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LAS CREENCIAS TIPICAS DEL BUSCADOR ESPIRITUAL

Por Oscar Montero

Vedanta Academy
Los Vedas, a través del Vedanta, presentan un medio para conocer la naturaleza real del sujeto
que no es posible aprender por los medios primarios (los sentidos) y secundarios(la inferencia,
comparación, etc). Conocer al Sujeto, al Yo, implica liberarse del sufrimiento brindando el
conocimiento que realmente se anhela.

Vedanta no es un conocimiento académico ni teórico: habla directamente de mí mismo, de lo


que soy y de lo que estoy buscando, que no es otra cosa que liberarme del sentido de deficiencia.
No forma parte de un programa universitario ni será útil para agrandar el currículum sino que
permitirá quitar la ignorancia que nos separa de la plenitud. Vedanta se propone como un medio
independiente para descubrir esa felicidad que soy, esa plenitud que es intrínseca a la
naturaleza humana y que no es satisfecha por las búsquedas que hasta aquí hemos realizado.

Lo que presenta el Vedanta cobra mayor relevancia cuando uno sabe que por sí mismo no puede
alcanzar la felicidad deseada, pero sí que sabe que la vida tal como es hoy, no es armoniosa y por
eso se busca de diferentes formas alcanzar esa armonía y esa felicidad que parece que siempre se
escapan y que no permiten llegar a un proyecto de vida o un proyecto espiritual maduro.

No es habitual que una persona llegue Vedanta de manera directa. Generalmente se encuentra
con Vedanta luego de haber transitado diferentes caminos: yoga, asana, pranayama, meditación.
Estudiar Vedanta, que es estudiarse a uno mismo, entender si de verdad se es libre o no, requiere
una objetividad que otros estudios no tienen y se basan en la promesa de una experiencia
asombrosa, ya sea a través de la práctica de asanas o de una meditación especial. La objetividad
se torna importante porque Vedanta se refiere al conocimiento y el conocimiento trata sobre las
cosas que ya son, no con lo que «me gustaría ser». El conocimiento no busca hacer una mejor
persona, sino desenvolver la verdad fundamental y verla con cierta objetividad para poder
quitar las cosas que no son necesarias y que no brindan lo que estoy buscando. La madurez del
proyecto espiritual consiste en eliminar una serie de ideas equivocadas que se tienen acerca de la
espiritualidad y que se han ido tomando de diferentes sitios. Revisar estas ideas es fundamental
porque si no se eliminan, el conocimiento (el Vedanta) no puede llegar, y la búsqueda situacional,
incluso a nivel espiritual (nuevas experiencias, nuevas meditaciones) no va a terminar nunca. Para
que el estudio del Vedanta se haga firme, se haga estable, necesito cambiar algunas cosas y
examinar una serie de creencias que tenía instaladas en mí.

Una vez que tomo la decisión de exponerme a este medio de conocimiento, es necesario hacer
dos cosas: prepararme y llevar un estilo de vida que sea apropiado para asimilar esa visión sobre
mí mismo que presenta Vedanta. A ese estilo de vida lo llamaremos yoga, karma yoga, yoga vidya.
Examinaremos cinco creencias frecuentes sobre la espiritualidad; examinar estas creencias
supone la preparación para Vedanta, pues Vedanta requiere una mente preparada para asimilar e
integrar. Estas cinco ideas que frecuentemente tiene el buscador espiritual son:

1) «Una persona espiritual está libre de emociones»: Pongamos como ejemplo la ira: Una
persona no controla que surja la ira ante determinadas situaciones. La cuestión es qué es lo se
hace con la ira, la rabia, la frustración, los celos, el miedo: son todas emociones humanas
naturales, pero cómo se procesen, cómo se vehiculicen, es otra cosa. Creer que sentir ira o rabia
no es espiritual es absolutamente falaz: sentir la rabia o la ira, como emoción, no es un problema,
sin embargo por alguna idea romántica que hemos tenido sobre la espiritualidad, hemos asociado
que las personas espirituales no sienten rabia, que están libres de emociones. Cuando aparece esa
emoción surge el miedo de victimizar o culpabilizar a alguien y eso hace que la emoción sea
rechazada por considerársela mala, como si por el simple hecho de desear que no estuviera se
pudiera ejercer algún control sobre la aparición de la emoción. Sin embargo, no hay control
posible sobre la aparición de esta emoción en la mente, ni siquiera un sabio escapa a sentirla.
Swami Dayananda, para quitarle peso a este tema, solía decir: «puedes decir: le doy la
bienvenida al miedo» para ver que el miedo en sí, como emoción, es un pensamiento que tiene
un carácter transitorio en la mente, que ocupa un tiempo pero que luego desaparece. Las
emociones no son permanentes. Sentir rabia no es un problema porque se la puede utilizar para
crecer, usando la energía que emana y canalizándola para madurar. Una persona
espiritualmente sana tiene emociones, vive con su energía, la procesa y puede canalizarla al punto
de jugar con ella como si se tratara de un baile sin rechazarla. No conectarse con las emociones
provoca que la persona se disocie emocionalmente y cree una rigidez emocional que no es
buena en absoluto. La persona espiritual tiene emociones como todos, pero a diferencia de una
persona ignorante, el sabio sabe vivir con esas emociones, puede dirigirlas y canalizarlas sin
dañar a los demás. Usualmente se pretende lograr un estado ideal en el que haya perfección
emocional, pero eso es solamente una utopía. Sí hay una relativa madurez emocional en la que
se maneja un equilibrio dinámico que evita que se victimice o culpabilice a los demás, pudiendo
convivir con ellos.

2) «La familia y la espiritualidad no van de la mano, son incompatibles.» Pareciera que la


espiritualidad, tal como se ve frecuentemente y sobre todo la que tiene un corte orientalista, es
una cuestión privada y personal asociada a técnicas realizadas en lugares idílicos. Por ejemplo,
una persona está emocionalmente mal y determinada práctica espiritual (como si la espiritualidad
se pudiera condensar en una técnica) se convierte en una especie de solución mágica: una idea
muy romántica de la espiritualidad que puede tener su interés al comienzo, pero con el transcurrir
del tiempo, la espiritualidad va a suponer ejercerla desde la mañana hasta la noche, y no a solas,
sino en la interrelación con los demás. La buena relación que pueda tenerse con la propia familia
y con los demás, son un indicativo de que la espiritualidad que se está viviendo cumple su
cometido. Los Vedas enseñan que es importante conocer las diferentes etapas y roles por las que
pasa una persona a lo largo de su vida (varnas y ashramas) y las tareas o aprendizajes (sadhanas)
que se pueden hacer en cada etapa. Por ejemplo, alguien que es cabeza de familia tiene
determinadas responsabilidades familiares establecidas: si uno es padre o madre tiene la
obligación de cuidar a sus hijos y educarles. Cada rol que desempeñamos en la vida de acuerdo a
cada etapa establecen ciertas responsabilidades que cuando se llevan a cabo con una actitud
adecuada se convierten en yoga. Nos hemos acostumbrado a creer que yoga es una suerte de
práctica en la esterilla, sin embargo, las definiciones clásicas de yoga apuntan a un estilo de vida
que conduzcan a una actitud correcta en cada situación de la vida de acuerdo al rol que se esté
desempeñando. Cuando el yoga, tomado como esta actitud ante las responsabilidades, impregna
cada acto diario, recibiendo lo que la vida trae con otra actitud llamada prasada buddhi, cada
momento de la vida se convierte en una forma de crecimiento en todos los aspectos, y ya no se
limitará a un momento de meditación o cuando se tome la clase de Vedanta, toda la vida se
transformará en permanente crecimiento personal. Es en la misma vida en familia el sitio en el que
más se crece. Sin embargo hoy en día persiste una idea de separación e independentismo de la
familia, considerándola como un lugar de conflictos, cuando en realidad es todo lo contrario: la
familia es un lugar para el crecimiento personal y un núcleo de amor. Puede haber problemas en
el seno familiar pero si se logra ver a la familia como un sitio de yoga o meditación (no pensando
que los problemas se solucionan yendo a meditar a una cueva en el Himalaya), se puede lograr un
verdadero crecimiento que lleve a la solución de los conflictos emocionales.

3) «Dinero y espiritualidad no van de la mano». En esta creencia, se considera al dinero como si


fuera algo profano, malo, intrínsecamente corrompedor por lo que no se puede mezclar con lo
espiritual. En la cultura védica no hay ninguna referencia a esta idea, en ninguna parte se dice
que haya que separar el dinero de la espiritualidad, de hecho Lakshmi, la diosa de la riqueza, es
un símbolo de la prosperidad. El dinero trae progreso, es fuente de prosperidad. En épocas en las
que la riqueza genera un excedente, se invierte en la educación, en la salud, en la ciencia. El
dinero es una representación del trabajo. Por ejemplo, hay profesores de yoga que creen que no
deberían cobrar por sus clases, pero si le preguntásemos a Shiva, que es el origen del yoga, si el
yoga ha de ser gratis, probablemente nos diría que no, porque el dinero es una forma de respeto a
la otra persona, una forma en la que uno valora a la otra persona, un yoga que no se cobrase sería
un yoga insostenible en la sociedad en la que vivimos. La gratuidad del yoga es buena idea así
como la gratuidad de la sanidad o la educación, en tanto y en cuanto se recauden los impuestos
necesarios para sufragar el gasto que todo esto implica y se cuente con la organización y la
infraestructura necesarias para que el profesor deje de cobrar. El yoga puede ser gratis si hay una
infraestructura que permita sufragar el gasto de los profesores que se dedican en cuerpo y alma
a la enseñanza del yoga, pero si no hay esa infraestructura en forma de esponsorización o de
donación, como a veces hay en la cultura védica, el yoga se debe cobrar y está muy bien. En la
cultura védica existe una palabra, dakśina que significa intercambio. El yoga, el Vedanta, los
rituales, son rituales védicos en los que hay un intercambio. Las personas que van a un ritual o
van a ver a un maestro, nunca llevan las manos vacías, aunque el maestro no necesite nada,
porque el conocimiento, el yoga, suponen un intercambio. Cuando uno va a estudiar con un
maestro a un ashram, no es gratis, porque los ashrams tienen un gasto de mantenimiento, de
instalación, si uno no tiene dinero, ofrece su trabajo en forma de seva, el servicio al maestro. Las
personas que tienen un problema con el dinero, han de resolver el problema no separándose del
dinero sino en el dinero, porque el dinero no está separado de la Creación, no está separado de
Dios, no es algo profano, no es algo malo, negativo.

4) «Todas las escuelas o todas las religiones llegan a lo mismo». Esto no es así, en primer lugar,
porque para saber lo que dice una escuela uno necesita estudiarla a fondo, no basta con leer
cuatro cosas, por tanto, estudiar diferentes religiones de forma rigurosa es casi imposible en una
vida por la amplitud que tienen de conocimiento y de vivencias. Dentro de la tradición védica, el
autoconocimiento prevé o tiene en cuenta un cierto equilibrio físico, mental, energético,
emocional, lo que hace que este autoconocimiento no sea opuesto a los trabajos o a las
disciplinas que se realizan para tener salud en el cuerpo. Tampoco hay oposición a las terapias
psicológicas ni a las terapias emocionales, ni tampoco a los trabajos energéticos. Pero esos
trabajos, aunque no son opuestos a la tradición védica, no son en sí mismos autoconocimiento, y
eso es lo importante diferenciar. Todos los recursos mencionados tienen detrás un background,
una serie de trabajos que preparan para llegar a Vedanta. Cada una de las disciplinas físicas,
energéticas, terapeúticas, requieren, a su vez, de cierta objetividad para ver lo que cada sadhana
está ofreciendo, porque de lo contrario, se corre el riesgo de intentar defender e implicarse
emocionalmente con lo que se hace sin tener en cuenta que cada una de estas disciplinas
comprende una esfera específica. Vedanta propone el autoconocimiento mediante la remoción
de la ignorancia sobre uno mismo, sobre el sujeto, algo que no tratan las otras disciplinas. Por
ejemplo, asana y pranayama, tratarán sobre la salud en el cuerpo físico, sobre la estabilidad
mental, sobre la conciencia, sobre el equilibrio energético o sobre cierto equilibrio emocional,
pero no pueden brindar conocimiento del sujeto, conocimiento del Yo. Hay muchas maneras de
obtener madurez personal, psicológica, emocional, pero el autoconocimiento que da el Vedanta,
no es una combinación de diferentes cosas: no por hacer una mezcla de cosas y un sincretismo,
se va a llegar al autoconocimiento. El autoconocimiento trata de remover la ignorancia sobre el
Yo y al Yo no se tiene acceso por medios propios, es necesario un medio de conocimiento
independiente, el Vedanta, que revele esa verdad. Vedanta no está restringido a la cultura hindú,
puede haber Vedanta con otros nombres, es decir, puede haber enseñanzas que dicen
exactamente lo mismo, pero la diferencia radica en que Vedanta es un método tradicional de
autoconocimiento, con un método para ser transmitido, una enseñanza estructurada de manera
tal que se puede ir paso a paso mostrando cada tema, algo de lo que quizás otras enseñanzas
que digan algo parecido a Vedanta no poseen al no haber seguido una tradición de enseñanza.
Todo indica que los guardianes de la tradición védica han hecho un muy buen trabajo en su
manera oral de transmitir la enseñanza de discípulo a maestro con mecanismos mnemotécnicos
de aprendizaje, de oralidad, sin recurrir al libro, que es plausible de ser destruido, sino a la
transmisión oral. Swami Dayananda fue un exponente clarísimo de esa continuidad de la
sabiduría védica al crear ashrams donde uno puede ir a aprender este conocimiento de los
Vedas y a recibirlo tal y como se transmitía desde la antigüedad. El primer maestro de Vedanta es
Shiva, en el medio está Shankaracharya, y después el último maestro, Dayananda. Hay una
continuidad, un respeto, un valor por ese conocimiento sagrado que desciende desde el Señor, no
es algo que haya inventado un filósofo y que mañana vaya a ser refutado por otro filósofo, porque
está hablando de autoconocimiento, del conocimiento del Ser y eso no puede cambiar, está libre
de los cambios: eso es lo que ofrece Vedanta.

5) «Es posible obtener autoconocimiento a través del autodidactismo». El conocimiento se


transmite de maestro a discípulo y todo maestro tradicional tiene a su vez un maestro que a su vez
le ha dado ese conocimiento. El conocimiento tradicional no se adquiere leyendo libros haciendo
una mezcla, una síntesis personal de cada uno, porque cuando se estudian las escrituras por
cuenta propia, van a aparecer muchas contradicciones ocasionadas por las distintas
traducciones o distintos profesores. Estudiar las Upanisads por cuenta propia puede causar
confusión y eso es normal pues las escrituras no fueron pensadas para ser estudiadas así, porque
no son libros, es una tradición oral que pasa de maestro a discípulo y dentro de esa tradición oral,
las posibles aparentes contradicciones son resueltas porque hay un método, hay comentaristas y
hay una tradición que se encarga de ver la visión y las aparentes contradicciones y se encarga de
resolverlas. Es por esto que el autodidactismo no funciona. Si uno quiere estar conectado con una
tradición debe seguir el método que ya funciona, que ya ha funcionado para muchas
generaciones. En el momento en que el alumno añade cosas innecesarias, lo hace porque así lo
quiere, no porque la tradición lo necesite y lo hace desde una visión propia y parcial que no es la
visión completa. En la tradición no hay nadie especial, este conocimiento pasa de una persona a
otra y nadie se cree especial por eso. Pretender insertar la propia visión haciendo un potaje con
distintos libros no funciona y la experiencia indica que ese tipo de alumnos nunca podrán, en
realidad, colocarse en el rol de alumno y aceptar que hay cosas que necesitan aprender. Ver los
propios errores y dónde está la falla es una situación que a muchas personas no les gusta porque
lo toman como una cuestión personal. Con el transcurrir de las clases de Vedanta comienza a
hacerse más difícil el tema porque se habla de uno mismo, de cuestiones particulares, de
creencias que llevan años conviviendo con la persona y en algún momento saltará el ego
diciendo: «ya está bien, ¿cómo te puedes meter con la meditación, cómo te puedes meter con el
asana?» La intención no es atacar la práctica de asana, ni a la meditación ni a nada, sino que la
intención es presentar este conocimiento y, si en ese desenvolver de este conocimiento, alguien
se siente ofendido, no está hecho ex profeso, al contrario. Es necesario predisponerse con toda la
objetividad posible y animarse a ver las cosas, entenderlas, cuestionar lo que sabe hasta ahora, lo
hecho hasta ahora para poder ver si hay algo equivocado, si hay algo que se pueda corregir para
«desatar ese nudo del corazón». Dar el paso de estudiar Vedanta implica coraje, capacidad y
valor para asumir que no se trata de una crítica personal, sino una crítica a un conjunto de
creencias, de falacias que si no se quitan seguirán manejando nuestra vida y haciendo que la
búsqueda se torne interminable.

Todas estas creencias han de ser removidas: El autoconocimiento no llegará como por arte de
magia, en un futuro incierto, ni apartándose de la vida diaria, ni “escondiendo” las emociones.
Vedanta, con toda claridad, dice que el destino final soy yo mismo, que la plenitud es algo que
ya soy pero que no está reconocida y por lo tanto, esa experiencia que estoy esperando, es por
una clara falta de discernimiento de cuál es el problema fundamental , cuál es la naturaleza de la
liberación y cuál es la naturaleza de mokśa. Si no he entendido qué es mokśa entonces espero
que mokśa sea un evento en el futuro en el que me libere de ese sentido de deficiencia, cuando
clarísimamente Vedanta me está diciendo que ese sentido de deficiencia está centrado en mí,
por no conocerme, y que necesito un instrumento que remueva la ignorancia que me hace sentir
esa separación porque cuando se remueve la separación que está en forma de ignorancia, la
naturaleza mía, que es la plenitud, está ahí disponible, ahora, esta paz está disponible ahora, no
tengo que esperar ningún tipo de experiencia especial.

Cuando se tiene esa actitud, Vedanta va entrando con cuentagotas, la manera tradicional que
tiene de entrar es así, gradualmente. El conocimiento va entrando poco a poco, el tener cada vez
más claridad es gradual. El trabajo es doble pues, por un lado, en la clase de Vedanta observo las
creencias que tengo, voy quitando la presión interna de esas creencias que me manejan, es como
ir eliminando pompas de ignorancia; de esta manera se va quitando la presión que tengo sobre
mí, los rótulos, los adoctrinamientos sociales que me dicen cómo debería de ser yo, como
deberían ser los vecinos, la sociedad, el yoga, el mundo, Dios. Por otro lado, y al mismo tiempo,
es necesario hacer una vida de yoga, una vida en la que se van creando condiciones de madurez
personal, en la familia, en la vida diaria, en los pequeños detalles de cómo se toman las cosas. La
capacidad de crecer y madurar que da una vida adecuada de yoga, ayudan a la preparación para
entender Vedanta y poder así quitar las dudas, las falacias y lograr una internalización arraigada tal
que la visión del Vedanta se materializa en la vida y se pude decir: «ah, ahora he visto, he
entendido», pero no de una forma académica, sino de una manera fehaciente en la vida diaria, en
el comportamiento, en la acción, en el trato con los demás.