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Cuando se habla de inteligencia emocional, esta se define o refiere a la capacidad de

conocer lo que se siente o se hace, tanto para con uno mismo, como a su vez con los
demás; en palabras simples, se definiría como autocontrol y empatía en las habilidades
sociales.

También se conoce como inteligencia emocional la capacidad de poder comprender o


ponerse en el lugar de otra persona, y de esta manera generar lazos afectivos y/o de
respeto, los cuales sirven para poder desarrollar una buena relación entre pares. Además
también es definida como un conjunto de habilidades, actividades y competencias que
determinan el comportamiento y reacciones de un individuo, destacando su estado de la
mente y formas de comunicación.

Históricamente, la inteligencia se ha medido por el nivel de Coeficiente Intelectual, el cual


se emplea para medir el potencial de éxito en los estudios y en la vida profesional y
laboral; pero este mismo se convirtió en una herramienta obsoleta, ya que sólo interviene
en un 20% de factores que determinan el éxito y, el 80% restante está vinculado a los
factores referidos a la Inteligencia Emocional.

En la actualidad la inteligencia emocional ya no es tema aislado en las conversaciones, y


más aún en el ámbito laboral, destacando de esta manera la importancia de contar con un
psicólogo en las organizaciones, o realizando talleres los cuales tienen por objetivo la
integración de sus colaboradores, plana ejecutiva, lineamiento horizontal, grato ambiente
laboral con un destacado y verdadero trabajo en equipo, como además liderazgo positivo.

La inteligencia emocional en la organización tiene como objetivo controlar las causas de la


inestabilidad laboral, rotación de personal, capacidad de la jefatura en recuperar y motivar
a los colaboradores que no rinden y además destacar el potencial del colaborador en
llevar una vida satisfactoria, dando tal estabilidad se reflejará en todos sus roles del diario
vivir.

La motivación que se debe ofrecer a los colaboradores debería estar referida a 3 ítems
importantes, como lo son:

 Extrínsecos: Prestigio, reconocimiento y gratificación monetaria.


 Intrínsecos: Goce en el desarrollo de su trabajo y ambiente de trabajo.
 Trascendente: Relaciones con los demás respecto a la labor que uno desarrolla.

De los antes mencionados, los 2 últimos son los de mayor trascendencia para la relación
colaborador-organización, dado que generan un mayor compromiso y sensación de
pertenencia al momento de adquirir desafíos y/o responsabilidades, sucediendo de esta
manera una competencia y rendimiento positivo respecto a sus nuevas metas.
Toda organización que se adhiere a un pensamiento y compromiso emocional, genera un
cambio en el clima laboral, dado que está demostrando que su éxito como organización
no sólo es medible por cifras financieras positivas, sino también por el creer en su equipo
de trabajo, fortaleciendo así la moral y energía de los mismos. No basta con ser un buen
profesional con alto grado académico, si no se es un persona integrativa en sus destrezas
emocionales.

Muchas organizaciones, una vez que detectan la importancia en el reconocimiento de las


destrezas de sus colaboradores, es que emplean técnicas de motivación e integración,
siendo alguna de éstas: reconocimiento empleado del mes, saludo y celebración de
cumpleaños semanal y/o mensual, convenios con centros de entretención o gimnasios,
actividades de aniversario con integración de la familia, entre otros. Todos los antes
mencionados, incrementan el buen ambiente laboral, destacando de esta manera la
inteligencia emocional en las habilidades sociales y empatía.

Tomando como referencia todo lo ya plasmado, es que considero la inteligencia


emocional en la organización un método clave para el éxito de esta, ya que si no se
cuenta con el personal adecuado, tanto en competencias académica/técnicas como
humanas, no se podrá dirigir hacia ningún horizonte con resultados positivos. El trabajo en
esta área debe iniciar desde las jefaturas, ya que el cambio de mentalidad y actuar con
sus pares debe estar desde los cargos más altos, y es ahí donde podremos empezar a
hablar de líderes y no de jefes.

La inteligencia emocional además debería ser impartida y desarrollada desde que uno se
encuentra pequeño, ya que de esta manera será más fácil la habilidad de desarrollo social
y además generará mejores resultados en cualquier tipo de comunicación que quiera
ofrecer. Podría considerarse como una materia fundamental en la etapa educacional de
formación, puesto que potenciaría las destrezas creativas, capacidad de solidaridad,
ampliar conocimientos y empatías, contribuyendo al estar inmerso en el concepto de
trabajo en equipo y no costándonos así en un futuro para su vida laboral y desarrollo
personal.

Hoy en día, esta nueva capacidad en desarrollo se debería priorizar, no sólo para ser
mejores trabajadores, mejores amigos, vecinos, compañeros u otros, sino más bien para
que este nuevo concepto nos ayude a hacernos sentir mejor como persona, estando más
en armonía con nosotros mismos, y manteniendo una buena relación interior. Todo esto
nos ayudará a lidiar de mejor manera con los diversos tipos de personas que se crucen en
nuestro destino, dado que las personalidades de cada uno tiene demasiados contrastes,
por lo que nos permitirá comprender de mejor manera, llevándonos a vivir en equilibrio
con nuestro medio.