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La comunidad ilusoria Marc Augé La communant © Editions Payot, re, Marc Augé ‘Traduecién: Enric Berenguer Diseiio de cubierta: Ivin de Pablo Bosch Primera edicién: Marzo de 2012, Barcelona Derechos reservados para todas ls ediciones en castellano © Editorial Gediss, 8.4 ‘Avenida del Tibidabo, 12 (3°) 08022 Barcelona, Espa Tel. (434) 93253 09 04 Fax (+34) 93 253 09 05 Correo elect6nico: gedisa@gedisa.com htpi//wwwgedisa.com ISBN: 978-84-9784-553-3 legal: B. 1406-2012 Preimpresién: ‘wow geafime.com Impreso por Sagrafic Impreso en Espaita Printed in Spain Queda prohibida fa reproduce total o parcial por cualquier medio : «La sen- saci6n del ser, en efecto, siempre es ya com- Partida y la amistad nombra precisamente ese 28 — La comunidad ilusoria compartir»?, La amistad, por lo tanto, tiene una dimensién al mismo tiempo ontolégica y politica. Los hombres comparten la dulzura de existir y ellos mismos son compartidos’ por la experiencia de la amistad antes de compar- tir cualquier otra cosa. Asi pues, lo que marca el nacimiento de la amistad es el surgimiento interior de una frontera sutil. La amistad re- produce y amplifica, de algtin modo, el con- sentimiento original que funda la politica y distingue la comunidad humana de los reba- fios de animales. 2. Giorgio Agamben, L’Amitié, Rivages Poche, 2007, pag. 33. 3. En francés, partagé es al mismo tiempo compar- tido, dividido, repartido, Esto alude ala frase posterior, donde se habla del surgimiento de una frontera interior, (N. del T) —29— MarcAugé oe El vinculo del que aqui hablo, a propési- to de la familia, no es necesariamente el de la amistad, pero no es ajeno a él. En todo caso Se encuentra mucho més cerca de él que de no sé qué sentimiento de pertenencia a un grupo. Como la amistad, se sittia del lado del ser yno es del orden del contrato ni de la intersubje- tividad. Es un vinculo sutil cuya presencia se descubre en uno mismo sin poder explicitar todas sus razones ni explicar su génesis. Que, expresindolo en otro lenguaje, la re- laci6n sea una parte intrinseca de la identidad, constitutiva de la identidad personal, es una intuicién que han tenido todos los grupos humanos, y todo material etnogréfico lo de- muestra. Cuando hablo aqui de relacién, no es Para referirme a sujetos distintos que estable- cen entre ellos relaciones de tipo mas o menos contractual. Es para subrayar que no hay otra ~30- La comunidad ilusoria definicién posible del individuo humano més que la de un ser relacional existencialmente abierto, ofrecido al exterior y ala alteridad. ¢Cémo podria sorprenderme, volviendo a mi caso personal tomado aqui como ejemplo, que Africa, Latinoamérica o Italia me hayan cambiado, que hayan influido en mi, de un modo necesariamente contradictorio a veces, tanto como mis orfgenes bretones y mi edu- cacién parisina? Por supuesto, no pretendo haber incorporado todos los saberes que per- tenecen a los paises donde he vivido un poco alguna vez, ni haber conservado todo lo que he aprendido o experimentado, pero si algunos nombres de paises hacen que me conmueva, es porque de algiin modo me pertenecen, o mds bien yo les pertenezco, porque sé que soy lige- ramente diferente de lo que seria si no me hu- biera encontrado con ellos. No les pertenezco -31- Marc Augé del mismo modo en que se cree pertenecer, de nacimiento, a una comunidad, 0, por adhesién, aun partido o una iglesia; les pertenezco a cau- sa de un encuentro y a veces por amistad. El encuentro es la experiencia de la frontera sutil, la excitaci6n causada por la intuicién de que es posible un franqueamiento, y la satisfaccién, una vez franqueada la frontera, de comprender que esta solo se franquea una vez, pues al vol- ver ya no es del todo la misma frontera, como ya no es el mismo aquel que la ha franqueado una primera vez. La categoria profesional u otros tipos de pertenencia social podrian prestarse a reflexio- nes del mismo orden. Una vez reconocida la existencia de las fronteras sutiles que trascien- den todas las herencias y todas las tradiciones, se puede empezar a pensar contra las filoso- fias del destino. La nocién de frontera permite —32— La comunidad ilusoria hacerlo a partir del individuo y contra todos los determinismos, que si pesan tanto sobre él es porque se ha dejado persuadir de su poder. La propensién de las ciencias sociales a par- tir siempre de lo colectivo y del pasado para pensarse a sf mismas como ciencias les impide captar al individuo en su funcién singular y prospectiva. Hs Por un existencialismo politico uisiera, pues, plantear aqui la si- guiente proposicién: si, el bien co- min y la idea de la comunidad son consustanciales a la idea de humanidad. Pero, como nos muestra la historia, sélo existen en estado ideal y de proyecto. El individuo no puede existir solo; por otra parte, nunca nace solo, sino en universos ya simbdlicamente constituidos que le imponen de forma mas 0 menos estricta un conjunto de relaciones po- sibles 0 incluso prescritas: «... hablando con propiedad, aquel a quien lamamos un espiritu sano -escribe Lévi-Strauss— es el que se aliena, der Augeme ya que consiente en existir en un mundo de- finible por la relacién entre yo y los otros. La salud de la mente individual implica la parti- cipaci6n en la vida social, asi como la negativa a prestarse a ella (y con las modalidades que impone) corresponde a la aparicion de los tras- tornos mentales»*. En un mundo tan sobrecar- gado de significaciones simbélicas (la primera etnologia estudié mundos de este tipo), es muy evidente que la idea de libertad individual no tiene sentido. El sentido social es el conjunto de las relaciones mediante las cuales se define y a través de las cuales se construye toda identi- dad. Desde el punto de vista del individuo, ela priori de lo simbélico solo engendra relaciones necesarias y comunidades impuestas, que por 4. Lévi-Strauss, id. pag. XX. ~36- La comunidad ilusoria otra parte también dan un lugar considerable a los desacuerdos, a las escisiones y las recompo- siciones, cuya infinita diversidad ha estudiado la literatura etnoldgica. Pero también conocemos los efectos de to- talitarismo intelectual, producidos, a otra es- cala, por las grandes ideologias politicas 0 po- litico-religiosas de ayer y de hoy, que, por este motivo, calificamos de «totalitarias». Enton- ces, de acuerdo con Hannah Arendt, ya no se trata de sobrecarga de sentido, sino de expul- sién de todo sentido posible: «Mientras que el aislamiento afecta tnicamente al dominio poli- tico de la vida, la desolacién afecta a la vida hu- mana.en su totalidad. Ciertamente, el régimen totalitario, como todas las tiranfas, no podria sobrevivir sin destruir el dominio piblico dela vida, o sea, sin destruir, aislando alos hombres entre ellos, sus capacidades politicas. Pero la 7 Mare Augé dominacién totalitaria, como forma de gobier- no, es nueva en el hecho de que no se confor- ma con este aislamiento y destruye igualmente Ja vida privada, Se basa en la desolacién, en la experiencia absoluta de no pertenencia al mun- do, que es una de las experiencias més radicales y mas desesperadas del hombre», La comunidad como realizacién del bien comtin solo puede ser un punto de legada provisional y siempre inacabado. Su punto de partida solo puede encontrarse en el rechazo de todo sentido prescrito y, més atin, de lo que Hannah Arendt llama la «desolacidn», 0 sea, el naufragio en cuerpo y alma de la individuali- dad privada y de la pertenencia al mundo. Y el 5. Arendt, Les origines du totalitarisme, Quarto, Gallimard, 2002, pig, 834. ge) La comunidad ilusoria procedimiento que conduce hasta ahi por fuer- za tiene que ser inverso al de todos los totali- tarismos. El consentimiento al cardcter inaca~ bado y la conciencia de un devenir necesario distinguen a la democracia de todos los demas regimenes politicos. La democracia, como el individuo, siempre est4 por construir: solo es plenamente ella misma si sigue proyectando en el futuro la referencia respecto de la cual considera que debe definirse: su frontera es, ciertamente, un horizonte. En democracia, el respeto de la constitucién existente y el man- tenimiento del orden establecido son solo im- perativos pricticos y provisionales, porque la constitucién cambiaré y las normas también. Pensemos, por poner un ejemplo, en todo lo que estaba prohibido o era impensable en los paises de la Europa occidental hace tan solo sesenta ajios, tanto en el dominio de las cos- ~39— Mare Auge tumbres (condicién de la mujer, divorcio, ho- mosexualidad) como en la esfera estrictamen- te politica (voto de las mujeres, mayoria de edad). El espiritu democratico, como el espi- ritu cientifico, no se satisface con lo ya conse- guido y sabe que la verdad siempre hay que conquistarla, que la existencia politica siempre precede a su esencia. Laiidea de progreso, en esta perspectiva, no procede ni del orgullo ni de la ingenuidad, sino de la simple constatacién de las insuficiencias del presente y de las fronteras que habria que franquear para ir al encuentro de soluciones, sin duda, pero también de nuevos problemas que resolver. Quienes invocan el progreso no hablan en nombre de un saber preexistente; simplemente tienen la conviccién, modesta y tenaz, de que la libertad real de cada individuo humano es la condicién necesaria del bien co- ~40— La comunidad ilusoria min a todos. Se inspiran, de este modo, en el espiritu cientifico: nada hay mas modesto que el espiritu cientifico; nunca parte de una tota- lidad acabada como la que se encuentra en el Principio de la ideologias, sino que explora las fronteras de lo desconocido con la ambicién de hacer que se muevan. La gran experiencia humana de nuestra época es la de la emigracién y el exilio. Con la migracién, las nociones de itinerario, de en- cuentro, de proyecto y de frontera ya no tie- nen nada de metéfora. A menudo se destacan con razén los fenémenos que en ocasiones la acompafian: mantenimiento de vinculos con el medio de origen, reconstitucién de solida- ridades sobre una base étnica o confesional en el medio de acogida. Pero esta claro que esto no es en absoluto lo esencial. Lo esencial, si se tiene en cuenta el hecho de que los fenémenos —41- Marc Auge migratorios también son muy importantes en el interior de los continentes que en Occidente tendemos a considerar solo como «exportado- res» de emigrantes (Africa, Asia, Latinoamé- rica), es la amplitud de una desterritorializa- cién generalizada en todo el planeta que afecta, de entrada, a individuos. La migracin es una aventura individual, que corresponde a la frag- mentacion mas o menos acelerada de las socie- dades tal como existian antes de la aparicin del gran fenémeno migratorio consecutivo al fin del periodo colonial. Los migrantes, clandestinos o no, no tienen eleceién: han cortado los puentes, han pasado la frontera y su vida ya no volverd a ser nunca lo que era. Por otra parte, fue para cambiarla por lo que tomaron ese camino: el sentido de su vida solo existe en el futuro. Asi, han enten- dido mejor el mundo actual que aquellos que oe La comunidad ilusoria se inquietan ante su surgimiento y se esfuerzan por conjurarlo evocando sus raices, su cultu- ray sus tradiciones, Ellos se enfrentan a una as fronteras geo- gréficas que tienen que franquear oficialmen- te o clandestinamente, pero también la infinita sutileza de los vinculos que se ven llevados a tejer, de buen grado o de mala gana, con nue- vos partenaires. Ellos son los verdaderos aventureros mo- dernos, los héroes del western planetario en el que los europeos juegan demasiado a menu- do el papel de la muchedumbre espectadora, miedosa, inquieta, que asiste pasivamente al enfrentamiento de los verdaderos actores de la historia. Con ellos habré que construir la democracia del mafiana y defender el bien co- miin contra les derivas totalitarias de todos los origenes. Tienen mucho que ensefiarnos por —~43— Marc Augé poco que todavia seamos capaces de entender y comprender. Por su sola existencia, nos de- muestran que todavia hay fronteras que fran- quear, encuentros que tener y un porvenir para la democracia. ‘Tenemos necesidad de recuperar el sentido del tiempo y de la historia, no solo para luchar contra los ghettos y los enclaves que se desa- rrollan en el planeta bajo el manto de la glo- balizacién, sino también para identificar clara- mente las nuevas fronteras que se perfilan en nuestro horizonte. La ciencia nos invita a vol- ver nuestra mirada hacia los dos infinitos que fascinaban a Pascal. Las fronteras de las otras galaxias, la frontera entre la materia y la vida, trazan el horizonte cientifico del siglo que co- mienza. Pero estas nuevas fronteras son tam- bién el horizonte de la humanidad. Es esencial que su exploracién no concierna solo a una eli- eee La comunidad ilusoria te del saber y el poder, sino que, a largo plazo, una revolucién educativa mundial asocie a to- dos los humanos en esta nueva aventura. ‘Toda educacién digna de este nombre debe- rfa tener por meta y por ideal el atravesamiento de las fronteras y las culturas, el «transcultu- ralismo», no el encierro en una sola tradicién; en el interior de cada individuo es donde la nocién de diversidad cultural adquiere senti- do: el ideal de la revolucién educativa mundial unicamente serd perceptible en el horizonte de la historia humana a partir del dia en que re- sulte concebible poder definir a cada individuo como una sintesis original y tinica de las cul- turas del mundo. 45 —