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COl/sEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS
INSTITUTO DE ARQUEOLOGIA Y PREHISTORIA
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ORO Y LOS

AURí FICES.

Es sabido que las joyas protohistóricas abundan mucho en el nor¬
oeste hispánico. En los ajuares funerarios, entre las ruinas de las ha¬
bitaciones de los castros y, sobre todo, en escondrijos que a veces, por
el material acompañante, demuestran ser de aurífices ambulantes, se
tienen encontrados diademas, collares, brazaletes y arracadas, hechos
casi siempre en oro y pocas veces en plata o en otros metales, habien¬
do aparecido también, aunque con mucha menos abundancia, objetos,
como vasos de pequeño tamaño, y hasta un peine, no dedicados al
adorno personal, pero fabricados asimismo en oro. El número y la
riqueza de los hallazgos y el trabajo verdaderamente delicado y artís¬
tico de algunas piezas evidencian la existencia de una industria joyera
activa y original, y dueña en sus últimos tiempos de una técnica ade¬
lantada y cuidadosa.
Creemos que el florecimiento de esta industria, que se inicia ya en
los comienzos de la época de los metales, debe atribuirse de un modo
principal a la abundancia y fácil explotación de nuestros aluviones
auríferos. El Sil y sus afluentes, y otros ríos de la región del noroeste
peninsular, arrastran aún hoy cantidades apreciables de oro, y puede
afirmarse que sus arenas fueron beneficiadas desde bien temprano, y
que el metal recogido se empleó, en gran parte, dentro del país, en la
fabricación de joyas, adornos y útiles suntuarios.
No sabemos hasta qué punto este oro de nuestra región pudo con¬
tribuir a la fama de Tartessos como emporio del comercio de los me¬
tales y a la formación de leyendas, como la del incendio de los bosques
hispánicos, que funde y obliga a salir a la superficie el oro y la plata
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que la tierra contenía (1), y aun quizá a la creación de mitos, como el
de las áureas manzanas del jardín de las Hespérides ; pero si, como se
cree, tales leyendas tuvieron su origen en el comercio tartésico de los
metales preciosos, es más que probable una aportación de los países
del Noroeste, pues en el poema Ora Maritúmp; (2) consta que los co¬
merciantes tartesios navegaban para negociar hasta los términos de la
Oestrímnida, que en este caso tiene que ser identificada con Galicia y
no con la Bretaña francesa, como hacen algunos comentaristas, pues
siendo ambas conocidas en dicho poema con el mismo nombre (3), no
es lógico suponer que aquellos comerciantes fueran hasta Bretaña a
adquirir estaño, atravesando un mar peligroso y dejando detrás de sí
una tierra, como la gallega, muy rica en el metal buscado y rica tam¬
bién en algo tan ambicionado como el oro.
Por otra parte, nos informa Estrabón (4) que los fenicios de Cá¬
diz, sucesores de los tartesios en su comercio, monopolizaban el de las
islas Casitérides, islas que, por otra parte, incluye en la descripción de
Iberia y sitúa al norte del Puerto de los Artabros, y que los romanos
sólo empezaron a frecuentar después de la expedición marítima por
las costas gallegas del procónsul de la Ulterior, Publio Craso, ocurri¬
da entre los años 96 a 94 a. de J. C., indicando claramente estas noti¬
cias cuáles eran las costas a que en busca de nuestros metales, con pre¬
ferencia estaño y de seguro oro, arribaban los mercaderes tartesios.
Pero ni las expediciones mercantiles de estos navegantes, ni las de
sus sucesores fenicios, tuvieron otras resonancias literarias que las que
con dificultad pueden percibirse én los mitos y leyendas a que antes
nos referimos, y es necesario aguardar a los años posteriores al 138
antes de Jesucristo, fecha de la expedición de Décimo Junio Bruto a
las comarcas del norte del Duero, para encontrar datos más precisos
acerca de los yacimientos y de los métodos de extracción de nuestro oro.
Aparecen estos datos en la Geográfica y en aquellos lugares (5)
en que Estrabón, valiéndose de textos de Posidonio y de Polibio, se
(0 Posidonio, in Estrabón: Geográfica, III, 2, 9.
(2) Verso 113: in Schulten: Fontes Hispanice Aniiquac, fase. I.
(3) Versos 154 a 157.
(4) III, 5, 11.

(S) III,

6

2, 9,

y III,

2, 10.

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JOYAS CASTREÑAS

ocupa de la riqueza minera de la Hispania. Deteniéndose en la descrip¬
ción de las minas de Turdetania y de las cercanías de Cartagena, habla
de las profundas galerías que se abrían en las primeras y del procedi¬
miento que allí se empleaba para achicar el agua de las corrientes sub¬
terráneas, y al ocuparse de las segundas, afirma que en tiempo de Polibio se emplazaban en una superficie de 400 estadios, y que trabaja¬
ban en ellas 40.000 obreros, dando curiosos detalles sobre la técnica
usada para separar la plata del plomo. Pero al referirse a los yaci¬
mientos gallegos (6) se limita a tomar de Posidonio la siguiente no¬
ticia :
“Entre los ártabros, que viven en la extremidad de la Lusitania,
hacia el Ocaso y el Septentrión, tiene el suelo eflorescencias dfe plata,
estaño y oro blanco, que es oro mezclado con plata. Estas tierras son
arrastradas por los ríos, y las mujeres, después de amasar las arenas,
las lavan en recipientes tejidos en forma de cestos”.
Contrasta el primitivismo de este modo de beneficiación con los
mucho más complicados, y aun mecanizados, que regían en el sur y
sudeste de la Península, donde la acción de los pueblos colonizadores
y conquistadores, dueños de adelantadas culturas, se hacía sentir con
intensidad, pudiéndose asegurar que por ausencia del influjo de tales
pueblos seguían vigentes en el Noroeste los métodos con que se inició
la explotación de las arenas auríferas en los primeros tiempos de la
edad de los metales ; métodos que, por otra parte, son los que aun hoy
día emplean, o por lo menos empleaban hace poco, las “aureanas” y
los “oureiros” que trabajaban en el Sil o en sus afluentes.
Con estos métodos, la explotación de los yacimientos no podía ser
intensa; pero, a pesar de ello, y aun antes de la aparición de los celtas
y de la metalurgia del hierro, la fabricación de joyas de oro era, en
el noroeste peninsular, bastante importante, como lo demuestran los
hallazgos de diademas en las sepulturas de Vilavella, São Bento de
Balugães y Quinta de Agua Branca; de dos diademas y una ajorca,
en el escondrijo del Monte dos Mouros ; de otra diadema y de dos pul¬
seras, en la carretera de Lalín a la Golada; de veinte brazaletes y
algunos fragmentos de alambre de oro, en Arnozela ; de otros dos bra(6) III,

2,

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zaletes, en la Urdiñeira; de una lúnula y dos discos, en Cabeceiras de
Basto ; de tres vasos, un, peine, treinta brazaletes y una jarretiera o
diadema, pesando todo 14 kilos y 900 gramos, en Caldas de Reis, ha¬
biéndose perdido de este tesoro, por ventas clandestinas, otras muchas
piezas, que pesaban 13 kilos 750 gramos, y debiendo aún quizá añadir
a esta relación algunos brazaletes de época dudosa, como los de Tetoes, Bairro y Alijó.
De los contactos de esta industria joyera con las de la Edad del
Bronce de Bretaña y de Irlanda dan idea la identidad de ciertas pie¬
zas gallegas, como los brazaletes con botón terminal y las diademas
cortadas en tiras, con otros ejemplares hallados en dólmenes armoricanos, y la presencia entre nosotros de lúnulas y discos de tipo irlan¬
dés, siendo muy posible que la leyenda de Creidne el aurífice, contem¬
poráneo de las luchas de los Firbolgs y de los Tuatha de Danann, que
se ahogó en el mar cuando volvía a Erin después de comprar oro en
Hispania (7), guarde un antiquísimo recuerdo de las minas gallegas.
Los procedimientos de beneficiación de nuestros yacimientos aurí¬
feros, tal y como Posidonio los refiere, eran, desde luego, buenos para
satisfacer las necesidades de la economía indígena y de su pequeño co¬
mercio, pero no fueron suficientes cuando, después de terminada la
conquista, tuvo el suelo gallego que satisfacer la sed de oro de los
emperadores romanos. Cree Gómez-Moreno (8) que el motivo princi¬
pal de la guerra cántabra fué el dominio de las minas del Bierzo, y
afirma (9) que para protegerlas, sin duda, de algún ataque de los na¬
turales del país, se estacionaron cerca de ellas, durante los siglos 1 y 11,
las legiones X y VII Geminas, el ala II Flavia, las cohortes primeras
de celtíberos y galos, y quizá también, en el comienzo de estas guar¬
niciones, la legión VI Victrix.
Como antes vimos, los indígenas se limitaban a lavar las arenas
de los ríos; pero los romanos, sin desdeñar este procedimiento, que
desenvolvieron de un modo notable, se dedicaron con toda la fuerza
que Ies prestaba su técnica y la crueldad del trabajo con esclavos, a

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explotar los aluviones del valle del Sil y de los valles de otros ríos.
Un relato muy animado de estos trabajos ciclópeos nos lo dejó
Plinio (io), quien, después de describir las montañas donde estaban
las minas como áridas, estériles e impropias para cualquier cultivo,
hace mención detallada de las faenas que se realizaban en su explota¬
ción, insistiendo en la dureza de las rocas auríferas, que muchas veces
precisaban para ser rotas del auxilio del fuego y del vinagre ; contando

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(7) O’Curry: Man and cust of the ancient Irish, pág. 210. Citada por Murguta in
Galicia, pág. 130, nota 3.
(8) Oro en España. A. E. ASQ., núm. 45, pág. 465.
(9) Catálogo monumental de la Provincia de León, pág. 90.

1.

Distribución de los restos de explotaciones auríferas de época romana.

luego cómo los montes eran horadados con galerías, cuyos pilares de
sostenimiento se hacían caer más tarde, para que el mismo monte se
viniera al suelo, permitiendo que el agua arrastrara sus ruinas; y
cuenta también cómo estas aguas, que se tomaban en los ríos, eran
conducidas hasta el lugar apropiado por medio de canales, provistos
(10) N. H. XXXIII,

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de tanques para sedimentar los barros en suspensión, y lanzadas en
seguida desde lo alto sobre las masas aluviales con tal ímpetu, que in¬
cluso las piedras quedaban desmenuzadas. Estas aguas eran, en cuanto
terminaban su labor destructora, recogidas en cauces, cuya corriente
se interrumpía de trecho en trecho con haces de una planta espinosa,
que debía ser el tojo. Los granos grandes de oro, que los naturales
llamaban “palacras” o “palacranes”, se recogían entre las hojas y las
espinas de la planta; los granos más pequeños, conocidos con el nom¬
bre de “baluces”, se obtenían de las cenizas de los haces, que para
tal fin se secaban y quemaban.
De estos trabajos de la minería romana quedan aún grandes res¬
tos en muchas localidades (fig. 1), y aunque es posible que en algunas
de ellas se beneficiaran Ja cassiterita y otros minerales, es indudable
que la mayoría estaban dedicadas a la explotación del oro.
Las minas más importantes se situaban en el Bierzo, en el lugar
que se conoce con el nombre de las Médulas, emplazado a cinco kiló¬
metros de la estación férrea de Toral de los Vados. Se movieron allí
más de 200 millones de metros cúbicos de escombros, procedentes de
un depósito diluvial de arcillas rojas que alcanza aún, en ciertos pun¬
tos, una altura de 60 metros, y que en otros tiempos debió pasar de
los cien metros.
Parte del cerro formado por estas arcillas se conserva todavía en
pie, pero cortado en anfiteatro, y frente a él quedan como testigos de
continuados derrumbamientos una serie de grandes conos de aluvión,
socavados a veces por galerias, habiendo también excavaciones muy
considerables en la porción no derrumbada del cerro. Una de ellas,
llamada la Cueva Grande, tiene más de 40 metros en la boca, y poco
menos mide otra, que designan con el nombre “De Arriba”, y que
está, en efecto, encima de la anterior; existiendo asimismo galerías
que salen por la opuesta ladera del monte, y otras en las que se obser¬
va la acción del agua que por ellas circuló, modificando las paredes y
provocando hundimientos de la bóveda.
Los escombros de la explotación a que antes aludimos se elimina¬
ron, amontonando los cantos rodados en un lado o en otro, y arrojan¬
do las arenas por una vaguada, afluente del Sil, que se abre donde hoy

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está el caserío de Peñarrubia; y para impedir que estas arenas llega¬
ran a obstruir el cauce del rio, se construyó en la vaguada un dique,
que no dejaba pasar más que el agua y los lodos. Este dique, levantado
con piedras secas o con fajina, ha desaparecido ya, pero no así las
arenas que por él fueron detenidas, las cuales, rellenando a medias la
cañada, dieron lugar a que las aguas pluviales estancadas formaran
un embalse, que se conoce ¡hoy con el nombre de lago de Carrucedo.
El agua, agente principal de la explotación, se traía de la vertiente
del Teleno, del lago de La Baña y del río Cabrera por cuatro acue¬
ductos, cuidadosamente nivelados, anchos, de 1,28 metros en los tra¬
mos rectos y de 1,60 metros en las curvas, y con una profundidad de
90 centímetros, yendo ceñidos a las vertientes de los montes y pasando
en ocasiones por verdaderos túneles. Estos canales se construían con
muros dé cal y canto, o se escavaban en el terreno, y al llegar a lo alto
del aluvión se vertían en los estanques abiertos para que en ellos se¬
dimentaran las aguas las materias que llevaban suspendidas.
Relacionadas con esta explotación de las Médulas estaban otras
emplazadas en el mismo Bierzo, y de las que quedan restos bien apre¬
ciables, como los conocidos por la Médula, el Medúleo y el Mió la Liovina, cerca de Espinoso, en donde se ven excavaciones semicirculares
en la ladera, con cantos rodados en el fondo, y con vestigios asimismo
de los acueductos y de los tanques de sedimentación, encontrándose
también cortaduras del terreno, vertederos y canales en Castropodame, en el Soto de la Leitosa, en San Pedro de Olleros y Paradaseca,
en Fresnedelo, en el valle de Rececil, cerca de Laciana, y por debajo
de Páramo del Sil.
Más importantes que éstos, de las explotaciones secundarias del
Bierzo, fueron los trabajos realizados en el valle del río Ornia, desde
las vertientes orientales del Teleno hasta Priaranza, donde en un tra¬
yecto de 14 kilómetros se ven excavaciones, montones de cantos roda¬
dos, galerías, canales y depósitos, que casi rivalizan por su número y
tamaño con los de las Médulas.
Después del Bierzo, los vestigios de las explotaciones continúan en
las cuencas del Sil y de sus afluentes, apareciendo en el Finolledo, en
la Vega de Espinaredo y en la Veguellina, lugares todos situados en el
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valle del Aneares. Siguiendo el curso del río principal, se les encuen¬
tra desde las Puentes de Domingo Flórez hasta más abajo de Quiroga
y Montefurado, donde existe un túnel de 8o metros de longitud, abier¬
to en pizarra dura, para desviar por él la corriente del Sil y poder
lavar las arenas del fondo del cauce primitivo, y más allá, en San Cibráo, en las inmediaciones de la Puebla de Brollón ; y subiendo luego
hacia el Indo, hasta llegar a Ponte Lor, en el valle del río de este
nombre.
Indudable importancia tuvieron asimismo las minas del valle del
Bibey, afluente también del Sil, donde fueron hallados los siguientes
restos (i i): en el Tintinieiro, en términos de la Venta da 'Teresa, cor¬
taron las obras de un túnel del ferrocarril de La Coruña a Zamora
una galería de una antigua mina. En un aluvión situado en el punto
conocido por A Fraga, cerca de Bembibre, se perciben señales de una
gran remoción de tierras y numerosos montones de cantos rodados, y
vestigios semejantes se encuentran en la Veiga y en Cámbela. En el
lugar llamado Calderinos, en el kilómetro 13 de la carretera de La
Gudiña a Viana, existen restos inconfundibles de un lavadero, para
el cual se traía el agua por un cauce, desde una presa que cortaba la
corriente del Bibey entre Pías y Barxacoba, habiendo noticias aun de
otras excavaciones y lavaderos en la misma comarca.
De mucha menos consideración eran las explotaciones de las ribe¬
ras del Miño. Una hubo, no obstante, en Moncelos, en la meseta luguesa; otra, en las cercanías de Orense, y otras aun entre Barbantes
y Ribadavia, en Salvatierra y entre Goyan y Túy. Pero los restos mi¬
neros más interesantes de esta ribera del Miño son, sin duda, los em¬
plazados a media ladera del monte del San Trocado, que se alza por
encima mismo de la estación férrea de Barbantes. Hay allí una boca¬
mina, un acueducto que pasa bajo un túnel, tanques de sedimentación
y paredes de muchos edificios instalados en terrazas provistas de mu¬
ros de contención de tierras (12).
Muy alejada de cualquier otra estación de este tipo, aunque rela(11) Noticias del maestro nacional D. Laureano Prieto, que tiene en preparación un
trabajo sobre estas antiguas explotaciones.
(12) Noticias de D. Manuel Chamoso Lamas, que tiene en estudio esta estación.
12

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cionada geográficamente con las de la ribera del Miño, está la situada
al pie de Maceda y cerca del santuario de los Milagros, donde se dis¬
tinguen todavía los pozos de dilución y los canales de traída.
Entre los cursos superiores del Salas y del Lebonizo, afluentes
ambos del Limia, se señalaron ¡hace poco, en la falda de un castro lla¬
mado Outeiro de Bailar, las ruinas de un pueblo minero con casas re¬
dondeadas y angulares, en las que aparecieron objetos indígenas y
romanos, con escorias de mineral de estaño y con un acueducto exca¬
vado en la roca.
En el valle del Támega se encontraron vestigios de antiguas ex¬
plotaciones en las minas de Jales y en los lagos da Ribeirinha, en el
Poço das Freitas y en el Outeiro Machado, localidades que se empla¬
zan, las dos primeras, en el Concejo portugués de Vila Pouca, de
Aguiar, y las dos segundas en el de Chaves.
Otra zona muy abundante en vestigios de minería romana es la de
Asturias occidental, donde a un lado y otro de la sierra del Rañadoiro
se hallaron los acostumbrados acueductos, pozos y galerías, en las si¬
guientes localidades : en el distrito de Salas, en Ablaneda, Caries, Navelga, Naraval, Fornones, Paredes y Santiago Cerredo; en el distrito
de Pola de Allende, en Figueras, San Félix de las Montañas, Pozo
de las Montañas, Faidiel, Iboyo, La Sienra, Cueva de Juan Rata y
Fana de la Freita; en el distrito de Valledor, en Lago y Carcabón de
Oruga y ya al occidente del Rañadoiro, hacia el mar y en el distrito
de Navia, en Carcobas de Miudes, Arancedo, Veguina y Begega de
Belmonte.
Con este último núcleo hay que considerar ligadas a las explota¬
ciones que subían por el valle del Navia, como las del Corralín, en la
Tierra de los Conqueros, y las de Puente Orubio; y asimismo las del
Montefurado del Eo, frente a San Tirso ; las de Lourenzá y Valedouro y las situadas al sur y al sudeste de la ría de Foz.
Más aisladas, en cambio, aparecen las de Constantin, en la ribera
del Neira, y las situadas a orillas del Sar, cerca de Braganza.
Como se ve por lo que queda dicho, la mayor parte de las minas de
oro estaban emplazadas en términos del convento jurídico de Astúrica,
siendo pequeña la contribución de los otros dos conventos de Bracara
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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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y Lucus; todo lo cual viene a confirmar la noticia de Plinio (13) sobre
la procedencia astur de la porción más considerable de las 20.000 li¬
bras de oro; es decir, de los 3.880 kilos que anualmente salían, según
aquel escritor, de Asturias, Galicia y Lusitania, para nutrir el Fisco
imperial.
Tuvo la Galecia en Roma, a causa de la riqueza de su suelo en el
preciado metal, una fama semejante a la que alcanzaron en los tiempos
modernos California, el Rlondike o el Africa del Sur, y es raro el
autor latino que al hablar de las tierras del noroeste peninsular no
alude de un modo o del otro al tema del oro. Para Justino (14), abreviador de Trogo Pompeyo, eran estas tierras tan pródigas en aquel
metal, que el arado lo levantaba muchas veces al abrir los surcos, y
en una montaña sagrada que existía allí, sólo se permitía recogerlo,
como un presente de los dioses, cuando el rayo lo ponía al descubierto.
Marcial, por su parte, ofrece a un cierto Cayo, en uno de sus epigra¬
mas (I5)> “todo el oro que el astur arranca de las minas de Galecia”;
en otro (16), hace que una copa cincelada se gloríe de estar hecha “del
generoso metal galeco”, y en un tercero (17), llama a los astures “gen¬
tes auríferas”. Silio Itálico, al describir los ejércitos cartagineses que
había mandado Asdrúbal (18), habla de que “el avaro habitante de
Asturias sabe, desgraciadamente, penetrar hasta los más profundos
abismos de la tierra, para salir de ellos tan amarillo como el oro que
de allí arranca”; y añade: “Allá lucharon contigo, rico Pactólo, y el
Duero, y el Tajo, y ese Lethes que arrastra sus brillantes arenas a
través del país de los grovios, recordando a estos pueblos el río del
olvido del Tártaro”. En Floro (19) y en Lucano (20) se encuentran
asimismo alusiones al oro de la Galecia, y, por último, Claudiano (21)
hace mención de las bárbaras luchas que se empeñaban entre los mi¬
neros astures.
Demuestra el examen de los restos de las explotaciones que en ellas
se interrumpió el trabajo de un modo repentino, de seguro a causa de
(13) N. H. XXXIII, 2i.
(14) XLIV, III.
(15) X, 16, In Caium.
(16) XIV, 93. Phiala Aurea Cocíate.
(17) XIV, 199. A Aureo.

14

(18)
(19)
{20)
(21)

Púnica, Hb. I.
II, 33Pharsalia, IV, 298.
Lam Scrcnac.

LAS

JOYAS CASTREÑAS

las invasiones germánicas; pero la beneficiación en pequeño de las
arenas fluviales debió de continuar con un ritmo lento y empleándose
otra vez los procedimientos primitivos, y aun en el tiempo de Ambro¬
sio de Morales, el Conde de Monterrey poseía en el Miño un lavadero,
que alquilaba en 24 ducados por año, y el Obispo de Tuy guardaba una
pepita, del tamaño de un garbanzo, que fuera extraída del mismo rio.
El postrer vestigio de esta antigua industria son los actuales “oureiros” y “aureanas”, que lavan las arenas del Sil y de sus afluentes
siguiendo un método casi idéntico al mencionado por Posidonio, y que
a veces ven premiado su trabajo con el hallazgo de granos de oro de
buen tamaño, como uno, con peso de 115 gramos, que vio GómezMoreno (22), y otro de 54 onzas, que menciona Luis Saunier (23),
encontrado en la comarca asturiana de Navelga.
No es de extrañar, por lo tanto, que en un país tan bien dotado de
primera materia aparecieran pronto los aurífices. Sus obras iniciales,
quizá sencillos collares de granos engarzados o delgadas láminas apli¬
cadas a un objeto cualquiera, no se ¡han registrado hasta ahora en
nuestros inventarios, y las joyas más antiguas que conocemos tienen
que ser datadas ya en los tiempos del bronce, como puede verse en la
enumeración que antes hicimos.
Con la introducción de las formas hallstátticas, traídas a la Penín¬
sula por los celtas, y más aún por el conocimiento de tipos y de técni¬
cas mediterráneas, divulgadas sin duda por los cartagineses, el tra¬
bajo de los aurífices galecos progresó de tal modo que se hicieron
notar por la perfección de sus obras. Las armas que Aníbal llevó a la
campaña de Italia, armas de lujo que se describen como muy adorna¬
das, eran, según Silio (24), obra de la Galicia. Claro está que, en este
caso particular, no se puede atribuir a los versos de la Púnica un valor
rigurosamente histórico; pero es indudable que la ficción poética des¬
cansa sobre el hecho cierto de la fama de excelentes aurífices que los
galecos habían conquistado.
Por otra parte, sabemos por Marcial que en el noroeste hispánico
(22) Catálogo monumental de la Provincia de León, pág. 89.
(23) “Investigación histórica acerca de las antiguas explotaciones de oro en España”.
B. C. ilío». Orense, t. IV, núm. 76, pág. 98.
(24) Púnica, libs. II, IV y X.

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FLOREN!'] NO LOPEZ

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se fabricaban copas doradas, que figuran en el epigrama contra Charino (25), en una enumeración de ohjetos preciosos, dando idea de su
valor artístico, o por lo menos de su gran riqueza, la circunstancia de
aparecer mencionadas juntamente con obras de Fidias, Mirón, Praxi¬
teles y Scopas.
Y es necesario, para destacar el mérito de nuestros aurífices, que
nos fijemos en que durante los siglos de su mayor actividad, es decir,
en la época de los castros, se desenvolvieron en un medio guerrero y
rural, poco propicio para el florecimiento de las artes, falto de ciuda¬
des que merecieran el nombre de tales y carente de verdaderos talle¬
res. Los aurífices del tiempo de los castros debían trabajar casi exclu¬
sivamente para los ricos del tipo del lusitano Astolpas, suegro de
Viriato; para los nobles, como el Coronero, de Briteiros, que hacía
estampar su nombre en el dintel de la puerta de su casa, y para los
guerrilleros y soldados de fortuna, que, con los anteriores, debían ser
las figuras preeminentes de aquella sociedad ruda y primitiva en más
de un aspecto. Obreros artistas recorrerían con sus crisoles, trépanos
y cinceles los territorios de las distintas tribus, subiendo a los castros,
concurriendo a los mercados y a las fiestas y desafiando cien veces, en
sus viajes, a la ruina y a la muerte. Muchos de los hallazgos hechos
modernamente, y de manera especial los de Castro Recouso, Lebução,
Laundos, Estela y Foxados, pueden ser considerados como escondri¬
jos de aurífices, que se vieron obligados a enterrar joyas de oro y tor¬
tas de plata, que nunca más volvieron a recoger.
La paz imperial debió abrir a nuestros artistas joyeros los cami¬
nos del mundo romano. Los gallegos eran ya entonces una raza emi¬
grante, y en la epigrafía latina de toda la Península está representado
su peculiar onomástico personal. Un oficio o un arte que se ejerce en
ambulancia fué, y aun es hoy día, un estímulo y una ayuda para el
éxodo emigratorio. Muchos aurífices, nacidos y formados en su oficio
en tierras galecas, marcharon sin duda por las vías imperiales en bus¬
ca de fortuna. Nada sabemos de ellos ni de las vicisitudes de su vida,
y sólo allá en las fronteras de Germania las faleras de Lauesforteim
recuerdan a un artista de nuestro país. El platero que las firma se
(25) Liv, 39.

16

LAS

CUEY ILLAS

JOYAS CASTREÑAS

llama Medmmts, y este nombre que, pese a su celtismo, no es galo ni
germano, lo venimos a encontrar bien representado en el convento ju¬
rídico de Bracara, donde figura en epígrafes de Cadós (26), de las
Caldas de Vizela (27) y de la Citania de Briteiros (28).

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CELTAS Y LAS

JOYAS.

Para el desarrollo de una joyería tan abundante y variada como
la que se desenvolvió en la Galecia del tiempo de los castros hacen
falta, desde luego, las indispensables materias primas; pero hace falta
también una tendencia en las gentes ¡hacia la ostentación del adorno
personal. Esta tendencia es común a casi todos los pueblos de cul¬
tura primitiva; pero el pueblo celta, que por entonces dirigía la polí¬
tica y la economía de las tribus galecas, la poseía en grado muy
elevado.
Aunque muchas de las noticias que los escritores griegos y ro¬
manos nos dejaron acerca de aquel pueblo sean contradictorias y las
particularidades que señalan para caracterizarlo aparezcan con frecuen¬
cia como comunes a todas las gentes del centro y del oeste de Europa,
que dichos escritores llamaban bárbaras, parece indudable que los cel¬
tas se distinguían por una manera de ser arrogante, exaltada e impe¬
tuosa, al mismo tiempo que ligera, tornadiza y falta de firmeza. Polibio (29) dice de ellos que gobernaban sus asuntos más por la ira que
por la razón, e insiste en acusar el contraste del loco arrojo con que
se lanzaban a la pelea con el cansancio y el desánimo que de ellos se
apoderaba cuando les ocurría algún contratiempo. Ammiano Marceli¬
no (30), después de hablar del humor pendenciero de los galos y de
la belicosidad de su mujeres, que daban “con manos y pies golpes que
parecían partir de una catapulta”, afirma que los hombres, “tranqui¬
los o irritados, tienen siempre en la voz tonos amenazadores y terri¬
bles”, caso que confirma Diodoro (31), cuando se refiere al tono des¬
templado y altisonante de sus discursos.
Esta arrogancia y fanfarronería llevaba a los celtas a lanzarse,
(26) C. I. L, 2.520.
(27) C. 1. L, 1.402
(28) C. 1. L, 5.884.

(29) L. II, 32, 33 y 35. y L. ni, 79.
(30) XV, ia, I.
(31) v, 31.

17

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

M

LAS

blandiendo sus armas, contra las olas del mar que azotaba sus playas,
a desafiar los incendios, a no huir, aunque vieran desplomarse sobre
ellos una casa o una pared, y a agrandarse las heridas pequeñas por
creer más honroso recibirlas grandes (32). De su ligereza, que les
hacia tomar graves determinaciones fiándose sólo de rumores sin fun¬
damento o de noticias falsas, se aprovechó César (33) en varias oca¬
siones, y de su falta de ánimo en la adversidad supieron sacar par¬
tido todos los magistrados romanos que los combatieron.
Gentes dotadas de tal carácter tenían que ser por necesidad aficio¬
nadas a lucir joyas, pues el mismo impulso de vanidad que las obli¬
gaba algunas veces a despojarse de sus ropas para combatir, las inci¬
taba otras a engalanarse con preseas. Y, en efecto, lo mismo en los
relatos de los geógrafos y de los historiadores que hablan de los celtas,
que en las estatuas y relieves que reproducen sus figuras, las joyas
aparecen con mucha frecuencia.

Polibio (39), al describir la batalla de Telamón, dice, hablando de una
formación del ejército galo, que “todos los que ocupaban las primeras
cohortes estaban adornados con collares de oro y manillas, a cuya
vista los romanos ya se sobrecogían, ya, estimulados con la esperanza
de rico botín, concebían doblado espiritu para el combate”.
En las obras escultóricas que representan celtas aparecen éstos en¬
joyados en muchas ocasiones. El “Galo moribundo” lleva un torques
al cuello ; lo llevan también la estatua de guerrero de Grezan, una es¬
tatuilla de bronce del Museo de Berlín y otras representaciones se¬
mejantes, galas y de época helenística. En el sarcófago de la Vigna
Ammendola, la mayoría de los galos vencidos que allí aparecen tienen
torques ; pero, en cambio, el jefe o rey, que se suicida en el centro de
la cara principal del monumento, está desprovisto de tal adorno. Los
torques se ven, en cambio, en las monedas autónomas de las Galias
con bustos de guerreros.
Faltan casi en absoluto las joyas y los adornos en las sepulturas
masculinas de la época de Hallstatt, abundando algo más en las sepul¬
turas femeninas ; pero en los períodos de La Teñe se las encuentra con
prodigalidad en unas y en otras, confirmando con su presencia las no¬
ticias de las fuentes literarias y los datos iconográficos a que antes
aludimos. Pero las joyas de oro, collares, brazaletes, sortijas y piezas
de aplique, magníficas y de un trabajo delicado casi todas ellas, se lo¬
calizan en dos centros, que son el Rhin medio y el valle alto del Garona, relacionados el primero con la explotación de las arenas auríferas
de aquel río y de sus tributarios, y el segundo con las minas de oro
del país de los tectosages, de que habla Estrabón (40).
En las restantes comarcas en que floreció la cultura de La Teñe,
los objetos de adorno se han hallado en cantidad notable, pero hechos,
por lo general, en bronce, en hierro y aun en vidrio.

El Rey de los gesatos, Viridomaro, que muere en un combate sin¬
gular con Claudio Marcelo, llevaba un collar adornándole el pescue20 (34)- Estos collares figuran varias veces en las relaciones amistosas
de los galos y de los romanos. Tres de ellos, con peso de dos a cinco
libras, fueron regalados por el Senado a unos reyezuelos trasalpinos,
y los galos a su vez regalaron a Augusto otro con peso de cien li¬
bras (35), no debiendo olvidarse tampoco que esta clase de preseas se
ofrecía en ocasiones a las divinidades, como ocurrió cuando el rey
Catumando ofreció un collar a Minerva (36).
Pero estos collares no aparecían sólo en el tesoro de los templos o
sobre el cuerpo de los reyes, sino que los ostentaban asimismo
chos individuos distinguidos por su nobleza o por su fortuna. Tito
Livio (37) cuenta que Cornelio Escipión arrebató casi un millar y medio a los boios, y Floro (38) refiere que Cayo Flaminio erigió un tro¬
feo de oro a Júpiter con los que tomó a los cisalpinos ; y, pqr su parte,
(32)
(33)
(34)
(35)
(36)
(37)
(38)

JOYAS CASTREÑAS

LA JOYERíA GALECA.

Dottin: Manuel pour servir à Vihide de l’antiquilí ciltique, págs. 145 a 153.
De Bello Gollico, IV, 5.
Propercio. IV, 10.
Dottin: Manuel. .. pág. 173.
Justino, XLIII, 5.
XXXVT, 40.
II, 4-

Como en el Rhin medio o como en el alto Garona, las joyas de oro
abundan en el noroeste hispánico, y abundan de tal manera, que las
(39) Lib. II.
(ÿ40) Déchélette: Manuel d'archiologie..., t. II, pág. 1345.

18

i

FLORENTINO LOPEZ COEVILLAS

*

fabricadas con otros materiales, y aun con la misma plata, que tanto
se prodigaba en la Península, están, con respecto a ellas, en exigua
minoría.
Con oro se construyeron, en efecto, la mayor parte de los brazale¬
í

3
fe

tes, las arracadas, los torques, los collares articulados, las lúnulas, los
anillos en espiral y las piezas de uso incierto que constituyen el con¬
junto dé la joyería castreña.
Para decorar estas piezas se emplearon, con más o menos fortuna
y con mayor o menor frecuencia, una serie de técnicas que van desde
el simple grabado con un punzón hasta granulados finísimos, pasando
por las estampaciones, el cincelado, la filigrana, el repujado y la apli¬
cación de pequeñas esferitas, todo lo cual supone el uso de un instru¬
mental complicado, en el que tendrían que figurar crisoles, sopletes,
bancos para estirar los hilos, matrices estampadoras, martillos, bigor
nías, cinceles, tenazas, pinzas, trépanos, pulidores y, de seguro, el tor¬
no de viga, indispensable, según el parecer de Mario Cardozo (41),
para obtener con el metal laminado ciertas superficies curvas, tenién¬
dose que unir a todo ello, y como elementos auxiliares, las materias
soldantes y gomas especiales, de que se hacía uso en los granulados, y
el chrisocollc para las soldaduras, que Plinio (42) afirma se recogía
en las minas de oro peninsulares.
Al hacer ahora los inventarios de los distintos tipos de joyas, ve¬
remos cómo y en qué ocasiones fueron aplicadas las técnicas que an¬
teriormente mencionamos.

Los

N

TORQUES.

Damos este nombre a todos los collares rígidos, lo mismo a los
funiculares, que es a los que verdaderamente corresponde, que a los
formados por varillas de sección circular, romboidal o cuadrada, que,
en realidad, no son torques, pero a los que se Ies ha venido dando tal
nombre, por completo hoy consagrado por el uso.
Parece comprobado que en los países celtas del centro y del oeste
de Europa fueron estas joyas adorno de mujeres durante todo el La
(41) “Una pieza notable de ila orfebrería primitiva". A,. E. ARQ., núm. 47, pág. 93 ss.
(42) N. U. XXIII. 22.

LAS

JOYAS CASTREÑAS

Tène I, y que sólo hacia el año 300 a. de T. C._se ÇQnvi_rtiecon_en dis¬
tintivo de guerreros.
Por lo que respecta al noroeste hispánico, la presencia de torques
en los cuellos de las estatuas de guerreros de Montalegre y del castro
de Rubiás (fig. 2) nos indica con claridad que estas joyas eran usadas
por los hombres en la época en que se esculpieron las referidas esta¬
tuas, ignorándose, por falta de cualquier dato, si con anterioridad las
usaron las mujeres, o si las personas de los dos sexos se adornaron
siempre con ellas indistintamente; pero, de un modo o de otro, es lo
cierto que debieron tener una boga extraordinaria, pues a pesar de las
muchas que, sin duda, desaparecieron fundidas por plateros ignoran-

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Cabeza de la estatua de

guerrero del castro de Rubiás.

tes, sin dejar rastro de sí, y a pesar de faltar en absoluto las necró¬
polis, que son las que proporcionan material más abundante, y de pro¬
ceder la casi totalidad de las piezas de hallazgos más o menos casuales
en lugares de habitación, su número es ya considerable y se aumenta
de año en año.
La lista de los torques conservados o de aquellos de cuya existen¬
cia tenemos noticia cierta es la siguiente :
Pimtid d'e Marsán (Foz). En el lugar llamado “Cú do Castro”
apareció un torques de oro, con varilla de sección circular y remates
en doble escocia, de los que falta uno. Está adornado este hermoso
ejemplar, en los dos tercios inferiores de la varilla, con un alambre
enrollado, y en el dorso de la porción central, con tres zonas de lazos
sencillos, de hilo de filigrana aplicada, separados entre sí por hilos fu¬
niculares, también aplicados (fig. 3).

&

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

El arco que forma tiene un desarrollo de 335 milímetros ; el oro es
de 22 quilates y pesa 790 gramos.
Está en la colección Blanco Cicerón, de Santiago de Compostela.
Coto da Recadieira (Mondoñedo). Se encontraron en este lugar,
y en ocasiones distintas, dos torques de oro.
Apareció el primero en 1885, y tiene la varilla lisa, de sección
romboidal, y los remates en doble escocia. Mide su diámetro 135 milí¬
metros, peso 590 gramos, y el oro es de 23 quilates (fig. 5).
El segundo lo encontró, en el mes de enero de 1889, un individuo
llamado José Rubal. La forma de este torques no es la corriente,
penalunar, sino otra alargada y tendiendo a la elipse ; tiene los dos ter¬
cios inferiores de la varilla, que está allí ochavada, cubierta por una
laminilla que se dobló arqueándola en C, y que hace el efecto de un
alambre una vez enrollada, teniendo al exterior la parte convexa. El
centro de la varilla es liso y de sección circular, y los remates son de
doble escocia (fig. 4).
Mide este torques 195 milímetros de diámetro, pesa 1.200 gramos,
y el oro es de 23 quilates.
Están estos dos ejemplares en la colección Blanco Cicerón.
Comarca dp Mondoñedo. En el año de 1884, y posiblemente cer¬
ca del Coto da Recadieira, se encontró un torques de plata constituido
por dos alambres gruesos y otros dos más finos y retorcidos, trenza¬
dos los cuatro en sogueado y fundidos en los extremos en una varilla
de sección circular, que se adelgaza hacia los remates, que están re¬
vueltos en gancho y provistos de un ensanchamiento globular en el
centro y un cono en el final (fig. 7).
La decoración consiste en expansiones laterales de los alambres más
gruesos, que forman tres lazos en 8, y en zonas incisas de líneas rec¬
tas, de puntos y de círculos con punto central, puestos en la varilla,
cerca del comienzo de la porción sogueada.
Mide de diámetro 145 milímetros, pesa 107 gramos y está en la
colección Blanco Cicerón.
Viladonga (Castro de Rey). A fines de 1911 se encontró en esta
localidad un torques de oro con varilla de sección circular, adornada
en los dos tercios inferiores con un alambre enrollado y después con

LAS

22

;

dos aplicaciones de filigrana, dispuestas en espiral alrededor de sendos
botones salientes, y quedando la porción central lisa. Los remates tie¬
nen forma de perilla (fig. 9).
El oro es de 20 quilates y el peso de la joya de 180 gramos.
Está en la colección Blanco Cicerón.
Provincia de Lugo. En el año de 1859 apareció en un castro de
esta provincia un torques de oro al que faltan las cabezas y parte de
la varilla, que, por lo que se conserva de ella, se ve era de sección rom¬
boidal. Ofrece el fragmento conservado, en el centro y porción dor¬
sal de la varilla, decoración con seis pájaros de agua, enfrentados tres
a tres y separados por un rectángulo, lleno con ocho circulitos. Des¬
pués de los grupos de pájaros de agua, entre los que corre una línea
que quizá represente la superficie del mar o de un río, hay tres círcu¬
los metidos entre dos líneas verticales, una línea angular y tres nuevos
círculos, esta vez con punto central, ordenados en triángulo (fig. 10,
número 1).
Las técnicas de este adorno son estampaciones con matriz en los
ojos de los pájaros y en los círculos, y en el resto un punteado
muy fino.
El oro es de 20 quilates y el peso de 135 gramos.
Está en la colección Blanco Cicerón.
Provincia de Lugo. En otro castro lucense apareció, en el año
de 1883, otro torques de oro con varilla de sección romboidal y rema¬
tes en doble escocia, faltándole uno de ellos y parte de la varilla, que
se halla decorada en el centro de su parte dorsal con zonas de círculos
estampados y con puntos en el centro, alternadas con líneas en zigzag,
hechas también con estampaciones del mismo género (fig. 10, núm. 2).
El diámetro del torques debía ser de 135 milímetros y su peso es de
70 gramos, siendo el oro de 20 quilates.
Está en la colección Blanco Cicerón.
Provincia de Lugo. Fragmentos de un torques de oro con varilla
de sección romboidal y cabeza en doble escocia, que presenta en su lá¬
mina externa un adorno formado por una estrella o rosácea de seis
puntas, hecha con líneas finamente punteadas, y metida en un círculo
sencillo, ejecutado con la misma técnica. En el centro de la estrella, y

JOYAS CASTREÑAS

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23

FLORENTINO LOPEZ CUEV1LLAS

fuera ya del círculo, y en los extremos de las seis puntas, hay una
especie de botones salientes (fig. 6, núm. i).
Pesa 50 gramos y está en la colección Blanco Cicerón.
Comarca de Melide. De esta comarca son tres fragmentos de
torques encontrados, al parecer, en distintos lugares. Tienen los tres
cabezas en perilla, y dos presentan sección romboidal en la varilla y
uno sección circular (fig. 6, núms. 2, 3 y 4).
Los tres son de oro y su peso es de 20, 25 y 48 gramos.
Están en la colección Blanco Cicerón.
Cercanías fie Melide. A seis kilómetros de esta villa se encontró
el
en año de 1876 un torques de oro con varilla de sección romboidal
y remates en doble escocia (fig. 11).
Tiene forma elipsoidal y mide en el diámetro mayor 190 milíme¬
tros, alcanzando de desarrollo 200 milímetros. Pesa 675 gramos, y el
oro es de 23 quilates.
Está en la colección Blánco Cicerón.
Cástrelo, Centroña (Pontedeume). En el año de 1912, un labrie¬
go llamado Juan Leira encontró en una finca de su propiedad, cono¬
cida por la “Casa Vella”, la mitad de un torques de oro, con varilla
de sección circular y cabezas en perilla. La decoración de esta pieza
cuando estaba entera consistía én un alambre enrollado en los dos ter¬
cios inferiores de la varilla y cuatro aplicaciones de filigrana en espi¬
ral, con botón en el centro, colocadas dos a cada lado, a continuación
del alambre (fig. 8).
Pesa seis onzas y está en la colección Blanco Cicerón.
San Vicente de Curtis (Vilasantar).—Se señala en esta localidad
el hallazgo de un torques de oro con varilla de sección romboidal y
remates en perilla.
Esta pieza fue partida al medio por la persona que la encontró, y
se ignora su actual paradero. Una reproducción exacta (fig. 12), he¬
cha por un platero de La Coruña, figuró en la colección La Iglesia y
está hoy en la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de
Santiago.
Santa María de Foxados (Curtis). En el lugar del Cástrelo, asen¬
tado en el emplazamiento de un antiguo castro, encontró Francisco

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de la provincia de Orense.

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JOYAS CASTREÑAS

Vázquez, al cavar hondo en un terreno, en febrero de 1932, una olla
que contenía un tesoro formado por 35 tortas de aleación de oro y
plata, un brazalete de oro y los torques o fragmentos de torques si¬
guientes :
Torques de oro bajo, con varilla de sección cuadrangular y ensan¬
chada en el centro y en los extremos, que termina en remates en forma
de dos troncos de cono unidos por las bases mayores con planos sa¬
lientes, acusándose otros menos pronunciados en las bases menores
(figura 14).
Estos remates no están soldados a la varilla, sino que se unen a
ella por un pasador inserto en su extremo y que se prende en un agu¬
jero que presentan los referidos remates. Es indudable que este dis¬
positivo tenía por objeto el que el torques, sin cabezas, pudiera enca¬
jarse en el cuello, adaptándolas después de puesto en el lugar debido
por un sencillo giro de las mismas.
La decoración de esta pieza, singular por más de un concepto, con¬
siste en cuatro líneas, trazadas con poco cuidado, que corren paralelas
a las aristas de las dos caras externas de la varilla, en una flor de seis
pétalos, formada por tres hilos de filigrana al aire, que se entrelazan,
teniendo en el centro un pequeño botón, dentro de un círculo funicu¬
lar, colocado en los planos terminales de las cabezas (fig. 15), y en otro
hilo, también funicular, que guarnece los bordes de los otros dos
planos.
El desarrollo de este torques es de 290 milímetros, el peso de la
varilla, de 499 gramos; el de uno de los remates, de 48 gramos, y el
del otro, de 46.
Fragmento de un torques de oro bajo, correspondiente al centro de
la varilla, en parte de la cual se distinguen ochavas denunciadoras de
una decoración de alambre enrollado.
Pesa 43 gramos.
Pequeño fragmento de la varilla de un torques de oro bajo, de sec¬
ción circular, con ochavas, ostentando decoración de alambre enrolla¬
do y una plaquita redonda, con botón central, y grabado de círculos
concéntricos, que sustituye a la filigrana en espiral de otras joyas de
este tipo.
25

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LAS

JOYAS CASTREÑAS

Pesa diez gramos y medio.
Torques de oro bajo partido en tres pedazos. Tiene la varilla de
sección circular, engrosada en el centro y en los extremos, y termina
en cabezas en perilla.
Pesa 56 gramos.
Torques de sección romboidal, decorado en todas las caras de la
varilla por líneas paralelas a las aristas. Esta varilla aparece ensanchada en el centro y en los extremos, en los que se insertan, por me¬
dio de un espigo, cabezas en forma de perilla, una de las cuales está
rota y presenta la punta achaflanada.
Es de oro bajo y pesa 61 gramos.
Fragmento de un torques de plata recubierto de lámina y de alam¬
bre de oro. Tiene la varilla, de sección circular, decorada con alambre
enrollado, al que se une un hilo de filigrana funicular, y con dos pla¬
quetas redondas, grabadas con círculos concéntricos y provistas de
botón central. El único remate que conserva es en perilla.
Pesa 158 gramos.
Torques de oro bajo, con la varilla de sección circular, engrosada
en el centro y en los extremos y terminada con cabezas en perilla, que
presentan alrededor de la inserción unas incisiones radiales, incluidas
en círculos de filigrana funicular. En uno de los extremos de la varilla
se ven también unas cuantas líneas incisas por debajo de la masa de
fundición.
Pesa 91 gramos.
Todas las piezas del tesoro de Foxados están en el Museo de Pon¬
tevedra.
San Lorenzo de Pastor (Arzúa). Hace años, al roturar un labra¬
dor un terreno, encontro un torques de oro de 22 quilates y medio,
con varilla de sección romboidal, engrosada en el centro, y con cabezas
de doble escocia (fig. 13).
No tiene más decoración que dos círculos estampados, con punto
central, en la parte media de la varilla y en las dos caras internas.
Su desarrollo es de 350 milímetros y su peso de 370 gramos.
Está en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
,
Santiago.

Cercanías de Astorga. Torques de oro, con varilla de sección
circular y unos originales remates, constituidos por un tronco de cono,
una especie de vástago y un disco terminal, que en conjunto recuer¬
dan a las cabezas de doble escocia (fig. 20). Tiene un diámetro de
170 milímetros, un desarrollo de 425 y un peso de 502 gramos. Se
halla en el Museo Arqueológico Nacional, donde figura catalogado
con el número 16.854.
Procedencia desconocida. Torques de oro con varilla de sección
romboidal y remates en doble escocia. Su diámetro es de 132 milíme¬
tros, el desarrollo de 360 gramos y el peso de 137 gramos. Está en
el Museo Arqueológico Nacional, catalogado con el número 16.856.
Incluimos esta joya en nuestro inventario, pese a lo indeterminado
de su procedencia, por la absoluta identidad que ofrece con varios tor¬

ques gallegos.
La Coruña. Torques de oro con varilla de sección romboidal y
remates en perilla. Entre los extremos y el centro de la varilla hay
una decoración formada por cuatro hilos funiculares adaptados a cada
una de las caras.
Tiene de diámetro 128 milímetros, de desarrollo 350 y de peso
75 gramos y dos decigramos.
Fué adqurido en el año de 1887 por el Museo Arqueológico Na¬
cional, en cuyo Catálogo figura con el número 16.885.
Serra da Capelada (Ortigueira). A un kilómetro hacia el nordes¬
te del castro de Alcayás, en Montoxo, se encontró, en el año de 1922,
y al roturarse un terreno pedregoso, un torques de oro, abierto en
semielipse, con varilla de sección romboidal y remates en perilla, cu¬
biertos una y otros de un punteado tenue e irregular.
Mide en su diámetro mayor 195 milímetros, tiene de desarrollo 375
y pesa 363 gramos.
En 1923 lo adquirió el Museo Arqueológico Nacional, donde está
catalogado con el número 34.414.
Cangas Ide Onís. Se supone que es ésta la procedencia de un te¬
soro ingresado en el año 1931 en dicho Museo, y que consta de las pie¬
zas siguientes:
Torques de oro con varilla de sección romboidal y remates en do-

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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ble escocia, de los que falta uno. La decoración de la varilla se encuen¬
tra en sus dos caras externas, y se reduce a unas estrías trazadas pa¬
ralelamente a las aristas (fig. 21, núm. 1). El remate (fig. 16) tiene
adorno estampado de escudetes cargados de puntos en relieve, dispues¬
tos radialmente, en torno a un botón central, en dos zonas limitadas
por dobles círculos de puntos en relieve conseguidos también con ma¬
triz estampadora, que creemos debía marcar unos diez puntos de cada
vez, en las dos lineas de los dobles círculos.
Fragmento de torques de oro con varilla de sección circular, ador¬
nada en el tercio inferior con alambre enrollado y con una espiral de
filigrana aplicada alrededor de un botón central. A continuación de
esta espiral se inicia, en el fragmento, una decoración de zonas con
rayas verticales, muy juntas y menudas, y otras con zigzag, metidas
unas y otras entre molduras salientes, que de seguro ocupaban todo el
centro de la joya (fig. 21, núm. 2), a la cual parece que corresponden
asimismo dos cabezas en doble escocia, que presentan en el plano ter
minal un botón en el centro, una espiral a su alrededor, luego un anillo
de postas en relieve, y por fuera, un circulo con hilos funiculares de
filigrana (fig. 18, núm. 2). En la lámina opuesta se ven, alrededor del
agujero para la inserción de la varilla, otros dos hilos funiculares, y
exteriormente a ellos, aplicaciones de cuatro hilos, asimismo de fili¬
grana (fig. 18, núm. 1).
Dos fragmentos de varilla de torques, de oro; uno de sección circu¬
lar y lisa (fig. 21, núm. 3), y otro adornado con dos espirales de fili¬
grana, con botón central y de sección circular, pero con ochavas quÿ
hacen sospechar que llevaría un alambre enrollado.
Un remate de torques, de oro, en forma de doble escocia, ornamen¬
tado en su lámina terminal con puntos y roleos ejecutados en grabado
(figura 18, núm. 3).
Citania de Santa Tecla (La Guardia).—Durante las excavaciones
arqueológicas de esta estación, pero en distintas épocas, aparecieron
los siguientes fragmentos de torques:
Una cabeza, de oro, en forma de campánula, encontrada en la
campaña de 1930, dirigida por el profesor Mergtlina, y en el sector
¬

JOYAS CASTRENAS

de
de trabajo encomendado al entonces profesor de la Universidad
Santiago, Sebastián González.
postas,
La decoración de esta cabeza consiste en dos órdenes de
ocupan
bordeadas con filigrana y llenas de un granulado finísimo, que
hay tres líel cuerpo del objeto. En el lado de la unión con la varilla
verticales,
neas circulares de cordones perlados y otras dos de rayas
las posy en la lámina terminal un trisquele de la misma técnica que
y otra en el
tas, con seis esferitas en ios remates de las tres ramas
centro, y rodeado por un círculo perlado (fig. 19).
Otra cabeza de torques, de oro, en forma de perilla y con una bolita terminal.
Está partida y abollada, y tiene de peso 3,971 gramos.
parte
Varilla de un torques, de sección circular, engrosada en la
plata,
de
fina,
media y con alma de bronce, recubierta por una lámina
de la que quedan aún restos, sobre todo en el lado derecho.
Le faltan las dos cabezas, pero en los extremos de la varilla se
ven los rebajes en que se insertaban.
Un pedazo de la varilla de un torques de bronce, retorcido, sobre
un alma de la misma aleación.
de
Otro fragmento de la varilla, con acanaladuras longitudinales,
un torques de bronce.
Se hallan todas estas piezas en el Museo de la Citania de Santa
Tecla, instalado en dicha estación arqueológica.
Castro de Lanhoso, cerca de Braga. Al abrir una carretera de
la
acceso a la cima denominada Alto del Pilar, donde se yergue aún
torre del homenaje del histórico castillo de Lanhoso, se descubrieron
muchos restos castreños, entre ellos paredes de casas de planta circu¬
de unas
lar y cerámicas típicas, encontrándose, al hacer la remoción
redongrandes piedras, y debajo de una de ellas, una especie de hoyo
do, lleno de ceniza, donde yacían tres torques con varilla de sección
circular y remates en campánula. Las varillas tienen la particularidad
con una
de presentar un alma de cobre, recubierta en su parte media
lámina de oro decorada con filigrana y esferitas, y en los dos tercios
inferiores con alambre enrollado. Las cabezas de los tres son de oro

29
-S

:
LAS

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

y de forma campanulas como ya dijimos, siendo las características
particulares de cada uno de ellos las siguientes :
En el primer torques, que es el mejor conservado, la filigrana tra¬
za lazos, que dejan entre sí huecos que se llenan con esferitas, habien¬
do, entre la zona asi decorada y las recubiertas por alambre, otras dos
muy estrechas con espirales y esferitas sobre un fondo granulado,
existiendo, lo mismo en el lado dorsal que en el ventral de la porción
media de la varilla, filigrana funicular, que separa longitudinalmente
los distintos espacios ocupados por las series de lazos. Las cabezas
ostentan en las bases molduras y círculos perlados ; en el cuerpo corre
un hilo que va doblándose en UU, y en la lámina de tope, y dentro de
un reborde funicular, aparece una doble espiral de filigrana lisa, que
alterna con líneas de esferitas muy separadas (fig. 23).
Mide de desarrollo esta joya 260 milímetros y pesa 54,8 gramos.
El oro de las cabezas es de 20 quilates, y más bajo el de las esferitas.
El adorno de la porción central de la varilla del segundo torques
lo constituyen series de SSS con desarrollo longitudinal, continuas, en¬
cadenadas y combinadas con esferitas, desarrollándose todo sobre fon¬
do granulado, en zonas determinadas por funículos. La decoración de
la cabeza es semejante a la del ejemplar anterior, excepto en el cuerpo
del objeto, donde en vez de las dobladuras en U se ven SSS acostadas,
encadenadas y con una esferita encima de la primera vuelta de cada S
(figura 24).
Las dimensiones de esta joya son iguales a las de la anterior, de
la que, no obstante, se diferencia en tener la porción media de la va¬
rilla más delgada.
En cuanto al tercer torques, que es el más estropeado de todos,
puede decirse que es idéntico en todo al segundo, del que no se distin¬
gue más que en unas esferitas que tiene colocadas en la unión de
las SSS que decoran el cuerpo de los remates.
Son propiedad, las tres piezas que acabamos de describir, de la
Cámara Municipal de la Povoa de Lanhoso.
Castro de Masma (Mondoñedo). En el año de 1878 se encontró
en este castro un tesoro formado por unas laminitas, dos piezas arri¬

í

30

ísY f

*

.ÿ

JOYAS CASTREÑAS

ñonadas, que se calificaron de pendientes, y tres torques, hecho todo
ello en oro.
El primer torques tenía la varilla de sección romboidal y los re¬
mates en perilla.
La forma del segundo era idéntica, pero se diferenciaba de él por
ostentar en la parte central de la varilla una decoración de lazos de
filigrana, colocada en las caras dorsales, y con una esferita en cada
hueco.
Era el tercero de varilla de sección circular y cabezas en doble es¬
cocia, presentando en el centro de la varilla un adorno de cinceladuras
toscas, limitadas por zonas de rayas.
Los dos últimos torques figuraron en la colección de Villaamil y

Castro.
Croa de Ríotorto (Mondoñedo). Un labriego encontró en este
castro, en el año de 1869, dos torques de oro, que fueron fundidos.
No hay datos respecto a la forma y particularidades de uno de
ellos ; del otro se dice que tenía la varilla de sección romboidal, las ca¬
bezas en perilla, y que ostentaba en el centro un adorno en figura de

ocho.
Algún tiempo después, y en el mismo castro, se descubrió un te¬
soro formado por un brazalete entero y dos torques, que salieron en
pedazos; todo ello de oro.
El primero de los torques tenía la varilla de sección romboidal y
los remates en perilla, y el segundo presentaba los mismos remates y
la varilla de sección circular con decoración de alambre enrollado en
los tercios inferiores de la varilla.
Las piezas del segundo hallazgo estuvieron en la colección de Vi¬
llaamil y Castro.
Cruceiro da Cmña (Santiago de Compostela). Hace cerca de un
siglo aparecieron en un pequeño castro, cercano al indicado lugar, tres
o cuatro torques de oro, cuyas características no conocemos con exac¬
titud. Parece, así y todo, que tenían las cabezas en forma de perilla;
que uno era liso, otro funicular con expansión lateral en ocho, y que
el tercero presentaba un alambre enrollado en los dos tercios inferio¬
res de la varilla.

1

31

IH
FLORENTINO I.OPEZ CUEVILLAS

Cercanías de Pontevedra. Aunque haya una versión que puede
hacer suponer que el hallazgo de la joya de que vamos a ocuparnos
tuvo lugar en la comarca de Bandeira, la localización más probable es
la que damos en primer lugar.
De un tesoro, descubierto en el año de 1923 por un labrador que
araba una tierra, y que estaba constituido por dos torques de oro
exactamente iguales, y por un brazalete del mismo metal, cuyas carac¬
terísticas desconocemos, se conserva tan sólo un torques con varilla
de sección circular y cabezas en perilla, una de las cuales tiene en su
interior una piedrecita o pedazo de metal, que anda suelto, presentan¬
do las dos un orificio en la punta. La varilla, que fué rota por los
halladores cerca de uno de los extremos, para comprobar si era de
oro, tiene en su parte central e interior un agujerito de poco más
de un milimetro de diámetro, que penetra hasta la mitad de la masa de
oro en que está practicada (fig. 22).
La aleación es sólo de 17 quilates, el peso de 218 gramos y el des¬
arrollo de 375 milímetros.
Está en el Museo de Pontevedra.
Provincia de Orense. Damos esta localización tan sólo como pro¬
bable. En los papeles del ilustre arqueólogo D. Casto Sampedro, que
se guardan en el Museo de Pontevedra, se da esta pieza como proce¬
dente de la colección del Sr. Arteaga, canónigo de la Catedral orensana, pudiéndose sospechar, en consecuencia, que fuera encontrada
cerca de la habitual residencia de aquel prebendado coleccionista. Pero,
por otro lado, la Diputación Provincial de Pontevedra, al tomar el
acuerdo de adquirir la joya a que se refiere la nota de Sampedro, lo
justifica en el acta de la sesión correspondiente por “el deseo de que
tan valioso objeto no salga de los límites de esta provincia, en la que
fué hallado”.
Estas dos referencias, que parecen acusar una disparidad, hacen
nacer dudas, que se aumentan al considerar que Villaamil y Cas¬
tro (43), al describir el torques de la colección Arteaga, dice que tiene
“una ornamentación central de diez grupos de cuatro semicírculos con-

>

I

LAS

JOYAS CASTREÑAS

céntricos”, reproduciéndolo después en un dibujo, en el que se ven, en
efecto, nueve grupos de cuatro semicírculos, y uno en el extremo de¬
recho sólo de tres, y el adquirido por la Diputación de Pontevedra y
mencionado por Sampedro ostenta una decoración que ha sido rese¬
ñada por Bouza Brey (44) con las siguientes palabras: “Hállase de¬
corada la parte central del asta con grabados, que se extienden sola¬
mente por las dos caras externas de las cuatro que la varilla presenta.
Consiste la decoración en líneas paralelas, incisas, al margen de di¬
chas dos caras, como encuadrando el campo, en el que se sitúan, por
cada lado, diez grupos de seis semicírculos concéntricos con punto cen¬
tral, a excepción de los de los extremos, que sólo se componen de cinco
semicírculos, efecto de la estrechez que la varilla va sufriendo. Este
decorado circular está hecho a troquel, que aparece corrido en más de
una ocasión, dando lugar a semicírculos defectuosos”.
Como se ve, las diferencias de la reseña de Villaamil y el torques
adquirido por la Diputación de Pontevedra no dejan de ser importan¬
tes, siendo difícil de apreciar si todo procede de un error de aquel ar¬
queólogo o si, en realidad, los torques son dos: uno procedente, muy
probablemente, de la provincia de Orense, que estuvo en la colección
Arteaga, y cuyo paradero se ignora, y otro de la provincia de Ponte¬
vedra, que adquirió la Diputación de la misma.
Es éste de oro, con varilla de sección cuadrada mejor que romboi¬
dal y remates en doble escocia (fig. 17).
La longitud del desarrollo es de 360 milímetros, el peso de 165 gra¬
mos y el toque del oro de unos 18 quilates.
Está en el Museo de Pontevedra.
Lebução (Valpaços). A fines del pasado siglo, y al cavar una
finca, encontró un labriego un tesoro formado por una ajorca gallo¬
nada, dos remates campanulares con parte de los extremos de la va¬
rilla, que de seguro pertenecieron a una pulsera o brazalete, y dos
torques fragmentados, hecho todo de oro.
El primer torques tiene la varilla de sección romboidal y cabezas
en doble escocia, adornadas en la lámina inferior con una corona
circular, formada por un entrelazo continuo, y dentro de ella una

(43) “Productos de la metalurgia gallega en tiempos remotos". D. C. Mo». Orense, nú¬

mero S3.

32

I

PÚg.

85.

(44) “Dos torques áureos”. El Museo de Pontevedra,

7.*

entrega, pág. 109.

33

If]

I
FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

1

LAS

figura estelar de seis puntas, terminadas en círculos estampados, uni¬
dos por arcos. La técnica de esta decoración es, exceptuando en los
círculos, un puntillado regular y fino.
Mide de desarrollo el aro de esta joya 255 milímetros, y su peso es
de 199 gramos.
Tenía también el segundo torques la varilla de sección romboidal,
y por lo que quedaba de los remates se veía que eran de doble escocia.
En dos de las caras de la varilla aparecían grabados con líneas de
puntos, obtenidos por percusión, un zigzag y una serie de aspas se¬
paradas por trazos rectos.
El desarrollo de este torques es de 300 milímetros.
La casi totalidad del tesoro de Lebução fué comprada por el ilus¬
tre arqueólogo portugués, hoy fallecido, Ricardo Severo, y las piezas
restantes, entre las que figura el segundo torques, las adquirió el Mu¬
seo Etnológico de Lisboa.
Santa María de Rendar (Incio). En la tierra de labradío deno¬
minada “Tras das Airas” apareció un torques de oro, que fué guar¬
dado por el labrador Manuel González. Tres o cuatro años más tarde,
en junio de 1934, se hallaron en el mismo predio dos brazaletes idén¬
ticos, excepto en su menor tamaño, a la pieza primeramente aparecida.
Tiene ésta la varilla de sección cuadrangular, trabajada a martillo
con poca regularidad, y termina en dos botones embutidos y confor¬
mados, también a martillo, en tres planos ligeramente poliédricos. En
la cara interior de la varilla, y cerca del remate, está grabado, con
línea incisa, un ángulo muy abierto, con una raya en forma de bisec¬
triz (fig. 26).
Mide de largo este torques 331 milímetros, siendo el diámetro de
la curva de 113 milímetros y el peso de 112 gramos. El oro de que está
fabricado es puro.
En el año de 1934 estaba esta pieza en poder del vecino de Ren¬
dar Manuel González.
Márgenes del río Oitabén (Fornelos de Montes). En la orilla iz¬
quierda de dicho río, y en un lugar cercano a Ponte Vilán, en la ca¬
rretera que desde Forzáns va a Fornelos, se encontró hace treinta y
seis o treinta y siete años un torques de oro, de varilla dellgada de

JOVAS CASTREÑAS

sección romboidal, y terminado en una especie de botones discoidales,
que presentan en el centro un hoyo poco profundo. El trabajo de esta
joya es tosco y se halla, además, deformada.
Estuvo en el Museo de Pontevedra como depósito de D. Ramiro
Pascual.
Valetitín. A kilómetro y medio del castro de Coaña, en el occidente
de Asturias. Torques de oro puro, de 241 gramos de peso, con varilla

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34

Fig. 36. Torques de Rendar.

ochavada, de nueve caras, recubierta en los tercios inferiores por un
alambre, también de oro, colocado en espiral. Presenta remates en do¬
ble escocia, y en el centro de la varilla dos marcas, constituidas por
unos trazos rectos terminados en los extremos por pequeñas líneas an¬
gulares.
Langreo (Asturias). Torques de oro con varilla de sección circu¬
lar y cabezas en doble escocia. La varilla está enteramente decorada,
presentando en los dos tercios inferiores un alambre enrollado, des¬
pués aplicaciones de filigrana en espiral, con un botón en el centro,, y
luego, en la parte dorsal de la porción, unas estampaciones que dejan
un zigzag liso sobre un fondo de circulitos, alternados con rayas ver¬
ticales, decoración que se dispone en tres zonas, separadas por moldu¬
ras (fig. 25).

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FLORENTINO LOPEZ

Las cabezas se hallan decoradas, en la lámina de inserción de la
varilla, con un trenzado de tres hilos y una especie de espiga, y en la
otra lámina con un botón central, círculos lisos y perlados, y con una
combinación de zonas triangulares granuladas y lisas.
Está esta magnífica pieza en el Instituto de Valencia de Don Juan,
de Madrid, y procede de la colección Soto.
Santiago de Xubial (Melide). En el lugar llamado “O Campo da
Matanza”, y enterrado a una profundidad de 20 centimetros, se encontró, en el año de 1867, un torques de oro, liso, con varilla de sec¬
ción romboidal y cabeza en perilla.
Pesa esta joya seis onzas, una ochava y 18 granos, y la ley del oro
es de 18 quilates.
Está en la Real Academia de la Historia, de Madrid.
Estela (Minho). Se halló en esta localidad, y metido dentro de un
vaso de barro, un tesoro formado por un collar articulado, un par de
arracadas, tortas de oro y plata y una cabeza de torques en doble es¬
cocia, decorada en la lámina inferior con un trisquele relleno de es¬
tampaciones, realizada con una matriz de finura y pequeñez extraor¬
dinarias.
Se encuentra esta pieza en el Museo Soares dos Reis, de Porto.
Tonrem (Montalegre). Cabeza de un torques, de oro, de forma
campanular, que presenta en la lámina superior, donde se unía con la
varilla, una decoración constituida por dos cordones circulares concéntricos, uno de ellos formado por una serie de husos esféricos, obte¬
nidos tal vez por fundición, y el otro por unos anillos minúsculos, liga¬
dos entre sí y soldados al cuerpo del objeto.
En la lámina terminal, que tiene un diámetro de 13 milímetros,
aparece un trisquele en movimiento “dextrorsum”, formado por un
fino hilo de oro, que contornea también el círculo en que dicha figura
se inscribe.
Era propiedad esta pieza, en el año de 1943, del platero de Cha¬
ves Sr. José Simões Cruz.
Codeçais (Chaves). En diciembre de 1941, y en una viña propie¬
dad de un vecino de Chaves, llamado João Pedro, encontró el jorna-

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36

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CÜEVILLAS

LAS

JOYAS CASTREÑAS

lero Manuel Marinheiro un torques de oro de baja ley, con varilla de
sección romboidal y remates en doble escocia.
En las láminas que terminan estos remates aparece una estrella o
rosácea de seis hojas, presentando en el centro y en el extremo de cada
una de ellas unas esferitas, y estando ligadas todas entre sí por otras
hojas, dispuestas circularmente. Toda la figura está trazada con una
matriz, que fue imprimiendo líneas curvas, formadas por esferitas
tan pequeñas que sólo con el auxilio de la lente pueden percibirse.
Tienen las dos cabezas unos agujeritos, practicados, según opinión
de Mario Cardozo, para dar salida al aire dilatado por el calor en el
momento de hacer la soldadura con la varilla, y evitar asi la posible
rotura del objeto.
Pesa este collar 212,2 gramos, y en el año de 1942 era propiedad
del platero de Chaves Sr. José Simões Cruz.
Provincia de Orense.—Parece ser ésta la procedencia de un tor¬
ques de oro con varilla de sección circular y remates en forma de tuli¬
pán, decorados en el punto de unión con la varilla con series de zig¬
zags. Una lámina que aparecía colocada en el interior de los remates,
y que sostenía un punzón, estaba adornada con tres series de dos círcu¬
los concéntricos cada una, ordenados alrededor de un centro común.
La técnica en que estaban ejecutados todos estos adornos era el pun¬
tillado.
Figuró esta joya en la colección Arteaga, y se ignora su actual
paradero.
Cortinhas (San Mamede de Riba Tua). Torques de plata forma¬
do por tres hilos gruesos e iguales, lisos y de sección circular, torcidos
en hélice y fundidos en los extremos, en un solo cuerpo, que debió ter¬
minar en un gancho o en un orificio.
Mide 460 milímetros de desarrollo, tiene de diámetro 135 milíme¬
tros y pesa 144 gramos.
Con esta joya apareció un denario de Tiberio, del año 15.
Está en el Museo Municipal “Azuaga”, de Vilanova de Gaia.
Piñal o Vello (Ribadeo). En el año de 1872 se encontró en esta
localidad un torques de oro, cuyas características desconocemos, sa¬
biéndose tan sólo que pesaba doce onzas y media.

37

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LAS

Viveiro. En una junquera llamada “Portochao”, situada a la
orilla del río Landrove, encontró una muchacha un torques de oro,
con varilla de sección circular y cabezas, al parecer, en perillas. Tenia
este ejemplar el conocido adorno del alambre enrollado en los dos ter¬
cios inferiores de la varilla.
Pesaba trece onzas y media, y fué comprado por dos vecinos de
Viveiro, ignorándose su actual paradero.
Bagunte, en las cercanías de Porto. A Fernando Russell Cortez,
director de las excavaciones que se llevan a cabo en esta “cividade”,
debemos el conocimiento del hallazgo de un tesoro con cinco torques
de plata, aparecido durante el transcurso de aquellos trabajos arqueo¬
lógicos.
Como quiera que dichas joyas no han sido aún publicadas por su
descubridor, nos limitaremos a decir que tres de ellas son semejantes
al torques de Cortinhas, que otra está terminada en remates en forma
de tulipán, y que la última aparece fabricada con una malla armada en
torno de un vástago.
Citania de Sanfins de Ferreira. Una cabeza de oro, de forma cam¬
panulaÿ con cuatro zonas de trazos repujados, rectos los de las dos
zonas exteriores, y en espina de pez los de las interiores, puestos en el
extremo por donde se unía con la varilla, y en la lámina que cierra el
extremo opuesto, tres círculos concéntricos hechos con filigrana soldada
y una esferita central.
Tienen todos los torques que acabamos de reseñar la varilla encorvada a manera de C, que a veces, como sucede en uno de los encontra¬
dos en la Recadieira, en otro de Melide y en los de San Lorenzo de
Pastor y de la Capelada, se abre considerablemente, hasta llegar al semiglipse, cerrándose en otras ocasiones, pero sin tocarse nunca los ex¬
tremos, como suele ocurrir con bastante frecuencia en piezas simila¬
res del La Téne del oeste y centro de Europa. Por lo general, las va¬
rillas disminuyen de grueso desde la porción media; pero en ciertos
ejemplares, como en tres del tesoro de Foxados y en otros, se engrue¬
san asimismo los dos cabos cerca del lugar de inserción de las cabezas.
El predominio de las varillas macizas con sección cuadrada, rom¬
boidal o circular, sobre las constituidas por alambres trenzados, es ab-

soluto, pareciendo reservarse estas últimas para los collares de plata
(Mondoñedo, Cortinhas, tres de Bagunte), y empleándose tan raras
veces en los de oro, que sólo puede citarse para el caso una de las pie¬
zas del Cruceiro da Cruña, que, al parecer, presentaba, como la de
Mondoñedó, expansiones, en forma de ocho, de los alambres constitu¬
tivos del funículo.
Las varillas de sección romboidal y las circulares se registran casi
en el mismo número ; pero, en cambio, las cuadradas no aparecen más
que en uno de los torques de Foxados, en el de Santa María de Ren¬
dar y en el procedente de la colección Arteaga, que está en el Museo
de Pontevedra.
El grueso y la manera cómo están desarrolladas y construidas
varía mucho, habiéndolas toscas, como las del río Oitabén y de Ren¬
dar; observándose en otras, ejecutadas con cuidado, como la del tor¬
ques grande de Foxados, la del segundo de la Recadieira, y aun en la
misma del de Marzán, una indudable pesadez y falta de elegancia, que
contrasta con las líneas graciosas de otros collares, como son, por
ejemplo, el del Museo de Valencia de Don Juan, el de Viladonga y el
antes citado del Museo de Pontevedra.
Caso singular y aparte de todos los anteriores es el del torques de
malla de hilo de plata, montado sobre un alambre del mismo metal, que
formaba parte del tesoro de la cividade de Bagunte, recientemente
aparecido.
Más variedad que las varillas ofrecen loá remates o cabezas, de las
que en los últimos años se encontraron formas nuevas, constituyéndo¬
se así un conjunto, en el que se pueden distinguir los tipos siguientes

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JOYAS CASTREÑAS

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(figura 27).
a), en doble tronco de cono; b), en doble escocia; c), en perilla;
d), campánulas; e), en tulipán; /), en botón; g), en ganchos.
El primer tipo de cabezas sólo se encuentra con claridad en el tor¬
ques grande de Foxados, pues algunos otros que se le aproximan,
como el de Marzán y el primero de la Recadieira, tienen ya iniciada
la escocia, y algo semejante viene a ocurrir con el segundo de la Re¬
cadieira y con el de Astorga, aunque en éstos la mitad inferior del
remate termina en una porción cilindrica.

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LAS

Las cabezas en doble escociaj que se prodigan mucho, presentan
variaciones muy apreciables, que afectan a su longitud general, al ta¬
maño respectivo y a la profundidad de las concavidades de las escocias; así, como ya indicamos, hay algunas que se acercan al doble
tronco de cono; otras, como las que presentan los ejemplares de Melide, San Lorenzo de Pastor y uno, fragmentario, de la provincia de

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gunte; 19, Mondoñedo; 20, Bagunte,

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Lugo, tienen las escocias, por lo general, pronunciadas y de longitud
casi igual; y, en cambio, en los de la región de Chaves, en los asturia¬
nos y en uno de Lugo, que tiene grabada una estrella en la lámina ter¬
minal, la escocia inferior es mucho más larga que la superior.
Más homogéneo es el tipo de los remates en perilla, en los que sólo
cabe distinguir los más piriformes de los que tienden a la figura esfé¬
rica, y los que terminan en punta roma de los que la ostentan aguda,
siendo de notar la particularidad del ejemplar de esta clase hallado
en el Tecla, que termina en una pequeña bola.

w

JOYAS CASTREÑAS

El tipo campanular se conoció primero por ostentarlo dos frag¬
mentos, de seguro de brazalete, que formaban parte del tesoro de Lebução. En los años que van desde 1930 apareció esta forma aplicada a
torques, en el de Santa Tecla, en los tres ejemplares de Lanhoso y en
Tourem, y siempre adornada con decoraciones abundantes y ejecuta¬
das con técnicas finas, lo que hace sospechar si sería empleada de pre¬
ferencia en piezas selectas.
Los remates en forma de tulipán se encuentran sólo en un torques,
hoy desaparecido, que estuvo en la colección Arteaga, y en otro, de
plata, de la cividade de Bagunte; pero se Ies halla asimismo en la ca¬
beza de muchos alfileres castreños, en el apéndice de una fibula de Trasos-Montes, publicada por Leite de Vasconcelos, en otra de Tecla y en
el collar de Estela.
Los remates en botón aparecen en torques de oro de fabricación
tosca, como son los del río Oitaben y de Santa María de Rendar, y en
dos, de plata y de varilla casi funicular, del tesoro de la cividade de Ba¬
gunte. Los brazaletes de Rendar tienen también remates de este tipo,
y los de Gondeiro, aunque algo diferentes, fueron obtenidos, como
ellos, rebatiendo los extremos de las varillas.
Con ganchos terminan el torques funicular, de plata, de Mondoñedo, y, al parecer, el fabricado con malla de la cividade de Bagunte.
En el primero, los dos cabos de la varilla se doblan, pudiendo prenderse
el uno con el otro ; en el de Bagunte, Ja varilla sobre que está montada
la malla tiene roto un extremo, pero en el otro se ve una anilla, que de¬
bía servir para sujetar un gancho igual al que ostenta un brazalete
funicular, de plata, del castro de San Justo, en Palas de Rey, que ter¬
mina en otro cabo en una anilla semejante a la del torques de Bagunte.
Las varillas de los torques macizos están, por lo general, marti¬
lladas con entera regularidad y muestran una gran pureza dejíneas,
que se observa de preferencia en los de sección romboidal, algunos de
los cuales tienen una o varias caras ligeramente cóncavas. En las va¬
rillas de sección circular se hacían a veces ochavas en la porción que
se recubría después con alambre enrollado, con objeto, sin duda, de
facilitar la unión de los dos elementos, particularidad que ha podido
observarse, por lo menos, en uno de los torques de la Recadieira y

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LAS

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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en otro de los de Foxados. En ocasiones se procuraba también dar a
la varilla un aspecto funicular, cosa que se conseguía retorciéndola,
como ocurre en uno de los ejemplares de la cividade de Bagunte, que
se encuentra torsionado en una zona comprendida entre los extremos
y el centro, o retorciendo una lámina sobre un alma, como acontece
en uno de los fragmentos de varilla de bronce que aparecieron en el
Santa Tecla. Otro fragmento, también de bronce, de la misma esta¬
ción, está, en cambio, provisto de unas profundas acanaladuras lon¬
gitudinales.
Caso relativamente frecuente es el de varillas constituidas por un
núcleo de un metal, recubierto por una lámina de otro de calidad su¬
perior, como ocurre en los tres de Lanhoso, que son de cobre con lá¬
mina de oro ; en uno de los de Foxados, que es de plata con cubierta
de alambre y de lámina de oro, y en otro del Santa Tecla, que tiene
el alma de bronce y está forrado de plata.
Las varillas funiculares se obtenían trenzando sencillamente los
alambres ; pero alguna vez, como en el caso del collar de plata de Mondoñedo, con los alambres gruesos se trenzaron otros dos mucho más
delgados y retorcidos, uniéndose después todos en las puntas. Esta
unión se realizó asimismo en el de Cortinhas y en tres de los de Ba¬
gunte, y fué conseguida, sin duda, en todos los casos por martillado
caliente de los extremos de los elementos constitutivos de la varilla.
Los remates en forma de botón se lograron rebatiendo a martillo
los cabos de la varilla; IÕTcle gancho, doblando los extremos, o do¬
blando uno y formando anillo con el otro. Los demás tipos, que pre¬
sentan siempre una gran regularidad de líneas, parece que fueron ob¬
tenidos con la intervención del torno de viga, y soldándolos directa¬
mente a los extremos del vástago, en el caso de los que tienen forma
de perilla, y armándolos antes por soldadura con las láminas, en los
otros casos. Los cabos de las varillas se preparaban a veces para esta
operación, dotándolos de un rebaje, como sucede en el ejemplar de
bronce forrado de plata del Santa Tecla, o retorciéndolos en las pun¬
tas, como pasa en el torques grande de la Recadieira, o poniéndoles un
espigo, como se señaló en uno de los de Foxados.
Para evitar que, al practicar la unión de la varilla y las cabezas,

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JOYAS CASTREN AS

hacerlas
la dilatación del aire alojado en el interior de éstas pudiera
de
modo
a
estallar, se Ies abría un pequeño agujero para que actuara
el collar
válvula de seguridad, habiendo sido observado este ¡hecho en
de Codeçais y en el de las cercanías de Pontevedra.
En las soldaduras, por lo general muy limpias y casi siempre de
gran solidez, se debió emplear el chrisocolle, materia que, según Pliniõ*(45), abundaba en las minas de oro de la Hispania.
Las técnicas más usadas en la decoración de los torques fueron,
de seguro, la del" punteado, que se realizó casi, siempre_con moldes de
excelente temple y de una gran finura, o el estampado con matrices
especiales. Con el primer procedimiento se llevaron a cabo trabajos de
calidad tan diferente como las marcas, puestas sin orden, que cubren
Letodo el ejemplar de la Capelada; las figuras geométricas de las de
bução, Codeçais y otros, y las estilizaciones de animales de agua del
collar, incompleto, de la provincia de Lugo, habiendo casos, como el
eQ interior del
de la cabeza en doble escocia, de Estela, en que todo
trisquele que la decora está lleno con una especie de punteado hecho
y
con molde. Grababan estos moldes por percusión o por compresión,
marcaban unas veces puntos, otras semiesferas o circulitos.
Las estampaciones con matrices especiales se conseguían por los
mismos procedimientos que el punteado, pero imprimían señales de
mayor tamaño y más variadas, tales como semicírculos, círculos sen¬
cillos o con punto central, escudetes, líneas de semiesferas, de puntos
o de rayas, puntos aislados, triángulos y postas, empleándose estas
figuras solas unas veces, como los circulitos del torques de San Loren¬
zo de Pastor, o asociadas para componer otras figuras, como en la
varilla de un torques incompleto de la provincia de Lugo, o combina¬
das de un modo complejo, como ocurre en el adorno radial de una
cabeza de collar de uno de los torques de Cangas de Onis.
La simple raya producida por incisión se usó mucho menos que
ejem¬
los punteados, y las estampaciones, y aparece sólo en uno de los
Leplares de Cangas de Onís, en dos de Foxados, en uno de los de
bução y en el de Santa María de Rendar, con más carácter, en este
(45) N. H, XXXIII,

22.

43

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

último, de marca de propiedad que dç decoración; y, por su parte, el
cincelado sólo se empleó, y con escaso acierto, en uno de los collares
del castro de Masma.
Fuera ya de estas técnicas figuran aquellas otras en que la decora¬
ción no se realiza grabando por un medio o
otro en el metal de U
joya, sino aplicando sobre él nueva materia, que puede ser un alam¬
bre, un hilo de filigrana, unas esferitas o las pequeñas partículas que
forman el granulado.
Las aplicaciones de alambre, que, por lo menos, en uno de los tor¬
ques de la Recadieira, estaban sustituidas por una laminita arqueada
en semicilindro, se hicieron siempre sobre los dos tercios inferiores de
la varilla, y quizá nacieron del deseo de imitar las irregularidades de
los collares retorcidos o del de combinar una superficie rugosa con
otra lisa. Se encuentra esta forma de decoración muy prodigada, se¬
ñalándosela en el ejemplar de Marzán, en uno de la Recadieira, en los
de Viladonga y Centroña, en dos de Foxados, en uno de Cangas de
Onís, en los tres de Lanhoso, en los desaparecidos de Viveiro y del
Cruceiro da Cruña, en el de Riotorto que estuvo en la colección Villaamil y Castro y en el de Asturias que está en el Museo de Valencia
de Don Juan. Acompañan con alguna frecuencia a estos alambres
enrollados en las varillas las espirales de filigrana, armadas alrededor
de un botón central, dándose esta asociación en los torques de Vila¬
donga, Centroña, en uno de Cangas y en el del Museo de Valencia de
Don Juan, viéndose las espirales solas en uno de los de Cangas de
Onís, que muy posiblemente perdió el alambre. En el de Centroña, las
espirales están duplicadas, y en dos de Foxados, reemplazadas por una
plaquita con círculos concéntricos grabados.
La filigrana, Jo mismo la lisa que la funicular, excepto en las ca¬
bezas del torques grande de Foxados, en que se ostenta al aire, se la
encuentra siempre aplicada contorneando zonas o figuras en las lámi¬
nas de los remates o en el cuerpo de los mismos, y en un solo caso, en
las cabezas del de Foxados, que antes citamos, guarneciendo los bor¬
des de los planos. Decoraciones de esta clase se ven también en las por¬
ciones centrales de Jas varillas de los torques de Marzán y de Masma,
donde tienen forma de lazos ; en los tercios medios del de La Coruña,

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Viladonga; 5, provincia de Lugo;
Fig. 28.— i. Marzán; 2, Recadieira; 3, Mondoñedo; 4,
San Lorenzo de Pastor; 12, Ren¬
ídem;
11,
10,
6, ídem; 7, Centroña; 8, Foxados; 9, ídem;
ídem; 17, Santa Tecla; 18, ídem;
dar; 13, Capela da ; 14, Cangas de Onís; 15, ídem; t6,
ídem; 23, provincia de Orense; 24, Lcbução;
19, Lanhoso; 20, ídem; 21, Masma; 22,
28, ídem; 29, idem; 30, ídem; 31, Astorga o
Baguntc;
Cortinhas;
27,
26,
25, Langreo;
Cangas de Tineo.

(2)

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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donde están los hilos simplemente adaptados a las caras del vástago
de sección romboidal, y, por último, se las ve describiendo lazos y SSS,
en las porciones medias de los collares de Lanhoso, que quedan cubier¬
tas por completo por ellas.
Aunque aparecen a veces unidas con otras técnicas, las esferitas se
asocian de preferencia a la filigrana, como se aprecia en los tres tor¬
ques de Lanhoso, en el de Masma y en el remate campanular de la
dtania de Santa Tecla. El granulado de ejecución muy fina y cuida¬
da se registra sólo en este remate y en los tres citados ejemplares de
Lanhoso.
Como se ve, los joyeros castreños no emplearon en el adorno de los
torques técnicas como Ja del repujado, de la que podrían sacar el in¬
dudable partido que sacaron los aurifices galos de la época de La Teñe,
y el mismo cincelado, que sólo aparece una vez en nuestro inventario,
no debió gozar de gran boga; pero, en compensación de estas faltas,
demuestran una indudable habilidad en el empleo del punteado y del
estampado, y se ve que poseyeron a la perfección procedimientos como
la filigrana, el granulado y las esferitas soldadas, que requerían, a
más de seguridad de mano, un instrumental delicado y el conocimiento
de gomas y materias soldantes, y aun de métodos de trabajo cuyo se¬
creto no ha sido descubierto todavía.
No son muchos los torques que se hallan desprovistos en absoluto
de decoración, pero entre los decorados hay diferencias notables en el
gusto y riqueza de los adornos; diferencias que saltan a la vista al
comparar, por ejemplo, el leve e irregular puntillado del collar de la
Capelada, o las simples rayas longitudinales de los de Foxados y Can¬
gas, con la profusión de motivos y la labor fina que se admiran en la
cabeza campanular de Santa Tecla y en las tres piezas del tesoro de
Lanhoso.
En los ejemplares mejor decorados, los tercios inferiores de la va¬
rilla se reservaron para ser cubiertos por alambres enrollados, y en el
centro se adornó sólo la parte dorsal, siguiéndose con tanta regulari¬
dad esta regla, que sólo aparece quebrantada en los torques de Lanho¬
so, en los que los motivos decorativos se extienden por toda la porción
de la varilla no ocupada por el alambre enrollado; en el ejemplar de

4<s

I

LAS

JOYAS CASTREÑAS

Foxados,
la Capelada, cubierta por completo de puntos, y en otro de
con rayas en todas sus caras. En los demás se buscó, sin duda, el ador¬
las
nar las porciones más visibles de las varillas, dejando sin cubrir
las
de
que iban en contacto con el cuello, y (procurando el contraste
otro,
zonas lisas y las decoradas, o las de un tipo de decoración con
ofreciendo el conjunto (fig. 28) una rica variedad.
Los remates fueron adornados también muchas veces (fig. 29), co¬
locándose los principales motivos en la lámina terminal, que es la que
ofrece mejor campo para ser decorada, aunque no faltaron ocasiones
en que lo fueron asimismo las láminas superiores, y aun el cuerpo del
remate, cuando su forma lo consentía, como ocurre en los campanulares, y viéndose en la cabeza bitroncocónica del torques grande de Fo¬
xados un hilo funicular que guarnece el borde de sus láminas ; siendo
digna de notarse la circunstancia de que ninguna cabeza en forma de
perilla presenta decoración.
Los motivos decorativos que los aurifices del noroeste hispánico
emplearon para adornar sus obras son exactamente los mismos que
usaron los ceramistas y los canteros. Los pájaros de agua, los zigzag,
los círculos y semicírculos con punto central, las zonas de rayas ver¬
ticales, las SSS y los escudetes cargados de puntos o de circulitos se
encuentran con mucha frecuencia en las vasijas de barro, y ejecutados
casi siempre con la técnica en estampado, que predomina también en
joyería; y en cuanto a los sogueados, que se imitan con el enrolla¬
miento de alambres, los entrelazados, las rosáceas, las postas, las espi¬
rales y los trisqueles, se ven constantemente en las piedras con relieves, que unas veces formaban parte del marqueado de las puertas y
del zócalo de las casas, y otras estaban incluidos en las mismas con
fines profilácticos, pudiéndose seguir con tanta exactitud este parale¬
lismo entre los motivos de las joyas y los que se encuentran en las
casas de los castros, que aun unas decoraciones de tipo infrecuente,
como las del torques más completo de Cangas de Onís, y la que os¬
tenta el ejemplar, también asturiano, del Museo de Valencia de Don
Juan, tienen su semejante en una de las piedras con relieves encon¬
tradas en la dtania de Santa Tecla.
Pero es de notar el hecho de que mientras las dichas piedras escul-

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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Fig. 29.-1, Provinda de Lugo; 2, Foxados; 3, Cangas de Onís; 4, ídem; 5, ídem; 6, Lcbução; 7, Langreo; 8, Estela; 9, Codeçais; 10, Santa fTecla; u, Lanhoso; 12,- ídem;
13, Tourem; 14, provincia de Orense; 15, Bagunte; 16, Serra da Capelada.

48

JOYAS CASTREÑAS

turadas se localizan sólo en el Minho portugués y en el sudoeste de
Galicia, con escasas extensiones en Tras-os-Montes y una singular en
el Bierzo, los motivos que en ellas se esculpieron aparecen ornamen¬
tando joyas aparecidas en lugares lejanos a estas comarcas, como ocu¬
rre con las de la provincia de Lugo, Foxados, Cangas de Onís, Masma
y Marzán.
Basta con mirar el mapa de la figura 30 para percibir la absoluta
independenci a_eii_a ueÿse-encuentranJas áreas de máxima densidad en
el hallazgo de torques con dos de las regiones en que la explotación
deí oro se llevó a cabo em época romana con mayor intensidad, como
son ¿las de las cuencas del Sil y del Ornia, regiones en las que sólo se
pueden localizar el collar de las cercanías de Astorga, el de Rendar y
el de Ribas de Sil, que debe ser uno de los dos que figuraron en la
colección Arteaga, pareciendo indicar este hecho que antes de que los
romanos organizaran allí el trabajo de las minas, los yacimientos, o
no eran explotados, o si lo eran se sacaba de ellos muy escaso rendi¬
miento. En cambio, parecen tener indudable relación con las minas del
oeste de Asturias y del nordeste de Galicia, por un lado, el tesoro de
Cangas de Onís y el ejemplar del Museo de Valencia de Don Juan, y
por otro, todos los torques de la comarca de Mondoñedo, que con los
encontrados en las comarcas vecinas de Foz, Viveiro y Ribadeo, com¬
ponen un núcleo importante, con más de doce ejemplares,
Desde esta región del nordeste de Galicia los hallazgos de collares
siguen en una dirección por la costa y en otra tierra adentro por las
cercanías de Santiago, Arzúa y Melide, menudeando por allí de tal
manera que si trazamos una línea que por el borde del Pirineo astur
vaya hasta el nacimiento del Navia, y después cruce recta al del Ulla,
para acompañar a este río hasta su desembocadura, nos encontrare¬
mos que de 65 torques o fragmentos de torques cuya localización co¬
nocemos con suficiente exactitud, 39 se colocan al norte de dicha línea
y sólo 26 al sur, a pesar de representar la primera de estas zonas me¬
nos de la tercera parte de la superficie total de la antigua Galecia.
En este conjunto puede distinguirse ya la existencia de varios ta¬
lleres o escuelas locales, que ofrecen caracteres distintivos y que se si¬
túan en determinadas regiones geográficas.
49

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

Hay así una escuela asturiana, cuyo ámbito territorial parece es¬
tar reducido a la provincia de tal nombre, que decoraba frecuente¬
mente los tercios inferiores de las varillas con alambre enrollado y
espirales de filigrana; que adornaba a veces el centro de las de sección
circular con zonas de zigzag separadas por molduras, y que emplea-

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Fig. 3a Distribución de los torques.

ba unos remates en doble escocia, con la porción inferior más larga
que la superior, y decorados en la lámina terminal con roleos o con
motivos de disposición radial.
Otra escuela fue la que empleó las cabezas en forma de perilla,
cuya área abarca el norte de Galicia, pero sin pasar nunca de los alre¬
dedores de Pontevedra, excepto en el caso del ejemplar del Tecla, y
sin ninguna extensión hacia el Este que sobrepase la tierra de Mon50

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Fig, 31.— Motivos decorativos del brazalete de I.cbuqño.

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De un taller flaviense habló ya Mario Cardozo (46), al notar ca¬
racteres comunes en la forma y en el adorno de los dos torques de
Lebução y en el de Codeçais, ¡hallados en la región de Chaves; taller
que lanza una obra suya a la provincia de Lugo, donde se encontró
una cabeza semejante a las indicadas de Chaves, decorada, como ellas,
con una estrella o rosácea.
La circunstancia de no señalarse ¡los remates campanulares más
que en las tres piezas de Lanhoso, en los hallazgos del Teda y de
Tourem y en los fragmentos de brazalete del tesoro de Lebução; la
relativa proximidad de estas localidades, situadas todas en el norte de
Portugal y en el sudoeste de Galicia, y asimismo el tipo de ¡las decora¬
ciones y las técnicas empleadas para ejecutarlas, hacen suponer una
filiación común a los indicados ejemplares y la existencia en la región
mencionada de una escuela particular.
Pero, a pesar de estos tipos locales, los torques de oro cástrenos
tienen, en general, y con excepción de los de factura más ruda, como
los de Rendar y del río Oitabén, caracteres comunes para agruparlos,
constituyendo con ellos una especie inconfundible, en la que algunos
elementos, como los remates en doble escocia, el adorno de alambre en¬
rollado y las formas y curvatura de las varillas, se encuentran en toda
el área cultural desde el Sella hasta el Duero.
Y, para concluir, haremos notar que los torques de plata, normal¬
mente de labor de alambres retorcidos, constituyen tipológicamente algo
distinto de los otros collares galecos, y que seis de los siete ejemplares
que anotamos en nuestro inventario se localizan en el norte de Portu¬
gal, particularidad que más adelante comentaremos.

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JOYAS CASTREÑAS

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LAS DIADEMAS.
Ignoramos si estas joyas eran propias de los hombres o de lasr mu¬
jeres, o si las usaban indistintamente individuos de los dos sexos, pues
ni los autores clásicos hablan de ellas de un modo concluyente, ni se
las encontró, hasta ahora, representadas en las esculturas castreñas,
siendo de notar que otros tipos de joyas aparecen, en cambio, figurados
(46)

Una pieza notable de la orfebrería |primitiva, A. E. Awj., núm. 47> pág. Ç&

51

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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en dichas esculturas, como ocurre con los torques de las estatuas de
guerreros de Montalegre y de Rubiás, y con los brazaletes de las de
Lezenho, Santo Ovidio de Fafe, Refojo de Bastos y Campos.
Hay, sin embargo, una noticia consignada por Estrabón (47), que
quizá pudiera de alguna manera aludir a estas diademas como adorno
masculino, y es aquella en la que asegura que los hombres galecos lle¬
vaban los cabellos largos al estilo femenino, aunque para combatir se
ceñían la frente con una banda, pareciendo significar con esto que los
largos cabellos, sueltos y flotantes de ordinario, se recogían cuando se
entraba en alguna acción de guerra, sujetándolos con una cinta o pa¬
ñuelo, pues, como hace notar García y Bellido (48), la palabra banda
tiene un sentido lato, que quizá pudiera extenderse muy bien a una lá¬
mina de oro como las que forman las diademas, suposición que tendría,
por otra parte, en su apoyo la costumbre de los celtas de lucir en las
batallas ricas joyas, y la circunstancia de que uno de los ejemplares
gallegos tenga estampadas figuras de guerreros.
Sobre la forma en que estas diademas se colocaban nada puede de¬
cirse exactamente. La longitud de todas ellas es, desde luego, insufi¬
ciente para ceñir la cabeza de una persona desde la frente al occipucio,
pero algunas van provistas en sus extremos de anillas, en las que po¬
drían atarse cintas o hilos que permitieran adaptarlas para una colo¬
cación de esta clase o para otra; pero en un ejemplar asturiano, que
luego reseñaremos y que mide 395 milímetros de largo, se (ven anillos
en uno de los extremos y ganchos en el opuesto, particularidad que
demuestra con su presencia que la diadema se cerraba sin intermedio
de ninguna otra pieza, obligándonos a pensar en la posibilidad de que
rodeara sencillamente, en lo alto del cráneo, la mata de cabellos recogida y anudada en una especie de moño, semejante al que usan algu¬
nos primitivos actuales.
Claro está que si el uso de los cascos de tres crestas, o de los capa¬
cetes, de que habla la Geográfica (49), fuera .general, poco valor ten¬
dría lo que acabamos de decir, pues de ningún modo podría admitirse
(47) ni, 3. 7,
(48) f,spaña y los españoles hace dos mil años, según la Geografía de Strábon, pág. 13ÿ

(49) II I,

52

3,

6.

LAS

JOYAS CASTRENAS

la ostentación de una diadema llevando un casco encima; pero el mis¬
mo texto de Estrabón advierte que eran pocos los que usaban el casco
de tres crestas, y que sólo otros se cubrían con los capacetes de ner¬
vios, viniendo a confirmarse esta referencia literaria por el hecho de
que de todas las esculturas castreñas no se aprecie indicación de casco
más que en la estatua de Capeludos, y que en las estampaciones de
guerreros de la diadema de Ribadeo son muchas más las que no tienen
indicación de defensa alguna en la cabeza que las que llevan la indi¬
cación de los tres penachos o cimeras.
Considerablemente menos numeroso que el de los torques, el in¬
ventario de las diademas se reduce a las siguientes piezas :
Cangas de Onís. Está constituida esta joya por una lámina de
oro de 395 milímetros de largo por 70 de ancho y 76 gramos de peso,
provista en uno de sus extremos de dos anillas y en el otro de dos gan¬
chos dispuestos para prenderse en ellas (fig. 33). La decoración, total¬
mente estampada, marca en relieve, en la cara externa de la lámina,
series alternadas de SSS y de puntos gruesos, que dejan en el centro
una zona con una doble línea de estos últimos, que aquí, en vez de ser
de igual tamaño, como en las otras series, alternan unos grandes con
otros más pequeños, cambiando el orden en cada una de las líneas. En
las extremos van, en curva, primero una línea de puntos, y después
otra de SSS, y, por último, cuatro puntos, dos grandes y dos peque¬
ños, ordenados en forma triangular.
Se halla esta diadema en el Museo Arqueológico Nacional.
Ribaéeo. Diadema formada por una lámina de oro de 420 milí¬
metros de largo y 65 de ancho, provista de dos anillos en cada extre¬
mo, que miden cada uno 33 milímetros de largo (fig. 56). La decora¬
ción Iconsiste en una orla, que en los dos lados mayores está cubierta
por tres series de líneas verticales incisas, y en las menores presentan
rayas, puntos y un entrelazado muy sencillo. El interior de la lámina
está ocupado por tres zonas, Has dos exteriores con entrelazados de dos
cintas rayadas y con puntos entre los lazos y en sus márgenes, y la
central por el conocido motivo de la estrella o rosácea de seis pétalos,
con otros seis pétalos o rayos uniendo los extremos de los anteriores,
pero combinándose y penetrándose cada figura de tal manera, que los

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55

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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elementos constitutivos, ocupando siempre posiciones distintas, entran
en la composición de varias de ellas. Estos elementos aparecen rayados
con incisiones horizontales, y entre ellos se grabaron puntos. La sepa¬
ración entre las tres zonas indicadas se hace por medio de otras que
tienen dos líneas de incisiones menudas y apretadas, y en el centro, y
flanqueada por puntos, otra línea de incisiones más hondas y separa¬
das que las anteriores. Las anillas aparecen decoradas con un doble
trenzado.
Está en el Museo Arqueológico Nacional y otras dos casi igua¬
en
les
la colección Lázaro Galdeano y en el Museo del Louvre.
Ribaé&o. Con esta localización circulan seis fragmentos de dia¬
dema, que creemos pertenecen a dos, o quizá a tres joyas de este tipo.
Se hallan decorados todos Jos fragmentos con las figuras de una mis¬
ma escena, cuyo fondo está constituido por la representación de un río,
cuya existencia se expresó
varias líneas de puntos, que simulan el

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I

LAS

JOYAS CASTREÑAS

En tres de los fragmentos, que hay que suponer que pertecen a la
misma diadema, la escena que acabamos de describir se desarrolla en
dos zonas, y por encima de la superior se Ven unos conos, en los que
alternan franjas lisas con otras llenas de puntitos en relieve. Uno de
los fragmentos, que corresponde a un extremo de la joya, termina en
dos anillas, y antes de ella, y ocupando el final de la lámina, hay unos
lazos sencillos y unas rayas verticales.
Otros dos fragmentos son, con toda evidencia, de una segunda dia-

agua, y que son idénticas a una sobre la que flotan palmípedas, que se
ven en la varilla de un torques incompleto de la provincia de Lugo.
Sobre las indicadas líneas aparecen peces, pájaros acuáticos con un
pez en el pico y (una tortuga, circunstancia esta última que demuestra
claramente que se trata de una corriente fluvial, pues dichos quelonios,
frecuentes en los ríos gallegos, no aparecen nunca en nuestro mar. En
la escena, (que semeja ser una procesión o desfile, toman parte los si¬
guientes personajes: jinetes, cubiertos a veces por un casco de tres
penachos ,y armados de una cetra y de una espada corta o de una lanza
arrojadiza, apareciendo en una ocasión al lado de una de las cabalga¬
duras un potro de poca altura, como si fueran una yegua y su cría.
Mezclados con estos jinetes van unos hombres, con cinturón, que sos¬
tienen en cada mano un caldero en forma de sítula, y unos guerreros
a pie, provistos también de un cinturón, del que sobresalen a veces
unos anillos, tocados siempre con cascos de tres penachos, y que sos¬
tienen en la mano izquierda una cetra y en la derecha, o una espada
corta, o dos lanzas ; y, por ultimo, se ven en dos fragmentos, y sobre
el río, unos circulitos unidos entre 'sí, algunos de los cuales parecen pe¬
queñas cabezas humanas, que no sabemos lo que querrán significar

(figura 38).
54

I
y

Fig. 38, Fragmentos de dos diademas de Ribadeo.

dema, en la que la composición se desarrolla en una sola zona, vién¬
dose en ella el potro y la tortuga a que antes aludimos, y diferencián¬
dose, además, de la primera escena en carecer de aditamentos cónicos
en el borde superior, en no presentar plazos en el extremo de la lámina,
al que se une un solo anillo y no dos, y, por último, en ostentar los
círculos o cabecitas, no en serie .seguida, sino agrupados, por dos ve¬
ces, de tres en tres.
El sexto fragmento (fig. 57), que es muy corto, se parece mucho
a los trozos más estrechos; pero mientras en éstos y en los tres más
anchos todos los penachos se hallan derechos y con indicación de las
barbas de las plumas, y hasta de un remate globular en su cima, en
éste los penachos de un infante presentan idénticos caracteres, pero
55

FLORENTINO LOPEZ CUEV1LLAS

(

LAS

los .del jinete que se encuentra a su lado son más gruesos que los otros
y no tienen indicación de las barbas de las plumas, las cuales, en vez
de estar derechas, se curvan hacia atrás, mostrando esta particulari¬
dad el empleo, en este;caso, de una matriz estampadora distinta de las
empleadas en las figuras restantes.
Respecto a la interpretación de la escena representada, quizá no
sea aventurado suponer queÿse trata de algo relacionado con el culto
de una corriente fluvial, en el que actúan guerreros de a pie y de a
caballo y unos guerreros portadores de grandes calderos, que lo mis¬
mo podrían servir para llevar ofrendas que
recoger agua del río
objeto de la ceremonia; siendo bien notar (que el hecho de aparecer espadas frecuentemente en el lecho de los ríos se atribuyó por varios
arqueólogos a la costumbre de arrojar a él como ofrenda estas ar¬
mas (50), y que en el Támesis se halló un caldero de bronce (51), y
espadas, cascos, escudos y .lanzas en ríos de Inglaterra y de Francia.
Hay algún fragmento de estas diademas en el Museo del Louvre,
pero la mayor parte de ellos se encuentran en el Museo Arqueológico
Nacional y uno en el Museo de Valencia de Don Juan.
Todas las diademas están fabricadas en láminas de oro, obtenidas
de seguro a martillo, y en cuyos bordes menores van soldadas las ani¬
llas o los ganchos para cerrarlas o ceñirlas en el lugar de la cabeza
en donde fueran colocadas.
La localización geográfica de los ejemplares atrás reseñados nos
llevaría a suponer que el uso de estas joyas era exclusivo (de los albiones de la comarca de Ribadeo y de los astures; pero esta suposi¬
ción, a más de chocar con la unidad evidente de la cultura castreña,
tiene en su contra el corto número de ejemplares registrados, ,1a apa¬
rición de piezas análogas .en otros puntos de la Península y la antigua
tradición que esta clase de adornos tiene en la Galecia, tradición que
los hallazgos de las sepulturas jde São Bento de Balugães, de Agua
Branca y de una de las de Vilavella obligan a remontar a los prime¬
ros tiempos tiempos del bronce.

JOYAS CASTREÑAS

La técnica empleada en la decoración de las diademas es común¬
mente un repujado, que se obtiene unas veces „por medio de matrices
estampadoras, otras por impresión de puntos de tamaños muy dife¬
rentes, y otras aun por simple rayado con instrumentos de punta jnás
o menos roma. En general, las formas de decoración son mucho me¬
nos finas y menos cuidadas que Jas que se usaron para decorar buen

número de torques.
En cuanto a los motivos decorativos, lo mismo las SSS rque los
punteados gruesos y finos, y que los lazos sencillos o complicados, que
las estrellas o rosáceas, son corrientes en variadas manifestaciones
del arte castreño, tales como la cerámica y la escultura, debiéndonos
limitar ahora a indicar que un entrelazado muy semejante al que la
diadema de Ribadeo con adornos geométricos presenta en las dos zo¬
nas laterales, se registró en una piedra, .con toda seguridad pertene¬
ciente a una puerta de una casa del castro de Rubiás, y también en la
puerta de otra casa de la cividade ,de Ancora, y en una pizarra de re¬
vestimiento encontrada en el castro .berciano de Valtuille; y que por lo
que respecta a las estrellas o rosáceas de la zona .central de la misma
joya, cuyos pétalos o rayos constituyen un todo continuo y enlazado,
el mismo procedimiento de enlace se baila empleado fen el campo prin¬
cipal de la primera Pedra Formosa de citania de Briteiros.
Gran novedad ofrecen, en cambio, las figuras de las otras diade¬
mas localizadas en Ribadeo. Más adelante nos ocuparemos de las de¬
ducciones etnológicas que de ellas pueden derivarse, limitándonos aho¬
ra a hacer constar que lo mismo la cetra que la espada corta son
comunes a todos los celtas de dentro y de fuera de la Península, pero
que el casco de tres crestas, tan bien representado en los mencionados
fragmentos de diademas, como los anteriores detalles de armamento,
es algo que menciona Estrabón como cosa peculiar de los lusitanos, y
pareciendo aludir particularmente a los que vivían al norte del Duero.

Ja

f

y

LOS

BRAZALETES.

Conocemos por Plinio (52) el nombre que estos adornos llevaban
en algunas regiones de la Península, al darnos este autor noticia de

(50) Juan de Mata Carriazo: "La Edad del Bronce”, en Historia de España,
vol. I,
pág. 807.
(Si) Antonio García y Bellido: “El caldero de Cabárceno y la diadema de Ribadeo.
Relaconcs con Has Islas Británicas". A. E. Aas?., núm. 45, 1941, pág. 560.

,

(52) iV. H. XXXIII, 13.

56

57
1

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

que las ajorcas eran llamadas virioles en la Céltica y viries en la Cel¬
tiberia.
Parece seguro que al designar Plinio este último país no se refi¬
riese de un modo exclusivo a la verdadera Celtiberia de la meseta cas¬
tellana, sino, de un modo menos preciso, a las tierras de la Península
Ibérica habitadas por celtas, debiéndose notar a este respecto que las
costas gallegas son calificadas por dicho autor de Celtiberia cuando
coloca frente a ellas a las islas Casitérides (53), y conviniendo adver¬
tir también que ciertos nombres personales relacionados con la deno¬
minación celtibérica de las ajorcas o brazaletes, como son Viriatus,
Virius, Viria y sus variantes, se encuentran casi exclusivamente en
epígrafes latinos localizados en Lusitania y Galecia.
Viriatus, nombre del héroe y caudillo de las guerras lusitánicas,
aparece dentro de la jurisdicción bracarense eñ Avelar (54) y en la
cifania de Briteiros (55). En Lusitania se encuentra en Trujillo (56),
Coria (57) y Vizeu (58); y en la Tarraconense, en Gastiaín, cerca de
Estella (59).
Virius y Viria, con alguna variante, se registraron en Santiago de
Compostela (60) y entre Porto y Penafiel (61); y en la Lusitania, en
Mérida (62) y en Lamego (63).
Estos últimos nombres tienen las extensiones emigratorias corrien¬
tes en los personales galaico-lusitanos, y aparecen dos veces en Ta¬
rragona (64), cuatro en Valencia (65), ciudad fundada, como se sabe,
por los veteranos de Viriato; dos en Sevilla (66) y una en Mahón (67);
extensión ésta muy rara y debida de seguro a algún individuo salido
de Valencia o de Tarragona.
Se ha supuesto si la analogía observada entre aquellos nombres
personales y el de los brazaletes sería debida a ostentar éstos un ca¬
rácter simbólico de mando o jerarquía; pero, en realidad, no hay nin(53) N. H. IV, 36.
(54) C. I. L; 2.435.
(55)
I. L„ 5.586.

c.

(56). C. I. L., 684
(57) C. I. L., 791.
(58) C. /. L„ 5.246.
(59) C. /. L., 2.970.
(60) C. I. L., 2.547-5.627.

58

c. L. 2.379.

(61)
i.
(62) C. /.

L.. 601.

(63) C. I. L., 5.250.
(64) C. I. L., 4.255 y 4256.
(65) C. I, L„ 3.771, 3.772, 3.773 y 3.774.
(66) C. I. L-, 1.251 y 1.252.
(67) C. I. L., 3.720-5.994.

LAS

:

ti

JOYAS CASTREÑAS

gún dato que permita comprobar tal hipótesis, y aun no sabemos si
las ajorcas y brazaletes eran usados sólo por los hombres, o si los usa¬
ban también las mujeres, pudiéndose hacer notar únicamente que mu¬
chas de las estatuas de guerreros galecos tienen en los brazos adornos
de esta clase, siendo patente su existencia en las de Montalegre, San
Ovidio de Fafe, Refojo de Bastos y Campos, y notándose asimismo
en la muñeca derecha de la de Viana un abultamiento anular, que
quizá figure una manilla.
Presentan, por lo general, estas toscas reproducciones de brazale¬
tes el aspecto de dos o tres aros de sección circular o planoconvexa,
puestos uno al lado de otros ; aspecto que lo mismo puede corresponder
a varias ajorcas independientes de cualquiera de aquellas formas, que
a una sola pieza gallonada, tipo que, como luego veremos, tiene más
de una representación en nuestro inventario.
Comprende tal inventario un número bastante considerable de
ejemplares, fabricados en oro los más de ellos, y otros en plata, bron¬
ce o vidrio, singularizándose el conjunto por la variedad de tipos y
por la riqueza ornamental de algunas piezas.
Punta do Neixón (Ría de Arosa). En las excavaciones practi¬
cadas por el pintor Roberto González del Blanco en el yacimiento lla¬
mado “O Castro Pequeño”, se encontró la mitad de un brazalete de
bronce, formado por una lámina estrecha, de sección planoconvexa,
decorada en la convexidad con series de ocho semicírculos en relieve,
alternadas con filas de pequeños abultamientos semiesféricos. Lo mis¬
mo los semicírculos que las filas de semiesferas están enfrentados
cuatro a cuatro, interrumpiéndose los más exteriores al tocarse tan¬
gencialmente. Estas series o zonas se encuentran separadas por incisio¬
nes verticales en número variable (fig. 44).
El “Castro Pequeño” es una especie de muralla formada por restos
de habitaciones, tierra, huesos de mamíferos y conchas de moluscos,
que corta la extremidad de la punta del Neixón. En su interior apare¬
cieron, en la excavación González del Blanco y en la que nosotros rea¬
lizamos con posterioridad, objetos típicamente hallstattianos, junta¬
mente con un molde de arcilla blanca para fundir hachas de tubo,
características de los finales del bronce, debiéndose hacer notar que en-

59

li
FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

iit 1

tre las cerámicas decoradas que se recogieron no se registró ni un
solo ejemplar con estampaciones de círculos concéntricos o con series
de SSS, motivos ambos abundantísimos en los castros gallegos, en¬
contrándose, en cambio, tiestos adornados con incisiones profundas y
otros con rayas finas y poco acusadas.
Está depositado el brazalete que acabamos de describir en el Museo
de la Real Academia Gallega, de La Coruña.
Provincia de Orense. En un lugar ignorado de esta provincia apa¬
reció, en el año de 1921, un brazalete o pulsera de oro en forma de aro
cerrado, que mide 25 milímetros de alto por 70 de diámetro, siendo
su peso de 122 gramos. Los bordes de esta joya están guarnecidos por
filetes, y la decoración consiste en cuatro filas horizontales de hoyos con
una esferita en el centro, separadas entre sí por un doble filete (fig. 32).
Se encuentra esta pieza en la colección Blanco Cicerón, de Santia¬
go de Compostela.
Moimenta (Arnois, La Estrada.) En el .año de 1914 apareció en
el lugar llamado “Coto dos Castros”, distante tres kilómetros de Ponte
Ulla, un brazalete de oro de 23 quilates, abierto y decorado con ocho
gallones horizontales, unidos dos a dos en los extremos por otros cua¬
tro gallones verticales, completándose el adorno de la joya con dos orlas
de cuatro delgados filetes, que corren por todo el borde. Uno de los ga¬
llones más exteriores está casi confundido con el borde correspondiente

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(figura 34).
Este brazalete está en la colección Blanco Cicerón, de Santiago de
Compostela.
Gondeiro (Salvador, Amarante). Aparecieron, hará unos treinta
años, en esta localidad, y en unión de un anillo helicoidal dé oro, par¬
tido en dos pedazos, dos brazaletes, también de oro, de tipo semejante
al de ciertos torques (fig. 39). Hállanse ambos formados por varillas
de sección romboidal, enrolladas en hélice y terminadas en botones troncopiramidales. La decoración de uno de ellos consiste en aspas puestas
en los remates y en series de líneas colocadas en el centro de la vari¬
lla, ejecutado todo con un punteado bastante fino, y la otra, en filas
de circulitos estampados y con un punto central, que adornan los ex¬
tremos y el centro de la joya.

V

60

LAS

JOYAS CASTREÑAS

El tesoro de Gondeiro se halla hoy en el Museo de la Sociedade
Martins Sarmento, de Guimarães.
Castro de Sabroso (Guimarães). En las excavaciones realizadas
en esta estación por Martins Sarmento, y el día n de septiembre
de 1877, apareció un brazalete de bronce, formado por una varilla de
sección elíptica con cabezas en tulipán, con el borde recto, y cerca de
ellas dos salientes anulares (fig. 40).
Está en el Museo de la Sociedade Martins Sarmento, de Guimarães.
Santa Marta de Foxados (Curtis). Del tesoro aparecido en esta
localidad, y a que antes nos referimos, formaba parte un brazalete de
oro bajo, con varilla oqhavada enrollada en hélice, más ancha en el
centro y en los extremos, y terminada en cabezas en forma de perilla
(figura 36).
Apareció esta joya partida en tres pedazos; su peso es de 53 gra¬
mos, y está en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Santiago de Compostela.
Croa de Riotorto (Mondoñedo). En el año de 1870 se encontró en
el castro de aquel nombre, y én compañía de fragmentos de torques, de
un alfiler, de dos hebillas y de otros objetos, un brazalete de oro for¬
mado por una varilla de sección romboidal, enrollada en hélice y rema¬
tada en dos perillas (fig. 41).
Esta pieza, como la anterior, viene a ser idéntica a algunos torques,
con la misma sección e iguales remates, diferenciándose de ellos tan
sólo en presentar la varilla enrollada, en vez de desenvolverse del modo
penanular característico de aquella clase de joyas.
Perteneció este brazalete a la colección Villaamil y Castro.
Santa María de Rendar (Incio). En el mismo lugar en que se en¬
contró el torques que antes describimos se hallaron, tres o cuatro años
después, dos brazaletes de oro puro, que, como el referido torques, son
penanulares y tienen la varilla de sección cuadrangular, habiendo per¬
dido uno de ellos los remates, y presentándolos el otro en forma de
botón embutido.
Mide éste 142 milímetros de longitud de curva, tiene de diámetro 65
y pesa 28,3 gramos. El otro mide 133 milímetros de longitud, 65 de
diámetro y pesa 23 gramos.

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En 1934 estaban estos brazaletes en poder de la familia dueña de
la finca en que fueron encontrados.
Castro de San Justo (Palas de Rey). La pulsera o brazalete apa¬
recido en este castro es de plata y funicular, formado por dos alambres
retorcidos, y terminado en un extremo por una argolla y en el otro por
un gancho que entra en ella (fig. 43).
Está en el Museo Provincial de Lugo.
Chaves. El 8 de junio de 1944, tres soldados de Caballería que
trabajaban en una remoción de tierras junto a la base de la cara ex¬
terna de la muralla oeste del fuerte de San Francisco, desenterraron
un brazalete de oro de 750 a 800 milésimas de toque y con peso de
121,2 gramos, constituido por una lámina cerrada en aro y decorada
en su cara exterior por diez filetes horizontales, paralelos entre sí, seis
de los cuales imitan un funículo por medio de leves incisiones oblicuas,
y los otros cuatro restantes se presentan recortados en una serie de
dientes obtenidos por percusión con un cincel (fig. 35).
Posteriormente a su hallazgo se cortó y sustrajo un pedazo de este
brazalete, por lo cual se ignora su diámetro exacto, calculándose que
alcanzaría unos 70 milímetros.
AI hacerse, con posterioridad al hallazgo, un reconocimiento minu¬
cioso en las tierras donde se verificara, se encontraron dieciséis aros
de hilo de oro arrollado en espiral y unidos entre sí haciendo cadena,
que deben ser considerados no como un objeto de adorno, sino como
simple material del trabajo de un aurífice.
Este brazalete es propiedad del Estado portugués, pero ignoramos
dónde se halla despositado.
Santa Marta de Toen. En el mes de octubre de 1932 un vecino
de esta parroquia, situada a unos once kilómetros de Orense, encon¬
tró, cavando en una finca, un hilo de oro arrollado a modo de una ca¬
dena, y un brazalete de oro puro, ¡hecho con una lámina cerrada en
aro, con una altura de 20 milímetros, una abertura de 74 y un peso
de 71,50 gramos.
La decoración, dispuesta horizontalmente y limitada por filetes for¬
mados por una sencilla vuelta de los dos bordes del objeto, consiste en
dos hileras de esferitas obtenidas con una matriz, que dejó alrededor

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JOYAS CASTREÑAS

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

de cada una un círculo ligeramente hundido. Entre estas dos hileras
de esferitas va una zona calada, con espacios rectangulares (fig. 37).
En el año 1934 continuaba esta pieza en poder de la persona que
la había encontrado.
Lebução (Valpaços). Del tesoro con torques, de que antes hicimos
mención, formaban parte un brazalete casi entero y dos fragmentos de
otro, hechos todos de oro.
El brazalete, casi entero, tiene 75 milímetros de alto y 108 de diá¬
metro máximo, siendo su forma abarrilada y presentando cinco gallo¬
nes repujados (fig. 42). El decorado consiste en una serie de delgados
filetes que contornean los bordes, y en una colección variadísima de
motivos ejecutados con finas líneas de puntos en las convexidades de
los gallones, viéndose allí rosáceas, grecas, pétalos, SSS zigzag, re¬
ticulados, lazos, semicírculos secantes, semicírculos enfrentados y otras
figuras, formando el conjunto el más rico muestrario que poseemos de
la decorativa de los castros (fig. 31).
Del otro brazalete quedan parte de la varilla, que es de sección circu¬
lar, y los remates campanulares, decorados con una zona rayada en la
porción en que se unen con varilla, y con un botón saliente en la lámina
terminal (fig. 46).
La varilla es de metal de baja liga y va recubierta por una fina
aplicación de oro de buena ley, con el que están fabricados asimismo
los remates, en cuyo interior, como en el de los de algunos torques, hay
una arena o un trocito de metal, que los convierte en una especie de

'

tintinábulo.
El primero de estos brazaletes lo adquirió el ilustre arqueólogo Ri¬
cardo Severo, y los fragmentos del segundo están en el Museu Etno¬
lógico Portugués do Dr. Leite de Vasconcelos, en Lisboa.
Costa (Guimarães). En una finca llamada Souto-Escuro, enVlas
faldas del monte de la Penha, y en la base de un peñasco, encontraron
-Jtres canteros que allí trabajaban, a principios de mayo de 1933, un te¬
soro que apareció metido en una vasija de barro, y que constaba, al
parecer, de dos diademas y de tres brazaletes, o de cuatro brazaletes
y una diadema.

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64

I

LAS

JOYAS CASTREÑAS

De todo ello se conserva tan sólo un brazalete de oro de 821 milé¬
simas y 231,2 gramos de peso.
Consta esta pieza de dos aros planoconvexos, terminados en cabe¬
zas, en una especie de tulipán, con un botón cónico en el interior, y
unidas entre sí por una lámina de 17 milímetros de ancho.
Los aros planoconvexos, que adelgazan desde el centro a los extre¬
mos, están decorados por zonas de losanges y triángulos, separadas por
otras zonas de rayas paralelas al eje mayor del objeto, y la lámina de
unión presenta dos filas paralelas de conos salientes intercalados entre
tres filetes en diedro, de los cuales es mayor el del centro, y que van
46

45

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47

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Figs. 45 a 47-—45. Brazalete de la Costa, en Guimarães; 46, remates de brazalete del tesoro de Lebução; 47. brazalete de bronce
del norte de Portugal.

flanqueados por seis funículos de hilo cuadrado y retorcido, que en los
extremos atraviesan la chapa para soldarse en el interior de la misma
(figura 45).
Se encuentra esta pieza en Lisboa, en el Museu Etnológico Portu¬
gués do Dr. Leite de Vasconcelos.
Norte de Portugal. Parece que fué en esta región donde se encon¬
tró un brazalete de bronce, abierto, de aro macizo, terminado en tuli¬
panes, que mide de diámetro 0,067 Por °»°52 metros, y que pesa
150 gramos, careciendo de decoración (fig. 47).
Está en el Museu Nacional de Soares dos Reis, de Porto.
Cividade de Terroso (Povoa de Varzim). Fué excavado este cas¬
tro en los años 1906 y 1907 por Rocha Peixota y José Fortes, y entre

65

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FLORENT1NO LO FEZ CLTEVILLAS

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los objetos descubiertos figura un fragmento de un brazalete de vidrio
negruzco, estrecho, de sección planoconvexa, y que presenta en la con¬
vexidad unos abultamientos decorativos dispuestos oblicuamente.
Se encuentra este fragmento de brazalete en el Museu da Faculdade
de Ciencias, de la Universidad de Porto.
En contraste con las formas, poco variadas, de los torques y de las
diademas, los brazaletes castreños ofrecen una serie de tipos muy dife¬
renciados, por causa, según luego veremos, de la coincidencia en nues¬
tro círculo cultural de supervivencias tenaces y de aportaciones llega¬
das de distintos lugares.
La clasificación tipológica de los elementos de tal conjunto no re¬
sulta fácil de concretar bajo unos cuantos epígrafes, haciéndose nece¬
sario el distribuirlos en los siguientes apartados :
a), estrechos y de sección planoconvexa (el del Neixón); b), con aro
liso y abierto, entre dos argollas abiertas y terminadas en una especie
de botones (el del tesoro de la Costa, en Guimarães); c), gallonadas
(el de Moimenta y el mayor de Lebução) ; d), cerrados y sin gallones
(el de Toen, el de Chaves y el de la provincia de Orense); e), emparen¬
tados con los torques de varilla lisa y conservando la forma penanular
o enrollados en hélice (los dos Rendar, el pequeño de Lebução, el de
Sabroso, los dos de Gondeiro, el de Ríotorto, el de Foxados y el del
Museo Soares dos Reis); /), emparentado con los torques funiculares
(el del castro de San Justo, en Palas de Rey); g), de vidrio (el de
Terroso).
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Como se ve, los brazaletes más numerosos son los que presentan
una forma semejante a la de los torques, que unas veces, como ocurre
con los dos de Rendar, con el de Sabroso y con el del Museo Soares dos
Reis, se desenvuelven curvándose en C, más o menos cerrada, pero que
en otras ocasiones, como en los casos de las piezas de Ríotorto, de Fo¬
xados y de los dos de Gondeiro, se enrollan en hélice, siendo de notar
que el ejemplar del castro de San Justo, que es el único de plata, es
también el único que junta sus extremos, pareciéndose en esto y en
otras particularidades, como los remates en gancho y argolla, y en ser
funicular la varilla, a otros collares asimismo de plata, como el de Mondoñedo y alguno de los del tesoro de Bagunte.
66

LAS

JOYAS CASTREÑAS

En los brazaletes de varillas lisas la sección varía mucho, teniéndola
cuadrangular los de Rendar, elíptica el de Sabroso, circular los de Lebução y del Museo Soares dos Reis, ochavada el de Foxados y rom¬
boidal los de Gondeiro y Ríotorto, terminando estas varillas en cabezas
iguales o, por lo menos, muy semejantes a las que se registran en los
torques, viéndose botones en uno de los ejemplares de Rendar, perillas
en los de Ríotorto y Foxados, tulipanes en el de Sabroso y en el del
Museo Soares dos Reis, y campánulas en el de Lebução, y presentando,
en cambio, los de Gondeiro unos remates troncopiramidales, menos fre¬
cuentes en aquella clase de collares.
Digno de notarse es el hecho de que en ninguna de estas varillas de
brazalete aparezcan ni los alambres enrollados, ni los hilos de filigrana,
ni las otras decoraciones más o menos corrientes en los torques, siendo
todas ellas lisas, con la sola excepción de los dos ejemplares de Gondei¬
ro, adornado uno con círculos estampados con punto central, y el otro
con aspas y zonas de líneas oblicuas, ejecutado todo con punteado bas¬
tante fino.
La analogia entre los adornos del brazo y del cuello es un hecho
vulgar en la arqueología protohistórica. Los brazaletes y pulseras fu¬
niculares de la Edad del Bronce no son, en realidad, otra cosa que tor¬
ques enrollados en espiral, y el mismo fenómeno se da también en las
culturas de Hallstatt y de La Téne, en las que hay abundancia de ajor¬
cas y armillas que reproducen exactamente la forma y el decorado de
los collares. Citaremos entre los pertenecientes al primero de aquellos
períodos los de Gollschau, Beckerslofie y Tarn, y entre los clasificados
en el segundo, los de Nové Dovory, Saint-Remy-sur-Bussy, Caranda
y Marson, y las magníficas joyas áureas de Waldagesheim, Dürkheim
y Lasgraisses.
Faltan, lo mismo en la decoración de los brazaletes semejantes a los
torques que en los de los otros tipos, las técnicas finas del granulado
y de la filigrana, de la cual, no obstante, puede apreciarse una indudable
anticipación en el aplique al aro laminar de la única pieza conservada
del tesoro de la Costa, de los seis cordones de hilo cuadrado y torcido
a que antes hicimos referencia.
Se emplearon, en cambio, otras técnicas, como el repujado, para ob-

67

FLORENTINO LOPEZ CUE VILLAS

I

tener los gallones de los ejemplares de Moimenta y de Lebução ; el gra¬
bado se utilizó en los rombos y en las zonas de líneas de los aros salien¬
tes del de la Costa; el punteado, en las múltiples figuras geométricas
del de Lebução. A cincel se sacaron las líneas de dientes y los conos
minúsculos de los de Chaves y de la Costa, y una matriz, que dejaba
un botón saliente en medio de un círculo hundido, se usó en los de Cha-

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48. Distribución geográfica de los brazaletes.

ves y de la provincia de Orense, pareciendo seguro que las semiesferas
y arcos de círculo tangentes de la pulsera del Neixón salieron ya del
molde en que se fundió, grabándose después las líneas verticales que
separan las distintas zonas de arcos y de semiesferas. Las esferitas sol¬
dadas se encuentran únicamente en los planos terminales de las cam¬
pánulas del ejemplar pequeño de Lebução, y el calado que ostenta el de
Toen sólo puede relacionarse con el que, al parecer, ofrecía una lúnula
desaparecida, de la que luego hablaremos.
68

LAS

JOYAS CASTREÑAS

En general, puede decirse que el adorno de los brazaletes presenta
menos riqueza que el de los torques, y, a pesar de la similitud entre la
forma de muchos de aquéllos y la de los de éstos, se percibe con bas¬
tante claridad que las ideas sobre la decoración de los unos y de los
otros obedecían a principios distintos, sobre cuyas motivaciones sería
muy arriesgado el discurrir.
Del examen de la distribución geográfica de estas joyas (fig. 48)
resalta, en primer lugar, su igual repartición por Galicia y norte de
Portugal, y su ausencia en Asturias, donde, a pesar de su abundancia
en objetos de adorno personal, no se señaló ninguna.
Es homogénea también la forma cómo se distribuyen los brazaletes
emparentados con los torques, que se registran, como éstos, en casi
todo el ámbito de la cultura castreña, aunque no avancen hasta la costa
norte, quedando detenidos por una línea que va desde Foxados hasta
la comarca de Mondoñedo; siendo digno de notarse asimismo que los
remates en perilla y los de campánula quedan, los primeros, incluidos
dentro de la zona donde se manifiesta el taller que los empleaba en los
collares, y los segundos, muy cerca de Tourem, lugar donde se halló
una cabeza de torques campanulas
El corto número de las piezas pertenecientes a los otros tipos no
permite hacer ninguna deducción, limitándonos, por lo tanto, a hacer
observar que los cerrados y sin gallones son: dos, de la provincia de
Orense, y el otro de un sitio tan cercano a ella como Chaves.
LAS LúNULAS.

Ninguna de las posibles joyas de esta clase, cuya aparición se señala
en el área de la cultura castreña, se conserva en la actualidad, y la in¬
formación que sobre ellas poseemos es insuficiente en lo literario, y no
ofrece en lo iconográfico grandes garantías de exactitud y de fidelidad.
No obstante, creemos que, aun partiendo de estos datos defectuo¬
sos, puede sacarse de ellos algo que permita poder afirmar que esta
clase de adornos, de tan antigua tradición atlántica, eran usados en la
Galecia ~del tiempo de los castros.
Las posibles lúnulas que vamos a examinar son las siguientes:

69

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y
LAS

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

Allariz.—Habló de esta joya Barros Sibelo (68) en los breves pá¬
rrafos que a continuación reproducimos:
“En aquella localidad (Cerceda) fué descubierto un sepulcro rorifiP
no, del cual se extrajo un magnífico iorquis del peso de 15 onzas, que
no nos fué posible ver ; pero, en cambio, estuvo en nuestro poder para
el estudio el hallado en las cercanías de Allariz, precioso y elegantísi¬
mo, no sólo por el mérito arqueológico, sino por lo fino y delicado del
trabajo. Fué adquirido por nuestro malogrado amigo D. Vicente Beloso, licenciado en Farmacia y vecino de dicha villa, y que conserva como
recuerdo su dignisima esposa. Los bordes superior e inferior están for-

©

i

Figs. 49 y 50— Lúnulas :

49,

N

de Allaiiz ; 50, de Cerdido.

mados por dos medias cañas, trabajadas a mano con una precisión
exactísima; ambas resguardan el adorno central, compuesto por un en¬
caje abierto a lima, de un gusto altamente delicado, fino y exquisito”.
Acompaña a esta descripción, en la que faltan, entre otros detalles
importantes, las medidas del objeto, un dibujo (fig. 49) representando
un creciente con remates en forma de bellota, y orlado por dos medias
cañas, que limitan una especie de retícula, indicación sumaria de la
labor de lima a que se alude en el texto. Por debajo de este dibujo se
lee la aclaración siguiente:
“Torquis hallado en un dolmen en las cercanías de la villa de
Allariz”.
(68) Antigüedades de Galicia, pág.

/O

110.

Nuestros esfuerzos para averiguar el paradero de esta pieza resul¬
taron inútiles, y nadie supo darnos, ni en Allariz ni en Orense, la me¬
nor noticia acerca de ella ; y en cuanto al lugar de su hallazgo, creemos
que el dolmen a que se refiere Barros Sibelo debe ser alguno de los
muchos grupos de peñascos que abundan en las proximidades de aque¬
lla villa, y que revisten a veces caprichosas formas; confirmando este
parecer el hecho de no existir en la comarca en cuestión más necrópolis
dolménica que la del monte de San Cibrao, explorada por dos veces, y
que ni por lo que hace relación a los ajuares ni a la arquitectura de las
cámaras permite encajar en ella a una joya que, como luego veremos,
se clasifica por su tipología en los tiempos del hierro.
Cerdido. En el libro de Saralegui : Estudios sobre la época céltica
en Galicia (69), aparece un grabado que reproduce un objeto en forma
de creciente (fig. 50), con indicación de dos medias cañas marginales y
rematado en una especie de perillas, que quizá representan algo seme¬
jante a las cabezas de torques del mismo nombre. Por debajo tiene este
grabado una nota explicativa, que dice:
“Torques de oro de Cerdido, Ayuntamiento de su nombre, provin¬
cia de La Coruña”.
Y ya hacia el final del mencionado libro encontramos las siguientes
líneas :
“Y el aro, igualmente de oro, especie de torque o collar céltico,
con peso de 0,700 kilogramos, que se encontró en las inmediaciones de
otro monumento de esta clase (se refiere a un barrow citado con ante¬
rioridad), en San Martín de Cerdido, y dió lugar a la formación de
una sumaria, que se instruyó en Ferrol el año 1840, para averiguar su
procedencia”.
Sobre el paradero de esta joya nada sabemos, ni en ninguna otra
parte hemos visto noticias acerca de ella, siendo de suponer que haya
que considerarla como perdida.
Los datos referentes al collar alaricano, aunque sean incompletos,
tienen la ventaja de provenir de una persona que lo tuvo en su poder
para estudiarlo, y que, si bien descuidó en su examen extremos impor-

50

m

JOYAS CASTREÑAS

(69)

3.'

edición, 1894, pág.

283.

71

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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tantes, no es de suponer que se equivocara hasta el punto de confundir
su forma general y de desfigurar las particularidades más salientes.
Se puede creer, por lo tanto, con certeza que el llamado torques era
un adorno para colgar del pescuezo; que tenía forma creciente, con re¬
mates que se parecerían más o menos a unas bellotas, y que ofrecía en
su parte central un trabajo calado de fina y delicada ejecución.
Por lo que toca a la pieza de Cerdido, es posible que el dibujante
reprodujera algún apunte o diseño que figurara en el proceso instruido
en 1840, de que habla Saralegui; pero es seguro que reprodujo un cre¬
ciente, marginado con medias cañas, y no un torques de sección circu¬
lar, cuadrada o romboidal; y parece asimismo seguro que los remates
fueran del mismo tipo que los de perilla, tan comunes en el norte de
Galicia; demostrándonos, por otra parte, el peso de 700 gramos que
tenía el objeto, que su tamaño era considerable.
Tenemos, pues, localizados dentro de Galicia dos adornos que po¬
demos calificar de lúnulas; es decir, de joyas en forma de creciente,
destinadas a ir colgadas del pescuezo y luciendo sobre el pecho de las
personas que las llevaban.
Conviene advertir que las joyas de este tipo son raras en los inven¬
tarios peninsulares, registrándose tan sólo los siguientes ejemplares:
dos, de plata, de Chão de Lamas (Beira); otro, de oro, de Vizeu (Bei¬
ra); uno de oro y dos de plata, de Pragança (Extremadura portugue¬
sa), y otro, de oro, de Cabeceiras de Basto (Minho).
Este último ejemplar fué incluido por Mario Cardozo (70) en la
época del bronce y relacionado con piezas similares de Irlanda ; inclu¬
sión acertada, a nuestro entender, 'no sólo por la forma y modo de ter¬
minar del objeto y por su decoración, sino también por los botones o
discos que lo acompañaban, que pertenecen, sin duda alguna, a la época
citada.
Las otras lúnulas deben ser, en cambio, clasificadas en la Edad del
Hierro por el tipo de los remates, iguales o muy semejantes a los de
ciertos torques en todos los casos, excepto en el de una de las piezas de
Chão de Lamas, que termina en cabezas de sierpe, y por la decoración,
con paralelos asimismo en torques galecos.

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(70) Jotas arcaicas encontradas em Portugal. La Coruña, 1930.

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LAS

JOYAS CASTREÑAS

Ahora, ¿en cuál de las edades citadas debemos incluir a las dos
lúnulas aparecidas en Galicia? A pesar de lo incompletos que son los
datos que acerca de ellas poseemos, nos parece que deben ser clasifica¬
das en la cultura de los castros. Aunque prescindamos del calado a lima
del ejemplar de Allariz, técnica que no tiene precedentes en la joyería
arcaica del noroeste peninsular, basta para creerlo la forma de los re¬
mates, que no aparecen en ninguna lúnula .de los tiempos del bronce,
de las muchas encontradas en Irlanda, Escocia, Inglaterra, Gales, Di¬
namarca, Francia y Alemania ; remates que, en cambio, se relacionan,
en el caso del ejemplar de Allariz, con los que presentan las portugue¬
sas, sobre todo la de Vizeu y la más estrecha de Chão de Lamas, muy
semejantes a bellotas, y que en el caso de la de Cerdido es muy posible
que fuera igual a las cabezas en perilla, propias de los torques de la
región donde apareció la referida joya, no debiéndose olvidar que las
medias cañas que orlaban las dos lúnulas gallegas se ven también en el
ejemplar más ancho de Chão de Lamas y en otros del sur del Duero,
como luego veremos.

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LAS

ARRACADAS.

La aparición de pendientes de oro en tres sepulturas de guerreros
de la necrópolis de La Osera 1(71), y en otra, también de guerrero, de
la necrópolis de la Mercadera, aunque en ésta se había enterrado asi¬
mismo una niña (72), y el hecho de ostentar uno o dos pendientes mu¬
chas de las esculturas que, representando cabezas varoniles, se encon¬
traron en el santuario del Cerro de los Santos (73), demuestran de un
modo indudable que esta clase de adornos eran usados por los hombres
en las áreas culturales en que dichos hallazgos se hallan situados.
Por lo que respecta al noroeste hispánico, sería atrevido el formu¬
lar una afirmación semejante, pues si bien la relación y parecido de
nuestra cultura castreña con las culturas de los verracos y celtibérica
à

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(71) J. Cabré: “Guerreros indígenas de la edad de hierro, de la Península Ibérica, con
pendientes de oro". La Ciencia, año I, núm. 2. Madrid, 1934.
(72) B. Taracena Aguirre: Excavaciones en la provincia de Soria. Memoria número no
de la J. S. Exc. Madrid, 1931.
(73) J- Cabré: Op. cit. en la nota 71.

73

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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1

nos puede inclinar a suponer que ocurriera aquí lo que en ellas ocurría,
hay otros datos que contradicen tal suposición. En primer lugar, en
ninguna estatua de guerrero galeco de las que conservan la cabeza,
como las de Montalegre, Rubiás y Capeludos, ni en ninguna otra es¬
cultura de la misma época se ve la menor indicación de pendientes ; y,
por otra parte, la delicadeza con que están trabajadas las joyas de esta
clase registradas entre nosotros, y lo fino y esmerado de su .decoración,
casi nos obligan a considerarlas como adorno femenino; conviniendo
también advertir para el caso que en el mundo celta extrapeninsular
todos los pendientes se encontraron en sepulturas de mujeres, faltando
en absoluto en los ajuares en que figuran espadas (74); pudiéndose
creer, en consecuencia, si quizá el hecho de usar estos adornos los gue¬
rreros de la Meseta se debería a la introducción de una moda venida
del Sur, que hizo sentir sus efectos en el centro de la Península, pero
que no alcanzó las montañas del Noroeste.
Como antes dijimos, algunas de las cabezas varoniles del santuario
del Cerro de los Santos sólo tienen enjoyada una de las orejas, cosa
que viene a coincidir con el hallazgo de un solo pendiente en cada una
de las tres sepulturas de La Osera, encontrándose, en cambio, dos en
la del guerrero de la Mercadera. En el área de la cultura castreña se
hallaron pares de arracadas en Laundos, Estela y Briteiros, y una solamente en Vilar de Santos, Afife, San Martinho d’Anta y Cardedo,
siendo único también un ejemplar, procedente del Alto Minjio, que está
en el Museo Etnológico de Lisboa ; pero es bueno tener en cuenta que
los hallazgos citados primeramente tienen todos indudable carácter de
escondrijos, ya por aparecer varias joyas juntas, ya por haberse en¬
contrado los dos pendientes dentro de una vasija; y, por el contrario,
en los otros hallazgos, o se ignoran las circunstancias de la aparición,
o se trata de yacimientos que pueden hacer sospechar la pérdida del
objeto o su arrastre por las aguas desde otro lugar.
Las arracadas castreñas, como ahora vamos a ver, se colgaban ge¬
neralmente de lo alto del pabellón de la oreja, y alguna vez se prendían
(74) Joseph Déclielettc: Manuel d'archéologie prihistorique, céltique et gallo-romame,
t. II, pág. 1264.

LAS

JOYAS CASTREÑAS

en un agujero abierto en el lóbulo inferior, habiendo algún ejemplar
que presenta los dos sistemas de suspensión.
Conocemos, en total, ocho hallazgos de joyas de este tipo, que pre¬
sentan cada una de ellas las características siguientes :
Alto Minho. Parece ser ésta la procedencia de una arracada que
conocemos sólo por una reproducción (fig. 52) publicada en el tomo III
de las Religiões da Lusitania (75). Aparece allí una pieza en forma de
creciente, con un remate alargado en la parte inferior, y decorada con
series de triángulos llenos de puntos, con círculos, con rayas y zonas
punteadas. La forma de suspensión debía ser doble, prendiéndose la
joya en el lóbulo de la oreja y colgándose del pabellón por medio de
una cadena, que se sujetaría en unas anillas, una de las cuales se dis¬
tingue en la reproducción a que antes aludimos.
Esta arracada es de oro, y fué adquirida por el Dr. Leite de Vas¬
concelos para el Museo Etnológico que lleva su nombre.
Citania de Briteiros.—El 8 de septiembre de 1937, y al practicarse
trabajos de limpieza en la zona excavada de esta famosa estación ar¬
queológica, una de las obreras, llamada Gracinda Agueda, encontró en
una esquina de una casa cuadrangular, y casi a flor de tierra, una pe¬
queña vasija de barro, de fondo plano y perfil campanular ; un par de
arracadas de oro casi puro y sin aleación, con peso, una, de 9,6 gramos,
y la otra de 8,8 gramos, diferencia que puede atribuirse a alguna pér¬
dida de materia sufrida por la segunda, qpe se partió en cuatro pe¬
dazos por un golpe de azada recibido al ser descubierta.
Se hallan constituidas estas arracadas (fig. 51) por dos piezas tri¬
angulares, que sostienen un remate cilindrocóníco. La decoración con¬
siste en esferitas y filigrana aplicadas, trazando esta última en la por¬
ción cilindrica unas postas, rellenas de un finísimo granulado. La sus¬
pensión se hacía por medio de dos láminas, que adelgazan y se curvan
hacia las puntas, que se introducían en un orificio practicado en el ló¬
bulo de la oreja; sistema de suspensión evidente, pues las láminas,
aunque son largas, no lo son lo suficiente para abrazar la parte supe¬
rior del pabellón, como lo hacen otras joyas de la misma clase.

Í75)

J. Leite

de Vasconcellos : Rfligivei da Lusitan a, t. NI, pág. 436, nota 3 y fig. 219.

74

75

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1

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

Están estas arracadas en el Museo de la Sociedad Martins Sar¬
mento, de Guimarães.
Cardedo (Irixo). Fué encontrada esta joya en el castro de Cardedo, situado en el término de Grota, en el año de 1905, siendo el ha¬
llador un campesino e ignorándose las circunstancias del hallazgo.
Estuvo inédita hasta que recientemente la publicó el arqueólogo

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Figs. Si a 53.—Arracadas : 51, de Briteiros; 52, del Alto Minho; 53, de Alife.

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orensano Joaquín Lorenzo (76), que la describe, insuperablemente, de
esta manera:
“Se trata de un pendiente de oro de 18 quilates, con un peso total
de 1,8 gramos. Su mayor altura es de 27,5 milímetros, y el ancho má¬
ximo de 19 milímetros (fig. 60).
Consta de un creciente con la abertura hacia arriba y un triángulo
con el vértice hacia abajo, soldado por su base a la parte superior.
(76) "La arracada posthallstáttica de Irixo". B. C. ¡fon. Orense, t. XIV, afios 1943-44.

*

76

I

LAS JOYAS CASTREÑAS

El creciente forma uná elipse de 19 X 16,5 milímetros, y está cons¬
tituido por dos zonas de a tres hilos de oro, de sección cuadrada, se¬
mejantes a los descritos por Mario Cardozo como procedentes de Cha¬
ves; estos hilos están torsionados hasta darles el aspecto de cordonci¬
llo finamente ejecutado.
Cada zona está ocupada, como hemos dicho, por tres de estos hiliUos, soldados entre sí, todos en el mismo plano, pero sin descansar en
soporte alguno, de tal modo que presentan una serie de espacios vacíos,
que dejan pasar la luz. La soldadura que une entre sí los hilos es tan
tenue que se precisa un fuerte aumento para percibirla.
Las dos zonas se hallan separadas entre sí por un alambre liso,
mientras otro las limita por el interior del creciente, y una chapa de
un milímetro de ancha, por el exterior. El hilo interior y el del medio
son de sección circular, y este último no llega hasta los extremos del
creciente, sino que se une antes con la chapa exterior, de tal manera
que lo mismo ocurre con los hilos retorcidos correspondientes a la zona
exterior.
La parte triangular está formada por un fino granulado, constitui¬
do por 83 perlas de oro de un milímetro de diámetro, tres de milímetro
y medio y seis trozos de las primeras para adaptar la base del trián¬
gulo a la curvatura de la parte superior. Las perlas pequeñas están co¬
locadas al tresbolillo, ocupando los vértices las tres mayores; la infe¬
rior está protegida por una pequeña pieza en forma de corola dentada,
con la concavidad hacia abajo, en donde se aloja la esferilla. Las perlas
que forman esta parte de la arracada, conseguidas sin duda por pro¬
yección del metal fundido, se hallan unidas entre sí por medio de un
fundente aplicado en forma de polvo, que, al elevar la temperatura y
provocar su fusión, soldó las esferillas. Si se contempla con fuerte
aumento esta parte de la arracada, se percibe claramente entre las pie¬
zas que la forman un metal algo más claro y de superficie áspera, mien¬
tras que las perlas están perfectamente pulimentadas, hechos que co¬
rresponden bien a la técnica que indicamos. Los lados del triángulo
miden cada uno 15 milímetros.
Carece esta arracada de todo órgano de suspensión, no notándosele
señal alguna de que se le haya roto, lo que hace suponer que se trata
77

í

i

FLORENTINO LOPEZ CUEV1LLAS

LAS JOYAS CASTRENAS

de una pieza inacabada, suposición que se refuerza por la imperfecta
terminación de los extremos libres del creciente”.
Se encuentra esta joya en poder de D. Bernardino González, di¬
rector del Grupo Escolar Calvo Sotelo, de la villa del Carballiño.

Las técnicas empleadas en el adorno de la arracada fueron: el es¬
tampado, el repujado y la filigrana aplicada. Los motivos decorativos,
sencillos todos, se distribuyeron bien diferenciados en cada una de las
partes que dejamos reseñadas, buscando sin duda el aurífice el indivi¬
dualizarlas y resaltarlas, logrando al mismo tiempo para el conjunto
un mayor efecto pintoresco.
Presenta el creciente en toda su superficie, tres zonas que imitan en
repujado, sendos funiculares, torcidos los exteriores con inclinación de
izquierda a derecha y en sentido opuesto el del centro. Estas tres zonas
se adelgazan en la porción superior y más estrecha. La laminilla de
guarnición va decorada con dos rebordes que flanquean una línea se¬
guida de pequeños abultamientos globulares, conseguidos con una matriz estampadora.
La pieza en T del interior del creciente encuéntrase adornada en su
centro por un repujado de líneas curvas, que sigue, en general, la for¬
ma de la pieza. Por sus bordes inferiores corre una franja de trazos
estampados, y por el superior otra de abultamientos cónicos, y encima
de ella otra de abultamientos globulares, igual o muy semejante a la de
la lámina estrecha que contornea el creciente, y de la que antes ha¬
blamos.
La parte triangular aparece marginada por una doble guarnición de
filigrana y con su interior ocupado por seis hileras de esferillas colo¬
cadas en el centro de círculos estampados, que contribuyen a dotar a
esta decoración de un aspecto mamilar.
Las cápsulas globulares ostentan en su borde una doble aplicación
de filigrana, y en el fondo de la correspondiente al vértice del triángulo
se aprecia un circulito perlado.
Y, por último, el asa y el triángulo pequeño, que forman el remate
inferior de la arracada, están constituidas por catorce menudos discos,
sujetos al vástago a que más arriba hicimos referencia.
En el año de 1939 se hallaba esta joya en poder de D. Marcelino
Freiría, cura párroco entonces de Vilar de Santos.

Vilar de Santos (Limia Alta). Fué encontrada esta joya en el año
de 1924, en términos de la parroquia de Vilar de Santos. La encontró

1

un paisano llamado Benito Saburido, en ocasión de sacar tierra de una
zanja de conducción de aguas, que corre por un predio llamado “Albariño”, situado en la margen derecha de la máxima extensión invernal
de la laguna Antela.
Se hallaba enterrada a dos metros de profundidad y sin relación
visible con cualquier yacimiento arqueológico.
Mide la arracada (fig. 62) 12 centímetros de largo por seis de ancho
máximo, y aparece construida en lámina de oro de 20 quilates. Su peso
es de 18 gramos.
Una simple ojeada a la figura que reproduce esta joya permite dis¬
tinguir en ella las siguientes partes:
o) Un creciente, cuyos extremos llegan a unirse, guarnecido en su
borde exterior por una lámina estrecha. En la porción superior ostenta
dos anillitas, que servían para sujetar los extremos de una cadena de
suspensión, que se colgaba en lo alto del pabellón de la oreja de la per¬
sona que lucía la joya.
b) Un travesaño de hechura semejante a la de una T, alojado en
el interior del creciente, y que apoya la rama vertical en su borde infe¬
rior y la horizontal en las dos laterales.
c) Una pieza triangular unida al borde externo e inferior del ereciente.
d ) Cinco cápsulas globulares soldadas, dos al lado de las anillitas
que sujetaban la cadena de suspensión; otras dos, en los extremos de la
base del triángulo, y la quinta en el vértice del mismo. Las cuatro pri¬
meras guardaban en el interior de su cavidad un pequeño espigo sujeto
en el fondo, que se conserva en tres y falta en una, en la que se aprecia
con claridad absoluta la fractura que ocasionó su desprendimiento.
e) Un triangulito de remate, unido por un asa y un vástago a
la cápsula colocada en el vértice de la pieza triangular antes descrita.

78

Castro de Laundos (Povoa de Varzim). En el recinto de este cas¬
tro, conocido también con el nombre de Monte de San Félix, encontró
el cantero Manoel da Silva Lage, dentro de los restos de una casa de
79

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LAS

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

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1

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paredes curvas, y en ocasión de abrir la cama para los cimientos de un
molino, una vasija hecha a mano, con paredes campaniformes y fondo
plano, yacente debajo de una piedra esquistosa, y entre pedazos de la¬
drillos y tejas romanos, y que contenía una torta de aleación de plata
y cobre y dos arracadas de oro bajo, con un toque de 15 quilates.
Pesa una de estas arracadas 17,60 gramos, y la otra 16,85, y están
formadas cada una de ellas (fig. 61) por un disco de 40 milímetros de
diámetro, con una hendidura en la mitad superior, cruzada por un tra¬
vesaño de seguridad y con un agujero central; por un triángulo, unido
al borde inferior del disco, y por un sistema de suspensión, constituido
por cuatro anillas y por una cadenilla de cuatro puntas. Mide el trián¬
gulo en la base 43 milímetros, y 30 en la altura ; las anillas tienen cada
juego de dos 10 milímetros, y la cadena doblada, 53 milímetros.
El disco forma una especie de caja, con dos láminas horizontales y
otras dos verticales, que unen a las anteriores, las cuales se hallan de¬
coradas con unas rayas paralelas a los bordes en la lámina posterior,
y en la anterior, por estas mismas rayas y por cinco cápsulas, más có¬
nicas que globulares, provistas de un pequeño punzón colocado en el
fondo, y de un alambre, que va soldado a sus bordes ; las láminas ver¬
ticales van contorneadas por un cordón, que hace un efecto idéntico a
la serrilla de las monedas. El triángulo está compuesto por dos hojas
soldadas por los reversos y adornadas con una retícula trabajada al
“guillochage”. Va envuelta esta placa triangular por una tira estrecha,
con un cordón central de serrilla, y en el anverso se ve orlada con un
hilo funicular de filigrana.
Estas piezas debieron perder un remate, que iría adherido al vértice
inferior del triángulo, y se suspendían en lo alto del pabellón de la
oreja por medio de la cadena que antes describimos.
Las arracadas de Laundos se encuentran en el Museu Soares dos
Reis, de Porto.
Afife (Serra de Santa Luzia). Parece que fué en esta bella loca¬
lidad del Minho portugués, y quizá en su “cividade” protohistórica o
cerca de ella, donde se encontró una arracada del mismo tjpo que las
de Laundos, y de oro como ellas, pero presentando los siguientes carac¬
teres distintivos (fig. 53).

80

JOYAS CASTREÑAS

El disco carece de travesado de seguridad ; por un lado presenta las
mismas cápsulas, en número de cinto, que tienen también las de Laundos, pero por el otro aparecen dos zonas concéntricas de SSS enlaza¬
das. El triángulo inferior no está formado por la soldadura de las dos
láminas, sin por su unión por medio de una tercera, constituyendo una
caja como la del disco. En el vértice ostenta una bolita hueca, y el sis¬
tema de suspensión era asimismo por cadena, que colgaba del pabellón
de la oreja ; pero la arracada conserva tan sólo las cuatro anillas y una
pequeña porción del “trancelim” de cuatro puntas.
Mide esta arracada, desde la primera anilla de suspensión al extre¬
mo de la bola terminal, 82 milímetros, y su ancho máximo en la base
del triángulo es de 39 milímetros.
En el año de 1903 se hallaba esta joya en la colección del Sr. Se¬
rafim das Neves, de Viana do Castelo.
Estela (Minho). Dentro de un vaso de barro, y en compañía de
unas tortas de oro y plata, de la cabeza de torques que atrás describi¬
mos y de un collar articulado, del que luego nos ocuparemos, apareció
un par de arracadas (fig. 63) del mismo tipo que las de Laundos y Afife.
La pieza discoidal, que presenta un travesaño de seguridad, está deco¬
rada con nueve cápsulas en una cara y diez en la otra, y la pieza tri¬
angular tiene de un lado esferitas soldadas, y del otro unos adornos
circulares y unas pequeñas zonas granuladas, en relieve, y termina en
una esferita soldada al vértice.
Son estas arracadas algo mayores que las de Laundos, la escota¬
dura del disco es más abierta, y se colgaban también de la parte alta
del pabellón de la oreja por medio de una cadena.
Están estas joyas en el Museo Soares dos Reis, de Porto.
.Son Martinho d’Anta (Sabrosa, Vila Real). Procede de esta loca¬
lidad una magnífica arracada de oro (fig. 54), formada por un cre¬
ciente terminado en puntas dobladas, y que tiene en su interior un tra¬
vesaño de seguridad con dos ramas en T, y un triángulo de remate
inferior, constituido por una combinación de tres piezas cónicas de hilo
enrollado y de esferitas, colocadas en los vértices de los conos, entre
ellos y al final, dispuestas en un gracioso racimo ; estableciendo la tran-

81

r

li

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LAS

sición entre una y otra parte un cuarto cono, colocado en la porción
inferior del creciente.
El travesafio tiene un adorno, que imita un doble sogueado, y el creciente ostenta, aplicados en los bordes y en el centro, hilos de filigrana
funicular.
La suspensión de esta joya debía de hacerse por dos sistemas : uno,
por medio de las terminaciones del creciente, que podrían introducirse
en el lóbulo de la oreja, y otro, colgándola de lo alto del pabellón por

dientes el cuerpo inferior es cilindrocónico; en el del Museo Etnológico
está formado por una especie de platillos, cuyo tamaño va de mayor a
menor, y en los restantes es triangular.
Pero en contraste con esta relativa homogeneidad de las formas
está la variedad de los métodos constructivos, que van del simple re¬
cortado de una lámina a la soldadura de dos, a su unión por medio de
una tercera, al soldado de hilos y pequeñas láminas, a la unión de esferitas en una materia fundente y a la combinación de cuerpos cónicos
de filigrana enrollada con esferitas.
Las técnicas de adorno son también muy variadas, pues se emplea¬
ron : el repujado, las estampaciones, las cápsulas semiesféricas o semicónicas, la filigrana lisa o retorcida, las esferitas y el granulado, siendo
los motivos decorativos los empleados corrientemente en el arte castreño de las cerámicas, de las casas y de objetos de aplicación diversa,
pero notándose que los aurífices procuraban subrayar los elementos
constitutivos de sus arracadas dotando a cada uno de una decoración
especial que contribuyera a diferenciarlas. Las piezas de San Martinho
d’Anta, de Vilar de Santos, de Briteiros, y aun la de Cardedo, repre¬
sentan en este particular indudables aciertos.
El sistema de suspensión más generalizado era el que colgaba las
joyas en lo alto del pabellón de la oreja, y que desde luego debía ser
el más apropiado para el tamaño y peso de las arracadas. Las de Bri¬
teiros, que, con excepción de la de Cardedo, son las más pequeñas y
ligeras, se prendían en un agujero abierto en el lóbulo inferior, como
se prenden los pendientes actuales. Los ejemplos de San Martinho
d’Anta y del Museo Ethnologico de Lisboa parece que tenían los dos
sistemas de suspensión, no pudiendo colegirse por ningún dato cuál
pudiera ser el del ejemplar de Cardedo, que es muy posible que no
estuviera terminado.
De las ocho arracadas o pares de ellas registradas en nuestro in¬
ventario, se sitúa el hallazgo de seis en el norte de Portugal y sólo dos
en el sur de Galicia (fig. 55), circunstancia que nos hace sospechar
que su centro de creación y de expansión estaría en el primero de aque¬
llos países, siendo digno de notarse que Vilar de Santos se sitúa en la
región del nacimiento del Limia, y que el valle de este río fué siempre,

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L
V:

Fig. 54. Arracada de San Martinho d’Anta.


1

JOYAS CASTREÑAS

medio de una cadenilla, que iría presa en las anillas que se ven aún en
los últimos tercios del referido creciente.
La longitud total de esta joya es de 110 milímetros, poco más o
menos, y su ancho máximo de unos 55 milímetros, y es propiedad del
Sr. José Maximino Correia de Barros.
Como se ve, la totalidad de las arracadas que describimos tienen de
común el constar de un cuerpo en forma de disco o de creciente, y de
otro, que va disminuyendo de arriba a abajo. Tienen disco los ejem¬
plares del Museo Etnológico, de Laundos, Estela y Afife; creciente,
los de Vilar de Santos, San Martinho d’Anta y Cardedo, y, en realidad,
los de Briteiros, que lo ostentan puesto de perfil. En estos últimos pen82

83

I

FLORENTINO LOPEZ CUE VILLAS

LAS

y más en tiempos prerromanos, una vía de activa comunicación con las
tierras minhotas, como lo demuestran las cerámicas del tipo de Penha,
las estatuas de guerreros y las piedras decoradas que se escalonan a

lo largo del referido valle.
La gran semejanza que se observa entre los ejemplares de Laun-

H

Santos y Cardedo, provistas ambas de triángulo terminal, y la prime¬
ra, de las cápsulas que tanto caracterizan a las arracadas del taller
cuya existencia supusimos en la zona costera comprendida entre el es¬
tuario del Ave y el del Miño.
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Fig. 55. Distribución geográfica de las arracadas.

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dos, Estela y Afife, y la proximidad de sus yacimientos, parecen indi¬
car la existencia de un taller que trabajaba en las comarcas de los
estuarios del Ave, del Cávado y del Limia, y que empleaba la técnica
del “guillochage” en la decoración de los triángulos terminales; pero,
en general, la influencia de este taller no se deja sentir en el resto del
norte de Portugal, donde las piezas de Briteiros, San Martinho <TAnta
y del Museo Ethnologico se separan bastante de las antes mencionadas,
que, en cambio, tienen un parecido mucho mayor con las de Vilar de

84

JOYAS CASTREÑAS

COLLARES ARTICULADOS.

Son los collares de cuentas enhebradas en un hilo uno de los ador¬
nos que primero aparecen en la prehistoria. Las cuentas son, al prin¬
cipio, conchás de moluscos, fósiles, dientes de animales o piedras de
colores, pero más adelante ya se utilizan en su fabricación el vidrio y
el metal.
A juzgar por el número de estas cuentas vitreas que aparecen en
los castros, hay que suponer que su uso estuvo muy extendido, y .que
este tipo de bisutería, procedente del comercio púnico, gozaba de gran
aceptación entre las mujeres galecas, que de seguro eran las que con
ella se adornaban.
Mucho menos frecuentes debían ser los collares de piezas metáli¬
cas, pues, aparte de los dos de oro que a continuación describiremos,
apenas si se puede señalar el hallazgo de algunas cuentas de bronce
o de hierro, que en un ejemplar del Tecla tiene decoración a la atau¬
jía, y otro del castro del Outeiro de faltar, incrustaciones de oro.
Las dos joyas áureas de este tipo que conocemos como aparecidas
en nuestra área cultural son las siguientes:
Estela (Minho). En esta localidad, próxima a la Povoa de Varzim, se encontró, formando parte del tesoro, del que ya por dos veces
hicimos mención, un collar (fig. 63), que José Fortes (77) describió de
manera insuperable con las palabras que a continuación traducimos:
“Las numerosas piezas integrantes, repitiéndose con acentuada mo¬
notonia, pueden reducirse fundamentalmente a cinco elementos, cuatro
de la misma construcción basilar: una hoja de oro delgada, doblada,
y después soldada en un paralelepípedo hueco, que presenta elementos
decorativos ejecutados a punzón, y que se unen bien soldados o bien

(77) “Ouros prolohistóricos de Estela (Povoa de Varzim)’1. Portugalia, 1. 31,
págs. 605 a 618.

1905-1908.

85

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

por medio de dos pequeños aros. Las cuentas entran también en el
collar, pero tienen una técnica más sencilla, como veremos...”
“Los dos broches terminales se hallan constituidos por un sólido
geométrico, de 0,0225 metros de altura, nueve milímetros de ancho y
milímetro y medio de espesor ; y a ellos van soldados : a), en el reverso,
anillos afiligranados, por los que pasaba el lazo para sujetar la joya
detrás de la nuca; y b), en el anverso, una placa con cuatro depresio¬
nes, que tiene en el fondo un ombligo, y que por la porción superior
se ligan dos a dos, mediante
de filigrana; y después, dos apén¬
dices caliciformes, concéntricos; emergiendo del vértice interior del
cono inscrito, un pequeño espigo, y viéndose, avivados también con
filigrana, el borde y el pie del cáliz envolvente. Estas piezas y las que
les siguen tienen en los extremos los orificios por donde se metían los
dos hilos, de seguro metálicos, que unían las piezas del collar.”
“Treinta y cuatro paralelepípedos, algunos incompletos, cuyo an¬
verso está decorado tan sólo con relieves losángicos obtenidos con ma¬
triz; miden de altura 13 milímetros, de ancho nueve y de grueso cerca
de dos. Es la pieza menos ornamental y más frecuente, y debió de ser¬
vir de intermediaria a las otras, menos comunes y más vistosas.”

I

*

“Diecinueve sólidos idénticos, sustentando en el anverso un apén¬
dice caliciforme sencillo, de boca más o menos amplia, con un fuerte
espigo en el centro y una orla de puntos repujados alrededor del pie;
la superficie libre del mismo anverso está adornada con líneas paralelas
repujadas. Cinco de estas piezas presentan dos colgantes; las demás,
tan sólo uno, suspendidos todos de dos aritos, uno de los cuales está
soldado a la pieza, y el otro pasado por un orificio del colgante. Estos
accesorios constan de dos finas láminas convexas, ajustadas y soldadas
por los bordes ; en las superficies bombeadas se ven líneas paralelas ho¬
rizontales, y otras oblicuas, opuestas estas últimas. Los sólidos miden
10 milímetros de largo.”
“Cuatro piezas mayores (22 milímetros de alto) y más interesantes;
la superficie del anverso ostenta en relieve dos graciosas postas, y entre
ellas se levanta un gran cáliz, con filigrana y un fuerte pistilo apun¬
tado.”
86

LAS

JOYAS CASTREÑAS

“Ocho cuentas bitroncocónicas, con una ligera ornamentación de
dos líneas punteadas y circundantes. Miden de largo seis milímetros y
de diámetro ocho y medio milímetros. Para fabricarlas se recortaron
dos hojas de oro, que se doblaron después, respectivamente, en conos
truncados, terminándose por ajustarlos y soldarlos por las bases.”
Se encuentra esta magnífica joya en el Museo Soares dos Reis, de
Porto.
Chaos da Barbansa (Boiro). En los altos de la sierra de la Barbanza, situada en la península del mismo nombre, que separa las rías
de Arousa y Muros, se encontró, en el mes de mayo de 1893, parte
de un collar, formado por nueve cuentas bitroncocónicas, de oro de
22 quilates, y de diferentes tamaños, pasadas por un alambre con los
extremos doblados en gancho (fig. 58). El peso del conjunto es de
135 gramos.
Se encuentra en la colección Blanco Cicerón, de Santiago de Com¬

postela.
Notemos, en primer lugar, que el collar de Estela apareció en unión
de las arracadas que antes describimos y muy cerca del castro de Laundos, en el que se hallaron otras arracadas de tipo muy semejante a las
anteriores, y recordemos que lo mismo el collar que las otras joyas tie¬
nen todas decoración de cápsulas caliciformes y aplicaciones de hilo de
filigrana, pudiéndose concluir, en consecuencia, que salieron de un mis¬
mo taller, que funcionaba en aquella comarca.
De todas estas piezas, la de trabajo más fino y delicado es el collar,
en el que se emplearon el estampado, el repujado y las aplicaciones de
hilos, en piezas de tamaño pequeño, cuya fabricación y adorno exigía
una atención continuada y una gran habilidad manual, notándose asi¬
mismo el gusto del aurífice en lo variado de los elementos constitutivos
de la joya, que de seguro se combinaban de una manera artística.
El collar de los Qiaos da Barbanza se encuentra formado solamen¬
te por cuentas bitroncocónicas que, como ya vimos, entraban, aunque
nada más que en número de ocho, en la composición de la joya del te¬
soro de Estela.
Asegura el absoluto parecido de estos elementos la inclusión del
87

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

collar gallego en la misma cultura castreña en que hay que colocar a su
hermano del norte de Portugal.
Era el primero de ellos muy sencillo, pues las cuentas no ostentan
ninguna decoración, y parece que su único arte residía en el diferente
tamaño de las referidas cuentas, de las cuales las más gruesas debían
colocarse en la parte baja de la joya, que caía sobre el pecho, disminu*yendo de volumen conforme subían hacia el cuello.
Sobre la distribución geográfica de los collares articulados nada
puede decirse, dado su escaso número, pero sí conviene señalar la iden¬
tidad de las cuentas bitroncocónicas de los dos hasta ahora registrados,
como una prueba más de lo homogéneo de la cultura de los castros.

LAS JOYAS

Y LOS FRAGMENTOS DE

JOYAS

i

5*

DE USO INDETERMINADO.

Hay que mencionar primeramente, en este apartado, varios peque¬
ños objetos de oro, enteros algunos y enrollados en hélice, y en pedazos
otros, pero indicando claramente que ostentaban una forma igual que
los anteriores.
Es posible que alguna de estas espirales se usara como anillo ; pero
es probable también que se emplearan otras para adorno del peinado,
pasando por ellas las trenzas en que debían recogerse los cabellos.
Los objetos de este tipo que conocemos son:
Gondeiro (Salvador, Amarante). Con los brazaletes de quedantes
nos ocupamos se encontró una espiral, partida en dos pedazos, formada
por una delgada varilla de sección romboidal, que termina en troncos
de pirámide por ambos extremos, siendo, por los caracteres apuntados,
semejante al brazalete que acompañaban.
Se encuentra esta pieza en el Museo de la Sociedade Martins Sar¬
mento, de Guimarães.
Provincia de Lugo. Es ésta, al parecer, la procedencia de dos pe¬
dazos de un adorno, de seguro helicoidal, con varilla de sección circular
y unos remates originalísimos, en los que aparecen anillos lisos en re¬
lieve y otros de esferitas ; después, una porción más gruesa, que lleva
líneas longitudinales resaltadas, y al final una especie de piña constitui¬
da por cuerpos globulares.

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seo de Valencia de Don Juan; 58. collar de los Chaos da Barbanza; 59, anillas y
espirales de la Colección Blanco Cicerón.

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JOYAS CASTREÑAS

Esta joya fue publicada por Villaamil y Castro, en la lámina IV de
gallega en tiempos remotos (78),
su trabajo Productos de la

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66

65 y 66. 65, Fragmentos de joyas procedentes probablemente de Asturias, que están en el
Museo Arqueológico Nacional; 66, fragmentos de joyas procedentes de Asturias, del Musco de
Valencia de Don Juan.

Figs.

L

y aparece allí dibujada como una espiral de más de dos vueltas, que
creemos corresponde a los números 1 y 3 de nuestra figura 59.
Conocemos esta espiral por el dibujo y la fotografía a que acabamos de aludir ; pero ni el uno ni la otra nos permiten decir nada sobre
las técnicas empleadas en los remates que antes describimos.
Provincia de Lugo. Parece proceder también de esta provincia
una espiral de menos de dos vueltas, con varilla de sección circular,
doblado en gancho uno de los extremos y el otro en sencillo ángulo ha¬
cia afuera y con un engrosamiento en la punta (fig. 59, núm. 4).
Galicia. Suponemos que serían encontrados en esta región los
fragmentos números 2 y 5 de la figura 59, que no sabemos si forma¬
rían parte de una sola joya o de más de una.
Todas estas piezas se hallan en la colección Blanco Cicerón, de San¬
tiago de Compostela.
Empleo también dudoso es el de unos objetos asimismo de oro, de
forma arriñonada y provistos de unos travesanos en ángulo, que cuan¬
do por primera vez se descubrieron fueron tenidos por arracadas, aun¬
que ya Villaamil y Castro (79) sospechó si serían colgantes de otra
clase.
Se señaló la aparición de estas joyas en las dos localidades gallegas
siguientes :
Castro de Masma (Mondoñedo). Formando parte del tesoro que
mencionamos al hablar de los torques se hallaron dos piezas arriñona¬
das y con travesaños en ángulo, constituidas por hojas de oro soldadas,
que limitan una especie de caja hueca, de sección poligonal y con las dos
caras mayores planas y decoradas con una serie de rayas paralelas a
los bordes, presentando las porciones dorsal y ventral adornos de pun¬
tos y zigzag.
Miden estos objetos 34 milímetros de largo por 25 milímetros de
ancho y estuvieron en la colección Villaamil y Castro.

(78) B. C.
Orense, 1906, págs. 81 y sigs. y núms. 53 y sigs.
(79) “Producios de lo metalurgia gallega en tiempos romanos”. B. C. Mon. Orense, 1906,
núm. 54. pág. 100.

89

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FLORENTINO LOl’EZ CUEVJLLAS

LAS

[I
ii

-

Castro Recouso, cerca de Santiago de Compostela. Hace ya más
de veinte años se descubrió en este castro un indudable escondrijo de
aurífice, del que formaban parte, a más de algunas tortas de plata, quin¬
ce piezas arriñonadas, de hechura idéntica a las de Masma y ostentando
en sus caras planas las mismas rayas paralelas a los bordes (fig. 64).
Cuatro de estas piezas se veían unidas todavía, por medio de anillas, pa¬
sadas unas por los travesaños en ángulo, y metidas otras en una es¬
pecie de manguitos, a unas cadenas trenzadas, de cuatro puntas. Otras
cuatro cadenas sueltas parecen corresponder a otros tantos colgantes,
y hay también anillas rotas, dos pedazos de cadena y un fragmento con
zonas funiculares. Los manguitos a que antes aludimos, limitados siem¬
pre por salientes lisos o con el borde resaltado con semiesferas, presen¬
tan unas veces surcos horizontales y otras uno o dos resaltes en las
zonas del centro, iguales a los de los extremos.
Es de notar que el tamaño de las piezas arriñonadas varía mucho,
y que asimismo varía la longitud de las cadenas, lo que hace suponer
si todos los elementos de estas dos clases hallados en el escondrijo de
Castro Recouso no estarían montados, en orden de mayor a menor, des¬
de el centro a los extremos, o combinados de otra manera, pero for¬
mando todos parte de un solo adorno de cuello, de pecho o de cintura.
El tesoro de que acabamos de ocuparnos se encuentra en la colec¬
ción Blanco Cicerón, de Santiago de Compostela.
Conviene señalar, a propósito de estas joyas del Castro de Masma
y del Castro Recouso, su indudable parecido con las arracadas de la
región de la Povoa de Varzim, parecido que se encuentra en la forma¬
ción de cajáíTpOr soldadura de láminas de oro, en las rayas paralelas a
los bordes, en el trenzado de las cadenillas y en la forma general de
aquellas joyas, que se asemeja mucho a la de los discos y crecientes de
la parte superior de las arracadas, siendo bien anotar cómo un nuevo
dato demostrativo de la unidad de la cultura castreña, que las arraca¬
das en cuestión se hallaron casi en el límite sur de su área, y que las
joyas de Masma y de Castro Recouso fueron a aparecer muy cerca ya
de su confín septentrional.
Y, por último, haremos mención de unos objetos áureos del Museo
Arqueológico Nacional (fig. 65) y del Instituto de Valencia de Don
90

JOYAS CASTREÑAS

Juan (fig. 66), procedentes, al parecer, todos ellos de Asturias, y sobre

i1

cuya utilización no nos atrevemos a aventurar ninguna hipótesis.
El parecido entre los de un Museo y los de otro se evidencia, en la
forma de las piezas y estilo y técnicas empleadas en el decorado, aun¬
que las del Instituto de Valencia de Don Juan resultan, desde luego, de
una mayor riqueza y suntuosidad en el adorno, uniéndose con otros
desconocidos elementos por medio de cadenillas de cuatro puntas, suje¬
tas por los extremos por unos manguitos, detalle que las aproxima a
las que sostenían los colgantes del Castro Recouso. Esta unión con ios
otros elementos constitutivos de la totalidad del adorno se practicaba,
sin duda, en la pieza semicircular del Arqueológico Nacional, por un
espigo, que debía pasar por los tres tubos que se ven en su lado recto,
y en cuyo espigo prenderían ganchos con movimiento de charnela.
Las técnicas decorativas empleadas fueron: el repujado, en las me¬
dias cañas que limitan las figuras del trazado ; la filigrana lisa, en hilo
doble o triple, haciendo entrelazados sencillos ; la filigrana funicular, la
aplicación de esferitas, y hasta una especie de granulado en el revesti¬
miento de los dos apéndices cónicos que se ven en la pieza más larga
de las tres del Arqueológico Nacional.
La información deficientísima que, lo mismo en el terreno literario
que en el iconográfico, poseemos acerca del vestido de nuestros castreños y de las prendas que lo completaban, nos vedan, como ya dijimos,
aventurar ninguna suposición sobre el papel que las piezas que reseña¬
mos pudieran desempeñar en su personal adorno, no pudiéndose tam¬
poco echar mano de los paralelos esclarecedores, por ostentar las refe¬
ridas piezas una acentuada originalidad, y teniendo, por lo tanto, que
dejar confiada la resolución del problema al descubrimiento de nuevos
objetos (8o).

(80) No incluimos en nuestro inventario los llamados aros de Bougado, que están en
c! Museo Soares dos Reís, de Porto, porque las condiciones del yacimiento, que nos han sido
comunicadas por F. Russell Cortez, conservador de aquel Museo, no permiten incluirlos con
seguridad en la cultura castreña.

91

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LAS

otips aparecidos en territorios peninsulares y extrapeninsulares ocupa¬

LA ETNOLOGíA.

y
?

El origen de los distintos elementos que constituyen la joyería castreña, como el de los demás fenómenos coetáneos, hay que investigarlo
en tres direcciones : primero, en las supervivencias de épocas anterio¬
res; segundo, en las formas aportadas e introducidas por los pueblos
invasores en posesión ya de la metalurgia del hierro, y tercero, en las
influencias recibidas por contactos con otros pueblos.
Siguiendo este criterio, tendremos que examinar primero los hechos
que puedan tener su raíz en el Eneolítico o en la Edad del Bronce del
noroeste peninsular, o de los países que con él mantuvieron relación
durante dichos periodos; después, averiguar cuáles otros ostentan an¬
tecedentes en las civilizaciones del Hallstatt y de La Téne, extendidas
por el centro y oeste de Europa, y, por último, poner en claro y valorar
lo que se debe al influjo de las culturas del Mediterráneo, y de modo
especial a la púnica, que es, sin duda, la que acusa con más fuerza su
presencia en toda la Península.
Empezando por los torques de oro o de bronce, nos encontramos
con que el único precedente que les podemos señalar antes de la inva¬
sión celta es el collar del tesoro de Caldas de Reis, con varilla de sec¬
ción redondeada y remates planos y triangulares, provistos de orificios,
que coinciden al superponerse las piezas en que están abiertos ; pero este
collar, como indica Botiza Brey (81), aunque por la forma de la varilla
puede relacionarse con todos los de sección circular que dejamos enumerados, no puede filiarse claramente con ellos, por causa de la abso¬
luta diferenciaren la forma de los remates, y es, desde luego, por com¬
pleto distinto de los de sección cuadrada o romboidal.
Hay después, y lo mismo en tierras galecas que en comarcas lusita¬
nas del sur del Duero, un tipo de torques al que pertenecen los ejem¬
plares del río Oitabén y de Rendar, que dejamos descritos, y los de
Malhada, Almoster y Serrazes, que no inventariamos por localizarse
su hallazgo en el Portugal del sur del Duero y fuera, por lo tanto, del
área de la cultura castreña, que ofrecen acentuados paralelismos con
(81) El tesoro prehistórico de Caldas de Reyes (Pontevedra).
Memoria número
Comisaría G. Exc„ Madrid, 1942, pág. 15.

I*

93

JOYAS CASTREÑAS

2

de la

dos por la civilización dé Hallstatt. De los ejemplares citados, el del
río Oitabén y los de Rendar y Malhada tienen la sección cuadrada o
romboidal y están terminados en botones, aproximándose, por este ca¬
rácter, a uno de bronce de la necrópolis de Molá, a otro, de plata, de la
sepultura número 66 de la Mercadera, y a algunas piezas francesas
del Berry.
El de Almoster, de sección circular y terminado en ganchos unidos
por un alambre, es análogo a dos fragmentos procedentes de Molá y a
un collar de la sepultura de Espleters, y se paraleliza también con otro
recogido en la necrópolis de Saint-Sulpice, en el Tarn, que tiene la mis¬
ma forma y los mismos remates e idéntico alambre de unión, diferen¬
ciándose sólo de él en el mayor diámetro de la varilla, y por lo que
respecta al de Serrazes, de sección circular y con cabezas en argolla,
reproduce exactamente otro de Statzendorf, en la Baja Austria.
Por otra parte, el tipo de torques con la varilla retorcida sobre su
eje, que se registra en Molá, se halla en un ejemplar de plata de Bagunte, y, en cierto modo, en otro del Tecla, aunque en éste el retorci¬
miento afecta sólo a la lámina de bronce que recubre un alma de la

misma aleación.
No es, pues, aventurado suponer que el principal, si no el único
origen de estos torques galecos está en la primera Edad del Hierro,
cosa que, por lo demás, va bien con el fondo general de la cultura castreña, generaba con una fuertísima aportación hallstáttica, cuyos ele¬
mentos, transformados aquí, pero siempre reconocibles, perduraron en
algunos aspectos hasta tiempos posteriores a la conquista romana.
Partiendo de aquellos tipos, que podemos considerar como primi¬
genios en la evolución local, los torques se desenvolvieron, sin duda,
ganando en perfección del trabajo, en elegancia de líneas y en riqueza
decorativa, y cambiando, sobre todo, los remates por otros dotados de
una fisonomía propia y característica ; pero, a pesar de estos progresos,
la relación entre las piezas primitivas y las evolucionadas se establece
claramente no sólo por la forma general de unas y de otras, sino tam¬
bién por la coincidencia de algún adcrno, como ocurre con los triángu93

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

LAS

los, cargados con estampaciones de círculos, del collar de Malhada, que
se reproducen casi exactamente en el zigzag, cargado asimismo de
circulitos, de los ejemplares asturianos de Langreo y de Cangas de

tres, en Mogón (Jaén); dos, en Molino de Marrubial (Córdoba); uno,
en la Dehesa del Castillo de Asuel (Montoro); uno, en Granada, y otros
en Los Villares y en Santiago de la Espada (Jaén).
Desde este centro se propagaron los torques funiculares hasta al¬
canzar lo que es hoy provincia portuguesa de la Beira, donde se regis¬
traron los siguientes hallazgos de esta clase : Chão de Lamas, un ejempar entero y otro incompleto, los dos de plata ; Monsanto, ocho de plata
y uno*de oro, y Vila Velha de Rodão, uno entero y otro incompleto,
ambos de plata.
Creemos que el camino de introducción de este tipo de joya debió
pasar por las actuales provincias de Ciudad Real, Toledo y Cáceres,
metiéndose en Portugal por la margen derecha del Tajo. La localiza¬
ción de los collares de Monforte y de Monsanto, casi en la raya de Cá¬
ceres, el emplazamiento de los demás tesoros y el no aparecer cerca de
la costa más torques funicular que el de oro de Torres Vedras, y Ja
misma naturaleza lusitánica de la Extremadura española y de parte de
la provincia de Toledo, autorizan, por lo menos, para pensarlo así.
El paso de la Beira a las tierras del norte del Duero se explica fá¬
cilmente. Países vecinos, poblados por gentes que aparecen identificadas
en Estrabón (82) y que, a juzgar por los vestigios que nos conservó
la epigrafía, hablaban una lengua igual o muy semejante, sus relaciones
fueron, sin duda, íntimas y frecuentes. Pero en la Galecia los torques
hechos de alambres retorcidos no arraigaron nunca con tanta fuerza
como en la Mesopotamia de entre Tajo y Duero, porque tropezaron allí
con una industria productora de joyas de la misma clase, que muchas
veces superaba no sólo en riqueza, sino en técnica y en valor artístico
a los modelos forasteros.
Estos modelos fueron, así y todo, imitados, y aún mejorados. El
torques de Mondoñedo es una versión galeca de otro de Menjibar, ca¬
talogado en el Museo Arqueológico Nacional con el número 16.887.
Ambos están constituidos por un trenzado de dos alambres gruesos y
de dos hilos delgados y retorcidos, que se juntan todos cerca de los ex¬
tremos, en una varilla de sección circular, y ambos ostentan idénticos
remates en ganchos e igual decoración en forma de ocho, diferencián-

Onís.
Más difícil resulta filiar muchos de los remates de nuestros torques.
Los de botón y los de gancho ya vimos que están emparentados con los
similares de los collares hallstattianos, y el de perilla es posible que no
sea otra cosa que una transformación y agrandamiento de los botones.
Respecto a los de forma de tulipán, tienen sus antecedentes en el collar
de Sintra, datado en la Edad del Bronce, y que presenta unos adita¬
mentos cónicos, huecos y con un punzón en el interior, igual al que
tenían los tulipanes del torques desaparecido que estuvo en la colección
Arteaga , utilizándose este tipo de adorno, con o sin punzón, en la época
castreña, en cabezas de alfileres, en apéndices de fíbulas y en la deco¬
ración de algunas arracadas. Los remates en doble cono, en doble esco¬
cia y campanulares son, en cambio, de una absoluta originalidad, y aun¬
que los últimos tengan un cierto parecido con los colgantes que asoman
por debajo del tocado de la “Dama de Elche”, hay que reputarlos, en
unión de los de perilla, como creaciones propias y peculiares de la cul¬
tura del noroeste hispánico.
En cuanto a los torques de plata, formados por varios alambres rei¬
terados, que tienen sus precedentes lejanos en collares de la misma la¬
bor de los tiempos del bronce, se introdujeron, sin duda, en la Península
en el primer período de La Teñe, época en que esta clase de adornos
funiculares se halla bien representada en Francia y en Alemania, de¬
biéndose advertir aún, para asegurar tal procedencia, que uno de los
brazaletes del tesoro renano de
ostenta una estructura
de alambres gruesos y lisos, y de hilos delgados y retorcidos, idéntica

i

JOYAS CASTREÑAS

a la de algunos torques hispánicos.
Estos prototipos prendieron algo entre los celtas y celtíberos de
Cantabria y de la Meseta (ejemplares de plata del Museo de Comillas y
de la colección Nieto, y de bronce del Museo Numantino), pero fueron
a alcanzar su máximo desenvolvimiento alrededor de las minas de plata
de la Mariánica. Allí encontramos, en efecto, muchos collares, fabri¬
cados todos con aquel metal, y localizados: siete, en Menjibar (Jaén);

(82) 111,3,3.

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

dose sólo el ejemplar gallego del andaluz en los adornos grabados del
comienzo ,de la varilla, de que éste carece, y en tener triplicado el ador¬
no de lazos.
Más sencillos, aunque inspirados también en los collares mariánicos,
son el torques incompleto de San Mamede de Riba Tua y tres de los de
Bagunte, constituidos por un sogueado de alambres que se funden en
una varilla en los extremos. La falta de hilos delgados y de adornos de
lazo aproximan mucho estas piezas a dos similares del tesoro de Chão
de Lamas.
La introducción de estas joyas forasteras en el círculo castreño
tuvo una relativa influencia en los talleres locales y llegó, al parecer, a
producir formas híbridas, en las que se fundía el estilo indígena con el
importado.
De uno de los torques del Cruceiro da Cruña se dice que tenía labor
funicular, adorno central en forma de ocho y remates en perilla, y se
afirma asimismo que otro de los encontrados en la Croa de Ríotorto
ostentaba igual adorno y los mismos remates unidos a una varilla de
sección romboidal. Estas dos piezas desaparecieron, por desgracia, pero
por las noticias que de ellas nos quedan se puede suponer, como ya in¬
dicamos, que reunían en sí elementos puramente galecos, que se combi¬
naban curiosamente, sobre todo en la de Ríotorto, con cosas típicas de
los collares mariánicos.

Las decoraciones de los torques no funiculares puede decirse que,
en general, presentan un carácter marcadamente autóctono, aunque en
ocasiones tomen un aspecto especial al adaptarse a la finura del trabajo
del joyero. Hay, ciertamente, adornos banales, como los del ejemplar
incompleto de Lebução, que pueden producirse en cualquier lugar y en
cualquier tiempo; pero los restantes motivos son, como ya más atrás
indicamos, vulgares en la decorativa de los castros.
Ahora que si la procedencia de las joyas que nos ocupan es hallstáttica y sus adornos castreños, no podemos decir lo mismo de algunas
de las técnicas que sirvieron para decorarlas. Claro está que el punti¬
llado y las rayas tenían en la Galecia una tradición que se remontaba
a los comienzos del Bronce; pero esta tradición no existía para la fili¬
grana y el granulado, que se presentan en los tiempos del Hierro como
i

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LAS

JOYAS CASTREÑAS

algo por completo nuevo. Ambos procedimientos eran conocidos y prac¬
ticados por griegos, etruscos y fenicios ; pero podemos preguntarnos de
cuál de estos pueblos la aprendieron los aurífices galecos.
Creemos que para resolver tal problema nos debemos fijar princi¬
palmente en la extensión de la joyería púnica en la Península, bien pa¬
tente en el busto de la “Dama de Elche” y en otras muchas obras es¬
cultóricas, y en los hallazgos de Cádiz, Málaga, Almuñécar, Acebuchal,
Cerro de la Horca, Granada, Jávea y Santiago de la Espada, y tam¬
bién en la situación geográfica del tesoro de La Aliseda, encontrado en
una tierra lusitánica, emparentada con la Galecia; todo lo cual tiene
que inclinarnos a pensar que fueron maestros o, por lo menos, inspira¬
ciones cartaginesas las que hicieron que nuestros artistas joyeros adop¬
taran las técnicas a que antes nos referimos.
Las primeras diademas aparecen en la Galecia, en sepulturas como
las de Brêa, Balugães y Vilavella, que es necesario datar en los comien¬
zos del Bronce, siendo menos frecuentes al sur del Duero, donde sólo
se registra, en dicha época, una encontrada en Alcalar. Posteriores,
aunque sin traspasar nunca los límites del Bronce, son, en el caso, muy
probable, de no tratarse de jarretieras, las gallegas del Monte dos Mou¬
ros, de la carretera de la Golada, y también la reducida a fragmentos
del tesoro de Caldas.
Son todas ellas simples láminas alargadas, de oro martillado, lisas
o con decoraciones sencillas, constituidas a veces por zonas de tiras
cortadas y repujadas, y creemos que con estas diademas, anteriores a
la cultura castreña y relacionadas con la de Montilla y con las del Argar, hay que filiar a las tres piezas de esta clase encontradas en Ribadeo y en Cangas de Onís, que carecen en su forma general de cualquier
paralelo hallstáttico, y que tampoco se pueden poner en relación, de
ninguna manera, con las joyas análogas de fabricación púnica, como
las de Jávea y Aliseda, pareciéndose, en cambio, más a las portuguesas
de Mira de Aire y de Penhagarcía, cuyos orígenes deben buscarse en
el mismo lugar que el de los ejemplares galecos.
Pero si estas diademas son simples láminas alargadas, como sus
hermanas del Bronce, su decoración es totalmente castreña y hallstáttica. Una de ellas ostenta un adorno de SSS y de puntos gruesos en re97

!

I

1
FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

lieve, vulgarísimo en las cerámicas y en algunas piedras de los castros;
otras se hallan cubiertas en parte por un entrelazado del mismo tipo de
los que se ven en las jambas y en el dintel de la puerta de una casa de
la “cividade” de Ancora, en otros relieves que pertenecieron sin duda
a elementos de la misma clase de Santa Tecla, y casi se identifica con
otras guarniciones de puertas de los castros de Valtuille, en el Bierzo,
y de Rubiás, cerca de Bande; y en cuanto a las zonas de rosáceas cícli¬
cas que aparecen en la misma joya en compañía de los entrelazados, ya
dijimos que cuentan con un excelente paralelo en la primera “Pedra
Formosa” de la Gtania de Briteiros.
Por lo que toca a los fragmentos de la llamada diadema de Ribadco,
ya indicamos antes cuál es, a nuestro juicio, su significación, y añadi¬
remos ahora que los calderos, como los que allí aparecen representados,
desempeñaron, indudablemente, un papel importante en ceremonias de
culto en muchos lugares de Europa durante los últimos tiempos del
Bronce y en los del Hierro, como lo prueba la procesión sacrificial que
se ve grabada en la sítula de La Certosa, en la que aparecen vasijas de
aquella clase llevadas por personajes del cortejo, y también los muchos
objetos con calderos votivos montados sobre una especie de carritos,
encontrados principalmente en el centro y norte de Italia, y que desde
allí se extendieron a los países ilirios, celtas y germanos, en relación
algunas veces con el culto de las fuentes termales, y unidos otras con
representaciones de cisnes.
Es digno de destacarse a este respecto el origen itálico de estos cal¬
deros de utilización cultual, como los que se ven en la diadema de Ribadeo, por coincidir este origen con el de nuestras fibulas, derivadas de
la de La Certosa, y con algunas decoraciones, como las de círculos y pá¬
jaros de agua estilizados, tan frecuentes entre nosotros, y que se en¬
cuentran asimismo en vasos de Villanova.
Y, por último, diremos que un motivo ondulado semejante al que
corta la corriente del río, figurado en la diadema que nos ocupa, se apre¬
cia en elementos puede ser que de un cinturón, de la época de La Téne,
hallado en el Schleswig-Holstein, en el que se ven asimismo signos
svásticos curvos, como los galecos, debiendo advertirse también que el
cierto parecido de los guerreros de nuestra diadema con las pinturas de

LAS

\

JOYAS CASTREÑAS

los vasos dipilianos proviene de seguro de infiltraciones helénicas en la
cultura de Hallstatt, muy apreciables en muchas partes y de modo prin¬
cipal en la península italiana.
Es notable lo variado de las formas de los brazaletes galecos, que
contrasta con la relativa uniformidad de otros tipos de joyas, y que re¬
vela que en la formación del conjunto intervinieron activamente ele¬
mentos de muy distinta procedencia.
Asi, el ejemplo del Neixón pertenece a una clase especial de ador¬
nos, abundantemente representada en la Europa central y occidental
durante el final del Bronce y en el Hallstatt. Los depósitos más impor¬
tantes de piezas de este tipo son los de Bard (Loire) y el de Sant Aleix
(Cataluña); pero se les ha hallado también en buen número en la ne¬
crópolis de Molá. Las decoraciones presentan, en la primera de dichas
localidades, un número predominante de semicírculos enfrentados, se¬
mejante a los que se ven en el brazalete arousano. El de Sant Aleix
lo forman quince piezas, catorce de las cuales tienen la misma sección
planoconvexa que presenta el ejemplar gallego ; la decoración es sendlia, y consiste principalmente en lineas verticales rectas, como las de la
pieza del Neixón, y combinadas con frecuencia haciendo ángulos, rom¬
bos y espinas de pez, sin que falten tampoco las líneas de puntos, en¬
contrándose en un solo caso series de segmentos de círculos puestos
unos frente a otros ; y, por último, en los del Molá se ven círculos sim¬
ples y concéntricos, triángulos, rayas oblicuas, semicírculos y figuras
pediformes y ramiformes.
Brazaletes de tipo semejante aparecieron en túmulos de la Edad del
Bronce en Bohemia, en Hamburgo y en el poblado bávaro de Karlstein,
datado ya en la transición de aquella edad a la del Hierro; y abundan
asimismo en las estaciones y necrópolis hallstattianas de Francia y de
Alemania, señalándose su presencia en Saint Foix, la Planéze, Staufersbuch y Kannensberg.
Lo que diferencia más al ejemplar gallego de los otros que acaba¬
mos de enumerar es su decoración en relieve, que contrasta con las inci¬
siones y grabados que ostentan los análogos de Cataluña, de Francia
y del centro de Europa; pero, a pesar de ello, las semejanzas en la
forma general de los objetos y en el mismo estilo de los decorados

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rj

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LAS

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

:

I

consienten establecer entre el uno y los otros un paralelismo bastante
exacto.
Problema interesante es el de atribuir nuestro ejemplar a la Edad
del Bronce o a la del Hierro. Como ya indicamos, el “Castro Pequeno
do Neixón” proporcionó un complejo arqueológico en el que se mez¬
claban elementos tan típicos de aquellos períodos como son un molde
para fundir hachas de tubo y una fíbula de pie largo y de muelle bila¬
teral, pareciendo, en realidad, por estas circunstancias y por la falta de
cerámicas estampadas, que tanto abundan en nuestros castros, que se
trata de un yacimiento de tránsito.
En tal posición debe colocarse al brazalete que nos ocupa, dejando
sin resolver la cuestión de su etnología, ya que por lo de ahora es im¬
posible determinar ciertamente si su presencia es debida a la perdura¬
ción de un elemento procedente de la Edad del Bronce, o si, por el con¬
trario, se trata de algo introducido con la metalurgia del hierro.
Parentesco indudable con brazaletes de los tiempos del Bronce lo
tiene el encontrado en la Costa, cerca de Guimarães, sobre todo en la
decoración de rombos, que se encuentra asimismo en los collares de
Portel y Sintra y en la ajorca de Moura, pareciéndose también en la
forma de los remates de los dos aros a los que presentan dos piezas ir¬
landesas del Museo Británico, principalmente a los de una, procedente
de Cork; pero no deja tampoco de semejarse a los de otros brazaletes
hallstattianos provistos en los extremos de grandes botones, como uno
de Saint-Sulpice, en el Tarn, y otro de Friburg-de-Brisgovia. En cam¬
bio, los conos salientes que adornan la parte central y plana de la joya
pueden relacionarse con la decoración de dientes que ostentan los bra¬
zaletes de Chaves y de Evora y, sobre todo, con la especie de pequeños
punzones que se destacan de un brazalete extremeño del Museo Ar¬
queológico Nacional, viniendo los hilos aplicados a la porción central
de la joya que nos ocupa a asegurar su atribución al tiempo de los
castros.
Claro abolengo autóctono tienen los brazaletes con gallones repuja¬
dos que agrupamos en el tipo c). Esta clase de joyas, fabricadas siem¬
pre con oro, aparecen desde bien temprano lo mismo en Galicia que en
el norte de Portugal. En el tesoro de Arnozela, datado en los comien-

f

t

JOYAS CASTREÑAS

zos del Bronce, figuran ya dos brazaletes cerrados y con el borde vuelto
ligeramente hada afuera, que tienen uno dos gallones y otro tres. Algo
posterior debe ser otra pieza análoga a las anteriores, aunque más alta
y con cuatro gallones, que se encontró en los finales del siglo pasado en
la comarca de Melide, y que figura en la colección Blanco Cicerón; y
como tipo posterior debemos considerar el brazalete hallado cerca de
un castro de la Urdiñeira, lugar situado entre Verín y La Gudiña.
Tiene esta pieza, que apareció en compañía de otro brazalete abierto
y de un botón calado, en la forma de cruz característica de la fase cen¬
tral del Bronce, las mismas vueltas en el borde y diez gallones estre¬
chos, decorados con líneas verticales ordenadas en filas en las partes
cóncavas. A esta serie debe añadirse aún el ejemplar con dos gallones
anchos, que fué vendido en Porto y adquirido por el Museo Etnológico
Portugués ; y al sur del Duero deben mencionarse los dos brazaletes de
Moura, que quizá imitan el gallonado de los que antes mencionamos
por medio de gruesos alambres soldados.
El tipo de joya que nos ocupa es posible que se originara por la apli¬
cación de la técnica del repujado, usada ya en diademas o jarretieras,
para obtener en una sola lámina metálica la superficie ondulada de los
brazaletes argáricos en espiral; pero este tipo de joya sufrió en los
tiempos de los castros modificaciones importantes. Perdió, en primer
lugar, las vueltas de los bordes, que se enderezaron, adornándose con
delgados filetes, y diversifica su forma en dos variedades: la abierta,
que se encuentra en el ejemplar de Moimenta, y la cerrada, que apa¬
rece en el de Lebução, más conforme esta última con el patrón primi¬
tivo, aunque diferente de él por el ensanchamiento central, que le hace
perder la antigua forma cilindrica, pudiendo quizá verse en este ensan¬
chamiento el recuerdo lejano de los brazaletes de lignito o de bronce
llamados de tonelete, muy bien representados en las estaciones hallstattianas del Jura, del Doubs, de Lorena, de Baden, de Baviera y de Suiza.
Cosas nuevas son asimismo el lujo de motivos, verdaderamente no¬
table, que se empleó en el adorno del ejemplar de Lebução, y la solu¬
ción dada al problema decorativo de acomodar los gallones horizontales
a la abertura del brazalete de Moimenta, problema que se resolvió
IOI

IOO

4

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

Jf

¡

uniendo estos gallones con otros paralelos a los bordes afiletados de
dicha abertura.
La forma d), representada por los ejemplares de la provincia de
Orense, de Chaves y de Tarn, puede ponerse en relación con los braza¬
letes de Evora, que antes citamos, y con otros encontrados en la sepul¬
tura femenina de la Butte des Mousselots, en la Côte d’Or. A pesar de
ser cerradas las joyas galecas y abiertas las lusitanas y francesas, tie¬
nen todas ellas fuertes semejanzas en su forma de aro ancho y en estar
adornadas con zonas horizontales determinadas por filetes, y aun en los
salientes, en forma de esferas o de dientes; debiéndose creer, por lo
tanto, que las piezas en cuestión se deben a elementos hallstátticos, que
tenemos que suponer introducidos por los celtas en el noroeste pen¬
insular.
Como antes indicamos, la analogía entre los adornos del brazo y del
cuello es un hecho vulgar en la arqueología protohistórica. Los braza¬
letes y pulseras funiculares de la Edad del Bronce no son, en realidad,
otra cosa que torques enrollados en espiral; y el mismo fenómeno se
da también en las culturas de Hallstatt y de La Téne, en las que hay
abundancia de ajorcas y armillas que reproducen exactamente la forma
y el decorado de los collares ; y así, no es de extrañar que nuestros bra¬
zaletes de los tipos é) y f) se asemejen también considerablemente a
nuestros torques.
El de Sabroso conserva por completo la forma penanular cáracterística de aquellas joyas, y se diferencia solamente en su menor tamaño,
siendo los remates del tipo de tulipán y más aproximados a los que os. tenta un collar de plata de Bagunte que a los que tenía el ejemplar des¬
aparecido de la colección Arteaga. En cambio, se asemejan bastante a
éstos los que se ven en el brazalete del Museo Soares dos Reis, el cual
tiene la particularidad de presentar iniciado el enrollamiento en espiral.
Los dos de Gondeiro reproducen el tipo de torques representado en
el oeste peninsular por los del río Oitabén, Malhada, Rendar y Pragança. Los remates de estos brazaletes de Gondeiro son troncopiramidales, y la varilla se arrolla en espiral. Los circulitos estampados que
decoran una de estas dos joyas se usaron también para adornar tor¬
ques, apareciendo en dos fragmentos de varilla de la colección Blanco
102

LAS

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JOYAS CASTREÑAS

Cicerón, procedentes de la provincia de Lugo; y en cuanto a las líneas
punteadas que aparecen en el segundo ejemplar, son vulgares en la de¬
coración de las cerámicas de los castros; y aun las aspas puestas en los
remates de dicha joya se ven asimismo en una piedra con relieves <le
Monte Redondo, en la comarca de Braga.
Casos análogos a Jos de las piezas de Gondeiro lo ofrecen los braza¬
letes de Rendar, iguales al torques que apareció en el mismo lugar que
ellos, y los de Ríotorto y Foxados, que no son más que collares enro¬
llados y con las cabezas en perilla, que vienen a encontrarse en la mis¬
ma área del norte de Galicia, donde señalamos la existencia de un ta¬
ller de aurífices, que empleaba tales remates en la fabricación de sus
torques.
Por su parte, el brazalete de plata del castro de San Justo es idén¬
tico, excepto en el tamaño, a un collar funicular, y sus remates en gan¬
cho y anilla debía ostentarlos un ejemplar incompleto de Bagunte.
Se cree, por lo general, que los objetos de vidrio que aparecen en
nuestras estaciones de la Edad del Hierro son de procedencia púnica o,
por lo menos, importados desde el sur de la Península. El vidrio insi¬
núase en el occidente de Europa, en los tiempos del Bronce, en forma
de tubos o cuentas, y más tarde, durante el período de Hallstatt y, sobre
todo, en el de La Téne, se encuentran ya con relativa abundancia otros
tipos de adornos y vasos de pequeño tamaño, señalándose la presencia
de cuentas policromas ; colgantes, posiblemente amuléticos ; frascos, bal¬
sámanos y brazaletes que penetran, atravesando los Alpes, hasta Suiza
y el Rhin.
El camino que debió recorrer el brazalete de la Cividade de Terroso
fué, de seguro, más corto. En todo el centro y sur de Portugal, y prin¬
cipalmente en la zona costera, se advierte una fuerte influencia meri¬
dional, llegada por vía marítima, que se refleja en los hallazgos de
Fonte Velha de Bensafrim y Alcácer do Sal, en las cerámicas pintadas
de las estaciones de Figueira y Conimbriga, en las ánforas púnicas de
Chibannes y aun en las monedas griegas de la Serra do Pilar.
Este movimiento comercial, iniciado de seguro por los tartesios y
continuado por los cartagineses, fué el que introdujo en el apartado
círculo cultural del Noroeste las cuentas de collar monocromas y poli103

FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

t

cromas, oculadas y lisas, que se desentierran en nuestros castros ; las
cerámicas helenísticas de barniz negro, débilmente representadas en el
Tecla y en Troña; quizá alguna de nuestras cerámicas pintadas, la
bráctea de ,Braganza y las monedas púnicas de la Estaca de Vares, y
asimismo nuestro brazalete de Terroso, cuyo mejor paralelo es la pieza
análoga descubierta en Fiães da Feira, aunque presenta también acu¬
sadas semejanzas con ejemplares del valle de Aosta y de Dürhen, en
Baden.
Aun admitiendo, con Manuel Heleno (83), que las lúnulas de,oro de
la Edad del Bronce tengan su prototipo en los adornos similares de pie¬
dra calcárea aparecidos en Carenque y en otras estaciones eneolíticas
portuguesas, el número de tales lúnulas de oro encontradas en Irlanda,
lo mismo que las direcciones de su propagación a Inglaterra, Escocia,
País de Gales, noroeste de Francia, Alemania y Dinamarca, demuestra
de un modo incuestionable que el centro de difusión de dichas joyas
estuvo en aquella isla, y que aun en el caso de haber recibido los pro¬
totipos en piedra de Portugal, parece seguro que las joyas fabricadas
ya en oro llegaron al oeste de la Península desde la propia Irlanda.
De la primera mitad de la Edad del Bronce existe en el Minho por¬
tugués una lúnula, la de Cabeceiras de Basto, hallada en compañía de
unos discos, también de oro, de un tipo común en Irlanda, y que se
señala también en algún dolmen armoricano ; pero fuera de este único
ejemplar, todas las piras lúnulas portuguesas, que son dos de plata de
Chão de Lamas, la de oro de Vizeu, las tres de plata y una de oro de
Pragança, hay que incluirlas necesariamente en la Edad del Hierro.
La primera de Chão de Lamas, con su original adorno de caras, medias
figuras humanas, verracos, círculos concéntricos y otros motivos, es ne¬
cesario colocarla, como ya lo hizo Cabré (84), en un momento muy
avanzado de aquella edad ; y las restantes, terminadas todas en remates
cónicos iguales a los que tiene uno de los torques de Chão de Lamas,
dos de los del tesoro de Bagunte, el de Rendar, el mismo de Pragança,
y también el encontrado en la sepultura número 66 de la necrópolis de

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LAS

»

{83) “Joias fré-romanas”. Ethn., vol. I, 1935, pág. 242.
<84) El tesoro de Chão de Lamas Miranda do Corvo (Portugal), Actas y Memorias S. E,
Antr., t. VI, año 1927, cuad. 3”, pág. 260.
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I

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JOYAS CASTREN AS

la Mercadera, y que ostentan, además, decoraciones de círculos senci¬
llos y concéntricos, SSS y aspas, motivos corrientes en los castros y
perfectamente desconocidos en nuestro Bronce, es forzoso incluirlos en
el Posthallstáttico del noroeste peninsular, debiéndose advertir aún, a
este respecto, que una de las lúnulas de Pragança tiene una decoración
de círculos dispuestoÿ en zigzag, absolutamente idéntica a la que se ve
en la varilla de un torques incompleto de la provincia de Lugo.
Hermanos de estas lúnulas portuguesas del tiempo del Hierro de¬
bían ser los dos ejemplares gallegos que atrás reseñamos, uno de los
cuales, el de Allariz, parece que terminaba en unas cabezuelas cónicas,
como las piezas del sur del Duero, a que aludimos, y que los dos pre¬
sentan asimismo, aunque dispuestos marginalmente, los salientes que
aquéllos presentan en su porción central.
Muy digna de tenerse en cuenta, para abordar el problema etnoló¬
gico de estas lúnulas galaico-portuguesas, es la circunstancia de no
aparecer en la Península más que en la región occidental, circunstancia
que nos obliga a suponer que sólo en ella existía una tradición ante¬
rior, que se conservara durante muchos siglos, y sobre la cual vinieron
a actuar elementos hallstátticos, que renovaron, si no la forma, por
lo menos la decoración, acomodándola al genio especial de la nueva
cultura.
Las arracadas que antes describimos, con excepción de la del Alto
Minho y de las de Briteiros, pueden reducirse a un tipo, que con un
sentido esquemático puede definirse como constituido por una pieza
discoidea o en creciente, a cuya porción inferior va unida otra tri¬
angular. Esta forma hay que considerarla derivada de los pendientes
cartagineses en racimo de uva o similares, cuya presencia se registra
en la Península en Tútugi, Tivisa, La Osera, Santiago de la Espada
y necrópolis de la Mercadera ; siendo de notar que las esferas soldadas
de la porción triangular de los que entran propiamente en el tipo de
racimo de uvas se encuentran reproducidas en el ejemplar de Cardedo, recordadas en los de Vilar de Santos y Estela, que tienen también
esferas, aunque soldadas a una lámina de oro, e imitadas en las rugo¬
sidades del “guillochage” de las piezas de Laundos y de Afife, hallán¬
dose aún granos soldados en los apéndices de las de Vilar de Santos

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

y Sabrosa; paralelizándose muy bien el triángulo de esta arracada con
el de una de La Osera que, como ella, lo tiene formado por conos de
filigrana con una esferita en el vértice.
Pero aunque la forma general de estas joyas y alguno de sus de¬
talles tengan antecedentes en las arracadas púnicas del género que
antes mencionamos, es indudable que no son copia servil de ellas, sino
que sufrieron en nuestro circulo cultural variaciones importantes, que
modificaron su aspecto y que enriquecieron su decoración.
En primer lugar, el creciente es mucho más ancho que en los pro¬
totipos púnicos, lo cual puede ser debido a influencia de las arraca¬
das hallstattianas del centro y oeste de Europa, formada por una hoja
metálica en creciente, y de las que derivan otras de La Tène I, que
aparecen, como las anteriores, en las Galias, en la Gerríiania, en los
Pirineos y en Bohemia.

I

II

Con estas arracadas laminares hay que relacionar la del Alto
Minho, aunque ésta presente un aditamento en la parte 'inferior, del
que aquéllas carecen; y por lo que respecta a los dos ejemplares de
Briteiros, hay que considerarlos como una modificación de las deri¬
vadas del tipo de racimo de uvas, en la que el creciente, en vez de aparecer de frente, se presenta de perfil, y en que el triángulo de remate
se halla sustituido por un cono, que se une al creciente por medio de
una pieza cilindrica.
Y si, por último, pasamos del examen de la forma al de la deco¬
ración, encontraremos que si bien en las técnicas hay la misma influen¬
cia forastera que antes señalamos, no ocurre lo mismo con los motivos
ornamentales: sogueados, SSS, esferas y cápsulas con punzón, que son
por completo indigenas y que aparecen también en otras clases de joyas,
viéndose con entera claridad que los modelos recibidos del exterior su¬
frieron en el área castreña un proceso de transformación que los adaptó
a los modos peculiares de esta cultura.
Influjo púnico o, por lo filenos, mediterráneo, parece que lo hay
asimismo en el collar articulado de Estela, cuyos paralelepípedos se
encuentran también en un collar etrusco del siglo m a. d. J. C., que
está en el Albertinum de Dresde, y cuyos colgantes responden al gusto
que por esta clase de piezas demuestran las joyerías fenicias, griegas y
106

JOYAS CASTREÑAS

etruscas ; pero no debe olvidarse tampoco que en la Edad del Bronce
francesa existen una especie de cadenas que se cree podrían servir de

i

cinturones, algunas de las cuales, como las de Billy, en Loire-et-Cher,
y otra de la Lozere, se hallan fabricadas también con piezas rectangu¬
lares y con colgantes, que en el primero de estos objetos no dejan de
tener cierto parecido con los pendeloques no caliciformes de la joya
de Estela, teniendo, en cambio, estos apéndices caliciformes indudable
relación con los que encontramos en las arracadas y en otras joyas, y
debiendo considerarlos indigenas, como asimismo a las cuentas bicórn¬
eas y a los estampados, que se prodigan en el collar que nos ocupa, y
de los que hacían tanto uso los aurifices castreños.
En cuanto a los pequeños anillos en espiral, es probable que tengan
su antecedente en los objetos similares de los tiempos del Bronce, o
que hayan nacido como imitaciones reducidas de torques y brazaletes,
a semejanza de lo que ocurre con la sortija del tesoro bávaro de Ro-

denbach.

LA CRONOLOGíA.

-

Como es sabido, no cuenta el estudio de la cultura castreña con ma¬
terial, procedente de necrópolis o de sepulturas sueltas, fácil de datar
por cualquiera de los elementos del mobiliario funerario, al que pueda
atribuirse una fecha fija; y, por el contrario, cuenta tan sólo con obje¬
tos procedentes de poblados, en los que no se pudieron establecer nive¬
les más que en una ocasión, o de escondrijos o hallazgos, carentes en
todos los casos, menos en uno, de monedas o de otros cronómetros, y
por estas razones, las joyas, como los demás elementos de la referida
cultura, están faltos de guias seguros que permitan establecer una
perspectiva cronológica.
Claro está que se pueden distinguir, como ya lo hicimos, tipos ar¬
caicos de otros más modernos; pero como las formas arcaicas coexis¬
ten muchas veces con las modernas, podría este procedimiento inducirnos a error, como se ve ai comprobar la casi identidad de los remates
de dos de los torques del tesoro de Bagunte, con toda evidencia de fe¬
cha baja con los del torques y los brazaletes de Rendar, que por lo tosco
to7

1

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FLORENTINO LOPEZ CUEVILLAS

del trabajo, por su parecido con piezas hallstattianas y por la pureza
del oro, deben ser de fecha mucho más alta.
Este dato de la pureza del metal precioso y de lo pródigo de su
empleo puede utilizarse también para atribuir una mayor antigüedad
a las joyas que presentan tales caracteres, y una menor a aquellas que,
como las del tesoro de Foxados, están hechas con aleación pobre, o a
aquellas otras que, como una de las del mismo tesoro, las de Lanhoso
y una de las del Tecla, tienen el alma de un metal inferior y sólo la
cubierta de un metal más rico.
Terreno más firme se pisa al tratar de los collares funiculares de
plata, por haber aparecido algunos de ellos con monedas romanas, que
consienten establecer algunas precisiones. Así, los de Mogón puede ase¬
gurarse que son posteriores al año 89 a. d. J. C. ; los de Marrubial se
hallaron con denarios de hacia el año 100 a. d. J. C, y los de Chão de
Lamas se recogieron en compañía de monedas consulares del siglo TI ;
y, por último, el ejemplar de San Mamede de Riba Tua tenía a su lado
un denario de Tiberio.
Indican estos datos, como fechas casi seguras de la máxima fabri¬
cación y extensión de estos torques de plata, los años que van desde
los finales del siglo 111 hasta algo después del comienzo de nuestra Era,
y creemos asimismo que entre esos dos términos conviene colocar la
época del mayor florecimiento de la joyería castreña.
Es indudable que esta joyería recibe un impulso renovador cuando
entra en el conocimiento de técnicas y de formas originarias de las
comarcas peninsulares dominadas por Cartago; y lo mismo la locali¬
zación de las arracadas derivadas del tipo de las púnicas de racimo de
uvas, que 1a de las joyas granuladas, demuestran que esas técnicas y
esas formas se recibieron desde Sur por vía terrestre y siguiendo el
mismo camino y en la misma época en que llegaron al noroeste hispá¬
nico los torques de plata funiculares, debiendo depender uno y otro
fenómenos de la extensión del dominio cartaginés en la Península, pos¬
terior a la segunda guerra púnica, del avance de Anníbal hasta Sala¬
manca en el año 221, y del enrolamiento de soldados galecos en los
ejércitos de cartagineses y romanos, enrolamientos de los que da fe
108

LAS

JOYAS CASTREÑAS

de poeta, quizá haya
Silio Itálico (85), al que, a pesar de su condición
de excelentes sol¬
que darle valor histórico en este caso, pues la fama
los habría
dados de que gozaban los hombres del noroeste peninsular
otra parte, la pre¬
de hacer muy solicitados como mercenarios, y, por
tropas roma¬
sencia de estos hombres, desde bien temprano, entre las
nas nos está asegurada por la epigrafía.
Y terminaremos diciendo que los torques y los brazaletes continua¬
hacia sentir
ron en uso hasta épocas bajas, en las que la cultura latina
de con¬
ya sus efectos. En algunas estatuas de guerreros cuyo estado
las dos
servación consiente observar estos detalles, aparecen joyas de
epígrafes laticlases indicadas, y en dos de ellas aparecieron asimismo
representados
nos, en cuatro piedras sepulcrales vadinienses se ven
el torques
con
igualmente collares rígidos y, como antes indicamos
Tiberio.
de San Mamede de Riba Tua se encontró un denario de
(85) Púnica, libs. Til y XVI.

109

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I

r

1

i

i

INDICE TOPOGRAFICO
A

Baviera, lot.
Becherslohe, 67.
Begcga dc Belmonte,

pdg. 13.
Acebuchal, 97.
Afife, 74, 80, 82, 84, 105.
Agua Branca, 56.
Africa del Sur, 14.
Ablaneda,

Bembibrc,

Berlín,

Alcacer do Sal, 103.
Alcalar, 97.
Alcayás, 27.
Alemania, 73, 94, 99, 104.
Alijó, 8.
Aliseda, 97.
Almoster, 92,
Altnuñécar, 97.
Alpes, 103.
Alto del Pilar, 29.
Alto-Minho, 74, 105, 106.
Allariz, 70, 71, 73, 105,
Amarante, 60, 88.
Aneares (Rio) 12.
Ancora, 57. 98.
Antela (Laguna), 78.
Aosta (Valle de), 104.

i

Arancedo, 13.
Argar (El), 97.
Amois, 60.
Amozela, 7, 100.
Arosa (Ría de), 159.
Arzúa, 2Ó, 49.
Astorga, 27. 39. 49.

Asturias,

Butte des Mousselots,

13, 14, 35, 44 , 49,

69.

9»-

Ave, 84.
Avelar, 58.

B
Baden, págs. 101, 104.
Bagiunte, 38, 39. 41, 67. 93, 96, toe,
104,

108.

Bairro, 8.
!*

Balugães (São Bento), 7, 97.

Bande,

98.

Bandeira, 32.
Baña (La), n.
Barbantes, 12.
Bard, 99.
Banxaooba, 12.

102,

c

87.

Astúrica, 13.

12.

ig.

Berry, 93.
Bibey (Rio), 12.
Bierzo, 8, 10, 'll, 49. g8.
Billy, 107.
Bohemia, 99, tod.
Boiro, 87.
Brácara, 13, 17.
Braga, 29, 103.
Braganza, 13, 104.
Brea, 97.
Bretaña, 6, 8,
Briteiroü, 16, 17, 57, 58.. 74, 82, 84, 98,
ios, loó.

78.

Albariño,

ijl

Beira, 72, 95.

103,

Cabeceiras de Basto, págs. 8, 72, 104.
Cabrera (Río), 11.
Cáceres (Provincia de), 95.
Cádiz, 6, 97.
Cadós, 17.
Caldas de Reyes, 8, 92, 97.
Caldas de Vizela, 17.
Calderinos, 12.
Cali forma, 14.
Cámbela, 12,
Campo da Matanza, 36.
Campos, 52, 59.
Cangas de Onls, 27, 43, 46, 48, 53, 94, 97.
Cantabria, 94.
Capelada (Serrada), 27, 38, 43, 46.
Capeludos, 53, 74.
Caranda, 67.
Carballino, 98.
Carcabón de Oruga, 13.
Caroobas de Miudes, 13.
Cardedo, 74, 76, 82, 83, 85, 105.
Carenque, 104.
Caries, 13.

Carrucedo (Lago de),

ti.

Cartagena, 7.
Cartago, 108.

117

__

I

1

I

INDICE TOPOGRAFICO

INDICE TOPOGRAFICO

Casa Veila, 34.
Casitérides, 6, 58.

i

Cástrelo (Curtis), 24.
Cástrelo (Puentedeume), 24.
Castro de Rey, 22.
Castro Pequeno, 59,
Castropodame, 11.
Castro Recouso, 16, 90,
Cataluña, 98, 100.
Cavado (Río), 84.
Celtiberia, 58.
Céltica, 58,
Centrona (Castro de), 24, 44.
Cerceda, 70.
Cerdidb, 71, 73.
Cerro de la Llorca, 97.
Cerro de los Santos, 73.
Certosa (La), 98.
Gudad Real (Provincia de), 95.
Coaña, 35.
Codtçais, 36, 43, 51.
Conimbriga, 103.
Conqueros (Tierra de), 13.
Constantin, 13.
Córdoba, 95.
Coria, 58.
Cork, too.
Corralín, 13.
Cor tinhas, 37, 38, 39, 42.
Goruña (La), 12, 24, 27, 45, 60.
Coruña (Provincia de La), 71.
Costa, 64, 66, 67, 100.
Côte d’Or, 102.
Coto dos Castros, 60,
Cruceiro da Cruña, 31, 39, 44, 96.
Cú do Castro, 21.
Cueva de Juan Rata, 13.

Cueva Grande,
Curtis, 24, 61.

10.

Duero, 6, 14, 51, 57, 73, 92. 95, 97, 101 ,
105.

Dürkheim, 67.

E
Erin, ¡pág. 8.
Escocia, 73, 104.

Espinoso,

102.

Chibannes, 103.

D
De Arriba, pág. 10.
Dehesa del Castillo de Azuel, 95.
Dinamarca, 73, 104.
Doubs, 101.
Dresde, 106.

Hamburgo, pág. 99,
Hcspérides, 6.
Hispania, 7, 8, 43.

Espleters, 93.

74,

81, 8z, 84, 87,

58.

Estrada (La), 60.
Europa, 17, 20, 38, 92, 98, 100,
Evora, 100, 102.
Extremadura española, 95.
Extremadura portuguesa, 72.

I

I
103,

106.

4

P

Finolledo, ii.
Fonte Velha de Bensafrim, 103.
Fornelos de Montes, 34.
Fornonones, 13.
Forzáns, 34.
Foxados, 16, 24, 26, 38, 39, 42, 43,
49, 61, 66, 69, 103, 108.
Foz (Ría de), 13, 22, 49.
Fraga (A), 12.
Francia, 56, 73, 94, 98, 100, 104.
Fresnedelo, 11.
Friburgo de Brisgovia, 100.

Gastiain,

Masma (Castro

5°- 38, 69, 72, 73,

58.

Germania. 16, 106.
Golada (A), 7, 97.

102,

103.

84.

Laciana, pág. 11.
Lago, 13.
Lalín, 7.
Lamego, 58.
Land rove (Rio), 38.
Langreo, 35, 94.
Lanhoso (Castro de), 29,

30, 41, 42, 44,

46,

108.

38, 40, 49, 101.
Menjibar, 94.
Mercadera (La), 74- 93, i°5Mérida, 58.
Milagros, 13.
Minho, 36, 49, 72, 81, 85, 104.
Miño (Rio), 12, 13. 15, 85.
Mió la Llovina, 11.
Mira de Aire, 97.
Mogón, 95, 108.
Moimenta, 60, 66, 68, 101.
Mola, 93, 99.
Molino ,de Marrubiail, 95, 108.
Mon celos, 12.

Mondoñedo, 22,
67, 69, 89, 95.
Mon forte, 95.
Monsanto, 95.
Montalegre,

Lasgraísses, 67.
Lauesforteim, 16.
Laundos, 16, 34, 41. 43, 44, 51, 64, 66 69,
75, 79, 80, 82, 84. 87, 10T. 102. 105.
Lebonizo (Rio), 13.
Lebução, 16, 33, 41, 43, 51, 64, 66, 68,

69, 96, 101.
Lethes (Río), 14.
Lezenho, 52.

1 18

45. 49.

Meduleo, 11.
M elide, 24, 36,

L

5ÿ, 58, 69, 83.

44,

de), 30, 44, 45, 49, 89, 90.

Mediterráneo, 92.
Médula, li,
Médulas, 10, II.

.

51,

Gollschau, 67.
Gondeiro, 41, 60, 66, 88,
Goyán, 12.

98.

Kannenberg, pág, 99.
Karsltein, 99.
Klondike, 14.

45, 47,

58.

Málaga, 97.
Malhada, 92, 94, :o2,
Mariánica, 94.
Marson, 67.
Marzán (Punta de), 21, 39,

K

>

15, 17, 49,

49,

Mahón,

Jaén, pág. 94.
Jales, 13.
Jávea, 97.
Jura, 101.

G

Galicia, 6, 14,
89, 100, 103.
Garona, 19.

Maceda, ,pág. 13.
Madrid, 36,

J

Figueras, 13.

Galecia, págs. 14,
95> 96.
Gales, 73, 104.
Galias, 19, 106.

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Indo, 12, 34, 61.
Inglaterra, 56, 73, 104.
Irixo, 7, 76.
Irlanda, 8, 72, 104.

Italia,

Faidiel, pág. 13.
Pana de la Freita, 13,
Ferrol, 71.
Fiães da Felra, 104.
Figueira, 103.

CH
Chão de Lamas, págs. 71, 95, 96, 104, 108.
Chaos da Barbanza, 87.
Chaves, 13, 36, 40, 51, 63, 66, 68, 69, 77,

Lorcrta, 101.

Lourenza, 13.
Lozére, 107.
Lucus, 14.
Lugo, 63.
Lugo (Provincia de), 23, 40, 43, 49. 51, 5488, 103, 105.
Lusitania, 7, 14, 58.

H

ii.

Estaca de Vares, 104.
Estela, 16, 36, 41, 43,
105, 106, 107.
Estella,

Limia (Río), 13, 78, 83, 84.
Lisboa, 34, 64, 65, 74, 83.
Loire (Río), 99.
Loire ct Cher, 107.

Granada, 95, 97Grczan, 19.
Grota, 76.
Guardia (La), 28.
Guimarães, 61, 64, 66, 76, 88, too.

21,

30, 39, 41, 42, 49, 50,

36,

Monte dos Mouros,
Montefurado,

it

61.

52, 59, 72.

7,

97.

12.

Montefurado del Eo, 13.
Monte Redondo, 103.
Mantilla, 97.
Montono, 95.
Montoxo, 27.

Moura, 100, 10 i.
Muros (Ría de), 87.

ng

.

a

INDICE TOPOGRAFICO
INDICE TOPOGRAFICO
1

N
NaravaJ, ipág. 13.
Navelga, 13, 15.
Navia (Rio), 13, 49.
Neira (Rio), 13.
N ciscón .(Punta do), 59, 66, 68, 99,
Nové Dovory, 67.

Puente Ambla, 13.
Puente Orubio. 13.
Puente de Domingo Flórez,
Puentedeume, 24.
Puerto de los Artabros, 6.
100.

Oestrimnida, pág. 6.
Oitabén (Río), 34, 39, 41, 51, 92, 102.
Oporto, 36, 38, 58, 66, 81, 87. 101.
Orense, 12, 63, 69, 102.
Orense (Provincia de), 32, 33, 37, 60, 66,
68, 70, 102.
Ornia (Rio), 11, 49.
Ortigueira, 27.
Osera (La), 74, 105, 106.
Outeiro de Bailar, 13, 83.
Outeiro Machado, 13.

P
Paotolo (Río), pág. 14.
Palas de Rey, 41, 63, 66.
Parada5eca, 11.
Páramo del Sil. 11.
Paredes, 13.
Penafil, 58,
Penha (Monte da), 65.
Penhagarcía, 07.

Poço das Freitas, 13.
Pola de Allende, 13.
Ponte Lor, 12.
Ponte Ulla, 60.
Pontevedra, 26, 32, 33,

34, 35, 39,

Pontevedra (Provincia de), 33.
Ponte Viián, 34.

100, IQ3,

83. 8.1, 88.

104.

Povoa de Lanhoso, 31.

Povoa de Varzim, 65, 80, 85. 9°.
Pozo de las Montañas, 13.
Pragança, 72, 102, 104.

Priaranza,

11.

Pltebla de B rollón,
120

43. 51.

100.

Portugal, si, 65, 69,

12.

R

aH

Ranadoiro, pág. 13.

Recadieira (Coto da), 22, 38, 39, 41. 42, 44.
Rccccil, 11.
Refojo de Bastos, 52, 59.
Rendar, 34, 39, 41, 43, 49, 51, 61, 66, 92,
102, 103, 105,

92, 95,

105,

Sevilla, 58.
Sicnra (La), 13.
Sil (Rio), 5. 7, 9*12, 15. 49

Souto-Escuro, 64.
Stanfersbuch, 99.
Statzendorf, 93.
Suiza, 101, 103.

107.

Rhin, 19, 103.
Ribadavia, 12.

Ribadeo, 37, 49, S3, 5-1. 5Ó, 97, 93.
Ribas de Sil, 49.
Ribeirinha, 13.
Riotorto (Croa de), 31, 44, 61, 66, 96, 103.
Rodenbach, 107.
Roma, 14.
Rubias (Castro de), 21, 52, 57, 74, 98.

Sabrosa, págs. 81, 106.
Sabroso (Castro de), 61, 66. 102.
Saint-Foix, 99.
Saint-Remy-sur-Bussy, 67.
Saint-Sulpice, 93, 100.
Salamanca, 108.
Salas, 13.
Salas (Rio), 13.
Salvador, 6o, 88.
Salvatierra, 12.
San Cibrao, 12, 71.
Tan Félix de las Montañas, 13.
San Félix (Monte de), 80,
Sanfins de Ferreira (Citania de), 38.
San Justo (Castro de). 41, 63, 66, 103.
San Lorenzo de Pastor, 26, 38, 40, 43,
San Mamede de Ría Túa, 37, 96, 10S, 109.
Sar Martinho d’Anta, 74, 81, 82, 84.
San Pedro de Olleros, it.
Sant Aleix, 99.
Santa Luzia (Serra de), 81.
Santa Tecla (Citania de), 28, 40, 42, 46,
48, 5°. 85, 93, 98, 104, 108.
Santiago Cerredo, 13.
Santiago de Compostela, 22, 25, 26, 29, 31,
49. 58. 60, 87, 89, 90.

Santiago de Ja Espada, 95, 97,
Santiago de Xubial, 36.
San Tirso, 13.
Santo Ovidio de Fafe, 52, 59.
San Trocado, 12.
San Vicente de Curtís. 24.
São Bento de Balugáes, 7, 56.
Sar (Rio), 13.
Sehlewig-Holstein, 98.
Sella (Rio), si.
Serrazes, 92.

Sintra, 94, 100.
Soto de Ja Leitosa, 11.

Tarraconense, 58.
Tarragona, 58.
Tartessos, 5.

Telamon, 19.
Teleno (Monte), 11.
Teloes, 8.
Terroso (Cividade de), 65, 66, 103, 104.
12.

Tivisa, 105.

41

Toen, 63, 66, 68.
Toledo (Provincia de), 95.
Torál de los Vados, to.
Torres Vedras, 95.
Tourem, 36, 41, 51, 69.
Tras das Airas, 34.
Tras-os-Montes, 41, 49.
Troña, 104.
Trujillo,

58.

u
Ulloa (Rio), pág. 49.
Urdiñeira, 8, 101.

V
Valedouro, pág. 13.
Valencia, 58.
Valentín, 35.
Valledor, 13.
VaJpaços, 33, <>4.
Veguellina, 11.
Vcguina, 13.
Veiga, 12.

Tajo, págs. 14, 95.
Támega (Río), 13.
Támesis (Rio), 56.
Tarn, 67, 93, loo, 102.

Tintinieiro,

Turdetania, 7.
Tútugi, 105.
Túy, 12, 15.

Valtulllc, 57, 98,
Vega de Lspinaredo, 11.

T

S

Peñarrubia, ti.
Pías, 12.
Pilar (Serra do), 103,
Piñal o Vello, 37.
Pirineos, 49, 106.
Planéze (La), 99.

Portochao, 38.

Q
Quinta de Agua Branca, págs. 7, 57.
Quiroga, 12.

o

Portel,

12.

Venta da Teresa.
Verín, 101.

12,

Viana, 12, 59.
Viana do Castelo, 81.
Viladonga, 22, 39, 44.
ViJanova de Gaia, 37.
Vila Pouca de Aguiar, 13.
Vilar de Santos, 74, 78, 80, 82-84, 105.
Vila Real, 81.
VUasantar, 24.
Vila Velha de Rodão, 95.
Vilavella, 7, 56, 97.
Villanova, 98.
Villares (Los), 95.
Vigna Ammendola. 19.
Viveiro, 38, 44, 49.
Vizeu, 58, 72, 104.

w
Watdagesheim, págs. 67, 94.

z
Zamora, pág.

12.

121

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