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MUESTRARIO DE POESÍA 51

Rafael

RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

1

Cadenas

RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD 1 Cadenas BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Hablar desde

BIBLIOTECA

DIGITAL DE

AQUILES

JULIÁN

INSEGURIDAD 1 Cadenas BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Hablar desde la inseguridad Biblioteca Digital Muestrario de

Hablar desde la inseguridad

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Biblioteca Digital
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1 Cadenas BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Hablar desde la inseguridad Biblioteca Digital Muestrario de Poesía

Muestrario de Poesía 51

1 Cadenas BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN Hablar desde la inseguridad Biblioteca Digital Muestrario de Poesía

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD Hablar desde la inseguridad Rafael Cadenas,

Hablar desde la inseguridad

Rafael Cadenas, Venezuela

Edición digital gratuita de

Muestrario de Poesía 51

2

Editor: Aquiles Julián, República Dominicana.

Primera edición: Octubre 2009 Santo Domingo, República Dominicana

Muestrario de Poesía es una colección digital gratuita que se difunde por la Internet y se dedica a promocionar la obra poética de los grandes creadores, difundiéndola y fomentando nuevos lectores para ella. Los derechos de autor de cada libro pertenecen a quienes han escrito los textos publicados o sus herederos, así como a los traductores y quienes calzan con su firma los artículos. Agradecemos la benevolencia de permitirnos reproducir estos textos para promover e interesar a un mayor número de lectores en la riqueza de la obra del autor al que homenajeamos en la edición.

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homenajeamos en la edición. Este e-libro es cortesía de: BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN INTER COACH

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es cortesía de: BIBLIOTECA DIGITAL DE AQUILES JULIÁN INTER COACH Forjando líderes ganadores Sol Poniente

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Sol Poniente interior 144, Apto. 3-B, Altos de Arroyo Hondo III, Santo Domingo, D.N., República Dominicana. Tel. 809-565-3164

Se autoriza la libre reproducción y distribución del presente libro, siempre y cuando se haga gratuitamente y sin modificación de su contenido y autor. Si se solicita, se enviarán copias en formato PDF vía email. Para pedirlos,

enviar e-mail a intercoach.dr@gmail.com, aquiles.julian@gmail.com

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD Contenido 3 El poeta
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MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD Contenido 3 El poeta

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

Contenido

3

El poeta frente a su tiempo

/ Aquiles Julián

5

Nombres

8

Hace algún tiempo solía dividirme…

8

Matrimonio

9

Lo que miras a tu alrededor

9

El que no espera…

9

He vivido

10

Mandelstam

10

¿Sabías?

10

Informe

11

1.

15

2.

15

3.

15

4.

15

5.

16

6.

16

7.

16

8.

16

9.

17

Derrota

17

Dichos

18

II

20

Intemperie

20

Ars poética

21

Las paces

22

Disyuntiva

22

La búsqueda

23

Inquisidores

23

Mirar

24

Nuevo mundo

24

Temor

26

Amantes

27

Una isla

28

El enemigo

30

Ella, la insojuzgable…

31

En la confusión, tu rostro…

31

XI

32

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4

Me muevo

32

No me lavaste

32

Pídeles sus títulos

32

Postergaciones

32

XI

33

Tuvo que descender

33

Vives piel adentro

33

Despilfarro

33

Los cuadernos del destierro

33

Beloved country

36

Desolado

36

Rutina

37

Mal

37

Angst

37

Es como si amáramos…

38

Deseo

38

El argumento

38

7.

38

Amante

39

Gestiones

41

Combate

42

17

42

Cadenas: nunca he sabido lo que es un poema / Harry Almela

43

Carta al poeta Rafael Cadenas / Carmen Cristina Wolf

49

Rafael Cadenas, lecturas y notas / Carmen Cristina Wolf

52

El ars ethica de Rafael Cadenas / Ana Nuño

56

Contra la barbarie de la propia estimación / Claudia Posadas

62

Rafael Cadenas: la vida es la protagonista / Leonardo Padrón

72

Palabra, mundos e imaginario en … / Carmen Virginia Carrillo

74

Rafael Cadenas / Fabienne Bradu

88

Rafael Cadenas / biografía

92

en … / Carmen Virginia Carrillo 74 Rafael Cadenas / Fabienne Bradu 88 Rafael Cadenas /

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5

El poeta frente a su tiempo

HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD 5 El poeta frente a su tiempo Por Aquiles Julián “Hay intelectuales

Por Aquiles Julián

“Hay intelectuales que apoyan el régimen y otros que están en desacuerdo con lo que se está haciendo. Entre ellos estoy yo. [

Puedo decir lo que siempre les digo a los amigos hispanoamericanos

con quienes tengo la oportunidad de conversar: [

democracia, aunque sea deficiente, aunque no sea cabal, para evitar

que pueda ser destruida por algún caudillo”. Rafael Cadenas

]

] cuiden su

Si algo signa estos tiempos es la confusión y la comedia estrafalaria.

Desvencijadas ideologías se reciclan y retumban de nuevo sus consignas. Así, los delirios neototalitarios son el pan nuestro de cada día en países al borde de un ataque… ¡totalitario!: Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua… En otros, como Argentina, la pareja de los Kirschner arremeten contra los medios de comunicación adversos con el fin de acallar, someter, arrodillar… mientras se hacen pingües negocios a costillas del Estado y todo disfrazado con una vocinglería tercermundista de viejo cuño, del gusto de los grupúsculos totalitarios que tapan y vindican a quienes les corean sus ideas mostrencas.

Y hay aquellos que vindican el igualmente añejo y desacreditado gorilismo: el golpe militar, el gobierno de fuerza. Un dictador decrépito, Fidel Castro, es enarbolado como un “ejemplo” ¿ejemplo de qué?, y una gestión ineficiente, inepta, destructiva y ultra represiva, un modelo de cómo destruir un país es propuesto como el camino a seguir: Cuba. Y el senil sátrapa enganchado a consejero llega al cinismo mayúsculo de hablar sobre “la paz en Colombia”, él, que ha sido uno de los titiriteros de la narcoguerrilla que ha enchumbado de sangre Colombia. Pero, ¿nos estaremos volviendo locos?

Las ideologías impiden pensar con cierto nivel lógico y racional la historia y la realidad. Que el llamado socialismo fue y sigue siendo una estafa es cosa harto conocida. Lo fue en Rusia y los países y pueblos sometidos a los dictámenes de una pandilla de delincuentes extremistas que dieron un contragolpe militar en 1917, sometieron por el terror a todo un país y luego se asesinaron entre ellos mismos: no otra cosa fue la mal llamada “revolución rusa”, contrarrevolución real que destruyó las conquistas alcanzadas por la Revolución de Febrero, única experimentada en Rusia. Y luego, las experiencias de las llamadas (los totalitarios son maestros del arte del eufemismo) “democracias populares”, gobiernos satélites sometidos a la KGB y al dictador soviético de turno; de las improvisaciones delirantes de Mao que arrojaron decenas de millones de víctimas en China; los desparpajos criminales de Mengistu en Etiopía, de Pol Pot en Kampuchea, de Kim Il Sung en Corea del Norte o del patético Enver Hoxa, el tirano de Tirana; la ineptitud atroz de los violentos mandarines cubanos que traicionaron la revolución libertadora contra Batista, la corrompieron e impusieron una dictadura estalinista en contra del pueblo cubano que dura ya 50 años, todo eso ha emergido como los desperdicios, que siempre terminan por flotar.

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Sin embargo, pese a tanta ineptitud, tanto fracaso, tanta mediocridad, tantos crímenes y abusos y tanta barbarie cometida en nombre de “los nobles ideales revolucionarios”, ¡ese modelo es el que los demagogos populistas neototalitarios están proponiendo como el camino a seguir por nuestros pueblos!

Y por el otro lado, están los que quieren retrotraernos a las igualmente ineptas y corruptas dictaduras militares y gobiernos de fuerza que pretendían ser la cura de los extravíos izquierdistas. Lo mismo, en el fondo.

La libertad, la democracia, los derechos civiles, todo lo que tiene de humano y decente la sociedad, aquello que nos permite convivir sin destrozarnos a dentelladas: el respeto a la discrepancia, el derecho a expresarse, a asociarse, a elegir y ser elegido… Todo lo que significa un paso de avance: la propiedad privada que evita que el Estado subyugue al individuo, que permite al que discrepa ganar sus medios de vida y subsistir; la limitación de los poderes del Estado y su dispersión en órganos que se intercontrolan, los mecanismos institucionales para vigilan el exceso, el abuso, la corrupción… Todo lo que ha significado un mínimo avance está en trance de ser barrido por la vocinglería de los demagogos que cortejan y manipulan a masas enardecidas, enseñadas a no pensar ni discriminar, acicateadas con promesas de dádivas y prebendas a recibir mediante el despojo de los que han reunido algunos bienes o con la repartición de ayudas o préstamos.

Ese carnaval irresponsable en que se dibuja la estremecedora imagen de la tragedia social y que está llevando a países como Venezuela a una situación explosiva e insostenible, tiene de parte de los escritores e intelectuales tres opciones:

1. Sumarse a la cohorte de beneficiarios

2. Mantenerse irresponsablemente al margen

3. Asumir la responsabilidad de decir verdades indeseadas

Rafael Cadenas, el gran poeta venezolano, escogió con mucha dignidad y responsabilidad la tercera opción. Y está pagando el precio de ello. Hay una campaña asqueante de denuestos y calumnias en su contra.

Era más fácil, claro, sumarse. Esa ha sido una conducta que, cuando la matraca de calumniar que manejan los totalitarios ve que es en su favor, mueven a loas y santificaciones en su bien aceitado mecanismo de crear ídolos:

Benedetti, Galeano, son algunos de los santones que nos proponen como los máximos cultores de la poesía y la literatura. Y en realidad nos lo proponen no por sus méritos literarios, sino por su inveterada sumisión, por su inmoral colusión, por su silencio cómplice.

El poeta Cadenas decidió asumir sus riesgos, escogió enfrentar al poder. Y no un poder cualquiera, se trata de un proyecto dictatorial latino que busca aherrojar y destruir la sociedad venezolana. Es cierto que la democracia venezolana se había ido desfigurando y desvirtuando debido a la corrupción que ADECOS y COPEYANOS, los dos partidos tradicionales, propiciaron,

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7

mantuvieron y fomentaron, lo que dio origen a que un país de riquezas proverbiales desarrollara una cultura gozona, facilona, despilfarradora, con una clase pobre parasitaria, una clase media oportunista y una clase empresarial coludida con los políticos para enriquecerse más y más y más, mientras el país dormía sus harturas.

Y en ese proceso, Venezuela se quedó sin líderes válidos. Las viejas burocracias políticas, enquistadas en las maquinarias electorales de Acción Democrática y el COPEY, se repartían las sinecuras de los puestos. La población, asqueada hasta la náusea, se sentía estafada una y otra vez por los mismos bribones de siempre, los seudo líderes de las mafias políticas que no representaban a nadie. Y eso abrió el camino al delirante caudillo Chávez.

Hoy Venezuela vive el trance de evolucionar o hacia la consolidación de una democracia más real y profunda o hacia la dictadura totalitaria del partido único y el caudillo omnipotente. Los cuates cubanos animan a Chávez a imponer la solución estalinista. Los sectores que representan al pueblo y los intereses sanos de Venezuela cargan con la responsabilidad de impedir que el estalinismo de imponga. Y a la vez diferenciarse de los viejos aparatos corruptos que encharcaron a Venezuela en el pantano político en que ahora zozobra.

Rafael Cadenas, desde las palabras con que encabezamos esta presentación, nos llama a cuidar esa frágil libertad, cuyas limitaciones y precariedad en muchas ocasiones nos desesperan.

Cierto es que las depravaciones, las impunidades, las arbitrariedades, la rapiña descarada, los abusos y las vagabunderías de nuestros “políticos”, pandilla de truhanes y bandidos que operan como mafias en perjuicio de los pueblos, asquean , irritan y desesperan. Pero no es reculando hacia atrás, hacia pillos peores, hacia tiranos, hacia la dictadura del caudillo, como vamos a avanzar. Es, por el contrario, aunando fuerzas, educando, esclareciendo, desenmascarando y forjando un polo moral de referencia, para que tanto dolo y tanta robo y tanta impunidad sean castigadas y emerjan partidos que corrijan, enderecen, fortalezcan y mejoren nuestras instituciones y nuestra democracia.

Somos países semidemocráticos. Más de seudodemocracia formal, que de democracia real. Pero lo poco que hayamos avanzado, lo exiguo que podamos haber conquistado, lo ínfimo que hayamos mejorado no es justo, ni inteligente, ni correcto perderlo para retroceder endrogados por los cánticos melosos de los demagogos que prometen villas y castillas, cuando su único interés es destruir el poquito de democracia alcanzada y retrotraernos hacia la dictadura, y esta de un carácter más perverso y criminal.

El poeta ha asumido su honroso rol, ha plantado cara al Poder omnímodo y ha asumido una función de referente moral. Grande en su poesía, Rafael Cadenas es aún más grande en su ejemplo, en una América Latina en que escritores, artistas e intelectuales hemos dado espectáculos lastimosos de sumisión, de indecencia, de rebajamiento moral.

Aquiles Julián

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Nombres

8

Te llamas hoja húmeda, noche de apartamento solo, vicisitud. campana, tersura y lascivia, ingenuidad, lisura de la piel, luna llena, crisis, oh mi cueva, mi anillo de saturno, mi loto de mil pétalos, Éufrates y Tigris, erizo de mar, guirnalda, Jano, vasija, tórtola, S. y trébol, ovípara, uva, vellocino y petrificación; podrías llamarte… pero tu nombre es lecho, lavamanos, dentífrico, café, primer cigarrillo, luego sol de taxis, acacia, también te llamas acacia y six pi em -em- o half past six o seven, cerveza y Shakespeare y vuelves a llamarte hoja húmeda, noche de apartamento solo día tras día, sí, tienes tantos nombres y no te puedo llamar, todo tan absurdo como esa mañana sin amor que el espejo de los baños recoge y protege, todo tan desoladamente inabordable, todo tan causa perdida.

Hace algún tiempo solía dividirme…

Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, san- to, viajero, equilibrista. Para complacer a los otros y a mí, he conservado una ima- gen doble. He estado aquí y en otros lugares. He criado espec- tros enfermizos. Cada vez que tenía un momento de reposo, me asaltaban las imágenes de mis transformaciones, llevándome al aislamiento. La multiplicidad se lanzaba contra mí. Yo la conjuraba. Era el desfiles de los habitantes desunidos, las sombras de ninguna región. Ocurría al final que las cosas no eran lo que yo había creído. Sobre todo, me ha faltado entre los fantasmas aquel que ca- mina sin yo verlo. Tal vez el secreto de lo apacible esté allí, entre líneas, como un resplandor innominado, y mi soberbia injustificada ceda el paso a una gran paz, una alegría sobria, una rectitud inme- diata. Hasta entonces.

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9

Matrimonio

Todo, habitual, sin magia, sin los aderezos que usa la retórica, sin esos atavíos con que se suele recargar el misterio.

Líneas puras, sin más, de cuadro clásico. Un transcurrir lleno de antigüedad, de médula cotidiana, de cumplimiento. Como de gente que abre a la hora de siempre.

Lo que miras a tu alrededor

Lo que miras a tu alrededor No son flores, pájaros, nubes, sino existencia.

No, son flores, pájaros, nubes.

ElElElEl quequequeque nononono esperaesperaesperaespera

El que no espera vive

como inerme, como húmedo, como naciendo, como suficiente, a lo largo de los días que no se suman, desde lo hondo, abajo, abajo, nuevo, bañado, parido desde otro vientre, barro igual

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y sin embargo

otro.

He vivido

He vivido

cediendo terreno hasta quedarme con el necesario -un área invicta, de nadie, que un desconocido reclama.

Mandelstam

Vivo

¿a quién debo este honor?

Mi alma vacila. Dante me acompaña

a través de la noche soviética.

Yo vago entre las ruinas

de la Hélade.

No puedo huir.

Esconde

los

poemas, Nadezda.

He

abandonado toda esperanza

a la entrada del campo.

El único que habla ruso

no

podía olvidar.

Un

dios perdona,

un

semidiós no.

Los gritos se pierden en la vastedad de mi país.

¿Sabías?

10

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¿Sabías en tus adentros que los poemas no bastan?

¿Para qué esculpir la palabra, carentes?

¿Se espera oír diciendo?

¿Qué se busca excavando con ella en tierra endurecida?

¿Quién puede hablar sin saberse milagro?

Informe

Oigo los ayes de la quimera.

Alguien sitiado se aferra al antiguo arrullo.

Del reino sólo quedan escombros.

Tiempo, transpiras olor a tormenta.

11

Vuelve a los pozos donde nunca en verdad estuviste. Busca el secreto para regresar. No te pierdas en la cámara de las preguntas.

Los relojes no dejan respirar.

Reja de lluvias, en tu magia me anego.

Tú la ahogada tres veces -sombra donde el verdugo no está, día sin jueces, ruta- siempre regresas.

Ahora salvemos de las máscaras a la rosa.

Hemos jugado todas las cartas y estamos en el mismo sitio. Los pasos dan siempre al centro de la red. Atrapados se inicia otro aprendizaje.

Hay que zozobrar.

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Los días nos azotan. ¿En qué punto tuvo lugar el extravío? ¿Dónde perdimos el rastro? ¿Qué nos volvió infieles?

12

Como viajero, hice entrega de mis papeles personales. Todavía ando en busca de mi verdadero nombre. Veo, sí, que la verdad ocupa el mismo lugar de mi cuerpo.

Olvido y despiertan astros como frutas.

Por nosotros boga un lenguaje de primer día.

Eras la que me hacía desaparecer.

Acaso yo renazca ahora.

Ahora.

La memoria nos sigue como lobo.

Es decir, no hemos sido capaces de resucitar.

Nos demoramos con las cargas sucesivas que comparecen juntas.

Se vive en cierne.

Los pesos no dejan ver.

Es necesario estar donde se está para que el alma respire.

Recóbrate en la luz de los viejos patios.

Acuéstate como si acabaras de nacer.

Cada uno sólo es dueño de su dédalo

La poesía no transforma.

Urge algo que nos arrase como un brillo.

Paciencia.

Preparemos lentamente el regreso a casa.

Se solicita una gran quietud para no hacerse pedazos.

Caminamos bajo un derrumbe, pero caminamos.

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13

Hemos dejado perder tantos días que los meses cabalgan en caballos cenicientos.

Este es el rito del que hace señales, para que nadie, sólo nadie, venga a rescatarlo.

¿En medio de la tormenta quién tiene nombre?

Sólo un soplo de orígenes desata.

Calle nuestra vieja voz para que el tiempo cese.

Soltarse, eso,

sin prisa, es decir, con verdadera urgencia.

Coraje, llegaremos a la salida.

Caminemos entonces todas las leguas, amortajados pero caminemos. ¿Alguien responderá al fin?

Ceremonia en pos de un orden donde el cuerpo encaje, no este interminable descampado.

Algo me dice que en el fondo del fondo estamos unidos.

Unidos y separados.

Unidos.

Y el último peldaño, la palabra, también es necesario que no hechice. Olvida el estilo.

Ponte a tu lado para que puedas sentarte fuera del absurdo.

Las Erinias se reúnen al pie de lo roto.

En tu mano está el barro azul del destino y lo pierdes.

Tú siempre en un solo sitio, girando como una torre.

¿Quién detiene los monstruos al borde de la pesadilla?

Somos espectros de un éxtasis.

El hombre sólo tiene una vieja canción para calmar sus tormentas. Lo que se llama corazón es polvo que palpita. Sólo el olvido sostiene.

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14

Las sábanas susurran caídas.

La almohada es la boca de un abismo.

Un niño nos persigue por las calles. El viento es un sobreviviente descalzo.

Ya no voy al sitio donde el alma aumenta, me reúno donde se congregan los

acusados. Después me aparto, casi secreto.

De

una costilla mía te hicieron y has crecido hasta olvidarte.

Se

pierde nuestra gran noche, pero te ensanchas como un despertar.

Me asiste la desmemoria.

Para los fantasmas que me dejas no habrá comida.

Ahora los días vibran como manos de recién nacidos, ahora.

¿Huida?

Nadie puede partir, todos buscan un sitio de anclaje, aún el vagabundo roído por los astros.

Sólo por ti gira la tierra. Me deslizo por tu selva amarilla, mis pedazos te despeinan,

mi deseo es verte cuando no seamos círculos.

¿Qué ocurrirá cuando abra la puerta, salga y camine?

Dormimos sobre trompetas finales.

Nos sostiene un indescifrable prodigio. Desaparezcamos para ser nosotros.

¿Pero qué hacer con la inercia que se prende de los brazos, qué hacer con las trampas, qué hacer con la sordera?

Sobrevivimos a un estrago.

Ya

no tengo rostro,

mi

ser se erige sin clave,

ando como acabado de despertar.

Es un milagro estar aquí, el sólo estar aquí.

¿Qué orilla me espera ahora?

Me dilapido contra escollos de silencio, perdido en una fresca antigüedad, a la desnudez prometido.

Se secan las arterias del idioma.

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15

¿Soy? Mi piel lo dice. Lo confirma mi cuerpo, buen perro faldero de la vida. El se llena de raíces, rebosa de pronombres encendidos, entra y sale por puertas que no se abren.

Se rehace el alborozado vino.

1.

Eludías

el encuentro con el tú

magnífico,

el que te toma

y

te anula como tempestad

y

de ti arranca al que busca.

2.

Cómo pudiste vivir de la idea que la ocultaba,

con un sabor que no era el de ella,

huyendo

de su aparecer que era también el tuyo?

3.

Llegas no a modo de visitación ni a modo de promesa ni a modo de fábula

sino

como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez.

4.

Llevas el amante al lugar del acontecer

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-el lugar del asentimiento.

5.

Él abre los ojos,

siente,

se abandona.

Sabe ya que nada, nada le pertenece, salvo su dependencia,

y acata

el extraño señorío.

16

6.

Se creyó dueño

y ella lo obligó a la más honda encuesta,

a preguntarse qué era en realidad suyo. Después lo tomó en sus manos

y fue formando su rostro

con el mismo material del extravío, sin desechar nada,

y lo devolvió a los brazos del origen como a quien se amó sin decírselo.

7.

Misión

del amante:

arder

fuera del camino.

8.

Enséñame,

rehazme

a fondo,

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avívame

como quien enciende un fuego.

9.

Destruye la retórica del amante y hazlo venir a pie, desnudo, sin arrimo, a tu recio descampado. Que pruebe a sostenerse ahí, que sienta tu frío, que vele.

Derrota

17

Yo que no he tenido nunca un oficio que ante todo competidor me he sentido débil que perdí los mejores títulos para la vida que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos que me arrimo a las paredes para no caer del todo que soy objeto de risa para mí mismo que creí que mi padre era eterno que he sido humillado por profesores de literatura que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo que tengo vergüenza por actos que no he cometido que poco me ha faltado para echar a correr por la calle que he perdido un centro que nunca tuve que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo que no encontraré nunca quién me soporte que fui preterido en aras de personas más miserables que yo }que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo ("Ud. es muy quedado, avíspese, despierte") que nunca podré viajar a la India que he recibido favores sin dar nada a cambio que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma que me dejo llevar por los otros que no tengo personalidad ni quiero tenerla que todo el día tapo mi rebelión que no me he ido a las guerrillas que no he hecho nada por mi pueblo

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18

que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable; que no puedo salir de mi prisión que he sido dado de baja en todas partes por inútil que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno que me niego a reconocer los hechos que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo que no lloro cuando siento deseos de hacerlo que llego tarde a todo que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable que no soy lo que soy ni lo que no soy que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras que he vivido quince años en el mismo círculo que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado que nunca usaré corbata que no encuentro mi cuerpo que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación, mi extravío una frescura nueva,

y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros

y de mí hasta el día del juicio final.

Dichos

Vivir en el misterio: frase redundante.

*

Todo es misterio, aun lo que la conciencia conoce en detalle en

su orgulloso penúltimo escalón-

*

Lo que tengo por novedad no es novedoso, es la novedad de la gota de agua.

*

¿Discutir para qué? Siempre es posible encontrar argumentos para defender esto

o aquello. De lo que se trata, y hay urgencia, es de inquirir.

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*

19

En las universidades existe siempre el peligro de que la literatura deje de ser lo que es -la manera más entrañable de habla- para volverse objeto de estudio, algo que será viviseccionado en lugar de ser vivido.

*

Con la palabra «materia» se le da otro nombre al misterio.

*

Cualquier hombre es una agresividad en busca de una bandera.

*

Lo más importante es lo que no puede ser hallado.

*

La razón se crea su propio coto para señorear allí. No le atañe pregunta que no lleve en sí su posibilidad de respuesta. Su fuerza es falsa, pues se apoya en el límite que ella misma se pone.

*

No hay diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario.

*

Quien no

busca, es.

*

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Nada hay más extraño que la existencia.

II

Acuñar quimeras como soles muertos para los ojos de un fantasma, no es tu tarea.

De intemperie

1.

¿Cómo pudo volverse tribunal de su vida (no es sino la sala donde se reúne a rumiar fallos) el que menos juzga, el que existe desde su cuerpo, el menos concluyente de los nacidos?

2.

Puesto que estás aquí, tienes que

Aquí se camina sin preguntar.

Tienes que No precisemos. Haz como que entiendes.

20

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

Ya sabes:

sin interrogar.

(Todas las preguntas caen

a los pies de tienes que.)

¿Angustia?

Nada de eso, quédate tranquilo en tu silla, contando las horas.

3.

Vida

arrásame,

barre todo, que sólo quede la cáscara vacía, para no llenarla más, limpia, limpia sin escrúpulo

y cuanto sostuviste deja caer sin guardar más.

Ars poética

Que cada palabra lleve lo que dice Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido.

21

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni

añadir

brillos a lo que es. Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales. Quiero exactitudes aterradoras. Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira,

señálame

la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme. Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

22

El poeta moderno habla desde la inseguridad

No tiene más asidero que la vida. Seguramente una voz queda le dice en los adentros: La época de las causas ya terminó. Ya no puedes aferrarte a religiones, ideologías, movimientos, ni siquiera literarios. Se acabaron las banderas. Pero este desengaño lo libera para luchar en otra clave por lo que religiones, ideologías, movimientos dicen defender: lo religioso, lo humano, lo valedero.

Esa voz, que parece la del nihilismo, podría ser más bien la voz de la vida que desea recuperarnos.

Las paces

Lleguemos a un acuerdo, poema. Ya no te forzaré a decir lo que no quieres ni tú te resistirás tanto a lo que deseo. Hemos forcejeado mucho. ¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen cuando sabes cosas que no sospecho? Líbrate ya de mí. Huye sin mirar atrás. Sálvate antes de que sea tarde. Pues siempre me rebasas, sabes decir lo que te impulsa

y yo no,

porque eres más que tú mismo

y yo sólo soy el que trata de reconocerse en ti.

Tengo la extensión de mi deseo

y tú no tienes ninguno,

sólo avanzas hacia donde te diriges

sin mirar la mano que mueves

y te cree suyo cuando te siente brotar de ella como una sustancia que se erige. Imponle tu curso al que escribe, él sólo sabe ocultarse, cubrir la novedad, empobrecerse. Lo que muestra es una reiteración cansada.

Poema,

apártate de mí.

Disyuntiva

La naturaleza de la poesía es inintencionada.

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

Goran Palm

Yo quería escribir un poema,

luego tuve la intención de no tener intención

y el poema se quedó allí

detenido,

atrapado,

carbonizado entre la chispa de las dos intenciones

y aquí

lo dejo.

La búsqueda

Nunca encontramos el Grial.

Los relatos no eran verídicos. Sólo la fatiga de los caminos acompañó

a los que se aventuraron,

pero se esperaban historias, ¿qué sería nuestro vivir sin ellas?

Nada se resolvió, hubiéramos podido quedarnos en casa. Es que somos tan inquietos. Sin embargo, concluido el viaje sentimos que en nosotros —ya no rehenes de la esperanza— había nacido otro temple.

Inquisidores

23

Van de un sitio a otro midiendo, anotando, mordiendo aquí, más allá, llenos de

baba de pasado, muecas, rótulos. Indician, señalan, dictan, corrigen, acosan.

Ahí, dicen, está el culpable. Nuestros códigos amaestrados lo perseguirán

ladrando día y noche. Ahí está, nuestros mastines olisquean el rastro sucio. Él es

la mancha en nuestras baldosas. Agravia nuestra pureza. Por el mundo,

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

24

siempre, con sus libros de cuentas, sus lápices perversos, sus esto sí esto no, sus autos de fe, sus pócimas vengativas, extendiendo un rojo metro sobre el cuerpo que la jauría va a perseguir.

Ahí está el que nos traicionó, dice. Escupamos, que ahí viene.

Espiémoslo como un solo ojo.

Mirar

Veo otra ruta, la ruta del instante, la ruta de la atención, despierta, incisiva, ¡sagitaria! Pico de víscera, diamante extremo, halcón, ruta relámpago, ruta de mil ojos, ruta de magnificencia, ruta de línea que va al sol, reflejo del rayo vigilancia, del rayo ahora, del rayo esto, ruta real con su legión de frutos vivos cuyo remate es ese lugar en todas partes y ninguna.

Nuevo Mundo

1

He quemado las fórmulas. Dejé de hacer exorcismos. Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado. Hálito de fogata en mis narices, mi idioma desintegrado, la sombra todavía húmeda de un sortilegio. Como vena de agua en la oscuridad otra vida avanza. Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para vivir en otra articulación.

2

Papeles del amanecer. Siempre hablan de la patria adoptiva, la que me ha dado. Hojas amontonadas como para una ceremonia. Sacrificio a un dios de ébano.

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

3

Esas escrituras invariables.

25

Siempre regreso al mismo idioma. Un cuero embrujado de animal. Inatrapable, pero presente como la vida de un antepasado.

Tejido sobre el tejido, la lengua muerta del amor, fuego que me ha hecho adicto a un culto insinuante.

4

El amanecer no me devuelve el amuleto perdido. Desde una playa un anciano hace señales. Trato de regresar a los pozos, pero no sé el camino.

5

Entra mi sombra Trae una serpiente, un búfalo, una mujer, una casa, un muelle. Intoxicación de cobres salvajes. Avanza, avanza. Droga. Se apodera de lo que miro. Va marcando aquí y allá, todo. Luego huye para unirse a un animal.

Se pierde entre las hojas como un ave.

6

Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos.

¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos? Al fondo un rey enfermo me ve partir. Yo le entrego un estuche con un rubí ansioso.

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

7

26

Voy, abriéndome paso por entre la aspereza, al lugar donde está guardado

mi

retrato futuro.

8

Un

fuego remoto me sostiene. De su aura roja tomo mis préstamos.

Pasadizo hacia la incandescencia, no admites plazos.

9

Orgía vegetal. Una mujer desnuda se acuesta bajo la lluvia.

Texturas donde una ausencia se mira.

Caverna olorosa, condúceme.

10

Légamos jamás recuperados.

De repente un roce. El universo de la piel. El hilo extraviado en el viaje.

Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere.

Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo también soy el primer habitante.

Temor

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27

Alguien cierra una puerta a un hombre que enmudece, se mira en su celda de un

solo respiradero y duda de que él mismo exista.

Algunas veces, por instantes, es sacado a ver sol, pero vuelve por sus propios

pasos a su sitio.

Allí al menos sabe que sufre.

Amantes

I

Por prenda le diste el mundo,

pero una inatención se lo robaba.

Uniéndolo

lo condujiste

lentamente al sabor, al alojamiento,

a la sacralidad.

El amante custodia tu ara con las palabras que le concedes,

las de todos los días, pero a otra luz. (No pueden venir sino de ti, en él adentrada)

Y te oye,

o eso cree,

y sabe que tu anillo no se extingue ni pierde su sonido,

boca

que le da en su boca el alimento.

Enséñame,

rehazme

a fondo,

avívame

como quien enciende un fuego.

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

II

Ella conoció tu andar, aquel fuego a la deriva, sin sosiego, solo, que se consumía en calles más terribles que el hambre de gracia.

Cuanto hiciste fue para propiciar el encuentro. Aparta pues de ti la espera. Ahora. Sólo hay aquí, ya, un aquí embriagado en un ya de oro. Súbitamente estás ante ella. La vida a quemarropa. Por fin. En tu cuerpo. La flor inmediata, la única, te esperó siempre.

Una isla

1.

Coney Island

Rosa de claras risas que golpea siempre un mismo jirón de luz y a un blanco río de trópico que duerme va girando,

28

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

girando

en la noche

amante.

29

2.

Escribiste: "Estos muros se hacen transparentes cuando te siento. Mañana traigo los libros.

Te

besa".

Mi

libertad había nacido tras aquellas paredes. El calabozo núm. 3

se extendía como un amanecer. Su día era vasto. El pobre carcelero se creía libre porque cerraba la reja, pero a través de ti yo era innumerable.

3.

Vengo de un reino extraño, vengo de una isla iluminada, vengo de los ojos de una mujer. Desciendo por el día pesadamente. Música perdida me acompaña.

Una pupila cargadora de frutas se adentra en lo que ve.

Mi

fortaleza,

mi

última línea,

mi

frontera con el vacío

ha

caído hoy.

4.

Sola,

insegura,

apremiante

palabra,

casa sin atavío.

Para ella desearía la fuerza de los árboles.

5.

Te extiendes, camino de arena, más suave que la memoria de un ciego.

Salimos a recorrer la ciudad.

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

30

Tú te tiendes sobre una tibia hojarasca, Más tarde me encuentras, tocas mi hombro y te vuelves noche.

6.

Tú que caminas esta noche en la soledad de la calle, vas llena de besos que no has dado. Del amor ignoras la escritura prodigiosa.

Aunque no me conoces, en mi cuerpo tiembla el mismo mar que en tus venas danza. Recibe mis ojos milenarios, mi cuerpo repetido, el susurro de mi arena.

7.

Una urbe áspera sella mi boca.

Yo viajo a los espacios transparentes. Conmigo está tu chal de lana, el viejo fonógrafo que cuidabas tanto, tus zarcillos con que ibas al mercado, tu pulsera de oro, la vajilla humilde. El perro que nos despertaba pasa su hocico por mi lecho. No es magia, sencillamente nada he olvidado a no ser que existo sin ti.

8.

You

Tú apareces, tú te desnudas, tú entras en la luz, tú despiertas los colores, tú coronas las aguas, tú comienzas a recorrer el tiempo como un licor, tú rematas la más cegadora de las orillas, tú predices si el mundo seguirá o va a caer, tú conjuras la tierra para que acompase su ritmo a tu lentitud de lava, tú reinas en el centro de esta conflagración y del primero al séptimo día tu cuerpo es un arrogante

donde vive

el

temblor.

palacio

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31

Agrio portero nos aturde ahora. Antes veló por nosotros, y ya azuza esfigies, sentencias, contenciones.

El enemigo

De pronto aparece en la puerta, como tallado, el acreedor.

Viene en busca de su salario. Tiende su mano izquierda desde la entrada, inmóvil. Los dos nos miramos sin comprender.

Se insinúa con sigilo o irrumpe sin avisar. Reconozco que estoy condenado a hacerle el juego. Si ambos fuésemos reales no nos desgastaríamos en esta persecución, pero nuestra servidumbre es la misma: somos personajes. Nos acompaña el miedo.

Mi costumbre es tomar su bando. Le permito que hable por mí.

Me convierte en plato de su odio.

Soy su aliado.

Sí, me usa, me usa para sus fines, que también se vuelven

contra él. La fuente que lo envenena rebosa con jirones míos, suyos. Nos confundimos, nos entretejemos, nos intrincamos, sin querer. Hasta nos perdemos de vista, y ya no sabemos quién es el que persigue.

Tengo que contrarrestar, con otra voz, sus cargos, pero casi siempre estoy de su parte. ¿Cuándo tuvo lugar este desplazamiento? Son pocos los días

en que el enemigo no ha contado con mi apoyo. Nunca en

realidad he sido contrapeso para sus demandas. Me consta, me consta en mi carne. Siempre firmé sus acusaciones, sus ataques sorpresivos, sus listas de agravios. Siempre contó con el respaldo que yo necesitaba para mi tarea.

Sí, siempre a mi acusador lo encontré más eficaz, y a su

casuística atroz sólo podía oponerle unos ojos inmóviles.

Ella, la insojuzgable…

Ella, la insojuzgable, no pudo detener la jauría. Oigo voces, teas, látigos. Desde hace meses están aquí. Les grito: no soy el que buscan. Pero ellas conocen su presa: saben que no

me he movido.

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32

En la confusión, tu rostro…

¿En la confusión, tu rostro estará en el lado opuesto también, poniéndole el sello al naufragio, con el gran vendedor?

XI

Lenguaje

emanado

puntual fehaciente, no el engaño de la palabra que sirve a alguien.

Me muevo

Me muevo. Uno, dos, tres pasos. Nadie puede negar que avancé un poco. Se pueden ver mis huellas en el suelo, pero amanezco en el mismo sitio. ¿No me desplacé? Es cierto —verifico las marcas— que ayer no estaba donde ahora estoy, pero algo me dice que no me he movido. No sé qué significa desplazarme.

No me lavaste

No me lavaste, no me reuniste, no me limpiaste del escrúpulo, no me quitaste el estigma, no me recibiste en tu templo. Me dejaste afuera con la guirnalda hecha para ti en la mano que las tinieblas sostienen.

Pídeles sus títulos

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33

Pídeles sus títulos a los que te persiguen, pregúntales cuándo nacieron, diles que te demuestren su existencia.

Postergaciones

Rutas nunca tomadas, sitios que aplacé, bocas perdidas. Insostenibles lugares.

Frutos mandados a detener. Prendas de lo inerte. Hilos que Se ofuscan.

XIXIXIXI

Sé que si no llego a ser nadie habré perdido mi vida.

Tuvo que descender…

Tuvo que descender para buscarte, llegar a sus confines, sufrir por no reconocer su rostro, caminar mecánicamente, sin saber si estaba vivo.

Vives piel adentro

Vives piel adentro. Ignoras que ser significa: alcanzable.

Despilfarro

Es recio haber gastado días, meses, años en defenderse sin saber de quién. Recio no poder ver el rostro del que asedia. Recio ignorar lo que nos devasta.

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34

Los cuadernos del destierro

1.

Yo visité la tierra de luz blanda.

Anduve entre melones y hierbas marinas, comí frutas traídas por sacerdotisas adolescentes, palpé árboles de savia roja como ladrillo que moraban junto a la tumba de un príncipe, vi viejos catafalcos de gobernadores guardados por lentas palmas. Por los contornos había raíces en forma de tazones donde los monos mitigaban la sed.

Pasé un día cerca del lugar donde duermen los ahorcados. Era la época en que los brujos habían partido a los campos de arroz destruyendo todos los talismanes.

En las calles vistosas doncellas oscuras danzaban.

Entonces los capitanes bajaban de los ojos para explorar la ciudad.

De este viaje más allá de los presuntos límites sólo conservo alguna que otra

estrella de mar, varios retratos -ella y yo- y un peregrino cofre que encontré en

el barco durante la travesía.

De aquel idioma y de mis pasos por la tierra dicha no existe imagen que esté hoy

extinguida. Los veleros tocan a las puertas del aire donde persisto. La luz me

trae delfines muertos. Tu olor reconquista el estremecimiento.

2.

He entrado a región delgada.

Todo lo que canta se reúne a mis pies como banderas que el tiempo inclina.

Aquí el mundo es una estación amanecida sobre corales. Ésta es la morada donde se depositan los signos de las aguas, el légamo de los navíos,

los mendrugos cargados de relámpagos.

Éste es el huerto de las especias clamorosas, la temporada de arcilla que el océano erige. Ésta es la fruta de un piélago muerto, la columna desesperada del hambre. Ésta es la salobre campana de verdor que el fuego crucifica, la tierra donde una tribu oscura embalsama un clavel. Ésta es la tinta trémula del día, la rosa al rojo vivo inscrita en los anales de la selva.

3.

Pero el tiempo me había empobrecido.

Mi

único caudal eran los botines arrancados al miedo.

De

tanto dormir con la muerte sentía mi eternidad. De noche deliraba en las

rodillas de la belleza. Presa de tenaces anillos, a pesar de mi parsimonioso

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35

continente de animal invicto

me guardaba de la transitoriedad ínsita a mis actos.

Magnificencia de la ignorancia. Brujos solemnes habían auscultado mi cuerpo

sin poder arribar a un dictamen. Sólo yo conocía mi mal. Era -caso no

infrecuente en los anales de los falsos desarrollos- la duda.

Yo nunca supe si fui escogido para trasladar revelaciones.

Nunca estuve seguro de mi cuerpo.

Nunca pude precisar si tenía una historia.

Yo ignoraba todo lo concerniente a mí ya mis ancestros.

Nunca creí que mis ojos, orejas, boca, nariz, piel, movimientos, gustos, dilecciones, aversiones me pertenecían enteramente.

Yo apenas sospechaba que había tierra, luz, agua, aire, que vivía y que estaba

obligado a llevar mi cuerpo de un lado a otro, alimentándolo, limpiándolo,

cuidándolo para que luciera presentable en el animado concierto de la honorabilidad ciudadana.

Mi mal era irrescatable.

Me sentía solo. Necesitaba a mi lado una mujer silenciosa, paciente y dúctil que

me

rodease con una voz.

Yo

era un rey de infranqueable designio, de voluntad educada para la recepción

del

acatamiento, de pretensiones que hacían sonreír a los duendes.

Un

rey niño.

Cuando advino, inopinadamente, una era de pobreza, perdí mi serenidad. Mis pasiones absolutas -entre ellas el amor, que para mí era totalidad- fueron barridas.

En suma, yo era una pregunta condenada a no calzar el signo de interrogación.

O un navío que se transformaba en fosforescente penacho de dragón. O una nube que se demudaba conforme al movimiento. Habitaba un lugar indeciso.

Mi historia era un largo recuento de inauditas torpezas, de infértiles

averiguaciones,

de fabulosas fábricas.

Un dios cobarde usurpaba mis aras.

Él había degollado el amor frente a una reluciente laguna, en

un bosque de caobos. Huía mugiendo sábanas ensangrentadas. Escapaba del

recinto feliz. Las nubes eran símbolos zoológicos de mi destierro. El amor me conducía con inocencia hacia la destrucción. El odio, como a mis mayores, me fortalecía. Pero yo era generoso y sabía reír. Como no soportaba la claridad, dispuse entre anaranjados estertores de sol mi regreso hacia el final. Las aguas me condujeron como el sensitivo lleva la pesadilla. Volví insomne al lugar de la ficción.

4.

Sól0 tú misma en el acto. Extendida, carnosa, húmeda.

Un temblor sin lapso. Sin equívoco. Torbellino en torno de la flor de blando

terciopelo, acorazonada, que nace del clima de tus piernas como un grito nocturno. Flor que se liba. Sombra de flor. En la sinfonía ciega de las corrientes lozana forma de mis manos

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36

sin ojos. Cuerno remoto de los rendimientos.

Llego navegando ondulaciones desesperadas. Soy dichoso. ¿Cuál es el color de esta fruición desencadenada, cómo llamarla, qué dios nos ha entregado esta conjunción? Me iré, Venus, me iré, pero antes quiero apurar la copa. Ahogar los límites mollares, sofocar los cerrojos albeantes, vencer la

sombra leda de la desnudez, sacrificar el sonrojo numerado.

No me marcharé hasta que esta vegetal confusión de ondas no se haya

cumplido. En tanto mi animal lamedor no esté sosegado. Amo los blandos linderos de inefable tinte, ondulantes en la selva enana y

espléndidamente libre que sobresale de tu cuerpo como mil vocecillas frutales, el letífico aroma, el muelle calor, el ansioso tremar. Toda tú adunada por mareas geométricas a mi piel. Toda presión, jadeo, huida, retorno, blancor, demencia. Nadadora. Extensión que amamanta mi vicio. Sombra del láudano bajo mi pesado tiempo.

No

partiré sin llevar una hora feliz en la corola, giradora, vencida y celante de

los

ojos que como al sol te reciben.

Beloved country

Cuánto tuyo no se desenvuelve como música perdida en mí. País al que regreso cada vez que me he empobrecido. Sello, fasto, bóveda de los cofres.

Nunca me has negado tu leche de virgen.

Mi reflujo, mi fuente secreta, mi anverso real.

Ignoro el alcance de tu olor, pero sé que has estado en todos mis puntos de partida, envolviéndome, Oriente solícito, como una ceremonia.

País donde van las líneas de mi mano, lugar donde soy otro,

mi anillo de bodas, estás cerca del centro.

* * *

Desolado

De tanto imaginarte, sonreírte, esperarte, me canso. Te veo y pregunto ¿eres tú?

Respiro tu llegada; ya sin creer.

No

me pidas explicaciones.

No

me quites la idea que tengo, tan vaga.

No

me pruebes, por favor, en terreno firme (me harías a un lado).

Algunas veces de ti no queda nada, una pequeña lámina. Si llegas, te aproximas, te parece bien, sencillamente será otra cosa, otra cosa,

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cosa de delirio. Tendrás magnitud y calor.

Eres el otro lado del botín. ¿Comprendes?

Rutina

37

Me fustigo. Me abro la carne. Me exhibo sobre un escenario. Allí no ofrezco el número decisivo. Devorarme ¡mi gran milicia!, pero soy también un armador tenaz. Sé reunirme pacientemente, usando rudos métodos de ensamblaje.

Conozco mil fórmulas de reparación. Reajustes, atornillamientos, tirones, las manejo todas.

A golpes junto las piezas.

Siempre regreso a mi tamaño natural. Me deshago, me suprimo, displicente, me borro de un plumazo y vuelvo a montar,

montar

al carafresca.

(No se trata de rearmar un monstruo, eso es fácil, sino de devolverle a alguien las

proporciones.) Planto mi casa en medio de la locuacidad. Me reconstruyo con un plano inefable. Calma. Ya está. Entro a la horma.

Mal

Detenido, no sé dónde, mas es un hecho que estoy, detenido. Llevo años en el mismo lugar, al fondo. ¿Vivo? Funciono, y ya es mucho.

Angst

No es nada, nada algo sin trascendencia, nada. Una dificultad leve en la respiración. Problema de angostura parece.

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¿Acaso no sabías que la puerta es estrecha?

Es como si amaramos…

38

Es como si amáramos. Es como si sintiésemos. Es como si viviéramos.

Esto fatiga. Hasta se ansía un error. Puede que al equivocarse, los actores rocen la verdad.

Deseo

Asciende por mi cuerpo como otra sangre más cálida que en mi boca se muda, se vuelve la que no es

y se extingue

como un rumor más de la noche.

Río

que repite nombres.

El argumento

Por la mañana leemos anestesiados las noticias de la guerra (cualquier guerra), un titular bien merece algunos combates; cada bando desea demostrar que Dios está de su parte con el argumento definitivo; nuestros ojos recorren las páginas

-buscamos más confirmaciones de nuestra derrota

y el periódico trae lo que esperamos encontrar.

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7.

que si no llego a ser nadie habré perdido mi vida.

Amante

1.

Eludías

el encuentro

con el tú

magnífico,

el que te toma

y

te anula como tempestad

y

de ti arranca al que busca.

2.

Cómo pudiste vivir de la idea que la ocultaba, con un sabor

que no era el de ella,

huyendo

de su aparecer que era también el tuyo?

39

3.

Llegas

no a modo de visitación

ni a modo de promesa ni a modo de fábula

sino

como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez.

4.

Llevas el amante al lugar del acontecer

-el lugar del asentimiento.

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5.

Él abre los ojos,

siente,

se abandona. Sabe ya que nada, nada le pertenece, salvo su dependencia,

y acata

el extraño señorío.

6.

40

Se creyó dueño

y ella lo obligó a la más honda encuesta,

a preguntarse qué era en realidad suyo. Después lo tomó en sus manos

y fue formando su rostro

con el mismo material del extravío, sin desechar nada,

y lo devolvió a los brazos del origen como a quien se amó sin decírselo.

7.

Misión

del amante:

arder

fuera del camino.

8.

Enséñame,

rehazme

a fondo,

avívame

como quien enciende un fuego.

9.

Destruye

la retórica del amante

y hazlo venir a pie, desnudo, sin arrimo,

a tu recio descampado.

Que pruebe a sostenerse ahí, que sienta tu frío, que vele.

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Gestiones

1.

Lo que miras a tu alrededor no son flores, pájaros, nubes,

sino

existencia.

No, son flores, pájaros, nubes.

2.

¿ Quién es ese que dice yo

usándote

y después te deja solo?

No eres tú, tú en el fondo no dices nada.

Él es sólo alguien que te ha quitado la silla, un advenedizo que no te deja ver, un espectro que dobla tu voz.

Míralo

cada vez que asome el rostro.

4.4.4.4.

dependes

pero

¿lo sabes

a fondo,

con tu cuerpo, lo puedes vocear, se ha vuelto carne fascinada?

41

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5.

Quién es ese que dice yo

usándote

y después te deja solo?

No eres tú, tú en el fondo no dices nada.

Él es sólo alguien que te ha quitado la silla, un advenedizo que no te deja ver, un espectro que dobla tu voz.

Míralo

cada vez que asome el rostro.

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6.

¿Quién deja de oponerse? ¿Quién se sale del juego? ¿Quién se vive en el vacío? ¿Quién hace del desabrigo refugio? ¿Quién se disuelve en el percibir? ¿Quién se expone sin arrimo al descampado? ¿Quién abandona el trajín por la hora solitaria? ¿Quién puede comer con tenedores de absoluta piedad? ¿Quién accede a trocar su día por un rostro que no ha de ver?

Combate

Estoy frente a mi adversario. Lo miro, cuento la distancia entre él y yo, doy un salto. Con mi mano abierta a modo de sable lo cruzo, lo corto, lo derribo, rápidamente. Veo su traje en el

suelo, las manchas de sangre, la huella de las caídas; él no está en ninguna parte

y yo me desespero.

17

Desemboco donde no estoy. Soy mi jugo, el hueso arrancado a la demencia, la rotura múltiple. Vomito salmos, cuevas, miedos.

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43

Cadenas: Nunca he sabido lo que es un poema

Por Harry Almela

 

Días antes de partir a España en junio pasado, invitado para participar, entre

 

otros eventos, en el Festival de Poesía de Granada (que este año rinde homenaje al poeta Ángel González), Rafael Cadenas accedió a esta entrevista. En ella se hace un recuento acerca de la edición de su obra en el extranjero, de la historia de la publicación del poema Derrota, de sus lecturas actuales, de su interés por las actividades literarias que han venido realizándose en Venezuela en los últimos años y de su visión acerca de la realidad política del país. El Ahora

Venezuela es de todos no me parece verdad –comenta– creo más bien que es de algunos todos.

Desde la aparición de tu libro El taller de al lado en 2005,

donde recopilas gran parte de tu trabajo de traductor, hace ya algún tiempo que no publicas en Venezuela. Entiendo que editoriales extranjeras han estado pendientes de lo que escribes. Me gustaría que hicieses un repaso de esos escenarios, desde la publicación en el Fondo de Cultura Económica de tu obra entera.

Ésta se reeditó por la Editorial Pre–textos en 2007. Hace dos meses salió,

con este mismo sello, Habla Walt Whitman, el libro de las conversaciones, pero le añadí veinte páginas. En 2007 se publicó Un’ Isola e altre poesie, edición bilingüe en italiano y español por la editorial Ponte Sist, y Memorial en inglés y español por la Universidad Nacional de San Marcos del Perú. Aquí la Universidad Simón Bolívar volvió a publicar el año pasado Realidad y literatura. Antes, en 2003, había aparecido en Francia una selección con el título de Fausses manoeubres y en Canadá Poèmes choisis, un año después. Bilingües ambos libros.

Me llama la atención que en la antología de Visor hecha por

Ana Nuño no aparece Derrota, poema que nuestra crítica siempre ha

que en la antología de Visor hecha por Ana Nuño no aparece Derrota , poema que

MUESTRARIO DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD

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celebrado como representativo de una generación. ¿Estás conforme con esa ausencia? De ese texto, ¿qué hay todavía que hable de ti?

Estoy de acuerdo con que no se incluyera, en parte porque se ha

publicado mucho y traducido también a varios idiomas; porque está lleno de quejas y desde hace años dejé de quejarme; porque tiene cierto vínculo con la absurda y dolorosa lucha armada contra un gobierno democrático, lo que contribuyó a traer la autocracia militarista que se ha enseñoreado del país. Hoy no siento, pues, que Derrota me exprese. Fracaso, en cambio, no tiene esas limitaciones.

Te voy a contar cómo se publicó la primera vez. Adriano [González León] me pidió unos poemas para Clarín, periódico de izquierda que dirigía Luis Miquelena. Le llevé varios y le dije: mira, aquí está éste que yo llamo Derrota, pero no creo que sea un poema, sino una serie de frases confesionales. Entonces él lo leyó y su respuesta inmediata fue: éste es el que voy a publicar, y lo presentó con una nota. Como ves, nunca he sabido lo que es un poema.

– En varias oportunidades te he oído decir que uno de los

cuerpos poéticos más interesantes del siglo XX se ha escrito en Polonia. Al revisar tus traducciones y tus recientes Contestaciones, el lector se percata de la presencia de varios poetas de ese país:

Wislawa Szymborska, Zbigniew Herbert, Tadeusz Rosewicz, Tymoteusz Karpowicz, Stanislaw Baranczak ¿A qué se debe esta cercanía? ¿Qué asuntos en particular te interesa de ellos?

La cercanía se debe a que ellos pueden aleccionarnos. Su país se lo

dividieron Stalin y Hitler, luego éste lo ocupó, después la Unión Soviética lo liberó, pero le impuso una dictadura comunista que duró como cuarenta años. Esta historia está presente, de manera directa o indirecta, en todos ellos. Nosotros aquí no hemos vivido nada de eso, espero que la convivencia sea lo que se imponga, pues un país partido en dos pedazos, no puede andar; pero está ejecutándose un proyecto que se encubre eufemísticamente con la inofensiva palabra socialismo, para no manifestar su verdadero designio: la dominación total de la sociedad. Se busca uniformarla, literal y figuradamente; fanatizar a los venezolanos que siempre han sido muy abiertos ante las diversidades del mundo, inculcarles un odio que nunca ha tenido. Todo esto se hace con música de Cuba donde, me han dicho, que la única libertad que existe es la de callar. Aquí viene al caso Unamuno: él decía sentir lástima por un pueblo unánime. Debo agregar que yo quisiera estar equivocado.

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Uno de los poetas que nombraste, Tadeusz Rosewicz, lo ha editado

bid&co. Yo se lo recomiendo a los lectores y escribí unas palabras para presentarlo en la Feria del Libro de la Universidad Metropolitana, pero no hubo

público. Creo que no se anunció bien o no tengo poder de convocatoria, como se suele decir; si es así, me place, pues no me gusta ninguna clase de poder. Creo que el poder es maligno bajo cualquier forma, como lo vemos diariamente en todas las esferas, aun en las más insignificantes.

– En tu poesía pueden distinguirse claramente dos etapas. La

primera –que arranca con Una isla (1958), continúa con Los cuadernos del destierro (1960), Falsas maniobras (1966) y concluye con Memorial (1977), donde se percibe cierto regodeo con el lenguaje y la elaboración de metáforas, y una segunda –que se inicia con Amante (1983), Dichos (1992) y concluye con Gestiones (1992)– donde asistimos a una simplificación de los recursos estilísticos. ¿Hasta qué punto es cierta esta apreciación? ¿Tienes la distancia suficiente como para hablar de este work in progress?

Gestiones y Amante difieren un tanto de lo anterior, Dichos son

aforismos, no poesías, o más llanamente, frases que compendian alguna idea. A veces me ocurre que convierto en prosa algún poema, o al contrario, lo que inicialmente iba a ser prosa pasa a ser poema. Al menos esa es su intención. También ciertos versos se vuelven frases. Hay un trasiego. Las palabras van y vienen.

Se debería ver como totalidad lo que uno hace. Todo forma parte de lo

mismo. Una entrevista, una anotación, una charla, un poema, una nota para algún taller y hasta una conversación se vinculan, se entretejen, se aclaran o se apoyan entre sí. Lo que pasa es que solemos privilegiar un medio, el que en un momento dado se destaque. Czeslaw Milosz dice que algunos de sus poemas son apuntes, y eso me agrada porque soy muy lacónico. Es como encontrar apoyo en un gran poeta. Conviene recordar que siempre ha habido poemas breves y poemas largos; lo importante es que en ellos se aloje la poesía, dama muy esquiva, como lo saben muy bien sus amadores, los poetas, a quienes un día les sonríe y otro día los castiga con sus desdenes. En cuanto a las poetas, la llevan en sí.

– Durante mucho tiempo, tu presencia daba la impresión de

distancia, de reserva, de ser un hombre a quien era difícil de acceder. Yo nunca he compartido esa opinión, pero la gente aún tiene esa impresión de ti. Desde hace ya algunos años, tu asistencia a eventos relacionados con la literatura es una constante. Se te ve a

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menudo en presentaciones, en lecturas, tú mismo participas en ellas junto a escritores jóvenes. Has participado en eventos internacionales junto a poetas reconocidos. Se publica tu obra en otras lenguas. Ese cambio, del taciturno al expansivo, para decirlo de alguna manera, ¿es cierto? Y, de ser cierto, ¿qué influyó en eso?

Sí, la introversión dio paso lentamente a cierta extroversión, pero siempre

he vivido de dar clases, incluso en un colegio para muchachos venezolanos en Trinidad, es decir, he tenido que hablar mucho, aunque también se que callo mucho. Al mismo tiempo, valoro bastante la conversación. Por cierto, en ese mismo colegio dio clases Juan Sánchez Peláez cuando iba para Chile. Dos años antes de que cayera la dictadura militar –esta es una redundancia: no hay ninguna que no lo sea– pude regresar al país. En ese lapso trabajé en el “Moral y Luces” y en otros colegios; también como corrector de pruebas en El Nacional, y con otra función, un tanto vaga, en el Sindicato de Trabajadores de la Prensa. Después me tocó participar, sin mucha entrega, durante los frenéticos años sesenta en las reuniones de Sabana Grande. De manera que siempre estuve abierto a todo lo que ocurría.

Voy a esos eventos que mencionas porque así veo a los amigos y amigas.

Además hay que apoyar esas actividades. Son importantes. Indican que nuestra sociedad está viva, y mientras lo esté, no podrá ser subyugada.

Fuera de Venezuela también participo en eventos semejantes. Este mes

estoy invitado al Festival de Poesía de Granada que se realizará en la casa de García Lorca. Me toca abrirlo con una lectura de poesía. También leeré en Málaga y en Valladolid, todo ello si el Tao me lo permite. ¿Cómo rehusar esta invitación de mis amigos de España, adonde además me gusta ir? Los honores no deben buscarse, eso es indigno, pero tampoco rechazarse. Tengo muy presente también que allá está una parte principal de nuestras raíces, comenzando por la que carga el idioma, el mismo con que el actual gobierno ataca el imperio español. ¡A estas alturas! Es como si a los españoles les diera por arremeter verbalmente contra Italia porque el Imperio romano ocupó su país.

Es asimismo una insensatez inculcar odio a Estados Unidos, país del que

nunca hemos sido colonia, aunque sí muy influidos por él. Recordemos, de paso, que le sacó las castañas del fuego al altisonante Cipriano Castro, aunque haya sido con ánimo imperial. Es más: los agravios que hayan infligido algunos de sus gobernantes a otros países de Hispanoamérica, si bien no se olvidan, deben ser puestos en un segundo plano para poder coexistir en paz. La Unión Europea no existiría hoy si los países que la forman no hubiesen depuesto sus rencores.

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Es pública y notoria tu posición en relación al ambiente político

en nuestro continente y, particularmente, con respecto a lo que sucede en el país. Durante mucho tiempo, estuviste cerca de los planteamientos de la izquierda venezolana y entiendo que, en algún momento, fuiste militante de la Juventud Comunista. He visto y oído muchas declaraciones en contra de tus opiniones y actitudes por parte de la burocracia cultural de este país e, inclusive, de poetas. ¿Es esto un problema entre la ética y la estética?

– Lo que hago a veces es dar declaraciones muy críticas sobre lo que ocurre

aquí, pero debo advertirte que la palabra enemigo no existe en mi vocabulario.

¿Hasta cuando los seres humanos van a seguir destrozándose por ideologías, nacionalismos, religiones? Son las adhesiones fanáticas a credos las que traen tanta destrucción. Ningún país en el mundo está exento de violencia, en todos está latente o manifiesta. En el nuestro, su gobierno está preparando una guerra, que, para decirlo con una frase de Erasmo, sería el naufragio de todo bien, y la mayoría de los venezolanos no quiere eso. Además, toda guerra es fratricida.

– En una entrevista que le hizo María Elena Walsh a Doris Lessing, ésta

tilda de psicopatología masiva el comunismo en el cual creyó durante su juventud, y dice que ella y sus amigos creían estar salvando el mundo, pero no querían ver lo que estaba pasando en la Unión Soviética, que para mí ha sido el mayor engaño de la historia, y ahora nuestros revolucionarios como que quieren repetir esa experiencia. Ella también fustiga a los idealistas. Los considera gente peligrosa. Las utopías –afirma– convierten a los hombres en salvajes que se matan los unos a los otros.

El gran escritor ruso Alexander Herzen pone en boca de los salvadores de países estas palabras: Nosotros no somos el médico, somos la enfermedad. En su libro Pensadores rusos, Isaiah Berlin le dedica un ensayo muy útil para nosotros. ¿Por qué no leería yo a Herzen en vez de Lenin? Entonces no se conseguía nada suyo y tampoco hubiera tenido efecto en mí. Cuando uno es muy joven no oye.

Hay, sin embargo, políticos ejemplares. Nelson Mandela sería uno. Después de estar veintisiete años en prisión, sale sin odio a hablar con su enemigo para construir una nación. ¿Por qué no nos lo prestarán? Estoy bromeando contigo: aquí también hay hombres y mujeres valientes, con ética, que luchan todos los días, presos o en exilio o libres.

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De esas naderías que llaman injurias –la frase es de Santa Teresa– casi

nunca me entero. Yo no ataco a personas. Me resulta imposible porque no puedo desdeñar.

– Sé que eres un constante curioso de las librerías. ¿Qué lees

actualmente? ¿En qué cosas te ocupas desde el ejercicio de la escritura?

Hace poco leí Inmadurez, la enfermedad de nuestro tiempo, de Francesco M. Caraluccio, libro editado por Siruela. Es un estudio del infantilismo en los adultos a través de la historia, sobre la voluntad de no crecer. Se trata de un fenómeno muy actual que el autor examina en diferentes áreas y al cual le atribuye la decadencia del mundo occidental y el nacimiento de los totalitarismos. ¿No es infantil, pongamos por caso, eso de buscar culpables de los problemas del país en vez de la verdad? ¿O que el Papa diga que el infierno es un lugar que existe realmente? ¿O que el presidente de Irán afirme que su país es el más poderoso del mundo? Podría seguir dándote ejemplos.

En este momento estoy sumergido en la autobiografía, sin título, de Nina

Berberoba. Cómo nos gusta este género. A Nina le tocó vivir en su juventud durante el período de la revolución comunista, primero en Rusia y luego en Alemania, en Francia y finalmente en Estados Unidos. Conoció muchos de los escritores y poetas de ese momento. Crítica el régimen soviético, pero no se identifica con el sector más reaccionario de la emigración. Sin embargo, menciona a cada víctima de Stalin. Nina dice que el acabó con tres generaciones de creadores.

Comienzo a hojear La nueva clase de Milovan Djilas, libro que debería

reeditarse aquí. El hecho de que la revolución produzca otra clase privilegiada ya puede considerarse, a mi ver, una ley de la historia. Los revolucionarios venezolanos podrían, si lo leen, procurar que esa ley no se cumpla. En este

momento, lo de que Ahora Venezuela es de todos no me parece verdad; creo más bien que es de algunos todos.

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Carta al poeta Rafael Cadenas

por Carmen Cristina Wolf

Querido Amigo:

”Y lo devolvió a los brazos del origen” Rafael Cadenas, Amante

Bien sabe usted que casi siempre sabemos que no sabemos quienes somos. Llegamos incluso a dudar de si somos o nada más estamos, con todo ese estrépito de la mente que no nos deja quietos. Vivimos también sumergidos en nuestros propios claroscuros, y nos volvemos de pronto un gran enredo. Mas a veces un poema nos lleva a adentrarnos en nuestras sombras y nos encontramos con nuestra silueta. Leo una vez más su poemario Amante, y me encuentro con la única certeza de que vivimos con el propósito de amar, con la esperanza de alcanzar el amor. Sin amor, nadie quiere vivir. Día y noche, por el amor nos movemos, pensamos, sentimos, escribimos dramas y comedias, somos actores y actrices, ¡hacemos tantas cosas! ¿Será que no somos un yo, un tú, este o aquel, más bien somos Amor?. Casi me resulta evidente:

“¿Quién es esta sangre, estos tendones, estos ojos, esta extrañeza, esta antigüedad? / Una fuerza / me tiene / Entonces es ella/ la que puede decir soy, / la que puede llevar un nombre / la que puede usar la palabra yo.”

El conocimiento del amante impele a reconocer que “ni un solo átomo mío es mío”. El encuentro con el amante se produce, “no a modo de visitación / no a modo de promesa / ni a modo de fábula / sino / como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez”.

No es el éxtasis de los amantes la única vía del encuentro con la totalidad. Recordemos a San Juan de la Cruz: Sin arrimo y con arrimo / sin luz y a oscuras viviendo / todo me voy consumiendo. / Mi alma está desasida / de toda cosa criada / y sobre sí, levantada / y en una sabrosa vida / sólo a su Dios arrimada. La agonía y el éxtasis del fraile Juan florece también de la cercanía con el Amado. Voluptuosa experiencia irreversible, “restaurada inocencia”, florecimiento “en un abismo”, el abismo del ser.

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Amigo mío, me siento tentada a aceptar su invitación a:

“Vivir

en el sabor de ser.”

Y no sabe usted como me siento identificada con esta confesión suya:

“Sólo he conocido la libertad por instantes, cuando me volvía de repente cuerpo.” Manera de decir, con prontitud de lenguaje, haber encontrado su propio rostro en el espejo o en el espejismo, o haberse cruzado con un rostro

ajeno que lo refleja íntegro y le permite expresarse con absoluta libertad, porque decir cuerpo es decir un todo, es no estar escindido en esas incómodas, a veces enredadas categorías del cuerpo y el alma.

Y sus versos se vuelven míos y de todo aquél que sea tocado por ellos. Sus

palabras, querido Rafael, conducen al resplandor, magnífico y terrible, de entregarnos al abrazo del origen:

Y ella lo obligó a la más honda encuesta,

A preguntarse qué era en realidad suyo.

Después lo tomó en sus manos Y fue formando su rostro

y

lo devolvió a los brazos del origen.

No hay distancia entre el acto y la palabra. Las acciones más nobles y las más ruines, se fraguan primero en la relación que establecen las palabras en nuestra mente. Nunca dejan de estar en conexión. Hemos visualizado una fenomenología del contacto que jamás podríamos aprehender si carecemos de la conciencia de la indisolubilidad entre lenguaje y hechos, entre solidaridad de palabra y solidaridad de sentimientos, entre sincronicidad de hablas y simultaneidad de actos.

Me encanta constatar que en la simple o complicada solidaridad que establecen las palabras en nuestras cabezas, conformando una ética, una estética, una costumbre o cualquier cosa, se crea la silueta inicial nosotros mismos. Nuestra visión del mundo, sea fragmentaria o comprehensiva, se produce en ese espectáculo oculto de palabras y sentimientos que se escenifica no sabemos en qué parte de nuestro ser.

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Las distintas maneras de aproximarnos a la Totalidad, siempre terminan por traducirse en palabras. A la letra tiene que acudirse hasta para conformar el sonido del llanto o de la risa. Nadie puede zafarse de esa ilación. Todo cuanto pensamos, decimos y hacemos, todo cuanto deseamos transcurre en la sintaxis, se desarrolla en ese teatro íntimo del entrelazarse unas frases con las otras. Sencilla o compleja, esa condición amiga de las palabras enciende el mundo de relaciones entre los seres humanos y las cosas. Pareciera como si el lenguaje fuera autónomo, una fuerza que lo impulsa todo. Funda al mundo, lo critica, abre y cierra sus puertas, lo dignifica o lo envilece. De la relación que establecen las palabras, los sentimientos, las acciones y el tiempo, depende lo lírico o no, la mueca o no, de las formas de la sociedad. Sabemos que esa relación puede convertirse en una casa de trampas, en una encrucijada de perniciosidades que trafica, en plena letra y en pleno corazón, con la desesperanza. Si no aprendemos a vivir la relación de manera oficiante, bien sea disidente o armoniosa, pero siempre testimonial y apasionada, se nos convierte en una tiranía. Tiranía de los sentidos y significados establecidos, tiranía de los valores instituídos por la norma, tiranía de los antivalores que quieren sustituir a los valores. Cuando uno siente que la vida es sagrada en todas sus manifestaciones, por darle un nombre que nos otorga la dimensión de todo lo que no es negociable, cuando tenemos la impresión de caminar por la tierra como si fuera el templo de la Madre de Todo, pareciera que es imposible caer en la mezquindad. ¿Cómo podríamos dañar el recinto de nuestra Madre?

***

Ahora salto a otro tema. “Un día danzo en la luz y otro en la sombra”, escribe Miguel Serrano en “Las visitas de la Reina de Saba”. La luz y la sombra que vemos afuera, están igualmente dentro de nosotros. Los diferentes ritmos de las cosas son la urdimbre, entreverada con la trama de millones de instantes en movimiento. El lenguaje también está inmerso en el ritmo: sonido-silencio, sonido-silencio, y así. Si hacemos caso a nuestro ritmo vital , al del cuerpo y al del espíritu, (esta dicotomia, totalmente anacrónica, es muy ilustrativa), probablemente estaremos en paz. Así como su presencia es un misterio, me refiero a usted, Rafael, un siempre

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preguntarse, ¿Qué estará pensando el poeta?, vivo inmersa en el misterio y por

eso la vida se me hace tan interesante. No sé tú, como dice la canción de

Manzanero, pero a mí me sucede con frecuencia que me siento como si el

ambiente en el cual me muevo, fuese un mar habitado por toda clase de cosas

extraordinarias. Hasta una cafetera italiana es algo estupendo, incluso una taza

o un caballito de madera es algo sin igual. Diga usted si no. Ante los objetos más

corrientes, ante los sucesos más cotidianos, algo le ocurre al espíritu, algo más

allá del pensar, el alma está suspendida. Se va y se queda, levita en un gozo

pequeñísimo en el instante de la extrañeza.

Nada sucede misterioso o fantástico, es en lo “natural” donde ocurre la

extrañeza. En esa soledad de lo entrañable surge el impulso de atrapar lo que

me toca y huye y se escapa en su roce con alguna revelación. Sobreviene el

instante de la extrañeza, En un solo instante las cosas inquietan su apariencia

familiar, todo se transforma y uno no sabe si está aquí o allá, y en ese estado

surge la extrañeza interrogante, encallando en lo que es la sustancia de lo que,

en nosotros, interroga, latiendo en el fondo del devenir. Es la solubilidad

completa en la otredad en el juego abierto (a veces cerrado) de la alteridad.

Un sentido y cordial saludo, amigo mío, ¡sursum corda!,

Carmen Cristina Wolf

Rafael Cadenas, lecturas y notas

Por Carmen Cristina Wolf

…”Y lo devolvió a los brazos del origen”

En su obra más reciente adivino una rigurosa disciplina del espíritu, encuentro una síntesis de la existencia y su valoración, una visión del hombre acerca de sí mismo, de sus vivencias, una certera y conmovedora comprensión de sus propias marchas y

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contramarchas, y un encuentro profundo con lo esencial en el uso

del lenguaje. Visión de la obra de Cadenas que siempre será una parcial e imprecisa, pues ni él mismo puede aquilatar la verdadera dimensión de su ser, que es infinita. Doy fe de ello, al acudir a estos versos:

Cuánto no te costó ver que eres al mismo tiempo menos y más de lo que creías,

pues perteneces.

(Del libro “Amante”)

Casi siempre sabemos que no sabemos quienes somos. Aun llegamos a dudar si somos alguien, pues vivimos así, algo confusos en el encuentro con los otros, en su vitalidad que no nos deja quietos. Vivimos también sumergidos en nuestros propios claroscuros, y nos volvemos de pronto un gran enredo.

Creemos que somos menos de lo que somos porque es nos es imposible mirarnos de un todo. El espejo refleja siempre un solo lado, casi plano, y si nos damos vuelta, con esa terquedad tan lógica de su sino, el azogue continuará reflejando tan solo el otro lado del ser. Así también, los otros reflejan nuestro rostro empañado por sus ideas predeterminadas sobre cómo se imaginan que somos, o cómo quisieran que fuéramos. Nadie logra conocernos absolutamente. Nosotros tampoco a nosotros.

Sólo existe un ser que, en un instante, es capaz de ver, sentir, saborear y saber cómo somos. Debiera decir, más bien, qué somos, quienes somos. Es el amante, en aquel instante de lucidez no entorpecida por la razón:

“Eludías el encuentro con el tú magnífico, el que te toma

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y

te anula como tempestad

y

de ti arranca al que busca”

(Amantes)

El amante es el ser que posee por entero nuestra imagen rota y nos la devuelve intacta, íntegra, plena de toda plenitud. Nos entrega también algo más que antes no éramos, porque habíamos sido fragmentados, porque cuando llegábamos a ser, no había espejo que nos contemplara, ni había cáliz que contuviera nuestra sangre toda. El conocimiento del amante impele a reconocer que “ni un solo átomo mío es mío”.El encuentro con el amante se produce, “no a modo de visitación / no a modo de promesa / ni a modo de fábula / sino / como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez”.

La confrontación con “el otro”, que viene a ser el “ sí mismo “, no es otra cosa que reconocerse en el amante que llevamos dentro, lacrado en el tatuaje de la soledad:

Cómo unirse a ella sin juntarse

consigo?

Ambos

iban errantes en el encantamiento de la soledad …

En el libro Notaciones (1973), Cadenas dice: “Crece / el deseo de ver

tu rostro”…

vacilante disponibilidad /… Ya no sé quién soy. /Si oigo mi nombre /ignoro qué designa”… Se presiente lo que se es, lo que en realidad y ante todo se es:

Luego añade: “Soy esta vigilancia. / Soy esta

“Amante / amante / en mí / sin tallar / como ignorado ícono”. Bien lo señala William Carlos Williams: “Por qué tratas / con tanta fuerza / de ser un hombre. Eres un amante”.

Así es como vivimos con el propósito de amar, con la esperanza de alcanzar el amor. Sin amor, nadie quiere vivir. Día y noche, por el amor nos movemos, escribimos dramas y comedias, somos actores y actrices, ¡hacemos tantas cosas! ¿Será que no somos un yo, un tú, sino más bien somos Amor?. Resulta más que evidente:

¿Quién es esta sangre, estos tendones, estos ojos, esta extrañeza, esta antigüedad? / Una fuerza / me tiene / Entonces es ella/ la que puede decir soy, / la que puede llevar un nombre / la que puede usar la palabra yo, escribe el poeta Cadenas. Solo después de haber vivido la experiencia de la otredad

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salvada y vencida por lo inexorable, el amor, que se revela por encima de cualquier pensamiento, de cualquier medida, el poeta se encuentra íntegro ante sí mismo y adquiere la “conciencia cósmica que nace de una compenetración del fondo más profundo del individuo con la vida de todos los

seres y con el universo”, esa conciencia a la cual se refiere Rafael Cadenas en el prefacio a su traducción de las Conversaciones con Whitman. En el fondo, cuando Cadenas se refiere a esa “conciencia cósmica”, se describe también a sí

mismo.

Y el poeta deja de verse separado, fragmentado, solo,

porque su totalidad posee la experiencia única, irrepetible,

imborrable de ser uno con la vida, de ser vida en la Vida.

No es el éxtasis de los amantes la única vía del encuentro con la

totalidad. Recordemos a San Juan de la Cruz: Sin arrimo y con arrimo / sin luz y a oscuras viviendo / todo me voy consumiendo. / Mi alma está desasida / de toda cosa criada / y sobre sí, levantada /

y en una sabrosa vida / sólo a su Dios arrimada. La agonía y el

éxtasis del fraile Juan florece también de la cercanía con el Amado.

Voluptuosa experiencia irreversible, “restaurada inocencia”, florecimiento “en un abismo”, el abismo del ser. Ahora Rafael Cadenas se dedica a:Vivir / en el sabor de ser.

Y Rafael Cadenas confiesa::

Sólo he conocido la libertad por instantes, cuando me volvía de repente cuerpo. Manera de decir, con prontitud de lenguaje, haber encontrado un espejo que lo refleja íntegro y le permite expresarse con absoluta libertad, porque decir cuerpo es decir un todo, es no estar escindido en esas incómodas, a veces penosas categorías del cuerpo y el alma.

Me detengo aquí, conmovida por esta aproximación a una obra que sólo alcanzo a atisbar desde la ventana de mi casa del ser. Versos que ya son míos y de todo aquél que sea tocado por ellos. Versos que conducen al resplandor, magnífico y terrible, de entregarnos al abrazo del origen:

Y ella lo obligó a la más honda encuesta,

A preguntarse qué era en realidad suyo.

Después lo tomó en sus manos Y fue formando su rostro

y

lo devolvió a los brazos del origen.

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El ars ethica de Rafael Cadenas

Por Ana Nuño

I

6 El ars ethica de Rafael Cadenas P o r Ana Nuño I Rafael Cadenas (Barquisimeto,

Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) es un poeta casi del todo desconocido en España. La restricción que aporta a esta frase la cláusula adverbial es, en verdad, mínima: conocen en España la poesía de Rafael Cadenas quienes asistieron a su recital en la madrileña Residencia de Estudiantes, en el otoño de 1993, y los oyentes de sus recientes lecturas en Tenerife y Salamanca. Y, por descontado, no se ha publicado en España nada que se parezca a un estudio o análisis de su obra.

La ignorancia española de una de las voces poéticas más interesantes, coherentes y sólidas de Hispanoamérica no es un hecho, empero, sorprendente. Puede aún afirmarse que ese desconocimiento de una parte substancial -a veces simplemente la mejor- de la creación literaria en su propia lengua es ya una tradición de rancio cultivo entre los españoles. Cuando menos, desde que Rubén Darío se hiciera aplaudir antes en París que en Madrid. No cabe, pues, fingir sorpresa; sí, en cambio, constatar de nuevo una anomalía grave de la vida literaria española. España, que dejó hace un siglo de ser imperio; que desde mucho antes de 1898 fue un imperio arruinado, y que no ha

sido, en estos dos últimos siglos y a diferencia de Francia o de Inglaterra, una potencia cultural, se ha permitido el lujo de actuar con soberbia y desdén imperiales, con aquel "desprecia cuanto ignora" que lamentaba el Machado de Campos de Castilla, de cara a

lo que se ha pensado y escrito allende los mares en su propia lengua.

Esta situación no podía menos que agravarse durante los 40 años de contienda civil y larga paz de los cementerios. En 1960, cuando Rafael Cadenas publica Los cuadernos del destierro, el primer poemario que le valió celebridad, un joven Mario Vargas Llosa había ya pasado por Madrid y podido constatar, como recordará luego en sus memorias de candidato a presidente frustrado, que el terreno de la vida literaria española era más bien un erial. Conviene, así sea liminarmente, evocar estas cosas para ir situando una obra, la de Cadenas, que ofrece, de entrada, la paradójica singularidad de ser una de las más interesantes de la poesía contemporánea en lengua española y de haber evolucionado fuera de todo contexto que no sea el muy estrecho y parco de la creación poética venezolana.

A

diferencia de la argentina, la mexicana o la cubana, ésta ha ocupado insistentemente

la

periferia de los grandes movimientos o corrientes o tendencias americanas, y se ha

mantenido alejada de lo que se hacía o debatía en Europa. No es éste el lugar para

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ensayar un repaso detallado del apartamiento, extrañamiento o alienación culturales de Venezuela, asunto éste que merecería un tratamiento exhaustivo y aparte. Sólo me permitiré la siguiente reflexión, a sabiendas de que, sin el sólido apoyo de una argumentación minuciosa, ha de quedar en afirmación categórica, en vue de l’esprit.

Venezuela es, muy por el contrario de lo que nos enseña la geografía, una isla. El siglo XIX, que en ese país empieza en 1811 con el desmantelamiento de la sociedad colonial

y culmina en 1899 con la llegada al poder de Cipriano Castro, fue una sucesión

ininterrumpida de guerras que anegó en sangre la sola idea de una convivencia civilizada. La primera mitad del siglo XX quedó sellada por la larga dictadura de Juan

Vicente Gómez, caudillo campesino y ni tan siquiera déspota ilustrado, que cerró el país a canto y lodo. Esos dos hechos trágicos -la descomposición de la sociedad civil, el apartamiento del país de la modernidad- han ejercido una influencia duradera en las mentalidades y la manera de situarse ante el mundo de la mayoría de los venezolanos. Influencia que la ineficiente, corrupta democracia de estos últimos 40 años no ha permitido contrarrestar debidamente. Venezuela es, por razones y otras que, de nuevo, convendría analizar en detalle, un país cuyos habitantes se han acostumbrado

a vivir al margen, aislados y ensimismados. De ahí la imagen isleña.

Esta condición de apartamiento ha tenido unas muy nefastas repercusiones, sobre todo, en el desenvolvimiento de su vida literaria. Nadie ignora que el aire que ésta respira y le permite vivir es el intercambio en todas sus formas: el diálogo, el debate, la controversia, la polémica, el ejercicio sin cortapisas de la crítica. El escritor se hace en una constante interpelación a quienes le han precedido y a quienes le acompañan, desde la independencia y el abrupto divorcio de España, por lo menos problemática, y el contacto con los coetáneos, más allá del escaso círculo de conocidos paisanos, esporádico, azaroso, casi siempre involuntario.

Es preciso, creo, tener muy presente este contexto general a la hora de valorar el interés y la especificidad de la obra poética de Rafael Cadenas. A diferencia de Vicente Gerbasi, cuya escritura elegíaca surge de la necesidad asumida por el poeta de instalarse en el territorio que media entre unos orígenes foráneos y lejanos, y la masiva, espléndida, misteriosa presencia de la naturaleza venezolana, Rafael Cadenas no cultiva la rememoración y la nostalgia. Desde Los cuadernos del destierro (1960), el poeta busca menos "declarar su nombradía" que desbrozar un terreno previamente acotado por otras voces. Los 31 poemas en prosa que componen este libro inaugural pueden leerse como el minucioso, pormenorizado informe de un viajero que, antes de zarpar y emprender una larga travesía, hiciera un repaso a lo que hasta ese entonces han sido sus pertenencias. Los cuadernos es, desde este punto de vista, la puesta en práctica del designio eliotiano: "set my lands in order".

Curiosamente, no es ésta la lectura de Los cuadernos que ha prevalecido en Venezuela. Los admiradores de Cadenas han hecho de este poemario -y de la obra posterior del poeta, a pesar de haber transitado ésta por caminos alejados de aquella primera senda- una prolongación de los ecos rimbaudianos que a ratos anidan en la de José Antonio Ramos Sucre. En cuanto a sus detractores, que no abundan en Venezuela, también ellos insisten en leer en este poemario un vínculo con la escritura de las Iluminaciones, y denuncian en él un supuesto espléndido anacronismo. En ambos casos, Los cuadernos del destierro aparece como el breviario de una poesía

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rupturista y desafiante, en la que el yo lírico se exalta con la declaración airada de su diferencia y la asunción de su marginalidad como con un opiáceo. Aun Guillermo Sucre recoge este lugar común cuando se refiere al "radicalismo" de Cadenas, si bien la lectura que el poeta de En el verano todas las palabras respiran propone de la obra de Cadenas hasta Memorial conduce a la postre al reconocimiento pleno de que nada hay más alejado de ésta que el espíritu transgresor.

De entrada, por consiguiente, la poesía de Cadenas se tiñe de mitos y malentendidos.

Y qué duda cabe de que la "persona" mediante la cual se expresa el yo lírico en éste y

en sus siguientes poemarios hasta Amante (1983) se preste a nutrirlos. Bastaría con citar pasajes de Los cuadernos y de Falsas maniobras (1966), Intemperie (1977) o Memorial (1977). Del primero, el célebre "introito", que todo venezolano culto conoce de memoria:

Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes

y aptos para enloquecer de amor.

Pero mi raza era distinto linaje (…) De ella me viene el gusto por las alcobas sombrías, las puertas a medio cerrar, los muebles primorosamente labrados, los sótanos guarnecidos, las cuevas fatigantes, los naipes donde el rostro de un rey como en exilio se fastidia.

hasta la súplica a Proteo, que clausura las "Nupcias" de Memorial:

Señor del cambio, hijo del mar, sacude las inmóviles aguas, muda el metal enfermo, convierte. Quítame de la detención. Hazme un nuevo rostro. No quiero que las manos perseguidoras me encuentren. Sin tu favor la tarea se vuelve interminable. En tus manos pongo mi destino.

Cadenas agota los registros de un yo lírico expansivo, pletórico, proliferante, hijo más

o menos declarado de Whitman. Es éste el primer rostro del poeta o, quizá convendría

decir, la primera máscara. Que no tardará, por cierto, en provocarle una angustiosa

sensación de impostura, de doblez. Y tengo para mí que la poesía de Cadenas comenzó

a fraguarse precisamente en el momento en que ese yo lírico intuyó que la

suntuosidad verbal con la que se arropaba escondía un peligro, quizá el mayor para el poeta: el peligro de perderse en el laberinto de la palabra. En su segundo poemario notable, Falsas maniobras, Cadenas dice de entrada este temor:

Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, santo, viajero, equilibrista. Para complacer a los otros y a mí, he conservado una imagen doble. He estado aquí y en otros lugares. He criado espectros enfermizos.

En este poema aparece por primera vez delineado el núcleo de la escritura de Cadenas:

la búsqueda de la unicidad, entendida no como coherencia ideológica o uniformidad,

sino como correspondencia íntima de la palabra y la postura del poeta ante la vida.

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Como postura ética, Falsas maniobras marca esa inflexión, o el comienzo de esa inflexión en la obra de Cadenas. Es un libro agonístico, que pone de manifiesto la lucha del poeta por hallar el espacio más propicio a su voz. Una voz que acabará diciendo no a todo lo que ha sido y dicho, y que buscará situarse, en contraste con Los cuadernos, no ya en contraposición, sino en franca contradicción con su entorno. Esta búsqueda de la voz auténtica se prolonga en Intemperie, libro que concluye en "Ars poética", con la declaración angustiada de una búsqueda de autenticidad ("Enloquezco por corresponderme") que se nutre de una sed de integridad, enunciada como una súplica:

Que cada palabra lleve lo que dice. Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido.

La preocupación por la lengua justa, el decir recto es, a mi entender, el legado más apreciable de Cadenas. Es ella quien lo ha alejado de la gesticulación y el verbalismo, tan frecuentes en nuestra tradición poética. Pero esa preocupación ha dado pie también a malentendidos. Así, se ha glosado hasta la saciedad sobre el silencio de Cadenas, sobre el hecho de que se negara a publicar durante los 11 años que median entre las Falsas maniobras (1966) y Memorial (1977). Junto con los ecos rimbaudianos, éste es el otro pilar en el que se asienta el mito del poeta vaticinador que la crítica venezolana ha levantado en torno a la poesía de Cadenas. El silencio cultivado por Cadenas habría tomado cuerpo, además, en la escritura concisa, epigramática que se abre paso en su obra a partir de Memorial y Amante (1983). En realidad, Cadenas no ha dejado nunca de escribir, y su silencio circunstancial es la manifestación pública, visible (audible) de una desconfianza, de un recelo. Estamos ante un poeta que recela del lenguaje, de sus proteicos poderes, de su capacidad para decir y hacer decir cualquier cosa. No sólo en su poesía ha prendido esta reticencia; se ha expresado a menudo en entrevistas, en sus ensayos y diarios, con una lucidez desencantada que no hubiera desagradado a Karl Kraus, a quien Cadenas admira. "El lenguaje es la vía principal que utiliza la sociedad para perpetuarse en nosotros a través del condicionamiento", sostenía ante José Balza, y "el pensamiento ejerce una tiranía absoluta sobre nuestra vida" (1973, p. 30). Desconfianza no amarga, sino fértil anunciadora de una lucidez frágil, pero esencial, constitutiva, que hay que luchar por recobrar incesantemente:

Los que hacen las reglas no quieren que hablemos nosotros sino las palabras. Desean hacernos desaparecer de la página; pero no nos resignamos. Somos viejos actores.

"He quemado las fórmulas (…) Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para

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entonces, la voz de sus poemas habla para decir la necesidad de una experiencia genuina, para exorcizar imposturas.

Esa experiencia es, para Cadenas, la del vínculo de la palabra con la realidad, vínculo insustituible no tanto porque permita nombrar verazmente el mundo ("Lo que miras a tu alrededor/no son flores, pájaros, nubes, /sino/existencia. // No, son flores, pájaros, nubes", reza un poema de Gestiones), cuanto porque hace posible que la voz que lo enuncia sea el portavoz de un sujeto veraz. A diferencia de José Ángel Valente, poeta en quien la búsqueda de la palabra esencial es también ejemplar, Cadenas no propugna, sin embargo, la desnudez, el despojamiento -die eigenlichste Armut, la íntima pobreza de Meister Eckhart-, no proclama la necesidad del desierto como condición previa al surgimiento de la palabra más honda. El yo poético de Valente niega para afirmar, es expresión radical de aquel intelligere incomprehensibiliter, el entender incomprensiblemente de Nicolás de Cusa, de la negative capability de la que hablaba Keats, del "entender no entendiendo" de San Juan de la Cruz. En Valente, la palabra poética es el fruto de una tensión primigenia, fundacional, entre la nada germinativa y la palabra inaudible del origen. La búsqueda del yo poético de Valente es búsqueda del Vor-Schein, lo que aún no ha llegado a ser.

En Cadenas, en cambio, la palabra poética busca poner de manifiesto al yo poético mismo. En el poeta venezolano, el yo es punto de inflexión de un tú y un él, lugar de residencia, no ya de la "personalidad poética" -esa máscara entre máscaras-, sino de la diversidad de los puntos de vista que coexisten en el yo poético y que se trata menos de armonizar que de no traicionar. Lejos de ejemplificar una poesía del silencio, el yo poético de Cadenas parte de la constatación de la dispersión del ser (Los cuadernos del destierro), para posteriormente rechazar las trampas del territorio desde el que el yo sea capaz de dirigirse sin imposturas a un tú (Intemperie y Memorial), sin lo cual él mismo se agota en una incesante partenogénesis de máscaras. El yo poético ensaya, desde este punto de vista, un diálogo consigo mismo, que es la única vía para entablar una comunicación con el otro. En Amante (1983), que ha sido valorado distintamente bien como la manifestación más depurada de la ars poética de Cadenas, bien como un momento atípico de su obra, alcanza Cadenas a objetivar esa división de las voces que lo atormenta desde sus inicios como poeta. Amante es, en efecto, atípico, en el sentido de que la unidad del libro viene dada por un referente exterior, un tema si se prefiere, así el poeta haya buscado y logrado en él rehacerlo a su modo. Es, además, el único de sus poemarios que ha sido de modo muy evidente moldeado, informado por sus lecturas de Jung. En este sentido, es un poemario ideológico o programático, como ideológico era, desde muy otros presupuestos y con un aliento poético indudablemente menor, el poema "Derrota" (1963).

Apreciable en Amante, y hasta cierto punto exigida por el tema del poemario, esa voz poética dialogante se ofrece diversa y abierta en Gestiones. La "imagen doble", la división, "en innumerables personas" que tanto temía el poeta de Falsas maniobras, se ha ido depurando en sosegada aceptación de una identidad múltiple pero reconciliada:

Tanteas como ebrio en la ruta del extravío

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(así se llama nuestro segundo nacimiento). Ella nos conduce fuera del mapa que

trazamos. Lo que vimos con una duda

-descubrimos-

no lo podíamos separar de nosotros. También éramos eso. La aventura nos trajo este bien: no ser dueños.

II

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Esta lectura de la obra de Cadenas, atenta sobre todo a la elaboración del yo poético que en ella se manifiesta, deja de lado aspectos no menos importantes. La escritura de Cadenas, ya se insinuó antes, tiende a la parquedad y evita la ampulosidad y el verbo lujoso. Hay una palabra que el poeta acaricia, con su suave habla barquisimetana, y que regresa a menudo en sus escritos y conversaciones: la palabra "menesteroso". Hermoso vocablo que el uso ha emborronado con resonancias peyorativas. En la boca y la pluma de Cadenas, si no lo he leído u oído mal, es el epíteto que acompaña a la poesía. La poesía es menesterosa porque desdeña el poder; y ya sabemos lo íntimamente asociados que están poder y lenguaje. La poesía es el otro lenguaje, el otro del lenguaje, pues aspira a expresar lo que el lenguaje hace a un lado y aun maltrata: "Una energía muy elemental, muy pura, muy libre, que no puede adaptarse a nada y que al buscar voz produce ese fracaso que es la poesía", decía Cadenas en 1969.

Del "poeta menesteroso" que es Rafael Cadenas cabría decir más cosas. Por ejemplo, la coherencia de su vida con su obra o, mejor dicho, con el yo poético que habita su obra. En sus lecturas, en sus conversaciones, en los cursos que imparte desde hace más de 20 años en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, y en su manera de estar en el mundo, nada hay que desmienta o desentone con lo que ha publicado. Integridad y sencillez son las cualidades del poeta menesteroso. En el suplemento literario del diario El Nacional, uno de los beneficios que Cadenas esperaba de la poesía, hace ya 32 años, era "poder caminar todavía con cierto decoro por una ciudad irremediable". Eso lo ha logrado plenamente, y no es poca cosa en una ciudad como Caracas, inhóspita, agresiva, doliente, o en esa otra urbe, sobrepoblada, estrepitosa y a menudo vana, que es también la literatura de nuestros días. Un último apunte sobre el hombre Cadenas. Es un ciudadano de a pie, en el sentido más literal de la expresión. En una ciudad invadida por autopistas y cegada por automóviles, Cadenas es un transeúnte amable. Nada más fácil que dar con él; basta con pasear por Sabana Grande o visitar la Escuela de Letras. Es, también, un hombre de diálogo, es decir, alguien que cultiva el arte de la escucha y que no se oye a sí mismo hablar.

Quizá sea ésta, en definitiva, la mejor definición de su poesía: una poesía que sabe

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situarse en la escucha y evitar el ensimismamiento.

Contra la barbarie de la propia estimación

Entrevista con Rafael Cadenas

Por Claudia Posadas

Ante la violencia y la búsqueda de poder como impronta del ser humano, ante la fractura de la propia nación y el continente, la poesía y el pensamiento del venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, estado de Lara, 1930), se erigen como una referencia de análisis del hombre contemporáneo. Su crítica parte de un diagnóstico de la conciencia, estancia generadora de nuestro desgarramiento: para el autor, en su reconocido ensayo “Realidad y literatura”, existe una sola condición: “El ser humano víctima de su propia psique (…), de sus prejuicios (…); el ser humano que 'proyecta' su angustia en todo lo que hace creando división, sufrimiento, agonía (…); el ser humano atenazado por sus propios productos: odio, afán de notoriedad, deseo de poder (…); el ser humano consciente del desastre que ha creado y sigue creando, pero como imposibilitado para detenerse (…)”.

Frente a este diagnóstico, sus planteamientos apuntan a considerar “la vida como totalidad” y no a partir del fragmento que significa la visión del ego. Así, busca un equilibrio entre la psique, el espíritu y lo axiomático, afincado siempre en la realidad, para llegar a “la autocreación” de un hombre ético, vigilante “de los humos de la propia estimación”, como diría Teresa de Ávila, que reconozca y se reconozca en el misterio mismo que es la existencia.

De esta manera, su reflexión desemboca, como lo dice en un poema, en la práctica de un “ethos clásico de la gratitud y de la aceptación de la existencia finita (Schajowicz)”, es decir, un ethos real, tangible, humano, construíble, universal, que trascienda cualquier religión, cualquier moral, cualquier dogma, cualquier noción del orden sobre todo lo que conlleva el concepto de éxito.

Para Cadenas, la poesía ha sido la fuente dónde encontrar al ser en el lenguaje y dado que para el autor este proceso debe ser individual, en sus poemas no hay una intención de hablar en nombre de la humanidad. Su poesía, engarzada en la más absoluta honestidad, implica una revisión profunda y descarnada del yo. De esta manera, su creación es el sólo testimonio de un hombre interesado en encontrar el centro de quietud de la psique, centro donde la barbarie sea transfigurada.

Rafael Cadenas pertenece a la estirpe de esos “renovadores secretos” de la literatura de nuestro continente, como dice Juan Gustavo Cobo Borda. Por la trascendencia y profundidad de su obra, que ha sido recogida para Latinoamérica en el volumen Obra entera. Poesía y Prosa (1958-1995) -

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Fce, 2000-, merece un reconocimiento como el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe.

Un aspecto central de su pensamiento es la búsqueda del concilio con nuestra condición humana, que en los últimos libros se ha resuelto en el “ethos clásico”. ¿Cuál es el origen de esta búsqueda y cómo se fue conformando esta noción? En este sentido, ¿cuál es el balance de este proceso de existencia, cuál es la distancia entre el Cadenas del desasosiego al Cadenas de la gratitud?

El origen está en una especie de quiebra psíquica al comienzo de los años 60, la cual me llevó a hacerme preguntas que creía resueltas. Fue un despertar, pues hasta entonces yo había vivido conforme a ideas procedentes de un esquema que a todo responde, que todo lo explica, cuando en realidad no existe nada que esté fuera del misterio, de ese misterio de fondo que también nos constituye, y cualquier explicación no trasciende el campo de lo relativo donde sí puede tener validez. Es allí donde funciona el pensamiento, más allá no, más allá tiene que enmudecer, lo que no está mal pues es muy hablador, porque ha de toparse con lo desconocido, con la fuente infranqueable, con lo que ha recibido muchos nombres, pero en realidad no puede tener ninguno. Es asombroso ¿verdad?, que en rigor no podamos dirigirle la palabra a nuestro fundamento esencial. En cuanto al balance que me pides, no me atrevo a hacerlo, pues me parece que implica un cierre. Se asemeja a un inventario espiritual, lo que exigiría más espacio del que ofrece una entrevista. Espero, sin embargo, que mis otras respuestas complementen las que acabo de darte.

“No somos la fuente de nuestro vivir, pero por nosotros pasan las aguas”.

Una de las maneras de emprender esta búsqueda es a través de un cuestionamiento muy honesto del yo. Este proceso es paulatino: ante la derrota, hay un enfrentamiento muy crudo con los diversos yo (Falsas maniobras -1966-); después, un estado de vacío (Intemperie -1977-). En Memorial (1977) se estanca el proceso hasta llegar a Gestiones (1992) y Anotaciones (1983), donde se da un concilio. ¿Por qué este enfrentamiento como método? ¿Qué yo permanece?

Cuestionar el yo, enfrentarlo suena contradictorio. Es lo que suele hacerse, pero no creo que resulte difícil darse cuenta de que eso lo realiza el mismo yo. Así, además de dividirse, termina fortaleciéndose. Ésta es una lucha que se refleja, como bien lo señalas, en los libros que mencionas, todos escritos desde cierta depresión, especialmente Intemperie. En Memorial confluyen las diversas formas usadas en los libros anteriores. Gestiones también las mantiene, pero hay más despersonalización, un intento de expresarme indirectamente, mediante motivos, algo que, claro, tampoco estaba ausente en los demás libros. Yo no rehúyo la primera persona, ni creo que usarla signifique egotismo; muchos, en cambio, la evitan, pero carecen de humildad. Me preguntas qué yo ha quedado. Pues el actual, el que traza estas líneas

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para pasarlas a la pequeña Olivetti y enviártelas; el que se interrumpe para ir a comprar Tal cual, periódico que dirige Teodoro Petkof, periódico padrísimo, como dicen ustedes, los mexicanos; el que intenta darse al instante, habitarlo, pues sólo existe el presente y un incesante devenir, de manera que el que escribió mis libros es otro, el de ayer es otro, el de hace unos minutos, ya que cambiamos, es otro, otro y el mismo, pero ese mismo es sólo la sensación de ser, de sentirse siendo. “El presente es perpetuo”, dice un verso de Paz, quien siempre insistió en el valor absoluto del presente y del origen. ¿Habrá diferencia entre ellos? Estas dos constantes de Paz me parecen vitales para sus lectores, siempre que las tomen en serio.

Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, santo, viajero, equilibrista…

…Era el desfile de los habitantes desunidos, las sombras de ninguna región.

El fracaso como lucidez

El cuestionamiento es de sí mismo pero también, del orden, y ambos aspectos están ligados al concepto de derrota: se parte de un sentimiento de no pertenencia (Los cuadernos del destierro -1960-), y este proceso se expresa en el famoso poema “Derrota”. Después, dicho sentimiento se convierte en un espacio de libertad que desemboca en un estado de permanente vigilancia de sí mismo y del sistema y que se manifiesta en el poema “Fracaso”, donde señala una actitud ética. ¿Qué significó ese estadio de tal modo que fue punto de partida? Actualmente, ¿se encuentra o no en los poemas citados? ¿Su actitud surge de la experiencia que vivió su país y de su exilio?

Los cuadernos del destierro es un poema en prosa sobre mi experiencia como exiliado en Trinidad (1952-1956), isla muy próxima a la costa oriental de Venezuela. Era entonces todavía colonia inglesa, de modo que durante cuatro años fui súbdito involuntario, pero gustoso, de la reina Isabel. A este periodo le debo un idioma que leo mucho, pero que hablo sólo cuando viajo a Estados Unidos o a Inglaterra. El libro recoge también mi situación íntima de los años 60 que te mencioné. Hoy no me encuentro en “Derrota”, pero no porque crea tener éxito, esta palabra no forma parte de mi vocabulario, lo que ocurre es que ese poema lo escribió un joven con quien ya casi no hablo, es decir, yo hace 40 años. Te daré un ejemplo: en el poema se aprueba en cierta forma la lucha armada y hoy la rechazo. Hace muchos años me di cuenta de que no es esa la vía para lograr determinado cambio social. Ahora pienso en términos de reforma, no de revolución. Ésta se me antoja, después de las experiencias del siglo que acaba de concluir, un sangriento anacronismo que en todos los casos terminó en dictadura. En cambio hay revoluciones que no suelen tenerse por tales como la que ha ocurrido en la física cuyas implicaciones filosóficas apenas comienzan a vislumbrarse o la comunicacional tan

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prodigiosa o la del movimiento ecológico, y tal vez estén en camino otras que no podemos anticipar. Mi atención está puesta en el individuo más que en lo colectivo. Siento más cercano el poema “Fracaso”; y actitud crítica siempre he tenido, sólo que ahora no procede de ninguna postura previa, sino del simple ver. Al menos me vigilo para que sea así. Cualquier ideología es perversa, aunque esté guiada por la buena intención, porque separa a los seres humanos. El bien que se busca termina trocándose en mal. Las revoluciones traen violencia, se vuelven sangrientas, instauran dictaduras, destruyen y se autodestruyen, todo por el bien del pueblo. Prefiero el sentido común, que es ajeno a carismas, redencionismos, salvaciones, a todas esas grandiosidades hipócritas cuyos promotores nunca se han visto a sí mismos. Si lo hicieran se darían cuenta de que el mal que pretenden combatir está también en ellos y eso es igualmente valedero para los que se les oponen, quienes sin embargo, por estar más cerca de la realidad -al menos su retórica no tiene pretensiones mesiánicas- podrían acercarse al autoconocimiento.

(Fracaso)

…Tú no existes. Has sido inventado por la delirante soberbia.

La posibilidad del “autohacerse” humano

Tanto en su poesía como en su ensayo, la crítica se centra en cualquier fundamentalismo ya sea económico, moral, religioso y está ubicada en la realidad. Sin embargo, tampoco se es fundamentalista de esta premisa porque se sigue abierto “al misterio de vivir”. ¿Por qué esta razón, esta crítica escéptica como método para su búsqueda e indagaciones?

Veo que amplías el término fundamentalismo sacándolo del campo de las religiones sobre todo monoteístas que es donde suele aplicarse. El politólogo alemán Thomas Meyer lo definió como “movimiento de exclusión arbitrario” muy opuesto a la modernidad y el cual “pretende ofrecer, en la medida en que condena toda posible alternativa, certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación incuestionable”. Esta definición que encontré en el libro El fundamentalismo religioso de Klaus Kienzler (Alianza Editorial) permite detectar dicho fenómeno en muchos otros ámbitos, como lo indica tu pregunta. En todo caso, su auge se debe probablemente a que suministra a la persona que elige una creencia cerrándose totalmente, una seguridad que ella siente como inexpugnable. En realidad, no se trata de una elección. La creencia procede inicialmente del hogar, la escuela, el ambiente, y es sólo más tarde cuando puede afirmarse con carácter absoluto, impermeable a todo interrogar. Aparte de la religión, donde hay más propensión a incurrir en fundamentalismos es en el terreno de la política. Los estragos que causa este fenómeno y su acompañante inseparable, el fanatismo, están a la vista con una contundencia inaudita debido al terrorismo que es en su expresión extrema. En cuanto a mi método, en realidad no tengo ninguno salvo la cautela de ese ver que te he mencionado.

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¿Considera que esto debe ser un centro de reflexión contemporánea, dada la situación que vive Estados Unidos y su enfrentamiento con Medio Oriente?

En realidad todos los fanatismos son religiosos, pues entrañan una absolutización de lo relativo. En ellos subyacen las funestas deificaciones de causas. Fanático es el que extrema su adhesión a una ideología. Según Arthur Koestler “el problema de nuestra especie no es un exceso de agresión, sino una excesiva capacidad de fanática devoción”. El fanático se identifica totalmente con un credo, que puede estar representado por su tribu, patria, iglesia, Dios, historia, futuro, revolución, caudillo. Para reiterar lo que te he dicho sobre el condicionamiento, agrego estas otras palabras de Koestler:

“Para una vasta mayoría de hombres a lo largo de la historia, el sistema de creencias aceptado, por el cual estuvieron dispuestos a vivir o morir, no fue de su propia factura o elección; fue impelido hacia sus gargantas por los azares del nacimiento”, lo cual nos dice cuánto peso tiene en la historia lo que se acepta sin examen. A propósito de lo que vengo diciendo, pienso en el peligro que encierran las grandes palabras, pues en su nombre se suelen suspender la razón, la ética y la piedad, y entonces todo desmán, toda inhumanidad, todo horror se tornan posibles. Pero siguiendo el hilo de tu pregunta, ¿qué hacemos con cavilar sobre lo que pasa en Estados Unidos, en Medio Oriente o en tantos otros lugares de nuestro amenazado planeta? Claro, es inevitable hacerlo, aunque eso a nada conduce. Las citas que he hecho de Koestler proceden de su ensayo “La explosión cerebral”. Este escritor, testigo y víctima de las tragedias del siglo XX, que se prolongan en éste, no creía posible un cambio en el ser humano. Confiaba sí en que la ciencia pudiera crear una sustancia que impidiese las locuras del cerebro arcaico, el reptiliano, pues sólo a él se las atribuye, librando así de responsabilidad a la neo-corteza, el cerebro propiamente humano, que para mí, al contrario, es el más acusable. También Peter Sloterdijk, apela a la tecnobiología con un fin parecido, en su libro Normas para el parque humano, refutado con abundancia de razones por el poeta, ensayista y profesor de filosofía Josu Landa, quien trae a colación la posibilidad del autohacerse del ser humano, debida al hecho de no estar predeterminado como el animal.

¿De qué manera refrenda esta visión al observar la situación actual de su país?

Me preocupa mucho la división del país. Estamos ante un gobierno que trata de fabricar una revolución que en ningún momento ha definido claramente, y ante una oposición que la rechaza por considerar que conlleva un propósito

de dominación con miras a implantar un régimen hecho de retazos ideológicos de la vieja izquierda, militarismo y caudillismo, todo ello cubierto con el nombre de Bolívar cuyo uso desmedido da la impresión de que el gobierno ha literalizado el poema de Neruda a este héroe, ¿lo recuerdas?

, un poema, pero en la realidad resulta un exceso. En el país existe, sin duda, libertad de expresión, pero los llamados círculos bolivarianos -tenían que llamarse así, ¿verdad?- constituidos por el propio gobierno para su defensa, amenazan, insultan y agreden a periodistas y a manifestantes de la oposición. La justicia adolece de una falla radical: los poderes públicos -contralor, fiscal

“Todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada”, etc

lo que está bien en

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y defensor del pueblo- son personas que están al servicio del régimen y no al

de la sociedad. También los magistrados del Tribunal Supremo fueron escogidos con la misma intención, pero últimamente dieron una muestra inesperada de independencia para consternación del gobierno que reaccionó inmediatamente con insultos y amenazas a los magistrados que no votaron como éste lo deseaba. En una democracia es esencial que los poderes públicos sean realmente autónomos. A mi ver tal ha sido aquí el problema central pues sin justicia la verdad es inoperante. La división de poderes ideada por Montesquieu tenía el propósito de cerrarle el paso al despotismo y moralizar el Estado, urgencia por la que claman en vano desde su nacimiento los países de nuestro continente. “Es una experiencia constante -piensa- que todo hombre que posee poder tiende a abusar de él y esto último es, precisamente, lo que hay que impedir”, dice José Luis Aranguren en su libro Ética y política (Guadarrama). Por eso dije en una declaración que ese francés ha sido muy infortunado en nuestro país, sobre todo en el actual periodo. De tal anomalía -a la cual se suma el control de la Asamblea Nacional por el gobierno- se derivan los otros males que no voy a mencionar para no extenderme, pero hay dos hechos que sí debo señalar. Uno es el que

haya sido imposible crear la comisión que investigue el crimen del 11 de abril

a fin de saber quienes son los responsables de semejante atrocidad. Sé que la

verdad es un producto muy escaso, sobre todo en Latinoamérica, pero en este caso encontrarla es demasiado importante como para que se repita lo de siempre: dejar que el tiempo aporte el olvido cómplice. El otro hecho es casi inseparable del anterior: ante la corrupción también campea la impunidad. Finalmente, no puedo pasar por alto que la cultura ha estado muy relegada. Te daré un solo ejemplo: la Editorial Monte Avila tiene más de un año sin recibir el aporte del Estado para la publicación de libros. Es necesario sobre todo en Latinoamérica -permíteme insistir en esto- limitar el poder de los presidentes, tengan o no inclinación autoritaria, pues a veces actúan como reyes del periodo absolutista cuando simplemente son empleados públicos al servicio del país, y nunca al de una parcialidad, lo cual sería una aberración. Ellos son elegidos por el pueblo, denominación que incluye a todos los sectores de una nación, no por una divinidad. Ponerles coto mediante la constitución contribuiría a evitar que el poder los enloquezca, tal vez dejarían de sentirse importantes, y hasta se vuelvan humildes al perder los “humos de propia estimación”, para decirlo con frase de Santa Teresa. Después de todo, el brillo que presta el cargo dura poco, y al concluir, el mandatario pasa o debería pasar a ser un ciudadano corriente.

“En el mundo no señorea el ser sino otra fuerza. Existe una desconexión con el fundamento. Esta quiebra forma el telón de fondo del caos actual”.

La religiosidad del misterio

Hay cierta trayectoria “espiritual” que inicia con una negación “de los caminos de gracia”; posteriormente acepta un “hambre de gracia”, hasta que llega a la aceptación del fluir con la vida. Así, concilia dos aspectos, la razón ubicada en lo real y esta apertura “al misterio de vivir”, es decir, llega a una “mística personal”, como dice. ¿No le interesa una certeza religiosa

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como tal? ¿El concepto del ethos clásico es la manera de conciliar razón y misterio?

Sí, procuro ir con la vida sin oponerle resistencia. Casi me dejo llevar, aunque

a veces me atasco. Dependemos de esa fuente, pero no la poseemos, más bien

le pertenecemos. Ver, sentir eso es una apertura que puede significar mucho para quien esté muy envuelto por su ego. Debo decirte que siempre evito la palabra “mística” porque se presta a confusión, suscita prejuicios y está tan cargada de sentidos que terminamos por no saber qué significa. Al usarla conviene tener la precaución de precisar qué tratamos de decir con ella. Razón y misterio no se oponen, lo que pasa es que ella llega a un punto después del cual no puede seguir. Allí se encuentra con el espacio del misterio, palabra que por cierto tiene la misma etimología del término “místico”. Deriva como éste de mistés, que designaba en Grecia a la persona iniciada en los ritos secretos. Si lo que llamas certeza religiosa tiene que ver con creencia, pues no tengo ninguna. ¿Creer significa religión? Pienso que no, aunque es lo que piensan los más. Pero sentir el misterio que nos rodea y nos constituye sí me parece religiosidad.

Como se ha dicho, en sus concepciones hay un privilegio de lo existente, e incluso, el concepto del “misterio de vivir”, se afinca en la realidad (por ejemplo, niega cualquier mística que privilegie otra realidad más allá de ésta). Incluso, la apuesta por la por lo real en el arte, ha sido tema de un ensayo. ¿De qué manera esta concepción se fue conformando dentro de su proceso crítico? ¿Qué se deja de lado o qué se gana?

La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido, que nunca será conocido. Es todo cuanto sucede, pero también lo nouménico. Detrás de lo existente hay una especie de inteligencia ¿verdad? Marco Aurelio tiene una frase que me gusta y viene al caso. El habla de “la mente gobernadora del universo”. Piensa, por ejemplo, en nuestro cuerpo. Ahí tienen lugar innumerables y complejos procesos que afortunadamente no dependen de nuestra mente consciente. El yo no podría manejarlos, produciría un desastre como pasa con todo lo que toca. Es otra mente absolutamente impersonal la que los lleva cabo. Alan Watts tiene sobre esto páginas esclarecedoras. Preguntas qué se gana. Creo que nada y todo. Se deja de lado la mezquindad,

y si aparece en nosotros nos damos cuenta. En realidad no somos dueños de

nada. El yo se apropia de todo empezando por el cuerpo, lo que le es más próximo. Si alguien, pongamos por caso, tiene un don, cualquiera que sea, el yo se lo apropia cuando en rigor el mérito de éste estribaría en lo que haga con él, pero básicamente no le pertenece. Comprender esto puede ponerle fin

a la vanidad. Acabo de notar que estoy hablando como alguien que sabe y eso me alarma; te pido que me disculpes.

“Callo. No voy más allá de mis ojos. Me consta este alrededor”.

De pronto vuelve la sombra, por ejemplo en Memorial: “hoy descubrí que el borde maligno aun existe”. Después escribe “Caemos, recaemos”. Una vez llegado al concilio con la propia condición, ¿éste permanece o la crítica, la vigilancia del yo, debe ser constante? ¿Qué es lo alcanzado entonces?

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Porque no existe ninguna garantía. Podemos deprimirnos o sentirnos ansiosos o ser visitados por el miedo. Aunque se haya lidiado con el yo, es posible que esos estados se aparezcan y se trate de hacer algo, pero no creo que enfrentarlos con la idea de vencerlos sea lo más conveniente. Tal es el impulso habitual. Como si se tratara de una pelea, pero en este caso la inveterada agresividad de los humanos no tiene cabida. Ellos quieren siempre dominar, controlar, triunfar. Uno de los poemas de D.H. Lawrence que traduje hace tiempo es precisamente “Triunfo”. Te lo copio.

Me parece que durante cinco mil años por lo menos los hombres han querido triunfar, triunfar, triunfar, triunfar sobre sus semejantes, triunfar sobre obstáculos triunfar sobre el mal hasta que ahora la palabra misma es asqueante, no la podemos oír más.

Si miráramos en nuestros corazones, veríamos que detestamos la idea del triunfo, estamos hartos de eso.

El trayecto no es lineal. Tampoco la palabra resultado sería apropiada y nada tiene permanencia, como lo sabía bien Heráclito.

El erario del poeta

Una característica de su escritura es un discurso contundente, pero sobrio, temperado, ajeno a la “verbosidad abundosa”, como usted dice, que se da a la par de un proceso de escritura meditado, lento. Estos aspectos se reflejan en temas escritos a partir de una auto exploración honesta. ¿Desde qué convicción surge esta actitud de vida y escritura? ¿La asume como una estética? ¿Cuál sería su opinión de otras estéticas en la poesía latinoamericana que privilegian esa “verbosidad” y un discurso fundado en ésta y no en la honestidad con el yo?

Hoy pienso más las palabras, lo que tal vez no sea conveniente para la poesía, pero ¿qué puedo hacer? En su reino no caben las decisiones. Los cambios se dan un poco solos. Van apareciendo sin que uno se dé cuenta aunque están vinculados con nuestro movimiento interior. Mi actitud no es estética, si bien le doy, claro, mucha importancia a la forma, sin ella no hay poema ni nada, y lo que haya de ética en mi trabajo nace de un sentimiento de unidad, de esa unidad que subyace en todo lo existente. Uno puede rechazar posiciones ideológicas de otros sin perder de vista que son seres humanos, y lo más importante es esta condición. Percatarse de que ella está por encima de todo es muy saludable en este mundo tan lleno de violencia. El crimen en política comienza con la palabra “enemigo”. Usarla es ya prepararla.

Su escritura tiene varios registros: el poema breve y metafórico del principio, los poemas en prosa, abundantes y plenos de imaginería, y por último los aforismos, donde sintetiza su pensamiento y sus preguntas. ¿De qué manera este proceso estético se ha desarrollado a la par del proceso

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existencial? ¿Qué trayectoria de decantación implica el haber llegado a los aforismos de Anotaciones?

Trayectoria existencial y proceso estético son inseparables. Los cuadernos del destierro fueron escritos desde la depresión, luego, poco a poco, iba saliendo de ella, lo cual se puede palpar en los libros siguientes. Junto a los de poesía fueron surgiendo los de prosa y por eso están como entrelazados. Las lecturas han sido vitales para mí. Me interesa mucho el pensamiento vedántico, el taoísmo, el zen, y del lado de acá Whitman, Rilke, Lawrence, Pessoa, Ungaretti, Milosz (Czeslaw), Michaux; antes de experimentar con la droga, han sido una presencia constante en mí. También Jung, Watts, López Pedraza. He leído mucho a los clásicos, sobre todo los españoles, y de los modernos a Ortega, Unamuno, Machado, Salinas y Guillén. De Hispanoamérica me han acompañado siempre sus maestros, Reyes, Henríquez Ureña (Pedro), Sanín Cano, Borges, Paz, pero en fin sólo puedo mencionarte algunas de mis lecturas. Es cierto, me atrae el apunte como el de Anotaciones, la forma gnómica de Dichos (1992), el aforismo. Tal vez eso se deba a cierta urgencia por ir derechamente al blanco sin todo el acompañamiento explicativo que suelen llevar los escritos más completos. Tal vez influya también mi gusto por leer, que no me deja salir de la escritura breve. Tal vez mi propia limitación, no sé, pero te confieso que admiro a los poetas abundantes, mis opuestos, aunque los leo poco. Los veo como a príncipes que hunden sus manos cada vez que quieren en su erario verbal y de ahí sacan toda clase de joyas. Yo soy más bien lento, paso semanas, meses, años revisando un poema, indeciso, avergonzado, pobre.

Un tema constante a lo largo de sus libros, es una revisión del lenguaje, del poema y del poeta. Para usted, la poesía es contrapeso y contraste del poder, una ofrenda. En cuanto al autor “uno sólo espera de los poetas un óbolo que sirva para el trayecto”. Pero ante la barbarie, ¿el poema y poeta tiene algún sentido frente a esta realidad?

La poesía, el arte, el pensamiento son como contrapeso del poder y de la sociedad. Aquél tiende a volverse perverso y ésta a aletargarse. Se requieren antídotos fuertes para contrarrestar esas calamidades ¿y dónde encontrarlos sino dentro de la cultura? Se suele pensar que la poesía puede muy poco frente a la barbarie porque sólo le interesa a una ínfima minoría, pero ésta es una legión del espíritu y a través de ella actúa la poesía llegando así a ámbitos más amplios. En todo caso, lo más importante es el desarrollo de la conciencia; en tal sentido la lectura, pero no sólo de poesía, es decisiva.

Los hados nos dieron una lengua noble, como un buen vino de bodegas medievales….

Una labor sin pretensiones, un trabajo de taller que preserva el bien recibido y lo entrega a otras manos en el estrépito.

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¿Cómo se puede conciliar esta búsqueda de la dignidad, aunque sea personal, con el escepticismo que siente hacia el ser humano? ¿Éste es permanente y definitivo?

Escepticismo, para lo que uno siente en este momento, es un término eufemístico. Basta ver lo que ocurre todos los días en el mundo para no incurrir en optimismos ingenuos, que nos colocan, voy a usar una frase que le robo a Juan Goytisolo, en las afueras de la realidad. La verdad es que nos hemos acostumbrado al horror. Ni siquiera el más extremo, el de los genocidios, no conmueve a la mayoría de los seres humanos. Voy a citarte sólo uno. Según Mathieu Ricard, en un diálogo con su padre Jean Francois Revel, los chinos asesinaron un millón de tibetanos además de destruir seis mil monasterios y oprimen el Tibet, todo ello ante la indiferencia mundial. En casi todos los países se violan los derechos humanos. Los más civilizados son los que fabrican más y mejores armas. El último aporte de Italia a la cultura, por medio de la Fiat, es el haber perfeccionado las minas antipersonas. Ahora no las hace de metal sino de plástico para que no puedan ser detectadas. Mujeres y niños seguirán siendo las víctimas de esas bombas. Las armas atómicas y químicas continúan siendo una amenaza. No se le ve fin a la insania antirreligiosa de las religiones más mortíferas. El más inteligente de los depredadores sigue hiriendo la tierra, que es como si hiriera su propio cuerpo. Los brotes de violencia aparecen en cualquier parte, cesan en un lugar y surgen en otro. La delincuencia, el terrorismo y la corrupción son enfermedades endémicas y a todo lo anterior se añade el crecimiento desmedido de la población, que reproduce sin cesar los problemas; pero no seguiré esta enumeración. Son tan sabidos los males que nos rodean. En cuanto a los países hispanoamericanos, parecen destinados a no acertar. Suelen ser víctimas de caudillismos militaristas o de regímenes democráticos que terminan destruidos por la viveza criolla. En nuestras naciones lo único que parece prosperar es el ego. ¿Cuándo tendremos gobiernos donde realmente prevalezca la honestidad, una honestidad que sea inexpugnable? Yo siempre espero que aparezca el hombre ético. Sin embargo a la democracia, aunque siempre nos deja insatisfechos, hay que cuidarla; esto se lo digo, con abuso de confianza, a mis queridos mexicanos, y la mejor manera de hacerlo es ampliándola, despojándola de sus vicios, haciéndola socialmente más justa y por tanto más sólida. Casi siempre es posible mejorarla, a menos que haya fuerzas diabólicas que lo impidan. Termino, a modo de desquite, con una pregunta. ¿Cómo anda la de ustedes?

* Esta entrevista fue realizada con el apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca, 2002-2003, México.

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Rafael Cadenas: la vida es la protagonista

Por Leonardo Padrón

La poesía de Rafael Cadenas no pasa impunemente por los ojos de quien la consume. ¿No es esa la consecuencia primera de toda gran poesía? La suya tiene el don de remover arena humana allí donde muchas veces evitamos detenernos y de esclarecer el camino hacia certidumbres mayores y, por lo tanto, perturbadoras. Es incuestionable: la poesía venezolana necesitaba los manuscritos de este ciudadano tan suficientemente herido y atraído por la vida. Creo que no es vano afirmar que si no existiera la obra de Cadenas nuestro mapa literario tendría un rincón oscuro, un salto en el tejido, una laguna insalvable.

No seríamos los mismos lectores que hoy somos sin habernos asomado a ese discurso que sólo propone una ambición: recuperar la nitidez del ser humano. De eso se trata cualquiera de sus títulos. A eso apuntan Los cuadernos del destierro, Falsas maniobras, Memorial y Gestiones (por nombrar un puñado). Cadenas -su poesía, sus ensayos, sus jirones- ha insistido en una obsesión:

reconciliarse con el acto mismo de estar vivos. No es una

dicho con todas sus letras: “el hombre ha perdido la poética del vivir”. Y en

muchas ocasiones se empina un poco más: “Vivir en el misterio: frase redundante”. A veces, cuando asume el tono del aforismo, pareciera que busca convencernos.

hipótesis mía. Lo ha

Pero no se trata del sabio que pontifica, al contrario, es el derrotado que desgrana sus únicas dos o tres frases posibles con la boca llena de espinas. El lo ha expresado sin neblina alguna: “La vida es la protagonista”, no el hombre, ni su obra, y mucho menos sus ideas. Las palabras simplemente pueden servirnos para labrar el camino que nos devuelva a nosotros mismos. Es justo por eso, por esa premisa conceptual, que su poesía, para abolir el yo, se afana en el yo; es por eso que su persona esquiva la luz de los cenitales y su sombra niega el aplauso. ¿Cómo consentir un halago o alguna conclusión si aún estoy perdido dentro del mundo? parecieran decir sus páginas, con cierto pudor.

A Cadenas hay que leerlo dos veces en la vida: en la juventud y en la soledad (las otras diez veces son consecuencia, maravilla, devoción). La primera lectura nos regala una complicidad: son las que a cualquiera de nosotros, seres corroídos por el temor, tipos de brújula y sin ganas de tenerla, perfectos irresponsables, botarates afectivos, hijos del desasosiego, nos hubiera gustado escribir ante la requisitoria de estar vivos, ante la prueba, ardua siempre, de respirar. La segunda lectura nos otorga una revelación: el sitio donde realmente se hospeda el misterio. Y entonces su poesía adquiere estatura filosófica, estos es, se hace más poesía aún.

Cadenas ha sido quizás, de todos nuestros poetas, el que ha construido con mayor tenacidad un cuerpo reflexivo, no sólo desde libros como Anotaciones (un enjambre de fragmentos exquisitos y luminosos), Realidad y Literatura, o Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística, sino desde cualquiera de sus poemas. Su poesía es más forma del pensamiento. O para decirlo de una manera

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brusca: es un poeta que no busca deslumbrar sino revelar. Sus páginas son la persecución de una ética del vivir. Desde el desarraigo, desde la acera de los desahuciados, con las manos ateridas de frío y en un áspera intemperie no ha hecho otra cosa que interrogarse (e interrogarnos) sobre el hecho “nimio” de estar vivo. Cadenas es un antihéroe, como lo somos casi todos los ciudadanos con cédula de identidad y tristeza en los ojos. El se explora, se suprime, se recoge, se abstiene. Con ese talante de burlado, con esa mirada de tardío, de perplejo e inocente. Con sus líneas que hablan de torpes intentos, de tanta inutilidad para el destello, del fracaso como rutina, de jornadas de borrasca y desazón. Cadenas ha asumido una travesía a través de sus propios huesos para encontrarse con una rotunda certidumbre: “Ser viviente. Es un modo de estar al que no se accede sin trabajo, un temple que cuesta”. Y tiene una sola valija en el viaje: el idioma. Es su crudo y lujoso instrumento. Para él lo cotidiano es el texto real del misterio, la respiración es una noticia insoslayable. Y en ese sentido el poema se convierte en un medio para develar el sentido de las cosas. Por eso, su poesía es cada vez más magra, más despojada. Importa más su decir que su música. No apela a la trampa de la ambigüedad (muy socorrida en innumerables poetas), o a las consabidas cabriolas del lenguaje. Mientras más desnudo sea el verbo, más cercano a la verdad. Sus poemas son, no otra cosa, sino apuntes sobre la realidad. Y la realidad es la que nos debe maravillar. Muchas veces escamoteamos esta idea, nos alejamos de ella, nos buscamos en lo oculto. Pero la poesía de Cadenas, por el contrario, nos devuelve al sentido original de la experiencia.

Quizás estoy derramando agua sobre el agua. Los lectores de poesía de esta comarca sabemos muy bien cuán decisivos son los libros de Rafael Cadenas. Sabemos que hay muchos poetas en este país, buenos y malos, pero son pocos los imprescindibles. Estamos, quién lo duda, ante uno de ellos. Y digámoslo: la mejor manera de celebrar a un poeta es leerlo con afán, deteniéndose en sus rincones, colocando la mirada donde él, en el poema, logró hacerlo, calcar el instante, y así, entenderlo, descubrirlo. En un país signado por la incertidumbre, balanceándonos entre la zozobra y la vigilia, quizás valga la pena recuperar la voz de nuestros grandes poetas. Y yo sugiero hoy a Rafael Cadenas, no como el único, pero sí como alguien que nos puede acompañar a reconciliarnos con el compromiso de estar vivos. En su poesía no triunfa la belleza, sino la verdad. Y últimamente nos está haciendo falta mucha verdad. Una exigencia más ardua con el rostro que nos devuelve el espejo. Un compromiso mayor con el amanecer.

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Palabras, mundos e imaginario en la poética de Rafael Cadenas.

Por Carmen Virginia Carrillo

Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) publicó a los dieciséis años Cantos iniciales (1946), poemario que no logró una buena acogida por parte de la crítica, aunque ya desde estos versos iniciales se perfilan algunos de los ejes temáticos que se han reiterado a lo largo de toda su obra, entre ellos cabe destacar el de la exploración del ser y del lenguaje.

El año de 1952 el poeta tuvo que abandonar el país rumbo al destierro en la

isla de Trinidad. Allí comenzó a escribir un segundo libro titulado Una isla que culminó a su regreso al país, en Caracas y cuya versión original circuló multigrafiada en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela en

1977. En 1960 Tabla redonda editó el largo poema en prosa Los cuadernos del

destierro; tres años más tarde apareció el poema más conocido de Cadenas, “Derrota”, texto que plasma la crisis existencial de una generación que se sintió traicionada. El año 1966, la Universidad Central publicó Falsas maniobras, libro que agudiza la problematización del yo poético que ya se anunciaba en los textos anteriores.

La obra de Cadenas dialoga con la cultura oriental, particularmente con el pensamiento vedántico, el taoísmo y el zen. De occidente encontramos en Cadenas los ecos de Arthur Rimbaud, Walt Whitman, Rainer Maria Rilke, D. H. Lawrence, Fernando Pessoa, Giuseppe Ungaretti, Czeslaw Milosz, Henri Michaux, Carl G. Jung, Alan Watts, López Pedraza. Ortega y Gasset, Unamuno, Machado, Salinas y Guillén.

En Los cuadernos del destierro (1960) destaca la reflexión sobre la identidad del ser y la palabra poética. El hablante lírico se define por su condición de desterrado e intenta fundar un mundo mítico en el cual busca reconocerse[1]. El desarraigo genera una crisis de identidad que el texto poético busca restablecer, un relato fundacional que tiene como marco de fondo el espacio insular de Trinidad. Entre las características más resaltantes de este texto poético se encuentra la fragmentariedad y la ruptura de la lógica del discurso. Del libro ha dicho Guillermo Sucre:

Los cuadernos del destierro (1960) traza un itinerario fascinante: la expansión del yo a través de la memoria personal y mítica. (…) Opulencia y celebración: el mundo vivido como verdadero reino. Tal sentimiento, a su vez, es o puede ser un exilio, pero es el exilio en lo paradisíaco, la comunión alucinada con lo original (Sucre, (1975) 1985: 304).

Este largo poema en prosa se enlaza con toda una tradición de poesía narrativa que se inicia en el siglo XIX con los románticos, continúa en Baudelaire y sus “petits poèmes en prose” y que en América Latina alcanza con Azul de Rubén Darío su concepción más moderna. Para Eduardo Milán “la narratividad poética combatiría el concepto de poesía lírica heredado de la

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tradición y retrotraería a la poesía latinoamericana a las funciones épicas de la lengua” (Milán, 2001:15).

La relación del libro de Cadenas con Una temporada en el infierno de Rimbaud se percibe desde las primeras líneas. Al igual que el poeta francés, Cadenas inicia el texto estableciendo el origen ancestral y mítico del hablante:

Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor.

Pero mi raza era de distinto linaje. Escrito está y lo saben –o lo suponen- quienes se ocupan en leer signos no expresamente manifestados que su austeridad tenía carácter proverbial. Era dable advertirla, hurgando un poco la historia de los derrumbes humanos, en los portones de sus casas, en sus trajes, en sus vocablos. De ella me viene el gusto por las alcobas sombrías las puertas a medio cerrar, los muebles primorosamente labrados, los sótanos guarnecidos, las cuevas fatigantes, los naipes donde el rostro de un rey como en exilio se fastidia (Cadenas, 1960:7)[2].

Una vez determinada la genealogía el hablante se describe a sí mismo “Soy desaliñado, camino lentamente y balanceándome por los hombros y adelantando, no torpe, más si con moroso movimiento un pie, después otro” y anuncia el propósito del texto “relataré no sin fabulaciones mi transcurso por tierra de ignominias y dulzuras, ruptura y reuniones, esplendores y derrumbes” (Cadenas, 1960:8); de esta manera anuncia la intención de rescatar del olvido las vivencias en el destierro, a la vez que pone en evidencia la intervención de la imaginación en la construcción del poema. La inmediatez de la experiencia es salvada a través de los recuerdos, sin embargo, la fabulación constituye el ingrediente complementario de este texto a través del cual el poeta, en un permanente oscilar de un extremo a otro, se muestra y se enmascara.

Para Margot Carrillo Pimentel:

como la imaginación, la memoria es un nombrar en ausencia, es una forma de darle un lugar a algo que ya no existe, o que quizá haya muerto; pero a diferencia de la imaginación, la memoria intenta recuperar algo que ha acontecido, algo que ´tuvo efecto` en otro tiempo y en otro lugar. Es por ello que el material de la memoria juega con un sentido de la fidelidad, de lo auténtico, en la medida en que habla de lo que de una manera u otra aconteció (Carrillo Pimentel, 2003:187).

En tanto el poeta hace explícita su intención de fabular sobre la base de su experiencia, el texto hace énfasis sobre los aspectos imaginarios del mismo.

El hablante se encuentra escindido, se pierde en una multiplicidad de rostros, “un día comenzó la mudanza de los rostros. Uno suplantaba a otro, sin cese. Tal día fueron cien, tal otro mil; todos escenificaban una danza de posesos sobre mis hombros” (Cadenas, 1960:9); la representación de un yo dividido es una forma de plasmar los enigmas de un sujeto que pierde su unidad y que puede llegar a la disolución total de si. Ese yo fragmentado reitera su fidelidad a la memoria:

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Hice mis particiones.

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Aguas en la memoria, absolutas como los desiertos, solamente el silencio del otro en el follaje puede compararse con vuestro espíritu.

Osaré recrearme en la evocación.

Isla, deleitable antífona.

Horma de los cuatro puntos.

Asilo de los vientos sin paz.

Adelantándome y retrocediendo como un preludio abro las tierras moradas

(Cadenas, 1960:11).

Y así continúa enumerando imágenes, situaciones, lugares, sonidos, frases de terceros, objetos. Palabra que nombra y al nombrar da nueva vida a los recuerdos, palabra génesis del exiliado que se desborda en imágenes surrealizantes:

Por entre árboles morados ángeles negros tocan la noche de cuero de cocodrilo. El cielo se pega a la costra de los vegetales. Un pueblo aplastado por las pezuñas de la luna desentierra voces sepultadas por marejadas de exilio. Un adolescente oscuro mira desde un trono de luciérnagas el paso de las cebras como cordón de brasas.

Pasa un elefante herido (Cadenas, 1960:15).

El olvido es una amenaza permanente, en la medida en que los acontecimientos pasados se van borrando de la memoria; el individuo va perdiendo su identidad. En el poema el hablante lamenta la pérdida de los recuerdos “De aquel idioma raro y de mis pasos por la tierra dicha no existe imagen alguna que no esté hoy extinguida” (Cadenas, 1960: 16), sin embargo todo el texto representa un intento por rescatar las memorias de ese tiempo vivido en el exilio, de la lengua hablada en el país extranjero; llega incluso a incluir palabras en inglés.

La imagen del espejo simboliza la representación exterior del ser, la alteridad que se ofrece como posibilidad para el rescate de la identidad perdida “Me refiero a la casa meridional del agua donde el olvido recobra sus espejos azules” (Cadenas, 1960: 18). La presencia del sol, el mar, la luz, se reitera a lo largo del poema; aguas resplandecientes que reflejan las emociones de un yo que se debate en la duda “Mi único caudal eran los botines arrancados al miedo” (Cadenas, 1960: 19). Comienza entonces la larga lista de inseguridades:

Yo nunca supe si fui escogido para trasladar revelaciones.

Yo nunca estuve seguro de mi cuerpo.

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Yo jamás pude precisar si tenía dos manos, dos piernas, un rostro, una historia.

Yo ignoraba todo lo concerniente a mí y a mis ancestros.

Yo nunca creí que mis ojos, orejas, boca, piel, nariz, movimientos,

gustos, dilecciones, aversiones me

pertenecían enteramente.

En suma, yo era una pregunta condenada a no calzar el signo de

interrogación. O un navío que

de dragón. O una nube que se demudaba conforme al movimiento.

se transformaba en fosforescente penacho

Habitaba un lugar indeciso

(Cadenas, 1960: 21).

El texto está organizado a partir de dos tiempos, un presente que se vive añorando un pasado que se ha ido. Ese pasado puede ser ´otra edad`, la infancia o un lugar impreciso del que se regresó. Del pasado se conservan sucesos, separaciones, contradicciones, encuentros, pérdidas y reparos (Cadenas, 1960:25). El aquí y ahora se enfrentan a un allá y un antes; el país del destierro frente al país natal; la muerte aparece como la estación final de las trajinadas mudanzas de la vida.

A pesar de que en este poema no encontramos una retórica del terruño, hay una serie de alusiones a la tierra siempre elogiosas “La tierra es un tesoro franqueado por los vendavales a las manos fértiles, instrumentos de mi raza” (Cadenas, 1960: 27) que aunadas a la valoración de la memoria emparentan a Cadenas con la tradición de la que Palomares y Montejo son herederos. La exaltación de la tierra se opone a la descripción de las ciudades que le producen “un recurrente sentimiento de desafección” (Cadenas, 1960:29).

El yo lírico se muestra decepcionado y derrotado y nos dice “Arqueado sobre mi memoria como un ángel despojado de su candidez … Yo desconfío” (Cadenas, 1960: 29). La representación que el poeta hace de sí mismo oscila entre el polo mítico y el realista; por un lado tenemos al vate que se reconoce en los orígenes míticos, por el otro la autoreferencia. En uno se oculta y en el otro se revela, llega incluso a manifestarlo de forma explícita, así dirá en un momento determinado: “He resuelto mis vínculos. Ya soy uno” (Cadenas, 1960:10), luego “Estoy aquí” (Cadenas, 1960:22), y más adelante “Voy a ocultarme de nuevo” (Cadenas, 1960;55), para finalizar diciendo “Ahora he regresado. Mi razón ha vuelto a su sitio y a él se ajusta como a la almendra su máscara … He recuperado mi nombre” y de nuevo el ser fragmentado que intenta recuperar su unidad “¡Oh!, tu mi enemigo, dentro de mí, entrégame las llaves definitivas para abrir el más claro aires, las arcas transparentes.” (Cadenas, 1960:58-59). Este constante debatirse de un ser dividido entre dos realidades, una mítica y otra histórica, se reitera en este fragmento en que el yo interpela a su alter ego en los siguientes términos:

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Con mi voz de calcinado expósito y rodeado de lo preterido, saludo. Calma. Saludo de frente como un ahogado. Calma. Saludo de frente como un réprobo. Calma. Saludo de frente como un ladrón. Clama. –Rafael ¿me oyes? ¿Estás ahí? –Sí, te oigo. Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí. Llevo a espaldas la noche (Cadenas, 1960:41).

Para Sonia Mattalía “inscribir el propio nombre implica una identificación y una extrañeza; si por un lado el Nombre es la marca de sí mismo, es también un salto a la desindividuación” (Mattalía,(1988) 2004:111). Este sujeto no es solamente un desterrado político, es también un “desterrado de sí, a pesar de sí” (Mattalía, (1988) 2004: 115).

Las dos pasiones ante las que el hablante claudica son un ´tú` femenino al que dedica parte de estas memorias y el lenguaje “Así como sucumbo a vocablos pudiera sujetarme a tu mirada” (Cadenas, 1960:48).

La reflexión sobre el lenguaje es uno de los ejes de esta obra. George Steiner, en Gramática de la creación, comenta

El lenguaje del poeta encarna directamente el flujo y reflujo de la “reflexión”. Es a la vez irreductiblemente él mismo y universal: muestra la aparente contradicción de la “singularidad ilimitada”. Sus elementos determinantes, claridad y opacidad, velocidad y retraso, lo abstracto y lo concreto, se reúnen en esa “quietud del movimiento” que une lo universal a lo particular (Steiner, 2001: 128).

En Los cuadernos del destierro conviven los contrarios, magia y logos, sonido y silencio, presencia y ausencia del hablante, en una lucha por superar el límite del lenguaje mismo.

Mi palabra tiene acento de oración porque el término del amor

destrucción ha traído también el deceso de la sed.

que

es

Por eso mi palabra tiene ritmo de teoría solemne de contristados y acongojada recorre los cauces graves del logos.

Sin embargo, he aquí que hoy me desnudo y salgo a revocar mis devastaciones.

Retrocedo hacia mi origen para recomenzar por otro silencio que me lleve a más dulces dominaciones. Exhausta está mi lengua, la matriz amante.

Es

muy duro decir, es muy duro callar. Ofreceré mi corazón a los villanos

(Cadenas, 1960:51-52).

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El poeta plantea la incapacidad del lenguaje para nombrar con propiedad la realidad, para revivir el pasado y para expresar los estados de ánimo. Para Steiner, “en un gran poema lírico hay una amorosa hostilidad hacia el lenguaje. Más exactamente, el poeta busca traspasar las fronteras de su lenguaje” (Steiner, 2001:190). En Cadenas la lucha con el lenguaje se refleja en el siguiente poema de modo categórico:

Mientras caminaba el trecho que marca mi derrota me desesperaba la insuficiencia de mi idioma. Consultaba los inabarcables cursos del verbo, inquiría de las tablas de la dicción sus secretos trasvasables, averiguaba en pergaminos astrales la valía de los vocablos. El color, el aroma, sabor, textura, sonido de mi idioma me eran ajenos, pero avanzaba fiando al azar muchas de mis más caras contenciones (Cadenas, 1960: 54).

La realidad se diluye en las aguas de la imaginación y las fronteras entre uno y otro mundo se borran, al punto en que el poeta se pregunta:

¿He recorrido en verdad los caminos que nombro? (Cadenas, 1960: 55).

Queda siempre la duda y la ambigüedad discursiva se impone. El yo que escribe con la intención de rescatar del olvido una experiencia vivida, se encuentra ante una memoria cómplice que se vale tanto de una verdad histórica como de una verdad ficcional (Casas, 1998: 178) para reconstruir el pasado.

Mi poema llega triste, entre grandes estallidos de arena, a su solución. Su

última palabra tiene que ser en forma de pregunta y dispuesta como a punto de fuga (Cadenas, 1960: 56).

Y concluye el poema con la inscripción a que da lugar la escritura:

Dejo aquí escriturados mi nacimiento, mi pasaje, mi segregación. No puedo predecir lo que vendrá. Enredado en los hilos como un personaje mal

llevado por su autor, esperaré el advenimiento de mi libertad, sentado sobre

un cofre de cartón, en el extremo menos iluminado de la escena. Me despido,

Adiós (Cadenas, 1960: 60).

En líneas generales percibimos cierta tensión entre un yo lírico que se dibuja desde un imaginario mítico y un yo autobiográfico que se asoma a ratos, ofreciendo pinceladas de la historia personal de Cadenas. Las vidas de estos dos ´yoes` se narran entrecruzadamente a lo largo del poema.

El poema “Derrota” (1963)[3] puede considerarse una muestra fundamental de la poesía conversacional en nuestro país. En un lenguaje en apariencia directo, despojado de artificios, el poeta reitera la sensación de fracaso que ya había anunciado en Los cuadernos del destierro

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que aprendí los mejores títulos para la vida

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que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo

que creía que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo (“Ud. Es muy quedado, avíspese, despierte”)

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

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que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta

el día del juicio final.

(Cadenas, (1963) 1979:11-113)

El hablante poético, en una actitud autocrítica exacerbada, se va describiendo en función de la enumeración detallada de sus carencias, negaciones e insuficiencias. El poema se articula a partir de la repetición anafórica de la conjunción “que” con la variante “que no” y termina con una conclusión que pareciera volver al principio del acto expiatorio. Construcción de una autoimagen pública en negativo; burla y juicio crítico de sí mismo que lleva implícito un cuestionamiento de la sociedad en general.

Para José Barroeta el sentido de este poema se encuentra en el título, al que considera inseparable del texto, por cuanto “la derrota es el otro rostro de la épica que no deseamos pronunciar, pero en Cadenas ese rostro adquiere el poder de la iluminación interna, el retorno a una ética, a una práctica que ridiculiza las formas que el hombre, apartado de su naturaleza, ha ido consagrando” (Barroeta, 1994:67).

En “Derrota” percibimos un diálogo intertextual con el poema de Fernando Pessoa, -en la voz de su heterónimo Alvaro de Campos-, “Tabacaria”[4]. Visión pesimista de un mundo que pareciera cerrar todas las posibilidades de integración al hablante, quien se representa en una completa y total disyunción con el entorno social.

En Falsas maniobras (1966)[5] encontramos algunos de los asuntos que ya habían ocupado a Cadenas en Los cuadernos del destierro, tales como la problemática del exilio, la presencia del doble, la reflexión sobre el lenguaje, el cuestionamiento de la identidad de un yo poético conflictivo y desadaptado; incluso el paisaje, que en algunos momentos se convierte en el eje de los poemas, es el mismo. Sin embargo el lenguaje es otro, en este poemario Cadenas se despoja de la metáfora surrealista, del discurso poético ambiguo y polisémico que Aníbal Rodríguez ha descrito como “alquimia verbal, [en el cual] las metáforas se truecan y el poder de significación irradia de tal manera que el texto embriaga al lector” (Rodríguez, 1999: 20). La concepción estético- filosófica ha cambiado, ahora la escritura quiere ser un acto de revelación y busca en el Oriente, en el budismo Zen la iluminación. Guillermo Sucre comenta de estos dos poemarios:

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más que el libro de la memoria, Falsas maniobras lo es de la conciencia crítica. Lo que en Cuadernos era expansión y multiplicidad del yo, aquí se convierte en ejercicio y práctica de desposesión. Pero se trata de una desposesión que es otra forma de riqueza: abolir el yo y su desmesura imaginante para acogerse a lo justo, a lo verdadero, aunque parezca lo precario. La poesía de Cadenas busca entonces vivir en “la nitidez del desierto”, y aun postula otra ética del destino del hombre: el fracaso como vía de liberación y de reencuentro con lo original (Sucre, (1975) 1985: 304-

305)

En Falsas maniobras el hablante lucha consigo mismo y con un entorno al que percibe hostil; conciencia desgarrada que realiza un ejercicio de autoacusación. El conflicto existencial se despliega en los desdoblamientos y la vacilación del hablante frente a las demandas del entorno social. Para Aníbal Rodríguez

desde el primer poema en Falsas maniobras, la problemática del yo es evidente. Un personaje irá anotando su proceso de crisis del yo, de cierto tipo de poesía, de la cultura. El personaje tendrá constantes desapariciones, fallidos combates consigo mismo. Una conciencia trágica mueve el personaje y en medio de su angustia vislumbra su realización. Por momentos vence la dualidad, sólo por momentos logra la comunión en la escritura (Rodríguez, 1999: 23)

En el primer poema de Falsas maniobras nos enfrentamos con un yo lírico fragmentado, escindido que se debate entre complacer las demandas de los otros o permanecer fiel a sí mismo. Este conflicto se acentúa en poemas como “Monstruo” en el cual el hablante poético se desplaza; trasladado a una tercera persona da paso a la objetivación del sí mismo. Este ´él` cuyas huellas autobiográficas podemos perseguir, da lugar a un distanciamiento crítico que le permite al poeta hablar de sí mismo como si fuera un “otro” externo y distante:

El hombre sin piel se levanta tarde, evita los

comunes tropiezos, rehuye toda relación.

Sin él darse cuenta suele enredarse, sufre malentendidos hasta jocosos, es víctima de equívocos

en situaciones corrientes.

Este hombre complica, complica.

Es que no puede permitirse, no puede darse el

lujo de tener moral. Si su filosofía es frágil, su

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memoria es fuerte. En sus pliegues complicados

los hechos se estancan. A este hombre no le está

permitido olvidar

(Cadenas, (1966) 1979: 77)

Este recurso de acudir a la tercera persona lo repetirá en “Old kingdom”, poema que recuerda el exilio en Trinidad: “Entre sus memorias más preciadas, figura su paso/ por Boca de Serpientes./ ¡El ha conocido cielos salvajes! Su mirada sigue / el vuelo de aves playeras” (Cadenas, (1966) 1979: 89).

En el poema “El que es” el yo se desdobla[6] en un ser exterior que está en contacto con el entorno y un yo interior que permanece al margen, aislado e incomunicado y a salvo de las agresiones del mundo: “Si alguien me toca, sólo me toca a mí, a ese mí orgulloso, ese mí que no deja franquear su claustro, y no a ese otro alguien, informe, vasto, neutro, que hace gestiones en la oscuridad” (Cadenas, (1966) 1979: 105). Sin embargo en “Rutina” el yo lírico busca su unidad, nos habla de su habilidad para reconstruirse “Sé reunirme pacientemente, usando rudos métodos de ensamblaje./ Conozco mil fórmulas de reparación. Reajustes, atornillamientos, tirones, las manejo todas” (Cadenas, (1966) 1977:104). El sujeto poético que se define en su condición de outsider, del ser que se debate entre aceptarse tal como es o rechazarse, adaptarse o mantenerse al margen. “(No se trata de rearmar un monstruo, eso es fácil, / sino de devolverle a alguien las proporciones)[7]” (Cadenas, (1966) 1977:104).

En el poemario encontramos un lenguaje decantado, más cercano a la poesía conversacional, que tiende a la economía verbal. El autor declaró explícitamente su intención de cambiar su escritura a partir de una nueva visión de la realidad que le viene de las filosofías orientales en su poema “Reconocimiento”:

Me veo frente a este paisaje parecido al que protejo.

No soy el mismo. Debo comprenderlo de una vez.

He de encajar en mi molde.

He acechado la aceptación súbita de mi realidad.

Despedí la poesía que se cuelga de brazos.

Incendié los testimonios falaces.

Adopté la forma directa.

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Una convergencia prospera en mi.

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Abandono mi caminar intrincado. Me dilato en

vastedades blancas. Sirvo en silencio a un solo rey.

Con huesos de ave violento los espacios cerrados.

He sentido ráfagas de otra región sin culpa.

Me hago a la lentitud, al gesto consciente, al

rumor del desierto

(Cadenas, (1966) 1979: 96)

En este texto Cadenas propone una nueva poética con una actitud más auténtica y comprometida, a la vez que nos deja entrever la tendencia orientalista de sus planteamientos metapoéticos. La búsqueda de la iluminación a través del Budismo Zen se hace más explícita en los poemas “Mirar” y “Satori”.

En el poema “Nombres” el poeta vuelve a la reflexión metapoética sobre la capacidad nominadora del lenguaje y de la poesía:

te llamas hoja húmeda, noche de apartamento solo, vicisitud, campana,

tersura y lascivia,

ingenuidad, lisura de la piel, luna llena, crisis

oh mi cueva, mi anillo de saturno, mi loto de mil pétalos

Eufrates y Tigris, erizo de mar, guirnalda, Jano, vasija, tórtola, S. Y trébol

ovípara

uva, vellocino y petrificación

podrías llamarte …

pero tu nombre es

lecho, lavabo, dentífrico, café, primer cigarrillo,

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luego sol de taxis, acacia, también te llamas acacia y six pi em –em- o half past six o seven, cerveza y Shakespeare

y vuelves a llamarte hoja húmeda, noche de apartamento solo

día tras día,

sí, tienes tantos nombres

y no te puedo llamar

todo tan absurdo como esas mañanas sin amor que el espejo de los baños recoge y protege

todo tan desoladamente inabordable

todo tan causa perdida

Cadenas, (1966) 1979: 93)

La poesía da nombre a los objetos y al nombrar entra en contacto con el ser de las cosas; el poema es el mundo, la experiencia del hablante, sus carencias.

En la poesía de Cadenas la búsqueda de la identidad no es solamente la búsqueda del ser, sino también la búsqueda de la lengua y su materialización en el ejercicio poético. El poeta reflexiona sobre la capacidad nominadora el lenguaje y sobre los procedimientos textuales a través de los cuales el poema se convierte en un generador de mundos.

BIBLIOGRAFÍA

BARROETA, José. 1994. Lector de travesías. Mérida: Solar.

CADENAS, Rafael. 1966. Falsas maniobras. Caracas: UCV.

1960. Los cuadernos del destierro. Caracas: Tabla Redonda.

1979. Los cuadernos del destierro. Falsas maniobras. Derrota. Caracas:

UCV.

CARRILLO PIMENTEL, Margot. 2003. “La novela histórica. Recuperación e

indagación

Conseil Scientifique de l´Université de Paris III et Centre National des lettres.

de la memoria”. En América, cahiers du CRICCAL, nº 30. París:

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CASAS, Arturo. 1998. “Evidentia, deixis y enunciación en la lírica de referente histórico (La modalidad EHN-T)”. En Fernando Cabo Aseguinolaza, Germán Guillón (Eds.): Teoría del poema: la enunciación lírica. Ámsterdam: Rodopi. Pp.

MATTALÍA, Sonia.(1992) 2004. “Continuas modernidades discontinuas: las vanguardias del 20 en Latinoamérica y España.”. En Tupí or not tupí. Mérida:

El otro, el mismo. Pp. 35-59.

MILÁN, Eduardo. 2001. “Visión de la poesía latinoamericana actual”. En Actual. III etapa, nº 47-48, julio-diciembre. Mérida. Pp. 11-22.

RODRÍGUEZ SILVA, Aníbal. 1999. El poema como imposible. Mérida:

Universidad de Los Andes.

STEINER, George. 2001. Gramática de la creación. Barcelona: Círculo de Lectores.

SUCRE, Guillermo. (1975) 1985. La máscara, la transparencia. Ensayos sobre poesía hispanoamericana. México: FCE.

NOTAS

[1] Para Javier Lasarte, en la poesía de Cadenas se busca “construir la imagen de un yo en su escindida y fragmentaria relación con la vida y la palabra” (Lasarte, 1994: 8)

[2] En “Mala sangre” Rimbaud escribe “He heredado de mis antepasados galos, el ojo azul claro, la frente estrecha y la torpeza en la lucha. Encuentro mi vestimenta tan bárbara como la suya. Pero yo no engraso mi melena.

Los galos eran los desolladores de animales, los quemadores de hierba más ineptos de su tiempo.

Conservo de ellos: la idolatría y el amor a lo sacrílego; -¡oh! Todos los vicios, cólera, lujuria, -magnífica la lujuria-; sobre todo mentira y pereza. (Rimbaud, (1873) 1972: 73)

[3] José Barroeta en su libro Lector de travesías dice a propósito del poema:

Derrota”, de Rafael Cadenas, fue publicado por primera vez en “Clarín de los Viernes”, página artístico-literaria, del diario Clarín, que la izquierda venezolana auspiciaba en momentos difíciles, controvertidos, de subversión” (Barroeta, 1994:51). “El poema, durante largo tiempo, no aparece en ninguno de los libros editados por el autor. En 1979, en la edición antológica de Fundarte, revisada y corregida por el autor, se incluyen los Cuadernos del destierro, Falsas Maniobras y Derrota, es decir, como texto diferenciado, guardando su propia independencia del resto del discurso literario de Rafael Cadenas. En 1966, ese infatigable divulgador de la poesía latinoamericana contemporánea que fue Aldo Pellegrini, recoge el poema “Derrota” en la Antología viva de la

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poesía latinoamericana, impresa en Barcelona por la editorial Seix Barral”

(Id:54).

[4] El poema, traducido por Octavio Paz como “Tabaquería” comienza así:

“No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Esto aparte , tengo en mí todos los sueños del mundo.

Fracasé en todo. Como no tenía propósito alguno, todo tal vez fuese nada.”

(Pessoa, (1928) 1984:224-241)

[5] A propósito de Los cuadernos del destierro y Falsas maniobras dice A. Rama que “esos libros son el diario íntimo de una experiencia crucial que ha sido llevada valerosamente y que sometió a la poesía al despojamiento y renunciamiento que se exigía de la vida. La quiebra del juvenil sistema de valores (…) acarreará una esforzada búsqueda que rige una terca autenticidad” (Rama. (1978) 1991: 222).

[6] “la presencia del doble siempre se refiere a la existencia de un “otro”, de una alteridad, lo que supone el planteamiento de cualidades humanas en recurrencia, sincretismo u oposición. En todo caso, el doble remite a la expresión o reconocimiento de una carencia o insatisfacción en el seno del propio sujeto, con frecuencia fuertemente interiorizada. El doble constata y certifica una personalidad escindida; es un concepto dialógico, al exigir condiciones formales propias de la interacción, y con frecuencia existencial, al implicar al sujeto en una secuencia temporal en la que cada uno de sus yoes adquiere forma objetiva. Como signo objetual de desdoblamiento, el espejo representa al ser que se es, y supone la representación del sujeto desde la exterioridad, el examen del propio yo como algo ajeno, como un ´tu`” (Maestro,

1998:294-295).

[7] Nótese la relación intertextual con el poema “Monstruo” de este mismo poemario.

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Rafael Cadenas

Por Fabienne Bradu

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Para quienes sólo la conocíamos en y por partes, la Obra entera de Rafael Cadenas (traída a México por el Fondo de Cultura Económica, en especial por Adolfo Castañón) es un verdadero regalo. No se me escapa la singularidad de la suma que se cifra en el adjetivo "entera": antes que unas obras "completas" que por lo demás nunca deberían llegar a serlo, el título convoca la condición del animal que no ha sido castrado. Así, una "obra entera" es una obra intacta, libre, viva. "Sólo he conocido la libertad por instantes, cuando me volvía de repente cuerpo", asegura el venezolano. Del hombre, Rafael Cadenas, sé poco, prácticamente nada. Pese a los premios y la consecuente publicidad, su nombre recorre América Latina como la contraseña de una estrecha cofradía. Una leyenda lo envuelve a modo de sombra, poniendo a veces en tela de juicio hasta su misma existencia. No obstante, al leerlo, la sombra se abre y un verdadero acercamiento se produce, no sé si con la persona, pero sin duda con una voz, con la "voz incesable" de Rafael Cadenas. Ahora que escribo estas líneas, desconozco los rasgos de su rostro, el timbre de su voz, si es alto o bajo, flaco o gordo, pero lo puedo imaginar en una forma no figurativa como el pintor crea un paisaje a partir de puros colores. La voz incesable de Rafael Cadenas no es exactamente un canto; su poesía no aspira a la espectacularidad de los sonidos, sino más bien a una actitud, una manera de ver y de estar en el mundo. Quizá la fisonomía que descubre la voz sea la del alma. De la Obra entera me deslumbró la lectura de los "Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística". Sentí que por excepción leía unas reflexiones sobre la mística que eran, a un tiempo, agudas, pertinentes y accesibles. La pertinencia se agiganta bajo el lente egoísta de mis intereses: allí Rafael Cadenas hila sus comentarios a partir de las mismas preguntas que nunca pude contestarme a través de otras lecturas, quizá por la simple razón de que nunca supe formularlas como él lo hace. Al frecuentar a los místicos, uno puede sentirse sobrecogido y admirado, pero también, inevitablemente ajeno, quiero decir, distante, abrumado o embrutecido, y sin duda poco dotado para la gracia y la inteligencia. En cambio, si bien Rafael Cadenas atestigua un íntimo conocimiento de los asuntos místicos, permanece a nuestro lado, hablándonos al oído de los caminos que podrían conducir a la iluminación. Rafael Cadenas se sitúa a sí mismo fuera de "la ínfima minoría de los liberados", escribe desde "la normalidad con sentido del asombro", pero su autoexclusión del exiguo círculo mágico hace ingresar al otro que está en todas partes, en todas las cosas, y donde estamos todos, brillantes y miserables: "Solemos hablar del misterio del universo sin incluirnos, como cosa ajena, como si no formáramos parte de él, como si no le perteneciéramos." Gracias a este "situacionismo" sostenido en prosa y poesía, percibimos a Rafael Cadenas tan accesible, como si nos mostrara nuestra común derrota y nuestros torpes aleteos, pese a que compartamos el anhelo del vuelo y unas escasas intuiciones del "sentimiento del misterio". Me sorprenden los ensayistas que discurren sobre la mística. A veces, hasta me dan envidia. Parecen estar seguros de lo que afirman, siempre más seguros

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que uno. ¿De dónde sacan su seguridad? ¿Han conocido la iluminación? ¿Por qué no intentan narrarla como experiencia propia? Rafael Cadenas escribe sobre lo místico como muchos de nosotros pensamos que lo haríamos si tuviéramos su talento: titubeando o, mejor dicho, tropezando con los escollos de lo numinoso, siguiendo el "lento hacerse de Rilke, paso a paso, desde la escasez". "For us, there is only the trying", dice Eliot recordado por Cadenas.

La conclusión de los "Apuntes

":

"Decidí no escribir sobre San Juan. Espero

que él y mi amigo me perdonen, que para eso son los santos y los amigos (aunque detesto el amiguismo). Yo también trataré de perdonarme por lo que he hecho", es una perfecta y graciosa expresión de la paradoja sobre la que descansa el ensayo. La renuncia llega después de más de treinta páginas que concentran lo esencial, en un tono aparentemente llano, errabundo, casi diría:

improvisado. "Apuntes

paradojas entre las que se mueven los místicos, o una exposición por la vía de la negatividad tan necesaria a la expresión mística, sino una prueba por la escritura misma de una honda comprensión de lo que es y no es la mística. "

Además, la prueba se enuncia por omisión: "no escribiré sobre San Juan

quizá sea la más acertada y elocuente para hablar de lo místico. Por supuesto, la prueba es sutil y casi inadvertida para quienes leen con premura. La primera paradoja se tensa entre la afirmación de Cadenas de ser un lector, un no-escritor, y la existencia misma de su ensayo que puede calificarse como una pieza maestra de escritura. El no-escritor "espera seguramente lo que los libros no pueden dar: una revelación que lo mude, que lo ponga en el camino del mayor descubrimiento", afirma Cadenas incluyéndose en esta legión esperanzada, pero creando para sus lectores la misma expectativa que advierte "

como un riesgo para sí. Con los "Apuntes

inmersos en la inminencia, como realizando sin saberlo un ejercicio de preparación para el "mayor descubrimiento". El lector Cadenas nos pone en guardia ante la ilusión y el poeta Cadenas nos prepara para quizá merecer lo inesperable. Rafael Cadenas es un hacedor de caminos. "En el camino hay imágenes, palabras, visiones: en la unión ya no hay nada", repite Cadenas con algunos místicos. Esto deja a la poesía en un estado desamparado frente a la expresión de la unión mística. En rigor, no existiría una poesía mística propiamente dicha, sino una poesía de preparación, de incitación, de sugestión. La llamada "poesía del instante", que tan fácilmente calificamos de epifánica como si fuera efectivamente el suceder de la iluminación, no es sino el instante de atención recrudecida en que percibimos la cercanía del misterio. Llámese Dios, nirvana, vacío o silencio, el blanco con el que quiere dar el arpón de la palabra está fuera de la poesía o bien este blanco la contiene sin que ya tenga necesidad de manifestarse. A la imposibilidad de ser de la analogía en la poesía mística (lo semejante sólo puede ser conocido por lo semejante), se suma la prohibición de la polisemia, al menos según San Juan de la Cruz. La prohibición dictada por San Juan de la Cruz iría en contra de la tesis cada vez más en boga según la cual el carmelita habría sido un sufí. En efecto, nada más importante para los poetas sufíes como la polisemia del sentido. Pero, tal vez, esto sería lo de menos. La prohibición de San Juan de la Cruz me parece una soberbia o una ingenuidad. ¿Cómo podría pretender controlar las palabras? ¿De qué manera podría mutilarlas para desaparecer otro o varios sentidos soterrados bajo el autorizado en el comentario? ¿Qué clase de poder se necesita para desterrar la polisemia de las palabras? Podrá San Juan ambicionar el control sobre sus lectores, pero no

"

es un ensayo que no se limita a ser una parodia de las

y

y con la poesía, nos sentimos

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entiendo cómo lo conseguiría sobre el lenguaje. Rafael Cadenas advierte que el lector "debería someterse a lo que San Juan ordena, pero no lo hace, desatiende sus prescripciones, saborea los versos, siente que le pertenecen, les da el sentido que quiera, transgrediendo las indicaciones, ¿qué digo?, los mandatos del autor". Y añade: "Pero ¿no sería revelador seguir al pie de la letra lo que San Juan prescribe?" Sospecho que, sobre este punto, Rafael Cadenas tiene en mente otra cosa que la obediencia a San Juan. ¿Qué sucedería si las palabras se volviesen transparentes, unívocas, redondos receptáculos de realidad, cabales moradas del ser? Sucedería lo que persigue Cadenas en su poesía: un contacto directo entre la palabra y la realidad. También se cumpliría uno de sus poemas que más admiro y me turba. Sólo tiene dos versos, que a lo mejor ni siquiera son versos: "El dueño tiene miedo. / Los ojos sólo tienen realidad." ¡Cuántos volúmenes están contenidos en estas dos líneas! Pero me temo que esto difícilmente sucederá y quizá no sea tan lamentable, porque así la polisemia seguirá descubriendo nuevas aproximaciones a lo mismo. "Vivir / de amanuense asombrado" es lo que pide Rafael Cadenas para alcanzar lo que no sucederá en la poesía. El problema de la atención, que es también una poética en Cadenas, trae a cuento otra paradoja que el poeta toca en su ensayo y parece resolver en su poesía. ¿Hay caminos que lleven a la unión mística? ¿Hay ejercicios de preparación para el descubrimiento mayor? Por un lado, dice Cadenas, "San Juan y casi todos los místicos señalan una sola vía hacia Dios". Por el otro, Rafael Cadenas comienza a socavar la ortodoxia reprobando el ascetismo extremo de San Juan, aunque admite no estar capacitado para juzgarlo o ponerle reparos. Sin embargo, se los pone por la vía de la negatividad disfrazada de impericia. El segundo reparo es más contundente: ¿Cómo puede San Juan rechazar a las criaturas de Dios si éstas son hechuras divinas? "La virtud se realiza en la flaqueza", responde San Pablo. "Las virtudes verdaderas son de poco peso y se llaman abandono, desapego, confianza, entrega, desnudez", escribe Octavio Paz a propósito de Henri Michaux y de sus visiones. Entonces, ¿de qué servirían el ascetismo, la rectitud en el camino, la preparación, los ejercicios espirituales si no hay mérito alguno en estos asuntos? "Cada uno tiene el infinito que se merece. Pero ese mérito no se mide con nuestras medidas" —concluye Octavio Paz acerca de Henri Michaux. Por su parte, Rafael Cadenas propone: "[los místicos] no les dejan alternativa a los que creen que hay muchos caminos hacia él, algunos hasta insospechados. Tal vez no haya ninguno, tal vez cuando se prescinde de la idea de camino y recobra su intensidad el presente, puede sentirse la cercanía del

misterio". A lo largo de los "Apuntes

ciertos cánones occidentales; cuando el razonamiento se asfixia, él inyecta el oxígeno del budismo zen que parece convenirle mejor, no como credo, sino como concepción y representación del mundo y de la condición humana. Además, lo nombrado y lo sobrenombrado en Occidente pueden ser un obstáculo para la comprensión de algunos fenómenos. Por ejemplo, mientras lo sagrado siga nombrándose exclusivamente como Dios, está difícil que el hombre entienda lo que Cadenas no se cansa de decir en todos los tonos de su prosa y su poesía: el más allá está de este lado, la maravilla está al alcance de la mano la iluminación puede encontrar caminos insospechados si no le tememos a la libertad. En efecto, ¿cómo conciliar la atención extrema que pide y practica Rafael Cadenas en su poesía, y muy precisamente en su forma poética de "la sequedad insobornable", con el desapego, la despreocupación, el sagrado ocio que es la

",

Cadenas nos hace sentir la rigidez de

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actitud interior que conducirá a la iluminación? Y si, hagamos lo que hagamos, no estamos predestinados a conocer la unión con lo divino, ¿de qué nos servirá apurar gota a gota "el vino de los atentos" o, al contrario, abandonarnos al ocio? La incomprensión de esta injusticia mayor quizá encuentre una explicación en uno de los Dichos de Cadenas: "No buscamos ser sino sentirnos en algún estado 'superior'. Estamos adiestrados para perseguir siempre una ganancia, tal es nuestra barrera. La agonía de no querer ser lo que somos." Rafael Cadenas preconiza un regreso a la sencillez, muy distinta y ajena a la falta de dificultad. Quizá haya que rechazar la tentación mística, el desvelo por estas cuestiones, la sed de una luz absoluta, para esperar, como lo indica el poeta, "el milagro, lo máximo, que acaso sea lo más corriente, pero visto de manera inhabitual, a otra luz, no usada". Curiosamente, me vuelven a la mente las preguntas de André Breton al final de Nadja: "¿Quién vive? ¿Es usted Nadja? ¿Es verdad que el más allá, todo el más allá está en esta vida? No la oigo. ¿Quién vive? ¿Acaso sea yo solo? ¿Acaso sea yo mismo?" "¿Fue ése el pacto, / vivir contigo / a cambio de no verlo?", pregunta por su parte Rafael Cadenas en un poema, sugiriendo así que hay que pagar prenda, que el sacrificio es "palabra clave de todo laberinto humano descifrado", para decirlo con María Zambrano. Para terminar o, mejor dicho, porque no sé cómo terminar con estas cuestiones que no aceptan una última palabra o una palabra última, porque así lo ha dicho Goethe: "lo importante es no llegar nunca a ningún término", suspendo estas cuartillas dándole las gracias a Rafael Cadenas por ponernos a veces a la intemperie de sus versos. ~

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Rafael Cadenas / biografía

Poeta, traductor y catedrático venezolano nacido en Barquisimeto, Lara, en el año de 1930. Desde muy joven se inclinó por la literatura y acogió tempranamente el riesgo político. Por su militancia comunista se exilió en Trinidad y sólo regresó a Caracas en 1957. Trabajó como profesor de literatura inglesa y española. Ha viajado además por diferentes países de América y Europa y ha traducido a Lawrence, Nijinski, Whitman, Cavafy y otros. Dueño de un lenguaje mágico y depurado, su obra lo sitúa como uno de los grandes exponentes de la poesía modernista hispanoamericana. De sus libros de poesía y ensayo merecen destacarse, "Los cuadernos del destierro" en 1960, "Falsas maniobras" en 1966, "Memorial" en 1977, "Intemperie" en 1977, "Anotaciones" en 1983, "Amante" en 1983, "Dichos" en 1992,

"Amante" en 1983, "Dichos" en 1992, "Gestiones" en 1992 y "Apuntes sobre San Juan

"Gestiones" en 1992 y "Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística" en

1995.

Recibió la beca Guggenheim en 1986 y el doctorado Honoris Causa de la Universidad Central de Venezuela. Su obra ha sido galardonada con premios importantes entre los que se cuentan el Premio Nacional de Ensayo en 1984, el Premio Nacional de Literatura en 1985, y el Premio San Juan de la Cruz en 1991. Obtuvo hoy en México el Premio de Literatura en Lenguas Romances 2009 que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la principal cita editorial del mundo hispano.

"Lúcido y vigilante, Cadenas no ha dudado en ir rompiendo con la forma, los géneros y los discursos más frecuentes dentro de la poesía moderna" , apuntó el jurado en su dictamen, anunciado en una rueda de prensa en la ciudad mexicana de Guadalajara, en el occidente del país.

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DE POESÍA 51 RAFAEL CADENAS – HABLAR DESDE LA INSEGURIDAD 9 3 Muestrario de Poesía 1.

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Muestrario de Poesía

1. La eternidad y un día y otros poemas