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Análisis jurídico de la película

El secreto de sus ojos (2009)


Dr. Ricardo Rabinovich Berkmann
(ricardorabinovich@derecho.uba.ar)
Tomás Benítez (Chile)

El secreto de sus ojos trata sobre cuestiones jurídicas, políticas y morales. Es una
película susceptible de un análisis jurídico amplio porque versa esencialmente sobre
la justicia. La comisión de un crimen de violación y asesinato da inicio a la trama. El
argumento se desarrolla fundamentalmente en el marco del palacio de justicia de
Buenos Aires. Es protagonizada por jueces, abogados y operadores judiciales.
Utiliza constantemente el lenguaje de la retribución y de la impunidad. En una
palabra, hablamos de un film que representa el mundo del derecho.
No obstante, pese a que a priori es más fácil verla como una obra referida a
problemas de derecho penal, como un thriller policial o como una aventura
investigativa, la película también se refiere a cuestiones políticas de notoria
relevancia. Su narración se ambienta en un contexto autoritario, problema
típicamente latinoamericano, especialmente durante los años 70. Pone a debate
cuestiones como las competencias y espacios de acción del poder judicial en
relación con otros poderes del Estado como el ejecutivo.
Pero por sobre todo, el mensaje de El secreto de sus ojos nos invita a pensar en el
lugar que al individuo le cabe en el marco del funcionamiento de las instituciones
públicas, dando a la obra una tercera perspectiva de análisis más vinculada con la
moral. El mensaje de la película es moral además de jurídico y político pues nos
invita a reflexionar sobre la autonomía y el poder que las personas efectivamente
tienen. Presenta una antropología que define a los seres humanos por sus pasiones.
Nos hace volver la vista hacia cómo el puzle del poder limita o amplifica las
posibilidades de autorrealización personal, o dicho de otro modo, a cómo dentro de
un laberinto de instituciones que ponen en conflicto poderes opuestos y
sobrepuestos, el individuo aún puede caminar hacia una luz al final del camino,
dejando de lado el temor, y tomando la opción del amor.
Basada en el libro titulado La pregunta de sus ojos del novelista argentino Eduardo
Sacheri, y dirigida por Juan José Campanella en base a un guion escrito por ambos,
la película ganó el Oscar en la categoría de la mejor obra extranjera el año 2009. La
trama de la película pivota en torno a la violación y asesinato de Liliana Colotto,
suceso denominado por la justicia como el “caso Morales”. No obstante todo, la
narración se realiza en el contexto del intento del protagonista, el ex funcionario
judicial, ahora jubilado Benjamín Espósito (Ricardo Darín) por novelar el caso 25
años después. Lo hace, según declara, porque en torno a ese caso se organizó
resto de su vida, en ese caso se basaron sus decisiones fundamentales, pero
también en ese caso se fundaron sus miedos más profundos, esos que el mismo
protagonista no logra comprender.
El caso, tomado por la oficina de Espósito, Irene Menéndez-Hastings (Soledad
Villamil) y Pablo Sandoval, se complica por las interferencias entre intereses
desconocidos. La causa cierra por no encontrarse el culpable, pero Espósito brega
por encontrar la verdad en honor al profundo amor que ve en los ojos del Morales
el viudo. La perseverancia de Morales por encontrar al asesino de su esposa, visible
en su costumbre de sentarse todas las tardes en la estación de trenes con el
propósito de identificar al culpable, conmueve a un operador judicial aparentemente
insensible e irónico como Espósito. El principal sospechoso es Isidoro Gómez,
antiguo admirador de Liliana, natural de Chibilcoy, el pueblo donde ambos crecieron
pero sorpresivamente desaparecido desde el momento del crimen. Serán unas fotos
las que conducirán a Espósito a sospechar de Gómez, quien parece adorarla con la
mirada en cada uno de los retratos, manifestando una obsesión que a la intuición
de Espósito será inconfundible. Tanto ese dato como después el proceso de
persecución y hallazgo del culpable parecen ser francamente inverosímiles, lo que
permite descartar fundadamente cualquier intento de obtener provecho de un
análisis penal de esta película. Sostendré que la inverosimilitud de la dimensión
investigativa y penal de la película será compensada por la riqueza y credibilidad
del relato en torno a la realidad humana de las organizaciones jurídico-políticas.
Dicho de una vez, el mensaje jurídico y político de la película El secreto de sus ojos
invita a desconfiar del edificio institucional construido por la organización política y
el derecho con el fin de dar espacio a la realización individual. La realización
individual por su parte se encuentra indicada por la satisfacción de las altas y más
bajas pasiones que definen a cada persona y que el miedo, paralizante por
definición, impide conseguir sumiendo a los individuos en el sopor de la inacción. El
mensaje de la película, en consecuencia, consiste en que pese a que los individuos
modernos vivimos en un contexto maquinal, dominado por el statu quo del Estado
y su monopolio normativo, siguen quedando disponibles espacios tal vez no
demasiado amplios, intersticios donde la persona no solo puede, sino que
fundamentalmente debe tomar las riendas del destino propio, si es que realmente
desea ver realizado cualquiera de los dos tópicos esenciales del relato, ya sea el
del amor o la justicia. En lo sucesivo argumentaré a favor de esta interpretación
visitando diálogos, imágenes y arquetipos que resultan esenciales en la trama de la
película.
La clave para resolver el caso y encontrar a Gómez la entrega Sandoval, el
compañero y amigo alcohólico de Espósito. Su declaración, una de las más
relevantes de la película, consiste en definir al “tipo” pensando en “todos los tipos”.
Las cartas que Espósito y Sandoval habían robado de la casa donde vivía la madre
de Gómez en Chibilcoy no eran más que un conjunto de referencias cotidianas que
parecían decir cosas sin querer decir nada. Pero Sandoval se observa a sí mismo,
un tipo con todo para vivir una vida feliz pero atado a un vicio destructivo y afirma:
“El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión,
de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de
pasión”. Esta declaración marca el supuesto político de la película, que
curiosamente se parece muchísimo al expresado un par de siglos antes por Thomas
Hobbes.
Hobbes también sostiene y desarrolla su teoría política sobre una antropología
pasional. Para él los seres humanos no estructuran su personalidad de acuerdo a
principios racionales. Si así fuera, la paz y la cooperación serían un destino
inevitable de la convivencia política. Por el contrario, la paz y la cooperación, la
ternura y la solidaridad son la excepción más que la regla en sociedades complejas
que superan las organizaciones familiares. En contextos sociales amplios la paz y
el orden es una pregunta siempre presente.
Para entender esa presencia ubicua de la violencia, el miedo y la competencia entre
las personas, Hobbes desarrolla un ejercicio analítico que llama “Estado de
naturaleza”. El “Estado de Naturaleza” no es un momento histórico previo a la
organización política, sino que es una potencialidad siempre presente, que por
definición se opone al estado de organización política, definido como artificial. El
Estado de Naturaleza denomina a aquel espacio de experiencia del poder donde se
carece de organización política, que es a la vez una organización de los derechos.
En ese contexto, los derechos consisten en el deseo que cada individuo siente por
una cosa, y en su capacidad para hacerse con ella en detrimento de los demás.
Como cada persona reclama derechos, fundados en deseos infinitos, sobre una
cantidad finita de cosas a poseerse, la guerra, el conflicto y la violencia son
inevitables en ausencia de una autoridad política centralizada. El mejor ejemplo
disponible para Hobbes en el contexto del siglo XVII, es la permanente necesidad
de autoprotección. A sus detractores, Hobbes los invita a salir al campo y
enfrentarse al peligro de la banda de salteadores sin llevar una espada al cinto o a
hacerlo sin guardianes (su propia banda de salteadores). La necesidad de un
guardián se vuelve un imperativo solamente porque existen otros reclamos
subjetivamente legítimos sobre las cosas que nosotros reclamamos como propias.
La apuesta hobbesiana es la creación de una máquina racional que organice las
pasiones y el poder subjetivo centralizando todos los poderes potencialmente
violentos en un poder central dictaminando a través de la acción legislativa cuáles
son los derechos legítimos. Esta organización de las pasiones y el poder se logran
a través de la cesión de la soberanía de todos para conformar la figura del Leviatán.
El Leviatán, personificado por el soberano, crea ex nihilo los derechos, y los protege
con una espada pública, que será definida más tarde por la genialidad weberiana
como el uso o la amenaza del uso del poder legítimo del Estado, esencia del poder
coercitivo del soberano. La Iurisdictio o facultad de decir el derecho del príncipe será
el medio por el cual el soberano neutralizará los reclamos subjetivamente legítimos
de los individuos y dará origen a los derechos modernos, por definición post
constitucionales.
La teoría hobbesiana tematizó las pasiones humanas como el principio caótico de
las organizaciones políticas, que por ser el mínimo irreductible de la naturaleza
humana, solo se puede enfrentar con un principio organizativo análogo. Las
pasiones se expresan y realizan a través de la potencia individual y grupal, y la única
manera de hacerles frente es a través de otros poderes. Sin embargo, la reflexión
contractualista ilustrada encontrará el mismo déficit que Hobbes percibía con
clarividencia en la organización social insuficiente, en la tiranía a la que se daba
paso con la centralización del poder. De los miles de tiranos que hacen uso de su
poder en la siga de sus pasiones cuando no hay una autoridad central, no era muy
difícil pasar a un tirano omnipotente que hiciera uso de todo el poder de la sociedad
sentado en el trono. Era el absolutismo al que apoyó Hobbes y al que el liberalismo
(inicialmente whig en Inglaterra) haría frente. La existencia de príncipes tiranos,
legitimados para gobernar a su voluntad en nombre de sus súbditos dejaría los
lineamientos políticos condenados a ser la expresión de una voluntad voluble,
pasiones personales, y concluiría por crear un ambiente de incerteza jurídica y
económica poco favorable para los estamentos burgueses en desarrollo en las
décadas previas a la revolución industrial textil manchesteriana. En respuesta a ello
los teóricos liberales desarrollarían la teoría de la organización del mítico Rule of
Law o Estado de Derecho, bandera de lucha del iusliberalismo revolucionario de
fines del siglo XVIII.
Jeremy Waldron sostiene que la estructura de organización de los Estados de
Derecho modernos se basa en cinco principios políticos. Hablamos tanto del
principio de separación de poderes, el de división de poderes, el principio de pesos
y contra pesos (famoso “Check and balances principle”), el bicameralismo y, más
famoso en la organización norteamericana, el principio federal de organización
territorial1. Estos principios son para Waldron mandatos de optimización que deben
funcionar adyacentemente, con el fin de regular al interior del Estado el
funcionamiento del poder oponiendo competencias y titulares múltiples a través de
posibilidades de veto y solapamientos programados. Este tipo de organización
política resta eficiencia a la aplicación del poder pero aumenta mediante el conflicto
de competencias y jurisdicciones la posibilidad de controlar el que se considera el
más grave de todos los problemas: la tiranía.
Un sistema como este pretende que el poder controle al poder al igual que lo hizo
la teoría hobbesiana desde arriba, pero ahora estando arriba y dentro del Estado.
Waldron reconoce que los principios de organización política no se podrán
desarrollar prístinos y sin interrupción, pues muchos de ellos son contradictorios.
Pero en esa contradicción se encuentra la capacidad reguladora del sistema. Por
eso se trata de principios políticos y no de reglas legales de organización. Su
necesidad estriba en el hecho de que el poder y la labor administrativa es una labor
compleja por definición. Esto se puede constatar en el hecho manifestado desde
que un proyecto llega a establecerse como una política pública pasa demasiada
agua bajo el puente y son igualmente demasiadas las acciones involucradas en su
implementación.
La constante tensión entre la necesidad de eficacia gubernativa y el imperativo de
asegurar las instituciones contra excesos de poder sectorial implica que los
principios de organización política mencionados no podrán ser aplicados como
reglas de todo o nada. No obstante en el complejo proceso de organización del
juego de potestades, titulares y competencias y el funcionamiento práctico suelen
suceder situaciones patológicas. Para Jorge Malem y Hugo Seleme, las patologías
de la separación de poderes son numerosas, siendo las más peligrosas aquellas

1Jeremy Waldron (2013) Separation of power in thought and practice? In Boston College Law
Review, Vol 54 (2)., pp. 438-443.
que implican la intervención de poderes fácticos externos en el curso de la acción
pública, pero sin dejar de considerar la posibilidad de encontrar excesos de poder
en la función de alguno de los poderes designados. Waldron define al principio de
separación de poderes como la especialización de funciones de los diferentes
poderes.
Los gobiernos autoritarios se caracterizan por darle un papel sobredimensionado al
poder ejecutivo. En la realidad latinoamericana de los años 70, esta idea se fundó
en el argumento de la necesidad de contar con facultades que dieran eficiencia al
control de los intentos subversivos. De eso queda claridad en la declaración de
Romano sobre la necesidad de liberar a Gómez de la prisión después de haber sido
declarado convicto por la confesión del crimen de violación y asesinato de Liliana
Colotto. Según Romano, el funcionario corrupto antagonista de Espósito, Gómez no
solo era un asesino y violador ante la ley, sino que al mismo tiempo era una persona
inteligente y con coraje, capaz de cumplir eficientemente con las misiones
asignadas, especialmente en el contexto de “guerra interna” provocado por la
existencia del fantasma subversivo.
La lectura política de este hecho corresponde a una evidente obstrucción realizada
por la intromisión del poder ejecutivo en el campo de competencias del poder
judicial. Lo interesante es que esta obstrucción desatará el meollo del conflicto de
la trama. Lo podemos ver en la escena del ascensor, una escena sin diálogos pero
marcadamente simbólica. Después de la visita realizada por Benjamín Espósito e
Irene Menéndez-Hastings a Romano, Gómez entra al mismo ascensor que ellos, y
los despide mostrando su arma de servicio, haciendo gala de su impunidad y de su
consecuente capacidad para imponer el miedo sobre quienes lo rodean. Ese miedo
a la impunidad de aquellos que no están bajo ningún poder, y por tanto bajo ninguna
forma de retribución, el miedo a aquellos que en consecuencia se encuentran
capacitados para reclamar como propios los derechos subjetivamente percibidos
que su poder les permita tomar, devuelve la situación a un Estado de Naturaleza en
el contexto de un formal Estado de Derecho. El mensaje político de la película
consiste entonces en afirmar que en el contexto de un Estado autoritario, existen
grupos que viven en un factual Estado de Naturaleza, y que por lo demás, lo hacen
porque son engranajes esenciales del propio Estado Autoritario, una realidad
política que no conoce límites y no se encuentra regulada por otros poderes.
Esta situación tiene repercusiones considerables y desata en el marco del
funcionamiento regular de instituciones “modernas”, las características definitorias
del Estado de Naturaleza. El miedo se apodera de la vida de aquellos que intentan
ponerle freno a estos hombres-impunes. El deseo de venganza, fundado en el
sentimiento de justifica provocado por los daños injustificados de estos hombres-
impunes desata el sistema de retribución de la vendetta. El temor termina minando
el subconsciente de Espósito, a quien vemos iniciar la película escribiendo entre
sueños “TEMO”. Podemos ver también a Morales apresando por su propia cuenta
a Gómez, y a los compañeros de cuadrilla de este último buscando a Espósito para
matarlo en retribución por la desaparición de su compañero. De ese modo termina
muerto Sandoval. Se puede ver que el exceso de poder de estos elegidos genera
impotencia, y es esa impotencia la que se deja ver durante la mayor parte de la
trama.
Esta situación hace pensar en el modelo diseñado por Hobbes y los liberales
ilustrados como una máquina defectuosa. Propuesto como un sistema de regulación
de las pasiones mediante la oposición del poder, derivando el conflicto, la
organización de un Estado de Derecho se nos presenta en la película como un
sistema insuficiente. Con ello en mente, no deja de llamar la atención un elemento
repetitivo en la película, y se trata también de una máquina defectuosa. De la vieja
máquina Olivetti sólo sabemos que siempre estuvo mala, pues no escribía las letras
“A”. Sobre eso se insiste más de tres veces en los diálogos. Llama la atención
igualmente que la máquina de escribir tiene una profunda relación retórica con la
organización estatal y la justicia. Respecto a la burocracia y la administración, la
máquina de escribir es lo que una parte es al todo. Respecto a la justicia, la máquina
de escribir es el medio para lograr el fin de escribir aquellas declaraciones
jurídicamente relevantes que la componen. Si la máquina de escribir no es una
metáfora de la administración estatal, al menos podría ser considerada como una
metonimia de esta.
El gran aprendizaje de Espósito, después de haber visto el destino de Gómez,
condenado el viudo a cadena perpetua de presidio en una vida llena de nada, fue
que al igual que las letras “A” que colocaba en cada escrito gracias a la insuficiencia
de la defectuosa máquina Olivetti, existen espacios dentro de las organizaciones
políticas complejas, donde el papel de los individuos aún puede ser heroico. Así
como Morales tomó el lápiz de su historia y la transformó en justicia, la figura de
Espósito novelando su vida parece indicar la posibilidad de escribir un final distinto
a aquel que la fuerza de las cosas lo conducía. Es por eso que frente a la
insuficiencia del derecho, aún en las sociedades modernas está la persona, que
pese a creer que ya no queda más que seguir el curso de la vida, puede tomar
aspectos de su destino en sus manos, porque las organizaciones políticas no
pueden abarcar todo. Abarcan mucho, y de allí viene su éxito, pero no lo pueden
abarcar todo, y de ahí deriva la esperanza. Esa esperanza es la que todas las
personas tienen de cambiar, al igual que Espósito sus “TEMO” por un “TE AMO”, y
escribir lo que queda en blanco de sus novelas. Lo único que queda por decir, es lo
mismo que Irene: “Va a ser complicado”.