La V oz de los Niños y las Niñas

de la Ciudad de México,
volumen X V I

EL G AT O

B AILARÍ N

Camilo Albornoz
ILUST RACIO NES
Rodrigo Pin to Mendoza

Copyright © 2015 del texto: Camilo Albornoz
Copyright © 2015 de las ilustraciones: Rodrigo Pinto
Mendoza
Copyright © 2015 de la edición: Mojiganga AC
ISBN en trámite
Colección La Voz de las Niñas y los Niños de la Ciudad de
México,
Volumen XVI, El gato bailarín
1ª edición diciembre de 2015
Mojiganga AC
contacto@mojiganga.org
tel. (55) 21562317

Este programa es de carácter público, no es patrocinado ni
promovido por partido político alguno y sus recursos provienen de los impuestos que pagan todos los contribuyentes.
Está prohibido el uso de este programa con fines políticos,
electorales, de lucro y otros distintos a los establecidos. Quien
haga uso indebido de los recursos de este programa en el
Distrito Federal, será sancionado de acuerdo con la ley aplicable y ante la autoridad competente.
Proyecto financiado por el Programa Coinversión para el
Desarrollo Social del Distrito Federal 2015, con recursos públicos de la Secretaría de Desarrollo Social a través de la Dirección General de Igualdad y Diversidad Social.

Para mi nieto Oliver Zoé Pinto Tovar

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INDICE
Introducción...............................................8
Prólogo....................................................17
CUENTOS COLECTIVOS...............................27
Fregoncito................................................29
Milagros...................................................37
El cuchillo asesino.....................................42
El tío y el conejo.......................................45
Gatos.......................................................49
LOS CUENTOS DE CAMILO..........................55
El gato bailarín.........................................57
El Chavo...................................................67

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INDICE

CANCIONES...............................................95
El ojo.......................................................97
El rap del “ES”.........................................103
La tarea..................................................107
Una historia verdadera no es una historia cualquiera....................................................113

NIÑAS Y NIÑOS.......................................116

SEMBLANZAS...........................................119

AGRADECIMIENTOS.................................120

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INTRODUCCIÓN
LECTURA E INTERNET
Desarrollar nuestra capacidad de lectura podrá ser
útil para que triunfemos en la vida mediante el desarrolo de nuestra inteligencia emocional o de un discurso
político o empresarial mas eficiente o simplemente para
obtener un mejor puesto de trabajo. Sin embargo el
principal objetivo de una mejor capacidad de lectura
crítica, interpretativa y creativa, coincide con el concepto de educación horizontal, liberadora donde el individuo se forma para transformarse y transformar su
entorno. Liberarse de la ignorancia significa entonces
ser capaces de dar un sentido a todo lo que leemos, lato
sensu, para llevar las fronteras de la vida al encuentro
de la utopía de un mundo más justo donde la felicidad
consista en ser, no en tener. Nos referimos a la lectura
literaria, al texto que ahonda en el laberinto del espíritu,
que propone utopías, que nos permite cuestionarnos
más allá de nuestros mitos, que nos llena de dudas
porque nos amplía el horizonte de lectura de la vida
tanto hacia nosotros mismos como hacia el universo.
Ahora leer

siempre ha sido algo natural en el ser

humano. Leer significa interpretar el mundo, leer las
intenciones del otro en su rostro, leer los cambios
climáticos que se avecinan, leer cambios en una sociedad, leer las posibilidades de un grupo y nuestras limi-

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taciones, leer el nivel de peligro en momento dado. Esto
ha hecho siempre el ser humano en mayor o menor
escala.
De una o de otra el esfuerzo que hacemos para “leer”
la realidad siempre se ha enfrentado a la tendencia al
engaño de parte del interlocutor. Además de que entre
nosotros es normal tratar de que el otro lea lo que que-,
remos casi siempre fuera de su objetividad, en todas las
sociedades a través de la historia, hay grupos humanos
que tratan de dominar a los demás condicionando tanto
su capacidad de expresarse, tal es el caso de la educación tradicional, como su capacidad de interpretar,
condicionándolo a interpretaciones que convienen a
estos grupos. Tal es el caso de las religiones, de los
grupos políticos, de los grandes monopolios y de otros
tantos grupos de poder. Ya estamos familiarizados, por
ejemplo, con las organizaciones criminales que nos
venden su imagen de justicieros. Hay varios ejemplos
terribles de esa tendencia en la humanidad como la
sicología de masas del fascismo que fue capaz de llevar
un pueblo culto a un extremo de barbarie programática
contra toda la humanidad.
En este sentido libros como 1984 de George Orwell o
Admirable Mundo Nuevo de Aldous Huxley, se encuentran totalmente superados por la realidad. Gobiernos de
todas las tendencias y oligopolios de todo tipo, en especial el financiero, conocen demasiado sobre nosotros y

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han logrado como nunca el dominio de gran parte de las
mentes, condicionando el destino históricos de millones
de seres humanos a los designios de sectores minoritarios del planeta, por medio de una educación de sus
mentes para que lean el mundo a partir de su cartilla.
Cabe destacar que con el Internet tenemos un acceso
incomparablemente superior a la información y por ende
a las posibilidades de lectura lato sensu (interpretar la
noticia, la imagen, las tendencia de la moda, de la
economía etc.), sin embargo nos enfrentamos a una
dificultad mucho mayor para realizar una lectura crítica.
En primer lugar trillones de textos, literarios o de
excelente

información,

se

encuentran

a

nuestra

disposición a tan solo algunos “clics” gracias al hipertexto, al diálogo en la Red a los innumerables softwares
especializados etc. Las posibilidades de aprendizaje han
cambiado de forma radical en la medida en que se
aprende más fuera de la escuela que en salón de clases.
Los sistemas educativos se ven en la necesidad de
adaptar, surgen nuevos individuos con competencias
que les permiten aprender y ejercer su actividad profesional desde su casa. Sin embargo los distractores para
que lleguemos a este inagotable banco de datos en la
red, son infinitamente superiores a los de antaño. Tenemos miles de bibliotecas a tan sólo algunos “clics”, pero
disponemos de mucho menos tiempo.
No sólo estamos rodeados de trillones de toneladas

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de basura en el Internet –basura que incluso nos puede
interesar-, sino que carecemos de la habilidad para
navegar en la red y evitar los distractores de todo tipo,
porque de una o de otra forma nos atrapan con humor o
por los extremos grotescos o porque se trata de una
propaganda

genial.

No

sabemos

administrar

a

la

tecnología; estamos inmaduros frente a su multiplicidad
de estímulos y a su complejidad. Pero los que están del
otro lado sí la conocen al dedillo, la perfeccionan y la
utilizan cada día con más eficiencia. La neurociencia,
con sus maravillosos descubrimientos, se encuentra al
servicio del marketing investiga de forma agotadora
como utilizarla para vender cualquier porquería como
una maravilla al mejor precio posible ya sea para niñas
y niños, pobres o ricos de cualquier cultura. Ejemplos:
Mcdonalds, Starbooks, partidos políticos corruptos en el
mundo entero que se mantienen en el poder aunque
maten y roben, países que deciden quienes son nuestros
enemigos y tantas otras preciosidades.
Nosotros desconocemos todo lo que se manipula en
el cine de efectos para manipular nuestras mentes. El
cine de Hollywood y las grandes compañías de video
juegos lo conocen a la perfección al punto de que nos
llevan a disfrutar de productos tan dañinos para la
mente humana como las telenovelas o películas como
Rambo o video juegos tan extremos como Grand Theft
Auto IV. Vamos al cine y nuestra sed de justicia sale

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satisfecha al testimoniar que un hombre –a veces, muy
de vez en cuando una mujer-, logró vengarse por
nosotros de todas las injusticias que padecemos diariamente. ¿Por qué la venganza? ¿Por qué la insistencia en
la destrucción como espectáculo? ¿Por qué el miedo?
¿Por qué la simplificación del lenguaje y de las estructuras de los guiones? Porque todo eso educa la mente para
responder de manera primitiva a los estímulos de la vida
diaria, alejándonos de la reflexión. Observen la facilidad
y los extremos de violencia en los intercambios de opinión futbolera o política en las redes sociales. Hombres
y mujeres, niñas y niños se convierten en trogloditas
fascistas. Perdón por el pleonasmo.
A todo lo anterior se suma una realidad todavía más
atroz: la gran mayoría de niñas y niños no tiene acceso
al Internet. Pudiéramos caer en la tentación de pensar
que es mejor así. Gravísimo engaño. Permanecer al
margen de los retos tecnológicos, solo conlleva trasnformarnos en víctimas ingenuas de quienes dominan los
medios que de una o de otra forma llegan a las mentes
vía televisión, cine, cafés Internet. Un niño, una niña,
cualquier persona que sea un analfabeta digital, se
constituye así en la mejor de las víctimas. Téngase en
cuenta hoy en día como grandes masas analfabetas o
que simplemente no tienen ningún acceso a otra información más que la televisión, se han constituido en sectores preferidos de religiones fundamentalistas y de

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partidos políticos corruptos. En estas condiciones incluso los derechos humanos solo se visualizan en condiciones extremas, muchas veces cuando la víctimas ya
no pueden más que resistir en su indefensión.
Ahora bien, a partir de este contexto mundial, cabe la
pregunta ¿qué tan importante resulta fomentar la
capacidad de lectura crítica en nuestras niñas y niñas
para que puedan defenderse de quienes pretenden colonizar sus mentes y para que puedan generar contenidos
alternativos que los transformen en agentes de cambio
de su realidad. El reto es enorme en el mundo entero,
sin excepción de ninguna sociedad, porque todas se
encuentra expuestas a este fenómeno de las manipulación de las mentes. No conozco sociedad en el mundo
que se visualice, y obre en consecuencia, como parte de
una comunidad humana. Aunque por supuesto que,
mientras

más

limitaciones

económicas,

políticas,

tecnológicas y sobretodo culturales, más limitados los
recursos para una buena educación. Pobre Cultura en el
neoliberalismo, tan cerca de los políticos y tan lejos de
las necesidades de las naciones.
En primer lugar es urgente e imprescindible reconsiderar en la escuela primarias, dentro del programa de
valoración de la competencia lectora, que ya se lleva a
cabo, el descubrimiento de la lectura como placer, de
manera sistemática, tanto o más que la comprensión
lectora. Un niño y una niña pueden “leer” mejor, pero

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las metodologías para estimular el hábito de la lectura,
considero, con todo respeto por el esfuerzo que se está
haciendo, no se encuentran suficientemente atendidas,
empezando por los cuadros docentes que tienen acceso
a pocas herramientas en este sentido.
Leer de manera crítica e interpretativa textos de
ficción, desarrolla nuestra inteligencia emocional y
nuestra capacidad de comprensión de la vida de manera
holística, desarrolla nuestra capacidad de expresión y
nos proporciona el desarrollo de una capacidad de análisis, de crítica, de interpretación de la realidad, de visión
universal del misterio de la vida, nos impulsa a una
volición creativa y por ende transformadora de nuestro
entorno. Sugiero que se acerquen a los textos de Paulo
Freire, desde luego y, considerando el presente, a
Daniel

Cassany

profesor

catalán

con

ha

escrito

excelentes libros sobre lectura y escritura.
Antes de continuar cabe que nos hagamos una pregunta nodal como adultos: ¿qué tanto hemos cedido del
tiempo de nuestro hábito de lectura –si es que lo tuvimos-,

al tiempo dedicado al fascinante Facebook y a

tantas otras redes sociales y posibilidades de juego,
“sitios para adultos”, deportes etc., etc.? Por supuesto
que las redes sociales tienen aspectos interesantes. El
problema consiste en qué tanto, en lugar de utilizar esta
red, ella nos ha utiliza y coloniza como reses de un mercado?

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Definitivamente se trata de una lucha perdida tratar
de motivar la lectura en el salón de clases o en nuestros
hogares, si nosotros estamos alejados de ella. Las
palabras conmueven, los ejemplos arrastran, sabias
palabras que tienen centenas de versiones a lo largo de
la historia.
En paralelo a la motivación de la lectura como placer,
como

descubrimiento,

es

necesario

desarrollar

la

capacidad de niñas y niños de realizar una lectura crítica
e interpretativa de su entorno, incluyendo el virtual.
Debemos promover el ejercicio de la lectura que permite separar la paja del trigo.

Comprender los

mecanismos de engaño de la publicidad, conocer los
mecanismos de un discurso mentiroso, ser capaces de
dialogar con las imágenes con nuestras mentes en
alerta.
Es fácil si recurrimos al humor, en lugar del consabido
“choro”. Por ejemplo, cuando tu hija quiere una hamburguesa, porque te vendieron (o sea que te metieron en la
cabeza) la idea de que vas a salir de McDonald con una
caja de felicidad. Incluso el sabor de esa hamburguesa,
totalmente artificial, está programado a partir de un
conocimiento tan elevado de nuestra mente, como
dañino para nuestra salud.
Luego de lo anterior nos espera la más difícil de las
tareas: introducir a niñas y niños

en la correcta

utilización de la Red. Y antes de enfrentarse a esta difícil

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tarea, se encuentra otra todavía mucho más difícil:
alfabetizarnos nosotros mismos en este nuevo lenguaje
no solo como personas que utilizan medianamente el
“Word” y que buscan en Internet algún consejo para el
dolor de cabeza, sino como individuos que conocen
todas las trampas de esta “dimensión desconocida”

y

que son capaces de investigar y además, y eso es muy
importante, como individuos capaces de generar contenidos alternativos en en la Red. Me refiero no solamente a chismes o a la difusión de nuestras actividades,
sino textos de reflexión donde muchos necesitamos
encontrarnos para darnos las manos.

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PRÓLOGO
EL TALLER DE LECTOESCRITURA
¿Qué hay en esta cosa llamada libro, este objeto aburrido alrededor del que flotan tareas, eso del que tanto
hablan y hablan maestros y maestras y de donde leen
textos sobre los nos hacen preguntas? Ese objeto que ya
nadie usa. Eso de leer es aburrido y cansado.
Detrás de la palabra escrita hay emoción, mucha
acción, reflexiones, invitaciones a crear alas para
lanzarnos a los abismos de las preguntas sin respuesta.
Hay más preguntas que respuestas que nos cuestionan
y alientan.
Decir esto es fácil; convencer al grupo de que lea
porque es maravilloso es bien difícil. Tenemos todo en
contra. Incluso nosotros mismos somos un obstáculo,
porque hemos perdido el hábito de leer. ¿Entonces quál
sería la mejor metodología?: convertirnos en el lector de
Hamelín.
Lo primero que hago es leerles cuentos trasmitiendo
la emoción contenida en cada una de las palabras,
cuidando el ritmo, las entonaciones, los matices, como
elementos que reflejan mi interpretación de lo que el
texto me trasmite. Cuido sobretodo que los textos coincidan con los intereses propios de su edad y utilizo en
primera instancia los textos que fueron generados en
vivencias similares al contexto donde fue generado este

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libro. El resultado: en su mayoría ellos se identifican,
aplauden, les causa placer. No se puede pedir que las
reacciones de todos sean excelentes. Las diferencias
entre los individuos que componen cada grupo pasan
por circunstancias muy variadas donde aquellos que son
menos favorecidos por la economía familiar o los intereses de su círculo social, tienen una cultura distinta cuyos
tiempos de atención son más limitados que los que
tienen mejores condiciones de vida.
Doy preferencia a la lectura antes que a la narrativa,
en especial en un primer momento, por todo lo que
significa en el contexto escolar leer un libro. La actividad
se enmarca así dentro de lo que resulta familiar en la
escuela, se enmarca en el programa. Si solamente narrara con los recursos de un artista escénico me transformo en el cuentacuentos que tiene elementos ajenos
al contexto escolar. La lectura como tal trae además la
presencia del libro y la cercanía con el mismo libro que
les entrego. No tengo nada en contra del cuentacuentos,
todo lo contrario, pero este no se inserta en la dinámica
que pretendo desarrollar. El material de lectura que
llega a sus oídos se prolonga en el libro que se les entrega. Día con día este ritual va a ocurrir, renovándose la
atracción al objeto-libro que se les entrega.
Poco a poco la voz se vuelve un testimonio, una
experiencia del encantamiento que hay detrás de las
letras impresas. No se trata de una fórmula mágica ni de

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una panacea. Sin embargo es un paso de la metodología
que bien aplicada por los docentes que darán continuidad a la experiencia, asegura un alto porcentaje de
éxito.
He aquí el otro objetivo fundamental del trabajo que
nos proponemos: la maestra y el maestro que se
encuentran frente a grupo. Solamente ellos en realidad
pueden

hacer

que

nuestra

metodología

realmente

logre un cambio significativo en el grupo. Niñas y niños
quedan gratamente sorprendidos con mi intervención,
sobretodo al final cuando reciben el libro que van a leer
entrelíneas a partir de las vivencias que tuvimos. Pero
este estímulo se diluye si no cuenta con una continuidad.
En paralelo con el taller de lectura dirigido a niñas y
niñas, me dedico a trabajar con algunos miembros del
cuerpo docente de la escuela. Uno de los puntos centrales radica en cómo leer. Por cierto creo que nos
dedicamos sobretodo a reírnos de buena gana de tal
forma que se establezca una empatía alrededor de lo
que significa la lectura en voz alta y sus posibilidades
para acercar el oyente a la lectura.
Después de cada lectura en el salón, se habla del
cuento, jamás como moraleja, jamás como enseñanza
vertical, sino desde los intereses del grupo que, de una
forma o de otra, también abarcan los valores que nos
ocupan. No menciono los derechos humanos hasta que

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el mismo grupo manifiesta sus inquietudes frente al
comportamiento de algunos personajes. En ese caso
entonces meto mi cuchara para poner un poco de candela a la reflexión sobre este o aquél tema, pero no lo
extiendo a una enumeración de los derechos ni a su fundamentación. El programa escolar contempla este contenido. Yo hago un esfuerzo para que ellos descubran el
potencial de sus voces para expresar lo que una lectura
más atenta del mundo les ofrezca. De este derechos se
deduce la vivencia de los demás derechos. No como una
cartilla, sino como una vivencia propia de su edad. Esta
lectura, a su vez, resulta de un juego de observación,
expresión y de transformación de la realidad que se
verifica mediante el juego de descubrir otros mundos y
de volverse un pequeño demiurgo.
El otro paso, no necesariamente en un orden
cronológico estricto, porque alternamos las actividades,
consiste en la lectura que básicamente se hace en la
casa, sin que tenga el estigma de tarea.
Debo confesar que las pláticas en los días posteriores
sobre los contenidos de lo que se leyó pueden ocasionar
que algunos se motiven para leer y otros opten, lamentablemente, por marginarse. Es la parte lamentable del
trabajo donde descubres que harían falta otras condiciones de vida para que eso fuera posible. Desean el
objeto-libro que se les regala, pero algunos no alcanzan
a dar el paso hacia el descubrimiento de la lectura.

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Es todavía más grave en la medida en que no lo
expresan. En su afán de “agradar” al adulto, recurren a
la mentira como forma de quedar bien: Sí lo leí, claro,
sólo que no me acuerdo. El nivel de lectura de los libros
que se les entrega varía mucho, entre otras razones
porque no se les obliga ni condiciona la entrega de un
libro nuevo a la lectura del anterior. Un par de años
atrás cometí este error. No funcionaba. Varios mentían,
copiaban los comentarios de otros o juraban que lo iban
a leer. Por lo menos todos reciben el estímulo de las
lecturas en voz alta que permanecerá en su memoria.
Casi simultáneamente empiezo a jugar a escribir. Lo
prioritario es el juego creativo. No cuentan los errores
ortográficos, no se corrigen mayúsculas, ni sintaxis. No
se trata de una clase de redacción, sino de composición.
Ellos aprenden que ninguna idea es mala; se les
muestra que esa idea que mereció una

de-

desaprobación

general del grupo como la inclusión de un narcotraficante en un cuento colectivo, puede ser rescatada. Lo
importante es la función que adquiere dentro del juego.
De esta manera un narcotraficante y un ratero tratarán
de firmar un trato con el diablo porque quieren obtener
la inmortalidad.
Ahora bien, el trauma, el miedo, el terror o simplemente el bloqueo que se apodera de la mano con el lápiz
frente a la hoja en blanco, se evita mediante varios ejercicios de creación colectiva. Hay muchos ejercicios de

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ese tipo. Sugiero que consulten el libro El Nuevo

Es-

criturón de Los Libros del Rincón, además de otros
tantos que pueden encontrar en el Internet.
El objetivo es doble: por un lado separar la autocensura asociada con la “redacción”, del juego creativo
cercano a la composición. Expresar es una necesidad
que conlleva el placer de logralo aun cuando se trate de
plasmar una experiencia triste. De la misma forma se
trata de romper el miedo al bloqueo inmediato de concebir un cuento, porque la idea de que no sé hacer un
cuento, no soy bueno, no se me da y otros tantos complejos de lenguaje se manifiestan en seguida frente a la
posibilidad de una expresión escrita, asociada de inmediato con la dificultad de escribir correctamente y la
imposibilidad de tener buenas ideas. O sea, se trata de
una tarea difícil y además aburrida. Entonces abordémoslo por partes. Primero vamos a divertirnos, a
reírnos, a familiarizarnos con el género que nos ocupa,
cuento, canción o poema, mediante un juego.
Durante el proceso que sigue, la lectura oral es compartida con varios miembros del grupo. El propósito:
trasmitir la emoción, la belleza de las imágenes, el
humor y otras maravillas que se encuentran en la letra
impresa. Entonces no se trata solamente de leer claro o
como metralleta. Se trata de interpretar y trasmitir lo
que el texto quiere expresar. Este ejercicio nos hace reír
y descubrir todavía mucho mejor el universo detrás de

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un buen libro.
Si la maestra o el maestro están familiarizados con el
género y con su ejercicio, sabrán conducir con agilidad
la actividad. Podrán dar alternativas a los nudos,
generar interrogantes, cuestionar las soluciones fáciles,
invitar a nuevas alternativas, provocar la búsqueda de
asociaciones y también sugerir, por supuesto, como un
miembro más del grupo. Para ello maestra y maestro
también deberán ejercitarse en la escritura de una
manera lúdica, tema que también nos ocupa durante el
taller y que solo se enfrenta al problema del tiempo. En
general maestras y maestros se divierten bastante con
esa actividad. En eso consiste el secreto: jugar.
Volviendo al grupo, nos vamos a dar cuenta de que la
inteligencia colectiva hace su trabajo de maravillas y
solo necesita de una buena conducción del juego para
fluir. Poco a poco cada individuo encontrará su paso para
descubrir que hacer un cuento es relativamente fácil, es
solo un juego más. Ah, entonces se vale decir que…inventar que…una tontería..cualquier cosa...¿lo que yo
quiera?
¡Se vale todo! Nada está mal. Se trata de un juego
cuya principal regla es la creatividad y donde nada va a
estar mal, porque solo se trata de imaginar.
Hay varios momentos de ese paso, pero lo esencial
radica en apoyarse en la oralidad y en la creación colectiva.

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Empieza el tránsito hacia la escritura mediante el
registro de la idea. Para eso se nombran redactores y
asesores que se dedicarán a la tarea de asesorar al que
fue elegido como redactor en el registro de la idea, no
solo para efectos de memoria, sino de cualquier cambio
que se les ocurra. Esa misma variante, en diferentes
formas, se aplica a subgrupos que compiten en creaciones colectivas simultáneas donde la espontaneidad
de cada integrante es puesta a prueba en un juego
dinámico en que cada grupo trabaja en la idea, mientras
el facilitador va de un grupo a otro. En el momento en
que le toca, cualquier participante debe ser capaz de dar
una síntesis de la idea y continuarla. El menor titubeo
implica un punto negativo.
La diferencia del ganador no será más que de uno o
dos puntos cuando mucho. Al final la risa será compartida por todos y el resultado suele entusiasmar bastante
al grupo que pide que se repita el ejercicio, porque ve
un resultado que divierte.
Alternamos estos ejercicios con las creaciones por
pareja y finalmente con las individuales que serán escritas. Es un momento en que algunos, en general muy
pocos, se quedarán rezagados. Es también un momento
difícil para el facilitador, porque tendrá que poner
atención al proceso de cada uno para estimularlo a
encontrar su propia expresión. Un momento que exige
un gran esfuerzo y que pese a eso resulta muy grato.

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Por un lado resulta placentero ver como fluye la
mayoría del grupo y por otro el docente se encuentra
con la ardua tarea de orientar al que no está estimulado
en en su contexto familiar. Es la etapa en la que pesa la
escasez de tiempo. De ahí la importancia de la participación de maestras y maestros en este programa. Los
docentes serán los que realmente llevarán a cabo esta
tarea. Por eso sentí una gran alegría al constatar que
antes de que concluyera nuestro breve taller, maestras
y maestros ya estaban aplicando varios de los ejercicios.
Descubrir la escritura es la otra cara de la moneda.
La letra impresa se vuelve familiar, cercana, como parte
inherente a la acción de leer. Yo disfruto leyendo y esto
me induce a participar de esa forma de expresión. Mi
interés por la lectura aumenta, porque ahora este
lenguaje es parte mi, me pertenece, me realizo en él.
Aumenta

entonces

mi

capacidad

de

análisis,

de

valoración del texto, y sobretodo mi placer frente a esa
acción que nos permite bucear en la búsqueda de sentido del mundo que leemos a nuestro alrededor.
Trato de esta manera de explicar las bondades de
este descubrimiento desde la perspectiva infantil.
Sacar fotocopias de los textos organizados como una
edición con créditos e ilustraciones, una vez corregidos,
ya como resultado de un taller, entusiasma al grupo.
Es solo cuestión de un poco de habilidad, incluir ideas
de unos y de otros, ayudándolos con la redacción, espe-

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especialmente en un primer momento. Suele ser gratificante lograr un producto de esa naturaleza al final del
año y nada impide que el maestro o la maestra incluya
un texto inspirado en sus vivencias con el grupo. Otra
idea entre tantas es grabar esta selección en voz de los
autores y producir algunos discos compactos. Es realmente muy económico hacer eso, el esfuerzo es mínimo
y el resultado, ¡muy gratificante para toda la escuela!
El presente texto es un modesto esfuerzo por
sintetizar lo que ocurre en el salón durante nuestras
sesiones. Detallarlo es un proyecto sobre el que trabajaremos tan pronto dispongamos de algo de tiempo.
Agradezco a las niñas y niños de los quintos grados
de la Escuela Aureliano Palafox por su dedicación y
entusiasmo. Agradezco a maestros y maestros que participaron en mi taller por su paciencia, vocación y por la
alegría de enseñar que compartimos.
Los cuadernos de trabajo de los participantes se
encuentran a la disposición de los interesados en el
siguiente vínculo:
https://files.secureserver.net/0f7r0P4hOxGl7E
Camilo Albornoz

26

L os
C uentos...
C olec---ti-----------vos...................

27

28

FREGONCITO
Fregoncito siempre había sido fregoncito. No
hacía caso a nadie. Abrían la puerta y se escapaba
a la calle, volteaba los botes de basura de su casa
y de la de los vecinos, correteaba perros y gatos y
se lanzaba contra las personas que pasaban por su
casa como si las fuera a comer. No mordía, solo
jugaba a asustar a la gente. Después de que una
ancianita se llevaba el susto de su vida, el canijo
volvía a la casa meneando la cola. Si le tocaba
regañiza se hacía chiquito, metía la cola entre las
patas y chillaba como si lo estuvieran golpeando
con un palo.
Una de las travesuras preferidas de Fregoncito
consistía en entrar por la madrugada al cuarto de
Katia sin hacer el menor ruido, ponerse a los pies
de la cama, tomar impulso y saltar sobre las cobijas como luchador de la triple “A”, para ladrar con
el hocico pegado a la cara de su dueña. Katia gritaba tan fuerte que hasta los vecinos imaginaban que
estaban atacando a alguien. Papá y mamá acudían
azorados, Katia lloraba y Fregoncito, por supuesto,
ya se había esfumado. El papá lo regañaba y le
pegaba con una chancla que no le dolía porque
estaba grande y fuerte, pero el travieso lanzaba
sus chillidos tan lastimeros que luego los vecinos
reclamaban por la crueldad de la familia con su
mascota tan linda y tan mansita.
29

FREGONCITO

Una noche Fregoncito decidió que podía mejorar
su actuación. Entró a la habitación de su víctima
como tigre que se prepara para atacar a su presa.
Con las puntas de los dientes jaló las cobijas
despacio, despacito, hasta cubrir con ellas su
propio cuerpo. Luego saltó sobre la cama y empezó
a gruñir con su cara pegada a la de la inocente niña
cuyos ojitos se abrieron para toparse con aquél
monstruo espeluznante que amenazaba engullirla.
El pavor fue tan grande que Katia se tapó la cara
con el grito ahogado en la garganta, sin poder
respirar, preparada para morir asesinada por aquel
monstruo

tenebroso.

Entonces

Fregoncito

se

sacudió las cobijas y con sus chillidos simpáticos
cubrió de lengüetazos la cara de su víctima. Katia
se transformó en un demonio. Se lanzó sobre el
inocente animal para lanzarlo por la ventana desde
el primer piso hasta la calle donde un camión lo
atropelló. Fregoncito murió sin tener tiempo ni
siquiera de un chillido.
Al día siguiente la familia extrañó la travesura
matinal de su mascota que consistía en sustraer
algo del desayuno para saborearlo a escondidas. A
la mamá se le hizo raro que Fregoncito aún no
hubiera asustado a alguien en la calle. El padre
sintió falta de aquellos ladridos que lo perseguían
mientras él se alejaba rumbo a su trabajo. Katia
30

FREGONCITO

estaba triste, pero se disculpaba. ¡Ya chole! de que
la agarraran de su puerquito. Además se perdonaba porque había sido un accidente. Bueno, ni
modo. Ya no había nada que hacer. Casi rueda por
las escaleras al imaginar que se le enredaba entre
sus piernas el canijo Fregoncito.
Durante la noche todos estuvieron de acuerdo
en que extraños ruidos provenían de la cocina. Incluso el papá se levantó, machete en mano, seguido de la madre armada con su escoba. Nada por
aquí, nada por allá. Todo en silencio.
Por la mañana encontraron el refrigerador abierto y el piso de la cocina regado con huesos de
pollo, verduras, leche tirada, sopas y guisados,
mermeladas y cátsup. Un desastre que sorprendió
a la familia. La madre estaba tan furiosa que
aventó al piso el refractario con gelatina que aún
quedaba en el refrigerador. ¡Paftrinplintás! El padre
se dispuso a cazar al culpable, condenado a una
paliza ejemplar sin derecho a ningún juicio. Katia
se vio obligada a contarles el triste final del
supuesto culpable. La palidez y la mirada perdida
de mamá y papá eran señales evidentes del shock
familiar ante la trágica muerte de su mascota.
A partir de aquel raro amanecer, las sorpresas
diarias terminaron por quitar la paz de aquella
otrora linda familia. Antier un mojón de perro en la
31

FREGONCITO

sala, ayer casi se cae la mamá al sentir que algo se
le atravesaba, hoy la sala huele a orines. Las cortinas están roídas, el pasto amanece lleno de hoyos.
Después de poner cámaras en las diferentes
habitaciones, luego de permanecer despiertos por
las noches y de reportar los incidentes a la policía,
la familia se hizo famosa en las redes como los
loquillos de la casa mal asombrada.
Desesperados, optaron como última alternativa
por comunicarse con el espíritu de Fregoncito que,
no tenían la menor duda, permanecía en la casa.
Para ello contrataron a un reconocido médium
especialista en comunicación con muertos. El
médium les informó que llegaría a media noche y
solicitó que tuvieran a la mano cirios y la comida
preferida del fantasma.
La noche fue testigo de una extraña escena.
Alrededor de la casa de Fregoncito se acomodaron
cuatro cirios y un gran plato bien sazonado con
piezas de pollo y verduras. Cuatro figuras humanas
con los ojos cerrados, tomadas de las manos y sentados como chinitos se pusieron a ladrar al unísono. Luego de algunos minutos el médium les indicó
que abrieran los ojos y que contuvieran su emoción. Delante de ellos la sombra de su mascota se
despachaba el pollo. En un santiamén el plato
quedó vacío. Por medio de una discreta señal el
32

FREGONCITO

médium indicó a Katia que se comunicara con la
sombra.
-Fregoncito, perdóname. No fue adrede, fue un
accidente.
-¡Uau! Ya lo sé.
-Entonces ¿por qué nos haces todas estas travesuras?
-¡Uau! En el mundo de los muertos no hay nada
que hacer. Son bien aburridos. Con ustedes la paso
muy bien.
-Pero nos estás haciendo mucho daño. En la
escuela me conocen como la loquilla del perro.
Toda la calle se ríe de nosotros. Eso no está bien.
-¡Uau! Está bien, pero vamos a hacer un trato.
Voy a vivir con ustedes como un fantasma bien
educado. No puedo irme. La verdad es que los
quiero mucho, me siento muy unido a ustedes.
-¡Ay, Dios mío! –susurró la mamá.
-¡Shhht! –la calló el médium.
-¡Uau! Todas las noches me van a servir mi plato
de pollo con verduras. Luego voy a acostarme a los
pies de Katia, mientras navega por el Internet.
Cuando lleguen visitas, desaparezco. Si entra un
ladrón, no se preocupen. Yo me encargo de que le
de diarrea.
-Está bien –aceptó Katia-. ¿Y te puedo acariciar?
-¡Uau! Por eso te quiero – dijo la sombra de
34

FREGONCITO

Fregoncito, meneando la cola.
La familia vivió feliz para siempre con su querido
perro fantasma.

35

36

MILAGROS DEL AMOR
Federico no soportaba bañarse. Cuando estaba
chiquito lo amarraban a la tina, pero cuando creció
fue imposible porque ni entre cuatro lograban
detenerlo.
La escuela se transformó en un serio problema.
Nadie quería sentarse ni a su lado ni cerca de él. La
maestra lo mandaba primero al fondo del salón,
después lo acomodó afuera del salón. Nadie podía
concentrarse debido al olor de Federico quien
además muy pocas veces se cortaba las uñas. No
era tonto, pero la maestra no quería corregir su
tarea, porque el cuaderno apestaba a baño sucio.
¿Se imaginan el aliento que tenía? Cuando él
abría la boca, las personas corrían tapándose la
nariz.
Claro que nadie lo invitaba a sus fiestas. Nadie
quería jugar con él. Aunque tanta desgracias también tenía sus ventajas. Gracias a su participación
en el equipo de fútbol, la escuela ganó el primer
lugar en el torneo de las primarias. Cuando él tenía
la pelota, nadie de equipo contrario se atrevía a
acercársele, no solo por el olor que hasta vómito
provocaba, sino por la cantidad de piojos que brincaban de su cabeza sobrepoblada de piojos y liendres. De esta manera su equipo ganaba los partidos. Al año siguiente exigieron que los jugadores
entraran bañados al campo. Se acabó el éxito de
37

Milagros del amor

Federico.
Así de complicada tenía su vida el maloliente
Federico. Del cine lo sacaban, de las maquinitas lo
corrían, en los estadios no podía entrar. Su madre
era la única que lo consolaba, lo abrazaba y lo
mimaba. Claro, la señora no tenía olfato. Ella le
suplicaba al hijo que se bañara, pero Federico no
podía vencer su terror y su odio al agua.
Para que su familia pudiera convivir con él,
echaban aromatizantes en las habitaciones diez
veces durante el día y cinco durante la noche. De
todas maneras era difícil que alguien aceptara ir a
la casa del piojoso.
Un día una amiga visitó a la hermana para que
hicieran una tarea juntas. Diadema de lucecitas,
pelo negro hasta la cintura, blusón de frozen y
mayones negros. Así vestía la carita traviesa que
se llamaba Vania.
Cuando llegaban visitas, estaba prohibido que
Federico entrara a la casa. Debía permanecer en el
fondo del patio. Desde allá el oloroso descubrió y
saludó a la amiga de la hermana. Fue lo suficiente
para que se enamorara perdidamente.
La hermana le hizo ver que era imposible, realmente ¡imposible! que su amiga le hiciera caso con
aquel olor, los piojos y además aquellas garras
negras retorcidas en que terminaban sus manos y
39

Milagros del amor

y sus pies.
El corazón de Federico fue más fuerte que su
repulsión al agua. Comenzó entonces una lucha
tremenda en su interior. Acudió a una estética de
perros para que lo raparan. Ahí mismo lo bañaron
con un champú para caballo. Le serrucharon las
garras y lo volvieron a bañar durante diez días
seguidos. Inútil. Era imposible quitarle el olor. Lo
sumergían en tinas con perfumes y después de un
par de horas volvía aquel olor a podrido de alcantarilla.
Federico no se dio por vencido. Se bañaba todos
los días con vinagre, con champú y con kilos de
bicarbonato. Se lavaba la boca con detergente,
ingería jabón para limpiarse el estómago y se
introducía un cepillo en el esófago para tallarse el
estómago y las tripas. Mejoraba, pero no lo

sufi-

ciente como para que una niña lo pudiera aceptar
como novio.
Por fin, después de semanas de lucha, la madre
y el veterinario tomaron una decisión arriesgada.
Lo bañarían con una mezcla de champú, perfumes
finos, detergentes para limpiar la taza del baño,
doscientas cápsulas de aromatizante para ropa y
un litro de cloro. Federico estaba dispuesto a ir al
hospital con tal de quitarse el mal olor. Durante
diez días el esforzado joven fue sometido a este
40

Milagros del amor

duro tratamiento que incluía un cepillado intenso
con estropajo de fibras metálicas.
Luego de esta limpieza radical, tuvo que internarse otros quince días para curarse de los hematomas en la piel. El mal olor, el mal aliento, todo se
le había quitado. Un hermoso pelo le creció. Federico quedó tan impresionado por el cambio que casi
se enamoró de él mismo. Frente al espejo se olía
encantado de lo bien que se veía.
Le compraron ropa de marca, desinfectaron la
casa e invitaron a la familia, a los vecinos y a los
compañeros

de

la

escuela,

a

todos

los

que

quisieran conocer al nuevo y perfumado, reluciente
y además muy elegante Federico, el nuevo Federico irreconocible en su nuevo look de galán.
Claro que la invitada de honor, aunque ella no lo
sabía, fue Vania quien entró a la fiesta de manitas
con su novio, un rasta con abundantes trenzas
hasta la cintura, pantalón cholo deshilachado y
playera color rata. El novio olía peor que perro
callejero. Vania había nacido sin el sentido del
olfato.

41

EL CUCHILLO ASESINO

Texto escrito en complicidad con
Ximena Lisette García

Se llamaba Kinskli Zás. Filoso, de fino acero
inoxidable, mango negro ergonómico, diseñado
para la alta cocina; se estremecía de placer frente
a sus víctimas. Su cómplice era madame Marie,
alta, delgada, güera, ojos verdes saltones, boca de
pico de gallina, manos huesudas. Sus pupilas voluminosas brillaban con los destellos metálicos de
Kinskli cuando este destazaba la carne fresca,
cuando hacía cachitos a familias enteras de indefensas

zanahorias,

berenjenas,

alcachofas,

espinacas, lechugas, pepinos, aguacates, todos
rebanados, picados en tiernos trocitos que se
juntaban con filetes, muslos, pechugas, costillas y
otras tantas partes de los pobres cadáveres que
eran lanzados sin piedad a la olla donde hervían
ante la mirada perversa de los dos cómplices asesinos que los sazonaban pasándose la saliva…

43

44

EL TÍO Y EL CONEJO
Texto escrito en complicidad con
Ana María Jiménez

En la fiesta de cumpleaños de nuestro primo
regalaron conejitos y pollitos. Mi hermano y yo
escogimos un conejo chiquito y querendón. A mi
mamá no le gustaba el conejo, así que siempre
gritaba “¡alejen a este animal!”. Por eso le pusimos
el nombre de Alejo.
Antier nos fuimos de paseo a Veracruz. Al regresar no encontramos a Alejo. Nuestro tío nos dijo
que se había salido a la calle y que un coche lo
había atropellado. Tenía cara de mentiroso cuando
nos lo contó. Pero qué íbamos a hacer, ni modo de
decirle que era un mentiroso porque además mamá
afirmó que así mero había sido, que ella lo había
visto y que ninguno de los dos pudo hacer nada. Mi
hermano y yo nos pusimos muy tristes.
Esa misma noche mi tío oyó un ruido de patitas
en su cuarto, oyó también como si royeran algo.
“Ha de ser un ratón”, pensó. Prendió la luz y se
encontró con pedazos de zanahoria en el piso. Nos
regañó por haber echado, según él, basura en su
cuarto. “Nosotros no fuimos”, le dijimos. Nadie nos
hizo caso.
A la siguiente noche volvió a pasar los mismo,
solo que mi tío al levantarse se encontró con Alejo

45

El tío y el conejo

que le preguntó “¿por qué me mataste?”. Mi tío se
desmayó. Mi mamá nos explicó que nuestro pobre
tío tenía mucho trabajo y por eso andaba con estas
visiones. Nos pareció que mamá no estaba convencida de lo que decía.
A la siguiente noche, mi tío tomó diez tazas de
café para no dormirse. A media noche entró a su
cuarto un ser que tenía patas de conejo, cabeza de
león, cuerpo de búho y cola de ratón. Le reclamó a
mi tío con voz de león: “¿Por qué mataste al conejito?”. Mi tío se desmayó. El doctor le explicó que
tenía estas visiones porque algo malo había hecho.
Le dio una medicina para que se durmiera tranquilo, sin pesadillas.
A la siguiente noche, mi tío se durmió bastante
bien, pero en la madrugada se despertó. En medio
de su cuarto había una puerta de la que emanaba
una luz intensa. Era un portal. Mi tío, aunque tenía
miedo, sintió un deseo incontrolable de cruzar
aquel umbral.
Al otro lado se encontró con el alebrije que ya
se le había aparecido en la noche anterior. Era el
rey de los animales muertos que le preguntó con
su vozarrón:
-¿Tú mataste al conejo? –Y le advirtió-: no
mientas porque tu castigo será terrible.
-Nunca maté ningún conejo –mintió mi tío.
47

El tío y el conejo

-Por haber sido malo con los animales, por
mentir a tu sobrino y a tu sobrina –gruñó el alebrije, rey de los animales muertos –te condeno a terminar tus días de vida como un conejo.
Al día siguiente, mi hermano y yo encontramos
en el patio a nuestro conejito. Estaba contento. Le
dimos de comer y nos pusimos muy felices.
Lo malo fue que no supimos adónde se fue mi
tío. Desapareció. Mi mamá está muy preocupada.
Cree que se volvió loco y que se ha de haber ido.
Mi mamá ya no se mete con el conejito. Lo mira de
reojo nomás.

48

GATOS, GATAS Y GATITOS
Texto escrito en complicidad con
Alejandra Granados Hernández

Ana había perdido a su familia cuando aún era
un bebé. Su papá y su mamá le dejaron una gran
fortuna. Su mamá adoraba los gatos persas, siameses, rusos, turcos, maromeros, engreídos, salvajes, gatos negros, blancos, naranjas, atigrados,
cafés, gordos, chatos, alargados, con cola y sin
cola. Ana creció en una casa muy grande en medio
de un bosque en que gatos y gatas y gatitos vivían
felices. Su gran fortuna le permitía cuidar de todos
ellos. Claro que en ese bosque no había ratas, ni
ardillas ni pájaros. A todos se los habían comido los
gatos.
Por medio del club Amantes de los gatos, Ana se
enteró de que había un parque donde habitaba una
extraña anciana con cientos de gatos y gatas. Al
visitar el parque Ana quedó fascinada, enamorada,
encantada al descubrir a tan hermosos felinos en
árboles, cuevas, piedras, bañándose en un gran
lago donde alguna vez hubo patos que, claro,
fueron comidos por los gatos así como las ratas,
ardillas, ranas y pájaros de aquel lugar.
La anciana, que también era muy rica y que
también se llamaba Ana, se había nombrado ella
misma la reina de los gatos. Los vecinos la cono-

49

Gatos, gatas y gatitos

cían como Ana la loca. Ana-anciana le contó su historia a Ana-niña. Desde chiquita amaba a los felinos, los amaba tanto que decidió dedicar su vida a
estos adorables animales. No se casó ni tuvo hijos.
La gran familia de los felinos crecía y crecía porque
Ana la reina de los gatos no permitía que nadie
esterilizara sus animalitos. Contrató buenos abogados para defender los derechos de los mininos.
Lo más importante para ella era el derecho de los
gatitos a amarse libremente y a que tuvieran los
hijitos que quisieran.

Claro que odiaba a los

perros. “¡Uou! –se emocionó Ana–, nos parecemos
mucho. Yo también amo, adoro, quiero con locura
a los gatos y voy a ser como usted. Quiero vivir
solo para estos seres adorables. Jamás voy a permitir que los esterilicen. Ellos tienen todo el derecho de tener a los hijitos que tengan así como los
humanos”. Ana-anciana le confesó entonces a
Ana-niña que el dios Jaga-tigro se le apareció en
un sueño para decirle que estaba próxima a
morirse y que le enviaría a una sucesora para que
cuidara de sus fieles gatitos. Ana-niña aceptó gustosa la gran misión que se le confería. Ana-anciana
nombró entonces a Ana-niña como Ana la gran
reina de los gatos.
Al día siguiente Ana-anciana se despidió de su
heredera y de sus gatos, gatas y gatitos, y falleció.
50

Gatos, gatas y gatitos

Ana y los gatos sepultaron a su protectora. Durante tres días y tres noches lloraron tan fuerte que
los vecinos llamaron a la policía para que se llevaran a los gatos porque nadie podía dormir. Ana,
ahora Ana la reina de los gatos, bautizada por los
vecinos como Ana la loca II, huyó con todos sus
súbditos hacia su bosque.
Las centenas de gatos de una Ana se encontraron con las centenas de gatos de la otra Ana y,
fuera

algunos

agarrones

felinescos

naturales,

fueron muy felices. Se dedicaron con entusiasmo a
la tarea de una intensa integración social mediante
la procreación de miles de gatitos que pronto
fueron decenas de miles y luego cientos de miles
de gatas y gatos que poblaron con miles de gatitos
felices el reino de Ana la reina de los gatos, conocida ya en el mundo entero como Ana la loca II.
Fue entonces cuando ocurrió la gran tragedia. La
reina Ana empezó a estornudar noche y día sin
parar. Los estornudos salían en explosiones sucesivas de su boca. Comer no podía, hacer caca no
podía, leer mucho menos, chatear ni pensarlo.
Dormir no podía, cuidar a sus gatitos no podía,
rezar imposible, platicar era un suplicio.
Doctores de todas partes acudieron a verla.
Diagnóstico final: alergia a los gatos. Trataron de
curarla

con

todas

la

medicinas
51

imaginables.

Gatos, gatas y gatitos

Imposible. Solo había una cura, una sola o de lo
contrario moriría en muy poco tiempo: alejarse de
los gatos para siempre.
-Si no veo a mis animalitos de todos modos voy
a morir de tristeza –se lamentó la reina entre desgarradores sollozos.
-No, su majestad –contestaron doctoras y doctores-, hay una solución.
-Por favor díganme rápido que no quiero morir ni
renunciar al placer de la compañía de mis mininos.
-Regálelos a quien mejor los pueda cuidar y que
se comprometa a mostrárselos por internet. Así
usted sabrá que estarán felices y los podrá ver
durante toda su vida. Además de esta manera no
pierde su fortuna, lo que le permitirá seguir velando por sus lindos animalitos.
La reina palmeó contenta y enseguida empezó la
búsqueda de hogares para sus gatitos que a estas
alturas eran millones, muchos millones de gatitos.
Era un gran problema. Todo el mundo tenía
gatos, solo una que otra familia quería gatitos,
pero solo a los pequeñitos, a los adultos ni pensar.
Cada día era más difícil encontrar un hogar que
realmente le inspirase confianza. La gran mayoría
de las personas tienen a los gatitos durante los
primeros meses. Después: ay, se hizo en la sala,
ay, trajo un ratón, ay, ya está preñada, ay, no, ya
53

Gatos, gatas y gatitos

no lo quiero y, como si nada, los echan a la calle.
Triste y vergonzoso.
Anuncios en Face, en Internet, en revistas, en la
televisión, en google, videos desesperados en Youtube. La reina estaba a punto de morir entre uno y
otro estornudo, cuando llegó a visitarla un empresario chino que le propuso la adopción de todos sus
gatitos para llevarlos a la ciudad de los gatos en
China. El empresario le aseguró que ella vería imágenes de la vida feliz de sus gatitos en su nuevo
hogar. Feliz, Ana, la reina de los gatos, alias Ana la
loca II, aceptó.
Algunos meses después, Ana recibió primeros
los capítulos de una caricatura china titulada La
ciudad de los gatos. Para Ana la loca II fue

sufi-

ciente. Vivió feliz entre las aventuras de sus
amados felinos.
En China, los millones de gatos fueron llevados
a la Ciudad de los gatos. La dicha “ciudad” era en
realidad un mercado donde los felinos eran vendidos a miles de restaurantes chinos.
No era para que se los comieran, no. Los chinos
no comen gatos, comen perros. Los gatos fueron
enviados a los restaurantes para que cazaran las
ratas que se habían convertido en una plaga terrible en China. O sea, la verdad es que los gatos
también fueron felices para siempre.
54

L os
C uentos
de

C amilo

55

56

EL GATO BAILARÍN
Mister Sponge Bob Pop, el dueño de la mayor
agencia de espectáculos en el mundo, pagó una
fortuna por Leoncio. Se dio cuenta enseguida que
se encontraba frente a un genio de la danza.
Leoncio no comía ratas y mucho menos pájaros
a los que le encantaba escuchar echado en el
jardín. Comidas preferidas: en primerísimo lugar
ejotes con queso y mayonesa. Eso lo ponía fuera
de sí. Era peor que cualquier droga. No podía parar
de comer. Luego le dolía la panza y vomitaba. Su
otra pasión era el café cargado y sin azúcar. Higo,
uvas, melones y verduras asadas con un toque de
aceite de oliva, también estaban entre sus golosinas preferidos. Apreciaba mucho los quesos finos
acompañados con algo de vino, aunque bastaba
una copita para que se trepara en los techos.
No hablaba, pero entendía todo lo que le dijeras
tanto en español como en inglés o francés. Sin embargo el mayor don de Leoncio consistía en su
vocación

de

bailarín.

Cualquier

música

que

escuchara lo llevaba a pararse en dos patas, en la
cola, en tres patas, de cabeza y volar, saltar, girar,
dar piruetas, bailar como el más talentoso de los
bailarines. No había género que se le dificultara.
Innovó el breakdance y pasó a ser referencia para
un nuevo estilo de danza contemporánea el feline
art dance. Su fama recorrió el mundo entero.
57

El gato bailarín

En las mejores salas del mundo se presentó ya
sea en solos acompañado por orquestras filarmónicas o grupos de jazz, ya sea con las compañías de
danza más famosas de Europa o bien en un festival de breakdance en las calles de Tokio. Con él no
había necesidad de ensayar. Improvisaba, improvisaba siempre, provocando una verdadera histeria
entre el público asistente.
Quien estaba más enloquecido que el público era
el empresario mister Sponge Bob Pop que cada día
cobraba más por las presentaciones masivas del
mayor fenómeno de todos los tiempos. En estadios
de ciento veinte mil espectadores, las pantallas de
led gigantes reproducían los detalles de los pasos y
evoluciones hipnóticas del fantástico danzante.
Un día recibió una invitación para presentarse
nada menos que en el Madison Square Garden en
Nueva York, en compañía de otro fenómeno que
había surgido en un lugar totalmente desconocido
de la India. Ella se llamaba Kanily Miaud Mand
Chary. De cierta forma pertenecía a la misma especie de Leoncio, aunque con algunas diferencias
inquietantes. Su cuerpo felino, alargado caminaba
en dos patitas, y en los miembros superiores en
lugar de garras, lucía delicados deditos que terminaban en finas uñas coloridas. De su cabeza se
desprendía un pelambre abundante aunque delga58

El gato bailarín

do, que se extendía por su espalda. No tenía cola y
podía reírse. Comprendía cualquier idioma, aunque
al parecer no hablaba. Su pelo, morado, brillaba,
como si tuviera una luz interior. Sus ojos, dos canicas azules donde se movía un caleidoscopio de
estrellitas.
Se fija la fecha del mayor espectáculo de todos
los tiempos. Los boletos están agotados para diez
funciones, cosa nunca vista en la historia del Madison Square Garden. Se organiza un encuentro
entre los dos fenómenos no tanto para un ensayo,
sino para que se conozcan e improvisen un rato.
Los dejaron solos, chiquitos en aquel inmenso
escenario. Técnicos y músicos abandonaron la
sala. Ambos se contemplaron durante una hora, sin
moverse. Descubrieron que podían entenderse sin
ningún

sonido.

Leoncio

empezó

a

bailar.

Su

música, el silencio. Bailó y bailó entre mil piruetas,
pasos, vueltas, giros y saltos. Se estiraba

se

encogía. Kanily se sumó al baile. El dúo se alejaba,
se acercaba, a veces eran pájaros, a veces víboras,
a veces agua a veces fuego, uno sobre el otro se
lanzaban al aire se adornaron el espacio durante
las horas.
La madrugada los encontró abrazados a la felicidad de haberse enamorado. Kanily contó a su
amado su historia. Ella venía de otro planeta, era
59

El gato bailarín

una alienígena. Su planeta se llamaba Atlalticpactli
Ocelotl donde la especie dominante eran los felinos. También había humanos, pero eran bastante
primitivos, tontos y agresivos. Eran la única especie que se mataba entre sí.
Ellos habían descubierto la Tierra por una sonda
espacial que los humanos habían enviado al espacio. Les encantó el mar, los bosques y lo que más
les llamó la atención fue que los humanos fueran la
especie más inteligente. No lo podían creer, así que
decidieron conocer este extraño lugar donde la
raza humana era la más inteligente. Lo que más los
sorprendió fue la música y el baile. No los conocían. Lo que no les gustó fue la agresividad de los
seres humanos. Al tratar de establecer contacto
con ellos, fueron enjaulados y vendidos. Tuvieron
que

escaparse

antes

de

que

los

mataran.

En Atlalticpactli Ocelotl, los animales que tienen
inteligencia no se pelean ni se comen entre ellos.
Todos son vegetarianos. Allá los humanos son la
única especie peligrosa. Los otros animales sí se
dan mordidas y arañazos, pero de cariño.
Ya habían decidido regresar a su planeta cuando
una de las cámaras que tenían instaladas en los
ojos de un perro, detectó a un gato bailarín. Inmediatamente ella decidió conocerlo y fue así como
ahora ahí estaban frente a frente platicando.
60

El gato bailarín

El amanecer los esperaba con una mala noticia.
La mamá de Leoncio, que él había dejado de ver
desde que había sido destetado, estaba en el hospital. La pobre madre lo había visto en la televisión
y le había dado un infarto. Un avión llevó el hijo
junto a la madre lo más rápido que se pudo. No
llegó a tiempo. La gatita ya había fallecido. Leoncio
lanzó un largo maullido de tristeza y se lanzó por
una ventana en dirección a la luna que brillaba en
el cielo. Solo que se le olvidó que se encontraba en
el vigésimo piso de un hospital.
Lo rescataron inconsciente, pero lo salvaron.
Leoncio había perdido la memoria, ya no sabía
quien era, ni como bailar, ni entendía lo que se le
decía. Un gatito cualquiera en una gran cama, con
decenas de médicos y enfermeros atendiéndolo.
No podía ni siquiera caminar, porque se iba de
ladito. Miraba a toda esa gente sin entender nada;
les maullaba como un gatito mimoso. Mister
Sponge

Bob

Pop

estaba

inconsolable.

Ofrecía

millones de dólares para quien curara a su artista
preferido. No había nada que hacer, pérdida de memoria por conmoción cerebral. En otras palabras,
se había llevado un trancazo en la cabeza que lo
había dejado turulato. Nada que hacer. Solo esperar y prender veladoras para que el talentoso
minino recuperaba la memoria.
61

El gato bailarín

Mister Sponge Bob Pop no era creyente, pero fue
a la basílica para ofrecer a la Virgen una iglesia si
curaba a Leoncio. Incluso pagó a uno de sus guardaespaldas para que fuera por él, o sea en su lugar,
del hospital a la basílica de rodillas. Cosa de gringos, evidentemente. Claro que la Virgen no le hizo
caso, ni a él ni al guardaespaldas.
Allá lejos Kanily Miaud se había decepcionado de
los sentimientos de su bailarín de quien se había
enamorado. No lo podía entender. En su planeta
nadie llora porque alguien llega al final de su vida,
de hecho no tienen la palabra muerte. Cuando la
vida de alguien termina, dicen que se fue, que los
dejó.

Todos llegan al final de sus vidas porque

están viejitos.
Kanily está triste. Le molesta que Leoncio se
parezca tanto a los humanos. Sin embargo prevalece el amor que siente por él. Decide buscarlo.
Leoncio se encuentra cercado por un cordón de
seguridad. Nadie lo puede visitar, si no es con el
permiso expreso de Mister Sponge Bob Pop. Kanily
trata de entrevistarse con su amado. ¡Ni pensarlo!
Temen que al verla el desmemoriado enloquezca
sin remedio.
Kanily se aproxima al hospital donde se encuentra su amor en una mini cápsula, penetra por la
ventana y salta sobre la cama donde queda cara a
62

El gato bailarín

cara con su amor. La sonrisa de la enamorada
recibe por toda respuesta un tierno, inofensivo y
estúpido “miau”. ¡Qué tragedia! Leoncio se ha
vuelto una simple e inútil mascota.
La gran Kanily Miaud Mand Chary no se da por
vencida. Ella es una especialista en la medicina de
las mordidas, la más avanzada de las curas en su
planeta. Primero le da una mordida suavecita en la
oreja derecha, luego una bastante más fuerte en la
oreja izquierda. “Auch”, se lamenta el gatito. Luego
le aplica una dentellada tan fuerte en la cola que
Leoncio pega un brinco hasta el techo donde se
queda agarrado de las uñas.
El maullido del minino, erizado de dolor, es tan
brutal que acuden de inmediato en su ayuda
Rambo, Rocky , Batman, Hulk y el Hombre Araña
seguidos de mister Sponge Bob Pop. Los superhéroes perforan las paredes, rompen los pisos,
revientan el techo, destrozan las escaleras, tiran el
hospital, acuden a la escena del crimen ambulancias, helicópteros, policías. Periodistas entrevistan
a los superhéroes: “¿Por qué armaron este relajo
espantoso? ¡Quedaron miles de personas heridas!
¿No les da vergüenza hacer tanto destrozo?”.
Rambo da la cara por sus compañeros: “pus es que
queríamos salvar al gatito que algún malvado
estaba matando”.

Los reporteros lo cuestionan:
63

El gato bailarín

“Pero ni rescataron al gato, que a lo mejor ya está
muerto, y dejaron a miles de heridos porque
tiraron el hospital”. “Así es eso –contesta la cara
torcida de Rambo-, la fuerza de la justicia así es,
ciega, o sea que agarra parejo, güey, si te paras
enfrente de nosotros, pues te friegas, güey, ¿me
entiendes, güey? Y si no me entiendes, güey,
mejor hazte a un lado, güey, porque si no el otro
muertito vas a ser tú, güey, ¿me entiendes, güey?
Ira, güey, neta, güey, esfúmate, güey, porque si
no te echo a Hulk, güey.
Mientras el bello Rambo daba esta sabia explicación, mister Sponge Bop Pop lloraba a moco tendido porque su lindo gatito, alias el mejor negocio
de su vida, había desaparecido.
Muy lejos de ahí, en el espacio sideral, Leoncio,
que había recobrado la memoria gracias a la avanzada terapia de la mordida,

iniciaba su viaje de

luna de miel en brazos de su amada, a bordo de la
nave de los felinos morados en dirección al planeta
Atlalticpactli Ocelotl.

65

66

EL CHAVO
El Chavo llegó en una noche de lluvia a la vecindad del Tuerto. Se metió por desesperación en el
lavadero y ahí arrinconó los huesos adoloridos de
tanto tiritar.
Al otro día las mujeres se compadecieron del
niño que aun dormía. El cansancio pudo más que el
dolor y hasta relajado se veía. Una le invitó café y
pan y otra una naranja y otra un tamal. Una
tercera ponderó que lo mejor hubiera sido una
patada en el trasero: “Ora, a ver como se lo quitan
de encima. ¡Tarugas esas!”. El Chavo se hizo rosca.
Habían sido tres días de no probar bocado. Así que
por lo menos le había tocado dormir fuera de la
alcantarilla y desayunar. De menso se iba.
Y se fue quedando y se quedó. Entre arguendes
y coscorrones se fue haciendo útil. Recogía la
basura de todos y la llevaba al camión los martes,
jueves y domingos. Orgánica e inorgánica. De los
pesos que le daban para la basura, la mitad era
para él y la otra, para los del camión. Barría el
patio, iba por las tortillas y traía el periódico para
don Feliciano. Se hizo de un mini jacal con maderas
de huacal y cartón, junto a la pared que separaba
el patio de los baños.
Las broncas eran con los de su edad que ahora,
con uno más pobre que ellos en la vecindad, hasta
finoles se creían.
67

El Chavo

Rifis, el chistoso, se pasaba el tiempo haciendo
bromas sobre las babuchas del arrimado, sus bermudas rotas, su gorra apestosa y su olor a alcantarillado. El gordito, hijo de doña Meche, cuando le
convenía, era su amigo; cuando no, le echaba
montón junto con los demás. La Tere también se
reía del arrimado, pero de vez en cuando le daba
un plátano o un pan dulce. Tranquilino, el exentrenador de perros de ataque de la policía,
nomás se acercaba para

descontarlo. Tenía la

mano pesada el Tranquilino, el mudo, que solo
hablaba para mandar al que fuera por un tubo.
Ahora era vigilante nocturno en el súper que
estaba a un costado de la vecindad. Con el único
que hablaba era con don Agriopinto Cuervón, el
casero. Siempre andaban de cuchicheos por los
rincones. El amargado le pasaba el chisme de
cuanto ocurría en la vecindad.
El Chavo se defendía, pero estaba chaparro,
flaco y desnutrido. No se dejaba, pero tampoco
podía hacer gran cosa. Como buen perro callejero,
era correoso y aguantaba calladito cuando lo
surtían en bola. Total: se hacía respetar, aunque
volvían a la carga como si él fuera su mascota.
Había que esconderse del Tuerto cuando llegaba
borracho. No lo corría, porque le gustaba darle sus
catorrazos. El Tuerto decía que así el chavo desqui68

El Chavo

taba la renta. Después de las dos primeras palizas,
el Chavo trazó un plan de fuga por el boquete que
había en el techo de la regadera pegado a la barda
que daba para la calle. Ah, pero de eso a volver a
la alcantarilla, ni pensarlo. Estaba mucho más
pasable el lavadero.
Solo que de unos meses el Chavo se cansó. Es
cierto que ya no olía tan mal y comía por lo menos
dos veces al día. Sólo que eso de que te anden
diciendo de cosas noche y día y de que tengas que
esconderte para que no te golpeen, cansa. A veces
se cansa uno mucho como hoy que todos

se

pusieron de acuerdo para burlarse de sus babuchas
que parecían huaraches porque se veían todos los
dedos de los pies. El chavo los pateó, les dijo de
cosas y fue peor. Papás y mamás se le echaron
encima para reclamarle las malas palabras y los
golpes a sus hijitos e hijitas consentidos.
Ese día en que el Chavo consideró que su huacal
estaba muy muy reducido para su tristeza.

Se

esfumó por el agujero del techo del baño. Se
escabulló a su rincón del parque, detrás de los matorrales que están donde termina la cancha. De esa
vez sí hizo lo que no hacía casi nunca porque
después se ponía peor: se puso a llorar.

Bajito,

pero a moco tendido con el dolorcito que te escurre
de los ojos, pasa por la garganta y se te enrosca en
69

El Chavo

las tripas. Uno quiere parar de llorar y los sollozos
no te dejan. Primero se chilla bajito, para que
nadie se entere, después más fuerte hasta que las
lágrimas y los sollozos salen a borbotones junto
con los recuerdos de la familia que un día se tuvo
y que se fue, se fue al cielo. Uno por uno. Y quedó
solo el chaparro, el más flaco, el más esmirriado.
Se aferró a la vida, como perrito abandonado en la
lluvia que nadie sabe como fue a sobrevivir.
El Chavo había tenido papá, mamá y un hermano mayor. Al papá le dio algo raro. Se puso rojo e
hinchado, se rascaba como si quisiera arrancarse la
piel. Se aguantó, se hacía rosca si tenía que ir al
doctor, decía que ya se le iba a pasar. Cual. Se puso
peor. Se lo llevaron en la ambulancia y un par de
días después se murió.
Andaba por los seis años, cuando una pipa atropelló a Ángel, el hermano mayor, cuando iban
camino a Chalma. Justo cuando iban a Chalma.
¡Chale! No se vale.
Se quedó el chiquito con la mamá que jalaba con
él para arriba y para bajo. Siempre juntos, ella y su
chaparro de ojos grandes y boca chiquita. Fruta,
verdura, carne, pan dulce y leche. Hasta baño le
tocaba que dizque que pa que no le fuera a dar una
enfermedad de pobre. Lo llevaba a la escuela. El
chamaco salió bueno para los estudios. Le gustaba
70

El Chavo

leer. Eso no es cosa de pobre, le decía su mamá.
La mamá también pensaba en el futuro de su
hijo. Ahorraba. Lo sabían los vecinos y los chicos
malos también. La asaltaron, ella no se dejó y la
mataron. El Chavo se quedó con una vecina que le
pegaba. El niño no aguantó. Se fue. Se fue llorando, pero se fue. De ahí a la terminal de autobuses,
luego a la alcantarilla y de ahí a la vecindad.
En estos tristes recuerdos andaba el arrimado
cuando apareció el otro chavo más o menos de su
edad, vestido como él, el mismo estilacho, solo que
como si se hubiera arreglado para un domingo en
Chapultepec. Limpio, oliendo a jardín asoleado
después de la lluvia. Traía su cajón de bolero. Le
ofreció bolear sus babuchas.
Fue tan chistoso que le propusieran bolear sus
babuchas que el Chavo se rió. El otro chavo insistió
y allá se fueron las babuchas al hospital del bolero
perfumado. Al cabo de media hora el Chavo recibió
la sorpresa de su vida. Sus babuchas no solo estaban limpias, estaban ¡nuevas! Parecían zapatos de
esos de aparador. Y de pilón: tres pares de calcetines, uno rojo, otro azul y otro amarillo. ¡Chaaale!
-¿Que eres mago o qué? – le preguntó el Chavo.
-No – respondió una sonrisa traviesa -, me llamo
Ángel.
-Ah, como mi hermano el que se murió.
71

El Chavo

-Sí. De hecho yo soy tu hermano.
Los dos se rieron. El dizque hermano le preguntó
por qué había llorado. Luego de que el chavo le
contara, el otro lo invitó a comer una torta de
jamón con quesillo y harta salsa de guajillo que
vendía una señora en la esquina de la gasolinera.
Eran tan ricas estas tortas que hasta se formaba la
gente frente a su puesto.
Regresaron al parque. Antes de partir el bolero
sacó de su caja un cuaderno amarillo limón y una
pluma azul cobalto. Brillaban de tan nuevos. Se los
regaló al Chavo. Le explicó que cuando tuviera un
problema lo escribiera en el cuaderno, pero como
si fuera un cuento, como si inventara un cuento
que sería una historia con los personajes involucrados en el cuento y con un final donde estaría la
solución del problema que él inventaría. Le aseguró
que si le hacía caso su vida mejoraría.
De regreso a la vecindad el chavo se encontró
con los preparativos de una gran conmemoración.
Los vecinos no lograban ponerse de acuerdo para
recoger el dinero con que pagarían al sonido, la
comida, los arreglos y a quién le tocaría poner los
arreglos. Los que se peleaban eran los padrinos
para ver a quién le tocaba la comida, la bebida y
toda la interminable lista. El motivo del jolgorio:
las bodas de plata de doña Chelis e don Feliciano.
72

El Chavo

Al cabo de un momento se fijaron en el Chavo.
Bueno, más bien se fijaron en sus zapatos y sus
calcetines. De seguro se los robó, gruñó don Tranquilino. “No señor -se indignó el chavo-. Me los
arreglaron”. Carcajada general. ¿Y el día de la boda
qué hacemos con él? Pues lo corremos. No, mejor
lo

amarramos

y

lo

escondemos.

De

ninguna

manera. –sentenció doña Chelis-: Ya que tiene
zapatos y calcetines nuevos, yo le compro una
camisa y un pantalón. Aplausos. Luego le echaron
montón: ¡que se bañe, que se bañe, que se bañe!
Durante tres días seguidos lo bañaron y lo perfumaron. El arrimado estrenó camisa y pantalón.
Llegó el día del bailongo. A cien metros de distancia las ventanas de las casas vibraban con los
bajos del sonidero contratado. Luego de varios
reportes, llegaron las patrullas. La primera, a las
doce, la otra a la una y la última a las dos y media
de la madrugada. Los polis eran invitados a pasar
y a tomarse una cervecita, dos cubitas, unos taquitos al pastor y luego de la bailada apenas podían
llegar a la patrulla donde se quedaban dormidotes.
Al otro día la cruda en la vecindad: dolor de
cabeza, limpieza y amenazas de los vecinos: “Esto
es un barrio decente, ¡méndigos muertos-de-hambre! ¡Los vamos a correr!”
A eso de las tres de la tarde, cuando el día
73

El Chavo

parecía haberse tranquilizado, los gritos de doña
Chelis enviaron a la goma la paz de la vecindad. El
anillo de oro con brillantes que le había regalo el
marido…¡había desaparecido!
Los polis, tuvieron que regresar a pesar de la
cruda. Los recibieron con chelas y un caldo de chilpachole de lo más picoso para que se inspiraran.
Los polis se dejaron consentir. Se despacharon dos
platos y repitieron la cerveza. A su alrededor toda
la vecindad esperaba la solución que darían al caso
los agentes de la ley. Nadie tenía permiso de salir.
Al final los policías hicieron un montón de preguntas, anotaron cada palabra que decía cada uno de
los vecinos. Después, con los mondadientes aun
colgando de las bembas, informaron a los ciudadanos allí reunidos que debían comparecer ante el
ministerio público para levantar un acta. Por poco
y los hacen regresar el chilpachole.
Allá se fueron todos a la delegación para,
después de seis horas de espera, repetir toditito lo
que habían dicho. El licenciado les prometió que
tan

pronto

fuera

posible,

o

sea

después

de

“atender” 925 quejas de robos pendientes, se
iniciarían las investigaciones para dar con el ratero.
Don Feliciano tuvo que reconocer que si de los
señores de la ley dependiera, no iban a encontrar
el anillo nunca de los nuncas. Se propusieron
74

El Chavo

entonces resolver el misterio ellos mismos. El
Tuerto presumió que ese misterio lo resolvía en dos
minutos. Las miradas se voltearon admiradas hacia
él. El Tuerto se sacó el cinturón y se lanzó sobre el
Chavo que miraba tranquilo las estrellitas que se
asomaban a la escena. El borracho solo alcanzó a
soltar el primer golpe. Los vecinos se le abalanzaron. Doña Chelis consolaba al niño, mientras don
Feliciano y los demás sacaron el Tuerto a la calle.
Tranquilino fue el único que se manifestó a favor de
la opinión del Tuerto.
El Chavo se retiró a su jacal. Para no llorar abrió
su cuaderno y se puso a escribir con su pluma
nueva. Los demás se reunieron para desvendar el
misterio.
En primer lugar los invitados no tuvieron nada
que ver. Había sido después de que los festejados
se durmieron. Pero nadie se atrevería a entrar a la
vecindad durante la noche. Doña Chelis había
depositado el estuche con el anillo, con todo el
cariño del mundo, en el primer cajón del buró de su
lado de la cama. Sobre el mueble, la foto de los dos
dándose un beso con la trompita parada.

¡El

ladrón, seguramente, era alguien de la vecindad!
Tranquilino solo aclaró que ni había asistido a la
fiesta por su chamba de velador. Se miraron incómodos. No era justo que pensaran mal unos de
75

El Chavo

otros. Durante todos aquellos años, nunca había
desaparecido ni un miserable calcetín agujereado.
Ah – reflexionó panchito, el hijo de doña Meche que
veía todas las series policiales con su mamá quien
devoraba la nota roja de los periódicos – es que
nunca habían robado nada porque no había nada
que robar, pero el anillo de brillantes era ¡demasiado lindo!...dijo Panchito con los ojos brillando.
Todos voltearon a verlo. Panchito se puso más chapeado que de costumbre. Doña Meche saltó al ring
con el ceño fruncido y alzando la voz. Que ni se les
ocurriera dudar de ellos que eran más honestos
que cualquier hijo de vecino. Además les informó
que ya sabía quien era el culpable. La detective del
rebozo morado saboreó las miradas incrédulas de
sus vecinos. ¿Quién era el que siempre causaba
problemas? Todos se miraron. ¿Quién era el que
siempre tenía problemas con el dinero? Pues
“todos” fue la respuesta. Todos tenemos trabajo,
continuó la detective del rebozo morado, pero hay
alguien que con mucha frecuencia no tiene trabajo.
Hay alguien que necesita más dinero que todos
nosotros.
Hay

alguien

aquí,

continuó

la

del

rebozo

morado, que tira el dinero que no tiene. Pues
nomás diga donde lo tira, le contestaron. ¡Lo tira
en el alcohol que se chupa día tras día!, dijo
76

El Chavo

elevando la voz la detective transformada en juez.
¡Nunca le alcanza el dinero!

¡Por eso golpea al

Chavo!
El Tuerto sería todo lo que quisieran, pero nunca
había robado ni un pedazo de pan. “Contéstenme”
–ordenó la autonombrada juez -: ¿quién fue el
único que estuvo enfurruñado durante toda la
fiesta? –Y remató triunfante-: ¡Ah, verdad!”
Los hombres se dejaron caer en bola sobre el
Tuerto.Lo trajeron de las greñas entre coscorrones,
zapes y puñetazos. El Tuerto gritaba su inocencia,
pero la sentencia ya había sido pronunciada. La
deducción de doña Meche era exacta. Además de
romperle los huesos lo iban a entregar a la policía.
Como eran generosos le dieron una opción al criminal: o entregas el anillo ahora mismo o te ponemos
pinto y parejo y encima te mandamos a la cárcel
por ratero y además nos quedamos con tu cuarto.
El Tuerto se arrodilló y juró por su madrecita santa
que ya descansaba en paz, que él había cometido
todos los pecados, pero que nunca había robado,
jamás en su vida había robado.
Lo amarraron, lo surtieron de catorrazos y luego
lo arrastraron hacia la puerta para llevarlo al ministerio público.
Desde el fondo del patio una voz aguda ordenó:
“Suéltenlo. Él no fue.”
77

Pero, Chavo, ¿cómo

El Chavo

defiendes a este malviviente? “No fue él.”

¿En-

tonces quién?
Y ahora fue la vez del detective niño de tener
boquiabiertos a todos.
-Doña Chelis: ¿verdad que en su casa desaparecen cosas chiquitas de colores como piedritas,
hilos, corchos, tapidas de plástico y hasta aretes?
-Pues sí.
-Además le han roto la bolsa de los frijoles y de
las galletas.
-Sí, Chavo, así es.
-¿Verdad que usted ha despertado a don Feliciano muchas veces, para que escuchara un fantasma
que rascaba el piso y detrás de los muebles?
-Sí, Chavo. Él se enoja, cuando yo lo despierto y
yo me pongo a rezar hasta que el fantasma deja de
rascar.
-Pues el ladrón que robó su anillo es el mismo
que le robó todas sus cosas chiquitas.
-Ay, Diosito santo, entonces el ladrón es un fantasma.
-No, doña Chelis. Es una ratita que lleva lo que
roba para su nido.
Se armó la discusión. Que los fantasmas no
roban, que es cuento del Chavo y que ratón no es
lo mismo que ladrón y que fue y que vino y que don
Feliciano juró que iba a instalar cien ratoneras.
78

El Chavo

“No, nada de eso –lo interrumpió el Chavo-. No
asesine a la pobre madre de unos diez ratoncitos
que están por nascer. Además no va a recuperar su
anillo, porque no sabe donde está el nido”. Don
Feliciano se desconcertó. El Chavo le sugirió que
durante tres días pusiera una bolsa con cositas
pequeñas y frijoles en medio de la sala y alrededor
mucha harina. Así podría seguir a la ratita hasta su
nido y recuperar su anillo.
Tres días después doña Chelis lucía nuevamente
el precioso regalo. Don Feliciano arregló los papeles del Chavo y lo inscribió en la escuela primaria.
Era una época de buenas noticias. La vecindad
recibió la visita del casero que por primera vez no
venía a cobrar, sino a regalarles un perro salchicha
juguetón y bien educado. Sólo hacía sus necesidades en un rincón donde había tierra. Y lo más
sorprendente: la enterraba como lo hacen los
gatos. Salchichón pasó a ser la diversión de niñas,
niños y uno que otro adulto.
Al Chavo ya no le iba tan mal. Acomodaron
tablas en su jacal, una puerta y hasta un colchón,
almohada y cobijas le fueron entregadas. Al Tuerto
se le quitaron las ganas de golpear al Chavo.
Aunque a veces, cuando llegaba tan tomado que
rebotaba de una a otra pared del patio, todavía le
daba por sacarse el cinturón y gritar al Chavo que
79

El Chavo

se portara bien que si no...Que si no ¡al Tuerto le
iban a poner de patitas en la calle!, le recordaba el
vozarrón de don Feliciano. Todo nuevamente en
santa paz.
Fue cuando

empezaron a desaparecer los cal-

zones. Solo podía ser una broma. ¿Quién querría
robar calzones? Y ¡calzones de pobres! Solo podía
ser una broma. Y por supuesto que era alguien de
la vecindad. Salchichón solamente ladraba si veía a
un desconocido. Era una broma de muy mal gusto
porque estaba obligando a todos a comprar calzones nuevos.
Al principio incluso pensaron que se los iban a
regresar. Luego se enojaron con la broma. Luego
se rieron y luego se preocuparan. Doña Margarita,
que practicaba la santería, les advirtió, muy
oronda, que Shangó y Oshún los estaban castigando porque se habían burlado de sus ofrendas y de
su altar. Los calzones, según la santera, cubrían las
vergüenzas y el hecho de robarlos significaba que
los estaban condenando a ser almas penadas

en-

cueradas.
Uno que otro vecino y vecina se asomó a la casa
de doña Margarita para pedirle perdón. Otros y
otras le pidieron que consultase a los santos sobre
lo que estaba ocurriendo, pero ella les comunicó
que, frente a la gravedad del asunto,
80

tendrían

El Chavo

que acudir a un babalao para que les dijera si era
realmente lo que ella imaginaba o que algún espíritu maligno se les había pegado.
Más angustia, más confusión y muchas sospechas. Una de las mocosas, Albertina, la hija de
doña Nereida, sugirió que bien podría ser el Chavo
el ladrón de los calzones por pura maldad. Solo él
podía esperar que todos durmieran para robar los
calzones. Otra vez le fueron a reclamar al Chavo. El
detective del cuaderno les prometió que pronto
desvendaría el misterio del misterioso ladrón de
calzones rotos.
La comunidad se mostró un tanto escéptica ante
esta promesa. El caso del anillo bien pudo haber
sido una chiripada. Las investigaciones siguieron
su curso.
Según la mayoría el primer candidato a culpable
era el Tuerto. Había quedado resentido con vecinas
y vecinos por lo duro y lo tupido con que lo habían
surtido. Más de uno insistía en que le volvieron a
dar una calentadita para que confesara lo que
había hecho con las prendas íntimas. Otros se
encargaron de vigilarlo día y noche. Doña Filomena
repetía una y otra vez que lo había sorprendido
riéndose a escondidas. Era harto sospechoso que
un “amargado vicioso” anduviera contento justo
ahora que desaparecían los calzones. Además él
81

El Chavo

siempre llegaba cuando todos ya estaban dormidos, insistía ella.
Aunque en realidad nadie podría descartar como
sospechoso aTranquilino. Nunca saludaba a nadie
ni cuando llegaba ni cuando se iba. Más de una vez
había distribuido coscorrones entre los escuincles.
Se había hecho de palabras con todos y con todas,
por cosas insignificantes. Justamente una de la
razones que lo hacía rabiar era que colgaran ropa
delante de su puerta. ¡Óyeme!: el tendedero era de
dos hilos que iban de la entrada hasta el lavadero.
La ropa quedaba frente a la puerta de cualquiera.
“Yo no tiendo mis calzones frente al hocico de ninguno de ustedes – gritaba Tranquilino -, así que no
pongan los suyos en mi cara, porque los rompo”.
Claro que él no tendía su ropa. El amargado lavaba
y secaba su ropa en el súper donde trabajaba.
Tranquilino, al ver que las sospechas sobre él
aumentaban,

decidió apoyarse en la teoría de

doña Margarita: “Ningún ser viviente, en su sano
juicio, robaría calzones a unos muertos-de-hambre
como ustedes. Eso es cosa de un alma penada, eso
es cosa de un espíritu del mal. Aquí anda un fantasma del mal, un demonio que quiere que todos
ustedes se larguen. Por eso está robando sus calzones, para que se peleen y se maten entre
ustedes”. La teoría, reforzada por doña Margarita,
82

El Chavo

impresionó a la pequeña comunidad. Tenía su
lógica, era muy clara.
Doña Meche, devota de la Santa Virgen, estuvo
de acuerdo, estuvo de acuerdo pero con sus “asegunes”. Ella desconfiaba, y bastante, de una persona que tenía tratos con fuerzas ocultas. Una persona que una vez –antes de que se volvieran enemigas– le había confesado que con las prendas íntimas de las personas se les podían hacer trabajitos…¿Trabajitos? Trabajitos, sí señor, hechizos para
hacer daño a una persona. Y la vecina que tenía un
altar con santitos del demonio no quería a nadie en
la vecindad, porque nadie había hecho caso a sus
coqueteos con el reino de las tinieblas.

Los cal-

zones eran una prenda muuuy íntima, altamente
cotizada en la santería.
Para el final de la semana, doña Margarita, la
aprendiz de santera, ya ocupaba el primer lugar en
la lista de sospechosos.
Pasaron los días…Y las noches…Y las tardes…Y a
las doce del día del primero domingo del mes –día
y hora en que don Agriopinto Buitrón cobraba la
renta- el Chavo se asomó en el sol del patio, con
su cuaderno amarillo limón bajo el brazo y su
pluma azul cobalto en la boca. Cabe decir que se
había conseguido una gorra con orejeras, una
bufanda y unos lentes redondos detrás de los
83

El Chavo

cuáles el susodicho lucía la aguda mirada de un
investigador.
Indicó que se acomodaran sillas en el patio
porque él necesitaba hacer algunas preguntas
sobre el misterio de los chones. Creía tener la solución, pero necesitaba la ayuda de todos. Como el
detective del cuaderno ya había demostrado que
era muy ducho para descubrir criminales, todos,
incluso don Agriopinto Cuervón, se prepararon
para un chisme que parecía prometedor.
Café, galletas y aguas de tamarindo. El detective se paseaba de uno a otro lado,

hojeaba su

cuaderno, subrayaba y señalaba puntos en el espacio. Sillas, bancos y dos petates se acomodaron
uno junto al otro. Don Feliciano fue el primero en
manifestarse señalando que no tenía la menor
duda de que el roba-chones era el Tuerto.
El Chavo preguntó si en alguna ocasión habían
cachado al tuerto en la movida. Las miradas se
consultaron entre si para determinar que nunca lo
habían pillado encariñándose con algo ajeno. Sin
embargo doña Filomena volvió a hacer hincapié
–pese a la cara de enojo del Tuerto- en que había
visto al sospechoso riéndose de sus maldades. A lo
que el detective preguntó si no recordaban que el
Tuerto

anduviera

desvariando

anteriormente.

Primero uno, luego otra y así varios confirmaron
84

El Chavo

que en varias ocasiones lo habían visto hablando
solo y riéndose de quien sabe qué cosas. Bueno y
¿tú por qué lo defiendes? quiso saber doña Chelis,
si él se divertía dándote cinturonazos. El investigador se enderezó y sacudiendo su pluma – como
lo hacía su profesor cuando regañaba al grupo–
aclaró que él no defendía a nadie, sino que estaba
tratando de encontrar al verdadero culpable y que
nada indicaba que este fuera el borracho quien,
además, cuando llegaba por las noches tenía que
apoyarse en los muros para no caer. Razón demás
para que no pudiera alzarse para arrancar un
calzón del tendedero.
Doña Meche se levantó dispuesta a enfrentarse
a las fuerzas del mal con el crucifijo en una mano,
rosario y biblia en la otra. Venía prevenida porque
sabía a lo que se iba a enfrentar. Fue al grano:
“Todos aquí saben quien fue. No se hagan patos.
Todos sabemos quien es el malora que amenazó
con robar nuestras prendas íntimas para hacernos
daño con sus figuritas del mal”. La malora brincó
como si la silla estuviera ardiendo. Se lanzó a la
cara de su acusadora dispuesta a dejarle un

re-

cuerdo de las uñas del mal. Entre varios la detuvieron, mientras doña Meche rezaba con el crucifijo
en una mano y el rosario y la biblia en la otra
“Padre nuestro que estás en los cielo protégeme
85

El Chavo

de esta sierva de satán, roba-chones miserable”.
La voz aguda del niño detective se sobrepuso al
relajo de gritos, rezos, amenazas y sillas caídas:
“Doña Margarita no es la roba-chenes”. Gritos,
rezos, protestas. El detective amenazó con callarse
si no se sentaban todos. Al cabo de dos o tres
intercambios de miradas fulminantes, las dos
señoras aceptaron una tregua momentánea.
“Sí hemos visto a doña Margarita zangoloteando
en su casa con sus cantos raros, pero yo no he
visto que nadie caiga muerto o enfermo por eso. La
verdad es que la han tratado mal porque su
religión es rara para nosotros. todos sabemos que
siempre ayuda en lo que hace falta. ¿O no? A mí
nunca me ha pegado y más de una vez me ha dado
un plato de comida”.
El público no se mostró muy convencido. Murmuraron y torcieron boca y nariz. No faltó quien
insinuara que a lo mejor el Chavo era cómplice de
la bruja. Fue entonces cuando el detective chifló
para que Salchichón se acercara. Lo cargó, lo acarició y platicó con él como nadie lo hacía. Los dos
se caían bien.
¿Qué se trae este payaso, se preguntaron los
vecinos? ¿Nos está tomando el pelo, comentaron
otros? El Chavo les dijo que les iba a mostrar como
desaparecían los calzones. Se hizo un profundo
86

El Chavo

silencio ante tamaña afirmación dicha así como si
nada. El detective solicitó que le proporcionaran
algunas prendas de vestir y uno que otro calzón,
de preferencia limpio. No importaba que estuvieran
rotos. Después deberían esconderse en sus casas,
desde donde mirarían discretamente por las ventanas, sin hacer ningún ruido.
Desocupado el patio, acomodados los mirones
detrás de los cristales, el investigador depositó a
Salchichón en el piso, para retirarse él también de
la escena del crimen. El perro miró hacia la entrada
del patio, luego hacia los lavaderos, se paseó para
uno y otro lado y luego olisqueó en dirección al
tendedero. Fijó la vista en un calzón y saltó. Ya con
el calzón entre los dientes se dirigió para el único
rincón donde había tierra, a un costado de la entrada, escarbó y depositó el calzón en el hoyo. Volvió
por otro y así sucesivamente hasta asegurarse de
que ya no quedara ningún calzón colgado. Después
se dedicó a tapar el hoyo con su botín. Tranquilamente volvió al patio meneando la cola como si
mereciera un premio.
Los vecinos

salieron

tribuyendo regaños a

de

sus viviendas dis-

Salchichón y aplausos al

brillante detective que se dejó consentir por los
halagos a su inteligencia. El festejado pidió a todos
que se volvieran a acomodar; en realidad había
87

El Chavo

mucho más que revelar sobre el crimen, aparentemente perfecto. Dirigiéndose con aires de profesor
a sus alumnos, preguntó si consideraban natural
que un perro tuviera esta inclinación por robar y
esconder calzones. ¿Qué habría querido decir el
ahora admirado detective del cuaderno? El misterio
ya estaba resuelto, lo habían visto, no había nada
más que decir. Tranquilino, que nunca hablaba,
alzó la voz ronca para gruñir que el enano ese ya
se estaba queriendo lucir. Era hora de callarle la
boca, así que alzó el puño cerrado para aplastar al
enano hablador contra el piso. El Tuerto lo detuvo
en seco.
El Chavo agradeció el favor y continuó. Preguntó
entonces a su expectante audiencia si no encontraban nada raro en que justamente el inquilino más
cascarrabias se ocupara de sacar a Salchichón a
pasear todas las tardes. “Yo hasta pensé que se
había encariñado con el animal”, dijo Albertina con
su voz chillona. ¿Pero no se les hacía extraño, continuó el Chavo, que alguien con tan mal carácter,
así, de repente, de un día para otro se volviera tan
cariñoso con un perrito?
El Chavo contó que a él sí se le había hecho
sospechoso este repentino amor.

Se dedicó a

seguir al vigilante hasta el parque cercano. Tranquilino escuchaba con los dientes apretados y los
88

El Chavo

puños cerrados. El Tuerto era el muro que lo
impedía de saltar sobre el cuello del niño.
En el parque el Chavo se dio cuenta de como
Salchichón era entrenado por Tranquilino para
quitar calzones tendidos y esconderlos. Siempre y
cuando no hubiera nadie mirando. Una y otra vez
hasta que el perro aprendió muy bien que solo
hacía su tarea cuando no había nadie, a menos que
fuera su propio entrenador.
Los hombres y las mujeres rodearon al ex
entrenador de perros de ataque de la policía: Vas a
largarte de aquí hoy mismo. “Siempre supe que tu
no eras de fiar”. “Pero mira que robar calzones de
pobre es cosa de ladrón muy bestia”. Tranquilino
nomás se mordía los labios.

Entre todos ya se

andaban animando para surtirlo, cuando el detective del cuaderno amarillo limón y la pluma azul
cobalto, les comentó que aún no era todo, que por
favor se volvieran a sentar.
Les recordó que hacía algún tiempo que don
Agriopinto Cuervón les había echado pleito para
que desocuparan la vecindad. Les había echado
incluso un abogángster que los amenazó y les llevó
golpeadores para que sacaran sus cosas a la vía
público. No pudo con ellos por dos razones: la
primera porque no hay peor necio que pobre
cuando no tiene nada que perder; la segunda por
89

El Chavo

el estudiante de derecho primo de doña meche que
los había orientado.
Don Agriopinto Cuervón tenía la expresión de
quien se había tragado una lagartija. Trató de retirarse sin que nadie se diera cuenta, pero don Feliciano lo volvió lo “invitó” a quedarse.
El Chavo les platicó entonces que hacía ya un
buen tiempo que veía con frecuencia a don
Agriopinto en el súper. Entraba y salía sin comprar
nada. Salía y volvía a entrar sin comprar nada. Adivinen ¿quién lo acompañaba?: el señor Tranquilino
aquí presente. Iban secreteándose por el parque,
hasta parecían enamorados. “Como todo lo cuento
en mi cuaderno –continuó el detective- mi cuaderno y mi pluma me sugirieron que me escondiera en
el hueco del pirul que está junto a la banca donde
ellos se sentaban hablando quedito”.
Rechinaron los dientes de la cara enrojecida de
Tranquilino que tiró al Tuerto,

pasó entre doña

Meche y doña Margarita que rebotaron en las paredes, para abalanzarse sobre el delgado cuello del
niño que sintió que sus ojos y su lengua iban a salir
disparados, ya no podía respirar, ya no veía, era el
final, cuando ¡pás! Un derechazo de don Feliciano
tundió a la bestia en el piso. Los demás le echaron
montón y en menos de cinco minutos el energúmeno rabioso estaba amarrado a una silla. Don Cuer90

El Chavo

vón ni siquiera trató de moverse. Se quedó quietecito, aguantando nomás lo que estaba por venir.
Respiración boca a boca, masaje en el cuello,
limonada con mucho azúcar, lágrimas, gritos,
súplicas y rezos a la Virgen de un lado y a Xangó
del otro, permitieron que el brillante detective
recuperase el aliento.
“Pues como les iba diciendo, resulta que me
enteré que los dueños del súper querían comprar la
vecindad desde hacía mucho tiempo y que don
Agriopinto Cuervón se puso de acuerdo con el cascarrabias para que los inquilinos creyeran que el
lugar estaba habitado por un alma en pena.
El caso llegó a los periódicos y a don Agriopinto
no le quedó más que llegar a un acuerdo con los
vecinos

compró

un

terreno

donde

construyó

algunos cuartos con baño y se los repartió entre los
vecinos con tal de que pudiera vender su propiedad. Por supuesto le tuvieron que pagar, pero era
un buen arreglo, por fin tendrían una su propia
casita.
A Tranquilino lo mandaron a descansar a la
cárcel un tiempo, no por haber entrenado al perro
para robar calzones, sino por tentativa de homicidio.
En la nueva vecindad no fueron felices para
siempre. Surgió un nuevo problema. Los fines de
91

El Chavo

semana se juntan los rituales de los católicos, los
testigos de Jehová y los de la santería. Cada cual
con su sonido tratando de imponerse a los otros.
En varias ocasiones las patrullas han tenido que
intervenir porque los agarrones entre los fieles de
uno y otro culto han mandado a varios al hospital.
El Chavo trató de ayudarlos, trató de que todos
pusieron su volumen lo más bajito posible. ¡Que
va! Terminaron peleándose con el Chavo a quien
por cierto también le tocó un cuartito.
Un día el Chavo le preguntó al otro chavo que a
veces se le aparecía ¿por qué los de una religión se
peleaban con los de otras religiones? El que decía
llamarse Ángel le respondió que solamente se iban
a dar cuenta de que se habían equivocado, después
de que se murieran.

92

94

95

96

EL OJO
Letra en complicidad con Estefani Susana Castro y
Yamelí Carolina Angón.

Mi ojo está morado
Mi ojo está morado
Ay ojón que comezón
Ay ojón que comezón
El profe está enojado
me grita mira el pizarrón
El profe está enojado
Me grita vete del salón
Me grita vete del salón.
Miraba yo el pizarrón
Mi ojo se cerró
Abrí el ojo y me rasqué
Mi ojo se enojó.
Estate quieta o te vas
¿Qué pulga te picó?
Ya deja ese ojo en paz
¡Voltea al pizarrón!
Maestro mi ojo está enojado
Y yo no sé que hacer.
Un cero te voy a poner
Te calmas de una vez.

98

El Ojo

¿Me da permiso de salir?
¡Ya vete del salón!
Me puse el ojo a exprimir
Le eché agua y jabón.
El ojo entonces se calmó.
Volví a mi salón.
Maestro mire ya volví.
El profe desmayó.
Los niños corren gritan ¡ay!
El Choky ya llegó
Las sillas mesas vuelan
Un lápiz se rompió
Un lápiz se rompió.
Un lápiz se rompió.
Mi ojo está morado
Mi ojo está morado
Ay ojón que comezón
Ay ojón que comezón
El profe está enojado
me grita mira el pizarrón
El profe está enojado
Me grita vete del salón
Me grita vete del salón.

99

El Ojo

Mi ojo es un carbón
Pelón y con chichón.
Mi ojo crece crece ¡bum!
Explota en un rincón.
Mi ojo rompe la pared
Rebota en el jardín.
Ay qué relajo mire usted.
Mi ojo es un festín.
¡Atrapen a mi ojón!
¡Ay qué atrocidad!
Patean mi ojito
Mi ojito pobrecito.
Mi ojo por el cielo
Rebota en las nubes.
Coches chocan con un tren.
Llegó el fin del mundo.
Mi ojo baila y se cae
Arriba del quiosco.
Revienta en mil ojitos
Canicas de colores.

100

El Ojo

A mi ojito ya perdí
Yo quiero a mi ojito
¿Mi ojito adonde está?
Yo quiero a mi ojito
Yo quiero a mi ojito
Yo quiero a mi ojito.
Mi ojo está morado
Mi ojo está morado
Ay ojón que comezón
Ay ojón que comezón
El profe está enojado
me grita mira el pizarrón
El profe está enojado
Me grita vete del salón
Me grita vete del salón.
Mi mamacita que me mima
Se trepa en la torre,
Atrapa mi ojo
Aquí está tu ojo.
mi ojito lindo lo lavé,
Lo puse en su hoyo.
Mi ojito muy feliz
Ya sin la comezón.

101

El Ojo

Feliz volví a la escuela
El dire tartamudo
me dijo te te vas
no no vuelvas nunca más.
Mi ojo enojado
Otra vez tembló
Volvió la comezón
El dire me gritó
Te te te pe perdono
Te te te perdono.
Mi ojo está morado
Mi ojo está morado
Ay ojón que comezón
Ay ojón que comezón
El profe está enojado
me grita mira el pizarrón
El profe está enojado
Me grita vete del salón
Me grita vete del salón.

102

EL RAP DEL ES
Letra escrita en complicidad con
Erick Xolalpa Negrete.

Eso es lo que tu crees
Contestó con sensatez
Este es el rap del “es”
Con talento y lucidez
Este es el rap del “es”
Con talento y lucidez.
El niño llamado Andrés
Apodado El Marqués
Campeón de ajedrez
Le gustaba el jerez.
Jugaba como Moisés
Jugaba con los pies,
Le ganaba a santa Inés
Y también a un vienés.
Jugaba al revés
Con doscientos a la vez,
En una gran kermés
Sin dejar de ser cortés.

104

El rap del es

Hablaba en inglés
Escribía en francés
Se volvía un ciempiés
Si tomaba dos cafés.
Estudiando el danés
turco y japonés
fue tan grande el estrés
que se volvió un siamés.
Peleó con un leonés
Lo sacó a puntapiés
Buen cantor de tirolés
Ganó a un marsellés.
Por miedo a la estupidez
Leía como escocés,
Frente a la brutez
Se iba con un ahí-te-ves.
Un día con rapidez
Se enfermó de adultez,
Al oír hablar a un pez
Que decía ser buen juez.

105

El rap del es

Su papá ya con chochez
Le dijo con sabiondez,
Ya deja tu niñez
Y que sea de una vez.
Eso es lo que tu crees
Contestó con sensatez
Este es el rap del “es”
Con talento y lucidez
Este es el rap del “es”
Con talento y lucidez.
Eso es lo que tu crees
Contestó con sensatez
Este es el rap del “es”
Con talento y lucidez
Este es el rap del “es”
Con talento y lucidez.

106

LA TAREA
Rap escrito en complicidad con Oscar Yahel Castro

La tarea la tarea
Me tortura me tortura
La tarea la tarea
Me ahoga me ahoga
La tarea la tarea
Me castiga me castiga
La tarea la tarea.
Mi mamá me dijo así
Haz de una vez esa tarea,
Yo no hago esta tarea
Esta tarea me va a matar.
Que hagas la tarea
Y cállate la boca,
Yo no hago esta tarea
Esta tarea me va a matar.
No la haces y te pego
Con el cinturón,
No la haces y te pego
Con este tablón.

108

La tarea

Yo te pego en la cabeza
Pa que hagas la tarea,
Yo te pego en las nalgas
Pa que aprendas a ser bueno.
Yo no hago la tarea
Muerte a la tarea.
Yo no hago la tarea
Muerte a la tarea.
Yo te voy a maltratar
Si no haces la tarea,
Yo te voy a torturar
Si no haces la tarea.
Yo no hago la tarea
Ni en la prisión,
Yo no hago la tarea
Ni en el panteón.
La tarea la tarea
Me tortura me tortura
La tarea la tarea
Me ahoga me ahoga
La tarea la tarea
Me castiga me castiga
La tarea la tarea.
109

La tarea

Yo te amarro en una silla
hasta que hagas la tarea,
Yo te dejo sin comer
Hasta que hagas la tarea.
Tu no sabes respetar
Ya no quiero más hablar,
Tu no sabes dialogar
Pensar no es gritar.
Fuimos juntos para el parque
Ella y yo solitos,
me dijo que era necio
Peor que mi papito.
Un helado me compró
Ya no estaba enojada,
Un besito ella me dio.
La mano me tomaba.
Eres necio como yo,
Mamá yo soy tu hijo.
Yo te quiero como eres,
Así ella me dijo.

110

La tarea

Ya en la casa muy contentos
Mi mamá me ayudó,
La tarea quedó lista
Qué bien qué bien quedó.
Me leyó después un cuento,
Yo soñé bonito.
Fuimos juntos a la escuela,
Yo y mi perrito.
La tarea la tarea
Me tortura me tortura
La tarea la tarea
Me ahoga me ahoga
La tarea la tarea
Me castiga me castiga
La tarea la tarea.

111

112

UNA HISTORIA VERDADERA
NO ES HISTORIA CUALQUIERA.
Letra escrita en complicidad con Ana María Jiménez

Jimena se escapa va hechizada
Comiendo alocada una empanada
Una empanada que es un hada
Nacida pirada en la madrugada
Nacida pirada en la madrugada.
Sube en un autobús
Que se va a Veracruz,
De repente hay una luz
Que parece un arcabuz.
Es aquella tonta hada
Que nació de una empanada
Que salta del autobús
Porque vio un avestruz.
Entonces fue que el hada,
Que quería ser empanada,
Declaró feroz la guerra
A todo el planeta Tierra.

114

Una historia verdadera,
no es una historia cualquiera

Jimena se escapa va hechizada
Comiendo alocada una empanada
Una empanada que es un hada
Nacida pirada en la madrugada
Nacida pirada en la madrugada.
Jimena deja el autobús
Monta en el avestruz
Choca con el autobús
Y queda con cara de pus.
Jimena se desmaya,
Jimena se despierta
En la cama de su gato
Con cara de mentecato.
Su mamá la encontró,
Pensó que era un duende,
Le dio un puñetazo
Y después la perdonó.
Jimena se escapa va hechizada
Comiendo alocada una empanada
Una empanada que es un hada
Nacida pirada en la madrugada
Nacida pirada en la madrugada.
115

Con mucho cariño
y respeto
nos despedimos
de la escuela primaria
Aureliano Castillo

116

Niñas y niños de los quintos grados A,B y C de la
escuela primaria Aureliano Castillo que participaron en
el taller de cuento colectivo.

GODOY BAILON VICTOR MANUEL
CARMONA MARTINEZ CRISTIAN ALEXANDER
SANCHEZ MARTINEZ EDNA
XOLALPA NEGRETE ERICK
LUNA NAVA JOSE MANUEL
GRANADOS HERNANDEZ ALEJANDRA
SANCHEZ SANTIAGO SAYRA ITZEL
JIMENEZ JIMENEZ ANA MARIA
GARCIA ACHELL XIMENA LISETTE
ROMERO SALDAÑA CARLOS ARMANDO
AZAIR CHAVEZ VANIA
CAMILO ARMENGOL ELIEL
CASTRO LORENZO OSCAR YAHEL
LIMA LOPEZ FERNANDA GERALDINE
RAMIREZ SANCHEZ CHRISTIAN G
REYES GONZALEZ MIGUEL ANGEL

117

RO B LES ESPINO SA ANDREA
RO MAN SANCHEZ DIANA E
RO SAS NO RIEG A DIEG O
SANCHEZ HERNANDEZ JO ANNA
ANG UN CARRASCO
CARLO

AQ UINO

CAST RO
CAST RO

Y AMELI CARO LINA
SANDRA NAT ALIA

SANCHEZ LEO NARDO

AG UILAR EST EFANI SUSANA

MART INEZ G ARCES K AT IA M
MART INEZ PLAT A ISRAEL
NAV ARRET E FLO RES JAT ZIRY

A

O RT IZ RAMIREZ CARLO S ALB ERT O
T AMAY O

G ALINDO

MICHELLE

V ILLA SEÑ O R CO RT ES MARIA FERNANDA

118

Me llamo Camilo Albornoz, me
dicen Camilo, maestro o abuelo
Camilo. Escribo obras de teatro,
poemas y cuentos para niñas y
niños. Compongo canciones,
canto y dirijo obras de teatro.
Coordino talleres de creatividad
y literatura infantil. También
platico con los maestros sobre la
importancia de la lectura y la
escritura.
Una de las formas más placenteras que he encontrado de
escribir cuentos consiste en convivir con niñas y niños. En
primer lugar leemos cuentos y jugamos a escribir. Luego
escucho su opinión sobre lo que gusten platicarme.
Después inventamos historias entre todos. Finalmente
escribo cuentos que serán leídos por muchos otros niños y
niñas de México y de otros países. Envíame tu opinión
sobre los cuentos de este libro: contacto@mojiganga.org

Mi nombre es Rodrigo Pinto
Mendoza. Me gusta crear y
experimentar;
dibujar,
pintar,
hacer gráfica y joyería. También
me gusta mucho compartir el
placer
de
crear
impartiendo
talleres de Artes Plásticas para
niños, niñas y jóvenes.
En esos talleres lo más importante es que valoren sus
propias capacidades de interpretar la realidad, capacidades que se expresan en resultados siempre únicos por
estar ligados a cada personalidad. Las ilustraciones de
este libro las hago con mucho cariño pensando en todos los
niños y niñas cuyos ojos y manos esperan su oportunidad
de compartir sus mundos. negsagit@hotmail.com
119

Este libro fue realizado en el marco del proyecto
Escucha cuando hablo: yo también quiero opinar
aplicado en la escuela primaria Aureliano Castillo, gracias al apoyo que recibió nuetra asociación del Programa
de Coinversión para el Desarrollo Social del Distrito
Federal.
Nuestros sinceros agradecimientos a:
Profesor José Abraham Hernández, Jefe de Sector;
Profesor Idilberto Jiménez Cecilia, director de la
escuela;
Agradecemos también el esfuerzo de los maestros y
maestras que participaron en el taller de lectura.
Un abrazo al grupo de niñas y niños de los quintos
grados por su paciencia, entusiasmo y perseverancia.
Madres y padres que participaron en las excelentes
plática que impartió el psicólogo Roberto Mendes sobre
la problemática de la violencia.
Un abrazo a niñas y niños que participaron en taller
sobre Derechos de las niñas y los niños, impartido por la
maestra Lydia Sofía Zurita Rivera quien realizó un trabajo admirable de capacitación y sensibilización sobre la
temática de los derechos humanos.

120

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