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Antecedentes[editar]

A lo largo del siglo XVIII, los cambios políticos llevados adelante por la Casa de Borbón que
reemplazó a la Casa de Austria a partir del 16 de noviembre de 1700 en el Imperio
Español transformaron las dependencias americanas, hasta entonces "reinos" relativamente
autónomos, en colonias enteramente dependientes de decisiones tomadas en España en
beneficio de ella.2 Entre estas medidas se contó la fundación del Virreinato del Río de la
Plata en 1777, que reunió territorios dependientes hasta entonces al Virreinato del Perú, y dio
una importancia singular a su capital, la ciudad de Buenos Aires, que había tenido escasa
importancia hasta ese momento.3
El Virreinato del Río de la Plata, perteneciente al Imperio español, fue creado en 1776 con
territorios que habían pertenecido al Virreinato del Perú,4 y que poco después
se reorganizaron en ocho intendencias: La Paz, Cochabamba, Chuquisaca o
Charcas, Potosí, Salta, Córdoba, Paraguay y Buenos Aires y cuatro
gobernaciones Moxos, Chiquitos, Misiones y Montevideo. La capital del virreinato estaba en la
ciudad de Buenos Aires.5
Con excepción de la conquista portuguesa de las Misiones Orientales en 1801, que tuvo una
respuesta militar limitada e insuficiente por parte de España, el territorio permaneció en paz
interna y externa hasta 1806. Ese año y el siguiente se produjeron las llamadas Invasiones
Inglesas, en las que tropas británicas ocuparon brevemente Buenos Aires, Montevideo y otras
plazas de la Banda Oriental. Fueron expulsadas por la reacción de la población local, que
luchó en defensa de ambas ciudades organizándose en milicias. Estas alcanzaron un total de
7253 hombres en octubre de 1806, y aunque aumentaron ligeramente antes de la Segunda
Invasión Inglesa (1807), se vieron muy disminuidas cuando la amenaza británica
desapareció.6
El súbito contacto con los conflictos políticos europeos, la influencia ideológica de
la Ilustración, y el ejemplo de la Revolución francesa y de la Declaración de Independencia de
los Estados Unidos generaron una actividad política inusitada y creciente en los años que
siguieron a las invasiones británicas. La falta de respuestas de parte de la metrópoli española
a los pedidos de auxilio de su colonia y el exitoso rechazo de las poderosas invasiones sin
ayuda externa hicieron que la población local, especialmente de Buenos Aires, adquiriera un
alto grado de conciencia política.7 La falta de respuesta desde la metrópoli a los crecientes
reclamos de autonomía económica llevó a la burguesía mercantil de Buenos Aires a formar
parte de los grupos que buscaban un cambio sustancial en la relación con España, dotando a
estos de poder económico.n. 118
En el contexto de esa creciente autoconciencia política y social, la noticia de la invasión
francesa a España y el destronamiento del rey Fernando VII catalizaron un aumento de los
conflictos internos en el Río de la Plata. Diversos experimentos políticos como el carlotismo,n.
129 aunque lograron reunir adhesiones, no pudieron vencer la fidelidad de la población a

España y la desconfianza y rechazo a la hegemonía portuguesa. Mientras en la metrópoli


tenía lugar la guerra contra la invasión francesa, el virreinato permaneció fiel a la autoridad de
la Junta Suprema Central, el cual, aglutinando a las diversas juntas de gobiernosurgidas en la
Península, gobernaba en España en nombre del depuesto rey Fernando, que permanecía
prisionero en Francia.
Imitando la organización de la insurrección en España, se hicieron efímeros intentos de
autogobierno por medio de juntas en Montevideo, Chuquisaca y La Paz. La primera duró
nueve meses, extinguiéndose sin resistencia a fines de 1809, la segunda fue disuelta sin
derramamiento de sangre, pero la de La Paz fue sangrientamente aplastada por una
expedición enviada desde el Perú.7 Fuera del Río de la Plata, hubo otra junta de
gobierno en Quito, que fue vencida sin lucha.10
En Buenos Aires, la llamada Asonada de Álzaga, ocurrida el 1 de enero de 1809, fue
derrotada militarmente ese mismo día, causando la disolución de varios cuerpos de milicianos
de origen español que habían participado en la misma y fortaleciendo a las fuerzas criollas. El
nuevo virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, reorganizó los cuerpos urbanos
de Buenos Aires, modificando su distribución.11
Durante los primeros meses de 1810, varios grupos conspiraban por separado para deponer
al virrey y darse alguna forma de autogobierno. A mediados del mes de mayo, la llegada de la
noticia de que casi toda España había caído en manos de los ejércitos de Napoleón
Bonaparte y que había sido disuelta la Junta Suprema Central que gobernaba en España
durante la invasión napoleónica, catalizó las discusiones políticas y causó el estallido de
la Revolución de Mayo en Buenos Aires.7

La Primera Junta y la Junta Grande[editar]

Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta.

Como resultado de la revolución, el 25 de mayo de 1810 se estableció la Primera Junta de


Gobierno presidida por un criollo, Cornelio Saavedra, la cual pretendió imponer su autoridad
sobre todo el Virreinato del Río de la Plata como sucesora legítima del virrey.
El 27 de mayo la Junta envió una circular a las principales ciudades del virreinato en la que se
informaba de los hechos, se exigía acatamiento y se solicitaba el envío a la capital de un
diputado por cada ciudad y villa.12
Pese a que – a poco de formada – la Junta supo que en España la autoridad había sido
asumida por un Consejo de Regencia, continuó exigiendo acatamiento a su autoridad y
negándosela al Consejo, ya que éste había sido electo sin consentimiento de los americanos.
Tampoco la reunión de las Cortes Generales del Reino que sancionó la constitución española
de 1812, en las que la representación de los territorios americanos era claramente inferior a la
que su población ameritaba, modificaría la negativa de las autoridades locales a reconocer a
cualquier potestad superior a ellas.1314
Durante todo este primer período, España estuvo casi enteramente bajo el control de las
fuerzas de Napoleón Bonaparte, y la posibilidad de que la Regencia enviara ayuda militar
eficaz a sus defensores en América fue desdeñada por el gobierno revolucionario.
Así como la Primera Junta pretendió extender su autoridad a todo el virreinato y difundir la
revolución por toda la América española, la Junta Grande que la sucedió extendiendo la
representación en el ejecutivo a los representantes del interior, en sus diferentes etapas –
diferenciadas por la mayor o menor influencia de los grupos dirigidos por Cornelio Saavedra
y Mariano Moreno – mantuvo esa política y la actitud militar expansiva del gobierno.15
Recién a mediados de 1811, al conocerse en profundidad el alcance de la completa derrota
sufrida en el Alto Perú, la Junta adoptó una actitud más prudente.14 Pero no sobrevivió a este
cambio: en septiembre de 1811 fue reemplazada por el Primer Triunvirato, que con la excusa
de centralizar el ejecutivo en pocas personas para asegurar la gobernabilidad, concentró el
poder de decisión en torno a los intereses de Buenos Aires.16