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Artista: Chuck Berry

Álbum: Chuck

Año: 2017

Sello: Decca

El mundo de la música rock ha forjado, en sus más de 60 intensos años de existencia, un


extenso panteón de recordadas e icónicas figuras y personajes. En aquel espacio coexisten
personalidades que ciertamente han traspasado las barreras de la memoria y el recuerdo
convirtiéndose en seres atemporales y omnipresentes para este género musical. Con estos
pergaminos y antecedentes sobre la mesa, lo acontecido con Chuck Berry reabre el debate
sobre las paradójicas modalidades en las que la vida ha ido engrosando el panteón del
rock antes mencionado.

Icónico, histriónico y rebelde, un envejecido Chuck Berry anunciaba el 18 de octubre de


2016 que sorprendería, el año entrante, a los amantes del rock and roll, con un nuevo
trabajo después de 38 años sin una grabación realizada en la complacencia y calidez de un
estudio. Así, a sus 90 años de edad, el norteamericano se atrevía a flirtear con una tarea
que había dejado atrás hace muchos años concentrándose, más bien, en demostrar su
incuestionable virtuosismo con la guitarra en enérgicos y deslumbrantes shows en vivo
exclusivamente. No obstante lo anterior, nada hacía presagiar que este nuevo álbum sería
el último que grabaría el artista norteamericano. “Chuck” se titula el trabajo final y es un
proyecto personal que revela la alegría y solidez que acompañó regularmente al artista
que delineó las formas rítmicas y líricas definitivas del rock.

La placa la inaugura “Wonderful Woman”, una canción que deslumbra por una clásica
identidad dentro de las texturas sonoras del rock and roll aunque con el valor agregado de
ser una grabación moderna y bien realizada. El tópico de la composición es característico
de Chuck Berry: diversión, bares, mujeres y música. Nada muy lejos de lo que estamos
acostumbrados. A continuación aparece “Big Boys”, una canción que reúne los elementos
rítmicos típicos de este género: riffs que delinean el sonido, coros que acompañan y
responden a una voz principal, una batería que se une poderosa y justamente azotada y
un teclado que surfea de comienzo a fin. “You Got My Head” es un cover que tiene una
estética y una identidad próxima al blues, lo que demuestra el nivel de mezcla y de
hibridación al que fue sometido el rock and roll en sus comienzos. “Darlin” es una canción
trasplantada directamente de los años sesenta a la actualidad. Tiene un sonido clásico y
acompasado pero que relata la trágica historia amorosa de su protagonista. “Lady B.
Goode” es el lado B de “Johny B. Goode”, una canción que de no ser por su título podría
pensarse que es una copia exacta del original. Pese a ello, suena moderna, robusta y
consistente en su ejecución instrumental y en su intención de swing. Sin lugar a dudas lo
mejor de “Chuck” se deja oír en sus casi tres minutos de prolongación.

“She Still Loves You” y “Jamaica Moon” son dos buenas instancias para apreciar el
imborrable y crudo talento con la guitarra que Chuck Berry poseía y que nunca perdió. A
ello se suma una ejecución vocal que aunque gastada y rasposa se logra oír con identidad
e intención. “Dutchman” es una canción autobiográfica breve que contiene un riff y una
cadencia que hará brotar la olvidada arista solista de Berry. Es un momento de intimidad
instrumental y vocal del artista. La última composición es un rock and roll titulado “Eye Of
Man” y es una canción que bien sirve para cerrar y concluir el ciclo vital del disco del
último aliento de voz de Chuck Berry.

“Chuck” es un álbum típico, poco arriesgado pero certero. En él se reúnen más de 30 años
de experiencias y de recorrido de uno de los artistas definitivos de este género musical.
Ciertamente, es un álbum correctamente realizado desde la ejecución instrumental y la
técnica vocal que a ratos resuena a homenaje o trabajo conmemorativo pero que
originalmente en su concepción no tenía ese destino. En definitiva, “Chuck” es una
reunión de canciones que sin mucho valor agregado ha sido cubierto por el aura mística y
legendaria del último trabajo del primer rocanrolero que la historia originó.

Por Javier Mardones.