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re) oy 3 a Pa =) (eS S a ee =x & r=) = ro) & nr a uw = =x oO ray = is} aa a} oa} 7 —} r=} 4 a Género eer ETC L en la construcci6n de la subjetividad Mabel Burin Trene Meler GENERO Y FAMILIA Poder, amor y sexualidad en la construccién de la subjetividad ” PAIDOS Buenos Aires Barcelona México Motiv de tapa tomado de Eros a Pompei (fotografias de A. Mulas; textos de M, Grant), A, Mondadoti, Editori, Milan, 1974 Cubierta de Gustavo Macri Meler, irene Genero y familia : poder, amor y sexustidad en la construceiin de fa subjetividad. - 1a ed. 4a reimp, - Buenos Aires : Paidés, 2010. 448 p. ; 22x13 om, - (Psicotogia profunda} ISBN 978-950-12.4215-7 1. Psicoandlisis |, Burin, Mabel Il. Titulo COD 150.195 1 edicién, 1998 # reimpresion, 2010 Reservados todos fos derechos, Quedan rigurosamenie prohibidas, sin fe autorieacién escrita de los tiuulares del copyright, bojo lus sanciones establecidas ea la leyes, Ja reproduecién parcial o total de esta obra por cuslquier medio o procedimiento, incluidos la eeprografiay ef tratamiento informatica, © 1998 de todas las ediciones Editorial Paidés SAICF Av. Independencia 1682/1686, Buenos Aires Evmaik: difusion@areapaidos.com.ar winw paidosargentina.com.ar ‘Queda hecho el depésito que previene la Ley 11.723 Impreso en Ja Angentina'- Printed in Argentina Impreso en Primera Clase California 1231, Ciudad Aurénoma de Buenos Aires, en agosto de 2010 Tirada: 700 ejemplares ISBN 978-950-12-4215-7 INDICE Las autora veces 7 Prefacio.. . aonetesen 9 POLO GO v.scsesessessescstenesesaesneeentensees: 1 Parte I Género, familia, subjetividad Estudios de género. Resefia histérica, Mabel Burin 19 La familia. Antecedentes histéricos y perspectivas futuras, Irene Meler . seen BL Ambito familiar y construecién del género, Mabel Burin... saseasesseneane wee 71 La familia: sexualidades permitidas y prohibidas, Mabel Burin... Parentalidad, Irene Meler ..... Parte II. La vida familiar: vicisitudes evolutivas y accidentales Amor y convivencia entre los géneros a fines del siglo XX, Irene Meler .... tosses 129 . El pasaje de la pareja a la familia. Aspectos culturales, interpersonales y subjetivos, Irene Meler 163 La relacién entre padres e hijos adolescentes, Mabel Burin.......... 5 11. 12. 13. 14, 15. 16. 17. 18, Bibliografia ..... . La mediana edad: {erisis o transicién? . El divorcio: la guerra entre los sexos en la sociedad contempordanea, Irene Meler .. Nuevas tecnologias reproductivas: su impacto en las representaciones y practicas acerca de la parentalidad, Irene Meler............ Parte III Familia, instituciones educativas y asistenciales La familia y las instituciones educativas. Sus relaciones desde una perspectiva de género, Mabel Burin La orientacién parental: un dispositivo para la promocién de la salud familiar, Irene Meler see 803 Las terapias familiares con orientacién en género, Mabel Burin veccssssissesssssseecssssssssssssessssssussesssuscessnneee 331 Malestar en la familia: asistencia de parejas y familias desde una perspectiva psicoanalitica. Anélisis critico desde el enfoque de género, Irene Meler ..... . . B47 Parte [V Familia y género: desafios actuales Construccién de la subjetividad en la familia posmoderna, Un ensayo prospectivo, Irene Mele! Prevencién de la violencia familiar, Mabel Burin éEs posible una sociedad no violenta? Promocién de vinculos familiares saludables. La equidad entre Jos géneros y las generaciones, Mabel Burin.... .. 413 373 399 +» 423 LAS AUTORAS Mabel Burin, doctora en Psicologia clinica y psicoanalista, es especialista en salud mental de las mujeres. Es miembro de la World Federation for Mental Health; del Comité Asesor del Foro de Psicoandlisis y Género, de la Asociacién de Psicélogos de Buenos Aires, y miembro fundadora del Centro de Estudios de la Mujer. Ha sido docente universitaria en centros académicos de Buenos Aires, Brasil, México y Espafia, y profesora invitada en la Maestria de Género de la Universidad Nacional de Rosario. Se desempefia como directora del drea de Género y Subjetividad en la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilan. Es autora de Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujeres y Salud Mental (Buenos Aires, Grupo Editor Latino- americano, 1987) y El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada (Buenos Aires, Paidés, 1990), y co-compiladora de Género, Psicoandlisis, Subjetividad (Buenos Aires, Paidés, 1996). Irene Meler es licenciada en Psicologia y psicoanalista. Ha sido directiva del Centro de Estudios de la Mujer, docente de la carrera interdisciplinaria de Estudios de la Mujer en la Uni- versidad de Buenos Aires y en la Universidad del Comahue. Fue coordinadora docente del programa de posgrado “Salud Mental y Género” (UBA) y profesora invitada en la Maestria de Estudios de Género de la Universidad Nacional del Rosario. Se 7 desempeiié como asesora técnica del Programa Nacional de Promocién de la Igualdad de Oportunidades para la Mujer en el area educativa del Ministerio de Cultura y Educacién de la Reptiblica Argentina. Actualmente coordina el Foro de Psicoandlisis y Género de la Asociacién de Psicélogos de Buenos Aires, es docente en el Curso Superior de Especialistas Universitarios en Psiquiatria dela Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y coordinadora docente del drea de Género y Subjetividad en la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilén, Es asesora en Género en el Consejo Nacional de la Mujer. Ha publicado numerosos trabajos sobre temas de salud mental, salud repreductiva y familia con el enfoque de género. PREFACIO La Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Uni- versidad Hebrea Argentina Bar Ilan inicié sus actividades de posgrado en 1995 y desde entonces conté con la colaboracién de Mabel Burin e Irene Meler, quienes desarrollaron seminarios sobre los estudios de género de forma ininterrumpida hasta la actualidad. Esta Facultad aspira a hacerse eco de las tendencias mas actuales en ciencias humanas y sociales. El valor otorgado al encuentro fecundo con la diversidad de enfoques nos hace pri- vilegiar el entrecruzamiento interdisciplinario a la vez que el aporte de las diferentes teorias en lo intradisciplinario. Es una satisfaccién que en nuestro 4mbito académico se haya gestado una obra que a estas condiciones les suma la experiencia y la seriedad de sus autoras. Deseamos que este libro, como continuidad y profundizacién del esfuerzo intelectual realizado en los seminarios, sea el pri- mero de una serie que brinde su valioso aporte en la actualiza- cién del pensamiento de aquellos que se interesen por los estudios de género y sus multiples campos de desarrollo. Davin Matpavsxy Decano Facultad de Humanidades Nivpa Neves Directora de Posgrados PROLOGO Ya han pasado veinte afios desde que nuestras preocupacio- nes acerca de la feminidad y la condicién social de las mujeres nos motivaron a reunirnos en diversos Ambitos, privados e ins- titucionales, donde comenzamos nuestra formacién en el cam- po interdisciplinario de los Estudios de la Mujer. En ese trayecto nuestra perspectiva se amplié gracias a la incorpora- cién del concepto de género sexual. Durante un perfodo nos ocupamos de revisar el sesgo androcéntrico de las ciencias so- ciales y en especial del psicoandlisis, y focalizamos nuestra in- dagacion en temas vinculados a la subjetividad de las mujeres, su salud mental y sti salud reproductiva. Mas adelante, percibi- mos la necesidad de realizar estudios que destacaran el caracter relacional de la masculinidad y la feminidad, asi como su arti- eulacién con otras variables tales como el sector social, la edad y el origen étnico. En ocasiones, ambas autoras compartimos espacios y publi- eaciones, y en otros periodos trabajamos en distintos ambitos. Pero ambas sostuvimos un interés constante por el campo inter- disciplinario de les Estudios de Género, y dentro de él,.una par- ticular preocupacién por la subjetividad. Esto tiltimo parece evidente, ya que somos psicélogas y nuestra formacién es psicoanalitica. Sin embargo, el trdnsito por la interdisciplina presenta tal amplitud de posibilidades, que fueron generando orientaciones y subespecializaciones divergentes entre los pro- fesionales involucrados en esta indagacién. Por ese motivo, al li presentarse la posibilidad de abrir un Area de Gé jje- tividad en la Universidad Hebrea Argentina Bar Tan, canara esfuerzos con ese objetivo. El Area se inicié en 1995 mediante la realizacion de unas Jornadas sobre “La condicién social de las WIZ0-OSFa hoe J juterrogantes" realizadas juntamente con ; En 1996 el érea de Género y Subjetividad desarrollé un Se- minario Interdisciplinario de Posgrado denominado “ Familia Género, Subjetividad”, de cardcter anual, que conté con. cursan- tes graduadas y graduados en diversas disciplinas tales como la medicina, la psicologia, la sociologia, el trabajo social, la antro- pologia y otras. Mabel Burin tuve a cargo la direccién e Irene Meler, la coordinacién docente. Prestigiosos docentes invitados? aportaron su experiencia en dreas especificas sobre las que ha- Pian realizado estudios pormenorizados,? _ Nuestra tarea conjunta sostuvo la continuidad del ina- rio, yel esfuerzo de articulacién que realizamos entre ede 50s provenientes de diversas disciplinas fue creande un cuerpo de escritos que reflejan la tarea compartida y, al mismo tiempo. respetan la singularidad y la creatividad de cada una de noso- tras. Hemos optado por seleccionar aquellos temas en los que nos fue posible lograr un desarrollo mas personal, y cuyo deba- te, tanto entre nosotras como con los cursantes, nos resulté apa- Sionante y enriquecedor. La tarea de busqueda de datos y 1, La comisi6n organizadora de esas Jorriadas estuvo cénstitulda por Mab Ban, Irene Meler, Eva Giberti, Leonor Vain, Amalia Polak y Marta 2, Clara Coria, Jorge Corsi, Graciela Di Marco, Méniea Garefa Frin Eva Gierti, Inés Hercovich, Sara Horowite, Notherto Inda, Elisabeth dene iIvina Ramos, Cristina Ravazola, Beatriz Schmackler, Susana Sominez, Leo nor Vain, Susana Velézquez, Adriana Wagmaister y Catalina Wainerman, ‘También contamos con la visita de Giovanni Berlinguer, quien offecié ana conferencia para alumnos e invitades especiales sobre temas de bioétice 8. Durante 1997, desarrollamos un programa de posgrado sobre temas de salud y género, donde introdujimos un médulo dedicado a la salind meatal fe. menina, otro que traté sobre la salud mental masculina, y un tereero destiaa al tema ae ined reproductiva para amhos géneros. ° ara 1998 hemos elegide como ej i i su articulacién con la subjtividad coauadar Tew Ambito del trabajo y 12 referencias que avalaran las hipétesis que planteamos puede re- sultar de utilidad para todos quienes se interesan por la fami- Jia contemporanea, asi como por la perspectiva de género para Ja comprensién de la subjetividad. Muchos estudios clasicos nes resultaron de gran interés y estimulo, aunque fue necesario actualizarlos debido al cambio acelerado que hoy registramos tanto en las estructuras de per- sonalidad como en las modalidades vinculares. También consi- deramos que los paradigmas epistemolégicos que enmarcan nuestra indagacién se han transformado, superando tanto el biologismo propio del psicoandlisis de principios de siglo como las posturas estructuralistas que no reconocen la operatividad de las transformaciones histéricas. Abrevamos en fuentes pro- venientes de la antropologia, la historia de las mentalidades o de la vida cotidiana, los estudios sociales y el psicoandlisis. Nuestra relacién con el corpus psicoanalitico es tan fluida como controversial, dado que ambas nos desempefiamos como psicoa- nalistas y, a la vez, realizamos una profunda revisi6n critica de nuestra disciplina. Esta circunstancia otorga un sesgo particu- lar a nuestra perspectiva, que pensamos puede resultar estimu- Jante para colegas que trabajan en estudios de género pero que provienen de otros campos disciplinarios, asi como para psicoa- nalistas y psicélogos que no hayan tenido contacto con el enfo- que de género. Cuestiones tales como la experiencia de la maternidad entre las mujeres de mediana edad, las familias monoparentales, las nuevas modalidades de ejercicio de la maternidad y la paterni- dad, las relaciones amorosas entre hombres y mujeres, las ca- racteristicas contemporaneas de la divisién sexual del trabajo y su repercusién en las nuevas subjetividades, los cambios en la organizacién del estado y su articulacién con las organizaciones familiares, dieron lugar a aperturas e interrogantes que espe- ramos generen un didlogo fecundo con quienes lean este libro y se sientan involucrados en la busqueda de nuevas perspectivas. En todos los temas trabajados hemos procurado mantener una actitud critica hacia los desarrollos te6ricos que planteaban hipétesis explicativas sobre la base de criterios monocausales, simplistas y/o reduccionistas. Optamos por privilegiar la nocién de complejidad para el anélisis de las problematicas que trata- 13 mos, procurando mantenernos ecudnimes respecto de diversas dependencias tedéricas que podrian obturar la posibilidad de enfoques renovadores. Ste es un libro de estudio y debate. Su texto est4 organiza- do en cuatro secciones, a fin de facilitar su lectura y brindar un hilo conductor entre las diversas tematicas. En la primera parte, “Género, familia, subjetividad”, plan- teamos conceptos generales acerca de los estudios de género, la organizacién familiar a través de la historia y sus modali- dades contempordneas, la forma como se construyen las subjetividades sexuadas en el contexto de la familia, las regu- laciones cambiantes acerca de la sexualidad y consideraciones sobre el ejercicio de la parentalidad y su variabilidad tempo- ral y caltural, La segunda parte, “La vida familiar. Vicisitudes evolutivas y accidentals”, se refiere al ciclo de vida de las familias, comen- zando por un estudio dedicado a las relaciones de pareja. Luego analizamos el proceso mediante el cual, a partir de la unién de pareja, se constituye una familia y sus problematicas especifi- cas. La relacién entre los padres y sus hijos adolescentes mere- ce un capitulo aparte debido al cardcter critico que supone tanto para los jévenes como para los adultos. La mediana edad es analizada con un criterio que registra las transformaciones ac- tuales, en especial las que se relacionan con el cambio en la con- dicién de las mujeres. En el curso de la vida familiar, muchas familias atraviesan por la crisis del divorcio, que finaliza con la estructura inicial para dar origen a otros modos de convivencia. Aanalizamos la problematica del divorcio tanto desde la perspec- tiva de los adultos como desde la de los hijes, considerando esta crisis como un exponente actual del malestar entre los géneros. Por ultimo, el desarrollo y la rdpida difusion de la reproduccién. asistida ha ocasionado un impacto profundo y adn dificil de eva- juar sobre el parentesco y las relaciones familiares, Intentamos aportar al debate actual sobre este tema, En la tercera parte, “Familia, instituciones educativas y asistenciales”, intentamos realizar un andlisis de la relacién existente entre la institucién familiar y otros arreglos institu- cionales, Algunos de ellos estan destinados a complementar la tarea de socializar a las nuevas generaciones, tal como la escue- 14 la; mientras que otros constituyen dispositivos creados afin de auxiliar a los padres 0 asistir a las parejas en conflicto. En es- tos estudios se revela la articulacién existente entre la organi- zacién de la familia y las regulaciones vigentes en cada sociedad, los conflictos que existen entre las diversas instancias y las re- jaciones de cooperacién, control y antagonismo que expresan las dificultades no resueltas por el colectivo social, asi como las ten- iones y las paradojas con que convivimos. En ia cuarta y Ultima parte, “Familia y género: Desafios ac- tuales”, planteamos una discusién acerca de problematicas con- tempordneas, asi como una visién hacia el futuro de la familia y la sociedad. La violencia que estalla en el 4mbito familiar ex- presa un malestar que esta dando lugar a nuevos arreglos. Re- gistramos tendencias incipientes pero en rapido crecimiento hacia una modificacién de la divisién sexual del trabajo, que involucra una reestructuracién de los roles parentales y de los vinculos entre los géneros. Estos cambios tornan obsoletos mu- chos desarrollos teéricos elaborados sobre la base de la experien- cia vital de la familia posindustrial. Proponemos algunas lineas de trabajo para realizar una revisién de las teorfas acerca de Ja subjetividad, en especial del psicoandlisis, asi como hipétesis sobre las nuevas modalidades subjetivas esperables una vez que se difunda la crianza compartida entre ambos progenitores. Fi- nalmente, planteamos algunas problematicas derivadas de las ansiedades que despierta el cambio actual de las relaciones en- tre los géneros, los riesgos y los desafios contemporaneos, ycier- tos lineamientos posibles para la construccién colectiva de relaciones equitativas entre mujeres y hombres. . Un cierto optimismo que no se basa en la denegacién de las dificultades sino en la apuesta esperanzada que realizamos acerca de un proceso incesante de btisqueda de democratizacién y de mejores relaciones interpersonales, nos lleva al plantea- miento de algunas propuestas utdpicas. Tal veu este aspecto de Ja modernidad deba ser rescatado del descrédito al que la des- ilusién posmoderna lo ha condenado con premura. Es cierto que muchas buenas intenciones han empedrado el camino del infier- no, pero la revolucién de las relaciones entre les géneros puede ser considerada como pacifica, se basa en el consenso, no preten- de imposiciones mesidnicas y a la vez existe cierto acuerdo acer- 15 ca de que es la unica transformacién contempordnea que ha al- eanzado un éxito aceptable. No resulta entonces tan insensato realizar previsiones alentadoras, que al menos tienen el mérito de orientarnos hacia la direccién que nos parece adecuada para un mayor bienestar de los sujetos y para la crianza de las nue- vas generaciones, Finalmente, deseamos dedicar nuestra contribucién a este libro a nuestros seres queridos. Mabel Burin dedica su trabajo a su esposo Marcos y a sus hijos, Débora, Leila y Gabriel; Irene Meler desea dedicar su parte en este esfuerzo a la memoria de su marido, Walter Katz, y a sus hijos, Brune y Alina Baretto, También nuestra dedicatoria se dirige a todos aquellos que es- peramos y deseamos que nos lean, Los lectores son interlocuto- res desconocidos, y el acto de escribir involucra la ventaja de poder conversar, aunque sea a la distancia, con personas muy diversas. Esperamos que la lectura de nuestro trabajo estimule reflexiones, criticas y debates que mantengan viva la indagacién acerca de las relaciones entre mujeres y hombres; nifios, adeles- centes y ancianos; personas de diversas culturas y sectores, en fin, la exploracién acerca de los vinculos humanos. Parte I . Género, familia, subjetividad 1. ESTUDIOS DE GENERO. RESENA HISTORICA Mabel Burin El término “género” circula en las ciencias sociales y en los discursos con una acepcién especifica y una intencionalidad ex- plicativa. Dicha acepcién data de la década del 50, cuando el in- vestigador John Money (1955) propuso el termino “papel de nero” ” [gender role] para describir el conjunto. nducias atri- ines y las mujeres. Pero ha sido Robert Stoller ¢ a8) a quien establecio tias nitidaimente la diferencia conceptual entre sexo y género, bas&ndose en sus investigaciones sobre ni- fios y nifias que, debido a problemas anatémicos congénitos, ha- bian sido educados de acuerdo con un sexo que no se correspondia con el suyo. La idea general mediante la que se diferencia “sexo”: de “género” eg que el sexo queda determinado por la diferencia sexual inscrita en el cuerpo, mientras que el género se relaciona con los significados que cada sociedad le atribuye. Segiin lo plan- tea Gomariz (1992), de manera amplia podria aceptarse que son reflexiones sobre género todas aquellas que se han hecho a lo Jar- go de la historia del pensamiento humano acerca de los sentidos y las consecuencias sociales y subjetivas que tiene pertenecer a uno u otro sexo, por cuanto esas col cuencias, muchas veces entendidas como “naturales”, no gon sirio formulaciones de géne- .ro; Asi, se puede hablar de forma amplia de los Estudios de Gé- nero para referirse al segmento de la produccién de conocimientos que se han ocupado de este ambito de la experiencia humana: las significaciones atribuidas al hecho de ser varén o ser mujer en cada cultura y en cada sujeto. 19 Una de las ideas centrales, desde un punto de vista descrip- tivo, es que los modos de pensar, sentir y comportarse de ambos géneros, mas que tener una, ba: e natural e invariable, se deben a construcciones sociales y familiares asignadas de manera di- ferenciada a mujeres y a hombres. Por medio de tal asignacién, a partir de estadios muy tempranos en la vida de cada infante humano, unas y otros incorporan ciertas pautas de configura- cién psiquica y social que dan origen a la feminidad y la maseu- linidad. Desde este criterio descriptivo, el género se define como la red de creencias, rasgos de personalidad, actitudes, valores, conductas y actividades que diferencian a mujeres ya hombres, Tal diferenciacién es producto de un largo proceso histérico de construccién social, que no sélo produce diferencias entre los géneros femenino y masculine, sino que, a la vez, estas diferen- cias implican desigualdades y jerarquias entre ambos, Los es- tadios de género utilizan una Perspectiva de andlisis de las diferencias en general, que denuncia la légica binaria con que se perciben, en este caso la diferencia sexual. Mediante esta légica binaria la diferencia es conceptualizada en términos “o el uno o el otro”. El que se encuentra en el lugar de Uno ocupa una posicién Jerarquica superior, en tanto el Otro queda desvalorizado. Mediante esta operacién logica, en la que sélo habria lugar para Uno, el Otro ocuparia una posicién desjerarquizada. Asi Uno estard en la posicién de sujeto, mien- tras que el Otro quedaré en Posicién de objeto. Esta légica dela diferencia es desconstruida en los Estudios de Género, dende se hace visible que esas oposiciones y jerarquias no son naturales sino que han sido construidas mediante un largo proceso hist6- rico-social. En este texto analizaré las marcas que deja el orde- namiento de la desigualdad entre los géneros, en la construccién de la subjetividad, femenina y masculina, El “género” como categoria de anilisis tiene varios rasgos caracteristicos: 1. Es siempre relacional, nunca aparece de forma aislada sino marcando su conexién. Por ello, cuando me refiero a los Estu- dios de Género siempre aludo a los que remiten a las relaciones entre el género femenino yel género masculino. Hasta ahora, en. los Estudios de Género se ha puesto énfasis en que tales rela- ciones son de poder (para Jane Flax [1990] se trata de relacio- 20 es de dominacién). La mayoria de los estudios se han gentrade on la predominancia del ejercicio del poder de los afectos enel pénero femenino y el poder racional y econdémico en el género - masculine. Para estos fines, interesa analizar cémo se estable-- i Ambito familiar y las tas relaciones de poder dentro del 4ml ito fa ; huellae que dejan en la construccién de la subjetividad femeni- na y masculina. rasgo de la categoria género para tener en cuenta es gue: setrate de una construccion histérico-social, osea que “e fue produciendo a lo largo del tiempo de distintas manerae, ee nas historiadoras, como R. Pastor (1994) sefialan que el sear. so hist6rico ha implicade relaciones de subordinacion en as signifieaciones del género, con un peso muy importan o one do a instituciones tales como religién, criterios médicos y tificos, y aparatos juridicos. 3. Otro rasgo es que la nocién de género suele ofrecer abe cultades cuando se lo considera un concepto totalizador, que vuelve invisible la variedad de determinaciones con ave nos ,construimos como sujetos: raza, religion, clase social, e . “Todos éstos son factores que se entrecruzan durante la consti- ituci uestra subjetividad; por lo tanto, el género jamds ee con forma pura sino entrecruzado con estos otros aspec- tos determinantes de la subjetividad. humana. ce Algunas erfticas que, desde la perspectiva del genero, hacen a las disciplinas que enfocan conflictos fami hares y de la construccién de la subjetividad se refieren al os pri cipios esencialistas, biologistas, ahistéricos e individual es a8. Esencialistas son las respuestas a la pregunta eau 80, ny qi 6 soy?*, suponiendo que existiera algo sustancial e inmate _ ble que responderia a tales inquietudes. Esta pregunta Po " formularse mejor para lograr respuestas més enriquened Oras, por ejemplo “jquién voy siendo?”, con un sentido const vista 7 Los criterios biologistas responden. a sto interrogant s een , cuerpo, y asi asocian fundam italmen’ : woe a te capacidad reproductora. Este eriterio biologist su- pone que ser mujer es tener cuerpo de mujer, del ual Wee leriva- rian supuestos instintos tales como el maternal, el de 21 cuidados, el de nutrir, y otros. Los principios ahistéricog niegan que a lo largo de la historia log séneros hayan padecido notables cambios, especialmente el femenino, en su posicién social, poli- tica, econémica, e implicado profundas transformaciones en su subjetividad; por el contrario, suponen la existencia de un “ater. no femenino” inmutable a través del tiempo. Los criterios indi- vidualistas aislan a las mujeres del contexto social, y suponen que cada mujer, por separado ¥ segiin su propia historia indivi- dual, puede responder acerca de la construccién de su subjeti- vidad. Si bien me centraré sobre cémo incide la perspectiva del gé- nero en las diversas configuracions es familiares y vinculares, y sobre la construccién de la subjetividad sexuada, femenina o masculina, no deberfa dejar de mencionar que la perspectiva del género esta ligada a otros campos de aplicacién, por ejemplo, la educacié6n, la legislacién, las practicas médicas, lo cual permiti- v4 ampliar la perspectiva de dénde y como poner a operar los conocimientos de género en lag diversas disciplinas. ANTECEDENTES DE LOS ESTUDIOS DE GENERO. Diversos autores han hecho criteriosos relevamientos que permiten sefialar ciertas periodizaciones. Entre ellos, Gomariz (1992) afirma que los primeros antecedentes de estos estudios se refieren a la condicién social de las mujeres. Ya habia enun- ciados de Platén y de Aristételes acerca de la “inferioridad? fe- menina en contraposicién a la “superioridad” masculina, pero fue a partir de la Revolucién Francesa y la Tlustracién (siglos XVI y XVII) cuando surgieron con énfasis en Europa, y mds adelante en Estados Unidos, los valores de la modernidad, explicitados en los términos “igualdad, libertad, fraternidad”. A partir de esos principios, las mujeres comenzaron a reclamar sus derechos como ciudadanas, con variada suerte, ya que alre- dedor del siglo XX tales principios se les revelan esquivos, es- pecialmente a partir del imperio de la rigida moral victoriana, predominante en Europa a partir de mediados del siglo pasado, con implicaciones politicas, religiosas y cientificas, La inciden- cia de los valores victorianos en su €poca fue de tal alcance, que 22 i i ji como ma- a representaciones sociales de las mujeres como 1 hoe vesposas, virgenes (a partir de la concepcién marianista, in erante desde mediados del siglo pasado) ° fragiles y procli- wes ala enfermedad (por ejemplo, en los ostudios sobre la piste: i resistenci ia iniciados en el siglo XIX). Como mot lo de a somejante posicién social y familiar de las mujeres surgen algu- iguras femeninas que, integradas a los movimientos ot won ievlamen participacin social y econémica igualitaria y costienen el derecho a la educacién igualitaria para ambos sexos (como Flora Tristan en Latinoamérica). Tambien Surgeon me: i isibilidad en el mundo al, en. - ee oe tv las cencive, pe deb conderse detrés las ciencias, pero a menudo deben es ‘se fonombres masculinos para dar a conocer su produccién, como en el caso de George Sand, cuyo nombre era Aurora Papin i i i | clima intelectual fue - Hacia comienzos de este siglo, el c lectnal fae hacien- ermeable a la idea de la igualdad le derechc vee fue adquiriendo peso el movimiento sufragista, que fa inici i terior y que reclamal habia iniciado a fines del siglo an’ eli | derecho al voto para las mujeres. Junto con ose movimiento sur is insi firmar ala mujer a ro contrario, que insiste en con: an eto familiar, y asociarla a la maternidad y al rol de esposa y de ama de casa. Esta posicién fue refrendada por. algunas ‘e iss ciencias sociales que comenzaron, en esa época a analizay la - ferencia sexual (Sociologia, Pedagogia, Antropologia). a Segun da Guerra Mundial impuisa los movimientos de las mujeres, y crea coyunturas favorables contra la discriminacion Por razones igi i extient de raza, religién o sexo. Con este impulso se e jeree in identales que atin no lo habian femenino al voto a los paises occident Ss que ° habian ido, ii i ises del hemisferio sur, entre conseguido, incluidos los pai emis! Fe non tina. También hacia los afios 6 surge | rises angleejones la Hamada “segunda ola del movimiento feminis ta” (la primera habia sido 1a dé las sufragistas), con algunos antecedentes importantes como las reflexiones de Simone de Beauvoir (1957) en El segundo sexo. Las primeras criticas de aquellas feministas se orientaban, en buena parte, a Joqne com sideraban rasgos de la opresién patriarcal, en particular 8 sexualidad femenina cnclanstrada en ae Samiti ; jay yen ién-reproductora, y consideraban a las muj 1 ot sotabitidad o inestabilidad social a través de su insercidn en la 23 ‘ familia. Por esta época, observaciones antropolégicas de Lévi- Strauss (1949) sugieren que la division sexual del trabajo es un producto cultural para provocar la dependencia entre los sexos. Hacia mediados de los afios ’60 surgen nuevos movimientos sociales, especialmente en Estados Unidos, que tienden a la eri- tica antiautoritarista, al incremento de oportunidades educati- vas con mayores posibilidades de prosperidad econémica. Dentro de estos movimientos sociales se destacan el de los hip- Pies (pacifista), el de lucha contra la discriminacién racial (ne- gros) y religiosa (judfos), yel de las feministas, Este tiltimo logra avanzar en sus luchas contra la desigualdad social, beneficiado por el progreso de las técnicas anticonceptivas, que lograron separar sexualidad de maternidad en el imaginario social y en las prdcticas de las parejas. Hacia los afios °70 algunos sectores feministas radicalizados sostienen que las mujeres son un grupo social que padece con- diciones significativas de opresién en la sociedad patriarcal. Una autora de esa década, Kate Millett ( 1970), en su libro Poii- tica sexual, establece que el patriarcado es un sistema politico que tiene como fin la subordinacién de las mujeres, La familia seria la encargada de esta tarea, cuando la politica estatal no es suficiente, También en esta década surge el Iamado “femi- nismo de la diferencia” (Luce Irigaray, Annie Leclerc, H. Cixous, Julia Kristeva), que sostiene que ser diferente es lo que enaltece a las mujeres: su irracionalidad, su sensibilidad y su sensuali- dad se ubicarian por encima de los valores masculinos. También. defiende la maternidad y la ética diferente de las mujeres (“éti- ca de los cuidados”). Es durante esta década que comienzan a instalarse en la estructura académica de diversos paises del he- misferio norte los primeros seminarios y departamentos de Es- tudios de la Mujer, que institucionalizan la produccién teérica y las investigaciones relativas a las mujeres. En sus comienzos, los Estudios de la Mujer se proponian responder a los siguien- tes interrogantes: a) geémo entender la diferencia entre los Sexos, sus origenes, sus implicaciones sociales?; b) glas teorias vigentes permiten comprender esas diferencias, 0 meramente reproducen los prejuicios y los estereotipos culturales?; c) en una cultura donde la produccién de conocimientos ha estado predo- minantemente a cargo de los hombres, jllevaria esta situacién 24 isién parcial y sesgada acerca de las mujeres?; @ si las a vaoshubicean participado enla construccién, del conocimien- to, ,cudles serfan sus supuestos basicos, sus criterios de cient ficidad, sus légicas, sus metodologias? En Buenos Mires ve creacion del Centro de Estudios de la Mujer, en 1979, hizo de las preguntas anteriores sus principios fundantes. Para quienes fuimos sus protagonistas, los Estudios de la Mujer significaron una revolucién del conocimiento, y hemos asistido a la presen- cia numerosa y activa de una cantidad cada vez mayor de aca: démicas preocupadas por estas problematicas. Su impa i ose produjo en nuestro medio basicamente en el campo humanis eo de las ciencias sociales, focalizandose més en disciplinas tal ies gomo Psicologia, Sociologia, Antropologia, Derecho, Letras, - Josofia y otras. Desde sus comienzos se definidé como una gorrien te interdisciplinaria que utilizaba de modo heterogéneo diversos ricos y metodoldgicos. , Neca déoada del 80, ciertas Corrientes de los Estudios de Na Mujer, en sociedades industrializadas, demostraron tener li- mitaciones inherentes a la perspectiva unidirecciona con que encaraban su objeto de estudio. Una de estas limitaciones con- sistia en que enfocar exclusivamente el problema de las muje- res Ileva a no tener una visién de conjunto, ya que el Otro no es pensado, significado ni desconstruido. Sin embargo, a pesar de que esta situacién produjo movimientos criticos, igualmente se reconocen entre sus logros: haber hecho visible lo que no se wei en la sociedad, poniendo en descubierto la marginacion social le las mujeres; desmontar la pretendida naturalizacién de la ve sin. sexual del trabajo, revisande la oxelusion nde Tas mujeres del 4mbi abhi su sujecién en lo privado, etcét je are De anos 80 comienza a perfilarse una corriente mas abarcadora e incluyente que busca nuevas formas de construc- ciones de sentido, tratando de avanzar en las relaciones one mujeres y varones, con lo cual surgen los Estudios de Género. p e forma paralela un ntimero atin reducido de hombres comenz 2 cuestionarse sobre la “condicién masculina”, esto es como la cultura patriarcal deja sus mareas en la construccién, de mas: culinidad, afectando sus modos de pensar, de sentir y de actuar. Algunos de estos estudios dan lugar a la llamada “nueva mas- culinidad”. 25 ” Los Estudios de Género aspiran a ofrecer nuevas construc- ciones de sentido para que hombres y mujeres perciban su mas- culinidad y su feminidad, y reconstruyan los vinculos entre ambos en términos que no sean los tradicionales opresivos y discriminatorios, todo ello basado en que el andlisis de los con- flictos de los nuevos vinculos entre los géneros contribuird a establecer condiciones de vida mds justas y equitativas para ambos. Estos proyectos, si bien Joables, se encuentran dentro de contextos culturales a veces muy tensionados por sus conflic- tos, que en el momento actual se describen de modo muy ge- neral como “conflictos de la posmodernidad”. A menudo se relacionan los Estudios de Género con Ja llamada “cultura posmoderna”, en tanto que los Estudios de la Mujer, y muy particularmente el feminismo, se asocian al ingreso de las mujeres en la modernidad. Esta aparece en el siglo XVIII a partir de la Revolucion Francesa, con los ideales de “libertad, igualdad y fraternidad”, y la propuesta de incorporar a todos los sujetos sociales ala construccién de una sociedad orienta- da hacia un futuro de Progreso, Sus valores incluian el culto a Ja raz6n, la dominacién de la naturaleza por parte del hombre, el desarrollo industrial y tecnolégico, etcétera. En este Proyec- to no participaron las mujeres; no fueron sujetos disefiadores de esos valores sino sus auxiliares, mediante la configuracién de una sociedad que delimitaba claramente, a partir de la Re- volucién, Industrial, el espacio publico (para los hombres) y el espacio privade (para las mujeres). De esta manera se diferen- ciaban perfectamente dos areas de poder: para los hombres, el poder racional y econémico; para las mujeres, el poder de los afectos en el dmbito de la vida doméstica y de la familia nu- clear. Esta divisién de areas de poder entre hombres y muje- res tuvo efectos de largo aleance en la constitucién de su subjetividad, que iremos analizando alo largo de este texto. En el caso de las mujeres, su subjetividad se hizo fragil, vulnera- ble, hasta Iegar a caracterizarse como el “sexo débil”, para dar cuenta de la representacién social acerca de la feminidad, coma efecto de aquella politica de exclusiones. Dentro de este con- texto de la modernidad, surgen los grupos de mujeres descri= tos anteriormente, que denunciaron su exclusién social y se 26 ‘ieron incorporarse de forma igualitaria a los espacios eeteafamiliares (por ejemplo, las sufragistas). En ese Proyecto de la modernidad, las primeras luchas de mujeres apuntal an acierta narrativa acerca de la emancipacién y la liberacién de sus condiciones de opresién. Esto se producia dentro del con- texto de las grandes narrativas de la modernidad, que supo- nian que la humanidad marchaba hacia la cmaneipacién universal, y que valores tales como el Progreso y la igualdas eran comunes a todos. También era propio de este discurso so- cial la nocién de un sujeto universal, unitario, que se dirige na cia un fin tinico. En el caso de las mujeres, algunos sectores del movimiento feminista consideran que semejante proyecto de la modernidad qued6 inconeluso, mal logrado, pleno de fallas y en situacién de crisis. Los actuales Estudios de Género hacen al- gunas criticas a aquella concepcién moderna acerca de la cons- truecién del género femenino, y abandonan el proyecto de una gran teoria explicativa sobre las condiciones femenina y mas- culina. Se centran cada vez mds en investigaciones coneretas y especificas, con metas més limitadas. A partir de los afios 80 los Estudios de Género han criticado las suposiciones de la de- pendencia femenina universal y su confinamiento a la esfera doméstica, que constituirian extrapolaciones no siempre cier- tas a partir de la experiencia con mujeres blancas, de sectores medios, de medios urbanos. Las teéricas del género actualmen- te tienen un interés menor en las teorfas sociales abarcadoras, y los estudios se han vuelto mas localizados y orientados temé- ticamente. Estos principios serian acordes con la idea pos- moderna acerca del fin de las grandes narrativas explicativas de probleméticas universales. Sin embargo, los Estudios de Género conservan para si la poderosa base de critica social con, que se iniciaron los primeros estudios acerca de la condicién fe- menina, especialmente la denuncia de jas condiciones de des- igualdad y de marginacién de mujeres y/o de hombres en determinadas areas de poder donde podrian desplegar su sub- jetividad. También los Estudios de Género han coincidido con. Ja idea posmederna de la pluralidad, la diversidad y la frag- mentacién de los sujetos que analiza. En esta linea, sugieren tomar como punto de partida el andlisis de las practicas dela vida cotidiana, de lo personal, de las subjetividades, A la vez, 27 ' en la actualidad, los Estudios de Género critican los discursos » de la modernidad: a) por ser dualistas (dividen el universo que * estudian en sistemas “o...0"); b) por tener criterios hegeméni- 08 acerca de un sujeto mujer (“estudiar ala mujer”); c) por ser universalistas y totalizadores (al considerar que lo uno repre- senta al todo). Dentro de este contexto, también los Estudios de Género admiten la erisis de las representaciones sociales al cuestionar la nocién de que existirfa un tinico modo domi- nante de representacién social para cada género. Un fenéme- no que destacan los Estudios de Género es establecer redes y alianzas entre las diversas corrientes del género y con varia- dos movimientos sociales, tales como los ecologistas, los pre- ocupados por la calidad de vida, los interesados en la defensa de los derechos humanos, etcétera. También debe sefialarse las tendencias a la interdisciplina, a las “conversaciones” entre las distintas disciplinas respecto de un objeto de estudio. Las “conversaciones” no tienden a concluir sino a continuar mediante acuerdos y desacuerdos: no se proponen conclusiones ni sintesis sino puntos de legada abiertos con nuevos interro- gantes. Algunas autoras catalogan de posfeministas a quienes intentan positivizar la diferencia como expresién de un sujeto social minoritario, enfatizando la discusién entre quienes afir- man o niegan las esencialidades como forma de entender la oposicién masculino-femenina (Tubert, 1995). El feminismo de la diferencia propone una mayor participacion de las mujeres como consecuencia de estratos mas evolucionados del progre- so de la sociedad tecnoldgica, en sus modos de construccién de bienes simbélicos y de subjetividades, desde otra subjetividad y con otro posicionamiento de la realidad, Se busca legitimar subjetividades construidas sobre la hase de la indagacién en la “otra” corporeidad, en la palabra de mujer, en su imaginario, con el objeto de resignificar los viejos significados patriarcales. Nuestra insercién en América latina da pie a que nos pre- guntemos: gpodemos las mujeres latinoamericanas hablar de posmodernismo desde nuestra realidad multicultural, mul- tiétnica, de paises periféricos? Sin embargo, pareceria que la polémica modernidad-posmodernidad no ha convocado central- mente el discurso feminista latinoamericano. Nuestra ambigua 28 incorporacién latinoamericana a los procesos culturales de los paises centrales nos llevaa interrogarnos sobre nuestra comp! e- ja realidad: {vivimos en una modernidad periférica, en una con. fase posmodernidad, o todos estos procesos coexisten de forma inconclusa? . a complejidad de nuestra realidad jatinoamericana nos rex vela que en nuestra sociedad coexistirian tres ti le restos: premodernos (francamente visibles en zonas del interior a nuestro pais, especialmente en regiones donde es mas eviden' e la feminizacién de la pobreza), modernos (como el avanee masi- yo de las mujeres por incorporarse a la educacién yal ‘ ‘a aj remunerado) y posmedernos (como, por ejemplo, las prol blemé- ticas que padecen las mujeres que se someten a ieenicas se cadas de fertilizacién asistida). Esta ecexistencia de rasgos distintos momentos histéricos hace que debamos agudizar mues- tros criterios de andlisis para proponernos mayor refinamiento al analizar estos fenémenos. 29 2, LA FAMILIA, ANTECEDENTES HISTORICOS Y PERSPECTIVAS FUTURAS Lrene Meler En el amplio marco del campo interdisciplinario de los Estu- dios de Género, nuestra perspectiva especifica ha sido el estu- dio de la subjetividad sexuada. Durante muchos afios la subjetividad femenina atrajo nuestra atencién, y desarrollamos andlisis que incluyeran la impronta subjetiva de las relaciones de poder entre los géneros sexuales, particularmente, las hue- llas de la subordinacién social en el psiquismo de las mujeres. Recientemente hemos abordado el estudio de la subjetividad masculina desde la misma perspectiva teérica que contempla las relaciones existentes entre masculinidad y dominacién. ~- A partir de la recusacién del paradigma biologista y del cues- tionamiento de la vertiente ahistérica del estructuralismo, considero que la subjetividad se construye en un contexto socio- cultural que puede caracterizarse por su modo de produc- cién,' el cual a su vez se articula con dispositivos institucio- nales, posibles de ser estudiados en su legalidad especifica, y con un universo simbélico. En este contexto significativo, las re- presentaciones imaginarias hegeménicas disputan la produccién del sentido a las representaciones alternativas, ya que existen 1, El concepto “mado de produccién” se debe a la perspectiva marxiste. Al ser mi especialidad el estudio de la subjetividad sexuada, recurriré a categorias que me permitan pensar, sin que esto signifique adscribir de forma orgdnica a alguna corriente del pensamiento social o politico. 31 diversos sectores dentro de una cultura compleja (Castoriadis 1993). La subcultura que precede a cada sujeto propone deter tainados valores que se traducen en el nivel pergonal, en el sis. tema de ideales propuestos para el yo as{ como en el nivel colec- tivo dan origen a prescripciones y proscripeiones explicitas e implicitas, que constituyen el cuerpo normativo que rige los in- tercambios sociales. Dado que la vida psiquica surge y se desarrolla en una tra- ma vincular que preexiste al nacimiento de cada sujeto, la fa- milia es un objeto de estudio privilegiado para su comprensién. ‘sta es una tarea de la mayor importancia en un periodo que, como el actual, se caracteriza por la transformacién acelerada de las instituciones y de las subjetividades. La direccién del cambio es objeto de un debate donde se entrecruzan las postu- ras apocalipticas, propias del fin del milenio, con preocupacio- nes mds concretas acerca de cudl serd el camino a seguir en la biisqueda incesante de mejores condiciones de existencia. La indagacién de los estilos familiares de nuestro tiempo no puede desligarse de una formulacién, al menos implicita, de proyectos y preferencias. Dos preguntas importantes se refie- ren a los criterios que sustentan las simpatias o los rechazos por determinados arregios familiares. ,Cudl es el bien prote- gido? y gqué representacién elaboramos acerca del bienestar ° el malestar de log sujetos? Nuestras fantasias, utopias o pro- puestas acerca de la familia se formularén de acuerdo con el estilo de personalidad que valorizamos, la subjetividad que preferimos. La definicién elegida es de por si ideoldgica, y particularmen- te prefiero optar, sobre cualquier referencia ilusoria a estados de felicidad, por Privilegiar los arreglos que favorezcan que cada sujeto desarrolie sus potencialidades creativas en. el curso de su existencia.? 2. Simone de Beauvoir propone este eriterio en su obra Hl segunda sexo, Par ora parte, debo a la perspectiva de un psicoanalista inglés, Donald Winnicott, elreconocimiento de la importancia del desarrollo de la creatividad para expe- rimentar la sensacién de bienestar subjetivo, El placer de crear se diferencie de otros descontextualizado de les vinculos emocionales, por su indole simbélica, que supone y a la vez promueve mayor complejidad psfquica, 32 La estabilidad, el orden y el respeto por las jerarquias, aus constituyeron los ideales del Antiguo Régimen europeo, a él contexto de un anhelo creciente de democratizacién yun esa rrollo a veces exacerbado de las individualidades, son reempla- zados por la propuesta de extender a la totalidad del cuerpo social la meta del cultivo de st. Tomo esta expresién de he Foucault, (1986) quien, en su estudio sobre las practicas y los valores sexuales de la Grecia clasica, relaté que ésta fue la meta existencial de los varones adultos pertenecientes a los sectores ciudadanos. Hoy en dia sigue siendo una propuesta estimulan- te, siempre y cuando todos podamos aspirar a acceder aella. ‘ Las preguntas que dirigen esta indagacién son: jqué est ocurriendo en la familia contempordnea? y gedmo deberd evolu- cionar a fin de favorecer un desarrollo mas positive y menos 6 ara todos sus miembros? , pee evidente que la familia actual experimenta tensio- nes y conflictos tanto en el vinculo de alianza entre mujeres y yarones, como en la relacién de filiacién, entre las generaciones. Si bien nuestro interés se focaliza en la primera dimensién, tam- bién es necesario articular el andlisis con la segunda. | ” En el estudio que realizamos acerca de algunas cuestiones relacionadas con Ja familia y la subjetividad sexuada, que se construye en ese dmbito, no es conveniente ofrecer un discurso totalizador que ordene forzadamente la experiencia aldarle una coherencia que sin duda resulta tranquilizadora, pero que tie- ne el inconveniente de congelar la indagacién. Mas bien brinda- remos elementos que sirvan como herramientas tedricas para sostener interrogantes, facilitando futuras investigaciones. TEORIAS SOBRE EL ORIGEN DE LA FAMILIA Comencemos por pensar qué se entiende por familia, pregun- ta que va unida a la indagacién acerca de su origen. Los antropélogos evolucionistas tendian a pensar en un proceso histérico que, partiendo de la horda indiferenciada, fie instituyendo progresivas regulaciones que dieron lugar a la forma actual de familiarizacién, caracteristica de las Ilamadas “sociedades avanzadas”, y muchas veces considerada, con un 33 etnocentrismo que ya no se sostiene con conviccién, la forma éptima de agrupamiento familiar. Puede haber debate entre los sectores conservadores —que suponen la existencia de una naturaleza humana, lo que daria sentido a la continuidad de los arreglos que mejor respetaran sus supuestos invariantes—y sectores innovadores —que denun- cian los aspectos opresivos de la organizacién vigente-, pero ambos concuerdan en suponer la existencia de una transforma- cidén a lo largo de la historia, evolutiva o involutiva segiin las opiniones, pero que no serfa uniforme, encontrandose hoy algu- nos pueblos en estadios superados por otros desde largo tiempo atras. Entre otros pensadores, Freud y Engels coinciden en este aspecto. Sigmund Freud, en la construccién mitica realizada en su obra Tétem y tabi (1913), imagina, siguiendo a Darwin, una -.horda primitiva gobernada por un macho despético, El pacto social habria surgido por un acuerdo realizado entre los hijos varones, quienes luego de matar a su padre para tener acceso a las hembras que aquél monopolizaba, aceptaron renunciar a ellas a fin de evitar la rivalidad fratricida, De ese modo, se ins- tauré la exogamia y con ella el intercambio social y la primera regulacién legal consensuada entre los hombres, consistente en, la interdiccién del incesto. Freud inicia su estudio basado en datos acerca de los abori- genes australianos, quienes, organizados en clanes totémicos, tienen prohibido comer a su animal tétem que representa el antepasado primordial y, a su vez, no pueden consumar unio- nes sexuales dentro de su clan sino que deben emparentar con mujeres pertenecientes a otros clanes. Freud relaciona el tabi: del incesto con el crimen del padre primitive, devorado por sus descendientes, y comparte asi la hipdtesis de Morgan acerca de la existencia del matrimonio por grupos, previo a la monogamia. En este sentido, es evolucionista, pero sus ideas sobre el tabti del incesto se relacionan con el desarrollo de la antropologia estructuralista, corriente teérica que, en lugar de suponer un proceso temporal evolutivo, busca leyes invariantes tras las in- finitas variantes geograficas e histéricas, que permitan descu- brir una estructura universal propia del parentesco humano. Esta postura tiene como representante a Claude Lévi- 34 974), cuya obra a su vez realimentardé a la escuela Coa de Poloocnatisie En el texto freudiano, complejo y multivoco en muchos aspectos, encontramos referencia a une estructura invariante y universal, el complejo de fipo| animal totémico es comparado con el animal temido en las zoofobias infantiles, el cual se considera un representante sim bélico del padre odiado y amnado de forma ambivalen 2. complejo de Edipo explica la existencia de dos “imperativos con tegéricos” universales: evitar el parricidio y evitar el incesto. Para Freud, el tabi del incesto salvaguardaria la cohesion in- terna del grupo o fratria, mientras que Lévi-Strauss cons era que su sentido es evitar la aniquilacién entre grupos rivales. Ambos autores coinciden en relatar la historia y explicar la cultura en clave androcéntrica, sin dejar lugar para ie problematizacion de la reificacién de la mujer, que nose cons - tuye en objeto de andlisis, ya que la consideran “natural . a Respecto de Freud (1913, 1921, 1930), él explica el origen ie la familia en funcién de la desaparicién del periodo de celo y « instalacién biolégica de la posibilidad de apareamiento sexual en cualquier época del afio, lo cual determiné que los machos desearan retener junto a sia la hembra objeto de su deseo, nien- tras que ella se habria quedado al Jado del macho tan sélo por necesitar su proteccién y por amor a sus crias. En ningtin mo- mento aparece la imagen de la hembra humana como un ser con incipiente subjetividad y mucho menos con algtin deseo erotien hacia el macho. De aeuerdo con la ideologia de la época, la mu- j ntada ante todo como madre. ae cl hecho de que ia mujer suele ser el objeto de deseo del hombre, Freud 1a asimila a la sexualidad, y confunde la percep, cién masculina acerca de ella con la subjetividad femenina. partir de tal supuesto imagina que existe una tendencia estruc- tural en las mujeres a ser hostiles respecto de la sociedad, reves Jada en que pretenden retener a sus hombres en el interior eel niicleo familiar, ya que su menor capacidad para producir e int grarse a la cultura las lleva a rivalizar con los intereses soci: es masculinos. Nos encontramos entonces con. el curioso cuadro de un hombre que consintié en formar familia debido a'sus urgen cias sexuales, pero que se distancia de ella a causa de su af in sublimatorio. La criatura femenina, reducida a su dimensién 35 maternal, acepta con renuencia su postergacién en aras de obte- ner amparo para su cria. Segtin mi opinion, esta perspectiva freudiana es una extrapolacién realizada a partir de una escena conyugal de la Viena de los afios °20, extendida de forma abusiva para construir una version explicativa de la prehistoria de la humanidad. La clave del relato de Freud pasa claramente a través de la sexua- lidad, y el lazo familiar se construye a partir de las experiencias eréticas de satisfaccién. El lazo social, asi como la produccién cultural, se sustentan en la libido homosexual masculina sublimada. Freud no ha con- siderado a las mujeres como sujetos sino sélo en su funcién de objetos del contrato social y, seguin opina, los hombres, cuando Se aman entre silo suficiente como para cooperar, estan trans- formando en sociabilidad su deseo homoerético originario, Freud imaginaba que los machos de la horda primitiva, exelui- dos por el macho dominante del acceso a las hembras, debian satisfacer su sexualidad con uniones homosexuales, A esto agre- g6 que tal vez la consumacién erética asi obtenida les Proporcio- né las fuerzas necesarias como para llevar a cabo el parricidio originario. Este es un comentario interesante, porque evidencia Ja estrecha asociacién que percibe entre ejercicio del poder y sa- - tisfaccién sexual. El actual acceso al poder por parte de las muje- res se asocia, efectivamente, con un mayor acceso al goce erético. Federico Engels, en su obra El origen de la familia, la pro- biedad privada y el Estado (1984), afirma: Seguin la teoria materialista, el mévil esencial y decisivo al cual obedece la humanidad enla historia es la produccién. y la reproduc- cién de la vida inmediata. A su vez, éstas son de dos clases, Por un lado, la produccién de los medios de existir, de todo lo que sirve para alimento, vestido, domicilio ¥ de los utensilios que para ello se ne- cesitan; y por otro, la produccién del hombre mismo, la propagacién. de la especie. Las instituciones sociales, bajo las que viven log hom- bres de una época y de un pais dados, estan intimamente enlaza- das con estas dos especies de produccién, por el grado de desarrollo del trabajo y por el de la familia. Siguiendo a Morgan, Engels consideré que la sociedad pri-, mitiva o las sociedades simples se reducen al parentesco, mien- 36 . stuido ol e en las sociedades complejas, donde seha constituido el Estado, el parentesco cede su importancia al orden de Ila propie- dad, donde tienen lugar esos antagonismos yesas | ba ses que componen hasta hoy toda la historia escrita. tuto eo. A diferencia de Freud, Engels no naturaliz6 el esta ato 0 cial de las mujeres sino que elaboré una hipétesis ae acerca de lo que caliicae como su derrota historica. s etn a bo, la divisién sexual del tral ajo, que pa 1 den de raleza, no implicaba jerarquia entre los géneros 3 ieee Tas sociedades simples. Fue con el surgimiento de la ag cultura de arado y la ganaderia cuande los varones ane Be dedicaban a estas tareas vieron aumentado su poder econ nico por la posibilidad de acumular ocedentes de Peele iu is. poner de ellos para el intercambio. tetoe ante mneree relaciones de clase para entender los vincul a 708 8 nuevos ricos, una vez comprendido su rol & la veproduesién humana, habrian utilizado su poder para ins: taurar la monogamia y la filiacién patrilineal, afin de asegurar- se la legitimidad de la descendencia y poder {rans nity Tos bienes que no alcanzaran a consumir a quienes pu eral derar extensiones de su ser, 0 sea sus hijos biol 6gicos. triineat Al instaurarse la hegemonia de la descendencia pa i eal y la residencia patrilocal, las mujeres vieron reduci os us ie. rechos y restringida su sexualidad, y de este modo se ini su subordinacién secular, que se oxtendovia hasta Ia monoga rie acterizada por la depen a eee Sluiden en el hogar y obligadas a una fidelidad pocas dida. , wees bien se hha criticado el economicismo de esta tesis, que no toma en cuenta el rol diferencia! ée ambos sexos en | lane ién bioldgica, tiene el mérito de s fi rr wo nateraliner la dominacién, cosa que no puede devirse del relato freudiano, con excepcién de alguna obra empr na (Freud, 1908), ya que, como dijimos, este autor consi orb a ue el lazo social se establecia entre varones, mientras que j ji ica su sujeto. i ate Land Stowe a au articulo “La familia” (1974), re- futé el-eriterio del evolucionismo bioldgico, recordndonos sue la familia monog4mica nuclear se encuentra tanto en socier 37