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Wilhelm von Humboldt ESCRITOS SOBRE EL LENGUAJE Wilhelm von Humboldt ESCRITOS SOBRE EL LENGUAJE Edición y
Wilhelm von Humboldt
ESCRITOS
SOBRE
EL
LENGUAJE
Wilhelm von Humboldt
ESCRITOS SOBRE
EL LENGUAJE
Edición y traducción
de Andrés Sánchez Pascual
Prólogo de José María Valverde
Ediciones Península
(Libro Estudio)
TÍTULOS ORIGINALES ALEMANES DE LOS
CINCO TEXTOS SELECCIONADOS:
Primera edición: mayo de 1991. © por la traducción: Andrés Sánchez Pascual, 1991. © por el
Primera edición: mayo de 1991.
© por la traducción: Andrés Sánchez Pascual, 1991.
© por el prólogo: José María Valverde, 1991.
© de esta edición: Ediciones 62 sla., Provença 278,
08008-Barcelona.
Í N D I C E :
2

—Über das vergleichende Sprachstudium in Beziehung auf die ver·schiedenen Epochen der Sprachentwicklung —Über den Einfluss der verschiedenen Charakters der Spradzen auf Literatur und Geistesbildung —Über das Entstehen der grammatischen Formen, und ihren Einfluss auf die 1deenentwicklung —Über die Buchstabenschrift und ihren Zusammenhang mit dem Sprachbau —Über den Dualis

La versión de estos textos ha contado con una «Ayuda a la creación literaria. Modalidad de Traducción» (1990), otorgada por el Ministerio de Cultura.

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Impreso en Limpergraf sla., Calle del Río 17, Nave 3, Ripollet. Depósito legal: B. 15.148-1991. ISBN: 84-297-3244-6.

Prólogo, de José M. Valverde …………………………….…… 5 Bibliografía ………………………………………………… .... … 27 Nota a la edición
Prólogo, de José M. Valverde …………………………….……
5
Bibliografía …………………………………………………
....
27
Nota a la edición …………………….……………………… .....
32
Sobre el estudio comparado de
las lenguas en relación con las
diversas épocas de su evolución ………………
…. 33
.....
……….
Sobre la influencia del diverso
carácter de las lenguas en la
literatura y en la formación del espíritu ……………… ..
…… 60
Sobre la génesis de las formas
gramaticales y su influencia en
la evolución de las ideas ………………………………………
66
Sobre la escritura alfabética y
su conexión con la estructura
de las lenguas ……………………
...
……………………
...
……
103
Sobre el Dual ………………………
...
…………………………
136
3
4
4
La toma de conciencia de lo que de hecho 5
La
toma de conciencia
de
lo
que
de hecho
5

La capacidad de hablar —resulta perogrullesco decirlo — es lo que nos constituye como seres humanos, más bien que el poder ser definidos como «animal racional» u horno sapiens sapiens. Pero, quizá por ello mismo, la

humanidad ha vivido y hablado durante miles —o millones— de años sin tener más que una conciencia confusa, si es que no nula, de qué sea esa capacidad de palabra, dándola por supuesta casi como algo natural, lo mismo que el respirar, aunque quizá con algún vago residuo de creencia en su poder mágico sobre la realidad. Y ello, casi siempre, sin reconocer que otros tengan otras palabras para lo mismo: si aparece alguien que haga otros ruidos con la boca, son meros ruidos, es un bar-bar (bárbaro), un tar-tar (tártaro), un bereber, no un semejante, y se le puede esclavizar o matar.

Admitir que haya otras lenguas es un salto adelante en la historia moral, y podría llevar a la conciencia de lo que es el lenguaje, pero ésta ha tardado mucho.

A partir de un momento dado en la historia, con el desarrollo del pensamiento abstracto —típicamente, la filosofía— algunos asumieron una peculiar idea del lenguaje, que implicaba desvalorizarlo y malentenderlo: al soñar un mundo de conceptos puros, nítidos, en total armazón lógica, las palabras se reducían a envoltorios para transmitir esas referencias de valor unívoco. El logos, que en principio era, a la vez y sin necesidad de distinción, «razón» y «palabra», se bifurcó en estos dos sentidos, para mengua del segundo. Como mucho, la tradición escolástica se plantearía la cuestión del significado de los sustantivos, la suppositio, digamos la relación entre el vocablo «mesa» y el objeto que suele tener delante el profesor, apuntando siempre a los «universales», siquiera fuera mediante convención en un flatus vocis verbal.

es el

lenguaje ha resultado extrañamente reciente, y todavía hoy, aún que se extiende como un virus, alcanza sólo a una pequeña parte del mundo cultural. Además, como

se puede ver estudiando el caso del que mejor cabe considerar como padre de la teoría lingüística, WILHELM VON

HUMBOLDT, su gran arranque tuvo lugar a través de una enredada ambivalencia: ese que cabría llamar
HUMBOLDT, su gran arranque tuvo lugar a través de
una enredada ambivalencia: ese que cabría llamar
«giro copernicano» lingüístico, iniciado en él bajo signo
romántico, rompía, ciertamente con el prejuicio clásico de
«concepto-a-través-de-término», pero lo hacía cayendo en otros
prejuicios de entre los cuales costaría trabajo en nuestro siglo extraer
la más escueta y elemental comprensión de lo que es hablar.
En efecto, en la coyuntura de finales del siglo XVIII y
principios del XIX, si por un lado crecía la impaciencia
ante lo que tiene el lenguaje de material, limitado y
vulgar, por otro lado se sentía la invasión de un impulso
universal en que el lenguaje asumía el protagonismo, animado por un
impulso divino. En el primer sentido: para la orgullosa
ambición del intelecto, siempre ha de parecer
humillante que toda la vida mental haya de darse en algo tan
modesto y aun tan tonto como es el lenguaje, ese río de palabras y
gramática que nos empapa y arrastra. Igual que la famosa paloma de
Kant estaba tentada a suponer que volaría mejor en un espacio vacío,
sin la resistencia del aire, así el intelecto tiende a suponer que
pensaría con toda plenitud si no fuera por ese límite y ese estorbo que
son las palabras. Goethe, más bien desdeñoso del lenguaje, acertó al
situar el escalón final en el descenso de Fausto, dejando entrada libre
a Mefistófeles, en el momento en que, al ir a traducir el comienzo del
Cuarto Evangelio, le parece poca cosa escribir: Im Anfang war das
Wort, «en el principio estaba la Palabra»:
Ich kann das Wort so hoch unmöglich schätzen
Ich muss es anders übersetzen.
(«Me es imposible valorar tanto la Palabra. —Tengo que
traducido de otro modo.»)
Y después de probar con der Sinn, «el sentido», y die
Kraft, «la fuerza», se satisface con die Tat, «la Acción».
No es extraño que más adelante se lea: Gefühl ist
alles; Name, Schall und Rauch!, «el sentimiento lo es
todo; el nombre, ruido y humo!» Por su parte, HEGEL, en
la Estética, dice que en la creación poética, ya fronteriza
6
Pero mientras tanto, ya se había producido su manifestación en nosotros, antes aún que en que
Pero
mientras
tanto,
ya
se
había
producido
su manifestación
en nosotros,
antes
aún
que
en
que modernamente suele prescindir
(evitando así extravagancias como las
Razón»
y fanático
de
la
creencia.
7

de la cumbre filosófica, el lenguaje está reducido a casi puro espíritu, con su materia volatilizada.

una

interpretación a la vez afín y opuesta a ésta, el giro

decisivo, aunque provisionalmente des-caminador, en cuanto a la comprensión del lenguaje: como preludio al idealismo filosófico, se intuyó una vasta irrupción de lo supremo —lo ideal, lo divino, o como se quiera—, dando sentido y valor a la realidad concreta, y sobre todo a nosotros mismos. Para ese sentir, en nuestro

espíritu se manifiesta algo transcendente que le impulsa a ser más y mejor —sin importar que los estorbos materiales impidan la realización de ese ideal ascendente. Tal enorme aliento tiene

la

conciencia moral, en la fuerza que nos ha humanizado

llevándonos a hablar. Y EL HABLAR, antes y aun aparte de que sea decir algo concreto, es la forma del efluvio superior y elevador que nos dignifica, primero como raza humana y luego como individuos.

De camino a tal sentir, no intentaremos esbozar un mapa de los tanteos del siglo XVIII hacia la comprensión del lenguaje —así Locke, Berkeley, Condillac y sobre todo Rousseau—: todos ellos, inevitablemente, dados sus supuestos básicos, tenían que caer en el mismo atolladero —al fin y al cabo, tema de curiosidad inevitable para cualquiera, incluidos nosotros mismos—:

el de preguntarse ante todo por el origen del lenguaje, por cómo se empezó a hablar, cuestión intrigante de la

la lingüística

del

libro

de

Diamond, pero dejándonos profundamente

insatisfechos). Cabía, por las buenas, ver el lenguaje como don de Dios, y así lo hace Hamann, «el mago del Norte», el paisano de Kant, enemigo de la «puta

Sin conocerle, el

émigré vizconde de Bonald diría que el lenguaje es el legado de la primitiva revelación divina, no por ningún contenido concreto o mensaje, sino por su misma existencia. Pero antes de que éste

natural. Una lengua metafísica y refinada la niñez de su primera madre primitivas, ... se 8
natural. Una lengua metafísica y refinada
la niñez de su primera madre
primitivas,
...
se
8

escribiera, la Academia berlinesa, en 17ó9, abrió un concurso sobre ese tema, que fue ganado por el todavía joven Herder, con un texto de tono arrebatado y altamente enfático y de desarrollo tan sugestivo como vacilante y aun contradictorio. Aunque HERDER

rehúye ver el lenguaje como algo puesto en la misma naturaleza humana, lo hace derivar de una capacidad de reflexión que sí que sería innata —lo que viene a ser casi lo mismo: «El hombre, desde la condición reflexiva que le es propia, ha inventado el lenguaje al poner libremente en práctica por primera vez tal condición.» Esa condición reflexiva se lanzaría al lenguaje no por necesidad ni conveniencia material, sino por un impulso creativo, poético, ante el estímulo de unas «palabras naturales» —así, el balido de la oveja— que caracterizarían a algunas cosas, dando de ese modo comienzo a un proceso de repetición, mezcla y articulación que llevaría a la maduración del lenguaje. Todo ello implica la hegemonía del sentimiento y del carácter: «El lenguaje natural de todas las criaturas poetizado por el entendimiento en el sonido, un diccionario de las almas, una constante creación de fábulas, llena de pasión e interés; esto es el lenguaje en su origen, y ¿QUÉ OTRA COSA ES LA POESÍA?» Ello no representa un progreso, desde un punto de vista natural —«la especie humana no supera al animal en la escala del más y el menos, sino en la cualidad»-; y, además, el lenguaje, una vez inventado, puede ser que no haga sino degenerar respecto a su maravillosa condición original: «Es posible que nuestro lenguaje artificial haya desplazado al

poco puede saber de

... Las lenguas antiguas y

... aproximan al origen.» Dado su empuje

expresivo general, no como colección de signos conceptuales, el lenguaje sería la expresión de lo humano, diversificado en las lenguas como expresiones de sus respectivos pueblos y razas, cuyos temperamentos quedarían de manifiesto incluso en la gramática y la fonética de su idioma o dialecto. Este punto lo comparte mucha gente incluso hoy; una

creencia piadosa que, como tal, es tan indemostrable como irrefutable; una abundancia de sonidos guturales

nacido en 17ó7, en la corte prusiana, 9
nacido en
17ó7, en
la corte prusiana,
9

indicaría un determinado carácter nacional: la gramática alemana inclinaría a la metafísica, y la gramática francesa a la clarté.

Pero esas opiniones, tan propias del espíritu romántico también en cuanto éste implica nacionalismos, pintoresquismos y folklorismos, tenían de bueno que incitaban al estudio concreto de las lenguas del mundo, saliendo de la tradición clásica, e incluso modificando los supuestos de ésta: el estudio del sánscrito, cultivado por Bopp, a quien W. v. Humboldt haría dar una cátedra, llevaba a un «ente de razón» idiomático como sería el indoeuropeo, lugar geométrico de partida de las lenguas de ese horizonte. Mientras tanto, se empezaban a explorar lenguas de los más variados pueblos, con curiosos descubrimientos no sólo en el léxico, sino en las formas y relaciones gramaticales. Y AQUÍ ES DONDE IMPORTA WILHELM VON HUMBOLDT.

Hay que advertir, para el encaje cronológico, que

Wilhelm von Humboldt escribió la mayor parte de

su obra lingüística en su vejez, dejándola casi inédita. Pero el interés por las lenguas fue siempre un hobby de curiosidad para él, llevándole a algún breve texto teórico desde su juventud (Über Denken und Sprechen, «SOBRE PENSAR Y HABLAR», es ya de 1795- 179ó, esto es, de antes de cumplir los treinta años). Además conviene recordar aquí que, para la conciencia cultural alemana, lo lingüístico queda sólo como un capítulo en la biografía de ese prócer, más conmemorado como político, como organizador educativo y como el tercer «clásico», junto a Goethe y Schiller, en el período así llamado, esto es, hasta la muerte de Schiller en 1805, en un decenio de «diálogo inmortal». (Véase la brevedad de ese capítulo en el librito de Peter Berglar, en la serie de biografías ilustradas de Rowohlt.)

Enmarquemos brevemente su figura en su tiempo:

se educó con

derribando la Bastilla, conoció a Schiller, Sede, y tuvo ocasión de 10
derribando
la
Bastilla,
conoció
a Schiller,
Sede, y tuvo ocasión de
10

preceptores privados y estudió derecho y filología clásica; viajó a París, cuando todavía estaban

Jacobi y

Lavater; entró en un exaltado círculo prerromántico, la «Liga de la Virtud», donde conoció a su futura esposa, y, de 1790 a 1791, fue alto funcionario jurídico, dejando luego el servicio para casarse y vivir en el campo. Desde ahí, visitó largamente Jena, el meollo de la vida intelectual germánica de entonces, y en esa ciudad

estrechó su amistad con Schiller, colaborando en la revista de éste, Die Horen, y se convirtió en uno de los predilectos de Goethe. Los largos períodos en que no se veían estos tres grandes dieron origen a abundantes epistolarios: se ha llamado a Wilhelm von Humboldt «el rey de las cartas», también por las tres mil enviadas a su mujer. A él fue dirigida la última carta que escribió Goethe, la víspera de su muerte. En ese periodo empieza a publicar algunos artículos sobre teoría Del derecho, de sentido liberal, en relación con una ambiciosa obra que quedaría inédita: Ideas para un ensayo de determinar los límites de la efectividad del Estado; y, en la revista Die Horen, un par de ensayos sobre la diferencia sexual. Otros viajes hizo, uno de ellos por el País Vasco, ocupándose de la lengua eusquera. En 1799 tuvo éxito su primer escrito amplio: Ensayos estéticos, 1: Sobre «Hermann y Dorotea» de Goethe. De 1802 a 1808 —años napoleónicos— fue enviado prusiano ante la Santa

conocer, con los jesuitas, la

obra lingüística de Hervás y Panduro y los materiales que habían acumulado sobre las lenguas de sus tierras de misión —sobre todo, las de indios americanos. De Roma volvió para dirigir la Sección de Culto y

Enseñanza del Ministerio del Interior, estableciendo la gran organización que culminaría en la creación de la Universidad de Berlín y en la institución del Gymnasium, bajo un nuevo espíritu humanístico y liberal, con consecuencias para más de un siglo: lo importante era formar al hombre para la libertad y la verdad, dejando en segundo término las

Ya dijo Cassirer: «Humboldt es un espíritu se opone a la neta y clara diferenciación totalidad.
Ya
dijo
Cassirer:
«Humboldt
es
un
espíritu
se
opone
a
la
neta
y clara diferenciación
totalidad.
SUS
1 Citado en J. M. VALVERDE, Guillermo de Humboldt
y la filosofía del lenguaje, Madrid, p. 31.
11

especializaciones profesionales. A este sentir afluirían ideas de Fichte, gloria de la Universidad de Berlín. Pero cuando se funda esa Universidad, en 1810 Wilhelm von Humboldt ya ha dejado su efímero cargo, bajo el barón von Stein, por más que sus directrices vayan a quedar en pie: con un honroso ascenso de grado, es enviado de diplomático a Viena, desde donde asistirá a diversos congresos internacionales, incluido el propiamente llamado de Viena, en 1815. Vuelto a Berlín en 1817 con otro cargo, choca con el canciller Hardenberg, y pasa a ser embajador en Londres, y a otras funciones, hasta que en 1820 se retira definitivamente a su palacio campestre en Tegel; muere en 1835, tras dedicar esos quince años sobre todo a la reflexión sobre el lenguaje —también, durante tres años, tuvo la costumbre de escribir un soneto diario, no especialmente inspirado.

Al final enumeramos los treinta y ocho textos lingüísticos de Wilhelm von Humboldt, con las indicaciones pertinentes; ahora trataremos de resumir su sentido.

Ante todo, para la lectura de los textos aquí reunidos y

de los demás, conviene advertir Wilhelm von Humboldt

no escribía de una manera sistemática y científica, sino con poderosas intuiciones enlazadas en un medio estilística a veces un tanto difuso.

por

completo sistemático, pero enemigo de toda técnica exterior de sistematización. Así ocurre que en el

esfuerzo de presentarnos en cada punto aislado de su investigación la totalidad de su concepción lingüística,

de esa

CONCEPTOS no son jamás productos

desprendidos y puros del análisis lógico, sino que late en ellos un ostensible tono estético, un talante artístico, que vivifica la comprensión, pero que oscurece al propio tiempo la articulación y el análisis del pensamiento 1

EN EFECTO, EN HUMBOLDT, frases o párrafos bien elegidos resultan más impresionantes que la totalidad del texto en que figuran;

y los textos breves, a su vez, atraen más que los largos. Esto tiene que ver
y los textos breves, a su vez, atraen más que los largos. Esto tiene
que ver con lo que indicábamos más arriba: en Wilhelm
von Humboldt no hay una sola perspectiva, sino más
bien una dualidad de horizontes lingüísticos, en último
término contrapuestos, a partir de una gran intuición
común.
Esa gran intuición básica es que el lenguaje constituye la forma única
y necesaria de operar para el pensamiento: NO HAY PENSAR SIN
LENGUAJE. «El pensamiento tiene lugar mediante el
lenguaje; ...
el
lenguaje debe acompañar al pensamiento» 2 «el
lenguaje es el órgano del ser interior; este
mismo ser, en cuanto logra paso a paso
reconocerse interiormente y exteriorizarse» 3 O de
otro modo: «El lenguaje es el órgano formador del
pensamiento. La actividad intelectual, por completo espiritual,
por completo interior y en cierta medida desapareciendo sin
huella, mediante el sonido se hace exterior en el habla y
perceptible para los sentidos. Aquélla y el lenguaje son, pues, una
...
no alcanza claridad, ni la representación se hace concepto. La
unión inseparable de pensamiento, órgano vocal y audición
descansa en el sentido originario de la naturaleza humana» 4 y
«el pensamiento sin lenguaje es, sin más, imposible» 5
Y el lenguaje no es una iluminación instantánea y total,
sino un desgranarse sucesivo de una palabra tras otra,
hasta redondear la frase: «La operación del lenguaje
consiste en obligar al espíritu a desarrollar todo el
conjunto del pensamiento en palabras que se suceden,
en dar cuerpo al pensamiento, en detener su ola
[vague, en el original en francés] por la impresión que
dejan los sonidos articulados.» ó . Tal es el sentido de la
famosa expresión humboldtiana, de que el lenguaje
no es ergon sino enérgeia, expresión que, por
sola cosa
Tiene que unirse al sonido lingüístico: si no, el pensar
2
Edición Flitner-Giel, vol. III, p. 56-57.
3 Ibidem, p. 383.
4
Ibidem, p. 426.
5
Ibidem, p. 429.
12
cierto, queda inexplicada en su contexto, 7 Ed. Flitner-GieI, p. 418. 8 Ibidem, p. 418. 9
cierto,
queda
inexplicada
en
su
contexto,
7
Ed. Flitner-GieI, p. 418.
8
Ibidem, p. 418.
9
Ibidem, p. 477.
1 0 Ibidem, p. 10.
1 1 Citado en VALVERDE, op. cit., p. 37.
13

y que

seguramente arranca de la terminología aristotélica, en la Ética a Nicomaco: «El lenguaje es algo en cada instante permanentemente transitorio. No es un producto (ergon) sino una potencia (enérgeia). Su verdadera definición sólo puede ser genética. Es la labor, perennemente renovada, del espíritu, para hacer al sonido articulado capaz de la expresión del pensamiento.» 7 La fluidez del lenguaje, aun atenida a límites -fonéticos, sintácticos, léxicos- no tiene límites en sus posibilidades de uso, en su enérgeia: «El lenguaje no consiste sólo en sus producciones concretas, sino en la posibilidad de obtener otras innumerables.» 8 Y después: «Debe hacer un uso ilimitado de medios limitados, y lo logra merced a la identidad de la fuerza que produce el pensamiento y el lenguaje.» 9 EL LENGUAJE, PUES, no es una suma de palabras, ni aun una suma de palabras y silencios, además de todas las reglas que las estructuran, sino una movediza y fecunda disponibilidad organizada: «Su organismo no yace como una masa inerte en lo oscuro del alma, sino que actúa, determinando como ley, las funciones de la mente, y por eso la primera palabra ya proclama y anuncia el lenguaje entero.» 10 Sobre la palabra aislada, advierte: «La palabra no constituye el lenguaje, pero es su parte más importante, o sea, lo que en el mundo viviente es la célula individual.» 11

El lenguaje, así, es tan subjetivo como objetivo —y sería mejor evitar la aplicación de un esquema dialéctico en que se viera como síntesis de una tesis y una antítesis, porque ninguno de aquellos términos tiene en él prioridad lógica o temporal sobre el otro: el lenguaje establece el ámbito de comunidad que hace posible la comunicación:

«La producción del lenguaje es una necesidad íntima

de la naturaleza humana, no sólo un comercio social para la comunicación, sino algo asentado en
de la naturaleza humana, no sólo un comercio social
para la comunicación, sino algo asentado en su misma
esencia, imprescindible para el funcionamiento de sus
potencias espirituales.» 12 El lenguaje impone el
reconocimiento de los demás espíritus, y así,
permite el reconocimiento del propio, que sólo
se ve a sí mismo como si fuera otro: «El hombre
habla, aunque sea en pensamientos, sólo con
otro, o consigo mismo como si fuera otro.» 13 Y:
«El hombre tiende, aun a instancia de su
pensamiento aislado, hacia un tú que
corresponda al yo; el concepto sólo le parece
que consigue determinación y certeza cuando
viene reflejado desde una mente ajena.» 14 PERO
ESO DA LUGAR A LA PARADOJA de que, al comprendemos unos
a otros, y, por tanto, al comprendernos mejor a nosotros mismos,
acabamos por sentirnos más distantes de los demás, percibiendo
mejor las diferencias: «El lenguaje tiende puentes desde
una individualidad a las demás, y da lugar a la mutua
comprensión, pero más bien aumenta la diferencia [de
concepción personal] al producir más
distintamente en la conciencia un refinamiento y
aclaramiento de las ideas, tal como se enraízan en
la situación anímica de que proceden.» 15
De todo esto deriva el carácter creativo, de lujo, placer
y regalo que es propio del lenguaje —manifiesto en su
«redundancia», de que hablan los lingüistas—, más allá
de la mera comprensión: «La más elemental, pero más
limitada concepción del lenguaje es la de considerado
como un mero medio de comprensión» 1ó y, refiriéndose
al tema del dual cuando escribe esta frase, añade: «Si
los pueblos que han formado las lenguas tuvieran
1 2 Ibidem, p. 32.
1 3 Ed. Flitner-Giel, pp. 137-138.
1 4 Ibidem, p. 138-139.
1 5 En VALVERDE, op. cit., p. 34.
1 6 Ed. Flitner-Giel, p. 134.
14
1 7 Ibidem, p. 134. 1 8 Ibidem, p. 16. 1 9 En VALVERDE, op. cit.,
1 7 Ibidem, p. 134.
1 8 Ibidem, p. 16.
1 9 En VALVERDE, op. cit., p, 34.
2 0 Ed. Flitner-Giel, p. 434.
2 1 Ibidem, p. 85.
15

meramente como objetivo la mutua comprensión, como afortunadamente no es el caso, entonces sería superfluo un plural de dualidad propio.» 17 Si se privilegia la exactitud en la comprensión, apuntando a un ideal de lenguaje científico, sE MATA EL ESPÍRITU MATANDO EL LENGUAJE: «Con signos lógico-matemáticos sólo se podría agotar una pequeña parte de lo pensable, pues estos signos, por su naturaleza, sólo se podrían aplicar a conceptos producidos por elaboración previa o por convenio. Pero cuando hay que acuñar en conceptos la materia de la experiencia interior y de la sensibilidad, entonces es cuestión de la facultad de representación individual del hombre, de que es inseparable su lenguaje.» 18 CON ESE EMPUJE CREATIVO ES COMO EL LENGUAJE FORMA MUNDO: «El lenguaje es indispensable para que la representación se objetive, al regresar al oído la propia creación verbalizada. El lenguaje no actúa como partiendo de los objetos ya plenamente percibidos. Pues sin lenguaje no habría ante la mente objetos (como tales). Ya en la percepción hay una cierta subjetividad; incluso cabe considerar a cada individuo como un punto de mira en la visión del Universo.» 19 En análogo estilo, con vagos ecos kantianos e idealistas, dice Humboldt:

«El hombre se rodea de un mundo de sonido para asumir en sí el mundo de los objetos, y manejado. El hombre vive con los objetos tal como el lenguaje se los trae.» 20 O de otro modo: «La peculiaridad del lenguaje consiste en que, sirviendo de mediación, funda entre el nombre y los objetos exteriores un mundo de pensamiento en el sonido.» 21 Y, en tono un poco más técnico: «LA ESENCIA DEL LENGUAJE CONSISTE EN VERTER LA MATERIA DEL MUNDO FENOMÉNICO EN LA FORMA DEL PENSAMIENTO; TODO SU ESFUERZO ES FORMAL, Y COMO LAS PALABRAS TOMAN EL LUGAR DE

LOS OBJETOS, DEBE TAMBIÉN OPONÉRSELES, EN CUANTO MATERIA, UNA FORMA A LA QUE ESTÉN SOMETIDAS.» 22 Y aquí puede aplicarse la idea de «símbolo», QUE LUEGO DESARROLLARÍA CASSIRER: «Sólo así se logra la transmutación del mundo en lenguaje, y se cumple la acción simbolizadora de la lengua, incluso mediante su estructura gramatical.» 23

XVIII: «El lenguaje ... de su conciencia ... 2 2 Ibidem, p. 13. 2 3 Ibidem,
XVIII: «El lenguaje ...
de su conciencia ...
2 2 Ibidem, p. 13.
2 3 Ibidem, p. 141.
2 4 Ibidem, p. 10.
2 5 Ibidem, p. 11.
16

HASTA AQUÍ, ESTAMOS DANDO EL NÚCLEO SÓLIDO DE LAS INTUICIONES HUMBOLDTIANAS, pero moviéndose desde

él, sobrevienen ciertas indecisiones; así, en cuanto al origen y el desarrollo del lenguaje. EL PUNTO DE PARTIDA ES IMPECABLE: más vale no hablar de cómo empezó el lenguaje, según venían haciéndolo otros en el siglo

debe considerarse como puesto

originariamente en los hombres; pues es totalmente

inexplicable como producto de la razón en la claridad

El lenguaje no se podría inventar si

su prototipo no estuviera ya existente en la razón

humana.» 24 EN ALGÚN MOMENTO LO CONSIDERA «una emanación involuntaria del espíritu, no una obra

de las naciones». Y seguramente con recuerdo de la célebre paradoja establecida por Rousseau, dice en otro lugar: «El hombre es sólo hombre mediante el lenguaje; pero, para inventar el lenguaje, debería ser ya hombre previamente.» 25 Además, como ya se mencionó antes, el lenguaje, una vez que empieza a existir, debe existir ya en plenitud; Wilhelm von Humboldt admite, no sin vacilaciones y arrepentimientos parciales, que haya una evolución en él, una mejora o un empeoramiento en los diversos caminos de las lenguas. Su criterio valorativo es la mayor o menor riqueza de flexiones y formas gramaticales, llegando a poner el sánscrito como caso de madurez ejemplar, en contraste con el

expresión y al lenguaje.» 2ó LA 2 6 Citado en M. BOHLER, epílogo a Wilhehn von
expresión
y
al
lenguaje.» 2ó
LA
2 6
Citado en
M.
BOHLER, epílogo a Wilhehn von
Humboldt,
Schriften
zur
Sprache,
Stuttgart,
1973,pp. 245-246.
17

chino, por su yuxtaposición de términos invariables — y, por cierto, monosilábicos—: AQUÉL REPRESENTARÍA MÁS ESPÍRITU; ÉSTE, MÁS MATERIA. En su más extensa obra póstuma —la llamada Kawiwerk—, Wilhelm von Humboldt llega a basarse en el chino para propugnar la tesis del monosilabismo originario de todas las lenguas. Por cierto que, paradójicamente ciego ante su propia lengua alemana, en contraste con su perspicacia ante otras lenguas exóticas de las que se permite ejemplificar, no advierte Wilhelm von Humboldt que también para el alemán cabría defender tal tesis, ya que sus raíces suelen ser monosilábicas, a pesar de la longitud de sus palabras, que, como dijo alguien, «tienen perspectiva». Pero después de escribir a Abel Rémusat sobre su gramática china, al reflexionar más sobre el asunto, modifica su idea: habría una curva histórica en la marcha de las lenguas, que, tras alcanzar un máximo de flexión en sus palabras, la irían perdiendo parcialmente; POR OTRA PARTE, la falta de flexión en el chino podría no entenderse como pobreza espiritual, sino al contrario, haciendo así justicia a la gran cultura china: «En cuanto que requiere al entendimiento un trabajo mucho mayor de lo que exige de él ninguna otra lengua, le sugiere meramente las relaciones de los conceptos, le priva casi de toda ayuda mecánica para la comprensión, e incluso funda casi solamente la construcción de las palabras en la secuencia de pensamientos y la mutua determinabilidad de los conceptos, lo despierta y lo mantiene en la actividad espiritual

dirigida al mero pensar, y aleja de todo lo que pertenece sólo a la

POSIBLE PERFECCIÓN SE

ALCANZARÍA EN UNA LENGUA EN QUE EL PENSAMIENTO LLEGARA A DAR FORMA A TODO LO MATERIAL, SIN RESIDUO INERTE, HACIÉNDOSE ÉL MISMO PLENAMENTE SENSIBLE Y ESTRUCTURANDO TODO LO SENSIBLE: «Cuanto más individualizado [y

ello significa: sensible] está el pensamiento según todas las relaciones, más anima y mueve: y cuanto
ello significa: sensible] está el pensamiento según
todas
las
relaciones, más
anima y
mueve: y
cuanto
más
colaboran
todas
las
potencias
anímicas
en
su
expresión,
más
se
individualiza.» 27
La lingüística actual —recordémoslo— no ve sentido en
la idea de mayor o menor perfección de una lengua, ni
en su evolución cronológica a la deriva, ni en
comparación con otra. Todo lo que se puede decir
en una lengua se puede decir en otra, aunque a
veces con más palabras y más rodeos: lo que no
se puede traducir es el «aura» —o el «aroma»,
que decía Nietzsche— de ciertos términos por su
uso dentro de una tradición cultural nacional. Si
quiero mencionar la idea de Weltanschauung, o la dejo
en alemán o la traduzco entre comillas. Con esto
tocamos algo, en la lingüística humboldtiana, donde
aparece, hasta cierto punto, un elemento
«romántico»: EL LENGUAJE COMO VISIÓN DEL
MUNDO (Weltansicht). Esta visión se puede entender,
ante todo y partiendo de Kant, como conjunto de las
formas o categorías mentales —el aire de la paloma a
que aludíamos—, un sistema formal que por un lado
sería común a «toda mente posible», pero por otro lado
se daría configurada según las naciones o idiomas, y
aun según los individuos: «El pensar no depende meramente
del lenguaje en general, sino, hasta cierto grado, también de cada
lengua determinada.» 28 (Se comprende que el neokantiano
Cassirer hiciera tanto por difundir la obra
humboldtiana, al propugnar, como decíamos, su idea
de las «formas simbólicas».) Con todo, Wilhelm von
Humboldt da más poder activo al lenguaje que Kant a
sus formas y categorías a priori: «Mediante la mutua
dependencia del pensamiento y la palabra se echa de
ver claramente que las lenguas no son propiamente
2 7 Ibidem, p. 247.
2 8 Ed. Flitner-Giel, p. 16.
18
2 9 Ibidem, p. 19. 3 0 En BOHLER, op. cit., p. 239. 3 1 Ibidem,
2 9 Ibidem, p. 19.
3 0 En BOHLER, op. cit., p. 239.
3 1 Ibidem, op. cit., p. 238.
19

medios para presentar la verdad ya conocida, sino mucho más para descubrir la antes desconocida.» 29 De modo un poco confuso pero sugestivo —como de costumbre—, Wilhelm von Humboldt incluye una dimensión social en esa función de captación de la realidad: «El hombre, en su mutable limitación, puede considerar la verdad como lo ilimitadamente sólido, que solamente existe fuera de él, y todo su esfuerzo espiritual es una pugna hacia ella, y el medio más poderoso para acercársele, para medir su distancia a ella, es la unión social. Así el lenguaje es un requisito necesario para la primera creación del pensamiento, y para la progresiva formación del espíritu. La comunicación espiritual, pasando del uno al otro, presupone en aquél algo común con éste.» 30

Pero lo más «romántico», EN EL SENTIDO PELIGROSO del término, es que Wilhelm von Humboldt, heredando el sentir herderiano, piensa que el lenguaje, al darse de hecho en diversas lenguas e idiomas, aparece dividido en «visiones nacionales del mundo»: con ello, cada lengua supone y legitima una nacionalidad —y de sobra es sabido cuánto hubo de lingüístico en los nacionalismos del siglo XIX, y cuánto sigue habiendo en los de hoy. Cada lengua —ya lo decíamos— expresaría una peculiaridad nacional, incluso un humor, un modo de ser, una «raza» no en sentido corporal: «Cada lengua, cualquiera que sea, lleva en su seno en cada momento de su existencia la expresión de todos los conceptos que se puedan desarrollar alguna vez en la nación. Cada una, incluso, en cada momento de su vida, equivale exactamente al alcance de pensamientos de la nación en ese momento. Cada cual, finalmente, en cada una de sus situaciones, forma la totalidad de una visión del mundo (Weltansicht), al contener expresión para todas las representaciones que la nación se haga del mundo, y para todos los sentimientos que produzca el mundo en ella.» 31

Esto, aunque en política siga siendo 3 2 Ed. Flitner-Giel, p. 463-477. 20
Esto,
aunque
en
política
siga
siendo
3 2 Ed. Flitner-Giel, p. 463-477.
20

un factor

poderoso, no es de recibo en la lingüística. CON TAL

CREENCIA, se podía creer, como Goethe, que aprender otra lengua era tomar posesión del espíritu de otra nación, idea fomentada hoy día por los departamentos universitarios y las academias de lenguas extranjeras, pero irreal: si no se usa la lengua para conocer su cultura, su sociedad y su historia, su mero dominio práctico no permitirá poseer otra alma más. CON TODO, HAY QUE ADVERTIR, Wilhelm von Humboldt no desarrolla apenas las implicaciones de aquella creencia, tan aprovechada por otros incluso hoy día.

Hay también en Wilhelm von Humboldt un concepto, lanzado de pasada, igual que el de ergon-enérgeia, —concretamente un par de veces— 32 y que ha sido muy manoseado, quizá por lo ambiguo y aun enigmático: el de innere Sprachform, que a la hora de traducir a nuestra lengua se echa de ver que funde dos sentidos bastante diversos: «forma interior del lenguaje» —y aun si se quiere, el lenguaje en cuanto forma interior—, y «forma interior de la lengua» (de cada lengua). En el primer sentido, vendría a ser esa formalización —más o menos kantianamente a priori— de que se hablaba antes, si bien, quizá, en un sentido dinámico y orgánico, como forma rectora del desarrollo del lenguaje humano en sus aspectos y estructuras, a través de los tiempos; en el segundo sentido, esa misma forma rectora, pero en cuanto existiera dentro de cada lengua, como si cada idioma estuviera movido y orientado, en su evolución histórica, por una suerte de esquema genético, de «genoma», que marcara su destino. Seguramente, en este sentido Wilhelm von Humboldt se haría eco de la célebre idea de Goethe del Ur-phinomenon, con una base prístina de «protoplanta» y —digámoslo así— de «protoanimal», que se desarrollaría dando lugar a cada especie diversa —y, en definitiva, a cada individuo conforme a su especie. Para Goethe, como es sabido, las especies de plantas eran variaciones sobre el tema

básico «hoja»: las especies animales derivarían, en diversos caminos, desde un núcleo que aproximadamente estaría en
básico «hoja»: las especies animales derivarían, en
diversos caminos, desde un núcleo que
aproximadamente estaría en el conjunto básico de
cráneo-arranque de vértebras.
Aplicada a las lenguas, esa idea era muy sugestiva,
pero hoy día no nos sirve de mucho: AHORA SE
PIENSA que las modificaciones y diferenciaciones
en las lenguas van a la deriva, sin razón
especial, y sin perjuicio ni beneficio. No se pretende
que haya un núcleo o un modelo orientador en la marcha milenaria de
una lengua, que sirva de criterio regulador de su unidad: las formas
que componen una lengua son heterogéneas y pueden asociarse o
estar ausentes, o perderse o adquirirse sin perturbar a las de otra
índole. Toda observación es empírica, fáctica: por
ejemplo, en el orden de la fonética, cada lengua tiene,
a partir de un teclado de fonemas, su repertorio de
combinaciones posibles, no conectado con el orden de
las categorías gramaticales: por efecto de un capricho
que llegara a ser moda, podría modificarse sin afectar
a nada sintáctico o semántico. Michael Bohler ha
puesto en paralelo esta expresión de Goethe: «En
la naturaleza viva no ocurre nada que no esté en un enlace con el
todo», Y ÉSTAS DE WILHELM VON HUMBOLDT: «en el
lenguaje todo está determinado por cada cosa y cada cosa por todo»,
y «cada cosa, en el lenguaje, sólo subsiste por lo otro, y todo sólo por
la única fuerza que penetra la totalidad». 33 Como lemas románticos,
son muy sugestivos, PERO HOY SABEMOS QUE EL LENGUAJE
NO ES ORGÁNICO.
Ahora, sin embargo, después de haber empezado por
señalar la poderosa intuición central que evolucionó la
comprensión del lenguaje —que el pensamiento sólo
existe en lenguaje— y de haber indicado unos aspectos
en que Wilhelm von Humboldt quedó sujeto a los
equívocos románticos que eran posibles desde
ese punto de partida, nos queda lo más importante:
indicar por qué Wilhelm von Humboldt, en otra
3 3 Ibidem., p. 3.
21
22
22

cuestión esencial, va más allá —o más acá, mirando desde nosotros— de ESA PRIMERA REVOLUCIÓN. Y es muy sencillo: el lenguaje consiste en estructuras —en las cuales es donde las palabras llegan a valer como tales, pues no viven por sí solas, según se las encuentra en el diccionario. Así se echa de ver en el título Sobre las diversidades de la estructura lingüística humana, de un escrito de 1827- 29, modificado en el título de su gran obra incompleta, sobre la lengua kawi de Java, que, en su segunda parte, dice Introducción sobre la diversidad lingüística humana y su influjo en el desarrollo espiritual del género humano. (La cuestión de ese influjo quedaría apenas insinuada.) El designio del trabajo, que resulta sólo esbozado alusivamente como ilustración de unas teorías lingüísticas también ilustradas con referencias a otras lenguas, era analizar la lengua kawi, una lengua malaya, para mostrar que, aunque abundaba en palabras sánscritas, su estructura era totalmente diversa. Trasladándonos a un ejemplo más cercano: la lengua vasca, eusquera, está mechada de palabras españolas y latinas, pero su gramática es radicalmente diversa. Wilhelm von Humboldt, en sus incursiones por variadas lenguas del mundo, no se interesaba tanto por los nombres sustantivos cuanto por las formas gramaticales, coleccionando ejemplos sorprendentes, libre ya del inconsciente hábito tradicional de dar por supuestas las formas gramaticales europeas, del griego hasta hoy. Así se permite, por ejemplo, sin saber japonés, criticar una gramática japonesa de cierto jesuita vasco, señalando que era inverosímil que en japonés hubiera cosa tal como el supino de pasiva. En efecto, la jungla mundial de las gramáticas es inagotable en sus categorías, e incluso en comparación entre lenguas próximas siempre hay matices —así, ciertos «aspectos» del verbo—, que difícilmente llega a dominar quien no sea un hablante nativo. Un ejemplo: ingleses y alemanes, aunque lleguen a hablar con familiaridad el español al cabo de décadas de residir en nuestro país, es probable que se equivoquen ocasionalmente entre el imperfecto y el indefinido de indicativo. Y, por lo que

he oído decir, ningún foráneo llega a acertar siempre en el perfectivo ruso. ESO ES LO
he oído decir, ningún foráneo llega a acertar siempre
en el perfectivo ruso.
ESO ES LO VIVO DEL PENSAMIENTO LINGÜÍSTICO DE
WILHELM VON HUMBOLDT, LO QUE LE HACE PADRE DE
LA CONCIENCIA DEL LENGUAJE EN ESTE SIGLO: el
verlo como una superposición de redes formales
—no conectadas lógicamente entre sí—, en las cuales vive el léxico
sus significaciones siempre concretadas dentro de lo que
Wittgenstein llamaría un determinado «juego de
lenguaje». Pero significativamente, en la medida en
que asumía ese punto de vista, al trabajar en su
exploración de lenguas, reducía su sugestivo don de
comentario intuitivo, que tanto hemos visto brillar en
su punto central de la consustanciación de
lenguaje y pensamiento; punto desde el cual dejó
también esbozados esos que llamábamos equívocos
románticos. Lo esencial es que él abrió la puerta a la
perspectiva formal en que cabe comprender y analizar la
realidad del lenguaje, guardando un respetuoso silencio sobre la
cuestión de su origen. Aquí no vamos a intentar una
historia del impacto humboldtiano en este siglo, sino
meramente anotar un par de detalles: en el siglo XIX,
aunque algunos filólogos tomaran en cuenta la edición
—presuntamente completa— de sus obras en 1841-
1852, sus grandes intuiciones no podían tener eco apropiado.
Es de notar que Nietzsche, que era quien podía
entender el sentido humboldtiano como precedente del
suyo propio, no se dio cuenta de tal cosa, y las dos o
tres veces que le nombró fue para atacarle por su
«clasicismo». (Cierto que aquí se plantea otra cuestión
que quizás abordemos en otra ocasión: que la
conciencia lingüística de Nietzsche no haya sido
observada hasta los franceses que cabría etiquetar
como «del 68»: Foucault, Derrida, Barthes, etc.) Ni
siquiera Wittgenstein toma a Wilhelm von Humboldt
como base, según podía haber hecho. Para su
redescubrimiento —ya lo decíamos— fue decisivo que
Ernst Cassirer apelara a él en su Filosofía de las formas
simbólicas —que en su forma abreviada
23
norteamericana, An essay on man, se tradujo como Antropología filosófica. Pero al presentar —según indicábamos— el
norteamericana, An essay on man, se tradujo como
Antropología filosófica. Pero al presentar —según
indicábamos— el lenguaje como el a priori del
pensamiento, Cassirer no fue del todo consecuente,
porque lo vio como una forma simbólica, junto a otras
posibles, como el mito, cuando es obvio que el mito
implica ya el lenguaje. Entre los que deben a Cassirer,
y su remisión a Wilhelm von Humboldt, la plena
conciencia del lenguaje, estaría nada menos que
Heidegger: es curioso que éste no deba tal conciencia a
Nietzsche, sobre el cual, como es sabido, escribió una gruesa obra,
pero de planteamiento temático.
Como episodio largamente arrinconado queda el hecho
de que, durante la Primera Guerra Mundial, Walter
Benjamin oyó hablar de Wilhelm von Humboldt, y ello
debió influir en su escrito: Sobre el lenguaje en
,
von Humboldt sólo como tránsito, en camino hacia
general
pero Benjamin parece que tomó a Wilhelm
atrás, para acercarse
a Herder,
a
quien
sólo alude
implícitamente,
y, sobre
todo,
a Hamann,
a quien
nombra.
Desde ahí -sin olvidar a Sapir, Whorf y otros, Wilhelm
von Humboldt llega a ser una referencia común —como
es sabido— en la teoría lingüística, si bien no suela advertirse su
ambivalencia, sus indecisiones y el carácter de esbozos intuitivos que
tienen sus grandes momentos. Algo de eso pasa —para aludir
a un caso eminente con Chomsky, acaso menos
humboldtiano de lo que él mismo supone, así, en sus
«estructuras profundas» de carácter innato
—«gramática en los genes», dijo alguien. Pero quede
esto sólo como una insinuación en medio de la jungla
de la lingüística de este siglo.
—José
María
Valverde
24
TEXTOS LINGÜÍSTICOS DE WILHELM HUMBOLDT (1810/1811). 25
TEXTOS
LINGÜÍSTICOS
DE
WILHELM
HUMBOLDT
(1810/1811).
25

VON

—Über Denken und Sprechen («Sobre pensar y hablar») (1795/179ó). —Über die Natur der Sprache im allgemeinen (en

«Latium und Hellas», 180ó) («Sobre la naturaleza del lenguaje en general»).

—Einleitung in das gesamte Sprachstudium

(«Introducción al estudio lingüístico en su conjunto»)

—Berichtigungen und Zusatze zum 1. Abschnitt des 2. Bandes des Mithridates über die Cantabrische oder Baskische Sprache («Rectificaciones y adiciones a la 1.a sección del 2.° tomo del Mithridates sobre la lengua cántabra o vasca») (1811).

—Über Sprachverwandtschaft («Sobre el parentesco lingüístico») (1812·1814). —Ankündigung einer Schrift über die Vaskische Sprache und Nation,
—Über Sprachverwandtschaft («Sobre el parentesco
lingüístico») (1812·1814).
—Ankündigung einer Schrift über die Vaskische
Sprache und Nation, nebst Angabe des Gesichtpunktes
und Inhalts derselben («Anuncio de un escrito sobre la
lengua y la nación vasca, junto con indicación de su
punto de vista y contenido») (1812).
—Essai sur les langues du nouveau Continent («Ensayo
sobre las lenguas del nuevo continente») (1812).
—Über das vergleichende Sprachstudium in Beziehung
auf die verschiedenen Epochen der Sprachentwicklung
(«Sobre el estudio comparado de las lenguas en
relación con las diversas épocas de su evolución»)
(1820) (traducido en esta selección).
—Prüfung der Untersuchungen über die Urbewohner
Hispaniens vermittelst der Vaskischen Sprache
(«Examen de las investigaciones sobre los habitantes
primitivos de Hispania mediante la lengua vasca»)
(1820-1821).
—Versuch einer Analyse der Mexikanischen Sprache
(«Ensayo de un análisis de la lengua mexicana»)
(1821).
—Über den Einfluss der verschiedenen Charakters der
Sprachen auf Literatur und Geistesbildung («Sobre la
influencia del diverso carácter de las lenguas en la
literatura y en la formación del espíritu») (1821)
(traducido en esta selección).
—Über das Entstehen der grammatischen Formen, und
ihren Einfluss auf die 1deenentwicklung («Sobre la
génesis de las formas gramaticales y su influencia en
la evolución de las ideas») (1821) (traducido en esta
selección).
—Über die allgemeinsten Grundsiitze der
Wortbetonung mit besondrer Rücksicht auf die
griechische Akzentlehre («Sobre los principios más
universales de la acentuación de las palabras con
especial referencia a la teoría griega de los acentos»)
(1821).
—Über die in der Sanskrit-Sprache durch die Suffixa
twa und ya gebildeten Verbalformen («Sobre las
26
182ó). 27
182ó).
27

formas verbales constituidas en la lengua sánscrita mediante los sufijos twa y ya») (1822). —Über den Nationalcharakter der Sprachen («Sobre el carácter nacional de las lenguas») (1822).

—Inwiefern liisst sich der ehemalige Kulturzustand der eingebornen Volker Amerikas aus dem Vberresten ihrer

Sprachen beurteilen? («¿En qué medida se puede valorar la antigua situación cultural de los pueblos indígenas de América por los residuos de sus lenguas?») (1823).

—Über den Zusammenhang der Schrift mit der

Sprache («Sobre la conexión de la escritura con el lenguaje») (1823-1824).

—Über die Buchstabenschrift und ihren

Zusammenhang mit dem Sprachbau («Sobre la escritura alfabética y su conexión con la estructura de

las lenguas») (1824) (traducido en esta selección). —Notice d'une grammaire japonaise imprimée à

Mexico («Noticia de una gramática japonesa impresa en México») (1825). —Lettre à Monsieur Abel-Rémusat, sur la nature des formes grammaticales en général, et sur le génie de la langue chinoise en particulier («Carta al señor Abel- Rémusat sobre la naturaleza de las formas

gramaticales en general, y sobre el genio de la lengua china») (1825-182ó).

—Über den grammatischen Bau der Chinesischen

Sprache («Sobre la estructura gramatical de la lengua china») (182ó).

—Untersuchungen über die amerikanischen Sprachen

(Fragmento) («Investigaciones sobre las lenguas americanas») (182ó). —Grundzüge des allgemeinen Sprachtypus («Rasgos básicos del empleo universal de lenguaje») (1824-

—Über den Dualis («Sobre el dual») (1827) (traducido en esta selección).

—Memoire sur la séparation des mots dans les textes

sanscrits («Memoria sobre la separación de las palabras en los textos sánscritos») (1827).

(1828). 28
(1828).
28

—Über die Sprachen der Südseeinseln («Sobre las lenguas de las islas de los mares del Sur») (1827).

—Über die Verwandtschaft der griechischen Plusquamperfektum, der reduplizierenden Aoriste und der attischen Perfekta mit einer sanskritischen

Tempusbildung («Sobre el parentesco del pluscuamperfecto, el aoristo reduplicativo en griego, y el perfecto ático, con una forma verbal sanscrítica»)

—An Essay on the best Means of ascertaining the

Affinities of Oriental Languages, contained in a letter adressed to Sir Alexander Johnston («Un ensayo sobre

los mejores medios de determinar las afinidades de las lenguas orientales, contenido en una carta dirigida a Sir Alexander Johnston»), (1828). —Über die Verschiedenheiten des menschlichen Sprachen («Sobre las diversidades de la estructura del lenguaje humano ») (1827-1829).

—Über die Verwandtschaft der Ortsadverbien mit dem

Pronomen in einigen Sprachen («Sobre el parentesco de los adverbios de lugar con los pronombres en algunas lenguas») (1829). —Von dem grammatischen Baue der Sprachen («De la estructura gramatical de las lenguas») (1287-1829).

—Lettre à Monsieur lacquet sur les alphabets de la

Polynésie asiatique («Carta a Monsieur Jacquet sobre los alfabetos de la Polinesia asiática») (1831).

—Über die Kawi-Sprache auf der Insel lava, nebst einer Einleitung über die Verschiedenheit des menschlichen Sprachen und ihren Einfluss auf die geistige

Entwicklung des Menschengeschlechts («Sobre la lengua kawi de la isla de Java, junto con una Introducción sobre la diversidad de la estructura del lenguaje humano y su influencia en la evolución espiritual del género humano») (vols. 1-3) (1830-1835).

Las traducciones de los textos aquí incluidos siguen la edición más accesible de obras selectas (tercer volumen de los cinco) Wilhelm von Humboldt Werke in fünf Biinden, al cuidado de Andreas Flitner y Klaus Giel,

Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 19ó3 (quinta edición, 1979). Esta edición es fiel reflejo de la edición canónica
Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 19ó3
(quinta edición, 1979). Esta edición es fiel reflejo de la
edición canónica de las obras completas, Gesammelte
Schriften, al cuidado de Albert Leitzmann, Bruno
Gebhardt y Wilhelm Richter, Koniglich Preussischen
Akademie der Wissenschaften, 17 vols., Berlín 1903-
193ó. El prologuista, sin embargo, por gratitud
personal, quiere hacer constar que le fue posible hacer
su ya remota tesis doctoral sobre Wilhelm von
Humboldt (abreviada en el librito incluido en la
bibliografía) porque encontró
en
la
biblioteca del
Ateneo de Madrid la edición decimonónica,
presuntamente completa, en siete volúmenes, al
cuidado de Carl Brandes (G. Reimer, Berlín, 1841-
1852). Quede aquí este homenaje a los próceres
de nuestra vieja cultura liberal que hicieron posible
la presencia de semejante monumento en el
entrañable caserón de la calle del Prado.
ALGUNOS LIBROS SOBRE WILHELM VON HUMBOLDT
BERGLAR, Peter: Wilhelm von Humboldt (obra breve,
de carácter general) (Rowohlt) Hamburgo, 1970.
BOHLER, Michael: (epílogo a Wilhelm von Humboldt,
Schriften zur Sprache), (Reclam) Stuttgart, 1973.
BORSCHE, Tilman: Sprachansichten. Der Begriff der
menschlichen Rede in der Sprachphilosophie Wilhelm
von Humboldts, Stuttgart, 1981.
EVANs, Charlotte, B.: Wilhelm von Humboldt
Auffassung vom Ursprung der Sprache (tesis doctoral,
ühio State D., 19ó7).
HEESCHEN, Volker: Die Sprachphilosophie Wilhelm von
Humboldts (tesis doctoral, Ruhr-DniversWit, Bochum,
1972).
Ross, Roberta Graber: Wilhelm von Humboldt's
philosophy of language (tesis doctoral, Stanford Dniv.,
1970).
29
1985. Nota 30
1985.
Nota
30

TRABANT, Jürgen: (epílogo a Wilhelm von Humboldt, Vber die Sprache, Ausgewiihlte Schriften dtv). Munich,

VALVERDE, José María: Guillermo de Humboldt y la

filosofía del lenguaje (Gredos), Madrid, 1955 (en bibliografías alemanas. Y alguna italiana se atribuye a «José María Velarde»).

* Texto leído en la Academia de las Ciencias de Berlín el 29 de junio de
*
Texto
leído en
la
Academia de las Ciencias de
Berlín el 29 de junio de 1820.
31

De los casi cuarenta textos sobre asuntos lingüísticos redactados por Wilhelm von Humboldt a lo largo de su

vida (véase la lista completa antes, en las pp. 25-28), la inmensa mayoría de ellos fueron escritos en su vejez, entre los años 1820 Y 1835, en que falleció. Pocos fueron, sin embargo, los que el propio autor dio en vida a la imprenta. Entre ellos destacan, por la brillantez de exposición, por la concentración de pensamiento Y por la variedad de intereses, las célebres conferencias que pronunció en la Academia de las Ciencias de Berlín. Junto a la obra denominada Kawiwerk, que fue publicada póstumamente, es en esas conferencias donde se encuentra lo esencial del pensamiento lingüístico de Wilhelm von Humboldt. En este volumen se han recogido

cuatro de tales conferencias, las más importantes, a las que se ha agregado un breve pero decisivo texto de 1821.

Sobre el estudio comparado de las lenguas en relación con las diversas épocas de su evolución *

32
32

1. El estudio comparado de las lenguas no podrá conducir a averiguaciones seguras y significativas sobre el lenguaje, la evolución de los pueblos y la formación de los seres humanos hasta tanto no hayamos hecho de él un estudio específico, que tenga en sí mismo su propia utilidad y su propia finalidad. Es cierto, desde luego, que con ello se torna difícil hasta el trabajar una sola lengua. Pues si bien resulta fácil captar la impresión total producida por cada una, no es menos cierto que, al pretender investigar las causas, nos perdemos en una gran cantidad de detalles que en apariencia son insignificantes y pronto vemos que la acción de las lenguas no depende tanto de ciertas peculiaridades grandes y decisivas, sino que estriba más bien en la impresión regular, apenas perceptible en los casos singulares, de la índole de sus elementos. Y es precisamente aquí donde la universalidad de ese estudio se convierte en el medio idóneo para colocar nítidamente ante nuestros sentidos ese organismo dotado de un tejido tan fino que es la lengua, pues la claridad de la forma, la cual, aunque adopte figuras múltiples y diferentes, es siempre idéntica en la totalidad, facilita la investigación.

2. De igual manera que nuestro globo terráqueo pasó por grandes convulsiones antes de que los mares, las montañas y los ríos adoptasen la configuración que ahora tienen, pero a partir de ese instante es poco lo que se ha modificado, así también hay en las lenguas un punto en que su organización se halla acabada y a partir del cual no varía ya su estructura orgánica, su figura fija. Lo que en las lenguas, como productos vivos que son del espíritu, sí puede progresar sin fin, dentro de unos límites dados es su perfeccionamiento formativo, que les otorga un; mayor finura. Una vez que una lengua ha adquirido su figura propia, las formas gramaticales esenciales no cambian. La lengua que no ha distinguido los géneros, los casos, el tiempo pasivo o el medio, no subsana ya tales lagunas; tampoco se incrementan ya

las grandes familias de las palabras, las formas principales de la derivación. Sólo mediante la derivación
las grandes familias de las palabras, las formas
principales de la derivación. Sólo mediante la derivación en
las ramificaciones más finas de los conceptos, sólo mediante la
combinación de las palabras, sólo mediante su enlace ingenioso, sólo
mediante el uso imaginativo de sus significados originarios, sólo
mediante la separación, sentida correctamente, de ciertas formas para
ciertos casos, sólo mediante la eliminación de lo superfluo, sólo
mediante el pulimento de los sonidos ásperos: sólo mediante todas
esas cosas van emergiendo en la lengua, pobre, torpe e inaparente en
el instante en que adquirió su figura, y eso si le sonríe el favor del
destino, un mundo nuevo de conceptos y un brillo de la elocuencia
antes desconocido.
3.
Merece atención el fenómeno siguiente: hasta ahora
no hemos encontrado ninguna lengua allende la línea
fronteriza de su configuración gramatical completa,
hasta ahora no hemos sorprendido a ninguna en el
tumultuoso devenir de sus formas. Para examinar aún
más, en el aspecto histórico, la aseveración anterior,
es preciso que, al estudiar los dialectos de las naciones
salvajes, aspiremos constantemente de manera
principal a determinar el nivel más bajo de su
formación, con el fin de conocer así por experiencia al
menos el tramo inferior de su organización. La
experiencia que yo he tenido hasta ahora me ha
probado que también los denominados dialectos toscos
y bárbaros poseen ya todo aquello que se requiere
para su uso completo y que son formas en cuyo molde
podría verterse con el paso del tiempo, igual que lo
han experimentado los dialectos mejores y más
excelentes, la totalidad del ánimo, para acuñar así en
ellas de manera más o menos perfecta todas las
especies de ideas.
4.
La lengua tampoco puede surgir de otro modo que
de una sola vez, o, para expresarme con mayor
exactitud, es preciso que en cada instante de su existencia posea lo
que hace de ella una totalidad. Emanación inmediata de un
ser orgánico en su validez sensible y espiritual, la
lengua participa de la naturaleza de todas las cosas
33
Todo lo expresado forma lo inexpresado o lo prepara. que pertenecen a ella. 34
Todo lo expresado forma lo inexpresado o lo prepara.
que pertenecen a ella.
34

orgánicas en que, en ella, cada uno de los elementos subsiste únicamente por medio de los otros, y todos ellos subsisten únicamente por medio de la fuerza

única que penetra la totalidad. La esencia de la lengua se repite también incesantemente dentro de ella misma, en círculos más reducidos o más amplios; en cuanto estriba en la forma gramatical, tal

esencia está ya en unidad completa en la simple frase. y como el enlace de los conceptos más sencillos excita la trama entera de las categorías del pensar, y como lo positivo exige y trae lo negativo, y lo mismo hace la parte con el todo, y la unidad con la pluralidad, y el efecto con la causa, y la realidad con la posibilidad y con la necesidad, y lo condicionado con lo incondicionado, y una dimensión del espacio y del tiempo con la otra, y cada grado de sensación con la sensación que lo circunda inmediatamente, como ocurren todas esas cosas, tenemos que está presente una totalidad de lengua, también en su riqueza léxica, desde el momento mismo en que se ha logrado de manera clara y distinta la expresión del más sencillo enlace de ideas.

5. En el ser humano se juntan, por tanto, dos áreas que

son susceptibles de división hasta un número calculable de elementos fijos y susceptibles de unión hasta el infinito, y en ellas cada una de las partes manifiesta siempre a la vez su naturaleza peculiar como relación con aquellas partes

El ser humano posee la fuerza de

dividir esas dos áreas, de dividirlas espiritualmente mediante la reflexión y corporalmente mediante la articulación, y posee también la fuerza de reunir sus partes, de reunidas espiritualmente mediante la síntesis del entendimiento y materialmente mediante el acento; éste junta las sílabas en la palabra y junta las palabras en el discurso. En consecuencia, tan pronto como la consciencia humana ha llegado a ser lo bastante poderosa para hacer que esas dos áreas se interpenetren en ella con la fuerza que efectúa esa misma interpenetración en el oyente, también éste se encuentra en posesión de ambas. La mutua interpenetración de esas dos áreas puede ocurrir únicamente por medio de una y la misma fuerza

y, a su vez, ésta puede brotar sólo del entendimiento. Tampoco la articulación de los sonidos,
y, a su vez, ésta puede brotar sólo del entendimiento.
Tampoco la articulación
de
los sonidos,
la enorme
diferencia que hay entre el mutismo de los animales y
el habla de los hombres, cabe explicarlas físicamente.
Sólo el vigor de la consciencia
de
impone
a
la
naturaleza corporal
esa
división
precisa
y
esa
delimitación fija a la que damos el nombre de
«articulación».
6.
Es difícil que el perfeccionamiento formativo, que
otorga mayor finura a la lengua, haya ido asociado en
seguida al primer devenir de ésta. Tal
perfeccionamiento presupone unas circunstancias que
las naciones
sólo atraviesan
en
una larga
serie de
años, y lo habitual es que las acciones de una lengua
se entrecrucen
con
las
acciones
de
otras.
Esta
confluencia de varios dialectos es uno de los
momentos más principales en la génesis de las
lenguas; puede ocurrir que la nueva lengua que está
surgiendo reciba elementos más o menos significativos
de las otras lenguas que con ella se mezclan, y puede
ocurrir, que es lo que sucede cuando las lenguas cultas
se barbarizan y degeneran, que los elementos nuevos
que se agreguen sean escasos y que sólo quede
interrumpida la tranquila marcha de la evolución, y que
la forma culta sea malentendida y desfigurada,
remodelada y usada de acuerdo con otras leyes.
7.
En general no cabe negar la posibilidad de que
hayan surgido varios dialectos sin ninguna comunión
entre ellos. Tampoco
hay una
razón
que
obligue a
rechazar la hipótesis de una conexión
universal de
todos ellos. Ningún rincón de la Tierra
es
tan
inaccesible que no pueda haber recibido población y
lengua
de
otro
lugar;
y
ni
siquiera
estamos
en
condiciones de pronunciamos acerca de la distribución
que los mares y la tierra firme tuvieron en otro tiempo,
y que acaso fue muy distinta de la actual. La
naturaleza misma del lenguaje y el estado del género
humano mientras es inculto son circunstancias que
35
abonan la mencionada conexión universal. La necesidad de ser entendido obliga a buscar cosas ya existentes
abonan la mencionada conexión universal. La necesidad
de ser entendido obliga a buscar cosas ya existentes y comprensibles,
y, antes de que la civilización junte más a las naciones, las lenguas
permanecen largo tiempo en posesión de poblaciones pequeñas; éstas,
poco inclinadas a mantener duraderamente los sitios donde habitan y
poco capaces de defenderlos con éxito, a menudo se expulsan unas a
otras, se sojuzgan y entremezclan; y eso, como es natural, repercute
sobre sus lenguas. Aun cuando no se admita una
procedencia común de las lenguas, es fácil que
ninguna familia lingüística haya dejado de mezclarse
posteriormente con las demás. Por tanto, en la
investigación de las lenguas ha de estar vigente la
máxima siguiente: buscar la conexión entre ellas
mientras sea reconocible cualquier rastro de tal
conexión y examinar con cuidado a propósito de cada
lengua si está formada de manera independiente, de
una sola pieza, o si en su formación gramatical o léxica
está mezclada con elementos ajenos y de qué manera
lo está.
8. Tres son, pues, los momentos que cabe diferenciar a
fin de examinar y analizar las lenguas:
—La formación primera, pero completa, de
su
estructura orgánica.
—Las variaciones debidas a añadidos ajenos, hasta que
las lenguas vuelven
estabilidad.
a alcanzar una situación de
—Su perfeccionamiento formativo, que les otorga mayor
finura,
una vez
que su delimitación
(frente a otras
lenguas) y su estructura de conjunto están ya fijas y
son inalterables.
Los dos primeros momentos no cabe disociarlos con
seguridad. El tercero, en cambio, funda una diferencia
esencial y decisiva. El punto que lo separa de los otros
dos es el punto de la organización acabada; en él la
lengua se encuentra ya en posesión y en libre uso de
todas sus funciones y después de él no consiente ya
más modificaciones en su estructura propiamente
36
dicha. En las lenguas hijas del latín, así como en sus efectos, así como también en
dicha.
En las lenguas
hijas del
latín,
así como en
sus efectos, así como también en su relación
con
37

el

griego moderno y en el inglés —este último es uno de

los fenómenos más instructivos en lo referente a la posibilidad de que una lengua se componga de elementos muy heterogéneos y uno de los más agradecidos objetos de la investigación lingüística— cabe incluso efectuar un seguimiento histórico del período de organización y averiguar hasta cierto punto el grado de acabamiento; la lengua griega la encontramos, ya en su primera aparición, en un grado de acabamiento que no nos es conocido en ninguna otra, y a partir de ese momento recorre, desde Homero hasta los alejandrinos, una senda de progresivo perfeccionamiento formativo; la lengua romana la vemos reposar, por así decirlo, durante algunos siglos, antes de que en ella comience a resultar visible una cultura más refinada y científica.

9. La disociación aquí ensayada da lugar a dos partes distintas en el estudio comparado de las lenguas; y de que ambas sean tratadas por igual depende que ese estudio sea completo. La diversidad de las lenguas es el asunto que aquí vamos a trabajar; debemos hacerla

a partir de la experiencia y de la mano de la historia, debemos estudiar esa diversidad en sus causas y en

la

naturaleza, destinos y fines de la humanidad. La diversidad de las lenguas se presenta, empero, en una doble figura: por un lado, como fenómeno de la historia natural, como consecuencia inevitable de la diversidad y separación de los pueblos, como obstáculo a la unión inmediata del género humano; por otro, como fenómeno de la teleología del entendimiento, como medio de formación de las naciones, como instrumento de una multiplicidad más rica y de una peculiaridad más grande de los productos intelectuales, como artífice de una unión de la parte culta del género humano, unión que está basada en el sentimiento

recíproco de la individualidad y que por ello mismo es más íntima. Este último fenómeno es propio

únicamente de la Edad Moderna; la Antigüedad lo conoció tan sólo en la unión de la
únicamente
de
la
Edad Moderna; la
Antigüedad
lo
conoció tan sólo en la unión de la literatura griega y la
romana; pero como esas dos literaturas no florecieron
al mismo tiempo,
imperfecta.
lo
conoció
sólo
de manera
10. Por
mor
de
la
brevedad,
y pasando
por alto
la
pequeña inexactitud que resulta del hecho de que el
perfeccionamiento formativo de una lengua influye
también en su organismo ya consolidado, así como en
el hecho de que éste mismo puede haber
experimentado los efectos de aquél antes incluso de
haber llegado a tal situación, voy a designar las dos
partes arriba descritas del estudio comparado de las
lenguas del modo siguiente:
—la investigación del organismo de las lenguas, y
—la investigación de las lenguas en la situación de su
perfeccionamiento formativo.
El organismo de las lenguas brota de la facultad
universal y de la necesidad universal de hablar que el
ser humano posee y procede de la totalidad de la
nación; la cultura de una nación singular depende, en
cambio, de disposiciones y destinos especiales y en
gran parte se basa en individuos que van surgiendo en
ella uno tras otro. El organismo de las lenguas pertenece a la
fisiología del hombre intelectual; el perfeccionamiento formativo, por
el contrario, a la serie de las evoluciones históricas. El análisis de
las diversidades de organismo lleva a medir y
examinar el área del lenguaje y la capacidad de
lenguaje del ser humano; la investigación en la
situación de la cultura superior lleva a conocer la
consecución de todos los fines humanos mediante la lengua. Los
estudios del organismo exigen una comparación continuada, hasta
donde sea posible; la indagación de la marcha del perfeccionamiento
formativo requiere concentrarse en la misma lengua y adentrarse en
sus peculiaridades más finas; de ahí que lo primero exija extensión de
la investigación, mientras que lo segundo demanda profundidad. En
consecuencia, quien de veras desee enlazar estas dos
38
los pensamientos que ha conseguido llevar a él, 39
los pensamientos que ha conseguido
llevar
a
él,
39

partes de la ciencia del lenguaje, habrá de ocuparse, desde luego, de lenguas muy dispares, más aún, si ello fuera posible, habrá de ocuparse de todas las lenguas, pero tendrá

que partir siempre del conocimiento preciso de una sola o de unas pocas. Los fallos en esto último son castigados de manera más sensible que las lagunas en la totalidad, nunca alcanzable por entero. Trabajado de ese modo, el estudio empírico comparado de las lenguas PODRÁ MOSTRAR las diversas maneras en que el ser humano ha hecho realidad el lenguaje, la parte del mundo de

el

modo en que la individualidad de las naciones actúa sobre la lengua y el modo en que esta última vuelve a operar sobre aquélla. Pues LOS CUATRO OBJETOS QUE LA INVESTIGACIÓN COMPARADA DE LAS LENGUAS ha de considerar en su conexión recíproca son los

siguientes: la lengua; los fines del ser humano que mediante ella pueden alcanzarse; el género humano en su evolución progresiva; y, por último, las naciones singulares.

11. Todo lo concerniente al organismo de las lenguas me lo reservo para un trabajo detallado que he emprendido sobre las lenguas de América. Las lenguas de un gran continente, de un continente que ha estado habitado y recorrido por múltiples poblaciones y del cual es dudoso incluso que alguna vez hayan estado unidas con otros, ofrece un objeto muy favorable para esta parte de la lingüística. Aun contando sólo aquéllas de las que poseemos noticias bastante detalladas, encontramos allí una treintena de lenguas que todavía son en realidad completamente desconocidas y a las que podemos considerar como otras tantas nuevas especies naturales; a esas treinta lenguas habrá que añadir un número mucho mayor de otras de las que no tenemos otra cosa que datos incompletos. De ahí que sea importante analizar con detenimiento todas ellas. Pues lo que sigue faltándole a la lingüística general es esto: una penetración suficiente en el conocimiento de las lenguas singulares. Sin eso será escasa la ayuda que podrá aportar la comparación de las lenguas, por muy grande que sea el número de las comparadas. Se ha

considerado suficiente con señalar peculiaridades singulares divergentes en la gramática y con comparar entre sí listas
considerado
suficiente
con
señalar
peculiaridades
singulares divergentes en la gramática y con comparar
entre sí listas de palabras más o menos extensas. Pero
también el dialecto de la más tosca de las naciones es
una obra demasiado noble de la Naturaleza como para
que la rompamos en pedazos tan casuales y la
presentemos de manera fragmentaria a la
consideración. Ese dialecto es un ser orgánico y hemos
de tratado como tal. De ahí que la primera regla sea
estudiar antes que nada cada lengua conocida en su
conexión interna, perseguir y ordenar
sistemáticamente
todas
las
analogías
que en
ella
quepa encontrar, con el fin de llegar a conocer así, de
manera intuitiva, el enlace gramatical de las ideas que
en ella existen, la extensión de los conceptos
designados, la naturaleza de esa designación
y
el
impulso espiritual más o menos vivo que la acompaña
y que tiende hacia la ampliación y el refinamiento.
Pero, además de esas monografías de las lenguas en
su conjunto, la lingüística comparada demanda otras
monografías
de
partes
singulares
de
la
estructura
lingüística, del verbo por ejemplo, a través de todas las
lenguas. Lo que mediante ellas debe buscarse y
enlazarse son todos los hilos de la conexión; algunos
de tales hilos se extienden, por así decido, a lo ancho,
a través de las partes homogéneas de todas las
lenguas, pero también hay otros hilos que se extienden
a
lo largo,
a través
de las distintas
partes de cada
lengua. Los primeros reciben su orientación
de
la
identidad
en todas
las naciones de la necesidad
de
lenguaje y de la facultad de lenguaje; los segundos de
la individualidad de cada nación. Esa doble conexión
permite conocer la extensión de las diversidades con
que el género humano forma el lenguaje y la
coherencia con que un pueblo singular forma su propia
lengua; y ambas cosas, el lenguaje y el carácter
lingüístico de las naciones, se presentan a una luz muy
clara cuando hemos visto realizada en formas
individuales
tan múltiples
la
Idea
del
lenguaje
y,
al
mismo tiempo, hemos visto contrapuesto el carácter
40
lingüístico de las naciones a la universalidad y a sus géneros próximos. Sólo de ese modo
lingüístico de las naciones a la universalidad y a sus
géneros
próximos. Sólo
de ese
modo cabrá
dar una
respuesta radical
a la importante cuestión
de
si
es
posible,
y cómo
lo
es, clasificar
las lenguas
por su
estructura interna, más o menos como las familias de
las plantas.
Lo dicho hasta aquí, por muy profundos que sean los
atisbos qué en ello se encierren, no es, con todo, más
que una mera conjetura si no es sometido a un
examen empírico más riguroso. Pues la lingüística de
que aquí estamos hablando habrá de apoyarse
únicamente
en hechos,
y
claro
está
no
en
hechos
coleccionados
de
manera
unilateral
e
incompleta.
También para juzgar si las naciones proceden unas de
otras en lo referente a sus lenguas es preciso encontrar
los principios básicos mediante un análisis preciso, que
aún
nos
falta,
de
las
lenguas
y
dialectos
cuyo
parentesco esté ya probado históricamente por otras
vías. Hasta que no avancemos, también en este
campo, de lo conocido a lo desconocido, nos
encontraremos en una senda resbaladiza y peligrosa.
12. Más, aunque investiguemos de manera muy exacta y completa
las lenguas en su organismo, es su uso el que decide lo que ellas
pueden llegar a ser mediante éste. En efecto, lo que el uso
adecuado conquista al área de los conceptos vuelve a
operar a su vez sobre éstos, enriqueciéndolos y
configurándolos. Son, por tanto, esas investigaciones,
que de modo completo sólo cabe efectuar en las
lenguas cultas, las que muestran la idoneidad de éstas
para alcanzar los fines de la humanidad. La clave de
bóveda de la lingüística, su punto de unión con la ciencia y el arte,
reside, pues, en esto. Mientras no hayamos llevado la
lingüística hasta ese punto, mientras no hayamos considerado
la diversidad de organismo con las miras puestas en indagar la
capacidad de lenguaje en sus aplicaciones más excelsas y variadas, el
conocimiento de un gran número de lenguas será fecundo a lo sumo
para indagar la estructura del lenguaje en general y para efectuar
investigaciones históricas singulares, pero no sin razón asustará al
espíritu y lo disuadirá de aprender multitud de formas y sonidos que a
41
la postre conducen siempre a la misma meta y significan lo mismo, sólo que con timbres
la postre conducen siempre a la misma meta y significan lo mismo,
sólo que con timbres diferentes. Prescindiendo del uso
inmediato para la vida, el único estudio de lenguas que
conserva importancia es el de aquéllas que poseen una
literatura, y tal estudio está subordinado a la atención
prestada a ésta. Tal es el punto de vista, muy
correctamente adoptado, de la filología, en la medida
en que cabe contraponerla al estudio general de las
lenguas. Este estudio se llama así porque trata el
lenguaje en general, no porque pretenda abarcar todas
las lenguas; a esto último es forzado, antes bien
únicamente con vistas a aquel fin.
13. Pero
si ahora somos empujados
de
ese
modo
HACIA LAS LENGUAS CULTAS, lo primero que hay que
preguntar es lo siguiente:
¿es
cada una de
las lenguas capaz de
idéntica cultura significativa o es capaz sólo de alguna?, ¿hay
formas lingüísticas que hubieron de ser destruidas antes de que
las naciones pudieran alcanzar mediante el discurso los fines
superiores de la humanidad?
Desde luego, yo estoy plenamente convencido de ello,
hemos de ver el lenguaje como algo situado
inmediatamente en el ser humano; pues en modo
alguno cabe explicarlo como obra producida por su
entendimiento a la claridad de la consciencia.
De nada sirve conceder milenios y más milenios para
su invención. Si su tipo no preexistiese en el
entendimiento humano, no cabría inventar el lenguaje.
Para que el hombre comprenda de verdad una
sola palabra, para que la comprenda no como un
mero estímulo sensible, sino como un sonido
articulado que designa un concepto, para eso es
menester que en él preexista el lenguaje en su
totalidad y en su conexión. NO HAY EN EL
LENGUAJE NADA QUE ESTE AISLADO, CADA UNO DE
SUS ELEMENTOS SE PRESENTA ÚNICAMENTE COMO
PARTE DE UNA TOTALIDAD. De igual manera que
resulta muy natural la hipótesis de un
perfeccionamiento formativo de las lenguas, así
también la invención de éstas no pudo acaecer más
42
que de un solo golpe. SÓLO POR EL LENGUAJE ES HOMBRE EL HOMBRE, MAS PARA INVENTARLO
que de un solo golpe. SÓLO POR EL LENGUAJE ES
HOMBRE EL HOMBRE, MAS PARA INVENTARLO
TENÍA YA QUE SERLO.
Es cierto
que hay
quien se
figura
que
esto
pudo
Ir
ocurriendo
poco
a
poco,
gradualmente, por rondas, por así decirlo; hay quien se
figura que gracias a una parte mas de lengua
inventada pudo el hombre llegar a ser mas hombre y
que gracias a tal incremento pudo él, a su vez inventar
más lengua; también hay quien desconoce la
indisociabilidad de la consciencia humana y la lengua
humana,
así
como
la
naturaleza
de
la
operación
intelectual que se requiere para concebir una única
palabra.
NO POR ESO ES LÍCITO, SIN EMBARGO, IMAGINAR LA
LENGUA COMO ALGO DADO DE MANERA ACABADA; si
así fuera, tampoco cabría concebir cómo el ser humano
podría comprender la lengua dada y servirse de ella. La
lengua emerge necesariamente del hombre mismo y,
además, emerge de él poco a poco, pero lo hace de tal
manera, que su organismo no yace desde luego como
una masa inerte allá en la oscuridad del alma, sino que
condiciona como ley las funciones de la fuerza del
pensar; en consecuencia, la primera palabra hace
resonar ya, y presupone, la lengua entera. De ahí
que, si con algo cabe comparar eso que en
realidad no tiene igual en toda el área de lo
pensable, es del instinto natural de los animales de lo que
podemos acordamos, y al lenguaje podemos llamarlo un instinto
natural de la razón.
DE IGUAL MANERA que no cabe explicar el instinto
de los animales por sus disposiciones
espirituales, así tampoco es posible dar cuenta de la
invención de las lenguas recurriendo a los conceptos y a la facultad
de pensar de las naciones toscas y salvajes que fueron sus artífices.
De ahí que yo nunca haya podido hacerme a la idea de
que una estructura lingüística que esté dotada de una
gran coherencia y que sea muy artificiosa en su
pluralidad y deba presuponer una gran ejercitación en
el pensar y ser prueba de una cultura anterior perdida.
43
14. Será el examen histórico el que habrá 44
14.
Será
el
examen
histórico
el
que
habrá
44

Del más tosco estado de naturaleza puede surgir una lengua como ésa, la cual es, sí, producto de la Naturaleza, pero de la naturaleza de la razón

humana. Coherencia, uniformidad, y ello incluso en una estructura compleja, son en todos los sitios la impronta que llevan grabada los productos de la Naturaleza, y la dificultad de hacerlos brotar no es la principal. La verdadera dificultad de la invención de la lengua no está tanto en la coordinación y subordinación de una multitud de circunstancias interrelacionadas cuanto en la insondable profundidad de la sencilla operación del entendimiento que en general se requiere para comprender y hacer surgir la lengua aún en uno solo de sus elementos. Una vez dado eso, todo lo demás se sigue por sí mismo, y no puede aprenderse, sino que es menester que preexista originariamente en el ser humano. Pero el instinto de los hombres se halla menos sujeto que el de los animales y deja espacio a la influencia de la individualidad. De ahí que la obra producida por el instinto de la razón pueda florecer en una perfección mayor o menor, mientras que el producto del instinto animal conserva una uniformidad más persistente; y no es contradictorio con el concepto de lengua el que algunas, en el estado en que se nos aparecen, sean realmente incapaces de un perfeccionamiento formativo acabado. La experiencia de traducciones de lenguas muy dispares, así como el uso de lenguas muy toscas e incultas para instruir con ellas en las doctrinas más misteriosas de una religión revelada, muestran ciertamente que en cada una de las lenguas cabe expresar toda una serie de ideas, bien que con éxitos muy diversos. Pero esto es mera consecuencia del parentesco universal de las lenguas y de la ductilidad de los conceptos y de sus signos. Lo único que aporta pruebas en favor de las lenguas mismas y de su influencia sobre las naciones es lo que surge naturalmente de ellas; no aquello a lo que son forzadas, sino aquello a lo que por sí mismas invitan y animan.

de

investigar en concreto las razones de la imperfección

de algunas lenguas. Pero yo he de abordar aquí una cuestión diferente, a saber: si hay
de algunas lenguas. Pero yo he de abordar aquí una
cuestión diferente, a saber: si hay alguna lengua que
esté madura para una formación acabada antes de
haber atravesado ya varias situaciones intermedias,
precisamente aquellas situaciones que de tal modo
rompen el modo originario de representar que ya no
está del todo claro el significado inicial de los
elementos. Ello resulta verosímil tanto por la notable
observación de que la coherencia es una propiedad
característica de las lenguas toscas, mientras que en
las cultas lo es la anomalía en muchas partes de su
estructura, cuanto por razones sacadas de la
naturaleza misma del asunto.
EL PRINCIPIO QUE DOMINA EN LA TOTALIDAD DE LA
LENGUA ES LA ARTICULACIÓN; en cada una de las
lenguas, la más importante de sus excelencias es una
articulación sólida y ágil; pero esto tiene como
presupuesto unos elementos simples y en sí mismos
indivisibles. La esencia de la lengua consiste en verter
la materia del mundo fenoménico en el molde de la
forma de los pensamientos; todas sus aspiraciones son
formales. Y dado que las palabras están en lugar de los objetos, es
menester también que a las palabras en cuanto materia se les oponga
una forma a la cual estén sujetas. Ahora bien, son precisamente las
lenguas primitivas las que acumulan una multitud de
determinaciones en el mismo grupo silábico y las que
son visiblemente deficientes en el dominio de la forma.
El sencillo secreto de tales lenguas, un secreto que
indica la vía que siempre será preciso seguir para
descifrar su enigma, olvidándonos completamente de
nuestra gramática, es el siguiente: que alinean
inmediatamente lo que es significativo en sí. La
forma es añadida mentalmente; o bien viene dada por
una palabra que en sí está dotada de significado y a la
que también se toma como tal, por lo que, en
consecuencia, la forma viene dada como materia.
En el segundo gran nivel del avance, el significado
material cede ante el uso formal y ahí es donde se
generan las palabras dotadas de un significado
gramatical y, por tanto, formal. Pero la forma es
45
46
46

indicada únicamente en aquellos sitios donde viene exigida por una circunstancia inherente al sentido del discurso, es indicada únicamente en aquellos sitios donde, por así decido, viene exigida por la materia, y no en aquéllos donde viene exigida formalmente por el enlace de las ideas. Sin duda el plural es pensado como una multiplicidad, pero el singular no es pensado exactamente como una cosa única, sino sólo como el concepto en general; el verbo y el nombre coinciden en aquellos casos en que no es precisamente la persona o el tiempo lo que hay que expresar; la gramática no ejerce todavía su Imperio sobre la lengua, sino que aparece tan sólo en el caso de que se tenga necesidad de ella. Al tercer nivel se ha ascendido tan sólo cuando ningún elemento es .pensado ya como huérfano de forma y cuando la materia como tal es vencida totalmente en el discurso; mas ese nivel, si es entendido como aquél en el cual hay en cada uno de sus elementos una indicación audible de, la forma, es un nivel al que apenas llegan las lenguas más altas, aun cuando sea él aquello en que se basa la posibilidad de una euritmia arquitectónica en la estructura de los períodos. A mí no me es conocida ninguna lengua, ni siquiera en su acabamiento supremo, cuyas formas gramaticales no sigan llevando en sí rastros inconfundibles de la originaria aglutinación silábica. Así, pues, en tanto la palabra, en el nivel inferior, aparezca compuesta con su modificación y no como modificada en su sencillez, faltará la fácil divisibilidad de sus elementos y el espíritu será oprimido por la torpeza del significado con que cada partícula básica se presenta, no siendo estimulado al pensar formal por el sentimiento de lo formal. El ser humano, próximo todavía al estado de naturaleza, fácilmente lleva también demasiado lejos un modo de representar, una vez que lo ha adoptado; piensa cada objeto, y cada operación con todas sus circunstancias concomitantes, transfiere esas cosas a la lengua y luego vuelve a

47
47

quedar avasallado por ésta, ya que en ella el concepto viviente queda congelado, reducido a mero cuerpo. Un medio sumamente eficaz de reducir esto a sus verdaderas dimensiones y de disminuir la fuerza de lo que tiene un significado material es el entrecruzamiento de las naciones y de las lenguas. Una manera nueva de representar se asocia entonces a la que existía hasta ese momento; las poblaciones que se mezclan no conocen mutuamente la composición singular de las palabras de sus dialectos, sino que las acogen meramente como formulas en conjunto; puesto que resulta posible elegir, los elementos mas incómodos y torpes ceden ante los mas ligeros y dúctiles; y como el espíritu y la lengua no están ya entrelazados con tanta unilateralidad, el primero ejerce mas libremente su imperio sobre la

segunda. Es cierto que el organismo originario queda perturbado, pero, la nueva fuerza que se agrega es también una fuerza orgánica y de este modo se continúa sin interrupción el tejido, solo que ahora de acuerdo con un plan dotado de una mayor amplitud y variedad. Así, pues, lo que hizo la amalgama aparentemente confusa de las poblaciones en los tiempos primitivos fue preparar el florecimiento del discurso y del canto en siglos que llegarían mucho mas tarde. 15. Pero aquí no vamos a fijarnos en esa imperfección de algunas lenguas a la que acabamos de referirnos. El examen de las lenguas dotadas de idéntica perfección o de aquellas cuya diferencia no puede medirse de manera puramente cuantitativa es lo único que permite dar repuesta a esta cuestión general: ¿cómo hemos de ver la diversidad en cuanto tal de las lenguas en su relación con la formación del género humano?, ¿hemos de verla como una circunstancia fortuita que acompaña la vida de las naciones y que puede aprovecharse con habilidad y suerte, o hemos de verla como un medio necesario, insustituible, de trabajar el área de las ideas? Pues todas las lenguas se inclinan cual radios convergentes hacia esa área lo cual hace que su relación con ella, que en su contenido constituya el punto final de nuestra investigación. Si fuera posible independizar de la lengua ese contenido o hacer de la expresión lingüística algo indiferente para él. Si la lengua y su

16. EL MODO MÁS SEGURO DE DILUCIDAR 48
16.
EL
MODO
MÁS
SEGURO
DE
DILUCIDAR
48

contenido fueran de suyo independientes e indiferentes entonces el perfeccionamiento formativo de las lenguas en el estudio de su diversidad tendrían una importancia condicionada y subalterna nada más; en el caso contrario, su importancia seria incondicional y. decisiva.

ESTA

CUESTIÓN ESTÁ EN COMPARAR LA PALABRA SIMPLE CON

EL CONCEPTO SIMPLE. Es cierto que la palabra no constituye la totalidad de la lengua, pero es su parte más significativa, aquello que en el mundo de lo vivo

es el individuo. En modo alguno resulta indiferente el que una lengua exprese con una perífrasis aquello que otra expresa con una

sola palabra. No resulta indiferente con respecto a las formas gramaticales, ya que en la perífrasis estas no aparecen como ideas modificadas, por contraste con el concepto de la forma pura, sino que aparecen como ideas que indican la modificación; pero tampoco resulta indiferente con respecto a la designación de los conceptos. La ley de la articulación sufre necesariamente quebranto cuando aquello que en el concepto se presenta como unidad no aparece como unidad también en la expresión, y un concepto al que le falte tal expresión carece de la entera eficacia viva de la palabra en cuanto individuo. AL ACTO DEL ENTENDIMIENTO que hace brotar la unidad del concepto corresponde como signo sensible la unidad de la palabra, y ambas unidades han de ir juntas, y lo más cerca posible, en el pensar mediante el discurso. Pues de igual manera que el vigor de la reflexión hace surgir la separación y la individuación de los sonidos mediante la articulación, así también esta a su vez ha de volver a operar sobre la materia de los pensamientos, separando e individualizando, y ha de hacerle posible a esa materia el que, partiendo de lo no-separado y aspirando a lo no-separado, aspirando a la unidad absoluta, recorra ese camino a través de la separación.

17. MAS EL PENSAR NO DEPENDE SÓLO DEL LENGUAJE EN GENERAL, SINO QUE HASTA CIERTO PUNTO DEPENDE TAMBIÉN DE CADA LENGUA DETERMINADA Y SINGULAR.

49
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Es cierto que ha habido quien ha querido sustituir las palabras de las diversas lenguas por unos signos dotados de validez universal, por unos signos como los que la matemática posee en las líneas, los números y el algebra. Con ellos no cabe agotar, empero, mas que una exigua parte de la masa de lo pensable, ya que por su propia naturaleza tales signos no convienen mas que a aquellos conceptos que pueden ser el producto de una mera construcción mental o que son formados puramente por el entendimiento. Pero en aquellos sitios donde ha de ser troquelada en conceptos la materia de la percepción interna y de la sensación, lo que importa es la facultad individual de representación del ser humano, de la cual es indisociable su lengua. Todas las tentativas de colocar en el centro de las diversas lenguas singulares unos signos universales para los ojos y los oídos son simplemente métodos abreviados de traducción, y seria una necia ilusión el figurarse que con ellos salimos fuera, no digo que de toda lengua, pero ni siquiera del círculo restringido y determinado de la nuestra propia. Cabe desde luego buscar tal punto central de todas las lenguas y encontrarlo realmente, y

resulta necesario no perderlo de vista tampoco en el estudio comparado de las lenguas, tanto en su parte gramatical cuanto en su parte léxica. Pues en ambas partes hay un buen numero de cosas que pueden ser determinadas enteramente a priori y que pueden ser separadas de todas las condiciones de una lengua particular. PERO FRENTE A ESO hay una cantidad mucho mayor de conceptos y también de deta1les gramaticales que se hallan tan indisolublemente entretejidos con la individualidad de su lengua que no es posible mantenerlos suspendidos del mero hilo de la percepción interna, flotando entre todas las lenguas, ni cabe traspasarlos sin alteración a una lengua diferente. Una parte muy significativa del contenido de cada lengua depende de ella tan indudablemente que la expresión lingüística no puede ya continuar siendo indiferente para el contenido.

18. LA PALABRA, QUE ES LA QUE EN REALIDAD HACE DEL CONCEPTO UN INDIVIDUO EN EL MUNDO DE LOS PENSAMIENTOS, le agrega muchas cosas suyas significativas; y la idea, al recibir nitidez de la palabra, queda al mismo tiempo encerrada dentro de ciertos

límites. El sonido articulado de la palabra; 50
límites.
El
sonido
articulado
de
la
palabra;
50

el

parentesco de esta con otras de significado parecido; el concepto transitorio, casi siempre contenido en la palabra y que lleva hacia el objeto designado de un modo nuevo y al cual es ella asimilada; las relaciones concomitantes de la palabra con la percepción o la sensación: todas esas cosas hacen que surja una impresión determinada, y esa impresión, al convertirse

en habito, aporta una dimensión nueva a la individualización del concepto, el cual es de suyo mas indeterminado, pero también mas libre. Pues con cualquier palabra dotada de significado se enlazan las sensaciones que ella misma va estimulando poco a poco, las intuiciones y nociones surgidas ocasionalmente; y palabras distintas, si se ponen juntas, permanecen idénticas a si mismas también en las proporciones graduales en que actúan. De igual manera que una palabra transforma un objeto en una representación, así también hace resonar, aunque a menudo de manera imperceptible, una sensación que corresponde simultáneamente a la naturaleza de la palabra y a la naturaleza del objeto; y la serie ininterrumpida de los pensamientos en el ser humano va acompañada asimismo de una secuencia ininterrumpida de sensaciones. Tal secuencia viene desde luego determinada por LOS CONCEPTOS REPRESENTADOS, pero es ante todo la naturaleza misma de las

palabras y de la lengua lo que determina su grandeza y su colorido.

El objeto, cuya aparición en el ánimo va siempre acompañada de una impresión que es individualizada por la lengua y que se repite siempre de manera regular, es también representado en si de una manera modificada por tal proceso. Esto resulta poco observable en el caso singular, pero el poder del efecto causado en la totalidad consiste en la regularidad y en la continua reiteración de tal impresión. EL CARÁCTER DE LA LENGUA se adhiere a cada impresión y a cada unión de expresiones y, en consecuencia, el acervo de las representaciones adquiere un colorido que procede de aquel carácter.

19. 51
19.
51

PERO LA LENGUA NO ES UN PRODUCTO LIBRE DEL

HOMBRE SINGULAR, SINO QUE PERTENECE SIEMPRE A LA

TOTALIDAD DE LA NACIÓN; también en ésta las generaciones posteriores reciben la lengua de quienes han vivido antes. EL HECHO DE QUE EN LA LENGUA se mezcle, acendre y reconfigure el modo de representar propio de todas las edades, sexos, estamentos, variedades de carácter y de espíritu de un mismo pueblo, y luego de varias naciones —merced al traspaso de palabras y lenguas—, y a la postre del genero humano entero —al ir aumentando la comunidad de los pueblos—, ese hecho comporta que la lengua sea el gran punto donde se realiza el tránsito de la subjetividad a la objetividad, el tránsito de la siempre limitada individualidad a la existencia omnicomprensiva. La invención de unos signos fonéticos nunca antes oídos es algo que solo cabe imaginar en el origen de las lenguas, origen que queda allende toda experiencia humana. En los sitios donde el ser humano ha recibido por tradición unos sonidos articulados, los cuales están de alguna manera dotados de significado, forma su propia lengua adhiriéndola a tales sonidos y amplia su propio dialecto de acuerdo con la analogía proporcionada por ellos. Esto se basa en la necesidad que el hombre siente de hacerse comprender, en la conexión universal de todas las partes y elementos de cada lengua y de todas las lenguas entre si, y en la identidad de la facultad de lenguaje. También para la aclaración gramatical de las lenguas tiene importancia el no perder de vista que no es fácil que las poblaciones que formaron las lenguas llegadas hasta nosotros hubieran de inventarlas, sino que, más bien, en aquellos sitios donde actuaron autónomamente hubieron de repartir y aplicar aquello con que se toparon. Sólo así cabe dar cuenta de muchos matices finos de las formas gramaticales. Es difícil que para tales matices se inventaran designaciones distintas; lo natural seria, por e1 contrario, que no se usasen indiferentemente las distintas designaciones que preexistían. Lo que preponderantemente pasa de una nación a otra son los elementos capitales del lenguaje; es decir, las

palabras. A las formas gramaticales eso les resulta mucho mas difícil, pues, al tener una naturaleza
palabras. A las formas gramaticales eso les resulta
mucho mas difícil, pues, al tener una naturaleza
intelectual mas fina, más bien que adherirse
materialmente a los sonidos articulados, aclarándose
de ese modo a sí mismas, es en el entendimiento
donde tienen su sede.
Esto comporta que entre las generaciones
eternamente .cambiantes de los seres humanos y el
mundo de los objetos susceptibles de representación
haya un número infinito de palabras, las cuales, aun
cuando originariamente fueran producidas según leyes
de libertad y en lo sucesivo fueran empleadas de ese
modo, nosotros no podemos ver. Igual que vemos a los
hombres y los objetos, sino como entidades que tienen
su sede en si mismas, como entidades que sólo cabe
explicar históricamente, y que han ido surgiendo poco
a poco merced a la fuerza conjunta de la naturaleza,
los seres humanos y los acontecimientos. La serie de las
palabras se extiende de tal modo hasta las oscuridades .de los
primeros tiempos que ya no es posible fijar su inicio; la ramificación
de las palabras abarca la totalidad del género humano hasta donde
hubo unión bajo él, la actuación ulterior y la producción ulterior de
las palabras podrían encontrar un punto final únicamente si quedaran
extirpadas de golpe todas las generaciones que ahora viven y si
quedasen cortados de repente todos los hilos de la tradición.
Dado que las naciones se sirven de los elementos
lingüísticos preexistentes, y dado que estos mezclan su
naturaleza con la representación de los objetos, ocurre
que ni la expresión es indiferente ni el objeto es
independiente de la lengua. Pero el ser humano, que
esta condicionado por la lengua, a su vez vuelve a
operar sobre ella, y esto hace que cada una de las
lenguas particulares sea a su vez el resultado de tres
acciones distintas y coincidentes, a saber: la
naturaleza real de los objetos, pues ella es la que hace
que brote la impresión en el ánimo; la naturaleza
subjetiva de la nación; y la naturaleza peculiar de la
lengua, debida a la materia básica que se le mezcla y a
la fuerza con que todo lo que alguna vez ha sido
transferido a ella permite un perfeccionamiento
52
independiente de ellas; a la zona puramente pueden llegar a convertirse nunca en una copia completa
independiente de ellas; a la zona puramente
pueden llegar a convertirse nunca en una copia completa
de
subjetividad
de
la
humanidad,
no
es
menos
cierto que
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formativo sólo dentro de ciertos limites de la analogía, aunque en su origen fuera creado con total libertad.

20. LA DEPENDENCIA RECIPROCA DEL PENSAMIENTO Y EL LENGUAJE HACE CLARO Y EVIDENTE QUE LAS LENGUAS SON PROPIAMENTE UN MEDIO NO TANTO DE PRESENTAR LA VERDAD YA CONOCIDA CUANTO, MUCHO MAS, DE DESCUBRIR LA VERDAD ANTES DESCONOCIDA.

La diversidad de las lenguas no es una diversidad de sonidos y signos, sino una diversidad de vistas del mundo. La razón y la finalidad última de toda investigación lingüística residen en eso. EL ACERVO DE LO CONOCIBLE, que es el campo que el espíritu ha de trabajar, hallase en el centro entre todas las lenguas e

objetiva no puede

acercarse el ser humano sino de acuerdo con su modo propio de

conocer y de sentir, es decir, SÓLO PUEDE HACERLO POR UNA VÍA SUBJETIVA. Cabalmente, los sitios donde la investigación toca los puntos más altos y profundos son aquéllos donde el uso mecánico y lógico del entendimiento —el uso mas fácil de separar de toda peculiaridad especial— se encuentra al final de su

operatividad y donde se inicia un método de percepción y creación internas del cual lo único que está claro es que la verdad objetiva brota de la totalidad de la fuerza de la individualidad

subjetiva. TAL COSA ES POSIBLE ÚNICAMENTE CON Y MEDIANTE LENGUA. Ahora bien, en cuanto obra de la nación y del pasado, la lengua es algo que le resulta extraño al ser humano;

esto hace que por un lado éste quede atado por lo que todas las generaciones anteriores han ido depositando en la lengua, pero por otro lado salga enriquecido, reforzado y estimulado por ello. LA LENGUA, que se contrapone como algo subjetivo a lo conocible, se enfrenta como algo objetivo al ser humano.

Pues cada una de las lenguas es un eco de la naturaleza universal del hombre; y si bien es cierto que ni siquiera todas las lenguas juntas

la

están

aproximándose continuamente a esa meta. Pero a su vez la

subjetividad de la humanidad entera va convirtiéndose en si en algo objetivo. La coincidencia originaria entre
subjetividad de la humanidad
entera va
convirtiéndose en si
en
algo
objetivo. La
coincidencia originaria entre el hombre y el mundo, en
la cual se basa la posibilidad de todo conocimiento de
la verdad, va siendo, por tanto, recuperada fragmento
a fragmento y de manera progresiva por la vía de los
fenómenos. Pero nunca deja de ser lo objetivo aquello
que hay
que conquistar;
y
si
bien
el
ser humano se
acerca
a
ello
por la vía subjetiva de una lengua
particular, su segundo esfuerzo consiste en aislar lo
subjetivo, aunque sólo sea trocando una subjetividad
por otra, y en disociarlo de lo objetivo
fuerza posible.
con la mayor
21. Si comparamos en varias lenguas las expresiones que se
emplean para designar los objetos no-sensibles, encontraremos
que sólo son sinónimas aquellas expresiones que, POR SER
CONSTRUIBLES MENTALMENTE DE UN MODO PURO, LO
ÚNICO QUE PUEDEN CONTENER Y QUE CONTIENEN ES
AQUELLO QUE SE DEPOSITA EN ELLAS.
Todas las demás expresiones recortan y seccionan de
manera distinta el área que esta en su centro —si es
que podemos denominar así el objeto designado por
ellas—, todas ellas tienen un contenido mayor o menor
y encierran otras muchas determinaciones. Las
expresiones empleadas para designar los objetos
sensibles son sinónimas, desde luego, en la medida en
que en todas ellas se piensa el mismo objeto; pero su
significado diverge en el modo de expresar su
representación. Pues, mientras permanece viva, la
influencia ejercida por la visión individual del objeto en
la formación de la palabra determina también la
manera como esta revoca a aquel.
Un gran número de palabras brota, empero, de la unión
de expresiones sensibles y expresiones no-sensibles o
de la elaboración de las primeras por el entendimiento;
ello hace que todas las palabras compartan la impronta
individual, que no vuelve a encontrarse tal como era,
de las segundas, mientras que la impronta de las
primeras va necesariamente extinguiéndose con el
54
55
55

discurrir del tiempo. Pero dado que la lengua es copia y signa al mismo tiempo, y que no es enteramente producto de la impronta causada por los objetos ni es tampoco enteramente producto del arbitrio de los hablantes, todas las lenguas particulares llevan en cada uno de sus elementos rastros de la primera de esas propiedades; y el que tales rastros sean reconocibles estriba, si dejamos aparte su propia

nitidez, EN LA DISPOSICIÓN DEL ÁNIMO a querer tomar las palabras más como copia o más como signo. El ánimo puede llegar a lo segundo merced a la fuerza de la abstracción, pero también puede, abriendo todas las puertas de la receptividad, acoger la entera influencia ejercida por la materia peculiar de la

lengua. Mediante el tratamiento dada a esa materia puede el hablante orientarla en dirección a la copia o en dirección al signo, y a menudo el uso de una expresión poética ajena a la prosa no tiene otro efecto que el de disponer el ánimo a que no contemple como signo la lengua, sino a que se entregue a ella en su entera peculiaridad. SI ESE USO DOBLE DE LA LENGUA queremos contraponerlo en géneros, los cuales establecen ciertamente en el una separación más neta que la qué él mismo puede tener en la realidad, entonces podemos llamar a uno de ellos el uso científico de la lengua y al otro su uso oratorio. El primero es al mismo tiempo el uso del comercio; el segundo, el de la vida en sus circunstancias naturales. Pues el trato libre desata los lazos que pudieran haber encadenado la subjetividad del ánimo. En el sentido en que aquí lo tomamos, el uso científico es aplicable tan sólo a las ciencias de la pura construcción mental y a ciertas partes y tratamientos de las ciencias de la experiencia; en todo conocimiento que exija las fuerzas indivisas del ser humano aparece, en cambio, el uso oratorio. Y es de esta última especie de conocimiento de la que fluyen directamente la luz y el calor que se derraman sobre todas las demás especies; sólo en aquella se basa el avance en la

cultura espiritual general, Y UNA NACIÓN que no busque y encuentre el punto central de su cultura en la poesía, la filosofía y

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la historia —las cuales pertenecen a la mencionada especie de conocimiento— es una nación que pronto se ve privada de la benéfica repercusión de la lengua, pues por su propia culpa no alimenta ya a esta con la única materia capaz de conservarle la juventud y la fuerza, el esplendor y la belleza. En esa zona es donde esta la autentica sede de la elocuencia, si por elocuencia entendemos, en una acepción muy amplia y no precisamente usual, EL TRATAMIENTO DE LA LENGUA en la medida en que ésta o bien influye esencialmente por sí misma en la presentación de los objetos o bien es usada adrede para tal fin. En este ultimo modo, la elocuencia puede pasar también, con razón o sin ella, al uso científico y al comercial.

A SU VEZ, ES PRECISO DISOCIAR EL USO CIENTÍFICO DE

LA LENGUA DE SU USO CONVENCIONAL. Ambos pertenecen a una única clase, en cuanto que, eliminando el peculiar efecto de la lengua como materia autónoma, quieren verla únicamente como signo. Pero el uso científico hace eso en el campo donde resulta pertinente y lo lleva a cabo intentando apartar de la expresión toda subjetividad, o, más bien, intentando disponer el ánimo de una manera completamente objetiva; en ello le sigue el tranquilo y razonable uso comercial. El uso convencional traslada ese tratamiento a un campo que necesitaría de la libertad de la receptividad; es un uso que impone a la expresión una subjetividad determinada en cuanto a su rango y su colorido, y que intenta conducir el ánimo a tal subjetividad. Con ello EL USO CONVENCIONAL PASA LUEGO AL ORATORIO, PRODUCIENDO UNA

ELOCUENCIA Y UNA POESÍA DEGENERADAS. Hay naciones

a las que la individualidad de su carácter hace tomar uno u otro de esos caminos errados o seguir de manera unilateral el correcto; hay naciones que tratan con mayor o peor fortuna su lengua. Pero si el destino quiere que llegue exactamente al punto decisivo de congelación del organismo de un dialecto

UN PUEBLO AL QUE su ánimo, su oído y su entonación disponen de manera preferente para el discurso y para el canto, surgen entonces

exposición también, en la estructura de estas, de 57
exposición también, en la estructura de estas, de
57

lenguas magníficas, admiradas en todos los

tiempos. El nacimiento del griego no podemos explicárnoslo sino por uno de esos lances afortunados.

22. A estas últimas y esencialísimas aplicaciones de la lengua no puede ser ajeno su organismo originario. En el reside EL PRIMER GERMEN DEL PERFECCIONAMIENTO FORMATIVO que viene a continuación, y las dos partes del estudio comparado de las lenguas, que en lo anterior estaban separadas,

encuentran aquí su unión. Una exposición luminosa y coherente del modo y el grado de la producción de ideas a que han llegado las lenguas humanas y una

la

influencia de sus diversas propiedades sobre su culminación última, son cosas que sólo resultan posibles a partir de la investigación de la gramática y el léxico de todas las lenguas, en la medida en que haya recursos para realizarla, y a partir del examen de los monumentos literarios de las naciones cultas.

23. EL ÚNICO PROPÓSITO QUE YO HE TENIDO AQUÍ HA SIDO: TRAZAR EN SU CONJUNTO EL PERÍMETRO DEL CAMPO DE LAS INVESTIGACIONES COMPARADAS DE LAS LENGUAS, FIJAR LA META DE TALES INVESTIGACIONES Y MOSTRAR QUE PARA LLEGAR A ESA META ES MENESTER TOMAR JUNTOS E1 ORIGEN Y LA CULMINACIÓN DE LAS LENGUAS. Sólo por esa vía pueden llevar tales investigaciones a ver cada vez menos las lenguas como unos signos arbitrarios y a buscar en la peculiaridad de su estructura, penetrando más hondamente en la vida espiritual, recursos para investigar y conocer la verdad y para formar los

sentimientos y el carácter. Pues si en las lenguas que han florecido en un perfeccionamiento formativo superior hay unas vistas específicas del mundo, entonces ha de existir una relación no sólo de tales vistas entre sí, sino también entre ellas y la totalidad de todas las vistas del mundo imaginables.

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Ocurre con las lenguas, pues, lo mismo que ocurre con e1 carácter de los seres humanos, o, para elegir un objeto más sencillo de comparación, lo mismo que sucede con los ideales de los dioses de las artes plásticas; en tales ideales podemos buscar también la totalidad y trazar un círculo cerrado, ya que cada uno expone desde un determinado lado el ideal universal, ideal que no es individuable como recopilación simultánea de todas las sublimidades. ES CIERTO QUE NO NOS ESTA PERMITIDO FIGURARNOS QUE ESE IDEAL UNIVERSAL ESTE PRESENTE EN SU PUREZA EN ALGÚN GÉNERO DE EXCELENCIAS; Y SI QUISIÉRAMOS EXPONER HISTÓRICAMENTE DE ESE MODO LAS DIVERSIDADES DEL CARÁCTER O DE LAS LENGUAS VIOLENTARÍAMOS LA REALIDAD.

LO ÚNICO QUE HAY SON LAS DISPOSICIONES, ASÍ COMO UNAS DIRECCIONES QUE NO ESTÁN

RECORRIDAS DE MANERA PURA. Y ni en los seres humanos, ni en las naciones ni en las lenguas cabe imaginar una formación del carácter (cosa que, por cierto, no equivale al sometimiento de los fenómenos a

una ley, sino que es el acercamiento del ente a un ideal) DE OTRO MODO que viéndonos a nosotros mismos recorrer una vía cuya dirección, dada por la noción del ideal, presupone otras direcciones determinadas, las cuales son las que agotan todos los lados del ideal.

El estado de las naciones en el cual puede encontrar aplicación este ideal en sus lenguas es el estado último y supremo A QUE PUEDE CONDUCIR LA DIVERSIDAD DE SUS POBLACIONES; ese estado presupone una masa humana relativamente grande, ya que las lenguas las exigen para alzarse hasta su culminación. EN LA BASE DE ESE ESTADO SE HALLA EL ESTADO MAS BAJO DE TODOS, del cual hemos partido, el estado que surge del inevitable fraccionamiento y ramificación del género humano y al que deben su origen las lenguas; ese origen presupone unas masas humanas múltiples y pequeñas, porque en ellas resulta más fácil la génesis de las lenguas. Y si han de surgir lenguas ricas y flexibles, es preciso que esas masas confluyan y se mezclen. En ambos estados se da una

* Fragmento de 1821 59
*
Fragmento de 1821
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conjunción de lo mismo que hallamos en la economía

entera del género humano en esta Tierra, A SABER:

que el origen esta, si, en la necesidad natural que se siente y también en la necesidad física, pero, en la evolución progresiva, ambas necesidades sirven a los más altos fines espirituales.

Sobre la influencia del diverso carácter de las lenguas en la literatura y en la formación del espíritu *

En nadie que haya dedicado a1guna reflexión, de ella en la realidad, o bien es pensado
En
nadie que haya
dedicado
a1guna reflexión,
de ella en la realidad, o bien es pensado en el espíritu;
por
tanto,
puede
considerarse
en
indiferente
cuál
sea
la lengua
de
que
nación.
ACEPTADO LO SIGUIENTE:
que
60

por

exigua que haya sido, a la naturaleza de las lenguas presupondremos opiniones como las siguientes: que una lengua es un mero conjunto de signos conceptuales arbitrarios o que se han vuelto habituales por azar; que el único destino y la única fuerza que tiene una

palabra es la de evocar un cierto objeto que, o bien existe fuera

 

y

que,

cierto

modo

se

sirve una

Al contrario, PODEMOS DAR POR GENERALMENTE

las diversas lenguas

constituyen los órganos de los modos peculiares de pensar y

sentir de las naciones; que son muchísimos los objetos que en realidad son creados por las palabras que los designan (esto podemos extenderlo propiamente a todos ellos, si consideramos e1modo en que son pensados en la palabra y e1modo en que, en el pensar, actúan

mediante la lengua sobre el espíritu); y, finalmente, que las partes fundamentales de las lenguas no han surgido de manera arbitraria y, por así decirlo, por convención, sino que son sonidos

articulados que han brotado de lo más intimo de la naturaleza humana

y que se conservan y se reproducen (y podría añadirse: como entidades en cierto modo autónomas en una determinada personalidad).

Ahora bien, CONTINÚA AÚN ABIERTO EL CAMPO DE LA INVESTIGACIÓN ACERCA DE CUESTIONES COMO LAS SIGUIENTES: la naturaleza de la actuación de la lengua sobre el pensar; la indicación de aquellas propiedades de la lengua en que se basa tal actuación; la fijación de los requisitos que deben darse en la lengua para que se alcance este o aquel grado o para que se produzca esta o aquella precisa diversidad del pensar; la dependencia o independencia en que se encuentra la nación con respecto a su lengua; el poder que la nación puede ejercer sobre la lengua, o la coacción que necesariamente ha de sufrir por parte de ésta. Al abordar todas estas cuestiones penetramos sin duda, mas bien preocupados, en un territorio que

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es poco accesible y que .aun no ha sido recorrido con mucha frecuencia.

La finalidad de este trabajo consiste en emprender esa investigación y en proseguirla hasta donde parezca necesario y posible, y proceder en ello tanto de manera puramente reflexiva, penetrando en la naturaleza del lenguaje en general, como de manera histórica, examinando las lenguas más significativas que realmente existen, para llegar así a determinar cuál es la influencia que el diverso carácter de las lenguas ejerce sobre la literatura y la formación del espíritu (el mero fijar con exactitud esa influencia no es en si una tarea fácil).

De igual modo que la gramática y la lexicología pueden considerarse como el análisis anatómico de las lenguas, así en esta investigación somos llevados, por así decirlo, a sus funciones fisiológicas, a conocer el modo en que actúan sus componentes, individualmente o en conjunto, y la manera en que a partir de eso y mediante eso se configura su vida orgánica. Esta no puede negárseles, en efecto, alas lenguas.

Las generaciones pasan, pero la lengua permanece; cada una de las generaciones encuentra ya ante si la lengua y la encuentra como algo que es más fuerte y poderosa que ella misma; jamás consigue una generación llegar del todo al fondo de la lengua y la deja como legado a la generación que la sigue; solo mediante la serie entera de las generaciones resulta posible conocer el carácter de la lengua, pero esta establece un vinculo entre todas las generaciones, y todas tienen en ella su representación; vemos lo que la lengua debe a tiempos singulares, a varones singulares, pero siempre permanece indeterminable aquello de que todos le son deudores a ella. En el fondo la lengua es (pero no la lengua tal como llega a la posteridad en sonidos, y obras fragmentarios, sino la lengua en su existencia la viva y agitada, y tampoco la mera lengua externa, sino simultáneamente la lengua interna, en su identidad con el pensar, el cual es hecho posible únicamente por ella), en el fondo la lengua es la nación misma la nación en el auténtico sentido

del término. ¿Pues qué otra cosa es la lengua sino la flor a la que aspira
del término. ¿Pues qué otra cosa es la lengua sino la flor a la que
aspira unitariamente todo aquello que hay en la naturaleza corporal y
espíritu del ser humano, la flor en la que por vez primera adquieren
figura todas las cosas que, de lo contrario permanecen indeterminadas
y fluctuantes, y que es más fina y mas etérea que la acción, la cual va
siempre mezclada de un modo mas profundo con lo terrenal? Pero la
lengua es asimismo la flor del organismo de la nación entera. No
puede, en efecto, el ser humano ni hacerla surgir por sí solo ni
recibirla meramente de otros; y el secreto del origen de la
lengua esta en el secreto de una individualidad
separada y que, sin embargo, en un sentido mas
elevado, esta a su vez innegablemente unida.
Tal vez parezca extraño
que,
a
propósito
de
la
investigación de la influencia de las lenguas sobre las
naciones, mencionemos la literatura; pues a menudo
ocurre que ésta es meramente una obra artificiosa y no
algo que por sí mismo haya surgido de la propia lengua
y gracias al entusiasmo aportado por ella. Aunque
nunca haya llegado ni siquiera a un inicio de literatura,
un pueblo brinda en su vida doméstica y pública unos
fenómenos muy dignos de atención y unas energías
mas grandes, que desde luego no se hallan menos
sujetos a la influencia de la lengua; y las más de las
veces esta no pasa a los escritos y a los libros sino
empobrecida y debilitada, mientras que su plena
corriente se derrama enérgica y llena de sentido sobre
el habla cotidiano de un pueblo.
La formación
de
una
literatura
se
asemeja
a
la
formación de puntos de calcificación en la anatomía de
un hombre que va haciéndose viejo;
y
a
partir
del
instante
en
que
el
sonido
articulado
que
resuena
libremente en el discurso y en el canto queda
encerrado en la cárcel
de la escritura,
la
lengua se
encamina, por muy rica que sea Y por muy
ampliamente difundida
que
este,
primero
a
una
presunta depuración, después a su empobrecimiento y,
finalmente, a su muerte.
Pues la letra vuelve
a operar con
efectos petrificadores sobre la lengua hablada, que por algún tiempo
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continua subsistiendo libre y varia a su lado; mediante su clara perceptibilidad, la letra rebaja a
continua subsistiendo libre y varia a su lado; mediante su clara
perceptibilidad, la letra rebaja a lenguaje popular las explosiones
desatadas de la lengua, sus formas múltiples, sus modificaciones, las
cuales designan figurativamente los mas nimios matices, y pronto no
soporta en su entorno otra cosa que aquello que le es semejante.
Esto es, por otro lado, un mal inevitable, que no
proviene sino de que la lengua comparte con todas las
demás cosas terrenales una existencia perecedera.
PUES SI LA ESCRITURA NO FIJA LA LENGUA, si el presente
no tiene, para percibir los sonidos de los tiempos pasados, otra cosa
que la tradición, siempre oscura fluctuante, entonces no queda
retenido ningún progreso y todas las cosas corren mezcladas en una
marcha circular que se halla entregada únicamente al azar.
Se necesitan, además, unas concatenaciones de
circunstancias que raras veces retornan en la historia
universal, para que no le falten pureza, nobleza y
dignidad a una lengua una vez que, saliendo del habla
cotidiana del pueblo, queda recogida en la región mas
separada de las ideas.
Sin considerar,
pues, ya
que ello
seria desde
luego
muy errado, que la existencia o inexistencia de una
literatura sea precisamente la característica
determinante de la influencia ejercida por las lenguas en la
formación del espíritu, lo que no podemos
pasar
por
alto en
una
investigación como esta son las literaturas de las naciones. Y no
sólo eso, sino que en tal investigación es preciso
incluso empezar dirigiendo la atención a ellas, pues
son las únicas que proporcionan unas formas estables
y seguras en las cuales deja su impronta la influencia
de las lenguas y mediante las cuales es posible aportar
pruebas seguras de tal influencia. De todos modos, al
mismo tiempo es preciso que estemos libres de todo
menosprecio —y al investigador de las lenguas es
precisamente, al que menos le cuadra eso— por
aquellas lenguas que presumiblemente nunca
poseyeron una literatura ni la poseerán; de ellas puede
63
ser humano es la cuna, la patria y el literaria, y comparando a Montaigne con pasado
ser
humano
es
la cuna,
la patria
y
el
literaria, y comparando
a
Montaigne
con
pasado a ser la lengua de un barrio urbano.
64

obtenerse ciertamente un provecho grande y poderoso también para esta investigación.

UN EXAMEN IMPARCIAL MOSTRARA, en efecto, que

también las lenguas que en apariencia son pobres y toscas portan en sí un abundante material para una cultura refinada y compleja, un material que no deja de causar efecto en los hablantes por el hecho de que estos no hayan sido perfeccionados efectivamente mediante escritos. Puesto que el ánimo del

hogar, de la

lengua, todas las propiedades de esta pasan a aquél de

manera oculta e inadvertida para el mismo. En las páginas siguientes volveremos de manera especial sobre la afluencia aquí insinuada que la escritura ejerce sobre la lengua, influencia que, por cierto, ya ha sido apuntada varias veces, especialmente con ocasión de las anotaciones puestas a los cantos homéricos. No

son pocas las lenguas cuya marcha no puede explicarse sino mediante esa peregrinación que las lleva de la lengua vulgar a la lengua

Voltaire,

hablamos de pensar que la lengua de una nación ha

No deja de haber personas, y no pocas, que, teniendo a lengua más bien por un instrumento que en cierto modo es de suyo indiferente, adjudican al carácter de la nación aquellas cosas que se afirman del carácter de su lengua. Para ellas habrá siempre, en toda esta investigación, algo torcido, y según ellas se tratara aquí no de la influencia de las lenguas, sino de la influencia de las naciones sobre su propia literatura y su propia cultura. Para refutar esa opinión podemos llamar la atención sobre el hecho de que es innegable que ciertas formas lingüísticas otorgan una cierta dirección al espíritu y le imponen una cierta coacción, y que para expresar las mismas ideas en una lengua rica y en una lengua pobre de léxico es preciso cuando menos seguir una marcha distinta y, por lo tanto trocar unas ventajas por otras, lo cual puede ser imposible si

* Texto leído en la Academia de las Ciencias de Berlín el 17 de enero de
* Texto
leído en
la Academia de las Ciencias
de
Berlín el 17 de enero de 1822.
65

no se da ninguna otra influencia. Después puede mostrarse además que ...

Sobre la génesis de las formas gramaticales y su influencia en la evolución de las ideas *

AL INTENTAR DESCRIBIR EL ORIGEN DE LAS FORMAS GRAMATICALES Y SU INFLUENCIA EN LA EVOLUCIÓN DE LAS IDEAS, no es mi intención examinar uno por uno los géneros de tales formas. Al contrario, me limitare únicamente a su concepto en general, para dar respuesta a esta doble pregunta:

¿Cómo se genera en una lengua ese modo de designar las relaciones gramaticales que merece llevar el nombre de «forma»?, y ¿hasta qué punto es importante para el pensar y para la evolución de las ideas el que esas relaciones sean designadas mediante formas propiamente dichas o lo sean con unos medios diferentes?

Puesto que aquí SE HABLARÁ DEL DEVENIR GRADUAL DE LA GRAMÁTICA, las diversidades de las lenguas,
Puesto que aquí SE HABLARÁ DEL DEVENIR GRADUAL
DE LA GRAMÁTICA, las diversidades de las lenguas,
contempladas desde este lado, se ofrecen como los
escalones del progreso de estas.
Sólo que hemos de guardarnos bien de pretender
bosquejar un tipo universal de conformación
gradualmente progresiva del lenguaje y de querer
juzgar por ese tipo todos los fenómenos singulares. En
todas partes la acción del tiempo va emparejada en las
lenguas con la acción de la peculiaridad nacional, y lo
que es característico
de
las lenguas
de
las
toscas
hordas de América y del norte de Asia no por ello
necesita
haber
pertenecido
también
a
las
familias
originarias de la India y de Grecia. Ni a la lengua de
una nación
singular
ni
a
aquellas
lenguas que han
pasado por varias naciones cabe asignarles un camino
evolutivo completamente regular y prescrito en cierto modo por
la Naturaleza.
El lenguaje, tomado en su máxima extensión, conoce,
sin embargo, en el género humano como tal un punto
central último; y si partimos de ésta pregunta: ¿En
qué grado de acabamiento ha hecho realidad el
ser humano el lenguaje?, en seguida hay un punto
fijo, de acuerdo con el cual cabe determinar a su vez
otros puntos igualmente fijos. De esa manera es
posible reconocer una evolución progresiva de la
facultad de lenguaje y reconocerla por unos
signos seguros, y en ese sentido podemos hablar con
todo derecho de una diversidad gradual entre las
lenguas.
Puesto
que
aquí
vamos a hablar solamente del
concepto de las relaciones gramaticales en general y
de su expresión
en
el
lenguaje, de
lo
único
que
HABREMOS DE OCUPARNOS ES DE EXPONER EL PRIMER
REQUISITO DE LA EVOLUCIÓN DE LAS IDEAS Y DE
66
En un primer momento pareciera 67
En
un
primer
momento
pareciera
67

DETERMINAR EL NIVEL MÁS BAJO DE LA PERFECCIÓN LINGÜÍSTICA.

extraño, sin

embargo, que se suscite siquiera la duda, como si no poseyeran todas las lenguas, también las más imperfectas e incultas, formas gramaticales en el sentido verdadero y propio de la palabra. Las diversidades entre las

lenguas, se dirá, habrá que buscarlas únicamente en la idoneidad, totalidad, claridad y concisión de tales formas.

También se invocara el hecho de que sean precisamente las lenguas de los salvajes y, en concreto, las americanas las que exhiban formas particularmente numerosas, producidas de una manera planificada y artificiosa. Todo eso es perfectamente verdadero; la única cuestión es si esas formas han de ser consideradas también verdaderamente como tales. DE AHÍ QUE LO IMPORTANTE SEA EL CONCEPTO QUE VINCULEMOS CON LA PALABRA «FORMA». Para hacer perfectamente claro esto es preciso, antes de nada, eliminar dos malentendidos que aquí pueden surgir con mucha facilidad.

Al hablar de las excelencias y los defectos de una lengua no deberíamos llamar como criterio lo que en ella seria capaz de expresar una mente cualquiera, no formada exclusivamente para tal lengua. A pesar de su influencia poderosa y viva sobre el espíritu, todas las lenguas son también al mismo tiempo un instrumento inerte y pasivo y todas ellas llevan en sí una predisposición no sólo para el uso correcto, sino también para el uso más cumplido. Y cuando alguien que ha obtenido su formación en otras lenguas estudia una lengua cualquiera menos perfecta y la domina, ese alguien puede producir mediante ella un efecto que en sí y por sí a ella le resulta ajeno; lo que con ello se hace es traspasar a esa lengua una vista del mundo que es completamente distinta de la que con respecto a ella alberga la nación que se halla únicamente bajo su influencia. Por un lado, la lengua es sacada un poco de su circulo; por otro, puesto que todo comprender está compuesto de algo objetivo y algo

declarando que EN LO ESENCIAL todas las lenguas REALMENTE PRESENTES ALLÍ TODAS UNA LENGUA no es,
declarando
que
EN
LO
ESENCIAL
todas
las
lenguas
REALMENTE
PRESENTES
ALLÍ
TODAS
UNA
LENGUA
no
es,
pues,
aquello
68

subjetivo, se introduce en ella algo diferente; y de ese modo apenas resulta posible decir lo que puede ser producido y lo que no puede ser producido en ella y mediante ella.

Si nos fijamos meramente en lo que cabe expresar en una lengua, no seria de extrañar que acabásemos

son

aproximadamente iguales en excelencias y en defectos. Las relaciones gramaticales en particular dependen completamente de la intención que vinculamos a ellas. Más que estar adheridas a las palabras, esas relaciones son añadidas mentalmente por el que habla y por el que escucha. PUESTO QUE NI EL HABLAR NI EL COMPRENDER SON PENSABLES SIN LA DESIGNACIÓN DE LAS RELACIONES GRAMATICALES, es preciso que todas las lenguas, aún las más toscas, posean ciertos modos de designarlas; y por muy menguados, raros y, sobre todo, materiales que esos modos sean, el entendimiento que ha sido formado por lenguas más perfectas se servirá con éxito de ellos y sabrá indicar suficientemente con ellos todas las relaciones de las ideas. Resulta mucho más fácil introducir

mentalmente la gramática en una lengua que introducir en ella una gran ampliación y un gran refinamiento de los significados de las palabras; y así no ha de sorprendernos que en las exposiciones de lenguas enteramente toscas e incultas encontremos los nombres de todas las formas de las lenguas sumamente cultas. ESTÁN

LAS

INDICACIONES DE TODAS LAS FORMAS, pues el lenguaje habita en el ser humano siempre de manera completa y nunca de

manera fragmentaria, y es fácil pasar por alto la distinción, más sutil, de sí y hasta qué punto esos modos de designarlas relaciones gramaticales son formas propiamente dichas y actúan como tales en la evolución de las ideas de los nativos.

LO QUE DECIDE DE LAS EXCELENCIAS O DEFECTOS DE

que logra

expresarse en ella, sino aquello para lo que ella

misma inflama y entusiasma con su fuerza

interna y de lengua. 69
interna y
de lengua.
69

propia. El criterio para Juzgar una lengua es la

claridad, precisión y vivacidad de las ideas que ella despierta en la nación a que pertenece, nación por cuyo espíritu esta formada y en la que ella ha vuelto a operar a su vez de manera formativa. Más si se deja de lado esa influencia de la lengua sobre la evolución de las ideas y sobre la suscitación de las sensaciones, si se intenta examinar lo que es capaz de producir y aportar ella misma en cuanto instrumento en general, entonces se cae en un terreno que ya no es susceptible de ninguna delimitación, dado que falta el concepto precise del espíritu que debe servirse de la lengua, y dado que todo lo efectuado por el discurso es siempre un producto compuesto de espíritu y

Cada una de las lenguas ha de ser tomada en el

sentido en que ha sido formada por la nación y no en un sentido que le resulte ajeno.

Aún cuando una lengua no posea formas gramaticales auténticas, no sólo puede existir muy bien el discurso, puesto que nunca le faltan a aquellos otros modos, de designar las relaciones gramaticales, sino que también pueden ser traspasados tal vez a una lengua tal todos los géneros del discurso y ser formados en ella. Ahora bien, esto último es sólo el fruto de una fuerza ajena, que se sirve de una lengua más imperfecta en el sentido de una más perfecta. No porque quepa indicar con las designaciones de casi cada lengua todas las relaciones gramaticales posee ya también cada una formas gramaticales, en el sentido en que las conocen las lenguas dotadas de una elevada formación. La diferencia, que es ciertamente sutil, pero que resulta muy perceptible con el sentimiento, reside en el producto material y en la acción formal. La continuación de esta investigación expondrá esto con mayor claridad. Para eliminar el primer malentendido que aquí podía temerse bastaba en este momento

con separar aquello que una fuerza cualquiera es capaz de producir con una lengua de aquello otro que ella misma esta en condiciones de efectuar mediante la influencia continua y habitual sobre las ideas y sobre su evolución.

El segundo malentendido se genera en la confusión de una forma con otra. Dado, en efecto,
El segundo malentendido se genera en la confusión de una forma
con otra. Dado, en efecto, que el estudio de una lengua desconocida
se aborda de ordinario desde la perspectiva de una más conocida,
como la lengua materna o el latín, lo que se hace es lo siguiente:
indagar el modo en que las relaciones gramaticales de la lengua mas
conocida suelen ser designadas en la lengua extraña y dar
precisamente alas flexiones o alas ordenaciones de palabras usadas en
esta para ese fin los nombres de la forma gramatical que para ello
sirve en la lengua conocida, o también según leyes lingüísticas
universales. Ahora bien, con mucha frecuencia ocurre que
en la lengua extraña no están presentes en absoluto
esas formas, sino que son sustituidas o parafraseadas
por otras. De ahí que, para evitar el citado error, sea
menester estudiar cada lengua en su peculiaridad, de
tal manera que por el análisis riguroso de sus partes se
conozca la forma precisa con la cual ella designa, de
acuerdo con su estructura, cada una de las relaciones
gramaticales.
Las lenguas de América proporcionan frecuentes ejemplos de tales
nociones erradas, y lo más importante que ha de hacerse
en las reelaboraciones de las gramáticas españolas y
portuguesas es desembarazarse de las torcidas
consideraciones de esa índole y fijar los ojos
puramente
en
la
estructura
original
de aquellas
lenguas.
Unos cuantos ejemplos ilustraran mejor lo que
decimos. En la lengua caribe el vocablo aveiridaco
viene indicado en las mencionadas gramáticas como la
segunda persona del singular del imperfecto de
subjuntivo: «fueses». Pero si analizamos con más
exactitud esa palabra, veremos que veiri es «ser», a el
pronombre de la segunda persona del singular, que se une también a
sustantivos, y daco una partícula que indica el tiempo, es posible
que esa partícula signifique una parte determinada de
tiempo, aunque yo no la he encontrado citada en ese
modo en los diccionarios. Pues oruacono daco significa
«al tercer día». La traducción literal de aveiridaco es,
70
por tanto: «en el día de tu ser», Y lo que con esa perífrasis se expresa
por
tanto:
«en
el
día
de
tu ser»,
Y
lo
que con
esa
perífrasis se expresa es la suposición hipotética que
hay en el subjuntivo. Lo que aquí se denomina
«subjuntivo» es, pues, un sustantivo verbal unido a
una preposición, o, si se quiere expresarlo acercándolo
a una forma verbal,
es un ablativo de infinitivo
o
el
gerundio latino en do. De esa manera es como se indica el
subjuntivo en muchas lenguas de América.
En
la
lengua lule
se indica
un
participio
pasivo: por
ejemplo, a-le-tipan, «hecho de tierra». Pero esta unión
de silabas significa literalmente: «tierra de ellos
hacen» (tercera personal del plural del presente del
verbo tic, «yo hago»).
Sólo por
confusión
con
otras
formas
se atribuye
también el concepto de infinitivo, tal como fue
conocido por los griegos y los romanos, sino a la
totalidad, si a la mayoría de las lenguas de América. El
infinitivo
de
la
lengua
brasileña
es
un sustantivo
perfecto: luca es «asesinar» y «asesinato», caru es
«comer» y «comida». «Yo quiero comer» se dice o bien
che caru ai-pota, que significa literalmente: «mi comer
yo quiero», o bien ai-caru-pota, con el acusativo
incorporado al verbo. Esta construcción u ordenación
de palabras conserva la naturaleza verbal tan sólo en
el sentido de que rige otros sustantivos en acusativo.
En la lengua mexicana hay esa misma incorporación
del infinitivo, entendido como acusativo, al verbo que
lo rige. Solo que el infinitivo es representado por la
persona del futuro de la cual se habla, ni-tlacotlaz-
nequia, «yo quería amar», es, literalmente: «yo, yo
amaré, quería». Ninequia significa «yo quería», y en la
medida en que incorpora a si la primera persona del
singular del futuro, tlacotlaz, «yo amaré», la frase
entera se convierte en una sola palabra. Pero ese
mismo futuro puede también ir pospuesto, como una
palabra propia, al verbo que rige, y entonces, como
ocurre en la lengua mexicana en general, es indicado
71
solamente en el verbo por la intercalación de un pronombre, c; ni-c-nequia tlacotlaz, «yo lo quería»,
solamente en el verbo por la intercalación
de
un
pronombre, c; ni-c-nequia tlacotlaz, «yo lo quería», es
decir: «yo amaré». Esa misma ordenación doble con
respecto al verbo es propia —también de los
sustantivos. La lengua mexicana reúne en el infinitivo,
por tanto, el concepto de futuro y el concepto de
sustantivo, e indica el primero con la flexión y el
segundo con la ordenación.
En la lengua lule se ponen inmediatamente uno detrás
del otro, meramente como dos verba finita, los dos
verbos, uno de los cuales rige el infinitivo; caic-tucuec,
«yo suelo comer», pero que literalmente dice: «yo
como, yo suelo».
También
en
el
antiguo
indio,
como
lo
ha
mostrado
agudamente
el
profesor
Bopp,
el
infinitivo
es
un
sustantivo verbal que esta en acusativo
y
que en
la
forma es del todo semejante al supino latino 1 De ahí
que no pueda usarse con tanta libertad como el
infinitivo
griego
o
el
latino,
los cuales quedan más
próximos a la naturaleza del verbo. El antiguo indio no
tiene
tampoco
una
forma
pasiva.
Donde
resulta
necesaria, la asume en si, en vez del infinitivo, el verbo
que lo rige. En consecuencia se dice «es podido
comer», en vez de «puede ser comido».
De estos ejemplos se sigue que en ninguna de esas
lenguas debería registrarse el infinitivo como una
forma propia, sino que deberían exponerse en su
propia naturaleza las maneras con que es sustituido y
observar cuáles son las condiciones del infinitivo que
son cumplidas por cada una de ellas, ya que ninguna
las satisface todas.
Si son, pues, frecuentes los casos en que la designación de una
relación gramatical no corresponde exactamente al concepto de la
verdadera forma gramatical, y si son esos casos los que constituyen la
1 Edición Nalus, pág. 202, nota 77, y p. 204, nota
83.
72
73
73

peculiaridad y el carácter de la lengua, entonces tal lengua, aunque estuviera en condiciones de expresar en si todas las cosas, se encuentra todavía muy lejos de ser idónea para la evolución de las

ideas. Pues el punto en que esa evolución comienza a lograrse es aquel en el cual al ser humano, fuera del fin ultimo material del discurso, no le resulta ya indiferente su índole formal; y ese punto no es posible alcanzarlo sin la acción de la lengua o sin su re-acción.

LAS PALABRAS Y SUS RELACIONES GRAMATICALES son

dos cosas del todo diversas en la representación. Las primeras son los auténticos objetos en la lengua, las segundas son meramente los enlaces, PERO EL DISCURSO es posible sólo mediante la unión de

las unas con las otras. Las relaciones gramaticales pueden añadirse mentalmente sin que ellas mismas tengan en la lengua signos en todas partes, y la estructura de la lengua puede ser tal que pese a ello, se eviten las imprecisiones y los malentendidos, al menos hasta cierto grado. Pero cuando a las relaciones gramaticales les es propia una expresión determinada, entonces tal lengua posee, para el uso, una gramática sin formas gramaticales propiamente dichas. Si, por ejemplo, una lengua forma los casos mediante preposiciones adjuntadas a la palabra, la cual permanece siempre inmodificada, entonces lo que ahí existe no es una forma gramatical, sino sólo dos palabras cuya relación

gramatical es añadida mentalmente; en la lengua mbayá etiboa no significa, tal como se traduce, «por mi», sino «yo por». El enlace esta sólo en la mente del hombre que tiene la representación, no esta como signo en la lengua. En esa misma lengua L-emani no es «el desea», sino que es «él» y «deseo» o «desear», unidos entre si sin nada que le sea peculiar al verbo, y se asemeja tanto más a la expresión «su deseo» cuanto que el prefijo I es propiamente un pronombre posesivo. También aquí, por tanto, la cualidad verbal es añadida mentalmente. SIN EMBARGO, muchas formas expresan con suficiente comodidad el caso del sustantivo y la persona del verbo.

mediante el sonido la acción del entendimiento. Si esos dos medios, a saber: la ordenación de
mediante
el
sonido
la
acción
del
entendimiento.
Si
esos dos medios,
a saber:
la ordenación
de
74

MAS PARA QUE LA EVOLUCIÓN DE LAS IDEAS SE EFECTÚE CON VERDADERA PRECISIÓN Y A LA VEZ CON RAPIDEZ Y FECUNDIDAD, es preciso que el entendimiento quede dispensado de ese puro añadir el mentalmente la relación gramatical y que esta

sea designada por la lengua del mismo modo que lo son las palabras. Pues todo el afán gramatical de la lengua consiste en presentar

Los signos

gramaticales no pueden ser, empero, palabras que designen también cosas; pues entonces esas palabras se encuentran otra vez aisladas y piden nuevos enlaces.

las

palabras, con la relación añadida mentalmente, por un lado, y la designación de las cosas; por otro, quedan excluidos de la autentica designación de las relaciones gramaticales, entonces lo único que le queda a esta es la modificación de las palabras que designan cosas, Y SÓLO ESTE ES EL VERDADERO CONCEPTO DE UNA FORMA GRAMATICAL. Hacia eso se lanzan las palabras gramaticales, esto es, aquellas que en general no designan en absoluto un objeto, sino meramente una relación y, en concreto, una relación gramatical.

La evolución de las ideas puede tomar un impulso propio tan sólo cuando el espíritu experimenta satisfacción en la mera producción del pensamiento, y esto es algo que depende siempre del interés por la mera forma de este. Tal interés no puede despertarlo una lengua que no este habituada a presentar la forma en cuanto tal, y tampoco ese interés, al generarse por si mismo, puede encontrar complacencia en semejante lengua. Ese interés, por tanto, allí donde se despierta, remodelara la lengua, y allí donde la lengua haya acogido en si por otra vía tales formas, será impulsado de súbito por ella.

EN LAS LENGUAS QUE AÚN NO HAN ALCANZADO ESE NIVEL NO ES RARO QUE EL PENSAMIENTO VACILE ENTRE VARIAS FORMAS GRAMATICALES Y SE CONTENTE CON EL RESULTADO DE HECHO. En la lengua brasileña el

vocablo tuba significa tanto, en expresión sustantiva, «su padre», cuanto, en expresión verbal, «el tiene un
vocablo tuba significa tanto, en expresión sustantiva,
«su padre», cuanto, en expresión verbal, «el tiene un
padre»; más aún, ese vocablo se usa también para
decir «padre» en general, pues «padre» es siempre,
claro esta, un concepto de relación. De igual manera
xe-r-uba es «mi padre» y «yo tengo un padre», y así en
todas las demás personas. La indecisión del concepto
gramatical en este caso llega todavía mas lejos, y tuba
puede significar también, según otras analogías
presentes en la lengua, «él es padre», de igual modo,
que la palabra enteramente semejante iaba, formada
solo en el dialecto meridional de la lengua, significa «él
es hombre». La forma gramatical es meramente la
yuxtaposición de un pronombre y un, sustantivo, y el
entendimiento ha de agregar el enlace que
corresponde al sentido.
Es claro que lo único que el indígena piensa
conjuntamente en esa palabra es «él» y «padre», y que
costaría no pocas fatigas aclararle la distinción de las
expresiones que nosotros encontramos ahí confundidas
la una con la otra. LA NACIÓN QUE SE SIRVE DE ESA
LENGUA puede ser en muchos aspectos una nación razonable, hábil
e inteligente, pero de tal estructura lingüística no pueden brotar ni una
evolución libre y pura de las Ideas ni una complacencia en el pensar
formal; antes bien, tal estructura experimentada forzosamente unas
modificaciones violentas si desde otros lados se provocase en la
nación semejante transformación intelectual.
De
ahí que,
a propósito de las traducciones
que de
frases de esa naturaleza se hacen
de tales lenguas,
sea menester también presente que esas
transcripciones, en la medida en que atañen a las
formas gramaticales, son casi siempre falsas y ofrecen
una visión gramatical enteramente diferente de la que
tenía en ese caso el hablante. Si se quiere evitar eso,
será preciso que a la transcripción se le de una forma
gramatical únicamente en la medida en que esta se
halle presente en la lengua original; y se tropieza con
casos en los que habría que abstenerse lo más posible
75
saber, la lengua griega. 2 Al igual que la mayor parte de las lenguas de América,
saber,
la
lengua
griega.
2 Al igual que la mayor parte de las lenguas de
América, también la lengua huasteca tiene, en
efecto, diversas formas pronominales, según que
los pronombres sean usados autónomamente o lo
sean como rigiendo el verbo o como regidos por el;
nin sirve únicamente para el ultimo caso. La silaba
ta indica que el objeto está expresado en el verbo,
pero sólo va antepuesta cuando el objeto está en
la primera persona o en la segunda. El modo
entero de designar el objeto en el verbo es muy
notable en la lengua huasteca.
76

de cada forma gramatical. Así, en la lengua huasteca se dice nana tanin-tahjal, «yo soy tratado por él», pero una traducción más exacta da: «yo, a mí, él trata». Aquí, por tanto, una forma verbal activa va unida al objeto pasivo entendido como sujeto. El pueblo parece haber tenido el sentimiento de una forma pasiva, pero haber sido llevado alas formas activas por la lengua, que conoce solamente estas. Ahora bien, es preciso considerar que en la lengua huasteca: no hay en absoluto formas de casos. En cuanto pronombre de la primera persona del singular, nana es tanto «yo» como «mío», «para mí», «a mí», e indica meramente el concepto de «yoidad». En nin y en el prefijo ta lo único que hay, desde el punto de vista gramatical, es que el pronombre de la primera persona del singular es regido por el verbo 2 Esto hace ver con claridad que no es tanto que el sentir de los indígenas capte aquí la diferencia de la forma activa o la forma pasiva cuanto meramente que el concepto de «yoidad», remodelado gramaticalmente, es unido a la representación de la influencia ajena ejercida sobre aquella.

Qué abismo tan inmenso hay entre una lengua como esa y la lengua más culta que nosotros conocemos, a

EN LA ARTÍSTICA

CONSTRUCCIÓN DEL PERIODO GRIEGO, la ordenación de las formas gramaticales produce un todo específico que refuerza el efecto de las ideas y que suscita en sí alegría por su simetría y su

fugaz satisfacción de la fantasía. La agudeza cada vez mayor hacia el pensar separación neta de
fugaz
satisfacción
de
la
fantasía.
La
agudeza
cada vez mayor hacia el pensar
separación neta de las formas gramaticales.
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euritmia. Brota de ahí un encanto propio que acompaña a los pensamientos y que, por así decirlo, flota

levemente a su alrededor, más o menos a la manera como, en algunas obras plásticas de la Antigüedad, además de la disposición misma de las figuras, brotan formas muy agradables de los meros contornos de sus grupos. Pero en la lengua esto no es meramente una

del

pensar se acrecienta cuando también las formas

gramaticales corresponden exactamente a las

relaciones lógicas, y el espíritu es atraído con fuerza

formal y, por tanto,

hacia el pensar puro, cuando la lengua lo habitúa a la

Aún sin tener en cuenta esta enorme diferencia entre dos lenguas situadas en dos niveles tan diversos del perfeccionamiento formativo, es preciso confesar que también entre aquellas a las que cabe reprochar gran pobreza de formas hay muchas que, de todos modos, poseen una muchedumbre de recursos para expresar una multitud de ideas, para designar múltiples relaciones de las ideas mediante el enlace artístico y regular de pocos elementos, y para unir en ello la concisión y la fuerza. La diferencia entre esas lenguas y las lenguas dotadas de una formación más perfecta no reside en eso; tanto unas como otras alcanzaran, una vez elaboradas con cuidado, casi el mismo resultado en aquello que se trata de expresar; pero aun cuando posean realmente tantas cosas, lo que a las primeras les falta es esto: la expresión de la forma gramatical en cuanto tal y la importante y benéfica repercusión de esta sobre el pensar.

Sin embargo, si nos detenemos un instante en esto y volvemos la vista de igual manera a las lenguas dotadas de una formación elevada, puede parecer que también en estas acontece algo similar, bien que de un modo algo diferente, y que se comete injusticia con aquellas al hacerles el reproche que les hemos hecho.

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78

Cabe decir ciertamente que toda ordenación o conexión de palabras que ha sido dedicada una vez a designar una determinada relación gramatical puede ser considerada también como una forma gramatical propiamente dicha, y que poco importa que esas designaciones se realicen mediante palabras significativas de por si, denotadotas de algo real, y que sólo la relación formal haya de ser añadida mentalmente. Pues, en efecto, apenas puede estar presente de otra manera también la verdadera forma gramatical; y aquellas lenguas situadas a mayor altura y dotadas de un organismo más artificioso han empezado también por una estructura más tosca y llevan en si, visibles todavía, las huellas de ella. Si se quiere que esta investigación que aquí estamos realizando descanse en un fundamento seguro, es preciso dilucidar con todo detalle la citada objeción, que innegablemente es muy importante; y para eso lo primero que se necesita es reconocer lo que en ella es indiscutiblemente verdadero y, luego, determinar que es lo que, no obstante eso, sigue siendo correcto también en las aseveraciones atacadas.

Aquello que en una lengua designa característicamente (de tal manera que retorna siempre en el mismo caso) una relación gramatical, eso es para esa lengua una forma gramatical. En la mayoría de las lenguas de formación mas perfecta cabe reconocer todavía hoy el enlace de elementos que no han sido unidos de manera diferente que en las lenguas mas toscas; y ese modo de generarse también las formas gramaticales auténticas mediante afijación de silabas significativas (aglutinación) hubo de ser casi lo general. Esto es algo que brota claramente de la enumeración de los recursos que la lengua posee para designar esas formas. Pues esos recursos son los siguientes:

—Afijación o intercalación de silabas significativas que, por lo .demás, constituyeron en otro tiempo palabras propias
—Afijación o intercalación de silabas significativas que,
por lo .demás, constituyeron en otro tiempo palabras
propias o siguen constituyéndolas.
—Afijación o intercalación de letras o silabas no
significativas con la mera finalidad de indicar las
relaciones gramaticales.
—Mutación vocálica mediante el paso de una vocal a
otra o mediante la modificación de la cantidad o de la
acentuación.
—Modificación de consonantes en el interior de las
palabras.
—Ordenación de las palabras independientes las unas
de las otras de acuerdo con leyes invariables.
—Repetición silábica.
La mera ordenación
proporciona solo pocas
modificaciones, y, si quiere evitarse toda posibilidad de
equivoco,
puede
designar también sólo pocas
relaciones. En la lengua mexicana y en algunas otras
lenguas de América es cierto que este uso se extiende
merced a que el verbo acoge en sí o anexiona a sí sustantivos.
Pero
también
en
ellas
los límites
continúan
siendo
estrechos.
La afijación o la intercalación de elementos de palabras no
significativas y la modificación de vocales y consonantes serían
el·recurso más natural e idóneo si una lengua se generase por una
autentica convención. LA VERDADERA FLEXIÓN
CONTRASTA CON LA AFIJACIÓN, y puede haber tanto
palabras que correspondan a conceptos de formas cuanto
palabras que correspondan a conceptos de objetos. Antes
hemos visto incluso que, en el fondo, estas últimas no
son aptas para designar formas, pues tales palabras
quieren ser enlazadas de nuevo con otras mediante
una forma. Pero resulta difícil pensar que en la génesis
de una lengua haya predominado alguna vez tal modo
de designación, que presupondría una noción y una
distinción claras de las relaciones gramaticales. Si se
dice que bien puede haber habido naciones que hayan
poseído un sentido lingüístico claro y penetrante de
79
esa manera, eso significa cortar el nudo en vez manera natural, veremos fácilmente la dificultad. 80
esa manera, eso significa cortar el nudo en vez
manera natural, veremos fácilmente la dificultad.
80

de

solucionarlo. Si nos representamos las cosas de

En las palabras que designan cosas el concepto se genera por la percepción del objeto; el signo, por la analogía que con facilidad cabe extraer de él; y la comprensión, por la mostración del signo. En la forma gramatical todo esto es distinto. Puede ser reconocida, designada y comprendida únicamente según su carácter lógico o según un oscuro sentimiento que la acompaña. Sólo de una lengua ya existente cabe extraer el concepto, y faltan también analogías suficientemente determinadas para designarlo o para hacer clara la designación. Sin duda puede haberse generado en el sentimiento algunos modos de designación, como, por ejemplo, las vocales largas y los diptongos y, con ella, una prolongación de la voz en griego y en alemán para el subjuntivo y el optativo. Ahora bien, puesto que también a las relaciones gramaticales les consiente su naturaleza enteramente lógica muy pocos contactos con la imaginación y el sentimiento, tales casos podrán haber sido sólo pocos. Algunos casos notables se encuentran todavía, con todo, en las lenguas de América. En la lengua mexicana la formación del plural, en las palabras que terminan en vocal o que rechazan adrede en el plural sus consonantes finales, consiste en que la vocal final es pronunciada con una fuerte aspiración, propia de esa lengua, que provoca una pausa en la pronunciación. A ello se agrega también a veces la reduplicación silábica: ahuati, mujer, teoti, «Dios»; plural: ahua, teteo. No cabe designar más gráficamente mediante el sonido el concepto de pluralidad que repitiendo la primera silaba, quitándole a la última silaba su consonante final, que la corta de manera seca y precisa, y dando así a la restante vocal final una acentuación tan prolongada y reforzada que el sonido se pierde en la vastedad del aire, por así decirlo.

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81

En el dialecto meridional de la lengua guaraní el sufijo yma del perfecto es pronunciado con mayor o menor lentitud según este hablándose de un pasado remoto o de un pasado próximo. Tal modo de designación se sale casi del ámbito del lenguaje y confina con el gesto. También la experiencia habla en contra de la originariedad de la flexión en las lenguas, si excluimos unos pocos casos semejantes a los que acabamos de tocar. Pues tan pronto como se comienza a analizar una lengua de un modo más exacto, muéstrase en todos los sitios la afijación de silabas significativas; y en los sitios donde no cabe ya demostrarla, se la puede deducir por analogía, o al menos queda incierto que no haya estado presente en otro tiempo. Que la afijación manifiesta puede convertirse con mucha facilidad en una flexión aparente es algo que cabe mostrar con claridad en algunos casos en las lenguas de América.

En la lengua mbayá daladi significa «tu arrojarás», ni- labuitete «él ha hilado»; las letras iniciales d y n son las características del futuro y el perfecto. Esta conjugación efectuada mediante un único sonido parece, por tanto, exigir que se la califique de verdadera flexión. Sin embargo, es una pura fijación. Pues las características completas, que también siguen usándose realmente con frecuencia de esos dos tempora son quide y quine, pero el qui es abandonado y el de y el ne pierden su vocal final delante de otras vocales. Quide significa «tardío», «venidero», coquide (co de noco, «día»), «el atardecer». Quine es una partícula que significa «y también». Es posible que las denominadas silabas flexivas de nuestras lenguas deban su origen a algunas de tales abreviaciones de palabras en otro tiempo significativas, y seria muy incorrecto aseverar que es una hipótesis vacía e ilícita el presuponer la afijación allí donde ya no cabe demostrarla. En todas las lenguas la flexión verdadera y originaria es ciertamente un fenómeno raro. Eso no obstante, es preciso tratar siempre con todo cuidado los casos dudosos. Pues, por lo dicho más arriba, a mi

A la aglutinación y a la flexión se añade todavía 82
A la aglutinación
y
a
la flexión
se añade todavía
82

me parece cosa decidida que la flexión estuvo presente también originariamente, y por tanto puede estar presente, lo mismo que la afijación, en normas en las que ahora no cabe ya discernirla. Más aún, yo creo que es menester llegar mas lejos, y no debería olvidarse que la individualidad espiritual de un pueblo puede ser más idónea que otras para la formación de la lengua y para el pensar formal (y esas dos cosas van inseparablemente unidas). Tal pueblo, si, como todos los demás, llega originariamente al mismo tiempo a la flexión y a la aglutinación, hará de esta ultima un uso más frecuente y sutil, transformara más rápida y establemente la primera en la segunda y pronto abandonara completamente la vía de la primera. En otros casos, circunstancias externas, como los traspasos de una lengua a otra, pueden dar a la formación lingüística de la aglutinación un impulso más rápido y elevado, de igual manera que influjos opuestos pueden ser culpables de que las lenguas vayan arrastrándose con una torpe imperfección.

TODAS ÉSTAS SON VÍAS NATURALES, EXPLICABLES POR LA ESENCIA DEL HOMBRE Y POR LAS VICISITUDES DE LAS NACIONES, y lo único que, yo pretendo es no compartir la opinión que atribuye a ciertos pueblos, desde el primer origen, una formación lingüística que progresa meramente por flexión y por desenvolvimiento interno, y no reconoce a otros pueblos ninguna formación de esa especie. A MI ME PARECE QUE ESA CLASIFICACIÓN DEMASIADO SISTEMÁTICA SE SALE DE LA VÍA NATURAL DE LA EVOLUCIÓN HUMANA; y si puedo confiar en las investigaciones que he emprendido, queda refutada por la propia experiencia cuando se estudian con detenimiento muchas y diversas lenguas.

un

tercer modo, muy frecuente, de formación, un modo

al que, por ser siempre intencional, es preciso ponerlo en la misma clase que la flexión
al que, por ser siempre intencional, es preciso ponerlo
en la misma clase que la flexión y que se da en
aquellos
sitios donde el
uso marca una forma léxica
para que sea exclusivamente una forma gramatical
determinada, sin que lleve en sí, ni mediante afijación
ni
mediante
flexión,
algo
característico
precisamente de la forma gramatical.
La repetición
silábica
descansa
en
un oscuro
sentimiento suscitado por ciertas relaciones
gramaticales. Allí donde esto comporta repetición,
reforzamiento, ampliación del concepto, la repetición
silábica está justificada. Allí donde eso no ocurre, como
es el caso con tanta frecuencia en algunas lenguas de
América y en todos los verbos de la tercera
conjugación del antiguo indio, la repetición silábica se origina
en una peculiaridad meramente fonética.
Eso mismo cabe decir de la mutación vocálica. En ninguna lengua es
ésta tan frecuente, importante y regular como en el sanscrito. Pero
son muy pocos los casos en que lo característico de las
formas gramaticales se basan en ella. La mutación
vocálica va unida sólo a algunas de esas formas, y
luego, en la mayoría de los casos, a varias a la vez, de
tal manera que es preciso buscar lo característico de
cada una en algo diferente.
La afijación de silabas significativas continúa siendo,
por tanto, el recurso más importante y frecuente para
producir las formas gramaticales. En esto son iguales
las lenguas toscas y las cultas; pues se cometería un
gran error si se creyese que también en las primeras
toda forma se fracciona en seguida en elementos
reconocibles en sí más claramente. También en ellas
las diferencias de formas se basan en sonidos
enteramente singulares, que, sin pensar en la afijación,
podrían sin duda tenerse por sonidos flexivos. En la
lengua mexicana el futuro es designado, según la
diversidad de las radicales, por varias de esas letras
singulares, y el imperfecto por un sufijo ya o a. O es el
83
Pero entre las verdaderas amavit, εποληδαζ; 84
Pero
entre
las
verdaderas
amavit, εποληδαζ;
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incremento del pretérito, como a en sanscrito y ε en griego. En la lengua no hay nada que pueda indicar que estos sonidos sean residuos de palabras que hubo en otro tiempo; y si no quiere hacerse valer casos semejantes en latín y en griego como casos de afijación cuyo origen no se conoce ahora, entonces es preciso conceder la flexión, igual que a estas lenguas clásicas, también a la lengua mexicana. En la lengua tamanaca tareccha (este verbo significa «portar») es un presente, tarecche un pretérito, tarecchi un futuro. Aduzco estos casos solo para probar que, cuando se penetra con más cuidado en las lenguas singulares y se tiene un conocimiento más básico de su estructura la aseveración que asigna la afijación a ciertas lenguas y la flexión a otras no aparece sostenible por ningún lado.

Si, por tanto, estamos constreñidos a suponer la afijación también en las lenguas dotadas de una formación elevada, y en varios casos se la reconoce de manera visible, entonces es enteramente correcta la objeción de que también en ellas es precise añadir mentalmente la verdadera relación gramatical. En amavit y en εποληδαζ; van juntas, y eso sin duda no podría negarse, las designaciones de la raíz, del pronombre y del tiempo; y la verdadera naturaleza verbal, que esta en la síntesis del sujeto y el predicado, no tiene ahí una designación particular, sino que es precise añadirla mentalmente. Si quisiera decirse que sin pretender decidir precisamente acerca de tales formas, a algunas de ellas puede estarles incorporado el verbo auxiliar y que este puede indicar esa síntesis, esto no bastaría, sin embargo, ya que también es preciso explicar el verbo auxiliar, y no puede estar incluido continuamente un verbo auxiliar en otro.

nada de lo aquí admitido suprime la diferencia

formas gramaticales, como

y esas ordenaciones de palabras y

silabas que la mayoría de las lenguas mas toscas

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85

necesita para designar las relaciones gramaticales. La diferencia consiste en que esas expresiones aparecen realmente fundidas en una sola forma. El crecimiento conjunto del todo hace olvidar el significado de las partes; el enlace fijo de estas bajo un solo acento modifica a la vez su acentuación separada y, a menudo, incluso su sonido; y la unidad de la forma entera, que con frecuencia el gramático especulativo es incapaz ya de analizar, conviértese ahora en la designación de una relación gramatical determinada. Se piensa como uno aquello que nunca se encuentra separado; se considera como verdadero cuerpo, una vez firmemente organizado, aquello que no puede descomponerse ni trasladarse a otras uniones cualesquiera; no se ve como parte autónoma aquello que no aparece de ordinario de esa forma en la lengua. Para el efecto resulta indiferente cómo se ha generado esto. La designación de la relación, por muy autónoma y significativa que pueda haber sido, se transforma ahora, como debe, en la mera modificación que se adhiere al concepto siempre idéntico. La relación, que primero tenia que ser añadida mentalmente a los elementos significativos, esta ahora realmente presente en la lengua, merced precisamente al crecimiento conjunto de las partes para formar un todo fijo, y es oída con los oídos y vista con los ojos.

Las lenguas a las que afecta el reproche de que sus formas gramaticales no son de naturaleza tan formal aseméjanse de todos modos también en muchas cosas alas lenguas descritas antes.

Los elementos que están alineados sucesivamente, bien que sólo de manera laxa, confluyen en la mayoría de los casos también en una única palabra y se agrupan bajo un único acento. Más, por un lado, eso no ocurre siempre, y, por otro, aparecen aquí otras circunstancias accesorias que perturban más o menos la naturaleza formal. Los elementos de las formas son separables y desplazables; cada uno mantiene su

Cuanto más confluyen en una lengua Cuanto más se aleja una lengua de su origen, 86
Cuanto
más
confluyen
en
una
lengua
Cuanto más se
aleja
una lengua
de
su
origen,
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sonido completo, sin abreviación ni modificación; en general esos elementos están presentes en la lengua de manera autónoma o sirven también para otras uniones gramaticales, así por ejemplo los afijos pronominales como pronombres posesivos en el sustantivo, como personas en el verba; las palabras que aún no se flexionan no llevan ya en si caracteres de diversas partes del discurso, como es necesario que ocurra en una lengua en la que la formación gramatical haya penetrado profundamente, sino que son hechas así solo mediante la afijación de los elementos gramaticales; la estructura de la lengua entera es tal que la investigación es conducida en seguida a separar esos elementos, y esa separación se consigue sin grandes fatigas; junto a la designación mediante formas o mediante enlaces de palabras seme]antes a formas, las mismas relaciones gramaticales son indicadas también mediante la mera yuxtaposición acompañada del manifiesto añadido mental del enlace.

las circunstancias aquí

enumeradas, o cuanto más se encuentran sólo aisladamente tanto menos o tanto más promueven esa lengua el pensamiento formal, y

tanto mas o tanto menos esta alejado del verdadero concepto de las formas gramaticales su modo de designar estas. Pues lo que aquí puede decidir no es lo que aparece aislado y disperso en la lengua, sino aquello que constituye la acción de esta sobre el espíritu. Esto depende, empero, de la impresión total y del carácter del todo. Los fenómenos singulares pueden ser aducidos únicamente para refutar, como ha ocurrido en lo que antecede, aseveraciones demasiado osadas. Pero no pueden hacer que se desconozca la diversidad de los niveles en los que se hallan dos lenguas con respecto al todo de su estructura.

tanta más forma

adquiere, si permanecen idénticas las demás circunstancias. EI mero uso prolongado fusiona más firmemente los elementos de las ordenaciones de palabras, lima sus sonidos singulares y hace

irreconocible su anterior forma autónoma. Pues yo no puedo alejar de mí el convencimiento de que
irreconocible su anterior forma autónoma. Pues yo no puedo
alejar de mí el convencimiento de que todas las
lenguas han partido principalmente de la afijación.
Mientras se considere que las designaciones de las
relaciones gramaticales consisten en elementos
singulares más o menos separables, puede decirse que
el hablante, más que servirse de las formas existentes,
lo que hace es formarlas el mismo en cada momento.
De ello suele generarse una pluralidad mucho mayor
de esas formas. Pues el espíritu humano tiende por su
mera disposición natural a lo completo, y cada
relación, aunque se presente muy raramente, se
convierte en una forma gramatical en el mismo sentido
que todas las demás. Allí donde, por el contrario, se
toma la forma en un sentido más riguroso y es formada
por el uso, pero no por ello el hablar habitual se
convierte en lo sucesivo en una nueva actividad
formativa, allí hay formas sólo para aquello que hay
que designar con frecuencia y, en cambio, es
parafraseado y designado con palabras independientes
aquello que aparece raramente. A este
procedimiento se añaden todavía estas dos
circunstancias: la de que al hombre aún no cultivado le gusta
representar cada cosa particular en todas sus particularidades, no sólo
en aquellas que son necesarias para el fin pretendido en cada caso; y
la de que ciertas naciones tienen la costumbre de condensar frases
enteras en presuntas formas, y así, por ejemplo, acogen en el seno del
verbo el objeto regido por el, especialmente si es un pronombre. De
ahí se origina que sean precisamente las lenguas que
están privadas esencialmente de un verdadero
concepto de forma las que posean, sin embargo, en
estrecha analogía con esto, junto a un número
completo, también una admirable multitud de
presuntas formas constitutivas.
Si la excelencia
de
las lenguas
dependiese de la
pluralidad y de la rigurosa regularidad de las formas,
de
la
multitud
de
las
expresiones
para designar
diversidades enteramente particulares (como ocurre en la
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88

lengua de los abipones, en la que el pronombre de la tercera persona es diferente dependiendo de que el ser humano sea pensado como presente o como ausente, como erguido o como sentado, como echado o como en movimiento), entonces seria preciso colocar muchas lenguas de los salvajes por encima de las lenguas de los pueblos de alta cultura, y eso es algo que se hace no raramente incluso en nuestros días. Ahora bien, dado que, como es razonable, la excelencia de unas lenguas sobre otras puede ser buscada únicamente en su idoneidad para la evolución de las ideas, las cosas son exactamente al revés. En efecto, la mencionada idoneidad es dificultada más bien por esa pluralidad de formas y encuentra fastidio en tener que acoger en tantas palabras también determinaciones accesorias, de las cuales no tiene ninguna necesidad en cada caso.

Hasta este momento he venido hablando únicamente de formas gramaticales; ahora bien, hay en cada lengua

también palabras gramaticales y a ellas cabe aplicar asimismo la mayor parte de lo dicho sobre las formas.

Esas palabras gramaticales son preponderantemente las preposiciones

y las conjunciones. Por ser designaciones de relaciones gramaticales, al origen de esas palabras, entendidas como verdaderos signos de relación, se oponen las mismas dificultades que al origen de las formas. Hay en esto una única diferencia, y es que no todas ellas pueden ser derivadas, como ocurre con las formas puras, de las meras ideas, sino que han de recurrir a conceptos de la experiencia, como el espacio y el tiempo. De ahí que con razón pueda dudarse, aunque recientemente Lumsden lo haya aseverado con vehemencia en su Gramática persa, que haya habido originariamente preposiciones y conjunciones en el verdadero sentido de la palabra. Según la teoría, más correcta, de Horne Took, todas ellas tienen presumiblemente su origen en palabras propiamente dichas, designadoras de objetos. El efecto formal-

gramatical de la lengua se basa también, por tanto, en

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89

el grado en que esas partículas se encuentren todavía más cerca o más lejos de su origen.

Un ejemplo notable de lo aquí dicho lo ofrece, mas acaso que ninguna otra lengua, la lengua mexicana en sus preposiciones. Posee tres especies distintas de ellas: 1. Aquellas en las cuales ya no cabe descubrir en modo alguno el concepto de un sustantivo, aun cuando ese origen sea muy verosímil; por ejemplo, c, «en». 2. Aquellas en las cuales encontramos una preposición unida a un elemento desconocido. 3. Aquellas que contienen claramente un sustantivo unido a una preposición, como, por ejemplo, la preposición itic, «en», que propiamente esta compuesta de ite, «estómago», y c, «en», «en el estomago». Ilhuicatl itic no significa, pues, tal como se lo traduce, «en el cielo», sino «en el estómago del cielo», pues «cielo» esta en genitivo. Solamente a las dos últimas especies citadas de preposiciones son unidos los pronombres; y dado que luego no son tornados nunca los pronombres personales, sino los posesivos, esto indica claramente el sustantivo escondido en la preposición. Notepotzco se traduce, es cierto, por «detrás de mí», pero propiamente significa «detrás de mi espalda», de teputz, «la espalda». Aquí se ve, por tanto, la sucesión gradual en que ha ido perdiéndose el significado originario, y se ve al mismo tiempo EL ESPÍRITU DE LA NACIÓN, ARTÍFICE DE LA LENGUA, espíritu que, si un sustantivo, «estomago», «espalda», debía ser usado en el sentido de una preposición, añadía a ese sustantivo una preposición ya existente, con el fin de no dejar desunidas gramaticalmente las palabras (al modo del latín ad instar o del alemán inmitten). LA LENGUA MIXTECA, que en este punto tiene una formación gramaticalmente mas imperfecta, expresa «delante, detrás de la casa» precisamente con chisi, sata huabi, «estómago», «espalda», «casa».

La relación que aquí se constituye en las lenguas entre las flexiones y las palabras gramaticales funda nuevas diferencias entre ellas. Esto se manifiesta, por ejemplo, en el hecho de que una lengua hace determinaciones

Tanto si nos fijamos en las flexiones .como si 90
Tanto
si
nos
fijamos
en las flexiones
.como si
90

en mayor medida a través de casos y la otra las hace mas mediante preposiciones; una hace tiempos en mayor medida a través de la flexión y la otra los hace más mediante la combinación con verbos auxiliares. Pues estos últimos, cuando designan meramente relaciones de las partes de la frase, son asimismo solo palabras gramaticales. Del griego τνγχανειν no nos es ya conocido un significado verdaderamente material. De igual modo, pero mucho más raramente, se usa en sánscrito schtha, «estar». Pero en este punto podemos servirnos de principios generales para establecer la norma con que juzgar las excelencias de las lenguas. Allí don de las relaciones que han de ser designadas resultan meramente de la naturaleza de una relación superior y mas general, sin el añadido de un concepto particular, la designación se realiza mejor mediante la flexión; en el caso contrario, mediante palabras gramaticales. Pues la flexión, que en sí no está dotada en absoluto de un significado, no contiene nada más que el puro concepto de la relación. En la palabra gramatical está, además, el concepto accesorio que es referido a la relación para determinarla y que siempre es menester que se añada allí donde no basta el puro pensar. De ahí que el caso tercero y aún el séptimo de la declinación sánscrita no sean ventajas precisamente envidiables de esa lengua, ya que las relaciones designadas por ellos no están suficientemente determinadas como para poder prescindir de una delimitación más precisa mediante una preposición. Un tercer nivel, que, sin embargo, excluyen siempre las lenguas que tienen una formación realmente gramatical, se da cuando una palabra es marcada en su entero significado material para ser una palabra gramatical, como hemos visto anteriormente a propósito de las preposiciones.

nos

fijamos en las palabras gramaticales, siempre regresamos al mismo resultado. Puede ocurrir que las lenguas designen de manera suficientemente clara y

precisa la mayoría y, acaso, la totalidad de las relaciones gramaticales, más aún, que posean una
precisa
la
mayoría
y,
acaso,
la
totalidad
de
las
relaciones gramaticales, más aún, que posean una
gran pluralidad de presuntas formas, y que, sin
embargo, les falte en conjunto o en lo particular una
auténtica formalidad gramatical.
Hasta aquí he pretendido sobre todo establecer una
diferenciación entre los
analoga
de
las
formas
gramaticales,
con
los
que
las lenguas
intentan
al
principio aproximarse a éstas, y las formas mismas.
Convencido en esto de que nada causa a los estudios
lingüísticos un daño tan sensible como los
razonamientos generales, no fundados en un
conocimiento pertinente, he documentado con
ejemplos cada caso singular, en la medida en que
podía hacerla
sin
caer
en
una excesiva
prolijidad,
aunque siento muy bien que el verdadero
convencimiento puede brotar únicamente del estudio
completo de al menos una de las lenguas aquí
consideradas. Para llegar a un resultado decisivo será
necesario todavía, sin embargo, resumir en sus puntos
finales la entera cuestión aquí abordada, sin mezclar
ahora en ella nada fáctico. Aquello a lo que aboca todo
en la investigación de la génesis y la influencia de la
formalidad gramatical es la correcta distinción entre la
designación
de
los
objetos y la designación
de
las
relaciones,
entre la designación
de
las cosas
y
la
designación de las formas.
E! hablar, entendido materialmente y como
consecuencia de una necesidad realmente sentida, va
de manera inmediata tan sólo a la designación de
cosas; el pensar, entendido idealmente, va siempre a
la forma. De ahí que una preponderante facultad de
pensar otorgue
formalidad
a
una
lengua, y que una
preponderante formalidad en ésta eleve la facultad de
pensar.
1. GÉNESIS DE LAS FORMAS GRAMATICALES
91
Así es como, en el nivel más alto de todos, formas: la flexión gramaticales. 92
Así
es
como,
en
el
nivel
más
alto
de
todos,
formas:
la
flexión
gramaticales.
92

La lengua designa originariamente objetos y deja al que la comprende la tarea de añadir mentalmente las formas que enlazan el discurso. Pero intenta facilitar esa tarea mediante la ordenación de las palabras y mediante palabras que designan objetos y cosas, pero que están orientadas hacia la relación y la forma. Así es como, en el nivel más bajo, la designación gramatical se realiza mediante locuciones, frases, enunciados.

Este medio auxiliar es llevado luego a una cierta regularidad; la ordenación de las palabras se vuelve estable, las palabras mencionadas van perdiendo poco a poco su uso autónomo, su significado material, su sonido originario. Así es como, en el segundo nivel, la designación gramatical se realiza mediante ordenaciones fijas de palabras y mediante palabras que oscilan entre un significado material y un significado formal. Las ordenaciones de palabras adquieren posteriormente unidad, a ellas se agregan las palabras de significado formal, que se convierten en afijos. Pero la unión no es todavía firme, los puntos de enlace continúan siendo visibles, el todo es un agregado, pero no una única cosa. Así es como, en el tercer nivel, la designación gramatical se realiza mediante analoga de formas.

FINALMENTE LA FORMALIDAD SE IMPONE. La palabra es una unidad, modificada únicamente en sus referencias gramaticales por sonidos flexivos cambiados; cada palabra pertenece a una parte determinada del discurso y posee individualidad no sólo léxica, sino también gramatical; las palabras que designan la forma no tienen ya un significado accesorio que las perturbe, sino que son puras expresiones de relaciones.

la

designación gramatical se realiza mediante verdaderas

y las palabras puramente

La unidad de la palabra es formada por el acento. se dice del acento que es
La unidad de la palabra es formada por el acento.
se
dice
del
acento
que
es
el
alma
del
discurso,
la comprensión propiamente dicha, sino
93

La esencia de la forma consiste en su unidad y en el preeminente dominio que sobre los sonidos accesorios añadidos a ella ejerce la palabra a la que pertenece la forma. Esto es sin duda facilitado por la pérdida de significado de los elementos y por el desgaste de los sonidos en el uso prolongado. Ahora bien, la génesis de la lengua no es nunca explicable del todo por una acción tan mecánica de unas fuerzas muertas, y es preciso no olvidar en ningún momento la influencia que tienen el vigor y la individualidad de la fuerza del pensar.

En sí éste es de

no

es

también,

naturaleza más espiritual que los propios sonidos acentuados; si

meramente porque aquél sea el que introduce en éste

realmente, porque es aquél el que se convierte, con mayor inmediatez que ninguna otra cosa en la lengua, en emanación del sentimiento que acompaña al discurso. El acento es eso también en los sitios donde, mediante la unidad, troquela las palabras para hacer de ellas formas gramaticales; y de igual modo que los metales, para fundirse de manera veloz e íntima, necesitan de una llama que arda con rapidez y fuerza, así también la fusión de formas nuevas es algo que no lo consigue sino el acto energético de una fuerza de pensar vigorosa y tendente a una delimitación formal. Esa fuerza se revela también en las demás propiedades de las formas, y es irrefutablemente cierto que, sean cuales sean las vicisitudes por las que atraviese una lengua, nunca llegará a poseer una estructura gramatical excelente si no tiene la suerte de ser hablada al menos alguna vez por una nación que sea ingeniosa y piense con profundidad. De lo contrario, nada podrá salvada de la mediocridad de unas formas que están unidas de manera laxa y que en ningún lugar hablan incisivamente a la fuerza del pensar.

2. LA INFLUENCIA DE LAS FORMAS GRAMATICALES El pensar, que acontece Pues todo pensar aspira a
2. LA INFLUENCIA DE LAS FORMAS GRAMATICALES
El pensar, que acontece
Pues
todo pensar aspira
a
la
necesidad y
a
la
aspiración
de
conjunto
de
la
humanidad
tiene
esa
dirección, ya que no pretende
investigación o fundada mediante la definición.
Ahora bien si la lengua
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mediante la lengua, está

dirigido o bien hacia fines externos, materiales o bien hacia sí mismo y, por tanto, hacia fines espirituales. En esa doble dirección necesita .de la claridad y precisión de los conceptos, y en la lengua esa claridad y esa precisión dependen en gran parte del modo de designar las formas grama ticales. Las paráfrasis de éstas mediante frases, ordenaciones, no convertidas todavía en regla segura, de palabras, y aún analoga de formas, producen no raras veces ambigüedades. Pero si está oculta también la comprensión, y con ella el fin externo, entonces ocurre con mucha frecuencia que el .concepto en sí permanece indeterminado y que, en los sitios donde manifiestamente puede ser tomado, en cuanto concepto, de dos maneras diversas permanece indistinto.

Si el pensar se vuelve hacia la efectiva consideración interior y no meramente hacia la actividad exterior entonces también la mera claridad y distinción de los conceptos produce otras exigencias, que son siempre difíciles de alcanzar por aquella vía.

unidad. La

misma

como resultado último

otra cosa que encontrar la legalidad mediante la

debe adaptarse al pensar,

entonces en su estructura ha de corresponder lo más posible al organismo de aquél. De lo contrario, dado que debe ser símbolo en todo, la lengua será precisamente un símbolo imperfecto de aquello a lo que está unido del modo más inmediato. Mientras que, por un lado, la masa de sus palabras representa la extensión de su mundo, por otro

su estructura gramatical representa la visión que tiene del organismo del pensar. LA LENGUA DEBE ACOMPAÑAR
su estructura gramatical representa la visión que tiene
del organismo del pensar.
LA LENGUA DEBE ACOMPAÑAR AL PENSAMIENTO. Por
tanto, éste ha de poder pasar en la lengua
continuamente de un elemento
a
otro y encontrar
también
en
ella signos para todo
aquello
de
lo
que
necesita para su propia conexión. De lo contrario, allí donde
la lengua, en vez de acompañar al pensamiento, lo abandona, se
originan lagunas.
Aunque
a
la
postre
el espíritu
tienda
siempre
y
en
todas partes hacia la unidad y la necesidad, sin
embargo no puede desenvolver ambas, sacándolas de
sí, de otra manera que gradualmente y sólo con la
ayuda de recursos mas sensibles. Entre éstos, uno de
los que más le ayuda es la lengua, la cual, en razón ya
de sus fines muy condicionados y muy bajos, necesita
de la regla, de la forma y de la legalidad. En
consecuencia, cuanto más perfeccionado encuentre el
espíritu en la lengua aquello a que también el aspira
para sí mismo, tanto más íntimamente podrá unificarse
con ella.
Si ahora consideramos las lenguas en lo que respecta a
todas estas exigencias
que
aquí les hemos
hecho,
veremos que
las
cumplen
bien
solamente,
o
preferentemente, cuando poseen formas
auténticamente gramaticales, y no sólo analoga de
ellas, y así es como esta diferencia se revela en toda su
importancia.
Lo primero y más esencial es esto: el espíritu exige de la
lengua que separe limpiamente la cosa y la forma, el objeto y la
relación, y que no los mezcle. La lengua paraliza y
falsifica la entera actividad interior del espíritu
desde el momento en que lo habitúa a tal mezcla
o le dificulta la separación. Pero precisamente esta
última es ejecutada con limpieza tan sólo en la
constitución de la forma auténticamente gramatical
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96
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mediante la flexión o mediante palabras gramaticales, como hemos visto antes, es decir, en la designación gradual de las formas gramaticales en todas las lenguas que conocen únicamente analoga de formas subsiste siempre en la designación gramatical, que debía ser meramente formal, algo material.

Allí donde no se logra de manera perfecta la fusión de la forma, tal como la hemos descrito más arriba, allí el espíritu sigue creyendo siempre que está viendo separados los elementos y al1í no tiene la lengua para él la exigida concordancia con las leyes de su propia actividad.

EL ESPÍRITU TIENE EL SENTIMIENTO DE QUE HAY LAGUNAS, se esfuerza por llenarlas, ha de habérselas no con un número moderado de magnitudes en sí sólidas, sino con un número desconcertante de magnitudes unidas a medias, y no trabaja con igual rapidez y destreza, ni con igual complacencia, en enlazar con táctil fortuna, por medio de formas lingüísticas apropiadas y concordantes con sus propias leyes, conceptos particulares con otros más generales.

En ello se revela, si planteamos la cuestión con toda su agudeza, que, a fin de cuentas, si bien es cierto que una forma gramatical no incluye en sí ningún otro elemento que aquel que hay también en sus analoga, los cuales nunca la reemplazan del todo, sin embargo ya es, en su efecto sobre el espíritu, algo enteramente diferente; y se revela también que esto se basa en su unidad, en la cual ella porta en sí el reflejo del poder de la fuerza del pensar por la que fue creada.

En una lengua que no posea semejante formación gramatical el espíritu encuentra acuñado de manera incompleta e imperfecta el esquema general del enlace del discurso, ESQUEMA CUYA ADECUADA EXPRESIÓN EN LA LENGUA ES LA CONDICIÓN INDISPENSABLE DE TODO PENSAR QUE HAYA DE LOGRARSE CON FACILIDAD. No es necesario que ese esquema llegue hasta la consciencia; eso es algo que les falta incluso a naciones muy cultas. Dado que el

espíritu procede siempre inconscientemente según ese esquema, basta con que para cada parte singular encuentre una
espíritu procede siempre inconscientemente según ese esquema,
basta con que para cada parte singular encuentre una expresión tal
que le permita volver a aprehender con correcta precisión otra parte.
Al reobrar
la
lengua
sobre
el
espíritu,
la
forma
auténticamente gramatical suscita la impresión de una
forma, aún cuando la atención no esté dirigida
expresamente a ella, y produce una educación formal.
Pues, dado que la lengua contiene con limpieza la
expresión de la relación y no contiene ninguna otra
cosa material sobre la cual pudiera divagar el
entendimiento, sino que éste ve modificado allí el
concepto
originario de la palabra,
es
preciso que el
entendimiento aferre la forma misma. En el caso de la
forma inauténtica no puede hacerlo, pues no ve
suficientemente determinado en ella el concepto de
relación
y todavía
se halla distraído
por conceptos
accesorios. En ambos casos esto ocurre en el hablar
más usual y se extiende a todas las clases de nación; y
allí donde la influencia de la lengua es favorable,
surgen una claridad y precisión generales de los
conceptos y una disposición general a captar con
mayor facilidad lo puramente formal. Está también en
la naturaleza misma del espíritu el que esa disposición,
una vez existente, se perfeccione continuamente; por
el contrario,
cuando una lengua ofrece de manera impura
y
defectuosa las formas gramaticales, el salir de esa ofuscación de la
visión puramente formal resulta tanto más difícil cuanto más dure esa
influencia.
Por tanto, sea lo que sea aquello que pueda decirse de
la idoneidad que para la evolución de las ideas tiene
una lengua no dotada de semejante formación
gramatical, siempre será muy difícil concebir que una
nación vaya a poder llegar por sí misma, sobre la base
inmodificada
de
tal
lengua,
a
un
gran
desarrollo
científico. Aquí el espíritu no recibe
de
la
lengua,
ni
ésta recibe de él, aquello
de
lo que ambos tienen
necesidad, y el fruto de su recíproca influencia, para
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98

convertirse en beneficioso, tendría que ser en primer lugar una modificación de la lengua misma.

De esta manera quedan, pues, fijados, hasta donde tal cosa puede ocurrir en objetos de esta naturaleza los criterios por los que cabe distinguir de las otras las lenguas que tienen una formación gramatical. Es cierto que acaso ninguna pueda ufanarse de una concordancia perfecta con las leyes lingüísticas generales; es cierto que acaso ninguna esté conformada completamente en todas sus partes; y es cierto que también entre las lenguas del nivel más bajo existen a su vez muchos grados de aproximación. Sin embargo, aquella diferencia, que separa de manera precisa dos clases de lenguas, no es una diferencia relativa, consistente meramente en un más o un menos sino que es efectivamente una diferencia absoluta, por la presencia o la ausencia del dominio de la forma es algo que se acusa siempre de manera visible. Es innegable que las lenguas dotadas de una formación gramatical poseen una idoneidad perfecta

para la evolución de las ideas. De todas maneras, serán el ensayo o la experiencia los que aportarán pruebas de cuánto podría lograrse también con las demás lenguas. Lo que desde luego es seguro es que éstas nunca estarán en condiciones de actuar sobre el espíritu en el mismo grado y del mismo modo que las otras.

El ejemplo más notable de una literatura que viene floreciendo desde hace milenios en una lengua que está desprovista casi de toda gramática, entendida esta palabra en su sentido usual, nos lo ofrece LA LENGUA CHINA. Es sabido que precisamente en el denominado «estilo antiguo», en el cual fueron redactados los escritos de Confucio y de su escuela, y que todavía hoy es el estilo generalmente usado para todas las grandes obras filosóficas e históricas, las

relaciones gramaticales son designadas única y exclusivamente por la posición de las palabras o por palabras separadas, y que con frecuencia se le deja al lector la tarea de adivinar por el contexto si debe tomar una palabra por un sustantivo, por un adjetivo, por un

el 3 Grammaire Chinoise, de M. Abel-Remusat, pp. 35- 37. 4 Recherches critiques et historiques sur
el
3
Grammaire Chinoise, de M. Abel-Remusat, pp. 35-
37.
4
Recherches critiques et historiques sur la langue
et la littérature de
l'Egypte.
.
5
En MILLIN, Magasin encyclopédique, t. IV, 1808,
p: 225, donde al mismo tiempo se exponen ideas
muy nuevas e ingeniosas sobre la influencia de la
escritura jeroglífica y alfabética en la formación
gramatical de las lenguas.
99

verbo o por una partícula 3 . Es cierto que el estilo mandarín y

estilo literario se han cuidado de introducir una

mayor precisión gramatical en la lengua, pero tampoco .en ellos posee ésta unas formas verdaderamente, gramaticales y la literatura a que antes aludimos, la mas célebre de la nación, es completamente independiente de este tratamiento moderno de la lengua.

Si es cierto, como ha tratado de probar agudamente Etienne Quatremere 4 , que LA LENGUA COPTA fue la lengua de los antiguos egipcios, entonces también entra aquí, en consideración la elevada cultura científica que esa nación tuvo según se dice. Pues también el sistema gramatical de la lengua copta es, como dice Silvestre de .Sacy 5 , un sistema perfectamente sintético, es decir, un sistema en el cual las designaciones gramaticales están separadamente antepuestas o pospuestas a las palabras que significan cosas. Silvestre de Sacy lo compara expresamente en esto con el sistema gramatical chino.

Si, por tanto, dos de los pueblos más notables han logrado alcanzar el nivel de su cultura intelectual con unas lenguas a las que les faltan del todo o en gran parte las formas gramaticales, de ello parece resultar una importante objeción contra la aseveración de la necesidad de tales formas. Sin embargo, de ninguna manera está demostrado que la literatura de esos dos pueblos posea precisamente las excelencias en las que influye preferentemente esa propiedad de la lengua de que aquí estamos hablando. Pues es innegable que la rapidez y la agudeza del pensar, favorecidas por una rica multiplicidad de formas

gramaticales plasmadas con precisión y ligereza, donde más brillantemente se muestran es en la exposición dialéctica
gramaticales plasmadas con precisión y ligereza, donde más
brillantemente se muestran es en la exposición dialéctica y oratoria,
y de ahí que sea en LA PROSA ÁTICA donde se
desplieguen con fuerza y finura supremas.
Del estilo antiguo chino admiten, incluso quienes
pronuncian un juicio favorable sobre la literatura de
ese pueblo, que es un estilo vago y entrecortado, de
tal manera que el estilo que lo siguió, mejor adaptado
a las necesidades de la vida, hubo de trabajar por darle
más claridad, precisión y variedad. Y esto es algo que
prueba, por tanto, lo que nosotros hemos afirmado.
De la literatura egipcia antigua no nos es conocido
nada; pero las demás cosas que sabemos de los usos, de la
constitución, de los edificios y del arte de esas notables regiones,
hacen pensar en una cultura rigurosamente científica más bien
que en una fácil y libre dedicación del espíritu a las ideas.
Y
si
estos
dos
pueblos
hubiesen alcanzado
precisamente las excelencias que con razón hemos de
guardarnos de atribuirles, no por ello estaría refutado,
sin embargo, lo que antes hemos expuesto.
Allí donde el espíritu humano,
circunstancias favorables, empeña
merced
a
un
concurso
de
sus
fuerzas
en
una
labor
afortunada, allí llega a la meta con cada uno de los instrumentos,
aunque sea por una vía más trabajosa y lenta. Ahora bien, no
porque él supere la dificultad deja ésta de hallarse
presente. Que las lenguas que tienen pocas o muy imperfectas
formas gramaticales son lenguas que, en vez de
favorecer la actividad intelectual, causan en ella
efectos perturbadores, eso es algo que, como creo
haber mostrado, brota de la naturaleza misma del
pensar y del discurso.
Otras fuerzas pueden reducir o suprimir en la realidad
tales obstáculos. Sólo que en la consideración científica
es preciso, para llegar a consecuencias netas, juzgar
cada influencia como un momento aislado y tal como si
100
más antigua y la primera en 6 Alexander von Humboldt, Essai politique sur le Royaume de
más antigua
y
la
primera en
6 Alexander von Humboldt, Essai politique sur le
Royaume de la Nouvelle
Rspagne,
p.
93.
Del
mismo, Vues des Cordillerés et Monuments des
peuple de l’Amérique, p. 126.
101

no fuera perturbado por nada ajeno a él; y esto es lo que aquí se ha hecho con las formas gramaticales.

Para saber hasta qué punto se alcanzó también en las lenguas de América un nivel superior de cultura, no cabe pedir consejo a la pura experiencia. Los escritos de indígenas 6 en la lengua mexicana que nosotros poseemos proceden únicamente del tiempo de la Conquista y de ahí que respiren ya una influencia extranjera. Sin embargo, es muy de lamentar que en Europa no se conozca ninguno. Antes de la Conquista no había en aquella parte del mundo ningún medio de registro escrito. Eso podría verse ya como una prueba de que ningún pueblo se alzó allí con ese decidido vigor de la fuerza del pensar que quebranta los obstáculos hasta llegar a la invención del alfabeto. Sólo que sin duda ese invento ha ocurrido muy pocas veces, ya que la mayoría de los alfabetos han surgido por traspaso unos de otros.

De las lenguas que nos son conocidas es la sánscrita la

poseer una verdadera

estructura de formas gramaticales, y ello con un organismo tan perfecto y completo que en ese aspecto ha sido poco lo que posteriormente se ha añadido. A SU LADO SE ENCUENTRAN LAS LENGUAS SEMÍTICAS; ahora bien, la culminación suprema de la estructura la ha alcanzado indiscutiblemente la lengua griega. El modo en que esas diversas lenguas se relacionan las unas con las otras, y los nuevos fenómenos que han surgido por el nacimiento de nuestras lenguas modernas a partir de las clásicas, son asuntos que ofrecen un abundante material para ulteriores, pero más finas y difíciles, investigaciones.

Una larga dedicación a las lenguas * Texto leído en la Academia de las Ciencias de
Una larga dedicación
a
las
lenguas
*
Texto
leído en
la Academia de las Ciencias
de
Berlín el 20 de mayo de 1824.
102

Sobre la escritura alfabética y su conexión con la estructura de las lenguas *

Siempre he tenido la impresión, al reflexionar sobre el nexo de la escritura alfabética con la lengua, de que la primera estaba en proporción directa a las excelencias

de la segunda y de que la aceptación y LA ELABORACIÓN DEL ALFABETO, más aún, su contextura, y tal vez su invención, dependieron del grado de perfección de la lengua y, más originariamente todavía, de las disposiciones para ella.

de América, el

estudio del antiguo indio y de algunas lenguas emparentadas con él, y la consideración de la estructura del chino, parecen también confirmarme históricamente esta tesis. Las lenguas de América, con las que ciertamente se cometería una gran injusticia calificándolas de toscas y salvajes, pero a las que su propia estructura las diferencia decididamente de la

perfección de las lenguas cultas, no han poseído nunca, en lo que hasta ahora sabemos, una
perfección
de
las
lenguas
cultas,
no
han
poseído
nunca, en lo que hasta ahora sabemos, una escritura
alfabética. Este género de escritura se halla tan íntimamente
entrelazado con las lenguas semíticas y las de la India que no existe
ni la menor huella de que éstas se hayan servido nunca de otro género
distinto de escritura.
Si
los chinos rechazan los alfabetos de
los
europeos, que les son conocidos desde hace mucho
tiempo, tal cosa no se debe meramente, a mi parecer,
a que estén muy apegados a sus tradiciones y a que
repudien las cosas extranjeras, sino, mucho más
todavía, a que en ellos, dado el grado de sus
disposiciones para el lenguaje y dada la estructura de
su lengua, no se ha despertado todavía en absoluto la
necesidad
interna de una escritura
alfabética Si
no
fuera ése el caso, ya habrían llegado
por sí mismos,
mediante su propia gran capacidad inventiva, y
mediante los signos de su lengua, a formar un alfabeto
propiamente dicho, puro y completo, en vez de
limitarse a usar signos fonéticos como una ayuda
accesoria, que es lo que hacen ahora.
Únicamente a Egipto parece no adaptarse bien este
modo de pensar. Pues la actual lengua copta prueba
innegablemente que también la lengua egipcia antigua
poseyó una estructura que no testifica grandes
disposiciones de la nación para el lenguaje; y, sin
embargo, no sólo poseyó Egipto una escritura alfabética, sino
que, según testimonios que en modo alguno cabe rechazar, fue su
cuna. Con todo, aunque una nación fuese la inventora
de una escritura alfabética, queda su modo de tratada,
de acuerdo con su disposición, queda su modo de
captar el pensamiento y de apresarlo y conformado
mediante la lengua; y la verdad de esta aseveración
brota con claridad precisamente del modo tan
maravilloso como los egipcios hicieron que se
compenetrasen las imágenes y la escritura alfabética.
La escritura alfabética y la disposición para el lenguaje están,
pues, estrechísimamente conectadas y se hallan en constante
relación la una con la otra. ESTO ES LO QUE AQUÍ VOY A
103
ESFORZARME EN PROBAR, tanto conceptual como históricamente, en la medida en que ello pueda hacerse dentro
ESFORZARME EN PROBAR, tanto conceptual como
históricamente,
en
la
medida
en
que
ello
pueda
hacerse dentro de la brevedad que conviene a estas
conferencias. Me ha parecido que la elección de esta
materia resultaba adecuada por una doble razón, a
saber: porque de hecho
no es posible entender
de
manera completa la naturaleza del lenguaje si no se
investiga al mismo tiempo su conexión con la escritura
alfabética;
y
porque
precisamente
las
recientes
dedicaciones
a
la
lengua
egipcia
redoblan
en
el
momento presente el interés por las investigaciones
sobre la invención
apropiación.
de
la
escritura
y
sobre su
Aquí no me ocuparé en absoluto
de
nada
de
lo
concerniente a las finalidades externas de la escritura,
a su utilidad en el uso para la vida y a la difusión de los
conocimientos. Es tan evidente la importancia de la
escritura, si se la considera desde ese lado, que sin
duda serán muy pocos los que desconozcan en este
aspecto las ventajas de la escritura alfabética sobre los
demás modos de escribir. Me limitaré meramente a la
influencia de la escritura alfabética sobre la lengua y
su tratamiento. Si esa influencia es realmente
significativa, si la conexión de la lengua con el uso de
un alfabeto es íntima y firme, entonces no pueden
seguir siendo dudosas por más tiempo las causas de la
afanosa apropiación de la escritura alfabética o de la
fría indiferencia frente a ella.
Ahora bien, dado que hasta de las propias lenguas se
ha aseverado con frecuencia que su diversidad no es
de gran importancia, puesto que, suene como suene el
sonido y se enlace como se enlace el discurso, al final
lo que siempre destaca es el pensamiento, sin duda
podría entonces tenerse por algo mucho más
indiferente la índole de los signos de la escritura, con
tal de que no comporte incomodidades demasiado
grandes o la nación se haya habituado a vencer las
que van unidas a ella. Por otro lado, se dice, la parte de
104
por la índole determinada de esa designación 105
por
la
índole
determinada
de
esa
designación
105

cada pueblo que se sirve de la escritura es siempre pequeña y son menos todavía los que se sirven de ella con tino. POR TANTO, no sólo cada lengua ha existido largo tiempo sin escritura, sino que, además, en gran parte continúa viviendo de ese mismo modo.

Ahora bien, LA PALABRA HABLADA, la palabra-sonido, es por así decirlo una corporificación del pensamiento, y la escritura, una corporificación del sonido. El más

universal de los efectos de la escritura es que liga firmemente la lengua y hace así posible una reflexión sobre ésta que es enteramente diferente de la que se da cuando es meramente en la memoria donde tiene un asiento permanente la palabra hablada. AL MISMO TIEMPO, TAMBIÉN ES INEVITABLE que a la influencia de la lengua sobre el espíritu se mezcle algún efecto producido por esa designación mediante escritura y

en

general. No es, por ello, indiferente cuál sea la índole del estímulo que la actividad espiritual recibe de la naturaleza especial de la designación escrita. En las leyes de esa actividad está el considerar lo pensable e intuible como signo y designado, el provocados recíprocamente y el enfrentar lo uno a lo otro; es propio de esa actividad el hacer intervenir, a propósito de una idea o una intuición, también las ideas o intuiciones emparentadas con ellas; y así es como la conversión en un objeto visual de los pensamientos que están primeramente ligados como sonido puede dar orientaciones muy distintas al espíritu, según cuál sea la manera en que se produzca esa conversión. Pero resulta evidente que, para que el efecto total no quede perturbado, es preciso que estén formados de maneras concordantes, y estén fundidos como en un único molde, el pensar en lenguaje, el discurso y la escritura.

La influencia ejercida sobre la lengua por la escritura no es menos importante porque esta última sea siempre propiedad únicamente de una parte pequeña de la nación, ni tampoco porque sin duda haya surgido

en todas partes tan sólo cuando la estructura ya fija y determinada de la lengua no
en todas partes tan sólo cuando la estructura ya fija y
determinada de la lengua no consentía más
modificaciones
esenciales.
Pues
el
habla
común
envuelve
a
la
totalidad
del pueblo (aunque,
desde
luego, menos en una forma de vida que en otra), y
aquello
que
en los individuos
actúa
sobre el
habla
común pasa inmediatamente a todos. La elaboración
más fina de la lengua, sin embargo, cuyo punto inicial
viene designado propiamente por el uso de la
escritura, es precisamente la más importante de todas
las elaboraciones, y en sí misma, y en su acción sobre
la cultura de la nación, diferencia la peculiaridad de las
lenguas
mucho
más
de
lo
que
lo
hace la estructura
originaria, que es más basta.
La peculiaridad de la lengua consiste en que, mediando entre el ser
humano y los objetos exteriores, liga a sonidos un mundo de
pensamientos. Todas las propiedades de cada lengua
singular podemos referidas, por tanto, a los dos
grandes puntos capitales que hay en el lenguaje como
tal, a saber: su idealidad y su sistema fonético. Las
deficiencias de integridad, claridad, precisión y pureza
en la idealidad y las deficiencias de perfección en el
sistema fonético son los defectos de la lengua; lo
contrario, sus excelencias.
En dos textos ya leídos ante este auditorio he tratado
de exponer y justificar esa visión de las cosas y me he
esforzado en mostrar:
1. Que el sistema léxico de cada lengua, también el no
enlazado, forma un mundo de pensamientos que se
sale completamente del área de los signos arbitrarios y
posee de suyo esencialidad e independencia.
2. Que esos sistemas léxicos nunca pertenecen
únicamente a un pueblo, sino que, por una vía de
transmisión que ni la historia ni la investigación de las
lenguas están en condiciones de seguir del todo, se
convierten en la obra de la humanidad entera a lo
largo de todos los siglos de su existencia, y que, con
ello, cada palabra
porta
en
un doble
elemento
106
107
107

formativo: uno fisiológico, que brota de !a naturaleza del espíritu humano, y otro histórico, que reside en su modo de generarse. y además:

3. Que el carácter de las lenguas perfectamente formadas está determinado por el hecho de que la naturaleza de su estructura prueba que lo que al espíritu le importa no es meramente el contenido, sino preferentemente la forma del pensamiento. Creo que también aquí puedo seguir esa vía, y es por si mismo evidente que la escritura alfabética favorece de modo negativo la idealidad de la lengua ya por el mero hecho de no estimular el espíritu de ninguna manera que sea divergente de la forma de la lengua, y que el sistema de los sonidos puede alcanzar firmeza y totalidad merced únicamente a la escritura alfabética, dado que la designación de los sonidos articulados constituye su esencia. Por sí mismo salta a la vista que toda escritura mediante imágenes, toda pictografía, necesariamente ha de perturbar, en vez de apoyar, la acción de la lengua, dado que estimula la visión intuitiva del objeto real. La lengua demanda también intuición, pero la liga

a la forma léxica unida mediante el sonido. A ella ha de subordinarse la representación del objeto para pertenecer como eslabón a la cadena infinita a la que tiende por todas las direcciones el pensar mediante lengua. Cuando la imagen se forja mediante un Signo gráfico, involuntariamente reprime aquello

que la palabra pretende designar. El dominio de la subjetividad, esencia del lenguaje, queda debilitado; su idealidad sufre a causa del poder real del fenómeno; el objeto actúa sobre el espíritu con todas sus propiedades, no con aquellas que la palabra, en concordancia con el espíritu individual de la lengua, elige y recopila la escritura, que debe ser tan sólo signo del signo,

conviértese al mismo tiempo en signo del objeto, y, al introducir el pensar la manifestación directa de éste, debilita la acción que la palabra ejerce precisamente por el hecho de querer ser únicamente signo. En vivacidad no puede ganar la lengua merced a la

imagen, pues ese género de vivacidad no corresponde a su naturaleza, y las dos distintas actividades
imagen, pues ese género de vivacidad no
corresponde a su naturaleza, y las dos distintas
actividades del alma, que aquí se querría
estimular al mismo tiempo, no pueden tener
como consecuencia un reforzamiento de la
acción, sino su dispersión.
EN CAMBIO, UNA ESCRITURA FIGURATIVA QUE DESIGNE
CONCEPTOS PARECE FAVORECER MUY PROPIAMENTE
LA IDEALIDAD DEL LENGUAJE. Pues sus signos, elegidos
arbitrariamente, no tienen, como tampoco lo tienen los
signos de las letras, nada que pueda distraer al
espíritu, y la legalidad interna de su formación
reconduce el pensar a sí mismo.
No obstante también
tal
escritura
se opone
directamente
a
la
naturaleza
ideal
—es
decir,
convertidora del mundo externo en ideas— del
lenguaje, aun cuando estuviere articulada en todas sus
partes de acuerdo con la más estricta legalidad. Pues
para la lengua es de naturaleza material no
meramente el fenómeno sensible, sino también el
pensar indeterminado, en tanto en cuanto
no
está
unido de un modo firme y puro por el sonido; pues tal
pensar carece
de
la forma
que
le es esencialmente
peculiar. La individualidad de las palabras, en cada una
de las cuales hay siempre algo más que meramente su
definición lógica,
está
ligada al
sonido en
tanto en.
Cuanto éste despierta inmediatamente en el alma la
acción que les es peculiar a las palabras. Un signo que
busque el concepto y descuide el sonido puede
expresarlas, por tanto, sólo de manera imperfecta. Un
sistema
de
tales
signos
reproduce
únicamente
los
conceptos
abstractos
del
mundo
externo
e
interno;
pero
la
lengua
debe
contener ese mundo mismo —cierto que convertido en signos de
pensamientos
en
la
entera plenitud
de
su
rica,
polícroma
y
viviente multiplicidad.
Tampoco ha habido nunca, sin embargo, una escritura
conceptual, ni puede haber ninguna escritura que esté
formada puramente según conceptos y en la que no
108
imperfecta, y lo palabras y sustrae así a la lengua 109
imperfecta,
y
lo
palabras
y sustrae
así
a
la lengua
109

hayan ejercido una importantísima influencia las palabras de la lengua, recogidas en sonidos determinados, para las cuales fue ésta inventada. PUES

DADO QUE LA LENGUA EXISTE CON ANTERIORIDAD A LA ESCRITURA, busca naturalmente un signo para cada palabra, y busca esos signos en el sentido que tienen las palabras subyacentes a los signos, aun cuando éstos, por una subordinación sistemática a un sistema de conceptos, tuviesen una validez independiente del sonido.

Por tanto, toda escritura conceptual es siempre a la vez una escritura fonética; y el que también valga, de manera marginal, como una verdadera escritura conceptual, y en qué grado lo valga, eso es algo que depende del grado en que quien la usa conozca y respete la sistemática subordinación de otros signos, clave lógica de su formación. Quien conoce sólo mecánicamente signos correspondientes a palabras no posee en la escritura conceptual otra cosa que una escritura fonética. Cuando semejante escritura pasa a una lengua diferente, ocurre lo mismo. Pues también en esta otra lengua, si la escritura ha de ser realmente escritura, es preciso que el uso consigne a cada signo su validez en una sola palabra o en varias palabras determinadas. Los signos escritos son, por tanto, sinónimos en las dos lenguas tan sólo en la medida en que son sinónimas las palabras que subyacen a ellos, y el leer lo escrito en una de las dos lenguas se convierte siempre, para el que la desconozca, en un acto de traducción en el cual queda abandonada en todos los casos la individualidad de la lengua original. En el uso de tal escritura entre naciones distintas lo único que se traspasa siempre es, en lo fundamental, sólo el contenido; la forma es modificada esencialmente; y la innegable ventaja de una escritura conceptual, el ser comprensible a naciones de lenguas distintas, no compensa las desventajas que desde otros lados comporta.

Como escritura fonética, una escritura conceptual es

es porque da los sonidos como

toda la ganancia

un signo del signo, un signo sencillo, con ningún concepto concomitante, el sonido, y la escritura
un signo del signo, un signo sencillo,
con ningún concepto concomitante,
el
sonido,
y
la
escritura
no
debe
retener
pensamiento en sí, sino en esa figura determinada.
110

que, como veremos, brota de la designación fonética de los elementos de la palabra. Pero tampoco la escritura fonética actúa nunca puramente como tal. Dado que, por la validez y la conexión de sus signos, puede perseguir conceptos, dado que puede formar inmediatamente el pensamiento, pasando por encima del sonido, por así decido, ocurre que se convierte así en una lengua propia y debilita la expresión natural, completa y pura de la lengua verdadera y nacional. Por un lado lucha por librarse del lenguaje como tal o, al menos, de una determinada lengua, y por otro lado introduce en la expresión natural de la lengua, en el sonido, la intuición visual, que es mucho menos adecuada. Actúa, por tanto, directamente en contra del sentido lingüístico instintivo del ser humano y destruye, cuanto mas se hace valer con éxito, la individualidad de la designación lingüística; ésta, desde luego, no reside meramente en el sonido de cada una de las designaciones, pero se halla unida a él en virtud de la impresión que todo enlace determinado de sonidos articulados produce innegablemente de manera específica.

El esfuerzo de una lengua determinada por independizarse ha de producir en el espíritu efectos desventajosos y devastadores, pues es imposible el pensar sin lengua. Una escritura conceptual no produce esas desventajas, en el grado que aquí hemos descrito, sólo si su sistema no es desarrollado de manera coherente y ella misma, en el uso, es asumida fonéticamente.

La escritura alfabética está libre de esos defectos; es

que no distrae

un

signo

que

acompaña a la lengua en todas partes, sin adelantarse

a ella ni desplazarla, un signo que no evoca otra cosa que el sonido y que, por ello, conserva esa subordinación natural en la cual el pensamiento debe ser estimulado de acuerdo con la impresión hecha por

el

111
111

Mediante esa estrecha adherencia a la naturaleza peculiar de la lengua, la escritura alfabética refuerza precisamente la acción de ésta, al renunciar a las pomposas excelencias de la imagen y de la expresión de los conceptos. No perturba la pura naturaleza de pensamiento que es propia de la lengua, sino que más bien la refuerza con el sobrio uso de rasgos que en sí no tienen significado, y depura y eleva su expresión sensible al descomponer en sus partes básicas el sonido unido en el hablar, al hacer evidente el nexo de esas partes entre sí y en el enlace con la palabra, y al volver a operar también sobre el discurso audible, fijándolo ante los ojos.

Por ello nosotros debemos atenernos a esa escisión del sonido unido, escisión que es la esencia de la escritura alfabética, si queremos juzgar la influencia interna que ésta ejerce sobre la lengua. Hasta que agota un pensamiento, el discurso forma en el espíritu del hablante un todo unido en el cual la reflexión ha de buscar las secciones singulares. Esto es algo que lo experimentamos ante todo al ocuparnos de las lenguas de naciones incultas. Es preciso dividir y dividir, y sospechar siempre que acaso lo que parece simple continúa siendo algo compuesto. Desde luego en cierta medida esto ocurre también con las lenguas muy cultas, sólo que ocurre de manera distinta; en éstas ocurre sólo etimológicamente, con miras a ver la génesis de las palabras; en aquellas ocurre gramatical y sintácticamente, con miras a ver el enlace del discurso. El unir lo que hay que separar es siempre una propiedad del pensar y el hablar no ejercitados: es difícil que del niño y del salvaje recibamos palabras, en vez de ellas recibimos frases. Las lenguas que tienen una estructura más imperfecta sobrepasan también con facilidad la medida de aquello que debe estar unido en una forma gramatical. La división lógica, que desata el enlace de los pensamientos, llega, empero, únicamente hasta la palabra simple. La escisión de ésta constituye la tarea

112
112

de la escritura alfabética. Una lengua que se sirva de una escritura diferente no culmina, por tanto, la tarea divisora de la lengua, sino que produce una detención allí donde el perfeccionamiento de la lengua manda ir más allá.

Es cierto que también sin el uso de la escritura alfabética cabe imaginar la búsqueda de los elementos fonéticos, y los chinos en concreto poseen un análisis de los sonidos unidos, ya que indican de manera precisa y exacta el número y la diversidad de sus articulaciones iniciales y finales y de las acentuaciones de sus palabras. Mas como ni en la lengua usual ni en la escritura (en la medida es que ésta es realmente, en efecto, una escritura de signos, dado que, como es bien sabido, los chinos mezclan en ella también una designación de los sonidos) hay nada que obligue a ese análisis, ocurre que, por ese motivo, éste tampoco puede ser general. Como, además, el sonido singular (consonante o vocal) no es representado aisladamente mediante un signo que sea propio sólo de él, sino que únicamente es escuchado de los comienzos y de las terminaciones de los sonidos unidos, ocurre que esa representación de los elementos del sonido no es nunca tan pura y manifiesta como lo es mediante la escritura alfabética, y el análisis de los sonidos, aunque en lo que respecta a su integridad y exactitud no le faltase nada, no hace sobre el espíritu la impresión de una división completamente acabada de la lengua. Pero en la acción interna de las lenguas, única que determina las verdaderas excelencias de éstas, lo que importa es la acción pura y plena de toda impresión, y la deficiencia más mínima de una de esas dos acciones tiene, aunque ello no se note en el resultado exterior,

consecuencias enormes. EL LEER Y EL ESCRIBIR ALFABÉTICOS, por el contrario, obligan en cada instante a reconocer los elementas fonéticos que pueden ser sentidos al mismo tiempo por el oído y por el ojo y habitúa a la separación y a la reunión sencillas de tales elementos; generalizan, por tanto, una visión acabada y correcta de la divisibilidad de la lengua en sus elementos en el mismo grado en que eso está difundido en la nación.