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ALUMNO : ABRAHAM APAZA CORONEL

ANALISIS SENTENCIA R.N. N° 2349-2014 – MADRE DE DIOS

a.1 Resumen de los hechos (tesis que se defiende)

La señora Elsa Cjuno Huillca, con fecha 2 de enero de 2008, captó a la adolescente de
iniciales D.R.Q. (entonces de 14 años) en la localidad de Mazuko, Tambopata; y la trasladó
al sector minero de la localidad de Manuani, Mazuko, donde la hizo trabajar en su bar como
dama de compañía. De acuerdo al Ministerio Público, su labor consistía en acompañar “a
los parroquianos que concurrían a dicho local, siendo obligada a trabajar consumiendo
bebidas alcohólicas en beneficio de la procesada Elsa Cjuno Huillca”.

Posteriormente, Elsa Cjuno fue procesada por delito de trata de personas en agravio de
D.R.Q. Mediante sentencia de fecha 14 de mayo del 2014, la Sala Mixta de la Corte Superior
de Justicia de Madre de Dios absolvió a la procesada Elsa Cjuno Huillca, al considerar que
no se produjo una situación de “explotación” en agravio de D.R.Q.

Dicha decisión fue cuestionada por el Ministerio Público mediante un recurso de nulidad
ante la Corte Suprema.

Con fecha 28 de enero de 2016, la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema confirmó
la absolución de la procesada Elsa Cjuno Huillca por los mismos argumentos.

a.2. Razones para defender la posición

Al resolver el Recurso de Nulidad Nº 2349-2014, la Sala Penal Permanente concluyó que


si bien el delito de trata de menores no exige que el autor utilice violencia, amenaza o
cualquier otra forma de coacción o engaño para la captación de la víctima, sí es necesario
que esta sea destinada para fines directos de explotación sexual o laboral.

En el caso concreto, la Sala Suprema dijo que no concurría la finalidad de explotación


sexual porque la propia agraviada había declarado que la procesada le sugirió tener sexo
con clientes en una única oportunidad.

Además, según la instancia, la explotación laboral no se determina únicamente por la


cantidad de horas trabajadas, sino por el desgaste físico que produzcan en la persona
agraviada. Y, si bien la Sala reconoció que las horas de trabajo excedían las condiciones
normales, también concluyó que el hacer de dama de compañía dedicada solamente a
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beber con los clientes no podría considerarse una labor agotadora. Con estos principales
argumentos, confirmó la sentencia absolutoria.

a.3. Puntos en contra

El artículo 2 inciso 24 literal d de la Constitución Política de 1993 establece que: “Nadie será
procesado ni condenado por acto u omisión que al tiempo de cometerse no esté
previamente calificado en la ley, de manera expresa e inequívoca, como infracción punible;
ni sancionado con pena no prevista en la ley”. A su vez, el artículo II del Título Preliminar
del Código Penal vigente señala que:“Nadie será sancionado por un acto no previsto como
delito o falta por la ley vigente al momento de su comisión, ni sometido a pena o medida de
seguridad que no se encuentren establecidas en ella”.

Ambos artículos consagran el principio de legalidad en materia penal que, básicamente,


exige que los delitos estén contemplados en la ley para que puedan ser aplicados a los
ciudadanos. En esa medida, garantiza la prohibición de la aplicación retroactiva de la ley
penal (lex praevia), la prohibición de la aplicación de otro Derecho que no sea el escrito (lex
scripta), la prohibición de la analogía (lex stricta) y de cláusulas legales indeterminadas (lex
certa)1.

Con mayor detalle, en el caso del principio de lex certa, el Tribunal Constitucional, en la
sentencia recaída en el Exp. N° 0010-2002-AI/TC, señaló que el principio de legalidad exige
no solo que por ley se establezcan los delitos, sino también que las conductas prohibidas
estén claramente delimitadas en ella. Esta garantía –conocida también como mandato de
determinación– prohíbe la promulgación de leyes penales indeterminadas, tal como lo exige
la Constitución al señalar que la tipificación previa de la ilicitud penal sea “expresa e
inequívoca”. No obstante, el máximo intérprete de la Constitución hace una precisión:

“(…) Esta exigencia de lex certa no puede entenderse, sin embargo, en el sentido de exigir
del legislador una claridad y precisión absoluta en la formulación de los conceptos legales.
Ello no es posible, pues la naturaleza propia del lenguaje, con sus características de
ambigüedad y vaguedad, admiten cierto grado de indeterminación, mayor o menor, según
sea el caso. Ni siquiera las formulaciones más precisas, las más casuísticas y descriptivas
que se puedan imaginar, llegan a dejar de plantear problemas de determinación en algunos
de sus supuestos, ya que siempre poseen un ámbito de posible equivocidad. Por eso se ha

1
STC Exp. N° 01469-2011-HC/TC, fundamento jurídico 5
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dicho, con razón, que ‘en esta materia no es posible aspirar a una precisión matemática
porque esta escapa incluso a las posibilidades del lenguaje”.

Por ende, la certeza de la ley es perfectamente compatible, en ocasiones, con un cierto


margen de indeterminación en la formulación de los tipos, siempre y cuando permita al
ciudadano conocer qué comportamientos están prohibidos y cuáles están permitidos.

De hecho, este es el aspecto medular de la ejecutoria suprema bajo análisis: la


interpretación del término “explotación” en el marco del delito de trata de personas. Como
se advierte, este concepto constituye un elemento normativo que admite un amplio margen
de apreciación, lo que no quiere decir que no se pueda concretar. Sin embargo, otra es la
pregunta que surge: ¿la definición dada por la Corte Suprema del término “explotación” es
adecuada de cara a la lucha contra la trata de personas en el Perú?.

2. Posición

Partiendo que desde el poco análisis y fundamentos que motivan la resolución judicial,
materia de análisis, y el carácter restrictivo que ésta tiene, mi posición es en contra de dicho
fallo.

Los argumentos son puesto que la sala Suprema asume un concepto muy restrictivo de la
palabra “explotación”, no atiende a la condición de menor de edad de la víctima y, trivializa
la actividad de “dama de compañía” como forma de explotación sexual.

En el primer caso i), la Sala Penal Suprema establece que el concepto de explotación
laboral, como elemento del delito de trata, requiere no solo un aprovechamiento de la
víctima, sino además que la actividad que realice la agote físicamente. Al respecto, de
acuerdo a los diversos métodos de interpretación de la norma penal (literal, histórico,
sistemático, teleológico), se concluye que el concepto “explotación” no exige el agotamiento
de la víctima como uno de sus elementos, sino que apuesta más bien por una interpretación
de carácter extensivo. Ello evidencia que la interpretación realizada por la Sala Penal
Suprema tiene carácter restrictivo, lo que puede generar impunidad en la medida en que no
contemplaría todos aquellos casos en los que existe un claro abuso de la víctima, aunque
no se evidencie el cansancio de esta por la actividad realizada, como ocurre, por ejemplo,
con la mendicidad. Pero más preocupante es el hecho de que la Sala Penal Suprema haya
omitido toda consideración de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la
víctima por su propia condición de menor de edad, lo que es vital en estos casos
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ii) Recordemos que, como es de conocimiento público, las cifras internas indican que en el
Perú la mayor cantidad de víctimas de trata de personas son niños, niñas y adolescentes.
En ese sentido, el razonamiento de la Corte Suprema desconoce: a) diversos instrumentos
internacionales y normas internas que establecen una mayor protección a niños, niñas y
adolescentes, especialmente en situaciones de trata y explotación (obligación de protección
especial de niños, niñas y adolescentes); y b) el principio del interés superior del niño, que
exige asignar el sentido interpretativo a las normas que favorezca en mayor medida los
derechos de las personas menores de edad. Siguiendo estos criterios, se concluye que la
adolescente D.R.Q. ha sido explotada laboralmente, por lo que el delito de trata de personas
en agravio de una menor de edad sí se configura en el presente caso.

Finalmente, con respecto a la poca importancia que le brinda la Sala Penal Suprema a la
labor de “dama de compañía” iii) a partir de una interpretación extensiva del concepto
“explotación sexual”, es posible afirmar que dicha actividad ya constituye una forma de
explotar sexualmente a la víctima, en la medida en que implica atraer clientes para que
consuman alcohol, valiéndose de su cuerpo, con la posibilidad de sufrir tocamientos. Queda
claro entonces que existen otras formas de explotación sexual, más allá de la prostitución
forzada. Esta situación se agrava cuando la víctima es menor de edad, como ocurrió en el
presente caso. Por ello, y en contra de lo señalado en la ejecutoria bajo comentario,
consideramos que también se habría configurado el delito de trata de personas con fines
de explotación sexual.