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ALABANZAS A MARÍA

Rafael María López Melús

Carmelita

EDITORIAL APOSTOLADO MARIANO

CON LICENCIA ECLESIÁSTICA ISBN: 84-7770-524-0 Depósito legal: M. 44.337-2000 Imprime: Impresos y Revistas, S. A.

La Iglesia primitiva siguió las huellas del Maestro y desde un principio usó la oración de alabanza a la Virgen María en su liturgia y en su vida privada. Los primeros cristianos supieron apreciar el papel de primer orden que la Virgen María desempeñó en la historia de le salvación, y, para celebrarlo, alababan al Señor y a Ella misma con preciosos himnos y oraciones. En 1984 publiqué un grueso volumen de 376 páginas que titulé Orar con María y Orar a María en el que se recogían más de mil citas de santos, papas y literatos insignes devotos de la Virgen María. Ofrecemos en este libro algunas de sus preciosas oraciones y autorizados testimonios que brotaron de los corazones e inteligencias de aquellos santos de la primitiva Iglesia y que han continuado ininterrumpidamente hasta nuestros días. En este libro, por razones de espacio, recogemos los testimonios de los santos más representativos de los doce primeros siglos de la Iglesia. Y aún de ellos mismos tan sólo ofrecemos una pálida muestra de su abundante y sólida doctrina que demuestra que todos ellos pusieron su pluma y su corazón al servicio de su Dama. Que las “ALABANZAS A MARIA” que ellos le tributaron nos ayuden a crecer en el conocimiento, en el amor y en la imitación de tan santa y querida MADRE. Onda (Castellón), 8. XII. 2000, Solemnidad de la Inmaculada y Año Santo Jubilar.

LA PROTAGONISTA

Creemos es bueno presentar, en apretada síntesis, quién es ELLA, la PROTAGONISTA de tanta ALABANZA. Es del todo imposible intentar sintetizar en unas breves pinceladas quién es MARIA ya que sobre Ella se han escrito miles y centenares de miles de libros a lo largo de los dos mil años que cuenta de vida. Nos limitamos a ofrecer estas breves pinceladas que nos dirán: “Esto es una pálida reseña de lo que Nuestra Madre es”.

* Es la Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre de todos los hombres, llena de virtudes y gracias, que está gloriosa en cuerpo y alma en el cielo. * María es, como doctrina de fe definida: Madre de Dios; Concebida sin pecado original; Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, y Asunta gloriosa a los cielos. * Y como verdad de fe católica: Asociada a Cristo o Corredentora, Mediadora de todas las gracias, Madre de la Iglesia, Reina del universo y la Toda Santa. * María es la Madre de Jesús, que es Dios (Le 2, 7; Mt 1, 16. 21; Le 2, 11). * La “Kejaritomene», la «Llena de gracia» (Le 1,28). * «La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de salvación» (Juan Pablo 11 en Redemptoris M ater, n. 1).

* «María es la primera cristiana», «María es la primera discípula de su Hijo» (Pablo VI, MC 17, 35 y Juan Pablo II, RM 12,19”. * «Si queremos ser cristianos, hemos de ser marianos» (Pablo VI en el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, Cerdeña, el 24 de abril de 1970). * «M aría será siempre la llave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia» (Pablo VI el 21 de noviembre de 1964 al aprobar la Constitución Lumen Gentium). * «María ocupa, después de Cristo, en la santa Iglesia el lugar más alto y a la vez más próximo a nosotros» (L. G. 54). * «María pertenece indisolublemente al misterio de Cristo y pertenece, además, al misterio de la Iglesia desde el comienzo, desde el día de su nacimiento» (Juan Pablo II en R. M. 27). Podríamos multiplicar los riquísimos testimonios del Magisterio de ayer y de hoy. Los Santos Padres, Teólogos y Escritores cristianos de todos los tiempos nos dieron una maravillosa definición de la Persona y Obra de MARIA. He aquí algunos botones de muestra:

* «María es la que posee una dignidad casi infinita» (Santo Tomás de Aquino, Summa. 1, q. 25, a. 6 ad 4). * «María es la que fue formada de barro limpio» (Proclo, Patriarca de Constantinopla, Orat. de laúd. B. V. Mariae , VI, 8, MG 65,733).

* «María es la que llegó a los confines de la Divinidad» (Cayetano, ilustre teólogo, In II-II, q. 103, a. 4 ad. 2). * «María es semejantísima a Dios» (Dionisio el Cartujano, en De praeconio et dign. Mariae, 1.11, a. 19). * «María es la parte mayor, la parte mejor, la parte principal y más selecta de la Iglesia» (Ruperto, In Apocalipsis, 1, Vil, c. 12: PL 169,10.434). * El Papa Pablo VI, (+1978), el gran mariólogo de este siglo y autorizado intérprete del Concilio Vaticano

II,

el 29 de junio de 1968, en la clausura del Año de la

fe, promulgaba el Credo del Pueblo de Dios. En él hacía

su profesión de fe mariana, que aceptamos llenos de gozo:

«CREEMOS que María, florida siempre con la gloria de la virginidad, fue la Madre del Verbo Encamado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo, la cual, redimida de un modo eminente en previsión de los méritos de su Hijo, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original; y que aventaja con mucho a todas las demás criaturas en los dones de la gracia. Asociada por un estrecho e indisoluble vínculo a los misterios de la Encarnación y Redención, la

bienaventurada

Virgen M aría, la Inm aculada,

terminada su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y, hecha semejante a su Hijo que resucitó de entre los muertos recibió, por anticipado, el destino de todos los justos.

Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa ejerciendo sus oficios maternales en favor de los miembros (místicos) de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos». Yo, al igual que millones de cristianos, me he preguntado muchas veces cómo sería la Virgen María.

Cómo sería su porte, el color de sus cabellos, la figura

de su rostro, su finura, su simpatía, su modestia

el

.... timbre de su voz, la impronta que dejaría en cuantos la trataban ... Como la imagen que presentaban de ella los Evangelios canónicos era demasiado lacónica y no satisfacía las curiosidades de los primeros cristianos, nacieron los evangelios apócrifos, con muchas anécdotas, a veces hasta un tanto ridiculas. Después surgieron, sobre todo a partir de la Edad Media, una proliferación de VIDAS DE MARIA más o menos fantasiosas. Incluso corrieron pinturas que se atribuían al evangelista San Lucas. En la sacristía de la catedral de Toledo se conserva un cuadro del tercer evangelista, que exhibe en su mano un retrato de la Virgen. San Isidoro de Sevilla (+636) puede considerarse como el «primer biógrafo de la Virgen María», ya que creemos que nadie como él nos ha regalado un texto tan completo y tan conciso sobre la Vida de la Virgen María.

Algunos de ellos dejaron escrito lo que sentían en su corazón y sus sentimientos han llegado hasta nosotros. Gracias a estos escritos podemos comprobar que

ellos son los primeros que cumplieron en sus vidas las proféticas palabras de la Virgen María: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada ” (Le 1,48).

Los Santos Padres, tanto O rientales como Occidentales, y otros autores cristianos reconocidos y aceptados como tales por el magisterio de la Iglesia, cantaron a María en magníficas homilías, comentarios y otros escritos que predicaban o dirigían a los cristianos de su tiempo pero que son válidos también para nosotros, los cristianos del siglo XXI. Podemos hacer nuestros aquellos filiales y agradecidos sentimientos con el mismo espíritu que ellos los vivieron. Nos limitamos a recordar los testimonios de los Santos aunque sabemos que otros autores cristianos de estos diez siglos escribieron páginas muy bellas que nada tienen que enviadiar a las de los hombres canonizados por la Iglesia. Lo haremos por orden cronológico y extractando solo algunos pensamientos o párrafos que nos parezcan más interesantes. Estos retazos nos pueden servir para nuestra oración y para adquirir un mayor y más profundo conocimiento de la Persona y Obra de María y para crecer de día en

día en su conocimiento, en su amor y en su imitación que nos hará desembocar en el fogoso apostolado para que también los demás conozcan, amen e imiten a Ella y a su Hijo Jesucristo. Llegamos hasta San Bernardo, el gran cantor de María, porque creemos es un buen broche de oro de este ramillete de ALABANZAS A MARIA.

1. San Ignacio de Antioquía (+110)

Es el más antiguo de los Padres que escribieron sobre María. Fue el segundo sucesor de san Pedro en la cátedra de Antioquía. Mientras iba a Roma para morir mártir por Jesucristo escribió siete hermosas cartas que parecen inspiradas.

  • I) María es Virgen y Madre de Jesucristo

“Hay un solo médico, el cual es carne y espíritu, creado e increado; Dios en la carne; en la muerte, verdadera vida. Hijo de María e Hijo de Dios. En un tiempo pasible y después impasible: Jesucristo Nuestro Señor ... Nuestro Dios, Jesús el Cristo, fue concebido por María según disposición de Dios, de la simiente de David, y del Espíritu Santo. Nació y fue bautizado para purificar el agua por su pasión.

Al príncipe de este mundo le fue ocultada la virginidad de María, no le fue manifestado su parto ni la muerte del Señor: tres misterios de gran resonancia obrados en el silencio de Dios”.

2. San Justino (+165)

Filósofo y mártir. Es el principal apolgeta del siglo II. Murió decapitado en Roma. Es muy interesante el paralelismo que en estos primeros

siglos se establece entre Eva y María. El texto más antiguo es el de San Justino.

Muy interesante su “Diálogo

con el judío Trifón".

2) Eva, madre de la muerte y María, madre de la vida

“Nosotros comprendemos que Él (Cristo) se hizo hombre por medio de la Virgen, a fin de que la desobediencia provocada por la serpiente terminase por el mismo camino por donde había comenzado. En efecto, Eva, virgen e intacta, habiendo concebido la palabra de la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte. En cambio, la Virgen María, habiendo concebido fe y alegría, cuando el ángel Gabriel le anunció que el Espíritu del Señor vendría sobre Ella y que la virtud del Altísimo la cubriría con su sombra, de modo que el Ser santo nacido de Ella sería Hijo de Dios respondió:

el discernimiento a mi espíritu en tinieblas, miserable, para que me corrija de mis faltas y de mis caídas, y así, libre de las tinieblas del pecado, sea hallado digno de glorificaros; de cantaros libremente, verdadera Madre de la verdadera luz, Cristo Dios nuestro. Sólo con Él y por Él sois bendita y glorificada por toda criatura, invisible y visible, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén”.

7) María y la Trinidad

“MARIA es, después de la Trinidad, nuestra Soberana:

es nuestra consolación después del Espíritu Santo. María es la Medianera de todo el universo después de nuestro Mediador; más elevada y más gloriosa sin comparación que los querubines y serafines, abismo insondable de la bondad divina, plenitud de las gracias de la Trinidad, como que ocupa el segundo lugar después de la divinidad”.

8) A la Inmaculada

“Te alabamos, oh pura e Inmaculada Virgen bendita, madre sin culpa, íntegra y sacrosanta de tu gran Hijo, Señor del universo, esperanza de los desesperados y de los reos. Te bendecimos a ti, que estás plenísima de gracia, que engendraste a Cristo Dios y hombre: todos nos

postramos en tu presencia, todos te invocamos e imploramos tu auxilio”.

9) María, virgen perpetua

‘Tú engendraste a Dios y al hombre, virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Dios, tu Creador, tomando carne en tu seno virginal sin concurso viril hizo caer las llaves de la puerta oriental, siempre cerrada. Tú eres corona de las vírgenes, Madre de Dios inviolada, Reina de todas las cosas, más honorable que todos los querubines”.

10) Que todos los hombres se salven

“Oh Señora nuestra, Inmaculada Madre de Dios, más sublime que los cielos, más pura que los rayos del sol, floreciente vara de Aarón y Virgen sin mancha, cuya flor es Cristo nuestro Señor. Concédenos que la salvación de tu Hijo llegue a todos los hombres. El cual vive y reina con el Padre y el Espíritu por los siglos de los siglos”.

11) Todos esperan tu ayuda

“Es en Vos, nuestra patrona y mediadora ante el Señor, de quien sois Madre, en quien el género humano pone toda su alegría; espera vuestra protección, sólo

en Vos encuentra su refugio el género humano, sólo por Vos espera ser defendido. He aquí que yo también vengo a Vos con un alma ferviente, pues no me atrevo a acercarme a vuestro Hijo, e imploro vuestra ayuda para obtener mi salvación ... ¡Oh, Vos, que sois compasiva, Vos que sois la Madre del Dios de misericordia, tened piedad de vuestro servidor!”.

12) Acoged, Madre, mis anhelos

“Mi santísima Señora, Madre de Dios, llena de gracia, Vos sois la gloria de nuestra naturaleza, el canal de todos los bienes, la reina de todas las cosas después de la

Trinidad

la mediadora del mundo después del Mediador.

... Vos sois el puente misterioso que une la tierra con el cielo, la llave que nos abre las puertas del paraíso, nuestra abogada, nuestra mediadora. Mirad mi fe, mirad mis piadosos anhelos y acordaos de vuestra misericordia y de vuestro poder. Madre de Aquel que es el único misericordioso y bueno, acoged mi alma en mi miseria y, por vuestra mediación, hacedla digna de estar un día a la diestra de vuestro único Hijo”.

13) María mediadora

“No encuentro auxilio ni defensa fuera de ti, en ti

espero que conseguiré lo que ansio

...

, pues en ti tienes

el querer y el poder, porque, aunque de modo inexplicable, tú engendraste a uno de la Trinidad, tienes

con qué persuadir y mover:

  • - manos en las que le llevaste de manera inefable,

  • - pechos con cuya leche virginal le alimentaste,

  • - trae a la memoria los pañales y todo lo que hiciste para criarle desde su infancia; mezcla con tus cosas

las suyas mismas, la cruz, la sangre, las llagas, por todo lo cual fuimos hechos salvos”.

14) Prenda de salvación

“Salve, puerta del cielo

...

Abogada única de los

Salvación cierta

... Llave del reino celestial

...

pecadores

de todos los cristianos, que acuden a Ti. No te canses de interceder por nosotros dignos siervos tuyos, antes bien guárdanos seguros de la condenación con tus ruegos hasta el fin de la vida. Por eso acudo a tu sola eficacísima protección, ¡oh

Señora, Madre de Dios!

Tú, como ningún otro, tienes

... gran confianza (libre acceso) con aquel que de ti nació. A ti acudo, Mediadora del mundo e invoco tu pronta

protección en mis necesidades”.

15) Tú eres puente del cielo

“Llave que nos abre el cielo y arca santa por la que nos salvamos del diluvio de la iniquidad; única abogada

y Auxiliadora de los pecadores, destituidos del auxilio, puerto segurísimo de los que naufragan, puerta y escala del cielo ... Virgen Santísima sálvanos, tómanos bajo tu protección; porque no tenemos más esperanza de salvación si prescindimos de tu mediación”.

16) María, Tú lo eres todo

“Reina mía, Santísima Madre de Dios, llena de gracia, mar inmenso de gracias y dones secretos y

divinos

Reina de todas las cosas después de la

... Trinidad; Consoladora después del Paráclito y Mediadora de todo el mundo después del Mediador,

mira mi fe y los deseos que Dios me otorga ...

Madre de Dios

Tú has recogido todas las lágrimas

... de la faz de la tierra. Tú has llenado la creación de

beneficios, Tú has llevado la alegría a los habitantes del cielo y has salvado a los de la tierra. Por Ti tenemos seguridad en nuestra resurrección.

Por Ti esperamos ganar el reino celestial. De Ti nos

viene toda gloria, honor y santidad alegra en Ti, oh llena de gracia”.

...

Toda criatura se

17) Himno a la Virgen María

“La Virgen me invita a cantar el misterio que yo contemplo con admiración. Hijo de Dios, dame tu don

admirable, haz que temple mi lira, y que consiga detallar la imagen completamente bella de la Madre bienamada. La Virgen María da al mundo a su Hijo quedando virgen, amamanta al que alimenta a las naciones, y en su casto regazo sostiene al que sostiene el universo. Ella es virgen, y es madre, ¿qué no es? Santa de cuerpo, completamente hermosa de alma, pura de espíritu, sincera de inteligencia, perfecta de sentimientos, casta, fiel, pura de corazón, leal, está llena de todas las virtudes. Que en María se alegre toda la raza de las vírgenes, pues una de entre ellas ha alumbrado al que sostiene toda la creación, al que ha liberado al género humano que gemía en la esclavitud. Que en María se alegre el anciano Adán, herido por la serpiente. María da a Adán una descendencia que le permite aplastar a la serpiente maldita, y le sana de su herida mortal. Que los sacerdotes se alegren en la Virgen bendita. Ella ha dado al mundo el Sacerdote eterno que se ha hecho Él mismo víctima. Él ha puesto fin a los antiguos sacrificios, habiéndose hecho la Víctima que apacigua al Padre. Que en María se alegren todos los profetas. En ella se han cumplido sus visiones, se han realizado sus profecías, se han confirmado sus oráculos. Que en María se alegren todos los patriarcas. Así como Ella ha recibido la bendición que les fue prometida, así Ella les ha hecho perfectos en su Hijo.

Por El los profetas, justos y sacerdotes se han encontrado purificados. En lugar del fruto amargo cogido por Eva del fatal árbol, María ha dado a los hombres un fruto lleno de dulzura. Y he aquí que el mundo entero se deleita por el fruto de María. El árbol de la vida, oculto en medio del Paraíso, ha surgido en María y ha extendido su sombra sobre el universo, ha esparcido sus frutos, tanto sobre los pueblos más lejanos como sobre los más próximos. María ha tejido un vestido de gloria y lo ha dado a nuestro primer padre. El había escondido su desnudez en los árboles, y es investido ahora de pudor, de virtud y de belleza. Al que su esposa había derribado, su hija le alza; sostenido por Ella, él se endereza como un héroe. Eva y la serpiente habían cavado una trampa, y Adán había caído en ella; María y su real Hijo se han inclinado y le han sacado del abismo. La vid virginal ha dado un racimo, cuyo suave jugo devuelve la alegría a los afligidos. Eva y Adán en su angustia han gustado el vino de vida, y han hallado el total consuelo”.

18) Hermoso cántico en honor de María

1. Entona himnos, citara mía, en alabanza de la

Virgen María; eleva tu

voz y modula el cántico

admirable de esta virgen, hija de David, que dio a luz a la Vida.

  • 3. Engañó el hijo a la serpiente y la pisoteó, e hizo

olvidar a Eva el veneno que le había inoculado el

mortífero dragón, quien, mediante la mentira aquella la había hundido en el infierno.

  • 4. «Te llevé -dice María- como monte Sinaí y no

fui abrasada por tu terrible fuego, porque ocultaste tu fuego para que no me dañara; tampoco me quemó tu llama, a pesar de que ni los Serafines pueden mirarla».

  • 5. Es llamado segundo Adán aquel cuyo nombre

existe desde el principio, porque habitó en el seno de la hija de David y en ella, sin concurso de varón, se hizo hombre. ¡Alabado sea su nombre!

  • 12. El que es igual al Padre se hizo niño en el seno

de María. El nos dio su grandeza y asumió nuestra

debilidad. Se hizo mortal con nosotros e infundió su vida en nosotros para que no muramos.

  • 16. María es el vellocino sobre el cual descendió del

Padre la lluvia de bendición, con cuyas gotas fue aspeijado Adán. Y volvió a la vida, y se levantó del sepulcro el que había sido sepultado en el infierno por sus enemigos.

  • 17. Porque me ama se me manifestó como un gran

tesoro de doctrina y me incitó a que hablara de la hija

de David. Venid, vosotros, los que escuchan y alegraos con la doctrina que enriquece a los que aman.

  • 18. La doctrina bendita habla siempre de la

salvación de los hombres; mirad que habla de la Virgen

casta que dio a luz al Dios encamado. Venid pueblos, admiremos sus palabras.

  • 20. Esta Virgen se convirtió en Madre, y conservó

intacta su virginidad: siendo virgen lleva en su seno al niño y es Madre de Dios, esclava suya y obra de su sabiduría.

  • 23. El Verbo de Dios descendió del alto cielo y

habitó en la doncella; ésta lo concibió y lo dio a luz. Todo lo referente a esta casta virgen sobrepasa cuanto profieran los labios de cuantos hablan de ella.

  • 27. María lleva el fuego entre sus dedos y con sus

brazos abraza la llama. El incendio que la alimentaba asía sus pechos; ella daba su leche al que alimenta a todos los seres. ¿Quién podrá hablar dignamente de ella?

  • 29. El hijo de la tierra trajo al mundo las

enfermedades y los dolores y abrió la puerta a la muerte que, entrando, encadenó al mundo. Pero el Hijo de María asumió los dolores del mundo y le hizo el don de la vida.

  • 30. María, conservando intacta su virginidad, como

tierra bendita no arada, hizo germinar en su seno el árbol de la vida; gracias a su misericordia todos cuantos

comen de él, viven.

  • 31. No intentes penetrar con tus razonamientos este

portento, tú, débil hombre; no sea que avances en vano por las vías de lo natural. Por un camino espiritual oculto él entró en el seno cerrado y allí habitó.

35.

¿Quién vio alguna vez a un hijo que eligiera a

la madre que lo daría a luz, a la cual anunciara su

llegada y en la cual predijera su victoria? ...

  • 37. María, fuente pura, concibió en su seno al

torrente de vida, que descendió al mundo vivificando a todos los muertos, que, por él, renacieron.

  • 38. María es el templo puro en el que se hospeda

Dios, el huésped eterno; en ella se realizó de un modo admirable el misterio por el cual el hombre se hace Dios y Adán es llamado hijo por el Padre.

  • 40. María es la vid que brotó de la raíz bendita de

David, cuyos ramos produjeron el racimo de sangre viviente. Adán bebió ese vino, se levantó y volvió al

Edén.

  • 44. ¡Oíd las alabanzas en el carro de triunfo de Dios,

y los cánticos de la Virgen Madre! ¡En el carro de

triunfo, su poder, y en María, su amor! El querubín alaba con temor, la virgen madre acaricia.

  • 45. La voz de la vida es enviada por Ti, oh Altísimo,

al reino de los muertos y dice a Eva. «Una hija tuya,

permaneciendo virgen, dio a luz a un hijo que pagó tu deuda”.

  • 51. Bendita eres, María hija de David; y bendito es

el fruto que nos diste. Alabado sea el Padre que envió

a su Hijo para nuestra redención y bendito el Espíritu Paráclito que nos enseñó este misterio. Alabado sea su nombre.

19) Parafraseando el saludo del Angel a María

“Salve, canto de los querubines y alabanza de los ángeles. Salve, paz y alegría del género humano. Salve, jardín de delicias. Salve, leño de la vida. Salve, baluarte de los fieles y puerto de los náufragos. Salve, reclamo de Adán. Salve, rescate de Eva. Salve, fuente de la gracia y de la inmortalidad. Salve, templo santísimo. Salve, trono del Señor. Salve, oh casta, que has aplastado la cabeza del dragón precipitándolo al abismo. Salve, refugio de los afligidos. Salve, rescate de la maldición. Salve, madre de Cristo Hijo del Dios vivo, a quien conviene la gloria, el honor, la adoración y la alabanza ahora y siempre y en todo lugar; Amén; y por los siglos”.

20) Parafraseando el “Bendita de Isabel

“Bendita tú, María, hija de

los pobres, que has

llegado a ser Madre del Señor de los reyes. En tu seno habitó aquel de cuya alabanza están llenos los cielos.

Bendito tu pecho que lo alimentó con amor, tu boca que lo arrulló y tus brazos que lo estrecharon. ¡Tú eres un carro para llevar un Dios de fuego!

Bendita tú, María, que eres casa del rey. En ti ha hecho su morada aquel que da el poder a quien gobierna la tierra. Tu origen es la tribu de Judá; tu descendencia la familia de David. Ilustre es tu linaje. ¡Oh tú que permaneciendo virgen, fuiste la madre del Hijo de David! ¡Bendita tú, muchacha, que has llevado al leoncillo

del que habló Jacob! El se humilló

hizo un

... cordero, destinado a subir a la cruz para salvarnos. El árbol que suministró el cabrito que salvó la vida a Isaac, era símbolo tuyo. Bendita tú, bendita, porque por tu mediación fue cancelada la maldición de Eva. Gracias a ti, se pagó la deuda común contraída con la serpiente por generaciones. Tú, sin embargo, has engendrado al tesoro que colmó el mundo de todo auxilio. De ti salió la luz que destruyó el reino de las tinieblas”.

,

y

se

6. San Atanasio (+ 373)

Nació en Alejandría por el 295. Fue discípulo de San Antonio Abad y tomó parte e el Concilio de Nicea el 325 siendo aún diácono.

Fue consagrado Obispo de Alejandría el 338 y fue desterrado en varias ocasiones por su celo apostólico. Es uno de los más grandes Doctores de la Iglesia.

21) Dios te salve, llena de gracia

“Acoged, oh Virgen Santísima, nuestras súplicas y acordaos de nosotros. Dispensadnos los dones de vuestras riquezas y de la abundancia de las gracias de que estáis llena. El Arcángel os saluda y os llama llena de gracia. Todas las naciones os llaman bienaventurada, todas las jerarquías del cielo os bendicen, y nosotros que pertenecemos a la jerarquía terrestre, os decimos también: Dios te salve, oh llena de gracia, el Señor es contigo: Ruega por nosotros, oh Madre de Dios, nuestra Señora y nuestra Reina”.

22) María es nuestra hermana y Madre de Jesús

“Era de condición humana el que nació de María, según las divinas Escrituras; y verdadero el cuerpo del Señor, verdadero -repito- e igual al nuestro. En efecto, María es hermana nuestra, ya que todos hemos nacido de Adán. Nadie dudará de esto si recuerda lo que escribió Lucas: que Jesús, después de su resurrección de entre los muertos, como algunos pensasen que no lo

estaban viendo en el cuerpo que había tomado de María, sino que veían un espíritu, les dijo: Mirad

mis manos

...

»

23) Excelencias de la Virgen María

“Oh Virgen, tu gloria supera todas las cosas creadas. ¿Qué hay que se pueda semejar a tu nobleza, madre del Verbo Dios? ¿A quién te compararé, oh Virgen, de entre toda la creación? Excelsos son los ángeles de Dios y los arcángeles, pero ¡cuánto los superas tú, María! Los ángeles y los arcángeles sirven con temor a aquel que habita en tu seno, y no se atreven a hablarle; tú, sin embargo, hablas con él libremente. Decimos que los querubines son excelsos, pero tú eres mucho más excelsa que ellos: los querubines sostienen el trono de Dios, tú, sin embargo, sostienes a Dios mismo entre tus brazos. Los serafines están delante de Dios, pero tú estás más presente que ellos: los serafines cubren su cara con las alas no pudiendo contemplar la gloria perfecta, tú, en cambio, no sólo contemplas su cara, sino que la acaricias y llenas de leche su boca santa”.

7.

San Basilio M agno (+ 379)

Nació en Cesárea por el 330. Es el hermano mayor de san Gregorio Niseno. Fue monje, sacerdote y obispo y ya en vida se le llamó “magno” por su ardiente celo y por las obras grandes que realizó por la Iglesia. Escribió de todos los temas de la fe y se distinguió, sobre todo, por su liturgia que aún hoy perdura en la Iglesia bizantina. Demostró en su vida y en sus escritos un gran amor a la Virgen María y defendió, en especial, el importantísimo papel que Mana desempeñó en la historia de la salvación.

24) Bendita María, Madre de Dios

“Hombre, has de saber que Dios se encarnó. ¿Cuál es el lugar en el que ocurre esta encarnación? ¡En el cuerpo de una Virgen santa! Irrumpamos también nosotros con voces de júbilo. Demos a nuestra fiesta el nombre de teofanía. Festejamos el misterio de la salvación del mundo, el día natal de la humanidad. Hoy ha sido abrogada la condena de Adán. No más:

«Eres tierra y a la tierra volverás», sino que, íntimamente unido al mundo celeste, serás ensalzado hasta el cielo. No más: «Con dolor parirás los hijos» sino:

Bienaventurada aquella que ha engendrado al Emanuel y bendito el seno que lo ha alimentado.

Por tanto: Ha nacido

un niño, se nos ha dado un

hijo que lleva el imperio sobre las espaldas. Florece mi corazón y mi alma exulta; pero la lengua

es débil e incapaz para anunciar una alegría tan grande”.

25)

Que María interceda por nosotros.

Oración

litúrgica

“Tú que mandas en la luz y haces resplandecer el sol sobre justos e injustos, sobre malos y buenos; tú que enciendes la aurora e iluminas la tierra, oh Señor de todos, ilumina también nuestros corazones. Acuérdate en este día de hacer lo que te place; defiéndenos de las flechas que asaetean de día y de todas las potencias enemigas. Interceda por nosotros la inmaculada Señora nuestra, madre de Dios. Porque está en tu poder, oh Dios nuestro, usar con nosotros de misericordia y salvamos. A ti damos la gloria: al Padre, al Hijo y al Santo Espíritu ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén”.

8. San Cirilo de Jerusalén (+ 386)

Nació en Jerusalén de donde fue Obispo. Luchó con gran energía contra los arríanos y por ello fue desterrado en varias ocasiones y sufrió mucho.

Preciosas y de rico contenido sus catcquesis sobre el bautismo. Escribió, sobre todo, sobre la maternidad divina de María y sobre su virginidad en contra de arríanos y judíos que lo negaban.

26) Virgen y Madre Purísima

“Celebremos con labios inmaculados, oh hijos de la pureza y seguidores de la castidad, al Dios nacido de una virgen ... De quién nació y cómo nació este Dios nos lo enseña

Isaías: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le

llamarán Emanuel”

Y antes había dicho: “Pide para

... ti una señal al Señor, de lo profundo de la tierra o de lo

alto del cielo”. Por lo tanto, este había de ser un prodigio extraordinario y admirable como no se había conocido otro antes. Si fue milagro sacar agua de la roca y abrirse el mar y detenerse el sol, el nacimiento de Jesús de la Virgen María lo sobrepasa ... Adoremos, al Señor que nació de la Virgen, y las vírgenes reconozcan la honra y gloria de su propia profesión. Los que viven con pureza son como ángeles que habitan en la tierra. Las vírgenes estarán más tarde con la Virgen María. Eliminen pues todo superfluo y rebuscado ornato del cuerpo.

El perfume que hemos de llevar es el de la oración y el aroma de las buenas obras, y la santificación de nuestros cuerpos, para que el Señor, que nació de la Virgen, pueda decirnos: «Habitaré y me pasearé entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo».

9. San Gregorio Nacianceno (+ 390)

Fue obispo de Constantinopla y trabajó con ardiente celo por llevar a la práctica la doctrina del Concilio de Nicea (325). Era amigo de San Basilio pero de un temperamento muy diferente. Gregorio era pensador, melancólico y solitario. Escribió profundos tratados de teología. Era contemplativo y poeta. En su doctrina mariana se adelantó a la definición del Concilio de Efeso (431), defendiendo con valentía y belleza la maternidad Divina de María, la Theotokos.

27) María, Virgen y Madre a la vez

“Al despojarse de su gloria el Hijo del Padre, Dios eterno, que carece de madre, se me ha manifestado como nuevo hijo sin padre. Pero en realidad no es nuevo, pues siendo inmortal nació a causa mía de una madre virgen, para salvarme totalmente. Porque Adán cayó por haber comido del fruto funesto. Por eso, según las leyes humanas y contra las leyes humanas, encamado en las venerables entrañas de una

virgen (¡oh milagro increíble para las almas débiles!) vino, Dios y mortal, reuniendo en sí dos naturalezas, una oculta y la otra manifiesta a los hombres”.

  • 10. San Am brosio (+ 397)

Siendo aún catecúmeno y gobernador de Liguria y Emilia, fue elegido obispo de Milán cuya sede gobernó con gran prudencia, celo y sabiduría. Defendió con energía la fe católica contra los arríanos. Escribió preciosos tratados sobre teología. Biblia, liturgia y moral. Influyó mucho en la conversión de san Agustín el 387. Fueron célebres sus homilías. Escribió mucho y bien sobre la Persona y Obra de la Virgen María. Se le puede considerar como “el padre de la teología mariana en la Iglesia latina”.

28) María modelo de virtudes

“Aprended también, piadosas mujeres, con qué apresuramiento habéis de ayudar a vuestras parientes que han de ser madres. María, que antes vivía sola en su retiro más estricto, no la retiene ahora de aparecer en público el pudor virginal, ni de su intento la aspereza de las montañas, ni de prestar su servicio la longitud del camino. La Virgen se dispone a subir las montañas, la Virgen que piensa servir y olvida su pena; su caridad la da fuerza y no el sexo; deja su casa y marcha.

Aprended, vírgenes, a no corretear por casas ajenas, a no entretenerse en las plazas, a no prolongar la conversación en las vías públicas. María es tranquila

en casa y se apresura en el camino. Permaneció con su prima tres meses; pues, habiendo venido para hacer un servicio, le salía del corazón. Permaneció tres meses, no por el placer de estar en una casa extraña, sino porque le desagradaba mostrarse en público con frecuencia. Aprendisteis, vírgenes, la delicadeza de María,

aprended también su humildad

Ella viene como una

... parienta a su parienta, como la más joven a la más

anciana, y no sólo viene, sino que es”.

29) Llena de gracias

“¡Oh! ¡Cuántas especies de virtudes resplandecen en esta Virgen! M ereció ser el santuario de la Divinidad, y, el Verbo la llenó de primores”.

30) María es grande pero no diosa

“María es el templo de Dios, pero no el dios del templo”.

31) María, espejo de las vírgenes

“¿Qué más noble que la Madre de Dios? ¿Qué más espléndido que aquella a quien ha elegido el esplendor?

¿Qué más casto que la que ha engendrado el cuerpo sin mancha corporal? ¿Y qué decir de sus otras virtudes? Ella era virgen, no sólo de cuerpo, sino también de espíritu. A Ella nunca el pecado ha conseguido alterar su pureza: hum ilde de corazón, reflexiva en sus resoluciones, prudente, discreta en palabras, ávida de lectura; no ponía su esperanza en las riquezas, sino en la oración de los pobres; aplicada al trabajo, tomaba por juez de su alma no lo humano, sino a Dios. No hirió nunca, afable con todos, llena de respeto por los ancianos, sin envidia con los de su edad, humilde, razonable, amaba la virtud. ¿Cuándo ofendió a sus padres, aunque no fuese más que en su actitud? ¿Cuándo se la vio en desacuerdo con sus parientes? ¿Cuándo rechazó al humilde, se burló del débil, evitó al miserable? Iba únicamente a las reuniones en las que, habiendo ido por caridad, no tuviese que avergonzarse ni sufrir en su modestia. Ninguna dureza en su mirada, ninguna falta de medida en sus palabras, ninguna imprudencia en sus actos; ninguna contrariedad en el gesto, ni insolencia en la voz. Su actitud exterior era la imagen misma de su alma, la manifestación de su rectitud. Una buena casa debe reconocerse desde la puerta, y mostrar bien desde la entrada que no oculta tinieblas, así nuestra alma debe, sin estar dominada por el cuerpo, dar su luz al exterior, semejante a la lámpara que vierte desde el interior su claridad ...

Aunque Madre del Señor, aspiraba, sin embargo, a aprender los preceptos del Señor; Ella, que había dado a luz a Dios, deseaba, sin embargo, conocer a Dios. Es el modelo de la virginidad. La vida de María debe ser, en efecto, un ejemplo para todos. Si amamos al autor, apreciamos también la obra; y que todas las que aspiran a sus privilegios imiten su ejemplo. ¡Qué de virtudes resplandecen en una sola Virgen! Asilo de la pureza, estandarte de la fe, modelo de la devoción, doncella en la casa, ayuda del sacerdocio, Madre en el templo. A cuántas vírgenes irá a buscar para tomarlas en sus brazos y conducirlas al Señor, diciendo: «He aquí la que ha custodiado mi Hijo, la que ha guardado una pureza inmaculada». Y del mismo modo el Señor las confiará al Padre, repitiendo las palabras que amaba: «Padre santo, he aquí las que Yo te he guardado. Pero ya que no han vencido por sí mismas, no deben salvarse solas, pueden rescatar, la una a sus padres, la otra a sus hermanos. Padre justo, el mundo no me ha conocido, pero ellas me han conocido, y ellas no han querido conocer el mundo». ¡Qué cortejo, cuántos aplausos de alegría entre los ángeles! Ella ha merecido habitar en el cielo, la que ha vivido en el mundo una vida celeste. Entonces, María, tomando el tamboril, conducirá a los corazones de las vírgenes, que cantarán al Señor y darán gracias por haber atravesado el mar del mundo sin zozobrar en sus remolinos.

Entonces todas saltarán de alegría y dirán: «Entraré en el altar de mi Dios, del Dios que es la alegría de mi juventud. Yo inmolo a Dios un sacrificio de alabanza, y ofrezco mis dones al Altísimo». Y yo no dudo que delante de vosotras se abrirán plenamente los altares de Dios. Respecto a vosotras, yo me atrevería a decir que vuestras almas son altares donde cada día, para la redención del Cuerpo místico, Cristo es inmolado. Pues si el cuerpo de la Virgen es el templo de Dios, ¿qué decir del alma, puesta al descubierto por la mano del Sacerdote eterno, que retira las cenizas del cuerpo y deja de manifiesto el fuego divino? Bienaventuradas vírgenes, perfumadas por el perfume inmortal de la gracia, como los jardines por las flores, los templos por el culto divino, y los altares por el sacerdote”.

32) Jesús nació del seno de María

“¡Vuélvete a nosotros, tu que guías a Israel, tú que te sientas sobre los querubines; aparece en presencia de Efraim, muestra tu potencia y ven! ¡Ven pronto, redentor de las gentes! Muestra al nacido de la Virgen; todos los tiempos le admiran. Conviene a Dios semejante parto. Por un soplo místico del Espíritu, no de semilla humana, el Verbo de Dios se ha hecho carne; el fruto del seno maduró.

Crece el seno de la Virgen pero permanece intacto el claustro del pudor. Del seno casto y real, asciende como de su tálamo el excelso Dios-hombre para correr diligente su camino. Resplandecen los estandartes de la virtud; Cristo habita en su templo. Vino del Padre, volvió al Padre, bajó a los infiernos, volvió a subir al trono de Dios. Tú que eres igual al eterno Padre, te vestiste de nuestra carne para reforzar con vigor indefectible la debilidad de nuestro cuerpo. Tu pesebre resplandece; la noche irradia tu claror, ninguna tiniebla la ofusca, porque siempre brilla con la luz de la fe”.

11. San Gregorio de Nisa (+ 399)

Es el hermano menor de san Basilio Magno. Fue un gran monje, un elevado místico y un excelente obispo. Escritor fecundo y profundo. Trató muchos temas de teología y vida religiosa. Fue un autodidacta ya que no frecuentó escuelas superiores. Se le puede considerar como el padre de la teología mística. Sus estudios sobre la Virgen María son muy interesantes. En ellos, sobre todo trata de los privilegios que adornaron el alma de María.

33) La zarza ardiente del Sinaífigura de la Concepción Inmaculada

Oyes clamar a Isaías: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado». Aprende del mismo profeta de

qué modo ha nacido el niño, de qué modo es dado el hijo. ¿Acaso según las leyes de la naturaleza? En modo alguno se somete a las leyes naturales el que es Señor de la naturaleza. ¿De qué manera, entonces, nace el niño ? Escucha: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y será llamado Emanuel. Lo que interpretado, significa ‘Dios con nosotros’. ¡Cosa admirable! La virgen se convierte en madre y permanece virgen. Ves el nuevo orden de la naturaleza. En las otras mujeres, cuando alguna es virgen no es madre. Y después de haber sido madre ya perdió la virginidad. Pero en este caso, ambos nombres concurren en la misma persona. La misma es virgen y es madre.

Ni

la virginidad impidió el parto ni el parto borró la

virginidad. Convenía, en efecto, que el que entraba en la vida humana para tomar íntegros e incorruptos para siempre a los hombres, procediera de una integridad incorrupta, consagrada a su servicio. Porque, como saben, habitualmente se llama virgen a la que no ha conocido unión carnal. Me parece que Moisés reconoció este gran portento en aquella luz en que Dios se le apareció. Como la

zarza ardía y sin embargo no se consumía, «me adelantaré hacia ella -dice- e iré a ver esta gran visión»; refiriéndose, según creo por este adelantarse, no a un cambio de lugar sino a un paso en el tiempo. Lo que entonces se significaba por la zarza en llamas, se hizo patente al transcurrir el tiempo que mediaba entre uno y otro, en el misterio de la Virgen. Del mismo modo que entonces hubo una zarza que ardía y no se consumía, así también ahora hay una virgen inviolada que da a luz a la Luz”.

34) El saludo del Angel a María

“El ángel llega adonde María y entrando le dice:

¡Salve, llena de gracia! Inmediatamente ennoblece a la doncella y la trata de señora, porque se ha convertido en madre del Señor. ¡Salve, llena de gracia! Tu progenitora Eva, desobedeciendo, fue condenada a dar a luz con dolor. A ti, sin embargo, la invitación a la alegría. Aquella engendró a Caín y con él, la envidia y la muerte. Tú, sin embargo, pariste un hijo que es para todos fuente de vida incorruptible. Salve, por tanto, y alégrate. Salve, es aplastada la cabeza de la serpiente. ¡Salve, llena de gracia!

Porque la maldición ha terminado, la corrupción ha sido disuelta, la tristeza ha cesado, la alegría ha florecido, se ha realizado el alegre anuncio de los profetas. El Espíritu Santo te preanunciaba hablando por boca de Isaías: “He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo”. Esta Virgen eres tú. ¡Salve, por tanto, llena de gracia!

Eres grata a aquel que te ha creado

Eres grata a

... quien goza de la belleza de las almas; has encontrado un esposo que custodia y no corrompe tu virginidad; has encontrado un esposo que, con gran amor, ha querido convertirse en tu hijo. “El Señor está contigo”. Está en ti y en todo lugar está contigo y por ti. El Hijo en el seno del Padre; El Unigénito en tu seno; El Señor, en el mundo que él solo sabe, todo en todos, y todo en ti. “Bendita tú entre las mujeres”. Porque has sido antepuesta a todas las vírgenes; porque has sido digna de hospedar al Señor; porque has acogido en ti a aquel que es tan grande que no hay nada en el mundo que le pueda contener; has recibido a aquel que todo lo llena de sí porque te has convertido en el lugar en el que se realiza la salvación; porque eres el vehículo que ha introducido al rey en la vida, porque se apareció como un tesoro, como una perla espiritual. Bendita tú entre las mujeres ”.

35) María, tú eres la llena de gracia

“Venid, pueblos, cantemos todos a aquel que ha nacido de la Virgen- Tomemos arrestos y, guiados por la voz del ángel, aclamemos así a la Virgen santa:

¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo! A ti corresponde el alegrarse porque el Señor de todos ha hecho su morada en ti de la manera misteriosa que sólo él conoce. ¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo! No un esposo de este mundo, si no el mismo Señor está contigo, el padre de la castidad, el custodio de la virginidad, aquel que santifica y hace incompatible, el

que da la libertad y la salvación y es hacedor de paz; el Señor mismo está contigo porque ha pasado sobre ti la gracia divina. ¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo! Adán no tiene que temer a quien le ha engañado, porque el nacido de ti ha destruido las fuerzas del

enemigo

El género humano ya no tiene que temer el

... engaño y la astucia de la serpiente, porque el Señor ha aplastado la cabeza del dragón en las aguas del bautismo. No me asusto al escuchar: eres tierra y a la tierra volverás; porque el Señor en el santo bautismo me canceló toda mancha de pecado; ya no lloro, no me apesadumbro más, no digo más: en mi dolor no me

revuelco en agudas espinas porque el Señor ha cogido las espinas de nuestros pecados coronando su propia cabeza con ellas; se ha desvanecido mi pecado, se ha disuelto mi antigua maldición, ha florecido de la Virgen santa el árbol de la vida y de la gracia ... La Virgen santa se ha convertido para nosotros en fuente de vida; fuente de luz para todos los que creen en Cristo, siendo ella el punto en el que surge la luz espiritual. Salve, llena de gracia, el Señor está contigo Y por ti; el que es perfecto en santidad y en quien habita la plenitud de la divinidad. ¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo! El que todo lo santifica con la Inmaculada; está con la sierva del Señor. Con la toda bella está el más bello de los hijos del hombre; para salvar al hombre creado a su imagen”.

12. San Epifanio (+ 402)

Nació en Palestina de padres cristianos hacia el 315. Fue monje y después obispo de Salamina. Dominaba varios idiomas y trabajó con ardiente celo por la fe cristiana contra las herejías de su tiempo. De temperamento fogoso pero de gran caridad y de una erudición vastísima. En sus escritos habla mucho y muy bien de la Virgen María. Se le puede llamar “Doctor del culto mariano”.

35 bis) María, la nueva Eva, madre de los vivientes

“María es quien, significada por Eva, recibe en figura el nombre de Madre de los vivientes. Allí se llama madre de los vivientes a Eva después de oír; Eres polvo y volverás al polvo (Gn 3, 19); después de haber pecado. Y es extraño que después de aquel pecado se le diera nombre tan grande. Y, según lo sensible, todo el género humano sobre la tierra ha nacido de aquella Eva. Pero en realidad, la vida misma nace en el mundo por María, de manera que es ella quien da a luz al viviente y es, por eso, María Madre de los vivientes. Misteriosamente, en figura, es llamada María Madre de los vivientes ... Eva fue causa de la muerte para los hombres; María fue causa de la vida”.

36) María sobre toda alabanza

“¿Qué diré o cómo hablaré de la ilustre y santa Virgen? Ya que, exceptuado sólo Dios, ella es superior a todos; más bella por naturaleza que los mismos querubines, que los serafines, y que toda la milicia angélica. Por lo cual ninguna lengua es suficiente, ni en la tierra ni en el cielo, para cantar sus alabanzas, ni aun las mismas de los ángeles.

Oh Virgen bienaventurada, paloma pura, esposa celestial. Nube luminosa que has recibido del cielo, para iluminar a la tierra, su sol más resplandeciente, el Cristo. Salve, llena de gracia, puerta del cielo, de quien evidente y claramente habla el profeta cuando en el Cantar de los Cantares exclama: Eres un jardín cerrado, hermana mía, esposa mía; eres un jardín cerrado, una fuente sellada”

37) María es un portento admirable

«La Virgen es el lirio inmaculado que engendró la rosa inmarcesible, Cristo. ¡Santa Madre de Dios, oveja inmaculada que has dado a luz al Cordero, a Cristo, el Verbo encarnado en ti! ¡Oh Virgen santísim a, que has causado la admiración de los ejércitos angélicos. Es un prodigio admirable ver en los cielos una mujer vestida de sol, llevando la luz en sus brazos; es un prodigio que causa la admiración de los cielos el que el seno de la Virgen lleve al Hijo de Dios; es un prodigio que causa la admiración de los cielos ver al Señor de los ángeles hecho hijo de la Virgen. Los ángeles acusaban a Eva, mas ahora glorifican a María que levantó a Eva caída e introdujo a Adán en el cielo después de haber sido expulsado del paraíso.

Ella es la mediadora del cielo y de la tierra, que realizó la unión entre ambos”.

38) La gracia de María

«Salve, llena de gracia”, tú que eres un cielo resplandeciente. «Salve, llena de gracia», tú que eres urna de oro que contiene el maná celestial. «Salve, llena de gracia», que sacias a los sedientos con la dulzura de la fuente perenne. «Salve», santísim a M adre inm aculada que engendraste a Cristo, que existía antes que tú. «Salve», púrpura regia que vestiste al Rey del cielo y de la tierra. «Salve», libro profundísimo, que diste a leer al mundo el Verbo, Hijo del Padre”.

39) A María se la venera, no se le adora

“Por más que María sea santa, excelentísima, digna de veneración, en modo alguno se debe adorar. Téngase en veneración a María, pero únicamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo se debe rendir adoración”.

13.

San Juan Crisóstom o (+407)

Nació en Antioquía de Siria por el 345. Se hizo famoso por sus sermones exegéticos. En el 397 fue elegido Patriarca de Constantinopla. Desde el siglo VI ya se le daba el nombre de “Crisóstomo^ Boca de oro” por su gran elocuencia. Fue muy fecunda su producción mariológica.

40) María, la siempre Virgen

«José la recibió como esposa, y no tuvieron relaciones hasta que ella dio a luz a su hijo primogénito”. Cuando el Evangelista dice «hasta que» no es para que sospeches que después tuvieron relaciones, sino para que sepas que antes del parto era virgen completamente intacta. Tu dirás: «¿Entonces, por qué dice‘‘hasta que?». Porque es una costumbre muy frecuente en la Sagrada Escritura usar esta palabra para indicar un tiempo que no queda delimitado. Así, por ejemplo, cuando habla del arca de Noé, dice: “El cuervo no volvió hasta que se secó la tierra”, y sabemos que tampoco volvió después. Hablando de Dios, dice: «Desde un siglo hasta el otro tú existes», y ciertamente no es para poner un término. En otro lugar, para dar una buena noticia, dice: ‘En sus días se establecerá la justicia y la abundancia de

paz hasta que no haya luna», y no quiere decir que le ponga un término a este hermoso astro. Aquí también el «hasta que” afirma lo que hubo antes del parto, y lo que sucedió después lo deja a tu reflexión. El Evangelista te ha dicho lo que tu tenías que saber acerca de este asunto, esto es, que fue virgen perfectamente intacta antes del parto. En cambio lo que se ve como consecuencia de lo anterior y está en completo acuerdo con ello, lo deja para que lo entiendas tú mismo. ¿Cómo no vas a entender que José, el hombre justo, no iba a tener relaciones conyugales con aquella que había sido madre de esta manera, y había merecido un parto tan nuevo, un alumbramiento tan desacostum­ brado?”

  • 14. San Jerónim o

(+ 420)

Se le conoce como “Doctor Máximo” y “Padre de las Sagradas Escrituras” por haber sido quien las tradujo de sus textos originales al latín y quien las comentó con gran acierto. Fue monje y sacerdote y en Belén se entregó a la oración y a la penitencia además de a su trabajo científico. Tenía un carácter fuerte y polémico. Escribió ricos tratados de teología y apologética además de sus exégesis bíblicas. Sobre la Virgen María escribió con energía defendiendo sobre todo su virginidad.

41) Cristo fue virgen y María también

“Cristo es virgen, y la Madre de nuestro Cristo virgen es virgen perpetua, madre y virgen. Jesús entró con las puertas cerradas, y en su sepulcro (sepulcro nuevo abierto en una roca muy dura) nadie fue colocado antes ni después de él. “Huerto cerrado, fuente sellada”. María es la fuente de donde mana aquel río de que habla Amos, que riega el torrente «de las ataduras» o “de las espinas». Las ataduras son los pecados que en otro tiempo nos tenían cautivos; las espinas son las que ahogan la semilla sembrada por el padre de familia. Ella es la puerta oriental siempre cerrada, como dice Ezequiel, y siempre resplandeciente, ya esconda o ya manifieste el Santo de los santos; puerta a través de la cual entra y sale el sol de justicia, nuestro Pontífice según el orden de Melquisedec”.

Cristo virgen y María virgen consagraron primicias de la virginidad en ambos sexos”.

las

42) María recibió todas las gracias

“Líbano significa blancura refulgente. María refulgía en méritos y en virtudes innumerables, y era más blanca que la nieve más pura. Colmada con los dones del Espíritu Santo, ella muestra en todo la simplicidad de la paloma, porque la pureza y la simplicidad están en todo cuanto obra.

44) La llena de gracia

“Verdaderamente, está llena, porque la gracia que a los demás se da parcialmente, se comunica a María en toda su plenitud”.

45) Piropos encomiásticos

“Qué direm os de Ti, Serenísim a Virgen, hermosísima entre las mujeres; porque si te llamo sol, eres más resplandeciente; si azucena, eres más bella; si cinamomo balsámico, eres más fragante que todas las especies aromáticas”.

46) Todos los méritos y gracias

“Si atentamente lo consideras, no hay virtud ni

hermosura, candor ni gloria que no resplandezca en

ella ...

Porque estaba embellecida con el blanco vestido

de innumerables méritos y más blanca que los copos de la nieve, debido a los dones del Espíritu Santo, asemejándose en todo a la simplicidad de la paloma”.

47) Es auxilio de los cristianos

“La Santísima Virgen María es auxilio universal y protección deparada para los que diligentemente se encomiendan a ella, refugio de los cristianos que

recurren a ella, consuelo de los atribulados, camino de los extraviados, redención de los cautivos y mediadora de todos para con Dios”.

48) Jesús ha nacido de María

“Te celebran los pueblos, oh Dios, te celebran los pueblos todos”. Lo hemos dicho una vez y no nos has escuchado; lo repetimos porque aclamamos ...

¿Por qué lo decimos insistiendo? “La tierra ha dado su fruto”. La tierra: Santa María que tiene su origen en nuestra tierra y en nuestra estirpe ... Esta tierra ha dado su fruto, encuentra en el hijo cuanto ha perdido en el Edén.

“La tierra ha dado su fruto”. Primero

ha dado

flores ...

Las flores se han convertido en fruto para que

nosotros nos lo comamos y nos alimentemos de él. El hijo nacido de la Virgen, el Señor de la esclava, Dios del hombre, el hijo de la madre, el fruto de la tierra”.

  • 15. San M áxim o de Türín (+ 420)

Aunque no nació en Turín, por el 398 ya era Obispo de esta ciudad y lo fue hasta su muerte. Mucho trabajó en su sede. Un siglo después vivió otro Máximo en Turín con el que algunos confunden a nuestro Santo.

Luchó con energía por defender la fe entre sus diocesanos. Sobre la Virgen María trata con gran cariño cuando estudia los textos evangélicos. Le encanta aplicarle las alegorías del Antiguo Testamento.

49) María es toda un milagro de Dios

“Afirma Isaías: «Una virgen concebirá y dará a luz

un hijo

...

”.

Concibió una virgen sin concurso humano

...

Y un seno casto recibió al Espíritu Santo. Ved qué milagro es la Madre de Dios: virgen cuando concibe, virgen cuando da a luz, virgen después del parto. ¡Gloriosa virginidad y preclara fecundidad! Nace el Poderoso que sostiene al mundo y no gime la que lo da a luz; el niño deja el seno y sin embargo no es violada la virginidad ...

Ciertamente fue apta para Cristo la morada de María, no por su amplitud sino por la gracia virginal. Después de haber dado a luz, María feliz se reconoce como madre y a la vez como virgen; y se gloría de su prole la que no conoce marido; y se admira de haber

engendrado a un niño por obra del

Espíritu Santo ...

No se asusta de haber dado a luz porque la divinidad da testimonio del parto virginal ... Digno es que el Salvador a quien engendró la virginidad inmaculada sea amado con un amor virginal; y así como María lo llevó en su seno sin mancha, también nosotros debemos guardarlo en un alma pura. María era, por decirlo así, tipo de nuestra alma, ya que

Cristo que buscó la virginidad en su Madre reclama la integridad de nuestro afecto. El alma virgen, por la ausencia de pecados, concibe al Salvador; lo da a luz cuando lo predica; lo guarda cuando obedece sus mandamientos. La fe custodia el germen concebido; la confesión de la fe lo da a luz; la solicitud del amor guarda lo que ha nacido”.

50) María, arca luminosa de Dios

“David veía en espíritu a María, descendiente suya

que se desposaría con Cristo

El,

antes de las nupcias,

... bailó con tanto júbilo delante del arca. ¿Quién diremos que es el arca sino santa María? Aquélla contenía las tablas del testamento, María, al mismo heredero del testamento. Aquélla contenía la ley, ésta conservaba el Evangelio. Aquélla tenía la voz de Dios, ésta, el Verbo verdadero. El arca brillaba por dentro y por fuera con el resplandor del oro; pero María brillaba por dentro y por fuera con el esplendor de la divinidad. Aquella estaba adornada con el oro terreno, ésta con el celestial”.

51) María es nuestro modelo

“Es necesario que el Salvador engendrado de una Virgen sin mancha sea acogido por un corazón no

corrompido; y como María lo llevó intacta, así nuestra alma lo custodie sin pecado. María es el modelo de nuestras almas, porque Cristo, igual que buscó la virginidad de la madre, así busca, íntegro, nuestro amor”.

52) María es el renuevo del que nació Jesús

“En Cristo no había espina de pecado para transformar en flor; porque él era la flor nacido no de una espina, sino de un renuevo como dijo el profeta:

“Brotará un renuevo del tronco de Jesé y una flor apuntará de sus raíces”. El renuevo era María, gentil, sencilla y virgen que engendró a Cristo como una flor de la integridad de su cuerpo”.

16. San Agustín (+ 430)

Nació en Tagaste el año 354 de padre pagano y madre cristiana. Es la lumbrera mayor de todos los Padres. Su influencia ha llegado hasta nosotros. Se convirtió gracias a las oraciones de su madre santa Mónica. Pudo escribir en sus inmortales Confesiones:

“Tarde te he amado, oh hermosura siempre antigua y

siempre nueva

...

Me llamaste y tu grito forzó mi

sordera

”!

10, 28,

1).

Se convirtió el 387, a los 33 años de edad.

Abarcó todos los temas de la fe católica dejándonos maravillosos tratados. Murió siendo obispo de Hipona el 430. Inserta a María en el misterio de Cristo y nos ofrece en sus escritos una maravillosa doctrina sobre el papel de primer orden que realiza la Virgen en la historia de la salvación. Ella es la nueva Eva, de excelsa santidad.

53) María es más dichosa por creer que por ser madre

“El que hiciere la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre. ¿Por ventura no hizo la voluntad del Padre la Virgen María, la cual creyó por la fe, concibió por la fe y fue elegida para que de ella naciera entre los hombres nuestra salvación, y fue creada por Cristo antes que Cristo naciera de ella? Sí, cumplió perfectamente Santa María la voluntad del Padre, por lo cual más importante es para María el haber sido discípula de Cristo que el haber sido madre de Cristo. Más mérito y mayor dicha es el haber sido discípula de Cristo que el haber sido madre de Cristo. María era dichosa, porque antes de llevarle en su seno, llevaba ya en su espíritu al Maestro. Mira si no es verdad lo que digo. Pasando el Señor seguido de las turbas y haciendo milagros, una mujer exclama: Bienaventurado el vientre que te llevó.

55) La Iglesia imita a María Virgen y Madre

“La Iglesia quiere imitar a la Madre de su Señor. No puede hacerlo en su cuerpo, pero es virgen y madre en su alma. En modo alguno lesionó Cristo, al nacer, la virginidad de su Madre, él, que rescatando a su Iglesia del culto impuro de los demonios, hizo de ella una virgen pura. De esta virginidad inviolada procedéis vosotras, vírgenes santas, que habéis elegido la virginidad del cuerpo. Celebra, pues, hoy gozosamente el parto de la Virgen. Esta Virgen cuyas huellas seguís, concibió a su divino Hijo fuera de toda unión camal y permaneció virgen en su alumbramiento. Imitadla cuanto podáis, no en su fecundidad, lo que no podréis hacer sin perder vuestra virginidad. Sólo ella poseyó esta doble prerrogativa. Sólo ella pudo ser a la vez Virgen y Madre porque ella dio a luz al Todopoderoso, a quien ella debe este doble privilegio. En efecto, sólo al Hijo único de Dios le correspondía elegir tal nacimiento al hacerse Hijo del hombre”.

56) María huerto de virtudes

“Dime, te mego, ¡oh Madre del Santo de los Santos!, ¿cómo sin la cooperación humana y sin la lluvia de la semilla camal hiciste germinar en el seno de la Iglesia

con maternal aroma este lirio de los valles revestido de blancura? Dime, ¡oh Madre única!, ¿qué manos o con qué artificio de la Divinidad fue formado en tu seno el Hijo, cuyo Padre es solo Dios? Dime, por el que te hizo digna de encarnarse en ti; dime, ¿en qué virtudes te ejercitaste, qué premio ofreciste, qué poderosas simpatías te captaste, qué patronos tuviste, qué recomendaciones enviaste delante, en qué disposición de ánimo o qué pensamientos te embargaban cuando la Virtud y Sabiduría del Padre, que abarca de un cabo a otro todas las cosas y las ordena todas con suavidad, permaneciendo todo en todas partes y viniendo a tu seno sin cambio alguno en sí mismo, habitó de tal modo en el casto castillo de tu vientre, que penetró en él sin menoscabarle y le guardó incólume al salir? ¡Oh Señora!, ¿cuánto debes a mi amo, que te ensalzó y engrandeció gratuitamente en tan alto grado, y te ha hecho cosas grandes aquel que es poderoso, y es el único que obra grandes maravillas?”

57) El sí de María nos trajo la libertad

“¡Oh bienaventurada Virgen qué hacimiento de gracias, qué acentos de alabanza podremos dirigirte en retorno de ese gran Consentimiento por el cual libertas al mundo! ¡Con qué homenajes podrá nunca

la humana flaqueza reconocer bastantemente que debe el cielo a tu piadoso comercio!”

58) María, ejemplo para las vírgenes consagradas

La virginidad de María fue tan santa y agradable a Dios no porque la concepción de Cristo se la hubiera conservado impidiendo que le fuese arrebatada por un marido, sino porque antes de concebir, María ya la había consagrado a Dios que la había elegido para nacer de ella. Es esto lo que indica claramente la respuesta que ella dio al Angel que le anunciaba que iba a ser madre:

«¿Cómo será esto pues no conozco varón?». Lo que no hubiera dicho si antes no hubiera consagrado su virginidad a Dios. Pero como entonces las costumbres de los israelitas no aceptaban esto, fue desposada a un hombre justo que no le arrancaría lo que ella había consagrado a Dios, antes bien lo custodiaría ... Como María habría de servir de ejemplo a las vírgenes consagradas a Dios, y para que no se pensara que sólo debía permanecer virgen la que había merecido concebir sin obra de varón, ella consagró su virginidad a Dios cuando aún no sabía a quién iba a concebir. Mostró así que la imitación de la vida celestial en un cuerpo terreno y mortal ha de ser el efecto de un

Escogiste una Virgen de la que nacer según la carne; Virgen encontraste a la que debía concebirte; Virgen tú la dejaste después de haber nacido”.

60)

María es la Virgen Santa

“ ¿Quién eres tú que con tanta fe has concebido y enseguida serás madre? ¿Quien te ha creado será engendrado en ti? ¿De dónde viene a ti tan gran bien? Eres virgen, eres santa pero es mucho lo que has merecido o mejor, es mucho lo que has recibido.

Se encama en ti el que te ha creado; el Verbo de Dios, por medio del cual cielo, tierra y todo ha sido hecho.

El

Verbo, sin dejar de ser Dios, asume en ti la

naturaleza del hombre, se hace hombre. Cuando fue concebido te encontró virgen; cuando nació te dejó virgen. Parece osadía que yo interrogue a la Virgen y en cualquier modo turbe su reserva. Pero la Virgen, ruborizándose, me responde; “¿Preguntas que de dónde me viene tanto bien? Escucha el saludo del ángel y cree en la salvación que viene de mi seno; cree a quien yo he creído”.

17. San Paulino de Ñola (+431)

Nació en Burdeos en el año 355 de familia de la alta sociedad romana. Recorrió el Imperio y se convirtió a una vida de oración y penitencia. Fue casado, sacerdote, monje y obispo de Ñola durante veinte años. Fue siempre celoso apóstol de la palabra y la pluma. Escribió bellos poemas sobre la Virgen María a quien amaba tiernamente.

61) Maravillas del alma de María

“Dios creó a la santa doncella como el patio interior de un templo, respetuosamente rodeado de veneración, abierto a la lluvia y al rocío. Después, él mismo vino de las nubes del cielo con un vuelo silencioso, leve y sumiso, como en un tiempo se posó el rocío sobre el vellón de Gedeón. Pero nadie consiguió penetrar el misterio, que se realizó de manera silenciosa, del Dios convertido en hombre en el seno de una virgen. ¡Oh profunda urgencia del Señor por la salvación del hombre! La Virgen que ofrece al hijo sin la colaboración del hombre. ¡Sublime imagen mística de las bodas de la Iglesia con Cristo!

También ella es hermana del Señor, y esposa cariñosa. Como madre recibe la semilla de la palabra eterna, lleva al pueblo en su seno y le conduce a la luz. La esposa que nadie ha tocado, perm anece verdaderamente hermana en el amor. Su abrazo es el Espíritu, porque quien la ama es Dios”.

18.

San Cirilo de Alejandría(+ 444)

Se formó en la famosa escuela teológica de su ciudad, que ejerció gran influencia en toda la cristiandad. Luchó denodadamente contra la herejía nestoriana. Fue el gran defensor de la maternidad Divina de Mana contra Nestorio que la negaba. Presidió, en nombre del papa, el 111 Concilio ecuménico celebrado en Efeso el 431, en el que se proclamó solemnemente la Theotokos, la Madre de Dios.

62) María, la MADRE DE DIOS

En este Concilio de Efeso dijo este gran mariólogo:

“¡Salve, María, Madre de Dios, virgen y madre, lucero y vaso de elección! ¡Salve, virgen María, madre y sierva; virgen en verdad por Aquél virgen que nació de ti; madre, por virtud de Aquél que llevaste en pañales y nutriste con tus pechos; sierva, por Aquél que tomó a forma de siervo.

Como Rey quiso entrar en tu ciudad, en tu seno, y salió cuando le plugo, cerrando para siempre su puerta, porque concebiste sin obra de varón y fue divino tu alumbramiento. ¡Salve, María! templo donde mora Dios, templo santo, como lo llama el profeta David cuando dice:

«Santo es tu templo, admirable por la justicia». ¡Salve, María!, la más preciosa criatura de la creación; ¡Salve, María! purísima paloma; ¡Salve, María!, antorcha inextinguible; ¡Salve, María! porque de ti nació el sol de justicia. ¡Salve, María, ¡morada de la inmensidad, que encerraste en tu seno al Dios inmenso, al Verbo unigénito, produciendo sin arado y sin semilla la espiga inmarcesible! ¡Salve, María, madre de Dios! aclamada por los profetas, bendecida por los pastores cuando los ángeles cantaron el sublime himno de Belén. ¡Salve, María, madre de Dios, alegría de los ángeles, júbilo de los arcángeles que te glorifican en el cielo! ¡Salve, María, madre de Dios! por ti adoraron a Cristo los Magos guiados por la estrella de Oriente. ¡Salve, María, madre de Dios, honor y prez de los apóstoles! ¡Salve, María, madre de Dios, por quien Juan el Bautista desde el seno de su madre saltó de gozo, adorando como lucero a la luz perenne!

¡Salve, María, madre de Dios! que trajiste al mundo

la gracia inefable de la cual dice san Pablo: A todos los hombres se manifestó la gracia de Dios Salvador.

¡Salve, María, madre de Dios! que hiciste brillaren el mundo al que es la luz verdadera, a nuestro Señor Jesucristo, al que dice en su Evangelio: «Yo soy la luz del mundo”. ¡Salve, Madre de Dios! que alumbraste a cuantos estaban en tinieblas y sombras de muerte; «porque el pueblo sentado en las tinieblas vio una luz grande»; aquella luz que no es otra que Jesucristo nuestro Señor, luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. ¡Salve, María, Madre de Dios¡ Madre del que los Evangelios proclaman bendito: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

¡Salve, María, madre de Dios, por quien se poblaron de iglesias nuestras ciudades. ¡Salve, María, madre de Dios, por quien vino al mundo el vencedor de la muerte y el destructor del infierno! ¡Salve, María, madre de Dios, por quien vino al mundo el autor de la creación y el restaurador de las criaturas, el Rey de los cielos! ¡Salve, María, madre de Dios, por quien brilló y resplandeció la gloria de la resurrección! ¡Salve, María, madre de Dios, por quien lució el sublime bautismo de santidad en el Jordán!

¿Quién habrá que sea capaz de cantar como es debido las alabanzas de María? Ella es Madre y Virgen a la vez; ¡qué cosa tan admirable! ¡Es una maravilla que me llena de estupor! ... Mirad: hoy todo el mundo se alegra; quiera Dios que todos nosotros reverenciemos y adoremos la unidad; que rindamos un culto impregnado de santo temor a la Trinidad indivisa, al celebrar con nuestras alabanzas, a María siempre Virgen, el templo santo de Dios; y a su Hijo y esposo inmaculado; porque a El pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

64) María, mediadora de todas las gracias

“Salve, oh Madre de Dios, María, verdadero tesoro de todo el orbe, por cuyo medio se administra el santo bautismo a los creyentes, por cuyo medio tenemos el óleo de la alegría, por cuyo medio han sido fundadas en todo el mundo las iglesias; por cuyo medio son conducidas las gentes a la penitencia ... Por Ti predicaron los Apóstoles a las naciones; por Ti la santa cruz es adorada y celebrada en todo el universo; por Ti toda criatura, aprisionada en los errores de la idolatría, es llevada al conocimiento de la verdad. ¡Salve, oh María, Madre de Dios, por medio de la cual se salva toda alma fiel!”.

65) Gracias a María

“Salve, María, madre de Dios, tesoro sagrado del universo, antorcha inextinguible, corona de la virginidad, centro de la ortodoxia, templo indestructible, tabernáculo de aquel a quien el mundo no puede contener, Madre y Virgen. Gracias a ti, es alabado en el evangelio aquel que viene en nombre del Señor. Salve, tú que en el seno virginal has contenido al excelso. Gracias a ti es venerada la cruz y adorada en toda la tierra; el cielo exulta, se alegran los ángeles y los arcángeles; los demonios son expulsados; el diablo tentador cae del cielo. Gracias a ti la humanidad caída fue elevada hasta el cielo, la creación entera, servidora de los ídolos, se ha convertido al conocimiento de la verdad. Por ti el santo bautismo es el óleo de júbilo para los fieles. Por ti se alegran las iglesias de toda la tierra. Por ti la multitud se recoge en unidad. ¿Qué debo decir todavía? Por ti la luz, el unigénito Hijo de Dios, brilló para los que yacían en las tinieblas y en la sombra de muerte. Por ti los profetas predijeron el futuro; los apóstoles anunciaron la salvación de las gentes, los muertos resucitaron”.

19.

San Teodoto de Ancira (+ 445)

Teodoto, obispo de Ancira en la Galacia (actual Ankara, capital de Turquía). Vivió en la primera mitad del siglo V, y fue uno de los más convencidos defensores de la divina maternidad de María en el concilio de Efeso el 431. Murió antes del 446. En las seis homilías que nos han llegado con su nombre María ocupa un lugar de afectuosa atención. Con este amor y entusiasmo se manifiesta en la IV:

  • 65 bis) Ardiente saludo a María

Dejémonos guiar por las palabras de Gabriel, ciudadano del cielo, y digamos:

salve, llena de gracia, el Señor está contigo. Repitamos con él:

Salve, ansiada alegría nuestra. Salve, exaltación de la Iglesia. Salve, nombre lleno de perfume. Salve, rostro iluminado de la luz de Dios que emana belleza. Salve, memorial de veneración. Salve, vellón salvador y espiritual. Salve, clara madre de la luz que nace. Salve, inmaculada madre de la santidad. Salve, fuente que mana agua viva. Salve, madre nueva y moldeadora del nuevo nacimiento.

Salve, madre llena de misterio e inexplicable. Salve, libro nuevo según Isaías. Libro de la nueva escritura del que fueron testigos fieles los ángeles y los hombres. Salve, vaso de alabastro del unigénito de santificación. Salve, tú que das valor a la virginidad. Salve, modesto espacio, que acogió al que el mundo no puede contener”.

20.

San Proclo de Constantinopla (+446)

Nació por el año 390. Pronto descolló por su gran elocuencia y dotes de persuasión. Luchó denodadamente contra Nestorio, especialmente en su célebre discurso sobre la Virgen Mana el año 428. Pronto fue elegido patriarca de Constantinopla donde trabajó con ahínco por defender y extender la doctrina de Jesucristo y de su Iglesia. En sus escritos y sermones se ocupa con frecuencia de la Virgen María por quien siempre demuestra gran amor y defiende con enérgica elocuencia la Maternidad divina y la virginidad.

66) Maravillas de la maternidad divina

“Si yo me atreviera a preguntar a la Deípara cómo llegó a ser madre sin concurso carnal, ella me

respondería: “Un día se atrevió a presentarse no un marido, sino el Angel incorrupto y escuché la palabra, concebí la palabra, devolví la palabra. Di a luz a la Luz e ignoro de qué modo tengo un hijo y no he conocido varón. Le ofrezco la fuente de mi leche y conservo intacto el tesoro de la virginidad. Llevo al niño en mis brazos, pero no puedo decir cómo llegué a ser madre. Por eso reconozco a mi Hijo, mi hacedor y creador, niño que es anterior a los siglos”. Admirable parto que pasó por encima de las leyes de la naturaleza. Porque la naturaleza reconoce a la madre; mas la gracia hizo a la madre y a la vez custodió a la virgen; produjo una madre y no violó su integridad. ¡Tierra no sembrada, que produjo un fruto celestial! ¡ Virgen, que reabriste el paraíso a Adán! Más aún, que fuiste más gloriosa que el mismo paraíso; porque el paraíso fue cultivo de Dios, pero tú cultivaste a Dios al darle tu carne ... Acudan las mujeres, no porque la mujer les muestra el árbol de la muerte, sino porque les ofrece el fruto de la vida. Concurran las vírgenes, porque la Virgen dio a luz y permaneció intacta ... Acudan las madres, porque la Virgen Madre enmendó el árbol de la desobediencia mediante el árbol de la vida.

Concurran las hijas, porque la obediencia de la hija vengó la injuria de la desobediencia materna. Acudan los padres, a causa de aquel padre que nació al fin de los tiempos. Acudan los niños, por causa de aquel niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Concurran los pastores, porque de la cordera virginal nació el Pastor.

67) La Virgen María es la Madre de Dios

“Hermanos, la presente solemnidad de la Virgen nos

impulsa a cantar sus alabanzas

Esta festividad es una

... gloria para todo el sexo femenino, ya que nos habla de aquélla que es a un tiempo madre y virgen. Amable y admirable conjunción. Hoy nos ha reunido aquí la santa Virgen y Madre de Dios, tesoro no violado de la virginidad, paraíso del segundo Adán, taller donde se unieron las naturalezas, tálamo en que el Verbo se desposó con la carne, zarza viviente a la que no consumió el fuego del parto divino, nube en verdad ligera que llevó, humanado, al que se sienta sobre los Querubines, purísimo vellocino el rocío celestial gracias al cual el Pastor se hizo cordero; María, repito, sierva y madre, virgen y cielo, único puente de Dios hacia los hombres. ¿Quién vio, quién oyó que Dios haya habitado en un seno que no lo limitó, y que las entrañas de una

69) María es la más excelsa de todas las criaturas

“Aunque todas las conmemoraciones de todos los santos son admirables, nada iguala a la gloria de esta so lem n id ad . Abel alcan zó ren om b re por su sacrificio, Henoc es célebre porque agradó a Dios, Melquisedec es celebrado como imagen de Cristo, Abraham es alabado por su fe, Isaac es alabado porque fue figura de Jesucristo, Jacob es proclamado feliz a causa de su lucha, José es honrado por su castidad, Job es celebrado por su paciencia, Moisés fue honrado con el título de legislador, Josué se hizo famoso como jefe del ejército, Sansón es alabado como amigo de Dios, Elias es celebrado por su celo, Isaías recibió el apelativo de oráculo de Dios, Daniel es proclamado intérprete perspicaz, Ezequiel es admirado por su penetración de los arcanos, David es alabado como padre del misterio a realizarse en la carne, Salomón es admirado por su sabiduría. En verdad, ninguno de ellos puede compararse con María, la Madre de Dios. En efecto, ella llevó en su seno a aquél a quien ellos vieron oscuramente en figuras ... Hombre, recorre con el pensamiento todas las cosas creadas y considera si alguna puede igualarse con la santa Virgen Madre de Dios, o sobrepasarla. Pasa en revista toda la tierra, observa el mar, escruta cuidadosamente el aire, registra los cielos,

examina todas las potestades invisibles y ve si se puede encontrar un milagro semejante en todas las criaturas.

Porque los cielos cantan

la gloria de Dios, los

ángeles le sirven con temor, los arcángeles adoran temblando, los querubines tiemblan porque no pueden soportar su gloria, los serafines que vuelan en torno, no se atreven a acercarse más, y cantan con temor:

«Santo, santo, santo, es el Señor Dios del universo; llenos están los cielos y la tierra de su gloria”. Considera, pues, todas las cosas nuevas y maravillosas y admira la victoria de la Virgen; a aquél a quien alaban con temor y temblor todas las criaturas, sólo ella, de modo inexplicable, lo recibió en su seno”.

70) En María es enaltecida la mujer

“Por ella son bienaventuradas todas las mujeres. El sexo femenino ya no será despreciado, pues obtuvo algo que supera a los mismos ángeles. María fue hecha madre y sierva, nube, tálamo y arca del Señor; como madre, dio a luz a aquél que quiso nacer; en la sierva reconozco la naturaleza y proclamo la gracia; como nube, concibió del Espíritu Santo y dio a luz sin perder su integridad; es el tálamo donde habitó el Verbo de Dios, y el arca, que no contenía la ley, sino que dio a luz al Legislador. Por eso digámosle: « ¡Bendita tú entre las mujeres!».

71) María es la “Madre admirable

«El Verbo se hizo carne”. Juan vio el misterio de Dios que no conoce cambio ni mutación. Vio al Verbo encamado en la tierra sin haber sido arrancado del cielo. Vio a la Virgen que dio a luz sin perder su integridad. Vio el seno más amplio que el cielo. Vio a la madre que no conoció varón ni experimentó los dolores. Vio tomar alimento a aquél que alimentaba a la misma que lo alimentaba a él. Vio en el seno materno a aquél que nunca se separa del seno paterno”.

72)

Maravillas del cuerpo y alma de María

“Nos ha convocado la santa Madre de Dios, la Virgen María, la joya incontaminada de la virginidad, el paraíso según Adán, el lugar de la unión de la naturaleza (divina y humana), de reunión y de cambio salvífico, lugar sagrado; sagrario de las bodas del Verbo con la carne; zarza viviente que el fuego de un parto divino no consumió; nube verdaderamente ligera que llevó unido a un cuerpo, al que se sienta sobre los querubines;

purísimo vellón de la lluvia celeste con la cual el pastor reviste a la oveja.

María, sierva y madre, virgen y cielo. Único puente entre Dios y los hombres. Grande y maravilloso telar de la encamación sobre el que fue tejida de forma inefable la túnica de la unión, cuyo tejedor fue el Espíritu Santo, cuya hilandera fue la virtud oculta de lo alto, cuya lana fue el antiguo vellón de Adán, cuya trama fue la carne incontaminada de la Virgen, cuya lanzadera fue la inmensa gracia de aquel a quien asumió,

cuyo artífice,

por fin,

fue el Verbo, que

entró en

ella por la acogida que prestó a la Palabra”.

73) María es la mujer más grande y única de la historia

“Admiremos hoy a un grupo de mujeres:

aclamemos a Sara, demos honor a Rebeca, admiremos también a Lía, alabemos a Débora. Digamos bienaventurada a Isabel. Veneremos también a María, porque fue madre; ella, sierva, nube, tálamo y arca del Señor. Madre: engendró al que quiso nacer en este mundo. Sierva: confesó la naturaleza, predicó la gracia. Nube: concibió del Espíritu Santo al que parió sin corrupción.

Tálamo: en ella habitó el Verbo de Dios como en una estancia nupcial. Arca: no porque haya contenido la Ley sino porque ha llevado en su seno al legislador. Aclamémosla por tanto diciendo: Bendita entre las mujeres. Tú, la única que has aliviado el dolor de Eva, la única que enjugas las lágrimas del que llora, la única que has traído rescate al mundo,

la única a quien

se

le confió el tesoro de

la perla

preciosa, la única que sin placer de los sentidos quedó encinta y parió sin dolor, la única que engendró al Emanuel según él quiso. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.

21.

San Pedro Crisólogo (+ 450)

Nació por el 380 en Imola, Italia. Se hizo famoso en su tiempo y después por sus sermones que son modelo de elocuencia, de elegancia y de fuerza persuasiva. En el siglo IX se comenzó a darle el título de “Crisólogo” por estas cualidades oratorias. Fue nombrado metropolitano de Rávena cuando tenía unos cincuenta años. Trabajó con celo y acierdo en su populosa ciudad y provincia.

De ios 180 sermones que se conservan de él varios tratan explícitamente sobre la Virgen María, en especial de su Anunciación y Virginidad. Llama a María “Esposa divina”.

74) María, la llena de gracia

“Ave, gratia plena. En estas palabras se contiene la oferta de un don, no un simple saludo. Ave quiere decir: recibe la gracia; pero sobre Ti vendrá la plenitud de la gracia. Dominus tecum: ¿Qué quiere decir con la expresión «el Señor es contigo»? Quiere decir que no viene a hacerle una visita cualquiera, sino que baja hasta Ti por un nuevo y misterioso modo de nacer. Y el ángel, oportunamente añadió: benedicta Tu in mulieribus: puesto que entre las mujeres entre las cuales Eva, maldita, que había colmado de castigos la maternidad; María, bendita, trae la alegría, es honrada y todas las miradas se vuelven a Ella. La mujer que por naturaleza había sido hecha madre de los destinados a la muerte, ahora por la gracia se ha convertido en verdadera Madre de los vivientes”.

75) Bendita María

“Bendita verdaderamente la Virgen, que posee junto con la belleza de la virginidad, la dignidad de madre.

Bendita verdaderamente, porque mereció engendrar al hijo del Altísimo y conservó la corona de la virginidad inmaculada; recibe la gloria de la prole divina permaneciendo intacta como reina de las vírgenes. Bendita verdaderamente porque fue la más grande del cielo, la más fuerte de la tierra, la más grande del universo; la que acogió en su seno a Dios a quien el mundo no puede contener, al que rige el Universo, se convierte en madre de su creador, nutre al que sustenta a todos los vivientes”.

76) Maravillas obradas por Dios en María

“ Virgen, no la naturaleza sino más bien la gracia te hizo madre. El amor quiso que fueras madre ... Con tu concepción, con tu parto creció el pudor. La castidad, la integridad y la virginidad fueron corroboradas. Virgen, si todo ha permanecido intacto ¿qué has dado? ¿Sí Virgen, cómo eres madre? Virgen, aquel gracias al cual todo en ti creció no disminuyó nada en ti. Virgen, tu creador fue concebido por ti; de ti nació la fuente de tu ser; quien trajo la luz al mundo, por ti vino a la luz en el mundo”.

22. San Basilio de Seleucia (+ 459)

Fue obispo de Seleucia, en el Asia Menor, y desde allí trabajó con denuedo por la Iglesia, especialmente en el Concilio de Calcedonia (451). Fue un gran orador ya que han llegado hasta nosotros unos cincuenta sermones en los que se demuestra su gran saber y su elegancia en el decir. Aunque en varios de sus sermones tiene un recuerdo filial de la Virgen María, tiene uno que todo él está dedicado a ensalzar a la Virgen María, haciendo hincapié en su gran dignidad por ser Madre de Dios.

77) María es mayor que todos

“Si Dios ha colmado de gracias a sus buenos servidores, ¿cuáles serán los dones concedidos a su Madre? ¿No serán incomparablemente superiores a los favores concedidos a los servidores? Esto es evidente. Si Pedro ha sido proclamado bienaven­ turado, ¿no llamaremos bienaventurada entre todos a la Virgen que ha dado a luz a aquel a quien Pedro ha confesado? San Pablo es llamado vaso de elección, porque ha llevado el nombre de Cristo por toda la tierra; ¿qué vaso es, pues, la Madre de Dios? ... Oh Virgen Santísima, por más prerrogativas y por más gloria que mi piedad os atribuya, quedaré siempre muy inferior a la verdad”.

78) Saludo y súplica

“Oh Virgen Santísima, el que haya dicho de Vos todo lo que hay de venerable y de glorioso no ha pecado contra la verdad, sino que no ha alcanzado vuestra dignidad. Miradnos desde lo alto del cielo y sednos propicia. Conducidnos ahora en la paz, y después de habernos llevado sin oprobio hasta el día del juicio, hacednos participar en el reposo de los que se sientan a la derecha de Vuestro Hijo; llevadnos al Cielo y hacednos cantar con los ángeles un himno a la Trinidad increada y consustancial. Yo os saludo, llena de gracia, a Vos que habéis sido constituida Mediadora entre Dios y los hombres a fin de derribar el muro de enemistad, y volver a establecer entre el cielo y la tierra la más estrecha unión”.

79) María dialoga con Jesús

“¿Cómo os llamaré?, le decía Ella. ¿Hombre?, pero vuestra concepción es divina. ¿Dios? pero Vos estáis revestido de nuestra carne. ¿Qué haré por Vos? ¿Voy a amamantaros con mi leche o a glorificaros? ¿Os voy a rodear de cuidados como una madre o a adoraros como una sierva? ¿Besaros como a mi hijo o rogaros como a mi Dios? ¿Debo daros leche o incienso?

¡Qué misterio inenarrable! ¡El cielo os sirve de trono y Vos reposáis en mis brazos! Sois por entero de los habitantes de la tierra y no habéis privado al cielo de vuestra presencia”.

  • 23. San León M agno (+ 461)

Nació en Roma y fue papa durante 21 años, desde el 440 hasta el 461. Durante su pontificado se distinguió, sobre todo, por su lucha contra las invasiones de los bárbaros y por la celebración del Concilio ecuménico de Calcedonia (451). Consiguió detener al terror de Atila en las puertas de Roma. Trabajó pastoralmente con encomiosa entrega. Fue un elocuente predicador por la profundidad de doctrina y elegancia de expresión. Algunas de sus composiciones han pasado al misal y breviario romanos. En sus sermones acude con frecuencia al recuerdo de la Virgen María. Sobre todo estudia la figura de la Virgen María cuando trata del misterio de la Encarnación y Navidad.

80) María concibió a Cristo antes en su espíritu que en su cuerpo

“ Nada, en este singular nacimiento, proviene de la concupiscencia camal, nada hay sujeto a la ley del pecado. Es escogida una virgen de 1 a estirpe real de David que, debiendo concebir un fruto sagrado, concibió este

hijo divino y humano antes en su espíritu que en su cuerpo. Y para que, ignorante del designio divino, no se asustase por sus efectos inusitados, supo por las palabras del ángel lo que en ella iba a realizar el Espíritu Santo. Por eso no consideró un daño para su virginidad el llegar a ser madre de Dios. En efecto, ¿por qué habría de desconfiar María ante la novedad de aquella concepción, cuando se le promete que todo será realizado por el poder del Altísimo? Cree María, y su fe se ve corroborada por un milagro ya realizado: la inesperada fecundidad de Isabel, que le es presentada como prueba a fin de que no haya duda de que el mismo que había otorgado a una mujer estéril la facultad de concebir, podía darla también a una virgen. Con razón no trajo detrimento a la integridad de la madre el parto de la salvación, ya que el dar a luz a la Verdad fue salvaguardia de la pureza de la Virgen”.

81) María es Ia vara anunciada por Isaías

El mismo Señor dice por boca de Isaías: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y se lo llamará Emanuel, es decir, Dios con nosotros ”. Y en otro lugar:

«Saldrá una vara del tronco de Jesé y de sus raíces brotará una flor».

¿Quién anunciará a la esposa del primer padre Adán el misterio que ahora se ha realizado? ¿Quién le dirá que precisamente la mujer, antes objeto de condena, haya llegado a ser la que ha acogido al juez en su propio seno y que aquella que había escuchado: Parirás con dolor los hijos (Gn 3, 16) haya sido la que incluso ha llevado en su seno a Aquel que nos hace conocer la liberación del dolor?”.

83) Contrastes entre la Anunciación de María y la hecha a Zacarías

“Pasemos, pues, a explicar las palabras evangélicas. El mismo arcángel es el que lleva la embajada tanto del nacimiento de Juan como de la concepción del Salvador. En el primer caso, sin embargo, es el marido de una mujer estéril el que recibe el anuncio; en el segundo es una virgen la que es informada. El arcángel ya no es enviado al templo, como cuando se trataba de Juan, sino que se dirige al templo vivo que es la Virgen. Allí el sacerdote Zacarías entró para ofrecer perfumes y escuchó del ángel palabras de consuelo, palabras de suave olor; aquí el templo es la Virgen y ya no hay otro templo. El ángel ya no se encamina al encuentro de un gran sacerdote, sino que va hacia la Madre del sumo Sacerdote celeste.

El arcángel descendió allí durante el sacrificio; aquí ya no, porque el que había de nacer abrogaría el culto material. Allí el arcángel se dirige al padre de Juan; aquí, en cambio, no se dirige a José, que no había de ser padre, sino a la Virgen que será madre, sin intervención de padre. Allí estaban Isabel y Zacarías; aquí solamente María. José, en efecto, fue esposo, pero custodió la virginidad de la Virgen. Por eso el arcángel no va a encontrarse con él, sino con la Virgen”.

84)

Isabel ju e la “precursora de María igual que su

hijo lo fue de Jesús

“Considera qué grandes cosas proclamó la madre

de Juan, llena del Espíritu Santo: ¿A qué debo el que venga a mí la Madre de mi Señor? (Le 1, 43).

Ella ve a una virgen y la llama madre, anticipando los acontecimientos con sus palabras proféticas. Aquella que todavía no podía ser llamada madre, pues hacía muy poco tiempo que había concebido, es proclamada madre, a pesar de ser virgen. La mujer estéril vino con esto a ser Precursora de la Virgen, como Juan fue el Precursor del Salvador».

25.

San Santiago de Sarug (+ 521)

Nació por el año 450 cerca de Edesa. Escribió mucho y muy bien en siríaco. Era un inspirado poeta. Fueron célebres sus homilías en verso. Ya al final de su vida fue consagrado obispo trabajando con gran celo. En sus abundantes poesías demuestra un profundo amor hacia la Virgen María que la presenta en sus principales festividades.

85) María es nube, campo, viña, carta ...

“Oh María, bendita entre las mujeres y llena de riqueza ... Virgen pura y madre ... Nube de misericordia que llevas la esperanza a todo el mundo. Por ti se le dio paz a la tierra desolada. Nave de riquezas, por medio de la cual el tesoro del Padre fue enviado sobre la tierra a los pobres y los enriqueció. Campo que ha dado mieses sin el trabajo del arado. Esta mies ha saciado el hambre del mundo entero. Viña intacta que sin ser podada, ha dado racimos, cuyo vino alegra lo creado que estaba triste. Hija de los pobres, madre del único rico, cuyos tesoros caen con profusión ante los mendigos para enriquecerlos.

Carta en la que se escribió el secreto del Padre, que se manifestó al mundo por su carne, para que el mundo fuese renovado. Carta no escrita y que no fue sellada pero la sellaron y ahora la escribirá; ¡Gran maravilla! Porque después de estar sellada, fue escrita místicamente, y sin ser abierta, se pudo leer claramente; fue una carta en la que se escribió el Verbo, y cuando se leyó resplandeció por su anuncio al mundo. Se abajó en la pequeñez, porque podía hacerlo, pero su grandeza no lo abandonó y por eso es honrado”.

26. San Eleuterio (+ 531)

Nació en el año 456 y parece fue el primer obispo de Toumai, que llegará a ser una ciudad muy importante en la época del poderío de los romanos e invasión de los francos. Escribió varias obras entre ellas varios sermones, profesiones de fe y bellas plegarias a la Virgen María.

Murió el 531 y fue enterrado en un hermoso sarcófago que todavía hoy se conserva en la misma catedral de Toumai.

86) María, la elegida por Dios

“¡Oh saludo del ángel lleno de dulzura y de alegría! Diciendo: «Ave, María», presenta a la Virgen el saludo del cielo.

27. San Romano el Cantor (+ ca. 550)

Nació a finales del siglo V en Emesa de Siria. Su fama le vino mientras servía a la Virgen María como sacerdote en una Iglesia dedicada a ella en Constantinopla. Es uno de los más célebres himnógrafos de la antigüedad. Compuso innumerables himnos y muchos de ellos los dedicó a cantar la grandeza de la Virgen María sirviéndose de bellísimas imágenes bíblicas. Es de un gran dramatismo el “diálogo” que presenta entre el Hijo y la Madre en la Pasión de Jesús.

88) Cántico de la Virgen al pie de la Cruz

“A) Venid todos, celebremos a Aquel que fue crucificado por nosotros. María le vio atado en la Cruz. «Tú puedes bien -le dijo Ella- , ser puesto en Cruz y sufrir; pero no por eso eres menos Hijo mío y Dios mío”.

  • B) Como una oveja viendo a su pequeño arrastrado

al matadero María seguía, rota de dolor, y, como las otras mujeres Ella iba llorando:

“¿Dónde vas Tú, Niño mío? ¿Por qué esta marcha tan rápida? ¿Hay aún en Caná alguna otra boda, para que Tú te apresures a convertir el agua en vino? ¿Te seguiré yo, Niño mío? ¿0 mejor es que te espere? Dime una palabra, oh Tú, la Palabra, no me dejes así, en silencio, oh Tú, que me has guardado pura, Hijo mío y Dios mío».

que muero. ¿Por qué lloras, Madre? Di más bien, en tus lágrimas: Es por amor por lo que muere mi Hijo y mi Dios».

  • F) «Procura no encontrar amargo este día en el que

voy a sufrir; para esto es para lo que Yo, que soy la dulzura misma, he bajado del cielo como el maná, no sobre el Sinaí, sino a tu seno, pues en él me he recogido. Según el oráculo de David: Esta «montaña recogida» soy Yo; lo sabe Sión, la ciudad Santa. Yo que siendo el

Verbo en ti me hice carne. En esta carne sufro, y en esta carne muero. Madre, no llores más, di solamente:

«Si Él sufre, es pQrque lo ha querido, Hijo mío y Dios mío».

  • G) Le dijo Ella:

«Tú quieres, Hijo mío, secar las lágrimas de mis

ojos. Mi corazón sólo está turbado; porque no pueden imponer silencio a mis pensamientos, porque, oh

entraña mía, Tú me dices: «Si yo no sufro, no hay salvación para Adán». Y sin embargo: Tú has curado a tantos sin padecer. Para purificar al leproso te fue suficiente querer sin sufrir. Tú sanaste la enfermedad del paralítico, sin el menor esfuerzo. También al ciego le hiciste ver con sólo una palabra, sin sentir nada por esto, oh, la misma Bondad, Hijo mío y Dios mío».

  • H) El que conoce todas las cosas, aun antes de que

existan, respondió a María:

«Tranquilízate, Madre: después de mi salida del sepulcro tú serás la primera en verme; y Yo te enseñaré

28. San Leandro (+ca. 600)

Nació en Cartagena por el año 540 y pronto se trasladó con sus padres a vivir a Sevilla. Aquí se dedicó en especial a formar a sus hermanos que llegarán a ser santos como él: Isidoro y Fulgencio, obispos, y Florentina, virgen. Fue monje entregado a la oración y al estudio pero fue llamado a gobernar la sede episcopal de Sevilla en la que trabajó con todas sus fuerzas por atajar al arrianismo. Aunque se han perdido muchos de sus escritos ha llegado hasta nosotros uno dedicado a su hermana Florentina en el que trata muy bellamente de la Virgen María como “modelo” de todas las virtudes. Estos testimonios que ofrecemos están tomados del libro que escribió a su hermana, la virgen santa Florentina.

91) María, nuestro modelo de vida

“M edita como paloma, purísim a virgen, y reconsidera qué gloria te espera en el futuro, tú que no condescendiste con la carne y sangre ni sometiste tu purísimo cuerpo a la corrupción. Muévete, pues, a pensar, comprende de antemano cómo desea Cristo estrecharte entre sus brazos a ti que hollaste los halagos del mundo. ¡Con qué ansias te está esperando el coro de vírgenes, cómo te contempla cuando subes apresurada a las alturas del cielo por los mismos pasos por los que esa cohorte de vírgenes; llegó hasta Cristo!

Se inunda de gozo a la par María, madre del Señor, cima y modelo de la virginidad, madre de incorrupción, que os engendró con su ejemplo sin perder su integridad, os alumbró con su enseñanza y no conoció el dolor. Concibió al Esposo, y es virgen. Todos los días da a luz nuevas esposas, y es virgen. Dichoso el vientre que pudo engendrar sin perder su integridad. Bienaventurada la fecundidad que con su alumbramiento pobló el mundo, adquirió en herencia los cielos sin despojarse del velo de la virginidad. Ha de arder tu corazón, hermana mía, con el fuego que Cristo envió a la tierra. Inflámete la llama de su fuego y dirige la mirada de tu espíritu a los coros de vírgenes que siguen a María; entra y júntate a la compañía de estos coros con tus deseos. Corre hacia allá, apresúrate a llegar; allí está reservada la corona de justicia con que te recompensará en aquel día el Señor, como justo juez”.

92) María, modelo de modestia y recato

‘‘Recuerda a la que es portaestandarte de la virginidad, florón de vuestra profesión, modelo y guía de las vírgenes, María. En efecto, se ve que ella evitaba la compañía de los varones, por el hecho de que el ángel la halló sola y porque se turbó su espíritu ante el

ángel, tomándolo como un varón de los que se apartaba. Pero ¿por qué tal cosa? Debes ver a qué gloria llega: a ser madre de Cristo por evitar el trato de varones. También tú, si rechazares de tus ojos esas imágenes que seducen el corazón, si te retirares a tu celda en compañía de tus pensamientos, si te apartares del ruido y tumulto del mundo, en el silencio y esperanza estribará tu fortaleza; y hasta diré que atraerás a Cristo a tu corazón, que descansará en tu cámara y gozará de tus abrazos. Entonces podrás decir con el profeta: “Venga la paz y descanse en su aposento” (Is 57, 2). Nuestra paz es, en efecto, Cristo y el lugar de su reposo es un corazón puro”.

93) María, modelo de pobreza

“Pon, pues, tus ojos en la virginidad y pobreza de María, que fue tan rica ante el Señor, que mereció ser madre de Él; y tan pobrecita en bienes, que en su alumbramiento no tuvo la ayuda de una comadrona ni de una sirvienta; y hasta el mismo albergue fue tan estrecho, que se sirvieron del pesebre para cuna.

También José, su

esposo, a la vez que justo, era

pobre, de modo que debía ganar su alimento y vestido con su artesanía, pues se lee que fue herrero”.

29. San Gregorio Magno (+ 604)

Nació en Roma el 540. Fue prefecto de la ciudad pero un día renunció a sus bienes, los entregó a los pobres y abrazó la vida monástica. Fue nuncio del papa Pelagio II en Constantinopla y después, en 590, fue elegido papa. Envió a san Agustín de Canterbury con otros misioneros a evangelizar Gran Bretaña. Fue un elocuente predicador y profundo escritor. Muy importantes fueron hasta toda la Edad Media sus Morales y su Regla pastoral. Escribió bellamente de la Virgen María, en especial cuando lo hacía de Jesucristo.

93 bis) Jesús nació del seno virginal de la Virgen María

“El cuerpo del Señor, estando cerradas las puertas, entró donde se hallaban reunidos los discípulos, del mismo modo que, al nacer, apareció a la vista de los hombres, habiendo salido del seno virginal de su Madre. ¿Por qué ha de causar maravilla que después de la resurrección, siendo ya vencedor para siempre, entrase a través de unas puertas cerradas, si tenemos en cuenta que cuando vino para sufrir la muerte salió de un seno virginal?”.

94) María es el monte donde habita la divinidad

“Con el nombre de este monte se puede designar a la bienaventurada siempre Virgen María Madre de Dios.

Monte, sí, porque con la dignidad de su elección ha superado completamente las alturas de toda criatura elegida. María es monte sublime, pues para llegar a la concepción del Verbo eterno se han elevado sus méritos por encima de los coros angélicos, hasta llegar a las cumbres de la divinidad. Isaías, vaticinando la excelsa dignidad de este monte, dice: “Al final de los tiempos el monte del templo del Señor se elevará sobre la cima de los montes” (Is 2, 2). El monte se ha elevado sobre la cima de los montes, porque la excelsitud de María ha resplandecido por encima de todos los santos. Así como el monte designa la altura, el templo significa la morada. En efecto, es llamada monte y templo aquella que, refulgente por incomparables méritos, preparó para el Unigénito de Dios un santo seno para que en él se alojara”.

  • 30. San M odesto (+ 634) Nació en la segunda mitad del siglo VI. Se le conoce como “San Modesto de Jerusalén” porque en aquella ciudad vivió durante muchos años y fue abad del monasterio de san Teodosio.

Le tocó vivir la destrucción de todos los templos de la santa ciudad por obra de los persas. Pasada la tormenta se dedicó a reconstruirlos. Fue nombrado patriarca de Jerusalén y murió poco después, por el 634. En sus escritos marianos, especialmente trata de la Asunción de María y usa abundantes figuras bíblicas.

95) María, nuestra intercesora ante Dios

“Ave, oh perpetuo y divino auxilio de los que

piadosamente veneran a Dios

Dios te ha tomado

... consigo para que fueses ante El nuestra Intercesora ...

Ave, oh,

refugio de

los mortales ante

Dios. El

decidió tenerte consigo para, por tus ruegos, ser

siempre propicio con la tierra”.

96) María la madre de Cristo asumpta a los cielos

“Salve, santísima Madre del Salvador nuestro Dios, por cuyo medio vino a vivir con nosotros y nosotros con él; él, que te hizo digna de ser celebrada y venerada como verdadera y natural madre de Dios, en la tierra por cuantos te rinden honor, y sobre todo en el cielo con los santos ángeles, como augustísima madre de Dios. Salve, venerable e inmaculada madre de Dios. Aquel que de lo alto de los cielos sin dejar el cielo, se encamó en tu seno como en su patria terrena, él

mismo, Cristo Dios, te hizo digna de ir de esta patria terrena a la patria celeste, que concedió, por tu medio, a los santos que le esperaban. Salve, María, espiritual paraíso espléndido, que has cultivado por obra del Espíritu Santo el fruto de la vida y de la inmortalidad: el que fue engendrado del Padre, Cristo nuestro Dios. Nosotros, partícipes de su vida por la verdadera fe, hemos sido vivificados en él. El, fundó por ti en el paraíso, un tabernáculo, donde vives con tu cuerpo glorificado; por tu mediación, también se nos ha abierto a nosotros la puerta. Salve, o refugio esplendente y adomadísimo. Tú has sido hecha madre de Dios. El género humano, náufrago en el mar de esta vida, se ha salvado en ti; por tu medio ha obtenido los dones de la vida del que te adornó en el tiempo presente y te glorificó por los siglos de los siglos”.

31. San Isidoro de Sevilla (+ 636)

Nació en Sevilla por el año 560 de una familia procedente de Cartagena. Lo educó su hermano san Leandro a quien sucedió en la cátedra episcopal de Sevilla. Gobernó con gran celo y sabiduría su sede durante cuarenta años. Influyó muchísimo en la cultura occidental, en especial por su obra las Etimologías.

Ha sido uno de los más grandes sabios de la historia de España. Hermano también de otros dos santos, San Fulgencio y santa Florentina. Escribió mucho sobre la Virgen María, en especial sobre las profecías realizadas en ella y sobre la etimología de su nombre. Se le puede considerar como el «primer biógrafo de la Virgen María» ya que creemos que nadie como él nos ha regalado con un texto tan completo y tan conciso sobre la Vida de la Virgen María como este:

97) Biografía de María

«María (que significa Señora o iluminadora), de la esclarecida estirpe de David, Vara de Jesé, Huerto cerrado, Fuente sellada, Madre del Señor, Templo de Dios, Sagrario del Espíritu Santo, Virgen santa, Virgen fecunda, Virgen antes del parto, Virgen después del parto, recibió el saludo del ángel y conoció el misterio de la Concepción (Encamación). Inquirió la manera de su alumbramiento y aún en contra de la ley natural creyó y prestó su asentimiento. A la cual el mismo Señor, clavado en la cruz, por la sangre del Testamento encomendó al discípulo virgen, a fin de que la Madre tuviera por compañero en la vida a aquel que, como sabía el Hijo, guardaba fielmente su virginidad. Hay quienes afirman que María murió mártir, fundados en las palabras que el justo Simeón dijera a

la Madre mientras tenía a Cristo en sus brazos: “Y una espada atravesará tu alma”. No está claro si eso lo dijo por una espada material o por la espada de la palabra de Dios, que es más fuerte y aguda que un arma de dos filos. Sin embargo, ninguna historia enseña que María hubiera muerto a golpe de espada alguna, porque ni siquiera se lee nada en ninguna parte sobre su muerte. Si bien, según dicen algunos, su sepulcro se halla en el valle de Josafat».

98) Significado del nombre de María

“María, Iluminadora o estrella del mar, engendró la luz del mundo. En lenguaje sirio María significa Señora y con mucha propiedad, porque ella engendró al Señor”.

99) María es la tierra de la que nace Cristo

“Y no había ningún hombre que trabajase la tierra” (Gn 2, 5), porque ningún hombre se había unido a la Virgen, de la cual nació Cristo. El es, en efecto, la piedra desprendida del monte sin intervención de manos de hombre, es decir: salido del seno virginal sin relación carnal ni semilla humana, como desprendido de la naturaleza humana y de la sustancia de la carne. “Y como fuente brotaba

de la tierra para regar toda la superficie del suelo” (Gn 2, 6). Todos, con razón, interpretan que este suelo es María, la Virgen Madre del Señor, de la cual se ha escrito que “se abriría la tierra y germinaría al Salvador” (Is 45, S). El que ha irrigado esta tierra ha sido el Espíritu Santo que en el Evangelio es designado con los nombres de fuente y de agua”.

32. San Sofronio (+ 638)

Nació en Damasco. Fue monje y después obispo de Jerusalén. Mucho influyó en él el famoso Juan Mosco, cuya obra sobre los monjes publicó después Sofronio. Escribió contra los herejes monotelistas y tiene preciosos himnos litúrgicos y homilías. En su producción mariana fue fecundo y muy brillante. Demuestra su gran amor hacia la Virgen María. Trató en especial sobre la eximia santidad de la Madre de Dios.

100) María, llena de gracia

“No temas, María, pues has hallado gracia delante de Dios, y una gracia tal, que no puede perecer; superior a toda gracia. Has hallado gracia delante de Dios, una gracia que merece ser objeto de todos los deseos, una gracia que jamás disminuye.

Has hallado gracia delante de Dios, una gracia que te salvará, una gracia que ningún ataque podrá vencer, una gracia siempre victoriosa, una gracia que ha de durar para siempre. Ciertamente otros, muchos otros antes que tú, resplandecieron por su eminente santidad. Pero a nadie le fue dada como a ti la plenitud de la gracia. Nadie como tú ha sido elevado a tan excelsa magnificencia; nadie como tú ha sido prevenido con la gracia que purifica; nadie como tú resplandece con luz celestial; nadie como tú ha sido elevado sobre toda grandeza.

101) Eres bendita entre todos

“Bendita entre las mujeres, pues has cambiado la maldición de Eva en bendición; pues has hecho que Adán, que yacía herido por su pecado, por medio de Ti sea bendecido. Verdaderamente bendita Tú eres entre las mujeres, pues por medio de Ti la bendición del Padre ha brillado para los hombres y los ha liberado de la antigua maldición. Verdaderamente Tú eres bendita entre las mujeres, pues, sin concurso de varón, has dado a luz aquel fruto que es bendición para todo el mundo, al que ha redimido de la maldición qué no producía sino espinas.

Bendita entre todas las mujeres, pues has llegado a ser, de verdad, Madre de Dios. Pues lo que nacerá de Ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, y, por lo tanto, con toda justicia y con toda razón, te llamas Madre de Dios, pues de verdad das a luz a Dios. Tú tienes en tu seno al mismo Dios, hecho hombre en tus entrañas, quien, como un esposo, saldrá de Ti para conceder a todos los hombres el gozo y la luz divina. Dios ha puesto en Ti, oh Virgen, su tabernáculo como en un cielo puro y resplandeciente.

102) Alégrate, llena de gracia

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia de Dios, que Tú sola has alcanzado de Dios? ¿O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede compararse a las maravillas que en Ti vemos realizadas; nada hay que iguale la gracia que Tú posees; todo lo demás por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una claridad muy inferior. El Señor está contigo. ¿Y quién es el que puede compartir contigo? Dios nacerá de Ti. ¿Quién, por tanto, no se reconocerá inferior a Ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad?

Por todo ello, contemplando tus prerrogativas tan excelentes, que destacan sobre todas las criaturas, te aclamo con el mayor entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Pues Tú eres la fuente del gozo no sólo para los hombres, sino también para los ángeles del cielo”.

103) María, causa de reconciliación

“Salve, oh causa de nuestra alegría; salve, oh redención de la maldición.

Te entonamos himnos a Ti, por cuyo medio hemos

sido limpiados de las inmundicias

del pecado ...

Tú fuiste la abrogación de la severa condena, causa de la reconciliación del género humano, fuente de unión con el Creador. Salve, madre de la alegría celeste; salve, tú que alimentas en nosotros un gozo sublime;

salve, sede de la alegría que salva; salve, tú que nos ofreces la alegría perenne; salve, místico lugar de la alegría inefable; salve, campo dignísimo de la alegría indecible. Salve, manantial bendito de la alegría infinita; salve, tesoro divino de la alegría sin fin; salve, árbol frondoso de la alegría que da vida; salve, madre de Dios, no desposada; salve, Virgen íntegra después del parto;

salve, espectáculo admirable, más alto que cualquier prodigio. ¿Quién podrá describir tu esplendor? ¿Quién podrá contar tu misterio? ¿Quién será capaz de proclamar tu grandeza?

Tú has adornado la naturaleza humana, tú has

superado a las legiones angélicas

...

toda criatura

,

tú has superado a

, nosotros te aclamamos:

... Salve, llena de gracia”.

104)

Deseos de alegría y esplendor a María

“¿Qué gozo y qué dicha pueden hallarse que no queden superados a gran distancia por el anuncio hecho a la Virgen bienaventurada, la Madre del gozo? ¡Alégrate, oh Madre del gozo sobrenatural! ¡Alégrate, tú que nutres el gozo excelso! ¡Alégrate, oh sede suprema del gozo de la salvación! ¡Alégrate, oh cooperadora del gozo inmortal! ¡Alégrate, oh mística morada del gozo inefable! ¡Alégrate, oh tesoro del gozo eterno, tú que eres portadora de Dios! ¡A légrate, oh frondosísim o árbol del gozo vivificante! ¡Alégrate, oh Madre de Dios, que no has conocido las nupcias! ¡Alégrate, tú que eres la más extraordinaria de todas las maravillas!

¿Quién será capaz de expresar tu esplendor? ¿Quién podrá dar a conocer con palabras tu extraordinaria belleza? ¿Quién se atreverá a proclamar tus grandezas? Tú has otorgado la belleza al género humano.

Tú estás situada por encima de los coros angé­

licos

...

33. San Ildefonso (+ 667)

Este ilustre “capellán y fiel notario” de la Virgen como es conocido por su gran amor a la Virgen María, nació a finales del siglo VI y fue monje de Agali y celoso arzobispo de Toledo. Su fama ha llegado hasta nosotros en especial por su ferviente amor a la Virgen María y por lo mucho y bien que escribió sobre Ella. Escribió un precioso tratado para defender la virginidad perpetua de María ..

Cuenta la leyenda, y asi lo ha inmortalizado el arte, que la Virgen María, como premio a su gran devoción, le regaló una casulla.

105)

humanidad

María es la criatura

más excelsa

de

la

“He aquí que tú eres dichosa entre las mujeres,

íntegra entre las recién paridas, señora entre las doncellas, reina entre las hermanas.

Virgen antes de la venida del Hijo, virgen después de la generación del Hijo, virgen en el nacimiento del Hijo, virgen después de nacido el Hijo ... Por divino obsequio, por divino favor, por colación divina, por divino hallazgo, por don divino, por divino consentimiento, por nueva obra, por eficacia divina, por nuevo modo, por nuevo efecto, por nuevo parto, virgen con la concepción, virgen después de la concepción, virgen durante el parto, virgen en el parto, virgen con el parto, virgen después del parto. Virgen con el que había de nacer, virgen con el que nace, virgen después del nacimiento del Hijo. Llamada esposa y virgen, tomada como esposa y virgen, tenida por esposa y por virgen, con esposo y con descendencia virgen perdurable. Nunca conociste varón, ni contacto carnal, ni abrazo, ni compañía marital. Y entonces ciertamente, entonces sin ninguna duda, con verdad y veracidad eres virgen santa, virgen feliz, gloriosa y buena virgen. Pero después de la generación del Verbo hecho carne, después del nacimiento de Dios hecho hombre, después de la generación de la humanidad en Dios, después del nacimiento del Hombre unido a Dios, eres más santa y santísima virgen, más bienaventurada y muy bienaventurada virgen, más gloriosa y gloriosísima virgen, más noble y nobilísima virgen, más honesta y honestísima virgen, más augusta y augustísima virgen”.

108) Quien engendró al Hijo de Dios no puede engendrar a otros

“¿Que las entrañas de la Virgen, aquella habitación de Dios, aquel palacio esplendente del Rey de las virtudes, brillante por su pudor, aquella mansión de pudorosa carne perteneciente al Emperador de los cielos, aquel lugar glorioso del mismo Dios a quien no son suficientes para contener toda la inmensidad de los espacios, después de la generación de Dios, y después de la natividad del Señor, después de la venida del Salvador, podráse entender que engendrase de un varón carnal descendiente de la perecedera carne? ¿Y de aquel origen y lugar de vida habrían de producirse cuerpos perecederos? ¿De aquel huerto cerrado, que sólo produjo la flor de la virginidad nunca vista, se habrían de producir los setos de espinas maritales? ¿De la fuente virginal del que nace con sello especial de su nacimiento vendría a manar un agua con lodo marital?”.

109) María es virgen y madre a la vez

“Por medio de esta virgen encontraron a Dios los que, mediante la observancia de la ley no pudieron encontrarle.

Por medio de esta virgen vino Dios, y, una vez congregadas las gentes de todas las lenguas, vimos la gloria de su Hijo como la gloria del Unigénito del Padre. Todas las gentes se congregaron en nombre de este Señor en Jerusalén, que es visión de paz; esto es, la Iglesia universal, y ya en lo futuro no caminarán tras las maldades de su corazón. Juró el Señor con juicio de verdad, y he aquí que, al engendrado de tal madre, todas las gentes le bendicen y a El mismo todos juntos le alaban. He aquí que este Dios es nuestra fortaleza”.

¡10) Soy tu hijo y tu esclavo, Madre

“Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu HIJO. Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de

  • mi Señor.

Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi Señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has

sido hecha Madre de mi Hacedor”.

///> Lo que hago al Hijo lo hago a la Madre

“Pues yo, como siervo de Dios, deseo que ella sea

  • mi Señora; para que su Hijo sea mi Señor, me propongo

servirle.

Para probar que soy siervo de Dios, deseo para mí el testimonio del Señor de su Madre; para ser siervo devoto del Hijo del Padre, deseo fielmente el servicio de la Madre. Pues así se refiere al Señor lo que sirve a la esclava, así redunda en honor del Hijo lo que se tributa a la Madre, así alterna en el Hijo lo que se emplea en la Madre, así pasa al rey el honor que se emplea en el servicio de la reina”.

112) María, ayúdame a amar a Jesús

“Yo te ruego, Virgen santa, que hagas que reciba a Jesús gracias al Espíritu Santo, por obra del cual tú has dado a luz a Jesús. Que mi alma posea a Jesús, gracias al Espíritu por el que tú concebiste al mismo Jesús. Que me sea dado conocer a Jesús por el Espíritu que te ha concedido el poseer y dar a luz a Jesús. Que mi bajeza pueda decir, por el Espíritu, las grandezas de Jesús ante quien te reconoces la sierva del Señor, anhelando que suceda en ti según la palabra del ángel. Que yo ame en el Espíritu a Jesús al que tú adoras como a tu Señor, y le miras como a tu hijo. Que yo tenga el temor de Jesús tan verdadera­ mente como El, que siendo Dios, estaba sujeto a sus padres”.

113) Jesús, ayúdame a amar a María

“Haz que yo sirva a tu Madre de modo que me reconozcas Tú mismo por tu servidor; y que Ella sea mi soberana en la tierra de manera que Tú seas mi Señor por la eternidad. Ved con qué impaciencia deseo ser el servidor de esta Soberana, con qué fidelidad me entrego al gozo de su servidumbre; cómo deseo hacerme plenamente el servidor de su voluntad; con qué ardor quiero no sustraerme jamás a su imperio; cuánto quiero no ser nunca arrancado de su servicio; que pueda yo ser admitido a su servicio, y, sirviéndola, merecer sus favores, vivir para siempre bajo su mandato y amarle en la eternidad”.

114) Madre, ayúdame a enderezar mis pasos

“Clementísima Virgen, que con mano piadosa repartes vida a los muertos, salud a los enfermos, luz a los ciegos, solaz a los desesperados y consuelo a los que lloran. Saca de los tesoros de tu misericordia refrigerio para mi ánimo quebrantado, alegría para mi entendimiento y llamas de caridad para mi duro pecho. Sé vida y salud de mi alma, dulzura y paz de mi corazón y suavidad y regocijo de mi espíritu.

Y, pues Tú eres luciente estrella del mar, Madre llena de compasión, endereza mis pasos, defiéndeme de riesgos de enem igos, hasta aquella postrera y suspiradora hora en la cual, asistido de tu auxilio, enriquecido con tu gracia, vencidas las enemistades del infernal dragón, salga de este mundo para los eternos y seguros gozos de la vida bienaventurada. Amén”.

II 5) Mi gran

deseo: servir a Jesús y a María

“Mi mayor deseo es el de ser el servidor de su Hijo, y tener a la Madre por soberana. Para estar bajo el imperio de su Hijo, yo quiero servirla; para ser admitido al servicio de Dios, quiero que la Madre reine sobre mí como testimonio. Para ser el servidor devoto de su propio Hijo, aspiro a llegar a ser el servidor de la Madre. Pues servir a la sierva, es también servir al Señor; lo que se le da a la Madre se refleja sobre el Hijo, yendo desde la Madre a Aquel que Ella ha alimentado, y el Rey ve recaer sobre sí mismo el honor que hace el servidor a la Reina. Bendiciendo con los ángeles, cantando mi alegría junto con las voces de los ángeles, exultando de gozo con los himnos angélicos, regocijándome con las aclamaciones de los ángeles, yo bendigo a mi Soberana, canto mi alegría a la que es la Madre de mi Señor, canto mi gozo con la que es la sierva de su Hijo. Yo me alegro

con la que ha llegado a ser la Madre de mi Creador; don aquella en la que el Verbo se ha hecho carne”.

116) Devotísima plegaria

“Ahora me llego a Ti, la única Virgen y Madre de Dios; caigo de rodillas ante Ti, me humillo ante Ti; te suplico que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me otorgues también consagrarme a Dios y a Ti: ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a Ti. A El como a mi Hacedor, a Ti como a Madre de nuestro Hacedor; a El como Señor de las virtudes, a Ti como esclava del Señor de todas las cosas: a El como a Dios, a Ti como a la Madre de Dios. El, que fue hecho mi Redentor, fue Hijo tuyo. Por eso soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor; porque Tú, mi Señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Te suplico, Virgen santa, que yo reciba a Jesús de aquel Espíritu de quien Tú engendraste a Jesús ... Que ame a Jesús en aquel Espíritu en quien Tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo”.

117) María la elegida de Dios

“Señora mía, dueña y poderosa sobre mí, madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del que creó

el mundo, a ti te ruego, te oro y te pido que tenga el espíritu de tu Señor, que tenga el espíritu de tu Hijo, que tenga el espíritu de mi Redentor, para que yo conozca lo verdadero y digno de ti, para que yo hable lo que es verdadero y digno de ti y para que ame todo lo que sea verdadero y digno de ti. Tú eres la elegida por Dios, recibida por Dios en el cielo, llamada por Dios, próxima a Dios e íntimamente unida a Dios. Tú, visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendita y glorificada por el ángel, atónita en tu pensamiento, estupefacta por la salutación y admirada

por la enunciación de las promesas

...

”.

118) Confianza en María

“Venid conmigo a esta Virgen, no sea que sin Ella vayáis al infierno. Escondámonos bajo el manto de su poder, para no vemos un día cubiertos de confusión”.

119) María debe ser imitada

“La verdadera alabanza del corazón está en la imitación de sus obras ... Imitad a la Virgen Madre y a los Santos que alabéis, porque no tanto les aprovecha a ellos nuestra alabanza cuanto a nosotros la imitación de su vida”.

120) Alabanzas a la Virgen María

“He aquí que Tú eres dichosa entre las mujeres, íntegra entre las madres, señora entre las doncellas, reina entre las hermanas.

He

aquí que

desde

ese

momento

-el

de

la

  • Encarnación- te dicen feliz todas las generaciones ...

Dichosa Tú para mi amor, dichosa Tú para mis predicaciones. Te predicaré cuanto debes ser predicada, te amaré cuanto debes ser amada, te serviré cuanto hay que servir

a tu gloria”.

121)

Quiero ser tu esclavo, Madre

“Deseo para mi reparación hacerme esclavo de la

Madre de mi Jesús. Deseo que Ella sea mi Señora, porque su Hijo sea mi Señor. Me propongo servirle para probarle que soy siervo de Dios. Para ser siervo devoto del Padre deseo fielmente el servicio de la Madre.

Pues

así se refiere

al

Señor lo que

sirve

a

la

Esclava. Así redunda en honor del Hijo lo que se tributa a la

Madre”.

122) Madre indulgente y clemente

“Salve, torrente de misericordia, río de paz y de gracia esplendor de pureza, rocío de los valles, madre de Dios y madre del perdón. Salve, única salvación de tus hijos, trono solemne de la majestad, casa hospitalaria, templo de Cristo, camino para la vida, lirio de castidad. Salve, esposa de Cristo, florecida de amable belleza, humilde sierva. Toda bellísima y digna de veneración, ninguna mujer ha sido ni puede ser semejante a ti. Nosotros te aclamamos como venerable, puro es tu espíritu y sencillo tu corazón, inmaculado tu cuerpo. Tú eres indulgente y clemente, querida de Dios, amada por encima de todos. Quien te saborea, ardientemente te desea y tiene sed de tu santa dulzura, pero siempre queda por debajo su ansia de amarte y alabarte”.

123) Madre, por ti soy fuerte, ayúdame

“Por tu gracia, Virgen santísima, se sueltan mis ligaduras, se me perdonan las deudas y quedan reparados los daños que he causado. El hombre viejo se renueva en mí, se fortifica lo que es débil, se restaura lo que está destruido y lo que es imperfecto, mejora.

126) ¿Quién eres, María?

“Tal como fue escrito, apareces bellísima, y tu cuerpo virginal es todo santo, todo casto, todo domicilio de Dios; por eso también es preciso que sea inmune de resolverse en polvo, sino que debe ser transformado, en cuanto humano, hasta convertirse en incorruptible; y debe ser vivo, gloriosísimo, incólume

y dotado de la plenitud de la vida

...

”.

¡27) Tú que lo eres todo, ampáranos

“Oh Vos completamente casta, totalmente buena y llena de misericordia, Soberana, consuelo de los cristianos, el más seguro refugio de los pecadores, el más ardiente alivio de los afligidos, no nos dejéis como huérfanos privados de vuestro socorro. Si somos abandonados por Vos, ¿dónde nos refugiaremos? ¿Qué nos sucedería, oh santísima Madre de Dios?

Vos sois él espíritu

y

la vida de los cristianos.

Así como la respiración aporta la prueba de que nuestro cuerpo posee todavía su energía viviente, así vuestro santísimo nombre incansablem ente pronunciado por la boca de vuestros servidores, en todo tiempo y lugar y de toda manera, es más que la prueba, es la causa de la vida, de la alegría, del socorro para nosotros.

Protegednos bajo las alas de vuestra bondad. Sed nuestro socorro por vuestras intervenciones. Concedednos la vida eterna, Vos que sois la esperanza incomparable de los cristianos. Pues nosotros somos pobres en las obras y en los modos de actuar de Dios; y al contemplar las riquezas de la misericordia que Vos nos mostráis, podemos decir: «La tierra está llena de la piedad del Señor. Nosotros estábamos alejados de Dios por la multitud de nuestros pecados, pero, gracias a Vos, nosotros hemos buscado a Dios y le hemos encontrado; y por haberle encontrado hemos sido salvados. Poderoso es vuestro socorro para nuestra salvación, Madre de Dios; no se tiene necesidad de otro mediador cerca de Dios».

128) Piropos en su Presentación

“Dios te salve, María, llena de gracia, más santa que los santos, más alta que los cielos, más gloriosa que los querubines, más digna de honor que los serafines, más venerable que todas las criaturas. Salve, oh paloma que nos traes el fruto del olivo y nos anuncias a Aquel por quien somos preservados del diluvio universal y quje es para nosotros el puerto de salvación; tus alas tienen la blancura de la plata, y en su dorso fulgura el oro y los rayos del Espíritu Santo, Espíritu iluminador.

Salve, paraíso de Dios, jardín racional, sumamente agradable, hoy plantado en el Oriente por la mano benigna y omnipotente del mismo Dios, que exhala en honor suyo el olor suave del lirio, y produce la rosa de inalterable belleza para la curación de los que, del lado del Occidente, habían bebido hasta las heces la amargura de una muerte desastrosa y funesta para el alma; paraíso en donde florece, para el conocimiento de la verdad, el árbol de la vida que da la inmortalidad a los que prueban su fruto. Salve, edificio sacrosanto, inmaculado, purísimo palacio de Dios, Rey soberano, adornado en su derredor por la magnificencia de este mismo Rey divino. Este palacio ofrece a todos la hospitalidad, y les conforta con místicas delicias; en su recinto se halla el tálamo del Esposo espiritual, no fabricado por la mano del hombre, y resplandeciente con variedad de ornamentos; allí fue donde el Verbo, cuando quiso llamar a la humanidad extraviada, se unió a la carne, para reconciliar con su Padre a los que habían sido desterrados por causa de su propia voluntad”.

129) Más alabanzas en ese día

“Dios te salve, monte de Dios fértilísimo, en el cual fue alimentado el Cordero lleno de sabiduría que llevó nuestros pecados y dolencias; monte del cual se desprendió, sin ser tocada por mano alguna,

aquella piedra que destrozó las aras de los ídolos, y quedó constituida piedra angular, admirable a nuestros ojos. Dios te salve, trono santo de Dios, altar divino, casa de gloria, ornamento sumamente hermoso, tesoro elegido, propiciatorio de todo el universo, y cielo que publica la gloria de Dios. Dios te salve, urna formada de oro puro, que contiene la dulzura suave de nuestras almas, o sea, a Cristo, el verdadero maná. ¡Oh Virgen purísima y dignísima de toda alabanza y obsequio, templo consagrado a Dios, superior en excelencia a toda criatura, tierra intacta, campo fecundo sin ser cultivado, viña la más florida, fuente que mana agua abundante, Virgen fecunda y Madre sin concurso de hombre, tesoro oculto de inocencia y hermosura toda santa”.

130) Era justa tu Asunción

“Un hijo bien amado desea la presencia de su madre, y su madre, a su vez, aspira a vivir con su hijo. Por eso era justo que Vos subieseis con vuestro hijo, Vos, cuyo corazón quemaba de amor por Dios, el fruto de vuestras entrañas, era justo también que Dios, en el afecto completamente filial que tenía por su Madre, la llamase cerca de El, para que Ella viviese allí en su intimidad.

Así, pues, muerta a las cosas caducas, Vos habéis emigrado hacia los tabernáculos eternos donde Dios tiene su morada, y además, oh Madre de Dios, Vos no abandonaréis ya su dulcísima compañía. Vos habéis sido la casa de carne donde El ha reposado; El os ha atraído hacia sí, libre de toda corrupción; queriendo, si puedo expresarme así, teneros junto a su boca y a su corazón. He aquí por qué todo lo que pedís para vuestros desdichados hijos, Él os lo concede y pone su virtud divina al servicio de vuestras súplicas”.

131) Tu cuerpo, MARIA, no se corrompió

“¿Cómo la muerte habría podido reduciros a polvo y ceniza a Vos, que por la encamación de vuestro Hijo habéis librado al hombre de la corrupción y de la muerte? Vos habéis abandonado la tierra a fin de confirmar la misteriosa realidad de la encamación. Viéndoos emigrar de esta estancia pasajera, y sometida a las leyes fijadas por Dios y la naturaleza, uno es conducido a creer que el Dios que Vos habéis dado a luz es hombre perfecto, Hijo verdadero de una Madre verdadera, y poseyó un cuerpo como el nuestro. Vuestro Hijo, también El, ha gustado una muerte semejante para la salvación del género humano. Pero

El ha rodeado de la gloria su sepulcro vivificante y la tumba, receptáculo de vida, de vuestro sueño. Vuestros dos cuerpos han sido amortajados, pero no han conocido la corrupción”.

132) María, nadie como Tú se interesa por nosotros

“¿Quién, después de vuestro Hijo, se interesa como Vos por el género humano? ¿Quién nos defiende sin cesar en nuestras tribulaciones? ¿Quién nos libra tan rápidamente de las tentaciones que nos asaltan? ¿Quién se puede ocupar más en pedir en favor de los pecadores? ¿Quién toma su defensa para excusarlos en los casos desesperados? En virtud de la cercanía y del poder que vuestra maternidad os ha conseguido de Vuestro Hijo, aunque seamos condenados por nuestros crímenes y no osemos ya mirar hacia las alturas del cielo, Vos nos salváis, por vuestras súplicas e intercesiones, de los suplicios eternos. También el afligido se refugia cerca de Vos. El que ha sufrido la injusticia acude a Vos. El que está lleno de males invoca vuestra asistencia. Todo lo que es vuestro, M adre de Dios, es maravilloso, todo es más grande, todo sobrepasa nuestra razón y nuestro poder. También vuestra protección está por encima del pensamiento”.

133) “María, refugio de pecadores

“Tú que gozas de autoridad materna sobre Dios, alcanza para aquellos que han caído en pecado mortal la poderosa gracia del perdón; porque necesariamente eres escuchada, ya que Dios realizará los deseos de su verdadera e inmaculada Madre en todas las cosas y en todo para todos los hombres ... Si nos abandonas, ¿qué será de nosotros, oh vida de los cristianos?”

134) “Experiencia de la Maternidad espiritual de María

“Es verdad, esta divina M adre ya no está corporalmente con nosotros; pero no está rota toda relación entre Ella y los exiliados de la tierra. Sí, Virgen Santísima, Vos vivís espiritualmente entre nosotros, y la incesante y gran protección con que nos rodeáis es la prueba de esta comunidad de vida. Todos nosotros seguimos vuestra voz, y todas nuestras voces llegan hasta nuestros oídos. Vos nos conocéis para protegemos, y nosotros, por nuestra parte, os reconocemos en los socorros que nos vienen de vuestra mano. No, la muerte no ha interrumpido las relaciones entre Vos y vuestros servidores. Aquellos de los que Vos habéis sido la salvación, no los habéis abandonado, pues vuestra alma está

siempre viva, y vuestra carne no ha sufrido la corrupción del sepulcro. Vos veláis sobre cada uno de nosotros, oh Madre de D ios; nadie escap a a v u estras m iradas compasivas. Nuestros ojos, es cierto, están impedidos de veros oh Virgen Santísima; pero Vos no dejáis de vivir en medio de nosotros, manifestándoos de diferentes

formas a los que juzgáis dignos

,

y, sin embargo,

... vuestro Hijo os ha llamado libre de toda corrupción a

su eterno descanso”.

135) Tu, María, eres la salvación de todos

“Ninguno se salva sino por ti, Virgen santísima. Ninguno se libra de males sino por ti, Virgen purísima. Ninguno recibe gracias de Dios sino por ti, Virgen castísima. Ninguno obtiene misericordia sino por ti, Virgen venerabilísima. ¿Quién, después de tu bendito Hijo, tiene tanto cuidado del linaje humano como Tú? ¿Quién así nos defiende en nuestras tribulaciones? ¿Quién tan pronto nos socorre y nos libra de las tentaciones que nos acosan y persiguen? ¿Quién, con sus piadosos ruegos, intercede por los pecadores y los libra de las penas que por sus pecados merecen?

Por esto recurrimos a ti, Madre purísima y dignísima de toda alabanza y de todo obsequio. Haz que, por medio de tus oraciones, que tanto pueden con el Señor, el pueblo de Dios sea bien gobernado y Tú misma le conduzcas a puerto seguro. Viste a los sacerdotes de justicia y de fe probada, inmaculada y sincera. Sé el muro inexpugnable de este pueblo que te tiene a ti como a torre de refugio y cimiento que la sostiene. Preserva la habitación de Dios y el decoro del templo de todo mal. Libra a cuantos te alaban, da redención a los cautivos, y sé refugio para el peregrino y consuelo para el desamparado. Extiende, por fin, a todo el orbe, tu mano auxiliadora, para que, así como celebramos con alegría tus festividades aquí en la tierra, merezcamos gozar de tu presencia en la gloria. Así sea”.

136)

María auxiliadora

“Es poderoso su auxilio para salvarnos, y tal, que ningún otro intercesor necesita para con D ios- Nadie consigue la salvación si no es por Ella ... Nadie lograra salvarse si no por Ti, oh Virgen santísima. Nadie librase de males sino por Ti. Nadie halla indulgencia sino por Ti, ¡oh Castísima!

A nadie, sino por Ti, ¡oh gloriosísima!, se le concede misericordiosamente el don de la gracia”.

137) Plena confianza en María

“¿Quién, después de tu Hijo, cuida del linaje humano como Tú? ¿Quién tan prontamente nos previene y nos libra de las tentaciones? ¿Quién suplicando lucha tanto en favor de los pecadores?

Tu santísimo nombre, puesto incesantemente en boca de tus siervos y pronunciado en toda ocasión,

lugar y tiempo

...

es

causa de

vida, de

alegría y de

auxilio. Más protección recibimos de tu nombre que deleite de la suavidad de las brisas”.

138) Para mí María lo es todo

“Unico alivio mío, divino solio, refrigerio de mi sequedad, lluvia que desciende de Dios sobre mi árido corazón, lámpara resplandeciente en la oscuridad mi alma, guía de mi camino, sostén de mi debilidad, vestido de mi desnudez, riqueza de mi extrema miseria, remedio de mis incurables heridas, término de mis lágrimas y de mis gemidos, liberación de toda desgracia, alivio en mis dolores, liberación de mi esclavitud esperanza de mi salvación ... Que así sea, Señora mía.

Que así sea, refugio mío, vida mía, ayuda mía, mi protección y mi gloria, esperanza mía y mi fortaleza. Concédeme d isfrutar de los inenarrables e incomprensibles bienes de tu hijo en la patria celeste. Tú posees, y yo lo sé bien, un poder semejante a tu voluntad, porque eres la madre del Altísimo; por eso, me atrevo y confío”.

139) Madre, confiamos en ti que eres todopoderosa

‘Tu ayuda es eficaz, madre de Dios, para conseguir la salvación, y no hay necesidad de las recomendaciones de otros ante Dios. Desde luego, tú eres la verdadera madre de la verdadera vida, tú el fermento para la renovación del hombre, tú, la liberación de la deshonra de Eva ... Nadie obtiene gracias sino a través de ti, que fuiste digna de hospedar en tu seno al propio Dios. Por esto, toda persona afligida recurre a ti y el enfermo a ti se agarra. Aleja de nosotros el desdén y la ira, las tribulaciones y las tentaciones del demonio; desvía las justas amenazas y la sentencia de merecidas condenas, por el amor grande que tienes al pueblo que de tu hijo recibe el hombre. El pueblo cristian o , conociendo su mísera condición, te confía con fe sus plegarias y te ruega que las presentes a Dios.

Espera, más bien está seguro, de que intercedes, y de obtener cuanto suplica, oh toda santa, por la feliz experiencia hecha otras veces, y por la multitud de los beneficios que nos has concedido; suplicándote continuam ente, te obliga a escucharlos con benevolencia. Por eso, ¿quién no te llamará bienaventurada? En cuanto un cristiano está preso de temor y tropieza en una piedra, inmediatamente invoca la tutela de tu nombre ... Estamos llenos de admiración por ti, esperanza inmutable, protección firme, refugio seguro, abogada continuamente alerta, perenne salvación, socorro siem pre pronto, protección com pleta, muro inexpugnable, tesoro de delicias, jardín irreprensible, roca segura, trinchera fortificada por todas partes, torre de ayuda poderosa, puerto para el que ha zozobrado en la tempestad, tranquilidad para el que tiene el espíritu turbado, salvación de los pecadores, refugio de los desesperados, reposo de los desterrados, retomo de los expulsados, reconciliación de los enemigos, condena de los condenados, bendición para los malditos, consuelo del alma trastornada, vigor y vida de la planta abatida y envejecida. Por ti dice la Escritura que nuestros huesos brotarán como la hierba; tú que eres la madre del pastor y del cordero y la mediadora manifiesta de todos los bienes ” ...

140) María, Mediadora universal

“Como la respiración es indicio cierto de vida para nuestro cuerpo, así tu nombre santísimo, proferido incesantemente por los labios de tus siervos, es, no sólo indicio seguro, sino también causa de vida, de alegría y de auxilio ... Protégenos con las alas de tu bondad, sé Tú nuestro auxilio con tus intercesiones, dándonos la vida eterna, oh Tú, que eres la Esperanza de los cristianos, esperanza nunca frustrada. Tu auxilio es poderoso para dar la salvación, oh Madre de Dios. Con sólo la invocación de tu nombre, Tú pones en fuga al enemigo de tus siervos, y los guardas seguros e incólumes”.

141) Madre, Tú eres mi todo

“¡Oh Señora mía! Vos, que sois celestial rocío que me refrigera en mis penas, Vos, que sois la luz de mi alma cuando se halla rodeada de tinieblas. Vos, que sois mi guía en mis viajes, mi fortaleza en mis debilidades, mi tesoro en mi pobreza, mi medicina en mis enfermedades, mi consuelo en mis lágrimas. Vos, que sois la esperanza en mi salvación, oíd mis ruegos, apiadaos de mí cual conviene a la Madre de un Dios que tanto ama a los hombres.

Concédeme cuanto os pido, Vos, que sois nuestra defensa y alegría. Haced que sea digno de gozar con Vos aquella felicidad que gozáis en el cielo”.

35. San Andrés de Creta (+ 740)

Nació en Damasco por el 660 y fue primero monje en Jerusalén, y, después, arzobispo de Gortina, en la isla de Creta, donde desarrolló un fecundo apostolado.

Dicen que de niño era mudo pero al recibir la Eucaristía

se le soltó

la lengua, y en especial la pluma, con la que

escribió tantas maravillas de teología y, sobre todo fue un ardoroso cantor de la Virgen María.

Su mariología está recogida, especialmente, en sus homilías en las festividades de la Virgen María. En ellas, con enardecida elocuencia y gran belleza literaria, expone los principales privilegios de María, en especial la considera como Madre y Señora de cielos y tierra y abogada del pueblos cristiano. La toda santa.

142) ¿Quién es María?

“María es hija de Dios, es una arcilla divinamente moldeada por el artista divino, la materia perfectamente proporcionada para una encamación divina; la levadura con la cual toda la masa del género humano ha entrado en fermentación.

naturaleza recobra en Ella sus antiguos privilegios y es m odelada siguiendo un modelo perfecto y verdaderamente digno de Dios. Y esta formación es una perfecta restauración, y esta restauración, una divinización, y ésta una asimilación al estado primitivo. Hoy la mujer estéril se convierte en Madre contra toda esperanza, y es una madre que engendra una descendencia que no tiene madre, y nacida ella misma de la infecundidad, consagró todos los alumbramientos de la naturaleza. Hoy ha aparecido el brillo de la púrpura divina y la miserable naturaleza humana se ha revestido de la dignidad real. Hoy, según la profecía, ha florecido el cetro de David, la rama siempre verde de Aarón que para nosotros ha producido Cristo, rama de la fuerza. Hoy, dede David ha salido una joven virgen, llevando la marca del reino y del sacerdocio de Aquel que, según la orden de M elquisedec, recibió el sacerdocio de Aarón. Hoy la gracia, purificando el principio místico del divino sacerdocio, ha tejido, a manera de símbolo, el vestido de la simiente levítica, y Dios ha teñido con púrpura real la sangre de David. Por decirlo todo en una palabra: hoy la reforma de nuestra naturaleza comienza, y el mundo envejecido, sometido ahora a una transformación totalmente divina, recibe las primicias de la segunda creación”.

145) María, llena de gracia

“No temas, has encontrado delante de Dios gracia,

la gracia que había perdido Eva

Encontraste la gracia

... que ninguno como Tú encontró jamás ” ...

“El nombre de M aría es dignísim o de toda

veneración ...

Ella es bendita en los cielos y gloriosa

sobre la tierra. Porque toda lengua, glorificándote como Madre de toda vida, te predica con gratitud y devoción. Toda criatura está llena de tu gloria ” ... “Salve, Mediadora de la ley y de la gracia, sello y firma del Viejo y Nuevo Testamento”.

146) Grandeza de la divina maternidad

“El Oriente, levantándose de lo alto sobre nosotros, ha visitado a los que estaban en sombras de muerte. Verdadero Dios, por un nuevo género de concepción y de nacimiento se ha hecho hombre de mi sangre virginal, para renovar la naturaleza y sustituir con una creación siempre nueva el mundo envejecido en su degradación. ¿Cuándo se ha visto en los siglos que pasaron una mujer que llegase a ser Madre de Dios? ¿Cuándo Dios mismo fue llamado hijo de una mujer?

Y ved las maravillas que se han obrado en

mí. A

ellas debo toda mi gloria y todo mi esplendor. Y por eso, todas las generaciones me llamarán justamente

bienaventurada, porque el que es poderoso ha hecho en mí cosas grandes y su nombre es santo. En efecto, ¿qué cosa hay más grande y más gloriosa que ser llamada Madre de Dios y serlo verdaderamente?”.

147) Dichosa Santa Ana por ser la madre de María

“También nosotros ofrezcamos parecidas alabanzas a la que antes era estéril y ahora ha obtenido el ser la madre del tálamo virginal. Digámosle con la Sagrada Escritura: ¡Oh cuán feliz es la casa de David, de la que tú procedes! ¡Oh cuán bienaventurado es tu vientre en el que Dios fabricó el arca de santificación, o sea aquella que le concibió sin mancilla! En verdad eres dichosa y tres veces bienaventurada, tú que has dado a luz a una criatura llena de las divinas bendiciones, que es María, cuyo nombre es digno de toda veneración, de la cual brotó Cristo, la flor de la vida; ella ha tenido un camino glorioso y una maternidad excelsa y sobrenatural. Nos congratulamos contigo, oh muy dichosa Ana, pues has dado a luz a la que es la esperanza de todos nosotros y el cumplimiento de las divinas promesas”.

148) María es el nuevo templo de Dios

“Llegando ya el tiempo de dar cumplimiento a las promesas, mira lo que hizo para llevar a cabo la salvación de nuestra masa:

no trajo desde fuera la herramienta, no reparó el vaso con una sustancia diversa, sino que del mismo barro y, como quien dice, purificando de escorias la misma masa, edificó para sí un templo precioso e inefablemente construido, en el cual Él mismo actuara como único y supremo pontífice y rey, y, realizando sacerdotalmente nuestra reconciliación con el Padre, asumiera nuestra naturaleza, de un modo que trasciende la naturaleza, pero que concuerda con nuestra humana naturaleza”.

149) Figuras de María en el Antiguo Testamento

“Esta mujer elegida es María la Madre de Dios; refugio de todos los cristianos; primera reparación de la primera caída de nuestros primeros padres; retomo a la inocencia para el corrompido género humano; antigua visión misteriosa y espiritual de la zarza de Moisés; vellocino de Gedeón que, al verlo él humedecido desde el cielo por una silenciosa lluvia, lo consideró como un signo para el asunto que llevaba entre manos y le había sido anunciado en el sacrificio; púrpura de David divinamente bordada, que al Dios hecho hombre le proporcionó la carne de David, que asumió como purpúrea vestimenta;

trono de querubines, magnífico, ígneo, sublime, que llevó en el seno al Rey y Señor de los ejércitos; dintel del santuario de los cielos, donde están los serafines que con unas alas cubren su faz, con otras sus pies y con otras vuelan entonando un excelso y sublime cántico y siendo imposible contemplar la magnitud de esta gloria; puerta del cielo, por la cual solamente ha pasado el Señor de los cielos y a nadie ha permitido el paso ni antes ni después del Él”.

150) María así fue saludada por el Ángel

"¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo! (Le 1, 28).

¡Salve, oh procuradora del gozo, por medio de ti

ha desaparecido la sentencia de nuestra ruina y, en su

lugar,

se ha proclamado

el decreto

de nuestra

felicidad!

¡Salve,

verdaderam ente

bendita!

¡Salve y

esclarecida! ¡Salve, magnífico templo de la gloria divina! ¡Salve, palacio sagrado del Rey! ¡Salve, tálamo en que Cristo se desposó con la humana naturaleza! ¡Salve, elegida por Dios desde el principio! ¡Salve, reconciliación de Dios con los hombres! ¡Salve, tesoro de vida inmaculada!

¡Salve cielo altísimo, en que habita la gloria del Sol eterno! ¡Salve, tú que eres la única que has llevado dentro de ti al Dios que es del todo inabarcable! ¡Salve, tierra santa y virginal, de la cual, de un modo inefable, ha sido formado por Dios el nuevo Adán, que salvó al antiguo! ¡Salve, levadura sagrada, destinada por Dios a fermentar de nuevo toda la masa humana, para que, convertida en pan, por el cuerpo de Cristo, alcanzara una maravillosa cohesión! ¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo!, el

mismo que

dijo: Hágase la luz, hágase el firmamento

(Gn I, 3.6) y las demás obras magníficas de su poder creador”.

151) Así fue

el entierro de la Virgen

“ ¡Oh qué gran maravilla! La que de un modo admirable pudo contener, en la pequeñez de su seno, a Dios que es ilimitado en su grandeza, hoy tendida sobre un lecho delimitado y pequeño, al celebrarse sus exequias, es transportada por manos de santos. Aquella cuyo seno sirvió de trono al que se sienta sobre querubines, es depositada en una tumba excavada en la piedra, y la que en su parto causó admiración a los ángeles, hoy es conducida en triunfo por el coro de los apóstoles que transportan este tabernáculo, que es su cuerpo”.

152) María Virgen y Asunta a los cielos

“Ella, siendo virgen, con el milagro de su divina maternidad había superado la naturaleza de los serafines y había entrado en la intimidad de Dios, creador de todas las cosas, y, siendo madre del que es la vida, le correspondió un tránsito en consonancia con dicha maternidad y que es una maravilla de la fe, digna de la divina majestad. Así como, al dar a luz, su seno no perdió la integridad, así también, al morir, no pereció su carne. ¡Oh qué gran maravilla! No aparece la corrupción en su parto, ni tampoco en su sepultura. ¿Queréis que os lo demuestre? Yo, por parte mía, os pido que ninguno de los presentes deje de tomar en consideración el sepulcro vacío. Os pregunto, en efecto: ¿Cómo desapareció el cuerpo de la difunta? ¿Por qué no quedan restos funerarios en el sepulcro?

Ello es debido

a

que

el

cuerpo

enterrado

no

experimentó la corrupción y a que este tesoro fue

cambiado de lugar”.

153) Gloria a María, la Madre del Salvador

“Regocijaos justos,

alegraos cielos; montes,

danzad por el nacimiento de Cristo. La Virgen está sentada como los querubines, llevando entre los

brazos a Dios, Verbo encarnado. Los pastores glorifican al recién nacido, los magos ofrecen presentes al maestro, los ángeles dicen cantando:

Gloria al Señor excelso.

Virgen Theotokos, que has engendrado al Salvador, tú has borrado la maldición de Eva porque has sido madre llevando en el seno, con el beneplácito del Padre, a Dios Verbo encamado. Ese misterio no tolera razonamientos solo con fe, le glorificamos exclamando: Gloria al Señor excelso. Venid, alabemos a la Madre del Salvador, que permaneció virgen incluso después del parto; salve, ciudad animada por Dios rey, en la que habitó Cristo y donde se cumplió nuestra salvación.

Nosotros te alabamos con Gabriel y te glorificamos

con los pastores, diciendo: Oh Theotokos, intercede cerca de aquel a quien has dado la carne para que salve nuestras almas”.

154) Por María, Señor, protege a tu Iglesia

“Virgen, como de la cantera jamás cortada así fue desprendido de ti Cristo, la piedra angular que unió a las naturalezas divididas. Por eso nos regocijamos y te engrandecemos, Theotokos. Venid, recordemos con corazón puro y ánimo sensato a la hija del rey, al esplendor de la Iglesia más brillante que el oro, y ensalcémosla.

Salve, alégrate, esposa del gran rey que reflejas espléndidamente la belleza de tu esposo, y exclama con tu pueblo: ¡Te aclamamos, dador de la vida! Oh Salvador, concede tu celeste ayuda a tu Iglesia, que no reconoce más Dios ni liberador que tú, que nos has dado por ella la vida y que por eso te glorifica. Acepta las súplicas de tu pueblo, Virgen madre de Dios, e intercede sin descanso ante tu Hijo, a fin de que libre a los que te alabamos, de los peligros y tentaciones. Porque tú eres nuestra embajadora y nuestra esperanza”.

  • 36. San Juan Dam asceno (+ 749)

Nació en Damasco, Siria, por el año 675 de noble familia y muy cristiana. A los 30 años abrazó la vida monacal cerca de Jerusalén. Fue ordenado sacerdote y se dedicó a predicar en los principales Santuarios de la región. Escribió profundos tratados teológicos y luchó contra la herejía iconoclasta. Es considerado, con verdadero mérito, como uno de los mejores y más fecundos escritores sobre Mariología. Podíamos multiplicar con facilidad sus preciosos testimonios. Trata sobre todo, la santidad de María desde el momento de su Concepción y su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos.

155) Figuras de María

“La Escala de Jacob

El Verbo, el brazo poderoso del Dios Altísimo, se construyó una escala viviente, cuya base está plantada en tierra y cuya cima se eleva hasta el cielo; sobre ella reposa Dios; ella es la que Jacob contempló en figura; por ella Dios descendió en su inmovilidad, o más bien se inclinó, condescendiente, y así se dejó ver en la tierra y vivió entre los hombres. Porque estos símbolos representan su venida al mundo, su abajamiento misericordioso, su existencia terrena, el verdadero conocimiento de sí mismo dado a los que están en la tierra. La escala espiritual, la Virgen, está plantada en la tierra porque de la tierra procede, pero su cabeza se eleva hasta el cielo. La cabeza de la mujer, en efecto, es el hombre; pero para ella que no conoció varón, Dios Padre tomó el lugar de cabeza suya; por el Espíritu Santo él estableció una alianza y, a modo de semilla divina y espiritual, envió a su Hijo, su Verbo. En virtud del beneplácito del Padre, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, no por una unión natural, sino por el Espíritu Santo y la Virgen María, lo que está por encima de las leyes de la naturaleza. ¡Compréndalo el que pueda! ¡El que tiene oídos para oír, que oiga! ...

El Monte de Dios

María es el monte resplandeciente del Señor, que sobrepasa y trasciende toda colina y toda montaña, es decir, la altura de los ángeles y de los hombres; de ella, sin intervención de mano de hombre, ha querido desprenderse Cristo, la piedra angular. ¡M ontaña de Dios, montaña de abundancia! Montaña opulenta, montaña que Dios se ha dignado elegir por morada. Cima más santa que el Sinaí, a la que no cubren ni nube, ni tiniebla, ni tempestad, ni fuego terrible, sino el brillo luminoso del Espíritu Santo. Allí la Palabra de Dios había escrito la ley sobre tablas de piedra, por el Espíritu, dedo de Dios; aquí, por la acción del Espíritu Santo y por la sangre de María, la Palabra misma se ha encamado y se ha dado a nuestra naturaleza como remedio más eficaz de salvación. Allí, el maná; aquí, el que dio el maná y su dulzura.

El Tabernáculo

Que la morada famosa de Moisés construyó en el desierto con materiales preciosos de toda especie, y antes que ella, la morada de nuestro padre Abraham, se eclipsen ante la morada de Dios, viviente y espiritual. Esta fue la morada no sólo del poder divino, sino de la Persona del Hijo que es Dios, substancialmente presente. Que el arca toda recubierta de oro reconozca que nada tiene comparable con ella, como tampoco la urna

de oro del maná, el candelabro, la mesa y todos los objetos del culto antiguo; ellos fueron honrados porque la prefiguraban, como sombras del verdadero prototipo”.

156) María, la predestinada por Dios

“¡Hija siempre virgen, que pudiste concebir sin intervención humana! Porque el que concebiste tiene un Padre eterno. Hija de la raza humana, que llevaste al creador en tus brazos divinamente maternales. Realmente eres más preciosa que toda la creación, porque de ti sola el Creador recibió las primicias de nuestra naturaleza humana. Su carne fue hecha de tu carne, su sangre, de tu sangre; Dios se alimentó de tu leche, y tus labios tocaron los labios de Dios. ¡Maravillas incomprensibles e inefables! En la presciencia de tu dignidad, el Dios del universo te amó; porque te amó te predestinó y en los últimos tiempos te llamó a la existencia y te hizo madre, para engendrar a un Dios y alimentar a su propio Hijo, su Verbo”.

157) Lugar de María en la Encarnación del Verbo

Elegida desde los tiempos antiguos en virtud de la predestinación y la bondad de Dios Padre -que te engendró fuera del tiempo sin salir de sí mismo y sin

alteración- ella te dio a luz, encamado en su carne en los últimos tiempos, a ti que eres la propiciación y la salvación, la justicia y la redención, la vida que brotó de la vida, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. El Padre la predestinó; luego los profetas, por el Espíritu Santo, la anunciación; el poder santificador del Espíritu la visitó y santificó y, por decirlo así, regó su tierra. Entonces tú, Señor, que eres «la definición y la expresión del Padre», viniste a habitar en ella, sin estar limitado, para llamar la bajeza extrema de nuestra naturaleza a la altura infinita de la incomprensible divinidad. De esta naturaleza humana tú recibiste las primicias de la sangre castísima, purísima e inmaculada de la Virgen santa. Tú te formaste una carne viviente con un alma racional e inteligente, y la hiciste subsistir en ti mismo. Y te convertiste en hombre perfecto, sin renunciar a ser Dios perfecto ni dejar de ser consustancial a tu Padre, pero asumiendo, por tu indecible ternura, nuestra debilidad. Y tú naciste de ella, tú el solo Cristo, el solo Señor, el solo Hijo, al mismo tiempo Dios y hombre. Mediador entre Dios y los hombres, suprimiste el odio y condujiste a tu Padre a aquellos que lo habían abandonado. Renovaste lo que estaba destrozado, cambiaste en incorrupción lo que estaba corrompido.

Del error politeísta libraste a la creación. Hiciste a los hombres hijos de Dios. ¿Cuál fue el instrumento de estos infinitos beneficios que sobrepasan todo pensamiento y toda comprensión? ¿No es acaso la que te dio a luz, la siempre Virgen? ¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios, repito con el Apóstol, qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! ¡Oh inmensidad de la bondad de Dios! i Oh amor que supera toda explicación! Aquél que llama la nada a la existencia, el que llena el cielo y la tierra, aquél cuyo trono es el cielo, y la tierra el estrado de sus pies, se hizo para sí una morada espaciosa en el seno de su propia servidora, y realizó en ella el misterio más nuevo de todos los misterios. Siendo Dios, se hace hombre, y llegado el tiempo de su nacimiento, es dado a luz sobrenaturalmente; abre el seno materno sin menoscabar el sello de su virginidad. Es llevado en brazos humanos como niño pequeño el que es el esplendor de la gloria, la impronta de la sustancia del Padre, el que sostiene todo el universo por la palabra de su boca. ¡Oh maravillas verdaderamente divinas, misterios que superan la naturaleza y la inteligencia! ¡Oh privilegios sobrehumanos de la virginidad! ¿Cuál es, Madre santa y Virgen, este gran misterio en tomo a ti?

Tú eres bendita entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Eres feliz en las generaciones de las generaciones. La única digna de ser llamada feliz. En efecto, todas las generaciones te llaman feliz, como tú lo declaraste. Las hijas de Jerusalén, es decir, de la iglesia, te vieron y proclamaron tu felicidad; las reinas, o sea las almas de los justos, te alabarán por los siglos”

158) María, siempre atenta sólo a Dios

“M ujer enteram ente am able, ¡tres veces bienaventurada!”. Mujer, hija del rey David y Madre de Dios, el rey universal. Obra maestra, divina y viviente en la cual se gozó el Dios Creador, cuyo espíritu, regido por Dios, está atento sólo a Dios, cuyo deseo se dirige solamente a lo que es deseable y amable, que no se enardece sino contra el pecado y contra aquél que lo engendró. Tú tienes una vida superior a la naturaleza; porque no la tienes para ti, ya que tampoco naciste para ti. La tienes para Dios; a causa de él viniste a la vida, a causa de él sirves a la salvación universal, para que se realice por ti el designio antiguo de Dios, que es la encamación del Verbo y nuestra divinización. Tu apetito es alimentarte de las palabras divinas y fortificarte con su savia, como olivo fértil en la casa de Dios, como el árbol plantado junto a las corrientes

de las aguas del Espíritu, como el árbol de vida que dio su fruto en el tiempo señalado: el Dios encamado, vida eterna de todos los seres. Tú conservas todo pensamiento vivificante útil para el alma; pero todo pensamiento superfluo que sería perjudicial para el alma, lo rechazas antes de gustarlo. Tus ojos están siempre dirigidos al Señor mirando la luz eterna e inaccesible. Tus oídos escuchan la palabra divina y se deleitan con la cítara del Espíritu; por ellos entró la Palabra para encarnarse. Tu nariz respira con delicia los perfumes del Esposo que es él mismo un perfume derramado espontánea­ mente para ungir su humanidad: «Tu nombre es un ungüento derramado» dice la Escritura. Tus labios alaban al Señor, y están adheridos a sus labios. Tu lengua y tu paladar disciernen las palabras de Dios y se sacian de la suavidad divina. ¡Corazón puro y sin mancha, que ve y desea al Dios sin mancha!”.

¡59) María, consagrada sólo a Dios

“En este seno el Ser ilimitado ha venido a morar; de su leche, Dios, el Niño Jesús, se ha alimentado. ¡Puerta de Dios, siempre virginal! Tus manos sostienen a Dios, y tus rodillas son un trono más elevado que los

querubines; por ellas fueron fortalecidas las manos debilitadas y las rodillas vacilantes. Tus pies, guiados por la ley de Dios como por una lámpara brillante, corren tras él sin volverse atrás, hasta que hayan atraído al Amado hacia la amada. En todo su ser María es la cámara nupcial del Espíritu, la ciudad del Dios vivo, a la que alegran los canales del río, es decir las olas caudalosas de los carismas del Espíritu; toda hermosa, enteramente cercana a Dios. Porque está por encima de los querubines y se eleva sobre los serafines, mas próxima a Dios que ellos”.

160) María es Templo donde es glorificada la Trinidad

“Maravilla que sobrepasa todas las maravillas; una mujer está colocada más alto que los serafines, porque Dios apareció un poco inferior a los ángeles. Calle el

sabio Salomón, y no diga ya: «No hay nada nuevo bajo el sol’’.

Virgen llena de la gracia divina, templo santo de Dios, que el Salomón según el Espíritu, el príncipe de la paz, construyó y habita; no te embellecen el oro y las piedras inanimadas, sino que, mejor que el oro, el Espíritu es tu esplendor. Por piedras tienes la perla preciosa por excelencia, Cristo, la brasa de la divinidad. Suplícale que toque nuestros labios para que, purificados, le cantemos con el Padre y el Espíritu,

exclamando: «Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los

ejércitos

...

”.

¡Oh Soberana! recibe con agrado la palabra de un siervo pecador pero abrasado de amor, para quien tú eres la única esperanza de alegría, la protectora de la vida y, junto a tu Hijo, la reconciliación y la firme garantía de salvación. Aparta la carga de mis pecados, disipa la nube que oscurece mi espíritu y el peso que me arrastra hacia la materia. Aparta las tentaciones, gobierna felizmente mi vida y condúceme de la mano hasta la felicidad del cielo. Concede al mundo la paz, y a todos los habitantes cristianos de esta ciudad, una alegría perfecta y la salvación eterna, por las oraciones de todo el cuerpo de la Iglesia. Así sea, así sea. «Salve, llena de gracia, el Señor está contigo; tú eres bendita entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesucristo, el Hijo de Dios. A él la gloria, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos infinitos. Amén”.

161) Elogio a la Madre de Dios

“¿Con qué título llamarte, oh Soberana? ¿Con qué palabras saludarte? ¿Con qué alabanzas coronar tu frente sagrada nimbada de gloria?

Tú eres la dispensadora de los bienes, dadora de las riquezas, belleza del género humano, honra de toda la creación, por quien esta creación ha llegado a ser verdaderamente feliz. En efecto, aquél a quien antes no contenía, ahora lo contiene por ti. A aquél sobre quien no tenía la fuerza de fijar su mirada, lo contempla ahora como en un espejo, a cara descubierta. Abre, oh Verbo de Dios, nuestra boca lenta para hablar. Pon en nuestros labios abiertos una palabra llena de gracia. Infunde en nosotros la gracia del Espíritu, que toma elocuentes a humildes pecadores y pon en boca de los letrados, palabras de sabiduría que sobrepasan al hombre, para que nuestra débil voz pueda aunque sea balbucear las grandezas de tu Madre muy amada”.

162) Retrato de María

“Hoy el trono de Jessé ha producido un vástago, sobre el que se extenderá por el mundo una flor divina. Hoy, el que había en otro tiempo hecho subir las aguas al firmamento creado sobre la tierra, de una sustancia terrestre, ha hecho un cielo nuevo; y este cielo es mucho más bello y más divino que el otro, pues de él nacerá el Sol de justicia, Aquel que ha creado el otro sol. ¡Qué de milagros se reúnen en esta niña y qué de alianzas se hacen en Ella! Hija de la esterilidad, Ella

será la virginidad que da a luz. En Ella se consumará la unión de la divinidad con la humanidad, de la impasibilidad con el sufrimiento, de la vida con la muerte, para que todo lo que estaba mal sea vencido por lo bueno. ¡Oh hija de Adán y Madre de Dios! ¡Y todo esto ha sido hecho por mí, Señor! Tan grande era vuestro amor por mí que habéis querido, no asegurar mi salvación gracias a los ángeles o cualquier otra criatura, sino restaurar por Vos mismo lo que Vos mismo habíais creado en el principio. Es por lo que yo me estremezco de alegría y estoy lleno de orgullo y, en mi alegría, me vuelvo hacia la fuente de estas maravillas, y, llevado por las olas de mi alegría, tomaré la cítara del Espíritu para cantar los himnos divinos de este nacimiento ... Hoy, el Creador de todas las cosas, el Verbo de Dios, compone un libro nuevo brotado del corazón de su

Padre, y que escribe por el Espíritu

Santo, que es la

lengua de Dios ... Oh Hija del rey David y Madre de Dios, Rey Universal. Oh divino y viviente objeto, cuya belleza ha encantado al Dios creador. Vos cuya alma está completamente sometida a la acción divina y atenta al único Dios; todos vuestros deseos tendieron hacia Aquel que es el único que merece que se le busque y que es digno de amor. Vos no tenéis cólera más que para el pecado y para su autor. Vos tendréis una vida superior a la naturaleza,

pero no la tendréis para Vos; Vos no habéis sido creada para Vos. Vos os habéis consagrado por entero a Dios que os ha introducido en el mundo, a fin de servir a la salvación del género humano, con el fin de cumplir el designio de Dios, la Encarnación de su Hijo y la deificación del género humano. Vuestro corazón se alimentará de las palabras de Dios: ellas os fecundarán, como el olivo fértil en la casa de Dios, como el árbol plantado al borde de las aguas vivas del Espíritu, como el árbol de la vida, que ha dado su fruto en el tiempo fijado: el Dios encamado, la vida de todas las cosas. Vuestros pensamientos no tendrán otro objeto que lo que aprovecha al alma, y toda idea no solamente perniciosa, sino inútil, Vos la echaréis incluso antes de sentir su sabor. Vuestros ojos estarán siempre vueltos hacia el Señor, hacia la luz eterna inaccesible. Vuestros oídos atentos a las palabras divinas y a los sones del arpa del Espíritu por quien el Verbo ha venido a asumir vuestra carne ... Vuestros labios alabarán al Señor siempre unido a los labios de Dios. Vuestra boca saboreará las palabras y gozará de su divina suavidad. Vuestro purísimo corazón, limpio de toda mancha, verá siempre al Dios de toda pureza, y se quemará en deseos por El.

Vos fuisteis sumisa y dócil a vuestros padres. Vuestra alma era humilde en medio de las más sublimes contemplaciones. Vuestra palabra agradable mostraba la dulzura del alma. ¿Qué morada hubiese sido más digna de Dios? Es ju sto que todas las naciones os proclam en bienaventurada, insigne honor del género humano. Oh Vos, que sois la hija y la dueña de Joaquín y de Ana, acoged la oración de vuestro pobre siervo, que no es más que un pecador y que, sin embargo, os ama ardientemente y os honra, y que quiere encontrar en Vos la única esperanza de su dicha, la guía de su vida, la reconciliación con vuestro Hijo y la garantía cierta de su salvación. Libradme del peso de mis pecados, disipad las tinieblas que rodean mi espíritu, desembarazadme de mi espeso barro, reprimid las tentaciones, gobernad dichosamente mi vida, a fin de que sea conducido por Vos a la felicidad celeste, y conceded la paz al mundo. A todos los fieles de esta ciudad, dadles la alegría perfecta y la salvación eterna, por las oraciones de vuestros padres y de toda la Iglesia”.

163) Laudes mañanas

“Tú eres descanso a los que trabajan, consuelo a los que lloran, medicina a los enfermos, puerto para los que

la tempestad maltrata, perdón para los que pecan, dulce alivio de los tristes, socorro de los que oran ... Tú eres la gloria de los sacerdotes, la esperanza de los cristianos, planta fructuosísima de virginidad, pues por Ti se propagó dilatadamente la honra de la virginidad. Los que te confiesan Madre de Dios son benditos; los que no te confiesan, malditos”

164) ¡Ayúdame, Madre!

“Yo te saludo, oh María, esperanza de los cristianos. Recibe la súplica de un pecador que te ama tiernamente, que te honra de un modo especial, y pone en ti toda la esperanza de su salvación. De ti tengo la vida: me restableces en la gracia de tu Hijo, eres la prenda cierta de mi salvación. Te suplico, pues, me libres del grave peso de mis pecados; disipes las tinieblas de mi entendimiento, aleja de mi corazón los afectos terrenos, reprime las tentaciones de mis enemigos, y dirige mi vida de modo que por tu medio, y teniéndote por guía, pueda llegar a la eterna felicidad del Paraíso”.

1 65) Madre, tu lo eres todo

“¿Qué diremos de Ti, serenísima Virgen, hermosí­ sima entre todas las mujeres? Porque si te llamo sol,

eres más resplandeciente; si rosa, eres más florida; si

azucena, eres más bella; si cinamomo, bálsamo más fragante que todas las especies aromáticas”.

...

eres

166) Signo de predestinación

“Si confío en Ti, oh Madre de Dios, seré salvo. Defendido por Ti nada temeré. Con tu protección y auxilio perseguiré y pondré en fuga a mis enemigos, porque tu devoción es un arma de salvación, que Dios da a aquellos que quiere se salven”.

167) La oración de María es eficaz

“¡Bendita seas tú, María, cuya intercesión no es rechazada ni la oración desoída, pues estás inmediatamente próxima a la Divinidad y más cerca que nadie de la Trinidad santa!”.

168) María, la llena de gracia

“Llena de gracia, en ti se regocija todo lo creado, las legiones de ángeles y el género humano. Templo santificado y paraíso espiritual, honor de las vírgenes. Gracias a ti Dios se encarnó haciéndose niño, él, nuestro Dios desde antes de los siglos. De tu seno hizo un trono y lo convirtió en el más vasto de los cielos.

En ti, llena de gracia, se regocija todo lo creado. Gloria a ti”.

169) María, bellísima rosa entre espinas

“Bellísima y dulcísima niña, lirio que brota de entre las espinas, crecido sobre la regia y fecunda raíz de David, por tu mediación se enriquece la realeza del sacerdocio. Rosa aparecida entre las espinas de los judíos, que llenas el mundo de perfume divino. Hija de Adán, madre de Dios, bendito el seno de donde has salido, benditos los brazos que te llevaron y los labios que disfrutaron tus besos inocentes, los labios de tus padres ... ¡Hoy empieza la salvación del mundo!”

170) María es la criatura más excelsa

“Salve María, dulcísima hija de Ana. El amor me empuja hacia ti. ¿Cómo podré describir tu actitud tan digna? ¿Y tu vestido?, ¿Y la belleza de tu cara? ¿Y la conducta sensata de tu juventud? Tu vestido fue modesto, lejos de la molicie y el lujo, grave tu andar, ni precipitado ni lánguido, serio el comportamiento, alegre por la vivacidad juvenil, máximo el cuidado con los hombres, como indica aquel temor que te sacudió en el inesperado coloquio con el ángel.

Fuiste dulce y respetuosa con tus progenitores, humilde de espíritu en la más alta contemplación; amable hablando como correspondía a tu espíritu afable. En resumen, ¿qué otra cosa había en ti sino la digna permanencia de Dios? Con justicia todas las generaciones te proclaman bienaventurada porque tú eres la gloria del género humano. Tú eres el honor de los sacerdotes, la esperanza de los cristianos, la planta fértil de la virginidad; por ti se difundió por todas partes la belleza de la virginidad. ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”.

171)

Queremos honrarte, Madre María, como te

mereces

“Hoy, también nosotros nos entretenemos con tu presencia, oh soberana. Repito una vez más: soberana Virgen madre de Dios, y juntamos nuestras almas como un ancla soldada e inamovible a ti que eres nuestra esperanza. Te consagramos nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro cuerpo, todo nuestro ser. Queremos honrarte como exige tu dignidad. Si como enseña la palabra sagrada, el honor que se tributa a los siervos es testigo del amor al común señor,

¿podremos nosotros empeñamos en no honrarte a ti, madre de tu Señor? ¿No deberemos empeñamos con todas nuestras fuerzas? ¿No es esto preferible a nuestra misma respiración desde el momento en que nos da la vida? Así demostraremos nuestro amor hacia nuestro Señor. En realidad, para los que honran piadosamente tu memoria les basta el preciosísimo don de tu recuerdo, que se transforma en la más alta expresión de alegría imperecedera. ¿De qué alegría, de qué dones no estará lleno quien ha hecho de su alma la morada de tu sagrado recuerdo?

172) Consagración y oración a María

“Los profetas te celebran, los ángeles te están sometidos, los apóstoles están a tu servicio, el discípulo virgen y oráculo de Dios, te sirve a ti, la siempre virgen y Madre de Dios. Hoy también nosotros estamos en tu presencia, oh Soberana, sí, repito, Soberana, Madre de Dios y Virgen. Adherimos nuestra alma a ti que eres nuestra esperanza, como a un ancla absolutamente firme e infrangibie. Te consagrarnos nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestra persona toda entera. Queremos honrarte con salmos, himnos y cánticos inspirados según nuestras posibilidades, ya que

37.

San Tarasio (+ 806)

Nació en Constantinopla en la segunda mitad del siglo VIII. Fue elegido patriarca de su misma ciudad en cuyo oficio trabajó con ardiente celo por la defensa de la doctrina de la Iglesia. Amó tiernamente a la Virgen María y se conservan algunas de sus homilías sobre ella. Es preciosa la que dedicó a la fiesta de la Presentación de María.

173)

Saludo a María

Ave, oh nube ligera que derramas la lluvia celeste. Ave, oh máximo ministerio de los sacerdotes. Ave, oh invicto refugio de los pecadores. Ave, oh norte de los navegantes. Ave, oh recuperación de los que caen. Ave, oh medicina gratuita de los enfermos. Ave, oh causa de la salvación de todos los mortales. Ave, oh ilustre custodia de los jóvenes. Ave, oh Mediadora de todo lo que hay bajo el cielo.

  • 38. San Teodoro (+ 826)

Nació en Constantinopla el año 759. Fue monje muy influyente hasta el punto de llegar a reunir en tomo a sí a más de mil monjes.

Fue acérrimo defensor de las imágenes y de la ortodoxia. Murió en el exilio el año 826. Ejerció un gran influjo en la literatura mariana de su tiempo y después. Tiene una preciosa homilía sobre la nacimiento de María.

174)

María inaugura el mundo nuevo

“Antes de formar Dios al primer hombre, Dios le había construido el maravilloso palacio de la creación. Al ser colocado en el Paraíso, el hombre se hizo expulsar por su desobediencia y fue con todos sus descendientes víctima de la corrupción. Pero el que es rico en misericordia tuvo piedad de la obra de sus manos, y decidió crear un nuevo cielo, una nueva tierra y un nuevo mar para servir de residencia al Incomprensible, deseando reformar al género humano. ¿Cuál es este mundo nuevo, esta creación nueva? La bienaventurada Virgen es el cielo que muestra el sol de la justicia, la tierra que produce la espiga de vida, el mar que da la perla espiritual ... ¡Qué maravilloso es este mundo! ¡Qué maravillosa es esta creación con su hermoso jardín de virtudes, con las flores olorosas de la virginidad ! ... ¿Qué hay más puro? ¿Qué hay más irreprensible que la Virgen? Dios, luz soberana, ha encontrado en Ella tantas virtudes, que se ha unido a ella substancialmente, por la venida del Espíritu Santo.

María es una tierra en la que no se ha introducido la espina del pecado. Al contrario, ha producido el retoño por el que el pecado ha sido arrancado de raíz. Es una tierra que no ha sido maldita como la primera, fecunda en espinas y cardos, sino que es una tierra sobre la que ha descendido la bendición del Señor, y su fruto es bendito, como dice el oráculo de Dios”.

175) Contemplación de María en la gloria

“Ahora, en posesión de la bienaventurada inmortalidad, alza María hacia Dios, para la salvación del mundo, esas manos suyas que han llevado a D ios- Blanca y pura paloma, elevada en su vuelo hasta las alturas del cielo, no cesa de proteger nuestra baja tierra. Ella nos ha abandonado corporalmente, pero en espíritu está con nosotros; Ella, que ha entrado en los cielos, hace huir a los demonios, y se ha convertido en nuestra mediadora ante Dios. En otro tiempo, la muerte, introducida en el mundo por Eva, dominaba con su fuerte imperio; hoy, al atacar a la bienaventurada hija de una madre culpable, la muerte ha sido expulsada ... Madre, Vos habéis permanecido virgen, porque disteis a luz a Dios. Y es esto lo que hace a vuestra dormición, a vuestra muerte viviente, tan diferente de

Blanca y pura paloma, elevada en su vuelo hasta las alturas del cielo, no cesa de proteger nuestra baja tierra. Ella nos ha abandonado corporalmente, pero en espíritu está con nosotros. Ella, que ha entrado en los cielos, hace huir a los demonios, y se ha convertido en nuestra mediadora ante Dios. En otro tiempo, la muerte, introducida en el mundo por Eva, dominaba con su fuerte imperio; hoy, al atacar a la bienaventurada hija de una madre culpable, la muerte ha sido expulsada ... Madre, Vos habéis permanecido virgen, porque disteis a luz a Dios. Y es esto lo que hace a vuestra dormición, a vuestra muerte viviente, tan diferente de la nuestra. Sólo, y es justo, Vos tenéis la incorrupción del cuerpo además de la del alma”.

178) Súplica a María

“Tú que penetras las nubes y subes al cielo, que entras en el santuario con voz de gozo por las alabanzas, dígnate bendecir, madre de Dios, a toda la tierra. Por tu intercesión, obténnos un clima saludable y templado. Mándanos la lluvia en el tiempo oportuno; modera los vientos; da fertilidad a la tierra; tranquilidad a la

Iglesia; firmeza a la fe; seguridad al Estado; mantén alejados a los bárbaros; protege al pueblo cristiano”.

  • 39. San Teófanes el M arcado (+845)

Nació en la segunda mitad del siglo VIII. Es hermano de San Teodoro. De familia noble y piadosa. Luchó mucho contra los emperadores iconoclastas y por la ortodoxia de la Iglesia, sufriendo muchos tormentos y el exilio donde murió el año 845. Fue arzobispo de Nicea, en cuya sede trabajó con ardiente celo por la fe y buenas costumbres. Escribió preciosos himnos en los que ensalza fervorosamente a la Virgen Mana.

179) Regocijo ante el nacimiento y dormición de María

El misterio escondido antes de todos los siglos, hoy se nos revela, y el hijo de Dios se hace hijo de hombre, a fin de que asumiendo los límites de la humanidad, me dé a mí una naturaleza superior. Adán se engañó, no pudo transformarse en Dios* como pensaba; Dios sin embargo, se vuelve hombre para divinizar a Adán. Por eso, se regocija la creación, danza la tierra, porque un arcángel se ha presentado con reverencia ante la Virgen, y la ha llevado el «salve» en lugar de la tristeza.

Gloria a nuestro Dios que se ha encamado por amor. Venid ángeles a la fiesta, preparémonos para la

danza y para hacer resonar de cánticos la Iglesia, con ocasión del descendimiento del arca de Dios. El cielo hoy abre de par en par su seno para recibir a la que ha engendrado al inmenso. La tierra, al recibir la fuente de la vida, se cubre de bendición y de belleza. Los ángeles forman un coro con los apóstoles y miran con reverencia a la madre de rey de la vida, que pasa de una vida a otra. Postrémonos todos delante de ella y roguemos:

Reina, no olvides a quien está unido a ti por parentesco y festeja con fe tu santa dormición”.

  • 40. San Pedro Dam ián(+ 1072)

Nació en Rávena en 1007 y de muy joven abrazó la vida monástica. El papa Esteban IX lo creó cardenal y obispo de Ostia. Se dedicó especialmente a la reforma del clero. Escribió mucho sobre la Virgen María, especialmente se distinguió por la belleza y profundidad de sus himnos.

180) Grandeza de María, Madre de Dios

“Virgen Madre de Dios, cuya hermosura admiran el sol y la luna.

Ayúdanos, pues, a fin de que podamos verte en el Paraíso, ya que la mayor gloria a la que podemos aspirar consiste en verte después de Dios, en amarte y en estar bajo tu protección. Oyenos, Señora, ya que tu Hijo quiere honrarte concediéndote todo cuanto le pidas”.

183) María y la Eucaristía

Pensad cómo somos deudores de la bienaventurada Madre de Dios, y qué de acciones de gracias le debemos rendir, después de a Dios, por tan gran beneficio. Pues este cueipo de Cristo que Ella engendró y llevó en su seno, que envolvió en pañales, que alimentó con su leche con una solicitud materna, es el mismo Cuerpo que recibimos en el altar; es su Sangre la que bebemos en el Sacramento de nuestra redención. Esto es lo que sostiene la fe católica, y lo que enseña la Santa Iglesia. No, no hay palabras humanas que sean capaces de alabar dignamente a Aquella de quien tomó su carne el Mediador entre Dios y los hombres. Cualquier honor que pudiésemos dar, está por debajo de sus méritos, ya que Ella nos ha preparado en su casto seno la Carne inmaculada que alimenta nuestras almas. Eva comió un fruto que nos privó del eterno festín; María nos presenta otro que nos abre la puerta del banquete celestial.

184) Omnipotencia e intercesión de María

Virgen bendita, Virgen más que bendita, deteneos en nombre de vuestra naturaleza. ¿Acaso vuestra elevación os ha hecho olvidar vuestra humanidad? No, mi Soberana. Vos sabéis bien entre qué de peligros nos habéis dejado, y cuántas son las infidelidades de vuestros servidores; no estaría de acuerdo tan gran misericordia, con el olvido de tan espantosa miseria. Si vuestra gloria os separa, que la naturaleza os

llame

Vos no sois tan impasible que no podáis

... compadeceros. Tenéis nuestra naturaleza y no otra. Deteneos, en segundo lugar, en nombre de vuestro poder. Porque el Poderoso ha hecho en Vos grandes

cosas; todo poder os ha sido dado sobre el cielo y sobre la tierra. ¿Puede oponerse a vuestro poder el poder divino que ha recibido de vuestra carne la carne que le ha hecho hombre? Vos avanzáis hacia el altar de la reconciliación, no sólo con oraciones, sino con órdenes, soberana más que sierva (non solum rogans sed imperans, domina non ancilla).

En tercer lugar, deteneos en nombre de vuestro amor. Yo sé, mi divina M aestra, que sois muy bondadosa y nos amáis con un amor invencible, porque vuestro Hijo y vuestro Dios nos ha querido en Vos y por Vos con un amor sin límites.

185) Grandeza de María

¡Oh maravilla!: ¡Yo contemplo a María!. ¡A qué altura sublime la veo! Nada hay igual a María; nada, si no es Dios, es mayor que Ella. Dios ha dado a María su mismo Hijo, que, único, igual a El, engendra de su corazón, como amándose a sí mismo. De María El se ha hecho un Hijo, no otro, sino El mismo, de tal manera que, por naturaleza, El fue único y El mismo, Hijo común de Dios y María. Toda la naturaleza ha sido creada por Dios y Dios ha nacido de María. Dios ha creado todo y María ha tenido a Dios. Dios, que ha hecho todas las cosas, se ha hecho a El mismo de María; y así ha rehecho todo lo que había hecho. El, que ha podido hacer todas las cosas de la nada, no ha querido rehacer sin María lo que había sido manchado. Dios es, pues, el Padre de las cosas creadas y María la Madre de las cosas «recreadas». Dios es el Padre que ha construido todas las cosas y María la Madre que ha reconstruido todo. Dios ha engendrado a Aquel por quien todo ha sido hecho; y María ha tenido a Aquel por quien todo ha sido salvado. Dios ha engendrado a Aquel sin quien nada existiría de ninguna forma y María ha tenido a Aquel sin quien nada estaría bien.

¡Verdaderamente el Señor está con Vos, pues El ha hecho que toda criatura os deba tanto!

186) Confianza en María

¡Oh mujer admirable, única, por la que han sido renovados los elementos, curados los enfermos, pisoteados los demonios, salvados los hombres, reemplazados los ángeles malos! ¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia! Con lo sobrante de esa plenitud, inundas todas las criaturas para darlas vigor. ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo! Por fu bendición toda criatura queda bendecida, no solamente la creación por el Creador, sino éste a su vez por la criatura. ¡Oh tú, que has sido elevada por encima de todo!, el ardor de mi alma intenta subir hasta ti; ¿dónde escaparás a la mirada aguda de mi espíritu? ¡Oh tú, hermosa a la vista, amable de contemplar, deleitosa para amar!, ¿cómo sobrepasarás la capacidad de mi alma? Espera, ¡oh Señora!, a mi alma enferma, que quiere seguirte. No te ocultes, ¡oh Señora! a esta alma que ve tan poco y que te busca. Ten piedad, ¡oh Señora!, de un alma que languidece y suspira tras de ti.

187) Grandeza y belleza de María

Sois la causa de la reconciliación general, el vaso y el templo de la vida y de la salvación para el universo; porque yo reduzco demasiado vuestros méritos cuando restrinjo vuestros beneficios a lo que habéis realizado para mí solo, hombre vil, ya que el mundo que os ama, se regocija de vuestros beneficios, y en su alegría proclama lo que habéis hecho por él. Pues sois, oh Señora, por vuestra fecundidad en obras de salvación, digna de veneración por vuestra inapreciable santidad; habéis mostrado al mundo a su Señor y a su Dios, al que no conocía; habéis mostrado al mundo al restaurador del cual tenía necesidad; habéis engendrado para el mundo al reconciliador, que no tenía todavía. Por vuestra fecundidad, oh Señora, el mundo pecador ha sido justificado; estaba condenado, y ha

sido

salvado; estaba exiliado y ha sido

vuelto

a

su

patria. Vuestro alumbramiento, oh Señora, ha rescatado al mundo cautivo; ha curado al mundo enfermo, y ha resucitado al mundo muerto. El cielo y las estrellas, la tierra y los ríos, el día y la noche, y todas las cosas sometidas al poder de los hombres, se felicitan de haber perdido la gloria, porque, oh Señora, una nueva gracia inefable, resucitada en alguna forma por Vos, les ha sido conferida.

concedas tu misericordia, que permanezca conmigo; haz que tu amor esté siempre en mí, y tú ten siempre cuidado de mí. Haz que el grito de mis necesidades, mientras perduren, te siga por doquiera, que tus miradas de bondad, mientras yo viva, me acompañen, haz que la alegría que experimento de tu bienaventuranza permanezca siempre en mí y que tu compasión por mi miseria me siga por doquiera siempre que ló necesite. ¡Oh bienaventurada!, si es necesario que todo el que se aparta de ti, o es despreciado por ti, se pierda, de igual modo todo el que se acerca a ti, o es mirado por ti con ojo favorable, es imposible que perezca. ¡Oh Señora! así como Dios ha engendrado a aquel en quien viven todas las cosas, así tú, flor de la virginidad, has dado a luz a aquel por quien los muertos resucitan. Así como Dios por su Hijo ha preservado a los Angeles bienaventurados del pecado, así tú, vaso de pureza, salvarás por tu Hijo a los hombres hechos desgraciados por el pecado. Así como el Hijo de Dios es la felicidad de los justos, así tú, fecunda en frutos de salvación, tienes un Hijo que reconcilia a los pecadores. No hay otra reconciliación que la que tu castidad ha concebido; no hay justificación sino la que tú, ¡oh Virgen!, has alimentado en tu seno; no hay salvación más que en aquel que, siempre virgen, has dado a luz.

¡Oh Señora!, eres, pues, la madre de la justificación y de los ju stificad o s, la engendradora de la reconciliación y de los reconciliados, la madre de la salvación y de los salvados. ¡Oh feliz confianza, oh seguro refugio! La madre de aquel en quien únicamente esperamos y al que únicamente tememos, es nuestra madre; la madre de aquel, digo, que es el único que salva o condena, es nuestra madre”.

191) Bien que María ha hecho al universo

“Tú eres la corte de la propiciación universal, la causa de la reconciliación general, el vaso y el templo de la vida y de la salvación para el universo, pero estrech o dem asiado tus m éritos cuando restrinjo tus beneficios a lo que has realizado por mí solo, hombre vil, cuando el mundo, que te ama, se alegra de tus beneficios y en su alegría proclama lo que hiciste por él. Porque eres, ¡oh Señora!, admirable por una virginidad excepcional, amable por tu fecundidad en obras de salvación, digna de veneración por tu inapreciable santidad. Has mostrado al mundo su Señor y su Dios, que no conocía. Has mostrado al mundo visible su Creador, a quien aún no había visto.

Has dado a luz para el mundo al restaurador de quien tenía necesidad, perdido como estaba, al reconciliador, que culpable aun no tenía. Por tu fecundidad, ¡oh Señora!, el mundo pecador ha sido justificado; condenado, ha sido salvado; desterrado, fue repatriado. Tu parto, ¡oh Señora!, ha rescatado al mundo cautivo; enfermo, ha sido curado, y muerto, ha sido resucitado”.

192) Confianza en Jesús y en María

“A Ti, por tanto, ¡oh Madre! iluminadora de mi

mente

A Ti te imploran cuanto les es posible todas

... las fibras de mi corazón ... Que sobre todas las cosas, después de tu Hijo, Señor y Dios mío, y de todos los hombres, mi corazón te conozca y te venere, te ame y te suplique, no con el amor imperfecto con que yo lo deseo, sino con el que te debo, habiendo sido creado, salvado, redimido y resucitado por tu Hijo. Ciertamente, ¡oh Jesús!, Hijo de Dios, y Tú, ¡oh María!, Madre suya, que deseáis y es justo, que todo lo que vosotros amáis sea amado por nosotros. Por tanto, ¡oh Jesús!, Hijo bueno, yo te pido, por el amor con que amas a tu Madre, que, como Tú la amas y quieres que con verdad sea amada, me concedas a mí que yo también verdaderamente la ame.

¡Oh buena Madre!, te ruego que, por el amor con que amas a tu Hijo, como Tú sabes amar y quieres que sea amado, me alcances que yo verdaderamente le ame. Que mi mente os venere como merecéis, que os ame mi corazón como es justo, y mi alma como a ella le conviene; que mi carne os sirva como debe, y en vuestro amor y servicio se consuma mi vida, para que todo mi ser os glorifique por toda la eternidad”.

193) Intercede por nosotros

“Oh María, María la grande, la más grande de las Bienaventuradas, María, más grande que todas las mujeres. Oh gran Señora, mi corazón quiere amaros, mi boca alabaros, mi espíritu veneraros, mi alma suplicaros:

todo mi ser se encomienda a vuestra protección. Oh corazón de mi alma, esfuérzate, y tú, lo más profundo e íntimo de mí mismo, tanto como puedas, si puedes, esfuérzate en alabar sus méritos, amar su bondad, adm irar su elevación, im plorar su benevolencia, pues tengo necesidad cada día de su protección; al tener necesidad lo deseo; mi deseo suplica; mis súplicas obtendrán, si no según mi deseo, sí más que mis méritos. Oh Reina de los ángeles, Soberana del mundo, Madre que purifica el mundo, confieso que mi corazón está demasiado sucio para que no me avergüence al

miraros a Vos, que sois la misma Pureza, Madre del que ha salvado mi alma. Mi corazón entero os reza con todas sus fuerzas:

Acogedme, Señora mía, sedme propicia, ayudadme con vuestro inmenso poder, para que sean purificadas las manchas de mi alma, y para que mis tinieblas reciban la luz, y mi tibieza se inflame, y despierte del sopor, y espere ese día en el que vuestra bienaventurada santidad (que supera a toda otra, a excepción de vuestro Hijo, dominador de todas las cosas) será exaltada, a causa de vuestro Hijo omnipotente y glorioso, y para la bendición de vuestros hijos de la tierra. Haced que por encima de todo (a excepción de mi Maestro y mi Dios, Dios de todas las cosas, vuestro Hijo), mi corazón os conozca y os admire, os ame y os implore, no con el ardor de un ser imperfecto que no tiene más que deseos, sino con la fuerza del que se da cuenta de lo que es y que sabe que ha sido hecho y salvado, rescatado y resucitado por vuestro Hijo”.

194) Sé nuestra salvación

“Socórrenos, oh piadosísima Señora, sin atender a la multitud de nuestros pecados. Considera que nuestro Creador ha tomado carne humana en ti, no para condenar a los pecadores, sino para salvarlos. Si no hubieses sido elegida por Madre de Dios, mas que en tu beneficio, entonces podría decirse que poco

te importa que nos salvemos o condenemos; mas no, que si Dios se revistió de tu carne, lo hizo no menos por tu salvación que por la de todos los hombres. ¿De qué nos servirían tu poder y tu gloria, si no nos hicieses partícipes de tu felicidad? Ayúdanos y protégenos; pues no ignoras cuánto necesitamos de tu auxilio. A ti nos encomendamos; haz que no nos condenemos sino que sirvamos y amemos eternamente a tu Hijo Jesucristo”.

195) Amor y confianza en Jesús y María

“¡Oh Señor, hijo de mi Señora! ¡Oh Señora, madre de mi Señor!, si yo no soy digno de entregarme a la felicidad de vuestro, amor, vosotros por lo menos no sois indignos, vosotros que debéis ser amados más aún. ¡Oh benignísimos!, no me rehuséis aquello de que yo me declaro indigno, a fin de no quitaros a vosotros mismos aquello de que no podemos deciros indignos. Por lo cual conceded, ¡oh bondadosísimos!, a mi alma suplicante, vuestro amor en cuanto merecéis, no a causa de mis méritos, sino en consideración de los vuestros. Concedédmelo a mí, que soy indigno, a fin de que vuelva a vosotros, que sois dignos; pues si no consentís en que yo tenga lo que deseo, por lo menos no lo rehuséis, a fin de que pueda lo que os debo”.

196) Gran confianza en María

“¡Oh María, tiernamente poderosa, poderosamente tierna, de la que ha salido la fuente de las m isericordias!, no detengas, te suplico, esa misericordia tan verdadera, allí donde reconoces tan verdadera miseria. Porque si yo, por mi parte, me siento confundido por la torpeza de mis iniquidades frente a tu santidad deslumbradora, tú, por lo menos, ¡oh Señora mía!, no tienes que avergonzarte de tus sentimientos misericordiosos, tan naturales con un desgraciado. Si yo confieso mi iniquidad, ¿me rehusarás tu benevolencia? Si mi miseria es mayor de lo que debía ser, ¿tu misericordia será menos de lo que conviene? ¡Oh Señora mía!, tanto más indignas son mis faltas ante la presencia de Dios y la tuya, tanto más necesidad tienen de ser curadas gracias a tu intervención. Cura, pues, ¡oh muy clemente!, mi debilidad, borra esta fealdad que os ofende: quítame, ¡oh muy benigna!, esta enfermedad, y no sentirás esa infección que tanto te repugna. Haz, ¡oh muy dulce!, que no tenga más remor­ dimientos, y no habrá nada que pueda desagradar a tu pureza. Hazlo así, ¡oh Señora mía!, escúchame. Cura el alma del pecador tu servidor, por la virtud del fruto bendito de tu seno, de aquel que está sentado a la diestra de su Padre el Todopoderoso, digno de alabanza y de gloria por encima de todo y por todos los siglos”.

¡98) Poder de María

“María es la absolución de los pecadores; el arca de la universal propiciación, la mujer maravillosamente singular y singularmente maravillosa por la cual se renuevan los elementos, quedan remediados los inflemos y los hombres salvados y los ángeles reintegrados. La mujer llena y superllena de gracia, que con la abundancia de su plenitud exhuberante reverdece a toda criatura. El templo de la vida y de la salud de todos. La Virgen nueva e incorrupta que expía el pecado de la Virgen antigua. El Sagrario de todas las virtudes”.

199) Súplica al Hijo y a la Madre

“¡Oh dulce Maestro!, perdona al servidor de tu dulce Madre. ¡Oh dulce Señora!, perdona al servidor de tu Hijo. ¡Oh buen Hijo!, apacigua a tu Madre en favor de tu servidor. ¡Oh buena Madre!, reconcilia a tu servidor con tu Hijo. Yo, que me arrojo entre dos bondades tan inmensas, no caeré en dos severidades omnipotentes. ¡Oh buen Hijo, oh buena Madre!, que no en vano confiese yo esta verdad con respecto a vosotros, que

no tenga que sufrir de haber esperado de vosotros esta bondad. Porque amo esa verdad que confieso acerca de vosotros e imploro esa dulzura que espero encontrar en vosotros”.

200) Oración de plena confianza

“No se pueden contar, Reina clementísima, los que, habiendo invocado tu nombre, han conseguido la eterna salvación; ¿y quieres que, invocándote yo, sea defraudado en mis esperanzas? Tal vez no oyes mis clamores por mi gran maldad; pero aún así, no dejaré de llamarte, de decirte con toda mi alma; Pues eres tan noble y benigna, da oídos a quien humildemente llama a tus puertas y no le desatiendas en sus esperanzas, ni le abandones en su tribulación, ni le dejes sin una palabra de perdón en medio de su pecado. Sana con tus celestiales medicinas las profundas heridas en mi alma abiertas, desátame de los camales lazos que me aprisionan en la tierra y abrígame siquiera con un jirón del espléndido manto de tu gloria. Amén”.

201) María, refugio del pecador

“¡Oh Virgen, digna de la veneración del mundo, Madre digna de ser amada del género humano, mujer digna de la admiración de los ángeles!

¡Oh M aría santísim a, cuya bienaventurada virginidad consagra toda castidad, cuyo parto glorioso salva toda fecundidad! ¡Oh gran Señora, a la que da gracias la alegre asamblea de los justos y junto a la cual se refugia la muchedumbre atemorizada de los culpables! Hacia ti, ¡oh Señora muy piadosa y misericordiosa!, hacia ti yo pecador, muy pecador por desgracia, corro buscando refugio”.

42. San Bernardo (+ 1153)

Nació de familia muy cristiana y noble en Fontaines-Dijón, en 1091. Sus padres y sus seis hermanos fueron santos. El lili abrazó la vida religiosa. Fundó muchos monasterios, predicó cruzadas, obró singulares milagros, escribió preciosas obras y amó tiernamente a Jesús y a María. Bien se le ha podido llamar el "Doctor Mariano y Melifluo

Su producción mariana es riquísima y tiene tratados muy bellos sobre la Virgen María, a quien le gusta llamar

"Nuestra Señora

Habría que traer aquí muchas de sus inigualables páginas marianas y su libro entero que tituló como este que tienes en tus manos: Alabanzas a la Virgen, pero nos limitamos a ofrecer unos párrafos de su maravillosa y copiosa producción mariológica.

singularmente. Es tan singular, por cuanto tú sola hallaste esta plenitud; es general, porque de esa plenitud reciben todos. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Sin duda alguna El es el fruto bendito de tu seno virginal, ¡oh María!, pero por tu medio ha venido a las almas de todos. Así, ciertamente, así en otro tiempo todo el rocío estuvo en el vellocino y todo en la era, pero en ninguna parte de la era todo como en el vellocino. En ti sola aquel Rey rico y riquísimo se abatió; el excelso se humilló; el inmenso se abrevió y se hizo como algo menor que los ángeles; encamó en ti el verdadero Dios e Hijo de Dios. Pero ¿con qué intento? Sin duda con el fin de que con su pobreza fuéramos todos enriquecidos, con su humildad ensalzados, con su abatimiento engrandecidos, y juntándonos a Dios por su encamación comenzáramos a ser un mismo espíritu con El”.

203) Madre y Virgen

“No tengas por sospechosa, Virgen prudentísima, la fecundidad; porque no disminuirá tu integridad. Concebirás, pero sin pecado; estarás embarazada, pero no cargada; darás a luz, pero no con tristeza; no conocerás varón y engendrarás un hijo. ¿Qué hijo? De aquel mismo serás Madre de quien Dios es Padre. El hijo de la caridad Paterna será la

corona de tu castidad; la sabiduría del corazón del Padre será el fruto de tu virgíneo seno; a Dios, en fin, darás a luz Y concebirás de Dios. Ten, pues, ánimo, Virgen fecunda, madre intacta, porque no serás maldecida jamás en Israel ni contada entre las estériles. Y si con todo eso el Israel camal te maldice, no porque te mire estéril, sino porque sienta que seas fecunda. Acuérdate que Cristo también sufrió la maldición; el mismo que a ti que eres su madre, bendijo en los cielos; pero aún en la tierra igualmente eres bendecida por el ángel, y por todas las generaciones de la tierra eres llamada, con razón, bienaventurada. Bendita, pues, eres tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.

204) Con el “hágase” de María nos vinieron todos los bienes

“El ángel espera vuestra respuesta; es ya tiempo de que vuelva hacia Dios, que lo ha enviado. Nosotros esperamos, también, oh nuestra Soberana, la palabra de misericordia, nosotros los miserables sobre quienes pesa una sentencia de condenación He aquí que se pone en vuestras manos el precio de nuestra salvación. Aceptad, y seremos librados. Todos somos la Obra del Verbo eterno de Dios y debemos

morir, pero decid una palabra y seremos restablecidos a la vida. Esta es la súplica que os dirige, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del cielo con toda su desgraciada estirpe; es la súplica de Abraham y la súplica de David. Es la plegaria urgente de todos los santos Patriarcas, vuestros padres, que habitan también en la región cubierta por las sombras de la muerte. Es la espera del universo entero postrado a vuestros pies. De la respuesta que saldrá de vuestros labios depende el consuelo de los desdichados, la redención de los cautivos, la liberación de los condenados, la salvación de todos los hijos de Adán y de su linaje. Oh Virgen, apresuraos en damos esta respuesta. Oh nuestra Soberana, di la palabra que esperan la tierra, el infierno y los cielos. El Rey y Señor de todas las cosas espera El mismo, con tanto ardor como ha deseado vuestra hermosura, vuestro consentimiento que ha puesto como condición para la salvación del mundo. Hasta aquí vuestro silencio le ha agradado, desde este momento vuestra palabra le agradará más todavía; ¿no oís que os habla desde el cielo: «Oh, tú, bella entre las mujeres, hazme oír tu voz» Si le hacéis oír vuestra voz, os mostrará nuestra salvación. ¿No es esta salvación lo que buscabais, lo que pedíais con gemidos y suspiros, orando día y noche?

¿Sois Vos aquella a quien la salvación ha sido prometida o debemos esperar a otra? Sí, Vos sois la mujer prometida, esperada, deseada, de quien el santo patriarca Jacob, cercana ya su muerte, esperaba la vida eterna, y decía: «Espero tu salvación, Señor» . Es en Vos en quien y por quien Dios, nuestro Rey, ha decretado, antes de los siglos, obrar la salvación sobre nuestra tierra. ¿Por qué esperar de otra mujer lo que os es ofrecido a Vos? ¿Por qué esperar de ella lo que vamos a ver cumplirse por Vos, cuando deis vuestro consentimiento y pronunciéis una palabra? Responded presto al ángel, o, mejor dicho, por el ángel al Señor. Responded una palabra y recibiréis la Palabra, proferid vuestra palabra y concebiréis la divina Palabra, emitid una palabra pasajera y recibid la Palabra eterna. ¿Por qué tardar, y por qué temer. Creed, confiad, ¡recibid! Que vuestra humildad se haga audaz, y vuestro pudor confiante. Sin duda la sencillez virginal no debe hacer olvidar la prudencia, pero es aquí, Virgen prudente, el único momento en el que no debéis temer la presunción: si el pudor os mandaba silencio, el amor os obliga a hablar. Bienaventurada Virgen, abrid vuestro corazón a la fe, y vuestros labios a la aceptación, y vuestras entrañas

al Creador.

El

deseo de todas

las naciones llama a

vuestra puerta”.

 

205) Madre humilde

“No temas, María, dice el Ángel, porque hallaste gracia en los ojos de Dios. Nada hay aquí de dolo, nada de engaño, no sospeches fraude, no receles alguna asechanza: no soy hombre, soy espíritu y ángel de Dios, no de Satanás. No temas, María, porque hallaste gracia en los ojos de Dios. ¡Oh, si supieras cuánto agrada a Dios tu humildad y cuánta es tu privanza con El! ¡No te juzgarías indigna de que te saludase y obsequiase un ángel! ¿Por qué has de pensar que te es indebida la gracia de los ángeles, cuando has hallado gracia en los ojos de Dios? Hallaste lo que buscabas, hallaste lo que antes de ti ninguno pudo hallar, hallaste gracia en los ojos de Dios. ¿Qué gracia? La paz de Dios y de los hombres, la destrucción de la muerte, la reparación de la vida. Esta es la gracia que hallaste en los ojos de Dios”.

206) Madre de la mejor Flor

“María ha escogido para sí la mejor suerte. Ciertamente la mejor, porque, siendo buena la fecundidad conyugal, y mejor la castidad virginal, es

óptima en grado supremo la fecundidad virginal, o la virginidad fecunda. Es éste privilegio de María, que no se concederá a ningún otro: jamás será privada de él. El seno incorrupto, casto e íntegro de María, como prado de verdor eterno, produjo una flor, cuya hermosura no puede corromperse y cuya gloria no puede marchitarse jamás”.

207) Belleza de María

“María es toda hermosa, porque era bellísima de rostro, inmaculada de cuerpo, santísima de alma ... La Virgen reina, adornada con las joyas de las virtudes, esplendente por la doble belleza de cuerpo y de alma, conocida en los alcázares celestiales por su gallardía y hermosura, se atrajo la mirada de los ciudadanos del cielo, hasta el punto de inclinar el ánimo del Rey a desearla y hacer venir a su presencia un mensajero celeste”.

208) María toda dulzura

“Por eso, hemos de acudir a ella: ¿Qué puede en presencia de María la fragilidad humana? No tiene ella ninguna dureza, ninguna aspereza, ninguna severidad, ninguna amargura. Es toda dulce y suave, toda misericordiosa, y ofrece a todos leche y lana”.

209) Jesús en Ti y Tú en El

“¡Oh Señora, cuán familiar fuiste a Cristo, y cuánta proximidad, o por mejor decir, cuánta intimidad mereciste tener con él! ¡Cuánta gracia hallaste a sus divinos ojos! El está en ti y tú en El. Tú lo vistes y eres vestida por El; lo vistes con la substancia de la carne, y El te viste con la gloria de su majestad”.

210) Virgen única

“¡Oh Virgen prudente! ¡Oh Virgen devota! ¿Quién te enseñó que agradaba a Dios la virginidad? ¿Qué ley, qué rito, qué página del Viejo Testamento manda o aconseja o exhorta a vivir en la carne castamente y a tener una vida propia de los ángeles en la tierra?”.

211) María al pie de la cruz.

“El martirio de la Virgen se nos manifiesta tanto en la profecía de Simeón como en la historia de la pasión del Señor ... Verdaderamente os atravesó el alma una espada, puesto que sólo traspasando vuestro corazón podía penetrar en la carne de vuestro Hijo. Más aún: después que vuestro Jesús hubo entregado su espíritu, la cruel lanza que hirió su costado no tocó

este nombre, que significa estrella de la mar, y se adapta a la Virgen Madre con la mayor proporción. Se compara María oportunísimamente a la estrella, porque, así como la estrella despide el rayo de su luz sin corrupción de sí misma, así, sin lesión suya, dio a luz la Virgen a su Hijo. Ni el rayo disminuye a la estrella su claridad, ni el Hijo a la Virgen su integridad. Ella, pues, es aquella noble estrella nacida de Jacob, cuyos rayos iluminan todo el orbe, cuyo esplendor brilla en las alturas y penetra los abismos; y, alumbrando también a la tierra y calentando más bien los corazones que los cuerpos, fomenta las virtudes y consume los vicios. Esta misma, repito, es la esclarecida y singular estrella, elevada por necesarias causas sobre este mar grande y espacioso, brillando en méritos, ilustrando en ejemplos. ¡Oh!, cualquiera que seas el que en la impetuosa

corriente de este

siglo te

miras, mas bien te parece

fluctuar entre borrascas y tempestades que andar por la tierra, no apartes los ojos del resplandor de esta estrella, si quieres no ser oprimido de las borrascas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado de las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la estrella, llama a María.

Si la ira, o la avaricia o el deleite carnal impele violentamente la navecilla de tu alma, mira a María. Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin suelo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás. Si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía. Llegarás felizmente al puerto, si ella te ampara. Y así, en ti mismo experimentarás con cuánta razón se dijo: Y el nombre de la virgen era María”.

215) Oración de San Bernardo

Así o “Acordaos ” llamamos en todas partes a una de las oraciones más conocidas y extendidas por todo el mundo católico. Ninguna conclusión mejor que esta:

“ACORDAOS, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a Vos, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de vuestra protección. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, oh Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas favorablemente. Así sea”.

APÉNDICE

Lo vamos a reducir a dos apartados:

En el primero ofrecemos la Alabanza o Himno más bellos de las Iglesias Orientales dedicados a la Santísima Virgen: El AKATHISTOS. En el segundo apartado traemos las diez oraciones más antiguas rezadas por las Iglesias de Occidente.

I. DE LA IGLESIA ORIENTAL:

Him no Akathistos

El himno «Akathistos» a la Madre de Dios es el poema mañano más célebre de la iglesia bizantina y de la Iglesia de todos los tiempos, obra maestra de la literatura y de la teología, altísim a expresión contemplativa y del culto a la Virgen Madre. Ha brotado más que de ¡a mente de un sabio, del corazón de la Iglesia, y no tiene nombre ni título propio: el nombre se lo ha dado la Iglesia, un nombre singular que es a la vez un mandato para los fieles:

«Akathistos», que significa «estando de pie»; es decir, un himno que, como el Evangelio, debe ser cantado y escuchado «estando de pie», como signo incluso exterior de atención reverente. M étrica, ritmo, poesía, teología, elevación espiritual se funden en él; y no se sabe qué es lo que

más se debe admirar, si la belleza externa o su aliento interior. La estructura métrica del texto original es de una precisión que raya en lo inverosímil: un perfecto trazado en las estrofas, una fina compostura en los versos, predispuestos los acentos, numeradas las sílabas, fijadas las pausas: un perfecto entramado, que no se puede tocar impunemente, sin que lo note el experto. Si miramos ahora la estructura temática, el himno queda configurado en dos grandes escenarios: el primero escenifica la narración evangélica, desde la Anunciación al encuentro con Simeón en el templo; el segundo, los artículos fundamentales de la fe que se refieren a María: vida virginal - concepción virginal - divina maternidad - presencia eclesial - mediación actual: un verdadero compendio de doctrina mañana. Las estrofas van alternando cuadros múñanos y temas cristológicos, fundiendo a la vez el Hijo y la Madre. Unas prorrumpen en aclamaciones a la Virgen, otras se cierran aclamando al Señor. Todas comienzan con la presentación de un hecho o de un tema que fija la mente sobre un misterio. Las estrofas mañanas -las impares- prolongan después la contemplación hecha voz, en un subseguirse a coros alternados, y en forma binaria, de sentencias concisas, de aserciones lapidarias, de imágenes vivas sacadas de las divinas Escrituras y de toda la creación para comentar los

temas propuestos, y se cierran con una espontánea y solemne oración: Salve, ¡Virgen y Esposa! El Himno tiene 24 oikoi o estrofas, que empieza cada una con una letra del alfabeto griego. Consta, además, de una estrofa de introducción y una invocación final. ¿Quién es el autor de este espléndido himno, compuesto con toda seguridad hacia finales del siglo V? Ciertamente, un gran poeta. Un teólogo insigne. Un contemplativo consumado. Tan grande, que ha sabido traducir en síntesis orante la fe que la Iglesia profesa; tan humilde, que ha querido desaparecer en el anonimato. Su nombre lo conoce Dios, el mundo lo ignora. Se notará el sistema adoptado: es la contemplación de los misterios de María, evocados cada uno por una antífona y que después estallan en alabanzas. Dicho de otra manera, es la realidad misma de nuestro Rosario. Al mismo tiempo, gracias a la variedad de estas aclamaciones, es una serie de letanías. En cuanto a los sentimientos expresados, es necesario hacer notar cómo esta gran devoción es viril y recia, sin ninguna vulgar afección. Desde el principio del siglo VI la Iglesia bizantino- eslava, ortodoxa y católica, lo consideran como una interpretación auténtica de su espiritualidad secular mañana y como la expresión más alta de su amor a la Virgen; por eso celebra en el año litúrgico su fiesta

solemne (el quinto sábado de cuaresma); lo canta en muchas ocasiones; lo recomienda siempre a los fieles.

PA RTE H IST Ó R IC A (Episodios evangélicos)

  • 1. - “Un arcángel excelso fue enviado del cielo / a

decir «Dios te salve» a María. Contemplándote, oh Dios, hecho hombre / por virtud de su angélico anuncio, / extasiado quedó ante la Virgen, / y así le cantaba:

Salve, por ti resplandece la dicha; / Salve, por ti se eclipsa la pena. // Salve, levantas a Adán, el caído; /

Salve, rescatas el llanto de Eva. / Salve, oh cima encumbrada / a la mente del hombre; / Salve, abismo

insondable a los ojos del ángel. // Salve, tú eres de veras el trono del Rey; / Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene. // Salve, lucero que el Sol nos anuncia / Salve, regazo del Dios que se encama. // Salve, por ti la creación se renueva / Salve, por ti el Creador nace niño. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 2. - Conociendo la santa que era a Dios consagrada,

al arcángel Gabriel le decía: «Tu mensaje es arcano a mi oído / y difícil resulta a mi alma, / insinúas de Virgen el parto, / exclamando: ¡Aleluya!».

  • 3. - Deseaba la Virgen / comprender el misterio / y

al heraldo divino pregunta / «Podrá dar a luz criatura /

una Virgen? Responde, te ruego”. / Reverente Gabriel contestaba, / y así le cantaba:

Salve, tú guía al eterno consejo; / Salve, tú prenda de arcano misterio. // Salve, milagro primero de Cristo; / Salve, compendio de todos sus dogmas. // Salve, celeste escalera que Dios ha bajado; / Salve, oh puente que llevas hombres al cielo. // Salve, de angélicos coros solemne portento; / Salve, de turba infernal lastimero flagelo. // Salve, inefable, la Luz alumbraste; / Salve, a ninguno dijiste el secreto. // Salve, del docto rebasas

la ciencia; / Salve, del fiel iluminas la mente. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 4. - La virtud de lo Alto / la cubrió con su sombra / e

hizo Madre a la Esposa Inviolada. / Aquel seno por Dios fecundado / germinó como fértil arada / para todo el que busca la gracia / y aclama: ¡Aleluya!

  • 5. - Con el Niño en su seno / presurosa María, / a su

prima Isabel visitaba. El pequeño en el seno materno / exultó al oír el saludo, y con saltos, cual cantos de gozo, / a la Madre aclamaba. Salve, oh tallo del verde Retoño; / Salve, oh rama del Fruto incorrupto. // Salve, al pío Arador tú cultivas; / Salve, tú plantas quien planta la vida. // Salve, oh campo fecundo de gracias copiosas; / Salve, oh mesa repleta de dones divinos. // Salve, un Prado germinas

de toda delicia / Salve, al alma preparas Asilo seguro. // Salve, incienso de grata plegaria; / Salve, ofrenda que el mundo conciba. // Salve, clemencia de Dios para el hombre; / Salve, del hombre con Dios confianza. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

6.

- Con la mente en el tumulto, / inundado de dudas,

el prudente José se debate. / Te conoce cual Virgen intacta; / desposorios secretos sospecha. / Al saber que es acción del Espíritu, / exclama: ¡Aleluya!

  • 7. - Los pastores oyeron / los angélicos coros / que

al Señor hecho hombre cantaban. / Para ver al Pastor van corriendo; / un Cordero inocente contemplan / que del pecho materno se nutre, / y a la Virgen le cantan:

Salve, Nutriz del Pastor y Cordero; / Salve, aprisco

de fíeles rebaños. // Salve, barrera a las fieras hostiles:

/ Salve, ingreso que da al Paraíso. // Salve, por ti con la tierra / exultan los cielos; / Salve, por ti con los cielos / se alegra la tierra. // Salve, de Apóstoles boca / que nunca enmudece, / Salve, de Mártires fuerza / que nadie somete. // Salve, de fe inconcuso cimiento; / Salve, fulgente estandarte de gracia. // Salve, por ti es despojado el averno, / Salve, por ti revestimos la gloria. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 8. - Observando

la estrella /

que

hacia

Dios los

guiaba, sus fulgores siguieron los magos. / Era antorcha segura en su ruta; / los condujo ante el Rey Poderoso.

/ Al llegar hasta el Inalcanzable, / le cantan: ¡Aleluya!

  • 9. - Contemplaron los magos / entre brazos matemos

al que al hombre plasmó con sus manos. / Comprendieron que era El su Señor, / a pesar de su forma de esclavo; presurosos le ofrecen sus dones / y a la Madre proclaman:

Salve, oh Madre del Sol sin ocaso; / Salve, aurora del místico Día. // Salve, tu apagas hogueras de errores;

/ Salve, Dios Trino al creyente revelas. // Salve, derribas del trono / al tirano enemigo; / Salve, nos muestra a

Cristo / el Señor y el Amigo. // Salve, nos has liberado / de bárbaros ritos; / Salve, nos has redimido / de acciones de barro. // Salve, destruyes el culto del fuego; / Salve, extingues las llamas del vicio. // Salve, camino a la santa templanza, / Salve, alegría de todas las gentes. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 10. - Portadores y heraldos / de Dios eran los magos

de regreso, allá en Babilonia. / Se cumplía el oráculo

antiguo / cuando todos hablaban de Cristo, / sin pensar en el necio de Herodes / que no canta: ¡Aleluya!

  • 11. - El Egipto iluminas con la luz verdadera /

persiguiendo el error tenebroso. A tu paso caían los dioses, / no pudiendo, Señor, soportarte: / y los hombres, salvados de engaño, / a la Virgen aclaman:

Salve, levantas al género humano; / Salve, humillas a todo el infierno. // Salve, conculcas engaños y errores:

/ Salve, impugnas del ídolo el fraude. // Salve, oh mar que sumerge / al cruel enemigo; / Salve, oh roca do beben / sedientos de Vida. // Salve, columna de fuego / que guía en tinieblas; / Salve, amplísima nube / que cubres el mundo. // Salve, nos diste el Maná verdadero; / Salve, nos sirves el Manjar de delicias. // Salve, oh tierra por Dios prometida, / Salve, en ti fluyen la miel

y la leche. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 12. - Simeón el anciano, / al final de sus días, / de

este mundo dejaba la sombra. / Presentado le fuiste

cual niño, / mas, al verte cual Dios poderoso, / admiró el arcano designio / y gritaba: ¡Aleluya!

PA RTE

D O G M Á T IC A

(M

isterio s de

la

fe)

  • 13. - Renovó el Excelso / de este mundo las leyes /

cuando vino a habitar en la tierra. / Germinando en su

seno incorrupto / lo conserva intacto cual era. / Asombrados por este prodigio / a la Santa cantamos:

Salve, azucena de intacta belleza, / Salve, corona de noble firmeza. // Salve, la suerte futura revelas; / Salve, angélica vida desvelas. // Salve, frutal exquisito / que nutre a los fieles; / Salve, ramaje frondoso / que a todos cobija. // Salve, llevaste en el seno / que guía al errante; / Salve, al mundo entregaste / quien libra al esclavo. // Salve, plegaria ante el Juez verdadero, / Salve, perdón del que tuerce el sendero. // Salve, atavío que cubre al desnudo; / Salve, del hombre supremo deseo. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 14. - Ante el parto admirable, / alejados del mundo, /

hacia el cielo elevamos la mente. / El Altísimo vino a la tierra / con la humilde semblanza de un pobre / y enaltece

hasta cumbres de gloria / a quien canta: ¡Aleluya!

  • 15. - Habitaba en la tierra / y

llenaba los cielos / la

Palabra de Dios infinita. / Su bajada amorosa hasta el hombre / no cambió su morada suprema. / Era el parto

divino de Virgen / que este canto escuchaba:

Salve, mansión que contiene el Inmenso; / Salve, dintel del augusto Misterio. // Salve, de incrédulo equívoco anuncio; / Salve, del fiel inequívoco orgullo. // Salve, carroza del Santo / que portan querubes; / Salve sitial del que adoran / sin fin serafines. // Salve, tú sólo has unido / dos cosas opuestas; / Salve, tú sola a la vez / eres Virgen y Madre. // Salve, por ti fue borrada la culpa; / Salve, por ti Dios abrió el Paraíso. / / Salve, tú llave del Reino de Cristo; / Salve, esperanza de bienes eternos. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 16. - Todo el orden angélico / asombrado contempla

el misterio de Dios que se encama. / Al Señor, al que

nadie se acerca, / hecho hombre, accesible, admira / caminar por humanos senderos,/escuchando. ¡Aleluya!

  • 17. - Oradores brillantes como peces se callan / ante

ti, Santa Madre del Verbo. Cómo ha sido posible no entienden / ser tú Virgen después de ser Madre. / El prodigio admiramos tus fieles, / y con fe proclamamos:

Salve, sagrario de arcana Sapiencia; / Salve, despensa de la Providencia. // Salve, por ti se confunden los sabios; / Salve, por ti el orador enmudece. // Salve, por ti se aturden sutiles doctores; / Salve, por ti desfallecen / autores de mitos; / Salve, disuelves enredos / de agudos sofistas; / Salve, rellenas las redes / de los Pescadores. // Salve, levantas de honda ignorancia; / Salve, nos llenas de ciencia suprema. // Salve, navio del que ama salvarse; / Salve, oh puerto en el mar de la vida. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

18.

- Por salvar todo el orbe, / el Divino Alfarero /

hasta el mundo bajó, porque quiso. / Por ser Dios era

El Pastor nuestro; / se mostró por nosotros Cordero; / como igual sus iguales atrae; / cual Dios oye:

¡Aleluya!

  • 19. - Virgen, Madre de Cristo. / Baluarte de vírgenes

y de todo el que en ti se refugia / el divino Hacedor te

dispuso, / al tomar de ti carne de tu seno; y enseña a todos que cantemos / en tu honor, oh Inviolada:

Salve, columna de sacra pureza, / Salve, umbral de la vida perfecta. // Salve, tú inicias la nueva progenie; / Salve, dispensas bondades divinas. // Salve, de nuevo engendraste / al nacido en deshonra; / Salve, talento infundiste / al hombre insensato. // Salve, anulaste a Satán / seductor de las almas; / Salve, nos diste al Señor / sembrador de los castos. // Salve, regazo de nupcias divinas; / Salve, unión de los fíeles con Cristo. // Salve, de vírgenes Madre y Maestra; / Salve al Esposo conduces las almas. // Salve, ¡Virgen y Esposa ..

  • 20. - Impotente es el canto / que alabar presumiera /

de tu gracia el caudal infinito. / Como inmensa es la arena en la playa / pueden ser nuestros himnos, Rey Santo, / mas no igualan los dones que has dado / a quien canta: ¡Aleluya!

  • 21. - Como antorcha luciente / de que yace en

tinieblas / resplandece la Virgen María. / Ha encendido la Luz increada; / su fulgor ilumina las mentes / y conduce a la ciencia celeste / suscitando este canto:

Salve, oh rayo de] Sol verdadero; / Salve, destello de Luz sin ocaso. // Salve, fulgor que iluminas las

mentes; / Salve, cual trueno de enemigos aterras. // Salve, surgieron de ti / luminosos misterios; / Salve, brotaron en ti / caudalosos arroyos. // Salve, figura eres tú / de salubre piscina; / Salve, tú limpias las manchas / de nuestros pecados. // Salve, oh fuente que lavas las almas; / Salve, oh copa que vierte alegría. // Salve, fragancia de ungüento de Cristo; / Salve, oh Vida del sacro Banquete. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

  • 22. - Por querer perdonamos / el pecado primero, /

el que paga las deudas de todos, / de sus prófugos búsca

el asilo, / libremente del cielo exiliado. / Mas, rasgando el quirógrafo antiguo, / oye un canto: ¡Aleluya!

  • 23. - Celebrando tu parto, / a una voz te alabamos

como templo viviente, Señora. / Ha querido encerrarse en tu seno / el que todo contiene en su mano, / el que

santa y gloriosa te ha hecho, / el que enseña a cantarte:

Salve, oh tienda del Verbo divino, / Salve, más grande que el gran Santuario. // Salve, oh Arca que Espíritu dora, / Salve, tesoro inexhausto de vida. // Salve, diadema preciosa / de reyes devotos, / Salve, orgullo glorioso / de sacros ministros. // Salve, firmísimo alcázar / de toda la Iglesia; / Salve, muralla invencible / de todo el imperio. // Salve, por ti enarbolamos trofeos, / Salve, por ti sucumbió el adversario. // Salve, remedio eficaz de mi carne; / Salve, inmortal salvación de mi alma. // Salve, ¡Virgen y Esposa!

24.- Digna de toda loa, Madre santa del Verbo, el más Santo entre todos los Santos*Nuestra ofrenda recibe en el canto; salva al mundo de todo peligro; del castigo inminente a quien canta. ¡Aleluya!”.

II. DE LA IGLESIA LATINA O DE OCCIDENTE

Nos limitamos a traer algunas antiguas oraciones mañanas de autores desconocidos. Todas son muy bellas y dignas de ser recitadas por los cristianos de hoy.

1. Bajo tu amparo (Sub tuum praesidium)

Esta es la plegaria más antigua conocida hasta ahora que los hombres han dirigido a Maña. Adquirió gran importancia entre los estudiosos desde que el protestante Roberts halló en 1938 en una biblioteca de Manchester esta oración en un papiro griego cuya antigüedad se remonta al siglo III o II. En su forma primitiva no aparecen las palabras, siempre, todos y gloriosa pero práctica mente no afectan a la sustancia de la misma, y aún sin ellas conserva su carácter de súplica confiada en el poder intercesor de la Madre de Dios.

Teológicamente tiene un valor excepcional esta oración, ya que puede ser considerada como un testimonio primerizo de la Maternidad divina y de la Mediación de María por parte del pueblo cristiano. Desde la más remota antigüedadfiguró casi en todos los libros litúrgicos. Su difusión fu e inmensa. Su redacción aparece en latín, en siriaco, armeno, copto y griego. El hecho de haberse encontrado en papiro y no en pergamino indica también que los fieles hacían gran uso de ella. En los tiempos de las grandes persecuciones a la Iglesia, ésta dirige su mirada suplicante a la Madre de Dios impetrando su auxilio poderoso.

“Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros ¡Oh Virgen gloriosa y bendita!”.

2. Protege a quien te lleva

En los tiempos de las grandes persecuciones a la Iglesia, esta dirige su mirada suplicante a la Madre de Dios impetrando su auxilio Poderoso.

  • C. Wesseley piensa que también es del siglo III esta

oración aparecida en un objeto para ser llevado colgado al cuello.

“Madre de Dios, pura inmaculada, sin mancha, Madre de Cristo. Acuérdate que tú has dicho estas cosas. Protege a quien te lleva en este objeto. Amén”.

3. Himno a la Asunción

L ’Osservatore Romano, del 15 de agosto de 1970, publicó este himno anónimo dirigido a la Asunción de la Virgen que data de los siglos II1-IV.

“Dios te salve, María, llena de gracias, el Señor está contigo. / Tú has sido elegida como un vaso purísimo, / infinitamente precioso, para recibir a Dios en Ti. / Oh bendita entre las mujeres, el Señor te ha hablado, / te ha anunciado la buena nueva; / por tu Hijo serán salvadas las tribus de Judea. / y las generaciones de todas las gentes./ Con el Arcángel y todos los Angeles. / Venerémosla todos nosotros. Salve, predilecta del Señor. / Salve, Madre de Dios, Madre del Salvador. / Oh paloma que has arrebatado a los hombres de la muerte./ Alegraos, oh vírgenes. / Salve a Ti que has recibido de Dios. /Y a quien Dios ha recibido en los cielos. / Salve, oh Virgen; salve, oh María. / Oh libro de las vírgenes, libro de luz eterna. / Salve, Salve”.

4.

M aría, adiuva nos (¡M aría, ayúdanos!)

En el Vaticano, en un muro junto a la tumba de San

Pedro, hay innumerables “grafitos ” anteriores al

año

315, en los que se invoca a Dios, a Cristo y a María. En ellos, la plegaria a María está sintetizada en una

sola y elocuentísima palabra: “ARIA Entre las inscripciones encontradas en las ruinas de algunas basílicas cristianas de Africa, se ha hallado esta sencilla y ferviente plegaria. «SANCTA MARIA ADIUVA NOS» (Santa María, ayúdanos).

“Cuando nos sintamos cómodos en nuestra poca

fe / María, ayúdanos. / Cuando no nos atrevamos a presentar batalla, / María, ayúdanos. / Cuando nos cansemos de luchar, / María, ayúdanos. / Cuando no queramos levantarnos, / María, ayúdanos. / Cuando no tengamos confianza en nosotros mismos,

/ M aría, ayúdanos. / Cuando

tengam os más

confianza en nosotros que en Dios, / M aría,

ayúdanos. / Cuando nos cerremos en banda a los demás, / María, ayúdanos, María, ayúdanos, María,

ayúdanos ...

”.

  • 5. Oh gloriosa Dom ina

Se atribuye a San Venancio Fortunato (+ 600).

1

“Oh gloriosa Señora, elevada sobre las estrellas,

que en vuestro seno santificado habéis criado providencialmente a vuestro Creador. Lo que nos quitó la triste Eva, Vos lo devolvéis por vuestra santa fecundidad; Vos sois el camino que hace entrar en el cielo a los que lloran. Vos sois la puerta del gran Rey, la brillante entrada de la luz. Pueblos redimidos, cantad a la Vida dada por la Virgen. Gloria a Vos, Señor, que habéis nacido de la Virgen, así como al Padre y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos”.

2.- “Oh gloriosa mujer, santa María / de los vivientes en Dios la nueva Eva, / Virgen en el amor y en el espíritu, / que diste cuerpo al Verbo, maternidad divina. Grandeza maternal nunca soñada, / en la que el Creadores criatura, hijo del hombre que él creara, para que el hombre en Dios fuera engendrado. Puerta de Dios al mundo, puerta de eternidades / para el hombre que gime en la muerte de los tiempos; / cuando engendraste a Dios, al hombre has engendrado, / cuando engendraste al hombre, es Dios quien nos es dado. M aternidad de Dios que entrega el Hijo, / maternidad de Cristo que nos llama / a ser hijos de Dios por el Espíritu, / vida divina que en Cristo nos es dada.

¡Oh vuestro sí de amor cuánta alegría / dio a todo ser mortal, / Virgen María. Amén”.

  • 6. Sancta M aría, sucurre m iseris (Santa

M aría, ayuda a los desdichados)

Parece se remonta hasta el siglo VI.

“Santa María, ven en ayuda de los desdichados, sostén a los débiles, consuela a los afligidos, ruega por el pueblo, suplica por el clero, intercede por los consagrados a Dios, haz sentir tu apoyo a todos los que celebran tu santa memoria”.

  • 7. Ave Maris Stella (Salve, Estrella del mar)

Este bellísimo himno ha sido atribuido a varios autores si bien parece más verosímil que sea de Vicente Fortunato (+ 600). Ya se encuentra en un manuscrito del monasterio de San Galo perteneciente al siglo IX. Aquí damos la versión poética de Lope de Vega (+

1635).

¡Salve del Mar Estrella! / Salve, Madre sagrada / de Dios, y siempre Virgen, / puerta del cielo santa. / Tomando de Gabriel / el Ave, Virgen alma, / mudando

el nombre de Eva / paces divinas trata. // La vista restituye / las cadenas desata, / todos los males quita, / los bienes causa. / Muéstrate Madre, y llegue / por Ti, nuestra esperanza / a quien, por darnos vida, / nació de tus entrañas. / Entre todas piadosa/ Virgen, en nuestras almas / libres de culpa, infunde / virtud humide y casta. / Vida nos presta pura; / camino firme allana / que quien a Jesús llega / eterno gozo alcanza. / Al Padre, al Hijo, al Santo / Espíritu alabanza / una a los tres le demos / y siempre eternas gracias.

8. Regina coeli (Reina del cielo)

La leyenda la atribuyó al Papa S. Gregorio Magno pero parece sea anterior al siglo X.

“Reina del cielo, alégrate, aleluya Porque el que mereciste llevar, aleluya Resucitó según lo predijo, aleluya Ruega por nosotros a Dios, aleluya Virgen María, aleluya Porque el Señor realmente ha resucitado, aleluya. Oh Dios, que te has dignado alegrar al mundo con la resurrección de tu Hijo Jesucristo, te rogamos nos concedas que por la intercesión de*su Madre, la Virgen María, alcancemos la felicidad de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor, Amén”.

9.

Alma Redem ptorls M ater (Madre del

Redentor)

La más literaria de las antífonas mañanas. Se atribuye al astrónomo, músico y poeta de la Abadía de S. Galo, Hermán Contracto, si bien parece anterior al monje de Reichenau. Es del siglo XI.

“Madre del Redentor, virgen fecunda, / puerta del cielo siempre abierta, / estrella del mar; / ven a librar al pueblo, que tropieza y quiere levantarse. Ante la admiración de cielo y tierra / engendraste a tu santo Creador, / y permaneces siempre virgen. Recibe el saludo del ángel Gabriel, / y ten piedad de nosotros, pecadores”.

10.

Gaude Dei Genitrix (¡Alégrate, Madre

de Dios!)

Parece sea del siglo XI.

“¡Alégrate, Madre de Dios, Virgen inmaculada; / Alégrate porque has recibido del ángel la alegría, / Alégrate porque has engendrado de la eterna luz la claridad; / Alégrate, Madre, / Alégrate, Santa Madre de Dios y Virgen! / Tú sola eres Madre, aunque sin esposo. / Toda criatura se alegra en ti, Madre de la luz.

/

Sé para

nosotros, te lo rogamos, un abogado

perpetuo”.

BROCHE DE ORO: LA SALVE REGINA

Cerramos estas ALABANZAS A MARIA con el “recuerdo” de la Salve Regina, como la plegaria más amada y más recitada a la Virgen María después del

Ave María.

La dejamos para que sea abertura para otro pequeño libro que confiamos pueda seguir a este como una justa “continuación” y “complemento”.

Contenido:

Pórtico

.............................................................................

3

  • - Protagonista...........................................................

La

5

Alabanzas a M

  • - aría..................................................

10

  • - Los cantores de M aría

............................................

13

L- San Ignacio de Antioquía

15

  • 2. - San Justino (+165) 16 ..............................................

  • 3. ...............................................

- San

Ireneo (+202)

17

  • 4. Metodio (+311) .........................................

- San

18

  • 5. ................................................

- San

Efrén (+373)

19

  • 6. - San Atanasio (+373)

.........................................

32

  • 7. - San Basilio Magno (+379)

..............................

35

  • 8. - San Cirilo de Jerusalén

36

  • 9. - San Gregorio Nacianceno (+390)

...................

38

  • 10. - San Ambrosio

39

1 1 San Gregorio de Nisa

44

  • 12. - San Epifanio (+402)

........................................

49

  • 13. - San Juan Crisóstomo

53

  • 14. - San Jerónimo (+420)

.......................................

54

  • 15. - San Máximo de Turín (+420)....

58

  • 16. - San Agustín (+430)

.........................................

61

17.- San Paulino de Ñola (+431) 69 ............................. 18. - San Cirilo de Alejandría (+444)......................70

19. - San Teodoto de Ancira

76

20. - San Proclo de Constantinopla

77

21. - San Pedro Crisólogo

85

  • 22. - San Basilio de Seleucia (+459)

....................

88