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El bebé que nació el Sábado Santo de 1927 en Marktl junto a Inn, cerca
del santuario mariano de Altötting, a lo largo de su vida tiene la persuasión de
que este día muestra la característica esencial de nuestra existencia humana:
³Esperar todavía la Pascua y no estar aún en luz plena, pero encaminarnos
confiadamente hacia ella ´.
El ambiente de reciedumbre y amabilidad en el que creció y se formó le
aportan las virtudes de exigencia, rigor, esfuerzo y responsabilidad del pueblo
alemán en un entorno familiar de bondad que guarda en su recuerdo.Así relata
la muerte de su madre: ³Su bondad era cada día más pura y transparente y
continuó aumentando en las semanas en las que el dolor iba acrecentándose.
El 16 de diciembre de 1963, cerró para siempre los ojos, pero la lu z de su
bondad permaneció y para mí se convirtió cada vez más en una demostración
concreta de la fe por la que se había dejado moldear´.
En el inicio de su actividad como profesor vive la batalla de la llamada ³
libre docencia´ para obtener la venia univer sitaria en Frisinga. Un miembro
influyente del tribunal se opone a su trabajo presentado sobre Buenanventura.
El veredicto fue no rechazar la investigación sino la devolución del trabajo, con
tantas anotaciones en los márgenes que suponía una hípica la nue va
redacción. En medio de la oscuridad Ratzinger encontró la luz, observa que la
segunda parte de su investigación , donde se aportan las tesis originales, está
libre de observaciones críticas, de forma que en pocas semanas pudo
presentar con éxito su tesis en forma reducida. Desde entonces se hizo el
propósito firme de no consentir tan fácilmente la recusación de disertaciones de
tesis o de habilitaciones , sino de tomar partido por el más débil siempre que le
asista la razón.
Tras impartir clases como profesor ordinario de Teología Fundamental
en la Universidad de Bonn, en 1963 es catedrático de Dogmáti ca en la
Universidad de Munich. En el mismo año, por influencias de Hans Küng quien
había pedido el consenso a otros colegas, la Universidad de Tubinga le ofrece
la cátedra de Dogmática. Küng y Ratzinger se habían conocido en el Congre so
de Teólogos dogmáticos de Innsbruck . Recuerda Ratzinger que: ³En el
momento en que acababa de terminar mi recensión de su tesis de doctorado
sobre Karl Barth. Tenía algunas preguntas que hacer sobre este libro, cuyo
estilo teológico no era el mío, pero de todos modos había leído con gusto,
reconociendo los méritos del autor, del que me complació su simpática
franqueza y sencillez. Había nacido así una buena relación persona l. Las
diferencias de posiciones teológicas no comprometían nuestra simpatía
personal y nuestra capacidad de colaborar´.
A los pocos meses de aceptar y comenzar la enseñanza en Tubinga, se
enciende la revolución marxista en la Universidad, si años antes se podría
esperar que las Facultades de teología serían un baluarte contra la ideología
en boga, ahora sucedía justamente lo contrario: se convertían en su verdadero
centro ideológico.³He visto, comenta Ratzinger, sin velos el rostro cruel de esta
devoción atea, todo era de por sí suf icientemente alarmante, pero lle ga a ser
un reto inevitable para los teólogos cuando se lleva adelante la ideología en
nombre de la fe y se usa a la Iglesia como instrumento´. En este mismo año
Ratzinger impartió el curso dirigido a estudiantes de toda s las facultades con el
título Introducción al Cristianismo . De estas lecciones nació el libro traducido a
17 lenguas y reeditado en varias de ellas.
También la Universidad de Ratisbona le ofrece la cátedra de
Dogmática y fue donde ejerció la docencia antes de ser nombrado arzobispo
de Munich y Frisinga. ³Hablé con el profesor Auer, que conocía con mucho
realismo mis límites tanto teológicos como humanos. Esperaba que él me
disuadiese de aceptar. Pero con gran sorpresa mía, me dijo sin pensarlo
mucho: Debe aceptar´. En la vigilia de Pascua de 1977 fue consagrado obispo.
A los pocos años llevó su equipaje a Roma como Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe. En 1996 Peter Seewald , prestigiosa
periodista alemán, consigue una extensa entrevista con Ratzinger, desde la
perspectiva de quien declara: ³Yo había dejado de pertenecer a la Iglesia hacía
tiempo; tuve motivos sobradospara hacerlo. Todo se ha cuestionado y la
Tradición, durante tanto tiempo vigente, queda cada vez m ás lejana. Hay
quienes opinan que la religión tendría que a daptarse a las necesidades del
hombre, pero también hay otros que piensan que el cristianismo está pasado
de moda; el cristianismo no va ya con nuestro tiempo; su legitimidad ha
caducado´. Desde esta perspectiva el periodista formula sin miramientos,
graves preguntas y acusaciones. ³El clima de nuestra conversación, sigue
afirmando Seewald en el prólogo de u        que recoge la
entrevista, fue intenso y serio, pero a veces este -príncipe de la Iglesia- se
sentaba en la silla, con tanta despreocupación, un pie apoyado en el travesaño,
que le parecía a uno estar hablando con un estudiante. En una ocasión le
pregunté cuantos caminos puede haber para llegar a Dios. El Cardenal no
necesitó mucho tiempo para responderme: ³tantos como hombres´.
Hay un segundo encuentro entre Seewald y Ratzinger en el año 2000.
En la segunda entrevista, recogida en 
   
, las preguntas se
formulan desde la perspectiva de quien anhela conocer la verdad so bre Dios,
sobre el hombre y, lo que es lo mismo, sobre la Iglesia. ‘l camino de Peter
Seewald se va esclareciendo hasta vivir con verdadera sorpresa y alegría, en la
plaza de San Pedro, el 17 de abril del 2005, el anuncio de la elección del
nuevo Papa.
De nuevo en esta semana santa, en el transito de sus 82 a los 83 años,
Benedicto XVI ha encontrado un frente de sospecha, crítica y descalificación,
Él por su parte nos ha enviado el mensaje aprendido de su madre: ³ QUE
NUNCA NOS FALTE EL ÓLEO DE LA MISERICORDIA´.
Valle Labrada
Doctora en Derecho.
Profesora de Derechos Humanos y Ética.