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Segunda parte de Asi hablo Zaratustra ~ y s6lo cuando todos haydis renegado de mi volveré entre yosotros. En verdad, con otros ojos, hermanos mios, buscaré yo entonces a mis perdidos; con un amor distinto os amaré entonces. Zaratustra, De la virtud que hace regalos (I, p. 127) El nifio del espejo'?? Z aratustra volvié a continuacién a las montafias ya la so- ledad de su caverna y se aparté de los hombres: aguardando como un sembrador que ha lanzado su semilla’®. Mas su alma se llend de impaciencia y de deseos de aquellos a quienes amaba: pues atin tenia muchas cosas que darles. Esto es, en efecto, lo mas dificil, el cerrar por amor la mano abierta y el conservar el pudor al hacer regalos'', Asf transcurrieron para el solitario meses y afios; mas su sa- biduria crecia y le causaba dolores por su abundancia. Una mafiana se desperté antes de la aurora, estuvo medi- tando largo tiempo en su lecho y dijo por fin a su corazon: «3De qué me he asustado tanto en mis suefios, que me he despertado? 3No se acercé a mi un nifio que llevaba un es- pejo? “Oh Zaratustra ~ me dijo el nifio - , ;mfrate en el espejo!” Y al mirar yo al espejo lancé un grito, y mi corazén quedé aterrado: pues no era a mia quien veia en él, sino la mueca y la risa burlona de un demonio. En verdad, demasiado bien comprendo el signo y la adver- 131