Lo diverso y no lo homogéneo es la base de la

identidad boliviana
Los bolivianos renuncian al afán homogeneizador usualmente asociado a la idea de
nación, y asumen de manera explícita la igualdad en términos simbólicos entre los grupos
que conforman la nación  diversa.
La Razón (Edición Impresa) / Daniel Moreno Morales
00:03 / 27 de abril de 2014
Gracias al gran volumen de investigación que las ciencias sociales le dedicaron al tema de
las identidades, sabemos que éstas son construcciones sociales complejas y producto del
contexto social y político. La perspectiva constructivista de las identidades es casi
consensual, y ha reemplazado a las aproximaciones de corte primordialista o esencialista,
las que afirmaban que la identidad es un rasgo ligado a la esencia de las personas y con
características permanentes en el tiempo.
Lo que sigue es una síntesis de la investigación “La unión es la fuerza. Desovillando
la identidad nacional en el marco del Estado Plurinacional” de Daniel Moreno, Gonzalo
Vargas V. y Daniela Osorio, en el marco de la convocatoria “La nación boliviana en tiempos
del Estado Plurinacional” delPrograma de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB).
La perspectiva constructivista de las identidades tiene implicaciones relevantes. Una de
ellas es que tanto la definición de categorías identitarias como lo que cada una de éstas
significa no es inmutable, sino que es un producto históricamente determinado en el que las
dinámicas sociopolíticas tienen una importancia central. Categorías como “quechua”,
“indígena” o “mestizo” no tienen la misma relevancia ni significan lo mismo en uno y otro
país (y muchas veces entre distintas regiones de un mismo país), ni significan lo mismo en
distintos momentos.
Estas categorías también definen a los “grupos” con los cuales las personas pueden
identificarse a nivel individual. Las identidades colectivas únicamente tienen sentido
cuando un conjunto de individuos se siente parte de estas categorías, lo cual depende en
parte de compartir ciertos rasgos, como el idioma, el origen, la cultura o el proyecto de
vida asociado a esa colectividad. A su vez, esta pertenencia identitaria se convierte en un
rasgo constitutivo de la identidad individual de las personas que la asumen.
Las identidades tienen también una dimensión política inobjetable. Por un lado, el Estado
tiene un lugar fundamental a la hora de definir las categorías de las identidades relevantes.
Los organismos técnicos del Estado definen las categorías de identidad, para las cuales se
genera información, particularmente a través de los censos de población y de otros
mecanismos de generación de información oficial; pero, además, es desde el Estado que se
definen políticas públicas que toman en cuenta a algunas de estas categorías y a los grupos
asociados a ellas.
En segundo lugar, las opciones de categorías de identidad disponibles para las personas son
varias y la activación de una de ellas depende del contexto particular que viva cada quien.
Una persona tiene a su disposición un conjunto de identidades, y escoge una o un grupo de
ellas de acuerdo a su experiencia personal, sus valores, y su interacción con el medio. Por
ejemplo, una persona podría identificarse como “quechua”, “indígena” o “mestizo” (además,
por supuesto, de un conjunto de otras categorías identitarias potencialmente relevantes
como “boliviano”, “mujer” o “beniano”), lo que la lleva a “elegir” una o varias es la
circunstancia particular de su vida, la relación social en la que se encuentre en ese
momento. Éste es el carácter relacional de las identidades.
En tercer lugar, y en relación directa a lo anterior, está la posibilidad de que las identidades
“cambien” a través del tiempo. Una persona que bajo un contexto histórico específico
podría identificarse como parte de un “grupo”, podría identificarse como parte de uno
distinto en otro momento. De hecho, existe evidencia que dan cuenta de que las identidades
cambian más rápido de lo que podría pensarse, y que éste es un fenómeno presente en
Bolivia en los últimos años. Esto nos muestra que la identificación con un grupo en
particular tiene un carácter estratégico en relación directa con el contexto sociopolítico en
una sociedad.
También es importante considerar que las identidades no son absolutas, sino graduales, y
que antes de “ser” parte de un grupo determinado, una persona está más o menos cerca del
tipo ideal que representa el conjunto de características asociadas a ese grupo, y esta
posición varía en el tiempo, tanto en relación a la persona misma como a la definición de los
contenidos socialmente aceptados de esa categoría identitaria. A esto podemos llamarle el
carácter “gradual” de las identidades.
¿Cuáles son las identidades más importantes en la Bolivia del Estado Plurinacional? Existen
dos tipos de identidades colectivas relevantes para el país hoy: las indígenas y las
regionales. El Estado Plurinacional boliviano se funda en la intersección de lo regional y lo
indígena como base para el reconocimiento de derechos, autonomías y autogestión a
colectividades particulares.
Las identidades indígenas están reconocidas y promovidas desde la Constitución en tanto
Naciones y Pueblos Indígenas Originario Campesinos, por lo que tienen una importancia
central en la organización política del país. Los pueblos indígenas pueden demandar del
Estado el reconocimiento de su autogobierno en un marco de autonomía que tiene como
sustento territorial a las Tierras Comunitarias de Origen, los municipios o los distritos
indígenas. Además de esto, los pueblos originarios gozan de un conjunto de derechos
específicos relacionados con su particularidad identitaria: desde acceso a territorio y
recursos específicos hasta el reconocimiento formal de su identidad particular y de formas
de administración de justicia propias.
Pese a esta importancia, los criterios metodológicos empleados por el Estado boliviano para
identificar a la población indígena son poco claros y variables en el tiempo. La diferencia en
el resultado de los últimos censos tiene que ver con la aplicación de preguntas distintas,
basadas en criterios metodológicos también dispares. Existe una disputa por la definición
de lo que es indígena en Bolivia y, por consiguiente, de la definición de la población que
accederá al conjunto de derechos y beneficios reconocidos constitucionalmente para estas
colectividades. Puede decirse, de manera casi paradójica, que los pueblos indígenas y
originarios de Bolivia se están construyendo en la actualidad en un proceso en el que se
combinan pugnas entre distintos grupos e insumos técnicos confusos generados desde el
Estado.
En el caso de las identidades regionales, la Constitución aprobada en 2009 no hace un
reconocimiento directo de ellas. Sin embargo, los espacios de autonomía que se dan a los
departamentos, municipios y regiones subdepartamentales dan la posibilidad de pensar en
un marco jurídico e institucional favorable para que las mismas gocen de cierto espacio
para el autogobierno y la autonomía. Y estos niveles de autonomía han sido logrados por
una fuerte demanda mediante movilizaciones centradas discursivamente en las identidades
particulares de las regiones. Las identidades regionales se construyen en Bolivia en un
escenario institucional distinto del de las identidades indígenas, pero no por eso son
asumidas por los ciudadanos como menos relevantes para su autodefinición.
Además de las identidades particulares indígenas y regionales, es evidente que existe una
identidad nacional mayor que es compartida de manera casi consensual por la gran
mayoría de los bolivianos. Los datos analizados en la investigación, tanto a nivel
cuantitativo como a nivel cualitativo, muestran que la nación boliviana es sentida como una
realidad por los propios bolivianos, independientemente de su pertenencia a alguna de las
naciones particulares que la componen.
Y uno de los elementos que los bolivianos reconocen más fuerte y consistentemente como
fundacionales de la identidad nacional boliviana es la diversidad. Esa negación explícita de
la homogeneidad es uno de los elementos cohesionadores más importantes de la nación
boliviana contemporánea. En un país de escasos éxitos internacionales a nivel deportivo,
artístico, diplomático o incluso bélico, este reconocimiento es absolutamente fundamental.
La identidad nacional boliviana en tiempos del Estado Plurinacional está hecha de las
partes individuales que la componen, pero que producen algo que es más que la suma de las
partes. Los bolivianos renuncian al afán homogeneizador usualmente asociado a la idea de
nación, y asumen de manera explícita la igualdad en términos simbólicos entre los grupos
que conforman la nación diversa. Si bien el reconocimiento de la diversidad no es nuevo en
el país, sí lo es la valoración de la horizontalidad entre las colectividades, que es una de las
transformaciones más importantes que pueden asociarse al Estado Plurinacional.
En suma, la construcción de las identidades es un proceso dinámico en el que intervienen
factores políticos, socioeconómicos y étnico culturales. En el caso de la identidad nacional
boliviana en el marco del Estado Plurinacional, ésta se construye como una unidad clara,
discernible, y que está formada por los elementos particulares de la diversidad que definen
a la sociedad boliviana. Estos elementos son fundamentalmente las identidades indígenas y
las regionales, y en su combinación se hacen visibles las relaciones de poder y las
condiciones históricas en las que se encuentran.
Lo mestizo, modo de blanquearse o indianizarse
Los censos nacionales reactivan de manera periódica uno de los temas centrales en el
debate sobre identidades étnicas: el de la categoría “mestizo”. La inclusión o no de este
concepto como parte de los instrumentos de generación de información oficial es un
elemento nodal en el debate, el cual ha sido simplificado y reducido al “conteo” como forma
de crear mayorías simbólicas.
Para unos, la exclusión de la categoría “mestizo” de los instrumentos de información
oficiales se hace problemática si es que, como afirman, sus implicaciones conducen a un
escenario de inclusión e integración social. Para otros, los detractores de lo mestizo, esta
categoría fue creada para “blanquear”. Lo mestizo tendría en sus orígenes un elemento
discriminador y antiindígena. Si además se considera que las razas humanas han sido
descartadas por la ciencia, y que todos compartimos los mismos ancestros, la idea de
“mezcla” para distinguir a lo “puro” se haría innecesaria.
La gran mayoría de la población se identifica como “mestiza”. Los resultados de los censos
parecerían entrar en contradicción con estas fuentes de información, aunque lo que sucede,
en realidad, es que mientras “mestizo”, “blanco” o “indígena” son categorías principalmente
raciales, “quechua” o “guaraní” son categorías más bien culturales. Las primeras definen la
autopercepción de las personas en términos de origen étnicos y se reflejan en rasgos
fenotípicos; las segundas lo hacen en tanto identificación cultural. Así, es perfectamente
posible identificarse como “mestizo” y “guaraní” al mismo tiempo, así como es posible
sentirse “afroboliviano” y “aymara” o incluso “quechua” y “blanco”, como muchos
bolivianos.
La idea del mestizo ha sido un elemento central del proyecto de sociedad boliviano durante
el último siglo. Lo mestizo es un elemento constitutivo, aunque no excluyente, de la nación
boliviana y como tal persiste aún en los tiempos del Estado Plurinacional. Muchos
bolivianos se sienten mestizos sin que eso lo conflictúe con sus otras identidades
particulares, sea indígenas o regionales. Y para muchos otros, sentirse mestizo es una forma
de acercarse al otro, no sólo de “blanquearse”, sino también de “indianizarse”. Las
posiciones irreconciliables parecen existir más en las trincheras de los intelectuales y los
políticos bolivianos, y no tanto en la forma en la que los ciudadanos entienden sus propias
identidades.









































































La identidad del boliviano vista con los ojos de García Linera
POR: MELISSA REVOLLO | 27/04/2014


El Vicepresidente presentó el libro Identidad Boliviana - Nación Mestizaje y
Plurinacionalidad en el que hace un recorrido histórico de las características
del ser boliviano y las identidades culturales indígenas como parte del
Estado Plurinacional.


“Me dirán „oye Álvaro, ¿y tú qué eres?‟ Yo, solamente boliviano. Mientras que mi
hermana era boliviana y también quechua, mi hermano es boliviano y también
guaraní. ¿Yo qué soy? Boliviano. Punto. Todos somos bolivianos, pero unos
aparte de ser bolivianos tienen otra identidad”, expresó el vicepresidente del
Estado Plurinacional, Álvaro García Linera.

La autoridad explicó el contenido de su libro “Identidad Boliviana - Nación
Mestizaje y Plurinacionalidad”, el 15 de abril, a los estudiantes de la Universidad
Mayor de San Simón (UMSS).

García hizo referencia al Estado Plurinacional y las etapas históricas por las que
atravesó para explicar lo referido a la identidad del ser boliviano, haciendo énfasis
en el reconocimiento de las 36 naciones y la indianización del boliviano.

Para el autor del documento, la identidad del boliviano ha ido cambiando, de
acuerdo al tiempo, dependiendo del bloque social que ha dirigido las ideas
dominantes, los símbolos, la organización política y educativa de esa época.

Contraponiendo las posturas de que la nación es algo rígido, el Mandatario explicó
que es más bien un proceso histórico, liderazgo político, intelectual, ideológico y
discursivo de largo aliento. Agregó que las identidades nacionales son luchas,
flujos y hegemonías.

“Eso rompe con muchas cosas que nos han enseñado mal y que nos muestra a la
nación como algo acabado, como un fósil. La nación es una dinámica, es un flujo.
No es un cerro, es un río fluyendo”, aseveró.

ARCHIPIÉLAGO La autoridad explicó el ser boliviano con un recorrido histórico.

En 1825, cuando Bolivia nació a la vida independiente, existía, según García, un
concepto territorial de “Archipiélago” porque para la élite dominante la nación,
Bolivia era su hacienda y que ése era el motivo por el que no vivía la pérdida de
territorios como el Acre o la salida al mar.

Con el paso de la historia, se da un cambio importante el año 1952, luego de la
Guerra del Chaco y durante la Revolución Agraria y la conquista de los derechos
salariales de los obreros. García dijo que la nación fue incorporando a los
asalariados.

“No por buena fe. A punta de sublevación los obreros van haciendo reconocer sus
derechos”, afirmó.

Con la Revolución del 52 se declaró el voto universal, se incorporó al movimiento
campesino, al movimiento obrero en la nación y se trazó la conexión camionera
con Santa Cruz para la articulación con Cochabamba y La Paz.

Sin embargo, todavía hay observaciones.

“No se reconoce las identidades colectivas culturales. Todos somos campesinos,
no hay aymaras, no hay quechuas, no hay guaraníes. Hay campesinos”, expresó.

Cuestionó que, entonces, todos debían convertirse en castellano hablantes y que
los indígenas debían “enterrar su idioma”.

Desde el punto de vista de la autoridad, si bien el 52 se amplía el territorio,
incorporando Santa Cruz, no se incorpora las identidades indígenas nacionales.

Mientras que, resaltó que el Estado Plurinacional “es el reconocimiento, al fin,
después de 500 años de las naciones indígenas”.

Para comprender los cambios en la historia, el Vicepresidente manifestó que
durante el siglo XIX ser boliviano “era ser patrón, ser terrateniente, hablar
castellano y azotar indios”.

“En los años 70, del siglo pasado, ser boliviano era ser castellano hablante,
olvidarme de mi idioma y olvidarme de mi historia indígena”, acotó.

Y reiteró que en el siglo XXI el ser boliviano es reconocer que hay naciones
indígenas con derechos, garantías, participación en el Estado y en la sociedad.

“El concepto de nación ha ido variando porque en una época la hegemonía la
tenían los hacendados, en otra época las clases medias. En esta época la
hegemonía la tienen los movimientos sociales indígena campesinos. Clarito,
chuita, como el agua”, dijo y agregó que la clase o coalición de clases o grupos
sociales que liderizan irradian ideología, discurso, movilizan ideas, pasiones,
atracciones.

NACIÓN COMPUESTA Enfatizando en el Estado Plurinacional, García habló de la
nación compuesta. Hizo referencia a la nación estatal boliviana, a la identificación
como “bolivianos”. Pero, también se refirió a las naciones culturales indígenas al
interior, como la aymara, la quechua, la guaraní, moxeña, trinitaria y otras.

“Todos somos bolivianos, es nuestra identidad mayor, la identidad estatal. Pero,
dentro de este escenario hay bolivianos que saben hablar aymara y que
pertenecen a la nación cultural aymara, y hay bolivianos que pertenecen a otras
naciones”, detalló a modo de explicación.

La indianización del Estado
Destacando el reconocimiento que hace el Estado Plurinacional a las naciones
indígenas, el vicepresidente Álvaro García Linera acotó que además los bolivianos
se están “indianizando”.

Asemejó este proceso a la tapa de su libro “Identidad Boliviana - Nación Mestizaje
y Plurinacionalidad” que expone una flor de patujú con la bandera tricolor en fusión
con la wiphala. Argumentó la afirmación exponiendo que el presidente Evo Morales
es indígena, que los idiomas oficiales además del castellano son también el
aymara, el quechua, el guaraní, el trinitario y otros.

Recordó que, por disposición nacional, el año 2015 los funcionarios públicos
deberán hablar, además del castellano, un idioma indígena, de manera obligatoria.

Para referirse a la indianización, explicó también la narrativa histórica en la que se
habla de Simón Bolívar, José Antonio de Sucre, Andrés de Santa Cruz, la Guerra
del Chaco, la Revolución del 52. Pero ahora se habla de Túpac Katari, Bartolina
Sisa, Zárate Villca y Santos Marka Tula.

“Se va entremezclando los viejos héroes cívicos con los nuevos héroes cívicos (...)
Es la narrativa histórica que va a sedimentarse en la cabeza de los niños, de los
jóvenes. Es otra narrativa que va puliendo el alma”, afirmó.

Aclaró que no es que el antiguo ser desaparece, sino que se entremezcla y se
enriquece.

Para García, la bolivianidad tiene dos características: el reconocimiento de los
pueblos indígenas y la indianización de los valores cívicos del ser boliviano.

En el libro se detalla que el Estado Plurinacional se fue gestando desde los años
70 con la insurgencia del indianismo-katarismo, con el fortalecimiento del
movimiento indígena-campesino, las marchas en defensa de la hoja de coca y la
soberanía, las sublevaciones de 2000 al 2005 en contra del neoliberalismo, y la
“revolución democrática cultural” iniciada el 2006.

Según el autor, las naciones indígenas son reconocidas y potenciadas para
siempre como componentes sustanciales de la sociedad boliviana. Pero, además
se constituyen en el núcleo organizativo del sistema de poder estatal y del régimen
de Gobierno.

“Esto implica que no es el Estado el que deviene en nación unificada o el que se
encarga de unificar y homogenizar la nación, como sucedió en la mayor parte de
los Estados-nación que extinguieron la diversidad nacional que habitaba en ellos”,
describe el documento.

Y acota que “acá” las naciones indígenas son resistentes a la Colonia y a la
República etnocida, “las que convierten la diversidad societal en complejidad
estatal y horizonte plural”

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