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La muerte de Jesús. Investigación de un misterio.

Adriana Destro y Mauro Pesce

Comentario de Xabier Pikaza

Diciembre 2015
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/12/09/p376997

Los autores son italianos y enseñan en la


Universidad de Bolonia. La mujer es
Profesora de Antropología cultural,
especializada en temas del oriente bíblico;
su marido es Profesor de Historia del
Cristianismo, uno de los exegetas más
conocidos del momento actual.

Ambos son profesores de una universidad


laica, e imparten temas de gran tradición
cultural en Italia (a diferencia de lo que
pasa en España, donde los estudios
bíblicos y religiosos parecen expulsados de
la universidad del Estado). Ellos comparten
su trabajo, y vienen colaborando desde
hace tiempo en el estudio de la historia de
los libros del Nuevo Testamento y de la
formación de las iglesias cristianas. Entre
sus libros hay alguno traducido al
castellano: Cómo nació el cristianismo
Joánico: antropología y exégesis del
Evangelio de Juan Sal Terrae, Santander
2002.

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DOS TEMAS CLAVE. ENTIERRO DE JESÚS Y EXPERIENCIA PASCUAL
A. Destro y M. Pesce han ofrecido en este libro la visión más apasionante del entorno
cultural de los acontecimientos que marcan la "muerte de Jesús" y la primera "experiencia
pascual". Se trata de la investigación de un misterio... o quizá mejor de un "enigma". Para
los no creyentes se trata simplemente de un enigma. Para los creyentes puede tratarse de
un misterio, pero en ambos casos los datos de fondo pueden ser los mismos:

1. Entierro de Jesús

Destro y Pesce suponen que el "juicio" de Jesús tuvo que ser muy rápido, pues en el fondo
se trató de una condena sumarísima, dictada por Pilato (quizá sin juicio alguno) en contra
de Jesús, un pretendiente mesiánico que había subido a Jerusalén por las fiestas de
pascua.

Los romanos solían dejar a los ejecutados en el patíbulo, para escarmiento de otros
(como pasto de aves o animales carroñeros), o los arrojaban a una fosa común para que
se consumían, sin cultos funerarios, como escarmiento de posibles imitadores. En esa
línea, algunos afirman que Jesús no fue enterrado con honor, sino arrojado por los
verdugos romanos a una fosa o pudridero de malditos, a los que nadie religiosamente
puro podía acercarse, pues su contacto manchaba.

Pero, según los evangelios, resulta más probable que le enterraran algunos notables
judíos, es decir, delegados del Sanedrín o de los sacerdotes, que pidieron a Pilato los
cuerpos de los ajusticiados, pues, en otro caso, si quedaban al raso a lo largo de la noche,
habrían manchado la tierra y corrompido la ciudad, sobre todo en una fiesta como Pascua
(Jn 19, 31-37; cf. Dt 21, 22-23).

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Hech 13, 29 se mantiene en esa línea, cuando afirma que «los judíos bajaron a Jesús de la
cruz y lo enterraron». Sea como fuere (le enterraran los romanos o los representantes de
la autoridad judía), no hubo un santo entierro, en sentido piadoso: Le bajaron de la cruz y
le pusieron bajo tierra los representantes de jueces y asesinos, para que todo siguiera su
curso, como si nada hubiera sucedido. Desde esa perspectiva, podemos resumir las dos
opiniones, añadiendo una tercera, que sigue encontrando apoyo entre los historiadores.
Éstas son las dos posibilidades (y opiniones):

 ‒ Le arrojaron a la tierra unos soldados romanos. Los sacerdotes podrían haber


pedido a Pilatos que bajara de la cruz a los ajusticiados (para que no mancharan el
aire en el día de fiesta) y luego los soldados romanos les arrojaron a una fosa
común o sumidero para condenados, en un hueco de la misma cantera
abandonada de la crucifixión (bien analizada por los arqueólogos), en el Gólgota o
lugar de la Calavera (cf. Mc 15, 22; Lc 23, 33).
 ‒ Le enterraron unos delegados del sanedrín (sacerdotes). Algunos investigadores
piensan que los representantes de la autoridad judía pidieron los cadáveres y los
enterraron con prisa, antes que se pusiera el sol y llegara la noche del sábado
pascual, sin unción ni ceremonias, en la fosa común de ajusticiados e impuros,
quizá al otro lado de la colina, en el valle de la Gehena (un tipo de infierno). En este
caso, lo mismo que en el anterior, los discípulos (mujeres) habrían mirado de lejos,
pero sin participar en el entierro él, ni separar el cadáver de Jesús de los otros, ni
enterrarle de manera “limpia”.
 Históricamente hablando,según la opinión de Destro y Pesce, no se puede afirmar
que Jesús fue enterrado con honor por unos discípulos suyos, por más que cierta
tradición cristiana haya querido afirmarlo. Precisamente el hecho de que no tuvo
sepultura digna (de que no fue enterrado por los suyos) puso en marcha el "luto"
posterior de sus discípulos.

2. Lamento funerario, experiencia pascual

Destro y Pesce piensan que en origen de la “experiencia cristiana” de la pascua hay un


rito funerario, cuyos “elementos” principales pueden sido recreados en la escena de la
unción de Betania (Mc 14, 3-9). En un momento dado, tras haber huido quizá por la
muerte de Jesús, algunos de sus seguidores, amigos y/o parientes se reunión para
recordarle, como siempre se ha hecho, en un gesto en el que resulta importante el relato
de las mujeres.

Normalmente, en una cena o banquete funerario, las mujeres cuentan y cantan la


historia del muerto, como se ha hecho hasta tiempos muy recientes en casi todas las
culturas agrarias, en un tipo de celebración que transforma el cuerpo ausente del muerto
en un tipo de memoria viva. Según eso, Marcos habría querido contar una escena de
“culto” funerario dedicado al recuerdo de Jesús, y desde ese fondo presenta a esta mujer,
que no dice verbalmente nada, pero lo dice todo con un perfume que derrama ante el
Jesús simbólicamente presente (en medio de sus discípulos) como signo de vida.

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Esta escena (Mc 14, 3-9) nos sitúa, según eso, ante un tipo de cena funeraria, en la que se
recrea y exalta la memoria del difunto, para que él descanse (duerma) en paz,
convirtiéndose incluso en un antepasado venerable, de manera que el miedo y dolor por
su fallecimiento y su posible influjo negativo pudiera convertirse en presencia
pacificadora de vida. Pues bien, en la cena funeraria de Jesús, esta mujer ha roto ese
modelo de celebración; ella no cuenta la historia pasada del muerto, sino que realiza un
gesto profético de resurrección: derrama sobre la “cabeza” de Jesús (es decir, sobre su
memoria) un perfume caro, rompiendo el frasco y dejando que su fragancia se extienda
por la casa como signo de vida, no de muerte.

De esa forma, esta mujer “dice” algo que todos entienden: ese frasco roto, esa fuente
de perfume es el mismo Jesús, a quien no ha de recordarse como a un muerto, porque
está vivo, de forma que debemos extender por el mundo su memoria, llamándole el
Viviente, perfume de Vida. Esta mujer narra de esa forma, con su gesto sin palabras, el
sentido de la muerte y la presencia de Jesús, como frasco de perfume caro que ella misma
ha roto para se extienda y despliegue su fragancia.

Igual que este frasco que se parte (como el grano de trigo que muere para dar fruto, cf. Jn
12, 24), la vida de Jesús ha sido un despliegue generoso de vida, el más fuerte y precioso
perfume. Así lo dice ella, así lo interpreta Jesús, diciendo que ella ha realizado un gesto
bueno.

Esta mujer, que es para Marcos la primera creyente de pascua. Pues bien, en contra de
ella y de su signo se sitúan (en Marcos) aquellos que la critican, porque no han aceptado el
sentido salvador la muerte de Jesús, no han entendido el signo del perfume. Pero el
mismo Jesús pascual de Marcos ratifica la validez de esta liturgia de la mujer, que ha
descubierto y ha mostrado perfume el sentido de la victoria de Dios sobre la muerte. El
gesto de esa mujer nos sitúa en el comienzo de la experiencia pascual de la Iglesia.

3. Valoración

Éstos son, a mi juicio, los dos campos de estudio más importantes del libro de Destro y
Pesce, que me parece extraordinariamente importante, quizá lo mejor que he leído
sobre el tema en un plano antropológico. Ciertamente, el posible misterio sagrado (divino)
de la muerte-entierro de Jesús y de su resurrección sigue estando abierto, en un plano de
fe. Pero estos análisis nos llevan a conocer mucho mejor el contexto en que ha surgido (o
se ha expresado) la fe pascual de la Iglesia.

No quiero ni puedo ofrecer aquí un juicio detallado de los temas del libro. Quien quiera ver
mi opinión puede acudir a dos libros donde he desarrollado extensamente el tema: El
evangelio de Marcos (Verbo Divino 2012) y La historia de Jesús (Verbo Divino 2013).