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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

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Ezequiel Rojas

Comité Editorial
Pedro Gustavo Huertas Ramírez
Gustavo Mateus Cortés
Jesús Enrique Medina Flórez

EZEQUIEL ROJAS
VIDA Y PENSAMIENTO

ISBN 958-97552-8-3

Primera Edición
Junio de 2006

La información de esta obra puede ser reproducida parcialmente, sin


ánimo de lucro, citando la fuente correspondiente.

Dirección Editorial
Pedro Gustavo Huertas Ramírez

La selección de ilustraciones y los textos de las mismas, fue hecha


por la Dirección Editorial.

Academia Boyacense de Historia


Casa del Fundador - Plaza de Bolívar
Telefax (098) 7423441
Tunja - Boyacá

Impresión: Búhos Editores


Diag. 57 No. 7-34
Barrio Santa Rita Tel. (098) 7442264
Tunja - Boyacá

Portada: Firma autógrafa y óleo / lienzo de Ezequiel Rojas.


Galería de Personajes Ilustres de la Academia Boyacense de
Historia.

Contraportada: Panorámica de Miraflores - Boyacá,


municipio donde nació José Ezequiel Rojas Ramírez.

Diseño y Fotografía: Gustavo Mateus Cortés

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Dedicatoria
A toda persona que por vocación
ha optado el camino de la enseñanza
como ministerio de su vida

Biblioteca de la Academia Boyacense de Historia


Colección Centenario
No. 13

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Ezequiel Rojas

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Redactor del Primer Programa del Partido Liberal Colombiano


Miraflores - Bogotá
Septiembre 13 /1804 - Agosto 21 /1873

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Ezequiel Rojas

Principios del Partido Liberal Colombiano, como


Programa de Gobierno, formulados por José Ezequiel
Rojas Ramírez el 16 de Julio de 1848
- REPÚBLICA quiere el Partido Liberal: quiere sistema representativo...
- Quiere que las libertades públicas y los atributos de la soberanía nacional
se garanticen...
- Quiere que los derechos individuales y sus garantías sean realidades...
- Quiere que solo la voluntad de la Ley sea la que disponga de la suerte de
los hombres...
- Quiere que la ley sea la expresión de la voluntad del legislador, y no la
expresión de la voluntad del Poder Ejecutivo...
- Quiere que los llamados a exigir la responsabilidad de los funcionarios
públicos nada tengan que temer ni qué esperar de ellos...
- Quiere que haya recta y pronta administración de justicia...
- Quiere leyes claras, precisas y terminantes...
- Quiere el partido liberal que no se deje al Poder Ejecutivo la facultad
dictatorial para remover a los empleados ...
- Quiere muy especialmente el partido liberal que al conferir los destinos
públicos solo se tenga en mira el buen servicio de la sociedad...
- Quiere que se adopte una severa economía y que no se inviertan las
rentas públicas, sino en las necesidades reales de la sociedad...
- Quiere el partido liberal que las encinas no se alimenten ni crezcan con
la sustancia de los pequeños arbustos, cuando su sombra ningún beneficio
les reporta...
- Quiere que se retire al Poder Ejecutivo la facultad dictatorial de disponer
de las rentas públicas por medio de contratos celebrados a su arbitrio...
- Quiere, con vehemencia, que la nación tenga crédito ...
- Quiere que todos los granadinos sean ricos...
- Quiere el partido liberal que no se adopte la religión como medio para
gobernar...
- Quiere que de preferencia se destine una parte considerable de las rentas
públicas a facilitar las vías de comunicación por tierra y por agua...
- Quiere que se haga justicia imparcial a todos los granadinos...
- En resumen, quiere el partido liberal que se organice un gobierno en
beneficio de los gobernados...

Tales son y tales han sido siempre los principios y los deseos del partido
liberal...
Ezequiel Rojas
("La Razón de mi Voto". En: El Aviso, No. 26, Bogotá, julio 16 de 1848, pp. 3 y 4)

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

C ONTENIDO

Prólogo ........................................................................................ 11

1. Semblanza Biográfica ................................................................. 17

2. Filiación Filosófica ..................................................................... 73

3. Legado Intelectual ...................................................................... 87

Bibliografía ................................................................................. 120

Anexo No. 1: Decreto que señala los autores por los cuales
deben estudiar los alumnos en las Cátedras
de Derecho ......................................................... 123

Anexo No. 2: "La Razón de mi Voto", por Ezequiel Rojas...... 124

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Ezequiel Rojas

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

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Ezequiel Rojas

E L C AFETAL
Óleo /Lienzo por Jesús María Zamora, famoso pintor paisajista nacido
en Miraflores en 1871, cuyo original de 56 x 41 cm. reposa en el
Museo de Antioquia en Medellín.

El famoso pintor centenarista Jesús María Zamora, nació dos años


antes del fallecimiento de su coterráneo José Ezequiel Rojas Ramírez.
Pinturas como "El Cafetal", plasman el paisaje de la región de Lengupá,
de la que los dos fueron oriundos.

(FAJARDO DE RUEDA, María, Jesús María Zamora: Discípulo de la


Naturaleza, Bancafé – Fiducafé – Fondo Cultural Cafetero, Bogotá,
2003, pp. 16 y 17)

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

P RÓLOGO
La historia del pensamiento en la historiografía contemporánea tiene gran
interés para el estudio de las ideas de aquellas personalidades que reflexionan
sobre las sociedades, tanto en su pasado y presente, como en esas líneas tendenciales
que proyectan el futuro en su devenir. Es significativo señalar que a través del
pensamiento, los ideólogos reflejan las esencias históricas de la realidad que viven,
por lo cual son de trascendencia para el análisis de lo histórico. Hoy existe gran
interés por estudiar la realidad histórica de las ideas, porque tenemos en cuenta
que las ideas siempre están en función de una realidad. No se estudian en forma
abstracta, sino en función de una realidad. Ello significa que debemos tener en
cuenta las circunstancias que generan esas ideas. Sólo en relación con determinadas
circunstancias, las ideas adquieren su cabal sentido.

El académico jurista, Dr. Carlos Gabriel Salazar Cáceres, miembro de número


de la Academia Boyacense de Historia, ha escrito su obra Ezequiel Rojas. Vida y
Pensamiento, en la cual nos refleja la esencia histórica e ideológica de este político,
jurista, periodista y educador boyacense de gran dimensión en los orígenes ideológicos
y republicanos del pueblo colombiano en el siglo XIX. Este ilustre boyacense,
natural de Miraflores, es analizado en esta obra con gran estilo y profundidad. Su
vida y obra adquieren gran trascendencia en la historia del pensamiento político de
Colombia, pues sus ideas en su esencia histórica, se proyectaron en las ideas
políticas del Liberalismo en el pueblo colombiano.

Su vigencia social corresponde a la llamada Generación Romántica, cuyos coetáneos


se enfrentaron a los primeros problemas de una nación recién independiente. Por
ello, su misión fue buscar los modelos políticos más apropiados para el nuevo Estado
Nacional, con el ejemplo de otras naciones del mundo, principalmente Inglaterra,
Estados Unidos y Francia. Les correspondió la organización de los partidos políticos

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Ezequiel Rojas

ideológicos y presentar soluciones a los problemas constitucionales, económicos,


sociales y educativos. Ellos afrontaron la revolución socio-económica de 1850 que
fue la continuación de la revolución de independencia. Los románticos hicieron
vigencia en un momento histórico de enfrentamientos entre las libertades y la tradición.
Corresponde a un período de Romanticismo en el Mundo Occidental, que se
expandió por Hispanoamérica con fuerzas vitales de consolidación nacional.

El académico Salazar Cáceres nos presenta en una primera parte de su obra,


una biografía muy sucinta, sencilla, profunda y muy agradable para su lectura sobre
la vida y obra del político, ideólogo, docente, periodista y gran escritor, el Dr.
Ezequiel Rojas Ramírez, desde su nacimiento en Miraflores en 1804, hasta su
muerte en Bogotá en 1873. Sus estudios en el Colegio Mayor de San Bartolomé;
su participación directiva en la Sociedad Filológica y en la logia masónica que se
difundió en los años de la Gran Colombia alrededor del ideario democrático y con
claras tendencias de oposición al militarismo y a la dictadura. Analiza la Convención
de Ocaña y la posición de Rojas como partidario de la Constitución y de las leyes
contra todo intento dictatorial. Por ello su actuación en la conspiración septembrina
de 1828 en su ataque contra la dictadura de Bolívar; y posteriormente su destierro
a Europa, en compañía del General Francisco de Paula Santander. Allí conoció a
los filósofos Juan Bautista Say y Jeremías Bentham, de quienes recibió la influencia
del Utilitarismo que luego enseñó en el Colegio de San Bartolomé, en donde fue
profesor de Derecho y Economía y uno de los más distinguidos maestros de la
Generación Radical de la Nueva Granada.

Uno de los principales aportes de esta obra de Salazar Cáceres, es su estudio


profundo sobre el pensamiento filosófico del ideólogo Ezequiel Rojas. Y en
especial, sus ideas sobre el Utilitarismo y su aplicación a las instituciones republicanas
de Colombia. Corresponde a la influencia filosófico-política del Benthamismo o
Radicalismo inglés, el cual se difundió en una época de transición entre la dependencia
colonial española y la órbita neocolonial inglesa desde el punto de vista económico.

El modelo económico inglés ofrecía a los hispanoamericanos el Liberalismo


económico con los planteamientos del Utilitarismo, en esa búsqueda de lo útil y
del mayor bienestar para las mayorías. En los años de la integración grancolombiana,
irrumpió con gran vigor el pensamiento utilitarista del filósofo y economista inglés
Jeremías Bentham, cuyas ideas se enseñaron en los Colegios y en las Universidades
republicanas, e influyeron en el Dr. Ezequiel Rojas y en la juventud granadina
partidaria del civilismo para la consolidación nacional de la República de Colombia.

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Con el Benthamismo se introdujo el Utilitarismo inglés en las Facultades de


Jurisprudencia de Colombia, con el apoyo oficial del Gobierno del Vicepresidente
Santander. Según sus ideas, “lo útil” debe convertirse en el principio de todos los
valores. La búsqueda de un sistema racional en la legislación, una administración
eficaz y la organización de la economía estatal. Buscar la mayor felicidad para el
mayor número de gentes, debería convertirse en la nueva meta para los gobiernos.
El principio de la utilidad y la reforma radical de la sociedad, se convirtieron en las
ideas centrales del Benthamismo político. Según Bentham, el principio de utilidad
debe extenderse siempre como todo aquello que asegura la felicidad para el mayor
número de personas.

El Benthamismo o Radicalismo inglés penetró en Colombia, influyendo en los


civilistas como Ezequiel Rojas, principalmente por su carácter estatalista, pues considera
que el hombre es verdaderamente libre solamente dentro del Estado. Su idea de
que toda utilidad humana tiene como fin “la máxima felicidad compartida entre el
mayor número de personas”, fue aceptada con fervor por los partidarios de la
ilustración y la modernidad; pero a la vez, fue rechazada con grandes polémicas
por los partidarios de la tradición, quienes encontraron en Bentham, la filosofía del
libertinaje y el sensualismo, consideradas como doctrinas peligrosas para la formación
de las nuevas generaciones colombianas.

El académico Salazar Cáceres analiza las ideas utilitaristas con las tesis de
Jeremías Bentham que fueron enseñadas por el Dr. Ezequiel Rojas a sus alumnos
de la carrera de Jurisprudencia en el Colegio Mayor de San Bartolomé. Corresponde
al capítulo de la “Filiación Filosófica” de la obra que presentamos, en la cual se
estudian los planteamientos de Ezequiel Rojas, quien se convirtió en el Maestro
del Benthamismo político en las generaciones colombianas. Con las ideas
benthamistas, Rojas defendió el Liberalismo en todas sus dimensiones y atacó el
fanatismo de los tradicionalistas, como productor de la ignorancia y la defensa ciega
de la religión. En las aulas universitarias, Rojas consideró necesaria la formación
científica sobre la legislación universal, como indispensable para poder organizar
jurídicamente el Estado colombiano.

El Dr. Ezequiel Rojas se convirtió en el ideólogo y fundador del Partido


Liberal Colombiano, en un documento que presenta en su obra el académico
Salazar Cáceres. Se trata de una nota pública "Razón de mi Voto" que apareció el
16 de julio de 1848 en el periódico El Aviso, en la que explicó la razón por la
cual el país debía votar por el general José Hilario López para la Presidencia de la
República. En este documento propuso unas ideas sobre lo que debe ser un

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Ezequiel Rojas

gobierno liberal, el cual ha sido considerado como el primer programa del Partido
Liberal Colombiano, que encierra las ideas de sus dos fundadores, Ezequiel Rojas
y Vicente Azuero, este último fallecido algunos años antes. En el discurso del 1º
de abril de 1849, el general José Hilario López repitió el programa que había
redactado su ideólogo, el Dr. Ezequiel Rojas.

Es muy importante la controversia que surgió en la Nueva Granada con las


enseñanzas de Ezequiel Rojas sobre el Utilitarismo y el Benthamismo político. En
el capítulo “Legado Intelectual” señala las polémicas del sogamoseño Ricardo de la
Parra en contra de las tesis de Bentham. En la polémica se reflejan las ideas de los
antibenthamistas, que se generalizaron en la lucha de la Iglesia contra las nuevas
ideas, y en especial, contra el sensualismo y la laicidad. En el estudio de estas
polémicas, el académico Salazar Cáceres culmina su obra con el legado político de
las ideas de Ezequiel Rojas para su época y la posteridad. Su interés liberal en
aumentar y difundir al máximo el bienestar humano, e inculcar en las gentes un gran
respeto por la libertad individual de los ciudadanos. El Liberalismo se presenta
como la expresión política de una concepción individualista del mundo, la cual
parte del concepto del valor absoluto de la persona humana. La Libertad se
concibe como el medio de hacer valer los atributos esenciales de la persona. El
Estado es concebido como la creación consciente y voluntaria de los individuos,
que pueden modificarlo racionalmente en búsqueda de la felicidad para las mayorías.
Sobre estas ideas, el pensador boyacense Ezequiel Rojas luchó desde la cátedra de
Jurisprudencia y Legislación en el Colegio Mayor de San Bartolomé, en el
parlamento, en la prensa y a través de sus escritos que tuvieron gran influencia en
los Liberales del Radicalismo.

Esta obra, Ezequiel Rojas. Vida y Pensamiento, que ha escrito el académico


Dr. Carlos Gabriel Salazar Cáceres y publicada por la Academia Boyacense de
Historia, es un estudio significativo sobre las ideas políticas en Colombia, en el
siglo de la consolidación nacional. Por su estilo literario, la selección y sistematización
de las ideas del filósofo político boyacense y por su hermenéutica en la interpretación
del Benthamismo político y el origen del Partido Liberal colombiano, es un aporte
significativo para el conocimiento de estos temas en la historia del pensamiento
colombiano en el siglo XIX.

DR. JAVIER OCAMPO LÓPEZ


Presidente de la Academia Boyacense de Historia

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

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Ezequiel Rojas

Estado actual de la Iglesia de San Joaquín de Miraflores,


en la cual fue bautizado José Ezequiel Rojas Ramírez, quien
nació en esta localidad el 13 de Septiembre de 1804.

(Fotografía de P. Gustavo Huertas R. Dic. 30/1989)

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

1
S EMBLANZA B IOGRÁFICA

A la actual provincia de Lengupá, que en idioma chibcha significa


"Frontera del Indio", llegaron en el año de 1639 los sacerdotes de la
Compañía de Jesús, organizando allí una hacienda destinada a producir
alimentos para abastecer el recién creado Colegio de Tunja, donde se
impartía educación gratuita, hoy Colegio de Boyacá. En 1743 se erige
la parroquia de San Joaquín de Miraflores a la cual arriban varios
colonos entre ellos don Francisco Javier de Rojas, pariente del cura
párroco Blas Ignacio de Rojas.

En 1767 por la pragmática de Carlos III, son expulsados los jesuitas


del territorio de la Nueva Granada y de todos los dominios del rey
español y sus bienes rematados; correspondiéndole la Hacienda de
Lengupá a Francisco Javier de Rojas, quien había casado con María
Martha Ramírez, de cuyo matrimonio nació el 13 de septiembre de
1804 Ezequiel Rojas, aquien “hoy 21 de septiembre de 1804, bauticé,
puse óleo y crisma a un niño a quien puse por nombre José Ezequiel,
hijo legítimo de don Francisco Javier de Rojas y de doña María Martha
Ramírez. Fueron padrinos don Juan Nepomuceno Ortega y Melo y
doña Ana Lesmes. Advertí el parentesco espiritual y obligaciones cuyo

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Ezequiel Rojas

niño tenía ocho días de nacido. Doy fe. Concepción Caicedo”1. Sus
hermanos fueron Eleuterio muerto en 1863 y Concepción quien vivió
y murió en Tunja y casó con Ignacio Galán.

1.
VARGAS, Luis A. Ezequiel Rojas o el Padre de la Filosofía Liberal en América.
Bogotá. Editorial Atenea S.A. 1941. p.12

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

P ROVINCIA DE L ENGUPÁ

Perfiles Provinciales de Boyacá, 1997, Secretaría de Planeación, p. 103

Boyacá 7 Días: Así es mi Boyacá, p. 59

Miraflores - Boyacá
Capital de la Provincia de Lengupá

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Ezequiel Rojas

Carretera del Progreso


Tunja - Soracá - Boyacá - Ramiriquí - Zetaquira -
Miraflores - Páez - Campohermoso

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Por esa época la familia se traslada a la cabecera municipal de


Miraflores; fundada el 12 de Diciembre de 1744 al antiguo
asentamiento de San Fernando de Lengupá o San Fernando de Agua
Blanca, según afirma Luis Antonio Vargas Pineda; pero que según el
historiador Ramón C. Correa “... el Arzobispo de Santafé ordenó el 16
de diciembre de 1743 la división del Valle de Lengupá en dos
parroquias, pero la verdadera fundación de Miraflores no se llevó a
cabo sino hasta el 19 de enero de 1745”.2

A la edad de 7 años el niño ingresa a la escuela aprendiendo a leer


y escribir en el Silabus, cartilla utilizada en las escuelas con tal fin, a
inicios del siglo XIX. Durante la primaria fue un regular estudiante.
Como anécdota se relata que un día, tras haberse escapado del colegio,
es sorprendido por su padre en un árbol de naranjo; el muchacho
asustado se deja caer, con tan mala fortuna que se rompe la cabeza,
perdiendo el sentido, pero al igual que “Saulo se convirtió en Pablo”,
al despertar se vuelve inteligente3.

Al morir su padre, quien por demás se había desempeñado como


Alcalde Pedáneo en Miraflores, su madre contrae nuevas nupcias con
Roque Lesmes y la familia se traslada en febrero de 1816 a la ciudad
de Bogotá, iniciando estudios de letras y filosofía en el Colegio Mayor
de San Bartolomé, fundado por Bartolomé Lobo Guerrero y regentado
durante muchas décadas por los seguidores de Ignacio de Loyola. Al
titularse de bachiller, ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad
Central, conociendo y haciendo amistad con Francisco de Paula
Santander, Francisco Soto, Luis Vargas Tejada. Entre sus profesores
cuenta con: José Ignacio de Márquez en Derecho Constitucional,
Vicente Azuero en Filosofía, primero en utilizar la obra de Jeremías
Bentham Tratados de Legislación Civil y Penal como texto de
enseñanza, por lo cual fue atacado duramente por el capellán de las
Nieves el teólogo doctor Francisco Margallo y Duquesne, desde los
púlpitos de las iglesias de la Tercera y la Enseñanza. También fueron
profesores José Félix de Restrepo, Francisco Soto y los sacerdotes José
María Estévez, rector del colegio y Juan de la Cruz Gómez,
posteriormente obispos de Santa Marta y Antioquia, respectivamente.
Obtiene su grado de Doctor en Derecho en 1826 a la edad de 22
2.
CORREA, Ramón C. Monografías de los Pueblos de Boyacá. Tomo II. Tunja.
Academia Boyacense de Historia. 1989, p. 352
3.
VARGAS, Luis A. Ob. Cit., p.15

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Ezequiel Rojas

Plaza Mayor y Catedral de Santafé de Bogotá en día de mercado


Acuarela por José del Castillo, 51 x 92 cm. Museo 20 de Julio, Bogotá.
Al morir en Miraflores don Francisco Javier de Rojas, padre de José Ezequiel
Rojas Ramírez, su madre doña María Martha Ramírez, contrae nuevas
nupcias con Roque Lesmes y la familia se traslada a la ciudad de Bogotá
en febrero de 1816.

años, en plena fogosidad juvenil; al año siguiente remplaza al profesor


Soto por renuncia de este en la cátedra de Economía Política.

Durante este tiempo se ha forjado la emancipación patria, se ha


lanzado el grito de la independencia en 1810, se han dado los primeros
retozos independentistas, se ha pasado por el crisol del dolor y el
sufrimiento de 1816 y se han librado las batallas libertarias del Pantano
de Vargas y del Puente de Boyacá en 1819; y ya la nueva patria cuenta
con una Constitución dictada en Cúcuta en 1821.

En 1826 Simón Bolívar llega a Bogotá donde se conocía que había


presentado al Congreso Constituyente de Bolivia un proyecto de
constitución en el cual establecía la presidencia vitalicia y el derecho a
nombrar sucesor, cual ocurría en Haití con Petión y Beyer; habiendo
plasmado allí que: “...las elecciones... producen el gran azote de las
repúblicas, la anarquía, que es el lujo de la tiranía y el peligro más
inmediato y más terrible de los gobiernos populares”4.
4.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ezequiel Rojas y la Primera República Liberal.
Bogotá. Universidad Externado de Colombia. 1984. p.46

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Colegio Mayor de San Bartolomé en Bogotá


Fundado por el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero e inaugurado
solemnemente el 10 de octubre de 1605. En este claustro se tituló de
bachiller José Ezequiel Rojas, ingresando luego a la Facultad de Derecho
de la Universidad Central donde obtiene el grado de Doctor en Derecho
en 1826, a la edad de 22 años.

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Ezequiel Rojas

José Ignacio de Márquez Vicente Azuero


Grabado por Collete y Lemercier Óleo por Francisco Montoya y
Museo Nacional, Bogotá Rubiano, Museo Nacional, Bogotá

José Félix de Restrepo Francisco Soto


Óleo por Carlos Restrepo Canal Grabado por Lemercier
Museo Nacional, Bogotá

Profesores de José Ezequiel Rojas Ramírez


En la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Bogotá.

José Ignacio de Márquez, profesor de Derecho Constitucional y Vicente


Azuero, profesor de Filosofía, primero en utilizar la obra del filósofo
inglés Jeremías Bentham, Tratado de Legislación Civil y Penal, como
texto de enseñanza. Vicente Azuero es considerado el primer ideólogo
del Liberalismo en Colombia, al crear la primera Escuela Utilitarista en
nuestro país y formar a los gestores del Partido Liberal Colombiano.
Francisco Soto fue su profesor de Economía Política.

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Jeremías Bentham
1748 – 1832

Filósofo, economista y jurisconsulto


inglés, autor de la obra Tratado de
Legislación Civil y Penal, creador
de la escuela utilitarista para la cual
el interés es el móvil principal de
las acciones humanas y la utilidad
el principio rector de la moral, de
la política y de la economía.

(MOTTA VARGAS, Ricardo, Jeremías


Bentham en el Origen del
Conservatismo y del Liberalismo,
Ecoe Ediciones, Bogotá, 1996).

Presbítero Pedro
Francisco Margallo Y
Duquesne
Óleo por Celestino Figueroa, 1837
Museo Nacional, Bogotá
Quien desde los púlpitos de las
iglesias de La Tercera y La
Enseñanza, sostuvo una encen-
dida diatriba contra Vicente
Azuero por introducir en los
claustros universitarios la
doctrina utilitarista del
Benthamismo.

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Ezequiel Rojas

General Francisco de Paula Santander


Retrato con la inscripción “El General Santander Vicepresidente de la República
de Colombia”, publicado por R. ACKERMAN en su Repertorio de Artes, 101
Streend, Londres O.22.5 x 0.13. Colección Horacio Rodríguez Plata.
(MORENO DE ÁNGEL, Pilar, y RODRÍGUEZ PLATA, Horacio, Santander, su
Iconografía, Litografía Arco, Bogotá, 1984, p. 71)
El decreto que señala los autores por los cuales deben estudiar los alumnos en las
cátedras de Derecho, fue sancionado en Bogotá por el general Santander
como Vicepresidente de la República, Encargado del Poder Ejecutivo, el 8 de
noviembre de 1825, cuyo Artículo 1º establece: “Los Catedráticos de Derecho
Público enseñarán los principios de legislación por Bentham, los Principios de
Derecho Político Constitucional por las obras de Constant o Lepage, y el
Derecho Público Internacional por la obra de Wattel”. Véase Anexo 1 p. 123.

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

José Ezequiel Rojas Ramírez


Oleo por Pantaleón Mendoza. Museo Nacional, Bogotá

Fiel a las enseñanzas de su maestro Vicente Azuero, se convirtió en el más


grande representante del utilitarismo en nuestro país, cuya doctrina enseñó
durante 45 años en las aulas universitarias.

Las tendencias políticas se polarizaron entre los “Serviles” que


pugnaban por una nueva constitución, acaudillados por Bolívar y los
“Liberales” o “Constituyentes” con Santander a la cabeza que pedían
respeto a la Constitución de 1821, exigiéndole al Libertador Presidente
acatar la Constitución de Cúcuta.

Al año siguiente, las facciones políticas logran que se cite a elección


de diputados para una convención a reunirse en Ocaña; por ello la

27
Ezequiel Rojas

Antiguo Templo de San Francisco en Ocaña


Acuarela de la Comisión Corográfica
Aquí se reunió la famosa Convención instalada el 9 de abril de 1828, en la cual
se enfrentaron irreconciliablemente las facciones de Bolivarianos y Santanderistas.
Ezequiel Rojas, delegado a dicha convención por la Provincia de Tunja, contaba
entonces con menos de 25 años, motivo por el cual fue anulada su elección
como lo ordenaba la ley. Sin embargo, Rojas permaneció en Ocaña y asistió
como observador a las deliberaciones sin participar en ellas.

Nueva Granada se divide en Asambleas Electorales, eligiéndose 108


diputados, la mayoría pertenecientes al sector santanderista, empezando
así “a perfilarse y gestarse lo que fueron más tarde nuestros partidos
políticos»5. No obstante, al instalarse la convención el 9 de abril de
1828, solo se presentan 64 delegados, siendo en ese momento la
representación santanderista minoritaria porque “la intriga, la maniobra,
la coacción y el temor habían obstruido el arribo de los
Convencionistas”6. Es dable recordar que el 5 de noviembre del año
anterior se había llevado a cabo un atentado contra la vida de Vicente
Azuero, por parte del Coronel José Bolívar, por lo cual Azuero se queja
ante el Libertador, quien junto con Herrán y Urdaneta guardan silencio
(¿prudente o cómplice?).
5.
RODRÍGUEZ. Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 51
6.
Ibídem. p.51

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Para dicha Convención fue elegido Ezequiel Rojas como diputado


por la Provincia de Tunja, junto con el presbítero Andrés M. Gallo y
José M. Ramírez del Ferro. Contaba Rojas por esas calendas con menos
de 25 años, por lo cual la junta anuló su elección, así como las de sus
compañeros, porque no habían sido electos en una sesión continua
como lo ordenaba la ley, sino en una segunda de la junta electoral:
quedaba así la Provincia de Tunja sin representación en dicha
convención. Rojas permaneció en Ocaña y asistió como observador a
las deliberaciones sin participar en ellas, en las cuales comienza a surgir
el germen de lo que sería años más tarde el Partido Liberal, que llegaría
a fundar y cuyo programa desde ese incipiente inicio “ era el
sostenimiento del Gobierno, de la Constitución de Cúcuta, de las
instituciones allí consignadas y de los principios sobre los que ellos
reposan”7.

Pasados muchos años va a escribir: “Desde aquellos tiempos me


enrolé en el Partido Liberal. Le he sido siempre fiel, jamás he desertado.
He propagado su doctrina, he defendido su causa con mis armas y he
contribuido a sus triunfos siempre que he tenido ocasión... Siempre
he creído que únicamente a la sombra de la libertad es que los hombres
pueden ser felices y que las naciones pueden progresar y llegar a ser
civilizadas. Esta ha sido y es mi convicción, por eso he sido y soy
liberal”8. Sobre este particular, el pensador Augusto Ramírez Moreno
comenta: “...la actitud así descrita por Rojas y aceptada por Vargas es
la doble actitud moral y mental de un conservador ante el gobierno y
la ley. El revolucionario, el liberal era Bolívar, que venía a crear una
revolución constitucional y administrativa, porque el gobierno y la
constitución de Cúcuta resultaban deficientes, inoperantes para una
república despoblada, ignorante, inmensa”9.

La Convención deliberó durante sesenta y siete días para concluir


solamente en declarar que la Constitución había de ser modificada,
de resto solo fueron discursos, “debate dogmático y personalista...
voracidad por el mando”10. El 10 de junio, diecinueve bolivarianos

7.
VARGAS, Luis A. Ob.Cit., p. 28
8.
Ibídem. p. 28
9.
Ibídem. p. 6
10.
Ibídem. p. 58

29
Ezequiel Rojas

renunciaron a las deliberaciones, de manera tal que los cuarenta y seis


restantes quedaron imposibilitados para continuarlas y la convención
vino a disolverse. Los diputados santanderistas (liberales les designa
Rojas) se reúnen para estudiar un nuevo derrotero a seguir, gestándose
una amistosa unión que se prolongaría por muchos años y que se
Convertirá en elemento probatorio contra algunos de ellos, cuando se
juzgó a los septembrinos, pues fue grave indicio en su contra el haber
asistido a dicha Convención, según los jueces del caso: “...allí se había
fraguado el horrendo atentado contra la vida del Libertador, porque
allí se había hablado mal de Bolívar y de su gloria. La sospecha se
tornó en prueba”11.

En tanto, Pedro Alcántara Herrán y José María Córdoba reunieron a


los padres de familia y el 13 de junio de 1828 obtuvieron un acta por la
cual Bolívar era proclamado Dictador, pudiendo ejercer el gobierno con
poderes discrecionales. No obstante, el Libertador exigió que se
adhirieran otras municipalidades; al obtenerlo, el 27 de agosto dicta el
Decreto Orgánico de la Dictadura, “para que consolide la unión del
Estado, restablezca la paz interior y haga las reformas que se consideren
necesarias”12. En dicho Decreto se estipulaba que el Jefe Supremo del
Estado tendría las “funciones de jefe de la administración general de la
República, de jefe de los ejércitos, de director de las relaciones
diplomáticas, de nominador y de proveedor de todos los empleos de la
república, con capacidad de aprobar y reformar las sentencias de los
Consejos de Guerra y para conmutar las penas capitales”13.

Pero las dictaduras nunca han sido buenas. Así lo entendía la mente
preclara de Bolívar, por lo cual ordena y se ordena que su decreto tan
solo rija hasta el 2 de enero de 1830, cuando deberá reunirse una
nueva constituyente, acompañando la publicación de esta “Ley
Constitución” con una proclama que finalizaba con esta sentencia:
“Bajo la dictadura ¿quién puede hablar de libertad?
¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que padece y del hombre
que manda solo!”14.¡Que grandeza y que magnanimidad la del
11.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto, Ob. Cit., p. 60
12.
Ibídem. p. 67
13.
Ibídem. p. 68
14.
GALÁN, Ángel M. “Ezequiel Rojas”. En: El Liberal Ilustrado. Tomo III. Número
1164. noviembre 14 de 1914. Bogotá., p. 324

30
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Libertador! Entendía que la dictadura se la imponían las circustancias


del momento, pero también comprendía claramente que esta no podía
ser ilimitada, porque no se puede amordazar permanentemente al
pueblo. No obstante, Ángel María Galán señalaría al particular:
“Extravío fatal para la patria y para el nombre y la gloria de aquel
grande hombre”15.

El día en el cual se conoció el citado Decreto Orgánico, varios


republicanos se reunieron en el almacén de Wenceslao Zuláibar y
acordaron “destruir la dictadura y restablecer el gobierno institucional”
(16). Santander, quien hasta ese momento se había desempeñado
como Vicepresidente, había sido declarado cesante en sus funciones
por Bolívar (ahora dictador); pero sus seguidores le reconocían como
el depositario del poder legal y le encargarían del gobierno al ser
derrocada la dictadura. Florentino González recuerda en sus Memorias
que Rojas le manifestó que Santander había impedido que Bolívar
fuera asesinado en Soacha el 21 de septiembre 17.

En ese año de 1828 se creaba la Sociedad Filológica, logia masónica


de la que fue su fundador y director Ezequiel Rojas, subdirector Mariano
Ospina Rodríguez, y Secretario Eladio Manrique; como miembros se
cuentan Luis Vargas Tejada, Pedro Celestino Azuero, Agustín Horment,
Juan Francisco Argañil, Florentino González, Pedro Carujo. Por ese
entonces, Ezequiel Rojas ya no era el mocetón de antaño, sino un
hombre serio y maduro, de tez morena, cuerpo robusto, mediana
estatura, faz severa, frente amplia, nariz larga y esponjada, labios gruesos,
cabellos lacios y abundantes, peinados en raya a la izquierda, ojos
cafés, expresivos, grandes y penetrantes, según lo describe su coterráneo
Luis A. Vargas Pineda18. Es esta recia contextura la que le permitirá
resistir las vejaciones y malos tratos que padecerá en los próximos meses.

Si bien Bolívar había jurado cumplir la Constitución de 1821, sus


cartas, sus agentes y auxiliadores decían cosa distinta. Por ello, tanto
Rojas como muchos otros sospechaban que deseaba implantar otra
Constitución, suya. Además, tras la conspiración de Páez en Venezuela,
15.
GALÁN, Angel M. “Ezequiel Rojas”. Ob. Cit., p. 324
16.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 79
17.
Ibídem. p. 80
18.
VARGAS, Luis A. Ob.Cit., p. 24

31
Ezequiel Rojas

no había hecho respetar y obedecer la Constitución, amén le acusaban


de haber disuelto la convención de Ocaña. Por otro lado, se habían
realizado una serie de desmanes por parte de seguidores del Libertador
hacia los santanderistas, tales como las amenazas de latigazos que el
Coronel Luque profirió contra Florentino González, o el
empastelamiento que Férguson hizo sobre las imprentas; todo ello tenía
enardecidos los ánimos. Además, había dejado un mal sabor el
comportamiento de Manuela Sáenz el 24 de julio, día del aniversario
del Libertador, cuando en medio de algazara en la Quinta de Bolívar,
fusilara simbólicamente a Santander, por traidor, detalle aunque jocoso
de muy mal gusto; pero eran las cosas de la “amable loca” que a la
postre perjudicaban a Bolívar.

Por todo ello se fragua y llevará a efecto la conspiración contra el


Libertador, con un fallido atentado días antes en el teatro Colón, que
se frustró gracias a Manuela Sáenz. El 25 de septiembre se lleva a cabo
el otro atentado, en el cual intervienen Luis Vargas Tejada, Pedro
Celestino Azuero, Pedro Carujo, Agustín Horment y Ezequiel Rojas,
entre otros, “para dar muerte al dictador y establecer el imperio de la
Constitución vilipendiada”19. Bolívar logró salvar su vida saltando por
una ventana a instancias de Manuela.

La intervención de Ezequiel Rojas en tal acontecimiento es menor.


Se reduce a haber aceptado, como simpatizador del complot, el plan
que le fuera expuesto por Florentino González. Su sobrino Ángel María
Galán recuenta que esa noche a las siete llegó a casa de su tío Florentino
González para indicarle que lo esperaba antes de la media noche en
casa de Luis Vargas Tejada; en tanto llegaba la hora convenida, fue a
casa del Coronel Briceño con algunos familiares, con el fin de visitar a
Josefa Santander de Briceño, quien se encontraba enferma, y era
acompañada por su hermano Francisco de Paula; terminaron la visita
a las once de la noche, regresó a casa y en cuanto le fue posible, salió
a donde Vargas Tejada, donde se enteró que los conjurados ya habían
salido; por consiguiente, se quedó allí con Vargas vigilando la casa
cercana del Coronel White, Comandante del Batallón Vargas y Jefe
del Estado Mayor, a fin de impedirle la salida; por lo demás, dicho
militar no se encontraba esa noche en su residencia.
19.
GALÁN, Ángel M. “Ezequiel Rojas”. Ob. Cit., p. 324

32
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Ventana del Palacio de San Carlos en Bogotá


Por la cual el Libertador Simón Bolívar saltó a la calle, poniéndose a
salvo de los conjurados del 25 de septiembre de 1828, en la llamada
“nefasta noche septembrina”. Ezequiel Rojas fue acusado de participar
en la conjuración y condenado al destierro el 10 de noviembre del
mismo año.

33
Ezequiel Rojas

A las tres o cuatro de la madrugada pasó Francisco Torres Hinostroza


informándoles sobre el fracaso de la conspiración, por lo cual Vargas
Tejada exclamó: “Pensemos en el cadalso y familiaricémonos con él”.

Debelada la conspiración, el gobierno considera que esta se incubó en


el seno de la Sociedad Filológica, (no estaba desacertado, releamos páginas
atrás quiénes eran sus integrantes), ordenando en forma inmediata apresar
a su director, quien al fracasar la conjuración salió de su casa en compañía
de Pedro Celestino Azuero, quien había resultado gravemente herido de
un sablazo, propinado por un cabo. Nicolasa Ibáñez les oculta en la suya
de la calle 4 número 110. Al día siguiente reciben el aviso que dicha casa
será requisada y ellos, a fin de que Nicolasa no salga implicada, deciden
huir, saliendo clandestinamente y disfrazados de mujer por la puerta que
da al río San Francisco, con tan mala fortuna que es día de mercado y las
gentes les reconocen, dan la voz de alarma y son apresados.
Inmediatamente se les sigue juicio criminal aplicándoseles el
procedimiento penal militar, (mala costumbre que se arraigó durante
muchos decenios en nuestra patria, pues a los civiles no se les puede
enjuiciar con un procedimiento que ha sido elaborado únicamente para
los militares, por delitos cometidos como tales), originado en desarrollo
del artículo 128 de la Constitución de Cúcuta, la misma que Bolívar había
desconocido en su Decreto Orgánico de la Dictadura y que conllevaba
juicios “breves y seguros para que sean castigados pronta e
irremisiblemente todos los traidores y conspiradores contra el gobierno de
la república, lo que no se puede conseguir si los procesos siguen el curso
ordinario de las leyes conforme lo acredita la experiencia”, según reza el
Decreto número 3 del 20 de febrero de 182820.

Tal proceso se caracterizaba porque en él no se distinguía con claridad


el testimonio de la indagatoria, a los procesados se les hacían
imputaciones injuriosas, carecían de defensa real, el procedimiento era
secreto, el procesado carecía del derecho a pedir pruebas, los dichos de
los testigos y de los procesados no se vertían textualmente en las actas,
sino que se hacían al arbitrio y amaño del escribano, los términos se
violaban y las sentencias se proferían antes de concluir el proceso en
forma precipitada y sin motivación alguna. La sospecha se convertía en
regina probatorum. “El chantaje, la coacción y la mentira fueron las
20.
RODRÍGUEZ. Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 88

34
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

normas directrices de estos nefandos procesos”21. Además, principios


como el de la cosa juzgada que desde tiempo atrás hacía parte del
patrimonio jurídico de la humanidad, fueron desconocidos como en el
caso que se adelantó contra el Coronel Guerra.

Capturado Ezequiel Rojas, es conducido ante Joaquín París, quien le


interroga bajo juramento. Dada la negativa del acusado es enviado ante
Manuela Sáenz (¿?). Ella y a solas, le insta para que delate a sus
compañeros a cambio de su absolución: “declare usted todo y usted se
salvará”, le decía. Rojas se niega a traicionar a sus compañeros, amigos
y fraternos hermanos masones; por lo cual Manuela llama a Crobston y
le ordena cumplir con su comisión; son llamados a declarar la esclava
de Manuela Isabel Sáenz de 15 años de edad y Ramón Martínez asistente
de la casa del Libertador y analfabeto, quienes a una como en Fuente
Ovejuna, señalan que Rojas era uno de los conjurados, que le habían
visto en la Biblioteca, que por demás se encontraba a oscuras (¿cómo lo
vieron?), en tanto la niña afirma que se encontraba desarmado, mientras
el asistente indica que portaba un puñal, (declaraciones absolutamente
falsas, pues Rojas no se encontraba en la casa de San Carlos, sino
vigilando la casa del jefe del Estado Mayor). Pasados unos días, el auditor
Pareja le insta para que delate a Santander, a lo cual una vez más Rojas
se niega.

Concluida la fase sumarial, el auditor Coronel Tomás Barriga y Brito


conceptúa que no hay pruebas contundentes en su contra, que el hecho
de haberse encontrado disfrazado de mujer al momento de su captura
no constituye sino solo una sospecha en su contra y las declaraciones
vertidas al proceso por Sáenz y Martínez no son sino un mero indicio,
ambas no constituyen “prueba perfecta” para condenarlo. No obstante,
agrega “que por sus opiniones contrarias y aún ofensivas a la persona
de su Excelencia el Libertador, aconseja desterrarlo” 22. Sus jueces habían
sido el Coronel Crobston, Manuela Sáenz y el doctor Pareja. El día 10
de noviembre se dicta la correspondiente sentencia: “Su Excelencia el
Libertador Presidente, oída la opinión del Consejo de Ministros, dispone
que Ezequiel Rojas sea desterrado de Colombia, con prohibición de
que vuelva al país sin licencia de la Suprema Autoridad. En cumplimiento
de esta disposición se remitirá a Cartagena dentro de tres días con el
21.
Ibídem. p. 91
22.
Ibídem. p. 100

35
Ezequiel Rojas

objeto indicado” 23; el Secretario de Guerra es el General José María


Córdoba. Así, Ezequiel Rojas era condenado por un delito de opinión,
hablar mal del Presidente (¿la historia se repetirá?). El texto completo
del proceso por los hechos del 25 de Septiembre de 1828 fue publicado
por el Archivo Histórico Nacional, tan solo en 1942, bajo la dirección de
Enrique Ortega Ricaurte.

Años después, Ezequiel Rojas, recordando estos hechos, escribirá


explicando el por qué de su obrar en ellos, que “ningún hombre tiene
derecho a gobernar a los demás. Las naciones son las únicas que tienen
el derecho... me acuso de lo que hice y me acuso aún de no haber
hecho nada”24.

Fueron condenados a muerte el Gran Almirante José Prudencio


Padilla, quien al ser fusilado gritó: “Viva la República, Viva la libertad”;
por fortuna su memoria ha sido reivindicada y hoy es orgullo de nuestra
Armada Nacional y la Escuela Naval de Cadetes lleva su nombre, quien
desde los mares a bordo del bergantín "Independencia", dio las primeras
glorias navales a nuestra patria. También fueron llevados al cadalso:
Horment, Zuláibar, Pedro Celestino Azuero, (contra quien tres sirvientes
de Manuela Sáenz declararon que esa noche habían oído mencionar
el apellido de Azuero), Silva, Galindo, Hinostroza, Ramón Nonato
Guerra y otros. “Al estilo de la época del terror, las horcas permanecieron
en exhibición durante varios días en la plaza de Bolívar”25.

Amén de Ezequiel Rojas, saliendo de Bogotá el 15 de noviembre


de 1828, fueron desterrados: Rafael Mendoza, Tomás Herrera,
Florentino González, Diego Fernando Gómez, Juan Miguel Acevedo,
Emigdio Briceño, Pablo Durán, Pedro Carujo, Vicente Azuero y
Francisco Soto, (estos dos últimos se encontraban en Ocaña desde la
Convención y parece ignoraban el plan). Fueron encarcelados en
Cartagena: Mariano Escobar, Juan Nepomuceno Acero, Laurentino
González, este último en San Fernando de Bocachica y en Puerto
Cabello Francisco Argañil. "Aquellos días fueron macabros..., pero se
habían cumplido las leyes de la dictadura militar" 26.

23.
Ibídem. p. 102
24.
VARGAS, Luis A. Ob.Cit., p. 32
25.
RODRÍGUEZ. Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 102
26.
Ibídem. p. 103

36
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

"Rojas es víctima como muchos otros, de las arbitrariedades y castigos


impuestos por el gobierno dictatorial y militarista a quienes fueron
considerados con o sin causa partícipes en el hecho" 27.

Con el fin de cortar por lo sano el Presidente, mediante Decreto el 8


de Noviembre de 1828, disolvía la Masonería y toda asociación y
confraternidad secreta. Pareciera ser que olvidaba que en años pasados
había sido admitido en dicha sociedad, a la cual se debía gran parte de
la libertad de la Nueva Granada y de la América. Pero los hombres
somos así, de no serlo seríamos ángeles o bestias; el hombre fluctúa
entre ambos, en ello radica su grandiosidad.

En ejecución de la sentencia, Ezequiel Rojas es llevado a Cartagena.


En tanto se dispone su traslado al destierro, es encerrado en el fuerte de
San Fernando de Bocachica, que se había destinado a prisión. A tiro de
cañón de este, en el Fuerte-Batería de San José, años atrás había estado
recluido, en similares condiciones, don Antonio Nariño y su defensor
José Antonio Ricaurte Rigueiros (émulo de la abogacía), quien allí murió
el 9 de mayo de 1804 por el delito de defender al Precursor de nuestra
independencia y que unos años fue evocado por J. Barón Ortega en un
opúsculo publicado por la Academia Boyacense de Historia.

En Bocachica es sometido a vejámenes, encerrado en obscuras


mazmorras infestadas de murciélagos; la vida es insufrible; además, el
calor y la humedad hacen insoportables tanto los días como las noches,
la sed es agobiante y el agua escasa. Después de un largo y horrendo
mes en esa prisión, es conducido a Puerto Cabello a bordo de la fragata
Colombia, ensartándosele en el entrepuente a una barra de hierro, con
cinco compañeros más, sobre la cual se encontraba la bomba de agua,
que estaba averiada, haciendo el líquido pestilente y que al caer les
mojaba permanentemente. A los cinco días de viaje llegan al Puerto de
Santa Marta pero no anclan en el malecón sino en la bahía, retirados del
puerto; esa noche, un temporal deja el buque a la deriva, por fortuna no
naufragan, pero la nave sufre múltiples averías, siendo preciso repararla,
en lo cual se invierten veinte días, al término de los cuales zarpan
nuevamente, enfrentándose a otro temporal; la barra le es trocada
entonces por grillos, hecho que considera casi como libertario.
27.
GUSSONI, María V. “Un Vistazo Panorámico”. En: Boletín Cultural y Bibliográfico.
Biblioteca Luis Angel Arango. Volumen XXIII, número 6. 1986., p. 104

37
Ezequiel Rojas

Fuerte de San José de Bocachica


Cartagena de Indias – Departamento de Bolívar – Colombia
El Fuerte–Bateria de San José de Bocachica fue construido en 1752, según
proyecto del ingeniero militar Ignacio de Sala, Gobernador de Cartagena de
Indias. Convertido en prisión por las autoridades españolas, siguió cumpliendo
la misma función tras la fundación de la República de Colombia. En una de sus
bóvedas, como la que aquí aparece, fue recluido y ofrendó su vida, el 9 de mayo
de 1804, don José Antonio Ricaurte y Rigueiros, defensor de don Antonio Nariño
y Álvarez, Precursor de nuestra Independencia Nacional. En similares condiciones,
en el castillo opuesto de San Fernando, en la Bahía de Cartagena, estuvo preso
José Ezequiel Rojas Ramírez, después de haber sido condenado al destierro por
su participación en la frustrada conspiración del 25 de septiembre de 1828, en
Bogotá, que estuvo a punto de cobrar la vida del Libertador Simón Bolívar.
(Fotografías de P. Gustavo Huertas R., Mayo 25 / 1997)

38
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Fortín Solano
Puerto Cabello – Estado Carabobo – Venezuela
Verdadero vigía de Puerto Cabello sobre la Costa Caribe, en sus mazmorras
purgaron sus ánsias de libertad y su fogosidad política, próceres de la
independencia y criollos de la naciente República de Colombia. En este
sitio, a donde fue trasladado, Ezequiel Rojas encontró recluidos a los
conjurados de la “nefasta noche septembrina” Tomás Herrera y Juan
Acevedo, hijo del “Tributo del Pueblo” José Acevedo y Gómez. Al cabo de
seis meses, Rojas fue embarcado rumbo a la ciudad de Hamburgo
(Alemania), a donde llegó desterrado el 15 de octubre de 1829.
(Fotografías de P. Gustavo Huertas R. Julio 30/2005)

39
Ezequiel Rojas

Puerto de Hamburgo – Alemania


Situado a orillas del Río Elba, fue importante metrópoli del gobierno Ale-
mán desde la creación en el siglo XIII, de la Liga Anseática. A este puerto
llegó Ezequiel Rojas en compañía del general Francisco de Paula Santander,
quien corrió su misma suerte. Con él recorrió varias ciudades europeas,
hasta su retorno al país el 15 de diciembre de 1830, cuando desembarcó
en Santa Marta, dos días antes de la muerte del Libertador Simón Bolívar.
(GARCÍA – PELAYO Y GROSS, Ramón, Pequeño Larousse, p. 1220)

Al llegar a Puerto Cabello es recluido en la prisión El Vigía. Allí se


encuentran Tomás Herrera y Juan Acevedo, hijo del Tribuno del Pueblo.
Al término de seis meses, el 27 de agosto de 1829, es embarcado junto
con el general Francisco de Paula Santander y Juan Evangelista González
en el bergantín María rumbo a Hamburgo, arribando allí el 15 de octubre.

Ya en Europa la vida se torna distinta, si bien es cierto se encuentra


desterrado y la tierra amada est÷a lejana y produce nostalgia, la situación
y el diario vivir ya no son crueles y con el pasar de los días se tornan
amables. El acompañar a Santander hace que su estadía de siete meses
en Europa sea placentera. Al día siguiente de su llegada asisten, en
compañía del joven Francisco González, al Teatro de la Opera donde
presencian la representación de La Flauta Mágica de Mozart, que como
es sabido, simboliza un rito de iniciación masónica; a ella le siguieron
más operas como Oberón de Weber, conciertos, operas cómicas,
representaciones teatrales. Además, asistió a muchos convites y cenas,
bebiendo magníficos vinos como Lafitte, Chateaux-Margaux, Madeira,

40
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Jerez, Málaga, Rhin, Alicante, Borgoña, como minuciosamente lo anotara


el Hombre de las Leyes en su Diario del Exilio.

Viajan por varias ciudades europeas, y es en París donde conocen a


Juan Bautista Say, reconocido filántropo y apasionado divulgador de
las teorías de Adam Smith, quien alecciona a Ezequiel Rojas en
economía política, pidiéndole que pregone esta nueva ciencia. “El
conocimiento directo de sus teorías -y de sus autores-, le dieron
estructura y solidez a su pensamiento y a través de Rojas, estos
pensadores se proyectaron y realizaron en Colombia” 28.

Say le dijo, recordará Rojas años después: “supuesto que usted es


tan entusiasta por la libertad y que se le haya proscrito por esta causa,
le recomiendo que cuando usted regrese a su país tome el mayor interés
posible en propagar la ciencia de la economía política; cuando a los
pueblos se les ilustra en el conocimiento de sus verdaderos intereses,
su libertad no puede perecer ni pueden durar largo tiempo los gobiernos
tiránicos o de privilegios que convierten las sociedades en patrimonio
suyo o de alguna clase. Entre las ciencias, es aquella la que los instruye
más útilmente y la que mina por sus fundamentos las malas instituciones
y los malos gobiernos. Por ésto, en los países gobernados
despóticamente o en que las clases privilegiadas andan explotando la
ignorancia, no se permite su enseñanza, como no se permite la de otras
ciencias políticas” 29. Sabias palabras que en Rojas se convirtieron en
un fecundo mandato, que cumplirá religiosamente; pues su actividad
docente que se había iniciado en la Universidad Central al remplazar a
Francisco Soto en la cátedra de economía, tiempo atrás, se había
truncado con el proceso que se le había adelantado y por el cual pagaba
condena; pero en su interior la llama del educador no se había
extinguido y se encendería muy brillante años después, convirtiéndose
en su mayor valor y más caro legado.

Encontrándose en París, llega la noticia que Bolívar había declinado


la presidencia en mayo de 1830, y estaba encargado del gobierno
Joaquín Mosquera; viaja entonces a Burdeos, donde hacía dos años
había muerto don Francisco de Goya y Lucientes, también desterrado,
este de España por haber denunciado los atropellos del gobierno y los
28.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 125
29.
Ibídem. p. 128

41
Ezequiel Rojas

Último retrato del Libertador Simón Bolívar, quien murió en la Quinta de


San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830.
(Dibujo a lápiz de José María Espinosa, 1830, Colección Sylvia Boulton, Caracas)

42
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

horrores de la guerra y aquel de la Nueva Granada, víctima de un


delito de opinión y una sentencia injusta; también en dicha ciudad
había estado otrora y en iguales circunstancias don Antonio Nariño.
Decidido a regresar a la Nueva Granada, después de tres meses de
navegación desembarca en Santa Marta el 15 de diciembre de 1830;
el mando de la nación lo ocupa Rafael Urdaneta quien había derrocado
a Joaquín Mosquera. Bolívar en tanto se halla en Santa Marta;
prematuramente envejecido, triste y enfermo; dos días después morirá
pobre y descamisado frente al celeste Atlántico.

El gobernador de la ciudad le prohíbe desembarcar, pero


obstinadamente pone pie en tierra, refugiándose en la residencia del
Obispo Estévez, su antiguo profesor y rector en el Claustro de San
Bartolomé, clérigo que cumpliendo con su sagrada misión había
confesado y puesto en paz con su dios a Bolívar, habiéndole colaborado
también en la redacción de su testamento y en esa soberbia página de
desprendimiento y altruismo cual es la última proclama del Libertador.
Noble gesto que no le fue justipreciado al mitrado, por el contrario le fue
reclamada su acción y al morir años después, sus restos no fueron
sepultados en San Pedro Alejandrino sino llevados al cementerio de la
modesta aldea vecina de Mamatoco30. Por órdenes del gobierno la
manzana es rodeada militarmente. Por ello, al día siguiente y a fin de
evitar contratiempos al prelado, se entrega al General Luis Perú de la
Croix; al mismo tiempo recibe la infausta noticia de la muerte de su
madre. Es enviado, una vez más, al Fuerte de San Fernando, donde
permanece tres días sin comer ni beber; siendo el hambre, la sed y el
tormento su pan diario. En un ataque de desesperación, bebe el líquido
grasiento del candil, lo cual le produce una laringitis y una afonía que
le acompañará por el resto de sus días; la falta de alimentos y la
insalubridad de la prisión le enferman gravemente; moribundo es
trasladado al hospital; después de algunos días de recuperación es
enviado a Nueva York donde permanecerá hasta mayo de 1831; en
tanto, el poder que era detentado por Urdaneta pasa a manos de Caicedo,
quien se encuentra en el municipio tolimense de Purificación a orillas
del Río Grande de la Magdalena, dado que Joaquín Mosquera está
ausente.

30.
Ibídem. p. 122

43
Ezequiel Rojas

Al regresar a la patria, abre en Bogotá su oficina de abogado,


alternando el litigio y la política con la enseñanza. La herencia que le
legara su padre en la hacienda de Lengupá, y sus honorarios
profesionales como abogado, le permitieron amasar una gran fortuna,
gracias a la cual vivió con holgura. Su rectitud como abogado y su
acrisolada honestidad le llevaron a que Santander (tan meticuloso en
las cuestiones de su dinero) colocara en sus manos, sus asuntos
personales y en ausencia de Sixta Pontón fue designado albacea
testamentario de todos sus bienes. Igual misión le fue encomendada
por Santos Gutiérrez, “hechos que acreditan la reputación que como
profesional y hombre honesto tenía Ezequiel Rojas”31; ejemplo que
debiera ser seguido como imperativo categórico por nuestros abogados;
lástima grande que algunos desprestigian la noble profesión de jurista,
convirtiéndose tan solo en tinterillos, leguleyos, rábulas y cagatintas.

El 7 de octubre de 1832, Santander toma posesión del cargo de


Presidente de la República, concediendo gran importancia a la educación
pública, máxime por el gran número de colegios que había ordenado
fundar en los primeros años de la década del veinte y que hoy son
conocidos como los Colegios Santanderinos, dado que en ellos se
enseñaban las teorías de Bentham y Tracy, cuyas bases utilitaristas y
sensualistas no eran del agrado de algunos miembros del clero regular,
que, por demás, pedían al gobierno la derogatoria del decreto que
ordenaba el cierre de conventos menores, que tuvieran menos de cinco
novicios, (ley nada original, dado que en la España del siglo anterior,
Carlos III había ordenado cosa igual; posteriormente sería retomada por
Tomás Cipriano de Mosquera en decreto del 5 de noviembre de 1861); y
algunos del clero secular, que se oponían a la prohibición de consagrar
menores de veinticinco años. Estas medidas llevaron a los padres de familia
al convencimiento que el gobierno; solo quería corromper a sus hijos, por
lo cual elevaron voces de protesta contra Santander.

Así, en este ambiente tenso y caldeado se empieza a urdir una


conspiración contra su vida y gobierno. Se encuentran comprometidos
en ella miembros del ejército dirigidos por el general José Sardá,
español nacido en la Provincia de Navarra, (no obstante en su
indagatoria ha de señalar ser oriundo de Barcelona); perteneció
inicialmente al ejército del Rey, posteriormente a órdenes de Napoleón
31.
Ibídem, p. 184

44
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

con quien estuvo en la campaña de Rusia; al caer el Emperador, se


enrola en los ejércitos que luchan por la independencia de México,
cae prisionero en manos de los españoles y es enviado a Marruecos de
donde logra fugarse; después de viajar por Turquía, Francia y Estados
Unidos, a finales de 1820 llega a la Nueva Granada; en carta a
Santander, ofrece sus servicios e ingresa al ejército neogranadino,
llegando al grado de General de Brigada. Por ser admirador de Bolívar
y seguidor de Urdaneta es destituido de su rango el 23 de enero de
1832; lo cual le reciente y amarga y apoyándose en militares y civiles
que se oponen al gobierno de Santander, inicia la conspiración, con el
respaldo de otros ex militares, militares activos y padres de familia que
habían apoyado la dictadura de Bolívar.

“La conspiración de 1833 tuvo su cuartel general en algunos pueblos


de la Sabana de Bogotá: Fontibón, Usaquén, Serrezuela, Tocancipá,
Gachancipá, Chía, Sopó y Tenjo; su acción se dilató por el norte hasta
Boyacá [donde Ignacio Amaya se tomaría a Tunja], el Socorro y
Pamplona y cruzando el Magdalena su influencia alcanzó a la provincia
de Antioquia. Los conjurados fueron tantos, al punto que cuando el
General Domingo Caicedo le preguntó al presidente Santander quiénes
eran los comprometidos en la conspiración, el Jefe del Estado contestó:
"Lo único que sé decirle es que yo no estoy comprometido". Entre los
conspiradores se encontraban José María de Laserna y Ricaurte, miembro
de importantísima familia bogotana, su primo Mariano París Ricaurte
(quien tomaría Cáqueza), el cual al ser apresado en su hacienda fue
matado por la soldadesca y después trasportado semidesnudo en un
caballo, pasado frente a su casa y arrojado en el atrio de la Iglesia de
Santo Domingo; José Eulogio Menéndez de Arjona y sus hijos Juan,
Manuel María, Alejo y Pedro [este último tomaría el batallón de Húsares
junto con el joven Manuel Anguiano de escasos diecinueve años y
cuyo padre había muerto en Cartagena por la libertad por órdenes de
Morillo]. El plan de los conspiradores consistía en sustituir a toda costa el
gobierno legítimo, aún asesinando a Santander, matar a los generales
José María Obando y José Hilario López, sostener al clero, cambiar el
gobierno libre, proteger los artesanos y colocar al frente del ejecutivo al
viejo y débil general José Miguel Pey como un estafermo, con el objeto
de que otros gobernaran en su nombre” 32.
32.
MORENO DE ANGEL, Pilar. Santander, Biografía. Bogotá. Planeta Colombiana
Editorial S.A. 1989, p. 590

45
Ezequiel Rojas

Al conocer Santander la conspiración, el 23 de julio de 1833 se


dirigió a los cuarteles de Húsares y San Agustín, nombrando Jefe Militar
de la provincia a José Hilario López, ordenándole perseguir a los
culpables, quienes capturados fueron procesados breve y
sumariamente - como es lugar común en estos casos (se olvidaba 1828).
Bajo la ley de 31 de mayo de 1833, el proceso fue público. Intervinieron
treinta defensores entre ellos Eladio Irrisari como defensor de Sardá.
“Las represalias fueron odiosas, sobrepujaron en mucho a las venganzas
del 25 de Septiembre, pues si entonces el rigor llegó hasta la
repugnancia, colgando de horcas los cadáveres de Padilla y de Azuola,
ahora se llegó al asesinato. A toda persona que se juzgó comprometida
directa o indirectamente en la conjuración se le apresó y siguiéndose
un proceso monstruoso resultaron cincuenta y seis personas
condenadas a muerte y veinte a presidio por ocho años. Algunos fueron
indultados pero siempre subieron al cadalso diecisiete desgraciados
que fueron ejecutados a la vez en la plaza mayor... Desde la época del
pacificador Morillo no se había dado un cuadro tan sangriento”33.

Santander conmutó la pena de muerte a veintiocho condenados


por la de presidio, a diez les negó el indulto. El juez de primera instancia
fue Fortunato Gamboa, el Fiscal José Leyva Millán, la sentencia se
dicto el 12 de octubre de 1833; interpuesta la correspondiente
apelación los magistrados del Tribunal se declararon impedidos y
fueron nombrados conjueces Vicente Azuero, Ezequiel Rojas (¿?) y
Domingo Cipriano Cuenca, obrando como fiscal en esta segunda
instancia Francisco López Aldana.

Sentenciado a muerte, Sardá se fugó de la prisión el 22 de octubre


ayudado por varios amigos entre ellos el canónico Antonio Herrán,
más tarde Arzobispo de Bogotá, quien le cargó sobre sus espaldas,
pues las heridas producidas por los grillos le impedía caminar. Se ofreció
una recompensa de dos mil pesos a quien lo entregara a la justicia;
denunciado el lugar donde se ocultaba; dos oficiales, fueron hasta allí
el 22 de octubre de 1834, presentándose como amigos; al despedirse,
uno de ellos, Pedro Ortiz, en forma aleve y cobarde, le disparó a
quemarropa Santander le convenció que aquello nada tenía de malo
33.
ARTEAGA HERNÁNDEZ, Manuel, Arteaga Carvajal. Jaime. Historia Política de
Colombia. Volumen I. Santa Fe de Bogotá. Intermedio Editores. 1993, p. 251
34.
ARTEAGA HERNÁNDEZ, Manuel, Arteaga Carvajal. Jaime. Ob. Cit., p. 252

46
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

puesto que cumplía como militar las órdenes del Presidente y ejecutaba
la sentencia de los tribunales que habían condenado a muerte a Sardá34;
Su cadáver cubierto con un hábito de monje fue exhibido en la plaza
mayor y posteriormente sepultado en San Agustín.

Concluye así este macabro episodio de la historia, en la del Hombre


de las Leyes u Hombre de Ley como le llamó Bolívar, término que por
la década del treinta era peyorativo en Francia, como lo acotara
Honorato de Balzac en una de las novelas de su Comedia Humana.

En cuanto se refiere al quehacer político de Ezequiel Rojas, este se


destacó como activo parlamentario durante muchos años. En 1834 es
elegido diputado a la Cámara de Representantes por la Provincia de
Tunja, junto con los boyacenses Judas Tadeo Landines, Miguel Larrota,
Cayetano Camargo, Joaquín Larrarte, José María Niño y Nepomuceno
Riaño; siendo reelegido para la misma dignidad en los años de 1836,
1839, 1844 y 1849. Ocupará la presidencia de dicha corporación en
los años de 1835, 1845, 1847, 1848 y 1849.

Recién iniciada su actividad política, participa en la elaboración del


primer Código Penal Colombiano de 1837, sancionado por el Presidente
José Ignacio de Márquez el 27 de junio de dicho año, basado en un
proyecto elaborado por el Consejo de Estado en 1833 a instancias del
citado Márquez y Vicente Azuero. Acorde “con la filosofía liberal moderada
entonces triunfante”35 e inspirado en los códigos penal francés de 1810 y
español de 1822, consagró el principio de legalidad (gran conquista
lograda desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano
del 26 de agosto de 1789, primer producto de la Revolución Francesa y
hoy patrimonio jurídico de la humanidad): “Artículo 4º. Ningún delito o
culpa pueden ser castigados con penas que no hayan sido señaladas por
una ley publicada antes de su perpetración”. Presumía el dolo: “Artículo
3º. En toda violación de la ley se supone voluntad y malicia, mientras no
se pruebe o resulte claramente lo contrario”. Definía el delito como: “la
voluntaria y maliciosa violación de la ley por la cual se incurre en alguna
pena”, según rezaba el primer artículo de dicho código del cual, enseña
Rojas, “contiene el inventario de las acciones que el legislador leyó que

35.
VELÁSQUEZ VELÁSQUEZ, Fernando. Derecho Penal - Parte General. Santa Fe
de Bogotá. Editorial Temis S.A. 1994, p. 193

47
Ezequiel Rojas

debía prohibir: Él prohibió todas estas acciones porque son malas o porque
las creyó tales. El código contiene pués, un inventario de acciones malas;
pero no un inventario de delitos... las acciones malas no son delitos sino
cuando se las ejecuta con voluntad y conocimiento”36; que coincide con
los actuales componentes cognoscitivo y volitivo del dolo, conocer y querer.

Dicho código se encontraba dividido en cuatro libros. El primero,


“De los Delitos y las Penas en General”, distingue entre conductas
dolosas y culposas, definiendo estas en el artículo 2º como “la violación
imputable pero no maliciosa de la ley en cuanto el autor no la ha
violado intencionalmente, pero ha podido y debido evitar el acto y se
ha expuesto voluntariamente a dicha violación por lo cual se incurre
en alguna pena”; con lo cual se adelanta al moderno concepto de
violación al deber de cuidado. El libro segundo, dedicado a los
delincuentes, establece diferencias entre autores, cómplices, auxiliadores
y encubridores, todos merecedores de penas, excluyendo de
responsabilidad a los dementes, a los privados de la razón, a quienes
cometan el hecho contra su voluntad (vis maior, vis compulsiva), a los
menores de siete años y a los ebrios voluntario, indicando la forma de
dosificar la pena. En esta materia, “era sumamente drástico, incluyendo
la de muerte que a su turno comprendía la de garrote, considerándola
como pena corporal en oposición a las penas no corporales”37. El libro
tercero consagraba los delitos y las culpas contra la sociedad, la salud
colectiva, el Estado, la religión, la moral, el patrimonio público, etc. Y
el cuarto, los delitos y culpas contra los particulares y bienes jurídicos
individuales. Contaba con 919 artículos. Entró a regir el 1º de junio de
1838. “Semejante codificación, al contrario de lo que suele afirmarse,
no se compadecía con los postulados entonces vigentes y con la época
histórica, si se tiene en cuenta que como reproducción de los estatutos
europeos mencionados, era un reflejo de las condiciones económicas,
políticas y sociales imperantes en aquellos países más no en estos”38.

Lo trascendental de este código, radica en que derogó la legislación


española que regía en la materia, no obstante que habían transcurrido
casi cuatro lustros de haberse consolidado la independencia de España;
sufrió varias modificaciones, destacándose la abolición de la pena de
muerte por ley del 26 de mayo de 1849 que rigió hasta 1873.
36.
ROJAS, Ezequiel. Obras. Bogotá. Imprenta Especial. 1881-1882, p. 187.
37.
VELÁSQUEZ VELÁSQUEZ. Fernando. Ob. Cit., p. 194
38.
Ibídem. p. 194

48
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

En el año de 1839, Ezequiel Rojas obtiene que el Senado y Cámara


aprueben su iniciativa de reforma al Poder Judicial, primera de las
múltiples que se han hecho a este poder y que se han prolongado hasta
el presente. A juicio del autor de estas líneas, la justicia material y real
que se anhela no se logra reformando, en una cadena ininterrumpida, la
jurisdicción y competencia de los jueces, sino reformando a estos para
que en verdad administren justicia pronta y efectiva, como lo exige el
respectivo derecho humano; siendo jueces y no tan solo permaneciendo
como tales, que es lo que muchos hacen, dando así lugar a los
permanentes y crónicos represamientos de expedientes; no es
reformando las formas, sino a las personas; que se llegue al cargo por
méritos personales e intelectuales y no por influencias y menos políticas,
permaneciendo en el mismo por responsabilidad en el trabajo y no por
mentirosas estadísticas o las mentadas influencias.

El 8 de abril de 1846 toma parte activa en el debate sobre la


expulsión de los jesuitas, de la cual es ferviente partidario.

Por esas calendas se le postula para vicepresidente de la República,


declinando tal honor; su interés es servir, no figurar, ejemplo de
verdadero desprendimiento que debiera ser seguido por algunos – que
no son pocos -. En similar forma, en 1847 rechaza la primera
designatura. Al año siguiente, se le postula para Presidente de la
República e igualmente rehusa a ello, “claro testimonio de la recta
personalidad de Rojas, de su liderazgo combativo por las ideas
liberales... conforme a su permanente e intransigente rechazo a las
posiciones burocráticas”39; hecho decisivo para la candidatura y
posterior triunfo de José Hilario López.

Es este año de 1848, el que marca el hito culminante en la vida de


Rojas como ideólogo y político, al publicar en el periódico bogotano
El Aviso el 16 de julio de 1848, “La Razón de mi Voto”, que se ha
considerado como el programa del Partido Liberal, escrito en el cual
apoya la candidatura liberal de José Hilario López; y en el cual
responde a las preguntas:

¿Qué es lo que quiere el partido liberal? ¿Cuáles son sus deseos?


¿Cuál la teoría que quiere ver realizada?
39.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 242

49
Ezequiel Rojas

"República quiere el partido


liberal: quiere sistema
representativo, real y
verdadero, y no apariencias
como las que existen... Quiere
que las libertades públicas y los
atributos de la soberanía
nacional se garanticen
suficientemente y no se les deje
expuestos a ser invadidos y
usurpados... Quiere que los
derechos individuales y sus
garantías sean realidades y no
engañosas promesas... Quiere
que solo la voluntad de la ley
sea la que disponga de la
suerte de los hombres y que los
funcionarios, tanto del orden
ejecutivo como del judicial, se
contraigan a ser un órgano fiel
de ella... Quiere que la ley sea
la expresión de la voluntad del
legislador, y no la expresión
de la voluntad del poder
ejecutivo... porque cuando el José Hilario López
legislador no tiene voluntado Grabado por Lemercier. Museo Nacional,
propia y solo expresa la del Para impulsar Bogotá. su candidatura a la
poder ejecutivo, el gobierno es presidencia de la República, Ezequiel
absoluto... Quiere que los Rojas publica, el 16 de julio de 1848, “La
llamados a exigir la Razón de Mi Voto” en el periódico
responsabilidad de los bogotano El Aviso, escrito que se
convertirá en el primer programa del
funcionarios públicos nada Partido Liberal Colombiano.
tengan que temer ni que
esperar de ellos... Quiere que
haya recta y pronta administración de justicia, y para ello quiere que los
jueces sean completamente independientes del poder ejecutivo, que
sean verdaderamente responsables... porque sin recta y pronta
administración de justicia la sociedad es un tormento: no hay
derecho alguno seguro, y más valdría vivir en los bosques...

50
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Facsímil de la primera página del periódico El Aviso, del 16 de julio


de 1848, donde José Ezequiel Rojas Ramírez publicó el artículo “La
Razón de mi Voto” que fijó los lineamientos programáticos del Partido
Liberal Colombiano.

51
Ezequiel Rojas

El Primer Programa del Partido Liberal


Colombiano

El manifiesto de Ezequiel Rojas le dio a la tendencia liberal


colombiana el aglutinante ideológico de un programa
político coherente que, a partir de entonces, transformó al
Liberalismo en un partido político moderno, estructurado
sobre sólidas bases ideológicas, superando así los
faccionalismos que lo habían caracterizado desde el
nacimiento de la República.

Si, como lo define el Diccionario de la Lengua Española,


Programa es “una exposición que fija la línea de conducta
que ha de seguirse”, sin lugar a dudas, los lineamientos
doctrinarios expuestos por Ezequiel Rojas en l escrito “La
Razón de mi Voto” del periódico bogotano El Aviso, del
16 de julio de 1848, se constituyen en el primer programa
político del Partido Liberal Colombiano, y en tal virtud,
dicho programa convierte a José Ezequiel Rojas Ramírez
en su verdadero fundador, así él explícitamente no se lo
haya propuesto.

P.G.H.R.

52
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Quiere leyes claras, precisas y terminantes para que con facilidad pueda
el común de los hombres conocer sus deberes y derechos... Quiere el
partido liberal que no se deje al poder ejecutivo la facultad dictatorial
para remover sus empleados...Quiere muy especialmente el partido liberal
que al conferir los destinos públicos solo se tenga en mira el buen servicio
de la sociedad, que se atienda especialmente a las aptitudes, capacidades
y probidad que se tengan para desempeñarlos... la sociedad paga a sus
servidores: tiene derecho a que se le sirva bien, porque de ello depende
su prosperidad y bienestar; debe, pues, emplearse a los hombres que
puedan prestar buenos servicios con fidelidad, sea cual fuere el partido
político al que hayan pertenecido o pertenezcan.

Quiere que se adopte una severa y rigurosa economía y que no se


inviertan las rentas públicas sino en las necesidades reales de la
sociedad...Quiere el partido liberal que no se adopte la religión como
medio de gobernar: las dos potestades deben girar
independientemente, cada una dentro de su órbita, puesto que cada
una tiene su objeto y fin distinto....Quiere que se haga justicia imparcial
a todos los granadinos.

En resumen, quiere el partido liberal que se organice un gobierno


en beneficio de los gobernados; quiere república, sistema
verdaderamente representativo, congreso independiente, poder
ejecutivo que no pueda hacer sino lo que la ley le permite,
responsabilidad positiva y para ello tribunales independientes, buenas
leyes, una política en el poder ejecutivo eminentemente nacional y
americana, justicia imparcial con todos, que en sus actos no se tenga
en cuenta otra consideración que el bien público”40.

Hasta ese momento no existían en nuestra patria, ni en país alguno,


partidos políticos institucionales y organizados. Culminada la
emancipación de España, “las ideas liberales vagaban errantes en las
mentes de los criollos revolucionarios sin ubicación partidista, pero en
1812 en las Cortes españolas el vocablo ‘liberal’ tomaba forma
partidista. En América, el único partido político existente era el de la
libertad con que todos comulgaban. Emancipados se vieron muy
pronto divididos por diversos criterios sobre los procedimientos, sobre
40.
ROJAS, Ezequiel. “La Razón de mi Voto”. En El Aviso, Año I Número 26. II
Trimestre. 26 de julio de 1848. Bogotá, p. 3. Véase el texto completo en el anexo No.
2 de este libro, p. 124 y siguientes.

53
Ezequiel Rojas

la forma de organización institucional. Emerge entonces la lucha


bobalicona que también esconde obscuros intereses de mando, apetitos
de poder, centralismo o federalismo, la provincia o la nación”41.

Los ciudadanos y en especial los políticos, tenían sus preferencias


personales e institucionales y cuando se trató de transplantar a la Nueva
Granada la Constitución boliviana, los neogranadinos se escinden en
bolivarianos y santanderistas, pero sin organización, ni jerarquía, ni
plataforma ideológica; en otras palabras, fueron dos facciones que no
constituyeron partidos políticos.

Con este manifiesto de Rojas se funda el Partido Liberal Colombiano.


Al año siguiente, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro con
su “Ensayo sobre los Partidos Políticos en la Nueva Granada”,
publicado el 23 de agosto de 1849 en el periódico La Civilización,
dan origen al Partido Conservador Colombiano; siendo así nuestros
ideólogos colombianos los primeros cimentadores de partidos políticos
en el mundo, como acertadamente lo ha señalado el profesor Gustavo
Humberto Rodríguez, refutando así la tesis del politólogo francés
Maurice Duverger, quien afirma que antes de 1850 “ningún país del
mundo (con excepción de los Estados Unidos) conocía partidos políticos
en el sentido moderno de la palabra... con programas doctrinarios que
delimitaban y precisaban sus filosofías políticas” 42.

Entre los miembros del Partido Liberal se destacaron los integrantes


del denominado “Olimpo Radical”, compuesto entre otros por Manuel
Murillo Toro, Francisco Javier Zaldúa, Santiago Pérez, Aquileo Parra,
Ezequiel Rojas, Felipe Pérez, Santos Acosta, Sergio Camargo, Francisco
Álvarez, Teodoro Valenzuela, Medardo Rivas, Nicolás Esguerra;
románticos liberales llamados también “Gólgotas”, nombre que se debe
a la novela de Pérez Escrich El Mártir del Gólgota, al cual hacían
referencia en sus discursos. José María Samper aludía al “Divino
taumaturgo crucificado en el Gólgota, al que presentaba como el
revolucionario más grande de la humanidad, por sus enseñanzas de
ensalzamiento de los débiles, de humillación a los poderosos y por sus
deseos de implantar una nueva ley de justicia y de amor”43.
41.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 204
42.
Ibídem. p. 226
43.
SALAZAR CÁCERES, Carlos Gabriel. Historia de los Derechos Humanos en las
Constituciones Colombianas. Tunja. Academia Boyacense de Historia. 2002, p. 54.

54
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

A LGUNOS M IEMBROS DEL P ARTIDO L IBERAL INTEGRANTES DEL


“O LIMPO R ADICAL ”

Manuel Murillo Toro Francisco Javier Zaldúa


Grabado Froilán Gómez Grabado Anónimo
Museo Nacional, Bogotá Museo Nacional, Bogoá

Santiago Pérez Aquileo Parra Gómez


Óleo Autor Anónimo Óleo Casa de la Cultura de
Museo Nacional, Bogotá Barichara (Sant.)

55
Ezequiel Rojas

Ezequiel Rojas Felipe Pérez Manosalva


Ramírez Grabado de Colombia Ilustrada
1842, Biblioteca Nacional, Bogotá

Santos Acosta Sergio Camargo Pinzón


Castillo Oleo de autor desconocido
Fotografía Demetrio Museo Nacional, Bogotá
Camargo Paredes
Museo Nacional, Bogotá

56
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Si bien los planteamientos de ambos partidos, en el fondo, predican


los mismos postulados, difieren: el uno por el irrestricto acatamiento a
las doctrinas de la iglesia católica y el otro porque propugna por la
libertad religiosa, punto de toque para que se hayan librado las más
enconadas disputas entre nuestros partidos tradicionales. Desde sus
inicios, “utilitarismo y sensualismo por una parte, el dogma católico y
el Syllabus de Pio Noveno por el otro, constituyeron los iniciales
programas ideológicos de nuestras parcialidades políticas. Ni Bentham,
Say, Tracy, ni los pontífices imaginaron que acá, en el apartado rincón
andino de la Nueva Granada, obcecados prosélitos harían de sus
postulados la motivación de sus discordias y la problemática de las
preocupaciones nacionales” 44.

El nacimiento del liberalismo colombiano, a mediados del siglo XIX,


se nutrió “en las canteras del utilitarismo que rompió las ataduras
institucionales de la colonia y abrió las puertas de la democracia, dentro
de la concepción burguesa de la época; tuvo pues nuestro radicalismo
una profunda raigambre filosófica, políticamente respetable. Tal vez
perdió el contacto con la tierra y por ello fue efímera su vigencia”45.

Posesionado como presidente José Hilario López el 1º de abril de


1849, nombra como sus secretarios a: Francisco Javier Zaldúa para
Gobierno, Manuel Murillo Toro para Relaciones Exteriores, Tomás
Herrera para Guerra y a Ezequiel Rojas para Hacienda, de quien señala
un anónimo periodista conservador: “Era la primera notabilidad
política del partido que subía al poder, hombre de capacidad e
instrucción, acatado en las cámaras, defensor constante de ciertos
principios, moderado y entendido en los negocios de hacienda, su
opinión y su influencia más que otra alguna había atraído al general
López los votos de su partido; era indudablemente el hombre llamado
a encabezar la política de la nueva administración” 46. Elogioso
comentario de un contrincante político, que nos señala la figura enhiesta
de Rojas, que incluso sus contrarios no omiten reconocerle sus virtudes.
Como se había eliminado el impuesto al tabaco, las finanzas públicas
se encontraban al borde del déficit y con el fin de dar solución al

44.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 127
45.
Ibídem, p. 216
46.
Ibídem, p. 251

57
Ezequiel Rojas

problema, presenta al parlamento proyecto para que se derogue la ley


de libertad de cultivo y comercio del tabaco; al no obtener pronta
respuesta – la paciencia no era propiamente su mejor virtud -, a los
treinta y nueve días de posesionado, presenta renuncia al cargo; como
el Presidente no la aceptó, la reitera al día siguiente, siéndole aceptada.

También fue suya la iniciativa de un proyecto de ley para reformar


la Hacienda Nacional, que dio origen a la actual Tesorería General de
la República.

Por ley 10 de 1849, se suprimen los privilegios y se ordena que al


Presidente se le llame Ciudadano y a los demás empleados Señor.

El 26 de mayo de 1849 se abolió la pena de muerte para los delitos


políticos y la de vergüenza pública para los delitos comunes. Se
estableció el jurado de conciencia y se decretó la libertad absoluta de
los esclavos.

Por esta misma época se abolieron los resguardos indígenas, por


lo cual se enajenaron libremente – saliendo a la postre perjudicados
los nativos - . El libre cambio (llámese apertura económica) abrió las
puertas al capitalismo italo-judío, se aumentaron las importaciones, se
propició la usura, se fomentó el comercio y la banca, se desprotegieron
los ejidos que pasaron a engrosar latifundios.

El 15 de mayo de 1850 la ley de Libre Enseñanza suprimió los


títulos como requisito para el ejercicio profesional, cerrándose así las
universidades: “los románticos liberales consideraban el título como
una limitación a la libertad absoluta de trabajo que tiene todo individuo
y el profesionalismo como un monopolio costoso y solo al alcance de
ciertas clases” 47. En este mismo año se organiza la Comisión
Corográfica, bajo la dirección del italiano Agustín Codazzi, quien con
la colaboración de Manuel Ponce de León y Manuel María Paz levanta
el primer mapa geográfico de Colombia.

En el mismo 1850 el presidente López le nombra Cónsul General


de Negocios en Inglaterra y posteriormente en Francia, viviendo por
47.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Benthamismo y Antibenthamismo en Colombia.
Bogotá. Editorial El Búho. 1983, p. 29

58
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

ello en Marsella y París . Más tarde será nombrado embajador ante la


Santa Sede en Roma; viaja en compañía de su esposa Zoila Gaitán,
con quien había contraído matrimonio diez años atrás y su única hija:
Josefina. Durante seis años representará diplomáticamente a Colombia
en dichos países. En Roma es acogido con cortesía por el Papa Pío IX,
quien le favoreció con su amistad; su principal cometido “consistió en
dar auge a la inmigración de extranjeros a nuestro suelo patrio, creyendo
que el hibridismo de las razas es un factor de mejoramiento y reprogreso
dentro de las industrias al estilo de los Estados Unidos de América 48.
En estos años su hija, ya en edad nubil, conoce y contrae matrimonio
con el conde Guillermo M. V. Alberti, oriundo de Florencia, y
perteneciente a una rancia familia de banqueros, hombre de amplísima
cultura y dueño de una enorme biblioteca, famosa en Europa.

Llegado el año de 1857 regresa al país movido por asuntos


personales –consideramos que posibles conflictos conyugales, tal vez
a raíz de sus concepciones areligiosas y librepensadoras, que tanto
preocuparon a su esposa, quien además preferiría la comodidad de
Florencia, cuna de la cultura renacentista, a las incomodidades y
estrecheses de la fría, pacata y chismosa Bogotá, dado que volvió solo
sin su mujer y su hija, quienes permanecieron en Italia y a quienes no
volvió a ver jamás-.

En los años subsiguientes se dedicará al periodismo, las cámaras


legislativas y lo más importante, destacable y rescatable: la cátedra.
Sobre este aspecto ha escrito el filósofo español contemporáneo, largo
tiempo radicado en Colombia, Germán Marquinez Argote, en estudio
preliminar a su obra reeditada en los últimos años por la Universidad
Santo Tomás: “Entristecido, agobiado por enfermedades y con la
universidad cerrada [ley de 15 de mayo de 1850], en estos difíciles
años se dedica a la enseñanza privada". A propósito de su magisterio,
escribía el Diario de Cundinamarca: "al poco tiempo de su arribo a
Bogotá vimos por primera vez al doctor Rojas paseándose para allá y
para acá, rodeado de algunos jóvenes en uno de los claustros de la
Biblioteca Nacional: les estaba haciendo las clases de Principios de
Legislación. Su rostro y su voz nos llamaron la atención: en sus
facciones había delicia, fuego, patriotismo, angustia y esperanza, lucha
y triunfo, bravura y generosidad...
48.
VARGAS, Luis A. Ob.Cit., p. 48

59
Ezequiel Rojas

D ISCÍPULOS DE J OSÉ E ZEQUIEL R OJAS R AMÍREZ

Miguel Samper Salvador Camacho Roldán


Biblioteca Luis Ángel Arango, Óleo por Ricardo Acevedo Bernal
Bogotá Museo Nacional, Bogotá

Manuel Murillo Toro Ramón Gómez “El Sapo”


Fotografía por Demetrio Paredes Caricatura por Alberto Urdaneta
Museo Nacional, Bogotá Biblioteca Nacional, Bogotá

60
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

José María Rojas Manuel María Madiedo


Garrido Grabado por Aramburu, 1876
Museo Nacional, Bogotá Biblioteca Nacional, Bogotá

Teodoro Valenzuela
José María Samper Fotografías de Duperly e Hijo
Museo Nacional, Bogotá Biblioteca Luis Ángel Arango,
Bogotá

61
Ezequiel Rojas

No tardamos en comprender que un filósofo hondamente


convencido de la verdad, de las doctrinas que creía fecundas en bienes
para su país, pero a la sazón miradas con algún disfavor, iniciaba una
serie de esfuerzos abnegados para restablecer su difusión y su imperio”49.
Allí, bajo su égida, se formaron los llamados benthamistas menores,
que prosiguieron su obra hasta agotarla.

La docencia era un imperativo de su espíritu. Amén de la Economía


Política, enseña Pruebas Judiciales, Jurisprudencia, Moral y en especial
Ciencia de la Legislación Civil y Penal, hoy conocida como Filosofía del
Derecho, Jusfilosofía o Jurislogía; su labor, mejor su apostolado docente,
fue permanente desde 1833 hasta su muerte, salvo los años que
permaneció por segunda vez en Europa. Entre sus discípulos se cuentan
José María Rojas Garrido, Carlos Martín, Manuel Murillo Toro, Salvador
Camacho, Juan Manuel Rudas, Miguel y José María Samper, Gonzalo
Tavera, Juan Uribe, Jacobo Sánchez, Manuel María Madiedo, Manuel
Pombo, Teodoro Valenzuela, Januario Salgar, y los denominados
benthamistas menores Francisco Eustaquio Álvarez, Medardo Ríos,
Ramón Gómez y Ángel María Galán. Este último, en la biografía que hace
de su maestro en la edición de sus obras de 1881, escribe: “Desde 1833
empezó el doctor Rojas su carrera de profesorado, sin abandonar por esto
el ejercicio de la abogacía. Fue sucesivamente vicerrector del Colegio de
San Bartolomé por tres años, rector del mismo colegio por seis meses,
vicerrector de la universidad por un año, miembro de la Junta de Gobierno
de la misma universidad por muchos años; en desempeño de este cargo
redactó los proyectos de estatutos que rigieron en los colegios de San
Bartolomé y de Boyacá; catedrático de Economía Política desde 1833 a
1837, sirviendo gratuitamente por algún tiempo, catedrático de Derecho
Civil y de Ciencia de la Legislación Civil y Penal en 1838, pobremente
remunerado; ...regentó en el mismo año la cátedra de Organización y
Pruebas Judiciales sin remuneración alguna, porque en cumplimiento de
la misión que se impuso desde antes, la enseñanza no era para el doctor
Rojas un motivo de especulación, sino una ocupación en la cual creía que
prestaba a su patria uno de los más importantes servicios...el profesorado
de nuestro país no ha tenido un servidor que reúna en tan alto grado la
consagración, la ciencia, y el desinterés” 50.
49.
ROJAS, Ezequiel. Escritos Éticos. Bogotá. Biblioteca Colombiana de Filosofía.
Universidad Santo Tomás. 1988, p. 2
50.
ROJAS, Ezequiel. Obras. Bogotá. Imprenta Especial. 1881-1882, p. 12

62
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Empero, su labor didáctica no se limitó tan solo a la capital del País,


sino que se extendió también a su Boyacá natal y como lo recuerda el
profesor Armando Suescún en sus Apuntes para la Historia de la
Universidad en Boyacá, la Cámara de la Provincia de Tunja, presidida
en ese entonces por Ezequiel Rojas, dictó decreto el 22 de Octubre de
1832, por el cual se restablece y reorganiza el Colegio de Boyacá, que
venía cerrado durante varios años, a raíz de los decretos proferidos por
el gobierno central.

En su funeral, Enrique Cortés, presidente de la Corporación


Municipal de Bogotá, señalaba: “El profesorado colombiano guardará
el nombre del señor Ezequiel Rojas como uno de los más constantes
propagadores de las ciencias morales y políticas en nuestro país y bajo
este punto de vista es que yo considero más digno del aprecio de la
posteridad su nombre y su memoria”51. Recordando que durante
cuarenta y cinco años fue maestro de juventudes tanto en el San
Bartolomé como en el Rosario, en la Universidad Nacional e incluso
en privado en su propia casa, cumpliendo esa misión que se había
impuesto como el primero y más sagrado deber de su existencia. Porque
para Ezequiel Rojas la educación y la enseñanza fueron una misión,
un apostolado, un ministerio y no una empresa mercante, como
actualmente la han convertido algunos.

En 1862 Ezequiel Rojas elabora un proyecto de Constitución para


el Estado Federal de Cundinamarca,"Documento de la mayor
trascendencia puesto que recoge y sintetiza los postulados federalistas
del liberalismo radical de la época y por cuanto guarda una asombrosa
identidad con los que un año después los constituyentes consignaron
en la Carta de Río Negro”52. Al cotejo de ambos documentos se
encuentran muchas similitudes, no solo en las ideas, que por demás
campeaban por la época, sino también en expresiones y redacción;
por ello no es aventurado afirmar que en la Constitución de Río Negro,
encontramos la mano y el pensamiento de Ezequiel Rojas.

En 1867, mediante la Ley 16, el Presidente Santos Acosta funda la


Universidad Nacional, nombrando como rector a Ezequiel Rojas, cargo

51.
ROJAS, Ezequiel. Ob. Cit., p. 29
52.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 284

63
Ezequiel Rojas

que no aceptó dadas sus dolencias físicas, por lo cual el nombramiento


recae en Manuel Ancízar.

Durante 1868 se dedica a la escritura de su principal obra Filosofía


Moral, a la cual dedicaremos espacio especial.

En 1870 es elegido senador de la República, época en la cual se


debate lo pertinente al canal de Panamá, concediéndolo el Estado
colombiano a los Estados Unidos por un lapso de cien años, el cual
cobraría un emolumento por el tonelaje de cada buque entregando
un tanto por ciento al colombiano. El canal se declaraba zona inmune.
Por ende, las partes podrían pasar sus buques y armas libremente, no
así los países que se encontraran en guerra con las partes contratantes.
En dichos debates intervinieron entre otros Pedro Alcantara Herrán,
Carlos Martín, Rojas Garrido, Manuel Quijano y Antonio Ferro.

El 20 de abril de 1871 rinde “su informe sobre orden público”


estampando allí la siguiente máxima: “Las buenas instituciones forman
los buenos funcionarios y los buenos ciudadanos. Las malas
instituciones depravan y pervierten a los unos y a los otros”53. He ahí
un ejemplo de su estatura moral y lo enhiesto de su pensamiento.
Igualmente, en asocio de Rojas Garrido, interviene en el debate sobre
la denominada Cuestión de Textos Universitarios, que ocupó varias
sesiones, durante las cuales hubo de intervenir sentado, dada su
debilidad corporal, defendiendo con lógica, sin arrogancia ni desdén,
sus convicciones.

Como periodista plantea sus teorías, tanto políticas como jurídicas y


económicas, que había legado de sus maestros, en escritos en los
periódicos: El Liberal, La Bandera Nacional, El Constitucional de
Cundinamarca, La Revista de Colombia y el Diario de Cundinamarca.
En los años siguientes y hasta su muerte mantuvo fuerte polémica con
Miguel Antonio Caro, “acerca del tema que se había constituido...en la
polémica del siglo: El utilitarismo y el catolicismo, debate que llegó a
invadirlo todo, la cátedra, el periódico, el púlpito y el parlamento” 54.

53.
Ibídem, p. 288
54.
Ibídem, p. 326

64
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

En sus últimos años, su casa se veía frecuentemente visitada no solo


por sus clientes, sino por muchos políticos. No abandonó nunca ni la
cátedra ni el parlamento. Un mes antes de morir su estado se tornó
crítico, sufre parálisis y pierde la voz. Se avisó a su esposa e hija, a
quienes no veía hacía más de tres lustros. Ante la inminencia de la
muerte su médico Nicolás Osorio, conservador y católico, le instó a
que se pusiera en paz con Dios, a lo cual Rojas le contesto: “Doctor
Osorio, yo lo he consultado a usted como médico y no como filósofo...[
así] hasta el último instante conservaba su posición anticlerical y aún
antirreligiosa” 55. No obstante, sostenía muy buenas relaciones con
representantes del clero y ya en su lecho de muerte fue visitado tanto
por el arzobispo Arbeláez como por su Secretario Joaquín Pardo
Vergara. Y así, el cronista Cordovez Moure relata que el arzobispo,
quien había estado de paso en 1862 por Florencia, había recibido
esmeradas atenciones de parte de Zoila Gaitán de Rojas y su hija
Josefina Rojas condesa de Alberti, matronas piadosas y caritativas,
quienes rogaron al prelado orara por su esposo y padre, dado que
figuraba entre el gremio de los librepensadores. Al enfermarse de
muerte, “inmediatamente que el señor Arbeláez tuvo noticia del
accidente del doctor Rojas, se presentó ante el lecho del enfermo
acompañado del doctor Joaquín Pardo Vergara, secretario del
arzobispado. Dos motivos poderosos tenía el señor Arbeláez para
encontrarse en ese puesto: salvar un alma que estaba a punto de
perderse, y pagar la deuda de gratitud contraída en Florencia. Doctor
Rojas –dijo el señor Arbeláez al enfermo, con dulzura y cariño
manifiesto- he venido a ofrecerle mis servicios como amigo y como
prelado. Si usted desea reconciliarse con la Iglesia, puede manifestarlo
estrechándome la mano que tengo entre la suya. Por toda respuesta, el
moribundo fijó una mirada inteligente en el señor Arbeláez y estrechó
con efusivo ademán sobre el pecho la mano del prelado, en vista de lo
cual el ministro de Dios, que perdona, le impartió la absolución
acostumbrada in extremis”56.

En la tarde del jueves 21 de agosto de 1873, expiraba “uno de los


más prominentes forjadores espirituales de la nacionalidad colombiana

55.
Ibídem, p. 326
56.
CORDOVEZ MOURE, José María. Reminiscencias de Santafé de Bogotá. Madrid.
Aguilar. 1962, p. 296

65
Ezequiel Rojas

del siglo XIX” 57. Fue velado por sus alumnos de la Universidad Nacional
y del Colegio de Nuestra señora del Rosario.

A su muerte, el Presidente de la República Manuel Murillo Toro,


antiguo discípulo, dictó decreto de honores y junto con los Secretarios
del Despacho encabezó el funeral, que se desplazó por la primera calle
de la carrera de Antioquia, la plaza de Bolívar, las cuatro primeras calles
de la carrera del Norte, la carrera de Neira hasta la plaza de Capuchinos,
la carrera de Boyacá y luego la alameda que conduce a la mansión de
los muertos 58. Asistieron tres mil personas, los miembros de la Corte
Suprema de Justicia y el Consejo de Estado, el Gobernador de
Cundinamarca, el Procurador General de la Nación, el Cuerpo
Diplomático y las logias masónicas ataviadas con las insignias que les
son propias, porque en su funeral “no doblaron las campanas sino
que su lecho se vio ataviado de liturgia y de rito masónico”59. En tanto
el ataúd era escoltado por la guardia colombiana. La esposa e hija del
difunto, protestaron enérgicamente ante sus allegados por haber
consentido en lo que denominaron indigna farsa.

Llevaron la palabra, pronunciando oraciones fúnebres, Santiago


Pérez, Salvador Camacho Roldán, Jacobo Sánchez, Francisco E.
Álvarez, Aníbal Galindo, Camilo A. Echeverri, Julio Barriga
(Gobernador del Estado), Enrique Cortés (Presidente de la
municipalidad) y José María Rojas Garrido, quien con voz atronadora
exclamó: “Se ha desvanecido en la sombra de lo incomprensible la
inteligencia más poderosa de nuestro país” 60.

La prensa liberal, tanto de Bogotá como de provincia, escribió


sentidas notas luctuosas, en tanto que en El Tradicionalista, Miguel
Antonio Caro censura al secretario del arzobispado Monseñor Pardo
Vergara el haber permitido que un notorio hereje hubiera sido enterrado
en el Cementerio Central. Hoy puede visitarse su tumba, coronada
con un busto de mármol, bajo el cual se encuentra la figura de una
mujer inclinada, ensimismada, con los cabellos en desorden y las manos
entrelazadas.

57.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 11
58.
ROJAS, Ezequiel. Obras, p. 16
59.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 326
60.
Ibídem, p. 32

66
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Tumba de José Ezequiel Rojas Ramírez


Elipse del Cementerio Central de Bogotá
Manzana A –14 Sector Norte
Una reja de hierro circunda la base de un pedestal coronado por el busto de
Ezequiel Rojas (1804 – 1873), obra del escultor florentino Pietro Costa (1849
– 1901). En uno de los costados de este pedestal de mármol blanco se encuentra
esculpida una figura femenina orando acompañada de guirnaldas.
(Fotografía de P. Gustavo Huertas R. Mayo 1/2006).

67
Ezequiel Rojas

Dibujo del busto y pedestal de la tumba de José Ezequiel Rojas


Ramírez en el Cementerio Central de Bogotá
Por Beatriz Salazar Niño

68
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

La lápida reza: “Ezequiel Rojas, publicista y gran ciudadano,


propagador infatigable de las Ciencias Políticas. Su memoria es
venerada por sus compatriotas. Murió el 21 de agosto de 1873”. Todo
ello rematado por una cruz bajo la cual se lee la sentencia bíblica:
“Bienaventurados los que lloran”.

“Fue Rojas un hombre de carácter dulce, benévolo, bondadoso.


Nada vanidoso y sí bastante caritativo, a través de donaciones a asilos
de ambos sexos, especialmente su vida privada fue de un absoluto
decoro. Nunca atacó gratuitamente a sus adversarios en el foro, en la
prensa o en la cámara, pero se defendía siempre y a veces con
rudeza”61; “fue regla suya invariable el no pretender triunfar en una
discusión, cubriendo de improperios a sus contrarios, sino exponiendo
razones en apoyo a sus ideas; y por eso los llamaba sin cesar al terreno
de la cuestión, sin dejarse extraviar, ni por el resentimiento natural que
debían producirle los insultos que, a falta de razones, le prodigaban
sus adversarios en sus publicaciones” 62.

“No fue más que un hombre, pero un hombre completo...un mortal,


un hermano de penalidades, de sufrimientos [y] de esperanzas” 63. De
él ha dicho con justo tino el profesor Restrepo Piedrahita : “Es uno de
los grandes forjadores del carácter nacional, deplorablemente
desconocido o ingratamente olvidado, especialmente por quienes con
mayor obligación son deudores de su memoria: Los Liberales
Colombianos” 64.

61.
PLAZAS CASTAÑEDA, Hernando. "Breve Biografía de Ezequiel Rojas". En:
Boletín Cultural y Bibliográfico. Banco de la República. Volumen XII. Número 1.
1969, p. 97
62.
ROJAS, Ezequiel. Obras, p. 14
63.
VARGAS, Luis A. Ob.Cit., p. 23
64.
RODRÍGUEZ, Gustavo Humberto. Ob. Cit., p. 20

69
Ezequiel Rojas

70
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

71
Ezequiel Rojas

B usto de J osé E zequiel R ojas R amírez


1804 - 1873
En Miraflores – Boyacá, su tierra natal.
(Fotografía de P. Gustavo Huertas R. Dic. 30/1989)

72
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

2
F ILIACIÓN F ILOSÓFICA
Concluidas las luchas de emancipación, terminado el letargo colonial
o mejor el Virreinato en estas provincias de ultramar y nacida así la
nueva república, uno de sus primeros y lógicos balbuceos fue la
reacción contra todo lo pasado, contra las tradiciones, las costumbres,
y en el campo de las ideas, contra la filosofía escolástica que se había
enseñado durante más de dos siglos en colegios y universidades,
fundados y regentados por comunidades religiosas, buscándose por
ende un nuevo soporte filosófico y siguiendo el derrotero imitativo
que siempre nos ha caracterizado. Se miró hacia el país que había
colaborado económica y militarmente con nuestra emancipación:
Inglaterra y se entró a copiar lo anglosajón; la caligrafía remplaza la
letra española por la inglesa, el periódico El Constitucional se edita
tanto en castellano como en inglés, se organizan las carreras de caballos,
destinándose para ello una calle que se bautiza con el nombre de
“Calle de la Carrera”, hoy carrera 7 entre la Plaza de Bolívar y la
Iglesia de San Francisco.

Por ese entonces, en Inglaterra, el radicalismo filosófico


pretendiendo reformas institucionales en todos los campos:
Sociológicos, económicos, filosóficos, fundan la doctrina Utilitarista,

73
Ezequiel Rojas

Tomás Hobbes
Filósofo inglés, nació en Wesport, Wiltshire, en 1588. Su obra más impor-
tante, el Leviathan, publicada en 1651, es una teoría sobre la soberanía en
la que defiende el absolutismo. “Ningún orden se impone por sí mismo; su
sola fuente es la fuerza”. Para Hobbes, sin un Estado o autoridad fuerte
sobrevendrían el caos y la destrucción, convirtiéndose el hombre en un
lobo para los otros hombres (“Homo Homini Lupus”). Murió en Hardwick
Hall el 4 de diciembre de 1679.
(PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Vol. III, p. 359)

74
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

con figuras como Hobbes, Hume, Mill, Bentham, cuyo pensamiento


podemos resumir, en clave de larga duración:

Tomás Hobbes plantea que el estado natural del hombre es el de


guerra, de todos contra todos; por lo cual vive en constante temor del
prójimo, siendo su único fin en la vida conservar esta y no perderla
violentamente. Tal estado le arrastra, necesariamente, al total
aislamiento. Si quiere vivir en paz, debe eliminar el peligro de la guerra
que hace detestable su estado natural y su triste vida: solitaria, pobre,
tosca, embrutecida y breve. Pero llega un día en el cual estos hombres
aislados, celebran un acuerdo, sujetando sus vidas a un soberano que
ejercerá el gobierno arbitrariamente, según sus deseos y preferencias;
situación que será preferible a la de seguir viviendo en el estado de
naturaleza.

Tal decisión, sigue señalando Hobbes, se basa en el principio de


utilidad, dado que la paz y el orden son útiles; por ello, estos hombres
aceptan el derecho y obedecen sus órdenes.

Pero si el soberano atenta contra el súbdito, éste puede resistírsele;


pues el soberano no puede olvidar las leyes de la naturaleza humana,
entre las cuales sobresale la prudencia, de validez universal. El derecho
creado por el soberano, es un orden jurídico que los hombres respetan
por su utilidad de ofrecer paz y seguridad. Refiriéndose al derecho civil,
afirma que no difiere del natural, los dos constituyen distintas facetas
de una misma entidad; el cumplimiento de los contratos es una de las
reglas de la prudencia y la obediencia al derecho civil una regla del
derecho natural.

David Hume, por su parte , reconoce tres leyes fundamentales en la


natura humana: 1.- La estabilidad de la posesión, 2.- Su transferencia
por consentimiento y 3.- El cumplimiento de las promesas. Del
cumplimiento cabal de éstas, dependen la paz y la seguridad, siendo
reconocida su utilidad por la razón, pues la utilidad complace y todo
aquello que contribuye a la felicidad de la sociedad se recomienda así
mismo, mereciendo aprobación y buena voluntad. La utilidad es fuente
de alabanza y aprobación, es base del mérito de las acciones y sirve de
baremo para las decisiones morales, es característica inseparable de

75
Ezequiel Rojas

David Hume
Filósofo inglés, nació en Edimburgo el 26 de abril de 1711. Publicó un Tratado sobre
la Naturaleza Humana (1739), Ensayos sobre Moral y Política (1742), Investigación
sobre el Entendimiento Humano (1751) y Discursos Políticos (1752), entre otras obras.
Muere en su ciudad natal en 1776.

las virtudes sociales como son: la humanidad, la generosidad, la caridad,


la afabilidad, la indulgencia, la misericordia y la moderación;
constituyéndose es el basamento de la justicia, la fidelidad, el honor, la
devoción y la castidad, en una palabra es base de la moral.

James Mill, padre de Jhon Stuart Mill, es junto con Bentham,


fundador del utilitarismo. Además de filósofo, fue historiador y
sociólogo. Afirma en su Análisis de los Fenómenos de la Mente Humana
que la realidad sicológica se reduce a la sensación y sus leyes se explican
por el empirismo radical.

El 5 de julio de 1830, escribe en su diario Francisco de Paula


Santander, haber conocido en Londres a “un anciano de más de

76
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

ochenta años, alegre, bajo de cuerpo, gordo, robusto, pelo enteramente


cano, que le cae por las espaldas, vestido antiguo y sencillo, sin corbata,
ni nada de afeite. Costumbres patriarcales , trato franco y ameno, cabeza
despejada, aunque ya olvida el nombre de las personas, talentos
vastísimos y algún tanto de vanidad”1, quien responde al nombre de
Jeremías Bentham. Había nacido en dicha ciudad el 15 de febrero de
1748, de padres judios, con tradición de juristas, lo cual le mueve a
estudiar derecho en la Universidad de Oxford. Por un tiempo ejerce la
abogacía. Su padre, al morir, le legó una considerable fortuna que le
permitió una vida confortable el resto de sus días.

El 1776 publica Fragmentos sobre el Gobierno que se atribuyó a


múltiples autores; en esta obra considera ficciones tanto el contrato
social como el derecho natural, enunciando, por vez primera, el
principio de utilidad, como “la mayor felicidad para el mayor número”.

Durante tres años viaja por Europa, llegando hasta Rusia,


gobernada, en ese entonces, por Catalina II “La Grande”; a su regreso
en 1787, se consagra a la misión de reformar las leyes y la moral,
editando en ese año, Principios de Moral y Legislación que logra gran
divulgación en los primeros años del siglo XIX. En 1802 publica
Tratado de Legislación Civil y Penal, adquiriendo fama en Europa y
América, convirtiéndose su obra en lo que hoy se llamaría un éxito
editorial, pués para 1830 se habían vendido cuarenta mil ejemplares;
en 1821 fue vertida al castellano por el profesor salmantino Ramón
Salas y al francés por Esteban Dumont; Francia le otorga la ciudadanía
y el parlamento inglés se interesa por su Panóptico. En 1808 conoce a
James Mill, con quien entabla larga y estrecha amistad, fundando el
Partido Radical Inglés, que influyó en muchas reformas liberales;
filosóficamente dan origen al Utilitarismo.

Sostuvo correspondencia con muchas personalidades de América,


entre ellas Francisco de Miranda, Francisco de Paula Santander y Simón
Bolívar, a quien le remitió una carta fechada el 13 de agosto de 1825,
a la cual el Libertador dio respuesta el 15 de enero de 1828.

1.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Benthamismo y Anthibenthamismo en
Colombia. Bogotá. Editorial el Búho. 1983, p. 7

77
Ezequiel Rojas

Jeremías Bentham
1748 – Londres – 1832

Filósofo y jurisconsulto británico creador del utilitarismo. Autor de


Introducción a los Principios de la Moral y la Legislación, Esbozo de un
Nuevo Sistema de Lógica, Defensa de la Usura, etc. Sin lugar a dudas, fue
el filósofo que más influyó en la conformación de los partidos políticos en
Colombia.
(Diccionario Hispánico Universal, Tomo II, W. M. Jackson, México, 1961, p. 69)

78
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Muere en su natal Londres el 6 de junio de 1832 dejando la estela


de su fama de filántropo y sabio. Póstumamente, en 1834, se publica
su Ciencia de la Moral o Deontología , como denominó a lo que hoy
se conoce como Teoría de los Valores.

Bentham conoció el principio de utilidad –así lo confiesa-, de la


lectura de Hume y dado su ánimo de buscar reformas al sistema legal
inglés del antiguo régimen y ponerlo a tono con las concepciones
liberales, con profundo sentido crítico, se da a la tarea de enseñar el
derecho, como debía ser y no como era. Basándose en el método
experimental, trata de encontrar una ciencia objetiva del
comportamiento humano y a la par desarrolla una crítica sin igual al
orden jurídico, estableciendo que la base tanto de la moral como de la
legislación es el principio de utilidad.

La política –afirma- consiste en gobernar a las personas a través de


sus intereses, puesto que cada persona se preocupa de sus propios
placeres y sufrimientos. Con el fin de lograr la cooperación que se
requiere para hacer posible la sociedad humana y llegar al anhelado y
necesario bien común, es preciso que el soberano, por medio de leyes,
identifique los intereses de las personas.

Bentham hace uso de la palabra placer en un sentido lato; de


bienestar, bien–estar, de felicidad: la mayor felicidad para el mayor
número . “El hombre no está de por sí ‘condenado’ al dolor para
‘después’ obtener la felicidad (tesis montanista), sino que está llamado
a la felicidad ya, desde aquí y ahora”2.

Con el fin de superar el subjetivismo sobre lo que es placer para unos


y dolor para otros, analiza los resultados de las acciones humanas en
relación con la felicidad, discerniendo entre lo bueno y lo malo, no solo
para la persona , sino en especial para la sociedad, dado que el hombre
no nace aprendido, ni con ideas a priori; por el contrario debe aprender,
ateniéndose a los hechos y a los datos de los sentidos, lo que le conviene
y a posteriori, lentamente, diferenciando entre el bien y el mal; “en este
sentido los benthamistas se muestran aristotélicos, frente al platonismo
de los antibenthamistas que defienden la existencia de ideas morales
innatas”3. A pesar del esfuerzo de sus planteamientos, no logra descifrar
en qué consiste el dominio soberano del dolor y del placer.
2.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit., p. 10
3.
Idem, p. 11

79
Ezequiel Rojas

Bentham representa la, en ese tiempo, moderna doctrina del


positivismo jurídico, que afirmaba que el derecho era creación exclusiva
del Estado, y por ende, eminentemente positivo, negando la existencia
de todo derecho natural en el sentido tradicional estoico-romano–
cristiano. Por ello, no aceptó en un principio la democracia, ni la
soberanía popular. El soberano, como tal, no podía tener limitaciones
dadas por normas universales. Rechazaba así los derechos del hombre
y no aceptaba que “la libertad pudiese ser el principio constitutivo de
la ley fundamental del Estado”4. Igualmente, rechazó el pacto social.
Fincó sus esperanzas en el Despotismo Ilustrado y esperó encontrar
apoyo en Catalina “La Grande”. Al no ver cristalizados sus anhelos,
viró posteriormente hacia la democracia y dejó de ser tory, pero no
llegó a ser liberal del todo. Sus concepciones de “la legislación, no
eran sino una de las expresiones de la racionalización del Estado
moderno, en la medida en que todas las actuaciones de este se supeditan
a estos tres principios: economía, simplicidad y eficacia. En otros
términos, no era sino un aspecto de la tendencia de la vida moderna a
llevar al Estado las formas y sistemas de operación propios de la
economía capitalista que de parte del Estado exigen una burocracia
técnica y un sistema racional del legislación, es decir, un sistema unitario
y sencillo de normas jurídicas de fácil conexión entre unas y otras, o en
otras palabras, un mundo de formas jurídicas que permitan la aplicación
del método deductivo y formen un todo armónico y racional”5.

Su objetivo fundamental fue “la reforma del antiguo régimen en


una dirección liberal... En su obra hay un aliento social y humanitario
que hace imposible la identificación del utilitarismo con un hedonismo
individualista puro y craso”6.

Tornando de allende los mares y nuevamente en nuestra Nueva


Granada, encontramos que con la Expedición Botánica se inició una
tendencia entre los estudiosos neogranadinos hacia la investigación
de la naturaleza, la observación de los hechos y de la realidad empírica,
que se contraponía cardinalmente a los métodos empleados por la
filosofía escolástica. En este ambiente se conoce la obra de Bentham,
4.
JARAMILLO URIBE, Jaime. El Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX. Bogotá.
Planeta Colombia Editorial. 1996, p. 181
5.
JARAMILLO URIBE, Jaime. Ob. Cit., p. 182
6.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit., p. 10

80
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

que dada la escasez de libros traducidos al castellano, se populariza


rápidamente. Su lectura es recomendada primero por Vicente Azuero,
después por Estanislao Vergara, Ezequiel Rojas y otros; amén, “por la
defensa que hacía de la institución de la propiedad y de las virtudes
burguesas, de las prácticas del homo economicus, había en el
pesamiento benthamista un elemento de conservadurismo que no
debía escapar a la inteligencia de hombres como Santander, Azuero,
Rojas y demás benthamistas neogranadinos”7.

La obra del filósofo inglés se conocía desde los albores de la


revolución neogranadina, como lo afirma su primer gran divulgador
Vicente Azuero, siendo “objeto de estudios y de las meditaciones
secretas de los Camilos Torres, los Camachos, los Pombos y otros ilustres
mártires y primeros fundadores de la independencia“8. La primera
mención que de Bentham se hace, se encuentra en La Bagatela,
periódico fundado y dirigido por Antonio Nariño, en la edición número
23 de 1811, con un texto inicialmente publicado por Blanco White en
el periódico El Español de Londres; referido a los bienes que devienen
de la libertad de imprenta, hoy denominada libertad de prensa. De lo
cual podemos deducir, que Nariño conocía su Tratado de Legislación.

Al consolidarse la República, en 1821, luego del triunfo militar y


definitivo del Puente de Boyacá, se entró a legislar en casi todas las
materias; dándose especial importancia a la educación, siendo
Santander su abanderado, ejemplo que hoy por desgracia muchos de
nuestros gobernantes olvidan con el pragmático y erróneo concepto
que la cultura no es rentable. Desconociendo o ignorando -no
invenciblemente- que la mayor fuente de riqueza es el conocimiento,
porque como lo didactizara el mirafloreño Luis A. Vargas, “es el poder,
la civilización y la grandeza de las naciones”; enfatizando ser un
imperativo propagar la educación, difundir las ciencias y los
conocimientos que son “motivo de orgullo de los pueblos”9. Ojalá al
despejarse este oscurantismo en el cual estamos penetrando, brille
nuevamente el sol de la cultura y la verdad. Post tenebras spero lucem,
reza un lema rector universitario.
7.
JARAMILLO URIBE, Jaime. “Pensamiento Colombiano en el siglo XIX, Bentham y el
Utilitarismo Colombiano en el siglo XIX”. En: Ideas y Valores. Enero-junio. 1962, p. 181
8.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit., p. 12
9.
VARGAS, Luis A. Ezequiel Rojas o el Padre de la Filosofía Liberal en América.
Bogotá. Editorial Atenea S.A. 1941, p. 52

81
Ezequiel Rojas

Es en este período, cuando el estudio del texto de Bentham se


impone como obligatorio; tanto como rechazo a la escolástica colonial,
como a la necesidad de remplazar el viejo orden jurídico por uno
nuevo, así como por ser inglés el autor, dada la anglomanía que
imperaba en la moda, la ya señalada escasez de libros traducidos a la
lengua de Castilla, sin descontar la atractiva figura del autor. El 8 de
noviembre de 1825 el Vicepresidente Francisco de Paula Santander,
en ejercicio del cargo y autorizado por el Presidente Libertador Simón
Bolívar y por el Congreso, introdujo el estudio de Bentham en la
Escuela de Derecho y en el “Plan de Estudios” del 3 de octubre de
1826; plan que habría de regir en la Universidad Central, creada
oficialmente el 18 de marzo anterior e inaugurada el 25 de diciembre
siguiente en la Iglesia de San Carlos (hoy San Ignacio), para la cual se
habían fusionado las Facultades de Jurisprudencia y Medicina del
Colegio Mayor de San Bartolomé – fundado por Bartolomé Lobo
Guerrero en los primeros años del siglo XVII-, las de Filosofía y Literatura
del Colegio Mayor de Nuestra señora del Rosario –fundado a su vez
por Fray Cristóbal de Torres- y la de Teología del Seminario10.

Desde el momento en el cual Vicente Azuero en los claustros del


San Bartolomé , inicia la enseñanza del benthamismo, se levanta la
voz opositora del padre Francisco Margallo. Ahora, con estos nuevos
decretos, aumenta la oposición y Bolívar ante el clamor de los padres
de familia, suspende su enseñanza el 22 de marzo de 1828, motivando
que la obra del inglés, “al lado de máximas luminosas contiene muchas
opuestas a la moral y a la tranquilidad de los pueblos”11; llegándose
incluso años más tarde, por parte del arzobispo de Bogotá, a prohibir
la absolución a los estudiantes de Ezequiel Rojas en el Colegio del
Rosario. Durante la segunda administración de Santander, la enseñanza
del benthamismo es reestablecida y su influencia se prolongará hasta
1870 con figuras como Ezequiel Rojas, Medardo Rivas, Ángel María
Galán, Francisco Eustaquio Álvarez, Ramón Gómez y Aníbal Galindo.

Es pertinente aclarar aquí algunos aspectos: nuestros benthamistas


recibieron la filosofía de su maestro con beneficio de inventario, nunca
10.
OCAMPO LÓPEZ, Javier. "Los Orígenes Oficiales de las Universidades
Republicanas en la Gran Colombia. 1826-1830". En: Revista Historia de la Educación
Colombiana. Nos. 3 y 4. 2001. Tunja, p. 35
11.
JARAMILLO URIBE, Jaime. “Pensamiento Colombiano en el siglo XIX, Bentham
y el Utilitarismo Colombiano en el Siglo XIX”, p. 13

82
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

renunciaron a sus concepciones cristianas; recordemos que se habían


educado en los claustros bartolinos, rosaristas y tomasinos, regentados
por religiosos, ya jesuitas, ya dominicos; además, practicaban la religión
católica, razón por la cual, la ley de enseñanza pública de Santander,
ordena a los profesores apartarse de aquellas doctrinas que no estén
conformes con la moral católica; “si alguno o algunos [autores] tuvieren
doctrinas contrarias a la religión, a la moral y a la tranquilidad pública
o errores por algún motivo, los catedráticos deben omitir la enseñanza
de tales doctrinas” 12.

Aceptan la existencia tanto de leyes naturales como de una


conciencia moral, pero corresponde a cada uno “aprender a posteriori
dichas leyes morales y la conciencia debe ser formada mediante la
experimentación y reflexión, para poder concluir qué es lo bueno y
qué lo malo con relación al fin último del hombre: la felicidad...[el
principio de utilidad es] un método de conocimiento y formación de la
conciencia moral” 13.

El término placer (que tanto escandalizó a los antibenthamistas


-que lo tomaban análogo a la mera carnalidad-, afirmaban, era contrario
a los principios cristianos, dado que el hombre viene al mundo a sufrir,
cual Jesucristo lo hizo durante 33 años, según lo expresara don Ricardo
de la Parra ), era tomado por nuestros benthamistas en el amplio sentido
de felicidad; “como placer o bienestar alcanzable aquí en la tierra (aún
admitiendo que la felicidad suma solo se da en el cielo), constituía el
ideal profundo de la burguesía europea” 14; amén tal ideal no era
egoísta, por el contrario contenía un sentido eminentemente social; “la
mayor felicidad para el mayor número”.

Los benthamistas neogranadinos no se plegaron ciegamente y en


forma absoluta a lo planteado por Bentham en su obra. Por el contrario,
la tomaron como ya lo señalamos, con beneficio de inventario,
modificándola y adaptándola en ciertos aspectos.

El utilitarismo, en la vertiente benthamista, no era inmoral, como lo


sostenían tosudamente sus contradictores. Era una concepción de la
12.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit., p. 52
13.
Idem, p. 23
14.
Idem, p. 15

83
Ezequiel Rojas

vida según el espíritu burgués, que en algunos aspectos se oponía a la


concepción que de la vida tenía el cristianismo y en especial el hispano.
Aníbal Galindo afirmó que bajo sus luces se formaron una pléyade de
funcionarios públicos, eficientes y honestos, que inicialmente se habían
educado en las ideas reformistas de Carlos III y sus consejeros, en las
postrimerías de la colonia, que buscaban modernizar la administración
pública, darle eficacia a la economía, orden y simplicidad a la legislación
y racionalizar la gestión gubernativa y el benthamismo se encontraba
en ese orden de cosas. Además, sus contradictores se opusieron tan
solo desde un punto de vista ético–religioso, más no plantearon
soluciones que pudieran sustituirlo.

Si atisbamos en los hombres más influyentes de la Nueva Granada


en época de Santander, como Castillo y Rada, Francisco Soto, Lino de
Pombo, José Ignacio de Márquez, Rufino José de Cuervo y otros más,
reparamos que fueron: abogados, hombres de negocios y funcionarios
públicos que acataron en su diario vivir los principios de la burguesía.
Rufino Cuervo, nos recuerda el profesor Jaramillo Uribe, “poseía las
virtudes típicas del hombre burgués, sobre todo del burgués inglés:
honradez, sentido de cumplimiento, vida ordenada, tanto en la
generalidad de hábitos como en las finanzas privadas, amor a la ley,
religiosidad discreta y tolerante, cumplido padre de familia,
transaccional en política, mundano y dotado de grandes condiciones
para la política y la diplomacia”15.

Además, sigue diciendo el profesor Jaramillo, “Bentham brindaba


un código ético de virtudes burguesas también racionales, que se
acomodaban muy bien a los impulsos e intereses de una clase formada
por abogados, comerciantes y hombres de ciudad. Orden, sobriedad,
parsimonia, sencillez, religiosidad individual, espíritu cívico y un
concepto de bienestar y placer mantenido dentro de términos
mundanos discretos (frugalidad en los gastos, equilibrio de las pasiones)
que unidos a las necesidades y tendencias de la época, le aseguraron
el favor de gran parte de las clases dirigentes neogranadinas, durante
los cuatro lustros siguientes a nuestra independencia” 16.

15.
JARAMILLO URIBE, Jaime. El Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX, p. 199
16.
JARAMILLO URIBE, Jaime. Ob. Cit., p.185

84
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

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Ezequiel Rojas

Detalle de la tumba de José Ezequiel Rojas Ramírez en el Cementerio


Central de Bogotá
(Fotografía de P. Gustavo Huertas R. Mayo 1/2006)

86
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

3
L EGADO I NTELECTUAL

Ricardo de la Parra, nacido en Iza el 20 de noviembre de 1815,


bachiller en filosofía y letras de la Universidad del Rosario, médico,
abogado, literato, filósofo, soldado, orador y maestro en el Colegio de
Boyacá, muerto en Envigado (Antioquia ) el 9 de abril de 1873, autor
del tratado La Elefantiasis en los Griegos en cuya obra invirtió casi
cinco lustros de estudios, y en el cual discurre todo lo relacionado
sobre la enfermedad esfinge, escribe durante los días 3, 7, y 15 de
Septiembre de 1868 y 10, 20, 24 y 27 de julio del siguiente año sus
“Cartas sobre Filosofía Moral”, dirigidas a Ezequiel Rojas y publicadas,
en pequeños folletos.

Señala –palabras más, palabras menos- en las mismas, que el fin


del hombre no puede ser el sensualismo y la voluptuosidad, el objeto
de la moral es el perfeccionamiento de la criatura moral, perfección
que lleva a la vida con Dios. El único medio de la moral es la virtud
que triunfa de la tentación que es deleite y placer. El bien moral es
Dios y éste no implica el goce ni el placer, el fin de la moral es unirse a
Dios que es su base y fundamento.

87
Ezequiel Rojas

La sensación es totalmente diferente de la impresión. La primera


queda en el plano síquico, la segunda en el material. Entre una y otra
existe una relación de concomitancia, las sensaciones no enaltecen las
altas cualidades espirituales, los órganos tan solo nacen y mueren.

El alma está dotada de tres distintos poderes a saber, la sensibilidad,


elemento afectivo; la inteligencia, elemento pensante y la voluntad.
Cada uno de ellos es uno y distinto a los otros que se complementan
en un todo. La sensualidad se queda en el plano material, no se
sublimiza.

El utilitarismo lleva al ateismo, por su esencia que es la sensualidad


se contrapone a la virtud; siguiendo sus doctrinas es imposible llegar al
concepto de belleza, de bondad, de perfección; el sensualismo es
incompatible con la nobleza de carácter, no ensalza, sino que degrada
al hombre. Rebaja el alma humana a la mera sensibilidad, reduce
todo a sensaciones destruyendo la virtud: reconoce solo una de las
tres potencias del alma: la sensibilidad, esclavizando el alma humana
al mundo exterior, al mundo de las pasiones, sin que exista un mundo
ulterior.

La felicidad predicada por el sensualismo está en contra de la verdad,


ya que la felicidad no es solo placer, la verdad es de un orden más
elevado a los placeres; igualmente la bondad es superior a la felicidad
y la virtud, la belleza, la grandeza, la dignidad y la justicia son igualmente
superiores a la felicidad.

Aún cuando la moralidad y la utilidad en las más de las veces son


armónicas, no lo son, y solo demuestran el orden del mundo; el error
del utilitarismo consiste en hacerlas sinónimas.

Las virtudes que predica el utilitarismo no son aceptables a la luz


del mismo, ya que requiere un mal inmediato para buscar un bien
mediato, por lo cual son pseudo inmorales, algo así como cuasi delito.
Lo propio ocurre con los vicios que por tener sus felicidades inmediatas
serían morales o permitidos” 1.

1. SALAZAR CÁCERES, Carlos Gabriel. Apuntes para una Historia de la Filosofía del
Derecho en Colombia. Tesis de Grado. Universidad Santo Tomás. Bogotá, 1973, p. 64.

88
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Finalmente, desafía a Rojas, para que cada uno de ellos escriba un


libro con sus tesis filosóficas y los sometan a la Academia de Ciencias
Políticas y Morales del Instituto de Francia, a la Real Sociedad de
Londres y a las veinte universidades de Alemania. Rojas acepta el reto
y escribe su Filosofía Moral que envía a las citadas academias, con
una extensa carta de presentación y justificación fechada el 20 de julio
de 1869, en la cual afirma:

“El hombre, cualquiera que sea el idioma que hable, el clima que
habite, o la religión que profese, halla en el fondo de su corazón un
impulso irresistible hacia la felicidad; que no se llama ni se considera
feliz cuando sufre...cree sí haber logrado la felicidad...cuando sus
sensaciones son agradables, lo que solo sucede cuando ni males físicos
ni morales lo afectan: que este es el estado que anhelamos y este el fin
que nos proponemos en todas nuestras operaciones”2... el hombre por
sus acciones y únicamente por ellas, es que puede llegar al punto a donde
lo conducen sus deseos, las acciones que le produzcan sufrimientos lo
alejarán de su fin: las que le produzcan sensaciones agradables es decir
bienes o le eviten males lo conducirán al centro de su gravitación, esto
es a su felicidad”3. “Como los hombres tienen la natural propensión de
improbar lo que les perjudica y aprobar lo que les aprovecha, formaron
fácilmente un catálogo de acciones que llamaron buenas o virtuosas y
otro de las que llamaron malas o viciosas...como los bienes de las
primeras eran palpables y los males de las segundas igual, se creyó que
este lo sabía desde antes de nacer y lo llamaron conciencia, derecho
natural, sentido íntimo, razón eterna, etc.”4; “nuestras ideas acerca de la
existencia de leyes naturales está reducida a lo siguiente: 1) Que no es
infusa en los hombres la ciencia de lo bueno y de lo malo; 2) aplicando
los medios de conocer al examen de las acciones humanas se ha conocido
el enlace entre ellas y los efectos de que son causa que es a lo que damos
el nombre de leyes naturales; 3) que por este proceder se ha conocido la
influencia de las acciones sobre la felicidad de los hombres y se ha
formado un catálogo de máximas cuya práctica es esencial para la dicha
y conservación de nuestra especie y es esta colección de máximas la
que se ha supuesto que tenemos grabadas"5.
2.
ROJAS, Ezequiel. Escritos Eticos. Biblioteca Colombiana de Filosofía. Universidad
Santo Tomás. Bogotá, 1988.
3.
ROJAS, Ezequiel. Ob. Cit., p. 7
4.
Idem, p. 8
5.
PLAZAS CASTAÑEDA, Hernando. "Breve Biografía de Ezequiel Rojas". En: Boletín
Cultural y Bibliográfico. Biblioteca Luis Ángel Arango. Volumen XII. No. 1. 1969. p. 27

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Ezequiel Rojas

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Ante las diversas definiciones que se han dado de las leyes naturales
que obran en el hombre, empezando por la de Ulpiano, quien afirma
que son las enseñadas por la naturaleza a todos los animales, pasando
por las que pregonan que son aquellas que Dios promulgó al género
humano por medio de la recta razón, continuando con las que la eterna
razón graba en todos los corazones, terminamos con Montesquieu para
quien las leyes naturales son: las que inclinan al hombre hacia su
Creador, las que lo inclinan hacia la paz, las que lo mueven a
alimentarse y las que lo inclinan a vivir en sociedad.

Ante las contradicciones e incoherencias de los jurisconsultos,


Bentham señala que solo el método analítico es el único que “puede
formar y perfeccionar las ciencias de la moral y la legislación” 6, análisis
que solo es posible mediante el principio de utilidad.

Si bien los gobiernos pueden valerse del móvil de la religión para


reprimir los delitos y fomentar la virtud, por lo cual es aconsejable
aumentar la fuerza del sentimiento religioso, la revelación no es principio
universal de legislación; la base de las ciencias, la moral y la legislación
está en la naturaleza de las cosas. “El robo, el asesinato, el perjurio, la
venganza personal, etc., etc., son acciones opuestas a la felicidad de los
hombres, en todos los puntos del globo, son malas por su naturaleza
misma, independientemente de los preceptos de todas las religiones”7.
“Las sociedades reciben la felicidad o la desgracia inmediatamente de
las acciones de los hombres” 8. El legislador universal ha dejado en la
naturaleza de los hombres “una propensión invariable a evitarse el mal
y a proporcionarse el bien” 9. “El descubrimiento de las inclinaciones
naturales del hombre ha suministrado el medio de dirigir su conducta y
le ha establecido una base sólida a la ciencia legislativa” 10.

Los actos humanos tienen como los cuerpos propiedades que le


son inherentes, es decir que son leyes de su naturaleza: “estas
propiedades afectan a los hombres, haciéndolos felices o desgraciados,
buenos o malos, morales o inmorales, meritorios o dignos de castigo,
6.
PLAZAS CASTAÑEDA, Hernando. Ob. Cit., p. 26
7.
Idem, p. 32
8.
Idem, p. 34
9.
Idem, p. 34
10.
Idem, p. 35

91
Ezequiel Rojas

justos o injustos, virtuosos o viciosos, rectos o torticeros. Cada una de


estas propiedades tiene su razón de ser y esta razón de ser se halla en
propiedades inherentes en el hombre y en las cosas, en otros términos,
en las leyes de naturaleza” 11 . “La moral tiene por objeto dirigir la
conducta de los hombres por el sendero que los conduzca a la felicidad
y les evite la desgracia... la desgracia y la felicidad (el bien y el mal)
consisten en el modo como siente el alma, las penas son las que hacen
desgraciados a los hombres en esta vida y en la futura: la satisfacción
de las necesidades del cuerpo y del alma es la que los hace felices; o lo
que es lo mismo, las sensaciones penosas constituyen la desgracia, las
agradables la felicidad"12. Como evidencias de lo anterior señala:

1) “El testimonio del linaje humano” que busca su bienestar y progreso,


que anhela evitarse penas físicas y morales, que tiene distintas
necesidades, que tiende a satisfacer; cuando sufre y es desgraciado
desea salir de esa situación y gozar de bienestar y sentirse
agradablemente y hallarse contento deseando permanecer así,
considerándose feliz.

2) “La conducta de los individuos de la especie humana” cuya


ocupación es asegurarse medios para satisfacer sus necesidades,
evitarse penas y proporcionarse gozos, todos desean adquirir
riquezas, conservarlas y aumentarlas, aún quienes predican contra
ello; tales riquezas satisfacen necesidades, evitan penas y
proporcionan goces, todos desean vivir sin sufrimiento y gozando.

3) “El motivo que mueve a los hombres a causarse penas”, cuando


lo hacen, busca evitar otras mayores o proporcionarse goces
superiores.

4) “Las leyes divinas naturales” dado que es ley de la naturaleza


humana, como la gravitación universal “huir de las penas y buscar
los goces. El autor de esta ley quiso, pues, que los hombres buscasen
el placer y huyesen de las penas. Dios colocó, por medio de sus
leyes, la felicidad y la desgracia en el modo de sentir del alma” 13.
11.
ROJAS, Ezequiel. Ob. Cit., p. 43
12.
Idem, p. 45
13.
Idem, p. 46

92
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

5) “Las leyes divinas reveladas. Jesucristo... enseñó... que las almas


de los que no cumpliesen su ley sufrirán penas eternas, y que las
de aquellos que las cumplan tendrán goces eternos... es pues de
fe, que las penas constituyen la desgracia y los goces la felicidad...
Dios es autor de la felicidad, es su causa; él da el modo de ser que
se llama felicidad... las sensaciones constituyen la felicidad y la
desgracia; es decir el bien y el mal; pero ellas no son ni buenas ni
malas... las penas son el mal; pero ellas no son ni buenas ni malas,
y los goces son el bien, pero ellos no son ni buenos ni malos. Los
actos humanos que producen las penas o los placeres, son los
buenos o malos... decir que las penas son las que constituyen la
desgracia no es decir que todo acto que produce pena sea malo,
hay muchos actos que producen penas y que son buenos... Decir
que el placer constituye la felicidad no es decir ni establecer que
todo acto que produce placer sea bueno: hay muchos actos que
producen placeres que son malos, los vicios por ejemplo” 14.

Un acto es bueno cuando evita penas y proporciona goces; si causa


penas e insatisfacciones es malo. La bondad o maldad de los actos no
depende de la voluntad de los hombres sino de propiedades que le
son inherentes; su bondad o maldad existe desde que existen los
hombres, los malos han sido prohibidos por leyes divinas y humanas,
por ser malos; la prohibición no los hizo tales. Los buenos han sido
mandados por serlos, no son las leyes quienes los han hecho buenos.
Aun sin leyes los actos han sido buenos o malos.

Dios en el decálogo prohibió los actos que causan pena (robar,


matar) y los calificó de malos, en tanto que aquellos que ejercitan la
benevolencia, la beneficencia, la justicia, la virtud, son buenos. Las
acciones producen a la par penas y goces; las que producen más penas
son malas como los vicios, en tanto las que producen más goces son
buenas como las virtudes; los actos malos lo son porque producen
más penas que goces a la sociedad y serán buenos porque le producen
más goces que penas. Así como las penas hacen la desgracia de los
hombres y los goces su felicidad, los actos malos hacen la desgracia de
la sociedad y los buenos su felicidad. Formar catálogos de los actos
que producen más penas y de los que producen más goces es formar
14.
Idem, p. 47

93
Ezequiel Rojas

catálogos de actos que hacen desgraciadas o felices a las sociedades,


es formar catálogos de actos buenos o malos, es decir de los que se
deben prohibir o mandar, y ello es formar la moral universal. La facultad
que puso Dios en el alma, de sentir, y la razón de ser buenas o malas
las acciones constituyen el fundamento de la moral. Los actos por
naturaleza son buenos o malos “y los hombres pueden ejecutarlos
voluntaria o involuntariamente, con conocimiento o sin él. El hombre
solo puede ser responsable de los actos que dependen de su voluntad
y ejecuta con conciencia ... los legisladores no pueden castigar ni
premiar actos involuntarios o ejecutados sin conocimiento: esto sería
innecesario, estéril y por lo mismo injusto. La voluntad y conocimiento
con que se ejecutan los actos es lo que constituye la responsabilidad
de sus autores. El delito lo constituye el hecho de violar un precepto
legal con voluntad y conocimiento. El código penal es un catálogo de
actos prohibidos: si solo se han prohibido los actos malos es un catálogo
de actos malos, pero no es un catálogo de delitos” 15.

El mérito de los actos, lo que los hace dignos de aplauso o


recompensa, está en su bondad, moralidad con que se ejecutan,
motivos determinantes, dificultades vencidas, sacrificios, en tanto que
lo contrario conlleva a su demérito.

Estos fueron los planteamientos hechos por Rojas en la carta de


presentación a su obra Filosofía Moral, que envió a la Sociedad de
Londres, al Instituto de Francia y a varias universidades alemanas,
dando así respuesta al reto que le propusiera don Ricardo de la Parra
de someter sus obras a dichos jueces; no obstante, de la Parra jamás
escribió su libro, y por ende nunca se realizó el juicio académico que
se habían propuesto.

Llama la atención que está carta esta fechada en 1869. En ella hace,
como lo acabamos de destacar, importantes apreciaciones sobre el
derecho penal, no solo afirmando los postulados de la escuela clásica
del derecho penal, sino afirmándose con Francesco Carrara en la
concepción del delito como ente jurídico, que plasma y desarrolla en
su “Programa de Derecho Criminal” publicado en 1877, -parece que
se inicia en 1859-. El delito, como ente jurídico, conlleva una
15.
Idem, p. 52

94
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

contradicción entre la conducta de la persona y el derecho positivo, o


Ley del Estado promulgada para proteger a los asociados. Para Rojas,
el delito es el hecho de violar un precepto legal, es decir, el mismo
derecho positivo, la misma ley del Estado a que aluden los clásicos y
con ellos Carrara. Por otro lado, asevera que la persona solo puede
responder de los actos que dependen de su voluntad ejecutados
conscientemente; el delito es la violación consciente y voluntaria del
precepto legal.

Para el pensamiento carrariano, el delito es la violación del derecho


por “un acto externo que hubiese provenido de una voluntad
inteligente y libre”, siendo la resultante de dos fuerzas: una física y otra
moral; cada una de las cuales debe considerarse en su causa y en su
efecto; así, la fuerza física en su causa, es el comportamiento físico del
hombre y en su efecto es el daño inmediato; la fuerza moral considerada
en su causa es la voluntad inteligente y libre que precede, orienta y
caracteriza la conducta y en su efecto es el daño mediato consistente
en el temor para los buenos y el mal ejemplo para los malvados” 16.

El hombre solo puede ser responsable de los actos que dependan


de su voluntad y que realice conscientemente, señala Rojas, indicando
que no se debe castigar el acto ejecutado sin voluntad o sin
conocimiento, porque son éstos, la voluntad y el conocimiento, los
que constituyen su responsabilidad, y los clásicos afincan la
responsabilidad en el libre albedrío, postulado fundamental del
iusnaturalismo: “el hombre es libre y por serlo es responsable
penalmente de sus actos y en la medida que lo sea. [En el delito se
necesita que] exista una fuerza psíquica, una voluntad que obre y esta
voluntad debe ser libre: el grado de libertad con que se actúe determina
la medida de la responsabilidad. "Suprimida del todo la libertad, no
hay lugar a pena. Si el grado de libertad disminuye, proporcionalmente
disminuirá la pena", dice Carrara17.

Empero, no debemos olvidar, que el verdadero fundador de la


denominada escuela clásica del derecho penal fue César Becaria, con
su obra De los Delitos y de las Penas, escrita en 1764, a quien siguieron:
16.
AGUDELO BETANCURT, Nodier. El Pensamiento Jurídico-penal de Carrara.
Editorial Temis. Bogotá. 1988. p. 21
17.
AGUDELO BETANCURT, Nodier. Ob. Cit., p. 23

95
Ezequiel Rojas

Romagnosi (1761-1835), Filangieri (1752-1788), Pagano (1749-1800),


Rossi (1787-1848), Carnignani (1768-1847), Carrara (1805-1888),-
contemporáneo de Rojas (1804-1873) y Pesina (1828-1917).

La razón es lógica, los planteamientos de la escuela clásica eran


demoliberales y estos eran los mismos de nuestros libertadores y de
los primeros organizadores de la república, que habían abrevado,
repetimos, en las fuentes del iusnaturalismo.

“Examinando la carta de Ezequiel Rojas -apuntó el filósofo


hispanocolombiano Germán Marquinez-, encontramos una vez más
la identificación del placer con la felicidad, la subordinación de los
placeres inferiores a los superiores y el reconocimiento de que el hombre
está llamado a la felicidad por instinto natural, impresa por Dios en su
naturaleza. Reconoce la existencia de leyes naturales objetivas. Se
opone en consecuencia al subjetivismo moral y al positivismo jurídico...
Es verdad que hace depender el reconocimiento del bien y del mal de
los placeres o de las penas que causan las acciones y que a este
reconocimiento lo llama ‘sentir’; pero es claro que no se trata de un
sentir meramente animal (los animales carecen de moralidad) sino de
un sentir intelectivo, es decir, de la experiencia sensitiva –intelectiva
que implica reflexión. En el fondo, pues, póstula el método analítico”18.

Refiriéndonos ya al polémico libro Filosofía Moral, que se publicó


inicialmente por entregas en la Revista de Colombia en 1862, y ya
como volumen en 1868, en la Imprenta de la Nación por parte de la
misma Revista, reeditado en 1881 por su sobrino Ángel María Galán,
hijo de su hermana Concepción quien había casado con Ignacio Galán
y vivido en Tunja donde murió. La obra fue publicada junto con las
demás del autor en dos volúmenes, con un total de 470 páginas. Un
siglo después, la Universidad Santo Tomás en su Biblioteca Colombiana
de Filosofía, reeditó la obra de Rojas en edición facsimilar en 1988,
bajo el título de Escritos Éticos; con un importante estudio del filósofo
de la liberación Germán Marquinez, al cual aludiremos más adelante,
en tanto pretendo resumir lo más breve y claro posible el pensamiento
de Ezequiel Rojas, que tantos admiradores atrajo y denostadores le

18.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Benthamismo y Antibenthamismo en
Colombia. Bogotá. Editorial El Búho. 1983. p. 31

96
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

atacaron ferozmente; la cual como él lo señala varias veces, no habían


leído, e instaba a que lo hicieran, para que sus críticas fueran
verdaderamente objetivas y académicas y no tan solo subjetivas, como
lo fueron las más de las veces.

Expone el profesor Rojas:

Todo se encuentra sometido a las leyes naturales, el conocimiento


de las mismas conforma la ciencia. El hombre no escapa a ellas, siendo
la sensibilidad una de éstas, que se le representa mediante el placer o
la pena. La otra es la facultad de desear. Hay cosas que tienen la
propiedad de proporcionarle bien y son deseadas y buscadas, son las
buenas. Las contrarias son las malas. Es deseo constante del hombre
no sufrir. La felicidad es el objeto tanto de la moral como de las leyes y
unas y otras serán buenas en cuanto le aseguren la felicidad, malas en
tanto le conlleven la desgracia. Desgracia y felicidad son modos de ser
del hombre, en él reside lo bueno y lo malo, por ende en él reside el
fundamento y base de la moral y la legislación. Las sensaciones penosas
constituyen la desgracia en este y en el otro mundo, en tanto las
agradables a la felicidad. Por ello la base fundamental de la moral y la
legislación radica en la sensibilidad.

Para que la moral y las leyes lleguen a su cometido, es preciso que


prohíban las cosas malas, establezca los medios para que no se
comentan pecados ni delitos, proporcionando así la felicidad de los
hombres. Dios colocó la felicidad y la desgracia en la sensibilidad con
que dotó su alma.

Para exponer su pensamiento plantea siete proposiciones principales


y algunas accesorias, que desarrolla en una forma no solo lógica, sino
didáctica, ordenada y armoniosa, que hizo exclamar a su coterráneo
Luis Vargas muchas décadas después: “sus obras son obras de doctrina.
Rara vez se tropieza con un escritor tan lógico, tan preparado, tan tenaz y
valeroso en la exposición del pensamiento profesado por convicción,
acerca de los hechos y el derecho, tan lógico en los argumentos y en las
conclusiones” 19. Esto lo afirmaba al escribir su tesis de grado para obtener

19.
VARGAS, Luis A. Ezequiel Rojas o el Padre de la Filosofía Liberal en América.
Bogotá. Editorial Atenea S.A. 1941. p. 51

97
Ezequiel Rojas

el título de doctor en derecho en la Universidad Externado de Colombia,


en los albores de la década del cuarenta.

Las proposiciones planteadas y el desarrollo de las mismas, son las


siguientes:

1. ¿Qué es la moral, arte o ciencia?


La moral es el conjunto de preceptos con fundamento en la
naturaleza humana, que señalan al hombre lo mandado, prohibido o
permitido. Conjunto de preceptos que no ha sido semejante en todas
partes.

2. La ciencia de la moral tiene por fundamento la naturaleza del


hombre y de las cosas.
El hombre es compuesto de cuerpo y alma, la sensibilidad es un
atributo de esta, de ella nacen sus acciones, hábitos y costumbres que
producen efectos en sí mismo y en los demás, que les dañan o les
aprovechan. La felicidad y la desgracia son modos de ser del hombre
que son efectos de sus acciones. Como Dios le ha permitido al hombre
el conocer, la moral es una ciencia que tiene por base la naturaleza
humana.

3. ¿En qué consiste el bien y el mal, qué es la felicidad y la


desgracia?
El bien es la ausencia de sensaciones penosas y presencia de las
agradables, la satisfacción de las necesidades de cuerpo y alma; en
sentir agradablemente. Los hombres buscan evitar los sufrimientos y
proporcionarse lo agradable, es decir el bien. Aspiran y dirigen sus
esfuerzos en buscar el bien y evitar el mal. Las sensaciones agradables
constituyen el bien, el sufrimiento es el mal. El bien es el goce
acompañado de ausencia de pena.

Dios sometió a leyes toda la creación y en ella se encuentra escrita


su voluntad; una de esas leyes ordena que el hombre huya del dolor y
busque el placer, que satisfaga sus necesidades por medios buenos y
no malos. Los legisladores de todos los tiempos y lugares han
reconocido las leyes naturales y de ellas se han servido para gobernar;
el perfeccionamiento y progreso de los hombres radica en procurarse
goces y evitarse penas.

98
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Las leyes divinas, tanto naturales como reveladas, prueban que las
penas producen desgracias y los goces felicidad.

“Jesucristo vino a redimir al hombre de las penas eternas y a


asegurarle la bienaventuranza: por esto les trazó la conducta que debía
seguir; confirió su ley; prohibió lo malo, mandó lo bueno y estableció
sanciones para hacer cumplir sus leyes; Jesucristo, pues, reconoció las
leyes de su padre, reconoció que la desgracia la constituyó él en el
sufrimiento y la felicidad en la satisfacción de las necesidades del alma
y del cuerpo, es decir en los goces; y por ésto, se valió de las penas y de
los placeres para dirigir la conducta de los hombres, de manera que
consigan su felicidad eterna. Esta es la filosofía de Jesucristo y la mía”20.
El mal está constituido por las sensaciones penosas y el bien por las
agradables.

4. ¿Cuál es la cualidad que caracteriza de buenas o malas las


acciones humanas?
Los adjetivos bueno y malo son signos que representan cualidades
de los seres y que no existen sin un sujeto. Lo bueno es la cualidad de
una cosa para obtener un fin. La propiedad de las acciones para
conseguir la felicidad es lo bueno, lo que hace la desgracia es lo malo,
tales propiedades son inherentes a la naturaleza.

No es la voluntad de los hombres lo que constituye que las acciones


sean buenas o malas. La bondad o la maldad es intrínseca en las
acciones, en las leyes y en las instituciones. Son propiedades inherentes
a su naturaleza.

El que las acciones produzcan bienes o males, está en su naturaleza,


pero el que sean morales o inmorales radica en la voluntad y
conocimiento de quien las ejecute. Bueno o malo son propiedades
existentes en las acciones que afectan a los hombres haciéndolos
desgraciados o felices . La propiedad de una acción de hacer el bien o
el mal no se destruye, porque circunstancias especiales le impidan
producir sus resultados en un caso determinado.

20.
ROJAS, Ezequiel. Obras. Bogotá. Imprenta Especial. 1881-1882, p. 95.

99
Ezequiel Rojas

Los legisladores tienen por misión el deber de establecer los medios


adecuados para impedir las acciones que hacen mal general y permitir
o mandar las que hacen bien a la comunidad. Las leyes están así
subordinadas al bien general.

Las penas y los sufrimientos físicos y morales hacen desgraciados a


los hombres. Lo que caracteriza las acciones malas es la propiedad
que tienen de hacer la desgracia de los hombres. La razón por la cual
las acciones son malas es porque causan penas y la razón porque las
instituciones y las leyes sean buenas porque evitan penas.

Pero, penas y sufrimientos son sensaciones, luego en la sensibilidad


está la razón de lo bueno y lo malo.

5. ¿ Cuáles cualidades caracterizan las acciones de morales o de


inmorales?
La maldad de las acciones radica en la propiedad que tienen de
hacer desgraciados a los hombres y su bondad en su felicidad,
propiedades que son inherentes a su naturaleza; su conocimiento
constituye la ciencia de la moral, que como toda ciencia describe las
leyes de la naturaleza que son inmutables y universales. La ciencia de
la moral estudia la fuerza motriz de las acciones humanas, que es la
voluntad, es decir la facultad de escoger. Las penas y las recompensas
son las palancas que Dios estableció para moverlas, y de esta ley se
deben servir los gobernantes para castigar a quienes violan los preceptos
y recompensar a quienes los cumplen.

Los hombres pueden ejecutar acciones prohibidas con voluntad y


conocimiento de violar los preceptos, estas acciones son inmorales o
injustas; por el contrario, si el precepto se cumple con voluntad y
conocimiento la acción será moral y justa.

La característica de inmoralidad de un acto radica en ser contrario al


precepto moral, ejecutado con voluntad y conocimiento; siendo así, el
delito, es la voluntaria y maliciosa violación de la ley; por ende, el
Código Penal no es un catálogo de delitos, sino de acciones malas, el
delito se realiza cuando la acción mala se comete voluntaria y
concientemente.

100
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

La bondad o maldad de las acciones difiere de su moralidad, su


fundamento está en la voluntad y el conocimiento con que se ejecutan.

Hay hombres desgraciados por sufrimientos físicos o morales, que


tratan de evitar, y cuando los buscan voluntariamente, es para eludir
otro mayor.

La tendencia a satisfacer la necesidad es ley natural a la cual Dios


ha sometido al hombre. Si el hombre careciere de sensibilidad no
tendría necesidades y las cosas no tendrían valor, no habría deseo, ni
habría acciones buenas, ni malas, ni derechos, ni obligaciones; porque
el hombre tiene necesidades, hay deseo de adquirir medios para
satisfacerlas, hay necesidad de lo mío y lo tuyo y hay medios buenos y
malos de adquirir; “hacer buenos a los hombres, es decir, hacer que
no ejecutasen las acciones malas, que obedecieren la ley de Dios, que
no se causasen penas de ningún género los unos a los otros y que se
hiciesen bien ayudándose en la satisfacción de sus necesidades, fue la
misión de Jesucristo” 21.

El alma es sensible; en el modo como siente están la desgracia y la


felicidad, el mal y el bien, los cuales radican en la sensibilidad, siendo
esta el fundamento de lo bueno y lo malo; y al desprenderse del cuerpo
mantiene esa sensibilidad encontrando en la otra vida penas o
recompensas que harán su desgracia o su goce.

Como es ley de la naturaleza de las acciones, que estas producen a


la vez bienes y males, serán buenas las que produzcan muchos bienes
y pocos males y viceversa; para descubrir cuales son las unas y cuales
las otras, es preciso contabilizar y sopesar, tanto los bienes como los
males que tienen la propiedad de producir. Son las acciones las que
producen goces y penas; la riqueza, la seguridad, el orden, la paz, el
buen gobierno; no son la felicidad, pero la proporcionan.

5.1 ¿Cuáles son las cualidades que constituyen el mérito y demérito


de las acciones?
Los cuerpos y las acciones tienen existencia y propiedades de distinta
clase, el hombre no tiene conocimiento infuso de ellas, porque no hay
21.
ROJAS, Ezequiel. Ob. Cit., p. 133

101
Ezequiel Rojas

ideas innatas, todo el conocimiento es adquirido; entre estas


propiedades está la bondad, maldad, moralidad, inmoralidad, mérito,
demérito. La bondad o maldad consisten en la propiedad de hacer la
felicidad o desgracia de los hombres; la inmoralidad, la violación de
preceptos morales cometidos con voluntad y conocimiento. El mérito
lo constituye las cualidades o circunstancias que las hace dignas de
aprobación, aplauso o recompensa. El demérito las de reprobación o
castigo. Tanto el mérito como el demérito son susceptibles de más o
menos; las acciones son dignas de aprobación, recompensa y mérito,
por su bondad, por los motivos que la determinan, por los obstáculos
vencidos, por los sacrificios hechos y por su moralidad. Cuantos
mayores bienes produzca la acción y a mayor número de personas,
mayor es su bondad.

Los motivos son los móviles de la voluntad. Los personales no dan


honores, ni aplausos, los que conllevan mérito son los sociales y semi
sociales. El bien de la comunidad lo constituye el de los individuos
que la componen, no se debe sacrificar el bien general al particular.
Los hombres no pueden proporcionarse su bien sacrificando el general
y ante ello son precisas las sanciones morales, legales y religiosas, buscar
el bien de la sociedad es el fin de las leyes morales y positivas.

Los motivos que determinan las acciones humanas son elementos


de su mérito; por ende deben ser más enaltecidos, cuanto más general
es el bien que hacen y el mal que evitan. El sacrificio es la renuncia de
un bien por amor a otra persona o por hacer el bien ajeno. Es digno de
aplauso quien renuncia a su felicidad para conseguir la de otros;
igualmente, el mérito crece a medida que los obstáculos a vencer son
mayores. Las cualidades que constituyen el mérito de las acciones,
tienen por base cardinal su bondad y su moralidad. El reverso del
mérito, el demérito, se encuentra en los motivos egoístas o antisociales,
en el mal que producen, en la facilidad de hacerlo, en el provecho
personal obtenido a expensas de otro, en su inmoralidad.

6. ¿Qué es el derecho y cuál es su fuente?


Las personas buscan la felicidad, a ese fin apuntan sus pensamientos,
palabras y obras, a ella tienden a través de actos buenos rectos o
derechos. En la naturaleza de las cosas los actos buenos son rectos y

102
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

derechos y los malos torticeros, lo bueno o malo de los actos humanos


nace de las leyes naturales y de ellas nacen los derechos.

El hombre en todos sus actos se propone un fin y adopta los medios


adecuados para ello. (En este aspecto el autor se adelantó casi siglo y
medio en nuestro país a los planteamientos que hoy se acogen en
nuestro medio, -como novísimos- de la teoría finalista del derecho
penal).

Todos desean evitarse penas, buscando la felicidad, tanto en este


como en el otro mundo; este es su objetivo y a él le conducen las
acciones buenas, los actos rectos, los derechos. Por ende, fijar y precisar
los actos buenos, es fijar y precisar los actos rectos y fijar y precisar los
actos rectos, es fijar y precisar los derechos. Cuando se prohíben los
actos malos se reconocen los buenos, los cuales pueden ser ejecutados
porque son los derechos.

La bondad de las acciones buenas es propiedad que le es inherente,


es ley de la naturaleza y por ello anterior a toda ley positiva, e
independiente de la voluntad. Los derechos son anteriores a la ley
positiva e independientes de la voluntad, por lo tanto el legislador para
hacer la felicidad de la sociedad debe prohibir las acciones malas, mas
no las buenas, dado que no se puede privar a los asociados del goce
de sus derechos y este solo le es proporcionado a través de las leyes
buenas, tanto morales como positivas. Que el hombre aspire a la
felicidad y huya de la desgracia es un hecho, que de buena fe no puede
ser negado; las penas constituyen su desgracia y la satisfacción de las
necesidades su felicidad.

6.1 ¿Cuál es la fuente de los derechos individuales?


Si los hombres siempre hubieran ejecutado actos buenos y nunca
malos, no habrían leyes que prohibieran o mandaran, no habría
pecados ni delitos; pero ello jamás ha ocurrido y los hombres siempre
han hecho bien y mal, por tanto son necesarios los preceptos que
manden lo primero y condenen lo segundo.

Prohibir una acción es eregir en delito el acto de ejecutarla, es


imponer la obligación de no realizarla, es dar derecho a exigir su

103
Ezequiel Rojas

cumplimiento. De la noción de malo, de los actos que hacen la


desgracia de los hombres, nace la necesidad de prohibirlos, la noción
de precepto, de ley. Y de la noción de bondad de las acciones buenas
nace que no se les prohíba. Prohibidas las acciones malas, quedan los
hombres en facultad de hacer las acciones buenas; facultad que gozan
desde antes que el legislador hiciese la prohibición, facultad que no le
ha sido dada, surge de leyes inherentes a su naturaleza, no es obra del
legislador.

Descubrir lo que es bueno, es descubrir el derecho. El método para


ello es el mismo para adquirir conocimiento. Como el hombre nada
sabe al nacer, adquiere el conocimiento por medio de sus sentidos y
potencias. Aplicando los sentidos y facultades intelectuales al estudio
de los actos humanos y de sus propiedades, descubre cuales son
buenos y cuales malos. “Los derechos están en las leyes de la naturaleza
del hombre" 22, en ella deben buscarse.

El hombre por naturaleza, goza de facultades físicas e intelectivas y


del poder de hacer uso de ellas; en aras a satisfacer sus necesidades,
teniendo derecho sobre su persona y sus facultades.

“Por sus frutos los conoceréis”, por los frutos se descubre cuales
hombres son buenos y cuales malos, cuales sus actos buenos y cuales
malos. Para descubrir estos frutos se ha de seguir el criterio del bien
general, para calificar sus acciones es preciso sopesar en un platillo de
balanza, todo el mal que puedan ocasionar y en el otro todo el bien.

La tendencia del hombre a su bienestar y perfección es fuerte y


constante, a ella se deben los bienes que goza la humanidad. Es un
hecho que tiene la propiedad de hacer la felicidad del hombre, luego
por naturaleza es un hecho bueno, recto y un derecho.

La bondad de las acciones es la fuente de los derechos, nace de


propiedades que le son inherentes, constituyendo las leyes de su
naturaleza, de la cual emergen sus derechos. Dios es el autor de dichas
leyes y por ende de los derechos de los hombres. Dios es la causa
primera de todas las cosas, es su primera razón de ser y debe ser el fin
22.
Idem, p. 165

104
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

de todos los actos del hombre. Descubrir las propiedades inherentes a


los hechos del orden físico o moral, es descubrir las leyes de su
naturaleza. Los preceptos del decálogo son un compendio de la moral
universal, cada uno tiene su razón de ser en las leyes de la naturaleza.

6.2 ¿Cuáles son las fuentes de los derechos y de las obligaciones


entre los soberanos y los asociados?
La Soberanía es el poder de gobernar la sociedad, ningún hombre
nace con derecho a gobernar a los demás hombres; la soberanía de
derecho solo reside en la sociedad. El poder del soberano es limitado,
no se puede revelar impunemente contra las instituciones y las leyes,
ni puede atentar contra las personas y las propiedades, ni contra sus
derechos. Los asociados necesitan para su bienestar de completa
seguridad; de esta necesidad de seguridad, surge la necesidad de
gobierno y de leyes positivas para prevenir los delitos y atentados contra
la seguridad, que es la causa del bien de los hombres. La bondad de
los gobiernos radica en la seguridad que den a los derechos de los
gobernados. La bondad del gobierno se mide por la seguridad que
ofrezca.

Una Constitución será buena, si organiza los poderes de manera


que ninguno pueda atentar contra los derechos individuales de las
personas. La felicidad pública, señala Bentham, es el fin que debe
proponerse el legislador y la utilidad general debe ser el principio de
su razonamiento. Lo que tiene la propiedad de hacer el bien general
de la sociedad es lo bueno y debe mandarse o permitirse y lo que
tiene la propiedad de hacer el mal general es lo malo y debe prohibirse.

6.3 ¿Cuál es la fuente de los derechos de los soberanos y cuáles son


estos derechos?
La seguridad en personas y bienes es condición esencial para que
las sociedades y sus miembros puedan conseguir su bienestar. La
inseguridad produce malestar, miseria, ruina y atentados, y es mayor
cuando las autoridades autorizan los atentados y no indemnizan a las
víctimas.

La tendencia de las personas es buscar su bienestar y progreso; los


individuos al constituir las naciones persiguen su felicidad, por ende

105
Ezequiel Rojas

los soberanos tienen la misión de conseguir este fin a través de actos


buenos, rectos, derechos.

Hacer lo malo no puede ser derecho, lo malo es el límite del poder,


incluso del poder de Dios. Malo es no respetar los derechos
individuales. El poder del soberano tiene por límite los derechos
individuales. Ningún poder es ilimitado, mas aún, el consentimiento
de un pueblo no puede legitimar lo que es ilegítimo, pues no tiene la
facultad de delegar en otro aquello de lo que carece.

La bondad de los actos es la fuente de los derechos de los soberanos


y dado que la moral enseña lo bueno y lo malo, ordenando lo primero,
es a ella a quien debe recurrir el soberano para conocer sus derechos.
Los soberanos no gozan de la virtud de convertir lo malo en bueno;
tienen el deber de hacer la felicidad pública: dando seguridad,
impidiendo los actos malos, permitiendo los buenos y castigando los
delitos. Los gobiernos no pueden atentar contra las personas y sus
propiedades; la seguridad es causa de bien, la inseguridad de mal, de
todos los males. La seguridad en personas y bienes es el termómetro
que mide el grado de civilización de las naciones.

6.4 ¿Cuál es la fuente de las facultades y de los derechos de los


poderes constituidos?
Las naciones ostentan el derecho de gobernarse, de darse leyes, de
hacerlas cumplir y aplicarlas a casos particulares. La imperiosa necesidad
de seguridad que tienen los hombres para ser felices, es el origen de
los gobiernos; las naciones desean, buscan y necesitan felicidad y
progreso; las Constituciones serán buenas si organizan gobiernos que
aseguren los derechos y la felicidad de los asociados; el modo de
asegurar tales derechos es dictando leyes que establezcan los medios
para hacer cumplir las obligaciones.

Los soberanos al organizar los gobiernos, deben prohibir a los


poderes que constituyen, que ejerzan funciones que no les
correspondan; y las que sí, las desempeñen bien y lealmente. Cuando
los derechos de los asociados estén protegidos de los atentados de los
gobiernos, de los gobernantes y de los particulares, las sociedades se
desarrollan en armonía y sus miembros son felices. Es en las

106
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Constituciones donde se siembran las semillas de donde nace el bien


y el mal que cosechan las sociedades, las buenas leyes son aquellas
que forman buenos magistrados. Cuando las naciones dependen de
la voluntad de una sola entidad irresponsable nada es seguro.

El mejor gobierno es aquel que mejor asegure todos los derechos,


aquel que establezca medios eficaces para hacer cumplir las
obligaciones correlativas a los derechos, malo aquel que reúna los
poderes en manos de una sola entidad. Todos los funcionarios deben
ser responsables por los delitos, abuso de poder y mal desempeño de
sus funciones; el poder absoluto es tan funesto, tan peligroso y tan
temible cuando lo ejerce un hombre como cuando lo ejerce una
entidad de muchos, pues la precipitación y la arbitrariedad son
propiedades características de las asambleas únicas.

El bienestar y el progreso de las personas y las naciones deben


depender de las instituciones y las leyes y no de la voluntad de los
hombres. El poder legislativo debe estar organizado de manera tal que
no pueda atentar contra los derechos de la sociedad ni de sus miembros.
Los gobiernos que dan completa seguridad son los buenos, su bondad
nace del bien que hacen, de las penas que evitan y los goces que
proporcionan.

El poder de las naciones soberanas es limitado por los derechos


individuales; no puede delegar facultades de las cuales carece, no puede
despojar a nadie de ningún derecho. Los poderes: legislativo, ejecutivo
y judicial, solo pueden ejercer las facultades que se les delegan; las
facultades de los legisladores deben ser las de buscar el bien general
de la sociedad, y la de los demás poderes, cumplir la ley fielmente
“Los gobiernos son la garantía de los derechos”23 y así evitan infinidad
de penas y proporcionan goces, produciendo bienestar, prosperidad y
civilización.

Las leyes positivas para ser buenas necesitan ser leyes morales,
convertidas en preceptos legales; las penas o goces proporcionados
son los medios para conocer si son buenas o malas.

23.
Idem, p. 210

107
Ezequiel Rojas

Los derechos no solo deben estar declarados en las Constituciones,


sino también garantizados; sin garantías las declaraciones son vanas
promesas, sin valor ni efecto, se requiere establecer medios eficaces
para que se cumplan las obligaciones correlativas. Los gobiernos son
entidades creadas para garantizar los derechos, lo cual se logra
prohibiendo las acciones malas, mandando cumplir las obligaciones
contraídas, estableciendo tribunales que las hagan cumplir recta y
prontamente, castigando a los criminales, previniendo los delitos,
impidiendo el abuso de autoridad.

La tiranía está constituida por los actos de los gobiernos mediante


los cuales disponen de las personas y bienes de los gobernados y
atentan contra los derechos individuales. Nadie en la tierra tiene
derecho a ser tirano. Los soberanos no pueden tiranizar las sociedades
ni suspender sus garantías, porque su poder es limitado por los derechos
individuales, y quienes los traspasan cometen un crimen de lesa nación
y un abuso de poder. Es un acto de arbitrariedad y despotismo declarar
suspendidas las garantías de los ciudadanos.

7. ¿Cuál es el criterio de lo bueno y lo malo?


La razón de ser de los fenómenos y hechos físicos y morales no es
de institución humana, lo es divina, no es el hombre quien crea las
razones y por qués de las cosas, éstas radican en sus propiedades, en
sus leyes naturales. Lo que es verdadero lo es por la naturaleza de las
cosas y no como nos guste verlas o considerarlas. Los hombres pueden
ser aduladores, pero las ciencias a nadie adulan. Es propiedad inherente
a la naturaleza, la tendencia a huir de las penas que son su desgracia y
satisfacer sus necesidades produciéndose goce y felicidad; así, penas y
goces son criterios de lo bueno y de malo.

Los actos humanos son buenos o malos intrínsecamente, su bondad


o maldad nacen de las leyes de la naturaleza y no de los preceptos
positivos que los prohíben o manden. Lo bueno hace la felicidad, lo
malo la desgracia; porque lo bueno produce mayores goces que penas
y lo malo, mayores penas que goces. Luego las penas y los goces son
los criterios de lo bueno y de lo malo. La bondad o maldad nace de la
facultad de sentir del alma; porque el hombre siente, la sensibilidad es
el criterio de lo bueno o malo, sin sensibilidad no habría posesión, ni

108
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

voluntad de adquirir, ni de retener; ni honra, ni deshonra, ni desgracia,


ni felicidad, ni pena, ni goce.

La satisfacción de las necesidades del cuerpo y el alma hacen la


felicidad de las sociedades. Cuando las instituciones y las leyes aseguran
la satisfacción de las necesidades hacen la felicidad de las naciones y
son buenas, al evitar las penas y proporcionar los goces.

Las penas y los goces dependen de propiedades inherentes a la


naturaleza del hombre, de sus actos y de las cosas. Dios es autor de
estas propiedades, él estableció como causas de lo bueno y de lo malo
las penas y los goces y en ello constituye el fundamento de lo bueno y
de lo malo. Luego las penas y los goces que producen las instituciones,
leyes, costumbres y acciones, son el criterio que Dios concedió a los
hombres para descubrir cuáles son malas y cuáles son buenas.

Los actos humanos que tienen la propiedad de afectar a las


sociedades haciéndolas sufrir mayores penas que goces, son los que
deben prohibirse por malos; en tanto que los que tienen la propiedad
de proporcionar bienestar o mayores goces que penas, son los que se
deben mandar o permitir por ser buenos. Las propiedades que hacen
buenos los actos humanos son aquellos en virtud de la cual se evitan
penas y se proporcionan goces. Estas propiedades son absolutas,
universales e invariables. Los vicios son malos, pues producen mayores
males que goces, en tanto que los goces que producen las virtudes son
inmensos, sólidos y permanentes y las penas producidas son pasajeras
o de poca o ninguna trascendencia. Entre las virtudes se cuentan: la
prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la beneficencia. Estos
actos producen bienestar, goce y felicidad en mayor escala que los
demás actos buenos, en especial cuando se vuelven hábitos y son
practicados todos y por todos.

Si los hombres practicasen las virtudes y se abstuviesen de los vicios


no se causarían penas los unos a los otros, ni a sí mismos, y se
proporcionarían infinidad de goces, se evitarían su desgracia y se
proporcionarían su felicidad.

Dado que las acciones y los cuerpos tienen propiedades que les
son inherentes por naturaleza, hay acciones que tienen la propiedad

109
Ezequiel Rojas

en sí de causar penas a los hombres, tales como la tiranía, la traición, la


arbitrariedad, la perfidia, el robo, la espoliación, la violación de los
derechos. Otras tienen la propiedad de proporcionar satisfacción a
sus necesidades, tales como el respeto a las personas, a sus facultades,
a sus bienes, cumplir las promesas, auxiliar a los necesitados. Todas
estas propiedades pueden ser descubiertas, descritas y catalogadas
como buenas o malas; formar estos catálogos es formar la ciencia de la
moral.

El objeto de toda moral es dirigir la conducta de los hombres, de


manera que no ejecuten actos malos y sí buenos, a fin de evitar las
penas y gozar de los placeres, lo que se consigue cuando se prohíbe lo
malo y se manda y permite lo bueno. El cumplir estos preceptos hace
de toda moral sea sensualista. La moral de Jesucristo busca la salvación
que las almas, evitando penas eternas y proporcionando goces eternos;
su moral es sensualista. Los preceptos del decálogo son el compendio
de la moral universal –prohíben lo malo mandan lo bueno-; si los
hombres cumplieran sus mandatos no se cometerían delitos ni pecados,
no sufrirían penas y tendrían goces, serían felices. La sensibilidad es el
fundamento de la moral universal, concluye categóricamente el autor.

Esta obra hizo que el autor fuera tildado por el literato español José
Amador de los Ríos como Príncipe de los pensadores colombianos y
el doctor Caballero de la Cruz de Padre de la filosofía liberal en América.
La obra es traducida al francés y publicada en París en 1870, para ser
sometida al estudio y juicio del Instituto de Francia.

Estos conceptos, nóveles en nuestro medio, que se encontraba


marginado de las grandes corrientes ideológicas del mundo occidental,
permitieron a los neogranadinos predicar la libertad de pensamiento,
de cátedra, el librecambismo, los derechos liberales, individuales e
inalienables, la propiedad, las libertades públicas, en una palabra, las
bases del Estado Liberal y el consiguiente desarrollo económico e
institucional.

Entre sus contradictores amén de Joaquín Mosquera, Eustaquio


Álvarez o José María Vergara y Vergara, encontramos a Manuel María
Madiedo, discípulo suyo nacido en 1815 y muerto en 1888, quien

110
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

publica en 1863 un extenso libro titulado La Ciencia Social o el


Socialismo Filosófico, Derivaciones de las Grandes Armonías Morales
del Cristianismo; el sacerdote Jesuita Mario Valenzuela nacido en 1836
y muerto en 1922, quien en agosto de 1857 publicó en el periódico El
Porvenir, la obra Apuntamientos sobre el Principio de Utilidad en la
cual señala que el fin del hombre no es ni gozar, ni ser feliz, su misión
es la de glorificar a Dios, solo así encontrará la felicidad.

En 1869, Miguel Antonio Caro publica su Estudio sobre el


Utilitarismo, la obra más importante, seria y sesuda que se escribiera,
refutando la de Rojas. He aquí en forma muy sucinta el pensamiento
carista: El hombre en su infancia solo tiene sensaciones que le producen
dolor o placer y por ellas se guía, tal “criterio sensual es común al
hombre como al bruto”24. Pero tales sensaciones son más desarrolladas
en el hombre, dado que pasan del plano externo al interno; al desarrollar
el niño su razón encuentra que el placer es bueno y el dolor malo; este
juicio emana de su razón, no de su sensibilidad, su inteligencia distingue
entre placer y bien, dolor y mal, percibiendo que no son sinónimos,
puesto que si todo placer es bien, no todo bien es placer, e igual debe
predicarse del mal. El hombre conoce el bien y el mal al sentirlo, tal
facultad le es innata, “la facultad de conocer el bien le es tan inherente
como la de sentirlo” 25.

El hombre no se limita a sentir el placer o el dolor, sino que los


estudia e investiga; tanto el uno como el otro pueden ser buenos o
malos, dado que hay placeres malos como la embriaguez alcohólica o
dolores buenos como el producido por una enfermedad, para señalarla
y exigir su cura.

Tanto en el mundo moral como en el de la ciencia, amén de las


ideas adquiridas por la experiencia, existen otras que son fundamentales
y que se aceptan a priori, son las ideas innatas, una de ellas es la de
bien que puede ser “suscitada por el placer pero nunca producida por
ella” 26.

24.
CARO, Miguel Antonio. Estudios sobre el Utilitarismo. Bogotá. Imprenta de F.
Mantilla. 1869. p. 23
25.
CARO, Miguel Antonio. Ob. Cit., p. 16
26.
Idem, p. 39

111
Ezequiel Rojas

Por otra parte, ciertas ideas adquiridas chocan contra la razón,


repugnando a esta, consecuencia de la existencia de ideas innatas. “La
distinción del bien y el mal es producto inevitable de la inteligencia
humana puesta en ejercicio, la conoce y la promulga con voz clara la
razón. No todos los hombres poseen un igual número de conocimientos
morales, pero todos tienen la facultad de adquirir los necesarios y aun
los más ignorantes no carecen de la noción elemental del deber cuyos
desarrollos forman el código o como vulgarmente se dice la ley
natural”27. “Existe una revelación natural que ilustra al hombre el
camino de la vida, este instinto no es común con el grupo, es un instinto
racional, una luz que viene de lo alto, es la ley natural" 28. “No es
verdad que los hombres esencialmente en su modo de ver el bien y el
mal difieren en la aplicación de reglas que le son comunes...todo
hombre juzga naturalmente sus actos y los ajenos, es decir los mide
con la vara de lo bueno y de lo malo” 29.

El desarrollo de la razón produce la voluntad, la cual puede seguir


o no a los instintos, “la inteligencia delibera, la voluntad decide” 30 y
ambas al unísono conforman el acto libre.

El deber y su aceptación voluntaria caracterizan la esfera moral. El


hombre moral se da cuenta de estar inmerso dentro de un orden exacto
y preestablecido a él, y es su deber cumplir y seguir ese orden, el cual
acepta voluntariamente a medida que amplía su razón: “todas las
criaturas tienen señalado su destino en la naturaleza; cumpliendo sin
darse cuenta de lo que hace... el hombre dotado de conciencia
comprende el papel que desempeña y dotado de libertad puede
eficazmente o cooperar con él o contrariarlo... cumplir por aceptación
voluntaria ese destino es el primer horizonte moral”31. El hombre no
solo debe limitarse a cumplir su fin moral, sino que ha de cumplir con
algo más, ha de continuar con la creación del mundo, ha de crear
sociedades, gobiernos, artes, etc. Todo dentro de postulados morales:
“El fin del hombre en este mundo consiste en cumplir por aceptación
voluntaria la ley impuesta por Dios y aún más en perfeccionar por
27.
Idem, p. 50
28.
Idem, p. 53
29.
Idem, p. 54
30.
Idem, p. 65
31.
Idem, p. 106

112
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

invención propia, su propio ser y los que por aquella misma ley le
están subordinados. Cosas hay que el hombre debe inventar, adivinar,
crear, cumplir, tal es su misión” 32.

El utilitarismo reduce al hombre a su estado más egoísta, donde la


razón no es independiente, sino que está al servicio de la sensación, y
la voluntad deja de ser libre, para ser esclavizada por el placer.

En cuanto al legislador, señala que está sujeto a una ley anterior y


superior, que le señala sus derechos y deberes. Todos los seres del
mundo, desde su nacimiento, están signados por una ley que le señala
su derrotero, el hombre no escapa a ello, teniendo no solo la facultad
de cumplirla sino de conocerla, es la ley natural y el legislador tiene el
deber de proteger, promover y armonizar los derechos naturales: “debe
procurar lo conducente al bien, es decir, lo útil y debilitar y prohibir lo
conducente al mal, es decir, lo pernicioso; la ciencia de la utilidad es
en cierto modo la ciencia del legislador” 33. Porque la utilidad es un
concepto relativo que significa un camino, una dirección, buena o mala
según a donde conduzca: “el legislador debe consultar la utilidad
subordinada a los principios de la moral” 34. Estos principios morales
se encuentran en casi todas las legislaciones del mundo, advirtiéndose
que la ciencia de la legislación está subordinada a la ciencia de la moral.
Lo útil, basado en el placer, es un concepto relativo, porque el placer
en cada hombre es relativo; luego si a la legislación se le quita la moral
y se le remplaza por la utilidad, se convierte la legislación en relativa.

La razón no desplaza la utilidad, pero la utilidad, como un norte


absoluto, desplaza a la razón y la legislación al quedar sin moral, se
viene al traste.

Para Caro, el utilitarismo es falso porque abandona la razón, dejando


al hombre a sus ciegos instintos, negativo porque niega la razón y la
distinción que esta hace del bien y del mal; y contradictorio porque en
veces excluye la razón y en veces la admite.

32.
Idem, p. 109
33.
Idem, p. 163
34.
Idem, p. 168

113
Ezequiel Rojas

El profesor Carlos Valderrama Andrade señala que la crítica de Caro


despoja al utilitarismo de todo valor positivo, lo reduce a la grotesca
condición de un esqueleto con pretensiones vitales 35.

La obra de Caro, fue a su vez rebatida por Juan Manuel Rudas, en


un pequeño opúsculo publicado en 1871. Rudas nació el 8 de julio
de 1849 en Remolinos, departamento del Magdalena. Concluidos sus
estudios de jurisprudencia en el Colegio mayor de Nuestra Señora del
Rosario, fue profesor de Filosofía y rector del claustro. Su refutación a
la obra de Caro la realizó cuando aún era estudiante, afirmando que el
utilitarismo no niega las leyes naturales que reposan en el plano natural
del hombre y cuyo conocimiento le es innato, tan solo sostiene que las
leyes morales no son de conocimiento innato. Quienes sostienen que
el utilitarismo es materialista porque solo considera el placer físico,
ignoran que Bentham establece que a más de los placeres físicos están
los espirituales, como la amistad, la reputación, la benevolencia, etc. E
ignorándolo tan solo hacen una falsa imputación a dicha doctrina.
Finalmente acota que la verdad de una doctrina no se encuentra en
refutar la contraria; si así fuere, la verdad del mahometanismo estaría
en refutar el cristianismo. Igualmente los errores de quienes sostienen
una teoría no son causa de su falsedad, de ser así todas las doctrinas
serían falsas 36.

Juan N. Solano escribe en 1868, el opúsculo titulado El Principio


del Bien, manifestando que el hombre por ley natural tiende al bien,
que Dios puso en él la facultad de conocer el bien y el mal, y que
propende al bien libremente. (Este parece ser un concepto muy
aceptado, además sus raíces se encuentran en el tomismo y en toda la
filosofía escolástica, en la cual abrevaron nuestros libertadores y después
los creadores de la República, incluso lo insertaron como norma
constitucional en la Constitución del Estado de Cundinamarca de 1811,
en el artículo 1º del título XII, sobre los Derechos del Hombre y del
Ciudadano”, el cual rezaba: “Los derechos del hombre en sociedad
son la igualdad y libertad legales, la seguridad y la propiedad. La libertad
ha sido concedida al hombre, no para obrar indistintamente el mal o
el bien, sino para obrar el bien por elección” 37.
35.
SALAZAR CÁCERES, Carlos Gabriel. Ob. Cit., p. 75
36.
Idem, p. 81
37.
Idem, p. 19

114
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

El bien –continúa diciendo Solano- es hacer todo lo que armonice con


las leyes naturales. Dentro del concepto de bien se encuentra el placer.

La ley natural puede ser conocida, mirando lo que es o no


conveniente a la naturaleza; la ley natural que lleva a obrar bien es el
amor: “el amor satisface la aspiración del bien, el amor que nos lleva a
la perfección es la caridad” 38. El amor se resume en las enseñanzas de
Jesús. El utilitarismo no es más que el principio del bien tomado en
nuestras relaciones terrestres únicamente y este principio del bien es la
base de las leyes positivas.

Pero la doctrina del utilitarismo o Benthamismo, no se quedó tan


solo en las universidades bogotanas, también salió de allí. Así
encontramos la obra de Abelino Escobar en el Colegio Santa Librada
de Cali, en la cual enseña que el fundamento de la ley se encuentra en
los placeres y en las penas, debiendo el legislador tener en cuenta un
catálogo de estos y aquellas al legislar; a fin de proporcionar los primeros
y evitar las segundas. Su libro es una adaptación y una síntesis del
pensamiento europeo del siglo XIX, sobre todo del pensamiento radical,
tanto inglés como francés, que tanto influyó en nuestro medio 39.

“La polémica que se libró en torno a Bentham alimentó la actividad


intelectual colombiana durante cerca de cincuenta años y su historia es
una muestra del ardor que pusieron nuestras primeras generaciones
independientes en la controversia de las ideas. El número de opúsculos,
artículos de prensa y libros que tal controversia produjo, es un indicio
vehemente de la importancia que entonces adquirieron para la
conciencia pública los problemas morales y jurídicos implicados en ella,
importancia que quizás no han vuelto a tener en los años posteriores” 40.

Nunca en Colombia se había dado, ni se ha vuelto a dar, una


polémica tan basta como la del benthamismo y antibenthamismo;
intervinieron en ella, como lo hemos reseñado, filósofos, profesores,

38.
SOLANO, Juan N. El Principio del Bien. Opúsculo sobre Filosofía Moral
dedicado a Ricardo de la Parra. Bogotá. M. Rivas. 1868. p. 8
39.
SALAZAR CÁCERES, Carlos Gabriel. Ob. Cit. p. 58
40.
JARAMILLO URIBE, Jaime. Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX.
Bentham y el Utilitarismo Colombiano en el Siglo XIX. En: Ideas y Valores. Enero-
Junio. 1962. p. 13

115
Ezequiel Rojas

políticos, religiosos, periodistas. Un anónimo columnista de El


Constitucional, escribía: “Las ideas de Bentham no eran sino un aspecto
de la ciencia moderna basada en el método experimental...es ante todo
la aplicación del método de las ciencias naturales, a un problema como
el de la conducta moral o jurídica 41. En fin, todos los estamentos
intelectuales ya a favor, ya en contra, pero todos aportando algo, unos
con alto vuelo intelectual, otros con meras emociones, pero todos,
interviniendo. Esta fecunda discusión nos permite apreciar, que el
mundo de las ideas era tan importante en esa época, como lo eran el
mundo de la política y de la guerra, porque esos años intermedios de
nuestro siglo XIX fueron ricos en todo ello, como lo han demostrado
nuestros historiadores, que hoy más que nunca han ahondado en ese
período.

En los últimos años la obra de Ezequiel Rojas ha sido revista por


Jaime Jaramillo Uribe y Germán Marquinez Argote, este último también
teólogo; miremos cuales son sus juicios al cabo de más de un siglo,
sobre el pensamiento del más destacado benthamista colombiano.

El profesor Jaramillo Uribe señala que Rojas agregó elementos y


doctrinas liberales ajenos al pensamiento de su maestro. No obstante,
inició “entre nosotros la tarea de vincular las ideas políticas a
concepciones más amplias del mundo y estas a intereses, pasiones, e
impulsos sociales, un intento que en forma más radical todavía haría
en 1870 Francisco Eustaquio Álvarez discípulo suyo y último de los
utilitaristas colombianos” 42.

Rojas, afirma, no tenía preparación lingüística, por ello su estilo es


confuso y difícil de leer. Tampoco era un filósofo profundo, no obstante
tenía fama de tener una cabeza organizada y lógica. Cita a Camacho
Roldán cuando éste sostiene que tenía poca imaginación, que sus
armas eran la lógica y el análisis. Su obra –continúa Uribe- no tiene
méritos estilísticos, no es clara, ordenada, ni coherente (apreciación no
compartida por el autor de estas líneas, salvo que también sea obscuro,
desordenado e incoherente, -el lector tiene la palabra-).

41.
JARAMILLO URIBE, Jaime. Ob. Cit., p. 15
42.
JARAMILLO URIBE, Jaime. El Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX.
Bogotá. Planeta Colombia Editorial. 1996. p. 187

116
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

En el universo y por consiguiente en el hombre todo es naturaleza...


en el seno de ésta, rigen leyes de origen divino, que todo lo abarcan, la
materia, y el espíritu, lo bueno y lo malo. Si Rojas hubiera tenido una
sólida cultura filosófica habría llegado en el desenvolvimiento de estas
ideas a formular una doctrina de carácter panteísta muy cercana a
Spinosa”43.

Al afirmar el origen sensorial y empírico del conocimiento, negaba


toda idea innata y universal, concluyendo con “ ciertas afirmaciones
políticas que en realidad no todas eran derivables lógicamente del
sensualismo, ni estaban implícitas en el pensamiento particular de
Bentham” 44.

El concepto de “la limitación del poder, no puede fundamentarse si


no se acepta la existencia de una norma de validez universal, sea que
se considere esta como una manifestación de Dios, como ocurre en la
teoría tomista de la Ley y del Estado, o que se sitúe en el ámbito de un
orden racional ‘existente aunque Dios no existiese’, según afirmaba
Montesquieu... [ Y Rojas sostenía que] el poder de la soberanía de las
naciones y el poder de todo soberano es limitado... su límite se halla
en los principios de la justicia universal, o lo que es lo mismo en los
derechos individuales de los hombres, derechos individuales que son
anteriores a todas las leyes humanas. Como benthamista negaba lo
que como liberal se veía obligado a aceptar” 45.

“El poder debe servir... para lograr la vigencia de aquellos valores,


costumbres o creencias que constituyen la razón de ser, el elemento
cohesivo de un cuerpo social... como concepto de una ciencia política,
el poder tiene que estar al servicio de una realidad diferente a él mismo
y que al propio tiempo constituye su límite. Esa realidad no puede ser
otra que la justicia, que es el valor social por excelencia, el único cuya
realización se confunde con la permanencia en su ser de la sociedad y
que por ello constituye el concepto central del pensamiento político
cristiano-occidental 46.

43.
JARAMILLO URIBE, Jaime. Ob. Cit. p. 188
44.
Idem, p. 188
45.
Idem, p.189
46.
Idem, p.192

117
Ezequiel Rojas

Rojas rechazaba el poder ilimitado del gobernante, pero a la vez,


rechazaba el derecho natural; aceptaba que el Estado crea el Derecho
(base del absolutismo). “Bentham era lógico al ser utilitarista, positivista,
jurídico y no demócrata. Pero en Rojas y en los utilitaristas colombianos
que querían ser demócratas y exigían la limitación del poder y la
vigencia universal del derecho, la adhesión al benthamismo, conducía
a las más inextricables contradicciones e incoherencias”47. Rojas se
percata que el gobierno de las mayorías puede llevar a la omnipotencia
del Estado, por ello debe limitársele, pero como niega el derecho natural,
señala como límite la moral, porque es la que señala lo bueno y lo
malo, manda lo primero y prohíbe lo segundo; a ella “deben ocurrir
los soberanos para saber qué es lo que les está prohibido y lo que les
está permitido, es decir, para saber cuáles son sus derechos”48.

Afirma que los déspotas y tiranos, para conseguir sus fines, apelan
al derecho natural, “en el cual hallan todas las armas que necesitan
para atacar todo lo que les conviene y para defender cuantas
iniquidades cometen, cuando precisamente, la esencia de la teoría del
derecho natural era la afirmación de la identidad entre derecho, moral
y política y por eso, como lo demuestra la historia de las ideas, quienes
han intentado construir una doctrina del absolutismo y del poder
omnipotente habían comenzado por negarla”49. Hasta ahí, a groso
modo, las críticas que a la obra de Rojas hace Jaramillo Uribe.

Pasemos ahora a la visión que Marquinez Argote, discípulo de Xavier


Zubiría, hace con su mirada euroamericanista del pensamiento de
este colombiano del ochocientos:

“Hoy estamos en condiciones de dar un juicio más positivo del


mismo en muchos aspectos. Descartado el platonismo, como sistema
de ideas innatas que sirven de fundamento a la realidad de hecho,
solo queda el camino de un sano realismo, como punto de partida de
nuestro conocimiento, que puede elevarse a principios objetivos,
universalmente válidos, pero a través de las mediaciones de la
experiencia y la reflexión” 50.
47.
Idem, p. 202
48.
Idem, p. 195
49.
Idem, p. 196
50.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit., p. 37

118
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

El pensamiento de Rojas continuó unos pocos años más, siendo


divulgado por sus seguidores, conocidos como los Benthamistas
menores: Ángel María Galán, que con el ensayo "Las Sirenas" refuta
en 1870 al antibenthamista José Joaquín Ortiz. Francisco Eustaquio
Álvarez, quien sin haber leído a Marx, señala a los “sistemas filosóficos
como instrumentos de grupos socialmente dominantes” 51. Medardo
Rivas, quien publica Conversaciones Filosóficas y Ramón Gómez,
nacido en el Valle de Tenza en 1832 y muerto el 16 de abril de 1890,
acérrimo defensor de los principios fundamentales de la Constitución
de 1853, quien en 1865 publicó El Principio de Utilidad.

Y concluyamos con Marquinez: “Finalmente, no soy yo el que


absuelva a los benthamistas de un cierto hedonismo; pero no fue el
suyo un craso hedonismo individualista, sino un hedonismo social,
benevolente, que pretendía construir una sociedad felicitaria. El placer
era sinónimo de bienestar, hasta donde es posible y el bienestar era la
felicidad. El Estado no podía regirse en ningún caso por el principio
ascético sino por el principio del interés o utilidad pública. El principio
ascético o religioso era rechazado como norma de moralidad y de
política, en tanto que alejaba al hombre de este proyecto de bienestar
mundano, individual y social, al predicar una felicidad escatológica
que negaba al hombre una posible y deseable felicidad sobre la tierra,
por mínima que se la supusiera. Los benthamistas consideraban esta
forma de vivir el cristianismo de espalda a la vida, como montanista y
por lo mismo como contraria al verdadero espíritu del evangelio. En
cualquier caso, para la sensibilidad de hoy, muchas de las páginas de
los antibenthamistas nos parecen letra muerta, mentalidad de un pasado
con el cual no podemos identificarnos. Pese a todas las ambigüedades,
el benthamismo ofrece hoy mayores posibilidades para una reflexión
ética” 52.

51.
JARAMILLO URIBE, Jaime. "Pensamiento Colombiano en el siglo XIX.
Bentham y el Utilitarismo Colombiano en el Siglo XIX". En: Ideas y Valores. Enero-
Junio. 1962. p. 23
52.
MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit., p. 38

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Ezequiel Rojas

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122
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Anexo No. 1

D ECRETO QUE S EÑALA LOS A UTORES POR LOS


C UALES DEBEN E STUDIAR LOS A LUMNOS EN LAS
C ÁTEDRAS DE D ERECHO

Francisco de Paula Santander, general de división de los ejércitos de


Colombia, vicepresidente de la República, encargado del poder ejecutivo,
etc.
No habiéndose designado en el plan provisorio de estudios de fecha 27
de octubre de 1820, mandado observar en varios colegios por decretos del
poder ejecutivo de Colombia, en virtud de las facultades y que confiere al
gobierno la ley de 6 de agosto del año undécimo, los autores por los cuales
deben estudiar los jóvenes que asisten a las cátedras del derecho público, he
venido en decretar lo que sigue:
Artículo 1º. Los catedráticos de derecho público enseñarán los principios
de legislación por Bentham, los principios del derecho político constitucional
por las obras de Constant o Lepage, y el derecho público internacional por
la obra de Wattel.
Artículo 2º. Los rectores de las universidades y colegios cuidarán
inmediatamente de que se cumpla esta disposición y también los
gobernadores de las provincias donde se hallen situados los colegios. Ella se
observará mientras que otra cosa disponga el congreso en el plan general de
estudios.
Artículo 3º. El secretario de Estado del despacho del interior queda
encargado de la ejecución de este decreto.
Dado en el palacio de gobierno, en Bogotá, a 8 de noviembre de 1825
Francisco de P. Santander.
(Firmado)

(Obra Educativa de Santander 1819 - 1826, Tomo I, Compilación de Luis Horacio López Domínguez,
Fundación Francisco de Paula Santander, Biblioteca Presidencia de la República, Bogotá, 1990, p. 293)

123
Ezequiel Rojas

Anexo No. 2

* Aunque el manifiesto de Ezequiel Rojas fue publicado el 16 de julio de 1848 por el


periódico capitalino El Aviso a tres columnas, en las páginas 3 y 4, hemos optado por
reproducirlo facsimilarmente a una sola columna, con el fin de facilitar la lectura del
texto original.
La Dirección Editorial

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Carlos Gabriel Salazar Cáceres

A CADEMIA B OYACENSE DE H ISTORIA


Cien Años de Labor Historiográfica
Colección Centenario

1. CORSI OTÁLORA, Lucía


Del Renacimiento Europeo al Barroco Tunjano, Agosto 2004,
128 p.

2. HUERTAS RAMÍREZ, Pedro Gustavo


Boyacá Perfiles Históricos de Identidad Regional y Nacional,
Noviembre 2004, 470 p.

3. ÁVILA MONGUÍ, Gilberto


La Jasa y la Parva, Leyendas y Tradiciones Populares de
Chivatá, Diciembre 2004, 200 p.

4. CORSI OTÁLORA, Luis


Boyacá Atlántida Andina, ¿Cómo ha Vivido Socio–Económi-
camente en Colombia?, Marzo 2005, 268 p.

5. MONDRAGÓN CASTAÑEDA, Julio


Las Ideas Políticas de los Radicales Boyacenses, 1850–1886,
Abril 2005, 210 p.

6. MATEUS CORTÉS, Gustavo


Eduardo Santos, Aproximación Genealógica y Entorno Afecti-
vo, Septiembre 2005, 332 p.

137
Ezequiel Rojas

7. SILVA CELIS, Eliécer


Estudios sobre la Cultura Chibcha, Septiembre 2005, 410 p.

8. SOTO APARICIO, Fernando


Testigo de Excepción, Noviembre 2005, 216 p.

9. MARCHENA F., Juan


Desde las Tinieblas del Olvido, Los Universos Indígenas en los
Infinitos Endecasílabos de Juan de Castellanos, Noviembre
2005, 524 p.

10. MAYA, Cristina


Jorge Rojas y la Generación de Piedra y Cielo, Marzo 2006,
280 p.

11. PORRAS COLLANTES, Ernesto


Corónica Colonial de Tunja y su Provincia, Abril 2006, 320 p.

12. MEDINA DE PACHECO, Mercedes


Los Muiscas, Verdes Labranzas, Tunjos de Oro, Subyugación y
Olvido, Abril 2006, 308 p.

13. SALAZAR CÁCERES, Carlos Gabriel


Ezequiel Rojas, Vida y Pensamiento, Junio 2006, 140 p.

138
Carlos Gabriel Salazar Cáceres

Se terminó de imprimir este libro, con una edición


de 1.000 ejemplares, en los talleres gráficos de
Búhos Editores de la histórica y culta ciudad de
Tunja, el día viernes 9 de Junio de 2006; obra
financiada con recursos del gobierno departamental
de Boyacá presidido por el Dr. Jorge Eduardo
Londoño Ulloa, y la financiación del Fondo Mixto
de Cultura de Boyacá gerenciado por el gestor
cultural Jorge Enrique Pinzón Mateus, siendo
presidente de la Academia Boyacense de Historia
el Dr. Javier Ocampo López y Director de
Publicaciones el historiador Pedro Gustavo Huertas
Ramírez.

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