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El desafío del conocimiento. Investigación


cualitativa en salud

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Maria Cecília de Souza Minayo


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Maria Cecília de Souza Minayo

El Desafío del Conocimiento


Investigación Cualitativa en Salud

Novena Edición
Revisada y ampliada

1
Dedicatoria y Agradecimientos

A Carlos, compañero en todas las dificultades, de todas las horas, de todos los días, de todos los
proyectos y de todas las realizaciones. A quien agradezco también la revisión final de este libro.

En memoria de Deborah, hija querida que nos acompaña con su luz y su amor.

A Christiana y Miryam, hijas queridas, libres para ser y para volar, con las cuales comparto
crecimiento, amor y esperanza.

A las compañeras y a los compañeros del CLAVES, donde aprendo a convivir, compartir, dividir y
multiplicar experiencias de trabajo en equipo, producir investigaciones, diseminar conocimientos,
servir a la sociedad y cultivar amistades.

A mis orientandos y orientandas de maestría y doctorado de la Fiocruz con quienes comparto


conocimientos, indagaciones, descubrimientos y proyectos de vida.

A Danúzia de Paula y a Marcelo Pereira que me ayudaron mucho en los aspectos técnicos finales
de este trabajo.

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Índice
Presentación

Capítulo 1
Introducción al Desafío del Conocimiento

Parte I
Conceptos básicos sobre metodología y sobre abordajes cualitativos

Capítulo 2
Metodología de investigación social y en salud

Capítulo 3
Contradicciones y consensos en la combinación de métodos cuantitativos y cualitativos

Parte II
Teoría, Epistemología y Métodos: Caminos del pensamiento

Capítulo 4
Corrientes de pensamiento

Capítulo 5
Modalidades de abordajes comprensivos

Parte III
Construcción del proyecto de investigación: Fase exploratoria

Capítulo 6
Conceptos para la operacionalización de la investigación

Capítulo 7
Proyecto de investigación

Capítulo 8
Construcción de los instrumentos y exploración de campo

Parte IV
Trabajo de campo: teoría, estrategias y técnicas

Capítulo 9
La palabra, interacciones y representaciones sociales

Capítulo 10
Técnicas de investigación

3
Parte V
Fase de análisis del material cualitativo

Capítulo 11
Técnicas de análisis del material cualitativo

Capítulo 12
Triangulación de métodos cuantitativos y cualitativos

Capítulo 13
Acerca de la validez y verificación en la investigación cualitativa

Conclusiones

Referencias

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Presentación

En esta edición busco actualizar y ampliar las ocho versiones anteriores de El desafío del
Conocimiento. Nada hace mayor justicia al nombre de este trabajo, que el desafío de ponerlo al día
con mi propia maduración, con los avances de la teoría de la ciencia que tuvieron lugar en ese
período y con la producción intelectual en el campo de la investigación cualitativa, principalmente,
de la investigación cualitativa en salud. Fue muy difícil reformar el texto. Al hacerlo entendí el
sentido del término revolución: pues habría sido más sencillo dejar todo y comenzar de nuevo.
También me comprendí mucho más a mí misma y las cosas que vengo diciendo y escuchando
sobre la cuestión de la inexorable historicidad de todo lo que es humano. Pues, aún en una obra en
la que, explícitamente, se habla del lado estandarizado y operativo de cómo hacer ciencia, sentí
mucho el peso, la levedad y la fugacidad de los cambios.
El lado bueno de esta experiencia de revisión fue el descubrimiento de que yo también
maduré, actualizándome con el tiempo, produciendo síntesis más elaboradas, gracias al impulso
de las investigaciones permanentes e incontables desarrolladas individualmente o en colaboración
con los investigadores e investigadoras del Claves (Centro Latinoamericano de Estudios sobre
Violencia y Salud) el centro de investigación donde me encuentro dentro de la Fiocruz. Es
importante resaltar que en ese proceso de crecimiento, vienen contribuyendo mucho mis
orientandos de maestría y doctorado con quienes es más lo que aprendo que lo que enseño.
La elección de nuevas citas para este libro ha sido un dilema. Mi preocupación se centraba
en que las investigaciones cualitativas crecieron exponencialmente en estos doce años en Brasil y
en el mundo, y no podría trabajar con todas las referencias hoy existentes y disponibles, a no ser
haciendo una revisión crítica de la producción. Decidí que no sería este mi papel, en este libro, ya
que presentar una revisión significaría un volumen de trabajo inmenso y escaparía a lo objetivos de
la obra. Elegí referenciar tan sólo las obras que ayudaran a la argumentación del trabajo. Sin
embargo, quiero expresar mi satisfacción al constatar el crecimiento en número y en rigor de los
trabajos empíricos y de los marcos teórico-metodológicos de tantos estudios.
En esta presentación esbozaré algunos pensamientos sobre las transformaciones
históricas y sociológicas que contribuyeron finalmente al perfeccionamiento de las formas, el
sentido y la ética de la investigación en el mundo contemporáneo. Aún siendo esta una obra
volcada al desarrollo de metodologías y prácticas teóricas, pensé que al lector le interesaría discutir
los desafíos del campo de la ciencia y de la tecnología que se transformaron en los más
importantes factores productivos y de generación de riqueza en el mundo actual. A ese contexto lo

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denomino lado externo de la ciencia. El lado interno, que corresponde a una jerga específica y la
torna pasible de ser reconocida y apropiada en todo el mundo, es el objeto de este libro.
El lado externo de la ciencia al que me refiero, es movido por los cambios en los procesos
productivos y de trabajo en todos los sectores, cambios que indudablemente son impulsados hoy
por la ciencia y facilitados por la llamada revolución de la micro-electrónica y por todo el complejo
informacional-comunicacional.
Es muy ingenuo pensar que, en una época de tan aceleradas transformaciones y que
abarcan a las dos categorías fundamentales del pensamiento humano, espacio y tiempo, el mundo
universitario y de las instituciones de investigación podrían permanecer intactos. Lo paradójico de
esta situación, sin embargo, proviene del hecho de que los cambios aceleradores del desarrollo
provienen exactamente del campo de la ciencia y de la tecnología, cuya dinámica promueve el
surgimiento de las innovaciones en los mercados de capital, trabajo, bienes y servicios. A su vez,
ese mercado de alguna forma globalizado o intensamente internacionalizado e interdependiente,
exige readaptaciones en los modos de hacer ciencia, tanto en los procesos metodológicos, por
ende internos a la producción científica, como en las situaciones y condiciones de trabajo que se
refieren al perfil de los investigadores y de las instituciones, a las formas de organizar, de financiar,
de hacer y de evaluar la investigación.
Esas transformaciones se intensificaron en las dos últimas décadas del siglo XX y se van
transformando en praxis en el siglo XXI. La introducción de nuevas tecnologías, materias primas y
formas de organización de la producción no sólo están remodelando las bases materiales de la
sociedad, sino que además van redefiniendo las relaciones entre la economía, el Estado y la
sociedad. La principal repercusión de tales procesos en el campo de la ciencia es que sus avances
ya no ocurren más a través de incrementos graduales en una disciplina científica determinada,
sino, casi siempre y cada vez más, a través de la solución de problemas complejos que atraviesan
a las diferentes disciplinas. Esos cambios movilizan todos los elementos de las fuerzas productivas
y de las relaciones de producción del campo científico: los investigadores con sus requisitos
especiales de formación y condiciones de trabajo; los nuevos instrumentos teórico-metodológicos
que deben ser incorporados y las células físicas y singulares que son las unidades de investigación
(Pellegrini, 2000).
Una expresión de la capacidad de adaptación del sector, y que aparece como tendencia de
los grupos e instituciones más dinámicos, es la nueva modalidad del trabajo en red y en
cooperación diversificada, juntando, frecuentemente, diferentes unidades de una misma institución,
diferentes universidades, institutos de investigación, grupos de consultorías y empresas de un país
y de diversos países, que pasan a organizarse alrededor de un campus (real y virtual) y establecen
relaciones entre sí, de acuerdo con sus intereses, en proyectos específicos y sobre temas
considerados relevantes para cada uno de ellos.
En ese ambiente, denominado por algunos, “sistema de producción de conocimiento
socialmente distribuido”, (Pellegrini, 2000) la universidad y los centros de investigación

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tradicionales son cuestionados y desafiados en su performance, siendo llamados a evolucionar
desde una situación de institución cerrada en sí misma y sobre su propia productividad, para
transformarse en un núcleo irradiador de relaciones y de construcción del conocimiento. Las
nuevas tecnologías de información y comunicación hacen viable una organización del trabajo más
ágil en el tiempo y en el espacio, asegurando la fluidez de las relaciones entre los participantes de
los proyectos, generalmente coordinados por un grupo bajo el liderazgo de investigadores
experimentados. Se crea así una modalidad nueva de “universidad”, en el sentido literal del
término, que funciona dentro de un conjunto de pluralidad de personas, de lugares, y de realidades
presenciales y virtuales. Pero esa nueva dinámica tiende a romper las barreras de los
departamentos, de las disciplinas y, también, a poner en jaque la idea de carreras tradicionales
regulares y de estabilidad laboral, interfiriendo, muchas veces negativamente, en las relaciones de
trabajo.
En todas las épocas históricas, la sociología de la ciencia puso en evidencia a aquellas
disciplinas que lideraron los procesos de cambio. Hoy, dos áreas marcan la dirección de las
transformaciones posmodernas: la llamada “nueva biología”, principalmente en las especialidades
que se construyen en torno a la genética; y todo el campo de las ciencias de la computación que
se constituye en la extensa vía por donde pasan la mayoría de las posibilidades de innovaciones.
Las nuevas formas de hacer ciencia en esas áreas fueron acuñadas con el epíteto de “big
science”, cuyas características principales son: (1) un conocimiento construido de manera
coordinada y cooperativa involucrando a un gran número de investigadores y de centros de
investigación; (2) un proceso liderado por algún centro, universidad o empresa, en torno al cual se
congrega un número de investigadores seleccionados y diferenciados; (3) uno o algunos
investigadores forman la base del proyecto y lo coordinan, (4) una relativización de los espacios
fijos, pues el proyecto puede estar en cualquier estado del país o en cualquier parte del mundo,
con sede en cualquier universidad o instituto que ofrezca apoyo o soporte para realizarlo, (5) la
inclusión de personas y grupos de investigación de los más diversos niveles, incorporando, por lo
tanto, a jóvenes investigadores y grupos emergentes.
Las nuevas modalidades del proceso de trabajo investigativo que van paulatinamente
configurándose, innovan también en la gestión científica, en la medida en que socializan tareas,
descentralizan actividades de coordinación y responsabilizan a todos los que acepten participar de
los procesos. La producción dentro de la modalidad “big science” tiene metas bien definidas entre
todos los participantes y plazos para la presentación de resultados, ya preestablecidos en el
proyecto inicial. La forma de comunicación privilegiada es la virtual, congregando a personas y
grupos en tiempo real. Los productos son cooperativos y los créditos por el trabajo son socialmente
distribuidos, aunque de forma jerarquizada por mérito.
Desde el punto de vista interno de la producción del conocimiento, la ampliación de las
posibilidades aportadas por el modelo “big science” disuelve, en la práctica, la antigua dicotomía
entre ciencia básica y ciencia aplicada, pues se crean cada vez más estrategias que apuntan a

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articular procesos de investigación con el desarrollo tecnológico y de la producción. La disyuntiva
entre “ciencia para comprender”, “ciencia para explicar” y “ciencia para aplicar” paulatinamente va
sustituyéndose por el concepto de investigación estratégica (Pellegrini, 2000), que según Bulmer
(1978), significa la ejecución de investigaciones que asocian el desarrollo de conceptos básicos,
con estrategias interdisciplinarias y de aplicación, tanto para la formulación de políticas públicas
como para la creación de instrumentos de innovación tecnológica.
En ese contexto de transformaciones, el papel del Estado, como único agente financiador
en diálogo exclusivo con la comunidad científica, se relativiza, incluso siendo el mayor sostenedor
del desarrollo de la ciencia en todo mundo. Cada vez más, colegas tanto del universo empresarial
como de la sociedad civil son convocados a participar, junto al Estado, del financiamiento, de la
discusión de las propuestas y de la aplicación de los resultados. De este modo, la ciencia es
asumida como actividad que interviene en la dinámica social, debiendo definir sus prioridades de
forma colectiva y pública.
También se replantea, en tales circunstancias, el sentido de la formulación de prioridades.
El tema de las “prioridades en investigación” fue siempre un tabú en el ámbito de la ciencia
tradicional, como si las instituciones científicas existiesen por encima e independientemente de la
sociedad. La nueva forma de hacer ciencia plantea la cuestión de que no sólo los científicos deben
formular prioridades, sino que deben estar abiertos a un conjunto de actores, en espacios que
faciliten la formación de consensos.
Por último, se crea la necesidad de rever la economía interna del campo de la
investigación, reflexionando sobre opciones metodológicas que respondan a los desafíos
planteados por las transformaciones. Específicamente en el área de la salud, algunos de esos
desafíos pueden ser puntualizados: (a) la necesidad de construir una apertura hacia modelos de
“investigación por problemas”, que rompan la lógica unidisciplinaria y adopten estrategias inter y
transdisciplinarias. Esas estrategias deben ser entendidas como la construcción de posibilidades
de transitar por campos de conocimientos distintos. Está claro que tal apertura tiene como
precondición de efectividad, la cooperación y el diálogo entre investigadores de áreas distintas, en
todas las etapas de una investigación (Minayo, 2003; Minayo et al.2005). (b) La construcción de un
pensamiento complejo, que actúa en la búsqueda de interacciones e interconexiones entre
conceptos, nociones y métodos de las diversas disciplinas y de las relaciones entre el todo y las
partes que un tema específico representa (Minayo & Minayo-Gomez, 2003). (c) La apertura hacia
el trabajo colectivo, tomando la pluralidad de pensamiento y de experiencias como elementos de
enriquecimiento del grupo (Minayo, Assis & Souza, 2005). (d) Finalmente, la articulación de los
conocimientos generados a través de las prácticas, volcadas hacia las necesidades concretas de la
población (Pellegrini, Almeida Filho & Trostle, 1998).
En la dinámica contemporánea del campo científico surgen nuevos problemas. Entre los
más graves, están las embestidas de las empresas privadas –dado que la ciencia y la tecnología
se transformaron en el factor de producción más codiciado– apuntando a la “mercantilización” de

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las actividades de investigación sobre temas cuyos descubrimientos son potencialmente muy
lucrativos. Los patrones de competitividad entre los países, pasan a basarse en el dominio de
nuevas tecnologías, llevando a que los resultados de las investigaciones sean privatizados desde
la concepción misma de la investigación, sobre todo a través de contratos cerrados, por ejemplo,
entre una universidad y una empresa. Esa dinámica del mercado, potencializada por los
mecanismos internacionales de protección a la propiedad intelectual, termina monopolizando el
conocimiento y dificultando las posibilidades de una transferencia que apunte al bien común. Hoy
se observa o se opera, el establecimiento de esquemas de alianzas entre países y empresas para
el acceso a las innovaciones y la constitución de megamercados, cuya lógica es buscar recuperar
rápidamente la inversión realizada, a través de productos y procesos altamente lucrativos. A su
vez, dado el alto valor de los conocimientos científicos como fuerza productiva, en una
contradicción ineludible, los productos generados, rápidamente se tornan obsoletos.
En consecuencia, los procesos de inversión privada y estatal de los países desarrollados,
comparados con la escasa inversión de los países subdesarrollados, están favoreciendo el
aumento de las desigualdades científicas y tecnológicas. Castells (1998) señala que hubo una
formidable aceleración del desarrollo provocada por la liberación de las fuerzas productivas
generadas por las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, la consolidación de la pobreza extrema.
En este momento histórico en que ciencia y tecnología son las mayores fuentes de
agregación de valores, fue preciso que, en una Conferencia Mundial en Budapest, en 1999, la
UNESCO y el Consejo Internacional para la Ciencia reunieran a científicos del mundo entero para
establecer algunos parámetros éticos de acción del sector a través del lema “Ciencia para el Siglo
XXI: Un Nuevo Compromiso”. El principal diagnóstico de los científicos que participaron de ese
evento es que el futuro de la Humanidad dependerá cada vez más de que la producción,
distribución y utilización del conocimiento científico sean equitativas. Por lo tanto, sería importante
y urgente que la comunidad internacional realizase inversiones específicas, en ese sentido, en los
países subdesarrollados. En las conclusiones de ese evento fueron consensuadas algunas
afirmaciones: (a) la ciencia debe estar al servicio de toda la humanidad; (b) la ciencia debe
contribuir a un conocimiento más profundo de la naturaleza y de la sociedad; (c) la ciencia debe
contribuir a la calidad de vida y a crear un ambiente saludable para las generaciones presentes y
futuras (UNESCO & ICSU, 1999).
A pesar de los elementos contextuales, fuertemente marcados por los cambios globales en
cuanto al financiamiento y las formas de gestión científica, es necesario recordar que la mayoría de
las dificultades vividas en el medio científico contemporáneo se deben a problemas de orden
microinstitucionales y psicosociales. Estas se configuran en forma de resistencia a los cambios
concretos, por parte de las instituciones y de los investigadores. El miedo de ponerse al día, el
temor a lo desconocido, el conservadurismo por convicción o por comodidad están presentes en
las instituciones más tradicionales que se rigen por patrones muy rígidos de organización de la
producción del saber, generalmente construidos sobre prácticas unidisciplinarias. En la mayoría de

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los casos, esas configuraciones tienden a profundizarse. Los cambios son vistos como modismos,
como “olas del libre mercado”, desconociéndose lo que frecuentemente está en juego: las
dificultades culturales y mentales del aggiornamento. Por ejemplo, en lugar de una búsqueda de
organización en función de la misión de generar conocimientos, hoy, muchas universidades y
centros de investigación en Brasil se pierden en la gestión del exceso de cuerpos colegiados, de
comisiones y de consultas internas. En los países en desarrollo, las dificultades institucionales de
cambio, generalmente vienen produciendo como consecuencia, en lugar de una capacidad de
respuesta a los desafíos actuales de la Ciencia & Tecnología, la exagerada politización de
cualquier decisión, la burocratización de los procesos y la reproducción de los intereses
corporativos (Pellegrini, 2000). Predomina en ellas el instinto de autopreservación, (disfrazado de
democratismo) frente al miedo de dar los pasos para los cambios necesarios.
Para terminar, resumo las dos ideas principales aquí tratadas. La primera: el hacer
investigación constituye un proceso de trabajo complejo que envuelve teoría, método,
operacionalización y creatividad. Ese nivel de actuación metódica y universal, al permitir la
comparación de procesos y de resultados, transformó a la Ciencia en la forma de conocimiento
más legitimada en la sociedad moderna. La segunda: ser investigador es también estar integrado
al mundo: no existe conocimiento científico por encima o por fuera de la realidad. Incluso un tema
tan árido como el método de investigación, está altamente articulado con el contexto social e
histórico. No existe “una metodología” interna que pueda eximir al investigador de los significados
actuales, para bien o para mal, del concepto de la Sociedad del Conocimiento. Los grupos y las
personas están bajo la mira de un desafío: o experimentan vuelos de águilas o se contentan con el
conservadurismo que corroe la energía de las instituciones.

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Capítulo 1
Introducción al desafío del conocimiento

“La última cosa que se encuentra al hacer una obra es lo que se debe
colocar en primer lugar” (Pascal, Pensée, frase nº 19, 1978) pues “siendo
entonces todas las cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes,
mediata e inmediatamente, y todas relacionándose por un vínculo natural
e imperceptible que vincula las más distantes y más diferentes, creo que
es tan imposible conocer las partes sin conocer el todo, como conocer el
todo, sin conocer particularmente las partes “ (Pascal, B. Pensée, frase nº
73, 1978).

Existe dentro de la dialéctica tan bien expresada por Pascal y citada en el epígrafe que
introduce el presente trabajo, una propuesta teórico-metodológica para el abordaje cualitativo de
las relaciones sociales que informan al campo de la Salud. Aunque poco a poco la problemática se
va desdoblando, este estudio se organiza dentro de algunos puntos fundamentales que recorren al
conjunto de las cuestiones tratadas, como ser: la naturaleza de lo social; las relaciones entre
individuo y sociedad; entre acción, estructura y significados; entre sujeto y objeto; entre hecho y
valor; entre realidad e ideología y la posibilidad del conocimiento, visto bajo el prisma de algunas
corrientes sociológicas.
Al constituirse en un trabajo sobre metodología, es a partir de ese ángulo que la
problemática citada toma cuerpo, y se explicita en los diferentes niveles del abordaje de la realidad,
abarcando la discusión de los métodos y técnicas de investigación. Focalizándome en la cuestión
metodológica, intento introducir algunos ejes de reflexión, explicitando el camino seguido. Toda la
problemática aquí abordada tiene como espacio privilegiado de interrogación, la práctica de
investigación, a la que me refiero como la actividad fundamental en la producción del conocimiento.
En realidad este estudio está atravesado por la problematización de los conceptos
usualmente empleados para la construcción del conocimiento y por una teorización sobre la
práctica de investigación, entendiéndose que ni la teoría ni la práctica están exentas de intereses,
de preconceptos y de incursiones subjetivas. Como advierte Bourdieu (1972), “la teoría de la
práctica que aparece como condición de una ciencia rigurosa de las prácticas, no es menos
teórica” (Bourdieu, 1972, p. 157). El privilegio presente en toda actividad teórica, supone un corte
epistemológico y un corte social y ambos gobiernan sutilmente esa realidad (Bourdieu, 1972), por
lo tanto, cualquier investigador debe cuestionar los supuestos inherentes a su cualidad de
observador externo que importa hacia el objeto, los principios de su relación con la realidad,
incluyendo sus propias relevancias.
Dentro de ese espíritu, intento trabajar el concepto de Metodología, huyendo, por un lado,
de aquellos abordajes solamente teóricos que no llegan a enfrentar la práctica de la investigación;

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por otro lado, de aquellas concepciones que consideran la labor de la investigación como una
tecnología neutra, imparcial, a ser dominada y adaptada indistinta e independientemente por los
supuestos teóricos que la sustentan.
El objeto principal de discusión son las Metodologías de Investigación Cualitativa,
entendidas como aquellas capaces de incorporar la cuestión del SIGNIFICADO y de la
INTENCIONALIDAD como inherentes a los actos, a las relaciones, y a las estructuras sociales,
siendo estas últimas consideradas, tanto en su advenimiento como en su transformación, como
construcciones humanas significativas.
La introducción de esa definición incorpora consecuencias teóricas y prácticas en el
abordaje de lo social. La primera de ellas es una interrogación sobre la posibilidad de considerar
científico o no un trabajo de investigación que, al tener en cuenta los niveles más profundos de las
relaciones sociales, no puede operacionalizarlos en números y variables, criterios usualmente
aceptados para emitir un juicio de verdad en el campo intelectual. No obstante, esa cuestión remite
a las propias entrañas del positivismo sociológico que tan solo reconoce como ciencia la actividad
“objetiva”, capaz de trazar las leyes y las regularidades que rigen los fenómenos, menospreciando
los aspectos llamados “subjetivos”, imposibles de ser sintetizados en datos estadísticos. Sin
embargo, el propio positivismo intenta trabajar la “cualidad de lo social“. Sea buscando
sustantivarlo en variables. Sea a través del estructural-funcionalismo, focalizando los productos de
la interacción social como componentes funcionales de la realidad. Sea tratándolos como
entidades pasibles de estudio, independientemente de estar constituida por individuos.
De este modo, el aporte que realizo en este libro se vincula a la investigación cualitativa
que apunta a comprender la lógica interna de los grupos, las instituciones y los actores en cuanto
a: (a) valores culturales y representaciones sobre su historia y temas específicos; (b) relaciones
entre individuos, instituciones y movimientos sociales; (c) procesos históricos, sociales y de
implementación de políticas públicas y sociales.
Con relación a la historia, el sentido y la pertinencia del proceso social denominado
“investigación cualitativa”, debo señalar que las diferentes teorías que lo sustentan, abarcan
aspectos particulares y relegan otros, revelando la inevitable yuxtaposición entre conocimiento e
intereses, entre condiciones históricas y avances de las ciencias, entre identidad del investigador y
su objeto y entre la necesidad indiscutible de la crítica interna y externa en la objetivación del
saber. La propia expresión “Metodologías Cualitativas” consagra una imprecisión, una dificultad
histórica de las teorías para posicionarse frente a la especificidad de lo social. Esto supone una
afirmación de la cualidad contra la cantidad, reflejando una lucha teórica entre el positivismo y las
corrientes comprensivistas con relación a las formas de valorización de los significados. Cuando se
entiende la interdependencia y la inseparabilidad entre los aspectos cuantificables y la vivencia
significativa de la realidad objetiva en el cotidiano, se concluye que la referida denominación es
redundante e incluso parcial. La noción de “Metodología de la Investigación Social”, a no ser por
las connotaciones históricas de construcción del concepto, debería ser suficiente para calificar el

12
campo de abordaje de las relaciones sociales en todos los aspectos históricos, estructurales y
simbólicos.
En oposición al Positivismo, es la Sociología Comprensiva quien responde a las preguntas
sobre valores, representaciones, creencias y relaciones. Como el propio nombre lo indica,
considera como tarea de las Ciencias Sociales, la comprensión de la realidad humana vivida
socialmente y de forma diferente del universo de las ciencias naturales. En sus múltiples
manifestaciones como la Fenomenología, la Etnometodología, el Interaccionismo Simbólico, el
SIGNIFICADO es el concepto central del análisis sociológico.
En una oposición frontal al positivismo, la sociología comprensiva propone la subjetividad
como fundante de sentido y la defiende como constitutiva de lo social e inherente al entendimiento
objetivo. Esa corriente de pensamiento no se preocupa por los procesos de cuantificación, sino de
explicar los meandros de las relaciones sociales, consideradas como la esencia y el resultado de la
actividad humana creadora, afectiva y racional. El universo de las investigaciones cualitativas es el
cotidiano y las experiencias del sentido común, interpretadas y reinterpretadas por los sujetos que
las vivencian.
Sin embargo, la aplicación de las teorías comprensivas presenta problemas cuando se
realizan análisis atomizados de la realidad y de los grupos sociales, como si esos fenómenos
constituyeran totalidades reducidas en sí mismas. En esos casos, los estudios cualitativos se
ausentan de contextualizaciones referentes a problemas históricos, culturales y estructurales que
siempre envuelven los eventos tópicos. Esa focalización de los hechos, cercándolos como si fuese
posible analizarlos en sí mismos, es reduccionista pues desconoce que siempre existe una base
material para el universo simbólico.
Al proponer realizar una síntesis sobre la cuestión cualitativa, intentando superar al
positivismo y a los abordajes comprensivistas, la dialéctica marxista abarca no solo el sistema de
relaciones que construye el modo de conocimiento exterior al sujeto, sino también las
representaciones sociales que constituyen la vivencia de las relaciones objetivas por los actores
sociales que le atribuyen significados (Goldmann, 1967). Frente a los abordajes que disocian
cantidad y cualidad, la dialéctica asume que la cualidad de los hechos y de las relaciones sociales
es su propiedad inherente, y que cantidad y cualidad son inseparables e interdependientes.
La dialéctica, desde el punto de vista filosófico, ensaya la disolución de las dicotomías tales
como cuantitativo/cualitativo, macro/micro, interioridad/exterioridad, con que se debaten las
diversas corrientes sociológicas. Asimismo, considera a los significados, como parte integrante de
la totalidad, debiendo ser comprendidos e interpretados tanto a nivel de las representaciones
sociales como de las determinaciones esenciales. Bajo ese enfoque, no se entiende la acción
humana de forma independiente al significado que le es atribuido por el autor, como tampoco se
identifica esa acción con la interpretación que el actor social le atribuye. Por lo tanto, con relación
al abordaje cualitativo, el método dialéctico, como dice Sartre (1978), “se rehúsa a reducir. Él
supera conservando” (Sartre, 1978, p. 177). Por eso, demuestra su superioridad precisamente por

13
la capacidad de incorporar las “verdades parciales” de las otras corrientes, criticando y negando
sus limitaciones. Eso ocurre cuando un buen análisis considera que existe una relación inseparable
entre el mundo natural y el social; entre pensamiento y base material; entre objeto y sus
cuestionamientos; entre la acción del ser humano en cuanto sujeto histórico y las determinaciones
que la condicionan. Los principios de especificidad histórica y de totalidad le confieren
potencialidad, para, desde el punto de vista metodológico, aprehender y analizar los
acontecimientos, las relaciones y las etapas de un proceso como parte de un todo. Los criterios de
complejidad y de diferenciación le permiten trabajar el carácter de antagonismo, de conflicto y de
colaboración entre los grupos sociales y al interior de cada uno de ellos, y pensar sus relaciones
como múltiples desde sus propios ángulos, intercondicionadas en sus movimientos y desarrollo
interior, interactuando con otros fenómenos o grupos de fenómenos.
El abordaje dialéctico, sin embargo, está poco desarrollado para el análisis de la realidad
empírica, teniendo en cuenta que, al ser divulgado por el marxismo, terminó siendo acaparado por
su corriente más positivista y mecanicista (Anderson,1987). Esto lleva a que los estudios
sustantivos realizados a partir de esa perspectiva, sean un desafío que enfrenta el investigador,
pues le exige la superación de los instrumentos de investigación usualmente empleados por las
corrientes comprensivistas o funcionalistas, y la inclusión de los SIGNIFICADOS en la totalidad
histórico-estructural. En los últimos años, felizmente, muchas investigaciones vienen apostando a
la denominada perspectiva hermenéutica-dialéctica, en la línea de Habermas (1987) y de Gadamer
(1999), contribuyendo a que se contextualicen de forma crítica la historia y el lenguaje de los
problemas de salud y de las prácticas sociales del área.
En esta nueva edición de este libro introduzco una discusión de los modelos complejos de
investigación, cuya corriente reflexiva proviene de los abordajes sistémicos. Las primeras
elaboraciones del pensamiento sistémico se deben al biólogo Ludwig von Bertalanffy, quien en
1973 publicó un libro de gran repercusión titulado Teoría General de los Sistemas. En esa obra
Bertalanffy (1973), señaló la necesidad de crear categorías teóricas rigurosas que pudiesen
responder a las cuestiones referentes al amplio espectro de los seres vivos que van desde la
biología a la sociología. Este autor identificó la interacción como punto neurálgico para todos los
campos científicos. Observó que hay un enorme orden jerárquico de entidades en la organización
de los seres vivos y que se superponen en muchos niveles, que van desde los sistemas físicos y
químicos a los biológicos, sociológicos y políticos, posibilitando “uniformidades estructurales de los
diferentes sistemas de la realidad” (Bertalanffy, 1973, p. 124).
Desde el punto de vista operacional, el pensamiento sistémico, tal como se presenta en las
ciencias sociales actualmente, puede ser considerado una forma de ver la realidad y de articularla.
No propone técnicas de investigación, sino que exige una mirada y un abordaje diferente: ilumina a
aquel punto ciego de la visión unidimensional, logrando que visualice las interacciones; invierte la
mente compartimentalizada, buscando que las diferencias y las oposiciones se comuniquen; y
modifica la antigua práctica positivista que sólo valoriza regularidades y normas. Por el contrario,

14
muestra las cosas que permanecen y resalta “qué” cambia y “cómo” las cosas se transforman,
auto-organizándose. Esa visión se va incorporando al campo de la investigación en salud y es
también objeto de investigación y de indagaciones en las Ciencias Sociales (Wallerstein, 1999)
coincidiendo con el pensamiento de Pascal (1978 ) citado al inicio de este texto.
La discusión crítica del concepto de “Metodologías Cualitativas” me llevó también a
incorporar una rápida reflexión sobre triangulación de métodos, cada vez más necesaria y
adecuada para los estudios y las evaluaciones en el área de la salud. No me propongo pensar
esas modalidades de producir investigación como crítica ideológica a los abordajes cuantitativos
sino dentro de una línea de complementariedad (Minayo, 2005). No argumento un eclecticismo sin
sentido ni estoy haciendo una concesión al positivismo, pues la filosofía de esta aproximación es el
reconocimiento de la no completitud tanto de las disciplinas como de los métodos (Minayo &
Sanchez, 1993; Minayo & Cruz Neto, 1999; Minayo et al., 2003; Minayo & Minayo-Gómez, 2003;
Samaja, 1993).
Finalmente, al traer el debate de lo “cualitativo” hacia el campo de la Salud, considero que
es necesario impregnarlo de las discusiones y críticas actuales de las Ciencias Sociales. Por eso,
tanto en lo que concierne a la problemática teórica, como a la metodológica, todas las reflexiones
de este libro están bajo la influencia de la historicidad y sometidas a las vicisitudes, avances,
retrocesos, interrogaciones y perspectivas de la totalidad social en su dinamismo. Eso se justifica
en el hecho de que las ciencias de la salud no se instituyeron como una disciplina (sino, como una
variedad de estas) ni como un campo separado de las otras instancias de interpretación de la
realidad.
Sin embargo, por tratarse de un híbrido biológico-social (Latour, 2000) las inflexiones de las
ciencias de la salud también necesitan (aunque no me haya sentido competente para hacerlo)
incorporar los avances de la biología, de la física y de otras disciplinas, asociándolas a las
cuestiones socio-económicas, políticas e ideológicas. Por lo tanto, en el campo de la salud se
vivencia la complejidad de los objetos de estudio pues la abarcativa área biomédica no puede
prescindir de la problemática social, dado que el cuerpo humano está atravesado por las
determinaciones de las condiciones, situaciones y estilos de vida.
Más allá de que existan dificultades epistemológicas y prácticas de aproximación, el
desafío de tratar el objeto salud/enfermedad es vencer dicotomías analíticas, moviéndose en el
terreno de las interrelaciones e interconexiones. El saber teórico y práctico sobre salud y
enfermedad forma parte de un universo dinámico repleto de historia y de interrelaciones mediadas
por institucionalizaciones, organizaciones, lógicas de prestación de servicios y participación de los
ciudadanos.
Dentro de ese carácter peculiar, abarcativo, de las ciencias que componen el campo de la
salud, las teorías sobre investigación cualitativa y sobre métodos y técnicas pertinentes al tema, se
articulan en un todo mayor, salvando diferencias y contribuyendo a un mayor entendimiento de los
problemas prácticos involucrados. Pero es necesario decir que esas teorías son fundamentales

15
para esa área, donde la realidad de los hechos está entera e intensamente influenciada por el
campo simbólico y afectivo.
Las dificultades teóricas del campo de la salud, pueden ser ejemplificadas por las
limitaciones de los conceptos como “Salud Pública” o “Salud Colectiva“. El primero consagra una
dimensión histórica de intervención del Estado en el área social, de forma más amplia y compleja
que la definida por las directrices sanitarias oficiales. El segundo término también es ambiguo e
inespecífico. Donnangelo (1983) y Merhy (1985) detectan la impresión del adjetivo colectivo para
conceptualizar el campo de la salud, dada la amplia connotación que implica y por la relación de
exterioridad que establece frente al objeto. Esa ambigüedad está muy presente en Teixeira (1985)
cuando la autora considera “Salud Colectiva” como un concepto operacional para analizar cuerpos
sociales, reduciendo las dimensiones teóricas e históricas de esta noción bastante imprecisa, a
una herramienta de investigación.
Intento en este libro, ampliar la comprensión del concepto sociológico de salud para que
abarque la totalidad de las relaciones sociales y de los aportes emocionales que contiene y se
expresan en lo cultural, al recordar con Boltanski (1979) que:

“Los determinismos sociales no informan jamás al cuerpo de manera


inmediata, a través de una acción que se ejercería directamente sobre el
orden biológico, sin la mediación de lo cultural que los reinterpreta y los
transforma en reglas, en obligaciones, en prohibiciones, en rechazos o
deseos, en gustos y aversiones” (Boltanski, 1979, p. 119).

Tal como es pensado en este trabajo, el concepto sociológico de salud retiene al mismo
tiempo sus dimensiones estructurales y políticas, y contiene los aspectos histórico-culturales y
simbólicos de su realización. En primer lugar, como cuestión humana y existencial, salud es un
bien complejo, compartido indistintamente por todos los segmentos y diversidades sociales. Esto
implica que, para todos los grupos, aunque de forma específica y peculiar, salud y enfermedad
expresan, ahora y siempre, en el cuerpo o en la mente, particularidades biológicas, sociales y
ambientales vividas subjetivamente, en la totalidad existencial peculiar del individuo o de los
grupos. Las formas como cada persona y la sociedad donde ella está inserta, experimentan esos
fenómenos, cristalizan y simbolizan las maneras de lidiar con su miedo a la muerte y de exorcizar
sus fantasmas.
En segundo lugar, como cualquier tema abarcativo de lo cultural, el concepto de salud será
analizado aquí, dentro de una sociología que en primer lugar es histórica y diferencia clase,
segmentos, género y franjas etarias, dado que las condiciones de vida y de trabajo califican de
forma diferenciada la manera por la cual las clases, las etnias, los géneros y sus segmentos
piensan, sienten y actúan respecto de ella.
De esta forma, las modalidades de análisis cualitativos aquí propuestos, en su aplicación
deben: (a) ser contextualizados, permitiendo distinguir las visiones dominantes de otras formas de

16
pensar la realidad (pues las clases y segmentos se encuentran entre sí, en el seno de una
sociedad en relación y en aculturación recíproca); (b) deben tener en cuenta el origen y la
historicidad de los hechos sociales y de los grupos que están siendo estudiados; (c) deben incluir
los espacios formales de la economía y de la política como matrices esenciales de la cultura de la
familia, del vecindario, de los grupos etarios, de los grupos de recreación, de los grupos religiosos,
pero también percibirlos como influenciados por ese mundo de la vida; (d) deben considerar
espacios al mismo tiempo de consensos y de conflictos, contradicciones, subordinación y
resistencia, tanto las unidades de trabajo como el barrio, el sindicato como la casa, la consciencia
como el sexo, la política como la religión.
Introduciendo a la cultura en la definición del concepto de salud, la visión cualitativa
demarca un espaciamiento radical: amplía y contiene las articulaciones de la realidad social.
Pensada de este modo, la cultura no es tan sólo un lugar subjetivo, ella abarca una objetividad con
la densidad que tiene la vida, por donde pasa lo económico, lo político, lo religioso, lo simbólico y lo
imaginario. Ella es el locus donde se articulan los conflictos y las concesiones, las tradiciones y lo
cambios y donde todo cobra sentido, o sentidos, dado que no hay nada humano sin significado, ni
una sola explicación para los fenómenos.
En resumen, salud y enfermedad importan no sólo por sus efectos en el cuerpo sino
también por sus repercusiones en el imaginario: ambos son reales en sus consecuencias. Por lo
tanto, todas las acciones clínicas, técnicas, de tratamiento, de prevención o de planificación deben
estar atentas a los valores, actitudes y creencias de las personas a las que se dirige la acción. Es
necesario entender que, al ampliar sus bases conceptuales incluyendo lo social y lo subjetivo como
elementos constitutivos, las ciencias de la salud no se tornan menos “científicas”, por el contrario,
se aproximan con mayor luminosidad a los contornos reales de los fenómenos que abarcan.
De cualquier forma, debo subrayar que, el abordaje socio-antropológico de la salud, desde
el punto de vista cultural y cualitativo, no constituye una ideología y no instituye una posición
unívoca. Históricamente fue atravesado por el debate teórico de las ciencias sociales. El
estructural-funcionalismo ha marcado la línea del conocimiento de los grupos étnicos y sociales a
partir de la antropología, sobre todo vinculado a la “medicina tropical” y como contribución a las
“ciencias de la conducta” (Nunes, 1985; 1999). Su enraizamiento en el campo de la salud,
evidencia, entre otras cosas, el hecho de que las propias bases del funcionalismo se reflejan en el
modelo biológico como metáfora de la sociedad.
De los abordajes cualitativos, la fenomenología es el que ha tenido mayor relevancia en el
área de la salud. Los análisis fundamentados en sus supuestos muestran que las concepciones de
salud y enfermedad son culturalmente específicas. Por eso ponen en evidencia la arbitrariedad del
Estado en la imposición de patrones culturales propios de la biomedicina, que tienen un carácter
reproductor de las instituciones médicas y de la dominación corporativa. Las propuestas de la
política de atención primaria, de autocuidado, revalorización de la medicina tradicional comunitaria
y de ciertos grupos de investigación-acción y de investigación participante en salud, reflejan las

17
influencias fenomenológicas (Nunes, 1985; García, 1983). Las aproximaciones dialécticas que
parten del punto de vista de los sujetos sociales y abarcan las relaciones de producción y de poder
de las instituciones continúan siendo escasas.
En el intento de sumar esfuerzos con los que buscan ampliar el debate teórico y
metodológico en el campo de la salud, es que coloco este trabajo dentro de una perspectiva
específica de análisis cualitativo. En ningún momento pretendí o pretendo transmitir la idea de un
libro acabado o magistral. La revisión emprendida aquí muestra que todo transcurre, e incluso, si
todo lo sólido se desvanece en el aire, tengo muchas más razones para desconfiar de mis pocas
certezas.
Desde el punto de vista de su organización, este libro se bifurca en un conjunto de partes,
cada una de ellas incluye algunos capítulos, focalizando siempre sobre las cuestiones
metodológicas.
La idea central de la práctica teórica es que toda investigación debería ser realizada dentro
de la dinámica de un Ciclo a partir de un proceso de trabajo que finaliza en un producto provisorio y
recomienza con las interrogaciones que surgen en el análisis final. Las páginas siguientes
explicitan ese esfuerzo, a través de la reflexión y de la crítica de conceptos, y de la propuesta de
un camino de pensamiento.
En la primera parte, presento los supuestos y especificidades propias del campo
metodológico, o sea, los conceptos de Metodología, de Investigación Social, de Investigación
Estratégica y de los términos Cualitativo y Cuantitativo.
En la segunda parte, analizo las principales corrientes de pensamiento utilizadas en el área
de la salud colectiva y presento resumidamente algunos tipos de abordajes cualitativos,
actualmente disponibles para el investigador que quiera aproximarse a este tipo de estudio.
En la tercera parte, desarrollo todos los elementos necesarios para la realización de la
primera etapa del Ciclo de Investigación, la Fase Exploratoria de la Investigación cuya importancia
fundamental es superar el empirismo en los abordajes de las cuestiones sociales. Se discuten allí
los conceptos básicos de un marco teórico, la problemática de la definición del objeto, la
construcción de los instrumentos de abordaje empírico, el muestreo en la investigación cualitativa y
la aproximación al campo.
En la cuarta parte, abordo el Trabajo de Campo, como una segunda etapa del Ciclo de
Investigación, en dos capítulos. En el primero, analizo dos conceptos fundamentales: el status de
la palabra y del habla y el tema de las representaciones sociales. En un segundo capítulo,
profundizo y problematizo las técnicas de campo: Observación Participante, Entrevista, Grupos
Focales y otras.
Finalmente, en la quinta parte expongo las modalidades más frecuentes de Tratamiento del
Material Cualitativo, o sea, los conceptos de Análisis de Contenido, de Discurso y de Análisis
Hermenéutico-Dialéctico. Termino con una propuesta práctica, buscando sintetizar y avanzar sobre
las modalidades usuales de abordaje.

18
El Ciclo completo proyecta la investigación como un proceso con etapas y actividades
específicas en cada fase, que pueden y deben ser delimitadas en un cronograma. Al mismo
tiempo, presento la visión de un movimiento reflexivo permanente de integración de las partes en el
todo y viceversa, en un continuo recomienzo y enriquecimiento.
El sentimiento de proponer algo que se completa con la relatividad de lo que debe ser aún
interrogado y descubierto, forma parte de la utopía que une este trabajo a todos los esfuerzos de
aquellos que buscan una “ciencia más científica” en el campo de la salud. En él comparto la idea
de que el conocimiento es un proceso infinito que no puede ser concluido en una etapa final, así
como no se puede prever el final del proceso histórico, aunque sea posible proyectarlo como
políticamente más democrático y ecológicamente saludable.

19
Parte I
Conceptos básicos sobre metodología y sobre abordajes cualitativos

En la sociedad occidental, la ciencia es la forma hegemónica de construcción del


conocimiento, aunque sea considerada por muchos críticos como un nuevo mito de la actualidad a
causa de su pretensión de ser el único motor y criterio de verdad. Particularmente no concuerdo
con los que absolutizan el sentido y el valor de la ciencia, pues la humanidad siempre, desde que
existe el Homo sapiens, creó formas de explicar los fenómenos que rodean la vida y la muerte y el
lugar de los individuos en la organización social, así como los mecanismos de poder, de control y
de reproducción. Desde tiempos inmemoriales, las religiones, la filosofía, los mitos, la poesía y el
arte han sido instrumentos poderosos de conocimiento, develando lógicas profundas del
inconsciente colectivo, de la vida cotidiana y del destino humano. ¿Qué posee la ciencia de
diferencial en relación a las otras modalidades del saber?
Mencionaré dos razones de la hegemonía contemporánea de la ciencia como forma de
conocimiento. Una externa, que se aceleró a partir de la modernidad, y se refiere a su poder de dar
respuestas técnicas y tecnológicas a los problemas planteados por el desarrollo social y humano;
aunque este punto sea discutible, dado que los problemas cruciales como la pobreza, la miseria, el
hambre y la violencia continúan desafiando a las civilizaciones sin que la ciencia haya sido capaz
de ofrecer respuestas y propuestas efectivas. La razón de orden interno consiste en el hecho de
que los cientistas han sido capaces de establecer un lenguaje universal, fundamentado en
conceptos, métodos y técnicas para la comprensión del mundo, de las cosas, de los fenómenos,
de los procesos, de las relaciones y de las representaciones.
Las reglas universales y los patrones rígidos que permitieron un lenguaje común divulgado
y conocido en el mundo entero, la actualización y las críticas constantes, hicieron de la ciencia la
“creencia” más respetable a partir de la modernidad. La fuerza de la ciencia, que se tornó un factor
productivo de elevada potencia en la contemporaneidad, llevó al filósofo Popper (1973) a enfatizar
en su análisis, la lógica interna de la Comunidad Científica, utilizando para eso el término “tercer
mundo”, una especie de clase o casta, con su economía y lógica propia, aunque permeado por
conflictos y contradicciones como cualquier otra creación e institución humana. Lo cierto es que el
campo científico tiene sus reglas para conferir el grado de cientificidad a lo que es producido y
reproducido dentro y fuera de él. Sus actividades van siempre en dos direcciones: en una, elabora
sus teorías, métodos, principios y establece resultados. En otra, inventa, ratifica su camino,
abandona ciertas vías y se orienta hacia nuevos rumbos. Al posicionarse en ese “tercer mundo”,
los cientistas aceptan las condiciones instituidas y, al mismo tiempo, el carácter de historicidad y
provisoriedad peculiar del universo en que decidieron invertir su vida.
Al introducir al lector en esta parte del trabajo, pretendo discutir con él aquellos
mecanismos internos y normativos que aseguran la cientificidad de las actividades de

20
investigación. Presento algunos conceptos importantes para quien ingresa al universo de la
investigación científica, específicamente los del campo semántico de la expresión Metodología de
Investigación Social. Discutiré: (1) la especificidad de las ciencias sociales en el universo científico;
(2) el concepto de metodología de la investigación; (3) el concepto de investigación social; (4) el
concepto de método cualitativo en contraposición al método cuantitativo; (5) las contradicciones y
los consensos en la combinación de métodos cuantitativos y cualitativos.

Capítulo 2
Metodología de Investigación Social y en Salud

Especificidad de las Ciencias Sociales


La cientificidad no puede ser reducida a una sola forma de conocer: ella precontiene, por
así decirlo, diversas maneras concretas y potenciales de realización. La diferenciación entre
métodos específicos de las ciencias sociales y de las ciencias físico-naturales y biológicas se
refiere a la naturaleza de cada una de las áreas. Se resaltan aquí, algunos puntos resumidos a
partir de Demo (1981), que distinguen a las Ciencias Sociales y las tornan peculiares dentro del
campo del conocimiento de los seres vivos.
El primero de ellos es el hecho incuestionable de que el objeto de las Ciencias Sociales es
histórico. Las sociedades humanas existen en un determinado espacio cuya formación social y
configuraciones culturales son específicas. Ellas viven el presente marcado por el pasado y
proyectado hacia el futuro que trae en sí, dialécticamente, las marcas anteriores, en una re-
construcción constante de lo que está dado y de lo nuevo que surge. Toda investigación social
necesita registrar la historicidad humana, respetando la especificidad de la cultura que trae en sí y,
de forma compleja, los trazos de los acontecimientos de corta, media y larga duración, expresados
en sus bienes materiales y simbólicos. Pero las investigaciones sociales contemporáneas
necesitan comprender además, la simultaneidad de las diferentes culturas y de los diferentes
tiempos en un mismo espacio, como algo real y que enriquece a la humanidad. Esto significa
comprender lo global y lo local, conviviendo y siendo, al mismo tiempo, mutables y permanentes.
Pues, el ser humano es autor de las instituciones, de las leyes, de las visiones del mundo que, en
ritmos diferentes, son todas provisorias, pasajeras, trayendo en sí mismas las semillas de la
transformación.
Como consecuencia del primer principio, se puede decir que la sociedad y los individuos
tienen conciencia histórica. O sea, no es sólo el investigador el que le da sentido a su trabajo
intelectual, sino los seres humanos, los grupos y la sociedad dan significado e intencionalidad e
interpretan sus acciones y construcciones. Las instituciones y las estructuras no son más que
acciones humanas objetivadas. De acuerdo con el desarrollo de las fuerzas productivas y con la

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organización particular de la sociedad y de su dinámica interna, se crean visiones del mundo, con
matices y diferenciaciones relacionadas a las condiciones de vida y a las herencias culturales. Tal
conciencia se proyecta en el mundo de la vida, y es de este modo como pasa a ser registrada en
los procesos eruditos de construcción del conocimiento.
Goldmann (1980) introduce en su análisis de la cultura, los conceptos de conciencia
posible y de conciencia real, para separar los diferentes niveles de elaboración ideológica. Esas
categorías se basan en el concepto marxista de ideología, según el cual, la sociedad tiende a
percibir la dominación de forma invertida. El concepto de “conciencia posible” indicaría que
determinados actores sociales superarían los niveles elementales de la ideología, al conseguir
comprender mejor y actuar positivamente frente a los procesos de alienación social. Sin embargo,
la idea de conciencia histórica contiene en sí además, la tesis de que se debe analizar siempre la
contribución de un determinado actor social o colectivo, teniendo en cuenta el tiempo histórico en
el que vivió, pues su conocimiento y su práctica se vinculan a los límites de las relaciones sociales
de producción concretas. El pensamiento y la conciencia son procesos que, al mismo tiempo,
tienen como base la dinámica histórica que a su vez es influenciada por las ideologías. Las
ciencias sociales, son también fruto de un tipo de “conciencia posible” y forman parte de los bienes
públicos y colectivos creados históricamente, limitados por el desarrollo social.
Los investigadores son, dialécticamente, autores y frutos de su tiempo histórico. Las crisis,
los conflictos y las contradicciones se reflejan tanto en el desarrollo como en la decadencia de
pensadores y de teorías sociales. Las transformaciones socioeconómicas y culturales, a su vez,
influyen decisivamente sobre los procesos internos y las condiciones de posibilidades del
desarrollo de la ciencia.
La tercera característica de las Ciencias Sociales es que ellas trabajan a nivel de la
identidad entre el sujeto y el objetivo de la investigación. La investigación en ese área lidia con
seres humanos que, por razones culturales, de clase, de edad, de religión o por cualquier otro
motivo, tienen un substrato común de identidad con el investigador, tornándolos solidariamente
articulados y comprometidos como señala Lévy Strauss: “En una ciencia donde el observador es
de la misma naturaleza que el objeto, el observador, él mismo, es parte de su observación” (1975,
p. 215). Esto significa, según el pensamiento de autores como Schultz (1982) que la primera
construcción interpretativa de las investigaciones sociales es realizada por los propios actores a
nivel del sentido común. Por eso, el papel del investigador es comprender esa lógica interpretativa
de “primer nivel”, dado que es potente y eficaz para hacer que el mundo de la vida se realice.
Otro aspecto distintivo de las Ciencias Sociales es el hecho de que es intrínseca y
extrinsecamente ideológica. Nadie hoy osaría negar la evidencia de que toda ciencia, en su
construcción y desarrollo, pasa por la subjetividad y por intereses diversos. En los procesos de
producción del conocimiento se transmiten intereses y visiones del mundo históricamente
construidos. Pero las ciencias físicas y biológicas participan de forma diferente del compromiso
social, dado que existe un distanciamiento de naturaleza de lo físico y de lo biológico en relación a

22
su objeto. Aunque, siempre exista un entrecruzamiento relacional entre el investigador y su objeto,
en la medida en que, por un lado, el investigador depende de los instrumentos creados
anteriormente por otros; y por otro, está limitado por el nivel de desarrollo de esos dispositivos.
En la investigación social, por ende, la relación entre el sujeto investigador y el sujeto
investigado es crucial. La visión del mundo de ambos está involucrada en todo el proceso de
conocimiento, desde la concepción del objeto hasta el resultado del trabajo. El reconocimiento de
esa contingencia es una condición sine qua non de la investigación que, una vez comprendida,
puede tener como fruto aportes radicales en el proceso de objetivación (Demo, 1981) del
conocimiento. O sea, cabe al investigador usar un cuidadoso instrumental teórico y metodológico
que lo pormenorice en la aproximación y en la construcción de la realidad, al mismo tiempo que
mantiene la crítica no sólo sobre las condiciones de comprensión del objeto como de sus propios
procedimientos.
Por último, es necesario señalar que el objeto de las Ciencias Sociales es esencialmente
cualitativo. La realidad social es el propio dinamismo de la vida individual y colectiva con toda la
riqueza de significados que transborda de ella. La posibilidad de enumeración de los hechos, por
ejemplo, es una cualidad del individuo y de la sociedad que contiene, en sí, elementos de
homogeneidad y de regularidades. Esa misma realidad es más rica que cualquier teoría y que
cualquier pensamiento y cualquier discurso político o teórico que intente explicarla.
Por lo tanto, trabajar dentro de los marcos de las Ciencias Sociales significa enfrentar el
desafío de manejar o crear (o hacer ambas cosas al mismo tiempo) teorías e instrumentos capaces
de promover la aproximación a la suntuosidad y a la diversidad que es la vida de los seres
humanos en sociedad, aunque de forma incompleta, imperfecta e insatisfactoria. El acervo de esas
Ciencias contempla al conjunto de las expresiones humanas constantes en las estructuras, en los
procesos, en las relaciones, en los sujetos, en los significados y en las representaciones. Las
regularidades de ese conjunto de elementos se expresan en los abordajes cuantitativos, al producir
la unión de las dimensiones de extensividad y de intensividad inherentes a todos los procesos
vinculados a los seres vivos y, principalmente, a los seres humanos. Como señala Kant en su
“Matemática Trascendental”, la cantidad es, en sí misma, una cualidad del objeto, así como la
cualidad es uno de los elementos de la cantidad.
Por ejemplo, cuando se habla de Salud o Enfermedad, se observa que esas dos categorías
traen una carga histórica, cultural, política e ideológica que no puede ser abarcada tan sólo por una
fórmula numérica o por un dato estadístico, aunque los estudios de orden cuantitativo presenten un
cuadro de magnitud y de tendencias que los abordajes históricos y socioantropológicos no
informan. Ambos abordajes son importantes y lo ideal en el campo de la investigación en salud es
que sean trabajados de manera que se complementen sistemáticamente. Gurvitch (1955) señala
que la realidad tiene capas que interactúan y la gran tarea del investigador es comprender y
aprender, más allá de lo visible, de lo “morfológico y de lo ecológico”, los otros niveles que se
interconectan y transforman lo social en algo tan complejo.

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En este libro, sin embargo, el objetivo es específico: analizar el carácter cualitativo de las
ciencias sociales y de la metodología apropiada para construir teóricamente el significado de Salud
y de Enfermedad.

El concepto de Metodología

Comienzo diciendo que el propio concepto de metodología, foco de la discusión, ya es, en


sí, un asunto controvertido. Están quienes lo igualan a métodos y técnicas, como es el caso de la
mayor parte de los manuales y textos americanos, producidos para la formación de investigadores.
Están aquellos que lo ubican en el campo de la epistemología, separándolo de la
operacionalización, como hace la mayoría de los intelectuales franceses que trabajan con teorías
de las ciencias. Está aquel que separa teoría y método como hace el cientista americano Thomas
Merton (1969) y están los que consideran esos dos términos inseparables, debiendo ser tratados
de forma integrada y apropiada cuando se elije un tema, un objeto, o un problema de investigación.
Me identifico con este último grupo que tiene en Denzin (1973) uno de sus más brillantes
pensadores. Por lo tanto, discutir metodología es entrar en un fuerte debate de ideas, de opciones
y de prácticas.
Durante los últimos 20 años vengo intentando contribuir a la superación de las posturas,
muy frecuentes, que tratan por separado las cuestiones epistemológicas y los instrumentos
operacionales, dado que considero el concepto de Metodología de forma abarcativa y
concomitante: (a) como la discusión epistemológica sobre el “camino del pensamiento” que el tema
o el objeto de investigación requiere; (b) como la presentación adecuada y justificada de los
métodos, de las técnicas y de los instrumentos operativos que deben ser utilizados en la búsqueda
relativa a los interrogantes de la investigación; (c) y como lo que denominé “creatividad del
investigador”, o sea, su marca personal y específica en la forma de articular teoría, métodos,
hallazgos experimentales, observacionales o de cualquier otro tipo específico de respuesta a los
interrogantes científicos.
La metodología ocupa un lugar central al interior de la sociología del conocimiento, dado
que es una parte intrínseca de la visión social del mundo, vehiculada a través de la teoría. Frente a
la dialéctica, por ejemplo, el método es el propio proceso de desarrollo de las cosas. Lenin señala
que el método no es la forma exterior, es el alma misma del contenido porque él produce la
relación entre pensamiento y existencia y viceversa (1965, p.148). La metodología constituye el
“camino del pensamiento”, según Habermas (1987), y constituye una “práctica teórica pensada”, en
la expresión de Bourdieu en Ésquisse d’une Théorie de la Pratique (1972). Esto quiere decir, en
otras palabras, que es diferente pensar la metodología de una investigación de inspiración
funcionalista, o marxista, o fenomenológica o que utilice el abordaje sistémico. A su vez, es

24
diferente pensar el diseño y la metodología de una investigación unidisciplinaria o la que tiene
carácter interdisciplinario y se fundamenta en la filosofía de la complejidad.
En este estudio, por lo tanto, teoría y metodología caminan juntas y vinculadas. A su vez, el
conjunto de técnicas que constituye el instrumental necesario para la aplicación de la teoría aquí es
tratado como elemento fundamental para la coherencia metódica y sistemática de la investigación.
Evito tanto el endiosamiento teórico como la reificación de la realidad empírica, porque en el primer
caso existe un menosprecio por la dinámica de los hechos; y en el segundo, se concretiza una
reducción de la verdad a la dimensión de los acontecimientos localizados. La excesiva teorización
y la improvisación de instrumentos para abordar la realidad, provenientes de una perspectiva poco
heurística, producen divagaciones abstractas, impresionistas y poco precisas en relación al objeto
de estudio.
Si teoría, método y técnicas son indispensables para la investigación social, la capacidad
creadora y la experiencia del investigador también juegan un papel importante. Ellas pueden
relativizar el instrumental técnico y superarlo por el arte. Lo que se denomina “creatividad del
investigador” es algo difícil de definir, dado que esta expresión se refiere al campo de la historia
personal y de la experiencia subjetiva. Este término es aquí usado en el mismo sentido en que
Wright Mills (1952; 1974) y Denzin (1973) denominan “imaginación” y otros autores hablan de
“intuición”. Esa “creatividad del investigador” corresponde a su experiencia reflexiva, a su
capacidad personal de análisis y de síntesis teórica, a su memoria intelectual, a su nivel de
compromiso con el objeto, a su capacidad de exposición lógica y a sus intereses. Haciendo coro
con un gran número de estudiosos (Weber, 1965; Gadamer, 1999; Habermas, 1987; Myrdal, 1969;
Granger, 1967; Gurvitch, 1955; Denzin, 1973; entre otros), entiendo que no se puede creer en una
ciencia neutra, pues, todo el proceso de construcción teórica es, al mismo tiempo, una dialéctica de
subjetivación y de objetivación. De este modo, lo que aquí considero “creatividad del investigador”
diferencia los resultados de las investigaciones, lo que puede ser constatado cuando varios
trabajan con los mismos objetos y los mismos interrogantes.
La reflexión sobre metodología como sistemática de abordaje de la realidad, es asunto
para investigadores comunes que se ejercitan en sus respectivos campos de conocimiento. Los
genios no necesitan de esos dispositivos, pues atraviesan parámetros establecidos y proyectan, en
pocas líneas, nuevos insights, modificando paradigmas en sus campos científicos (Kuhn, 1962).

El concepto de Investigación Social

Entrar en el campo de la Investigación Social es penetrar en un mundo polémico donde


hay cuestiones no resueltas y donde el debate ha sido perenne y no conclusivo. El tema más
problemático es el de su propia cientificidad que debe ser pensado como una idea reguladora de
alta abstracción y no como sinónimo de modelos y normas a ser seguidos. Entiendo que debe

25
existir una unidad en el mundo de la ciencia cuando se dice que cualquier producción científica
sólo puede ser reconocida cuando contiene teoría, métodos y técnicas de abordaje. Y todo
discurso teórico debe contener conceptos, categorías, tesis e hipótesis o supuestos. Esos son
elementos indispensables y universales de autorregulación del proceso de conocimiento. Pero
también entiendo que la unidad científica debe ser tratada de forma compleja, incluyendo la
diversidad de áreas del conocimiento, al interior de las cuales todo el esqueleto teórica general se
transforma en especificidad y adaptación.
En ese sentido, la labor científica camina siempre en dos direcciones: en una, elabora
marcos teórico-metodológicos e instrumentales operativos para conseguir resultados; en otra,
inventa, ratifica caminos, abandona ciertas vías, produce nuevos interrogantes y se orienta hacia
otras direcciones. Al hacer esos recorridos, los investigadores aceptan los criterios de historicidad,
de colaboración y de la única certeza posible: que cualquier conocimiento es aproximado, es
construido. La historia de la ciencia no revela un a priori, sino lo que fue producido en un
determinado momento histórico con toda la relatividad que el dinamismo del proceso social
requiere.
Defino Investigación como la actividad básica de las Ciencias en su indagación y
construcción de la realidad. Es la investigación que alimenta la actividad de enseñanza. Investigar
constituye una actitud y una práctica teórica de constante búsqueda y, por eso, tiene la
característica del acabado provisorio y de lo inacabado permanente. Es una actividad de
aproximación sucesiva de la realidad que nunca se agota, haciendo una combinación particular
entre teoría y datos, pensamiento y acción.
Comprendo como Investigación Social los diversos tipos de investigación que tratan del ser
humano en sociedad, de sus relaciones e instituciones, de su historia y de su producción simbólica.
Como cualquier fenómeno humano, las investigaciones sociales están relacionadas a los intereses
y circunstancias socialmente concatenadas. Las investigaciones nacen de determinado tipo de
inserción en lo real, encontrando allí sus razones y objetivos. Como práctica intelectual, el acto de
investigar refleja también dificultades y problemas propios de las Ciencias Sociales, sobre todo su
intrínseca relación con la dinámica histórica.
Conceptúo la Investigación social en salud como todas las investigaciones que tratan del
fenómeno salud/enfermedad, de su representación por los diversos actores que actúan en campo:
las instituciones políticas y de servicios y los profesionales y usuarios.
Analizando el concepto de investigación desde el punto de vista antropológico, se puede
decir que siempre existió la preocupación del Homo sapiens por el conocimiento de la realidad. Las
tribus primitivas, a través de los mitos, ya intentaban explicar los fenómenos que rodean la vida y la
muerte, el lugar de los individuos en la organización social con sus mecanismos de poder, control,
convivencia y reproducción del conjunto de la existencia social. Dentro de las dimensiones de
espacio y tiempo, la religión ha sido uno de los relevantes fenómenos explicativos de los
interrogantes de los seres humanos sobre los significados de la existencia individual y grupal.

26
Hoy todas las modalidades del conocimiento conviven concomitantemente, buscando
soluciones para los dramas humanos y para el avance de la humanidad. Una de ellas es
hegemónica: la Ciencia. Las Ciencias en la era moderna consiguieron constituirse como esquemas
de explicaciones dominantes. En esta etapa del desarrollo del capitalismo pos-industrial, se
transformaron en la fuerza productiva más importante de la historia. Sin embargo, no por eso su
estructura explicativa es exclusiva y conclusiva. Los problemas actuales de los seres humanos y de
la organización social plantean cuestiones cruciales como el hambre, la migración, la violencia,
para las cuales la ciencia, incluso la social, continúa sin respuesta y sin formulaciones.
Desde el punto de vista histórico, la Investigación Social viene cargada de énfasis e
intereses más amplios que su campo específico. Algunos autores, como Schrader (1987) hacen
una revisión de esa práctica académica a través del tiempo, mostrando que nació de grupos
contestatarios de las desigualdades producidas por la sociedad industrial. Su desarrollo
exponencial se dio en la segunda mitad del siglo XX y muchos investigadores renombrados como
Lazarsfeld, Jahoda y Gunnar Myrdal iniciaron sus carreras de investigadores en la búsqueda de
una solución a los problemas sociales causados por la Segunda Guerra Mundial. En Estados
Unidos, por ejemplo, nació en los periódicos de crítica social, según el autor (Schrader, 1987).
Pero no existe una única historia de la investigación social. En Inglaterra, por ejemplo, los
antropólogos avanzaron mucho en la comprensión de sociedades primitivas, realizando
investigaciones de interés para los colonizadores. Sin embargo, las investigaciones antropológicas
plantearon cuestiones que contrariaban los intereses de la metrópolis y de sus financiadores,
sacando a luz temas como el relativismo cultural, el pensamiento lógico de los primitivos y la
autosuficiencia de su organización social.
A partir de la Segunda Guerra Mundial, con la ampliación del poder de Estados Unidos y
bajo el signo de la industrialización, del crecimiento económico y poblacional, hubo un gran avance
de la investigación social volcada hacia la planificación estratégica y la producción de
intervenciones en la organización de los medios generales de producción y de reproducción y,
sobre todo, en la evaluación de las inversiones públicas y privadas volcadas al desarrollo.
Particularmente se invirtió mucho en el dimensionamiento de los llamados problemas sociales
referentes a la pobreza, a la salud, a la educación y a las políticas de bienestar. El término
Investigación en Políticas Sociales pasó a significar un campo científico con implicancias
inmediatas desde el punto de vista del control del Estado. La proliferación de centros de
investigaciones sociales, tanto en los países industrializados como en los subdesarrollados, llegó
junto al interés del poder público de conocer, regular y controlar la sociedad civil o de articularse
con ella para solucionar los males sociales siempre presentes en el capitalismo y profundizados en
el actual período de pos-industrialización.
Desde el punto de vista teórico y formal, existe una clasificación tradicional que divide la
Investigación en “pura” y “aplicada”. El investigador inglés, Bulmer (1978), cuestiona el
reduccionismo de esa clasificación. Comenta que “pura o básica” y “aplicada” hacen referencia a

27
una falsa división del conocimiento, dado que las investigaciones teóricas pueden tener y tienen
importantes consecuencias prácticas; y las investigaciones aplicadas suelen tener implicancias y
contribuciones teóricas. Esa dicotomía se basa en el modelo de tecnología en el cual el cliente que
paga explicita lo que quiere. Tal exigencia se torna inadecuada para las ciencias sociales.
Bulmer (1978) propone una clasificación alternativa de Investigación Social, substituyendo
la división tradicional. Las cinco modalidades, referidas a continuación, constituyen, según el autor,
“tipos” dentro de un continuum, con el mérito de dar visibilidad y legitimidad a diferentes formas de
abordar la realidad:
1. Investigación básica: se preocupa por el avance del conocimiento a través de la
construcción de teorías y test de las mismas o también por la satisfacción de la curiosidad
científica. No tiene un objetivo práctico en su proyecto inicial, aunque los descubrimientos
provenientes de los datos generados puedan influenciar y subsidiar tanto políticas públicas,
nuevos descubrimientos, inversiones, decisiones de los hombres y mujeres de negocios
como avances en la conciencia social.
2. Investigación estratégica: se basa en las teorías de las ciencias sociales, pero se orienta a
los problemas concretos, focales, que surgen en la sociedad, aunque no le correspondan,
al investigador, la solución práctica de los problemas que señala. Tiene la finalidad de
ilustrar determinados aspectos de la realidad. Sus instrumentos son los mismos con los
que actúa la investigación básica, tanto en términos teóricos como metodológicos, pero su
finalidad es la acción gubernamental o de la sociedad. Esta modalidad sería la más
apropiada para el conocimiento y la evaluación de problemas y políticas del sector Salud.
3. Investigación orientada a problemas específicos: es una modalidad operacional que es, en
general, realizada dentro de las instituciones gubernamentales y no gubernamentales y
empresas, apuntando al conocimiento inmediato. Se fundamenta, sin necesariamente
explicitarlo, en los conocimientos generados a través de las investigaciones básicas. Los
resultados de este tipo de investigación apuntan a ayudar a lidiar con cuestiones prácticas
y operacionales.
4. Investigación-Acción: consiste en la investigación que sigue pari passu el desarrollo de
programas sociales o gubernamentales para medir su impacto. La definición de este
término por Bulmer (1978) difiere del concepto de investigación-acción presentado por
Thiollent (1987), según el cual, por investigación-acción se entiende un tipo de
investigación social de base empírica, concebida y realizada en estrecha asociación con
una acción volcada a la resolución de problemas comunitarios y sociales. En esa
modalidad, los investigadores y participantes representativos de la situación o del problema
están involucrados de un modo cooperativo o participativo. La diferencia básica de las
conceptualizaciones de Bulmer (1978) y Thiollent (1987) reside en el hecho de que, en el
primer caso, la investigación acompaña las acciones de los programas, pero es externa a

28
ellas. En el segundo, el involucramiento del investigador y de los que actúan es parte
integrante de la investigación.
5. Investigación Inteligente: que se refiere a los grandes relevamientos de datos
demográficos, económicos, estadísticos, epidemiológicos, realizados por especialistas
generalmente vinculados a instituciones públicas o empresas, apuntando a la planificación
y a la formulación de políticas específicas y a la toma de decisiones. Los Censos y las
Investigaciones del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) son ejemplos
clásicos de investigaciones inteligentes. De forma simplificada, las Investigaciones de
Opinión Pública cumplen también esa función sociológica (Bulmer, 1978, p. 8-9).
Bulmer (1978) comenta, refiriéndose al campo de las Investigaciones Estratégicas, que la
“Investigación Básica” ha tenido, como marca permanente, una fuerte orientación unidisciplinaria,
dificultando su aplicación en políticas públicas. En el extremo opuesto, los estudios
interdisciplinares han sido bastante cuestionados por la poca consistencia teórico-metodológica.
Según él, los surveys se transformaron en el reino del sentido común, pues frecuentemente están
orientados: (a) por el “empirismo” y por el “positivismo”, cuya ideología se basa en el principio de
que los hechos hablan por sí mismos y de que nada existe más allá de los datos; (b) o por
intereses políticos de los cientistas o de las autoridades que encomiendan y financian su trabajo.
En este segundo caso, existe un supuesto, generalmente falseado por la realidad, de que los
gobernantes y políticos necesitan conocer los hechos para poder optar al tomar decisiones. El
riesgo del empirismo y del positivismo es el de minimizar los problemas teóricos y la reducción del
papel del investigador al de un relevador de datos técnicos y proveedor de información. Una vez
que presenta su visión técnica de la realidad, su papel cesa, y la interpretación pasa a ser
conducida por otros, y las relevancias son expuestas por intereses políticos y económicos, como
señala Wright Mills (1952).
Mi experiencia personal de más de veinte años en el campo de la investigación social en
salud en colaboración con epidemiólogos, me enseñó que no es necesario realizar elecciones
parciales. Es posible desarrollar investigaciones básicas sobre temas aún poco desarrollados,
abarcando problemas estratégicos desde el punto de vista de su relevancia social y direccionar los
resultados de forma operacional. Varios trabajos del equipo del Claves (Centro Latinoamericano de
Estudios sobre Violencia y Salud/Fiocruz) en el cual trabajo, apuntan hacia el hecho de que en
todas las investigaciones del área de salud colectiva es posible juntar consistencia teórica y
relevancia social en la dirección que aquí menciono de forma bastante concreta: (1) ya en la
construcción del proyecto, prever los productos que se pretende construir; (2) en su desarrollo
realizar todos los procedimientos (generalmente de forma interdisciplinaria que contengan
aspectos socio-antropológicos y epidemiológicos del problema focalizado), teóricos y
metodológicos típicos de la investigación básica; (3) en el proceso de análisis, direccionar la
reflexión y los resultados para descubrir o comprender aspectos de la realidad que necesitan
intervención, orientándolos hacia niveles de especificidad; (4) adicionalmente construir, con los

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datos y el análisis de la investigación, un texto complejo, ejecutivo, directo y corto que pueda servir
para la acción social.
Concluyo diciendo que la Investigación Social no puede ser definida de forma estática o
estancada. Necesita ser conceptualizada históricamente y entendiendo todas las imposiciones,
contradicciones y conflictos que configuran su camino. A su vez, su ámbito de acción precisa salir
de los marcos de la unidisciplina y del academicismo. Sobre todo en el campo de la salud, la
realidad a ser abordada se presenta siempre como una totalidad que involucra a diferentes áreas
de conocimiento y abarca la dinámica del mundo de la vida.
Y por último, debo resaltar una vez más que el universo de la investigación social y de los
investigadores vive bajo el signo de las contingencias históricas. Por un lado, están las dificultades
de financiamiento que cercenan o restringen las posibilidades, tanto de la investigación como del
direccionamiento de las conclusiones. Por otro, existen cuestiones éticas y científicas que el
investigador tiene que enfrentar sobre la realidad y sobre el destino del producto artesanal que
realiza, en lo referente al alcance de sus acciones y al uso social que se pueda hacer de ella para
la sociedad en la que vive.

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Capítulo 3
Contradicciones y consensos en la combinación de métodos
cuantitativos y cualitativos

Discusión crítica sobre los métodos cuantitativos y cualitativos

El conocimiento científico se produce por la búsqueda de articulación entre la teoría y la


realidad empírica. El método, tiene una función fundamental: tornar plausible el abordaje de la
realidad a partir de las preguntas planteadas por el investigador. En el campo de la salud colectiva,
los métodos frecuentemente usados en estudios de poblaciones humanas son los cuantitativos
(más frecuentes a través de la epidemiología) y cualitativos (más utilizados por las ciencias
sociales). Al desarrollar una propuesta de investigación y al desplegar las etapas de una
investigación, el investigador trabaja con el reconocimiento, la conveniencia y la utilidad de los
métodos disponibles, frente al tipo de información necesaria para que se cumplan los objetivos del
trabajo.
Frecuentemente, la discusión relativa a los métodos cuantitativos y cualitativos en el
abordaje de lo social y de la salud colectiva se ha desarrollado de forma inadecuada y por
oposición, muchas veces irreconciliable, como muestra la historia de su desarrollo (Pirès, 1982). La
dicotomía que se establece en la práctica, como ya fue mencionado anteriormente, no se condice
con lo que epistemológicamente es más correcto y plausible. Propiedades numéricas y cualidades
intrínsecas son atributos de todos los fenómenos, como señala Kant (1980). Sin embargo,
históricamente, predominaron los estudios de orden cuantitativo de lo social, ocultando cuestiones
de significado y de intencionalidad.
En este libro analizo sobre todo el método cualitativo. Por lo tanto no elaboro ninguna
discusión en profundidad sobre el método cuantitativo y reconozco su importancia para el análisis
de magnitud de los fenómenos. Tan solo me ocupo de algunas críticas que vienen siendo
realizadas a ese predominio por varios motivos: la forma de legitimación científica tradicional es la
cuantificación; la actividad intelectual fundada en la mensuración se tornó hegemónica en la
producción de datos para ser aplicadas en las políticas públicas en todo el Occidente desde la
Segunda Guerra Mundial; al rechazar cualquier análisis contextualizado de la realidad por miedo
al riesgo de la ideologización, los investigadores dejan la puerta abierta a la manipulación de los
datos por parte del poder y en consecuencia, consagran el tecnicismo, tan bien definido por
Théodore Roszak:

El gran secreto de la tecnocracia de lo social es su capacidad de convencernos del


siguiente silogismo: que las necesidades vitales del ser humano, contrariamente a todo lo
que nos fue enseñado por los grandes sabios, son de carácter puramente técnico, o sea,
que las exigencias de nuestra especie son susceptibles a ser plenamente determinadas
por un análisis formal, conducido por especialistas calificados; que esas exigencias pueden

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ser traducidas en programas sociales y económicos y así satisfechas y que, si un problema
no tiene solución técnica es tan sólo un falso problema, una ilusión, una ficción generada
por cualquier tendencia cultural regresiva 1970, p.24).

El uso de métodos cuantitativos tiene el objetivo de sacar a la luz datos, indicadores y


tendencias observables o producir modelos teóricos de alta abstracción con aplicabilidad práctica.
Su naturaleza se diferencia, según Kant en su Matemática Trascendental (1980), por referirse al
plano de la extensividad y de las regularidades en los fenómenos. En las ciencias sociales
contemporáneas, el abordaje cuantitativo está profundamente marcado por la reproducción del
positivismo clásico, según el cual: (a) el mundo social opera de acuerdo con leyes causales
últimas; (b) el fundamento de la ciencia es la observación sensorial; (c) la realidad consiste en
estructuras e instituciones identificables como datos brutos por un lado, creencias y valores, por
otro; (d) estos dos órdenes son correlacionados para proveer generalizaciones y regularidades; (e)
lo real son los datos estadísticos sobre los hechos, considerados datos objetivos, por lo tanto,
valores y creencias son realidades subjetivas que sólo pueden ser comprendidas a partir de
análisis cuantificables (Hughes, 1983).
Las restricciones al cuantitativismo volcado hacia la interpretación de informaciones
sociales no se refieren a las técnicas que utiliza, dado que son instrumentos de trabajo
indispensables. Se dirigen al reduccionismo en la evaluación de la realidad social. Adorno &
Horckheimer (1979) llegan a decir que el método positivista empírico amenaza con fetichizar sus
asuntos, transformándose a sí mismo en un fetiche, en la medida en que reduce la objetividad al
método y no llega al contenido. Más allá de las críticas filosóficas citadas por Hughes (1983), los
teóricos de la sociología comprensiva acrecientan las siguientes: (a) los abordajes cuantitativos
sacrifican los significados (Harrison, 1947; Dilthey, 1956; Weber, 1949; Schutz, 1963); (b) parten
de la creencia ingenua de que las distorsiones en el abordaje de la realidad pueden ser evitadas
por la codificación; (c) los métodos cuantitativos cuando se aplican a lo empírico tienden a
simplificar la compleja vida social limitándola a los fenómenos que pueden ser enumerados (Park
& Burgess, 1921); (d) generalmente, los cuantitativistas trabajan a priori y preconceptuosamente,
tomando como familiar los fenómenos que observan, sin tener en cuenta el sentido que los
hechos y las cosas tienen para los sujetos que los viven (Harrison, 1947; Schutz, 1964).
¿Qué es el método cualitativo? El método cualitativo es lo que se aplica al estudio de la
historia, de las relaciones, de las representaciones, de las creencias, de las percepciones y de las
opiniones, producto de las interpretaciones que los humanos hacen con relación a cómo viven,
construyen sus instrumentos y a sí mismos, sienten y piensan. Aunque ya hayan sido utilizados
en los estudios de aglomerados de grandes dimensiones (IBGE, 1976; Parga Nina, et al., 1985),
los abordajes cualitativos se adecuan mejor a investigaciones de grupos y segmentos delimitados
y focalizados, de historias sociales bajo la óptica de los actores, de relaciones y para el análisis de
discursos y de documentos.

32
Este tipo de método tiene fundamento teórico, más allá de permitir develar procesos
sociales aún poco conocidos referentes a grupos particulares, propicia la construcción de nuevos
abordajes, revisión y creación de nuevos conceptos y categorías durante la investigación. Se
caracteriza por la empiria y por la sistematización progresiva del conocimiento hasta la
comprensión de la lógica interna del grupo o del proceso en estudio. Por eso, es también utilizado
para la elaboración de nuevas hipótesis de estudios, construcción de indicadores cualitativos,
variables y tipologías.
En la comparación con los abordajes cuantitativos, entiendo que cada uno de los dos tipos
de método tiene su papel, su lugar y su adaptación. Sin embargo, ambos pueden conducir a
resultados importantes sobre la realidad social, quedando sin sentido asignarle prioridad a uno
sobre el otro.
Para hablar filosóficamente sobre el tema, es importante sacar a luz la reflexión de Granger
en su artículo sobre “Modèles qualitatifs, modèles quantitatifs dans la connaissance scientifique”
(1982). El autor pone su atención en lo que parece obvio: los acontecimientos son percibidos
inicialmente como cualidad, en dos niveles: en primer lugar, como lo vivido absoluto y único; en
segundo lugar, la experiencia es vivida a nivel de la forma, de modo que puede ser comprendida
por contraste (es un recorte del campo perceptivo) y por continuidad (se expresa en la unidad y en
la indivisibilidad). Sin embargo, el mismo autor señala el riesgo de “una reducción simplista de lo
cualitativo”, cuando el observador se contenta con la percepción de alguna parte del fenómeno que
observa y esta es tan sólo un predicado contingente y relativo del objeto, produciendo
percepciones incompletas.
Granger distingue “cualidad objetiva” y “cualidad del objeto psíquico” y considera que es un
esfuerzo necesario de la epistemología de las ciencias humanas actuales, establecer relaciones
entre “cualidad del objeto psíquico” y estructuración científica (1967, p.197).

Es así medianamente claro que la utilización de métodos y técnicas no cuantitativas en una


investigación, no es una cuestión de elección de una alternativa o de preferencias
personales: son procedimientos simplemente necesarios. [...] La necesidad de usar
métodos y técnicas no cuantitativas es consecuencia de la necesidad de captar algo de los
aspectos subjetivos de la realidad social, y de reconocer la dualidad real entre lo
cuantitativo y lo cualitativo (Granger, 1967, p. 82-83).

A su vez, Mannheim (1968), un estudioso de la sociología del conocimiento, también se


opone a la visión del positivismo clásico que intenta tornar mensurables, discernibles y sin
ambigüedades a todos los factores sociales. Comenta que existen ciertos términos tan cargados
de valores que sólo un integrante del sistema social estudiado puede comprenderlo. Advierte sobre
la participación del sociólogo como observador de la realidad que investiga y dice que eso puede
significar el sacrificio de lo que a veces se considera como la necesaria “neutralidad y objetividad

33
científica”. Pero, dice además, que el intento de obtener objetividad, en el sentido positivista, se
configura como el real obstáculo a los conocimientos sociológicos:
Está claro que una situación humana sólo es caracterizable cuando se toman en
consideración las concepciones que los participantes tienen de ella, la forma en que
experimentan sus tensiones en esa situación y cómo reaccionan a esas tensiones así
concebidas (Mannheim, 1968, p.70).

Completa afirmando que:


Para trabajar con las ciencias sociales es necesario participar del proceso social. Pero esa
participación en el inconsciente colectivo no significa, de modo alguno, que se falsifiquen
los hechos o que sean vistos incorrectamente. Por el contrario, la participación en el
contexto vivo de la vida social presupone la comprensión de la naturaleza interna de su
contenido. El desprecio por los elementos cualitativos y la completa restricción de la
voluntad no constituye objetividad y sí negación de la cualidad esencial del objeto (1968,
p.73).

Las palabras de Mannheim expresan el pensamiento de diversas corrientes teóricas de las


ciencias sociales, pero, al mismo tiempo, se vinculan a un enfrentamiento en el campo intelectual
en cuanto a los estudios de orden comprensivo. El funcionalismo destaca a importancia del sentido
social de la conducta humana, en oposición a las atribuciones individuales de los motivos de las
conductas. O sea, sustituye las explicaciones subjetivas por los determinantes de los sistemas
culturales y busca el sentido de la interrelación entre órganos y funciones. La sociología
comprensiva, cuyo representante clásico es Weber, dice que el carácter definidor de la acción
social es su sentido. “En la acción está contenida toda la conducta humana, en la medida en que el
actor le atribuye un sentido subjetivo” (1974, p.110).
La fenomenología, cuyo exponente en el campo de las ciencias sociales es Schutz (1982),
defiende la idea de que las realidades sociales son construidas en los significados y a través de
ellos, y sólo pueden ser identificadas en la medida en que se sumerja en el lenguaje significativo
de la interacción social. El lenguaje, las prácticas y las cosas son inseparables en el abordaje
fenomenológico, dado que los significados son generados en la interacción social. En el marco de
referencia fenomenológico, el mundo se presenta al individuo bajo la forma de un sistema
objetivado de designaciones compartidas y de formas expresivas. El marxismo clásico, a su vez,
interpreta la realidad como una totalidad en la que tanto los factores visibles como las
representaciones sociales integran y configuran un modo de vida condicionado por un modo de
producción específico.
A pesar de la pluralidad de interpretaciones de las corrientes de pensamiento citadas,
todas tienen en común el reconocimiento de la subjetividad y de lo simbólico como partes
integrantes de la realidad social. Del mismo modo, todas aportan hacia el interior del análisis, el
indisociable entrecruzamiento entre subjetivo y objetivo, entre actores sociales e investigadores,
entre hechos y significados, entre estructuras y representaciones.

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El valor de la investigación cualitativa, no obstante, no es reconocido integralmente ni
siquiera dentro de las ciencias sociales. Muchos cientistas sociales consideran importantes los
estudios cualitativos tan sólo para fines exploratorios, recomendando siempre el uso de
cuestionarios estructurados para lo que definen como “investigación científica”, en la cual son
exigidos testeos de hipótesis, posibilidades de repetición por la estandarización de las preguntas y
tests de validez y fidedignidad. Esa concepción es oriunda del positivismo, cuya suposición es que
el refinamiento de los instrumentos estandarizados y de las técnicas estadísticas es capaz de
solucionar la fidedignidad de las investigaciones, como ya fue dicho.
Refiriéndose a las restricciones que el propio campo de las ciencias sociales realiza a los
estudios de cuño cualitativo, el sociólogo canadiense Pirès (1982) muestra que tal repudio fue
magnificado en el pensamiento americano de la década del ‘30 del siglo XX, a través de cientistas
sociales importantes como Stouffer (1931) que, luego de analizar diversos trabajos con abordajes
metodológicos cuantitativos y cualitativos, optó por los primeros. Este autor de gran influencia en el
campo de la investigación social, partió de la constatación de las dificultades técnicas de trabajar
con datos subjetivos en la construcción del conocimiento y confirió el título de “pre-científico” al
método cualitativo (Stouffer, 1931), afirmando que su contribución es “útil para dar una idea” y sus
hallazgos “no son generalizables”. En otros momentos, llamó ostentosamente a la investigación
cualitativa de “periodismo oscuro y abominable”.
“No pueden ser descartadas las dificultades de trabajar con un abordaje metodológico de
un tipo de ciencia donde el observador y el observado son de la misma naturaleza y donde el
investigador y su tema comparten los mismos recursos” dice Giddens (1978, p.234). Por eso,
muchas veces los críticos tienen razones en sus resguardos como demuestra Minayo (1998),
basándose en una revisión de trabajos cualitativos de autores brasileños del área de la salud, a
partir de los años ‘80: hay muchas investigaciones mal elaboradas e interpretaciones simplistas;
hay descuidos evidentes en las fundamentaciones teórico-metodológicas de diversos trabajos;
persiste la antigua confusión entre las opiniones de los sujetos y la lógica interna de sus
representaciones; muchos investigadores profesan un empirismo arraigado que los lleva a
considerar como ciencia a la propia descripción de los hechos provistos por los actores sociales,
tomando la versión de las personas sobre los hechos como la verdad misma; algunos promueven
un modo de involucrarse con los valores, emociones y visión del mundo en el análisis de la
realidad, que es perjudicial para el proceso investigativo.
En el mismo sentido señala Eco (1992) que el principio de la semiótica ilimitada no puede
constituirse en una derivación incontrolable de sentidos. Aunque las interpretaciones de un texto,
de un habla, de un evento, puedan ser múltiples, no todas ellas son buenas. No se puede
establecer cuál fue la que alcanzó la mejor comprensión, pero es absolutamente posible decir
cuales son inaceptables.
En síntesis, también en la investigación cualitativa es importante la objetivación, o sea, el
proceso de investigación que reconoce la complejidad del objeto de las ciencias sociales, teoriza,

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revé críticamente el conocimiento acumulado sobre el tema en cuestión, establece conceptos y
categorías, usa técnicas adecuadas y realiza análisis que son al mismo tiempo específicos y
contextualizados. La objetivación lleva a repudiar el discurso ingenuo o malicioso de la neutralidad,
pero exige buscar formas de reducir la incursión excesiva de los juicios de valor en la investigación.
Los métodos y técnicas de preparación del objeto de estudio, de colecta y de tratamiento de los
datos ayudan al investigador, por un lado, a tener una visión crítica de su trabajo y, por otro, a
actuar con instrumentos que lo conduzcan a elaboraciones más objetivadas.
Actualmente, existe un gran esfuerzo teórico-metodológico en Brasil y en el plano
internacional (Minayo, 1989; 1991; 1993; 1998; 2003; Bosi & Mercado, 2004; Mercado, Gastaldo &
Calderón, 2002; Wolcott, 2003; Corbin & Strauss, 2003; Coffrey & Atkinson, 2002) para dar
sustentación a las investigaciones cualitativas y desarrollar su potencial de contribución a los
análisis sociales. Esto ocurre por diversos motivos que se conjugan, entre los cuales, (a) la fuerte
emergencia de la cuestión social, (b) resaltada por los procesos de exclusión y por una mayor
conciencia de los derechos de los diferentes actores sociales y (c) por la crítica entre pares que
crece con el aumento de la producción científica utilizando ese abordaje.

Posibilidades de combinación:
métodos cuantitativos y cualitativos

Sobre la combinación de métodos, la antropología, aún la funcionalista, intenta romper la


barrera de las explicaciones simplistas, creando abordajes más complejos, como propone
Malinowski (1975) diciendo que es preciso: (a) documentar estadísticamente, “mediante
evidencias concretas”, todo lo que puede ser mensurado en la “estructura de la sociedad”; (b)
complementar los registro cuantitativos a través de la observación de la “forma en que
determinadas costumbres, reglas o excepciones son vividas en el cotidiano por los nativos pues
esos son fenómenos sociológicos”; (c) estar atento al “cuerpo y sangre de la vida real pues ellos
componen el esqueleto de las construcciones abstractas”; “comprender los imponderables de la
vida real”; (d) oír y buscar comprender el “punto de vista, las opiniones y las expresiones de los
nativos”, o sea, tener en cuenta las maneras típicas del pensar y sentir que corresponden a las
instituciones y a la cultura de una comunidad (1975, p. 54-60).
La propuesta antropológica de Malinowiski, puede ser practicada, con mayor o menor
perfección, como lo evidencian diversos trabajos que utilizan la estrategia de triangulación de
métodos, como los de Minayo & Cruz Neto (1999); Minayo, et al. (2003); Minayo & Minayo-Gomez,
(2003); Minayo, Assis & Souza, (2005). La cuestión de las relaciones entre lo cuantitativo y
cualitativo, secundada por el problema epistemológico de la objetividad y de la subjetividad, no
puede ser asumida de forma simplista como una opción personal del cientista al abordar la
realidad. Tiene que ver con el carácter del objeto específico de conocimiento aquí tratado: con el

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entendimiento de que en los fenómenos sociales, existe la posibilidad de analizar regularidades,
frecuencias, pero también relaciones, historias, representaciones, puntos de vista y lógica interna
de los sujetos en acción.
Varios documentos recientes, entre ellos la Carta de Otawa (Brasil, 1996) y artículos
nacionales e internacionales, definen la salud como un proceso social en el cual las sociedades
hacen elecciones conscientes o inconscientes para asegurar las condiciones en las cuales las
personas pueden ser saludables (Minayo, 2000). Al expresar tal tesis, los actores colectivos
enuncian que este tema forma parte de la esfera de su vida y se expresan en la economía, en la
política, en el derecho y en la experiencia subjetiva y no tan sólo en el campo denominado sector
salud (Minayo & Minayo-Gómez, 2003; Minayo, et al., 2003).
Trasladar la discusión de la salud hacia la arena política y vivencial (Gadamer, 1999) tiene
por fundamento la convicción de que es un bien social compartido. En consecuencia, su
manutención y promoción son de responsabilidad colectiva e individual, aunque todos tengan
conciencia de que, en las complejas sociedades contemporáneas, los derechos son distribuidos de
un modo diferente y apropiados de forma heterogénea y conflictiva. Por eso, los problemas
atinentes al ámbito de la salud necesitan ser comprendidos a través de categorías clasificatorias
que contemplen las diversidades y las diferencias. De esas categorías, las más estructurantes son:
clases y segmentos de clases, género, edad y etnia, expresando condiciones de vida y de trabajo,
en espacios y tiempos socio-demográficos y culturales específicos. Vivencias desiguales
construyen formas diversas de pensar, sentir y actuar respecto a la salud y a la enfermedad: no
hay salud ni construcción social de la salud en abstracto y por fuera de la sociedad que las
generan, como hace mucho tiempo señalaban Lévy-Strauss (1963); Marcel Mauss (1950) y
Boltanski (1979).
Infinitos ejemplos sobre la singularidad cultural de los fenómenos atinentes a la salud y a la
enfermedad que exigen investigación cualitativa podrían ser aquí descritos, como lo prueban los
estudios sobre explicaciones religiosas relacionados con la muerte en general o sobre la
mortalidad infantil en el nordeste brasileño, por ejemplo (Minayo, 1991); sobre la gestación y el
parto en las periferias de la ciudad de México (Scrimshaw, 1987); sobre causas y orígenes de las
enfermedades en tribus neozelandesas en Marcel Mauss (1974), y más recientemente, en Sfez
(1997) que investigó el fenómeno al que denomina concepción y representación de la “salud
perfecta” en las clases adineradas de la sociedad americana, japonesa y europeas pos-
industriales. La comprensión de las especificidades citadas anteriormente sería imposible a través
de métodos cuantitativos.
Desde un punto de vista conceptual, por lo tanto, forma parte de una visión compleja de la
ciencia, incorporar teóricamente y en la práctica, la evidencia empírica de que salud y enfermedad
no se reducen a una experiencia orgánica, biológica y externa a los sujetos. Tales reflexiones se
escudan en los fundamentos de la teoría de Weber (1974) sobre el significado subjetivo de la
acción social. Así, la comprensión particular e intersubjetiva de determinada situación, produce

37
comportamientos que a su vez se bifurcan, transformando la experiencia “en una profecía auto-
realizable” (Thomas, 1970, p. 246). Tales premisas reafirman, en las experiencias de salud y
enfermedad, la intrincada relación entre hechos, eficacia de ideas (Weber, 1974) e intencionalidad
(Schutz, 1964). A su vez, el reconocimiento de que el sector salud trabaja, al mismo tiempo, con
problemas colectivos y determinaciones biológico-sociales (Latour, 1994) o biológico-social-
ambientales (Waltners-Toews, 2001; Forget & Lebel, 2001) no disminuye la responsabilidad del
investigador de entender que todos los problemas se materializan en la realidad antropológica. De
allí que las exigencias epistemológicas para la investigación cualitativa y para los abordajes
cuantitativos y cualitativos son fundamentales.
La combinación de métodos, sin embargo, se constituye en un desafío, dado que en la
práctica científica contemporánea, los abordajes cuantitativos y cualitativos pasaron a significar no
sólo dos formas “profesionalmente distintas” de aprehender (epidemiología) y comprender
(antropología) lo real, sino dos modalidades de investigación con campos teóricos propios,
delimitados y frecuentemente antagónicos. Generalmente, las investigaciones epidemiológicas
priman por la reificación de la estadística, basándose en la creencia positivista de la “verdad de los
números” y, a su vez, las socio-antropológicas suelen aislarse de las bases cuantitativas,
confundiendo frecuentemente la “verdad” con el significado expresado por los sujetos.
Históricamente, se puede observar, que las relaciones entre epidemiología y ciencias
sociales vienen construyéndose en la convivencia con al menos tres modelos de explicación de las
enfermedades: el organicista, el social y el ecosistémico.
El primero le confiere una existencia independiente a la salud y enfermedad, cuyo modelo
más radical era el de la teoría microbiana que se vanagloriaba de poder superar todas las
ideologías políticas e interpretaciones sociales que minaban el campo de la cientificidad de la
medicina (Nunes, 1985). Su versión contemporánea se evidencia en las áreas más avanzadas de
las investigaciones básicas y aplicadas de la genética, que prometen la utopía de la “salud
perfecta” de forma independiente a los procesos sociales, según Sfez (1997).
Un segundo modelo, articula salud y enfermedad con condiciones de vida. Ejemplos de su
aplicación pueden ser encontrados en John Snow (1967), sobre la Transmisión del Cólera y el
trabajo de Engels sobre la Situación de la Clase Trabajadora en Inglaterra (1977). Este modelo se
radicalizó en la epidemiología brasileña y latinoamericana. Como reacción al tecnicismo y al
biologicismo de la medicina y de la epidemiología tradicional, surgió en la región, en los años ‘70
del siglo XX, una corriente de pensamiento que proponía pensar salud y enfermedad a través de
su historia social, bajo la visión del marxismo en su aspecto estructural. Su aplicación aparece en
el llamado “paradigma de la epidemiología social”, (Breilh, 1979; Laurell, 1987), que centra su
discusión en la idea de la equidad social y expresa su mayor vigor en la área temática de trabajo y
ambiente (Carvalho, 2002). Esa corriente está hoy en retroceso, acompañando la crisis del
marxismo en la sociedad occidental y en el pensamiento sociológico.

38
Su decadencia se debe sobre todo a la falta de consistencia de su estructura, mucho más
política que científica, dando margen a las críticas sobre la idea de totalización de la determinación
de lo social actuando en la producción de la salud/enfermedad. Las consideraciones actuales
focalizan la fragilidad epistemológica de la epidemiología social por sustentarse en las bases del
pensamiento marxista mecanicista. Diversos autores cuestionan la mediación construida entre la
visión positivista de la epidemiología descriptiva y el determinismo también positivista (Pereira,
2000; Medronho, et al., 2002) del marxismo althusseriano. En realidad, la epidemiología social
como propuesta histórica reciente, no se desprendió de las corrientes teóricas fundamentadas en
la filosofía de la conciencia (o sea, de la observación exterior de los fenómenos). Su abordaje, por
momentos asumió la cuestión social como escenario de producción de las enfermedades, en otros
como determinante sin mediaciones, de las situaciones, de los comportamientos y de los sujetos.
De la misma forma que la epidemiología positivista, la epidemiología social tuvo poco en
cuenta las cuestiones de la subjetividad y los procesos micro-sociológicos del mundo de la vida,
que complejizan las expresiones de salud y enfermedad en el terreno de la práctica. Si es verdad
que los problemas sociales se expresan en las condiciones de salud, es porque lo social está
simultáneamente en la propia producción fisiopatológica y epidemiológica, permeando y
modificando sus manifestaciones y no sólo dándoles contención. Por eso, al resaltar las
dificultades de la conceptualización, Almeida Filho dice que “será siempre redundante cualquier
referencia a una epidemiología social” (1989, p.5).
El tercer modelo viene desarrollándose, sobre todo, a partir de la teoría cuadrangular de
Lalonde (1956) sobre los factores que interfieren en la salud, de la Carta de Otawa (Brasil, 1995) y
tiene su expresión actual en el denominado abordaje ecosistémico de salud. Este tipo de enfoque
está influenciado por varios movimientos entre los cuales el ambientalista y el feminista, intentan
combinar la epidemiología de las enfermedades con las condiciones sociales que las determinan o
influyen en su ocurrencia y, también, con variables ambientales. Su fundamento, aunque
presentado de forma mucho más compleja, se remonta a las teorías ecológicas y multicausales de
las enfermedades (Waltners-Toews, 2001; Forget & Lebel, 2001; Minayo, 2002). Dentro de este
modelo, los factores reconocidos en los procesos socio-sanitarios concretos son vistos de forma
combinada. Sus principios orientadores son, en primero lugar, (1) el pensamiento sistémico, para el
cual toda la complejidad de los seres vivos necesita ser tenida en cuenta para la producción de la
salud humana; (2) las cuestiones de género deben ser evidenciadas en las investigaciones y
acciones transformadoras; (3) la equidad es un principio básico de la promoción de la salud, y (4)
la participación y la responsabilización social de los diferentes actores tomados en sus contextos
tienen que ser incorporadas como parte integrante de la construcción de una vida saludable.
Desde un punto de vista disciplinario, las corrientes explicativas de los procesos de
padecimiento se basan en tres pilares principales: las ciencias biológicas, sociales y estadísticas
(incluyendo las ciencias matemáticas y la demografía) (Pereira, 2000). Sin embargo, el énfasis
disciplinario siempre recayó en las ciencias biológicas y en la estadística. Inicialmente, el status de

39
cientificidad de la epidemiología era dado por la descripción anatomofisiológica, microbiológica y
parasitológica detallada en la mediación del proceso patológico. Posteriormente, “con la
sofisticación del análisis estadístico y el empleo de la informática, la epidemiología de los factores
de riesgo adquiere la casi exclusividad como producción científica del área [epidemiología] y llega
hasta a definirla” (Medronho, et al., 2002, p. 6).
Aún actualmente, la mayoría de las veces, la inserción de las teorías sociales en la
epidemiología se hace a través de la apropiación de términos de forma ideológica o a través del
sentido común. Esto sucede no sólo en el momento de la reducción de conceptos a variables, sino
también en la incorporación superficial y acrítica de marcos teóricos.
En una compilación de referencias denominada Bases Históricas de la Epidemiología,
Almeida Filho (1989) detalla el proceso de construcción de esa disciplina, en una escalada rumbo
al cuantitativismo y al abordaje tecnicista: (a) se remonta a una apropiación de la Aritmética Política
de William Petty y de los relevamientos de Estadística Médica de John Graunt en el siglo XVII
(Last, 1983); (b) se articula a los estudios a través del método numérico para el conocimiento de la
incidencia y prevalencia de enfermedades en Francia, en Estados Unidos y en Inglaterra, en el
siglo XIX (Lilienfeld, 1976); (c) es hija de la institucionalización de la Estadística Médica, en
Inglaterra, a partir de los trabajos de William Farr, quien, desde 1839, creó el registro anual de
mortalidad y morbilidad para Inglaterra y el País de Galles (Last, 1983), pero sólo se institucionaliza
al ser enseñada como disciplina en las universidades ya en el siglo XX. MacMahon et al. (1969)
escribieron el primero manual de Epidemiología, en la década del ‘60 del siglo XX.
La búsqueda de cientificidad positivista en la naciente disciplina y en la construcción de la
propia historia de la Epidemiología ocurrió pari passu con la revolución bacteriana. El extraordinario
desarrollo de la bacteriología, a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, provocó un innegable
fortalecimiento de la medicina organicista, contrariando las tentativas de la llamada Medicina Social
y Política que en aquel mismo período, intentaba buscar los nexos entre el origen de las
enfermedades y las cuestiones sociales (Nunes 1985; 1999). Así, la epidemiología cuantitativista
pasó a diferenciarse de la Salud Pública, reproduciendo el diagnóstico médico ontológico y
nosológico de la historia natural de las enfermedades. Pero también ocurrió lo contrario: “la versión
británica de la Medicina Social evolucionó hacia una vertiente supuestamente técnica,
constituyendo la llamada Salud Pública” (Almeida Filho, 1989, p. 3). Es importante observar la
simbiosis teórica que desde entonces se viene produciendo entre salud pública y epidemiología:
esa especie de “sinonimia” está presente en textos, debates y congresos del área y
manifestándose, ora en forma de reducción, ora en forma de expansión. Los reduccionistas
privilegian la visión técnica y biológica de la distribución de las enfermedades en la población. Los
expansionistas, cuya lógica bebe de la fuente originaria de la Medicina Social del siglo XIX (Nunes,
1999), juntan y articulan conceptos y métodos de la epidemiología y de las ciencias sociales.
Algunos de ellos, se apropian de las teorías sociológicas con éxito, otros las incorporan de forma
naturalizada y mecánica.

40
En síntesis, se puede concluir que las dos formas más comunes de absorción de los
conceptos sociológicos usados para el análisis del contexto de los procesos de salud enfermedad,
por la epidemiología, han sido su instrumentalización o su uso ideológico. En este último caso, más
allá de considerar a la epidemiología social como la propia salud pública, el abordaje marxista de la
epidemiología tomó una determinada vertiente del marxismo (la más vulgar, según Perry Anderson,
1987) como la totalidad de la ciencia social. En esa praxis sucedió algo paradójico: por un lado, la
producción de un análisis con alto nivel de abstracción y el uso de esquemas macro-sociales y
anti-antropológicos; por otro, la creciente búsqueda de perfeccionamiento y el uso cada vez más
sofisticado y tecnicista de los métodos y de las técnicas bioestadísticas para explicaciones de los
problemas de salud y enfermedad. En el medio, se generó un vacío interpretativo de los procesos
sociales vivenciados en el cotidiano. Por lo tanto, la propuesta diferenciadora de la epidemiología
crítica está aún por ser realizada, teniendo en cuenta que el término crítica, en su matriz,
históricamente significó sumisión a la corriente marxista de carácter estructuralista, a la cual se
agregó, sin mediaciones, el análisis de datos cuantitativos.
En la década del ‘80 y ‘90 del siglo XX, se realizaron algunos intentos de concientizar a los
estudiosos del área sobre el lugar del “sujeto” en la epidemiología y en las prácticas de
planificación. Sin embardo, continúan siendo hegemónicos los abordajes tecnicistas en los que el
dinamismo de lo social es un “lugar vacío” o, cuando mucho, un “elemento de estrategia”. En
oposición al florecimiento del tecnicismo epidemiológico, el análisis de la epidemiología social tal
como era realizado, prácticamente cayó en desuso.
Al terminar esta crítica y en rigor de verdad, es preciso decir que el malestar en relación al
reduccionismo y al fetichismo del método también es relatado y asumido por epidemiólogos que
buscan la incorporación de las ciencias sociales en sus marcos reflexivos y analíticos, como es
relatado en la introducción de dos recientes e importantes libros brasileños que sirven de base a la
formación de una nueva escuela de epidemiólogos. Ambos textos plantean la incorporación de las
ciencias sociales, que trabajan con relaciones y significados en el abordaje epidemiológico, como
una condición esencial para su desarrollo en el siglo XXI (Medronho, et al., 2002; Pereira, 2000).
Por su parte, la introducción de las Ciencias Sociales al campo de construcción de la Salud
Pública en general, se hizo de forma funcionalista, a causa de la hegemonía histórica de la
medicina en el área de las ciencias de la salud. Aunque la reflexión sobre la interferencia de los
aspectos económicos, políticos y sociales sobre la salud sea antigua y haya florecido a mediados
del siglo XIX, la racionalidad médica siempre predominó en los intentos de formalización teórica del
área. Los términos referentes a lo social nunca fueron merecedores de una profundización
conceptual.
Fue en el siglo XX, cuenta Nunes (1985), que los sociólogos, antropólogos y psicólogos
fueron llamados, como profesionales, a integrar el campo de salud. En un primer momento, en los
abordajes predominó el carácter conductivista y funcionalista, respondiendo a la demanda del
campo médico que siempre procuró tener acceso a las claves de comprensión de los diferentes

41
códigos con los que los legos conceptualizan y vivencian los procesos de salud y enfermedad,
acceden a los servicios e interpretan los tratamientos. El objetivo de las primeras articulaciones fue
pragmático: administrar normas de comportamiento saludables a los legos.
En un segundo momento, les fue pedido a los cientistas sociales que suministraran análisis
más minuciosos sobre las “variables sociales” de la historia de las enfermedades. Esa ha sido la
forma más común de articulación disciplinaria entre el área de la epidemiología y de la clínica con
las ciencias sociales. Hasta hoy, gran parte de lo hecho en los países subdesarrollados con
financiamiento de organizaciones internacionales conserva el mismo paradigma.
En necesario señalar aquí que, también en las ciencias sociales, ha predominado la lógica
tecnicista, irradiada desde Estados Unidos, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial,
tornándose hegemónica. De este modo, la confusión entre cientificidad y cuantificación no
constituye un privilegio del área de la epidemiología, como ya fue mencionado anteriormente.
En el caso brasileño, la presencia de los cientistas sociales en el campo de la salud es
relativamente reciente, de tal modo que la historia de su inserción sistemática tiene poco más de
30 años (Nunes, 1985;1999;1983; Canesqui, 1998; Minayo, 2000; Luz, 2000). La mayoría, en los
años ‘70 y ‘80, siguió la línea académica más general en la sociología nacional, distinguiéndose
por la realización de análisis macro-sociales, institucionales y de estudios a partir de datos
secundarios y documentales. Algunos se destacan por las contribuciones epistemológicas y
sociológicas y otros por el análisis de las políticas del sector.
Es interesante observar que, antes de los años ‘80, eran raros los cientistas sociales de la
salud que iban a campo y producían trabajos empíricos con la población. Los estudios étnicos eran
exclusividad de los antropólogos stricto sensu. Una extensa y profunda revisión bibliográfica
realizada por Nunes, que data de 1985, mapea prácticamente en todo el territorio, tan sólo un
estudio antropológico sobre salud en el conjunto de la producción científica brasileña de salud.
Hoy, esa contribución es substancial y entre otros, cito aquí Alves & Rabelo (1998); Rabelo, Alves
& Souza (1999); Knauth (1998); Duarte & Leal (1998); Alves & Minayo (1994); Carrara (1996);
Rodrigues (2001); Deslandes (2002).
De la misma forma que en la epidemiología, en las décadas del ‘70 y ‘80 del siglo XX, los
cientistas sociales que trabajaban en el sector salud en Brasil, en su mayoría, produjeron un saber
cuya matriz se restringía a las teorías marxistas, en su aspecto positivista y estructural de
inspiración althusseriana. A partir de mediados de los años ‘80 hubo una inflexión de las
inversiones teórico-conceptuales y metodológicas en otros abordajes comprensivos y dialécticos de
las determinaciones y del lugar de la intersubjetividad. En relación al marxismo, la fuerte influencia
de Althusser fue substituida por el pensamiento de Gramsci (1981), cuya elaboración teórica se
mostraba mucho más abierta en relación al campo de las ideas, de la subjetividad y de la historia.
Desde entonces, comienzan a configurarse algunas tendencias: (1) crisis o abandono de los
marcos referenciales basados en las meta-narrativas o de las macro-teorías; (2) aumento de la
producción científica de base comprensiva, diferenciándose de la tendencia cada vez más

42
acelerada de la epidemiología para reverenciar los poderes de las técnicas estadísticas; (3)
significativos intentos de producción de estudios interdisciplinarios, transdisciplinarios por
triangulación de métodos cuantitativos y cualitativos en los abordajes de los problemas de salud.
Quiero poner atención sobre dos tipos de cuestionamientos que frecuentemente han sido
realizados a los cientistas sociales por otros profesionales e investigadores sobre estudios
cualitativos en el área de salud. Por un lado, existe una crítica contundente con relación a la baja
potencialidad de aplicación práctica de los conocimientos generados. Ese cuestionamiento,
generalmente, pone en evidencia la dificultad de muchos profesionales del área social de superar
el formato del análisis de alto nivel de abstracción teórica, poco propositivos, distantes de los
problemas inmediatos y ausentes de una perspectiva de acción que el campo de la salud
demanda. Ahora bien, el área de la salud, aún proporcionando un campo significativo para la
inversión en investigaciones básicas, clama por una relación más comprometida con las
prioridades sociales.
En este sentido, es importante poner atención a la sabiduría de Wright Mills en su clásica
obra Imaginación Sociológica (1952) sobre las relaciones entre los cientistas y la realidad. En ella,
el autor dice, que el papel de los cientistas sociales debería ser el de evidenciar, para sus
contemporáneos, la significancia de la dinámica de la sociedad en que viven y el sentido de su
participación específica. La utilidad de la ciencia, dice Mills, es dada por su capacidad de
transformar los grandes problemas sociales que el pueblo vive en cuestiones públicas a favor de
cambios sociales, colaborando para que los ciudadanos informados sean capaces de salir de sus
límites individuales para sentirse parte de una historia, con la cual su biografía está estrechamente
vinculada. Esta misma tesis es apoyada por otros renombrados autores como Adorno &
Horkheimer (1991), dos exponentes de la llamada Sociología Crítica Alemana.
Otra fuente de crítica de los epidemiólogos a la producción de las ciencias sociales en el
área de la salud se refiere a lo contrario de lo que fue expuesto anteriormente. Se relaciona con el
empirismo (Minayo, 2002) ingenuo de muchos estudiosos que transforman opiniones, creencias y
quejas de los usuarios del sistema de salud en verdades, evidenciando una incapacidad para
realizar análisis contextualizados, fundamentados y elaborados teóricamente. Ese cuestionamiento
tiene como telón de fondo una cantidad de estudios simplificados o fenomenológicos, donde los
investigadores se desentienden de “construcciones de segundo orden” (Schutz, 1982, p.137), cuyo
peso debería caberles. En tales producciones, la verdad de los informantes se confunde con la
verdad científica, desacreditándose su posible contribución.
Las dos principales críticas expuestas anteriormente tensionan el antiguo debate sobre el
papel de la ciencia, de la técnica y de aquello que sea la construcción de una tecno-ciencia
(modelo más difundido en el campo de la salud). Ellas exponen, también, el significado
praxiológico de la ciencia, sobre todo en un área en que los descubrimientos y propuestas se
refieren a valores tan fundamentales como la vida y la muerte, la salud y la enfermedad.

43
Las posibilidades de contribución de la interacción entre teorías y métodos para el
análisis de los problemas de salud provienen, justamente, de sus diferencias. Por un lado, se
fundamentan en la búsqueda de una comprensión en profundidad de los valores, prácticas,
lógicas de acción, creencias, hábitos y actitudes de grupos e individuos sobre la salud, la
enfermedad, las terapéuticas, las políticas, los programas y demás acciones protagonizadas por
los servicios de salud. Y, por otro lado, se basan en la lectura de la explicación por extenso de
cómo esos sujetos, agregados en un nivel poblacional, se tornan expuestos o vulnerables a
eventos o procesos que ponen en riesgo su salud, cómo se enferman, cómo y con qué magnitud
demandan tratamiento y atención. Más que pares de oposiciones, los métodos cuantitativos y
cualitativos traducen, cada cual a su manera, las articulaciones entre lo singular, lo individual y lo
colectivo, presentes en los procesos de salud-enfermedad. La interacción dialógica entre ambos
aportes (y no por yuxtaposición o subordinación de uno de esos campos) constituye un avance
innegable para la comprensión de los problemas de salud.
Para la práctica interdisciplinaria, el ejercicio teórico disciplinario es tan fundamental
como el diálogo entre las diferentes áreas. No obstante, la articulación entre diferentes campos
del saber sólo es posible si pasa por las traducciones de las distintas lógicas y criterios de
cientificidad, de una hermenéutica del modus operandi de cada metodología y de la arquitectura
de los conceptos que cada teoría de referencia presenta. Sin ese diálogo de los fundamentos de
cada una de las ciencias, los practicantes de las diferentes tradiciones científicas estarán
restringidos al infructífero debate de los límites de tal o cual concepto, de las condiciones de su
operacionalización o de la yuxtaposición de métodos y técnicas.
El ejercicio de triangulación de métodos no es fácil ni simple. Los que deciden realizarlo
necesitan profundizar, concomitantemente, conceptos disciplinares, de forma tal que todos
aquellos conceptos que sean esenciales para la investigación puedan ser confrontados y
enriquecidos transversalmente. Por razones epistemológicas y prácticas ya citadas, es preciso
reivindicar a los investigadores que están rompiendo las barreras y ampliando las fronteras del
conocimiento, sin desatender el rigor y la competencia.
En síntesis, la experiencia de trabajo con abordajes cuantitativos y cualitativos muestra
que: 1) no son incompatibles y pueden ser integrados en un mismo proyecto de investigación; 2)
una investigación de cuño cuantitativo puede aportar cuestiones que pueden ser respondidas sólo
a través de estudios cualitativos, transfiriéndole un aporte comprensivo y viceversa; (3) que la
estructura cualitativa es la que mejor se conjuga con los estudios de situaciones particulares,
grupos específicos y universos simbólicos; (4) que todo el conocimiento de lo social (a través del
método cuantitativo o cualitativo) siempre será un recorte, una reducción o una aproximación; (5)
que en lugar de oponerse, los estudios cuantitativos y cualitativos, cuando son realizados en
conjunto, promueven una construcción más elaborada y completa de la realidad, dando lugar al
desarrollo de teorías y nuevas técnicas cooperativas.
Concluyo este texto con las palabras de un epidemiólogo:

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Es imperativo abrir la ciencia epidemiológica a la investigación de los aspectos simbólicos
(tales como valor, relevancia y significado) del riesgo y de sus determinantes. Si llevamos
este abordaje contextual hasta sus últimas consecuencias lógicas, podemos decir que
“factores de riesgo sociales” no son más que la expresión del modo de vida de grupos
poblacionales. Así, para dar cuenta del gran desafío de desarrollar una epidemiología del
modo de vida, precisamos, por lo tanto, emprender una reevaluación metodológica radical
de nuestra disciplina (Almeida Filho, 2000, p.174).

45
Parte II
Teoría, Epistemología y Métodos: caminos del pensamiento

Envolver una teoría con el manto de la verdad es


atribuirle una característica no realizable
históricamente. Nada es más perjudicial al proceso
científico que el apego a enunciados evidentes, no
discutibles. Solamente en teoría se puede decir
que la ciencia es la interpretación verdadera de la
realidad, porque en la práctica, toda interpretación
realiza tan sólo una versión históricamente posible
(Demo, 1981, p. 25).

Antes de tratar el tema específico de la Metodología de la Investigación social, es


importante discutir el legado de las Ciencias Sociales, como menciona Enmanuel Wallerstein
(1999), haciendo un recorrido por las raíces de este campo de conocimiento que tiene “padres
fundadores”, data de fines del siglo XIX y entrelaza disciplinas, estructuras corporativas y
comunidades de investigadores, configurando una cultura específica. En la sociología, Durkheim,
Weber y Marx constituyen la trilogía que presenta las contribuciones seminales y, al mismo tiempo,
evidencia formas diferenciadas de ver el mundo y de interpretarlo.
Aunque las Ciencias Sociales hayan avanzado y se hayan diversificado en cuanto a los
temas que abordan y las teorías que engloban, estos tres autores son las referencias clásicas de
las diversas corrientes de pensamiento, demostrando que ninguna teoría de la sociedad es neutra
y que cualquier estudio tiene, implícitas o explícitas, marcas teóricas de parentesco. Se puede
decir también que ninguna de las líneas de pensamiento sobre lo social tiene el monopolio de
comprensión de la totalidad. A los hechos y procesos se accede por aproximación, dando la razón
a la observación de Lenin: “la marcha de lo real es siempre filosóficamente más verdadera y más
profunda que nuestros pensamientos más profundos” (1965, p.235).
Con relación a las principales corrientes de pensamiento, entrelazaré algunas
interpretaciones reflexivas, alertando siempre al lector, que se trata de un simple resumen de
ideas, cada una de ellas respaldada por respetables autores, de gran sabiduría y potencia
intelectual. Los referenciales que tomo para este estudio son los trabajos originales de los autores
y los análisis de estudiosos como Hughes (1983) y Wallerstein (1999) para las ciencias sociales en
general y, para la aplicación en el campo de la salud, textos de Nunes (1983; 1985; 1999) García
(1983) y Donnangelo (1983); Luz (1979), entre otros.
En Ciencias Sociales y Salud en América Latina, Nunes toma 1.663 referencias de la
producción teórica en el área, entre los años de 1950 y 1979, clasifica el material y lo analiza

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dentro de un marco referencial histórico-estructural, pasando por la (a) Medicina Tradicional; (b)
Servicios de Salud; (c) Proceso Salud/Enfermedad y (d) Formación de Recursos Humanos.
En el estudio del material referido, Nunes profundiza sobre varias cuestiones que no
constituyen el objeto de preocupación de este libro, pero enfatiza además un enfoque que se
vincula al tema: las corrientes de pensamiento de la producción intelectual del período recortado,
contextualizándolas al interior de las preocupaciones más amplias de la sociedad brasileña y
latinoamericana.
Sin querer establecer etapas estancadas, Nunes muestra que, en la década del ‘50, las
investigaciones estuvieron marcadas por las teorías funcionalistas y culturales, sirviendo a la
implementación del desarrollo y la organización de la comunidad.
En las décadas del ‘60 y ‘70, los abordajes fenomenológicos influenciaron efectivamente el
pensamiento y las prácticas de la salud colectiva. Cuestionaron la omnipotencia y la omnipresencia
del Estado sobre los individuos y sobre los grupos de referencia y la arbitrariedad impositiva de las
clases dominantes a través de los sistemas de salud. Su emergencia hizo eclosionar una reacción
de negación de los principios positivistas y funcionalistas más volcados hacia el todo y hacia las
masas, en favor de una afirmación de los derechos individuales, del principio de la autonomía de
las personas y de la construcción de grupos mediadores frente al Estado y a las grandes
instituciones médicas y sanitarias. La fenomenología ocupó un lugar importante en las reflexiones
sobre los significados subjetivos de la salud y de la enfermedad y en la condena teórica del
anonimato, de las leyes generales y de las invariaciones propias del positivismo sociológico.
A partir de los años ‘70, hubo un gran incremento de la producción intelectual en el área de
salud, dentro del enfoque marxista histórico-estructural. La presencia del marxismo en el ambiente
académico de la salud coincidió con la resistencia ciudadana al autoritarismo y a la violencia
política vigente en el período de la dictadura militar. Ese movimiento, que agrupaba en una
organización denominada informalmente “partido sanitario”, contribuyó a la producción de una
crítica teórico-práctica sobre la fragilidad y la fragmentación del análisis fenomenológico (Nunes,
1985), proponiendo cambios estructurales en la distribución de la salud, como bien social, y del
acceso a los servicios de salud, en Brasil y en América Latina.
Las tres corrientes de pensamiento continúan vigentes, actuantes y de forma competente
en el análisis referente a la relación Salud y Sociedad. Forman parte de la propia pluralidad
ideológica de la sociedad actual, donde las visiones sociales del mundo están comprometidas con
posturas concretas en la práctica teórica y política. Sin embargo, advierto sobre el hecho de que la
lógica del capitalismo contemporáneo, marcado principalmente por las transformaciones en las
formas y fundamentos de la comunicación y de la información, saca a la luz las nociones de red y
de sistemas para explicar la dinámica de la realidad actual. Aunque desarrolladas inicialmente por
la biología y por la cibernética, las corrientes de “pensamiento sistémico” vienen asumiendo, de a
poco, un lugar también en las ciencias sociales y en los estudios que componen el área de la
salud.

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En 1983, Garcia ya advertía que ninguna de las corrientes de pensamiento desconoce la
vinculación de la medicina con la estructura social, sin embargo, sus diferenciaciones se explicitan
en la interpretación de cómo se da esa vinculación y con qué grado de autonomía o dependencia
se sitúa el fenómeno salud-enfermedad en tanto manifestación biológico-social. Las diferentes
visiones del mundo presentes en las interpretaciones de la realidad reflejan la dificultad del
pensamiento de aprehender y comprender el objeto “social” y, en consecuencia, la “salud” en toda
su complejidad y sus articulaciones.
Esta parte contiene dos capítulos fundamentales. El primero se compone de la introducción
a las principales corrientes sociológicas de pensamiento que tienen influencia en la teoría y en la
práctica de la salud: el positivismo, el comprensivismo, el marxismo y el pensamiento sistémico. En
el segundo, presento algunos abordajes comprensivos con sus potencialidades de aplicación en
los estudios y las investigaciones del sector.

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Capítulo 4
Corrientes de Pensamiento

Positivismo sociológico

El positivismo constituye la corriente filosófica que mantiene el dominio intelectual en el


seno de las Ciencias Sociales y también en la relación entre Ciencias Sociales, Medicina y Salud.
Las tesis básicas del positivismo pueden ser resumidas de este modo: (1) la realidad se constituye
esencialmente de aquello que los sentidos pueden percibir; (2) las Ciencias Sociales y las Ciencias
Naturales comparten un mismo fundamento lógico y metodológico: se diferencian tan sólo en el
objeto de estudio; (3) existe una distinción fundamental entre el hecho y el valor: la ciencia se
ocupa del hecho y debe buscar liberarse del valor.
La hipótesis central del positivismo sociológico es que la sociedad humana es regulada por
leyes naturales que abarcan el funcionamiento de la vida social, económica, política y cultural de
sus miembros. Por lo tanto, cuando los cientistas sociales analizan un determinado grupo o
comunidad tienen que descubrir las leyes invariables e independientes de su funcionamiento.
De allí deriva que los métodos y técnicas para conocer a una sociedad o determinado
segmento de ella, deban ser de la misma naturaleza que los empleados en las ciencias naturales.
Y aún más, de la misma forma que las ciencias naturales defienden un conocimiento objetivo,
neutro, libre de juicios de valor, de implicancias político-sociales (lo que podría también ser
cuestionable) también las ciencias sociales deben buscar, para su cientificidad, este “conocimiento
objetivo”. En otras palabras, dentro de la filosofía positivista, el cientista social debe comportarse
frente a su objeto de estudio –la sociedad, cualquier segmento o sector de ella– libre de juicios de
valor, intentando neutralizar cualquier intervención que pueda perjudicar su objetividad en la
explicación de los fenómenos.
La postura positivista argumenta ser una ciencia social desvinculada de la posición de
clase, de valores morales y de la posición política de los cientistas. Denomina “pre-juicios”, “pre-
conceptos”, “pre-nociones” al sentido común sobre los asuntos estudiados y al conjunto de valores
y opciones político-ideológicas del investigador. En la propuesta positivista, el cientista siempre
debe superar los límites de su subjetividad (Durkheim, 1978).
La ciencia positivista tiene sus raíces en la filosofía de las luces del siglo XVIII (Lowy,
1986). Para Lowy, el padre del positivismo es Condorcet, un enciclopedista que formuló de forma
clara y precisa la idea de que la ciencia de la sociedad debería ser una Matemática Social basada
en estudios cuantitativos rigurosos y probabilísticos. Condorcet consideraba que, de la misma

49
forma que en las ciencias físicas y matemáticas, los intereses y las pasiones no deberían perturbar
ni influenciar los estudios de las ciencias sociales. Por eso atribuía las dificultades en el progreso
del conocimiento de la realidad, al hecho de que lo social era, en su tiempo, objeto de intereses
religiosos y políticos. De allí que la meta de los estudiosos debería ser conseguir una elaboración
“libre de preconceptos” (Condorcet, citado en: Mora, 1982). Condorcet podría ser considerado un
crítico avanzado para su época, tomando en cuenta que la realidad social era entonces
interpretada por los códigos de la religión católica y por la autoridad del Estado oligárquico. Ese
pensador declaraba la necesidad de romper con ese monopolio autoritario del pensamiento,
liberando a las ciencias de lo social, de los intereses y pasiones de las clases feudales, de las
doctrinas teológicas, de los argumentos de autoridad de la Iglesia y de todos los dogmas
fosilizados.
Lowy incluye entre los discípulos de Condorcet y defensor de sus ideas, al socialista
utópico Saint-Simon (Lowy, 1986), para quien la ciencia de la sociedad consistía en una “fisiología
social”, cuya dinámica tiene dos movimientos históricos: las épocas críticas que consiguen eliminar
las fosilizaciones sociales, y las épocas orgánicas que se caracterizan por la estabilidad y la
reproducción de las estructuras. Saint-Simon señalaba que, en su época, había dos clases que
parasitaban el organismo social: el clero y la aristocracia. Y, por lo tanto sería preciso que esas
fosilizaciones dieran lugar a una nueva forma de organización del cuerpo social. Para eso
presentaba un proyecto nuevo de sociedad, basado no en la igualdad, sino en una pirámide de
clases, apuntando a elevar la capacidad productiva de las personas a un grado máximo de
desarrollo. Según Saint-Simon, la moral y las ideas tienen que ser distintas para las distintas clases
fundamentales, con el fin de que la sociedad sea libre y dedicada a la producción. Proponía que la
iglesia fuese substituida por la fábrica (Saint-Simon, citado en Mora, 1982).
Tanto la propuesta de la matemática social de Condorcet, como las teorías “fisiológicas de
la sociedad” de Saint-Simon hacían una dura crítica social de su tiempo. Señalaban cuales eran las
clases dominantes y opresoras y proponían cambios que se condecían con la nueva sociedad
industrial que se agigantaba. Hasta el inicio del siglo XIX, el positivismo diseñado por estos
1
precursores constituyó una visión social-utópica-crítica del mundo de su tiempo . No se podría
decir lo mismo de las teorías de Augusto Comte, aunque este autor se considerara heredero de los
dos primeros.
Para Comte, el pensamiento debería ser totalmente positivo. O sea, debería ser eliminado
del pensamiento todo el contenido crítico para que los cientistas descubriesen las leyes de la

1
Uso aquí el término utópico en el mismo sentido que Karl Mannheim en Ideología y Utopía (1968). Mannheim distingue los
conceptos de ideología y utopía. La primera estaría constituida por concepciones, ideas, representaciones y teorías que se
orientan a la estabilización, legitimación y reproducción del orden vigente. Las ideologías serían el conjunto de las doctrinas
y teorías de carácter conservador, o sea, que sirven para la manutención del sistema social de forma general. Por el
contrario, las Utopías serían las representaciones, ideas y teorías que consideran una realidad aún inexistente. Traen en su
interior una dimensión crítica, de negación, ruptura y posibilidad de superación del status quo. Es en este sentido que se
puede hablar de los “elementos utópicos” en el positivismo de Condorcet y Saint-Simon.

50
sociedad. Su “método positivo”, proponía que el cientista social se consagre teórica y
prácticamente a la defensa del orden oponiéndose a lo que consideraba el “«negativismo»
peligroso de las doctrinas críticas, destructivas, subversivas y revolucionarias de la Revolución
Francesa y del Socialismo” (Comte, 1978, p. 44). Su teoría social, fue llamada inicialmente por él
mismo como Física Social y definida de este modo: “La Física Social es una ciencia que tiene por
objetivo el estudio de los fenómenos sociales, considerados bajo el mismo espíritu que los
fenómenos astronómicos, físicos, químicos y fisiológicos” (1978, p. 13).
Comte decía que existe un orden interno que rige la sociedad de la misma forma que ese
orden existe en la naturaleza. Toda sociedad caminaría hacia la armonía, el desarrollo y la
prosperidad. Al cientista social le correspondería descubrir ese orden y explicitarlo a los lectores
para que, a partir de su comprensión, la estabilidad social fuese mantenida.
Comte consideraba importante que los sociólogos le explicaran a los proletarios la ley que
rige la distribución de las riquezas, la concentración del poder económico y su lugar en la sociedad.
Al hacerlo estarían cumpliendo el rol pedagógico de enseñar que los lugares que ocupan los
trabajadores, son resultantes de la propia naturaleza de la organización social que tiene sus leyes
invariables. Según este pensador, los trabajadores reconocerían, gracias al positivismo, las
ventajas de la sumisión y del hecho de que no tendrían que preocuparse por gobernar la sociedad
sino entregar el gobierno a otras manos más sabias y más poderosas. De esta forma, el
positivismo como “ciencia libre de juicios de valor y neutra” se proponía no contradecir los hechos
políticos tal cual se presentan, sino aceptarlos y legitimarlos. Estas son las palabras del autor:

El positivismo tiende, poderosamente, por su propia naturaleza, a considerar el orden


público a través del desarrollo de una sabia resignación. Porque no puede existir una
verdadera resignación, o sea, una disposición permanente de soportar con constancia y sin
ninguna esperanza de cambio los males inevitables que rigen todos los fenómenos
naturales, si no es a través del profundo sentimiento de que esas leyes son inevitables. La
filosofía positiva, que crea esa disposición, se aplica a todos los campos, incluso a los
males políticos (Comte, 1978, p. 70).

Según Comte, los elementos distintivos del espíritu positivista serían el sentido de realidad,
la utilidad, la certeza, la aptitud orgánica y el buen sentido práctico.
No hay dudas de que el positivismo clásico se combina con todo el conservadurismo
político y legitimador de situaciones vigentes y lo fundamenta. No es ocioso recordar que el lema
de la bandera nacional republicana brasileña “Orden y Progreso” tiene su inspiración en la
doctrina positivista, en su filosofía social y en su ideología política.
En el campo de las ciencias sociales propiamente dichas, fue Durkheim el primero en
fundamentar teórica y metodológicamente el positivismo que existía como doctrina, trayéndolo para
la comprensión de la sociedad. Este autor seminal, para divulgar la nueva ciencia a la que
denominó “sociología” y clasificó como disciplina científica, creó la más antigua revista del área

51
denominada L’ Année Sociologique, cuyo centenario se conmemoró en 1998 y reunió a un grupo
importante e influyente de pensadores.
Reconociéndose como discípulo de Comte, Durkheim se dedicó a pensar la especificidad
del objeto de la sociología, relacionándola con las otras ciencias para proyectar los fundamentos
de un método para la investigación social. Para él, el objetivo de la sociedad es estudiar hechos
que obedecen a las leyes invariables, de forma objetiva y neutra. Los “pre-juicios” y las “pre-
nociones” provenientes de la ideología y de la visión del mundo del sociólogo deberían ser
eliminados de las investigaciones a través de las reglas del método científico: “la sociología no es
individualista ni socialista”, decía (Durkheim, 1978b, p. 27).
En el prefacio de la segunda edición de Las Reglas del Método Sociológico, escrito en
1901, Durkheim refuta críticas a su propuesta diciendo que “los hechos sociales deben ser tratados
como cosas” y que cuando dice eso significa que “cosa” se opone a “idea” en el sentido de que son
externas a los individuos. Por eso, ratifica su concepción de la sociedad como un fenómeno moral,
en la medida en que los modos colectivos de pensar, percibir, sentir y actuar incluyen elementos
de coerción y obligación, constituyendo así una conciencia colectiva que se expresa en la religión,
en la división del trabajo y en las instituciones. Pero este fenómeno moral, dice él, precisa ser
observado objetivamente, “como una cosa”, para ser debidamente explicado. Para eso, Durkheim
creó un método para aprehensión y explicación de la realidad social, correspondiéndole al
cientista: (a) describir las características de los hechos: todo aquello que se afirma de una acción
concreta, sus grados de adaptación y sentido, su explicación comprensiva y causal, debería ser
punto central de verificación; (b) demostrar el devenir de los hechos; (c) relacionarlos entre sí; (d)
encontrar su organicidad; (e) intentar separar lo que son “representaciones” de lo que son hechos
propiamente dichos, “cosa-real” (1978). En su método, Durkheim distingue la categoría “sentido
común”, como una creación cultural de los miembros de una sociedad para explicar y describir el
mundo en el que viven, de los “conceptos científicos”, que constituyen elaboraciones teóricas que
permiten describir, clasificar, explicar, organizar y correlacionar los “hechos sociales” de forma
“objetiva”.
Respondiendo al espíritu de su tiempo, una época histórica marcada por el poder político y
religioso de la iglesia, Durkheim insistió, categóricamente, en que las causas de los hechos
sociales deben ser buscadas en otros hechos sociales y no en la teología o en los individuos. Por
lo tanto, los sociólogos deberían describirlos, clasificarlos con precisión y de forma independiente,
hasta incluso, de sus propias ideas sobre la realidad. Este fundador de la sociología enseñaba que,
ciertamente un cientista social tiene sus preferencias políticas, simpatiza con los trabajadores o con
los patrones, es liberal o es socialista, pero, en el ejercicio de su ciencia, precisa hacer callar sus
pasiones. Sólo en ese silencio debe iniciar su estudio (1978). Esa externalidad del observador en
cuanto a lo que debe ser observado en lo social es la esencia de su método.
Frente a las críticas que recibió, Durkheim siempre reafirmó sus principios teóricos: la
existencia de la coerción social que se reafirma en las instituciones y en su funcionamiento; la idea

52
del hecho social que depende de interacciones individuales, pero que resultan en creencias y
modos de comportamiento colectivos; en la tesis de que la realidad es socialmente construida y
que existe una realidad objetiva de los hechos sociales que es diferente de los fenómenos que se
refieren al individuo en sus emociones y fisiología. Estos deberían ser estudiados por la psicología
y por la biología, respectivamente.
Una de las principales influencias del positivismo en las ciencias sociales es la práctica de
la investigación empírica. Metodológicamente, hasta hoy, bajo la óptica positivista, eso significa el
descubrimiento de las características de regularidades e invariaciones en los hechos sociales,
entendidos por Durkheim como “toda forma de hacer, fija o no, susceptible de ejercer sobre el
individuo una coerción exterior” o aún “lo que es general en el conjunto de una determinada
sociedad teniendo, al mismo tiempo, una existencia propia, independiente de las manifestaciones
individuales” (1978a, p.92). Para descubrir las regularidades, Durkheim y los positivistas en general
invocan la imagen del organismo humano, enfatizando los términos estructura y función,
morfología y fisiología, en una clara apropiación de los términos del organismo biológico como
referencia a la sociedad y a su dinámica interna.
Aunque el positivismo sociológico predomine en las Ciencias Sociales, aún hoy es el centro
de muchas críticas. La más fuerte restricción a esa corriente proviene de la constatación de que los
seres humanos no son simplemente forma, tamaño y movimiento: poseen una vida interior que
escapa a la observación primaria y que, en sí, constituye una realidad pasible de análisis. De allí
derivan diversas controversias. La primera se vincula a la cuestión de la “neutralidad” y de la
“objetividad” que, según Durkheim, podrían ser sostenidas, dado que al cientista social le cabría
observar manifestaciones comportamentales exteriores a él mismo. Sin embargo, ese argumento
no tiene en cuenta que todo lo que es hecho por los humanos (por lo tanto, por cualquier cientista)
pasa por su subjetividad, siendo totalmente imposible hablar de “objetividad” en su sentido pleno.
La historia del positivismo revela que la concepción de objetividad y de neutralidad se
confunde con la realización de estudios de cuño cuantitativo. Actualmente, hay un desarrollo
extremadamente rápido de métodos de investigación de base estadística, que reproducen no sólo
un método científico sino, con certeza, una doctrina que tiene, en su base, ideas bien establecidas
y conservadoras. Muchas investigaciones (no todas) se eximen hasta de un análisis contextual,
2
temiendo contaminar la pureza de los “datos” y emitir algún juicio de valor.
La fuerza del positivismo se asocia a su funcionalidad con el poder, sobrevalorizándose la
tendencia de usar instrumentos de análisis como si estos hablaran por sí mismos, con la ilusión de
que no hay nada más allá de ellos. Este comportamiento se inspira en Durkheim, en el Prefacio de
la primera edición de las Reglas del Método Sociológico:

2
Dentro de la concepción de este trabajo, no se acepta la idea de que un dato sea “puro” y sin contaminación subjetiva,
pues quien elige la pregunta a través de la cual se obtiene un dato es un ser humano marcado por su historia y por sus
intereses. Y aún más, en rigor no existe nada “dado” en investigación: todo es construido y construido por alguien que es un
sujeto, tiene intereses e ideología.

53
No podemos caer en la tentación de sobrepasar los hechos, tanto para explicarlos, como
para explicar su curso. [...] Si ellos son enteramente inteligibles, entonces le bastan tanto a
la ciencia, porque, en este caso, no hay motivo para buscar fuera de ellos mismos su razón
de ser; como a la práctica, porque su valor útil es una de sus razones (1978a, p.74).

Hoy existe un consenso entre los que adoptan los principios positivistas, de que los datos
son objetivos (susceptibles a errores calculables), cuando son producidos por instrumentos
estandarizados, apuntando a eliminar fuentes de propensión de todo tipo y presentar una
semántica observacional neutra. El lenguaje de las variables representaría la posibilidad de
expresar generalizaciones con objetividad y precisión.
Las cuestiones aquí señaladas superan los límites del debate sobre técnicas de
investigación. No pretendo demonizar o negar el papel, la importancia y el sentido de las
tecnologías cuantitativas. El problema presentado por la crítica teórica es la producción de una
verdadera reificación del método que precisa ser criticada por lo menos en dos puntos: el primero
es epistemológico y se refiere a la pretensión de que los datos observables expliquen la realidad,
restringiéndola a lo cuantificable. El segundo es de orden moral. Sobre los dos aspectos vale la
pena rememorar los sabios pensamientos de Wright Mills (1952) que, desde los años ‘50,
cuestiona a la sociología positivista americana.
Según este autor, el papel del cientista social debería ser el de poner en evidencia, para
sus contemporáneos, la dinámica de la sociedad en la que vive y el sentido de su participación
específica. La utilidad de las ciencias sociales estaría dada por su capacidad de transformar los
grandes problemas vividos por el pueblo en cuestiones públicas, en favor de los cambios sociales,
logrando que los ciudadanos sean capaces de salir de sus límites individuales y se sientan parte
de una historia a la cual su biografía está estrechamente vinculada. Su crítica se centró, sobre
todo, en la falta de perspectiva epistemológica de los que se empeñaban escrupulosamente en la
construcción de modelos matemáticos para sus datos y que se mostraban totalmente incapaces de
hacer un análisis sociológico de los indicadores que generaban, dejando, a los demandantes de las
investigaciones, total libertad para usarlos de acuerdo con las interpretaciones que pasan por
intereses económicos y políticos. El escrúpulo profesional tan difundido por los positivistas, que
consiste en no interpretar hechos o proceso alguno que no pueda ser comprobado por datos
matemáticos, en verdad se configura para Wright Mills como una obsecuencia al poder.
De la misma forma que Wright Mills (1952), Adorno & Horckheimer (1991), exponentes de
la Escuela Crítica en la Sociología de los años ‘70 y ‘80, desarrollaron un contundente análisis
sobre la proliferación de los estudios cuantitativos en las Ciencias Sociales en general. Su
evaluación fundamental fue que en las ciencias sociales contemporáneas existe una reificación y
una fetichización de los métodos y de las técnicas, en detrimento de la teoría y de los contextos.
Reafirmaron, coincidiendo con Wright Mills, que la “cuantificación” no había transformado a las
Ciencias Sociales más “ciencia” ni más “científicas”. Detectaron que la proliferación de
investigaciones positivistas en las cuales es indudable la obsesión por el rigor de las técnicas no

54
tiene ninguna correspondencia con la importancia de las investigaciones para la sociedad, dado
que la mayoría de las preguntas y de los temas es mediocre y no se fundamenta en relevancias
desde el punto de vista de los investigados.

Funcionalismo como derivación del positivismo

Una de las variantes del positivismo sociológico es el funcionalismo, cuyos representantes


clásicos son, en la antropología inglesa, Malinowski (1975) y Radicliffe-Brown (1973) y, en la
sociología americana, Merton (1970) y Parsons (1951). El positivismo no se constituye
simplemente como una ciencia normativa con un conjunto de reglas uniformes. Cada autor, frente
a los problemas que describe e interpreta, crea peculiaridades en la concepción y análisis de la
realidad. Sin embargo, existe un substrato básico, una postura frente al objeto de estudio que
permite colocar, lado a lado, a Merton, Parsons, Radcliffe-Brown y Malinowski. El funcionalismo ha
sido la corriente de pensamiento (dentro del positivismo) más utilizada en los abordajes y en las
3
prácticas del sector salud . Los funcionalistas se diferencian de Comte (1978) y Durkheim (1978)
en la medida en que niegan las leyes generales que rigen el funcionamiento de la sociedad como
un todo. Además no reducen la ciencia de lo social a la descripción de acontecimientos o de
hechos observables. Desarrollan un tipo de teoría especialmente aplicable a la comprensión de la
estructura social y de la diversidad cultural que puede ser resumida en los siguientes principios: (a)
Las sociedades son totalidades que se constituyen como organismos vivos. Están compuestas por
elementos que interactúan, interrelacionándose y son interdependientes. Se componen como
sistemas con subsistemas donde cada parte se integra al todo, produciendo equilibrio, estabilidad y
siendo susceptibles de ajustes. (b) Por eso mismo cada sociedad tiene sus mecanismos de control
para regular las eventuales influencias de elementos externos o internos que amenacen su
homeostasis. Los “desvíos” y “disfunciones” forman parte de la concepción del sistema que, a
través de los mecanismos propios de control, tienden a absorberlos, produciendo integración. Esta
es la tendencia viva del sistema. (c) La integración se consigue a través del consenso, por medio
de creencias, valores y normas compartidos socialmente por los subsistemas que interactúan
constantemente y se refuerzan mutuamente. (d) La conceptualización de progreso, de desarrollo y
de cambio es adaptativa. El sistema social tiene en sí la tendencia a la conservación y a la
reproducción, por eso las innovaciones, las invenciones y las tensiones se direccionan hacia la
revitalización del sistema y son absorbidas en su interior. Como en un organismo vivo cuya
estructura permanece y se revigoriza en el movimiento funcional, los cambios sociales no alcanzan

3
Para una mejor comprensión del Funcionalismo se recomienda la lectura de: MALINOWSKI, Uma Teoria Cientifica da
Cultura, Río de Janeiro: Zahar; 1975;____. Os Argonautas do Pacífico, San Pablo: Abril; 1984; RADCLIFFE-BROWN, A. R.
Estrutura e Função na Sociedade Primitiva, Petrópolis: Vozes; 1973; MERTON, R. Sociologia: Teoria e estrutura, San
Pablo: Mestre Jou; 1970; PARSONS, T. The Social System, Glencoe, Illinois: The Free Press; 1951.

55
las estructuras, no son revolucionarios. Suceden a nivel de la superestructura que tiene la función
de adaptación y de manutención del status quo (Hughes, 1983; Timasheff, 1965).
Los conceptos centrales del funcionalismo (sistema, subsistema, estructura, función,
adaptación, integración, desvío y consenso) son coherentes con los principios del positivismo
sociológico, para el cual las leyes que rigen los fenómenos sociales son atemporales, invariables y
tendientes a la estabilidad y a la cohesión. La implicancia metodológica de ambos (positivismo
sociológico y funcionalismo como una de sus variantes) es que las totalidades funcionales, aunque
la investigación no sea de orientación empírica, sean replicables. La tarea principal del
investigador, dentro de este esquema, es reproducir las condiciones globales de la existencia
social de un grupo, describiéndolas en su complejidad, diversidad y movimiento integrador, de tal
forma que puedan ser comparadas.

Positivismo y Funcionalismo en los estudios en salud

Entre los funcionalistas, Parsons tiene una relevancia fundamental para el sector
salud, porque este cientista americano aplica la teoría funcionalista a la explicación de la medicina
y de las relaciones entre médico y paciente en Estados Unidos. En su obra The Social System
(1951), el tema central es el funcionamiento de las estructuras de las instituciones, consideradas
como el nódulo y el foco de la Sociología. Las instituciones constituyen, según Parsons, el
mecanismo integrador fundamental de los sistemas sociales, definidos ora como una pluralidad de
agentes individuales interactuando, ora como una red de relaciones entre agentes. En esta obra el
autor ofrece un concepto de salud/enfermedad, donde se puede desprender su visión funcionalista:
“Es un estado de perturbación del funcionamiento normal del individuo humano total,
comprendiéndose el estado del organismo como el sistema biológico y el estado de sus adaptación
personal y social” (1951, p. 48).
Un análisis lingüístico destaca, en la definición, la jerga funcionalista: estado,
funcionamiento, normal, organismo, sistema, adaptación. En el concepto, lo biológico se vincula a
lo social a través de la noción de equilibrio o de desequilibrio individual, frente a las presiones
sociales. La enfermedad es, para Parsons, “una conducta desviada” y el enfermo es un personaje
social que se reconoce en cómo la sociedad institucionaliza el desvío y el modo en que lo asimila y
lo integra. De allí que, según su teoría, los roles y funciones del médico y del paciente son
complementarios. La práctica médica es un mecanismo del sistema social que reconduce al
enfermo a la normalidad, pero reconoce su desvío y lo institucionaliza. Tiene por finalidad el control
de los desvíos individuales.
Juan César García (1983), en su estudio sobre las corrientes de pensamiento en la
medicina, hace una crítica contundente al funcionalismo de Parsons cuando analiza el sistema
médico. Al definir la práctica de la medicina a través de la finalidad de curar y prevenir las

56
enfermedades, Juan César García dice que Parsons se limita a describir cómo funciona esa
institución y se transforma en un fenómeno observable, desconociendo las condiciones de su
producción y reproducción. Reduce la concepción de enfermedad a la noción de “desvío”
ubicándola en el ámbito exclusivo del paciente y del médico. Enfatiza sus respectivos roles como
actores sociales en el conjunto de la sociedad como si esta fuese armónica y equilibrada.
Al atribuir mayor o menor susceptibilidad individual a las tensiones sociales responsables
de la enfermedad, Parsons desconoce que la sociedad es siempre conflictiva, nunca está en
equilibrio, está formada y permeada por intereses. Y, todo eso penetra en las instituciones médicas
que son una producción social, así como lo son las determinaciones sociales de la salud y de la
enfermedad.
En síntesis, se concluye que el positivismo y su forma más utilizada que es el
funcionalismo sociológico han sido las corrientes de pensamiento con mayor influencia y vigor en la
producción intelectual referente al análisis de salud. Eso no es extraño, dado que esas teorías se
prestan a conservar y justificar la práctica médica hegemónica y los enfoques prácticos en el
tratamiento de los enfermos y de las enfermedades. Nadie duda de que la institución de la
medicina y el área de la salud pública son profundamente autoritarias e impositivas.
En su extensa revisión bibliográfica de la producción científica del área de la salud en
América Latina, Nunes (1985) reafirma al positivismo como el pensamiento dominante de los años
‘50, permeando los análisis funcionalistas y culturalistas de la salud. Pero aún hoy tal corriente
continúa viva y presente tanto en la producción científica como en la práctica, pudiendo ser
identificada por algunas señales: (a) poca valorización conceptual del proceso salud y enfermedad
y sus determinantes; (b) un enfoque pragmático y funcionalista de la medicina como se ella fuese
una ciencia universal, atemporal y exenta de valores; (c) la valorización de las ciencias sociales
como accesorio o complemento de la práctica y de las teorías médicas, considerándolas como
ciencias normativas y con finalidad adaptativa y funcional; (d) una valorización excesiva de la
concreción estadística en los estudios epidemiológicos en los que se tiende a confundir objetividad
de las técnicas con verdad sobre los fenómenos.
En la práctica médica y en sus relaciones con la sociedad, el positivismo se manifiesta,
entre otras, de la siguiente forma: (1) En la concepción de la salud y de la enfermedad como
fenómeno tan sólo biológico individual, donde lo social entra sólo como variable e ilustración del
modo de vida, cuando no es omitido. (2) En la valorización excesiva de la tecnología y en la
creencia de la capacidad absoluta de la medicina de erradicar las enfermedades. (3) En la
dominación corporativa de los médicos con relación a otros campos del conocimiento,
adoptándolos de forma pragmática (la sociología y la antropología son consideradas importantes
tan sólo para hacer cuestionarios, producir informes culturales, enseñar algunos conceptos
básicos). (4) En el tratamiento subalterno dado a otros profesionales del área (enfermeros,
asistentes sociales, nutricionistas, psicólogos, fisioterapeutas y otros). (5) En el menosprecio al
sentido común de la población. Esta postura nunca es totalmente victoriosa, pues al mismo tiempo

57
que descalifica a la medicina popular y las prácticas tradicionales, la medicina las absorbe
(Freidson, 1971; Boltanski, 1979).

Teorías Comprensivas

Una segunda visión del mundo que ha tenido una profunda influencia en la construcción
del conocimiento de la realidad, incluso en la interpretación de las relaciones entre medicina y
sociedad, es la denominada Sociología Comprensiva. Ella es reconocidamente antipositivista y se
desarrolló bajo los principios de la filosofía alemana, siendo Dilthey uno de sus exponentes. Como
el propio nombre lo indica, la sociología comprensiva privilegia la comprensión y la inteligibilidad
como propiedades específicas de los fenómenos sociales, mostrando que los conceptos de
significado y de intencionalidad los separan de los fenómenos naturales.
En la Introducción a las Ciencias del Espíritu, Dilthey polemiza con el positivismo,
afirmando que los hechos humanos no son susceptibles de cuantificación y de objetivación porque
cada uno de ellos tiene sentido propio e identidad peculiar, exigiendo una comprensión específica y
concreta. De allí, él deduce, que son falsas las teorías sociológicas y la filosofía de la historia que
ven en la descripción de lo singular una simple materia-prima para posteriores abstracciones: “no
hay una última palabra de la historia que contenga el verdadero sentido” (Dilthey, 1956, p.25).
En el campo de las Ciencias Sociales, fue Max Weber quien estableció las bases teórico-
metodológicas de la Sociología Comprensiva. Contra los principios del positivismo, él dice que: “La
sociología exige un punto de vista específico ya que los hechos de los que se ocupa implican un
género de causalidad desconocido por las ciencias de la naturaleza” (1964, p.3).
Su definición de Sociología pasó a ser un marco para los que consideran, teóricamente, el
papel del individuo y de su acción en la construcción de la realidad:
Es una ciencia que se preocupa por la comprensión interpretativa de la acción social, para
llegar a la explicación causal de su curso y de sus efectos. En ‘acción’ se incluye todo el
comportamiento humano cuando y hasta donde la acción individual le atribuye un significado
subjetivo. La ‘acción’ en este sentido puede ser tanto abierta como subjetiva. [...] La ‘acción’
es social cuando, en virtud del significado subjetivo atribuido a ella por los individuos, tiene
en cuenta el comportamiento de los otros y es orientada por él en su realización (Weber,
1964, p.33).

Weber, como Durkheim, también invirtió en la difusión de su propuesta teórica, siendo


coeditor del Archivo de Ciencias Sociales (Archiv für Sozialwissenschaft), publicación de gran
relevancia en el desarrollo de ese área de conocimiento en Alemania.
Weber considera “la captación de la relación de sentido de la acción humana” (1964, p.32)
como el punto central de las Ciencias Sociales, afirmando que los sociólogos necesariamente
tienen que analizar los significados subjetivos del acto social. Resalta en sus escritos que, al
analizar la subjetividad, el cientista social no está haciendo psicología, y sí afirmando que la

58
sociedad es fruto de una interrelación de actores sociales, donde las acciones de unos son
recíprocamente orientadas en dirección a las acciones de los otros. Por esa razón, para Weber, la
sociología requiere un abordaje diferente de las ciencias de la naturaleza, dentro de los siguientes
parámetros: (a) realización de investigaciones empíricas, con el fin de construir datos que den
cuenta de las formulaciones teóricas; (b) los datos deben derivar del modo de vida de los actores
sociales; (c) los agentes sociales dan significados a sus ambientes, relaciones y eventos de forma
extremadamente variada; (d) y los mismos agentes pueden incluso describir, explicar y justificar
sus acciones, motivadas por causas tradicionales, sentimientos afectivos o por elementos
racionales; (e) las realidades sociales sólo pueden ser identificadas en el lenguaje significativo de
la interacción social. Por eso, el lenguaje, las prácticas, las cosas y los acontecimientos son
inseparables.
En su formulación teórica, Weber, de la misma forma que Durkheim, está preocupado por
la objetividad de la investigación. Por eso propone, para conseguir comprender la realidad social,
dos principios metodológicos: (a) la neutralidad del valor y (b) la construcción del tipo-ideal.
Partiendo del principio de que la historia humana se constituye de las “constelaciones
singulares”, del “caso concreto”, el autor propone la teoría de los tipos-ideales como instrumento
racional y teórico de aproximación a la realidad, en busca de una mirada, lo más objetiva posible.
Los “tipos-ideales”, pensados por Weber, no existen en la realidad, son artificios, construcciones
teóricas que permiten ordenar los fenómenos e indicar sus articulaciones y su sentido: representan
el primer nivel de generalización de conceptos abstractos y, correspondiendo a las exigencias
lógicas de la prueba, están íntimamente vinculados a la realidad concreta. Según el propio autor,
son “conceptos histórico-concretos”. Sintetizan y evidencian los trazos típicos y originales de
determinado fenómeno, tornándolo inteligible. Weber sugiere a los estudiosos este instrumento que
él mismo utiliza, señalando que existe un sistema de “tipos ideales”, entre los cuales están los de
ley, de autoridad y de legitimidad, de democracia, de capitalismo, de feudalismo, de sociedad, de
burocracia, de patrimonialismo.
La intención de Weber, al proponer el tipo ideal como instrumento metodológico de
comprensión de la realidad es transformar a las Ciencias Sociales en rigurosas y fidedignas, pero a
partir de una perspectiva diferente del abordaje positivista:

No existe un análisis de la cultura absolutamente objetivo de los fenómenos sociales,


independiente de los puntos de vista especiales y parciales, según los cuales, de forma
explícita o táctica, consciente o subconsciente, aquellos son seleccionados y organizados
para propósitos expositivos. Todo conocimiento de la realidad cultural, como puede ser visto,
es siempre conocimiento a partir de puntos de vista específicos (Weber, 1949, p.72).

Para Weber, las singularidades históricas son fruto de combinaciones específicas de factores
generales que, si son aislados son cuantificables. Pero la forma numérica de su presentación
precisa estar asociada a la visión de otros elementos que propician combinaciones peculiares,
dado que todo lo que se afirma de una acción concreta, sus grados de adaptación y sentido, su

59
explicación comprensiva y causal, son hipótesis susceptibles de verificación. Por lo tanto, la
interpretación causal correcta de una acción concreta significa que el desarrollo externo y el motivo
de la acción fueron conocidos de forma tal que tiene en cuenta su sentido y sus articulaciones.
Los estudios comprensivos que utilizan el diseño de tipo ideal para el análisis de un
fenómeno o de una situación, para ser operativos, deben sintetizar y evidenciar los trazos típicos y
originales de ese determinado fenómeno, tornándolo inteligible. La realización de una evaluación a
partir del modelo de tipos ideales, (a) se funda en una investigación empírica que permita
confrontar los datos de la realidad con el modelo (tipo ideal); (b) sus datos deben derivar siempre
del modo de vida, de las relaciones y de las representaciones de los actores; (c) orientarse hacia la
captación y comprensión de los múltiples y diferentes significados de los sujetos sobre los
procesos que están viviendo y (d) apoyarse en la creencia de que los actores involucrados en
intervenciones sociales son capaces de describir, explicar y justificar sus acciones y relaciones con
argumentos afectivos, tradicionales y racionales.
Aquellos que cuestionan los abordajes sociales a través de tipos ideales consideran que
Weber, en el intento de escapar del positivismo que tanto criticó y, al mismo tiempo, apuntando a
producir investigaciones objetivas, hizo de su diseño metodológico un artificio rígido que no se
adecua a las realidades concretas y dinámicas. Sin embargo, no es del todo así. En su
enfrentamiento teórico contra el positivismo, Weber reconoce que los valores tienen un papel
destacado en la selección del objeto de investigación, en la elección de la problemática y en los
interrogantes que el investigador se plantea. No obstante, cabe al investigador, buscar formas de
garantizar la máxima eximición posible de la intromisión ideológica en los estudios sociales, a
través del método y de la técnica. Su búsqueda de “objetividad” coincide con lo que, en este libro,
se denomina “objetivación”, que apunta a asegurar, en el campo de la investigación, un proceso
que contenga fundamentos teóricos y, al mismo tiempo, patrones universales y específicos, en la
práctica de la investigación. A partir de los conceptos generales vinculados al comportamiento del
fenómeno social, Weber sugiere que el investigador formule conceptos mediadores, adecuados y
peculiares, apuntando a aproximarse cada vez más a las características concretas de los
acontecimientos históricos y a las interacciones.

Abordajes comprensivos en las investigaciones en salud


Al sintetizar los principales aspectos de los abordajes comprensivos, es importante resaltar
que, aunque existan diferentes métodos y diseños en su operacionalización, existen elementos
comunes a todos: (a) su foco es la experiencia vivencial y el reconocimiento de que las realidades
humanas son complejas; (b) el contacto con las personas se realiza en sus propios contextos
sociales; (c) la relación entre el investigador y los sujetos investigados enfatiza el encuentro
intersubjetivo, cara a cara y la empatía entre ambos; (d) los resultados buscan explicitar la
racionalidad de los contextos y la lógica interna de los diversos actores y grupos que están siendo
estudiados; (d) los textos provenientes de análisis comprensivos presentan la realidad de forma

60
dinámica y evidencian el punto de vista de los diversos actores frente a un proyecto social siempre
en construcción y en proyección hacia el futuro y (d) sus conclusiones no son universalizables,
aunque la comprensión de contextos peculiares permita inferencias más abarcativas que el análisis
de las micro-realidades y sus comparaciones.
En su texto: Las Corrientes de Pensamiento en el Campo de la Salud (1983), Juan César
García se refiere a la forma específica del desarrollo de las teorías comprensivas y en particular a
la fenomenología en el análisis sociológico y en el debate político sobre relaciones entre Medicina
y Sociedad. En la década del ‘60 y con mayor fuerza en los años ‘70, la fenomenología, junto con
el marxismo, propuso una crítica radical de las relaciones de producción y de los esquemas de
dominación que acompañaron el enorme crecimiento de las fuerzas productivas de los países
capitalistas a partir de la Segunda Guerra Mundial. La onda desarrollista, cuyos rumbos de
progreso no significaron la socialización del bienestar; la constatación de la profundización de las
desigualdades entre ricos y pobres, entre países centrales y países periféricos; el caos ecológico y
social de los grandes centros urbanos y la corrida armamentista, todo eso hizo crecer un
movimiento opositor en la sociedad civil y un cuestionamiento profundo a la ciencia como verdad
incuestionable. La concepción positivista de la ciencia universal, atemporal y exenta de valores
conduciendo los rumbos de la humanidad, fue siendo problematizada en el área de la salud por un
debate teórico e ideológico que comprometió tanto cuestiones de la cientificidad de los postulados
vigentes como de la ética de la investigación científica.
En los años ‘60, autores fenomenólogos y marxistas se unieron en una crítica radical al
contexto macro-social. Sin embargo, a partir de mediados de la década del ‘70, poco a poco fue
delineándose una diferencia radical entre ambas corrientes de pensamiento en el campo teórico,
ideológico y de propuestas vinculadas a los rumbos de los cambios necesarios del sector salud.
Para García (1983), la fenomenología pasó de radical a reaccionaria, aunque su contribución haya
sido fundamental.
Los fenomenólogos consideran que la cura se basa en valores, símbolos y sistemas de
significados compartidos en los grupos de referencia. Son esos grupos de referencia que
protegerían a los individuos contra las grandes estructuras impersonales y anónimas en las cuales,
comenta Schutz, se transforman en un número. A partir de esos principios, los fenomenologistas
proponen una reforma del sistema de salud basada en los valores culturales de los individuos, de
sus mediadores (los grupos) y de sus ecosistemas (Manning & Fábrega, 1973; Douglas, 1971).
Las ideas fenomenológicas influenciaron también el surgimiento de líneas holísticas en la
concepción de la salud y de la enfermedad, unificándolas en los siguientes puntos: (a) la salud
tiene que ser pensada como un bienestar integral: físico, mental, social y espiritual; (b) los
individuos deben asumir su responsabilidad inalienable frente a las cuestiones de su salud; (c) las
prácticas de la medicina holística deben ayudar a las personas a desarrollar actitudes,
disposiciones, hábitos y prácticas que promuevan su bienestar integral; (d) el sistema de salud
debe ser reorientado para analizar las causas ambientales, comportamentales y sociales que

61
provocan las enfermedades; (e) las personas deben volcarse hacia la armonía con la naturaleza, y
a la utilización de prácticas y medios naturales de tratamiento (García, 1983).
Los resultados prácticos de las concepciones fenomenológicas sobre el sector salud han
sido: (a) cuestionamiento del papel del Estado y de las grandes instituciones médicas; (b)
incremento de los pequeños grupos privados y voluntarios volcados a la promoción de la salud; (c)
reconocimiento de modalidades alternativas de expresión y de tratamiento de las enfermedades y
daños; (d) surgimiento de nuevas formas institucionalizadas de salud pública, combinando
asociaciones voluntarias, atención primaria, autocuidado, uso de la medicina tradicional,
participación comunitaria y educación y salud vinculadas a la investigación-acción.
No faltaron críticas de los fenomenologistas al positivismo con relación a diversos aspectos
de su influencia en la institución médica, en la práctica médica, en la ética médica, en el sistema
público de salud y en la concepción biomédica de salud y enfermedad. Un análisis contundente
sobre el carácter reproductor y coercitivo de las instituciones y sobre los efectos negativos de la
medicalización fue realizado por Ivan Illich en A Expropiación de la Salud (1975). El radicalismo de
sus cuestionamientos, contra la dominación totalizante de la institución médica, llegó a un nivel
casi fóbico. Pero si la exageración puede hasta desacreditar científicamente su obra, deben ser
tomados en cuenta varios problemas planteados por Illich, con los cuales coinciden otros
intelectuales. El punto central de su crítica se basa en la hipertrofia de las grandes instituciones
volcadas a la asistencia de la salud, lo que, desde su punto de vista, las convirtió en el mayor
obstáculo para la realización de los objetivos que se propone el sector salud.
Illich (1975) habla del “crecimiento mórbido de la medicina” que conduce: (a) a la ineficacia
global del sistema; (b) a la pérdida de la capacidad de la población de adaptarse al medio social,
de aceptar el dolor y el sufrimiento, a causa de la medicalización de la vida; (c) a la idea mítica de
que la medicina sea capaz de terminar con el dolor, el sufrimiento y la enfermedad, mito que
compromete la capacidad cultural de los individuos y de la sociedad contemporánea de lidiar con la
vida y con la muerte.
El libro de Illich es particularmente relevante para el ejercicio del debate sobre las
relaciones entre individuo y sociedad y el poder del individuo (ciudadano) frente a los esquemas
coercitivos. Esa discusión, que de alguna forma permea todas las corrientes de pensamiento, llevó
a las afirmaciones que hoy se constituyen en verdaderas tesis del pensamiento crítico del área de
la salud colectiva: (a) primero, que la atención médica no ha significado necesariamente la mejora
de la calidad de la salud de la población (McKeown & Löwe, 1984); (b) segundo, que el carácter
dominador de la medicina ha inducido a la práctica médica a ampliar cada vez más su control
sobre el cuerpo, sobre los eventos de la vida humana, sobre los ciclos biológicos y sobre la vida
social (Boltanski, 1979); (c) y, por último, que el profesionalismo médico ha redundado
principalmente en la defensa de privilegios corporativos y ha servido más para atender los
intereses económicos que para responder a las necesidades de salud de la población (Boltanski,
1979; Arouca, 1975).

62
A los cuestionamientos citados, la fenomenología sociológica suma algunos sobre la ética
médica y sobre una concepción social más abarcativa de la salud y de la enfermedad. Los
fenomenólogos, sobre todo en los años ‘70 del siglo XX, defendieron denodadamente la necesidad
de desarrollar una filosofía de la medicina que (a) fundamente cuestiones éticas relativas a la
realización de experimentos y servicios que tienen como objeto la vida humana y (b) formule una
concepción de salud y enfermedad con relevancia antropológica, teniendo en cuenta, incluso,
fenómenos como la religión y las creencias de sociedades y de grupos específicos (Pellegrini,
1976).
Desde 1968, la literatura y los congresos sobre ética médica crecieron aceleradamente,
influenciando movimientos de la sociedad civil en el sentido de crear una conciencia de los
derechos de los usuarios del sistema de salud y de repudio al dominio controlador del saber y del
hacer médicos. A partir de los años ‘70, en el mundo entero fueron creadas comisiones de ética
volcadas a garantizar que las personas tengan derecho a ser informadas y a participar del proceso
de reflexión sobre lo que sucede en los laboratorios, en los hospitales y en las clínicas. En Brasil
específicamente, se multiplicaron los comités de ética para analizar experimentos e investigaciones
con seres humanos, principalmente en los años ‘90, siendo reglamentados por la Resolución Nº
96/1996 del Consejo Nacional de Salud que marcó las directrices y normas sobre investigaciones
que involucran a seres humanos. Ese documento pasó a tener fuerza de ley para las instituciones
de investigación y para las fuentes financiadoras, respaldando derechos de la sociedad civil y de
los individuos.
El abordaje fenomenológico en el campo de la salud, a pesar de su gran contribución al
pensar y al hacer en salud, también recibió y viene recibiendo críticas de otras corrientes de
pensamiento. Particularmente para algunos autores marxistas, las propuestas de los
fenomenólogos dieron cabida a un reacomodamiento y posterior asimilación y uso por parte del
Estado capitalista de las alternativas que la fenomenología propone. Así, en lugar de radicalizar los
cambios, el pensamiento fenomenológico se tornó conservador, en el modo de concebir y
aprehender la estructura y el sentido de la acción social. Al tomar como totalidad de análisis la
autonomía de los individuos, de los pequeños grupos, de los sistemas de creencia y valores, los
fenomenólogos menosprecian los contextos y las bases sociales de los valores y creencias
históricamente construidas y las relaciones de dominación económica, política e ideológica del
sistema capitalista.
La fenomenología también asume el componente ético como algo absoluto que debe
anteponerse a las relaciones entre la ciencia y la moral. El marxismo lo relativiza, afirmando que la
ética y la ciencia son dos formas de conciencia en relación dialéctica con las condiciones
materiales de su producción. De esta forma somete a ambas a la crítica.
Juan César García advierte que las propuestas fenomenológicas han sido usadas en los
países capitalistas tanto centrales como periféricos para orientar la reorganización de los sistemas
de salud, frecuentemente exonerando las responsabilidades del Estado:

63
En el terreno de la práctica médica surgen programas alternativos de autocuidado de salud,
atención primaria por personal no-profesional, revitalización de la medicina tradicional, etc.
La mayoría de estas experiencias y los principios sobre los cuales se sustentan fueron
apropiados por el Estado en la mayoría de los países de América Latina en la década de ‘70,
al mismo tiempo que se reducían, de forma relativa, los presupuestos estatales para el área
social” (1983, p.121).

El ascenso de posturas que se condicen con los planteos fenomenológicos que enfatizan la
responsabilidad de los ciudadanos sobre su propia salud, vienen ocurriendo pari passu con la crisis
fiscal del Estado y con la globalización de los medios de producción capitalista. La respuesta más
común a las crecientes necesidades de la población, viene siendo, en muchos países, la adopción
de alternativas baratas que no responden a las reales necesidades de la población, como señalaba
Juan César García ya en 1983:

Es un intento de convertir al consumidor de la asistencia médica en proveedor de esta, a


través del autocuidado y de su participación en las estructuras intermedias. El desarrollo
económico-social es entendido –dentro de este cuerpo teórico reaccionario [se refiere a la
fenomenología] – como determinado por la inversión privada generadora de riqueza y por la
ayuda voluntaria, contribuyente del bienestar social (García, 1983, p.130).

Las conclusiones de García, referidas al contexto de hace veinte años atrás, necesitan ser
hoy repensadas. En primer lugar, porque para los mejores sistemas de salud, como el canadiense
y el inglés, está claro que es preciso contar con la complicidad de los sujetos y su
responsabilización, junto a las responsabilidades innegables del Estado. La sociedad y los
ciudadanos no pueden desentenderse de la salud (concepciones, instituciones y prácticas) como
un bien precioso sobre el cual tienen el poder y el deber de celar. En segundo lugar, porque en
Brasil y en varios países de América Latina, a partir de los años ‘90, vienen desarrollándose
muchos programas de aproximación y comprensión de la población, como es el caso brasileño de
Salud de la Familia.
En el programa Salud de la Familia, la idea del pequeño grupo, de la célula de relaciones
primarias -tan valorada por los abordajes comprensivos- se tornó el centro de una propuesta de
cambio del modelo hospitalocéntrico (aún hegemónico). Este último en general se rige por normas
institucionales burocráticas y abarca toda la cadena de atención a la salud, siendo un modelo
extremadamente caro, ineficiente e impersonal. El programa Salud de la Familia abarca hoy más
de 50 millones de personas en Brasil y, aunque también presenta muchos problemas en su
implementación, apuesta a servicios más personalizados, comprensivos e interactivos, permitiendo
capitalizar servicios básicos de asistencia y principios de la promoción, incluyendo
responsabilidades del Estado, de la sociedad y de los individuos.
Por eso, entiendo y defiendo que los cuestionamientos aportados por las teorías
comprensivas al campo de la salud, cuando no están tomadas de sus vertientes reduccionistas,

64
han sido fundamentales para la promoción de las interacciones entre todos los agentes del sector,
para la comprensión de fenómenos focalizados, locales y específicos y para humanizar el sistema
de salud.

El Marxismo y algunas de sus corrientes

Toda la obra de Marx es coherente con el principio básico de su metodología de


investigación científica: tiene la marca de la totalidad. Por eso mismo, una de las polémicas sobre
la contribución de su trabajo a las Ciencias Sociales se debe a la dificultad de catalogarla, pues es,
al mismo tiempo, Filosofía, Historia, Economía, Sociología y Antropología. Es ese carácter
abarcativo, que intenta, desde una perspectiva histórica, cercar el objeto del conocimiento a través
de la comprensión de todas sus mediaciones y correlaciones, constituyendo la riqueza, la novedad
y la propiedad de la dialéctica marxista. Goldmann (1980) considera que esa versatilidad de la obra
de Marx, se debe al hecho de haber conseguido relevar las cuestiones teóricas más importantes
para el análisis de la sociedad capitalista, vinculándolas a la utilidad y a las necesidades humanas.
Constituye una tarea gigantesca y profunda la aproximación al pensamiento de Marx y al
de los marxistas que, fieles a él, intentaron reflexionar sobre el ser humano, la sociedad y el
individuo. Como el objetivo específico de este texto es la discusión de las corrientes de
pensamiento y las metodologías que han influido en el análisis y en las prácticas del sector salud,
es por eso que el marxismo será abordado. Se dará énfasis a la dialéctica de las relaciones entre
el individuo y la sociedad, entre las ideas y la base material, entre la realidad y su comprensión a
través de la ciencia, como también a las corrientes que enfatizan el sujeto histórico y la lucha de
clases. Y de todas sus corrientes internas, optaremos por aquella que articula las condiciones
generales de producción y reproducción con la problemática de la subjetividad humana.
Dentro de la perspectiva marxista, los principios que explican el proceso de desarrollo
social pueden ser sintetizados en los términos: materialismo histórico y materialismo dialéctico.
Dentro del marxismo, el materialismo histórico representa el camino teórico que apunta a la
dinámica de lo real en la efervescencia de una sociedad. A su vez, la dialéctica se refiere al
método de abordaje de la realidad, reconociéndola como un proceso histórico con su propio
dinamismo, provisoriedad y transformación. La dialéctica es la estrategia de aprehensión y de
comprensión de la práctica social empírica de los individuos en sociedad (en los grupos, clases y
segmentos sociales), de realización de la crítica de las ideologías y de los intentos de articulación
entre sujeto y objeto, ambos históricos. El materialismo histórico, como camino teórico, y la
dialéctica, como estrategia metodológica, están profundamente vinculados, pues, como señala
Lenin (1965), el método es el alma del contenido. Esa imbricación es tan profunda que autores
como Lowy (1986), prefieren usar indistintamente términos como: dialéctica marxista, materialismo

65
dialéctico, materialismo histórico y filosofía de la praxis (este último término es una denominación
gramsciana) para referirse al marxismo. Lowy dice: “todos esos términos apuntan hacia elementos
del método marxista”. Pero “el historicismo es el centro, el elemento motor, la dimensión dialéctica
y revolucionaria del método” (1986, p.26).
Lowy (1986), Goldmann (1980), Bottomore & Rubel (1988), Schaff (1967) insisten en
demostrar que la dimensión materialista no constituye, en sí, la mayor novedad del marxismo. El
propio Marx, tomando a la historia como centro, dialoga con los que denomina “materialistas
vulgares”, contraponiéndolos a los “ideólogos alemanes” y criticando a ambos:

Para los materialistas vulgares la producción real de la vida aparece como no histórica,
mientras que lo histórico es mostrado a la vida común supraterrestre” (1973, p. 27) [...] La
filosofía hegeliana de la historia es la última consecuencia, llevada a su expresión más pura,
de toda la historiografía alemana que pretende ver, no los intereses reales ni siquiera
políticos, sino los pensamientos puros que inevitablemente aparecen, como una serie de
pensamientos que se devoran unos a otros hasta ser tragados por la autoconciencia (Marx &
Engels,1984, p.5).

Un examen del prefacio de Contribución a la Crítica de la Economía Política (1973) pone


en evidencia que la expresión “material” en Marx es usada simplemente para designar las
condiciones primarias de la vida humana. Sus expresiones: vida material, condiciones materiales
de existencia, fuerzas materiales de producción, transformación de las condiciones materiales de
producción están relacionadas con una historiografía. Apuntan a promover una interpretación
científica de las transformaciones sociales que bajan del cielo hacia la tierra, o sea, de las ideas
como fuente, hacia el ser humano, la naturaleza y la sociedad como generadores. En este sentido,
su historiografía es una “sociología histórica”, según la expresión usada por Goldmann (1980).
También Bottomore & Rubel comentan sobre la especificidad del “materialismo” en Marx:

El énfasis que él [Marx] daba a la estructura económica en la sociedad no era novedad. Su


contribución personal en esa esfera fue el contexto dentro del cual discutió la estructura
económica: el contexto del desarrollo histórico del trabajo humano como relación primaria
entre hombre-naturaleza y entre los hombres y sus semejantes. El trabajo de Marx según él
mismo dice, ante todo era una nueva historiografía, y su interés dominante era la
transformación histórica (Bottomore & Rubel, 1988, p. 34).

Son dos los conceptos fundamentales que resumen al materialismo dialéctico, conceptos
que poseen un alto grado de abstracción: Modo de Producción y Formación Social.
Por Modo de Producción se entiende: (a) una estructura global formada por estructuras
regionales (o instancias) económicas, jurídico-políticas e ideológicas; (b) una estructura global, en
la cual existe siempre una estructura regional que domina a las demás. Este dominio de cualquier
instancia se da históricamente y no a priori; (c) una estructura global, en la cual es siempre el nivel
económico el que determina a las otras (Fioravanti, 1978). El Modo de Producción se configura
como un concepto abstracto formal y como modelo teórico de aproximación a la realidad. Marx lo

66
asocia al de Formación Social, que se refiere a las dimensiones dinámicas de las relaciones
4
sociales concretas en una sociedad determinada .
La Formación Social se constituye en una unidad compleja de articulación de las diversas
instancias de organización social que pueden, incluso, contener diversos modos de producción
simultáneos (lo que se observa en la realidad histórica), entre los cuales uno es dominante y
determina a los otros (Fioravante, 1978). La formación social de un espacio cultural concreto debe
ser entendida como la realidad que se forma gradualmente en la historia: se refiere tanto a
dimensiones macro como microsociales. El estudio de una formación social debe incluir el análisis
de los cambios y transformaciones así como de las permanencias que se fijan en las estructuras.
El concepto de Formación Social se refiere al movimiento: (a) de las fuerzas productivas y
de las relaciones sociales de producción; (b) de las clases sociales básicas y de los segmentos
específicos, en conflictos, convergencias y contradicciones; (c) de la división del trabajo; (d) de las
formas de producción, circulación y consumo de bienes; (e) de la población y de los movimientos
poblacionales; (f) del Estado; (g) del desarrollo de la Sociedad Civil; (h) de las relaciones
nacionales e internacionales de comercio; (i) de las formas de conciencia real posible de los
diferentes grupos sociales; (j) y de los modos de vida, tema que Marx vincula al “modo de
producción” y a las “condiciones generales de producción”.
Marx se apropió del concepto de dialéctica tal como fue utilizado por Hegel y lo transformó.
Pero el término es mucho más antiguo, proviene de la filosofía griega trayendo un sentido dinámico
de inquietud y pregunta sobre las cosas, los hechos de la vida y de la sociedad. Ese concepto va
5
tomando diferentes connotaciones en el transcurso de la historia .
(1) La primera tesis de la dialéctica es la especificidad histórica de la vida humana: nada
existe totalmente determinado, eterno, fijo y absoluto. Por lo tanto, no existen ideas, instituciones ni
categorías estáticas. Toda vida humana y social está sujeta a cambios, transformaciones, siendo
perecible y pudiendo ser reconstruida. De un modo diferente a los positivistas que buscaban leyes
invariables de la estructura social para conservarla, la lógica dialéctica introduce en la comprensión
de la realidad el principio del conflicto y de la contradicción como algo permanente y que explica lo
inacabado, lo imperfecto y la transformación.
Nada se construye fuera de la historia como tampoco la historia es producto de las ideas,
dicen Marx y Engels, en el texto que escribieron sobre la Sagrada Familia (1967). Ella no es una
unidad vacía o estática de la realidad, sino una totalidad dinámica de relaciones que explican y son
explicadas por el modo de producción concreto. O sea, los fenómenos económicos y sociales son
producto de la acción y de la interacción, de la producción y de la reproducción de la sociedad por

4
En esa reflexión existe una profunda discordancia del marxismo interpretado por Althusser y toda la corriente mecanicista
que niega la historia en tanto construcción humana significativa y el sujeto social a no ser como “efecto ilusorio de
estructuras ideológicas” en Pour Marx. París: Editorial Maspero; 1965; Análise crítica da teoria marxista. Río de Janeiro:
Editora Zahar; 1967.
5
Para un análisis más detallado del concepto dialética, ver Minayo, MCS. En Minayo, MCS & Deslandes, SF Caminhos do
Pensamento. Río de Janeiro; Editora Fiocruz; 2002. donde, en un capítulo sobre Hermenéutica y Dialéctica la autora trabaja
los diversos sentidos históricos del término.

67
los individuos. “No es la historia que se sirve de los seres humanos para alcanzar sus fines. La
historia es tan sólo la actividad de los seres humanos persiguiendo sus objetivos” (Marx y Engels,
1967, p.361).
Con relación a la primera tesis que se asienta sobre el principio de la especificidad
histórica, se realza aquí el pensamiento de Goldmann, uno de los más importantes intérpretes de
la obra de Marx sobre el sentido de la acción humana y de la cultura. La contribución de este autor
es fundamental cuando se quiere pensar en investigaciones, al mismo tiempo, situadas y
contextualizadas. Goldmann comienza colocando en pie de igualdad y de reciprocidad a dos
disciplinas que no siempre caminan juntas: la historia y la sociología. “Todo hecho social es un
hecho histórico” dice Goldmann (1980, p.17). Le aconseja a los cientistas sociales, como camino
metodológico, que abandonen toda las corrientes sociológicas abstractas y busquen una ciencia de
los hechos históricos “que debe ser una sociología histórica y una historia sociológica” (Goldmann,
1980, p.18). El fundamento de tal ciencia socio-histórica, según Goldmann, es que los seres
humanos no son tan sólo un objeto de investigación, sino personas que construyen su mundo, sus
estructuras, sus ideologías y se enredan en ellas. Goldmann dice, criticando a los cientistas
sociales formalistas y positivistas que se fundamentan en el fetiche del método:

La mayor deformación científica no comienza cuando se intenta aplicar al estudio de las


comunidades, métodos de las ciencias físico-químicas, sino cuando se considera esa
comunidad tan sólo como un objeto de estudio (Goldmann, 1980, p.22).

Para Goldmann, la vida social constituye el único valor común que reúne a los hombres de
todos los tiempos y de todos los lugares. Por eso, insiste en diferenciar lo que denomina la “nueva
historiografía o sociología marxista” que tiene como objeto, tanto en relación al pasado como al
presente: (a) la comprensión de las actitudes fundamentales de los individuos y de los grupos
frente a los valores, a la comunidad y al universo; (b) la comprensión de las transformaciones del
sujeto de la acción en su relacionamiento dialéctico con el mundo, haciendo en sí la síntesis entre
el pasado y el presente; (c) y en consecuencia, la comprensión de las acciones humanas de todo
tipo y de todos los lugares que tuvieron impacto en la existencia y en la estructura de determinado
grupo en el pasado, en el presente y en su proyección hacia el futuro.
Goldmann (1980) engloba en su definición de objeto a la historia y a los fenómenos en sus
niveles colectivos, individuales y específicos. Por eso, supera y hace la síntesis de la historiografía
tradicional que enfatiza la acción de los gobernantes y líderes y de aquella que tiene en cuenta las
determinaciones del modo de producción y el papel de la colectividad, del pueblo, casi siempre
dejado de lado en la visión positivista de los acontecimientos.
En la perspectiva de la dialéctica marxista de autores como Goldmann (1980) y Lowy
(1985), todo lo que supera al individuo para alcanzar la vida social constituye un acontecimiento
histórico. Ambos señalan que Marx también consideraba la historia del mundo desde el punto de

68
vista de aquellos que la hacen sin tener la posibilidad de prever las chances de su éxito,
refiriéndose al valor que le daba al movimiento operario y a los trabajadores. Oponiéndose al
pensamiento de otros autores también intérpretes de Marx, como Althusser, Goldmann valoriza las
teorías de base comprensiva y la antropología: “Lo que buscamos en la comprensión de las formas
históricamente diferentes de vivir en común es la significación humana, imposible de ser
comprendida fuera de la estructura social” (Goldmann, 1980, p.24). Porque en su visión sobre la
dialéctica, la conciencia se concibe, desde su origen, como un producto social de la necesidad y de
la acción humana sobre la naturaleza, en relación a los otros seres humanos y dentro de
determinadas condiciones de producción.
Goldmann reconoce y recupera dialécticamente el mérito de la fenomenología al señalar la
importancia de los significados atribuidos por los actores sociales a sus actos y a los
acontecimientos que consideran relevantes, o sea, a las motivaciones, a los objetivos perseguidos
y a los fines vividos en comunidad. Pero, aunque la valorice, Goldmann distingue la fenomenología
con relación al marxismo, criticando su postura por ser sólo descriptiva y comprensiva de los
fenómenos. Para él, las Ciencias Sociales tienen que abarcar, al mismo tiempo, la comprensión de
los agentes sobre los hechos y las cosas y los factores sociales inevitables que generan y son
generados en esa comprensión, independientemente de las intenciones de los actores sociales y
de las significaciones que ellos les atribuyan. En otras palabras, el análisis socio-histórico debe dar
cuenta de la coherencia y de la fuerza creadora de los individuos y de la relación entre las
consciencias individuales y la realidad objetiva.
(2) La segunda tesis de la dialéctica marxista se refiere al principio de la totalidad de la
existencia humana y, en consecuencia, al vínculo incuestionable entre la historia de los hechos
económicos, sociales y de las ideas. El principio de la totalidad puede ser evocado para el análisis
macro-social, como instrumento interpretativo de los contextos específicos, para la identificación de
los patrones de invariancia de las transformaciones concomitantes, para la comprensión de las
diferencias en una unidad de estudio peculiar. Por lo tanto, en un proceso de investigación de
índole dialéctico, se busca retener la explicación de lo particular en lo general y viceversa. Joja
(1965) reproduciendo a Lenin (1965), advierte que lo particular no existe sino en la medida en que
se vincula a lo general y lo general sólo existe en lo particular y a través de él. Por lo tanto, el
principio metodológico de la totalidad conduce a que, en la investigación y en el análisis de los
hechos, se deba:
Aprender los fenómenos en su auto-relación y hetero-relación, en sus relaciones con la
multiplicidad de sus propios ángulos y de sus aspectos intercondicionados, en su
movimiento y desarrollo, en su multiplicidad y condicionamientos recíprocos por otros
fenómenos o grupos de fenómenos (Joja, 1965, p.53).

Esto significa: (1) comprender las semejanzas y las diferencias en una unidad o totalidad
parcial de los hechos, fenómenos y procesos; (2) entender las conexiones orgánicas, o sea, los
modos de relacionamiento entre las distintas instancias de la realidad y el proceso de constitución

69
de la totalidad parcial; (3) develar, en la totalidad parcial analizada, las determinaciones específicas
y generales y las condiciones y efectos de su manifestación.
La perspectiva totalizadora tal como fue pensada por el marxismo, es heurística y exige la
comprensión de relaciones reales: (a) al mismo tiempo que se observa la realidad objetiva como un
todo coherente; (b) se comprenden y se analizan las partes del todo, formando correlaciones
concretas de conjuntos y unidades que contienen determinaciones y condicionamientos generales,
afirmándose la complejidad y las diferenciaciones presentes en todos los fenómenos, hechos y
procesos. Esa postura metodológica es referida de este modo por Marx y Engels:
Es preciso que, en cada caso en particular, la observación empírica necesariamente ponga
de relieve – empíricamente y sin cualquier especulación o mistificación– la conexión entre
estructura social, política y producción (1967, p.35).

El principio de totalidad no es sinónimo de conclusión, de certezas absolutas y de verdades


establecidas. Para la dialéctica, no existe a priori un punto de partida definitivo. Goldmann, citando
a Pascal, señala que “lo último que se encuentra al hacer una obra es la comprensión de lo que se
debe colocar en primer lugar, pues nunca se puede llegar a una totalidad que no sea, en sí misma,
elemento o parte” (1967, p.11). Esa es la propuesta del abordaje dialéctico, cuya fundamentación
es el pensamiento vivo y el carácter inacabado tanto de la historia como de la ciencia, llevando a
que el conocimiento de la realidad “sea una continua oscilación entre el todo y las partes que
deben dilucidarse mutuamente” (Goldmann, 1967, p.4).
(3) El tercer principio de la dialéctica es el de la unión de los contrarios, al interior de las
totalidades dinámicas y vivas. Ese principio contrapone el método dialéctico a cualquier visión
maniqueísta o positivista de la historia y de la sociedad. Para definirlo, Goldmann recurre una vez
o
más al Pensée 73 . de Pascal, ya citado en el epígrafe al inicio de este libro:

70
Siendo entonces todas las cosas causadas y causadoras, ayudadas y ayudantes, mediata e
inmediatamente, y todas relacionándose por un vínculo natural y sensible que une a las más
apartadas y a las diferentes, creo que es tan imposible conocer las partes sin conocer el
todo, como conocer el todo sin conocer las partes (1967, p.4).

Ahora bien, la unión de los contrarios está presente en las totalidades y parte de ellas en
diversos movimientos de entrelazamiento y de conflictos:
(a) entre los fenómenos y su esencia, entre las leyes y el fenómeno, movimiento sobre el
cual vale evidenciar el pensamiento de Lukács: “En relación al mundo de las leyes, el mundo de los
fenómenos representa el todo, la totalidad, porque contiene la ley y más allá de eso, la propia
forma que la mueve” (Goldmann, 1967, p.232) y de Kosik: “El fenómeno indica la esencia y la
esconde; y sin la comprensión del fenómeno en sus manifestaciones, la esencia sería
inalcanzable” (1969, p.12).
(b) entre lo singular y lo universal, entre lo particular y lo general, dinámica trabajada
especialmente por la filosofía de Lenin, según el cual “lo particular y lo singular no existen a no ser
por su participación en lo universal” (Kosik, 1965, p.215), acrecentando que lo general y lo
universal sólo se realizan en las totalidades parciales. Lo concreto aparece como un punto de
llegada y como un punto de partida, mediado por teorías y métodos que conducen a su
comprensión, tornándose “concreto pensado” en Marx (1973, p.209). Por lo tanto, es en las
determinaciones particulares que el método va a buscar el nexo explicativo de las totalidades
concretas, de forma tal que lo real, como un dato inmediato, reaparece mediatizado por la teoría.
(c) entre la imaginación y la razón. Las concepciones teóricas de la dialéctica marxista
superan dos ideas opuestas, mostrando su imbricación en la construcción del conocimiento: la de
la supremacía de la razón propia del positivismo y la de la supremacía de las emociones y del
sentido común, proveniente de la fenomenología. En sus textos filosóficos Lenin comenta que, al
reflejar la realidad, el conocimiento ofrece una imagen más grosera que la real, tanto en el plano
del pensamiento como del sentimiento. Por eso, “sería ridículo negar el papel de la imaginación
aún en la ciencia más rigurosa” (Lenin, 1965, p.218).
(d) entre la base material y la conciencia, considerando que existe una correlación entre los
modos de producción, de las estructuras de clase y de las maneras de pensar. Aunque el
pensamiento marxista defienda la tesis de que las bases económicas sean determinantes en las
transformaciones sociales, también forma parte de su mejor tradición la idea de la influencia mutua
entre las instancias que conforman la realidad. Desde el punto de vista de la investigación, esa
concepción dialéctica de las relaciones entre ideas y hechos socio-económicos trae algunas
consecuencias prácticas, sobre las cuales existen propuestas específicas de Goldmann. Según
este autor, basta estudiar seriamente la realidad humana para encontrar siempre al pensamiento,
en el caso que se haya partido de su aspecto material; y para encontrar los hechos sociales
económicos, en el caso que se haya comenzado por la historia de las ideas o por el análisis de las
representaciones:

71
Para el pensador dialéctico, las doctrinas son parte integrante del hecho social estudiado y
sólo pueden ser separadas a través de una abstracción provisoria: su estudio es
indispensable para el análisis del problema. De la misma forma, la comprensión de la
realidad social e histórica constituye uno de los elementos más importantes cuando se
apunta a comprender la vida espiritual de una época (Goldmann, 1980, p.51).

Sobre la articulación entre las instancias, Lojkine (1981) señala que no se trata de dos o tres
mundos divididos sino de realidades entrelazadas que se forman en la producción, en el consumo,
en la cultura y en la política estatal, esta última, en la regulación de los fenómenos sociales. Por
eso este autor resalta que en los estudios sobre determinaciones deben ser contemplados los
vínculos entre política estatal y socialización contradictoria de las fuerzas productivas y de las
relaciones de producción:
Considerar la urbanización como dominio del consumo, del no trabajo, oponer la
reproducción de la fuerza de trabajo al trabajo vivo es retomar uno de los temas de la
ideología burguesa según la cual sólo es actividad productiva la actividad de producción de
plusvalía (Lojkine, 1981, p.122).

En otras palabras, en la realidad pulsante de la vida social, la aglomeración de la población,


las diferenciaciones de los barrios, la localización de los medios de consumo colectivo
(equipamientos de salud, de educación, de transporte, de cultura, de entretenimiento, etc.) tienen
leyes semejantes a las que rigen la acumulación de capital. La esfera de producción, consumo e
intercambio están en permanente interacción y todos son espacios históricos de investigación.
Como consecuencia, la configuración histórica del espacio (urbano o rural) que congrega a la
producción y las condiciones generales de producción es un locus demostrativo y efectivo de la
situación de las clases y sus segmentos. En él se cristalizan los resultantes de las exigencias del
trabajo vivo y las restricciones a ese desarrollo, que la lógica de la acumulación impone.
A su vez, desde el advenimiento de la modernidad, el Estado siempre debe ser incorporado
en el análisis de las cuestiones sociales, pues su existencia y dinámica reflejan las contradicciones
de clases, los conflictos de interés y los resultados de la segregación social. El Estado es una
forma ampliada de socialización de las condiciones generales de producción, dado que realiza: (a)
la regulación social que atenúa los efectos de las desigualdades, de la exclusión y de la mutilación
capitalista con relación a las clases trabajadoras; (b) la selección, la disociación y la segregación
de los recursos públicos destinados a los medios de consumo colectivo para la reproducción de la
fuerza de trabajo; (c) y los anhelos provenientes de la acción humana organizada y del papel del
sujeto histórico en la construcción social. Este último punto se refiere a la constitución de la
sociedad civil como contrapunto de los aparatos del estado, constituyendo una fuerza social con
capacidad de intervenir en el juego de intereses que, tradicionalmente alían a los gobiernos y a los
políticos. Marx, cuyo pensamiento se expone a continuación, desarrolla poco este tema que va a
ser tratado en profundidad por Gramsci (1981).

72
No sólo las condiciones objetivas se modifican en el acto de la reproducción, sino que
también cambian los reproductores, pues traen a la luz nuevas cualidades que existían en
ellos, se involucran con la producción, se transforman, desarrollan nuevos poderes e ideas,
nuevos modos de intercambio, nuevas necesidades y nuevos lenguajes (Marx, 1973, p.494).

(e) entre teoría y práctica: existe una integración entre esos dos términos. En el pensamiento
marxista, la categoría básica de análisis de la sociedad es el modo de producción históricamente
determinado. La categoría mediadora de las relaciones sociales es el trabajo, la actividad práctica.
El trabajo constituye un aspecto particular del orden cultural, pero tiene el valor de determinación
de ese orden: “es a través del trabajo que el reino de la cultura se superpone al reino de la
naturaleza”, señala Marx & Engel (1984, p.15). Por eso, la teoría marxista es, esencialmente, la
teoría de la acción humana que, al mismo tiempo, hace la historia y es determinada por ella. Ella
se dedica a entender las transformaciones del sujeto de la acción, o sea, las transformaciones de
la sociedad humana. Desde el punto de vista del proceso del conocimiento, la actividad humana es
su criterio decisivo, señala Lukács, uno de los más importantes intérpretes de Marx & Engel:
El conocimiento que está en condiciones de aprehender dialécticamente las astucias de la
evolución sólo es válido y eficaz cuando sus adquisiciones sean expeditivas para la acción
práctica cuyas experiencias vendrán, a su vez, a enriquecer el conocimiento y a proveerle
una fuerza siempre nueva (1967, p.237).

Es en la praxis que el marxismo reconoce la posibilidad de emancipación subjetiva y objetiva


del ser humano y la destrucción de la opresión en tanto estructura y transformación de la
conciencia. O sea, las transformaciones de las ideas sobre la realidad y la transformación de la
realidad, en el pensamiento dialéctico, caminan juntas.
(f) entre lo objetivo y lo subjetivo. El abordaje dialéctico considera al objeto y al sujeto como
partes de la misma totalidad. Autores como Lukács (1967), critican la fenomenología que coloca lo
subjetivo casi como algo absoluto, en la construcción de la realidad. Comenta que esa teoría
filosófica mitifica al mundo de las sensaciones como se fuese objetivo y pudiese proclamar la
existencia independiente de la conciencia. Critica también, y en consecuencia, al método
fenomenológico que pretende partir de los datos inmediatos de la experiencia vivida sin analizar su
estructura y sus condicionamientos. Goldmann establece varios cuestionamientos sobre esa
separación teórica diciendo que:
El conocimiento en sociología, se encuentra en el doble plano del sujeto que conoce y del
objeto estudiado pues hasta los comportamientos exteriores son comportamientos de seres
conscientes que juzgan y eligen, con mayor o menor libertad, su manera de actuar (1980,
p.98).

Tanto Lukács como Goldmann no comparten las ideas del racionalismo de moda en el siglo
XVIII y XIX y vigente aún en la actualidad, para el cual la razón es la única instancia de
conocimiento adecuado y, donde las sensaciones, los sentimientos, la experiencia vivida, la idea y
la imaginación serían elementos destinados a roles subordinados o aún engañosos, en la jerarquía

73
del material específico para los estudios de las ciencias sociales. Las concepciones teóricas de
esos autores (Lukács, 1967; Goldmann, 1980) no admiten la exagerada supremacía de la razón,
así como de los subjetivismos, pues actúan con la mutua relación de interconexiones entre factores
objetivos y subjetivos y entre instancia material y espiritual en su unidad dialéctica. Lukács señala
que los conocimientos producidos son apenas aproximaciones a la dinámica del mundo social y,
por eso mismo, son siempre relativos. En la medida en que representan una aproximación efectiva
de la realidad objetiva que existe independientemente de la conciencia, son siempre absolutos;

El carácter al mismo tiempo absoluto y relativo de la conciencia forma una unidad indivisible.
En la medida en que las ciencias sociales encubren a la dialéctica con el sentido absoluto y
relativo del conocimiento, amputándolo por aproximación, se suprime el margen de libertad
filosófica de la actividad social (Lukács, 1967, p.235).

Esa misma percepción compleja de la realidad, es reflejada por Lenin cuando sugiere que:
“Lo que dificulta la comprensión es el pensamiento porque él separa y mantiene en distinción los
momentos de un objeto intervinculado en la realidad” (Lenin, 1965, p.215).
(g) entre inducción y deducción. En la lógica dialéctica inducción y deducción son
obligatoriamente complementarias. No se puede conocer una cosa, un fenómeno o un proceso a
no ser decomponiéndolos, para luego recomponerlos, reconstruirlos y reagrupar sus partes.
Análisis y síntesis son inseparables, pero para realizar una síntesis con éxito es necesario analizar.
Por lo tanto, “siempre que la inducción parte de lo esencial se confunde con la deducción, pues el
análisis deductivo elimina las circunstancias y presenta el fenómeno en su simplicidad y
esencialidad conceptual” señala Joja (1965, p.166). Este autor reflexiona sobre la impropiedad de
los términos inductivo, deductivo, cuando se habla de la lógica dialéctica: “En el orden del
conocimiento, aprehendemos lo esencial a través de lo general por ser este más accesible y
manejable. Pero lo general sólo se realiza en lo particular” (Joja, 1965, p.167). Engels se refiere a
lo absurdo que es oponer inducción a deducción, como si inducción no fuese raciocinio y, por lo
tanto, deducción:
Inducción y deducción van necesariamente a la par como síntesis y análisis. En lugar de
destacar a una de ellas, tratándola como principal, es necesario saber utilizarlas donde
correspondan y eso sólo será posible cuando se tenga en cuenta que ellas forman un par y
se completan recíprocamente (Engels, 1952, p.230).

El uso del método dialéctico no es simple, lo que puede ser comprobado por el hecho de que
la mayoría de los investigadores que dicen usarlo como parámetro, hacen análisis simplificados y
reduccionistas, frecuentemente a través de un contundente retorno al positivismo. Es lo que Sartre,
en Cuestión de Método (1978), critica de forma vehemente, sobre todo en sus debates con
Althusser (1965; 1967) en sus clásicos escritos:
El marxismo aborda el proceso histórico con esquemas universalizantes y totalizadores. Pero
en ningún caso, en los trabajos de Marx, esta perspectiva pretende impedir o tornar inútil la

74
apreciación del proceso como totalidad singular. Marx muestra los hechos en lo particular y
en el conjunto. Si él subordina hechos anecdóticos a la totalidad, es porque, a través de
ellos, pretende descubrirla. Así el marxismo vivo es heurístico: con relación a la investigación
concreta, sus principios y su saber anteriores aparecen como reguladores (1973, p.27).

Sartre advierte a sus lectores contra las doctrinas dogmáticas y el pensamiento especulativo.
En el mismo sentido que Thiollent (1987) comenta que muchos marxistas, en su actividad
intelectual, transformaron el proceso del conocimiento en una mera búsqueda de hechos y
situaciones empíricas capaces de probar las verdades contenidas en los esquemas abstractos de
determinaciones generales. Por lo tanto, la aplicación del método dialéctico no depende tan sólo
del conocimiento técnico, sino de una postura intelectual y de una visión social de la realidad.

Aplicaciones del marxismo al campo de la salud

Cuando se abordan las cuestiones de salud y de la enfermedad, así como de la medicina y


de las instituciones médicas, desde el punto de vista marxista, los análisis necesitan
fundamentarse históricamente. El campo de la medicina y de la salud colectiva se constituyen de
instancias de poder económico, político e ideológico. En la sociedad contemporánea, altamente
tecnificada, la ciencia y la tecnología desarrolladas en el área se transformaron en motores
potentes de desarrollo y espacios de disputas de poder y de intereses económicos. Salud y
Enfermedad, por lo tanto, necesitan ser tratadas como procesos fundamentados en la base
material de su producción, más allá de tener en cuenta las características biológicas y culturales en
las que se manifiestan.
Asó como en el análisis de todos los procesos sociales, en el tratamiento de las cuestiones
de salud y enfermedad y de las instituciones del campo, los abordajes marxistas parten de diversas
lecturas y tradiciones. En los estudios llevados a cabo hasta los años ‘50 y ‘60 del siglo XX, García
(1983) los divide entre los que enfatizan el desarrollo de las fuerzas productivas y los que acentúan
la dinámica histórica de las relaciones de producción.
En el primer caso, están los trabajos de Stern (1927) y Sigerist (1929), por ejemplo. Estos
autores, aunque pioneros americanos en la lectura de la salud bajo el enfoque marxista, y pese a
su inmensa colaboración, reconocida por Nunes (1999), no consiguieron romper las barreras del
positivismo. Sus escritos transmiten una visión desarrollista de la tecnología propia de la medicina
oficial y una creencia en la posibilidad de dominio, por los cientistas del sector, de las
enfermedades y de la muerte. La crítica que se puede hacer a su análisis reside en la visión
idealista y desarrollista de la medicina, sin tener en cuenta las relaciones de desigualdades
sociales, de superexplotación, de la depredación de la fuerza de trabajo y de la poca eficacia de los
actos médicos con relación a las condiciones generales de la producción capitalista. Sus obras

75
resaltan también una legitimación radical de la medicina en detrimento de las posibilidades mágico-
religiosas o tradicionales de la población.
Entre los autores del mismo período que se centraron en las relaciones de producción
como el elemento dinámico y esencial de la realidad social con relación al tema de la salud, se
destaca Pollack (1974) en Francia, con su obra La Medicina del Capital. Este libro resalta la
cuestión de la salud y de la enfermedad de las diferentes clases sociales en el capitalismo, como
marcada por la lógica del lucro, de la producción y de la reproducción del sistema. Su marco de
análisis sigue las teorías reproductivistas y estructuralistas de análisis que tuvieron gran relevancia
en la Francia de los años ‘70 del siglo XX, para explicar, sobre todo, las políticas sociales de
educación y salud (Bourdieu, 1970). Su trabajo refleja aún el ambiente contestatario de la
intelectualidad francesa que se expresó en el Movimiento Social de mayo de 1968. Si bien elabora
una crítica radical al economicismo en la salud, Polack (1974) cae en las tramas del
estructuralismo. Minimiza u omite las contradicciones que permiten a las clases trabajadoras
encontrar respuestas históricas y ser protagonistas, aún dentro de las situaciones de declarada
dominación.
En América Latina, el abordaje marxista de la salud se desarrolló paralelamente a la
eclosión de un amplio movimiento social por la universalización del derecho a la salud a partir de la
década del ‘60, en respuesta al sentido de progreso que la industrialización dependiente trasladó a
los países periféricos. La modernización capitalista se tradujo en la internacionalización acelerada
del capital, en la industrialización y en la urbanización, también aceleradas, en fuertes migraciones
del campo hacia las ciudades y en una dinámica de aumento de las tradicionales desigualdades
sociales.
Sin negar el papel, el avance y las contribuciones de la biomedicina se inició un
movimiento intelectual al interior del propio sector salud, conjugado con movimientos sociales y
políticos, que buscaba explicaciones históricas y sociológicas más abarcativas y más adecuadas
para la situación de morbimortalidad de las poblaciones brasileñas. En ese esfuerzo, no se puede
disociar la labor teórica y la militancia política de los sanitaristas que participaron pari passu, tanto
en el sector salud como en el movimiento social, apuntando a una nueva lectura y a una nueva
postura de los profesionales, técnicos e intelectuales del área.
Nunes (1985) refiere que a partir de la década del ‘70 del siglo XX crecen en América
Latina los análisis del materialismo histórico y dialéctico para explicar el fenómeno de la salud y de
la enfermedad en los contextos locales. En general, los estudios de esa década tuvieron como
premisa la posición de clase como elemento fundamental en la explicación de la distribución de la
salud y de la enfermedad y de los tipos de patologías prevalentes.
Muchos análisis fueron producidos, dentro de una visión crítica sobre los equívocos
positivistas y desarrollistas, mostrando: (a) que el avance científico y tecnológico de la medicina no
significó la mejora de la salud de las sociedades de la región; (b) que la distribución de los servicios
perpetuaban invertir las necesidades frente al poder económico; (c) que no bastaba con tener una

76
lectura fenomenológica de las situaciones de salud, dado que la práctica y el saber médico forman
parte de la dinámica de las formaciones socioeconómicas y es al interior de ellas que la eclosión
de enfermedades y la accesibilidad a los servicios necesitan ser explicadas.
Una revisión de los estudios realizados bajo el enfoque del materialismo histórico forma
parte de la investigación de Nunes (1985), en el que describe su amplitud temática: cuestiones de
salud y sociedad, políticas públicas, planificación y administración, concepciones de salud y
enfermedad, análisis institucionales, análisis de procesos de trabajo y cuestiones metodológicas.
Entre los autores son referencias obligadas: Arouca (1975); Donnangelo (1976); Possas (1983);
Tambellini (1976); Laurell (1977; 1983; 1986; 1987); Breilh & Granda (1986); García (1981; 1983);
Cordeiro (1984); Oliveira & Teixeira (1985); Nunes (1983; 1985; 1999); Gonçalves (1979).
Nunes (1985) señala que es también en la década del ‘70, y bajo el amparo del
pensamiento marxista, que el campo de estudios sobre la salud se abre a las ciencias políticas y
hacia otras áreas de las ciencias sociales, como educación, nutrición, servicio social, junto con la
sociología y la antropología, esta vez con otras preocupaciones que la visión positivista no
abarcaba. Esa apertura se debió a diversos factores: (a) el análisis del deterioro de las condiciones
de vida de contingentes inmensos de poblaciones aglomeradas en las ciudades, que pasaron a
exigir respuestas más adecuadas que las dadas por la definición unicausal-biológica de las
enfermedades; (b) la creciente conciencia de la propia sociedad (sobre todo de los estratos
urbanos de la clase trabajadora) de que la accesibilidad a la salud es un bien innegociable; (c) y el
crecimiento de movimientos sociales, definiendo y reivindicando que la provisión de la salud es un
deber del Estado y un derecho de los ciudadanos.
En Brasil y en América Latina, el objeto tradicional de teorías, concepciones y prácticas,
denominado Salud Pública inició una trayectoria de transformaciones históricas tornándose tema
de cuestionamientos, análisis y propuestas de movimientos sociales, políticos, sindicales y
comunitarios. Uno de los cambios efectuados fue el reemplazo del término público por colectivo,
para designar al área, convocando a la sociedad a la transformación de un sector que era
prácticamente dominado por la corporación médica que excluía más a la población de lo que la
incluía. Tomada como campo estratégico para la formulación teórica, política y para la acción
práctica, la Salud Colectiva incorporó definitivamente a las Ciencias Sociales en el estudio de los
fenómenos de la salud y de la enfermedad y se tornó además, un dominio corporativo
materializado en la creación de la Abrasco (Asociación Brasileña de Salud Colectiva) en 1979.
Teixeira especifica lo que considera un “cambio cualitativo” del enfoque de la Salud
Colectiva: “La posibilidad de constitución de un cuerpo específico de conocimiento sobre la salud
colectiva se encuentra dado precisamente por la adopción del método histórico-estructural” (1985,
p.90), vinculando los nuevos rumbos del pensamiento de la salud a una línea marxista específica.
También Cordeiro expresa la nueva visión de este modo:
La enfermedad en su expresión normativa de la vida, como fenómeno individual y en su
expresión colectiva, epidemiológica, donde adquiere significado en el conjunto de las

77
representaciones sociales y en las reivindicaciones políticas, está estructurada en una
totalidad social. Como forma adaptativa de la vida, resultante de las relaciones de los grupos
sociales entre sí y con la naturaleza, mediadas por el proceso de trabajo y enfermedad tiene
una historicidad de las relaciones sociales –económicas, políticas e ideológicas– que se
realizan en las sociedades concretas (1984, p.91).

Al ser el área de Salud, un campo que necesariamente une la teoría y la práctica de forma
inmediata, la posición marxista en su aspecto histórico-estructural, con relación a las otras
corrientes de pensamiento (positivismo y fenomenología) pasó a tomar, en Brasil, en los años ‘70 y
‘80, el carácter de posición ideológica y política, que repercutió en los movimientos sociales siendo
retroalimentada por ellos y, al mismo tiempo, influenciando cuestiones relativas al derecho y otros
temas emergentes. El naciente campo de la Salud Colectiva, manifestó su peso teórico, político e
ideológico en la VIII Conferencia Nacional de Salud en 1986 y, posteriormente, en el capítulo de los
Derechos Sociales de la Constitución Ciudadana de 1988 (Escorel, 1998).
Bajo el punto de vista teórico y metodológico, la Salud Colectiva como objeto de estudio aún
está en construcción y, en los últimos 30 años, viene cobrando un gran vigor. Tan certera es la
expresión “caja negra” utilizada por Laurell (1983), al referirse a la dificultad del pensamiento de
abarcar y aprehender las relaciones y correlaciones del tema. No obstante, resta mucho por hacer
aún, porque junto a la efervescencia de las investigaciones y de los temas del área, existe un
proceso de fragmentación de abordajes y de foros de establecimiento de algunos consensos
teórico-metodológicos.
Como objeto de intervención, el tema Salud Colectiva nació en el contexto de las corrientes
de pensamiento marxistas y estructuralistas, formando parte de un movimiento social mucho más
amplio. En el capítulo en que desarrollo las cuestiones de combinación de métodos, hago una
crítica de la apropiación del marxismo mecanicista, influenciado por el pensamiento de Althusser
(1965; 1967), que dominó, sobre todo, la corriente llamada “Epidemiología Social”, en Brasil y en
América Latina. Hoy, nuevos abordajes teóricas y metodológicas y nuevas disciplinas vienen
contribuyendo para dar mayor amplitud y profundización a la conceptualización de salud y de
enfermedad y para la adaptación de un sistema de salud que dé cuenta de las necesidades y
aspiraciones de la población.
Como preocupación metodológica, el subsistema que dio mayor énfasis al abordaje histórico-
estructural es el de Salud del trabajador. Su eje básico es el concepto de Proceso de Trabajo, visto
desde las unidades de producción y como determinante del desgaste, los riesgos y el cuadro de
morbilidad de los trabajadores. Los estudios vinculados a la praxis de los trabajadores se
multiplicaron y los referenciales están señalados en la revisión de Minayo-Gomez y Thedim (1995)
y en otros análisis bibliográficos como el de Mendes (2003). Tal vez, al haber sido el subsistema
que más intensamente aplicó los conceptos marxistas stricto sensu, es también el que más se
resistió al declive del marxismo real y los cambios en el mundo del trabajo, del empleo y de la
ocupación. El paradigma anclado en el concepto de proceso de trabajo (principalmente de carácter

78
industrial) viene demandando cambios conceptuales y de abarcabilidad de los objetos para dar
cuenta de los problemas producto de la globalización, de las nuevas formas de producción y de
una serie de otros factores. Entre ellos, es fundamental destacar el predominio contemporánea de
los trabajadores del sector de servicios y sus problemas específicos, en detrimento del sector
industrial a partir del cual fue construido el paradigma marxista de salud y trabajo (Minayo-Gomez
& Lacaz, 2005).
Las contribuciones de las corrientes marxistas más complejas, que incorporan el sujeto
avanzaron mucho en los últimos años, dejando atrás los referenciales estructuralistas y
mecanicistas (Minayo, 1998). Los primeros sirvieron en gran medida para comunicar los análisis
políticos y los segundos, fueron suplantados por el carácter obsoleto de los análisis que producían,
fundamentados, preferentemente en supuestos althusserianos. En Althusser el sujeto era
considerado tan sólo como “efecto ilusorio de las estructuras ideológicas” (Anderson, 1987, p.44)
como puede ser constatado en el siguiente fragmento de una de sus obras:
La estructura de las relaciones de producción determina los lugares y las funciones que son
asumidas por los agentes de producción que no son más que ocupantes de estas funciones.
Los verdaderos “sujetos” no son sus ocupantes y empleados. Contra todas las evidencias
del “dato” de la antropología ingenua, no son los “individuos concretos”, los “hombres reales”
sino la definición y la distribución de estos lugares y de estas funciones. Los verdaderos
“sujetos” son, pues, estos definidores y estos distribuidores: las relaciones de producción
(Althusser, 1967, p.157).

La introducción del referencial gramsciano en el análisis de salud ocurrida en los años ‘80 del
siglo XX hace evolucionar al pensamiento marxista en el área y ampliar su marco de referencia,
sobre todo en estudios de política y de educación en salud. El marco teórico de Gramsci, al
contrario del althusseriano, valoriza el campo ideológico no sólo como forma de dominación, sino
también de conocimiento, identificando el dinamismo, la concreción y la historicidad de las visiones
diferenciadas de mundo (Gramsci, 1981), constituyendo un “punto de Arquímedes” (Anderson,
1987, p.123) y superando las dicotomías entre estructuras objetivas y relaciones intersubjetivas.
En síntesis, han surgido diversos intentos, pero aún son pequeños los avances del sector
salud en la construcción de un referencial que supere las dicotomías entre las estructuras objetivas
y las relaciones intersubjetivas. Eso exige una visión compleja de la realidad y una real
profundización teórica. Sin embargo, la poca producción existente evidencia las múltiples
posibilidades que extrapolan los aspectos meramente técnicos y económicos y se articulan sobre
todo en torno a un entrelazamiento de perspectivas, sobre todo de interdisciplinariedad.
A los fines de este libro que analiza la cuestión cualitativa de la vida social, resalto que la
significación de la acción del sujeto histórico en Marx tiene en cuenta el hecho de que los seres
humanos no son árbitros totalmente libres de sus actos. Por el contrario, la lectura de su
pensamiento deja en claro que el producto de la actividad previa (los contextos sociales, como
también de valores, creencias y actitudes) representa una serie de limitaciones sobre el abanico de
opciones del presente. No obstante, aún cuando la realidad es determinada por condiciones y

79
estructuras anteriores, los seres humanos son capaces de dejar en ellas su marca transformadora.
Las consideraciones anteriores se conjugan con: (a) la importancia de la cultura como mediadora
entre la objetividad de las relaciones dadas y el sujeto histórico transformador; (b) el carácter de
amplitud de las visiones dominantes y, al mismo tiempo, la recíproca aculturación que se procesa
inter e intraclases, inter e intragrupos, segmento y categorías concernientes a los fenómenos
sociales, incluyendo la salud y la enfermedad; (c) la relación intra e interclases permeada por
estructuras y mecanismos económicos y políticos formales, pero también por las matrices
esenciales de conformación del modo de vida, como la familia, el vecindario, los espacios de
recreación.
En el análisis de la salud, es necesario poner atención a la cultura en tanto productora de
categorías del pensar, sentir, actuar y expresar de determinado grupo, clase o segmento. En ella
se articulan concesiones, conflictos, subordinación y resistencias. Es el espacio de expresión de la
subjetividad y, también, un lugar objetivo con el peso de lo cotidiano por donde pasan y cobran
color procesos políticos y económicos, sistemas simbólicos y el imaginario social. Con relación a la
salud, la cultura, vista a partir de los sujetos individuales o colectivos, expresa la totalidad
fundamental del ser humano que se resume en la eterna unión entre cuerpo y mente, materia y
espíritu, y que Marx & Engels tan bien define en sus escritos filosóficos:
La visión de la totalidad parte del individuo real particular, porque la colectividad contra cuya
separación de sí, rechaza el individuo, es la verdadera colectividad del hombre, el ser
humano (1972, p.75).

La posición diferenciada de clase, categoría o segmento confiere al sujeto una forma peculiar
de percibir y de reaccionar frente a los fenómenos vinculados a la vida y a su muerte. Sin embargo,
el avance en el campo de los derechos sociales e individuales plantea simultáneamente otras
categorías clasificatorias potentes como género, etnia y edad, que deben ser tomadas en cuenta
en cualquier investigación. Por eso un buen análisis marxista de los fenómenos de salud precisa
enfatizar las diferenciaciones y la complejidad de las relaciones entre e intraclases, las diferencias
y contradicciones entre sus prácticas y concepciones e incluir otras variables vinculadas a la
experiencia vivida (Verret: 1972; Gramsci: 1981; Gadamer, 1999).
El marco teórico de aproximación de la totalidad de los procesos de salud y enfermedad, en
el abordaje marxista “cualitativo”, parte del fenómeno ideológico y del dinamismo de las
construcciones y de las relaciones sociales, debiendo merecer siempre la contextualización y
articulación entre pensamiento y base material (Thompson, 1978; Gramsci, 1981; 1972; Goldmann,
1980; Sartre, 1978). Por consiguiente, mi posición en este libro se alinea a la de estos actores y se
contrapone al estructuralismo de Althusser que corta el nudo de la relación entre sujeto y
estructura.

80
Pensamiento sistémico

En la revisión emprendida en este libro, sería una imperdonable omisión dejar de analizar
el conjunto de propuestas filosóficas teóricas y metodológicas conocidas bajo el término
pensamiento sistémico. Alguien podría decir que ese camino del pensamiento es la novedad del
siglo XXI, originada en los años ‘70 del siglo XX, sobre todo a partir de la biología, de la cibernética
y de la física y abarcando discusiones multidisciplinarias y multiprofesionales (Atlan, 1979; 1984;
1991; Bertalanffi, 1968; Maturana & Varela, 1979; Marutana, 1987; Morin, 1982; 1983; Prigogine &
Stengers, 1984; Wierner, 1948; y otros).
No pretendo realizar una reflexión en profundidad sobre el asunto, poco desarrollado aún
en el ámbito de las Ciencias Sociales. Mi intención, en esta nueva versión de El Desafío del
Conocimiento, es señalar los caminos de posibilidades que se abren a partir de un nuevo
paradigma que, en su seno, sintetiza avances teóricos y metodológicos de diversas ciencias y
nuevos rumbos del pensamiento social, movilizado por los profundos cambios en el mundo llamado
pos-industrial o pos-moderno (Harvey, 2001; Kunar, 1995). Todo el campo científico de hecho,
viene reviendo muchos de sus conceptos y métodos y el pensamiento sistémico presenta formas
alternativas de pensar los objetos de investigación, la vida, el mundo, las prácticas sociales y sobre
todo, las implicancias del investigador con su objeto de investigación. La idea del pensamiento
sistémico se ha traducido en diversas expresiones: teoría general de los sistemas (Bertalanffi,
1968); pensamiento complejo (Morin, 1990), paradigma del orden a partir de la fluctuación
(Prigogine, 1991) y paradigma de la auto-organización a partir del ruido (Atlan, 1984).
Teoría sistémica - Las primeras elaboraciones del pensamiento sistémico se deben al
biólogo Ludwig von Bertalanffy que, en 1968, publicó un libro de gran repercusión titulado Teoría
General de los Sistemas. En esa obra, Bertalanffy señaló la necesidad de crear categorías teóricas
rigurosas que pudiesen responder a cuestiones referentes al amplio espectro de los seres vivos
que van desde la biología a la sociología. Este autor demostró que la termodinámica clásica que
lidia con el equilibrio, precisaría ser complementada con una teoría que abarque también los
sistemas abiertos que se apartan del equilibrio. Al identificar la interacción como punto neurálgico
para todos los campos científicos, definió sistema como el concepto central de su teoría general.
Observó que hay un enorme orden jerárquico de entidades en la organización de los seres vivos
que se superponen en muchos niveles, yendo desde los sistemas físicos y químicos a los
biológicos, sociológicos y políticos, posibilitando “uniformidades estructurales de los diferentes
sistemas de la realidad” (Bertalanffy, 1968, p.124). Según el autor, esos sistemas son abiertos e
interconectados, inestables y en permanente dinamismo recursivo.
Al proponer una nueva teoría interpretativa de la realidad, Bertalanffy no habla de
disciplinas sino de “totalidades constituidas al interior de la organización de los fenómenos” (1968,
p.125), de forma tal que su teoría general de los sistemas se propone ser una ciencia de la
totalidad o de los todos organizados. En su visión, el esfuerzo de los cientistas debería

81
encaminarse hacia la búsqueda de la unidad de la ciencia basada en la isomorfia de leyes relativas
a diferentes áreas. Pero el autor aclara que la comprensión de los sistemas vivos, complejos y
unificados precisa ser alcanzada sin la reducción de los fenómenos, sin la transferencia ingenua de
conceptos y sin buscar semejanzas superficiales entre abordajes, como muchas veces ocurre en la
transposición de modelos biológicos a la interpretación social, por ejemplo. Por eso, Bertallanfy no
habla de reducción de las partes al todo, sino de interacción entre todas las áreas del
conocimiento.
Según Bertalanffy (1968), sistema es un todo integrado cuyas propiedades no pueden ser
reducidas a las propiedades de las partes. Por lo tanto, el comportamiento del todo es más
complejo que la suma del comportamiento de las partes y los acontecimientos implican más que
decisiones de las partes individualmente. De igual modo, no se aplican al sistema operaciones
analíticas, en el sentido de disección de las partes. La concepción de interdependencia entre los
elementos es complementada por las nociones de causalidad circular, causalidad recursiva, o
retroacción, como características del abordaje sistémico.
En la organización jerarquizada, la realidad como un todo se caracteriza por la
superposición de niveles de los sistemas, cada uno constituyéndose como un todo y siendo
irreducible a los niveles inferiores, lo que les impide ser tratados analíticamente (por partes). Los
miembros individuales del sistema son al mismo tiempo todo y parte, funcionando en el sentido
integrativo con el conjunto y afirmativo de su autonomía. En esa jerarquía, lo social y lo político
constituyen la cima de la organización. Y la concepción de interacciones sistémicas, de sistemas
intervinculados o del mundo como sistema de sistemas remite a la idea de ecosistema: cada uno
con su totalidad (individuo, familia, sociedad, ciudad, nación) interactuando, en una red dinámica
de interdependencias, interacciones e influencias mutuas.
¿Cuál es la idea de cambio en la teoría sistémico? ¿Y por qué es necesario pensar en el
cambio dentro del enfoque ecosistémico? En este abordaje, la idea de cambio es fundamental,
pues toda la teoría ecosistémica de salud parte del principio de que es posible y es necesario
intervenir para transformar y que es posible elegir un rumbo que lleve a una vida saludable y con
calidad, de forma solidaria. Pero, en el abordaje sistémico la visión de cambio se relaciona con la
crisis y apunta a diversas salidas. Según Prigogine (1991; Prigogine & Stengers, 1984), en la
medida que surge una crisis, el sistema deja su curso natural y elije otras alternativas disponibles.
En ese punto de bifurcación provocado por la crisis, son producidos los cambios cuantitativos y
cualitativos. Pero el rumbo de esas transformaciones es, en principio, imprevisible, pues existen
diversas posibilidades de elecciones disponibles en los sistemas complejos. Atlan (1991), uno de
los biólogos-filósofos que analizan las teorías de la complejidad, dice que los cambios en los
organismos vivos suceden cuando ellos tienen que adaptarse a los “ruidos”, o sea, a los elementos
inesperados que actúan como factores de disturbio de la homeostasis usual del sistema. Atlan
prueba que si esos “ruidos” son usados de forma positiva se tornan indispensables para el

82
desarrollo del sistema, causando un crecimiento de la complejidad y el desempeño de nuevas
funciones.
Tres dimensiones epistemológicas diferencian las teorías tradicionales del paradigma
sistémico: (1) la idea de simplicidad de los fenómenos es sustituida por la noción de complejidad;
(2) la noción de estabilidad y de regularidad es contrapuesta a la noción de inestabilidad del mundo
de los seres vivos; (3) la creencia en la objetividad da lugar a la noción de intersubjetivad en la
constitución de la realidad y de su comprensión.
(1) Complejidad significa entrelazamiento de causas. El tema de la complejidad abarca un
amplio espectro semántico: sistemas complexos, organizaciones complejas, complejidad de la
sociedad, entre otros. Un sistema complejo está formado por un gran número de unidades
constitutivas e interrelacionadas y una enorme cantidad de interacciones. Sus comportamientos
siguen dos patrones: mantienen una estructura permanente y al mismo tiempo son inestables,
desordenados, caóticos, enmarañados y de difícil previsión. Atlan (1991) advierte que las nociones
de simplicidad y de complejidad no son inherentes a los fenómenos sino a las condiciones lógicas
y empíricas en que son observados. Este autor señala, por ejemplo, que después de que los
cientistas han separado muy bien el sistema nervioso del sistema digestivo, se asustan al
encontrar neurotransmisores en el sistema digestivo y hormonas digestivas en el sistema nervioso.
En las teorías de la complejidad, los temas de estudio son entendidos como objetos en
contexto. Contextualizar es ver un objeto existiendo dentro del sistema y focalizar sus
interrelaciones, conexiones y redes de comunicación. Contextualizar es, también, realizar
operaciones lógicas contrarias a la disyunción y a la reducción y en favor de la distinción de un
objeto o de un fenómeno, realzando lo que tiene de específico e integrándolo al todo, del cual
forma parte. Los autores que trabajan las teorías sistémicas con seres vivos utilizan la expresión
relaciones causales recursivas, cuya imagen es la de una espiral, para referirse a las interacciones
donde los efectos y los productos son necesarios para el propio proceso que los genera.
(2) El segundo supuesto de los sistemas abiertos es la inestabilidad. Este principio
proviene de la constatación de que el mundo siempre está en proceso de “transformarse”, y de
“devenir”, existiendo, por lo tanto, una lógica en el desorden: es un elemento necesario para la
auto-organización, según se refiere Atlan (1992) a la auto-organización a través del ruido (ruido
como sinónimo de crisis), que puede llevar a los seres vivos a un nivel más elevado de
complejidad. Según este principio, el resultado final de un fenómeno va a depender siempre de un
interjuego complejo entre leyes determinísticas y la sucesión probabilística de las fluctuaciones
(crisis).
A partir de los descubrimientos de la física, surge hoy la revisión de creencias en la
previsibilidad y en el control para acentuar la imprevisibilidad y la incontrolabilidad de muchos
fenómenos. Esto se opone a la idea positivista de un mundo mecánico donde las cosas
funcionarían como relojes. Las investigaciones sobre sistemas que funcionan lejos del equilibrio y
sobre la flecha del tiempo son una gran contribución del premio Nobel de Física, Ilya Prigogine

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(1997). Sus investigaciones hicieron posible fundamentar una superación de la
compartimentalización entre disciplinas y propiciar una comunicación transdisciplinaria entre
cientistas de las más diversas áreas.
(3) El tercer supuesto del pensamiento sistémico es el de la intersubjetividad en la
construcción de la realidad y del saber, lo que se opone a la idea de la posibilidad de que exista un
conocimiento objetivo externo a los sujetos. Bajo tal punto de vista, sujeto y objeto sólo existen
relacionalmente y en las interacciones que establecen entre sí. Ambos, en sus interacciones, se
influyen y promueven cambios: en el organismo (la estructura) y en el ambiente. De este modo, es
difícil determinar desde afuera lo que un sistema hará con las interacciones que mantiene con el
ambiente, dado que, a cada momento, la estructura de un organismo incorpora las
transformaciones que son consecuencia de sus experiencias, de sus interacciones y modifica sus
posibilidades potenciales, presentando nuevas interacciones.
Las premisas del pensamiento sistémico sugieren a los profesionales que actúan de forma
transdisciplinaria las siguientes posturas metodológicas:
 Ampliación del foco: contextualizando el fenómeno en estudio, entendiéndolo en sus
interacciones y retroalimentaciones (las cosas son causadas y causadoras) y tratándolo como
parte de un sistema interconectado con otros sistemas;
 Apuesta a los procesos de auto-organización: observando el dinamismo de las cambios y las
fuerzas de resistencias, los estudiosos admiten que no todo es sólo positivo o sólo negativo,
que existen muchos caminos y que es imposible controlar la dirección de los procesos;
 Adopción del camino de la objetividad entre-paréntesis: el estudioso se reconoce parte del
sistema y entiende que sólo tiene sentido en la co-construcción de las soluciones. Dentro de
este tipo de visión, desde un punto de vista ético, no cabe pensar que la solución para los
problemas está en la existencia de códigos exteriores a los sujetos, a ser aplicados por
autoridades competentes.
Desde el punto de vista operacional, el pensamiento sistémico no está proponiendo
técnicas. En verdad, se configura como una visión epistemológica que permite el uso de los
recursos desarrollados dentro de los paradigmas de la ciencia tradicional. Pero ese uso exige algo
muy nuevo, el ejercicio de una mirada y un abordaje diferente: que ilumina a aquel punto ciego de
la visión unidimensional, permitiéndole visualizar las interacciones; subvierte la mente
compartimentalizada, buscando hacer que las diferencias y las oposiciones se comuniquen; y
modifica la práctica antigua que sólo valoriza regularidades y normas. Al contrario, muestra las
cosas que permanecen y resalta “qué” cambia y “cómo” las cosas se transforman, auto-
organizándose.

Pensamiento sistémico en el área de la salud

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En el área de la Salud Colectiva, el pensamiento sistémico es aún incipiente y viene siendo
introducido por algunos pocos autores. Con certeza, existe un temor de los investigadores a un
retorno a los paradigmas biologicistas o fisicalistas de los fenómenos, ciertamente por el
desconocimiento de que el pensamiento sistémico no es sinónimo de la teoría funcionalista que
siempre trabajó con la metáfora del organismo biológico. Por el contrario, posibilita tener una
mirada más abarcativa y compleja que atraviesa las interconexiones entre lo biológico, lo social y lo
ambiental. En ese área, más que en cualquier otra se manifiesta la unión y la simultaneidad entre
el caos y el orden, lo familiar y lo extraño, lo lineal y las no-linealidades y la inseparabilidad entre
oposiciones, dualidades, diferencias y diversidades, desafiando las maneras formales del pensar.
La propuesta más elaborada sobre el pensamiento sistémico es el denominado enfoque
ecosistémico de salud humana fruto, incluso, de preocupaciones prácticas. La unión de la idea de
ecosistema y salud humana, componiendo la propuesta de enfoque ecosistémico de la salud
humana es fruto de preocupaciones prácticas. Nació a partir de la observación y la conciencia
ecológica de americanos y canadienses con relación al área de los Grandes Lagos que dividen
Canadá y Estados Unidos y contienen el 21% de las reservas de agua dulce del mundo. Pues bien,
las márgenes de esos Grandes Lagos fueron invadidas por proyectos agrícolas e industriales, que
florecieron acompañando la época del acelerado progreso económico americano del norte, pos
Segunda Guerra Mundial, cuando aún era hegemónica en el mundo la idea de que el ecosistema
sería capaz de asimilar todos los procesos de dominación humana sobre la naturaleza.
A partir de la ampliación y profundización de la conciencia ambiental de la década del ‘70,
oficialmente, comenzaron a ser realizados diversos estudios, por una comisión creada por los
gobiernos de los dos países, denominada International Joint Comission of Great Lake (1978),
diagnosticando la intensa explotación económica del espacio socio-político-cultural-ambiental y el
proceso de deterioro ecológico y de amenaza a la salud de las poblaciones que allí habitaban.
Estos estudios evidenciaron con gran claridad, la insuficiencia teórica unidisciplinaria en la
comprensión de las dimensiones de los problemas generados por el uso descontrolado del agua y
del suelo y de las propuestas de solución, llevando a que el grupo integre los análisis generados
individualmente y a llamar a la sociedad civil a discutir las soluciones. Se crearon así, estrategias
transdisciplinarias y participativas de abordaje de la problemática que afectaba a toda esa
privilegiada región y que hoy se denomina abordaje ecosistémico. Su desarrollo pasa por
conocimientos específicos e integración de actores y de abordajes; de disciplinas y de sectores; de
cientistas, de autoridades reguladoras, de políticos y gestores; de todos ellos con el público, en
general, y con la sociedad civil organizada.
El Enfoque de Ecosistemas en Salud Humana está fundamentado en la construcción de
nexos que vinculan estrategias de gestión integral del medio ambiente (ecosistemas saludables)
con un abordaje de la promoción de la salud humana dentro de una visión compleja. El objetivo de
ese enfoque es desarrollar nuevos conocimientos sobre la relación salud-ambiente-políticas-
participación social-equidad de género, en realidades concretas, de forma de permitir acciones

85
adecuadas, apropiadas y saludables de las personas que viven allí. En esa propuesta, ciencia y
mundo existencial se unen en la construcción de la calidad de vida, recordando los principios de la
filosofía de la acción comunicativa (Habermas, 1987), a través de una mejor gestión del ecosistema
y de la responsabilidad colectiva e individual sobre la salud.
Todos los estudiosos que vienen actuando en los marcos de la propuesta ecosistémica para
salud humana muestran que el límite del espacio y del universo será siempre arbitrario, dado que
ambos existen en relación a los sistemas que lo circundan. O sea, no existe un ecosistema sobre el
cual se pueda aplicar una definición. Pero los actores que actúan en él, sean investigadores o
gestores, asumen la responsabilidad de definirlo de acuerdo a los objetivos de cambio e
intervención, siempre teniendo en cuenta que el espacio específico está en el interior y en relación
permanente con sistemas abiertos y mayores, intercomunicándose (Forget & Lebell, 2001). Por lo
tanto, la noción de ecosistema es usada mucho más para designar una unidad analítica que como
una entidad biológica.
El abordaje ecosistémico parte de algunos supuestos:
 que existe una interacción dinámica entre los diversos componentes del ecosistema y el
bienestar de la salud humana;
 que los proyectos interdisciplinarios, que integran el análisis de género y métodos participativos
para la comprensión de la realidad y para la generación de acciones de transformación,
pueden resultar en investigaciones más precisas y propiciar la promoción de mejoras en los
patrones de salud humana y del medio ambiente;
 que la articulación entre los componentes de la salud, de la cuestión social y del ambiente
requiere nuevas metodologías de abordaje.
Y tiene algunos desafíos metodológicos fundamentales:
 no dividir y sí integrar las cuestiones de salud colectiva e individual dentro de un mismo foco de
observación;
 conseguir profundizar conceptos que integren la articulación de la cuestión ambiental, social y
del colectivo con lo individual, en los estudios y prácticas del sector salud;
 cambiar la visión lineal de diferentes disciplinas hacia un enfoque dinámico de interacción que
lleve a los participantes a una actuación transdisciplinaria;
 integrar datos e indicadores cuantitativos y cualitativos;
 ejercitar la transdisciplinariedad;
 integrar el concepto de género en los fundamentos del método;
 integrar la participación de todos los agentes sociales involucrados en los problemas
analizados, tanto porque realizan, o sufren las intervenciones ambientales y sociales que
repercuten en la salud y que, a partir de la salud, provocan efectos recursivos.
 crear instrumentos prácticos y participativos de ejercicio de transdisciplinariedad,
transectorialidad y transfactorialidad;

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 promover, en la investigación, la participación de las personas comunes que viven los
problemas ambientales y de salud en su cotidiano, como acción fundamental e imprescindible;
 considerar el concepto de participación social con mayor amplitud que el de participación
comunitaria, incluyendo en las reflexiones y acciones, gestores públicos, políticos, y
ciudadanos.
Más allá del abordaje ecosistémico, existen otros enfoques sistémicos de problemas de
salud. Por ejemplo, sobre el tema de la reproducción, en sus cuatro dimensiones: biológica, de
auto-conciencia, política y societal existen varias investigaciones y análisis de Samaja, desde
1993. Este autor analiza las relaciones jerárquicas dentro de los sistemas vivos, en una
profundización teórica a la que denomina Epistemología de la Salud. Metodológicamente trabaja
aún las cuestiones de la intersubjetividad y de la transdisciplinariedad. La revisión bibliográfica de
la obra de Samaja incluye todos los exponentes de las teorías de la complejidad menos Henri
Atlan, lo que no deja de ser un vacío importante en su contribución.
Otros autores hacen una contribución teórica incipiente como es el caso de Tarride (1998).
Oliveira & Minayo (2003) discuten la teoría de la complejidad aplicada al análisis de la mortalidad
infantil. Aleksandrowics (2002) trabaja el marco teórico aproximándolo a la cuestión de género y
edad. Aleksandrowics & Minayo (2005) abordan el tema de la humanización, hoy un asunto
prioritario en la agenda de la gestión y de la asistencia a la salud. Y Schenker & Minayo (2005)
discuten la implicancia de la familia en la drogadicción infanto-juvenil. Todos esos trabajos inyectan
cambios en los paradigmas tradicionales.
En su obra, El legado de la sociología, la promesa de la ciencia social, Walllerstein (1999),
importante cientista y presidente del XIV Congreso Mundial de Sociología, advierte sobre los
colegas, diciendo que, según su opinión, uno de los grandes desafíos de ese área de las ciencias
sociales hoy es su integración metodológica y conceptual a los paradigmas de la teoría de la
complejidad.
Creo que aún persiste en el lector una pregunta final respecto a las diferenciaciones entre
las teorías sistémicas y las teorías funcionalistas. Intentaré aclarar algunas de estas diferencias
que considero fundamentales. Mientras que en el funcionalismo la realidad es concebida como un
todo que busca siempre la homeostasis, las teorías sistémicas conciben todos los seres vivos
como parte de una totalidad con jerarquías y códigos propios (subsistemas) en constantes y
permanentes interacciones, yendo desde las células hasta las organizaciones sociales y políticas.
Mientras que en el positivismo son las leyes generales que deben ser develadas para resaltar
regularidades, en las teorías sistémicas son las relaciones, los cuello de botella, los ruidos que
necesitan ser aprehendidos, en busca de la comprensión del sentido de los cambios, cuyos
rumbos (no previstos, porque se abren diversas posibilidades) no son un retorno al momento
inicial, sino que son tanto la posibilidad de decadencia como la posibilidad de creación de mayor
complejidad auto-organizativa.

87
Capítulo V
Modalidades de Abordajes Comprensivos

A partir de la filosofía comprensiva, se desarrollaron diversos tipos de abordaje


metodológico, entre los cuales se destacan la fenomenología sociológica; la etnometodología, el
interaccionismo simbólico, las historias de vida y los estudios de caso que de forma resumida
presento a continuación.

Fenomenología sociológica

En diversas teorías de los abordajes cualitativos, se encuentra el peso de la contribución


de Weber, aunque cada una de ellas conserve su esquema conceptual peculiar. Una de las más
influyentes es la fenomenología sociológica. La fenomenología es considerada, dentro de las
Ciencias Sociales, la Sociología de la Vida Cotidiana. Más allá de que en su elaboración existan
influencias weberianas, es en la filosofía de Husserl donde encuentra su fundamentación
metodológica. El argumento filosófico de Husserl sigue la misma línea de Dilthey y de Weber, para
quienes los actos sociales envuelven una propiedad que no está presente en los otros sectores del
universo abarcados por las ciencias naturales: el significado (Husserl, 1980).
En las Ciencias Sociales, Alfred Schutz (1964; 1971; 1979; 1982) es el representante más
significativo del pensamiento fenomenológico. Él da consistencia sociológica a los principios
filosóficos de Husserl y crea la teoría y el método para el abordaje de la realidad social. La
fenomenología sociológica presenta: (a) una crítica radical al objetivismo de la ciencia y propone la
subjetividad como fundante del sentido; (b) da relevancia a la subjetividad como constitutiva de lo
social e inherente al ámbito de la auto-comprensión objetiva; (c) constituye la descripción
fenomenológica como tarea principal de la sociología.
La fenomenología de la vida cotidiana trabaja con el hecho de que las personas se sitúan
en la vida con sus angustias y preocupaciones, en una intersubjetividad con sus semejantes
(compañeros, predecesores, sucesores y contemporáneos) y eso constituye la existencia social,

88
por eso, el espacio y el tiempo privilegiados en esta teoría son el de la vida presente y la relación
cara a cara.
Schutz (1979) divide los conocimientos construidos en tres categorías a partir de la
comprensión de la realidad social: (a) lo vivido y lo experimentado en el cotidiano; (b) la
epistemología que investiga ese mundo vivido; (c) y el método científico para proceder a la
investigación.
En el primer nivel, según Schutz, el mundo social se presenta a los individuos bajo la forma
de un sistema objetivado de designaciones compartidas y de formas expresivas. Ese es el mundo
de la cotidianeidad, tal como es vivenciado por los seres humanos como actitud natural y aceptado
por ellos. Dentro de esa actitud natural, según Schutz, las personas no suelen cuestionar las cosas
y los acontecimientos, simplemente las viven como estructuras significativas que le atribuyen
sentido a su existencia.
El mundo cotidiano se presenta, para Schutz, en las tipificaciones construidas por los
propios actores sociales, que expresan sus propias relevancias al clasificar la realidad. Esas
tipificaciones incluyen tanto a lo universal y a lo estable como a lo específico y mutable. Aquí se
observa una diferencia radical entre Schutz y Weber. Mientras para este último, el tipo-ideal es una
construcción analítica creada por el cientista para aproximarse a lo real, los “tipos” y las
“tipificaciones” tal como son pensadas por Schutz se vinculan a construcciones del ser humano
común cuando busca comprender la realidad en que vive y comunicarse con sus semejantes.
Schutz (1964) señala, como consecuencia de su propuesta de tipificación, que los datos
primarios recolectados en campo por los cientistas sociales ya vienen estructurados e interpretados
por las personas y grupos que ellos pretenden comprender, pues la realidad social posee un
sentido para los que viven en ella. De esta forma, dice él, “los objetos de las ciencias sociales son
construcciones en segunda potencia” (1964, p. 300). En otras palabras, la materia prima para la
investigación fenómeno-sociológica son los “construcciones de primera potencia” elaborados por
los miembros de una sociedad o comunidad, en su vivencia que incluye presente, pasado y
proyección hacia el futuro. Por lo tanto, las expresiones de esa realidad, aunque transmitidas en
ideas vagas, fragmentadas, imbuidas de emoción y de ambigüedades son preciadas informaciones
para los investigadores sociales.
Schutz (1982) no cuestiona si el conocimiento del sentido común es superior o inferior a la
construcción científica. Según él, el propósito del cientista social es revelar los significados
subjetivos implícitos que conforman el universo de los actores sociales, en su lógica más profunda.
Cabe al investigador crear un saber diferente a partir del conocimiento de “primer orden”, captando
los modelos de tipificación del actor social, explicitando los significados de la realidad social. Los
modelos construidos por el cientista a partir del mundo de la vida cotidiana, se diferencian del
sentido común, según Schutz: (a) por la consistencia lógica, o sea, por la posibilidad de describir lo
vivido, buscando llevarlo hacia el orden de las significaciones; (b) por la posibilidad de
interpretación; y (c) por su adaptación a la realidad social.

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Schutz (1971) describe los principios que conforman el modelo científico para la
comprensión del mundo social: (a) la intersubjetividad: los seres humanos están siempre en
relación unos con otros; (b) la comprensión: para alcanzar el mundo de lo vivido, la ciencia tiene
que aprehender las cosas sociales como significativas; (c) la racionalidad y la internacionalidad: el
mundo social está constituido siempre por acciones e interacciones que obedecen a usos,
costumbres y reglas o que conocen medios, fines y resultados.
Para la comprensión empírica de la realidad, Schutz elabora algunos conceptos que
remiten al actor social. El primero de ellos es el de situación: que significa el lugar que alguien
ocupa en la sociedad, el papel que desempeña y sus posiciones ético-religiosas, intelectuales y
políticas. En segundo lugar, trabaja con la idea de experiencia biográfica, señalando que una
persona siempre está situada biográficamente en el mundo de la vida y es en ese contexto que
piensa, siente y actúa. Innova también con la noción de stock de conocimiento, expresión que se
relaciona con la sedimentación de las experiencias y situaciones vivenciadas, a partir de las cuales
el actor social interpreta el mundo y pauta su acción.
En su construcción teórica, Schutz (1971) hace una distinción de gran importancia para la
práctica de investigación, entre “experiencia” y “conocimiento”. Él comenta que muchas personas
pueden tener simultáneamente una misma experiencia. Sin embargo, el conocimiento generado
por esa vivencia es diferenciado y variado, de acuerdo con el bagaje biográfico y reflexivo de las
personas. Esa distinción es preciada para aquel que trabaja con entrevistas cualitativas, pues los
trabajadores de campo encontrarán siempre muchas diferencias en los detalles y en la
profundización de las narrativas sobre el mismo hecho, contadas por actores diferentes, aún
cuando ellos estén viviendo o hayan vivido la misma realidad.
Schutz (1971) desarrolla aún dos nociones fundamentales dentro de su teoría: la de
relevancia y la de estructura de relevancias, refiriéndose a la importancia que los objetos y los
contextos poseen para el sujeto, lo que se relaciona, a su vez, con su bagaje de conocimientos,
sus deseos y proyectos de vida y con su situación biográfica. Existen otros conceptos
desarrollados por la sociología fenomenológica de Schutz que tienen una extremada importancia
para la fundamentación de la investigación cualitativa, ayudando al investigador a pasar del
contexto de las entrevistas individuales a la comprensión del grupo y la comunidad donde viven los
informantes, como es el caso de: la “reciprocidad de perspectiva”, “comunidad de objetivos” e
“interpretación intersubjetiva” (Schutz, 1971, p.300). Según Schutz, todos los que viven en un
grupo determinado reciben la mayor parte de sus conocimientos a través de los padres, profesores
y predecesores. Reciben también una visión del mundo, maneras de clasificar y tipificar la realidad,
creando un universo vivencial específico, de forma tal que su saber va de lo “familiar” a lo
“anónimo” a partir de la situación “cara a cara” y de la vida práctica, a través de las que se
relacionan con el mundo:
En realidad, la pregunta más seria que la metodología de las ciencias sociales debe
responder es: ¿cómo es posible formar conceptos objetivos y teorías objetivamente

90
verificables partiendo de estructuras de significados subjetivos? La respuesta está dada
por la visión básica de que los conceptos formados por los cientistas sociales son
‘construcciones’ de las ‘construcciones’ científicas formadas en un segundo nivel, de
acuerdo con las reglas de procedimiento válidas para todas las ciencias empíricas. Son
construcciones de tipo-ideal objetivo, y como tales, diferentes de aquellas desarrolladas en
un primero nivel de pensamiento del sentido común, a los cuales deben superar. Son
sistemas teóricos incorporando hipótesis testeables (Schutz, 1971, p.498).

Para Schutz, la intersubjetividad es la categoría central del análisis fenomenológico, porque


es un dato que fundamenta la existencia humana en el mundo. Esa relación es resumida de este
modo por el autor: “Aquí donde estoy – allá donde mi semejante está: jamás podemos estar en el
mismo lugar, estar en la misma posición, estar los dos aquí o allá” (Schutz, 1971, p.147). O sea, la
intersubjetividad es vivida como situación de “familiaridad” bajo la forma del “nosotros” permitiendo
la comprensión del otro como único en su individualidad. De manera contraria a la
intersubjetividad, existe la situación del anonimato que, en la teoría de Schutz, es la negación de la
vida social donde la unicidad e individualidad de los sujetos no son reconocidas. El grado máximo
de anonimato es la consideración del otro como número o función.
Como se puede concluir, en la fenomenología no existe preocupación por los fenómenos
estructurales y hay una ausencia de discusión sobre las cuestiones del poder, de la dominación, de
la fuerza y de la estratificación social. Su abordaje, que focaliza la producción interaccional y
simbólica es condescendiente con ella, como si cada hecho o grupo constituyera un mundo social
independiente.
Según la consideración de algunos filósofos, la fenomenología sería una “teoría débil”
desarrollada a partir del contexto pesimista del nazismo y del estalinismo que tomaron vigor a fines
de la primera mitad del siglo XX, y en los cuales prevalecieron razones de Estado sobre la voluntad
y la libertad de los grupos sociales. La crítica de las teorías que enaltecían los valores ideológicos
por encima de los contextos de la vida social concreta, habrían llevado a los fenomenólogos a
acentuar la relevancia de la familia, de las entidades religiosas, de las asociaciones voluntarias,
responsables por la identificación de los individuos, por su estabilidad y por su sistema de
significados, valores construidos a través de una visión del mundo compartida .
La fenomenología se contrapone al positivismo en los aspectos más diversos: (a) Frente a
la ambición de construir explicaciones totalizantes e invariables, la fenomenología afirma que la
vida humana es esencialmente diferente y sólo puede ser comprendida al sumergirse en el
lenguaje significativo de la interacción social. (b) Frente a la separación entre hechos sociales y
valores en el positivismo, la fenomenología dice que lenguaje, prácticas, cosas y acontecimientos
son inseparables. El lenguaje es esencial para que la realidad sea del modo que es, pues en la
vida cotidiana los individuos que se comunican, concuerdan, desacuerdan, se justifican, niegan o
recrean razones de existir. (c) Frente a la pretensión positivista de construir conocimientos
objetivos y neutros, la fenomenología dice que sólo existe el conocimiento subjetivo, pues es el ser

91
humano que imprime leyes a lo real. El acto de conocer reúne al observador y al observado,
ambos poseedores de significados atribuidos intersubjetivamente por las propias personas y
grupos. (d) Frente a la coerción de la sociedad sobre el individuo, la fenomenología proclama la
libertad del actor social que, a través de su historia biográfica y en interrelación con sus
semejantes, crea significados y construye su realidad. (e) De esta forma la fenomenología
proclama y absolutiza el componente ético en la relación de la ciencia con la sociedad. Dice que el
conocimiento debe estar siempre sometido a las exigencias morales, pues él es una entre las
posibles formas de confirmación de la realidad. Y, al contrario del positivismo que confiere
supremacía al reinado de la ciencia, la fenomenología argumenta su sumisión a los principios de la
3
ética y de la moral de la sociedad donde se desarrolla .

Etnometodología

3
Además de Schutz es importante citar como nombres relevantes de la Sociología Fenomenológica, Berger, Peter &
Luckmann, A. Construção Social da Realidade, Petrópolis: Vozes.1973 y Cicourel, Alfred, Method and Measurement
Sociology. Nueva York: The Free Press;1969.

92
La etnometodología da nombre a un conjunto de estrategias de investigación cuyo punto en
común, es la descripción minuciosa de los objetos que investiga y, por eso, es también conocida
como “investigación situada”. Los diseños operacionales de cuño etnometodológico recomiendan
la observación directa y la investigación detallada de los hechos, en el lugar donde ocurren, con la
finalidad de producir una descripción minuciosa y profunda de las personas, de sus relaciones y de
su cultura. Sus fuentes de inspiración son los abordajes antropológicos. Pero se diferencian de
ellos por no tener la pretensión de producir análisis culturales totalizantes. Las estrategias de
investigación etnometodológica ponen una atención especial a las técnicas de observación
participante y a la comprensión de los símbolos y categorías empíricas que un determinado grupo
usa para referirse a su mundo y a los procesos que está viviendo.
Geertz (1979) comenta que, aún cuando está en contacto y en empatía con el grupo que
observa y evalúa, el observador y el evaluador ponen en juego sus propias normas y conductas.
Por eso, considera que el etnometodólogo trabaja como mediador entre marcos de significados, los
suyos y los del otro. Una de las grandes ventajas de la etnometodología es aportar a la
comprensión social, una gran riqueza de informaciones, haciendo mediación entre estrategias de
abordaje y una nueva teoría generada a partir del trabajo de campo.
La cuna de la etnometodología fue la Universidad de Chicago y su principal formulador,
Robert Park que, en las décadas del ‘20 y ‘30 del siglo XX, aconsejaba la convivencia directa de
los investigadores con los investigados en el campo, para la comprensión de su realidad. El
material que ese autor consideraba de excelencia y esencia de la sociología era el proveniente de
las Historias de Vida (Park & Burgess, 1921). Las ideas de Park fueron posteriormente
desarrolladas por Harold Garfinkel (1976) en la década del ‘30 del siglo XX.
Garfinkel propone una teoría para comprender la práctica artesanal de la vida cotidiana,
teniendo en cuenta que esa práctica ya viene interpretada en una primera instancia por los propios
actores sociales, como señala Schutz (1972). En primer lugar, establece que la vida social es una
realidad que se constituye de estructuras, reglas, normas y conocimientos compartidos,
posibilitando la interacción entre las personas. Las características de esa realidad, dice él, son
inseparables de los procesos interpretativos, pues forma parte de la constitución del mundo, el
modo a través del cual los seres humanos llegan al sentido de la realidad objetiva. Esa forma se
expresa a través del sentido común. Y ya que el ser humano tiene como característica
fundamental, la reflexibilidad sobre sus actos, el papel de los etnometodólogos es estudiar la
cotidianeidad y descubrir en ella los modelos de racionalidad subyacentes a la acción de los
individuos, de los grupos y de las colectividades (Payne et al., 1981; Smart, 1978).
Harrison y Madge fueron dos exponentes de la aplicación de la etnometodología en
Inglaterra. Desde 1937, ellos ya intentaban crear procedimientos para viabilizar un tipo de abordaje
que permitiera comprender el día-a-día del hombre común en la sociedad compleja. Sus ideas,
desarrolladas en la llamada teoría de la “Observación de Masas”, contiene críticas y propuestas,
buscando comprender y analizar, a gran escala, lo que venía siendo estudiado por antropólogos

93
ingleses sobre grupos pequeños y específicos. Harrison cuestiona la idea común al positivismo de
que las grandes leyes sobre el comportamiento humano puedan ser encontradas sin que los
cientistas sociales comprendan las interacciones de la realidad empírica. Es su frase: “los
abordajes cuantitativos sacrifican el significado en el altar del rigor matemático” (Harrison, 1947,
p.10). Este autor, por medio de observadores voluntarios, pasó a coleccionar actitudes, palabras y
reacciones de los ingleses frente a los acontecimientos del día a día, “apuntando a comprender lo
común, lo mágico, los hábitos, los rituales y tabúes de una cultura supuestamente conocida” (1947,
p.11).
Harrison publicó varios libros antes y después de la Segunda Guerra Mundial, incluso
intentando deconstruir varios mitos construidos por los gobernantes durante el período de guerra.
Sacó a la luz la cultura popular inglesa bajo diferentes aspectos, dejando la marca de su
contribución tanto para el cine, las artes, como para las técnicas de investigación de mercado y de
opinión pública. Su archivo de investigación pasó a clasificar títulos como arte, asuntos financieros,
anti-semitismo, sueños, comportamiento sexual. A pesar de su espíritu innovador y de sus certeras
preocupaciones teóricas, Harrison ha sido muy criticado dentro del ámbito científico, a causa de la
su falta de rigor metodológico.
Entre los problemas que la etnometodología presenta, se destaca el hecho de que, en
un sentido estricto, no permite la comparación ni se presta a la construcción de escenarios a futuro.
Le son planteadas algunas restricciones de orden epistemológico, tanto por positivistas como por
marxistas: (a) crítica a la consideración de que los significados subjetivos crean la realidad del
mundo; (b) crítica a la reducción de la estructura social a procedimientos interpretativos; (c) crítica
al desconocimiento de los factores que determinan o condicionan la visión de las personas sobre
su situación social; (d) crítica a la separación entre pensamiento y acción (Smart, 1978).
Desde los años ‘30 a los años ‘60 del siglo XX, las investigaciones de cuño
etnometodológico decayeron en la sociedad del conocimiento anglosajón, volviendo a resurgir a
partir de la Segunda Guerra Mundial, y principalmente a partir de los años ‘60, con el surgimiento
de los movimientos sociales de valorización del sujeto y de la subjetividad en las ciencias sociales.
Actualmente, hay un renacimiento de estudios socio-antropológicos de pequeños grupos dentro de
abordajes etnometodológicos, ocupando el espacio dejado por el descrédito del positivismo y por el
escaso desarrollo heurístico de las corrientes marxistas, más preocupadas por abordajes filosóficos
o macros-sociales. Entre los trabajos más significativos dentro del abordaje etnometodológico, cito
los de Goffman (1959; 1961; 1975; 1975a), especialmente dedicados al análisis de instituciones
totales y de estigmatizaciones sociales.

Interaccionismo Simbólico

Este tipo de abordaje metodológico puede ser comprendido como una vertiente de la
etnometodología. Su origen data también de la década del ‘20 del Siglo XX, reúne estudios

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importantes como los de Thomas (1970); Mead (1934) y Cooley (1926). Su autor seminal fue
Herbert Blumer que, en 1937, atribuyó a su abordaje el nombre de “interaccionismo simbólico”. En
los ‘70 del siglo XX, Denzin fue un autor fundamental para profundizar la discusión teórica y
metodológica de la propuesta, en su obra clásica “The act of research” (1973). Bulmer dice sobre
su propuesta:
Nosotros podemos y yo pienso que puedo, observar la vida humana, sobre todo como un
vasto proceso de interpretación, en el cual el pueblo, individual y colectivamente se guía a si
mismo para definir objetivos, acontecimientos y situaciones que encuentran. Ningún
esquema designado para analizar la vida de los grupos humanos en sus caracteres
generales se adecua a ese proceso de interpretación (1978, p. 686).

La concepción interaccionista de Bulmer se fundamenta en el principio de que el


comportamiento humano es auto-dirigido y observable en dos sentidos: el simbólico y el relacional,
dado que cualquier ser humano, al realizar las tareas más elementales, planea y dirige sus
acciones en relación a los otros, les confiere sentido y crea y produce significados sobre los
objetos que utiliza para realizar sus planes. Más allá de eso, según los interaccionistas, la vida
social constituye una especie de consenso que propicia un proceso de interrelaciones y de
interpretaciones de significados compartidos por un grupo o comunidad que puede al mismo
tiempo, manipular, redefinir y modificar sus sentidos.
Desde el punto de vista metodológico, los principios interaccionistas enfatizan que: (a) los
símbolos y la interacción deben ser los principales elementos a ser aprehendidos en la
investigación; (b) símbolos, significados y definiciones son construidos por los actores sociales; (c)
por lo tanto, es preciso aprehender y comprender la naturaleza reflexiva de los sujetos
investigados. En contrapunto con el positivismo, los interaccionistas simbólicos consideran que el
investigador debería escapar de la falacia del objetivismo, substituyendo su propia perspectiva por
la del grupo que él está estudiando (Payne et al., 1981; Haguette, 1992; Denzin, 1973).

Historia de Vida, Narrativa de Vida, Historia Oral y Etnobiografía

Varios términos han sido utilizados para referenciar diversos tipos de estrategias para
investigar el sentido de la experiencia humana común en lugares sociales específicos. Una de las
principales es pedir a los actores que cuenten sus historias. Existen diversas maneras para hacer
esto, buscando, por un lado, comprender la permanencia de los hechos y de las determinaciones
y, por otro, escuchar lo que las personas tienen para decir sobre ellos. Las narrativas de vida
nunca serán una verdad sobre los hechos vividos, sino una versión posible que les atribuyen los
que vivenciaron los hechos, a partir de los datos de su biografía, de su experiencia, de su
conocimiento y de su visión del futuro.
Los términos para definir las formas de abordaje de esas experiencias son múltiples y
ciertamente hay matices que los diferencian y muchos elementos que los asemejan. Denzin (1973),

95
por ejemplo, utiliza la expresión life story, cuyo sentido se aproxima al de récit de vie en (Bertaux,
1980) y narrativa de vida, o aún “las historias o testimonios” que las personas ofrecen sobre los
hechos. Pero Denzin (1973) también habla de life history, refiriéndose a los relatos de la historia de
grupos sociales específicos. Como entusiasta de esa modalidad de investigación empírica, ese
autor, en The Research Act, analiza la definición y las concepciones para su realización, sus
diversas modalidades, su relación con la historiografía clásica, las estrategias analíticas y la
relevancia de esas técnicas similares para las Ciencias Sociales. La historia de vida puede ser el
mejor abordaje para comprender el proceso de socialización, el surgimiento de un grupo, la
estructura organizacional, el nacimiento y el deterioro de una relación social y las respuestas
situacionales a contingencias cotidianas.
Sartre (1978), en uno de sus clásicos, Cuestión de Método, cuestiona al marxismo
mecanicista que omite al sujeto, propone el método biográfico regresivo progresivo como método
de análisis de la realidad social. Él lo desarrolla como una estrategia para realizar la comprensión
de la existencia, usando la biografía de forma contextualizada históricamente. El biografiado es
colocado de forma analítica, comprensiva y crítica, en el contexto de las determinaciones que lo
limitan y de su libertad como sujeto. El autor no sólo presenta su teoría sino que la fundamenta
filosóficamente y la ejemplifica con casos diversos, entre ellos, el análisis de la obra de Flaubert,
Madame Bovary. El ejemplo de aproximación de la biografía y el trabajo de análisis realizado por
Sartre son notables, incluso como pistas del “cómo hacer”. Refiriéndose a los diversos elementos
de aproximación a partir del sujeto, dice:
Es preciso considerar en cada caso el papel del individuo en los acontecimientos
históricos. Pues este papel no está definido de una vez y para siempre. Es la estructura de
los grupos que lo determina en cada circunstancia. El grupo le confiere su poder y su
eficacia a los individuos que, a su vez, lo constituyeron. Pero el individuo tiene una
particularidad irreductible que es su forma de vivir la universalidad por lo tanto, nada puede
ser descubierto si, desde un inicio, no llegamos tan lejos como nos sea posible en la
singularidad histórica del objeto (1978, p.168-169).

Bourdieu et al. (1973) también presenta y enaltece la estrategia de la historia de vida


individual como una cierta especificación de la historia colectiva de un grupo y de una clase:
Podemos ver, en los sistemas de disposiciones individuales, variantes estructurales de
habitus de grupo y de clase, sistemáticamente organizados en las diferencias que los
separan: el estilo personal, o sea, este arca particular que trae todos los productos de un
mismo habitus, es una variación en relación al estilo de una época o de una clase (1973,
p.189).

En la introducción al extenso y denso trabajo de historia oral sobre la Guerra Española,


Fraser (1979) evidencia y resalta la importancia de este abordaje, valorizándolo como la forma de
conocer de qué modo el pueblo vivencia los acontecimientos de su tiempo. Señala que la historia
de vida (tópica o más completa) verbalizada por los participantes, constituye un intento por revelar

96
el ambiente intangible de los acontecimientos que forman parte de la experiencia de determinado
grupo social. Apunta a descubrir el punto de vista y las motivaciones de los participantes
voluntarios o involuntarios en la Historia, por lo tanto, protagonistas de los hechos sociales aunque,
generalmente, descartados de la historiografía oficial que privilegia la dinámica del poder y de los
poderosos.
Fraser dice: “Es la historia vista a través de la política interna de las clases. Por más
intangible que parezca, ella analiza lo que el pueblo siente. Y el sentir constituye la base de sus
actos. Lo que las personas piensan y lo que ellas piensan que piensan también constituye un
hecho histórico” (Fraser, 1979, p.29).
Uno de los más importantes historiadores del siglo XX, Paul Thompson (1980) se refiere a
las técnicas de historia de vida y de historia oral como abordajes etno-históricos, en el centro de los
cuales se coloca la cuestión de los cambios sociales y de sus actores. Este autor utiliza el término
“método” para hablar de los abordajes de las historias de vida. Su gran valor, dice Thompson
(1978), comparando la etno-historia con los surveys, es la captura de informaciones que, por su
propia naturaleza, forman una totalidad coherente y enraizada en la experiencia social real. En el
mismo sentido, este autor comenta que, en rigor de verdad, es preciso decir que no se puede
hacer una distinción radical entre interpretaciones subjetivas y objetivas, dado que ellas siempre y
en todas partes están profundamente articuladas, citando el uso de ambas en su obra The voice of
the past (1978). La etno-historia, señala Thompson (1978), introduce la dimensión temporal en los
análisis sociológicos: el ciclo de vida, la movilidad social, la oposición entre tradición y cambio, la
comprensión de las formas de conciencia popular, la formación de las representaciones y de los
valores por la socialización, el desarrollo de actitudes desde la infancia hasta la experiencia adulta,
a partir del presente. Comenta que, metodológicamente, la descripción de cada caso particular, al
mismo tiempo ilustra, de forma concreta, la estructura social global y transmite, a través de una
individualidad distinta, el carácter a veces único y representativo de cada caso, “revelando así la
realidad incómoda sobre la cual la interpretación sociológica e histórica debe reposar” (Thompson,
1980, p.253).
Thompson (980) considera que es la flexibilidad intrínseca al abordaje de la etno-historia
(historia oral, historia de vida, narrativas de vida) la clave de sus potencialidades, dado que se
mueve entre la exploración y el cuestionamiento de los hechos y sobre los hechos, a medida que
las entrevistas transcurren, permitiendo la verificación y la reformulación de hipótesis durante el
proceso de trabajo de campo, creando una teoría (no empiricista), pero fuertemente anclada en la
realidad social.
Thompson resume la definición y las ventajas de este tipo de abordaje diciendo que debe
ser realizado a través de entrevistas con participantes, testimonios oculares de los eventos del
pasado y que apuntan a la reconstrucción histórica permitiendo:
 acceder a las experiencias no documentadas, sobre todo, a historias de categorías sociales
generalmente menospreciadas;

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 explorar aspectos de la experiencia histórica raramente registrados;
 evidenciar significados subjetivos de eventos del pasado;
 comprometer a los investigadores con relacionamientos humanos activos en la observación de
los hechos.
Bertaux (1980) hace una larga revisión sobre el asunto, mostrando que el uso de la
estrategia de la Historia de vida (término que aquí utilizo para generalizar las diferentes
denominaciones: narrativas de vida, auto-biografía, etno-historia, etno-biografía) se caracteriza por
la unidad en la diversidad. Diversas teorías la utilizan: el marxismo, el estructuralismo, la
fenomenología, el empirismo, el interaccionismo simbólico, la hermenéutica y otros. Diferentes
medios sociales son investigados: artesanos, industriales, trabajadores, elites, jóvenes
delincuentes, sobrevivientes de guerra, usuarios de drogas, enfermos específicos y otros. Diversos
recortes teóricos son elegidos: roles sociales, historias psicológicas, trayectorias y modos de vida,
por ejemplo. Varios temas son tratados: vida material, consumo, usos y costumbres, modos de vida
y fenómenos simbólicos.
En resumen, bajo las más diferentes modalidades, la historia de vida, la etno-historia y la
historia oral son consideradas, en el ámbito de la investigación cualitativa, como poderosos
instrumentos para el descubrimiento, la exploración y la evaluación de cómo las personas
comprenden su pasado, vinculan su experiencia individual a su contexto social, interpretándola y
dándole significado, a partir del presente. Por eso, ellas ofrecen material para la generalización
sociológica, descripción de época y también permiten tomar cuestiones nuevas y de diversos
niveles de abarcabilidad, así como corregir tesis consagradas o inconsistencias teóricas.
A partir de la década del ‘70, varios autores buscaron perfeccionar las modalidades de
abordaje de la historia de vida y, entre los más importantes testimonios sobre el tema, están los
citados en Cahiers Internationaux de Sociologie (Poirier & Clapier-Valladon, 1980), que traen
aportes tanto epistemológicos como metodológicos. Los autores como Thompson (1980) y Bertaux
(1980) analizan además cuestiones operacionales. Sin embargo, es preciso resaltar que la mayoría
de los historiadores y cientistas sociales se han preocupado menos por las técnicas y más por el
movimiento sociológico de articulación empírica, contextualizadora y teórica que hace de la historia
de vida (en todas sus variantes) una eminente forma de investigar el sentido de la experiencia
humana en el tiempo y en el espacio (Thompson, 1980; Maffesoli, 1980; Ferrarotti, 1980; Bertaux,
1980; Balan & Jelin, 1980). Bertaux, por ejemplo señala que “una metodología sin contenido social
es árida” (1980, p.207). Los esfuerzos de perfeccionamiento metodológico vienen seguidos de
dudas epistemológicas sobre el significado de los hallazgos en las narrativas de recuerdos,
llevando a los investigadores a cuestionarse, por ejemplo sobre:
 ¿qué sucede con la experiencia cuando va transformándose en memoria?
 ¿qué sucede con las experiencias cuando van transformándose en historia?
 ¿qué ocurre con la memoria colectiva cuando la vivencia de hechos muy fuertes (guerra
española, el holocausto, o vivencias más simples) se distancia en el tiempo?
Todas esos interrogantes se producen en la búsqueda de perfeccionamiento de las
técnicas (a las que muchos denominan métodos) apuntando a que los procedimientos sean cada
vez más fidedignos y científicos, en una propuesta complementaria a la de la historiografía oficial o
como forma de cuestionarla.

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Desde un punto de vista práctico, señalo a continuación algunas sugerencias sobre
cuestiones más o menos comunes en la utilización de este tipo de abordaje:
 ¿Cómo proceder en el campo? En general se trabaja con entrevista y observación participante.
La entrevista abierta y no-directiva parece ser la mejor forma de comenzar la interacción apuntando
a la narrativa de vida. A medida que se establece una relación entre el entrevistador y su
interlocutor, lo más importante es crear un ambiente reflexivo que combine actitud directiva para la
información general, escucha atenta pero no pasiva para la profundización de temas relevantes y
exploración de las lógicas contradictorias a través de preguntas que puedan enriquecer las
narrativas. Becker (1994) por ejemplo, amplía el ámbito de la función de la entrevistas hacia la
historia de vida. Sugiere que sirva como piedra de toque, a través de la cual teorías, hipótesis y
suposiciones puedan ser evaluadas. A medida que suma datos personales y visiones subjetivas a
partir de determinado lugar social, permite abrir caminos de investigación en áreas que parecían
resueltas, tanto en el campo de las rutinas institucionales como de los procesos y relaciones
sociales. “Más allá de eso, tiene el potencial de conseguir datos difíciles y casi inaccesibles en
experimentaciones o “surveys” retrospectivos (Becker, 1994, p.26).
 ¿A quién y a cuántas personas entrevistar? Se puede trabajar, como Sartre (1980), Sacks (2002) y
Cavalcante (2003) lo hicieron, tan sólo con biografías únicas (1980), destacando singularidades en
ellas pero contextualizándolas y sacando de ellas conclusiones teóricas importantes. O pueden ser
utilizadas varias narrativas, como lo hicieron Thompson (1980); Poirier & Clapier-Valladon (1980) y
Ferrarotti (1980), entre otros. En ese caso, el número de informantes depende de los objetivos de
la investigación y de los criterios de saturación que orientan cualquier investigación cualitativa. Aún
desde un punto de vista práctico, el trabajo de campo puede realizarse de diversas formas, siendo
sus principales modalidades: (a) la historia de vida completa que recubre todo el conjunto de la
experiencia vivida por una persona, un grupo o una institución; (b) la historia de vida tópica que
pone énfasis a determinada etapa o sector de la vida personal o de una organización.
 ¿Cómo dar continuidad a las narrativas? Es importante que el investigador vaya transcribiendo
sucesivamente sus entrevistas, y a partir de ellas, pasar a la elección de nuevos interlocutores,
transfiriendo cuestionamientos de unos hacia otros, triangulando visiones de varios informantes y
buscando recorrer caminos imperceptibles para asegurar la calidad de la información .
 ¿Qué hacer con el carácter incompleto de las narrativas? Cabe al investigador el esfuerzo de
articular las informaciones, como en un rompecabezas, ubicándolas en el contexto histórico,
relacional, social y siempre buscando, como en todas las modalidades de investigación cualitativa,
la lógica interna del grupo en cuestión. El trabajo reflexivo e inquisidor, aparentemente espontáneo,
que las grandes biografías o historias de grupos parecen esconder, es lo que da a la estrategia de
la historia de vida el valor etnológico y etnográfico que tanto se admira. Es preciso tener en mente,
como ya expliqué, que la persona no cuenta su vida, sino que se refleja sobre ella mientras la
narra, buscando un hilo conductor que le de sentido, a partir del presente y proyectándose en el

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futuro. Por lo tanto, el investigador nunca encontrará la verdad, sino la versión situada de los
participantes en los episodios narrativos. Igualmente, su biografía, en algún momento, deberá ser
ubicada en el contexto etnográfico.
 ¿En qué momento el investigador procederá al análisis? En las modalidades de historia de vida
por entrevistas, el análisis se hace durante toda la realización del trabajo de campo y como una
etapa específica posterior. En el primero caso, el investigador sólo debe parar cuando consiga
“construir una representación de su objeto socio-antropológico” (Bertaux, 1980, p.210) que pasará
luego por una construcción de segundo orden, compuesta por la mirada comprensiva e
interpretativa del investigador, donde su objeto de estudio será situado, analizado, contextualizado
y teorizado (Schutz, 1982).
Las concepciones teóricas que validan la historia de vida son de la misma naturaleza de
los que fundamentan la entrevista y la observación participante. Todas esas estrategias
exigen una conciencia reflexiva que abarca a investigadores e interlocutores en la
construcción de un pre-texto inserto en un contexto social más amplio y más complejo.

Investigación participante e investigación-acción

Tales abordajes tienen su origen en la década del ‘60, influenciados por el pensamiento
crítico sobre la realidad social en Brasil y en América Latina. Uno de sus inspiradores fue Paulo
Freire (1966;1976;1981;1985;1992;1996b), cuyas obras son mundialmente conocidas y
respetadas.
Buscando siempre combinar investigación, participación y política (Gajardo, 1984),
ambos abordajes parten de algunos principios: (a) la idea de un sujeto popular: (b) la idea de un
proyecto político encabezado por un frente popular; (c) privilegiar el espacio local como locus
político y (d) el papel del investigador como actor político transformador. El supuesto de tales
propuestas es que (1) la inclusión social sólo se alcanza si los sectores económica y socialmente
excluidos incorporaran la conciencia de sus intereses, prácticas de organización y real significación
social y política y que, (b) la investigación social puede ser un potente vehiculador de esos cambios
(Gajardo, 1986; Barbier, 1985).
De este modo, investigación-acción e investigación participativa se orientaron desde su
inicio a la solución de problemas concretos como un intento de promover el incremento de la
participación de los campesinos y grupos sociales más relegados de la sociedad dentro de los
procesos sociales y su integración en el debate político.
Aunque se generaron dentro del mismo contexto histórico y bajo los mismos objetivos
sociales, existen diferencias teóricas y prácticas entre investigación-acción e investigación
participante. La primera consiste en un tipo de investigación estrechamente concebida y realizada
junto a intervenciones sociales orientadas a la resolución de un problema colectivo, en el cual se
involucran los investigadores y los participantes. Estos últimos deben ser representativos del
proceso que buscan transformar (Thiollent, 1987).

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La investigación participante incluye a personas legas, representativas de las
situaciones a ser transformadas, de forma orgánica a la producción del conocimiento sobre tales
situaciones, sin necesariamente estar vinculadas a una acción directa. En ambas modalidades, la
población-objeto es llevada a identificar el problema, a recolectar los datos sobre él, a realizar
análisis críticos y a buscar soluciones adecuadas para las cuestiones pautadas. El investigador
debe trabajar de forma tal que la propia selección del problema de investigación brote de la
discusión entre especialistas y la población.
Ambas modalidades de investigación están vinculadas a un tipo de visión emancipatoria,
y sus propuestas y métodos fueron aplicados en varios países de América Latina, especialmente
en proyectos de educación popular en las décadas del ‘70 y ‘80 (Brandão, 1985).
Considerados semejantes, los diseños de investigación-acción y de investigación
participante, desde un punto de vista metodológico suponen que: (a) los grupos con saberes
diferenciados se interrelacionen; (b) sea formulado un marco teórico referente al problema para el
cual se busca solución: (c) las personas interesadas en el proyecto participen en todas las etapas
de desdoblamiento del proyecto; (d) todas las discusiones sobre los datos sean socializadas y (e)
se construyan planes de acción, en conjunto, permitiendo enfrentar y resolver, con metas a corto,
medio y largo plazo los problemas diagnosticados.
Las modalidades de investigación-acción y de investigación participativa (Demo, 1999),
bajo el sentido político que les dio origen, comenzaron a disminuir a partir de los años ‘80, cuando
las dictaduras latinoamericanas fueron cayendo y los espacios democráticos de discusión pasaron
a sustituir tales estrategias de investigación. Del mismo modo, el análisis de las investigaciones
realizadas generó muchas críticas epistemológicas, sobre todo en cuanto a su status de
cientificidad. Desde el punto de vista académico los experimentos frecuentemente demostraron
gran fragilidad teórica o simplemente, no tuvieron la participación de las personas comunes que
vivenciaban los problemas estudiados, en todas las etapas de su realización. Desde el punto de
vista de los actores legos, su compromiso se tornó cada vez más difícil, a no ser de forma
remunerada y no como una militancia política comprometida con la investigación.
Hoy, sin embargo, los términos investigación participativa e investigación-acción
continúan presentes, principalmente en dos contextos: el del área de educación y de gestión, sobre
todo en el campo de la evaluación institucional (Waiselfsz, 1998), sumándose a los procesos de
auto-evaluación y de evaluación interna. Estos abordajes pasaron a ser utilizados como
instrumentos de construcción de consensos dentro de las organizaciones, a partir de diagnósticos
y formulación de propuestas de los educadores y empleados. En este sentido, ellas continúan
cumpliendo una función estratégica.

Estudio de Caso

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Goode & Hatt definen así el Estudio de caso: “Es un medio de organizar datos sociales,
preservando el carácter unitario del objeto social estudiado” (1979, p.422). Bonoma (1985) enfatiza
el carácter de intensidad sobre el objeto en este tipo de abordaje. Según Yin (1989), se debe dar
preferencia a los estudios de caso cuando es posible hacer observación directa sobre los
fenómenos. Los estudios de caso utilizan las estrategias de investigación cualitativa para mapear,
describir y analizar el contexto, las relaciones y las percepciones con relación a la situación,
fenómeno o episodio en cuestión. Y es útil para generar conocimiento sobre características
significativas de eventos vivenciados, tales como intervenciones y procesos de cambio. Se
asemeja a la focalización sobre un experimento que se busca comprender a través de entrevistas,
observaciones, uso de banco de datos y documentos.
Metodológicamente, los estudios de caso evidencian vínculos causales entre
intervenciones y situaciones de la vida real; el contexto donde una acción o intervención ocurrió u
ocurre; el rumbo de un proceso en curso y las maneras de interpretarlo; el sentido y la relevancia
de algunas situaciones clave en los resultados de una intervención. Sus objetivos pueden ser
resumidos en: (a) comprender los esquemas de referencia y las estructuras de relevancia
relacionadas a un evento o fenómeno de un grupo específico; (b) permitir un examen detallado de
los procesos organizacionales o relacionales; (c) aclarar los factores que interfieren en
determinados procesos; (d) presentar modelos de análisis replicables en situaciones semejantes y
hasta posibilitar comparaciones, cuando en el proyecto, en el transcurso del trabajo de campo y en
el análisis, el investigador trabaja con tipificaciones.
Hoy, los estudios de caso son utilizados principalmente en el área de administración y de
evaluación social teniendo aplicaciones bastante funcionales como (1) comprender el impacto de
determinadas políticas en una realidad concreta; (2) describir un contexto en el cual será aplicada
determinada intervención; (3) evaluar procesos y resultados de propuestas pedagógicas o
administrativas y (4) explorar situaciones donde determinadas intervenciones no dieron los
resultados previstos.
Los ítems principales del diseño de un estudio de caso son:
 cuestión de estudio o definición del foco de investigación: este método es indicado para
responder al “cómo” y al “porqué” determinado fenómeno se presenta;
 determinación de la unidad de análisis y su descripción preliminar: si es un grupo, una
organización, un sector;
 justificación del estudio: explicación de la importancia y del sentido del estudio;
 formulación y esclarecimiento de las proposiciones específicamente orientadas a los diferentes
aspectos en estudio;
 esclarecimiento de la lógica entre las diversas proposiciones;
 establecimiento de criterios para la interpretación de los datos (referencial teórico y categorías).
Los teóricos del método de estudio de caso aconsejan a los investigadores que utilicen
múltiples fuentes de información, construyan un banco de datos a lo largo de la investigación y

102
creen una cadena de evidencias relevantes durante el trabajo de campo. Los instrumentos
utilizados en este tipo de abordaje son datos secundarios que apunten a la contextualización del
problema, documentos escritos y material primario recolectado en campo, a través de entrevistas,
grupos focales y observación. Los atributos que se esperan de un investigador que trabaja con
estudios de caso, son los mismos que son requeridos a quienes utilizan abordajes cualitativos:
habilidad para hacer preguntas, oír y observar, ser flexible y al mismo tiempo firme en los
parámetros propositivos de su investigación.
Los estudios de caso han recibido muchas críticas metodológicas, principalmente a su
falta de rigor, a la existencia de muchos sesgos del investigador y a la poca probabilidad de
generalización de los resultados, si la investigación no fuera correctamente preparada y conducida.
Por esa razón, autores como Bonoma (1985) consideran más adecuados los estudios exploratorios
y como Yin (1989), dicen que es el hermano más débil entre los abordajes de las ciencias sociales.
No obstante, con un adecuado y fundamentado proyecto, con un buen entrenamiento en
investigación de campo y permanente recorte de las proposiciones teóricas delineadas inicialmente
y los hallazgos empíricos, es posible hacer un buen uso de la propuesta de Estudios de Caso.

Hermenéutica-dialéctica

Esta combinación entre hermenéutica y dialéctica fue inicialmente descrita por


Habermas (1987), entendiendo que, desde el punto de vista del pensamiento, sintetiza los
procesos comprensivos y críticos.
Hermenéutica, según Gadamer (1999), es la búsqueda de comprensión del sentido que
se da en la comunicación entre seres humanos, siendo el lenguaje su núcleo central. Así como
todas las otras formas de abordaje aquí citadas, la hermenéutica trabaja con la comunicación de la
vida cotidiana y del sentido común, dentro de los siguientes supuestos: el ser humano como ser
histórico y finito se complementa por medio de la comunicación; su lenguaje también es limitado,
ocupando un punto en el tiempo y en el espacio; por eso, es preciso comprender también su
contexto y su cultura.
La hermenéutica se fundamenta en dos importantes principios: (a) la experiencia cultural
trae los resultados de los consensos que se convierten en estructuras, vivencias, significados
compartidos y símbolos. El mundo de la cotidianeidad es el horizonte y el parámetro del proceso
de entendimiento (Gadamer, 1999); (b) por otro lado, en la vida social no todo es transparente e
inteligible, y el lenguaje tampoco es una estructura completa de la vida social. Por eso es
importante apoyarse en el análisis del contexto y de la praxis (Habermas, 1987).
Desde el punto de vista metodológico, el abordaje hermenéutico se encuadra dentro de
los siguientes parámetros: (a) busca aclarar el contexto de los diferentes actores y de las
propuestas que producen; (b) cree que existe un tenor de racionalidad y de responsabilidad en las

103
diferentes lenguajes que sirven como vehículo de comunicación; (c) coloca los hechos, los relatos
y las observaciones en el contexto de los actores; (d) asume su papel para juzgar y tomar
posición sobre lo que escucha, observa y comparte; y (e) produce un relato de los hechos donde
los diferentes actores se sientan contemplados.
La dialéctica es la ciencia y el arte del diálogo, de la pregunta y de la controversia. A
diferencia de la hermenéutica, busca en los hechos, en el lenguaje, en los símbolos y en la cultura,
los núcleos obscuros y contradictorios para realizar una crítica informada sobre ellos. Al hablar de
la articulación promisoria entre dialéctica y hermenéutica, Habermas dice que: la misma razón que
comprende, esclarece y reúne, también contesta, disocia y critica (1987, p.20), pues hay tanta
intransparencia en la lenguaje como en la vida real, donde poder y relaciones de producción
oponen contradictoriamente personas, grupos y clases. El autor señala que el propio lenguaje es
un instrumento de dominación, necesitando ser desmistificado y tornarse objeto de reflexión: tanto
el que es comunicado por los informantes como el que es utilizado por los investigadores.
Desde un punto de vista metodológico, el abordaje dialéctico necesita crear instrumentos
de crítica y de aprehensión de las contradicciones en el lenguaje; comprender el análisis de los
significados a partir del terreno de las prácticas sociales; valorizar los procesos y las dinámicas de
creación de consensos y contradicciones, al interior de los cuales, se ubican la propia oposición
entre el investigador y sus interlocutores y, resaltar el condicionamiento histórico del habla, de las
relaciones y acciones (Minayo, 2002).
En su articulación, la hermenéutica-dialéctica constituye un importante camino del
pensamiento para fundamentar investigaciones cualitativas, incluso cubriendo la casi ausencia de
investigaciones de fundamentación marxista que toman en cuenta la subjetividad. Esa combinación
de estrategias no crea ninguna técnica específica, pues lo que Habermas (1987) desea valorizar
son los elementos teóricos que puedan dar parámetros a los investigadores. Desde el punto de
vista de la operacionalización, este autor, valoriza al mismo tiempo la fenomenología, el
interaccionismo simbólico y la etnometodología como caminos importantes para el trabajo de
campo de cuño comprensivo (Habermas, 1987), pero diferencia la hermenéutica-dialéctica en
relación a esas teorías y abordajes, consideradas por él como descontextualizadas y
extremadamente presas a la producción del lenguaje en sí.
De allí que la propuesta de Habermas pasa por la construcción de un movimiento
interactivo entre la hermenéutica y la dialéctica, valorizando las complementariedades y
oposiciones entre las dos: (a) ambas traen en su núcleo la idea fecunda de los condicionamientos
históricos del lenguaje, de las relaciones y de las prácticas; (b) ambas parten del supuesto de que
no existe un observador imparcial; (c) ambas cuestionan el tecnicismo en favor del proceso
intersubjetivo de comprensión y de crítica; (d) ambas superan la tarea de ser simples herramientas
para el pensamiento y (e) ambas están referidas a la praxis estructurada por la tradición, por el
lenguaje, por el poder y por el trabajo. Sin embargo, mientras la hermenéutica enfatiza el
significado de lo consensual, de la mediación, del acuerdo y de la unidad de sentido, la dialéctica

104
se orienta hacia la diferencia, el contraste, el disenso, la ruptura de sentido y, por lo tanto, hacia la
crítica (Minayo, 2002).
Para dar un cierre a la discusión sobre corrientes de pensamiento y los diferentes tipos de
abordaje comprensivo, repito que mi postura en este trabajo es de observar la ciencia con sus
paradigmas, sus teorías, métodos y técnicas como construcciones sociales, con todas las osadías,
resistencias, tentativas y errores propios de las instituciones humanas. Por considerar que no
existe la ciencia en general, entiendo que existen prácticas científicas diferenciadas, desarrolladas
de manera desigual y que todas tienen como sustrato, movimientos que involucran sociedades y
visiones sociales del mundo diversas.
Intento, por lo tanto, una aproximación a los marcos referenciales que dentro de las
Ciencias Sociales o fuera de ellas, vienen influenciando con mayor vigor a las producciones
teóricas y a las prácticas en el campo de la salud. El pensamiento sistémico complejo fue
planteado aquí, aún como un desafío. Sería redundante decir que la forma esquemática en que
fueron abordadas las diversas posibilidades de aprehender la realidad, se debe al objetivo de este
libro. Cualquier estudioso podrá encontrar en la bibliografía final, un vasto material de consulta
capaz de guiarlo en busca de profundización.

105
Parte III
Construcción del Proyecto de Investigación: fase exploratoria

La Fase Exploratoria de una Investigación es tan importante que en sí puede ser


considerada una Investigación Exploratoria. Comprende la etapa de construcción del proyecto
hasta los procedimientos y tests para la entrada en campo. Contiene la elección del tópico de
investigación, la delimitación del problema, la definición del objeto y de los objetivos, la
construcción de hipótesis o supuestos y del marco teórico conceptual, la elaboración de los
instrumentos de colecta de datos y de la exploración del campo.
Presento, inicialmente las referencias filosóficas dentro de las cuales se procesa el camino
de elaboración científica. La primera de ellas es el carácter aproximado del conocimiento que se
construye a partir de otros conocimientos sobre los cuales se ejercita la aprehensión, la
comprensión, la crítica y la duda, aunque eso no se dé de forma lineal y definitiva. Limoeiro
Cardoso (1977) esclarece muy bien ese movimiento de investigación, usando la imagen de un haz
de luz:
“El conocimiento se hace a costa de muchos intentos y de la incidencia de muchos haces de
luz, multiplicando los puntos de vista diferentes. La incidencia de un único haz de luz no es
suficiente para iluminar un objeto. El resultado de esa experiencia sólo puede ser incompleto
e imperfecto, dependiendo de la perspectiva en que la luz es irradiada y de su intensidad. La
incidencia, a partir de otros puntos de vista y de otras intensidades luminosas, va dando
formas más definidas al objeto, va construyendo un objeto que le es propio. La utilización de
otras fuentes luminosas podrá formar un objeto integralmente diverso, o señalar
dimensiones enteramente nuevas al objeto” (Limoeiro Cardoso, 1977, p.27).

El carácter aproximado del saber intelectual es un tema relevante de la epistemología,


uniendo la visión de los más diversos autores, como Lenin (1965), para quien al reflejar la realidad,
el conocimiento ofrece siempre una imagen más grosera que la real, tanto en el plano del
pensamiento como de los sentimientos (Lenin, 1965). O de Bachelard (1978) que dedica una obra
entera a lo que denomina “La connaissance approchée”. A su vez, las modernas teorías de la
complejidad ponen énfasis en la intersubjetividad presente en la construcción de todas las
modalidades del proceso de conocimiento (Maturana, 1987; 1997).
La segunda referencia se relaciona al carácter de inaccesibilidad y de incontrolabilidad del
objeto. La inalcanzabilidad del objeto se basa en que las ideas que se hacen sobre los hechos
están siempre mediadas por el sujeto (su historia, formación, ideas) y por lo tanto son imprecisas,
parciales y más imperfectas que la totalidad en observación. El proceso de investigación es, en
consecuencia, un movimiento de definición y redefinición del objeto durante todas sus etapas. Por
un lado, porque su conocimiento es fruto de un ejercicio de cooperación donde los investigadores
trabajan sobre los descubrimientos, unos de otros, aceptándolos como plataformas para

106
transformaciones posteriores o criticándolos y formulando nuevas preguntas; por otro lado, porque
cada teoría construye el objeto según sus supuestos. En este sentido, el objeto es siempre una
“representación” bajo determinado punto de vista, donde el investigador, a su modo, busca
reproducir lo real.
La tercera referencia se refiere a la vinculación entre pensamiento y acción. O sea, nada
puede ser intelectualmente un problema, si no ha sido, en primera instancia, un problema de la
vida práctica, al menos en el caso de las Ciencias Sociales. Esto quiere decir que la elección de un
tema no surge espontáneamente, de la misma forma que el conocimiento no es espontáneo. Surge
de intereses y circunstancias socialmente condicionados, fruto de determinada inserción en lo real,
encontrando allí sus razones y sus objetivos. Ese es un punto de vista que reúne tanto al
racionalismo abierto de Bachelard (1978) como a la dialéctica marxista de Lukács (1974) las
teorías críticas de la Escuela de Frankfurt (Habermas, 1980, 1987) y el perspectivismo de
Mannheim (1968; 1974; 1974a).
El cuarto parámetro enfatiza el carácter originariamente interesado del conocimiento, al
mismo tiempo que resalta su relativa autonomía. La mirada sobre el objeto está condicionada
históricamente por la posición social del cientista y por las corrientes de pensamiento en conflicto
en la sociedad (Lowy, 1985, p.15). No obstante, existe una “autonomía relativa” de las ciencias
sociales que se manifiesta en una cierta continuidad, evolución y crítica al interior de la propia
ciencia, formando parte de la lógica interna de la investigación científica como práctica teoría
general y disciplinaria, apuntando al descubrimiento de la verdad (Lowy, 1985). Mannheim (1968,
1974) habla de esa cuestión en sus reflexiones epistemológicas, reafirmando la estrecha relación
entre intereses específicos de clase y de status, teorías, métodos y preocupaciones sociológicas.
Sin embargo, señala que es necesario admitir que, luego de que en un área científica se ha
descubierto y divulgado algún hecho histórico o sociológico, todos los grupos, sean cual fueren sus
intereses, no sólo acaban por tomar en consideración los descubrimientos publicados sino que de
alguna forma los incorporan a su sistema de interpretación del mundo. En ese sentido, las diversas
corrientes intelectuales no se desarrollan aisladamente y, aunque frecuentemente compitan entre
sí, se afectan mutuamente y se enriquecen (Mannheim, 1974).
Dentro de los principios descritos, paso a discutir los elementos que componen la fase
exploratoria de una investigación y todas sus etapas subsiguientes. (1) Analizo algunos conceptos
fundamentales usados en la práctica de las Ciencias Sociales para la construcción del marco
teórico de la investigación. (2) A continuación, demuestro que la construcción del objeto es una
labor teórica que requiere esfuerzo práctico de construcción de información, crítica y experiencia.
(3) Propongo, finalmente, una discusión sobre el instrumento de abordaje de los datos empíricos y
de entrada exploratoria en el campo de la investigación. Resalto una discusión sobre el tema de la
Muestreo Cualitativo que suele ser uno de los puntos de mayor impasse para el investigador que
trabaja en investigación de cuño comprensivo.

107
Capítulo VI
Conceptos para operacionalización de la investigación

Buscaré aquí definir algunos términos utilizados y que son necesarios para todo el
desarrollo de cualquier investigación: teoría, concepto, noción, categoría, hipótesis y supuestos.

Teoría
Denomino teoría a un conjunto coherente de proposiciones que interrelaciona principios,
definiciones, tesis e hipótesis y sirve para organizar lógicamente la interpretación de la realidad
empírica. Toda teoría es un discurso científico que se constituye como un modelo a través del cual
su formulador analiza un fenómeno o un proceso. Una teoría reúne supuestos y axiomas (una
afirmación cuya verdad es evidente y universalmente aceptada en determinada disciplina) y
proposiciones lógicamente interrelacionadas y empíricamente verificables. Las proposiciones de
una teoría son consideradas leyes o tesis si ya fueron suficientemente comprobadas, y las
hipótesis, constituyen aún un problema de investigación. En realidad, tanto las leyes como las
hipótesis deben estar siempre sujetas a la problematización y reformulación pues, como señala
Bachelard (1978), nada impide tanto el avance científico como las verdades establecidas y las
certezas absolutas. La esencia de una teoría consiste en su potencialidad de explicar una amplia
gama de fenómenos a través de un esquema conceptual al mismo tiempo abarcativo y sintético.
Todas las teorías son construidas históricamente y expresan intereses porque representan
lo real a partir de determinadas elecciones (Habermas, 1980). Por tal razón, son formas de
conocimiento y de ocultamiento de la verdad, en la medida en que proyectan luz sobre
determinados aspectos de la realidad y sombrean otros, evidenciando limitaciones lógicas y
sociológicas (Lukács, 1967; Lowy, 1985).
La relación dinámica entre teoría y empiria se expresa en el hecho de que la realidad
informa a la teoría, que a su vez la antecede, le permite percibirla, formularla, dar cuenta de ella,
diferenciándola, en un proceso de distanciamiento, aproximación y reorganización. La teoría
domina la construcción del conocimiento a través de conceptos generales considerados
verdaderos. Su profundización, de forma crítica, permite develar dimensiones no evidentes de la
realidad, pero el acceso a una teoría sólo ayuda cuando el investigador hace preguntas pertinentes
e inteligentes sobre la realidad que investiga.

Conceptos
Toda construcción teórica es un sistema cuyas vigas maestras están representadas por
conceptos. Los conceptos son unidades de significación que definen la forma y el contenido de una
teoría. Pueden ser considerados como operaciones mentales que reflejan puntos de vista
verdaderos y construidos en una relación dinámica con la realidad (siempre dentro de un marco

108
teórico determinado). Los conceptos pueden ser considerados un camino de ordenamiento teórico
de los hechos y relaciones y procesos sociales, debiendo ser, en la confrontación con el campo
empírico, permanentemente recreados y reconstruidos.
Todo concepto es construido históricamente y para entender su alcance o para
reformularlos, en las ciencias sociales, se recomienda que sean analizados en su origen y
recorrido, de forma crítica. La propia jerarquización de los conceptos, en una teoría determinada,
revela a qué aspectos de la realidad el teórico da mayor atención. Por lo tanto, en la formulación de
una investigación, no es suficiente comprenderlos como operaciones lógicas y si están
correctamente concatenados. Es necesario, más allá de eso, entender el sentido histórico y
sociológico de su definición y de las combinaciones que producen.

Nociones
Forma parte de la jerga de la investigación el término noción, que ocupa un lugar inferior al
término concepto, para definir una idea, un fenómeno, un proceso menos elaborado.
Etimológicamente la palabra concepto viene de concepción, o sea, está vinculada a la subjetividad
refiriéndose a algo humanamente construido para explicar fenómenos y procesos. No obstante,
como ya fue dicho, el término “concepto” remite a una sofisticada elaboración histórica y teórica,
por eso se refiere a los pilares del discurso científico. Por el contrario, las nociones se vinculan a
los elementos de una teoría que aún no posee la claridad suficiente para alcanzar el status de
concepto y son usados como “imágenes” para explicaciones aproximadas de lo real. Sin embargo,
las nociones también representan el esfuerzo del pensamiento para describir determinadas
experiencias y, por eso, ocupan un lugar de importancia en el proceso de investigación, dado que
todo saber está basado en pre-conocimiento, todo hecho y todo dato ya son interpretaciones: “Si
no queremos que las categorías analíticas que adoptamos continúen siendo extrañas al objeto”,
dice Demo, “debemos aceptar la existencia de nociones previas” (Demo, 1981, p.18).

Categorías
Las categorías son conceptos clasificatorios. Se constituyen como términos cargados de
significación, a través de los cuales la realidad es pensada de forma jerarquizada. Todo ser
humano clasifica la sociedad y los fenómenos que vivencia. El cientista lo hace de forma
diferenciada: crea sistemas de categorías buscando encontrar una unidad en la diversidad y
producir explicaciones y generalizaciones. Dentro de la visión positiva, las categorías son
consideradas “rúbricas o clases que reúnen un grupo de elementos bajo un título genérico,
agrupamiento efectuado en razón de los caracteres comunes de esos elementos” (Bardin, 1979,
p.117).
En la Introducción a la Crítica de la Economía Política, Marx (1973), hace uso en diversos
momentos del término categoría para señalar conceptos relevantes y cargados de sentido que

109
permiten expresar los aspectos fundamentales de las relaciones de los seres humanos entre sí y
con la naturaleza. Dentro del pensamiento dialéctico, del mismo modo que los conceptos y las
nociones, las categorías no son entidades, son construcciones históricas que atraviesan el
desarrollo del conocimiento y de la práctica social. Por ejemplo, trabajo, clase social, familia,
conciencia de clase, salud, enfermedad, edad, entre otras, son categorías que expresan la unidad
de las relaciones entre la dinámica de la historia y el pensamiento lógico.
A los fines de la investigación social, utilizo aquí una clasificación del concepto de
categoría separando Categorías Analíticas, Categorías Operacionales y Categorías Empíricas.
Considero categorías analíticas aquellas que retienen, históricamente, las relaciones sociales
fundamentales, sirviendo como guías teóricas y referencias para el conocimiento de un objeto en
sus aspectos generales. Ellas permiten varios grados de generalización y de aproximación. Por
ejemplo, hoy un investigador social no puede prescindir en sus estudios de las categorías de
elevada abstracción y de alto poder explicativo como clase social, género, etnia, franja etária. Y
otros términos como estado civil, religión, participación social y participación política.
Por el contrario, las categorías operacionales son construidas con la finalidad de
aproximación al objeto de investigación (en su fase empírica), debiendo ser apropiadas o
construidas con la finalidad de permitir la observación y el trabajo de campo. Por eso, forman parte
de la elaboración específica de cada proyecto de investigación y deben ser claras, bien definidas y,
como el propio nombre indica, operativas.
Cuando son construidas a posteriori, a partir de la comprensión del punto de vista de los
actores sociales, posibilitando desvendar relaciones específicas del grupo en cuestión, son
llamadas Categorías empíricas. Las categorías empíricas son clasificaciones que contienen una
doble elaboración: son, ante todo, expresiones clasificatorias que los actores sociales de
determinada realidad construyen y les permiten dar sentido a sus vidas, sus relaciones y sus
aspiraciones. Por lo tanto emanan de la realidad. Por otro lado, son elaboraciones del investigador,
es su sensibilidad y agudeza, lo que le permite comprenderlas y valorizarlas, en la medida en que
va develando la lógica interna del grupo (objeto) investigado y descubre esas expresiones, las
explora y sobre ellas crea construcciones de segundo orden. Generalmente, cuando un
investigador consigue aprehender y comprender las categorías empíricas de clasificación de la
realidad del grupo investigado, percibe que están colmadas de sentido y de claves para la
comprensión teórica de la realidad en su especificidad histórica y en su diferenciación interna.

Hipótesis

Defino las hipótesis como afirmaciones provisorias relacionadas a un determinado


fenómeno en estudio. Son proposiciones a ser testeadas empíricamente y luego confirmadas o
rechazadas. Una hipótesis científica deriva de un sistema teórico y de los resultados de estudios
anteriores y por lo tanto forma parte o son deducidas de las teorías. Pero también pueden surgir de

110
la observación y de la experiencia, en el interjuego siempre inacabado que relaciona teoría y
práctica.
Goode & Hatt (1979) proponen algunas condiciones para la formulación de hipótesis en las
ciencias sociales: (a) que sean conceptualmente claras, simples y con poder explicativo, llegando a
definir su operacionalidad; (b) que tengan referencias empíricas, o sea, que estén relacionadas con
los fenómenos concretos que se pretende estudiar; (c) que estén relacionadas con las técnicas
disponibles, o sea, que posibiliten la aprehensión empírica de los aspectos que se quiere
investigar.
De la misma forma que los términos problematizados anteriormente, las hipótesis tienen su
historia, forman parte del marco de preocupaciones teóricas y prácticas del investigador cuando se
pregunta sobre los aspectos de la realidad que pretende investigar.
El término hipótesis entró en la historia de la ciencia de la mano de las ciencias naturales y
posee una connotación positivista, en la medida en que proviene de la creencia de que existe un
conocimiento objetivo y que esa objetividad se concretiza en pruebas estadístico-matemáticas.
Todas las corrientes de pensamiento de las ciencias sociales adoptaron el término y su sentido
dentro de sus elaboraciones conceptuales, pero cada una de ellas lo reinterpreta de acuerdo a su
discurso teórico. A efectos de este trabajo, abordaré el significado dado al término por las
corrientes comprensivistas.
En el abordaje cualitativo, el término hipótesis es utilizado, sobre todo, cuando se trata de
profundización de estudios ya realizados o de cooperación con el análisis cuantitativo. Se suele
utilizar también, el término supuestos cuando el investigador que usa el abordaje comprensivo se
refiere a la elaboración de parámetros básicos que permiten encaminar la investigación empírica
cualitativa. El término supuestos podría ser considerado como un concepto más blando,
substituyendo al término hipótesis que posee connotaciones mucho más formales y, a veces,
inadecuadas al objeto de estudio cualitativo. En verdad, las dos expresiones, supuestos e
hipótesis, son utilizadas, dependiendo del nivel de avance del conocimiento con relación al tema de
la investigación. Para los estudios exploratorios es mejor el término supuesto. En los que tratan de
continuidad y avance de la investigación es adecuado usar hipótesis.
Resulta cada vez más importante, superar el debate inútil sobre la cientificidad de las
ciencias sociales, exigiendo que, para que sean científicas y válidas, siempre presenten datos
cuantificables. Los estudios cualitativos también posibilitan construir teorías, reformularlas, re-
focalizarlas o clarificarlas, como ya argumenté en diversas oportunidades. La naturaleza más
abierta e interactiva de un trabajo cualitativo que incluya la observación participante, permite que el
investigador combine el hábito de confirmar o deconstruir hipótesis con las ventajas de un abordaje
no-estructurado. Planteándose interrogantes que van siendo discutidos durante el proceso de
trabajo de campo, el investigador elimina cuestiones irrelevantes, da énfasis a determinados
aspectos que surgen empíricamente y reformula sus hipótesis o supuestos iniciales y provisorios.

111
Las observaciones sobre la cuestión de las hipótesis en el abordaje cualitativo remiten a un
clásico de la antropología: Malinowski. De acuerdo con la orientación de este investigador seminal
para la metodología antropológica, el investigador tiene que esmerarse en la construcción,
ampliación, articulación y profundización de su marco teórico. Es ese referencial que le permitirá
establecer preguntas fundamentales para la comprensión de la realidad empírica. No obstante, es
fundamental que conserve la apertura y flexibilidad capaces de descubrir las particularidades de la
realidad empírica más allá de la teoría (Malinowski, 1984). Ciertamente esas observaciones
colocan al trabajo científico por encima de una postura técnica de comprobación o afirmación de
hipótesis.

112
Capítulo VII
Proyecto de investigación

Generalmente, cuando el investigador se propone iniciar su actividad de investigación se sitúa en

un marco de interrogantes teóricos y operacionales.

Área de interés
Generalmente cuando elije un tema, el investigador comienza por delimitar su área de
interés que puede ser definida como un campo de prácticas y teorías donde se concentran las
cuestiones que le incitan curiosidad científica. Por ejemplo, son áreas de interés en diferentes
dimensiones de generalidad: Salud del Trabajador, Políticas Públicas, Salud y Cultura, Educación y
Salud, Violencia y Salud, en un sentido bien amplio. En términos más restringidos lo son: Violencia
contra la Mujer; Evaluación en Salud; Control Social en Salud; por ejemplo. Al interior de ese Área
de Interés, que es el seno y el continente de un proyecto específico, se sitúa el Objeto o también

llamado Problema de Investigación.

Objeto de Investigación
El Objeto o el Problema es una parte, un fragmento, un recorte de determinada totalidad
que para ser estudiada en su significación, debe contener relaciones esenciales y expresar
especificidad. Cuando se habla de delimitar un objeto, el investigador debe entender la expresión
no como una disección de lo real, sino como la posibilidad de proyectar su mirada sobre
determinado fenómeno que, aunque analizable en sus dimensiones, forma parte de un sistema o
de una realidad mucho más abarcativa.
Desde un punto de vista práctico, el Objeto es generalmente planteado en forma de
pregunta y se vincula a descubrimientos anteriores y a interrogantes provenientes de múltiples
intereses (de orden personal, lógico o sociológico). La claridad y la precisión en esa elección deriva
del esfuerzo por establecer relaciones entre marcos conceptuales amplios, abarcativas y, al mismo
tiempo, específicos y volcados hacia el problema, articulándolos con la práctica. Lo real está
siempre planteado como premisa, aunque operacionalmente se parta de lo abstrato hacia lo
concreto. Operacionalmente, diría que la clara definición del objeto debe preceder siempre al
esfuerzo discursivo, de forma tal que, en la primera línea de un proyecto, cualquier lector pueda
identificarlo y comprenderlo. Sin duda alguna, el uso excesivo de palabras o de explicaciones
esconde las dificultades del investigador en plantearse a sí mismo lo que pretende estudiar
concretamente. Dialécticamente, sin embargo, todas las etapas de un proyecto constituyen una
definición y redefinición del objeto que sólo será plenamente definido en todas sus determinaciones
al final del proceso. Es a esa dinámica que Marx (1973) le atribuye la expresión “concreto pensado”
(Marx, 1973, p.79).

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Revisión bibliográfica
La primera tarea del investigador, una vez definido su objeto, es proceder a una amplia
investigación bibliográfica, capaz de aclarar y permitir ordenar y comprender mejor la realidad
empírica. La investigación bibliográfica puede tener varios niveles de profundización, pero debe
abarcar, mínimamente, los estudios clásicos sobre el objeto en cuestión (o sobre los términos de
su explicitación) y los estudios más actualizados sobre el asunto. El nivel de abarcabilidad de esa
revisión debe quedar escrito en el diseño metodológico de la investigación. Esa labor inicial parte
de algunas pre-condiciones:
(a) que la bibliografía sea lo suficientemente amplia como para delinear el marco dentro de
la cual el objeto se sitúa: la búsqueda de diversos puntos de vista, de los diferentes ángulos del
problema que permitan establecer definiciones, conexiones y mediaciones, demostrando el “estado
6
del arte” . Véase el ejemplo de un relevamiento sobre Concepciones de Salud-Enfermedad. La
comprensión de ese tema implica que la investigación bibliográfica incluya: el perfil histórico y
sociológico del segmento específico a ser estudiado y su inserción en las relaciones sociales de
producción, sus condiciones de vida y de trabajo, consumo, acceso a bienes y servicios y en
especial aquellos que se refieren a la salud; el concepto históricamente construido de salud en la
sociedad en estudio, y las políticas del sector; el concepto de representación social que torna
operacional la investigación y el análisis.
Ahora bien, el diseño de ese marco inicial exige el dominio previo de algunas categorías
analíticas fundamentales en diferentes niveles de abstracción como el Modo de Producción;
Formación Social; Ciudadanía; Clases; Género; Etnias; Conciencia Social; Condiciones,
Situaciones y Estilo de vida, por nombrar algunas. No obstante, esas categorías no necesitan estar
presentes en el discurso teórico que organiza el proyecto de investigación. Deben constar allí las
definiciones necesarias para permitan hacer surgir desde el “caos inicial” al objeto específico con
sus contornos generales. Un consejo muy importante es conceptualizar cada término utilizado, en
la frase que define al objeto o constituye el título del proyecto. Por ejemplo: Objeto de estudio:
Relación entre dolor crónico y violencia conyugal en mujeres que frecuentan una clínica de dolor.
Cada uno de los términos: “dolor crónico”, “violencia conyugal”; “violencia contra la mujer”; “clínica
de dolor” deben salir de las ideas de sentido común que se tiene sobre ellos y pasar a ser
teóricamente tratados.
(b) El segundo aspecto a ser observado con relación a la bibliografía se vincula a su
apropiación. Es necesario abordar el texto, primero en un ejercicio comprensivo, buscando

6
Actualmente, las facilidades de acceso a Internet y a bases de datos, algunas permiten incluso copias completas de
artículos científicos, retiran cualquier disculpa de empirismo por parte de los investigadores. Ese empirismo, que infelizmente
existe, lleva al investigador a “inventar la rueda” cuando tantos otros antes que él ya se sumergieron en el tema en
cuestión. Es obvio que un investigador no encontrará en las bases de datos su “objeto”, pues, si así fuese, no justificaría
estudiarlo. Lo que se espera del investigador es algún grado de originalidad, desde el punto de vista empírico o comparativo,
o cuestionando verdades establecidas.

114
entender el punto de vida del autor para, a continuación, realizar, sobre él, un abordaje crítico. En
la investigación bibliográfica se deben destacar las tesis, las categorías centrales, los conceptos y
las nociones y cómo todo eso se concatena en el discurso del autor. Es necesario también,
destacar los supuestos teóricos y las razones prácticas que subyacen a los trabajos consultados.
Es importante que el investigador no se olvide que toda teoría es un discurso estructurado en
proposiciones basadas en tesis, hipótesis, conceptos, categorías y nociones. El ejercicio
hermenéutico y crítico para la comprensión del pensamiento de los distintos autores consultados
es fundamental para el esclarecimiento de la posición a ser adoptada por el investigador que se
prepara para realizar el abordaje empírico. Sin embargo, luego del estudio de los múltiples textos,
el investigador debe construir su propio marco teórico. El marco teórico de una investigación no se
sustenta en un discurso compuesto por el desfile de los autores consultados. Al contrario, debe
constituirse en la construcción de una síntesis en la cual el investigador expresa sus propias ideas,
supuestos e hipótesis.
(c) El tercer punto relativo al material de consulta tiene un carácter operacional, también
necesario en el proceso de objetivación. Se trata de la realización del fichero, operación a través
de la cual, todas las lecturas van siendo cuidadosamente clasificadas y ordenadas.
 Fichero bibliográfico: cada libro, artículo, capítulo de libro, documento, recorte de periódico, o
sea, todo el material investigado va recibiendo una ficha propia (dentro de las reglas de las
fichas bibliográficas), en orden alfabético por nombre del autor o por asunto, según la opción
del investigador;
 Fichero por asunto: los temas leídos son resumidos y reciben anotaciones críticas creativas del
lector. Es importante en este tipo de operación, que el investigador destaque los principales
conceptos, categorías, tesis e hipótesis utilizados por el autor en su trabajo;
 Fichero por temas: reúne anotaciones y resúmenes relacionados con las cuestiones
específicamente pertinentes a la delimitación del objeto de estudio;
Fichero de citas: algunas veces existe alguna frase muy fuerte del autor analizado y, por eso, vale
la pena transcribirla, tomándose el debido cuidado de indicar las páginas, fecha de publicación y
contexto de la cita. Esa modalidad de organización puede ser incluida en la clasificación por temas
o por asuntos.

Organización del proyecto de investigación


En la construcción de su propio camino, pasando por las ideas iniciales que lo indujeron a la
elección bibliográfica, la lectura de los textos y los interrogantes referentes a la realidad empírica
(que aparece siempre como premisa), el investigador precisa organizar su discurso teórico que
puede presentarse de la siguiente forma:
 Definición del Objeto: debe estar ubicada en la primera línea del documento, dejando en
claro, para sí y para los lectores, su propuesta o su pregunta investigativa al momento de abrir
su proyecto. Si bien es verdad que el investigador estará definiendo y redefiniendo su tema

115
hasta el final de una investigación, dándole claridad y precisión, la presentación inicial de la
propuesta es crucial para orientarse él mismo, para la construcción de la crítica interpares y
para la evaluación de los que financian el proyecto.
 Justificación: se ubica a continuación, debiendo contener la descripción y, de ser posible,
hasta la historia de los motivos vivenciales y teóricos que impulsaron a la elección de la
cuestión u objeto de investigación.
 Objetivos: En cada proyecto, el investigador precisa dejar en claro, para sí mismo y para los
lectores y financiadores, el objetivo general que pretende alcanzar con su investigación, lo que,
ciertamente, debe estar en consonancia con la definición del objeto. Desdoblando el objetivo
principal, deben constar los objetivos específicos, que pueden ser entendidos como los
desdoblamientos o etapas que el investigador pretende realizar. Los objetivos específicos
deben ser combinados con las hipótesis y supuestos ya delineados por el investigador.
 Metas: Las metas, ítem cada vez más exigido en las convocatorias de investigación del área
de la salud, consisten en productos cuantificables o cualitativos esperados como colaboración
de relevancia social de los proyectos de investigación. Generalmente las metas de un proyecto
de salud se refieren a la formación de personal, elaboración de material técnico e instruccional,
participación en eventos, publicación de libros, artículos y organización de seminarios, entre
otros.
 Marco teórico-conceptual: establece el discurso argumentativo del investigador, presentando
los principales conceptos, categorías y nociones con las cuales va a trabajar, produciendo un
debate con los autores sobre los cuales realizó la revisión bibliográfica, mostrando el estado
del conocimiento, provocando una crítica de lo que ya fue producido. Al final de la discusión
conceptual, el investigador debe plantear sus hipótesis de trabajo y, en el caso de
investigaciones etnográficas y exploratorias, los supuestos orientadores de su “camino del
pensamiento”.
 Marco metodológico: fundamenta teóricamente el “camino del pensamiento” seguido por el
investigador, o sea, su elección metodológica, que debe corresponder a la necesidad de
conocimiento del objeto. A partir de allí define, en el siguiente orden: el método o los métodos,
las estrategias, las técnicas y los procedimientos que usará. La propuesta metodológica debe
contemplar y detallar todas las etapas de operacionalización de la investigación.
 Cronograma de la investigación: contiene la secuencia de acciones y la articulación de todos
los pasos en el tiempo delimitado para la investigación, apuntando a dar coherencia al proceso
como un todo y a asegurar su viabilidad.
 Presupuesto – se constituye en la asignación de los costos a cada etapa u operación de la
investigación. El ejercicio de valorar cada ítem es importante, sobre todo para la competencia
del investigador en las convocatorias cada vez más frecuentes para conseguir el
financiamiento de las investigaciones.

116
 Referencias: Uno de los cambios actuales en el campo de la investigación es la utilización del
término “referencias” y no “referencias bibliográficas”. Eso se debe al hecho de que ya se han
consagrado en el área científica formas virtuales de acceso al conocimiento. El formato oficial
de las referencias en Brasil es el de la ABNT. Sin embargo, existen diferentes modos de
referenciar que necesitan ser conocidos por el investigador antes de enviar su proyecto, en el
caso de participar en convocatorias. Para el área de la salud, en general se usan las llamadas
Normas Vancouver que pueden ser encontradas en Internet y en todas las bases de datos
donde existen periódicos del sector.

117
Capítulo VIII
Construcción de los instrumentos y exploración de campo
Instrumentos de investigación cualitativa
Los instrumentos de trabajo de campo en la investigación cualitativa apuntan a mediar
entre los marcos teórico-metodológicos y la realidad empírica. Ellos son: guía de entrevista, guía
de observación participante y guía de discusión de grupos focales.
Guía de entrevista - Por guía se entiende un listado de temas que desdoblan los
indicadores cualitativos de una investigación. Este listado debe tener, como sustrato, un conjunto
de conceptos que constituyen todas las fases del objeto de investigación y apuntar, en su forma de
elaboración, a operacionalizar el abordaje empírico desde el punto de vista de los entrevistados.
En el formato final de su elaboración, la guía debe presentar simplemente algunos tópicos que
guíen una conversación con finalidad (Minayo, 2005) bajo las siguientes condiciones: (a) que cada
cuestión que se releva, forme parte del delineamento del objeto y que todas se encaminen a darle
forma y contenido; (b) que permita ampliar y profundizar la comunicación y no cercenarla; (c) que
contribuya al surgimiento de la visión, los juicios y las relevancias respecto de los hechos y de las
relaciones que componen el objeto, desde el punto de vista de los interlocutores.
Una guía difiere del instrumento cuestionario. Mientras este último presupone una hipótesis
y cuestiones bastante cerradas cuyo punto de partida son las referencias del investigador, la guía
tiene otras características. Apunta a comprender el punto de vista de los actores sociales previstos
como sujetos/objeto de la investigación y contiene pocas preguntas. A veces, en un proceso de
investigación puede surgir la necesidad de elaborar un cuestionario cerrado para captar aspectos
considerados generales, relevantes a un problema de investigación, apuntando a facilitar la
comprensión del objeto y a establecer relaciones y generalizaciones. En el abordaje cualitativo, no
hay impedimentos, por el contrario, se estimula esa combinación de métodos. Sin embargo,
ninguna guía sustituye o debe ser sustituida por cuestionarios, pues ambos corresponden a lógicas
específicas y diferenciadas de aproximación al objeto.
La guía, por lo tanto, es siempre una guía, nunca un obstáculo, no debiendo prever todas
las situaciones y condiciones del trabajo de campo. Es dentro de esa visión que debe ser
elaborada y usada, facilitando el surgimiento de temas nuevos durante el trabajo de campo,
provocados por su cuestionamiento.
 Guía de entrevistas abiertas – aparentemente más simple de preparar, pues poco exige en
cuanto al listado de temas por parte del investigador, el instrumento de la entrevista abierta es
la descripción sucinta, breve y al mismo tiempo, abarcativa, por parte del entrevistador, del
objeto de la investigación, orientando los rumbos del habla de su interlocutor. Este tipo de
instrumento exige de una preparación del investigador suficiente, que le permita, durante la
entrevista, plantear cuestiones que ayuden al entrevistado a abarcar niveles cada vez más
profundos en su exposición. En ese caso, el instrumento es guardado en la memoria del

118
investigador, testeando su capacidad de ver, concatenar hechos pero, sobre todo, de oír y de
conducir al entrevistado para que explicite, de la forma más abarcativa y profunda posible su
punto de vista.
 Guía de entrevistas semi-estructuradas – Para esta modalidad de abordaje, la guía debe
desdoblar los diversos indicadores considerados esenciales y suficientes, en tópicos que
contemplen la abarcabilidad de las informaciones esperadas. Los tópicos deben funcionar tan
sólo como apuntes, debiendo, en la medida de lo posible, ser memorizados por el investigador
cuando está en campo. Sirviendo de orientación y guía para que fluya la interlocución, la guía
debe ser construida de manera que permita cierta flexibilidad en la conversación y absorber
nuevos temas y cuestiones aportadas por el interlocutor que sean de su estructura de
relevancia. En su elaboración, la guía semi-estructurada debe tomar en consideración las
siguientes cuestiones:
 La forma de colocar un ítem en el listado debe inducir a una conversación sobre la
experiencia. En una entrevista de cuño cualitativo, no se preguntan conceptos o ideas
del tipo: ¿considera importante la educación en valores? O sino: ¿qué es el programa
de agentes de salud? Para usted, ¿qué es salud o enfermedad? Esta forma de
indagación induce a respuestas dicotómicas del tipo sí o no, o exige definiciones
abstractas y externas a las vivencias de los entrevistados: es como si ellos estuviesen
respondiendo a un test escolar. Por el contrario, lo que se desea es que el lenguaje de
la guía provoque las diversas narrativas posibles de las vivencias que el entrevistador
va a evaluar; las interpretaciones que el entrevistado emite sobre ellas y su visión
sobre las relaciones sociales involucradas en esa acción.
 La guía de entrevista debe contener tan sólo algunos ítems indispensables para el
delineamiento del objeto con relación a la realidad empírica, facilitando la apertura,
ampliación y profundización de la comunicación (Minayo, 2005;
 Cada pregunta de la guía debe formar parte del delineamiento del objeto, de forma que
todos los tópicos en conjunto se encaminen para darle forma y contenido y contribuyan
a enfatizar las relevancias previstas en el proyecto (punto de vista del investigador) y
las de los informantes (punto de vista de los entrevistados) (Minayo, 2005.
Algunos investigadores acostumbran a hacer un pre-test de las guías, imitando de cierta
manera los pre-test de cuestionarios o, frecuentemente, aportando preguntas más precisas a los
propios cuestionarios, en los casos de investigaciones por triangulación de métodos. En el caso de
adoptarlo, el pre-test en investigación cualitativa consiste en la realización de entrevistas con
algunos interlocutores clave, lo que contribuye a dar mayor claridad y precisión al listado de temas
y los aspectos a ser conversados durante el trabajo de campo. Aún tomando todos esos cuidados
iniciales, la guía de investigación cualitativa puede y debe ser modificada durante el proceso

119
interactivo, cuando el investigador percibe que determinados temas, no previstos, están siendo
planteados por sus interlocutores, presentándose con una elevada significancia para estos últimos.
Una pregunta que frecuentemente surge sobre el uso de la guía en campo es sobre la
cientificidad de este tipo de trabajo de campo que no sigue las regularidades de respuestas, como
en el caso de los cuestionarios. La respuesta es que el investigador que trabaja con abordaje
cualitativo no puede olvidarse nunca que no estudia una sumatoria de relatos. Eso significa que la
praxis comprensiva puede hasta utilizar criterios numéricos (número de entrevistas), pero no
necesariamente será éste el definidor de relevancias, muchas veces esclarecidas por el habla de
apenas uno o de unos pocos interlocutores. En esos casos, la unidad de significación no está
compuesta por la suma de las respuestas de cada individuo para formar una relevancia estadística,
sino que se construye por significados que conforman una lógica propia del grupo o aún, sus
múltiples lógicas. Por lo tanto, las modificaciones de la guía en campo necesitan ser debidamente
acompañadas, constituyéndose en un proceso reflexivo permanente del investigador.
 Guía para grupo focal – La construcción de la guía para la realización de la entrevista en grupo
tiene por lo menos dos condiciones imprescindibles: ser lo suficientemente provocadora para
permitir un debate entusiasta y participativo; y promover condiciones de profundización, que
hagan juicio a lo que se pretende con esta técnica. Diversos medios pueden ser usados: (a) la
formulación de una pregunta central acompañada de algunos ítems que, durante la aplicación
de la técnica, puedan ayudar a conducir el tema rumbo a la focalización; (b) la elección de un
audiovisual, por ejemplo, una pequeña parte de un film, abriendo una discusión libre, en un
primer momento, y luego direccionada por preguntas o comentarios del investigador, a partir
de las hablas; (c) la elaboración, por parte del investigador, de un texto episódico que
provoque y focalice la discusión, entre otros.
De la misma forma que los anteriores, los instrumentos para el debate en los grupos
focales necesitan ser delineados. Se puede, por ejemplo, decidir que los temas de discusión y la
dinámica adecuada serán elegidos luego de la realización de las entrevistas. O, por el contrario, el
investigador opta por establecer de antemano el contenido y la forma del debate para que los
grupos focales se procesen pari passu con otras técnicas de abordaje. Es posible también que el
investigador elija las discusiones en grupo como el instrumento principal de abordaje de la
investigación. De allí que el contenido de los grupos de estudio va a variar de acuerdo a sus
objetivos: (a) puede tener un papel complementario, dando énfasis a algunos aspectos
considerados relevantes para la profundización de las entrevistas; (b) puede repetir las preguntas
de la guía permitiendo que el investigador perciba cómo el tema es tratado de un modo diferente
en una entrevista o en la interacción grupal; (c) puede merecer una profundización sucesiva, en
diferentes sesiones, tomando un carácter sustantivo en la dinámica de la investigación. En este
último caso, los grupos focales se constituyen en instrumentos únicos o privilegiados de la
investigación empírica.

120
 Guía de observación participante - Antes de la elaboración de una guía para el trabajo de
campo, es necesario que los investigadores decidan: ¿qué observar? ¿Será una observación
libre o tendrá una guía específica? ¿Abarcará al conjunto del espacio y del tiempo previsto
para el trabajo de campo o se limitará a instantes o a aspectos de la realidad, dando énfasis a
determinados elementos en la interacción?
Se denomina observación descriptiva a lo que se realiza de forma totalmente libre, aunque
el investigador de campo deba estar siempre focalizado en lo que constituye su objeto de estudio.
Generalmente, en los casos de investigaciones multicéntricas, o realizadas al mismo tiempo en
diferentes lugares por varios investigadores, se preparan y se detallan algunos puntos a ser
observados. A eso se le llama observación dirigida. En ese caso, los tópicos necesitan ser
formulados teniendo en cuenta los temas que constituyen el objeto de la investigación y partir de
algunos elementos exploratorios de la realidad empírica.
De acuerdo con los objetivos de la investigación, se debe establecer la forma y el
contenido de esa actividad fundamental en el abordaje cualitativo, aunque en el proceso de la
investigación se perciba la necesidad de realizar cambios. Toda la observación debe ser registrada
por un instrumento que se convenciona en llamar DIARIO DE CAMPO. En ese cuaderno, el
investigador debe anotar todas las informaciones que no sean el registro de las entrevistas
formales. O sea, observaciones sobre conversaciones informales, comportamientos, ceremonias,
fiestas, instituciones, gestos, expresiones que se refieran al tema de la investigación. Habla,
comportamientos, creencias, hábitos, usos, costumbres, celebraciones e instituciones componen el
5
marco de las representaciones sociales .
En un texto clásico de orientación para antropólogos, Malinowski (1975, 1984) da algunas
pistas importantes para la realización de la observación, considerándola uno de los elementos más
fundamentales de la investigación etnográfica. Advierte sobre la necesidad de observar los
imponderables de la vida social: “toda la estructura de la sociedad está incorporada en el más
evasivo de todos los materiales, el ser humano” (Malinowski, 1975, p.40). Traduciendo lo que
Malinowski denomina estructura de la constitución del grupo, los imponderables de la vida social y
el espíritu nativo, diría que es preciso estar atento a: (a) cómo los procesos investigados se
organizan en la práctica y cómo funcionan; (b) cuáles son las incongruencias entre lo dicho al
investigador en las entrevistas y en los grupos focales y lo hecho; (c) cómo se procesan las
relaciones jerárquicas, las relaciones entre pares y entre opuestos; (d) cuáles son los símbolos y
señales significativos para la investigación, que están siendo emitidos y naturalizados en el
cotidiano en observación.
Guía de análisis documental – Bachelard (1978), en Epistemología advierte sobre el hecho
de que los textos no hablan por sí solos, ellos responden a interrogantes de los investigadores. En
la preparación de la investigación es preciso decidir qué documentos enumerar y de qué tipo:

5
Los términos empleados aquí genéricamente como entrevista, observación participante, representaciones sociales, trabajo
de campo, están conceptualizados y problematizados en el tercer capítulo de este estudio.

121
escritos, visuales, audiovisuales y otros. Qué naturaleza de informaciones son las que interesan,
por ejemplo, datos oficiales; registro de los procesos en análisis; informes de evaluación y de
autoevaluación sobre etapas y desarrollo del trabajo; historias del cotidiano; presupuestos;
materiales de divulgación y propaganda; comunicaciones entre diferentes actores, son algunos de
los que eventualmente podrían ser de interés para que el investigador procure.
En síntesis, muchos problemas pueden ocurrir en las guías elaboradas para la
investigación cualitativa, cuando salen del ambiente académico y ganan espacio como mediadores
de la interacción del entrevistador con el entrevistado. Por esa razón, es preferible tratarlos siempre
como dispositivos destinados a orientar la conducción de una entrevista o de la observación
participante. La investigación cualitativa requiere, como actitudes fundamentales, la apertura, la
flexibilidad, la capacidad de observación y de interacción con el grupo de investigadores y con los
actores sociales involucrados. Sus instrumentos suelen ser fácilmente corregidos y readaptados
durante el proceso del trabajo de campo, apuntando a las finalidades de la investigación. Por otro
lado, la flexibilidad que se exige al investigador cualitativo en la elaboración y re-elaboración de los
instrumentos nunca debe ser confundida con improvisación o descuido. Tener que improvisar por
falta de preparación puede poner en riesgo todo el esfuerzo teórico que debe acompañar a cada
paso, la realización de una investigación.

Exploración de Campo
Antes de iniciar el trabajo de campo propiamente dicho, es de fundamental importancia
precederlo de una etapa exploratoria que contemple las siguientes actividades: (a) elección del
espacio de la investigación; (b) elección del grupo de investigación; (c) establecimiento de los
criterios de muestreo; (d) establecimiento de las estrategias de entrada en campo.
El espacio de la investigación - debe corresponder al delineamento del objeto teórico.
Cuando la investigación cualitativa es empírica (y no sólo documental), el investigador precisa
dedicarle tiempo a los criterios de elección de los lugares o del lugar donde se realizará, haciendo
antes una incursión por diferentes ambientes, buscando justificar la selección del espacio. Esa
elección implica varios elementos: criterios lógicos, interacción, conveniencia y contactos que
aseguren el éxito del trabajo. En el caso de la investigación documental, es necesario también que
se establezcan criterios y que se justifique por qué el investigador optó por tales fuentes y no por
otras.
Muestreo en investigación cualitativa merece comentarios especiales. Envuelve problemas
de elección del grupo: ¿a quién entrevistar, a quién observar y qué observar, qué discutir y con
quién discutir? En un abordaje cuantitativo, definida la población, se busca un criterio de
representatividad numérico que posibilite la generalización de los conceptos teóricos que se quiere
testear. En una búsqueda cualitativa el investigador debe preocuparse menos por la generalización
y más por la profundización, la abarcabilidad y la diversidad en el proceso de comprensión, sea de
un grupo social, de una organización, de una institución, de una política o de una representación.

122
Su criterio, por lo tanto, no es numérico, aunque casi siempre el investigador precise justificar la
delimitación de las personas entrevistadas, la dimensión y la delimitación del espacio. Se puede
considerar que una muestra cualitativa ideal es la que refleja la totalidad de las múltiples
dimensiones del objeto de estudio.
El proceso de definición del muestreo cualitativo debe tener en cuenta los siguientes
criterios: (a) invertir en instrumentos que permitan la comprensión de diferenciaciones internas y de
homogeneidades; (b) asegurar que la elección del locus y del grupo de observación e información
contengan al conjunto de las experiencias y expresiones que se pretende objetivar en la
investigación; (c) privilegiar a los sujetos sociales que tengan los atributos que el investigador
pretende conocer; (d) definir claramente el grupo social más relevante, o sea, aquel sobre el cual
recae la pregunta central de la investigación. Centralizar en él el foco de las entrevistas, de los
grupos focales y de la observación; (e) dar atención a todos los otros grupos que interactúan con el
del foco principal, buscando comprender el papel de cada uno en sus interacciones; (f) trabajar en
un proceso de inclusión progresiva de los descubrimientos del campo, confrontándolos con las
teorías que demarcan el objeto; (g) nunca despreciar informaciones singulares y no repetidas, cuyo
potencial explicativo terminan siendo importantes para descubrir la lógica interna del grupo; (h)
considerar un número suficiente de interlocutores para permitir reincidencia y complementariedad
de las informaciones; (i) cerciorarse de que el marco empírico de la investigación esté mapeado y
comprendido; (j) siempre que sea posible, prever una triangulación de técnicas y hasta de
métodos, o sea, en lugar de restringirse a tan sólo una fuente de datos, multiplicar los intentos de
aproximación.
El dimensionamiento de la cantidad de entrevistas, grupos focales y otras técnicas debe
seguir el criterio de saturación. Por criterio de saturación se entiende, el conocimiento formado por
el investigador, en el campo, al conseguir comprender la lógica interna del grupo o de la
colectividad en estudio. Sin embargo, provisoriamente el investigador puede y debe prever una
sumatoria de entrevistas y de otras técnicas de abordaje para ser luego referenciadas en campo,
en la medida en que consiga el entendimiento de las homogeneidades, de la diversidad y de la
intensidad de las informaciones necesarias para su trabajo.
Tomando como ejemplo una investigación de Evaluación Cualitativa de la Atención a la
Infancia, abarcada por el Programa Salud de la Familia en una comunidad, diría que la muestra
tiene que abarcar todos los actores que componen el programa, pero su foco se constituye en las
familias con niños y niñas cuya franja etária se incluye en el objeto de investigación. Dentro de ese
grupo, es importante cubrir todas las categorías sociales que están bajo la influencia del programa.
Es necesario aún incluir informaciones sobre el programa en actividad, los profesionales y agentes
de salud responsables de la aplicación de la política. Y, por último, sería muy elucidativo abordar a
otras personas relacionadas con la cuestión, contrastando la actuación y las terapias, como
farmacéuticos, curanderos y rezadoras. Muchos actores sociales importantes suelen ser
descubiertos en el transcurso de la investigación y se debe promover su progresiva inclusión en el

123
muestreo. Ciertamente el número de personas es menos importante que el empeño en visualizar la
cuestión bajo diferentes perspectivas y puntos de vista. La validez de la muestra está en su
potencialidad de objetivar el objeto empíricamente, en todas sus dimensiones.
Estrategias de entrada en campo – La entrada en campo debe prever los detalles del
primer impacto de la investigación. O sea, el proceso de cómo describirla a los interlocutores
merece una preparación, cómo los investigadores se presentan, ante quién se presentan y a través
de quién. Merece un cuidado especial el establecimiento de los primeros contactos, qué debe
ocurrir antes de las idas al campo para proceder a las entrevistas y a las observaciones.
Frecuentemente, los primeros contactos brindan la posibilidad de iniciar una red de relaciones,
realizar las correcciones iniciales de los instrumentos de colecta de datos y producir una agenda y
un cronograma de actividades posteriores.
La Fase Exploratoria termina formalmente con la entrada en campo, aunque, como ya ha
sido repetido en diversas oportunidades, las etapas se interpenetran y el esfuerzo de delinear ese
comienzo de camino tiene sentido por la necesidad de referenciar tanto la teoría, como la práctica.
Tal vez la insistencia en la disciplina y en el método de construcción teórica e instrumental pueda
parecer demasiado énfasis puesto en los procedimientos. Sin embargo, esos apuntes prácticos
ayudan a evitar una serie de malos entendidos que generalmente ocurren entre los investigadores
que usan métodos cuantitativos, los que trabajan con abordajes cualitativos y de estos últimos
entre sí.
La experiencia muestra que existen muchos resultados de investigación que denotan
claramente un cierto menosprecio por las referencias teóricas como si la verdad se evidenciara en
la realidad empírica. O por el contrario, es posible encontrar con frecuencia, un claro desdén por el
trabajo de campo como si la teoría fuese fruto de la especulación y lo que se piensa sobre lo real
reflejara la imagen de lo que es pensado.
En ese movimiento de distinción y de intercesión de las etapas de investigación, enfatizo
que es imprescindible cuidar cada procedimiento de construcción del proyecto de investigación. Sin
embargo, también subrayo, que el investigador precisa trabajar con libertad e inteligencia para
reconocer las diferentes técnicas como guías y ejemplos, para ser capaz de crear otras o prescindir
de ellas, cuando se transforman en obstáculos, recordando siempre que investigar es una labor
científica y no sólo un tecnicismo. La dialéctica entre técnica y creatividad es el condimento de la
buena investigación.

124
Parte IV
Trabajo de campo: teoría, estrategias y técnicas

“La investigación de campo, desde donde comienza toda carrera


etnológica, es madre y nodriza de la duda, actitud filosófica por
excelencia. Esa duda antropológica no consiste sólo en saber que
no se sabe nada, sino en exponer decididamente lo que se creía
saber y la propia ignorancia, a los insultos y a los desmentidos que
infligen ideas y hábitos muy apreciados, a aquellos que pueden
contradecirlos en el más alto grado. Al contrario de lo que la
apariencia sugiere, es a través de su método más estrictamente
filosófico que la etnología se distingue de la sociología.” (Lévi-
Strauss, 1975, p.220).

Lévi-Strauss (1975) hace la afirmación en epígrafe a partir de una consideración de


Merleau-Ponty (1975) según el cual: “Cada vez que el cientista social retorna a las fuentes vivas de
su saber, a aquello que actúa en él como medio de comprender las formaciones culturales más
apartadas de sí, hace filosofía espontáneamente.” (Merleau-Ponty, 1975, p.222).
Entiendo por Campo, en la investigación cualitativa, el recorte espacial que se refiere a la
abarcabilidad, en términos empíricos, del recorte teórico correspondiente al objeto de la
investigación. Por ejemplo, cuando trato de entender las concepciones de salud y enfermedad de
determinado grupo social; cuando busco comprender la relación pedagógica entre médico y
paciente o el impacto de determinada política de salud en una población específica, cada uno de
esos temas corresponde a un campo empírico determinado. La investigación social trabaja con
gente y con sus creaciones, comprendiéndolos como actores sociales relacionados, grupos
específicos o perspectivas, productos y exposición de acciones, en el caso de documentos. Los
sujetos/objetos de investigación, en primer lugar, son construidos teóricamente en tanto
componentes del objeto de estudio. En el campo, forman parte de una relación de intersubjetividad,
de interacción social con el investigador, dando como resultado un producto comprensivo que no
es la realidad concreta sino un descubrimiento construido con todas las disposiciones en manos
del investigador: sus hipótesis y supuestos teóricos, su marco conceptual y metodológico, sus
interacciones en campo, sus entrevistas y observaciones, sus interrelaciones con los pares.
El trabajo de campo se constituye en una etapa esencial de la investigación cualitativa, que
en rigor no podría ser pensada sin él. Se opone (complementariamente o no) a los “surveys” que
traen los sujetos al laboratorio del investigador, mantiene con ellos una relación estructurada,
según Malinowski “un excelente esqueleto al cual le faltan carne y sangre” (1975, p.36). En la
investigación cualitativa, la interacción entre el investigador y los sujetos investigados es esencial.
Todo el empeño es invertido en que “el cuerpo y la sangre de la vida real compongan el esqueleto
de las construcciones abstractas” (Malinowski, 1975, p.37).

125
Las operaciones mentales derivadas de las actitudes y prácticas de integración en el
campo de la investigación, según Lévi-Strauss, ayudan al investigador a confrontar con su objeto
de forma directa, promoviendo un tipo de ciencia especial: “sociología de carne y hueso que
muestra a los hombres comprometidos con su propio devenir histórico e instalados en su espacio
geográfico concreto” (1975, p.212). Este mismo autor se explaya, de forma radical, refiriéndose a la
afirmación de Marcel Mauss sobre la súplica y el don, temas de sus estudios antropológicos: “No
es la súplica o el don lo que importa entender, lo que cuenta es el melanesio de tal o cual isla.
Contra el teórico, el observador debe tener siempre la última palabra; y contra el observador, el
indígena” (1975, p.211).
Por su importancia, el trabajo de campo debe ser realizado a partir de referenciales
teóricos y también de aspectos operacionales. O sea, no se puede pensar en un trabajo de campo
neutro. La forma de realizarlo revela las preocupaciones científicas de los investigadores que
seleccionan tanto los hechos a ser observados, recolectados y comprendidos como el modo de
recogerlos. Ese cuidado lleva a evidenciar, una vez más, que el campo de la investigación social
no es transparente y tanto el investigador como sus interlocutores y observados interfieren
dinámicamente en el conocimiento de la realidad.
En esta parte del libro, abarcaré los siguientes temas: En el primer capítulo analizaré (1) la
palabra como símbolo de comunicación por excelencia (materia prima esencial para las
entrevistas); (2) las interacciones sociales en campo (objeto de las observaciones) y (3) el
concepto de Representaciones Sociales como categoría central para el estudio de documentos,
observaciones y análisis del habla. En el segundo capítulo presentaré las principales técnicas de
abordaje empírico (1) la entrevista en sus diversas modalidades y como la estrategia más
importante de colecta de informaciones cualitativas; (2) los grupos focales como estrategia para la
expresión de ideas en la construcción de consensos y disensos; (3) la observación participante
como estrategia fundamental para la comprensión de las prácticas y de los imponderables de la
vida social; y algunas otras técnicas derivadas de las primeras.

126
Capítulo IX
Palabra, interacciones y representaciones sociales

La palabra como símbolo de comunicación por excelencia

Lo que torna al trabajo interaccional un instrumento privilegiado de colecta de


informaciones para las ciencias sociales, es la posibilidad que tiene el habla de ser reveladora de
condiciones estructurales, de sistemas de valores, normas y símbolos (siendo ella misma uno de
ellos) y, al mismo tiempo, tener la magia de transmitir, a través de un portavoz, las
representaciones grupales, en condiciones históricas, socio-económicas y culturales específicas.
Varios estudiosos señalan al habla como la forma de comunicación más privilegiada para
la sociedad humana, por la posibilidad de contener la experiencia, permitir el entendimiento
intersubjetivo y social y, por su densidad, constituirse en sí misma en hecho social: “en el principio
era el verbo” dice la Biblia, evidenciando que la humanidad nace con el habla que, al mismo
tiempo, crea la comunidad y se refleja sobre sus condiciones, posibilidades, sueños y deseos.
Bakhtin, uno de los más importantes estudiosos del lenguaje en el siglo XX dice: “la palabra es el
modo más puro y sensible de relación social”:
Existe una parte muy importante de la comunicación ideológica que no puede ser
vinculada a una esfera ideológica particular: se trata de la comunicación de la vida
cotidiana. El material privilegiado de comunicación en la vida cotidiana es la
palabra (Bakhtin, 1986, p.36).

En cualquier sociedad, al mismo tiempo en que el habla aproxima, acarrea contradicciones


siendo por eso un mecanismo de intransparencia también, como señala Habermas (1980; 1987).
Bakhtin (1986) considera la palabra (en el sentido de habla) como el fenómeno ideológico por
excelencia, por su carácter histórico y social que la torna un campo de expresión de las relaciones
y de los conflictos. Reflexionando sobre cómo el habla sufre los efectos de los conflictos y sirve de
instrumento y de material para la comunicación, dice: “La palabra es la arena donde se confrontan
valores sociales contradictorios” (Bakhtin, 1986, p.14). A través de la comunicación verbal – que es
inseparable de otras formas de comunicación – las personas “reflejan y refractan” conflictos y
contradicciones propias de los sistemas sociales y políticos y de sus formas de dominación, donde
la resistencia está dialécticamente relacionada con la sumisión de las personas en la vida
cotidiana. “Cada época y cada grupo social tienen su repertorio de formas de discurso, marcado
por las relaciones de producción y por la estructura socio-política” (Bakhtin, 1986, p.64).
Al discutir la teoría de la práctica de investigación, Bourdieu (1972) contribuye con una
reflexión esclarecedora, en respuesta a un cuestionamiento frecuente de los que hacen
investigación social y, particularmente, utilizan entrevistas no-estructuradas: ¿En qué sentido el
habla de uno es representativa del habla de muchos? Bourdieu responde a partir de su experiencia

127
con entrevistas y con observación participante, en diversas investigaciones, siendo notable en su
importante trabajo etnográfico Travail et travailleurs en Algérie (Bourdieu, 1964). Según el autor, la
identidad de condiciones de existencia tiende a reproducir sistemas de disposiciones semejantes,
por medio de un tipo de armonización o cristalización objetiva de prácticas y obras que se repiten
en usos y costumbres:
Todos los miembros del mismo grupo o de la misma clase son productos de condiciones
objetivas idénticas. De allí la posibilidad de ejercer en el análisis de la práctica social, el
efecto de universalización y de particularización, en la medida en que ellos se homogenizan,
distinguiéndose de los otros. (Bourdieu, 1972, p.180).

Al teorizar sobre la práctica de la investigación de campo, Bourdieu afirma que las conductas
habituales de la vida se prestan al descifrado, aunque parezcan automáticas e impersonales. Ellas
son significantes, aún sin intención de significar, y expresan una realidad objetiva que “exige sólo la
reactivación de la intención vivida por aquellos que las cumplen” (1972, p.180):
Cada agente, aunque no sepa o que no quiera, es productor y reproductor del sentido
objetivo, porque sus acciones son el producto de un modo de actuar del cual él no es el
productor inmediato, ni tiene el dominio completo. (Bourdieu, 1972, p.182).

Las ideas de Bourdieu van al encuentro de los frecuentes interrogantes sobre la cuestión de
la representatividad en investigación cualitativa. Ellas se expresan en el esquema teórico creado
por él, denominado “habitus”:
Un sistema de disposiciones durables y transferibles que integran todas las experiencias
pasadas y funciona, en todo momento, como matriz de preocupaciones, apreciaciones y
acciones. El ‘habitus’ hace posible el cumplimiento de tareas infinitamente diferenciadas,
gracias a las transferencias analógicas de esquemas que permiten resolver los problemas,
de la misma forma, gracias a las correcciones incesantes de los resultados obtenidos y,
dialécticamente, producidos por estos resultados (1972, p.178).

El autor compara el “habitus” con el inconsciente: “Es como el inconsciente de la historia que
la historia produce, incorporando las estructuras objetivas producidas por ese inconsciente, en esta
casi naturaleza que es el habitus” (Bourdieu, 1972, p.179). Bourdieu usa diversas metáforas para
explicar lo que denomina habitus, buscando dar objetividad a la discusión sobre la subjetividad:
sería una especie de ley inmanente depositada en cada actor social desde la primera infancia, a
partir de su lugar en la estructura social; se refiere a marcas de las posiciones y situaciones de
clase que permanecen y se reactualizan en el cotidiano; constituye una mediación universalizante
que proporciona a las prácticas de un agente singular, sin razones explícitas y sin intención
significante, su sentido, su razón y su organicidad. Por lo tanto, concluye:
Las relaciones interpersonales en una investigación nunca son tan sólo relaciones de
individuos y la verdad de la interacción no reside por entero en la interacción. Es la posición
presente y pasada en la estructura social que los individuos traen consigo en forma de
‘habitus’ todo el tiempo y en todo lugar, que marca la relación (Bourdieu, 1972, p.184).

128
El renombrado lingüista Sapir (1967) concuerda con Bourdieu, cuando afirma que “el
individuo es un portador pasivo de tradiciones”. Sin embargo, él mismo relativiza su expresión, al
definir en términos más dinámicos su comprensión del significado del sujeto en el contexto
lingüístico: “El individuo concretiza, bajo mil formas posibles, ideas y modos de comportamientos
implícitamente inherentes a las estructuras o a las tradiciones de una sociedad determinada”
(Sapir, 1967, p.89). Refiriéndose al proceso de entrevista acrecienta:
Si un testimonio individual es grabado o comunicado, esto no quiere decir que se considera
tal individuo precioso en sí mismo. Esa entidad adulta y singular es tomada como muestra de
la continuidad (1967, p.90).

La representatividad del grupo en el habla del individuo, por lo tanto, ocurre porque tanto el
comportamiento social como el individual obedece a modelos culturales interiorizados, aunque las
expresiones personales presenten siempre variaciones en conflicto con las tradiciones. En ese
mismo sentido, Goldmann señala que la conciencia colectiva (de clase) “sólo existe en las
consciencias individuales, aunque no sea la suma de ellas” (Sapir, 1967, p.18) y Lukács (1974)
afirma que en las consciencias individuales se expresa la conciencia colectiva, pues el
pensamiento individual se integra en el conjunto de la vida social a partir del análisis de la función
histórica de las clases sociales.
Gadamer (1999) hace una ponderación interesante, reflexionando sobre esa dialéctica que
envuelve expresiones de individuos y sociedad, cuando dice que ni el sujeto se agota en el habla o
en la coyuntura en la que vive, ni su acción y su pensamiento son meros frutos de su voluntad,
personalidad y deseo. Pero es indudable, señala, el hecho de que cada individualidad sea una
manifestación del vivir total: es preciso buscar aquello que hay en común en el grupo y lo que hay
de específico del discurso individual.
La cuestión de la representatividad cualitativa ofrece también otras preguntas como la
siguiente: ¿en qué condiciones los individuos representan y en qué medida el individuo habla por sí
mismo? En otras palabras, los individuos en sus representaciones sociales ¿son aleatoriamente
intercambiables?
Sí y no, sería la respuesta verdadera. Porque al mismo tiempo en que los modelos
culturales interiorizados son revelados en una entrevista, por ejemplo, ellos reflejan el carácter
histórico más general y específico de un grupo, como será tratado en el capítulo de las
representaciones sociales. De esta forma, los relatos provenientes de las diversas modalidades de
interacción tienen que ser contextualizados: de forma histórica y sociológica, dentro de un análisis
de clase o de segmentos sociales, de etnia (si fuera el caso), de género y por grupos etários. Esas
cuatro referencias (clase o segmento, género, franja etária y etnia) constituyen hoy los parámetros
para cualquier tipo de mirada sobre la complejidad de la realidad social, debiendo ser
complementados por variables como profesión, religión, filiación política u otras, en cada caso
específico de investigación. Así, cada actor social se caracteriza por su participación, en su tiempo

129
histórico, en un cierto número de grupos sociales, informa sobre la cultura y sobre una “subcultura”
que le es específica y tiene relaciones diferenciadas con la cultura dominante de su tiempo.
Pero, como afirma Schutz (1964), cada actor social experimenta y conoce el hecho social
de forma peculiar. Es la constelación de las diferentes informaciones individuales vivenciadas en
común por un grupo que permite componer el marco global de las estructuras de relevancia y de
las relaciones, donde lo más importante no es la suma de los elementos, sino la comprensión de
los modelos culturales y de la particularidad de las determinaciones.
La comprensión del individuo como representativo tiene, por lo tanto, que ser completada
con variables propias, tanto de la especificidad histórica, como de los determinantes de las
relaciones sociales. Y, también necesita ser entendida en el contexto del propio grupo o de la
comunidad, objetos de la investigación, como una diversificación que posibilite la comprensión del
objeto de estudio. El peso de cada individuo (representante de categorías sociales, políticas, de
liderazgos, de organizaciones, de grupos con compromisos específicos, de segmentos
descomprometidos con el status quo, por ejemplo) necesita ser teóricamente pensado y
problematizado en la preparación de la investigación y debidamente tratado y testeado en campo.
Para la composición del estudio, los grupos y las categorías diferenciados constituyen el “corpus”
específico para el análisis, conteniendo elementos comunes y peculiares en relación a la totalidad
social en análisis.

Interacción entre investigador y actores sociales en el campo

En las relaciones entre el investigador y el grupo social investigado, las observaciones


críticas de las Ciencias Sociales alcanzan dos niveles de cuestiones, ambas dando relevancia al
carácter problemático de la interacción. Por un lado, existen diversas teorías que enfatizan la
situación de desigualdad en que la entrevista se procesa, llevando a los críticos a establecer las
relaciones entre investigador/investigado como formas de dominación y de carácter
“reproductivista”. Por otro, como contrapunto a ese primer grupo de críticas, hay otros estudiosos
que resaltan, desde el punto de vista cultural, la interacción de investigación como algo
intrínsecamente conflictivo, pero vivenciado dentro de un clima de libertad y no de necesidad. Por
eso, consideran que tanto investigadores como investigados son responsables por el producto de
sus relaciones y que la calidad de la revelación y de la comprensión social depende de ambos.
La premisa básica de la reflexión, en ambos casos, es que la interacción humana en una
situación de entrevista, por ejemplo, no es simplemente un trabajo de colecta de datos, sino
siempre una relación en la cual las informaciones dadas por los sujetos pueden ser profundamente
afectadas por la naturaleza de ese encuentro.
Los autores que defienden la relación en campo como una expresión de dominación,
entienden la situación de entrevista como:

130
 un intercambio desigual entre los actores sociales. Eso sucede, justifican, bajo diferentes
ángulos: no es el entrevistado que toma la iniciativa; los objetivos reales de la investigación
generalmente le son extraños; su chance de tomar la iniciativa en relación al tema es poca;
es el investigador que dirige, controla y orienta lo que va a ser dicho y concede la palabra,
aún cuando intenta hacer sentir cómodo al interlocutor. La actitud simpática y benévola del
estudioso minimiza el impacto, pero no anula la situación de desigualdad entre los
interlocutores. Aún en las llamadas “investigación participante” e “investigación-acción”
esas cuestiones se plantearían, aunque de forma menos vehemente;
 la investigación social sería prisionera de la división social del trabajo de la sociedad
capitalista, por medio de la cual, el investigador, en posición institucional de poder, se
atribuye la labor del cuestionamiento de los otros, de la sociedad y de sí mismo. Dentro de
esa visión, el sujeto/objeto (el entrevistado) produciría un material que sería ulteriormente
explotado por sus dominadores (en el caso, los investigadores). Por ejemplo esa es la
opinión de Kandel (1972): “Los investigados se deparan con marcos objetivos de referencia
que la mayoría de las veces le son extraños. La reciprocidad cuando existe (derecho de
interrogar al interrogador) es otorgada” (Kandel, 1972, p.25).

El grupo que relativiza y critica al círculo cerrado de la reflexión reproductivista argumenta que
si una investigación empírica se incluye en los esquemas de dominación de clases, materializado
en el papel de los intelectuales, esa situación no puede ser recortada de un contexto social de la
sociedad en general. Por lo tanto, particularizar la situación de investigación como dominación no
promueve ninguna consecuencia práctica a no ser la de provocar una parálisis científica. En
segundo lugar, esos sociólogos de la ciencia argumentan que es posible realizar investigaciones
con objetivos sociales claros, estratégicos, volcados hacia comprender mejor los problemas,
mejorar los servicios, evaluar programas de intervención social y otros.
En la historia de la investigación social en Brasil, han existido ejemplos reales de vivencia
de esos dilemas. Es el caso de un investigador que dio por terminado su trabajo en la colecta de
relatos, pues, a su modo de ver, los grupos investigados, y no él, tendrían poder para producir su
propio análisis. O, aún, hasta hoy son comunes las expresiones de resistencia a recibir
investigadores o a responder cuestionarios por parte de grupos específicos, alimentados por una
ideología basista vehiculada por intelectuales, verbalizando que no quieren ser explotados o que
sólo colaboran a cambio de dinero.
Los investigadores sociales necesitan tener en cuenta que, realmente, la práctica de la
investigación social empírica se realiza en un contexto contradictorio, donde se reproducen formas
de asimetría social, pues los intelectuales tienen acceso a determinados bienes reales y simbólicos
de los cuales gran parte de la población está excluida. Reconocer eso no significa tener que dejar
de hacer investigación, pues los mecanismos de desigualdad y de asimetría en la sociedad son

131
mucho más amplios y problemáticos y están presentes en todas las relaciones. Es preciso, sin
embargo, plantearse a sí mismos con más claridad, el sentido de las investigaciones, sobre todo,
los investigadores del área de la salud, volcándolas hacia la solución de problemas de la población.
Igualmente, es preciso enfatizar los medios y propuestas, a partir de los cuales las informaciones
dadas, las situaciones creadas y el peso de las alianzas reflejen además los intereses de los
entrevistados.
La posición radical de la sociología que ve en la investigación tan sólo la manifestación y la
reproducción del poder es paralizante y tan mecánica y poco dialéctica como el empirismo
positivista que desconoce las condiciones reales de producción del conocimiento. Por lo tanto, la
asimetría en las posiciones del entrevistador/entrevistado tiene que ser comprendida y asumida
críticamente en todo el proceso de construcción del saber. El impacto resultante del pertenecer a
otra clase, que se concretiza en experiencias socioculturales conflictivas, es un dato condicionante
de las investigaciones sociales en general y mucho más visible en la investigación de campo, junto
con todos los otros factores (por ejemplo, la cuestión del sexo del investigador para abordar
determinados asuntos) que acompañan cualquier etapa.
Algunos autores se sumergen en las situaciones de campo con una preocupación
intrínseca al propio acto de investigar, produciendo un tipo de epistemología sobre las condiciones
de la producción del conocimiento social. Son, en general, antropólogos que, a partir de su
experiencia empírica y de las dificultades encontradas, tanto en la observación como en las
entrevistas, ponen en evidencia la precariedad del concepto filosófico de verdad científica.
Muestran las dificultades de inserción en el mundo del “otro” y problematizan la supuesta
objetividad en las situaciones de investigación. Evidencian que la realidad social es un mundo de
luces y sombras donde todos los actores involucrados revelan y esconden sus secretos grupales.
En lugar del carácter pasivo que las teorías reproductivistas y positivistas, bajo puntos de vista
diferentes, confieren a los entrevistados, estos autores (comprensivistas, interaccionistas
simbólicos y fenomenologistas) los comprenden como parte de un movimiento activo durante todo
el proceso de contacto con el investigador.
Como ejemplo de este tipo de estudiosos, Goffman (1959; 1961; 1975; 1975a) y Berreman
(1975) elaboraron una reflexión rica, plástica y cargada de detalles con relación al intercambio
entre investigador/investigado. Ambos usan la imagen del teatro, para mostrar que ese par de
opuestos constituye, simultáneamente, actores y público en el montaje de un espectáculo singular:
su interrelación es mediada por códigos culturales específicos y por intereses particulares que
ambos intentan preservar y proyectar.
Con respecto a la relación del entrevistador con sus informantes, Goffman dice:
Frecuentemente descubrimos una división entre la región interior, donde la representación de
una rutina es preparada; y la región exterior, donde la representación es presentada. El
acceso a esas regiones es controlado, a fin de impedir que la platea vea los bastidores y que
los extraños tengan acceso a una representación que no se dirige a ellos (1959, p.238).

132
Las palabras de Goffman, que toman cuerpo en varios de sus estudios sobre instituciones
totales y estigmas, son corroboradas por la reflexión de Berreman (1975) con relación a las
dificultades de acceso a la información en su investigación etnográfica en una comunidad
Himalaya. El título de su estudio es muy sugestivo: Por detrás de muchas máscaras. Berrenan
escribió sobre el tema, partiendo del principio que su experiencia de intentar entender una
comunidad cerrada y segmentada en castas, dueña de códigos culturales rígidos y herméticos,
salvadas las debidas peculiaridades, podría ser universalizada y compartida con otros
investigadores en situación de trabajo de campo.
Berreman (1975) socializa su experiencia, describiéndola con imágenes. Llama de “región
interior” a la parte íntima de la vivencia de una comunidad. Esa región puede ser más amplia o más
restringida, dice él, pero cualquier grupo guarda sus secretos, su lado oficial y tiene su estrategia
comportamental de todos los días. Tal cohesión interna ocurre porque, aunque internamente un
grupo vivencie muchas diferencias y conflictos, su existencia depende de un cierto grado de
consenso, familiaridad y solidariedad que implica compartir significados, secretos, zonas prohibidas
y lo que puede o no puede ser dicho. En el mismo sentido de Berrenan, es elucidativa el habla de
Goffman, cuando afirma que hay pocas actividades o relaciones cotidianas en las cuales los
actores no se involucren en prácticas ocultas e incompatibles con las impresiones que buscan
causar.
A causa de esa contingencia de la región interior, en cualquier situación de trabajo de
campo existirá siempre un juego escénico entre el investigador que entra en contacto y el habla y
los comportamientos de sus interlocutores. Estos últimos siempre pretenden mantener en sigilo su
“región interior”, (término usado por Berreman, 1975) o tener “control de las impresiones”
(expresión usada por Goffman, 1959) que provoca. Ese control es un aspecto básico e inherente a
la interacción. Por eso, es importante que todo investigador social sepa que ningún grupo dirá
totalmente la verdad sobre su realidad social. Siempre existirá el “control de las impresiones” y la
guarda sobre la “región interior”.
Berreman (1975) insiste que ambos actores de la investigación
(entrevistador/entrevistado), en una situación de interacción, aunque breve, actúan juzgando los
motivos y atributos unos de otros, definiendo la situación circundante y la imagen que les conviene
proyectar. De esta forma, cada uno de los dos actores sabe lo que debe revelar y lo que desea
ocultar: “Cada uno intenta dar al otro la impresión de lo que mejor sirve a sus intereses, tal como
los ve” (Berreman, 1975, p.141).
Mientras, el investigador es evaluado académicamente por sus pares por su capacidad de
penetrar en la “región interior” de sus interlocutores u observados, los entrevistados son evaluados
por la perspicacia de preservar, a los ojos y oídos extraños, los bastidores del grupo. Los
informantes juzgan positivamente a los investigadores que asumen la actitud de respeto en
relación a los secretos de su grupo. Ningún actor, en ese juego de oposiciones entre

133
investigador/investigado consigue el éxito absoluto, dado que ni todo queda oculto, ni todo es
develado. Goffman señala:
Dada la fragilidad y la necesaria incoherencia de la realidad que es dramatizada por el
desempeño individual, existen habitualmente hechos que determinan o inutilizan la
impresión que el individuo intenta dar (1959, p.142).

Esas reflexiones traen algunas consecuencias prácticas para la situación de interacción. La


primera es la necesidad de reforzar la observación sobre la cohesión y los conflictos de los grupos,
independientemente de las entrevistas formales. Cuanto más cohesivo es un grupo, ofrece un
lugar, un papel y una fuente de apoyo moral mayor a sus miembros, de forma tal que tenderán a
protegerse mutuamente en las dudas y en las culpas. Por el contrario, en situaciones de muchos
conflictos, contradicciones y de cohesión grupal amenazada es más fácil quebrar el cerco de la
“región interior”. Los momentos de contienda, de transición y de dudas son semilleros fértiles para
informaciones sobre determinada colectividad.
Aún en las situaciones de cohesión grupal, toda colectividad posee algunos interlocutores
privilegiados que, frecuentemente, por su respetabilidad y sabiduría, o por el contrario, por su
situación límite, están por encima de las convenciones, pudiendo quebrar los cercos del “control de
las impresiones”.
Goffman, continuando con la imagen del teatro, comenta que:
Un compañero destituido es siempre pasible de tornarse un renegado y vender a la platea
los secretos de la obra que sus hermanos de ayer aún representan. Cada papel tiene sus
sacerdotes destituidos de sus vestiduras para contarnos lo que sucede en el monasterio
(1959, p.164).

Generalmente, cualquier grupo está atento a los que considera que pueden develar su
región interior y cuida de vigilar a los individuos sospechados de hablar demasiado. Esa vigilancia
es siempre pasible de burla, pues, cuando un tema es prohibido, es allí donde alguna
comunicación conspiratoria suele ser develada de manera de no levantar sospechas. Las
revelaciones de bastidores generalmente son hechas por personas no-miembros o, de alguna
forma, no incluidas y en conflicto con el colectivo. Hay situaciones donde el propio investigador es
elegido como confidente y, de esta forma, pasa a integrar la “región interior”, bajo la condición de
no revelar lo que le fue relatado. Sin embargo, cuando eso sucede, su status cambia de mero
investigador a miembro del grupo a quien le debe lealtad, por lo menos momentáneamente.
Berreman (1975), a partir de su experiencia, acuñó el término “riesgo de desempeño”, para
denominar la situación de los individuos pasibles de romper la capa interior. Él nomina algunas
categorías (niños, borrachos, mujeres y viejos) que, dentro de su universo de investigación, se
presentaron de ese modo. Generalizando su hallazgo, se puede decir que en cualquier sociedad
existe siempre el peligro de que los individuos en situación límite o en conflicto dentro de las
instituciones, revelen los bastidores y sean tomados en serio por la platea, dice Barnett (1953),

134
resaltando que los miembros rebeldes o insatisfechos de una sociedad son informantes
privilegiados.
Los que oponen mayor resistencia a correr la cortina de los datos son, generalmente,
adultos comprometidos con la gestión y el desempeño del grupo. En la experiencia de Berreman
(1975), los informantes más difíciles de abrirse fueron los hombres de 35 a 55 años de edad. En la
sociedad estudiada por él, los hombres intentaban permanecer dentro del discurso y de la imagen
oficial y aún censuraban el habla de sus esposas, hijos más jóvenes y sobre los ancianos. Tal vez
en contextos diferentes, un investigador clasificara otros tipos como más resistentes o más
abiertos, pero continúa siendo elucidativo el principio a que Berreman llama “compromiso con la
producción del desempeño”:
Sugeriría que generalmente es verdadero que los informantes más resistentes a los asuntos
que no sean de la línea oficial, o del desempeño de la región exterior, son aquellos que
tienen la mayor responsabilidad por la producción del desempeño, por lo tanto el mayor
compromiso con su éxito (Berreman, 1975, p.172).

El investigador Dean (1954) llegó a hacer una caracterización de los tipos sociales que
aparecen en las situaciones de investigación. Como toda clasificación, ésta es esquemática, pero
ayuda a considerar los bastidores de las interacciones:
 el intruso, alguien de afuera o de otra clase que está en el grupo, a partir de otro referencial y,
por lo tanto, no es confiable;
 el novato, que se sorprende con detalles, resultándole extrañas algunas cosas que para otros
serían consideradas como banales;
 el status nuevo, que por estar en una etapa de transición de roles, (sobre todo de poder) se
encuentra marcado por tensiones y recelos con relación a la nueva experiencia;
 el natural, que posee una reflexión bastante elaborada de la realidad y consigue expresarla con
vivacidad.
 el ingenuo, que no se reprime. Abre las cortinas del bastidor (de la región interior) con gran
facilidad porque no percibe las repercusiones de sus actos;
 el frustrado o revoltoso, que se siente bloqueado en sus impulsos y deseos por la sociedad de
la que es parte;
 los de afuera o marginales, que están ausentes del juego y de los intereses del esquema
oficial, pero saben de las cosas. Por estar alejados del desempeño, se sienten libres para
criticar a los involucrados en el poder;
 los carentes, que sienten la necesidad de pegarse al entrevistador y se consideran importantes
por ayudarlos;
 el “subordinado” que, por adaptarse siempre a los superiores, conoce los secretos y las
transgresiones (Dean, 1954, p.222-256).

135
Sintetizando la descripción de los procesos y sentidos de la interacción que se establece
en campo para la producción del conocimiento empírico, presento las observaciones de Berreman
(1975): (a) el control de las impresiones constituye un aspecto inherente a cualquier interacción
social; (b) cualquier investigación social empírica competente debe tener en cuenta el desempeño
del investigador (unión de la observación con la entrevista formal) y lo que resulta de allí, o sea, los
esfuerzos puestos en su producción y en las situaciones de bastidores que el grupo oculta; (c)
tanto la visión oficial transmitida (la región exterior) como los secretos de bastidores (región interior)
son componentes esenciales de la realidad; (d) la relación entre el mundo interior y exterior tanto
del investigador como de sus informantes, y su producción de significados constituyen materiales
imprescindibles para la propia investigación.
Las contribuciones de Berreman (1975) y Goffman (1959) permiten dar respuesta a las
preguntas planteadas inicialmente y, también, cumplen el rol de dejar medianamente en claro la
cuestión del involucramiento de la subjetividad de los investigadores y de sus interlocutores en la
construcción de la “verdad” científica, de forma relevante en la investigación social. Como señala
Bachelard (1978), todo conocimiento es un conocimiento aproximado. A esa sentencia es preciso
acrecentar que todo conocimiento es un conocimiento situado en el tiempo, dentro de la
especificidad histórica y de la especificidad de las relaciones sociales que lo permean y lo
condicionan: es el conocimiento posible. Sin embargo, es necesario resaltar, una vez más, que ese
conocimiento posible es a su vez la “verdad posible”, aunque provisoria, en la medida en que fue
producida por un buen trabajo preparatorio y de campo, potencializado por teorías, estrategias e
instrumentos que lo tornan más y mejor objetivado, permitiendo dar relevancia a la lógica interna
de determinado grupo, institución o colectividad.

Representaciones sociales

 Representaciones sociales como concepto

Representaciones Sociales es una expresión filosófica que significa la reproducción de una


percepción anterior de la realidad o del contenido del pensamiento. En las Ciencias Sociales, son
definidas como categorías de pensamiento, de acción y de sentimiento que expresan la realidad,
explicándola, justificándola o cuestionándola. Las percepciones son consideradas de forma
consensuada, por todas las corrientes de pensamiento, como parte de la construcción de la
realidad. En este texto, abordo las contribuciones de los autores clásicos sobre el mundo de las
ideas y su significado en el conjunto de las relaciones sociales, tomando el pensamiento de
Durkheim (1978) y sus seguidores, de Weber (1985), de la escuela fenomenológica representada
por Schutz (1979 y de Marx & Engels (1984) y de los marxistas que discuten cuestiones de
subjetividad.

136
Desde el punto de vista sociológico, Durkheim es el autor que primero trató el concepto de
representaciones sociales, usando el término representaciones colectivas para referirse a
categorías de pensamiento a través de las cuales una determinada sociedad elabora y expresa su
realidad. Durkheim afirma que esas categorías no son dadas a priori y no son universales en la
conciencia, sino que surgen ligadas a los hechos sociales, transformándose, ellas mismas, en
hechos sociales pasibles de observación y de interpretación. La observación revela, según él, que
las representaciones sociales son un grupo de fenómenos reales, dotados de propiedades
específicas y que se comportan también de forma específica.
En la concepción de Durkheim (1978), es la sociedad la que piensa, por lo tanto las
representaciones no son necesariamente conscientes del punto de vista individual. Así, por un
lado, ellas conservan siempre la marca de la realidad social donde nacen, pero, también, poseen
vida independiente y se reproducen teniendo como causas otras representaciones y no sólo la
estructura social.
Aunque reconozca como base de las representaciones lo que denomina substrato social,
Durkheim demuestra la autonomía relativa del concepto. Según él, algunas representaciones, más
que otras, ejercen sobre una sociedad específica, una peculiar coerción para que sus miembros
actúen en un determinado sentido. Entre las representaciones más importantes y universales,
Durkheim destaca la religión y la moral, así como las categorías de espacio, tiempo y personalidad,
consideradas por él como representaciones sociales e históricas.
El propio autor escribe:
Las Representaciones Colectivas traducen la forma cómo el grupo se piensa en sus
relaciones con los objetos que lo afectan. Para comprender cómo la sociedad se representa
a sí misma y al mundo que la rodea, precisamos considerar la naturaleza de la sociedad y
no la de los individuos. Los símbolos con que ella se piensa cambian de acuerdo a su
naturaleza [...] Si ella acepta o condena ciertos modos de conducta, es porque entran en
choque o no con algunos de sus sentimientos fundamentales, sentimientos estos que
pertenecen a su constitución (Durkheim, 1978, p.79).

Por lo tanto, para Durkheim, no existen representaciones falsas, todas responden a las
necesidades de la existencia humana de diferentes formas y en condiciones dadas. Son símbolos
a través de los cuales:
Es preciso saber alcanzar la realidad que el símbolo representa y que le da su verdadera
significación. Esos símbolos constituyen el objeto de estudio tanto como las estructuras y las
instituciones: todos se refieren a maneras de actuar, pensar y sentir, exteriores al individuo y
dotados de un poder coercitivo en virtud del cual se les impone (Durkheim,1978, p.88).

Las representaciones colectivas, para Durkheim, de la misma forma que las instituciones y
las estructuras, contienen las dos características específicas del hecho social: (a) exterioridad en
relación a las consciencias individuales; (b) ejercen acción coercitiva sobre las consciencias
individuales o son susceptibles de ejercer esa coerción.

137
Con el propósito de reafirmar siempre la objetividad con que debe actuar el investigador,
Durkheim intentó eximir el análisis de cualquier hecho social y, por lo tanto, también a las
representaciones sociales de las implicancias derivadas del involucramiento humano, al decir que
el método sociológico: (a) debe estar exento de cualquier filosofía; (b) debe ser objetivo, o sea, los
hechos son cosas y como tales deben ser tratados; (c) los hechos sociales son exclusivamente
sociológicos. De esta forma, la noción de especificidad de la realidad social es de tal modo
necesaria al investigador, que sólo una cultura específicamente sociológica puede comprender los
hechos sociales.
Las ideas de Durkheim sobre Representaciones Sociales son compartidas por una serie de
estudiosos. Bohannan (1964), en un breve ensayo sobre la conciencia colectiva y la cultura, nota
que los términos “conciencia” y “representaciones colectivas” usados por Durkheim recubren el
mismo campo que la noción de cultura para antropólogos tales como Malinowski (1975; 1975a;
1984). Para Bohannan: “La conciencia colectiva es el idioma cultural de la acción social [...] es la
totalidad de las representaciones colectivas de acuerdo con sus manifestaciones en las relaciones
sociales.” (1964, p.77).
Mauss (1979) también ofrece una relevante contribución sobre la discusión del tema,
mostrando que la sociedad se expresa simbólicamente en sus costumbres e instituciones a través
del lenguaje, del arte, de la ciencia, de la religión, como también de las reglas familiares, de las
relaciones económicas y políticas. Por lo tanto, para él, es objeto de las ciencias sociales tanto la
cosa, el hecho, como su representación. El autor, sin embargo, advierte sobre la diferenciación
entre esos dos niveles, considerando el riesgo de reducir la realidad a la concepción que los
hombres hacen de ella.
La visión de objetividad positivista de las representaciones sociales ha sido duramente
criticada por varias corrientes al interior de las ciencias sociales. Para los estudiosos de la
Sociología Comprensiva y del abordaje Fenomenológico, el aspecto más problemático de la teoría
positivista sobre las representaciones se refiere al poder de coerción atribuido a la sociedad sobre
los individuos, de forma casi absoluta. Para los marxistas, la visión durkheimiana elimina el
pluralismo fundamental de la realidad social, en particular las luchas y antagonismos de clase, en
la medida en que no distingue las diferenciaciones internas de las representaciones propiciadas
por la posición del sujeto en el modo de producción.
La Sociología Comprensiva, representada por Max Weber y por la Fenomenología
Sociológica de Schutz hace una relevante contribución sobre la discusión del tema de las
Representaciones.
Los términos principales que Max Weber (1985) usa para referirse al campo teórico de las
Representaciones Sociales son “ideas”, “espíritu”, “concepciones”, “mentalidad”, todos ellos
articulados y ensamblados por la noción de “visión del mundo”. Para Weber, la vida social, que
consiste en la conducta cotidiana de los individuos, está cargada de significación cultural. Esa

138
significación es dada por la acción social que se expresa tanto en la base material como en la
expresión de ideas, dentro de una adaptación, donde ambas se condicionan mutuamente.
Según Weber, las ideas son juicios de valor que los individuos dotados de voluntad poseen.
Por lo tanto, las concepciones sobre lo real tienen una dinámica propia y pueden presentar tanta
importancia cuanto la base material en la cual los fundamentos de la sociedad se asientan. Es a
partir de estos dos términos, base material y eficacia de las ideas en relación a afinidad electiva
(Weber, 1985, p. 81) que analiza la historia del avance del capitalismo en el mundo occidental. Por
un lado, Weber afirma que el capitalismo educa y crea a sus miembros por la selección económica
(empresarios y trabajadores). Por otro, demuestra cómo las ideas de (a) trabajo como virtud
máxima y como vocación; (b) prosperidad como bendición divina y (c) lucro como factor legítimo de
las relaciones económicas contribuyeron para hacer avanzar al capitalismo, tanto o más que la
acumulación primitiva, tratada por (Marx, 1973) como precondición del desarrollo de las fuerzas
productivas:
En referencia a la doctrina del más ingenuo materialismo histórico, de que las ideas se
originan como ‘un reflejo’ o como ‘superestructuras’ de situaciones económicas, solamente
podemos opinar con mayor detalle en este caso [de la ética protestante en relación al
avance del capitalismo], que la relación casual es inversa de la sugerida por el punto de vista
materialista (Weber, 1985, p.35).

A partir de la tesis de la recíproca influencia entre los fundamentos materiales, las formas de
organización político-social y el contenido de las ideas, Weber (1985) teoriza sobre cierta
autonomía del mundo de las representaciones y la posibilidad concreta de estudiar la eficacia
histórica de las ideas. No obstante, al afirmar esa cierta autonomía, él no descarta la posibilidad
empírica de que, en determinados momentos, lo económico sea el factor dominante y que, en
otros, puedan ser aún elementos de otro nivel, los que más influyen en la formación social. Por
eso, durante la Primera Guerra Mundial, Weber hizo la siguiente declaración:
No son las ideas, sino los intereses materiales e ideales que gobiernan directamente la
conducta del hombre. Muy frecuentemente, sin embargo, las ‘imágenes mundiales’ que
fueron creadas por las ‘ideas’ determinaron como conductores, las líneas a lo largo de las
cuales la acción fue impulsada por la dinámica de los intereses materiales (Weber, 1985,
p.83).

Su pensamiento vívido y complejo, intentó desmontar los mecanicismos imperantes en su


tiempo, según los cuales siempre existe la determinación de la base material en la historia social.
Sus escritos alertan teórica y metodológicamente sobre la necesidad de conocer y de comprender
históricamente, en cada caso, cuáles son los factores que contribuyen a configurar determinado
hecho o acción social, como es resumido en las conclusiones de La Ética Protestante y el Espíritu
del Capitalismo:
Aquí se trató el hecho y la dirección en apenas uno, si bien que importante punto de sus
motivos. Sería importante investigar más adelante, la forma por la cual la ascesis protestante
fue a su vez influenciada en su desarrollo y carácter por la totalidad de las condiciones
sociales, especialmente por las económicas. Esto porque, si bien el hombre moderno es

139
incapaz de evaluar el significado de cuánto las ideas religiosas influenciaron la cultura y los
caracteres nacionales, no se puede pensar en sustituir una interpretación materialista
unilateral por una igualmente estrecha interpretación causal de la cultura y de la historia
(Weber, 1985, p.132).

Así, Weber advierte, por un lado, sobre la importancia de investigar las ideas como parte de
la realidad social, y por otro, la necesidad de comprender a qué instancias de lo social un
determinado hecho debe su mayor significancia. Sin embargo, la base de su raciocinio es que, en
cualquier caso, la acción humana es significativa y así debe ser investigada.
Usando el concepto de “visión del mundo”, el autor trata el tema de las concepciones
abarcativas y unitarias, generalmente elaboradas por los grupos dominantes de determinada
sociedad. Cita, como ejemplo, el hecho de que: “El enriquecimiento como fin obligatorio del hombre
para la gloria de Dios, traído por la ética protestante, contradice el sentido ético de épocas
históricas enteras y anteriores a la actual” (1985, p.72). Weber se refiere en esta frase a la lucha de
los clérigos protestantes por incluir en la sociedad del siglo XVIII las ideas de prosperidad material,
en contrapunto con la idea igualmente fuerte de trabajar por el Reino del Cielo, proveniente de la
hegemonía de la iglesia católica, apostólica y romana. Weber demostró que históricamente, la
práctica de la religión católica impedía la expansión del capitalismo. Este autor evidenció en sus
estudios clásicos que la nueva experiencia religiosa del protestantismo europeo y americano
(nueva visión del mundo) tuvo que proponer concepciones abarcativas y alternativas en el modo de
encarar las relaciones entre Dios y los hombres, el tiempo, el espacio, el trabajo, la división del
trabajo, la riqueza, el sexo y los roles sociales.
En síntesis, Weber, junto con Durkheim, remite a la importancia de la comprensión de las
ideas y de su eficacia en la configuración de la sociedad y ambos advierten sobre el estudio
empírico de los desarrollos históricos. Sin embargo, Weber avanza en relación a lo que Durkheim
(1978) propuso, introduciendo la historia como constructora de especificidades y de
determinaciones. Por eso, su contribución sobre la eficacia de las ideas es excepcional y
fundamental.
En la misma senda de la sociología comprensiva, la fenomenología sociológica de Schutz
(1964; 1971; 1979; 1982; 1987) también aporta una gran contribución para pensar las
Representaciones Sociales, sobre todo para la operacionalización de ese concepto en la
investigación social cualitativa.
La sociología de Schutz tiene por objeto el mundo del día a día, ofreciendo elementos para la
comprensión de los supuestos de las estructuras significativas de la cotidianidad. Para él, la
comprensión del mundo se da a partir de un stock de experiencias personales y de otros, o sea, de
compañeros, predecesores, contemporáneos, socios y sucesores. Schutz (1982) usa la noción de
“sentido común” para hablar de las representaciones sociales. Para el autor el sentido común es
construido a través de la interpretación de los hechos del día a día. Por lo tanto, la existencia
cotidiana, según Schutz, es dotada de significados y portadora de estructuras de relevancia para

140
los grupos sociales que viven, piensan y actúan en determinado contexto social. Esos significados,
que pueden ser objeto de estudio de los cientistas sociales, son seleccionados por los grupos y
colectividades por medio de construcciones mentales, de “representaciones del sentido común”
(Schutz & Luckmann, 1973). Así el mundo del día a día es entendido como un tejido de
significados, constituido por las acciones humanas. El teorema clásico de Thomas & Znaniecki,
según quienes “si los hombres definen situaciones como reales, ellas son reales en sus
consecuencias” resume el pensamiento fenomenológico:
Los hombres responden no sólo a los aspectos físicos de una situación, sino también y a
veces, primariamente al sentido que esta situación tiene para ellos. Dado que ellos le
atribuyen algún sentido a la situación, su comportamiento subsiguiente y algunas de las
consecuencias de este comportamiento son determinados por este sentido anteriormente
atribuido (1963, p.197).

En verdad, Thomas & Znaniecki (1963) le confieren al sentido atribuido a la acción por parte
del sujeto, el mismo nivel de coerción que Durkheim (1978) le atribuye a las representaciones
sociales que emanan del colectivo.
Una tercera corriente en la interpretación del papel de las representaciones sociales proviene
de la dialéctica marxista. Si en la totalidad de sus escritos Marx & Engels (1984) hablan de la
relación entre las ideas y la base material, se puede decir que La Ideología Alemana (Marx &
Engels, 1984) es una explanación clásica sobre el tema. En este texto, los autores discuten el
papel de las representaciones focalizado en el análisis de las ideologías. Marx & Engels, discurren
en primer término sobre lo que los filósofos de su tiempo consideraban “las quimeras, las ideas, los
dogmas, las ilusiones” (1984, p.21), producidos y reproducidos por la mente humana o por la
conciencia. Para los filósofos con quienes Marx & Engels dialogan, los cambios de la sociedad
provendrían de la sustitución de las “falsas representaciones” por pensamientos correspondientes
a la esencia del ser humano.
Marx & Engels (1984) son profundamente críticos con relación a lo que denominan “fantasías
inocentes y pueriles de la filosofía alemana neo-hegeliana” (1984, p.22) y, a partir de esa crítica,
elaboran y discuten su teoría sobre las ideologías y que corresponden en este texto al tema de las
Representaciones Sociales. Los autores plantean como principio básico del “pensamiento” y de la
“conciencia”, un determinado modo de vida de los individuos, condicionado por el modo de
producción de su vida material:
Determinados individuos, que, como productores actúan también de forma determinada,
establecen entre sí relaciones sociales y políticas determinadas. [...] Por lo tanto, la
producción de las ideas, de las representaciones, de la conciencia está, desde un inicio,
directamente entrelazada con la actividad material y con el intercambio material entre los
hombres, como el lenguaje de la vida real. El representar, el pensar, el intercambio espiritual
de los hombres aparece aquí como la emanación directa de su comportamiento material. [...]
Los hombres son productores de sus representaciones y de sus ideas, pero los hombres
reales, activos, como tal se encuentran condicionados por un determinado desarrollo de sus
fuerzas productivas y por el intercambio correspondiente (Marx & Engels, 1984, p.35-44).

141
La categoría clave, en Marx & Engels (1984), para tratar el campo de las ideas es dada por
la noción de conciencia. Para ellos, las representaciones, las ideas y los pensamientos son el
contenido de la conciencia que a su vez es determinada por la base material:
No es la conciencia que determina la vida, es la vida que determina la conciencia. [...] La
conciencia es desde el inicio un producto social: ella es mera conciencia del medio sensible
más próximo, es la conexión con otras personas y cosas fuera del individuo. [...] La
conciencia jamás puede ser otra cosa que el hombre consciente y el ser de los hombres es
su proceso de vida real (1984, p.43-45).

Aún dando supremacía a la vida material, Marx & Engels (1984), en todos sus escritos
trabajan la relación dialéctica de esa base con la producción simbólica: “las circunstancias hacen a
los hombres, pero los hombres hacen a las circunstancias” (1984, p.45). En este sentido,
relativizan el determinismo mecánico de la base material sobre la conciencia, advirtiendo sobre las
contradicciones existentes entre las fuerzas de producción, el estado social y las ideas. Para esos
autores, la manifestación de la conciencia se hace a través del lenguaje: Ella nace de la carencia,
de la necesidad de intercambio con los otros hombres: el lenguaje es la conciencia real, práctica,
que existe para los otros y existe también para uno mismo (1984, p.43).
En La Ideología Alemana, Marx & Engels hacen un paralelo entre conciencia y lenguaje,
entre representaciones y lo que denominan “real invertido”, mostrando cómo las ideas están
comprometidas con las condiciones de clase:
Las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas dominantes; o sea, la clase
que es la fuerza material dominante de nuestra sociedad, es al mismo tiempo su fuerza
espiritual dominante. De allí que, las ideas de aquellos a los que les faltan los medios de
producción material están sometidas a las clases dominantes. Las ideas dominantes son
nada más que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, planteadas como
ideas generales, comunes y universales de todos los miembros de la sociedad (1984, p.47).

Otros dos autores marxistas hicieron una gran contribución en la construcción del campo de
las representaciones sociales: Gramsci (1981) y Lukács (1974). Gramsci aborda el tema de las
representaciones, de forma muy específica, cuando trata el sentido común y el buen sentido en
tanto categorías fundamentales para la construcción del concepto de hegemonía, término esencial
en el discurso de su teoría política. Ese autor da relevancia a la cuestión pedagógica de la
transformación social a través de la formación política. El autor comenta que, en sus Escritos, Marx
se preocupó por el sentido común y por la solidez de las creencias de las masas, pero no para
referirse a su valor potencial de cambio. Por el contrario, quería advertir sobre la solidez de esas
creencias, particularmente de la religión, en tanto productoras de normas de conducta y de
conformismo.
Gramsci rebate las teorías mecanicistas del “determinismo económico de base material
sobre las ideas” y desarrolla el concepto de bloque histórico a través del cual enuncia su visión
sobre las relaciones entre la base material y las ideas:
Las fuerzas materiales son el contenido y las ideologías son la forma, siendo que esta
distinción entre el contenido y la forma es puramente didáctica, ya que las fuerzas materiales

142
no serían históricamente concebibles sin forma y las ideologías serían fantasías individuales
sin las fuerzas materiales (Gramsci, 1981, p.63).

Para este autor, el sentido común en tanto materia prima, tiene un potencial transformador.
Aún como pensamiento fragmentario y contradictorio, el sentido común debe ser tenido en cuenta,
comprendido, evaluado y recuperado críticamente, dado que corresponde espontáneamente a las
condiciones reales de vida de la población. Por eso, Gramsci (1981) hace una crítica radical al
preconcepto racionalista contra el pueblo y contra sus usos y costumbres en diversas partes de su
obra. Evidencia, por ejemplo, en sus escritos, que todas las clases y estratos sociales tienen su
sentido común como un conjunto de ideas vehiculadas en el cotidiano y es con ese conjunto de
ideas que la vida es levada:
Por la misma concepción del mundo pertenecemos siempre a un determinado grupo,
precisamente al de todos los elementos sociales que comparten un mismo modo de pensar
y actuar. Somos conformistas de algún conformismo, somos siempre hombres-masa u
hombres-colectivos (Gramsci, 1981, p.12).

Volcada hacia la reflexión sobre el campo político y la práctica pedagógica, la descripción


que Gramsci hace de la conciencia de ese “hombre-masa” (todos los participantes de una
sociedad) resalta, por un lado, los elementos de incoherencia y conservadurismo que la habitan,
pero, por otro, enaltece sus posibilidades y signos de cambios:
Nuestra propia personalidad está compuesta de una forma bizarra: en ella se encuentran
elementos de los hombres de la caverna y principios de la ciencia más moderna y
progresista; preconceptos de todas las etapas históricas pasadas, groseramente localistas e,
intuiciones de una futura filosofía que será propia del género humano mundialmente
unificado (Gramsci,1981, p.12).
¿Lo subalterno es tan sólo simple ‘paciente’, simple cosa, simple irresponsabilidad? No,
por cierto. ¿En qué reside exactamente el valor de lo que se suele llamar ‘sentido común’ o
‘buen sentido’? No sólo el hecho de que, aunque implícitamente, el sentido común emplea el
principio de la causalidad, pero en el hecho mucho más limitado de que, en una serie de
juicios, el sentido común identifica la causa exacta, simple, inmediata, no dejándose desviar
por fantasmagorías y obscuridades metafísicas, pseudometafísicas y pseudoprofundas
(Gramsci, 1981, p.35).

Haciendo una síntesis de la contribución de Gramsci sobre el concepto de Representaciones


Sociales, pueden ser evidenciados cuatro aspectos importantes: (a) en primer lugar, el autor
advierte sobre el carácter de conformismo y de ilusión contenido en ellas y sobre la abarcabilidad
de ese conformismo que incluye a todas las clases sociales. (b) En segundo lugar, Gramsci (1981)
supera la idea de que el “sentido común” sea algo negativo e inherente a la ignorancia de las
masas. (c) En tercer lugar, el autor enaltece los aspectos dinámicos de las representaciones que
pueden ser generadores de cambios, al mismo tiempo en que coexisten con el conservadorismo
propio de la repetición cotidiana de las ideas y de los comportamientos que acaban por conformar
la cultura; (d) por último, el autor valoriza el entrelazamiento de las diferentes concepciones del

143
mundo y de las representaciones sociales en las interacciones, en las contradicciones de clases y
en las expresiones de cualquier grupo social en determinada época histórica:
La concepción del mundo de una época no es la filosofía de este o de aquel filósofo, de este
o de aquel grupo de intelectuales, de esta o de aquella gran fracción de las masas
populares: es una combinación de todos estos elementos, culminando en una determinada
dirección, en la cual, su culminación se torna norma de acción colectiva, o sea, se torna
historia completa y concreta (Gramsci, 1981, p.32).

Esta última afirmación de Gramsci (1981) remite a la comprensión de las Representaciones


Sociales como una combinación específica de las ideas de las clases dominantes y de las
concepciones de los grupos subalternos, en una relación de dominación, subordinación y
resistencia entre los dos polos de forma constante.
Lukács (1974) profundiza el tema de las Representaciones en Marx & Engels, a través de la
noción de visión del mundo, término que también fue utilizado por Weber. Según Lukács, la visión
del mundo no es un dato empírico inmediato, sino un instrumento conceptual de trabajo,
indispensable para comprender las expresiones inmediatas del pensamiento de los individuos. Su
importancia y realidad también se manifiestan en el plano empírico. Es el principal aspecto
concreto del fenómeno de la conciencia colectiva (término estructurante de la teoría de Durkheim,
1978). Según Lukács, la “visión del mundo” es precisamente “ese conjunto de aspiraciones, de
sentimientos y de ideas que reúnen los miembros de un grupo (más frecuentemente, de una clase
social) y las oponen a los otros grupos” (1974, p.60). Pero, en este sentido, Lukács (1974) se
diferencia de Weber (1974; 1985), que concibe la noción de visión del mundo como una especie de
código colectivo de una sociedad, pero no entra en el mérito de las diferenciaciones culturales
entre estratos y posiciones sociales.
Refrendando el principio de la determinación de la base material sobre las ideas, Lukács
(1974) dice que las clases sociales están vinculadas por un fundamento económico que tiene una
importancia primordial para la vida ideológica de los seres humanos, simplemente porque ellos son
obligados a dedicar la mayor parte de sus preocupaciones y de sus actividades para garantizar la
existencia, y cuando se trata de las clases dominantes, la conservación de privilegios, la gerencia y
el aumento de su fortuna.
Lukács (1967; 1974), haciendo eco de los diferentes autores ya citados, concuerda que en
las consciencias individuales se expresa la conciencia colectiva (de clase) y advierte sobre el
hecho de que el fundamento científico del concepto de “visión del mundo”, aprehendido a través
del individuo, es la integración de ese pensamiento individual en el conjunto de la vida social, en
especial por el análisis de la función histórica de las clases sociales.
Al resumir los principales aspectos de la contribución de la Escuela Marxista a la discusión
del tema, se puede decir que los pensadores aquí citados colocan como denominador común de la
ideología, de las ideas, de los pensamientos, de la conciencia, de las representaciones sociales, la
base material. Pero su contribución principal es introducir, en el análisis, la condición de clase. El

144
marxismo, independientemente de la contribución de cada autor, considera que la clase dominante
tiene sus ideas elaboradas en sistemas que se configuran como ideología, moral, filosofía,
metafísica y religión. Sin embargo, las clases subalternas también poseen ideas y
representaciones que reflejan sus intereses, aunque siempre en una condición de subordinación.
Por lo tanto, todas las representaciones sociales son visiones sobre la realidad, marcadas por las
contradicciones debidas al lugar que los diferentes actores ocupan en el modo de producción. Es
eso lo que define la especificidad de las relaciones, de las condiciones sociales y de las
representaciones.
Para Marx & Engels (1984), las representaciones están vinculadas a la práctica social.
Junto con Durkheim, creen en la anterioridad de la vida social en relación a las representaciones.
Pero, mientras para Durkheim, la sociedad es la “síntesis de las consciencias”, para Marx, la
conciencia emana de las relaciones sociales contradictorias entre las clases y puede ser captada
empíricamente como producto de la base material, “en los individuos determinados, bajo
condiciones determinadas”. El propio Durkheim insiste en marcar su diferencia con las teorías
marxistas cuando habla respecto de la religión:
Es preciso abstenerse de ver en la teoría de las Representaciones un simple
rejuvenecimiento del materialismo histórico. No pretendemos decir, mostrando en la religión
una cosa esencialmente social, que ella se limita a traducir, en uno u otro lenguaje, las
formas materiales de la sociedad y sus necesidades inmediatas y vitales. La conciencia
colectiva es algo más que un simple epifenómeno de su base morfológica. Ella es una
síntesis ‘sui generis’ de las consciencias particulares. Esta síntesis tiene como efecto
producir todo un mundo de sentimientos, de ideas, de imágenes, que una vez nacidos
obedecen a las leyes que les son propias. Se atraen y se repelen, se segmentan sin que
todas estas combinaciones sean directamente comandadas por el estado de la realidad
subyacente (1978, p.227).

Con relación a Weber, la teoría de Marx & Engels sobre las Representaciones Sociales se
aproxima en lo que concierne al peso de las visiones dominantes:
La nueva clase dominante es obligada, para alcanzar los fines que se propone, a presentar
sus intereses como si fueran los intereses comunes de todos los miembros de la sociedad.
Es obligada a conferir a sus ideas la forma de universalidad y presentarlas como las únicas
racionales, las únicas universalmente válidas (1984, p.74).

Weber (1974; 1985), resalta la necesidad de concepciones del mundo abarcativas, formadas
por categorías de pensamiento y de acción estructurantes, para que determinada sociedad se
mantenga. Sin embargo, mientras sus elaboraciones coinciden en algunos puntos con las de Marx
& Engels, se separan por la propuesta marxista de incluir clase como un concepto estructurante de
lo social, en contraposición al término totalizante “sociedad” usado por Weber.
Con relación al status de las Representaciones Sociales en el conjunto de las relaciones,
Durkheim establece que la vida social causa las ideas; para Weber existe una relación de
adaptación entre ideas y base material; mientras que Marx & Engels consideran la base material
en lugar de las determinaciones.

145
Los tres clásicos concuerdan en la importancia de comprender las representaciones sociales
para entender la realidad social. Para Marx & Engels, las representaciones están adheridas a lo
real. Por lo tanto, el estudio y el análisis de las representaciones deben ocurrir simultáneamente al
análisis de las relaciones sociales de producción en las cuales determinado grupo social se mueve.
Durkheim, reafirmando la importancia de las representaciones, dice que el pensamiento colectivo
debe ser estudiado, tanto en la forma como en el contenido, por sí y en sí mismo, en su
especificidad, pues una representación social, por ser colectiva, ya presenta garantías de
objetividad. Por lo tanto, por más extrañas que puedan parecer, ellas contienen verdades que es
preciso descubrir. Para Weber, las representaciones e ideas tienen una dinámica propia y pueden
tener tanta importancia como la tiene la base material. Deben ser estudiadas en su historicidad.
Para el conjunto de los autores, es en el plano individual que las representaciones sociales
se expresan. Marx & Engels (1984) en la Ideología Alemana hablan de sujetos históricos o de
“individuos determinados”, como portadores de una forma peculiar de relaciones sociales, políticas
y económicas. Durkheim (1978) advierte sobre el hecho de que las ideas colectivas tienden a
individualizarse en los sujetos, tornándose para ellos una fuente autónoma de acción. Y Weber
(1974; 1985) resalta que el individuo, en tanto portador de cultura y de valores socialmente
determinados, es la “constelación singular” que informa sobre la acción social de su grupo,
teniéndose en cuenta que el límite de sus informaciones es su propio valor.
Al terminar esta reflexión, es preciso señalar que en muchos puntos estos autores coinciden,
pero sus divergencias son fundamentales, pues cada una de las teorías sociológicas que
representan, parten de una “visión del mundo” específica. Mientras para Durkheim, las
representaciones sociales ejercen coerción sobre los individuos y la sociedad, para Weber los
individuos son portadores de valores y de cultura que informan sobre la acción social de los
grupos. Marx & Engels consideran junto con Durkheim, que los valores y creencias ejercen un
papel coercitivo sobre “las masas”, pero insisten en el carácter de clase de las representaciones y
en el papel de la lucha de clase que se da en el modo de producción y determina el campo
ideológico. Si para Durkheim, la coerción de las representaciones es de un peso tal que la
sociedad se configura como la “síntesis de las consciencias”, Marx y Engels admiten el papel
liberador de la conciencia de clase, tratándola como motor del cambio al interior de las
contradicciones que atraviesan a la sociedad capitalista.
A partir de los autores clásicos aquí invocados, se puede concluir que la categoría
Representaciones Sociales es central en la práctica de la investigación cualitativa tanto para la
realización de entrevistas como para la observación de campo. Las Representaciones Sociales se
manifiestan en hablas, actitudes y conductas que se institucionalizan y se transforman en
rutinarias, por lo tanto, pueden y deben ser analizadas. Aún sabiendo que el sentido común
traduce un pensamiento fragmentario y se limita a ciertos aspectos de la experiencia existencial
frecuentemente contradictoria, posee grados diversos de claridad y de nitidez en relación a la
realidad, como evidencian Gramsci (1981) y Schutz (1964; 1971; 1979; 1982; 1987). Es fruto de la

146
vivencia de las contradicciones que permean el día a día de las clases sociales y su expresión
marca el entendimiento de ellas con sus pares, sus contrarios y con las instituciones. Con el
sentido común, los actores sociales se mueven, construyen su vida y la explican mediante su stock
de conocimientos.
Pero, más allá de los aspectos mencionados, el sentido común posee núcleos positivos de
transformación y de resistencia en la forma de concebir la realidad. De este modo, tanto el “sentido
común” como el “buen sentido”, para usar expresiones de Gramsci, son sistemas empíricos de
representaciones sociales observables, capaces de revelar la naturaleza contradictoria de la
organización donde los actores sociales están insertos.
Algunas Representaciones Sociales son más abarcativas, pues revelan la visión del mundo
de determinada época. Pero esas mismas ideas abarcativas poseen elementos de conformación,
de transformación, de inconformismo y de proyección hacia el futuro.
Las Representaciones Sociales no son necesariamente conscientes, porque ellas
constituyen la naturalización de modos de hacer, pensar y sentir habituales que se reproducen y se
modifican a partir de las estructuras y de las relaciones colectivas y de grupos. Aún en el caso de
las elaboraciones filosóficas, su contenido refleja ideas, al mismo tiempo que las elites y que las
grandes masas, expresando las contradicciones vividas en el plano de las relaciones sociales de
producción. Por eso mismo, cualquier esquema ideológico contiene elementos de dominación de
clases y de resistencias sociales, de contradicciones y conflictos y de conformismo.
Aunque algunas formas de pensar la sociedad sean abarcativas y resistentes como el
cimiento que mantiene las estructuras y el status quo, cada grupo social hace de la visión
abarcativa una representación particular, de acuerdo con su posición en el conjunto de la sociedad.
Esa representación es portadora también de los intereses y del dinamismo específico de los
grupos y clases sociales.
Por ser al mismo tiempo ilusorias, contradictorias y verdaderas, (en los diversos sentidos
aquí evocados), las representaciones pueden ser consideradas materia prima para el análisis de lo
social y también para la acción pedagógica y política de transformación, pues retratan y refractan la
realidad. No obstante, es importante observar que las Representaciones Sociales no conforman la
realidad y sería otra ilusión tomarlas como verdades científicas, reduciendo el análisis de un
proceso o fenómeno social a la concepción que los actores sociales tienen de él.
Para terminar, cabe reforzar la idea de que la mediación privilegiada para la comprensión
de las representaciones sociales es el lenguaje del sentido común, tomado como forma de
conocimiento y de interacción social más allá de que cualquier otro tipo de manifestación simbólica
deba ser considerada una forma de representación de la realidad (por ejemplo: la forma tradicional
de disposición de los pupitres en un aula, el diseño arquitectónico de un hospital, el organigrama
de una institución). Según Bakhtin, “la palabra es el fenómeno ideológico por excelencia. La
palabra es el modo más puro y sensible de relación social” (1986, p.36). Particularmente cuando se
analiza la comunicación de la vida cotidiana, las palabras son fundamentales. Ellas son tejidas a

147
partir de una multitud de hilos ideológicos y sirven de trama para las relaciones sociales en todos
los dominios. Bakhtin señala que cada época y cada grupo social tienen su repertorio de formas de
discurso, determinado por las relaciones de producción y por la estructura socio-política. Por lo
tanto, la palabra es, al mismo tiempo, una producción histórica y la arena donde se confrontan
intereses contradictorios, sirviendo al mismo tiempo como instrumento y como material de
comprensión de la realidad.

 Representaciones sociales de salud y enfermedad


Desde el inicio del siglo XX, sociólogos y antropólogos hicieron una contribución muy
importante para el sector salud, al demostrar, por medio de estudios empíricos, el hecho de que la
enfermedad, la salud y la muerte no se reducían a una evidencia orgánica, natural, objetiva, sino
que, su vivencia por parte de las personas y por los grupos sociales estaba íntimamente
relacionada con las características de cada sociedad: la enfermedad, más allá de su configuración
biológica es también una realidad construida y el enfermo es un personaje social. Para expresar
esta relación, Latour (2000) habla del híbrido biológico-social.
Al introducir la obra de Mauss (1950), por ejemplo, Lévi-Strauss hizo algunas
consideraciones que se tornaron clásicas referidas al tema aquí tratado. Reflexionando sobre las
vivencias de fenómenos que incluían cambios corporales, este autor señaló que :

148
El esfuerzo irrealizable, el dolor intolerable, el placer y el aborrecimiento son en menor
medida una función de las particularidades individuales que de criterios sancionados por la
aprobación o desaprobación colectivas [...] Frente a las concepciones racistas que quieren
ver en el hombre el producto de su cuerpo, se muestra, por el contrario, que es el hombre,
siempre y en todas partes, que hace de su cuerpo un producto de sus técnicas y de sus
representaciones (Lévy Strauss, 1950, XIII-XIV).

Reflexionando sobre los hallazgos antropológicos de Mauss (1950) sobre tribus


neozelandesas y australianas, Lévi-Strauss muestra que una representación específica tan fuerte y
enraizada en las culturas como la de salud/enfermedad manifiesta poderosamente las
concepciones de una sociedad como un todo. Cada sociedad tiene un discurso sobre
salud/enfermedad y sobre el cuerpo que corresponde a la coherencia o a las contradicciones de su
visión del mundo y de su organización social. De este modo, más allá de ser capaz de crear
explicaciones peculiares sobre los fenómenos del padecimiento y de la muerte, las categorías
salud/enfermedad deben ser consideradas como ventanas abiertas para la comprensión de las
acciones humanas, de las relaciones entre los individuos y la sociedad, de las instituciones y de
sus mecanismos de dirección y control:
En todas las conductas en apariencia aberrantes, los enfermos no hacen sino transcribir un
estado del grupo y tornar manifiestas tales circunstancias. Su posición periférica en relación
con un sistema local no impide que ellos sean parte integrante de un sistema total. Se puede
decir que, para cada sociedad, las conductas normales y las conductas especiales son
complementarias (Lévy-Strauss, 1950, p.XXII).

El comentario de Lévy-Strauss resalta el bello y fuerte texto de Mauss (1950) titulado “L´Idée
de Mort” en el cual ese antropólogo analiza cómo los pueblos neozelandeses y australianos
estudiados por él encaraban las enfermedades y el fallecimiento. La idea de muerte, demuestra
Mauss, a partir de diversos trabajos de campo, es construida y crea un vínculo directo entre lo
físico, lo psicológico y lo moral, conformando una representación social peculiar. Este autor relata
que, en un gran número de sociedades estudiadas por él, el miedo a la muerte, de origen
puramente social y sin ninguna mixtura de factores mórbidos individuales, es capaz de crear
manifestaciones mentales y físicas de padecimiento entre las personas, por razones de conciencia
y de trasgresión de las normas vigentes. Esas personas pasan a relacionarse con su muerte,
aunque en sus cuerpos no haya lesiones aparentes o conocidas que justifiquen el óbito: “Son
casos de muertes causadas brutalmente, en numerosos individuos, pero simplemente por el hecho
de que ellos sabían o creían que iban a morir” (Mauss, 1950, p.313).
Mauss comenta aún, a partir de los hechos observados en esos pueblos, que vio muchos
individuos poseídos repentinamente por enfermedades causadas (según ellos) por hechizo,
encantamiento o por pecado de comisión u omisión. La idea cultural de que sea enfermedad, para
esos grupos, sería la clave para la comprensión de los padecimientos y de los óbitos. Una de esas
ideas es que el individuo que infringe alguna norma o a algún tabú debe morir. En esos casos, el
sujeto que padece o muere no se cree o no se sabe enfermo a no ser por las causas colectivas y

149
sagradas que lo sustentan y que mantiene su comunidad. A partir de sus observaciones en campo,
Marcel Mauss creó el relevante concepto de hecho social total (1950, p.315), según el cual la
expresión de un problema tan fuerte como el padecimiento moviliza lo biológico, lo emocional, las
relaciones y toda la estructura cultural de una comunidad.
La siguiente afirmación de Douglas (1971) va al encuentro de la posición de Lévi-Strauss
(1950) y Mauss (1950):
El cuerpo social limita la forma en la cual el cuerpo físico es percibido. La experiencia física
del cuerpo es siempre modificada por las categorías sociales a través de las cuales es
conocida, sustentando una visión particular de la sociedad (Douglas,1971, p.83).

Por lo tanto, a partir de las ciencias sociales se puede decir que hay un orden de
significaciones culturales más abarcativas que anuncia la mirada dirigida sobre el cuerpo que
padece y que muere. El lenguaje de la enfermedad no es, en primero lugar, lenguaje en relación al
cuerpo, sino el lenguaje que se dirige a la sociedad y a las relaciones sociales de forma histórica.
Sea cual fuere la dinámica efectiva del “estar enfermo”, en el plano de las representaciones, el
individuo juzga su estado, no sólo por las manifestaciones intrínsecas, sino a partir de sus efectos:
él busca en el médico (o en el equivalente a él en cada sociedad) la legitimidad de la definición de
su situación. De esa situación legitimada, él toma las actitudes y comportamientos en relación a su
estado y de este modo se torna enfermo para el otro, o sea, para la sociedad.
Este orden de significaciones culturales sobre salud/enfermedad informa y se refiere: (a) a
la visión del mundo; (b) a las actitudes colectivas frente a la infelicidad dominadora; (c) al pecado
que se personaliza en la enfermedad y significa la ruptura del hombre de los límites establecidos
por las reglas y normas de la sociedad frecuentemente traducidas en códigos morales o religiosos;
(d) al cuerpo enfermo como espacio de debilidades y decadencia, simbolizando el sentimiento de
infelicidad y de alienación, de la finitud y de la precariedad individual y social.
Salud como capital económico y social - El sector salud es considerado actualmente y
en el mundo entero, como un dinamizador de la economía por su capacidad de producción de
bienes y servicios y un campo de generación de nuevos conocimientos y absorción de tecnologías.
Más allá de que la salud represente, en la sociedad contemporánea, un derecho de los ciudadanos
y de la colectividad, por ser uno de los mayores ideales de todas las colectividades que establecen
patrones para su calidad de vida, la salud es un requisito y un propulsor de desarrollo. En tanto
derecho e ideal, la salud es sobre todo un bien económico y cultural en disputa, pues los avances
científicos y tecnológicos benefician desigualmente a la humanidad al interior de las sociedades,
evidenciando la relación entre la acumulación del capital y del conocimiento y el aumento de las
desigualdades sociales y de las diferencias del perfil epidemiológico.
En el caso de Brasil, el país del Jeca Tatu en el pasado - en 1900 los brasileños poseían
una expectativa de vida de 33 años y eran diezmados por enfermedades infecciosas - en los
últimos 50 años hizo progresos impresionantes, alcanzando cambios profundos en las condiciones

150
de vida y de salud de su población. Presenta tendencias crecientes de aumento en la expectativa
de vida y de reducción acentuada de los indicadores de mortalidad infantil y de enfermedades
infecciosas, acompañando los perfiles de países considerados desarrollados (Barreto & Carmo,
1994; Monteiro, 1985; Minayo, 2000).
Un análisis más pormenorizado, muestra sin embargo, disparidades inmensas de los
indicadores sociales y de salud, según los patrones regionales y de estratos sociales (Dachs,
2002); crecimiento del desempleo y violencias (Minayo & Souza, 1999) y de enfermedades de
origen ocupacional (Minayo-Gomez, 2005); resurgimiento de epidemias como el cólera y el
dengue, persistencia de grandes endemias como la enfermedad de Chagas, esquistosomosis y
malaria, que afectan a las poblaciones más pobres; y aumento diferenciado de la frecuencia de
enfermedades crónico-degenerativas en los grupos sociales más vulnerables.
Recordando que las clases dominantes orientan el sentido de las representaciones
sociales aunque no las monopolicen, es importante resaltar un estudio etnográfico reciente de Sfez
(1997) sobre la visión de salud/enfermedad de las elites de Estados Unidos, Japón y Francia.
Según Sfez, existe hoy, en las clases acaudaladas de esas sociedades, “un mito de la salud
perfecta” (1997, p.130) que el autor define como una mixtura de religión y ecobiología, cuyos textos
sagrados están escritos en los laboratorios de genética y de ecología. Son sus objetos de culto los
productos de la biotecnología que seducen con la juventud perenne y las recetas dietéticas. Sus
practicantes, son, principalmente los antitabaquistas y los consumidores de comida sin colesterol.
La religión de la salud perfecta, según Sfez (1997), está definiendo una nueva
representación social de la salud, al mismo tiempo que pretende definir una nueva historia
humana, corrigiendo a todos los seres humanos genéticamente defectuosos, purificando el planeta
y llevando a la humanidad al paraíso de la mano de la ciencia. Tal representación proviene de la
creencia ilimitada en la tecnociencia, alimentando y reavivando el sueño antiguo de los
bacteriologistas (Nunes, 1985) de eliminar las mediaciones políticas para resolver los problemas
humanos de salud. Pero esa nueva representación de la salud perfecta también va al encuentro de
grandes intereses económicos contemporáneos, tal vez los mayores de este comienzo de siglo,
involucrados en los estudios de genética y en la creación de medicamentos llamados de cuarta
generación. Laboratorios privados de investigación y empresas poderosas de seguro ya trabajan
con el concepto de “purificación preventiva.” (Sfez, 1997, p.139).
El concepto de purificación preventiva tiene el sentido de purificación genética a través del
mapeamento de los genes y de las enfermedades, antes de que el niño nazca o sea concebido y
de purificación del planeta por medio de los proyectos ecológicos (ejemplos, Programa Biosfera I y
Biosfera II). Este concepto viene a reemplazar al de promoción de la salud (de cuño social y
político) y de prevención (de cuño médico y epidemiológico). Ese concepto reúne la historia de una
combinación de intereses económicos, comerciales y de la tecnociencia, formando una ideología
alimentada y reproducida por los grupos y clases dominantes en el mundo globalizado. Conforma

151
una ideología que se asienta en los más profundos sentimientos y deseos de la humanidad de
gozar de un bienestar absoluto, de conservar una juventud eterna y de exorcizar la muerte.
Desarrollada en un contexto socio-económico, político y cultural globalizado que viene
exacerbando las desigualdades y la exclusión social, la representación de la salud perfecta se
mueve en el universo de los que son altamente beneficiados por los procesos de concentración de
las riquezas y del poder, haciendo que los hallazgos de la biotecnología atropellen las diferencias
culturales: engloba a los ricos de la mayoría de los países. A los más pobres y, sobre todo, a los
más pobres de los países subdesarrollados, les cabe la exclusión o las migajas de esos
descubrimientos.
En su estudio, Sfez advierte sobre dos puntos cruciales. El primero, la representación de la
salud perfecta es un proyecto globalizante y de lógica totalitaria y excluyente fundado
científicamente. La noción de salud colectiva allí, se resume a la idea de la sumatoria de la salud
de cada individuo saludable genéticamente. El segundo, es que esa representación se fundamenta
en la constitución imaginaria de una utopía que se elabora mientras se está realizando, bajo el
imperio de las aseguradoras que no quieren invertir en la vida imperfecta o en personas
defectuosas.
En Brasil, también están ocurriendo cambios en la representación de la salud como bien
económico, aunque, desde el punto de vista de la abarcabilidad, aún están desvinculadas del
esencialismo genético. Ellas aparecen a través de un nuevo discurso sobre el cuerpo, elemento
importante de muchas de las inversiones de consumo, no sólo de aquello que pueda adornarlo,
sino de lo que puede ser realizado para perfeccionarlo, retardar su envejecimiento y conservarlo en
buena forma. Percibiendo ese movimiento, Rondelli (1995) dice que:
No es más necesariamente la enfermedad, la fuente de elaboración discursiva, sino la
imagen de un cuerpo siempre bello y joven, construido por las imposiciones de los saberes
médicos y deportivos, encontrando, en los medios de comunicación, su lugar de ampliación
y repercusión (1995, p.38).

Una de las consecuencias de este cambio en la concepción que privilegia la salud como
una conquista del individuo, es el apartamiento de las ideas tradicionales de la salud pública de
iniciativa gubernamental para dar lugar a la presencia cada vez más visible y activa de las
empresas especializadas en la gestión de las necesidades sociales. Por un lado, crecen por todas
partes, sobre todo en los grandes centros urbanos, las academias de gimnasia, los clubes de
deporte y cultivo del cuerpo, los spas, las dietas y las clínicas de cirugías plásticas y esculturales.
Por otro lado, se desarrollan los negocios de seguros y planes de salud, formando un frente
articulado de intereses que se apoyan unos a otros en las condiciones generales de acumulación,
en la crisis del Estado de Bienestar Social y en las estrategias actuales de uso empresarial de la
comunicación y de la información (Ribeiro, 1995).
Salud como responsabilidad del individuo – Desde el punto de vista de las
representaciones dominantes, salud es un bien personal preciosísimo y un negocio abocado a la

152
tarea de alcanzar la subjetividad del individuo y movilizar su acción. Esa representación es antigua.
Ya Descartes (1980) decía que no existe nada que el individuo no pueda hacer por sí mismo, mejor
que el mejor de los médicos, si él quisiera tener el buen sentido de prolongar su salud. Tal
afirmación hace eco de la visión hipocrática, según la cual la enfermedad puede enseñarle al
hombre a comportarse escuchando a la naturaleza y percibiendo lo que es mejor para él. Desde el
punto de vista del sentido común, la salud como bien individual precioso se expresa (a) en el
“silencio del cuerpo” como muestra Canguilhen (1978) o en la sensación de bienestar; (b) en una
especie de capital de reserva, una especie de resistencia o de robustez que el individuo va
construyendo a lo largo de la vida y tiene origen en los cuidados de la primera infancia (Herzlich,
1983). (c) En la vida adulta, su representación se vincula a la idea de equilibrio y de sobriedad que
hasta permite ciertos desequilibrios placenteros cuando la persona posee aquel capital inicial de
reserva, conservado cuidadosamente. Esas representaciones de la salud suponen una sociedad
estable y pasible de ser controlada por la voluntad personal. Tal representación, la más común en
la sociedad brasileña, puede ser contradecida por el pensamiento filosófico de Marx de que la
ideología muestra la realidad de forma invertida. En primer lugar, ni la vida, ni la salud son estables
y su robustez, por el contrario, se muestra en los procesos de desequilibrio cuando el individuo es
capaz de superarse y de construir nuevos escenarios a partir de las adversidades y enfermedades.
Segundo, aunque exija un fuerte compromiso del individuo en su manutención y calidad, la salud
es también un problema colectivo, social y político. Así como no se puede ser feliz sólo, tampoco
se puede ser saludable individualmente. El ser humano es parte de diversos sistemas entrelazados
en los cuales se realiza.
En la formación de las nuevas ideas de salud como conquista del individuo, la idea “del
cuerpo sanado” es una de las más evidentes, teniendo en los medios de comunicación un papel de
divulgación importantísimo, pues ella vehicula y repercute, a través de la magia de las imágenes,
una representación seleccionada por intereses de las técnicas del culto del cuerpo y por un tipo de
atención médica espectacular. El tratamiento de las enfermedades, tal como es transmitido por las
empresas médicas en la televisión, promueve principalmente seguridad, rapidez, eficiencia y
eficacia casi milagrosas, por medio de servicios privados, personalizados, accesibles, optimizados,
rápidos, eficientes, modernos, especializados y valorizados por las innovaciones tecnológicas.
Los mismos medios de comunicación alimentan y también reproducen (porque
frecuentemente la imagen traduce situaciones reales) un servicio público impersonal, cruel,
ineficiente e ineficaz. Aunque el SUS sea hoy un bien de la sociedad brasileña, infelizmente su
representación en la sociedad brasileña corresponde a la de un sistema que, por estar
particularmente volcado al atendimiento de los pobres (aunque se pretenda universalizado),
produce un servicio estancado, de baja calidad, penalizando a los usuarios por medio de filas, de
lentas marcaciones de turnos y exámenes y, por todo eso, no responde a las necesidades de salud
de la población.

153
Representación de enfermedad – Las representaciones dominantes de enfermedad en
toda la sociedad occidental son mediadas de forma muy peculiar por la corporación médica,
aunque las contradicciones entre las concepciones eruditas y populares marquen las ideas de
cualquier población del mundo. Como intelectual orgánico de los intereses dominantes en la
construcción de la hegemonía que se expresa en torno del sector salud, el médico es al mismo
tiempo el principal agente de la práctica y del conocimiento. La profesión, según Boltanski (1979),
sitúa al médico en la confluencia de tres lógicas absolutamente contradictorias: (a) la humanitaria,
que se traduce en la ideología de hacer todo por el enfermo, y en la cual ese profesional ejerce su
visión de depositario de la vida y de la muerte; (b) la racional y de interés científico, que hace de
cada cliente un ‘caso’ y posible laboratorio de experiencias; (c) la de la rentabilidad económica que
sustenta el status profesional en la sociedad capitalista. El conjunto de conflictos generados por
estas lógicas distintas lleva a que los médicos no puedan, como los otros comerciantes de bienes y
servicios, explicitar como fin único de su emprendimiento, la maximización del lucro. Pero,
frecuentemente, como refiere Boltanski, es esa lógica que predomina en su accionar profesional y
en su corporación, que indica su relación con el Estado, con la población y con los clientes.
En la visión tecnológica de la medicina, las enfermedades funcionan como desafío a la
ciencia, al progreso y reafirman la ideología desarrollista, según la cual, algún día, los
descubrimientos acabarán con las enfermedades y la muerte será vencida. A partir de los intereses
corporativos, ellas son el espacio privilegiado de instigación en la guerra competitiva entre grupos
profesionales, laboratorios e industrias de equipamientos. Ellas median la lucha entre el saber y el
poder económico, orgánicamente relacionados con el sistema de producción médico. Sin embargo,
la contradicción mayor que existe entre la propuesta corporativa y la realidad es que, a pesar de la
imagen salvadora y filantrópica que la corporación médica intenta proyectar de sí y de su poder, su
historia está cargada de fracasos que evidencian su impotencia frente a la muerte. La noción de
fracaso, materializada en la muerte, por lo tanto, forma parte de la representación médica de la
enfermedad. Refiriéndose a la historia de la medicina moderna, Boltanski escribe:
[Ella es] la historia de una lucha contra los preconceptos del público y, más especialmente,
de las ‘clases bajas’, una historia contra las prácticas médicas populares, con el fin de
reforzar la autoridad del médico, de conferirle el monopolio de los actos médicos y colocar
bajo su jurisdicción nuevos campos abandonados hasta entonces al arbitrio individual, tales
como la crianza de los recién nacidos o la alimentación (1979, p.14).

La barrera más visible entre el médico y la población, para expresar y tratar las
enfermedades ocurre por medio de un código de lenguaje cerrado y específico propio de la
biomedicina. Ese código, en primer lugar, se atiene al límite biológico e individual del enfermo,
explicando el fenómeno de la salud como el buen funcionamiento del organismo y como
responsabilidad individual, separando el sujeto de su medio, de su experiencia existencial, de su
clase y de los condicionamientos de su situación social. En segundo lugar, transforma el concepto
de enfermedad en una especialidad relacionada a determinado órgano, considerando el cuerpo
como objeto de saber y espacio de la enfermedad. En tercer lugar, cada vez más la praxis médica

154
funcionalista llega a prescindir de la realidad inmediata y sensible que es la persona en su
totalidad, volcándose para los mensajes infracorporales provistos por los equipos de laboratorio.
Desde el punto de vista de la sociedad, generalmente las enfermedades o son pensadas
de forma articulada a la salud, como parte del proceso vital (evidenciando que no existe el
completo bienestar, así como no existe la salud perfecta) o como eventos específicos vinculados a
factores endógenos y exógenos que las desencadenan. En las sociedades occidentales
contemporáneas, los factores endógenos del padecimiento son representados como procesos
biológicos funcionales, orgánicos o como lesiones que ocurren en los individuos por su carga
hereditaria o por descuidos con la salud. Los factores exógenos son explicados por el estilo de vida
y por la relación de los ciudadanos con el ambiente.
La enfermedad, pensada como un problema del individuo, es concebida en primer lugar
como un proceso que, de inmediato, no revela su vínculo con lo social, reflejando la ideología
médica. El foco de esa representación indica que, independientemente de cualquier explicación
que pueda ser dada, es el individuo que padece y enfrenta la muerte, revelando una tendencia al
individualismo y a una relación de exterioridad con la sociedad en la que vive. Sin embargo, la
atribución de sentidos de las causas endógenas es también socialmente construida por
interpretaciones que, para todas las clases sociales, incluyen el designio divino, la fatalidad o el
desorden, remitiendo a la desobediencia o al quiebre de normas y tabúes colectivos. Por lo tanto,
aún en las sociedades contemporáneas, existe un conflicto entre las explicaciones meramente
biológicas individualizantes, la contribución del estado mental, de las relaciones sociales y de las
interpretaciones culturales en la observación de cómo una persona padece y vive su enfermedad
(Kleinman, 1980; Good & Delvecchio-Good, 1980; Kleinman, 1988).
Las concepciones del origen de la enfermedad por causas ambientales están vinculadas a
la visión construida sobre el funcionamiento de la sociedad, casi siempre considerado agresivo,
opresivo e insalubre. El modo de vida, definido por Herzlich (1983; 1985) como el marco espacial y
temporal en el cual el individuo vive, en la mayoría de los discursos sobre salud es considerado
perjudicial por sus características (densidad de población, atmósfera), por el ritmo de vida (horarios
y estímulos), así como por la reproducción de ciertos comportamientos cotidianos (alimentación,
actividades, descanso y sueño). El medio ambiente y la propia organización social son
representados como hostiles, portadores de enfermedad y desequilibrio. En este sentido, la
representación de las causas de las enfermedades opera a partir de una alienación en cuanto al
hecho de que todo lo que es y está construido significa una acción humana objetivada. En tales
circunstancias, la salud continúa siendo vista como un atributo de quien afronta el mundo
insalubre. Y la enfermedad, como un fracaso de quien es víctima de él.
Nada tan poderoso como las llamadas enfermedades-metáfora para evidenciar la
representación de una enfermedad tanto para la corporación médica como para una sociedad
determinada, señala Sontag (1984). Por enfermedades-metáfora entiendo el conjunto de
enfermedades cuya enunciación deparan catástrofes. Esas enfermedades, generalmente, poseen

155
una larga historia de desarrollo y de envolvimiento con el imaginario social y movilizan fuerzas que
suscitan miedo y proscripción en la sociedad. Sontag (1984) cita, como ejemplos de
enfermedades-metáfora, la peste en los siglos XVI y XVII, la tuberculosis y la sífilis en el siglo XIX,
el cancer en el siglo XX y el sida en la actualidad.
Desde el punto de vista sociológico, las enfermedades-metáfora pueden ser consideradas
categorías-síntesis, porque consiguen crear un consenso con respecto a la fuente de los males en
la sociedad. En general, son explicadas como parte de las anomalías y catástrofes sociales
vinculadas y como fruto de las transgresiones individuales, provocando auto-juzgamiento y
autopunición. Por el hecho de que algunas de ellas, como es el caso del cancer y el sida,
alcanzaron a todos los grupos sociales independientemente de su situación social (aunque siempre
existan diferenciaciones de clase y de cultura en su enfrentamiento) suelen venir asociadas a las
ideas de desorden, de desvíos morales y hasta a la creencia en el “libertinaje” del ser humano.
Al desafiar la arrogancia de la competencia médica y del poder económico, las
enfermedades-metáfora suelen relativizar el carácter de clase de las propuestas de salud perfecta
y de inmortalidad. Por eso, constituyen fenómenos privilegiados para el cuestionamiento de la
precariedad de la organización social, pues reúnen la amenaza de muerte de la humanidad,
anuncian su decadencia, perpetúan la permanencia simbólica o real de la infelicidad y advierten
sobre los comportamientos considerados recriminables, vectores del mal de hoy y de siempre.
En el caso de algunas de las enfermedades, como la sífilis y el sida, su evocación como
fenómeno social es conservadora, pues apela al retorno a un pasado siempre considerado más
saludable, o por motivos religiosos y transcendentales. En sus efectos, las enfermedades-metáfora
siempre resaltan contradicciones entre avances y retrocesos en los procesos de cambios, si bien
como ya señalé, ellas empujan a la sociedad, preferentemente, hacia el conservadurismo:
Las modernas metáforas de la enfermedad especifican un bienestar de la sociedad similar a
la salud física que es tan frecuentemente apolítico cuanto lo es el apelo al nuevo orden
político (Sontag, 1984, p.96).

Uno de los motivos de la orientación hacia el conservadurismo se debe a la capacidad de


las enfermedades-metáfora de atraer sobre ellas sentimientos, emociones y miedos en dosis
excesivas, obscureciendo, en el imaginario social, las relevancias del cuadro real de
morbimortalidad. Herzlich (1983), retomando la expresión de Sontag (1984), se refiere a los efectos
que llevan a las personas a reencontrar la visión arcaica y a redefinir la visión moderna del mal, y a
establecer una relación conflictiva con los valores actuales. Y, al mismo tiempo, a evidenciar la
fragilidad permanente del individuo: “Somos siempre dominados y mudos frente a los cataclismos
de nuestro cuerpo” (Sontag, 1984, p.101). En el mismo camino al que llegó Sfez (1997) con sus
estudios, la autora dice: “La medicina también, y no sólo la enfermedad, es hoy una metáfora: en
torno a ella están articuladas nuestros interrogantes más esenciales concernientes al futuro de la
humanidad” (Sontag, 1984, p.105).

156
Los aspectos movilizadores de sentimientos y acciones de muchas enfermedades-
metáfora desencadenan nuevas tecnologías y estrategias de acción, importantes para la
promoción y prevención y para la atención de los enfermos. El caso más ejemplar en la actualidad
es el del sida. Actualmente en Brasil y en el mundo, moviliza energías de investigación, de
desarrollo de tecnologías, de acciones estratégicas sectoriales e intersectoriales, y otros avances.
Sin embargo, el sida mata y enferma menos que las enfermedades del corazón, las
violencias, las neoplasias, las enfermedades endócrinas y muchas enfermedades infecciosas. El
número de sidóticos que necesita de asistencia es muchísimo menor que el contingente inmenso
de la población que precisa de cuidados médicos de urgencia y hospitalarios y se expone a largas
filas, esperando para ser atendidos. Los problemas de magnitud de las enfermedades colocadas
en los primeros lugares del perfil epidemiológico de los brasileños no llaman tanto la atención como
el sida. Señalo, por lo tanto, la fuerza de las enfermedades-metáfora y el hecho de que, no
siempre, la representación de las enfermedades y sus riesgos en una sociedad coinciden con el
perfil de su incidencia y prevalencia en el mapa de sus problemas de salud.
Esta reflexión sobre las representaciones de la enfermedad precisa abarcar, por lo menos
en el caso brasileño, las visiones de la medicina popular, a través de la cual se expresa y actúa
buena parte de los segmentos de las clases populares y también de la clase media. La concepción
popular, es necesario decirlo, por un lado, reafirma el poder de la biomedicina, incluso por el uso
intenso de las instituciones, equipamientos y consultas médicas. Por otro lado, lo relativiza por las
experiencias y conocimientos tradicionales y por la recurrencia al poder de la religión. En el
pensamiento popular, incondicionalmente el poder de Dios se asocia a la buena salud y a la cura
(Minayo, 1998).
Desde el punto de vista de la población trabajadora, dos nociones principales están
subyacentes al tema de la enfermedad: la incapacidad para trabajar y en última instancia Dios es
quien cura. Esas dos ideas son clave del comportamiento popular que combina el uso de la
medicina erudita, terapias tradicionales y familiares y la invocación religiosa. La representación que
se construye a partir de allí tiene expresiones como “la salud es todo, es la mayor riqueza”, “la
salud es igual a la fortuna, es el mayor tesoro” en oposición a “tal enfermedad es para demostrar el
poder de Dios”, o aún “tal enfermedad fue por castigo divino” e incluye y relativiza la creencia en el
poder de los médicos que, a su vez, suelen tratar a los pobres con poca atención.
La enfermedad (o la salud) es considerada en el marco global de los problemas de la
vida y de la muerte, como un fenómeno que escapa, en última instancia, al control del
hombre, como algo que, al límite, es producto de fuerzas sobrenaturales o, más
comúnmente, de Dios (Loyola, 1984, p.162).

La miseria, el hambre y la desesperación que pueden derivar del hecho de que el


trabajador esté enfermo, sobre todo en el caso de los que no reciben beneficios sociales
instituidos, les muestra, en la práctica, que su cuerpo es su fuente de subsistencia y única
estrategia de reproducción.Para ellos, la enfermedad como responsabilidad personal y, por lo

157
tanto, como costo financiero y la medicalización de un conjunto de actos de su vida, es un hecho
real. De esta forma, la aprehensión esencial del cuerpo enfermo, teniendo en cuenta la expectativa
que tiene el trabajador sobre él, lleva a que sea la incapacidad de hacer, más que las alteraciones
en su apariencia, lo que preocupe a los trabajadores. Los sentimientos de desintegración social y
el miedo a enfermarse y faltarle el reconocimiento que siempre provino del trabajo, le marcan, en
primero lugar, el cuerpo y el espíritu.
Las representaciones populares hacen una combinación específica de la medicina erudita
y de las terapias tradicionales (Minayo, 1989; 1994 1998; Boltanski, 1979) utilizando ambos
códigos de acuerdo con sus intereses. Para los trabajadores, los síntomas se presentan en el
cuerpo de forma localizada, en algún órgano, y expresados a través de explicaciones
generalmente vinculadas a hechos existenciales, intervenciones sobrenaturales o a situaciones
vividas en el día a día. Esa forma de atribución de causas a través de una concepción, al mismo
tiempo localizada, analítica, y que contempla el conjunto de las situaciones infelices de la vida
cotidiana es, tal vez, el primero punto de ruptura con el lenguaje médico que es, al contrario,
funcional, sintético y específico.
Para esos grupos, la enfermedad se refiere internamente a desequilibrios que afectan de
una sola vez espíritu, alma, cuerpo y materia. Las enfermedades espirituales causadas por el
“exceso de trabajo”, “exposición a agentes dañinos”, “mal de ojos”, “trabajos de magia”, “posesión
espiritual”, “castigo divino”, según las creencias de los enfermos o de su medio social se integran
en el individuo, a las enfermedades de la materia, causadas por el medio ambiente, y por las
condiciones de vida y ocupacionales. De acuerdo con las circunstancias, el espíritu o la materia
son más valorizados en las explicaciones. Sin embargo, en algún momento, esos mismos
fenómenos son presentados sólo desde el punto de vista biológico o bajo la óptica espiritual:
involucran la visión integrada del ser humano y su relación con las condiciones de vida, tomadas
en el sentido más amplio (Minayo, 1989; 1994).
Las oposiciones cuerpo/alma, individuo/sociedad, que son complementarias y aún
inclusivas en las representaciones de la clase trabajadora, justifican, más aún que las dificultades
del lenguaje, su comportamiento en relación a la medicina oficial. Para desesperación de los
profesionales (que explican el comportamiento popular como ignorancia), los individuos recurren a
otras explicaciones, a otras actitudes y a otras estrategias, pues de verdad no creen solamente en
las prescripciones biomédicas. Por eso, se toman la libertad de reinterpretar los preceptos eruditos,
de integrarlos dentro de sus condiciones existenciales y, al mismo tiempo, de prescindir de ellos o
de subestimarlos, construyendo así una forma especial de lidiar con los servicios de asistencia
médica. Esa forma particular de actuar desconcierta y cuestiona, incluso, los intentos de los
gestores de racionalizar el sistema de salud brasileño.
El modo propio de relacionarse con la medicina oficial, particularmente por medio de las
estrategias religiosas y tradicionales, puede ser considerado un esquema de resistencia propio de
las clases populares, en delegar a la biomedicina el sentido de su vida y de su muerte. En tanto

158
procuran y reivindican un tratamiento adecuado y digno en el sistema oficial, y al mismo tiempo,
recrean alternativas de representación del cuerpo y de su relación con el mundo, reafirman su
identidad y su saber específico que también contiene sabiduría.
Un ejemplo que ilustra el código particular de las clases populares para clasificar sus
enfermedades se encuentra en el Estudio Nacional de Gastos Familiares (Estudo Nacional de
Despesas Familares, ENDEF) do IBGE (1974). Ese trabajo revela que, mientras los médicos y
epidemiólogos señalan un perfil específico de morbimortalidad en el país, el ENDEF encontró, en
el primer lugar de las clasificaciones populares, un cuadro de enfermedades llamadas por los
entrevistados como “nerviosas” o “enfermedades de los nervios”, “enfermedades del espíritu”. Esas
enfermedades eran explicadas por los entrevistados como un conjunto de ansiedades e
insatisfacciones que vivenciaban a causa de las “dificultades de la vida”. El cansancio permanente
por el exceso de trabajo, la alimentación insuficiente, las restricciones provocadas por los bajos
salarios, el desempleo, la incapacidad de lidiar con los esquemas burocráticos e impersonales
crearon un marco explicativo de las “enfermedades sentidas” por los brasileños, bajo la
denominación de “nervioso”. Esas informaciones, transformadas en cuestionamiento, pueden
constituirse en un desafío para el sistema de salud, pues describen lo que los médicos suelen
denominar como “enfermedades sociales”.
Ahora bien, las llamadas enfermedades sociales remiten a los médicos-pensadores de la
mitad del siglo XIX, que ya desde entonces resaltaban la necesidad de aliar la atención tópica e
individual de los enfermos con la discusión de cuestiones políticas y económicas, reafirmándose el
carácter legítimo de la politización de la salud pública (Nunes, 1999).
Salud como un bien colectivo - Las dos representaciones anteriores, la de la salud en
tanto un bien económico y de la salud en tanto conquista individual no son exactamente sinónimos
de la representación de la salud colectiva. No es que la representación de la salud colectiva
descarte los avances de la genética y de la medicina, o sea, que esté en contra de todas las
estrategias de estilo de vida que promueven el perfeccionamiento del cuerpo por medio del
deporte, del esparcimiento y de los tratamientos estéticos y las estrategias de envejecimiento
saludable. Para la salud colectiva, la salud es un bien social, un derecho universal asociado a la
calidad y a la protección de la vida, que refleje políticas públicas y sociales universalizantes,
inclusivas en la ciudadanía y superadoras de las inmensas desigualdades sociales.
La representación de la salud colectiva incluye la visión del progreso económico a favor de
la equidad y el uso de la ciencia y de la tecnología, a favor de la superación de los problemas y de
las enfermedades que atañen a la mayoría de la población que necesita de la atención del Estado.
Incorpora el desarrollo de la biología, de la genética, de las ciencias ambientales, pero, a través del
raciocinio epidemiológico, llega a algunas conclusiones: (1) la humanidad entera, a pesar de los
avances tecnológicos, está sujeta a los trastornos de los virus; (2) las avanzadas tecnologías
facilitadoras de la vida no están exentas de riesgos; (3) las migraciones y movilizaciones humanas
cada vez más aceleradas por la revolución de los medios de comunicación facilitan la importación

159
de enfermedades; (4) existe una adaptabilidad de los parásitos a los espacios desiguales e
integrados; y, (5) por último, no es posible transformar la tierra en un paraíso cuando toda la
acumulación de riquezas produce tanta exclusión social. O sea, la salud perfecta, como la
inmortalidad, es un mito.
A causa de las conclusiones anteriores, basadas en evidencias epidemiológicas, la salud
colectiva representa como tarea, un compromiso permanente en la búsqueda de avances sociales,
políticos y en los derechos universales de la población. Por eso también, demanda inversiones
públicas para la investigación en salud y para el desarrollo tecnológico, al mismo tiempo que
propone la distribución de sus avances, para contemplar también a los más necesitados y no sólo
a los que pueden pagar una medicina de alto costo.
La representación de la salud como derecho colectivo es una bandera de transformación de
las condiciones de vida y de trabajo, que apunta a transformaciones del modo de producción y de
las relaciones sociales de producción: mejores salarios, acceso a la tierra, empleos, saneamiento
básico, transporte, vivienda, educación, recreación y condiciones de trabajo seguras. Pero es
también una bandera de redefinición de las prioridades del Estado. Por eso, los análisis de salud
colectiva generalmente develan el carácter de clase de las inversiones públicas, advirtiendo sobre
la ampliación de los derechos reconocidos en la Constitución Brasileña y detallados en la Ley
Orgánica de la Salud. Todos aquellos que forman parte del sector saben que sus parámetros de
investigación y acción son la universalización de los derechos, la construcción de la equidad y la
atención de calidad para todos, sin discriminación de clase. Como conclusión, la representación de
la Salud como bien colectivo se contrapone de forma crítica al positivismo y al mercantilismo de la
medicina.
El estudio de las representaciones sociales de salud/enfermedad abarca aspectos
universalmente observables en el tiempo y en las diversas sociedades y otros, peculiares al caso
brasileño. Esos aspectos, tratados en el presente capítulo, se refieren a la relación
individuo/sociedad y su ecosistema.
Salud y enfermedad constituyen metáforas privilegiadas para la explicación de la sociedad:
engendran actitudes, comportamientos y revelan la concepción del mundo. A través de la
experiencia de vivir, de padecer y de morir, las personas hablan de sí, de lo que las rodea, de sus
condiciones de vida, de lo que las oprime, amenaza y amedrenta. Expresan también sus opiniones
sobre las instituciones y sobre la organización social y las estructuras económicas, políticas y
culturales. Salud/enfermedad son también metáforas de explicación de la sociedad: de sus
anomias, desequilibrios, miedos y preconceptos, sirviendo como instrumento coercitivo o liberador
para los individuos y su comunidad. Su status de representación privilegiada se debe al hecho de
que las nociones de salud/enfermedad están íntimamente vinculadas a los temas existenciales,
siendo incuestionablemente significativas.
Como fenómeno social, la salud/enfermedad tiene su esquema interno de explicaciones,
que parte de un marco referencial de especialistas (doctores, curanderos, rezadores, hechiceros),

160
pero también compone el marco de la experiencia del día a día, que se expresa a través del
sentido común. Ambas modalidades de representación del fenómeno se influyen mutuamente, de
forma dinámica, aunque el saber del especialista sea dominante. Por lo tanto, en la construcción
histórica de la salud y de la enfermedad, son tan actores y autores, los intelectuales y técnicos del
sector, como la población.
La atribución de causas endógenas y exógenas al fenómeno de la salud y de la
enfermedad constituye una actitud universalmente comprobada. Es en el individuo que esas
concepciones se unifican: es él que sufre los males o detenta la condición de saludable. Las
causas de origen, sin embargo, se expresan, en el plano simbólico, con referencia a lo social.
Enfermedad es sinónimo de infelicidad individual y colectiva: representa la ruptura del ser humano
con los límites establecidos por las normas y reglas de la sociedad. Salud significa bienestar y
felicidad: ella misma, explícitamente o en el “silencio del cuerpo”, es el lenguaje preferido de la
armonía y del equilibrio entre el individuo, la sociedad y su ecosistema.
Cada sociedad tiene un grupo de enfermedades que podrían ser llamadas de
enfermedades-metáfora. Son enfermedades que, a partir del imaginario social, perpetúan en la
colectividad la idea de perennidad del mal y de los límites del ser humano frente a la amenaza de
la muerte. Son enfermedades que, al crear un clima de miedo, de catástrofe y de desorden,
tienden a ser usadas ideológica y políticamente como medios de recomponer la armonía social.
Más allá de su carácter de sufrimiento e infelicidad, ellas son construidas socialmente como mitos,
a través de los cuales, los miembros de los grupos expresan su coerción y cohesión en torno de la
organización social.
En la sociedad capitalista, la representación de la salud y de la enfermedad pasa por las
contradicciones sociales que caracterizan al sistema. Desde el punto de vista dominante, la salud
es un atributo individual, como un capital de reserva y de propiedad privada que se mantiene a
través del equilibrio y la armonía. La concepción de enfermedad es también marcada por la
responsabilidad del individuo en su lucha contra el mundo opresivo. Esa representación se basa en
la visión anatómico-fisiológica de la persona, en la concepción del cuerpo como productor e
instrumento de trabajo y en la idea desarrollista del poder de la tecnología contra las
enfermedades. Las representaciones dominantes son particularmente elaboradas y vehiculadas
por la corporación médica, que hace de sus profesionales, intelectuales orgánicos, tanto en la
elaboración del conocimiento erudito, como en la imposición de normas y aptitudes respecto del
cuerpo y en la definición social del enfermo y de la enfermedad. Sin embargo, sus ideas son
permeadas por la dinámica del sentido común que contamina el saber científico con sus propias
categorías de interpretación.
En contraposición, a pesar de asimilar las concepciones dominantes y actuar también a
partir de las reglas establecidas por los especialistas del sistema, las clases populares poseen
códigos resistentes al cambio. Su esquema interpretativo está centrado en una visión más
totalizante del fenómeno del padecer, que abarca la concepción del ser humano como

161
cuerpo/alma, materia/espíritu e incluye relaciones afectivas y condiciones de vida y de trabajo (su
situación de clases en sí) en la definición de su situación de salud y de enfermedad. A pesar de
reconocer el poder médico y subordinarse a la medicalización, las clases populares poseen una
visión crítica, a partir de la experiencia, tanto de los profesionales y de sus técnicas como del
sistema de asistencia y servicio del que hacen uso. Por eso, reinterpretan el esquema
racionalizándolo, usándolo de acuerdo con sus intereses inmediatos y concepciones particulares y
no legitiman totalmente el saber médico. Su relación con la medicina oficial es siempre precaria,
provisoria y conflictiva. Su interpretación de la vida y de la muerte está inevitablemente atravesada,
junto con la crítica al sistema dominante, por las creencias y tradiciones, por la práctica de la
medicina casera, tradicional y religiosa que forman parte de su imaginario social vinculado a la
experiencia cotidiana. De esta forma, a partir del sentido común, ellas se resisten no sólo al
lenguaje erudito: contradictoriamente aceptan y rechazan el lugar específico de fuerza o
instrumento de trabajo.
La salud colectiva es el espacio al interior del sistema dominante que recompone una
representación más abarcativa de la salud, al englobar lo social como determinante y los individuos
como componentes de clases en oposición, en la sociedad capitalista, rompiendo la concepción
centrada en lo biológico, en lo individual, en la armonía y en el equilibrio social. La salud toma
entonces el sentido de una realización actual y una meta futura de un patrón de vida más elevado y
equitativo de la población brasileña.

Capítulo X

Técnicas de Investigación

Entrevista como técnica privilegiada de comunicación

La entrevista, tomada en el sentido amplio de la comunicación verbal, y en el sentido


restricto de colecta de información sobre determinado tema científico, es la estrategia más usada
en el proceso del trabajo de campo. La entrevista es por sobre todo una conversación de a dos, o
entre varios interlocutores, realizada por iniciativa del entrevistador, destinada a construir
informaciones pertinentes a un objeto de investigación, y el abordaje por el entrevistador, de temas
igualmente pertinentes con vistas a ese objetivo.
Las entrevistas pueden ser consideradas conversaciones con una finalidad y se caracterizan
por su forma de organización. Pueden ser clasificadas como: (a) sondeo de opinión, en el caso de
ser elaborada mediante un cuestionario totalmente estructurado, en el cual la elección del
informante está condicionada a dar respuestas a preguntas formuladas por el investigador; (b)

162
entrevista semi-estructurada, que combina preguntas cerradas y abiertas, donde el entrevistado
tiene la posibilidad de discurrir sobre el tema en cuestión sin atarse a la indagación formulada; (c)
entrevista abierta o en profundidad, donde el informante es invitado a hablar libremente sobre un
tema y las preguntas del investigador, cuando son realizadas, buscan dar más profundidad a las
reflexiones; (d) entrevista focalizada, se destina para aclarar tan sólo un determinado problema; (e)
entrevista proyectiva que usa dispositivos visuales, como films, vídeos, pinturas, grabados, fotos,
poesías, cuentos, escritos de otras personas. Esta última modalidad constituye una invitación al
entrevistado a discurrir sobre lo que ve o lee. Es generalmente utilizada para hablar de asuntos
difíciles de ser tratados directamente. Es a través de las entrevistas que se procesan además las
narrativas de vida, o también denominadas “historias de vida”, “historias biográficas”, “etno-
biografías” o “etno-historias”. Se suman a estas modalidades los grupos focales (Minayo, Assis &
Souza, 2005).
La entrevista como fuente de información provee datos secundarios y primarios de dos
naturalezas: (a) hechos que el investigador podría conseguir por medio de otras fuentes como
censos, estadísticas, registros civiles, certificados de defunción y otros, a los que Lundberg (1946)
llama “objetivos”; Parga Nina (1985) los denomina “concretos” y Gurvitch (1955) los califica como
pertenecientes al nivel “ecológico o morfológico” de la realidad; (b) y los que se refieren
directamente al individuo entrevistado. Son informaciones vinculadas a la reflexión del propio
sujeto sobre la realidad que vivencia y a las que los cientistas sociales suelen denominar
“subjetivas” y sólo pueden ser conseguidas con la colaboración de la persona. Constituyen una
representación de la realidad: ideas, creencias, formas de pensar; opiniones, sentimientos,
maneras de sentir; maneras de actuar; conductas; proyecciones hacia el futuro; razones
conscientes o inconscientes de determinadas actitudes y comportamientos.
Es necesario señalar también que la entrevista, como forma privilegiada de interacción
social, está sujeta a la misma dinámica que las relaciones existentes en la propia sociedad.
Cuando se trata de una sociedad o de un grupo marcado por grandes conflictos, cada entrevista
expresa de forma diferenciada la luz y la sombra de la realidad, tanto en el acto de realizarla como
en los datos que allí son producidos. Más allá de eso, por el hecho de captar formalmente el habla
sobre determinado tema, la entrevista, cuando es analizada, precisa incorporar el contexto de su
producción y, siempre que sea posible, ser acompañada y complementada por informaciones
provenientes de la observación participante. De esta forma, más allá del habla, que es su material
primordial, el investigador tendrá en sus manos elementos de relaciones, prácticas, complicidades,
omisiones e imponderables que puntualizan el cotidiano.
Algunas consideraciones prácticas planteadas a continuación necesitan ser tenidas en
cuenta en cualquier situación de interacción empírica, sobre todo en la formalidad de una
entrevista, sea estructurada, semi-estructurada o no-estructurada. Se refieren a la entrada del
entrevistador en campo:

163
 Presentación: el principio básico en relación a este punto es que una persona de confianza
del entrevistado (líder de la colectividad, persona conocida y bien aceptada) haga la
mediación entre el entrevistado y el investigador. Sería muy arriesgado entrar, sobre todo
en comunidades o grupos conflictivos, sin antes saber lo que el mediador representa: él
puede tanto abrir, como cerrar puertas.
 Mención del interés de la investigación: el investigador debe describir resumidamente el
trabajo para su entrevistado y, también, decirle de qué modo su relato puede contribuir
directa o indirectamente a la investigación como un todo, a la comunidad y al propio
entrevistado. Es importante mencionar y referenciar además, la institución a la cual el
investigador está vinculado.
 Presentación de credencial institucional. Hoy, sobre todo en el caso de investigaciones en
equipo, el coordinador suele escribir una carta introductoria en la cual se mencionan todos
los aspectos principales, en papel membretado de la institución a la cual se adjuntan los
términos de adhesión para ser firmados por el interlocutor. Estas condiciones pasaron a
ser exigidas en Brasil por la resolución 96/1996 del Ministerio de la Salud que regula las
investigaciones nacionales con seres humanos. Aún teniendo en cuenta todos estos
aspectos, nada sustituye la introducción realizada por alguien de confianza de ambas
partes que pueda hacer la mediación entre el investigador y sus interlocutores.
 Explicación de los motivos de la investigación en lenguaje de sentido común, por respeto a
los que no necesariamente dominan los códigos de las ciencias sociales.
 Justificación de la elección del entrevistado, buscando mostrarle en qué momento y por
qué fue seleccionado para esa conversación.
 Garantía de anonimato y de sigilo sobre los datos, asegurándole a los informantes que no
se trata de una entrevista mediática, donde los nombres necesitan ser dichos y, al mismo
tiempo, mostrándole que su contribución tiene sentido para el conjunto del trabajo.
 Conversación Inicial a la que algunos investigadores denominan “precalentamiento”.
Apunta a quebrar el hielo, percibir si el posible entrevistado tiene disponibilidades para dar
informaciones y crear un clima de conversación lo más descontraido posible. En el caso de
estar combinada con la observación participante, la construcción de la identidad del
investigador por el grupo va forjándose en las diversas instancias de convivencia.
A pesar de todos los esfuerzos y cuidados, siempre existirán dificultades típicas de las
interacciones de la investigación, como ya lo describí anteriormente. Igualmente, los
procedimientos enumerados no son normas rígidas ni un reglamento a ser cumplido de forma serial
por el investigador. Son sugerencias, a partir de la experiencia, de posturas que pueden ayudarlo
en el proceso de interacción y en el diálogo con los interlocutores.

 Entrevista No-Estructurada, Abierta o No-Directiva

164
La entrevista no-estructurada o también llamada “abierta” puede ser definida como
“conversación con finalidad”, donde una guía invisible sirve de orientación y de referencia para el
investigador y no como cercenamiento del habla de los entrevistados. En su realización, el
investigador trabaja con una especie de esquema de pensamiento, buscando siempre encontrar
los hilos relevantes para la profundización de la conversación. La información no-estructurada
persigue varios objetivos: (a) la descripción del caso individual; (b) la comprensión de las
especificidades culturales más profundas de los grupos; (c) la comparación de diversos casos.
Procura alcanzar esas metas, intentando mantener un margen de movilidad de los informantes tan
amplio cuanto sea posible y un tipo de relación libre de ataduras, informal y abierto, dentro de las
limitaciones ya conocidas. El entrevistador se libera de formulaciones prefijadas para introducir
preguntas o hacer intervenciones que apunten a abrir el campo explicativo del entrevistado o a
profundizar el nivel de la información.
En las entrevistas abiertas, el orden de los temas tratados no obedece a una secuencia
rígida, sino que es determinada frecuentemente por las propias preocupaciones, relevancias y
énfasis que el entrevistado da al tema pautado. La cantidad de material producido en esos
encuentros tiende a ser mayor, más denso y tener un grado de profundidad incomparable en
relación al cuestionario, porque la aproximación cualitativa permite alcanzar regiones que le son
inaccesibles a la simple pregunta y respuesta. El abordaje de esos diferentes niveles ha sido una
cuestión fundamental de las Ciencias Sociales, en profundidad por algunos autores. Para Gurvitch:
“La superficie ecológica y morfológica, en el sentido amplio del término, los
ambientes tanto naturales como técnicos, los objetivos, los cuerpos y los comportamientos
que participan de la vida social y captables por la percepción exterior” [...] a continuación “las
conductas preestablecidas que son conducidas, jerarquizadas, centralizadas, según ciertos
modelos reflejados y fijados previamente en esquemas más o menos rígidos”. [...] y por
último “roles sociales asumidos por individuos y por grupos, las actitudes colectivas, los
símbolos sociales” (1955, p.112).

Este autor concluye diciendo:

Parece imposible comprender la realidad social total, si no se admite que esta superposición
de planos sometidos a un determinante más o menos flexible, reposa sobre un solo volcán,
donde se agita lo más espontáneo e inesperado en la vida colectiva: las conductas
creadoras, las ideas y valores colectivos, los estados mentales y los actos psíquicos
colectivos (1955, p.113).

Según Michelat (1975), cuando se considera que cada individuo, comprendido a través de
las informaciones ofrecidas por la entrevista, es un ejemplar restricto y peculiar de su cultura y de
su subcultura, se puede decir en consecuencia que: (a) cuanto más importante es el material
producido en la entrevista, más enriquece el análisis que busca alcanzar niveles profundos; (b) el
orden afectivo y de la experiencia es más determinante de los comportamientos y del habla que el
lado racional e intelectualizado; (c) cuanto menos estructurada es la entrevista, más permite surgir
y resaltar los niveles socio-afectivo-existenciales.

165
La reflexión de Michelat (1975) cuestiona la pretendida “objetividad”, vista bajo el ángulo
positivista y que se traduce en el no-involucramiento, en el uso reticente de lenguaje
intelectualizado que los interlocutores no dominan, en el control rígido de actitudes corporales,
fisonómicas, de gestos, frases y palabras, con el pretexto de la “neutralidad”.
En el caso de la investigación cualitativa, por el contrario, el involucramiento del
entrevistado con el entrevistador, en lugar de ser considerado una falla o un riesgo que
compromete la objetividad, resulta necesario como condición de profundización de una relación
intersubjetiva. La interrelación en el acto de la entrevista, que contempla lo afectivo, lo existencial,
el contexto del día a día, las experiencias y el lenguaje del sentido común es condición sine qua
non del éxito de la investigación cualitativa. “Sin intropatía es difícil comprender los aspectos
subjetivos de la definición de la situación del entrevistado”, dice Parga Nina (1985, p.28). Hay
quienes piensan en el peligro de que el entrevistador se pierda en esa inmersión de la realidad,
Lévi–Strauss avisa:
Es un hecho objetivo que, el mismo espíritu que se entregó a la experiencia y se dejó
moldear por ella, se torne el teatro de operaciones mentales que no anulan las
informaciones de la experiencia, sino que transforman la experiencia en modelo, tornando
posibles, otras operaciones mentales (1975, p.217).

En Éssai sur le Don, Mauss (1974) enseña a los investigadores a ver, en la intersección de
dos subjetividades, el orden de la verdad más aproximada a la cual las ciencias sociales y
humanas pueden pretender cuando enfrentan la totalidad de su objeto.

 Entrevista semi-estructurada

La modalidad de entrevista semi-estructurada difiere apenas de la no-estructurada, porque


en verdad ninguna interacción, a los fines de la investigación, se plantea de forma totalmente
abierta o totalmente cerrada. Pero en este caso, la entrevista semi-estructurada obedece a una
guía que es apropiada físicamente y utilizada por el investigador. Por tener un apoyo claro en la
secuencia de las preguntas, la entrevista semi-abierta facilita el abordaje y asegura, sobre todo a
los investigadores menos experimentados, que sus hipótesis o sus supuestos serán abarcados en
la conversación. Sin embargo, los experimentados, a la hora del análisis corren un serio riesgo, por
la tendencia que tienen a analizar tan sólo los temas previamente establecidos, sin tener el cuidado
de explorar las estructuras de relevancia de los entrevistados, traídas del campo.
Algunos autores señalan que, ante la explosión de la utilización de la informática, es
importante desarrollar técnicas que utilicen medios electrónicos, como grupos de discusión,
entrevistas en profundidad por e-mail, y otros.

166
 Entrevista cerrada o cuestionario

No cabría en este trabajo, que se limita a la investigación cualitativa, hablar sobre todas las
virtudes de la entrevista cerrada. Hay libros específicos que no sólo enseñan a elaborar
cuestionarios sino que también enumeran todos los cuidados y todo el rigor científico exigido para
su validez como instrumento de captación de datos e incluso para su articulación con la
investigación cualitativa. Entre las obras que tratan del tema, recomiendo el libro Evaluación por
triangulación de métodos (Minayo, Assis & Souza, 2005). En el caso de la investigación cualitativa,
los cuestionarios tienen un lugar de complementariedad en relación a las técnicas de
profundización cualitativa. Pues, en los abordajes cualitativos, el foco es colocado en la
comprensión de la intensidad vivencial de los hechos y de las relaciones humanas, en tanto en los
estudios cuantitativos se dedican a conocer y a explicar la magnitud de los fenómenos. En rigor de
verdad, es preciso decir, tal como lo dijo Kant (1980) que en todo el abordaje cualitativo se trabaja
con cantidad y viceversa: la síntesis de ambos se hace en la comprensión del tema específico de
estudio.

 Técnica Delphi
La técnica Delphi (Varela, 1991; Jones & Hunter, 1995) es un tipo de entrevista que apunta
al consenso, por medio de la utilización de la comunicación por escrito. Mediante el envío de una
serie de cuestionarios o guías por correo, el investigador busca conocer la opinión de un grupo de
personas que poseen informaciones sobre determinado problema en relación a: su dimensión, la
definición de objetivos y prioridades para su solución, así como sobre el abordaje teórico del tema.
En una primera fase, el investigador envía el instrumento (cuestionario o guía) a un conjunto de
especialistas. A partir de sus repuestas, es producido otro instrumento que toma en cuenta las
contribuciones de los especialistas y, se les envía nuevamente para que se pronuncien sobre su
grado de acuerdo con cada afirmación conseguida. Y así se procede sucesivamente, hasta que se
alcance un consenso. Es una estrategia importante para la evaluación de decisiones sobre
instrumentos que exigen conocimientos especializados. Esa técnica es usada también para apoyar
la construcción de instrumentos cerrados o semi-estructurados de una investigación que será
realizada a gran escala, por ejemplo, en el caso de los estudios multicéntricos o en red.

 Investigación en grupo
Las técnicas de grupo más comunes para la actividad de investigación son las de grupo
focal y las de brainstorming o de lluvia de ideas. Ambas son muy utilizadas en investigación
cualitativa, tanto de forma combinada con entrevistas, o como estrategias exclusivas.
El grupo focal se constituye en un tipo de entrevista o conversación en grupos pequeños y
homogéneos. Para ser exitosos, necesitan ser planificados, pues apuntan a obtener informaciones,
profundizando la interacción entre los participantes, tanto para generar consenso, como para

167
explicitar divergencias. La técnica debe ser aplicada mediante una guía que va de lo general a lo
específico, en un ambiente no-directivo, bajo la coordinación de un moderador capaz de conseguir
la participación y el punto de vista de todos y de cada uno. El valor principal de esta técnica se
fundamenta en la capacidad humana de formar opiniones y actitudes en la interacción con otros
individuos (Krueger, 1988). En ese sentido, el uso de los grupos focales contrasta con la aplicación
de cuestionarios cerrados y de entrevistas donde cada uno es convocado a emitir opiniones
individualmente.
Schrades (1987) comenta que, en el ámbito de determinados grupos sociales alcanzados
colectivamente por hechos o situaciones específicas, se desarrollan opiniones informales
abarcativas, de modo que, siempre que entre los miembros de tales grupos haya
intercomunicación sobre tales hechos, estos se imponen, influyendo normativamente en la
conciencia y en el comportamiento de los individuos.
La naturaleza de esta técnica difiere también de la observación en campo, donde se
focalizan comportamientos, relaciones e imponderables de la vida social. Los grupos focales
pueden tener una función complementaria a la observación participante y a las entrevistas
individuales o, por el contrario, ser la modalidad específica de abordaje cualitativo. Por eso son
usados para: (a) focalizar la investigación y formular preguntas más precisas; (b) complementar la
información sobre conocimientos peculiares a un grupo con relación a creencias, actitudes y
percepciones; (c) desarrollar hipótesis para estudios complementarios; (d) o, cada vez más, como
técnica exclusiva.
Desde el punto de vista operacional, la discusión en los grupos focales se hace en
reuniones con un pequeño número de informantes (de seis a doce). La técnica exige la presencia
de un moderador y de un relator. El primero tiene el rol de focalizar el tema, promover la
participación de todos, inhibir a los monopolizadores de la palabra y profundizar la discusión.
Scrimshaw & Hurtado (1987) resumen el papel del moderador de este modo: (a) introducir la
discusión y mantenerla encendida; (b) enfatizar en el grupo que no hay respuestas correctas o
incorrectas; (c) observar a los participantes, estimulando la palabra de cada uno; (d) buscar el
desinterés para proponer profundizaciones; (e) construir relaciones con los participantes para
profundizar individualmente, respuestas y comentarios considerados relevantes para la
investigación; (f) observar las comunicaciones no-verbales y (g) monitorear el ritmo del grupo
apuntando a finalizar el debate en el tiempo previsto. Generalmente el tiempo de duración de una
reunión no debe superar una hora y media.
Es preciso reforzar el papel complementario de los grupos focales, más allá de su
importancia específica y única. Junto con el uso de las historias de vida, de las entrevistas abiertas
o semi-estructuradas y de la observación participante, el investigador construye una serie de
posibilidades de información que le permiten triangular visiones y obtener más información sobre la
realidad.

168
Brainstorming o en español, lluvia de ideas, es una técnica de grupo volcada a generar
nuevas informaciones sobre temas específicos y promover el pensamiento creativo (March, et al.,
2002). Su creador, Osborn (1953), en 1941 concluye que un proceso interactivo de un grupo no
estructurado generaba más y mejores ideas que cuando los individuos trabajaban individualmente.
La utilidad de esa técnica es múltiple. En el campo de la investigación social es muy provechosa
para ayudar a definir un tema o un proyecto; para diagnosticar un problema; para discutir
conceptos nuevos; para dar un nuevo rumbo a un proyecto buscando identificar obstáculos y
soluciones.
En los grupos de brainstorming hay tres roles a ser desempeñados y algunos
prerrequisitos: coordinador, relator y miembros, cada uno con funciones específicas. Al coordinador
le corresponde preparar la reunión, elegir a los participantes, garantizar un ambiente calmo y
relajado. Luego, (1) debe describir el problema o el tema en discusión o colocarlo en una carpeta
de presentación o en una proyección multimedia; (2) explicar las reglas del trabajo, cuya esencia
consiste en la mayor libertad posible de expresión; (3) fijar los objetivos y recordarlos durante el
transcurso de la sesión; (4) conducir el proceso de lluvia de ideas y, al final, orientar la
profundización del tema.
El relator, más allá de auxiliar al coordinador en los aspectos organizativos, debe estar
atento para no dejar sin anotar nada sobre el proceso creativo e interactivo, registrándolo. La
elección de los miembros por parte del coordinador es crucial para el éxito del trabajo, buscando
que todos sean compatibles con el objetivo propuesto. Para la finalidad que pretenden alcanzar,
esos grupos no deben tener más de cinco o seis personas.
Como prerrequisitos para el éxito de los grupos de trabajo de brainstorming, (a) es preciso
que el ambiente sea tranquilo y relajado: (b) todas las ideas sean bienvenidas y no se debe emitir
juicio sobre ellas; (c) es preciso dar importancia a la creatividad de las contribuciones; (d) se debe
dosificar la discusión de las ideas y buscar su profundización, en el tiempo previsto para el trabajo
de grupo.
Las etapas a seguir para el buen uso de la técnica tienen muchas variantes, pero se
ofrecen aquí dos propuestas como ejemplo. La primera tiene como característica un grupo de
hablantes:
 la sesión se inicia con cada miembro del grupo escribiendo su idea con el menor número
posible de palabras y exponiéndola al grupo;
 el coordinador recoge las ideas y el relator las enumera sin sacar conclusiones y sin
interpretaciones;
 el ejercicio de expresión termina cuando no hay más ideas propuestas;
 todos juntos analizan, evalúan y organizan la producción colectiva, apuntando al objetivo
propuesto inicialmente.
Una segunda modalidad es la lluvia de ideas silenciosa: Los participantes piensan y
expresan sus ideas en muy breves palabras en una hoja de papel, en silencio. Lo que fue escrito

169
es colocado sobre la mesa. A continuación las intercambian, agregando nuevas ideas a la del
compañero o compañera, y así sucesivamente. Este proceso puede continuar durante 30
minutos, permitiendo a cada participante construir sobre las ideas de los otros, valorizando todas
las contribuciones y evitando intimidaciones por parte de los miembros más dominantes del
grupo.
Cabe resaltar que, como todas las otras formas de abordaje, también los grupos focales o
lluvia de ideas están condicionados por la interacción social y deben ser usados a partir de la
conciencia de sus ventajas y sus límites.

 Utilización de instrumentos para el registro de las diversas modalidades de entrevista


El registro fidedigno, y de ser posible ipsis litteris, de entrevistas y otras modalidades de
colecta de dados que tienen en el habla su materia prima, es crucial para una buena
comprensión de la lógica interna del grupo o de la colectividad estudiada. Entre los instrumentos
de garantía de la fidedignidad el más usual es la grabación de la conversación. O, aún, cuando
existe la posibilidad técnica y la apertura del grupo investigado, pueden ser usados otros
recursos como filmaciones. Es necesario resaltar que cualquier intento por asegurar el registro
en toda su integridad precisa del consentimiento del interlocutor. En general, el investigador de
campo no suele tener dificultad en la presentación de estos instrumentos y en la concesión del
consentimiento de los entrevistados para utilizarlos. Existen ciertas restricciones y oposiciones,
sin embargo, cuando el tema del habla es espinoso, controvertido o polémico y pone en riesgo el
desempeño o la reputación de la persona que continuará formando parte de su grupo luego de
que el investigador se haya ido de campo.
Cuando no es posible grabar o filmar, considero crucial que el investigador intente registrar
el habla, inmediatamente después de la entrevista, debiendo hacer lo mismo con los registros de
la observación participante. No se debe confiar en la memoria, pues la lógica del investigador
permanentemente se infiltra en la observación, disminuyendo la importancia de la dinámica
específica de su objeto de investigación.

Observación participante
La Observación Participante puede ser considerada una parte esencial del trabajo de
campo en la investigación cualitativa. Su importancia es de tal orden que algunos estudiosos la
toman no sólo como una estrategia en el conjunto de la investigación, sino como un método en sí
mismo, para la comprensión de la realidad. Sobre el tema, Schwartz & Schwartz (1955) proponen
la siguiente formulación:
Definimos observación participante como un proceso a través del cual se mantiene la
presencia del observador en una situación social, con la finalidad de realizar una
investigación científica. El observador está en relación cara a cara con los observados y, al
participar de sus vidas, en su escenario cultural, colecta datos. Así el observador es parte

170
del contexto bajo observación, al mismo tiempo modificando y siendo modificado por este
contexto (1955, p. 355).

Esa conceptualización aparentemente completa no puede ser considerar unánime en el


debate de las ciencias sociales. Las controversias existen con relación a la propia práctica de
observación, al “qué” y al “cómo” observar. Vale decir que es en el seno de la antropología que se
inicia la reflexión sobre la estrategia de Observación, tratada como forma complementaria de
comprensión de la realidad empírica. Una cosa es cierta en la opinión de todos los estudiosos:
existe la necesidad del investigador de relativizar su espacio social, aprendiendo a colocarse en el
lugar del otro. En el trabajo cualitativo, la proximidad con los interlocutores lejos de ser un
inconveniente es una virtud. Como señala Da Matta, “para distinguir el parpadeo mecánico y
fisiológico de un guiño sutil y comunicativo, es preciso sentir la marginalidad, la soledad y la
nostalgia. Es preciso cruzar los caminos de la empatía y de la humildad” (1978, p.35). En este
texto, abordo las diversas líneas de pensamiento sobre el asunto y su contribución específica a la
construcción del proceso de investigación.

171
> El Debate Teórico en torno del concepto de Observación Participante
El texto considerado por los antropólogos como un clásico sobre Trabajo de Campo fue
escrito en 1922, por Malinowski, a propósito de su inserción entre los nativos de las Islas
Trombiand, denominado Los Argonautas del Pacífico (Malinowski, 1984). Aunque teniendo en
cuenta que ese estudio refleja las concepciones funcionalistas de su autor, la rica experiencia
transmitida y las bases metodológicas lanzadas por él continúan actuales y su legitimidad
permanece intocable hasta hoy. Malinowiski (1984), a partir de su experiencia resalta los pasos de
la inserción en la realidad empírica: (a) la necesidad de tener un bagaje científico; (b) la
importancia de la observación participante; (c) la utilización de técnicas de colecta, ordenamiento y
presentación de lo que denomina evidencias. Malinowski (1984) valoriza el proceso de observación
directa, distinguiéndolo de los otros momentos del trabajo de campo, como los de relatos de los
entrevistados y los de interpretaciones e inferencias del investigador.
Junto con Radcliffe-Brown (1958), otro antropólogo inglés, Malinowiski (1975; 1984)
revolucionó la antropología en las tres primeras décadas del siglo XX. Son suyas las siguientes
8
palabras : “Toda la estructura de una sociedad se encuentra incorporada en el más evasivo de
todos los materiales: el ser humano”, (Malinowiski, 1984). Sobre la tarea del etnógrafo acrecienta:
Ese material evasivo que es el ser humano no tiene una visión integrada resultante del todo y
cabe al investigador organizarla a partir de tres puntos de vista: (a) la estructura de la
constitución; (b) los imponderables de la vida real o del comportamiento típico; (c) y el
espíritu nativo (1984, p.40).

Malinowski hace una crítica radical a los tipos de investigación social que aprehenden tan
sólo un nivel de la realidad a través de los surveys. Comenta que ese tipo de ciencia percibe sólo
el esqueleto de la sociedad, pero no comprende la vida que palpita, porque el cientista está lejos
del lugar donde la vida sucede:
Hay una serie de fenómenos de gran importancia que no pueden ser registrados por medio
de preguntas o en documentos cuantitativos, sino que deben ser observados en su realidad.
Denominémoslos los “imponderables de la vida real”. Entre ellos se incluyen cosas como la
rutina de un día de trabajo, los detalles del cuidado del cuerpo, la forma de comer y de
preparar la comida; el tono de las conversaciones y de la vida social alrededor de las casas
de la aldea, la existencia de grandes hostilidades y de simpatías y antipatías pasajeras entre
personas; la forma sutil pero incuestionable en que las vanidades y ambiciones personales
se reflejan en el comportamiento de los individuos y en las reacciones emocionales de los
que lo rodean (Malinowiski, 1984, p.55).

En ese texto, Malinowski sugiere un tipo de comportamiento en campo, por medio del cual
define la esencia de la antropología: “Ella es una actitud que consiste en desarrollar una visión
estereoscópica de las actividades e ideas humanas a través de conceptos inteligibles por todos”
(1984, p.256).

8
Como referencia, ver MALINOWSKI, B. Argonautas do Pacífico y otros textos de la colección Pensadores. San Pablo:
Abril; 1984. RADCLIFFE-BROWN. Method in Social Anthropology. Chicago: The Univ. of Chicago Press; 1958.

172
Malinowski enseña lo que debe ser observado en una realidad empírica determinada: (a) el
conjunto de reglas formuladas o implícitas en las actividades de los componentes de un grupo
social; (b) la forma como esas reglas son obedecidas o transgredidas; (c) los sentimientos de
amistad, de antipatía o simpatía que permean a los miembros de la colectividad; (d) el aspecto
legal y el aspecto íntimo de las relaciones sociales; (e) las tradiciones, costumbres y el tono y la
importancia que le son atribuidos; (f) las ideas, los motivos y los sentimientos del grupo en la
comprensión de la totalidad de su vida, verbalizados o evidenciados en gestos y actitudes por
medio de sus categorías de pensamiento.
Aunque Malinowski separe, a efectos de su estudio, la realidad social en tres niveles
(verbalizaciones, comportamientos, estructuras), su intención es la reconstrucción teórica de la
totalidad, a la que denomina “estructura de la constitución” de la sociedad analizada, a través de lo
que es típico y recurrente en el grupo social.
Para conseguir aprehender la “totalidad funcional”, Malinowski (1984) presenta un método,
que en sus principios generales puede ser resumido de este modo:

173
 Tener objetivos realmente científicos y conocer los valores y criterios de la etnografía moderna.
Eso significa sumergirse en la realidad y concomitantemente dominar los referenciales
teóricos necesarios para la investigación. La actitud de observador científico consiste en colocarse
bajo el punto de vista del grupo investigado, con respeto, empatía e inserción, lo más íntima e
intensamente posible. Significa, por parte del investigador, abrirse al grupo, sensibilizarse con su
lógica y su cultura, recordando que la interacción social forma parte de la condición y de la
situación de investigación. Dice Malinowski, valiéndose de una metáfora:
El etnógrafo no tiene sólo que extender sus redes en el lugar correcto y esperar lo que en
ella caerá. Debe ser un cazador activo y dirigirla hacia su presa y seguirla hasta sus refugios
más inaccesibles (1984, p.45).

O sea, cabe al investigador ser un explorador insistente, que está siempre entre las
referencias de los conocimientos teóricos y de las informaciones de campo:
Un buen entrenamiento teórico y la familiaridad con los más recientes resultados científicos
no son equivalentes a estar cargado de ideas preconcebidas. Si un individuo inicia una
investigación con la determinación de probar ciertas hipótesis, si no es capaz de cambiar
constantemente sus puntos de vista y de rechazarlos sin resistencia, bajo la presión de las
evidencias, es innecesario decir que su trabajo será inútil (1984, p.45).

Sin embargo, el mismo autor subraya la necesidad de la preparación teórica:


Cuantos más problemas el investigador lleve a campo, cuanto más habituado esté a
conformar sus teorías a los hechos y a considerar los hechos en su importancia para la
teoría tanto mejor capacitado estará para el trabajo. Las ideas preconcebidas son
perniciosas en cualquier tarea científica, pero los problemas previstos constituyen la principal
cualidad de un pensador científico, y esos problemas son revelados, por primera vez al
observador, por sus estudios teóricos (1984, p.45).

 Disponer de buenas condiciones de trabajo y disponerse a vivir en el contexto, abierto a la


realidad del grupo investigado.
Ciertamente, con esta frase, Malinowski, se estaba refiriendo a su experiencia concreta entre
los indígenas, donde la lengua, las costumbres y la organización social lo apelaban, por un lado, a
sumergirse para poder entender. Por otro lado, la comunidad blanca presente en la localidad
donde investigaba, era una tentación permanente de evasión del cansancio que las profundas
diferencias sociales y culturales le provocaban y lo inducían a buscar lo habitual y lo conocido. Si
substantivamente la situación de un investigador en el seno de una comunidad indígena es muy
diferente, la disposición de integrarse en el contexto de investigación constituye una condición
importante para una buena investigación empírica. En el mismo sentido que Malinowiski (1984),
Schutz(1979), al profundizar los principios y las formas del abordaje fenomenológico, da relevo al
encuentro de subjetividades o a la intersubjetividad entre el investigador y sus interlocutores:
Hay una diferencia esencial en la estructura de los objetos, de los pensamientos o
construcciones mentales formadas por las ciencias sociales y por las ciencias naturales. [...]
El mundo de la naturaleza, tal como es explorado por el cientista natural, no significa nada
para las moléculas, átomos y electrones que en él existen. El campo de observación del

174
cientista social, o sea, la realidad social, tiene un significado específico y una estructura de
relevancia para los seres humanos que viven, actúan y piensan dentro de esa realidad
(Schutz, 1979, p.266-267).

Preocupado por la cotidianidad del hombre simple o del hombre de la calle, este autor dice
que los objetos de pensamiento, construidos por el cientista social, tienen que estar basados en el
sentido común de las personas que viven cotidianamente dentro de una determinada realidad.
La fenomenología piensa la relación entre el investigador y el investigado como una
interacción donde las estructuras de significados de ambos, son observadas y traducidas para las
construcciones consistentes de un marco referencial teórico. Para eso, Schutz (1979) propone
algunas actitudes al trabajador de campo: (a) colocarse en el mundo de los entrevistados,
buscando entender los principios generales que siguen en su vida cotidiana para organizar sus
experiencias, particularmente las de su universo social. Develar esa lógica es condición preliminar
de la investigación; (b) mantener una perspectiva dinámica, que al mismo tiempo tome en cuenta
las relevancia de los actores sociales y tenga en mente al conjunto de interrogantes traídos por él,
a partir de su abordaje teórico. Actuar activamente en la construcción de esa relación; (c)
abandonar, en la convivencia, una postura externa de cientista, entrando en la escena social de los
entrevistados como una persona común que comparte el cotidiano; (d) adoptar en campo un
lenguaje del sentido común propio de los actores sociales que observa.
Las actitudes propuestas por Schutz (1979; 1982), para quien va a campo, son también
resaltadas por Cicourel en sus escritos sobre el observador participante. Este sociólogo insiste
particularmente en la construcción, por parte del investigador, de lo que denomina modelo del
actor, resaltando que los dos contextos de investigación, el científico y del sentido común, son
ambos construcciones elaboradas por el cientista” (1969, p.110).
El observador científico necesita de una teoría que provea un modelo del actor, el cual está
orientado para actuar en un medio de objetos con características atribuidas al sentido
común. El observador precisa distinguir las racionalidades científicas que usa para ordenar
su teoría y sus resultados, de las racionalidades del sentido común que atribuye a los
actores estudiados (Cicourel, 1969, p.110).

El mismo tema relativo a la inserción del investigador en el campo es también profundizado


por Raymond Gold (1958), a través de la propuesta de cuatro situaciones teóricamente posibles,
que van de un extremo donde el investigador es un participante total, al otro, donde se contenta
con ser observador total. Tal clasificación que cito a continuación, aunque esquemática, tiene el
mérito de resaltar las posturas más comunes en el trabajo de campo, donde la claridad de
actitudes contribuye a una mejor posibilidad comprensiva de las realidades específicas. Es claro
que las nociones de “familiar” y de “extranjero” utilizadas por Gold (1958) deben ser relativizadas y
adaptadas, cuando se aplican a estudios de la sociedad contemporánea.

175
Por Participante-Total, Gold (1958) entiende la postura del investigador que se propone
9
participar enteramente, “como nativo ” en todas las áreas de la vida del grupo que está en estudio.
Cicourel también utiliza el mismo término cuando dice: “Quiero sugerir con esto que el valor crucial,
en lo referente a los resultados de la investigación, reside más en la auto-orientación del
participante total que en su papel superficial cuando inicia el estudio” (Cicourel, 1969, p.91-92).
La categoría participación total corresponde mejor a los investigadores que se involucran
en el estudio de sociedades indígenas, como lo muestra Lévi-Strauss:
Cuando asume, sin restricción mental y sin segundas intenciones, las formas de vida de una
sociedad extranjera, el antropólogo practica la observación integral, aquella más allá de la
cual no hay más nada, a no ser la absorción definitiva – y es un riesgo – del observador por
el objeto de su observación (1975, p.216).

Ese riesgo de inmersión total en un mundo diferente ha sido asumido por muchos
investigadores que practican la Investigación Participante o Investigación-Acción, como observan
ciertos estudiosos (Durham, 1986; Zaluar, 1986) o aún por investigadores que pasaron a vivir en
comunidades indígenas dentro de la cultura nativa.
El Participante-como-Observador adquiere un papel significativamente diferente del status
anteriormente descrito, porque, en este caso, el investigador deja claro para sí y para el grupo que
su relación de campo se restringirá al tiempo de la investigación. La participación, sin embargo,
tiende a ser profunda y tiende a darse por la adopción de hábitos, formas de acción solidaria y
vivencia conjunta y acompañamiento de acontecimientos considerados importantes por los
entrevistados dentro de sus rutinas cotidianas. La conciencia, de los dos lados, de una relación
temporaria (en tanto dura el trabajo de campo) ayuda a minimizar los problemas de
involucramiento que inevitablemente suceden, cuestionando la supuesta “objetividad” en las
relaciones.
El Observador-como-Participante es una tercera modalidad de observación. Suele ser
utilizada, frecuentemente, como estrategia complementaria al uso de las entrevistas, en las
relaciones con los actores, en momentos considerados importantes a efectos de la investigación.
Se trata de un modo de observación casi formal, por un corto lapso de tiempo, y sus limitaciones
derivan de ese contacto bastante superficial.
Como Observador-Total, el investigador no comunica a los grupos que está estudiando, el
hecho de que los está observando y no se involucra con la vida de sus interlocutores. La
“observación total” es una estrategia raramente usada de forma pura, teniendo un papel
complementario en relación a otras iniciativas de campo.
Los cuatro roles del observador, tipificados por Gold (1958), sirven para fines analíticos. En
verdad ninguno de ellos se realiza puramente a no ser en condiciones especiales. En diferentes
etapas del trabajo de campo, un procedimiento puede ser privilegiado en relación a los otros. Eso

9
“Como nativo”, “tornarse nativo”, expresiones que significan la máxima identificación posible con el grupo investigado.

176
ocurre a causa de las condiciones de la investigación o de los acontecimientos considerados
importantes en relación a la finalidad de la investigación. Más que un a priori del tipo de
investigador que se desea ser en el campo, es preciso considerar la observación participante como
un proceso construido doblemente por el investigador y por los actores sociales involucrados. Ese
proceso tiene momentos cruciales, que deben ser encarados tanto desde el punto de vista
operacional como teórico. El primero de ellos es la entrada en campo.
Paul Benjamin, en una reflexión sobre la entrada en campo dice que:
“Es oportuno y a veces esencial hacer los contactos con las personas que controlan la
comunidad. Esas personas pueden tener status en la jerarquía de poder o posiciones
informales que imponen respeto. El apoyo de ellas al proyecto puede ser crucial y ellas
pueden ser útiles para hacer otros contactos.” (1953, p.430).

La experiencia confirma y relativiza las observaciones de este antropólogo americano.


Ciertamente las personas que introducen al investigador en el campo son junto a él responsables
tanto la primera impresión, como de las puertas que se abrirán o se cerrarán. El relato de
Berreman (1975) sobre su experiencia en una comunidad Himalaya, ya resumido aquí, es bastante
elocuente sobre el tema. La experiencia acumulada muestra que el perfil de los informantes y la
calidad de los datos recogidos tiene que ver con el impacto de la entrada y de la presentación del
investigador. Sin embargo, su sensibilidad y capacidad de empatía en el campo pueden minimizar
aspectos impactantes iniciales. Es posible, por ejemplo, a medida que el trabajo avance, utilizar
7
técnicas como la llamada “bola de nieve” , por medio de la cual el investigador va informándose
sobre otros posibles interlocutores, sucesivamente, y así, prescindiendo de las personas que lo
introdujeron al grupo, creando una base de confiabilidad para su trabajo. Frente a la situación
particular de la investigación, está en juego la capacidad de empatía, de observación y de
aceptación del investigador que no puede ser transformada en recetario práctico.
Un segundo momento de la inserción (segundo momento aquí entendido sólo a los fines
del análisis) es el de la definición del papel del investigador al interior del grupo donde está
integrándose. Benjamin afirma que:
En parte, el investigador de campo define su propio papel, en parte su papel es definido por
la situación y por la perspectiva de los nativos (o grupos). Su estrategia es la de quien
participa de un juego. Ella no puede predecir las jugadas precisas que el otro lado va a
hacer, pero puede anticiparlas de la mejor forma posible y en consecuencia hacer sus
jugadas (1953, p. 431).

Los roles reales que el investigador desempeñará variarán de acuerdo a la situación de la


investigación. En realidad, el investigador es menos observado por los grupos, por la base lógica
de sus estudios y más por su personalidad y comportamiento. Las personas que lo introducen en el

7
La técnica “bola de nieve” consiste en, partiendo de un interlocutor, ir sumando otros y así sucesivamente, minimizándose
los efectos del “poder de las personas y los grupos” ocasionalmente existentes en la entrada del investigador en campo.

177
campo y sus interlocutores quieren saber si él es “una buena persona” y si no va “a hacerle mal al
grupo”, no va a traicionar “sus secretos” y sus estrategias para resolver los problemas de la vida.
Hay múltiples situaciones de investigación, pero como norma general, la figura del
investigador es construida con su colaboración apenas parcial, pues la imagen que proyecta
reverbera en el grupo a partir de las referencias que éste posee, dentro de sus patrones culturales
específicos. De la misma forma, la visión que el investigador construye sobre el grupo depende de
las personas con quien se relaciona. De esta forma la visión de las dos partes será siempre
incompleta e imprecisa.
Esa construcción mutua del investigador y de los investigados a través de la interacción, es
analizada por Berreman (1975) a través de la imagen del teatro. Berreman (1975) afirma, a partir
de su experiencia y usando reflexiones de Goffman (1959) sobre la “Construcción del Yo en la Vida
Cotidiana”, donde ambos, investigador e investigado, son actores representando personajes, uno
frente al otro. Así como en el teatro están los bastidores, “región interior”, y el escenario, “región
exterior”, (como ya fue dicho) y las personas tienden a expresarse sobre el escenario, o sea, a
través de las reglas oficiales y formales. Sin embargo, con relación a la comprensión de la realidad,
Berrenan enfatiza que tanto el conocimiento de las regiones interiores (los secretos de los
bastidores) de la vida de un grupo, como el de la escenificación exterior, o sea, de la visión oficial,
son componentes esenciales. Las ponderaciones de Berrenan se encuentran con las de
Malinowski (1975; 1975a; 1968), cuando este antropólogo resalta la necesidad de investigar tanto
la trazos estructural como los “imponderables de la vida real” y los “aspectos íntimos de las
relaciones sociales”.
Si la entrada en campo tiene que ver con los problemas de identificación, obtención y
sustentación de contactos, la salida es también un momento crucial. Las relaciones interpersonales
que se desarrollan en el transcurso de la investigación no se deshacen automáticamente con la
finalización de las actividades previstas. Hay un “contacto” informal de favores y de lealtad que no
da para ser quebrado bruscamente bajo pena de decepción: los investigadores trabajan con
personas luego con relaciones y con afecto. No existen recetas para ese momento, pero sí algunas
preguntas que pueden ser formuladas y respondidas por el investigador: ¿Dónde quedan las
relaciones posteriores al trabajo de campo? ¿Cuál es el compromiso del investigador con el grupo,
en lo concerniente a los datos primarios recolectados, su uso científico y las formas de retorno? En
resumen, la salida del campo envuelve problemas éticos y de práctica teórica. La relación
intersubjetiva que se crea puede contribuir a la definición del tipo y del momento del corte
necesario en las relaciones más intensas y un plano de continuidad posible o deseada.
Para concluir, es evidente que las dificultades de inserción del investigador en el campo no
pueden ser pensadas tan sólo como una cuestión que el tiempo de contacto resolverá. Existen
dificultades propias de ese período de la investigación que deben ser objeto de reflexión y de
planificación como parte de las estrategias de construcción del conocimiento.

178
 Aplicación de un cierto número de métodos particulares para seleccionar, recolectar, manipular
y establecer los datos (Malinowiski, 1975a).
Malinowski considera esta triangulación de perspectivas en el campo como el tercer
parámetro del éxito de la investigación empírica. Se refiere a la necesidad de combinación del
registro de la “organización social y de la anatomía de la cultura”, a través del “método de
documentación estadística concreta”, con la observación de los “imponderables de la vida real” a
través de una observación minuciosa, que será detallada en el diario de campo; “una lista de
declaraciones etnográficas, narraciones de los nativos, expresiones típicas, fórmulas mágicas,
leyendas y piezas del folclore que dan cuenta de la mentalidad del grupo” (1975a, p.61). El autor
comenta además, que el objetivo de la observación y del registro es aprehender el “punto de vista
del nativo, su relación con la vida y su visión del mundo y así aprehender el sistema total” (1975a,
p.62).
Otros investigadores con posterioridad a Malinowski también se han ocupado de desarrollar
procedimientos teóricamente fecundos para la observación participante. Algunos de ellos como
Cicourel (1969a) y Denzin (1973) entran en discusión con los apologistas de los métodos
cuantitativos, para quienes, la observación participante es sinónimo de “impresionismo”.
Denzin (1973) insiste en que, en comparación con los cientistas que trabajan con “surveys”,
el investigador de campo que incluye en su investigación la observación participante, está más
libre de prejuicios, dado que no es, necesariamente, prisionero de un instrumento rígido de colecta
de datos o de hipótesis testeadas previamente, y tampoco durante el proceso de investigación. La
fluidez de la propia naturaleza de la observación participante le concede al investigador la
posibilidad de usufructuar además, los datos que los “surveys” proporcionan. En la medida en que
convive con el grupo, el observador puede retirar de su guía cuestiones que percibe como
irrelevantes desde el punto de vista de los interlocutores; consigue también comprender los
aspectos que van aflorando de a poco, situación imposible para un investigador que trabaja con
cuestionarios cerrados y anticipadamente estandarizados. La observación participante ayuda, por
lo tanto, a vincular los hechos con sus representaciones y a develar las contradicciones entre las
normas y reglas, y las prácticas vividas en el cotidiano del grupo.
Cicourel (1969a) también enaltece las virtudes de la observación participante, pero es más
exigente que Denzin (1973) con relación a la validez de esa estrategia. Su preocupación está
volcada a las condiciones que posibilitan el testeo de hipótesis y resuelvan los problemas de
inferencia y de pruebas correctas.
Con relación a la cuestión de la objetividad, oponiéndose al impresionismo, Cicourel (1969a)
comenta que cuanto mayor es la participación del observador, mayor es el riesgo de su
involucramiento, pero también, mayor es la posibilidad de que consiga penetrar en la llamada
“región interior” del grupo. Si la participación más profunda dificulta el testeo de hipótesis, en
contraposición, puede develar los códigos del grupo y sus significados más íntimos. Este autor

179
resalta que el control de la objetividad de los datos obtenidos a través de la observación
participante debe ser realizado mediante revisiones críticas del trabajo de campo, la explicitación
de los procedimientos adoptados y de los diferentes roles representados por los miembros del
grupo investigado y por el propio investigador.
Cicourel advierte sobre el hecho de que muchos investigadores consideran a los datos
obtenidos en campo como la traducción de la verdad, sin tener en cuenta la situación y las
condiciones de su trabajo empírico. Con respecto a la pretendida “objetividad” de los datos, él dice:
“estos relatos post facto simplemente acrecientan observaciones descriptivas de validez dudosa
para el conjunto de la ciencia social” (1969a, p.97). Por eso, este autor recomienda que sea cual
fuere el resultado de la investigación, es preciso explicitar todas las fuentes de información sobre el
problema investigado, el contexto en el cual la investigación se desarrolló, tanto desde el punto de
vista institucional, de la relación entre investigadores, como de la situación y de las condiciones de
trabajo de campo. Esos datos deben formar parte del cuerpo del análisis y son necesarios para la
comprensión contextualizada del objeto de estudio.
Cicourel usa un término de Becker (1958, p.652), “historia natural de la investigación” para
hablar de la importancia del registro en el trabajo de campo, de forma procesual: (1) de las
intenciones implícitas o explícitas; (2) de la teoría y de la metodología; (3) de las cambios de
posición en el transcurso del trabajo, cuando hay hipótesis o supuestos permanentemente
testeados:
Cada paso produce datos que pueden ser relacionados con los datos a ser obtenidos
posteriormente, a fin de mejorar la teoría, la metodología y clarificar el problema central”.
(Cicourel, 1969, p.118).

Finalmente, concluye que, aún cuando el investigador comienza su trabajo con nociones
vagas respecto del tema a ser estudiado, debe testear algunas hipótesis específicas, detallando
minuciosamente sus procedimientos metodológicos y sus suposiciones teóricas sobre la naturaleza
de los grupos y del orden social. En resumen, en este punto existe concordancia entre Cicourel
(1969a) y Popper (1973) cuando este filósofo de la ciencia dice que “la objetividad de los
enunciados científicos reside en el hecho de que puedan ser intersubjetivamente sometidos a
testeo” (1973, p.41).
Bourdieu (1973), un autor que intervino en importantes trabajos de campo advierte que no
existen las virtudes mágicas en la observación participante, aunque esa técnica sea enaltecida por
muchos que piensan equivocadamente que el conocimiento proviene de la práctica. Para Bourdieu,
“la práctica que aparece como condición de una ciencia rigurosa no es menos teórica”, y
acrecienta:
Es necesario recordar que el privilegio presente en toda actividad teórica, en la medida en
que ella supone un corte epistemológico, pero también social, gobierna sutilmente esta
actividad [la observación participante]. Esto conduce a una teoría de la práctica que es
correlativa al hecho de omitir las condiciones sociales en la producción de la teoría (1973,
p.158).

180
Bourdieu insiste en que, en la producción de cualquier teoría, el investigador tiene que
romper con el sentido común del grupo investigado. Y, en una segunda ruptura, cuestionar siempre
los supuestos inherentes en su calidad de observador externo y extraño al grupo:
[Lugar] de extranjero que, preocupado por interpretar las prácticas de otro grupo, tiende a
importar hacia el objeto los principios de sus relaciones con ese objeto, incluyéndose aquí
sus relevancias (Bourdieu,1973, p.160).

Retomo las reflexiones iniciales de este capítulo. Como cualquier etapa o técnica de
trabajo de investigación, la observación tampoco es neutra. ¿Qué observar? ¿Cómo observar?
Son cuestiones influenciables por los esquemas teóricos, preconceptos y supuestos del
investigador y por las reacciones de los interlocutores en campo.
De esta forma, sobre la observación, la posición funcional positivista intenta enfatizar a la
estructura social y a la totalidad, a partir del “caleidoscopio” que es la realidad, considerada como
un sistema natural reductible a leyes sociológicas. La teoría fenomenológica enfatiza la
construcción del “modelo de actor”, formulada a partir de la comprensión de las estructuras de
relevancia y de la cotidianidad compartida entre los miembros del grupo. Por eso, da importancia a
la delimitación del “campo de acción” del cientista social como intrínsecamente diferente al del
cientista natural. De este modo, Schutz (1971) define la labor del investigador como la capacidad
de reconstruir, a partir del sentido común de los interlocutores, una tipificación de la realidad a ser
comprendida, interpretada y comparada.
La etnometodología, que si bien al interior de la sociología más tradicional defiende los
procedimientos de trabajos de campo, no desarrolla una metodología particular de observación.
Influenciada por la socio-lingüística, la antropología y la fenomenología, ella actúa a partir de esas
tradiciones. Reconoce como importante la realización de un tipo de observación contextualizada
que lleve al investigador a examinar detalladamente los fenómenos, describirlos e interpretarlos. Es
un abordaje extremadamente crítico de la observación positivista que ve el acto en sí mismo sin
considerar las presiones sociales que juzgan la acción del sentido común sin racionalidad (Park &
Burgess, 1921; Payne, et al., 1981).
La posición de la etnometodología, particularmente de la etnometodología etnográfica,
coincide con el abordaje tradicional de la antropología. Sus adeptos, sin embargo, intentan
diferenciarla, criticando a la antropología de ser eminentemente descriptiva. Goudenough insiste en
que no se puede explicar una cultura describiendo comportamientos sociales, económicos o
eventos ceremoniales y cómo determinado fenómeno se presenta. El desafío, según él, es
construir una teoría de los modelos conceptuales respecto de lo que representan los diversos
eventos y de los cuales ellos son productos. Por lo tanto “teoría y observación deben venir juntas”
(Goudenough, 1964, p. 85).

181
Las críticas relativas a la etnometodología que utiliza primordialmente la observación
participante, se concentran exactamente en su preocupación excesiva por lo empírico y por
fundamentar allí su interpretación. Se produce en ella un proceso de reducción del conocimiento a
los significados subjetivos que los sujetos crean de su mundo, y de la estructura social a los
procedimientos interpretativos.
La teoría marxista ha desarrollado poco su reflexión sobre el trabajo de campo. En realidad,
en la “Enquête Operária”, Marx (1973) propone que sean los propios trabajadores los que apliquen
los cuestionarios. De esta forma, la figura del investigador externo al campo no existe. Las
múltiples posiciones del marxismo con relación al trabajo de campo han variado desde la pura
omisión al intento de realizar una sociología crítica, como es en este último caso la propuesta de
Thiollent (1987). Con relación a este tema, Thiollent (1987) dice que no se puede decir que en el
marxismo contemporáneo exista una posición única respecto de la investigación en general y de la
sociológica en particular. En la presentación del libro ¿Existencialismo o Marxismo? de Lukács
(1967), el traductor comenta la polémica de los años ‘60 del siglo XX en Francia, en la que Sartre
acusa a los marxistas de esclerosis, de incapacidad de aprehender lo particular, de percibir las
representaciones como síntesis de todas las mediciones del ser humano en su vida concreta. En
cambio Lukács (1967) acusa al existencialismo de estar comprometido con la clase burguesa.
Ambos hablaban en nombre de Marx & Engels (1967). Esa misma crítica, fue continuada por los
etnometodólogos, respecto de la incapacidad del marxismo de abordar hechos particulares. En la
medida en que se contentó con los macro-análisis o con las discusiones exegéticas de los textos
clásicos de Marx & Engels (1967), muchos marxistas paralizaron su reflexión científica sobre la
realidad empírica particular. Esa postura distante de los problemas concretos o tan sólo exegética,
es llamada por Thiollent como “teoricismo formalista” (1987, p.24), perdiendo el sentido
fundamental en las ciencias sociales: la investigación. Comenta Thiollent:
Sin investigaciones nuevas y sin preocupación por elaborar nuevos modos de investigación
sólo se puede discutir la forma de presentación de conocimientos antiguos, cuya capacidad
de dar cuenta de la realidad actual es problemática (1987, p.27).

Panzieri (1968) en “La Concepción Socialista de la Encuesta Obrera” hace la misma crítica
que Thiollent elabora sobre la posición dogmática, al considerar a la sociología como una ciencia
burguesa. Esa postura produjo que el marxismo como sociología, retroceda. Y acrecienta: “Me
parece que la sociología burguesa se desarrolló al punto de presentar ciertas características de un
análisis científico que supera al marxismo” (Thiollent, 1987, p.227).
En contrapartida, Panzieri critica también a los abordajes sociológicos y antropológicos que
recortan la realidad y la observan de forma reducida y fragmentada. En particular, sobre la
observación participante, comenta:
El momento de observación sociológica, conducida según criterios serios y rigurosos está
por lo tanto vinculada a la acción política por una continuidad muy precisa; la investigación
sociológica es una especie de medición sin la cual nos arriesgamos a hacer una idea

182
optimista o pesimista, de cualquier modo absolutamente gratuita, del grado de conciencia de
clase y de la fuerza de oposición alcanzada por ella. Aunque, es claro que esa consideración
influye sobre los objetivos políticos de la investigación y representa su principal objetivo
(Panzieri, 1968, p.228).

Panzieri considera a la investigación como un instrumento de conocimiento de la realidad


obrera y como contribución a la elevación de la conciencia de clase. En el mismo camino, Thiollent
(1987) también crítica lo que denomina actitud “pasiva” o “positivista” de la observación sociológica,
proponiendo una alternativa de “cuestionamiento” a ser desarrollada a través de la “investigación-
acción”. Ambos autores recomiendan que el investigador se involucre con a realidad que estudia y
con los actores sociales que busca conocer.
El involucramiento del investigador con el grupo investigado, actuando en propuestas de
transformación, ha sido resaltado en las modalidades de investigación participante y de
investigación-acción. Tales abordajes, sin embargo, merecen cuidados epistemológicos que son
mencionados por algunas investigadoras como Durham (1986); Cardoso (1986); Zaluar (1986).
Estas autoras critican el excesivo empirismo de estos tipos de investigación y su carácter más
militante que científico.
Algunos filósofos marxistas dan algunas pistas coincidentes con la praxis de la observación
participante, pero sin proponer, en ningún momento, propuestas técnicas de cómo realizarla. Joja
(1965), en La Lógica Dialéctica afirma:
Lo singular y lo particular manifiestan la esencia, lo general, en una exuberancia de atributos
donde es difícil distinguir lo esencial de aquello que no el es, tanto que aquello que no es
esencial es más visible y puede, a veces, desempeñar el papel de esencial”. [...] “En lo
singular percibimos lo general que allí está incluido y realizado: según la expresión plástica
de Filipon, lo universal es la comunidad por la cual todos los particulares se comunican (Joja,
1965, p.77).

Un marxista importante como Kosic, resaltando la importancia de las manifestaciones


fenoménicas de la realidad, hasta podría ser confundido con un fenomenologista:
En el trato utilitario y práctico de las cosas, donde la realidad se revela como el mundo de los
medios, fines, instrumentos, exigencias y esfuerzos para satisfacerlas, el individuo ‘en
situación’ crea sus propias representaciones de las cosas y elabora todo un sistema
correlativo de nociones por las cuales capta y fija el aspecto fenoménico de la realidad. Esas
representaciones se reproducen inmediatamente en la mente de aquellos que realizan una
determinada praxis histórica, como categorías de pensamiento común (Kosic, 1969, p.10).

Pero Kosic se distingue del clásico fenomenologista Schutz (1979), al resaltar el papel de las
determinaciones mayores sobre una realidad empírica:
Se trata de una praxis fragmentaria, basada en la división del trabajo, en la división de la
sociedad en clases y en la jerarquía de posiciones sociales derivadas de la división en
clases. [...] El fenómeno muestra la verdad y la esconde. [...] Captar el fenómeno sería
indagar y describir como la cosa se manifiesta y se esconde en él. [...] La realidad es la
unidad del fenómeno y de la esencia (Kosic, 1969, p.12).

183
Al valorizar el sentido de las realidades particulares vivenciadas por las personas y por los
grupos, Joja critica los desvíos de las filosofías del siglo XVIII y XIX que consideraban las
sensaciones, los sentimientos, la experiencia vivida, las ideas y la imaginación como elementos
subordinados a la única “instancia de conocimiento adecuado, la razón”:
El pensamiento concreto consiste en considerar y aprehender los fenómenos en su auto-
relación, en sus relaciones con la multiplicidad de sus propios ángulos y de sus aspectos
intercondicionados, en su movimiento y desarrollo, en su multiplicidad y condicionamiento
recíproco con otros fenómenos o grupos de fenómenos (Joja, 1965, p.53).

Pero, el marxismo también cayó en la trampa del racionalismo que fue objeto de reflexión y
de crítica de Lenin: “Sería ridículo negar el papel de la imaginación aún en la ciencia más rigurosa”
como también sería reduccionismo dejarse caer en las tentaciones de los subjetivismos: “Debemos
aprender a explorar todos sus aspectos, todas sus correlaciones y sus mediaciones para llegar a la
realidad objetiva, dentro de los límites de nuestras posibilidades históricas” (Joja,1965, p.215).
La idea de que lo particular no existe sino en la medida en que se vincula a lo general y lo
general no existe sino en lo particular y a través de él; la idea de que la dificultad de aprehensión
está en el pensamiento y no en la realidad, pues es el pensamiento que separa y mantiene la
distinción de momentos de un objeto; la idea de que la marcha de lo real es siempre más
verdadera y profunda que nuestra capacidad de aprehenderlo; la idea de que hay una relatividad
entre los factores objetivos y subjetivos, materiales y espirituales son algunos de los principios
básicos que pueden orientar un trabajo de campo contextualizado.
De gran utilidad para una observación al mismo tiempo situada y contextualizada, es el texto
“Método Dialéctico en el Análisis Sociológico” (Cardoso, 1962). A partir del estudio del concepto de
totalidad, este autor insiste en que la interpretación, para tener fueros de instrumento científico de
análisis, precisa ser utilizada sin retirar de los datos el valor heurístico que poseen. “Sin una sólida
base empírica, el análisis dialéctico corre el riesgo de perderse en consideraciones abstractas
destituidas del valor explicativo real” (1962, p.2).
Se trata, según el autor, de explicar los procesos, las situaciones y los sistemas, no desde el
punto de vista de la historia ya transcurrida, donde todo parece haberse direccionado hacia
finalidades engendradas por condiciones determinadas, sino desde el punto de vista de la historia
como realizadora de la actividad humana colectiva, tomando al marxismo como una teoría de
aplicación heurística. En Marx, jamás se encuentran entidades. Por ejemplo “la pequeña
burguesía” en la obra de Dezoito Brumário “formaba parte de una totalidad viva, en los marcos de
la investigación y no de una deducción de lo real a partir de totalidades abstractas definidas a
priori” (Cardoso, 1962, p.17-23).

184
 Diario de campo
La observación participante, más allá del nivel de profundidad con que se realice o en qué
teoría se base, tradicionalmente utiliza un instrumento denominado diario de campo. El diario de
campo no es más que un cuaderno de notas, en el que el investigador, día a día, va anotando lo
que observa y que no es objeto de ninguna modalidad de entrevista. Allí deben escribirse las
impresiones personales que irán modificándose con el tiempo, los resultados de las
conversaciones informales, las observaciones de comportamientos contradictorios de los relatos,
las manifestaciones de los interlocutores en cuanto a los diversos puntos investigados, entre otros
aspectos. Una pregunta frecuente de los investigadores es si deben o no usar datos de su diario de
campo para el análisis de su objeto de investigación. La respuesta tiene que ser afirmativa. De otro
modo no sería necesario invertir tanto en la observación. Es exactamente ese acervo de
impresiones y notas sobre las diferenciaciones entre las hablas, comportamientos y relaciones que
pueden tornar más verdadera la investigación de campo. Como señala Denzin (1973), toda
triangulación de métodos y técnicas favorece a la calidad y la profundidad del análisis.

 Salud/Enfermedad como Tema de Observación


Al tomar como objeto de observación el tema salud/enfermedad, tanto con relación a las
concepciones que de ellas hace la población, como con relación a las políticas del sector, a los
procesos evaluativos o a las reivindicaciones del movimiento social; las posturas funcionalistas,
fenomenológicas o marxistas serían totalmente diferentes.
En el caso de los abordajes funcionalistas, las observaciones privilegiarían la comprensión
del sistema, su organización, su funcionamiento, las ideas que las personas tienen al respecto,
incluyendo la búsqueda de entendimiento y de explicaciones para los “desvíos” funcionales. La
población sería observada e interrogada sobre su aceptación y sobre su integración al sistema y al
esquema médico. Lo “normal” y lo “típico” serían el conocimiento oficial. Las conclusiones
estratégicas de tal observación apuntarían a mejorar la adaptación del sistema a los usuarios. La
fórmula positivista de percepción de la realidad se fundamenta en la ideología de la normalidad del
sistema de salud y de las correcciones de sus congestionamientos, por ejemplo.
El marco referencial fenomenológico, volcado a la comprensión de las estructuras de
relevancia de las colectividades o de los grupos, observaría su actuación, tal como se presenta. El
énfasis en los individuos en tanto agentes sociales, torna a la fenomenología una teoría que se
subleva contra lo “oficial”, lo “dominante”, el “Estado”, la “sociedad” y la anomia. Las observaciones
girarían en torno de la valorización de la lógica de vida y del comportamiento intersubjetivo de los
actores, teniendo en el sentido común la materia prima esencial.
La teoría marxista enfatizaría los conflictos, contradicciones y diferencias. Sobre todo
observaría el contexto, dado que considera a la salud de la población como una derivación de sus
condiciones de vida. Su perspectiva en campo es la observación de los modos de vida, de las

185
prácticas de clase y de las formas de organización que engendran las situaciones de
salud/enfermedad.
Esas visiones teóricas diferenciadas incluso en el acto de observar, ciertamente, junto con
otros factores, influenciarán los resultados de la observación. Las relaciones entre la experiencia
de observación y la conciencia no son de orden acumulativo y la subjetividad no revela la esencia
sin la teoría, entendida como instrumento para encontrar lo general en lo particular.
El intento de cercar al objeto de estudio, desde todos los ángulos posibles, resalta que la
noción de observación no puede ser confundida simplemente con “empirismo”. Esto es tan sólo
una ideología particular de observación. Criticar las ideologías de observación empiristas,
positivistas o psicologistas no significa rechazar todos los tipos de inserción. Por otro lado, al
empirismo no se le puede oponer el teoricismo. Sin investigación de la realidad concreta, las
ciencias sociales serían tan sólo un discurso filosófico o político. Sin problemática teórica, la
sociología degeneraría en investigación de opinión y entronización del sentido común.
Es bueno recordar una vez más que en campo, así como durante todas las etapas de la
investigación, todo merece ser entendido como fenómeno social e históricamente condicionado: el
objeto investigado, las personas concretas implicadas en la actividad, el investigador y su sistema
de representaciones teórico-ideológicas, las técnicas de investigación y todo el conjunto de
relaciones interpersonales y de comunicación simbólica.

186
Parte V
Fase de análisis del material cualitativo

Los investigadores suelen encontrar tres grandes obstáculos cuando inician el análisis de
los datos recogidos en campo (documentos, entrevistas, biografías, resultados de discusiones en
grupos focales y resultados de la observación).
El primero de ellos es el que Bourdieu denomina “ilusión de transparencia”, o sea, el
intento de interpretación espontánea y literal de los datos como si lo real se mostrara nítidamente
al observador. Para el investigador, esa “ilusión” es más peligrosa, cuanta más se sienta
familiarizado con el objeto. Por lo tanto, analizar, comprender e interpretar un material cualitativo
es, en primer lugar, proceder a superar la sociología ingenua y el empirismo, apuntando a
penetrar en los significados que los actores sociales comparten en la vivencia de su realidad.
El segundo obstáculo es el que lleva al investigador a sucumbir ante la magia de los
métodos y de las técnicas, olvidando lo más importante, o sea, la fidelidad a la comprensión del
material referida a las relaciones sociales dinámicas y vivas. Como orientadora de tesis y en la
evaluación de libros y artículos es lo que más he encontrado: una rendición del investigador a las
técnicas, ubicándolas en el lugar de la esencialidad de los significados e intencionalidades. Como
ya referí inicialmente, reitero aquí: los métodos y los instrumentos son caminos y mediadores que
le permiten al investigador la profundización de su pregunta central y de las preguntas que surjan
a partir del encuentro con su objeto empírico o documental.
El tercer obstáculo, también recurrente en la interpretación de los trabajos empíricos, es la
dificultad que muchos investigadores encuentran en la confluencia y la síntesis de las teorías y de
los hallazgos en campo o documentales. Es muy común que los investigadores presenten densos
capítulos metodológicos y teóricos y, al final, casi como un apéndice, describan en uno o dos
capítulos su visión sobre el trabajo de campo, generalmente, sin apropiación de las teorías
descritas.
Un análisis del material recogido en campo o documental, en términos muy generales,
busca alcanzar tres objetivos:
 superación de la incertidumbre: dando respuestas a las preguntas, hipótesis y supuestos;
 enriquecimiento de la lectura: superando la mirada inmediata y espontánea en busca de la
comprensión de significaciones y de estructuras de las relevancias latentes;
 integración de las descubrimientos, develando la lógica interna subyacente a las hablas, a
los comportamientos y a las relaciones (Bardin, 1979, p. 29).
Siendo así, el análisis del material cualitativo posee tres finalidades complementarias
dentro de la propuesta de investigación social: (a) la primera es heurística. O sea, se inserta en el
contexto de descubrimiento que la investigación se propone. (b) La segunda es de “administración

187
de pruebas”, que se realiza por medio de la referenciación entre los hallazgos, las hipótesis o los
supuestos. (c) La tercera es la de ampliar la comprensión de contextos culturales, superando el
nivel espontáneo de los mensajes (Bardin, 1979).
Para la realización del análisis, son posibles tomar diferentes caminos y, prácticamente,
todos dependen de la corriente de pensamiento a que el investigador se afilie. Sin embargo,
también existen problemas en este punto, pues, al hacer un metanálisis de las investigaciones
cualitativas se observa, frecuentemente, que los investigadores tienden a ocultar la alquimia que
usaron para transformar los datos brutos en descubrimientos científicos.
Mi intención, en esta parte del estudio, es discutir esta fase de una investigación social,
sacando a la luz posibilidades teóricas y prácticas de análisis del material cualitativo.
Trabajaré con tres modalidades de análisis ya consagradas: (a) Análisis de Contenido,
término genérico que designa el tratamiento de datos cualitativos. Se trata de un concepto
históricamente construido para dar respuestas teórico-metodológicas y que se diferencia de otros
abordajes. La autora más importante dentro de esta modalidad es Bardin (1979). (b) Análisis del
Discurso concebido para trabajar con el habla y su contexto, siendo utilizado como alternativa a las
prácticas de análisis de contenido tradicionales. Sus máximos exponentes son Pêcheut y
actualmente toda una escuela de intérpretes del campo de la comunicación; (c) Análisis
Hermenéutico-Dialéctico, propuesto por Habermas en su diálogo con Gadamer (1987) como una
tercera alternativa que superaría el formalismo del análisis de contenido y del discurso, indicado
como “un camino del pensamiento”. Incluiré aún, una reflexión personal, operacionalizando el
abordaje hermenéutico-dialéctico y una propuesta de triangulación de métodos cualitativos y
cuantitativos, teniendo en cuenta que hoy esta estrategia se está tornando frecuente en el análisis
del sector salud.
En este estudio, al discutir las tres modalidades más comunes, doy preferencia a la
hermenéutica dialéctica. Mi elección se fundamenta en la búsqueda de un instrumento que
corresponda a las dimensiones y a la dinámica de las relaciones que se aprehenden en una
investigación que toma como objeto la salud en sus más variadas dimensiones: concepciones,
política, administración, configuración institucional, representaciones sociales y relaciones.
Antes de terminar el trabajo, realizo una breve discusión sobre validez y fidedignidad en la
investigación cualitativa, tomando como base el pensamiento de autores consagrados en las
discusiones epistmeológicas.

188
Capítulo XI
Técnicas de análisis de material cualitativo

Análisis de Contenido

La expresión más comúnmente usada para representar el tratamiento de los datos de una
investigación cualitativa es Análisis de Contenido. Sin embargo, el término es más que un
procedimiento técnico. Forma parte de una histórica búsqueda teórica y práctica en el campo de
las investigaciones sociales.
Según Bardin, el Análisis de Contenido puede ser definido como:
Un conjunto de técnicas de análisis de comunicación que apuntan a obtener, a través de
procedimientos sistemáticos y objetivos de descripción del contenido de los mensajes,
indicadores (cuantitativos o no) que permitan la inferencia de conocimientos relativos a las
condiciones de producción/recepción de estos mensajes (Bardin, 1979, p. 42).

O sea, el análisis de contenido se refiere a las técnicas de investigación que permiten


tornar replicables y válidas las inferencias sobre datos de un determinado contexto, por medio de
procedimientos especializados y científicos. En común, las definiciones resaltan el proceso de
inferencia.
El Análisis de Contenido, en tanto técnica de tratamiento de datos, posee la misma lógica
de las metodologías cuantitativas, en la medida en que busca la interpretación cifrada del material
de carácter cualitativo. Berelson, uno de los primeros teóricos del análisis de contenido en los
Estados Unidos, lo define de este modo:
“Es una técnica de investigación para la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del
contenido manifiesto de las comunicaciones y cuyo fin es interpretarlos” (Berelson, 1952,
18).

Los términos en cursiva fueron colocados por mí con la intención de enfatizar los adjetivos
usados por Berelson, recordando que ellos forman parte del vocabulario de la sociología
positivista. En este caso, la relevancia concedida a lo cualitativo y al contenido manifiesto o latente
8
de las comunicaciones, enfatiza las regularidades del habla, su análisis léxico y remite a la
tradicional discusión sobre la especificidad del material propio de las ciencias sociales,
particularmente en cuanto a la cuestión de la significación.

8
El análisis léxico constituye un tipo de estudio del vocabulario de un informante, a través de la aplicación de métodos
estadísticos con el fin de averiguar o de medir la extensión de sus respuestas. Se realizan dimensionamientos de las frases
(¿esta persona respondió concisa o extensamente?) y también el estudio de la incidencia cuantitativa de las palabras, o sea,
del número de veces que un vocablo o una idea aparecieron. Se puede considerar que, a través de procedimientos
automáticos, el uso del análisis léxico permite interpretar con rapidez la sumatoria de palabras y expresiones analizadas con
el fin de explicar el universo total de las informaciones.

189
Históricamente el Análisis de Contenido clásico ha oscilado entre el rigor de la supuesta
objetividad de los números y la fecundidad de la subjetividad. El arte de interpretar los textos
sagrados, la exégesis religiosa, ubica a la hermenéutica, por ejemplo, como una técnica muy
antigua. La actividad de develar mensajes obscuros, del doble sentido de un discurso
generalmente simbólico y polisémico, se remonta a la Antigüedad. Bardin sitúa la Retórica y la
Lógica también como prácticas milenarias de tratamiento de discurso, anteriores a la actual técnica
de Análisis de Contenido. La Retórica estudia las modalidades de expresión propias de un habla
persuasiva. La lógica analiza los enunciados de un texto, su encadenamiento, y las reglas formales
que validan el raciocinio.
El término Análisis de Contenido es una expresión reciente. Surgió en Estados Unidos en
la época de la Primera Guerra Mundial, dentro del campo periodístico en la Universidad de
Columbia. Entre los nombres que ilustran la historia del desarrollo de esta técnica se destaca:
Lasswell (1952), que analizaba el material de prensa y propaganda desde 1915. Su obra principal,
“Propaganda Tecnique in the World War” fue publicada en 1927. El trabajo de Lasswell tuvo como
contexto un momento histórico de fascinación por el rigor matemático como medida y como
parámetro científico. De esta forma, el Análisis de Contenido en su origen, es víctima de la
pretendida objetividad que los números y las medidas ofrecen.
A partir de la década del ‘40, los Departamentos de Ciencias Políticas de las universidades
americanas se transformaron en el locus de desarrollo de las técnicas de Análisis de Contenido,
teniendo como material privilegiado las comunicaciones provenientes de la Segunda Guerra
Mundial. Los investigadores apuntaban, entre otros objetivos, a desenmascarar a los diarios y
periódicos sospechados de propaganda considerada subversiva o de carácter nazista. Lasswell
(1952) continuaba sus trabajos sobre el análisis de símbolos. Se unieron a él, estudiosos de las
más diferentes áreas: sociólogos, psicólogos, cientistas políticos. Los marcos distintivos de la
técnica desarrollada en esa época fueron el análisis estadístico de valores, fines, normales,
objetivos y símbolos. La preocupación por la objetividad y por la sistematicidad se consolidó sobre
el rigor cuantitativo, en contraposición a lo que los cientistas denominaban “aprehensión
impresionista”, en una crítica permanente a las escuelas etnometodológicas e interaccionistas.
Desde el punto de vista metodológico, Berelson (1952) y Lazarsfeld (1972) sintetizaron y
sistematizaron las preocupaciones epistemológicas de la época. En The Analysis of
Communications Content (Berelson & Lazarsfeld, 1948), los criterios fundamentales por entonces
exigidos para testificar el rigor científico fueron resumidos de este modo: (a) trabajar con muestras
reunidas de forma sistemática; (b) interrogarse sobre la validez de los procedimientos de colecta y
de los resultados; (c) trabajar con codificadores que permitan verificación de fidelidad; (d) enfatizar
el análisis de frecuencia como criterio de objetividad y cientificidad; (e) tener posibilidad de medir la
productividad del análisis.
Berelson (1952), Lazarsfeld (1972) y Lasswell (1952) son por lo tanto importantes teóricos
y creadores de las técnicas de análisis de contenido. La obsesión por la objetividad y el rigor en

190
ellos, se confunden con los supuestos del positivismo. Sus nombres, sus trabajos y su influencia
continúan siendo distintivos y aún actuales en relación con las propuestas de tratamiento de datos.
En el período posterior a la Segunda Guerra, la utilización de las técnicas cuantitativas
para el análisis de contenido entró en decadencia. Sus propios creadores replegaron sus ánimos y
se decepcionaron por los resultados y las repercusiones de sus trabajos. Es de Berelson la
siguiente frase citada por Bardin:
El Análisis de Contenido como método no posee cualidades mágicas y raramente se
extrae más de lo que en ella se invierte y algunas veces se extrae menos. A final de
cuentas no hay nada que substituya a las ideas brillantes (Bardin, 1979, p. 20).

La constatación del citado autor demuestra una cierta decepción teórica con relación a los
modelos matemáticos para el análisis cualitativo y se inclina a la importancia de la comprensión de
los contenidos latentes. Muestra que el rigor matemático puede ser una meta, junto con otras
formas de validación, pero nunca substituye a la intuición y a la búsqueda del sentido del habla.
A partir de los años ‘50, y sobre todo en la década del ‘60, la cuestión del Análisis de
Contenido resurge, esta vez dentro de un debate más abierto y diversificado. La Antropología, la
Sociología, la Psicología, se juntan al Psicoanálisis, al periodismo y se produce un retorno de las
problemáticas anteriormente casi intocables. En el plano epistemológico, se confrontan dos
concepciones de comunicación: (a) el modelo “instrumental”, que defiende el siguiente punto de
vista: en una comunicación lo más importante no es el contenido manifiesto del mensaje (como
defendía Berelson) sino lo que expresa gracias al contexto y a las circunstancias en que se da; (b)
el modelo “representacional”, que da relevancia al contenido lexical del discurso, cuya propuesta
es hacer un buen análisis de contenido, focalizando la cantidad y el sentido de las palabras.
Desde el punto de vista metodológico, la polémica entre el abordaje cuantitativo y
cualitativo en el análisis del material de comunicación siempre existió. Con relación al primer tipo
de abordaje, predominaron las ideas de Berelson, Lazarsfeld y Lasswell, acrecentadas por nuevas
formas de procedimiento, todas ellas buscando “medidas” para las significaciones, como criterio de
cientificidad (Osgood et al., 1957).
Los investigadores que buscan la comprensión de los significados en el contexto del habla,
en general, niegan y critican el análisis de frecuencia de las hablas y palabras como criterio de
objetividad y cientificidad e intentan superar el alcance meramente descriptivo del mensaje, para
alcanzar, mediante la inferencia, una interpretación más profunda.
Actualmente varios factores alimentan el debate de esa práctica teórica. La informática y la
semiótica son dos áreas que vienen influenciando definitivamente las modalidades de tratamiento
de los datos de comunicación. Diversos softwares pasaron a actualizar con mayor rigor técnico las
propuestas cuantitivistas que se originaron a inicios del siglo XX. En todos los congresos
mundiales y locales sobre investigación cualitativa, existen stand de novedades instrumentales
para el análisis de contenido. Por otro lado, también se han intensificado las propuestas

191
comprensivistas para el análisis de las hablas y discursos, revelando un nuevo dinamismo en los
estudios de significaciones.
Las actuales tendencias históricas del uso y del desarrollo de técnicas de Análisis de
Contenido conducen a una certeza. Todo el esfuerzo teórico, sea basado en la lógica cuantitivista
o cualitativista, apunta a superar el nivel del sentido común y del subjetivismo en la interpretación y
alcanzar una vigilancia crítica frente a la comunicación de documentos, textos literarios, biografías,
entrevistas o resultados de observación.
Desde el punto de vista operacional, el análisis de contenido parte de una lectura del
primer plano de las hablas, relatos y documentos, para alcanzar un nivel más profundo, superando
los sentidos manifiestos del material. Para eso, generalmente, todos los procedimientos llevan a
relacionar estructuras semánticas (significantes) con estructuras sociológicas (significados) de los
enunciados y a articular la superficie de los enunciados de los textos con los factores que
determinan sus características: variables psicosociales, contexto cultural y proceso de producción
del mensaje. Ese conjunto de movimientos analíticos apunta a dar consistencia interna a las
operaciones. Como afirma Allport:
La consistencia interna conseguida a través de múltiples abordajes es casi el único test
que tenemos para la validez de las investigaciones. Por lo tanto, en todos los sentidos, los
documentos personales entran en el interior de un conjunto abarcativo de estrategias de
comprensión de la realidad (1942, p.121).

Apuntando a la consistencia referida por Allport, los teóricos del análisis de contenido
consideran que esa consistencia debe ser objetiva, trabajando con reglas preestablecidas y
obedeciendo a directrices suficientemente claras para que cualquier investigador pueda replicar los
procedimientos y obtener los mismos resultados; sistemática, de forma tal que el contenido sea
ordenado e integrado a las categorías elegidas, en función de los objetivos y metas anteriormente
establecidos. Algunos teóricos acrecientan a esas características el término cuantitativo,
entendiendo que es importante estudiar la frecuencia para que los temas tengan la medida exacta
de su importancia. Este último requisito, sin embargo, no es exigido por todos los estudiosos que
cuestionan la cuantificación de los significados.
Existen varias modalidades de Análisis de Contenido, dentro de las cuales: Análisis
Lexical, Análisis de Expresión, Análisis de Relaciones, Análisis Temático y Análisis de Enunciación.
Definiré cada una de las modalidades sintéticamente y daré mayor relevancia al Análisis Temático
por ser el más simple y apropiado para las investigaciones cualitativas en salud.

 Análisis lexical
Un análisis lexical se inicia siempre con el conteo de las palabras, avanzando
sistemáticamente en dirección a la identificación y dimensión del texto en estudio. En el caso de las
entrevistas abiertas, se realizan agrupamientos de palabras afines, se suprimen las palabras que
presentan poco interés, hasta conseguir que representen el sentido del texto. Las frecuencias

192
permiten consolidar la aplicación de un tema o locución, posibilitando colocar en contexto las ideas
traídas por las palabras.
Operacionalmente, el análisis léxico se hace de la siguiente forma. El investigador hace el
tratamiento del contenido de un texto a través de la identificación del número total de apariciones
de cada palabra, del número total de palabras, del número de diferentes palabras, viendo la
riqueza del vocabulario utilizado para producir una respuesta o un discurso. A continuación,
clasifica las palabras, de acuerdo con su orden en la producción de significados: verbos,
substantivos y adjetivos y luego los vocablos instrumentales como artículos y preposiciones. A
partir de allí, el analista reduce el número de vocablos significativos, haciendo un análisis
controlado, eliminando los artículos, preposiciones y las palabras que considere sin importancia
para el objetivo que se propone. La profundización del estudio puede darse a partir del análisis bi o
multivariado de los datos textuales, y después (a través de un procedimiento más sofisticado),
integrándolos al contexto de producción del lenguaje.

 Análisis de Expresión
Designa un conjunto de técnicas que trabajan indicadores para alcanzar la inferencia
formal. La hipótesis de la técnica de análisis de expresión es que existe una correspondencia entre
el tipo de discurso y las características del emisor y de su medio. El énfasis está determinado por la
necesidad de conocer los trazos personales del autor del habla, su situación social y los datos
culturales de su contexto. Sin embargo, este tipo de técnica también utiliza indicadores lexicales,
como la repetición y la incidencia de las palabras; acrecienta además el análisis del estilo de las
hablas, del encadenamiento lógico de las ideas, de las composiciones secuenciales y de la
estructura de la narrativa. Su aplicación más frecuente ocurre en la investigación de la autenticidad
de documentos, en la psicología clínica, en el análisis de discursos políticos y persuasivos (Bardin,
1979; Unrug, 1974).

 Análisis de Relaciones
Designa técnicas que, en vez de analizar tan sólo la frecuencia de vocablos en un texto,
abordan relaciones entre los diversos elementos del discurso dentro de un texto. Las principales
modalidades de análisis de las relaciones son dos: (a) co-ocurrencias y (b) estructural.
El análisis de co-ocurrencias busca extraer de un texto las relaciones entre las partes de un
mensaje y señala la presencia simultánea (co-ocurrencia) de dos o más elementos en la misma
unidad de contexto. Por ejemplo, en el estudio del discurso de un enfermo mental, el analista
observa que cada vez que él define su situación, la enfermedad aparece vinculada a la situación
financiera. En ese caso, existe correlación entre esos elementos. Osgood (1959) propone la
siguiente secuencia de procedimientos para el análisis de co-ocurrencias: (a) elección de la unidad
de registro (esa puede ser una palabra clave o una expresión) y su categorización por temas
referidos; (b) elección de las unidades de contexto (pueden ser, por ejemplo, párrafos o hasta un

193
texto entero) y su recorte en fragmentos; (c) búsqueda de la presencia o ausencia de cada unidad
de registro en las unidades de contexto; (d) cálculo de co-ocurrencias; (e) representación e
interpretación de resultados.
El análisis de co-ocurrencia ha sido utilizado para el esclarecimiento de estructuras de la
personalidad; para el relevamiento de relevancias que permanecen latentes tanto en las hablas de
los individuos como en los textos referentes a la colectividad; para el estudio de estereotipos y de
representaciones sociales (Bardin, 1979; Osgood, 1959; Unrug, 1974).
El análisis estructural pasó a ser bastante utilizado a partir de la década del ‘60 y tiene
como supuesto fundamental, la creencia en la existencia de estructuras universales, ocultas bajo la
aparente diversidad de los fenómenos. Adhiere a las corrientes estructuralistas de la sociología y
de la antropología (Lévy Strauss, 1967) y en la lingüística (Sapir, 1967; Barthes, 1967). Los
estructuralistas buscan lo inmutable y permanente bajo la heterogeneidad aparente. Por detrás de
esa búsqueda está la noción de sistema. Analizar significará, en este tipo de estudio, reencontrar
los mismos engranajes, cualquiera sean las formas de los mecanismos en que se presenten. La
significación, en este caso, queda subordinada a la estructuración del lenguaje.
El análisis estructural no se aplica al vocabulario, a la semántica o al temario del mensaje
en sí. Se dirige a la organización subyacente, al sistema de relaciones, a las reglas de
encadenamiento, de asociación, de exclusión y de equivalencia. O sea, trabaja con todas las
interacciones que estructuran los elementos (signos y significaciones), pero de forma invariable e
independiente de ellos (Bardin, 1979; Lévi-Strauss, 1964; 1967; Barthes, 1967).

 Análisis de Evaluación o Representacional


Propuesto por Osgood (1959), el análisis representacional tiene como finalidad medir las
actitudes del locutor en cuanto a los objetos de los que habla (personas, cosas, acontecimientos).
Se basa en el supuesto que el lenguaje representa y refleja a quien lo utiliza. Por lo tanto, el
estudio de su contenido explícito permite hacer inferencias sobre el emisor, su contexto y su
ambiente. El concepto central para el proceso de análisis evaluativo o representacional es el
término actitud. Una actitud sería, en la visión de Osgood, la predisposición relativamente estable y
organizada para reaccionar, bajo la forma de opiniones o de actos en presencia de objetos
(personas, ideas, cosas, acontecimientos), de forma determinada.
Siendo el concepto de actitud el núcleo o matriz que produce y traduce un conjunto de
juicios de valor, un análisis representacional o evaluativo consistiría en encontrar las bases de las
actitudes de los entrevistados, por detrás de la dispersión de las manifestaciones verbales. Su
objetivo es específico: se atiene solamente a la carga evaluativa de las unidades de significación,
buscando en ellas la dirección y la intensidad de los juicios seleccionados (Bardin, 1979; Osgood,
1959).

 Análisis de la Enunciación

194
Se apoya en una concepción de comunicación como proceso (y no como un dato estático)
y del discurso como palabra en acto. El análisis de la enunciación considera que en la producción
de la palabra se elabora, al mismo tiempo, un sentido y se producen transformaciones. El discurso
no sería un producto acabado, sino un momento de creación de significados con todo lo que eso
implica: contradicciones, incoherencias e imperfecciones. Este tipo de estudio parte de la idea de
que, en las entrevistas, la producción del habla es, al mismo tiempo, espontánea y constreñida por
la situación. Teniendo en cuenta esa doble perspectiva en la producción del texto, el análisis de la
enunciación trabaja con: (a) las condiciones de producción de la palabra. Parte del principio de que
la estructura de cualquier comunicación se da en una triangulación entre el locutor, su objeto de
discurso y el interlocutor. Al expresarse, el locutor proyecta sus conflictos básicos a través de
palabras, silencios y lagunas indicando procesos de expresión, en su mayoría, inconscientes; (b) el
continente del discurso y sus modalidades. En este segundo momento, se realiza (1) una
aproximación a través del análisis sintáctico y paralingüístico de las estructuras gramaticales; (2)
un análisis lógico que muestra las composiciones del discurso; (3) un análisis de los elementos
formales atípicos: silencios, omisiones, ilogismos; (4) un realce de las figuras de la retórica.
La entrevista abierta es el material privilegiado del análisis de la enunciación, en el sentido
de que evidencia un discurso dinámico donde espontaneidad y constreñimiento son simultáneos y
donde el trabajo de elaboración se configura, al mismo tiempo, como emergencia del inconsciente.
En términos operacionales, el análisis de la enunciación sigue la siguiente guía:
 Establecimiento del Corpus o Corpi: delimitación del número de entrevistas a ser
trabajadas. La calidad del análisis sustituye a la cantidad del material. El investigador tiene
en cuenta la cuestión central y objetiva de la investigación para delinear las dimensiones
del Corpus y de los desdoblamientos para, si fuera necesario, hacer divisiones en
subconjuntos que se integran en el conjunto (Corpus).
 Preparación del Material: cada texto (entrevista) es una unidad básica. Se comienza por la
trascripción exhaustiva de cada una de ellas, dejando un margen (a la derecha o a la
izquierda) para anotaciones o utilizando alguna herramienta digital (procesador de texto).
La trascripción conserva tanto el registro de la palabra (significantes) como de los silencios,
risas, repeticiones, lapsus, sonidos y otros.
 Etapas del Análisis: en el análisis de enunciación cada entrevista es tratada como una
totalidad organizada y singular. En cada una de ellas, son observados los siguientes
aspectos: (1) alineación al colectivo y la dinámica propia del discurso del individuo, para
encontrar la lógica que estructura cada una de ellas; (2) el estilo; (3) los elementos atípicos
y las figuras de retórica.

195
En el análisis de la enunciación de una entrevista, inicialmente es preciso observar el
10
encadenamiento de las proposiciones y hacer un análisis lógico. Se separan por columnas o se
rescriben todas las oraciones, observando las relaciones que resaltan la forma de raciocinio. A
continuación, se realiza el análisis secuencial, poniendo atención a la forma de construcción del
texto, su ritmo, su progresión y las rupturas del discurso.
En el análisis de enunciación el estilo es un revelador del locutor, de su contexto y de sus
interlocutores, en el sentido de que la expresión y el pensamiento caminan juntos: es necesario
tenerlo en cuenta. Del mismo modo, los llamados elementos atípicos y las figuras de retórica son
relevantes en este tipo de práctica teórica, debiendo prestar especial atención a: (a) repeticiones
de un mismo tema o de una misma palabra dentro de un texto. La repetición puede ser un
indicador de la importancia del asunto que la palabra enuncia, pero también de su ambivalencia y
de su rechazo; (b) lapsus que pueden significar la insistencia en una idea rechazada. Según el
psicoanálisis, la erupción irracional de un término en un contexto de la racionalidad significa un
quiebre de la defensa del locutor; (c) ilogismos, o sea, las obstinaciones en los raciocinios
demostrativos. Acostumbran a ser indicativos de una necesidad de justificación o de un juicio
contradictorio con la situación real; (d) lugares comunes. Estos pueden tener un papel justificador.
Acostumbran también a apelar a la complicidad del interlocutor (frases hechas, proverbios
culturalmente compartidos) o para desviar la atención del entrevistador o, aún, para el rechazo a
profundizar determinados asuntos; (e) juegos de palabras: los chistes pueden indicar
descontracción pero también acostumbran a ser usados para menospreciar al entrevistador,
apuntando a provocar el distanciamiento de una cuestión que el interlocutor no quiere enfrentar; (f)
figuras de retórica. Ellas juegan con el sentido de las palabras. Las más comunes son: la paradoja
(reunión de dos ideas aparentemente irreconciliables); la hipérbole (el aumento o la disminución
excesiva de las cosas); la metonimia (uso de la parte por el todo, de lo abstracto por lo concreto y
viceversa); la metáfora (designa una cosa por otra).
En síntesis, la propuesta del Análisis de Enunciación, mucho más complejo y
contextualizado que los abordajes cuantitativos de las hablas, es conseguir, a través de confrontar
el análisis lógico, el análisis secuencial y el análisis de estilo y de los elementos atípicos de un
texto, la comprensión de su significado. La conexión entre los temas abordados, el proceso de
producción del lenguaje y su contexto, terminan evidenciando los conflictos y las contradicciones
que permean y estructuran un discurso. Esta técnica es bastante utilizada y con gran productividad
en la área del periodismo investigativo y reflexivo.
 Análisis Temático
La noción de tema está vinculada a una afirmación, respecto de determinado asunto.
Conlleva un cúmulo de relaciones y puede ser gráficamente presentada a través de una palabra,
de una frase, o de un resumen. Según Bardin:

10
Por proposición se entiende una afirmación, una declaración, un juicio. Es una unidad que se basta a sí misma, o sea,
que enunciada sola tiene sentido.

196
El tema es la unidad de significación que se libera naturalmente de un texto analizado
según criterios relativos a la teoría que sirve de guía a la lectura (1979, p.105).

Para Unrug, tema es:


una unidad de significación compleja de extensión variable, su validez no es de orden
lingüístico, sino previamente de orden psicológico. Un tema puede estar constituido tanto
por una afirmación como por una alusión (1974, p.19).

Hacer un análisis temático consiste en descubrir los núcleos de sentido que componen una
comunicación, cuya presencia o frecuencia signifiquen algo para el objeto analítico apuntado.
Tradicionalmente, el análisis temático era realizado a través del conteo de la frecuencia de las
unidades de significación, definiendo el carácter del discurso. Para un análisis de significados, la
presencia de determinados temas denota estructuras de relevancia, valores de referencia y
modelos de comportamiento, presentes o subyacentes en el discurso.
Operacionalmente, el análisis temático se divide en tres etapas:
 Primera etapa: Pre-Análisis
Consiste en la elección de los documentos a ser analizados y en retomar las hipótesis y de
los objetivos iniciales de la investigación. El investigador debe preguntarse sobre las relaciones
entre las etapas realizadas, elaborando algunos indicadores que lo orienten en la comprensión del
material y en la interpretación final. El pre-análisis puede descomponerse en las siguientes tareas:
Lectura Fluctuante: del conjunto de las comunicaciones. Este momento requiere que el
investigador tome contacto directo e intenso con el material de campo, dejándose impregnar por su
contenido. La dinámica entre las hipótesis iniciales, las hipótesis emergentes y las teorías
relacionadas al tema tornarán la lectura progresivamente más sugestiva y capaz de superar la
sensación de caos inicial.
Constitución del Corpus: término que se refiere al universo estudiado en su totalidad,
debiendo responder a algunas normas de validez cualitativa: exhaustividad: que el material
contemple todos los aspectos relevados en el guía; representatividad: que contenga las
características esenciales del universo pretendido; homogeneidad: que obedezca a criterios
precisos de elección en cuanto a los temas tratados, a las técnicas empleadas y a los atributos de
los interlocutores; pertinencia: que los documentos analizados sean adecuados para dar respuesta
a los objetivos del trabajo.
Formulación y reformulación de Hipótesis y Objetivos: proceso que consiste en retomar la
etapa exploratoria teniendo como parámetro, en la lectura exhaustiva del material, los interrogantes
iniciales. Los procedimientos exploratorios deben ser valorizados en este momento, para que la
riqueza del material de campo no sea obscurecida por el tecnicismo. Por eso se habla también de
reformulación de hipótesis, lo que significa la posibilidad de corrección de los rumbos
interpretativos o la apertura a nuevos interrogantes.

197
En esta fase preanalítica, se determinan: la unidad de registro (palabra clave o frase), la
unidad de contexto (la delimitación del contexto de comprensión de la unidad de registro), los
recortes, la forma de categorización, la modalidad de codificación y los conceptos teóricos más
generales (tratados al inicio o levantados en esta etapa, a causa de la ampliación del marco de
hipótesis o supuestos) que orientarán el análisis.

 Segunda etapa: Exploración del Material


La exploración del material consiste esencialmente en una operación clasificatoria que
apunta a alcanzar el núcleo de comprensión del texto. Para eso, el investigador busca encontrar
categorías que son expresiones o palabras significativas en función de las cuales el contenido de
un habla será organizado. La categorización -que consiste en un proceso de reducción del texto a
las palabras y expresiones significativas- es una etapa delicada, sin la seguridad de que la elección
de categorías a priori lleve a un abordaje denso y rico. El análisis temático tradicional trabaja
primero esta fase, recortando el texto en unidades de registro que pueden constituirse por
palabras, frases, temas, personajes y acontecimientos, indicados como relevantes en el pre-
análisis. En segundo lugar, el investigador elije las reglas de conteo, dado que tradicionalmente la
comprensión es construida por medio de codificaciones e índices cuantitativos. En tercer lugar, él
realiza la clasificación y la agregación de los dados, seleccionando las categorías teóricas o
empíricas, responsables de la especificación de los temas.

 Tercera etapa: Tratamiento de los Resultados Obtenidos e Interpretación


Los resultados brutos son sometidos (tradicionalmente) a operaciones estadísticas simples
(porcentajes) o complejas (análisis factorial) que permiten poner en relieve las informaciones
obtenidas. A partir de allí, el analista propone inferencias y realiza interpretaciones,
interrelacionándolas con el marco teórico diseñado inicialmente o abre otras pistas en torno de
nuevas dimensiones teóricas e interpretativas, sugeridas por la lectura del material.
Como se puede percibir, el análisis temático es bastante formal y mantiene su creencia en
la significación de la regularidad. Como técnica, emana las raíces positivistas del análisis de
contenido tradicional. No obstante, existen variantes de este tipo de abordaje que trabajan con
significados en lugar de invertir en inferencias estadísticas. Entre tales variantes, la que más
valoriza los significados es la modalidad de análisis de la enunciación.

Análisis de discurso
Análisis del Discurso es un concepto relativamente joven en el campo de intersección entre
las Ciencias Sociales y la Lingüística. Su creador en las ciencias sociales es el filósofo francés
Michel Pêcheux, que fundó, en la década del ‘60, la Escuela Francesa de Análisis del Discurso con
el propósito de sustituir el Análisis de Contenido tradicional.

198
El marco epistemológico de esa propuesta de trabajar el lenguaje, tanto del sentido común,
como del discurso político o erudito, de acuerdo con su principal pensador, articula tres regiones
del conocimiento: (a) El Materialismo Histórico, como teoría de las formaciones sociales, de sus
transformaciones y también de las ideologías; (b) la Lingüística en tanto teoría de los mecanismos
sintácticos y de los procesos de enunciación; (c) la Teoría del Discurso como teoría de la
determinación histórica de los procesos semánticos.
En sus obras, Pêcheux resalta que las tres regiones del conocimiento citadas están
atravesadas transversalmente por una Teoría de la Subjetividad, de naturaleza psicoanalista y que
debe ser apropiada para explicar el carácter reprimido en la formación del significado.
El objetivo básico del Análisis del Discurso, según Pêcheux, es realizar una reflexión
general sobre las condiciones de producción y aprehensión de la significación de textos producidos
en los más diversos campos: el de las relaciones primarias, religioso, filosófico, jurídico y socio-
político, apuntando a comprender el modo de funcionamiento, los principios de organización y las
formas de producción de sus sentidos.
Según Pêcheux (1988), los supuestos básicos de la teoría de análisis de discurso pueden
resumirse en dos principios: (1) el sentido de una palabra, de una expresión o de una proposición
no existe en sí mismo. Por el contrario, expresa posiciones ideológicas en juego en el proceso
socio-histórico en el cual se producen las formas de relación; (2) toda formación discursiva
disimula, por la pretensión de transparencia, su dependencia de las formaciones ideológicas.
Como procedimiento, las técnicas de análisis de discurso pretenden inferir, a partir de los
efectos superficiales (el lenguaje y su organización), una estructura profunda: los procesos de su
producción (Pêcheux, 1988, p.115). Se inscriben por lo tanto, en los marcos de una sociología del
lenguaje, teniendo como hipótesis básica el hecho de que el discurso es determinado por
condiciones de producción y por un sistema lingüístico.
Orlandi, discípula de Pêcheux, llevó a Brasil la contribución de este filósofo. Según Orlandi,
el Análisis de Discurso es una propuesta crítica que busca problematizar las formas de reflexión
establecidas. Ella distingue y sitúa al tema como objeto teórico: (a) presupone la lingüística, pero
se diferencia de ella: no es ni una teoría descriptiva, ni una teoría explicativa. Es una teoría crítica
que analiza la determinación histórica de los procesos de significación; (b) considera como punto
central del análisis, la relación entre el lenguaje y su contexto de producción, teniendo como marco
teórico la teoría de las formaciones sociales y las teorías de la sintaxis y de la enumeración; (c) por
su especificidad, es escisionista en dos sentidos: (1) procura problematizar las evidencias y
explicitar el carácter ideológico del habla, revelando que no hay discurso sin sujeto, ni sujeto sin
ideología; (2) resalta el encubrimiento de las formas de dominación política, que se manifiestan en
la razón disciplinaria, instrumental y reduccionista.
Por lo tanto, el Análisis del Discurso se sitúa, al mismo tiempo, en una apropiación de la
lingüística tradicional y del análisis de contenido, y en una crítica de esos abordajes, evidenciando
que son prácticas-teóricas históricamente definidas. Orlandi dice que el análisis del discurso crea

199
un punto de vista propio para observar el lenguaje como espacio social de debate y de conflicto. El
texto es considerado como una unidad significativa, pragmática y portadora del contexto situacional
de los hablantes. Comenta Orlando (1987), que en este tipo de propuesta, las palabras, las
sentencias y los períodos son valorizados también en sus peculiaridades lexicales, morfológicas,
sintácticas y semánticas, por ende, el que crea el análisis del discurso, “es el punto de vista de las
condiciones de producción del texto” (Orlandi, 1987, p.130).
Con relación al Análisis de Contenido, tanto Pêcheux como Orlandi insisten en marcar una
línea divisoria. Su crítica fundamental es que este tipo de abordaje toma el texto como pretexto y lo
atraviesa sólo para demostrar lo que ya fue definido a priori por la situación de los actores en
campo, o como ilustración de una situación. Mientras que, el Análisis de Discurso considera el
texto como un monumento y su exterioridad como parte constitutiva de la historicidad inscripta en
él. De esta forma, entiende que la situación en estudio está demostrada en el texto y es más
necesario buscar la comprensión de su proceso productivo, que realizar una interpretación
exteriorizada del objeto de investigación.
La teoría del Análisis del Discurso fue una contribución fundamental para el análisis del
material cualitativo, sobre todo en una situación en la cual la hegemonía siempre fue del análisis
positivista de los contenidos de las hablas. En la actualidad, los nichos específicos de su desarrollo
teórico y técnico son, principalmente, las áreas de información y comunicación. El análisis de los
diversos fenómenos informacionales y comunicacionales (Sodré, 1992; Champagne, 1997) tiene
en común la concepción de que forman parte de un sistema que se articula a la lógica de la vida
social. Y que, en las sociedades modernas, esos medios ocupan un lugar privilegiado de
producción y reproducción de lo real, tornándose poderosos “interventores” en la organización del
espacio relacional (Hobsbawn, 1995; Ramonet, 1996; Martin-Barbero, 2001).
Es importante definir algunos conceptos desarrollados a partir de la perspectiva de los
teóricos de la técnica del análisis del discurso.
Texto: En la técnica de análisis del discurso, el término Texto es tomado como unidad de
análisis: unidad compleja de significaciones. Un texto puede ser una simple palabra, un conjunto
de frases o un documento completo. El Texto se distingue del discurso. En tanto este último
vocablo designa un concepto teórico-metodológico, el primero es utilizado como concepto analítico.
El discurso es el lenguaje en interacción, con sus efectos de superficie y representando relaciones
establecidas. El texto consiste en el discurso acabado a los fines del análisis. Todo texto, en tanto
corpus es un objeto completo. A partir de él son realizados recortes posibles. Como objeto teórico,
sin embargo, el texto es infinitamente inacabado: el análisis le devuelve su incompletitud, atraído
por un juego de múltiples posibilidades interpretativas, por el contexto que lo generó, por la
ideología impregnada en él y por las relaciones de los actores que lo tornan posible.
Desde el punto de vista analítico, el texto es el espacio más adecuado para observar el
fenómeno del lenguaje: él contiene la totalidad. Esa totalidad se revela en tres dimensiones de
argumentación: (a) relaciones de fuerza donde se demarcan lugares sociales y posición relativa del

200
locutor y del interlocutor; (b) relación de sentido, constituyendo la intervinculación existente entre
este y otros discursos como en un “coro de voces” que se esconde en su interior; (c) relación de
anticipación, que se refiere al movimiento del hablante, previendo la reacción de su interlocutor:
cualquier habla tiene en mente un oyente y su reacción.
Según Orlandi (1987), el movimiento que se produce al interior del discurso es al mismo
tiempo, el proceso, el producto y el centro neurálgico de la significación a ser comprendido en el
análisis del texto. Por lo tanto, todo texto exhala ideología y puede determinar la relación entre el
11
enunciador y el oyente, caracterizando su inserción en determinada formación discursiva .
Cualquier discurso es referidor y referido: dialoga con otros discursos y se produce al interior de las
instituciones y los grupos que determinan quién habla, qué y cómo habla y en qué momento.
Lectura y Silencio: Cualquier texto admite múltiples posibilidades de interpretación. El juego
de relaciones y de interacciones sociales permite tanto el nivel de lecturas parafrásticas, o sea,
poseen el sentido dado por sus autores, como el nivel polisémico en el cual el habla se atribuye
múltiples sentidos. Tanto la lectura como la significación son producidas por los interlocutores y
lectores. La posibilidad de múltiples interpretaciones se apoya en el hecho de que el proceso
discursivo no tiene un inicio preciso: él acumula sentidos de discursos previos y parte de ellos,
siendo reinterpretados por la experiencia concreta del lector, del interlocutor o del analista.
El Silencio ocupa un lugar de relevancia en la técnica de análisis del discurso. Tanto
cuanto la palabra, el silencio posee sus condiciones de producción: él es al mismo tiempo ambiguo
y elocuente. El silencio conseguido por el opresor es una forma de exclusión; el silencio impuesto
por el oprimido puede expresar formas de resistencia. El silencio sobre un tema contundente
resalta la importancia de que sea abordado por el investigador. Lo dicho y lo no-dicho configuran el
juego de escenas entre la región interior y exterior dramatizado en el trabajo de campo, pues hay
silencios que dicen y hay hablas silenciadoras. El habla autoritaria apunta a impedir que las
personas se revelen, pero también quiere coaccionarlas para decir lo que no pretenden enunciar.
Por lo tanto, ni el habla ni el silencio dicen por sí mismos. Ambos expresan relaciones y dicen
mucho sobre las personas que los emplean.
Tipos de Discurso: Según Orlandi un tipo de discurso resulta de un determinado modo de
funcionamiento discursivo. O sea, la actividad de decir es tipificante: todo locutor, cuando habla,
establece una configuración que tiene incorporado un estilo que se expresa en la interacción. Sin
embargo, si un discurso determinado sólo puede ser comprendido en tanto proceso, su resultado
puede ser clasificado dentro de formas o tipos discursivos distintos. La autora propone (en la línea
del tipo-ideal de Max Weber, o sea, en tanto instrumento de análisis) la siguiente tipología: discurso
lúdico, discurso polémico y discurso autoritario. En el primero, la simetría y la reversibilidad entre
los interlocutores son totales y la polisemia es máxima. En el tipo polémico, la reversibilidad es

11
Se entiende en Pêcheux por Formación Discursiva las marcas de estilo que se producen en la relación del lenguaje con
sus condiciones de producción. La formación discursiva es definida en su relación con la formación ideológica: lo que puede
y debe ser dicho. Toda formación discursiva disimula, a través de la transparencia del sentido que en ella se constituye, su
dependencia de las formaciones ideológicas. (Pêcheux, 1988, p.160-162).

201
menor y sólo se da bajo ciertas condiciones, admitiendo algún grado de polisemia. El discurso
autoritario es totalmente asimétrico y contiene pocas posibilidades de interpretación polisémica.
Los tipos se subdividen y permiten la construcción de matrices de interpretación dentro de la línea
que inspira el modelo teórico, el modelo estructural.
Carácter reprimido de la matriz del sentido - Pêcheux advierte sobre el hecho de que los procesos
discursivos se realizan a través de la producción de sentidos, pero tienen un campo de actuación
más amplio. Adoptando la línea del psicoanálisis lacaniano, Pêcheux (1988) señala que el
inconsciente atraviesa toda enunciación y que toda habla es marcada por dos niveles de represión:
“el olvido número uno” y el “olvido número dos”.
El olvido número uno “designa aquello que nunca fue conocido y que, por lo tanto, toca
más de cerca al sujeto que habla, por la extraña familiaridad que él mantiene con las causas que lo
determinan” (Pêcheux, 1988, p.175). El autor se refiere a una zona inconsciente, en el sentido en
que la ideología es, por su constitución, también inconsciente y, sin embargo, determina la forma
de estructura discursiva.
El olvido número dos se refiere a un tipo de negación parcial donde lo reprimido puede ser
comprendido, recuperado y reformulado por el sujeto de la enunciación. Cuando alguien intenta
profundizar o plantear de forma más adecuada su pensamiento en lenguaje, pasa a situarse en
una zona intermedia, preconsciente/consciente en relación al sentido de su habla (Pêcheux, 1988).
La contribución de los principales autores de la teoría del Análisis del Discurso se
fundamenta principalmente en la crítica del lenguaje, resaltando siempre que el emisor y el
receptor interrelacionados en la construcción de determinado discurso, corresponden a lugares
determinados en la estructura social (patrón/obreros; cura/fieles; padre/hijos; político/pueblo). La
situación del locutor así como la del destinatario afectan al discurso emitido, pues el sujeto produce
y transmite el discurso en un espacio social: el locutor anticipa, en el proceso discursivo, las
representaciones de sentido de su interlocutor, aún cuando este último sea configurado apenas
hipotéticamente en el habla siempre referida del autor.
En tanto posibilidad teórica, el análisis del discurso presenta medios para que el
investigador entienda el proceso y las condiciones de producción de un discurso (habla,
documento); el sentido del campo semántico en que él es producido; y una elaboración
contextualizada y crítica de las realizaciones discursivas (corpus, muestra).
En tanto técnica, Pêcheux (1988) y Orlandi (1987) proponen diversas operaciones
descritas a continuación: el texto debe ser sometido a diversas operaciones clasificatorias,
simultáneamente semánticas, sintácticas y lógicas. De acuerdo con Pêcheux (1988), cada frase
debe ser descompuesta en proposiciones, lo que implica varias operaciones lingüísticas:
9
substitución de las anáforas por los términos que ellas representan; el restablecimiento del orden
corriente de la frase; reagrupamiento de los términos de vinculación y explicitación de

9
El término anáfora se refiere a las repeticiones de una o más palabras al inicio de dos o más frases, de miembros de la
misma frase o de dos o más versos.

202
proposiciones latentes. O sea, el investigador debe, de cierta forma, rehacer el discurso, buscando
las dependencias funcionales del lenguaje evidenciadas en las frases. De este modo, las
proposiciones se van reduciendo a unidades mínimas que, dentro de la perspectiva
fenomenológica, Schutz (1979) llamaría como estructuras de relevancia. Pero la sugerencia de
Pêcheux es que el investigador llegue a proposiciones pasibles de ser expuestas en gráficos y
clasificadas de forma binaria. A partir de entonces, el investigador procede al análisis automático
del material. O sea, codificados los enunciados elementales y las relaciones binarias, los datos
pueden ser computadorizados en busca de correlaciones.
Para Pêcheux (1988), la posibilidad de análisis automático proviene del hecho de que los
mecanismos de producción del discurso son caracterizados por la repetición de lo idéntico, a través
de formas diferenciadas. Tal concepción se apoya en el análisis estructural de los mitos en Lévi-
Strauss (1967) y en la propia lectura que ese autor hace de la concepción estructuralista del
materialismo histórico en Althusser (1967): “se busca, por detrás de las variaciones de la superficie,
el principio generador que organiza al conjunto” (Pêcheux, 1988, p.180).
Orlandi presenta una propuesta técnica más flexible, la cual trabaja utilizando los
siguientes procedimientos: (1) en primer lugar procede al estudio de las palabras del texto (hace la
separación de los términos constituyentes, análisis de los adjetivos, de los substantivos, de los
verbos y de los adverbios); (2) en segundo lugar, realiza el análisis de la construcción de las frases;
(3) en tercer lugar, construye una red semántica que pone en evidencia la dinámica intermedia
entre lo social y la gramática; (4) por último, elabora el análisis, considerando la producción social
del texto como constitutiva de su propio sentido.
Sin duda, la propuesta de análisis del discurso, que sale del campo reducido de la
lingüística y se coloca al interior de las ciencias sociales, es un bien incalculable para la
investigación cualitativa, aún cuando el investigador no la utilice con todo su rigor técnico. Su
mayor contribución para quien trabaja con el análisis social es dar elementos para la
contextualización del habla, superando en complejidad, a las posturas positivistas o
fenomenológicas. Sin embargo, su pretensión de sustituir al Análisis de Contenido es radicalmente
12
cuestionada por Bardin :
Por debajo de un lenguaje obscóndita que a veces enmascara banalidades, bajo un
formalismo que a veces escapa al lector, más allá de las construcciones teóricas, que a
nivel de la práctica del análisis son improductivas a corto plazo, existe un intento totalitario
(en el sentido que se busca integrar, en un mismo procedimiento, conocimientos adquiridos
o avances hasta allí dispersos o de naturaleza disciplinar extraña: teoría y práctica
lingüística, teoría del discurso como enunciación, teoría de la ideología y automatización de
los procedimientos) cuya ambición es seductora, pero donde las realizaciones son
anecdóticas. ¡Lo que es deplorable! (1979, p.220-222).

12
Bardin es un estudioso del Análisis del Contenido y obviamente su discusión con Pêcheux está influenciada por una visión
del Análisis del Discurso que pretende destruir su supuesta competencia.

203
Orlandi, sin embargo, avanza sobre las propuestas concretas de acción: sus formulaciones
son menos estructuradas y cerradas que las de Pêcheux. Las reflexiones de la autora sobre el
discurso pedagógico, el discurso político, el discurso religioso y el discurso escolar, amplían el
campo del abordaje crítico y revelan los mecanismos de dominación que se esconden bajo el
lenguaje. En el caso de Pêcheux, lo que dificulta bastante la operacionalización de la propuesta es
su sumisión a los procedimientos estructuralistas, al despojar gran parte de la flexibilidad que la
teoría pretende dar a la producción de sentido. La reducción del discurso a proposiciones binarias
y la finalización del proceso a través del análisis automatizado no permiten al investigador la
comprensión de las relaciones dialécticas constitutivas de la realización social.

La Hermenéutica dialéctica

La vida piensa y el pensamiento vive


(Gadamer, 1999, p.326).

Busco profundizar la articulación entre hermenéutica y dialéctica penetrando en las raíces


de esta discusión, no sólo desde el punto de vista del “cómo hacer” sino también del “cómo
pensar”. En realidad, el abordaje de este tema junta dos cuestiones fundamentales: la
subjetivación del objeto y la objetivación del sujeto, temas cruciales de la sociología del
conocimiento, que desde el punto de vista metodológico, suelen ser reducidas a los problemas de
las relaciones entre lo cuantitativo y lo cualitativo en la praxis científica.
Comienzo, por lo tanto, problematizando los dos conceptos centrales en los cuales el texto
se sustenta, la hermenéutica y la dialéctica, para luego articularlos como un camino de
posibilidades de construcción teórico-metodológica de base empírica y documental. El concepto de
salud será tratado tan sólo como un caso de aplicación de este abordaje, en la medida en que,
siguiendo la tradición de la medicina social y de la salud colectiva, el proceso salud-enfermedad
asume un sentido ampliado de híbrido biológico-social.
La discusión sobre hermenéutica se moverá entre los siguientes términos: comprensión,
como la categoría metodológica más potente en el movimiento y en la actitud de investigación; los
términos libertad, necesidad, fuerza, conciencia histórica, todo y partes, como categorías filosóficas
fundantes; y significado, símbolo, intencionalidad y empatía como referencias del pensamiento. La
discusión sobre dialéctica, que ya ocupó una parte de este libro en el capítulo que trata del
marxismo, será desarrollada a través de términos que articulan las ideas de crítica, de negación, de
oposición, de cambio, de proceso, de contradicción, de movimiento y de transformación de la
naturaleza y de la realidad social.

204
 La hermenéutica como el arte de la comprensión
La hermenéutica se funda en la comprensión. Es considerada por Gadamer (1999), uno de
los mayores estudiosos del este tema, como un movimiento abarcativo y universal del pensamiento
humano. Y es vista por este autor, de forma más amplia que la abarcada por la experiencia
científica y se origina en el proceso de intersubjetividad y de objetivación humana. La comprensión,
dice Gadamer, contiene la génesis de la conciencia histórica, dado que significa la capacidad de la
persona humana - y en este caso el investigador - de colocarse en el lugar del otro, (que es el “tu”
del pasado, o lo “diferente de mí” en el presente, pero con lo cual yo formo la humanidad).
La hermenéutica se ocupa del arte de comprender textos. El término “texto” está siendo
usado por mí en un sentido bastante amplio: biografía, narrativa, entrevista, documento, libro,
artículo, entre otros. En el abordaje hermenéutico, la unidad temporal es el presente donde se
marca el encuentro entre el pasado y el futuro, o entre lo diferente y la diversidad dentro de la vida
actual mediada por la lenguaje que puede ser transparente o comprensible, permitiendo llegar a un
entendimiento (nunca completo y nunca total), o intransparente, llevando a un impasse en la
comunicación. Por eso, las ideas de alteridad, entendimiento y la noción de malentendido son
posibilidades universales tanto en el campo científico como en el mundo de la vida.
El enunciado básico del pensamiento hermenéutico es que las ciencias humanas y
sociales, mencionadas por Gadamer en Verdad y Método como ciencias del espíritu, (Gadamer,
1999, p.15) administran una herencia humanista que las distingue de la praxis de la llamada
“ciencia moderna”. En el centro de su elaboración está la noción de comprender. Gadamer va más
allá de las ciencias sociales y humanas, incluyendo toda la experiencia científica como objeto de
comprensión:
La presente investigación plantea una cuestión filosófica, el comprender. Y no la plantea
únicamente para las así llamadas ciencias del espíritu; y sobre todo no la plantea
solamente para la ciencia y para sus formas de experiencia – esta investigación plantea la
cuestión hermenéutica para toda de la experiencia humana del mundo y de la praxis de la
vida (Gadamer, 1999, p.16).

Para Gadamer, comprender “jamás es tan sólo un comportamiento subjetivo frente al


objeto dado, pues ese movimiento pertenece al ser de aquello que es comprendido” (1999, p.19):
comprensión es, en principio, entendimiento y comprender significa entenderse unos con otros.
Así, una de las ideas centrales que fundamenta la hermenéutica es que los seres humanos, la
mayoría de las veces se entienden o hacen un movimiento interior y relacional para ponerse de
acuerdo. La comprensión sólo se transforma en una tarea cuando hay algún trastorno en el
entendimiento, algo extraño que se concretiza en una pregunta: “La necesidad de una
hermenéutica aparece, pues, con el desaparecimiento del comprender-por-sí-mismo” (Gadamer,
1999, p.287).
¿Cuáles son los caminos del comprender? Gamader comienza con un ejercicio de
negación: aclara que no es buscando la intención del autor, pues las palabras y discursos dicen

205
mucho más de lo que quiso decir aquel que lo escribió. Y en un raciocinio dialéctico, comenta que,
aunque muchos tengan la pretensión de decir más de lo que realmente dicen, es importante tener
en cuenta que cada individualidad es una manifestación del vivir total y, por lo tanto, la
comprensión se refiere, al mismo tiempo, a lo que es común, a través de operaciones de
comparación; y a lo que es específico, como contribución peculiar de cada autor. Aún en el
ejercicio de la negación, el autor dice que comprender no es contemplar, pues la autoalienación en
la contemplación no aproxima al investigador a la realidad histórica. De la misma forma, acrecienta
que comprender no es un mero captar la voluntad o los planes que las personas hacen, pues ni el
sujeto se agota en la coyuntura en la que vive, ni lo que él llegó a ser fue tan sólo fruto de su
voluntad, inteligencia y personalidad.
Schleiermarcher (2000), uno de los autores seminales, señala que el trazo esencial del
comprender es el hecho de que el sentido de lo peculiar es siempre resultante del contexto y, en
última instancia, del todo. Y Gadamer se expresa de este modo, a partir de los textos de
Schleiermarcher:
Ya que el todo, a partir del cual se debe comprender lo individual, no puede ser dado
antes que lo individual, [...] el comprender es siempre moverse en ese círculo, y por lo tanto
es esencial el constante retorno del todo a las partes y viceversa. A eso se suma que este
círculo está siempre ampliándose, ya que el concepto del todo es relativo, y la integración
en contextos cada vez mayores afecta siempre también la comprensión de lo individual
(Gadamer, 1999, p.297).

Gadamer y Schleiermacher aplican a la hermenéutica una descripción dialéctica polar, a


través de la cual describen la provisoriedad interna y las múltiples posibilidades de interpretación y
comprensión de un autor o de un texto. Ponen en evidencia, entonces, que la comprensión no es
un procedimiento mecánico y técnicamente cerrado: nada de lo que se interpreta puede ser
entendido de una sola vez y para siempre. Dentro de esta lógica, Gadamer señala que el
investigador debe procurar entender a un autor, mejor de lo que él mismo se habría comprendido o
se comprende, intentando revelar aquello que quedó inconsciente para él. Esa inmersión en el
texto de un autor puede ser mejor considerada cuando explicita relevancias (Schutz, 1964) y
acrecienta conocimiento nuevo, pues, dice Gadamer: “La hermenéutica no debería olvidarse de
que nadie es intérprete vocacional de su obra. [...] En el momento en que el autor se convierte en
intérprete, se convierte en su propio lector” (1999, p.300).
La lectura de cualquier realidad constituye un ejercicio reflexivo sobre la libertad humana,
en el sentido de que los acontecimientos se suceden y se condicionan unos a los otros, mediados
por un impulso original: en cada momento puede comenzar algo nuevo. O sea, no existe
determinación total de los acontecimientos y nada ni nadie están allí “a causa” del otro o se agotan
totalmente en su realidad. Los acontecimientos históricos o de la vida cotidiana son gobernados
por una profunda conjunción interna de la cual las personas no son completamente

206
independientes, en la medida en que son penetrados por ella por todos lados. Por eso, junto a la
libertad está siempre la necesidad.
El concepto de necesidad se refiere a lo que ya se formó, que no puede ser deshecho y
pasó a ser la base para toda actividad emergente del sujeto individual y colectivo. Esa plataforma,
que los otros autores como Sartre (1978) denominan el plano de las determinaciones, constituye
nexos con lo que sucede. Pero, ese nexo no debe ser tomado arbitrariamente, porque él se
construyó de una forma determinada y no de otra (dentro de una especificidad histórica), a partir de
un conjunto de múltiples posibilidades. A ese eslabón que amalgama el presente con el pasado y
con el futuro los antropólogos lo denominan cultura de un pueblo, de una nación, de una clase, de
una época. Son las determinaciones que los marxistas reconocen como telón de fondo de la
realidad social y de la historia (Marx & Engels, 1984); el filósofo Ortega y Gasset lo denomina
circunstancias de la biografía (1987) y Sartre (1978) lo llama posible social, condicionante de la
libertad de elección.
Dilthey (1956) adiciona el concepto de fuerza al de libertad, para hablar de un impulso que
mueve o de una proyección del sentido en la acción. Para este autor, la noción de fuerza ocupa un
lugar central en la explicación de las ciencias del espíritu. Dice que en la fuerza se encuentran
unidas interioridad y exterioridad, en una unidad en tensión. Toda fuerza sólo existe en su
exteriorización, pero es más que la exteriorización, en la medida en que significa una disponibilidad
interior de la infinitud de vida. A través de la experiencia del límite, de la presión y de la resistencia,
el individuo se da cuenta de su propia fuerza. No obstante, lo que experimenta “no son las duras
paredes de la facticidad. Como ser histórico, experimenta también realidades históricas, y esas son
siempre, al mismo tiempo, algo que lo sustenta y el espacio donde da expresión a sí mismo”
(Dilthey, 1956, p.281). En otras palabras, en ese espacio el sujeto realiza la objetivación de su
vida. Así, la categoría fuerza representa el elemento de la interioridad y de la libertad: todo podría
ser diferente si cada individuo que procede de una forma actuara de otra. Por eso, concluye
Dilthey, la fuerza que hace a la biografía y a la historia no es un movimiento mecánico, sino que
proviene de la vida interior y sólo pasa a existir cuando es objetivada.
La necesidad, que se opone a la libertad, es el poder de aquello que sobreviene y el poder
de los otros actuando, como un dato previo desde el comienzo de la actividad libre. La necesidad
excluye muchas cosas como imposibles, restringe la acción a lo posible, o sea, a aquello a lo que
el sujeto está abierto. Pero, dialécticamente, la necesidad procede de la libertad y la libertad
necesita contar con ella. Desde el punto de vista lógico, la necesidad es hipotética, y se refiere a
un modo de ser histórico y no a algo inherente a la naturaleza: lo que se tornó realidad no puede
ser deshecho. Lo que vendrá es, en realidad, libre, pero la libertad por la cual llegará a ser
encuentra, en cada caso, su limitación en lo que devino, o sea, en las circunstancias en la que
actuará. La idea encuentra en la historia tan sólo una representación imperfecta. Del mismo modo,
los planes y las concepciones de los que actúan, son una fuerza viva que se actualiza en los
acontecimientos. Por eso, el momento histórico-efectual (Gadamer, 1999), del mismo modo que el

207
individuo, es finito y nunca conseguirá abarcar el sentido total y definitivo de las cosas: su lectura
será siempre la posible, se dará bajo la mirada del presente y será guiada por cuestionamientos,
supuestos e intereses. La finitud del comprender representa las limitaciones de la conciencia
histórica del investigador (o de cualquier sujeto) y es una forma de autoconocimiento.
¿Cuál es la materia prima sobre la cual se ejerce el comprender? El acto del
entendimiento, más que revelar la verdad del objeto, es la revelación de lo que “el otro” (el “tu”)
plantea como verdad.
El modo como nos vivenciamos los unos a los otros, [...] eso es lo que forma un universo
verdaderamente hermenéutico, en el cual no estamos encerrados por barreras
infranqueables, sino para lo cual estamos abiertos (Gadamer, 1999, p.35).

La categoría básica, el piso de las ciencias comprensivas, es el sentido común, término


cuyo origen se encuentra en Vico (1979) y cuyo sentido engloba no sólo la capacidad universal de
pensamiento que existe en todas las personas, sino también el sentido de lo que instituye a la
comunidad. “El sentido común es un juicio desprovisto de cualquier reflexión, comúnmente
experimentado por todo un orden, por todo un pueblo, por toda una nación, o por todo el género
humano” (Vico, 1979, p.34). Este es el artículo 12 del célebre texto Del Establecimiento de los
Principios, con que este filósofo del siglo XVII, ya en aquella ocasión, se sublevaba contra la
“contabilización” de la vida dentro de las propuestas cuantitivistas, y contra su fragmentación de
base cartesiana. El sentido común tal como es definido por Vico, es asumido por Gadamer como
un saber que se dirige hacia lo verdadero y lo correcto, que busca lo que es plausible y práctico y
se apoya en vivencias y no en fundamentaciones racionalistas. Esa definición puede ser
comparada con los términos de otros estudiosos, como es el caso de Schultz, en su trabajo
Common sense and scientific interpretations of human action (1982). Al respecto dice Gadamer:
Es un conocimiento positivo que el sentido común transmite. [...] Además no es así, en
absoluto que tal saber contenga tan sólo un valor reducido de verdad. [...] Él sirve para
guiarnos en los quehaceres comunes de la vida, cuando nuestra facultad racional nos deja
en la oscuridad (1999, p.69).

El concepto de sentido común será retomado siempre en la historia de la ciencia. En uno


de sus libros que se llama Introducción a una Ciencia Pos-moderna, editado en 1989, Santos
(1989) hace una pormenorizada disertación de cómo la ciencia trata esa problemática en diferentes
momentos históricos de su desarrollo, enfatizando por momentos sus aspectos positivos o
negativos, según el grado de racionalismo con que el método científico es tratado. Por un lado, hay
un grupo que opone el mundo de la vida al mundo racional y científico, colocando en el término
sentido común la carga de sospecha de las referencias sobre pre-conceptos. Es el caso de
Durkheim, en Las reglas del método sociológico (1978a); y de Marx & Engels en La Ideología
Alemana (1984). Para estos autores, el sentido común es considerado como un juicio lego,
ignorante o falsa conciencia sobre las cosas, debiendo ser derrumbado y vencido por la objetividad

208
de la ciencia. Otros autores recuperan la positividad del concepto tanto como materia prima de la
investigación empírica, y además como fuente de creatividad, como lo expresan Gunnar Myrdal, en
Objectivity in Social Research (1969); Thompson en The Voice of the Past: Oral History (1978);
Thomas, en The Definition of Situation (1970); Schutz, en Common sense and Scientific
Interpretations of Human Action (1982). En su positividad, el sentido común es tratado como un
genio de la vida práctica, que lleva a la adaptación con relación a la realidad, al medio social,
conteniendo, por lo tanto, un valor práctico-moral. Siendo originado y lapidado en la propia
cotidianeidad, el sentido común permite el desvío de una persona hacia el punto de vista de la otra,
a través de una actitud comprensiva. Un tercer grupo de autores problematiza el concepto,
encontrando polos de positividad y de negatividad en relación a la construcción científica de la
realidad social. Es lo que se lee en Gramsci en la obra Concepción Dialéctica de la Historia (1981);
en Weber en La Objetividad del Conocimiento en las Ciencias y en la Política Social (1974); en
Granger, en Pensée Formalle et Science de L’Homme (1967).
De la misma forma que el sentido común, otra idea importante para la actividad
comprensiva aportada por Gadamer (1999) es la de vivencia. Este autor observa que, a diferencia
del término vivenciar que es más antiguo, vivencia surge en el siglo XIX, cargando el sentido de
inmediatez con que es abarcado algo real. Vivenciar es diferente de escuchar hablar, de deducir o
de intuir. Es un término que proviene de la literatura biográfica y fue desarrollado inicialmente por
Dilthey (1956), significando configuraciones de sentido y unidades de sentido que son
reinterpretaciones, o “realidades pensadas”, formando parte de la objetivación de la experiencia.
Pero vivencia no es sinónimo de “contenido”, pues su fuente es la vida misma.
Otro término que compone el campo del análisis hermenéutico es símbolo. Denomino
símbolo a aquello que vale, no solamente por su contenido, sino por hacer una mediación
comunicacional, por existir como un “documento” y “una señal” que permite a los miembros de
determinada comunidad identificarse. La importancia de un símbolo está en su función
representativa de algo visible e invisible, reflejando, al mismo tiempo, una idea de lo real y su
expresión fenoménica. O sea, símbolo es la íntima unidad de la imagen y del significado que no
anula la tensión entre el mundo de las ideas y el mundo de los sentidos. La comprensión simbólica
debe ser entendida como parte de la ocurrencia, de la formulación y del sentido de todo enunciado.
Con Husserl, (1980) la hermenéutica se aproxima a la fenomenología. Esa corriente de
pensamiento se aparta de la idea de investigación del “ser” en un abordaje filosófico esencialista
para ir en busca de la comprensión de cómo las cosas de presentan y suceden en los modos
subjetivos del vivir. El “mundo de la vida” pensado por Husserl, es al mismo tiempo un mundo
personal (en el cual se juntan tradición y proyecto de futuro) y un mundo comunitario que contiene
la co-presencia de los otros con los cuales se vive en intersubjetividad. Los términos centrales del
pensamiento de Husserl (1980) son dos: intencionalidad y significado. El primero significa dirigirse
hacia, apuntar a alguna cosa: “la conciencia es intencionalidad” lo que significa: “toda conciencia
es conciencia de” [...] y todo objeto es aprehendido en su relación con la conciencia” (Husserl

209
,1980, p.56). El segundo puede ser traducido como la concepción de que los objetos son
comprendidos por la conciencia de una cierta forma subjetiva, otorgándole mayor o menor
relevancia. De esta forma, la fenomenología no concibe la subjetividad en oposición a la
objetividad, porque esos dos términos están en correlación: el sujeto que realiza, se objetiva en su
acción; y su producto es su propia subjetivación.
La ingenuidad del discurso que habla de la objetividad, que deja totalmente afuera de la
cuestión a la subjetividad, la cual experimenta y conoce y es la única que produce de forma
verdaderamente concreta; la ingenuidad del cientista de la naturaleza y del mundo en
general, que es ciego ante el hecho de que todas las verdades que él entiende como
objetivas, y aún el propio mundo objetivo que es el sustrato de sus fórmulas, es su propia
configuración de vida (Husserl, 1980, p.16).

En síntesis, comprender implica la posibilidad de interpretar, de establecer relaciones y


extraer conclusiones en todas las direcciones. Pero, comprender termina siendo siempre
comprenderse. La estructura general de esa forma de abordaje alcanza su concreción en el
abordaje histórico, en la medida en que allí se operativizan las vinculaciones concretas de
costumbres y tradiciones y las correspondientes posibilidades de su futuro. Pero comprender
significa también y siempre estar expuesto a errores y a anticipaciones de juicios. La comprensión
sólo alcanza su verdadera posibilidad cuando las opiniones previas con las cuales se inicia una
relación no son arbitrarias. Existe realmente una polaridad entre familiaridad y extrañeza y en ella
se basa la tarea de la hermenéutica, buscando aclarar las condiciones bajo las cuales surge el
habla.
 La dialéctica como el arte del extrañamiento y de la crítica
En la historia de la dialéctica, existen dos etapas características. La antigua, desde los pre-
socráticos hasta Hegel; y la moderna, desde Hegel hasta la actualidad. La dialéctica antigua que
proviene del pensamiento griego, llegó a constituirse en un método de búsqueda de la verdad a
través la formulación de preguntas y respuestas, para traer al ruedo las incongruencias de las
concepciones falsas de la realidad. Significaba el arte del diálogo o el arte de discutir, pero también
el arte de separar, distinguir las cosas en género y especie y clasificar las ideas para analizarlas
mejor, como lo demuestra Platón en Los Sofistas.
Sócrates denominaba a ese método cuestionador mayeutica, lo que significa método de
dar a luz las ideas. Entre los filósofos griegos, el debate se iniciaba con la definición del tema, a lo
que seguían las preguntas, respuestas y otros interrogantes, hasta que los debatidores llegasen a
la idea más clara sobre el tema en cuestión. Los historiadores de Sócrates comentan que él solía
utilizar esa estrategia para obtener la confesión de ignorancia de sus interlocutores, a partir de las
contradicciones que manifestaban en la presentación de ideas. En Platón, la dialéctica es el
método de pasaje de un conocimiento sensible al conocimiento racional. En Aristóteles, significa la
deducción que parte de premisas formuladas sobre opiniones probables. En el pensamiento
estoico, la dialéctica es sinónimo de lógica formal.

210
En Occidente, a lo largo de toda la historia de la filosofía, el concepto de dialéctica asumió
muchos significados, frecuentemente no relacionados a su sentido original. En el siglo XI, el
filósofo Abelardo retomó el sentido griego de la noción de dialéctica como el método adecuado
para formular dudas y críticas. Pero, en Descartes, que vivió desde fines del siglo XVI hasta la
mitad del siglo XVII y es considerado el filósofo de los fundamentos de la ciencia moderna y padre
del racionalismo, por el mérito del conjunto de toda su obra, pero sobre todo por el Discurso del
Método, escrito en 1636 (Descartes, 1980), la dialéctica sólo aparece referida como lógica falsa e
inadecuada para el correcto uso de la razón.
Más tarde, Kant mostró en Crítica de la Razón Pura (1980) que las ideas y los principios de
la razón llevan a contradicciones cuando son usados como transcendentes. Schleiermacher
(2000), uno de los filósofos de la hermenéutica, recupera la condición de la dialéctica como método
de conocimiento, retomando su sentido en la filosofía de Platón. Según Schleiermacher, la
dialéctica es una regla que sirve a todo entendimiento, en la medida en que se constituye en el arte
de conducir el discurso, para producir una representación verdadera de un tema en particular.
Fue con Hegel en La Fenomenología del Espíritu escrita en 1813 (1980) que la dialéctica
recibió un tratamiento más amplio y más profundo en tres dimensiones: ontológica, lógica y
metodológica. A partir de entonces, el concepto pasó a dominar la teoría filosófica, siendo
abordado en diversos sentidos y con las connotaciones más diferentes: (a) la dialéctica del ser: el
ser y la nada es uno y lo mismo; (b) la dialéctica de la esencia: la esencia es el ser en tanto
apariencia de sí mismo; (c) la dialéctica del concepto: el concepto es la unidad del ser y la esencia;
(d) la dialéctica del ser, de la esencia, y del concepto: transformarse en otro es el proceso
dialéctico en la esfera del propio ser.
Para Engels (1952), la dialéctica está presente en la realidad, como forma de articulación
de las partes en un todo y como proceso de desarrollo de esas partes. Se manifiesta en el
conocimiento como forma de pensar la historia de la naturaleza, y de la naturaleza humana, de las
cuales son abstraídas las leyes de la dialéctica: “la muerte como momento esencial de la vida, la
negación de la vida contenida en la propia negación de la muerte, de forma tal que la vida sea
siempre pensada con relación a su resultado necesario, el cual está siempre contenido en ella, en
germen, en forma de muerte” (Engels, 1952, p.37). Por eso, la dialéctica es la forma en la que la
realidad se desarrolla, pues, en el universo todo es movimiento y transformación y nada
permanece como es. Hegel es considerado un filósofo idealista, pues plantea la supremacía de las
ideas en la construcción de la realidad. Según su filosofía, el origen del universo sería la idea
materializada y antes que todo, un espíritu pensó el mundo. Pero, el espíritu y el universo se
encuentran en movimiento dialéctico.
En el marxismo, la dialéctica se transformó en una forma dinámica de interpretar el mundo,
los hechos históricos y económicos, así como las propias ideas, bajo el escudo del materialismo
histórico. Marx se apoyó en las ideas de Hegel relativas al perenne movimiento universal y al
constante proceso de transformación, pero lo hizo, invirtiendo los términos de la reflexión de ese

211
autor. En Marx, la dialéctica está presente como método de transformación de lo real que a su vez
modifica la mente creando las ideas. Todos los grandes pensadores marxistas reflexionaron sobre
la dialéctica. Mencionaré tan sólo algunos, buscando conformar las ideas teóricas que se
transformaron en la espina dorsal del método del materialismo dialéctico y remito al lector al
capítulo donde trato específicamente del marxismo.
Para el marxismo, la realidad es un todo dinámico en permanente desarrollo, en una
unidad de contrarios, cuyo conocimiento es un proceso de conquistas de verdades relativas, como
parte de una verdad única y absoluta. La dialéctica es el estudio de la oposición de las cosas entre
sí. Metodológicamente, se traduciría en una forma de abordaje: revelar las relaciones múltiples y
diversificadas de las cosas entre sí; explicar el desarrollo del fenómeno dentro de su propia lógica;
evidenciar la contradicción interna al interior del fenómeno; comprender el movimiento de unidad
de los contrarios; trabajar con la unidad de análisis y de la síntesis en una totalización de las
partes; correlacionar las actividades y las relaciones.
Así, desde el punto de vista marxista, la dialéctica se constituye en un proceso infinito de
revelaciones de nuevos aspectos y correlaciones; proceso incesante de búsqueda de
profundización del conocimiento humano; movimiento de encuentro de la coexistencia de la
causalidad con formas más complejas de interdependencia, de reproducción y de pasaje de la
cantidad para la calidad.
En síntesis, la gran contribución marxista sobre la dialéctica es, invertir teóricamente y en
su aplicación práctica, la visión hegeliana de supremacía del pensamiento sobre la acción en la
construcción de la realidad, valorizando la historicidad, y la relación entre la base material y las
representaciones de la realidad. En la práctica del análisis de los materiales cualitativos, ese
abordaje colabora en la comprensión de que no existe un punto de vista fuera de la historia, nada
es eterno, fijo y absoluto, por lo tanto, no hay ideas, instituciones, ni categorías estáticas. Los
principios con los cuales el método dialéctico trabaja son los siguientes:
 Cada cosa es un proceso, o sea, una marcha, un transformarse. Cada ser (persona, grupo,
institución, animales, plantas) está sometido a la ley interna del movimiento, contiene en sí
el pasado, pero está en plena realización. Las cosas, las relaciones y las ideas se
transforman en virtud de las leyes internas de su autodinamismo.
 Existe un encadenamiento de los procesos. Por ejemplo, la flor se transformó en una
goiaba que se transformará en un árbol que un día morirá, recomponiendo el ciclo de los
otros momentos vitales de cambios. Pero nunca será la misma goiaba, ni el mismo árbol,
pues los procesos se dan en espiral y no de forma linear ni circular. Lo que vendrá es una
promesa, podrá suceder o no, pero nunca será una mera repetición.
 Cada cosa trae en sí su contradicción, siendo llevada a transformarse en su contrario. Lo
vivo marcha hacia la muerte porque vive; la felicidad contiene el dolor que vendrá y así
sucesivamente. Según la concepción de Hegel, una cosa es al mismo tiempo ella misma y

212
su contrario. Cualquier cosa que se concretiza es tan sólo un momento, una síntesis de su
afirmación y de su negación.
La cantidad se transforma en cualidad. En los procesos de transformación, los cambios son
cuantitativos y concomitantemente cualitativos. La superación del dualismo entre cantidad y
cualidad se expresa en el hecho de que toda cualidad conlleva siempre ciertos límites cuantitativos
y viceversa. O sea, desde el ángulo de la dialéctica, las cualidades pierden su naturaleza fija y
estable, atribuidas por las concepciones clásicas de la física y de la lógica. Son estados o
situaciones momentáneas, en una incesante transformación motivada por cambios interiores. Así,
la oposición entre ambas es dialéctica y complementaria: la cantidad se presenta siempre como
una distinción al interior de la cualidad. Y la cualidad está siempre presente en las cantidades,
siendo la cantidad en sí misma, una cualidad del objeto o de la realidad. Esa forma de comprender
la realidad dentro de un proceso de transformación cualitativo, generada en el seno del cambio
cuantitativo, permite superar, en el plano del pensamiento, la falsa polémica que irrumpió la
práctica científica moderna, donde el cuantitavismo se estableció de forma hegemónica, colocando
a todas las cualidades en el mismo plano, (por lo tanto sin distinguirlas o diferenciarlas) y
considerando que la realidad se agota en su expresión matemática. Pero también busca superar la
posición opuesta, que se restringe a comprender la realidad tan sólo a través de sus expresiones
cualitativas.
 Articulación entre hermenéutica y dialéctica
A partir de los años ‘60, el diálogo establecido por Habermas y Gadamer (1987) respecto
de la Hermenéutica y la Dialéctica, benefició a las discusiones sobre los métodos en las Ciencias
Sociales, en la medida en que estos dos autores buscaron formas de objetivar la praxis de
producción de conocimiento. Stein (1987), refiriéndose a la discusión pública de los autores sobre
este tema, reafirma la importancia de sus aportes para el avance del conocimiento, diciendo que la
filosofía no puede excluir del diálogo a las Ciencias Sociales y Humanas, pues son ellas que
constituyen la base de la filosofía hermenéutica: “sin el diálogo con las ciencias humanas, la
filosofía se torna vacía” (Stein, 1987, p.131). El movimiento opuesto de aproximación de las
ciencias sociales y humanas al pensamiento filosófico también es crucial, bajo pena de que los
métodos de esas ciencias se transformen en meras técnicas, como advierten Adorno & Horkheimer
(1979) cuando hacen la crítica de la sociología americana positivista:
La investigación social empírica toma equivocadamente el epifenómeno, lo que el mundo
hace de nosotros como la propia realidad. Su método amenaza tanto con fetichizar sus
asuntos como con degenerarse en un fetiche, o sea, colocar las cuestiones de método por
sobre las cuestiones de contenido (1979, p.219).

Para Stein (1987), trabajar dentro del movimiento hermenéutico-dialéctico “significa un


esfuerzo por proteger no sólo el objeto de las ciencias sociales, sino los propios procedimientos
científicos contra la amenaza de una salvaje atomización de los procedimientos del conocimiento”
(1987, p.129). Eso no significa que la hermenéutica y la dialéctica deban reducirse a una simple

213
teoría de tratamiento de datos. Pero, al posibilitar una reflexión que se fundamenta en la praxis, la
unión de ambos abordajes es fecundo en la conducción del proceso, al mismo tiempo,
comprensivo y crítico en el estudio de la realidad social.
La hermenéutica ofrece referencias para la comprensión del sentido de la comunicación
entre los seres humanos; parte del lenguaje como el terreno común de realización de la
intersubjetividad y del entendimiento; critica las pretensiones del Iluminismo que lleva a la ciencia
moderna a creer en la posible eximición de los prejuicios, colocándose fuera del mundo de la vida;
invierte en las posibilidades de la comunicación, pero las considera en su proceso finito, marcado
por la historia y por la cultura y, filosóficamente, propone la intersubjetividad como la base del
proceso científico y de la acción humana.
Por todo esto, bajo la óptica hermenéutica, entender a la realidad expresada en un texto es
también entender al otro, es entenderse en el otro, movimiento que siempre es posible, por más
difícil que parezca a primera vista. Sin embargo, para la hermenéutica, tal como es definida por
Gadamer (1999), al coincidir con una de las leyes de la dialéctica, la comprensión sólo es posible a
través del extrañamiento, pues la necesidad del entendimiento nace del fracaso de la transparencia
del lenguaje y de la propia incompletitud y finitud humana. Así, la actividad hermenéutica se mueve
entre lo familiar y lo extraño, entre la intersubjetividad del acuerdo ilimitado y el quiebre de la
posibilidad de ese acuerdo.
Las referencias de la postura hermenéutica pueden ser resumidas de este modo a partir de
Gadamer (1999); Habermas (1987); Stein (1987); Minayo (2002):
 El investigador debe buscar, al máximo, con datos históricos y también por “empatía” el
contexto de su texto: de los entrevistados y de los documentos que analiza. El “discurso”
siempre expresa un saber compartido con otros y marcado por la tradición, por la cultura y
por la coyuntura.
 El investigador que analiza documentos del pasado o actuales (biografías, material de
entrevistas, textos oficiales, etc.), necesita para entenderlos, adoptar una postura de
respeto por lo que dicen, suponiendo que, por más oscuridad que presenten a primera
vista, siempre tendrán un tenor de racionalidad y de sentido. Como intérprete, es su deber
tomar en serio el documento que tiene frente a él.
 El investigador no debe buscar en los textos una verdad esencialista, sino el sentido que el
entrevistado (autor, biografiado) quiso expresar. Así, el investigador sólo estará en
condiciones de comprender el contenido significativo de cualquier documento (término
usado aquí en un sentido amplio), si se propone evidenciar, en la interpretación, las
razones del autor. Por otro lado, en la interpretación nunca hay una última palabra, el
sentido de un mensaje o de una realidad estará siempre abierto en varias direcciones, a
causa de los nuevos hallazgos del contexto o de las nuevas preguntas planteadas.
 Toda interpretación bien conducida es acompañada por la expectativa de que, si el autor
estuviera presente o pudiera realizarla, compartiría los resultados del análisis. Gadamer

214
(1999), exige aún más: recuperando el pensamiento de diversos autores como Dilthey
(1956) y Schleiermarcher (2000), dice que la interpretación debe ir más allá de quien
escribió el texto, pues cuando el autor lo elaboró no tenía conciencia de todo lo que
permite ser leído en él sobre su tiempo y sobre sus contemporáneos.
En tanto praxis interpretativa el camino de la hermenéutica es el siguiente:
 buscar las diferencias y las semejanzas entre el contexto del autor y el contexto del
investigador;
 explorar las definiciones de situación del autor, que el texto o el lenguaje en análisis
permite. Esa definición de situación, muchas veces no se presenta de forma explícita,
cabiéndole al investigador revelarla y comprenderla. Para los hermeneutas, el mundo de
la cotidianeidad donde se produce el discurso, es el parámetro del análisis, pues es el
único mundo posible del consenso, de la comprensión o del extrañamiento de la
comunicación intersubjetiva, por eso es también el mundo objetivo;
 suponer que el mundo observado y los sujetos de la investigación es compartido con el
mundo de la vida del investigador (porque comprender es siempre comprenderse). Y a
partir de tal postura, preguntar ‘por qué’ y ‘bajo qué condiciones’ el sujeto del lenguaje que
busca entender, crea determinadas situaciones, valoriza determinadas cosas, atribuye
determinadas responsabilidades a ciertos actores sociales y, en síntesis, se expresa y se
posiciona de tal forma y no de otra;
 buscar entender las cosas y los textos “en sí mismos”, diferenciando el proceso
hermenéutico del saber técnico que elabora un conjunto de normas para analizar un
discurso; de la lingüística, cuyo objetivo es la reconstrucción del conjunto de reglas que
subyacen al lenguaje natural; de la fenomenología cuyo lenguaje es tomado como sujeto
de la forma de vida y de la tradición, como si la conciencia lingüística determinase el ser
material de la praxis vital; y del objetivismo positivista que establece una conexión ingenua
entre los enunciados teóricos y los datos fácticos, como si fuese posible que exista verdad
fuera de la praxis;
 apoyar toda la reflexión sobre una realidad determinada en el contexto histórico, partiendo
de la premisa de que el investigador-intérprete y su “sujeto” de observación e
investigación son expresiones de su tiempo y de su espacio cultural.
Con relación a la dialéctica, señalaré en base a Habermas (1987) y Stein (1987) las
aproximaciones y las diferenciaciones que permiten a ambos abordajes complementarse,
buscando de antemano, resaltar sus potencialidades complementarias:
 en primero lugar, mientras la hermenéutica busca esencialmente la comprensión, la
dialéctica establece una actitud crítica. Habermas expresa esta diferenciación, afirmando
que la razón humana es más que simplemente comprender e interpretar. Posee una fuerza
trascendental que le permite ejercer la crítica y superar prejuicios: “La misma razón que
comprende, aclara y reúne, también contesta y disocia” (Habermas, 1987, p.20). La

215
estructura del significado presente en el lenguaje, es donde la hermenéutica pone mayor
énfasis, mientras que para la lógica dialéctica es apenas uno de los factores en la totalidad
del mundo real. Habermas (1987) realiza una extensa crítica al campo comprensivista, que
va de la hermenéutica a la fenomenología y a la etnometodología, diciendo que estos tipos
de abordaje ignoran la totalidad de la vida social, pues, se mueven en un espacio
restringido de comunicación de la vida cotidiana como si ese universo contuviera la
totalidad del proceso socio-histórico y cultural. Habermas (1987) critica a Gadamer,
diciendo que él se olvida de que el contexto de la tradición no es sólo el espacio de la
verdad, sino también de la falsedad fáctica, pues es atravesado por intereses y por la
violencia. Argumenta que, desde su punto de vista, el mundo se compone de trabajo,
poder y lenguaje, por lo tanto, el lenguaje que refleja ese mundo está marcado y limitado
por el carácter ideológico de las relaciones de trabajo y de poder:
El lenguaje es también un medio de dominación y de poder social. Sirve a las
relaciones de violencia organizada. En la medida en que las legitimaciones no
manifiestan la relación de violencia, cuya institucionalización posibilita, y en la
medida en que eso sólo se expresa en legitimaciones, el lenguaje también es
ideológico (Habermas, 1987, p.21).

 El marxismo reafirma que toda la vida humana es social y está sujeta a las leyes históricas,
raciocinio en el cual la lógica dialéctica se aproxima a la fundamentación hermenéutica de
Gadamer:
Aquel que lea nuevamente la historia de la tribu [de los esquimales] de aquí a 50 o 100
años, no sólo sentirá que esa historia es vieja, porque en ese medio tiempo él sabe
más o interpreta mejor las fuentes más correctamente, sino que él puede admitir
también que en el año 1960 se leían las fuentes de un modo distinto, porque las
personas estaban motivadas por otras cuestiones, por otros supuestos y por otros
intereses (1999, p.138).

Así, el ejercicio dialéctico considera como fundamento de la comunicación, a las


relaciones sociales históricamente dinámicas, antagónicas y contradictorias entre clases,
grupos y culturas. O sea, entiende el lenguaje como un vehículo de comunicación y de
dificultad de comunicación, pues sus significantes, con significados aparentemente iguales
para todos, esconden y expresan la realidad conflictiva de las desigualdades, de la
dominación, de la explotación y también de la resistencia y de la conformidad. Un análisis
comprensivo anclado en la hermenéutica-dialéctica busca aprehender la práctica social
empírica de los individuos en sociedad en su movimiento contradictorio. Por lo tanto,
teniendo en cuenta que los individuos que viven determinada realidad pertenecen a
grupos, clases y segmentos diferentes; son condicionados por tal momento histórico y por
eso, pueden tener simultáneamente intereses colectivos que los unen e intereses
específicos que los diferencian y los contraponen. Siendo así, la orientación dialéctica de
cualquier análisis dice que es fundamental realizar la crítica de las ideas expuestas en los

216
productos sociales (textos, monumentos, instituciones) buscando, en su especificidad
histórica, la complicidad con su tiempo; y en las diferenciaciones internas, su contribución a
la vida, al conocimiento y a las transformaciones.
 En tanto la hermenéutica busca las bases de los consensos y de la comprensión en la
tradición y en el lenguaje, el método dialéctico introduce en la comprensión de la realidad
el principio del conflicto y de la contradicción como algo permanente y que se explica en la
transformación.
 En la medida en que nada se construye fuera de la historia, cualquier texto (en su amplio
sentido) necesita estar referido al contexto en el cual fue producido, porque sólo podrá ser
entendido en la totalidad dinámica de las relaciones sociales de producción y reproducción
en las cuales se inserta. Más aún, el cientista que analiza las cuestiones sociales nunca
debe olvidarse que los seres humanos no son sólo objeto de investigación, son también
sujetos de relaciones: en la defensa de esa posición, la hermenéutica de Gadamer se
aproxima a la dialéctica marxista. Dice Goldmann:
La deformación científica no comienza cuando se intenta aplicar al estudio de las
comunidades, métodos de las ciencias físico-químicas, sino en el hecho de considerar
a esa comunidad el “objeto” de estudio (1980, p.22).

Dice Gadamer:
La comprensión jamás es un comportamiento subjetivo frente a un “objeto”
determinado. Sino frente a la historia fáctica, y eso significa que pertenece al ser de
aquello que es comprendido (1999, p.19).

 La dialéctica marxista, en su aspecto articulador de los polos de la objetividad y de la


subjetividad (Goldmann, 1980), considera que la vida social es el único valor común que
reúne a todos los seres humanos y de todos los lugares. Coincide en eso con la
hermenéutica que proclama el terreno de la intersubjetividad como el locus de la
comprensión. En ese sentido es posible que exista un diálogo de ambos abordajes sobre:
(a) la comprensión de la conciencia y de las actitudes fundamentales de los individuos y de
los grupos en análisis, frente a los valores de la comunidad y del universo; (b) la
comprensión de las transformaciones del sujeto de la acción dialéctica ser
humano/naturaleza/sociedad, en una búsqueda de síntesis entre pasado, presente y
proyección hacia el futuro; (c) la comprensión de las acciones humanas de todo tipo en los
diferentes lugares y de los acontecimientos inevitables vinculados a ellas, según las
intenciones de los actores sociales y los significados que les atribuyen a los eventos y a su
propio comportamiento; (d) la comprensión de que las estructuras que condicionan a los
seres humanos en su proceso individual o colectivo son construcciones humanas
objetivadas; (e) la comprensión de que la libertad y la necesidad se condicionan
mutuamente en el proceso histórico.

217
 Por último, teniendo en cuenta las relaciones entre cantidad y cualidad, la dialéctica
propone la superación del cuantitivismo y del cualitativismo en la investigación. En el
primer caso, propone una revisión del positivismo que excluye y no tiene en cuenta la
especificidad de la realidad empírica: la transformación cualitativa, el pasaje de una
cualidad a otra. En el segundo caso, induce a pensar no sólo en la especificidad y
diferenciación interna de los fenómenos, sino también en el conjunto y en la configuración
unitaria como realización objetiva. Aquí la dialéctica da un paso al frente y se contrapone a
la hermenéutica y a la fenomenología (más allá de que Husserl plantee una investigación
de correlaciones), que promueven la crítica al cuantitivismo sin proponer ninguna salida
para el proceso de articulación entre los niveles concomitantes, intensivos y extensivos de
los fenómenos de la naturaleza y de la vida social.
En resumen, quiero destacar mi intención de poner en evidencia las contribuciones y los
límites de la hermenéutica y de la dialéctica en la comprensión y en la crítica de la realidad social.
Al mostrar cómo la hermenéutica realiza el entendimiento de los textos, de los hechos históricos,
de la cotidianeidad y de la realidad, sobresale que sus limitaciones pueden ser fuertemente
compensadas por las propuestas del método dialéctico. La dialéctica, a su vez, al subrayar el
disenso, el cambio y los macroprocesos, puede ser abundantemente beneficiada por el movimiento
hermenéutico que enfatiza el acuerdo y la importancia de la cotidianeidad. De esta forma, concluyo
que la hermenéutica y la dialéctica se presentan como momentos necesarios en la producción de
racionalidad con relación a los procesos sociales y, por consiguiente, con relación a los procesos
de salud y enfermedad.
En esa combinación de oposiciones complementarias, el método dialéctico tiene como
supuesto el método hermenéutico, aún cuando las dos concepciones hayan sido desarrolladas a
través de movimientos filosóficos diferentes. Pues, como señala Stein (1987): (a) ambas traen en
su núcleo la idea fecunda de las condiciones históricas de cualquier manifestación simbólica, del
lenguaje y del trabajo del pensamiento; (b) ambas parten del principio de que no existe un
observador imparcial, ni puntos de vista fuera de la realidad del ser humano y de la historia; (c)
ambas superan la simple tarea de ser herramientas del pensamiento, pues ellas consideran al
investigador como parte de la realidad que investiga; (d) ambas cuestionan el tecnicismo como un
camino capaz de realizar la comprensión y la crítica de los procesos sociales: (e) ambas se refieren
a la praxis y revelan los condicionantes de la producción intelectual, marcada tanto por la tradición,
por los prejuicios, como por el poder, por los intereses y por las limitaciones del desarrollo histórico.

Propuesta operativa

Nuestros conocimientos son sólo una aproximación a la plenitud de la


realidad, y por eso mismo son siempre relativos; en la medida en que
representan la aproximación efectiva a la realidad objetiva, que existe
independientemente de nuestra conciencia, son siempre absolutos. El

218
carácter, al mismo tiempo absoluto y relativo de la conciencia, forma una
unidad dialéctica indivisible (Bachelard, 1967, p.233).

Amplío la reflexión de Bachelard del epígrafe, con el pensamiento de Lukács sobre el


conocimiento aproximado, para quien, “el acto de conocer, en su impulso inicial es un
descubrimiento pleno de incerteza y de duda. Su raíz es el juicio desconfiado; su éxito, un acceso
verificado” (1967, p.25).
Los tres tipos de abordaje presentados en este capítulo, muestran que en la producción del
análisis sobre cuestiones sociales y aún de abordajes cualitativos no hay consenso, sino varios
caminos de posibilidades de elección por parte del investigador. Hay siempre un límite en la
capacidad humana de objetivación, dado que la ciencia se crea en una relación dinámica entre
razón y experiencia y no admite la reducción de un término por otro. Si esto es verdad para la
totalidad de la labor de la investigación científica, se aplica de forma mucho más específica a la
etapa de tratamiento de los datos empíricos.
Poirier y colaboradores (1985) comentan que, en un curso dictado en Francia por
Lazarsfeld (uno de los renombrados investigadores sociales del siglo XX) sobre técnicas de
análisis de contenido aplicadas a los abordajes de historias de vida, uno de los alumnos le
preguntó sobre la conducción de ciertos problemas prácticos. Sonriendo, el maestro le respondió:
“La gente dice y escribe muchas cosas, pero en realidad la gente lo hace como puede” (Poirier, et
al., 1985, p.72)
La intervención de Lazarsfeld es altamente significativa y honesta. Desmitifica las ideas de
perfección, de objetividad y de neutralidad que muchos cientistas sociales suelen guardar en las
“cajas negras” de sus procedimientos analíticos. Por otro lado, su habla revela no sólo las
dificultades reales, las debilidades y las fallas de un investigador, sino que insinúa algo
fundamental. O sea, lo que se escribe o se habla sobre el trabajo de investigación, generalmente
es una “lógica reconstruida” que se distancia de la “lógica en uso”, utilizada en el transcurso del
trabajo. En otros términos y a propósito del mismo tema, Marx dice en la “Introducción a la
Contribución a la Crítica de la Economía Política” que existen lógicas diferentes en el método de
investigación y en el método de exposición (1973, p.240).
Al tomar como punto de partida la incompletitud del pensamiento y de la capacidad
analítica de cualquier investigador, es importante decir que conocer las limitaciones no lo exime, al
contrario, refuerza la necesidad de perfeccionar los métodos, las técnicas y los instrumentos de
operacionalización en todo el proceso de investigación, sobre todo en la etapa del análisis. Ese
desafío tiene que partir de una revisión de las alternativas hasta aquí presentadas y de una opción
que al mismo tiempo se torne viable teórica y prácticamente. Es preciso estar atento, pues muchas
investigaciones son pobres y precarias, no sólo por la elección de una técnica equivocada, sino por
el más completo empirismo o teoricismo: el primero, partiendo del principio de que la verdad está
en los resultados del trabajo de campo, principalmente en las hablas de los informantes; el

219
segundo, menospreciando el potencial enriquecedor de la contribución de los actores entrevistados
y contactados.
La crítica principal a las técnicas de Análisis de Contenido tradicional (en sus más
diferentes modalidades) se refiere a que se focalizan en el discurso, reduciendo su capacidad
explicativa. El énfasis casi absoluto en el habla como material de análisis, transforma la cuestión
del descubrimiento y de la validez en la habilidad para manipular los instrumentos técnicos. El
material etnográfico es compuesto como un “Corpus”, o sea, como un conjunto sistematizado y fijo,
privilegiando todo lo que puede constituirse en sistema de signos a ser descifrados. De esta forma,
no se pone en discusión el proceso de toma de decisiones en campo, ni el contexto de la acción
analizada. Las entrevistas (o comunicaciones en general) suelen ser vistas en bloque, pierden su
autoría, y el juego de los “significantes en cadena” pasa a ser el foco de la comprensión.
El Análisis de Discurso supera teóricamente a las técnicas tradicionales de Análisis de
Contenido, en la medida en que se propone revelar las reglas propias del proceso discursivo y
alcanzar las estructuras profundas en la raíz de cualquier de comunicación. Sin embargo, sus
técnicas de análisis ponen la tónica en la habla y, cuando establece los procedimientos operativos,
retorna al rigor formal típico del estructuralismo.
Los refinamientos técnicos, tanto del análisis de contenido como del análisis del discurso,
se apoyan en la creencia de que la “verdad” de los significados se sitúa en el núcleo profundo del
sentido de los textos. No obstante, la absolutización de esa creencia deja en un segundo plano los
aspectos extradiscursivos que constituyen el espacio socio-político-económico, cultural y relacional
donde el discurso circula.
El abordaje antropológico, a partir de los clásicos trabajos de Malinowski, ya superó hace
mucho tiempo los límites del énfasis en el análisis del contenido explícito del mensaje. Su método
es cotejar el habla con la observación de las conductas y de los costumbres y con el análisis de las
instituciones referentes al tema en estudio. Chequear lo dicho con lo hecho, con lo que es
celebrado y está cristalizado. De esta forma, un buen análisis interpreta el contenido o el discurso
dentro de un marco de referencias, donde la acción y la acción objetivada en las instituciones,
permite superar al mensaje manifiesto y alcanzar los significados latentes. La propuesta de la
hermenéutica-dialéctica es ofrecer un marco referencial más completo para el análisis del material
cualitativo, sin embargo, no es la propuesta de Habermas, ofrecer instrumentos de
operacionalización.
Presentaré, a continuación, un ejemplo de operacionalización, teniendo siempre en cuenta
la cuestión del contexto y de la empiria. Partiré de un ejemplo de objeto bien genérico “Concepción
de Salud-Enfermedad de un determinado segmento social”. Sobre este tema, necesitan ser
realizados dos niveles de interpretación.
El primero se refiere al campo de las determinaciones fundamentales, el cual debe haber
sido mapeado en la etapa exploratoria de la investigación. Se trata del contexto socio-histórico del
grupo social en cuestión, y constituye el marco teórico-fundamental para el análisis. Ese momento

220
puede ser pensado esquemáticamente como el momento de búsqueda de comprensión: (a) de la
historia del grupo, de sus ambientes, de sus condiciones socio-económicas y políticas, de su
participación e inserción en las totalidades mayores como barrio, ciudad, país; (b) del mapeo del
sistema de salud local y cercano (hospitales, centros de salud, farmacias, otras facilidades y
terapias alternativas, incluso populares) de los profesionales, de la accesibilidad a los servicios; (c)
del perfil de morbimortalidad de la población residente y objeto de la investigación. Este primer
nivel es el plano de la totalidad (siempre totalidad parcial) o del contexto, que significa, según
Lukács:
[Por un lado] un todo coherente donde cada elemento está, de una forma o de otra,
relacionado con otro elemento; y por otro, que esas relaciones forman en la propia realidad
objetiva, correlaciones concretas, conjuntos, unidades ligadas entre sí de diversas formas
complementarias, pero siempre determinadas (1967, p.240).

En el momento concreto de interpretación de los datos, el sentido de la totalidad se refiere


tanto al nivel de las determinaciones como a la del recurso interpretativo por el cual se busca
descubrir las conexiones que la experiencia empírica mantiene con el plano de las relaciones
esenciales. No siempre, ese momento puede ser captado sólo a través de las representaciones
sociales. La operación intelectual por la cual se obtiene la totalidad concreta implica un movimiento
de la razón y de la experiencia, en una articulación de la base material y de las ideas. Desde el
punto de vista histórico, la postura comprensiva reconoce los fenómenos sociales siempre como
resultados y efectos de la actividad creadora, tanto inmediata como institucionalizada. Por lo tanto,
toma como centro del análisis la práctica social y la acción humana y las considera como
resultados de condiciones anteriores, exteriores, interiores y también como praxis. O sea, el acto
humano que atraviesa el medio social, conserva las determinaciones, pero se realiza en el sujeto
que vive, piensa, siente y refleja el mundo. “El hombre hace la historia: él se objetiva en ella y en
ella se aliena” (Sartre, 1978, p.150). Las concepciones de salud y enfermedad son fruto y
manifestaciones de condicionamientos socio-históricos que se vinculan al acceso a los servicios,
tradiciones culturales, concepciones dominantes sobre el tema y a la interrelación de todo esto. Por
lo tanto, salud y enfermedad son fenómenos sociales no sólo porque expresan cierto nivel de vida
o porque corresponden a ciertas profesiones y prácticas; sino porque son manifestaciones de la
vida material, de las carencias, de los límites sociales y del imaginario colectivo.
El segundo momento interpretativo es el punto de partida y el punto de llegada de cualquier
investigación: es el encuentro con los hechos empíricos, en este caso, con un conjunto de
concepciones sobre salud y enfermedad. Es necesario encontrar en los relatos de los informantes
el sentido, la lógica interna, las proyecciones y las interpretaciones. En los textos coexiste, una
significación cultural específica, propia del grupo, y una vinculación mucho más abarcativa que
junta a ese grupo con círculos cada vez más abarcativos e intercomunicables de la realidad,
tratados en el primero ítem.

221
En esa búsqueda de significación específica, es preciso que el análisis contemple: (a) las
comunicaciones individuales (entrevistas, historias de vida, resultados de discusiones de grupo);
(b) las observaciones de conductas, costumbres y relaciones relativas al tema salud y enfermedad;
(c) el análisis de las hablas sobre instituciones oficiales (y otras informaciones sobre ellas) y sobre
otras entidades u organizaciones alternativas que ofrecen servicios en el lugar; (d) observación de
ceremonias y ritos atinentes al tema.
La interpretación exige la elaboración de Categorías Analíticas (generalmente trabajadas
desde el inicio de la investigación) capaces de revelar las relaciones más abstractas y mediadoras
para la parte contextual y de Categorías Empíricas y Operacionales, creadas a partir del material
de campo, que contengan y expresen relaciones y representaciones típicas y específicas del grupo
en cuestión. A partir de los datos relevados y acumulados, el investigador se vuelca a los
fundamentos de las teorías que formaron parte de la elaboración de los conceptos iniciales en la
fase exploratoria, para poner en duda las ideas evidentes anteriormente y para verificar, en qué
medida el momento pos-trabajo de campo le exige la profundización de otros temas. Así, el
investigador construye una nueva aproximación al objeto: el pensamiento antiguo (proveniente de
la fase exploratoria) que es negado, pero no excluido, encuentra otros límites y se ilumina en la
elaboración del momento presente. Lo nuevo contiene a lo antiguo, incluyéndolo en una nueva
perspectiva.
¿Cómo operacionalizar este segundo momento que, en realidad, constituye el mayor
desafío de la fase de análisis? A través de tres etapas, cuyos pasos sugiero que sean los
siguientes:
 Ordenamiento de los datos
El momento del ordenamiento engloba tanto a las entrevistas como al conjunto del material
de observación y de los documentos populares e institucionales, referentes al tema concepciones
13
de salud y enfermedad . Esta etapa incluye: (a) trascripción de grabaciones; (b) relectura del
material; (c) organización de los relatos en un determinado orden, lo que ya supone un inicio de
clasificación; (d) organización de los datos de observación, también en determinado orden, de
acuerdo con la propuesta analítica. Esta fase da al investigador un mapa horizontal de sus
descubrimientos en campo.
Entiendo este trabajo como un proceso hermenéutico, en el cual se toma el material
empírico sobre concepciones de salud y enfermedad como un conjunto, un Corpus, a ser
técnicamente trabajado. En el caso de que la investigación empírica haya sido realizada con
grupos diferenciados por clase social, por edad, por religión (todas esas divisiones son aquí
hipotéticas), deben ser creados diferentes subconjuntos, apuntando a una lectura que busque
homogeneidades y diferenciaciones a través de comparaciones y contrastes.

13
No entramos aquí en los detalles referentes al Ordenamiento de Datos. Indicamos como bibliografía complementaria el
trabajo de Poirier, et al., Lês Récits de Vie. Paris: PUF; 1985.

222
 Clasificación de datos
Es necesario tener en mente que no es el campo el que crea el llamado “dato”, dado que la
información que surge de él, ya trae en su interior una construcción de interrogantes y respuestas.
En este momento el proceso de construcción del conocimiento se complejiza. Propongo que el
momento clasificatorio sea constituido por las siguientes etapas:
 Lectura horizontal y exhaustiva de los textos, prolongando una relación interrogativa con
ellos. Toda la atención del investigador debe estar provisoriamente volcada hacia ese
material. Si fuese posible sugerir una actitud, la ideal sería de cerrar ojos y oídos a
cualquier interferencia contextualizadora, tal como es propuesto por el análisis
fenomenológico (Capalbo, 1979), aunque infelizmente es casi imposible. Por ende, quisiera
destacar la importancia de este momento, para que no suceda algo que es muy común en
las producciones cualitativas: la simple exposición de las hablas con comentarios del
investigador o un solemne menosprecio a los hallazgos en campo.
Esta etapa inicial de contacto con el material de campo exige una lectura de cada
entrevista y de todos los otros documentos, anotando (en la computadora o en papel) las
primeras impresiones del investigador, iniciándose así, la búsqueda de coherencia interna
de las informaciones.
El material escrito necesita ser cuidadosamente analizado: frases, palabras, adjetivos,
concatenación de ideas, sentido general del texto, etc. Sobre este tema, Bakhtin (1986)
sugiere algunas reglas metodológicas: (1) no separar la ideología de la realidad material
del signo; (2) no disociar el signo de las formas concretas de comunicación (entendiendo
que el signo forma parte de un sistema de comunicación social organizado); (3) no disociar
la comunicación y sus formas de la base material en la que se sustenta.
Este ejercicio inicial, denominado por algunos autores como “lectura fluctuante” permite
aprehender las estructuras de relevancia de los actores sociales, las ideas centrales que
intentan transmitir y los momentos clave y sus posturas sobre el tema focalizado (en este
caso, por ejemplo, las concepciones de salud/enfermedad). La atención emergente del
investigador sobre el material lo ayudará a construir poco a poco las categorías empíricas.
El siguiente paso será confrontarlas con las categorías analíticas, teóricamente
establecidas como referencias de la investigación, y buscar las interrelaciones e
interconexiones entre ellas.
 Lectura transversal - El segundo momento es el de la lectura transversal de cada sub-
conjunto y del conjunto en su totalidad. El proceso es el de recorte de cada entrevista o
documento en una “unidad de sentido”, por “estructuras de relevancia”, por “tópicos de
información” o por “temas”. Los criterios de clasificación en primera instancia pueden ser
tanto variables empíricas como variables teóricas ya construidas por el investigador. En el
proceso clasificatorio, el investigador separa los temas, las categorías o unidades de

223
sentido, agrupando las partes por semejanzas, buscando percibir las conexiones entre
ellas, y guardándolas en códigos o en carpetas.
Al finalizar este primer esfuerzo, donde fueron creadas muchas “carpetas”, el investigador
parte hacia una segunda tarea, haciendo una limpieza de sus clasificaciones; reagrupando
todo, y reduciendo a un número menor las unidades de sentido, buscando comprender e
interpretar aquello que fue expuesto como más relevante y representativo por el grupo
estudiado. Aquí se hace una reflexión sucesiva, en la cual la relevancia de algún tema,
(determinado a partir de la elaboración teórica y de la evidencias de los datos de campo),
permite refinar el movimiento clasificatorio. Las múltiples carpetas son reagrupadas en
torno de las categorías centrales, concatenándose en una lógica unificadora.
 Análisis Final – Las etapas de ordenamiento y clasificación demandaron una profunda
inflexión sobre el material empírico, que debe ser considerado el punto de partida y el
punto de llegada de la comprensión y de la interpretación. Ese movimiento circular, que va
de lo empírico a lo teórico y viceversa, que danza entre lo concreto y lo abstracto, que
busca las riquezas de lo particular y de lo general es lo que se puede llamar,
parafraseando a Marx (1973) “lo concreto pensado”.
Teniendo en cuenta el ejemplo adoptado, la investigación sobre concepciones de salud y
enfermedad debe presentar a los lectores un marco complejo de respuestas volcadas a
aclarar la lógica interna de un grupo determinado sobre el tema en cuestión: cuando lo
piensa, cuando habla de él, cuando se relaciona y cuando a partir de él se comporta,
proyecta y planifica su vida. Pues, como señala Sartre (1978), las significaciones que
provienen del ser humano y de su proyecto se inscriben por todas partes, en el orden de
las cosas y en las relaciones mediadas por las estructuras en tanto acción humana
objetivada.
 Informe – Estoy utilizando el término informe para referirme a la comunicación de los datos
de una investigación. En este sentido, el informe pasa a ser sinónimo del formato final de
una monografía, de una disertación o de una tesis, además de ser el producto
(provisoriamente) acabado de una determinada investigación. El informe final de una
investigación debe configurarse como una síntesis, en la cual el objeto de estudio reviste,
impregna y entraña todo el texto. Suelo decir a mis alumnos: desde la primera hasta la
última línea de su trabajo, hablen de su objeto. El contexto, las determinaciones abstractas
y todo lo demás, en esa etapa de lo “concreto pensado”, emanan del objeto y no al revés.
Por lo tanto, será un trabajo incompleto aquel que sólo describa, ipsis litteris, el proceso de
trabajo del investigador. La comprensión y la interpretación en su formato final, más allá de
superar la dicotomía objetividad versus subjetividad, exterioridad versus interioridad,
análisis versus síntesis, revelará que el producto de la investigación es un momento de la
praxis del investigador. Su obra devela los secretos de sus propios condicionamientos,
pues, la investigación social en tanto proceso de producción y producto es, al mismo

224
tiempo, una objetivación de la realidad y una objetivación del investigador que se torna
también producto de su propia producción.
Desde el punto de vista operativo, el informe es el instrumento más tradicional de
presentación de los resultados de una investigación. Existen algunas normas básicas sobre
ese tipo de documento. La página de encabezamiento debe contener: (a) el título que
corresponda al objeto de investigación; (b) los nombres de los participantes del equipo de
evaluación con sus respectivas funciones; (c) los nombres o logos de las instituciones
realizadoras del trabajo y de las patrocinadoras y (d) la fecha de finalización del informe.
Todos esos detalles facilitan la comunicación directa y la catalogación del trabajo.
A continuación, en el caso de que el texto sea presentado en capítulos es fundamental
colocar el índice del trabajo. El contenido puede ser presentado de diversas formas, pero
es necesario mantener el tono directo y al mismo tiempo complejo, sin omitir los siguientes
términos: el objeto, los objetivos; la historia, el contexto y las circunstancias de la
investigación; los conceptos centrales que referenciaron la observación científica, de forma
sucinta y problematizada; el método o los métodos adoptados con sus respectivas
modalidades de operacionalización técnica; la descripción, análisis y problematización de
los hallazgos empíricos; los resultados y, si fuera el caso, las recomendaciones.
Quien elabora un informe necesita tener siempre en mente el carácter de la investigación
que realizó: si fue una investigación básica, operativa o estratégica, pues la forma de
realizar la síntesis debe reflejar la propuesta del trabajo. En cualquier hipótesis, ese
instrumento precisa resaltar los puntos más relevantes del estudio e, incluso, describir las
condiciones de realización de la investigación, como ya fue fundamentado en la parte que
trata del trabajo de campo.
Para facilitar su lectura, el informe debe ser escrito con un lenguaje claro, objetivo, y
presentar, siempre que sea posible, formatos sintéticos y visuales que permitan
comparaciones, como es el caso de gráficos, tablas, mapas u otros dispositivos. Los datos
más complejos y de difícil comprensión pueden ser presentados en anexos, siempre y
cuando sean explicados de forma simplificada en el informe. Un estudio bien planeado y
acompañado durante todo su proceso de realización es el prerrequisito de la confianza
para la presentación de resultados fidedignos.

225
Capítulo XII

Triangulación de métodos cuantitativos y cualitativos10

En el capítulo que describe los conceptos básicos de investigación, discutí los problemas
epistemológicos de las relaciones entre métodos cuantitativos y cualitativos. En este momento
ofrezco al lector un camino de posibilidades en el que los dos términos pueden encontrarse,
superando dicotomías y venciendo, desde el punto de vista cuantitativo, los marcos del positivismo;
y, bajo la óptica cualitativa, las restricciones relativas a la comprensión de la magnitud de los
fenómenos y procesos sociales. Hablo de un tipo de abordaje, la Triangulación de Métodos que
puede ser entendida como una dinámica de investigación que integra el análisis de las estructuras,
de los procesos y de los resultados, la comprensión de las relaciones involucradas en la
implementación de las acciones y la visión que los actores diferenciados construyen sobre todo el
proyecto: su desarrollo, las relaciones jerárquicas y técnicas, haciendo de él una construcción
(Schutz, 1982) específica. Más allá de la integración objetiva y subjetiva en los procesos de
investigación, esta propuesta incluye a los actores contactados en campo, no sólo como objetos de
análisis, sino, principalmente, como sujetos de autoevaluación, en la medida en que son
introducidos en la construcción del objeto de estudio. La ética que fundamenta la triangulación se
apoya en los principios de la filosofía comunicativa (Habermas, 1987). Pues esta estrategia
propicia medios para que, en el desarrollo del proceso de investigación y de análisis, los que
implementan las acciones se apropien de la comprensión de los datos cuantitativos y cualitativos
generados por el trabajo y soliciten subsidios para los cambios necesarios. La triangulación de
métodos es particularmente recomendada para estudios de evaluación.
Autores como Denzin (1973), Jick (1979), Samaja (1993) y Minayo (1994) estudiaron
técnicamente la triangulación metodológica, mostrando que sus principios resuenan al interior de
una larga tradición de las ciencias sociales, sea por motivos prácticos de validez o por razones
epistemológicas. Samaja (1993) en su artículo sobre Metodología y Dialéctica del Trabajo
Interdisciplinario demuestra que la integración sucede por razones prácticas, sobre todo cuando se
trata de procesar y analizar datos producidos por diferentes instrumentos, en la perspectiva de
diversas disciplinas. Pero sucede también, dice el autor, por motivos epistemológicos, en la medida
en que se intenta superar las dicotomías entre cuantitativo versus cualitativo; entre enfoque
disciplinar versus interdisciplinario, entre otros. Samaja va más allá, al afirmar que el proceso de

10
Como anuncié en la presentación de esta 9a edición del libro El desafío del conocimiento, resolví acrecentar y ampliar
algunas partes de esta obra. En el caso del presente capítulo, triangulación de métodos, el texto es en parte, la reproducción
del capítulo introductorio que escribí para el libro: Evaluación por triangulación de métodos, publicado por la Editora Fiocruz,
Río de Janeiro, en el año 2005.

226
investigación, de una forma explícita o implícita, siempre utiliza conceptos y nociones de diversas
áreas del conocimiento.
Jick (1979) encuentra un valor universal en la triangulación metodológica, al constatar que
cada método, por sí solo, no posee los elementos mínimos para responder a las cuestiones que
una investigación específica suscita. Y Denzin (1973) enfatiza la contribución metodológica como
instrumento de iluminación de la realidad desde varios ángulos. Muestra que esa práctica propicia
mayor claridad teórica y permite profundizar una discusión interdisciplinaria de forma interactiva e
intersubjetiva.
Una de las fundamentaciones más importantes de la triangulación de métodos se puede
encontrar en algunas ideas de Kant, desarrolladas en el “Sistema de los Principios del
Entendimiento” en su obra sobre la Crítica de la Razón Pura. Kant señala que “la posibilidad de la
experiencia es ofrecida por la realidad objetiva a todos nuestros conocimientos a priori” (1980,
p.115). Ahora bien, la experiencia se construye en la unidad sintética de los fenómenos, en una
síntesis de conceptos sin la cual la acción no llegaría a transformarse en conocimiento. Luego, a la
acción concreta subyacen principios y reglas universales relativas a la unidad en la síntesis de los
fenómenos, cuya realidad objetiva puede ser mostrada por la experiencia: “es en el objeto que la
unidad sintética de los conceptos evidencia una realidad objetiva” (Kant, 1980, p.116).
Para Kant, el entendimiento de la realidad se fundamenta en cuatro principios básicos: los
axiomas de la intuición; las anticipaciones de la percepción; las analogías de la experiencia y los
postulados del pensamiento empírico en general. En esta introducción tan sólo se definen los dos
iniciales. El primero se fundamenta en el hecho de que las intuiciones son cantidades extensivas
en el tiempo y en el espacio que sólo pueden ser aprehendidas por la composición de homogéneos
múltiples y por la conciencia de la unidad sintética de lo múltiple. Los fenómenos, de acuerdo a
Kant, son cantidades, pero cantidades extensivas representadas por partes homogéneas y
sucesivas y que forman un todo.
El segundo principio se refiere a la existencia de una cantidad intensiva que ocurre como
un grado de percepción de los fenómenos. Esta percepción, según Kant, es la conciencia empírica
simultánea de la intuición y de la sensación. Es la comprensión de que los objetos fenoménicos no
son sólo cantidades extensivas o intuiciones externas, sino que contienen, también, sensaciones
en forma de representación subjetiva. Dicho con otras palabras, el sujeto es afectado y
experimenta existencialmente el fenómeno que vivencia: eso constituye una unidad del sistema de
entendimiento. Esta unidad es un grado, y entre este grado y su negación ocurre una secuencia
infinita de grados siempre menores. De allí se concluye que existen diferentes grados de
observación de una experiencia que contiene, simultáneamente, cantidades extensivas y
cantidades intensivas.
Kant (1980) llamó la cantidad intensiva como “cualidad” de las sensaciones, señalando que
la vivencia de esa cualidad es siempre empírica, sin poder, de ningún modo, ser representada a
priori. Por lo tanto, las “percepciones”, las “sensaciones”, son verdades reconocidas

227
posteriormente, sin embargo, la propiedad de poseer un grado puede ser conocida con
anticipación. De la misma forma, en las cantidades sólo se puede conocer, a priori, una cualidad:
su continuidad. Y en la cualidad, sólo una cantidad extensiva, o sea, la de poseer un grado:
“llamaré matemáticos, a los dos principios precedentes, siendo ambos constitutivos de los
fenómenos” (Kant, 1980, p. 123).
Las ideas filosóficas de Kant pueden ser consideradas básicas para la triangulación, pues
fundamentan la posibilidad de articulación de estudios de magnitud y de comprensión de forma
complementaria. La realización metodológica de la propuesta no exige una gran teorización, dado
que busca tan sólo integrar las ventajas de la evaluación tradicional con el abordaje cualitativo y los
elementos de los procesos participativos. El punto crucial del proceso reflexivo es el que apunta a
producir una superación dialéctica sobre el objetivismo puro, en función de la riqueza del
conocimiento que puede ser agregada con la valorización del significado y de la intencionalidad de
los actos, de las relaciones y de las estructuras sociales. La postura dialéctica lleva a comprender
que los datos subjetivos (significados, intencionalidad, interacción, participación) y los datos
objetivos (indicadores, distribución de frecuencia y otros) son inseparables e interdependientes.
Ella permite crear un proceso de disolución de dicotomías: entre lo cuantitativo y lo cualitativo;
entre lo macro y lo micro; entre interior y exterior; entre sujeto y objeto.

Prerrequisitos de la triangulación de métodos

La propuesta de triangulación depende de dos condiciones imprescindibles. La primera es de


orden práctico. Consiste en la exigencia de un equipo formado por profesionales de diversas áreas
que desean trabajar cooperativamente. O sea, que depende de personas dispuestas emocional y
mentalmente al diálogo y a experimentar la posibilidad de complementación entre diferentes
métodos y disciplinas, realizando un movimiento intelectual específico en dirección a un objeto
empírico. Como señala Kant (1980), el objeto es el tercer término. Frente a él, el abordaje
cuantitativo y cualitativo producirá la unidad sintética de lo múltiple y lo singular. En torno del objeto
se profundizan las reflexiones en busca de comprenderlo y explicarlo en sus múltiples
dimensiones.
El equipo de estudio debe, en un esfuerzo dialógico, participar de todas las fases de la
investigación, desde la concepción hasta la presentación de los resultados. El éxito de este trabajo
en grupo de “diferentes” requiere de la capacidad de discutir, diferenciar y relacionar teorías,
conceptos, nociones y métodos, tratados como fragmentos teóricos de un abordaje más amplio. El
resultado de este proceso es la sustitución de la jerarquía, a priori, de los campos científicos por
una visión cooperativa entre ellos y el mundo de la vida (Habermas, 1987).
La segunda condición para el éxito de un trabajo cooperativo es, paradojalmente, la
competencia disciplinaria de cada componente del grupo. Es la seguridad disciplinaria que permite
la profundización teórico-metodológica en relación al conocimiento del objeto. Es necesario tener

228
en claro que se trata de combinación, de triangulación de métodos, que conservan su especificidad
en el diálogo inter o transdisciplinario. Se trabaja, por lo tanto, de forma dialéctica la integración de
los contrarios y la distinción entre ellos. Al juntarse, las especificidades metodológicas no se
disuelven, siguen existiendo al tratar cuestiones que exigen uno u otro abordaje, como muestra la
base filosófica de Kant (1980); y los estudios de Samaja (1993) y Minayo (1994; 1999). Samaja
(1993) advierte que la combinación de teorías y métodos es siempre desigual existiendo, en la
práctica, la supremacía de una disciplina sobre otra. Esa asimetría de poder suele tener diferentes
motivos que van desde la idiosincrasia de los investigadores a la mayor experiencia de algunos en
determinada área, pero también al peso de los objetivos pretendidos en la elección de las
estrategias metodológicas.
Más allá de la articulación entre los opuestos que se realiza en la “distinción e integración
entre teorías y métodos” y el de la “dialógica entre investigadores y diversas disciplinas”, los
evaluadores que trabajan con triangulación necesitan tener en cuenta algunos principios que hoy
son enunciados por las teorías de la auto-organización y de la complejidad (Morin, 1983; 1990;
Atlan, 1979) y consideradas a partir de la propia naturaleza de los procesos sociales (Hartz, 1997;
Minayo & Cruz Neto, 1999).
El primero es el de la causalidad compleja, que se opone a la visión de linealidad entre
causa-efecto, y enfatiza las dimensiones de complejización, de incalculables interacciones y de
inter-retro-acciones que los fenómenos poseen. Se destacan: (a) las relaciones, en una visión
hologramática, en el sentido de que el todo contiene las partes, la parte contiene el todo, pero cada
uno (parte y todo) posee características y propiedades específicas; (b) la inseparabilidad del orden
y del desorden en cualquier proyecto, propuesta u organización; (d) la irreductibilidad del azar, de
la incerteza y de lo inacabado en todos los fenómenos sociales. La idea de causalidad compleja se
fundamenta en la constatación del dinamismo de la realidad. Ella se presenta, por momentos en
movimientos circulares, en ambos sentidos; por otros en espiral, incorporando atrasos,
contradicciones, desvíos y orientaciones endógenas y exógenas.
El segundo principio, que complementa el de la causalidad compleja, es el de la
organización recursiva, de la autoproducción y de la auto-organización, a partir de elementos
previsibles o del azar y por interferencias internas o externas. Esta constatación conduce a pensar
interactivamente: el papel del observador y del objeto; de la racionalidad y de la emoción; de la
naturaleza y de la cultura; del orden y del desorden; de uno y de lo múltiple; de la ciencia y del
sentido común; del pensamiento y de la acción.
El tercer principio a ser observado es lo discursivo complejo, que conlleva la asociación
entre conceptos y nociones complementarias y que compiten, buscando combinar niveles de
desarrollo teórico y práctico diferentes de las áreas disciplinares. Entre las antinomias relevantes,
se encuentran las relaciones entre lo universal y lo particular; entre lo global y lo local; entre lo
micro y lo macro; entre lo colectivo y lo individual; entre el todo y las partes; entre el análisis y la
síntesis; entre las relaciones céntricas, acéntricas y policéntricas.

229
Los principios del pensamiento complejo (Morin, 1983; 1990) cuestionan la razón
fragmentada que se plantea como exterior al mundo de la vida. La triangulación de métodos
también valoriza la cuantificación. Pero comprende la cantidad como indicador y parte de la
cualidad de los fenómenos, de los procesos y de los sujetos sociales, marcados por estructuras,
relaciones y subjetividad, culturalmente específicas de clases, grupos y segmentos profesionales,
género, etnia y edad.

Pasos prácticos para la elaboración de la triangulación de métodos

Desde el punto de vista operacional, la triangulación de métodos es una actividad de


cooperación que se hace por etapas. Didácticamente se pueden desdoblar en siete pasos: (1)
formulación del objeto o de la pregunta referencial que guiará todo el proceso; (2) elaboración de
los indicadores; (3) elección de la bibliografía de referencia y de las fuentes de información; (4)
construcción de los instrumentos para la colecta primaria y secundaria de la información; (5)
organización y realización del trabajo de campo; (6) análisis de la información recolectada; (7)
elaboración del informe final.
 Para la formulación del objeto o de la pregunta principal, es importante que los
profesionales de las diversas disciplinas estén juntos. Juntos determinan también los
objetivos generales y específicos del trabajo, la elaboración de un cronograma, los ajustes
administrativos y las formas de solución de los conflictos y problemas que siempre
surgirán. En esta etapa de definiciones, se realizan los aciertos relativos a las divisiones de
trabajo, a la coordinación, a los espacios, a los ritmos y a los abordajes. A continuación, se
discuten los conceptos principales a ser trabajados: aquellos que atraviesan las áreas de
conocimiento y restringen su abordaje a determinada área disciplinaria.
 La segunda tarea práctica es la creación de los indicadores, etapa que debe reunir, otra
vez, a todo el equipo de investigación y a los grupos a ser evaluados, buscando decidir en
conjunto los más pertinentes, los que fueron tenidos en cuenta en la acción a ser evaluada,
el valor que será dado a cada uno y los criterios para juzgarlos. El proceso de construcción
de indicadores es una parte esencial de las mediaciones entre la pregunta central y los
instrumentos de investigación. El equipo de investigación debe anticipar el encuentro
colectivo, elaborando y presentando su propuesta sobre el asunto, abriendo una amplia
discusión sobre él. El lugar de los indicadores corresponde al que Kant (1980) denominó
en su matemática trascendental como la síntesis entre el pensamiento y la realidad (1980,
p.123), o lo que Samaja llama representación de un procedimiento (1993, p.166). Según
este autor, todo dato científico vincula un concepto con lo que está sucediendo en la
realidad a ser evaluada, mediante la ejecución de un procedimiento aplicado a una o más
dimensiones consideradas observables de dicho concepto. Los indicadores en el caso de
la triangulación de métodos deben ser contextuales, relacionales y de medición de la

230
acción en sí (absolutos). Por eso necesitan contener en sí, dos propiedades: primero, que
sean observables y, segundo, que permitan crear procedimientos para observarlos. En
síntesis, un indicador debe permitir medidas cuantitativas o cualitativas, heurísticamente
útiles para la intervención. El momento de elaboración de indicadores es de fundamental
importancia para el grupo, pues ofrece la oportunidad de alinear conceptos que,
generalmente, están en la cabeza de los diversos participantes, pero que no tienen el
mismo significado para todos. Nominarlos y clarificarlos permite un estrechamiento
interdisciplinario y hasta transdisciplinario, en la medida en que se transforman unidades
construidas colectivamente y desde diferentes puntos de vista.
 El tercer paso consiste en la definición de las fuentes de información, de tal forma que
cada indicador seleccionado pueda ser conocido teóricamente y en su expresión concreta.
Las fuentes son los diferentes actores sociales (formuladores institucionales, gestores,
técnicos, población atendida, financiadores), los documentos instituidores e históricos, los
instrumentos operacionales, los informes eventualmente existentes sobre el grupo en
estudio y otros. Pero se debe considerar también la lectura de la bibliografía que pueda
componer el campo semántico del tema específico de la investigación, buscando que el
conocimiento de los conceptos centrales, los objetivos, los indicadores y estudios más o
menos semejantes y los contextos de ámbito institucional, nacional e internacional del
problema, sea común a todos los participantes.
 La definición y la elaboración de los instrumentos de investigación constituyen una tarea
técnica de responsabilidad de los investigadores. Teniendo en cuenta el objeto, los
objetivos y los indicadores, los instrumentos de investigación empírica deben ser
elaborados por equipos organizados por disciplinas, como si fueran subproyectos que se
intervinculan y contengan la parte y el todo, cada uno de ellos de forma peculiar. Los
abordajes cuantitativos y cualitativos exigen teoría y métodos propios y se prestan a fines
de naturaleza diferenciada: los abordajes cuantitativos apuntan a dimensionar y a
cuantificar los datos del proceso o del resultado. Y los abordajes cualitativos son
apropiados para profundizar la historia; captar la dinámica relacional de cuño jerárquico,
entre pares o con la población; comprender las representaciones y los símbolos y dar
atención, también, a las señales evasivas que no pueden ser entendidas a través de
medios formales.
En la construcción de los diversos instrumentos, es necesario que como mínimo sean
contemplados: la cobertura del objeto en estudio en lo referente al grupo-objeto alcanzado;
a la implementación de las acciones previstas; al ambiente organizacional y al
involucramiento de los actores. Generalmente el subgrupo responsable del abordaje
cualitativo debe elaborar diversos instrumentos, cada uno de ellos destinado a actores
específicos. Ese momento de separación formal de los subgrupos no impide encuentros e
intercambio de ideas informales. Lo importante es que las actividades específicas de los

231
subconjuntos redunden en reuniones colectivas con el objetivo de socializar, criticar y
adecuar los instrumentos construidos por ambos grupos, frente a la pregunta inicial que
provocó el proceso de investigación.
 El momento del trabajo de campo se beneficia con etapas preparatorias para ajustar
conceptos, indicadores e instrumentos. Para su éxito, es necesario contar con algunos
antecedentes: (a) es bastante funcional que el equipo de evaluación pueda contar con una
asesoría o con una coordinación ejecutiva. Su función es administrar los cronogramas de
trabajo y las agendas de todos los actores sociales involucrados, programando reuniones,
entrevistas, grupos focales, respuestas a cuestionarios, disponibilidad del material, de
espacios y otros. La experiencia muestra que la realización de una investigación
interdisciplinaria exige una buena dosis de trabajo de gestión que, cuanto mejor conducido,
más favorece al buen desempeño en general; (b) los investigadores de campo necesitan
comprender la investigación, su propósito, sus objetivos. Deben ser entrenados para lograr
una relación adecuada con el ambiente y las personas, para la observación y para la
aplicación de los instrumentos. O sea, cuando llega al lugar de la investigación, el
investigador debe tener pocas dudas en cuanto a los procedimientos a ser realizados y
sobre cómo conducir las interacciones con las personas. Un proceso de investigación es
una acción muy delicada, como ya fue dicho en varios momentos de este libro, dado que
muchos interlocutores se creen juzgados y confrontados con las preguntas y la
desconfianza en cuanto a las bifurcaciones de su habla y de la observación que el
investigador hace de su ambiente. Es fundamental que los trabajadores de campo sean
personas con experiencia, formación, sensibilidad y capaces de mediar conflictos.
 El análisis de las informaciones recogidas recibe los influjos del éxito o de los problemas
de las etapas anteriores. Por eso, la experiencia en investigación recomienda que cada
paso del proceso sea cuidadosamente preparado y realizado. Desde el punto de vista
operacional, esta etapa consiste en el ordenamiento de los datos, en su clasificación y en
el análisis propiamente dicho, tal como fue tratado en el capítulo anterior. El investigador
necesita comparar los objetivos generales y específicos y los resultados, analizar el uso de
los recursos metodológicos, dimensionar las metas establecidas para cada etapa del
proceso y las relevancias de sus datos cuantitativos y cualitativos.
Al trabajar con triangulación de métodos, está previsto que las operaciones ya
mencionadas sean realizadas primero, en forma separada. Los que utilizan cuestionarios,
de acuerdo con el diseño y el modelo adoptados, pasan a tabular, a digitar, a categorizar, a
producir estadísticas simples y cruzamientos, llegando de a poco al análisis capaz de
transformar a los indicadores trabajados en la investigación en números. Aquel que hace
un análisis cualitativo, pasa a separar las diferentes modalidades de los instrumentos
aplicados y de los materiales históricos e institucionales recolectados. En una dinámica de
lectura que va del campo a las categorías analíticas, que crea y destaca categorías

232
empíricas, establece las bases comprensivas de la unidad reflexiva que es su objeto o
pregunta inicial.
Luego de los trabajos analíticos específicos, son necesarios varios encuentros del equipo
multidisciplinario, apuntando a compatibilizar la información cuantitativa y cualitativa, y el
análisis de todo el material primario y secundario. La búsqueda de diálogo entre disciplinas
y abordajes tiene la finalidad de producir un informe único que debe reflejar, no
informaciones yuxtapuestas, sino el intercambio de teorías y métodos a favor del
esclarecimiento y de la profundización de los diferentes aspectos de la realidad.
 La elaboración del informe final merece una atención especial. En síntesis debe contener:
el objeto de estudio; los objetivos; una síntesis teórica de los conceptos principales que
informan al análisis; las metodologías de abordaje; la contextualización; la descripción de
los diversos procesos estudiados desde la perspectiva de todos los actores; la síntesis que
contenga lo concreto pensado en forma de resultados y las conclusiones.
El informe no es y nunca será, dentro de la concepción de la triangulación, una sumatoria
de resultados disciplinares. Es una construcción del colectivo de la investigación, en forma de
síntesis. En ella podrán existir capítulos más históricos, otros de base más estadística, otros que
enfatizan la elaboración de significados, pero cada uno es iluminado por la contribución de los
otros.
En el área del conocimiento pueden ocurrir avances importantes a través de la
triangulación de métodos cuando un equipo de investigadores acepta el desafío de un trabajo
cooperativo. Desde el punto de vista teórico-práctico, el éxito de este proceso reside en tres
posturas opuestas y complementarias: (1) un profundo respecto por los campos disciplinares; (2)
relativización de la visión fragmentada de cada uno de ellos; (3) capacidad dialógica de los
investigadores frente a propuestas teóricas y metodológicas diferentes y con los sujetos que
actúan en el mundo de la vida.
La triangulación no imposibilita el desarrollo de teorías, análisis y publicaciones propias al
campo de conocimiento de cada investigador. Lo que se sabe, por experiencia, es que la
producción disciplinar, resultante de la experiencia de triangulación, que comparte las reflexiones
con otras áreas, nunca será igual al fruto del esfuerzo monológico del investigador individual y
solitario. En esta propuesta, independientemente del área específica de cada uno, todos reciben el
influjo de la interfertilización de saberes que, en cierta medida, durante el proceso de producción
del conocimiento, rompen barreras epistemológicas, teóricas y prácticas.

233
Capítulo XIII
Acerca de la validez y la verificación en la investigación cualitativa

La problemática de la validez y de la verificación en las Ciencias sociales fue planteada, en


primer lugar, por el positivismo sociológico, pero es una discusión que se dio en todas las
corrientes teóricas, pues todas se cuestionan sobre la cientificidad de la producción intelectual. La
crítica interna y la crítica externa constituyen el motor del desarrollo de la ciencia siempre que un
tema planteado para su estudio se transforma en producto de la investigación. ¿Cómo se puede
garantizar la deseada coincidencia entre el pensamiento sobre la realidad y la propia realidad? En
el caso de la investigación cualitativa la pregunta sería: ¿hasta qué punto el investigador logró
comprender la lógica interna del grupo estudiado o de los textos analizados? Tales preguntas son
inevitables y fundamentales dentro del campo científico, más allá de que la producción intelectual
sea siempre un punto de vista respecto del objeto.
Los criterios de coherencia, consistencia, originalidad y objetivación resumen el marco de
la crítica interna de la investigación científica en general (Demo, 1981) e, incluso, para la
investigación cualitativa, para la cual deben ser considerados algunos requisitos adicionales.
Comienzo por definir los criterios generales:
 Por coherencia se entiende la propiedad de un discurso lógicamente construido, tanto en el
sentido teórico como en el desdoblamiento de todas sus etapas de investigación. Este es
un criterio formal que coloca parámetros para que los pasos de una investigación se
articulen en su desarrollo, impidiendo actividades meramente especulativas o empiristas.
 Consistencia es la propia cualidad argumentativa del discurso, que puede ser definida por
su capacidad de resistir a lo contradictorio, permitiendo adquirir un lugar en el conjunto de
la producción científica. La consistencia es generalmente afianzada por una buena revisión
bibliográfica que permite generar hipótesis y supuestos plausibles, evitando que el
investigador “invente la rueda” con relación a temas ya en proceso de reflexión y
cuestionamiento.
 Originalidad se mide por la contribución nueva que una investigación trae. El término ha
sido objeto de muchas controversias frente a la pregunta frecuente, sobre todo para aquel
que hace u orienta una tesis: ¿qué es original? Desde mi punto de vista, a no ser en casos
excepcionales de cambio de paradigma donde la “novedad” es total, pueden ser
considerados originales aquellos trabajos que son innovadores, aún los exploratorios que
abren nuevos campos de investigación; o los que analizan determinados aspectos de un
problema, respondiendo a cuestiones aún no conocidas; o los que producen el avance del
conocimiento desde el punto teórico o por la forma de abordaje. Por ejemplo, puede ser
original un conjunto, un “kit” metodológico que aporte un modelo metodológico nuevo.

234
 Por objetivación se comprende lograr la mejor aproximación posible al tema de
investigación. Substituyendo el término objetividad, imposible de ser alcanzado por todos
los argumentos ya tratados en este libro, la objetivación es el resultado de la interacción
entre teoría, método y creatividad del investigador frente al objeto. Ese conjunto de
movimientos se unen en la calidad del producto final, de forma que el resultado de la
investigación refleje la comprensión más cabal posible de la realidad y una interpretación
“pensada”, contextualizada y compleja. La objetivación define el propio movimiento
investigativo que, aunque no consiga reproducir la realidad, está siempre en busca de una
mayor aproximación. Significa, por un lado, el reconocimiento de que la idea de
“objetividad” y “verificación” es construida y dirigida, pues el propio campo en el que esas
ideas surgen es también terreno de cuestionamiento de aquello que se verifica. Por otro
lado, el principio de objetivación sugiere además la creencia en la necesidad permanente
de un diálogo crítico entre el investigador y su objeto, sabiendo que ambos comparten la
misma condición histórica y los mismos recursos teóricos.
Es relevante observar, como mostré en todos los capítulos de este libro, cómo las
diferentes corrientes de pensamiento plantean la cuestión de la fideginidad. Comencé con el
positivismo clásico, que responde a la cuestión de la validez y de la verificación, colocando todo el
rigor en el método y en las técnicas de “captación” de la realidad. Como sugiere el término
“captación”, el supuesto básico de esa corriente es que el objeto se impone al sujeto que debe
procurar la mejor forma de retratarlo. En el mismo sentido, la verificación se realizaría a través de
la observación empírica que, si pudiera ser repetida y comprobada varias veces,
independientemente del sujeto, será reconocida como “objetiva”. Esas disposiciones propuestas
por el positivismo le permitieron desarrollar innumerables técnicas de colecta de datos e
instrumentos de interpretación hoy socializadas y perfeccionadas por otras líneas teóricas, como
son los estudios de caso control, de la codificación, del muestreo representativo, del uso del
cuestionario estandarizado, de los instrumentos de procesamiento de datos, del análisis de
contenido y de la construcción de bancos de datos. Esas creaciones se transformaron en un
acervo importante del campo de la investigación empírica.
Actualmente, el avance del debate sobre los criterios de cientificidad ha abalado la
seguridad de los instrumentos positivistas. Popper (1973), por ejemplo, cuestiona los criterios
tradicionales de validación del conocimiento, en la medida en que, desde su punto de vista,
ninguna hipótesis es verificable, dado que la acumulación de casos afirmativos no puede sustentar
una generalización teórica. Para este autor, la comparación lógica entre las conclusiones, la
comparación entre diversos abordajes teóricos y, por último, los tests a través de la aplicación
empírica de las conclusiones, son los procedimientos más importantes para probar la validez de
una investigación. En su propuesta epistemológica, Popper (1973, p.44) sustituye el término
“verificación” por “falsación”. Pues, como argumenta, el avance de la ciencia no ocurre por la
acumulación de casos positivos, sino por la capacidad de mostrar los casos que niegan las teorías

235
consagradas. La “objetividad” no se plantea ni siquiera como un interrogante para Popper (1973)
del mismo modo que no existe para el autor, ninguna teoría evidente, dado que la certeza científica
es siempre provisoria, a la espera de descubrimientos que puedan mostrar que las anteriores son
“falsas”.
El gran filósofo de la ciencia, Bachelard (1971), al igual que Popper, dice que los criterios
de validación y de verificación propios del positivismo deben ser subvertidos para plantear en su
lugar la “tesis del primado del error”. Para este autor, admitir el error es la propia condición de
cientificidad de una teoría, pues caso contrario esa teoría sería un conjunto de dogmas. La
renovación científica se encausa en la certeza de la incerteza de aquello que afirma, al ponerla en
jaque, a través de una crítica interna irrestricta. Bachelard argumenta que los mayores obstáculos
epistemológicos son las verdades reconocidas como tales, y propone el juzgamiento intersubjetivo
de los descubrimientos: “La verdad sólo cobra su pleno sentido al final de una polémica. No podría
haber así una verdad inicial. Sólo hay errores iniciales” (1971, p.50).
Popper erige la intersub