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GRANDES PÁGINAS PARA

UNA PEQUEÑA HISTORIA


DE LA ASTRONOMÍA

MUSEO DE
LA BIBLIOTECA NACIONAL
Sala de las Musas
Del 3 de noviembre de 2009
al 31 de enero de 2010

Biblioteca Nacional de España


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Gran Telescopio de Canarias por Pablo Bonet


(Instituto Astrofísico de Canarias))

E
L hombre miró desde el principio a los cielos, porque intuía Curiosamente, las obras que más han influido en el pensamiento
que allí encontraría una buena respuesta a sus interrogantes. Na- universal no han sido las de literatura, historia, sociología o econo-
ció así la disciplina más hermosa de todas las que ha produci- mía, sino, precisamente, estos libros de astronomía que representan
do la cultura humana: el estudio de lo que sucede en el cielo, que hoy el inicio de la manera científica de buscar las respuestas para en-
conocemos como Astronomía. Su importancia es tal que es uno de tender el mundo y a nosotros mismos.
los pocos saberes comunes a civilizaciones distintas, en lugares y épo- Estos manuscritos y primeras ediciones trazan un breve recorrido
cas diferentes. por la historia de la astronomía, ilustrando sus hitos o momentos cla-
Aunque ha habido muchas formas y enfoques para escudriñar e ve a través de las ricas colecciones de la Biblioteca Nacional. Se tra-
interpretar los cielos, la que ha tenido más éxito, porque contesta bas- ta de una muestra de tesoros bibliográficos, pero también de teso-
tante satisfactoriamente nuestras preguntas, es la denominada astro- ros de la ciencia, que explican cómo esta interacciona con la sociedad
nomía occidental y su enfoque científico. Comienza con las primeras y el pensamiento de su época: los libros enuncian leyes físicas (de Ke-
civilizaciones del Oriente Medio, pero adquiere un impulso notable pler o de Newton) pero también han provocado cismas importantes
en la Grecia clásica y, sobre todo, alcanza niveles insospechados en la historia occidental, como los Diálogos de Galileo y el proceso
con Galileo que, en su empeño por entender el cielo, consigue algo inquisitorial que este tuvo que sufrir por haberlos escrito, uno de los
aún más importante: el método de la ciencia moderna. Newton y Eins- episodios históricos más estudiados en los últimos siglos.
tein la consagran al establecer leyes universales. En este año de 2009, instituido como Año Internacional de la As-
Este método científico y nuestro permanente interés por estudiar el tronomía, al cumplirse cuatrocientos años de las primeras observacio-
cielo han revelado a nuestra civilización algunas de sus respuestas nes telescópicas de Galileo, se presenta esta disciplina, desde sus
más fascinantes: que no estamos en el centro del universo, ni siquie- orígenes en el legado griego de Ptolomeo hasta sus últimas apuestas
ra en el centro del sistema solar. También sabemos que nuestro univer- para el tercer milenio, tales como el recién inaugurado Gran Telesco-
so tiene aproximadamente 14.500 millones de años y que muchos pio de Canarias. Sin olvidar, como grandes aportaciones españolas,
de los elementos químicos que componen nuestro planeta o, inclu- la astronomía árabe o las tablas astronómicas de Alfonso X el Sabio.
so, nuestro organismo, proceden de gigantescas colisiones de estre- Abrimos pues nuestro paseo por estas páginas de momentos «es-
llas y galaxias. ¿Quiénes somos? Ya lo respondió el astrónomo Carl telares» de la astronomía como un recorrido por las etapas de la
Sagan: «Somos, por encima de todo, polvo de estrellas». Sabemos mejor disciplina creada para responder a los grandes interrogantes
también que las masas de los planetas y estrellas se atraen entre sí, de nuestra existencia.
pudiendo calcularse esa atracción e, incluso, descubrimos que tanto
el tiempo como el espacio son relativos.
Aunque llegar a estas respuestas, conseguidas a través del méto-
do científico, no fue fácil; en el camino se desarrollaron otras ciencias
y tecnologías hoy independientes: desde la física de partículas o la
química farmacéutica a la genética o la biología del desarrollo. Pero
todo empezó con estos «gigantes» que, muchas veces arriesgando
sus vidas, escribieron sus respuestas en libros magníficos como los que
aquí se muestran.

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Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

UNA NUEVA DISCIPLINA

PTOLOMEO, CLAUDIO
Almagesto [Manuscrito] / Ptolomeo ;
traducción latina de Gerardo de Cremona, S. XIII
Mss/10113

L A civilización de la antigua Grecia no fue la primera en preguntar-


se cómo podía ser el universo y nuestra posición en él. Pero sí fue
la primera en aplicar a su estudio la lógica científica y el razonamien-
to matemático. Los pitagóricos habían concluido ya por los siglos VI y
V a. C. que la Tierra podía ser una esfera. Eratóstenes (siglo III a. C.)
midió exitosamente la circunferencia de la Tierra. Y Platón, un siglo
antes que Eratóstenes, ya había imaginado un cosmos compuesto por
esferas contenidas en otras esferas, en cuyo centro se encontraba la
Tierra, también esférica.

Aristóteles demostró esta esfericidad cuando, durante un eclipse lunar,


observó que la sombra proyectada por la Tierra sobre la Luna es siem-
pre curva. Aristarco de Samos (310-230 a. C.) intentó medir las
distancias que nos separan de la Luna y el Sol e intuyó que era el Sol,
y no la Tierra, el que estaba en el centro del sistema solar. Hiparco
(siglo II a. C.) descubrió que las posiciones relativas de los equinoc-
cios y las estrellas fijas cambiaban con el tiempo. Los griegos nume-
raron las estrellas y describieron las constelaciones, sirviéndose de ins-
trumentos inventados para señalar sus posiciones. Bien podría decirse
que los cielos fueron su legado para la humanidad.

Toda esta sabiduría se conservó gracias al último de los grandes as-


trónomos griegos, Ptolomeo (siglo II a. C.), quien la compiló en un
gran libro junto con sus propias aportaciones, tales como la posi-
ción central de la Tierra en el universo. La obra, conocida en Bagdag
desde el siglo VIII, se tradujo al árabe bajo el título de al-Majisti, es
decir, «obra magna». Siglos más tarde se tradujo del árabe al latín en
la Escuela de Traductores de Toledo y se difundió por la Europa Oc-
cidental con el título latinizado de Almagesto.

ABU YA’FAR AHMAD BEN YUSUF IBN KAMMAD


Astronomia (h. 1-18v). Geber, Tabule astronomie (h. 18v-23).
[Tablas astronómicas, sin título] (h. 27-66) [Manuscrito], 1262
MSS/10023

D ESDE el siglo VIII, en que los árabes tradujeron el Almagesto, has-


ta los siglos XIII y XIV, el desarrollo de las matemáticas y la as-
tronomía no tuvo lugar en la Europa cristiana, sino en Oriente Me-
dio, el norte de África y la España árabe. Es decir, los estudiosos
que propiciaron el impulso científico eran en su mayor parte islámi-
cos. Matemáticos y astrónomos árabes trabajaron a partir de los mé-
todos griegos descritos en el Almagesto y otras obras. Y construye-
ron grandes observatorios en Bagdag, El Cairo y Damasco, donde
usaban instrumentos de cierta complejidad para trazar los movimien-
tos planetarios.

Los astrónomos árabes, no obstante, nunca cuestionaron el modelo


ptolemaico según el cual la Tierra estaba en el centro del universo.
Entre ellos destacó al-Fargani (s. IX), quien trató de calibrar de nuevo
el tamaño de las esferas de Ptolomeo y de hallar otro dato más fas-
cinante: la distancia desde la Tierra hasta la esfera que contenía las
estrellas, la más lejana de todas, que era tanto como calcular la dis-
tancia desde la Tierra hasta el límite del cielo. Descubrió que esa dis-
tancia era inmensa: 120 millones de kilómetros. Según los cálculos
actuales, la distancia a la estrella más cercana es aproximadamente
un millón de veces superior a la estimación de al-Fargani.

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Una nueva disciplina Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

IBN AL-ZURQALLA, IBRAHIM B.


Yahyà Canones ad tabulas tholetanas
Tratados de Astronomía [Manuscrito], S. XIII
MSS/10009

L Aastronomía ptolemaica, preservada y mejorada por los astrónomos


árabes, se filtró muy lentamente en la Europa Occidental a partir del
siglo XI. Y fueron muchos los pensadores europeos que los mencionaron
como Copérnico, en su De revolutionibus. En Europa, el conocimiento
de Ptolomeo y la astronomía griega llegó casi simultáneamente con la
traducción al latín de Aristóteles (realizada en el siglo XII). La obra de
Aristóteles produjo tal impacto en los eruditos medievales que comenza-
ron a considerarle «el filósofo», la máxima autoridad del pensamiento,
también en ciencia y cosmología.
Sin embargo, un importante escollo para la ciencia del Medievo fue
la preeminencia de la Iglesia, más preocupada por armonizar las
recién descubiertas obras de Ptolomeo y Aristóteles con la Biblia
que por descubrir el funcionamiento del universo.

DANTE ALIGHIERI (1265-1321)


La Divina Commedia [Manuscrito]. Inc.: Nel meçço del ca-
min di nostra vita (h. 2)... Exp.: La mor che muovel sole e lal-
tre stelle (h. 87v), S. XIV
Vitr/23/3

L A astronomía aristotélico-ptolemaica fue usada por la Iglesia católica


como una herramienta proselitista que proporcionaba una estructura
geométrica y visual eficiente para explicar a sus fieles conceptos judeo-
cristianos medievales muy abstractos. Situaba todo lo creado por Dios
alrededor de una Tierra estacionaria ubicada en el centro absoluto. Un
lugar desagradable, para Aristóteles; abandonado por la gracia de Dios,
según los judeocristianos; y minúsculo para al-Fargani, tras sus cálculos.
Esta representación visual fue tan potente y sugerente que incluso se utilizó
en la literatura. Dante, en el siglo XIV, describe en su Divina comedia el cen-
tro de la Tierra como el punto más perverso y vil del universo al que se
llega atravesando los nueve círculos infernales. El ascenso al trono de Dios
se logra a través de las esferas celestiales (donde se ubican los planetas
de Ptolomeo). El talento poético de Dante, junto con el interés de la Igle-
sia, elevaron este modelo astronómico a la categoría de nuevo dogma.

ALFONSO X, Rey de Castilla


[Libro de las tablas alfonsíes. Latín] Tabulae astronomicae
[Texto impreso] / cum canonibus Lucilii Santritter
Venezia : Johannes Hamman, 31 octubre, 1492
INC/340

L Acorte de Castilla se convirtió en el siglo XII en uno de los mayo-


res focos culturales del mundo, donde el rey Alfonso X (1221-1284)
patrocinó el que puede considerarse como el primer programa euro-
peo de investigación. Los científicos de la corte castellana compila-
ron todo el conocimiento astronómico conocido en los Libros del sa-
ber, una enciclopedia en la que ya se dibujó la órbita de Mercurio en
forma de elipse. Posteriormente, elaboraron las primeras tablas astro-
nómicas que se confeccionaban desde las de Ptolomeo, las denomi-
nadas Tablas alfonsinas, en las que se actualizaron los datos de nume-
rosas estrellas o se catalogaron muchas otras por vez primera.
Auspiciadas por el rey cristiano, las observaciones originales se de-
ben al árabe cordobés al-Zarkali y su revisión a científicos judíos co-
mo Isaac ben Sid o Yehuda ben Moshe. Se publicaron directamente
en la lengua vulgar (castellano) y no en latín, lo que era bastante no-
vedoso en la época. Las Tablas alfonsinas se difundieron rápida-
mente en toda Europa y muchos las consideran como el punto de
arranque de la ciencia europea no islámica.

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COPERNICUS, NICOLAUS (1473-1543)


Nicolai Copernici Astronomia instaurata [Texto impreso]:
libris sex comprehensa qui De revolutionibus orbium coelestium
inscribuntur ... / opera et studio D. Nicolai Mulerii ...
Amstelrodami : excudebat Wilhelmus Iansonius ..., 1617
R/38605

L AS Tablas alfonsinas llegaron, entre otros muchos, a un joven estu-


diante de veintidós años de la Universidad de Cracovia (Polonia)
llamado Nicolás Copérnico (1473-1543). Tras el exhaustivo estu-
dio que demuestra el ejemplar que le perteneció, profusamente ano-
tado, concluyó que las observaciones no casaban con el modelo cos-
mológico vigente, el de Ptolomeo/Aristóteles. En su lugar, propuso
una teoría heliocéntrica en la que tanto la Tierra como el resto de
los planetas se movían alrededor del Sol en órbitas circulares. Con
ello, consiguió simplificar los cálculos de teorías anteriores y, sobre to-
do, que coincidieran con las observaciones de las Tablas alfonsi-
nas. Todo esto se publicó en De revolutionibus orbium coelestium (So-
bre las revoluciones de los cuerpos celestes), un libro esencial para la
historia de la astronomía concluido en 1530 y que, por temor a la re-
acción eclesiástica, no vería la luz hasta trece años más tarde, meses
antes de la muerte de su autor.

BRAHE, TYCHO (1546-1601)


Tychonis Brahe Astronomiae instauratæ
progymnasmata [Texto impreso]
Typis inchoata Vraniburgi Danæ ;
absoluta Pragæ Bohemiæ :
[Absolvebatur Typis Schumaniani], 1602-1603
R/38621 - R/38622

T RES años después de la muerte de Copérnico y de la publicación


de su libro, nacía en Dinamarca Tycho Brahe (1546-1601), un
noble que pasó su vida recopilando datos referentes al movimiento
de los planetas en el mayor laboratorio astronómico de aquel tiempo,
el construido por Federico II, rey de Dinamarca. Sus medidas, reali-
zadas por observación directa, eran de una precisión extraordinaria.
Brahe construyó un modelo cosmológico en el que el Sol y la Luna gi-
raban alrededor de la Tierra, en tanto que los demás planetas lo ha-
cían alrededor del Sol. En 1572 observó una nova (estrella en explo-
sión) en Casiopea. Ya había sido detectada en el año 134 a. C.,
pero él constató que se trataba de una estrella fija exterior al siste-
ma solar, hoy conocida como la Estrella de Tycho. La observó du-
rante año y medio, y publicó los resultados en el tratado De nova
stella (1573), provocando una verdadera conmoción, ya que hasta
entonces, desde la época de Aristóteles, se había aceptado la natu-
raleza eterna e inmutable de las estrellas. Y esta nueva estrella apa-
recía y desaparecía.

En 1600 se le une un ayudante que llegaría a ser uno de los grandes


astrónomos de todos los tiempos, Johannes Kepler (1571-1630), a
quien Brahe dejó la responsabilidad de publicar su preciado catálo-
go de estrellas, las tablas llamadas rodolfinas (1627), en honor de su
protector Rodolfo II, y que sustituirían a las alfonsinas.

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KEPLER, JOHANNES (1571-1630)


Astronomía nova ... sev Physica coelestis
[Texto impreso] / Tradita commentarijs
de motibvs stellae Martis ex observationibus.
G.V. Tychonis Brahe ; plurium annorum
pertinaci studio elaborata Pragae ... Joanne Keplero
Pragae. : [s.n.], Anno Aerae Dionysianae MDCIX (1609)
GMG/1461

L medidas de Brahe eran mucho más precisas que las alfonsinas.


AS
Gracias a ellas, su joven ayudante Kepler pudo descubrir que la
diferencia de alrededor de ocho minutos de arco existente entre los
datos recogidos sobre el movimiento de Marte y las previsiones de la
teoría copernicana se puede resolver si se supone que los planetas
recorren su propia órbita a una velocidad no constante. La consecuen-
cia es la segunda ley de Kepler, llamada ley de las áreas: «Las áreas
recorridas por el radio vector son proporcionales a los tiempos emple-
ados en recorrerlas». Como una velocidad no constante solo puede
admitirse si las órbitas no son circulares, es necesario entonces asu-
mir la primera ley: «Los planetas recorren órbitas elípticas en las que
el Sol ocupa uno de los focos». Todo ello lo publicó en 1609 en su
Astronomía nova, libro fundamental en la historia de la ciencia. En el
prólogo de esta obra, el movimiento de los planetas se establece
como un mero equilibrio de fuerzas entre los empujes central y tan-
gencial del Sol.

KEPLER, JOHANNES (1571-1630)


[Harmonices mundi] Ioannis Keppleri
Harmonices mundi libri V ... [Texto impreso]
Lincii Austriae : Sumptibus Godofredi Tampachii Bibl.
Francof. : Excudebat Ioannes Plancvs, 1619
R/7694

P ESE a una vida marcada por el infortunio —el fallecimiento de


su familia, las persecuciones religiosas y la pobreza—, Kepler no
desistió de sus estudios. En 1619 publica su Harmonices mundi, obra
en la que enuncia la llamada tercera ley de Kepler, según la cual «los
cuadrados de los tiempos de revolución son proporcionales a los cu-
bos de los semiejes mayores de las órbitas». Para deducirla elaboró
todo tipo de relaciones entre las medidas heredadas de Brahe. Es-
crita en una época de su vida muy difícil, en esta obra menudean
las consideraciones teológicas, místicas y poéticas.

A continuación, se volcó en la elaboración de las Tablas rodolfi-


nas. Gracias a Kepler y sus leyes los datos de Brahe fueron algo más
que una farragosa enunciación de cifras, convirtiéndose en una he-
rramienta esencial para la astronomía. Hasta mediados del siglo XVIII
se consideraron las más exactas para deducir la posición de los pla-
netas, e incluso, mediante el tratamiento en serie de sus datos, fue-
ron el material más valioso que usó Newton para deducir la ley de
la graved

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CIENTÍFICOS O HEREJES

GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Siderevs nvncivs magna, longeque admirabilia
Spectacula pandeus, sus piciendaque
prononous vincuique ... [Texto impreso]
Venetiis : Apud Thoman Baglionum, 1610
2/40418

E Nel mismo año de 1609 en que Kepler publicó su Astronomía nova,


Galileo (1564-1642) construyó su telescopio, basándose tan
solo en las noticias que poseía sobre su invención. Con la mayor re-
solución óptica que permitía su artesanal telescopio observó como
nunca se había hecho hasta entonces la Luna o el Sol. Una noche de
invierno de 1610, escudriñando a Júpiter, detectó tres pequeños pun-
tos de luz (finalmente encontró cuatro) alineados con ese planeta. Co-
mo el magnífico científico que era concluyó que solo podía tratarse
de lunas que giraban alrededor de Júpiter, al igual que nuestra luna
orbita la Tierra. «Objetos nunca vistos desde el principio del mundo
hasta nuestro tiempo», escribió.

Lo que parecía un simple descubrimiento cambió el pensamiento oc-


cidental, pues la existencia de satélites que giraban alrededor de Jú-
piter ponía en entredicho el dogma de la Iglesia según el cual un
solo cuerpo (la Tierra) constituía el centro absoluto de todo el movi-
miento del universo.

Inmediatamente (1610) publicó este hallazgo en otra obra fundamen-


tal de la astronomía: Sidereus nuncius (El mensajero sideral).

KEPLER, JOHANNES (1571-1630)


Ioannis Kepleri ... Dissertatio cum nuncio sidereo ...
à Galilaeo Galilaeo ... [Texto impreso]
Francofurti : apud D. Zachariam Palthenium, 1611
2/34923(4)

U NA copia del Sidereus nuncius llegó a manos de Kepler en Pra-


ga. Maravillado, escribió una extensa carta a Galileo que pos-
teriormente fue publicada bajo el título de Conversación con el men-
sajero sideral. En ella, Kepler elogia encendidamente los descubrimientos
y las teorías de Galileo, insinuándole que le regalara o prestara
uno de los telescopios con los que aquel solía obsequiar a los nobles
italianos.

Galileo le agradeció la carta y le contestó: «Ha sido usted el prime-


ro, y prácticamente el único, que ha demostrado tener fe en mis ase-
veraciones». Pero no le envió ninguno de los ya famosos telescopios
que construía para mejorar sus ingresos. Finalmente, fue un conocido
común quien se lo prestó a Kepler.

Galileo nunca llegó a ver los telescopios originales holandeses, pero


los perfeccionó notablemente sustituyendo una de sus dos lentes cón-
cavas por una convexa, con lo que se obtenía una imagen correcta,
frente a la invertida de los holandeses.

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Científicos o herejes Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

HEYDEN, JACOB VAN DER (1573-1645)


[Retrato de Galileo Galilei]
[Material gráfico] / Jac. Ab Heyden [sculpsit]
[S.l. : s.n., entre 1590 y 1645?]
Aguafuerte
II/616

G ALILEO Galilei nació en Pisa en 1564. La familia tenía una bue-


na posición social, con antepasados prestigiosos, y el padre,
Vincenzo Galilei, fue un virtuoso intérprete y músico teórico. Los ingre-
sos familiares eran, sin embargo, escasos; más aún tras la muerte
de Vincenzo, cuando —a sus veintisiete años— Galileo tuvo que
hacerse cargo de sus tres hermanos menores y de la deuda contraí-
da para costear la generosa dote prometida a una de sus hermanas,
motivo de denuncias y litigios con el cuñado. Por su parte, Galileo
nunca se casó, pero tuvo tres hijos. A su complicada situación fami-
liar se añadían las dificultades económicas propias de los docentes
de la época, cuyas plazas dependían, además, del apoyo de be-
nefactores y mecenas.

Fue el primer científico en el sentido moderno, al sostener que la me-


jor aproximación a la verdad solo se obtiene con la experimentación
y se revela en el lenguaje matemático. Por demostrarlo, la Inquisición
lo encarceló de por vida en su domicilio de Florencia, donde murió
en 1642 con casi 78 años.

GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Istoria e dimostrazioni in torno alle macchie
solari e loro accidenti [Texto impreso]
In Roma : Appresso Giacomo Mascardi, 1613
2/16482

G ALILEOestaba fascinado con su telescopio. El mismo año en que


descubrió las lunas de Júpiter (1610), apuntándolo hacia el
Sol, comprobó que este presentaba unas manchas oscuras. Esto supo-
nía una verdadera herejía, pues el Sol era un símbolo de Dios y, por
tanto, debía ser perfecto e inmutable; jamás podría estar «manchado».

Galileo, conocedor de lo controvertido de su hallazgo, quiso asegu-


rarse de que las manchas no eran simplemente debidas al transito de
algún planeta. De tanto observar el Sol quedó prácticamente ciego,
pero demostró que era «imperfecto», porque tenía manchas y que,
además, no era inmutable, pues las manchas cambiaban de forma y
posición.

El sabio italiano publicó sus hallazgos y sus maravillosos dibujos so-


bre las manchas solares en su libro Historia y demostraciones sobre
las manchas solares y sus propiedades (1613). Su castigo por sos-
tener esta evidencia fue tal que, prácticamente, ningún científico se
atrevió a mirar al Sol hasta 1843, cuando Samuel Heinrich Scha-
wabe anunció, tras estudiarlo detenidamente, que el número de man-
chas parecía crecer y menguar en un ciclo de diez años. Este último
descubrimiento fue el comienzo del moderno estudio de la física so-
lar, pero Galileo fue el brillante pionero.

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GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Tractatus de proportionvm instrumento quvd merito Com-
pendium universae Geometrice dixevis ... [Texto impreso]
Ed. Secunda
Argentorati : typis Davidis Hautti, 1635
2/37013

U NO de los grandes problemas de la ciencia de la época de


Galileo eran los bajos salarios con los que científicos y profeso-
res apenas podían sobrevivir. Por lo que muchos de ellos aplicaron
sus conocimientos a la invención de artilugios que comercializaban
como fuente de ingresos adicionales.

El sabio italiano demostró para ello notable habilidad. Antes del te-
lescopio, desarrolló un artilugio conocido como compás, un instru-
mento de metal graduado que podía emplearse como calculadora.
Al principio fue muy usado por los artilleros para calcular las eleva-
ciones requeridas para disparar sus cañones a distintas distan-
cias. La fama y utilidades del instrumento fue en aumento, utilizán-
dose tanto para calcular el cambio de divisas como el interés
compuesto. Galileo vendía los compases y, además, impartía cla-
ses sobre cómo utilizarlos. Este Tratado es un manual de geome-
tría práctica donde se abordan este y otros asuntos. Cosechó bas-
tante éxito. De hecho, esta es la segunda edición de su traducción
al latín desde el italiano.

GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Il Saggiatore [Texto impreso]
Roma : Giacomo Mascardi, 1623
3/69246 (1)

G ALILEO continúa realizando observación empírica pero, a la vez,


desarrolla un método y lo hace en uno de sus libros más suges-
tivos, El ensayador, donde proclama una idea que ha influido muchí-
simo en el pensamiento occidental posterior: «La naturaleza está es-
crita en lenguaje matemático». Es decir, comprensible por los humanos
y susceptible de ser descodificado. Rechaza, por tanto, los argumen-
tos de autoridad. El siguiente párrafo ha sido clave en el desarrollo
científico de Occidente; Galileo respondía de esta manera tan mor-
daz a una interpretación totalmente fantasiosa que habían hecho los
jesuitas sobre los cometas:

«Me parece, por lo demás, que Sarsi tiene la firme convicción de que
para filosofar es necesario apoyarse en la opinión de cualquier cé-
lebre autor, de manera que si nuestra mente no se esposara con el ra-
zonamiento de otra, debería quedar estéril e infecunda; tal vez pien-
sa que la filosofía es como las novelas, producto de la fantasía de un
hombre, como por ejemplo la Ilíada o el Orlando furioso, donde lo
menos importante es que aquello que en ellas se narra sea cierto.
Sr. Sarsi, las cosas no son así. La filosofía está escrita en ese grandí-
simo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir, el univer-
so, pero no se puede entender si antes no se aprende a entender la
lengua, a conocer los caracteres en los que está escrito. Está escrito
en lengua matemática».

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Científicos o herejes Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Dialogo Doue nei congressi di quattro
giornate si discorre sopra i due massimi
sistemi del mondo Tolemaico e Copernicano [Texto impreso]
Fiorenza : Per Gio. Batista Landini, 1632
2/25572

P UESTOque El ensayador, donde Galileo exponía tímidamente el


modelo heliocéntrico copernicano, había pasado la revisión de la
Iglesia, Galileo escribió otro libro donde defendía su tesis de mane-
ra más clara: Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo
(1632). Conocido como Diálogo, es una de las obras más importan-
tes del pensamiento universal. En él defiende (y demuestra) el mode-
lo copernicano según el cual es la Tierra la que gira alrededor del
Sol, y no al contrario. También afirma que el Sol tiene manchas oscu-
ras que cambian con el tiempo, con lo cual no es ni perfecto ni inmu-
table como creían los teólogos. Sabedor de que iba a desatar las iras
de la Iglesia, escribió la obra en forma de diálogo, un recurso grie-
go que permitía enseñar teorías no convencionales sin que pareciera
que el autor las aprobaba.

El libro no solo es una joya del pensamiento científico sino también


de la literatura. Los personajes no eran inventados, sino que podían
deducirse fácilmente sus identidades. Por un lado está Salviati, que
representa al propio Galileo exponiendo su teoría. En el otro extremo
encontramos a Simplicio, con el que es fácil relacionar al papa
Urbano VIII. En medio de ambos, incorpora un moderador, en teoría,
neutral: Sagredo, a quien la hábil pluma de Galileo va decantando
por los postulados de Salviati.

GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Systema cosmicum, in quo dialogis IV.
de duobus Mundi systematibus, Ptolemaico et Copernico
[Texto impreso]
Lugduni : Sumptibus Ioan. Antonii Huguetan ..., 1641
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E L Diálogo de Galileo tuvo un éxito arrollador. Se tradujo rápida-


mente al latín desde el original italiano, e incluso al chino, an-
tes de los cinco años. Leído por todos los estamentos culturales, aca-
bó para siempre con el modelo cosmológico ptolemaico que había
imperado durante 1.600 años. Su influencia fue tal que un año des-
pués de publicado, en 1633, la Iglesia católica amenazó a Gali-
leo, que ya tenía 70 años, con torturarlo si no se retractaba. Ga-
lileo, gravemente enfermo de artritis, se aterrorizó ante la posibilidad
de ser sometido a los potros de tortura del Santo Oficio y prefirió
la retractación.

Un extracto del texto de condena señala: «Por cuanto tú, Galileo […]
fuiste denunciado, en 1615, a este Santo Oficio por sostener como
verdadera una falsa doctrina enseñada por muchos, a saber: 1. La
proposición de ser el Sol el centro del mundo e inmóvil en su sitio es
absurda, filosóficamente falsa y formalmente herética, porque es
precisamente contraria a las Sagradas Escrituras. 2. La proposición
de no ser la Tierra el centro del mundo, ni inmóvil, sino que se mue-
ve, y también con un movimiento diurno, es también absurda, filosó-
ficamente falsa y, teológicamente considerada, por lo menos, errónea
en la fe».

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Científicos o herejes Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

Cielo. Hemisferio Norte. Cosntelaciones. 1793


Hemisferio Septentriol [Material cartográfico]
/ Vicente López Enguidanos incidit. — [S.l.: s.n], 1793
Mr/21

¿C UÁNTO mide el cielo? Copérnico había hallado que la dis-


tancia entre la Tierra y el Sol era de 3,2 millones de kilóme-
tros. Tycho Brahe la amplió a 8 millones y Kepler a 22,4 millones
de kilómetros. En el siglo XVII el desarrollo de los instrumentos de me-
dida y el trabajo de Kepler o Galileo permitieron a otros astrónomos,
como Cassini o Flamsteed, medir de forma más exacta el cielo. En
1673 se calculó que el Sol estaba a 140 millones de kilómetros de
la Tierra (la medida actual establece 149,5 millones de kilómetros).
A finales de la década de 1670 se empezó a sospechar el gran ta-
maño del sistema solar: el universo más allá del Sol, donde estaban
todas las estrellas, debía ser extraordinariamente inmenso.

GALILEI, GALILEO (1564-1642)


Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno á due nuove
scienze attenenti alla Mecanica & i Movimenti locali ...
[Texto impreso] Leida : Appresso gli Elsevirii, 1638
3/49976

S EGÚN la leyenda, tras su retractación, Galileo pronunció las cé-


lebres palabras eppur, si muove (y sin embargo, se mueve).Sus
enemigos los jesuitas derrotaron y humillaron públicamente al mayor
científico de todos los tiempos, condenándolo a prisión perpetua,
quemando ejemplares de su obra y leyendo su sentencia en todas
las universidades.
Así y todo, anciano, enfermo, ciego, humillado y recluido, Galileo
fue capaz de terminar el más importante de todos sus libros Discursos
y demostración matemática en torno a dos nuevas ciencias relaciona-
das con la mecánica (1638). Alejado de la astronomía por impera-
tivo inquisitorial, recopiló en Dos nuevas ciencias todos sus trabajos
sobre mecánica, inercia y péndulos, y sobre la fuerza de los cuerpos,
aplicando el análisis matemático a asuntos cuyo estudio hasta en-
tonces había sido prerrogativa de filósofos o teólogos. Considerado
el primer texto científico en el sentido moderno, fue sacado clandes-
tinamente de Italia por discípulos de Galileo e impreso en Leiden,
en 1638. El texto influyó enormemente en el desarrollo científico y tec-
nológico de todos los países europeos del ámbito no católico.

Cielo. Hemisferio Sur. Constelaciones. 1700. (Ca. 1725)


Planisphaerii Coelestis Hemisphaerium Meridional
[Material cartográfico] : Calculatum ad finem Anni MDCC
pro Aevo XVIII praesente / multis Stellis autum et editum
a Carolo Allard. — Escala indeterminada. — Amstelo-Batavo
[Amsterdam] : Ex officina I. Covens et C. Mortier, [Ca. 1725]
Mr/21

E N el año 1700 ya casi todos los astrónomos coincidían en que la Tie-


rra rota sobre su propio eje y orbita alrededor del Sol. Sin embargo,
nadie pudo detectar un cambio anual en la posición de las estrellas. El pa-
ralaje estelar se define como el cambio aparente en la posición de una es-
trella causado por el desplazamiento del globo de un extremo a otro de la
órbita terrestre. Cuando regresamos a la posición inicial en la órbita des-
de donde observamos la estrella, esta recupera su posición original.
¿Las estrellas y el Sol se moverían como la Tierra o estaban fijas? En
1700 los astrónomos intuían que debían moverse; es decir, que de-
bía de haber cambios en el paralaje estelar, pero los telescopios no
eran lo suficientemente sofisticados para detectarlo. Hubo que espe-
rar a la mejora en la precisión de medida de los instrumentos de la
Revolución Industrial para detectar que, efectivamente, el Sol no es in-
móvil, sino que se desplaza por la Vía Láctea y que el resto de las es-
trellas también lo hacen dentro de la galaxia.

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Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

LA CONQUISTA DEL COSMOS

NEWTON, ISAAC, SIR (1642-1727)


Philosophiae Naturalis Principia mathematica
[Texto impreso] / auctore Isaaco Newtono ...
Editio secunda auctior et enmendatior
Cantabrigiae : [s.n.], 1713
3/47518

E Laño en que murió Galileo nació el que ha sido considerado como


el mayor científico de todos los tiempos, Isaac Newton (1642-1727).
Galileo había intuido que el universo se rige por leyes que el ser hu-
mano podía llegar a comprender, pero no las pudo establecer. Fue en
1687 cuando Newton, a partir de los datos de Brahe, las leyes de Ke-
pler y las Dos nuevas ciencias de Galileo, ordenó todo ese disperso co-
nocimiento. Con una brillantez matemática impecable estableció las le-
yes universales que rigen el mundo y las publicó en su Philosophiae
naturalis principia mathematica, libro épico en la historia de la ciencia.
Y, en palabras del escritor Alexander Pope, «se hizo la luz».

Aparecen las famosísimas tres leyes de Newton, conocidas de to-


dos los escolares desde entonces: la ley de la inercia, la ley funda-
mental de la dinámica, y la ley de acción y reacción.

Después dedujo la ley de la gravitación universal, cuyo enunciado


afirma: «Dos cuerpos cualesquiera se atraen recíprocamente con una
fuerza directamente proporcional a sus masas e inversamente propor-
cional al cuadrado de la distancia que los separa».

HALLEY, EDMOND (1656-1742)


Catalogus Stellarum Australium [Texto impreso]
/ Authore Edmundo Halleio
Londini : Typys Thomae James Typographi
Mathematici Regii, 1679
GMm/280

E Limpacto social de la obra de Newton no tenía precedentes his-


tóricos: demostraba que el universo, y todo lo que hay en él, des-
de los planetas hasta una manzana que cae del árbol, funciona se-
gún unos principios esencialmente mecánicos. El mundo no estaba ya
regido por la magia o por los dioses, sino por ecuaciones matemáti-
cas inteligibles que describían leyes generales.

Newton, no obstante, no era partidario de publicar sus hallazgos. Fue su


amigo Edmond Halley (1656-1742) quien le animó y financió su libro.

Halley, astrónomo real, pertenecía, junto a Newton, a la Royal So-


ciety. A los veinte años emprendió un largo viaje a la isla de Santa
Elena donde, siguiendo los pasos de John Flamsteed, determinó la po-
sición de 341 estrellas que le llevaron a recopilar el catálogo de las
estrellas australes, editado en Londres en 1679.

Cielo. Hemisferio Sur.Constelaciones. 1793


Hemisferio Meridional [Material cartográfico]
/ Vicente López Enguidanos incidit
[S.l. : s.n], 1793
Mr/21

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La conquista del cosmos Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

HALLEY, EDMOND (1656-1742)


Tabulae astronomicae [Texto impreso]
Londini : James, 1720
3/34333

A PLICANDO los métodos de cálculo analítico inventados por New-


ton, Halley reconstruyó las órbitas de veinticuatro cometas
conocidos por entonces, comprobando que las de tres de ellos (vis-
tos en 1531, 1607 y 1682), eran similares. Propuso entonces la
idea de que se trataba de un único cuerpo celeste, observado en
tres retornos sucesivos, y pronosticó su regreso para el año 1758.
«Muchas cosas me hacen creer que el cometa observado por Apia-
no en el año 1531 es el mismo que Kepler y Regiomontano des-
cribieron más adecuadamente en 1607, y el que yo he visto volver
y he observado en el año 1682.

En confianza, podría predecir su vuelta para 1758. Si esta previsión


es respetada, no hay razón para dudar que también los otros come-
tas volverán». En 1758, dieciséis años después de la muerte de Ha-
lley, el cometa apareció y fue nombrado como su descubridor.

HERSCHEL, JOHN F. W., SIR (1792-1871)


Grandes descubrimientos astronómicos
hechos recientemente por Sir John Herschel
en el Cabo de Buena Esperanza [Texto impreso]
/ Traducido del inglés por Francisco de Carrión
Barcelona : Ignacio Estivill, 1836
R/33998

D ESPUÉSdel telescopio de Galileo, se necesitaron telescopios ma-


yores para observar más allá del sistema solar. En 1773 Wi-
lliam Herschel construyó uno de 18 cm de apertura y descubrió, jun-
to a su hermana Caroline, el planeta Urano. Con un telescopio aún
mayor (1,22 m de espejo y una distancia focal de 12,2 m), aco-
metió su mayor proyecto: determinar la estructura de nuestra gala-
xia, la Vía Láctea. Concluyó que tenía forma de disco y que este
era más grueso en el centro. Situó al Sol como una de las estrellas
que están en ese centro. (Hoy se sabe que nuestra galaxia tiene for-
ma de espiral y que el Sol no está en el centro, sino en uno de los
brazos). Uno de sus hallazgos más notables fue comprobar que el
Sol no era inmóvil, sino que se mueve y en su trayectoria arrastra
a todos los planetas que orbitan a su alrededor. (En la actualidad
se sabe que gira alrededor del centro de la Vía Láctea —donde
se ha detectado un agujero negro— a 220 km/s y que tarda 250
millones de años en completar la órbita).

En 1833 su hijo John, otro de los grandes astrónomos de la épo-


ca, realizó observaciones en el hemisferio sur. Posteriormente juntó
sus observaciones con la base de datos de su padre, elaborando el
mayor y mejor catálogo de cómo era el universo a mediados del
siglo XIX. John Herschel fue el primero en usar otra de las grandes he-
rramientas que revolucionó la astronomía: la fotografía. Ya no hacía
falta recordar o dibujar dónde estaban y cómo variaban los objetos
estelares con el tiempo.

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La conquista del cosmos Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

EINSTEIN, ALBERT (1879-1955)


Teoría de la relatividad especial y general [Texto impreso]
Madrid : [S.n.], 1921 ([Toledo] : [Imp. de Suc. de S. Peláez])
VC/15774/12

A comienzos del siglo XX, Albert Einstein (1879-1955) revolucionó


la astronomía al introducir en la ciencia el concepto de relativi-
dad: la noción de que no hay movimientos absolutos en el universo,
como establece la mecánica clásica de Newton, sino relativos. La
teoría de la relatividad demuestra, por ejemplo, que no residimos en
un espacio plano o euclidiano uniforme o que no existe un tiempo ab-
soluto para cada acontecimiento, sino un entorno diferente en el es-
pacio-tiempo curvado.

Si decisiva es la relatividad para la era nuclear, donde realmente se


ha notado su influencia ha sido en la astronomía: cambió para siem-
pre nuestra concepción del universo: el big-bang, las estrellas de neu-
trones, el universo en expansión o los agujeros negros son concep-
tos que no pueden entenderse sin la relatividad.

La teoría consta de dos partes independientes. De ellas, la relatividad


general, publicada en 1916, explica muchos fenómenos de la astro-
física moderna, como la relación entre el espacio-tiempo y la mate-
ria: considera que la gravedad es la interacción que las vincula. Exis-
te un aforismo que lo resume: «La materia le dice al espacio-tiempo
cómo ha de curvarse; el espacio-tiempo le dice a la materia cómo ha
de moverse».

HALE, GEORGE ELLERY (1868-1938)


Ten years’ work of a mountain observatory
[Texto impreso] Washington : Carnegie Institution, 1915
7/36391

L A teoría general de la relatividad no fue muy bien recibida en un


principio porque las condiciones para comprobar sus postulados
estaban muy alejadas de lo que podía experimentarse en la Tierra.
Se necesitaban telescopios e instrumentos gigantescos y, sobre to-
do, extraordinariamente caros. George Ellery Hale (1868-1938),
cuando aún era investigador predoctoral, inventó el espectrohelió-
grafo, un instrumento que se reveló fundamental para el examen de
la atmósfera y de la superficie del Sol a longitudes muy precisas,
llegando a fotografiar las protuberancias solares. Pero Hale se ca-
racterizó sobre todo por una extraordinaria habilidad para buscar
benefactores y determinar las mejores aplicaciones para usar el
dinero destinado a la construcción de grandes telescopios. Gracias
a su gestión, se construyó un gran telescopio en la Universidad de
Chicago, después en Mount Wilson y, finalmente, en Monte Palo-
mar. En 1918 instaló en Mount Wilson un instrumento con un reflec-
tor de 2,54 m, conocido como telescopio Hooker. Durante 30 años
fue el telescopio más grande de la Tierra y transformó nuestro cono-
cimiento del universo. En él trabajaron brillantes astrónomos como
Edwin Hubble (1865-1972) y Milton Humason (1891-1972). Con
este telescopio observaron que lo que predecía la teoría general de
la relatividad era cierto.

En 1929 realizaron uno de los descubrimientos más polémicos des-


de Copérnico: demostraron que el universo está en expansión cons-
tante. Ello desafió lo que se pensaba hasta entonces: más allá de la
Luna todo debía ser perfecto e inalterable. Y ahora resultaba que se
expandía.

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La conquista del cosmos / ¿Horóscopo o calendario? Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

Gran Telescopio Canarias [Texto impreso] : conceptual


design / [project director, Pedro Álvarez Martín]
[Tenerife : Grantecan], D.L. 1997
DL/798715

E L viaje por la comprensión del cosmos continúa, solo hemos em-


pezado a vislumbrar algo: que el universo es plano, que se ex-
pande indefinidamente y que tuvo un principio con una fuerte explo-
sión, el big bang, hace 14.500 millones de años.

La teoría inflacionaria señala que al comienzo de todo hubo una singu-


laridad en el espacio tiempo, que aún la ciencia actual no puede resol-
ver, en la que toda la materia del universo se condensaba en un punto
infinitamente pequeño. Esta explotó y comenzó un proceso en el que
primero se formaron las partículas subatómicas, luego los átomos y, fi-
nalmente, las estrellas, los planetas, las galaxias y hasta la propia vida.

La Iglesia católica ha defendido, desde 1951, esta teoría inflaciona-


ria. Sin embargo, recientes estudios teóricos hablan de multiversos; es
decir, que puede que existan universos paralelos a este o que este mis-
mo proceda de otro anterior que colapsó.

Una nueva generación de telescopios, como el Gran Telescopio de Ca-


narias (GTC), pretende averiguarlo. Ubicado en la isla de La Palma, es
la apuesta española por la astronomía en este tercer milenio, al igual que
las Tablas alfonsinas lo fueron en el segundo. Inaugurado en 2009, ha-
ce pocos meses, es hasta la fecha el mayor telescopio óptico del mundo.

¿HORÓSCOPO O CALENDARIO?

GIL DE BURGOS, JUAN (fl. S. XIV)


Tablas astronómicas [Manuscrito], S. XIV
MSS/23078

L AS tablas astronómicas establecen las posiciones de los astros ob-


servadas desde un lugar determinado y unas fechas concretas. Tras
las Tablas alfonsíes, que otorgaron fama mundial al rey de Castilla,
otros reyes o nobles intentaron patrocinar sus propias tablas como for-
ma de obtener un hueco en la historia más allá de acontecimientos
mundanos como bodas, guerras o anexiones territoriales. Se sabe,
por ejemplo, que el rey de Aragón Pedro IV mandó también elaborar
unas tablas sobre la posición de los astros desde Barcelona.

GIUNTINI, FRANCESCO (1523-1590)


Sepeculum Astrologiae
Lugduni : In Officina Q. Phil. Tinghi, Florentini, 1581
GMG/307V.2

E N un principio, la astronomía y la astrología eran un único conoci-


miento. Sin embargo, la ciencia moderna las ha separado totalmen-
te. La astronomía, al contrario que la astrología –creencia supersticiosa,
según la cual el movimiento de los astros y su posición relativa influyen en
el destino de las personas y en el curso de la historia– es una ciencia exac-
ta que utiliza leyes físicas y matemáticas para estudiar el universo, prede-
ciendo con exactitud el comportamiento físico de los cuerpos celestes.

Este libro, El espejo astrológico (1581), está escrito por Francesco


Giuntini (1523-1590), más conocido como Junctinus, uno de los mayo-
res astrólogos de la época. Tardó 20 años en escribirlo y en él se des-
criben desde las esferas de Sacrobosco hasta ideas absurdas como,
por ejemplo, que los inicios de las enfermedades están relacionados
con conjunciones astrales.

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¿Horóscopo o calendario? / La música, lazo familiar de los Galilei Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

RÍO, PEDRO DEL (fl. ca. 1790)


Compendio metódico y claro del Cómputo eclesiástico
antiguo y moderno [Texto impreso] [S.l. : s.n., 1790] (Madrid)
1/10887

L A astronomía rige más que ninguna otra disciplina nuestra vida dia-
ria. El calendario por el que organizamos nuestros asuntos cotidia-
nos se divide en años, es decir, el tiempo que tarda la Tierra en com-
pletar su movimiento de traslación alrededor del Sol; y en días, es decir,
el tiempo que la Tierra tarda en realizar un movimiento completo de
rotación o giro sobre sí misma. El actual calendario usado en Occiden-
te proviene del papa Gregorio XIII, que en 1582 lo impuso en la Cris-
tiandad sustituyendo al vigente hasta ese entonces, el calendario julia-
no, instaurado por Julio César en el año 46 a. C.

Los romanos calcularon que la Tierra tarda 365,25 días en orbitar el Sol.
Por tanto, cada cuatro años habría un bisiesto. Pero la realidad es que
tarda algo menos: exactamente 365,242189, o lo que es lo mismo,
365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. La Iglesia quería que
coincidiera la celebración de la Pascua de Resurrección con el equi-
noccio de primavera (en el hemisferio norte), pues es el momento astro-
nómico en el que el invierno desaparece y los días comienzan a ser más
largos (el Sol resucita). Por ese motivo la Iglesia eligió la primera sema-
na de la primera luna llena para la Semana Santa en el año 325.

Como la fecha de la Semana Santa establece el resto de las fiestas


móviles del año litúrgico, era necesario que el año litúrgico coincidie-
ra con el año civil y este con el astronómico. El calendario gregoria-
no propone un complejo sistema para elegir los años bisiestos que
permite ajustar hasta 365,242.

LA MÚSICA, LAZO FAMILIAR DE LOS GALILEI


MERSENNE, MARIN (1588-1648)
Harmonie universelle [Texto impreso] À Paris :
Pierre Ballard, Imprimeur de la musique du Roy, 1636
M/3063

L Ateoría de la armonía de las esferas parece tener su origen alre-


dedor del siglo V a. C., asociada al supuesto descubrimiento,
por parte de los pitagóricos, de las relaciones matemáticas simples
de las consonancias musicales. Esta teoría de la concordancia musi-
cal fue expresada por Platón en uno de sus diálogos, el Timeo.

El desarrollo de las matemáticas en el siglo XVI está asociado a


un estudio más profundo de las proporciones matemáticas de los
intervalos musicales, aspecto este especialmente presente en el tex-
to de Marin Mersenne Harmonie universelle. Contemporáneos su-
yos que trabajaron esta relación matemático-musical fueron René
Descartes —del que Mersennne es considerado mentor—, que la
estudió desde un punto de vista estrictamente matemático aunque
añadiéndole, novedosamente, un valor emocional al intervalo. Des-
de el punto de vista de la magia natural analizaron esta relación
Athanasius Kircher y Robert Fludd. Con este último autor polemizó
Kepler quien, en su Harmonices mundi (1619), trabajó con la hi-
pótesis de asociar distintas frecuencias musicales a las distintas ve-
locidades angulares de los planetas, lo que le llevó al estableci-
miento de su tercera ley.

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La música, lazo familiar de los Galilei Grandes páginas para una pequeña historia de la Astronomía

GALILEI, VINCENZO (1533-1591)


Dialogo della musica antica et della moderna [Texto impreso]:
a facsimile of the 1581 Florence edition New York: Broude
Brothers, [1967]
M/19500

E L padre de Galileo, Vincenzo Galilei, fue un músico notable, no


sólo como compositor sino también como teórico musical. Según
uno de los más importantes biógrafos de Galileo, Stillman Drake, el
método de trabajo de Galileo en la ciencia fue equivalente al que su
padre utilizó en la música.
El Dialogo della musica antica et della moderna se inserta en la po-
lémica que Vincenzo sostuvo con su maestro Zarlino sobre la determi-
nación de consonancias y disonancias, la especificación de los dis-
tintos modos y sobre la práctica del contrapunto.

GALILEI, VINCENZO (1533-1591)


[Fronimo Inglés]
Fronimo [Texto impreso] : 1584 / translated and edited by
Carol MacClintock
[S.l.] : American Institute of Musicology, 1985
M/16682

I L Fronimo es fundamentalmente un tratado de intabulación, es decir,


escritura en tablatura: sistema idiomático para cada instrumento que
representa, en el caso del laúd, cuerdas y trastes.

Il Fronimo contiene abundante música de los más importantes compo-


sitores de la época, puesta en tablatura para laúd, además de la
explicación de cómo componer en los distintos modos, ejemplificán-
dolos con piezas musicales que denomina ricercares.

GALILEI, MICHELAGNOLO (1575-1631)


Il primo libro d’intavolatura di liuto [Música notada] /
introduction de Claude Chauvel
Genève : Minkoff, 1988
MP/1529

M ICHELAGNOLO Galilei, hermano menor de Galileo, fue destinado


a la música desde muy temprana edad por su padre. Trabajó
durante unos años en Polonia y, tras el fallido intento de situarse en la
corte de los Medici, se estableció en la bávara.

La publicación de Il primo libro d’intavolatura di liuto, dedicado a Ma-


ximiliano I de Baviera, provocó un duro enfrentamiento epistolar en-
tre los hermanos. Galileo reprochó a Michelagnolo el excesivo gas-
to de la impresión de la obra y las posibles consecuencias para el
nombre de la familia. Michelagnolo le replicó que daba por bueno
tal dispendio si con ello daba a conocer los frutos de su corto talen-
to. Solo publicó esta obra que es una colección de piezas organi-
zadas según los modos en forma de suite.

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AF Folleto Astronomia 5/11/09 17:27 Página 34

PROGRAMA DE ACTIVIDADES

JÓVENES ASTRÓNOMOS: VIVIENDO EN EL ESPACIO DOCUMENTOS DE ASTRONOMÍA


Los participantes montarán una estación espacial para entender las Proyección de los siguientes documentales:
dificultades y retos para enviar a los astronautas al espacio. Actividad
Con la colaboración de RTVE, Centro Astronómico de Ávila e Instituto
de la Semana de la Ciencia de 2009.
de Astrofísica de Canarias
10, 11, 12, 13, 17, 18, 19 y 20 de noviembre.
er
• Pasión por Einstein. RTVE (2005).
De 11 a 12 h. 2.º y 3. ciclo de Primaria y 1.º y 2.º de ESO.
• La evolución de la astronomía a través de la historia. Centro Astro-
Máximo 25 alumnos.
nómico de Ávila (2009).
Inscripción previa.
• Pioneros de la astronomía en Canarias. Gran Telescopio de Cana-
rias. Academia Canaria de Televisión (2009).
VISITAS GUIADAS A GRANDES PÁGINAS PARA Consulte la programación diaria.
UNA PEQUEÑA HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA:
10, 11, 12, 13, 14 y 19 de noviembre (Pases a las 12 y las 17 h.
10, 11, 12, 14, 17, 18, 19 y 21 de noviembre. Duración aproximada, 1 h.).
De 18 a 18.30 h. 17, 18 y 20 de noviembre (Pases a las 12 y a las 18.30 h.
A partir del 24 de noviembre, martes y jueves a las 17:30 h. y Duración aproximada, 1 h.).
sábados a las 18:00 h.
Inscripción previa. ESO y Bachillerato.
Aforo limitado 90 pax.

CONFERENCIAS
El Diálogo de Galileo: el poder de la divulgación científica y
de la literatura escrita por científicos. Por Carlos Elías, profesor
titular de Periodismo Científico de la Universidad Carlos III de PROYECTO, TEXTOS Y SELECCIÓN DE PIEZAS
Madrid. Carlos Elías, profesor titular de Periodismo
[12 de noviembre a las 18.30 h.] Científico. Universidad Carlos III de Madrid
[Textos y selección de piezas musicales:
La piedra de Galileo: ¿por qué ignoró Galileo el magnetis- Isabel Lozano Martínez (Dpto. de Música BNE)
mo? Por Manuel Lozano Leyva, catedrático de Física Nuclear, y Miguel Ángel Jiménez Arnáiz, catedrático de
Atómica y Molecular de la Universidad de Sevilla. guitarra del Real Conservatorio de Música
de Madrid]
[19 de noviembre a las 18.30 h.]

La familia Galilei y la música. Concierto-conferencia por Isa- Coordinación y dirección


bel Lozano Martínez, Departamento de Música de la Biblio- Servicio de Museo de la BNE
teca Nacional y Miguel Ángel Jiménez Arnáiz, catedrático de Laboratorio de Restauración BNE
guitarra del Real Conservatorio de Música de Madrid. Laboratorio de Encuadernación BNE
[21 de noviembre a las 18.30 h.] Aforo limitado 90 pax. Laboratorio de Fotografía y Digitalización BNE

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MUSEO BIBLIOTECA NACIONAL


Paseo de Recoletos 20
28001 MADRID
TELÉFONOS: 91 580 78 00 (Centralita)
91 580 78 03 / 48 (Información)
info@bne.es
www.bne.es

Transportes
METRO: línea 4, estaciones de Colón y Serrano
AUTOBUSES: 1, 5, 9, 14, 19, 21, 27,
37, 45, 51, 53, 74, 150
RENFE: estación de Recoletos

Horario exposición
Martes a sábados de 10:00 a 21:00 h.
Domingos y festivos de 10:00 a 14:00 h.
Último pase 30 minutos antes del cierre

Entrada gratuita

NIPO: 552-09-003-0
D.L.: M-45835-2009