera, ¿se puede asimismo hacer totalmente abstrae·
ción del sentido de los términos? ¿Cómo decir de l-stos algo.
así fuese a tít ulo hipotético, si están p.1ra nosotros totalmente
despojados ele Y ¿cómo llegar a un sentido, si por
una parte no podemos definirlos. y si por otra parte rehusamos
tener en cuenta s11 sentido intuitim prc\'io? Porque, si no se
impone uno oh-icbr s11 sentido empírico, prcaxiomát ico, se
corre gran riesgo ele referirse luego a él. sin saberlo, en el r:t·
zonamicnto, e introducir de este modo ahí de una manera
subrepticia elementos implícitos más o menos ,·agos y sin duda
\':t riables con cada uno. No hay más que una respuesta: su
sentido sed fij:i<lo por el uso que se haga de ellos en los pos-
30
LAS rRJJll!iRAS AXIOMÁTICAS
tul.idos. Jos cuales enuncian qué relaciones l?gieas sostienen
cutre sí esas nociones. Este modo de el valor de
un término no es propiamente una clcfnuc16n, 110 establece
una cquirnlcncia lógica entre el ténnino ,mu:rn )' una
conocida. Pero como cumple la func1on de una clcf 1111c1<111,
que es Ja de fij.1r ti sigmficación, se puede considerarla como
una definición implícita.
Esta noción fue introducida por Ccrgonnc. "Si una frase,
observa él, contiene 1111,1 sola pal:ibra a significación nos
es el cn:.111ciado ck esta fr:isc podrá b,1star para
rc,eJarnos su ,·alar. Si. por ejemplo, se dice a alguien que
conoce las palabras !riJngulo y cuadrilátero, pero no l1a oído
jamás pronunciar la pal.1bra diago1wl. que cada una ele las
dos d1agonalcs ele un cu:tclriJ;ítcro lo di\'idc en dos tri;'mgulos,
conccbir,í en el acto Jo que es una chagonal y la concebirá
tanto 111c1or cuanto es aquí la única línea que puede elivid1r
el cuadril átero en triángulo. Estas C$pecics de frases que
d,111 así la inteligencia de una de las p.1Jabras ele que se com-
ponen, por medio de 1.1 significación conocida ele las otras,
podríJn ser llamadas de{ i11ic1cmt'S implicitas, por oposición
a las dcfmicioncs ordinarias, que se ll amarían de( i11iciones
explícitas." •• Tal proccdnnicnto uo tiene nada de excepcio-
nal. Así es como el nifio aprende el seuticlo de la mayor
parte de las palabras de su lengua. En bs ciencias físicas, es
usual que un<I ley, establecida con la ayuda de nociones
provisionales, permita en c:unbio precisar su sentido. Sobre
este hecho se funclab:i el nominalismo científico para sostener
que las leyes no son a menudo sino definiciones disfrazadas:
la ley de la caída de los cuerpos define la caída libre, la ley
de las proporciones definidas caracteriza la co111bi11ació11 por
oposición a la mezcl,1, etcétera. Tales definiciones indirectas
son a con una incógnita, cuyo valor
es h1ado por el con¡nnto de la ccu:1ci6n.
Esta determinación es unírnca cuando, como en el ejemplo
por Ccrgonnc,, un solo valor satisface a la ecuación.
No ocurre siempre as1. Sobre todo si consideramos un sistema
de ecuaciones con varias incógnitas sucederá que varios siste-
1• ruda t/1éorie des défi11itio11s. tSIS, pp. 22·B, citado
por f · Eimi¡vu, L él·o/utio11 dg Id logique, trad. fr., p. 9-t.
LAS DEl'INICIONM POR l'CISTULADOS
31
mas ele raíces satisfagan a las ecuaciones o incluso una in-
finidad, como si se estableciera, por ejen;plo: '
y = Zx
z = }' + x.
En un tal . sistema <¡ueela si n embargo, detenní·
Y.ª que s1 se asigna a una de las incógnitas un valor
arbitra.no, los ele las se encuentran en seguida fija-
d?s. En lugar ele ser mdmdual, la elctcrminaci6n es cu al-
gun moti? global, }'   un carácter más abstracto: en
c1cmplo, y s1ClllJ>IC el doble ele x y z su triple.
Mas bien que los térmmos m1s11ios. son, se ve, las relaciones
entre los térmmos las que <.'Stán aquí exactamente determi-
La de los términos primeros por las
relaciones ,entre ellos los postulados, nos co-
loca en una s1tuac_i6n analoga. Un sistema de postulados es
a un con varias incógnitas,
mcogrntas a los términos primeros
ele Ja cons1elerada: su valor no es cualquiera pero
esta elctenmnaelo sino. i111plicit11, solidaria, equivoccn;iente.
Esta 111.ancra ele determmar el sentido de los térmi 0
d el f
. • .
6
. , n s es
un caso e e 1111c1 n 1mphcita, que se nombra definición
por Se comprende cómo Poincaré podía decir
a prop6s1to . . los ele la geometría euclidiana'.
que son d.ef.1111cwncs ch.sfrazaelas: el co11ju11to ele Jos postu-
euchcl1an.os constituye. en efecto, una definición ¡111•
phc1ta del con¡unto ele las nociones euclidianas. n
n
17
l..t cquivoCldJd de bs. dd1111c1011cs por postubdos -de b cual se 'ª'
  que es, pJra los _sistcmJs ax1om:ihco<. lo contr:rno de un dckcto--
.. de. <l11a11da1l se habi.1n rccbnocido antmonncntc en
(1826) 1 . s <.1cul1f1cas :\si Gucossr. hJbí:i c•pucsro sistcm:lticamcnte
. os comienzos de fa g<-omctría prO\ccti\J (sm ralchsn ·
dos b.tcoJmnnas, siendo los térmm!" punto
10
i
ooncs Ftªs:i e derecha a llq111crda, sin c1uc IJ \·crdad de bs

pu11tos .fcln111i11a11 du11<1 recta, dot plallOI
ltcs f>IJ1101 ' • "º en "'"ª ucta ctermma11 un pl<JJ10
Se . , . ¡uc 110 t1c11en una r<'Cla ,·on1ú11 d.:tcnninctn un punto etcétera'
duahdad ddcpcn<lc de <¡ uc los tlnninos primeros de IJ que.
e /"'"'º Y e recia (serie d • t ) · · •
postubdos en donde f . 1 e pun os wntmncn S.lhsfacicndo a los
y de he de pi ( igurad s1 se es da rcspcchv.tmenlc el sentido de plano
pua los iunlo ª''.a.t pasJn o por una recta) : por eso todo teorema \·.llido
y IJs rcclas ( s > las redas ( •111e los unen) \'ale 1g11al111cnte para 1
03
planos
que son su mlersccción), y rcdproc:1mcnte.
u_1ssoo 1s
3Z
LAS rRJMl:JlAS AXIO:l.IÁl JCAS
Se Ye mejor ahora que los ¡)ostulados de u
11
·
1
t •
. . . • cona 11
0
son propos1c1011cs, smccphblcs de ,·crdad o falsedad ..
conticucn rnriablcs rclat i\',lmcutc 's '
1
.}·l <¡ne
1 lé
. . · · · • o .1111cntc
cuam o se ( · a cst.1s variables c1crl m \'alorcs
0
cii
1 ' . j J U . • O TO\
termmos, cuam o se. m su constant es. ent onces
los pos!ula
1
dos
1
a ser
1
propos1c1011cs.  
0
fol.
sas segun a e CCCll>ll que se iaya hecho de consh t
1
) t . 1 1 1 . ' . . 11 cs.
cr? en onces sa e .( e a axwmat 1ca para pasar a sns apli-
el 011 igual titulo¡ b s ccuacmncs de un mismo
sistema, a 9ue no se P?' na mejor, los postu-
lados son simples f11!1cw11cs fJro/1os1cio1wlcs: expresión de
la cual no es ucccsa no dar explícita, puesto
que se encuentra, en suma. 1mphcLt:rn1cntc definida por las
frases que preceden.
"La matemática es una ci encia en donde no se sabe jamás
de qué se habla, ni si lo que se dice es Yerdadero":
ocurrencia bien conocida que sugería a Russell la considera-
ción de la matemát ica axiomatizada, Yale para toda a:>. iom:í -
tic1 en general. Asimismo, a la axiomática realmente es
a la que c01wicnc cst<l otra ocurrencia que es de Poincaré:
"La matemática es el arte de dar el mismo nombre a cosas
diferentes."
S 11. Dos c;cmplos ele axiomáticas. Aunque no concierna a
la geometría r que su autor se haya preocup;i<lo sobre tod?
del problema de la expresión simból ica, <lart mos como pn·
mer ejemplo de axiomática la que Pe:11_10 construyó para
la teoría de los números naturales: en pnmcr lugar, porc¡ur
·su brevedad pennitir:1 exponerla toda ent era, luego porque se
encuentra en ella una ilustración simple y notable <ld ca·
rácter de cquivocidad. Pues no comporta sino térmmo_s
primeros: cero, el número, el sucesor de - }"

eioncs primeras, que transcribimos de la notac1on s1m ica
en el lenguaje usual :
1. cero es un número;
2 el sucesor de un número es un número; .
3: varios números cualesquiera no pueden tener el mLSmo
sucesor;
OOS 1-:J Elll l 'l ,Q'i Df. AXIOMÁTICAS 33
-l . cero no es el suct$or ele ningún número; d
5. si una propiedad pert enece a cero y si, cua!1 o pertenece
a un número cu;1lquicr.1, pcrlcncec ta.ml.uén a
sor. ent once\ pertenece a todos los 1111111eros ( pm1etp10
ck inducción).
Se ve cómo, con la ayuda de l.ls dos proposici ?·
nes, se puede definir en prnncr lugar _el m1111cro uno. dcsp11cs
el número \' así succs1\';1111cnte. Sohrc estas bases, las no·
cioncs y propc;sicioncs cl cmcntalcs de la aritmétic:i se pueden
dcfmir o demostrar tod.1S.
Sólo c1uc, la interpretación de los primeros
no es la única que satisface a este Jlicgo de ;1xiomas, de suert e
que no determina de m.i nera unhoca un concreto de
proposiciones Por ejemplo. obscn a Russell. s1 le conservamos
a sucesor su sig11 ificaciún h.tbitual, pero ent cuclemos por cero
un 11úmero cualquiera, pongamos 100. y por ruí111cro cada
uno de los números a pJrt ir de 100, los 5 axiomas c¡ucdan \C·
rificados, ,. n;i turalmcntc, t odos los teoremas que clc<luccn
de ellos. Igualmente sí. co11scn·ámlolc ahora a cero Sil sentido
ordinario, se designara como número los solos números pares.
,. por sucesor el stgundo sucesor; o aún. si. representando
cero el número 1 y significando sucesor mitad. el mímcro
designara cad;i uno de los términos de b serie l. 1 n .. l / -t,
ctcéter:i . Todas cstJs mtc1prctacioncs y !Js semej.mtcs que
scr:í fácil imagmar, suponen un:i estructura formal común,
que esta axiom.ítica pone en e\idcncia. Lo que cll.1 caracteriz.1,
no es, pues, propia y l in1itati,"amc11tc la aritmét ica. cs. más.
generalmente, una cierta cstrnctur:t. que es b de fas progrc-
sio11cs. L1 serie de los números naturales no es sino una ílns·
!ración entre otras. f.:.stas no pcnnanccen, por lo dem:ís, en·
cerrad.is, como podrían sugerirlo los ejemplos que preceden,
en sub-dominios in tenores a la aritmética: puede instituirse
una progresión también entre entidades diversas de los núme-
ros, t.1lcs como puntos o instantes.
Como segundo ejemplo, bosquejaremos la a.-.:iom:ítica que
llilbcrt dio de la geometría euclidiana.
18
El interés de Ilil·
u Crn11d/.igc11 da Cco111ctrie, IS99. En las ro1cioncs ultmorcs el aulor
aportó algunas pc<¡<K!Us rnod1hc-acioncs. nosotroi hemos tni:do entre las
H
l.AS l'RIMERAS AXIOMÁ"rlCAS
bcrt se concentró sobre las proposiciones. No se incoe
6
1 d
· l ' · 1 · up
mue 10 por re u
1
c1rda

numero de los términos pri-
meros, que por o cmas e1 mcorporados a los axiomas
5
·
· 1 <l t<l 1 . , . •
111
enunciar os scp:ira amen e e moc o s1skmahco. 10 Pero d
' J t 1 . ' os
trazos, en e , merecen re encr a atenc10n.
En primer lugar, no se contentó con despejar los axiomas
ele los cuales algunos habían permanecido hast;1
implícitos, r los _repartió, según las nociones fun.
damcntalcs que utilizan. en > gmpos, y se esforzó, para cada
d.c estos o para sus combinaciones, en precisar ;.
<lcl11111tar el domn110 <le los teoremas que determinan. Los del
primer grnpo cstahlccc:n un enlace entre los conceptos de
punto, de recta r de plano: son los axiomas característicos
de la geometría proyectiva ( 8 axiomas, por ejemplo: dos pun-
tos determinan una recta; sobre una recta hay siempre al
menos dos puntos, y sohrc un plano al menos tres puntos no
en línea recta). Los del segundo grupo, los axi omas del orden,
fijan el sentido de la palabra entre: son los axiom:is topo16·
gicos ( 4 axiomas, por ejemplo: sí A, B, C, son puntos de una
recta y si B está entre A y C, está tambifo entre C y A) . El
tercer grupo contiene los 6 axiomas de la congruencia o igual-
dad geométrica (por ejemplo: si A y B son dos puntos de
una recta a y A' un punto de una recta cualquiera a', existe
sobre a' y de un lado cualquiera de A' uno y un sol o punto B'
tal que el segmento A'B' sea congruente con el segmento
AB). El cuarto grupo no comporta sino un solo axioma, el
de las paralelas. En fin, un último grupo se refiere a la co11-
ti11uidad y cuenta con dos axiomas, a los que pertenece el
manos b 3i edición, 1909. 1\c¡ucllos a quienes IJ obra de ll1lbcrt no fuera
accesible cncontur3n sus 21 a•ioma\ rcprodurnlu\ cspcci Jlmmtc en el es·
celen te librito de GODE.\UX, L<'s géomélries (con. A. Colan\ Record<mos
de una \"CZ por todas que el térnnno a•iuma dejado hor de. cvOC3r
idC2 de C\i dcnciJ y de rc!;la, pJra no retener smo IJ_ de. punc1p10 cs lJbk
cido hipotéhc::uncntc es decir de postulado. La subsht11ca6n del pnmcr tfr·
' '
1
1 1 · it. """º menos
mino por C$IC \1lti1110 se ha hecho ron a pa J ira ª"º m • , .. ,.
que ine1·itablc. .
10 Desde JSSZ r .. scn hab!J lo¡;rJdo dcfmir todos los tt rmmos J • •
cu:itro témiinos primih,·os (punto, segmento, pldno.    

tiendo de ahi. Pu.. w Jubb lue.go 1cd11e1do ( 1 SS9- l 894) 1 AOOd'. ")
1 d
. ( · ·
1

0
"amto )' ·
os re ucuán a dos rcspcch\3mcntc: punto)' 1110111111c1' • ,. • (!'l0
4
)
L.i reducción es mucho menos dcs.irrollJda en 1 l''!co '
prcscnt.u á de la misma gcomctrla, mu ª "omáhca te uc ·
oos DE AXIOMÁTICAS 3)
lla11rndo de J\rc¡uímcdes, el cual viene a enunciar que, aiía·
dicudo succsiva111e11tc un segmento a si mismo sobre una recta
a part ir de m1 punto 1\ , se podrá siempre superar un punto
n cualquiera de esta rc<.la.
Además, 1 hlhcrt inauguró un género ele investigaciones
cuya 11nport a11ciJ 1h.1 a revcl.me como capital en toda elabo-
ración axi o111:' 1tic.1, al i11tcrrog.1rse sistemáticamente sobre la
no-cont rndicción de su sistema de axiomas y la indepcn·
ciencia mutua de sus cl emc11tos. Para estabkcer la no-contra·
dicción, constru}C una interpretación aritmética del sistema,
de suerte que toda contrndicción <111e surgiera en las consc·
cuencias de sus axiomas debería repercutir en ella: la cohc·
rcncia de la aritmética, que se supone admitida, garantiZJ
pues Ja de su sistema de axiomas. Por otra parte, Ja mdepcn·
ciencia de un axioma se establece por la posibilidad de cons-
trmr un sistema coherente que lo deja a un lado: las primeras
geometrías no-<:uclid1anas atcstiguabJn } ª b independencia
del axioma de J.1s paralelas; igualmente, construyendo una
geometría no-arquimediana, Hilbcrt prueba Ja independencia
de los axiomas de 1:t continuidad.
S 12. Modelos. Isomorfismo. Se puede llamar concreta, ma-
terial o intuitiva a l<> una teoría en el estadio prcaxiomático,
es decir, que mantiene aún el contacto con los conocimientos
que organiza, y que presenta un contenido que conserva su
sentido y su \·crdad empíricos. Es el caso de J.i geometría or-
dinaria, tal como se cnsci1a trad1eionalmcntc en las escuelas.
&tando dada una teoría deductiva concreta, es siempre po-
sible, se ha visto, reconstruirla sobre bases clifcrcntcs: así, Jos
diversos autores de tratados element ales de geometría, a la vez
que ofrecen desde hace siglos el mismo cuerpo de doctrina,
han modificado cad:i uno m:\s o menos el ordenamiento cu·
clidi:mo. Aunque secundarias hasta donde el contenido de la
teorla se ve como esencial, estas diferencias de forma adquic·
ren una importancia acrecentada en la medida en que se des-
cuida este contenido, y por eso se puede decir que su interés
: o Estos tl nninos no tienen aqu!, duo está, sino un sentido 1cbtivo, que
5e opone al cu:lctcr m;\s ahstr1cto, m;\s fonn1J, y ni:ls lógico de 13 tcorla
n iom;\tici ro11t'lp<>nd1cntc.
36
LAS l'IUMEllAS ICAS
110 • pk11a111cntc cu11 a\iom:\ ticas, tcori:n
ah5tractas )' formales. En este sentido se opondrá, a una teo-
ría concreta dad.1, la pluralidJd de las a'(io111.'1hca\ que le co-
rresponden. La ax1om.í tica de 1 lilbcrt, por q cmplo, no es m;ís
que una de todas aquclbs a bs que se presta la gcometrÍ.l
euclid1.111a.
Cons1elcremos ahora una sol.1 de estas múlt1plcs axiom5ti-
cas de una teoría concreta. Ya c¡ne el sentido ele sus términos
y, por comign1cntc, de toel.1s sus proposiciones, no está fij,1do
ll-0! los postulados sino ck manera cq11irnc,1, se poclr;Í siempre,
s1 se encuenlr.m varios sistc111.1s de valores cinc sahslag.111
ig11al111cnte al conj 1111lo de relaciones cnuncmd.1\ por los pos-
tulados, el .u interprct,icionc:s di\ c1sas, o dicho ele
otro modo, elegir entre rc.1h1..acioncs Estas rcahucioncs
concrct.1s de una axiomáhc.1 sou llamadas sus modelos.
21
Se
entiende de ¡><: r sí que la tcorí.1 concreta original. c¡ue pro-
porcionó los puntos de referencia del esc¡ucma lógico trazado
por la axiom;ítíca, será uno de estos modcloi., pero no será el
único. Una axiomática se presta, pues, como se comprobó
con ocasión de la axiomática pcaniana, a realiz.1ciones dife-
rentes, pudiendo éstas ser tomadas de dominios ele pcma-
micnto muy alc¡:iclos del dominio inicial. Así, hay ahora una
pluralidad de interpretaciones o modelos concretos que opo-
nemos a una sola y misma axiomática. .
Cuando los modelos no se d1stingucn asl entre ellos, smo
por Ja diversidad de las interprctacmnes concretas que se da
a sus términos v coinciden exactamente cuando se hace abs-
tracción de éstas para instalarse sobre el plano de IJ axiomá-
formal, se dice que son isomorfns: llenen en igual
estructura lógica. El método axiom:it ico tiene
el interés de rC\•elar isomorfismos entre tcori:is concretas apa-
rentemente heterogéneas, restableciéndolas en la <le un
sistema abstracto. Entonces, cualquiera ele estas leonas I'?"
drá, si ensanchamos un poco el uso ele cst.1 palabrn, scmr
21 Esta polJhtJ no debe su¡;mr ]J idct J e 111\J Jnlmorid.ul •  
1
., d d ·
1
1·c·, ,, .. • • trori•
Se e::spho por 1.i JC&on e cstJs J\ crs.i.s 10 c:rprc ..
1
' .. " d )J
conCTeta pum1h\3, c¡uc puede con m11d1J prop1cd.1d llJ111>1>C "':Jdc:o ,.e o·
a1Uomihc;i que se hl t'onstruido según dl3. Sm dud• d recuerdo e º\ '"
delo. mccinicos" de los físicos ingleses h• mtcf\c111do t3111l11éo. con
3 11
>-
troduroón conCTet.t de ot• noo6n.
..
'
.
ISOMOU'ISMO 37
de modelo a las otrJS, lo mismo qne a ),1 teoría abstracta co·
rrcspondientc. :z
l l.1y, pues, tres ni,·cles por distinguir, sobre los que puede
liac1:rsc IJ dil'cmficación ele nnJ lcorí.1 clcdncti'a Volvamos
siempre .1! ejemplo de la geo111ctrí:1 c11cl 1cl1ana En primer
h1g.1r, si se mcxhfica d1\'crsa111entc uno al menos de sus postu-
lados, se obtendrán, :t su l.1do, olr.1s tcori.1s ( gcomc:trbs loba-
tcl u:1·skia11a, no-arq11imecl1a11a, etcétera ) c¡ne lt: serán. se pue-
de decir, \ 'l.'Ciruts o e111fu11cnl<1<fc1i;: cu 1.:stc sent ido se habla de
l.1 pluralicl.1d ele gcomctrias. '1'0111c111os ahora 1111a malquiera
ele estas geometrías: como hay \' ari as 111:111cras ele hacer su re·
construcci611 lógica, se cli l'emf1c;1r;. a sn \ 'C-l en ' "irias axiomá-
tica\ , c¡nc snfo cquínilc11l<·s cnllc ellas En fi n. si escogemos
un.1 ele cst.1 \ podremos gencr.1l111 cnt e cncontrJrle
111tcrprctac1oncs cl1krc11tcs · ele ahí nn:i nuc,-.1 cll\·crsíficae16n.
scgi'm 111oelclos c¡nc scr.í n isummfos. A 1.1 cll\·crsiclad de gcomc-
trí.1s se superpone así 1.i de axio111.íhc:1s de una misma gco-
111ctrí.1, )' a rsta, la ele modelos de un.1 misma :1:1.iom:ítica.
Co11l'i 111cndo ignalmcntc la palabr.1 tcorí.1, sea a l.1 presenta·
ción axio111;\tic.1. sea .1 1111:1 ele sus 111tcrpretaeioncs rnncrctas.
se 1e c¡ne scr.í necesario guard.me ele confundir entre el caso
de teorías emparent.1das, el de teorías cqui\ a lentes, y el de
teorías isomorfos.
S 1 l. Co11sístc11 ciu c iull!griúuú. Declclibil idaú. Aunque arbi-
traria en ciertas co11 sidcracm11cs, 1:1 elcceión de los postulados
que se ponen por base de una axíomlllca no es por eso dcj.1do
al c¡ucc!J sujeto a exigcncia1 internas <fo·crsJs, más o
111c11os imperiosas.
La m;ís apremiante es, sin <lu<b, )J de coherencia. Si los
tl1,·e11os postulados de un sistema no foer.m compJtíblcs en-
tre ellos, el sistema llegaría a ser contradictorio. Seguramente
:i.t CuJ11Jo todos un 1noddos M>n 1\011\0r(os entre cl1os, el ;a·uo·
1u.hu:u .\.C ll111u.1 tnonoruor/o E '-O ten polimorfo.s. 5c' \'C
cu \('l;\11d.1, t¡n.:: )01 d1\ CCM1:. HH)(l do5 <k un sislc111J no $..&·
tor . .Hhl ( \ 1 >) no son to<loi¡ \:1 qu..: IJ no .s1turlCÍ(>11 l l 'lllÍll'a
l.t po)1h1l1dJd J,. unl o \,11iJJ bifurc.1c-1onc\ Pero se
111j1 t:inlc al&onoi \t\ h,:111.u     pueden tJ1111ntn, par.i<lójic;nncntc,
n1oddos no nouHJtÍOS ( S 26'. · En otro\ tl'Tnunos. lJ
t' roud1c1ón nrc.r1.1r1.1, pero no suíiac·11t;..-. de 1uono1uorf1.5mo.
38
es pcnnitldo. por necesidades tcóric.1s, q111tar e\entualmcntc
esta obhg.1c16n, o aun pretender construir un
sutema contrad1etono - así como ocunc que se propone nno
razonar por el absurdo. Pero este no deja de ser
cional, y ord111ar1a111cntc se· 1111po11c co1110 comhc1611 .1hsoluta
a 1111.1 axiom:ític.1 ser no-contradictoria o, co1110 se dice t.
1111

bién, consistcnte." Un:i propicd.1d de un sbtema
torio. en erecto, es que penml.1 deducir no importa <¡ué: se
puede demostrar en él una proposición en.1h¡11icr.1 del sistema.
pero también su negación. Semejante 1mlc:tcrminación retira
al sistcm:i todo interés.
t\hor:i, ¿cómo se sabe que un s1stem:i de postulados es real-
mente consistente? La intuición no b.1sta para asegurarnos
de ello. Tener. por otra parte, efectivamente desarrollada una
larga cadena de consecuencias sm encontrar jam:ís contradic-
c16n :ihí, puede, sm duda, aportar una presunción r aun, en
el caso de que la axiom:ítica cubra cntcr:nncntc una teoría
concreta dcsarrolbda en todos sentidos desde hace siglos, una
ccrtCZ.1 moral : nadie duda, por ejemplo, de la consistencia
de la elemental o de la geometría euclidiana. Sin
embargo, y sobre todo en el caso de que falte una pruclu t;il,
scmc¡Jnt e presunción no aporta una certeza absoluta; nadJ
nos g:uanhu contra sorpresa ni nos asegura que, llegados
a un cierto punto, no nos tropcz.1 remns cnn 1111 Es
lo que sucedió, por ejemplo, con las. nntinomias .de 1.1 tcorfa
de los conjuntos ( j 27). Aunque nació de una ex1gcnc1a acre·
ccntad.1 de rigor lógico, la pr:í.ctica de l:i axiomática
a Sil vez esta exigencia e incita a reemplazar esta especie de
prueba empírica por una \'crdaclcra Tal d.cmos·
tr:ieión, es verdad. no será cfccti\'amentc practicable smo
nivel de b s axiomátic:1s s1mbolizadJS > forma liudas (cap•·
tulo 111); ahí mismo, se verá, no tiene éxito smo dentro de
límites bastante estrechos.
A falta de una demostración propiamente   qucd:in
dos procedinucntos para establecer la no-contrad1cs1on de 1.ma
tcoria. En primer lugar, la reduc:ció11 a una tcona .anterior.
Se postula );¡ no-contradicción de un sistema pr:\ehcamcnte
21 Un an!hsos ni.is hno distingue entre no<ontrad1c<i6n Y coimsl<t>O.O,
d1lettnci> dovcrs.is nociones de la ro1U1stcnci>, ctcdcra.
CX>SSISTU'1CIA E IN1tcll0.\D 39
bien cst:1bkc1<lo, como es )J a11 hnética cl.í1ica o )J gcomctrlJ
cucl1dianJ, <lcspu6 se construye, del sistema estudiado, una
111tcrprct:ici611 tal qnc \cng.1 a .1plicarse wbrc el primero, o
sobre una pJrlc de l:stc: b no<onlrJd1cci(111 postubda del
prnncro se trasmi t·c así al segundo. l'Jrec1tlJ prueba, cv1dcntc-
111c11tc, no es sino con<l1c1on.1l. pero s1 l.1 tcoría-lc$ligo fue
d c¡¡1da con propiccl,J, es pdct ic.uncutc s11f1eic11tc. Una \ 'CZ
que l'oine.u c dio unJ 111lerprct<1c1611 euclidiana de la geome-
tr ía lob.1tchc\sk1ana, l:1s dudas cesaron, de hecho, sobre la
consistct1cia de esta últim.1. La geometría cuchd1.111a misma
recibió, de parte <le llilbcrt, una mtcr¡mtación a11tmétíca,
que se aiiadc a la probab1lid.1d ya considerable ele su consistcn-
ci.1 propia. i\ luy a menudo, la antméti c.1 cl.hica es l.1 c¡uc se
elige como test igo.
Un segundo procc<l1111iento consiste en d1r, de la teoría en
una realizaci611 en el mundo de lis cosas. En Jug3r
de hacer voh-cr la tcorb a una tcon.i Jntcnor cura consisten-
cia esté mc¡or asegurada, se desciende al contr.irio hacia lo
concreto, se construye un modelo físico. Como todo lo que
es real es a fortiorí posible, IJ cx1strnci3 de este modelo ga·
la conmtcnc1J <le la ax1om;ltic:i que le corresponde.
¿No es, en el fondo, el éxito <le las intcrprctJcioncs empíri·
eas de la geometría clasica lo que nos hace admitir, :111tcs
de toda otra prueba, la coherencia de esta ¡:cometrla y, por
consiguiente, ele la <1uc obtiene de ella el cs<1ne·
lcto lógico?
De des proposiciones contradictorias f> y no-p, el principio
de contradicción cnsciia c¡uc no pueden ser ,·crdJdcras smrnl·
táne:uncntc: unJ al menos es fa lsa A este prmcipio se asocia
desde hace mncho tiempo el de tercero cxclu1clo. el cual enun-
cia que tales proposiciones no pueden ser fJlsas simult.ínca-
mcntc: una al menos es \'<:tdJ<lcra. L3 conjnnc16n de estos
dos principios da lo que se puede l!Jmu el principio de alter·
nath•a: de <los proposieionC$ semejantes una \'CrdJdcra, la
otra falsa. A la consistencia ele un mtcma. fundada sobre el
principio de contradicción, rcsponclc asl su intcgndacl. fun·
dada sobre el principio de tercero c.xchudo. Un sistema de
postub<los se llJma completo cuando, de dos
contradictorias fonnuladas correctamente en los tém1111os del
-10
sistema, una de J:is dos ni menos puede siempre ser demostra-
da. Si t.11 sistcm.1 es :idcm:'is consistente. se \"C entonces que
de todo par formado en el interior del sistem.1, por una pro-
posición cualq11icr.1 y negación, se puede demos-
trar una. y una sob. 01cho de otr.1 mancr.1, rn presencia de
una proposición cuJl<¡uicr.1 del sistema. se puede siempre de-
mostrarla o rcfut.ul.1. decidir en consecuenciJ ele su \"Crdad o
falsedad en relación con el mtema de postnl.1dos. De tJl sis-
tema se dice que es c11tcgorico.
Abajo de esta formJ fuer te de catcgonc1d.1d, <)lle no se al-
C'3117.a sino en un pc<¡uci10 mimcro de si stemas, existe una
forma de c;1tcgoricidad nds débil: aquella en donde se puede
siempre, para una c11.1lc1mera de las cx¡m:s1oncs del sistema,
si no dcmostrarl.i (o refutarla), decidir al menos si es o no
ckmostr.1bk {o refutable) . Tal sistema entonces es calificado
de dccidzblc. " Esta cual idad misma. no pertenece sino a un
mimcro bJstJntc limitado de sistemas, rclat i,-.1mentc simples.
La no<atcgoncidad con mayor razón, la 110-dccidibilidad
son sin duda nnpcrfccc1ones, pero no foltas lógicas, como es
el c:iso de Ja no<onsistcncia; y por eso Ja exigencia de integri-
dad es, de ordinario, vista como mucho menos apremiante
que )J de consistcnC1a.
S H. Indcpe11dc11cic1. Economía. Se exige a _menudo tam_bién
que Jos di\"crsos postulados de un nmmo sistema sean 111de-
pendumtcs los unos de los otros, es decir, tales que modi-
fi cación aportada a uno de ellos 110 corn 1crt.1 el sistema
contradictori o Par:i ascgur:irse de IJ mdcpcndcnc1a de 1111 axio-
ma, se le pone a prucb:i moclific;índolo sin tocar los otros
y sacando las conscc11c11cias del nucrn mtcma : s1 este pcrma·
nccc consistente, se establece la mdcpcndcnc1:1 postulado.
Si sucede al contr:irio que surra una Y s1
in.ís, como es el caso m:ís usuJI. IJ aportad.1 .1!
postulado consistió en rcc111pla1 .. ulo por su 11cga_c1on. entonces
el rcsul t.1do obtenido 110 es puramente porque
cadcua de proposiciones que se hJ cstablcczdo :m da _J>O
1
tulaclo primitivo una clemostrac16n por el absurdo. Se 'e e
=• DifcrcnciJcioncs ulteriores hJn hcd10 aplrcccr. que algunos s1>lcm•s pue-
den ser a la vez completos y sin cu1bJrgo, 111dccod1bks
41
l.11.0 <1uc une una pruebJ de indcpc11dc11ciJ y una dcmostra-
oón por el almmlo: el de l.1 nna revierte el é-xito
de la <Ji ra. 1\ sí, cnsayamlo \a11.n11c11te dc111ostr.1r por el absurdo
el postulaclo ele l;1s p.1r.1lclas fue como se llq;ú. <¡ncrcrlo,
a constrnír IJs prnncr.1) 110-c.:11cl 1cl1.111.1s y a prob.u
así, por IJ de C\ las   la mdcpcndcncia del
postul.ido. lg11.1hnc11tc, pero cst;1 \ ' C7. de manera deliberada,
procedió l l1l bcrt, se hJ ,·zsto. para cstJblcccr la i11dcpcndcncia
del postulJclo ll.1m.1do de Arc¡nímccles
La indcpcmlc11e1.1 de los postnbdos de 1111 mismo sistema
110 es lógicamente i11dispcmJble p.11a rn \'Jlidc-L. Solamente,
s1 esta co11dic1ó11 no sastisfocc, ha} un.1 snpcrabundancia
de propoSitlOllCS primer.IS, )" se j11zg;1 onlinJfl,llllClllc pre-
ferible, en un clcsigmo de cco110111i.1, reducir sn número al
míni1110. Decir que clos postul.ulos 110 son i11dcpcnd1cntcs,
es decir que el uno puede ser demostrado, sea directamente
sea al mc110\ por el absnrclo, a pJrtir del otro: c11 este caso.
sed conforme .11 csplritu del método clcdncti\·o producir esta
dcmostr,lCIÓn y hacer pJsar la prO¡>OSICIÓn ClllzC Jos teoremas.
Estas consi dcrac1011cs de cco110111í:1. que tienen un car.ictcr
más estético .• j11cg.111 110 obstante un gr.111 papel en la co11s-
trucción ele l:1s ax1u111áhcas El 1dc.1l de como el de
toda teoría clcdncli\'a en general. ¿no es en efecto reducir lo
más posible el número de los términos primeros y ele las
propoiicioncs primeras' !\luchas csfucn.os se han gastado
en este se111tdo. Sm embJrgo, l.1 s1111phcid.ld ganada en un
punto elche pagarse J menudo con 1111.1 complicación acrc-
ccntad.1 sobre otros, } r:11.011cs estéticas o d1d.lchcas dict.1rfo
entonces Ja elección. Es dificil cl 1smin11ír snnult.íne.uucnte
el número de los términos prnncros, el de los axiomas y la
1011111tud de éstos: l.t p-0brcz,1 de l.1 lengua ele base tiene por
cfc;to gcncralmcntc ;1J.irg.1r el discurso. Adcm.\s, la mús grJn·
de simplic1clad íntrimcca de un sistcm.1 ¡xxlr.í con\"crtir en
más i11oomocla su uttliz.iciún concrctJ si, en d dominio consi-
dcrJdo, 11 ing11n.1 cnt id.1d corresponde } :i, de modo directo,
a los tC:munos primeros del sis tcmJ - a menos que inversa-
mente, el mo de fa axiom.,tica no aclimate ahi poco a poco la
noció11 . J\ím indcpcndicutcmcntc de toda mtcrprctación ex-
i2
LAS rKIMf:RAS
tnuscca. razones de comodidad de cxpos1cióu pueden invit.ir
a ciertos sacrificios del ideal de simplicidad máxima.
S J ).   debilitados o saturados: En lug:.ir <le
en un sistema de eomp.1tiblcs e mckpcndientcs.
uno de ellos, se puede tamhién ensayar retirarlo
sin tocar Jos otros. Se debilita asi el sistema, puesto que
Je quitan ciertas dcterm inacioncs; po_r eso ahí se lo ensancha
abriendo J:¡ puerta a e1t:rtas pos1b11tcbdcs <1ue el postulado
recicn cxtrJido tenía precisamente por efecto excluir. En otros
términos, el mtcma se encuentra ;i sí empobrecido en com-
prehensión y enriquecido en extensión. Si, por ejemplo, al
mantener intactos los otros postulados cuchd1anm. niega
la unicidad <le la p.ualcla, se obtiene la geomctrla lobatchc\'S·
kiana que diferente de la de Euclides, tiene no obstante el
mismo de particularidad Pero si. al contrario. se deja
completamente indeterminado el número de las paralelas po-
sibles, es decir, si, en lugar de reemplazar el postulado acerca
de las paralelas, se contenta uno con suprimirlo, cavando en
cierta fonna un vado en el sistema, entonces se obtienen los
prmcipios ele una geometría más de las que a.parecen
como especificaciones las de Euclides y Lobatehcvsk1.
Se puede intentar Ja operació1.1 inversa: cnsayan.elo reforz.ir
y limitar un sistema dado, aliad1éndolc uno o ,·anos
dos, independientes ele los primeros. No se tropic1.1
uno ordinariamente muy pronto con un ohstaculo: llega un
momento en que Ja adición de todo postulado
cualquiera que sea. hace al sistema El s1stc·
ma es entonces saturado. Tal es, por c1cmplo el caso, ele l:t
geometría euclidiana - a condición, claro está, de no se
cuenten en ella como postulados adicionales los que, sm. csta.r
en primer Jugar expresamente formulados, no. estaban unph·
eitamcnte menos admitidos en las dc111ostrac1ones.
111. LAS
S 16. Si111bolizaci611. El fin que uno se propone cuando se
coloca bajo fom1a axiomática una tcoria deducti\'3, es des·
prenderla de las significaciones concretas e intuit ivas sobre
las <Jue en primer lugar fue construiela, a fin de hacer ap.1·
rcecr claramente el esquema lógico abstracto. Ahora bien,
scgün esta consideración, las pri meras axiomáticas sufren aun
muchas imperfecciones, como se ve respecto de la ele 1 Iilbert.
Se nos pide 11111cho ol vidar el sentido concreto ele los términos
propios de la teoría, considerar los puntos, las rectas y los
pl:tnos simplemente como "cosas" que satisfacen a los axio-
mas; pero como estos términos son conservados, se favorece
así, en lugar de contr.iriarla, nncstTa inclinación espontánea
hacia una cierta intcrpretacion concreta dctcrminad.i. Aun se
la hace c.1si imcncihlc cnJndo uo teme uno entregarse al uso
de ilustrar el texto con figuras geométricas. Se nos expone
entonces a cometer una de las faltas de las que se quería pre·
mantener, en tomo a significaciones
expresamente determinadas por los postulados, una zon:i más
o menos borrosa de previas implícitas, n las que
arriesgamos referimos, sin advertirlo, en la sucesión de las
demostraciones. Y, en todo caso, es detenido uno en camino
en la tcntati1":1 ele desprender de todo contenido intuitivo Ja
armadura lógic;1 de la teoría.
Así, bien pronto se hace sentir la neccsidJd de snbstituir
las palabras que designaban las nociones primeras de la teoría,
aun con el peso de su sig111fic.1eión por símbolos
desprovistos de sentido pre,io, y susceptibles en consecuen-
cia de recibir exacta y cxclusi1amcntc el que les confieren los
axiomas. En lugar ele escribir que un punto está situado sobre
LAS
una recta, se por ejemplo._ b relación de ine11lcncia
por la letra I·, los por ).is prnncras_ ktr.is
las rectas por las m1111isculas, y se anotar.\ snnplcmcutc: F (A,
a ) . Se ve ya con este cicmp\o que la simhoh1A1ción
110
se
detiene en las solas nociones propi.is de la tcm i.1 - cu nuestro
ejemplo en las sob \ nociones gcométnc:is-. sino que utihza
t:11nb1én el sill\bolimio de la lóg1r.i de las relacione<;. Tc6rica-
mc11tc, eso 110 era sin duda y.1 lllle las teorías
anteriores a una teoría d.1d.i. ;1q11í la aritmétic;1 y l.1 lógica
intervienen ahl a título opcr.1torio, por t.mto, con Mi verdad
r Sil sentido \IS\\,11. Sin cm hargo, parccerí.1 muy parJ·
dÓJICO, en el momento mismo en que se crea 11 11 simholmno
para una tcoríJ que no lo pmce aún, dcsemd.n nhhz.u
al mismo tiempo el de teorías que poseen ya uno, <omo es el
caso, desde h.1cc mucho tiempo. de la aritmética y, desde hace
poco, el de la lógica. Se sabe en efecto que. desde J.1 mitad
del siglo x1x. l.1 lógica se ha rcnO\ ado complctamcnk ) cman-
cha<lo, bajo el nnpulso <le matcm,í ticos que la han iniciado.
según el c¡cmplo de su ciencia, en b 'ía del snnbolismo
?\licntras que Boolc y sus d1scipulos se as1gnabJ11 como fin
construir un cálculo lógico sobre el modelo del dlculo algc·
braico, b escuela italiana, con Pca110, se aplicaba a constrnir
un al<>oritmo lógico cspccialmcntc adaptado ;1 las necesidades
de J;i° expresión matemática. Naturalmente, cuando se·
gunda conientc 'icne a encontrar la <1uc a J.1
tización de las matemáhc:is. resul ta .de una  
totalmente presentada bajo la forma s1mh6hc.1. ,Y :m sm duda,
es como desde del siglo x1x, l'cano hab1.1 expuesto su
aritmética. . .
Una segunda razón, de otro modo impcr_iosa, iba a prcc1·
itar esta simboli1A1ci611 a saber, la cx_igcnc1a de
pl'· '6n Aunque simhohzac1011 )' formah.tac16n sc:in dos 1
1z:ic1 · . t . de hecho
distintos y teóricamente separables, se cncucn ran. .d bl '.
estrechamente asociadas: pues la segunda es
mente facilitada por la primera, de suerte que la 1 • •
irresistiblemente.
haber satisfecho a l.ts
S 17. Fom1ali::aci611. se cred a exigencia nuc\'a,
últimas exigencias de Ja lógica, cuan o un
1
m.ls sul1I, surge r rcc111icrc 1111 wplc111e11tario. De. la
geomctrí.1 c111plnc.1 a l.1 gcomc.:tría rac1011al, de la
euclidiana a l.1 prcsc:11t .1c16n axwmatica, de las ax10111ahc:is
\11l <>.1rcs a las J c.ul.1 p;i so se cree
exp11h.1do por fin J.1 mtuición en proH·cho ele la lógica.
¿l lcmos llcg.1elo ahora al y ultima et.1pJ es
,·crclJckr.;111cntc la úl ti111.1? ¿ llcnios conscgimlo dcsc.1rtar todo
factor mtuitl\ o ) subjetffo en l.1 aprcc1.1ci6n de la validez
de una tcoria dcduct i,·a7
La tcorla nm presenta proposiciones primeras que cn1111·
ci.m, en lengn.ijc si111\X1lico. relaciones lógicas cutre términos
primeros: puesto que no l.u propone sino a titulo de liipóte·
sis. las ;1dnutnnos como t.1lcs, bajo rcsc.:n·.1 de su co111patibili-
dad. Pero. a p.utir de ahí, no rce1bire111os un término 11\IC\O
si no es 1ld111ielo ron l.1 ay11d.1 de los pmncros, 110
accpt .1rc111os nna proposidcí11 m1c:l'a si no l' S dcmostr.1dJ con
la ayml.1 de las propo\ic1uncs pmncr;l\. Ninguna inccrti<lnm·
por •.•ingunJ imp11g11 .1Ción pl!s1blc sobre IJ aclop·
c1on de un tcnrnno nuc\o o de una proposic16n 1111c,·a - con
una coml1c1(rn sm cmh.ugu. <pie l.1s de l.i ddmici(m ,
el.e l.1 dc111oslrac1ón sean cll.1> u1ism.1\ en w111i
1
i
1
sm IJ menor 11uc la dcontologí.1 del trabajo
es clce1r, la log1ca, sea a l.1 \'Cz perfectamente prc-
> 111111crsal. regulando tocios Jos clctJJlcs
e a t0<los los cspínt us. Si 110, si en este domi nio
pueden s·.11g1r desacuerdos. s1 ocurre qne se discute sobre el
lógico ele tal procedimiento de demostración
0
de c)cf
1
.
111c16n, entonces la 1111s111a axion1.ltiea. cdif1ein lógico irrcpro-
diable p.ua uno, podrá sc:r juzgada por otro lógicamente de-
fectuosa.
Ahora esto es sin duda Jo <tue ocurre, )' hJJo un.1
fonna pa1hcubrn1c_nte ;igud.1 en el momento mis1110 en <¡ue
se comc11z.1b.1 a ax1omatiL.1r. "crisis" de los fundamentos
es 27), se ma111fcsl1'i con ocasión <le la teoría t
de los con t d' ·
1
· · · onan.1
N 11111 os, 11·1l 10 profnnclamcntc a Jos matem:íticos
o po: un.1 de esas querellas sobre una cucsti6n p·aticul:ir.
como as conoce toda cic11ci a en desarrollo, \' < uc . •
por un ;1cucrdo un sabio

e re iusarsc sm mala cone1cnc1a, sino por una di\'crgcnc1a
-!6 LU A.'(IOXIÁ TJCAS FORMALI7..ADAS
aparentemente fundamentJI sobre cuestiones de principio y
que parece atc.stiguar diferencias irreductibles en las cstrucÍu-
ras de los cspí1itus. Tal definición, que uno cncucnt:a per-
fectamente clara, es juzgada por ot ro desprovista de sentido·
tal demos.tración, constringente para é.stc, carece de  
para aqud; tal princi pio de lógica, c1uc según algunos se
absolutamente . ª . todo pensamiento, según otros no
vale smo para un domm10 bastante restringido.
¿Cómo acogerse a ello, en semejante caso, para l imitar al
menos, el desacuerdo precisándolo, y rnh·cr a encontrar un
terreno de armonía? Hay un solo medio: hacer ahom para
las reglas de lógica según las cucJles se razona, lo que se había
hecho proccdcntcmcntc p<na los postulados sobre los cucJles
se razona : enunciarlos expresamente, y en totalidad. Después,
ado1_>tar respecto de ellos la nmma actitud aisl.1da que se
hab1a tomado ante los postulados: establecerlos hipotética·
mente, no afirmarlos categóricamente. Así como se admiten
uno al lado de otro, al nivel de las axiom;íticas abstractas,
di\·crsos sistemas de postulados incompatibles entre ellos
(euclidiano, lobatchcnkiano, etcétera ). sin preguntarse cuál
es verdadero y aceptándolos como igualmente válidos, asimis-
mo se podrá acoger, al nívcl de las axiomáticas formalizadas,
diversos sistemas de reglas lógicas y, en consecuencia, diversas
maneras de desarrollar una misma axiomática. Como dice
Camap: en lógica, no hay moral; 110 se t rata ele decretar pres-
cripciones o prohibiciones, sino de llegar a conH•ncíoncs; cada
uno es libre de construir a su modo sn lógica, a condición
de que la enuncie claramente y que la siga luego
mente (principio de tolerancia de la sintaxis) . La corrccc16n
lógica en el desarrollo de una teoría axiomatizada deja enton-
ces de tener un sentido absoluto. pero llegando a ser 1clativa
a tal o cual con11111to de principios regulahl'os, se presta a una
apreciación objetiva. ¡\ntc una axíomática, podemos cncon·
tramos en Ja situación de dos compañeros que 110 se pusieran
de acuerdo sobre las reglas de un juego; s1 no toman la pre·
caución ele enunciarlas cada uno, e.so les impide jugar juntos
una partida: pero si se las comunican y si conviencn, por
ejemplo, en alternar los dos reglamentos, pueden entonces
jugar partidas sucesivas sin tener que acusarse mutuamente
FOMMALl7.,\ CIÓS 47
ele trampa. l•:I Jo111 inio ele 1·alidcz se establece, en cierta
nwncra, en nn nh·cl mas elevado. Así como, cuJnclo se pJsaba
ele l.1 teoría concreta a IJ tcori,1 axiomat11.ada, IJ 1·crelJel ele
una propmiciém del sistema rcsultabJ hipotét ica, suspendida
de Ja libre posición ele tal sistema de postulaelos, asi abora la
1·aliclcz formal ele l.1 axiom.í tica rctroccelc 1111 gr.1elo y llega a ser
a su 1cz hipotética, siendo función ele la clccc1ón que se Juw
ele las normas Jé>gieas.
La presentación lógica de las teorías deductil'as tomó así,
hacia 1920, un uuevo giro, al empcii arsc en la vía ele la formali-
zación. P;1ra s11straer la rnhdcz del sistema a toda apreci.1-
ción subjetiva, se impone en aelclJntc rn11nciar, de una manera
precisa y cletallacla c1uc no cleje más lugar a una casuistica,
las reglas de dcf111ic1Ón )" <lemostrJci6n que prcsielcn Sil COilS·
tmcci6n. Acp1cllos mismo> que no creen en la omnipotencia
de la lógica y c¡uc defienden los derechos de l.i intuición,
clcbicrou, también ellos, ceder al mo11micnto para poder jus-
tificarse a los ojos de s11s adversarios, y se ha 1·isto así, cosa
no poco paradójica, enunciar las "regl.is fornu lcs de la lógica
mtuicionista" y constituine un "formalismo intuic1onista".
18. Del rcJ:o11amic11to al c.ilrulo. Se concibe que sería
pr;Ícticamcntc imposible s.1t isfaccr exigencias t,m estnctas si
uno contínu.ua exprcs:.Udosc en el lenguaje usual. con s11 im-
precisión y Mis innumerables mcgularídadcs. Por esto, ele he-
cho, la supone a la simbolización. Una axio-
mática formali z.1cla se presenta, así pues, como un conjunto
ele signos, los unos propios ele 1.1 tcona, los otros anteriores,
prol'istos de un cmmciaelo ele las rcgl.1s que se aplicarán en
el manejo de estos signos. A menudo estas rcgb s se reparten
en dos grupos: rcgbs de     q11" r oncicmen .1 1:t fnr-
m,1ción de las expresiones (y entre las que se pueden colocar
bs rcglJs para !.is dcfinicioucs) , y rcglJs ele dcelucción, que
conciernen a sus transfon11ac1oncs ( util izad.is para 1.1s clcmos-
trJcioncs) . L.1s primeras deben permitir reconocer siempre,
sin disputa posible, si una expresión (proposicional o no)
está bien formada y pcrtcncce así al sistema, las segundas, si
una dcdnce1ún está hicn llC\ ada \' si, en consecuencia, s11
concl nsión es un teorema del sistcn1.1. Tales reglas, desde lue-
iS
LAS roRMAIS/.AD.\S
go, dejan co111plctamcnte a un lado las interpretaciones C\'Cll·
tualcs de ténnmos o de formulas, incluso los de la lógica.
Consideran solamente l.1 cstructur.1 form:al de l.1s
la sucesión de los pec1uei1os <JllC se Icen ele Í7.<(nierd,
1
a derecha, línea Iras lí11e,1, sobre la la oj.1. !:ion propiamente
prescripciones para un cilculo. Son comparJ!Jlcs. se quiere.
a las reglas del 1ucgo de :11c<lre1,, que nos cusc1i.111 cómo se:
debe inicialmc: nle disponer las cles¡m6s cn;ílcs so11
diversos pem11tidos p.1 ra cacl.1 pie7.a. U11.1
demostración no hará más llamado a nuest ro sc11t i1111c11to
espontáneo <le la e\iclcneia de ciertos cncacle11amic11tos lógi·
cos: se ocupará de transformar, por grados snccsn os y sin sal·
lar una etapa, una o varias fórmul.1s anlerionnenle
como axiomas o teoremas, me11c1011.111do, para cada una de
estas tramfon11acioncs elementales, el 11Ílmcro de l.1 regb que
);¡ autoriza, hasta que cu fm se llegue, li11eJ tras línc.1, a la
fórmula buscada. l'or un cambio brusco de actitud que se
podría comparar al que afcct.1 a la co11c1cncia ante una figur.1
ambigua, el pensanucnto, en lug.ir de atravesar lm símbolos
par:i apuntar, por su intermediario, a las cmas simbohlJuas,
se detiene ahora en los símbolos mismos, remitiendo para
111:\s tarde su interpretación C\'cntual y retirándoles, por el
momento, su función de símbolos, a fin de tomarlos como
objetos últimos.
Las exigencias ele rigor habían hecho descartar como sos·
pcchosa la mtuición sensible, particularmc.nte la rcpr.escnt?·
ción ele f1ouras en el espacio, p;ua no fiarse smo de la cv1denc1a
de los lógicos. Ahora, las incertidumbres ele
la intuición intelectual conducen a repudiarla a sn 'ez y a
reemplazar el razonamiento pcns:ido o, inclmo hablado, por
un cálculo sobre signos, expuestos sobre m1:1 ho1.1 a11te l.1
mirada. Solamrntc \01\'iendo así a l.1 intuición \'isual, no
recaemos en el ni\'cl primero. Se ha hecho, en primer lugar,
un progreso en el de lo y de lo por
la pos1 bihdJd ele una mtcrprctac1011 ulterior <le los sun bolos,
o mejor, <le una multitud ele intcrpretacionc<i diversas. !'ero
se ha hecho también un progreso considerable respecto a .1:i
seguridad y objetividad. Si los signos en
giclo, si su figura no se presta a co11fus1611, s1 por ultnno se
DJ::I, llA
7
.0N AM 1 J;1''1 O AL CÁLCULO
l
· l 'ó e herentc y si n csc.1·
instituye un.1 cg1s JCI n o . . . .
>'ltori is para su manejo, cnt <mccs ni11gu11J tmpugnacion sen.1
co1;cch;hlc ya. como ta111poco en un pu:go lne11 clct cr111111 .1 ·
do: tal agrupa111icnlo de es o no prol11l11Clo, tal _ tra!l1s:
form·1ciú11 de 1111:1 fó mllll.I o no prol11h1da. Como csc11 ic
C
. '·i1·· . "Un ra
7
.on:1111iento escrito 110 puc:de cqlllvocar,
J\,n 1.:-s .
1
· 1 .. \ 1' los erro·
en su diseiio ap:1rcccrÍJ11 figur.1s cxc 111< .1s. • c¡i 1 . .
res "s·11ta11 a ojos" co1110 u11a falt a ele c.1kulo c11. 1111.1

:mt111lti ca, 1111 111 0\'i111ic11t o i11 corrccto c:11 d
de aiedrcz,
1111
b.1rb:1ris1110 o 11.11 en lcngu;i CI? j1
r:un.íllca cstú hicn clctcrmmada. J\s1, el form:i ,
lo anhelaba ya Leibniz, rcc111pl.1za \'c11ta1osamcnte :il
razonamiento.
S 19. La lllc/d11111tcm1cítiee1. C01.1 .este c:unbío de punto de \·ist:1
<JUC hace pasar, al 111c11os pro\'ls10nalr11cnte, Jos i:a.raetcrcs del
rango de mecho al ele .hn, aparecen 1111C\':tS
eulativas. El pcm:11111cnlo se encuentra ahora . en prcse11.c1.1
de otro sistema de objetos, sometidos a combm:mc r <l iso·
ciarse según le) lnc11 cletcrminacbs. y que as1 trans·
founae10Jl(:S que 110 si11 rccorcl.tr al l.!s c¡uc
éste tiene el h.íhito de estudiar sobre f1gur.1s o, 111e1or aun, en
Jos problemas de combinatoria. Los s1g11ns. con l.1s leyes que
regulJn su empleo "dcfinc11 1111:1 suerte de espacio abst racto
con ta11t 1s dimensiones como grados 11.w de libertad en la
concreta e ímprcvisiblc de l.1  
2
º. Asl
surge la ick;i de 1111a c1c11e1.1 nuC\"J que tcncln.1 por ob1cto,
no>ª los seres matcm.iticos de los q.uc habbbJn las
smo l.ts 1111sm.1s, abstracc1611 hecha de su sc111ldo:
constnud.1s con ocasión de los seres matemáticos. se separan
de éstos por co111plcto, p.ira :1p.1rcccr cll.1s t.1111 bié.n como
ele una original, dignas de un estudio apropiado.
L.1 11wtc111iatcrnátice1 scr:1, en rcbeión ;i l.i expresión nrntemá·
t ic.1, lo que ].¡ usual es en rcl.1ciú11 a objetos.
IJ1lbcrt es aún c¡uicn, a ¡1.11tir de 1917, dio el impulso a este
nuC\'O orden de investigaciones, que :i desarrollar·
se en Coti11ga bajo su d1rccció11, de suerte que su nombre
J. Cwrn.1 i\s, Mét/1cx1< a.\i11111o1tiquc el fon11al:S111c, p. 9-1 .
20 lbidcm, p. 93.
;o
LAS l le AS fOlt \1.\1.J/, \ D."
{
\ ) 1
se encuentra íntnn3mcnlc :m1ci.1do t.111lo a b segunda f.i1e 1 reconoced co1110 suyo. l'rohlcmas que couccml.111 al infinito
de l.1 :1\lom:ltica como a l.1 p11111er.1 ,1ch1.1l se com 1utc11 Jhor.1 en problcm:n <¡ne eo11c1crncn a 1111
l\o es un juego gr.1t111to. L;1 111ct.1111.1tc111füea se .rnc?ntraha, 11urncro Imito de opcrat1011cs de dknlo, clcctn.1d.11 o clcr·
en cier ta forma, en el p1111to ck encuentro de 1·anas. l111cas de tn.1bks. cu un 11í1111cro fllnto de signos d.idos en
imcstigacioncs. En pmncr lug.11. en l.1 de d os l.1 n1ltuc1ón t\ lienlras qnc, por otra parte, el l6g1w n1 ,ís altt1·0
comentes que   1111J <pie h.1lJ1,1 tcmdo s.11 ungen 110 pncde :1<ogcr smo con f.11or el pro¡><'uito de co1111ltnir 1111.1
en 1J sobre el ap:11Jto lúg1co ch: ti geomct na ) 1¡11e, ' teoría de 1.1 clc111ostr,1ciu11" 1¡11c sc.1 cl l.1 1111snu dcmostratil'.I.
al aplicarse pJr.1 pcrfccoo11.1rlo. halJ1.1 dc\Clllboc.1do , en la l'or lo dcm.\\, lqos de 1p1c 1.1 n1ct.nn.1tc111.iltc:1 n11·cn1ar,1
axiom:ltica; otr.1 que. tcud1a a rcf?r111ar l.1 lo¡;Ka 1mp1r.1ndosc .ulnlr:iri<nnente nne1os prol>kma;, ell.1 es Li <¡uc, ;11 co11lr.11io.
en tos métodos del :itgcbrJ hah1J lo;rado como cr.1 m¡11uid.1 por ciert os prohk111a1 que l lt lhut h.1bí.1 cncon·
un c.11c11lo. l'or una mflucno.11ccíp1oca. la :rnom.1tica se tr.tns· Ir.ido desde l.1s primcrJs in1·cs1tg.1c1011es ). con ( 1 todos los
for111aba. pues. en 1111 cikulo, 1111c11tras que b lóg1c;1. por su :1xiom.ít1cos. en cspcc1.1l el cstablcu1111c11to de la co111p.111b1li·
lado, se .mo111atizJb.1. l'or olr.1 parte, el giro qnc habmn to111J · el.id e 111dc: pcndcncia 1lc ax10111.11 de un shtcma Esto.>
do t.1s sol>rc el prohlcm.1 c.1p1tal del f11ml.1111cnto ¡>1ohk111a1. y lm qnc lm acom¡mia11 ( 111tcgmlJd. dccid1IJ1lt ·
de l.1s mJtc11¡jhcJs (S 2i' ) sugcriJ recurrir al fonnahrn10, d.111, s.1t111ac1ón, ctcétcr.1) no son prop1J1ncnte problcmJs 111.1·
pero ahord.111do los problemas bajo 1111 sesgo que fuera ;1ccp· '. tc111:ítKos. ) .1 que dcsc.1m.1n 110 sohrc los ob1ctos 111.1tcm.ítiC'Os
table por los 11usmo1 de los mctodos 11m111os. s1110 sobre las propos1cio11cs qnc h.1bb11 de estos
fonn.1lcs . 7..ermclo hahí.1 mlcntado )'J re)oh cr bs cl1f1cultadcs 01>1ctos. Como son ncncb lc1 a tod.1 i111 t 1ti¡;acio11 axiom:i·
poniendo por obra lo <¡uc se podría ll.1mar: rctr.ospcct11·'.1· tk.1. 110 podi.1 dc¡.1r de h.1ccrsc sentir l.t ncccs1d.1d de dC\ arlo1
mente. \J ax10111.itica inge1111.1. El res11\tJdo mJI 11s1blc hab1.1 J cllo1 mismos al 1111el 1k IJ c1c11c1:1 > trJtJtlos de 111Jncr.1
sido 1cJfimur en su aclttu<l a lo\ m.1tcm.iticos cmp1mtas o 11g111ma y 111ctúdiC".1. Tal prc·cis:11m:11tc el dCi1g1110 de 1.1
i11tmcio111st.1s, C\1)3 doctrina, con Bro1l\\ cr su cscucl.1. se 111ct.1111.1tcm.'ttica Co11salcrc111os. por ejemplo. el prol>lcm.1
dcsarrolbba y se :1hanzah:1. Ahora b1rn. lJ co1111dcr.1c1ún de de l.1 no·contr:1dicc1611, el cual. con el de 1.i dccitltbilid.1d, h.1
los signos escrit os sobre un.1 ho1a es yJ, .en nn sentido, ocupJdo el 111<1 yor ln¿:Jr el\ t'St,1s cspcenl.tetoncs Recordemos
retomo a la cl'i<lc11c1:1 111h11t11 a S1 se p11d1cr,1 cstud1.u. segun romo se lo rcsoh ia cu 1.1) primeras :rtiorn,iltcas: rcafüacion
métodos ticntifieos cstnctos, l.1s dcmostr.1cioncs 1111pug1ud.1s, rn nn.1 tum.1 concrci.1 cu1.1 1cr<l;1d fucr.1 atcst1g11.1dJ por l.1
li.ic1enclo .1bstraceib11 de 1.1s entidades de l.1s optr.1ciones 1·xpc11cuct.1 - prueba que no dqa de ser empim:-.1 ) qnc no es
m.1tcm5tic.1s J las rnalcs remiten -de !Js r¡uc algu11.1s cst.ín siempre po,iblc admi1mtr.1r: rc<hicci<i n .1 una tcori.1 ahstr.JCta
dcsprOI islas <le sentido a los 01os del mtn1o omstJ. especial·
1111
.1 uo·rnutradteoon er.1 post111.1d.1 - lo c¡ue 110 h.1cí.1 sino
mente cuando h.1ccn intcn cnir 1.1 idc.1de 1111 mfmito actual-. apl:t1.
1
r 1.1 d1firnlt<1d. l'lro que 'e tr.1mpo:1g.1 Li c11C'\tio11. )
para 110 com1dcrar sino sus t01111.Ji11JC'Ío11cs concrct.1s 'ol>rc el 1¡11c cu 111¡;.11 de interrogarse sobre 1.1 co11tmhCC1()11 o cmn·
plJno del s1111holts1110, se el p:1t1h1hdad de 1:t1 1clc.1s, se interrogue nno 1.1 pos1b1hd.1d
aspecto del problema, )' en forma qnc diera sJ hsf.1ccio11 ;1 los 11 nnpm
1
h
1
li<l.1d de comtrnir, a p.uhr de 1.is fo11n111.i s simbo·
<l os partidos opuestos. CJmb1amlo de ohjcto, tr.111sportJ11do hc;1s que rnunc1.m los :l\1om.1s ele 1111.1 tcoriJ y
el estud!o del dommio ele los seres 111,1tem:íticos .11 de los .1
1111
sistema bk n dcfurnlo ele regl.1s, expresiones de tal o cu.11
signos que los representa han. considerando, en lugar de 11oc10· l for111.1 - pm qcmplo, l1:1ccr surgir 1111 p.1r de expresiones
que algunos 111zga11 eonfnsas o l':ICÍ.1s, siml>olo, ofrccido3 proposteion:1lo 1¡uc di ficr.111 rnl.nncntc en cito. que 1111:1 rcpro·
a 1J nmad.1, se instala uno, sin renunciar J 11ingun,1 exigen· du1.c.1 a l.1 otr.1 hanéndol.1 preceder del signo de l.1 11ci;;1ción
c1J de ngor fornul, sobre 11n terreno que el mtuicionista se puc·dc demostrar cstJ posibihtbd o cst.1 imposibilidacl,
52
se habr.í demostrado, por eso mis1110, incluso IJ contr;idicción
o la 11o-contrJd1cció11 de la tcon:1.
S 20. L 1111 i tc a lclS úcmos/racioucs de 110 co11traú1cc1ó11. Es
ncces.1r1.1. s111 c111bJrgo, un.1 comhc1ún. cu.1lcsq111cra que sean
la co111plcj1dad y l:i inscgurkhd de la tcon.1 m.1t cm.i t1ca cstu·
cliad;1 } de J.1s fórmulas en donde cxprc:sa, J.1 dc-
111ostraciún mctamatcmátic-a que descansa sobre cst.1 teoría
debed ella nusma, bajo pena de círculo \'\C1o;o o de petición
de principio, no hacer sino de cnc.1dc11:unicntos deductivos
mur simples ) no a m.mcr.1 de lograr irrcs1st1blc·
ment e 1.1 adhesión de un espíritu atento. !\si como IJ considc·
ración tic signos remite a Ja rcprcscntJc1611 visual , así Ja dc-
mostrac1ón sobre estos signos llama a !J e\·1denci.1 i11tclcch1JI
(aunque no fuera smo p.ira comprender el sentido de las
reglas, juzgJr si son correctamente apl icad.1s. etcétera) . Pero,
así sea rac10nJ\ o sensible, scmcj.rnte rd orno a l:i intuición
no es legí timo más que cuando no se "ª m.ís all .í del Jinute ele
las mi urcrones elementales y u.1dic sospecha.
l'or 111;is rcd11c1clo que scJ entonces el m.irgen a )J aprc·
ciac1ón snbjctil'a para 1uzgar de b ,-,1hdez de una teoría, un
no se consiclcrar;í aún plenamente
satisfcclio. ¿No podría uno ;mcgl.irsclas para c¡uc Jos procedí·
m1cntos de la ckmostración mctmn.1tcm(ihca se encuentren
de alguna 111a11cra integrados en la tcorb misma de Ja cual
demuestra la no-<:ontrad1cc1ím, de manera que Ja segundad
así demostrada de la teoría rcc.1iga sobre estos proccdnnien·
tos? Se esperó llegar ahí gracias al ingemoso proccdnnicnto
llamado la "aritmeti7_:i c16n de Ja smta:m", debido a Cüdcl,
)' c¡ ne ¡x:rmite fonnular Ja si nt Jx1s lógic.1 de J.1 antmética
en el interior mismo de la aritrnctica. Consiste en cstJblccer
unJ correspondencia entre los símbolos, por curo medio se
expresa b sintaxis ele la aritmética, )' ciertos si111bolos propios
de b :mtmétic:i mism:i, de m:rncra que toda expresión ele la
lengua sintáctica se pued.1 traducir unÍl'Ocamcnte en un:i ex·
presión :mttnética. S1, adcm.ls, se ha llegado a cstahkecr esta
corrcsponclcneia de tal maner.1 <111c toda proposición que tra·
de este modo proposición smt.íctica en lenguaje
antméhco, sea ella mrsma demostrable en Ja aritmética, en·
DF-\IOSTRACIOSES DI: NO C..0:>'1 llADICCIÓS
53
tonecs se lrabr.í expresado 1.1 si nt al ÍS de la aritmltica en el
interior de IJ :mimética.
¿Se puede, ahora, dc111ostrar en cstJ lcngna smt.ícticJ J.1
no contradicción de lJ arrtmética7 Uno de los primeros rclul·
tados a los que fue conducido Codc! por l.1 <1phcaci6n de su
procc(l1111ic11to, fue 1ust:1111 c11t c proh.1r b 1111posib1lid.1d dc
una dc111 ostració11 tal. En cfc:c to, cstahkci<i, en dos tcorcmas
famosos de mcta111.1tcm.\tica ( 1931 ) , primcr.1111enh.:, que una
aritmétit·a 110-co11trad1ctoria 110 podí.1 comtituir un sistema
compkto, y co111port.1 11eccs;1r1a111c11te cnunc1aclos inclceidihlcs;
c11 scgumlo lug.u, que la :i fmn:1ci611 ele J.1 uo-contr:icl1cción
del sistema figura pree1sa111c11te entre estos enunciados inde·
rnhblcs.
Este resultado apJrentemcnt e 11cg.1ll\ o, obtenido por mé-
todos fo r111.1lcs estrictos, ) corrohor:1dos luego por resultados
análogm sobre problemas conexos. ttenc un gran ak-.111 cc. Es
m.ls <Jll C uu simple cp1sodio en 1;1 historia de !J metamatc-
111.ítica. rc:i nmbb.1, ba10 un.1 formJ el viejo ideal
de una clemostracióu absoluta. al proponerse (OllStituir un
forrnafo1110 que fucr.1 su1ecptihlc dc :1cab.usc \'Ohiéndosc a
cerrar, ele alguna manera, sobre él nusmo Actu.1lme11tc se ha
puesto un término a esta cspcr.1nza. Aún en l.1 cicnci:1 fomrnl
por excelencia, la 111Jtcm.ít1ca J xio111.1tm1cl;1, es nc(csJrio re·
a la separación, que sc pensaba haber borrado, entre
\ crdacl y clcmostrabihclad. Ll prnner.1 noción desborda a Ja
segundJ Porque, como unJ de las nd s elementales teorías
ya, no so.IJmente proposiciont-s al pre-
sente 111cl cc1d1clJs, smo propos1c1oncs   mdecidi-
blcs), .Y como por otra parte, el prmcipio ele tercero excluido,
cnunc1aclo contrad1ctori o no-p son 1gnalmentc i11dcmo1trn·
bles); )' como por otra parte, el principio de tercero excluido
cuya \ alidez mantienen precisamente los fonnahstas
sus <¡11e ele dos proposicio-
11.cs contr;1cl1ctonas una es neccs:m:nncutc 1·erdadcr.1, rncluso
si no podemos saber cu.11: es ucccs.uio conclmr ciertamente
que hay, en el interior de una m:1tcm;ítica axiomati;<..1d.1. algo
vcnl:iclc!o no demostrable .. Ya 1_>arJ una lcngu:i formal tan
rcstrmg1da como es la antmét1ca
1
su 110-contraclicción no
!.AS  
podrá ser demostrada sino por una apdac1ó11 a 111ed1os que le
sc:m t:\trai1os.
S 21. La aYiomati;:ac1ó11 de '·" /óg1rc1.   y dihcult.1-
dcs an.ílogos a lo> <1uc conoc1a la 111ctamate111.1 t1e;1 se encon-
traban al ummo tiempo. en el tcm:no de la 11íg1c:i, cst:rndo
Jos dos órdenes de in1 esttgac1011cs por lo   al presente
íntunamcntc asoc1.1dos. Cuando la a:\io111:ittc.1 cst.1b:t aún en
sus cu1111Cn7. 0S, la condición de l.1 lógica podil ap.ircecr, cu
razón de Sil sit11ac1ó11 i111c1.1l. tomo pril'llcg1Jtb. Una teoría
ax10111.1tiz:ida retiraba .1 los ttnninos ) .1 los postul.1dos sobre
Jos que \e ed1f1CJb.1 Sil significación y su 1crd.1d usuales, pero
haciJ un llamado. p.1r.1 esta cd1fic.1c1un, a tcoriJs :rntcñorcs.
Cll) a 1 crdad y sentido cstab-Jn presupuestos. Y en el punto de
¡>JrtidJ de t"Stas teorías prc1 íJs, Jntcnorcs .1 todas las otr.is.
se cncontrJb:i ).1 lóg1cJ. De tstJ se podi.1 sin duda afimlJI que
ella 111 is111a se J \10111a1tzabJ. puesto que se presentaba en adc-
IJnte, desde Frt·gc y particularmente en la grande síntesis de
Russell y \\' li itcl1ead. co1110 un sbtt·ma deducti1 o en donde
est.1ban   dcspcpdos términos primeros y pro·
pos1e1011cs primer;is. Sólo que aún no hab1a .1hí . s1 se puede
decir, sino una a:\iomática concreta : los témunos conservan
ahí m.ís o menos su acepción usuJI. simplemente precisada
por las rcl.1eioncs que wnnciJb:rn los postulados. y 6 tos eran
verdadero:; a:1.iomas. a la 1ez proposiciones primeras 1· e1i-
dencias 111tdectUJlcs. El sistemJ tenía un sentido pleno unJ
verdad absolutJ. que se proPJgahJn, mcd1Jnte IJs dcfmicioncs
v las demostraciones, a los términos de11vados ,. a los teo-
;emas. l'roponilndosc fundar Ja arihnétic:i y, por' su intcm1e·
dio el ed1heio entero de las nutem:í ticas. sobre la lógica, el
"logieismo" de Frege y de Russcll tendía, pues, ¡¡ una cosa
muy distmta que proseguir s1111plc111cnte el movimiento de
retroceso hacia los principios: pensaba llevarlo .1 su ténmno.
:ilcanwr JJ roca, el fundamento l1Jtimo. Los térmmo; prime·
ros de l.1 axiom:ítiea peaniana pcrmaucdan rclati1·:11ncnic m·
determinados, comportando una pluralidad de intcrprct:icio-
ncs; las proposiciones primeras sufrían de l.1 misma indeter·
mmaeión y, siendo funciones proposic1onal cs m:ís bien que
proposiciones, no constituían, ni pocli.an constituir el objeto
de una afirmación catcg{111c.1. Dd micndo estos té1111111c.;,
csencialmcntc \'anJblcs ahí, con la :11 ud.1 de constantes
lógicas, concehidJs como !Jutas ('Sc;1cias intemporales,
demostrando estos postnlados, li.1st.1 .1)11 cxtrailos a lo \ Crda-
dcro y a lo f.1l so, con IJ :1) ud.1 de los 111111c1pios lógicos, con·
ccbidos como otros t.mtm ax1u111:1\ que impom:n absoluta·
mente :11 prnsa1111c11to. Rmscll prdcucli.1 dotJr a los printipios
de y, por lo tJnto, a tod.1s )Js deducciones
subs1gn1cnt cs, de 1111 se11t1clo } de una 1crdad abso·
111t .1. matemática clCJJ b.1 de ser esta eicnciJ "en donde no
sabe 1.1111.ís de qué se habl.1, 111 s1 lo que se dice t'S l'erd.l·
clero'', 11Jhí.1 a ser a IJ manera de )J
l1ígic:1, ele la que sacab-J todJ sn substancia.
Pero el crepúsculo de las Cl'1ckne1as no iba a tardir cn
alca111 .• 1r a su a IJ lógica. YJ el smgimiento. con oc:món
ele la teoría de los conjuntos, de :111111101111.is de !Js que se
ad\·ertí:1 que el origen debía ser bmc:ado en su 1111·cl, después
el desacuerdo profundo que se liabi:i ma111fcstado. c:n su cfü-
eusiém, sobre la \':1lidcz de tal o cual de sus pnncipios, habían
eo111c111.aclo a co111no1·cr l.1 1deJ de una kg1slación lógica
.1bsoluta. ú111ca y 11ni1ers.1l. L1 011cntación 1111c1-a que algunos
lógicos li.1cia 1920, a dar .1 sus trab:i jos. 1b:i ahor.1
a dcsagrci;ar la lógica desde el intc11or. l'as.1 con ella lo que.
algunos decenios antes, hJbia pas;1do con la gcomctríJ. Así
como ésta había dejado de ser 1'111ica, por l.1 aparición de las
geomctriJs no·cuclid1a1m, después de ser 111t nitn :1. por la put·s·
ta en fonna axiomática. asimismo l:i ló¡;1ca se pluraliza y se
:u:iomJhZJ. Er.1 inent.1blc que IJ lógica. com-crtid.1 en dcd11c-
ti1·a, se transform:ir-J t.nnbién cn el srntido de um ax1om:itic-J
abstrJet.1. razones que Í11\i tab.111 a dcpr de lado, en el
descnrnll'llnícnto de un s1stcn;a, el sentido int11i ti10 de los
térn11nos, por miedo a que paSJr.1 inach cr tido en los razo-
namícntos ulteriores, 1-alí.111 par-J l.1 lógica tanto como par.1
tod:1 otra d1sc1plina dcdueti1 .1: en los términos de la tcori.1
era necesario no \'Cr nada 111:ís que el soporte de las rc!Jciones
cn11nei:idas en los postul.idos. Las proposiciones de la lógica.
1aeíadas asi de sn sentido propiamente lógico -como las de
la geomctrÍJ lo cstab:111 de su sentido prop1amcntc geomé-
trico- se comiertcn, pues, en fonn:i.s puras: simples tauto·
56
J, AS AX10)1Á1 JC.\ S lºOIL\IAJ.l l ADAS
logias, como lo entenderá \ \'1ttgcnstcin, es decir, cnunciaclos
que no dicen estrictamente nad.1 sobre lo n:al, p::ro que,
por cst:i ratón, pcrmaucccn ' ;íliclos cual<1 11icrn <(UC )ca el con-
temclo concreto que se vierta cu ellos. Y cst.1 intc.: rprctació
11
forma l de J.1 logica fo rnrccc la ap.irición de lógicas no· cl.ísicas,
así como por una acción recurrente, C:st.1s \'tcnrn a rcforz.1rlJ.
1'01quc )t los ¡mncip10s no son cst.1blccidos smo hipotétic:1-
mcntc, n:ida prohíbe yJ establecer otros, 1no<l 1f1c:ir éste, su-
primir ayuc.:1 : se p;1sa de la lógica a las lógicas, <¡ue uno
wnstrui r.í .1 rnluntad. Y a su vez, esta plurnlitl :1d de 16gicas
retira su prÍ\ 1kg10 a lJ lógica cJ:1sica, <1ue no es más que un
sistema entre otros )', como ellos. simpk :m¡11it cctur.1 formal
\"ahdez uo depende sino ele su coherencia mtcrna.
Sólo que, J.1 analogía con el caso de !J geomctrí.1 cesa en
este punto csenc1al, porque la lógica no dispone>ª• de cicncias
antcnorcs de b s que se pucclJ hacer uso par.1 coust rui rlJ como
axiomátic:i fom1:il. Y:i , :i mcd1da que se remont:ib:i la escala
<le las e1cnc1.1s, crcCÍJ IJ dificult :icl de no presuponer nada, en
el tr:ibaj o de ax1omahzación, que perteneciera a la ciencia
en cuestión; por ejemplo, cn el ni,·cl <le )J ari tmética. la plu-
ralidad numénca. Con la lógica, la dificultad llega a ser una
impos1híl idJcl absoluta: hace faltJ ncccsanJmcntc una lógica
para regular las operaciones del axiom.ítico. Se puede segura-
mente ,·cJ:1r por ajust.u la lógica que se axiomati1,a sobre
aquella llliSma de J,1 c¡uc se sirve par.1 axiom.1ti1.arl .1, por obrar
de manera que, dicho de otro modo, la lc'ig1c-.i opcrntoria
\'l:nga a aphc.irsc sobre la lógica axw111ati z.i<l.1 colllo uno de
sus modelos posibles. Sin embargo sub\istcn cuestiones cm-
bauzosas. En pnmer lug.1r, ¿se cst.i seguro de poder procu·
rar una corrcspo11dc11cia completa entre ).is Ya los pri-
meros :irtíficcs de la lógica simbólica no habí.111 dejado de
obscrYar que, ciertas reglas de la deducción for mal 11 0 podrían
ser mismas incl uidas en el formalismo: por c¡emplo, la
lt ccnc1.1 de reemplJzar, en una fórmula del c.ílcnlo, Ja5 \',uia-
blc\ por constantes imfü idnalcs, licencia sin la cual la í6rmula
<¡uc-cbr ía sin uso, sería ella misma necesariamente presupuesta
·en el uso de toda fónnul.1 simbólica que pretendiera expre-
sarla. De s_ucrtc que sería ncces;1rio d1st111gnir d ;uamcntc
-entre los axiomas )' las reglas, entre los enunciados que com·
1
'
(
AXIOMATíl.\CIÚS DI( J.A J,ÓcJCA
57
ponen el c.íkulo, y los enunciados c¡uc el cil_eulo
dominando   úl timos, de :1l¡;11 nJ 11 iancrJ, al calculo 1111S1110
y penna11 eeic11dolc extc:riorcs. ScmejJntc d1s ti11eio11 "·' . nat u
r.1!111 ente a 1111ponersc en to<l.1 tentatl\"J para la
16gica. Lo cual significa que es 1111pos1blc llcv:i r .l!asta 1111
térmi110 fiual la obra de ;mm11.1 t11 .• 1c1611, Ja reduccwn de lo
intuitirn por su w l.1 lc'.1g1c:.1: s1e111 prc subsiste algo
;111tuior, un intuiti\'o pre\ io. l'ucs si l.H proposiciont-s dd
dlculo lógico pueden, e inclmo deben, \'istas como
111cntc formales, al contrJ no las propos1c1011 cs sobre el caku·
lo 110 pueden, dlas, ser ' "1ci,1d;1s de su y
11cecsana111cntc ser cntenchd.JS en su srnhdo 111t111t1vo. 1 or
otra p.irte, la multiphcación de las lógicas 110 si111plif1c:i las
cosJs. Con un:i lógica conmlcrada co1110 tin1ca y absoluta,
J.1 corrcspondcucia entre m forma axio11u t1a da y su ttSO ope-
ratono, aunque siguiera siendo p.irci:il. se l-Stablcd.i al menos
como de cll.1 mism:i. No puede ) .1 suceder así con lógicas
construidas c1d libitum: su mul t iphc1tlJd y Sil <lffcrsidad les
prohiben referirse por igual :i nuestra operatoria, de la
que se tcJ1Clda trabajo admiti r que fuese parcci<lamente ma-
leable.
S 22. 1..A 111etc1lógicc1. De este modo l.t ax10111 atización de .la
16gica eonstrií1c a tsta al dcs<lobl:1111icnto. No sólo :i ese des-
dobl.unicnto propio de tncb axmmática. que pcm1itc hacer
de ella una lectura abstract.1 o llll:J lectura concreta, sino
aclc1116s, al que exige la :mtcrioridad de J.1 acti\'idacl cons-
tructiva por referencia a toda constr11cc1611 for111.1L Toda axio·
mática fo1111al se encuentra en efecto bo1deJd,1, ele cada !.lelo,
por un do111 i11io intuihrn: dch.1jo, por l.1s intcrprct:icioncs
eoucretas que se pueda <br de clb. los modelos, ele los que
uno le h:1 sen ido gc11cralmcntc de lecho; 1111iba, por las cien·
ci:is c¡ uc le son anteriores. y <JUC i11 tcr\'ic11c11, en su cd1ficación,
con Sil \'Crd:id catcg<iricJ y su sig11il icaci611 intuit i"ª · Ahora
bien, la situación de l.1 lógica en un 1:xtrcmo de b escala de
las ciencias 110 le permite apoyarse en una ciencia previamente
constituida. Si se quiere, sin emb.ugo, expresar el saber implí·
eitame11te en el trJba jo de axiomatiz.ación de la
lógica, no se podrá hacerlo en el interior ele la lógica, sino en
58 f OltM.\LIZAIJAS
unJ disciplin;i nue\'a que tendría por objeto las fúrmu\Js de
la lógica axiomatizad.1 )' regl.i \ de su manc¡o. L1 111etaló-
g.1ca juega asl, en relación co_i1 1.1 lógica, el mi.si.no p.1pd que
la mctam;1temátic:i en rclac1011 con la 111atc111atica. Seri.1 cx.1-
gera<lo, sin <lu<lJ, decir que 11.lClú. de 1.1 a\"io111atiz:1c1ú11 de )J
lógic.1: en un sentido lodos los log1cus hab1au hecho en
al a{111 grado, mctalog1ca, pero lo h.1cía11 s111 saberlo. La axio·
obligó a tomar conc1c11u.1 de cll,1, y a dist inguirla
e.xprcsamcntc de 1.1 lógica a b <1ue cstj \ ineula<la como a su
objeto. Al cálculo formal. lcugu.1 objcth-a. \icne así a supcr-
una mctalcng11:1, que comprende part iculanncntc las
reglas de smtax1s del cálculo fonnal, las reglas
para su mtcrprctJción concreta.
Naturalmente, nada impide ahora tomar a su \·cz )J lll('.t.1-
lcngua como objeto ele cst.udio, formular su sintaxis; después
organi1.ir ésta en una tcoria dcduct1,·a. que se podra axioma·
tizar, símboli1-tr, forn1ali!.;1r. Súlo que. se usar.i , por ello mis-
mo una nuc\ a mct.1kngua o, si se prefiere, se crc:ir:í un ob¡cto
par; una nuc,·a 111ctal()g1ca. Y se puede ;1sí, al menos en
ría, cont inuar i11dcfinicla111<:11tc estos cscalo11an11c11tos, sc:n.1-
lando la pal:ibra     la de trazar
un límite a la rcgtesion y chmmar, en el
de partida ele la claborac1ón aiaomahca, todo rastro de mtu1-
ci611.
IV. EL J\XIOl\ IATICO EN LJ\
23. \'cmtu;as del método En sus com.icnros, la
fom111laci611 ax10111atiea de una tcona dcduch\'a podia ¡>Jreccr
de: mtcrés lin11tado. Entre los mismos, muchos
110 ,·c1.111 en c:ll.1, c,1si. que uu procedimiento elegante de
cxpos1cióu, de 1111 rcfin.mucnlo superfluo., suerte
de juc:go 111telcctual apto para satmacer a exce-
shamcnlc escrupulosos cu cuanto al ngor log1co, pcm al
margen del trabajo c1c11 tífico \ CrdJ<lcramentc produc,tivo.
Por su c.1r.ictcr dcl1bcrad.unentc form:1l, ¿no se prolnb1a la
axiomática, en efecto, enri<¡ueccr con ninguna
nnc\'a el contenido de nuestro conoci111 iento? Y su utih<lacl
como método permanecía dudosa, no S<?lamcntc l>.lra l.1s aplí·
c:1c1oncs sino ;m11 en el intcuor ele la c1enc1a pura.
L1 ltbton.1 de la ciencia, sin <.: mhargo, muestra ele manera
superabundante <¡ne a menudo las im·t-stigJcio11es imcialmentc
m:h tlcsintcrcs.1das son l.1s que se rc\'cl.111 ftu:ilmcnte, como
las más fecundas. Después de todo. un espíritu escéptico ¿no
habriJ producido, con 1.1nta apamnc1a objeciones muy .sc-
111qJ11 tcs cuando los griegos. poniendo en forma
u11 cuerpo tlc \'erdadcs cmpíne.1s, constituyeron la
como ciencia r.1cional, iniciando así a la humamdJd en IJ
era citntífica?
l'arJ l.1 !:is ,·enlajas del método axiomático son
manifiestas. Es, en primer lugar, un prcciow instrumento
abstracción ' a11.'1l isis El paso de una teoría concreta a la 11115-
111a teoría á., 10111atiuda. después fonnahza<la, renuc\·a, .pro·
long.índolo, el trabajo <le abstracciém que conduce, por .. c¡cm-
plo. del nt'nncro concreto, 111011.tón ele man.za nas. o de
al número aritmético, dcsput-s de la antméhe;i al algcbra,
60 EL MÉTODO t:.N l.A Cll.SCI \
con el reemplazo de términos indi\'iduJlcs por , ·:u iablcs de las
que sólo las relaciones están detern1111,1cl.1s, en f111, del ;ílgcbra
clásica al álgebra moderna, en do11dc 110 sol.11nc11te los obje-
tos, sino aun l.1s opcr:icio11cs cfl ctuad.1s estos objetos
llegan a ser a su \'C7. c:o11cret;1111cnl c inclclcrn1111aclos, 11 0 estan-
do fijados sino por .1lgun.1s propicd.1dcs fundamcntJlcs muy
:ibstract:is. Por otra p.1rtc. ante el trat.urncnto :ixiorn:it ico,
nociones fundJmc11t.1lcs de 1111.1 tcorí,1 q11e<lJ11 a 111cn11clo aí111
confusas, tienen comprchcnsioncs a la \'ez • ricas e
imuficicnte111cntc cxpliC1tJd.1s: nacla nos g.1ra11t11A1 entonces
que estos di\-crsos elementos seguiran siendo siempre compa-
tibles, nacl.1 nos prcca\'e contra el peligro de resbalar ineons-
cicntcmcnt e, en nuestros rno11amicntos, del uno al otro.
Obligando a a1sl.1r ciertas propiedades cxprcs.1111ente enun-
ciadas en los axiomas, y a no utilizar sino a ellas o las que
se hap deducido <le ellas, el método axiomático prosigue
el anñlis1s de las nociones primeras.
Un progreso en la abstracci6n ''ª siempre a l.1 par con un
progreso en la generalidad: dejando caer algunas de !Js deter-
minaciones disocb das por el an.ílis1s, l.1 rcducciím ele la
Jc,·:111t.1 las rcstricc1oncs y ;1scgura un ensan-
chamiento de la extensión. Ccncrali7A1r, chce Russcll, es trans-
fonnar un:i constante en una \'ariahlc: tal es precisamente el
trabaj o del axiomático cuando sustiht)C la recta, la congruen-
cia . _ . • por x, y . . _, c¡ue sJtJsfaccn a las rc:l:iciones <JllC enun-
cian los postulados. Así, c11:111do clt:scartamos significa-
ciones mtuitivas, siempre espccialc:s, no solamc11tc nos \'olvc·
mos capaces de pcns:u <le una manera más dcscm h.1r:1zada J.1
tcoriJ 111ic1al. forja de un golpe un instrnmc:nto intelectual
pluri\'alcnte, utili7,ablc para todJs las teorías a l.1
primera. Así como u11.1 hmc1ón proposicional es, como se ha
dicho, 1111 molde de proposiciones, así una teoría nximn:itizacla
llega a ser una su.:rte de "función teórica", 1111 molde de teo-
rías concretas. El defecto de univoetdacl, lc¡os de pcrjud1c:u
a las dcfinic1oncs por postulados, constituye al contrario su
interés. La indeterminación de una estructura formal no es
indigencia, desde el momento cu que no es uua cual<¡uiera,
sino regulada por condiciones muy precisas. L:i pluralidad
de los posibles, en Jos limites cxact:1mentc tr:iZ<1dos, representa
1
1
l
1
1
"L'ffAJ AS ore,
61
:il contrario una ric¡uc1.1 virtual. se obtiene, con la axio-
un.1 1111portante economia de pcmamic:nt o: se reúnen
\:Jrias teorías en una sol.1, se picm.i lo 111l1lt1plc c:n lo uno.
Pero se gan.1 1nucho también p.1r:i el saber mismo. l'rimera-
mcntc en sn orga1frr.1ción de rn11ju11to Co1110 la anatomía
comparada, g111acb por el prmc1p10 de 1.1 1dc11ticl.1d de pi.i n,
discierne h.110 su pintoresca ,·ar1cd.id los ú1¡;.111os homólogos.
así tamlnén l.1 axiom.ítica. dcsc11lmc11do las a11alogí.1s forma-
les, rc,·eb com:spo11clc11c1as 111sospccl1acl.1s entre cli\ersos do-
minios de 1111.1 lllJSllJa cicncÍa, y ,JÍlll. p.1rc11tescos entre c1c.:11c:ias
que parcr1.111 cxtraii.1s. 1\I la cstmcturcl 1m·tJria11k
con11'111 a tcorbs apJrc11tc111cnte hctcrogénc.1s, pcmutc clomi-
11arlas por el y abrawr con la mirad.1 en una
visión m:\s si11tétic:1, vastos paisajes mtckctualcs <¡ne 110 se
conocíJn aún sn10 en fragmentos. En lo rn.11, los espíritus
atentos m.is al acrecentamiento cuanhtahrn de los co11oc1·
111 icntos e¡ ne ;1 sn organización armoniosa cnco11trar;Í 11 t ,1111-
bifo. lin.1l111cnte, su provecho. l'nes esta org.1nización hace
sensibles las lagunas. que la analogia im·ita a llenar. Cad.1
teoría sac.1 pr0\ccl10 <le J.1s <¡uc se le conocen .iclualmcntc
como c111parcntac!Js. Se transfieren a<¡uí, en <louclc nada intui -
tivo las sugería, los rcsult.1clos adquiridos en otra parte. El n-
gor del método <le exposición co11d11cc, asi, ;1 fin <le cuentas,
a su fecundidad p.ira el dcscubri111icnto.
A ofrecen )ª· en cu,1lq11icr grado, l.1s pri-
meras ncncn naturalmente a combinarse en l:is
n:xiomáticas f?m1afü.1das, las ele todo c-.ílculo sim hólico: segu-
ndad, ob1ct1l'1<lad. El car,1cter ciego y cuasi·mcdnico <le sus
procesos es su menor interés: pci:inite hacerlos cjccut.1r
por un.1 mac111ma, y n:scr\';1r así el cspintu para J.1s oper.1ciones
de 111\·c.:I supcnor. Por ).1 simbofü.:1cié111 y l.1 formalización de
las leonas y por medio de los isomorfismo\ así re1 ciados, l.1s
grandes calcul:ldoras :1111cricanas cst.ín llcg.111do a ser, si no
    "máqu111Js de pensar", al menos .111xiliares eicntí-
f1cos cuyas aptitudes superan muy ampliamente, la cjernc1611
de las opcrac1oncs o problcm:1s puramente numéricos. Y entre
los problemas no numéricos <¡ue son para rcsohcr figu-
ran precisamente los problem<IS de dcC1S1611 acerca de !.is axio-
máticas formalizadas. Estos usos son aím nuevos y sus clcsarro-
62
l:L '1.ll'; rooo AXIO:>.IÁ 11 CCJ F.N L \ CI [.'iCL\
imprevis1blcs. pero se concibe que, ya sin la a .
111aq111nJS r para el espíritu reducido a SUS ) }Uda de
bol
. . . 1 so recursos l
s1111 1z.ac.1011 y a formalizac1611 Jlc,·an )J i... t .
6
' . ª
· t ·
1
. JU) raec1 n axio-
ma ica. si se pue< e decir, a la segunda potencia
2-t. La cJ.ucmwtr;:a_ción de las '-' · d f ' .
1
1 t 1
. ven.i 1 ICI me
< ir c:>.:ic :1111entc .1 parte que corrcspon<lc al mét d . :
t ico rn el rnclo de la 111atcmátic;i
que de 1111,1 ta11sahd.1d claramente oricntacia ·
1
das •e.n
, d 1 ' s111 e u J. sena
11c:ccs.1r111 .1 111e1111 o 1ablar de acciones rc.:c:urr . t ·
g:1cbs. 1 M, teoría de los grupos. por ci·cmi>l o den) es
0
conr
1

l
.d d ·
1
• e a qnc se 1a
po< 1 o cc:1r que es a m,1tc111.í tKa despo ·
13
da ele sii s l
1
:
· <l d f . , • ·' 11 >S ane1a
ue1 .1 a su pura onua, nac10 antes c¡ue ella \ se dcsarro·
llo. en primer lugar. de manera in<lcpend1c11tc:·
1113

5
el es · t
. . . • pm u
en que se 1m¡ma es tan conforme ;11 de la axiomática }
prnblc111.1s a menudo tan \'ecinm. qnc: los dos órdenes ·de in-
\   se encuentran hu> :i sociados de modo rnm· ín-
t m10 .. po_rque 11 0 c.'S una m1·eneión aislada ,.
lo<:.1111.:id.1, acc1dcnt.1lmente. r porque se apo\·a
l._1, que :il espíri tu mátcrn:í -
ttco y <¡ne no han hecho exaspcram· ck'1idc hace
siglo, por eso el método ax10111 átic:o no puede disociarse
h1c11 Los rasgos que acusa son ya f.íci lmcntc reconocibles
e_n el_ pensamient o matemát ico cl:ísico: y gencra-
  reclino de la mtuíc1ó11 por !J lógica. su·
bordmac11111 del contenido a J;i estructura. cst.1hlcc11nicnto
de corrcspo11dcnc:1as 11nihcador:1s. ctcétcr.1 '."o por ello es
cierto que 1 líl bcrt , al haber "cnsc1iado a los m:iknÚ·
t icos ;i pensar a'l:i:m1át1ca111c11tc", :1 modificado profunda-
mente c:I "estilo matcrn.itico", ahí n11smo en donde el mé·
todo ax10111:i t1ro no es empicado s1stc111:it ic.1mc11tc."
:1 Cf. C':. l1:nT. l.A structurc 11ou1dlu ll•<<•r.N.S p/.,.iqucs. p. ! 6'l·
. .. l'odJ gton\CttlJ C'ohercntc IJ 1c,prcsentl<"lOn de 1111 c..·icrto ahor:J
h1cn, todd '''-'on1ct 1?J 1cooq iOhrc un ), .stc111.• de.· :J.\io 111JS. 3\Í puti
tod;a   t.'5 t.1n1bién, un   punto Je \1\ tl. )J n·prC'S::Utl
nón de un tic..rl o gt npo, c-s d ¡;n:po dt: opcrJC'l unc. ) que.• \ .JO <l .:f1nid.H por
lo' :l\1om: \ ) tp•c act l 1.tn c;obn: oh1t.:tot de lo' <pu.· trJtJn 21t1ouw ..
Cf dd uu .. , tno :autor. Lºa_,iomotJquC' f! t la tltt Ottt-• J,·.s groupcs. Cougtk
lntcrn. de l'lul Sclcnttfi<¡uc. l 9H. ' ºl. "
:s C/. J. D1LUDO!>"Í. D.1\ID 1 loLB1 ar. en Li L"'"'"IS. u s grands
mur<t11ll de la pcnsic nidthi,,.at.ique. p :9i . C. Cull 1u n-, us nirAtiom
du sf)lc mathlmatique, Rn•. de ,\lltoph . 19li. pp ;;;.! S-1.
,\."\.IOM.\TIL\CIÓX DE LAS l\L\ll:!l!ÁTIC.\S 63
t::stc lo es cad:i vez mjs To<l.1s las teorías matemáticas,
desde la :iritmétic:i y Ja tcorb ele los conjuntos hasta el cálcn·
Jo de prohabilidJdcs, han sido a.\iom:itiuelas hor. y :i menudo
ele múltiples mancr:is En Franci:i, el gran tratado que se pu-
blicó progrcsh·amcntc bajo el seudóni mo gcnénco ele N. Bonr-
baki se propuso exponer según este método el conjunto de
)Js matcm.íticas. Se comprende bien, en el caso de una teoría
aún bastante pr6x11na a sus orígenes concretos, como es la de
bs prob:1h1hcla<les. cómo la ax1omatizac16n dcscmb:uaz:1 a Ja
ciencia de los problemas concermcntc; a J:i esencia de las cnti·
cladcs ele que trata, problcm.1s de los cu:ilcs hace poco una
ciencia racional no creía poder liberarse. l..1 parte m.\s traba·
josa de un trat:ido ele las probabíl id.1dcs era a menudo la intro·
ducción, en donde el autor se juzgabJ obligado a precisar Jo
que erJ esta noc10n con la cu:il prctcncliJ hacer la c1cncra. Se
cncontrabJ entonces cogido en este chlcnlJ : o bien remitirnos
a la intuición habbndo ele c:1rtJs, d.1dos, ccnta\'os, bol.is; o
bien dar una dcfimción abstract.1 de l.1 que podía clisnnu·
lar bien, pero no suprimir la circul.1ridad: la probabilidad,
relación del nÍlmero de casos f:11orables al de casos posibles,
11 condición de que éstos sc1111 igualmet11e /JTobables. Esta
d1f1cultad notoria ilustra a 111:1rav11la lo que tiene de incómoda
y de transitoria la fase de ];1 deducción concreta. en donde se
debe y no se puede justificar los principios. Las cosas eran
claras en la fase empírica e incluctivJ; dejándonos guiar por
nuestro sentimiento intu1ti\o de las probabilidJdcs, vemos
bien, por ejemplo. que no hay r:izón par:1 que resulte más bien
c-Jra que cruz. y llega1110\ luego a establecer las dos leyes, que
IJ expcncncia \ crif1cará, de las probabilidades totales y de las
probabilidades compuestas. Y eso \'Ohcr:i a ser claro en la fase
axiomática, la de la deducción las dos lc)CS serán
establecidas ahora como principios, los cuales dar.in de la
prob:iuilidad una dcfinic1ón 1111plic1ta: la probabilidad es sim-
plemente la ··cosa" que es tal <¡uc se vcnftcan en ella Jos dos
principios.
Esta purificación conccpt ual i11ic1:il 110 es aún sino el menor
beneficio del método. El an.lhs1s axiomático, se ha visto, des-
taca las estructuras de las teorías particulares ya constituidas
} rC\cl.a así las an;ilogías form:ilcs entre teorías a menudo muy
EL 111fa·ooo AXIOXlÁTICO •• , .••
'°'' '-" CIENCIA
alejadas por su contenido y por esta razón e
hasta ahí inclcpcnchcntcs. el caso' . ' )l;e pe
1
rmanecen
ele la medida v el cálculo ele

• ele la tcoria
dese b t ' t · -r ' · gua mcn te se
. u rcn es ruc uras topológicas en con ·11111tc1s I • 1 '
q
e . e e e cmentos
u ya no son puntos, s1110 funciones o i11ch1sci 1
ese ic" 1 · t ¡· · · · ' e cmcntos
1 1.1 mcn e e 1scontmuos como los núni•·ros t
t . d 1 . en eros L1
cona e os espacios abstractos, 0 topología general
1
·b. J
a 1\1. Frcchct, es así uno <le los más bellos cle'1' < ;t •<IJ
· : f T , . me oc o
axioma ico. matcma.t1cas cst:ín igualmente puestas
en corrcspondcnc1a con tconas cxtramatemáticas v . t'
lam1c t t · I' · • • • p.u 1cu-
'. n e c_on og1cas: el cúlculo ele probabilidades con
c1ert?s_ lóg1cas plum·alentcs, la topología con ciertos cálculos
cl_e log1ca Aclarada con una nueva luz por un isomor-
fism?, ?1:'hguas teorías pueden recibir desarrollos inesperados.
L1 s,muhtu_cl de funciones conduce también a crear, p:ua una
tcona, abstractas que nada podían sugerir mientras
se las tema su1etas ª. s_u mtcrprctación primitiva, y nacen así
nuevos seres matcmahcos.
No solamente l_as tcorí?s son las que se apro-
vechan del ax1omat1co. L1 fisonomía del conjunto
de las matematicas se encuentra tr:.msfonnacla. En razón de
insosp_echatlos que de pronto se revelan ahí, el
umverso matemático se redistribuve. El orden tradicional :,
que_ repartía las matem'.íticas segím los objetos
tu,d1ados ( antmética, álgebra, análisis infinitesimal, gcome-
tna ,_ hoy superficial como el ele las antiguas
clas1ficac1oncs   c¡uc agrupan a los anímales según
sus semc¡anzas exteriores (acuáticos, terrestres, aéreos) en lu-
gar de fundarse sobre la similitud ele las estructuras. Ahora
se coordinan teorías c¡uc tratan de objetos muy diferentes.
pero dotados de propiedades formales análogas: la teoría de
los números primos está próxima a la de las curvas algebrai-
ca.s, la geometría euclidiana a las ecuaciones integrales simé-
tncas. Y la subo1dinación se funda sobre la jerarquía ele las
estructuras, yendo de las más simples y ele las más generales

2
, fm de p5rr_2fo csti dircct.11nentc inspirado por N. llouuA<i .
Lmclnlt'clurt des matl1emallq11u, en 1.r. L1oss.\IS, op. cit, p. H-H; J.
  L'aA_io111atique ddru les mathé1natíqucs ruodtrnt1. Cou¡;r.fs intcr11
de Pln1. Sciences, 19-f?, 111, p. iS, CnEVALLEY, art. cit, pp. 383-4.
AXIOMAT17.ACIÓN Df. LAS lllATEMÁllCAS 65
a las más complejas y a las más especiales. En primer lugar,
algum1s estructuras maestras <le un carácter m:ís amplio: cs-
tmctur:1s algebraicas, estructuras ele orden, estructuras topo-
lógicas Después estructuras ya m:ls complejas y difcrcneiaclas,
en donde se comb111:m orgá11icamcntc dos o m;is ele estas cs-
tructur.is maest ras: por ejemplo, el álgebra topológica. Des-
pués solamc11tc tcorÍJS m;'is especiales, rn donde los elementos
conue11la11 a tomar una ínclividualidacl más m.ucada: e:n este
nivel es en donde se rnclvc a enc:o11trar la mayor par te de
las teorías de la matemática cl:'1sica. Sólo que, en lugar di:
permanecer inclcpcnclicntes y casi aisladas, aparccc11 aliora co-
mo determinadas por entrecruzamientos diversos de algun:is
teorías más generales. Por ejemplo, el conjunto de los números
reales puede ser considerado como nn cuerpo, o como un
conj1111to ordenado, o como un espacio topológico, etcétera,
ele suerte que las propictla<lcs de los números rc:ilcs son, por
una parte, las que se puede leer en los teoremas c¡uc les son
aplicables de cada una de las teorías correspondientes, y por
otra parte, las que resultan ele fa validez simultánea de estas
diversas teorías o de varias de entre ellas.
S 25. Úl 1L'(Íomati;:aci611 en las otras ciencias. El tratamiento
axiomático no fue solamente aplicado a las matemáticas,
se desbordó por ambos lados.
No nos sorprenderemos de c¡uc un método que se propone
suplantar fa intuición por la lógica haya encontrado su terreno
de elección en !J lógica misma. Esta ciencia hace de ella
hoy un empico regular y sistemático. 1\I contrario, Sil uso
disminuye a medida que se clcsc1cndc la escala de las ciencias.
que pas.1 de la mccánic-.1 a las otras partes ele la fisíca, y
de ahí a l.1s otras ciencias de la natnralez.1. En efecto, casi no
ha excedido aÍln el dominio de )¡¡ física. Los cnSJ}OS que se
han intentado cu las ciencias ulteriores, como \Vooclgcr lo
hizo en biología, siguen siendo esporádicos, y tienen sobre
todo un interés de curiosidad. No c¡uc alguna ciencia repugne
por naturaleza Sil empico. Pero éste, para ser fructuoso no
debe venir sino a su hora, y cuando la ciencia interesada llegó
a un cierto grado de madurez. Hay como una ley del tlcscn·
volvímiento de las ciencias, que las hace pasar, en un orden
66 EL M l-rooo l'.N LA CIEl'>CIA
y cada una :t su \'CZ el rango <111e ocupa en
¡crarq111;i'. por ct;ipas de5cripti\'a, induc-
:1x1omahc:i . Una a:-. 10111.11lc:1 permanece dem;i-
ssado \':lna ss 110 se   1111.1 teoría_ dcduct i\'a pre\'ia,
la cual 110 tiene \'alor c1c11t1f1co si 110 01g.1 n11.;1 un \'.1sto c
011

junto de leyes adquirid.is inducti\'amcut c. a co11tin11ació11 de
una larga cxplor.1c1on de los fenómenos. L1 física inducti\•a
en los si;los xvu y xvm, abriú en el siglo x1x l.1 cr:i ele l:is
teorías dcductÍ\ as,. y ha llcg.1do hoy al ¡mnto e11 donde
el tratamiento axiomático le resulta aplicable dc111 asi;idn a111·
pliamcntc.
N
.
i o s1c111prc sm ¡>Jrtcs mas antiguas son las que se l1an
bcnd1ci:tdo m.ís de este trat.1n11cnto. Ciertos r.1,gos de
tcorí.1' nue\',lS - 1.ts cuales, claro cst.i, se :tpoy:m cu todo s.t·
her adquirido :mlcriormcntc. aun c11audo lo corrij.111- l;is pre·
dcst1uJba11 a ello. y no solJmcnte el hecho de que uac1cron
en la est.1eion misma en c¡uc florecía la axiom.íltca. Primera-
mente, su cadcter ;iltamcnte abstracto y formal. <¡ ne resulta
inc\ itablcmcntc, entre otras r.1zoncs, de que han dejado de
existir en la csc;il.1 de nuestrJ intuic10n. Una física de lo
in111cuso y 11n.1 foica de lo h1f11110 desconciertan nuestro po·
der ele rcprcscnt·ac1ón concreta. L1 c11n-at11r<l <le! espacio·
t iempo. el sf>i11 del electrón, no ticncn ya smo un \',1Jor muy
déb1lmcntc anal6g1co; aun esta lc¡ana ;ilusión a l.1 imagen
se des\ anccc tot.1ltncnte con el simbolis111 0 matem:1tico, único
que da a h1s teorías su expresión cxact.1. Además, ciertas par·
ticularidades cscnc1alcs a la nueva fosca f:11 orcccn o aun im·
ponen el uso del método ax1onüt ico. Como C\plica J. L.
Dcstouches. "una física en la cual todas las medidas simul·
táncas no son posibles 110 pncde ser una física de las propic·
dadcs intrinsccas y debe limitarse a una fisica de relaciones".
10
Una física tal es ncccs:tnamcntc cstmctural. l'idc expres;1·
mente la s11bord111ación de los tér111111os a las relaciones, tan
característico del ordenamiento axiom:í tico.
Si no se ha extendido mncho el mo de exponer axiom:lti·
camente el contenido ele la física clásica, no es que la cosa
presente dificultades especiales, al menos para 1.1s partes ya
'º t:s!Di sur 14 forme gJ11er.úc drt tlié:>rir• (>l•)'•;qucs, p. l 02.
AXIOM.\1'17.ACIÓ:-I J· N <111\AS ell!Ne lAS
67
sistc111:1 t i1.adas. L.1 axio111:itic:i es el perfeccionamiento de l:i
teoría dcducti\",I, lo CUJI <111icrc decir también que_ tod_a pucst.a
en forma dcdnclÍ\''1 inicia p en la \'Í.t de b ax1ou1;1t1ca. El
h;\bito de duplicar el lenguaje vcrb.11 111 edi.111t e el simhohs-
111 0 111atem;lt1co h.i acost11111b1ado a füicos <l csdc hace
largo 1tc111po a d1st111g11ir, uo tanto cnltc teorías con 1111;ígc11c\
y tcorí.1s .1hstractas. <mnu cutre dos mpcctos, uno concreto,
otro si111bólico, de 1111.1 111isnia t<.:orÍ:l: no s1cmlo apenas
im.ígcncs, según l.1 cu111p;1r.1 ci6n de l'oinc.ué, sino \'CStiduras
so111 clld.1s al ca¡mcho de l.1 111 oda, 1111u1tr.1s que la  
tcorÍJ, ).1 <1ue perm.111ccc, es el sistema de: ccuaclOnl·\, es
de rd.1c1011cs. lg11.ilmc11te no han dejad.o de obser\"ar las _su111·
lítudes formales entre cc11;1c10ncs o sistemas ele cc11ac1oucs
qnc pertenecen a capítulm de fisica concrcl:m_icntc
tes, y <¡ue rigen, por c¡cmplo, los unos ;i los fcn?•.nenos me.ca·
los otros ;i los fenómenos ckctro-mag11ct1cos: los 1so·
morfomos les son pues, f:11111l iarcs. !'ero en l.1 org.111ización
conceptual que supone el cst.1blccimicnlo de IC) cs. el trabajo
de ;1hshacción prepara y apeb :t las axiomáticas ulteriores.
Si l:i fisica es un:l ciencia de lo concreto en el srntido ele que
desc.111s:l sobre lo mi l, al menos los téruunos entre IM cu.1lc\
cstahkccn esas rdacíoncs que enuncian l:ts son complc·
tamcnle otra cosa que objetos concretos. L.1 masJ, la fucr1A1,
el potencial, l.1 rcsistcucia, son ent idades abstractas; sugeridas
como su nombre lo recuerda, por pero
CU) o sentido propiamente científico es fijado ún:camcnt e
por l.1 s rc: bc1oncs que sostienen entre ellas y con olr:!s de
igual natnralC'7a. " int11i ll\';'IS h.m scr\'Hlo. en el
origen, para cst:ihlcccr las le) cs. pero 11n.1 'cz ccmstruida l.1
red de las lqcs, la pcnpctti\a se h.1 inn:rttdo: es el con·
junto de principios de b 111cc.i nica cl.ísi ca, de la
nuca, de IJ óptica, c¡uc da, de las nociones fond.uncntalcs
de e.ida nnJ de estas tcoríJs, 1111.1 "definición disfra1.1d:i".
!'ara dcsc.11tar <lcfiniti\·.1111cntc estas ssgni ficacioncs itttuitivils
achcntic1as e iruportunas, para exponer en su pnrcz.1 intelcc·
tual el sistema de rcl.tcioncs, ningún método podría ser
más eficaz que el método axiomático.
11 C( J. Uu.MO, l'/1yriq11c ti 11.\iomatiquc, fül'. de ,\.Jdtaph., l?i9. l'P·
126-llS.
68
t:L r.i(;;rooo AXIOMÁTICO EN LA ClL'ICJ.\
S 26. Límites del 1.11étodo axiomático. Las ventajas de este
método no deben, sm embargo, disimular los límites. No ohi·
demos, en pmner lugar, que no representa sino una de las
de la c1enc1a y que aun el lógico y el matematico no se
dcsmte.rcsan en , modo alguno de.: IJ , ·erdad material de sus
El aritmético puede bien fingir descuidarla:
no dc1a, sm embargo, de acoger, desligado de situarlos en un
nivel inferior, muchos "teoremas cmpiricos", que son verda-
,lc}eS mductivas. ahí mismo donde se procede
axiomahcamcntc, no se podna llernr adelante el método hasta
el a donde apunta. Éste se propone perseguir a la
mtmc1ón para subshtmrla, no ) a por el razon.tmicnto, sino por
1111 cálculo, por 1111 manc¡o regulado y pn\'ado de símbolos.
En realidad, el furmahsmo no puede func1on.H sin alimcn·
larsc, de una y otra parte, ele la i11t11ic1on.
En primer lugar de la intuición concreta que lo sostiene.
No es sino cu los libros donde 11n,1 ax1om:ític:t comienza con
los al>.iOmJs: en el espíritu del al>.iomáhco, tcnnina ahí. Presu-
pone la deducción material que pone en forma. r l'Sta a
su vez ha exigido un largo trabajo inductl\ o previo para reunir
los materiales que organi1A'l. Sobre estas bases, el vcrdJdcro
trabajo del axiomático, es descubrir los axiomas. no dt:du·
cir, en efecto, las consecuencias ele prinetpios cl.lllos, sino
al contrario, dado un conjunto de proposic1oncs, encontrar
un sistema mínimo de prmcipios de donde se puedan de·
<lucir. Al análisis inductivo que, de los hechos se remonta
a las leyes, sucede el axiomático que, prosiguiendo
la obra de sistcmatiz:tción deductiva. se remonta de las lC}·cs
a los axiomas. Una vez traducidos éstos a símbolos con sus
reglas de funcionamiento, el formalista podrá las sig·
nificaciones intuitivas iniciales. f.stas no han rec¡ucndo menos
el clisciio de su construcción y solas. aim ahora, hJccn com-
prender las líneas maestras y. Jos con tomos,_ y ascgu:an
unidad: unidad oraánic-.1, no sunplc yuxtapos1c1ón acc1dental
de axiomas. El de una presentación abrup·
ta, cuando afecta espíritus no preparados, . está
en esta impresión irresistible de )'  
Una no ofrece casi interés para qmen no h3 asi·
LÍMITES DtL MÉTODO 69
milado antcrio1111cntc el conjunto de conocimientos concre-
tos que ordena al csc¡ucmatiz:ulos. No se comtruye una axio-
mática por simple y los instrumentos mtclcctuales son
hechos, también ellos, p.ua ser utilizados. i\IÍn el teórico puro
que deja a otrm el mo del mstrumcnto, no cstj menos cons-
trcfi1do, por su parte, a la consideración de un modelo: a
saber, el modelo simbblico mismo.
Se tr;1za otro línutc al uso del método axiomático por un
teorema paradójico de Skokm. A tocio sistema que excede
un cierto 1111 el bast.ml c elemental y c¡nc comporta un modelo
en un dommio cualquiera, es posible asign.ulc t.1111bién un
modelo en el dommio de los nÍlmcros naturales. AhorJ bien,
el conjunto de los números constituye un infmito
enumerable, t¡uc es la m:ís débil potencÍJ de los conjuntos
infnutos.
32
Resulta, pues. de este teorema que el trntJmiento
hace desvanecer, en cierta mJnera, tocbs b s poten·
eias superiores. El continuo. por ejemplo, no puede ser ronce·
i>ldo axionüticamcntc en su espccificidJcl cstructur.11, yJ que
tod.1 ax1om.itica c¡ue se dé comportad un modelo enumera·
ble. lksultados obtcmdos ultcnormcntc por Von Ncumann,
Jos cuales muestran que 1.1 potencia de un conjunto t.'S re!Jt iva
a ]:¡ ax1omatiCJ 11t1liz;1da, \ Jn en el mismo sentido. Era una
ventaja del axiom.ítico reunir, por Ja identidad de su
otmctura, una plur.1hdad de sistemas isomorfos. Si, ahora,
los sistemas c¡uc reúne pueden no ser isomorfos, es que deja
csmpJr ciertas p:ttticulJridadcs de bs estructuras y c¡uc no
b.1sta ra para diferenciar éstas. Parn distinguirlas sed necesario
1111 recurso a l.t mtuición.
Si b 111t111ción concreta la bordea por abajo, la axiomática
pcnuanccc igualmente en contacto. por arriba, con una intui-
ción intelectual a la que ella puede sin duda repeler siempre
JJ Recurdcrno'\ que Jos con¡unlos se d1cc-n tcocr l:i cw.n·
do se puede <'\Llblc<C't entre 5lU elementos una rorrcspondrncu1 hi·ul\i\oc:a
(es dror, que ;a todu dc1ncnlo <ld uno cont:!lpondc lino )' un solo ck-tncotc>
del otro. ,. re:dproc·.uncntc) . que, p:ar.i ron1untos f1n1tos, tener n•lsnt.1
potcncii se reduce J ta1ct el nusmo 11Uu1C'ro de clc•ncntos; que, los
conjuntos infinitos, b mis débil potcnCll es J¡ del n1um<rJbl< (b sucesión ·
indcfinidJ de los número. n>lurolcs); que la polcnc•• dd co11ti11110 (por
ejemplo, la de los punlos de unl linu, o dd con111nto de los nlimcroo rea-
les) es suptrior a la dd enumcr.ibk; en fon, que "' puede s1cmpn: construir
un conjunto cuy• potcnciJ supere la de ton conjunlo cualquicra.
iO
EL MÍ.'TODO AXIO:>I ÁTICO EN U CIL'iCL\
más lejos, pero no suprimir de ningún modo. La intuició
se refugia de la tc_oría cu la mctatcorí:t, luego de ésta,
a_ SU \'CZ a llll SlStcma fo_rmaJ, en la y así
sm fm: el rnanqo del simbolismo exige un sobre·
rnclo del cspmtu. Los teoremas de Cüdc\ han hecho maní.
fiesta la cosa a los formalistas mismos. Pues juegan aquí un
papel que se ha podido comp:irar al de las relaciones de
tidurnbrc de l lcisenbcrg en física cufotica: así como la intc:r·
venci6n de la actividad expcrnncntal en el contenído de la
observación no se puede agotar mdcfinidarnentc, así ocurre
con la intcn•cneión ck la aet1\ idad 111cntal en las axiorniticas
simbolizadas y fom1aliladas. Que se regocije o que se aflija
uno de ellos, no es posible eliminar el sujeto. De ahí la re2c·
ción del intuicionismo: "No aceptamos que el camino de 1.1
ciencia lleva a la eliminación del cspintu." .. Aún con sistemas
bastante rudimentarios p•ira que no funci onen en ellos aún
las prohib1do11cs de C<Jdel, es daro que la apcrccpeión de una
com:sponelencia analógica cutre la interpretación objetiva
1.t interpretación sintáctica de las mismas fórmu!Js requiere.
exactamente corno la inteligencia ele un retruécano. una ini·
ciativa espiritual, y que, gcncmlmentc, una cierta cons·
telaeión ele signos, negro sobre blanco, no llegará a ser, por
ejemplo, una demost ración de sino un
espíritu que sepa leerla eo1110 tal. F.I be11chc10 del metodo
axiomático no es excluir la int uición, sino contcnerb y haccrl:i
ret roceder hacia el estrecho terreno en eloncle es irreernpla·
:z.ablc. Tiene \·entaja substituir el órg.1110 por el
luego, el instrumento por la máquml '. para,   dotar _la
máquina de de :mt ?·rcgulacion: por. mas perfecc10-
nada que se b mJJgme, su snnplc no
hablar ele su const rncción ni de su 111thzac1611 -ex1g1ra
pre 1111 control humano, no dispens:irá jamás de mtcr·
vcnciones exteriores, así fuesen, cada vez, más nunim'.15 Y
cspaeiad;is. Enteramente como una m.íquína,_ un mccamsmo
intelectual no sería verdaderamente seguro s1 no se
tener la certeza absoluta que no t iene defectos, no
expuesto a avcria, ni a enloquecimiento, que en mnguna cir·
.. A. llLTTt.'<C. en f Cosnrn. • 1939, P· 1;.
Lhtrrl.S DEL Mhooo   i l
cunstancia surgini una ambigüedad cualquiera el modo
de aplicar las reglas, que nos encontremos l.anzados a
una alternah\'a i11dcfm1da de afm11ac1oncs y ncgac1011es, que
r(•tncrdcn las antmomíJs eJntorian:is. Sin duda es 111.\s justo
pedir a J;i 111tu1ción y al formalismo co11t rol;1rse 111 ut11.11ncntc:
¡;JrJnhz:rndo el formalismo contra los ele una
e1ón intemperante, pero con la conel1c1on de ser él n11smo
sometido a l.i \·ig1lanc1a de una int111c1ó11 reducida.
Por lo dem;is, nadie ha impugmelo seriamente el p.1pcl que
comen-a b mtmción en el elescubrin11cnto. Cualquiera que sea
1.1 fceund1cbd ele un método, su oficio es sobre la consolida·
c16n y, si se quiere, el prolong.unicnto. pero sobre un terreno
pre\ 1amcutc fi1:1do. r:;¡ pone en orden lo adquindo y, al hacer
esto, llcnJ las bgun:is y explot:i los trnzos, pero no i11augur.1
naelJ cscnciJlmcntc nuevo. Los descubrimientos re\ olueio·
narios son la obra del genio que trastorna los métodos. En·
contrar, probar: lo 11110 no le es menos que lo
otro a la ciencia, que reqmcre el espíritu de a\·cnhtr:i tanto
como el espíritu de rigor. Deselc este punto de vista aún.
intt11ei6n y formalismo se completan, seg1'm la diversidad
de los cspiritm y las oscibc1oncs de la l11stona. Un autor poco
sospechoso de tibieza para la axiomática con\'icnc expresa.
mente en esto: "En los periodos de expansión, cuando se in·
troduccn 11oe1oncs nuevas, a menudo es muy elifícil dcl11111tar
las condiciones de su empico, } para deci rlo ele
una \C2, no se pucelc hacerlo razonablemente sino 1111.1 \'et:
adquirida 1111a muy larg.1 pr:íctica de nociones, lo qu<.>
necesita 1111 periodo de desbrozamicnto m:is o menos amplio.
durante el cu:t l dominan 13 incertidumbre y IJ contro1cma
Pasada la edad heroica de los exploradores, IJ gener:1ción si·
guicutc puede entonces codificar su obra, aligcrnrl.1 de lo
superfluo, asentar sus bases, en una palabra, l'oh·er a poner el
cdif1c10 en orden- en este momento reina de nue\o sin eli\i·
el método axiomático. hasta )J próxima rernlución c1nc
aportad alguna idea nueva.""
".J. L'a:c:Omatiquo d<:>11 l<S • moJ.irrw•, co1n-
1"1.Kióo at:icb. pp. i7-48.
---
V. ALCANCE FILOSOFICO DE LJ\ 1\..''10 MATICA
S 27. Filosofía de las   La y el dcsen·
volvimiento del método ;mom.ihco no mtcrcsan solamente
:11 trabajo cient ífico, se proyectan también sobre problemas
filosóficos cuyo alc:111ce se v;i ensanchando: filosofi:i de las
matcmfücas, ·filosofía de la ciencia, f1losof1:1 del conoci111 icnto.
En primer lugar, b axiomática abre una de las vías posibles
pJra rcsohcr el problema que ha dominado, desde principios
de nuestro siglo, a toda la fi losofía matemática, el del funda·
mento mismo de esta ciencia. Este problema, que casi no había
preocupado, hasta ahí, a los matemáticos, se impuso brusca·
mente a ell os por b cnsis de la teoría de los conjuntos. Ela·
horada por G. Cantor durante el último cuarto del siglo x1x,
la teorí.1 de los conjuntos, dcspul-s de resistencias,
había terminado por aparecer, alrededor de 1900, como la
base de todo el cd1fic10 matenü tico: la aritmética de los
números finitos, con l:i cual se aeab.1b:1 de reconstruir las otras
p:irtcs de las matem:ític.is. se podi.1 en efecto constnnr a su
vez como un caso especial, particulanncntc simple e intuiti·
vo, de l.1 teoría de los conjuntos, el de los conjuntos enumera·
bles. Ahora bien, justo en este momento es cuando surgen,
en el interior de la teoría, "antinomias" o " paradojas", es
decir, de teoremas contradictorios. El conjunto de todos
los conjuntos-<¡ ue·no·Se·con henen-c l los-mismos-como-el cm en·
tos, ¿se contiene él mismo como elemento? Uno se convcn·
ccrá fácihncnte de que un:i respuesta afirmativa y una rcspucs·
ta negativa a esta misma cuestión son igualmente 111stificablcs.
Scmej;mtes embrollos presentan aquí una gravcd;id excepcio-
nal: para una teoría que ha dejado de apoyarse sobre nociones
y verdades intuifüas y que ya no tienen, pues, otra garantía
de su \'alidez que b coherencí.1 fom1.1l. l.1 menor ftsur.1 b·
1
par.¡ comprometerlo todo; su 16gíc:i llene la obhg.1ci6n

'
1
lula de ser mfahblc.
0
-
Dcsdc principio, las.   p.ir:i 1111:1 solncíl>n se
lu n cmpc11ado en tres dirccc1oncs l'.l • cmpirmno" de Dore]
Y luego yrolong.1do y rcforz;1do por el


!llO de 1111ruta d1fic11lt .11lcs .1! 111 ant¡o ucgo Jd
111strn111cnto logteo; no 11os ofrece y.1 g:1r.111tia desde <¡ne
de los domlc l.o liemos p1ohado J.1rg:nnen·
te, ) por eso rn C.\lcns1on al <1011 11 11 10 de lo tr:imf1111to es en·
gaiios.1 La i1.1t111ci611 es la c¡11c juzga, c11 últ i111.1 imtancia, ik
la de las regl.lS log1ras; de suerte 11uc si se le
d.t 11c!11pre. pnomt1d sobre el chscurso, ¡a no se cxpoudr.í uno
a a11t11101111as. Se .les. enta en efecto, pao, ¿J qué precio' 5
1

gu1cndo estos pnnc1p1os. se encuentra 11110
a co11<le11.1r partes conwlcrablcs, no sol.1111cnte <le (.
1
tcoua de los co111untos, smo ele 111.ís ele una tcorl:t matcmá-
t ica antigua y com:igr:ida. Muchos j111.¡;;in t.11cs s;icrif1eios ex-
ccsi' os, )' el remedio ckmasiado enérgico S1 se quiere comer-
\ .tr la totalidad de bs matcmihcas cl.1sicas con lo c<.cnci.il,
adc111:h de la teoría c:mtoriana. y per111 .111ecer al mismo ticm·
po fiel a la inspiración de esta í1lt1111 a, se cnsJpr.í entonces,
c:omo lo hizo Russcll, la vía del "logiómo". Por una parte,
se el propósit o de construir !as niatcmJ ticas .1 par-
tir de b s sobs nociones y leyes de la 16gica Pero, ya que estas
han tond11c:iclo a Jntmo1111as que se trata de prohibir. se re·
forz.1r!1 por otra parte las reglas de la lógicJ ele m.rncra tal
1¡uc ¡.1 no pcrmit.m tcnninJr ahí. Dcs&r.1e1adJmentc, es difj.
cil conciliar las dos cos:is, porque. para d.u a l.is rcgl.is de
lógica el grado exacto de se,·crid.1cl que com1c11e parJ
IJs :111tinom1.1s sólo a ellJs, se \ 'C: uno eo11strei1ido a
cer ciertos axioÍnJs cuyo carácter extr.1kig1co apcn.lS es d1scu·
tibie.
Resta un tercer camino, por el e11JI Zcnnclo., cnsapd
s.1lir del embroll o: la reconstrucción axiomática. Esta solución
difi ere de la preecclcnte en que, si bien exige siempre axiomas
1ii l..a a:uon1.1t1ua 6n de los rouiuntos scrS o11cuouuc11tc 1cton1ad.1 ) de-'·
3Hlllllld3 pc¡r di\'CISOS autores, ro• Fr:1cnkd, Von Ncn1n.1nu,
lltlll>)>
l
n LOSOFÍA llC U S M.HJ.MÁTICAS 75
1111c 110 tolcrw l.1 prod11ce1611 de a11ti1101111JS, >ª no les impone
1111c sc.111 tomadas del solo material lógico Sin emh.ugo, las
roudícioncs pJr.1 el <le 11 11.1 seme-
j.1ntc mur ch\'crs.1s dt: IJs w11d1cioncs p.1r.1 J;1s axiom.íticas
de l'c.1110 > de 1 J1lbert En éstas, se ib.1 sol.uncntc de l.1s con-
1cc11c11c1.1s a principios. se p.irtí.1 1lc teorías bien prob.1das
roi no l.1 .irit111étie;1 }' b ¡;comclrÍJ d :mt'ilS. W}:I eonsis tcnci.1
11.1dic pondría sen:11nc11tc en cl 11d.1, y desde d momento en
:111!.' los principios c¡ur.: se les as1gn.1b.1 les c>l.iba11 cxact;1111e11 -
tc adapt:1dos, no h.1bb nad.1 más <111e pcd1Cks; no era indispcn·
1.1hlc que fuesen c\•ickntcs y cicrtm por ellos 1111s111os, se estaba
1c¡;11ro de J11tcma110 que no c111pei1al1.111 en co11trad1ccioncs.
.\ qui :11 contr.1110, la cxistc11c1.1 de a11 ti110111ias muestra que se
1r.1h.1ja en nn.1 1011a de mscguridad t\1111 cuando los axiomas
1ea11 cscogido1 a 111J11cra de cnt.u l.11 antino1111Js conocidas
¿qué C) lo que g.uanhz.a <111e no surgir en otra
otr.1s J11llog.1s? Y a no b.1st.1, pues, prod11cir un sistema de axio-
111.1s t.11 que J?Cnnita ckm?slr.ir l.1 parte acepta-
ble de IJ leona ele los eon¡1111tos. es 11cccsano 1111c los axiomas
insp1Ce11 ellos 111 i:mos m.1J absoluta : ;i l.1 pnoridad
l6g1c:i dcbe11 mm 1.1 c\ldcnc1a p11colóo1c.1, ser fu11d.1111entos
. . "
lanto como pnnci¡11os. Ahor.1 111cn, uno de los axiomas de
7.crmclo cst.1b.1 lejos de satisf.i ccr est:1 eond1ei611 ; o, más cxae-
lamcnk. l.i eucstitÍn de sahcr s1 l.1 satisb cí .. 1 d1\'iclia :1 los ma-
lcm:í lico> en dos campm Evidc11tc par.1 los unos, el axioma
lla111.1do "de l.1 sclecc1ó11" 110 era par.1 otros smo una fclrmu-
l.1 huccJ, un cnsa111 hl.tje de pJIJbr.1s grJ111;1t1calmc11tc corree·
to, pero vado de sentido. Y las prnpos1c1011cs cqui,-.1Jcntcs que
se hubiera podido pensar p.1r.1 s11hstitu1rlo. como la rclabva
J IJ .del "buen ord.cn", pacleda11 del nmmo defecto.
la mgcnu.1, eonf1ad.1 en el scntnniento de c\·idcn-
CIJ mtclcctual p.n.1 ¡ustificar l.1 sclccc1611 ele los axiom;is, se
cncontrnbJ bloqueada en 1111 c.illc¡ón s111 salida.
.Uno de los pn11cip.1lcs objetivos de IJ mct:1matc111.\tica de
lhl bert cs. el de .hacer s.ilir de ahí, supliendo por el r:12:0na-
m1.c1.'to l.1 111t111c1011 dcsf.1llcc1entc. La ele !J axio-
debe, en pcm11tir est.1blcecr por vl.1 demostra-
t.l\·a, s111 tenc.r de al scntnnicnto subjetivo
<le la ev1elcne1a, si 1111 sistema de ax10111as es o no consistente.
Si tal demostración puede ser d:idJ fa,orablcmcnte por una
a-'OGm:ihc:i de b tco1ia de Jos ronjuntos, el problcm:i del fun-
dlmcnto esta resuelto. IXbcr u estarlo. 1nclmo a los o¡os de
un 111 tu1ciomstJ - para quien l.i no<ontr.1d1ce16n es rondioón
no suf1ocntc de la rnJtcm.l ttc:i- con
t:il que la satisfJg:i l.i nigcncu de corut1ucei611
en un número fini to de ct3pJs, lo que es, según él, el \ CrdJ.
dero entcno Por eso 1 l ilbcrt , prcoc11p.11lo por no renovar con·
tro\·cmas o tfrilcs. lubb impuesto a los l"OCCdnnicntos de
dcmost mción condiciones muy se' era<. 1     cspcran1.1s que
los "fonna Jist:1s" h.tbí.m puesto en este m.:tndo han sido, se
rccucrd:t, parciahncntc fmstradJs. Los tcorcm.1' de C',Qdcl . p:u·
tieub rmcn te, mostraron que la no<nntr.1d1cciún de los s1stc·
mas en cuestión no podía ser probad.1 por unJ fonnalización
que pcnn::rnccicra dentro de estos sistem.ls. La paradoja de
Sl:olcm, por su J.1do. opone a lJ :u1om.1t17..1CÍón de la tcoriJ
de los conjuntos u11.1 dificultad esencial. } :1 que resulta de
c!IJ que el trJIJmiento hJtt des' :incccr ahí b
distinción de l.1s di,·crs;is potcncLtS. fat.1 i1ltim;i rcstr1coón, a
pcsJr de ello, no concierne direct:m1c11 te sino a 1J tcoriJ de
los conjuntos. Por otra pJrte, el cu•d10 dent ro del rnal Hilbctt
se lt.1biJ enccriado rnluntJnJrncntc, permit ía ser un poco en·
sanchado, sm tuspasar por ello los linutcs que se .1sigru al
intu1c1onismo, ele suerte que las prohibiciones de Cóclcl
encuentran atenuadas. estas Crntzrn. en 19>1,
llegó a dcmostrJr b no-contradicci6n ele J.i teoría de los nli·
meros, no apelando sino a un solo pnnCtp10 a. la teo-
rí.i y most rJndo que este princ1p10 no cxccdi.1 los medios que
se conceden al int111c1onismo Resultado unportJnte. ) J que la
no-rontradieoón de much.1s teoriJs se apoyaba sobre la de
la aritmét ica, hastJ ahí simplemente postulad.1
Aunque el fom1ahsmo axiom:ít ico no h.1 resuci to dcfinitha·
mente el problema del fundamento de 1.is 111 Jtcm.í t1c.is,
que. tJnto para él mismo como p.1rJ l.n re.1ecioncs que su.soto.
lo ha hecho 3\'3nz.u eonsiderJblcrnentc l'or ot1.1 pa1tc., lu
hecho grJndemenle la prcs1611 $obre J:is doctnna_s
que le eran iniCJalmente opuestas. difcrcnc1.1s entre logt·
cismo y axiomJtismo casi se h.m des\'anccido hoy, al punto
de que las dos tcndeneus se integran en algunos autores como
¡

f
1
n1.osorú DE LAS .>.IA 10 1.\ 11c.u 7i
Qmnc. L3 niul tiplicidid de las lógic:is, trJtad.1s en adelante
scgí111 lm métodos de 1J :rnomátic:i fornultz.·u.b. no pcnnitc
p C':IS1 d.1r l sos nociones de base un srnt1do absoluto; y la
cun tui n de ' abcr 1llmde lcnnm.J IJ lógic:t ) ,1,;nde romie!l7..1ii
!Js 111.11l111.íhc:is perdió una bucn.i p.utc de rn sent ido. Las
di\ de principio de siglo se ru umcn ho> en un:1 gran
altcm:lti\ J, scgii n que se eonced.1 la lmor idad a la ló¡;ic-J o a la
111t111ció11 . Aun los dos partidos se hJn aproximado sufi ciente·
mente parJ poder ahorJ comprenderse ) tr.1bJJ.U en común.
Al tr.1nsportar los problcnlJs al plano de IJs constrncciones
  el. for.mJl ismo hilbcrh:mo   uu lcnguJ je acce·
siblc al int111c1omstJ, nucntras que c'tc ultnno cntrti decidida·
mente, en seguinucnto de llC} ting ( 1930) , en )J \1.1 de Li
.lxiom.ltiC':I formal. Se puede rcchJL1r el form.1hsmo axiom:Í·
hco, pero )J :t\ 1mnaliz.aci6n y la fonnJl 11.1cion h.in llcg.1do a
ser ho). como decfa ya Ca'• illes, umfomR"i obligJtorios . ..
S 28 Fr/oso/l.i dí! o mcict. A1i11 antes de cine el problcmJ
del fund.uncuto se impusiera a b Jtcnoón de los 1113 tcm.í ticm
l.1 nJcidJ de unJ rcflex1on sobre el mctodo de
geómetras, liJbia inmediJ t.nucntc .uro1:1do una ,1, ,1 luz sobre
la p.1ra doJJ tic esta cicneia, 1111e su si hiJcion pone en el gozne
de lo mtd1g1blc }' lo sensible. 1\unq11c lo\ tcorcmJs de IJ aut ·
mét1ca y de ti lógica se aplican a lo rc:1I, no p.11ccí.1 11nposiblc
mirar cst.1s e1enc1as como puramente r.1C1on.1lcs. por m.ls cié·
b1l que sc:1 el llamldo que hJcc11 a l.1 i11t111cdm Aun-
lJs leyes de IJ lisic:i se expresan en kn¡;uaje matemático.
siº ne apJrcnkmcntc pl.1usiblc h.1<cr dcri' ar de la ex·
pcr1enc1:1. toda su substJnciJ. no eonsidcr.\ndosc el simbolismo
smo como un \ CShdo cómodo De :11
11
L
1
dtSt inción
cl.lsic:i ent re dos grupos de ciene1Js, racionales , npcrimcnt:t·
les: l.1s unas, que, según lJ expresión de Coblot. no t ienen
ncccs1d.1d parJ ser ' erdJderas. de que sus objetos sc.1 ¡
)' las • se podrLt deci r, <U) OS objetos no tienen
p.m existi r, de ser 111tchg1blcs. Pero ,de qué l.1do situar, cnton·
" Op. cir • p. t &2 • q11' <l lo11nJl111n<1 es mhmd 1
nuntc poi loi ''() tn-1tcn1l15nto ú •guJ ·
n1(n t.1(l()n del 'idCJh,.mo hurgues•• 11 t- 1 . c1uc \'en en ()
que nt.a opcnit'lóo de ordrn fdosófi:;, ;i hea pfc¡ntc, llll rrnb.lcgo. no parece
0ticnul del '"'tcuúhco, <'Oano es '11n_:1
mpcc o e 1ntua< 1onunio.
i8
ces, fa ¡;comelría? L.1 inten-cneión mnnificst.a de la intuición
reducir su contenido a un sistema de propo-
siciones anahttcas; sus venl.idcs, por otra p.111l', se imponían
tJn bien al cspírit u que no se podí.1 apenas rcfcritbs a l.ts
simples de b cxpc11cncia La 1clca bnhJ 11.1 de
la "sintcsis a />riori", núdco de toda la filosofía critica, fue,
se sabe, direct.1111cnlc im1m.1d.1 por cst.1 d1ficultJd Ahora
bien, l.1 ª'iom.ltirn i1ll'ita l rtsohcrla de muy modo.
Si la geomchí.1 c!js1ca parecía a la \CZ pura e 111tuitiva, es que
fonnaba un mixt(}, 1e11nicnclo en una cienci.1 :tpatentemcnte
tinica <los cl1sciplinas cl1stmtas, que cstá11 ahora claramen-
te cl1sociaclJs: un'1 geomctrb pur.1, rcpresc11tacl.1 por teo-
ría axiomática, en clonclc el sentido mtuitivo ele los témunos
y de las est:i clcl1bcr.1d.11ncnte descartado,)' cuya
\erd.1d se mide según la sola coherencia l<igica. sin apclac1ún
a 1.1 experiencia;) un.1 geometría aplicada. intuitiva, en donde
la forn1¡1 dcmostr.th\'.1 no es sino un accesorio y cuyos teore-
mas son, en rcalicLtd. lC)cS físicas . La segunda sirvió par.1
constituir b pruncra, pero esta ha llegado a ser ahorJ indepen-
diente, se m;mticnc en pie por sus sobs y. s1 se rc-
f 1ere e'cntu.ilmcntc a IJ otra. lo hace solamente conw a uno
ele sus "modelos" posibles. Ambas pueden, es vcrd.1d. ser c.x-
pucstas s11nult;Í11c:1111cntc en un mismo discurso, ele ;tlií 1.t con-
fusión; pero este i1111co lenguaje se a <los kchm1s dife-
rentes A la cuestión: ¿cómo puede Ja rJ1.6n, sin el .auxilio
de Ja experiencia, ]tacemos conoctr l.1s prop1ccbdcs de lo real?,
se responder.í en ;1clcbntc como lo IJJcc Einstein en el comien·
zo de su opúsculo sobre La georndria )' fo ex¡xriencÍtl: ''La
pcríecta cl.mcl.1cl sobre este punto me parece hJbcr sido
al alcmce ele cad.1 uno, grJerns a la corriente que los matemá-
ticos nombran Ja 11xio111ática. El progreso rc:1hz.ido por ti axio-
m.ític:i consiste en 11111 cbr;i y neta separJción de lo intuitivo
y de lo lógico· la axio111.ític;1, sólo los hechos lógicos y
formales constítn}cn el objeto de b eicnci.1 matemática, mas
no el elemento intuitl\'O c¡uc puede rcknrsc a ellos."
Sólo que es nccesano euiclarsc de interpretar corrcct:11ncntc
este dcsdoblamicuto ele la geometría cn.mdo, en lugar de con·
sidcrarfa sola, se la repone en el mtema de las cirnci.is. ¿Se
debe entender que el carácter ambiguo ele 1.1 gcomctrfa clásica
i9
rcsultab.1 de su situación intcr111ccl1a, y que los dos trozos en
los cuales el método axiom;ítico Jc1b.1 de deben
reunirse snnplcmcntc. 11110 al grupo ele las ciencias racionale_s
o dcd11cli\as, otro al de l.1s cic11c1as cxpcmncnt.1lcs o mductl·
1-.
1
s, y que se cncucntr.1 la v1qa di,cotomía que
wlocaba por un lado l.ts c1c11c1as lugico·matcmahcas, por el
otrn b s cicnuas físicas. n.1turalcs y morales, est.111do prcc1s.ido
ahor.i el l11g;1r c:x.1cto en donde elche hJccrsc el corte? Seme·
1a11tc interpretación concucrd.1 con b c:onccpción dualista ele
(J cicucia que profcs.1 hoy el cmpinsmo lógico. f:ste establece
entre dos especies de ciencias una scparJcíón más rJdic:il aún,
que no se había hecho h.1sta aquí; Coloc1 por un lado
cicnci.is fonnalcs - lógica y matcmahca- <¡ne cons1der3 ba10
la forma clcp11rnd:1 (¡ne les d.i la prcscnt.1c1ún axiomática: en·
tcramcnte ' 'acías de toda significación exterior, no ense-
i1an cstrict.1111cnk n;1da sobre lo real : sus enunciados, pura·
mente analíticos, concicmcu sol.nncnk a l.1s transfon11.1c1oncs
del cliscurso. Y por otr.1 p.utc, tod.1s las ciencias de lo tcal.
para h1 expresión de J.is euaks nhhz;nnos, es \'Crdad, el
g11a1c lógico-111.1tc111ático, pero 1¡11c podrían, en pr111c1p10, pn·
1·arsc ele él sin pctdcr nada de su contenido, siendo proporcio-
11Jdo éste enteramente por la experiencia.
Si se invocan, sin embargo, l.1s de l.1 axiomática
pata apo¡o ele esta tesis. se ol\'idarí.1 un hecho cscncÍJI. Lejos
de cnccrr.1rsc en el dominio geométrico inicial, la axiomática
se ha cxtcmhdo, en efecto, r:ipid.unentc por los dos lados:
hacia la aritmética y l:i lógica, hacia la mccámca y la física.
1 loy intcrcs.1 cll.1 al conjunto de las c1cnci.1s. Por cons1g11icntc,
no es en el mtcriot ele 1.1 so!J gcomctrí.1 en donde pas;1 el
corte entre lo racional y lo cxpcrnnental. lo lógico y lo mtui·
ti\'O: el dcsdobl.11111cnto ax10111áhco funcion.1 en tocias las
c1cnc1as o, en todo caso, en todJ\ l.Js que suficiente-
mente para prest.me a l.i orgamzación dcducti\'a.
l'óng.isc la 111ccinic;1 o la óptic;1 hajo la fonna de una axio-
mática sunbolizada: d lector lu dcj.1do de estar en presencia
ele un.i ciencia de lo rc.11, se encucntr.1 clclJntc ele 11n sistema
formal, vacío ele todo contcmdo cmpiriro, en donde "no se __
sabe ya de qué se hJbl.1, ui s1 lo c¡uc se dice es   [.";
Oc modo inverso, si frente a 11na axiomática abstract:1    
, ) WE..\h,,.CJ
\
# .
"º ... - ( \ .
80 ALCA. '(CE FILOSÓFICO DE LA AXIOMÁTICA
asignar a los axiomas una interpretación válida en un cictto
dominio de lo real, de pronto todo se ilumina: los símbolos
sentido concreto, las (61111ulas vc.rdad cmpiric:i.
N1 s1qmcra <. 'S necesario para eso que la aphcac1611 caiga en lo
que se nombra habitu.1Jmcntc el mundo füico: también un:i
traducción :uitméhca o lógica e1ccuta pcrícctamcnte la tarea.
Pues la noción usual del número, por e1cmp\o, abstracta cuan-
do b compara al 111011lón ele bolas de billar, viene a ser
una interpretación concreta en relación con la x que figura
en los axiomas, e igualmente respecto de las nociones lógicas
de negación, implicación, pertc11cncia a una cl:lsc, etcétera.
En estas condiciones, el dcscloblamicnto axiomático no fon·
ciona transversalmente al nivel de la geometría. Divide longi-
tudinalmente tocia 1:1 escala de las ciencias, desde la lógica
hasta bs ciencias morales. Li sola dikrcncia, y no es sino de
grado, es que las primeras toman más (:ícilmente fa forma
axiomática, de suerte que se reconoce en ello mejor la posibi-''
lidad de una lectura abstracta. Pero. que ellas nusmas se pres:
ten, como lo ha revelado la axiomática, a una doble lectura,
eso muestra bien que no se distinguen esencialmente de las
ciencias empíricas, y que son ya, a su manera, cicnc1:1s de lo
real. No hay ciencias abstractas y ciencias concretas, eiencins
racionales y ciencias cmpirícas. Ha)·, primeramente, entre las
ciencias, grados diversos de abstracción y racionalicl.:icl, que.
permiten ordenarlas en serie. Hay, cmcguid.1, para cada. una
de ellas, posibilidad de una doble lectura: abstrncta, rac1on:1l
y fom1al, o concreta, empírica y material. Se yucde, por con-
vención de lenguaje, emplear la palabra l6g1cd o la palabra
matemátict1 para designar la lectura abstrJcta de una teoría
axiomati7.ada cualquiera. Pero el sc.ntido. de
palabras sufre él también el dcsdoblamicpto :ix10111áhco y
necesario guardarse del equh oco que :1111 cnaz:1. Cualquiera
que sea el -aritmétíc::i, ó,P!ica, .etcétera- sobre el
cual se luya edificado una axionut1ca, esta será una pura
construcción lógica, en el sentido ele que rcsultar:1 v;icla y pu-
ramente formal; pero puede también, en otro sentido, reprc·
sentar una teoría lógica, tanto como unJ teoría ari tmética u
óptica, Ja que se dé de símbolos, y .
si el con11111to de sus axiomas se puede traducir en propos1·
¡-¡L()SQfL\ DF. LA CID'(CIA
81
ciones de l6gic:1. la palabra toma,
adcl.mtc, un sentido ambiguo, como se puede \ Cr en el
de Eiustcin cit.iclo m:ís arriba. Puede, la ma!em hca
es la que dio el ejemplo, <lcsign:ir una rc<luc1da a .su
forma :ib>trnct.
1
: se com•1crk entonces en de lógica
el1
tcndida en su ¡nimcra :1ccpció11. Asi es necesario
· <l R 11 y l'ome:irc
Jo, por ejemplo, en las ocurrencias e ussc _ .
( S 10) . Pero este sentido rclati\·amc.-nte nuevo :111adc, sm
bormlo, al sent ido más tradicional, según el   se .
con este nombre a un grupo pl rticular las q e
tratan de Jos nÍlmcros, de bs figuras, ctcctcra. Lqos de o.po·
ncrsc, nmh.mtc caracteres las cien·
cias tomadas en bloque, las matcmahcas son
vccmas ele Ja lógica por nn lado, y de las ÍISlcaS por
otro, pcrm.mcc1endo las fronteras un poco mdcc1sas: pues los
conjuntos del matem:íhco se mucho a las ,cl ases
JógJCo, la cinemática hJce. b u1116n c1.1trc y. dina·
mica, y 5e titubea sob1c s1 la prolJ.1b1hdad debe al
111
atcmihco, al lógico o a) foico. A de la amb1p.1cdac1
que subsiste en el lcngua1c, In chsoc1ac1ón se hace as!, en el
pensamiento, entre los elementos que. cm·
broll .1dos en J:¡ noción clás1ea de l.1 matcmatic:i, caractemadJ
a la \'cz por su ob1cto y por su método, ciencia de la cantidad
y ciencia dcmostrali\·a. . . . . .
La vieja distinción entre c1enc1a racional y c1cnc1a emp(nca,
lugar connin de la epislemolog1.1 desde J.1 época de Bacon,
merece s111 duda ser conservada. pero a condición de que se
deje de confundir en cll.1 dos que. no coinciden
sino parci;1hncnte y que la axiomática pcmute desprender
claramente un.1 de otra. O bien se 1.1 entiende como una clar.1
dicotomí;1, y entonces no di1·idc las ciencias en dos clases, más
bien marca una dualidad interior a cacl.1 cicnci:i. O bien se
quiere así distribuir las diversas ciencias, pern en este c;1so la
separación es indecisa y relativa, como Ja ele una asamblc:t
de hombres que se re[>31t icra en grJn<lcs y pcquciios. L.1 opo-
sición entre ciencias fom1aks y ciencias de lo re;1] no es jus-
tificable sino en la medida en que, superponiendo estas dos
distinciones, uno llama formales las que, habiendo alcanzado
las primeras un alto gr:tdo de abstracción, se prestan por ex-
82
ALC.\ XCE FILOSÓFICO DI! l.A AXIOM,b ICA
cclcncia a un tratamiento axiomático, y ciencias de lo real las
9ue, menos a\'anzadas, pueden difícilmente desligarse de las
mterprctac1oncs concretas. Al liaccr esto, uno carJctcriz.a mc-
dos de ciencias c¡ue dos tipos iclc:ilcs que se rea-
lizan dcs1¡;ualmcnte en las di\'ersas ciencias o. mejor aún, dos
polos del pensamiento científico.
S 29. Filoso{ i<l del co11ocimic11to. La oposición entre la razón
Y. la expericnci;1 110 es sino una de las múltiples fórmulas que,
sm concordar en todos los puntos, expresan de modo di\'erso
pero cou un parentesco C\ idcntc lo que \Vl1cwcll llanub:i
"la antítesis fundamental de b filosofía"; las ideas v los he·
chos, el pensamiento y las cosas, el conocimiento ) ser, lo
inteligible y lo sensible, lo abstracto y lo concreto, lo cons·
truído y lo dado, lo concebido y lo pcmb1clo, lo cz priori y
lo a posteriori, etcétera. Al ínnt.u a mtcrro&arse sobre las re·
lacioncs de lo lógico y lo intuiti,·o, fos im cstigacioncs axio-
máticas aportan así su contribución a un problema que, a
tra\'és de la geometría y del sistcm:i entero de las ciencias,
reúne un tema mayor de la reflexión El método
axiomático no es sólo un proccdunicnto técnico de los mate·
máticos; se puede encontrar en él una ilustr.1ció11, particular·
mente sugcstÍ\·a, de la manera como procede el pensar en el
conocimiento. Aplicíndolc las nociones de b.s que él mismo
hace uso, se diría que nos aporta. ele las cognos-
citi\'-:JS, un modelo concreto, sobre el cual se puede ensayar
una lcctma :ibstracta. ir
Se , e ahí, en primer lugar, que no debe darse ningún sen·
t ido ;ibsolnto a los dos ténninos de la cuyo límite
se desplaza sin cesar. Ll cosa, ciertamente, no es nueva. y en
todo el frente de las ciencias no se ha dcj;ido de advertir este
mo\'imil:nto del espíritu que lo hace tratar en seguida sus pro-
pias creaciones como un dato, que debe superarse en una abs·
tracción superior. Lo concreto, dccia Langcvin, es lo abstrae·
to hecho fanuliar por el uso; y hO)' los JÓ\'cncs matemáticos
objetan al "empirismo" de un Borcl que lo transfinito, ahora
aT Cf F. Cossu11, Lts mdlhi matiqun <I la ria1111, twn rur ta m.i//iO<Ú
cnomallqut. En lo <JUC     nos inspiramos libre, pc10 muy •
en csb uctlcnlc obra.
83
que cst.í n h;ibih1Jdos a mancjJrlo, ha llegado a ser para ellos
un.
1
noción n1tmhva, tan nJtnral que llegan hasta llamarla
"i nn.1ta" ... !'ero l.1 axiomática po11c la idea cu una lu.1. directa.
Co11 cll.1, el e;1so ele la geomctrí.1 cl.ls1c.1 roul!J pJrt icubr·
111 c11 tc mstruchrn. l'Jra 1111 ax10111:í t1 co, rcsbJla hacia el lado
de lo int111ti rn, 1111cntras que, por rcl.1 ci<m a los conoci1111cntos
unpíricos c111c IJ ¡m:parab:m, ;1parccia seguramente a los grie-
gos, como aparece aún hoy a los 11!i1os a q111cncs se
como 1111.1 d1fíe1l crcac1ó11 de l:i razo11 . Accreo1 de ella, la lm·
tori.1 nos h.1cc conocer dos 11111l<lcio11cs, cuy.1 a11alogía fue bien
subr.t) ad.1 por F. Gonsctl1. Dos \'eccs el espíritu ha franqueado
un "11111hrJI de abstr.icctón", superando el dato mediante un
Jeto irrccmplJ.r,;iblc de imc1.1tÍ\'J intelectual : es necesario
aprcnclcr a leer la recta gco111étric.1 en el lulo tc11cl1do, como
más tarde, a leer la recta axiond tic-a en l.1 recta geométrica.
Por eso 110 es ele ningun modo par:id61ico \'Cr en Eucl ides,
como se hace algunas ,·cccs. a un \'crdJdero a'.IC1 ornátieo. Igual-
mente, todas las nociones de la física cl.ísica, tales como Ja
masa, el potencial, 1J entropía, se apopn sobre un dato sen·
sible que csqucmatiz.1n pero sir\'cn a su \ C'.t ele sostén intuí·
h\'o p.1ra una axiom.ítica abstracta.
Los dos términos de la antitcsis no se pueden, pues, pen-
sar sino en su relación. El par tiene un sentido sólo con su
tensión caractcristica entre dos polos opuestos. Lo concreto
no se dcfme sino como una \'Ccción. De la gcomctria de
llilbcrt se puede remontar a l.1 de Euclides, de ésta a la gco·
mctria ele los orientales, de esta 1ilti111a a otras formas
pnmitil':is. Se ' ª así en dirección de lo concreto no alcan-
zándose jan¡js 1111 concreto puro, pri\'ado de toda 'conccptua·
como el que el empirismo finge desplegar delante
del . No li .1y 111.ís fenómeno primero c111c el de la sen-
sación paSl\a: las cnsclianLJs de l.1 críti ca ele lai ciencias ron-
cucr<l.iu aquí con las ele la psicología. Abierto así por Jo bajo
el conocnnicnto cst.í abierto igualmente por lo alto. Alo¿
abstracto n? es ,últ11110 sino Y jamás es p;.
1
.
sado solo, pmJs presentado al cspiutu como en un cuadro.
>1 1'. L.-.c1.\ls, Lo 11olions de ti d'otomt p J D
DOl<si f.'• O t t · 0 ' ' -.), · IEV·
• " "'" .que · · · , ., . et, p. : /\. Dt.N )OY L'inn6te du tr .,,. ·
<n Li.. 1..iosNus, Op. ci1. p. ISS, • ""•11111,
84 ALCA..."<CE •·1tos6nco DE LA A.XtoM.hlCA
No aparece sino realizado en un modelo, así fuese solamente
el modelo simbólico . . no conocemos fom1a pura
como tampoco contcmdo mforme. Puede haber ahí un \l:tclo
de pensamiento, no podría haber pensamiento vado. Para
pensar efcctiYamente la 1111da, es necesario representarla me-
diante algo: una cruz, la cifra cero, la mención "nada". P:tra
pensar una estructura abstracta, es necesario <l;ulc, sobre el
papel, una forma concreta. El pensamiento trasciende al sis-
tema de signos, debe rnlar sobre él para captarlo como tal,
pero sin él, a falta de un contacto directo con las cosas, so
pierde en Jo indctcnninado.
Esta tensión bipolar, que es condición de todo conocimien·
to, aparece con una nitidez particubr en el pensamiento axio-
mático. Las nociones un tanto Yagas de la teoría del conoci-
miento -concepto e intuición, forma y contenido- se preci·
san ahí en la correlación que establece entre la estructura
abstract:t y la realización concreta, entre el esquema y el mo-
delo. Se capta ahí al vivo el movimiento de lanzadera que
lleva al espíritu del uno al
al ponerlos en corrcspondenc1a.   • lo recordabamos
más arriba están frecuentemente d1v1d1dos sobre el valor res·
pectivo de'tas teorías abstractas y de las teorías con imágenes.
Es \lerdad que los genios son diversos, que tal sobresale en
leer en lo concreto lo abstracto, tal otro en interpretar lo
abstracto por lo concreto. Pero, así como. una _de
temperatura es para funcione una
térmica, así conviene que el cspmtu, d1s
ponga de una desní\'clación que _le pcrnuta rncular entre dos
planos elevarse del hecho a la idea y \'Olver a ele
Ja ided al hecho. Extraer la regla, ilustrarla con un c1cmplo.:
con este doble movimiento, en que se .resume todo conoc1·
miento la axiomática nos aporta prccasamcnte uno de los
sobre los cuales se puede percibir mejor la _rcgl? ..
Se ve a cuáles actitudes filosóficas se opone Ja
a cuáles favorece. Repugna a un clogm:1tismo ele la smtCSIS, :ti
sueño de un punto de partida absoluto que .ascgurar[a Ja
1
deducción una seguridad definitiva. A la total.1dacl, la c1c11·
cia es a la que ella extiende la lupotchc<;>-Oeduc·
tiva. Como el método cxpcnmental habaa desacreditado la
t'ILOSO•·fA DllL CO!'iOCll\llENTO
8)
esperanza. cartesiana u11:1 demostrativa, hoy logi·
cismo, la idea de un:i c1c11c1a racional que no presupusiera ya
nada, se l'C dcsmcntida por la regresión axiom;ítica que, por
lejos que lleve, encuentra siempre de sí algo '.'ante-
rior" no asimilado. !'ero así como los axiomas no se unpo·
nen por una evidencia intrínseca, así tampoco resultan ya
de decretos arbitrarios. El conl'enc1011alismo no parece defcn·
cliblc sino para quien desprende artifacialmcnte la axiomática
de sus bases y sus prolongaciones sin las cuaks, cm·
pero, viene a ser un juego fútil, sin rclacio11cs con la ciencia.
La filosofo del conocimiento que sugiere la axiomática, es
un racion:ilismo que no osa uno llamar empírico, pues de tal
modo cstfo las dos palabras habitualmente opuestas, que al
menos se lo puede calificar ele inductivo o experimental. El
rechazo de todo cJ priori, apodíctico o decisorio se duplica con
una igual repulsa de las dos r:mus de Ja alternativa entre las
cuales el empirismo, en su versión contemporánea, pretende
encerrar al conocimiento: fcnomenismo y nominalismo. Ni
el espíritu contempla un dato en cuya elaboración no hubiera
tomado parte alguna, ni se agota en el plano de los signos y
del dleulo formal. Y nada manifiesta mejor su activídad que
el establecimiento o la aperccpción de una correspondencia
analógica entre el esquema simbólico y el modelo concreto.
INDICE DE
  35, 37, 41
BACON, 81
BARNA YS, 7 ..
Bo1J,.ANO, 20
Hoou:, +t
Boiu:r., 74, SZ
HouRBAKt, N., 63, 6-l
BROUWER, 50, 74
BnuNscuvrcc, 8
CANTOR, c., 73
CARNAi', .. 6
CAVAILLEs, 20, 49, 77
C1.AIRAUT, 19, 20
CouN, A, 3311.
CouRNO'I', 12
ClllWALLEY, c., 62, 6-l
Dt:NJOY, A., 83
Dm·oucrms, 66
J., 62, 64, 71, 83
ErNSTf.IN, 78, 81
ENRIQUES, F., 30
EucunEs, 7·20, 38, ·i2, 83
FRALNKEL, 74
FRECllU, l\I., 64
FREGE, 54
CE:-i'l"/.EN, 76
CERCONNE, 30, ))
COBLOT, 12, 77
Gonuux, 3311.
GtiDF.l., 52, 53, 70, 76
GoNsETH, F., 19n., 82, 83
GOTlNCA, 49
HEISENllrutC, iO
HERÓN, 16
HEYTJNC, 77
HILBERT, Dil\'Íd, 3311., 34-H,
43, 49, 51, 60, 62, 75, 76
83 ,
88
Í:SDICI: DI:. NO.\UllU:S
Jun:-r, C., 62
L.\.'(CEYIN, P., 82, 83
L.Wllt.Ú.\IONT, 5
LE LIO:SNAIS, 83
UBl'.SQUF., 74
  711., 1 ), 17. 8211 ., 49
LoBATCIU:\' SKI, 37, 42
NEUMANN, \'on, 69, 74
N1coo, 29
p 8, )6, 20, 2811.
PADOA, 26, 27, 3311., 43n.
PASC11, 24. 2), 3-fn.
PEA.'io, 21, 24, 32, 3-ln., +I, 7)
Pmu, 11
PoL"CAÚ. 11., 11, 21, Z6n., 31,
32, 39, 67, 81
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SACCllU.J, 18
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Sn:WART, D., 21
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VEBLEN, 3411.
\V El.ERSTR.\SS, z 4
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\Vuni,:nE.\D, 5-t
\\frnCENSTl::IN, 56
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7.i:uino, )0, 74, 7S
SU?\IARIO
l. Los ocn:cros DEL APARATO EUCLIDL\SO.
JI. LAS l'IUMEIU.S AXIOMÁTIC.\S.
111 . LAS AXIO.\IÁTICAS t' Olt.J\IALl'L\DAS.
)\'. EJ. M{:10l>O AXIOM.\1100 t:N LA CJE.'(CIA.
\f. EL .U C.\. '(CI: J'ILOSÓt' JCO DE LA AXIOMÁTICA.
de nombres.
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d dlJ 29 de dococmbre de 196). l.>
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de llulx-r to ll..ihs Se hicieron 2,000
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