Você está na página 1de 5

CASO CLÍNICO 1

El caso que se expone es el de un paciente con una larga historia de fobia social y sintomatología
depresiva secundaria.

Identificación

M. es un paciente varón de 48 años. Es derivado a psicología por una psiquiatra de nuestro centro
de salud mental. M. es transportista en paro, soltero, vive con sus padres.

Motivo de consulta

“Tengo ansiedad ante la gente. Desde pequeño, los niños se burlaban de mí. Nunca fui aceptado. He
rechazado trabajos por evitar relacionarme. Me da miedo la gente y que se den cuenta…”.

Descripción de la sintomatología actual

El paciente refiere ansiedad en situaciones de interacción social. Teme mostrar síntomas de


ansiedad en situaciones dónde se ve expuesto a personas no pertenecientes a su ámbito familiar.
La exposición a situaciones de interacción social le provoca una respuesta de ansiedad (sudoración,
temblor, ruboración, disnea). Dado el malestar que le produce, evita tales situaciones o escapa de
ellas. Considera que este miedo es excesivo y le supone una merma importante en sus relaciones y
vida laboral. Presenta también sintomatología depresiva secundaria.

Datos socio-biográficos

M. es el mediano de dos hermanas. Describe una buena relación con todos los miembros de su
familia. Vive con sus padres a los cuales describe de forma afectuosa: “mi padre es callado, muy de
su casa, sin vicios…,desde siempre muy buena relación con él. Mi madre es maravillosa…, sólo le
achaco no haber sabido comprender mi problema”.

Él se describe así: “miedoso y tímido desde siempre, nunca he tenido amigos, todos los niños del
barrio se burlaban de mí, por ser feo y bajito, en clase me bloqueaba y no podía hablar, y se reían de
mí…, no soy capaz de mirar a los ojos de la gente.

Cuando tenía 25 años salió con una chica durante un tiempo, “nos llevábamos bien, aunque yo no
le gustaba mucho, un buen día me dejó. A ella le daba vergüenza presentarme a sus amigos. Más
tarde salí dos meses con otra chica, que también me dejó, después de eso ya no he tenido pareja”.

Rendimiento escolar bajo, logró, no sin dificultades, estudiar hasta 2º año de secundaria.
Desempeñó diversos trabajos de baja cualificación hasta que decidió ser transportista para poder
trabajar solo. Desde 2009 se encuentra en paro.

Historia del problema


Considera que es en la infancia, en la etapa escolar, dónde ya se muestra excesivamente tímido,
pero es en la adolescencia, cuando su ansiedad ante los demás se convierte en un verdadero
problema. Describe una situación, a los 14 años, dónde unos chicos del barrio se burlaron de él y
comenzó a sentir taquicardia, disnea, sudoración, temblor, lo que provocó aún mas burlas de los
demás. Podemos considerar que en ese momento se inicia la verdadera fobia.

Pero no es hasta Febrero de 1994, que M. fue derivado por primera vez a Salud Mental por parte
de su médico de atención primaria. Tenía 32 años. Refería serias dificultades desde siempre para
relacionarse con la gente dado el alto grado de ansiedad que le producía. Fue tratado con Pimozide,
Fluoxetina y Trifluoperazina, pero en Mayo de ese mismo año, abandonó el tratamiento.

En Febrero de 1999, con 36 años, contacta de nuevo con Salud Mental presentando importantes
limitaciones en las relaciones interpersonales; retraimiento, evitación de la mirada, ruboración
facial, taquicardia y temblor compatible con fobia social con clínica depresiva secundaria. También
comenzó un consumo excesivo de alcohol en bares los fines de semana. Fue tratado con Paroxetina
pero de nuevo abandonó el tratamiento en Enero de 2000.

En Abril de 2007 y hasta Agosto de 2009, de nuevo estuvo en tratamiento en el CSM. Se mantenía
la sintomatología fóbica con conductas evitativas llevadas a tal extremo queel paciente estaba
completamente aislado a nivel social. Fuera de la familia, no tenía ningún tipo de relación. Abandonó
el consumo excesivo de alcohol, pero finalmente perdió su empleo. Fue tratado con Venlafaxina
Retard (300 mg/día) no habiendo respondido a Paroxetina previamente, dejando de acudir a las
consultas en Agosto de 2009 manteniendo depresión clínica en el contexto de dificultades crónicas.

En Junio de 2010 reanudó el tratamiento. Se le pautó de nuevo Paroxetina (40mg/día) y fue derivado
a psicología (Julio 2010).

Antecedentes familiares

Padre “nervioso” y madre también “nerviosa de toda la vida, que siempre ha evitado cualquier
conflicto”. Una hermana en tratamiento en salud mental por depresión y agorafobia.
CASO CLÍNICO 2

Mujer de 21 años de edad, con pareja actualmente desde hace aproximadamente 4 años y que
convive en un piso de estudiantes con varias compañeras de estudio. Es estudiante de psicología. Es
la menor de 3 hermanos, con los que tiene muy buena relación, además de con su madre, quien se
corresponde con su principal apoyo.

ANALISIS DEL MOTIVO DE LA CONSULTA

La paciente decide solicitar ayuda psicológica debido al gran malestar que le supone acudir a centros
hospitalarios, siendo ella quien tenga que ser intervenida o cualquier otra persona. Refiere tener
miedo a todo lo relacionado con este ámbito y enfermedades, heridas y/o cicatrices, llegando
incluso a producirle mareos, nauseas y desmayos de forma recurrente. Siempre ha intentado evitar
estas situaciones y cualquier prueba médica, pero cuando no es posible evadirlas, pasa varios días
muy preocupada, pensando en ello de forma constante. En las ocasiones en que logra acudir a la
consulta médica suele marearse y/o perder el conocimiento, mientras permanece sentada en la sala
de espera, otras veces durante la consulta (aunque estas en menor grado) y otras al acabarlas.

MOTIVO DE APARICION DEL PROBLEMA Y SU EVOLUCION

En cuanto al inicio del problema, la paciente afirma que apareció tardíamente ya que en su infancia
define su miedo como normal para esa edad, pero a partir de los 9 años y tras vivir una experiencia
traumática en las urgencias de un centro hospitalario, se agravó su miedo, durante este episodio la
paciente recibió una sutura a una herida expuesta, debido a la naturaleza de la herida el
procedimiento no requirió anestesia, sin embargo, refiere haber experimentado un dolor
considerable.

Desde entonces su nivel de ansiedad lo considera como incontrolable, aunque intenta disminuirlo
introduciendo pensamientos positivos a cerca de la situación, pero esto no le ayuda a eliminar el
malestar. No siente que haya evolucionado con el tiempo ni a mejor, ni a peor. La última vez que
acudió a un centro médico fue para realizarse un análisis de sangre (1 mes antes de acudir a
consulta), y ella describió su reacción como la de una “niña pequeña”, ya que lloraba
desconsoladamente, ponía todo tipo de escusas para no acudir a la cita, pero aún así acudió a la
extracción pero en la sala de espera se mareó y se colocó en su posición de defensa (tumbada con
las piernas hacia arriba) y refiere que sintió mejoría y fue capaz de realizarse la extracción. Esta
última circunstancia fue la que le llevó a solicitar ayuda para superar su fobia.
Caso clínico 3
Roberto es un joven de 26 años, soltero, que vive en Alicante con sus padres y su hermana de 22
años. Es licenciado en Derecho y actualmente prepara oposiciones para ingresar en la
Administración de Justicia del Estado.

Roberto declara no estar bien consigo mismo debido al miedo desproporcionado que siente al hecho
de viajar en avión. Reconoce que nos es capaz ni de mirar un avión por el cielo cuando conduce por
la autovía. Entre los 17 y los 23 años subió en avión en cuatro ocasiones, pero desde hace 3 años se
siente incapaz de volver a viajar en este medio de transporte. Anteriormente viajaba en avión sin
apenas miedo, tan solo con el respeto que se suele tener a las alturas tras haber visto en medios de
comunicación y películas casos de aviones estrellados, secuestrados o perdidos en el mar. Los
miedos comenzaron tras un viaje lleno de turbulencias ocasionadas por una tormenta que les obligó
a dar vueltas por el cielo y a regresar al aeropuerto de Alicante porque no era posible aterrizar en el
aeropuerto de destino. Desde entonces, cada vez que ve en la TV casos de accidentes aéreos, como
el de Spanair o recientemente el de Malaysia Airlines, siente una intensa ansiedad y miedo.

En algunas ocasiones, animado por sus amigos, ha comprado billetes, pero tras comprarlos ha tenido
que devolverlos por el pánico a enfrentarse a la situación de viajar en avión. Debido a estos temores,
se ha perdido muchos viajes familiares y de amigos en los últimos años, incluido el viaje fin de carrera
que hicieron sus compañeros al graduarse. Ningún miembro de su familia padece fobia a viajar en
avión, no padece enfermedades físicas y es la primera vez que busca tratamiento psicológico.

Roberto acude a consulta con gran malestar. No obstante, durante la entrevista, Roberto se muestra
educado y cooperativo. Expresa impotencia y nerviosismo cuando relata sus temores.

Explica que cualquier pensamiento o estímulo que le recuerde a viajar en avión le produce
palpitaciones, molestias de estómago, nerviosismo, temblores, sudoración, tensión muscular y
sequedad en la boca. No confía en la seguridad del avión, piensa que éste podría caerse desde el
cielo al mar, estallar, estrellarse durante el aterrizaje o el despegue, o que las alas podrían caerse.

Tampoco confía en lo impredecible de la metereología. Se siente culpable y con escasa


autoconfianza debido a esta limitación. Además, no se ve capaz de llevar o recoger a conocidos o
familiares al aeropuerto y busca siempre excusas para evitar entrar en aeropuertos.

En el plano social, Roberto declara tener un amplio círculo de amigos y familiares que le apoyan y
en el que se siente integrado. Se autodefine como una persona sociable, cariñosa y abierta, pero
confiesa que la merma de autoestima y autoconfianza que le ha generado su fobia le impide
concentrarse en ocasiones lo suficiente como para estudiar las oposiciones que está preparando.
Caso clínico 4
Ana, de 43 años de edad, está casada, tiene un hijo varón de 20 años y una hija de 12 años. Hace un
año y nueve meses le diagnosticaron un cáncer ductal infiltrante de mama. Se llevó a cabo una
mastectomía radical, no se hizo reconstrucción. Utiliza prótesis. Actualmente lleva a cabo un
tratamiento hormonal (tamoxifeno, 20 mg diarios), que ha de continuar 5 años. Realiza revisiones
médicas cada 6 meses. Asimismo, toma un antidepresivo (imipramina: 75 mg día) y un ansiolítico
(lorazepan, 3 mg/12 h).

Antes de la enfermedad ejercía como auxiliar de enfermería, el contrato que tenía era temporal y
tras la enfermedad no se lo renovaron. En la actualidad no trabaja y tampoco está buscando empleo.
Esta cursando 2º de psicología, por la UNED.

Anteriormente al diagnóstico de cáncer participó como voluntaria en asociaciones de ayuda a las


personas que han sufrido abusos infantiles. Asimismo, era la socorrista del equipo de futbol de su
hija. En el momento presente no lleva a cabo estas actividades, y ha descontinuado sus estudios.
Según dice ella siempre ha sido una persona muy vital “que ha procurado no estancarse y afrontar
los problemas, pero ahora no puedo con nada”.

La presencia y arreglo personal es descuidado, el pelo algo sucio.

Durante el diagnóstico y el tratamiento del cáncer informa haber sentido mucha angustia y soledad.
La quimioterapia (fluoracilo, adriamicina y ciclofosfamida, seis ciclos) hizo que se le cayese el pelo.
Nunca llevó peluca. Sufrió náuseas y vómitos asociados a la quimioterapia. A partir de este
tratamiento informa que le producían aversión varios alimentos, que en la actualidad no puede
ingerir, lo cual le impide llevar una dieta adecuada y conlleva estar muy delgada y sentirse débil. En
concreto, los alimentos “problemáticos” son zumos, horchata, galletas, melocotón y piña en
almíbar, peras, purés de verduras, palomitas de maíz, nueces, pandominos, naranjas, yogurt, kiwi,
acelgas, arroz caldoso, pescado y queso. Estas comidas le recuerdan la sala de hospital donde le
daban la quimioterapia. Informa que cuando está en presencia de estos alimentos siente náuseas,
malestar estomacal y ganas de vomitar. Ante ello bebe agua y sale del lugar donde está esa comida.
Por ello trata de apartar la vista de estas comidas, incluso tapa la fruta metiéndola en envases
opacos o con manteles de colores.