Você está na página 1de 3

Flacso- Ecuador

Nombre: Joseph Salazar

Fecha: 08- 12- 17

Género y Políticas Públicas

Comentario: La justicia social en la era de la política de identidad: redistribución,


reconocimiento y participación

Autora: Nancy Fraser

Para Nancy Fraser, existen dos maneras en la historia en que se han dado los reclamos
por la justicia social: por un lado están las políticas de redistribución, que han tenido
amplios debates dentro de las teorías que han conceptualizado a las clases sociales
(especialmente dentro del marxismo), y por otro lado, están las políticas de
reconocimiento, que aunque han sido discutidas recientemente dentro de diversas
posturas filosóficas, teóricas y militantes, han logrado impacto por su capacidad de
articular discursos que visibilizan a aquellas identidades negadas y excluidas de los
procesos sociales y políticos (mujeres, afros, indígenas, LGBTI, entre otros). Dentro de
estas dos posturas acerca de la justicia social, se han generado una serie de críticas
mutuas –afirmando, por ejemplo, que las políticas de reconocimiento se han
“despreocupado” por el ámbito de las clases sociales, mientras que las políticas de
redistribución se han “estancado” en debates y procesos que ya no son los actuales– que
han desembocado en posturas irreconciliables dentro de los procesos de la lucha y
cambio social. Sin embargo, como bien lo señala Fraser, esta disociación (ficticia) entre
políticas de redistribución y reconocimiento debe ser superada a favor de procesos
políticos y sociales que miren estos dos frentes como necesarios para abordar con más
eficacia las problemáticas sociales actuales.

En este caso, ¿cuáles son las relaciones y contrastes entre los paradigmas de la
redistribución y el reconocimiento? Nancy Fraser explica cuatro aspectos en los que se
diferencian estos procesos. Por un lado, está la manera en que los dos conciben a la
injusticia: el paradigma redistributivo se centra en las desigualdades producidas por
cuestiones socioeconómicas en la sociedad (explotación injusta del trabajo, marginación
económica, etc.), mientras que las de reconocimiento se concentran en injusticias
basadas en cuestiones culturales y de representación social (discriminación por etnia,
sexualidad, género, edad, entre otras.). En segundo lugar, estos dos paradigmas tienen
propuestas distintas para resolver las injusticias sociales: los enfoques sobre la
redistribución proponen acciones económicas sobre la estructura de la sociedad (sean
políticas fiscales de redistribución, propuestas de redistribución sobre la propiedad y la
tierra, etc.), mientras que los paradigmas del reconocimiento proponen resolver la
injustica por medio de acciones de transformación sociocultural y simbólica (políticas
de reconocimiento sobre la diferencia y la diversidad, enfoques multiculturales, etc.). En
tercer lugar, estos dos enfoques tienen visiones distintas acerca de las poblaciones que
sufren injusticia social: por el lado de lo redistributivo, las poblaciones afectadas son
clases o grupos que se encuentran en situaciones desfavorables frente al modo de
producción y al mercado (obreros, asalariados, desempleados, trabajadores en
situaciones precarias, entre otros.), y dentro del paradigma del reconocimiento, los
grupos afectados “se distinguen por el respeto, estima y prestigio de menor entidad que
disfrutan, en relación con otros grupos de la sociedad.” (Fraser, 2008; pg 88.), como es
el caso de muchas poblaciones indígenas, gays, lesbianas, trans, afro, migrantes, entre
otros. Por último, las posiciones entre el reconocimiento y la redistribución se
distinguen por la manera en que entienden las diferencias existentes internas a los
grupos. En el caso de los mecanismos de redistribución, las diferencias entre clases o
grupos económicos no son algo intrínsecos a ellos, sino que son producto de un tipo
específico de relaciones sociales de producción. De esta manera, las políticas de
redistribución no están destinadas a valorar cierta identidad obrera, asalariada, etc.,
“esencial”, sino que buscan medidas económicas que cambien las posiciones de los
sujetos dentro su estrato social. Dentro de las medidas de reconocimiento, existen dos
maneras de abordar este problema: medidas de reconocimiento que entiendan a la
multiplicidad de identidades y diversidades que necesitan ser reconocidas y celebradas
por la sociedad, las leyes, el Estado y la cultura, y por otro extremo, medidas de
reconocimiento que deconstruyan a las identidades estáticas de la multiplicidad y
ofrezcan una mirada más profunda acerca de los procesos de conformación de la
identidad y la subjetividad.

En este contraste entre paradigmas redistributivos y de reconocimiento, las políticas


simplemente deberían guiarse por cualquiera de estos criterios supuestamente “puros”
acerca de la realidad y la injusticia social. No obstante, como lo muestra Fraser, la
mayoría de procesos sociales y sus desigualdades deben tratarse de manera “híbrida”, ya
que las injusticias sociales se encuentran conformadas, inevitablemente, por
desigualdades económicas y dinámicas de discriminación a nivel cultural. La autora de
Redistribución y Reconocimiento va a entender esto como una dimensión
“bidimensional” de las injusticias que se atraviesan a grandes agrupaciones (incluyendo
a las clases sociales) de la realidad social. Esta dimensión bidimensional puede
evidenciarse, por ejemplo, en las cuestiones de género, raza, etnia, sexualidad, etc.,
donde los modelos de subordinación combinan aspectos de inferiorización y
estigmatización a ciertas identidades, en conjunto con prácticas de marginación
económica.

Bajo el espectro de la bidimensionalidad, claramente, existen dimensiones de la


injusticia social que pueden ser entendidos desde un enfoque del reconocimiento, por un
lado, y de la redistribución por el otro. Este es el caso, por ejemplo, de muchas
poblaciones LGBTI que han sufrido discriminación, falta de reconocimiento y violencia
simplemente por expresar modelos de corporalidad y subjetividad distintos. Sin
embargo, aunque en términos de políticas se necesiten proyectos de acción que luchen
contra los estigmas, la ignorancia e instituyan procesos de revalorización de las
poblaciones sexualmente diversas en la cultura, son necesarias acciones redistributivas
que ayuden a los LGBTI a tener vidas dignas, autonomía y recursos para poder luchar
contra la homofobia y la discriminación.

Para finalizar, las prácticas de reconocimiento y redistribución son necesarias en un


mundo en el que la racionalidad neoliberal ha mercantilizado cada aspecto de la realidad
social: la salud, la educación, la cultura, los espacios públicos, los afectos, etc. Los dos
enfoques necesitan ser tratados bidimensionalmente dentro de las dinámicas de las
políticas públicas para crear sociedades más justas y equitativas.

Bibliografía

Fraser, Nancy. 2009. La justicia social en la era de la política de identidad:


redistribución, reconocimiento y participación. Revista de Trabajo Nueva Época- Año 4.
No 6. 83-102.