!

I
FUNDACION «PEDRO BARRIE DE LA

MAZA»

GALICIA HISTORICA
PREPARADA UN UL
INSTITUTO «I*. SARMIENTO. DU ESTUDIOS GALLEGOS

LA GALICIA ROMANA
POR

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

I

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MCMLXXXIl

1

1

PRESENTACION
POR

JOSE FILGUEIRA VALVERDE
DIRECTOR HONORARIO DEL INSTITUTO «P SARMIENTO»
DE ESTUDIOS GALLEGOS

i

Imprime: «La Voz de Guliciu, S. A.»
División de Artes Gráficas.
Lu Coruña
ISBN: 84 85728 •13-0
Üc|>ósito Legal: C 848 •1982

-

-

Me corresponde hoy el honor de presentar, como Director de
colección,
esta
un cuarto volumen, dedicado a la «Galicia Roma¬
na», obra del Dr. Casimiro Torres Rodríguez, uno de los historia¬
dores gallegos de nuestro tiempo más activos y de más sólida pre¬
paración. En este libro, como en el que dedicó a la etapa sueva, ha¬
llaréis un riguroso trabajo directo, sobre las fuentes; un esclareci¬
miento puntual de cuestiones oscuras o polémicas; loda una lec¬
ción de noble y sobrio estilo... una obra, en fin, que satisfará el in¬
terés de los lectores no especializados afanosos de acercarse a las
claves de nuestro pasado, pero que será también de obligada con¬
sulta y mención para los estudiosos. Llena, por lanío, de las fina¬
lidades que la «Fundación Pedro Barrié de la Maza Conde de Pe¬
nosa» hubo de señalar al Inslilulo «P. Sarmiento» de Estudios
Gallegos, al encomendarle la preparación de la serie.
Frente a la visión errónea de Galicia como «tierra de ínfima
latinidad», se reafirma, cada vez más, la idea de una rápida e in¬
tensísima romanización, que desarraiga las lenguas indígenas,
que adapta creencias y cultos, que implanta, sobre la Galicia de
los caslros, nuevas formas de vida, bajo las cuales se mantienen y
florecen elementos de las anteriores culturas. Esta síntesis es la
que permanece y perdura como carácter(slica, porque la aporta¬
ción sueva fue absorbida y no se produjo una dominación árabe.
El Dr. Torres Rodríguez, benemérito de la erudición gallega,
analiza en esle nuevo estudio el proceso bélico de la conquista, la
presencia del poder romano, el papel de una cristianización tem¬
prana en la incorporación de Galicia al ecumen y el brote podero¬
so de personalidades e incluso de loda una conmoción espiritual
como el priscilianismo, que irradian en los siglos I V y V del ma¬
cizo galaico - duriense y que nos ofrecen la perspectiva de una Ga¬
licia muy allegada a la corte imperial, nutriendo su cultura, como
habría de decir San Basilio, a pechos del Oriente.

8

CASI Ml HO TOHHES RODRIGUEZ

No pretende, ciertamente, el Dr. Torres Rodríguez agolar el
contenido de cada lema. Ello sería contradictorio con el carácter y
la extensión del libro. La colección está abierta a obras que vengan
a ahondar en los pormenores que esta visión de conjunto abarca y
en los problemas que suscita.
Poco después de la publicación de su «Galicia Sueva» — rá¬
pidamente agotada , compañeros del autor en la Facultad y en el
Instituto «P. Sarmiento» le ofrecimos un sencillo homenaje: él
correspondió con la promesa de que seguiría prolongando la tarea
de la cátedra, tras la jubilación, en estas tareas que recogen la la¬
bor de toda una vida. La «Fundación Barrió» desea poder ofrecer,

en esta misma colección, nuevos y granados frutos de sus estudios
y, de una manera inmediata, su «Orosio», aguardado desde hace
tantos años. Esperamos que no niegue a sus lectores, a cuantos nos
consideramos como discípulos suyos y a la erudición gallega esa
magna obra suya.

JOSE FILGUEIRA VALVERDE

SUMARIO

Págs.

5

PRESENTACION, por José Filgueira Valverde

15

INTRODUCCION
I. LA CONQUISTA ROMANA DE GALICIA
I. Campaña de Décimo Junio Bruto
2. La balullu del Duero
3. El paso del río Limiu
4. Lu línea del Miño, etapa finul de 1a campaña
5. El regreso de la expedición de Bruto
II. PRECEDENTES DE LA CAMPAÑA DE CESAR
1. Los precedentes.....
2. César en Espuñu. Campuña con la Lusitania
3. Prosigue lu marcliu liuciu Briguucio
4. El regreso de César
III. GALICIA DURANTE LAS GUERRAS CANTABRAS
1 Fuentes
2. Galicia después de lu campuña de César
3. Desurrollo de lu guerra cúntubro-ustur gulaica.
4. Dificultades de la guerru
5. Preparativos
6. El uLuquc contra cántabros y uslures
7. 1.a campuña en Galicia
8. Desarrollo de lus operaciones
9. La marcha hacia los objetivos
10. Lu trugediu del Monte Medulio
II. Ubicación del Monte Medulio
12. La conquista del Monte V indio
IV. ROMANIZACION DE GALICIA
I. Divisiones administrativas
2. Comentos Jurídicos y Foros
3. Convento Jurídico Lucense
V. LOS CASTROS
I. Los cusiros..

.

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....
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21
25
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125

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12

L\ GALICIA HOMAN V

CASI Ml HO TOHIUiS HODIUGUEZ

VI. LA ROMANIZACION DE LA GALICIA CASTREÑA Y
TRIBAL
I. La romanización de la Galicia de los castros

131

VIL LAS VILLAS
I. Las villus

139

VIII. CIUDADES, FOROS Y CASTROS QUE PERDURAN
I. Ciudades, castras, foros
.

147

IX. LA ROMANIZACION LINGÜISTICA: EL LATIN
I. El luLín en Guliciu
X. LA RELIGION
I. La Religión
XI. EL CULTO AL EMPERADOR
I. El culto ul Emperador en Occidente
2. El culto ul Emperador en Guliciu
XII. LA CRISTIANIZACION DE GALICIA
I. La cuestión jucobea
2. Precedentes de lus excavaciones de 1946-1959
3. Excavaciones 1946-1959. Elenco de datos
4. Culedral de Alfonso III
5. Lu iglesia de Mfonso II
6. Lu necrópolis descubierta
7. Aparición de lu luuda de Teodomiro
8. Un hecho confirmudo por las excavaciones
9. Dificultades en torno ul descubrimiento del sepulcro de
Santiago
10. Las hipótesis de Pérez de Urbel y de Vives
11. Lu explicación tradicional ofrece mayores garantías
12. La traslación del cuerpo de Santiago tuvo que ser conoci¬
da por Teodomiro
13. Lu predicación de Sanliugo en Galicia
14. Aci Mumurica, Acca Marmarica, Achaia Marmorica, Arca
Murmuricu
15. Testimonios unteriores al 600
16. Dalos arqueológicos de la cristianización en Galicia
17. Testimonios de tipo litúrgico o santoral
18. Objeciones y dificultades
XIII. COMUNICACIONES: VIAS, PUERTOS, FAROS
1. Las comunicaciones...
2. Las cuatro vías principales de la Galicia romana

.

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229
232

13

234
3. Los (Míenles
236
1. Señalizaciones, faros y puertos
XIV. LA MINERIA EN LA GALICIA ROMANA
239
1. La minería
AGRICULTURA
XV. LA
247
I. La agricultura
XVI. APORTACION DE GALICIA A LA OBRA
POLITICA Y CULTURAL DE ROMA
251
1. \ portación de Gulicia
253
2. Teodosio el Grande
255
3. Teodosio y Klaccila
1. San Dámaso
••••• 262
263
5. Egeriu
269
6. Orosio
284
7. Prisciliano
XVII. LA MURALLA DE LUGO
I. La muralla
••••• 297
PRESTACIONES
PACTOS,
XVIII. TRIBUTOS,
I. Los tributos, puclos de hospitalidad y prestaciones en obras
309
públicas

.

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INTRODUCCION

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La Historia de la Galicia Romana, y aun la Historia de
Galicia en sentido estricto, o sea, a la luz de las fuentes escri¬
tas, comienza con la conquista de la Galicia Trasmiñota, hoy
Portugal, por Décimo Junio Bruto, el Galaico, entre los años
137-136 antes de Cristo.
Esto no quiere decir que los gallegos hasta esa fecha se
mantuvieran inactivos. Se trata sencillamente de que sus haza¬
ñas no han sido perpetuadas por la pluma de ningún historia¬
dor.
Sin embargo debemos tener en cuenta que la lucha, o la
guerra, era un fenómeno consustancial, esencialmente vital,
para los gallegos, así como para la mayoría de los pueblos pri¬
mitivos de España, bajo el punto de vista político, económico,
social, religioso, y hasta deportivo. Todos eran rabiosamente
celosos de su independencia política y la defendían, por miedo
a caer en la esclavitud, con el riesgo de su vida. La pobreza y
escasez de tierras les forzaba a hacer incursiones de guerra en
busca de alimentos y de botín. La emigración actual sustituye
a aquellas incursiones. La pérdida de vidas en luchas sangrien¬
tas venía a ser un obligado, aunque inconsciente, control del
excesivo crecimiento demográfico. El factor religioso influye
no sólo en la defensa aguerrida de los templos, tumbas y hoga¬
res, sino en los ritos funerarios, como las 200 parejas de gladia¬
dores que lucharon a la muerte de Viriato '.
Por último, la vitalidad pujante y energía sobrante necesi¬
ta la evasión de la guerra como deporte; en la que el peligro se
hace incentivo en alas de la superación y del triunfo.
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I

Apiano Alejandrino) Ibérica, LXXI. Diodoro Sículoi Biblioteca, XXXIII, 21.

I

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I

19

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA HOMANA

Las generaciones jóvenes luchan en contiendas internas
entre los castros vecinos y entre los grupos étnicos; pero tam¬
bién se alistan en guerras exteriores como mercenarios, o volunLarios. Silio Itálico (Púnica, V, 347) dice que los jóvenes
galaicos se divierten con el rítmico baile de la guerra.
De ahí que no resulte absurdo suponer que contingentes
gallegos lucharon ya a las órdenes de Viria to y quizá también
en las guerras celtíberas.
El historiador Apiano Alejandrino hace mención de un
combate de las legiones romanas con las galaicas en el año 139
a. C., mandadas por Quinto Servilio Cepión 2. Sin embargo la
cronología de Apiano no es muy segura 3. Por tanto, con abso¬
luta seguridad, con la campaña de Décimo Junio Bruto del año
137 comienza la Historia de Galicia.
Esta abarca dos secciones: Conquista romana de Galicia,
y Romanización de Galicia. Ambas admiten subdivisiones. La
primera se realiza en tres grandes campañas, aparte de otras de
menor cuantía: Campaña de Décimo Junio Bruto, Campaña
de César y Campaña de Augusto. Con esta última termina la
completa sumisión de Galicia.
En cuanto a la Romanización, se señalan los medios em¬
pleados por Roma en la obra transformadora y unificadora de
la vida y cultura indígena de Galicia en la estandarizada en to¬
do el orbe romano: y las aportaciones de Galicia a la cultura
romana. Por tanto comprende: las divisiones administrativas,
las vías, la religión, el derecho, la industria, la agricultura, las
artes, el idioma, etc.
Por último, la recíproca aportación de Galicia a la obra de
Roma, en la milicia, el comercio, la religión, la agricultura, las
artes y la economía: así como las personalidades gallegas que
se incorporan a los distintos matices de la obra cultural, políti¬
ca y administrativa de Roma.
También será preciso destacar la persistencia de lo indíge¬
na bajo la extensa capa de romanización, así como de las cultu¬
ras que preceden a la conquista romana.
De todos estos temas se tratará en esta Historia, natural¬
mente, dentro de las limitaciones de su autor.

Sólo queremos destacar en esta especie de introducción
que la conquista de Galicia se encierra entre dos episodios de
extremada tragedia: la batalla del Duero y la del Monte Medulio; acometida ciega y sangrienta la primera; desesperada
solución suicida la segunda. Pero la muerte no existe para la
historia: corruplio unius, generalio allerius, esta ley física de
que nada se crea, ni nada se destruye, rige para la historia.
Otra característica de esta lucha es el anonimato; se lucha
en masa; o al menos no consta de que hubiese un caudillo, o va¬
rios, que dirigiesen la lucha ; se lucha por grupos étnicos, o loca¬
les, y con más corazón e impulsos que dirección y cautela.

18

(2)
13)

Apiano Alejandrino: Ibérica, 72, 3, p. 304.
E. RE, V, 1, 216.

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Lámina I. Guerreros calaico-lusitanos, de Montalegre (Portugal)

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CAPITULO I

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LA CONQUISTA ROMANA DE GALICIA

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1. Campaña de Décimo Junio Bruto, el Galaico

*8

Después del asesinato de Viriato, tal vez en Arse, hoy
Azuaga (Badajoz), fue elegido Tántalo para sustituirlo en el
mando del ejército lusitano. Este debió de aprovechar el mo¬
mento de gran indignación de su ejército para emprender la
ofensiva, que vengara su alevosa muerte. Si damos crédito a lo
que dice Diodoro de que sus asesinos eran de Urso (Osuna), es
de suponer que la ofensiva se emprendiese en dirección a esta
ciudad. Luego intentó la toma de la ciudad de Saguntia, identi¬
ficada ya por Flórez con una ciudad desaparecida, que llevó el
nombre de Xigonza, cerca de Medina Sidonia, cuyo recuerdo se
conserva en el topónimo actual Gigontia \ Quinto Servilio Cepión le obligó a levantar el cerco, y, tratando de impedir que
Tántalo y su ejército pudiesen repasar el Guadalquivir, los fue
empujando por la orilla izquierda de este río hasta cerca de la
actual Chipiona, en donde les obligó a una rendición sin condi¬
ciones. Este procónsul, o un hijo que llevaba el mismo nombre,
hizo levantar sobre una roca la torre, o faro, por el estilo del de
Alejandría y de la Torre de Hércules, que había de perpetuar
su memoria; y de Cepión se llamaría Caepiona, hoy Chipiona,
la población levantada en sus cercanías 5.
Como consecuencia de esta rendición sin condiciones dedi¬
llo in fidem, se obligaron las huestes de Viriato a aceptar la sumi¬
sión a Roma, no sólo en nombre propio, sino como fuerzas re-

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(4)
(5)

Esteve Forrlol, Joséi Valencia, Fundación Romana, p. 103. Valencia. 1978. Flórez,
Enriquei E. S., X, p. 47, ed. 1751. Diodoro Slculoi Geográphica, XXX, 1, 4. Pasaje re¬

sumido por Focio.
Esteve Forrlol, Joséi Oc., p. 104, nota 24.

F
22

CASI Ml HO TORRES RODRIGUEZ

presentativas de toda la Lusitania, por medio de un tratado
que le ofrece el procónsul romano Q. Servilio Cepión. Por este
tratado se somete a Roma toda la Lusitania. Era de los llama¬
dos foedus iniquum, o sea, sin contrapartida por parte de Roma.

Sin embargo, Quinto Servilio Cepión, generosamente, y
tal vez para lavarse de la vil participación en la muerte de Vi¬
riato, Ies concede a los soldados rendidos un territorio y una
ciudad en donde pudieran vivir sin necesidad de pillaje 6. Esta
oferta de Servilio Cepión se hizo efectiva por Décimo Junio
Bruto al final de su campaña. Terminado con este pacto su
mandato, Quinto Servilio Cepión fue sustituido como procón¬
sul de la Ulterior por Décimo Junio Bruto, el cual tiene como
misión la de hacer cumplir dicho pacto.
Los lusitanos vencidos, como dice Esteve Forriol, fueron
inscritos en el catálogo de los aliados del pueblo romano 7.
Por tanto, es natural que Décimo Junio Bruto los utilizara como aliados, o tropas auxiliares, en la guerra de someti¬
miento de la Lusitania.
Porque la ejecución del tratado concertado entre Quinto
Servilio Cepión y los soldados de Viriato que se rindieron com¬
prendía dos partes distintas: sumisión de la Lusitania a Roma,
y concesión de tierras y de una ciudad, para que pudieran vivir
en paz.
A la pacificación de la Lusitania habían de contribuir muy
eficazmente los soldados de Viriato, con su prestigio y con su
valentía, como fuerzas auxiliares. Y como premio de su com¬
portamiento les daría un territorio, en donde poder vivir, y
una ciudad, que sabemos se llamó Valencia, hoy Valencia del
Cid ".
El mismo hecho de que a la ciudad fundada se le denomi¬
nase Valencia, como lo atestigua Tito Livio, que viene a signi¬
ficar la valiente, es una prueba de que no defraudaron en su
Diodoro Sículoi XXXIII, I, 1-4, en Focio, Bibliotheca, en RE, XX, 1 (1941). Photios,
667, 684 y 698 y as. En casi iguales palabras hace la referencia del tratado Apiano en /feé¬
rica LXXV, 320. Esteve Ferrioli UC„ pp. 99 y 102.
(7) Esteve Forriol, Joséi Oc., p. 47.
(8) Estamos de acuerdo con el gran historiador de Valencia, que tanto llevamos citado, en
que la actual ciudad de Valencia levantina tiene BU origen en el asentamiento hecho por
Décimo Junio Bruto, pero discrepamos en cuanto al momento de la fundación que, a
nuestro parecer, tuvo lugar al final de la campaña de Décimo Junio Bruto; pues no cabe
imaginar que se diese el nombre de Valencia a una ciudad fundada a base de soldados de¬
rrotados. Livloi Periocha, 55.

16)

-

.

LA GALICIA HUMANA

23

comportamiento los soldados de Viriato, y de que Bruto quiso
valorar sus méritos, al darle este nombre, haciendo justicia a la
ayuda prestada en la conquista de Lusitania y como premio
bien merecido.
Las estatuas de guerreros lusitanos, como la de Cendufe,
en el Museo Etnográfico de Lisboa, y el de San Jorge de Vizella, según apunta Blanco Freijeiro, son probablemente esta¬
tuas de guerreros lusitanos caídos al servicio de Roma 9. Desde
luego, bien pudieron ser de estos soldados de Viriato, entrena¬
dos en la lucha por él y caídos al servicio de Roma, a quienes
Bruto quiso rendir este postrer homenaje; pues sabemos que
Bruto era un romano helenizado, como lo prueba el hecho de
encargar a Hermodoro de Salamina la construcción de un tem¬
plo dedicado a Marte.
Por tanto, los testimonios que han quedado, relativos a la
rendición del ejército de Viriato y a la fundación de Valencia,
de Diodoro Sículo y Apiano por un lado, y de Tito Livio por
otro, entre los que parece existir cierta contradicción, dado que
los primeros parecen atribuir la fundación de Valencia a Quin¬
to Servilio Cepión; en cambio, el segundo se la atribuye a Déci¬
mo Junio Bruto; entendemos que se refieren a distintos mo¬
mentos del referido pacto de rendición: en Diodoro y en Apia¬
no, al establecimiento del tratado; en Tito Livio a la ejecución
del mismo; o sea, los primeros hablan del proyecto y el segundo
de la ejecución l0.
Puesto que los lusitanos no aceptaron este pacto de sumi¬
sión; pronto surgieron bandas de luchadores, especialmente al
Norte del Tajo, que se aprestaron no sólo a mantener su inde¬
pendencia política, sino a prestar ayuda a los numantinos, los
cuales causaron a Mancino, procónsul de la Citerior, una derrola vergonzosa, y le cogieron prisionero con 20.000 soldados

L

romanos.

i V)

Blanco Freijeiro: Monumentos Romanos de la Conquista de Galicia, p. 100, en Cuader¬
nos del Seminaria de Estudias Cerámicos de Sargadelos, XVI, La Romanización
de Galicia. Lcite de Vasconcellos, J.t Religiões de Lusitania, III, Lisboa, 1913, p. 54,
fig. 26.
1 10) Diodoro Sículo, XXXIII, 1, 4. Tántalo sucedió a Virialo. Cepión...
les impuso un pac¬
to u su arbitrio. Lea concedió un territorio y una ciudad donde establecerse.
Apianoi
Ibérica LXXV, 320. Eligieron a Tántalo... trataron de pasar el Betis, Cepión lea persi¬
guió hasta que, ugotado Tántalo, se rindió con su ejército. Cepión les desarmó y
con¬
cedió tierras abundantes... Tito Livioi Periocha, L V. El cónsul Junio Bruto dioles
en Es¬
paña tierras y una ciudud fortificada, que recibió el nombre de Valencia, a
loa soldados

de Viriato.

I

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21

Es el cónsul Décimo Junio Bruto el que, al terminar su
mandato anual por el año 138 a. C., viene a España, como pro¬
cónsul de la Provincia Ulterior, a sustituir a Quinto Servilio
Cepión y a obligar a los lusitanos a cumplir lo pactado. Posi¬
blemente se le exigió al ejército lusitano rendido su ayuda para
la pacificación de la Lusitania, y luego en premio se le dieron
tierras y la ciudad de Valencia.
Por tanto, en el año 137 a. C. Décimo Junio Bruto co¬
mienza la campaña de sumisión de la Lusitania. Tiene como
norma atacar a las ciudades, y no comprometerse en la lucha
de montaña, que le resultaría difícil y peligrosa. Cuerdamente
se percataba que, al atacar las ciudades, en donde se hallaban
sus mujeres y sus hijos, los templos, los sepulcros y los hogares,
los hombres acudirían a defenderlas y sería más fácil vencer¬
los ".
Todo sucedió como lo había previsto; las ciudades resistie¬
ron; las propias mujeres se aprestaron a defenderlas y los hom¬
bres acudieron en su ayuda. Con todo no le fue difícil someter
treinta ciudades; puesto que, como hemos dicho, habían sido
derrotados sus mejores guerreros alistados en las huestes de Viriato y habían aceptado el pacto de sumisión. Hombres y mu¬
jeres vencidos huían a las montañas; pero Bruto les permitía
regresar y seguir viviendo en sus ciudades.
El trato benigno que daba a los vencidos contribuía a que
muchos aceptaran la sumisión. Es posible que este trato benig¬
no lo hiciera en consideración a las huestes de Viriato.
Llegó con sus conquistas hasta la línea del Duero que ser¬
vía de límite entre la Lusitania y Galicia y en donde terminaba
la Lusitania 12.
En las cercanías de este río se dio una gran batalla, en la
que Décimo Junio Bruto tiene que enfrentarse con los galaicos,
o gallegos, que vienen en auxilio de los lusitanos, y, al ser de¬
rrotados, la guerra cambiará de signo; o sea, su fundamento ju¬
rídico; en vez de guerra de pacificación y sumisión, que se apo¬
ya en el tratado concertado por Tántalo y su ejército, en ade¬
lante se vincula al casus belli, que plantea la intervención de los
galaicos; por tanto tendrá el carácter de guerra de castigo y de
conquista l3.
Aplano» Ibérica, LXX1, 301.
Plinio Segundo, Cayo» Naturalis Historia, IV, 112 y 113.
(13) Mommsen, Teodorot» fíumische Geschichtle, 111, 341.
(11)

(12)

L.\ GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

25

Sin embargo no se puede asegurar que la guerra de Déci¬
mo Junio Bruto, que surge a raíz de esta batalla, tenga exclusi¬
vamente carácter vindicativo, o de represalia; ni siquiera que
este fuera su móvil principal. Tal vez se intentó con no menor
intención aliviar la situación de las tropas romanas que comba¬
tían contra los vaceos de la Meseta y contra Numancia, y pri¬
varles a éstos de la ayuda de lusitanos y galaicos.

2. La batalla del Duero

No cabe la menor duda de que Décimo Junio Bruto libró
contra los galaicos una sangrienta batalla, de gran importancia
histórica no sólo para Galicia, cuya historia en ella comienza,
sino para el mismo Imperio Romano.
Con ella se abren las puertas de la conquista romana de
Galicia, hecho de indudable trascendencia histórica, y fue san¬
grienta en extremo, hasta el punto de que el poeta Ovidio llega
a decir que la tierra hispánica se empapó de sangre.
Pero también lo fue para el Imperio Romano. Son muchos
los escritores que la mencionan, o aluden a ella. El mismo Bru¬
to la valoró al recibir el sobrenombre de Galaico. Facilitó la
conquista de la Galicia Cismiñota, y evitó que los galaicos acu¬
diesen en ayuda de los pueblos de la Meseta, o sea, de la región
palentina y de Numancia. Por último, dejó abierto el camino
para las futuras campañas de César y de Augusto.
Entre los escritores greco-romanos, que aluden, o la rela¬
tan, merecen especial mención: Orosio, Floro, Ovidio, Estrabón, Apiano, Plutarco, Livio, en el papiro de Oxyrhincho,
Ampelio, Veleyo Patérculo, Eutropio, Próspero de Aquitania,
etc. u
Los que más detalles han transmitido, dentro de su habi¬
tual esquematismo, son Orosio, Ovidio y Floro, y, aun entre és¬
tos, Orosio ocupa el primer lugar. Por lo cual vamos a transcri¬
bir sus palabras: «Entre tanto Bruto en la España Ulterior de¬
rrotó a 60.000 galaicos, que habían acudido en auxilio de los lu(14)

Orosio Paulo» Hisloriarum adeversum paganoi libri septem, V, 5, 12. Ovidio Masón, Publio: Fastos, VI, 12. Floro Lucio Anneot Historia Romana, II, 17, 22. Estrabón» Geo¬
grafia, 111, 3, 2. Apiano Alejandrino, LXXII, 304. Plutarco, Vidas Paralelas: III, 21,
3. Papyrus Oxyrhlnchi Musei Brilannici, n.° 660. Ampelio, Lucio: Liber Memorialis,
XIX, 4. Eutropio» flreDiWum, IV, 19, 1. Veleyo y Patérculo» Historia Romana, XLVll, 7; Próspero Tirón de Aquitania» Epitoma Chronicom, p. 402, ed. M. G. II. AA. 1,
1892.

r
26

CASIMIRO milIUiS IIODHIGL EZ

sítanos, en lucha muy dura y difícil a pesar de haber consegui¬
do cercarlos por sorpresa y valiéndose de estratagema. En esta
batalla 50.000 fueron los muertos, 6.000 los prisioneros, según
se refiere; unos pocos pudieron huir» ls.
Aunque Orosio no señala expresamente el lugar de la mis¬
ma, se deduce de sus palabras que fue en la orilla izquierda del
Duero; pues dice que los galaicos, o gallegos, habían venido en
auxilio de los lusitanos, o sea, que los gallegos habían entrado
en la Lusitania en ayuda de los lusitanos atacados por Bruto.
Ahora bien, según Plinio, el Duero dividía a los lusitanos de los
galaicos, y en el Duero comenzaba la Lusitania. Orosio tendría
esta misma concepción geográfica 16.

Por tanto los galaicos para penetrar en la Lusitania tenían
que atravesar el Duero, para lo cual, según Estrabón, usaban
barcas de cuero. Por consiguiente, la batalla debió de darse a la
orilla izquierda de este río, en donde Bruto logró embolsarlos y
derrotarlos. Orosio señala el año, pues dice que se dio durante
el consulado de M. Emilio Lépido y C. Hostilio Mancino, cuyo
consulado tuvo lugar el 617 U. C., o sea, el 137 a. C.
Ovidio precisa aún más la fecha, pues la coloca el día 9 de
junio; en el mismo día en que se celebraban las fiestas vestales,
en honor de la diosa Vesta, y la recuperación de las enseñas ro¬
manas perdidas por Craso, con la victoria de Ventidio Basso
sobre Pacoro, general de los partos, entre el Orantes y el Eufra¬
tes, que tuvo lugar el mismo día en tiempos de Antonio y Au¬
gusto l7.
La batalla, según Orosio, fue sangrienta para los mismos
romanos, puesto que la califica como dura y difícil; pero lo fue
más para los gallegos.
Las pérdidas de los galaicos, o gallegos, fueron cuantiosas:
50.000 muertos, 6.000 prisioneros. Sólo 4.000 pudieron evadir¬
se. Estas cifras suelen considerarse exageradas por la mayoría
de los historiadores. La exageración en las cifraB de muertos
il».: Orosio, Paulo! Hisloriarum adversum paganos libri septem, V, S, 12. Edil. Za ngemeister. Tcubner, 1889. / alera Brutus in ulteriore Hispania LX milia Gallaecorium,qqui Lusilanis auxilio veneran!, aspérrimo bello el difjicili, quamvis incautos circunvenusset, oppres-

sit; quorum in eo proelio L milia occisa, sex milia capia referunlur; pauci fuga evaserunl.
e
i 1 6 1 Plinio Segundo, Cayoi Naturalis Historia, IV, 112 y 113. Estrabón, III, 3, 7.
117.: Orosio, Paulo! Oc. V, 4, 19, Ovidio Nasón, Publiot Fastos VI, 12. Lp fecha del 9 de
junio es uceptuda por M (Inzer, RE, XI (1918) ¡unios, 57, 1023. Sin embargo Giraud,
Félixt Mitología Romana, p. 27, Barcelona. Edil. Labor, 1962, pone la fiesta Vtslalia, el
7 de junio.

1

.

LA GALICIA HOMA.NA

27

suele ser corriente en Orosio y en las fuentes históricas de don¬
de toma los datos; en el presente caso tal vez de Valerio Antias
a través de Tito Livio, en los que se hallan similares exagera¬
ciones. Solían hacer los cómputos según cálculo visual, sin es¬
crupuloso recuento.
No obstante hay que convenir que en este pasaje la exage¬
ración parece más patente. Incluso Orosio, con la frase referuniur — según referencias — , como observa Blanco Freijeiro, pa¬
rece indicar cierta desconfianza en relación con la exactitud de
las cifras anotadas IB. Aunque también puede aludir a referen¬
cias orales tradicionales, dado que él era precisamente oriundo
de la comarca bracarense y podía haber escuchado tradiciones
orales referentes a la catastrófica derrota.
Desde luego constituye la más seria objeción el hecho de
que se dice que los citados muertos y prisioneros fueron de los
galaicos. Ahora bien, si entendemos por galaicos exclusivamen¬
te la tribu que llevaba ese nombre, parece inaceptable la cifra
de 50.000 muertos y 6.000 prisioneros. Los galaicos, según
Cuevillas, vivían en el valle medio del Lirnia y en parte de los
valles del Homen y del Abeldela l9. Según Plinio los calaicos
eran un grupo étnico de los varios que se integraban en el Con¬
vento Jurídico Bracarense, entre los que se destacaban, ade¬
más de los brácaros, los bíbalos, coelernos, calaicos, equasos, límicos y querquernos. En su conjunto poseían 24 ciudades, o
grupos étnicos, y figuraban como tributarios 285.000 20. De
suerte que si dividimos dicha cantidad de contribuyentes entre
las 24 ciudades, o grupos citados, corresponderían a los galai¬
cos 11.875 contribuyentes. Por tanto no podrían los calaicos
reunir un ejército de 60.000 combatientes. De ahí que Schulten
opine que se trata de los muertos durante toda la campaña lu¬
sitana 2I.
Sin embargo, Orosio dice: in eo proelio, en aquella bata¬
lla; por tanto debe entenderse más bien que se trata de una ba¬
(

IB)

(19)

Blanco Freijeiro, Antonio! Monumentos romanos de la conquista de Galicia, p. 97 ; en

La Romanización de Galicia, «Cuadernos del Seminarlo de Estudios Cerámicos de
Sargadclos", La Coruña, 1976.
López Cuevillas, Florentino! La Civilización Celia en Galicia, p. 65. También se ex*

tendiun por las sierras de Jurés, Peneda y Laboreiro.
Plinio Segundo, Cayoi N. H. 111, 28. Tranoy, A.« >1 propos des Callaeci de Pline, en
Brararu Augusta, 1977, p. 228.
(21) Schulten, Adolfoi Fontes Htspaniae Antiquar, V, pp. 140 y 139.
(20)

í
211

talla determinada y sangrienta en extremo 22 No puede referir¬
se a toda la guerra lusitana, en cuyo caso Orosio no tenía por
qué mostrar asombro de que se hubieran causado tal número
de muertos y prisioneros. Tampoco estaría justificado el hecho
de que Bruto recibiese el sobrenombre de Galaico. Pero, sobre
todo, no se recordaría en una fecha determinada, como lo hace
Ovidio, el 9 de junio, coincidente con la fiesta de las Vestales y
con el señalado aniversario de la recuperación de las insignias
romanas perdidas por Craso y recuperadas con la victoria, que
hemos mencionado, de Ventidio Basso sobre los partos.
La explicación más obvia es que ante el peligro, que indu¬
dablemente amenazaba a su independencia, si Bruto pasaba el
Duero, por constituir este río su mejor defensa natural, acudie¬
ron de la Galicia Trasmiñota, y aun de la Galicia entera, gru¬
pos de voluntarios, cuyo auxilio pidieron los lusitanos. Entre
éstos se destacaron los galaicos, como más previsores y más de¬
cididos, quienes por medio de las hogueras y emisarios anunciaron el peligro, que amenazaba a todas las restantes tribus de
Galicia, y lograron que éstas respondieran a su llamada angus¬
tiosa con la aportación de todos los que podían portar armas.
Este conjunto, como da a entender Orosio, al aplicarles la cali¬
ficación de incautos, luchó con ciego coraje y decisión valiente,
pero sin pericia militar, o, como hemos dicho en otra publica¬
ción pelearon «todos a una» 23.
Así se explica el hecho de que un ejército romano que no
pasaría de 15.000 hombres diese muerte a 50.000 y cogiese a
6.000 prisioneros.
Sólo pudieron salvarse con la fuga 4.000. Sin embargo el
hecho de que Bruto, en el día de su triunfo en Roma, prefiriese
el sobrenombre de Galaico, al de Lusitano, u otro cualquiera, es
una prueba de que supo apreciar en alto grado la valentía de
los gallegos.
Por otro lado, el hecho también de que dicho General ro¬
mano no encontrase resistencia armada en su campaña desde
el Duero hasta la desembocadura del Miño, también constitu¬
ye una prueba fehaciente de que Galicia respondió con gene¬
rosa aportación al llamamiento de los lusitanos, hasta tal pun(22)

(23)

L_

LA GALICIA HOMAN A

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Orosio, Paulot Oc. V, 5, 12.
Rodriguez, Casimiro) La Conquilla Romana de Galicia en la Romanizo
Galicia. «Cuadernas de Estudios Cerámicos de Sargadelos», XVI, p, 15.

Jorres

29

todos los que pudieran portar armas, aun a true¬
que de dejar sin defensa su territorio en manos de mujeres y ni— _ y tener que acudir al miedo supersticioso, como último re¬
=nos,
curso de su ingenio, para detener a los romanos en el río Limia.
También aboga en favor de la gran importancia de esta
batalla y de que las cifras dadas por Orosio no sean tan exage¬
radas como se les suele tachar, la circunstancia de haber cons¬
truido en Roma un templo en honor de Marte, en cuyo frontis¬
picio hizo grabar los versos de su amigo L. Acio, pues no sabe¬
mos que Bruto hubiese ganado otra batalla de tan sangrientas
proporciones y de tan ventajosas consecuencias 2\
Bruto astutamente dejó que los gallegos pasaran el Due¬
ro; tal vez después los fue empujando por la orilla izquierda
hasta su desembocadura; en junio, fecha de la batalla, las
aguas del Duero son muy caudalosas por el deshielo de la nieve
de las montañas, lo cual dificultaría todo intento de fuga.
Posiblemente ya cerca del Océano los consiguió acorralar
y casi aniquilar. Con lo que logró dos objetivos: primero un cosus belli, o pretexto de guerra, para seguir adelante su campa¬
ña; en segundo lugar, el aniquilamiento de toda resistencia ar¬
mada, dado que Galicia había puesto enjuego todos sus recur¬
sos bélicos en esta batalla.
En su marcha costera, o sea, a la vera del mar Atlántico,
los ríos eran el principal obstáculo y sobre todo el caudaloso
Duero; también lo fue el Limia, aunque en menor escala, y el
Miño, límite norteño de su campaña. De ahí que supongamos
que la batalla se dio en la orilla izquierda del Duero y en lugar
próximo a su desembocadura. No parece aceptable la opinión
de que tuviera lugar en la toma de la ciudad de Braga, inexis¬
tente, a la sazón, como ciudad, y dudosa como oppidum, pues
como su nombre indica Bracara Augusta debe a Augusto su
nombre y su fundación. Los brácaros ofrecerán resistencia y
tratarán de cortar sus provisiones al regreso de su expedición.
Si la batalla del Duero fue importante para el Imperio Ro¬
mano, lo fue mucho más para Galicia, puesto que con esta es¬
pecie de bautismo de sangre recibe su nombre actual toda la
lo de enviar a

(21)

del Largo Argentina, Roma, 1930, p. 45. Blanco Freijeiro, Antonio» Monumentos ro¬
manos de la Conquista de Galicia, en Cuaderno» del Seminario de Estudios Cerámi¬
cos de Sargadelos, 16, p. 98.

\
:»o

CASI Ml HO TORRES HODIUGLLZ

Región Gallega y toda ella abre las puertas a la cultura romana, o sea, a la cultura universal. Décimo Junio Bruto de ella re¬
cibió el sobrenombre de Galaico, con lo cual vino a valorar el
heroico comportamiento de los gallegos en esta batalla.
3. El paso del río Limia

Aniquilados los contingentes de fuerzas gallegas, que ha¬
bían acudido en masa en auxilio de los lusitanos y en previsora
defensa de su propia independencia, Bruto, como buen estrate¬
ga, trató de sacar todas las ventajas anejas a la victoria obteni¬
da y a la derrota causada a los gallegos.
No existía impedimento jurídico que prohibiese el avance
sin permiso del Senado; puesto que los galaicos habían provo¬
cado el casas belli, o sea, habían dado motivo a la justa repre¬
sión, ésta correspondía al propio procónsul romano.
Tampoco existían fuerzas de reserva que pudieran opo¬
nerse a la campaña de castigo, o de conquista; porque tal vez
habían acudido a la batalla todos los hombres aptos para la
guerra. Esto no quiere decir que la campaña iba a reducirse a
un simple paseo militar, puesto que como dice Apiano: «tenien¬
do siempre que combatir recorrió muchas tierras, exigiendo re¬
henes a los que se sometían.» 25.
No obstante, la resistencia armada no fue importante. En
cambio, al llegar al río Limia, los soldados romanos se encon¬
traron con otro tipo de resistencia.
No teniendo recursos a qué apelar, el ingenio gallego trató
de detener las armas romanas por medio del temor supersticio¬
so. Se extendió la noticia entre los legionarios romanos de que
las aguas del Lethes, o Limia, como las del Letheo, río de los
infiernos, producían el olvido del pasado, de sus familias, de BU
patria, de su vida anterior, y, además, causaban la muerte.
Esta conseja supersticiosa se reforzaba con la leyenda de
un suceso que recoge Estrabón: de que los túrdulos de Andalu¬
cía llegaron a la comarca de Limia, se olvidaron de su patria y
se asentaron en esta región 26.
(25) Aplano Alejandrino! Ibérica, LXX, 3.
(26) Estrabón i ill, 3, 5. El lento, según la traducción de A. G. Bellido, « España y los
es¬
pañoles hace dos mil años...», dice asi: «Estos los célticos emprendieron
con los tuordouloi una campaña, y dicen que pasado el rio Limia desertaron; y como tras la reyerta ad\ míese la muerte de su jefe, permanecieron allí dispersos, lo que hizo que a
este rio se le

llamase también Lelhes>.

1

Li

LA GALICIA ROMANA

31

Este mismo temor supersticioso puede apreciarse en el
cronista Hidacio, del grupo étnico de los límicos, Obispo de

Chaves, quien en los últimos años de su vida, o sea, hacia el
468 d. C., al ver desaparecido el apoyo romano, busca en los te¬
rrores de la superstición el medio de contener los abusos de los
suevos. También se valieron los campesinos gallegos de idénti¬
co recurso contra los abusos de los Señores en la Edad Media.
Lejos de causar hilaridad esta superchería, desmoralizó de
tal manera a las tropas romanas, que se negaron a seguir ade¬
lante. Ni siquiera los portaestandartes se atrevieron a cruzar el
rto. Fue preciso que el propio Bruto arrebatara el estandarte a
un abanderado, y, yendo delante, lo atravesara, y fuera lla¬
mando uno por uno por su propio nombre a cada uno de los sol¬
dados de las primeras filas, para que se decidieran a atravesar¬
lo. La acción de pasar el Limia, si bien de poca monta, en frase
de Masdeu, le dio gran fama y prestigio entre sus soldados, y la
referían como la más memorable del procónsul Bruto 27.

La línea del Miño, etapa final de la campaña
Prosiguió con facilidad su marcha victoriosa hasta el
Miño. Desde luego caminaba a corta distancia de la costa y
quizá a la vista de las naves, que le seguían con víveres y per¬
trechos.
Parece haberlo cruzado cerca de su desembocadura por
dos razones. La primera por lo que dice Estrabón: «En su de¬
sembocadura hay una isla con dos muelles, a los que pueden
arribar los barcos... Aquí terminó la expedición de Bruto.» M.
García Bellido opina que se trata de la isla de Canosa, o la
Airiño do Pasaxe, frente a Santa Tecla, «donde se alzan toda¬
vía las importantes ruinas de un castro coetáneo de Estrabón»
29 Sin embargo, tal vez se refiere a la península de La Guardia,
en la que se levanta el monte de Santa Tecla y que tiene un
puerto y se asienta en la falda de eBte monte la actual villa de
La Guardia.
La palabra griega vfjóos- tiene tntre los clásicos helenos,
además del significado de isla, el de península 30. La segunda, es
por lo que dice Floro: «Recorrió vencedor el litoral del Océano,

4.

Masdeu, Francisco! Historia Critica de España, 11, 274, p. 362.
Estrabóm 111, 3, 4.
(29) García y Bellido, Antonio! España y los españoles hace dos mil años, según la Geogra¬
fia de Strabón, III, 3, 4, nota 182, p. 129.
(30) Sófocles! Edipo en Colono, 675.

(27)
(28)

r
32

CXSIMIHO TOIUUSS HODHIGUEZ

no volviendo atrás hasta que advirtió, no sin cierto horror y te¬
mor, haber cometido un sacrilegio, que el sol caía en el mar y
sus fuegos se apagaban en las aguas» 31. Sabido es que a la sa¬

zón se creía que el Sol regresaba al Oriente sumergido debajo
de las aguas del Océano; pues, conocidas son las palabras de
Homero: «Cae en el Océano la brillante lumbrera del Sol,
arrastrando tras sí la noche negra sobre la tierra de fecundos
senos.» ( Ufada, VIII, 485).
No tenemos testimonio expreso de que Bruto pasase el
Miño, y menos de que subiese al monte de Santa Tecla. Sin
embargo las citadas palabras de Floro indican a las claras que
contempló la puesta del sol desde un punto elevado, que bien
pudo ser el Monte de Santa Tecla, que, arrancando casi en ver¬
tical desde el nivel del mar y desde la desembocadura del río
Miño, mide la considerable altura de 335 metros.
Hoy día resulta maravilloso contemplar la puesta del sol
desde la cumbre del citado monte; ciertamente el sol parece
hundirse en el Océano. Pues bien, para ascender a este monte
es preciso hacerlo a partir del puerto de La Guardia; resulta
imposible la subida por la parte delantera, o sea, por la orilla
del Miño, pues se levanta en escabrosa verticalidad.
Hacia la mitad de este monte se ha descubierto una citania, o castro, por las excavaciones arqueológicas dirigidas ya
por Domínguez Fontela, proseguidas por Mergelina, Fernán¬
dez Rodríguez y Filgueira Valverde, y los hallazgos han sido
tan importantes, que con dificultad se han llevado a cabo otros
en Galicia de tan halagadores resultados; aunque falta bastan¬
te por excavar, y es de esperar que prosigan nuevos hallazgos
arqueológicos.
También se han hecho estudios importantes, aunque tal
vez no tan completos como sería de desear; pero lo suficiente
para valorar dicha citania como de indudable interés histórico
32

(31)
(32)

i
L.

Floro, L. A.» Historia Romana, II, 17, 22.
Domínguez Fontela, Juani Descubrimientos arqueológicos en Santa Tecla, en Boletin
de la Real Academia Gallega, Vil, n. 80, 1914, pp. 193-195. Calvo Sánchez, Ignacio)
Excavaciones arqueológicas en el Atonte de Santa Tecla en los años 1914-20, Madrid, 1920.
Excavaciones en el Monte de Santa Tecla en Galicia, en Memoria de la Junta de Excava¬
ciones y Antigüedades, n.° 62. Madrid, 1924. Ademáa varios artículos publicados en La
Esfera, 1924. López García, Joséi La Citania de Santa Tecla, o una ciudad prehistórica
desenterrada, La Guardia, 1927. Mergelina, Cayetano) La Citania de Santa Tecla en
La Guardia, en Bol. del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad
de \ aMadolid, 1944-1945. Fernández Fóster, L.t La Citania de Santa Tecla en La
Guardia, en Archivo de .Arte y Arqueología, Madrid, 1946, p. 351.

LA GALICIA

HO,MANA

33

En particular son de capital importancia las monedas ha¬
lladas en dichas excavaciones y publicadas en el Museo de
Pontevedra, X, 1956, por Manuel Fernández Rodríguez. Son
92 las encontradas y 83 las clasificadas por el citado catedráti¬
co y prestigioso investigador; todas pertenecientes a la Edad
Antigua y halladas en distintos sitios, no reunidas en teBorillos,
por lo que resulta un número considerable. Entre ellas merecen
especial mención las incluidas en la «Serie Romana y Grupo
Republicano», que pueden fecharse como contemporáneas y
aun anteriores a la campaña de Décimo Junio Bruto. Dentro
de este grupo la reseñada con el n.° 2 es un denario de la Gens
Sempronia, al que Calvo Sánchez le asigna la fecha del 174 a.
C., por tanto acuñada antes de la expedición de Bruto. Lleva
en el anverso la cabeza de Roma gatéala y en el reverso L.
Semp. Grueber la fecha hacia el año 172 a. C. Otras incluidas
en dicho grupo y pertenecientes a las gentes Aburia, Lulia,
Maemia, Fabia, son anteriores también a la campaña de Déci¬
mo Junio Bruto33.
Naturalmente esto no quiere decir que no hayan sido lle¬
vadas a la Citania de Santa Tecla antes o después; pero en
cambio cabe la posibilidad de que fueran llevadas en la campa¬
ña de Bruto.
Si tenemos en cuenta, además, que siguen monedas de
Marco Antonio, de Carisio y sobre todo de Augusto, de Tibe¬
rio, de Adriano, de Galieno, de Claudio II, de Constancio Clo¬
ro entre las romanas, y monedas acuñadas en Segóbriga, Tortosa, Cádiz, Calatayud, Zaragoza, Tarazona, Calahorra, Veli11a de Ebro, Cascante, Clunia (Coruña del Conde), Agreda,
Córdoba, Evora ; esto hace sospechar que existió una guarni¬
ción militar en este poblado, punto estragégico para vigilar el
paso del Miño y verdadera atalaya para la ruta de navegación,
desde tiempos remotos hasta el Bajo Imperio por lo menos. El
Monte tiene dos picos, o cimas: uno denominado el Facho y
otro el Santa Tecla, del que toma el nombre todo el Monte. El
primero, situado más al oeste, recibe el nombre de las lumina¬
rias que en él se hacían para orientar a los navegantes; el se(33)

Fernández Rodríguez, Manuel i La Colección Numismática del Museo de Sania Tecla,
p. 5, en Museo de Pontevedra, X. 1956. Coheni Medailles Consulates, 1857, 2, p.
289. Syndenhami The coinage of the Roman Republic, 1953, pp. 47-48. Calvo Sán¬
chez, Ignacio) Excavaciones en el Monte de Santa Tecla en Galicia, en Memoria de la
Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, LXII, p. 7, Madrid, 1924.
Grueber, H. A.¡ Coins of the Roman Republic on the British Museum, p. 95.

'

f
n

CVSIMIIIO TOItlUiS HOUIUGUIÍZ

gundo, del santuario eirigido en honor de Sana Tecla. En éste
se hallan unos petroglifos que, según Calvo Sánchez, represen¬
tan al Sol, la Luna y las estrellas. Antes del templo de Santa
Tecla, según el citado autor, existió un «oratorio», o santuario,
dedicado al Sol 3l.
Si relacionamos este antiquísimo culto con el relato de
Floro, se explicaría la decisión de Bruto de no seguir adelante,
presa de temor supersticioso de haber cometido un sacrilegio al
desvelar el misterio del hundimiento de los caballos del sol ar¬
diente en las aguas del Océano 35.
Si este fue el verdadero motivo, o sólo un pretexto para
convencer a sus soldados supersticiosos de la necesidad del re¬
greso, no es fácil de saber. Existían otras causas más positivas,
como fueron la sublevación de los brácaros y la ayuda prestada
a su pariente Lépido, que había sitiado Palencia y se hallaba
en un momento apurado.
Lo que parece seguro es que si Décimo Junio Bruto llegó a
tomar el castro prehistórico a que nos venimos refiriendo, por
su valor estratégico, para vigilar el paso del Miño, para cabeza
de puente de ulteriores conquistas y como atalaya del Mar
Océano para la navegación, no sería fácil de abandonar.
De hecho, César no encontró dificultad, como veremos, en
el paso del Miño. Sin embargo, la toma del citado castro y del
Monte Tecla no pasa de ser una conjetura más o menos esti¬
mable.
Menos sería su identificación con la ciudad de Cinginia,
de la que habla Valerio Máximo, a la que Bruto ofreció dinero
a cambio de su rendición y recibió la altanera respuesta de que
sus mayores le habían dejado hierro para defender la ciudad,
pero no oro para comprar su libertad de un general avaro; a lo
que añade el mencionado autor: «cuánto más honroso hubiera
sido para los nuestros (romanos) haber preferido esta sentencia
que haberla oído de boca de los enemigos.»
También es muy probable que pasase el Miño a la altura
de Tuy; allí, según Plinio, existía un castillo de origen griego,
en cuyo solar se levanta actualmente la catedral.
¿No sería fundación de Bruto, hombre helenizado? 36.
(31)
(35)
(36)

u

:

Calvo Sánchez, Ignacio! O.C., p. 7.
Floro, Lucio Anneo: O.c., 17, 22.
Valerio Máximo! Dicloruro el Jactorum memorabilium libri, 4, extr. 1. Mario Cardoso
ID identifica con la Citania de Briteiros, en Revista de Guimaraes, XXXVI, 1927, p.
24. Flórez, en E. G. XV, p. 67 y 68, dice «no podemos individualizar el lugar de aquel
pueblo». Masdeu en Historia Critica de España, IV, p. 361, la sitúa entre Braga y Guimaraes. Plinio Segundo, Cayoi Naluralis Historia, IV, 112.

LA GALICIA HOMANA

35

5. El regreso de la expedición de Bruto

Ya fuese el motivo que aceleró su retroceso el temor su¬
persticioso, ora fuese el hecho de que los brácaros se habían su¬
blevado y trataron de cortar el abastecimiento de sus tropas, o
bien que su pariente Lépido, que se encontraba en un trance
apurado, le pidiese ayuda urgente, lo cierto es que el mismo
año de 136 decidió su regreso.
Bruto, que en toda su campaña había dado pruebas de ser
hombre fuerte e intrépido, parece increíble que sufriese ante el
bello espectáculo de la puesta del Sol tan fuerte horror cósmi¬
co, que le impulsase a retroceder. Sin embargo sabido es que
los triunfadores romanos temían a Némesis, diosa de la ven¬
ganza, como envidiosa de sus éxitos. Bruto pudo haber sufrido
esta autosugestión, de haber cometido un sacrilegio, de haber
roto un velo misterioso vedado a todo mortal, al contemplar el
hundimiento del Sol en el Océano tal vez desde un oratorio de¬
dicado al culto del Sol. No obstante, es posible que tuviera que
usar de esta estratagema para convencer a sus soldados, que
deseaban continuar adelante.
Más real fue, sin duda, la sublevación de los brácaros, que
se apoderaron de sus víveres y trataron de impedir el repaso
del Duero. No debieron éstos de haber combatido con tanto ar¬
dor en la Batalla del Duero, como lo hicieron los galaicos, y por
eso no habían sufrido tantas pérdidas.
Se encontró con que varias ciudades de los brácaros se ha¬
bían sublevado y tuvo que someterlos de nuevo. «Las mujeres
armadas luchan con los hombres, morían con gallardía sin re¬
troceder, ni volver la espalda, ni emitir un solo lamento.
Las que caían prisioneras se daban muerte a sí mismas, y
algunas llegaron a dar muerte a sus propios hijos y a lanzarlos
como proyectiles contra los soldados romanos.» 37
Se vio obligado a penetrar más hacia el interior y someter
varias ciudades y hacer pactos con las mismas. Repasó el Due¬
ro y se encontró con la sublevación también de varias ciuda¬
des, entre ellas la célebre Talábriga, mencionada por Plinio y
por el I tinerario de Antonino, con la que se mostró clemente, a
(37)

Apianoi ibérica. VI, 72, p, 137. Los brácaros lindaban por el Norte con los limic:oa, los
querouernos y galaicos, y con éstos también por el Este y en parte por el Sur, y la:miñón
con el Duero.

/

\
i

36

LA GALICIA HOMAN A

CASI MI 110 TORRES ItODIllGUIiZ

pesar de haberle recriminado su reincidente conducta ; perdonó
sus habitantes y les permitió regresar y seguir viviendo en
ella a los que la habían abandonado 3B.
Supo hermanar la energía con la clemencia y trató de cap¬
tar la voluntad de los indígenas hacia la amistad romana.
Luego se encaminó hacia la Meseta para auxiliar a su pa¬
riente Lépido en la guerra por él emprendida contra los vaceos,
por haber suministrado éstos víveres a los numantinos. Es po¬
sible que lo hiciera apoyado en la orilla izquierda del Duero,
cruzando el Tormes y más tarde el Duero, allá por la confluen¬
cia con el Valdearaduey; así podía atacar a los vaceos por la es¬
palda y reunirse con Emilio Lépido. Este, contrariando las ór¬
denes del Senado, había puesto sitio a la ciudad de Palancia.
Un senalus consulto y un aviso personal de no atacar a los va¬
ceos le habían llevado los legados Cinna y Cecilio 39. Bruto,
aparte de su parentesco, estaba obligado con Lépido, que le ha¬
bía sustituido en el consulado y le había conferido el encargo
de someter la Lusitania; precisamente, como operación de des¬
carga, para impedir que apoyasen a los numantinos.
Fracasó en esta empresa; el cerco de Pallanlia, hoy Paten¬
cia, se prolongó demasiado. Fueron faltando las provisiones, y
el hambre se cebó en las Filas romanas. Se vieron obligados a
ordenar la retirada a la hora de la última vigilia, para lograr
huir antes de la aurora; se vieron forzados por la urgencia a
abandonar los enfermos y heridos.
Pero los palentinos se apercibieron de la huida en desban¬
dada de los romanos sitiadores, los persiguieron y causaron
grandes destrozos, desde la aurora haBta el anochecer. La ca¬
tástrofe hubiera sido mayor para los romanos, agotados y
hambrientos, si no hubiese venido en su ayuda un eclipse de lu¬
na, que tuvo lugar el 1 de abril del año 136, y que nos da la fe¬
cha del término de la campaña de Bruto.
Según Schulten, lo interpretaron los vaceos como prohibi¬
ción de su dios de proseguir la matanza ; pues sabido es que da¬
ban culto a la Luna 40. Las tropas romanas se vieron salvas de
Plinto Segundo, Cayoi N. H. IV, 113. Itinerairio de Antonlno, 421, 6. Según este
Itinerario entre Cale y Talábriga, habla 31 millas de distancia; se le suele situar en las
loria de Portugal, V, p. 218. A
proximidades de Aveiro. V. Virgilio Correiai His(orí
Ibérica, 72. Münzer, en R. E. Pauly Wissowa, X, 122, supone que la derrota de
no provocó estas sublevaciones.
(39) Apianoi Ibérica, 81.
¡40) Apianoi Ibérica, 81-85. Schulten, Adolfoi Numancia, I, 366.
(38)

si:r

37

una aniquiladora derrota. A pesar del fracaso, Bruto fue de los
pocos generales romanos que lograron éxito permanente en la
conquista peninsular y su nombre fue recordado como glorioso
por los historiadores romanos. Veleyo Patérculo escribe: «An¬
tes de la caída de Numancia fue gloriosa en España la campa¬
ña de Décimo Bruto, que penetró en todos los pueblos de Es-.
paña, sometió ingente multitud de hombres» 41.
Anteriormente hemos citado las palabras de Ovidio, que
celebra la victoria de Bruto en la batalla del Duero como acontecimientoi glorioso digno de figurar en los Fastos Romanos 42
Rufo Festo escribe: Sometimos por mano de Décimo Bru¬
to a los rebeldes lusitanos y llegamos desde Gades al mar Océa¬
no 43 El mismo Eusebio lo incluyó en su Crónica (II, 128):
«Bruto sometió la Iberia a los romanos hasta el Océano.»
En el mismo año del 136 a. C., a pesar de que, como dice
Flórez, no siguió los trámites reglamentarios, puesto que, se¬
gún éstos, el triunfo debía solicitarse antes de regresar a Roma,
obtuvo los honores de triunfo 44. Así consta en los Fastos Capitolinos: D. Junius M. F. M. N. Brulus ( qui postea) cal (la) icus
appelatus esl. Anno DCXVll Pro Cos. De Lusilanis el Gallaicis. Décimo Junio, hijo de Marco, nieto de Marco, Bruto, que
luego fue llamado el Galáico, celebró su triunfo, como procón¬
sul de los lusitanos y gallegos, el 617 de la fundación de Roma,
o sea, el año 136 a. C. Más tarde, después de la guerra de Nu¬
mancia, el Senado Romano envió diez senadores para organi¬
zar las conquistas llevadas a cabo en España por Bruto y Escipión 45.
Pero antes de regresar a Roma quiso premiar la ayuda y
colaboración prestada por sus soldados y tropas auxiliares y si
el Senado Romano se había mostrado generoso y espléndido en
reconocer la labor meritoria de Bruto, éste, como hombre justo
y noble que era, quiso también premiar y hacer partícipes, por
(41)
i 42)
(43)

Veleyo Paterculoi Historia Romana, 11, 50, 3.
Ovidio Nasón, Publioi Patios, VI, 669.
Rufo Festoi Breviarium Imperii, V, 1: Reveíanles Lusitanos in Hispania per Decimum
Brulum oblinuimus el usque Gadis ad Oceanum more pervenimus. Blanco Freijeiro supo¬
ne que Gadis es una confusión del copista y que debe entenderse Cales, o sea, Oporto.
Sin embargo quizá aluda al punto en que fueron derrotadas las huestes de Viríato en
Chipiona, cerca de Cádiz, de donde arrancó la expedición de Bruto. Blanco Freijeiro,
Anionioi Monumentos Romanos en la Conquista de Galicia, en Cuadernos de E. G. de
Sargadelos, 1976, p. 97.
(44) Flórez, Enriquei E. S., XV, p. 69.
(45) Apianoi Ibérica, 99, 1.

38

C VSIMIIU) TOHHES ItODIUGUEZ

Ia lealtad y generosa ayuda que le habían prestado, a sus solda¬
dos. Así, a los que habían militado bajo el mando de Viriato,
Ies dio en España tierras y una fortaleza que se llamó Valen¬
cia 4fi.
Completamente de acuerdo con Esteve Ferriol, en que es¬
te asentamiento tuvo lugar en la actual Valencia del Cid. Sin
embargo discrepamos en cuanto al momento; pues entendemos
que, aun cuando la concesión de iure se hizo ya, cuando Quinto
Servilio Cepión derrotó a Tántalo en la orilla izquierda del
Guadalquivir en el año 138 a. C., sin embargo de fado no se lle¬
vó a cabo hasta el regreso victorioso de Décimo Junio Bruto de
su campaña contra lusitanos y galaicos, pues no parece ade¬
cuado el nombre de Valencia, que significa la fuerte, la valien¬
te, para una ciudad formada por soldados rendidos, como lo
fueron los de Tántalo; en cambio lo serían en el caso del final
de la campaña de Bruto, en la que los mismos cooperaron a la
victoria con su leal ayuda a las legiones romanas. Por tanto el
asentamiento de los soldados, que habían militado a las órde¬
nes de Viriato, en Valencia, debió de tener lugar al final de la
campaña de Bruto, en el año 136. Con este asentamiento Bru¬
to saldó y recompensó la valiosa ayuda que aquellos aguerridos
soldados, que habían militado a las órdenes de Viriato, le pres¬
taron en la campaña lusitana y gallega. Es más: tal vez las es¬
tatuas de los «guerreros lusitanos», como se les suele llamar, o
de «guerrero galáico», como figura en la de Viana do Castelo,
con la característica cetra, o escudo en forma de laberinto, con
puñal y punta de lanza, con torques y brazaletes, pueden con
bastante probabilidad datarse en la época de la campaña de
Bruto. Así lo insinúa el erudito investigador local Figueredo da
Guerra en su descripción de la estatua hallada en Sao Paio de
Meixedo, en la falda meridional de la Sierra de Arga y hoy en
el Museo Municipal de Viana do Castelo. También el hecho de
(16)

Livio, Tiloi Períoca, 55: Junius Brutus cos. in Hispania is qui sub \ iriatho militaverant, agros el oppidum dedil quod vocalum est Valenlia. Esteve Ferriol, Joséi Valencia,
Fundación romana, p. 31. Rossbach, Ottoi T. Livii periochae omnium librorum... Leip¬
zig, 1910, n. 66, 28 y ss. En cambio la relación de Dlodoro Siculoi -Téntamo (Tántalo)
sucedió a Viriato en el mando. Cepión provocó el pánico en sus huestes y les impuso un
tratado a discreción. Como base les concedió un territorio y una ciudad donde asentar¬
se»: «Biblioteca», XXXIII, 1, 4. Asi como la de Aplanoi ibérica, LXXV, 320: .Cepión
les quitó todas las armas y les concedió tierra suficiente para que pudieran vivir sin de¬
dicarse al pillaje por falla de recursos». Estos dos pasajes se rerieren al pacto concertado

en el año 138.

i

i

LA GALICIA HUMANA

39

que, como dice Guevillas, todas aparecieron en el Norte de
Portugal, entre el Duero y el Miño, aboga en este sentido.
Las estatuas enumeradas por Cuevillas son: la de Santo
Ovidio de Fafe, San Jorge de Vizela, Castro de Rubias, Viana
do Castelo, Cendufe, Cabeceira do Basto y Capelados.
Algunas han desaparecido; la mayoría se encuentra en el
Museo Arqueológico de Belem, en Lisboa. Existen algunas
más, como la del Museo de Orense. Gracias a la ayuda presta¬
da por el culto Ingeniero D. José Luis de Silva Días, he podido
estudiar detenidamente la de Viana do Castelo, que ofrece la
particularidad, como la desaparecida de Rubiás, de llevar ins¬
cripción latina, sobre el sayal del guerrero de frente y por el la¬
do derecho; por la rodilla derecha y por el muslo izquierdo. Así
como en la estatua desaparecida de Rubiás la inscripción de
Adrono Veroti filio, e Adrono, hijo de Veroto, está clara, pero
no es posible deducir la fecha por su desaparición ; en cambio la
de Viana do Castelo está oscura y, desde Hlibner hata hoy, no
se ha obtenido una lectura que satisfaga; pues las letras se ha¬
llan borrosas por haber yacido tirada en el suelo y por las vici¬
situdes por las que ha pasado dicha estatua antes de su coloca¬
ción en el Museo de Viana do Castelo, y parecen ser de fecha
posterior, en parte al menos, a la primitiva efígie.
Hübner da la siguiente lectura: L (LUCí) SESTI CLODOMENI F(ilii) COROC (0) COROCANC (TITILLA) UDIU
(TI) F. SEPRON (IA US) CONTU (BERNALI- EL-US) ET

FRATER.
En cambio el investigador vianés Figueiredo da Guerra da
diferente lectura y explicaciones: «As letras esta distribuidas
pelo saial, lado direito e frente, na côxa direita e sobre o joelho
esquerdo.
Eis a nossa leitura:
No fraldao:
L. SESTI. CLODAME
N I S. F. L: C 0 R 0 C. C 0 R 0 C A V C L
V D I S. F. S E M° P 0 N IS
Sobre o joelho esquerdo
Na côxa direita
T. C L O V S. F.C.»
C0NTV
FRATER

f

1

40

CASIMIRO

[OltltLS

IlODIMGl EZ

Quizás la lectura primitiva, a juzgar por la de Rubiás, era:
Corocao corocaus cludilis. El resto fue añadido en época
muy posterior 47.
Desde luego, como todas las demás estatuas a las que lle¬
vamos refiriéndonos, está labrada con técnica primitiva y rudi¬
mentaria, que pudiera ajustarse a la época de Bruto.
Según el mencionado Figueiredo da Guerra, se trata de
monumentos militares fúnebres, se destinaban a ocupar posi¬
ción vertical con la parte inferior de las piernas, de labrado
más tosco, embutida en la urna funeraria, que le sirve de pea¬
na, y por tanto carece de pies y se yerguen a la cabeza de la se¬
pultura de los héroes que representan.
Seis de dichas esculturas aparecen decapitadas. La de Via¬
na do Castelo, a la que nos venimos refiriendo, tiene la cabeza
postiza y de granito diverso al de la estatua, y el diámetro es
mayor en la unión del cuello de la estatua ; se sujeta por medio
de un espigón de hierro. La visera articulada denuncia ser obra
de fines del siglo XV o principios del XVI de nuestra Era.
Según el citado Figueredo da Guerra, la inscripción no es
contemporánea de la estatua, «Julgamos que a dedicatoria fos¬
se passados moitos anos, mandada gravar por algún descen¬
dente do galego romanizado... revela trabalho indígena, e fóra
da influência romana, como se vê do seu tipo ibérico, especial,
e ornatos de estilo grego o micénico.»
Otra de las modificaciones que ha sufrido la estatua fue el
hecho de que el dueño de la finca en que apareció la estatua,
Alfonso da Rocha, mandó en 1622 grabar en el escudo sus bla¬
sones.

De suerte que en gran parte, como se ve, ha sufrido adul¬
teraciones. Con todo no carece de importancia arqueológica, lo
mismo que otras conservadas en el Museo Etnográfico de Lis¬
boa.
Por todo lo cual estas estatuas labradas con técnica primi¬
tiva y rudimentaria, quizá pudieran datarse en la época de DéFlgueiredo da Guerra, en Plnho Leali Portugal Antigo e Moderno, ñola 2. Ilübner,
Emilios Noticia» Arqueológica» de Portugal, pp. 104-105, en Memoria» da Academia R.
de Litboa, López Cuevlllas, Florentinos Armería Poithallitatica del Noroeete Hispáni¬
co, en «Cuadernos de Estudios Gallegos», 1947, pp. 548-556 y nota y lém. III. Alvés
Pereira, F.t Novo material para o estudo da estatuaria e Architecture do» Castro» do Alto
Minho, en O Archeologo Portugués, XIII, p. 237. Acuña Castroviejo, Fernandos Pa¬
norama de la Cultura Castrexa. En Bracera Augusta, 1977, p. 243. Taboada Chivite,
Jesús: Escultura Cello-Romana, p. 10 y ss. Vigo, ed. Cástrelos, 1963.

LA GALICIA ROMANA

41

cimo Junio Bruto. Pueden representar soldados lusitanos de
los que habían militado con Viriato, que cayeron en la campa¬
ña, como tropas auxiliares al servicio de Roma, semejantes a
las regulares modernas.
Bruto, el Galaico, quien, como dice Blanco Freijeiro, «era
amigo de Escipión Emiliano, y compartía con éste el entusias¬
mo por la incipiente helenización de Roma», quiso tal vez in¬
mortalizar en piedra y rendir homenaje a los valientes lusita¬
nos que le ayudaron en su campaña al Norte del Duero, y que
cayeron en la lucha sin haber podido gozar del premio ofrecido
a los supervivientes.
Acuña Castroviejo dice: «...generalmente presentan unas
características similares consistentes en ser figuras masculinas,
de pie, cortadas casi siempre por las rodillas, con los muslos
unidos y el cuerpo recubierto por una especie de túnica y con el
escudo redondo en las manos. Llevaban torques las de Montealegre y Rubiás.
No pretenden los artistas hacer retratos, sino exponer las
características y atributos del personaje a quien así querían re¬
presentar.» “
No parece probable que pudieran algunas representar le¬
gionarios romanos caídos en la lucha. En ambos casos se trata¬
ría de monumentos funerarios con miras a perpetuar la memo¬
ria de los caídos. Es de suponer que la idea de honrar a los caí¬
dos concebida por Bruto no encontrase manos expertas entre
los toscos artesanos indígenas. Sin embargo se puede apreciar
la detallada representación de las armas, como la del escudo
llamado caelra, de forma laberíntica ; el dardo y el puñal ; tam¬
bién se esculpe el brazo y la mano, el torques y brazaletes; en
cambio aparecen descuidadas la faz y el torso; sólo en una apa¬
rece el torques emblema de los jefes; todo lo cual podría indicar
que el artífice no tuvo otra intención que destacar más que la
condición de soldado; quizás con ausencia de toda individuali¬
dad y como representación simbólica. Algunas como la de Gendufe, que llevan la caetra propia de los lusitanos, parecen repre! 481 Blanco Freijeiro, Antonios Cabeza de un Castro de Narla, en P.E.G, XI. Monumentos
romanos de la conquista de Galicia, en «Cuadernos de Estudios Cerámicos de Sargadélos», XVI, 1976, p. 98. Lelte de Vasconcelloss Religiões da Lusitania, III, Lisboa,
1915, pp. 43-54. ¡Valuquer de Motes, Juans Los pueblos de España Céltica, en Historia
de España, dirigida por Ramón Menéndez Pidal, I, val. Ill, p. 68. Acuña Castroviejo,
F.s Panorama de la Cultura Coslreza, en Bracara Augusta, 1977, p. 243.

r

L

42

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

sentar lusitanos caídos; en cambio otras llevan inscripciones
latinas, como la de Castro de Rubiás. Adrono Veroli F. Adrono,
hijo de Verolo, y la de Viana do Castelo, Coroco Corocaus Cludius, parecen representar soldados célticos. La mayoría se ha¬
llan hoy recogidos en el Museo Nacional Arqueológico y Etno¬
lógico de Lisboa. El hecho de que sólo hayan aparecido entre el
Duero y el Miño da pie a fecharlas como monumentos funera¬
rios erigidos durante la campaña de Bruto, o al final de la mis¬
ma, cuando el Senado Romano envió 10 senadores para organi¬
zar los territorios conquistados.
Bruto también premió a los legionarios romanos con la
fundación de una colonia Brulobriga. La menciona Esteban de
Bizancio Bpcruro|3ptít , y dice que estaba en la Bética entre
el Betís y los turdetanos; sin embargo su situación nos es des¬
conocida. También hay monedas con la leyenda de Brulo¬
briga 49.
Finalmente quiso también rendir testimonio de gratitud a
los dioses por la victoria conseguida contra los galaicos y es de
suponer que lo hiciera con el dinero logrado en esta campaña.
Según atestiguan Cornelio Népote y Plinio, levantó un templo
en honor de Marte en las proximidades del Circo Flaminio;
dentro de él se hallaban una colosal estatua de Marte sedente y
una estatua de Venus desnuda, antecedente de la de Praxiteles, al decir de Plinio, y apta para decorar cualquier otro lugar.
Según Népote encomendó el proyecto de construcción del tem¬
plo a Hermedoro de Salamina; y fue EBCopaB el autor de am¬
bas estatuas 50. Según Blanco Freijeiro, corresponde a los estu¬
diados por Fornari y por Wijkstrom.
No se conservan las columnas de la fachada, pero sí las
nueve de cada lado, el podio de tufo y la escalinata de peperino
Sl. En el frontispicio de este templo se grabaron unos versos de
su amigo el poeta Accio, quien también escribió una fábula
praelexla, titulada Brutos, antepasado glorioso suyo.
(49)

LA GALICI A ROMANA

Finalmente al adoptar el cognomen de Galaico en el día de
su triunfo, rindió homenaje también de admiración a Galicia y
a sus hijos heroicos; él se honró con el nombre de Galaico e hizo
que toda la región gallega recibiese el nombre de esta tribu de
los galaicos. Por tanto, al gran procónsul romano debe Galicia
su nombre actual. Debió de dejar aseguradas sus conquistas
por medio de guarniciones romanas en puntos estratégicos; de
pactos y alianzas con los indígenas; puesto que, como dice
Apiano, después de la caída de Numancia en el año 133 d. C. el
Senado Romano envió diez senadores para organizar las con¬
quistas llevadas a cabo por Bruto y Escipión; por lo que da a
entender que continuaban sumisas a la dominación romana.
Las conquistas de Bruto abrieron también la vía de pene¬
tración en Galicia; en adelante las expediciones de conquista
de Galicia, como las de César y de Augusto, seguirán la misma
ruta de penetración.
El Caslellum Tyde, que Plinio supone de origen griego, po¬
siblemente fue levantado, o conquistado por Bruto, para vigi¬
lar el paso del Miño por el lugar, que se cruza hoy en la ciudad
de Tuy.
La existencia de dicho castillo, o fortaleza, desde época in¬
memorial, que Plinio atribuye a los héroes griegos, da pie a su¬
poner que se cruzaba el Miño por puente, o por barca “.

Esteban de Blzancloi Etnica, Broulobria. R. E. III, 1906. Schulten, Adolfo) Fontes
II. A. IV, p. 140. Wlegels, R.i Lint Periocha, 55, y IB Fundación de Valencia, en Archi¬
vo de Prehistoria Levantina, XIV, 1975, p. 90. Esle identifica Brulobriga con Valencia.

Plinio Segundo, Cayo) N. H. XXXVI, 26. Nepote, Cornelio, en Prlscia no) VIH,
17.
(51) Blianeo Freijeiro, Antonio) O.c., p. 98. Fornari, F.i Dean anlico templo presso al Cir¬
co Flaminio, en Bull. Com., 49 (1911), p. 261. Wijkstrómt Welchesinddie Tempelanf
der Piazza Argentina? en Acia Ins. Rom. Regni Sueciae, 2, 1932, p. 17 y p. 24. Mtlnzer,
RE, X, I (1918), Junius, 57. 1024, 53.

43

(50)

(52)

Aplano) Ibérica, 99, 428. Plinio Segundo Cayo> Naturalis Historia, IV, 112.

r

L

CAPITULO II
1. Precedentes de la campaña de César

La expedición de Bruto, como ya se ha repetido, debió de
reducirse a la faja costera, en donde radicaban las ciudades; no
penetra en el interior a no ser que se viese obstaculizado por los
ataques de los indígenas. Las tribus que vivían en las monta¬
ñas continuaron viviendo en sus castros, cultivando sus cam¬
pos y pastoreando sus ganados; de tiempo en tiempo practica¬
ban sus incursiones de bandidaje y depredación.
Cuando no atacaban a los romanos luchaban entre sí y se
desangraban continuamente. La campaña de Bruto, la toma y
destrucción de Numancia, hicieron mermar las incursiones de
los galaico - lusitanos por espacio de unos veinte años. Cartago, Corinto y Numancia, tres ciudades destruidas por Roma,
hicieron que todos los pueblos dominados se sintiesen sobreco¬
gidos de respeto y terror ante el poderío de Roma.
Pero ya en el año 113 a.C., Mario, en frase de Plutarco,
tuvo que limpiar de bandidos la España Ulterior S3. En el año
112 se habla claramente de la sublevación de los lusitanos, con¬
tra los que fue enviado M. Junio Silano 54. En el año 109, Q.
Servilio Cepión, hijo del que había dado muerte a Viriato, ven¬
ció a los lusitanos y celebró en Roma su triunfo 5S. En el año
105 un ejército romano fue derrotado por los lusitanos.
Los movimientos de insumisión a Roma arrecian en los
períodos de debilidad de las armas romanas, como sucedió en el
ataque de los Cimbrios y Teutones.
La batalla de Arausio, en frase de Mommsen, sobrepasó
1.53)
(54)
(55)

Plutarco' I idas Paralelai. Mario IV, 6.
Rufo Festot Dreviarum, V, 1. Schulten, Adolfoi Forties H. A. IV, p. 146.
R.E. Servilius, p, 1.783. Eutropio: Bmiarum, IV, 27.

1

46

CASIMIHO TOIUIES HOOHIGUEZ

moral y materialmente el desastre de Cannas, pues en ella pe¬
recieron 80.000 soldados romanos.
Un cúmulo de revueltas surge en todo el mundo romano.
Los romanos tienen que apelar a los propios celtíberos para
combatir como auxiliares a los lustianos.
En el año 101, Dolabela venció a los lusitanos, dejó pacifi¬
cada la España Ulterior y celebró su triunfo sobre los lusitanos
el 5 de las Kalendas de febrero de dicho año56.
En el año 99 se lucha, con éxito, contra los lusitanos.
En los años 96, 95 y 94, estaba de procónsul de la Ulterior,
Publio Craso, padre del Triunviro, que había sido cónsul el 97
a.C. Prohibió a los habitantes de Bletisa, ciudad de Lusitania
cerca de Salamanca, hacer sacrificios humanos 57.
Sobre todo interesa para la historia de Galicia lo que cuen¬
ta Estrabón en relación con el comercio de las CaBsitérides. Di¬
ce «que estas islas eran diez, todas ellas cercanas entre sí y si¬
tuadas al norte del «Puerto de los Artabroa» (La Coruña). Una
de ellas está desierta, las demás están habitadas por hombres
que visten mantos negros y llevan encima túnicas talares suje¬
tas, asemejándose, por ello, a los Poinas de la tragedia. Viven
en general del producto de sus ganados, a la manera de los pue¬
blos nómadas. Tienen metales de estaño y plomo, y los cam¬
bian, así como las pieles de sus bestias, por cerámica, sal y
utensilios de bronce que les llevan los mercaderes. En un prin¬
cipio este comercio era explotado únicamente por los fenicios
de Cádiz, quienes ocultaban las rutas que conducían a estas is¬
las. Cierto navegante (gaditano), viéndose seguido por navios
romanos que pretendían conocer la ruta de estos emporios,
varó voluntariamente por interés ciudadano en un bajo fondo,
a donde sabía que le seguirían los romanos. El logró salvar su
vida a pesar del total naufragio de sus naveB, pero le fueron in¬
demnizadas por su ciudad las naves y mercancías que perdió.
Los romanos, sin embargo, después de muchos intentos, logra¬
ron descubrir la ruta de estas islas. Fue Publio Craso el que
luego arribó el primero y conoció el poco espesor de los filones
y el carácter pacífico de los habitantes y dio luego todas las in¬

LA GALICIA IlOMANA

dicaciones para facilitar la libre visita de estos parajes, más
alejados de nosotros que los mares de Bretaña SB.
La expedición de Craso, como opina García y Bellido, de¬
bió de ser una expedición armada y fue, sin duda, por las costas
gallegas 59. Aunque se ha discutido mucho sobre la situación de
las Cassitérides, verdadero Eldorado de la antigüedad, no cabe
duda que Estrabón las coloca en la región gallega, pues habla
de ellas al hacer la descripción geográfica de España y, como
acabamos de ver, dice que están a más distancia de Roma que
los mares de Bretaña. Luego no se trata de las Islas Británicas,
o sus cercanías M.
Las costas e islas gallegas es indudable que están a más
distancia de Roma que el mar de Bretaña; pero la comunica¬
ción con este mar resultaba difícil, porque, en tiempo de P.
Craso, la Galia no había sido conquistada. Por tanto, es muy
verosímil que se pudiese en ellas adquirir el estaño, bien por¬
que lo extrajesen de las minas existentes en la región o porque
en sus barcos de cuero lo fuesen importando de las Islas Britá¬
nicas o sus proximidades, traficantes gallegos, y constituyesen
verdaderos emporios en los fondeaderos de las rías gallegas. En
ellos habían venido a surtirse del estaño, necesario para la fa¬
bricación del bronce, desde tiempo inmemorial, tartesios, feni¬
cios y gaditanos, pues consta que era muy escaso en toda la
cuenca mediterránea.
Del comercio llevado a cabo como consecuencia de esta
expedición, arranca la gran fortuna de Publio Craso, aumenta¬
da por sus descendientes por la compra de solares en Roma con
motivo de las proscripciones de Sila.
La actividad comercial llevada a cabo por Publio Craso,
padre del Triunviro, y por otros anónimos comerciantes roma¬
nos, viene a demostrar que existió una cabeza de puente al otro
lado del Miño que facilitaba el paso de este río y que, posible¬
mente, estuvo defendida por una guarnición romana asentada
en el Monte de Santa Tecla, cuya existencia han sugerido las
excavaciones y en particular las monedas que se remontan a
una fecha muy cercana a la campaña de Bruto. Este sería, tal
(58)

(56)
(57)

Julio Obsequens: Líber prodigiorum, años 105 y 101.
Estrabón: III, 3. 7. R.E.i Bletisa.

47

Estrabón, III, S, 11, García y Bellido, Antonio, España y los españoles hace dos mil

años, según la Geografía de Slrabón, p. 228,

29.
Ga rcia y Bellida, Antonloi España y los españoles hace dos mil años, p. 231, noto 364.
(60) Ga reía y Bellido, Antonio: Estudios Geográficos, II, 1941.
(59)

r

L

(B

vez, el que dejó dicha guarnición, así como un puesto de orien¬
tación y vigilancia en el Monte Facho, que viene a ser una ci¬
ma de la misma montaña sobre la que emerge también la del
Santa Tecla, pero al occidente de éste, o sea, más a la vera del

Océano, que serviría de atalaya para la navegación.
Otra dejaría, tmbién, en el Caslellum Tyde, o sea, en Tuy.
Cuando en Roma comienzan las luchas internas por el po¬
der, va desapareciendo el miedo y surgen las sublevaciones que
Roma se ve en la necesidad de castigar con mano dura. Así lo
hizo Escipión Násica el año 93 ; destruyó varios poblados y cas¬
tigó con pena de muerte a los cabecillas 41.
En las guerras sertorianas (82-72 a.C), los escritores ca¬
llan y no se hace alusión siquiera a la lucha entre lusitanos y
gallegos con los romanos. La obra de sumisión de Galicia retro¬
cede, o mejor la porción sometida al norte del Duero debió de
quedar abandonada a su suerte, pues cuando los lusitanos van
abandonando a Sertorio y se pasan al bando de Metelo, Perpena, huyendo de éste, en el año 73, tiene que reconquistar Cale
(Oporto) y llega huyendo hasta el río del Olvido (Limia) é2.
La campaña de Bruto, más que lograr la conquista de la
Galicia actual, preparó el camino que habían de seguir los fu¬
turos conquistadores.

2. César en España. Campaña en la Lusitania

Muy pocas noticias transmitieron los historiadores anti¬
guos de las primeras estancias de César en España. Para la
Historia de Galicia hubieran sido muy interesantes sus prime¬
ras campañas en la Península, pero quedaron eclipsadas con
las grandes hazañas de los últimos tiempos, que por tocarles
más de cerca, admiraron a los historiadores romanos.
Las fuentes históricas relativas a César presentan marca¬
do matiz político; unas proceden de los enemigos de César, es¬
pecialmente de Asinio Polión y sus seguidores; otras de sus
amigos, Cicerón, los Balbos de Cádiz, Hirtio y Pansa.
(61)
(62)

LA GALICIA HUMANA

CASI.Ml HO TOHHES HODHIGUEZ

Julio Obsequensi Liber Prodigiorum, año 94. A pesar de que ObBeque:ns coloca este
suceso en el 94, según Wilsdorfi Fasti p. 112, tuvo lugar el 93 a.C. Iguulmente Münzer
en l\. E. Ill, p. 1.497.
Salustlot Hitloriae, III, 43. Servloi Ad Aeneidam, Vil, 778.

49

Al primer grupo pertenecen Apiano y Suetonio; al segun¬
do, Livio, Plutarco y Zonaras. Hay un historiador imparcial
que, por otro lado, ha transmitido la relación más completa;
este es Dión Casio. Con todo, las noticias literarias son escasas
y las fuentes de otro tipo, como las arqueológicas, epigráficas,
numismáticas, etc., son casi nulas.
César vino a España por primera vez en el año 68 a.C en

calidad de cuestor del Propretor Cayo Antistio Vetus. En esta
ocasión conoció al español gaditano Lucio Cornelio Balbo, que
había de ser uno de sus más leales colaboradores y confidentes.
Pertenecía a una familia de opulentos banqueros gaditanos y le
introdujo en la amistad de la aristocracia española. También
se había granjeado la simpatía de los sertorianos españoles, por
haber apoyado la Rogatio Plautia, que permitía a los del par¬
tido 8ertoriano regresar a Roma 63».
En Cádiz se incubó en su mente la idea de imperio univer¬
sal; lloró ante la estatua de Alejandro y tuvo aquel incestuoso
sueño que le presagiaba el dominio del mundo 64.
Lleno de ilusiones regresó a Roma y luchó febrilmente por
todos los medios, incluso poniéndose al lado de Catilina, para
llegar al poder.
En el año 62 fue elegido pretor y en el 61 propretor de la
España Ulterior. Estaba abrumado de deudas y, con sus mis¬
mas palabras, «necesitaba muchos millones para no tener na¬
da», o sea, para pagar sus deudas. Debía 830 talentos, unos 25
millones de pesetas oro. Trató de salir precipitadamente para
su provincia, con el fin de evitar el apremio de los acreedores.
Aún así, no lo habría logrado sin la ayuda y fianza de Craso, su
cómplice en la conjuración de Catilina 6S.
Llegó a la Bética a medidados del año 61 a.C., llamado
por los provinciales para que los defendiese de las incursiones
de los lusitanos. Su clara inteligencia le hizo comprender que se
le presentaba ocasión propicia de gloria y de dinero. Completa¬
ría la obra de Bruto con la conquista de las montañas lusita¬
nas, foco de rebeldía, y llegaría a los confines de Occidente, al
Aulo Gellot JVocfci A. XIII, 3. 3.
Suetonio Tranquilo, Cayo{ César, XVIII, 1. Plutarcoi César, XII, 34, p. 207.
Dión Casioi Dio.s Roman History, with and english traslation by Earnest Cary, Ph.,
London, ed. William Heinemann, 1961, XXXVII, 53, p. 180-181 y ss.
(65) Suetonio Tranquilo, Cayoi Citar, VII.

(63)
164)

50

\

CASI Ml 1(0 TOIUIES HODItIGUEZ

finislerrae, en donde se pone el sol, como Alejandro había tra¬
tado de llegar al Oriente, en donde nace el sol.
Muchos procónsules romanos, como Décimo Junio Bruto,
Dolabela, Publio Craso (padre del Triunviro), Escipión Násica, etc., habían sido honrados por el Senado con los honores del
triunfo por sus respectivas campañas contra los lusitanos. La
hazaña que proyectaba era de mayor envergadura y la gloria
que esperaba conseguir superaría a la de sus ilustres predecedores.

_

Pero quizá lo que más le empujó a su audaz empresa fue lo
que se ha llamado aun sacra James, la ambición insaciable del
oro, a la que le empujaba la urgencia de verse libre de sus
acreedores, y la necesidad de contar con dinero para llevar a
cabo sus ambiciosos proyectos de conseguir el consulado y aun
de alcanzar la cumbre del poder político.
En las tertulias de los Balbos de Cádiz habría oído ponde¬
rar las riquezas de aquel Eldorado de las Cassitérides, de los
emporios del estaño y del cobre. En el domicilio de los Crasos,
en Roma también, habría escuchado de boca del que había de
ser uno de los Triunviros, las fabulosas ganancias de su padre,
con datos concretos y reales de las riquezas de dicha región ga¬
llega.
Así, pues, llegado a España desplegó enseguida gran acti¬
vidad. Añadió diez cohortes, unos cinco mil hombres, a los
veinte que tenía y, no contento con reprimir los ataques de los
bandidos, se decidió a acabar con éstos.
Se dirige hacia el Monte Herminio (Sierra de la Estrella) y
ordenó a sus habitantes que se trasladasen a la llanura. Sabía
que no accederían a lo que se les ordenaba, pero su objetivo era
buscar un pretexto para hacerles la guerra 66.
Los montañeses tomaron las armas para defenderse, pero
los derrotó. Los habitantes de los montes próximos huyeror
con sus hijos y sus mujeres y con lo que tenían de valor, y tra¬
taron de ponerlo a salvo al otro lado del Duero, o sea, trataron
de refugiarse en la región en donde comenzaba Galicia en la
época romana.
César los persiguió; ellos trataron de abandonar sus gana¬
dos y algunos enseres para ganar tiempo, mientras César se en(66)

Plutarco) César,

XH, £4. p, 207: Dión

Casio)

XXXVII, 52-53. p. 180-181.

LA GALICIA I10MANA

51

tretenía en recogerlos. Pero César no era un vulgar cuatrero;
hizo caso omiso de estos incentivos y les dio alcance y los obli¬
gó a volver a sus moradas habituales.
Aprovechando esta ausencia de César, se volvieron a su¬
blevar los del Monte Herminio, hoy Sierra de la Estrella, obli¬
gados por él a domiciliarse en la llanura y a abandonar dicho
monte.
Es más; según Dión Casio, a quien seguimos casi a la letra
en la narración de este episodio, trataron de cortarle el paso y,
naturalmente, su comunicación con la retaguardia. Pero César
frusto este intento; les atacó por la parte oriental, por donde
no esperaban, y los derrotó. Ellos temieron un gran castigo y
emprendieron la huida. Como sabían que César no tenía escua¬
dra, se refugiaron en una isla. Este, de momento, detuvo la
marcha, trató de improvisar la construcción de algunas naves
y de enviar un destacamento de legionarios a someterlos. Pero
el jefe de éstos, habiendo requisado algunas barcas de pesca y
aprovechando la marea baja, se decidió a hacer la travesía.
Cercano ya a la isla, ordenó dejar las barcas y seguir a pie. Pe¬
ro empezó a crecer la marea y a dificultar el acceso a las bar¬
cas. Un golpe de mar llevó al jefe, sin que le pudieran prestar
auxilio. Los refugiados atacaron a los legionarios romanos y les
dieron muerte. Sólo se salvó Lucio Esceva, herido y después de
perder el escudo, logró atravesar a nado el trayecto que separa¬
ba la isla del litoral, en donde se hallaba César con su ejército.
César le felicitó y recompesó su heroica proeza 67.
Hasta aquí hemos seguido muy de cerca la narración de
Dión Casio. Surge la dificultad en cuanto a la ubicación de esta
isla en donde se refugiaron los rebeldes del Monte Herminio.
Huerta, Masdeu y Ferreras la sitúan en una de las islas Cíes,
enfrente de Bayona y a la entrada de la Ría de Vigo.
Flórez, Schulten y Menéndez Pidal opinan que se trata de
las islas, o mejor, escollos que están frente de Peniche y enfren¬
te también de Santarén, en el litoral portugués 6B. Ambas opi¬
niones ofrecen sus ventajas y sus inconvenientes. La localiza(67)
(68)

Dión Cnsioi Historia Romana, XXXVII, 52-53, p. 182-183.
Huerta y Vega, Manuel) Anales de Galicia, p. 62. Masdeu, Fran cisco) Historia Cr(lica de España, II, 2.* parte, p. 475. Ferreras, Juant Sinopsis Histórica y Cronológica
de las Cosas de España, I, p. 196. Flórez, Enriquei España Sagrada, 111, p. 61. Resen¬
de) Antiquitates Lusitanas, I, p. 86. Schulten, Adolfo) Forties Hispaniae Antiquae, V,
p. 13. Napoleón III) Histoire de Jules César, 1, p. 359. Menéndez Pidal, Ramón)
Historia de España, 11, p. 245.

r
52

C\SIM1»0 TORRES RODRIGUEZ

ción en las Cíes ofrece la ventaja de que se trata de islas de bas¬
tante extensión, en donde podrían morar durante bastante
tiempo. Por la parte sudoriental, que mira hacia Bayona, son
de fácil acceso y se dan algunos cultivos.
En todo el litorial portugués próximo a la costa no se en¬
cuentra otra de mayor, o igual tamaño. Además, desde Bayona
era más fácil proseguir y llegar a Brigancio. Como inconve¬
nientes están la distancia mayor que media entre la Sierra de la
Estrella y las Islas Cíes. Además, cómo pudieron hacer la tra¬
vesía entre Bayona y una de las Cíes, o entre Vigo y una de es¬
tas islas; puesto que hay que suponer que carecían en absoluto
de embarcaciones y que dichas islas distan cerca de cuatro mi¬
llas del litoral más próximo?
La ubicación en las islas frente a Peniche, cerca de Car¬
voeiro, a unos 45 Km. al N. de Lisboa, enfrente de Santarén,
ofrece la ventaja de algo mayor proximidad a la Sierra de la
Estrella, y de que está próxima al litorial.
Sin embargo aún presenta más graves objeciones. En pri¬
mer lugar, los fugitivos que, naturalmente, temerían la esclavi¬
tud o la muerte, al dirigirse a dicha isla tenían que retroceder y
se metían más adentro de la zona dominada por Roma, puesto
que se hallaba en zona sometida y romanizada desde la campa¬
ña de Décimo Junio Bruto. Sería huir de las garras del león y
meterse en sus fauces.
Por otro lado, subsiste el problema de la carencia de em¬
barcaciones y de la dificultad de pasar a nado o a pie, pues,
aunque estrecho, los separa un canal de agua impetuosa. Por
otro lado, es tan pequeña que difícilmente podrían albergarse
en ella unos cuantos días; más que una isla, es un escollo inhós¬
pito. No cabe imaginar que se refugiaran en otra isla, pues no
existen en todo el litoral de la costa portuguesa. La Berlenga
está muy distante de la costa y ofrece los mismos inconvenien¬
tes. De acuerdo con el eminente geógrafo D. Antonio Fraguas
y Fraguas, en conversación particular, las ubiqué en uno de los
promontorios, hoy tómbolos, que están a la entrada de la Ría
de Bayona, provincia de Pontevedra, no en las islas Cíes, sino
en el tómbolo actual, en donde se asienta el castillo de Monte
Real. Se trata de una superficie ovalada que se eleva a 30 me¬
tros sobre el nivel del mar, por todo el circuito, menos por una
lengua de tierra arenosa que la une hoy al continente, pero que

L

LA GALICIA ROMANA

53

en tiempos pasados estaría cubierta por las aguas y, por tanto,
el actual tómbolo sería una isla en sentido propio.
Su perímetro mide tres kilómetros. Por tanto pudieron los
fugitivos de la Sierra de la Estrella pasar a pie o a nado, en la
marea baja y después hacerse fuertes en la parte alta. Previa¬
mente, lo mismo los fugitivos del Herminio que César debieron
de pasar el Miño por Tuy, en donde, según Plinio, existía una
fortaleza o castillo griego.
Es cierto que dista más de la Sierra de la Estrella o de las
llanuras próximas, pero también lo es que en trances apurados
y en momentos de peligro de perder la vida o de ser reducidos a
la condición de esclavos, las fuerzas se multiplican.
Por otro lado, los montañeses del Herminio estaban entre¬
nados en excursiones depredatorias a la Bética, por tanto habi¬
tuados a recorrer grandes distancias.
Pasarían el Duero y el Miño y buscarían la seguridad den¬
tro de la Galicia no conquistada por Bruto y aún dentro de és¬
ta buscarían refugio dentro de las olas del Océano. Sin embar¬
go, después de haber estudiado detenidamente el pasaje de
Dión Casio, me decido por la ubicación en las Cíes.
En mi opinión personal, y a base de la narración de Dión
Casio, parece tratarse de las Islas Cíes, en concreto la de San
Martín, la más cerca de Bayona. Según Dión Casio, los que se
habían quedado en el Monte Herminio aprovechan la ausencia
de César, que había ido en persecución de los primeros fugiti¬
vos, y que había logrado alcanzarlos y obligarlos a fijar su resi¬
dencia en la llanura ; se sublevaron y trataron de cortarle la re¬
tirada. César, con la estrategia de atacarles por la espalda, los
derrota y sabiendo que César no tenía escuadra, huyen y bus¬
can refugio dentro del mar. De estas palabras cabe deducir que
la isla en donde pretendían refugiarse tenia cierta extensión y
distancia suficiente de la costa para dificultar el asalto de las
tropas de César. Estas condiciones sólo se dan en las Cíes. Los
fugitivos encontrarían apoyo en los pescadores del litoral, que
facilitarían el pasaje en sus barcas de cuero. César, de momen¬
to, pensó en construir naves, pero sus vanguardias requisaron
barcas de pesca y, aprovechando la marea baja, se deciden a
hacer la travesía. Ya próximos a la isla echan pie a tierra y tie¬
nen que luchar. Mientras tanto, la marea sube y aleja las bar¬
cas; un golpe de mar lleva a su jefe, que perece ahogado. Los

r
51

CXSIMIKO TOiUlES HODfUGLÜZ

legionarios romanos mueren en la lucha con los refugiados, to¬
dos menos Lucio Esceva, a quien César premió, que logró sal¬
var a nado la distancia que mediaba entre la isla y el litorial.
La distancia de la isla de San Martín a Bayona, unas cuatro
millas, es grande, pero no imposible de alcanzar por un nada¬
dor extraordinario.
Entonces César pidió naves a sus amigos los armadores de
Cádiz, quienes le facilitan grandes naves, de las que solían ha¬
cer la ruta de las Cassitérides. Con esta escuadra, César no sólo
los sometió, sino que concibe el proyecto de seguir adelante,
hasta Brigancio.
Por tanto, parece que Dión Casio, con la palabra
KavevdíV, entonces, indica que cruzó por la mente de César el
proyecto de llegar hasta Brigantio (La Coruña).
En el caso de que los fugitivos herminios se hubiesen refu¬
giado en Monte Real, a los legionarios romanos no les hubiera
sido difícil pasar el itsmo a pie y por tanto serían innecesarias
las naves gaditanas.
Las Cíes son consideradas por Murguía como las Cassité¬
rides Gallegas 69. Se explica que César, una vez conseguida la
rendición de los herminios, a quienes perdonó con la condición
de que volvieran a fijar su residencia en la zona llana contigua
al Monte Herminio, como desde un principio se lo había orde¬

nado.
Se explica que las tropas romanas con las lanchas rudi¬
mentarias requisadas a los pescadores gallegos, no pudieran al¬
canzar y vencer a los fugitivos herminios y que en la mente de
César surgiese la idea de seguir adelante. Ninguna otra ubica¬
ción explica mejor la marcha de César a la vista de las naves
gaditanas hasta llegar a Brigantio.
3. César prosigue su marcha hasta Brigancio

César, animado por la fuerte escuadra que sus amigos los
gaditanos habían puesto a su servicio, resolvió seguir adelante
hasta Brigancio, emporio del comercio del estaño y ángulo que
limita el litorial occidental e inicia las costas que miran hacia
los mares del Norte. La fortuna le ofrecía la ocasión de conse(69)

Murguía, Manuel Martínez! Galicia, p. 736.

LA GALICIA HUMANA

55

guir fama y dinero; no podía desaprovechar la ocasión el hecho
de que César haya resuelto, precisamente a partir de la llegada
de estas naves, la prosecución de su marcha hasta Brigancio, es
un fuerte motivo que induce a creer que el percance que crea¬
ron los huidos del Herminio, tuvo lugar en las cercanías de la
Bayona gallega. Es posible que César, ya en su arribada a Cá¬
diz, abrigara el sueño de llegar a Brigancio, emporio de rique¬
zas y fin del Occidente.
Si aceptamos la opinión de que se refugiaron en una isla
cerca de Bayona y de que se rindieron sin lucha, como afirma
Dión Casio, hay que suponer que César, con la escuadra gadi¬
tana a sus órdenes, ya dentro de las rías gallegas y con un buen
contigente de legionarios bien armados, vería su sueño hecho
realidad al alcance de su mano.
Aunque no se hubiera llamado César, es fácil que hubiera
optado por seguir adelante, mucho más si consideramos su per¬
sonalidad genial, lleno de ambición de gloria y de dinero.
Por tanto cabe afirmar, sin lugar a dudas, que ante la vis¬
ta de la escuadra gaditana a sus órdenes y su aguerrido ejérci¬
to, resolvió llegar hasta Brigancio, La Coruña actual.
Así lo insinúa Dión Casio, al iniciar el relato de la toma de
esta ciudad, a continuación de la rendición de los refugiados en
la isla. Emplea la palabra Kcrr£U0£V , entonces, o sea, a con¬
tinuación; se decide a ponerse al frente de la escuadra y conse¬
guir, por sorpresa, la rendición de Brigancio.
Entendemos que César comprendió que el éxito de la ope¬
ración radicaba en la sorpresa y en la rapidez. Por lo cual zarpó
con las naves gaditanas sigilosamente al frente de las mismas.
Estas llevarían pilotos prácticos en hacer la ruta de las Cassité¬
rides. Sin esperar al ejército, que se mantendría a la expectati¬
va, iría bordeando la accidentada costa hasta presentarse de
improviso con todo el estruendo que producían los acompasa¬
dos movimientos de los remeros, y con la formidable impresión
que causaría el aspecto de las altas proas y velas, ante la ciu¬
dad de Brigancio. Así no le daría tiempo a la organización de la
resistencia defensiva, ni a buscar ayuda de las tribus y pobla¬
dos vecinos.
Por otro lado, las accidentadas costas gallegas, con pene¬
trantes bahías y salientes cabos, con elevadas montañas y ríos

r
56

LA GALICIA HUMANA

C \SI M MU) TORRES I10DH1GUEZ

de bastante caudal, harían difícil la coordinación de las fuerzas
de tierra con las navales.
Por tanto, es de suponer que dejara el ejército al mando
de sus legados en Bayona o en sus cercanías, a la espera de
acontecimientos.
La navegación, como todas las de su tiempo, sería de ca¬
botaje; por tanto tendría que sortear los dificultosos acciden¬
tes geográficos que median entre Bayona y La Coruña. Gra¬
cias a los pilotos gaditanos pudo hacerlo.
Esto que conjeturalmente parece lo más verosímil, se de¬
duce de la narración que hace la única fuente
historia
de esta campaña, o sea, Dión Casio, que dice así:*Kcrcey0£r es
flpvfavxiov, fioAiv KaAAauáas flapJcAaffas tai -ce poíiuj eq>os zou
fIp06ítAoV OUKWKOT7E UCCUtLKOV eopaKOTOC £Ç£<p0p)]6£ KaXEenrpcfazo1'

sobreda

«Entonces, navegando en dirección a Brigancio, ciudad de
Galicia, aterrorizó a sus habitantes con el estruendo de sus na¬
ves, y, como no habían visto nunca una escuadra de guerra, se
rindieron 70.
Dión Casio no dice, ni siquiera insinúa, que marchase su
ejército por tierra. En cambio dice que él (César) iba navegan¬
do, por tanto, al frente de su escuadra, en dirección a Brigan¬
cio, que causó pánico a los habitantes de esta ciudad de Galicia
por el estruendo de sus naves, lo que indica que eran muchas y
de grandes dimensiones o tonelaje y, como no estaban acos¬
tumbrados a ver naves de este calibre, se rindieron. El gran ta¬
lento y la genial estrategia de César, similar a la que usó en
otras campañas, le proporcionó un éxito rotundo.
La ciudad de Galicia a la que Dión Casio llama Brigancio,
es la misma a la que Orosio llama Brigancio, y la menciona dos
veces en la introducción geográfica a su Historia. Su identifica¬
ción con La Coruña actual no ofrece dudas, puesto que añade:
«en la que se levanta un faro altísimo y de construcción admi¬
rable, como pocos, que sirve de atalaya para la ruta de Breta¬
ña».
Alude, claramente, a la Torre de Hércules, monumento
representativo de dicha ciudad 71.
(70)

(71)

Dión Casioi Dio,» Roman History, with ami english translation by Earnest Cary,
I’ll.. London, edit. William Heinemann, 1961, XXXVII, 53, p. 180-181.
Oroaio, Paulot Pauli Oroiii H isloriarum adtenum pagano» libri teplem. 1, 2, 71, p. 11 y

I, 2, 61,

\

|>.

12. Edit. Zangemeister, 1889.

57

En la época de César era una isla, porque el mar de Riazor, -como ahora lo hace en días tormentosos, avanzaba hasta
la bahía por la calle que hoy se llama de Juana de Vega.
Algunos historiadores han identificado Brigantión con la
actual Betanzos, pero, aparte de que una flota de guerra no po¬
dría llegar a Betanzos por falta de calado, por mucho que se
exageren los cambios geológicos desde la época de César hasta
nuestros días, no le hubiera sido difícil a los habitantes de esta
ciudad, a golpes de onda, la destrucción de la escuadra de Cé¬
sar, pues la ría de Betanzos es muy estrecha y las orillas eleva¬
das a uno y otro lado la dominan fácilmente 72.
Por otro lado, la ciudad de Betanzos en la época de César
no consta que existiera. Si la identificamos con Flavio Brigan¬
tión, es fundación o renovación de la época de los emperadores
Flavíos.
La ciudad de Brigancio se rindió, como lo afirma Dión Ca¬
sio, sin combatir. César, con estrategia efectista, se valió de la
sorpresa; hizo que las naves gaditanas, amplias y de gran altu¬
ra, manejadas a compás por forzudos remeros, causaran tal es¬
truendo que el terror se apoderó de sus habitantes y se rindie¬
ron.

Dión Casio añade que no habían visto naves; eso no es de

creer, puesto que, como dice Estrabón, antes de la campaña de

Bruto, usaban naves de mimbres revestidas de cueros y de
troncos de árboles excavados 73. Hay que entender, según opi¬
nión corriente entre los historiadores, que no habían visto na¬
ves de guerra, puesto que naves comerciales, especialmente las
que hacían el tráfico del estaño, estaban cansados de verlas
desde fecha prehistórica. También cabe suponer que no tuvie¬
ra murallas, ni fortificaciones; dado su carácter de isla o de pe¬
nínsula, el mar le servía de defensa.
Dión Casio dice que la ciudad se rindió y parece que lo hi¬
zo sin condiciones, al menos no las menciona. Hay que supo¬
ner que César la trató con clemencia y magnanimidad. Sin em¬
bargo debió de exigirle dos cosas: la sumisión a Roma y la en¬
trega del oro, que tal vez en gran cantidad poseía, como fruto
Torrea Rodríguez, Caslmiroi La Coruña no celebró IU bimilenario, en Revista del
Instituto J. Cornlde, X-XI, 1974-75, pp. 219-20. Hübner, fí. E. Pauly-iViisowa,
Hrigantium. Shulten, Adolfo Híspanla, p. 22.
173) Estrabón, HI, 3, 7.

r
58

CVSIMIIIO -millUiS HODHIGUEZ

del comercio desde lejanos tiempos del mineral de estaño, que
escaseaba en la cuenca mediterránea, y que se importaba de las
Cassitérides. Los múltiples hallazgos de hachas de talón, algu¬
nas tan diminutas que servirían de moneda, pues no parece
que tuvieran otro uso utilitario, son prueba de este comercio.
César se consideraría satisfecho; había resuelto el problema
económico; la ciudad de Brigancio tampoco lo sentiría dema¬
siado, pues tal vez no estimase el oro en todo su valor. Pudo
llegarse a un acuerdo; Brigancio se consideraría aliada de Ro¬
ma, pactaría un foedus, más o menos inicuo, y parece que se hi¬
zo todo sin derramamiento de sangre.
Pero César, como águila que era en su dimensión política,
no dejaría abandonada esta presa, que le brindaba su feliz for¬
tuna. Es de creer que en Brigancio esperó la llegada del ejérci¬
to, y tal vez dejó allí suficiente guarnición. Había que contar
con el factor sorpresa en su llegada, pero, conseguido el éxito
apetecido, era preciso asegurarlo.
Es muy probable que César ordenara a su ejército cami¬
nar hacia el mismo objetivo, o sea, hacia Brigancio. Según
Arias Vilas, siguió la falla costera atlántica, que utilizó luego la
Vía XX per loca marítima, y que seguiría hoy la Autopista del
Atlántico 7‘.
Sabemos por Estrabón que los habitantes de la costa occi¬
dental de Galicia eran gentes pacíficas 73. Esta marcha, que se¬
ría lenta y no cerecería de dificultades, especialmente topográ¬
ficas, como el paso de los ríos Lérez, Ulla, Tambre y otros de
menor caudal ; de montes y selvas, pero también de resistencia
ofrecida por -sus habitantes, pues no cabe suponer que fuesen
absolutamente resignados. Sin embargo, esta posible resisten¬
cia contribuyó, sin duda, a la sorpresa del ataque naval a Bri¬
gancio. Mientras todos pondrían sus miras y esfuerzo en conte¬
ner este ejército que avanzaba por tierra lentamente con la se¬
guridad y fuerza propias de las legiones romanas, pero que aún
lo consideraban lejano, y por tanto con tiempo de organizar la
resistencia, tuvo lugar la rendición de la ciudad de Brigancio,
completamente en la retaguardia, y por estar rodeada por el
mar al abrigo de todo ataque por tierra.

LA GALICIA ROMANA

Por tanto, la resistencia a la conquista de la zona costera,
se llama de las Rías Bajas, si de hecho llegó a produ¬
hoy
que
cirse, no cabe duda que la noticia de la caída de Brigancio ha¬
ría que se desplomase totalmente y diesen paso franco al ejérci¬
to de César. Por tanto el ataque por sorpresa a Brigancio y la
marcha del ejército por tierra a partir de Bayona, se completan
en una misma estrategia combinada de la genial intuición de
César.
Sorpresa arriesgada e inesperada en Brigancio, amenaza
franca en Bayona. Así pudo adueñarse de la ciudad, emporio
del estaño, y de la costa occidental de Galicia con sus puertos
naturales que le suministraban recursos, alimentos y soldados.
No existían grandes ciudades; la población se albergaba
en los castros y, por tanto, tardarían en ponerse de acuerdo pa¬
ra una acción común.
A esta conquista, llevada a cabo por el ejército de César,
parecen referirse las palabras de Apiano Alejandrino, de que
obligó a obedecer por las amias a los que no estaban sometidos
a los romanos, y marchó contra los demás pueblos hispanos,
atacándolos uno a uno, hasta hacer tributaria de Roma a Es¬
paña entera, y mandando mucho dinero a Roma para el erario
público 76.
De suerte que suponemos que César, después de reunir to¬
das sus fuerzas navales y terrestres en Brigancio, completó a su
regresó la sumisión de la región costera en lugares estratégicos
y de los fondeaderos o puertos, por acción combinada entre las
fuerzas de tierra y de la escuadra.
Como estos fondeaderos le suministrarían víveres, meta¬
les preciosos, barcas, guías y soldados, la acción no sería difícil.
Brigancio debió de ser término de la expedición; natural¬
mente, las fuentes no dicen si el ejército avanzó por tierra al
compás de las naves o si esperó a que la ciudad de Brigancio se
rindiese ante el ataque sorpresa. Sin embargo, ora caminase el
ejército en combinación con la marcha de las naves, ora fuese
retardada su marcha, parece indudable que ya fuera antes o
después de la toma de Brigancio, conquistó la costa que hoy se
llama de las Rías Bajas y la que hoy se llama Costa de la
Muerte, no palmo a palmo, sino los puntos claves, o sea, la zo-

(74)

Arlan Vilus, Felipei Geografía Histórica de Galicia, en «Cuadernos de Estudios Ce¬
rámicos de Sargadelos», 16, p. 34.
i 75) Estrabón i 111, 5, II.

s
L

.

59

(761 Apianu Alejandrino! Ibérica, CII, y de Belli» Civilibu», II, 8.

61)

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

na marítima comprendida entre Coruña y Bayona; pues se de¬
duce del testimonio del Plutarco, Zonaras y Apiano. En cam¬
bio entendemos que no penetró en el interior de Galicia, con¬
cretamente en lo que hoy constituye las provincias de Lugo y

Orense.
4. El regreso de César

Brigancio, aunque no lo diga Dión Casio, debió de ser el
término de la expedición de César. Era, como lo es la actual
Coruña, el ángulo que forman las costas occidentales con las
norteñas, aunque éstas sigan una línea ascedente hasta el Cabo
Ortegal.
Podía ufanarse de haber llegado al término occidental del
mundo conocido, al finis lerrae.
Sobre todo, allí debió de encontrar riquezas acumuladas
durante siglos: metales preciosos de intercambio con el estaño,
cuya entrega había llenado el objetivo principal de la campa¬
ña.

Nada dicen las fuentes de si regresó por el interior de Gali¬
cia o por la región costera, o sea, por el camino que había segui¬
do en su conquista de Brigancio. Masdeu dice que regresó por
el interior 77.
Esto mismo parecen insinuar las fuentes literarias. Así
Plutarco y Znaras coinciden en decir que venció a los galaicos
y lusitanos, que llegó hasta el Océano y sometió a pueblos que
hasta entonces no habían obedecido a los romanos, y que ganó
gloria y dinero para él y sus soldados 78.
Apiano concreta más; pues dice que obligó por las armas a
los que aún no estaban sometidos a los romanos y que marchó
contra los demás pueblos hispanos, atacándolos uno a uno has¬
ta hacer tributaria de Roma a España entera, mandando mu¬
cho dinero a Roma para el erario público 79. Sin embargo, salta
a la vista que hablan en estilo retórico y con una inflación de
Musdcu, Francisco: Historia Critica de España, II, 2.a parte, p. 478. Blázquez, José
IMaríai Historia Elconómica de ta Hispania Romana, p. 20, Madrid 1978.
(78) Plu larcot V idas Paralelas, César, XII, p. 250. Zonaras Cronicón, I, 10, 6, 1 y sa. p.

(77)

(79)

k

480.
Apiano Alejandrino) Ibérica, 102 y De Bello Civiti, II, 8.

LA GALIO \ ROMANA

61

los hechos verídicos, puesto que faltaba aún la mayor parte por
conquistar, como veremos al tratar de las Guerras Cántabras.
Si tenemos en cuenta la premura de tiempo con la que se
veía obligado a actuar César, para poder regresar a Roma en el
año 60 y preparar la campaña electoral para las elecciones al
consulado del año 59, pues era necesaria su presencia en los co¬
micios, sin lugar a duda tenemos que concluir que no pudo re¬
gresar por el interior y mucho menos conquistar toda Gali¬
cia 8".
Los veinte mil soldados que traía consigo eran insuficien¬
tes para tal empresa llena de dificultades por la orografía del
terreno y por la facilidad de ser atacado en emboscadas y gue¬
rrillas. Salvar la distancia que media entre las costas occiden¬
tales de Galicia y la planicie de la Meseta Norteña, ya someti¬
da a los romanos, era labor para mucho tiempo, y esto no se es¬
capaba a la esclarecida mente de César, puesto que éste dispo¬
nía de muy pocos meses. Las palabras de los historiadores cita¬
dos, si prescindimos de la exageración aneja a la adulación y
entusiasta partidismo hacia César, pueden entenderse limita¬
das a la conquista de la zona costera occidental de Galicia, al
menos de puntos estratégicos desde La Guardia hasta La Co¬
ruña.

En realidad había abierto las puertas para una conquista
ulterior. La conquista de Galicia quedaba planeada y sólo ne¬
cesitaba completarla, como lo haría Augusto, por medio de sus
legados Antistio y Furnio «después de grandes y duros comba¬
tes», en frase de Orosio.
Por tanto entendemos que César conquistó la zona occi¬
dental de Galicia con sus entrantes y salientes, con sus golfos y
cabos, al menos en los puntos claves, para dejar asegurada la
toma de Brigancio, o sea su espectacular hazaña. Una vez rea¬
lizado este plan, la escuadra regresaría a Cádiz, a su ciudad de
origen, y él regresaría al frente de su ejército al territorio lusi¬
tano, ya sometido y pacificado en- su totalidad. Augusto com¬
pletará su obra.
Lo que no cabe duda es que regresa con dinero, que era el
objetivo primordial de su campaña, pues sabemos que pudo
pagar sus deudas, enriquecer a sus soldados, realizar la campa(80)

Masdeu, Francisco) Historia

Critica de España, p. 47B.

62

C\SI MIIK)

TOHIUÍS HODHIGUÜZ

ña para las elecciones al consulado y obtener esta magistratu¬
ra, lo cual importaba cuantiosos gastos y, además, ingresar

gran cantidad de oro y plata en el erario público B1. Estas canti¬
dades no las pudo obtener de la Bética o de la Lusitania, regio¬
nes esquilmadas por la guerra sertoriana. Una anécdota de este
viaje cuenta Huerta tomándola de Xifilino, la del caballo de
pezuñas hendidas, que era tan bravio que no se dejó montar
más que por César

¿Sería de las manadas
que aún hoy existen en los montes
de SabucedoP
En esta segunda estancia en España hizo dos reformas le¬
gislativas; en adelante, los acreedores no podrían incautarse
más que de las dos terceras partes de las rentas del deudor, la
tercera parte quedaría para su subsistencia. También prohibió
en la Bética los sacrificios humanos, que se verificaban en Cá¬
diz tal vez como herencia púnica. Según Cicerón (Pro Balbo,
XLVI), colmó de favores a esta ciudad. Agradecido por la ayu¬
da prestada, le concedió varios privilegios y llevó consigo al ga¬
ditano Lucio Cornelio Balbo, a quien hizo praefectus fabrum, o
sea, jefe de la ingeniería militar, que luego llegaría a ser su co¬
laborador más allegado.

(Bl)

Apiano Alejandrino] De Bello Cimli, II, 8. Blázquez, José Alaria i Historia ¿cond¬
Hispania, p. 28. Zonaras, Juant Cronicom, 1, 10, 6, p. 480. LOB sold ados le
udumuron por primera vez emperador.
;82) Huerta, Francisco Javier de lai Anales del Reino de Galicia, p. 63. Dión Casio) Hisloria Romana, XXXVIII, 53, p. 185. Xifllinoi Epitome, I, 1, Cisar.
mica de la

CAPITULO III
GALICIA DURANTE LAS GUERRAS
CANTABRAS
1. Fuentes

A partir de la campaña de César, que termina antes del
otoño dei año 60 a.C., hasta la campaña de Augusto, que se de¬
sarrolla desde el año 29 al 19 a.C., los historiadores griegos y
romanos parecen haberse olvidado de Galicia, lo cual hace pen¬

sar que no existieron sublevaciones y ataques a las regiones do¬
minadas por Roma, o, si existieron, fueron de poca monta en
comparación con los grandes acontecimientos que se ventila¬
ron en otros lugares del Imperio.
No es del todo exacto lo que dice Cuevillas de que la tierra
gallega no se abrió al conocimiento de los romanos hasta los
tiempos de la llamada Guerra Cantábrica 83 Como hemos visto
en las páginas anteriores, ya se ocuparon algunos escritores de
Galicia. Pero no le falta razón, si atendemos a la escasez de re¬
ferencias, principalmente antes, pero también después de la
mencionada Guerra Cantábrica.
A la importancia que tuvo para Galicia la conquista de
Augusto, no responde la tradición histórica. Mientras la guerra
de Numancia y la de Yiriato han sido descritas con bastante
amplitud por el gran historiador Polibio, compañero de Escipión, cuya relación ha sido conservada por la Iberike de Apia¬
no, para la Guerra Cantábrica, en la cual se vio envuelta Gali¬
cia, no contamos más que con fuentes escasas; lo poco que han
transmitido, por un lado Dión Casio y por otro Floro y Orosio Kt.
López Cuevillas, Florentino) Estudos sobre a edade do Ferro no N. W. Peninsulas, en
.•Arquivos do Seminario de Estudos Galegos», VI, p. 238,
(81) Schulten, Adolfo) Los Cántabros y Aslures y su Guerra con Roma, p. 17.
(83)

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA HOMANA

Nada sabemos del caudillo que llevó a resistir a los galle¬
gos al Monte Medulio; ni siquiera se ha conservado el nombre,
como el de aquel Coracotta que resistió en Cantabria. No se
describen, ni siquiera en esquema, las operaciones militares, el
punto de partida y la dirección o convergencia de las mismas y
otros detalles que desearíamos conocer. Es necesario, en mu¬
chos casos, apelar al cálculo, o a la conjetura.
La fuente principal es Dión Casio en los libros LUI y LIV
de su Historia Romana B5. Su valor reside, principalmente, en
la cronología. Se refieren los hechos año por año, como en Táci¬
to. Lo mismo Dión Casio que Tácito son partidarios de la pre¬
ponderancia del Senado. Dión Casio comprende, en su histo¬
ria, los hechos acaecidos desde el año 29 al 19 a.C., o sea, abar¬
ca toda la guerra. Floro y Orosio se limitan a los años compren¬
didos entre el 26 y el 19 a.C.
Estos constituyen también una fuente importante, la se¬
gunda en importancia después de Dión Casio.
Sus relatos son sinópticos, casi idénticos; bien porque Oro¬
sio se sirve de Floro como fuente, bien porque ambos siguen la
narración de Livio, que se ha perdido.
De que Livio sea la fuente común de Floro y Orosio en su
libro XXXV y siguientes de sus Décadas, no cabe la menor duda, pues sabemos que llegando con su historia hasta el año 9
antes de Cristo, por fuerza tuvo que incluir la Guerra Cantá¬
brica en su totalidad.
Además, consta por las periochas, o resúmenes 86.
Se ha discutido sobre si Livio siguió para las Guerras Can¬
tábricas la autobiografía de Augusto, la cual, según Suetonio,
llegaba hasta la Guerra Cantábrica, Cantábrico tenus Bello, nec
ullra, y nada más, o sea, que no continuó a partir de esta fecha
87. Se la dedicó a Agripa.

Los fragmentos de la autobiografía de Augusto pueden
verse en Petter: Fragmenta Historicorum Romanorum, p. 252.
De éste y otros fragmentos se deduce que Augusto narraba sus
guerras con profusión de detalles topográficos.
Orosio es el que da más detalles sobre la operación contra
el Monte Medulio, aunque no todos los precisos para su identi¬
ficación actual. Floro es más escueto.
De gran importancia es la Geografía de Estrabón; éste es¬
cribe en tiempo de Tiberio y pudo informarse de los contempo¬
ráneos de la guerra 88.
Habla de la ferocidad heroica de los pueblos cántabros,
cuenta anécdotas horripilantes, describe sus costumbres, ar¬
mas y etnología, su valentía salvaje al entonar himnos de gue¬
rra desde las cruces.
Ptolomeo da la descripción geográfica más completa de
ciudades y pueblos 89. Mela interesa para conocer las tierras y
pueblos costeros, los ríos y puertos w.
Los itinerarios son de gran importancia, especialmente el
llamado de Antonino. También lo son las monedas, las inscrip¬
ciones, los restos arqueológicos, los toponímicos, etc.
Su valoración podrá hacerse a base de las citas que se ha¬
gan en la exposición.
Hay alusiones y relatos hechos por los poetas, que venían
a desempeñar un papel similar a la prensa actual, como Hora¬
cio, Silio Itálico, etc., y por escritores como Porfirio y San Isi¬

64

'

i 85} Dión Casio) Dio.t Roman History, wiih an english translation by Earnest Cary, Ph.,
London, 1961, XXXVII 53-54. p. 181 y as.
,86) Floro, Lucio Anneoi Epitome Hislonae Romanae, II, 33, 46-60, Edit. Bossbacli. Leip¬
zig, Tcubner, 1889.
Orosio, Paulo i Historiarum adversum paganos libri seplem, VI, 21-1-8. Edit. Zaugemcister, 1889.
Schultcn, Adolfo) Los Cántabros y Aslures y su guerra con Roma, p. 123. Rossbach,
Otto) Livit Periocltae, Lcpzig, 1910, p. 66 y sa.
>87) Suetonio Tranquilo, Cayo) Duodecim Caesarea, Augustus, LXXXV, lie Vila sua

Memoriae.

65

doro.

2. Galicia después de la campaña de César. Período
gris de la historia de Galicia

La campaña de César, fuerte y benigno, fuerte con los que
se resistían a obedecer sus órdenes, como los montañeses de
Herminio; benigno y condescendiente con los que se rendían;
justo y ecuánime en sus leyes y disposiciones, dejó tranquila y
pacificada la zona atlántica comprendida entre Cádiz y la de¬
sembocadura del Miño y, tal vez, la zona costera entre esta de¬
sembocadura y La Coruña, puesto que, si bien es seguro que
(88)
(89)
(90)

Estrabón)

Geografía, III, 3, 4, 6. 7; 3, 8; 4, 6; 4, 10; 4, 17 y 18; 4, 20.
Claudio) Geographikí Hyphigesis; II, 6, 6 y 6, 50.
Mela, Pomponlo) Chorographia, III, 10, 11, 12, 13, 14 y 15.

Ptolomeo,

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66

C\SIMIU()

TO II II KS HODHIGL ÜZ

tomó Brigancio, o sea, La Coruña, no lo es tanto que conquis¬
tara las accidentadas costas comprendidas entre esta ciudad y
la desembocadura del Miño. Aunque falta constancia histórica
expresa, conjeturalmente puede afirmarse que fue sometida al
dominio de Roma.
Escarmentadas y atemorizadas, es muy probable que las
tribus del interior, no sometidas, se contuvieran dentro de sus
fronteras, que siguieran viviendo su vida castreña y las constanles luchas tribales, de las que no se ocupan los escritores
contemporáneos. Los grandes sucesos políticos y militares, como el llamado primer Triunvirato, la conquista de las Galias
llevada a cabo por César, las campañas en Oriente y, sobre to¬
do, la guerra civil entre César y Pompeyo, acaparan el interés
de los historiadores, quienes, naturalmente, semejan olvidarse
de Galicia.
La guerra civil entre César y Pompeyo también hace que
la administración romana se desentienda de estas remotas tie¬
rras galaicas.
Por otro lado, ambos contendientes tratarían de atraerse
a los indígenas para obtener recursos y soldados.
Lo cual contribuía a mantener estática la situación, dado
que los más inquietos encontraban ocupación en las Blas de los
contendientes, y también ponía un dique al crecimiento demo¬
gráfico y a la necesidad de buscar, con el bandidaje, un recurso
para remediar la escasez de alimentos.
Así vemos cómo Petreyo exige, en el año 49, tropas de ca¬
ballería e infantería a Lusitania, en la que, a la sazón, estaba
incluida administrativamente Galicia; a Celtiberia, a los Cán¬
tabros y a todos los pueblos que llegan al Océano 9I.
No obstante, puede tenerse como seguro que, aún en esta
época de la Historia de Galicia, que abarca desde las conquis¬
tas de César, en el año 60, hasta la campaña de Augusto en el
uño 26 y, sobre todo, antes de empezar la guerra civil entre Cé¬
sar y Pompeyo, las legiones romanas proseguirían sus conquis¬
tas, si bien con ritmo más lento y, a veces, como recurso defen¬
sivo y, sobre todo, consolidarían sus fortificaciones y sus líneas
de defensa, procurando atraerse y dominar a los indígenas, a
quienes nunca podemos suponer reducidos a la inacción.
(91)

Cesan De Bello Civili, I, 38. 3.

IA GALICIA HUMANA

67

Así vemos que Quinto Fabio Máximo, legado cesariano en
Galicia, en el año 46 celebró su triunfo en Boma y logró consolidar el consulado en el 45, lo que supone, en opinión de Schulten, haber obtenido algunas victorias sobre las tribus de Gali¬
cia 92.
Por otra parte, estas épocas de relativa paz eran las más
indicadas para hacer vías, puentes, acueductos, fortiBcaciones
y otras obras necesarias para ulteriores operaciones, Bin las
cuales serían difíciles de llevar a cabo las emprendidas en gran
escala por Augusto.
Al mismo tiempo se irían eliminando pequeños focos de
resistencia. También cabe suponer que, debido a las menciona¬
das luchas civiles, tuvieron que ceder terreno y aflojar los
vínculos de sujeción al dominio de Roma, como sucedió con los
vaceos al principio de la Guerra Cántabra.
En la guerra civil entre César y Pompeyo, como dice Ma¬
ría Marchetti, propendió Galicia y Lusitania a inclinarse hacia
su antiguo gobernador César, así como Pompeyo gozaba de
gran partido en la Citerior, por sus victorias contra Sertorio 93
En esta provincia encontraron apoyo sus legados Afranio y Pe¬
treyo, cuyas tropas estaban constituidas por iberos 94. Así que
a César, una vez vencidos éstos en I lerda, le fue fácil encerrar y
obligar a rendirse al pompeyano Varrón, que no contaba con el
apoyo de la Lusitania y Galicia ni tampoco con las tropas de la

Meseta Central 9S.
La avariacia de Q. Casio Longino, a quien César enco¬

mendó el gobierno de la Ulterior, hizo perder simpatías a la
causa de César, por lo cual alientan los lusitanos la sublevación
de las legiones varronianas, que estaban a su mando, y tuvo
que intervenir el legado de la Citerior, M. Lépido. Los lusita¬
nos se unen a las tropas de Cneo Pompeyo y, bajo el mando de
Filón, llegaron a tomar Córdoba, si bien por poco tiempo, pues
la caballería cesariana los derrota en las orillas del Betis.
Mas otros lusitanos consiguieron vencer a C. Didio y dar¬
le muerte. Sabemos que Sexto Pompeyo, después de la derrota
(92)
(93)

R. E., VI, 1971. Schultcn, Adolfoi Fontei Húpaniae Anliquae, V, p. 97.
Mrchelti, María, en Dizionario Epigráfico di Anlichiiá Homana. Hitpania, p. 773.
(94) Césari De Bello Civiti. 1, 38-61.
(95) Césan De Bello Civili, II, 17-21. Uviol Beriocha, 110.

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68

CVSIMIM)

TOHIUJS RODRIGUEZ

de Munda, se refugió y anduvo por las montañas de Cantabria
y Galicia 96.
Después de la muerte de César continúan las revueltas en
su parte noroccidental de la Península, pues se hace mención
de triunfos obtenidos en España en el 43, por Emilio Lépido,
en el 38 por Cn. Domicio Calvino. En esta fecha, después de la
victoria de Perusa y del tratado de Brindis, España había sido
adjudicada a Octavio y en ella comienza la Era Hispánica 97.
En el 35 lo celebra C. Norbano Flaco, en el 34 L. Marcio Filipo, en el 33 Ap. Claudio Pulcro, en el 29 T. Statilio Tauro y en
el 28 Cayo Calvino 98. Estos triunfos hacen suponer que existió
lucha. Orosio lo dice claramente: «los cántabros y astures... no
sólo estaban dispuestos a mantener su independencia, sino que
se atrevieron a someter a los vaceos, túrmogos y autrigones»
La victoria de Tauro debió de ser de poca importancia,
pues la guerra continuó. A pesar de ello, Tauro recibió los ho¬
nores del triunfo. Pero que fue pequeño lo demuestra el hecho
de que el año 28 también celebra su triunfo ex Hispania Cayo
Calvisio Sabino ,,M). Por tanto, los cántabros, astures y galaicos
se hicieron peligrosos y Augusto se vio obligado a llevar la
campaña por sí mismo.

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3. Desarrollo de la guerra cántabro astúrico galaica.
Augusto toma el mando supremo

No es un simple tópico decir que Augusto consolidó la
obra de César, y que uno de los mayores aciertos de César fue
haber escogido a Augusto por sucesor. Aventajó al mismo Cé¬
sar, si no en visión política o voluntad decidida, por lo menos
en habilidad. Augusto es primera figura en la Historia en saber
conjugar la ambición con la posibilidad. Consolidó el imperio
proyectado por César, en lo militar, político, religioso y moral,
y hasta en el orden sucesorio. Tenía visión clara y actuaba a su
debido tiempo con firmeza y prudencia.
(96)
(97)
98)

(99)
(100)

Cesan Beltum Híspanteme, 34-36. Dión Casioi Historia Romana, XL111, 39-40. Paríbenl, Roberto) L' Elá di Caesari e di Augusto, p. 196.
CIL, I, p. 50. Torres Rodriguez, Casimlroi La Era Hispánica en Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos, LXXX1X, 4, 1976, p. 742.
CIL, II, p. 3.556.
Orosio, Pauloi Historiarum adversum paganos libri septem, VI, 21, 2-3, p. 228.
CIL, I, p. 180.

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LA GALICIA IIOMANA

69

Como comprendió Ia necesidad de conquistar la Retia, la
Vindelicia, la Nórica y la Dalmacia para asegurar a Roma de
todo peligro de invasiones bárbaras, Io que, en parte, estaba lo¬
grado por la conquista de las Galias y de la frontera del Rhin
por César, también comprendió que para asegurar la paz de
modo definitivo en España era preciso someter a las tribus
montañeras del Norte y Noroeste de la Península, aunque es¬
tas últimas, en parte, también habían sido sometidas por

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César.
Antes de emprender la guerra de España, Augusto quiso
someter la Rritania (Inglaterra), pero recibió una embajada de
los isleños en la que le ofrecían presentes y le pedían la paz. Por
ello, cambió de decisión y resolvió la conquista total de Es¬

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No habiendo podido sus legados acabar con la guerra du¬
rante los años 29 al 27 a.C., en los que había comenzado, y
siendo cada vez más alarmantes las quejas de los vaceos, autrigones y túrmogos, o sea, de los pueblos que ocupaban la Mese¬
ta norteña, ya sometidos a Roma, que se veían atacados y esti¬
mulados a lograr su independiencia por las tribus norteñas, es¬
pecialmente por los cántabros y astures, abrió las puertas del
templo de Jano y se puso en camino hacia España 102.
Era el año 26 a.C., un año después de aquel 13 de enero en
Augusto
que
bate el record de su genial habilidad política al re¬
nunciar a sus poderes para recobrarlos del Senado y del Pueblo
Romano, quienes se los devuelven emocionados sin merma al¬
guna, con la adición del título casi divino de Augusto, que sig¬
nifica que su persona sería aconsiderada como sagrada, es de¬
cir, consagrada por el augurio, expresión de la voluntad de los
dioses. Era el momento zenital del poder de Augusto y de Ro¬
ma.

Lúminu IV.— Excavación en las Médulas del Bíerzo. Carrucedo (León)
(101)

Dión Casio i Historia liomana, Lili, 2S,7. Masdeu, Francisco) Historia Crítica de
España, Vil, p. 10.
(102) Que Augusto se quedó en Espaila los años 26 y 25 no cabe la menor duda. Los Fasti
Montis Albanii C1L, XIV, 2240: Di6n Casio, Historia Romana, LUI, 25, B y Llvioi Periocha, 135, lo afirman del año 25 a.C. Pero como las acciones decisivas del año
25 necesitaron preparación, de ahi que se incluya también el año 26, como lo hace
Orosio: Historiaram adversum paganos libri septem, VI, 21, 1, y Floro) Historia Ro¬
mana, II, 33, 50. Schulten, Adolfo) Los Cántabros..., p. 134.

T
70

CASIMIRO TORRES RODRíGUEZ

71

LA GALICIA ROMANA

4. Dificultades de la guerra

5. Preparativos

La guerra en Galicia, como en Asturias y Cantabria, pre¬
sentaba serias dificultades. Vivían en sierras de muy poco
tránsito. Necesitaban los romanos caminos para trasladar su
impedimenta: carros para llevar víveres, máquinas de guerra,
material de asedio y de ataque a las plazas fuertes. Había sólo
sendas, pues las vías se hicieron durante la conquista o des¬
pués. Poseían las fortificacines llamadas castros, en posiciones
difíciles de tomar y fáciles de defender, pues siempre estaban
en lugares elevados, a veces sobre rocas escarpadas y protegi¬
das por ríos o montañas. Por ser el suelo pobre, había que traer
los víveres de lejos. Les faltaba el trigo, que era el alimento bá¬
sico del soldado romano. Sólo en casos excepcionales lo suplía
la carne.
La extensión del teatro de la guerra era enorme, pues com¬
prendía unos 400 kilómetros a lo largo. Sierras y montañas
inaccesibles, quebradas pendientes, vegetación y maleza abun¬
dante que propiciaba la sorpresa y la fuga.
Por eso en esta guerra se opera con varias columnas, mien¬
tras que en las anteriores se operaba con una sola.
Y aún la mayor dificultad radicaba en la calidad de los
hombres que se trataba de someter, no inferiores en valor y he¬
roísmo a los de Numancia y Sagunto, y aún como más bravos y
feroces se manifiestan en algunos episodios descritos por los
historiadores romanos. Eran hábiles en la estrategia de la gue¬
rrilla, especialmente adecuada para la defensa en los lugares
quebrados y montañosos. Les faltó cohesión. Especialmente
entre los gallegos no consta el nombre de ningún caudillo y me¬
nos de haber existido un mando centralizador y único.
Se luchó en masa y cada tribu con iniciativas propias den¬
tro del común espíritu de amor a la independencia y de bravu¬
ra feroz. No existió un Vercingétorix, ni un Viriato, ni siquiera
un Caro, un César, un Púnico o un Coracotta, como en Canta¬
bria. El impetuoso furor, fruto del sentimentalismo, fracasaría
siempre ante la firme y ordenada fortaleza de las legiones ro-

La circunstancia de que estaba en juego el prestigio de
Roma y de Augusto, ambos en el zenit de su gloria, exigía que
se agotasen todos los recursos del Imperio.
Eni primer lugar se hizo una nueva división de las provin¬
cias de España. La Ulterior se subdivide en Bética y Lusitania.
La Bética, como totalmente pacificada, pasa a la jurisdicción
del Senado. Las otras dos quedan bajo la jurisdicción del Em¬
perador, o sea, de Augusto. La Lusitania abarca, en esta divi¬
sión, todo el Occidente peninsular, o sea, Portugal y Galicia.
Por consiguiente, en el año 27 a.C. Galicia constituyó un apén¬
dice de Lusitania, que comprendía la zona conquistada a partir
del Duero y la zona de expansión hasta Asturias y Cantabria,
pues por tratarse de «terra quasi ignota», tierra casi desconoci¬
da, no se podían señalar límites precisos l03. Esta circunstancia
de estar incluida Galicia dentro de la Lusitania es muy de te¬
ner en cuenta para la interpretación de las fuentes en relación
con el desarrollo de la campaña.
Se equipa el mayor ejército que se había puesto en marcha
en toda la historia de Roma.
Se solemniza su marcha con la apertura del templo de Jano. No faltaría detalle. Soldados bien entrenados en lucha de
montaña, armas de todas clases, defensivas y ofensivas, mate¬
rial de asedio y de asalto, caballería y artillería abundante, es¬

ta última acompañada de máquinas lanza piedras y balas de
plomo, saetas y dardos. Carros y acémilas abundantes para
surtir, en todo momento, de alimentos y material de guerra y,
con ellos, los palafreneros, herreros, carpinteros, leñadores, pa¬
naderos, aguadores, fontaneros, canteros, arquitectos, ingenie¬
ros, etc.
Se escogieron las mejores legiones y al frente de ellas se
pusieron los mejores legados: Antistio, Furnio, Carisio y Agri¬
pa. También cooperaba la flota en Cantabria, procedente del
Mediterráneo, que arriba por las costas de la Bética y de la Lu-

manas.

Por otro lado, la dispersión de la población en castros,
que, en miniatura, venían a gozar de autonomía, autarquía e
independencia, como la polis griega o la ciudad latina, minimi¬
zaba la resistencia y la cohesión en la defensa común.

¡103;

_ __

_
Albcrtinii Les divisions adminisirativei de l ' Espagne romaine, p. 25-33.
IJ. 1 AlSánchez
21
burnoz, Claudio: Divisiones tribales y administrativas del solar del lieino de Asturias,
en el Boletín de la Academia de la Historia, LXXXV, 1929, p. 374. Marchetti,
Mariai Le province romane detle Spagna, Roma, 1947, p. 342, Torrea Rodríguez, Ca¬
simiro! Límites geográficos de Galicia.. p. 370-71, en Cuadernos de E. C. XIV, 1949.

r

i

72

sitania. Como Augusto iba al frente de todas las fuerzas, le
acompañaron altos personajes de su Corte, como Claudio Mar¬
celo, Terencio Varrón, Lucio Emilio y el citado Vipsanio Agri¬
pa, su más leal, continuo e inteligente colaborador. Algunos
más bien espectadores que operantes.
El ejército constaba de lo que hoy se llamarían tres divi¬
siones, cuyas respectivas bases contituían sendos campamen¬
tos que, transformados en ciudades, se llamarían del nombre
indígena y el sobrenombre de Augusto: Segisama Julia, Aslúrica Augusta y Bracara Augusta.
Era preciso concentrar el ataque y, progresivamente, es¬
trechar el cerco; había que evitar la fuga constante de un lugar
a otro, o sea, desvirtuar la táctica guerrillera, la más odiada y
peligrosa para el ejército romano y muy peculiar de los españo¬
les. Sin opción al escape, había que constreñirlos a la lucha has¬
ta la rendición o el exterminio.
Para conseguir este objetivo, se distribuye cada ejército
en tres columnas, como dice Floro, tripartito exercitu, y según
Orosio tribus agminibus 104. Esta estrategia combinada no se
había usado anteriormente, pero se usó después. Así, en el año
15 a. C., en la lucha contra los retios y los vindélicos, atacando
Druso desde Italia y Tiberio desde la Galia; en el año 6 d.C. se
atacó a Marbod en Bohemia desde el Danubio por el Sur y des¬
de Alemania por el Norte. Era esencial para la operación que
se proyectaba, pues venía el frente a tener una longitud de más
de 400 kilómetros.
Sabemos por Orosio que la flota intervino en el Mar Can¬
tábrico o, con sus mismas palabras, ab Aquitanico sinu, en el
golfo aquitánico los.
Como las mejores fuerzas navales de Roma estaban en el
Mediterráneo, hay que suponer que gran parte de la flota pasó
(104)

Í10S)

LA GALICIA HOMANA

CASI M lltO TOlUiES HODHIGUEZ

____

nomanae, li,
ao, 48.
Floro,
4U. Orosio,
Lucio Anneat epitome
II, 33,
Historioro, Ludo
mstor me Romanas,
l
Epitome Historiae
uroslo, Paulo,
riorum adversum paganos libri septem, VI, 21, 4. No estamos de acuerdlo con Schulten. Los Cántabros y Astures y su guerra con Roma, p. 137 y ss., en cuanto a la interprelación de las citadas palabras de Floro y Orosio. Enlendemos que las tres columnas
con que se opera se refiere exclusivamente
n tab ría, región geográfica distinguida
por ellos claramente de Asturias y Galicia; no a todo el conjunto de la guerra. Cuando
hablan de la campaña de Asturias, vienen a decir que también se opera en tres columñas, puies señalan tres camípamentos junto al rio Esla.
Orosio. Historiarum..., VI, 21, 4. En otro lugar, o sea, I, 2, 67, dice que el golfo
aquitánico forma parle del Océano, es decir, corresponde al que hoy se llama Mar Can¬
tábrico.

73

el Estrecho de Gibraltar y cooperó a la lucha y sumisión de las
islas y costas de Galicia.
Se establecen, además, bases de operaciones que venían a
ser zonas de seguridad en donde se podía concentrar tropas,
material bélico, alimentos, vestidos, etc. sin que corriera el
riesgo de que cayesen en manos del enemigo. En ellas se esta¬
blecen puntos clave que vienen a constituir la capitalidad de
las citadas bases. Estos fueron: Segísamo, hoy Sasamón, para
Cantabria; Asturica (Astorga), para Asturias, y Bracara para
lograr la sumisión de Galicia. Entonces serían campamentos y
luego se constituyen en ciudades con el nombre de Augusto:
Segisama Julia, Asturica Augusta, Bracara Augusta.
6. El ataque contra IOB cántabros y astures
Si seguimos de cerca la relación de los hechos que nos han
dejado Floro y Orosio, las columnas que parten de Sasamón y
de Braga tienen la misión de avanzar en dirección concéntrica,
o sea, empujando a los rebeldes a refugiarse en las montañas
más escarpadas, nevadas y de difícil acceso: hacia el Monte
Vindio, identificado hoy por el catedrático Dr. don Manuel de
Rabanal con la actual Peña Ubiña, pero que posiblemente
comprendía, además, toda la Cordillera Cantábrica, para allí,
contando con la ayuda del «General Invierno», obligarlos a la
rendición, o al extermino por el hambre y el frío. Así vemos que
el ejército opera en tres columnas concentradas en Sasamón y,
al mando directo de Augusto, atacan en semicírculo de Sur a
Norte y de Este a Oeste. La flota ayuda también por la espal¬
da, de Norte a Sur. La estrategia romana, de momento, fraca¬
sa, porque los cántabros no aceptan una lucha campal y abier¬
ta ; siguen la táctica de la guerrilla, de la emboscada, del dispa¬
ro de flechas y proyectiles y el rápido refugio entre breñas y
bosque. Las pesadas legiones sufrían bajas y, cuando trataban
de repeler la agresión, el enemigo había desaparecido.
Agripa, con más astuta sagacidad y con el auxilio de las tro¬
pas desembarcadas por la flota, logró derrotarlos junto a la
ciudad de Atica; y, después, se apodeera y destruye la ciudad
de Araceli, hoy Aradillos. La de Atica debió también de haber
sido arrasada, pues no ha podido localizarse 106.

_

(106:

«
Orosio, Paulo, Historiarum..., VI, 21, 4 y 5. Floro, L. A., II, 33, 47-54. Suetoniot
Augusto, 29, 4. Dlón Casioi Historia Romana, LIV, 4.

71

C ASI MI IIO TOIIHES HÜUlUGUliZ

Los que se habían refugiado en el Monte Vindio, cuyo
nombre se conserva, según ha demostrado el doctor Rabanal,
en la actual Peña Ubiña, pero que posiblemente extendía su
denominación a toda la zona nevada de la Cordillera Cantábri¬
ca hasta los Picos de Europa, se creían allí tan seguros que, en
frase de Floro, creían que antes llegarían las aguas del Océano
que las armas romanas.
Sin embargo, como dice Orosio, se le puso sitio y casi to¬
dos perecieron por el hambre 1U7.
El ejército acampado en la base de Asturica, hoy Astorga,
tuvo también la misión de impedir la dispersión de los astures
por los montes de León. Al mismo tiempo la de avanzar en di¬
rección Norte hacia el mismo objetivo, o sea, al Monte Vindio,
pero a ritmo más lento. Marchan también, según Orosio, en
tres columnas al mando de tres legados y con sendos campa¬
mentos en las orillas del Esla l0fl.

75

7. La campaña en Galicia
La base de operaciones se situó en Bracara, la actual Bra¬
ga, pues, como dice Schulten, «Bracara Augusta parece haber
sido campamento de Augusto... habiendo recibido Bracara el
sobrenombre de Augusta, este campamento parece haber sido
transformado en ciudad, como el de Asturica y Segisamo» 109.
De Bracara partió la vía hacia Tude, la actual Tuy. De ahí
que, de acuerdo con este gran historiador alemán, se ponga en
Braga la base primera de operaciones para la conquista de Ga¬
licia; decimos primera, puesto que en la etapa final fue sin du¬
da Lugo, cuyo campamento también recibió el nombre de Au¬
gusto.
En Braga se concentró el ejército que había de conquistar
Galicia; el almacén de víveres y pertrechos de guerra. Allí que¬
darían tropas de reservo para atender las necesidades de las le¬
giones que avanzaban.
Braga había sido ya, posiblemente, centro del grupo étni¬
co de los bracarenses, ya conquistado por Décimo Junio Bruto

y utilizado por César. Augusto lo escoge como posición estraté¬
gica para someter la Galicia Trasmiñota y la región montañosa
al sur del Miño y del Sil.
No cabe duda de que el general, o legado, que dirige la
campaña de Galicia fue Cayo Antistio Vetus, hijo de aquel Ca¬
yo Antistio Turpión que fue propretor de la Provincia Ulte¬
rior de España en el 68 a.C. y a cuyo mando estuvo César co¬
mo cuestor, cuando en dicho año éste vino a España por pri¬
mera vez.
Es posible que este Cayo Antistio Vetus viniese después
del año 60 a.C. a las órdenes de César en su campaña de Lusi¬
tania y de Galicia. En este supuesto, estaría bien entrenado
para dirigir y llevar a cabo la total conquista de Galicia no.
Schulten afirma que es el único general que se puede citar
con seguridad m. Sin embargo, con todo el respeto y admira¬
ción hacia el gran hispanista alemán, se puede también consi¬
derar con seguridad a Cayo Furnio, como legado en Galicia, tal
vez no simultáneo, sino sucesor del anterior; aunque en un
principio parece que actuaron los dos a un mismo tiempo.
Orosio dice claramente que los legados Antistio y Furnio,
después de grandes y duros combates, conquistaron las regio¬
nes más alejadas de Galicia (ulteriores Gallaeciae partes), que,
a través de montañas y espinosos valles (bosques), llegan hasta
el Océano. Con esta frase designa, sencillamente, la Galicia ac¬
tual y la parte de Portugal entre el Duero y el Miño, puesto
que, como hemos repetido en otros trabajos, Orosio compren¬
día en la Galicia de su tiempo también la Cantabria y Asturias
y la Meseta Norte hasta Numancia "2.
Los códices de Orosio ponen Firmio en vez de Furnio, que
hemos transcrito. Seguimos la opinnn de Schulten que afirma
que este Firmio debe ser Cayo Furnio, el que fue cónsul el año
17 a.C. y que, en el año 22, mandaba, como legado, la legión IV
Macedónica en Catabria; la transcripción de Firmio en vez de
Furnio lo considera un error paleográfico fácilmente expli¬
cable ll3.

Floro, Lucio Anneoi Rcrum Homanorum, Epitome, II, 33, 49. Orosioi ¡liiturianini..., 17, 21, 5. Rabanal, Manuel dei Perla (/birla, en Archivos Leoneses, 1956, u.
129 y as.
(108) Orosioi Historiaram..., 17, 21, 9.
(109) Schulten, Adolfo! Loa Cántabroa y Aaturea y au guerra con Roma, p. 163 y 176.

Cenan tíellum Hiapanienae, 25. R.E., 1, 2, 2558.
Schulten, Adolfo! Loa Cántabroa y Aaturea..., p. 136.
Torrea Rodríguez, Caatmiroi La Galicia Romana y la Galicia actual en “Cuadernos
de Estudios Gallegos», XXVI, 1953.
í 1 13) Schulten, Adolfoi Loa Cántabroa..., P. 158, nota 1. R. E., Vil, 377.

(107)

i

LA r.ALICI V ROMANA

111)
1112)

r

Li

76

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Cayo Antistio sustituyó a Augusto que, enfermo, se había
retirado a Tarragona, en el mando del ejército que actuaba en
Cantabria. Lucio Silino Carisio mandaba el ejército del Centro
que partió de Astorga contra los astures. El mismo Schulten lo
admite como muy probable, pues al final de la campaña funda,
para los veteranos de la misma, la colonia de Emérita Augusta,
siendo ya legado de Lusitania 1U.
Otro legado que parece haber estado primero al frente de
la base de Braga y después haber sido trasladado a la de Lugo
es Paulo Fabio Máximo. Así se deduce de las lápidas encontra¬
das en la muralla de Lugo y en Braga "5.
Este Paulo Fabio Máximo parece haber sido hijo de Quin¬
to Fabio Máximo, que fue legado de César en el año 46 a.C.
Posiblemente se trasladó a Lugo, cuando Antistio fue traslada¬
do a Cantabria, para sustituir a Augusto que, por enfermedad
o por miedo, se había retirado a Tarragona.
8. Desarrollo de las operaciones

Desde luego, las columnas que parten de Braga tuvieron
la misión de conquistar Galicia, puesto que, como hemos dicho
anteriormente, en la división que hizo Augusto en el año 27
a.C. Galicia, como ierra ignota se consideraba como apéndice
de la Lusitania.
Además, la táctica de movimientos envolventes que se se¬
guía en los planes de conquista total de la España Norteña exi¬
gía que se siguiese la marcha de Sur a Norte y de Occidente a
Oriente, o sea, la campaña de Galicia se inicia por la espalda,
por la región costera en dirección hacia el interior, en ayuda y
cooperación con las columnas que partían de Asturica y Segisama Julia, para evitar la fuga y dispersión de los cántabros y
astures, a quienes se trataba de someter.
Además era natural proceder de lo ya conquistado a lo
que había que conquistar. La región costera gallega había sido
ya conquistada, en todo o en parte, por César, como se ha refe¬
rido anteriormente.
;1U) Schulten, Adolfo! Los Cántabros..., p. 131, 149 y 150. Fonles Híspanteos Antiquae,

LA GALICIA ROMANA

Por tanto, no es aventurado suponer que las columnas que
parten desde Braga marcharon a través de la Galicia Trasmiñota, hoy Portugal, y, al menos parte de ellas, cruzaron el
Miño quizá a la altura de Tuy. Sobre el monte Aloya se levan¬
taba un castillo o fortaleza que lo menciona Plinio, en el siglo I
d.C. y que lo considera fundación griega "6.
Tal vez se levantó ya en la época de Décimo Junio Bruto,
o antes, como cabeza de puente sobre el Miño. En tiempo de
César es muy probable que ya existiera un puente sobre este
río y por él pasaron sus tropas hasta Bayona en persecución de
los fugitivos del Monte Herminio. Este paso, así como el del
Tecla debió de ser conservado y vigilado desde la campaña de
César o, quizá, desde la de Bruto.
Como hay que suponer que no existirían en el interior de
Galicia vías ni caminos apropiados para el tránsito de las legio¬
nes, cabe suponer que utilizaran la cuenca de los ríos como lu¬
gar de orientación y de más fácil penetración; por tanto, que
seguirían las orillas del Miño y del Sil y tal vez de otros ríos,
como siguieron la cuenca del Pisuerga y del Esla en el ataque a
Cantabria y Asturias.
También es seguro que ayudó la ñota, como consta que lo
hizo en Cantabria con el desembarco en el Portus Blendius,
Ría de Suances.
Por consiguiente, es muy probable que las columnas con¬
centradas en Braga siguiesen las orillas del Miño en dirección
opuesta a su corriente.
La que mandaba Cayo Antistio Vetus por la orilla dere¬
;
cha en muchos lugares se hallaría en terreno pisado en tiempo
de César. La que mandaba Cayo Furnio caminaría por la orilla
izquierda de este río.
El objetivo de Cayo Antistio sería la conquista de las tri¬
bus que llegaban desde el Miño al Cantábrico y, como objetivo
inmediato, la del bosque sagrado, en donde primero se levanta¬
ría un campamento como base de operaciones, para la toma de
Bergidum y luego la ciudad amurallada, capital del Convento
Jurídico Lucense.
Se sabe, con seguridad, que tomó parte en la campaña la
Legión VI, Viclrix; naturalmente con otras cohortes y tropas

V, p. 96. RE, VI, 1791.
(115) CIL, II, 2581. Ephemerides epigrajicae, VIH, 504.

77

(116)

Plinio Segunda, Cayo) N.H., IV, 112.

r
78

auxiliares. La presencia de ésta está comprobada por una ins¬
cripción m. Es posible que actuasen otras legiones de las que
no hay constancia epigráfica.
Blanco Freijeiro cita una inscripción muy mutilada, en la
que figura un militar, tribuno de la IV Macedónica y de la VI
Gemellae, que pudieron actuar en la guerra contra los cánta¬
bros, astures y galáicos. También menciona monedas, en las
que aparecen el caetra, o escudo lusitano, con el puñal, falcata
y dos dardos, símbolos de la aportación lusitana, que mereció
que a esta Provincia se le titulase pía el fidelis ll8.
9. La marcha hacia los objetivos

En el año 26 a.C., posiblemente en primavera, las colum¬
nas concentradas en Braga se ponen en marcha hacia sus obje¬
tivos; son dos en número, si excluimos las tropas desembarca¬
das por la flota.
Al mando de la primera va Cayo Antistio Vetus; como he¬
mos dicho, era hijo de Cayo Antistio Turpión, que había sido
pretor en Roma y propretor en la España Ulterior; a sus órde¬
nes vino César por primera vez a España en el año 68 a.C. en
calidad de cuestor. Es posible que Cayo Antistio Vetus, a
quien hay que suponer más joven, hiciese la campaña con Cé¬
sar, quizá como cuestor también, o tribuno.
Dión Casio lo menciona como único general de la expedi¬
ción del año 26 a.C., naturalmente aparte de Augusto. No obs¬
tante, por Floro sabemos que hubo otros: Furnio, CarÍBio y
Agripa. Hace sospechar en la gran pericia de este legado, que
venía a ser un lugarteniente de Augusto, y fue el sustituto de
éste cuando enfermo se retiró a Tarragona.
Parece haber desplegado sus tropas por la orilla derecha
del Miño, remontando su corriente, o sea, en sentido ascenden¬
te hacia la corriente de este río. Dejó que el otro legado, Fur¬
nio, siguiese en la misma dirección por la margen izquierda.
(117)

'! 118)

En la Región Bracurense, en San Tirso, al S.O. de Guimaraes, se encontró una lápida
funeraria de un soldado de esta Legión. CIL, II, 2, 37, 4. La VI Viclrix, la IV Macedó¬
nica y lo X Gemina figuran en monedas de Augusto y Tiberio, según Vives, Joséi La
Moneda Hispánica, IV, 79, 81.
Blanco Freijeiro, Antonioi Monumentos Romanos en la conquista de Galleta, en la
Romanización de Galicia, en Cuadernos del Seminario de Estudios Cerámicos de
Sargadelos, p. 100 y 101.

L

LA GALICIA HOMAN A

C ASI Millo TORRES RODRIGUEZ

79

Cayo Antistio contaba con que la zona costera había sido
ya conquistada por César y por tanto con bases de aprovisio¬
namiento de ayuda de toda clase, especialmente de servicios de
información y de guías conocedores de caminos, fuentes, pasos,
castros, etc.
La flota de guerra aseguraría sus espaldas y con posibles
desembarcos evitaría las sublevaciones.
Especialmente en Brigantio, o sea, en La Coruña de hoy,
es muy de creer que desembarcasen tropas para someter la zo¬
na costera del Norte, o sea, los pueblos denominados ártabros.
Al llegar a la confluencia del Miño con el Sil, cerca del ac¬
tual pueblo de Peares, debieron de cambiar la dirección parale¬
la que seguían las fuerzas de Antistio y las de Furnio.
Antistio siguió por la cuenca del Miño y Furnio por la del
Sil; puesto que también los ejércitos que atacaron Cantabria y
Asturias siguieron el curso del Pisuerga y Esla, respectiva¬
mente.
El objetivo inmediato de Antistio fue la toma del bosque
sagrado, en donde hoy se asienta la ciudad de Lugo. La con¬
quista de este bosque sagrado, lucus, que hoy da nombre a la
ciudad, debió de tener gran importancia moral y estratégica.
Era el gran santuario de los celtas, en donde se veneraba al
dios Lug, el de la lanza y honda invencibles, que domina la Vía
Láctea en el cielo. Allí se reunían los drúidas, que, como en las
Galias y Gran Bretaña, serían los grandes fautores de la resis¬
tencia. Su conquista fue, como la corta del Irminsul o de la en¬
cina de Geismar para los germanos: una verdadera catástrofe
para ios dominadores celtas ll9.
Bajo el punto de vista estratégico, era una posición de sin¬
gular importancia; en plena llanura, pero en lugar elevado y
abierto, y por lo tanto libre de un ataque por sorpresa; a orillas
del Miño, el gran río, venía a constituir el corazón de Galicia.
Desde aquí no era difícil, por la cuenca del Eo, llegar a la
costa cantábrica; siguiendo la llanura mesética, o requejada,
de la región de Curtis, podía alcanzarse Brigantio (La Coru¬
ña), el gran puerto del estaño, ya conquistado por César; y, si¬
guiendo los valles del Miño, del Ulla y del Tambre, llegar a las
f

i 119)

Arlas Vilas, Felipet Lucus Augusti, en «Cuadernos del Seminarlo» de Estudios
Cerámicos de Sargadelos, 16, p. 57 y es. Acuña Castrovlejo, Fernando, y Vas¬
ques Varela, Josét Pertinencia de las formas culturales indígenas, pág. 79 y ss.

a

«o

Rías Bajas. En todo caso ponerse en contacto con la flota flu¬
vial y marítima.
Por último, la toma y probable incendio del Lucus, o bos¬
que sagrado, privaba a los gallegos del único vínculo de cohe¬
sión religioso y político. Pues es de suponer que en este templo,
al aire libre, en medio del bosque, ejercieran los drúidas sus
cultos y sus reuniones políticas, como sucedió en las Galias y
en Gran Bretaña ; y de que allí partiesen órdenes de resistencia
a ultranza l20. Murguía da como segura la existencia de drúidas
en Galicia.
Roma incendió el bosque sagrado como Carlomagno el Irminsul; sustituyó al dios Lug por el de Júpiter Optimo Máxi¬
mo; y el poder de los drúidas por el organismo romano de capi¬
talidad del convento jurídico.
Con la conquista de Lugo podría decirse, en términos ci¬
negéticos, que la independiencia de Galicia estaba herida de
ala.
La guerra había llegado a su punto álgido; el tiempo y la
continuación harían el resto. Después de este éxito conseguido
por Cayo Antistio Vetus, después de haber sometido, o asegu¬
rado a los pueblos, o tribus, comprendidos entre el Miño y el
Océano, fue llamado para sustituir a Augusto en el mando del
ejército de Cantabria, puesto que éste, por enfermedad o inca¬
pacidad, se había retirado a Tarragona 121.
Su campaña, a pesar de haber sido una continuación de la
iniciada por César, o sea, de conquistar a Galicia por la espal¬
da, tuvo que vencer grande y sangrienta resistencia, aumenta¬
da por las condiciones topográficas: montibus silvisque en frase
de Orosio, un país plagado de montañas y selvas, de castros, y
fortalezas; los cáporos, brigantinos, anfílocos, seurros, ártabros, etc., quedaban sometidos; bien merecía el honroso cargo
de sustituir a Augusto en el verano del año 26.
Allí se estableció una nueva base de operaciones, porque
la de Braga quedaba muy lejos para estrechar el cerco de los
rebeldes de la Cordillera Cantábrica. Es posible que en dicho
verano del 26 a.C. dejase a Paulo Fabio Máximo, hijo de Quin¬
to Fabio Máximo, el que había sido legado en tiempo de César,

al frente de la posición conquistada, para que allí estableciese
un nuevo campamento y mantuviese tropas de reserva. Este
Paulo Fabio Máximo debía de estar, a la sazón, al frente de la
base de Braga y se trasladó a Lugo con el fin de organizar esta
nueva base, que estaba menos alejada de la zona de operacio¬
nes. Así se deduce de las lápidas encontradas en la Muralla de
Lugo y en Braga l22.
A partir de esta nueva base se prosigue la campaña en di¬
rección a Bergidum, que se localiza en el Monte Ventoso, cerca
de Cacabelos (León), en combinación con otra columna ata¬
cante que había partido de Asturica (Astorga). Bergidum, que
ha dado el nombre que lleva la comarca del Bierzo, se rindió
pronto, dado que sus habitantes huyeron al ya mencionado
Monte Vindio, que, como hemos ya dicho, ha sido identificado
su nombre con el actual Peña Ubiña, pero que significaba tam¬
bién toda la Cordillera Cantábrica, desde dicha montaña al
menos hasta los Picos de Europa. Allí, unidos a las huestes astures y cántabras, se consideraban seguros que, según Floro,
decían que antes llegarían las aguas del Océano que las .armas
romanas l23. Pero allí serían obligados a la rendición por el cer¬
co combinado llevado a cabo por Cayo Antistio, ahora al fren¬
te del ejército oriental, cuyo mando le había entregado Augus¬
to, y por Carisio, que mandaba las fuerzas que habían partido
de Astorga, y por las fuerzas romanas que partieron desde Lu¬
go a las órdenes de Paulo Fabio Máximo.
Cayo Furnio, o Firmo según la mayoría de los códices,
también según Orosio, hizo como legado la campaña de Ga-

Mandaba una de las columnas que partieron de Braga. Si¬
guió, como Antistio, la táctica ideada por César de atacar a
Galicia por la espalda y, al principio, por la zona ya conquista¬
da por César.
Hay que suponer que tuvo objetivo parcialmente distinto
y siguió también distinto camino, aunque paralelo, en un prin¬
cipio, al que siguió Cayo Antistio.
<122.1 CIL, II, 2581. Ephemerides Epigraficae, VIII, 504.

Murguía, Manuel Marlínezi España: sus monumentos y arles. Su naturaleza e histo¬
ria, Galicia, p. 78.
(121) Orosio, Pauloi Historiarum..., VI, 21, 6.
(120)

81

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

R. E., VI, 1971.

<1231 Floro, Lucio Anneot Rerum Romanorum: Epitone, II, 33, 49. Rabanal, Manuel
de» Reña Ubiña en «Archivo» Leoneses», 1956, p. 129 y ss.
(124}

Orosio, Pauloi Hitloríwum..., VI, 21, 7.

w

112

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Entendemos que siguió por la orilla izquierda del Miño y
después de su confluencia con el Sil, en IOB Peares, debió de se¬
guir por ambas márgenes de este río, remontando la corriente
de los mismos, o sea, primero del Miño y después del Sil.
Su tarea debió de haber sido la conquista de las tribus cercanas a las Sierras de San Mamed, Cabeza de Manzaneda y es¬
tribaciones de la Segundera, para evitar que los cigurros, tiburos, bíbalos y otros pueblos de la comarca del Bollo atacasen a
las columnas que habían partido de Astorga.
Este Furnio parece haber sido más joven y de menos cate¬
goría que Cayo Antistio; sin embargo, a pesar de haberle tocalos montes más escabrosos de
do las montañas
encomendado. Logró
objetivo
Galicia, desarrolló con éxito eí
encerrar a los fugitivos de las comarcas que hoy se llaman de
Trives, del Bollo y de Valdeorras en una montaña situada en la
margen oriental de Galicia, a la entrada del Bierzo en la orilla
del Sil. Allí vieron cortada la retirada hacia el Monte Vindio, o
sea, hacia las montañas de Asturias, cogidos entre dos fuegos,
encerrados por las tropas de Cayo F urnio que partieron desde
Braga y las de Carisio que partían de Astorga. No les cabía
otra disyuntiva más que la rendición y la muerte. Optaron por
esta última solución.
10. La tragedia del Monte Medulio
Tal vez sería preferible aplicar al Medulio las palabras
que Celso Emilio Ferreiro aplica a la poesía ( Aulopoélica):
«Deixalo na sua impoluta maxestade, envolto no misterio, que
nunca nos será dado desvelar na sua totalidade». Pero la histo¬
ria se nutre de realidades pasadas y trata de desvelarlas, aun a
trueque de que se mancille su hondo sentido poético.
Antes de entrar en materia, tengo que empezar por rectifi¬
car mi opinión sostenida hace muchos años.
Influido por la del gran investigador alemán Dr. don
Adolfo Schulten, quien en su admirable libro Los Cántabros y
Astures y su Guerra con Boma, lo sitúa en el Monte de San Ju¬
lián, yo tambin lo situaba en este monte. Pero un estudio más
completo me ha llevado a abandonar esta opinión ,25. De los

{ 125)

Torre» Rodriguez, Casimiro! Galicia en lai Guerra» Cántabras, en Extensión Uni¬
versitaria Compostelana, Boletín de la Universidad, 1948, p. 18 y ss. Schulten,
Adolfo) Los Cántabros.,,, p. 147 y ss. El monte que él llama de San Julián, corriente¬
mente se le llama Aloya.

LA GALICIA ROMANA

83

varios montes que ofrecen la posibilidad de identificación con
el Monte Medulio de Floro y Orosio, el Aloya, o San Julián, en
mi humilde opinión es el que ofrece menos probabilidad.
El despiste de Schulten tal vez surgió de haber interpreta¬
do mal las palabras de Orosio: <t Ulteriores Galaeciae partes...»
como la parte occidental de la Galicia actual, siendo así que
con esta frase de Orosio se designa habitualmente toda la Gali¬
cia actual l26. Este error lo llevó a imaginar que la conquista ro¬
mana empezó por la parte oriental y, por tanto, que Tuy y sus
contornos, entre ellos el Monte Aloya, tendría el carácter de
conquista epilogal; o sea, que fue conquistado al final de la
campaña de Galicia.
Pero, siguiendo las fuentes literarias, no cabe la menor du¬
da de que la Comarca Tudense fue lo primero que conquista¬
ron los romanos; quizás ya en tiempo de Décimo Junio Bruto,
pero con toda seguridad en tiempo de César, o sea, en el año 60
a.C. como ya hemos repetido anteriormente.
Además, el hecho de haberse constituido a Braga como
base de operaciones, según afirma el propio Schulten y corro¬
bora Balil, es un exponente de que las tropas romanas siguie¬
ron la marcha iniciada por Bruto y por César, o sea, del paso
del Miño, quizá a la altura de Tuy enfrente del Caslellum Tydae, del que habla Plinio, como de origen griego, levantado so¬
bre el Monte Aloya, tal vez para vigilar el paso del río m.
El hecho de constituir a Bracara como base de operacio¬
nes, da pie para suponer que se inician de Occidente a Oriente,
en movimiento envolvente para arrinconar a los rebeldes en el
Monte Vindio, en donde, con la ayuda de las nevadas inverna¬
les, no sería difícil obligarlos a la rendición, o al exterminio.
Sería inconcebible suponer que se eligiese a Braga como
base de operaciones en el caso de que éstas comenzasen por el
Padornelo, o el Cebrero.
(126!

Orosio, Paulo) Hisloriarum,,,, VI, 21, 6. Torres Rodríguez, Casimiro) La
i.'* Galicia
vi
Romana y la Galicia actual, en «Cuádrenos de Estudios Gallegos», XXVI, 1953.
Flórez, Enrique,
Enri
E. S„ XV, p. 60, dice: «Antistio y Firmio domaron las últimas partes de Galicia con grandes y graves guerras... pues, como en su tiempo cogía esta provincia todas las Asturias y Cordilleras de loa Montes de Cantabria, con razón podía ti¬
tular partes últimas de Galicia a las que están más allá de Ponferrada».
tillar
<127; Plinio Segundo, Cayo) N.H., IV, 112. Schulten, Adolfo) Los Cántabros..., p. 163 y
176. Balil, Alberto) Bracara Augusla y el Convenías Bracams: en «Cuadernos del

Seminario de Estudios Cerámicos de Sargadelosn, 16, p. 47.

81

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Por otro lado, era natural partir de la zona conquistada y
sumisa a la no conquistada. No cabe duda de que César, como
se ha dicho, conquistó la ciudad de Galicia llamada Brigancio
(Coruña), y por tanto hay que suponer que también conquistó
la zona costera occidental, por donde tuvo que pasar. De suer¬
te que es evidente que la campaña de Galicia partió de Occi¬
dente hacia Oriente; o sea, de la zona costera a la montañosa
del interior.
Ya hemos dicho que Cayo Furnio debió de emprender su
marcha por la orilla izquierda del Miño, paralela a la de Cayo
Antistio, que siguió por la margen derecha, ambos remontando
la corriente hasta la confluencia del Miño y el Sil (Peares).
Aquí cambiaron de rumbo: Cayo Antistio siguió por las márge¬
nes del Miño y Cayo Furnio por las del Sil.
La tarea de Cayo Furnio debió de ser dura y peligrosa en
extremo y le serían aplicables, con toda exactitud, las palabras
de Orosio: «magnis gravibusque bellis»... «con graves y duros
combates», en un terreno cubierto de matorrales, con hirientes
espinas, de enormes precipicios y estrechos desfiladeros de pro¬
fundidad abismal y de abundantes y espesas selvas. Tales se
encuentran en la Sierra de San Mamed, Cabeza de Manzaneda, Montañas del Bollo y de Valdeorras, estribaciones de la
Sierra Segundera, etc.
Delante de sus huestes irían los fugitivos de los duros
combates mencionados con sus mujeres y sus hijos y con los

ganados que pudieran transportar.
Así lo hicieron en otras ocasiones, como lo hemos visto,
con los de la Sierra de la Estrella, que trataron de huir al otro
lado del Duero, y a los de Bergidum que huyeron hacia el Mon¬
te Vindio.
Estos pueblos de las montañas y valles, que se hallan en la
cuenca del Sil, tiburos, cigurros, bíbalos, etc., se refugiaron en
el Monte Medulio, en donde fueron arrinconados y cercados
por las huestes de Cayo Furnio y, posiblemente, también por
las de Lucio Silio Carisio, que habían partido de Astorga.
La accidentada zona, que Cayo Furnio tuvo que recorrer,
hizo que llegase a este punto epiloga! con algo de retraso en
comparación con las fuerzas que había conducido por el Norte
de Galicia, primero Cayo Antistio y después Paulo Fabio Má¬
ximo y que habían tomado Bergidum (Cacabelos) casi sin lu-

L_

LA GALICIA ROMANA

85

cha ; con las que posiblemente cooperó Agripa con desembarcos
estratégicos.
Por este motivo, los fugitivos de los duros combates con
las tropas romanas se encontraron con que se les había cortado
la retirada y la posible huida hacia el Monte Vindio, o Cordi¬
llera Cantábrica, de suerte que se vieron obligados a defender¬
se hasta morir en el Monte Medulio.
La resistencia heroica, comparable a la de Sagunto oNumancia, la cuentan los dos historiadores romanos Floro y Orosio; ambos casi con las mismas palabras, como corresponde a lo
que han bebido en la misma fuente, que fue Tito Livio, cuyo
original se ha perdido.
Floro dice así: «En último lugar el asedio del Monte Me¬
dulio, al que rodeaba un foso de XV millas sin interrupción, vi¬
gilado constatemente por la presencia de soldados romanos.
Cuando los bárbaros se dieron cuenta de su extrema situa¬
ción, a porfía se apresuraron a buscar la muerte en medio de
banquetes, por el fuego, el hierro y el veneno, que allí se obte¬
nía de los árboles vulgarmente llamados tejos, previa la opera¬
ción de exprimir sus piñotas cocidas.
Así la mayor parte se libraron de la servidumbre que, a la
sazón, se consideraba peor que la muerte para aquellos indómi¬
tos luchadores» l28.
La narración de Orosio dice así:
«Además las partes ulteriores de Galicia, que abundantes
en montañas y selvas llegan hasta el Océano, las conquistaron
los legados Antistio y Furnio, después de grandes y duros com¬
bates. Pues asediaron el Monte Medulio, que se levanta junto
al río Miño, en el que se había refugiado una gran multitud de
hombres; excavando un foso de quince millas enderredor, com¬
pletaron el cerco. Cuando aquella turba de hombres terribles y
fieros se percató de que no podrían aguantar el asedio, ni po¬
drían competir en (a lucha por evidente inferioridad, se deci¬
dieron por el suicidio voluntario por miedo a la esclavitud. Así
i 128: Floro, Lucio Anneoi fíerum fíomanorum Epitome, II, 33, SO. Aunque con la palabra

lillimo lugar simplemente pudo expresar Floro el orden de la narración, y asi lo inter¬
preta Scliulten, 0. C. p. 137. Sin embargo, es muy probable que el asediiio del Monte
Medulio y su tragedia tuviera lugar después de la conquista de Bergidum y de A racelium, e, inclusive, después de la conquista del Monte Vindio llevada a cabo por Cayo
Antistio Vctus. La narración de Orosio parece dar un fuerte apoyo a esta suposición.
En este caso, Be explica que toda esperanza de fuga ulterior se desvaneciera.

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87

CASIMIHO TO UHLS HODIUGUEZ

LA GALICIA HOMANA

casi todos a porfía por el fuego, el hierro y el veneno, se dieron
muerte»129.
Poco cabe añadir a esta narración sinóptica de Floro y
Orosio tomada, con seguridad, del Libro XXXV o siguientes,
de las Décadas de Tito Livio, que se ha perdido.
Hay ciertos matices diferenciales; Floro detalla que el ve¬
neno empleado fue obtenido a base del árbol llamado tejo ( taxus), bastante frecuente en la floresta gallega norteña. Schulten precisa más, dice que se puede obtener de las piñotas que
este árbol produce 13°.
Orosio precisa el detalle geográfico de que se yergue a la
orilla del Miño, con lo que viene a decir que se asienta en Gali¬
cia o en sus fronteras, con lo cual viene a dar un mentís a los
que han pretendido ubicarlo en Asturias o Cantabria.
Por tanto queda patente por 1a descripción de Floro y
Orosio que en el Monte Medulio se concentró una gran multi¬
tud de gentes torbas y fieras, incapaces de continuar la lucha
con los romanos, por la desigualdad de armas, y menos de so¬
meterse. Saltando ríos y breñas y cruzando de montaña en
montaña, llegaron allí presas de la desesperación y del odio.
Los romanos no se atrevieron a reducirlos por las armas,
optaron por cercarlos y rendirlos por hambre. Hicieron un foso
de 15 millas en derredor, unos 25 kilómetros; o sea, unas cinco
horas de camino, con sus correspondientes empalizadas, zar¬
zos, torres de alarma, etc., para impedir la fuga, como solían
hacerlo los romanos. Las tropas romanas permanecían vigilan¬
tes, para evitar el aprovisonamiento o la huida. Cuando vieron
que era imposible escapar y que su destino era la esclavitud o
la muerte, y ver morir de hambre a los suyos, se decidieron al
suicidio colectivo por medio del fuego, de la espada y del vene¬
no que obtenían, no de las bayas, sino de las piñas o pinochas
que cría el tejo (íaxus), y que, cocidas, dan veneno mortal.
Cinco horas de camino eran precisas para recorrer el foso que
los rodeaba. De modo que hay que calcular que fue crecido el
número de los que sucumbieron. Por distintos senderos habían
huido a la muerte que ahora a porfía trataban de acelerar. Sus
cuerpos vigorosos habían luchado y causado terror a los legio¬

narios romanos, pero el hambre y la miseria los había converti¬
do en espectros harapientos.
Se habrán repetido las escenas que cuenta Apiano de las
madres bracarenses; las que esculpió el Artista de Pérgamo del
Galo Moribundo que antes dio muerte a su mujer; duelos mor¬
tíferos, como los celebrados a la muerte de Viriato.
En fin, el Medulio es la cumbre de la heroicidad de una ra¬
za que defiende su independencia y libertad.
No sabemos el nombre de un jefe que haya dirigido la re¬
sistencia; de suerte que esta heroica hazaña hay que atribuirla
a todo y sólo el pueblo gallego; todos a una, como en la batalla
del Duero. Con estos dos broches de heroísmo se cierra la histo¬
ria de la independencia de Galicia.
Tal vez hoy se considere desproporcionada y absurda esa
resolución desesperada. Pero tengamos en cuenta que el benig¬
no y clemente Augusto, como dice Floro, a los que se entrega¬
ban les exigía rehenes, que respondían con su cabeza del cum¬
plimiento de las condiciones; a la mayor parte se les vendía co¬
mo esclavos; a los más resignados se les obligaba a trasladarse
de las montañas y residir en las llanuras, o sea, a renunciar pa¬
ra siempre a su independencia.
Cuando la resistencia era larga, las condiciones eran mu¬
cho más duras m.
La historia de Galicia romana empieza y termina con dos
episodios sangrientos: la batalla del Duero y la tragedia del
Monte Medulio. El Duero y el Miño se tiñeron con sangre
abundante de los defensores gallegos. El fuego calcinó los cuer¬
pos y bienes y sus cenizas se esparcieron por entre las breñas y
tojales. Menos mal que de tanta tragedia, como del grano de
trigo corrompido, brota la espiga futura, así brotó la civiliza¬
ción traída por aquellas águilas romanas homicidas.
Sobre un bosque sagrado, incendiado o talado, surgió un
campamento primero y luego una ciudad, la ciudad de Lugo,
capital del Convento Jurídico.
La tierra gallega se vitalizó con nuevas vías y puentes, y
en los centros o mercados indígenas se levantaron los foros o
centros comerciales y de administración de justicia. Los cabos
y costas marítimas se festonaron con monumentos insignes,

<129) Orosio, Paulo! Hisloriarum..., VI, 21, 7-9.
{130) Schulten, Adolfo! Los Cántabros,.., p. 148.

(131)

Floro, Lucio Anncot Rertim Romanorum Epitome, II, 33, 52.

88

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TOKHES RODRIGUEZ

para pregonar la gloria de Augusto, como las Aras Sextianas y
las Torres del Oeste. En Brigancia, hoy La Coruña, se levantó
la Torre de Hércules por un arquitecto lusitano de Coimbra,
que perpetuó su nombre al pie de una estatua en la que se ve¬
nera a Augusto en forma de Marte. Lugo se rodea de muralla
defensiva con torres y ventanales.
Desaparecido el idioma celta, y quizá otros anteriores, por
la acción de Roma, se implantó el latín, lengua madre del ac¬
tual idioma gallego, que había de preparar y hacer fácil la total
evangelización de Galicia y su desarrollo cultural 132.
Con la conquista del Monte Medulio se completa la con¬
quista de Galicia, que debió de tener lugar a finales del año 26
a.C., puesto que, como dice Floro, recibió la noticia de la toma
de Aracelium y del Monte Medulio, Augusto cuando aún se
hallaba en Tarragona que, personalmente, le comunicaron los
legados Antistio y Furnio 133.
En esta misma fecha se rindieron los refugiados en el
Monte Vindio y Carisio fundó para los veteranos que habían
tomado parte en la campaña, la colonia Emérita Augusta, hoy
Mérida, como atestigua S. Isidoro m.

11. Ubicación del Monte Medulio

A nadie se le oculta que no es tarea fácil su localización.
Orosio, que es el que más precisa, dice lacónicamente: «Medulium Montem Minio Flumini inminentem», el Monte Medulio,
que se levanta junto a la orilla del Miño. Dos cosas podían ade¬
lantarse con seguridad: que estaba junto al Miño y, por tanto,
dentro de Galicia. Que estaba junto al Miño lo dice claramen¬
te; que estaba en Galicia se deduce también, porque el Miño
corre siempre bañando tierras gallegas.
Sin embargo, aun en estas afirmaciones, que parecen apo¬
dícticas, cabe la ambigüedad y la duda, porque en los historia-

dores y geógrafos antiguos el Miño se identifica con el Sil, el
cual, si bien corre en su mayor parte por Galicia, o sea, por la
Galicia actual, nace en las montañas de León y corre por terri¬
torio leonés antes de su penetración en Galicia.

A esta confusión han dado pie los nombres comunes: sil y
minium, que significan igual en el idioma latino. Ambos signi¬
fican el limo, o lodo, de color rojo, que se usaba como coloran¬
te, al decir de Flórez 13S.
Holder dice que el nombre sil, silis, significa el ocre, y cita
lasi palabras de Vitrubio (7, 4, 4) en la que se aprecia la identida d de significado entre minium y sil: Cunéis silaceis, seu miniaceis, interposita 136.
Vitrubio da igual significado a la palabra derivada de sil
que a la derivada de minium, como puede observarse en el tex¬
to citado por Holder, en el que se equipara el significado de si¬
laceis y el de miniaceis, ambas palabras derivada de sil, según
Ernout, la primera y la segunda evidentemente de minium,
que, según este autor, significa vermillón; ocre, que es un óxido
de hierro hidratado l37.
Estos dos nombres comunes pasaron a nombres propios
por su aplicación respectiva a los ríos Sil, que invariablemente
lo lleva hoy, y al Miño, que según Justino «de la gran produc¬
ción de minio, en Galicia, recibió el nombre el vecino río Miño»
138. San Isidoro también da la misma etimología: «Mineus fluvius Gallaciae nomen a colore pigmenli sumpsil, qui in eo plurimum invenilur» l39. El río Miño, río de Galicia, toma el nombre
del color del lodo pigmentado que abunda mucho en él.
Si estos dos nombres latinos comunes, sil y minium, son
sinónimos y ambos significan el ocre, óxido de hierro hidrata¬
do, o bióxido de hierro y de manganeso usado en pintura, no
hay razón para negar que hayan conservado idéntica sinoni¬
mia, cuando han pasado a la categoría de nombres propios;
(135)

La Conquista Romana de Gaticia, en «Cuadernos del
(132) Torres Rodriguez,
Seminarlo de Estudios Cerámicos de Sargadelos», 16, 1976, p. 29 y 30.
(133) Fioaro, Lucio Anneo) Rerum Romanorum Epítome, II, 33,51.
, 134) 1st doro, San) Divi Isidori Hispalensis Episcopi Elimologiarum liber, I, 81, p. 378:
Emeritam Caesar Augustus edijicavit, pos tquam Lusilaniam et quasdam Oceani insulas
cepit. Augusto fundó Mérida después de haber conquistado la Lusitania y algunas islas
del Océuno. No olvidemos que en la Lusitania va incluida Galicia, según la división de
Casimiro)

27 a.C,

.

89

Flórez, Enrique, E. S., XV, p. 40, tSil proprie limut esl rubrii colerii, que inter pig¬
menta ulimur». Añade que el gramático Ausonio duda si es una palabra propiamente
latina. Sitne peregrini vox nominii an Lalii Sil!?
(136) Holder, Alfred) Celtiicher Sprachschalz, II, col. 1545: «Sil, ia,
f. der ochez, das berggelb». Vitrubio 7, 4, 4; Cuneie silaceis inlerposilis.
(137) Ernout, A. et Meillet, A.i Dictionnaire Elymotogique de la League Latine,
pp. 616 y
940.
(138) Justino) Breviarium XL1V, 3, 4, «Galeciue autem portio Amphilochi dicunlur. Regio
qUOíl et'Bm V'Cln° numeni nomen dedil''
(139) Isidoro, Sam Elym. XIII, 21, 32.

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90

C VSIMIIIO TOIIHLS UOMUGUEZ

LA GALICIA no,MANA

aunque con el tiempo designen ríos distintos, o sea, los actuales
Miño y Sil.
No es cuestión de averiguar aquí si estos dos nombres son
genuinamente latinos. Parece que Minium es, sin duda, casti¬
zamente latino; no es tan seguro que lo sea el nombre Sil, pues¬
to que ya el escritor Ausonio decía: «silne peregrini vox nominis
an Lalii sil?» ¿Es la voz sil un nombre extranjero, o latino? 14°.
Desde luego cabe afirmar que los geógrafos antiguos dan
el nombre de Miño al Sil. Estrabón dice así: «Lo mismo pasa
con el Bainis, llamado por otros Minium, el mayor de todos los
ríos de Lusitania; navegable en unos ochocientos estadios. Posidonio dice que nace en el país de los cántabros» ,41.
Al poner su nacimiento en el país de los cántabros, no cabe
duda que se refiere al Sil, puesto que, si en verdad no es riguro¬
samente exacto que el Sil nazca en el país de los cántabros, mu¬
cho menos lo es que nazca el Miño. Porque Peña Rubia, en
donde nace el Sil, puede incluirse en la Cordillera Cantábrica,
pero no la Sierra de Meira, en donde nace el Miño, que está a
más de cien kilómetros al Occidente de Peña Rubia.
Ptolomeo también pone el nacimiento del Miño al Este de
Galicia, en el territorio de los astures.
De ahí que los historiadores de gran prestigio sostengan la
opinión de que el Sil llevó el nombre de Miño l42.
Monteagudo afirma: «...contra la opinión de Müller,
Schulten y otros autores, ya no hay duda acerca de la identi¬
dad del Minius de Ptolomeo con el actual Sil l43.
Es de suponer que el actual Miño llevó este nombre. Tam¬
bién es cierto que el Miño llevó otro nombre, tal vez el primiti¬
vo, que nos ha conservado Posidonio; este nombrre es Bainis

De suerte que no sería absurdo suponer que el gran río de
Lusitania, que a la sazón incluía Galicia, de que habla Estra¬
bón, o sea, el Miño, en su desembocadura llevó el nombre de

Bainis.

144

La raíz bai, que entra en otros nombres, como Baitis -Betis; baica> veica> veiga > vega, parece ser de origen ibérico, o

al menos prerromano. Monteagudo supone que esta misma
raíz entra en Aquis Bainis ,4S.
! 1 10)
(141)

(¡42)
(143)
(144)
(145)

.

Décimo Magno Amonio! Technopaegmon XV, 7, en MGH. Berolini, 1883, Edil.
Schenki.
Estrabón, 111, 3, 4.
Flore*, Enriquei E. S., XV
Monteagudo Garcia, Luisi Galicia en Ptolomeo, p. 620, en *Cuadernos de Estudios
Gallegos», VIII, 1947.
Posidonio, en Estrabón, III, 3,_4;
Monteagudo García, Luisi Galicia en Ptolomeo, p. 619.

91

l

El nombre de Miño, o de Sil, se debió al color rojo amari¬
llento del limo que arrastran sus aguas.
Como ambos vienen a significar lo mismo, se les pudo
aplicar ambos nombres al Miño y al Sil.
De los dos, el Miño es genuinamente romano, y la circuns¬
tancia de pasar por la ciudad de Lugo, capital del Convento
Jurídico de Galicia, hizo que este nombre prevaleciese, e inclu¬
sive que se impusiera a los otros nombres del río.
Sin embargo es muy de tener en cuenta lo que dice el ada¬
gio corriente: el Miño lleva la fama y el Sil el agua, y lo que di¬
ce Flórez: «...pues viendo el río que corta al otro diéramos el
nombre de Miño al que es cortado, por ser este el que recibe, y
el otro el que entra, y por tanto, pierde su nombre...» Hay al¬
gunos fundamentos para decir que el Sil fue el que llamaron
Miño los antiguos l46.
Nos hemos permitido esta disgresión en apoyo de que el
Monte Medulio puede identificarse con el que hoy lleva el
nombre de Las Medulas, que corta el Sil al Sur de Ponferrada
(León) ; puesto que la más fuerte objeción que se hace contra la
identificación del Medulio con Las Médulas la constituyen las
palabras de Orosio: Minio flumini inminenlem, que se yergue
sobre el río Miño, por lo cual son varios y prestigiosos investi¬
gadores los que opinan que debe localizarse en las proximida¬
des del Miño actual.
Pero, sin dejar de reconocer la fuerza de esta objeción, en¬
tendemos que ofrece grandes probabilidades de ubicación en
Las Médulas, por las siguientes razones:
a) La resistencia en el Monte Medulio tuvo el carácter de
operación epilogal; circunstancia que se da en Las Médulas,
monte en el que geográficamente termina el panorama gallego
y empieza el castellano-leonés. Las Médulas topográficamente
vienen a ser las puertas de Galicia, como puede apreciarse al
viajar desde Astorga a Galicia.
(146)

Flórez, Enrique, E. S., XV, p. 40.

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92

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Por tanto las huestes gallegas, que huían con sus familia¬
res y enseres para unirse en coalición con astures y cántabros,
no podrían pasar adelante so pena de caer prisioneros de las
tropas romanas, que avanzaban desde Asturica (Astorga).
Tuvieron que buscar en Las Médulas el último refugio,
puesto que las tropas romanas, que avanzaban desde Asturica,
le cerrarían el paso en su retirada con el fin de llegar y resistir
en el Monte Vindio en unión con los astures y cántabros, al
cual, al decir de Floro, antes llegarían las aguas del Océano,
que las águilas romanas.
El movimiento envolvente de las columnas de Furnio les
habría empujado hasta Las Médulas, de donde no podían pa¬
sar sin caer en manos de las columnas que avanzaban desde

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Astorga.
b) El mismo nombre Médulas parece conservar el de Medulio, y, si bien no se levanta sobre las márgenes del Miño, lo
hace sobre las del Sil. De ahí que geógrafos como Abraham Ortelo, el gran cartógrafo de Felipe II, en su mapa dedicado a
Arias Montano ponga el Monte Medulio al Sur de Ponferrada,
cortado por el Sil. Los historiadores Flórez y Masdeu allí lo si¬
túan también M7.
El geógrafo e historiador actual Fraguas y Fraguas tam¬
bién lo sitúa en Las Médulas l48.
Murguía dice que se podrá localizar cuando se haya locali¬
zado el foso que hicieron los romanos, como ocurrió con el de
Alesía en Francia. Esta circunstancia no dejaría de ser una go¬
llería afortunada. Pero en el presente caso sería imposible, por¬
que el monte, que hoy se denomina Las Médulas como a conti¬
nuación diremos, fue derruido totalmente, y deshecho, por me¬
dio de arrugias y corrugos, por los romanos.
c) Otra de las razones que acabamos de apuntar, o sea, la
destrucción del Monte Medulio en la configuración que tuvo
cuando resistieron en él los contingentes galaicos.

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Flórez, Enrique, E. S., XV, p. 40. Masdeu, Francisco: Historia Crítica de España,

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Vil, p. 15. Abraham Orlello: Perergan live Veteris Geographiae aliquot Tabulae. Hiipaniae Veterii deicriptio. Summe Theologo Dno. Benedicto Ariae Montano... Coloniae
Agripinae 1578. Se dirá que Orosio, historiador y geógrafo gallego, sabría distinguir
bien entre el Mirto y Sil. Pero se comprueba que Orosio toma los datos de autores ante¬
riores, en este caso del libro XXXV ae Livio. Sólo los hechos que él presenció son origi¬
nales.
(148) Fraguas y Fraguas, Antonio: Información verbal.

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Sabido es que Roma, tal vez envidiosa del prestigio heroi¬
co de los defensores de su libertad, tenía por norma la destruc¬
ción de las ciudades que habían resistido a su dominio. Numancia, Cartago y Corinto son conocidos ejemplos de su habi¬
tual proceder.
En la misma Guerra Cantábrica fueron destruidas, preci¬
samente por su valentía en resistir, Aracilium y Atica. Se dan
algunos casos de excepción, como el de Cinginia, en tiempo de
Bruto, y el de Lancia, que Carisio prohibió destruir; pero, co¬
mo excepción que destacan los historiadores, confirma la re¬
gla. Pues sabemos que Furnio, en la sublevación cántabra del
año 22 a. C., puso sitio, incendió y destruyó los castros que ha¬
bían resistido.
Roma no podía dejar incólume aquel monte que, para to¬
marlo, no pudiendo hacerlo por asalto, tuvo que recurrir al ase¬
dio y al duro y pesado trabajo de excavar un foso de quince mi¬
llas enderredor para que el cerco fuera total.
Si el monte hubiera de continuar erguido sería un monu¬
mento perenne de la heroicidad de los gallegos, cosa intolerable
para el orgullo romano.
De ahí que el monte, cuyos restos removidos son los ac¬
tuales Médulas, fue quizá después de incendiado deshecho y
derruido por los romanos. Furnio, cuando fue nombrado lega¬
do de Cantabria en el año 22 a. C., empleó la misma táctica de
asedio hasta obligar al suicidio y de incendio de los castros, que
habían resistido (Dión Casio, Lili, 2-6).
Se objetará que efectivamente la destrucción del Monte,
predecesor de Las Médulas, se llevó a efecto por los romanos,
pero fue para obtener el oro, u otros metales, que encerraba en
sus entrañas.
Es indudable que los romanos, por medio de las arrugias y
los corrugos, cuyos procedimientos tan clara y documentada¬
mente explica Isidoro Millán, destruyeron la montaña, que
hoy, como tierra rojiza y estéril, se ofrece a los ojos del obser¬
vador. No nos resistimos a transcribir sus propias palabras:
«una arrugia era... el tipo de laboreo inicial de un yacimiento
de oro mediante galerías que, acometiendo un monte desde la
base, le horadaban, para una vez retirados los puntales, provo¬
car su ruina...» El corrugus era un canal de lavado por el que
traían las aguas, desde las cumbres de los montes y a distan-

r

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94

cias, a veces de 150 kilómetros, para que arrastrasen, despe¬

ñándose sobre la zona de las arrugias, la masa inmensa de tie¬
rras derruidas y llevándose el barro y la ganga, quedase sólo el
material pesado y los pedruscos y, en sucesivos arrastres y la¬
vados, se decantase al fin el oro.
Una arrugia era, por tanto, una galería de perforación,
mientras que un corrugas era un canal de recolección y arrastre
de aguas "9.
Desde luego es indudable que los romanos canalizaron un
río desde el Monte Teleno, situado al Oeste de Astorga y con él
formaron los corrugos que disolvieron el Monte de Las Médu¬
las. Posiblemente practicaron previamente las arrugias, para
derrumbarlo.
También es posible que de él sacaran oro y otros metales.
Sin embargo fue objetivo, y tal vez primordial, el que también
quisieron hacerlo desaparecer y procurar su destrucción. El or¬
gullo romano no podía tolerar que se hirguiese incólume, pre¬
gonando la heroica hazaña del pueblo gallego, que supo morir
antes que someterse a la esclavitud.
Esta nuestra opinión de identificar el Medulio con las ac¬
tuales Médulas no quiere decir que descartemos la posibilidad
de otras identificaciones. Así ya Huerta lo identificó en el Me¬
deio, en la Limia. Ferreras lo sitúa en uno de los montes de
León, más al Norte.
Especialmente digna de consideración es la opinión de
Vázquez Seijas, que cita en su apoyo la de Amor Meilán. Por
fin bien conocida es la de Schulten ,5°. Sin embargo, con todo
mi respeto para tan eminentes investigadores, me inclino por
la localización en las actuales Médulas. Por tanto en cada una
de ellas se encuentra algún fallo, que me obliga a rechazarla.
Así la localización de Huerta en el Medelo, en la Limia, ofrece
el inconveniente de que no está cerca del Sil, ni del Miño. La de
Ferreras, que no hay rastro toponímico, ni arqueológico. La de
Vázquez Seijas, que me parece la más aceptable de todas ellas,
puesto que Castro de Rey está sobre el Miño, también adolece
Millón González Pardo, Isidoro! Galeco »ru(g)6s» hoz ador -jabalí, y olras voces
emparentadas: arrugia, corrugué, en Emérita, XLI, 1973, p. 133.
(ISO) Huerta y Vega, Francisco Manuclt Anales del Reino de Galicia, p. 74. Ferreras,
Juani Sypnosis Histórica Chronológica de España, I, p. 225. Vázquez Seijas, Manueli Lugo bajo el Imperio Romano, pp. 8 y as. Schulten, Adolfo! Los Cántabros...,
pp. 147 y ss.

(149)

U GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

95

de que no ha dejado rastro toponímico, ni hay señales de que
haya existido foso, a pesar de la conservación intacta de la es¬
tructura de su superficie. Tampoco se encuentra en situación
terminal.
Finalmente, la ubicación de Schulten en el Monte San Ju¬
lián, corrientemente llamado Aloya, se funda en la errónea in¬
terpretación de las palabras de Orosio de la frase ulteriores Gallaeciae partes, que él supone la parte extrema occidental de
Galicia, cuando Orosio sencillamente expresa la Galicia actual
y Norte de Portugal. Por tanto, lejos de poder entenderse que
la toma del Monte Aloya y de Tuy tuvo carácter epilogal, por
el contrario tuvo carácter inicial, puesto que fue conquistado
ya probablemente en tiempo de Décimo Junio Bruto, pero con
seguridad en tiempo de César en el 60 a. C. Por lo cual es de su¬
poner que por allí empezara la campaña de la conquista de Ga¬
licia llevada a cabo por las fuerzas concentradas en Braga.
También pudo despistar a Schulten la frase de San Isido¬
ro: Emeritam Caesar Augustus aedificavit, postquam Lusilaniam et quasdam Oceani insulas cepit ,sl.
César Augusto edificó Mérida, después de haber conquis¬
tado la Lusitania y algunas islas del Océano. Quizá estas pala¬
bras le indujeron a pensar que lo último que se conquistó fue la
Lusitania y la Galicia costera con las islas. Pero no tuvo en
cuenta que en la partición administrativa de España, que tuvo
lugar en el año 27 a. C. y que naturalmente estaría en vigor el
año 26, Galicia entera, como tierra ignota, se consideraba un
apéndice de la Lusitania, en cuyo caso la conquista de Lugo y
del interior de Galicia caía dentro de la denominación de Lusi¬
tania IS2.
La posterior provincia romana de Lusitania estaba ya
conquistada y romanizada y recibía el título de pia etfelix por
la ayuda prestada en esta campaña.
Con todo he de confesar que la ubicación del Monte Me¬
dulio no alcanza valoración apodíctica; tampoco se trata de
una simple conjetura, sin ningún fundamento serio y científi¬
co. No cabe decir con sorna que el «Medulio tenga ruedas y se
pueda llevar de un sitio a otro».
(151)
(

Isidoro, Sani Etimologías, XV, 1.

*S2> T°rreB Rodríguez, Casimiroi Límites geográficos de Galicia en los siglos IV y V, p.
370-371, en «Cuadernos de Estudios Gallegos», XIV, 1949.

96

CASIMIW)

T011HES KOMUGUEZ

El Monte de Las Médulas tiene muchas probabilidades de
haberse empapado con sangre y con lágrimas de desesperación
de las huestes gallegas y de haberse esparcido sus cenizas y sus
huesos calcinados por breñales de tejos y urces.
Podemos repetir las palabras de Murguía: «E posible que
algún día poidan tamen os nosos Hilos decir: Veleiqui as espa¬
das con que aqueles valentes montañeses se quitaron a inútil
vida por non sufrir a afrontosa escravitude que lies esperaba e
non presenciar a da patria. Saberemos entonces, cal foi o lugar
en que se consumou tan cruento sacrificio en aras de unha libertade cara os homes de ánimo erguido».
Sin embargo tenemos que replicar que la localización en
Las Médulas está exenta y bien disculpada de que no se pue¬
dan hallar en dicho Monte las espadas, aun en el más pequeño
pedazo puesto que el monte fue totalmente derruido y despoja¬
do de todo metal. Así lo dice Blázquez: «Los acueductos utili¬
zados en las explotaciones mineras se conocen ya tallados sobre
roca, ya sobre muros, que se siguen a lo largo de 40 kilóme¬
tros» l53.
Cualquiera de las otras localizaciones citadas no admiten
igual disculpa. En todos los montes que hemos mencionado,
como posibles localizaciones del Medulio, podrían subsistir al¬
gunos restos que según Murguía darían pie firme a la investi¬
gación histórica; y, dada la circunstancia de que su estructura
no ha sufrido grandes variaciones, no sería imposible, que al¬
gún hallazgo tuviera lugar, especialmente podría haber dejado
huellas el foso de 15 millas circulares de gran profundidad. Por
tanto la carencia de todo resto positivo disminuye o anula su
probabilidad. Cosa que no puede exigirse en Las Médulas por
la demolición de que fue objeto; por tanto se puede sostener,
como probable, su identificación.
Desde luego podemos dejar sentado que el Medulio no tu¬
vo, ni tiene, ruedas; en cambio tiene que tenerlas la investiga¬
ción histórica, cuando escasean los datos seguros, o, mejor que
ruedas, tiene alas de mariposa, que vaga de flor en flor en bus¬
ca de la verdad.
Pero que con toda verdad puede afirmarse que el Duero
teñido de sangre y el Medulio empapado de sangre y lágrimas,

f

(153)

I

Blázquez, José Maríai Historia Económica de ta Hispania Romana, p. 94. Madrid,
1978.

LA GALICIA ROMANA

97

como broches, encierran el período de la resistencia gallega a la
conquista romana y un perenne ejemplo histórico de heroici¬
dad de un pueblo en masa. Ni el Duero, ni Las Médulas están
dentro de los límites de la Galicia actual; pero tampoco las
Termopilas estaban dentro de las fronteras de Esparta y Ate¬
nas; sin embargo la resistencia de Leónidas allí fue considerada
como una de las más heroicas y memorables hazañas.
12. La conquista del Monte Vindio

Aunque la conquista del Monte Vindio fue llevada a cabo
por Carisio, que estaba al frente de las tropas romanas concen¬
tradas en Asturica (Astorga), sin embargo a su rendición
cooperaron también las tropas destacadas en Lugo, que pre¬
viamente habían conquistado la parte de Galicia situada a la
izquierda del río Navia. Por tanto la rendición del Monte Vin¬
dio, que según ha demostrado el Catedrático D. Manuel Raba¬
nal ha perpetuado su nombre en Peña Ubina, se consiguió con
la cooperación de las columnas gallegas y en él también se refu¬
giaron huestes gallegas; entra por ello en la Historia de Ga¬
licia ,54.

Los fugitivos de Bergidum seguirían el camino que Bube a
Piedra Fita del Cebrero y, pasando por los Montes de Caurel y
de Picos, se reunirían en el Monte Vindio, en donde se conside¬
raban seguros, con los astures y cántabros; puesto que los cán¬
tabros, después de haber sido derrotados en Atica y Aracelium
(Aradillos) y de haber sido destruidas estas ciudades, se refu¬
giaron y lucharon al lado de los astures en dicho Monte Vin¬
dio 15S.
Ya hemos dicho anteriormente que el Monte Vindio com¬
prendía la Cordillera Cantábrica desde Peña Ubiña a Picos de
Europa.
Pero el legado romano Carisio les puso sitio y con el auxi¬
lio de las nieves invernales les obligó a la rendición a finales del
26, o a principios del año 25 a. C.
Pero esta rendición no fue definitiva, dado que en el cita¬
do año 25 a. C. los astures se vuelven a sublevar y descienden
(154) Rabanal, Manuel de» i Archivos Leoneses J», 1956, p. 129.
(155) Orosio, Pauloi Hiitoriarum... VI, 21, 5. Floro, Lucio Anneoi fíerum

Epitome, II, 49-50.

Romanorum

.

CASI MIIM) Ton H ES noDIUCUEZ

de los Montes Nevados, al decir de Floro Monlibus Niveis, o
sea, del Monte Vindio, dado que este Vindio viene a tener este
significado según Rabanal; por las orillas del Esla, intentan
nada menos que tomar los tres campamentos romanos, que al¬
bergaban las tres columnas, que habían partido de Astorga;
pero la ciudad de Brigaetium (cerca de la actual Benavente)
avisó a los romanos del peligro que corrían, pues éstos no de¬
bían de estar muy abundantes en tropas, dado que las legiones
VI y X estaban en Galicia l56. Acudió Carisio, quien había coo¬
perado con Furnio en la rendición del Monte Medulio; logró
derrotarlos y se refugiaron en la ciudad de Lancia, una de las
ciudades más importantes indígenas, por su situación estraté¬
gica, por el número de sus habitantes y por sus muros y fortifi¬
caciones. Carisio logró tomarla y no la destruyó, caso excepcio¬
nal; la dejó como monumento de su victoria.
Estaba situada en el «Cerro de Lance», junto al pueblo de
Villasabariego, entre los ríos Parma y Esla I57.
En esta fecha fundó Carisio por encargo de Augusto, la
colonia de Emérita Augusta, hoy Mérida, para los veteranos de
esta guerra 158.
Existen monedas de Mérida con la figura de la colonia con
una puerta de dos aalidas y la leyenda: P. Carisius le(gatas)
pr(o) pr(aetor), en el reverso, y en el anverso la cabeza de Au¬
gusto. Otras por un lado llevan la cabeza de Augusto, y por el
otro trofeos de la Guerra Cantábrica ,S9.
En Galicia, después de la toma del Medulio por las tropas
romanas acaudilladas por Furnio y Carisio, quedaron las legio¬
nes VI y X, como hemos dicho, y es de suponer que realizaron
servicios de reducción de algunos focos rebeldes que resistirían
en las montañas y en los castros.
Con seguridad sabemos por las citadas palabras de S. Isi¬
doro de que, cuando Carisio fundó la colonia de Emérita, por
orden de Augusto, ya había sido conquistada toda la Lusitania
y algunas islas.
Floro Lucio Anneoi Rerum Romanorum Epitome, II, 54. Eatrabóm III y 4-20. Ra¬
banal, Manuel dei «Archivos Leones es», 1956, p. 129.
(157) Gómez Moreno, Manueli Catálogo Monumental de España, p. 53. Dlón Casloi
Lili, 25, 8.
(158) Dlón Casio! Lili, 26. Isidoro, Sam Etimologías, XV, RE| V, 2493.
(159) Babelom Monnaies de la Republique Romaine, 1, p. 317.
(156)

í

IA GALICIA

HO,MANA

99

Como también hemos repetido varias veces, la Lusitania
en esta fecha, o sea, a raíz de la división hecha por Augusto el
año 27 a. C., englobaba también a toda Galicia actual, como té¬
rra ignota, y también parte de Asturias y León (Plínio: N. H.,

Por tanto, cuando tuvo lugar la fundación de Mérida en el
año 25 a. C., Galicia estaba en su conjunto continental total¬
mente conquistada. También dice San Isidoro, quien, como
suele hacerlo, tomaría los datos de Livio, u otra fuente roma¬
na, que fueron conquistadas algunas islas; no dice las islas, o
sea, todas las islas, sino algunas islas. Con ello parece indicar
que en esta campaña de Augusto sólo se conquistaron algunas
islas; porque el resto ya había sido conquistado en la campaña
de Julio César en el año 60 a. C. Tampoco dice si se conquista¬
ron al principio, o al fin de la campaña.
Como todas las demás conquistas romanas, tiene la de
Galicia carácter de explotación de los países conquistados; así
llevaría aneja la imposición de contribuciones en oro, trigo y
ganado, pues es de suponer que siguiesen la misma pauta qu*
en Asturias, en donde, precisamente la negativa a entregar el
trigo, el ataque al convoy que iba a recogerlo y la muerte de los
soldados romanos y la rebeldía subsiguiente provocarían la re¬
presión llevada a cabo en el año 24 a. C. por el legado romano
Lucio Emilio Lépido l6°.
En los casos de resistencia o de rebelión las condiciones
eran mucho más duras. Así Floro dice que a los que se entrega¬
ban se les exigía rehenes, que respondían con su cabeza del
cumplimiento de las condiciones del pacto o foedus establecido.
La mayor parte se les vendía como esclavos y a los más
pacíficos se les obligaba a dejar las montañas y residir en las
llanuras l61. En la mencionada sublevación asturiana se des¬
truyeron las ciudades y se ordenó cortarles las manoB a los re¬

beldes.
Después de conquistada Galicia, Furnio, que había dirigi¬
do como legado, primero con Cayo Antistio y después con Pau¬
lo Fabio Máximo como colegas, toda la campaña, fue puesto al
frente de Cantabria. Dión Casio dice que los cántabros lo des(160)
(161)

Dión Casioi LUI, 26.
Floro, Lucio Anneoi Rerum Romanorum Epitome, II, 52.

100

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

preciaban, porque lo consideraban novato en el cargo de lega¬
do de Cantabria, y que, por tanto, no conocía el país. Efectiva¬
mente, era nuevo en Cantabria, pero no se sabe si venía de Ga¬
licia o de Roma, en el momento de ser nombrado. Se sabe que
dirigió las operaciones en Galicia y en particular el sitio del
Monte Medulio. Emplea una táctica similar; por medio del
asedio obligó a los cántabros a que se dieran muerte por la es¬
pada y el veneno y al final incendiaba sus castros, ciudades y
focos de resistencia ,62. Esta intervención tuvo lugar en el año
22 a. C.; los primeros sublevados fueron los astures por el mal
trato que les da Carisio; los cántabros hicieron con ellos causa
común ; pero, al ser derrotados los cántabros, los astures se rin¬
dieron. El año 19 a. C. estallaría la más importante subleva¬
ción y serían sometidos definitivamente por Agripa ,63.
Las legiones VI y X, que permanecieron en Galicia, evita¬
ron las sublevaciones, al menos de gran envergadura, como las
que tuvieron lugar en Asturias y Cantabria.
Es de suponer que fueran eliminando los focos de resisten¬
cia que hubieran quedado protegidos por la accidentada topo¬
grafía de la región gallega.
También apoyarían la labor administrativa de las autori¬
dades romanas en relación con la cobranza de tributos, explo¬
taciones mineras y agrarias, construcción de vías y puentes,
puertos y faros, foros y mercados. En fin, todo lo que abarca el
concepto de romanización, es decir, la transformación más o
menos lenta y eficaz de la cultura indígena en la romana, en el
orden lingüístico, religioso, económico y político social, jurídi¬
co, etc., de la que vamos a tratar a continuación.
Desde luego parece ser que Galicia se resignó de buen gra¬
do a la aceptación de la dominación romana; al menos no hay
constancia de que surgieran importantes sublevaciones.

(162)
(163)

Dión Casio! LIV, 5, I.
Dlón Casio, LIV, II.

SEGUNDA PARTE
ROMANIZACION DE GALICIA

L

*

CAPITULO IV
1. Divisiones administrativas

Sabido es que, desde el comienzo de la conquista romana,
España quedó dividida en dos provincias: la Citerior, que ve¬
nía a comprender la cuenca del bajo Ebro más una faja coste¬
ra, cuya frontera estaba situada entre Cartegana y el Sallus
Caslulonensis (Sierra Morena). La Ulterior, que aquí empeza¬
ba, venía a comprender la cuenca del Guadalquivir. Ambas tu¬
vieron sus respectivas zonas de influencia y de expansión 164.
Así los propretores de la Citerior fueron incorporando a su pro¬
vincia la Celtiberia y llegaron a someter, en la vencindad de
Cantabria y de Asturias, las tierras de los vaceos, túrmogos,
berones y au trigones. Y los de la Ulterior la Lusitania, el terri¬
torio de los vetones y la Galicia hasta el Miño, en las proximi¬
dades de su desembocadura 16S.
En el año 27 a.C., Augusto se hallaba en el zenit de su glo¬
ria, más que por haber vencido a sus enemigos, por haber lo¬
grado ganar los corazones de sus súbditos.
Después de la célebre renuncia sincera, o política, de sus
poderes en manos del Senado Romano, los recibió de nuevo de
éste, quien se los devolvió con lágrimas, suplicándole continua¬
se al frente de los destinos del Imperio; y declaró sagrada su
persona, que es lo que quiere decir Augusto, cuyo título, que
significa consagrado por el augurio, le concedió en dicho año
27. Augusto aceptó de nuevo la dirección del Imperio y trató
de consolidarlo en todos los órdenes.
(164)

Sánchez Albornoz, Claudio, Divisiones tribales y administrativas del solar del fíeino
de Asturias, en .Boletín de le Academia de la Historia», XCV, 1929, p. 374.
( 165) Alberlinh Les divisions administrates de l ' Espagne romaine, p. 15-17. Sánchez Al¬
bornoz, Claudlot Fuentes para él estudio de las Divisiones eclesiásticas visigodas en
«Boletín de la Universidad de Santiago de Compostela», 1930, p. 54 y as.

101

CASI MlilO TORRES RODRIGUEZ

Ahora bien, su mente clara comprendió que las conquistas
romanas en España no estaban seguras mientras los cántabros,
astures y galaicos se mantuvieran rebeldes al yugo romano.
Por tanto decide emprender la conquista total de la región
montañosa del Norte de España y ponerse él mismo al frente
de las legiones.
Para ello era preciso realizar, en dicho año 27 a.C., una re¬
forma administrativa. Dividió la España Ulterior en dos pro¬
vincias: la Bética y la Lusitania. Esta última, ya desde más de
un siglo antes, constituía un distrito militar aparte. Como la
Bética estaba totalmente pacificada y romanizada, se la entre¬
gó al Senado.
En cambio, reservó a su jurisdicción la Citerior y la Lusi¬
tania. La Lusitania abarcaba entonces todo el Occidente Pe¬
ninsular: Portugal y Galicia ,66.
Por consiguiente, ésta en el año 27 a. C. constituyó un
apéndice de Lusitania, que comprendía la parte conquistada
hasta la desembocadura del Miño y la zona de expansión hasta
Asturias, o Cantabria; pues por tratarse de ierra quasi ignota,
no cabe señalar sus límites precisos.
Terminada la Guerra Cántabro - Astúrico - Galaica, de
momento se repartieron los territorios conquistados entre las
dos provincias que tomaron parte en la contienda. Se agregó
Galicia y Asturias hasta el Sella a Lusitania, y el resto de Astu¬
rias, con Cantabria, a la Citerior.
En la organización definitiva que dio Augusto a los terri¬
torios conquistados, tal vez en el año 15 a.C., pero con seguri¬
dad entre el 15 y el 1 a.C., se ampliaron los límites de la Cite¬
rior, pues al mismo tiempo que se separaba de la Bética la tie¬
rra montañosa cercana a Cartagena, comprendida entre el mar
y M urgís, según una línea divisoria, que pasaba entre Martos
y Jaén, entre Granada y Guadix hasta el Golfo de Almería, se
arrancaba a la Lusitania Galicia, a partir del Duero y Asturias,
para incorporarlas a la Citerior lí7.
(166)

Sánchez Albornoz, Claudio) El culto al Emperador y la unificación de España, Bue¬
nos Aires, 1946, p. 69. Albertini: 0.c.,p. 25-33. Marchctti, Mariai Le provinde roma¬
ne delta Spagna, p. 342. Mlapouleti Transformation de l ’ Espagne durant tes trois pre¬
mieres siicles de I ' Empire, en Rev. de Phtlologie, XXXIV, p, 301.
(167) Sánchez Albornoz, Claudio) Divisiones tribales..., p. 377. Torres Rodriguez, Ca¬
simiro) Límites geográficos de Galicia en los siglos IV y V, en «Cuadernos de Estu¬
dios Gallegos», XIV, 1949, p. 372. Melón y Ruiz de Gordejuela) Geografía Histó¬
rica Española, p. 114 y ss.

LA GALICIA ROMANA

105

Estos cambios tuvieron como finalidad concentrar bajo la
autoridad del legado consular de la Citerior todas las tierras in¬
seguras.

Pues el bandidaje que reinaba en la zona montañosa, que
se extiende entre el alto valle del Guadalquivir y el Mar Medi¬
terráneo, y la dudosa fidelidad de los astures y gallegos, movie¬
ron a Augusto, tal vez, a colocar ambas comarcas y Cantabria
bajo el mando único de la Citerior, que luego se llamó Tarraco¬

nense.
La Lusitania estaba completamente pacificada, como la
Bética en la región comprendida entre el Guadiana y el Duero;
todas las legiones acampaban en Galicia y Asturias.
Era natural, por lo tanto, agrupar las tierras de Galicia y
Asturias con las demás zonas de la Citerior, cuyo gobierno exi¬
gía un régimen de fuerza bajo el mando único, para evitar así

levantamientos y revueltas.

De suerte que toda la región gallega formó, en esta fecha,
parte de la Citerior y quedó desglosada de la Lusitania.
No obstante esta unificación, excesivamente centralizada
en Tarragona, duró poco tiempo, dado que en tiempo de Tibe¬
rio la autoridad se reparte entre tres legados; uno de ellos al
frente de dos legiones: la VI* Victris y la X* Gemina, gober¬
naba Galicia y Asturias hasta el Sella; otro, desde este río has¬
ta el Pirineo, al frente de la IV‘ Macedónica, o sea, Canta¬
bria. El tercero, el resto de la provincia, zona segura y tranqui¬
la. Sin embargo, todavía en tiempo de Plinio, o sea, antes del
año 79 d.C., se incluían dentro de Província Citerior los Con¬
ventos Jurídicos: Asturicense, Bracarense y Lucense.
En esta organización de Tiberio tenemos ya un esbozo de
lo que había de ser la futura «Provincia Gallaecia» 168, es decir,
Galicia como provincia romana, que es necesario no confundir
con la que pudiéramos llamar «Galicia propia», o sea, Galicia
en cuanto constituye una región natural por sus tierras, sus
montañas, su clima, producciones, etc., y los caracteres de sus
habitantes, tanto raciales como político-sociales, puesto que,
en este sentido, los romanos la delimitaron claramente y com¬
prendieron bajo la denominación de Galicia las tierras al Norte
del Duero y al Oeste del Navia l69.
(168)
(169)

Estrabóni III, 4, 20. Plinto Segundo, Cayoi N.H., III, 18.
Plinio Segundo, Cayo, N.H. IV, 112 y 113.

106

CVSIMIHO TOHIICS HODIUGUEZ

Galicia, como región natural, no admite variación en la
época romana; en cambio Galicia, como provincia, empieza
ahora un proceso de absorción que en esta fecha comprende ya
parte de Asturias, además de su propio territorio, pero más
adelante ha de extenderse por la costa hasta incorporar la Can¬
tabria y por el interior el Alto Duero y su cuenca.
Este proceso de absorción es posible que comenzase ya en
el reinado de Claudio, cuando las legiones VI* y X* fueron sa¬
cadas de España para vencer la sublevación de Civilis en el ba¬
jo Rhin y cuando la IV* Macedónica fue establecida en Ger¬
mania.
En España quedó solamente la legión VIIa Gemina, con
residencia en León, que de la misma recibió su nombre actual.
Desapareció entonces la jurisdicción del legado de Cantabria y
quedó añadida ésta a la de Galicia y Asturias 17°.
Con mayor seguridad se puede afirmar que la comarca de
Cantabria se añadió a la provincia Gallaecia en la división que
hizo Antonino Caracalla. Geográficamente constituía una co¬
marca uniforme, por su configuración y clima, con Asturias y
Galicia. Económicamente venían a ser las tres regiones gana¬
deras y abundantes en minas. Socialmente se caracterizaban
porque en ellas la vida urbana se desenvolvía con mayor lenti¬
tud. Por todo lo cual, y por las dificultades políticas y adminis¬
trativas que presentaban, Caracalla desgajó dichas comarcas
del resto de la Citerior, y constituyó, en el 214, una provincia
que llamó «Hispana Nova Citerior Anloniniana», cuyo gober¬
nador primero fue C. Julio Cereal m.
Según dice Alvaro D ’ Ors, «es probable, aunque no segu¬
ro, que esta nueva provincia abarcara, no sólo Galicia y Astu¬
rias, incluyendo León, sino también Cantabria y hasta el terri¬
torio de Clunia; también que tal división tuviera carácter estaSánchez Albornoz, Claudlot Divisiones tribales.,., p 381, ñola 2. No todos están de
acuerdo con esta opinión sustentada por Sánchez Albornoz. V. Korncmanni Die
Diozesen der Provim Hispania Citerior, Klio III, 1903, p. 324. Garofaloi Suit ' amminislraziones dette Hispaniae, en «Bol. Acad. de la Historia», XXXVI, 1900, p. 182.
Marchetti, Mariat Le provinde romane delta Spagna, p. 152. Mlspouieti Transfor¬
mation de l ’ Espagne durant tes Irois premiers siiclcs de ( ’ Empire Romaine, en «Rev.
de Phi!», XXXIV, 1910, p. 32. Aiberllnil Les divisions administrai ives, pug. 49 y B7.
Torres Rodríguez, Casimiro) Límites Geográficos..., p. 375.
(171) CIL, II, 2661 y 5660. Sánchez Albornoz, Claudioi Divisiones tribales..., p. 384 y
Fuentes para el estudio de tas divisiones eclesiásticas visigodas, en Bol. de la Universi¬
dad de Santiago de Compostela, 1930, p. 64 y ss. D ’ Ors, AlvBroi Epigrafía Jurí¬
dica de la España Romano, p. 137, Madrid, 1953.

LA GALICIA HOMAN A

107

ble y no fuera alterada por los sucesores de Caracalla, incluso a
finales del siglo IV se le sigue designando Nova Provincia (CIL,
II, 4911)». Al frente de ella estaba un Legatus Augusli pro praetore, el primero fue Julio Cereal.
Que la región de Cantabria y parte, al menos, del Conven¬
to Jurídico de Clunia estaban agregados a Galicia y Asturias,
se prueba porque en el año 222 d.C. el Convento Cluniense to¬
maba por patrono a C. Mario Pudens Corneliano, legado de la
legión que guarnecía Asturias y Galicia 172 Ahora bien, esta
elección resulta difícil de explicar si Galicia formaba un distri¬
to aparte, puesto que el citado legado residía en León, que per¬
tenecía a la provincia «Nova Citerior Antoniniana», o sea, a la
provincia de Galicia y Asturias.
Por otra parte, Q. Decio Valeriano, legado augustal, pro¬
pretor, figura en los miliarios de Asturias y Galicia y en los del
Convento Cluniacense.
Como afirma María Marchetti, si Decio Valeriano figura
en los miliarios del Valle del Mena (Clunia) y en los de Galicia,
es porque Clunia pertenecía a la nueva provincia de Galicia l73.
Iltiber, Braun y Marchetti sostienen que la división de Ca¬
racalla duró hasta Diocleciano. En cambio, Mispoulet y Sán¬
chez Albornoz sostienen que dicha división desapareció en el
año 222, o al menos en tiempos del citado Q. Decio Vale¬
riano ,7‘.
La provincia galaica se constituye plenamente y recibe el
nombre de «Provincia Gallaecia» en tiempo de Diocleciano.
La reforma debió de hacerse hacia el año 287, en cuya fe¬
cha acometió la reorganización general del Imperio.
Unió todas las provincias hispanas en una superior: la
Diócesis de Hispania, subordinada, a su vez, a la Prefectura de
las Galias; al frente de ella estaba un vicario. Comprendía las
siguientes provincias: Bética, Lusitania, Cartaginense, Tarra-

170)

: 172) CIL, VI, 1454.
(173) CIL, II, 475 y 4759 (Braga), 4788 (Valdetellas), 4816 ¡Padroea da Cal), 4826 y 4831
h\lvargaria), 4834 (Pórtela de Home), 4853 (Ginzo de Limia), 4858 ( Villar dos San¬
tos), y en el Convento Cluniense: 4886 (Valle del Mena), 4887 (Vinaria). Marchetti,

Ma ría: La provincia romana delta Spagne..., p. 145-146. Torres Rodriguez, Casimi¬
ro) Límites Geográficos..., p. 375-76.
(174)
Arqueología, p. 100 y ss. Braun) Die Entwicklung der Spanischen provincialgrenzen..., cn «qucllen und Forschungenzur alten Geschichte und Geographic,
p. 124. Marchetti, Maria, O.c. 145. Mispoulet) Transformation de I ’ Espagne durant les trois premieres siècles.,., p. 320. Sánchez Albornoz, Claudio) Divisiones tri
bales..., p. 381.
Iliibner)

r

108

C:\S1MIH0 TORRES RODRIGUEZ

conense, Galicia, a las que había que agregar Mauritania, Tingintana (Tánger), en el Norte de Africa, y desde Constantino
la Baleárica. Al frente de cada una estaba un praeses, o un consularis. Esta relación la dan el Laterculus de Verona y el de
Polemio Silvio l7S. Perduró largo tiempo y tuvo gran importan¬
cia para las divisiones eclesiásticas de la Edad Media, dado
que el Concilio IV de Toledo ordenó que las divisiones eclesiás¬
ticas se acomodasen a las civiles.
No ofrece la menor duda la constitución de la provincia de
Galicia por Diocleciano. La dificultad está en señalar sus lí¬
mites.
Todos están de acuerdo en que comprendió, por lo menos,
hasta el Cea y el Sella, o sea, Galicia y Asturias.
Menéndez Pidal ha estudiado la cuestión bajo el punto de
vista lingüístico, señalando a Cofiñal, que significa confín, co¬
mo límite antiguo y permanente entre el uso de la / y h; y es¬
tas son sus palabras: «El límite de / y h hacia las fuentes del río
Sella es, pues, un límite antiquísimo y estacionario o casi esta¬

cionario»
En un diploma de Alfonso III, fechado en el año 905, se
dice que Sahagún estaba cerca de la Calzada, en la ribera del
río que lleva el nombre de Cea, dentro del territorio de Galicia.
Galicia en este, como en otros lugares, no significa la tierra o
región natural gallega que los romanos distinguían perfecta¬
mente de Asturias, sino la provincia de Galicia, demarcación
administrativa artificiosa, pero que comprendía hasta los lími¬
tes indicados 177.
La Notitia Dignitatum, fechada corrientemente en el
primer tercio del siglo V, dice: «Praeter has in Gallaecia eral
praejeclus legionis seplimae geminae».
Aparte de éstas, residía en Galicia el Prefecto de la Legión
Séptima Gemina. Nadie pone en duda que estaba esta legión
178

_

i

D ’ Ora, Alvaro! Epigrafía Jurídica de la España Romana, p. 138. Hübnen De Hispanis Romanoram provinciis, en CIL, II. Supp. p. LXXXIV. El Laterculus de Verona
ha sido publicado por Mommiem Abhantung der Berliner Akademie der Wissenschafl,
1862, p. 489: traducción de Picol en Xlemoires sur les provinces romaines el sur les listes
que nous sonI pervennes despuis la division faite par Dioclelien ius qu ’ au commencement
au cinquieme siiele, en «Revue Arqueologique», 1867. Polemi Sllvll Laterculus anni, CCCXLIX. Nomina provinciarum, p. 524, en MGH., AA, IX. Chronica Minora,
I. Edit. Mommsen, Berolini, 1892.
(176) Menéndez Pidal i Los Orígenes del Español, p. 228-29.
(177) Escalonai Historia de Sahagún, p. 337; Cabala que esl sita super ripam fluminis, cui
nomen esl Ceja in finibus Gallaeciae.
(175)

LA GALICIA ROMANA

109

acantonada en León, pues de ella se deriva el nombre de la ac¬
tual ciudad. Luego el redactor de la Notitia Dignitatum in¬
cluía a León dentro de Galicia.
También el Itinerario, mal llamado de Anlonino, coloca la
ciudad de León en Galicia: «De Italia in Híspanlas: A Me¬
diolanum Vipincum Irans Alpes Cotlias Mansiones supra scriptis. M. P. CCLV. Inde ad Gallaeciam ad Legionem VII Gemi¬
nam M. P. DCCCLXXV. De Milán a Vipinco, más allá de los
Alpes Cottienes, 255 millas. Desde Milán a Galicia, a la Legión
Séptima Gemina (León), 875 millas ,7a.
Sin embargo, no comprendía sólo hasta el río Cea y el Se¬
lla, o sea, Galicia y Asturias. Como lo afirman claramente las
fuentes literarias, la Provincia Gallaecia comprendía, además

de la Galicia actual, Asturias y Cantabria, o sea, la región cos¬
tera y montañosa desde el Cabo Finisterre hasta las provincias
vascongadas.

Al Sur de la Cordillera Pirenáica, toda la Tierra de Cam¬
pos, es decir, las provincias de León, Palencia, Valladolid, ade¬
más de Burgos, Soria y parte de Segovia, o sea, hasta la Cordi¬
llera Ibérica y Somosierra. La separaban estas últimas cordille¬
ras de la Tarraconense y Cartaginense, respectivamente, y de
la Lusitania el río Eresma y el Duero desde el lugar de su con¬

fluencia 179.
Orosio dice: «Los cántabros y astures son una porción de
la provincia de Galicia...» IDO
S. Isidoro: «Las regiones son parte de las provincias... co¬
mo en Galicia: Cantabria y Asturias»181.
(178)

Velera Romanoram Itineraria, liveAnlonini Augttsli Itinerarium. Amstelaedami, 1735,

p. 37, edit. P. Wessling. Este testimonio ya de suyo claro en cuanto a la ubicación de

León en Galicia, queda reforzado con el comentario que hace el gran historiador arago¬

nés Jerónimo Zurita: -Etsi a Plolomeo in Asturum regione legio Vil colocetur, mirum
videri non debel, supra ab Antonino hoc ¡tiñere, in Gallaecia eam constituíam fuisse
Aunque Ptolomeo coloca la Legión Séptima Gemina en la región de Asturias, no
nos causa sorpresa el hecho de que el Itinerario de Antonino en páginas anteriores IB
coloque en Galicia. En favor de esta afirmación cita a Orosio ('Wisíoriarum..., V, 7, 2),
1179) Torres Rodriguez, Casimiro: Umita geográfico! de Galicia en tos siglo* IV y V, en
Cuadernos de Estudios Gallegos, XIV, 1949, p. 378 y as. La Galicia Romana y la
Galicia actual, en Cuadernos de E.G., XXVI, 1953, p. 378 y ss. Nota sobre Galicia
Romana en Cuadernos de E.G., XL, 1958, p. 256 y ss.
(180) Orosio, Pauloi Historiarium..., VI, 21, p. 228. «Cantabri el Allures Gallaeciae provinciae porlio sunt...»
(181)

Isidoro, San Elymologiae, XIV, 5, 21, Edil. Linsay: Regiones parles sunl provinciaGallaecia; Cantabria, Asturiae.

rum... sicul in

L

lio

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA ROMANA

III

Porfirio, un comentarista de Horacio, que parece haber
vivido entre los siglos tercero y quinto, escribe: « Cantabria
quae esl gens Gallaeciae». Cantabria que eB un pueblo de Ga¬
licia IB2. Orosio da otra referencia que sirve para fijar los límites
de la Galicia Romana más al Sur, por el Oriente. Este segundo
hito es Numancia, que Orosio sitúa en la frontera oriental de
Galicia con estas palabras: <r Numancia, pues, de la España Ci¬
terior, no lejos de los vaceos y de los cántabros, eslaba en la fronte¬
ra de Galicia» 1B3. De suerte que estaba en el límite entre esta
provincia y la Tarraconense.
Otro punto de referencia, más hacia el Sur, viene a ser la
ciudad de Cauca, hoy Coca, que dos escritores, muy alejados
entre sí en cuanto al lugar en que escriben, la sitúan dentro de
la provincia de Galicia. Estos son Hidacio, natural de la Limia
y Obispo de Chaves, y Zósimo, advocatus Fisci de Constanti¬
nopla, ambos del siglo V,
El primero dice: «Teodosio, de nacionalidad española, de
la provincia de Galicia y de la ciudad de Coca, fue proclamado
Augusto por Graciano l84.
Zósimo dice que Graciano «asoció al imperio a Teodosio,
oriundo de Galicia en la Iberia, y de la ciudad de Coca 185.
No pueden estos textos de escritores tan alejados en el es¬
pacio hablar más claro. La Coca segoviana perteneció, por tan¬
to, a la Galicia romana ; y, como se trata de una de las ciudades
más alejadas de los vaceos, lógicamente hay que suponer que
perteneció a Galicia todo el territorio de los vaceos. Por tanto,
queda señalada con seguridad la frontera de la Galicia romana
en su parte oriental.
Respecto a la frontera sur, al menos a partir del río Eresma, era el Duero, puesto que Plinio lo dice claramente: «El

Duero sirve de límite entre la Lusitania y los galaicos» y «La
Lusitania comienza a partir del Duero» 1B6.
A estas citas de indudable valor probativo, pudieran aña¬
dirse otras que confirman el contenido de las anteriores.
Así, Hidacio llama Campos Gallaeciae, Campos de Galicia,
a la comarca que luego se llamaría Campos Góticos y hoy Tie¬
rra de Campos, que comprende parte de las provincias actuales
de León, Zamora, Palencia y Valladolid 187.
Los escritores árabes llaman gallegas a las cautivas cris¬
tianas del Centro y Norte de la Península. Dicen que los reuni¬
dos en Galicia proclamaron rey a Pelayo, hijo de Favila; ha¬
blan de los refugiados en Galicia en el sentido de la zona norte¬
ña gobernada por los reyes de Asturias y León. También dicen:
«conquistó todo el país hasta llegar a Narbona, y se hizo dueño
de Galicia, Alava y Pamplona, sin que quedase en Galicia al¬
quería por conquistar, si se exceptúa la siçrra, en la cual se ha¬
bía refugiado un rey llamado Belay (Pelayo)» 188.
Finalmente, Ascanio y todos los obispos de la Tarraconen¬
se, en una carta dirigida al Papa Hilario, conservada entre los
escritos de Dionisio el Exiguo, se queja de la conducta del
Obispo de Calahorra, Silvano, y dice que esta diócesis está en
la parte extrema de su provincia, o sea, de la Tarraconense. Es¬
to quiere decir que a partir de Calahorra comienza otra pro¬
vincia, que no puede ser otra más que la Provincia Gallaecia ,89.
Las provincias eran gobernadas por un magistrado romano,
que recibía el nombre de praeses, o consularis. La Provincia Ga¬
llaecia parece estuvo regida por un consular. Como todas las
demás provincias, se regía por un estatuto particular ( lex provinciae), que solía ser redactado por el general que la había

Porfirio! Comentario a Horacio, Carmen, II, 6, 2.
Orosio, Paulo! Historiaram..., V, 7, 2, p. 152: Numantia aulem Cilerioris Hispamiae,
hand procul a Vacceis el Cantabris in capitate Gallaeciae sita, ultima Celtiberorum fuit.
La palabra capite tiene aquí el significado de frontera, o cabo. Precisamente la errónea
interpretación de capul por capital despistó a algunos historiadores, que la pusieron en

(186) Plinio Segundo, Cayo! \ aturalis Historia, IV, 112 y 113.
(187) Hldacloi Hydatii Lemici conlinualio,.,, p. 30. Sánchez Albornoz, Claudio! Fuentei
para el estudio de las Divisiones Eclesiásticas Visigodas, p. S3, núm. 1, en «Bol. de la
Universidad de Santiago», 1930. Torres Rodriguez, Casimiro! La Galicia fíomana y la Galicia actual en C.E.G. XXVI, 1953, p. 389. Murguia, Manuel Martínez!
Historia de Galicia, 111, p. 9.
(188) Ajbar Machmua, en Laiuente y Alcántara, Emllloi Colección de obras arábigas, p.
30 y 38. Ibn-Khaldun, en Dozyi Recherches sur l ’ Historie el la Litlerature de l ' Espagne pendant le Mayen Age, p. 93. París, 1881.
Appendix ad Collcctionem Dionysianam. Regulas Hilari, Fiado Basilico el Hemerico
' 189) cons,
p. 317 y 318. Thieli Epistolas fíomanorum Pontificum Genuinae, 1, p. 1SS y as.:

(1821

(183)

Zamora.
llidacioi Hydatii Lemici conlinualio Chronicorum Hiero nymiarwrum, p. 14, en «Monumenta Germaniae Historlea», Chronica Minora, Berolini, 1893: « Theodosius
nations Hispanas de Provincia Gallaecia, civitate Cauca,
( 185; Zósimo:l OTOpLOt NçÒtlV, 20. Edit. Mendelschn, Leipzig, 1837;

(184)

(BaeiAbaç KOLVUJVOV/ Geoáosioi), £K TT)Q
I(3T|pux KaAXeyuxç ¡lo'Xeoos KCCVKCXG

TT|C
£v

«Silvanas quídam episcopus Calagurrae in ultima parle nostrae provinciae constilutus*.
Torre» Rodríguez, Casimiro! Mola sobre la Galicia Romana, en Cuadernos de E.G,
XL, 1958, p.

257.'

.

112

CASiMiiio roH Kiís nomiiGUBZ

conquistado y por diez delegados enviados por el Senado Ro¬
mano. El suelo de la provincia (ager provinciae), se consideraba
propiedad del pueblo romano en virtud del derecho de conquis¬
ta. De hecho lo administraban los pueblos sometidos, pero pa¬
gaban impuestos, ora en especie (vecligal), ora en dinero ( Iribulum, stipendium). El gobernador de la provincia llevaba consi¬
go hombres de su confianza (comiiés) y auxiliares administrati¬
vos y unidades.

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(190)

D ’ Ora, Alvaro1 Epigrafía Jurídica de la Eipafta Romana, p. 138.

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Jurídicos y Foros
Los Conventos Jurídicos eran divisiones administrativas

2. Conventos

de la Provincia. Venían a corresponder a nuestras audiencias
territoriales. Tenían una ciudad como capital del convento, en
la que residían los magistrados. De ella toma el nombre el con¬
vento jurídico. En la Provincia Gallaecia había cuatro: Lucense, Bracarense, Asturicense y Cluniacense. Todas están situa¬
das en lugares llanos y despejados, y de ellas irradian y se cru¬
zan vías y comunicaciones. Pueden considerarse como poten¬
tes focos de romanización.
Según D ’ Ors, tenían una finalidad fundamentalmente
jurídica, ya que el gobernador recorría periódicamente sus ca¬
pitales y residía en ellas una temporada, para administrar jus¬
ticia. Sin embargo, al margen de esta organización judicial, de¬
bió de surgir otra administrativa más estable l9°. Estas funcio¬
nes eran de tipo económico, como las minas, los tributos, los
productos agrícolas y ganaderos; de tipo político, como la con¬
cesión del derecho latino, o romano; de tipo religioso, como el
culto a las divinidades romanas, el sincretismo religioso, o sea,
la transformación de las divinidades indígenas en las similares
romanas, especialmente la promoción y organización del culto
al Emperador; de tipo militar, como la situación de contingen¬
tes de tropas, el acceso a la milicia romana y a sus jerarquías;
de tipo social y mercantil, como el establecimiento de colegios
corporativos, al estilo de los existentes en Roma y en Italia; en
Galicia, por la escasez de urbes y municipios, al menos en los
conventos bracarense y lucense, tienen gran importancia la or¬
ganización de ferias y mercados; las obras públicas, como vías

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Lúminu VIII. Esleía de Julio Severiano. Fistcus. Lu Coruña. (Dib. de E. Cunipo)

113

con sus mansiones y miliarios, o sea, expresión de las distancias
entre éstas; puentes, puertos y murallas. También intervienen
en las distintas disputas territoriales entre las tribus. Roma
respetó los grupos étnicos, pero los adscribió a los foros corres¬
pondientes.
Plinio, bajo el punto de vista administrativo, hace la des¬
cripción más detallada de los conventos jurídicos. Así dice que
el convento asturicense comprendía los cigurros, los pésicos,
los lancienses y los zoelas, y que la población alcanza a 24.000
individuos libres ,#1. Se dividían en Transmontanos entre la
Cordillera y el Mar Cantábrico y los Augustanos, al sur de di¬
cha cordillera, cuya capital era Astorga. Como dice García Be¬
llido, es difícil localizar estos pueblos con precisión 192. Sin em¬
bargo, algunos están certeramente localizados, como los cigu¬
rros en la parte de la cuenca del Sil, que hoy lleva el nombre de

Valdeorras.
Ptolomeo los llama Egurros y los pone en el último lugar
de la lista de los pueblos asturicenses, con su Forum Egurrorum.
En la actual Rúa de Petín se encontró una lápida dedica¬
da a L. Pompeyo Reburro, Gigurro, Calubrigense, o sea, natu¬
ral de Calubñga 193. El Forum Gigorrorum, que figura en el Iti¬
nerario de Antonino, como octava mansión de la vía entre Bra¬
ga y Astorga, se sitúa en la margen derecha del Puente de la
Cigurrosa, en donde han aparecido abundantes restos roma¬
nos, entre ellos varios mosaicos de temática geométrica y figu¬
rada, que según Acuña Castroviejo, revelan la existencia de
una importante villa.
Estos restos se encuentran en el Museo Provincial de
Orense m. En un diploma de doña Teresa de Portugal del año
1124, se menciona a los Tibres el Geurres; en un escrito de do¬
nación al Monasterio de Correjanes (Correxás), se cita el po¬
blado de Valencia de Valdeiurris, y en una bula de 1649,
(191)
(192)
(193)
(194)

Plinio Segundo, Cayo! N.H., III, 28.
García Bellido, Antonloi La Etparla del ligio primero de nuestra era, p. 134 y 241.
C1L, II, 2610. Ptolomeoi Geographiké Hyphegeiii, II, 6, 37.
Acuña Castroviejo, Fernando! Catálogo Monumental de la Galicia actual en tpoca
romana, en «Cuadernos de Estudios Cerámicos de Sargadelos», 16, p. 127. Váz¬
quez Núñez, A.i La Epigrafía latina de la provincia de Oreme, en «Bol. de la Com. de
í/onumenloi de Orense», I, p. 26. A veces no se identificu el foro con IB mansión del Iti¬
nerario, como ocurre en el Forum Limicorum.

114

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

referente a dicho Monasterio, se dice que se halla en Val de
Orres 19S.
Los pésicos. Los menciona Plinio dos veces: una a conti¬
nuación de los cigurros (III, 28), y otra en IV, 111. Se locali¬
zan al naciente del Navia y llegan hasta el Mar Cantábrico y al
Cabo de Peñas, entre el Navia y Avilés. Figuran en varias ins¬
cripciones y en las escrituras antiguas; al valle de Cangas de
Tineo se le llama Pésico, o de los Pesgos m.
Siguen en la numeración de Plinio los lancienses, nombre
evidentemente relacionado con la ciudad de Lancia, su capital,
de la que hemos hablado en páginas anteriores, que fue tomada
por Cansío, pero no destruida. Dión Casio dice que era la ciudad mayor de los astures.
Se hallaban entre los pésicos y los zoelas, en el castro cer¬
cano a Villasabariego, a 15 kilómetros al Budeste de León 197.
Los zoelas estaban al sur de los cigurros. Es bien conocido
su pacto de hospitalidad del año 152, que renueva otro del año
27 d.C. El pacto se celebra en la ciudad de Corunga. La hospi¬
talidad se establece entre los Desoncos y los Tridiavos, gentili¬
dades de la misma tribu de los zoelas, ante el magistrado Abieno, hijo de Pentilo l98.
Estos mismos ampliaron el pacto con particulares, bien de
la misma gentilidad, o bien de otras gentes, ciudadanos roma¬
nos o latinos Avalgigores, Visaligores y Cabragenigores. El Ordo
Zoelarum dedicó una lápida al dios Aerno, hallada en la iglesia
del monasterio de Castro de Avellas. Parece que habitaban en
los valles del río Tera y del Aliste y llegaban hasta el Duero.
De suerte que parece que ocuparon las comarcas de Sanabria y
Aliste y parte de Portugal hasta Castro de AvelláB 199.

L,\

(200)

(195)

(199)

mero esta inscriprioón en el Museo de Berlin.
CIL, II, 20. Otras inscripciones mencionan a los zoelas, como la halUda en León: CIL,
II, 5684; y en Astorga: CIL, II, 2651 y 2633. Maclas García, Marcelo! Epigrafía
Romana de Aslorga, p. 36. Lelte de Vasconcellosi Religiões..., II, 398.

lis

Plinio dice que Italia importaba el lino de los zoelaB, espe¬
cialmente para la fabricación de redes de caza m.
Plinio no enumera más grupos étnicos, pero Ptolomeo
enumera otros que se conocen también por las inscripciones;
así están los arnacos y los bedunienses. Estos localizados, con su
capital Bedunía, citada en el Itinerario de Antonino, en San
Martín de Torres, entre Astorga y Benavente, o sea, en la co¬
marca de la Bañeza 201. LOB brigecinos, con BU capital Brigelio,
en las cercanías de Benavente 202. Los orniacos, situados en la
Valduema 203; los tiburs, en la comarca de Trives, con su ca¬
pital Nemetobriga, identificada por Moralejo con la actual
Mendoya 204; los superados, que se localizan en el valle de Vi¬
dríales 20S. Ha dado pie a esta identificación el hecho de que
Ptolomeo menciona la ciudad de Pelavonium, novena mansión
de la vía militar de Bracara a Asturica, que, corrientemente, se
identifica con Ciudadeja, de la provincia de Zamora 206.
En el Convento Jurídico Bracarense, enumera Plinio
veinticuatro ciudades y 285.000 tributarios, entre los cualeB ci¬
ta a los bracarenses asi denominados, de su capital Bracara ; los
bíbalos, los coelernos, los caláicos, los equasios, los límicos y los
querquernos 207.
Sin embargo, en Ptolomeo y en las inscripciones, especial¬
mente en la del Puente de Chaves (CIL II, 2477), se mencio¬
nan otros grupos étnicos como los Aebisocios o Nabisocios, que

(201)

López Cuevillas, Florentino! Estudos sobre a Edade do Ferro no N W Peninsular en
«Arquivos do Seminario de Estudos Galegos», VI, p. 281, sobre la etimologia V.
Moralejo Lasso, Abelardo, en Toponimia Gallega, p. 22 y 42.
(196) Flórez, Enriquei Espada Sagrada, XV, p. 44. Barros Sibeloi Antigüedades, p. 206.
(197) Gómez Moreno! Calátogo de la provincia de León. Flórez, Enriquei E.S. XV, p. 46.
Garcia y Bellido, Antonio! La España del siglo Primero de nuestra Era. p. 241.
(198) D * Ora, Alvaro! Epigrafía Jurídica de la España Romana, CIL, II, 2633. Estuvo pri¬

GALICIA ROMANA

(202)

(203)
(204)
(205)
(206)
(207)

Plinio Segundo, Cayot N.H. XIX, 10. La base principal para el estudio de los zoelas
la da la célebre tésera, que Haura en el CIL, II, 2635. Se encontró en el siglo XVII en
lo comarca asturicense; fue llevada a Madrid y entregada a D. Lorenzo Ramirez del
Prado. Este se la vendió al Patriarca de Alejandría Mona. D. Camilo Máximo, quien
la llevó a Roma y la entregó al Museo Vellorio; allí la copió Mabillón. De Roma pasó
al Museo de Berlín. Se trata de una lámina de bronce, 0,30 por 0,20. La inscripción se
grabó en Astorga. Su letra es clarísima y lleva la lámina cuatro agujeros para sendos
clavos.
CIL, II, 4.963, 6.246 y 2.788. Gómez Moreno, Manueli Catálogo Mónumental de las
Provincia» de España..., León. Ptolomeo, II, 6, 30.
Gómez Moreno, Manueli Catálogo..., Zamora. Ptolomeoi II, 14, 3. Tal vez en ViHabrázara.
Ptolomeot II, 6. CIL, II, 2633. Menéndez Pldal, Ramóni Toponimia Prerromana
Hitpana, p. 57-58.
Ptolomeo, II, 6, 33. Itinerario de Antonino, 427, 6. Moralejo Lasso, Abelardo!
Toponimia Gallega y Asturiana. Santiago, 1977, p. 245 y ss.
Gómez Moreno, Manuelt Calátogo... de la provincia de Zamora, II, 14, 3.
López Cuevillas, Florentino! La Civilitacián Céltica en Galicia, p. 74. Santiago,
1953. CIL, II, 2902 y 5667.
Plinio Segundo, Cayo, 111, 28.

116

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

figuran en la mencionada inscripción del Puente de Chaves,
cuya localización no se ha fijado 208.
Los Anfiloquios, mencionados por Estrabón y por Justino,
tampoco están ubicados. Aunque el nombre de Anfiloco Be
menciona en la Odisea, según Shulten no se trata de un nombre
griego, sino de un nombre indígena helenizado, que empezaría
por amé. 209.
Los Aobrigenses, que como se ha dicho en la nota anterior,
figuran en la inscripcioón del Puente de Chaves (CIL, II,
4247), deben localizarse en la comarca de Oimbra.
Los Aquiflavienses, naturalmente también figuran en la
lápida del Puente de Chaves, se sitúan, con seguridad, al sur de
los tameganos, en la comarca y ciudad actual de Chaves. Su
nombre figura en el Cronicón de Hidacio, el cual fue obispo de
Chaves 21°.
Los Bíbalos, que Htlbner sitúa en Viana del Bollo, y que
suele relacionarse con el nombre del río Bibey, por el hecho de
figurar también como uno de los pueblos contribuyentes a la
construcción del Puente de Chaves, quizá con mayor probabi¬
lidad se colocan en el valle alto del río Bubal; según Cuevillas,
en el término del concejo trasmontano de Montealegre, entre
los ayuntamientos de Cualedro y Baltar 2U.
Ptolomeo hace mención del Foro de IOB Bíbalos y lo coloca
entre los celemos y los límicos; y Plinio IOB menciona entre IOB
brácaros y los coelernos, lo que justifica la opinión de Cuevillas212.
Sin embargo es posible que algún grupo étnico de la misma
tribu ocupase las tierras situadas a la derecha del alto Bibey y
que tuviesen como capital a Volobriga, hoy el Bollo, o a Viana
del Bollo.
Los Brácaros, no ofrece duda su ubicación en la comarca
de Braga y con su capital en esta ciudad.
Los Coelernos, o celerinos, que figuran en la lápida del

LA GALICIA ROMANA

Puente de Chaves y, en Ptolomeo, entre IOB nemélatos y los bí¬
balos y los calaicos. Figuran también en la inscripción bilingüe
de Lamas de Moledo. Según Cuevillas, habitaban en la Sierra
de Barroso y en el valle del río Cavado 2I3. No sería disparatado
colocar en el ayuntamiento de Cualedro alguna rama de esta
tribu.
Los helenos, de dudosa identificación, no tienen nada que
ver con los griegos más que la semejanza de un nombre indíge¬
na, como sucede con los grovios.
Los menciona Plinio y los considera de origen griego ; tam¬
bién los menciona Estrabón y aparecen en inscripciones. Cue¬
villas los sitúa entre el río Lérez y la Ría de Vigo 2I4.
Los equesios son mencionados por Plinio entre los calaicos
y los límicos. También aparecen como contribuyentes a la
construcción del Puente de Chaves en la mencionada lápida
conmemorativa, así como en otras inscripciones y documentos.
Su localización es insegura; según Cuevillas, quizá en el valle
del Salas o en la vertiente occidental de la Sierra de Larouco 2I5.
Los galáicos o callaecos, también mencionados por Plinio,
adquieren un relieve especial por su valentía y sacrificio en la
batalla del Duero, de la que hemos tratado, y por haber adop¬
tado como sobrenombre el de Galaico su conquistador D. Junio
Bruto.
Según García Bellido, esta tribu debía de llegar hasta el
Duero, desde donde, según Plinio, comenzaba la Galicia en
sentido amplificado, o sea, en el sentido que ya tenía en tiempo
de Plinio este nombre; «El nombre de esta tribu se hizo genéri¬
co para todas las del NO., dándolo a la región entera, caso muy
frecuente en la Historia» 2l6. Blanco Freijeiro relaciona este
nombre con la fortaleza de Cales (Oporto), de donde deriva el
actual nombre de Portugal; Porlu-Cale 217.
(212)

(213)

López Cuevillas, Florentino. La Civilización..., p. 60.
Estrabón i III, 4, 3. Justino, II, 54, 3. Schulten, Adolfo. Fonle» Ilitpaniaque .4níiquae, II, p. 1B6. En la inscripción (CIL, II, 2477) del Puente de Chaves se mencionan
diez pueblos: Aquiflavienses (Chaves), Aobrigos (Oimbra), Bibalos (Cuenca del Bu¬
bal), Coelernos (Cualedrio), Eauasios, Interamnos, Límicos (Cuenca del Linda), Aebisocos (Orense), Querquernos (Barde) y Tameganos (Verin).
(210) Esta inscripción, semejante a un miliario, apareció en una Tinca de Simón Guedes, pró¬
xima al puente de Chaves, y a fines del siglo XVII; se colocó en uno de los pilares del
medio, enfrente de otra (CIL, 2478), conmemorativa de la construcción del puente por
los aquifiavicnses en tiempo de Trajano. En la operación se borró la última linea.
(211) López Cuevillas. La Civilización... p, 62.
(208)
(209)

117

(214)

Ptolomeo. II, 6, 42. Plinio Segundo. Cayo: N. H. Ill, 28.
López Cuevillas, Florentino. La Civilización..., p. 63. CIL, II, 695. Ptolomeo. II,

6, 46.

Plinio, N.H. IV, 112. Estrabón. III, 4. 3,. CIL, 2649 y 5686. López Cuevillas, Flo¬
rentino. La Civilización Céltica..., p. 63.
(215) López Cuevillas, Florentino. La Civilización Céltica, p. 63-64. CIL, II, 2477 y 2958.
Figuran en una escritura de Lugo, del 569, según Flórez: E.S., p. 132 y 134.
(216) Garcia Bellido, Antonio. La Eipaña del eiglo primero de nualra Era. nota 141, p.
246. Plinio. N.H. 111, 28. Asi sucedió en Italia con la tribu de los Ítalos, y en Grecia
con loa graioe, o gráicos de Cumas.
(217) Blanco Freijeiro, Antonio. Monumento» fíomanot de la Conquilla de Galicia, en la
Romanización de Galicia, p. 97. Cuadernos de Estudios Cerámicos de Sargadelos,

L

118

CASI MiltO TOH H ES HODII1GUEZ

LA GALICIA ROMANA

119

Los Grovios son mencionados abundantemente por las
fuentes literarias y por las inscripciones. Plinio IOB cita entre
los helenos y el castellum Tude (Tuy). Mela dice que se exten¬
dían por toda la costa «desde el Duero hasta la curvatura de la
misma, al comienzo de las Rías Bajas». Ptolomeo llama grovio
a Tuy. Silio Itálico los sitúa entre el Limia ( Lethes) y el Miño y
considera que Tuy es su capital. Marcial llama Graium velerum
a un río que tal vez es el Limia. Las inscripciones son varias;
halladas en Vila Mou, Santiago de Compostela, Coria y en As¬
turias.
El nombre del Grove actual, según Moralejo Lasso, no
tiene nada que ver con los grovios, a pesar de su indudable se¬
mejanza ; en tal caso daría Groivos o Groves 218. Ocupaban la zo¬
na comprendida entre el río Limia y el Miño, quizá parte de las
Rías Bajas.
Los Inleramnicos figuran también en la lápida honorífica
del Puente de Chaves. Aunque su situación es bastante dudo¬
sa, pudieran situarse entre el río Támega y el Túa 219.
Los Límicos son mencionados por Plinio entre los equesios
y los querquernos. Ptolomeo los pone entre los blbalos y grovios
y les asignó el Forum Limicorum como capital. También figu¬
ran en la citada lápida del Puente Chaves y en múltiples ins¬
cripciones; entre éstas hay una en Cabañas (Huelva), en la que
se cita el Castelo Berense, posible topónimo del actual Verín 22°.
El Forum Limicorum fue ubicado por Marcelo Maclas en
la parroquia de Nocelo da Pena. Ocupaban el valle que está enderredor de la Laguna Antela y cuenca del río Limia y que, tal
vez, alcanzaba hasta Maceda y Verín. El hecho de que el cro¬
nista Hidacio, Obispo de Chaves, diga que es del grupo étnico
de los límicos, da pie a suponer que tal vez llegaban hasta el
valle de Monterrey, pues los obispos solían elegirse dentro de

la comarca; en dicho valle está la ciudad de Chaves, de la que
Hidacio fue Obispo m.
Los Luancos, citados por Ptolomeo con Merva, su capital,
los sitúa Cuevillas en el valle del Limia, en su curso medio 222
Los Lubenos, que también cita Ptolomeo, con su ciudad
Cambelum, se les identifica con los Leunos de Plinio, en la orilla
izquierda del bajo Miño 223.
Los Nemetatos los menciona Ptolomeo entre los Turodoros
y los Blbalos; les atribuye la ciudad de Volobría, por lo que al¬
gunos historiadores la identifican con el Bollo actual. Cuevillas
los sitúa entre Braga y Chaves 224.
Los Querquernos Plinio los pone a continuación de los Llmicos; Ptolomeo les da el nombre de Quacernos; también figu¬
ran en la lápida del Puente de Chaves y en el Itinerario de Antonino. Se sitúan, con bastante seguridad, en el partido judi¬
cial de Bande, concretamente en S. Juan de Baños 225.
Salados. Parece que no tienen nada que ver con la Salada
de Lusitania, identificada con Alcázar do Sal, sobre el río Sado.
En cambio sí tienen relación con la Salacia, que es la primera
mansión de la vía entre Asturica y Bracara. Cuevillas los sitúa
al Este de Braga 226.
Seurbos. Los cita Plinio entre los Leunos y Augusta (Bra¬
ga). Algunos los identifican con los Seurros de Ptolomeo. Tal
vez se hallaban al Norte de los límicos, en el ayuntamiento de
Sarreaus 227.
Tamaganos. Consta este nombre en la piedra del Puente
de Chaves y de ellos se conservan topónimos como Tamagos y
Tamagúelos. Sin duda, ocupaban el valle de Monterrey, o sea,
la cuenca del río Támega 22B.
Los Turodos, citados por Ptolomeo y no localizados 229.

HU. Mela Pomponiot
Uioromponloi ChoMoralejo Lasso, Abelardo! Toponimia Gallega..., p. 65 y 80.
2, 6, 44: G
Gravion Tude. Si¬
rographia, 111, 1, 10. Plinio, N.H. IV, 112. Ptolomeo, II,,2,
llo Italicoi Púnica, 1, 235. Este dice que ocupaban las arenas del infernal Leteo, o sea,
del Limia. Por tanto en vistB de las indicaciones de Mela y Silio Itálico, cabe situarlos
entre el Limia y el Miño con su capital o al menos un centro importante, en Tuy. Se
mencionan en varias inscripciones, como las halladas en Vila Mou CIL, II, 120 •131,
en Compostela CIL, 11, 2550; en Coria; CIL, II, 774; en Asturias: CIL, II, 5740 y en
Lamas de Molcdo: CIL, II, 416. Marcial: IV, ad Lucium.
(219) López Cuevillas, Florentino! La Civilización Ctltica..., p. 66. CIL, II, 2477.
(220) Plinloi N.H. III, 28. Ptolomeo, II, 6, 48. CIL, II. 434 - 827, 2049, 2477, 2516, 2517,
3034, 4215, 4963. La inscripción de Cabanas (Huelva), dice: Reburrui Vaciti f( iliui)
caslelli Beremi Limicui (h't eit). Reburro, hijo de Vaciso, del Castillo Verense, Limico, aquí yace.

(221)

{218)

.

(222)
(223)
(224)
(225)
(226)
(228)
1229)

Hydalii Lemici Continuatio Chronicorum Hieronymianorum, p. 17, en M.G.H. A.A.
XI, pars. 1.*, Berlin, 1894.
López Cuevillas, Florentino! La Civilización Céltica..., p. 67-68. Ptolomeo! II, 6,
45.
Plinio! N.H. IV, 112. Ptolomeo, II, 6, 47.
Ptolomeo! II, 6, 40. López Cuevillas, F.i La Civilización Céltica, p. 68.
López Cuevillas, Florentino! La Civilización Célica, p. 69. Ptolomeo! II, 6, 46.
CIL, II, 2477. Plinioi III, 28. Slbelo, B. AntigUedadei, p. 172. En la III •via de Bra¬
cara a Ásfurica figura Aqui» Querquerni» entre Aquit Origini» y Geminar.
López Cuevillas, Florentino! La Civilización Céltica, p. 70.
Plinio. N.H. IV, 112, Ptolomeo! II, 6, 27. CIL, II, 6290.
CIL, 11 2477 y 5786. López Cuevillas, Florentino! La Civilización Céltica... p. 70.
Ptolomeo, II, 6. 39.

BT'

120

CASIMIRO TOIIHES RODRIGUEZ

3. Convento Jurídico Lucense
Entre las tribus o pueblos que lo componen, se destacan
los siguientes:
Los Albiones, citados por Plinio, a partir del río Navia, y
después de los pésicos (Cabo de Peñas). Parece haber sido un
pueblo costero entre el Navia y el Eo 23°.
Los Artabros, nombre sin duda relacionado con árelos: el
oso, se encuentra en Estrabón, PoBidonio, Mela y Silio Itálico
con el sentido de norteño, quizá relacionado con el Bigno zodia¬
co de la Osa Mayor. En cambio Plinio dice que se trata de un
error y que debe llamarse Arrotrebas. Mela da la base para si¬
tuarlos, pues dice que en el Porlus Arlabrum desembocaban los
rios Mearus y Jubia, hoy el Mera y el Jubia, los cuales desem¬
bocan, respectivamente, en las rías de Ortigueira y El Ferrol.
En cambio Ptolomeo parece situar el Arlabrum Porlus, o Puer¬
to de los Artabros entre el promontorio Nerio y el Tambre, o
sea, en Corcubión 231.
Desde luego, el nombre de ártabros, o norteños, pudo apli¬
carse a todos los pueblos de la zona norte peninsular, como hoy
se les llama norteños a los vascos, cántabros, astures y galáicos. Entendemos que deben identificarse con los Briganles o
Briganlinos, que ocupaban la costa desde el Cabo Ortegal has¬
ta Finisterre. También hay que tener en cuenta que los geógra¬
fos mencionados no están sobrantes de precisión en el caso de
los ártabros, como en otros casos. Dichos geógrafos o son nati¬
vos de la parte meridional de España, como Pomponio Mela,
nacido en Tinginlera (Cádiz), o no visitaron más que la parte
meridional y oriental, como Plinio, cuando vino de procurador
de la Citerior. De Estrabón consta que no estuvo en España; y
aunque, como él dice, se valió de informes fidedignos, es de su¬
poner que los obtuviera de los que visitaron la parte romaniza¬
da de España, o sea, la zona Sur y Oriental.
Por tanto, ya en los geógrafos antiguos existe cierta im¬
precisión en cuanto a la ubicación de los ártabros; no es extra¬
ño que exista también en los escritores modernos.
(230) Plinioi N.H., IV. 111.
(231) Mela, Pomponioi III, 13. Posidonio, en Schultent Fonltt H. A., II, p. 183 y 251.
Ptolomeo, II, 6, 21. Pllnioi N.H. IV, 111. Estrabóm II, 5, 15, III, 3, 5; III, 1, 3. La
primera cita de Estrabón (II, 5, 15), está tomada de Posidonio y dice que las Kassilerides están en el Norte, en el mismo paralelo de Bretada y de los Artabros. Silio Itálico,

III, 362.

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Estrabón menciona el Puerto de IOB ArtabroB, que Garcia
y Bellido 8¡túa en La Coruña. Pero también dice que loe ártabros habitan cerca del Promontorio Nerión, que suele identifi¬
carse con el Cabo Finisterre o Touriñán 232.
También dice que el lado occidental de España se extien¬
de hasta el cabo de la región de IOB Artabros, que llaman Ne¬
rión, que está en la costa paralela a los Montes Pirineos; parece
designar, con el nombre de Nerión, al Cabo Ortegal; que los ártabros habitan la región más septentrional de España y que las
Kasilerides están al Norte del Puerto de los ArtabroB 233. Cita
sus fuentes que son Posidonio, Eforo y Artemidoro; parece es¬
cribir de los Artabros en sentido geográfico o topográfico, pero
no en sentido étnico, excepto en III, 3, 5, en donde dice que a
los Artabros también se les llama Arotrebas y que tienen sus
ciudades aglomeradas en la bahia a la que los marineros llaman
Puerto de los Artabros. En el sentido étnico, IOB viene a situar
en las Rías de La Coruña, de Ares y de El Ferrol, puesto que el
Puerto de los Artabros lo sitúan Schulten, Murguía, Federico
Maciñeira y García Bellido en La Coruña 234.
Pomponio Mela los enfoca más claramente en sentido étnico,
y precisa más su localización, puesto que, como Be ha dicho an¬
teriormente, en el Puerto de los Artabros desembocan el Mera
y el Jubia, o sea, los sitúa en derredor de las Rías de Ares y de
Ortigueira; además dice que están en la costa cantábrica y que
pertenecen a la nación céltica y que, a continuación, vienen los
astures 23S.
Finalmente, Plinio es el que más precisa en el sentido et¬
nográfico y dice que deben llamarse Arrotrebas. García y Belli¬
do los sitúa en la zona costera de las Rías de Ferrol, Betanzos y

La Coruña 236.
Como consecuencia de esta diversidad de opiniones, se

(232)

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121

Entraban! Ill, 3, 5. García y Bellido, Antonio! España y tos Españoles hace dos mil
años, p. 129: Schulten, Adoílbi Hispania, p. 45, y Maciñeira, Federico! en Boletín

de la Real Academia Gallega, númeron 235 - 240, p. 304 y se., lo sitúan en la ria de La
CoruAa.

(233) Estrabóm Ill, 1, 3 v III, 2, 9, III, 3, 5 y III, 5, 11.
(234) Schulten, Adolfoi Hispania, p. 45. Maciñeira, Federico, en «Boletín de la Real

Academia Gallega», números 235-240, p. 304 y ss. Murguía, Manuel Martínez,
Historia de Galicia, 1, p. 504. García y Bellido, Antonio! España y tos Españoles ha¬
ce dos mil años, p. 129. En cambio, Monteagudo, Lulsi Galicia en Ptolomeo, en
«Cuadernos de Estudios Gallegos», VIII, 1947, p. 625, lo coloca en Corcubión.

(235) Pomponio Melai III, 13.
(236) Plinio Segundo, Cayo, N.H. IV, 114. García Bellido, Antonio, La España del si¬
glo Primero... p. 246 y 247.

r

122

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

puede afirmar, con bastante seguridad, que todos los puebloB o
tribus que ocupaban la zona norteña de Galicia se llamaron
Artabros, por su posición en la región de! Norte; tal vez en re¬
lación con el nombre de la Osa Mayor (Arctos) del zodiaco,
que marca el Norte.
Quizá entre los grupos de pueblos que habitaban dicha zo¬
na, como los brigantes, que por la abundancia de osos en sus
bosques recibió también el nombre de árcticos, pero su nombre
tribal era el de Arrolrebas, o Arotrebas. Este grupo es al que se
refiere Plinio y debía de estar situado entre el Cabo Ortegal y
la Ría de Ortigueira.
También cabe la posibilidad de que se les llame norteños
por su procedencia de una migración de Irlanda o de Gran Bre¬
taña, en las que también se encuentran grupos étnicos que lle¬
van el nombre de brigantes, como los de Galicia 237.
Por tanto, que el pueblo de los Brigantes o Brigantinos,
hoy Bergantiños, de Galicia, es un pueblo que emigró desde el
Norte y dominó a otros pueblos anteriores, como los Lapatiacos, Jadones, Egovarros, Arrotrebas, etc., y todos se engloban
en el grupo de Artabros.
Bedios. Son mencionados por Ptolomeo entre los Lemavos
y los Seurros; su situación es desconocida. Hübner identifica su
capital, Flavia Lambris, con Betanzos; tal vez a través de un
Bedianlos, Bedanlios, Bedanzos, Betanzos MB.
Cáporos o Cóporos. Los menciona Plinio y Ptolomeo y el
CIL. Parece que ocupaban la comarca de Santiago, entre el
Sar y Caldas de Reyes. Se considera la Mahía, o sea, la antigua
Amahía, como una gens de esta tribu. Moralejo Lasso hace de¬
rivar el nombre de la actual ciudad de Vigo de Vicus Caporum,
corrigiendo como error Vico Spacorum del Itinerario de Anto¬
ni no 239.
No obstante, la extensión geográfica ocupada por este
pueblo resulta exagerada.
Ptolomeo los pone entre los Artabros y los Cilenos y cita
(237)

Torres Rodríguez, Casimiro, en Revista del Instituto «José Cornidc», números

1238)

Hüfaneri

(239)

Plinto i N.H., IV, UI. Plolomeoi II 6, 23, CIL, II, 206. Moralejo Lauo, Abetardo: Sobre algunos topónimoi en lot V(at Romanas de Galicia, en Cuaderno* de Estu¬
dio* Gallego*, XXVIII, 1973, p. 198, nota 9.

RÜVBS;. Ptolomeo: II, 6, 26: Botl&ClW

ÀCX/AÃOIç

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Lttminu XI.— Minerva

romiinu

hallada en Ciadela, por Angel del Cusidlo.

(Museo de Lu Coruña)

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123

LA GALICIA ROMANA

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entre sus ciudades a Ida Flavia y Lucus Augusti. Si aceptamos
la hipóteis de Moralejo, había que considerarlos como una de
las tribus más importantes de Galicia, comparable a la de los
Artabros o a la de los Grovios 24°.
Los Célticos. Parece este nombre designar grupoB étnicos
de origen celta, que se establecen, o superponen a otros grupos
que no lo son, y que no se mezclan o fusionan con grupos indí¬
genas o allegados. Plinio distingue dos grupoB en Galicia: Los
Célticos Nerios y los Presamarcos.
Algunos historiadores los consideran huidos de la Meseta
ante la conquista romana. Mela los pone en toda la costa desde
el Duero hasta los Artabros, que incluye en el grupo de los Cel¬
tas. Por tanto, más bien parece un nombre genérico que abarca
la mayor parte de los puebloB costeros de Galicia 241.
Cibarcos. Cuevillas supone que ocupan la región costera
entre los Albiones y los Egovarros en la comarca de Ribadeo 242.
Cilenos. Plinio los considera el último pueblo del Conven¬
to Jurídico Lucense, que limita con el BracarenBe. Ptolomeo
los pone entre los Cáporos y los Lemavos. Figuran en CIL y en
el Itinerario de Antonino, con su capital Aguas Cálidas (hoy
Caldas de Reyes), que sirve para localizarlos con bastante se¬
guridad entre el Ulla y el Lérez 243.
Egivarros. Plinio pone a los Egivarros Ñamadnos entre los
Cibarcos y los Iadones. Cuevillas los sitúa en la costa que va
desde la sierra de Xistral a Vivero. Plinio parece dar a enten¬
der que existían otros grupos étnicos de los Egivarros, además
de los Ñamadnos. Su localización es bastante dudosa 244.
Iadones. Plinio los cita entre los Egivarros y los Arrotrebas.
Cuevillas los coloca en la costa comprendida entre Vivero y el
Cabo Ortegal 24S.
Lémavos. Los cita Ptolomeo con su ciudad Dactonio ; tam-

íiSí iís

íi.!1..' ÍV“„,

I, 3. Ptolomeo, II, 6, 23. Garcia Bellido, Antonio) La Esparta en el siglo Primero de
nuestra Era. según Mela y Pimío, p. 55.
(242) López Cuevillas, Florentino! La Civilización Céltica.,., p. 54. Plinto Segundo,

Ar

Cayo. N.H. IV, 111.
Plinio Segundo, Cayoi N.H. IV, 111, Ptolam/eoi II, 6, 24. Itinerario de Antoni¬
no, 423, B y 430, 3. CIL, II, 256B y 2649.
(244) Plinio Segundo, Cayot N.H,, IV, 111. López Cuevillas, Florentino! La Civiliza¬
ción Céltica..., p. 53.
(245) Plinio Segundo, Cayoi N.H., IV, 111. Algunas ediciones lea denominan Adovl. Ló¬
pez Cuevillas, Florentinoi La Civilización Céltica..., p. 56.
(243)

_
Lámina XII. Hércules de bronce, hallado en A Guardia (Pontevedra)

124

CASI Ml HO TOH RES RODRIGUEZ

bién los menciona Plinio y aparecen en el CIL. Su localización
es bastante segura en el valle de Lemos, que conserva de ellos
su nombre. Su capital, Dactonium, suele identificarse con
Monforte de Lemos 246.
Lapaliacos. Los menciona Ptolomeo y han sido estudiados
por Monteagudo, que los sitúa en torno al Cabo Ortegal. Su
nombre parece perdurar en el ArcipreBtazgo de Labacengos 241.
Pueden englobarse entre los pueblos ártabros o norteños.
Nerios, Presamarcos y Supertamaricos. Plinio los incluye
entre los pueblos célticos y, desde luego, se trata de pueblos
costeros. Suelen colocarse entre el Cabo Touriñán o el de Finisterre y la Península de Barbanza. Parece que ocupaban las
márgenes del Tambre los Presamarcos y Supertámaricos
No todos estos pueblos constituían grupos étnicos; algu¬
nos toman el nombre de un accidente topográfico, como de un
río: los Límicos, Tameganos, OrníacoB, Presamarcos; otros, de
su posición geográfica, como los ArtabroB; otros de algún acci¬
dente geográfico, como los Aquiflavienses, Aquicilenos, Calaicos, pero, en su conjunto, predominan los nombres étnicos, co¬
mo los Célticos, Brigantes, Grovios, Anfilocos, Zoelas, etc. To¬
dos ellos tenían una organización tribal, o sea, la tribu venía a
ser su estado, en la que convivían diversas gentilidades, como
en los Zoelas 249.
Schulten dice que son agrupaciones étnicas, pero no políti¬
cas; en cambio, Alberto Sampaio les da carácter político 2S0.
Aunque la política de Roma fue favorable al abandono de
la organización tribal y el asentamiento en municipios, villas o
aldeas, y al cambio de la economía pastoril o ganadera por la
agrícola, sin embargo en Galicia parece respetó las organizacio¬
nes tribales que llevaban aneja la economía pastoril; porque
las tribus existentes en Galicia eran de reducida población y no
causaban problemas de sublevaciones. Unas cohortes de solda¬
dos serían suficientes para mantener el orden y la paz romana.
(246)
(247)
(248)

(249)

(250)

Ptolomeoi II 6, 25. Plinio Segundo, Cayoi N.H. III, 2B. CIL, II, 2103. Moralejo
Lasso, Abelardo! Toponimia Gallega y Leonesa, p. 321.
Ptolomeot II, 6, 4. Monteagudo García, Lulsi Galicia en Piolómeo, p. 642 y ss.
Plinio Segundo, Cayoi IV, 111. Mela Pomponioi III, 11. Ptolomeo! II, 6, 2-3.
Monteagudo, LUíB: Galicia en Ptolomeo, p. 229 y ti.
En la litera de hotpilalidad de lot Zoclos, aparecen lat gentilidadei de lot Detonan y de
lot Tridiaeot, lot Avólgicot, lot Vitáligot y lot Cabruaginigot,
Schulten, Adolfo i llitpania, p. 97. Sampaio, Alberto! Etludot Históricos e econó¬
mico!, p. 25. Porto, 1928.

CAPITULO V
1.

Los castros

Más importancia que la organización provincial y aun que
la tribal tiene en Galicia la estructura castreña. No sería absur¬
do decir que la organización político-social y económica tiene
como base los llamados caslros, antes y después de la domina¬
ción romana.
Aunque el nombre castro es completamente romano, o sea,
latino, esa entidad de convivencia humana dentro de un recin¬
to estratégico de pequeñas dimensiones es típica de la Galicia
Antigua romana y prerromana, si atendemos al inmenso
nú¬
mero de tales agrupaciones y a su pequeñez.
Aún hoy en cualquier punto de Galicia, en el que
mos nuestra mirada, podemos fácilmente descubrir eltenda¬
lugar
donde se levantaba un castro, que servía de hogar y fortaleza
defensiva, o sea, de morada y refugio a la vez, para hombres y
animales domésticos. Su número es muy crecido y viene a osci¬
lar entre los 5.800 que da Angel del Castillo y los 4.000 que se¬
ñala Cuevillas, de los datos recogidos por el viejo Seminario de
Estudios Gallegos 251.
La topografía del suelo gallego favoreció el desarrollo del
tipo de población castreña, con sus altozanos y redondeadas
montañas al lado de estrechos valles.
Sin embargo no existe normalidad absoluta en cuanto a su
distribución. Abundan en las comarcas costerás y en los altoza¬
nos, que dominan pequeños valles. Escasean en las
llanuras
valles extensos y en las altas montañas. Así vemos que esca¬y
lón

126

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

sean en las Sierras de Queixa y de San Mamed y en la cuenca
del Miño, y sobreabundan en las comarcas de Lemos, Lalín y
Melide.
Es posible que, si no su origen, al menos su espectacular
desarrollo se deba a la inmigración céltica, que trae la técnica
del hierro, y con él una época de convulsiones y de luchas, que
hace surgir ese tipo de moradas fortificadas y obliga a un géne¬
ro de vida azarado, resabio de la vida nómada de un pueblo de
pastores, que fija su residencia antes errante, y construye en
piedra sus chabolas, o tiendas, e inicia la vida agrícola, que se
desarrolla en los reducidos contornos que rodean el lugar, en
donde se levanta el poblado y de modo rudimentario se cultiva
la tierra. Suelen ser las mujeres las que realizan las labores
agrícolas, mientras los hombres se dedican a la caza y Be entre¬
nan en la lucha con el castro vecino, o bien en correrías más o
menos lejanas, en plan guerrero, o de bandidaje.
Si las tribus que poblaban el suelo gallego en época prehis¬
tórica tuvieron vínculos de solidaridad y de mutua defensa, co¬
mo en las Galias, en la época de la conquista romana, tal vez,
por ausencia de un peligro exterior y por abundancia de suelo,
no debieron de existir, o al menos no consta que existieran. Ha¬
bía conciencia de comunidad racial, o parental, pero ineficaz
ante la fracturación de la tribu en pequeños poblados, con inte¬
reses contrapuestos en cuanto a las lindeB, o términos del recin¬
to dominado por la entidad castreña; de suerte que más bien
parece existían contiendas y disputas entre vecinos, que luchas
con otras tribus.
Por todo lo cual Roma llevó la política de no exigir con ri¬
gor el cambio de la vida castreña por la municipal, o ciudada¬
na. Estimulaba así el asentamiento en la llanura y el abandono
de la montaña y veía bien el desarrollo de municipios o de vi¬
llas, pero no creyó conveniente, o no se atrevió a un cambio ra¬
dical en cuanto a la población castreña, pues no ofrecía peli¬
gros de sublevación, de bandidaje, o de rapiña, de las zonas ro¬
manizadas. Por sus mismos enfrentamientos y rencillas, no
ofrecían el peligro de confabulación y sublevación.
Así los castros llegan hasta el Bajo Imperio y algunos has¬
ta la Edad Media; unos se convierten en castillos, otros en al¬
deas, o villas con explotación agrícola, o ganadera. La mayoría
fueron abandonados por la inutilidad de vivir en lugares altos

127

y fortificados a donde se hacia más difícil el transporte de los
cereales y frutos cosechados en los valles. También por la esca¬
sez de agua.
El crecimiento y exceso de la población quedaba reducido
por las luchas vecinales de los castros entre si, por la emigra¬
ción a otras zonas, o ciudades, y, sobre todo, por la integración
en las milicias, agricultura, obras y trabajos de la administra¬
ción romana. Roma comprendió el arduo problema que se le
planteaba con el abandono de las moradas castreflas, que lle¬
vaba anejos el abandono de pequeños, pero productivos reduc¬
tos al abrigo de las montañas, fertilizados por pequeños rega¬
tos; o con recursos pesqueros en las costas, o riberas de los ríos.
Podemos apreciar que la política romana según atestigua Estrabón (III, 3, 5), era la de obligar a los indígenas a descender
de las montañas a los llanos; sin embargo transigió con la per¬
manencia de los castros.
Por consiguiente no cabe duda de que la organización castreña subsistió durante la dominación romana, como lo atesti¬
guan las monedas, tégulas, armas y objetos romanos encontra¬
dos en las excavaciones verificadas en los mismos; e inclusive
los muros levantados con la técnica romana.
Aunque los castros vienen a Ber un eBtado intermedio de lo
que se ha llamado el tránsito de la Fyle a la Polis, sin embargo
presentan más bien caracteres típicos de la vida rural, con cier¬
to ambiente de rencillas y lucha vecinal constante entre los
mismos. Son similares a nuestras aldeas, con lindes más fijos y
excluyentes, y con prevención contra el saqueo y robo por par¬
te de los vecinos. Al par que moradas son atalayas de vigilan¬
cia de su territorio circundante. La paz romana los hace

inútiles.
Los foros. En este ambiente de extensa población rural no
podían menos de tener gran importancia los foros, o mercados;
quizá aún más semejantes a las actuales ferias que a los foros

romanos.

Suponen el más importante medio de comunicación y eva¬
sión de aquella población castreña encerrada dentro de circun¬
dantes muros, en continuo ambiente de precaución hostil, de
mutuos enfrentamientos y de robos.
Aunque, como indica la conocida tésera de IOB Zoelas,

128

CASI Ml HO TOR 11ES RODRIGUEZ

también existían pactos de hospitalidad, y es de suponer que
existieran de mutua ayuda y defensa.
Los romanos favorecen y ven con buenos ojos el desarrollo
de esta institución indígena. Ptolomeo señala tres en Galicia:
el de los Bíbalos, el de los Cigurros o Gigurros, y el de los Lítat¬
eos 2S2. Se localizan: el de los Bíbalos en el Bollo con su capital
Volóbriga; el de los Cigurros en Valdeorras con su capital en la
orilla derecha del Puente de la Cigarrosa, y los Límicos en el
ayuntamiento de Nocelo da Pena, partido judicial de Ginzode
Limia, en un monte llamado Viso, en el que Marcelo Macías
señala la existencia de un castro en el lugar que aún hoy ha
conservado el nombre de «A Cibda». Allí se encontraron varias
lápidas dedicadas a los Emperadores Adriano y Antonino por
la Civitas Limocorum, que fueron trasladadas al Museo Provin¬
cial de Orense 2S3.
Pero es de suponer que existieran muchos más en puntos
céntricos, o en la capitalidad de las tribus.
Parece que la existencia de estos mercados, o puntos de
reunión, es anterior a la conquista romana, pero reciben el
nombre latino de foros, o sea, mercados, y Roma los aprovecha
y reorganiza para sus fines religiosos, administrativos, milita¬
res y culturales. De suerte que las reuniones preexistentes den¬
tro de las tribus indígenas con fines comerciales, religiosos y ju¬
rídicos, Roma las institucionaliza y de las reuniones tribales
con motivo de ferias, o fiestas religiosas constituye uno de los
organismos más influyentes en la romanización de Galicia.
Especialmente se desarrolla su eficaz labor con el decreto
en que Vespasiano concede el Derecho Latino a la España ente¬
ra 25‘.
Por él la España entera gozó del derecho que tenían los
municipios itálicos antes de que se Ies concediera el Derecho
Romano. Entre estos derechos era fundamental para Galicia el
Ptolomeoi II, 6, 12; II, 6. 37 y 11, 6, 43.
Varios investigadores, entre ellos Cuevillas, sitúen a los Bíbalos en el valle del Búbal, pues los actuales habitantes llaman a este rio Blbalo, en los ayuntamien¬
tos de Cualedro y Balter, al occidente de los de Monterrey y de Oimbra. Véase López
Cuevillas, Florentlnoi La Cmliiación Céltica, p. 62. «Boletín de la Comisión
Provincial de Monumentos Históricos y artísticos de Orense», noviembre,
1 898. Maclas Macelo) Verdadera situación del Forum Limicorum, en Aportaciones a la
Historia de Galicia, pp. 16-27.
i 251) Plinio Segundo, Cayoi N. H. Ill, 30.

¡252)
¡253)

LA GALICIA ROMANA

129

derecho de alistarse en las legiones y llegar por este medio a
conseguir el derecho de ciudadanía romana.
Por tanto los Foros adquieren gran importancia en la épo¬
ca de los Emperadores Flavios y Antoninos, y empieza a de¬
caer su importancia a partir de la concesión del Derecho Ro¬
mano por Caracalla a todos los súbditos del Imperio.
Los foros representan la salida de los moradores de los castros de sus reductos aislados y la comunicación ocasional con
los residentes en castros vecinos.
Las relaciones que se establecían eran principalmente de
tipo comercial y religioso ; pero también fue cada vez creciendo
el papel judicial y administrativo. De suerte que se adminis¬
traba justicia en pleitos, naturalmente de menor cuantía que
en los que se ventilaban en los Conventos jurídicos. Algo así
como nuestros partidos judiciales. Tenían lugar en ellos la co¬
branza de impuestos y el reclutamiento para las legiones, para
las minas y otros trabajos; la redacción de pactos de hospitali¬
dad y, sobre todo, la organización del culto a las divinidades
romanas y en especial el culto al Emperador. De ahí que en los
lugares en donde radicaban se levantaron edificios para los tri¬
bunales y asambleas, así como templos. Si IOB hubo en Galicia,
desaparecieron por completo.
Los romanos llamaban Forurn a las plazas que servían ya
para mercados, ya para asuntos judiciales, o comerciales, ya de
punto de reunión para las asambleas públicas. Las ciudades te¬
nían uno, o varios, foros. En Roma había diecisiete. El más fa¬
moso era el Forum Bomanum, Velus, o Lalinum, Según la clase
de mercado se llamaba Boarium, o sea, de los Bueyes; Alitorium, de los alimentos.
Estos foros se convirtieron en municipios, y es muy proba¬
ble que algunas ciudades tuvieran el carácter de foros, espe¬
cialmente las que llevan la denominación de Flavias, como Iria
Flavia, Flavium Briganlium, por su situación estratégica para
el intercambio comercial. Ya Cicerón contraponía el modo de
actuar por medio del foro y el dictamen del juez ai de las armas
y al hierro 255. De ahí que forense, según él mismo, significa lo
relacionado con lo judicial.
(255) Cicerón, Marco Tuliot Contra Verrón, II, 4, 54.

130

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Por último, los foros debieron ser los focos más importan¬
tes de la cristianización de Galicia. De BUS reuniones en ellos
con motivo de las ferias, o mercados, de la población rural, y
con motivo de la administración de justicia, era natural que Be
llevase a cabo el intercambio de ideas y la propaganda de las
corrientes religiosas, como el culto al emperador y, sobre todo,
el de la religión cristiana, la cual, no cabe duda, que contribuyó
eficazmente a la romanización de los más recónditos lugareB de
la población gallega. Esta había de llevar aneja la desaparición
de los idiomas célticos, o prerromanos, sin dejar otras huellas
que ciertos topónimos, teónimos o potamónimos.
También debieron de favorecer la política romana de
abandonar las montañas y IBB costaB y de establecerse en la lla¬
nura en ciudades, villas, o colonias. Puesto que al impulso de
las relaciones comerciales se van abandonando los castros y
son sustituidos por villas, aldeas, oppida, ciudades, o castillos.
Así vemos que Estrabón sólo hace mención de ciudades en la
bahía de los ártabros, sin dar nombres; Plinio menciona tribus
o pueblos; en cambio Ptolomeo menciona los nombres de 19
ciudades en el Convento Jurídico LucenBe, 16, en el Bracarense
y 19 en el Asturicense. Lo que indica el progresivo abandono
de los castros.

CAPITULO VI
1. La romanización de la Galicia castreña y tribal

Estrabón ya señalaba las medidas que Roma tomaba para
lograr la asimilación y adaptación de los vencidos a la vida y
normas jurídicas romanas. En primer lugar IOB obligaba a des¬
cender de las montañas a los llanos. En segundo lugar estimu¬
laba a los jóvenes gallegos a su alistamiento en los ejércitos ro¬
manos.
Estas dos medidas llevan anejos respectivamente el pre¬
dominio de la agricultura sobre la ganadería, así como la dismi¬
nución de las rencillas y luchas vecinales y la estabilidad de
una vida más pacífica y sujeta a las normas jurídicas en la so¬
lución dé los conflictos vecinales.
También la sustitución del campo comunal, para el pasto¬
reo de los ganados, por la propiedad privada con el consiguien¬
te pago del tributo llamado iugalio además del personal capitalio, y como consecuencia la sustitución del pan de bellotas por
el de cereales 256.
Con el alistamiento en las milicias romanas se evitaba el
peligro dé levantamientos y de bandidaje sobre las zonas más
romanizadas. Por otro lado, como dice Barreiro Fernández, los
romanos exigen imposiciones fiscales que sólo Be podían solu¬
cionar cambiando el ritmo de la economía castreña.
La disciplina administrativa y el sentido económico de
Roma lograrían el cambio. De suerte que Roma, como dice
{256)

Estrabónt III, 3, 5 y III, 3, B. Taboada Chlvlte, Jesús) La Romanización del habitai
castredo, en « Traballos de Antropología e Etnología». Porto, 1973, XXII, fase 3, pp. 240
y ss. Floro, Lucio Anneo> II, 33, 52 y 59: Mox ipee praeiem hot deduxit montibus, hos
obsidibus adslinxit... Certa mox jides el aeterna pax cam ipsorum ingenio in pacis arte/
promptiore turn con/ilio Cae/ari/, qai Jiduciam monlium timen/, in quas se recipiebant,
castra sua qui in plano eranl, habitare el incolere iussit.

132

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Cuevillas, siguiendo procedimientos comuneB a los estados
conquistadores, procuró que los gallegos abandonaran BUS po¬
blados fortificados y se establecieran en lugares abiertos. Por
otra parte que los jóvenes, que podían representar un elemento
díscolo, se alistaran en las tropas auxiliares, o en las legiones y
luego sirvieran como agentes de la romanización.
Por último asentó grupos de colonos, que no fueron muy
numerosos, ni formados por muchos individuos, para que lle¬
varan a cabo funciones de captación. El resultado de mayor
importancia fue el abandono obligado de los castroB y la dis¬
persión de sus habitantes. No obstante puede apreciarse que a
veces salen con sus casas fuera de los muros cuatreños, pero sin
alejarse mucho; otras desobedecen las órdenes de IOB magistra¬
dos romanos y continúan aferrados dentro de los muros castreños, como en el de Santa Tecla y en el Castro de Vigo, en los
que se ha encontrado abundante material romano. En el de
Briteiros se encontró una moneda de Constantino y en el de
Santa Tecla abundantes monedas, como hemos dicho anterior¬
mente: las más modernas de los emperadores Galiano y Clau¬
dio II 2S7. No obstante la mayor parte de los castros fueron
abandonados y sustituidos por villas, aldeas o ciudades, excep¬
to los situados en la llanura; éstos los permitió Roma y algunos
se transformaron en villas.
Este hecho constituye un cambio fundamental en la vida
gallega, con el abandono de los castros y el establecimiento de
la población gallega en lugares más o menos llanos y apartados
de los mismos, Galicia entra dentro del ámbito de la romaniza¬
ción, o sea, pasa del indigenismo diferencial a la uniformidad
romana, al de la agricultura y ganadería y minería; de la pro¬
piedad comunal de los campos, a la propiedad privada; del pre¬
dominio de las contiendas vecinales, a la tranquila convivencia
romana. ¿Para qué vivir encerrados dentro de los muros, cuan¬
do no existía peligro?
(257)

López Cuevillas, Florentine» La Civilización Cillica en Galicia, p. 481-462. Pone los
ejemplos de los castros de Outeiro de Pazos, Outeiro de Baltar, San Cibrán das Las y
Santa Tecla. Barreiro Fernández, José Ramón y otros colaboradores; Lo» Gallegas,
pp. 99-100. Balil, Alberto) Algunos arpéelos y problemas de la Galicia /lomaría, en
"Cuadernos de Estudios Gallegos», XXVUl, 1973. SeAala castros que subsisten en
el recinto primitivo: Tuy (Castelium Tyde), Castro Caldeias, Castro de Escuadro,
Castroverae, Monterrey. Otros como Santiago, Allariz, Monforte de Lemos, el barrio
del Arenal de Vigo, además de la propia acrópolis se fueron extendiendo a la vera de la
cima castreAa. La intensificación agrícola hizo que otros se fueran despoblando paula¬

tinamente.

LA GALICIA ROMANA

133

No obstante el abandono de los castros ni es del todo obli¬
gado, ni repentino, ni absoluto. Se abandonan por
de
conveniencia; se hacen dificultosos e inútiles. Ya serazones
ve
por
las
palabras citadas de Floro que Roma permitió IOB que
estaban
en la

llanura.
Roma va dando largas y prefiere que sea el
y la ini¬
ciativa propias las que induzcan a los habitantesinterés
de
los
castros
a establecerse en lugares abiertos. La
dificultad
en
el
acarreo
hacia lugares altos de los productos agrícolas; escasez en
mu¬
chos de los castros del abastecimiento de agua,lalas
mismas
con¬
diciones climáticas, pueden considerarse como causas estimu¬
lantes de la búsqueda de mayor comodidad, confort y abrjgo.
Tampoco exige que se haga de modo urgente, ni uniforme.
En este sentido algunos autores, como Alberto Sampayo,
establecido ciertas normas en esta gradual transformación. han
Di¬
ce que cada parroquia, o aldea posterior, tiene su
castro
258..
Opina que el primer paso lo dieron las villas, cuyos
nombres
perduran con el nombre dado de su fundador, o con
los comu¬
nes de villa, villares, villarino, villarello, etc., quintas,
la, fracciones de las mismas, pazos, emplazamientos quintede las vi¬
llas urbanas. Sampayo opina que los hombres importantes
y ri¬
cos de las viejas colectividades se hicieron dueños de IOB terre¬
nos comunales por el simple pago del tributo al tesoro del
Im¬
perio. Sin embargo es acertada la observación que
hace
Cuevi¬
llas de que el proceso no fue tan uniforme, ni sencillo, porque
por una parte la existencia de viejos predios de
propiedad pri¬
vada está asegurada por el famoso epígrafe bilingüe
de Lamas
de Moledo, en que unos campos de una tribu son donados
ella a un particular, y por otra parte, pudo influir asimismopor
en
las asignaciones de tierras, ademáB de la riqueza del adquiren¬
te, la docilidad ante los conquistadores y los
servicios a ellos
prestados por los individuos notables por su posición,
o por su
buen ingenio 25l). Puesto que es de Buponer que la mayoría
com(258) Sampayo, Alberto)

Estudos Históricos e Económicos. As villas do norte de Portugal,
pp. 29 v ss., Lisboa. 1979.
(259) López Cuevillas, Florentino) La
Civilización Cfllica en Galicia, 485-486. Taboada

Chivite, Jesúsi La Romanización del habitat Caslreño:
«La intensificación agrícola,
prevaleciendo sobre el aspecto ganadero,
hizo que otros castras fueran despoblándose
paulatinamente y no de una manera brusca. El
inventario arqueológico de material in¬
servible, restos inútiles, objetos extraviados, o alhajas
perdidas, avalan una lenta deja¬
ción y no una impuesta retirada de las acrópolis».

134

L

CASI M ( 110 TOH H ES HODIUGUEZ

prendiera las ventajas de vivir en los valles cerca de los campos
feraces.
Aunque los romanos dejaran subsistir la organización tri¬
bal, a los habitantes de los castros les interesaba conseguir el
derecho latino, o el romano, y llegar a la plena ciudadanía por
los distintos caminos de la administración imperial: servicio
militar, cargos políticos y administrativos, y asociaciones reli¬
giosas vinculadas al culto imperial. No consta que existieran
colonias en sentido estricto de establecimientos de ciudadanos
romanos dentro del territorio galaico, para servir de modelo a
la nueva estructura política, social y económica.
0 si algunas se dan, son muy reducidas, como la familia
turonesa, que se establece en Lugo, y tres clunienses en Vigo.
Consta por la epigrafía que muchos se enrolaron en las le¬
giones o tropas auxiliares; hubo cinco cohortes de bracaraugustanos, varias de lucenses y de caláicos; además doB alas de caba¬
llería, cuatro de lemavos (Monforte de Lemos). Aparecen nom¬
bres galaico-lusitanos, como Apronio, Darío y Alio. En Tarra¬
gona se han hallado lápidas y vasijas con nombres galaicos co¬
mo Marco Flavio Sabino, Melio, Doro, Reburro y Apronio,
que eran soldados o desempeñaban oficios civiles. Marcelo
Maclas describe las encontradas en Cáceres, en Cuenca, en
Friens (Portugal), en Huelva, etc., dedicadas a límicos. En
donde más se han hallado es en la Bética, región preferida por
los gallegos emigrantes en todas las épocas; así como un límico
aparece en una lápida de Huelva, y otro en Antequera; un Celer Erbuli, también límico, entre Niebla y Moguer; un Apilo,
en Sevilla, un Apronio en Jaén, un Aluquio en Huelva, un Do¬
ro en Osuna, una Pusina en Córdoba, dos Alias en Zafra y Al¬
modovar; un Césaro en Medina de las Torres, y dos Reburros
en Castro del Río y en la provincia de Almería 2M.
La emigración constante gallega, en todas las épocas,
puesto que con razón se ha dicho que el gallego, ante los abusos
de los que dominan, no opta por sublevarse, emigra, fue muy
intensa en la época romana.
(260)

López Cuevillas, Florentino! La Civilización Ciltica en Galicia, pp. 489-90. Maclas
y Garcia, Marcelo! Aporlacionei a la Hiitoria de Galicia, pp. 44 y se. CIL, II, 434,
827, 2049, 2496, 3182, 4215, 4223, 4963. Acuña Castroviejo, FernBndoi La Cultura
en la Galicia fíomana, en «Cuaderno! del Seminario de Eiludiot Cerámicoi de Sargadelos», 16, p, 71. Arlas Vllas, Fellpei Novo achago epigráfico ñas muralla! romanas de
Lugo, en C.E.G. XXVIII, 1973. p. 235.

U GALICIA HOMAN A

135

Entre estos emigrantes los hay más afortunados, como lo
fue Matermo, mencionado por Marcial, oriundo de las costas
gallegas, que ejercía en Roma la profesión de abogado. Un límico, Marco Flavio Sabino, llegó a ser dunviro de Tarragona,
sacerdote del Convento Jurídico Bracarense y flamín de la
Provincia Citerior: debió de ser rico e influyente 261. Como dice
el tantas veces mencionado Cuevillas, «había otros galecos, es¬
parcidos por distintos lugares a los que la suerte no favoreciera
tanto, pero que nos dejaron alguna memoria de ciertas vicisi¬
tudes de su existencia. Es muy curiosa la lápida funeraria de
Lucio Pompeyo, hijo de Lucio, encontrada en el puente de la
Cigarrosa, cerca de la Rúa de Valdeorras, donde hoy se conserva.
Por ella sabemos que Lucio, que tiene buen cuidado de
consignar que era de Calúbriga, en la tribu de los Cigurros, h¡zo su carrera militar en las cohortes pretorianas, donde de¬
sempeñó los cargos de beneficiario y corniculario del tribuno.
teserario y signífero y que, como un buen sargento de fines del
siglo pasado, su último empleo oficial fuera el de empleado del
fisco » 262.
También merece citarse Medaño, que firma con este nom¬
bre unas faleras encontradas en Laonefforteim. Acuña Castroviejo también escribe: «AlgunoB datos sobre la sociedad galaico-romana pueden deducirse de los epígrafes conservados. Así
se reflejan las actividades de un Archileclus, un labularius,
una ornatriz, varios exactores y numerosos personajes proce¬
dentes del ámbito militar. Hay también varios libertos atesti¬
guados, como el que figura en una lápida descubierta en Lugo
y diversos epígrafes que nos hablan de esclavos» 263.
(261) CIL, II, 4215.

Respecto a Materno parece probada su patria

gajlegajpor

las palabras
Ore forum 3 Municipi, Máteme, luo veleri lodali 4 Calaicum mandtu liquid
ad Ocríinum». Cultivador honorabilísimo del Derecho y de las justas
que
con
tu
palabra
leyes,
riges el foro latino con rectitud, Materno, si quieres mandar algo a tu compatriota
y
viejo camarada para el Océano Galaico. Vuelve B repetir esta última frase
en el verso
20. El Océano Galaico en la época de Marcial no podía referirse al M.
Cantábrico. Por
tanto parece indicar que Materno era gallego. M. Valerii Marlialii Epigramoton
Uiri,
X, 37, 1*4 y 20. Edil. Ludwig Friedlaender, Amsterdam,
1967, p. 129-30. Murgula
Martínez, Manueli lliiloria de Galicia, 2.* Ed., p. 493. Huerta
y Vega,
/Hilaria de Galicia, II, fot. 133. No obstante es poco probable que MaternoFrancisco!
se a oriun¬
do de la Galicia actual.
(262) López Cuevillas, F.i La G. Céllica en Galicia, p. 493.
CIL, II,
(263) Acuña Castroviejo, Fernando! La Cultura en Galicia fíomana, 2610.
en
Seminarlo de Estudios Cerámicas de Sargadelos», 16, p. 71. «Cuadernos del

136

137

CASIMIHO TOIUIES RODRIGUEZ

LA GALICIA ROMANA

Como ahora y siempre, todos los gallegos que emigraban
de Galicia, y luego volvían, traerían ideas nuevas y nuevas for¬
mas de vida; hablarían latín y usarían vestimenta a la moda
romana, o sea, se sentirían romanos. Los que no habían emi¬
grado tratarían de imitarlos, e irían poco a poco perdiendo el
indigenismo.
A estas causas peculiares que preconizan el cambio, hay
que añadir las comunes que acompañan a la conquista romana,
como la actitud frecuente de unirse al carro del vencedor, de
adular y servir al triunfador y de buscar el medro personal. De
suerte que la adulación y acomodación siguen BÍempre al triun¬
fador como la sombra al cuerpo.
Por todas estas causas la desaparición de la habitación
castreña representa un cambio profundo en cuanto a la pérdi¬
da del indigenismo gallego y la entrada en el nivelador rasero
de la romanidad.
Con el abandono de las moradas castreñas Galicia recibe
cambios profundos; bajo el punto de vista lingüístico, la desa¬
parición del idioma céltico y de otros prerromanos reemplaza¬
dos por el latín; en el orden religioso, el cambio, o sincretismo,
de las divinidades indígenas por las greco-romanas y orienta¬
les, y aún más por el culto al emperador y a los manes, y últimanente por la religión cristiana. En el orden social, el predo¬
minio de la agricultura sobre el pastoreo y de la propiedad pri¬
vada sobre la comunal, del arado sobre el cayado, del cultivo
sobre los bosques, de las comunicaciones vialeB sobre el aisla¬
miento cerrado.
Estos cambios los propician, o los producen, los emigrantes, o soldados que regresan con peculio o condecoraciones; los
devotos, que imitan y blasonan; los aprovechados, que buscan
en la protección romana un medio de prosperar, y los que en¬
cuentran ventajosa la nueva situación.
Los castros fueron reemplazados por laB villas, aldeas o
parroquias rurales, y puede señalarse como fecha de su desapa¬
rición las invasiones bárbaras, en especial en Galicia la inva¬
sión sueva. Los suevos, que inician una vida campestre de agri¬
cultores y ganaderos, aprovechan algunos castros como puntos
de defensa y vigilancia y los convierten en castillos. Sirven
también como lugares de resistencia ante los abusos de la do-

minación sueva. Su desaparición defínitiva tiene lugar en los
comienzos de la Reconquista, después de la invasión árabe.
Pero ya antes, casi en su totalidad, fueron abandonados
por sus habitantes, que buscan refugio en las ciudades amura¬
lladas, por la inseguridad que ofrecían ante las acometidas y
rapiñas de las ordas bárbaras.
Fue lento y difícil, no obstante, el proceso de romaniza¬
ción de Galicia. La paz romana hizo inútiles los muros de los
castros y la población se extiende fuera de ellos.
Las villas surgen en los valles, al abrigo de los altozanos.
Gran cantidad de castros continuaron habitados y consti¬
tuyen pueblos o aldeas actuales; muchos de ellos llevan aún el
nombre de Castro: Castro Caldeias, Castroverde, Cástrelo do
Miño, etc. En otros, como Allariz, Monforte de Lemos, el Cas¬
tro de Vigo, la población se va extendiendo a la vera de la cima
castreña.

Muchos se utilizan como lugares estratégicos en la época
sueva. Los suevos, en frase de A. Castelao, como gente nórdica
de ingénito ruralismo, se acercaron más a la estirpe celta de los
castros que a la urbe romana.
La cultura castreña desaparece con la romanización. Sin
embargo, en la historia, como en lo físico, nada se crea, ni nada
se aniquila. Corruplio unius generalio alleriua. La desaparición
de la cultura castreña cede el paso a la romanización de Gali¬
cia. Las villas sustituyen a los castros como unidades principa¬
les de distribución de la población rural y como centros de la
economía y producción agrícola. En ellaB la agricultura predo¬
mina sobre el pastoreo, que lo hizo, a su vez, en la etapa castreña. La propiedad privada sustituye a la propiedad comunal.
En frase de Mommsen, el arado aseguró para Roma las tierras
adquiridas con la espada 2M. Se cultivan con preferencia los va¬
lles de tierra fértil, en los que se asientan, en su mayor parte,
las villas. Sin dar de lado a la ganadería, se buscan otros me¬
dios de subsistencia, especialmente a base de cereales. Las vías,
puentes, acueductos, hechos por la administración romana fa¬
vorecen el cambio.
No se conoce ninguna disposición de la administración ro¬
mana que obligase a este cambio. Más bien puede afirmarse
que Roma se limita a «dejar hacer, dejar pasar».
1261)

Mommsen, Teodoro' fíomtiche Getchichte, I, p. 442.

138

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Sabemos que por derecho de conquista el Estado romano
se consideraba dueño de todo el territorio conquistado, y que
la práctica habitual se encaminaba a la explotación de IOB paí¬
ses conquistados. Sin embargo aun dentro de esta política ex¬
plotadora, los países sometidos encuentran ciertas ventajas,
que se van acrecentando a medida que se acentúa la decaden¬
cia del Imperio. Como dice Alberto Sampayo (O.c. p. 35), Ro¬
ma lanzaba sobre las poblaciones subyugadas un enjambre de
funcionarios, especuladores, que explotaban, si no agotaban,
los recursos del país. Sin hablar de los administradores, que se
enriquecían en el ejercicio de sus cargoB, aparecieron IOB argenlarii, banqueros que hacían la transferencia de los valores, los
feneralores, que prestaban con interés desorbitante, muchaB
veces al 48 % ; los negociantes, los constructores de vías, puen¬
tes, edificios públicos, templos, acueductos, fabricantes de teja
y otros productos. En contacto con esta turba de especulado¬
res los indígenas fueron abandonando su vida ancestral y aco¬
modándose a la romanización.
Después de la conquista de Galicia, Roma tiene como ob¬
jetivos la explotación de las minas, de los terrenos fértiles, que
llevaba anejos los tributos, el sustento de las tropas romanas y
la importación para la propia capital del Imperio, y laB pesque¬
rías.
La concesión del derecho latino por Vespasiano favoreció
el cambio, dado que los posesores pasan a la condición de pro¬
pietarios; pero sobre todo la concesión hecha por Caracalla de
la ciudadanía romana en el año 212.
No hubo en el cambio proliferación de ciudades, ni de co¬
lonias, relegadas ya a la denominación de anacrónicas. Tampo¬
co sobrevive la habitación castreña, más que en casos aislados,
o estratégicos. En cambio puede afirmarse con exactitud que
los castros se sustituyen por las villas. Pero de este tema trata¬
remos en capítulo aparte.

CAPITULO VII
1.

Las villas

Las villas representan la más honda transformación en el
aspecto jurídico - económico - social de la población indígena.

Al castro asentado en posición elevada, protegido con muros,
que denuncian una situación de inseguridad, al menos con rela¬
ción a los ataques del castro vecino, le sustituye la villa abierta
y en pleno valle, o llanura, como exponente de la seguridad que
lleva aneja la paz romana.
De suerte que puede afirmarse que así como el castro es
un producto típico y retrógrado de la cultura céltica, la villa lo
es de la Galicia romanizada.
Aunque se carece en absoluto de textos literarios de la
época romana, que transmitan la estructura social, política y
económica de las villas gallegas, tenemos otras fuentes, que ha¬
cen ver el papel preponderante de las mismas.
En primer lugar están los hallazgos arqueológicos: utensi¬
lios, mosaicos, mármoles, pinturas, termas o calefacción, ba¬
ños, restos de edificaciones y divisiones parcelarias, departa¬
mentos agrícolas, etc. En la mayor parte de las excavaciones
los hallazgos romanos en Galicia están relacionados con la exis¬
tencia de una villa.
Por otro lado está la toponimia; son muchos los nombres
de posesores, o propietarios, que perduran hasta nuestros días;
así como las denominaciones de las mismas por sus produccio¬
nes, situación, clima, etc.
Y sobre todo las villas se conocen por las cartas, o diplo¬
mas medievales de transmisiones hereditarias, de ventas, do¬
naciones, o permutas. Pues como dice Alberto Sampayo, la or-

I 10

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

ganización romana perdura en Galicia hasta la reconquista,
dado que la dominación árabe fue muy efímera en Galicia J65.
La sustitución de los castros por las villas no fue un fenó¬
meno simultáneo ; éstas fueron apareciendo escalonadamente.
Viene a ser el eco del fenómeno, que se da en todo el Impe¬
rio, del ocaso de la polis, de la civitas, o del municipium. No es
producto de una orden, de una política económica, que no exis¬
tió en Roma. Esta sólo se preocupó de asegurar los impuestos y
de remediar los daños causados por las grandes catástrofes: te¬
rremotos, hambres, guerras, etc. La villa surge como un hecho
espontáneo por propia conveniencia, o necesidad. Roma se li¬

mita a dejar hacer y dejar pasar.
Las guerras civiles habían eliminado el poder de la aristo¬
cracia senatorial romana. Nerón puso fin con las matanzas a la
nueva aristocracia creada por Augusto. La ciudad, el munici¬
pio, perdieron su propia importancia y su fuerza de atracción.
Los hombres más dinámicos no encuentran en ellos la satisfac¬
ción de sus intereses y de sus ambiciones. Los cargOB municipa¬
les más bien son cargas que llevan aneja la responsabilidad fi¬
nanciera, sin ninguna satisfacción económica.
De ahí que son contadas las ciudades creadas en el ámbito
de la Galicia Romana. Hasta el siglo V no fueron peligrosos, ni
los bárbaros, ni los rebeldes, como los bagaudas en la Galia.
Por otro lado, una vez terminada la conquista romana,
tampoco existió el peligro exterior, que existió en otras regio¬
nes de España. Por lo cual también fueron escasos los oppida,
los caslellum y los propios castros supervivientes, pues resulta¬
ban inútiles las fortificaciones.
En la Galia, después de la conquista, César impuso un tri¬
buto de 40 millones de sestercios, que las ciudades (grupos ét¬
nicos) repartían entre sí, según el área explotada por cada una.
Augusto sustituyó este impuesto global por otro indivi¬
dual limitado a la porción del Ager Publicus otorgado en cali¬
dad precaria, o posesión temporal, sin derecho de pleno domi¬
nio, en los países recientemente conquistados 266.
El Estado romano se consideraba dueño de la tierra en
virtud del derecho de conquista.

ts) Sampaio, Alberto, As Vilas do Norte de Portugal, pp. 10 y as.
¡266) I)’ Arbol» de Jubalnvillei Recherches tur ¡origine de la propieti Jonciere el des noms de
lieux hábiles en France, pp. 6-7.

LA GALICIA HOMAN A

141

Este cambio produce una transformación profunda, dado
que el que recibió una porción limitada de terreno en precario
con la concesión del Derecho Latino otorgada por Vespasiano
en el año 74, pasó a la calidad de propietario.
La propiedad colectiva del castro, o de la tribu, se trans¬
forma en individual, o familiar, en el caso de la villa, con la
obligación de pagar un censo en proporción a la extensión y ca¬
lidad de las tierras concedidas. Así surge la institución de las
villas en Galicia. Se trata de un terreno feraz, en un valle, o lla¬
nura, a la orilla de un río, o al abrigo de una montaña, apto pa¬
ra el autoabastecimiento de una, o contadas familias.
No necesita muros de defensa, pues goza de la paz roma¬
na; el cultivo es variado, coexiste el cultivo de los cereales, le¬
gumbres y frutales, con el de los prados y bosques. La agricul¬
tura, la ganadería y las industrias caseras se hallan hermana¬
das. No se encontraban en ellas Bolamente el dueño (dominus),
los esclavos y los libertos, sino los artesanos, técnicos en toda
clase de oficios, que sabían transformar y elaborar los produc¬
tos, sastres, herreros, constructores de aperos de labranza, etc.
El terreno es más fértil que el cultivado por los habitantes
de los castros, reducido al terreno limítrofe montañoso, más
apto para el pastoreo que para la agricultura ; cultivado princi¬
palmente por mujeres.
El acarreo de los productos es también más fácil en el te¬
rreno llano, que las villas suelen ocupar. De ahí que por interés
propio la población abandona los castros y se instala en las vi¬
llas. No consta que existiera ninguna disposición romana que
hiciera una distribución del ager publicus en Galicia.
No cabe suponer que las villas gallegas alcanzaran la ex¬
tensión y el lujo de las villas de Italia, o de la Galia.
En Italia gozaron de una independencia casi soberana, so¬
bre todo en lo económico; de modo que Petronio en el Trimalquión hace decir a un convidado: «omnia domi nascuntur ».
Existieron las villas de lujo, especialmente en la época de
los Flavios, como la villa de Laurenlum, descrita por Plinio, el
Joven, alegre, abierta, acogedora 257.
En los países amenazados por los bárbaros, o rebeldes, co¬
mo la Galia, Germania, Britania y Africa, presentan construc¬
(267) Plinio Segundo, el

Jovem Epistolar II a su amigo Galo, 17.

142

CASIMinO TOHHES HODIUGUEZ

ciones defensivas. En la Galia las hay de tal extensión que Ausonio las llama Regna 268.
En Galicia las villas son harto más modestas; carentes de
construcciones defensivas, como murallas, o torres; puesto que
Galicia estuvo lejos de las invasiones bárbaras hasta el siglo V,
y tampoco existieron grupos rebeldes como los bagaudas en la
Galia, o los donatistas en Africa.
Sin embrgo ostentan cierto lujo, como puede verse en los
mosaicos, mármoles, relieves, termas y otros ornamentos y ob¬
jetos utilitarios, y teniendo en cuenta que Galicia, como Ierra
relégala, conservó hasta muy tarde las instituciones romanas,
pueden considerarse como precedente de los futuros pazos ga¬
llegos.
En el predio en donde se asentaba la villa, Begun Alberto
Sampaio, había muchas construcciones, mas una se destacaba
por ser la residencia permanente, o temporal, del propietario, o
sea, la villa urbana.
Unidas a ésta como accesorios estaban la rústica, en don¬
de se alojaban los siervos y los animales; losfructuaria, en don¬
de se guardaban los productos agrícolas.
Dispersas por todo el perímetro estaban las casae, o casulae de los cultivadores libres, dispuestas en grupos, o aisla¬
das 269.
En los documentos medievales que arrancan del año 747
se denomina palacio al edificio morada del dominus, nombre
que equivale al posterior de pazo. Había en toda villa una por¬
ción reservada para el dominus, o propietario, que pagaba el
impuesto; éste la cultivaba por su cuenta.
A partir de la reconquista la organización romana de laB
villas tiende a desaparecer, puesto que los reyes por el derecho
de pressura pasan a ser dueños del territorio conquistado y en¬
tregan porciones del mismo a los que le ayudaron en sus cam¬
pañas, y desaparecen los derechos de los antiguos propietarios,
que expresaba una relación jurídica que no existía; pero el pue¬
blo continuó dándole al predio el nombre del propietario anti¬
guo, romano, suevo, o visigodo, y éste pasa a tener sentido to¬
ponímico. Muchos nombres de pueblos o regiones tienen eBte
origen: Guitiriz, Mondariz, Verín, Villagarcía, Villa Cornelia-

L

LA GALICIA IlOMANA

143

na, Vairão (Valeriano), Valdomiz, Romarís y Romariz, Aldiao,
de Aldiam, Sendín, Sabarís y Jabariz, Fromariz, Esmorís, Recarei (de Recaredi), Guimarei, etc.
La denominación popular de villa se prodiga en mil ejem¬
plos, de suerte que, si bien podemos comprobar su abundancia
en las charlas, diplomas, transacciones de compraventa, o per¬
muta, donaciones en vida, o testamentarias, redactadas por los
notarios; no menos se encuentra en la multitud de aldeas, o
ciudades así denominadas por el pueblo por su situación topo¬
gráfica, o sus producciones 27°.
Según Alberto Sampaio, la domus, o palatium, morada del
propietario de la villa, formaba un cuadro de cuatro cuerpos
unidos que limitaban un espacio, que constituía el jardín. Es¬
tos por su interior estaban enlazados por una baranda, o claus¬
tro, que daba acceso a los aposentos.
Esta estructura urbana sirvió de modelo a los monasterios
benedictinos y después fue continuada por los conventos me¬
dievales y posteriores 271.
Contigua al palalium (pazo), residencia del dueño de la vi¬
lla ( dominus), o muy próxima estaba la villa rústica y la fruc¬
tuaria, compuesta de tres o cuatro cuerpos. En ella se alberga¬
ban los siervos y en ella estaban la cocina, las cuadras de los
ganados y los almacenes de los productos agrícolas.
A mayor o menor distancia se hallaban las casas, especie
de barracas, o edificios rudimentarios, que ocupaban los culti¬
vadores libres parcelarios. Según S. Isidoro, la casa era un ha¬
bitáculo rural cubierto con paja, retamas o cañas, en el cual los
hombres se pudieran cobijar como defensa del frío o del ca¬
lor272.
Los habitantes de la villa rústica pagaban, a veces, por la
parcela que cultivaban en provecho propio, una renta al dueño
de la villa, consistente en trabajos prestados en la porción di¬
rectamente labrada por el dueño. En estaB casas moraban los
jornaleros, carpinteros, herreros, canteros, zapateros, etc.
Villdba, VileJa, Vilouta, Moreira, Macieira, Corneira, Vilardevós, Vila Cha, Fondevila, Villadeciervos, Cima de Vila, ele. A esloa nombres se pueden agregar los de Villarino y Vilariño, Vilarponte, Villarmian, ele.
(271) Sampaio, Albertoi At Vitas do Norte de Portugal, p. 69.
(272) Isidoro, Sani Etimologías, XV, 12. Era distinta del tugurio, o cabaña, que se construlan para vigilar las viñas, que podría llamarse hoy choza, o gorila.

(270)

Ui

CASI Mino TOIUIES HODIUGCEZ

En los diplomas medievales estas dependencias se llaman:
casales, quintas, quintanas y villares.
En conjunto significan predios rústicos de inferior catego¬
ría, que se hacen independientes de las villas con el tiempo. Un
caso especial lo constituyen los vicos o vigos, que, según Sam¬
paio, constituyen moradas agrupadas; podían llevar este nom¬
bre las casas antes mencionadas, la confluencia de rúas o vías;
los barrios de las ciudades y poblados de propietarios con resi¬
dencias contiguas, formando una comuna rural. Por influencia
de la España Meridional, dominada por los árabes, se sustitu¬
ye este nombre latino por el de aldea, de origen árabe, en la Es¬
paña Norteña 273.
La estructura de la villa es genuinamente romana, aunque
con la natural influencia indígena.
Sabido es que a la conquista romana seguía Biempre una
turba de funcionarios y especuladores, que explotaban los re¬
cursos del país conquistado. Entre éstos había banqueros (argenlarii), prestamistas (feneralores) y otros negociantes, como
constructores de vías, acueductos, templos, etc.
También venían técnicos que enseñaban los modos de ro¬
turación, los sistemas de cultivo, los instrumentos agrícolas, la
conducción de aguas, las semillas y las plantas cultivables. Pe¬
ro entre ellos se destaca la labor de los llamados cromáticos, que
enseñaron a demarcar la porción de campo con piedras, mareos, pedrafilas (piedras clavadas), o vallas de retamas, de ár¬
boles o arbustos, que constituiría el terreno cedido en posesión
o propiedad al dueño de la villa.
Las demarcaciones, que aún hoy Be aprecian en los estu¬
dios de las villas, como la de Sobrado de los Monjes, ofrecen un
aspecto rectangular, o cuadrilateral, semejante al campamento
romano con su cardo maximus, o via principalis y decumanus
maximus; luego demarcan las centurias con líneaB paralelas al
primero según el sistema decimal.
Cinco centurias constituían un quintarium, quintana,
quinta. Junto a los domus, o palacio, del propietario (dominus) que paga el impuesto, Be localizan las cortinas o huertos, en
los que el trabajo es más intensivo; siguen los pomares, junto
con otros cultivos. En los lugares elevados y pedregosos están
(273)

Sampayo, Alberto! 0c„ p. 76.

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Lámina XIII.- Togado. Bronce hallado en Taboexa. Pontevedra.
(MuBeo de Pontevedra)

LA GALICIA ROMANA

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Lámina \I\. Miliario de Máximo y Maximino. Salcedo, Pontevedra. Via per
loca muritimu. (Museo de Pontevedra)

las bouzas, o matorrales. En las tierras llanas y húmedas están
los linares. En las menos húmedas los cereales. Los hórreos, cu¬
yo nombre es romano, pero de tradición gallega, nunca faltan
junto al palacio del dominus. Las viñas en terrenos secos y
abrigados. Los prados en el fondo de los valles, o en lugares hú¬
medos y de regadío 274.
La estructura ajedrezada de las villas romanas hace pen¬
sar en que más que los próceres indígenas, como supone Sam¬
paio, fueron los soldados, que habían prestado servicio en las
legiones romanas, o tropas auxiliares y con ello habían adquiri¬
do la ciudadanía romana, los primeros instalados en las villas,
pues sabido es que a los soldados, al licenciarse, o terminar la
milicia, se les daba como retiro una cantidad en dinero, o se Ies
adjudicaban tierras.
Es posible que estos soldados, al regresar al país de origen,
trajesen novedades de otras regiones del Imperio. Después se¬
rían imitados por los que habían sido curiales, o por los más de¬
cididos indígenas, que las ocuparían a título precario, y con la
concesión del Derecho Latino en el año 74 por VespaBiano,
quedaron como propietarios 275. Instalados en las villas y entre¬
nados por los conquistadores romanos bajo la autoridad direc¬
ta del dominus, o dueño de la villa, unos como obreros libres y
otros como siervos, realizaron la roturación de IOB montes y
matorrales, la canalización de las aguas y BBí cubrieron de cam¬
pos fértiles las forestas y selvas conquistadas por Roma. Como
ejemplos de villas pueden citarse las de Centroña y Cirro, en
La Coruña; Rioaveso, Doncide-Andión y Agrá, de Lugo; Cigarrosa, Parada de Outeiro, Cibda de Armea, en Orense, y las de
Rodeiro, Lanzada y Panjón, en Pontevedra; Vila de Frades, en
*

Portugal.
De suerte que podemos concluir con Alberto Sampaio,
que el panorama de Galicia podía imaginarse del siguiente mo¬
do: una Urbe, o Capital, domina una región cubierta de villas;
éstas en rigurosa propiedad, diferente en superficie, están suje-

(274) Trinidadc, María José, en Prefacio a /tí Villas do Norte de Portugal, de Alberto
Sampaio, p. XIII y «a. Sampaio, Albertoi O.C., pp. 73-74. Higinio el Gramático dice
que el quintario o quintana debe marcarse con una piedra (Gramático Veterea, 112, p. 912). Conde-Valvls Fernández, Franciscoi Dos Villas romanas de la Cibdá de Ar¬
mea, plano, pp. 15 y 32 y figura XI, Güimaraes, 1959. Aparece el pía no rectangular y
(275)

la via principalis.
Sampaio, Albertoi O.e., p. 33.

146

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

tas a los mismos procesos culturales y a la misma jurispruden¬
cia. A pesar de la igualación jurídico-económica, cada una se
diferencia de las limítrofes y todas se caracterizan por una
fuerte individualidad. Contiguas unas a otras, como las mallas
de una red, fueron uno de los principales focos de romaniza¬
ción 27í.

r
CAPITULO VIII
1. Ciudades, foros y castros que perduran

Fueron escasas las ciudades romanas y aún más los oppida, o poblados fortificados, en cuyos contornos abundan las vi¬

(276) Sampaio, Albertai O.c., pp. 111 y es.

llas. Naturalmente subsistieron las capitales de los Conventos
Jurídicos abandonados por los poientiores, o sea, por la nobleza
campesina, y sus habitantes Buelen Ber los comerciantes, indus¬
triales y los que constituyen las agrupaciones de joyeros, sas¬
tres, zapateros, cerrajeros, marmolistas, canteros, etc. Tam¬
bién perduran las capitales de los foros, a laB que concurren IOB
habitantes de las villas con sus ganados y sus productos en las
ferias, y con motivo de la administración de justicia: BBí el Fo¬
rum Limicorum, Forum Cigurrorum, Forum Bibalorum, etc. En
el siglo V sirven de refugio a la población indígena las ciudades
amuralladas Lugo, Braga y Astorga.
También perduran algunos caslros y reciben este nombre
romano, y cuando son pequeños reciben el nombre de caslellos.
Juegan papel importante en el siglo V, como lugar de refugio
de la población indígena contra IOB ataques de los bárbaros.
La organización económica, jurídica y social ha de perdu¬
rar hasta bien entrada la Edad Media y con pervivencia en al
gunos aspectos hasta nuestros días en las zonaB rurales de la
Galicia actual.
Sabemos que las capitales de los Conventos Jurídicos: Lu¬
go, Astorga y Braga, primero fueron campamentos y luego se
convirtieron en ciudades. Como todas ellaB llevan el apelativo
de Augusta, se supone que ya adquieren tal condición en tiem¬
po de Augusto. En este caso se llevaría a cabo el rito obligado
en la fundación de las mismas: consulta de los presagios por el
augur, determinación del perímetro, o pomerio, por el surco
marcado por una yunta de buey y una vaca, y delimitación ur-

1 1»

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

banistica por medio de los agrimensores, según el esquema atri¬
buido a Hippódamo de Mileto, o Bea, con dos ejes, uno de Nor¬
te a Sur (cardo maximus) y otro de Este a Oeste ( decumanus
maximus). Las calles se alineaban paralelas a estos dos ejes
principales. Este esquema de construcción se usaba también en
el trazado de los campamentos y de las villas, de suerte que el
conjunto resulta rectangular en forma de tablero de ajedrez.
En el cruce de los dos ejes principales se construían los edifícios
más importantes templos, palacios, foros, basílicas, etc. En el
cruce de las calles paralelas se construían las manzanas, o ínsu¬
las. No se construían muros en los primeros siglos del Imperio;
sabido es que se consideraba tabú atravesar sin los requisitos
legales el pomerio de la ciudad.
En los siglos III y IV, en los que fue preciso llevar laB
guarniciones a defender el limes, frontera del Imperio, atacado
y roto por los bárbaros, se les rodea de murallas, para prevenir
ataques interiores de bandidaje, o exteriores de las invasiones
bárbaras. Galicia, como Ierra relégala, no corrió peligro de éstas
hasta el siglo V. Pero las disposiciones se daban desde Tarrago¬
na ( Tarraco), en donde residía el Vicario de la Diócesis de HíBpania, y en donde se tomaban IBB medidas oportunas. Al par
que las ciudades también se rodean de muros IOB foros y algu¬
nos castros, que servirán de refugio durante el bienio que si¬
guió a la entrada de los pueblos bárbaros en España en el 409.
Además de las capitales de IOB conventos citadas, parecen de
fundación romana algunas que se denominan Flavias, como
Iría Flavia, Aquas Flavias (Chaves), Flavium Briganlium,
Bergidum Flavium (Cacabelos). Son varios los castros fortifica¬
dos, como Castro Rey, Castromao, Mourazos, etc.

CAPITULO IX
La Romanización lingüística. El latín

La sustitución de las lenguas indígenas por el latín es un
hecho innegable. Ante el empuje de la lengua del Lacio sucum¬
bieron todas las lenguas indígenas, indoeuropeas y preindoeu¬
ropeas. Apenas han dejado rastro de su existencia, si exceptua¬
mos los topónimos, antropónimos, teónimos y algunos nom¬
bres de ciudades, montañas, ríos, animales y plantas. El latín
penetró en los últimos rincones de la geografía gallega, per¬
duró, al desaparecer la dominacin romana, y pervive aún hoy
en el idioma gallego con la natural evolución y cambios que lle¬
van anejos los idiomas romances. Es más, algunos fenómenos,
como la diptongación, la pérdida de la/ y la sustitución por la
h, etc., no se dan en gallego, debido, según Menéndez Pidal,
a
la intensa romanización lingüística de Galicia, o según otros
autores, a su situación de Ierra relégala, retirada de los movi¬
mientos de tensión y cambios, que afectaron zonas más céntri¬
cas de la Península 277.
Es posible que la participación de la población gallega en
la milicia y las distintas ramas de la administración, así como
el sincretismo religioso, que da nombre latino a las divinidades
indígenas, las corporaciones, que estimulaban el culto a la diosa Roma, o al Emperador, contribuyeron a la divulgación del
f—
latín.
Sin embargo, tal vez sean aplicables a Galicia las palabras
que Lot escribe en relación con el idioma galo. La desaparición
del galo, aun en regiones más apartadas de la Galia es contem¬
poránea del triunfo del cristianismo sobre el paganismo 278.

150

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

El cristianismo latinizado en su lengua de propagación y
predicación penetró en rincones en los que no llegó Roma con
sus legiones, con sus magistrados, o con sus funcionarios.
Esta penetración necesariamente tuvo que tener lugar antes del 409, fecha en que ocupan España IBB ordas bárbaras.
Desde esta fecha Galicia quedó incomunicada con Roma y con
el resto de la Romania.
Las comunicaciones por mar, o sea, por el Océano Atlánti¬
co, por fuerza tenían que ser escasas. Roma mantenía en Espa¬
ña, o en la Galia, tropas, que en gran parte Be componían de
auxiliares bárbaros; pero mandadas por generales romanos
aseguraban el dominio de Roma, más bien simbólico, que real.
Pero no cabe suponer que siguiese progresando la exten¬
sión masiva del latín; así como tampoco el avance del cristia¬
nismo, dado que los suevos, que ocuparon gran parte de Gali¬
cia, hasta su conversión en tiempo de Reckiario, eran paganos.
A lo más ambos hechos quedarían estacionados.
Por todo lo cual hay que suponer que, cuando entraron los
bárbaros en España, y los suevos se establecieron en Galicia,
ésta hablaba ya la lengua latina y estaba cristianizada. Supo¬
ner que ambos acontecimientos tuvieron lugar en el siglo V ba¬
jo el dominio suevo, sería completamente absurdo, puesto que
sabemos que la población indígena abandonó el campo y se re¬
fugió en las ciudades, y no cabe suponer que los suevos impul¬
saran la propagación del latín y del catolicismo.
De ahí que hayamos ya anteriormente anotado que la
cristianización de Galicia fue masiva y anterior al siglo V.

CAPITULO X
1.

La Religión

Ningún otro aspecto del indigenismo gallego fue más per¬
sistente que el religioso. Ritos y creencias ascienden en su anti¬
güedad hasta el período neolítico, perduran dentro de la época
romana, en la Edad Media, y algunos hasta nuestros días, a
pesar de que Estrabón dice que IOB galaicos eran ateos. Se pue¬
de admitir con Cuevillas que más de la mitad de IOB númenes
autóctonos, cuyos nombres refleja la epigrafía romana de la
Península, se concentran en el área territorial del Noroeste 27’.
A pesar de que conocemos abundantes nombres de divini¬
dades y contamos con referencias de textos griegos y latinos de
creencias y preocupaciones religiosas desde Estrabón hasta
San Martín de Dumio, con las aportaciones epigráficas y ar¬
queológicas, no podemos saber mucho de las concepciones teo¬
lógicas, o cosmológicas, de los gallegos, ni de las creencias de
ultratumba, ni de la influencia de las divinidades en la vida de
los hombres. Muchas veces las aportaciones epigráficas y ar¬
queológicas se reducen a nombres, que máB que soluciones
plantean enigmas.
La afirmación que hace Estrabón de que los galaicos eran
ateos debe entenderse en el sentido de que vinculaban sus con¬
cepciones religiosas a los fenómenos naturales: montañas, ríoB,
fuentes, etc., y carecían de esculturas, o pinturas, que repre¬
sentaran a los dioses en forma humana, como las existentes en
el mundo romano.
(279)

López Cuevillas, Florentino! Lo Civilüación Céltica en Galicia, p. 392. Estrabón)
III, 4, 16. Vázquez Varela, Josí Manuel, y Acuña Castroviejo, Fernando! Pervivencia de lot format culltiralet indígenas: en «Cuadernos del Seminario de Estu¬
dios Cerámicos» de Sargadeloi, pp. 81-82.

I

152

Son muy numerosas las divinidades indígenas; o mejor, es
muy complicado el papel desempeñado por la divinidad dentro
de la vida de los antiguos gallegos; pero son escasas, o nulas,
las representaciones escultóricas, o pictóricas, en figuras hu¬
manas.
El sincretismo y asimilación de las divinidades indígenas
con las romanas viene a ser un resquicio de luz para entrever el
papel que desempeñaron aquéllas.
Es preciso tener presente que, cuando fue conquistada
Galicia totalmente por Augusto y se procedió a su romaniza¬
ción, dos fenómenos religiosos habían ya tenido lugar. Uno era
el sincretismo con las divinidades helénicas. Otro la tendencia
hacia un monoteismo, o sea, a la preponderancia, o superiori¬
dad de Júpiter, o de Zeus, sobre los demás dioses, aunque esta
suprema autoridad no prive de su carácter divino a las demás
deidades.
También hay que tener presente la existencia de cultos
orientales, como el de Sérapis y Mitra, del culto imperial, y so¬
bre todo del cristianismo incipiente aún, pero con vitalidad y
fuerza expansiva arrolladora.
Así entre los griegos ZeuB era considerado como el Altísi¬
mo. Por eso era honrado en los lugares altos y en las montañas,
como el Liceo de Arcadia, el Monte Apesos de Argólida, el Par¬
nés y el Himeto de Atica, el Helicón de Beocia, el Pelión de Te¬
salia, el Olimpo de Macedonia, el Pangeo de Tracia y el Ida de
Creta m.
Por el sincretismo helenizante IOB romanos identificaron a
Zeus con Júpiter. Se le veneraba en la colina del Capitolio y en
las colinas elevadas de Etruria, del Lacio y de toda Italia, espe¬
cialmente en el Apenino 281.
En Galicia se le identifica con una deidad indígena de las
montañas; así en los Codos de Laroco (entre Trives y Valdeorras) se encontró grabada una roca con la inscripción: Jovi Ladico. Cerca de Chaves (Curral de Vacas) se halló también una
piedra con la dedicatoria: al dios Laroco, seguramente divini¬
dad de la Sierra de Larouco.
Guirand, Féllxi Mitología General, p. 131. Barcelona, ele. Edil. Labor, 1962. López
Cuevillas, Florentina! La Civilización Céltica en Galicia, p. 397, CIL, II, 2523, 2599,
2695.
<281) Livlo, Tltoi ,46 Urbe Condita Libri, XXI, 38. 6: Jote Poenino.

(280)

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CAS1M1H0 TOIUIES ItODHIGUEZ

LA GALICIA IIOMANA

153

Entre Asturias y León, en el monte que antes se llamó

Candamio, y hoy Puerto de Candanedo, se encontró una dedi¬
catoria a Jovi Candamio, que tiene semejanza con otra hallada
cerca del Cabo Ortegal en Galicia: Jovi Optimo Maximo Candiedoni. De suerte que estos hallazgos permiten suponer que
una divinidad de las montañas se identificó con Júpiter.
Es muy probable que el texto de Justino: «En los confines
de la Galecia se levanta una montaña sagrada, en la que no
puede recogerse oro, excepto en las ocasiones en que el rayo,
accidente muy común en aquella tierra, abre el suelo. Permíte¬
se entonces recogerlo, como un regalo de los dioses» 282. Pudiera
aplicarse este pasaje de Justino al Pico Sacro entre Santiago de
Compostela y el Ulla.
Se explica la localización de Júpiter en las montañas en
donde es creencia popular que se engendran las tormentas y el
rayo, arma contundente del omnímodo . poder de Júpiter, a
quien se le sincretiza con una deidad indígena.
Con la romanización se concretan y Be plaBtifican las ideas
religiosas gallegas en la explicación de los fenómenos naturales.
De acuerdo con las ideas políticas unificadoras y centrali¬
zadoras de Alejandro en Grecia y de César y Augusto en Ro¬
ma, Zeus y Júpiter respectivamente adquieren personalidad
superior a todos los demás dioses; por tanto, Zeus es el dios su¬
perior en Grecia y lo mismo Júpiter en Roma.
Esta consideración de Júpiter, como divinidad suprema
había de tener gran acogida en Galicia. Existe una infinidad de
aras dedicadas a Júpiter Optimo Maximo. Entre ellas cabe
mencionar la grabada en el famoso Petronum, que ha dado
nombre a Padrón, y la hallada en las últimas excavaciones lle¬
vadas a cabo en la Catedral de Santiago. El número de dedica¬
ciones a Jovi Optimo Maximo es tan elevado, que al decir de
Cuevillas, es mayor que en cualquier otra región peninsular.
Julio Mangas dice que de las 162 inscripciones votivas de Júpi¬
ter, los cuatro conventos del Noroeste suman 91 2fl3.
Los romanos, pueblo de agricultores y guerreros, tenían
peculiar devoción a Marte, padre de Rómulo y Remo, nacidos
(282) Justino, II, 44, 3.
(283) López Cuevülas, Florentino!

La Civilización Céltica en Galicia, p. 398. Mangas,

Juíioi La fíetigión Romana en Híspanla, p. 615, de Historia de España Antigua, II,
Madrid, 1978.

r-

154

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

de la teogamia del mismo con Rhea Silvia. En Galicia se da
culto preferente a una divinidad asimilada a Marte, que se lla¬
ma Coso y que se localiza y asienta en las montañas al igual
que Júpiter.
Así en una inscripción de la Bañeza se lee Marli Tlleno,
que parece identificarse con el numen de la montaña que hoy
se llama el Teleno.
En una inscripción de Braga se hace la dedicatoria a Cososo Deo Marti. En otra de Brandomil (La Coruña) a Coso M.,
que puede leerse M(arti). En Seavia (Carballo) Coso Theinaeco, y en Meirás (Sada) Coso Udiaviniago. Junto a la Torre de
Hércules: Marti Augusto 284.
Son escasas las esculturas o representaciones antropomór¬
ficas de dioses romanoB halladas en Galicia. El Mercurio halla¬
do en Lugo, el Hércules en Santa Tecla, el Balsamario de Bande, la Minerva de Ciadela, que se halla en el Museo Arqueoló¬
gico de La Coruña, el grupo escultórico de MourazoB, que re¬
presenta a Baco y al sátiro Ampelos, y hoy Be halla en el Museo
de Orense. Existen representaciones humanas con ausencia del
canon y despreocupación estética, como la de Corgo, en el Mu¬
seo de Lugo, la del Museo de Cástrelos ( Vigo), la del Museo de
Pontevedra; la de Vilar de Sarria (Museo de Pontevedra) y la
cabeza femenina del MuBeo de Lugo.
Cabe concluir que los galaicos veneraban fenómenos natu¬
rales, tal vez oscuros, sin nombre, ni figura, pero que represen¬
taban fuerzas misteriosas, que localizan en las montañas, bos¬
ques, ríos, fuentes; en el crecimiento y reproducción de vegeta¬
les y animales, que a veces vinculaban al sol, a la luna y a los
astros. Así vemos que EBtrabón dice que ofrecían al dios Ares
machos cabríos 28S.
La aceptación de la religión romana hace que exterioricen
y concreten su concepción naturalista, que la vinculen e identi¬
fiquen con las múltiples divinidades romanas.
Especialmente parecen muy ligadas laB concepciones reli¬
giosas indígenas al culto de los muertos.
LXI, p. 504 y Boletín R.
CIL, II, ADD. Nova 293; 2418. Boletín Academia de la
Academia Gallega, Vil, n.° 66. Castillo, Angel deli Boletín B. Academia Gallega,
XXIV, n.°217, p. 18. VAzquez Seijaa, Manuel; Lugo bajo el Imperio Romano, p. 22
y 88. Amor Mellan, Manueli //.* de la Provincia de Lugo, p. 134. CIL, II, 2571, 2537.
(285) festrabón, III, 3. 7.
(284)

LA GALICIA ROMANA

155

Así podemos apreciar que el gallego ahora y siempre
amante de la tierra en que nació, de su hogar y cuanto lo ro¬
dea: ríos, fuentes, bosques, caminos; de sus antepasados muer¬
tos, de sus sepulturas; preocupado por la salud y bienestar pre¬
sentes y por la vida de ultratumba, es fácil imaginar que vincu¬
lara sus creencias y sentimientos a divinidades romanas acor¬
des con sus convicciones y que les diese nombres y culto ro¬
manos.

Así vemos honrar a los Malres, protectores de la fertilidad
de la tierra; a los Lugoves, divinidades de la foresta; a los Lares,
Genios y Tutelas, protectores de la familia; a estos mismos La¬
res y Maires Viales, como protectores de los caminantes y de
los enfermos que se colocan en las cruces de los caminos, para
obtener remedio de sus enfermedades a base de consultar a los
forasteros y viandantes.
A veces son divinidades protectoras de IOB castros o de las
tribus y llevan un aditamento del nombre tribal o castreño, co¬
mo: Lares Cerenaeci, en Canaveses (CIL, II, 2384); Lares Cusicelenses, en Argeriz, Chaves (CIL, II, 2469); Lares Erredici,
en San Pedro de Agostem, Chaves (CIL, II, 2470), etc. Genio
Laquiniesis, en San Miguel de Caldas, Vizella (CIL, II, 2405),
Genio Longobricensium, en Freix, Marco de Canaveses (CIL,
II, 5504), Tutela Bolgense, Cacabelos, León 2fl6. Tutela Tir iense,
en Santa María de Ribeira, Pinhao (CIL, Sup. 111).
A los númenes, o fuerzas misteriosas vinculadas por los
mitos galáicos a los ríos y fuentes, se les identifica con las nin¬
fas romanas, y así lo indican las múltiples lápidas con inscrip¬
ciones dedicadas a las ninfas con el apelativo indígena, como la
de Chaves (CIL, II 274) ; la de León (CIL, II, 5084), la de Ba¬
ños de Bande (CIL, II, 2531), la de Santa Eufemia de Ambía
(CIL, II, Sup. 2836), etc. Cuando se trata de aguas termales
suelen añadir la palabra que expresa la divinidad de esta parti¬
cularidad indígena, como Bormánico, en Caldas de Yizela
(CIL, II, 2402, 2403 y 5558), Edovio, en CaldaB de Reyes
(Pontevedra) (CIL, II, 2543).
Durio apareció en las proximidades de Oporto y parece
aludir al dios del río Duero (CIL, II, 2543).
(286)

Gómez Moreno, Manuel; Catálogo Monumental de Eipaña. Provincia de León, p. 59López Cuevillas, Florentlnoi La Civilización Cillica, pp. 404 y 405.

156

Una divinidad fluvial recibió el nombre de Navia, que aún
hoy perdura en el nombre del río Navea (Puebla de Trives,
Orense), río Navia (Plinio, N. H., IV, 3), en Asturias, en San
Juan de Camba (Castro Caldeias, Orense), etc. M7.
Como divinidades de los bosques y forestas puede consi¬
derarse al dios céltico Lugh y a los Lugoves en plural, nombres
relacionados con el latino lucus, que primordialmente significa
el claro del bosque. Parecen Ber divinidades que Be refieren al
sol, o a la luz, como los de Sinoga (Rábade), y el que perdura
en la ciudad de Lugo 288.
También se puede incluir en este apartado del culto a los
bosques el discutido templo de Diana, cuyo mosaico se halló en
la calle de Batitales de Lugo. Los nombres aplicados a los bos¬
ques de Chañas, Chas, pueden provenir del culto a las Dianas,
o diosas cazadoras.
Sin que puedan incluirse en los epígrafes anteriores, apa¬
recen dedicatorias a otras divinidades, como al dios Aerno, pa¬
trón de los Zoelas, en Castro de Avellás; al dios Bándua, que
aparece en numerosos lugares; al dios Brico o Abrico; al dios
Consuena, en Eiriz, Poemana, y Dea Caeleslis y, sobre todo, el
dios Verore, Vero y Ver... que se ha encontrado en cuatro lápi¬
das halladas en Lugo 289.
También merecen anotarse las capillas, o santuarios halla¬
dos, como el de Briteiros, Santa Tecla, y, sobre todo, el de Donón (Hío, Pontevedra), en el que se han encontrado trece aras
de las cuales sólo cinco conservan inscripción legible. Fueron
leídas y publicadas por Fermín Bouza Brey, Alvarez Blázquez
y Enrique Massó, y recientemente corregida la lectura, y con
nuevo estudio e interpretación, por Isidoro Millán González
Pardo 29°.
El Culto a los Manes. Con razón dice Cuevillas que «po¬
cas creencias habrá tan enraizadas en el noroeste peninsular,
como la creencia en la inmortalidad del alma. Pocos cultos que
(287)

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Leite de Vasconccllos, José, fíeligioet de Luiiilania, II, pp. 278 y 203. Schulten,
Adolfo i Hispania, p. 99.
(2B8) Vázquez Seljas, Manuel, Lugo en lot tiempos prehistóricos, 1943, p, 52.
(289) López Cuevillas, Florentino, La Civililación Céltica en Galicia, pp. 407 y 408. Lelte
de Vasconcelos, José, O Archedlogo Portugués, I, p. 147 y fíeligioet. II, p. 341.
Millán González-Pardo, Isidoro, Sobre las aras del Santuario de Donón..., Vigo,
1978, p, 21. Bouza Brey y Alvarez Blázouez dan esta lectura: Dea / L(ibero) Aros
(posuit). Millán corrige: Viberobreo, o Vtverobregro . Aras / (posuii). ¿No podría rela¬
cionarse con el dios Vero de Lugo, divinidad acuática!1

157

estén metidos en la entraña popular como el culto a los muer¬
tos. Hay fuertes motivos para suponer que eBta religión de los
muertos, muy importante ya en los tiempos megalíticos, conti¬
nuaba vigente en la época de los castros». Las mámoas, com¬
probantes de este culto desde la época neolítica, al decir de
Murguía «no hay lugar agreste que no las tenga. Hoy mismo
abunda en Galicia la devoción a las almas del Purgatorio, y las
supersticiones relacionadas con apariciones de las almas de los
difuntos, como la «Santa Compaña» 291.
Los romanos asimilan este culto al de los manes, que ve¬
nían a ser las almas de los antepasados difuntos. Parece que el
nombre significa los buenos, según la cita de Varrón «bonum
antiqui dicebant manum». De ahí se deriva el adjetivo immanis, que significa cruel. No obstante se leB daba culto para que
no causasen daño a los vivos; un caso parecido sucedía con las
Ménades en Grecia. Otras veces por afecto y piedad 292.
De ahí que abunden en Galicia las lápidas dedicadas a los
Manes con la fórmula Diis Manibus Sacrum y que también se
encuentren sepulcros dedicados a los muertos. Sabido eB que en
los castros predominaba el rito de la incineración.
Las lápidas dedicadas a los manes con la fórmula D(is)
M(anibus) S( acrum) son numerosas en Lugo, especialmente en
la misma ciudad; también en todo el Convento Jurídico Lucense 293.

López Cuevillas, Florentino, La Civililación Céllica en Galicia, pp. 439-40. Abunda
en el desarrollo de esta tesis. Murguia, Manuel Martínez, Historia de Galicia, I, p.
605, 2.* ed.
(292) Terenclo Varrón, Marco, De Lingua Latina: sBonum antiqui dicebant manum». Los
antiguos equiparaban bonum (bueno) con manum (bueno). Edit. G. Gotz, Leipzig,
Teubner, 1912.
(293) Amor Mellón, Manuel, historia de la provincia de Lugo. Dominación tto
134 y as. CIL, II, 2573, 2579, 2580, 2585, 2SB6, 25B9, 2590, 2591, 2593, 2595, etc. Cas¬
tilla, Angel del Castillo y D’Ors, Alvaro, Inscripciones romanas en Galicia, provin¬
cia de La Coruña, pp. 16-20; han publicado las encontradas en Laftas (Negreira), en
Brandomil (Zas), en La Corufla, Bretal (Ribeira), Ei Burgo (Culleredo), que no figura
en el CIL.
(291)

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CAPITULO XI

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1. EI culto al emperador en Occidente
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Puede afirmarse que, si bien en Oriente lo politico es ab¬
sorbido por lo religioso, en Occidente ocurre todo lo contrario
la política prevaleció siempre sobre la religión y con frecuencia
la pone a su servicio. Por lo cual puede afirmarse que el culto al
emperador es fundamentalmente de matiz politico y represen¬
ta un intento, tal vez el más absorbente, de lograr la obedien¬
cia y sumisión más íntimas. No importa que aparente, o since¬
ramente, algunos emperadores lo hayan rechazado, si en cam¬

bio lo han estimado sus satélites m.
El culto al emperador es una religión puramente humana,
que sólo conoce al hombre sobre la tierra y para la cual el resto
es letra muerta. Por otro lado, como manifestación mística es
estructuralmente política, pues no hace otra cosa más que san¬
cionar, a través de las prácticas religiosas, la obediencia al jefe
del estado. Se trata de un modo de gobernar con la adhesión re¬
ligiosa del pueblo 29S.
Por lo cual no basta para explicar su enorme difusión en¬
troncarlo con el culto de las clientelas, de los lares, o con la mis¬
ma devotio ibérica, más o menos hipertrofiado; que no puede,
en rigor, merecer otro calificativo que el de precedente. Pues el
de los dos primeros es de carácter exclusivista, y la tercera al¬
canza a un reducido número en contacto inmediato con el jefe,
y capaz de ofrendar su vida por él 29é.
La extensión del culto al emperador en Occidente se debe
Torres Rodríguez, Castmtrot El Culto al Emperador en Galicia, en «Cuadernos de
Estudios Gallegos», XXII, 1952, pp. 197-230.
(295) Russel Cortezi *0 Culto do Emperador no Convenlus Bracarauguslanus, en Bracara
Augusta, II, 1951, p. 378.
(296) D’ors, Alvarot Orígenes del Culto al Emperador en Espada, en «Emérita», X, 1942,
pp. 212 y ss. Es fundamental el estudio de Sánchez Albornoz, Claudio! El Culto al
Emperador y la unificación de Espada, en Anales del Instituto de L. Clásicas, de la
Facultad de F.* y Letras de la Universidad de Buenos Airee, 1946, pp. 24 y ss.

(294)

160

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA ROMANA

a dos motivos fundamentales: uno de tipo psicológico, de psi¬
cología de las masas; otro de tipo pragmático y utilitario. El
primero, que se da con más amplitud en los pueblos y en las
clases sociales máB atrasados, radica en lo infrarracional del ser
humano; es una especie de sugestión, fruto de la admiración
desmedida, de complejos de inferioridad, de exageración sub¬
consciente del poder, fuerza, sabiduría y bondad de un hom¬
bre, de la tendencia innata en las masas a atribuir a causas pre¬
ternaturales, lo que no se alcanza a comprender. A veces puede
surgir de la expresión incontrolada de sentimientos de confian¬
za, gratitud y amor, etc. 297.
En todas las épocas de la Historia podemos apreciar, en
mayor o menor escala, esta clase de sentimientos hacia perso¬
najes favoritos de las masas, y no extrañe que, a veces, los mis¬
mos personajes se sientan contagiados de ciertas sugestiones.
Recuérdese lo de la estrella de Napoleón. Augusto, con sus
victorias y con la paz lograda, estaba en condiciones de produ¬
cir tal sugestión 29B.
El otro motivo, bien diferente del anterior, es de carácter
calculista y utilitario. En él se funden tres tipos de interés liga¬
dos y hermanados: el del emperador, o más concretamente, el
de Augusto y sus satélites; el de la aristocracia municipal y el
de los libertos y menestrales.
Augusto, político de clarividencia genial, no podía ignorar
que el culto imperial era un medio excelente de asegurar la su¬
misión de los pueblos vencidos y un vínculo fuerte de cohesión
entre romanos e indígenas.
Es cierto que Augusto prohíbe que sus estatuas sean mez¬
cladas con las de los dioses y rechaza los honores divinos rendi¬
dos a su persona 299. Sin embargo ya había consentido la divini¬
zación de su padre adoptivo, Julio César 30°. Lleva la misma
táctica que adoptó para hacerse con el poder político el 13 de
enero del año 27 a. C., renunciando a los poderes, se hace due¬
ño absoluto del Estado Romano. La divinización de César pre¬
G renter, Alberti Lei religion» tlruique el romaine, p. 1B9.
Recuérdense las palabras de Veleyo Patérculoi Historia Romana II, 89: «No hay
cosa que los hombres puedan pedir a los dioses, ni que los dioses puedan conceder a los
hombres, ni que los anhelos puedan imaginar, ni la felicidad pueda realizar lo más
cumplimente, que Augusto, después de su retorno a Roma, no haya proporcionado ai
estado, al pueblo romano, a lodo el universo*.
1299) Reí Geilai Divi Augutli, IV, 24.
(300) CIL, I, 626 y VI, B72.
(297)
298)

.

161

paraba la divinización de su hijo adoptivo. En el año 30 a. C.
ordena la restauración del culto a los Lares domésticos y compí¬
lales pero en la misma fecha tiene lugar un senatus consulto que
hace obligatorias las libaciones por Augusto en cualquier ágape
público, o privado. En el año 30 a. C. Be organiza en moldes de¬
finitivos el culto a los lares en toda Italia, y los magistri vicorum, que tenían a su cargo el culto de los lares compítales, pa¬
san a denominarse magistri larium auguslalium M1.
Augusto restaura un culto, pero instaura otro, exactamen¬
te como hizo con las instituciones republicanas 302. Augusto res¬
taura el culto a los lares y con ello se constituye en perpetuo
pater familias del orbe romano.
Lo mismo ocurre con el culto a los genios, entre los cuales
ha de ocupar el lugar más destacado el Genius Augusti 303.
En el mundo céltico, o Bea, en la Galia, Bretaña y Noroes¬
te español, urgía la implantación del culto imperial.
Augusto iba a ser el romanizador de los celtas, del mismo
modo que César había sido el conquistador de los celtas.
A Augusto le estaba reservado el papel de consolidar la
obra de César, o sea, de romanizar los pueblos por éste con¬
quistados, que venían a dar al Imperio R omano un contrapeso
de lengua y cultura netamente latinas, que pudiera equilibrar
y contrarrestar la subyugadora influencia del helenismo.
Ahora bien, la religión celta con su sacerdocio organizado
y acaparado por las clases nobles, constituía un obstáculo serio
para la romanización.
Los druidas, bajo el punto de vista religioso, social y eco¬
nómico, fueron, ya en tiempo de César, un serio obstáculo en la
pacificación de las Galias, y el deseo de descartar su influencia
peligrosa fue el móvil de emprender la conquista de Britania.
Era preciso eliminar su influencia; había llegado el momento de encauzar hacia los intereses de Roma los sentimien¬
tos de temor reverencial y admiración producidos por las conquistas de César y las victorias de Augusto; la romanización de
los celtas ocupaba un primer plano entre los asuntos políticos,
al encargarse Augusto del poder.
Por eso los funcionarios romanos favorecen la difusión del
(301)
(302)
1303)

CIL, II, 2013, 2233, 4293, 4297, 4304, 4306, 4309 y 6106; VI, 452; X, 1271.
Torres Rodriguez, Casimiroi El Cullo al Emperador en Galicia, p. 205.
CIL, II, 2421 y 5123.

r

162

culto al emperador, primero identificando a Augusto con los
dioses romanos, y luego tratando de suplantarlos, y celebrando
únicamente el culto en honor del emperador.
El culto al emperador desempeñó un relevante papel en la
romanización de las Galias. Sesenta y dos ciudades de la Galia
estaban representadas en la asamblea de Lión 3M. Allí se reu¬
nían los representantes de las tres Galias: Bélgica, Céltica y
Aquitana; como en la época anterior a la conquista ceBariana
en Chartres, presididos por los drúidas 385.
Augusto había escogido aquel lugar ya tradicionalmente
venerable para los galos, pues en él solían reunirse para festejar
al dios Lugh.
Lugdunum significa ciudad del dios Lug. Ocupaba un lu¬
gar estratégico, tanto bajo el punto de vista militar como del
comercial en la confluencia del Saona (Araris) y del Ródano.
Allí estaba destinada una guarnición permanente de Roma.
Allí se celebraba el culto imperial, al principio en torno a un
ara colosal dedicada a Augusto por Druso, en el año 10 a. C.,
cuyo primer sacerdote fue un galo romanizado llamado Vercondariduba. Al año siguiente se construye un magnífico tem¬
plo dedicado a Roma y a Augusto. A continuación del mismo
en una explanada se celebraban los juegos y certámenes poéti¬
cos; había termas y albergues, y también allí tenía lugar una
gran feria anual a la que concurría toda la Galia 3M.
En la Narbonense el funcionamiento de la asamblea esta¬
ba reglamentado, y este reglamento se nos ha conservado en
una plancha de bronce, con el epígrafe: Lex concilii provinciae
Narbonensis M7. La plebe de Narbona en el año 11 d. C. erigió
un ara en testimonio de agradecimiento a Augusto.
El flamen provincial, jefe de la asamblea, tenía prerroga¬
tivas análogas a las del Flamen Dial. La asamblea tenía que
reunirse en Narbona bajo pena de nulidad.
El día 23 de setiembre tres caballeros romanos y tres hijos
de libertos ofrecían cada uno una víctima y suministraban
: 304 )

Estrabónt IV, 3, 2. Suctonloi Caeearei. Claudio, 2. Toutaln, J.) Observations eur
formes religieuses de loyalisme, parliculiires a la Gaule..., en «Klio», 1902, p.

tetelques

Cesan Oe Bello Gálico, VI, 13.
Llvlo) Periocha, 139: Aro Caesari ad conjluentem Arariset fíhodani dedícala,
créalo C. Julio Vercondaridubo Aeduo. Suetonlo) Claudio, 2, 1: Claudius nalus...eoipso die, quo primum ara ibi Augusto dedícala esl. Suetonlo) Caligula, 20.
(307) CIL, XII, 4333.

1305)
i 306)

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

163

también vino e incienso para el rito. Esta ceremonia se repetía
el 7 de enero, en cuya fecha Augusto tomó las riendas del imperio.
A los colonos e indígenas tenían que suministrarles tam¬
bién vino e incienso.
Existió el culto imperial en otras ciudades y regiones de
Occidente, que no viene al caso detallar, pero que denuncia el
impulso soberano de Augusto, o de SUB satélites.
Aparte de tener como causa la política sagaz de Augusto
tenía otras de carácter utilitario, de conseguir favores para los
municipios, fama y honores; de expresión de sentimientos de
adulación, admiración y acomodación a la nueva situación
creada por la conquista romana: de conseguir puestos, honores
y privilegios administrativos.
De ahí que lo favorecen y difunden los libertos, comer¬
ciantes, buhoneros, purpureros, sastres, panaderos, marmolistas
y toda clase de ofícios humildes entre los cuales eran elegidos
los seviri auguslales y los augustales. Debido a la movilidad a la
que les obligaba su oficio, eran los mejores propagandistas en¬
tre las clases humildes, lo cual dio a dicho culto una gran base
popular 308.

2. El culto al emperador en Galicia

Parece seguro que el culto al emperador existió muy pron¬
to en Galicia; tal vez a raíz de su conquista por Roma en las
Guerras Cántabras. Las ciudades de Bracara Augusta, Asturica Augusta y Lucus Augusti indican ya con sus nombres una
especial devoción de estos municipios, más tarde capitales de
los respectivos conventos jurídicos hacia Augusto. Especial¬
mente Lugo ofrece muchos visos de probabilidad de haber eri¬
gido algún ara de culto imperial ya en vida de Augusto. Lugo
era ya antes de la conquista romana un santuario indígena, ora
fuese un lucus, o bosque sagrado, o centro de culto al dios Lug 309.
(308)
<309)

Sánchez Albornoz, Claudloi El Culto al Emperador..., pp. 85 y M.
Vázquez Seljaa, Manuel) Lugo en loe tiempos prehielóricoe, p. 52. Blázquez, José
Maríai Imagen y Mito, Madrid, 197?, p. 431. Aunque este ilustre catedrático dice:
«También es de notar que en Hispania no se conocen huellas druidas, a pesar de que es
esta institución común a todos los celtas». Pero no es extraño que no se encuentren
huellas por dos motivos ya señalados por César (B.G. VI, 14). «No tienen por licito es¬
cribir loque aprenden» y «no quieren divulgar su doctrina». Pero basta leerlos capítu¬
los 13 y 14 del libro VI de los Comentario! a la Guerra de las Galiae, para percatarse que
los druidas es una clase social superior, tan peculiar a los celtas, como los brahamanes
en la India. Sin los drúidas se hace inconcebible la cultura céltica.

161

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA ROMANA

Este santuario estaria regido por los druidas, los cuales
constituían bajo el punto de vista Bocial, político y religioso el
mayor obstáculo a la romanización, como lo habían constitui¬
do en las Galias y en la Bretaña.
Es de suponer que los romanos, que venían a Galicia car¬
gados con la experiencia colonial de dichos países, tratasen de
contrarrestar la influencia política y religiosa de los druidas,
sustituyendo, como lo hicieron en Lión, Narbona y Camalodunum, un culto por otro culto, una dependencia religioso-social
por otra dependencia religioso-social.
Era preciso hundir para siempre los hechizos y la mágica
influencia de los drúidas y encauzar los sentimientos de caris¬
mática admiración hacia Augusto, conquistador y pacificador
del orbe. Al fin los druidas eran viles luciérnagas, en compara¬
ción del sol imperial, que se presentaba como conquistador y
pacificador de Occidente.
Por tanto es de suponer que se usaran entre las tribus de
Galicia, de origen celta, o dominadas por los celtas, los mismos
procedimientos que habían rendido mayor eficacia en la roma¬
nización de las Galias.
Ahora bien, entre los innumerables cultos, el único que
prohibió Augusto a los ciudadanos romanos y Claudio absolu¬
tamente a todos, fue el culto druídico 310.
Pero había que sustituirlo por otro. Lugo, como ciudad,
surge a la sombra de un campamento. Los romanos pueden or¬
ganizaría a su modo, dado que carecía de prejuicios ancestra¬
les, y convertirla en foco de la romanización de Galicia. Les era
fácil contraponer a la crueldad del culto druídico, el atractivo
culto al emperador.
Sabemos que en Lugo existieron flamines y sacerdoles del
culto imperial; es más, sabemos que uno de ellos presidió un
concilio provincial celebrado en Tarragona en tiempo de
Adriano 31'.
1310) Suetonlo Tranquila, Cayot Duodecim Caeiarei Clauditu, 25. Céaar (B.G, VI, 16)
dice que toda la nación de los Galos... los que padecen enfermedades graves y se hallan
en batallas y peligros, sacrifican hombres, o hacen votos de sacrificarlos; para cuyos
sacrificios se valen del ministerio de los drúidas... Otros forman de mimbres entreteji¬
dos Idolos colosales, cuyos huecos llenan de hombres vivos, y pegando fuego a los mim¬
bres, rodeados por las llamas, rinden el alma.
(311) CIL, 4255 y 4256. Vázquez Seljasi Lugo bajo el I. Romano, p. 17, Amor Mellán,

Manuel i H.‘ de la Provincia de Lugo, p. 23.

165

El fin principal de los concilios era la celebración del culto
imperial.
Sus presidentes dirigían las fiestas religiosas y los juegos
que las acompañaban. Consistían éstas en una solemne proce¬
sión presidida por el sacerdote provincial, que terminaba con
una oración ante el altar imperial y con los sacrificios rituales:
iba acompañada de cenas públicas, certámenes, espectáculos y
juegos circenses.
Pero no se limitaban a la celebración de las fiestas; cuida¬
ban de la conservación de los templos consagrados a los empe¬
radores divinizados ; honraban a los césares y a sus familias, y
les elevaban estatuas; llamaban su atención sobre asuntos de
interés provincial, sobre abusos de los funcionarios, o soldados.
Rendían en Roma honores a los buenos gobernadores y tam¬
bién acusaban a los malos pasados sesenta días de la termina¬
ción de sus mandatos 312.
Los emperadores tuvieron siempre el derecho de veto con¬
tra las resoluciones de los concilios; por tanto, Bería erróneo
atribuirles un papel decisivo en la vida política del Imperio.
El presidente era elegido por el concilio y ejercía durante
un año el sacerdocio del templo provincial. Tras el año de sa¬
cerdocio era honrado por el concilio con la erección de una es¬
tatua. Su mujer solía ser elegida flamínea y también se le dedi¬
caba una estatua.
El elegido tenía asiento permanente en la curia de la ciu¬
dad y en los concilios posteriores llevaba el título de flaminalis

o sacerdolalis.

Tal fue el caso de Cayo Virio Frontón, del Convento Jurí¬
dico Lucense {Ex Lucensi ) como dice la inscripción, en cuyo
honor se erigió una estatua en Tarragona 3I3.
El hecho de ser elegido un lucense, del extremo opuesto a
Tarragona, como presidente de la asamblea provincial, es una
prueba de que en Lugo, cuyo convento representaba, tenía im¬
portancia el culto imperial.
Su mujer fue también elegida flamínea, como consta tam¬
bién por otra inscripción 3U.
(312) Sánchez Albornoz, Claudioi El Culto al Emperador..., p. 66.
(313) CIL, II, 4255.

(314) CIL, II, 4256.

166

Este sacerdocio de la mujer estaba muy en consonancia
con el papel representado por las druidisas célticas y encajaba
muy bien en la política de sustitución de un culto por otro cul¬

to, de una influencia por otra influencia 3I5.
Otros gallegos ocuparon cargos en Tarragona relacionados
con el culto imperial, entre los cuales podemos mencionar al lemabo (Monforte de LemoB) Marco Julio Sereniano, que mere¬
ció iguales honores y fue declarado patrono de Tarragona, y
Marco Flavio G alino, flamen y dunviro de Tarragona, natural
de la Limia, perteneciente al Convento Bracarense. También
hay testimonios epigráficos de que se dio culto al emperador en

el Asturiciense 316.
Lógicamente hay que pensar que el culto al emperador se
impondría en Galicia luego, a raíz de las Guerras Cántabras, y
que hacia el mismo convergieron los abatidos indígenas en el
ansia de clemencia y reconciliación y los romanos en sus deseos
de paz, seguridad y asimilación.
Gallegos y romanos coincidían en que una época había
terminado y que había comenzado otra nueva, por caminos
opuestos, o sea, por la derrota y la victoria, respectivamente,
habían llegado a la conclusión de que era imprescindible la paz
y la concordia.
Una casta social se oponía a tal sumisión y a la fusión de
los indígenas con el mundo romano; eBta casta la constituían
los druidas. Era preciso anular su influencia.
Se levantaba el prestigio de Augusto avasallador, victo¬
rioso, simbolizado, a veces, por Hércules Augusto, Marte Au¬
gusto, Baco Augusto, Jove Augusto, etc. El culto druídico era
cruel y sanguinario. El emperador Claudio lo prohibió 3I7.
Para poder juzgar sobre su eficacia romanizadora, veamos
en qué consistía. Naturalmente será preciso tomar los datos de
aquellos lugares en que es más explícita la tradición.
En la inscripción hallada en el Forum Clodii se dice que en
el natalicio de Augusto (23 de septiembre) se debe sacrificar un
becerro y ofrecer incienso y vino al divo Augusto y al genio de
Tiberio (que a la sazón aún vivía), y en el natalicio de la empeAmar Mellan, Manueli Geografía del Reino de Galicia. Resumen Histórico, I,
p. 417.
(316) CIL, II, 4215, 2637. 2703. 4226, 5124, 2426, 5329. Ephemerides Epigraphicae, Berlin,
VIII, 280.
(317) Suetonio Tranquilo, Cayoi Duodecim Caeiaret, Claudius. 25.
(315)

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TOHULS RODRIGUEZ

167

ratriz se debía hacer la siguiente distribución: a las mujeres, vi¬
no con miel ( mulsum ) y rosquillas, y a los hombres, vino y pan
31 B(

La inscripción de Narbona dice también que en dicha fe¬
cha tres caballeros romanos y tres hijos de liberto debían ofre¬
cer cada uno una víctima y costear, de su peculio, el vino y el
incienso para el rito. Esto mismo debían repetirlo el día 7 de
enero, fecha en que Augusto tomó las riendas del Imperio.
En esas fechas debían proporcionar a los colonos e indíge¬
nas de la Galia vino e incienso 319.
De suerte que venía a constituir día de fiesta y convite,
con lo que se atraía a las multitudes.
Tácito refiere que los flómines, o sacerdotes, elegidos para
el culto imperial en Camuladunum (Colcherter, Gran Bretaña)
derrochaban sus fortunas, por los muchos gastos que dicho car¬
go llevaba anejos 32°.
De suerte que contribuía el culto al emperador a la nivela¬
ción de fortunas.
A los sentimientos mencionados de admiración se puede
agregar la adulación, que siempre acompaña al vencedor como
la sombra al cuerpo; la fidelidad devota y orgullosa de sus
clientelas, la veneración popular al pacificador del orbe roma¬
no, y, por último, la insatisfacción religiosa dominante.
No existen testimonios literarios, ni epigráficos, que de¬
muestren claramente la existencia de culto imperial en la vida
de Augusto en la ciudad de Lugo, aunque sí indicios probables.
Vázquez Seijas supone con fundamento que el Colegio Augustal ( Collegium Divi Augusli) estaba en la ciudad de Lugo hacia
la puerta del Obispo Aguirre 32‘.
En cambio parece sólido el argumento que ofrecen las
Aras Sestianas en favor de un culto a Augusto inmediato al fi¬
nal de las Guerras Cántabras, implantado por Lucio Sestio.
Las referencias literarias son tan abundantes, que no de¬
jan lugar a dudas. Las menciona Mela, Plinio, Ptolomeo y el
(318)
(319)
(320)
(321)

CIL, XI, 3303
CIL, XII, 11. :333.

Tácito, Cornelioi Armale*, XIV, 31, 6.
Vázquez Seijas, Manuelt Lugo bajo el Imperio Romano, p. 15.

168

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Kavenate, si bien no están de acuerdo en cuanto a la ubicación
de las mismas 322.
Pomponio Mela las coloca en Asturias 323.
Dice que en el litoral de los astures se halla la ciudad de
Noega y tres altares llamados Aras Sestianas, consagrados a
Augusto. García y Bellido sitúa esta Noega en Avilés y las
Aras Sestianas en el Cabo de Peñas. Pero añade: «acaso Mela
está en un error, pues Ptolemaios cita antes de Briganlium (La
Coruña) y tras el Nerion Acroterion, otro cabo en el que están
unos «Bonoi Sesliou», o Altares de Sestio. Si son los mismos
que cita Mela, había que suponer otra Noega en Galicia, identificable con Noy a, a lo cual conduce también un texto de Plinius que coloca las aras tras de los neri y en los superlamarici»,
y coloca otra ciudad de Noega ( Oppidum Noega ) en la Penín¬
sula de los superlamaricos, que corresponde a la actual Noya 324.
De suerte que hubo dos Noegas, una en Galicia y otra en
Asturias identificada en Avilés, o Gijón.
Esta última en Dicuil se le llama Noecanlrum, que según
Manuel González, viene a ser abreviatura de Noecantabrum, o
sea, Noega Cántabra. De suerte que es indudable que hubo dos
Noegas. ¿Cuál de ellas sirve de punto de referencia para locali¬
zar las Aros SesiianasV
No es fácil contestar. Si atendemos al testimonio de Mela,
hay que optar por la Noega Asluriana, o sea, la actual Avilés, o
Gijón, en cuyo caso el promontorio, en donde se levantaron las
Aras Sestianas en honor del nombre de Augusto, bien pudo ser
el Cabo de Peñas.
Pero si preferimos el doble testimonio de Plinio y Ptolo¬
meo, que las ponen en el litoral gallego, en este caso el punto de
referencia es la Noega Gallega, que Plinio sitúa en el territorio
de los cáporos y que corresponde a la actual Noy a en la desem¬
bocadura del Tambre y al Oeste de Santiago de CompoBtela.

LA GALICIA ROMANA

Plinio menciona también la Noega Asturiana, pero pone las
Aras Sestianas en la Península de los SupertamáricoB, o sea, al
Norte del Tambre.
Ptolomeo las coloca entre el Promontorio Nerio y Brigándo. Este Promontorio Nerio, o Céltico, dado que Plinio dice
que los nerios eran una rama de los célticos, se identifica con el
Cabo Finisterre, o con el Cabo Touriñán, y Brigando con La
Coruña. Por tanto deben situarse entre el Cabo Finisterre y La
Coruña.
Es de suponer que las tres aras no estuviesen en el mismo
lugar, por lo cual no sería absurdo suponer que una estuviera
en el Cabo Finisterre, otra en el Touriñán y otra en el Villano,
que

vienen a ser los puntos más extremos del litoral occidental

del mundo conocido. En conjunto se hallan en la peninsula de
los supertamáricos, o sea, en la porción de la costa situada al
norte del Tambre y antes de La Coruña. Al doble testimonio
de Plinio y Ptolomeo hay que añadir el del Havenate (siglo

VII), que sigue el Mapamundi llamado Tabula Peulingeriana
que las coloca entre Touroquia y Aquae Celenae, o sea, entre
Tourón y Caldas de Beyes. Sabido es que en la Tabula Peulin¬
geriana se ha perdido lo relativo a España y por tanto a Gali¬
cia. Pero, aun siendo distinta su ubicación de la de Plinio y de
la de Ptolomeo, coincide con éstos en situar las Aras Sestianas
dentro del litoral gallego.
Tampoco carece de importancia el testimonio de Mela,
que tiene a su favor el haber sido un geógrafo español, y, por
tanto, es de suponer que conociera mejor la geografía de España.

Sin embargo hay que admitir con Flórez que el hecho de
que Plinio y Ptolomeo, ambos posteriores a Pomponio Mela,
no sigan la ubicación de éste, es una prueba de que han mane¬
jado otra fuente de información que juzgaron más acepta¬
ble 325.
(J2a)

Mela Pomponioi Chorografía, III, 13. Plinio Segundo Cayo, N. H., IV, 111. Pto¬
lomeo, Claudioi Geografike Hyphegeiii, 11, 6, 4. Revena tei Ananymi fíavenali» Coimographia, I, h. 42, p. 308.
(323) Dicuil i De Maura Orbit Terrae, edil. Welckenser, Parisiis, 1807. El texto dice Noe¬
canlrum, pero esta forma parece abreviación de Noecanlabrum, como lo indica Gonzá¬
lez, Juan Manuel, en Comenlario al texto de Dicuil tabre Noega, Separata de Valdedlos, 1966, p. 5.
(324) Garcia y Bellido, Antonio! La Etpaña del ligio 1S de nuestra Era, según P. Mela y
C. Plinio, p. 57. Plinio Segundo, Cayol N. H. IV, 111.
(322)

169

Florez, Enriquei E. S., XV, pp. 52-53. Torre» Rodríguez, Casimiro! El cullo al
emperador en Galicia, pp. 219 y 220. González, José Manuel) «Sestianas». El califi¬
cativo déla» Ara» Altura y Galaica», en Archlvum, XI, pp, 102-110, Facultad de Filo¬
sofia y Letras, Oviedo, 1962. Expone la hipótesis de que el nombre de Sextlus, no de¬
signa un personaje romano devoto de Augusto, sino el mar divinizado, o sea, una dei¬
dad marina, como Neptuno o Poseidón, puesto que se encuentra en ánforas romanas y
griegas con este significado. Desde luego entendemos que esta hipótesis resuelve las
contradicciones de los geógrafos en cuanto a la ubicación de las aras, puesto que serian
varias las levantadas en los cabos y promontorios gallegos y asturianos. Representa¬
rían a Augusto con el atuendo de esta divinidad.

17»

CASIMIRO TOIl lilis llODIUGL liZ

El hecho de que Mela era español, natural de Tingintera
(Cádiz), tiene su fuerza, pero no cabe supervalorarlo, pues vi¬
vió en Andalucía y no consta que visitara Galicia.
Plinio también estuvo en España y con seguridad en la
Bética, y es muy posible que no llegara a Galicia personalmen¬
te, pero consta que tuvo a su alcance buenas fuentes de infor¬
mación, muchas de las cuales cita aunque someramente.
También aboga a favor de la ubicación de las Aras Sestianas en Asturias la inscripción hallada cerca de Gijón, que Hllbner fecha en el año 9 a. C. pero niega su relación con las Aras

Sestianas 326.
Pero con todo no cabe concluir más que en otros lugares
extremos de las costas españolas se levantaron aras a Augusto
en vida del mismo.
Es indudable que las Aras Sestianas existieron, aunque no
sea segura su localización.
También es verosímil que los soldados de Augusto, entre
los que se hallaban sus devotos, amigos y familiares, al llegar
en sus conquistas a los confines del mundo entonces conocido,
al auténtico Finisterre, como se le bautizó entonces con nom¬
bre romano, nombre que aún hoy perdura, sintiesen vivos de¬
seos de levantar un trofeo en honor de Augusto, quien seme¬
jante a Baco, o Dionisio, que había conquistado Oriente, aca¬
baba de conquistar el Orbe Occidental. La acción de L. Sestio
encuadra muy bien dentro del ambiente psicológico del mo¬
mento. Augusto estaba en el apogeo de su gloria. L. Sestio fue
cónsul en el año 23 a. C., y según García Bellido había sido le¬
gado de Augusto en la Guerra Galáica 327.

t326|

{3271

La citada inscripción figura en el CIL, II, 2703 y dice asi: Imp. Caesar! Augusto
Divi, F. Cos XIII. Imp. XX. Pont. MX. Patr. Patiriae. TRIB. Pot. XXXII...
SACRUM. Al emperador César Augusto, hijo del Divo, cónsul por XIII vez, Imperalor por XX.* vez, Ponlifice Máximo, Padre de la Patria, con Tribunicia Potestad por
XXXII vez. Este último titulo ha servido pBra fichar su fecha el p. a. C.
Gardthausent 1uguslus und seine Zei!, 11, p. 379. García Bellido. Diego Santas,
Francisco)

Salutación «Imperator», XX, en Bol. del Instituto de Estudios Ameri¬

canos, 1939, pp. 1-10.

LA GALICIA HUMANA

171

Según Syne fue legado de Galicia y Lusitania en el año 19
a. C. Por lo cual no sería aventurado contarle entre los partida¬
rios y devotos de Augusto 32B.
La coincidencia de los mejores geógrafos antiguos en testi¬
moniar la existencia de las Aras Sestianas en honor de Augusto
es prueba suficiente para considerarlas como un hecho histórico.

Sin embargo no existen comprobantes epigráficos, arqueo¬
lógicos, o toponímicos claros de la existencia de tales aras en
Galicia. La intensa cristianización de Galicia, que se manifies¬
ta en la gran pujanza de la Iglesia gallega en los siglos IV y V,
es de suponer que produjera una reacción violenta contra el
culto imperial en el momento en que Constantino no sólo con¬
cedió libertad al Cristianismo, sino que lo hizo religión preferi¬
da, y sobre todo fue religión del Estado Romano en tiempo de
Teodosio. El culto al Emperador, obligando a sacrificar a los
cristianos, no cabe duda que causó muchas víctimas.
Por otro lado la reacción druídica, que representa Prisciliano, también contribuiría a la eliminación de todo vestigio
del culto imperial.
En cambio que existió el culto imperial después de Augus¬
to está probado por los monumentos epigráficos anteriormente
citados.

(.128:

S) mei The Spanish war of Augustus I26-25), en «The American Journal of Philology.
1931, p. 316. José Manuel González, «seslianas », el calificativo de las aras aslures y
galaicas en «Archlvum», XI, 1962, p. 103-110. Expone una teoria muy sugestiva: re¬

lacionando las Aras Sestianas con la marca Seslius, que aparece en las ánforas romanas
y en las griegas del siglos 11I-II a.C., llega a la conclusión de que el nombre Sestlus
designa el mar divinizado, o el dios del mar, como Nept uno o Poseidón. Esta hipótesis
explicaria la distinta ubicación de los citados geógraios. También daría pie para admimos del lilorail gallego y asturiano.
tir que fueron varías en los promontorios maritim

CAPITULO XII
LA CRISTIANIZACION DE GALICIA
1. La cuestión jacobea

Como punto básico para el estudio de la cristianización de
Galicia no puede pasarse por alto la llamada Cuestión Jaco¬
bea; o sea, el problema histórico de la predicación del Apóstol
Santiago en Galicia y de su sepultura en Compostela. Tema
entrañable y delicado, ante el cual somos conscientes de las di¬
ficultades que hoy día encierra y de la responsabilidad de abor¬
darlo sin la adecuada competencia; en el presente caso no por
falta de esfuerzo y de intensa labor, sino por las limitaciones
del historiador.
Con todo vamos a tratar de abordarlo con honrada since¬
ridad y con fría imparcialidad. No con la indiferencia, de que
habla Tiers, del naturalista, que estudia ante un hormiguero la
actividad de las hormigas, pero sí con la atención abierta a la
realidad objetiva a la luz de las fuentes históricas.
Con todos los respetos para los estudiosos de las mismas,
que hayan llegado a conclusiones diversas, o contrarias, pero
con deseo de estimular a un estudio más serio y científico a
otros, que de modo superficial, o con menor esfuerzo que aquel
que habitualmente dedican a otros temas históricos, se lanzan
a dogmatizar y sacar gratuitas conclusiones de increíble frivo¬
lidad.
No conviene olvidar que la realidad del sepulcro de San¬
tiago en Compostela se aceptó sin titubeo alguno desde el siglo
IX al XII por la Cristiandad Occidental: que de allí arranca
uno de los más trascendentales acontecimientos de la Edad
Media: las peregrinaciones a Compostela, equiparables a las
que se hacían a Roma y Jerusalén entre los cristianos y a la

174

CASIMIRO TO HUES RODRIGUEZ

Meca entre los musulmanes: que tiene medular influencia en la
historia y vida de Galicia y de España y aun de Europa bajo el
punto de vista religioso, guerrero, político y cultural.
Merece, por tanto, un detenido estudio.
2. Precedentes de las excavaciones de 1946-1959

Antes de tratar de las excavaciones que se hicieron en la
Catedral de Santiago desde el año 1946 al 1959, cuyos resulta¬
dos tienen importancia básica en el presente estudio histórico,
conviene hacer una breve reseña de las vicisitudes por las que
pasó el Sepulcro de Santiago desde Teodomiro, o sea, desde el
siglo IX hasta las citadas excavaciones.
Las alusiones de los textos de los siglos IX al XII, q ue recoge la miniatura del Tumbo A, foi. IV, indican que Teodomiro
encontró el sepulcro dentro de una cámara abovedada. Sobre
esta cámara se levantaron los templos de Alfonso II y Alfonso
III, cuyo altar mayor coincidía encima de la citada cámara, o
cripta, y por tanto, Bobre el sepulcro, al cual tenían acceso, qui¬
zá limitado, los fíeles. En la invasión de Almanzor en 997 fue
destruida la Iglesia de Alfonso III, pero respetado el sepulcro
del Apóstol. La Iglesia fue reconstruida por Vermudo II y S.
Pedro de Mezonzo ; el sepulcro continuó intacto. Cuando Gelensanmírez construyó la Iglesia románica, que hoy perdura, :~:i~
chó el altar, encima de un «Mausoleo inferior» en frase de la
Compostelana, en donde estaban las Reliquias. La cripta, aun¬
que fuera en casos excepcionales, podía ser visitada.
En tiempo del Obispo Cresconio lo fue, dado que se le en¬
tregó un hueso del brazo del Cuerpo del Apóstol, como reli¬
quia, a Roberto, monje de Lieja, y a otros peregrinos de su sé¬
quito.
También en el 1138 Gelmírez envió a San Atón, Obispo de
Pistoya, una reliquia consistente en un hueso del cráneo, que
luego había de servir para la identificación del esqueleto del
Apóstol. Desde esta fecha quedó cerrado el acceso a la cripta, o
cámara sepulcral. Gelmírez ensanchó el altar del presbiterio y
con esta obra quedó cerrado el acceso a la cripta.
Quizá trató también de impedir profanaciones, o robos, o
peticiones excesivas de reliquias. En cambio construyó una
«Confessio», o lugar reservado, junto al altar, en donde los fíe¬
les pudieran orar y meditar.

LA GALICIA ROMANA

175

En adelante el Cuerpo del Apóstol permanecería inaccesi¬
ble; en 1572 lo único que se podía ver, y aun reservado a Re¬
yes, o Príncipes, Arzobispos, etc., era un hueco, al lado del
Evangelio, del Altar desde el que se podía vislumbrar la cáma¬
ra sepulcral.
La situación no podía menos de ser embarazosa, tanto pa¬
ra los peregrinos, que venían a Santiago después de largos y pe¬
nosos viajes, como para los Prelados Compostelanos, que no
podían complacer a los visitantes, aunque se tratase de reyes, u
obispos; era muy natural que deseasen ver el sepulcro, para vi¬
sitar el cual se habían hecho tantos sacrificios.
No obstante subsistió siempre la creencia de que el Cuer¬
po del Apóstol y el de sus discípulos Teodoro y Atanasio esta¬
ban debajo del altar mayor de la Catedral.
El Cardenal Arzobispo de Santiago D. Miguel Payá Rico,
en 1878 se decidió a poner fín a tan enojosa situación. Resolvió
hacer las exploraciones oportunas, para descubrir el Sepulcro,
que permanecía en el misterio.
Encargó de llevarlas a cabo a los canónigos D. Antonio
López Ferreiro y D. José María Labín, asesorados por los ar¬
queólogos D. Antonio Fernández Guerra y D. Fidel Fita, y por
los Catedráticos de la Universidad de Santiago D. Antonio Ca¬
sares, D. Francisco Freire y D. Timoteo Sánchez Freire, todos
ellos de reconocida competencia y prestigio.
Después de vencer serias dificultades, que con pericia y
tesón lograron superar, encontraron debajo del Altar Mayor
una cripta rectangular dividida en dos compartimentos, uno la
celia, donde debió de ser sepultado Santiago, y otro destinado a
sepultar a sus dos discípulos Teodoro y Atanasio. Los muros
están formados por sillares de granito, de gran aparejo. Se co¬
locaron para mayor firmeza a soga y tizón. El pavimento del
compartimento, en donde yacía el Apóstol, era de mosaico; el
de los discípulos de baldosas cuadradas. Según las fuentes me¬
dievales en el primero estaba el cuerpo del Apóstol, pero no di¬
cen si en un sarcófago o en una fosa abierta en el pavimento.
López Ferreiro, Fita y Fernández Guerra atribuyeron la
cripta sin vacilación alguna a la época romana.
Arqueólogos posteriores de gran experiencia y fama, como
Gómez Moreno, Kirschbaum y Chamoso LamaB, han llegado a

176

CASI MI no roan ES UODIUGUEZ

la conclusión de que «el origen romano del edificio sepulcral
puede darse como seguro».
El propio Duchesne escribía en Armales du Midi, XII,
1900, p. 175: «II y a done tout bien de croire qu’un grand tombeau de l'époque romaine á eté realment decouvert
La alegría de haber encontrado el lugar del sepulcro se
convirtió en desengaño, porque estaba vacío de restos huma¬
nos; a pesar de lo que afirmaba la tradición medieval.
Sin embargo otra tradición anónima, popular, aseguraba
que las reliquias se habían ocultado en el ábside detrás del al¬
tar mayor por el Arzobispo D. Juan de Sanclemente. Efectiva¬
mente, este Arzobispo temió que Santiago y, por tanto, las reli¬
quias del Apóstol, cayesen en poder de Francisco Drake, que
en 1589 se había apoderado de La Coruña y amenazaba apode¬
rarse de Compostela. Se pensó primero en enviarlos a Torre de
Camba y luego a Orense. Al fin se optó por esconderlas en el
ábside de la Catedral detrás del Altar Mayor, naturalmente
con el mayor sigilo. Una flecha marcando el lugar, y el hecho
de que se continuaba orando por el cabildo y los fieles en aquel
sitio, la decoración de la bóveda, una estrella en el pavimento,
etc., movió a los mencionados canónigos a ordenar la explora¬
ción de este lugar. Efectivamente, allí se encontró una urna de
un metro de largo, 30 cm. de alto y 30 cm. de ancho, cubierta
por una losa. Estaba formada por materiales aprovechados; en
la delantera por un sillar de granito, en el otro testero por la¬
drillos, en los lados por un sillar de granito y por una lastra de
mármol blanco. En ella estaban los huesos muy revueltos. La
comisión universitaria, que hizo un estudio anatómico y su
análisis químico, comprobó que correspondían a tres esquele¬
tos: 81 fragmentos pertenecían a un esqueleto y a 29 huesos; 85
fragmentos a otro y a 25 huesos, y 90 fragmentos a otro y a 24
huesos.
Estaba claro que el nicho no constituía una sepultura ve¬
rificada en aquel lugar y en aquella urna: los huesos habían si¬
do trasladados. Se notaron señales de «un traslado hecho a pri¬
sa y con intención de ocultamiento; gotas de cera caídas indi¬
caban que se había hecho de noche. De los materiales con que
se formó el osario, una lastra de mármol, así como otros frag¬
mentos eran como los pedazos de mármol que se habían halla¬
do en la cripta; ios ladrillos eran también idénticos y de la mis-

LA GALICIA ROMANA

177

ma marca. Por estos detalles y otroB, que sería prolijo enume¬
rar, se llegó al convencimiento de que los huesos contenidos en
este osario correspodían a los sepultados debajo del Altar Ma¬
yor atribuidos por la tradición medieval a Santiago y a sus dos

discípulos, escondidos por el Arzobispo Sanclemente para li¬
brarlos del peligro de caer en manos de los ingleses, que, capi¬
taneados por Drake, amenazaban apoderarse de Santiago. Así
lo afirmó el proceso canónico compostelano, la Congregación
de Ritos y el Papa León XIII en su bula «Deus OmnipotenB».
La reliquia enviada por Gelmírez a Pistoya, que era la
apófisis mastoidea del cráneo del Apóstol faltaba en los restos
del esqueleto, que, según el dictamen anatómico, tenía corta¬
das las vértebras cervicales; por tanto, sirvió para su identifi¬
cación.
Los huesos recogidos en urna de plata se veneran hoy día
en la cripta de la Catedral.
Para mayor información consúltese: Guerra Campos,
José; Excavaciones en la Catedral de Santiago, en «Ciencia
Tomista», 1960, n.° 273, pp. 115 y ss. López Ferreiro, Anto¬
nio; Las tradiciones populares, pp. 26-53. Historia de la S. A.
Iglesia Catedral de Santiago, VIII, pp. 52 y ss.
3.

Excavaciones (1946-1959) en la Catedral de Santiago.
Elenco de datos

Siguiendo la norma elemental de metodología científica y,
naturalmente, de la metodología histórica, vamos a tomar, co¬
mo punto de partida, los datos proporcionados por las últimas
excavaciones realizadas en la Catedral de Santiago en los años
de 1946 a 1959. Estos datos pueden comprobarse hoy día, dado
que, con muy buen acuerdo, se dejaron al descubierto debajo
del actual pavimento de la Catedral con dos compuertas y sen¬
das escaleras de acceso a las mismas, en condiciones de poder
ser visitadas por los investigadores y curiosos. El lector ajeno a
la problemática tiene delante todo el material sobre el que se
afirma o se niega.
Además el Comisario de Excavaciones en Galicia, D. Ma¬
nuel Chamoso Lamas, hizo relación minuciosa de las mismas
con fotografías, gráficos y planos ilustrativos, que semeja un
diario exhaustivo de todos los hallazgos. También el entonces
Canónigo y representante del Cabildo de Santiago, hoy Obispo

178

de Cuenca, D. José Guerra Campos, publicó con la maestría y
perfección que le es peculiar, descripción detallada. La prensa
toda de Galicia se ocupó de ellas, en especial los diarios de San¬
tiago, El Correo Gallego y La Noche. Gran cantidad de santiagueses, universitarios y curiosos, entre los cuales me cuento,
seguimos paso a paso el curso de las mismas 329.
4. Catedral de Alfonso III

Entre estos datos se pueden anotar como incuestionables
y también como empíricamente comprobados, los siguientes:
En primer lugar la existencia de una Catedral prerrománica con muros de sillería y piso de mosaico, que puede identifi¬
carse con la que por referencias literarias fundaron Alfonso III
y el Obispo Sisnando. Según Chamoso Lamas cabe reconocer
que pertenecen a la misma: la puerta meridional, con el umbral
y el sillar que la franqueaba ; el muro de cimentación de la fa¬
chada principal y el muro de cimentación de la fachada sur y
oeste. También la cabecera de la nave menor de la epístola 33°.
De la Iglesia construida anteriormente, según las referencías literarias, de las que luego hablaremos por Alfo nso II y por
el Obispo de Iría, Teodomiro, ex petra el opere parvo, o sea, de
mampostería, según el mismo Chamoso Lamas se han encon¬
trado vestigios en un pequeño recinto de la fachada sur de la
basílica de Alfonso III, «pobre en ejecución. La forman muros
de mampostería menuda, asentados con escasa pericia»; en un
edículo al lado de la epístola, en donde se hallaba el sepulcro de
Teodomiro, antes de la destrucción de Almanzor; lo habían
respetado y dejado en su sítio, cuando se construyó la mencio(329)

U GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Chamoso Lama*, Manuel) Noticia delas Excavaciones Arqueológica!, que se realizan
en la Catedral de Santiago, en uCompostellanum», 1956, I, pp. 349-400 y 803-856, 116 lúminus, o Tolo* y 1 dibujo ilustrativo; 1957, II, pp. 575-624, con plano ¡lustrado;
fotos de 8 monedas de distintas épocas y 1-45 láminas. Guerra Campos, Joaéi Exca¬
vaciones en la Catedral de Santiago, en Ciencia Tomista (enero-junio), 1960, pp. 97166, y (abril-junio), I960, pp. 275-324. También ilustrado con figuras y dibujos expli¬
cativos. Son de gran interés las recensiones que hace el periodista D. Raimundo García
Dominguez: Borobó, en particular del 17-24 de septiembre de 1955. Con fecha anterior
a las excavaciones BóIO existían las fuentes literarias: //.* Compostelana, 1, 2, pp. 21-22,
ed. Suárez Campeio, 1950. Crónica de Irla, ed. Flórez, EG, XX, pp. 601-602. Concor¬
dia entre Diego l’eláe: y S, Fagitdo, en López Ferreiro, Antonio) H.‘ de la Catedral
de Santiago, III, apéndice, I, etc.
i 330) Chamoso Lamas, Manuel) Noticia de las Excavaciones..., ü.c. 1956, pp. 352-359 y
1957, pp. 576, 578, 583, 584, 586 y 581,

179

nada catedral de Alfonso III. También otro edículo similar
cerca del muro occidental de ésta 331.
Guerra Campos así describe la iglesia edificada por Alfon¬
so III: «La iglesia levantada ante la tumba de Santiago por el
Obispo Sisnando y el rey Alfonso III a fines del siglo IX, de¬
molida en gran parte por Almanzor el año 997, reedificada en
pocos años por el Obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Vermudo, fue sustituida por la actual iglesia románica, que se ini¬
ció hacia el año 1075. Pero entre IOB pilares y paredes del edifi¬
cio nuevo se mantuvo todavía el templo antiguo hasta el año
1112, en que, muy adelantada la obra románica, fueron derri¬
bados los últimos restos» 332. Estos datos los da a base de las
fuentes literarias y de las obtenidas por López Ferreiro, al re¬
mover el suelo del coro en 1895.
Pero añade otros, resultado de la observación personal de
las últimas excavaciones. En primer lugar -la forma y dimensio¬
nes: «tenía forma rectangular, a la que se une en la mitad de su
lado norte otro recinto rectangular más pequeño; a los pies tie¬
ne un atrio de la misma forma. El vano interno del aula princi¬
pal comprende un área de 23,80 por 14 metros, que es la capa¬
cidad más grande de todo lo que se conoce en el prerrománico
español» 333. «Se ha conservado la solera de cimentación y por¬
ciones desiguales del alzado sobre la solera, que alcanza medio
metro en la parte media del ala Sur y sobre el pavimento entre
20 y 30 centímetros: pasa del metro entre el Sur y el Oeste; la
fachada occidental llega a 1,14 metros en su esquina Norte, y
unos 2,20 metros en la esquina Sur» 334.
Constaba de tres naves: la central de ocho metros de an¬
chura, las dos laterales de tres metros cada una 324.
El pavimento de la nave mayor se conservaba en una zona
de 7,80 metros desde la fachada hacia el Este. En las naves la¬
de
terales algunos reducidos trozos. El pavimento se componía 10
Unos
un estrato de mortero de cal y gravilla de cuarzo de
centímetros de espesor, asentado sobre una capa de grava y un
lecho de arcilla 336.
(331)
(332)

(333)
(334)
(335)
(336)

598.
Chamoso Lamas, Manuel) Noticia de las Excavaciones..,, 1957, pp. 596 y
O.c.,
270.
p.
Excavaciones...,
José)
Campos,
Guerra
Guerra Campos, José) Excavaciones..., O.c., p. 271.
Guerra Campos, José) Excavaciones..., O.c., p. 272.
Guerra Campos, José) Excavaciones..., O.c,, p. 273.
Guerra Campos, José) Excavaciones..., O.c., 276-277.

1H0

CASI Ml HO TOHIIES IIODHIGUEZ

Tenía cuatro puertas de acceso y un atrio con pavimento
de cuarzo molido y cal hidráulica.
Se encontraron también fragmentos de columnillas mar¬
móreas de fustes y basas de tipo romano, numerosos trozos de
placas de revestimiento mural de pórfido verde, o serpentina,
de pórfido gris y de mármol blanco veteado de negro 337.
5. La iglesia de Alfonso II

«La iglesia de Alfonso III sustituyó con más amplitud y
riqueza a la que había levantado Alfonso II».
«De un edificio de mampostería pobre / (ex petra el lulo
opere parvo) / es normal que no subsistan muchos restoB» 33a.
Sin embargo considera restos de la iglesia de Alfonso II los
siguientes: un monolito debajo del pavimento paralelo al um¬
bral de Alfonso III. En los extremos Norte y Sur es continuado
por un muro de mampostería asentada en lecho de arcilla hu¬
medecida de construcción deficiente. Junto al extremo Norte
del umbral acomete perpendicular en dirección Oeste otro mu¬
ro de igual estructura, interrumpido por la zanja de cimenta¬
ción de la fachada de Alfonso III. «El múrete que sale hacia el
Oeste a la izquierda del umbral quizá perteneció a un atrio de
la iglesia. Medio metro más abajo que el pavimento de Alfon¬
so III, había otro de enlosado de pizarra perteneciente a la
iglesia de Alfonso II» 339
Es preciso anotar que los datos obtenidos en las excava¬
ciones coinciden en lo fundamental en lo relativo a IBB iglesias
construidas en tiempo de Alfonso II y de Alfonso III, con las
fuentes literarias, aunque éstas se hayan tenido por algunos
historiadores como legendarias, y aun como apócrifas 34°.
(337)

281-282.
Guerra Campos, Joséi Excavaciones..., O.C.,
2
Guerra Campos, Joséi Excavaciones,.., O.c., 2B3.
Guerra Campos, Joséi Excavaciones..., p. 284.
(340) Crónica CompoBtelana, I, 2, pp. 21-22. Crónico de Iria, Et, XX, pp. 601-602. Con¬
cordia entre el Obispo D. Diego Peláei y el Abad de A rilealiares S. Fagildo, en López
Ferreiro, Antonio, Historia de la A. M. Iglesia Catedral de Santiago, III, Apéndice, I.
El Documento relativo a la fundación de Alfonso II el Casto, de la primera Catedral
en el Tumbo A de la Catedral de Santiago, fol. 1 El documento de consagración de
Alfonso III en López Ferreira, O.c., II, apéndice, SU, es juzgado apócrifo por BarrauDihigo en Heme Hispanique, XLVI, 1919, p. 65.

(338)
(339)

.

LA GALICIA ROMANA

6.

181

La necrópolis descubierta

Si bien la existencia de las iglesias construidas por Alfonso
II y por Alfonso III eran conocidas, como se ha dicho, por las
fuentes literarias, en cambio la necrópolis, o cementerio, en el
subsuelo de Compostela, naturalmente en época anterior al
descubrimiento del sepulcro del Apóstol, constituye una reve¬
lación de las últimas excavaciones. Las fuentes literarias calla¬
ban en absoluto, si se excluye la invención del sepulcro de San¬
tiago y de sus dos discípulos, que la dan como segura. El hecho
de que las fuentes no hagan mención del mismo es una prueba
de que en el momento del descubrimiento, o invención, del
Cuerpo del Apóstol Santiago ya no sólo habían cesado los ente¬
rramientos, sino que el campo se hallaba cubierto de vegeta¬
ción selvática, o sea, era un verdadero bosque.
Las tumbas halladas en distintos estratos, hasta inclusive
excavadas en la roca viva, han puesto de manifiesto que la ne¬
crópolis data ya de la época romana y cómo de esta época se
tienen 38 tumbas 34‘. Algunas circunstancias de estas tumbas
merecen percatarse. En primer lugar, que todas son de inhu¬
mación, con ausencia total de urnas, o vestigios de cremación :
carencia absoluta de todo objeto metálico, y que todas están
orientadas hacia el Este, o sea, la cabeza da a Occidente y los
pies a Oriente. Chamoso las juzga del siglo III al IV. Guerra
Campos del siglo III al V 3,z.
Las mencionadas tumbas, consideradas como romanas,
ocupan naturalmente el nivel de los estratos más bajos de las
excavaciones.
En un nivel igual o superior a éstas, e inferior a las basíli¬
cas de Alfonso II y Alfonso III, se encontraron varios sepul¬
cros antropoidea con cubierta del tipo de «doble estola» bien
conocida en Galicia, en total 24. Chamoso Lamas y Guerra
Campos las datan en el período hispano-suevo (509-585), des¬
de luego anteriores al siglo IX.
Adosadas, o mezcladas con éstas, se hallan otras formadas
con lajas horizontales en el fondo y en la cubierta y lajas de
(341)
(312)

Guerra Campos, José» Excavaciones..,, O.c., p. 308.
Chamoso Lamas, Manueli Noticias de las Excavaciones..., 3.* fase, 1957, p. 613.
Guerra Campos, Josét Excavaciones, p. 308.

182

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

canto en los lados, muy planas y bien recortadas, en total 13;
también datadas en el período hispano-suevo M3.
Seguimos en esta enumeración el orden cronológico de los
objetos hallados, cuyo descubrimiento se hizo naturalmente
por excavaciones verificadas en orden inverso, o sea, empezan¬
do por los estratos superiores y terminando por los inferiores,
hasta alcanzar la roca o la tierra estéril.
Por tanto, los primeros hallazgos son posteriores a la cons¬
trucción de las iglesias de Alfonso II y Alfonso III.

7. Aparición de la lauda de Teodomiro

El 17 de septiembre de 1955 apareció, entre escombros, la
cubierta del sepulcro de Teodomiro con la cruz patada, de brazos iguales, grabada a la izquierda, en parte de estilo bizanti¬
no, o visigótico, del mismo estilo de la que hoy se encuentra en
la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y de la que fue roba¬
da de la Capilla de las Reliquias de la Catedral de Santiago,
donada por Alfonso III, de la que hoy existe una reproducción.
El hallazgo suscitó tal entusiasmo, que se dio toda la solemni¬
dad a su levantamiento el día 24 en presencia de todas las au¬
toridades compostelanas. En cuatro líneas horizontales se en¬
cuentra grabada esta inscripción:
IN HOC TUMULO REQUIESCIT
FAMULUS DEI THEODEMIRUS
HIRIENSE SEDIS EP (ISCOPUS) QUI OBIIT.
XIII KLDS NBRS ERA DCCCLXXXVEn este túmulo descansa el siervo de Dios Teodomiro,
Obispo de la sede de Iria, que falleció el decimotercer día de las
kalendas de noviembre.
Era de 885 ; o sea, falleció el 20 de octubre de 847. El entu¬
siasmo, que su hallazgo suscitó en un principio, quedó amino¬
rado cuando, ante el solemne cortejo de autoridades, se levan¬
tó y comprobó que estaba dislocada sin el sepulcro adyacente.
Cosa natural, puesto que Almanzor, según las fuentes cristia¬
nas y árabes, traía el propósito, y lo llevó a cabo, de destruir la
(343) Guerra Campos, José i EicowKÍonM..., pp, 305-308. A continuación planos y

num, 1956, pp. 359-368. A continuación fotos

rotos.

yÿp!,ÿPr,mtraÿ'ue' enComP°’tella

183

Catedral de Santiago, con todas sus reliquias. El sepulcro de
Teodomiro no iba a ser una excepción.
Sin embargo Chamoso Lamas ha podido localizar su pri¬
mitivo emplazamiento en un edículo situado al lado de la epís¬
tola de la iglesia edificada por Alfonso II; así como los huesos,
recogidos posiblemente por S. Pedro de Mezonzo y encerrados
en el depósito sepulcral, que estaba a ochenta centímetros de
profundidad, en línea perpendicular al lugar de la lauda 344.
La lauda de Teodomiro había sido removida del sepulcro,
al que estaba adaptada, como lo indica una ranura en el borde
interior; también denuncian la remoción violenta las roturas
que tiene en el borde inferior, una de mayor tamaño y otras
más pequeñas. Nada extraño, puesto que las demáB laudas de
los siglos X y XI aparecen removidas.
Hoy se halla expuesta en el vestíbulo de la Capilla de las
Reliquias de la Catedral de Santiago, adosada al muro que da
al claustro de la misma, y puede ser visitada y examinada por
los investigadores y curiosos.
El hallazgo de esta lauda, a nuestro entender, marca el
punto clave en la investigación jacobea, por eso lo hemos to¬
mado como punto de partida.
A continuación vienen sucesivamente las tumbas de
Aroaldo, muerto en el año 885; Floro, entre el 920 y el 930;
Vandila, en 979; Anastasio, en 985; Ermegildo, en 1030; Mar¬
tín, en 1047; Vidramiro, en 1058 ; Dagaredo, en 1062, y Pedro,
cuya lauda, hecha pedazos, no ha conservado la fecha de su
muerte.
Algunas de estas laudas estaban removidas; sólo dos ajus¬
tadas a sepulcros excavados en la roca, y se hallaron como la de
Teodomiro, entre escombros y cenizas. Son de granito, menos
la de Anastasio, que es de pizarra.
Todas llevan inscripción lineal y la fórmula: Hie, o in hoc
lumu lo, requiescit famulus Dei; algunos añaden presbiter el cons, o sea, monje y a continuación la fecha del día y año de
fessus,
su defunción. El desplazamiento de las laudas Be debió a la ac¬
ción destructora de Almanzor en las anteriores al 997 ; en las
(344)

Chamoso Lamas, Manueli Noticia sobre tas Excavaciones..., en Compostellamim,
1957, pp. 595-596. Guerra Campos, Joséi Excavaciones..., p. 299, nota 38 y p. 300.

184

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

posteriores a esta fecha, a la construcción de la Catedral Ro¬

mánica 345.

Estas tumbas indican que la devoción al Apóstol Bigue en

continuo crecimiento y de modo irreversible a partir de Teodomiro, y que la fama del lugar de Compostela comenzó a difun¬
dirse por España y por Europa, y se hace lugar de peregrina¬
ción de toda la Cristiandad, como uno de los dos o tres lugares
más visitados del mundo.
Ya hemos mencionado el hallazgo de un edículo de época
romana. En él no se hallaban los restos del Apóstol, traslada¬
dos, para evitar que cayeran en poder de los ingleses, por el Ar¬
zobispo San Clemente, y reencontrados en 1878-1879 y encerrados en la actual urna de plata en donde hoy se veneran 346.
8. Un hecho confirmado por las excavaciones
(1946- 1957)

Las últimas excavaciones llevadas a cabo en la Catedral
de Santiago han confirmado que la denominada invención o
descubrimiento del Sepulcro del Apóstol Santiago reúne todas
las garantías de un hecho histórico.
En los comienzos del siglo IX en la necrópolis, o cemente¬
rio, que existió debajo del solar que hoy ocupa la Catedral ro¬
mánica de Santiago, se descubrió un sepulcro que se identificó
por sus inventores como el sepulcro de Santiago. El Obispo de
Iría, Teodomiro, y el Rey de Asturias, Alfonso II el Casto, fue¬
ron protagonistas en el curso de tal identificación. Es de supo¬
ner que previamente realizasen las comprobaciones suficientes
hasta llegar al convencimiento y plena seguridad.
Como testimonio de tal hallazgo ordenan, de común
acuerdo, la construcción de una iglesia en honor de Santiago,
predecesora de la actual Catedral, para custodia, veneración y
adoración de tan preciado tesoro. A esta iglesia, de construc¬
ción pobre y sencilla, hubo de suceder otra más amplia y lujosa
en tiempo de Alfonso III. Tras posteriores destrucciones y re1345)

Guerra Campon, Jonéi Excavaciones..., pp. 301-304 y gráfico y lo toa a continuación.
Chamoso Laman, Manucli Molida de las Excavaciones..., en Compostellanum,
II. 1957.
1346) Guerra Campos, Jaaéi Excavaciones.,., p. 98 y 144-157. «La noche del 28 al 29 de
enero de 1879 coronó una primera etapa, en la que, tras múltiples inttentos de descubrir
alguna galeria al acceso al Sepulcro, se logró lo más importante: la exploración directa
al edículo que hay bajo el altar y el hallazgo del reconditario de las reliquias».

LA GALICIA ROMANA

185

paraciones se llegaría a la Catedral románica, cuyo comienzo
tiene lugar hacia el año 1075 en tiempos del Rey Alfonso VI y
del Obispo Peláez, que dura hasta hoy.
Este hecho era ya conocido por las fuentes literarias, con¬
cretamente hacen mención del mismo la Historia Compostelana, el Cronicón Iriense, el Códice Calixlino, la Escritura de Con¬
cordia, entre el Obispo D. Diego Peláez y el Abad de Antealta¬
res San Fagildo. El Privilegio de Gelmírez a San Martín Pinario y la Carta de Alfonso el Casto a Teodomiro, con motivo de
la fundación de la primera iglesia en honor de Santiago, «para
adoración, veneración y custodia del preciado tesoro de su
cuerpo» M7.
De todos estos documentos sólo el último podría tener la
categoría de contemporáneo del suceso, pues su redacción se
data en el año 829. Sin embargo su autenticidad no es segura.
Ya Barrau-Dhigo la negó 348.
Los demás son más de dos siglos posteriores. La Concordia
de Antealtares, del 17-VII-10777. El Ctronicón Iriense entre los
siglos XI y XII. La Historia Composlelana, de mediados del si¬
glo XII. El Privilegio de Gelmírez, del año L115, y el Códice
Calixlino, del primer tercio del siglo XII.
Por tanto la mayoría de las fuentes literarias arrancan del
siglo XII, pródigo en narraciones fantásticas y legendarias, co¬
mo los Cantares de Gesta, la Chanson de Roland, el Turpín, el
Ciclo del Rey Arturo de Bretaña, etc.
La distancia de 250 años o más del hallazgo, unida a otros
motivos, viene a dar cierta explicación al hecho de que histo¬
riadores eminentes, pensadores, críticos y literatos de gran
prestigio, hayan puesto en duda la realidad objetiva del hecho
conocido con el nombre de invención del sepulcro del Apóstol
1317)

Historia Cumpuntelana, en Flórez, Enrique: España Sagrada, XX, l, 2, pp. 8-9.

Traducción y notas de lu misma por Manuel Suárez y José Campeio, 1, 2. pp. 2122. Santiago, 1950. Cronicón Irienae, en Flórez, Enriquei E. S. XIX, pp. 6S-66 y
XX, pp. 601-602. Concordia entre Don Diego Peláez, Obispo de Suntiago y San Fa¬
gildo, Abad del Monasterio de Anlealtares, en López Ferreiro, Antonio, en Historia
de ta A. W. Iglesia Catedral de Santiago, 111, Apéndice I, y Carro García, Jesús, en
«Cuadernos de Estudios Gallegos», IV, 1949, p. 111. Privilegio de Gelmírez a

San Martin Plnarlo, en López Ferreiro, Antonio, O.c., III, Apéndice 33. El llama¬
do Códice CalWtlno o Libro dç Santiago, III, 2, 5 y ss. La Carta de Alfonso 11 a
Teodomiro, en el Tumbo A de la Catedral de Santiago, fol. 1, v.", y en López Fe¬
rreiro, Antonio, O.c., II, p. 38.
4348) Barrau-Dihigot Eludes sur les acles des rois Asluriens, en Revue Hispanlquet
XLVI, 1919, p. 65.

186

CASIMIJIO TORRES RODRIGUEZ

Santiago. Este término derivado del verbo latino invenire, ya
decía Sánchez Albornoz tiene el doble significado de hallar, en¬
contrar y el de inventar e imaginar 3W. Pues bien, algunos le
han dado el segundo sentido peyorativo, y por propia cuenta
han inventado hipótesis explicativas del colosal incremento
que alcanzó el culto y devoción del Apóstol Santiago a partir
del siglo IX, a base de mitos paganos, necesidades psicológicas,
inflación de hallazgos arqueológicos, fines políticos y guerre¬
ros, etc. Ninguna de las teorías explicativas del fenómeno me¬
dieval del culto y devoción a Santiago han tenido gran acogida
y general aceptación 3S0. A lo más han conseguido fomentar la
duda y el escepticismo sobre la tradicional creencia en el descu¬
brimiento del sepulcro del Apóstol Santiago, y, por supuesto,
en cuanto a su traslación desde Palestina en donde fue degolla¬
do por Herodes 3SI.
Las excavaciones realizadas en la Catedral de Santiago
entre 1946-1957 han puesto fuera de duda que la invención, o
descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago, tiene todas
las garantías de un hecho histórico.
Desde luego no se levantó acta, ni se extendió documento
alguno, pues no se acostumbraba a redactar tales documentos,
si exceptuamos las cartas de Alfonso II y Alfonso III; pero la
aparición de restos de las iglesias de Alfonso II y de Alfonso III
Sánchez Albornoz, Claudloi España, un enigma histórico, I, p. 272, Castro, Américoi España en su Historia.
(350! Estudio minucioso de estas hipótesis se encuentra en Guerra Campos, José* Notas
criticas sobre el origen del culto sepulcral a Santiago de Compostela, en «Ciencia Tomis¬
ta», CCLXXX, 1961, pp. 418-490. Rendel Harris, J.r The Dioscuri in the Chrisliand
Legends, London, 1903. Pérez de Urbel, S.t Orígenes del culto a Santiago en España,
en sHispania Sacra», V, 1952, pp. 1-31. sArbor», LXXXVlll, 1953, pp. 301-25. Vi¬
ves, joséi Hispania Sacra, IX, 1956, p. 475. Duchesnet Saint-Jarques en Galice, en
sAnnales du \lidi», XII, 1900, p. 175. Renovada esta teoría por Unamuno, Miguel
dei Andamos y Visiones Españolas, Obras Completas, I, p. 383. Portela Valladares,
M.t Unificación y diversificación de las ¡Nacionalidades. El Priscilianismo, pp. 27 y as.,
Barcelona, 1932.
a nadie. Tampoco la
: 351 1 Ni el Dioscuriamo de Krappe y Américo Caatro han convencido
necesidad de inventar un anti-Mahoma, que protegiese e inflamase el ardor de la reonquiala. Casi anónimamente ha permanecido la teoría de Tellcmont, que tal vez sur¬
gió del culto a un Santo distinto del Apóstol, aue llevara el nombre de Santiago. Susci¬
tó de momento cierta curiosidad la teoria de Pérez de Urbel aceptada por José Viv es,
( Océano, a raíz de
ina y el
de que unas reliquias trasladadas desde Mérida por el Guadiana
la invasión árabe, se inventó el cuerpo de Santiago. Fue una nube de verano, que sediaipó sin dejar rastro. Más mella, si se quiere, ha hecho la sugerencia de Duchesne en
Sant-Jacaues en Galice (Anuales du Midi, XII, 1900, p. 19) jaleada por Unamuno,
Portela Valladares y mencionada por Albornoz, Sotomayor, etc. Teoría desdeñada, co¬
mo absurda, por Guerra Campos en ¿Volas Criticas sobre el origen del culto sepulcral a
Santiago de Compostela («Ciencia Tomista- CCLXX1X y CCXXX, p. 425),
(319)

LA GALICIA ROMANA

187

y la lauda del sepulcro de Teodomiro rubrican y confirman el
hecho con más fuerza que la tinta y el pergamino. Tales hechos
no son susceptibles de adulteración. Los hechos hablan y es
preciso escuchar su voz.
El levantamiento de una iglesia en honor del Apóstol San¬
tiago en un lugar apartado, boscoso y breñoso, muy lejano de
Oviedo, en donde radicaba ya la corte de Alfonso II ; la presen¬
cia del Rey con sus consejeros, del Rey Alfonso II el Casto, en¬
tregado en cuerpo y alma a la obra de la reconquista, en un lu¬
gar solitario y selvático, cuando era necesaria su presencia vi¬
gilante, para contener los posibles ataques de los musulmanes,
bien pueden valer por un pergamino firmado y sellado.
La lauda de Teodomiro constituye un exponente claro de
la seguridad con que este Obispo de Iría reconoció el sepulcro
del Apóstol Santiago, puesto que prefiere a su catedral iriense
y a sus feligreses, un lugar solitario y silvestre para su residen¬
cia y su sepultura; avisa al Rey Alfonso II el Casto y ambos de
acuerdo edifican una Catedral sobre el lugar del sepulcro de
Santiago, y lo hacen sin protesta de los irienses y asturianos,
pues no consta de que hayan puesto el menor obstáculo, a pe¬
sar de que a todas luces veían mermados sus intereses. En el la¬
do de la epístola de esta Catedral se deja lugar adecuado para
colocar el sepulcro de Teodomiro, muerto en el año 847.
Estos hechos ofrecen garantía no menor que un documen¬
to redactado por una curia episcopal.
Las tumbas de los confesores, o monjes, que en fechas su¬
cesivas aparecen hasta el final del siglo IX, y continúan en el
siglo X, y que, en opinión de los cronistas mencionados Chamoso y Guerra Campos, constituían la guardia del sepulcro de
Santiago, vienen a corroborar la existencia de un aconteci¬
miento que provocó la atracción hacia Compostela, como lugar
de peregrinación, sólo comparable a Roma y Jerusalén dentro
de la Cristiandad medieval y a la Meca entre los musulmanes.
El hallazgo hay que suponer que sería importante, pues
como reconoce Sánchez Albornoz, «una minúscula reliquia del
Apóstol no habría movido a enterrarse junto a ella a Teodomi¬
ro-* 3K. Según las citadas fuentes literarias se trataba de un
(352!

Sánchez Albornoz, Claudio) Esparta, un enigma histórico, 1, p. 270. Dom Aimé
Lamberl en Revue Mabillon, 1938, pp. 58-59, dice que la palabra confessor equivale
en España al apulac tila orlenlal, o aea, un monje especialmente dedicado a la celebra¬
ción del oficio divino.

ma

CASIMIRO TO HUES HOOIUGUEZ

edículo, que contenía el sepulcro de Santiago y el de sus dos
discípulos Teodoro y Atanasio. Es más, puede afirmarse con

seguridad que los huesos hallados entonces Be han guardado
con el más escrupuloso cuidado y son los mismos que en tiempo
del Cardenal Payá, o sea, en el año 1879, se encerraron en urna
de plata, que hoy se ofrece en la cripta de la Catedral Compostelana a la adoración de los fíeles.
El cuidado, más que escrupuloso, febril, con que se guardó
el cuerpo del Apóstol, sólo admite parangón con el que guarda
el avaro su tesoro. Es más, como suele decirse, hay cariños que
matan. El excesivo celo en conservar las insignes reliquias de
Santiago y de sus discípulos en varias ocasiones estuvo a pique
de causar su pérdida y olvido; el sepulcro de Santiago, no por
abandono, sino por excesivo celo, estuvo más de una vez en
trance de perderse, como se pierde un tesoro, que se esconde
ante un peligro inminente, y la desaparición, o el olvido, de los
que estaban en el secreto, hace que oculto en las entrañas de la
tierra, o en un escondrijo de un patio o edificio, no exista para
sus dueños y sucesores. Del secreto con que se guardaba ya se
hacen eco los peregrinos medievales, como Rosmithal, que di¬
ce: «Corpus a nullo visum esl». El Cuerpo del Apóstol no fue
visto por ninguno. Se refiere al año 1487, a pesar de encontrar¬
se entre los peregrinos los Reyes de Castilla 3S3.
Gelmírez, según Morales, cerró el paso adonde está el San¬
Cuerpo
to
«porque debía ser grande la frecuencia de mostrarlo
a los Reyes y a los grandes Príncipes, que de todas partes ve¬
nían» 35‘.
Las precauciones tuvieron naturalmente que aumentar,
cuando se corría el riesgo de su profanación, o destrucción, co¬
mo en el ataque de Almanzor en 997 y de Drake en 1589-1606.
Se explica que el Arzobispo Sanclemente ante el peligro de
que Drake, que había ya tomado la ciudad de La Coruña, se
apoderase del Cuerpo del Apóstol y de las demás reliquias, tra¬
tase de ponerlas a salvo. En un principio se pensó en llevarlas a
la Torre de Camba y luego a Orense. Envió efectivamente al¬
gunas reliquias a esta ciudad, pero no se atrevió a enviar las de
Santiago y de sus discípulos, pues se percató que tal resolución
iba a provocar una reacción catastrófica entre los compostela(353)
1354)

...

Guerra Campos, Josét Excavación". p. 118, nota 75.
Morales, Ambrosio! Viaje (lie) por orden del Rey Felipe II, p. 119.

LA GALICIA HOMAN A

189

nos. Se decidió esconderlas con el mayor sigilo detrás del Altar
Mayor, en un osario preparado, o mejor, improvisado, en la
parte extrema del ábside 355.
Con el tiempo se llegó a olvidar el lugar donde se habían
colocado, e inclusive el mismo hecho de haberse trasladado de
su lugar, debajo del altar. Las excavaciones del año 1878-1879
lograron localizarlas; es más, con la ayuda de los Catedráticos
de Medicina y Farmacia se analizaron los huesos recogidos, y
se comprobó que pertenecían a tres personas de sexo masculi¬
no, dos de ellas de avanzada edad y otra de edad menos avanzada. Los huesos fueron estimados como de gran antigüedad,
posiblemente de la época de Santiago. La falta del hueso apófi¬
sis mastoidea derecha de la cabeza de uno de ellos dio la clave
de su identificación 356.
Recogidos en la urna de plata, que hoy se halla en la crip¬
ta de la Catedral de Santiago, son objeto de veneración por
multitud de peregrinos y de toda clase de devotos del Apóstol
Santiago.
Confiamos en que nuestros lectores sabrán disculpar esta
digresión voluntaria fuera de los límites cronológicos de la His¬
toria Antigua de Galicia. Sencillamente hemos tratado de centrar, como base de la Cuestión Jacobea, la llamada invención o
descubrimiento del tiempo de Alfonso II el Casto (791-842) y
del Obispo de Iria, Teodomiro, fallecido en el año 847,
De aquí arranca como punto clave la constante devoción
a Santiago hasta nuestros días. Se trata de un hecho compro¬
bado y por tanto seguro, que puede servir de base para una fir¬
me investigación histórica, que se proyecte hacia la Historia
Antigua propiamente dicha.
Vamos a iniciar una marcha hacia atrás, o sea, de retroce¬
so, dado que es elemental en toda investigación científica par¬
tir de lo conocido a lo desconocido.
(355)

1356)

Pura nms

detaHcsÿ López Ferreiro,

H¡llorín de la Santa A . M. Igleiia Cale*

!

lol el Mayor, p 156. Guerra Campos, Joséi Excavación".. p. 127, nota
\nulizuron los IIUCSOB y dieron el correspondiente informe: D. Antonio Casares, Rec¬
tor de la Universidad y Catedrático de Farmacia, y loa Catedráticos de Medicina,
1' reiré Uurreiro, Francisco, y Sánchez Freire, Timoteo. Recuerdo! de un viaje..., pp.
109-1 1 1. La reliquia de la apófisis mastoidea, enviada por Gelmfrez a San Atón, Obis¬
po de Pistoyu, sirvió, por la falta de dicho hueso, para identificar el esqueleto de San-

190

CASI M UK) TOIIUES HODIUGUEZ

En este camino metódico de retroceso, llegaremos a pun¬
tos por fuerza cada vez más oscuros. Pues si bien es cierto que
el árbol frondoso del culto al Apóstol Santiago tiene por fuerza
que tener sus raíces en el pasado, como sucede en todo árbol,
las raíces están ocultas, y se necesita difícil labor para descu¬
brirlas.
Vamos a partir del hecho de que se descubrieron unos es¬
queletos, que se consideraron como del Apóstol Santiago y de
sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio, y como tales se vene¬
ran hasta nuestros días.
9. Dificultades en torno al descubrimiento del sepul¬
cro de Santiago

Si bien puede afirmarse que todos los historiadores están
de acuerdo en admitir el hecho, no ocurre lo mismo en cuanto a
su explicación. dSe trata de una realidad histórica, o de una
convicción subjetiva, es decir, ingenua o intencionadamente

equivocada?
Sólo de paso vamos a detenernos en algunas teorías relati¬
vamente modernas, cuya aceptación ha sido escasa, pero que
han contribuido a la formación de un ambiente de indiferencia
o de escéptica actitud ante la cuestión.
Está en primer lugar el Dioscurismo de Américo Castro;
según este autor la devoción jacobea es la reencarnación cris¬
tianizada del mito de Cástor y Pólux. Pero este mito, a lo más,
podría relacionarse con el que vulgarmente se llama «Santiago
Matamoros»; pero de ningún modo con un culto sepulcral, que
produce el gran fenómeno de las peregrinaciones a Composte¬
la. Otro aspecto que destaca el citado escritor es el de Santiago
anti-Mahoma. Es cierto que la devoción a Santiago le convir¬
tió en líder anti-Mahoma ; pero como dice Guerra Campos: «no
se agota en eso, ni siquiera consiste principalmente en eso» 357.
Como dice Sánchez Albornoz, en la época del descubrimiento
«se vivía bajo la cúpula de una fe ingenua» 35fl.
(357)

..

Guerra Campos, Joséi Ñolas Criticas.

Historia.

p. 426, Castro Américo t España en su

(358) Sánchez Albornoz, Claudiot España, un enigma histórico, I, p. 272. El propio Américo Castro dice que en el hallazgo, o invención de la tumba apostólica no cree que hu¬
biera fraude intencionado, supone que se realizó «sin cálculo racional alguno, como es¬
pontaneo desarrollo de viejísimas creencias», lo cual se contradice, como observa Sán¬
chez Albornoz, con sus afirmaciones posteriores.

LA GALICIA 110MANA

191

La invención de un anti-Mahoma sería extemporánea, da¬
do que arguye sagacidad política impropia de los tiempos de
Teodomiro y de Alfonso II el Casto.
Sería preciso concretar cuál fue el motivo psicológico que
hizo surgir en un monte apartado un sepulcro apostólico, para
enardecer a España entera en su lucha contra el Islam.
También se ha insinuado la posibilidad de que tal vez los
cuerpos recogidos y adorados por la posteridad sean los de
Prisciliano y sus adeptos decapitados junto a la Puerta Negra
de Tréveris, en el año 385, trasladados a España, según Sulpicio Severo, y venerados como santos. Guerra Campos califica
de «ocurrencia» esta opinión, y añade que merece ser desecha¬
da radicalmente y sin discusión alguna 359.
Sin embargo ha salido de la pluma del renombrado crítico
Duchesne, la han mencionado escritores de valiosa fama, como
Unamuno; ha sido jaleada por algunos políticos, como Portela
Valladares y se ha difundido, no sólo en el ambiente de irres¬
ponsables tertulias y cafés, sino en los estrados universitarios,
y aun entre historiadores serios y de prestigio; de ahí que le de¬
diquemos algunas líneas 36°.
En primer lugar hay que advertir que los priscilianistas
degollados en Tréveris fueron cinco en el primer juicio, dos
más en las siguientes actuaciones del Tribunal, o sea, siete.
Así lo dice Sulpicio Severo: «... Prisciliano fue condenado
a la pena capital y junto con él los clérigos Felicísimo y Arme¬
nio, quienes hacía poco tiempo habían abandonado el Catoli¬
cismo y seguido a Prisciliano; también fueron degollados Latroniano y Eucrocia. Instancio fue deportado a la isla Sylina.
En juicios celebrados a continuación Asarivo y Aurelio, diáco¬
no, perecieron por la espada...» Una vez ejecutado Prisciliano,
no solamente no se atajó la herejía, sino que se afianzó y pro¬
pagó más extensamente. Sus seguidores lo habían considerado
como santo, ya anteriormente; ahora comenzaron a venerarlo
como mártir. Trasladaron los cuerpos de los ejecutados a las
359)

360)

Guerra Cam paa, José: Notas (obre el origen del culto sepulcral a Santiago p. 425.
Duchesne, Loulsi Sainl-Jacques en Galice, en Annales ilu Midi, Toulouse, XII,
1900, p. 19. Unamuno, Miguel det Andamos y Visiones Españolas, en Obras Com¬
pletas, I, p. 332. Pórtela Valladares, Manuelt Unificación y diversificación de las
nacionalidades. El Priscilianismo, Barcelona, 1932, pp. 27-37. Chadwick, Hcnryi
Priscilian of Avila, p. 233. Flirtea con la posibilidad de que el cuerpo venerado en
Compostela sea el de Prisciliano: ...«was he Priscilian? The question cannot be answe¬
red on present evidence. But Compostela is in the righ region for his shrine...»

192

LA GALICIA WOMAN A

CASIMIRO TOWKIiS HODHIGl KZ

Españas y celebraron los funerales con gran pompa 361. Por
tanto no fueron traídos tres, sino los cinco, o siete cuerpos, de
los ejecutados. No se dice que fueran traídos a Galicia, sino a
las Españas. Por tanto hay muchos lugares en España, y aun
dentro de Galicia, a donde pudieron ser trasladados.
Entre los ejecutados en cumplimiento de la primera sen¬
tencia del Tribunal figura una mujer: Eucrocia, viuda del retó¬
rico Delfidio y madre de Prócula. Es de suponer que su cadá¬
ver fuese trasladado y honrado con los otros. Sin embargo en el
dictamen emitido por los doctores Casares Rodríguez, Cate¬
drático de Química, Freire Barreiros y Sánchez Freire, Cate¬
dráticos de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Uni¬
versidad de Santiago, se dice que los huesos recogidos pertene¬
cen a tres individuos del sexo masculino 362.
Es más, sólo en uno de ellos se encontraron posibles restos
de la sangre de su degollación 363. Cualquier mediocre anatómi¬
co puede distinguir los huesos pertenecientes a una mujer.
En todo caso resulta extraño que investigadores serios y
de reconocida competencia den mayor beligerancia a la opi¬
nión de Duchesne, que, a dieciséis siglos de distancia, sugiere la
hipótesis de que los restos recogidos por Teodomiro y Alfonso
el Casto son ios de Prisciliano y sus discípulos, que a la de estos
descubridores. A nadie se le había ocurrido antes tal posibili¬
dad; ni a los mismos descubridores Teodomiro y su clero, a pe¬
sar de estar más próximos a la muerte de Prisciliano, y de ha¬
ber hecho las averiguaciones oportunas; si Ies pasó por su men¬
te semejante suposición, no consta que le hicieran el menor ca¬

so.

Entre el testimonio de Teodomiro, que seguro de haber
encontrado los sepulcros del Apóstol Santiago y de sus discípu'.361 ) Sulpicio Scveroi Sulpicii Severi Sacrae Historiar, Chronica. II, SI, pp. 104-103, ed.
CSLL; -Al linn per Maximum uccuwtor apponitur patriciua quídam fiad
palronus.
11» eo insistente Priscilianus capitis damnatua esl unaque cum eo Feiiciaaimua el Armeniua, qui nuperr a Catholicia
Calliolicia clerici Priaciiianum
scilianum secuti
aecuti dcaciverant.
dcsciverant. Latroníanus
Latroníanua
quoqiie ct Euchrocia gladio perempti. lnatanliua, quem auperiua ab episcopia damnalinn dixiuuts in Sylinam insulam, quae ultra Britaniam sita eal, deuortatus. hum
deinde in reliquos aequentibua judiciis dumnalique aunt. Aaarivua et Aurelius Diaconus gladio. Tcituliua, Potamius et lohannea exilio... Caelerum Prisciliano occiso, non
Bolum non repressa cal liacrcaia, quae ¡tío autbore proruperat, acd confirmata, lalius
propagalu cat. N unique aeelalorcB eius qui eum priua ut sanctum honoraveranl, posleu ul inurtyrcm colero cocperunt. Peremptorum corpora ad Hiapaniaa relata, magnaque obsequiis celébrala eorum Tunera).
(362) Barlolini, Domcnlcoi Apunta de Santiago Apóitoi, p. 162.
(363) Bartolini, Domenicot Apunte» de Santiago Apóstol, p. 156.

193

los, deja su sede de Iria y se hace enterrar en Compostela, y el
de Duchesne, que sugiere que son los de Prisciliano, la elección

no parece dudosa.
Teodomiro, aunque distanciado en el tiempo estaba mu¬
cho más cercano de las tradiciones, que sin duda correrían so¬
bre Santiago y también sobre Prisciliano.
Por último vamos a suponer que IOB cuerpos de Prisciliano
y sus secuaces fueran traídos por sus discípulos e inhumados en
la necrópolis que, como han demostrado las excavaciones, exis¬
tió en el subsuelo de la actual Catedral de Santiago. Habría
que suponer por fuerza que esta necrópolis era ya un cemente¬
rio cristiano, dado que es improbable que unos cuerpos venera¬
dos, como de santos, o mártires se enterrasen en un cementerio
pagano (véase Cipriano, Santo. Carta LXVIII). La existen¬
cia de un cementerio cristiano sería prueba evidente de que
existía ya una comunidad cristiana en el año 385. ¿Quién sería
su fundador? Prevalece actualmente la tesis de la tardía evangelización de Galicia; pero se suele apoyar en lo que dicen pró¬
logos de uniforme coincidencia a pasiones o martirios 3M.

10. La hipótesis de Pérez de Urbel y de Vives

Aunque «la hipótesis de Justo Pérez de Urbel y de José Vi¬
ves contradice, según Guerra Campos, el hecho de una inven¬
ción que parece firme», sin embargo también puede entenderse
como explicación del hecho de dicha invención 36S.
A base de una lápida aparecida en Mérida, en la que entre
las reliquias de otros Santos en la Iglesia de Santa María se
menciona la de S. Jacobus, y las de dichos santos coinciden con
las que se encuentran en Compostela dentro de una iglesia de¬
dicada también a Santa María, supone que fueron trasladados
a Galicia durante el asedio de Mérida por las huestes árabes,
(361)

Loa historiadores actuales, partidarios de ia tardia cristianización de Galicia, son va¬
reconocida prestigio, por lo que nos abstenemos de citar sus nombres. Sin
embargo los documentos en que algunos se apoyan están lejos de suministrar pruebas
de valor apodíctico. Se fundan en los Pasionaria» de Silos y de CardeAa, del siglo XI.
En el prólogo a los martirios de S. Vicente, Sabina y Cristeta se habla de la cvangclización tardiu de España (Ms. add. 23.600 del British Museum y Ms. 2180 boureles ac¬
quisitions Latines de la Biblioteca Nacional de París), También en la ePassio S. Salurnini», en Biblioteca Hagiographies Latina, de los Bolandistas, 7497. En el prólogo
de Sonta Leocudiu, etc. en Flórez. EG, VI, p. 313.
Guerra Campos, Joséi Notas Críticas sobre et origen del Culto sepulcral a Santiago de
rios, y de

(365)

Compostela, p. 434.

194

CASIMIRO TOH H ES IIODHIGL EZ

asedio que duró dos años. Algunos audaces, aprovechando la
corriente del río Guadiana, huyeron en una embarcación y si¬
guiendo la costa atlántica llegaron a Galicia y las depositaron
en un lugar remoto lejos del peligro árabe, o sea, en una iglesita
de Compostela, en el siglo VIII. Al crecer la devoción a Santia¬
go en el siglo IX por influjo de Beato de Liébana, la pequeña
reliquia del Apóstol por el entusiasmo popular se convierte en
un cuerpo entero 366.
El Doctor Vives supone que entre los siglos IV-VI y los
VII-IX hay en el mundo occidental un cambio fundamental en
el concepto de reliquia. Las reliquias simbólicas, que pudiéra¬
mos llamar recuerdo, como un trozo de vestido, o de tela toca¬
do al sepulcro, brandea, se toman como una parte del cuerpo.
Supone que una reliquia menor como un huesecillo, o brandea,
pudo llegar a Compostela en el siglo VII, o tal vez antes 367.
Estas hipótesis, que en un principio causaron interés, han
caído en el olvido; la frase de Sánchez Albornoz: «una minús¬
cula reliquia del Apóstol no habría movido a enterrarse junto a
ella a Teodomiro», resume la primera objeción que surge en la
mente de cualquiera. Las objeciones que pone Vives al posible
traslado de un cuerpo en la época romana han sido rebatidas
por Guerra Campos 368. Se puede preguntar ¿de dónde procede
el huesecillo, o brandea ? ¿Dónde estaba el cuerpo, de quién se
trae el hueso, o dónde se tocó la tela?
Por todo lo cual se puede concluir con Guerra Campos:
«El recinto sepulcral del mausoleo se ha conservado desde el si¬
glo IX hasta nuestros días, celosamente aislado de cualquier
enterramiento. Al abrirlo, dio esqueletos enteros, no partícu¬
las» 369

<366)

Pérez de Urbel, Justo) Orígenes del Culto de Santiago en España, en «Híspanla Sa¬
cra», V, pp. 1-31. Primeros contactos del Islam con el reino asturiano, en «Arbor»
LXXXVÍ1I, pp. 301-325. Historia de España, dirigida por Menéndez Pidal, VI, 1956,
p. 51-57.

Vives, Joséi Import'anda de la Epigrajía para la Historia de la Iglesia antigua. Conferenciu pronunciada en
t 1953 en la Univresidad Gregoriana de Roma. Véase «Analecta
Gregoriana LXX«, 1954, pp. 19-38.
1368) Sánchez Albornoz, Claudiot España, un enigma histórico, I, p. 270. Guerra Cam¬
pos, José, en «Compostellanum», II, 2, 1957, p. 123-128.
(369) Guerra Campos, José) Molas críticas sobre el origen del cutio..., p. 436.

(367)

LA GALICIA ROMANA

195

11. La explicación tradicional ofrece mayores garan¬

tías
A la luz de las excavaciones, a que nos venimos refiriendo,
la tradición literaria recogida en la Historia Composlelana, Cro¬
nicón Iriense, Concordia enlre D. Diego Peláez, Obispo de San¬
tiago, y S. Fagildo, Abad del Monasterio de Antealiares, Privile¬
gio de Gelmlrez a San Martín Pinario, Carla de Alfonso II a
Teodomiro, Códice Calixtino, Crónica de Alfonso II al Obispo
Sisnando, etc., documentos citados en páginas anteriores, ofre¬
ce una relación legendaria de las circunstancias, que acompa¬
ñaron la invención, o hallazgo, del Sepulcro de Santiago y sus
discípulos.
Excepto la Carta de Alfonso II el Casto, a Teodomiro, re¬
cogida en el Tumbo A de la Catedral de Santiago, todas las an¬
teriores fuentes son de fecha muy posterior a la misma, pero
aun con adiciones imaginativas y fantásticas, contienen datos
que pueden ser valorados como históricos.
En toda leyenda existen acontecimientos reales envueltos
en ropaje de imaginación y fantasía.
Datos que conviene desbrozar y valorar por el historiador
imparcial. Casi siempre perduran como oculta corriente anóni¬
ma. En todo caso dan una explicación no menos válida que las
hipótesis imaginadas por escritores muy posteriores.
Resumiendo esta tradición, no habría inconveniente en
admitir que un monje, o solitario, observase fenómenos extra¬
ños, que llamaron su atención y los creyera sobrenaturales. Si
les quitamos todo lo que pudiera interpretarse como sobrena¬
tural, o mítico, supondríamos que las luces observadas fueron
quizá fuegos fatuos, frecuentes en donde hay descomposición de
cuerpos abundantes en fósforo, como ocurre en cementerios y
lugares húmedos; quizá alguna aurora boreal, o fenómeno at¬
mosférico.
También pudieron impresionarle estrellas fugaces, o come¬
tas, cuyos destellos se observan en las noches claras, que pudie¬
ron causar asombro a la imaginación del monje, que oraba en
larga vigilia. Este monje, Pelagio, del que habla la Concordia
de Antealtares, es muy verosímil que comunicara sus observa¬
ciones a los campesinos, que vivían en las cercanías, que éstos
interpretaran como manifestaciones angélicas, y también a

196

CASI MHH) TO lili lis RODRIGUEZ

personajes de relieve social superior que le aconsejarían acudir
a Teodomiro, Obispo de Iría. La Historia Compostelana dice
que: «unos personajes, varones de gran autoridad fueron junto
al mencionado Obispo (Teodomiro) y le refirieron cómo habían
visto muchas veces de noche luminarias en el bosque que du¬
rante muchos años había crecido sobre la tumba del glorioso
Santiago. Oído esto, fue él mismo al lugar donde afirmaban ha¬
ber visto tales cosas, y vio sin género de duda por sus propios
ojos las luminarias sobre el lugar referido. Movido luego por la
divina gracia entróse aceleradamente en el mencionado bosquecillo y registrándolo con gran diligencia, halló en medio de
maleza y arbustos una casita, que contenía en su interior una
tumba marmórea» 37°.
Desde luego hay que convenir en que Teodomiro y su sé¬
quito han encontrado pruebas de que Santiago reposaba en un
sepulcro antiguo situado en el solar de la actual Compostela.
La presencia del cuerpo se acepta con la mayor naturalidad y
con entera seguridad.
Pero ni se levantó acta, ni se consignaron los motivos de la
identificación del hallazgo. Por común aclamación de Teodo¬
miro y su clero y fieles de Iria Flavia se dictaminó que los se¬
pulcros hallados eran de Santiago y de sus discípulos Teodoro
y Atanasio, pero nada se escribe, ni se graba.
Tal vez, como dice Guerra Campos, existía un culto más
que recordado, continuado en la celia del mausoleo, no obstan¬
te la despoblación del lugar 37!.
Quizá existió la tradición anónima de ciertos detalles, que
avalaban la certeza de su atribución, tal vez una inscripción,
algún signo; quizá se encontró un sepulcro en forma de arca
marmórea. De lo contrario dcómo se explica el convencimiento
de Teodomiro y de sus fieles de Iria, que sin protestas, abando¬
na su sede para elegir sepultura al lado del Apóstol?
La leyenda del monje Pelagio viene a dar pie a estas insi¬
nuaciones. A dos siglos por lo menos de distancia se trata de
llenar lagunas informativas, cuando ya la devoción a Santiago
había adquirido grandes vuelos. De acuerdo en que estas na¬
rraciones no ofrecen en su totalidad garantía de testimonio his¬
<370}

Historia Compostelana, II, p. 21. Traducció n de Manuel Suárez con notas e introducción de José Campeio, Santiago, 1950.
(371) Guerra Campos, Josái \otas críticas..., p. 438.

LA GALICIA ROMANA

197

tórico; pero las modernas teorías no se fundan en testimonios,
o pruebas, sino en afirmaciones más o menos gratuitas. Olvi¬
dan el principio elemental de que in dubiis slandum est pro valo¬
re actus.

12. La traslación del cuerpo de Santiago tuvo que ser
conocida por Teodomiro

Si bien es cierto que ignoramos los motivos que tuvo Teo¬
domiro y sus consejeros para reconocer entre los muchos sepul¬
cros que yacían en la necrópolis de Compostela el que pertene¬
cía y encerraba los huesos del Apóstol, no puede caber la me¬
nor duda de que Teodomiro tenía la noticia de la traslación del
cuerpo de Santiago desde Jerusalén. Sabía por los Hechos de los
Apóstoles (XII, 2) que Santiago había sido degollado por He¬
redes en Jerusalén; el hallazgo en Compostela de sus restos lle¬
va aneja la necesidad de su traslación previa.
Ahora bien, ésta es conocida principalmente por la Carta
del Pseudo-León: o sea, por la carta apócrifa atribuida al Papa
León III, contemporáneo de Carlomagno.
Muchos estudios se llevan hecho sobre esta carta; recien¬
temente uno del gran investigador Balduino Gaiffier 372.
Estudia con detenimiento y con la maestría que le carac¬
teriza las distintas redacciones y señala las coincidencias con la
Vida de los siete Varones Apostólicos. La considera no poste¬
rior al siglo XI.
A pesar de que Fábrega Grau la fecha en el siglo IX, él la
considera posterior 373.
Antes del 1880, según el citado Gaiffier, sólo se conocía la
recensión que figura en el libro III del llamado Códice Calixtino, que figura con el n.° 4.061 en la Biblioteca Hagiographica Latina. En 1880 el P. Fita descubre otra (BHL, 4059), en
la Biblioteca del Escorial. Los Bollandistas otra en la Bibliote¬
ca Nacional de París (BHL, 4060), Poncelet otra en la Biblio(372)

Gaiffier, Baudouini A'otes sur quelaues documents retalies á la Tras/ation de SaintJacques en Espagne, en Analecta Bollandlna, 1971, t. 89, fase. 1-2, pp. 47-66. Para el

conocimiento de los relatos de la Traslación V, García Villada, Zacarías! Historia
Eclesiástica de Espada, 1, 1.*, pp. 83-91 Duchesnei Saint-Jacques en Gallee. O. c., pp.
145-179. López Ferreiro, Antonio! Historia de la A. Iglesia Catedral, pp. 177-178.
Vázquez de Parga, en Peregrinaciones a Santiago de Compostela, por J. M. Lacarra,
etc., pp. 190-200. Plerrc Oavidi Eludes sur la livre de Saint-Jacques, en Bulletin des
Etudes Portualses, X, 1946, p. 18.
(173) Fábrega Grau, M. A. Pasionaria Hispánico, I, 1953, p. 199.

.

1911

CASI MIMO TORRES RODRIGUEZ

teca Casanetense (Ms. 1104), que publicó Guerra Campos en
Compostellanum, I, 1956, pp. 481*492.

García Villada edita un manuscrito de la Biblioteca de Li¬
moges, que es considerado por algunos investigadores como la
recensión más antigua. Hoy figura en la Biblioteca Nacional
de París con el n.° Lat. 2036. García Alvarez descubre otra en
el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Por último se han
encontrado otras como la de Bruselas, Copenhague, etc. 374.
Los manuscritos que copian la redacción del Calixtino son
numerosos. Con excepción de la redacción del Calixtino, todos
ponen que son tres los discípulos, que quedaron en Compostela
y fueron inhumados al lado del Apóstol, y sus nombres son:
Torcuato, Tesifonte y Anastasio. La del Calixtino da sólo dos:
Teodoro y Atanasio.
El mencionado investigador, M. Gaiffier, afirma que existe
interferencia, o sea, contaminación, entre las recensiones cita¬
das y la Vida de los Siele Varones Apostólicos 37S.
Esta contaminación es bien conocida y ha sido suficiente¬
mente estudiada 376.
En todas las recensiones descubiertas, los discípulos que
fueron inhumados junto al Apóstol, fueron: Torcuato, Tesifon¬
te y Anastasio, o Atanasio, según la recensión de A. H. N. de
Madrid. Los dos primeros figuran en la Vida de los Siete Varo¬
nes Apostólicos como fundadores de la iglesia de Acci (Guadix), el primero, y de la de Vergi el segundo. Anastasio no figu¬
ra entre los Varones Apostólicos.
En el Calixtino son nueve los varones apostólicos escogi¬
dos en Galicia, o sea, dos más: Teodoro y Atanasio, quienes,
mientras los otros siete discípulos de Santiago lo acompañan a
Jerusalén y después de ser Santiago degollado por Herodes,
(374)

(375)

>; 376 :ÿ

Gaiffier, Baudouim Notes..., p 56. Garda Alvarez, Rubém El Monasterio de San
Sebastián de Pico Sacro, en «Composlcllanum», 1961 Apéndice 13, p. 41. La recen¬
sión la encontró en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, Clero, Montesacro, carpeta 511, n.° 16.
Tiene la particularidad de que el tercero de los tres discípulos, que fueron enterrados
junto al Apóstol lleva el nombre de Atanasio en vez de Anastasio que finura en las
otras recensiones. A. Mundó hizo la edición critica palcográfica de la B. de Parto, en
Hispana Sacra, V, 1952, pp. 72-78.
Gaiffier, Balduinoi Notes..., p. 59.
Bibliotheca Hagiographies Latina Antiquae et Mediae Aetatis, ed. Soc. Boll.,
n ° 8308. 8309, 8310, 8311. Imp. Acta Sanatorum, Mayo, III, 444. Flórez, Enri¬
quei ES, III, p. 381. Quentin, Henrii Les Martyrologes historiques du Moyen Age,

LA GALICIA ROMANA

199

traen su cuerpo a Compostela, los dos se quedaron en Galicia
dedicados a la predicación del Evangelio; reciben el cuerpo del
Apóstol y luego son inhumados a su lado, uno a su derecha y
otro a su izquierda 377. Los otros siete, después de sepultado en

Galicia el cuerpo de Santiago, fueron ordenados con las ínfulas
episcopales en Roma por los apóstoles Pedro y Pablo y envia¬
dos a predicar la palabra de Dios a las Españas... Murieron
Torcuato en Acci (Guadix) ; Tesifonte, en Vergi (Berja, Alme¬
ría) ; Segundo en Abula, Indalecio en Urci, Cecilio en Ilíberis,
Hesiquio en Carcesa y Eufrasio en Iliturgis 37B. La Vida de los
Siete Varones Apostólicos se relaciona más, como dice el P. Vi¬
llada, con los príncipes de los Apóstoles Pedro y Pablo, que con
el Hijo del Zebedeo 379. Ahora bien, el mencionado investigador
Sr. Gaiffier dice que la corrección de dos en vez de los tres he¬
cha por el autor del libro III del Calixtino es «trés inlentionelle», o sea, viene a decir que se trata de una falsificación cons¬
ciente, y al final del artículo comentado el anatema que lanza
el autor del Calixtino contra aquel que se atreva a escribir
mentirosas fábulas..., dice que pone a las claras la mentalidad
de estos autores medievales, que se expresan con vehemencia
contra las leyendas y, en cambio, se toman toda libertad con¬
tra la historia y sus documentos 38°.
Sin tratar de defender al autor, o autores, del Calixtino,
de sus frecuentes e intencionadas correcciones, en el presente
caso estimamos que la corrección es del todo obligada y justifi¬
cada, pues era a todas luces disparatado decir que el cuerpo de
S. Torcuato, o S. Tesifonte, fue sepultado al lado del Apóstol.
Sabemos que S. Torcuato sufrió martirio y fue sepultado
en Acci, la actual Guadix, cerca de la ciudad, en un lugar en
donde se celebró la fiesta de la Oliva, como lo afirma el mismo
Códice Calixtino. En tiempo de Abderramán I, o sea, en 777,
su cuerpo fue trasladado a Santa Coloma de S. Torcuato, pro-

.

Paris, 1908, pp. 131-221.

Liber Sancti Jacob! o Códice Calixtino, III. Prólogo. Traslación y Carla de San
León, cup. 1-3, pp. 3B3-395. Traducción por A. Moralejo, C. Torres y J. Feo, Santiago,
1951. En adelante lo citaremos: Códice Calixtino, como se le suele llamar.
i 378) Códice Calixtino, III > P- 384. Diaz y Díaz, Manuel i Index Scriptorum Latinorum
'ÿ
M. Aevi llispanorum, 395.
(379) García Villada, Zacariasi Historia Eclesiástica de España, 1, 1.* parte, p. 158. El jefe
parece haber sido S. Torcuato (Martirologio de Lyón, Cerralo, Vida), p. 158. Vita S.
Torcuaii..., en B. H. L. editada por los P. Bollandistas, núms. 8038-8311. Acta Sanetoru m, mayo, III, 444. Flórez, Enriquei ES, III, p. 381. Quentin, Henrii Les
Martirologes..., pp. 131-221.
(380) Gaiffier, Baudoulni Notes..., pp. 63 y 66.

1377)

2(H)

1 LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

vincia de Orense, y en vida de San Rosendo se le llevó a Celanova, en donde se guardan sus restos junto con los de S. Rosen¬
do. En tiempo de Felipe II, o sea, en 1573, se devolvió a Guadix, según Castellá Ferrer, media caña de un brazo y el dedo
pulgar 38‘,
S. Tesifonte también fue martirizado y sepultado en Vergi, hoy Berja (Almería) 382. Las tradiciones españolas sobre los
Varones Apostólicos se remontan hasta los siglos V y VI 383 En
el supuesto de que la redacción del Calixtino sea posterior a las
otras redacciones conocidas, era obligado que su autor corrigie¬
se tamaño disparate.
Por otro lado los esqueletos recogidos y conservados hasta
hoy en la urna de la Catedral de Santiago son de tres cuerpos
adultos, como hemos dicho anteriormente 384.
Corresponde a los del Apóstol y a los de sus dos discípulos
Teodoro y Atanasio.
Es indudable que el autor del libro III del Calixtino estuvo en Santiago y al final del prólogo del libro III menciona a
un clérigo peregrino, que pagó por la copia de la traslación a un
tal Fernando veinte rotomagenses 385.
Por tanto hay que suponer que conoció las tradiciones
compostelanas y, sobre todo, los sepulcros de Santiago y de sus
discípulos. Aun siendo posterior a las demás redacciones, esta
del Calixtino puede reflejar una tradición más fidedigna, y tal
vez más antigua.
Como conclusión se puede asegurar que Teodomiro tuvo
la certeza de haber encontrado los sepulcros en donde se guar¬
daban los cuerpos de Santiago y de sus discípulos, y da como
cosa sabida que el cuerpo del Apóstol había sido trasladado
desde Jerusalén a Compostela, pero no podemos asegurar hoy,
si él supo cómo y cuándo tuvo lugar.

*“
1

382)

88

Hoy Sunlu Comba de Bande.

PUS***

ft a í£

Tiene gran importancia también el Martirologio de Lyón,
fechado en el siglo IX. En la primera redacción de las dos que
se conservan, nada dice de la traslación de Santiago; pero en la
segunda, anterior al 860, se dice: «Los sagrados huesos de este
bienaventurado Apóstol fueron trasladados a las Españas y se¬
pultados en los últimos confines de las mismas, o sea, enfrente
al mar Británico, hoy son venerados con la gloriosa veneración
de a quellas gentes» 386.
Este cambio tan importante, entre la primera y la segun¬
da redacción del Martirologio de Lyón de Floro y Odón, prin¬
cipales exponentes de la cultura hagiográfica de su época, se
explica por haber llegado a Lyón la noticia del descubrimiento,
o invención del cuerpo del Apóstol por Teodomiro. Testigos de
este cambio son los códices de Epternache y de Toul. También
merece especial mención el hecho de que Cesáreo, monje de
Montserrat, se haga investir en Compostela de la dignidad de
Metropolitano de Tarragona, a fines del siglo IX 387.
La carta del Pseudo León, como otras tardías, tiene mu¬
cho de enmarañada fantasía, en el presente caso embrollada
con la contaminación de la leyenda de los Siete Varones Apos¬
tólicos. Sin embargo, como en toda leyenda, es posible que ale¬
tee algún dato histórico. Entre éstos el supuesto básico obliga¬
do de la traslación; quizó también que se hizo por mar, y que la
llevaron a cabo discípulos del Apóstol, posiblemente los dos en¬
terrados a su lado. Aventurado, pero no absurdo, sería suponer
que Teodomiro conociera tradiciones orales que corrían de bo¬
ca en boca, sin que figurasen en ningún escrito, ni documento,
pues sería pedir peras al olmo, dado que no existe documento
escrito alguno de esa época. El hecho de que él creyó a pie fir¬
me que había descubierto el sepulcro del Apóstol parece poner
en esta pista. La Historia Compostelana, redactada en el siglo
(386)

Primera redacción: -Nótale Beali Jacobi Trains Johannisevangelístae, qui decollatua

esl ab herodc rege, Herosolymís, ul liber Actum Apostolorum docet».

La segunda redacción añade: -Hums bealisaimi apostoli oaaa ad Híspanlas traslata, ct
in ultimis carum finibus, videlicet contra Mere Brilannicum, condita, celebérrima illarum gentium veneratione escolunlur». Guerra Campos, José» Sotas críticas..., p.

Enrique» E.G., X, pp. 1-14. Martyrologium Romanum, p. 89, Roma,

re dictaminaron que -eran tres distintos esqueletos no completos» y que «son tan anti¬
guos que no ces imprudencia atribuirles la edad correspondiente a la época del martirio
del Apóstol».
(385) Códice Callxtlnoi III, Prólogo, p. 385. La moneda «Rotomagenses» se llama asi de
Itotomagus, nombre galo de la actual Ruón (Normandla).

201

í 387 >

Alegaba Cesáreo la dignidad apostólica de la sede compostelana. Los Obispos de la
Provincia Tarraconense lo recusan y al argumento del que Santiago de Compostela era
sede apostólica, replican que el Apóstol sinterfectus hic venil, nutlo autem modo virus».
Es un testimonio de gran valor en cuanto que aceptan el hecho de la traslación, si bien
recusan la venida y predicación en vida. V. Carta dt Cesáreo al Papa Juan XIV, en E.
Miscelánea, 11, París. 1688.

202

CtSIMlHO TO Hit ES HODHIGUEZ

XII, dice escuetamente en el capítulo I, lo que acabamos de
afirmar. Pero veamos lo que se sabe de la predicación de San¬
tiago en Galicia.
13. Predicación de Santiago en Galicia

En el estudio retrospectivo que estamos resaltando, o sea,
desde los testimonios más próximos al descubrimiento de Teodomiro hasta los más antiguos, hallamos el testimonio de Bea¬
to de Liébana. En el célebre himno compuesto en tiempo del
rey Mauregato (783-788). O Dei Verbum supone la predicación
de Santiago en España. Este Himno Gótico dice: Begens lohannes dextra solus Asiam / Eius que frater polilus Spania 3BB.
Pérez de Urbel acentúa la influencia de Beato en la propaga¬
ción del culto a Santiago 3B9. El gran historiador Sánchez Al¬

bornoz acepta esta sugestión; ambos le atribuyen influencia
decisiva en la llamada «invención» de Teodomiro. Sin embargo
entendemos que si bien refleja la creencia firme de Beato en la
predicación de Santiago en España, no excluye que esta creen¬
cia sea recogida de tradición anterior y de ningún modo inven¬
tada por él. Beato murió en el año 798.
Sigue cronológicamente el testimonio de Beda el que afir¬
ma la predicación de Santiago en España: « Jacobus Hispaniam» 39°.
Adhelmo, abad de Malmesbury, escribió unos versos para
anotar en las peanas de las estatuas de los Apóstoles; en la de
Santiago puso : Primilus Hispanas converlil dogmale gentes 391.
Fue el primero que convirtió al dogma (cristiano) las gentes
hispanas. S. Julián de Toledo (m. 680), en el comentario al
profeta Nahún, también admite la predicación de Santiago en
España, pero esta obra parece no ser suya, sino de Richard de
S, Víctor. Estos testimonios, según el ilustre investigador Baun-

¡388)

;3B9)

¡390)

Analecta Hymnica Medii Aevl, ed. Clemens Biume, Leipzig, 1897, p. 187. Üellynodia Gótica, vol. XXVlIi
Magmi deinde filii tonilrui
Adepti fulgent prece main's inclilae
Utrtque culminis insignia,
Begens lohannes dextra solus Asiam
Eiusque frater potitus Spaniam.
Pérez de Urbel, Justot España Cristiana, en Historia de España, dirigida por ¡Vlenéndez PJdal, VI, p. 54.
Bcda, el Venerable, Sant Exceplianes Palrum: P. M. L. XCIV, col. 545, SÍ no es de
Beda es de su época.

LA GALICIA HOMAN A

203

douin Gaiffier, están inspirados en una lista abreviada de los
apóstoles, que circuló por Europa ya en el siglo VIII; llevaba
anotados los lugares de predicación de cada uno.
A ellos hay que añadir el de Freculfo de Lisieux, muerto
en 852 y la Abreviatio Brauli, comentada por Ayuso Marazuela 392.
De excepcional importancia en relación con la predicación
de Santiago en Galicia son dos obras redactadas hacia el año
600. Estas son el Breviarium Apostolorum, de origen anónimo,
y el libro de Orlu el Obilu Palrum atribuido con bastante segu¬
ridad a S. Isidoro de Sevilla.
El primero se halla mencionado en la carta del PseudoJerónimo a los obispos Cromado y Heliodoro en apoyo del
Martirologio Jeronimiano. Se dice al final: «En la primera par¬
te del librilo (libelli) hemos anotado las fiestas de todos los
Apóstoles, para que los días varios no divida a los que una mis¬
ma dignidad apostólica une en las alturas de la gloria celestial.
No todos los códices llevan el mismo título. Ha prevalecido el
de Berna, que lleva el de / «Breviarium Apostolorum» / ex no¬
mine vel locis ubi praedicaverunl orti vel obili sunl» 393.
El texto de este Breviario coincide en gran parte con la se¬
gunda redacción del libro De Orlu el Obilu Palrum, de S. Isido¬
ro 39‘. En ambos se dice: Santiago, que significa suplantador,
hijo de Zebedeo y hermano de Juan; éste predicador en España
y en los lugares occidentales, en tiempo de Herodes degollado
i 39 1

Adhelmo, cu Monumento Germanise Histórica, AA, XV, p. 23.
Gaiffier, Baudouini Le Breviarium opostolorum (Bibliotheca Haglagraphica La¬
tina, 652), en Analecta Bollandina, LXXXI, Fase. 1-11, Bruxelles, 1963, p. 112. Ayu¬
no Manizuela, Teófiloi /sitiar tana, p. 144-153. La fechB en 730.
1393) Biblioteca llagiographica Latina (en udelunte BHL), 652. Como dice Gaiffier, ibid, 91,
este Breviario fue
I
desestimado por Duchesne, en cambio supervalorado por Dom
Qiienlim. Gaiffier lia hecho un estudio de todos los códices desde el siglo VIII al XIII,
y ha llegado a la conclusión: «En cffet, il conlient une des plus ancienes mentions de la
misión de I' Apótre en Occident: Hie ( Jacobus) Spam's el occidentals toca praedicatur».
1392)

(394)

Dice así: Jacobus, iJUI inlerpretatur subplanlator, filius Zebedei, frater Johannis: hic
Spanie el Occidenlaha
loca praedicatur el sub lleroae gladio caesus occubuit, sepultusone
esl in Achala Marmarica oclavo K alendas augusli.
La segunda redacción del De Orlu el Obilu Palrum de San Isidoro dice asi: sJacobus,
qui inlerpretatur su{iplanlatur, filius Zebedei frater Johannis Apostoti arte prius piscalor
postea facías Chrisli secutar, relinquens rete el navem secutus est Salvalorem, relicto postea
Zabedeo, Obedivit omnipotent i Deo, relinquens mare el pieces factus est piscalor caeleslis. l/ispanis el occidenlalibus bocis praedicalor sepultusque esl in /IcAaía Marmarica
VIH kal. Augusli».
Como se ve concuerda en lo subrayado con el Breviario.

21) t

CXSIMIItO TOIIHILS HOmilGl LZ

por la espada, fue sepultado en Acaya Marmarica el día octavo
de las kalendas de agosto (25 de julio). Hay coincidencia com¬
pleta entre el Breviario de los Apóstoles y la segunda redacción
del libro De Orlu el Obilu Palrum; M. Nally ha demostrado que
esta segunda redacción no es de S. Isidoro, sino que se hizo a
base del Breviarium Apostolorum; también encuentra coinci¬
dencias con los Catálogos griegos y con el pseudo-Abdias 39S.
Este Breviario rechazado por Duchesne, como hemos di¬
cho, fue muy estimado por Don Quentin y también lo es por
Baudouin de Gaiffier, quien dice: «En effet, il contient une des
plus anciennes mentions de la mission de l’Apótre en Occi¬

dent» ;I%.
Este prestigioso investigador ha estudiado los códices des¬
de el siglo VIII hasta el XIII y ha llegado a la siguiente conclu¬
sión: «los manuscritos conservados prueban que el Breviario
estaba ya transcrito en la Galia a principios del siglo VIII. Es
más, nos atreveríamos a creer que tal como ella se presenta, la
pequeña lista apostólica pudo ser puesta en circulación hacia el
año 600 y pudo conocerla S. Isidoro» 397.
Sin embargo la primera redacción de la obra de S. Isidoro
De Orlu el Obilu Palrum, si bien puede considerarse como para¬
lela, no parece derivarse del Breviarium. Dice así: «Santiago,
hijo de Zebedeo, hermano de Juan, cuarto en el orden, escribió
a las doce tribus, que están en la dispersión y predicó el evan¬
gelio en España y en los lugares occidentales, y en el ocaso del
mundo difundió la luz de la predicación. Este murió degollado
por la espada en tiempo del Tetrarca Heredes y fue sepultado
en Marmárica» 398.
Esta obra es considerada como auténtica por la mayoría
de los investigadores, aunque Duchesne diga que le hacen poco
favor los que se la atribuyen a S. Isidoro, pues se dan dos con¬
fusiones abultadas: se dice que escribió a las tribus de la Disi 395 i

Me. ¡Vally. P. R. E.t Isidorian Pseudoepigraphe, en Isidoriana, pp. 312-316.
Gaiffier, Baudouim Le Breviarium Apostolorum, en «Anallecta Bollandiana».
LXXXI, Fas. II, p. 91. Bruxelles, 1963.
Í397) Gaiffier, Baudouim Le Breviarium..., pp. 91-112.
i 398 i Jacobus filius Zebedei, f rater Johannis, quartus in online duodecim tributas, quae sunt in
dispersione genlium, scripsil atque Hispaniae el occidenlalium locorum evangelium praedicavil el in ocasum mundi tucem praedicalionis infudil. Hie sub Herods letrarca gladio
Caesus occubil, sepultus in Marmorica. ( Patología Latina Migne, LXXX11I, col. 151).

:396)

LA GALICIA ROMANA

205

persión, confusión con Santiago, el Menor, y se dice que fue
condenado por Heredes Tetrarca, en vez de Heredes Agripa 3".
No obstante hoy los investigadores, en BU mayoría, la tie¬
nen como auténtica. Gaiffier la da como auténtica y dice que
circuló por la Galia en el siglo VIII y que su texto se encuentra
casi entero en el Cronicón de Freculfo de Lisieux muerto en
852 40°. Concuerda en la primera parte con el texto griego del
Pseudo-Epifanio, excepto en la referencia a la predicación de
Santiago en España, que no figura en el Pseudo-Epifanio. Esta
obra pone su sepultura en Jerusalén excepto un códice del siglo
XVI que la pone ey JioXei. Tfjç MapfuxpiX.T|ç 401.
Algunos investigadores afirman que S. Isidoro lo compuso
hacia el 615.
Lo mismo el Breviario que el De Orlu el Obilu Palrum de S.
Isidoro parece que fueron compuestos hapia el 600. Son obras
paralelas y sin influencia mutua, por lo que el prestigioso in¬
vestigador Gaiffier supone que ambas derivan de una obra an¬
terior que hoy se puede considerar como perdida 402.
Nos hemos demorado en la detallada consideración de es¬
tas dos fuentes: el Breviario, o Nolicia de los Apóstoles, y del li¬
bro de Orlu el Obilu Palrum, por su gran importancia en rela¬
ción con la Cuestión Jacobea.
Constituyen un testimonio histórico que arranca desde el
siglo VII, no sólo de la predicación en los lugares occidentales
de España, frase que emplean Orosio e Hidacio para designar
Galicia, sino porque señalan el lugar de su sepultura, distinto
de Jerusalén, en donde consta por los Hechos de los Apóstoles,
aue fue decapitado por Heredes, de suerte que dentro del tema
de la predicación vienen a incluir la necesidad de admitir su
traslación.
(399)

Duchesne, Louisi Saint-Jacquei en Cálice.,., p. 151. Precisamente estas confusiones
más bien abogan en favor de la autenticidad. San Isidoro, de capacidad retentiva más
que inventiva, suele copiar a la letra las fuentes, sin detenerse en realizar examen críti¬
co sobre las mismas. La confusión entre las obraB de dos Santiagos es frecuente en la
Edad Media. Respecto a la autenticidad, V. Díaz y Díaz, Manuel i Index Ser iptorum
Lalinorum Medii Aevi, Salamanca, 1958, n.° 103.
! 100) Gaiffier, Baudouini Le Breviarium..., p. 112.
í 401 ) Gaiffier, Baudouim Le Breviarium..., p. 112. Edit. Schermann, p. 110.
,402) Gaiffier, Baudouim Le Breviarium..., p. 113. Dice asi: «Mais, si nous ne nous trom¬
pona pas, 1 'etude parallele des notices du Bréviairc et Doop 1 ( De Ortu el Obilu Palrum,
1." edición) semble suggerer I 'existence de une oeuvre aujourd-hui perdue, que uurail
servi de modele aux deux ¿envaina
De Aldama, J. A.« Cronología de las Obr Isidorianas, en «Miscelánea Isldorlana», Roma, 1936, p. 87.

.....

206

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

J'

A principios del siglo VII por estos dos testimonios consta
que Santiago predicó en España, y dentro de la misma en la zo¬
na occidental, con cuyo nombre se designaba la Galicia actual
y el norte de Portugal en los siglos IV y V.
Si relacionamos esta localización con lo que dice el Marti¬
rologio de Lyón, cuya cita hemos hecho en páginas anteriores,
que los huesos de Santiago fueron trasladados a las Españas y
sepultados «in ultimis earumfinibus, videlicet contra Mare Britanicum», en los últimos límites de éstas, enfrente del Mar Bri¬
tánico, la localización es bastante precisa; es más, no podía de¬
tallarse más hasta su descubrimiento.

Sin embargo en ambos documentos se intenta poner en la
pista para su hallazgo, se dice en el Breviario de los Apóstoles
que fue sepultado en Achaia Marmar ica, y en el De Ortu et Obitu Patrum in Acha, o Achí Marmarica, como veremos a conti¬
nuación.

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14. Aci Marmarica, Acca Marmarica, Achaia Marmorica, Arca Marmorica

Respecto a la ubicación del sepulcro de Santiago, las múl¬
tiples variantes que presentan los códices no permiten locali¬
zar, con certeza, el punto exacto o lugar topográfico que tratan
de señalar. El catedrático de la Universidad de Santiago, y
erudito investigador, Dr. don Manuel Cecilio Díaz y Díaz, ha
tratado de fijar el texto genuino del libro De Ortu et Obilu Pa¬
trum, a base de anotar las variantes de los códices desde el siglo
VIII al siglo XII. Es de agradecer este y otros estudios de in¬
vestigación, que ponen al alcance de los interesados en la Cues¬
tión Jacobea datos de gran valor.
Sin embargo, estimamos que su meritoria labor no ha lo¬
grado deshacer el enigma.

Más que fijar con seguridad el texto genuino, ha puesto de
manifiesto las evidentes adulteraciones que acusan dichas va¬
riantes, que revelan a las claras que los redactores de IOB códi¬
ces no sabían lo que significaba el vocablo que copiaban, más o

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207

menos deformado. La verdadera frase que salió de la pluma de
San Isidoro, o sea, la primitiva fuente yace en la oscuridad 403.
Díaz y Díaz considera la lectura más aceptable para de¬
signar el lugar de enterramiento del Cuerpo del Após¬
tol AXT] , leído en latín Acha, Acá, o Achí, seguidos de Marmarica. El Breviario de los Apóstoles pone in Achata Marmarica 4#4. No concreta qué lugar designa de la geografía actual.
Guerra Campos distingue entre los dos vocablos que cons¬
tituyen la frase isidoriana: el primero A ... lo considera más va¬
riable en los códices; el segundo Marmarica, o Marmorica, lo
considera más persistente 40S.
Ambos opinan que tienen sentido topográfico. Hace ya
varios años sosteníamos la opinión de que la mencionada frase
no tiene sentido geográfico, o topográfico, sino que designa la
materia y la forma del sarcófago, que, naturalmente, podía ser¬
vir como señal para individualizar el sepulcro de Santiago y
distinguirlo de otros existentes en la Necrópolis Compostelana,
o sea, decía sepultado en arca de mármol. Según esta opinión,
el Breviarium Apostolorum y el De Orlu el ObituPatrum en su
primitiva redacción contenían in Arca Marmórea sepultus
est

m.

Sabemos que en tiempo de San Isidoro dominaban los bi¬
zantinos en el Sur de España, en el litoral comprendido entre la
desembocadura del Júcar y del Guadiana, con las principales
ciudades, Córdoba, Sevilla, etc. Nada tendría de particular
que eclesiásticos bizantinos trascribiesen la frase en griego en
la forma de Arca Marmarea, o Marmarica; también pudieron
hacerlo los monjes bizantinos, que acompañaron a San Martín
Dumiense. Este, aunque natural de Panomia (Hungría), había
sido educado en Constantinopla, era portador de la cultura
griega del Imperio de Oriente y le acompañaron y le sucedieron
monjes que hablaban el griego y el latín. Al traducir al griego
Díaz y Díaz, Manuel Cecilio: El lugar de enterramiento de Santiago el Mayor en San
Isidoro de Sevilla, en «Corn póstela nurm>, 1, 1956, p. 365-369. Las principal es varian¬
tes son: \ehaia Alarmarica, Achala Armarica, Achala Armorica, Marmarica Achaiae,
Marmarica, /Irco Marca, Arca Marmarica, Arca Marmorica, Arca Marmórea,

\

riA-

9

(ÿ104)
(405)
i. *06)

Aci Marmarica, Achí Marmarica, ele.
Gniffier, Baudoulni Le Breviarium Apostolorum, O. c., pp. 108-109.
Guerra Campoa, Josét Motas Criticas..., O. c., p. 455.
Torre» Rodríguez, Casimiro» Arca Marmórea, en Compostellanu m, Sección de
Estudios Jucobeos, II, 1957, p. 323 y ss., y Ñola sobre «vi rea Marmóreas>, 1959, pp. 342
y ss.

208

209

LA GALICIA HOMAN A

CASI AllltO TOIUICS IIÜDHICUI&

la mencionada frase es de suponer que dejasen como estaba el
vocablo arca, pues no existe homófono en griego; pero, en cam¬
bio, traducirían Marmórea, o Marmorica, por Marmarea o
Marmarica, puesto que la misma palabra latina marmor es
préstamo del griego mármaros.
En el siglo VII, o sea, en tiempo del rey Sisebuto y de
Suintila, desaparece el dominio bizantino; el primero conquis¬
ta la provincia oriental y el segundo la occidental.
AI pasar la frase a los códices latinos, quizá al segundo ele¬
mento se le dio sentido topográfico, o geográfico; pues existe en
Africa del Norte la conocida región que lleva el nombre de
Marmárica. El primer elemento arca, sobrante, es objeto de las
múltiples variantes de los copistas griegos, y de los latinos, que
lo tomaron ya corrupto.
Es más; quizá el Breviarium Aposlolorum y el De Orlu el
Obilu Palram toman la frase de una fuente que ya está adulte¬
rada, puesto que, como dice Gaiffier, ambos se derivan de una
fuente anterior al año 600 que ha desaparecido 407.
Es posible que lo que se acaba de decir se juzgue edifica¬
ción sobre arena por los más conspicuos investigadores actua¬
les, partidarios, en su mayoría, del sentido geográfico o topo¬
gráfico.
Las razones aducidas en mis citados trabajos son: que
aparece como frase corriente para designar la materia y forma
del sepulcro: «in arca marmórea sepultus esl» 108; «in arca mar¬
mórea posilam» ,ü9; «in arca argéntea invenerunl sepullum» 4I0,-

«in arca lignea hoc vestimenlum habelur inclusum» nl.
Posteriormente hemos reparado en la siguiente inscrip¬
ción, que figura en el Corpus Inscriptionum Latinarum
(C.I.L.), III, 3989, encontrada en Sisek (Yugoslavia), que di¬
ce así: <r Vos itaque inferi ad quos me precipitem / Dei superi coegerunl mínimo cum tormento / admilite; ossaque mea in arca be.

ne composila / condidil Fl. Ursinus marilus dulcísimus. Voso¬
tros, lugares subterráneos, a los que me precipitaron los dioses
celestes, con el menor tormento admitidme.
Y mis huesos en este arca bien sepultados, los guardó Flavio Ursino, mi dulcísimo marido.
En este texto más antiguo, se encuentra bien claro el em¬
pleo del término arca en el sentido de recipiente sepulcral y el
de composila, posible derivación de Compostela.
A estos testimonios pudiera añadirse que en los códices de
Monte Casino y Verona del siglo IX, aun teniendo en cuenta la
advertencia de Díaz y Díaz, se lee respectivamente: «marmori¬
ca y achaia marmorica»; y en el de Viena, del siglo XI: «arca

marmorica» ,12.
El antiguo Breviario Toledano no sólo dice: sepultus esl in
archa marmorica, sino que le atribuye la frase de S. Isidoro, al
dicil Isidorus; lectura que coincide con la del Leccionario Com¬
plutense. De acuerdo con el Breviario Toledano, Mariana afir¬
ma que esa misma frase salió de la pluma de S. Isidoro ,13.
García y Viilada dice: «En esta celia, o lóculo, yacía el
cuerpo de Santiago, según las fuentes medievales; lo que éstas
no dicen con claridad es si el sepulcro era un sarcófago o una lo¬
sa abierta en el pavimento».
La expresión Arca Marmorica parece indicar que era un
sarcófago. En esta forma lo representan la viñeta del Tumbo A
de la Catedral, la del ejemplar de la Crónica Compostelana de
la Biblioteca Real de Madrid (siglo XIII) y el escudo de la
Iglesia Compostelana, inspirado en miniaturas anteriores m.
Refuerzan esta opinión los trozos de sarcófago de mármol
hallados en las excavaciones.
No obstante, he de repetir que esta opinión no ha tenido
fortuna entre los más prestigiosos investigadores actuales.
Díaz y Díaz, Manuel Cecilloi El lugar de enterramiento de Santiago en Isidoro de Se¬
villa. O. c.
<413) Mariana, Juani De idventu Jacobi \posloli dispulatio, en Opúsculo, I, p. 12. Se en¬
cuentra en lu fruse en el Breviurio del Cardenal Cisneros, impreso en 1506, y en el del
Cardenal Silíceo, en 1550. V. Mondéjar, Marqués det Predicación de Santiago en Es¬
pada, Vil, p. 28. Flórezt ES, III, p. 107, añade:cuando se empezó a usar de este Bre¬
viurio (Toledano;, a fines del s. XI, se mantenían códices de S. Isidoro sin el vicio que
después contrajeron. En el mismo sentido escribe López Ferreiro, Antonioi Historia
de la S. A. M. Iglesia de Santiago, 1, p. 168 y ss. Galicia Histórica, I, 1901, pp., 133 y
i
134. Ambrosio Morales) Viaje por orden del ¡ley D. Felipe II, p. 120: «En esta conca\ idud está el Cuerpo del A|MSBIOI en su tumba de mármol, en que fue hallado».
I 114) García Viilada, Zacarías) Historia Eclesiástica de España, I, I.* parte, p. 98.

1412)

(107) Gaiffier, Baudouin) Le Breviarium Apolotorum. Tradition
manuscrite el Oevrcs Apparentées, en «Analecta Bollandlana», LXXXI, fase. I-II, 1963, p. 112.
(408) Consularia Itálica, en MGH, AA, pars. 1.*, IX. Chronica Minora I, p. 333. Se
refie¬

re a la sepultura del Papa Juan I, muerto en el 526.
La frase está tomada de Fredegarii el aliorum Chronica, en MGH., Scriptores Nerum
Merovingicarum, II. Fradigarii el aliorum Chronica, XI, p. 419.
(410) Se refiere ul sepulcro de San Víctor encontrado en Ginebra en un arca de plata en el
año 613. Fredegarii el aliorum Chronica, XXII, p. 421.
(411) Está tomado de S. Gregorio de Tours (538-593): Gregorii Episcopi Turonensis de Glo¬
ria Martyrum, I, 8, p. 730. Véase: Torres Rodriguez, Casimiro) Area Marmórea,
pp. 8 y 9, y Sota sobre Arca Marmórea, p. 542.
(409)

'

210

C \SI Millo TOItllES HODHIGUEZ

Algunos la rechazan a secas, sin dar explicación alguna;
otros dan explicaciones de mediana calidad, que no merece la
pena refutarlas.
En cambio, Guerra Campos, sin duda el mejor conocedor
de la Cuestión Jacobea, da razones de gran peso, que no pode¬
mos pasar por alto: entre otras, las dos siguientes: «...por la es¬
tructura del De Ortu y demás biografías apostólicas, es induda¬
ble que emplean el A. Marmarica en sentido geográfico» 41S. En
páginas siguientes da otra razón: «...los documentos jurídico económicos de ese período, sitúan el Cuerpo de Santiago como
lumulaium sub A reis (o Archis) Marmorieis, in Areis Marmori¬
eis, Areis Marmoricis.
Arcas Marmóricas no significa los receptáculos (arcas,
edículos) dentro de los cuales se encerraba el cuerpo, sino el
nombre del lugar, en el que el Sepulcro estaba situado. Basta¬
ría, para demostrarlo, el uso del plural...» 4,6
Con toda la consideración que merecen sus investigacio¬
nes exhaustivas y sus certeros razonamientos, nos vemos en la
necesidad de replicar, en cuanto al primer razonamiento, que
estamos de acuerdo en que lo mismo el Breviarium, o Noliliae
Aposlolorum, que el De Obilu, indican el lugar de la predicación
de los demás apóstoles y de la sepultura en sentido topográfico,
o geográfico; pero entendemos que, con respecto a Santiago,
ese lugar ya queda expresado por la frase: «alque Hispaniae el
occidenlalium locorum genlibus evangelium praedicavii el in occasum mundi lucem praedicalionis infudil» 4,:.
Sabemos que esta frase occidenlalium locorum y occasum
mundi incluidas en Hispania, que precede, en Orosio, Hidacio,
San Valerio, etc., significa Galicia.
No se detalla más al fijar el lugar de predicación de los de¬
más apóstoles: India, Persia, etc. 418
Respecto al plural, entendemos que los documentos que
señalan como lugar de la sepultura del Apóstol in Areis Marmaricis, o Marmoricis, etc., son todos posteriores a la fecha de
invención o descubrimiento por Teodomiro; no se ha demos(415)
(416)
(417)

Guerra Campai, Joséi Notas Críticas..., p. 456, ñola 153,
Guerra Campos, Joséi Notas Criticas..., p. 460.
Mlgne, Patrología Latina, LXXX1II, col. 151.
(418) GI lugar de la predicación lleva anejo el del enterrarme nlo Begún las palabras de S. Jerónimo: «ut alius ad indos, aliui ad hispanias, alius add Illirium... el unus quisque in
Evangelii sui alque doclrinae provincia requisceret». PLM, XXIV, col. 373-374.

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LA GALICIA BOMA,NA

211

trado con certeza que llevase el lugar citado tal nombre con an¬
terioridad. Como los sepulcros, o sarcófagos encontrados fue¬
ron tres, o sea, el de Santiago y los de S. Teodoro y S. Atanasio,
se explica que se designase en virtud de tales hallazgos en la
forma plural. También puede añadirse que el Martirologio de
Floro de Lyón, en su segunda redacción, dice: Huius beatissimi
Apostoli ossa ad Hispanias traslata, el in ullimis finibus, videli¬
cet contra Mare Brilanicum condita... 4,9 Parece natural que dije¬
ra in Arcis Marmaricis, si así se denominara el lugar; en cam¬
bio emplea la perífrasis que viene a coincidir con la del texto
con que señala el lugar S. Isidoro: <rm ullimis finibus...»
No hay duda de que el lugar que hoy ocupa Compostela se
llamó antes de este nombre Arcos Marmaricas, o Marmoricas;
pero esta designación no explicaría el hecho de identificación, o
invención del sepulcro del Apóstol. Tampoco puede caber du¬
da de que Teodomiro y su séquito se convencieron de que ha¬
bían encontrado el cuerpo del Apóstol; nías ¿cómo pudo dis¬
tinguirlo de otros existentes en la necrópolis romana, que han
revelado las excavaciones? No seríamos capaces de identificar
hoy los restos de un personaje sin más datos que este; que nos
dijeran que está enterrado en Boisaca o en Santo Domingo de
Santiago.
En cambio podría servir de señal, si se dijera que estaba
en un sepulcro de mármol, sobre todo si no había más que uno.
No consta que el sepulcro identificado por Teodomiro co¬
mo del Apóstol llevase inscripción o señal alguna. Tampoco sa¬
bemos de otro medio de identificación. La hipótesis de que es¬
taba enterrado en un sepulcro de mármol puede dar una solu¬
ción; o sea, es una hipótesis admisible, según las reglas que se
dan en Lógica. Las excavaciones han revelado que existió un
sepulcro de mármol dentro del mausoleo romano.
15. Testimonios anteriores al 600
Son menos precisos y pueden dividirse en tres apartados:
los literarios, los arqueológicos y los de tipo litúrgico, o santoral.
1419)

Guerra Campos, Joséi /Volas Crítica*..., p. 419.

212

CASIMIRO i omits HODIUGLEZ

Entre los primeros cabe citar el de Dídimo, el Ciego, y el
de San Jerónimo, del que se ha hecho referencia en la nota que
figura en las páginas precedentes.
Dídimo, el Ciego (m. 310), Maestro de la Escuela de Ale¬
jandría, escribe en el libro II de su obra sobre la Trinidad: «El
Espíritu Santo infundió su innegable sabiduría a los Apóstoles
(se refiere a los reunidos en el Cenáculo), ya al que predicó en
la India, ya en España, ya a los que andaban en otros sitios de
la tierra» 42°. No parece referirse a San Pablo, que no estaba, a
la sazón, en el Cenáculo.
S. Jerónimo en su Comentario a Isaías, escrito antes del
412, escribe: «El Espíritu Santo los congregó y les asignó el lu¬
gar que le había tocado; uno a la India, otro a España, otro a
Grecia; de modo que cada cual descansa en la Provincia donde
había anunciado el Evangelio» 42‘. No parece referirse a S. Pa¬
blo, pues alude al momento en que Cristo dijo a los Apóstoles:
Eunles in mundum universum praedicate Evangelium omni creaturae, en cuya fecha S. Pablo no figuraba aún en el número de
los Apóstoles 422.
No existe tradición de otro apóstol, al que se le pudiera
aplicar esta misión en España, si se exceptúa a S. Pablo; pero
éste aún no se había convertido cuando se verificó esta desig¬
nación de España como campo de evangelización. S. Ireneo,
entre las iglesias de su época (180) hace mención de las existen¬
tes en Germania, en Iberia, en las Galias, en Oriente, en Egipto
y en Libia 423
Tertuliano, en su libro Adversas lúdeos, afirma que el cris¬
tianismo se había propagado ya por todos los rincones de Es¬
paña: Hispaniarum omnes termini. No ha faltado quien ha di¬
cho que este testimonio carece de valor, porque habla en len¬
guaje retórico. De acuerdo en que no falta retórica y estilo ora¬
torio, pero más que retórico es un libro de carácter apologéticopolémico, en el que cualquier error, o inexactitud, daría armas
al adversario para una réplica contundente 424.
(.430)
U21)
1.122)
1123)
! 121)

.Migne i Patrología Griega, XXXIX, col. 480.
PMLi XXIV, col. 373.
S. Marcos, XVI, 15 y S. Mateo, XXVIII, 19.
Ireneo, Sam Adversas Haereses, I, 10.
Tcrtulianoi Idversus jadeos. Vlgne, P. L., II, col. 6i: ul iam Gelulorum vandales el
Maurorum mulli fines, Hispaniarum omnes lermini et Gallarum jiversae natignes.

LA GALICIA HOMAN A

213

Es más, con la frase Hispaniarum omnes termini pudiera
aludirse a Galicia, como final del mundo entonces conocido.
Claro que estos testimonios no prueban que Santiago hubiese
predicado en España ; pero sí la venida de predicadores. Arnobio, que vive en Numidia hacia el 300, dice que en España los
cristianos eran innumerables 42s.
Conocida es la respuesta de S. Cipriano en la cuestión del
obispo Basílides, que con Marcial habían sido condenados co¬
mo apóstatas libeláticos, o sea, que se habían librado del casti¬
go a base de obtener un volante (libellum), en que figuraban
como que habían ofrecido incienso a los dioses.
Ante la condenación, o excomunión, de Basílides, éBte re¬
currió a Roma al Papa Esteban, y obtuvo su reposición. Los
obispos españoles recurren a S. Cipriano, quien les da la razón,
puesto que el Papa Esteban, ignorante de la apostasia cometi¬
da, había sufrido engaño, y en virtud de su error lo había re¬
puesto en el episcopado. Parece haber sido obispo de León y
Marcial de Mérida. Por lo que dice que se reúnan los obispos
españoles y elijan sucesor, da a entender que en el siglo III, en
que vive S. Cipriano, eran ya varios los obispos existentes en
España 42é.
Por otro lado tenemos noticias seguras de la temprana
cristianización de Galicia. Al Concilio de Elvira asistieron Decencio, obispo de León, y Luxurio, presbítero de Braga 427.
Al Concilio I de Toledo (400) asistió Esuperancio, obispo
Galicia,
de
del Convento Jurídico Lucense, municipio Celenis
(Caldas de Reyes).
En este mismo Concilio abjuraron la herejía priscilianista
Simposio y Dictinio con otros obispos de Galicia, y Ortigio, or¬
denado en Celenis, que había sido depuesto por las facciones
priscilianistas, ahora volvió a ser repuesto 42a. Hidacio mencio¬
na varios obispos gallegos: Agrestio, Ceponio, Pastor, Siagrio,
Toribio. Por otras fuentes conocemos el largo período del ponI 125)

Arnobioi .1d Saltones, 1, 16, 3 en Migne P. L., col. 5737. In Hispania, Gallia, cur eodem tempore liorum nihil natum est, cum innumeri viverint in his quoque provintÜB
Christiani?
: 126) Cipriano, Sani Sancti Caecilii Cypriani Opera. Epístola LX VIII, p. 119. Ed. Balucii,
París, 1726. Guallar, Manuel i Cartas Selectas, Madrid, 1946, p. 172.
(427) Vives, Joséi Concilios Visigóticos, p. 1.
1428) liidaclo i llvdatii Lemici continuatio Chronicorum Hierony mianorum, en MGH., AA.
Chronica Minora. II, p. 16. Este Celenis, o sea, Aquis Celenis, se identifica con Caldas
de Reyes. V. Moraleja, Laso, Abelardo! Toponimia Gallega y Leonesa, p. 247.

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214

215

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

tificado de Balcionio en Braga y su papel en la conversión de
Reckiario y los suevos al Catolicismo.
El mismo cronista Hidacio escribe que el rey visigodo
Teodorico II, en el año 456, se apoderó de Braga, destruyó las
basílicas, derribó los altares y luego los hizo pedazos, despojó
de sus vestidos a los clérigos, también arrojó a las vírgenes de
sus celdas, aunque respetó su condición, expulsó al pueblo, que
había buscado asilo en estos lugares sagrados, y en cambio en¬
cerró en ellos a las bestias de carga, ganados y camellos 429.
Por estas palabras de Hidacio podemos apreciar q ue en
Braga, en el 456, existían varias iglesias con personal ded icado
al servicio del templo: clérigos, vírgenes, y que estos templos
tenían el privilegio de lugar de asilo, o de refugio, para los que
se acogían a él. Todo lo cual supone un grado de cristianización
avanzado. En otro lugar el mismo cronista Hidacio refiere que
en el año 460 un contingente de tropas romanas con su rector,
o jefe, fueron muertos en la ciudad de Lugo, en un ataque sor¬
presa llevado a cabo por los suevos, en los días de pascua; pues
estaban seguros que guardarían respeto a la santidad del
día ™.
Esta seguridad del destacamento romano de que los sue¬
vos iban a respetar la santidad de los días de pascua indica a
las claras que a la sazón el cristianismo tenía gran fuerza tam¬
bién en la ciudad de Lugo; pues no se trata de una minoría se¬
lecta, sino que es el pueblo en masa, quien a manera de tregua
de paz respeta las fiestas pascuales. Hidacio, Obispo, lleva la
representación de los hispanorromanos ante las autoridades ro¬
manas en las frecuentes contiendas entre suevos y gallegos.
Por otro lado existe comunicación frecuente entre Galicia
y Tierra Santa. Son varios los peregrinos que la visitan desde
Galicia, como son Hidacio, Orosio, Avito de Braga y Toribio
de Astorga y en particular es notable el viaje de la monja Egeria, cuya fecha señala Devos en el 384. También hubo peregri¬
nos orientales que vinieron a Galicia a través del mar, que
constituía la mejor vía de comunicación 431.

Entre ellos está el gran apóstol de los suevos S. Martín
Dumiense.
En el primer Concilio de Braga celebrado en el 561 asisten
ocho obispos; en el segundo Concilio de Braga celebrado en el
572 asisten 11 obispos, todos ellos de Galicia y Norte de Portu¬
gal 432. A finales del siglo VI la Iglesia de Galicia, a pesar de las
dificultades acarreadas por las invasiones bárbaras, por los
priscilianistas, por los arríanos suevos, estaba organizada y je¬
rarquizada.
El movimiento priscilianista y su principal representante,
Prisciliano, con su doctrina de renovación heterodoxa, es una
prueba de que el cristianismo estaba ya arraigado en Galicia.
Había pasado el primer período de aceptación ingenua del dog¬
ma cristiano y había comenzado el segundo período, o sea, el
de crítica y discusión. Por tanto Prisciliano y sus secuaces son
una prueba de la existencia de un período anterior de posesión
pacífica de la doctrina evangélica. Antes de la conversión de
los suevos al Catolicismo la lucha entre suevos y gallegos es
continua; en cambio, desde que Reckiario se convierte en el
149, no sólo cesa, sino que gallegos y suevos hermanados em¬
prenden la conquista total de España, lo que prueba que el
pueblo gallego era ya en masa católico.
Pero sobre todo el hecho de haber llegado el latín hasta los
últimos rincones de la geografía galaica y de haber desplazado
completamente al celta y a otros idiomas prerromanos, de los
cuales no ha quedado ningún testimonio literario, solamente
han quedado topónimos y antropónimos celtas, es una prueba
de la cristianización temprana de Galicia.
El latín cargado con la gran dosis del dogma cristiano lle¬
gó a todos los lugares. Parodiando al gran poeta latino podría¬
mos decir que alcanzó pauperum tabernas regumque turres 433.
Nos hemos detenido tal vez demasiado en la exposición de
los testimonios referentes a la cristianización de España, por¬
que actualmente priva quizá en exceso la tesis de que el cristia¬
nismo penetró en Galicia tardíamente.

Hidaclot llydatii Lemici conlinualio..., n.° 174, p. 29.
Hidaclot Hydatii Lemici conlinualio..., n.° 199, p. 31.
1431) Devos, Pauli Le date du voyage d'Egeria, en Analecta Bollandiana, LXXXV, fase.
1-2, p. 176. Torres Rodrigues, Casimiro! La» Peregrinacione» de Galicia a Tierra
Santa en el ligio I', en «Cuadernos de Estudios Gallegos», XXXII, 1955, pp. 313360. Peregrino» de Oriente a Galicia en el ligio V, en «Cuadernos de E. G.», XXXVI,
1957, pp. 53-64.

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galo, aun en las regiones más apartadas de IB Galia, es contemporánea del triunfo del
Cristianismo sobre el paganismo». Hittoire du Mayen Age, dirigida por GloU, I, p. 62,
nota 34. «La disparition du galois, méme dans les regions les plus écartées de la Gaule,
est contemporaine du triumphe du christianlsme sur le pagamsme». Estas palab ras son
exactamente aplicables a Galicia sustituyendo et galoit por el celia.

216

S3

CASI.Ml HO TOHHES HUDIMGUEZ

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Solamente haremos mención de las más destacadas figu¬
ras de esta opinión.
Entre ellas cabe mencionar a Víctor G. de Clercq, autor
del mejor estudio sobre Osio de Córdoba. Así afirma de forma
contundente: «In other parts of Spain especialy in Gallaecia,
paganism survived till the sixth century» 434. En otras partes de
España, especialmente en Galicia, el paganismo sobrevive has¬
ta el siglo sexto.
Hay que tener en cuenta que Clercq no hace un estudio
personal en este punto: sigue a McKenna 43S. Este más bien de¬
muestra que los restos del paganismo subsisten en España y
sobre todo en Galicia, hasta la caída del Imperio Visigótico. Lo
que no quiere decir que subsista el paganismo, y mucho menos
que no se haya predicado el cristianismo. El Catedrático de
Historia Antigua de la Universidad de Compostela, D. Luis
García Iglesias, dice: «No encontramos ningún dato anterior al
año 600, que se pueda aprovechar seriamente en defensa de las
tradiciones jacobeas y los indicios favorables esgrimidos por
viejos tratadistas confesionales valen más como exponente de
lo que es capaz un deseo que como argumentos válidos» 436.
Parece referirse a los datos literarios, o sea, a testimonios
literarios, que ciertamente no existen, ni referentes a la tradi¬
ción jacobea, ni a cualquier otra faceta de la historia de Gali¬
cia, después de la conquista romana.
Existen datos de carácter arqueológico y litúrgico, como
veremos. Parece admitir los que aparecen hacia el 600, o sea,
los del Breviarium Apostolorum y los De Orlu el Obitu Patrum.
Pero, como no cabe suponer que estoB surgieron por gene¬
ración espontánea, hay que reconocer que tuvieron que existir
otras fuentes, que hoy se desconocen, de donde los toman los
autores citados de las mencionadas obras; como hay que admi¬
tir las raíces del árbol que da hojas y fruto, aunque aquéllas no
se vean.
Por último parece inclinarse a esta opinión el sabio inves¬
tigador y catedrático D. Manuel Cecilio Díaz y Díaz; no duda¬
mos en considerarle uno de los mejores conocedores de las
(434)

Clercq, Víctor C.i Ossius of Cordova. A Contribution to the History of lhe Constantinio-

ri period, p. 31.
(435) McKennai Paganitmen Pagan Survivali in Spain up tolhe Fall of the Visigotic King¬
dom, Washington, 1938, I, 42-43.
(436) García Iglesias, Luiai El Critlianitmo, en Historia de España Antigua, II, p. 652.

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fuentes de la Historia Medieval y en particular de todo lo refe¬
rente a la Cuestión Jacobea 437.
El mismo parece concretarla en esta frase: «sera tándem
procesione rara Jides». Tardía evangelización; número reducido
de creyentes.
Desde luego entendemos que tal vez ha sobrevalorado las
fuentes santorales del siglo VII, verdaderas predecesores de la
que más tarde se había de llamar Leyenda dorada. Se trata de
prólogos a vidas de mártires que repiten de forma constante
casi el mismo disco. La más antigua de estas vidas de mártires
parece ser la llamada Passio S. Saturnini, tal vez del siglo V 43B.
Entre ellas cabe enumerar la Passio Leocadiae, así como
las de Vicente, Sabina y Cristeta 439. La vida de San Fructuoso,
publicada y traducida por Díaz y Díaz, a los que pueden agre¬
garse textos de S. Valerio; las de San Félix, Cucufate y Eulalia,
Justo y Pastor, etc. 440
Aún hoy tiene valor el juicio de García Villada: «La mú¬
tua dependencia de estos textos indica bien a las claras que el
pasaje es un lugar común inventado por el hagiógrafo de San
Saturnino y copiado por los españoles» 44‘.
Veamos un ejemplo: «...cum raras in aliquibus civilalibus
ecclesiae paucorum chrislianorum devolione consurgerenl et cre¬
bra... gentilium... in omnibus locis templa fumarent...» 442
Cuando escasas iglesias surgieron en algunas ciudades por
devoción de unos pocos cristianos, y en cambio los abundan¬
tes... templos paganos, humeaban...
Las actas de S. Félix, Cucufate y Eulalia, vienen a em¬
plear la misma fórmula narrativa: «...eralque magna Jides el
ideo magna, quia rara. Delubra vero gentilium in omni loco sa¬
crilega effusione sanguinum laurorum, hircorumque fuma(437)

(438)
(439)

(440)

(441)
(442)

Diaz y Diaz, Manuel Cecilloi La Cristianización en Galicia, en »Cuadernas del Semi¬
nario de Estudios cerámicos, de Sargadelos», 16, pp. 10B y 117.
Bibliotheca Haglographlca Latina, de los Bolandos, 7497.
Pasionarios de CardeAa y Silos (siglo X) y Ms. add. 23.600 del British Museum; Ms
2180. Nouv. Acq. Biblio. Nat. Paris.
Díaz y Diaz, Manuel Cecilio! Vida de Fructuoso de Braga, Braga, 1974, pp. 80-81.
Fabrega Grau, A.i Pasionaria Hispánico, II, pp. S7-S8. Flórez, Enriques EG, VI,
pp. 313, 315, 316 y XV p. 450.
Garcia y Villada, Zacariasi Historia Eclesiástica de Espada, I, 1.* parte, p. 170.
Fabrega Graui Pasión de S. Saturnino en Pasionario Hispánico, II, MadridBarcelona, 1955, p. 57. Los arqueólogos actuales en su mayoría sostienen que no existen restos
arqueológicos de ningún templo pagano en Galicia.

218

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

banl» 443. Era grande la fe y tanto más grande cuanto más rara.
En cambio los templos de los paganos humeaban en todo lugar
con la sacrilega efusión de sangre de toros y machos cabríos.
Aparte de las palabras transcritas de García Villada, podría
añadirse que el valor histórico de estos textos es casi nulo. To¬
dos tienen valor panegírico, y estos autores además de escribir
sobre mártires del siglo IV, o anteriores, a distancia de dos si¬
glos, están ayunos de sentido histórico y de conocimientos per¬
sonales y objetivos.
Resultaría pavero aplicar a Galicia lo que dicen de que los
templos paganos humeaban con los sacrificios ofrecidos de to¬
ros y machos cabríos. No se ha encontrado ningún vestigio de
la existencia de templos paganos en Galicia; cosa extraña, pues
solían existir en las capitales de los conventos jurídicos y en los
foros. En Lugo no se han descubierto.
Sabido es que en Galicia no se han encontrado restos de
ningún templo pagano. De suerte que podría decirse, paro¬
diando a Curros Enriquez, que sólo fumegarían as lellas de los
castros galáicos. Esta ausencia de templos paganos da margen
a la suposición de la cristianización temprana de Lugo y Astorga.
Algunos autores, como S. Fructuoso y S. Valerio, más que
de la existencia del paganismo hablan de la sobrevivencia de
las costumbres paganas, cosa no extraña, puesto que S. Valerio
podía contemplar el panorama de las ruinas provocadas en la
Cristiandad Occidental por las invasiones bárbaras, que traían
de nuevo el paganismo, o el arrianismo.
También de los errores del priscilianismo, etc. Como re¬
medio al estado de postración tratan de revitalizar la vida mo¬
nástica con los ejemplos de los mártires.
Por tanto, más que finalidad histórica, estas notas la tie¬
nen panegírica y parenética.

bal; ...conventi cuín... Christi secrelisaimis et abdilissimÍB locis a pancis el perfeclis ¡ngrediebuntur pergae exigue perluceret ex t remita*. Las coincidencia* entre S. Valerio y
la Vida de S. Fructuoso la* deataca Día* y Díaz, en la Vida de S. Fructuoso, p. IB.
Véase Díaz y Díaz, Manuel, en la flomanííacián de Galicia. La Cristianización en Ga¬
licia, en <r Cuadernos de Estudios Cerámicos de Sargadelos», 16, p. 17. nota 3.

LA GALICIA ROMANA

219

16. Datos arqueológicos referentes a la cristianización
de Galicia

En primer lugar están los proporcionados por las excava¬
ciones últimas en la Catedral de Santiago.
Vamos a copiar a la letra las palabras de Guerra Campos:
«Todas las sepulturas, incluidas las medievales, están clara¬
mente orientadas, es decir, que las cabeceras están al Oeste y
los pies al Oriente, hacia donde se dirigen los ojos de los cuer¬
pos yacentes. En segundo lugar; todas las sepulturas son de in¬
humación, sin vestigio alguno de los depósitos cinerarios. Los
cadáveres tendidos en posición supina, cruzan las manos sobre
la pelvis. Por último, es sorprendente que en la exploración cuida¬
dosa de tantas sepulturas intactas (la mayor parte de las 182
registradas) no haya dado ninguna resto de piezas metálicas ni
de otra clase de ajuar funerario. Estamos, sin duda, ante una
ley constante de austeridad intencional. La convergencia de
todos estos indicios... nos impele a pensar en el origen cristiano
de las necrópolis, desde las más antiguas» 444.
No hace falta decir que la existencia de tumbas cristianas
desde la época romana es una prueba evidente de que en las in¬
mediaciones de la actual Compostela existió población cristiana.
El mismo Guerra Campos dice en otro lugar: l.° «El viejo
altar, que desde el s. IX es conservado y venerado como recibi¬
do de Discípulos de Santiago, es decir, anterior al Descubri¬
miento.
2." El Mausoleo, edificio del siglo I-II, está en medio de
una necrópolis muy densa y creciente, donde las edificaciones
van siendo demolidas, o se arruinan, mientras el terreno es
aprovechado progresivamente para tumbas: sólo el mausoleo
permanece y es ricamente decorado. 3.° La mayor parte de las
182 tumbas registradas en el área de la Catedral se alinean per¬
pendiculares a un límite del terreno, que parece adaptarse a un
camino, y que diverge unos grados de la alineación más arcáica
del mausoleo.
Esta oblicuidad ni incluye, ni excluye, una posible relación
intencional de las sepulturas con un Sepulcro venerado, porque
también alcanza a no pocas sepulturas medievales, en que esa
intención es discutible.
(444)

Guerra Campos, Joséi Excavaciones.,., pp, 312, 313.

220

CASIMIIIO TORRES RODRIGUEZ

Lo significativo es que la necrópolis del siglo V al VII no
obstante la oblicuidad de varias piezas, se encuadra en una alineadón general, que apunta por el Este al mausoleo» ws.
Estos datos parecen indicar que existió un culto sepulcral
en el lugar correspondiente a la actual Compostela.
Chamoso Lamas dice: «En el área de la Catedral en torno
al edículo romano de la tumba Apostólica, han aparecido y se
mantienen cuidadosamente a la vista, no sólo los vestigios de
los templos y sepulturas pertenecientes a los un tanto nebulosos siglos IX, X y XI, sino también necrópolis y edificaciones
que corresponden a la época de romanización del N. O. hispá¬
nico».

Considera como paleocristianas las necrópolis, que contiedenominados de estola, como los hallados en la
sarcófagos
nen
Catedral de Santiago; en Santa María de Aguas Santas (Allariz, Orense) ; en Tines (La Coruña), en Catoira de Arriba (Pon¬
tevedra), en Martores (Valga, Pontevedra), en San Tirso de
Oleiros (La Coruña), en Ubiña (Cambados, Pontevedra), en
Iría Fla via (Padrón, La Coruña), en Santiago de Adragonte
(Paderne, La Coruña), en Las Cruces (Esclavitud, La Coru¬
ña), en San Martín de Mondoñedo (Lugo), en Santa Eulalia de
Araño (Rianxo, Pontevedra).
Las sepulturas del tipo estola encontradas en estas necró¬
polis, unas no llevan decoración alguna; otras llevan decora¬
ción abundante y a veces enigmática. Alguna lleva una cruz.
Las primeras tal vez corresponden a las cristianas católicas; las
segundas a las priscilianistas 446
De gran importancia es la tapa del sepulcro de Temes
(Carballedo, Lugo), anterior al 325, con escenas de la Adora¬
ción de los Reyes Magos, de Adán y Eva y del ciclo Jonás.
Conocido es el Crismón del s. V hallado en Quiroga 44?.
Guerra Campo», José, ,\otas critica».. pp. 383-364.
Chamoso Lamas, Manueli Sobre las Xecrópotis Paleocristianas, últimamente descu¬
biertas en Galicia y Portugal, en Anuario de Estudios Medievales, 2, 1965, pp.
'135-149. Ofrece abundantes láminas, en algunas de las cuales se ve ya la cruz esculpi¬
da.
(447) Castillo, Angel del. Un Crismón del siglo I ', en «Boletín de la Real Academia Ga¬
llega», CLXXVII1, La Coruña, 1925, pp. 233-234. En relación con el sepulcro del Te¬
mes V. Prehistoria e Arqucoloxia de Galicia, Sección de Arqueoloxia e Prehistoria, Insti¬
tuto de Estudos Galegos P. Sarmiento, Lugo, 1979, p. 93. Es muy interesante la ins¬
cripción que figura en el Crismón de Hermida (Quiroga). Pero, como la cristianización
de Galicia en el siglo V es admitida por lodos, nos abstenemos de comentar este precio¬
so bullazgo arqueológico.

LA GALICIA HOMANA

221

A estos datos arqueológicos, que abogan por la propaga¬
ción del Cristianismo en Galicia, ya en época remota, se hace
preciso añadir: l.° Que en Lugo, ciudad fundada a base de un
campamento romano que sirvió para la conquista y pacifica¬
ción de Galicia, se han encontrado restos de construcción de
termas, y de un presunto foro, pero no se han encontrado res¬
tos de ningún templo pagano. 2.° En la construcción de la mu¬
ralla, que suele fecharse entre el 265 al 278 d. C., se emplearon,
como material de construcción, lápidas con inscripciones paga¬
nas y piezas de estatuas, como la Venus encontrada en la Puer¬
ta Nueva, en conjunto 43 piezas, según Arias Vilas (O. c. p.
58); exvotos dedicados a Júpiter Optimo Máximo, otras dedi¬
cadas a los dioses lares y viales: Verore, Regoni, Aerno, etc.;
otras conmemorativas, todas paganas. Ahora bien, dno sería
un acto de menosprecio emplear, como aparejo pétreo, lápidas
de tan sagrado simbolismo pagano? En cambio nada tendría
de particular que, una vez sustituido el paganismo por la reli¬
gión cristiana, se les asignase esa vil y útil función de servir de
material de construcción. 3.a Por último, el citado investiga¬
dor Arias Vilas dice: «Del siglo III es el mosáico de la calle Batitales, que correspondería a un edificio público no determina¬
do y del s. IV, la piscina exhumada y tapada de nuevo en la
Plaza de Santa María, salvo una parte que se conserva en el
Museo Provincial, que nos introduce quizás en el Cristianismo
urbano de época tardorromana». Estos hallazgos vienen a com¬
probar que el Cristianismo había triunfado en Lugo en época
remota, y no cabe duda que revela situación en bancarrota del
paganismo.
17. Testimonios de tipo litúrgico, o santoral

Desde luego hay que reconocer que son menos valiosos
que los literarios, o los arqueológicos, aunque no se puede ne¬
gar su importancia.
En los documentos de Odoario, Obispo de Lugo, se cuenta
la repoblación de los territorios conquistados a los árabes y la
reconstrucción de varias iglesias en tiempo de Alfonso III. En¬
tre éstas hay siete dedicadas a Santiago, antes de la Invención,
o Descubrimiento, del sepulcro del Apóstol por Teodomiro.
Estas iglesias son las de: Vita Boenli, Quirice, en Montene¬
gro; Mera, Formati, en Prados; Zerzela, en Orlicaria; Villa

r
222

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Onarici, en Aviancos, y la de Mamilami (Meilán). Esta, funda¬
da en el año 757 por Avezano y Dorinda, está dedicada a San¬
tiago Apóstol, quem lu Domine, nobis palronum insliluisle 44e.
Estas iglesias están en las diócesis de Lugo y Mondoñedo.
Pierre David dice que el culto a Santiago es más antiguo en la
región comprendida entre el Miño y el Mondego, que la difu¬
sión de las tradiciones de Compostela 449.
Díaz y Díaz dice: «Aparentemente hay unas titulaciones
de iglesias que parecen haber sido preferidas en época antigua
y desde luego, las que están mejor representadas no todas ellas
pueden ser atribuidas a la misma época, pero en conjunto ofre¬
cen la situación que pudiéramos considerar más remota» 4Sfl.
En el cómputo que hace de las advocaciones más frecuen¬
tes figura la de Santiago en el 8,16 %, sólo superada por la de
Santa María con un 20,34 %, y S. Pedro, con un 8,48 %. Esta
última ligeramente superior a pesar de tratarse del primero en¬
tre los Apóstoles 4S1.
Desde luego no cabe sobrevalorar el hecho de que la zona
repoblada de Lugo y Portugal se dé como titular de las iglesias
antes de la reparación y con preferencia a otros apóstoles y
hasta al mismo S. Juan, a Santiago.
Sin embargo no deja de tener su importancia esta titulari¬
dad de las iglesias reconstruidas, en fecha anterior a la Inven¬
ción o Descubrimiento, con el nombre de Santiago. Este hecho
sin duda supone que la veneración de Santiago existía desde fe¬
cha lejana, al menos anterior a la conquista árabe.
Creemos haber expuesto con toda honradez y sinceridad
las razones que apoyan la tradición jacobea, no de menor fuer¬
za que las que se exigen normalmente en la comprobación de
otros hechos históricos.
A éstas tenemos que añadir que la prescripción está de
parte de dicha tradición jacobea; nadie puede negar que du¬
rante toda la Edad Media se admitió, sin la menor vacilación,
14-18)

Guerra Campos, Joséi ¡Volas sobre el origen..., pp. 577-578. García Conde, A.i Do¬
cumentos Odoarianos, en «Boletín de la Comisién de Monumentos de Lugo», II,
1942, pp. 25-29; III, 1942. pp. 25-29; 111, 1942. pp. 57-60; V, 1943, pp. 101-109 y

1952, pp. 16-17.
David, Plerrei Eludes llisloriques sur la Gallee el le Portugal, p, 229.
! 450) Díaz y Díaz, Manuel Ceclllot /Idas del Coloauio internacional sobre el Bimilenario de
Lugo, 247-248. Rodríguez, C.i El cullo de los Sanios en la España Romana y Visigoda.
Madrid. 1966, pp. 336-338.
(451) Díaz y Díaz, M. C.t ¡b. p. 248.
• 449)

LA GALICIA ROMANA

223

la realidad del Cuerpo de Santiago en Compostela por las ma-

sas de peregrinos, que de todas partes vinieron a visitarla. Los

caminos de la peregrinación, jalonados de construcciones de
todo tipo, son testigos perennes. Algunas voces se dejaron oír
en contiendas ligadas a interesadas miras de primacía entre las
iglesias de España, voces que, como toda excepción, confirman
la regla. España estuvo vinculada con Europa a través de las
corrientes culturales derivadas de los caminos de peregrinación
a Santiago.
La veneración del Cuerpo de Santiago en Compostela per¬
dura en la Edad Moderna y alcanza hasta nuestros días.
Habría que encontrar muy fuertes motivos para que un
historiador amante de la verdad objetiva llegase a rechazar es¬
ta secular tradición; dado que es norma jurídica que in dubiis
slandum esl pro valore aclus; aun en los casos dudosos, que en
esta ocasión no se dan, hay que admitir como norma, que lo he¬
cho está bien hecho, mientras no se demuestre lo contrario.

18. Objeciones y dificultades

Pocas tesis existen que no estén sujetas a posibles objecio¬
nes y dificultades. No podían faltar éstas en cuanto a la cues¬
tión de la predicación de Santiago en Galicia y de su tumba en
Compos tela.
Se va dando de lado en la actualidad a las objeciones anti¬
guas como la referencia del mártir Trasea recogida por el antimontanista Apolonio y relatada por Eusebio de Cesárea de que
el Salvador, antes de subir al cielo encargó a los Apóstoles que
no salieran de Jerusalén por espacio de doce años 452. Clemente
Alejandrino viene a repetir lo mismo. Desde luego suscitaría
dificultad cronológica, dado que Herodes Agripa, quien ordenó
la muerte de Santiago, reinó en Judea desde el año 41 al 44. Si
se pone la muerte de Cristo en el año 30, no le quedaría tiempo
a Santiago de venir y evangelizar Galicia.
Sin embargo aparte de que la referencia de Trasea es ina¬
ceptable, puesto que está en pugna con los Hechos de los Após¬
toles VIII, 14 y IX, 31-43; X, 1-48 y XI, 1-18; aún quedaría
tiempo de venir a Galicia.
(452)

Eusebio de Cesareai Historia Eclesiástica, V, 18, 14.

22 1

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Clemente Alejandrino se apoya en un libro apócrifo: Keryma Pelrou, del siglo II ; por tanto, su testimonio no es de gran
valor. En el caso de que los Apóstoles hubieran permanecido
en Palestina durante 12 años, si ponemos la muerte de Cristo
en el año 30, y la de Herodes Agripa en el 44, no cabe duda que,
aun descontando doce, le quedaron dos años para poder venir a
España y a Galicia ,S3.
Como Santiago era marinero de profesión antes de ser lla¬
mado por Cristo, hay que suponer que conocía IBB técnicas de
la navegación y por tanto pudo llegar a Galicia por mar. Sabe¬
mos por los Hechos de los Apóstoles que Herodes Agripa murió
poco tiempo después de la degollación de Santiago 454. Por tan¬
to los dos años serían suficientes para venir a Galicia y regresar
a Jerusalén.
Tampoco se valora demasiado hoy la dificultad que plan¬
tean las palabras de S. Pablo, que había tenido por norma la de
haber predicado el Evangelio, no donde antes hubiera sido
nombrado Cristo, para no edificar sobre cimiento ajeno, sino
donde nunca había sido anunciado; luego añade que deseaba ir
a España y saludar a los corintios 455.
Desde luego esta norma tuvo sus excepciones, puesto que
predicó en Damasco, Antioquía y Jerusalén; pero, además, Es¬
paña a la sazón no constituía unidad política, de modo que
dentro de las Españas podía anunciar el Evangelio en lugares
donde Cristo no hubiese sido predicado.
Algo más suelen valorarse las palabras del Papa Inocencio
I en su carta a Decencio, Obispo de Gubio: «Nadie en Occiden¬
te debe ignorar que en toda Italia, las Galias, España, Africa,
Sicilia e islas adyacentes, ninguno fundó iglesias, sino aquellos
que el venerable Apóstol Pedro, o sus sucesores, constituyeron
obispos, o citen si en estas provincias se halla, o se lee, que ha¬
ya enseñado otro Apóstol» 456.
Sin embargo estas palabras se refieren a fundación de igle¬
sias con rito litúrgico y personal jerarquizado. De hecho se re¬
fiere sólo a la liturgia de la misa; puesto que, si se toma a la le¬
tra, habría que negar la predicación de S. Pablo en España, en
Malta y en Roma.
(453)
(454)
(455)
(456)

Clemente Alejandrino! Slromnata, VI, 5, 43.
Lucaai lleclw» de los Apóttole», XII, 19.
San Pabloi Id Corintio», XV, 19, 25.
P. L. M., XX, col. 552 y 556.

LA GALICIA ROMANA

225

Aparte de que en la época de Inocencio 1, 401-417 la situa¬
ción es muy confusa con las invasiones bárbaras y los asedios
de Roma por Alarico (408-410), la comunicación con España
Occidental, o sea, con Galicia, estaba completamente cortada.
Por tanto tiene su explicación que no tuviera noticia de la
evangelización de la misma por Santiago. Por otro lado no pa¬
rece tratarse de un Papa demasiado culto, pues consta que ac¬
cedió a que los augures paganos ejerciesen su oficio, para que
cesase el asedio de Roma por Alarico.
Pero si bien estas viejas objeciones no son muy tenidas en
cuenta entre los historiadores contemporáneos, en cambio ca¬
da día crece más la fuerza de la objeción, que se funda en el si¬
lencio, o falta de datos referentes a Santiago entre los escrito¬
res de los primeros siglos; en particular de los gallegos como
Orosio, Hidacio y Egeria; de los peninsulares, como Prudencio,
S. Isidoro, el Biclarense, etc.; de los próximos a España, como
Próspero de Aquitania, Gregorio de Tours, Venancio Fortuna¬
to. Del propio S. Martín de Dumio, o de Braga, verdadero
apóstol de los suevos y de los gallegos. Este silencio en relación
con la predicación y sepultura de Santiago, que ya venía ha¬
ciendo mella en los historiadores anteriores, cada día se valora
más y llega a producir entre los escritores actuales un ambiente
de escepticismo, o de franca negación.
Sin embargo este silencio en relación con la predicación de
Santiago y su sepulcro en Galicia no es privativo del tema jacobeo. Envuelve en su opacidad toda la historia antigua de
Galicia.
Se ignora cuál fue el emperador que mandó construir la
Torre de Hércules; no han sido localizadas las llamadas Aras
Sexlianas, nada se detalla de la campaña de Augusto en Gali¬
cia.

Orosio menciona dos hechos importantes de la Historia de
Galicia: la batalla del Duero, en la que los galaicos pierden
60.000 hombres, y la del Medulio en la que, como en Numancia, se suicida otra gran multitud. Cuenta estos hechos, porque
entran dentro de la temática ordenada por S. Agustín de enu¬
merar las calamidades que el mundo sufrió antes de la venida
de Cristo, pero pasa por alto otros hechos importantes de la
Historia de Galicia, porque no encuadraban en el esquema his¬
tórico que pretendía realizar.

r
CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

226

Como la predicación de Santiago estaba muy lejos de ser
un hecho calamitoso, no tenía por qué relatarla.
Tampoco Hidacio tenía por qué hablar de Santiago. Su
Cronicón es continuación de la crónica de S. Jerónimo, que lo
era a su vez de la de Eusebio de Cesárea, interrumpida en el
año 379, después de la batalla de Andrinópolis. Como la venida
de Santiago no caía dentro del período cronológico que abarca
su Cronicón, no tenía por qué mencionarla. Sólo hace mención
de Santa Eulalia de Mérida, porque se relaciona con la muerte
de Hermegario, castigado por la profanación causada por éste
a su santuario.
Egeria tampoco tenía por qué hablar de Santiago, pues só¬
lo cuenta las novedades observadas en su viaje de peregrina¬
ción a Tierra Santa. Precisamente el hecho de que no habla de
la tumba de Santiago el Mayor, en Palestina, es una prueba de
que no se conservaba memoria de su tumba en Palestina. Lo
mismo habría que decir de Prudencio, quien sólo canta a los
mártires de Zaragoza.
El Biclarense también continúa la crónica de Víctor de
Túnez, o sea, comienza en el 568.
Pero este argumento del silencio se da también en relación
con la cristianización de Galicia, que hay que admitir que era
una realidad al menos en los finales del siglo IV y en el siglo V .
Orosio, historiador nacido en Braga, ciudad que a la sazón
formaba parte de Galicia, dice que «los paganos reciben este
nombre de los lugares agrestes y de las aldeas en que viven», de
suerte que en su época el paganismo continúa sobreviviendo en
las aldeas, pero está en baja en las ciudades. Y en otro lugar di¬
ce que la religión de Cristo «ya prevalece» 457.
Orosio escribe estas palabras en el año 417.
Por otros escritores, como Hidacio, sabemos que en esa fe¬
cha Galicia estaba cristianizada y, en parte, seguía la secta de
Prisciliano.
Sin embargo nada se sabe de los evangelizadores de Gali¬
cia, si excluimos a Santiago y a sus discípulos, hasta S. Martín
Dumiense, que consigue la conversión de los suevos y la depu¬
ración del cristianismo gallego.
(457)

Orosio, Paulot Hiiloriarum adversum paganos libri, I, 9 y 15, pp. 2 y 3, ed. Zange-

mciBter.

LA GALICIA ROMANA

227

S. Isidoro en su Crónica sólo menciona aquellos sucesos
que ha encontrado en historiadores anteriores, como Hegésipo,
Eusebio, traducido por Rufino, Hidario, Osorio, etc.
Por último, este silencio no debe causar asombro exagera¬
do, pues se da en hechos más notables de la vida de la Iglesia,
víctimas del olvido. Parece extraño que S. Pablo, en su Epísto¬
la a los Romanos, no hable de S. Pedro.
Nadie puede poner en duda la importancia de las Cata¬
cumbas de Roma en la Historia del Cristianismo. No obstante,
ya sea por la célebre disciplina del arcano, o por otros motivos,
en los tres primeros siglos del Cristianismo no habla de ellas
ningún escritor cristiano o pagano. Por los nombres se ha de¬
ducido que las galerías subterráneas que se construyeron para
sepulturas tienen lugar en fincas, o propiedades de familias
opulentas romanas: Pomponii, Caecilii, Acilii Glabrionis, Flavia Domiiila.
A partir del siglo III, como el número de los cristianos au¬
mentaba, pasaron a la comunidad de la Iglesia, por ejemplo, el
cementerio de Calixto, así llamado del nombre del diácono del

Papa Zeferino.
Con la libertad constantiniana de la Iglesia se van dejan¬
do los enterramientos subterráneos y los cementerios se cons¬
truyen al aire libre. De momento se les visita como santuarios.
En el siglo VIII se trasladan las reliquias a las principales
basílicas de Roma por miedo a los sarracenos. Caen en el olvi¬
do, y fueron necesarios los estudios de Antonio Basio y sobre
todo de J. B. Rossi, para rescatarlas y ponerlas a la luz de la
Historia.
Si un fenómeno tan colosal como el de las Catacumbas ha
sufrido la agresividad del tiempo, no puede extrañar a nadie
que el olvido haya también afectado a la evangelización y a la
tumba de Santiago.

CAPITULO XIII
1. Las Comunicaciones: Vías, puentes, puertos, faros

Después de la conquista, y aún durante la misma, en la
administración romana la seguridad de las comunicaciones por
razones estratégicas, administrativas y comerciales y también
para el funcionamiento del correo, fue primordial.
No cabe suponer que la población indígena de Galicia ca¬
reciese en absoluto de caminos, puentes, pasos de montaña y
medios de transporte marítimo y fluviales.
Las excavaciones en los castros han puesto de manifiesto
que existían caminos para el tránsito rodado, como en Borneiros, Moaña, Troas, Cameixa, Briteiros, etc.
Sin embargo, la organización de las comunicaciones es
obra que causa admiración por su técnica, modelo de la compe¬
tente y sabia administración romana.
Una red de comunicaciones se extiende por todo el territo¬
rio conquistado. Las capitales de los Conventos Jurídicos sir¬
ven de punto de enlace y de ellos irradian las vías principales.
Pero existen otras vías secundarias que arrancan de éstas y
que se van descubriendo a cada paso.
La técnica avanzada en las construcciones y en el funcio¬
namiento está muy por encima de la que pudieran tener las or¬
ganizaciones indígenas.
Las vías romanas por su estructura material y por su ade¬
cuación a la accidentada topografía gallega, revelan alto nivel
de ingeniería. Las vías principales son de anchura bastante
amplia, generalmente de unos cinco metros. Según la Ley de
las Doce Tablas, no debía de ser una anchura inferior a 2,37
metros.
No eran continuas, como se dice en algunos escritores, ni con
varias capas de argamasa, cubiertas con grandes baldosas de
piedra. Esta construcción esmerada tuvo lugar en las grandes

230

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

vías de Italia y en las principales de España; pero no en las se¬
cundarías y en todo el recorrido de las principales de Galicia.
Si así hubiera sucedido, sería hoy fácil señalar el antiguo
trazado. En los terrenos llanos, o no muy pendientes, de es¬
tructura firme, no propensos a formación de baches, no se ha¬
cía más que una labor superficial con tala de árboles y limpieza
de maleza y pequeñas obras que no resistieron a la acción del
tiempo.
En cambio en terrenos con peligro de erosión, o propensos
al encharcamiento, el pavimento se hacía con anchas baldosas
de piedra, bien asentadas sobre mortero, o cemento, lo que ha
permitido que llegasen hasta nuestros días. Generalmente si¬
guen dirección rectilínea, pero cuando las dificultades del te¬
rreno lo exigen, se curvan y se hacen más anchas en las curvas;
se puede apreciar que tratan de seguir el trazado más corto,
paru el más rápido traslado de tropas y víveres. Para ello se ve
que, a veces, hay cuestas de gran desnivel, especialmente en el
acceso a los puentes, generalmente levantados en valles pro¬
fundos. En los bordes había piedras que servían para el descan¬
so de peatones o para montar a caballo.
Los miliarios. En las vías romanas, especialmente en las
de primer orden, se levantan los miliarios, bloques de piedra ci¬
lindricos, casi siempre monolíticos, que indican las distancias
en millas, de donde proviene su nombre. Generalmente tienen
la altura de un hombre; suelen estar bien tallados y llevar ins¬
cripciones bien trazadas. No obstante los hay groseramente
acabados, delgados y bajos y con inscripciones toscas; pueden
ser signos de dudosa autenticidad o de precipitación.
Aunque el fin primordial de los miliarios fue, sin duda,
ayudar al viajero con la indicación de las distancias, después
sirven para adular a los emperadores con inscripciones prolijas,
que mencionan sus títulos honoríficos.
Son éstas más sobrias en las del tiempo de Augusto; más
elegantes las del tiempo de Trajano y Adriano, incluso con lí¬
neas simétricas en forma de versos.
Luego degeneran en forma indigesta y hasta ridicula, co¬
mo cuando Caracalla se hace llamar Marco Aurelio Antonino
Pío.
De ahí que pierden su valor primitivo y se transforman en
monumentos honoríficos, y en vez de ocupar el sitio que corres-

231

pondería a la distancia, se acumulan en ciertos puntos de las
vías; de ahí que reciban el nombre de columnas miliarias.
También los hay lisos, sin inscripción, porque no llegaron
a grabarse, o porque han desaparecido con la acción del tiem¬
po; algunas fueron borradas por decisión del Senado Romano,
como en los miliarios de Domiciano.
Las Mansiones. Tienen su importancia las mansiones es¬
pecialmente las mencionadas en el llamado Itinerario de Antonino, si bien muchas no han sido localizadas.
Eran estaciones de descanso, de alojamiento, de provisión
de víveres y piensos para el ganado, de cambio de postas o de
acémilas, etc. Quizás se haya exagerado la importancia de es¬
tas mansiones que raramente se convierten en poblaciones.
Campamentos mineros. Muchas vías se hicieron con
finalidad de obtención de recursos mineros. De ahí que al lado
de algunas vías se van descubriendo campamentos de mineros,
en los que se alojaban por millares esclavos y hombres libres
también, e inclusive dirigentes de las empresas mineras.
Los puentes. Fue actividad primordial y característica
de los romanos la construcción de puentes. La importancia que
tuvo desde el principio la construcción de puentes lo indica el
nombre de pontífices que llevaron los magistrados, que luego
entraron en la esfera religiosa. Es de suponer que aprovechasen
puentes de madera construidos por los indígenas y que ellos
mismos los hicieran de madera en casos de urgencia; pero luego
los fabrican con técnica admirable: arcos de medio punto, con
robustas dovelas, tajamares, pavimento en corcova con extre¬
midades rampeadas, paredes de cantería, etc. Han conseguido
que, con repaciones, algunos hayan llegado hasta nuestros
días, con la solidez y técnica que los caracteriza y que ha per¬
mitido que algunos hayan superado la acción del tiempo y de
los elementos y duren hasta nuestros días. Algunos fueron
construidos por las tribus indígenas, como parece haber sido el
primer intento de construcción del de Chaves, pero con técnica
romana. La conservación era tarea obligada de los municipios
y mansiones.

Las vías principales sufren modificaciones y rectificacio¬
nes debidas a diversas causas. Montalvao las reduce a las si¬
guientes: las ruinas de los puentes en algunos casos y, sobre to¬
do, el hecho de que algunas vías se hicieron con fines militares

232

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

y cortan por terrenos muy accidentados; después resultó más
cómodo para el tránsito de carros rehacerlas por pendientes
más suaves, aunque resultase más largo el camino.
El piso no siempre se hizo pavimentado y, a veces, se sus¬
tituye en algunos trozos por otro más favorable a la villa que
está próxima o al servicio de predios rústicos.
Otras es difícil determinar si algunas pavimentaciones son
de origen romano o son obra de las comunidades, o concejos, de
los pueblos indígenas, como ocurre especialmente en la repara¬
ción de los puentes, muchas de ellas realizadas en la Edad Me¬
dia o tiempos modernos, con aprovechamiento reducido a al¬
gunas piedras romanas458.
2. Las cuatro vías principales de la Galicia Romana

Son cuatro las vías principales señaladas por el Itinerario
corrientemente conocido por el nombre de Antonino 459. Una
apenas toca a la Galicia actual por el Sur.
Son muchos los que se han ocupado de las vías romanas de
Galicia y, por tanto, del mencionado Itinerario de Antonino;
otros perfilan sus investigaciones a base del recorrido y examen
de las vías, especialmente en los trozos que se conservan y en
los que se van descubriendo. Entre los principales investigado¬
res se puede citar a Barros Sivelo, Blázquez, Saavedra, López
Ferreiro, Macias García, Diez Sanjurjo, Conde Valvís, Filgueira Valverde, Monteagudo, Arias Bonet, Bouza Brey, Moralejo, Barradas, Caamaño, etc.
Un estudio merece mención especial y ahorra el trabajo de
referencias bibliográficas de los antes citados; es el de Dulce
María Estefanía Alvarez, profesora de la Universidad de San¬
f Barra1.4581 Monlalvao, Antonio) \o/a* ¡obre ufas romana* en tierras f¡avientes, p. 7 y 8.
1459)

dan Lereno, A.i I ¡as romanas das regiaes de Chaves a Bragança en «Revlst a de Guínmraes», LXVI (separata), p. 6 y BB.
Desde luego nuda tiene que ver con el Emperador Antonino y su ¿poca. En ¿I figura
Dioctecianópolis. Según los editores Parthey y Pinder, los códices más antiguos ponen
Antonii Augusti. El Códice Escurialcnse, siglo Vlll, es el único que pone tlinerarium
Antonini Augusli: Riese dice que tal vez fue enmienda de un librero, ul darse cuenta de
que Antonio no fue emperador. La confusión pudo originarse del liecho de que el reco¬

pilador Etico dice en el prólogo haberlo tomado del censo verificado bajo el consulado
de Antonio César y Augusto.
i se Riese, Alexanderi Geography Lalini Minores, Hildesheim, 1964, p XLI,
Véase
not a I.

LA GALICIA ROMANA

233

tiago ,6°. Aunque publicado en 1960, es lo más completo que se
ha hecho, a base de los miliarios, inscripciones y restos arqueo¬
lógicos toponímicos, etc. Estas vías son la 17, 18, 19 y 20.
La primera es, sin duda, la más antigua; data ya del tiem¬
po de Augusto. Es, como se ha dicho, la que apenas pertenece a
Galicia. Arranca de Zaragoza, llega a Astorga y, pasando por
las provincias de León y Zamora, se interna en la provincia
portuguesa de Tras-Os-Montes y llega a Braga. Las mansiones
intermedias son: Salada, Praesidium, Caladunum, Pelavoniwn
y Argenliolum.
La vía 18, llamada Vía Nova, se comenzó en el imperio de
Tito; entraba en Galicia por Portela de Home, seguía la cuenca
del río Lirnia, cruzaba las del Arnoya y el Navea y alcanzaba la
del Sil en Valdeorras; y por el Bierzo y los Montes de León lle¬
gaba a Astorga. Sus mansiones eran: Salaniana ( Portela de Ho¬
me), Aquis Originis, Aquis querquernis, Geminas, Salienlibus,
Praesidio, Nemelóbriga, Foro, Genestario, Bérgido e lnleramnio

Flavio.
Dulce Estefanía las identifica a partir de Aquis Orígenes:
Baños de Riocalido, Baños de Bande, Sandianes, Armea, Medorra, Trives, Puente de Cigarrosa, San Miguel de Oulego,
Castro de Ventosa, San Román, Astorga.
La vía 19 es más antigua que la precedente; se comenzó en
tiempo de Nerón. Da un rodeo por el Miño portugués y sigue
por las provincias de Pontevedra y Lugo. Sus mansiones eran:
Puente Limia (P. Limia), Tude (Tuy), Burbida (Borbén), Turoqua (Tourón), Aquis Celenis (Caldas de Reyes), Iria (Iria),
Asseconía (A Sionlla), Brevis (Aixón), Marliae (Furelos Marzán), Lucus Augusli (Lugo), Timalino (Campo de Arbol), Pon¬
te Naviae (Gatín), Urlaris (Golón), Bergidum (Cacabelos) y
Aslurica (Astorga).
Según D. Estefanía, Aquis Celenis corresponde a Cuntís y
Timalino y U taris no identificados. No existe acuerdo ep cuan¬
to a la identificación entre Barros Sivelo, Blázquez, Montea¬
gudo y Filgueira Valverde.
1.460:

Estefanía Alvarez, María del Dulce Nombre) \ (as /fumaria* de Galicia. Al final,
lista bibliográfica por orden alfabético, en Zephirus, XI, Salumanca 1960, p. 6-103.
Pura la reconstrucción de las vías romanas utiliza el Corpus de materiales siguientes:
A. Epigráficos: Miliarios e inscripciones. B. Arqueológicos; Restos de vía, restos de
puentes, restos de edificación, p. 63. Para el Itinerario de Antonino: llübner, E.i Iti¬
neraria Antonini Augusli, CIL, II, p. 618 y ss. Wessellng, Petrusi I riera liomanorum Itineraria, p. 420 y ss.

231

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

La cuarta, o sea, la 20, que recibe el nombre de per loca
marllima, o sea, a la vera del mar, parece arrancar de Aquis Celenis (Caldas de Reyes). Sus mansiones eran: Aquis, Celenis
(para algunos Aquis Bainis), Vicus Caporum (Vigo, ¿RedcmdelaP), Ad Duos Ponies (Pontevedra), Grandimirum (Cesures),
Trigundo (Taragoña), Briganlium (Betanzos), Carónico (Parga) y Lucus August i; desde aquí coincide con la anterior461.
Además de estas vías, que se pueden calificar de principa¬
les y están señaladas en el Itineraio de Antoníno, existen otras
secundarias; algunas exploradas, otras sin explorar.
D. Estefanía cita, entre las relacionadas con la vía 18, la
de Baños de Bande a Orense, y cita entre los que la han estu¬
diado, a Vázquez Núñez, Barros Sivelo, Diez Sanjurjo, Monteagudo, López Cuevillas, Vázquez Saco y Vázquez Seijas (Oc.
página 36).

Partiría por Baños de Bande y por Portela y Verea, llega¬
ría a Celanova y por Leiro llegaría a Orense. Otra iría de Cha¬
ves a Lugo. Se hallaron miliarios en Tamaguelos, Queizás, Verín, Molino de Veiga, Bobadela y Gustey; pasaría por Aguas
Santas, Orense, Chantada, Lugo.
Otra, de Verín a Geminas (Oc. p. 43). De ella han apareci¬
do miliarios en Rebondongo, Ginzo de Limia, Villar dos Santos.
Otra de Interanmio (San Román de Bembibre) a Médulas
y Genesturio (San Miguel de Oulego). Pasaría por Genestario
(Oulego), Médulas, Ponferrada, Interamnium (Bembibre).
3.

Los puentes

La fabricación de puentes debió de ser, como hemos dicho,
en todas las épocas peculariedad de los romanos, entre los cua¬
les los pontífices, que significa los constructores de puentes,
ocupan un lugar destacado entre las primitivas magistraturas
romanas.
I

161:

Estefanía, iMaríu «leí Uulce Nombres OC., |i. 31.
Moraleja Lusso, Abelardo! Toponimia (¡allega y Leonesa, |i. 251. nota 8. Corrige lu
leí tura que se venia dando; V'icus S/iacarnm por I i rus Caporum.
ICII lu p. 33 (liee: «Oc lu lurgu listu de nombres de mansiones muy pocos son los que se
m mineen hoy euntinuudos por los aeluules dentro de rigurosus normas histórico - liugilfaliras*: aparte de los consabidos Titile, Tuy; llergidum. Hierro; Lurwt, Logo; lirarara, Hrngu; If/m's Celenis, Cuidas de Heyes; :\ emelobriga, Mendoya.

LA GALICIA ROMANA

235

Los puentes constituyen la obra arquitectónica más im¬
portante de las vías. Es de suponer que, en casos improvisados,
los hiciesen de madera e, incluso, que utilizasen ios construidos
ya por los pueblos indígenas. Pero luego los construyen de pie¬
dra con sólidos pilares y arcos de medio punto, o escarzanos; el
cemento usado perdura hasta hoy. Muchos fueron los puentes
construidos por los romanos en Galicia, pero pocos, o mejor,
ninguno, si exceptuamos el Bibey conserva su estructura pri¬
mitiva íntegramente.
Como las vías se utilizaron para las comunicaciones en la
Edad Media y aún hasta nuestros días. Por lo cual han tenido
que ser reparudos en su totalidad. De algunos no ha quedado
más que los cimientos de sus pilares; de otros algunas piedras y
bloques de cemento, reconocibles aún hoy, como entre los
arrastres del río Bibey, en Las Ermitas (Orense).
En algunos se cambian los arcos de medio punto por otros
ojivales, como en el de la Cigarrosa (Valdeorras) y en el Puente
Viejo de Orense. Otros parece que conservan la estructura ro¬
mana, como el Puente Bibey, cerca de Puebla de Trives; la
mayoría han sido reconstruidos en su totalidad, y a lo más se
levantan in situ sobre el mismo lugar; y se aprovechan sillares
u oíros materiales romanos, como el de Lugo, Cesures, Brandomil, Sigüeiro, Tuy, Puertomarín, Belesar, Navia, San Anto¬
nio de la Puebla de Brollón; el de los Mazos sobre el Neira; el
de Foxín de Carracedo, en Láncara; el de Gatín; el de Porto,
en Riobarba; el Neira, el de Landrove, en Vivero; el de San Es¬
teban, en Rábade; el de Chantada; el de Cebres, etc.
Entre los que han existido, pero en la actualidad han desa¬
parecido y entre los que, en parte o en su totalidad, se conser\an, naturalmente con reparaciones, se pueden citar los si¬
guientes reseñados por D. Estefanía (p. 31).
El de Ambas Mestas (desaparecido), Santa María de
Areas, Arenley, Baños de Molgas, en San Juan de Bayón;
Puente Amelas, Belesar, en Bora, sobre el río Almofrey ; Bóve¬
da, Cacabelos, Cados, Congosto, Cuntís, Chantada, Feces de
Abajo, Friera, Gatín, Gondar, Lage, Laredo, LUCí (puente so¬
bre el Telia), Lupurio (puente de curvatura perfecta sobre el
arroyo de Paradela), Mañute (S. Vicente), Matama (Puente
Pedriña), Mendoya (puente romano sobre el Bibey, con tres
arcos de sillería, mayor el central, bien conservado). Por una

236

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

lápida dedicada a Trajano se sabe que contribuyeron a su
construcción los Aquifiavenses (Chaves); Oitabén; sobre este
rio hubo un puente, antes de Tourón, hoy destruido; Orense
([Miente romano con reconstrucción medieval y posterior; se
conservan los pilares); Padrón (puente romano sobre el Tea);
Pctín (Puente de la Cigarrosa), conserva las pilastras que sir¬
ven de arranque; los arcos, medievales; Pontevea (puente con
seis arcos de medio punto de posible construcción romana);
Puente Domingo Flórez, Puente Navea, Puente Valga (secónservan restos de pilares); Ribadelouro, Riofrío, Sampayo
( puente con un arco bien conservado) ; San Román de Bembibre (puente romano con reformas posteriores); Taboada
(puente romano con dos arcos); Toral de los Vados, Torre de
Albares, Torre de Santa Marina, Tuy, Vidán (puente sobre el
Sarcia); Villafranca del Bierzo.
1. Señalizaciones: Faros y puertos

Aunque es de suponer que los romanos levantaran, o con¬
servaran quizá, las ya establecidas señales orientadoras para la
navegación en los promontorios de las accidentadas costas ga¬
llegas, hay uno que es famoso entre los mundiales y que conser¬
va la tradición arquitectónica del de Alejandría, construido en
la isla de Faro, por lo que todos los demás reciben este nombre.
Se trata del llamado Torre de Hércules, en La Coruña, mencio¬
nado por Orosio, quien dice que era un furo altísimo y digno de
figurar entre las más acabadas obras de construcción 462. Añade
que sirve de atalaya para las naves de Bretaña. De suerte que,
en cierto modo, ya desde antiguo tiene importancia internacio¬
nal. Los geógrafos Etico y el Ravenate repiten la frase de Oro¬
sio.
Por una inscripción aparecida en una roca próxima a la
misma, se sabe que su constructor fue el arquitecto lusitano de
Coimbra, Cayo Servio Lupo, quien dedica su obra a Marte Au¬
gusto. Por el tipo de letra se considera del tiempo de Trajano
En tiempo de Carlos 111 se revistió de sillares de granito y
(462)

i 163)

Orosio, Paulo) Pauli Orosii Hisloriarum adversum paganos libri seplem, 1,2,71, p. 11,
edit Zapgemeisler, 1889.
Ethico, Elhici Cosmographia, p. 188, edil. Sitnler, Basileu, 1575. Ravennalit Havennalis inonymi Cosmographia: Briganlia, edil. J. Schctz, en Itineraria Pontana, 11,
Leipzigt, Tcubner, I9t0, IV, 43, p, 308.

LA GALICIA ROMANA

237

se le dio forma cuadrangular. De acuerdo con Cornide, Tetamancy Gastón y Hutter, puede afirmarse, en contra de la opi¬
nión de Hauschild, que había una escalera, o rampa exterior,
que ponía en comunicación los tres pisos de que consta 464.
Antes de la reforma de Carlos III, se subía hasta el faro, o
linterna, por medio de dicha rampa en espiral; esta rampa se
destruyó en el siglo XVI, cuando se convirtió la torre en casti¬
llo o fortaleza. La restauración cuadrangular tuvo lugar por el
Consulado de La Coruña en tiempo de Carlos III y terminó en
1791 en tiempo de Carlos IV. Es probable que antes de la cons¬
trucción romana existiera ya un faro, o señal luminosa, que
orientara a los navegantes en la ruta de las Cassitérides. Es
más, el nombre de Facho y Faro, que figura como topónimo en
algunos promontorios, como en el pico occidental del monte
Santa Tecla (La Guardia), así como el de Finisterre y el de Fa¬
ro, que llevan los de las Islas Cíes, aluden a luminarias que, a
base de leña, se encendían durante la noche para prevenir los
peligros y orientar a los navegantes sobre los puertos, en donde

podían abrigarse.
Es de suponer que en las abundantes bahías que existen
en las rías gallegas hubiese puertos acondicionados por los ro¬
manos. Se hace mención especial del Portus Artabrum en Estrabón y en Ptolomeo del gran puerto de los Galaicos Lucenses
en la bahía de Flavio Brigantio. El primero, Federico Maciñeira, Murguía y Schulten lo sitúan en la bahía de La Coruña 465.
Es posible que el Gran Puerto de los Galaicos Lucenses de Pto¬
lomeo pueda identificarse con el Puerto de los Artabros de Estrabón, aunque cabe la posibilidad, también, de que se trate de
puertos distintos.
El de los Galaicos Lucenses, más resguardado y al abrigo
de los ataques de los piratas, puede situarse en la ría de Betanzos y en las inmediaciones de esta ciudad.
Cornide, José, p. 33: Investigaciones sobre la fundación de la Torre de Hércules, Ma¬
drid, 189 í. Teta mane)' Gastón, Francisco) La Torre de Hércules, 3.’ cd. La CoruAa,
1923, p. 37 y as. El arquitecto fue E. Giannini. Hutter, S.< Der lomische Leuclurm ron
La Coruña, Mudridez Beilruge, 3, Mainz, iv73.
‘ en, Adolfo) Híspanla, p.45. Maciñeira, Federico) Boletín de la Real Aco(465) Schult
demia Gallega, CCXXXV-CCXL, p. 304 y ss. Murguía, Manuel Martínez) Hisloria de Galicia, I, p. 504. Estrabón, III, 5, 1. Garcia y Bellido parece inclinarse a esta
ubicación, en España y los Españoles hace dos mil años, según la Geografía de Eslrabón,
o. 129, nota 183. Monteagudo, Luis, lo sitúa en -algún puerto del seno de Corcubión-: Galicia en Ptolomeo, p. 627, nota 25, en «Cuadernos de Estudios Gallegos»,
VIII, 1947.
(464)

238

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

El nombre de Flavio que le aplica Ptolomeo parece indi¬
car que data del tiempo de los Emperadores Flavios y que ser¬

vía de puerto a la mansión de la Vía per loca marítima: Flavio
Brigancio, en cuyo caso parece adecuada la localización en la
actual Betanzos. Además la palabra Lymen que usa Ptolomeo
significa mas bien un puerto de refugio que cuadraría bien al
de Betanzos 466.
Existieron, sin duda, otros puertos necesarios en las rías
gallegas para la navegación de cabotaje y para la pesca, como
se deduce de los hallazgos encontrados casualmente en los dra¬
gados de las mismas. Estrabón dice que la isla que forma el
Miño en su desembocadura, o sea, la que actualmente se llama
Canosa, o en la Airiño del Pasaje, se encuentran dos muelles a
los que pueden arribar los barcos 467.
Si en una isla tan pequeña había dos puertos, por fuerza
habían de existir en las abundantes ensenadas de las costas ga¬
llegas.
También dice Estrabón que el Miño era navegable en
unos ochocientos estadios, o sea, unos 150 kilómetros, que ven¬
dría a ser hasta su confluencia con el Sil en los Peares 468.
Sin embargo esta navegación debía de ser en barcas pe¬
queñas y en lugares apropiados; también por las lagunas y es¬
tuarios del país. El mismo Estrabón añade que antes de la ex¬
pedición de Bruto usaban barcas de cuero, pero luego apren¬
dieron a construirlas de troncos de árboles.
De suerte que de los romanos aprendieron los gallegos la
técnica de la construcción. Roma estimuló la navegación con
fines comerciales y económicos y como medio de transporte 469.

:466)
{467 1
(468)
(4691

CAPITULO XIV
I.

Lu minería en la Galicia romana

Ptolomeo, Claudtoi Gcographiké Hyphigutt, II, 6, 2.

A raíz de la conquista romana de Galicia, Augusto ordenó
que se explorase el subsuelo 47°. Pero es de suponer que los ro¬
manos exigieran y se incautaran, en calidad de botín, del oro y
demás metales preciosos que poseían los vencidos.
Consta que, efectivamente, lo poseían por los hallazgos en
los castros de torques, arracadas, diademas, brazaletes y otros
objetos. En las excavaciones del Castro de Elviña se encontra¬
ron torques, diademas y brazaletes, hoy en el Museo de La Co¬
ruña; en Golada, torques, arracadas y una diadema, que se ha¬
llan en el Museo de Pontevedra; en Bureba, torques y joyas,
que se hallan en el Museo de Lugo, etc.
La población castreña conocía la técnica de la explota¬
ción y elaboración del hierro. Culturas anteriores conocieron
las del estaño y del cobre y su aleación con el bronce, como lo
prueban los múltiples hallazgos de hachas y de moldes para las
mismas, así como de minas de estaño.
Es de suponer que en la búsqueda de estos metales utilita¬
rios, encontrasen también los preciosos: oro y plata. A veces
aparecían de modo espontáneo en los arenales de los ríos y to¬
rrentes, que los acarreaban de las montañas y, por su brillo,
eran fácilmente detectables.
La recogida de pepitas de oro, llamadas allulia, en los are¬
nales de los ríos, era ya practicada por los indígenas. Es muy
probable que la población indígena de Galicia conociera la téc¬
nica de la explotación del oro. Los nombres que nos ha conser¬
vado Plinio: Corrugos, arrullas, palagas, palacurnos, balux, gangalia, agoga, agilacudis, segulil, son de origen prerromano y, se-

Estrabón, III, 3, i.
Estrabón! 111, 3, 7.

! 470)

Eatrabóni III, 3. 4.

Floro, Lucio Anneot II, 33, 60.

241

CASIM1HO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA nOMANA

gún Millán, precélticas 47‘. Estrabón dice que la tierra es arras¬
trada por los ríos, y las mujeres, después de haber juntado la
arena, la lavan en tamices tejidos en forma de cesta 472.
De suerte que no es aventurado suponer que existió una
técnica indígena de la obtención del oro y de otros metales, an¬
tes de la dominación romana.
Sin embargo, también se puede afirmar que la explotación
minera de la España Norteña, recién conquistada, tuvo lugar
de modo exhaustivo durante la dominación romana en cuanto
a los metales preciosos oro y plata.
La actividad indígena se redujo a la búsqueda superficial
y a la recogida espontánea de las partículas o pepitas de oro, en
los arenales de los ríos o de los torrentes pluviales que las arras¬
traban de las montañas. Si existió la técnica minera, debió de
ser escasa su aplicación y con medios muy limitados.
Los romanos emprenden la explotación en gran escala y se
puede añadir hasta el agotamiento de los mencionados minera¬
les preciosos.
Contaban con la colosal mano de obra que les proporcio¬
naban los numerosos esclavos hechos en la campaña, cuya la¬
bor podía igualar en eficacia a la mejor maquinaria moderna.
Eran de los llamados dediticios, propiedad del Estado Romano,
o del Emperador, que por haber combatido contra Roma, po¬
dían dedicarse ad melalla, o sea, a los rudos trabajos mineros de
perforación de los montes, de remoción de las tierras y arenas,
fragmentación y hendimiento de las peñas y rocas, canaliza¬
ción y aplicación de las aguas fluviales, cambio del cauce de los
ríos auríferos, etc. 473.
Contaban con las vías y poblados fabricados con miras a
la explotación minera. Los trabajos arqueológicos recientes
han demostrado la existencia de ramificaciones viales y de po¬
blados levantados en los lugares próximos a las zonas auríferas,
cuyas construcciones van avanzando en sentido opuesto a las
corrientes de los ríos o regatos auríferos.

Contaban con la experiencia minera en otros lugares, má¬
quinas y herramientas, y con ayudas técnicas de la población
indígena. En cuanto a este punto, son muy ilustrativas las re¬
ferencias de Estrabón y de Plinio 474.
Estrabón dice, tomándolo de Posidonio: «Entre los értabros que habitan en el lejano Septentrión... el suelo tiene, se¬
gún dicen, yacimientos de plata, estaño y oro blanco mezclado
con plata. Esta tierra es arrastrada por los ríos, y las mujeres,
después de haber juntado la arena, la lavan en tamices tejidos
en forma de cesta». Justino dice: «Esta región (Galicia) es ri¬
quísima en cobre y plomo... Abunda además en oro, hasta el
extremo de que se arrancan con el arado bloques de ese metal >7S.
Plinio habla de las arrugiae y corugus, palabras quizás de
origen galáico, que indican uno de los medios de explotación 476.
Como dice Millán, una arrugia era una galería de perfora¬
ción de la montaña; el corrugue era un canal de lavado por el
que traían las aguas, desde las cumbres de los montes y a dis¬
tancias a veces de 150 kilómetros, para que arrastrasen, despe¬
ñándose sobre la zona de las arrugias, la masa inmensa de tie¬
rras derruidas y, llevándose el barro y la ganga, quedase sólo el
material pesado y los pedruscos y, en sucesivos lavados, se de¬
cantase al fin el oro 477.
Los que llevaban el nombre de arrugiae se hacían por me¬
dio de galerías excavadas en la montaña con pilares de sostén
para la seguridad de los excavadores. Estos pilares eran de ma¬
dera resinosa, o se impregnaban de resina, de pez, o de cera que
facilitasen la combustión. Las galerías se llenaban después de
paja o retamas y se les prendía fuego. Al arder los postes soste¬
nedores, la montaña se derrumbaba; y luego se disolvía, como
se ha dicho, por medio de las aguas canalizadas o corrugas.

240

Millán González Pardo, Isidoro) Galeco ruígjos, hotador jabalí... en Emérita, XLI,
234. Blázquez, J. María) II Económica de la llispania Homana. p 91-95.
1973. p. ;.!•
(472) Estra bóm Ill, 2, 9. García y Bellido) La España del s. I, p. 279.
(473) Robleda, Olis¡ II Uiritto degli schiavi nell ' \nlica Homo, p. 176-177, Boma, 1976. D ’
Ors Pérez Peí», Alvaro) « Estudios sobre la Constltutio Antonlniana», II, Los
Üedilicios, en Amarlo de Historia del Derecho Español, XV, p. 162 y ss.

(471)

-

Estrabón, III, 2. 9. Plinio Segundo, Cayoi IV, N. H.. XXX111, 62. 76 78.
Garcia y Bellido, Antonio) España y los españoles hace dos mil años, p. 102. Justi¬
no) XLIV, .'i, 1-3.
Juniani Juslini epitoma Hisloriarum Philipicarum Pompeii Trogi.
( 476) Millán González Pardo, Isidoro) Galeco ru(g)os.
lio:ador jabalí y otras voces empa¬
rentadas arrugia, corrugas, cu «Emérita», XLI, 1933, p. 132 y 133. Blázquez, José
María, además de tus conocidas palubras arrugia y corrugo, mencionuy explica el sig¬
nificado de olrus como gandatia, arcilla mczcaldu ron cantos rodados, agoge,
ae
decantación; agilacudis es el mineral unrifero tostudo y triturado; segulilum canales
es la capu
superficial «pie recubre e indica el yacimiento aurífero. También aclara que las palagas
o palucurnas son pepitas grandes de oro y si son pequeñas se les llama
balux ( historia
Eronómica de la llispania llamona, p. 94 95).
477)
Millán González Pardo, Isidoro, ib.
<
( 474)
(175)

-

242

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Es muy probable que aprendiesen los romanos de los indí¬
genas esta técnica de obtención del oro que, como dice Plinio,
no necesitaba ulteriores operaciones de acrisolamiento; salía
ya el oro puro; y añade que, a veces, salían masas hasta de diez
libras. A estas masas les llamaba «palagas» o «palacurnas» y,
si eran muy pequeñas, «balux » m.
Pero en el caso de que los indígenas conociesen la técnica
de la explotación, es seguro que la usaron en contados lugares y
con medios muy limitados. En cambio, los romanos empren¬
den la explotación en gran escala, con toda clase de medios
husta llegar al agotamiento de los minerales. Cuentan con la
mano de obra de muchos millares de esclavos, para hacer las
perforaciones en las montañas y los cauces y terraplenes, para
la conducción de las aguas, para el lavado del mineral, así como
para recogerlo entre detritos por el agua y los elementos de las
rocas, el tendido, inspección y cernido de las arenas y otras
múltiples labores. Contaban también con la prolongación de
las víus para transporte de obreros y materiales. También
construían poblados en las cercanías de los centros mineros,
para albergue de los esclavos y personal administrativo duran¬
te el tiempo necesario para la explotación.
Estos poblados se han descubierto especialmente en las
zonas mineras de Asturias y León. Roma, además, contaba con
personal experimentado en las extracciones mineras, proceden¬
te de la Bélica y de otros lugares del Imperio.
Además la reconocida auri sacra James, que caracterizó a
la administración romana, hizo que ésta no cediera ante las di¬
ficultades, como el cambio de cauce en el Sil (Montefurado) ; o
la traída de un río desde el Monte Teleno (Médulas).
El resultado así lo cuenta Plinio: «Según opinan algunos
historiadores, Asturias, Galicia y Lusitania suministraban por
este procedimiento 20.000 libras al año, pero la producción de

Asturias es la más abundante. No hay parte alguna de la tierra
en donde se dé esta fertilidad durante tantos siglos 479. Justi¬
no, abreviador de Pompeyo Trogo, dice que en Galicia abun¬
daba tanto el oro que se arrancaban con el arado trozos de este
metal.
Plinio distingue tres técnicas en la explotación minera: la¬
vado de las arenas, explotación de los filones mediante pozos y
galerías, y la ruina monlium, de que hemos hablado, por medio
de las arrugias y corrugios. El gran arqueólogo e historiador
Blázquez, añade otras, como la trituración por medio de grani¬
to porfírico en un pilón de fragmentos de cuarzo aurífero. Ates¬
tiguan esta técnica los hallazgos de Mina dos Mouros, en Tres
Numas (Portugal), en Valongo (Portugal), en Barbantes, en
Pozo Limidoiro, Brandomil (La Coruña); se utilizaron pozos,
galerías, bajadas y tajos. El oro asociado a los sulfuros se obte¬
nía por medio del fuego, como en Jales (Portugal) ; en las Mé¬
dulas, Fogo Chico, La Leitosa, junto al río Duerna (León) ,B“.
El Sil, eje fluvial de aquella dorada «California» de los Do¬
ce Césares, en frase de Millán González Pardo, en su paso por
Valdeorras, fue testigo de casi todas estas técnicas 4al. El nom¬
bre de Córgomo derivado de Corrugus, el de Villoría ( Villa Au¬
rea); Valencia, en donde quizá se acuñó moneda en la época
nueva y las cuevas y galerías en Val de Godos, son restos de ga¬
lerías mineras y de lavaderos de oro m. Plinio menciona la mi¬
na Albucranense, que no ha sido localizada. Quizá en el Caurel.
Este período que, con redundancia, pudiera llamarse áureo
por la riqueza proporcionada por la explotación, no debió de
sobrepasar el siglo I de nuestra Era.
A partir del siglo primero en el que escriben Plinio y MarPlinio Segundo, Cayo: ¡Vil. XXXIII, 78. García y Bellido, Antonio: La toparla
del ligio I de nuestra Era, p. 274 y 275. Marcial: AdCharinum: IV, 39, 7 habla del Collaicum Aurum y XIV, 95, 1.
(480) Blázquez, José Maria: llistpria Económica déla Hispania fíomana, p. 93. Plinio Se¬
gundo, Cayo: N.H. XXXIII, 80. Justino: XL1V, 3, 4, 5.
(481) Millán González-Pardo, Isidoro: Galeco ru{g)os: hozador, jabalí y otras voces empacentadas: arrugias, corrugios, en Emérita, XLI, 1973, p, 142 y BB.
(4B2) Hace artos, el inspector de Enseñanza Media ddn Eladio Gayoso Diaz y BU hermano, el
coronel don José, me hablan ¡nlbrmado de la existencia de pozos y galerías en la zona
comprendida entre Villamartln y Córgomo. Después, por los trabajos del ingeniero
don Joaquín Gurriarán Salgado, de don Tertuliado Hcrvella y de don Florencio Delga¬
do Gurriarán,* últimamente por visita personal, he llegado al convencimiento de la im¬
portancia minera de la zona comprendida entre las Médulas y Montefurado.
(479)

(

178: Plinio Segundo, Cayo: N.H., XXXIII, 67, 76, 77, 78 y 80. Garcia y Bellido, An¬
tonio: La España del Siglo Primero, p. 274, nota 269. Plinio distingue tres modos de
obtener oro: 1. °) Fluminum ramenlis. El ramenlum, de raderc, raer, consistía en raer la
arena paru descubrir las pepitas de oro. Se llamaba segulitum a la arena aurífera que se
encontraba en el acarreo de los ríos. Cuando el oro aparece en la superficie se llama lalutio. 2. °) Por medio de canales llamados agogas, la tierra es arrastrada y deja en el
fondo, como más pesadas, las pepitas de oro. 3. ") La ruina monlium por medio de lus
arrullos y corrugos. En lodos estos casos el oro sale puro y sin necesidad de acrisolar.
Cuundu las pepitas son grandes se llaman palagas o palacurnas y si son pequeñas, ba¬
lín. Otrus veces el oro está amalgamado con plata, o necesita extraerse de las rocas
graníticas.

243

211

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

cial, y al que alude Justino, debieron de agotarse, en parte, los
minerales, especialmente los que se obtenían de forma nativa.
Entonces fue preciso llegar a la trituración del cuarzo aurífero
y de multiplicar las galerías y pozos subterráneos.

La disminución de la masa de esclavos y la obtención de
metales en los países conquistados en el Noroeste de Europa,
en particular la conquista de Dacia por Trajano, en donde'
abundaban las minas de oro, hizo que se redujese la explota¬
ción en Galicia hasta el siglo IV, o sea, en la época de Constan¬
tino, como indican la construcción de ramales viales en las zo¬
nas mineras; debió de volverse a intensificar la explotación es¬
pecialmente cuando se estableció el solidus aureus, o sueldo de
oro, para poner coto a la depreciación de la moneda que se ve¬
nía arrastrando desde el siglo III por la sustitución del oro por
el estaño o cobre.
En esta época, como dice Mañanes, las minas de oro están
englobadas en la zona asturiana: en los ríos Ibias - Navia y
Narcea; en León, en el Bierzo (alto Sil) y los ríos Omaya, Tuer¬
to, Turienzo, Duerna y Eria. También se acentúa la explota¬
ción en la cuenca del Sil y sus afluentes, especialmente en la co¬
marca de Valdeorras y en Barbantes, cuyos restos han sido es¬
tudiados por Chamoso Lamas.
Se prosigue la búsqueda del oro remontando la corriente
de los ríos o regatos, hasta sus fuentes. Especialmente la cuen¬
ca alta del río Lor ha sido explorada por los arqueólogos Luzón
Nogué y Sánchez Palencia WJ. Posiblemente también en esta
época se construyó el túnel de Montefurado para recoger el oro
arrastrado por las aguas del Sil y depositado entre las arenas,
se desvió el cauce de este río.
También fue importante la obtención de plata, puesto
que, según Plinio, el oro extraído de las minas contenía, a ve¬
ces, cierta cantidad de plata; unas veces la décima parte, otras
la octava; solamente se da el caso de menor proporción en Ga¬
licia en la mina Albucranense, en la que se daba la trigésima
sexta parte, como caso excepcional, por lo que este mineral era
I 183)

Mañanes, Tomás) 1 j/úrica 4 ugutla y su Convenio Jurídico en «Cuadernos del Se¬
minario de Estudios Cerámicos de Sargadelos», XVI, p. 42. Sánchez Palencia,
Francisco J. defendió esta tesis en ponenciu leída en el Congreso de Arqueologia cele¬
brado en Santiago en septiembre de 1980. Este prestigioso arqueólogo, en unión con el
catedrático de la Universidad de Santiago, doctor Luzón Nogué, han estudiado la zona
minera del CuureL Minu de Toca, Monte Barreiro, Torubio, etc.

LA GALICIA ROMANA

245

más apreciado. Se ignora dónde estaba esta mina ,84. Por estas
palabras de Plinio puede apreciarse que los romanos no estima¬
ban demasiado el mineral de plata de las minas gallegas; segu¬
ramente por ser menos rentable y menos abundante que en la
Bélica y en otros lugares del Imperio.
También explotaron el estaño en Galicia, pues al decir de
Plinio, se hullaba a flor de tierra y en forma de arenas negras,
que se recogían en las tierras arrastradas por los ríos y regatos,
con técnica similar a la recogida de pepitas de oro puro*85.
Los romanos explotaron también el minio, o cinabrio, hie¬
rro y otros metales, pero su explotación fue menos importante
y en menores proporciones en Galicia.

(4*4)

I

Segundo, Coyol N.H. XXXIII, 80. Cuando el oro se duba con una quinta
parte de plutu se Humaba electrón. Aunque no tenemos seguridud, tal vez pudiera s¡t nurse esta mina en la comarca de Caurel, o del alto rio Lor. En otra publicación ex¬
pondremos las razones de esta identificación. Como hemos dicho anteriormente, esta
zona liu sido estudiada por los arquólogos doctores Luzón Nogué y Sánchez Palencia.
tas; Plinio Segundo, Cayoi N.H., XXXIV, 136.

r

CAPITULO XV
1.

La agricultura

Fue norma habitual de los romanos favorecer el desarrollo
agrícola en los países conquistados, según la consabida frase de
Mommsen de que Roma aseguraba con ei arado las tierras ad¬
quiridas con la espada 486.
Precisamente este instrumento continúa usándose en las
zonas rurales en nuestros días y se le llama aún arado romano.
Sin embargo, es de advertir que la colonización agrícola
romana en Galicia no tiene tan marcado carácter egocéntrico
como en otras regiones, o como otros recursos que Roma explo¬
tó en provecho propio. Los productos agrarios de Galicia resul¬
taban muy alejados para su transporte a Roma, que los podía
obtener de zonas más cercanas a precios más baratos.
En Galicia no existió el monocultivo de los tres productos
codiciados por Roma: trigo, vino y aceite. El cultivo de cerea¬
les alternaba con la ganadería; los pastos y bosque, con la vid ,87.
A los colonos gallegos tampoco les interesaba producir pa¬
ra comerciar; se contentaban con producir para su consumo.
Lo cual no quiere decir que Roma no obtuviese ventajas del
desarrollo adquirido por la agricultura. En primer lugar sus
tropas podían abastecerse de Tos productos recogidos en el lu¬
gar de sus respectivos puestos.
Podía exigirles los tributos en especie llamados vecligalia,
y, principalmente, al convertir en agricultores a la población
castreña, conseguía dos objetivos: uno el que descendieran a
las llanuras, en donde las tierras suelen ser más feraces. Otro,
que se ocuparan en las entretenidas labores agrícolas y desis1 186)

: 1871

Mommsen, Teodoro. Itaemische Geschichte, I, 4, 42.
Blázqucz, José Maríai Historia Económica de la Hispania fíomana, p. 244 y as.

r

I

í
248

LA GALICIA BOMANA

CASIMIRO TonilES RODRIGUEZ

219

de moram, etc. La conservación de los nombres latinos, con es¬
casas variantes, es indicio de su cultivo bajo la dominación ro¬
mana, puesto que a partir de las invasiones bárbaras en Gali¬
cia, en el 409, no es fácil que recibieran este nombre 491.
El castaño, según Candóle, es planta originaria de Galicia.
Se da en terrenos graníticos de escasa humedad, no necesita
apenas cuidados fuera de su plantación; por eso en los docu¬
mentos se denomina saltus, o soto, en vez de pomar, nombre
que se aplica a otros frutales, más delicados y exigentes. Se
propagó mucho y llegó a ser alimento básico de los labriegos
durante varios meses del año 492. El nombre indígena no se con¬
serva; la palabra castaneum o caslinarium, son latinas, así co¬
mo el nombre de erizo, que protege su fruto, por la semejanza
del animal del mismo nombre. La castaña se exportaba a Bél¬
gica, según Plinio ‘93.
Los romanos permitieron, y aún estimularon, el cultivo de
la vid, cuyos nombres vitis, vinea , uva, vino, vindemia, pulare
(podar), cupa (cuba), tacar (lagar), etc., son nombres latinos.
Fueron célebres los vinos de Amandi.
Menos importancia tuvo en Galicia el cultivo del olivo,
aunque no puede excluirse, pues existen topónimos que lo indi¬
can, como Vita Olivaría, Olivetum de Hipa Site, Uivaria. Natu¬
ralmente estas últimas especies sólo se cultivarían en las ribe¬
ras de los ríos y partes cálidas de la geografía gallega 494.
Estrabón dice que en vez de aceite usaban la manteca. En
el drugado de algunos puertos y en las excavaciones practica¬
das en La Lanzada (Pontevedra) se han encontrado ánforas
romanas, lo que constituye una prueba de que el aceite se im¬
portaba.
Estrabón también afirma que no se daba el olivo en las
costas septentrionales ribereñas del Océano 495. Lo que prueba
que sólo en terrenos cálidos y en casos muy contados se cultiva
en Gulicia en la época romana.
En cuanto a los instrumentos agrícolas, aparte del arado
romano, que según el etnógrafo portugués Antonio Jorge Díaz

tiesen de las de rapiña, guerra o bandolerismo. Todo sin necesi¬
dad de ejercer la fuerza, o sea, por voluntad propia de los so¬
metidos.
La agricultura lleva aneja la cría del gando bovino, no só¬
lo para el consumo, sino para el laboreo de la tierra. También
del caballar y asnal. Plinio menciona los caballos tieldones y
asturiones, pequeños y veloces 48fl.
Continúa la recría del ganado ovino, caprino y de cerda,
que constituyó la base de la alimentación en la cultura castreña.

Trajeron los romanos, o intensificaron, el cultivo de los ce¬
reales, que llevan nombre latino: Irilicum, trigo, centenum, centeño, cibala, cebada, avena, avena; milium, millo o mijo, nom¬
bre que hoy se da también al maíz, de origen americano, de
mayor importancia en el consumo.
El trigo se conocía ya en las llanuras de Castilla la Vieja,
pero los romanos introdujeron su producción en Galicia 489.
De las leguminosas se cultivaron, al menos, cuatro espe¬
cies: el haba (Jaba); el guisante (ervilia, ervum); la lenteja f/enlicula), y el garbanzo (cicer).
El lino debió de ser conocido antes de la conquista roma¬
na, dado que en los yacimientos prehistóricos abundan las fusayolas. Pero debió de intensificarse su cultivo, pues en los do¬
cumentos medievales se mencionan siempre los linares o linarejos.

La terminología de sus complicadas labores llevan nombre
latino: massare, mazar, spalare, espadar; así como los instru¬
mentos spalella, espadilla, fusus, huso, roca, rueca. En Ia arbo¬
ricultura también aún llevan hoy nombres derivados del latín
la mayor parte de las frutas cultivadas en Galicia: pera, de pirum, en plural ; manzana, de malum malianum m; abruño, de
pruneum, nuez de nux, cereza de ceresea, higo de Jicus, avellana
de avellana, cuyo nombre deriba, según el gran filólogo lucense
D. Froilán López, de la ciudad de Abella en la Campania; o
sea, de nux abellana; pexigo, opejigo, de persicum; mora, plural
1.188)

Plinio Segundo, Cayoi N.ll. VIH, 166. Vegecio Renato, Flaviot Epitoma reí militaris, 111, 7, I., dice que los caballos galáicos tenían vida breve.
( 189) Carcía Bellido, Antonio!
La España del siglo /..., nota 226, p. 268.
(190) El nombre dobla de ser mata en plural, pero según Marquart
en Das Privatleben der
Homer, II, p. 411, el nombre Matiana se deriva de C. Matius contemporáneo
de Au¬
gusto, que introdujo una clase muy fina.

Pijas do \orle de Portugal, p. 88 y ss.
PHnÿü Segundo,' JI.,*Xv” í” Sampaio!’ Alberto. Ar litar do Sorte de Portugal,

; 191)
(195)

Sampayo, Alberto! Ir Lilor do Sorte de Portugal, p. 90.
Estrabóm III, 3, 7 y III, 4, 16.

(191)

1

Sampayo, Alberto! As

250

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

fue sustituido por el arado cuadrado de los suevos, ha perdura¬
do hasta nuestros días en la mayor parte de la Galicia rural.
González Reboredo ha estudiado IOB orígenes de los arados ga¬
llegos en Gallada, 1979, p. 139. Rostowtzefs fotocopia y descri¬
be los instrumentos agrícolas de hierro encontrados en Pompeya en la gran villa de Lucio Helio Floro, los cuales correspon¬
den exactamente a los usados por los campesinos gallegos, sin
duda por tradición romana ininterrumpida m. La balanza lla¬
mada romana se ha conservado hasta nuestros días en las zoñas rurales. El hórreo, aunque posiblemente existía antes de
los romanos, éstos le dan el nombre romano y lo perfeccionan.

CAPITULO XVI
1. Aportación de Galicia a la obra política y cultural de
Roma

Galicia correspondió a la obra civilizadora desarrollada
por Roma con importante cooperación en el orden administra¬
tivo, militar, político y cultural.
En el orden cultural sobresalen figuras que reflejan la
existencia de un foco en el Noroeste de la Península, que pudie¬
ra considerarse el más importante de España en los siglos

IV-V w.
Como la cultura religiosa predomina sobre otros matices

1 196)

Roslowtzcfs, M.i Historia social y económica del Imperio Romano. Versión de Luis
López Ballesteros, 1, p. 127, lámina XI. Estos instrumentos son: azada, rastrillo de
Beis púas, picurto (azada en punta), hoz, pico y hacha, cuchilla de podar, horcadas (o
forqueias) y cuchillo de sachar. La balanza, llamada vulgarmente romana, que ha per¬
durado hasta nuestros días en las zonas rurales, es de origen romano. Jorge Díaz, An¬
tonio) Acerca das origens dos arados, p. 19, Santiago, 1949. González Reboredo, Jo¬
sé Manuel, ha hecho el estudio más completo sobre Historia de los Arados de Madera
en Galicia con el titulo: El Arado de madera en Galicia, en «Galaecia», 1979, p. 137-200.

culturales en los citados siglos, de ahí que los escritores galaicoromanos de dichos siglos se incluyan en el grupo de escritores
cristianos.
Anteriormente, como ya hemos dicho, aportó Galicia sus
hombres al desarrollo de la romanidad ; algunos dentro del pa¬
ganismo.
Entre éstos merece citarse Cayo Virio Frontón, flamen del
culto al emperador, elegido presidente de la asamblea provin¬
cial en el Concilio de Tarragona, en donde se le levantó una es¬
tatua. Su mujer fue también flaminea. Fue oriundo del Con¬
vento Jurídico Lucense (ex Lucensi) 49B. Quinto Poncio Severo
y Marco Ulpio Reburro fueron flaminés oriundos de Limia 4".
Otros gallegos ocuparon cargos en Tarragona relacionados
con el culto imperial como el lemabo, o sea, de Monforte de Le¬
mos, Marco Julio Sereniano, que mereció los honores de presi¬
dente de la asamblea provincial y fue declarado patrono de Ta1497)

Torres Rodríguez, Casimiro) Galicia Sueva, p. 293, La Coruña, 1977. Las peregri¬

naciones de Galicia a Tierra Santa, en el a. V, en «Cuaderno» de Estudios Ga¬
llegos», XXXII, 1955, pp. 313 y ss.
(498) CIL, II, 4256. Vázquez Seljas, Manuel) Lugo bajo el Imperio Romano, p. 24.
'499: CIL, II, 2545. Masdeu, Franciscoi //.“ Crítica de Espado, VI, pp. 127-128.

252

LA GALICIA ItOMANA

CASIA! MU) TOHHES HODIUGUEZ

rragona. Marco Flavio Galino, flamen y dunviro de Tarragona,
natural de la Limia, perteneciente al Convento Bracarense 5D0.
También merece citarse Lucio Pompeyo Reburro, Fabro;
upareció su nombre en una lápida encontrada junto al Puente
de la Cigarrosa, cerca de Petín. Tal vez fue el constructor de
este puente, como indica la palabra Faber. En dicha lápida se
dice que era natural de Calúbriga, perteneciente al grupo étni¬
co de los Cigurros, o sea, de la tribu que dio el nombre actual de
Valdeorras ( Valle de Cigurris de Cigurres de Geurres de
Eurres de Ourres, de Orras).
Parece seguro que Mariniano, Vicario de la Diócesis de
España, a quien se dirigen los emperadores Graciano, Valenti¬
niano y Teodosio, y le encomiendan la causa priscilianista, era
gallego 3<H. Simaco dice que era natural de Galacia, pero la RE.
Pauly-Wissowa, considera que en vez de Gallalia, debe corre¬
girse Gallaecia 502. Fue jurisconsulto en Roma y muy rico.
En cambio no cabe incluir a Materno, a quien Marcial ci¬
ta como cultivador honorabilísimo del Derecho y de las justas
Leyes, le llama rey en el Foro del Lacio. Se le ha supuesto ga¬
llego porque Marcial le pregunta, si quiere mandar algo para el
Océano Galaico. Pero Marcial le llama su conciudadano, o me¬
jor, communícipe y sabemos que Marcial era natural de Bilbilis,
hoy Calatayud; si bien este municipio perteneció a la Provin¬
cia Gallaecia, no pertenece a la Galicia propia. De suerte que
Marcial llama Océano Galaico al Mar Cantábrico 503.
Como uporlución de Galicia a la obra política de Roma
cabe citar las consabidas palabras de Claudiano, las cuales, si
bien se refieren en su conjunto a España (Iberia), tienen apli¬
cación exacta a Galicia: «Las otras naciones, que Roma recibió
en alianza, o dominó con las armas, fueron útiles al Imperio
por variadas aportaciones; así Egipto y Cartago dieron el triCIL, II. Otras inscripciones Lucen mención (le gallegos augustales, o seviri auguslales.
CIL, II, 2637. 2703, 4208, 5124, 5320. Vázquez Seljas, Manueli O. c., p. 38.
(501 ) Código Thcodoriano, IX, 1, 14, recapitulado en el Código Justinaneo, IX, 2, 13.
(502) lili. l’uuly-Wissowu, XI V, 2, 1758, n. 3. Sulplci Severli Chronica, o Historia Sacra,
II, 19, 33, edit. Halm. Sulpicio Severo no menciona a Mariniano, pero dice: cognilio
Hispaniarum I icario dcfcrlur, o sea, que le fue encomendada la causa priscili
ul Vicurio de lus Espuñas; pero consta que dicho Vicario era Mariniano por el ICódice
Teodosiuno citado. Symmaco, Q. Aurelio! Epistola, III, p. 79, edit. Secck.
1503) M. l alerii Martialis Epigrammaton libri, X, 38, pp, 129-30, Amsterdam, 1967, edil.

(500)

Kricdlacnder.

253

go; la Galia, soldados; el Ilírico, caballos; solamente Iberia dio
Emperadores» 5#4.
2. Teodosio I, el Grande
Galicia no sólo dio Emperadores, sino emperatrices.
La provincia romana Gallaecia, que como hemos dicho
abarcaba la ciudad de Cauca, hoy la Coca Segoviana, fue la
patria de Teodosio I el Grande, y de Magno Clemente Maxi¬
mo. Así lo afirman claramente Hidacio y Zósímo, respecto a
Teodosio 50S.
Máximo era cliente de la casa de Teodosio, por tanto de la
misma localidad.
El Conde Honorio Teodosio, padre del emperador Teodo¬
sio I, también puede considerarse como aportación política, o
militar, de la provincia Gallaetia al Imperio. Era también nati¬
vo de la ciudad de Cauca. Hizo la guerra contra los escotos de
Caledonia (Inglaterra), a la sazón bárbaros antropófagos, a
quienes arrinconó en el Norte de la Isla y conquistó una pro¬
vincia para el Imperio, que se llamó Valencia, del nombre del
emperador Valentiniano I.
En Africa (Tunisia) había surgido una revuelta promovi¬
da por el procer indígena Firmo contra el conde, o gobernador
de Roma, que se llamaba Romano, hombre corrompido e inep¬
to. Fue necesario enviar para sustituirlo a Honorio Teodosio.
Este sofocó la revuelta y Firmo se vio precisado a suici¬
darse; entregó sus bienes y nombró conde a su hermano Gildón. Honorio Teodosio acusó también al conde Romano, pero
éste pudo más por medio de la intriga; gozó siempre del ciego
apoyo de Valentiniano I; acusó a Honorio Teodosio de tomar
parte en una conjura por medio de la magia contra Valentinia¬
no I y no sólo logró la impunidad de sus delitos, sino que Hono¬
rio Teodosio fuera muerto en el mismo lugar de su victoria.
En un proceso contra la magia en Antioquía se decía que
1501)
1505)

C/aut/ii Claudiani Carmina, XXX, 60, p. 322, en MGH, A A, Berlín, 1892.
llidacloi Xydatii Lemici continuatio Chronicorum II ieronymianorum I, 2, p. 14, en M .
G. H., A A Chronica Minora, lit Theodosius natione Spanus, de provincia Gallaecia, eivitate Cauca a Gratiano Augustus appelatur. Teodosio, español por su nación, de la pro¬
vincia de Galicia y de lu ciudad de Cauca (Coca) fue proclamado Augusto por Gracia¬
no. Zonimot ICTOpUX V£Ct, IV, 20: «...UBOCIó al imperio a Teodosio, naturul de In
ciudad de Rauca de Gulicia, en Iberia..

r

254

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

sucedería a Valentiniano I, como emperador, uno cuyo nombre
empezara por 77i 506.
Aun admitiendo la mentalidad supersticiosa de Valenti¬
niano I, resulta demasiado fuerte creer que sólo en virtud de
este proceso se condenara a muerte al conde Honorio Teodosio,
conquistador de la Caledonia en la Britania y pacificador de
Africa. Ammiano Marcelino dice que su actuación en Africa
fue esclarecida 507.
Sin embargo ciertas noticias, que apunta este gran histo¬
riador, dan pie a sospechar que hubo otros motivos que explo¬
tados en contra de Honorio Teodosio por el intrigante conde
Romano, hicieron que Valentiniano I, inculto y supersticioso,
aunque esforzado guerrero, cayese en la trampa de llegar a des¬
confiar de la lealtad de Honorio Teodosio y de condenarle a
muerte.
Dice Ammiano Marcelino que un Nebridio, a quien creemos de origen bracarense, por lo que más adelante diremos, era
Conde de Oriente, nombrado por Constancio II y destituido
por Juliano, el Apóstata. El motivo fue que sólo él se negó a
prestar el juramento de fidelidad en contra de Constancio; ale¬
gando que de él había recibido muchos beneficios S08.
Por lo cual se retiró a la vida privada en una villa que po¬
seía en Etruria.
Pero después de la muerte de Juliano en el 363, fue nom¬
brado por Valente Prefecto del Pretorio de Oriente, en cuya
prefectura se incluía la diócesis de Siria, cuya capital era An¬
tioquía. Este posiblemente fue ascendiente de Nebridio, esposo
de Salvina, a quien escribió su carta LXXIX San Jerónimo, a
instancias del presbítero bracarense Avito 509.
Su madre, como dice el mismo S. Jerónimo, fue hermana
de Flacila, primera esposa de Teodosio I, emperatriz, madre
de Arcadio y de Honorio, así como de la malograda Pulquería.

__

LA GALICIA ROMANA

255

3. Teodosio y Flacila

El Emperador Teodosio I el Grande había nacido en Cau¬
Coca Segoviana, como se ha dicho, en el 346, d. C.
Vivió en España hasta los 22 años. Acompañó a su padre en
sus campañas de Britania y de Africa. Antes ya había hecho
una campaña en el frente del Danubio, o sea, en la Mesia, y en
la Tracia, que venian a corresponder a las actuales Yugoslavia,
Rumania y Bulgaria. Tenía el grado militar de Dux, cargo que
sólo se hallaba subordinado al Prefecto del Pretorio, que lo
eran de la del Ilirico a la sazón S. Ambrosio y de Oriente Nebridio 5I«.
Como la Tracia pertenecía a la Prefectura de Oriente, es
natural que conociera, y que tal vez visitara, al Prefecto del
Pretorio Nebrido, jefe único, naturalmente después del Empe¬
rador, del Duque Teodosio. El hecho de que Graciano encomendase a Teodosio I la porción oriental del Imperio el 19 de
enero del 379, da pie a la suposición de que la conocía y, cuan¬
do se hizo cargo de la misma, no era novato. ¿Sería este Nebridio, el padre de Flacila?
Además el posible trato de Nebridio, a quien vamos a lla¬
mar el Viejo, daría pábulo al insidioso Romano, denunciado
como prevaricador por Honorio Teodosio, para lanzar la espe¬
cie de una conjura, tramada por los Teodosios y los Nebridios
contra Valentiniano I.
La calumnia revestida con el comprobante del proceso
contra la magia en Antioquía, surtió efecto en el colérico y su¬
persticioso Emperador Valentiniano I, quien, como hemos di¬
cho, ordenó la muerte de Honorio Teodosio en el mismo campo
de su victoriosa hazaña.
Ante la alevosa muerte de su padre, Teodosio I se retiró a
la vida privada en sus tierras de España, desde el año 374-75 al
ca, hoy la

año 379.

En esta fecha debió de tener lugar su matrimonio con Fla¬

Claudio, De
!306 : Bouché Lederqi Hitloire de la divination, IV, pp. 334 y ss. Claudiano,
Bello Gildonico, 232-34. Zósimo, V, p. 302.
(507) Ammiani Marcellini Nerum Getlarum Libri, II, 29, S, pp. 80 y ss. ed. Tenbner, Stutgurdiae, 1967.
5, 11, pp. 219 y 238. «Solut
S08J Ammiani Marcellini Nerum Getlarum Libri, I, 20, 9, 5 y 21,
omnium licet propotito tlabili, audacter lamen praefeclut repugnavil Nebridiut, iurit iurandi neiu contra Constanlium nequáquam te contlringi pone, comemorant cuiut beneficiit obligatui eral el mullit.
(5091 Saint Jerome Lettres, IV, pp. 93-107; edit. Les Belles Letrea, Paris, 1954. Texle
clabli ct trad, par Jeróme Labourt.

cila, o Piadla, como la llaman algunos autores: pues sabemos
tSIÜI-

Latino Pacato Drcpaniot XII, Panthyrici Lalini, IV, 10, 2. Edil. Teubner, 1911.
Precisamente en esta compaña conoció sus dotes militares S. Ambrosio, que, a la sa¬
zón, era Prefecto del Pretorio del Ilirico y lo recomendó a Graciano para
sustituir
Valente muerto en la Batalla de Andrinópolis el 378 d. C. Sabido es que S. Ambrosioa
fue militar antes de ser elegido obispo de Milán. La Tracia pertenecía a la Prefectura
del Pretorio de Oriente; al frente de la cual, y con su capital en Anliqufa de Siria, esta¬
ba Nebrido. elegido por Valente. Véase: Paribenl, Robertoi Da Diocleliano alia ca¬

dillo dell Impero de Occidente, p. 167.

r

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

256

que en el año 395, en el que murió Teodosio, su hijo mayor Arcadio tenía la edad de 19 años 5U.
Las palabras de Claudiano, después de afirmar que Espa¬
ña no sólo dio emperadores a Roma, sino emperatrices y de
enumerar a Flacila, a María y a la hermosa Serena, llevan al
convencimiento de que Flacila era de Galicia, o del Norte de
Portugal.
Pues añade: Callaecia risil floribus el roseis formosus Duria
ripis vellere purpureo passim mulavil ovile. Canlaber Oceanus vi¬
drio lilore gemmas expuil 3I2.
Galicia sonrió con tales flores y el hermoso Duero de rosa¬
das riberas cambió el vellón de oveja por el de púrpura. El
Océano Cántabro vomitó perlas en sus vecinas playas.
Además hay motivos para presumir que Flacila era natu¬
ral de Galicia, concretamente del Convento Jurídico Bracarense, que, como se ha dicho, comprendía desde el Duero hasta el
lilla. Probablemente de la ciudad de Braga. San Jerónimo, en
su carta a Salvina con ocasión de la muerte de su esposo Nebri¬
dio, dice que escribe la carta a instancias de su hijo Avilo, y
también, porque conoció al padre de Nebridio. Ignoramos si en
Italia, o en Oriente. Sabemos que este A vito es el mismo que
sirvió de intérprete a Paulo Orosio en la contienda de éste con
Pelagio y que envió por Orosio las reliquias de San Esteban pa¬
ra la Iglesia de Braga, con una carta para el Metropolitano de
la misma Balconio 5l3.
Orosio era natural de Braga, según el testimonio de San
Braulio, y como llama a Avito su «conciudadano» es seguro que
Avilo también lo era 3U.
Además queda manifiesto por la carta que acompaña a las
reliquias de S. Esteban, que envía al Metropolitano Balconio y
al pueblo de Braga, en la que «con lágrimas en los ojos» expresa

LA GALICIA ROMANA

su deseo de regresar a dicha ciudad y se duele de los males que
aquejan a su patria por los atropellos cometidos por los bárba¬
ros 513
Ahora bien, S. Jerónimo, en su mencionada Carla a Salvina, con motivo de la muerte de su esposo Nebridio, revela de¬
talles que sólo podia contarle un testigo presencial, o mejor,
una persona que hubiera compartido la vida familiar de la cor¬
te imperial de Constantinopla, o sea, la de Teodosio I y Flaci¬
la, compartida por Salvina y Nebrido.
Este testigo presencial, que informa y suplica a S. Jeróni¬
mo, que escriba la carta, no pudo ser otro más que el bracarense Avito 3I6.
Sabemos que Teodosio I se hizo bautizar por el obispo Ascola en el 380. Ignoramos si ya era católico antes o se convirtió

después del matrimonio con Flacila. El interés que demuestra
Avito, porque escriba la carta S. Jerónimo es prueba de que es¬
tá muy vinculado a la corte imperial.
S. Jerónimo dice que no conoce personalmente a Salvina.
«iCómo puede resaltar tan minuciosos detalles? Parece induda¬
ble que los conoce por boca de Avito, a petición del cual escribe
la carta. Este A vito tal vez fue el preceptor de los príncipes im¬
periales Arcadio y Honorio, así como de Nebridio, esposo de
Salvina. Fue una especie de capellán de la corte Teodosiana,
quizá fue llevado a Constantinopla desde Braga por la empera¬
triz Flacila; vivió en la corte imperial en donde rendía buenos
servicios por su conocimiento del griego y del latín, hasta el
conflicto de la emperatriz Eudoxia, esposa de Arcadio, en el
504, con San Juan Crisóstomo, en cuya fecha se vería obligado
a dejar el Palacio Imperial con Salvina y sus hijos.
De todo lo expuesto se deduce que la familia de los Nebri¬
(515)

(516)

<5">
(512)

Krclesiatlira. V, 12. 3, p. 210.
Claudio Claudiano: Clauili Claudiani Carmina, XXX, 6.1-70, p. 322, Edil, iMGiit
\ \ X 189'’
p. 06. Saint .¡eróme Lellra, IV, Cpietola L.VA7A a Salvina, Paris. Edil. Belles Let tres,
pp. 93-107. Teste etabli el trad. Jerome Lubourt.
Braulio, Sant Epistolario de S. Braulio a S, Fructuoso. Epístola XLIV* p> 205, edil.
José Mudoz, Madrid, 1951. Orosio, Paulo: Apologética, XXXI, en PLM, 1171.

1951,
(514)

257

Flórrz, Enrique: US., XV, p. 374.

litare otros del ulles dice en lu citada carta que ¡Nebridio ere hijo de una hermana de
Hui'ilu; que ésta lo crió en su regazo, que se crió en el Palacio Imperial; que fue condis¬
cípulo y camarada de los Augustos purpurados ( Arcadio y Honorio), como pariente,
compañero y primo, que era, por parte de su madre; que se nutrió de la mesa imperial,
a la que suministra el mundo entero; que fue tan querido del Emperador invicto (Teo¬
dosio), (pie concerto el matrimonio con Salvina, de nobilísima alcurnia africana, que
serviría de garantía para evitar ulteriores sublevaciones; que llegó virgen al matrimo¬
nio; que deja dos lujos, uno Nebridio, el joven, es el retrato del padre, pero más gracio¬
so, pues llevu también rasgos de 1a madre, reúne a los dos en su persona: la otra es una
nifla, búcaro de rosas y lirios, complejo precioso de marfil y nácar. No se desdefla el
Augusto de tenerla en sus brazos, ni la reinu de acariciarla en su regazo; descansa en
los brazos de todos; cburlatana y balbuciente, tiene más graciu con su pronunciación a
media lengua.

2511

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

dios, de origen bracarense, a la que pertenecía Flacila, se en¬
troncó con la de los Teodosios por el matrimonio de Teodosio y
de Flacila.

Se puede asegurar que Teodosio fue oriundo de la Provin¬
cia Gallaecia, pero del Convento Jurídico Cluniacense; en cam¬
bio Flacila lo era del Bracarense, que comprendía parte de la
Galicia actual.
La unión matrimonial entre Teodosio 1 y Flacila represen¬
ta la simbiosis benéfica de la dulce y maternal Galicia con la
austera y recia Meseta Castellana, que tan buenos frutos había
de dar al frente del Imperio Romano.
Las egregias figuras de de Teodosio y Flacila no sólo tras¬
cienden el ámbito de la Historia de Galicia y aun de la Historia
de España, sino que entran en la órbita de la Historia Universul.

Por lo cual no cabe en la Historia de Galicia dedicarles el
espacio que merecen. Su acción política abarca todo el orbe ro¬
mano; por lo cual en la Historia Universal tienen su lugar ade¬
cuado.
Por otro lado Teodosio, como oriundo de la meseta caste¬
llana, no entra de lleno en el esquema de esta Historia, más que
de refilón. Naturalmente el que gobernó el mundo también go¬
bernó Galicia, pero fue en otros lugares en donde dejó más
hondas huellas de su labor.
Precisamente Galicia era el polo opuesto geográficamente
a la purte del imperio por él gobernada, o sea, el Oriente. Elegi¬
do por Graciano, posiblemente aconsejado por S. Ambrosio,
que se había percatado de su capacidad estratégica en una ope¬
ración llevada a cabo contra los cuados, cuando era dux del
frente danubiano, a las órdenes de Ambrosio, Prefecto del Ilirico, salvó el Imperio de la gran crisis causada por la derrota de
todas las fuerzas romanas y la muerte del emperador Valente,
en la batalla de Andrinópolis, ganada por los visigodos, el 9 de
agosto del 378.
Conjugando medidas militares y políticas, logró atraer a
los godos y ponerlos a su servicio.
Primero los venció, e impidió que los ostrogodos y otros
contingentes de tropas bárbaras pasaran el Danubio; luego los
distribuyó en distintos lugares: en la Tracia y en el Asia Me¬
nor; a gran parte los enroló en su ejército. Tuvo la buena fortu-

LA GALICIA ROMANA

259

na de que hubieran fallecido el intrépido Fritigerno y el viejo
Atanarico, los más peligrosos racistas, ardorosos representan¬
tes del sentimiento nacionalista godo.
En adelante contará con ayuda de los godos en la batalla
de Siscia, de Petavio y de Aquilea, contra Máximo (388), y en
la batalla del Frígido, contra la reacción pagana representada
por los senadores aristócratas romanos, como Nicómaco Flaviano, Eugenio y Símaco y el general franco Arbogasto en

el 394.

En el aspecto religioso impuso el Catolicismo en el Impe¬
rio Romano. Partidario del Concilio de Nicea (325), fue enemi¬
go del arrianismo y bajo su mando en el 381 se reunió el Conci¬
lio de Constantinopla I, en el que se condenó el Macedonianismo, que negaba la divinidad del Espíritu Santo. También re¬
primió otros errores, de suerte que si Constantino implantó el
Cristianismo, Teodosio implantó el Catolicismo.
Tuvo dificultades con la autoridad eclesiástica, cuyo más
alto representante, más que por su jerarquía lo era por su rele¬
vante personalidad, S. Ambrosio, en dos ocasiones. La prime¬
ra, porque los cristianos de Constantinopla incendiaron una si¬
nagoga judía. Teodosio les obligó a reconstruirla a su cuenta,
pero se vio obligado a revocar esta orden.
La segunda vez fue por el excesivo castigo impuesto a los
de Tesalónica, que se habían sublevado con motivo de haber
sido muerto por el jefe de los godos un famoso auriga del circo.
Teodosio se vio obligado a hacer penitencia por el tremendo
castigo impuesto a dicha ciudad. Arregló la cuestión persa por
un tratado, según el que se dividía la Armenia y se adjudicaba
la oriental al Imperio Parto y la Occidental al Romano.
Teodosio I fue una gran aportación española, y de la pro¬
vincia Gallaecia, al Imperio Romano, y uno de los más precla¬
ros emperadores. Quizá Galicia, como porción la más occiden¬
tal, fue la que menos se lucró de su imperio, porque, precisa¬
mente, su gobierno se redujo al otro extremo, o sea, a la parte
oriental, hasta sus últimos días.
Pero si Teodosio fue una gran aportación española, Flaci¬
la fue una inapreciable aportación gallega para Teodosio y pa¬
ra el Imperio Romano.
Respecto a Teodosio, modificó no poco su recio carácter
de hombre nacido en la Meseta y su brusquedad impulsiva, sin

26»

CASI Mlllü TOItHES HODHIGUEZ

menoscabo de su recta y enérgica actitud ante los difíciles pro¬
blemas que aquejaban al Imperio. Sus consejos, orlados de sen¬
tido, respeto y amable ternura, limaron las aristas del militar
austero y enérgico nacido en las celtibéricas tierras y crecido en
los campos de batalla.
Respecto al Imperio, su aportación fue un manto para los
enfermos y para los humildes súbditos del Imperio.
Según Teodoreto de Ciro, «se ocupaba cada día en atender
a los mutilados y a los paralíticos, no por medio de siervos y
criados, sino que les prestaba personalmente sus cuidados en
los parajes donde se hallaban, y les daba lo que necesitaban.
Recorría los hospitales de las iglesias, cuidaba de los enfermos
que yacían en los lechos; inspeccionaba las ollas y probaba los
caldos, llevaba en sus manos las tarteras, partía el pan y les
servía la comida. Luego lavaba los recipientes y hacía todo lo
que suelen hacer los siervos y las criadas. A los que trataban de
impedir que practicara estos servicios solía contestar: ai Impe¬
rio pertenece la distribución del oro, yo ofrezco a Dios mis ser¬
vicios por el mismo Imperio.
A su esposo continuamente solía repetirle : querido esposo,
siempre debes pensar en lo que fuiste y en lo que ahora eres. Si
así lo hace3, nunca serás ingrato ante el Supremo Hacedor, sino
que administrarás justamente el Imperio y servirás al que te lo
dio». San Gregorio Niseno destaca el papel desempeñado como
esposa ejemplar, cariñosa madre y augusta emperatriz, que su¬
po ayudar a su marido a cumplir como cristiano lo que Dios
exigía de él 5I7. En esta pareja, parodiando la frase de Unamu¬
no, se sincretizaron en fecundo abrazo lo céltico y lo beduino.
Murió el 14 de setiembre del 385 en Scutumín de Tracia, a
donde había acudido para recobrar su salud con unas aguas
sulfurosas y termales. San Gregorio apostrofa a la región ente¬
ra de Tracia de este modo: ¡Oh región inhóspita!, allí tuvo lu¬
gar el naufragio del Orbe entero... Con razón se llama el lugar
Scutumin, que significa oscuridad y tinieblas, pues allí se apa¬
gó la luz, allí se extinguió el esplendor. Los rayos de todas las
virtudes allí se oscurecieron, allí pereció el ornato del Imperio,
el mástil de la justicia, el dechado de la piedad, es más, la en¬
carnación de la misma piedad. Describe la marcha del cortejo

LA GALICIA ROMANA

fúnebre desde Scutumin a Constantinopla y dice que todos los
lugares son estrechos para la inmensa multitud que la acompa¬
ñaba. «Espesas nubes oscurecieron el sol, como velo que ocul¬
taba el rostro de la que antes había sido hermosa. El aire se vis¬
tió de negra capa, como de luto, y las nubes destilaban lluvia
menuda como si quisieran derramar lágrimas de llanto» 51 B.
Su fortaleza corporal y su salud no debieron de haber sido
óptimas. Ya hemos visto que necesitaba hacer cura de aguas y
en una de ellas falleció. De los cuatro hijos que tuvo, su hija
Pulquería había fallecido un año antes de su muerte, o sea, el
384. Su hijo Graciano falleció poco después. Arcadio y Hono¬
rio, los únicos que sobrevivieron, fueron fisiológicamente débi¬
les y mentalmente incapaces. Teodosio se vio en la necesidad
de asignarles protectores; Ies puso, como una especie de tutor
perpetuo, al vándalo Stilicón, previamente ligado a la corte
por su matrimonio con Serena, hija del hermano de Teodosio
llamado Honorio, y prohijada por Teodosio. A su primer hijo
Arcadio, algo más capacitado, lo puso bajo la dirección del
Magisler Officiarum Rufino.
Teodosio y Flacila llegaron a la cumbre del Imperio, y den¬
tro de éste, a la cumbre del prestigio. Este prestigio también le
toca a Galicia y a España, cuna de los que dignificaron el cargo
imperial.
Dentro del ámbito de la familia teodosiana son varios los
que podrían considerarse como aportación de Galicia a la obra
política de Roma. Pero como son personajes de rango univer¬
sal, trascienden de toda enmarcación regional. Juzgamos sufi¬
ciente enunciar los nombres de algunos de ellos. Tales son: Ar¬
cadio, Honorio, Gala Placidia, Valentiniano III y Teodosio II,
que ocuparon la silla imperial. Serena, María y Termancia,
fueron esposas respectivamente de Stilicón y de Honorio. La
primera, hija de Honorio, hermano de Teodosio; las otras dos
hijas de Serena y Stilicón. Por parte de Flacila, sabemos que
un sobrino suyo llamado Nebridio, se crió en el palacio im¬
perial y que Teodosio, para mantener la paz en Africa, concer¬
tó su matrimonio con Salvina, del que hemos hablado en pági¬
nas anteriores.
(518)

(.ÿ*17

Triidnrrl» «le CiriM Tliemloreti K/nncopi Cyrí rt kvagrii Scholnitici Maioria Erletiualira, V, 19. |ip. 22 L2S,

261

3. I». 210, Liigcluni, 1677.

262

También son conocidos otros vástagos de la familia impe¬
rial, que fueron gobernadores de las provincias de España an¬
tes de la entrada de los pueblos bárbaros en el año 409. Estos
fueron Dídimo, Veriniano, Teodosiolo y Lagodio 5'9.
Pero de éstos nos hemos ocupado en otra publicación S2°.

Fue oriundo de la Provincia Gallaecia Magno Clemente

Máximo, quien derrotó y dio muerte a Graciano y gobernó la
parte occidental del imperio desde el 383 al 388. Nacido en
Cauca, como Teodosio, y siendo gobernador de Bretaña, se su¬
blevó con tropas bretonas y africanas de caballería, derrotó a
las de Graciano cerca de París; se proclamó emperador de Afri¬
ca, España, de las

Galias y Britania. Luego se apoderó tam¬
Italia,
bién de
y Valentiniano II se vio obligado a huir a Cons¬
tantinopla y a buscar apoyo en Teodosio I. Este lo derrotó en
las batallas de Siscia, Paetavio y Aquilea, en 388 521.
Aparte de que se trata también de un personaje, que como
Teodosio se encuadra en la Historia Universal, y por no ser na¬
tivo de la que pudiéramos llamar Galicia propia, o sea, del te¬
rritorio, en donde radica su diferenciación étnica y cultural, no
puede dedicársele mayor espacio en esta historia.
4. San Dámaso

También es, sin duda, de origen hispano y muy probable¬
mente nacido en España el Papa S. Dámaso; así lo dice taxati¬
vamente el Liber Ponlificalis: «Nalione hispanus, ex paire An¬
tonio». Por su nacionalidad español, hijo de Antonio.
Con razón afirma García Villada que el autor de este libro
es un romano, y no es fácil que privara a Roma del honor de ser
la patria de tan preclaro pontífice 522. Así como Constantino,
ayudado por Osio de Córdoba, hizo del Cristianismo la religión
del Estado Romano; Teodosio y San Dámaso hacen del Catoli¬
cismo la religión única de dicho Estado.
(519)

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Torre» Rodríguez, Casimiro! Patajes escondidos de la Historia de España, en Hís¬

panla, LXIV, 1956, pp. 1-14.
( 520) Torres Rodríguez, Casimiroi Galicia Sueva, pp. 36 y 88.
(521) Torres Rodríguez, Casimiro! Magno Clemente Maximo, en Boletín déla Universidad
de Santiago, XLV y XLV1, 1945, pp. 7-62.
(522) Líber Ponlificalis, I, p. 212, edil. Duchesen. García y Villada, Zacarías! Historia

Eclesiástica de España, I, 2.a parte, p. 230. El Diccionario de Historia Eclesiástica de
Espailu, dirigido por Quintín, Aldea Vaquero, Tomás Marín Martínez y José Vives,
It, ¡i. 679, dice: .Dámaso (305-384;. De origen ciertamente español y probablemente
nacido en España. Vives, Joséi S. Dámaso, Papa español y tos Mártires, Bu, 1953.
Otros ponen en dudu esta afirmación como R. E., IV, 2048, número 7; SchanzHosiusi Geschichte der romischen Lileratur, Munich, 1935, IV, 1.a, 856.

263

Esta excelsa figura no cabe dentro de la Historia de Gali¬

cia, aunque algunos lo hayan hecho natural de Guimaraes.

Pertenece a la Historia de Roma, o mejor, a la Historia Uni¬
versal 523.
Si bien en el orden político no son muchas, ni privativas
las aportaciones de Galicia a la obra política y social de Roma,
en cambio en el orden cultural son bastante numerosas, hasta
tal punto que no dudamos en afirmar que el foco cultural más
importante de España, a últimos del siglo IV y primeros del V,
estaba en Braga, ciudad que era la capital del Convento Jurí¬
dico Bracarense, que comprendía desde el Duero hasta el Ulla.
Como la cultura que predominaba en esta época era la re¬
ligiosa, es en este campo en el que Galicia hace notables apor¬
taciones a la cultura romana.
5,

Egcriu

Existe intensa comunicación entre la Provincia de Orien¬

te, que comprendía la Siria, Palestina, la Cilicia y Mesopota¬
mia y la Galicia Occidental, o sea, la actual Galicia y el Norte

de Portugal, a partir del Duero. Tal vez esta comunicación
surgiera ya en tiempo de Nebridio, quien, como hemos dicho
anteriormente, fue Prefecto de Pretorio de la Provincia de
Oriente; o quizá con más seguridad por el gobierno de Teodo¬
sio y Flacila en la parte Oriental del Imperio 524.
El prototipo de estos peregrinos que visitan Oriente es la
virgen Egeria, o Eteria. No ha sido cosa fácil llegar a un acuer¬
do sobre su verdadero nombre. Este sólo aparece en la Carta de
San Valerio a los Monjes del Bierzo, y quizó en un Catálogo de
Celanova, aunque en lectura muy deficiente: « Ingerararium
Geriae». Sin embargo, a pesar de las variantes de los códices,
puede darse como seguro que se llamaba Egeria, o Eteria 52S.
Los que le asignan a Guimaraes, como lugar de su nacimiento, se fundan en el hecho de
que Braga a finules del siglo IV era el foco cultural máB importante de España. Ade¬
más el Breviario Antiguo de Braga lo incluye como santo nativo. V. Rodríguez de
Castro! Biblioteca Española, II, p. 183. Murguía, Manuel Martínez! Historia de
Galicia, II, p. 591.
{524) Torres Rodríguez, Casimiro! Las peregrinaciones de Galicia a Tierra Sania en el si¬
de Estudios Gallegas, XXXII, 1951.
Cuad
gto
glo I , en Cuadernos
Btnóni San Valerio (Ñuño Valerio). Obras, Madrid, C.S.I.C.
i 525 ) Fernández Pousa, Ramóni
1942, p. XXIX, notas 68 y 102. Arce, Agustín! Itinerario de la Virgen Egeria, Ma¬
drid, lí
I AC, 1980. En relación con el catálogo de Celanova: Archivo Histórico Naelonal, Madrid, Sección Clero Secular y Regular, Cartulario de Celanova, 1, fol. 3. Ingerarium Geriae.
<523;

1

264

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Después de las conclusiones de Dom Ferotín, a base de las
coincidencias entre la monja peregrina nacida en el extremo li¬
toral del mar Océano, que describe San Valerio en la menciona¬
da Carla a los Monjes del Bierzo, con la autora del Ilinerario,
que figura en el manuscrito descubierto por Gamurrini en
Arezzo en 1884, puede afirmarse con bastante seguridad que
Egeria era gallega, incluyendo en Galicia el Norte de Portugal,
como se viene haciendo en esta historia 526.
La frase «Extremo Occidui maris Oceani exorla, occiduae
plagae», nacida en el extremo litoral del mar Océano, de la re¬
gión occidental, en la pluma de un escritor, que en frase de
Montero Díaz vivió «como eterno recluso» en los valles y mon¬
tañas del Bierzo y que se dirige a los monjes del Bierzo, no pue¬
de tener otro sentido más que Galicia, o el Norte de Portugal.
Ese mismo sentido tienen parecidas frases de Orosio, Hidacio y
S. Isidoro.
El argumento en contra que ha querido sacarse del pasaje
del Itinerario: «que el Eufrates, río muy grande, ingente y casi
terrible, corre con ímpetu parecido al Ródano», y que movió a
algunos investigadores a considerarla nativa del Sur de Fran¬
cia, ha sido refutado por la gran historiadora Heléne Pétré 527.
En primer lugar puede tratarse de un lugar común, o sea, que
Egeria hable del Ródano a base de sus lecturas, dado que entre
los escritores Ausonio le llama praeceps, Claudiano ferox y Lucano velox; tenía fama el Ródano de impetuosa corriente. Ade¬
más pudo apreciarlo personalmente, en su propio viaje, o en
otros viajes, dado que, como dice Pérez de Urbel, «San Benito
(480-553) introdujo el voto de estabilidad, que incorporaba a
la comunidad del monasterio a donde entraba» 529.
El P. Arce aduce otra razón en este sentido: El Ilinerario
de Pedro Diácono, que tuvo sin duda presente al de Egeria en
su redacción, dice también que el «Mar Rojo no recibe este
nombre porque sus aguas sean rojas, o turbias; son transparen¬
tes y frías como las del Océano» 529.

LA GALICIA ROMANA

265

Parece aludir a su conocimiento experimental de las fres¬
cas aguas del Océano, que baña las costas gallegas.
Poco sabemos de su vida fuera del viaje de peregrinación,
que ella describe y al que hace referencia San Valerio. De la
lectura de dicho viaje se pueden obtener algunas conclusiones
biográficas. Debió de ser persona significada en el orden social,
o político; se deduce del recibimiento que se le hace, de la guar¬
dia de soldados que se le asigna, para que le proteja en los tra¬
yectos peligrosos, del homenaje que le hacen los jefes de las
guarniciones, que ponen a su disposición naves y caballerías;
los propios obispos, sacerdotes y monjes la acompañan. Usa el
currus, carruaje reservado al emperador, o a la familia impe¬
rial.
El Código Teodosiano refiere que a Macrobio, Vicario de
las Españas en los años 399-400, d. C., se le impuso una multa,
por haberlo usado fuera de las exigencias de su cargo oficial 53°.
Debía de ser joven cuando realizó el viaje, pues sube con
agilidad las cuestas más empinadas, como las del Sinaí, que se¬
gún la propia narradora «son muy difíciles de ascender, si no es
con sumo trabajo, porque no la subes lentamente y poco a poco
dando la vuelta, o como vulgarmente se dice en forma de cara¬
col, sino que es necesario subir todo derecho, como por una pa¬
red sai.
La fecha del viaje la fija Paul Devos entre el 383 y el 384.
Agustín Arce entre el 381-384, a base de cálculos sobre la cele¬
bración de la Pascua 332. En este caso puede relacionarse el via¬
je con la fijación de su corte en Constantinopla, a partir de su
entrada en el 380, por Teodosio con su mujer e hijos. Tal vez
fue en la comitiva de Flacila y aprovechó esta circunstancia
para hacer su viaje de peregrinación. Desde luego es un viaje
de auténtica peregrinación. Siente ansia de vivir con toda in¬
tensidad y de saborear las más intensas emociones, al recorrer
los lugares, en donde se cumplió la obra de la Redención, e ¡n-

...

Codcx Thcodoslanue, Vil, 5. 61.
Corpus Chris lianorum. Itineraria el alia Geographica, CLXXV, Itinerarum Egeriae, II, 6, 5, p. 39. Pétré, Hélénéi Elherit. Journtl de Voyage, 1979; p. 103.
(532) Uevos, Pauli Le date du voyage d'Egerie, en Analecta Boliandlana LXXXV, Tase.
1-2, pp 165 y 88., 1965. Egeriea Belhlem, LXXXVI1, I960, p. 87. Arce, Agustín! Iti¬
nerario de la Virgen Egeria (361-384), p. 54, Madrid, BAC, 1980. Parece desautorizada
lu opinión de E. Dekker,r, que la fecha a principios del 415, en De datum der « Peregrina
lio Egeriae», en Sacrls erudiri, 1, 1948, pp. 181-205. Morln, G.i Un pattage énitigmatique de Saint-Jeróme..„ en Revue Benedictine, XXX, 1913, pp. 174 y sa.

(530)

(526)
(527)

¡320)
(329)

Fcro tin, Morim Le veritable auteur de la Pereprinatio Sitviae ta vierge Spagnole Etheria, en Kevue des questiona lllstoriques LXXIV, pp. 367-397. Torres Rodriguez,
Casimiro! Egeria, \lonxa Galega do secuto IV, Buenos Aires, 1976, p. 12.
éi Etherie, Journal de Voyage, p. 161. Paris, 1948, nota 2, Bludau, A.
Pétré iléléné
Die Pilgerrcise, pp. 236-237.
Pérez de Urbel, Justo! Hitloria de la Orden Benedictina, p. 35, Madrid, 1941.
Arce, Agustín! Itinerario de ta Virgen Egeria, p. 71, Madrid, BAC, 416,, 1980.

(531)

-

266

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

LA GALICIA ROMANA

cluso los parajes por donde anduvo el Pueblo de Dios; donde
sufrieron el martirio los Apóstoles y donde hacían las peniten¬
cias los anacoretas. Sus pasos iban acompañados de oraciones
y plegarias y al llegar a los lugares descritos por la Biblia,
leíanse los respectivos pasajes bíblicos.
Su viaje no se limita a Jerusalén y Palestina: visitó Cons¬
tantinopla y recorrió las provincias de Capadócia, Galacia y
Bitinia. Visitó Alejandría y estuvo en la Tebaida, Arabia, en el
Sinaí y en todos los lugares mencionados por la Biblia. Visitó
Antioquía y de aquí se encaminó a Mesopotamia. Se detuvo en
la ciudad de Edesa para visitar el sepulcro de Santo Tomás, y
en Charrís (Harrán), donde murió el patriarca Abraham. En
varias ocasiones siente la nostalgia de su patria y de sus herma¬
nas en religión, a las que llama «venerables dueñas hermanas,
dueñas y luz mía, dueñas de mi alma» S33. Regresó a Constanti¬
nopla y aquí parece haber hecho la redacción del viaje. Proyec¬
taba ir a Efeso a visitar el sepulcro de S. Juan.
Respecto a su regreso, ya hemos dicho en otra ocasión que
no sabemos si regresó a Galicia, después de su vuelta a Cons¬
tantinopla. ¿Estaría aquejada de alguna enfermedad? Algo así
parecen indicar estas palabras: «Si después de este viaje (a Efeso) aún permanezco en este cuerpo, y si mi espíritu me hace
cambiar de rumbo, ya os lo comunicaré por escrito» S34. Estas
palabras parecen sugerir dos posibles dificultades que se opo¬
nen a su regreso. La primera sería el cansancio, o la enferme¬
dad, o tal vez la muerte. Otra sugerencia, que se apoya en las
citadas palabras «si mi espíritu no me hace cambiar de rumbo».
dNo podría identificarse con aquella Anapalladon de que habla
Paladio?
Desde luego sabemos que San Juan Crisóstomo, cuando
fue desterrado por Eudoxia en el 404, se despidió de la que lle¬
vaba este nombre y estaba al cuidado de una iglesia de Cons¬
tantinopla. Bajo su dirección también vivían las diaconisas
Pentalia y Procla y Silvina, mujer que había sido del bienaven¬
turado Nebridio, que tan santamente adornaba su viudez.

Sabemos, como ya se ha dicho anteriormente, que esta Silvina, o mejor dicho, Salvina, mujer del difunto Nebridio, esta¬
ba emparentada con esta «anapalladon», o rectora de la igle¬
sia: parentesco que probablemente lo era por afinidad, o sea,
por ser consanguínea de su esposo Nebridio, quien, como he¬
mos dicho, era sobrino de Flacila, la primera mujer de Teodo¬

(533)
(534)

Corpus Chrlstionorum. Uineraria..., p. 39.
Torre» Rudriguez, Casimiroi Egeria, \lonxa Galega do

insistencia en

bien».

J IÿÿBucnoaÿ sentía
indicar

secuto

repetir*a sus hermanas -viva o muerta, parece

Aires,

que no se

267

ro I. Esta identificación, naturalmente hipotética, daría expli¬
cación a que usara el currus imperial y a que le rindieran en su
viaje tantos honores. Este parentesco daría base a la hipótesis
planteada; no se conoce otra pariente que pudiera identificarse
con la peregrina gallega.
Existe, no obstante, una dificultad para tal identificación.
Esta cuidadora, o rectora de la iglesia, de quien se despide S.
Juan Crisóstomo y a cuyo lado se refugia Salvina, viuda de
Nebridio, era sin duda del partido de S. Juan Crisóstomo y
contraria a la emperatriz Eudoxia, esposa de Arcadio; pero no
se llamaba Egeria, o Eteria, sino Olimpia, o Olimpiada.
Sin embargo el nombre de Olimpiada es equivalente por
su significado al de Eteria, con cuyo nombre figura la peregri¬
na gallega en algunos códices y así la llaman muchos investiga¬
dores 53S.
Ambos nombres vienen a significar celeste o celestial.
Se consideraba al Olimpo, por su elevada altura (3.000
metros) como morada del Zeus griego y de su equivalente Júpi¬
ter latino. También se decía que los hijos de Croóos, cuando se
repartieron el mundo, le asignaron a Zeus las regiones sublimes
del Eter, de suerte que a Zeus se le llamaba indistintamente
Olímpico y Etéreo 536.
; 335)

Puladlo, Obispo de Helenópolisi Diálogo habido con Teodoro, diácono
i
de Roma, en
Obras de S. Juan Crisóstomo, edit, B.A.C., versión de Daniel Ruiz Bueno, X, p.
192. •lüntonccs Juan (Crisóstomo), después de besar entre lágrimas a algu nos de los
obispos, se despidió diciendo: quedaos aquí un momento, mientras voy a descansar un
poco, y entrando en el baptisterio, llamó a Olimpiada, la inseparable (Rectora) de la
iglesia y con ellu a Pentadia y Procla, diaconisas, y a Silvina, mujer que fuera del bie¬
naventurado Nebridio, que tan decentemente adornaba su viudez EiffjAStdr (SE E t
Tw (io.nxi6 T/Tipifio, JCOúET; T7T)V 'Ohj/j-juaía avaroúcmor ousai/ TTJç
ewbhjswtç ffuu Me.i/ Tacha nca llpoxXr) Taiç ówxcwotç, Teat Idflu/T),
1
TTi To*/ Mootapc-ov Neppidiou yut/atXL,M.RG. XLVII,35
Gl»ud,rai.. Mitología General, en M. P. G„ trad, de Pedro Perlcay, p. 127, Bar-

i 536) Giraud, Féllzi Mitología General. Trad, de Pedro Perlcay, p. 127, Barcelona, 1962.

2611

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Por tanto cabe la hipótesis de que S. Valerio, o Paladio,
atendiendo más al significado que a la letra, llamen Olimpiada
a la que se llamaba Eteria, o viceversa.
En este caso el nombre de la peregrina gallega sería Ete¬
ria, como la llama el Códice de Carracedo. No sería extraño
que el despiste partiese de Paladio, quien en este pasaje cam¬
bia el nombre de Salvina por el de Silvina, esposa de Nebridio,
pues sabemos por la carta de S. Jerónimo (LXXIX), que se lla¬
maba Salvina la viuda de Nebridio, a quien trata de consolar.
Por tanto, si admitimos esta sugerencia, la peregrina gallega se
quedó en Constantinopla y estaba al frente de una iglesia con
baptisterio en el año 404.
Era del partido de San Juan Crisóstomo, en su contienda
con la emperatriz Eudoxia, que la condenó al destierro. A ella
se unió su pariente Salvina, que ante este destierro abandonó
la Corte y vivió dedicada ai cuidado de la Iglesia.
Se explica así que no regresara a Galicia y que su viaje
permaneciera desconocido en Occidente hasta el descubrimien¬
to hecho por Gamurrini.
No incluimos en esta aportación el grupo de escritores,
pertenecer a un foco cultural que se desarrolla en
parecen
que
el siglo V d. C. A este grupo pertenecen Orosio, Hidacio, los
Avitos de Braga, Balconio, Toribio, Ceponio, Baquiario, etc.
Pero, aparte de que de éstos hemos escrito en otro libro, enten¬
demos que la entrada de los pueblos bárbaros en España en el
409 y la ocupación de Galicia por los mismos, representa el fi¬
nal de la Galicia Romana y el comienzo de la Edad Media. Por
lo cual nos abstenemos de hablar de ellos en esta historia 537.
De todos ellos sólo vamos a hacer una pequeña reseña de
Orosio, figura que se levanta en el ocaso del mundo romano e
inicia la época medieval,
Poco se sabe de su vida, en cambio han llegado a nosotros
sus escritos valorados especialmente en la época medieval así
como en nuestros días.
(537) Torres Rodríguez, Casimiro) La Galicia Sueva, pp. 17 y ss., y pp. 293 y ss. Santiago,

1977.

LA GALICIA ROMANA

269

6. Orosio
Se sabe que era oriundo de la Provincia Gallaecia, porque
así lo afirma S. Braulio en su carta a S. Fructuoso de Braga 538.
También lo viene a afirmar San Agustín, pues dice que viene
de las extremas orillas del Océano 539.
Puede considerarse como dato seguro que era natural de
la propia ciudad de Braga, pues llama sus conciudadanos a los
los dos Avitos oriundos de esta ciudad 54°.
Por tanto, carece de fundamento sólido la opinión de los
que sostienen que fue Tarragona el lugar de su nacimiento, por
el hecho de que Orosio llama a esta ciudad «Tarraconem nosIram» (Historiarum... VII, 22, 8): puesto que Tarragona era la
capital del Vicariato de las Españas, según la ordenación de
Diocleciano, y por tanto podía vincularse, como algo propio,
con todas las provincias de España, y por lo mismo con la Pro¬
vincia Gallaecia, a la que pertenecía Braga.
Su nombre parece haber sido Paulo Orosio, puesto que así
lo llama Jordanes, historiador y obispo de Ravena en el siglo
VI 3'u. Además en el Códice de la Biblioteca Laurenciana de
Florencia, del siglo VI, según García Villada, se lee: Pauli Orosii lib. V explicit. Termina el libro quinto de Paulo Orosio542.
El nombre de Orosio sería el nombre indígena y Paulo el
nombre romano. Por tanto, no parece aceptable la opinión de
los que sostienen que el nombre de Paulo se debe a una errónea
confusión de la sigla P. de presbítero.
Debió recibir desde niño educación cristiana, pues no co¬
nocía bien los mitos paganos; así atribuye a Medea, en vez de
Pirra, la siembra de los dientes de dragón, de los que nacieron
hombres armados ya para la guerra 543.
1538)

Braulio, Sant Epistolario de San Braulio a San Fructuoso, ed. José Madoz, p. 204205: Provinciam namque, quam tncolilis el graecam sibi originem defendí!, quae magiaIra esl litlerarum el ingenii, el ex ea orlos fútase recordantini elegantísimos el doclissimos
Piros, til aliquos dtrum Urosium presbylerum.
-La provincia en la que habitáis, que pretende tener origen griego, y es maestra en las
letras y en el talento, y en ella recordáis que han nucido elegantísimos y doctísimos va¬
rones; por mencionar algunos, el presbllero Orosio».
(539) Agustín, Sani Aurelíi Augustini ad Evodium Episcopi Epístola CLXIX, en PLM,
XXI, col. 748. .Id llieronymun 2, en PLM, XXXI11 col. 720.
(540) Orosio, Paulo) Commonitoríum, de errore Príscilianistarum el Originislarum, 3, /, p.
(541 )

Jordanes) Jordania Romana el Célica, IX, p. 70, en M.G.H., AA.V. : sOrosio Paulo
dteenies.
(542) Careta Villada, Zacarías) Historia Eclesiástica de Espada, I, segunda
parle, p. 264.
(543) Orosio, Paulot Pauli Orosii Historiarum adversum paganos libri septem. VI, 17, 7, p,
218. Edi. Zungemeislcr, 1889.

r

T
270

CASI MI HO TOHHES HODRICUEZ

Nació hacia el año 385, dado que San Agustín, en el año
415, por dos veces le llama joven S44.
I. Su viaje al Africa

A pesar de que Orosio se avenía bien a convivir con los
suevos y esperaba mucho de su conversión al Cristianismo y de
su convivencia, como lo indica en su Historia, sin embargo, a
principios del año 415 d.C. emprende su viaje al Africa para vi¬
sitar a S. Agustín. Como un emigrante gallego, presa de insa¬
tisfacción, busca mejor fortuna. No ambiciona riquezas ni ho¬
nores, deseaba capacitarse para combatir «las falsas y pernicio¬
sas doctrinas que destrozaban las almas con mayor estrago aún
que aquellas espadas de los bárbaros que destrozaban los cuer¬
pos». Busca capacitarse junto a S. Agustín, cuya fama de sabi¬
duría había llegado hasta las alejadas costas gallegas.
Hace el viaje movido por una fuerza misteriosa y, debido
a la ocupación de la península por los pueblos bárbaros, tuvo
que hacer el viaje por el mar Océano. Debió de embarcar, tal
vez, en Oporto; y no pudo hacerlo sin dificultades. El mismo lo
cuenta; dice que lo persiguieron y lanzaron piedras contra el
barco en que zarpaba; pero se vio libre gracias a una espesa
niebla que envolvió su embarcación 54s.
No sabemos con certeza cuál fue el motivo de que los sue¬
vos tratasen de impedir su salida. Tal vez desconfiaron de que
tratase de incitar a las autoridades romanas, o visigodas, para
que los atacasen, como estaba haciendo Valia con los alanos y
vándalos.
Quizá los priscilianistas avivaron esta suspicacia.
Con todo, pudo llegar felizmente hasta Hipona. San Agus¬
tín lo recibe no sólo con las puertas abiertas, sino con sus bra¬
zos abiertos y todo su corazón.
La llegada de este presbítero joven que viene desde las ex¬
tremas orillas del Océano, la considera como un don de Dios,
tal cual él se lo había pedido 546.
Agustín, Sam Aurelii Augustini Epistola ad Hieronymum... en PLM, XXXIII, col.
720. V. Torres Rodríguez, Casimiro: Miscelánea, p. 330 y ss. en Cuadernos E.G.
XXVI. Fuse. 80. 1968.
(545) Orosio, Paulot Commonilorium, 3, 1, p. 155. Hisloriarum... III, 20, 7.
(546)
Sam Aureli Augustini ad Evodium Epsicopum epistola CLXIX 13, en PLM,
(544)

Agustín,

LA GALICIA ROMANA

271

Orosio le presentó el Commonilorium contra priscillianislas el origenislas que llevaba redactado ya, o preparado men¬
talmente, desde Galicia. San Agustín le contestó según sus pro¬
pias palabras «a ciertas cuestiones sobre la herejía de los prisci¬
lianistas y sobre algunas opiniones de Orígenes, que no acepta
la Iglesia, en un libro no grande, del modo más breve y comple¬
to que pude» S47. Contestó al Commonitorium de Orosio en su
Obra Ad Orosium contra priscillianistas, pero no contestó a la
cuestión propuesta sobre la doctrina de Orígenes en relación
con el alma humana. Lo remite a S. Jerónimo, que a la sazón se
hallaba en Palestina.

II. Viaje a Palestina
En el año 415, por la primavera, partió para Palestina y
visitó a S. Jerónimo, que se encontraba en Belén. En un sínodo
celebrado en Jerusalén, cuyo obispo Juan era partidario de la
doctrina de Pelagio, tuvo que luchar contra éste. En esta lucha
se muestra como agudo y duro polemista. Llama a Pelagio «ra¬
na hundida en el fango». Relata Orosio esta lucha en el Apolo¬
gético, obra escrita para defenderse de Juan de Jerusalén, que
le acusaba de haber sostenido en la polémica que el hombre, ni
aún con el auxilio divino, puede estar sin pecado 54B.
Se encontró en Jerusalén con un presbítero llamado Avito,
conciudadano suyo, o sea, también oriundo de Braga. Coinci¬
dió esta entrevista con el hallazgo de las reliquias de San Este¬
ban, que tuvo lugar el día 3 de diciembre del año 415. Dicho
Avito aprovechó la ocasión de enviar, por mediación de Orosio,
parte de las reliquias de S. Esteban al Obispo de Braga, Balconio, y a sus fieles con la traducción latina del documento de autentización, hecho por el presbítero Luciano, quien las había
encontrado.
A principios de 416, con las preciadas reliquias, partió de
Jerusalén y, después de entregar a San Agustín sendas cartas
dirigidas por S. Jerónimo, una a San Agustín y otra al obispo
Océano, trató de regresar a España.
Pero se encontró con que un conjunto de tropas visigodas
convenientemente provistas de armas, trató de pasar al Africa;
Agustín, Sani Aurelii Aguitini ad Hieronymum, Epístola, CLXV1, en PLM,
XXXin. col. 720.
(54B) Torres Rodríguez, Casimiro! La Historia de Paulo Orosio, en Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos LXI, 1, 1955, p. 112.
(547)

272

CASIMIHO TORHES RODRIGUEZ

pero a doce millas del Estrecho Gaditano (Gibraltar), debido a
una tempestad, se hundieron y perecieron catastróficamente.
Este hecho solamente conocido por el relato minucioso que ha¬
ce Orosio en su Historia, revela que Valia, como Alarico, trató
de pasar al Africa 5‘9.
Parece que hacía el viaje por mar y trató de pasar el Es¬

trecho.
Al encontrarse con esta dificultad, cambió de rumbo y se
dirigió a Menorca.

111. Estancia en Menorca y regreso definitivo a Hipona

Por miedo a los bárbaros, o a las tempestades, Orosio de¬
sistió de continuar su viaje por el Estrecho de Gibraltar; se di¬
rigió a Menorca y desembarcó en el puerto de Mahón; su es¬
tancia en esta isla fue muy breve. Se conoce por la Carta - En¬
cíclica del Obispo Severo. A pesar de que en esta carta no se da
el nombre de Orosio, se habla de la llegada de un presbítero,
que viene de Jerusalén y trae las reliquias de San Esteban, que
no pudo llegar a España y regresó a Africa; serie de detalles
que no pueden convenir más que a Orosio 55°.
En Menorca, a cuya isla había llegado la doctrina priscilianista, pudo Orosio conocer a Consencio, amigo de San Agus¬
tín y antipriscilianista; de su lucha contra los priscilianistas de
Menorca tenía mucho que aprender.
Si tal vez intentó llegar a la Península desde Menorca, de¬
bió de convencerse de la imposibilidad de llegar a Galicia,
puesto que en el año 416, en cuya fecha se encontraba, los visi¬
godos de Galicia ocupaban la Tarraconense y luchaban con los
demás pueblos bárbaros.
De suerte que optó por volverse a Africa junto a San
Agustín y hacer de Africa su segunda patria.
Desde Menorca llegó a Uzalí, la actual Al-Alia, en las pro¬
ximidades de Cartago; allí fueron grandes, según San Agustín,


C!»

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A.

i 549) Orosio, Pauloi Pauli Orosi Hisloriarum, Vil, 43, 10 y 11, p. 300.
(350) Seguí Vidal, Gabrieli La Carla, encíclica, del obispo Severo. Pulmu de Mallorca, 1937,

La

p. 151. Dice nal: Vamque diebus pene iisdem, quibus ego lanli sacerdolii nomen licel in¬
dignas adeplus sum, presbyter quídam sanclilale praecipuus, ab Hierosolyna veniros.
\lagone non longo lempore « mmoralus esl, Qui postquam Iransvehi ad Híspanlas sicul desiderabal nequivil remeare denuo ad Africam statuil. Hic beali martyris Slephanii reli¬
quias, quae nuper reveíalas sunl, cum ad Hispanias portare consliluisset, ipso sine dubio
martyre inspirante in memorati oppidi (Mohán) ecclesia collocavil.

A.

Lámina XXIII. Las murallas. El cubo mejor conservado

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LA GALICIA ROMANA

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273

los prodígios obrados por Ias reliquias de San Esteban; y se re¬
partieron a varias iglesias 55‘.
Luego se dirigió a Hipona y en el año 417 comenzó, al lado
de San Agustín, su Historia; éste componía, a la sazón, el libro
XI de la Ciudad de Dios.
Desde entonces, Orosio se constituye en colaborador de
San Agustín y en los años 417-418 redacta su obra: Hisloria¬
rum adversum paganos libri VIL
El resto de su vida nos es desconocido. Genadio dice que
vivía en el 424 552. Debió de vivir al lado de San Agustín y es
probable que le acompañara en las horas críticas de la toma de
1 lipona por los vándalos en el año 430, y que muriera con él.
Esta uctitud estaría muy de acuerdo con el papel de «perro fiel»
que él mismo se adjudicu al comienzo de su Historia 55¡1. Tam¬
bién justificaría sus palabras: ubique patria, ubique lex el religio
mea est. Allí está mi patria en donde está mi ley y mi religión.

IV. La obra literaria de Orosio

Se reduce a tres libros, que han llegado hasta nosotros: El
Commonilorium de errore Priscillinistriarum et Originistarupi; el Apologético o Liber Apologeticus contra Pelagium de arbitrii libértate, y el que le ha dado más nombre: Hisloriarum ad¬
versum paganos libri seplem.
El primero es un libro, o esquema para consultar, escrito o
programado en Galicia, que viene a ser la exposición del objeti¬
vo de su viaje. Al mismo tiempo constituye la fuente principal
para conocer la doctrina de Prisciliano y de sus seguidores, da¬
do que los célebres Traclalus descubiertos en Würzburg, por
Scheps, son escritos de descargo, o de defensa ante el Tribunal
Imperial; y no se puede juzgar a un reo por el alegato del abo¬
gado defensor; mucho menos, cuando el defensor es el mis¬
mo reo.
Orosio ofrece mayor garantía de imparcialidad y de com¬
petencia por haber vivido el ambiente. Dice que, según Prisciliapo, las almas forman parte de la sustancia divina y, habien¬
do descendido de los círculos celestes, cayeron en poder del
<551 ) Agustín, Sani Ciudad de Oios, XXIII, 8. MPL, XXXIII, col. 963 y XXXVIII, col.
1435 1417; XLI, col. 766-771.
(552) lllustriwn 1 irorum Caialoyus, col. XXXVI, 40. Claruit extremo Honorii tem/me (423).
1553) Orosio, Paulo! Pauli Orosii Hisloriarum... 1, 1, 1, p. 1.

-

274

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

príncipe de las tinieblas, quien las encarceló en diversos cuer¬
pos. Cada miembro del ser humano depende del poder celeste,
del cual se desprendió. Enseñaba un fatalismo sideral, según el
cual las distintas partes del cuerpo dependen de los signos del
Zodíaco. La cabeza, de Aries; la cerviz, de Tauro; los brazos,
de Géminis; el pecho, de Cáncer, etc. Los priscilianistas eran
an ti trinitarios, o no admitían la Trinidad más que de nom¬
bre 55‘.
El Apologético, o Liber Apologéticas adversas Pelagianos, fue redactado por Orosio en Palestina, o en Africa, a fina¬
les del 415. En él cuenta la controversia de Orosio, ayudado
por los obispos Heros de Arlés y Lázaro de Aix, contra Pelagio,
apoyado por Juan, obispo de Jerusalén.
Describe a Pelagio como tipo grosero y deforme, ciego y
malvado, es una rana hundida en el fango; ataca a su linaje y a
su educación, a sus modales y saca a relucir sus defectos de al¬
ma y cuerpo. Le llama «inflado por el espíritu de la carne y
arrastrado por su soberbia». Sin embargo, él mismo advierte
que, cuanto dice es por odio a la herejía, más no al hereje: «que
deteste su herejía Pelagio, que condene su error con la mano y
con la boca y se unirá con fuerte lazo a sus hermanos».
También se defiende de la acusación de Juan de Jerusalén
y de ahí el nombre de Apologéticas, que le achacaba a Orosio
errores contra la doctrina de la gracia divina. Lo escribe «con el
fin de manifestar la inocencia propia y la calumnia ajena, de¬
fender la fe, descubir la perfidia y apuntar con el dedo a los lo¬
bos que se han metido traidoramente en el rebaño de Cris¬
to» 55s.

V. La Historia de Orosio
La Historia de Orosio, o sea, Hisloriarum adversum paga¬
nos librii seplem, es su obra principal.
La mejor edición continúa siendo la del Corpus Scriplorum Ecelesiasticorum Latimorum Will, p. 151 y ss. Viena, 1889.
¡555) Fue editudo por ZangemeiBler con el Hisloriarum adversum paganos libri seplem, en el
C.S.E.L., V, p. 603-611.
En la primera parte del Apologético 1-10, se defiende contra las acusaciones de Juan
de Jerusalén, quien le achucaba haber sostenido que el hombre aun con la gracia divi¬
na, no podía dejar de caer en el pecado; por consiguiente que negaba la eficacia de la
gracia divina. En lu segunda parte 11-33, expone la doctrina de Pelagio y le ataca duru mente.
i 554)

LA GALICIA ROMANA

275

San Agustín, que conoció el Commonitorío y el Apologéti¬
co, pudo percatarse del talento, habilidad, dialéctica y claridad

expositiva de Orosio, aparte de que en su trato directo conoce¬
ría estas y otras buenas cualidades, para pedirle su colabora¬
ción en su colosal obra «La Ciudad de Dios», cuyo XI libro es¬
taba redactando.
La imposibilidad de regresar a España y la necesidad de
acogerse al lado de San Agustín, le brindaban esta colabora¬
ción que, en frase del mismo Santo, se le presentaba a pedir de
boca, «como se lo había pedido al Señor».
San Agustín le encargó completar con datos históricos su
«Ciudad de Dios».
Orosio obedece, como «perro fiel» y en los años 417 y 418
redacta la primera Historia Universal. Universal en el tiempo,
puesto que comprende desde el principio del mundo hasta el
año 416, a cuya fecha corresponden los últimos acontecimien¬
tos narrados. Universal en el espacio, pues abarca todos los
pueblos, naturalmente vistos, como en horizonte geográfico, en
el que se contemplan con mayor detalle los más próximos al es¬
pectador, como son España y, dentro de ésta, Galicia.
Después de un prólogo de carácter geográfico, en el que se
describe el mundo conocido a la sazón, según los datos que
arrancan desde Agripa y sus colaboradores, Orosio empieza su
historia con la descripción de la creación, de la caída del hom¬
bre y del diluvio, hasta la fundación de Roma. En el libro II
narra la historia de Roma hasta el saqueo de esta ciudad por
los galos. En el III, el Imperio Macedónico y prosigue la histo¬
ria de Roma. En el IV continúa la historia de Roma hasta la
destrucción de Cartago. Los tres últimos libros prosiguen la
historia de Roma, que como Imperio Universal que era, venía
a ser la Historia Universal hasta el año 416 , en cuya fecha ter¬
mina.
Al atribuirle a Orosio la primera historia universal, no
queremos negar que existieran tentativas precedentes. Ya Herodoto y Polibio hacen reflexiones históricas de tipo universal.
Esta tendencia se acentúa en Eforo; pero más que universal
pudiera decirse interpretación global de la cultura. Diodoro en
en el prólogo a su Biblioteca y Pompeyo Trogo en su Hisloriae
Philipicae, tratan de ofrecer una visión del mundo entero des¬
de sus orígenes hasta la época en que escriben.

276

CASIMIRO TOR H liS RODRIGUEZ

Sin embargo, aunque estos autores hállanse influidos por
el pensamiento estoico de la igualdad de la naturaleza humana,
no llegaron a la concepción privativa de los escritores cristia¬
nos, que entienden que la universalidad de la historia radica en
lu comunidad de origen, de naturaleza y de destino de todos ios
hombres :>56.

VI. El pesimismo y optimismo de Orosio
No se puede poner en duda que la Historia de Orosio tiene
carácter apologético, que algunos historiadores han tachado de
tendencioso; este carácter va anejo al encargo de San Agustín
«de que recoja de los fastos y relatos en las historias y los anales
los sufrimientos causados por las guerras, los estragos de las
enfermedades y del hambre, el pánico causado por los terremo¬
tos, las inundaciones y volcanes, por los rayos y los pedriscos;
y todos los dolores y miserias de los parricidios y toda clase de
delitos» y los reúna y cuente en un volumen 5S7.
El impacto causado no sólo entre los paganos, sino entre
los cristianos por los sitios de Roma en los años 408-410, y, al
fin, la toma y saqueo de Roma por Alarico, fue completamente
catastrófico y afectó hasta las más excelsas figuras del orbe
cristiano. San Jerónimo, al enterarse en Belén, exclamó: «La
luz más esplendorosa se ha extinguido; la cabeza del mundo se
ha tronchudo...» 55H»
San Agustín: «Noticias horribles acabo de oír...» 559»
De esta orden arranca el llamado pesimismo de Orosio,
pesimismo en relación con los tiempos paganos y optimismo
exugerado en cuanto a los. tiempos cristianos, precisamente in¬
sinuado, o mejor ordenado por San Agustín.
Este pesimismo no quiere decir que Orosio falsee o modifi¬
que las fuentes históricas, de donde toma los datos; antes al
contrario, las sigue tan ad pedem lillerae, que desde Zangemeis(556)

Llppold, Adolf: Le Slorie contro i pagani, traducción de Aldo Burtolini, I, p. XXVII

1557)

Paulo Orosio: 1‘tiuli Orosii Historiarum adversum paganos libri septem, I, 1, p. 2. Ed.
Zungomcistcr, Itomue 1889.
Jerónimo, Sa n: llieronymi Epis. CXXVIt y CXXVIt i. Agustín, San: De Urbis
Ezcidio, 3.
(in») Zangcmcisler,
Hisloriarum adversum paganos libri seplem.

Carolusÿ/’au/rÿOroíí:

(.559)

Juniani Juslini Epitoma Hisloriarum Philippicarum Pompci Trogi.

LA GALICIA ROMANA

277

ter, en su primera edición de la Historia de Orosio, se vienen
señalando con facilidad los autores, de donde Orosio toma los
textos que le sirven para la demostración de su tesis de que los
males señalados anteriormente se dieron con mayor abundan¬
cia antes de la venida de Cristo.
No existe actitud tendenciosa en cuanto a la narración
histórica puesto que, si prescindimos de algún caso de evidente
narración fantástica, que sirve para usar el argumento ad hominem, constantemente no dice, ni más ni menos, que las fuen¬
tes que copia a la letra, o resume salvo algunas, si bien conta¬
das, confusiones.
Entre los autores que más asiduamente sigue está Justino,
abreviador de la obra de Pompeyo Trogo: Hisloriae Philipicae.
Lo sigue en el libro I, a partir del cap. IV ; con menor extensión
a Eusebio de Cesárea y San Jerónimo, en sus Crónicas; tam¬
bién las narraciones de la Biblia; contadas veces a Tácito en
sus Historias, V; a Polibio y Virgilio, así como a los mitógrafos.
A Virgilio debió de conocerlo bien, pues lo cita, como recurso
ornamental, en casi todos los libros.
En el libro II continúa siendo Justino su fuente principal;
también Tito Livio en su Hisloriarum ab Urbe Condila Libri.
No cita por la obra extensa sino o bien por un compendio abre¬
viado, o por las periochas o resúmenes.
Sigue en menor proporción que en el capítulo anterior, a
Eusebio de Cesárea, y hace citas aisladas de Herodoto y Virgi¬
lio, este último como ornato retórico.
En el libro III sigue a Justino en primer plano; menos a
Livio y Eutropio; o sea, Eulropii Breviarium ab urbe Condila;
contadas veces a Floro, Lucio Anneo y una sola vez a Virgilio
en su Eneida. Justino continúa siendo su principal fuente en el
libro IV, ahora casi le equipara a Livio y Floro, aunque, a ve¬
ces, éste resume o sigue la narración de Livio. En menor escala
Plutarco, en sus Vidas Paralelas, y Plinio en su N.H.
En el libro V sigue, salvo una cita de Justino, otra de Tá¬
cito y otra de Valerio Máximo, a Livio y a Floro, y como orna¬
to una de Virgilio.
En el libro VI, las citas son más variadas; a las de Justino
y Floro hay que añadir las de Josefo, César, Plutarco, Suetonio
y dos de Virgilio.

T
27H

Finalmente, en el libro VII, la principal fuente es Suetonio y Eutropio; siguen Tácito, Eusebio, San Jerónimo, San Pa¬
blo y la Biblia; no deja de figurar Virgilio, y, sobre todo, relata
hechos recogidos por él y de experiencia personal.
Estos pasajes, tomados literalmente, o resumidos de los
autores mencionados, suelen figurar como anónimos. Rara vez
hace mención nominal de los historiadores que le sirven de
fuente; y lo suele hacer de modo vago e impreciso, como cuan¬
do dice: «así consta en el historiador Pompeyo y en el abreviador Justino» 56°». Cuando cita a Tácito, solamente le llama Cor¬
nelius; o Valerius, en vez de Valerio Máximo, etc. A veces con¬
funde los autores como cuando atribuye a Suetonio lo narrado
por César 561. Sin embargo, como el texto está tomado a la letra
de los autores referidos, no ha sido difícil a los estudiosos mo¬
dernos señalar la procedencia de las fuentes de Orosio 552.
Como observa Lippold (p. XXXIV) posiblemente usó de
manuales, o breviarios, por tener el tiempo limitado.
Siente preferencia, de acuerdo con la indicación de San
Agustín, por los hechos luctuosos, en vez de los gloriosos, o sea,
de las res gestas, como sucede en los demás historiadores.
Guarda respetuosa fidelidad a los testimonios históricos
de los autores que le sirven de fuente. En cambio se aparta de
ellos en la interpretación de los hechos y en la valoración de los
personajes; por lo que se le tacha de pesimismo tendencioso en
relación con los tiempos paganos; y de optimismo exagerado en
relación con los cristianos. A Alejandro Magno, dechado de ad¬
miración para todos los historiadores, le llama gurges miseriarum y atrocissimus turbo tolius orienlis 563.
Pero como estos juicios de valor los hace en los preámbu¬
los, o digresiones, que, poco afortunadamente tal vez, hace al
comienzo y al fin de algunos capítulos, es preciso reconocer que
suministra al historiador actual datos muy estimables exentos
de toda manipulación. Algunos como fuente única, o sea, des¬
conocidos por los demás historiadores. Entre éstos se pueden
:56U)
(561)

(562)

(563)

LA GALICIA KOMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Orosio, Paulo, Pauli Orosii Hisloriarum... I, 8, 2, p. 20.
Ib. VI, 7,2, p. 198. Tumbicn atribuye a los peraaa, en vez de los espartanos, la prohibi¬

ción religiosa de combatir durante el plenilunio.
Asi lo hizo Zangeineisler en su primera edición del aflo 1882: también Raymond, Ir¬
ving Woodworth} Seven Books oj History Against the pagans. New York, 1936 1 Lip¬
pold, Adolfi Orosio. Le Slorie conlro i pagani. T«id. de Aldo Bertolucci, p. XXXÍV
y ss.
Orosio, Paulo, Hisloriarum... Ill, 7, 5.

279

apuntar: la mención del faro, que existía en la ciudad de Gali¬
cia Brigancia, que servía de atalaya para las naves de Bretaña,
o sea, la Torre de Hércules de La Coruña (I, 2-71) ; el relato de
la batalla del Duero (V, 5, 12) ; la situación del Monte Medulio
(VI, 21, 7) ; el plan de Ataúlfo de constituir la fusión política de
godos y romanos en un imperio que llevaría el nombre de Golhia, cuyo primer emperador sería el hijo habido de Gala Placidia, a quien puso por nombre Teodosio (VII, 43, 4) ; una depor¬
tación de judíos a Hircania, en la región del Caspio (III, 7-6),
etcétera.

VII. El providencialismo de Orosio
Si el pesimismo de Orosio emana de la orden de San Agus¬
tín, el providencialismo de Orosio hay que incluirlo como parte
integrante de la obra de aquél. Es más, pudiera decirse que se
pasa de rosca y que va más lejos que el propio San Agustín, a
quien se tiene como el gran maestro de la Escuela providencialista 56‘.
La doctrina de la providencia divina, o sea, el plan exis¬
tente en la mente divina conforme al cual todos los seres cum¬
plirán el fin trazado por el Creador, es dogma fundamental del
Cristianismo. Pero la escuela providencialista trata de apreciar
huellas en los hechos pasados, señalando el dedo de Dios en los
hechos históricos; y hasta en determinados casos el rumbo que
han de seguir en el futuro.
En cambio, hay otra postura, perfectamente ortodoxa, la
más común que considera un misterio la acción de la Providen¬
cia divina y que sus designios son inescrutables.
El providencialismo en el primer sentido tiene su punto
álgido en los siglos IV y V y sus más egregios representantes,
según Montero Díaz, son en el orden teórico San Agustín y el
práctico Teodosio; ambos discípulos de San Ambrosio.
Orosio, que escribe a la sombra de San Agustín y bajo su
mirada vigilante, no podía menos de seguir la ruta providen¬
cialista; es más, sus apreciaciones superan a las de su maestro
en los imperios providenciales S65.
Torres Rodriguez, Casimirui Los siete libros de la Historia de Orosio en -Cuadernos
do E. G.», IX, 1918, p. 34 y ss. La Historia de Orosio, en Revista de Archivos Biblio¬
tecas y Museos, LXI, 1955, p. 117.
(565) Orosio, Pauloi Hisloriarum... II, 1, 5 y ss. Montero Díaz, Santlagoi Introducción
al Estudio de la Edad Media, p. 10 y ss. Murcia, 1948.

(564)

1
280

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Pero las palabras de Orosio en el prólogo más bien exclu¬
yen esta suposición: «He obedecido a tus preceptos, beatísimo
padre Agustín, y ojalá tan eficazmente como de buen grado...
sólo puedo jactarme de haber obedecido» 569.
Si además nos percatamos de que Orosio escribía su Histo¬
ria, no bajo la férula, pero sí bajo la presencia vigilante de San
Agustín, más bien hay que suponer que seguiría su dirección y
que aceptaría de buen grado sus indicaciones y correcciones.
Por tanto, da pie a suponer que San Agustín estaba exento de
toda obligación de expresar su agrado, o desagrado, puesto que
era, en gran parte, responsable; y el éxito o fracaso le afectaba
personalmente.
Otros, en cambio, le achacan su falta de personal iniciati¬
va y dicen que nació para ser discípulo 57°.
Es cierto que Orosio fue discípulo y como tal se confiesa;
pero lo fue de los dos más grandes maestros de la Iglesia Occi¬
dental : Agustín y Jerónimo. Orosio era joven cuando escribía y
joven cuando desaparece de la historia. Es natural que todo jo¬
ven que aspire a ser sabio sea discípulo, pues es el camino más
corto para llegar a la sabiduría 57t.
Sin embargo, ya Menéndez Pidal afirmaba que Orosio se
aparta de San Agustín por cierta animadversión a Roma, que
parece venirle de Trogo y añade: «Paulo Orosio es el primero
que duda abiertamente de los fundamentos de la comunidad
romana y siente al país natal como algo opuesto a ella» 572.
No es cierto que no haya tenido éxito entre sus contempo¬
ráneos, o sea, en el siglo IV y V. Genadio de Marsella (492-505)
dice que Orosio es un presbítero español elocuente y sabio S73.
El Papa Gelasio (496), le llama el más erudito de los escritores
cristianos. San Braulio, obispo de Zaragoza, dice que Orosio
pasa como uno de los hombres más dotadoB y más instruidos
de su tiempo57*. Casiodoro aconseja su lectura a los monjes y le
llama «compilador de los tiempos cristianos y paganos» 57S.

Estos fueron cuatro: el babilónico por el Oriente; el carta¬
ginés, por el Mediodía; el macedónico, por el Septentrión, y el
romano por el Occidente.
Orosio se sitúa en un plano superior para enfocar la histo¬
ria y llega a presumir de cierta superioridad sobre los demás
historiadores, pues si los antiguos historiadores han hecho el
cuerpo, él va a poner la cabeza; colocado desde una atalaya u
observatorio eminente, va a exponer no los anales de una ciu¬
dad, sino los juicios de Dios y los conflictos del género huma¬
no: así, con aire de descubridor, afirma que igual número de
años pasaron entre la fundación de Babilonia por Semíramis y
su conquista por los medos, que entre la fundación de Roma y
su ocupación por Alarico; que el mismo lapso de tiempo separó
el comienzo de Niño y el de Procas, de las respectivas funda¬
ciones; que guardan correlación la marcha descendente del im¬
perio asirio y la ascendente del imperio romano; las diez plagas
de Egipto y las diez persecuciones de los emperadores romanos
contra el cristianismo. «Es semejante el poder de ambas, seme¬
jante la grandeza, semejante el período de tiempo, semejantes
los bienes, semejantes los males; sin embargo, no son semejan¬
tes la supervivencia de la una y la desaparición de la otra.
«Plugo a Dios pacificar el orbe de la tierra y reducirles a uni¬
dad por el vínculo de la república y de las leyes» 566. «Para que
en esta gran calma y paz universal, sin dificultad y rápidamen¬
te, la gloria del nuevo nombre (cristiano) y la fama de la anun¬
ciada salud se propagasen veloces; así como también para que
sus discípulos gozasen de plena libertad al recorrer los distintos
pueblos y al repartir los dones de la salvación, dada su condi¬
ción de ciudadanos romanos, que predican a ciudadanos roma¬
nos en cualquier parte, también romana» S67.
Esta actitud de providencialismo extremado ha hecho sos¬
pechar a algunos historiadores que Orosio no obtuvo éxito en¬
tre sus propios contemporáneos ; es más, que no entusiasmó al
propio San Agustín 56fl.
Se fundan en el silencio que guarda San Agustín respecto
a la Historia de Orosio en contraste con las albricias de su reci¬
bimiento.
(566)

(567)
(568)

281

(569)
(570)

Paul» Oroitio! Hisloriarum... I, 1, 2.
Boliniert La fin du Paganisme, p. 314. Thompson, J. W.i A Hittory of Historical
II
p. 136. Pérez de Urbel, Justo' Historia de España, dirigida por Menéndez

(571)

Torres Rodriguez, Casimiro' A otas preliminares en torno a la Historiografía de Oro¬
sio, en «Cuadernos de Estudios Gallegos», XXVI, 1971, p. 330.
Menéndez Pidal, R.i Historia de España, II, p. XXXVII.
De Viris lllüslribus, en MPL, col. 1080-1081.
Epistola de S. Braulio a S. Fructuoso, XLIV, en PLM, VIII, col. 698-99.
/nstitutiones divinarum el saecularium lectionum vet litlerarum, I, 17, 1.

nVtViff,ÿ j,

(572)

Oroillo, Paulo' Hisloriarum... II, 3-6.
Oro*lo, Paulo' Hisloriarum... VI, 1, 8.
Uppold, Adolfi Oc. p. XL. Mommsen T.E.i Medieval and fíenassansc Sludes, p.
328, Corsini, E.i Inlrodutione alta Storia di Orosio, p. 193. Torino, 71.

(573)
(574)
(575)

PidHl.

282

CASIMIRO TOIUIES RODRIGUEZ

Ya Zangemeister anotó que tienen a Orosio como fuente
Próspero Tirón de Aquitania, S. Isidoro, S. Gregorio de Tours,
Jordanes, ei Conde Marcelino 576.
B. Lacroix dice que el prestigio de Orosio en la Edad Me¬
dia es inmenso. No sólo le siguen los historiadores sino otros es¬
critores como Alcuino, Juan de Salisbury, etc., y hasta los poe¬
tas Dante y Petrarca 577.
En el monasterio de Cluny se leía en el refectorio. La His¬
toria de Orosio fue el principal libro por el que los escolares me¬
dievales conocieron la Historia Antigua 578.
Entre sus entusiastas está Alfredo el Grande. No es del to¬
do exacto, como anotó Raymond, decir que la haya traducido
al anglosajón; hizo más bien una paráfrasis más extensa en dos
tercios que el original; omite las introducciones y digresio nes
filosóficas de Orosio 379.
El Emperador bizantino Romano II envió un ejemplar al
Califa de Córdoba, Abderramán III, para ser traducido al ára¬
be, hacia el 918, traducción que usó Ibn Khaldún.
Como dato curioso, que me comunicó mi maestro don
Santiago Montero Díaz, Lope de Vega hace intervenir a Orosio
en su comedia «El Cardenal de Belén», como santo y
fervoroso
presbítero 58°.

Según García Villada, se conservan 200 manuscritos de la
Historia 581.
La Historia de Orosio fue una de las primeras obras vulga¬
rizadas por la imprenta. Se conservan 28 incunables.
En el siglo XVI conserva su popularidad, se hacen edicio¬
nes en latín y también en lenguas vernáculas 582.
Los estudios contemporáneos centran su interés en Oro¬
sio. Los sufrimientos e inquietudes de nuestro siglo tienen cier¬
ta afinidad con el de Orosio.
(576)

(577)
(578)
(579)
(580)
(581)
(582)

Pauli Orosii Historiara
paganos libri septem, en C.S.E.L., de Viena, edit.
Zangemeister, pp. 701
Lacroix, Benaiti Oróse et tes idtes, Montreal, 1965, p. 23.
Raymond, Irving Woodworth) Seven Books oj Hittory Against
the pagans, p. 22.
Raymond, I,, W.i Oc. p. 23.
El Cardenal de Belén. "Obras de Lope de Vega», edit. R. A. E. IV, pp.
160-182.
García Villada, Zacariasi Historia Eclesiástica de España, 1, 2.a parte p.
365.
Torres Rodríguez, Casimiro) Notas preliminares... p. 334.

umÿadversum

LA GALICIA ROMANA

Como más recientes están: Raymond, Lacroix, Davids,
Mommsen, T. E. Fink, Guy, Corsini, E.; Lippold, Adolf y su
traductor Bartolini, A.; Fabrini, etc. S83.
El autor de este libro tiene preparada la traducción al es¬
pañol y comentario de la Historia de Orosio.
VII. El españolismo y galleguismo de Orosio
Son muchos los matices que pudieran destacarse en la
Historia de Orosio, uno de ellos es la integración de las masas
en la Historia, que le da a su obra gran actualidad contempo¬
ránea.
Por no ser demasiado prolijo, voy a enunciar sólo su espa¬
ñolismo y galleguismo.
El universalismo de la Historia de Orosio no impide que
salga a flote su amor a España y que de este amor haya dejado
indudables vestigios.
Ya Aguado Bleye hacía el siguiente juicio de Orosio: «La
de
obra de Orosio es una historia universal, que por exigencias
capí¬
un
con
los críticos acontecimientos de entonces, se cierra
autor
tulo de Historia de España, que por afecto patriótico delocurri¬
concentra bastante su interés en los sucesos anteriores
dos en la Península 58‘. En el mismo sentido escribe también
Menéndez Pidal :t «Paulo Orosio es el primero que duday abier¬
romana siente
tamente de los fundamentos de la comunidad
Efectivamente,
dedi¬
al país natal como algo opuesto a ella» 58S.
ca gran extensión a la Historia de España 586.
En los primeros capítulos exalta el papel de los españoles,
cuando envían una embajada a Babilonia para implorar laenpaz
la
de Alejandro Magno: destaca el papel de los españoles del
Guerra de las Galias y llega a hacer de España el centro y
mundo al final de su Historia, en donde los bárbaros luchan
(583)

La¬
Raymond, J. W.i Seven Booki o] History against the Pagana, .Vein York, 1936.
et
croix, Benoit, Orate el tet idées, Montreal, 1965. Davids, J. A.i lie Oratio Sánelo
A. E.¡
Augustino... commentatio histórica et philologica, Rotterdam, 1930. Mommsen,
Oróte el sa conception de
Orosiut and Augustinus,.. New York, 1959. Fink, Guy« PaulTorino,
1968. Lippold,
V histoire. Corslni, E.i Inlroduzione alta Sloria di Orosio,

uno
Adolfi Le storie contra i pagani, Verona, 1974, Fabrini, Fabrlcloi Paolo Orosio
slorico, Boma, 1979.
Rodriguez,
(581) Aguado Bleye, Pedroi Manual de Historia de Esparta, I, p. 316. Torres
Casimlroi La Historia de Paulo Orosio, en R. de A.B. y M. 1951, p. 118 y sa.
(585) Menéndez Pidal, R.t Historia de Esparta, II. Introducción, p. XXXVI y XXXVII.
; 21 , 1-10;
1,
(586) Palulo Orosioi Historiarum... III, 20, 8: IV, 1,9: 16, 12-20; 18, 17: 20-24
4; 21-121 ; Vil, 2. 6; 7,
16,
3;
12;
2,
18;
24,
VI,
14.
1-16;
23,
9,
19,
8,
;
7-1-18;
1
;
16-1
V.
13, 22, 7-8; 25-15 ; 29, 7, 38. 3 ; 40, 5-9; 41, 2; 42, 9; 43-13-15. Sin contar lo que dedica a
la Geografia de España I, 2-7 y a los Emperadores Españoles, Vil, 12-1.

281

CASI MI110 TOII RES IIODIIIGUEZ

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se destruyen entre sí, mientras que Walia, rey de los godos,

mantiene la paz con el Emperador.
Destaca la lealtad y valentia de Dídimo y Veriniano,
quienes, a base de sus clientes, contuvieron la entrada de los
bárbaros durante tres años. Siente admiración ferviente por los
numantinos y se conmueve ante su heroísmo frente a Roma.
Suyas son estas palabras: «España, fuerte y consciente de su
fortaleza, habiendo dado a la República Romana los mejores y
más valientes emperadores, jamás engendró ni dio a luz a nin¬
gún tirano desde los tiempos más remotos hasta hoy; pero
tampoco consintió que si algún atrevido penetrara en su terri¬
torio desde fuera, saliera con vida» 587.
Y no se diga que España, como nación en su tiempo aún
existía;
no
pues como ha demostrado Sánchez Albornoz, ya
existían vínculos de solidaridad entre los españoles de las dis¬
tintas regiones en esta época; y la prueba es que siendo Orosio
de la región más occidental de la Península, llama a Tarragona
«nuestra Tarragona» 388.
Mas Orosio no sólo amaba a España, sino que también
amaba intensamente a su patria chica, a la región que le vio
nacer, que, a la sazón, se llamaba Galicia.
Orosio es el historiador que más ha contribuido a enalte¬
cer el valor y el amor a la ¡ndependiencia del pueblo gallego.
Para Orosio la Historia de Galicia en la época romana se encie¬
rra entre dos episodios, cada cual más heroico: La batalla del
Duero y la resistencia en el Monte Medulio, gestas equipara¬
bles a las de Numancia, Sagunto y Astapa.
No obstante, como no puede darse árbol sin raíz, la exis¬
tencia de este grupo de escritores, sin duda el grupo más im¬
portante de la España de finales del siglo IV y primer tercio del
V, obliga a suponer que en Braga, o en la provincia bracarense,
existió un foco cultural que había de dar sus frutos en el si¬
glo V.
7.

1.587;
1 588 :

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-v:
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Ornalo, Pauloi Ilistonarían... V, 23, 15.
Sánchez Albornoz, Claudioi El Culto al Emperador y la unificación de Esparta en A.
del I de L. C. de Buenos Airea, 1946, p. 102 y as.

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Prisciiiano

De gran relieve histórico es otra figura gallega, que ha si¬
do objeto de numerosos y divergentes estudios y lo sigue sien-

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do en la actualidad. Se trata de Priaciliano, a quien se le juzga
como hereje por algunos historiadores y en cambio por otros
como víctima de bajas intrigas y como representante de auten¬
ticidad gallega y aun céltica, o como partidario de un ascetis¬
mo mortificado, en contraste con la vida mundana y laxa de
los obispos que le persiguen, o bien un partidario de los libros
apócrifos, como las Actas de Pedro, Pablo y Juan, Tomás y An¬
drés, en lo que coincide con los maniqueos. Especialmente las
Actas de Santo Tomás tuvieron gran aceptación en Galicia. A
esta afición a los apócrifos habría que añadir la de las ciencias
ocultas y carismáticas, o sea, de la magia.
Imposible dar cabida en esta historia a un estudio apro¬
piado a la personalidad tan apasionadamente discutida, como
es la de Prisciliano. Remitimos al lector a las monografías más
recientes, como son las de López Caneda y las de Chadwick 589
Personalmente opinamos que se trata de un caso de sin¬
cretismo de lo galaico con lo cristiano: un caso de gnosticismo
céltico. No se puede juzgar a Prisciliano por lo que dicen los cé¬
lebres Traclalus descubiertos y publicados por Schepss en 1889,
por tratarse de unos escritos de descargo y autodefensa 59°.
Desde luego somos conscientes de la dificultad del tema.
Como dice López Caneda: «Fuentes documentales opuestas y
aun contradictorias; actitud pasional de los protagonistas del
proceso histórico, Prisciliano y su máximo detractor Itacio de
Osonoba; esoterismo y falacia de la secta, que obliga a los mis¬
mos contemporáneos a rastrear la ideología, y no por su conte¬
nido interno, que les era desconocido; apología a ultranza de
los historiógrafos priscilianistas de filiación protestante y acu¬
sación categórica de los historiógrafos católicos» 591.
Entre los primeros están: Schepss, Paret, Babut, Chad¬
wick. Entre los segundos López Ferreiro, Menéndez Pelayo

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Chadwick, lienryi ¡‘riscitian of Avila. The occult and charismatic in lhe early Church,
Oxford, 1976. López Caneda, Romóni Prisciliano. Su pensamiento y su proble¬
ma histórico. Santiago, 1966. También puede considerarse como uno de los más profun¬
dos estudioso» de Prisciliano el P. Orbe. Antonio, Catedrático de la Universidad Gre¬
goriana de Homu y gran conocedor del Gnosticismo Alejandrino; asi como su discípulo
Eugenio Homero Posse, que ha desarrollado sus investigaciones en conferencias cele¬
bradas en la Universidad de Santiago en julio de 1979.
¡590) Priscilliani quae supersunl. Primus edidil Georgius Schepss, en C.S.E.L., XVIII,
Viudebonae, 1880.
(591) López Caneda, Ramónt O. c., p. 6.
(589)

|i. 78.

ti

Lámina XXVI. Pinturas tardorromanaa de Santa Eulalia de Bóveda. Lugo

i

286

CASI MlllO TORRES RODRIGUEZ

(antes de la publicación de los Tractatus), Amor Ruibal, Künstle, Pettazzoni, García Villada, Pedret Casado y López Ca¬

necía 5W.

Como no alineados pudiéramos citar a Unamuno, Otero
Pedrayo, Murguía y Ramos Loscertales.
Ya se le juzgue hereje u ortodoxo es necesario reconocer
en él una fuerte personalidad sugestiva con carisma de atrac¬
ción de masas. El P. Orbe descubre, en estudio profundo que
lleva hecho sobre los Traclalus, gran habilidad dialéctica y
aguda inteligencia, para eludir la responsabilidad de herejía
gnóstica, o maniquea ante el tribunal de Tréveris.
No parece tener razón Ramos Lascertales al decir que era
«aprendiz de mago», «doctor itinerante» y «brillante superficia¬
lidad». Más acertado es, sin duda, el juicio de Leclerq, al lla¬
marle «el espíritu más original de la Iglesia española anti¬
gua» 593.
Contra los que afirman que Prisciliano era un asceta inta¬
chable puede objetarse con López Caneda que «¿cómo se expli¬
ca que Orosio en Galicia, Próspero en la Aquitania, Sulpicio
Severo en Marsella, San Agustín en el Norte de Africa, San Je¬
rónimo en Jerusalén, San Dámaso, San León Magno y San
Inocencio I en Roma, San Isidoro en Sevilla, los Padres Conci¬
liares en Zaragoza, Toledo y Braga, hayan arrostrado irreflexi¬
vamente el peso de una actuación tan grave? 59i. La solución
que suelen dar de que todos bebieron en la Apología de Itacio
de Osonoba, no es convincente.
Además nadie pone en duda que sus seguidores fueron he¬
rejes.
Contra la tesis de los que le acusan de hereje, sin paliativos puede también objetarse, que el Tribunal de Tréveris no
Schepss, G.i Pro Prisciliiano, en Wiener Studlen, XV, 1893, pp. 128 y es. Paret,
R.i Priscillianus..., WUzburg, 1891. Babut Prlscilllen et le prlscilllanlsme, París,
1909. Chadwick, llenryi Prisciliam of Avila, Oxford, 1976. López Ferreiro, Antonioi Estudios Histórico-críticos sobre el priscitianismo, Santiago, 1840. Amor Ruibal,
Angelí Los problemas fundamentales de la Filosofía y del Dogma: 111, pp. 42 y ss.
Künstlc, Karli Priscilian..., Freiburg, 1905. Pettazoni. Prisciliano, en Enciclopedia
Italiana, XXVIII, p. 250. Garda Villada, Z. Historia Eclesiástica de España, II, p.
93.
(593) Unamuno, Migueli Andarnos y visiones españolas, Madrid, 1929. Otero Pedrayo,
Ramóm H.‘ de la Cultura Gallega, Buenos Aires, 1939. Murguia, Manuel Martinezi Hisloria de Galicia, III. Pedret Casado, Paulinoi A'esús ante o Priscilianismo,
en «Logos», 1933, p. 58. Ramos Lascertalesi Prisciliano. Gesta rerum, en «Acta
Salman ticensia», 1952. Leclerqi L'Espagne Chretienne, 2.*ed., pp. 151 y ss., París,

(592)

1906.
(594)

López Caneda, Ramón! Prisciliano, p. 20.

LA GALICIA ROMANA

287

actuó con debida imparcialidad e independencia, por lo que di¬
ce Sulpicio Severo: «Al lum per Maximum accusalor apponilur
palricius quídam fisci palronus. lia eo insislenle, Priscilianus
capilis damnalus esl»... 595.
Entonces Máximo nombró acusador a un patricio, patro¬
no del fisco; ante cuya insistente acusación Prisciliano fue con¬
denado a muerte.
Los bienes de los condenados a muerte ingresaban en el
fisco, o sea, en el tesoro imperial; como Prisciliano era rico,
Sulpicio Severo parece insinuar con esta observación que hubo
parcialidad interesada en este fiscal acusador.
Graciano, Valentiniano y Teodosio habían transferido la
instrucción de la causa contra los priscilianistas al Vicario de
las Españas, que a la sazón era un gallego llamado Mariniano
596. Tal vez éste hubiera comprendido mejor a Prisciliano. Pero
los enemigos de éste consiguieron de Graciano un decreto por
el que se les condenaba al destierro.
Los Obispos priscilianistas acataron de momento el decre¬
to imperial; mas decidieron trasladarse a Italia con el fin de
presentar sus preces al emperador, para que rectificase su de¬
creto y para suplicar al Papa San Dámaso que resolviese acer¬
ca de su situación. Hicieron el viaje por Burdeos, cuyo obispo
se negó a recibirlos; se alojaron en casa de Eucrocia, mujer del
retórico Delfidio. Luego se pusieron en marcha hacia Italia,
uniéndose a la comitiva otros adheridos, entre ellos Eucrocia y
su hija Procla. Primero se dirigieron a Milán y presentaron sus
preces al Quaestor Sacri Palalii, mas, como éste tardaba en re¬
solver, se encaminaron a Roma. San Dámaso no los recibió, co¬
mo tampoco los había recibido San Ambrosio en Milán, pero
Macedonio, Magister Officiorum, ganado por ellos, anuló la or¬
den de destierro y los restituyó a sus iglesias. Obtuvieron tam¬
bién la protección de Volvencio, Vicario de la Diócesis de Es¬
paña. Sabido es que, según la organización de Diocleciano, la
prefectura de las Galias comprendía tres diócesis: Britania,
Galia e Hispania.
Sulpicio Severo i Sulpicii Severi Sacrae Historian liber, II, p. 348, edil. CSEL, Vindel'onuc, 1866. Lo palabra patricio en esta época tiene el sentido de padre adoptivo del
Emperador, o sea, hombre de toda su confianza.
(596) Sulpicio Severo i 0. c., (I, 49, 33. Cognitio Hispaniarum vicario
deferretur. Código
Teodosiano, IX, 1,14, recapitulado, en parte en Código Justinianeo, IX, 2, 13. Imperatoreí Gratianus, V'alenlinianus el Theodosius Augusti ad Marinianum tiiearíum Hispaniae cognitianem deferunl.
(595)

2 mi

C VSIMIHO TOIl DBS 110DIUGUEZ

Entonces dejando en paz a Hidacio, Metropolitano de
Mérida, tratan de vengarse contra Itacio, Obispo de Osonoba,
quien tal vez se había excedido en las medidas de represión
contra los priscilianistas, al amparo del mencionado decreto de
Graciano. Itacio tuvo que huir de España y refugiarse en Tréveris.

Esto ocurría en el 383, en cuya fecha tuvo lugar la suble¬
vación del Conde de Britania, Magno Clemente Máximo, y la
muerte de Graciano. Máximo, triunfante, puso su corte en
Tréveris. Se puso al lado de Itacio y por tanto en contra de los
priscilianistas; ordenó que fueran juzgados por el Concilio de
Burdeos. Como este sínodo los condenó, Prisciliano apeló al
Emperador. Este entregó el asunto al Prefecto del Pretorio
Evodio, v ir acer el severus. Consideró probada la existencia de
crimen de magia y maleficio. El Emperador decretó la imposi¬
ción de pena capital a Prisciliano y a cinco de sus secuaces: Fe¬
licísimo y Armenio; Latroniano y Eucrocia y Asarbo y Aurelio,
diáconos 597.
Se puede apreciar por las circunstancias reseñadas que el
ambiente, en el que se desarrollan los sucesos, que terminan
con la muerte de Prisciliano y sus seguidores, está cargado de
confusión y apasionamiento. En semejantes situaciones ocurre
que todos tengan parte de razón y que nadie la tenga en exclu¬
siva. Por consiguiente estas circunstancias abogan en favor de
Prisciliano. También el hecho de que sus partidarios venerasen
como santos a los ajusticiados en Tréveris y de que trajesen sus
cuerpos a España tiene su explicación dentro del ambiente pa¬
sional exacerbado por la ejecución de los mismos; así como el
hecho de que los priscilianistas, después de dicha ejecución, se
fueran apartando cada vez más de la ortodoxia católica.
San Jerónimo dice que Prisciliano, Obispo de Avila, escri¬
bió muchos opúsculos, de los cuales algunos llegaron hasta su
tiempo, que fue acusado por algunos de herejía gnóstica... y en
cumbio defendido por otros. Estas palabras de S. Jerónimo,
que vacilu en calificar de hereje a Prisciliano, abogan en su fa¬
vor 398.
(597)
(598)

Sulpicio Severo! Chronica, II, 51, en CSEL, I, pp. 104-105.
Jerónimo, Sam De l iris llluslribut, 121: sPrisdllianus, \bulae episcopus, qui Jadióne Hydatii el liadi, Treveris a Maximo lyrano caesus est, edidit multa ouusculu, de quibus ad nos aliqua per-venerunl. Hie usque hodie a nonnullis Gnosticae, id esl Basilides vel
Mard, de quibus Irenaeus scripsit haereseos accusatur, dejendenlibus aliis, non ¡la

sensisse arguilur»,

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289

El descubrimiento de las célebres Tractatus por Schepss en
la Biblioteca de Wilrzbourg en 1886, no añade gran cosa en su
favor, como lo creyó el descubridor 5".
Bien hayan sido redactados por Prisciliano, bien por uno
de sus allegados, como afirma Morín, son un escrito de descar¬
go, y no se puede juzgar a un reo por el alegato del abogado de¬
fensor, y mucho menos cuando el defensor es el mismo reo 600.
En cambio efectivamente tienen gran valor en contra de
Prisciliano, si, como opina el P. Orbe, se encuentran en ellos re¬
sabios de gnosticismo, hábil y sutilmente disimulados. Nadie
duda de que la autoconfesión tiene el máximo valor probati¬
ve «O'.

Si se hace parangón entre los testimonios que disculpan y
los que acusan a Prisciliano, es preciso confesar que son más
fuertes los segundos. Por ello decía Menéndez Pelayo que Pris¬
ciliano fue el principal heterodoxo de España y por fuerza, de
Galicia, en la Edad Antigua y aun en toda su historia.
Ante los muchos y expertos estudiosos del problema priscilianista, no cabe en esta historia realizar una detenida crítica
de cada una de las opiniones. Sencillamente remitimos al lector
a los mencionados estudios. Solamente haremos a continuación
una síntesis biográfica de carácter personal y con independen¬
cia de otros más autorizados estudios.
Prisciliano nació en Galicia hacia el 345, de suerte que si
ponemos su muerte en el 385 vivió 40 años. El origen gallego de
Prisciliano se funda en la frase de Próspero de Aquitania:
«Priscilianus episcopus de Calléela », Prisciliano, obispo oriun¬
do de Galicia. Así lo entienden Flórez, Murguía, Menéndez Pelayo, Pedret Casado, Otero Pedrayo, López Caneda, etc. En
cambio no ha faltado quien lo niegue, como Diego Cernadas.
López Ferreiro distingue el sentido de esta frase. Si se refiere a
la época en que vive Prisciliano, no cabe duda de que se trata
de Galicia ; pero si se refiere a la fecha en que escribe Próspero
de Aquitania, a mediados del siglo V, como Prisciliano fue
obispo de Avila, podría entenderse que incluía esta población
Schepss, Georgest Pro Priicilliano, en «Wiener Studien», XV, 1B93, pp. 128-147.
Morín, G.i Pro hutancio, contre l’atribution a Pritdllien da opuicuta du manuteril
du Wurzbourg, en Revue Benedictine, XXX, 1913, pp. L53 y w.
(601) Orbe, Antonioi Doctrina trinitaria del anónimo priicilianDta. De Trinitalejidei calholicae (Exégesis de f.° 1, 1-4, ed. Morln, p. 179, 10 p. 182, 27), en Gregoriunum XL1X,
1968, pp. 510-562. Miscelânea al P. Villoslnda sobre ei Tratado V, en publicación.
(599)
(600)

T

290

CrVSIMinO TORRES RODRIGUEZ

dentro de la Galicia sueva. Sin embargo entendemos, que, si
hubiera querido referirse a la sede, de donde era obispo, hubie¬
ra escrito episcopus Gallaeciae, como lo hace en casos similares,
o, simplemente, gallaecus «2
Por lo tanto, se refiere a la patria, no a la sede.
EI retrato que de él hace Sulpicio Severo es el siguiente:
«Era de familia noble, muy rico, enérgico, inquieto, elocuente,
erudito a base de intensa lectura, hábil disertante y polemi¬
zante.
Sería en verdad un hombre ideal, si no hubiera pervertido
con sus aficiones depravadas, sus dotes naturales». Añade: «pe¬
ro era vanidosísimo y demasiado engreído por sus conocimien¬
tos de las ciencias profanas» 603.
Se puede añadir con López Caneda que «como estaba do¬
tado de un conjunto de cualidades morales, que hacían muy
atractiva su personalidad, su actividad proselitista se vio pron¬
to aureolada por numerosas personas que se ven arrastradas a
la nueva moral, probablemente más por esas cualidades exter¬
nas del predicador laico, que por la doctrina de que era porta¬
dor» 6ttl.
Por tanto por estas cualidades morales, unidas a su ele¬
gante figura y bella presencia, gozaba de gran carisma personal
y poder sugestivo de las masas. Al decir de Sulpicio Severo, és¬
te era mayor entre las mujeres, que afluían catervatim, en ver¬
daderas catervas 605. También dice que era acer et callidus: ren¬
coroso y solapado. Como él mismo afirma en el primero de los
Traclalus, antes de entrar en la secta era ya cristiano y había
recibido el bautismo 6M.
Debió de vivir primero en un ambiente pagano y abusan¬
do de su holgada condición social, parece haber pasado por un
momento de desenfreno pasional y de viciosa adolescencia.
i. 602)

TironisÿEpitoma Chronicoru en MGH, AA.
cheorum el gnosticorum dogmatc haeresisui nominis conüidit. Flore*, Enriquei ES,
497. MePróspero de Aquitania, Sam Prosperi

XIV, p. 13. Murguía, Manuel Martínezi Historia de Galicia, 11, pp. 468 y
néndcz Pelayo, Marcelino! Hetedoroxos, II, p. 77. Pedrel Casado, Paulino! Xesús
ante o Priscilianismo, en «Logos», 1933, p. 98. López Caneda, Ramóni Prisciliano,
p. 77. Cernadas, Diego, Curo de Frulmei Obras Completas, I, p. 2.
(603) Sulpicio Severoi Chronica, II, 46: sPrisciltianus familia nobilis praedives opibus,
acer, inquies, facundus, multa ledione eruditas, diserendi ac dispulandi promptissimus

felix profecía, si non pravo sludio corrupssel opíi'mum ingenium».
(604) López Caneda, Ramóni Prisciliano, p. 81.
(60S) Sulpicio Several Chronica, II, 46.
(606) Schepss, G.t Traclalus, I, p. 4, 11-19 y p. 5, 1-3.

291

LA GALICIA ROMANA

Pero luego se aparta de esta vida y acepta el símbolo y la
observancia de la religión cristiana “7. Se hace luego bautizar,
bastante tiempo después de su conversión, como era frecuente
en su época. Así lo hizo Teodosio como lo hemos visto.
Antes de su conversión al cristianismo estudió las ciencias
profanas, practicó la magia o maleficio y la superstición, aunque vanidoso y atrevido, tenía aspecto de humildad y de mo¬
destia en su persona y en su modo de vestir 60B. De suerte que
podemos suponerlo un prototipo racial, tal vez del celtismo,
como lo supone Unamuno en contraste con el «beduino» Itacio,
con sus virtudes y sus defectos M9.
Según Filastro, había en España y en Aquitania en la se¬
gunda mitad del siglo IV un movimiento de austeridad ascéti¬
ca, contrario a la condescendencia jerárquica; sus seguidores se
llamaban abstinentes 61°. Practicaban la abstinencia del matri¬
monio, carnes y contactos con el mundo. Prisciliano lo acepta
y se va apartando de los obispos, que él considera demasiado
mundanos y viene a adoptar la postura del indigenismo insur¬
gente con sus taras de supersticiones atávicas y de aceptación
de los libros apócrifos.
Según Sulpicio Severo, aparece entonces en España un
brote de herejía gnóstica, cuyo foco es Egipto. Un tal Marcos,
natural de Menfis, viene a España y logra atraer a su secta al
retórico Elpidio y a la noble matrona Agape, y éstos logran
atraer a su vez a Prisciliano.
En el mismo sentido escribe S. Isidoro, quien añade que
dicho Marcos era muy versado en la magia y discípulo de Ma¬
nes 611. Menciona la Apología, que atribuye a Itacio.
Próspero de Aquitania también dice que Prisciliano, obis¬
po (oriundo) de Calicia, a base de la doctrina gnóstica y maniquea fundó la herejía, que lleva su nombre.
San Jerónimo da otra versión. Dice que Ireneo cuenta
que un cierto Marcos, descendiente de la fuente de Basilides, el
gnóstico, vino a las Galias y, después de haber mancillado con
su doctrina el país del Ródano y del Garona, seduciendo a las
(607) Tractatus, 1, p. 4, 11-14.
(608) Sulpicio Severo! Chronica, II, 46.
(MO)
(611)

p"amUn<Jj Mlgucl

visiones españolas, Obras Completas, I, p. 382.

Sulpicio Sevcroi Chronica, 46. Isidoro, Sam Opera OmrUa,

l/lS, p. 159.

T
292

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

hembras... pasando los Pirineos se instaló en España 6I2. Sin
embargo, y de acuerdo con Vaccant y García Villada, hay que
reconocer que S. Jerónimo, que trata sólo incidentalmente el
tema, sufre un despiste; pues confunde este Marcos con otro
Marcos del que habla S. Ireneo en su obra Adversus Haereses I,
13, naturalmente de fecha muy anterior 6I3.
La arribada de Marcos, egipcio y natural de Menfis, a Es¬
paña pudo haber tenido lugar en tiempo de Valentiniano I y de
Valente, en cuya fecha Honorio Teodosio, padre de Teodosio el
Grande, fue enviado en calidad de Conde de Africa, para sofo¬
car la rebelión de Firmo, cabecilla indígena, y Nebridio, posi¬
ble antepasado de Flacila, primera mujer de Teodosio, era Pre¬
fecto del Pretorio en Oriente 6U. 0 sea, entre el 365 y el 374.
Según Ammiano Marcelino, Nebridio había sido nombra¬
do conde de Oriente por Constancio II; Juliano trató de obli¬
gar a todos los que ocupaban cargos a prestarle juramento de
fidelidad; el único que se negó a hacerlo fue este Nebridio, ale¬
gando que estaba ligado con juramento a Constancio II, del
que había recibido grandes beneficios. Fue destituido por Ju¬
liano, pero a la muerte de este emperador fue nombrado por
Valente Prefecto del pretorio de Oriente 6,s.
De Honorio Teodosio dice el citado historiador, que su go¬
bierno en Africa fue preclaro 616.
Es de suponer que durante el mandato de estos dos espa¬
ñoles se intensificasen las relaciones entre el Oriente, en cuya
prefectura estaba incluido Egipto, y la Península Ibérica.
Por otro lado la edad de Prisciliano se aproximaría a los 35
años.

Es posible que Prisciliano encontrase en la doctrina del
gnóstico Marcos muchas afinidades con la de los abstinentes ra¬
dicados en Galicia, a cuya secta a la sazón pertenecía; concre¬
tamente en cuanto al matrimonio, a la magia y a las supersti¬
ciones relacionadas con el alma humana. Es posible también
(612)

Jerónii mo, Suni Epístola ad Theodoram, en PLM, XVII, col. 685 y Saint Jeróme Le
tres, 1. 1IV. Epist ad Theodoram Spanam de morie Lucini, LXXV, p. 35, edit Belles Leltres, París,

1954.

Vaccant, E. Diclionnaire de Theologie Calholique, IX, col. 1962. García Villada, Za¬
carías: Historia Eclesiástica de España. I, 2.* parte, p. 83.
(614) Ammiano Marcelino! Ammiani Marcellini Rerum Geshnrun tibri, II, 26, 7, p. 80 y
II, 29, 5.
(615) Ammiano Marcelino! 0. c„ I, 14, 2-20, p. 12, I, 20. 9, 5 y 21, 5, 11, p. 219 y 238.
(616) Ammiano Marcelino! O. c., II, 29, 5.

(613)

LA GALICIA HOMANA

293

que le sedujese la tesis dualista de Manes y la teoria astral de
los gnósticos. Desde luego sabemos que el mencionado Marcos
logró atraer a su secta, como hemos dicho, al retórico Glpidio,
a la noble Agape, y, por mediación de éstos, a Prisciliano.
También la aceptaron los obispos Instancio y Salviano, cuyas
sedes se desconocen.
Higinio, obispo de Córdoba, se opone, de momento, a la
nueva doctrina, aunque luego se uniría a los priscilianistas.
Denuncia el caso al metropolitano de Mérida, Hidacio.
Este, ya entrado en años, deja actuar en su nombre al
obispo de Osonoba, Itacio, hombre apasionado y violento. Se
ponen frente a frente en la lucha Prisciliano, cabeza de la nue¬
va secta, e Itacio al frente de los que tratan de erradicarla.
Hidacio condena y excomulga a los partidarios de la nue¬
secta;
va
hecho que no aprueba Higinio, e! primero en oponer¬
se a la misma; se pasa al bando de los innovadores. El encarga¬
do de cumplir la sentencia es el fogoso, violento e irreflexivo
Itacio.
Los priscilianistas reaccionan con enconada campaña de
difamación contra Hidacio y sus obispos.
Se llega a una clamorosa acusación contra Hidacio dentro
de su misma iglesia de Mérida, a quien se le insulta a voz en
grito por su relajada vida.
El drama ha comenzado; por ambos lados se lucha feroz¬
mente a brazo partido.
Itacio, apoyado por el metropolitano de Mérida y los obis¬
pos sufragáneos de la Lusitania, cuenta con los resortes de la
autoridad episcopal de la que implacable usa, y, a veces,

abusa.
Prisciliano encarna la tendencia innovadora, al margen de
los obispos Instancio y Salviano, que se avienen a su liderazgo,
en aras al empuje de sus dotes de juventud y de carismática
personalidad. Frente a la autoridad despótica acuden a la difa¬
mación, la intriga y el soborno.
Primero la lucha sigue los cauces más o menos normales.
Los itacianos acuden al sínodo, que se reunió en Zaragoza en el
380. Los priscilianistas no acuden. No es seguro que este conci¬
lio condenara a los priscilianistas de modo personal; las fuentes
no están acordes; el Papa S. Dámaso prohibió la condena, sin
que antes el reo sea oído. En las actas que se conservan no figu-

'T
291

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

ran los nombres de los priscillanistas, pero sí condenan las
prácticas ascéticas de ayunar los domingos, ausentarse de la
iglesia en cuaresma para orar en lugares apartados, reuniones
nocturnas con mujeres, etc., que aluden a prácticas priscilianistas 6I7.
Sulpicio Severo afirma que fueron condenados Instancio,
Salviano, Elpidio y Prisciliano 6IB. El propio Prisciliano lo nie¬
ga categóricamente 6I9. Tal vez el concilio de Zaragoza, ante la
orden del Papa San Dámaso de que no se condenara sin ser oí¬
dos, no hizo constar en acta la condena.
Como reacción los priscilianistas eligen obispo a Priscilia¬
no para la sede de Avila. Dos cualidades destacaron en él, se¬
gún Sulpicio Severo: acrem et callidum: duro y astuto 62°.
Este hecho provoca una reacción más fuerte de los itacianos, se acusa a los priscilianistas del delito de magia maléfica y
prácticas maniqueas prohibidas por la autoridad civil.
La elección de Prisciliano no cumplía los requisitos lega¬
les, dado que, según el Concilio de Nicea, los obispos debían ser
elegidos por aclamación popular con el voto a favor de tres pre¬
lados vecinos y no podían ser consagrados sin el consentimien¬
to del metropolitano 62‘.
Instancio y Salviano se presentaron a Hidacio con objeto
de obtener su asentimiento, pero el pueblo se opone a esta en¬
trevista, e impide que lleguen al presbiterio de la iglesia de Mé-

rida

622

Hidacio e Itacio acuden al poder civil y consiguen que los
priscilianistas sean expulsados de sus iglesias 623. Se les acusa de
prácticas mágicas y de maniqueísmo 624.
Muchos de los priscilianistas se ocultan en Galicia: Prisci¬
liano, Instancio y Salviano se dirigen a las Galias con objeto de
lograr la revocación de la orden imperial y de presentarse ante
el Papa Dámaso 625.
.617)
: 618)
;6I9)
¡620)
1 62 1 )
(622)

Tejada, Ramlroi Colección de cánones de la Iglesia española, p. 124.
Sulpicio Several Chronica, II, 47.

Traclatus, 11, p. 35. 13-19.
Chronica, II, 47.

García VUlada, Zacarías! Historia Eclesiástica de España, I, 2.* parte, p. 97.
Traclatus, II, p. 40, 10.
1.623) Sulpicio Severo! Chronica, II, 46.
(624) López Caneda, Ramóm Prisciliano, p. 88.
1.625) López Caneda, Ramón! Prisciliano, p. 89. Ramos Lascerlalesi Prisciliano, p, 78.

LA GALICIA ROMANA

295

El obispo de Burdeos, Delfino, se negó a recibirlos, pero
continúan su propaganda y atraen a su secta a la viuda del re¬
tórico Delfidio, llamada Eucrocia, que los hospeda en la villa
de su propiedad; ésta, con su hija Procla, les acompañarán a
Milán y de allí a Roma, y dieron pábulo a rumores de que ésta
y Prisciliano habían tenido relaciones sexuales y que habían
provocado el aborto 626.
El Papa Dámaso se niega a recibirlos, como se había nega¬
do también S. Ambrosio en Milán. Pero se encaminaron de
nuevo a Milán y por medio del soborno consiguen la protección
del Magisler officiorum Macedonio, quien, como ya se dijo,
anuló la orden de destierro y les restituyó sus iglesias. Volven¬
do, vicario de las Españas, se puso también de su parte.
Los priscilianistas dejan en paz al anciano y abúlico Hidacio y descargan su saña contra Itacio. Este tuvo que huir y se
refugió en Tréveris.
Tuvo en este momento lugar la sublevación en Britania y
el triunfo en las Galias de Magno Clemente Máximo, que lleva
aneja la muerte de Graciano en el 383. El usurpador trató de
atraerse a los condenados por Graciano, por tanto, se pone al
lado de Itacio y en contra de los obispos priscilianistas.
Encarga la solución del conflicto a un concilio, que se reu¬
niría en Burdeos. Salviano había muerto en el viaje a Roma.
Instancio fue condenado. Entonces Prisciliano, previendo que
iba a ser condenado, apeló al emperador. Este encarga del
asunto al prefecto del pretorio Evodio, caracterizado por su rigurosismo inflexible, y al ávido patrono del fisco, o tesoro im¬
perial, lo nombra acusador 627. El resultado, como ya es sabido,
fue la condena a pena capital de Prisciliano y sus más caracte¬
rizados seguidores, cuya ejecución tuvo lugar ante la Porta Ni¬
gra de Tréveris en el año 385.
La documentación de este proceso pasó al archivo de la
Biblioteca de Wllrbourg, en donde Schepss encontró los Tractatus en 1889.
Los ajusticiados fueron: Prisciliano, Felicísimo y Arme¬
nio, clérigos (tal vez presbíteros) según Sulpicio Severo; según
Prosperi Tirón is
Epitoma-Chronicon, p. 462.
(627) Sulpicio Severo! Cnronica, 48. Próspero de Aquitanlai S. Epitoma Chronicotl, p.
462. S. Jerónimo! De Viris llluslribus, 121, en PLM, XXIII, col. 631.

(626) Sulpicio Severoi Chronica, II, 48. Próspero de Aqultania, Sam

p-

1
296

CASI Mino TOIUIES HODHIGUEZ

S. Jerónimo, Felicísimo y Juliano; la viuda Eucrocia y el gran
erudito y poeta español, según S. Jerónimo, Latroniano.
Instancio, por su edad, fue desterrado a la isla Sylina, con
Tiberiano, al que le fueron confiscados sus bienes. En sucesivos
juicios fueron condenadas a la pena capital Asarivo y Aurelio,
diáconos, y deterrados Tertulio, Potamio y Juan, de condición
más humilde 62B.
Con la ejecución de Tréveris, según Septimio Severo, le¬
jos de extinguirse la secta, se recrudeció; sus discípulos trans¬
portaron a España a los ajusticiados, celebraron sus funerales
y los veneraron como santos 629.
Como la reacción priscilianista en España tuvo lugar con
mayor vehemencia a partir del año 409, en cuya fecha penetra¬
ron en España los pueblos bárbaros: suevos, alanos y vándalos,
termina esta historia de la Galicia Romana. En la anterior pu¬
blicación, o sea, en la Galicia Sueva, se estudió dicha reacción
priscilianista.
Queda bastante en claro, con la contienda priscilianista, y
por lo que el autor de los Tradatus dice, que el Cristianismo en
la segunda mitad del siglo IV estaba bastante extendido en
Galicia y que, habiendo pasado ya el primer período de acep¬
tación espontánea, había ya alcanzado el segundo estadio de
reflexión, con este intento del sincretismo, o mezcla con anti¬
guas corrientes del celtismo y otros elementos de la cultura ga¬
llega.

(628;

Sulpicio Severo i
XXIII, col. 631.

Chronica. 50. Jerónimo, Sam De Virü Illustribus, 121, en PLM,

(629j Sulplcio Severot Chronica, 50.

CAPITULO XVII
«La cerca de Lugo / que fue una ciudad de las antiguas / y grandes des¬
paña (sic) haçer otra cerca / ni aun media tamaña no ay reyes j que tengan po¬
sibilidad dos carros bien caben / sin contrariedad de dura argasma / las torres
labradas con muchas ventanas...»

I.

Lu muralla de Lugo

Puede considerarse como la obra cumbre de la arquitectu¬
romana
en Galicia; pero al mismo tiempo como colosal apor¬
ra
tación galaica a la obra defensiva de Roma.
La muralla de Lugo tiene un perímetro de unos 2.140 me¬
tros; su altura alcanza de 10 a 15 y su anchura unos cinco me¬
tros. Tiene torreones semicilíndricos próximos unos a otros y
constan de dos pisos con grandes ventanales; de los que se con¬
servan dos entre las puertas de S. Pedro y de la Mosquera, que
servían para vigilancia de los cuerpos de guardia. En la actua¬
lidad se conservan setenta y dos de los ochenta y cinco cubos, o
torreones circulares primitivos, en buen estado; ocho en parte
deterioradas y cinco han desaparecido.
La muralla de Lugo tiene forma circular, o mejor, elipsoi¬
de, al igual que la romana de Braga; no la medieval de esta ciu¬
dad. En cambio la muralla romana de León es rectangular y la
de Astorga trapezoidal. Por lo que parecen reflejar la influen¬
cia de los muros circulares de los castros dentro de la técnica
constructiva romana; más que la forma campamental como en
León y Astorga.
La fecha de su construcción suele señalarse entre el 263 y
276,
pero teniendo en cuenta «las 43 inscripciones reutiliza¬
el
das en la muralla, como material de construcción; piedras co-

298

mo la cabeza de Venus, o el relieve que estaba en la Puerta
Nueva, hay que retrasarla hasta el primer tercio del siglo IV,
al menos en parte 63ü.
Aras a Júpiter, a Verone, a Poemana, la cabeza de la posi¬
ble Venus Augustea, encontrada cerca de la Puerta del Obispo
Aguirre; las numerosas lápidas sepulcrales dedicadas a los dio¬
ses manes; aras votivas, etc., empleadas como material de
construcción, revelan que la religión pagana estaba ya en

bancarrota 631.
No puede negarse que la urgente necesidad y la escasez de
material, pudo obligar al despojo de santuarios y cementerios,
como se dio en otros lugares del Imperio; pero en Lugo no se
daba la escasez de aparejo pétreo, pues sabido es que en Gali¬
cia abundan el granito y la pizarra.
¿No sería desacato cometido contra Júpiter, Venus, Vero¬
ne o Proemana, el hecho de emplear las aras grabadas en su ho¬
nor para vil servicio de relleno en la muralla? De acuerdo en
que se emplearon restos de monumentos anteriores en otras
murallas de distintos lugares del Imperio, pero en circunstan¬
cias más críticas; así como restos de muy distinta veneración
religiosa; pero en Lugo no es fácil demostrar que se diera tal
necesidad urgente, ni que se usaran restos de tan alto conteni¬
do religioso. Por escasa veneración que se tuviera a los dioses y
manes, no cabe suponer que las autoridades romanas anterio¬
res a Constantino consintieran tamaño desacato. En las últi¬
mas excavaciones llevadas a cabo en la Catedral de Santiago se
comprobó que también se empleó, como material, un ara de
Júpiter en un muro romano.
Completamente de acuerdo con Balil y con Arias Vilas, en
que el motivo que tuvo la administración romana para ordenar
la construcción de murallas defensivas fue la amenaza de los
pueblos bárbaros, que en el siglo II rompen el Limes e invaden
varias zonas del Imperio; a la que hay que añadir la inquietud
Arla* Vila», Felipe» Lucus 1 ugusli, en «Cuaderno* del Seminario de Estudio*
Cerámicos de Sargadelos», XVI, p. 58, y Las Murallas Romanas de Lugo, en Stu¬
dio Archaeologies, XIV, 1972, pp. 63 y 114. Acuña Castroviejo, Fernando, IUB
fecha entre d 269 y el 310, en La Cultura en la Galicia Romana, en «Cuadernos de
Estudios cerámicos de Sargadelos», XVI, p. 65. El hecho de que en la muralla de
Barcelona se hayan encontrado las Gorgonas, o un grupo de las Gen» Emilia, no ar¬
guye tan hondo desacato religioso.
(631) Arias Vitas, Felipe» Las Murallas Romanas de Lugo, pp. 63-78. Seguimos esta ex¬
haustiva monografía de Felipe Arms Vilas.
(630)

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

299

interna, luchas civiles, bandidaje, conflictos sociales (bagaudas) y la piratería 632. Orosio resume la crisis del siglo III con
estas palabras: «conspiranl inirinsecus tyranni, consurgunl be¬

lla civilia, fundilur ubique plurimus sanguis Romanorum. Ro¬
manis barbar isque saevienlibus» 6J3.
Los tiranos conspiran dentro y surgen guerras civiles: en
todas partes se derrama mucha sangre romana por la encarni¬
zada lucha entre bárbaros y romanos.
Pocas líneas antes había dicho que los germanos se habían
apoderado de Hispania y que «nuestra Tarragona» había sido
presa de destrucción, de miserias y amarguras.
En el mismo sentido escriben Aurelio Víctor, Eutropio, S.
Jerónimo, Próspero de Aquitania, etc. 63‘.
También la arqueología y los hallazgos monetarios han
confirmado esta crisis h35.
Estos peligros no afectaron tan de cerca a Galicia por su
condición de Ierra relégala, tierra apartada. No cabe duda que
aumentó el peligro interior: bandidaje, conflictos sociales; aun¬
que menos acusados que en la región levantina, con las bandas
de los bagaudas, y también los ataques de piratería. A lo que
hay que añadir el pánico que suele anteceder a I09 aconteci¬
mientos.
Las guarniciones militares de Galicia tuvieron que sufrir
disminución, o supresión, para atender a otros lugares más en
tensión, o más conflictivos.
Por otro lado, las disposiciones para Galicia se daban des¬
de Tarragona, capital de la administración romana, que había
sufrido los efectos de la invasión. Pues sabemos que Galicia
desde el año 15 formó parte de la provincia Citerior, que com¬
prendía todo el Norte de España hasta el Duero, o sea, hasta la
Provincia Lusitana, y tenía como capital a Tarraco. Con la
creación de la Provincia Nova Anloniniana, o sea, de la Provincia
Gallaecia, en tiempo de Caracalla, no disminuyó la subordinaBalil, Alberto! La defensa de Hispania en el Bajo Imperio. Amenaza exterior e inquie¬
tud inferna, León, 1970, pp. 601 y ss. Arlos Vilas, Felipe» Las Murallas de Lugo, p. 99.
(633) Pauli Orosii Hisloriarum adversum paganos Libri seplem, p. 261, ed. Zangemeister,
1889.
(634) Aurelio Víctor» Epítome de Caesaribus, XXXIII, dice que bandas de francos, atrave¬
sando los Pirineos, llegaron hasta Tánger {Tingintania). Eutroploi Brem'an'um, IX,
8, 2, Jerónimo, San» Chronicon, Ad. An. 264. Prosper! Tironls Epitoma Chronlcon, p, 441, n,°874, alto 261, dice: Germanis Hispanias optinentibus, Tarracona expúg¬
nala est, Los germanos, habiendo invadido Ias Espanas, atacaron Tarragona.
(635) Arias Vilas, Felipe» O, r,, pp. 100 y ss.
(632)

I
:too

CASI MIHO TORRES RODRIGLEZ

LA GALICIA ROMANA

ción política y administrativa a Tarragona, en la que residía el
Légalas Augusli, con las supremas autoridades administrativas
romanas. En la reforma llevada a cabo por Diocleciano hacia el
298, la Provincia Gallaecia, como perteneciente a la Diócesis de
Hispania, era gobernada desde Tarragona, sede de la residen¬
cia del Vicarius Hispaniae, que dependía a su vez del Prefecto
del Prelorio residente en la Galia.
Aunque las invasiones del siglo III d. C., como acertada¬
mente hace notar Arias Vilas, no tuvieron carácter de ocupa¬
ción y de conquista; no pasaron de incursiones, o algaradas depredatorias; sin embargo no pudieron menos de causar justa
alarma y obligar a tomar medidas defensivas, o sea, a construir
murallas en ciudades y villas 6S6.
En estas medidas defensivas coincidían los intereses de
Roma y los de Galicia aun sin que temieran los gallegos la in¬
minencia de las invasiones bárbaras, no podían menos de pre¬
ver el aumento del bandidaje y de la piratería. Por lo cual se
puede afirmar con seguridad que la muralla de Lugo es en gran
parte cooperación de Galicia a la obra política y administrati¬
va de Roma. Los intereses de Roma y de la población galaica
se presentan hermanados en la construcción de estas murallas
defensivas, no sólo en Lugo, sino en las capitales de los demás
conventos jurídicos, como Braga y Astorga, así como en los fo¬
ros, villas y castros, que pudieran servir de refugio en caso de
peligro. No sólo contribuían a la seguridad de las guarniciones
romanas, de los tribunales, del personal administrativo y de re¬
caudación de impuestos; de los almacenes de víveres y minera¬
les y del tesoro romano, sino también de la población indígena
campesina, que en caso de peligro podía encontrar asilo en es¬
tos lugares fortificados, contra el bandidaje, piratería y toda
clase de inseguridades políticas y económicas.
Como aportación galaica a la técnica constructiva roma¬
na, se puede señalar, en primer lugar, la forma circular, o elip¬
soide, más acentuada en la de Braga ; tal vez inspirada en las
defensas circulares de los castros, frente a la rectangular de
León y Zaragoza y a la trapezoidal de Astorga y Barcelona, de
influencia campamental. El empleo de la pizarra y del granito,
Las Muralla*..., p. 105. Blázquezi Lo Crisis del Siglo III, en
Hispania y Mauritania Tingintiana, en Híspanla, XXVIII, 1968, pp. 5 y ss. Belli,
Alberto; Cuadernos de la Escuela Española de Hisloria y Arqueología de Roma, OIL,
1957, pp. 97 y ss.

301

como material de construcción, y de guijarros de tierra y pie¬
dra menuda como relleno, también puede considerarse como
aportación galaica. En cambio no se emplea el ladrillo, el hor¬
migón, la piedra caliza, el cemento y la argamasa, que suele
emplearse en otras murallas.
También puede considerarse de inspiración castreña el au¬
mento del perímetro de la muralla para acoger a la población
rural en momentos de peligro; en vez de reducir el perímetro,
dejando fuera parte de la ciudad, como se hizo en otras partes.
En las fortificaciones castreñas también existía espacio para
albergar a los ganados en caso de peligro.
Puede aceptarse como seguro que la mano de obra fue in¬
dígena, aparte de lo que pudiera contribuir con el trabajo de
sus soldados la Cohors III Lucensis, de unos 500 hombres, que
en el siglo III sustituyó a la legión, o media legión, que desde el
tiempo de Augusto se albergaba en Lugo 637.
Pero nada sabemos del arquitecto, o constructor de la mu¬
ralla, tal vez un provincial romanizado, como lo fue el eminen¬
te Cayo Servio Lupo, arquitecto de la Torre de Hércules.
El arquitecto, o constructor, de la muralla de Lugo per¬
manece en el anonimato; nada extraño dado que las grandes
proezas de Galicia en la Edad Antigua permanecen anónimas:
Batalla del Duero, resistencia del Medulio, cultura castreña y
de las villas, construcción de puentes y vías secundarias, túnel
de Montefurado, acueductos y mosáicos, etc.
La muralla de Lugo se destaca por su perennidad hasta
nuestros días. Han dejado huella los años, el clima húmedo
propicio al derrumbamiento y sobre todo las reformas adminis¬
trativas, no exentas de capricho y zafiedad. También los ata¬
ques, como consecuencia de las guerras civiles. Cuenta el cro¬
nista Hidacio que los suevos, que habían pasado los Pirineos en
el 409, no pudieron entrar en la ciudad de Lugo hasta el 460 y
para ello tuvieron que hacerlo el día de Pascua 638.
La ciudad de Lugo quedó intacta de la invasión musulma¬
na murorum ambilu, debido a estar cercada de murallas, según
¡637)
¡638)

1636) Aria» Vila», Felipe;

Ha» Vila», Felipe i La* Muralla*..., p. 14.
AH
Hidacioi Hydatii Lemiei conlinualio Chronicorum Hierony mianorum, en M.G.H.,
A.A.i Chronica Minora. 1, p. 31; Luco habitante» in diebu» paschae fíomani aliquanti
cum rectore tuo honesto natu repentino lecuri de revereniia dierum occidunlur incurtu. Al¬
guno» romano» residente» en Lugo con su Rector, que por BU nacimiento era de la claae
social de lo» Honeitiore», fueron muerto» en un ataque sorpresa, pues los halló despre¬
venidos, por la obligada reverencia a los dias de

302

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

montañas; bien comunicada con cruce de las vías principales y
otras secundarias; al lado del Miño, el gran río gallego, que le
sirve de esparcimiento, defensa y comunicación. No podía me¬
nos de desempeñar un papel relevante en la romanización de
Galicia. De Lugo se extendió el latín por los lugares agrestes y
costeros, por la montaña y las playas; se hicieron puentes para
facilitar el flujo y reflujo comercial, se construyó un acueduc¬
to, y se hicieron y conservaron las vías.
En ella encontramos restos de las termas, que tampoco
podían faltar en una ciudad típicamente romana; próximas a
las aguas termales, que brotan en la proximidad a las frías del
Miño, en donde al decir de Cunqueiro, «curaron su reuma los
romanos» y es de suponer que también los gallegos.
Pero si bien se han encontrado restos abundantes de las
termas romanas, así como de las escaleras y rampas, para subir
a la muralla; en cambio no se han encontrado restos de templos
paganos, que seguramente existieron, ni de estatuas de piedra
de divinidades y emperadores, que también hay que presumir
que existieran, como capital que era del Convento Jurídico.
Descontado que no existieron teatros, ni anfiteatros, ni circos
por la dureza del clima, tampoco se han encontrado restos en
toda la región gallega, dado que eran edificios para espectácu¬
los al aire libre.
Se han encontrado hermosos mosaicos en la calle de Batitales: la posibilidad de un templo in anlis en Santa Eulalia de
Bóveda, con relieves y pinturas enigmáticas. Una sola bóveda
cubría las tres naves, formadas por seis arcos de ladrillo 6'2.
Se han hallado también un águila de bronce romana,
abundantes monedas de oro, plata y bronce; cerca de la puerta
del Obispo Odoario 600 piezas en bronce, en su mayoría de Flavio Galerio Constancio I, de Constantino I, de Constancio II,
de Juliano, de Graciano y de Valentiniano II; una de la empe¬
ratriz Elena, madre de Constantino 6n; muy contadas piezas,
como un Mercurio en bronce y algunos fragmentos de estatuas
de mármol.
No puede asegurarse que los restos arqueológicos hallados
en Lugo pertenezcan a una época en que el Cristianismo había

dice un privilegio concedido por Alfonso II el Casto a la Iglesia
de Lugo 639.
En tiempo de Alfonso VI, Rodrigo Ovéquiz se sublevó en
contra de Alfonso VI y a favor de García I, rey de Galicia. Se
hizo fuerte en la ciudad de Lugo y Alfonso VI, en el año 1085,
se vio obligado a derribar parte de la muralla para entrar en la
ciudad, después de haber conquistado Toledo. Arias Vilas rela¬
ta todas las destrucciones y reformas posteriores 6l°.
Si los muros han contribuido a su permanencia, las vías, o
caminos, le dieron vida. De suerte que Lugo por su muralla sir¬
vió de refugio, pero por sus puertas y vías adquirió y dio vida a
la región gallega. Si la comparamos a un organismo humano,
sus muros constituyen la osamenta; las puertas y las vías son
sus arterias. Hoy día consta de diez puertas, sin embargo sólo
cuatro parecen existir desde la construcción de la muralla 6ii.
Por ellas la ciudad se ponía en comunicación con las vías o
calzadas y por éstas no sólo con el resto de Galicia, sino con to¬
da España, dado que Lugo es cruce de las principales vías ro¬
manas, como hemos visto anteriormente, y se comunicaba con
Brigando, Iria Flavia, Tuy, Braga, Bérgido (Cacabelos) y Astúrica, y a partir de estas ciudades con Mérida, Zaragoza y Ta¬
rragona. Por una vía secundaria estaba directamente enlazada
Lugo con Braga, partiendo de Orense, pasaba por Chantada,
Viascos, Puertomarín y Guntín de Pallares.
Las comunicaciones dan vida a la ciudad. Tampoco podía
faltar, como en otras ciudades, un gran río: el Miño, y un
puente que facilitase las comunicaciones y con ellas la vida co¬
mercial, económica, social y política.
De suerte que Lugo se constituye en centro neurálgico
desde donde irradia la civilización romana al resto de Galicia,
especialmente a la Galicia cismiñota y norteña. Lugo venía a
ser el centro geográfico de Galicia con base de firmeza defensi¬
va y bien comunicada; equidistante entre Turoqua y Bergido,
entre el Cóbo Ortegal y la Sierra de Queixa, entre el mar y las
(639;

Flórez, Enriquei E. S», XL,

303

Ap. 1

exblentes TOÍI?LA de Santiago, la del Obispo Aguirre, la del Obispo
! LMÿIrurhoy
Izquierdo, de San Pedro, de la Estación, Falsa, de San Fernando, Nueva, del Obispo

¡611

Odoario y Miflá, Se consideran romanas las Miñá, o del Carmen, la Nueva, tal vez la
más antigua, ya en el siglo XII se le llamaba Nueva por haber sido reformada; la de
Santiago y la de S. Pedro. V. Abel Vllela, Adolfo dei Guía de lot Muralla* Romana*
de Lugo, pp. 37 y BS.

(612)

-

Vázquez Seija», Manuelt Lugo óq/'o

Imperio Romano, pp. 28 y se.

f
30 1

U GALICIA HOMAN A

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

triunfado sobre el paganismo; pero sí puede afirmarse que nin¬
guno de los restos encontrados es incompatible con la religión
cristiana. El Mercurio, en particular, podía conservarse como
mensajero de los dioses, símbolo del comercio; también la ca¬
beza del mosáico de Batí tales entre dos delfines, como repre¬
sentación del Océano. Orfeo y el Moscóforo se usaron como re¬
presentaciones de Cristo en época de las persecuciones ro¬
manas.

De todo lo expuesto pueden sacarse las siguientes conclu¬
siones: 1.a que si bien la concesión de la ciudadanía romana
por Caracalla en el 212 d. C. contribuyó, sin duda, a que los so¬
metidos al Imperio romano se considerasen solidarios con éste

y luchasen por su permanencia, al fuerte impulso del Cristia¬
nismo naciente se puede atribuir la penetración triunfante del
latín hasta los más selváticos rincones de las montañas y a las
solitarias playas e islas del Océano; penetración que tuvo que
tener lugar antes de la llegada de los pueblos bárbaros (409) a
Galicia, de los suevos, que cortaron la comunicación de ésta
con Roma. Por tanto, no cabe suponer que siguiese el latín pro¬
gresando en la eliminación de los idiomas prerromanos. Lo que
supone la pronta cristianización de Galicia; sólo así se explica
que el latín, que, como el griego en la parte oriental del Impe¬
rio Romano, había sido adoptado como medio de propagación
del Cristianismo, contribuyese a su aceptación entrañable en¬
tre la población urbana y campesina y a la dejación de otras
lenguas. Sin que se pretendan negar otros motivos de carácter
político, social, comercial y cultural. A la nueva concepción de
vida, correspondía un nuevo medio de expresión.
2.a El hecho de que no hayan quedado restos de templos,
ni de estatuas de dioses, salvo excepciones que admiten expli¬
cación, como el Mercurio de bronce, en cambio hayan perma¬
necido las termas, mosaicos, pinturas, tégulas, puentes y mu¬
rallas, o acueductos, monedas, etc., o sea, todo lo que no era in¬
compatible con la religión cristiana, indica que hubo crisis reli¬
giosa, que llevó a la destrucción ¡nconoclasta y a la erradica¬
ción de todo lo idolátrico. A lo que hay que agregar el menos¬
precio que supone el uso de aras dedicadas a divinidades, de
exvotos, de lápidas dedicadas a los dioses manes, etc., como re¬
lleno de la muralla.

305

3.a Si añadimos, como datos positivos, el relieve con la re¬
presentación de la Adoración de los Reyes Magos, de Adán y
Eva, y del ciclo de Joñas, encontrado en Temes (Carballedo,
Lugo), que se data como anterior al 325 d. C., y el hermoso y
conocido Crismón de mármol hallado en la iglesia de Santa
María de la Hermida, que sirvió de piedra de ara en dicha igle¬
sia, y hoy está en el Museo Diocesano de Lugo; además basas y
capiteles romanos, tendremos por necesidad que admitir que el
Cristianismo en Lugo debió de ser un hecho, cuando Constan¬
tino dio el decreto de libertad religiosa en el 313 6U.
4.a Que el Cristianismo irradia de las capitales de los Conven¬
tos Jurídicos: Lugo, Braga, Astorga; también desde los foros y
ciudades a la población rural que se albergaba en villas, castros
y aldeas, hasta los últimos reductos de la montañosa y selváti¬
ca Galicia, en alas del latín, lengua de los romanos, que debido
a la savia cristiana, que llevaba en sus entrañas, erradicó la
idolatría al mismo tiempo que los idiomas indígenas. Así ve¬
mos que los hallazgos de algunas estátuas paganas se han dado
en lugares agrestes y apartados de las grandes ciudades, como
la Minerva hallada en Cidadela (Sobrado de los Monjes), don¬
de existió un campamento romano; en Muradella (Mourazos,
Orense) se encontró el único grupo escultórico de mármol ha¬
llado en Galicia, que representa a Baco, ebrio con el sátiro Ampelos; el Hércules de Santa Tecla, monte que se eleva en verti¬
cal a gran altura sobre el nivel del mar. También se encuentran
con más frecuencia estelas, o lápidas, en lugares apartados; por
lo cual la arqueología viene a corroborar lo que ya decía Orosio, que el paganismo en su época se reducía a los pagos, o al¬
deas, de los que recibía su nombre h,s.
(611!

;íi 15 1

Prehistoria c Arqueoloxia de Galicia. Sección de Arqueología y Prehistoria.
Instituto de Estudos Galegos P. Sarmiento, Lugo, 1979, p. 93. Castillo, Angel
delt l n Crismón del Siglo V, en Boletín de la Real Academia Gallega, CLXXVIII, La
Corulla, 1925, p. 233. Tiene Tormo circular con el monograma de Cristo en el centro y
la leyenda: Aurum vile tibi est Argenti pondera cedant, plus est quod propria
Tellcitate nites. El oro es vil para ti, las riquezas de plata cedan su puesto; es más im¬
portante que tú brilles para propia felicidad.
Orosiu, Paulo! H
paganos libri seplem, I, Prólogo, 9. p. 2. El he-

islortarumÿadvenum

mi te la explicación de que su simbolismo Tuera aceptado por el Cristianismo, pu esto
que I lérculcs es el héroe humano que por sus hazañas llega a la inmortalidad, y Mercurio eru el conductor de las almus. No hay inconveniente en admitir que simboli zan a
Cristo de algún modo, como sabemos que se simbolizó también en Orfeo en las pinturas de las Catacumbas. Y. Cumonl, Frani: Recherches sur le Symbolisme Funeraire des
Romains, p. 239.

I
306

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

En lugares apartados del litoral gallego, como en Donón
(Cangas de Morrazo), así como en el subsuelo de la calle del
Arenal de Vigo, se han encontrado numerosas estelas funera¬
rias con decoración escultórica, recogidas en el Museo Munici¬
pal «Quiñones de León», de Vigo.
Estas estelas en la parte superior llevan esculpida una es¬
trella, o flor con pétalos en forma de estrella, de donde le viene
su nombre; otras en círculo con una cruz en medio, o una svás¬
tica, sostenidas por el creciente lunar, abierto hacia arriba.
Ya se daban estelas semejantes en los castros de Armea
(Orense), Santa Tecla (Pontevedra), Rubiás (Orense), Baltar
(Orense), San Ciprián (La Coruña), Avelo’s (Portugal) A,A.
En la parte inferior llevan figuras escultóricas humanas.
No dudamos de que son romanas dedicadas a los dioses manes,
como indican las respectivas siglas D.M.S. También se puede
asegurar que están influidas por la mitología céltica, que admi¬
te la supervivencia celeste, como lo indican la estrella, el cre¬
ciente lunar y la svástica, que viene a ser el símbolo solar. Leíte de Vasconcellos los considera símbolos de la religión céltica
A,T. La religión greco-romana colocaba las sombras anémicas de
los difuntos en el interior de la tierra.
Lo que también puede afirmarse es que pudieron consen¬
tirse, como símbolos dentro ya de la religión cristiana, que tie¬
ne su base en la supervivencia ultraterrestre (celestial) del
hombre. Se explicaría así el hecho de que se hayan recogido y
aglomerado, pero no destruido.
Sabido es que el Cristianismo simbolizó a Cristo en la fi¬
gura de Orfeo, que amansó a las fieras con su música, y la ima16161 Vázquez Várelo, Jusé Monueli Formas tempranas gallego-portuguesas, en Cuadernos
de Estudios Cerámico* de Sargadelos, XI, La Coruña, 1974, p. 34. Dibujos de Vázquez
Varela. Siliu Itálico en Púnica, 111, 242-244, dice: Seis pugna cecidisse decus, corpusque
cremari . tale nefas; cáelo credunt superisque referri . impostus carpat memora vullur.
Puru éstos es un honor morir en la ludia y es nefasto quemar el cadáver; creen que es
llevado al cielo, si IOB buitres comen los miembros insepultos.
4617) Lcltc de Vasconcellasi Religión, III, pp. 406 y 427. Cumont, Franzt Recherches sur
le Symbolismc funeraire des Romains, p. 213, París, 1942, reimpresión, 1966, Dice que
lu luna era el lugur en donde habitaban los almas de los muertos, según las creenc.__
cius
célticas. Tumbién Lucano, refiriéndose a los drúidas (I, 456 Y SS.) dice: Vobis ancloribus umbrae, non lacitus Erebi sedes Ditisque profundi ; pallida regna pelunl regil idem
spirilus artus . orbe alio longae candis. De suerte que Lucano dice que las sombras de
los muertos no van según los drúidas al Erebo profundo y al reino de Plutón; sino que
el espíritu rige los mismos miembros en otro mundo. Véase S. Agustín i De Civitale
Dei, XIII, 19.

LA GALICIA ROMANA

307

gen de Cristo, como buen pastor, que carga una oveja sobre su
cuello, que se ha hallado en las Catacumbas, parece inspirada

en el Moscóforo griego.
De las capitales de los Conventos Jurídicos, de los foros y
ciudades, en donde primero debió predicarse el Cristianismo,
llegó éste a los últimos rincones de la geografía gallega en alas
de! latín, de cuya lengua se deriva el gallego actual. Con él per¬
viven supersticiones atávicas, que había de combatir S. Mar¬
tín Dumiense en su obra De Corredione Rusticorum, y algunas
llegan hasta nuestros días.
Como Constantino concedió a los Obispos facultades para
dirimir los pleitos entre los cristianos, es de suponer que mu¬
chos habitantes de los castros, aldeas, o villas, acudiesen al tri¬
bunal del Obispo, y que éste diera la sentencia en latín, como lo
harían los demás magistrados romanos, lo que, unido al trato
comercial, obligaría a la población indígena rural a aprender
latín y a olvidar los idiomas prerromanos.

1

.

CAPITULO XVIII
1.

Los tribuios, pactos de hospitalidad y
prestaciones en obras públicas

Quizá la mayor aportación de Galicia al Imperio Romano
fue pecuniaria, o crematística. Ya hemos hecho reseña ante¬
riormente de la gran cantidad de oro y metales que Roma
obtuvo de las minas gallegas. Pero quizá aún más importancia
tuvo el cobro de tributos, especialmente la capilalio, o tríbulo
personal, y la iugatio, o tributo real, los cuales si fueron sucu¬
lentos para los romanos, no debieron de ser muy tolerables pa¬
ra los gallegos, dado que Orosio dice que temían más a los exac¬
tores romanos, que a los rapaces bárbaros h,H. Según Sánchez
Albornoz, estos tributos se continuaron cobrando en Galicia
en la Edad Media 6,<).
Roma fue siempre inexorable en la cobranza de tributos;
pero en cambio transigente en cuanto a las organizaciones in¬
dígenas. Debió de respetar la existencia de grupos étnicos, que
mantenían cierta autonomía en cuanto a la explotación de los
recursos agrícolas y ganaderos, y en cuanto a las relaciones re¬
cíprocas respetó las costumbres indígenas y sólo obligaba a la
aplicación general del Derecho Romano, consentía en casos
particulares la aplicación de la costumbre o derecho indígena.
Esto lo vienen a confirmar los pactos de hospitalidad, que
han revelado las tablas encontradas; en Caurel, una del año
28d. C.; otra en Castromao (Celanova, Orense), del 32 d. C.,
datada por los Cónsules Cayo Julio Servio Augurino y Cayo
Trebio Sergiano. Famosa ya era la tésera de hospitalidad de
(618)

(619)

Orosio, Pauloi Mstoriarum,.., VII, 41, 7, p. 296.
Sánchez Albornoz, Claudio! El Tribuium Quadragesimale. Supervivencia» fíncales en
Galicia, en Melanges d'Histoire du Moyen Age, dédiés a la mémolre de Louis
Halphcn, p. 545. Se cobraban por pascua y por San Miguel, o sea, en primavera y

otoño.

1

310

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Astorga, recogida en el CIL, II, 2633, en el que un Magistrado
Romano autoriza los pactos entre los grupos étnicos: Deson¬
cos, Tridiavos, Visaligos y Cabruagenigos A5°.
Se dieron dos pactos: uno el 27 d. C., dado en Curunda
por un Abieno, Magistrado de los Zoelas, y otro en Astorga,
del año 152 d. C., autorizado por los magistrados Lucio Domi¬
cio Silón y Lucio Flavio Severo.
La Tésara de Hospitalidad encontrada en 1959 en Torre
de Cabrera, Carbedo (Esperante, Caurel) se halla en el Museo
Provincial de Lugo y dice así:
APPIO JUNIO SILANO P. SILIO / NERVA COS. TILLEGUS. AMBATI. F. SUSARRUS. AIOBAIGIACO.
HOSPITIUM / FECIT. CUM LONGEIS CASTELLANIS /
TOLETENSIBUS. SIBI UXARI. LIBERIS POSTERIUSQUE SUIS. EUMQUE UXOREM LIBEROSQUE EIUS /
IN FIDEM CLIENTELAMQU SUA M SUORUMQUE IN

PERPETUOC CASTELLANEI TOLETENSIS RECEPERUNT /. EGIT TILLEGUS AMBATI IPSE MAG LATI¬
NO ARI ET AIO TEMAR!.
Bajo el consulado de Apio Julio Silano y de Publio Silio

Nerva, Tillego, hijo de Ambato, de origen Susorro, pertene¬
ciente a la centuria de Ayobaigaeco, ha establecido tratado de
hospitalidad con los Lugeos, del castillo de Toledo, para él, su
mujer, sus hijos y sus descendientes; por su parte los habitan¬
tes del castillo de Toledo lo toman a perpetuidad bajo su pro¬
tección y la de su clientela, lo mismo que a su mujer, y a sus hijos.

Hecho por el mismo Tillego, hijo de Ambato, bajo los Ma¬
gistrados Latino, Hijo de Aro, y Ayo, hijo de Temare.
Es de notar que Tillego pide la hospitalidad y se le acoge
bajo la protección familiar y clientela; lo que pone de manifies¬
to la generosa acogida que se da a los extraños dentro de los
grupos gentilicios galáicos; sin exigirles reciprocidad.
Las téseras encontradas en Caurel y en Castromao, del
año 28 y 32 d. C. respectivamente, vienen a ser contemporá1650.1 Hübner, E.i halietos Arqueológicas de Portugal, Lisboa, 1071, p. B8. Alvaro d’Orsi
Epigrafía Jurídica de la España Romana, pp. 374 y es., Madrid, 1953. Ramos Loscertales, José Marlai Hospicio y Clienleta en la España Céltica, en «Emérita», X, 1942,
2.* scm., pp. 308 y os. Tranoy, Alaint Inscriptions Romaines de la Province de Lugo.
Tessera Hospilalis, pp. 75-78.

311

neas de la encontrada en Astorga y llevada a Berlín y registra¬
da en el CIL, II, con el n.° 2633, que es bien conocida y que se
suele llamar de la Gens de los Zoelas.
En esta tésera el pacto de hospitalidad se data en el 152
d. C., pero es renovación de otro vetustum datado en el 27 d. C.,
o sea, que el año 27 se consideraba ya como arcaico.
Por tanto viene a ser contemporáneo de los anteriores;
quizá de rango más primitivo.
Por su importancia para comprender cómo la costumbre,
o derecho indígena, es adoptada, en parte respetado y en parte
modificado por la administración romana, vamos a copiarlo
traducido al español: En el Consulado de M(arco) Licinio Cra¬
so, y de L(ucio) Calpurnio Pisón, el dia IV de las KalendaB de
Mayo (28 de Abril), la Genlililas de los Desoncos de la Gens de
los Zoelas y la Genlililas de los Tridiavos, de la misma Gens de
los Zoelas, renovaron el ya vetusto y antiguo pacto de
hospitalidad, y en el mismo todos ellos en unión mutua se aco¬
gían unos a otros en hospitalidad y clientela y en la de sus hijos
y descendientes. Lo pactaron: Arauso, hijo de Blecaeno; Turayo, hijo de Clouto; Docio, hijo de Elaeso; Magilo, hijo de
Clou to; Bodecio, hijo de Burral; Elaeso, hijo de Clutano, por
medio de Abienno, hijo de Pentilo, Magistrado de los Zoelas.
Dado en (la ciudad de) Curunda 6Sl.
En el consulado de Glabrión y de Hómulo, el día V de los
idus de julio ( 11 de julio) / la misma genlililas de los Desoncos
y la genlililas de los Tridiavos, acogieron dentro de la misma
clientela y alianza, de la gens de los Avolgivos / a Sempronio
Perpetuo Orniaco y de la gens / de los Visaligos a Antonio
Arquio y de la gens de los Cabruagenigos a Falviot, Fronton
Zoelas. Lo autorizaron / L(ucio) Domicio Silón y / Lucio Flavio Severo / en Astorga 6S2.
M(arco) Licimio Crasso Liúdo: Calpurnio Pisone co(n)s(ulibus) lili k(alendas)
Maias . Gentil itas Desoncorum ex gente Zoelarum / et genlililas Tridiavorum ex gen¬
te idem Zoelarum hospitium vetustum antiquom renovarunt eique omnes alia
alium ¡n fidem clicntelamque suam suorumque liberorum posterorumque receberunl.
Egerunl Arausia Blccaeni et Turaius Clouti Docius Elaesi / Magilo Clouti, Bodecius
Burrali, Elacsus Clutami, / per Ablenum Pentili Magistratum Zoelarum / actum Curunda.
(652) Glabrione et Homulo coínjsíulibus) V Idus Julias, Idem gentllitas Desoncorum el
gentilitas Tridiavorum in eandem clientelam eadem / foedera receperrunt ex gente
Visaligorum An Io¬
Avolgivorutn , Scmpronium Perpetuum Oriniacum et exx gente / Visali
Flavium Fronlonem Zoelas. Egerunl
Cabruagcni
nium'
nium Arquim el ex gente . Cabruagenigorum
Líucius) Domitius Silo et (L(ucius) Flavius Severus / Asturicae.

(651)

,

312

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Aunque esta tribu, o gens, de los Zoelas pertenece, según
Plinio, al grupo de los astures y se extendía por la Valduerna y
la Cabrera y por la vega de Astorga, sin embargo llegaba por
algunas de sus gentilidades hasta los límites de los cigurros
(Valdeorreses) y de otros grupos étnicos de la Galicia actual y
viene a dar la pauta del proceso de romanización de la cultura
céltica y de otras culturas existentes en la Galicia prerromana,
y al mismo tiempo de la aportación de estas culturas a la obra
de Roma 65a.
En el año 27 d. C. aún las comunidades indígenas se ha¬
llaban en un medio no excesivamente romanizado, lo que per¬
mite ver los caracteres esenciales del pacto indígena de hospi¬

1

.

talidad.
Como contrapartida del habitual estado de hostilidad,
que revelan las fortificaciones indígenas de los castros, existía
ya antes de la dominación romana, el hospilium, o pacto de
hospitalidad, que favorecía la coexistencia y la ayuda mutua
política y social. Por tanto las tribus indígenas suministran a
Roma una institución valiosa, que ella había de adaptar, sin
cambio esencial, a sus propias instituciones, como lo ponen de
manifiesto los respectivos pactos del año 27 d. C. y del año

Según Diodoro Sículo la práctica de la hospitalidad en Es¬

gen: religioso y social. En las relaciones de los pueblos indíge¬
nas con los extranjeros se puede apreciar que eran muy distin¬
tas las relaciones con los enemigos, con quienes se mostraban
malignos y crueles, de las que se establecían con los hospiles, o
sea, con los admitidos en hospitalidad bondadosa en extremo y
humanitaria 634. El buen trato de estos peregrinos era grato a
las divinidades protectoras de los extranjeros.
Sabido es que la tribu, o la gens, constituía el estado entre
los pueblos primitivos de Galicia, como lo era la ciudad entre
los más civilizados. La tribu, o gens, comprendía varias gentili¬
dades, o grupos locales; los individuos pertenecientes a estos

.

Plinio Segundo, Cuyo* X. II Ill, 28.
Diodoro Sículo* BibtiüUeca, V, 34.

grupos se consideraban entre sí como extraños; dado que no
pertenecían a un mismo linaje.
Pero estos grupos locales gentilicios no permanecieron
herméticos entre sí. Existió una creencia religiosa de protec¬
ción divina y una concepción social de estima hacia los hom¬
bres generosos para los extranjeros.
Existió también una necesidad relajadora del hermetismo
y del aislamiento de estos grupos, que llevó al acercamiento
mutuo y a la paz. Un paso más y se llegó a la necesidad de fijar
por medio de un pacto, o convenio, esta relación de amistad y
mutua convivencia.
Por último se llegó a este pacto de amistad con la mater¬
nal acogida del grupo extraño dentro del propio sin distinción
de trato y condición, o sea, a la extensión de la nacionalidad al
grupo extraño 635.
Naturalmente este acercamiento y acogida se acrecentó

con las guerras de conquista y sumisión promovidas por Roma,
desde la campaña de D. Junio Bruto hasta la de Augusto, que
obligaban a la unión defensiva entre la población indígena.
Los romanos, una vez verificada la conquista de Galicia,
no pudieron menos de mirar con asombro y simpatía esta ma¬
ternal acogida, en igualdad política y social, de las gentilida¬
des extrañas y de los individuos de las mismas dentro de la pro¬
pia gentilidad.
Venía a ser una sublimación de la hospitalidad, como la
devolio ibérica lo era de la fidelidad, o de la clientela.
De ahí que, lejos de tratar de suprimir esta costumbre, u
ordenación, tratan de mantenerla, como resorte estimable para
la pacificación y coexistencia de las tribus indígenas, y, por
tanto, le dan estructura jurídica. Tratan de adaptarla a las ins¬
tituciones romanas similares; de suerte que conservándola en
su esencia la sincretizan y convierten en las existentes en Ro¬
ma semejantes, mas no idénticas en su totalidad.
Le dan el nombre romano de hospilium y hacen que el
pacto se asegure por escrito en tablas de bronce, de las cuales
una se le entrega al grupo étnico, o a los individuos acogidos en
hospitalidad, y otra la conserva el grupo acogedor.
Se modifica la gratuidad generosa en plano de igualdad y
se le exigen al grupo admitido deberes de sumisión y de fideli-

paña no tiene origen en ninguna convención; radica en una or¬
denación de las divinidades populares y en la práctica de una
inveterada costumbre, por tanto, el hospilium tiene doble ori¬

(633)
(633)

313

I

(655)

Ramón Losccrl&lcn, José María* llotpicio y Clientela..., p. 332.

314

CASIUIIU)

TOJUtKS ItODHIGL KZ

dad a semejanza de lo que exigían las instituciones romanas del
patronato y de la clientela, de la amicitia, o del foedus 656.
Asi podemos observar que la tésera de hospitalidad co¬
piada de los zoelas lleva la fecha del año 152 d. C; «pero se tra¬
ta de una renovación de un vetuslum pacto de hospitalidad he¬
cho en el 27 d. C., lo que quiere decir que el hospitium es toda¬
vía más antiguo. La hospitalidad se establece entre dos genlililales, pertenecientes a la gens de los Zoelas: la de los Desoncos
y la de los Tridiavos. Como es acostumbrado la hospitalidad se
extiende a los descendientes» 657.
Por último, vemos que Roma le da mayor solemnidad a
estos pactos, pues se refuerzan con la presencia de un magistra¬
do: Abieno, hijo de Pentilo; intervienen representantes por ca¬
da una de las partes y en la de Caurel intervienen los magistra¬
dos Latino, hijo de Aro, y Ayo, hijo de Temaro.
Se le da más duración, o sea, se hace extensivo el pacto a
los descendientes. Finalmente se hace extensivo a los particu¬
lares de otras gentes, o gentilitates, y se le da carácter de pe¬

rennidad 658.
De suerte que la hospitalidad generosa es típica de los pri¬
mitivos galaicos y con ella se tiende hacia la uniformidad romanizadora y a la paz entre los grupos étnicos indígenas.
Estos grupos étnicos contribuyeron a la construcción de
los puentes con recursos pecuniarios, materiales y mano de
obra. Ya se expuso cómo fueron varios los que figuran en el pri¬
mer proyecto de construcción del Puente de Chaves. Una lápi¬
da dedicada a Trajano menciona a los Aquiflavenses (Chaves),
como contribuyentes a la construcción del Puente Bibey.
Naturalmente la construcción de los puentes beneficiaba a los
provinciales a la par que a la administración romana. De modo
similar ocurría con las vías, especialmente con las secundarias,
así como con las explotaciones mineras, entre las que hay que
destacar el Montefurado.
También tomaron parte en la construcción de acueductos,
entre los que hay que destacar el que conducía el agua para la
ciudad de Lugo.
(656J
(657!
(658!

D’Ors, Alvaroi Epigrafía Jurídica, p. 379.
D’Ore, Alvaro! Epigrafía Jurídica, pp. 374-375.
D’Ora, Alvaro! Epigrafía Jurídica, p. 375. Una nueva labia emerilcnse de hospilium
publicum, en «Emérita», XVI, 1948, pp. 56 y se.

INDICE ALFABETICO DE NOMBRES DE
«LA GALICIA ROMANA»
Abderrumún 1, 199.
Abel Villulba, A., 302.
Abcldcla, 27.
Abieno, 111, 310, 311, 314.

Abila. 199.

Abraham, 92, 266.
Abreviatio Brauli, 203.
Abstinentes, 268, 269.
Aburia, 33.
Acayu Mormárica, 204, 206.
Acca Marmórica, 206, 207.
Acci, 198, 199, 206, 207.
Accio, 42.
Acilii Glabrionis, 227
Acio, 29.

Acta Sanctorum, 198.
Actas, 284.
Acuña Castroviejo, F., 39, 40, 41, 79,
113, 134, 135, 151, 298.
Achuia Murmaricu, 206, 207.
Achimurmarlca, 206, 207.
Adam y Eva, 220, 305.
Adhelmo, 202.
Adoración de los Reyes Magos, 220,
305.
Adrono Veroti, 39, 42.
Adriuno, 33, 128, 164, 230.

Adversus lúdeos, 212.
Aerno, 114, 156.
.Uranio, 67.
i

Africa. 141, 224, 253, 254, 255, 262,
271, 272, 292.
Africu del Norte, 208.
Agape, 291, 293.
Ager publicus, 112, 140, 141.
Agogus, 239.
Agrá, 145.
Agreda, 33.
Agricultura, 247.

Agripo, 64, 71, 72, 73, 78, 85, 275.
Agnado Blcye, 283.
Aguas Cálidus, 123.
Aguas Santus, 220.
Agustín, Sun, 269, 270, 271, 272, 273,
275, 276, 279, 280, 281, 286, 306.
Airiflo do Pusaxe, 31, 238.
Ajbur Machmuu, 111.
Alurico, 225, 272, 276.
Albertini. 71, 103, 106.
Alberto Sumpuio, 133, 138, 139, 140,

145.
Albucruncnsc (Mina), 243, 244.

142,

Aldiuo, 143.

Alejandría, 212, 236, 266.
Alejandrino, 223.
Alejundro, 49, 50, 278, 283.
Alesia, 92.
Alfonso de Rocha, 40.
Alfonso II, 174, 178, 180, 183, 184,
191, 192, 195. 302.
Alfonso III, 108. 178, 179, 180, 184,
221.
Alfonso VI, 185, 302.
Alfredo, el Grande, 282.
Alio. 134.
Aliste, 114.
Altnunzor, 174, 178, 179, 182, 188.

Almofrcy, 235.
Aloya (Monte), 77, 83, 95.
Altar Mayor, 175, 176, 189.
Altares de Scstío, 168.
Aluliu, 239.
Alvarez Blázqucz, 156.
Alves Pereira, 40.
Alluriz, 137, 220.
Arnacos, 115.
Ambus Mestas, 235.
Ambrosio, Sun, 255, 258, 279, 287,
295.

I

316

C \SIMIHO TORRES RODRIGUEZ

Ambrosio de Morales, 188, 209.
Américo Castro, 186, 190.
Ammiuno, Marcelino, 254, 292.
Amor Meilán, M., 94, 154, 157, 164,
166.
Amor Ituihul, A., 286.
Ampclio, 25, 32.
Ampclos (Sátiro), 154.
Anupulluclon, 267.
Anulecla Bollundinu, 312.
Analecta Grcgoriuna, 194.
Analcctu Románica, 202.
Anules de Gulieia, 62.
Anustusio, 103, 190.
Andulucía, 30, 170.
Andunzus y visiones de Fspuña, 286.
Andrés, 285.
Andrinópolis, 226.
Anfiloquios, 116.
An teal tu res, 195.
A n tela, 118.
Antias, V., 27.
Antimubomu, 186, 190, 191.
Anlioqiiíu, 224.
Antislio A'etus, C., 49, 61, 71, 76, 77,
78, 79, 80, 84, 85, 88, 99, 253.
Antonii Angustí, 232.
Anlonino Curacullu, 128.
Antonino (Itinerario), 35, 36, 65, 109,
113.
Antonio, 311.
Antonio Arquio, 311.
Aobrigenses, 116.
Apiano Alejandrino, 17, 30, 35, 36, 38,
43, 49, 59, 60, 62, 07, 96.
Apologético, 273, 275.
Apologiu de I lucio, 286, 291.
Apoionio, 223.
Apóstol Pedro, 227.
Apóstol Santiugo, 173, 186, 192, 211.
Apron¡o, 134.
Aquas Flavius (Chaves), 148.
Aquiflavenses, 116, 235, 236, 314.
Aquilea. 259, 262.
Aquis Bainis, 90, 233, 234.
Aquis Cclcnis, 233, 23 4.
Aquis Originis, 233.
Aquiluniu. 291.
Aipiilanico sinu, 72.
Arabiu, 266.
Araceli. 73, 74.
Araeelliim, 88, 93, 97.
Aracilliim, 97.
Aradillos, 73, 97.

A rus Sestiunas, 88, 168, 170.
Arausio, 43, 311.

Arbogusto, 259.

Arbois tie Jubuinville, 140.
Area, 207, 208.
\rcu Marmórea, 207.
Arca Marmorica, 206, 207, 209.
Arcudio, 254, 256, 257, 261, 267.
Areas, 210, 211.
Areas Marmoricas, 210, 211,
Arce, A., 263, 264, 266.
Arris Marmoricis, 210.
Archivo Histórico Nucional, 198.
Arcana] (Calle del), 305.

Arentey, 235.
Arezzo, 264.
Argentam, 138, 144.
Argén lol um, 233.
Arias Bond, 232.
Arias Montuno, 92.
Arias Vilas, F., 58, 59, 134, 221, 298,
299, 300, 301, 302.
Aries, 252.
Armca, 145, 233, 306.
Armcniu, 259.
Armenio, 191, 288, 295.
Arnobio, 213.

\rnoyu, 233.
Aro, 287, 290.
Aroaldo, 183.
Arrolrebus, 46, 120, 122.
Arrugia, 93, 94, 239, 241, 243.

Arrugius, 94, 239, 241, 243.

Artubros, 46, 120, 121, 122, 123.
Arturo, 185.
Asarbo, 288.
Asurivo, 273.
Ascunio, 111.
Aseóla (obispo), 257.
Aseconiu (A Sionllu), 233.
Asiu Menor, 258.
Asinio Folión, 48.
Aslorgu, 52, 74, 76, 82, 84, 91, 92, 97,
98, 113, 233, 297, 300, 305, 310.
Aslures, 82.
Asturias, 70, 71, 73, 75, 79, 86, 99, 100,
103, 101, 106, 107, 109, 153, 168, 170,
242, 243.
Astil rica, 72, 73, 74, 92, 97, 233, 302.
Alanurico, 259.
Atanusio, 175, 187, 196, 198,200,211.
Alaulfo, 256.
Alenus, 97.
Atica, 73, 93. 97.

L.\ G A L1C I V ROM AN A

Atlántico, 29.
Atún, Sun, 174.

Augurino, Cayo Servio, 309.
Augustanos, 113.
Augusto, 18, 26, 29, 33, 43.

61. 62, 64, 65, 67, 70, 71. 73, 75, 76. 78,
80. 87, 88, 98, 99, 103, 105, 1 10, 147,
160, 161, 164, 230, 233, 239, 312.
Aulo Gelio, 49.
Aurelio, 208, 296. 299.
Auri Sucru fumes, 50, 242.
Aurora Boreal, 195.
Ausonio, 90, 1 12, 26 1.

Autopista, 58.
A\ ulgigorcs, 114.
A velos, 306.
Avellana. 218.
A v ellas, 111.
Avena, 2 48.
Avezarlo, 222.
Avila, Obispo de, 289, 294.
Avilés, 168.
Avilo, 214, 256, 287, 268, 271.
Avolginos, 311.
Ayo, 286, 290.
Ay uso Murazuclu, 203.
Azuugu, l.
Bubelon. 98.
Babul, 285.
Buco, 154, 170.
Bainis, 90, 91.

Bajo Imperio, 126.
Bulbo, Lucio Coruclio, 49, 62.
Bulbos, 18, 50.
Bnleonio, 21 1, 256, 268.
Bulcuricu, 108.
Halil, A., 83, 132, 298, 300.
Bulsumurio, 15 4.

Bul tur, 116, 306.
Bulux. 239, 242.
Bundc, 152.

Baños de Bunde, 233, 234.
Buños de Molgus, 235.
Baños de Riocálido, 233.
Burilantes, 243, 244.
Barcelona, 300.
Burrades, 232.

Barrados. 232.

Barran, 185.
Barreiro Fernández, J., 131, 132.
Burros Sivclo, 114, 232, 233, 234.
Burtolini, D., 189, 192, 283.
Busilides, 213, 291.
Basio, A., 227.

317

Busso, 26.
Butulla del Duero, 35.
Bulitules, 156, 303, 304.
Ruyonu, 53, 54, 55, 59, 60, 77.
Beato de Liébunu, 194, 202.
Bedu, 202.
Bediuntos. 122.
Bcdios, 122.
Bcdunia, 115.
Belcni (Museo de), 276.
Belesar, 235.

Bélgica, 249.
Belles Lettres, 254.
Bellido, A. G.. 30.
Bellos Civili. 60, 62, 66.
Bellum Hispuncnse, 75.
Bembibre, 23 1.
Bella vente, 98, 115.
Berense, 1 1 8.
Bergu ritióos, 122.
Bergiduin, 77, 81, 84, 97, 148, 233,
302.
Berju, 199.
Bcrlungu, 34.
Berlin, 311.
Betanzos, 57, 122, 238,
Bélica, 42, 49, 53, 62, 71, 101, 107,
245.
Betis, 27, 42, 90.
Bibulos. 116, 128.
Bibey, 116, 235.
Bibliotecu del Escorial, 197.
Biblioteca llagiogrúphicu Latina, 197,
198, 203, 217.
Biclurcnse, 226.
Bicrzo, Bl, 82, 233, 2 44, 264.
Bilbilis, 252.

Biliniu, 266.

Blunco Freijeiro, A., 23, 27, 29, 41, 42,
78, 117.

BUízqucz, J., 60, 62, 96, 163, 232, 233,
240, 243. 247, 300.
Blecueno, 311.
Blelisa, 45.
Bobudcla, 234.
Bodecio, 311.
Bohemiu, 72.
Boissler, 258.
Bollandislus, 197.
Bollo, 82, 84, 116, 128.
Bomoi Sestioi, 167, 225.
Bora, 235.
Borneiros, 229.
Bosque Sagrado, 79, 163.

318

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Bouzu Brey, F., 156, 232.
Bouzas, 145.
Bóveda, 235.
Brucura, 29, 72, 73, 74, 115, 163.
Brucuruuguslunos, 134.
Brócaros, 27, 29, 30, 116.
Bragu, 29, 73, 74, 76, 77, 78, 80, 81, 82,
83, 95, 115, 147, 154, 214, 233, 256,
269, 284, 297, 300, 305.
Brundea, 194.
Brundomil, 154, 235, 243.
Bruulio, 256, 269, 281.
Bruun, 107.
Brctuíiu, 47, 79, 80, 122, 164, 236, 262,

279.

Cisneros, 209.

Brcv iario del Curdenul
Breviurio del Cardenul Silíceo, 209.
Brcviurio Toledano, 209.
Breviurium Apostolorum, 203, 204,
207.
Brico, 156.
Brigunciu, 56, 88, 279.
Brigancio, 52, 54, 55, 57, 58, 59, 60,

66, 79, 84, 88, 302.
Briguntes, 120, 124.
Brigctio, 98, 115.
Brigelum, 98, 115.
Brindis, 68.
Brilunia, 74, 103, 122, 254, 255, 287,

295.
Briteiros, 132, 156, 229.
Broulobrigu, 42.
Bruto, 21, 22, 25, 35, 36, 42, 43, 45, 46,
47, 48, 49, 50, 52. 74, 77, 83, 93, 95,
116, 313.
Brutus, 37, 42.
Bubal, 116, 128.
Bulgaria, 255.
Burbidu í Borbén), 233.
Burdeos, 295.
Burebu, 239.
Burrul, 311.
Cu a maño, 232.
Cubuñus, 118, 120.
Cabeceira de Busto, 39.
Cubezu de Munzanedu, 82, 04.
Cubo Ortcgul, 60, 124.
Cubo de Peñas, 114.
Cubrcru, 312.
Cubniugcnigos, 310, 311.
Cacabelos, 81, 84, 155, 233, 235, 302.
Cáceres, 134.
Cudos, 235.
Cádiz, 33, 48, 49, 54, 55, 61, 62, 65.

Culudunum, 233.
Culuhorru, 33, 111.
Culuicos, 27, 29, 117, 134.

Cululuyud, 252.
Cuidas de Beyes, 122, 155, 213, 233,
234.

Culdus de Yizelu, 155.
Cule, 48.
Caledonia, 253, 254.
Culos, 117.
Calixto, 198, 200, 227.
Culpurnio Pisón, 287.
Culubriga, 113, 135.

Culubrigensc, 113.
Culviño, D., 68.
Calvo Sánchez, I., 32, 33, 34.
Culzadu, 108.
Cumulodunum, 164.
Cambctunr, 119.
Campos Gullueciuc, 111.
Cumpos Góticos, 111.
Cunuvcsc, 155.
Cáncer, 252.
Candóle, 249.
Cungas de Morrazo, 306.
Cangas de Tineo, 114.
Cunosu, 31, 230.
Cantabria, 64, 68, 70, 71, 75, 76, 77,
79, 80, 86, 100, 103, 104, 105, 106, 109,

110.
Cantábrico Bello, 64, 256.
Cántabros, 66.

Cuntarcs de Gesta, 185.
Cupudociu, 266.
Capcludes, 39.
Capilla de lus Beliquius, 102, 183.
Cupiturio, 309.
Cuporos y Coporos, 122, 234.
Curucalla, 106, 107, 129, 138, 230, 299,

301.
Curucotlu, 61, 70.
Curcesa, 199.
Curdenul de Belén, 282.
Cardo, M., 144.
Curisio, 33, 71, 76, 78, 81, 02, 84, 93,
97, 90, 100.

Curdenul Puyó, 188.
Curlomugno, 82, 196.
Curios III, 236, 237.
Curracedo, Códice de, 268.
Carro Gurriu, J., 185.
Cartu a los Monjes del Bierzo, 263,
264.

Curta del Pseudo Jerónimo, 212.

LA GALICIA HOMA.NA

Curlu del Pseudo León, 197.
Curlugonu, 163.
Cartaginense, 107.
Curtugo, 45, 93, 252, 274.
Cur\ ociro, 52.
Cusunctcnsc, 1 98.
Casares, A., 189, 192.
Casio, I)., 49, 50, 51, 53, 55, 63, 64, 78,
100.
Cusió, L., 67.
Cunodoro, 67.
Cusunctonsc, Biblioteca, 198.
Casitérides, 28, 46, 47, 50, 55, 58, 237.
Cussilerides, 46, 47, 50, 54.
Costarica, 249.
Castelo, Viunu do, 42.
Custcllá y Ferrer, M., 200.
Custuellum Tyde, 43, 68, 118.
Custillu lu \ ieju, 240.
CusLillo, A. del, 125, 154, 157, 220,
305.
Castor y Polux, 190.
Custrclo de Mirlo, 137.
Castro, Américo, 186, 190.
Custro Culdelus, 137.
Custro de A\ ellas, 114, 156.
Custro de Elvitlu, 239.
Custro de Escuudrio, 132.
Custro de Bey, 94, 132, 148.
Custro de Ycrtlosu, 233, 235.
Custro de l igo, 132, 137.
Custromán, 148, 309, 310.
Custro lerdo, 132, 137.
Casus Belli, 30.
Cututumbus de Boma, 227, 307.
Cutálogo de Celunovu, 263.
Cutálogos griegos, 201.
Culedrul de Alfonso (11, 170, 179.
Cutedru! de Oviedo, 182.
Culedrul de Sunliugo, 173, 177, 178,
182, 103, 184, 180, 193, 200, 218.
Catedral Bománicu, 104.
Culilinu, 49.
'
Cutoira, 220.
Cuucu, 110, 253, 255, 262.
Cuurel, 97, 243, 309, 310.
Cuyo Anlistio Ictus, 49 , 69, 75, 76,
77, 78, 79, 80, 81, 82, 99.
Cuyo Culvino, 68.
Cuyo Fitrnio, 75, 81, 82, 84, 99.
Cuyo Julio Servio Augurino, 309.
Cayo Servio Lupo, 236, 301.
Cuyo Trebio Scrgiuno, 309.
Cuyo Virio Frontón, 165, 251.

31 y

Cea, 98, 100.
Cobres, 235.
Cecilio, 36, 199.
Celunovu, 200, 309.
Colonos, 213.
Cclcnis, 213,

Ccler Erbuti, 131.
Cellibcriu, 103.
Célticos, 123.
Cellu, 196.
Ccnúculo, 212.
Ccndufe, 39.
Centenum, 218.
Ccnlronu, 145.

Copión, 21, 22, 38.
Cernadas, D., 289, 290.
Corro de Lunce, 9B.
César, 34, 43, 45, 48, 49, 50, 51, 53, 54,
55, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 65, 66, 68,
75, 77, 79, 01, 81, 95, 140, 160.

Cesáreo, 201.
Cesuro, 134.
Cesures, 235.
Cetra, 38, 41, 78.
Cibureos, 123.
Cibulu, 248.
Cibdá, 128, 145.
Cicer, 248.
Cicerón, 52, 62, 129.
Cidadela, 305.
Cíes, 51. 52, 54, 134.
Cigurrosu, 113, 128, 135, 145, 235, 252.
Cigarros, 113, 128, 135, 252, 312.
CIL, 59, 60, 76, 78, 81, 106, 107, 113,
114, 115, 116, 119, 122, 124, 125, 135,
151, 155, 160, 161, 162, 164, 165, 166,
170, 251, 252, 310, 311.
Cilenos, 122, 123.
Cilicia, 263.
Cinginiu, 34, 93.
Cinnu, 36,
Ciprián, Sun, 306.
Cipriano, Sun, 193, 213.
Cirro, 145.
Citerior, 67, 103, 105, 135, 299.

Cituludcju, 115.
Civilis, 106.
Civiles Limicorum, 120.
Cluiidiuno, Claudio, 252, 253, 256.

264.
Claudio 11, 33, 106, 164.
Claudio Marcelo, 72.
Claudio Pulcro, 68.
Clemente Alejandrino, 223, 224.

320

Clerq, V, 216.
Clonto, 287.
Cludílis, 40.
Cludius, 12.
Cluniu, 33, 106. 107.
Clunicnses, 107, 112.
Clutuno, 287.

Cneo Pompeyo,

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES HODIUGUEZ

67,

Cocu, 110, 253, 255.
Codex Theodosiuno, 252, 265.
Códice Culixtino, 185, 195, 197, 199.
Códice de Currucedo, 268.
Código Justiniunco, 287.
Código Tcodosiuno, 252, 265, 287.
Codos de Luroco, 152.
Cofiilal, 108.

Cohén, 33.
Cohors III Luccnsis, 301.
Coimbra, B8, 236.
Colchester, 167.
Colegio \ugustu!, 167.
Colonia de Sun Torcuulo, 199.
Comenlurio a lsaius, 212.
Comcnturio ul profclu Nuhún, 208.
Composite, 203.
Compostela, 173, 175, 184, 193, 194,
196, 198, 219.
Compostellanum, 198.
Concilio I y II de Bragu, 215.
Concilio de Burdeos, 288.
Concilio de Constantinopla, 259.
Concilio de Elvira, 213.
Concilio de Niceu, 259, 294.
Concilio 1 de Toledo, 213.
Concilio IV de Toledo, 108.
Concordiu, 178, 185, 195.
Conde de Oriente, 251, 292.
Conde \ ulvís, F., 145, 232.
Confesor, 187.
Confessio, 174,

Congosto, 235.
Conquista Romana, 21.
Consluncio 1, 303.
Constancio II, 254, 292, 303.
Constancio Cloro, 33, 303.
Constantino, 108, 132, 171, 244, 259,
303, 305, 307.
Constantinopla, 110, 259, 260. 266.
Consucnu, 156.
Consuluriu Itulicu, 208.
Consularis, 108.
Convento Asturiccnse, 130.
Convento Brucarensc, 115, 130, 135,
252, 263.

Convento Cluniacensc, 107.
Convento jurídico brucarensc, 27, 40,
115, 130, 135, 256, 263.
Convento jurídico cluniucensc, 107,
258.
Coin ento jurídico lucense, 77,91, 119,
130, 213, 251, 303.
Conventos jurídicos, 112, 147, 305.
Corucoltu, 61, 70.
Cordillera Cantábrica, 73, 74, 80, 81,
85, 90, 97.
Córdobu. 33, 67, 131, 207, 293.
Corgomo, 213.
Corinto, 22, 15, 93.
Corneliuuo, G.M.P., 107.
Conidio Nepote, 42.
Cornide, J., 5, 70, 237.
Corocuo-corocaus, 10, 12.
Corpus Chrislianorum, 265, 266.
Corejunes, correxás, 113.
Correo Gullego, 208.
Correptione Ruslicorum, De, 307.
Corrugas, 93, 211, 213.
Corrugos, 93, 9-1, 211, 243.
Corsini, 257.
Corungu, 280.
Corana, 54, 55, 56, 60, 61, 65, 66, 79,
81, 88, 1 15, 151, 175. 236.
Coruilu del Conde, 33.

Coso, 151.
Cososo, 151.
Coso Underiugo, 151.
Costa de la Muerte, 59.
Craso, P.. 28, 17, 49. 50.
Craso, Licinío, 287.
Crismón. 220, 301.
Cristetu, 193.
Cristianismo, 171, 221, 259, 304, 305,
306.
Cristianización de Gulicia, 173, 218,
220, 221.
Cristo, 224, 301, 306.
Cromado, 203.
Cromáticos, 144.

Compostelanu, 180, 209.
de Iría, 178.
de S. Jerónimo, 226.
de Víctor de Túnez, 226.
Cronicón, 60, 116, 195, 205, 226.
Cronicón Iriense, 195.
Cuuledro, 116, 117.
Ciicufale, 217.
Crónicu
Crónicu
Crónica
Crónicu

Cuenca, 131.

Cuerpo de Santiago, 175, 223.

Cuestión jucobea, 173, 189, 205, 217.
Cuevillus, F., 27. 38, 63, 114, 115, 116,

117, 118, 119, 120, 121, 122, 123, 124,
125, 128, 132, 133, 134, 135, 151, 156.
Culto ul Emperador, 159.
Culto en Galicia, 159, 163.

Culturu custrexa, 131.
Cumont, F., 306.
Cunqueiro, 303.
Cuntís, 233, 235.
Cunes síliceis, 89.

Curros Enriquez, 218.
Curras, 267.
Curtis, 79.
Curunda, 310, 311.
Chadtwirh, H„ 191, 285.
Chumoso Lumas, M., 175, 177, 183,
187, 220, 244.
Chunas, Chus, 156.
Chunson de Roland, 184.
Chuntuda, 234, 235.
Churria íHurraii, 266.
Chartres, 116, 119, 148, 152, 155,231,
237, 314.
Chuves, 31, 115.
Chronica Minora, 213, 301.
Dacia, 244.
Dactonium, 124.
Dagaredo, 183.
Dulmuciu, 74.
Damasco, 224.
Dámaso, 262, 286, 287, 293, 294, 295.
Danubio, 72, 255, 258.
Dario, 134.
David, P., 197, 222, 283.

Dea Celestis, 156.
Decadas, 64, 86.
Decenio, 224.
Décimo J. Bruto, 17, 18, 21, 25, 30, 33,
34. 37, 40, 50, 52, 74, 77, 83, 95, 313.
Decumunus Maximus, 144.
Dedilicios, 240.
Dekker, E., 265.
Delfidio, 192. 287, 295.
Dellliio, 295.
Derecho Latino, 128, 141, 145.
Derecho Romano. 128, 129, 309.
Delgado Gurriurán, F., 243.
Desoucos, 310, 311, 314.
Deus Omnipolens, Bula, 177.
Devos, P., 214, 265.
Dev olio Ibérica, 159, 313.
Diuna, 156.
Dianas, 156.

321

Díaz y Diaz, M., 199, 206, 207, 209,
216, 217, 218, 222.
Dictino, 213.
Didio, Cayo, 67.
Didimo, 212, 262, 284.
Diego Santos, F., 170.
Diez Sunjurjo, 232, 234.
Diis manibus sacrum, 157.
Diócesis de Hispania, 107, 287, 300.
Diocleciuno, 107, 108, 287, 300.
Dioclecianopolis, 232, 269.
Diodoro Siculio, 17, 22, 38, 275, 312.
Dion, C., 49, 50, 51, 53, 55, 64, 73, 74,
78, 93, 98, 99, 100, 114.

Dionisio el Exiguo, 111.
Dioscorismo, 186, 190.
Dispersión, 204.
DMS, 306.
Doble Estola, 181.
Docio, 311.
Dolabcla, 50.
Domicio Culvino, 68.
Dominguez Fontela, 32.
Dominus, 140, 145.
Domus, 143, 144,
Doncide, 145.
Donon, 156, 306.
Dorinda, 222.
Doro, 131.
D’Ors, 106, 108, 112, 114, 157, 158,
240, 314.
D'Ors Pérez Peix, A., 240, 314.

Dozy, 111.

Drukc, F., 175, 176, 188.
Druidas, 161, 162, 164.
Druso, 72.
Duchesne, L., 175, 186, 191, 192, 193,
197, 204, 205.
Duerna, 244.
Duero, 24, 25, 28, 35, 36, 41, 42, 48,
50, 53, 71, 87, 96, 106, 109, 110, 111,
117, 225, 256, 263, 284.
Dulce María Estefanía Alvarez, 232,

233.
Durio, 155.

Dux, 255.
Edad Antiguu, 301.
Edad Media, 126, 231, 289.
Edesa, 266.
Eforo, 274.
Egeria, 225, 226, 263, 264, 267.
Egibarros, 123.
Egipto, 252.
Egurros, 113, 252.

-

322

Etaeso, 311.
Eldorudo, 50.
Elenu, 303.
Elpidio, 291, 294.
Emérita Augusta, 88, 95, 98.
Emilio Lépido, 26, 31, 34, 22.
Emilio Ludo, 72.

Emperador, 112.
Emperador (Culto), 129, 149.
Eo, 79.
Ephcmcndcs epigruphicae, 166.
Epigrafía jurídica, 112, 314.
Eptcrnuche (Códice), 201.
Equusios, 27, 117.
Era Hispúnicu, 68.
Eresmu, 109, 110.
Eriu, 244.
Ermegildo, 183.
Ermitas, 235.
Ernoul, 89.
Erviliu, 248.
Escalona, 108.
Esccvu, L., 51, 54.
Escipión, Emiliano, 41.
Escipióu, iSásicu, 48, 50.
Escopas, 42.
Esla, 74, 77, 79, 98.

Espadas, 201, 224, 269, 296.
Espada, 37, 45, 59, 74, 103, 104, 106,
108, 109, 144, 184, 191, 212, 223, 224,
225, 262.
Espuda Citerior, 103.
Espada ISorledu, 76, 144, 240, 283,

296.
Espada, un enigmu histórico, 186, 187,
199.
Espadas, 191, 192, 201, 224.
Esparta, 97.
Estebun, Sun, 256, 271, 273.
Esteban, Papú, 213.
Estebun de Bizuncio, 42.
Esteban de Rábnde, Sun, 235.
Estefanía Alvarez, Dulce María, 232,
233, 234, 235.
Esteve Ferrio, 38.
Eslolu, 220.
Eslrubón, 25, 26, 30, 46, 47, 57, 58, 65,
90, 91, 105, 116, 117, 120, 121, 123,
127, 130, 131, 151, 154, 162, 237, 238,
240, 241.
Eslrellu, Sierra de, 51, 52.

Eslrcllus fuguces, 195.
Eter, 267.

LA GALICI A ROMANA

CASI MIHO TOHUES RODRIGUEZ

Etéreo, 267.
Eteria, 226, 263, 267, 268.
Etico, 233, 236.
Etruria, 152, 254.
Eucrociu, 191, 192, 287, 288, 295, 296.
Eudoxia, 257, 266, 267.
Eufrasio, 199.
Eufrates, 264.
Eugenio, 259.
Eulalia, 217, 220.
Eulalia de Bóbeda, 303.
Eulalia de Merida, 217.
Eusebio de Cesárea, 37, 223, 225, 277,
278.
Eutropio, 25, 45, 277, 299.
Evodio, 288, 295.
Evora, 33.
Excavaciones, 177.
Fabu, 248.
Fubia, 33.
Fabio Máximo, 67, 99.
Fábrcgu, 197.
Fubrini, 283.
Fubro, 252.
Fucho, 33, 109, 237.
Fagildo, 185.
Faro, 236, 237.
Fastos, 37, 74.
Feces de Abajo, 235.
Felicísimo, 191, 288, 295.
Felipe II, 92.
Félix, San, 217.
Feo, Julio, 199.
Fernández Fuster, 32.
Fernández Pousa, R., 263.
Fernández Rodríguez, M., 32, 33.
Fernundo, 200.
Fcneralores, 144.
Ferolin, M., 264.
Ferreiro, E., 82.
Ferreras, 51, 94.
Forriol, 38.
Figuerido de Guerra, 38, 43.
Filnslro, 291.
Filgueiru Yulvcrde, J., 32, 232, 233.
Filón, 67.
Finis Terruc, 50, 60, 109, 121, 169,
237.
Finislerre, 50, 60, 109, 121, 169.
Firmio, 75, 81.
Firmo, 81, 253, 292.
Fitu, Fidel. 175, 197.
Flucilu, 254, 255, 256, 257, 258, 259,
261, 265, 267, 292.

Flamen, 162, 166, 251.
Fluminulis, 165.
Flumincu, 165, 251.
Flumines, 164.
Flumínio (Circo), 42.
Flaviu Dondtiliu, 228.
Fluviu Lambris, 224.
Eluvios, 129, 238, 303.
Eluvio Brigando, 57, 237, 238.
Eluvio Frontón, 311.
Fluvium Briguntum, 57, 129, 148.
Flavas, 388.
Fió fez, E., 37, 51, 83, 89, 91, 92. 114,
169, 198, 199, 200, 218, 257, 289, 290,

302.

Floro, 27, 31, 32, 34, 63, 64, 65, 70, 72,
73, 74, 75, 78, 81, 82, 83, 85, 06, 87, 97,
99, 131. 133, 183, 239, 277.
Floro de Lion, 201.
Fuegos Fatuos, 192.

Focdus initpim, 58, 314.
Fogo Chico, 243.
Fontes, 76.
Forma ti, 221.
Fornuri, 12.
Foro, 233.
Foro de los bíbulos, 116, 147.
Foros, 127, 129.
Forum Cigurrorum, 147.
Fortim Clodii, 166.
Forum Egurrorum, 113, 147.
Forum Limicorum, 110, 147.
Forum Romumim, 129.
Foxim de Currueedo, 235.
Frugmenlu llisloricorum, 65.
Fruguus Fruguus, 52, 92.
Frcculfo de Lisieux, 203, 205.
Fredegarii Chronica, 208.
Freire Burreiro, F., 175, 189, 192.
Frieira, 235.
Frigido, 259.
Friligerno, 259.
Fructuaria, 1 43.
Fructuoso de Braga, 217, 218, 269.
Furmo, 61, 71, 75, 77, 78, 79, 81, 82,
81, 85, 88, 93, 98, 99.
Fyle, 127.
Gades, 37.

Guiffier, B., 197, 198, 199, 203, 204,
205, 207, 200.
Galu Plucidiu, 260, 261.
Guluciu, 263, 266.
Gulueciu, 106, 108, 250, 252, 256, 263.
Guluico, Junio Bruto, 17, 30, 43, 117.

323

Guliu, 140, 141, 112. 149, 150, 161.
Gulius, 66, 74, 79, 80, 161, 161. 212,
221, 262, 291, 294.
7, 18. 24, 25, 28, 43, 18, 50,
59, 60, 61, 65, 66, 67, 68, 70, 71, 72, 74,
75, 79, 80, 81, 83, 85, 87, 88, 89, 95, 97,
98, 99, 100, 103, 104, 106, 107, 108,
109, 110, 112, 125, 128, 132, 135, 139,
140. 1 12, 150, 171, 192, 212, 215, 218,
245, 217, 263, 264, 268, 289, 296.

Gul'idu,*"l

Gal ¡I>IIO, 33.
Galo moribundo, 87.
Gullueciu, 253.
Galluecus, 290.
Gallilia, 252, 253.
García Alvarez, R., 198.
Gurda Bellido, 30, 31, 47, 103, 104,
117, 121, 168, 170, 218, 237, 210, 241,
242, 218.
Gurda Conde, 222.
Gurda Dominguez, 178.
Gurvia Iglesias, L., 216.
García Y illudu, 197, 198, 199, 209,
217, 262, 269, 282, 286, 292, 294.
García Yillosluda, R., 285, 289.
Gardlliauseii, 170.
Gurofalo, 106.
Gulin, 235.
Gay oso Díaz, E., y J„ 243.
Geismur, 79.
Gelurio, 258.
Celio, A., 49.
Gol míre/, 174, 177, 185, 188.
Gemina, 105, 106.
Geminas, 233.
G end ufe, 10, 41.
Gcnudio, 250, 258.
Gcncslucio, 233.
Gen», 311, 312, 314.
Gentilidades, 314.
Gcnlililas, 311. 312, 314.
Geogrupld Lulini Minores, 232.
Geogruphicu, 21.
Gcrmunia, 1 11, 212.
Gibrultur, 73, 272.
Ginzo de Limiu, 128, 234.
Giruud, F., 17, 267.
Glubrióu, 311.
Golada, 239.
Gómez Moreno, 98, 114, 155, 175.
Gondur, 235.
González, J. M., 168, 169.
González Reborcdo, 250.
Golhiu, 279.

324

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Gruciano, 1 10, 258, 262, 287, 288, 295,
303.
Gruiu m \ e tem ni, 118.
Gran Bretaña, 79, 80, 122.
Gregorio de Tours, Sun, 225, 282.
Gregorio ¡S'iseno, 256, 260, 261.
Grenier, 160.
Grueber, 33.
Grupo Republicano, 33.
Guadalquivir, 21, 38, 103, 105.
Guadiana, 105, 194.
Guadix, 104, 199.
Guultur, 213.
Guardia, 31, 32, 61.
Gubia, 224.
Guerru Campos, J., 177, 178, 183, 186,

188, 191, 193, 194, Í96, 198, 201, 207,
210, 211, 218, 220.

Guerru de lus Calías, 283.
Guerru Galuicu, 170.
Guerras Cántabras, 61, 63, 64, 67, 93,
98, 163, 167.

Guerreros galaicos, 38.
Guerreros lusitanos, 38.
Gu ¡maraes, 78, 263.

Guiraud, F., 152.
Guítiriz, 142.
Gunlín de Pallares, 302.

Gurriarán Salgado, J., 243.

lluuschild, 237.
Hechos de ios Apóstoles. 197, 223.
Hércules, 303
Hércules, Torre de, 56
Hermedoro de Sulamina, 23, 42.
Ilermegario, 226.
Hermidu, 303.
Herminio, Monte, 50, 51, 53, 65.
Herodcs, 186, 197, 198, 204, 205, 223.
Ilcrodes Agripu, 186, 198, 203, 223,
224, 253, 261.
II idacio, 31, 110, 111, 116, 118, 210,
orí

o|,i

oo= oofi

íl idacio (l(~MérÍdui 288, 293, 294, 295.

Higinio. 145, 293.
Hijo del Zebcdeo, 199.
Hippódumo, 148.
Himelo, 152.
II¡reunía, 256.
Hirtio, 48.
Hispana Novu Citerior Antoniunu,
106.
Hispa nia, 287, 299.
Hispuniurum omites termini, 213.
Histoire du Mojen Age, 215.

Historia Cumposlclanu, 185, 195, 196,
201.
Historia Crítica de España, 60, 61, 74.
Historia de Galicia, 258, 262.
Historia Económica, 60, 62.
Historia Homunu, 64, 74, 262.
Historiu Pldlipicue, 275, 277.
Historia Universal, 275.
Holder, B9.
1 lomen, 27, 32.
Hómulo, 311.
Honorio, 254, 261.
Honorio Teodosio, 253, 254, 255, 292.
Horacio, 65, 110.
Hórreo, 145.

}

\

Hospitalidad, 310, 314.
Ilospilcs, 312.
Ilospilium, 312, 313, 311.
Iloslilio Mancino, 26.

II Ulmer, 38,

10, 43, 18, 57, 107, 100,

122, 170. 310.
Huelva, 134.

Hucrtu \ Vega, 51, 62, 91, 135,
Holler, 237.
Iberia, 37, 212, 253.
Ibérica, 17, 33.
Ibias Navio, 244.
Ibn-khuldim, 111, 282.
Ida, 152.

!

Iglesia de Alfonso II. 182.
Iglesia de Alfonso III, 178.
Horda, 67.
1 liúda, 32.
I lírico, 253, 255, 258.
Iliturgi, 199.
Imperio Romano, 258, 259, 298, 304,

Jucohus, 193, 202.
Jadoiies, 122, 123.
Jales, 213.
Juno, 70, 71.
Jerónimo, San, 212, 254, 256. 257, 271,
276, 278, 281, 286, 288, 295, 296, 299.
Jerusalém 173, 197. 198, 205,223,224,
266, 271.
Joints, 220, 301.
Jordanes, 269, 282.
Jorge, San, 23, 39.
Jorge Díaz, Antonio, 249.
Josefo, F., 25 1.
Jove Augusto. 166.
Jovi Candomio, Jovi Lúdico, 153.
Juan, Sun, 203, 285.
Juan Crisóstomo, San, 257, 266, 267,

268.

,

Jalda, 120.

Júcur, 207.

Jugulio, 131. 309.

Julián, Monte de Sun, 83, 95.
Juliano el Apóstala, 251, 292, 303.
Julio Cereal, 106.
Julio Obscqtiens, 46, 48.
Junio Bruto, 17, 21, 37, 38, 77.
Junio Siluno, 15.
Junius, 37.
Junta S. de Excavaciones, 30.
Júpiter, 80, 152, 153, 221, 298.
Justino. 89, 116, 153, 243. 276, 277.
Justo, 217.
k a ssit prides, 16, 47.
kerignui Pelrou, 224.
kirschbutim, 175.

309.
Imperio Macedónico, 252.
Imperio Universal, 274, 275.
Indalecio, 199.

scriptoru lutinorum, M. E.,

199.
India, 212.

Inglaterra, 71.
Inocencio I, Papa, 224. 225.

Instando, 191, 293, 295, 296,
Invención o descubrimiento, 184.
Ireneo, 212, 291, 292.
tria, 178, 184, 195, 196, 233.
Iria Pluvia, 123, 124, 148, 196, 220,
233, 302.
Irminsol. 79, 80.
Isidoro, Sun, 65, 67, 89, 95, 98, 99,
109. 143, 203, 204. 207. 264, 286, 291.

Islas Brilánicus, 46, 47.
I lucio, 285, 288, 291, 293, 294, 295.
I lacio de Osnnobu, 285, 293, 294, 295.
ltaliu, 112. 141. 224, 262, 287, 291.
Itinerario de Antonino, 35, 36, 65,
112. 113, 232. 234.
Itinerario de Egcriu, 264, 266.

Juan de Comba. 156.
Juan de Buyón, Sun. 235.
Juana de \ egu, 57, 273, 275.

-

lude/,

323

LA GALICIA ROMANA

knrnrmunn, 106.

krappe, 186.
künstle, 286.
Lubaeeitgos. 122, 121.
Lubin. J. M., 72.
Lacroix. 30, 282, 283.
Lafiiente Alcántara, 111.

v

_

Lugo, 235.
Lagodio, 262.

balín, 126.
Lambert, 187,
Lamas de Moledo, 117, 133.
Laucara. 235.
Lancia, 98, 1 14.
Luncienscs, 1 14.
Lundrove, 235.
Lanzudo, 145, 249.
Lupuciagos, 122, 124.
Laredo, 235.
Lares, 155.
Lares Compítales, 161.
Lures Domésticos, 161.
Lures Viales, 155.
Luroco, 152.

Latino Pucuto Drepanio, 233, 310.
Latroniano, 191, 288, 296.
Laiirenlum, 141, 269.
Lccterq Boucher, 253.
Lcgulus Angustí, 300.
Legión VII Gemina, 98, 108.
Leite de Vusconcellos, 26, 31, 1 14, 156,
306.
Lrnmbo, 166, 251.
Lcmuvos, 123, 134.
Lentos, 124, 126, 166.
Lenliculu. 248.
Leocadia, Sarita, 217.
León, 74, 89, 94. 99, 106, 109, 111,
213, 233, 242, 286, 297, 300.
León XIII, 177.
León. Pseudo, 197.
Leónidas, 97.

Lépido. 34, 35, 36, 67, 99.
Lérez, 58, 1 17.
Lelhco, 30.
Let lies, 30.

Lex Concilii Provinciae Narboncnsis,
162.
Ley de lus Doce Tablas, 231.
Liber Aprologetium, 273, 274.
Liber Pontificulis, 262.
Liber Suiicti Jacobi \Culixlino), 199.
Liceo, 152.
Urbana, 194, 202.
Lieju, 174.
Linda, 27, 29, 30, 31, 18, 91, 110, 118,
0‘1't líO
L¡ i
29, 118, 128.

ni eos"

Limidorio, 213.
Lino, 248.
Lion, 164.
Lippold, V, 276,
Lisboa, 52.

278. 283.

326

LíA io, 38.

Maciñciru, F., 121, 237.

Loca Muritima, 234, 238.

Mucmiu, 33.

Lot, F„ 215.
Loiro, 139.
Lope de A cga, 282.
López Cancdu, R., 285, 286, 289, 290,

291.
López Cuevillus, F., 27, 63, 114, M5,
116, 117, 118, 119, 120, 121, 122, 123,
121, 125, 128, 132, 133, 134, 135, 151,
152, 153, 155, 156, 157.
López Ferreiro, \., 175, 177, 179, 180,
197. 209, 232, 285, 289.

López García, J., 29.
Luantos, 119.
Lu bengos, 119.
Lucano, 306.
Lucas, S., 22 1.
Luccnscs, 112, 134, 165.
LUCí, 235.
Lucio Calpurnio Pisón, 311.
Lucio Cornclio Bulbo, 19.
Lucio Domicio Silón, 310, 311.
Lucio Emilio Lépido, 72, 99.
Lucio Escevu, 51, 54.
Lucio Eluvio Severo, 310, 311.
Lucio Helio Floro, 250.
Lucio Pompcyo, 135.
Lucio Pompcyo Reburro, 252.
Lucus Angustí, 74, 79, 80, 123, 163,

233.

Lug, 79. 156, 162, 163.
Lugdunum, 162, 164.
Lugi, 29.

Lugo, 60, 74, 76, 79, 80, 81, 87, 88, 91,
95, 134, 145, 147, 154, 156, 157, 163,
164, 165, 167, 221, 224, 297, 298, 299,
300, 301, 302, 305, 314.

Lugovcs, 155, 156.
Lupurio, 235.
Lusitunu Provincia, 293.

Lusituniu, 22, 24, 26, 36, 45, 18, 62, 66,
67, 71, 75, 76, 88, 90, 91, 95, 98, 99,
103, 104, 105, 107, 109, 111, 171, 293,

299.
Lulia, 33.

Luxurio, 213.

Luzon Nogué, 244.
Lymcn, 238.
Mucedonio, 287, 295.
Macedouiunismo, 259.
Macedóuicu, 75, 87, 105, 106.
Mucías García, 114, 118, 128, 134,

232.

LA GALICIA ROMANA

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Mugilo, 311.
Magister officiorum, 261, 287, 295.

Mugistri Lurium \ugustulium, 160.
Mugistri Yicorum. 160.
Malmesbury, 202.
Malla, 224.
Maluuucr de Motes, 41.

I

Mumiluni, 222.

Mancino, 23.
Manes, 156, 157, 291, 293.
Mangas, Julio, 153.
Munsíones, 231.
Munum, 157.
Mañanes, T., 244.
Múñate, 235.
Mar Británico, 201, 211.
Mar Cantábrico, 72, 113, 114, 250.
Mar Océano, 264, 270.
Murhod, 72.
Marcelo, Claudio, 72.
Marcial, 118, 135, 213, 243, 252.
Marco, Filipo, 68.
Marco Antonio, 33.
Mareo Aurelio Antonino Pío, 230.
Murco Eluvio Calino, 166, 252.
Marco Flavio Sabino, 134, 135.
Murco Julio Screniano, 166, 251.
Marco Lieinio Craso, 311.
Murco Ulpio Reburro, 251.
Múreos, 212, 291, 292, 293.
Marchei Li, M., 29. 67, 71, 104, 106,

107.
Muría, 67, 256, 261.
Muría, Santa, 155, 193, 120, 235, 237,
305.
Muriuna, Juun, 209,
Mariniano, 252, 287.
Murió, 45.
Mario Curdoso, 34.
Murmaricu, 207, 208, 210.
Murmor, 208.
Murmóricu, 207, 208.
Murmoros, 208.
Marte, 23, 26, 28, 29, 32, BB, 153, 166.
Marti Augusto, 154, 166, 236.
Marti Tileno, 154.
Marliae íFurclos de Marcián), 233.
Murlín, San, 53, 54, 151, 183, 220.
Murlin de Dundo, Sun, 151, 215, 225,
307.
Martin Dumiense, San, 151, 207, 215,
225, 226, 307.

Martirologio Jeronimiuno, 201.
Martirologio de Lion, 191, 206, 211.
Murtirologio de Lyon, 201, 206, 211.
Marlyrologium Romanum, 200.
Masdeu, F., 31, 51, 60, 61, 70, 92, 251.
Masso, E., 156.
Matamoros, 190.
Matama, 235.
Maleo, San, 212.
Materno, 135, 252.
Matres, 155.
Mauregalo, 202.
Mausoleo, 171, 219.
Máximo, 253, 287.
Máximo, Magno Clemente, 253, 262,
287, 280, 295.
Muzos, 235.
Meca, 173.
Medallas Consulares, 30.
Medaño, 135.
Medelo, 94.
Medina, 21.
Medina de las Torres, 134.
Mediterráneo, 71, 72, 105.
Mcdorra, 233.
Mcdulus, 91, 92, 93, 94, 96, 97. 234,
242, 243.
Medulio, 19, 64, 65, 82, 83, 91, 92, 94,

í

95 225.

Medulium Minio Flumini, 89, 91.

Meillel, 89.

Meira (Sierra de), 90.
Meixido, 38.
Mela, Pomponio, 65, 118, 119, 120,
121, 122, 123, 124, 167, 170.
Melide, 126.
Melio, 13 4.

Melon y Ruiz Gardejuela, 104.
Valle de, 107.
Mendoya, 115, 235.
Menéndez Peluyo, 285, 289, 290.
Mena,

Menéndez Pidal, 51, 108, 115, 149,
281.
Menfis, 291, 292.
Menorca, 271.
Mera, 120, 221.
Mercurio, 154, 304.

Mcrgelina, C., 32.
Méridu, 88, 95, 98, 99, 193, 213, 293,

302.

I

Meseta, 25, 31, 32. 36, 123, 259.
Meseta Castellana, 258, 259.
Meseta Central, 67.
Meseta \orle, 61, 74, 75, 259.

327

Mesiu, 255.

Mesopotamia, 266.
Mclulla, 240.
Metelo, 48.
Metropolitano de M crida, 288, 293.
Mczonzo, P., 174.
Migne P. L. 210, 212.
Miguel, San, 155, 233.
Milán. 109, 287, 295.
Miliurios. 230.
Milium, millo, 248.
Millán, 1„ 93.

Millán González Pardo, I., 93, 94, 156,

240, 243.

Mina de Mouros, 243.
Minería, 239.
Minerva, 154, 305.
Minium, 88, 89, 90.
Miño, 28, 31, 32, 33, 34. 39, 42, 43, 53,
65, 66, 75, 77, 79, 82, 83, 84, 85, 86, 87.
88, 89, 90, 91, 92, 94, 103, 120, 238,
302, 303.
Miño portugués, 120, 233.
Mispoulel, 104, 106, 107.
Mitologiu romana, 17.
Mitra, 152.
Mouñu, 229.
Molinu, Licenciado, 297.
Mommsen, T., 24, 31, 45, 108, 137,
247, 280, 283.
Mondariz, 142.

Mondego, 120.
Mondéjur, Marques de, 209.
Mondoñedo, San Martín de, 222.
Montarte de Lemus, 124, 134, 137,
166, 251.
Montaluo, 231, 232.
Monte de S. Julián, 82, 83.
Monte de San tu Tecla, 46.
Monte Herminio, 50, 51, 53, 54, 77.
Monte Medelo, 94.
Monte Medulio, 18, 64, 65, 82, 83, 84,
85, 86, 87. 88, 91, 94, 95, 96, 98, 100,

279. 281, 301.

Monte Real, 52, 54.
Monte Ventoso, 81.
Monte V indio, 73, 74, 81, 82, 83, 84,

85, 92, 97, 98.

Montcugudo, L., 90, 121, 124, 232,

233, 237.

Montoalegrc, 41, 116.
Montefurudo, 242, 243, 244, 301, 314.
Montero Díaz, S., 264, 279, 282.
Monterrey, 118.

i

328

CASIMIRO TORRES RODRIGUEZ

Monies de León, 94, 233.
Montea NiveoB, 98.
Montserrat, 201.
Monumenta, G. H., 110.
Moralejo Laso, A., 114, 115, 118, 122,
123, 124, 213, 232, 234.
Morales, A., 188, 209.
Morin, G., 265, 289.
Morum, 249.
Moscóforo, 304, 306, 307.
Mosquera, 297.
Motes Malúquez, 41.
Mourazos, 148, 305.
Müller, 90.
Munda, 68.

Municipium, 140.
Münzer, 35, 36, 42.
Muralla de Lugo, 81.
Murguia, M., 54, 80, 92, 96, 121, 135,
157, 237, 263, 286, 289, 290.
Muradela, 305.
Murorum ambitu, 301.

Museo Arqueológico de Belém, 39.
Museo de Cástrelo (Vigo), 154.
Museo de Lu Coruña, 239.
Musco de Lugo, 239, 305, 310.
Museo de Orense, 39, 113, 128.
Museo de Pontevedra, 26, 33, 154,
239.

Musco de Viana do Castelo, 38, 42.
MUBCO Diocesano de Lugo, 305.
Museo Etnográfico de Lisboa, 23, 40,

42.
Nahún, 202.
Nally, 204.

Napoleón, 51, 160.
Narbona, 111, 162, 164, 167.
Narbonense, 162.
Narcea, 244.
Nasica, 48, 50.
Naliones, 401.
Naturalis Historia. 41.
Noven, 156, 233, 235.
Navio, 97, 114, 156, 233.
Ncbridio, 254, 255, 256, 257, 261, 263,
266, 267, 268, 292.
Necrópolis, 181, 207, 220.
Neirn, 235.
Némesis, 35.
Nemetatos, 119.
Nemetobriga, 115, 233.
Nepote, Cornelio, 42.
Nerión, 121, 122, 123, 124.
Nerón, 140, 233.

LA GALICIA ROMANA

Oporto, 48, 155.
Oppidu, 147.

Nicomaco Flaviano, 259.
Nocelo de Pena, 118, 128.
Nortes Alicae, 49.

Orbe, A., 285, 286, 289.
Orense, 60, 113, 145, 175, 200, 234,
236, 302, 306.
Orfco, 304, 306.
Oriente, 32, 50, 66, 83, 84, 159, 170,

Noche, 178.

Noega, 168.
Noega Asturiana, 168.
Noega gallega, 168.
Norbano Flanco, 68.
Norica, 74.
Noroeste, 74, 153.
Noroeste de Espuña, 74, 153, 161.
Noroeste de Europa, 244.
Norte de 1a Península, 74, 104, 111,
251, 299.
Norte de Portugal, 95, 145, 215, 249,
256, 264.

Norte del Duero, 41, 48, 105.
Noticia de los Apóstoles, 205.
Noticias de las Excavaciones, 178.
Notitia Dignitatu, 108, 109.
Nova Citerior Antonianio, 107.
Noya, 168.
Numanciu, 25, 37, 43, 45, 63, 70, 75,

93. 110, 284.
Numidia, 213.
Nux, 248.

181.

*

Orniucos, 115.
Oronles, 26.
Orosio, 25, 26, 27, 28, 29, 56, 61, 63,
64, 65, 68, 72, 73. 74. 80, 81, 83. B5, 86,
87, 08, 95, 97, 109, 110, 210, 214, 225,
226, 247, 256, 264, 298, 299. 309.
Ore, Alavuro, d\ 106, 108, 112, 114,
157, 159, 246, 314.
Orlegul, 60, 122, 124, 302.
Orlelo, 92.

Ortigio, 213.
Ortigueiru, 120, 122, 221.
Ortu el Obitu Patrum, 203, 206, 207.
Osa Mayor, 120, 122.
Osio de Córdobu, 262.

Osuna, 4.

Otero Pedrayo, R., 286, 289.
Outeiro de Bailar, 132.
Outeiro de Pazos, 132.
Ovidio, 25, 26, 28. 37.

Obispo Aguirre, 167, 298.
Obispo Aguirre, Puerta del, 298.
Obispo Izquierdo, 298.
Obispo Odoario, 303.
Obispos, 296, 307.

0\ idio, Sunto, 39.
Oxyrhinco, 25.
Pablo, 224, 285.

Objecciones, 428.
Obras Públicas, 574.
Obscquens, 42, 48.
Occasum Mundi, 204, 205.
Occidentalium Locorum, 204, 205,
264.
Occidente, 50, 55.
Océano, 29, 31, 32, 34, 37, 53, 74, 75,
80, 83, 84, 90, 95, 104, 149, 159, 181,
249, 265, 271, 304.
Océano Cántabro, 256.
Océuno Galaico, 135, 249, 252.
Odoario, 303.
Odón, 201.
Olimpia, 267, 268.
Olimpiadu, 267, 268.
Olímpico, 267.
Olimpo, 152, 267.
Olivo, 199.
Olivuria, Olivetum, 249.
Olvido, 48.
Omaya, 244.

285.
Pucoro, 26.
Pactos de Hospitalidad, 309, 311.
Padrón, 133, 153.
Puio de Meixedo, 38.
Palucurnos, 239, 242.
Paludio, 267, 268.
Pulagas, 239, 242.
Palas de Rey, 143.
Palutium, 143, 144.
Patencia. 34, 36, 109, 111.
Palestina, 186, 224, 226, 263, 266, 271.
Pallunliu, 36.
Pangeo, 152.
Punjón, 145.
Panonia, 207.
Punsa, 48.
Parada de Oteiro, 145.
Paret, 285.
Paribcni, R., 68, 255.
Parma, 98.
Parther y Pinder, 232.

Pablo, Sun, 199, 212, 224, 227, 278,

329

Pasaxe, 31.
Pascua, 265, 301.
Pasionurios, 193, 217.
Pusinurios de Cardona y Silos, 193,
217.
Passio Sulurnini, 193, 217.
Pastor, 217,
Paterculo (Veleyo), 25, 37.
Paterfumilias, 160.
Pauly - WíSSOHU, 36.
Paulo Fabio Máximo, 76, 80, 81, 84,
99.

Paulo Orosio, 269.
Paya Rico, M., 175.
Peures, 79, 82. 238.
Pedrcl Casudo, P., 286, 289, 290.
Pedro, San, 120, 183, 199, 227, 285.
Pedro, Sun {Lugo), 120, 297.
Pedro de Mczonzo, San, 174, 179, 183.
Pedro Diácono, 264.
Pcláez, D., 185.
Pelugio, 195, 196, 256, 274, 275.
Peniche, 51, 52.
Península, 74.
Pcntulia, 266.
Pentilio, 114, 311.
Peña Rubia, 90.
Peña Ubiilu, 73, 74, 81, 97.

Peregrinaciones, 264.

Pérez de Urbel, Justo, 186, 193, 194,
202, 261, 201.

Periocbu, 64.

Perpenu, 48.

Persicum, 249..
Pcrusu, 68.
I'ésico, 114.
Pésicos, 11 4.
Pctavio, 259, 262.
Pctuvoni, 115, 233, 286.
Petuvonium, 233.
Pelin, 236.
Pétré, II., 264, 265.
Petreyo, 66, 67.
Petronio, 141.
Pclronum, 153.
Pexigo, 248.

Piazza \rgentinu, 41.
Pico Suero, 153.
Picos de Europa, 74, 81, 97.
Picol, 108.
Piedra Fita del Cebrero, 97.
Pirineos, 292.

Pirum, 248.
Pistoya, 174, 177.

330

CASIMIRO TORtlES RODRIGUEZ

Pisuerga, 77, 79.
Piadla, 255.

Plinio Segundo, Cayo, 24, 26, 27, 34,
35, 36, 42, 43, 53, 77, 83, 84, 99, 105,
110, 111, 113, 114, 115, 116, 117, 118,
119, 120, 121, 122, 123, 124, 128, 130,
167, 168, 169, 241, 242, 243, 245, 249,
312.

PLM, 224, 271, 295.
Plutarco, 25, 45, 49, 50, 60, 277.
Poemana, 156, 298.
Polemi Silvii Laterculus, 108.
Polibio, 63, 274, 277.
Polión, Asinio, 48.
Polis, 127, 128, 140.
Polux, 190.
Pomures, 144.
Pompeya, 474.
Pompeyo, 66, 67.
Pompeyo Reburro, 113.
Pompeyo T rogo, 243, 275, 277.
Pomponii, 227.
Pomponio Melu, 168.
Poncio Severo, Quinto, 477.
Ponferruda, 92, 234.
Ponte Naviae {Gatín), 233.

Ponleven 236.
Pontevedra, 52.
Pontífices, 231.
Porfirio, 65, 110.
Porta Nigra de Treveris, 191, 295.
Pórtela, 234.
Pórtela de Home, 233, 234.
Pórtela Valladares, 186, 191.
Porto, 235.
Portugal, 71, 75, 77, 104, 117, 222.
Portus Arlubrum, 120, 237.
Portus Blendius, 77.
Posidonio, 90, 120, 121, 241.
Polumio, 296.
Potcnliores, 147.
Praeses, 108, 111.
Pruesidium, 233.
Praxiteles, 42.
Predicación de Santiago en Galicia,

202.

Prefecto del Pretorio, 254, 255, 263,

292, 306.

Prefectura de las Galios, 107, 300.
Prefectura de Oriente, 255, 256, 292.
Presura, 142.
Prisciliuno, 191, 192, 193, 215, 226,
273, 284, 293.
Privilegio de Gelmirez, 185.

Procla, 266, 287, 295.
Procula, 192.
Promontorio Nerio, 121, 122.

Próspero de .\quitania, 22, 32, 225,
282, 286, 289, 295, 299.
Provincia de Oriente, 263.
Provincia Gallaecia, 105, 106, 107,
109, 111, 112, 252, 253, 258, 259, 262,
269, 299.
Provincia Nova Antoniniona, 299.
Prudencio, 225, 226.

Priincum Abruño, 248.
Plolomeo, 65, 90, 113, 114, 115, 116,

117, 118, 119, 120, 121, 122, 123, 124,
128, 130, 168, 169, 237, 238.
Publio Craso, 45, 46, 47, 50.
Puebla de Brollón, 235.
Puebla de Trives, 156, 235.
Pueblo de Dios, 266.
Pueblo Romano, 74.
Puente Amelas, 233.
Puente Bibcy, 116, 223, 314.
Puente de la Cigurrosa, 113, 128, 236,

252.

Puente de Chaves, 115, 116, 117, 118,

119, 314.

Puente
Puente
Puente
Puente

Domingo Flórez, 236.
Limia, 233.
Navea, 233, 234, 236.

Viejo de Orense, 234, 235.
Puentes, 231, 235.
Puerto Nueva, 298.
Puerto de Cundanedo, 153.
Puerto de los Galaicos Lucenses, 237.
Puerto Marín, 235, 302.
Pulquería, 261.
Purgatorio, 157.
Pusina, 134.
Quarcernos, 119.
Qucizus, 234.
Quentin, H., 198, 204.
Questor, Sacri Palatii, 287.
Quintanas, 144.
Quinlunum, quintana, quinta, 144.
Quintas, 144.
Quinto Fabio Máximo, 67, 76, 80.
Quinto Porcio Severo, 251.
Quinto Servilio Cepión, 38, 45, 18, 21,
22. 23, 38, 45.
Quiñones de León, 306.
Quirogu, 220.
Rubunul, M„ de, 73, 74, 81, 97, 98.
Rumcnlusu, 456
Ramos Losccrtalcs, 286, 294, 310, 313.

LA GALICIA HOMAN A

Ravenate, 168, 169, 236,
Raymond, 278, 283.
Reburro, L. P., 113, 134.
Reburro, M. U., 134.
Recia, 74.
Reckiario, 150, 214, 215.
Rector, 301.
Rcíeruntur, 22
Religión, 151.
Remo, 153.
Rondel llurris, 186.
Res Gesta!, 160.
Revista de Guimaraes, 34, 232.
Rebue llispuniquc, 33, 183.
Reyes, 188.
Reyes de Custillu, 188.
Rheu Silvia, 154.
Rhin, 74, 106.
Ria de Suunccs, 77.
R íu de V igo, 51, 117.
Rías Bujus, 59, 80, 118.
Riazor, 56.
Ribadclouro, 236.
Ribadeo, 232.
Richard de S. Víctor, 202.
Riese, A., 232.
Rioburdo, 235.
Riofrío, 235, 236.
Roberto, 174.
Robleda, 240.
Roduno, 264.
Rodrigo Ovcquir, 302.
Rodriguez de Castro, 263.
Rogulio Pluulia, 49.
Rojo, M., 261.
Roma, 22, 41, 45, 48, 52, 57, 61, 66, 67,
70, 80, 100, 112, 113, 127, 128, 130,
137, 140, 149, 150, 173, 224, 247, 266.
Romanización, 131, 149.
Romano, 253, 282.
Romuris, 143.
Romero Posse, E., 285.
Romischc Geschichle, 137.
Rómulo, 153.
Rossbuch, O., 38, 64.
Rosendo, San, 200.
Rosmithul, 188.
Rossi, 227.
Rotomagcnscs, 200.
Rúa de Petín, 113.
Rúa de Valdeorras, 135.
Rubias, 39, 40, 41, 42.
Rufino, 261.
Rufo Festo, 37, 45.

331

Ruina Montium, 243.
Ruiz Bueno, D., 267.
Russel Cortez, 159.
Suuvedru, 232.
Saburís, 143.
Sabino, 68.
Sabucedo, 62.
Sado, 220.

Sagunliu, 4.
Sagunto, 75, 284.
Suhagún, 108.
Salaeiu, 119, 233,
Salados, 119.
Salnniuna, 233.
Sulustio, 48.
Sulviano, 293, 294, 295.
Salbinu. 254, 256, 257, 261, 266, 267,

268.
Sampaio, A„ 124, 133, 138, 142, 144,
145, 146.
Sampayo, A., 124, 133, 138, 139, 140,
143, 144, 236, 249.
Sun Mamed, 82, 83.
San Miguel de Onlcgo, 235.
San Román, 235, 236.
Sánchez Albornoz, C., 71, 103, 104,
106, 107, 111, 159, 163, 165, 186, 187,
190, 194, 202, 281, 309.
Sánchez Freire, T., 175, 189, 192.
Sánchez Pulenciu, F., 244.
Sanclerncnlc, Juan de, 175, 177, 188.
Sandiancs, 233.

Suntu Compañu, 157.
Santa María, 220, 305.
Santa Tecla, 31, 32, 33, 34, 47, 48, 132,
305, 306.
Santiago, 175, 176, 187, 190, 193, 196,
211, 220.
Santiago de Compostela, 153, 168,
173.
Santiugo el Mayor, 193, 196, 226.
SanLiago el Menor, 196.
Santiago Matamoros, 190.
Sarcófago de Temes, 220, 304.
Sasamón, 72, 73.
Saturnini pussio, 193, 217.
Schcpps, J., 273, 285, 286, 289, 295.
Sehullen, 27, 36, 42, 45, 51, 57, 63, 64,
67, 70, 72, 74, 75, 76, 82, 83, 86, 90, 94,
95, 116, 124.
Schwartz, 18.
Segisama, Julia, 72, 73, 74.
Segobriga, 33.
Segoviu, 109.

332

Seguí Vidal, 272.
Segundera, 82, 84.
Segundo, 199.
Segutinm, 239.
Sellu, 104, 108, 109.
Seminario de Estudios Cerámicos, 9.
Sempronio Perpetuo Orniaco, 311.
Senario, 37. 42. 43, 64, 74, 103, 104,
111.
Sepulcro de Santiago, 174, 184, 187,
195.
Sepulcro del Apóstol, 174, 184.
Serapis, 152.
Sereniano, Marco Julio, 166.
Serena, 256, 259, 260, 261.
Serie Homunu, 33.
Sertorio, 48, 67.
Servio, 48.
Seslio, 167, 225.
Scxilla, 207.
Scxlius, 169
Sexto Pompey, 67.
Sien lo, D., 10
Sierra de Barroso, 117.
Sierra de la Estrella, 30, 51, 52, 53, 84.
Sierra de Lu rouco, 117, 152.
Sierra de Meira, 90.
Sierra de Queixa, 126, 302.
Sierra de San Mamed, 84, 126.
Sierra Morena, 103.
Siete Varones Apostólicos, 197, 198.
Sigileiro, 235.
Sil, 75, 77, 79, 82, 89, 90, 91, 92, 94.
113, 233, 238, 242.
Siluno, 310.
Silio Itálico, 18, 65, 119, 120, 306.

Siha Días, J. L., 39.
Silvano, 111.
Silvinu, 266, 268.
Simposio, 213.
Sinui, 265, 267.
Sinoga, 156.
Siria, 254, 263.
Siscia, 259, 262.
Siscbuto, 208.
Siseando, 178. 179.
Sobrado de los Monjes, 144, 305,
Sócrates Escolástico, 256, 261.
Sófocles, 31.
Sogu y Tizón, 175.
Sol. 32, 34, 35.
Solidus Aureus, 244.
Somosicrru, 109.
Soriu, 109.

Statilio Tuuro, 68.
Slilicon, 261.

-

Suárez Campeio, M., 178, 196.
Suetonio, 49. 61, 73, 162, 164. 166,
277, 278.
Sulpieio Severo. 191, 192, 252, 286,
287, 289, 290, 291, 294, 295, 296.
Suintila, 208.
Supertamuricos, 124, 169.
Salina, (isla), 191.
Symuco, 252.
Syme, 171.
'Tuboada, 236.
Tuboada Cliivile, 40, 131, 133.
Tabula Pentingcrinnu, 169.
Tácito 64, 167, 277, 278.
Tajo. 23.
Tulobrigu, 35.
Tumugunos, 119.
Tumuguelos, 234.
Tambre, 50, 79, 167,
Tumegu, 118, 119.

Tamegunos, 119.
Tánger, 108,

Tántalo, 23, 21, 38.
Turazonu, 33.
Tarraconense, 105, 107, 109, 110, 111,
272,

Tarragona, 76, 78, 80. 105, 134, 135,
1 48, 164, 165, 166, 201, 251, 25 2, 269,
299, 300, 302.
'Tauro, 275.
Tauro Statilio, 68.
Taxus, 86.
Tcbuidu, 266.

Teda. 27, 32,

m

1. \ GALICIA IIOMWA

CASIMIHO TOlUtES HODIUGLEZ

48, 77, 156, 305, 306.

Tejada, H., 294.

Teleno, 94, 154, 242.
Temes (Curballido), 220, 304.

Tcodomiro, 174, 178, 182, 183, 184,
187, 189, 191, 192, 195, 196, 197, 201,
202, 210, 211.
Tcodorcto de Ciro, 260.
Tcodorico II, 214.
Teodoro, 175, 187, 196, 198, 200, 211.
Teodosio, 253, 254, 255, 256, 257, 258,
259, 261, 262, 265, 267, 279. 287, 291,
aun

Tera, 1 1 1.
Tereneio Varrón, 72, 157.
Teresa de Portugal, 113.
Termunciu, 261.
Termopilas, 97.
Terra ignota, 71, 76, 99, 104.

Terra relegatu, 1 42, 148, 149, 299.
Tertuliano, 212.
Tertulios, 296.
Tesulóuica, 259.
Tesifoule. 198, 199, 200.
Tetamancy Gaston, F., 237.
Te Ira rea, 204.

Thiel. 111.

Thompson, 281.

Tiberio, 33, 65, 72, 105, 166.
Tillaros, 115.
Tieldoiies, 2 18.
Tiers, 173.

Tierra de Campos, 109.
Tierra Santa, 214, 224.
Tillego, 310.
Timalino (Campo de Arbol), 233.
Tines. 220.
Tingituna, 108.
Tingilera. 120, 170.
Tirso de Guimarues, San, 78.
Tirso de Oleiros, Sun, 220.
Tito, 233.
Tito Uvio, 23. 38, 64, B5, 86, 152, 277.

Toledo, 202, 286, 310.
'Tomás, Sto., 285.
'Toral de los \ ados, 236.
Torcuuto, 198.
Toribio, Sto., 214, 268,
'Turriles, 36.
Torre de Alvares, 236.
Cubrcru, 310.
Torre de Cumbu, 175, 188.
Torre de Hércules, 56, 88, 225, 236,
279, 301.

Torre de Santa Marinu, 236.
'Torres Kodríguez, C., 28, 57, 68, 71,
75. 82, 83, 88, 95, 104, 106, 107, 109,
111, 122, 159, 161, 169, 207, 214, 251,
261, 262, 266, 268, 279.

Tres Nu nus, 2 11).
Trcxeris, 191, 286, 288, 295, 296.
Tributos, 112.

Tributuin qudragessimale, 309.
Tridiuvos. 111, 310, 311, 314.
Trigund» (Turagofla}, 234.
Trimulquión, 141.

Trinidad, 212.
Trinidude, ¡M.* J., 145Trilicum, 218.
Triunvirato, 66.
Trives, 82. 115, 152, 233.
Trogo. 281.
Tua. 118.
Tude (Tuy), 74, 118, 233.
Tuerto, 244.
Tumbo, A., 174, 180, 195, 209.
Turusio, 311.
Turienzo, 244.
Turoqua (Touróni. 233, 302.
Turpin, 185.
Tutelus, 155.
Tuv, 3 4, 43, 48, 53, 74, 77, 95, 235,
236, 302.
Tyde, 43, 48.
U biíiu, 73, 74, 220.
Ulpio Heburro, M., 38.
Citerior, 23, 28, 46, 49, 67, 71, 75, 101.
104.
Ulteriores Gallueciae Partes, 83, 95.
Ullu. 58, 79. 153, 256, 263.
Unamuno, M., de, 186, 191, 286, 291.
Urbe!, J. Pérez de, 186, 193.
Urci, 199.
Urali, 272.
\ actual, 292.
A aceos, 13.
A ul de Godos, 1 12, 243.
A al de Jarres, 113, 252.
Valdeorras, 82, 113, 114, 128, 152,

Tortosa, 33.
Toril, 201.
Touriitún, 121, 169.
Tourón, 169, 133.
'Tours, Gregorio de, San, 225, 282.
Traciu, 255, 258.
Tractalus, 285, 286, 289, 290, 294,
295.

233. 244, 252.
Vuldomiz, 143.
A aldueruu, 243, 312.
A uleneiu, 38 42, 113, 243, 253.
A alente,