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PRIMER DOMINGO (30 de noviembre)

Comenzamos hoy el Adviento, el tiempo de preparación para la Navidad. Y lo hacemos encendiendo la primera vela de la corona de Adviento. Estas velas nos irán recordando que lo primero que necesitamos para prepararnos bien y poder celebrar el nacimiento de Jesús es "vigilar", estar muy atentos, para darnos cuenta de que Él quiere estar entre nosotros, y para descubrir los lugares y las personas en las que Él va a nacer.

El evangelista Marcos nos hace hoy una llamada a la vigilancia porque el Señor se está acercando. No podemos ni dormirnos ni desentendernos; hay que estar alerta. No podemos delegar en nadie el encargo de vigilar y trabajar. Sólo así podremos descubrir y vivir diariamente su presencia en nuestras vidas y en nuestro mundo.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 33-37
Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 33-37

Oración:

Padre nuestro, en el inicio del Adviento, queremos hoy encender la primera vela de esta corona, como signo de la luz que alumbra nuestra esperanza. A la vez, queremos hacer de ella la señal de nuestro permanecer despiertos y con los ojos del corazón abiertos para leer todos los signos y rastros de tu venida y de tu presencia entre nosotros.

Señor y Dios nuestro, Padre de nuestras vidas y alfarero de nuestro barro, encendemos esta vela como signo de nuestra actitud vigilante ante tu llegada. No dejes de derramar tus dones en nuestra Iglesia, para que aguardemos con esperanza la llegada de tu Hijo y sepamos manifestar al mundo la riqueza de tu bondad. Como san Pablo, queremos continuar nuestra carrera con alegría y vigilancia para alcanzar a Cristo Jesús, del mismo modo que él nos alcanzó a nosotros. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

PRIMER DOMINGO (30 de noviembre) Comenzamos hoy el Adviento, el tiempo de preparación para la Navidad.

SEGUNDO DOMINGO (7 de diciembre)

Encendiendo la segunda vela descubrimos que vamos avanzando en el camino del Adviento. Estamos preparando la senda que conduce a la Navidad. Ello supone que tenemos que apartar todos los obstáculos que nos puedan impedir acercarnos a Jesús y abrirle las puertas de nuestro corazón. También en la vida de los demás puede haber dificultades que les impiden acoger a Jesús .A nosotros nos toca ayudarles a vencerlas.

El relato evangélico, de este segundo domingo de Adviento, nos invita a “preparar el camino” para el que el Señor pueda llegar a nuestro corazón, a nuestras familias, los ambientes sociales donde nos movemos. Y la preparación tiene un nombre: ¡Convertirse! ¿Y de que se trata esto?, purificar el corazón, arrepentirse de los pecados y mejorar nuestra vida con la gracia de Dios

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8

Al encender estas dos velas, Señor, queremos significar nuestra misión de centinelas ante el mundo de la luz de Dios. Que seamos, en medio de esta generación, irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, para que brillemos con tu luz, como estrellas en medio de la sociedad. Como san Pablo, como san Juan Bautista, que sepamos levantar nuestra voz creyente para que el mundo no camine en tinieblas. Te lo pedimos a ti, nuestra luz, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Oración final Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino

también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

ORACION Señor, Dios todopoderoso, que nos mandas abrir camino a Cristo, el Señor, no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos la llegada saludable del que viene a sanarnos de todos nuestros males.

Señor, que tu pueblo permanezca en vela aguardando la venida de tu Hijo, para que siguiendo sus enseñanzas salgamos a su encuentro, cuando él llegue, con la lámpara encendida.

también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la

TERCER DOMINGO (14 de diciembre)

Próximos ya a la Navidad, la Palabra de Dios de este domingo nos invita a estar alegres. Quien espera la visita de Jesús en su corazón no puede estar triste, y quien anuncia el Evangelio lo tiene que hacer con alegría. También nos tiene que llenar de alegría saber que por el mundo entero los misioneros y misioneras están entregando su vida para llevar el Evangelio a todos, para anunciar que Dios es amor. Al encender la tercera vela se nos invita a participar alegres, escuchando atentamente lo que Jesús nos va a decir.

Juan Bautista fue la voz que anunció la llegada del Mesías. Según el pasaje del evangelio que hemos leído, le caracterizaban la austeridad, la

humildad… ¿Qué actitudes del Bautista podemos hacer nuestras en este

Adviento?

Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 1, 6-8.19-28)
Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 1, 6-8.19-28)

Como Juan Bautista, Señor, queremos ser testigos de la luz. No permitas que apaguemos en nuestro interior el fuego del Espíritu:

que nos mantengamos ardientes hasta la llegada de tu Reino. Que estas tres velas encendidas sean el signo de la constancia de nuestra oración. Como supo entender san Pablo, también nosotros queremos que nuestra vida sea Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros; queremos vivir continuamente mirando su rostro y extendiendo su amor. Enciende nuestro amor y danos fidelidad en la oración. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

CUARTO DOMINGO (21 de diciembre)

Encendemos las cuatro velas de la corona de adviento. Todo nos indica que estamos muy cerca de la Navidad. Hoy nos unimos a la Virgen María, que

acogió el anuncio del ángel Gabriel y aceptó con fe ser la Mare de Dios. De Ella nacerá Jesús en Belén. También nosotros queremos acoger a Jesús en

nuestro corazón, y por eso decimo, como María, “hágase en mí según tu palabra”.

María fue elegida para dar a luz al Hijo de Dios, para alumbrar al mundo la Luz de la vida. Concédenos, Señor, que también seamos nosotros encendidos, como estas cuatro velas, por tu Palabra poderosa. Que tu Iglesia, a ejemplo de María,

sepa alumbrar para el mundo de hoy la luz de Cristo resucitado. Que sepamos predicar el misterio del Evangelio, como san Pablo, para que traigamos a todas las naciones a la obediencia de la fe. Como estas velas, que tu Iglesia sea luz sencilla y fiel que alumbra los caminos de la Palabra de Dios. Te lo pedimos, por Cristo nuestro Señor. Amén.