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Flacso- Ecuador

Nombre: Joseph Salazar

Fecha: 03- 12- 17

Género y Políticas Públicas

Comentario: Cambiar la economía para cambiar la vida. Desafíos de una


economía para la vida.

Autora: Magdalena León T

Dentro de este artículo, Magdalena León hace un aporte clave para reformular las
posiciones clásicas de una economía ortodoxa basada en lógicas de acumulación
capitalista: la sostenibilidad de la vida, como categoría social, filosófica e incluso
ancestral, debe constituirse como central para moldear un tipo de economía y sociedad
que sea justo, democrático y capaz de transformar las relaciones de dominación que
permean los diferentes ámbitos de la vida social y cultural. La concepción de una
economía basada en la sostenibilidad de la vida es, según León, la única escapatoria
contra un tipo de racionalidad neoliberal que mercantiliza y monetiza cada aspecto de la
realidad humana: los servicios básicos, la cultura e incluso las relaciones sociales.

La sostenibilidad de la vida, como categoría, aparece formulada dentro de diversas


concepciones y prácticas económicas: por un lado, dentro de las cosmovisiones de los
pueblos originarios (ideas como el sumak kawsay, etc.); por otro, por el establecimiento
de economías solidarias y de subsistencia; y por último, con el desarrollo y reflexión
acerca de las economías del cuidado (donde las mujeres han estado subordinadas
históricamente a ciertas forma de división sexual del trabajo). Todas estas concepciones
sobre la vida contrarrestan a las lógicas neoliberales de privatización, desregulación de
los mercados, entre otros., y han influido dentro del proceso constitucional ecuatoriano
del 2008.

En el caso de las economía social y solidaria, este es un modelo contestatarios contra los
modelos homogenizantes de la economía neoliberal que descalificaba cualquier
actividad que no llega a formar parte de los círculos de producción de las mercancías,
las industrias , el emprendimiento, el consumo y la globalización. De esta manera, la
economía social y solidaria “permite ver las formas de producción y trabajo que se
organizan para la subsistencia y la reproducción, algunas de largo trayecto como la
comunidad o el taller artesanal, otras más recientes como las cooperativas, otras sólo
recién vistas como entidad económica, tal es el caso de los hogares” (León, pág 2;
2008). Además, este tipo de economía hace visible la idea irracional de un consumo
ilimitado que no sustenta la vida y que destruye las relaciones sociales y la naturaleza.

Por otro lado, los enfoques de la economía del cuidado han logrado aportar con una
mirada más integral y justa con respecto a los procesos económicos, la producción y la
reproducción. El enfoque del cuidado muestra que los procesos de producción (las
industrias, el intercambio de mercancías, la venta de la fuerza de trabajo, entre otros.)
sólo pueden estar sustentados por una labor de cuidado y reproducción humana que
normalmente han estado asociados con los roles tradicionales de las mujeres. En esta
medida,

La economía del cuidado incluye el reconocimiento del trabajo doméstico no


remunerado en los hogares y otros múltiples espacios, y el cuestionamiento de
la división sexual del trabajo, pero va más allá, al proponer otra mirada sobre la
reproducción como ámbito que debería regir la organización de la economía en
su conjunto, como prioridad. (León, pág 3; 2008)

Dentro de la economía del cuidado se cuestiona, entonces, los enfoques neoliberales que
retratan a los sujetos (especialmente hombres) como autónomos, libres y meros
productores y consumidores dentro de los procesos mercantiles. La economía del
cuidado ,más bien, propone que al ser la reproducción un rol básico para el
sostenimiento de la vida y la sociedad, es necesario un nuevo tipo de economía que
valorice el cuidado y lo reconstruya más allá de divisiones patriarcales que esencializan
lo femenino como parte “natural” y “normal” de esta esfera.

En general, estos enfoques están sostenidos sobre principios que reinventan las
dimensiones de la producción y de la reproducción, hacia un modelo general de
sostenibilidad de la vida. En este modelo, todo ámbito social (público y privado) y de
inversión es pensado a partir de las formas de sostenibilidad de la vida humana. Los
Estados y la sociedad en este modelo, por ejemplo, son pensados a partir de la necesidad
de otorgar: servicios públicos de calidad, empleos dignos –ya no basados en una
división sexual del trabajo–, infraestructuras cómodas de vivienda, servicios de cuidado
, entre otros.

Bibliografía
León, Magdalena. Publicado en El buen vivir, Alberto Acosta y Esperanza Martínez
(comp.), Ed. Abya-Yala, Quito. 2009.