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Capítulo 7

La Psicopatología Fundamental de la Esquizofrenia desde el Punto de


Vista Funcional

Aunque hasta ahora han fracasado las tentativas de probar experimentalmente


que la esquizofrenia es originada por perturbaciones del metabolismo cerebral, no hay
duda acerca de la naturaleza endógena y hereditaria de esta psicosis. Y no se puede
negar que son promisorias las investigaciones encaminadas a descubrir el fundamento
neuroquímico de la patogenia del proceso esquizofrénico, trabajo inspirado en muy
diversas hipótesis y proseguido en numerosos laboratorios vinculando la clínica
psiquiátrica y la psicopatología experimental con la bioquímica y la farmacología.
Aparte tales empeños científicos, son el dominio de la práctica del psiquiatra tres clases
de hechos significativos de la somatogenia del desorden esquisofrénico: a) la
producción de psicosis en ciertos sujetos por causa del abuso de la Anfetamina, psicosis
cuyos síntomas no se diferencian en absoluto de una esquizofrenia paranoide; b) la
reactivación de la esquizofrenia en pacientes con remisión incompleta o reciente,
reactivación provocada por el empleo imprudente de diversos fármacos estimulantes,
p.e. el Meratran o la misma Anfetamina; c) el buen efecto de diversos agentes químicos
así como del electrochoque en el tratamiento de la psicosis de que tratamos.

La duda acerca de la unidad nosológica de la esquizofrenia, fundada en diversas


consideraciones, carece totalmente de razón según nuestro criterio. En contra de tal
duda están los hechos siguientes: a) la frecuente presentación de formas mixtas en el
cuadro clínico actual; b) la no rara transición de una forma clínica a otra en el mismo
paciente; c) la manifestación de diferentes formas en la misma familia; d) la gran
frecuencia del mismo síntoma, la delusión, p.e., en las distintas formas de esta psicosis
(Pauleikhoff la verifica en 86% de todos los esquizofrénicos, y Kolle sostiene que existe
en la totalidad). La concepción de Muller-Suur de que la catatonía es somatógena y la
paranoia es psicógena nos parece más que cuestionable. Gracias a estudios
catamnésicos en esquizofrénicos catatónicos verificamos que muchos síntomas que no
se manifiestan de inmediato a causa de estupor, mutismo o negativismo, concuerdan
fundamentalmente con los notorios de la esquizofrenia paranoide. Por otra parte, Gruhle
–un testigo de excepción del caso más conocido con el diagnóstico de “paranoia” –
reconoce que ésta en realidad es esquizofrenia paranoide.

Naturalmente, la aceptación de la unidad de la psicosis no excluye la


investigación de las peculiaridades de cada enfermo. Esta debe ser conducida
concienzudamente y con todos los medios, tratando de comprender el ser de cada
paciente con su biografía y su mundo. Incluso está justificada la aplicación de los
métodos y el arte del análisis existencial (Daseinsanalyse). Ciertamente que en este
encaminamiento no se debe llegar al extremo de la interpretación psicogenética
fantástica, como sucede a algunos autores que practican el análisis existencial. Tampoco
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se debe halagar la desaforada esperanza, como dice von Baeyer, de que sólo el análisis
existencial pueda llenar con un contenido fenomenológico original el ámbito vacío de
nuestra falta de conocimiento de lo endógeno.

Con la exposición de nuestra manera de ver el origen cerebral de la esquizofrenia


y su unidad nosológica ofrecemos el fundamento para la consideración de la
correspondiente psicopatología desde el punto de vista funcional. El concepto de
funcional no es empleado aquí en el sentido de la pura actividad cerebral, sino en el de
la anímica, si bien es absurdo negar la conexión de las perturbaciones psíquicas con las
funciones cerebrales, pues ambos son interdependientes y ambas expresión de la vida.
El hombre nunca es reducible a un fragmento: frente a las funciones alteradas siempre
actúan o son latentes las no alteradas, sujeta la totalidad fisiopsicológica de unas y otras
al gobierno de la vis directrix. De ahí que las perturbaciones no sean siempre definitivas
o absolutas y que en los diversos momentos de la enfermedad no estén presentes todas
ni se manifiesten en la misma forma.

Respecto al conocimiento de la psicopatología de la esquizofrenia deben evitarse


dos extremos igualmente infecundos para la investigación: uno es contentarse con
definir y catalogar los síntomas, el otro consiste en querer descubrir el origen principal
de los mismos en lo psíquico. El primero sólo conduce a una colección de fenómenos,
una suma de datos más o menos incoherente, sin duda indispensable para el
reconocimiento y deslinde clínico de la enfermedad. Por el segundo se cae en el mundo
fabuloso de las interpretaciones psicogenéticas. Para superar la pura descripción
semiológica de la esquizofrenia, sin incurrir en construcciones doctrinarias, es
indispensable profundizar el conocimiento acerca de la psicopatología de esta
enfermedad en sus límites y tratar de descubrir la específica perturbación funcional. Por
lo demás, tal es la enseñanza que se saca del estudio histórico de este problema, como
lo muestra Spoerri. En lugar de conjeturar lo característico de la enfermedad en el
substrato que está detrás de lo patente, debe buscarse, según Spoerri, en “el conjunto de
las manifestaciones esquizofrénicas y en sus correlaciones verificadas
fenomenológicamente”.

Desde comienzos de este siglo se empeñan diversos investigadores en acertar


con semejante perturbación funcional primara. Las principales fórmulas propuestas son
las siguientes: “Discordancia” (Chaslin); “ataxia intrapsíquica” (Stransky); “trastorno
de la integración” (E. Bleuler); “hipotonía de la conciencia” (Berze); “dirección
defectuosa” (Gruhle); “pérdida del contacto vital” (Minkowski); “falta de actividad
propia” o “alteración cualitativa de la determinación de fines del yo” (Kronfeld);
“estrechamiento del arco intencional” (Beringer); “trastorno general de la ejecución”
(Carl Shneider).

Hoy considera Wyrsch la alteración del yo como fundamental en la


esquizofrenia, y observa que en todos los casos agudos y en muchos crónicos se puede
verificar la hipotonía de la conciencia. Por su parte, Winkler y Hafner ahondan el
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conocimiento del desorden esquizofrénico del yo y formulan el concepto de ego


anajoresi, que no sólo hace comprensibles algunos síntomas, sino descubre un aspecto
esencial de la psicopatología de la esquizofrenia. Este concepto significa la disyunción
del yo respecto de ciertos contenidos de la conciencia. En contraposición del autismo,
que entraña la pérdida del contacto con el mundo circundante, la ego-anajoresi es un
proceso intrapsíquico por el cual las vivencias pierden sus normales cualidades activas
y directas respecto al yo. Winkler sostiene que es un caso especial de disgregación y
supone que el contenido de la conciencia no es asimilado por el yo a causa de su
incompatibilidad. No compartimos esta opinión, como tampoco la hipótesis de Hafner,
según la cual la ego – anajoresis se explica como una falta de represión de contenidos
de la conciencia por parte del yo, por lo cual aparecen extraños a éste, desligados de él.

La observación pasiva, dirigida sólo a la espontaneidad del enfermo, no nos


ofrece un esclarecimiento revelador de la índole y de la manera como se producen los
procesos de la mente perturbada del esquizofrénico. En cambio, el diálogo bien
conducido, en el curso del cual se proponen de manera natural cuestiones o problemas
sencillos que pongan a prueba las funciones mentales, como, p.e., la interpretación de
refranes, a menudo evidencia fallas en la aprehensión de algunos elementos de la
materia de que se trata o de la situación en su conjunto. Así se pone de manifiesto una
estructura imperfecta de los actos: la función configuradora del pensamiento es débil o
tropieza con dificultades en el ejercicio de la capacidad de discernir y entender. El
resultado consiste finalmente en la repetición del tema, en substituciones inadecuadas
de conceptos, en tomar la parte por el todo, o en circunloquios sin sentido. Esto ocurre
incluso en pacientes lúcidos que discurres generalmente de manera razonable. Para
poner a prueba la capacidad de rendimientos de éstos se debe recurrir a cuestiones más
difíciles que para los esquizofrénicos comunes.

Zucker y Hubert aplican un método, al que hasta hoy no se le toma en


consideración, método que permite aprehender las fallas del pensamiento
esquizofrénico, cuyos resultados hemos podido confirmar con la información
concienzuda de pacientes expertos en la introspección y la clara descripción de la
experiencia vivida de su enfermedad. El método de los autores mencionados consiste en
plantear a los esquizofrénicos capaces de pesar con representaciones plásticas vivas,
determinadas tareas que los obligan a representarse diversos objetos y proseguir
escenas, principalmente con imágenes visuales y auditivas. El propósito de la
investigación es comprobar cómo funcionan las tendencias determinantes de los actos,
cuyo objeto es el material de datos transitivos (intencionalidad primaria), así como
aquellos cuyo objeto es el propio yo (intencionalidad secundaria).

En el sujeto normal la configuración imaginativa se constituye con los elementos


representativos apropiados, siendo excluídos los inapropiados. En los esquizofrénicos
está perturbado ese proceso de exclusión de los elementos representativos. Con las
pruebas del experimento de Zucker y Hubert se observa en los pacientes una
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transformación de imágenes con extrañas desviaciones de las tendencias determinantes


del acto, alejándose de la meta propuesta: se presentan disgregaciones e interrupciones
que dejan lagunas, las cuales o quedan vacías o son rellenadas con elementos extraños.
Con otras palabras: la intencionalidad, en vez de avanzar y cumplir directamente su fin,
vacila y se descamina en grado variable, de suerte que en el momento de la elección y la
exclusión aborta el acto objetivante desatinadamente respecto al plan inductor.

En concordancia con los hechos conocidos en la clínica, se explica el desorden


de las tendencias determinantes por la dislocación o el descamino del pensamiento, la
pérdida del hilo conductor, y la creación de neologismos y pararrespuestas más o menos
inadecuados. La sustracción del pensamiento con todas sus consecuencias se observa en
esquizofrénicos con fuerte menoscabo de la actividad mental, pero también en los otros;
mientras que el curso del pensamiento sin lagunas llenadas con material extraño, se
observa sólo en aquellos pacientes cuya actividad psíquica está un poco dificultada y
que son claramente conscientes de sus lagunas vacías y de las desviaciones
correspondientes.

Los datos obtenidos con el diálogo, y los resultados que ofrece la aplicación del
método de Zucker y Hubert concuerdan con la información catamnésica que hemos
obtenido de algunos enfermos en los cuales se logró la remisión con pleno recuerdo de
las incidencias de su psicosis. Típica es la forma como un catatónico caracteriza
retrospectivamente la falta de actividad eficaz inherente a la perturbación mental:
“Carencia absoluta de ideas centrales; vale decir; de un sendero definido que recorrer…
A menudo me veía acechado (importunado) por una serie de disgresiones, conceptos
parciales, que si bien contribuían a dar forma (?) al pensamiento, en cambio retardaban
la esquematización en la mente de la ruta a seguir… Me era difícil formular juicios, y
muy raras veces me daba cuenta de lo absurdo de ciertos silogismos… Todas las
preguntas que se me hacían eran incógnitas que me confundían más y más”. Sería falso
objetar que la mente del enfermo estaba inactiva; todo lo contrario, pues él aduce: “Mi
actividad era tanta que no me dejaba tiempo para distraerme, y por eso comía siempre
apurado”.

Si buscamos la particularidad psíquica elemental de los esquizofrénicos más en


contraste con la del hombre normal, a nuestro entender, será lo que llamamos quiebra
de las categorías. Las categorías, formas fundamentales indispensables para la
normalidad de las operaciones del pensamiento y del juste de la mente a la realidad, no
sólo rigen los juicios sino la apropiada aptitud para el logro de la percepción, del
recuerdo, de la imaginación y hasta de la valoración. El examen de los esquizofrénicos
nos revela que ahí donde la mente falla, su contenido aparece más o menos desprendido
de las estructuras formales del espíritu. Entonces lo que en la conciencia es materia de
la intencionalidad no depende ya de categorías, sean de las especiales de tiempo,
cantidad espacio, causalidad, sean, mayormente, de las generales de posibilidad,
realidad o necesidad. Así, la quiebra de las categorías puede ser verificada directamente
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sólo en las funciones perceptivas e intelectuales, como también en las expresiones


verbales; es claro que ello basta para caracterizar lo fundamental del desorden. Pero un
análisis fino revela la posibilidad de su extensión a todos los aspectos de la vida
psíquica.

De ningún modo descartamos que tanto la pérdida de la conexión con el medio


circundante y la interna del yo con el contenido de la conciencia, cuanto la quiebra de
las categorías puedan presentarse igualmente en otras enfermedades; pero en éstas sólo
en forma eventual y limitada, exceptuando aquellos en los cuales existe una
perturbación de la conciencia. A nuestro entender esta verificación es
extraordinariamente significativa por las razones siguientes:

La psicopatología de esquizofrénico no puede ser esclarecida si no se reconoce


que lo fundamental en ella es una impotencia funcional de la conciencia, que hace
incapaz al paciente para adueñarse adecuadamente de las formas de lo real así como del
espíritu objetivo: el órgano de lo psíquico sufre un desmedro que dificulta la estructura
de su actividad causando una ineficacia de la tensión intencional y del poder central que
entraña el yo en la constitución monárquica de la persona.

Es pertinente recordar el claro juicio que formula Nicolai Hartmann acerca de la


perfecta calidad integral de la conciencia normal: “A pesar de la expansividad de su
contenido la conciencia es la totalidad más cerrada que conocemos, no sólo como
<<mundo interior>> según, su manera de ser separado de todo lo demás, que constituye
el <<mundo>>, sino según la manera de determinación de sus actos particulares y de su
contenido particular”. Esto significa que la integridad completiva de la conciencia es
especialmente propia de la vida mental que estudia la filosofía y la psicología, y que son
la pérdida de esa integridad, integrantes, incluso cuando no sea contínua ni se presente
en los diversos fenómenos de su actividad, la función de la conciencia falla en lo
esencial.

Hemos visto que las manifestaciones del esquizofrénico -en la medida que son
esquizofrénicas y no dependientes de las aptitudes normales que el paciente posee aún-
se comprueban disyunciones de muy diverso sentido: 1º del propio mundo interior con
respecto al mundo exterior, 2º del yo con respecto al contenido de la conciencia, y 3º
del contenido mismo respecto a sus formas categoriales. En el primer caso, el autismo,
el mundo interior pierde de alguna manera su abertura al mundo exterior y al mismo
tiempo su consonancia con él, con lo cual se produce una confusión, mayor o menor de
lo subjetivo. En el segundo caso, por la ego - anajoresis el yo pierde contacto eficaz,
ordenador, con los contenidos de la conciencia, no porque se de una mutua
incompatibilidad como cree Winkler –ésta es la consecuencia de hecho, no la causa-, y
tampoco fracase la represión del contenido, como supone Hafner, sino como resultado
de la fundamental disgregación de la conciencia, en cuyo campo los elementos
incompatibles aparecen con la misma “naturalidad” que los compatibles, sin que el yo
muestre la menor tendencia a eliminarlos. En el tercer caso la disyunción va más lejos,
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tiene lugar dentro del contenido mismo de la vivencia, en la forma de quiebra de las
categorías. No se puede dar ninguna pérdida más elemental de la congruencia del
espíritu con los datos representativos de la realidad, pues aquí se pierden las relaciones
forzosas y las diferencias esenciales de la experiencia normal.

Lo que en último análisis distingue la anormalidad de la conciencia de la


esquizofrenia respecto a la de otras enfermedades es el hecho de que no se trata de un
estrechamiento, ni de un entorpecimiento, ni de una forma de anublamiento de la
conciencia, sino de un fino desorden de su función configuradora de la vivencia. Aquí,
aparte de la presentación de otros síntomas de la psicosis que comprometen de distinta
manera el estado de la conciencia, ésta preserva el amplio escenario, y a menudo la
capacidad de orientación, la lucidez y la claridad que le son características. Sin
embargo, no cumple de manera completa y constante su función elemental de mantener
la vida anímica en la cerrada y unitaria conexión del conjunto de su desempeño y de sus
actos particulares. La alteración compromete su actividad misma, respecto a todo lo
concerniente al ajuste del sujeto al mundo exterior, al gobierno monárquico del yo sobre
su mundo propio y a la conformidad de las formas categoriales con lo dado
directamente a la vivencia como objeto o contenido.

Nos parece que es insuficiente la nomenclatura propuesta hasta hoy para las
manifestaciones de esta manera abortiva o frustránea de funcionar la mente, pues
ninguna de las designaciones propuestas incluye lo relativo a la quiebra de las
categorías. Para el desorden en su conjunto, con los tres aspectos señalados,
proponemos el nombre de atelesis, derivado de telos (fin, logro, poder pleno) y
completado con la partícula negativa a.

Resumen

Si bien la esquizofrenia es determinada por un desorden somático, nuestro


conocimiento de ella está fundado esencialmente en los datos psicopatológicos con que
se manifiesta. Tres disyunciones caracterizan la alteración funcional de la conciencia
que le es propia: la disyunción de la vida interior con el mundo externo (autismo), la
disyunción de yo respecto al contenido de la conciencia (ego – anajoresis), y la
disyunción de la conciencia frente a las formas primarias del entendimiento (quiebra de
las categorías). Estas disyunciones son la consecuencia de la desintegración funcional
de la conciencia, a la que caracterizamos con el nombre de atelesis.

Zusammenfassung

Wenn auch die Schizophrenic grundsätzlich durch eine somatische Störung


verursacht wird, so baut sich doch insere Kenntnis über sie aus den
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psychopathologischen Gebenheim auf. Aus diesen geht hervor, daB drei Disjunktionen
charakteristisch sind: die der Innenwelt gefenüber der AuBenwalt (Autismus), die des
Ichs gegenüber der Bewusstsein sinhalten (Ich - Anachorese) und die der Inhalte des
Erlebens gegenüber den elementaren Formen des geistingen Erfassens (Zerfall der
Kategorien). Diese Disjunktionen sind die Folge des funktionellen BewuBtseinszerfalls;
der Autor charakterisiert sie und bezeichnet sie als Atelese.

Summary

It is considered as a principle that schizophrenia rests on a somatosis. However,


what we know about it derives from psychopathologic data. From these one can
conclude that three disjunctions are characteristic of the disease: the disjunction of the
inner from the outer world (autism), the disjunction of the Ego from the contents of
consciousness (Ego - anachoresis) and the disjunction of experimental contents from the
elementary patterns of mental comprehension (decay of categories). These disjunctions
are the result of a functional decay of consciousness; the author wishes to call them
atelesis.

Résumé

Notre connaissances de la schizophrénie ést bàtie essentiellement sur des


connaissances psychopathologiques bien que schizophrénie soit provoquée par
undérangement somatique, Trois disjonctions caractérisent ces connaissances:

Une disjonction de la vie intérieure avec le extérieure, une disjonction du moi


par Rapport au contenu de la conscience el une disjonction de la conscience á l'égard
des formes primaires de l'activité mentale.